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En el-principio-fue

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En el-principio-fue

  1. 1. En el principio. . . fuela línea de comandos Neal Stephenson 1999
  2. 2. ÍndicePresentación, por M. V IDAL 5Prólogo, por P.J. R OMERO 11Introducción 15Descapotables, tanques y batmóviles 17Lanzador de bits 23Las Interfaces Gráficas de Usuario 29Lucha de clases en el escritorio 37Tarro de miel, pozo de brea, lo que sea 45La tecnosfera 53La cultura de la interfaz 59Morlocks y Eloi al teclado 71El trasquilón metafórico 79Linux 83El «hole hawg» de los sistemas operativos 91La tradición oral 95 9
  3. 3. 10 En el principio. . . fue la línea de comandosShock de sistema operativo 99Falibilidad, enmienda, redención, confianza... 111Memento Mori 123La fatiga del «geek» 131Etre 135Mente compartida 145El meñique derecho de Dios 149
  4. 4. Presentación Hace años que los fabricantes de sistemas operativos —comoMicrosoft o Apple— dedican ingentes recursos a ocultar cómofuncionan realmente los ordenadores, se supone que con la ideade simplificar su uso. Para ello, algunos de sus mejores ingenie-ros han inventado toda clase de metáforas visuales e interfacesgráficas, lo cual ha permitido que mucha gente se acerque a losordenadores personales sin sentir pánico o sin provocar grandesgastos de formación de personal a sus empresas. Pero, lamenta-blemente, construir ese muro de metáforas en forma de interfazgráfica entre el ordenador y el usuario (conocida como GUI) hatenido un coste social y cultural muy notable, al contribuir deci-sivamente a que la tecnología que subyace al ordenador se percibacomo algo mágico, sin conexión alguna entre causas y efectos,recubriendo de un formidable manto de ignorancia todo lo querealmente sucede. Eso ha propiciado estrategias comerciales ba-sadas en el engaño y la trampa,1 cuando no abiertamente delic-tivas2 y explica que productos muy deficientes, como el propioWindows, sean consumidos masivamente y tolerados por el granpúblico, que soporta resignadamente una mercancía plagada deerrores y sin garantía real alguna, que acepta las pérdidas de da- 1 «Trampa en el ciberespacio», Roberto Di Cosmo, 1998, http://sindominio.net/biblioweb/telematica/trampas.html 2 El fallo contra Microsoft del juez Jackson, emitido en abril de 2000, esabsolutamente demoledor: califica su estrategia empresarial como «con-ducta depredadora», la compara con un «pulgar opresor» sobre sus com-petidores y la tilda de «violenta». 11
  5. 5. 12 En el principio. . . fue la línea de comandostos, los virus, las vulnerabilidades, el control sobre su intimidady toda clase de errores inesperados como algo natural, inherenteal propio ordenador, y no al sistema operativo que lo hace fun-cionar. El último —y gravísimo— atropello planificado por partedel principal constructor de interfaces amigables tiene el nom-bre de TCPA/Palladium y pretende universalizar el software pro-pietario con código malicioso incorporado. Hoy son las empresaslas que «legislan» de facto mediante la tecnología y, de imponersedicho sistema —una auténtica conspiración de Microsoft e Intelcontra libertades básicas de las personas—, permitiría realmen-te la censura remota, la intrusión y el control de los ordenadorespersonales por parte de las corporaciones multimedia y de los go-biernos, a espaldas del usuario y sin su consentimiento. La «cultura de la interfaz» se ha impuesto, pero para llegar aese punto ha hecho falta un largo recorrido salpicado de guerrasno declaradas, una auténtica «lucha de clases en el escritorio»que nos ha llevado desde la línea de comandos hasta las vistosasinterfaces gráficas actuales. Es precisamente esa historia la quenos narra, de forma amena y desenfada, Neal Stephenson, autorpor cierto de algunas de las mejores novelas de ciencia-ficción dela última década, tales como Snow Crash y Criptonomicón. Existe una comunidad, una cultura compartida, de progra- madores expertos y gurús de redes, cuya historia se puede rastrear décadas atrás, hasta las primeras minicomputado- ras de tiempo compartido y los primigenios experimentos de Arpanet. Los miembros de esta cultura acuñaron el tér- mino hacker. Los hackers construyeron la Internet. Los hac- kers hicieron del sistema operativo Unix lo que es en la ac- tualidad. Los hackers hacen andar Usenet. Los hackers ha- cen que funcione la WWW.3 El heredero de esa cultura es el movimiento del software libre,y su buque insignia: GNU/Linux. En ese ámbito sigue muy vivala interfaz de línea de comandos de la que nos habla Stephenson.Tal circunstancia no responde a ninguna clase de nostalgia o ex-centricidad, ni se debe solo a una decisión técnica, sino política,pues con ello se ha mantenido intactos el poder y la capacidad de 3 «Cómo convertirse en hacker», Eric Raymond, 2001. La traduccióncastellana puede leerse en: http://sindominio.net/biblioweb/telematica/hacker-como.html
  6. 6. Presentación, por M. V IDAL 13decisión del usuario sobre lo que hace su máquina. Es de esta his-toria, no muy conocida fuera del ámbito hacker, sobre la que nosilustra E N EL PRINCIPIO . . . FUE LA LÍNEA DE COMANDOS.La obra que presentamos constituye un ensayo sobre el pasado y elfuturo de los ordenadores personales, un recorrido personal y sub-jetivo —pero no por ello menos preciso— a través de la evoluciónde los sistemas operativos que el autor ha conocido —Windows,MacOS, Linux, BeOS— y de la actitud que han representado alo largo del tiempo cada uno de estos en el uso y el tipo de usua-rio a los que ha dado lugar. No es un libro que trate de evaluar ocomparar técnicamente las prestaciones de los distintos sistemasoperativos, ni que aborde la típica (y artificiosa) controversia en-tre usuarios de Mac y de Windows. De hecho, Stephenson sitúacorrectamente en el mismo plano a Apple y a Microsoft, como doscaras de la misma moneda: tal y como no hay diferencia cualitati-va entre un fabricante de ferraris y otro de ladas (por mucho queestética e incluso funcionalmente no haya comparación posible),tampoco la hay entre Redmond y Cupertino: ambos gigantes re-presentan un modelo basado en el código cerrado, en la restriccióny la apropiación de las fuentes del conocimiento y en la venta delicencias. La alternativa al software propietario no es otro software pro-pietario que funcione mejor o sea más vistoso, o nos salga gratis,sino un modelo de desarrollo y uso del software que devuelva alos usuarios de ordenadores el poder y la libertad que han ido per-diendo a lo largo del tiempo o, aún más, que permita a los usuariosautoorganizarse para ello: ese, y no otro, es el valor del softwarelibre, mucho más que sus excelencias técnicas, las cuales, sien-do indiscutibles, no dejan de ser un hecho circunstancial. ¿Y quées lo que caracteriza pues al software libre? el permiso de copiar,modificar y redistribuir el código (incluyendo su venta), con unaúnica restricción que se puede sintetizar con el título del himno deCaetano Veloso y del Mayo francés: «prohibido prohibir», y quelos hackers comprimen aún más llamándolo «copyleft». Esto noes una simple utopía de informáticos libertarios, sino la columnavertebral de Internet (más del 60 % de los servidores web se ba-san en un software libre llamado Apache), el modelo de negociode numerosas empresas y el sistema que usan ya más de veintemillones de personas en sus ordenadores.
  7. 7. 14 En el principio. . . fue la línea de comandos Esta obra sin duda supondrá un punto de vista novedoso pa-ra el usuario no especializado, pues le descubrirá de modo amenoun mundo que no es el que le han contado en las revistas de in-formática, ni en los rutilantes anuncios de las grandes compañíasde software propietario, que prometen facilidad de uso a cambiode aceptar la entrega ciega e incondicional a sus productos. NealStephenson muestra que no es oro todo lo que reluce debajo de esametáforas visuales y esos vistosos y (se supone) intuitivos escri-torios, que se han impuesto a costa de un ejercicio tramposo deidealización equivalente a las películas de Walt Disney. Hay que hacer una pequeña aclaración en cuanto a la excelen-te traducción de Asunción Álvarez. En el texto aparece a menudo«software gratis» como traducción castellana de free software.En inglés, el término free es polisémico, y puede significar tantolibre como gratis. Sin embargo, free software, referido al movi-miento que abandera GNU/Linux, se emplea siempre en el sen-tido de libertad, no de precio, y debe traducirse como «softwarelibre». Pero Stephenson usa muchas veces a lo largo del texto freeen un sentido inequívoco que indica gratuidad y por supuesto latraductora ha respetado dicho sentido. Cuando el autor quiere re-ferirse a «software libre» opta por la denominación open source(«fuente abierta»). El software libre es libre incluso para ser ven-dido. Que el software se pueda copiar sin restricciones hace quetienda a llegar al usuario a coste cero, lo cual es distinto a que nohaya costado nada producirlo o a que alguien no haya pagado porsu desarrollo: la gratuidad, cuando se da, es una consecuencia delmodelo de libre copia, no su razón de ser.4 Para elaborar este libro se ha empleado únicamente softwarelibre, en concreto el sistema de composición de textos L TEX,5 el A 4 De hecho existe software gratuito que en absoluto es software libre: elnavegador Explorer de Microsoft es un buen ejemplo de cómo la gratui-dad puede ser parte de una despiadada estrategia de dumping. 5 T X (pronúnciese «tej») fue creado en 1978 por Donald E. Knuth, fi- Egura sobresaliente en la ciencia de la computación moderna y máximaautoridad en el estudio de algoritmos matemáticos. TEX es sin duda unode los programas libres más perfectos y de los que más orgullosos se sien-ten los amantes del software libre. L TEX (y su sucesor L TEX 2ε ) es un len- A Aguaje estructurado construido a partir de TEX, usado por gran número dematemáticos, físicos, químicos e ingenieros, si bien se puede emplear en
  8. 8. Presentación, por M. V IDAL 15editor GNU Emacs y el corrector Ispell,6 con los que se ha contro-lado todo el proceso hasta la salida final en un fichero «postcript»para la imprenta. Tenemos el empeño explícito por mostrar conhechos que el resultado de la maquetación con herramientas li-bres es incluso superior que el que se obtiene con los carísimosprogramas comerciales que se utilizan en la composición de librosen papel. Tampoco se ha usado interfaz gráfica: todo el proceso seha realizado sin efectuar un solo click de ratón desde una terminalde línea de comandos (GNU bash). Una versión digital de este li-bro, libremente reproducible para uso personal, puede encontrarseen la Biblioweb de sinDominio.7 Solo nos queda agradecer la cesión de la traducción a Asun-ción Álvarez y ciberpunk.org, en cuyo sitio se encuentra otraversión en línea de este ensayo.8 También deseamos que constenuestro agradecimiento a Pedro Jorge Romero, por permitirnosreproducir la reseña que hizo para el Archivo de Nessus.9 M IQUEL V IDAL miquel@sindominio.netcualquier tipo de documento. Aunque Word está haciendo estragos, aúnmuchas revistas de Física y Matemática o, por ejemplo, los libros de laeditorial Addison-Wesley, se preprocesan utilizando TEX. 6 Ispell es un programa antiquísimo de línea de comandos que tambiéntrabaja integrado en Emacs. Fue escrito originalmente para una máquinaPDP-10 en 1971 por R.E. Gorin y reescrito en C por Pace Willisson, delMIT. Después de 30 años, sigue siendo el corrector ortográfico estándarde los sistemas Unix. 7 http://sindominio.net/biblioweb/telematica 8 http://www.ciberpunk.com/basicos/neal_stephenson.html 9 http://www.archivodenessus.com/rese/0186/
  9. 9. Prólogo Aparte de escribir buenas novelas de ciencia ficción (ocómo se llame lo que hace), Neal Stephenson tiene otra fa-ceta más periodística. No está tan marcada como la de Bru-ce Sterling, quien ha dedicado muchos esfuerzos a infor-mar desde cinco minutos en el futuro, pero es muy intere-sante, centrándose sobre todo en el mundo de la informáti-ca y las tecnologías avanzadas de comunicación. Y aquí esdonde Neal Stephenson gana a muchos de los que tratanesos temas: él realmente entiende el fundamento técnico.No es que sus comentarios sean análisis secos de posibili-dades tecnológicas, más bien todo lo contrario. Son piezasllenas de opiniones, subjetivas y claramente escritas poruna persona en concreto, pero una persona cuya opiniónmerece tenerse en cuenta porque demuestra conocer bienel campo sobre el que escribe. Un buen ejemplo es este libro dedicado a los sistemasoperativos. E N EL PRINCIPIO . . . FUE LA LÍNEA DE COMAN -DOS es una combinación de historia del software, discusiónsobre la progresiva ocultación de la realidad tras una «in-terfaz» cada vez más bonita, meditación sobre el sentidode la vida, diario de los problemas de enfrentarse a variossistemas operativos diferentes, canto nostálgico a los díasen que las cosas se hacían como debían hacerse y, un poco,defensa de los muy masculinos valores de la potencia y elcontrol. 17
  10. 10. 18 En el principio. . . fue la línea de comandos Todo empieza con una analogía: los sistemas operati-vos son como los coches. La compañía Microsoft empezóvendiendo bicicletas motorizadas (MS - DOS), luego pasó aproducir una actualización (el Windows original) que per-mitía a la bicicleta ir más rápido. Y finalmente, produce uncoche, no demasiado bonito, que pierde mucho aceite pe-ro que la gente compra mucho. La otra compañía, Apple,vende unos coches muy cómodos, fáciles de usar, pero quevienen herméticamente cerrados de forma que es imposi-ble saber qué hay en su interior. BeOS vende coches de altatecnologías, hermosos, con gran estilo y capaces de volar,ir por el agua o hacer lo que uno quiera, y más baratos quela competencia. Y por último tenemos algo que no es ni si-quiera una compañía, sino más bien un campamento de re-fugiados, lleno de voluntarios de gran talento, que producetanques. Sí, tanques. Tan buenos, que nunca se rompen, fá-ciles de maniobrar, que consumen el mismo combustibleque un coche, están fabricados con la última tecnología y,lo mejor de todo, son gratuitos. A medida que uno de esostanques Linux, ¿no lo habían adivinado?, se termina, se de-ja en la calle y cualquiera puede llevárselo. A partir de ahí, Neal Stephenson construye un discursoen el que explica el valor real de una compañía de siste-mas operativos (ninguno; su valor sólo está en la cabezade los clientes que, como Mulder, «quieren creer»), analizala necesidad de la sociedad americana (y por extensión, elresto del mundo) de ocultar la complejidad tras unos bo-nitos botones, y discute los muchos problemas de instalarLinux. Y cuando uno sospechaba que está a punto de de-fender los valores de las herramientas para hombres (des-pués de comparar a Linux con un, maravilloso en su expe-riencia, taladro industrial) se descuelga con una afirmaciónsorprendente para un hacker: el mejor sistema operativosería aquel que combinase la potencia con una buena in-terfaz gráfica. Es decir, uno que te dejase la posibilidad deabrir una ventana a la línea de comando. Es decir, BeOS. Porque la línea de comando es la mejor forma de re-lacionarse con el mundo. La línea de comando es lo que tepermite acceder a la realidad fundamental. Seguro que dios
  11. 11. Prólogo, por P.J. R OMERO 19cuando creo el universo lo hizo como un hacker delante dela pantalla de su ordenador tecleando crípticos comandospara crear universos. ¿Son 150 páginas de un discurso laberíntico? Muy po-siblemente. ¿Tiene razón en lo que dice? En buena parte.¿Se va por las ramas? Ciertamente. ¿Es apasionante de leer?Puedes apostarlo. Porque E N EL PRINCIPIO . . . FUE LA LÍ -NEA DE COMANDOS está escrito con pasión, y por un autorque sabe utilizar atrevidas metáforas y brillantes imágenes,que a cada página puede sorprender con una observacióninteligente o un dato interesante. Cuando terminas, te que-das con el inexplicable deseo de instalar BeOS en tu orde-nador. Lo que puede resumirse diciendo que es otro buenlibro de Neal Stephenson. P EDRO J ORGE R OMERO 1 1 Pedro Jorge Romero (Arrecife, 1967) es licenciado en física, pero real-mente se dedica a traducir, a la programación web y a escribir ocasional-mente. Ha traducido los tres volúmenes de la monumental novela de N.Stephenson Criptonomicón (Ediciones B, 2002), y está preparando la tra-ducción de su esperada «secuela», Azogue (Quicksilver), cuya publicaciónestá prevista para octubre de este año. Ediciones B ha publicado reciente-mente su primera novela, El otoño de las estrellas, escrita en colaboracióncon Miquel Barceló.
  12. 12. IntroducciónH ACE UNOS VEINTE AÑOS , a Jobs y Wozniak, los fundado-res de Apple, se les ocurrió la muy extraña idea de vendermáquinas de procesamiento de información para uso do-méstico. El negocio despegó, sus fundadores hicieron unmontón de dinero y recibieron el crédito que merecían co-mo osados visionarios. Pero en esa misma época, a Bill Ga-tes y Paul Allen se les ocurrió una idea todavía más extrañay fantasiosa: vender sistemas operativos de ordenador. Es-to era mucho más extraño que la idea de Jobs y Wozniak.Un ordenador por lo menos tenía cierta realidad física. Ve-nía en una caja, podía abrirse y enchufarse y se podía vercómo parpadeaban las luces. Un sistema operativo no te-nía ninguna encarnación tangible. Venía en un disco, claro,pero el disco no era, a todos los efectos, más que la caja quecontenía el sistema operativo. El producto mismo era unaserie muy larga de unos y ceros que, cuando se instalabay se cuidaba bien, te daba la capacidad de manipular otrasseries muy largas de unos y ceros. Incluso los pocos quede hecho comprendían qué era un sistema operativo de or-denador posiblemente pensaban en ello como un prodigioincreíblemente complicado de la ingeniería, como un reac-tor o un avión espía U-2, y no algo que pudiera llegar a ser(en la jerga de la alta tecnología) productizado. Pero ahora la compañía que fundaron Gates y Allenvende sistemas operativos como Gillette vende hojas deafeitar. Se lanzan nuevas versiones de sistemas operativos 21
  13. 13. 22 En el principio. . . fue la línea de comandoscomo si fueran películas de Hollywood, con el respaldo decelebridades, apariciones en talk shows y giras mundiales.Su mercado es lo bastante vasto como para que la gente sepreocupe de si ha sido monopolizado por una compañía.Incluso los menos inclinados a la técnica de nuestra socie-dad tienen ahora al menos una idea nebulosa de lo que ha-cen los sistemas operativos; lo que es más, tienen opinionessólidas sobre sus méritos relativos. Es ya un conocimientocompartido el que, si tienes un programa que funciona entu Macintosh y lo pasas a una máquina Windows, no fun-ciona. Esto sería, de hecho, un error risible e idiota, comoclavar herraduras en las ruedas de un coche. Una persona que entrara en coma antes de la fundaciónde Microsoft y despertara hoy, tomaría el New York Timesde esta mañana y no entendería nada —o casi: Ítem: el hombre más rico del mundo hizo su fortuna a partir de ¿qué? ¿ferrocarriles? ¿buques? ¿petróleo? No, sistemas operativos. Ítem: el Departamento de Justicia está investigando el su- puesto monopolio en sistemas operativos de Microsoft con herramientas legales que se inventaron para restringir el po- der de los jefes de bandas de ladrones del siglo XIX . Ítem: una amiga mía me contó recientemente que había in- terrumpido un (hasta entonces) estimulante intercambio de e-mails con un joven. «Al principio parecía un tipo tan inte- ligente e interesante —dijo— pero luego empezó a ponerse en plan “ PC -contra-Mac”.» ¿Qué diablos está pasando aquí? Y ¿tiene futuro el ne-gocio de los sistemas operativos, o sólo pasado? Lo que si-gue es mi opinión, que es completamente subjetiva; pero,dado que me he pasado bastante tiempo, no sólo usando,sino programando en Macintosh, Windows, Linux y BeOS,tal vez no sea tan desinformada como para carecer porcompleto de valor. Este es un ensayo subjetivo, más críti-ca que artículo de investigación, y puede parecer injusto osesgado comparado con lo que se puede encontrar en lasrevistas de PC. Pero, desde que salió el Mac, nuestros siste-mas operativos están basados en metáforas, y, por lo que amí respecta, es legítimo cuestionar cualquier cosa con me-táforas dentro.
  14. 14. Descapotables, tanques y batmóvilesE N LA ÉPOCA EN QUE J OBS , Wozniak, Gates y Allen es-taban soñando estos planes inverosímiles, yo era un ado-lescente que vivía en Ames, Iowa. El padre de uno de misamigos tenía un viejo MGB descapotable1 oxidándose en elgaraje. A veces conseguía que arrancara y cuando lo hacíanos llevaba a dar una vuelta por el barrio, con una expre-sión memorable de salvaje entusiasmo juvenil en la cara;para sus preocupados pasajeros era un loco, tosiendo y ren-queando por Ames, Iowa, y tragándose el polvo de oxida-dos Gremlins y Pintos, pero en su propia imaginación eraDustin Hoffman cruzando el Puente de la Bahía con el ca-bello al viento. Mirando atrás, esto me reveló dos cosas acerca de la re-lación de las personas con la tecnología. Una fue que el ro-manticismo y la imagen influyen mucho sobre su opinión.Si lo dudan (y tienen un montón de tiempo libre), pregún-tenle a cualquiera que tenga un Macintosh y que por elloimagina ser miembro de una minoría oprimida. El otro punto, algo más sutil, fue que la interfaz es muyimportante. Claro que aquel MGB era un coche malísimo en 1 El MGB fue el coche deportivo británico más exitoso de todos los tiem-pos. Salió de la producción en Abingdon en 1962. Se fabricó también unaversión coupé con la denominación MGB GT . La producción se suprimióen 1980, después de haber vendido medio millón de unidades. [N. del E.] 23
  15. 15. 24 En el principio. . . fue la línea de comandoscasi cualquier aspecto importante: pesado, poco fiable, po-co potente. Pero era divertido conducirlo. Respondía. Cadaguijarro de la carretera se sentía en los huesos, cada matizen el asfalto se transmitía instantáneamente a las manos delconductor. Podía escuchar el motor y saber qué fallaba. Elvolante respondía inmediatamente a las órdenes de las ma-nos. Para nosotros, los pasajeros, era un ejercicio fútil de noir a ningún lado —más o menos tan interesante como mirarpor encima del hombro de alguien que introduce númerosen una hoja de cálculo—. Pero para el conductor era unaexperiencia. Durante un breve tiempo, estaba expandien-do su cuerpo y sus sentidos en un ámbito más amplio, yhaciendo cosas que no podía hacer sin ayuda. La analogía entre coches y sistemas operativos es bas-tante buena, así que permítanme seguir con ella duranteun rato como modo de dar un resumen sumario de nuestrasituación hoy en día. Imagínense un cruce de carreteras donde hay cuatropuntos de venta de coches. Uno de ellos (Microsoft) es mu-cho, mucho mayor que los demás. Comenzó hace años ven-diendo bicicletas de tres velocidades (MS - DOS); no eran per-fectas, pero funcionaban y, cuando se rompían, se arregla-ban fácilmente. Enfrente estaba la tienda de bicicletas rival (Apple), queun día empezó a vender vehículos motorizados: coches ca-ros, pero de estilo atractivo, con los mecanismos herméti-camente sellados, de tal modo que su funcionamiento eraalgo misterioso. La tienda grande respondió apresurándose a sacar unkit de actualización (el Windows original) al mercado. Setrataba de un dispositivo que, cuando se atornillaba a unabicicleta de tres velocidades, le permitía seguir, a duras pe-nas, el ritmo de los coches Apple. Los usuarios tenían queusar gafas de protección y siempre estaban sacándose bi-chos de los dientes,2 mientras los usuarios de Apple co-rrían en su confort herméticamente sellado, burlándose por 2 El autor juega en este y en otras partes del ensayo con la doble acep-ción de bug: «bicho, insecto» y «error, fallo informático». [N. del E.]
  16. 16. Descapotables, tanques y batmóviles 25las ventanillas. Pero los Micro-motopedales eran baratos, yfáciles de reparar comparados con los coches Apple, y sucuota de mercado creció. Al final la tienda grande acabó por sacar un coche en to-da regla: un monovolumen colosal (Windows 95). Tenía elencanto estético de un bloque soviético de viviendas paraobreros, perdía aceite y le estallaban las bujías, pero fue unéxito tremendo. Poco tiempo después, sacaron también unenorme vehículo para la circulación fuera de carretera des-tinado a usuarios industriales (Windows NT), que no eramás bonito que el monovolumen, y sólo algo más fiable. Desde entonces ha habido un montón de ruido y gri-tos, pero poco ha cambiado. La tienda pequeña sigue ven-diendo elegantes sedanes de estilo europeo y gastándosemucho dinero en campañas publicitarias. Tienen cartelesde «¡L IQUIDACIÓN !» puestos en el escaparate desde hacetanto tiempo que ya están amarillos y arrugados. La tiendagrande sigue fabricando monovolúmenes y vehículos decirculación fuera de carretera cada vez más grandes. Al otro lado de la carretera hay dos competidores quellegaron más recientemente. Uno de ellos, (Be, Inc.) ven-de batmóviles plenamente operativos (los BeOS). Son másbonitos y elegantes incluso que los eurosedanes, mejor di-señados, más avanzados tecnológicamente y al menos tanfiables como cualquier otra cosa en el mercado: y sin em-bargo son más baratos que los demás. Con una excepción, claro: Linux, que está enfrente mis-mo, y que no es un negocio en absoluto. Es un conjunto detiendas de campaña, yurtas, tipis y cúpulas geodésicas le-vantadas en un prado y organizadas por consenso. La gen-te que vive allí fabrica tanques. No son como los anticua-dos tanques soviéticos de hierro forjado; son más pareci-dos a los tanques M1 del ejército estadounidense, hechosde materiales de la era espacial y llenos de sofisticada tec-nología de arriba abajo. Pero son mejores que los tanquesdel ejército. Han sido modificados de tal modo que nunca,nunca se averían, son lo bastante ligeros y maniobrables co-mo para usarlos en la calle y no consumen más combustibleque un coche compacto. Estos tanques se producen ahí mis-
  17. 17. 26 En el principio. . . fue la línea de comandosmo a un ritmo aterrador, y hay un número enorme de ellosalineados junto a la carretera con las llaves puestas. Cual-quiera que quiera puede simplemente montarse en uno ymarcharse con él gratis. Los clientes llegan a este cruce en multitudes, día y no-che. El noventa por ciento se van derechos a la tienda gran-de y compran monovolúmenes o vehículos para circula-ción fuera de carretera. Ni siquiera miran las otras tiendas. Del diez por ciento restante, la mayoría va y compra unelegante eurosedán, deteniéndose sólo para mirar por en-cima del hombro a los filisteos que compran monovolúme-nes y vehículos para circulación fuera de carretera. Si acasollegan a fijarse siquiera en la gente al otro lado de la carre-tera, vendiendo los vehículos más baratos y técnicamentesuperiores, estos clientes los desprecian, considerándoloslunáticos y descerebrados. La tienda de batmóviles vende unos cuantos vehículosal maniático de los coches de ocasión que quiere un se-gundo vehículo además de su monovolumen, pero pareceaceptar, al menos de momento, que es un jugador marginal. El grupo que regala los tanques sólo permanece vivoporque lo llevan voluntarios, que se alinean al borde de lacalle con megáfonos, tratando de llamar la atención de losclientes sobre esta increíble situación. Una conversación tí-pica es algo así:H ACKER CON MEGÁFONO : ¡Ahorra dinero! ¡Acepta uno denuestros tanques gratis! ¡Es invulnerable, y puede atrave-sar roquedales y ciénagas a ciento cincuenta kilómetros porhora consumiendo dos litros a los cien!F UTURO COMPRADOR DE MONOVOLUMEN : Ya sé que loque dices es cierto. . . pero. . . eh. . . ¡yo no sé mantener untanque!M EGÁFONO : ¡Tampoco sabes mantener un monovolumen!C OMPRADOR : Pero esta tienda tiene mecánicos contrata-dos. Si le pasa algo a mi monovolumen, puedo tomarme undía libre de trabajo, traerlo aquí y pagarles para que traba-jen en él mientras yo me siento en la sala de espera durantehoras, escuchando música de ascensor.
  18. 18. Descapotables, tanques y batmóviles 27M EGÁFONO : ¡Pero si aceptas uno de nuestros tanques gra-tuitos te mandaremos voluntarios a tu casa para que loarreglen gratis mientras duermes!C OMPRADOR : ¡Manténte alejado de mi casa, bicho raro!M EGÁFONO : Pero. . .C OMPRADOR : ¿Pero es que no ves que todo el mundo estácomprando monovolúmenes?
  19. 19. Lanzador de bitsL A CONEXIÓN ENTRE COCHES y modos de interactuar conlos ordenadores no se me habría ocurrido en la época enque me llevaban de paseo en aquel descapotable. Me ha-bía apuntado a una clase de programación en el Institutode Ames. Tras unas cuantas clases introductorias, nos die-ron permiso a los estudiantes para entrar en una sala di-minuta que contenía un teletipo, un teléfono y un módemanticuado consistente en una caja de metal con un par decuencas de plástico encima (nota: muchos lectores, abrién-dose camino a través de esta última oración, probablemen-te sintieron un retortijón inicial de temor de que este ensa-yo estuviera a punto de convertirse en una tediosa batallitasobre lo difícil que lo teníamos en los viejos tiempos; tran-quilícense: lo que estoy haciendo, de hecho, es colocar mispiezas sobre el tablero de ajedrez, por así decirlo, preparán-dome para realizar una observación sobre temas realmen-te interesantes y actualizados como el software de fuenteabierta. El teletipo era exactamente el mismo tipo de má-quina que se había estado usando durante décadas paraenviar y recibir telegramas. Se trataba básicamente de unamáquina de escribir ruidosa que sólo podía generar LETRASMAYÚSCULAS . Montada a un lado había una máquina máspequeña con un largo rollo de cinta de papel y una cesta deplástico transparente debajo. Para conectar este dispositivo (que no era un ordena-dor en absoluto) con la Universidad Estatal de Iowa al otro 29
  20. 20. 30 En el principio. . . fue la línea de comandoslado de la ciudad, había que coger el teléfono, marcar el nú-mero del ordenador, esperar a que llegaran ruidos raros yentonces colocar el auricular en las cuencas de plástico. Siacertabas, una cuenca envolvía sus labios de neopreno entorno a la parte de la oreja y el otro en torno a la parte de laboca, consumando una especie de sesenta y nueve informa-cional. El teletipo se estremecía mientras era poseído porel espíritu del lejano ordenador, y empezaba a martillearmensajes crípticos. Puesto que el tiempo de ordenador era un recurso es-caso, usábamos una especie de técnica de procesamientopor lotes. Antes de marcar en el teléfono, conectábamos laperforadora de cinta (una máquina subsidiaria atornilladaal costado del teletipo) y tecleábamos nuestros programas.Cada vez que pulsábamos una tecla, el teletipo imprimíauna letra en el papel delante nuestro, de tal modo que pu-diéramos leer lo que habíamos escrito; pero al mismo tiem-po convertía la letra en un conjunto de ocho dígitos bina-rios, o bits, y perforaba un patrón correspondiente de agu-jeros a lo ancho de una cinta de papel. Los diminutos dis-cos de papel salidos de la cinta caían en la cesta de plásticotransparente, que lentamente se llenaba de lo que sólo pue-de describirse como bits reales. El último día del curso, elchico más listo de la clase (no yo) saltó desde detrás de supupitre y lanzó varios kilos de estos bits por encima de lacabeza de nuestro profesor, como confetti, como una espe-cie de broma semiafectuosa. La imagen de aquel hombresentado allí, atenazado por las fases iniciales de una atávi-ca reacción de lucha-o-huye, con millones de bits (megaby-tes) cayéndole por el pelo y metiéndosele por la nariz y laboca, el rostro poniéndosele morado a medida que se apro-ximaba a la explosión, es la escena más memorable de mieducación formal. De cualquier modo, resultará obvio que mi interaccióncon el ordenador fue de una naturaleza extremadamenteformal, que estaba dividida en diferentes fases, a saber: 1)sentado en casa con lápiz y papel, a kilómetros de distanciade cualquier ordenador, pensaba mucho acerca de lo quequería que hiciera el ordenador y traducía mis intenciones
  21. 21. Lanzador de bits 31a un lenguaje informático —una serie de símbolos alfanu-méricos sobre la página—; 2) llevaba esto a través de unaespecie de «cordón sanitario» informacional (cinco kilóme-tros a través de tormentas de nieve) hasta el colegio e intro-ducía aquellas letras en una máquina —no un ordenador—que convertía los símbolos en números binarios y los regis-traba visiblemente en cinta; 3) entonces, mediante el mó-dem de las cuencas de goma, enviaba aquellos números alordenador de la universidad, que 4) hacía aritmética conellos y devolvía números diferentes al teletipo; 5) el teletipoconvertía estos números de nuevo en letras y los martillea-ba en una página, y 6) yo, mirando, interpretaba las letrascomo símbolos significativos. El reparto de responsabilidades que todo esto conllevaes admirablemente limpio: los ordenadores hacen aritmé-tica con bits de información. Los humanos interpretan losbits como símbolos significativos. Pero está distinción estádesdibujándose, o al menos complicándose, con la llegadade los sistemas operativos modernos que usan, y frecuen-temente abusan, del poder de la metáfora para hacer los or-denadores disponibles para un público más amplio. Por elcamino —posiblemente debido a estas metáforas, que ha-cen de un sistema operativo una especie de obra de arte—la gente empieza a ponerse emotiva y le toma cariño a frag-mentos de software del mismo modo que el padre de miamigo le tenía cariño a su descapotable. Puede que la gente que sólo ha interactuado con un or-denador a través de interfaces gráficas de usuario comoMacOS o Windows —es decir, casi cualquiera que hayausado un ordenador— le haya sorprendido, o al menos lla-mado la atención, lo de la máquina de telégrafos que yousaba para comunicarme con un ordenador en 1973. Perohabía, y hay, una buena razón para usar este tipo particu-lar de tecnología. Los seres humanos disponen de formasdiversas de comunicarse entre sí, como la música, el arte, ladanza y las expresiones faciales, pero algunas de ellas sonmás susceptibles que otras para expresarse como cadenasde símbolos. El lenguaje escrito es la más fácil porque, porsupuesto, ya consiste en cadenas de símbolos para empezar.
  22. 22. 32 En el principio. . . fue la línea de comandosSi resulta que los símbolos pertenecen a un alfabeto fonéti-co (y no son, por ejemplo, ideogramas), convertirlos en bitses un procedimiento trivial que se fijó tecnológicamente enel siglo XIX, con la introducción del código morse y de otrasformas de telegrafía. Teníamos una interfaz humano/ordenador cien añosantes de tener ordenadores. Cuando se crearon los orde-nadores en la época de la Segunda Guerra Mundial, loshumanos, de modo natural, se comunicaron con ellos, in-jertándolos en tecnologías ya existentes para traducir letrasa bits y viceversa: teletipos y máquinas de tarjetas perfora-das. Estas encarnaban dos enfoques fundamentalmente di-ferentes de la computación. Cuando se usaban tarjetas, seperforaba todo un taco y se pasaban por el lector a la vez,lo cual se llamaba «procesamiento por lotes». También sepodía hacer procesamiento por lotes con un teletipo, comoya he descrito, usando el lector de cinta de papel, y cierta-mente se nos animaba a adoptar este enfoque cuando yoestaba en el instituto. Pero —aunque se hacían esfuerzospor mantenernos ignorantes de esto— el teletipo podía ha-cer algo que el lector de tarjetas no podía. En el teletipo,una vez se establecía el vínculo con el módem, se podía in-troducir sólo una línea y pulsar la tecla de retorno. El teleti-po enviaría entonces esa línea al ordenador, que podía res-ponder o no con líneas propias, que el teletipo martillearía—produciendo, con el tiempo, una transcripción del inter-cambio mantenido con la máquina—. Este modo de hacer-lo ni siquiera tenía nombre entonces, pero cuando, muchomás tarde, apareció una alternativa, se denominó retroacti-vamente la «Interfaz de Línea de Comandos». Cuando fui a la universidad, usaba los ordenadores engrandes salas abarrotadas donde manadas de estudiantesse sentaban frente a versiones ligeramente actualizadas delas mismas máquinas y escribían programas informáticos;estos ordenadores usaban mecanismos de impresión pormatrices de puntos, pero eran (desde el punto de vista dela máquina) idénticas a los antiguos teletipos. En aquel mo-mento, los ordenadores compartían mejor el tiempo —es
  23. 23. Lanzador de bits 33decir, los mainframes seguían siendo los mainframes, pero secomunicaban mejor con un gran número de terminales a lavez—. En consecuencia, ya no era necesario usar procesa-miento por lotes. Los lectores de tarjetas fueron desterra-dos a pasillos y sótanos, y el procesamiento por lotes seconvirtió en una cosa exclusiva de nerds,1 y en consecuen-cia adquirió un cierto tinte arcano incluso entre aquellos denosotros que sabíamos siquiera que existía. Todos evitába-mos ya los lotes, habiéndonos pasado a la línea de coman-dos: mi primer cambio de paradigma de sistema operativo,y yo sin enterarme. Había una enorme pila de papel plegado en el suelobajo cada uno de estos teletipos glorificados, y kilómetrosde papel se estremecían mientras pasaban por sus rodillos.Casi todo este papel se tiraba o se reciclaba sin haber si-do tocado jamás por la tinta, una atrocidad ecológica tanflagrante que aquellas máquinas pronto fueron reempla-zadas por terminales de vídeo —los llamados «teletiposde vidrio», que eran más silenciosos y no desperdiciabanpapel—. Sin embargo, desde el punto de vista del ordena-dor, estos también eran indistinguibles de las máquinas deteletipo de la Segunda Guerra Mundial. A todos los efectos,seguimos usando tecnología victoriana para comunicarnoscon los ordenadores hasta cerca de 1984, cuando se introdu-jo el Macintosh con su Interfaz Gráfica de Usuario. Inclusodespués de eso, la línea de comandos siguió existiendo co-mo estrato subyacente —una especie de reflejo medular—a muchos sistemas informáticos modernos durante la edadde oro de las Interfaces Gráficas de Usuario o GUI («Graphi-cal User Interface»), como las llamaré de ahora en adelante. 1 Nerd: El empollón de la clase, retratado tantas veces en las películas ylas series de televisión norteamericanas, generalmente con dificultad pararelacionarse socialmente y que en cambio suele destacar en materias talescomo las matemáticas o la astronomía. En la jerga hacker se ha asumidode forma irónica («news for nerds» es el lema de slashdot, el foro webmás importante dedicado a tecnología y software libre), perdiendo el ma-tiz originalmente despectivo, y ha acabado usándose como sinónimo dealguien que se preocupa por las cosas importantes y no se entretiene entrivialidades. [N. del E.]
  24. 24. Las Interfaces Gráficas de UsuarioL O PRIMERO QUE TIENE QUE HACER cualquier programa-dor al escribir un nuevo fragmento de software es decidircómo tomar la información con que está trabajando (en unprograma gráfico, una imagen; en una hoja de cálculo, unatabla de números) y convertirla en una serie lineal de bytes.Estas cadenas de bytes se suelen denominar archivos o (demodo algo más a la última) flujos. Son a los telegramas loque los humanos actuales son al hombre de Cromañón, loque quiere decir la misma cosa con distinto nombre. Todolo que se ve en la pantalla del ordenador —Tomb Raider,los correos electrónicos de voz digitalizada, los faxes y losdocumentos de procesador de textos escritos en treinta ysiete tipos diferentes— sigue siendo, desde el punto de vis-ta del ordenador, igual que telegramas, sólo que son muchomás largos, y requieren más aritmética. El modo más rápido de apreciarlo es abriendo el na-vegador, visitando un sitio web y seleccionando la opción«Ver Código Fuente» en el menú. Se mostrará un códigoinformático parecido a este: <HTML> <HEAD> <TITLE>C R Y P T O N O M I C O N</TITLE> </HEAD> <BODY BGCOLOR="#000000" LINK="#996600" ALINK="#FFFFFF" VLINK="#663300"> 35
  25. 25. 36 En el principio. . . fue la línea de comandos <MAP NAME="navtext"> <AREA SHAPE=RECT HREF="praise.html" COORDS="0,37,84,55"> <AREA SHAPE=RECT HREF="author.html" COORDS="0,59,137,75"> <AREA SHAPE=RECT HREF="text.html" COORDS="0,81,101,96"> <AREA SHAPE=RECT HREF="tour.html" COORDS="0,100,121,117"> <AREA SHAPE=RECT HREF="order.html" COORDS="0,122,143,138"> <AREA SHAPE=RECT HREF="beginning.html" COORDS="0,140,213,157"> </MAP> <CENTER> <TABLE BORDER="0" CELLPADDING="0" CELLSPACING="0" WIDTH="520"> <TR> <TD VALIGN=TOP ROWSPAN="5"> <IMG SRC="images/spacer.gif" WIDTH="30" HEIGHT="1" BORDER="0"> </TD> <TD VALIGN=TOP COLSPAN="2"> <IMG SRC="images/main_banner.gif" ALT="Cryptonomicon by Neal Stephenson" WIDTH="479" HEIGHT="122" BORDER="0"> </TD> </TR> Esto se llama HTML (Lenguaje de Marcado de Hiper-Texto) y básicamente es un lenguaje de programación muysencillo que le dice al navegador cómo dibujar una páginaen la pantalla. Cualquiera puede aprender HTML y muchagente lo hace. Lo importante es que, por muchas esplén-didas páginas multimedia que representen, los archivos deHTML son sólo telegramas. Cuando Ronald Reagan era locutor de radio, solía infor-mar de los partidos de béisbol leyendo las concisas descrip-ciones que llegaban por el telégrafo y se imprimían en cintade papel. Se sentaba solo en una habitación insonorizadacon un micrófono y la cinta de papel salía de la máquina yle caía en la palma de la mano, cubierta de crípticas abre-viaturas. Si el tanteo pasaba de tres a dos, Reagan describíala escena como se la imaginaba: «El fornido zurdo sale delpuesto de bateo para secarse el sudor. El árbitro se adelantapara limpiar el polvo de la base», etc. Cuando el criptogra-ma en la cinta de papel anunciaba un golpe en una base,Reagan golpeaba el borde de la mesa con un lápiz, creandoun pequeño efecto sonoro y describía el arco de la pelotacomo si pudiera verlo de verdad. Sus oyentes, muchos de
  26. 26. Las Interfaces Gráficas de Usuario 37los cuales presumiblemente creían que Reagan estaba dehecho en el campo de juego viendo el partido, reconstruíanla escena en su mente según sus descripciones. Así es exactamente como funciona la WWW: los archi-vos HTML son la concisa descripción en la cinta de papely el navegador es Ronald Reagan. Lo mismo vale para lasinterfaces gráficas en general. De modo que un sistema operativo consiste en una pilade metáforas y abstracciones que media entre los telegra-mas y tú, encarnando diversos trucos que el programadorusó para convertir la información con la que estás traba-jando —ya sean imágenes, mensajes de correo electrónico,películas o documentos de procesador de textos— en lascadenas de bytes, que son lo único con lo que funcionanlos ordenadores. Cuando usamos equipo telegráfico genui-no (teletipos) o sus sustitutos de alta tecnología (teletiposde vidrio, o la línea de comandos de MS - DOS) para trabajarcon nuestros ordenadores, estamos muy cerca de la base deesa pila. Cuando usamos la mayor parte de sistemas ope-rativos modernos, sin embargo, nuestra interacción con lamáquina se ve fuertemente mediada. Todo lo que hacemoses interpretado y traducido una y otra vez mientras se abrecamino a través de todas las metáforas y abstracciones. El sistema operativo de Macintosh fue una revoluciónen el buen y en el mal sentido de la palabra. Obviamenteera cierto que las interfaces de línea de comandos (conoci-das como CLI, Command Line Interfaces) no eran para todo elmundo, y que estaría bien hacer los ordenadores accesiblesa un público menos técnico —si no por razones altruistas,siquiera porque este tipo de gente constituía un mercadoincomparablemente mayor—. Está claro que los ingenierosde Mac vieron todo un país nuevo que se les abría; casi seles podía oír mascullar, «¡Caray! ¡Ya no tendremos que limi-tarnos más a los archivos como flujos lineales de bytes, vivela révolution, veamos lo lejos que llegamos con esto!» Nohabía ninguna interfaz de línea de comandos disponible enel Macintosh; hablabas con la máquina a través del ratón, ono hablabas. Era una especie de declaración de principios,una credencial de pureza revolucionaria. Parecía que los di-
  27. 27. 38 En el principio. . . fue la línea de comandosseñadores del Mac pretendían barrer las interfaces de líneade comandos a la papelera de la historia. Mi propia historia de amor con el Macintosh comenzóen la primavera de 1984 en una tienda de ordenadores enCedar Rapids, Iowa, cuando un amigo mío —por coinci-dencia, el hijo del dueño del descapotable— me mostró unMacintosh ejecutando MacPaint, el revolucionario progra-ma de diseño. Terminó en julio de 1995, cuando traté deguardar un archivo grande e importante en mi MacintoshPowerBook y, en vez de eso, destruyó los datos de modotan concienzudo que dos programas distintos de recupe-ración de datos fueron incapaces de hallar rastro alguno deque hubiera existido jamás. En aquellos diez años sentí unapasión por el MacOS que por entonces parecía virtuosa yrazonable, pero que mirando atrás me parece el mismo ti-po de enamoramiento engañoso que el padre de mi amigotenía con su coche. La introducción del Mac inició una especie de guerrasanta en el mundo de la informática. ¿Eran las interfacesgráficas una brillante innovación tecnológica que conver-tía a los ordenadores en más accesibles para los humanosy por tanto para las masas, llevándonos a una revoluciónsin precedentes en la sociedad humana, o una insultantechorrada audiovisual diseñada por hackers zumbados deSan Francisco, que despojaba a los ordenadores de su po-tencia y flexibilidad y convertía el serio y noble arte de lacomputación en un pueril videojuego? De hecho, este debate me parece más interesante hoyen día que a mediados de los ochenta. Pero la gente máso menos dejó de debatir cuando Microsoft respaldó la ideade las interfaces gráficas al sacar el primer Windows. Enaquel momento, los partidarios de la línea de comandos sevieron relegados al estatus de viejos carcamales, mientrasse disparaba un nuevo conflicto entre usuarios de MacOSy de Windows.1 1 De acuerdo con una rigurosa y algo anticuada definición de «sistemaoperativo», Windows 95 y 98 no lo son: serían un conjunto de operacionesque funcionan sobre MS - DOS , que sí es un sistema operativo. En la prác-
  28. 28. Las Interfaces Gráficas de Usuario 39 Había mucho sobre lo que discutir. Los primeros Ma-cintosh parecían distintos de otros PC incluso estando apa-gados: consistían en una caja que contenía tanto la CPU (laparte del ordenador que hace aritmética con los bits) comola pantalla del monitor. Esto suponía, en aquel momento,una especie de afirmación filosófica: Apple quería conver-tir el ordenador personal en un electrodoméstico, como latostadora. Pero también reflejaba las exigencias puramentetécnicas de ejecutar una inferfaz gráfica de usuario. En unamáquina con interfaz gráfica, los chips que dibujan las co-sas en la pantalla tienen que ir integrados con la unidad deprocesamiento central, o CPU, del ordenador, en un gradomucho mayor que en las interfaces de línea de comandos,que hasta hace poco ni siquiera sabían que no estaban ha-blando sólo con teletipos. Esta distinción era de naturaleza técnica y abstracta, pe-ro se hacía más clara cuando la máquina fallaba (como su-cede frecuentemente con tecnologías cuyo funcionamientose comprende mejor viéndolas fallar). Cuando todo se iba ala porra y la CPU empezaba a escupir bits aleatoriamente, elresultado, en una máquina de interfaz de línea de coman-dos, era líneas y líneas de caracteres perfectamente forma-dos pero aleatorios en la pantalla —lo que los conocedoresllamaban ponerse cirílico. Pero para el MacOS la pantalla noera un teletipo sino un lugar en el que poner gráficos; laimagen en pantalla era un mapa de bits, una representaciónliteral de los contenidos de una parte dada de la memoriadel ordenador. Cuando el ordenador fallaba y escribía ton-terías en el mapa de bits, el resultado era algo que recorda-ba vagamente a la nieve en una televisión estropeada: unsnow crash.2tica, Windows 95 y 98 están comercializados como sistemas operativos, ytrataré de referirme a ellos como tales. Esta nomenclatura es técnicamen-te cuestionable, políticamente difícil y ahora también legalmente gravosa,pero es la mejor para los propósitos de este ensayo, que trata principal-mente aspectos estéticos y culturales. 2 Literalmente: «cuelgue de nieve». Snow Crash es también el título deuna novela de N. Stephenson, auténtica obra de culto entre los hackers,publicada en 1994, y editada en español por Gigamesh en 1999. [N. del E.]
  29. 29. 40 En el principio. . . fue la línea de comandos E incluso, tras la introducción de Windows, las diferen-cias subyacentes persistieron: cuando una máquina Win-dows tenía problemas, la vieja interfaz de línea de coman-dos caía sobre la interfaz gráfica como un telón de amianto,sellando el escenario de una ópera incendiada. Cuando unMacintosh tenía problemas, te presentaba el dibujito de unabomba, que resultaba gracioso la primera vez que lo veías. Y estas no eran en absoluto diferencias superficiales. Elretorno de Windows a una interfaz de línea de comandoscuando tenía problemas les demostraba a los partidariosdel Mac que Windows no era más que una fachada bara-ta, como una chillona manta afgana tendida sobre un so-fá putrefacto. Les perturbaba y molestaba la sensación deque bajo la ostensiblemente amistosa interfaz de usuariode Windows había —literalmente— un subtexto. Por su parte, los fans de Windows podrían haber ob-servado agriamente que todos los ordenadores, incluso losMacintosh, estaban construidos sobre ese mismo subtexto,y que la negativa de los dueños de Macs a admitir ese he-cho parecía apuntar a una voluntad, incluso un deseo, dedejarse engañar. En cualquier caso, un Macintosh tenía que mover bitsindividuales en los chips de memoria en la tarjeta de vídeo,y tenía que hacerlo muy rápido, y en patrones arbitraria-mente complicados. Hoy en día esto resulta barato y fácil,pero en el régimen tecnológico vigente a principios de losochenta, el único modo realista de hacerlo era integrar laplaca base (que contenía la CPU) y el sistema de vídeo (quecontenía la memoria proyectada sobre la pantalla) como untodo —de ahí el único contenedor, herméticamente sellado,que hacía al Macintosh tan distintivo. Cuando apareció Windows llamaba la atención por sufealdad, y sus actuales sucesores, Windows 95 y WindowsNT, no son cosas que la gente pagaría por ver. La absolutafalta de atención de Microsoft por la estética nos proporcio-naba muchas oportunidades a todos los amantes de Macpara mirarles por encima del hombro. El que Windows separeciera un montón a un calco directo de MacOS nos da-
  30. 30. Las Interfaces Gráficas de Usuario 41ba además una fuerte sensación de ultraje moral.3 Entre laspersonas que realmente conocían y apreciaban los ordena-dores (los hackers, en el sentido no peyorativo que StevenLevy le da a la palabra4 y unos pocos otros ámbitos comolos músicos profesionales, los artistas gráficos y los maes-tros), el Macintosh, durante un tiempo, era simplemente elordenador. No sólo se consideraba una obra soberbia de in-geniería, sino la encarnación de ciertos ideales acerca deluso de la tecnología para beneficiar a la humanidad, mien-tras que Windows se consideraba una imitación patética-mente torpe y una siniestra combinación para dominar elmundo, todo en uno. Ya entonces se había establecido unpatrón que persiste hasta nuestros días: a la gente no le gus-ta Microsoft, lo cual es comprensible; pero no les gusta porrazones poco reflexionadas y, en último término, contradic-torias. 3 De hecho, Apple demandó a Microsoft por plagiarle la interfaz gráfi-ca, juicio que perdió. Al parecer, Apple olvidó demasiado rápido que ellosmismos habían copiado diez años antes dicha interfaz a Xerox. [N. del E.] 4 Se refiere a la ya obra clásica Hackers (1984), en la que S. Levy expusouna serie de principios que habían guiado a la ética hacker desde los añossesenta. Levy los resumió así: «El acceso a los ordenadores y a todo lo quete pueda enseñar algo sobre cómo funciona el mundo debe ser ilimitado.Toda la información debe ser libre. Desconfía de la autoridad, promuevela descentralización; los hackers deberían ser juzgados por su habilidad,no por su edad, nivel, raza o posición. Puedes crear arte y belleza con tuordenador. Los ordenadores pueden cambiar tu vida a mejor.» [N. del E.]
  31. 31. Lucha de clases en el escritorioA HORA QUE YA HEMOS DEJADO CLARO el trasfondo, mere-ce la pena revisar algunos hechos básicos: como cualquiercompañía de accionariado público y con fines de lucro, Mi-crosoft ha tomado prestado un montón de dinero de algu-nas personas (sus accionistas) para estar en el negocio delbit. Como ejecutivo de esa compañía, Bill Gates sólo tieneuna responsabilidad, que es maximizar el rendimiento delas inversiones. Lo ha hecho increíblemente bien. Cualquieracción emprendida en el mundo por Microsoft —cualquiersoftware que publiquen, por ejemplo— es básicamente unepifenómeno que no puede comprenderse ni entendersesalvo en la medida en que reflejan el desempeño por partede Bill Gates de su única responsabilidad. De ello se sigue que si Microsoft vende mercancías queson estéticamente desagradables, o que no funcionan de-masiado bien, no significa que sean (respectivamente) filis-teos o medio tontos. Se debe a que la excelente direcciónde Microsoft ha llegado a la conclusión de que pueden ga-nar más dinero para sus accionistas publicando productoscon imperfecciones obvias y conocidas del que ganaríanhaciéndolos hermosos o libres de errores. Esto es irritan-te, pero (al final) no tan irritante como contemplar cómoApple se autodestruye inexplicable e implacablemente. 43
  32. 32. 44 En el principio. . . fue la línea de comandos No resulta difícil encontrar en la Red una hostilidadhacia Microsoft que mezcla dos elementos: resentidos quesienten que Microsoft es demasiado poderosa y desdeñososque creen que es chapucera. Esto recuerda mucho al perio-do culminante del comunismo y del socialismo, cuando seodiaba a la burguesía desde ambos lados: los proletarios,porque la burguesía tenía todo el dinero, y los intelectuales,por su tendencia a gastárselo en adornos de jardín. Micro-soft es la encarnación misma de la moderna prosperidad dealta tecnología —en una palabra, es burguesa— y atrae losmismos odios de todos. La pantalla inicial de Microsoft Word 6.0 lo resumía to-do bastante bien: cuando arrancabas el programa, te mos-traba la imagen de un bolígrafo caro encima de un par defolios de papel de escritura hecho a mano. Obviamente, eraun intento por hacer que el software pareciera pijo, y puedeque valiera para algunos, pero no para mí, porque era unbolígrafo, y yo soy hombre de pluma estilográfica. Si lo hu-biera hecho Apple, habrían usado una pluma Mont Blanc,o quizás un pincel caligráfico chino. Dudo que esto fueraaccidental. Hace poco estuve reinstalando Windows NT enuno de los ordenadores de mi casa, y tuve que hacer dobleclick en el icono del Panel de Control muchas veces. Por ra-zones que resulta difícil comprender, este icono consiste enel dibujito de un martillo y un escoplo o un destornilladorencima de una carpeta de archivos. Estas meteduras de pata estéticas le dan a uno unas ga-nas casi incontrolables de reírse de Microsoft, pero, de nue-vo, esa no es la cuestión: si Microsoft hubiese hecho prue-bas con grupos-diana sobre posibles gráficos alternativos,probablemente habrían hallado que el oficinista medio aso-ciaba las estilográficas con los amanerados ejecutivos derango más alto, y estaba más cómodo con los bolígrafos. Deigual forma, los tipos normales, los papás con entradas delmundo que posiblemente cargan con la responsabilidad demontar y configurar el ordenador en casa, probablementeprefieren el dibujito de un martillo (quizás al tiempo quealbergan fantasías de usar un martillo de verdad con susordenadores).
  33. 33. Lucha de clases en el escritorio 45 Es el único modo en que consigo explicar cierto hechoscuriosos acerca del actual mercado de sistemas operativos,tales como el que el noventa por ciento de todos los clientessigan comprando monovolúmenes de la tienda de Micro-soft mientras que uno se puede llevar los tanques gratuitossin más, al otro lado de la calle. A Bill Gates no le resultó difícil distribuir una sarta deunos y ceros, una vez se le ocurrió la idea. Lo duro era ven-derla: asegurarles a los clientes que de hecho estaban obte-niendo algo a cambio de su dinero. Cualquiera que haya comprado software en una tien-da alguna vez habrá tenido curiosamente la desalentadoraexperiencia de llevarse la caja envuelta en plástico a casa,abrirla, encontrarse con que el 95 % es aire, tirar todas lastarjetitas, propaganda y basura y meter el disco en el or-denador. El resultado final (después de haber perdido eldisco) no es nada más que algunas imágenes en la pantalladel ordenador y algunas posibilidades de las que antes secarecía. A veces, ni siquiera eso —en vez de ello, uno se en-cuentra con una serie de mensajes de error—. Pero el dinerose ha ido definitivamente. Ahora casi estamos acostumbra-dos a esto pero hace veinte años era una proposición muysospechosa. De todas formas, Bill Gates consiguió que fun-cionara. No hizo que funcionara vendiendo el mejor soft-ware ni ofreciendo el precio más barato. Pero de algún mo-do consiguió que la gente creyera que estaban recibiendoalgo a cambio de su dinero. Las calles de todas las ciudades del mundo están lle-nas de esos pesados, ruidosos monovolúmenes. Cualquie-ra que no tenga uno se siente un poco raro, y se pregunta,pese a sí mismo, si no será hora de dejar de resistirse y com-prar uno; cualquiera que tenga uno se siente seguro de queha adquirido una posesión significativa, incluso los días enque el vehículo está en el taller de reparación. Todo esto es perfectamente congruente con la pertenen-cia a la burguesía, que es un estado tanto mental como ma-terial. Y explica por qué Microsoft se ve constantementeatacado en la Red desde ambos lados. Los que se siente po-bres y oprimidos interpretan todo lo que hace Microsoft co-
  34. 34. 46 En el principio. . . fue la línea de comandosmo parte de algún siniestro complot orwelliano. A los queles gusta considerarse usuarios inteligentes e informados,les desquicia lo chapucero que es Windows. No hay nada que moleste más a las personas sofistica-das que ver cómo alguien que es lo bastante rico como paraevitarlo es hortera —a menos que se den cuenta, un mo-mento después, de que probablemente sabe que es horteray sencillamente no le importa y va a seguir siendo hortera,y rico, y feliz, para siempre; Microsoft tiene la misma rela-ción con la elite de Silicon Valley que la que mantenían lospaletos de Beverly con su banquero, el señor Drysdale—a quien no le irrita tanto el hecho de que los Clampetts semudaran a su barrio como el saber que, cuando Jethro ten-ga setenta años, seguirá hablando como un palurdo y lle-vando petos, y seguirá siendo mucho más rico que el señorDrysdale. Incluso el hardware que empleaba Windows, compara-do con las máquinas que sacaba Apple, parecía cosa de pa-lurdos, y en su mayor parte sigue pareciéndolo. La razónes que Apple era y es una compañía de hardware, mientrasque Microsoft era y es una compañía de software. Appletenía así el monopolio del hardware que ejecutaba MacOS,mientras que el hardware compatible con Windows veníadel mercado libre. El mercado libre parece haber decididoque la gente no va a pagar por ordenadores elegantes; losfabricantes de hardware para PC que contratan a diseña-dores para hacer que sus productos tengan un aire distinti-vo acaban vapuleados por fabricantes taiwaneses de clonesmetidos en cajas que parecen los ladrillos que uno se en-contraría delante de una caravana. Pero Apple podía hacersu software todo lo bonito que quisiera y simplemente pa-sarle la factura a sus encantados consumidores, como yo.La semana pasada (escribo esta frase a principios de enerode 1999), las secciones de tecnología de todos los periódicosestaban llenas de reportajes aduladores sobre el lanzamien-to por parte de Apple del iMac en varios colores nuevos,como arándano y mandarina. Apple siempre ha insistido en tener el monopolio de suhardware, salvo durante un breve periodo a mediados de
  35. 35. Lucha de clases en el escritorio 47los noventa, cuando permitieron que los fabricantes de clo-nes compitieran con ella, antes de acabar con su negocio. Elhardware de Macintosh, en consecuencia, era caro. No loabrías ni enredabas en él porque hacerlo anulaba la garan-tía. De hecho, el primer Mac estaba específicamente dise-ñado para resultar difícil de abrir: necesitabas un juego deherramientas exóticas, que podías comprar mediante pe-queños anuncios que empezaron a aparecer en las páginasfinales de las revistas unos pocos meses después de que sa-liera al mercado el Mac. Estos anuncios siempre tenían uncierto aire sórdido, como si anunciaran ganzúas en la con-traportada de sensacionalistas revistas de detectives. Esta política de monopolio puede explicarse al menosde tres maneras distintas. La explicación caritativa es que la política de monopo-lio sobre el hardware reflejaba el deseo por parte de Applede proporcionar una unión sin fallas de hardware, sistemaoperativo y software. Algo hay de esto. Ya resulta bastantedifícil diseñar un sistema operativo que funcione bien enun hardware específico, diseñado y probado por ingenie-ros que trabajan al lado, en la misma compañía. Diseñar unsistema operativo que funcione en un hardware cualquiera,fabricado por hacedores de clones rabiosamente competiti-vos al otro lado de la Línea de Fecha Internacional, es muydifícil, y explica gran parte de los problemas que tiene lagente cuando usa Windows. La explicación financiera es que Apple, a diferencia de Mi-crosoft, es y siempre ha sido una compañía de hardware.Sencillamente depende de los ingresos de la venta de hard-ware, y no puede subsistir sin ellos. La explicación no tan caritativa tiene que ver con la culturacorporativa de Apple, que tiene sus raíces en el baby boomdel Área de la Bahía de San Francisco. Dado que voy a hablar sobre cultura durante un rato,probablemente está bien que ponga las cartas sobre la me-sa, para protegerme de las acusaciones de conflicto de in-tereses y falta de ética: 1) Geográficamente, soy de Seattle,de temperamento saturnino e inclinado a mirar con malosojos la dionisíaca Área de la Bahía de San Francisco, igual
  36. 36. 48 En el principio. . . fue la línea de comandosque a ellos nosotros les molestamos y escandalizamos. 2)Cronológicamente, pertenezco a una generación posterioral baby boom. Al menos, así me siento, ya que nunca expe-rimenté las partes divertidas y emocionantes del baby boom—sólo me pasé un montón de tiempo riéndome apropia-damente ante las irritantemente vacuas anécdotas de lospertenecientes al baby boom sobre lo puestos que iban en di-versas ocasiones, y escuchando cortés sus aseveraciones delo estupenda que era su música. Pero, incluso desde aquelladistancia, resultaba posible extraer ciertos patrones, y unoque reaparecía tan regularmente como una leyenda urbanaera el de alguien que se había mudado a una comuna dehippies con sandalias y signos de la paz para acabar descu-briendo que, bajo aquella fachada, los tipos al mando erande hecho obsesos del control; y que, dado que vivir en unacomuna donde los ideales de la paz, el amor y la armo-nía se mantenían de boquilla les había privado de válvulasde escape normales y socialmente admitidas para su obse-sión, tendía a salir de de otros modos, invariablemente mássiniestros. Dejaré aplicar esto al caso de Apple como ejercicio parael lector —un ejercicio no demasiado difícil. Resulta un poco desconcertante, al principio, pensar enApple como un obseso del control, porque contradice com-pletamente su imagen corporativa. ¿No fueron estos los ti-pos que lanzaron los famosos anuncios durante la SuperBowl en los que ejecutivos trajeados, con los ojos venda-dos, saltaban como lemmings de un acantilado? ¿No es es-ta la compañía que ahora mismo saca anuncios con el DalaiLama (salvo en Hong Kong) y Einstein y otros rebeldes al-ternativos? Ciertamente es la misma compañía, y el hecho de quehayan implantado esta imagen de sí mismos como libre-pensadores creativos y rebeldes en la mente de tantos es-cépticos inteligentes y encallecidos por los medios, real-mente hace que uno se pare a pensar. Da fe del insidiosopoder de las campañas publicitarias costosas y tal vez, encierta medida, de la facilidad de la gente para creer lo quequiere creer. También suscita la pregunta de por qué a Mi-
  37. 37. Lucha de clases en el escritorio 49crosoft se le da tan mal las relaciones públicas, cuando lahistoria de Apple demuestra que, pasándoles gordos che-ques a buenas agencias publicitarias, se puede implantaruna imagen corporativa en la mente de personas inteligen-tes que difiere completamente de la realidad. (La respuesta,para aquéllos a los que no les gustan las espadas de Damo-cles, es que, ya que Microsoft se ha hecho con las mentes ylos corazones de la silenciosa mayoría —la burguesía—, lesimporta un bledo tener una imagen elegante, igual que Ri-chard Nixon. «Quiero creer» —el mantra que Fox Muldertiene puesto en la pared de su despacho en los ExpedientesX— resulta aplicable de diferentes modos a estas dos com-pañías; los partidarios del Mac quieren creer en la imagende Apple que transmiten estos anuncios, y en la noción deque los Macs son de algún modo fundamentalmente dife-rentes de otros ordenadores, mientras que los seguidoresde Windows quieren creer que obtienen algo a cambio desu dinero, mediante una respetable transacción comercial). En cualquier caso, en 1987 tanto MacOS como Windowsya estaban en el mercado, ejecutándose en plataformas dehardware que eran radicalmente diferentes entre sí, no sóloen el sentido de que MacOS usaba chips de CPU de Moto-rola, mientras que Windows usaba Intel, sino también en elsentido —entonces pasado por alto, pero a largo plazo mu-cho más significativo— de que el negocio de hardware deApple era un monopolio rígido y Windows era un abierto-a-todos. Pero todas las ramificaciones de esto no estuvieron cla-ras hasta muy recientemente —de hecho, aún están desple-gándose, de modos notablemente extraños, como explicarécuando lleguemos a Linux—. El resultado es que millonesde personas se acostumbraron a usar interfaces gráficas deuna forma u otra. Con ello hicieron que Apple/Microsoftganaran un montón de dinero. La fortuna de muchas per-sonas ha acabado por ir ligada a la capacidad de estas com-pañías de seguir vendiendo productos cuyo carácter ven-dible resulta muy cuestionable.
  38. 38. Tarro de miel, pozo de brea, lo que seaC UANDO G ATES Y A LLEN INVENTARON la idea de vendersoftware, se encontraron con la crítica tanto de los hackerscomo de los sobrios hombres de negocios. Los hackers en-tendían que el software sólo era información, y le poníanobjeciones a la idea de venderla. Estas objeciones eran enparte morales. Los hackers salían del mundo científico yacadémico, donde resulta imperativo hacer que los resulta-dos del propio trabajo queden disponibles para el público.También eran en parte objeciones prácticas: ¿cómo puedesvender algo que puede copiarse fácilmente? Los hombresde negocios, que son el polo opuesto de los hackers en tan-tos aspectos, tenían sus propias objeciones. Acostumbradosa vender tostadoras y seguros, era natural que les resulta-ra difícil comprender cómo una larga sarta de unos y cerospodía constituir un producto vendible. Obviamente, Microsoft remontó estas objeciones, así co-mo Apple. Pero las objeciones siguen ahí. El hacker máshacker de todos, el Ur-hacker por así decirlo, era y es Ri-chard Stallman, quien se irritó tanto con la malvada prác-tica de vender software que, en 1984 (el mismo año en quesalió a la venta el Macintosh), fue y fundó la Fundación delSoftware Libre (Free Software Foundation), que comenzó atrabajar en algo llamando GNU. GNU son las siglas de Gnu’sNot Unix («Gnu No es Unix»), pero se trata de una bro- 51
  39. 39. 52 En el principio. . . fue la línea de comandosma en más de un sentido, porque GNU ciertamente es Unix.Debido a cuestiones de copyright (Unix es una marca regis-trada de AT & T), sencillamente no podían afirmar que fueraUnix, y así, sólo para asegurarse, afirmaban que no lo era.Pese al incomparable talento y empuje del señor Stallmany otros seguidores de GNU, su proyecto no pudo construirun Unix libre para competir contra los sistemas operativosde Windows y Apple: era un poco como tratar de excavarun sistema de metro con una cucharilla. Esto es, hasta lallegada de Linux.1 Pero la idea básica de recrear un sistema operativo apartir de la nada era perfectamente consistente y completa-mente factible. Se ha hecho muchas veces. Es inherente a lanaturaleza misma de los sistemas operativos. Los sistemas operativos no son estrictamente necesa-rios. No hay razón por la que un escritor de código lo bas-tante dedicado no pueda partir de la nada en cada proyec-to y escribir nuevo código para manejar operaciones tanbásicas y de bajo nivel como controlar las cabezas lecto-ras/escritoras en los controladores de disco y activar píxe-les en pantalla. Los primeros ordenadores tenían que pro-gramarse de este modo. Pero, dado que casi todos los pro-gramas tienen que desempeñar las mismas operaciones bá-sicas, este enfoque llevaría a una tremenda duplicación delesfuerzo. No hay nada más desagradable para el hacker que laduplicación del esfuerzo. El primer y más importante hábi-to mental que desarrolla la gente cuando aprende a escribirprogramas de ordenador es generalizar, generalizar, gene-ralizar. Hacer su código lo más modular y flexible posible,descomponer los problemas grandes en pequeñas subruti-nas que puedan usarse una y otra vez en diferentes con-textos. En consecuencia, el desarrollo de los sistemas ope- 1 Stallman insiste en que este sistema operativo debería ser siemprenombrado como GNU /Linux y tiene perfectas razones para hablar así, porejemplo, para que el papel del proyecto GNU no sea ignorado. En la prác-tica, casi todo el mundo se refiere a este como Linux. Para los propósitosde este ensayo, enfatizo el papel de GNU describiéndolo explícitamente,más que usando la nomenclatura GNU /Linux.
  40. 40. Tarro de miel, pozo de brea, lo que sea 53rativos, pese a ser técnicamente innecesario, era inevitable.Porque en el fondo un sistema operativo no es más que unabiblioteca que contiene el código más usado, escrito unavez (y con suerte, bien escrito), y puesto a disposición decualquier escritor de código que lo necesite. Así que un sistema operativo propietario, cerrado y se-creto es una contradicción en los términos. Va contra la ra-zón de ser de los sistemas operativos. Y de cualquier modoes imposible mantenerlos en secreto. El código fuente —laslíneas originales de texto escritas por los programadores—pueden mantenerse en secreto. Pero el conjunto de un sis-tema operativo es una colección de pequeñas subrutinasque realizan tareas muy específicas y muy claramente de-finidas. Qué hacen exactamente esas subrutinas ha de serpúblico, de forma muy explícita y exacta, o de lo contrarioel sistema operativo es completamente inservible para losprogramadores; no pueden usar esas subrutinas si no tie-nen perfecta y total comprensión de lo que hacen las subru-tinas. Lo único que no se hace público es exactamente cómohacen las subrutinas lo que hacen. Pero una vez sabes loque hace una subrutina, generalmente resulta bastante fá-cil (si eres un hacker) escribir tu propia rutina que hagaexactamente lo mismo. Puedes tardar algo, y resulta tedio-so y poco gratificante, pero en la mayoría de los casos no esdemasiado difícil. Lo que es difícil, para un hacker como para un escri-tor de ficción, no es escribir; es decidir qué escribir. Y losvendedores de sistemas operativos comerciales ya han de-cidido, y han hecho públicas sus decisiones. Esto se sabe desde hace mucho. MS - DOS fue duplicadofuncionalmente por un producto rival, escrito a partir de lanada, llamado ProDOS, que hacía las mismas cosas de mo-do muy parecido. En otras palabras, otra compañía pudoescribir código que hacía las mismas cosas que MS - DOS y lovendió para obtener beneficios. Si usas el sistema operati-vo Linux, puedes obtener un programa libre llamando WI -NE que es un emulador de Windows; esto es, puedes abriruna ventana en tu escritorio que ejecute programas de Win-
  41. 41. 54 En el principio. . . fue la línea de comandosdows. Quiere decir que se ha recreado un sistema operati-vo Windows completamente funcional dentro de Unix, co-mo un barquito en una botella. Y el propio Unix, que es unsistema operativo mucho más sofisticado que MS - DOS, hasido reconstruido a partir de la nada una y otra vez. Sun,Hewlett-Packard, AT & T, Silicon Graphics, IBM y otros ven-dieron versiones de él. En otras palabras, la gente lleva reescribiendo códigobásico de sistemas operativos tanto tiempo que toda la tec-nología que constituía un sistema operativo en el sentidotradicional (pre-GUI) de esa expresión es ahora tan baratay común que es literalmente gratuita. No sólo no podríanGates y Allen vender MS - DOS hoy, ni siquiera podrían rega-larlo, porque ya se regalan sistemas operativos mucho máspotentes. Incluso el Windows original (que era el único sis-tema de ventanas hasta 1995) ya no vale nada, dado queno tiene sentido poseer algo que puede emularse dentro deLinux, que es gratuito.2 De este modo, el negocio de los sistemas operativos esmuy diferente de, pongamos, el negocio de la venta de co-ches. Incluso un viejo coche de segunda mano tiene algúnvalor. Puedes usarlo para ir al basurero, o vender sus par-tes. El destino de los bienes manufacturados es depreciarselentamente a medida que envejecen y tienen que competircontra productos más modernos. Pero el destino de los sistemas operativos es volversegratuitos. Microsoft es una gran compañía de aplicaciones de soft-ware. El de las aplicaciones —tales como Microsoft Word—es un área en el que la innovación lleva beneficios reales,directos y tangibles a los usuarios. Las innovaciones pue-den consistir en nueva tecnología recién salida del depar-tamento de investigación, o pueden estar en la categoría de 2 El autor usa muchas veces a lo largo del texto free en un sentido ine-quívoco que indica gratuidad, como en este caso, y por supuesto hemosrespetado dicho sentido en la traducción, a pesar de que el free software —incluido por supuesto GNU /Linux— es libre en el sentido de libertad, node precio. Nos hemos extendido sobre esta cuestión en la «Presentación»de esta edición. [N. del E.]
  42. 42. Tarro de miel, pozo de brea, lo que sea 55los lacitos decorativos, pero en cualquier caso a menudoresultan útiles y parecen contentar a los usuarios. Y Micro-soft está convirtiéndose en una gran compañía de investi-gación. Esto no se debe necesariamente a que sus sistemasoperativos sean todos tan malos desde el punto de vista pu-ramente tecnológico. Los sistemas operativos de Microsofttienen sus problemas, claro, pero son mucho mejores de loque solían ser, y son adecuados para la mayor parte de lagente. ¿Por qué digo entonces que Microsoft no es es una com-pañía de sistemas operativos tan grandes? Porque la natu-raleza misma de los sistemas operativos es tal que no tienesentido que una compañía específica los desarrolle y posea.Para empezar, es un trabajo muy desagradecido. Las apli-caciones crean posibilidades para millones de usuarios cré-dulos, mientras que los sistemas operativos imponen limi-taciones a millones de cascarrabias escritores de código, yasí los hacedores de sistemas operativos siempre estarán enla lista negra de cualquiera que cuente en el mundo de la al-ta tecnología. Las aplicaciones las usan personas cuyo granproblema es comprender todas sus características, mientrasque los sistemas operativos se ven hackeados por escritoresde código irritados con sus limitaciones. El negocio de lossistemas operativos ha sido bueno para Microsoft sólo enla medida en que les ha proporcionado el dinero necesariopara lanzar un negocio de software de aplicaciones real-mente bueno y contratar a un montón de investigadoresinteligentes. Ahora debiera estar en posición de desemba-razarse de su sistema operativo, como los cohetes se libranen algún momento de los tanques vacíos de combustible.La gran pregunta es si Microsoft es capaz de hacerlo. ¿O esadicta a la venta de sistemas operativos del mismo modoque Apple lo es a la venta de hardware? Hay que tener en cuenta que los observadores expertoscitaban en un tiempo la capacidad de Apple de monopoli-zar su propia provisión de hardware como su gran ventajafrente a Microsoft. En aquella época, parecía situarles enuna posición mucho más fuerte. Al final, casi les mató, ytodavía puede matarlos. El problema para Apple era que
  43. 43. 56 En el principio. . . fue la línea de comandosla mayor parte de los usuarios de ordenador del mundoacaba comprando hardware más barato. Pero un hardwa-re barato no podía ejecutar MacOS, y esa gente se pasó aWindows. Sustituyan hardware por sistemas operativos, y Applepor Microsoft y verán cómo lo mismo está a punto de su-ceder de nuevo. Microsoft domina el mercado de sistemasoperativos, lo cual les reporta ingresos y parece una granidea de momento. Pero hay sistemas operativos mejores ymás baratos, y están haciéndose cada vez más popularesen partes del mundo que no están tan saturadas de orde-nadores como los EE . UU . Dentro de diez años, puede quela mayoría de los usuarios de ordenador del mundo aca-be por tener estos sistemas operativos más baratos. Peroestos sistemas operativos, de momento, no ejecutan ningu-na aplicación de Windows, y así esta gente acabará usandootra cosa. Por expresarlo de forma más directa: cada vez que al-guien decide usar un sistema operativo que no es de Mi-crosoft, la división de sistemas operativos de Microsoft ob-viamente pierde un cliente. Pero, tal como están las cosas,la división de aplicaciones de Microsoft también pierde uncliente. No es para tanto, dado que casi todo el mundo usasistemas operativos de Microsoft. Pero en cuanto la cuotade mercado de Windows empiece a disminuir, las matemá-ticas van a ponerse bastante torvas para los de Redmond. Podría replicarse a este argumento diciendo que Micro-soft sencillamente podría recompilar sus aplicaciones paraque pudieran ejecutarse en otros sistemas operativos. Peroesta estrategia va contra los instintos corporativos norma-les. El caso de Apple resulta de nuevo instructivo. Cuandolas cosas empezaron a ponerse feas para Apple, debieronhaber llevado su sistema operativo a un hardware barato.Pero no lo hicieron. Por el contrario, trataron de hacer quesu brillante hardware diera lo más posible de sí, añadiendonuevas posibilidades y expandiendo la línea de productos.Pero esto sólo tuvo el efecto de hacer su sistema operati-vo más dependiente de esas características especiales delhardware, lo cual al final resulta peor para ellos.
  44. 44. Tarro de miel, pozo de brea, lo que sea 57 Igualmente, cuando la posición de Microsoft en el mun-do de los sistemas operativos se vea amenazada, sus instin-tos corporativos les dirán que apilen más posibilidades ensus sistemas operativos, y luego reconfiguren sus aplicacio-nes de software para explotar esas posibilidades especiales.Pero esto sólo tendrá el efecto de hacer que sus aplicacio-nes dependan de un sistema operativo con una cuota demercado decreciente, y al final será peor para ellos. El mercado de los sistemas operativos es una trampaletal, un pozo de brea, una ciénaga. Sólo hay dos motivospara invertir en Apple y en Microsoft. 1) Cada una de es-tas compañías está en lo que llamaríamos una relación decodependencia con sus clientes. Los clientes quieren creer,y Apple y Microsoft saben cómo darles lo que quieren. 2)Cada compañía trabaja muy duro para añadir nuevas po-sibilidades a sus sistemas operativos, lo cual tiene el efectode asegurar la lealtad de sus clientes, al menos durante untiempo. En consecuencia, la mayor parte del resto de este ensayotratará sobre estos dos temas.
  45. 45. La tecnosferaU NIX ES EL ÚNICO SISTEMA OPERATIVO que queda cuyainterfaz gráfica (un montón de código llamado X WindowSystem1 ) está separado del sistema operativo en el antiguosentido del término. Es decir, que puedes ejecutar Unix enpuro modo de línea de comandos si quieres, sin ventanas,iconos, ratones, etc., y seguirá siendo Unix y capaz de hacertodo lo que se supone que hace Unix. Pero los demás sis-temas operativos —MacOS, la familia Windows y BeOS—tienen sus GUI enmarañadas con las anticuadas funcionesdel sistema operativo en tal grado que han de ejecutarseen modo GUI o no se ejecutan verdaderamente. Así que yano es posible pensar en las GUI como en algo distinto delsistema operativo; ahora forman una parte inalienable delos sistemas operativos a los que pertenecen —y son, conmucho, la parte mayor, más cara y difícil de crear. Sólo hay dos modos de vender un producto: precio yfuncionalidades. Cuando los sistemas operativos son gra-tuitos, las compañías de sistemas operativos no puedencompetir mediante el precio, así que compiten mediante las 1 A pesar de la semejanza con el nombre del producto estrella de Mi-crosoft, el Sistema X Window de los Unices no tiene nada que ver conWindows, sino que se trata de un potente sistema de ventanas basado enuna arquitectura cliente/servidor. Una de las ventajas de la arquitecturacliente/servidor es que puede ser implementada tanto de manera distri-buida (es decir, aplicaciones y servidor gráfico ejecutándose en máquinasdiferentes) como local (todo el subsistema gráfico ejecutándose en el mis-mo ordenador). [N. del E.] 59
  46. 46. 60 En el principio. . . fue la línea de comandosfuncionalidades. Esto significa que siempre tratan de supe-rarse unos a otros escribiendo código que, hasta hace poco,no se consideraba parte de un sistema operativo en abso-luto: cosas como las GUI. Esto explica en gran medida elcomportamiento de estas compañías. Explica por qué Microsoft añadió un navegador a susistema operativo, por ejemplo. Resulta fácil obtener nave-gadores gratuitos, igual que sistemas operativos gratuitos.Si los navegadores son gratuitos y los sistemas operativosson gratuitos, pareciera que no hay modo de hacer dinerocon los navegadores ni con los sistemas operativos. Pero sipuedes integrar un navegador en un sistema operativo yasí llenar ambos de nuevas funcionalidades, ya tienes unproducto vendible. Dejando a un lado, de momento, el hecho de que estocabrea de verdad a los abogados antimonopolio del gobier-no, esta estrategia tiene sentido. Al menos, tiene sentido sise asume (como parece hacer la dirección de Microsoft) queel sistema operativo ha de ser protegido a cualquier precio.La verdadera cuestión es si cada moda tecnológica nuevaque aparezca ha de usarse como muleta para sostener laposición dominante del sistema operativo. Al enfrentarseal fenómeno de la Web, Microsoft tuvo que desarrollar unnavegador web realmente bueno, y lo hicieron. Pero enton-ces tuvieron que elegir: podían hacer que ese navegadorfuncionara en múltiples sistemas operativos, lo cual daríaa Microsoft una posición fuerte en el mundo de Internetcon independencia de lo que le pasara a la cuota de mer-cado de su sistema operativo. O podían integrar el nave-gador con el sistema operativo, apostando a que esto haríaque su sistema operativo pareciera tan moderno y atracti-vo que ayudaría a conservar su dominio en ese mercado. Elproblema es que cuando la posición del sistema operativoWindows empiece a venirse abajo (y dado que actualmentees de cerca del noventa por ciento, no puede sino descen-der) arrastrará todo tras de sí. En la clase de geología del instituto probablemente lesenseñaran que toda la vida sobre la Tierra existe en unadelgada capa llamada biosfera, que existe entre miles de
  47. 47. La tecnosfera 61kilómetros de roca muerta por debajo, y frío espacio vacío,muerto y radiactivo, por encima. Las compañías que ven-den sistemas operativos existen en una especie de tecnos-fera. Por debajo está la tecnología que ya es gratuita. Porencima está la tecnología que todavía ha de ser desarro-llada, o que es demasiado disparatada y especulativa paraser explotada de momento. Como la biosfera de la Tierra,la tecnosfera es muy fina comparada con lo que tiene porencima y por debajo. Pero se mueve mucho más rápido. En diversas partesdel mundo, es posible visitar ricas capas fósiles en las quehay esqueletos apilados, los más recientes encima y los másantiguos debajo. En teoría, todos se remontan a los prime-ros organismos unicelulares. Y si se usa la imaginación unpoco, uno se dará cuenta de que, si se queda ahí el tiem-po suficiente, también quedará fosilizado, y con el tiempoalgún organismo más avanzado quedará fosilizado encimatuyo. El registro fósil —La Brea Tar Pits2 — de la tecnologíasoftware es Internet. Cualquier cosa que aparezca allí sepuede tomar de forma gratuita (posiblemente ilegal, pe-ro gratuita). Los ejecutivos de compañías como Microsofttienen que acostumbrarse a la experiencia —impensableen otras industrias— de invertir millones de dólares en eldesarrollo de nuevas tecnologías, tales como navegadoresweb, y luego ver cómo aparece en Internet el mismo soft-ware, o un software equivalente, dos años, un año, o inclu-so pocos meses después. Al seguir desarrollando nuevas tecnologías y añadien-do posibilidades a sus productos, pueden mantenerse unpaso por delante del proceso de fosilización, pero algunosdías deben de sentirse como mamuts atrapados en La Brea,usando todas sus energías para salir adelante, una y otra 2 Las canteras de Rancho La Brea Tar Pits es un yacimiento de fósilessituado en el Condado de Los Angeles ( EE . UU .). Durante casi cuarentamil años, la mina (pits) ha emitido una gran cantidad de brea, chapapotepegajoso y espeso que ha dejado atrapados a lo largo del tiempo a muchosespecímenes de plantas y animales prehistóricos. [N. del E.]
  48. 48. 62 En el principio. . . fue la línea de comandosvez, escapando de la pegajosa brea caliente que quiere cu-brirles y engullirles. La supervivencia en esta biosfera requiere colmillosfuertes y pies que puedan pisotear en un extremo de la or-ganización, y Microsoft es famosa por tenerlos. Pero piso-tear a los otros mamuts en la brea sólo puede mantenertevivo cierto tiempo. El peligro es que, con su obsesión pormantenerse fuera de las capas fósiles, estas compañías ol-viden lo que hay por encima de la biosfera: el ámbito de lanueva tecnología. En otras palabras, deben seguir con susarmas primitivas y bastos instintos competitivos, pero tam-bién han de desarrollar cerebros potentes. Parece ser queesto es lo que está haciendo Microsoft con su departamentode investigación, que contrata a personas inteligentes pordoquier. (Y aquí debo mencionar que, aunque conozco yme relaciono con varias personas del departamento de in-vestigación de esa compañía, nunca hablamos de negocios,y no tengo ni idea de qué demonios están haciendo. Heaprendido mucho más sobre Microsoft usando el sistemaoperativo Linux de lo que habría aprendido usando Win-dows). Da igual cómo hiciera antes dinero Microsoft; hoy endía, hace dinero gracias a una especie de arbitraje tempo-ral. Arbitraje, en el sentido habitual, significa hacer dineroaprovechándose de las diferencias en los precios de algo endiferentes mercados. En otras palabras, es espacial y se ba-sa sobre el hecho de que el árbitro sabe por qué tecnologíaspagará dinero la gente el año que viene, y cuánto tardaránesas tecnologías en volverse gratuitas. Lo que el arbitrajeespacial y temporal tienen en común es que ambos pivotansobre la información extremadamente buena del árbitro; in-formación sobre los gradientes de precios en un momentodado en un caso, sobre los gradientes de precios a lo largodel tiempo en un lugar dado en el otro. Así que Apple/Microsoft ofrecen nuevas posibilidadesa sus usuarios casi a diario, con la esperanza de que unflujo constante de genuinas innovaciones técnicas, combi-nadas con el fenómeno del «quiero creer» impedirá que susclientes miren al otro lado de la carretera, hacia los sistemas
  49. 49. La tecnosfera 63operativos, mejores y más baratos, que tienen disponibles.La cuestión es si esto tiene sentido a largo plazo. Si Micro-soft es adicta a los sistemas operativos como Apple lo esal hardware, entonces se apostarán la camisa por sus siste-mas operativos, y vincularán todas sus nuevas aplicacionesy sistemas operativos a ellos. Su supervivencia dependeráentonces de estas dos cosas: añadir más posibilidades a sussistemas operativos, de tal modo que sus clientes no se pa-sen a las alternativas más baratas, y mantener la imagenque, de algún modo misterioso, les da a estos clientes lasensación de que obtienen algo a cambio de su dinero. Este último es un fenómeno cultural verdaderamenteextraño e interesante.
  50. 50. La cultura de la interfazH ACE UNOS AÑOS 1 entré en una tienda cualquiera y meencontré con la siguiente escena: cerca de la entrada habíauna pareja joven frente a un gran mostrador de cosméticos.El hombre sostenía estólidamente una cesta de la compraen las manos mientras su compañera arramblaba con pro-ductos de maquillaje del mostrador y los apilaba en la ces-ta. Desde entonces siempre he pensado en ese hombre co-mo la personificación de una interesante tendencia huma-na: no sólo no nos ofenden las imágenes manufacturadassino que nos gustan. Prácticamente insistimos en ello. Esta-mos ansiosos por ser cómplices de nuestro propio engaño:por pagar dinero por el pase a un parque temático, votar aun tipo que obviamente nos está mintiendo o permanecerde pie sosteniendo la cesta que se llena de cosméticos. Hace poco estuve en Disney World, concretamente en laparte llamada el Reino Mágico, caminando por Main StreetUSA . Esta es la perfecta pequeña ciudad victoriana y cucaque lleva al castillo Disney. Había mucha gente; nos abría-mos camino más que caminábamos. Justo delante mío ha-bía un hombre con una videocámara. Era una de esas nue-vas videocámaras en las que, en vez de mirar por un visor,contemplas una pantalla plana en color del tamaño de un 1 Excusas por el título de este capítulo a Steve Johnson, autor de InterfazCulture: How New Technology Transforms the Way We Create and Comunicate,[«La cultura de la interfaz: cómo las nuevas tecnologías transforman elmodo en que creamos y comunicamos»], San Francisco, Harper, 1997. 65

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