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4.consumo, libertad y felicidad

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La paradoja de elegir (Barry Schwartz). Criticando el dogma central de las sociedades industriales.

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4.consumo, libertad y felicidad

  1. 1. Libertad, felicidad y consumo
  2. 2. ¿Somos más ricos (y felices) que los seres humanos del paleolítico?
  3. 3. Lo poco que tenían ellos...
  4. 4. Lo mucho que tenemos nosotros...
  5. 5. ¿Tener tantas opciones nos hace más felices?
  6. 6. ¿Demasiada libertad? La paradoja de elegir (Barry Schwartz) • El dogma central de las sociedades industriales occidentales: 1. Cuantas más elecciones, más libertad. 2. Cuanta más libertad mayor bienestar.
  7. 7. La vida es cuestión de elegir • “En mi supermercado hay 295 variedades de galletas, 40 tipos de pasta de dientes, 175 tipos de aderezos para ensaladas…” • En otros ámbitos de la vida más importantes también existen innumerables posibilidades: ¿qué estudiar?, ¿en qué trabajar?, ¿a qué dedico el tiempo libre?, ¿casarme?, ¿cuándo?, ¿hijos?, ¿cuándo?, ¿cuántos?...
  8. 8. ¿Buenas o malas noticias? La respuesta es…
  9. 9. …Sí.
  10. 10. La buena noticia…
  11. 11. Pero… • Paradójicamente tener innumerables elecciones, puede producir más parálisis que liberación.
  12. 12. • Además, incluso cuando superamos la parálisis y elegimos, acabamos menos satisfechos con la decisión de lo que estaríamos si hubiéramos tenido menos posibilidades de elección. ¿Por qué? a) Las ventajas imaginadas de las alternativas descartadas restan satisfacción a tu elección, aunque ésta haya sido buena. (Con tantos aderezos para ensaladas, es fácil imaginar que podrías haber elegido mejor…). En esencia: en el momento en que eliges hacer una cosa, estás eligiendo no hacer otras muchas cosas. Esas otras cosas tienen muchos atractivos que le restarán atractivo a lo que has elegido hacer. b) Como es fácil imaginar los aspectos atractivos de la infinidad de alternativas que rechazamos continuamente, nos quedamos menos satisfechos con la alternativa que hemos escogido que si lo hubiésemos hecho sobre un número más reducido de opciones.
  13. 13. c) Añadir opciones a la vida de la gente, invariablemente aumenta sus expectativas. Como puedo elegir entre cientos de aderezos para ensalada, uno de ellos tiene que ser el perfecto. El problema es que no hay nada perfecto en esta vida, por lo que es fácil que al elegir acabe frustrado. Comparo lo que obtuve con lo que esperaba, y lo que obtuve fue decepcionante en comparación con lo que esperaba. d) Si solo hay un par de pantalones para elegir y no me han gustado al comprarlos... ¿Quién es el responsable? La respuesta es clara: el mundo es el responsable. Cuando existen cientos de pantalones disponibles y compras uno que te decepciona, y te preguntas ¿por qué? ¿quién es el responsable? La pregunta es igualmente clara: tú. Cuando hay tantas opciones disponibles no hay excusas para el fracaso.
  14. 14. • La depresión clínica ha explotado en las sociedades industriales contemporáneas. Y uno de los ingredientes básicos de la depresión es que la gente tiene expectativas que son decepcionantes. Y ello, en primer lugar, porque sus expectativas son demasiado altas y porque, cuando tienen que explicarse por qué se sienten decepcionados con aquello que han escogido en su vida, piensan que son culpables.
  15. 15. • Si rompes la pecera para que todo sea posible para el pez, no tendrá libertad. Más bien se sentirá paralizado o frustrado. • Todos necesitamos una pecera, aunque quizás una no tan pequeña como la de la viñeta. Pero la ausencia de alguna pecera metafórica es una receta para la miseria. • Conclusión política: la redistribución de la riqueza (y de las opciones) mejora la vida de todos: de los que tienen muy pocas opciones y de los que tenemos demasiadas.
  16. 16. De nuevo: la opulencia según Sahlins • Una sociedad opulenta es aquella en la que se satisfacen con facilidad todas las necesidades materiales de sus componentes. • ¿Qué sociedad es más opulenta? ¿La que satisface un número mínimo de necesidades materiales con un conjunto finito de herramientas… • ...o la que pretende satisfacer un conjunto potencialmente infinito de necesidades artificiales con un número potencialmente infinito de productos y bienes de consumo?
  17. 17. La filosofía de Epicuro
  18. 18. “Del mismo modo hay que saber que, de los deseos, unos son necesarios, los otros vanos, y entre los naturales hay algunos que son necesarios y otros tan sólo naturales. De los necesarios, unos son indispensables para conseguir la felicidad; otros, para el bienestar del cuerpo; otros, para la propia vida. De modo que, si los conocemos bien, sabremos relacionar cada elección o cada negativa con la salud del cuerpo o la tranquilidad del alma, ya que éste es el objetivo de una vida feliz, y con vistas a él realizamos todos nuestros actos, para no sufrir ni sentir turbación. Tan pronto como lo alcanzamos, cualquier tempestad del alma se serena, y al hombre ya no le queda más que desear ni busca otra cosa para colmar el bien del alma y del cuerpo. Pues el placer lo necesitamos cuando su ausencia nos causa dolor, pero, cuando no experimentamos dolor, tampoco sentimos necesidad de placer. Por este motivo afirmamos que el placer es el principio y fin de una vida feliz, porque lo hemos reconocido como un bien primero y congénito, a partir del cual iniciamos cualquier elección o aversión y a él nos referimos al juzgar los bienes según la norma del placer y del dolor. Y, puesto que éste es el bien primero y connatural, por ese motivo no elegimos todos los placeres, sino que en ocasiones renunciamos a muchos cuando de ellos se sigue un trastorno aún mayor. Y muchos dolores los consideramos preferibles a los placeres si obtenemos un mayor placer cuanto más tiempo hayamos soportado el dolor. Cada placer, por su propia naturaleza, es un bien, pero no hay que elegirlos todos. De modo similar, todo dolor es un mal, pero no siempre hay que rehuir del dolor. Según las ganancias y los perjuicios hay que juzgar sobre el placer y el dolor, porque algunas veces el bien se torna en mal, y otras veces el mal es un bien”. (Carta a Meneceo)
  19. 19. Tipología de los placeres (y de los deseos) • Para Epicuro los deseos podían ser de tres tipos: naturales y necesarios, naturales y no necesarios, no naturales y no necesarios.
  20. 20. Placeres naturales y necesarios • Los placeres naturales y necesarios garantizan la vida: comer, beber, dormir y cubrirse cuando hace frío, por ejemplo. • Quede claro, sin embargo, que hablamos del comer los suficiente, del beber cuando se siente sed y de llevar una vestimenta adecuada a la estación del año.
  21. 21. Placeres naturales y no necesarios • Los placeres naturales y no necesarios son los que, aun cuando agradables para los sentidos, representan lo superfluo: como, por ejemplo, el comer mejor, el beber mejor, y así sucesivamente. • Un abundante y exquisito plato regado con abundante vino es, sin lugar a dudas, un placer natural pero no necesario (lo necesario es comer y beber lo suficiente, por ejemplo). • Si es posible procurárse este tipo de placer sin demasiado esfuerzo y mientras no nos provoque más dolor que placer (habría que calibrar si merece la pena la resaca posterior al festín), bienvenido sea; de otro modo, mejor abstenernos. • Epicuro sentencia: “Honremos lo bello y la virtud, y todo lo semejante, si nos producen placer; si no, adiós y hasta más ver”.
  22. 22. Placeres no naturales y no necesarios • Los deseos no naturales y no necesarios son los provocados por la opinión. • Tomemos el caso de un Rolex de oro o unas zapatillas de marca: seguramente no son bienes necesarios. • Si nos causa placer poseerlos, ello se debe a que todos los consideran objetos de valor. • Si experimentáramos verdaderamente placer al contemplarlos, tendríamos que entusiasmarnos también por un Rolex falso.
  23. 23. En resumen, la regla de la ética epicúrea es elemental: los placeres naturales y necesarios es preciso satisfacerlos siempre, ya que, de otra forma, peligra la supervivencia; los no naturales y no necesarios, nunca, porque son fuente de competición y, por tanto, de desgracia; los intermedios, después de haberse contestado a esta pregunta: “¿me compensa el placer que me produce o no me compensa?”.
  24. 24. Síndrome de Diógenes
  25. 25. Diógenes y Alejandro • Al oír hablar sobre Diógenes, Alejandro Magno quiso conocerlo. Así que un día en que el filósofo estaba acostado tomando el sol, Alejandro se paró ante él. • Diógenes se percató también de la presencia de aquel joven espléndido. Levantó la mano como comprobando que, efectivamente, el sol ya no se proyectaba sobre su cuerpo. Apartó la mano que se encontraba entre su rostro y el del extraño y se quedó mirándolo. • El joven se dio cuenta de que era su turno de hablar y pronunció
  26. 26. • - "Mi nombre es Alejandro El Grande”. Pronunció esto último poniendo cierto énfasis enaltecedor que parecía más bien aprendido. • - "Yo soy Diógenes el gran perro” • Hay quienes dicen que retó a Alejandro Magno con esta frase, pero es cierto también que en Corinto era conocido como Diógenes el perro. Alejandro Magno era conocido en la polis así como en toda la Magna Grecia. • A Diógenes no parecía importarle quien era, o quizá no lo sabía. • El emperador recuperó el turno:
  27. 27. • - "He oído de ti Diógenes, de quienes te llaman perro y de quienes te llaman sabio. Me place que sepas que me encuentro entre los últimos y, aunque no comprenda del todo tu actitud hacia la vida, tu rechazo del hombre virtuoso, del hombre político, tengo que confesar que tu discurso me fascina". • Diógenes parecía no poner atención en lo que su interlocutor le comunicaba. Más bien comenzaba a mostrarse inquieto. Sus manos buscaban el sol que se colaba por el contorno de la figura de Alejandro Magno y cuando su mano entraba en contacto con el cálido fluir, se quedaba mirándola encantado.
  28. 28. • - “Quería demostrarte mi admiración", dijo el emperador. Y continuó: "Pídeme lo que tú quieras. Puedo darte cualquier cosa que desees, incluso aquellas que los hombre más ricos de Atenas no se atreverían ni a soñar". • - “Por supuesto. No seré yo quien te impida demostrar tu afecto hacia mí. Querría pedirte que te apartes del sol. Que sus rayos me toquen es, ahora mismo, mi más grande deseo. No tengo ninguna otra necesidad y también es cierto que solo tú puedes darme esa satisfacción” • Mas tarde Alejandro comentó a sus generales: "Si no fuera Alejandro, me hubiera gustado ser Diógenes."

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