La Rosa Por Defecto nº 2 (1995)

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Segundo número del fanzine (mayo 1995)

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La Rosa Por Defecto nº 2 (1995)

  1. 1. lf l LB Rosa por Def8Cfio es un fanzine de poesía de periodicidad desaonoaJds. Se propone, en inicio, la búsqueda de un número por estación, lo que no impide que lluvias, humedades o searetas mara- villas, puedan producir su floraaión en los momenfios y sitios menos esperados. LB Rosa por Defecto reaibe aomo lluvia de m~o aualqUier aolaboraaión que se sienta llamada a fJgursr por aquí, y estll. así .mismo suficientemente pertI'eehada para soport;ar arftiaas, abiert,a o tJmorat,a- mente destruauvas. Ambas aosas pueden dlrilf.JI'se a la diI'eoción que ilK'tlI'a al pie, o bien entregsrse a cualquiera que, por su aspeot;o o tendencias, psrezca sospechoso de estar en relaciones aon is I'edaaaión de este fanzine. Los textos publicados no son propiedad de nadie, pero is I'edaaaión se identiflca, sin demasiado em.paaho, aon cuanto en ellos pueda leerse, y aun aon su métrica -o ausencia de ella-, distribuaión y blancos de págwa. Esoribír a: LA ROSA POR DEFECTO. I.S.1.8. e/ Antonio de Leyva., 11 BaJo B 28019 - Madrid. ""f" -y- --...¡ -o o i R o ..r -y o ""D f~~V nº 2 100 pts
  2. 2. -
  3. 3. INVENTARIO 3 Editorial 5 Dramatis Personae 7 De más allá de la espuma (Rafael Herrera) Sonetos 8 Seré mentira. en todas la.s promesas (Ricardo Pérez) 9 Ah, si a.ca.so, f,a.J vez, si todavía. (Antonio Hernández) l O Soneto de añoranza de la sombra (Alejandro González Terriza) l l No encuentro una. pa,Ja.bra. que te a.lumbre (Ricardo Pérez) 12 Y me vuelvo a. desenredar el hilo (Rafael Herrera) 13 No dejes de pensar en lo que quieras (Alejandro González Terriza) 14 flué triste es sonreírjunto a. los restos (Daniel Martín) 15 Una. vez más, sin más, ¿,par qué regresa.'? (Daniel Martín) 16 El perdón de los pecados (Sergio Herrero) Poemas, prosas, canciones 17 La declaración de bienes (Sergio Herrero) 18 finales felices (Eva Fernández Rodríguez) 19 Dos canciones he guardado (Alfonso García Pecharromán) Traducciones 20 Balade des ausseren Lebens (Hugo von Hoffmannnsthal) 2 1 Balada de la vida exterior (trad. de Ana Leal) 22 Marabú CN1kos Cavadías; trad. de Rafael HeITera) 24 Correspondencia 2 DE LA POESIA ALTERNA Y CONTINVA. SONETOS, TRADUCCIONES Y OTROS VERSOS. Escasa, misteriosa, la distribución de las Rosas primeras. Que tal que antesdeayer estaban todas en hileras (¡trescientas!), recientitas de los hornos de hacer copias, y ahora, sin hacer propiamente distri- bución, como queríamos, por lugares de acceso más público (librerías, puestos ad hod, partidas gozosa- mente las más en regalos o sondeos al vacío, nos quedan cinco o seis nada más que perder. Sea de ellas lo que haya sido, se esperan, por aquí, noticias suyas, criticas envenenadas, revelaciones, detección de acrósticos, o simples acuses de recibo. Y vamos por la Rosa segunda. Florida de sone- tos nos viene (ella sabrá porqué). Acaso porque los sonetos, entristecidos por aquello que decía nuestro Agustfn (Cjarcía) de la "retórica oficial del endeca- sllabo" en sus traducciones tridecasílabas de Shakes- peare, se han dado por aludidos, y han querido sonar una vez más, haciendo justicia a su nombre, como formas musicales, cantabi/es, y, en la corriente establecida de asepsia aritmica y culto al contenido, quizá escandalosas de puro efectivas. Nunca enten- dimos (qué vamos a hacerle) que hacer un soneto fuese distinto a hacer un rock'n rol/ o una buleria, formas todas ellas tradicionales y entrañables, y a las que, por su mismo peso en la memoria colectiva, es fácil utilizar corno artrítico cliché, y difícil recrear, hacer justicia : provincias del verso ya anchas, en las que es grato perderse, y en las que toda afirmación o enunciado resuena con un eco especial, un canto sobre voces de muertos alados que cantaron en las mismas aceras. 3
  4. 4. Sonetos pues. Vayan. Y traducciones. Es decir, poemas que son hermanos de sangre de poemas, que pretenden hacer en castellano lo que sus origi- nales alemanes (esta vez, Hoffmannsthal) o griegos hacen por su lado y con sus medios : con el reto de adaptar a nuestro oído versos como el decapenta- sílabo griego, en su versión culta o popular y culta (que quién dirá si no es popular, en otro sentido y registro, el verso marinero de Cavadías). En mo- mentos en que está, justamente, extendiéndose el buen hábito de escuchar fados y gaitas, sitares, bu- zukis y cantos búlgaros, intervalos en fin y armonías de otras tradiciones populares (algo dicen de música étnica o del mundo), bien estará, creo yo, escuchar también esa otra música de los versos, los ritmos que otros han intentado o descubierto en juego con las palabras. Y acaso, por su naturaleza exterior al lenguaje, sea el ritmo quien mejor cruce los puentes entre lenguas peculiares, y puedan estos versos griegos, recreados, sonar al mismo tiempo tradicio- nales (por su carga de memoria, formular) y alternos (por su poco o ningún uso en español). Sean estos los pétalos, este el prospecto. Y lo demás que haya de ser, que también sea. O mejor que esté por ahí, y haga lo suyo. 4 DRAMATIS PERSONAE A Rafael Herrera ya le presentamos en nuestra primera Rosa. Van aquí dos nuevos poemas de su /Je mJs al/J de la espuma, uno de ellos en nobles hex~metros, el que da nombre y metal al libro, el otro, naturalmente, un soneto. Y aún, como no- vedad, una buena muestra de su talento como tTdductor, en esta ocasión del poeta griego Nikos Cavadfas, el marinero que, como canta el Pele de Córdoba, hizo un huerto en la mar/y se metió a jcmlinero por los mares del alcohol y el marabú. También a Antonio Hemández le hicimos ya sus justas alabanzas. Y aquí va, resplandeciente en su espacio exacto, uno de esos Cuarenta y dos sone- tos dispuestos (bien se advierte) a cualquier cosa. Alejandro Qonzález sigue siendo filólogo y algo de sus Investigaciones en vampiros y ondinas se ha de filtrar en próximos números, vaya por aquí, por el momento, algún soneto de su Retomo a los rolumplos. Ricardo Pérez es, aún, timonel del Argonauta, revista de cuentos y postripis, cuya accidentada navegación nos tiene en vilo. Esperamos pronto nuevas singladuras, de momento, aquí va un ejemplo de los sonetos de ese libro ricardiano (a escribir desde la proa) sobre amores y nombres, abandonos y encuentro. Sergio Herrero es el feliz autor de un libro de cuentos titulado Sentidos comunes (y no lmagena- r/o, como dijimos erróneamente), a publicar en el afto siguiente si la burocracia complutense no lo im- pide o se encasquilla. Pero seguimos sisando versos a su nombre : y aquí vaya un ejemplo de hetero- doxo asoneto (soneto en asonante), y otro con esos versos quebrados y manriqueños que son marca de Id casa. 5
  5. 5. Eva Femández ha terminado, en el espacio de estas Rosas, su primer y estremecedor libro de cuentos, Del otro lado de la puerta, que anda por concursos y sorpresas. Nos tememos lo mejor a medio, o acaso corto plazo. No cunda el pánico. Aquí, en la redacción, se siguen guardando inéditas tantas y jugosas prosas suyas; y seguirán saliendo, y conmoviendo, mientras la autora acaso haga pantallas y emisoras. Hugo von Hoffmannsthal es un autor poco leído y traducido. Quizás eso nos haya evitado hasta ahora el susto de ver, como en esta Balada de la vida exterior traducida como un lujo por Ana Leal, hasta qué punto lo que tantos querríamos decir, si tuviéramos gracia y aliento, se puede formular con tal acierto y sencillez. Qué nos iba en ser mayores y más sabios, y luego/ pasados de modalbuscamo~ amo1; en lossaldos... De Alfonso, el flautista, contábamos que no es sencillo robarle encantamientos. Musicador del Arcipreste de Hita o de Catulo, pocas veces deja fluir sus propios versos. Y en una de esas pocas veces, estuvimos, naturalmente, al quite. De una maqueta, una cinta perdida, aquí van sus Dos canciones (que son una) en buen romance. Daniel Martín, en fin, cierra el círculo de sospechosos. Profesor de matemáticas, eterno opositor a bombero, autor de reggae con recitados de Rubén Darío, deja, según quien lo conoce, la impresión de vivir siempre al otro lado, del lugar de donde vienen las canciones y los cuentos. También, como se ve, los sonetos. 6 1MllO 11hor11 r1l11 flor de más allá de la espuma, flor dt 1111 11au11s lej11nas, regalo de brisa marina, concl111 Jlrtl1111.1 dr nácar y sal, coral de las islas, a11vl11 lrunc11d.i dtl tiempo comida de sol y salitre y Cdfdrnl11 11ur ts rrd repleta de rubios rumores, f!d"' drl11rl11 a mi vuelta a tus pies, por si quieres quererla. tr11tao r1l11 flor que corté de las cumbres humildes del mundo, 1lt tnlrt los pllrgues de oscuro metal de recónditos pasos, 1unlo '' los frtscos veneros que sacian la voz del poeta y h111t11 dtl b11jo b11lcón que vigila las noches tan turbias 1lr 1111 1lrr1111s, la escori11 y la voz del marino borracho. f 1111 flor dr los vallrs por donde la mlnima altura purJr .ilbrrg.tr l.t reunión de hermosísimos nobles empeños dr tsos qur alumbran el mundo con el fulgor de un instante pttrd quedarse después despojados de toda su gloria como rl c.1dáver de un asno tendido sobre una colina; qurdct lrndido rl perfil fantasmal, y a su lado renace cdsl lnvlslble la timida flor que en mis manos te traigo. No Ir l.t traigo sin ver su dolor: en sus pétalos sangra nrgr.i y rspesa la savia que llora el que deja su tierra. No se la llevo a la noche, que puedes oler en su vientre todo el dZUI del cielo que allí le daba cobijo. No me la quieras siquiera nombrar, porque no tiene nombre, ni se doblega a formar ramillete en canasto de mimbre. Quiere tan sólo que tú la deshojes atenta y traviesa, con l.t inocencia curiosa del niño que encuentra la vida, p.ira que en ella descubras la luz que mis ojos avaros h.m recogido con fiera avidez, la pasión del que sabe que esta hermosura tan ancha se estrecha y se pliega celosa y un.1 luna de plata vendrá que la eclipse a sus ojos. Toma la flor que mi viaje tan largo te ha ido fraguando y haz que no muera del todo si tú le das tu sonrisa. 7
  6. 6. r- Seré mentira en todas las promesas que dimos con el sello de lo eterno, en todas las caricias y en lo tierno de los brotes más verdes de las fresas. Seré mentira en todas las sorpresas que da lo florecido en el invierno, mentira, otra vez, el dulce infierno que encendimos con llamas tan espesas. Pero al cabo es verdad que yo te amara que supieran mis dedos y mi cara entera tu perfecta geografía. Lo sé porque lo saben las mañanas. Lo sé porque en la piel de las manzanas me queda tu completa geometría. 8 Ah, si acaso, tal vez, si todavía, si mañana, quizás, o sin embargo... posiblemente sí, me quede largo el traje de reptil de la agonía. Ah, si siempre, si nunca, si de día, si en un instante nulo, si el amargo frescor del horizonte bajo el cargo de nacer de la luz me desafía! ...Por más inverosímil que pudiese parecerme después, después de ésa y otras muchas mañanas, si mañana, al final me estalló, sin que la oyese una risa espantosa, una sorpresa, y un ojo, siempre azul, en la ventana. 9
  7. 7. Recuerdas cuando amábamos la muerte, su esmero de elegancia destructiva1 la savia del amor en la saliva del beso que se da para perderte y no verte ya más. Ciega la suerte nos lava el corazón; dos veces viva ya no verás la niña que cautiva jugaba de tu engaño, dulce y fuerte. Rebosa el corazón de agua pasada por esa piedra basta de los años. Destruye la verdad a quien la nombra. La fuente del olvido por sus caños derrama sólo sangre congelada. Sal tú, mi niña roja, de la sombra. 10 No encuentro una palabra que te alumbre a la hora de meterte en mi bolsi1101 que crezcas en mi piel es más sencillo y al cabo más sujeto a incertidumbre. No quieras someterte a servidumbre de besos ni de versos, que su brillo es, sin duda, adelanto del cuchillo que acaba de instalarte en la costumbre. Se agostará tu flor de hierbabuena si es ése su destino o su condena y sólo quedará tu nombre fútil. No quiero someterme a esa premisa, buscarte en mis poemas es inútil si no llevan tu olor a hierbaluisa. 11
  8. 8. - Y me vuelvo a desenredar el hilo de ese libro que nos estremecía y encuentro tu mirada con la mía cerrada en un puñal de triple filo. Después del vendaval murió tranquilo el viento del amor, pero aquel día pensaba que en tus brazos me moría y no podía ver que andaba en vilo. Y ahora que contemplo en la distancia que no hay bandera ya que me detenga, que sólo cuando el mar me roza vibro, creería que es mejor que la ganancia de tanta libertad soñada tenga sellada entre las paginas de un libro. 12 No dejes de pensar en lo que quieras tan sólo porque yo te escribo versos; quién sabe si tener dioses adversos es forma de vivir, al fin, de veras. Lo que yo sé, lo saben las aceras : bien poco en realidad, vamos inmersos entre ángeles terribles, brazos tersos que saca el corazón de las hogueras directo a acariciamos los pupilas. Lo llaman poesía alguna gente a este dolor que siega nuestras filas. No jures que serás siempre decente. Debajo del abismo, entre las lilas, te espera, dulce y fría, la corriente. 13
  9. 9. 1¡1 11 1 1 Qué triste es sonreír junto a los restos de tanto sueño aciago que se trunca. No hay nada que nos salve, y, descompuestos, nada hay, nunca habrá nada, nunca, nunca. Amor, sólo el amor nos crece rancio, algo para mezclar con la saliva. Sólo el amor resiste este cansancio. Nada me duele más que verte viva. A veces yo me acabo, y tú te acabas, me acabo casi siempre. Y no preguntes qué voy a hacer sin ti. Que ya no toco el fondo de mi vida. ¡Y qué esperabas! Qué voy a hacer sin ti. No me preguntes qué licor de alacrán me vuelve loco. 14 Vna vez más, sin más, ¡por qué regresa! Reptil de capa azul, vaivén de ardores que no puedo evitar, ¡por qué regresa una vez más, feroz, sumido en flores...! Agua del aguijón, qué poco pesa cargar el corazón, agua bendita del turbio manantial. Qué poco pesa caer, sin cesar jamás, a las tiritas. Hay que apartar la voz de donde estaba, perderse y no volver, cambiar de mesa. Hay que impedir que nadie sobreviva. Y como una canción que no se acaba, ni se canta jamás, llevarte presa del poso, siempre azul, de mi saliva. 15
  10. 10. Elperdón de los pecados "... No soy digno de que entres en mi vida pero una palabra tuya bastará para salvarme". Si no pido perdón sólo es por eso, porque no soy digno de recibirlo: pedir perdón a quienes dan cariño es cosa necia, y fácil obtenerlo. Sólo quiero que sepas que lo siento. Quizá deba cuidar esto que digo: por muy justos que sean los castigos los latigazos nunca duelen menos. Tengo pudor de hablar en tu presencia. Tal vez deba por siempre ya callanne. Respeto es el silencio que me sella. Y aunque has de odianne aún tengo que explicarte (no miraré tu cara por vergüenza) que una palabra tuya va a salvanne. 16 La declaración de bienes Mi declaración de bienes es ninguno. Porque en mí no hay nada bueno que ofrecerte; pese a todo me has querido y aún lo haces. Ni lo entiendo, ni lo acepto: me resigno. Soy lo peor que ha pasado por tu vida. Nunca te gustó escucharlo ni creerlo; no lo aceptes ni lo entiendas, qué me importa. Soy tu peor experiencia. No lo olvides. Sólo tienes que pedinne lo que quieras y obedezco gratamente, te lo debo: no me pidas que no hable. Ya me callo. 17
  11. 11. :1 IJ 11 ljj • 111 111 111 1 11 11 1 1 1 finales felices Yo no traigo una mesa con flores ni un vestido de tela del olvido. Mi rostro es triste como lo son los atardeceres amargos en que no se encuentra sentido a las cosas. Yo no soy fuerte como hay que serlo, ni hermosa como una fotogra-fía deliciosa prendida en tu pared. Vna desnudez de muerte en cada mirada que echamos al otro, eso soy, un manto de musgo, eso es mi piel. Pero quiero reír, y salir corriendo por las plazas al ritmo inquietante de las fuentes. Pero quiero ser vidrio, un esfuerzo de carne. Te observo lenta, obediente a cada gesto irresistible de tu mentón, y quiero estirar la cuenta de los días, para que no existan horas sin tu saliva, para que no pueda escuchar el grito de mi voz en busca de esa libertad que pierdo tarde tras tarde, tras tus pasos. Y necesito urgente el olor, ese olor de tu vientre, el golpe salvaje de tu giro en mi cadera. Amor, qué tarde, qué despacio las horas. El silencio se vuelca en noso-tros. Y sin embargo... todo por hacer, por construir. Y sin embargo... qué hermosa me reconozco hoy, entre tus dedos y tu mirada caliente. Fuera de este nido, las horas arañan los viejos recuerdos de niña, el miedo oscuro de mi sangre avan-zando por los pasillos. Fuera de tus hombros, crecen de pronto las autopistas y los enjambres de abejas. El mundo aparte en donde no sé habitar. Quiero brotar en tu centro, con una savia fresca que nos endulce de buenaventura, de caldo amable en mis maneras, de hogar encendido entre murmullos, al lado justo de mi miseria de pobre loca sin futuro. Me amas, ahora que soy tan sólo un pozo vacío enmu- decido en su propio eco de amargura. Me amas, hoy que camino torpe por las aceras a la sombra de aquellos que sólo creen en la fuerza de lo agresivo, lo evidentemente real y redondo: la ignorancia y la violencia. Y corro sin aliento ni esperanza a morirme de quietud en tu regazo, a que me pierdas para el resto de los mortales y sea yo tan sólo un brote desacreditado de tus yemas, un vino de gloria entre tus muslos. Qué distintas son las cosas desde este lado, amor, qué distinto el color de las ensaladas, de los autobuses, de las cepas en espera del llanto perfecto, bautizador, que nos calme el hambre para siempre. La lógica terrible de los finales felices. 18 Dos canciones he guardado en cajita de madera. Vna es porque me recuerdes, otra es porque aquí te vuelvas. Otra es porque aquí te vuelvas. Dos canciones han besado de tus ojos agua fresca, me han traído tu mirada me han aliviado la espera. Me han aliviado la espera. Dos canciones me han dejado cientos de abrazos en prenda. He hecho firme juramento de dártelos cuando vengas. De dártelos cuando vengas. Dos canciones han llorado dos sorbitos de tristeza. No tengo a quien entregarlas, el viento no te las lleva. El viento no te las lleva. 19
  12. 12. 1[1 1 1111 1111 BALLADE DES AVSSEREN LEBENS Vnd Kinder wachsen auf mit tiefen Augen, Die von nichts wissen, wachsen auf und sterben, Vnd alle Menschen gehen ihre Wege. Vnd süf3e Früchte werden aus den herben Vnd fallen nachts wie tote Vogel nieder Vnd liegen wenig Tage und verderben. Vnd immmer weht der Wind, und immer wieder Vemehmen wir und reden viele Worte Vnd spüren Lust und Müdigkeit der Qlieder. Vnd Straf3en laufen durch das Qras, und Orte Sind da und dort, vol! Fackeln, Baumen, Teichen, Vnd drohende, und totenhaft verdorrte... Wozu sind diese aufgebaut! und gleichen Einander nie! und sind unzahlig viele! Was wechselt Lachen, Weinen und Erbleichen! Was frommt das allB uns und diese Spiele, die wir doch grof3 und ewig einsam sind und wandemd nimmer suchen irgend Ziele! Was frommts, der gleichen viel gesehen haben! Vnd dennoch sagt er viel, der "Abend" sagt, Ein Wort, darans Tiefsinn und Trauer rinnt. Wie schwerer Honig aus den hohlen Waben. 20 BALADA DE LA VIDA EXTERIOR Y crecen niños con los ojos hondos, que nada saben, crecen y se mueren y cada hombre sigue su camino. Y son dulces los frutos antes verdes y por las noches caen como aves muertas y quedan unos días y se pudren. Y siempre sopla el viento y siempre más oímos y decimos muchas cosas y gozan nuestros cuerpos y se cansan y corren calles por la hierba y plazas hay por doquier con luces, plantas, lagos secos de muerte y llenos de amenazas... ¡Por qué se construyeron! ¡y que nunca sean iguales y tantas hay sin cuenta! ¡Qué cambia risa en llanto, en palidez! ¡Qué nos va en todo eso y ese juego de ser grandes y siempre solitarios y errantes sin tener ningún objeto! ¡Y qué importa también mucho haber visto! Y al cabo algo se dice al decir "tarde", palabra que pesar y hondura mana como la espesa miel del panal hueco. 21
  13. 13. .... -~--- -------~~- 11' I, ill li¡ 111 1 1 MARABÚ Dicen de mí los marineros que vivimos juntos que un mal pellejo pervertido y áspero yo soy, que tengo a las mujeres una pérfida aversión y dicen que a acostarme con ellas nunca voy. Dicen que también abuso de la coca y el hachís, que me posee un vicio repugnante e inmundo, que tengo el cuerpo lleno de groseros tatuajes, extraños hasta el asco y marcado en lo profundo. Y dicen otras cosas más, horribles, sobre mí, pero que son mentiras asquerosas e inventadas. Y lo que estas heridas tan sangrantes me costó nadie lo sabe, porque yo a nadie dije nada. Pero esta noche, cuando cae la noche tropical y parten las bandadas del marabú a occidente, algo insistente empújame a escribir en el papel lo que se convirtió en mi oculta herida permanente. En línea Francia-Sur viajaba entonces por Egipto como piloto a prueba de un espléndido postal. Allí la conocí -como una flor alpina era- y una amistad nos acercó, estrecha y fraternal. Aristocrática, elegante y algo melancólica, hija de un rico egipcio que se había suicidado, hacía viajar por tierras alejadas su dolor, por ver si allí tal vez al fin dejábalo olvidado. Llevaba casi siempre un Jouma/ de Basquirchef y a la Santa de Avila quería con locura1 franceses versos lánguidos solía recitar, miraba largamente hacia la azul llanura. Y yo, que sólo cuerpos de rameras conocí, y mi alma leve siempre la marea golpeaba, recuperaba frente a ella el gozo juvenil, y como a algún profeta, extasiado, la escuchaba. La puse alrededor del cuello una pequeña cruz; fue una cartera grande su regalo para mí. Y al atracar en la ciudad donde ella quedaría el más infortunado de la tiPrra me sentí. 22 Mil veces en los barcos pensaba en ella yo, como ángel de la guarda y compañera permanente, y era una foto de ella, en la proa, para mí, oasis que uno encuentra en medio de la arena ardiente. Y creo que tendría que dejar mi historia aquí. Mi mano tiembla, el aire incandescente me acuchilla; las exquisitas flores tropicales huelen mal, y estúpido, a mi lado, el marabú que chilla. ¡Continuaré!... Vna noche, en un puerto extranjero, me había emborrachado con ginebra, whisky y vino, y dando tropezones, torpemente, a medianoche, tomé por casas viejas y perdidas el camino. Allí a los marineros las mujeres atraían y una de pronto me cogió, riéndose, el sombrero (vieja costumbre gala de las calles de burdel) y yo me fui tras ella, pero apenas sin quererlo. Vn cuarto estrecho, angosto, sucio, igual que los demás, la cal hecha pedazos se caía de los muros, y ella, trapo humano, hablaba con su ronca voz, con ojos de demonio, enigmáticos y oscuros. Lo dije y apagó la luz. Nos acostamos juntos. Los huesos fácilmente con mis dedos le contaba. Olía a absenta. Desperté, cual dicen los poetas, ..cuando sus pétalos de rosa el alba despertaba... Cuando por fin la vi a la vana luz de la mañana me pareció tan castigada ya, si bien penosa, que con insólito temblor, como presa del miedo, saqué mi billetera con mi mano temblorosa. Doce francos franceses son... pero gritó de pronto; la vi mirar a un tiempo, con mirada horrorizada, a mí y a mi cartera... y yo también me quedé así de pronto, cuando vi en su cuello aquella cruz colgada. Dejando mi sombrero atrás, como un loco salí, como un loco que a trompicones corre y se lamenta, llevando por la sangre una terrible enfermedad que todavía con dolor el cuerpo me atormenta.
  14. 14. :~~ 1 11¡ 11 1 ' 1 ~111111, 111111 1~1~ ~~ !1 1 11 ¡1/11 111!1 ~'111 ~ 1 ¡I 11 ¡11 111 1 Dicen de mi los marineros que vivimos juntos que hace años ya que ron mujeres no he gozado, que soy un mal pellejo y tomo coca, si supieran los desgraciados ésos, ya me habrian perdonado... Mi mano tiembla... fiebre... pero ya me despisté mirando a un marabú que allá en la orilla está parado. Y pienso, mientras él me mira a mi con insistencia, que nuestra soledad y estupidez nos ha igualado. 24

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