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El maravilloso don del libre albedrío

  1. 1. El maravilloso don del libre albedrío Cómo nos hizo Dios Libertad dentro de límites El mejor comienzo ¿Las leyes de quién?
  2. 2. PARA entender por qué ha permitido Dios el sufrimiento, y lo que hará respecto a él, tenemos que comprender cómo nos hizo. Él nos creó con más que sencillamente un cuerpo y un cerebro. También nos creó con cualidades mentales y emocionales de índole especial. Una parte clave de nuestra constitución mental y emocional es el libre albedrío. Sí, Dios implantó en nosotros la facultad de libertad de selección. Esto ciertamente fue un maravilloso don de su parte.
  3. 3. Consideremos qué tiene que ver el libre albedrío con el hecho de que Dios haya permitido el sufrimiento. Para empezar, piense en esto: ¿Aprecia usted la libertad que tiene para escoger lo que va a hacer y decir, lo que comerá y la ropa que usará, la clase de trabajo que realizará, y dónde y cómo va a vivir, o quisiera que alguien le dijera qué decir y hacer en todo momento de su vida? Ninguna persona normal quiere que la despojen tan completamente del dominio de su propia vida. ¿Por qué no? Porque Dios nos ha hecho así. La Biblia nos dice que Dios creó al hombre a su „imagen y semejanza‟, y una de las facultades que Dios mismo tiene es la libertad de selección. (Génesis 1:26; Deuteronomio 7:6.)
  4. 4. Cuando creó a los humanos, les dio esa misma maravillosa facultad... el don del libre albedrío. Esa es una de las razones por las cuales nos frustra el que nos esclavicen gobernantes opresivos. Como vemos, el deseo de libertad no es un accidente, porque Dios es un Dios de libertad. La Biblia dice: “Donde está el espíritu de Jehová, hay libertad”. (2 Corintios 3:17.) Por lo tanto, Dios nos otorgó libre albedrío como parte de lo que nosotros mismos somos. Puesto que sabía cómo funcionarían nuestra mente y nuestras emociones, sabía que seríamos más felices teniendo libre albedrío.
  5. 5. Junto con el don del libre albedrío, Dios nos capacitó para pensar, ponderar los asuntos, tomar decisiones y distinguir entre lo correcto y lo incorrecto. (Hebreos 5:14.) Así que el libre albedrío habría de basarse en selección inteligente. No se nos hizo como robots sin mente que no tuvieran voluntad propia. Tampoco se nos creó de modo que obráramos por instinto como los animales. En vez de eso, nuestro maravilloso cerebro fue diseñado para que funcionara en armonía con nuestra libertad de selección.
  6. 6. Como prueba de que Dios se interesaba por Adán y Eva, junto con el don del libre albedrío se dio a nuestros primeros padres todo lo que razonablemente se pudiera desear. Se les colocó en un extenso paraíso semejante a un parque. Tenían abundancia material. Tenían una mente y un cuerpo perfectos, de modo que no tendrían que envejecer ni enfermar ni morir... pudieran haber vivido para siempre. Habrían tenido hijos perfectos que también pudieran haber tenido un futuro de felicidad eterna. Y con el tiempo la población, a medida que se extendiera, habría tenido el satisfaciente trabajo de hacer de toda la Tierra un paraíso. (Génesis 1:26-30; 2:15.)
  7. 7. En cuanto a lo que se proveyó, la Biblia dice: “Vio Dios todo lo que había hecho y, ¡mire!, era muy bueno”. (Génesis 1:31.) La Biblia dice también acerca de Dios: “Perfecta es su actividad”. (Deuteronomio 32:4.) Sí, el Creador dio a la familia humana un comienzo perfecto. No pudiera haber sido mejor. ¡Qué afectuoso Dios resultó ser!
  8. 8. Sin embargo, ¿se propuso Dios que el libre albedrío no tuviera límites? Imagínese una ciudad bulliciosa sin leyes de tráfico, donde todo el mundo pudiera manejar su vehículo en cualquier dirección y a cualquier velocidad. ¿Quisiera usted manejar en medio de esas condiciones? No; eso sería anarquía en el tráfico, y de seguro resultaría en muchos accidentes. Lo mismo sucede respecto al don divino del libre albedrío. La libertad ilimitada significaría anarquía en la sociedad. Tiene que haber leyes que guíen las actividades humanas. La Palabra de Dios dice que debemos obrar “como libres, y no como quienes toman la libertad como velo encubridor de la malicia”. (1 Pedro 2:16, Cantera-Iglesias.) Dios desea que el libre albedrío se regule para el bien común. Su propósito no era que tuviéramos libertad total, sino libertad relativa, sujeta a leyes.
  9. 9. Por la manera como se nos hizo, ¿de quién son las leyes que debemos obedecer? Otra parte del texto bíblico de 1 Pedro 2:16 (CI) dice: “Como esclavos de Dios”. Esto no significa una esclavitud opresiva, sino que se nos hizo de modo que alcanzamos la mayor felicidad cuando nos sujetamos a las leyes de Dios. (Mateo 22:35-40.) Sus leyes, más que cualesquiera leyes hechas por humanos, suministran la mejor guía. “Yo, Jehová, soy tu Dios, Aquel que te enseña para que te beneficies a ti mismo, Aquel que te hace pisar en el camino en que debes andar.” (Isaías 48:17.)
  10. 10. A la vez, las leyes de Dios permiten gran libertad de selección dentro de sus límites. El resultado de esto es una variedad que hace muy interesante a la familia humana. Piense en la diferencia de alimento, ropa, música, arte y vivienda que hay por todo el mundo. Ciertamente preferimos seleccionar en tales asuntos, más bien que dejar que otra persona decida por nosotros. Como vemos, se nos creó de tal modo que alcanzamos la mayor felicidad cuando nos sujetamos a las leyes divinas para el comportamiento humano. Es similar a lo que nos sucede por nuestra sujeción a las leyes físicas de Dios. Por ejemplo, si pasamos por alto la ley de la gravedad y saltamos desde un lugar alto, pudiéramos causarnos daño o hasta matarnos. Si pasamos por alto las leyes internas de nuestro cuerpo y dejamos de consumir alimento, beber agua o inhalar aire, morimos.
  11. 11. Un hecho tan seguro como el de que se nos creó con la necesidad de someternos a las leyes físicas de origen divino es que se nos creó con la necesidad de someternos a las leyes morales y sociales procedentes de Dios. (Mateo 4:4.) Los humanos no fueron creados para actuar en independencia de su Hacedor y todavía tener éxito. El profeta Jeremías dice: “No pertenece al hombre que está andando siquiera dirigir su paso. Corrígeme, oh Jehová”. (Jeremías 10:23, 24.) Esto nos muestra que en todo sentido los humanos fueron creados para vivir bajo la gobernación divina, no bajo la del hombre mismo.
  12. 12. Para nuestros primeros padres no habría sido cosa gravosa obedecer las leyes divinas. Más bien, aquello habría promovido su bienestar y el de toda la familia humana. Si la primera pareja humana se hubiera mantenido dentro de los límites de las leyes de Dios, todo habría resultado bien. De hecho, ¡ahora viviríamos en un maravilloso paraíso de placer como una amorosa familia humana unida! No habría habido iniquidad, sufrimiento ni muerte.

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