Pampa extendida

1,122 views

Published on

0 Comments
0 Likes
Statistics
Notes
  • Be the first to comment

  • Be the first to like this

No Downloads
Views
Total views
1,122
On SlideShare
0
From Embeds
0
Number of Embeds
2
Actions
Shares
0
Downloads
2
Comments
0
Likes
0
Embeds 0
No embeds

No notes for slide

Pampa extendida

  1. 1. pampapensamiento/acción políticaResponsable EditorClaudio LozanoConsejo EditorKarina ArellanoLucía De GennaroSebastián SciglianoEmilio SadierFernando BustamenteArte de tapa e ilustracionesAna CelentanoParticipan en este númeroJairo Estrada AlvarezFabián CasasMario TrontiGrupo de investigación sobre trabajo - IEFRicardo AntunesDaniela EspejoNicolás HonigeszDiseño y armadoNahuel CrozaAgradecimientosHoracio MeguiraRafael GentiliRafael ChinchillaSoraya GiraldezHéctor MaranessiInstituto de Estudios eInvestigación CTARedaccióneditorialpampa@institutocta.org.arAdministraciónPiedras 10671070 – Buenos AiresTeléfono: 4307-3637
  2. 2. sumariopampa extendidaJairo Estrada Alvarez / Las piezas del rompecabezascolombiano: tendencias de acumulacióny configuraciones del régimen político 11primavera 07Mario Tronti /Para la crítica de la democracia política 33Emilio Sadier /El orden democrático 41Karina Arellano /Para saber entrar hay que saber salir 48Sebastián Scigliano /La República perdida 54Lucía De Gennaro /El acierto de la elocuencia 58trabajoGrupo de investigación sobre trabajo - IEF /Precarios y dignos 69ENTREVISTA / Ricardo AntunesNueva morfología del trabajo 76Fernando Bustamante /El lugar del sujeto trabajador 89Daniela Espejo / Siempre habrá más camino 98Nicolás Honigesz / Drogones cultos 104
  3. 3. El joven muere antes y el viejo, que quería dejarle todo, lo sobrevive y se va incompleto y airado. Eso ya fuimos nosotros quienes lo vimos. Modernidad, revolución, originalidad nacional e ideologías de época, ya no pudieron ser pensadas en común. No es cierto ahora que debamos ser continuadores del pasadoque no fue. A fuerza de verdad, nunca nadie lo es, por más que diga escuchar “lejanos mandatos”. HORACIO GONZÁLEZ
  4. 4. editorial “Frente a lo que se puede nombrar, mejor quedarse callado”. LUDWIN WITTGENSTEIN Actualmente, existe una institucionalidad que insiste en su propia condena. Sin memoria, sin piedad, sin cautela, sin evocación, sin correspondencia entre lo mundano y lo sagrado, persiste en la acumulaciónde sus propias ruinas. Esa institucionalidad cree fervientementeen un crecimiento mecánico y deposita el “triunfo estratégico”en la tarea de aleccionar a generaciones para seguir desempe-ñando su gobernabilidad. Bajo este orden de lo instituido las soluciones nacionales,empresariales, partidarias y oenegeistas recurren a la naturalezamilitar para instalarse en el orden social. Sean “cuadros con apti-tud” de gobierno, empresarios que sepan administrar, militantesque reproducen decisiones de mesa chica o almas culposasque engrosan la burocracia mercantil-social-privada, la lecturaes clara: es necesario un ejército bien dirigido concebido parasobrevivir derrotas parciales. Lo profetizable, así, es que hayareuniones de canje, alineamiento, encuadre, formación, apti-tud en la cadena productiva del orden social; y que bajo esteestructural y anacrónico esquema estrategista de construcciónde poder la “virtud” pase a ser la buena capacidad de operaciónpolítica para organizar una cadena de mandos, el funciona-miento de los “elegidos”. La imagen, la del padre eterno que ben-dice a condición de que profesen. Los mandamientos, la formadecálogo del “sentido común” nacional. La “fuerza” humanaconsiderada como “propia”. Desde el punto de vista de esta institucionalidad, el valor dela disrupción es deudor del precepto y del modelo a seguir y,por tanto, el destino de lo errático es paréntesis, demora o pampa | 7 |
  5. 5. vacío. En esa situación existe un mecanismo hegemónico: el momento donde se empieza de nuevo, se echa por tierra, se arrasa o se concluye. Pero al mismo tiempo a esta modulación siempre urgente del cálculo, ley, estatuto o deber; le sobrevive su contraria: la reposada forma de lo vital, fecundo y cauteloso. Y, es en esa silenciosa confrontación donde el pensamiento pampeano habita. Es en lo que la política del patrón o molde encuentra como errático, frágil y precario donde Pampa percibe origen y crea- ción. Porque cuando lo mejor que puede pasar es que las cosas sigan así, la falla, la incomodidad, la anomalía, el error pasan a ser sosiego. Una vez que se vulgariza el paso errante por el terruño, se vacía en el orden de la ejemplaridad, el ensimisma- miento prolonga al espíritu hacia su propia salvación. Hay un silencio abismal que continúa en el alma. Un mutismo inscripto en la ecuación de esta vida argentina. Un motivo para la insis- tencia de su continuidad. Continuar ya no bajo el orden del modelo sino bajo la virtud de la matriz. Ese pasaje hacia lo signado por el silencio es ora- cular, claro, pero no refiere al silencio del show espectacular sino a lo silenciado por él. Esa rotación hacia el punto ciego donde se inscribe el amor materno es misteriosa, otra vez, pero no por la presencia de mujeres dentro del "orden democrático", sino por el sueño ancestral de una comunidad matriarcal profun- damente igualitaria. Testigos ocasionales, nace para nosotros un sentido deudor de la compasión maternal. No hay culpa, sino más bien perdón. La madre tierra enseña a curar a los que han entrado en desgracia, perdona. Y, de este mito de origen, la vitalidad orgánica de la recreación nacional aparece intacta en la estructura de nuestro suelo, en las millones de particulares vidas para las cuales la única verdad, es que nadie vive sin amor. Madre, hemos estado tan solos durante este último tiempo.| 8 | pampa noviembre 2007 | nro.3
  6. 6. editorial Pampa. Si fuimos el sueño de otro, volveremos. Espera. Conel tiempo sabremos tratarte con la debida reverencia para asistira la pureza de tus valles bajo la luna; para volar sobre las aguasque reflejan las estrellas del sur; para que nuestra virtud pesesobre el ordenamiento. Sabemos. Sólo desde aquí se nos permiteelevar la cabeza para poder ver sobre los árboles. | pampa CONSEJO EDITOR pampa | 9 |
  7. 7. pampa extendida Las piezas del rompec abezas c olombiano Tendencias de acumulación y configuraciones del régimen político por JAIRO ESTRADA ÁLVAREZ (*) A DIFERENCIA de los demás países de América Latina, especialmente de Suramérica, en los que la crisis de los proyectos neoliberales provocó una nueva configuración del mapa político de la región con la instalación de un amplio espectro de gobiernos que han sido caracterizados de izquierda o de centroizquierda1, el caso colombiano se muestra excepcional. Allí se ha asistido a una profundización de los rasgos autoritarios del régimen político, con el proyecto político de la “segu- ridad democrática” que encarna el reelecto presidente Alvaro Uribe Vélez (2002-...), a una intensificación de la guerra contrainsurgente mediante una estrategia de creciente intervención imperialista norte- americana, y a una (aparente) consolidación del proyecto econó- mico del neoliberalismo, con el impulso de las “reformas estructura- les” de “segunda generación”; todo ello, al tiempo que –con el pro- yecto político paramilitar, en proceso de institucionalización– se despliegan los componentes criminales del capitalismo y una orga- nización mafiosa de la sociedad.* Profesor del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia; director delGrupo interdisciplinario de estudios políticos y sociales; coordinador académico del seminario interna-cional Marx vive; director de la Revista virtual Espacio crítico, www.espaciocritico.com1. También se utilizan los calificativos de “progresistas” o “alternativos”. Tales gobiernos han generadoun importante debate sobre la perspectiva de la región. Al respecto véase, STOLOWICZ, BEATRIZ, “Laizquierda latinoamericana y las encrucijadas del presente”, México, D.F., 2006 (mimeo); BORÓN, ATILIO,“El mito del desarrollo capitalista nacional en la nueva coyuntura política de América Latina”, Argenpress,2007; KATZ, CLAUDIO, “Socialismo o neodesarrollismo”, Rebelión, 2006, tomado de www.rebelion.org;KOHAN, NÉSTOR, “La gobernabilidad del capitalismo periférico y los desafíos de la izquierda revoluciona-ria. Crisis orgánica y revolución pasiva: el enemigo toma la iniciativa”, Argenpress, 2006.| 10 | pampa noviembre 2007 | nro.3
  8. 8. No obstante, bajo tales condiciones, de altísima compleji-dad y de difícil entendimiento para nacionales y extranjeros,se adelanta una importantísima y valerosa lucha social y polí-tica de resistencia, con proyecciones de alternativa, a travésde diversas formas, que se ha visto alentada precisamente porlos cambios políticos ocurridos en la región. Lo que desde elexterior y aún desde el interior del país se aprecia como unproyecto político y económico, de neoliberalismo renovado,sólido y consistente, muestra –en sentido estricto– claras ten-dencias de erosión y de descomposición, que abren un ampliojuego de posibilidades que van desde la reconstitución del régi-men (con operaciones de autopurificación y limpieza) hasta lageneración del espacio para un proyecto político alternativode izquierda. El presente trabajo tiene como propósito principal la pre-sentación de las que podrían denominarse las piezas del rom-pecabezas colombiano. Piezas sueltas, a veces ininteligibles (enapariencia), que cuando se van articulando, adquieren sentido ymuestran una imagen de la complejidad. Aquí se intenta mostrarla imagen de un proyecto capitalista neoliberal que en Colom-bia se manifiesta de manera descarnada, articulando el dis-curso de la “democracia liberal” y el “libre mercado”, con unatendencia fuerte al autoritarismo, el intervencionismo nortea-mericano, la intensificación de la guerra y la consolidación derasgos mafiosos y criminales de la formación socioeconómica.Profundización del proyecto neoliberaly creciente autoritarismo En lo corrido del nuevo siglo, contrariando la tendenciageneral reciente de América Latina, en Colombia se ha asis-tido a una profundización del proyecto neoliberal; se ha dadocontinuidad a las transformaciones capitalistas iniciadas hacedos décadas, que adquirieron una mayor programación siste-mática y consistencia institucional a partir del gobierno deCésar Gaviria Trujillo (1990-1994). Desde entonces, la líneaha seguido los trazos (con algunos altibajos) de las políticasdel Consenso de Washington. Tales políticas fueron reforza-das al finalizar la década de 1990, cuando se firmara el pri- pampa | 11 |
  9. 9. mero de los tres acuerdos que desde entonces habrían de pac- tarse con el Fondo Monetario Internacional2. Las políticas de liberalización y desregulación económica, y de reestructuración neoliberal del Estado habrían de producir un cambio sustancial en las condiciones generales de la repro- ducción capitalista, provocando una transformación estructu- ral del mayor significado en el balance entre los fondos de acu- mulación y los fondos sociales de consumo. De la misma forma que en otros países, la precarización generalizada del trabajo y el deterioro sistemático de sus condiciones de repro- ducción, se han visto acompañados de una nueva fase de pros- peridad capitalista que, en todo caso, ha producido reacomo- dos entre las facciones capitalistas. También en Colombia hay facciones capitalistas inmersas en lógicas mundiales de acu- mulación; al tiempo que otras se han visto afectadas por los procesos de reestructuración capitalista. De particular importancia para el cambio en el balance acumulación-consumo han sido los “rediseños institucionales”, esto es, la juridización del proyecto político y económico neo- liberal, la incesante producción de normatividad, con la que se ha pretendido imponer un verdadero “cerrojo jurídico”, que le de legitimidad y legalidad a las transformaciones capitalistas, atendiendo siempre las reglas de la “democracia liberal”. Por ello es que un examen a las tendencias recientes de acu- mulación en Colombia (si se trata de considerar sus formas lega- les), pasa inevitablemente por la producción del orden (neolibe- ral) jurídico económico. Los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional han sido, en sentido estricto, pactos de agendas legislativas. Siguiendo la línea del Consenso de Washington, los desarrollos legislativos y las tendencias de política económica se han caracterizado en los últimos años por: a. La profundización del proceso de liberalización y re-regu- lación del mercado de trabajo, mediante un debilita- miento de las instituciones laborales a favor de políticas de “empleabilidad”.2. El primero, un “acuerdo extendido”, se firmó en diciembre de 1999, durante el gobierno de AndrésPastrana (1998-2002); los otros dos, acuerdos stand by, se suscribieron en diciembre de 2002 y mayo de2004, por parte del gobierno de Uribe Vélez. Dado el estricto seguimiento a las políticas del FMI no fuenecesario un nuevo acuerdo en diciembre de 2006.| 12 | pampa noviembre 2007 | nro.3
  10. 10. pampa extendida b. El rediseño del proceso de descentralización, definiendo lineamientos claves de política local desde el gobierno central, al tiempo que se transfieren mayores responsabili- dades hacia los gobiernos locales, con menos recursos por parte del gobierno central. c. La continuación (y culminación) de procesos de privatiza- ción en campos en los que tales procesos estaban aplaza- dos o no se habían podido adelantar (petróleo, telecomu- nicaciones, energía eléctrica, banca). d. La apertura hacia una mayor mercantilización de la natu- raleza, a través de la ley de bosques que abre fronteras para su explotación comercial e. El mayor estímulo a la inversión extranjera y, en general, a los flujos de capitales, con la creación de diversos incentivos. f. El reforzamiento de las prescripciones de política econó- mica (de ajuste fiscal selectivo) orientadas a garantizar el pago de la deuda pública y la financiación de la guerra, mediante reformas al Estatuto orgánico de presupuesto y la expedición de la Ley de responsabilidad fiscal. g. La afectación de rubros sociales del gasto público (espe- cialmente de educación y salud) mediante el rediseño del régimen de transferencias de finanzas interguberna- mentales. h. La implantación de medidas que refuerzan la “focaliza- ción” de la política social en los sectores más pobres, al tiempo que deja en desprotección a sectores importantes de la población. Esta política se acompaña de la crea- ción de un sistema clientelista de subsidios a la demanda que de paso constituye a esos sectores pobres en base social para la legitimación de la política general. Un punto culminante de la estrategia de juridización del pro-yecto político y económico neoliberal en Colombia, luego delfracaso del ALCA, ha sido la negociación del Tratado de LibreComercio con Estados Unidos. Dicho tratado, como lo señala laexperiencia del TLCAN, al tiempo que profundizará la liberali-zación y la desregulación de la economía y la extenderá a nue-vos campos de la vida económica y social, posibilitará un pampa | 13 |
  11. 11. mayor control económico y político por parte del imperialismo norteamericano y sus empresas trasnacionales3. Con la llegada a la presidencia de Álvaro Uribe Vélez en el año 2002, se reforzó el giro autoritario que venía produciéndose en los últimos años del gobierno de Andrés Pastrana. El fracaso de las conversaciones entre éste último y la guerrilla de las FARC, estimuló –junto con otros factores, cuyo estudio escapa a los propósitos de este texto– la formación de un consenso polí- tico de las élites dominantes por buscar una salida militar al con- flicto social y armado. Dicho consenso se construyó con el res- paldo de los principales grupos económicos, los gremios del capital, los principales medios de comunicación, sectores de la iglesia, sectores mayoritarios del Congreso, las fuerzas militares, y fue apoyado por la intelectualidad de derecha; su expresión sería el proyecto de “seguridad democrática” de Uribe Vélez. El proyecto de “seguridad democrática” descansa sobre cua- tro supuestos principales de análisis: 1. En Colombia no hay un conflicto social y armado, sino una amenaza terrorista contra la sociedad, que proviene esen- cialmente de unos grupos terroristas que se lucran del negocio del narcotráfico. Toda expresión individual u orga- nizada, política o social, que no se alinee con ese entendi- miento debe ser considerada en un espectro que va desde la condición de ideólogo hasta la de idiota útil del terrorismo4. 2. La confrontación exitosa de la amenaza terrorista justifica la limitación –a través de diversos mecanismos– de dere- chos civiles y políticos, entre otras cosas, por cuanto parte de los apoyos estratégicos de la subversión armada se encontrarían mimetizados dentro de la población civil. En ese sentido, la vinculación masiva de sectores de la pobla- ción civil, como parte de una masiva red de inteligencia, de informantes y cooperantes ocupa un lugar central. 3. Los principales problemas de la sociedad colombiana, de3. Al momento de escribir este trabajo, ya se había refrendado por parte del Congreso colombiano el TLC;se encontraba en entredicho su aprobación inmediata en el Congreso norteamericano, debido a la pos-tura del Partido Demócrata que demandaba la inclusión de cláusulas laborales y ambientales, así comoel compromiso efectivo del gobierno colombiano con la protección a líderes sindicales y el esclareci-miento del asesinato –por razones políticas– de más de 2.000 de ellos.| 14 | pampa noviembre 2007 | nro.3
  12. 12. pampa extendida crecimiento, empleo, distribución de ingreso y de pobreza se explican esencialmente por la situación de inseguridad y violencia existentes en el país. De suerte que, resuelto el problema de la seguridad, la economía entraría en una especie de círculo virtuoso de mayor inversión, empleo y crecimiento, con lo cual se contribuiría además a resolver los problemas fiscales del Estado, por los mayores ingresos públicos que traería el crecimiento. En este supuesto, un escalamiento de la guerra y la mayor destrucción de valor se da casi por descartada, por cuanto se considera que el país “desde hace rato estaba en guerra”. No obstante, si esa fuera la circunstancia, se trataría de un necesario costo transitorio que, como costo de oportunidad, resulta infe- rior al costo indefinido de la guerra. 4. La idea de “Estado comunitario” representa el proyecto alternativo a la amenaza terrorista. Se trataría de una variante corporativista de la fórmula “democracia liberal más libre mercado”, que supone la “inclusión directa” de sectores medios y pobres de la población en el pro- yecto político. Tal proyecto político pretende construirse eliminando las mediaciones de los partidos, con base en el apoyo irrestricto e incondicional a la figura del presi- dente, en torno al cual hay una incesante fabricación de opinión que lo muestra como una persona única, dotada con cualidades excepcionales, casi mesiánicas. En suma, el proyecto de Uribe Vélez representa la institucio-nalización de un régimen de excepcionalidad permanente, deuna especie de régimen bonapartista, que pretende el controlsobre todos los poderes públicos y ciudadanos5. Y debe recono-cerse que ha avanzado en ese propósito; particularmente con laaprobación de la reforma constitucional que posibilitó la reelec-ción presidencial y permitió su segundo mandato para el perí-4. Al respecto véase el libro del asesor de Uribe Vélez, GAVIRIA, JOSÉ OBDULIO, Sofismas del terrorismo enColombia, Bogotá, Planeta, 2005; en el que desde una postura de derecha recalcitrante y en una falta desindéresis se trata de justificar la tesis de la amenaza terrorista.5. Véase, MONCAYO, VÍCTOR MANUEL, El leviatán derrotado. Reflexiones sobre teoría del Estado y el casocolombiano, Bogotá, Grupo Editorial Norma, 2004, y SÁNCHEZ ÁNGEL, RICARDO, Bonapartismo presiden-cial en Colombia. El gobierno de Álvaro Uribe Vélez, Bogotá, Uniediciones, 2005. pampa | 15 |
  13. 13. odo 2004-2008. Además del persistente respaldo de las elites dominantes, de la incesante producción de comunicación a su favor, Uribe Vélez ha sabido apelar a la cultura política de dere- cha, conservadora y clerical, reaccionaria, que se encuentra arraigada en sectores importantes de la sociedad colombiana. Por otra parte, no obstante lo que aparentaba ser un sólido y consistente proyecto político de la derecha colombiana, ha empezado a mostrar signos notorios de erosión y descomposi- ción. Dentro del campo de opciones que se ha abierto recien- temente no debe descartarse un resguebrajamiento del régi- men autoritario, pese al control que tiene el Presidente sobre el Congreso, a la captura gradual de las altas cortes, especial- mente de la Corte Constitucional, y de los organismos de con- trol, así como del dominio pleno sobre la conducción política de la economía. Al tiempo que el régimen autoritario ha tenido todas las posi- bilidades de despliegue, con el apoyo irrestricto del imperia- lismo norteamericano y de las clases dominantes tradicionales, es un hecho notorio que su sustento descansa también en una no santa alianza con el narcoparamilitarismo. Cada vez son mayores las evidencias que comprometen directamente la figura del presidente. A las reiteradas denuncias de la izquierda y de importantes organizaciones no gubernamentales, se le suman ahora testimonios, videos y otras pruebas documentales de narcotraficantes y paramilitares, que muestran su conniven- cia con esa organización criminal. El entorno del presidente, un número importante de congresistas y aliados políticos, miem- bros del gabinete ministerial, políticos profesionales de diverso nivel, integrantes de alta graduación de las fuerzas militares, miembros de la administración de justicia, sectores empresaria- les nacionales y transnacionales, entre otros, articulados con narcotraficantes y paramilitares hacen parte del paraestado que se construyó en Colombia durante las últimas décadas. Hoy resulta incontrovertible que ese paraestado no es más que una de las variaciones institucionalizadas, alentadas desde el Estado mismo, de la dominación capitalista. Es otra de las variantes del terrorismo de Estado. Todo ese andamiaje que fue puesto al ser- vicio del proyecto de la “seguridad democrática”, se constituye hoy en uno de sus flancos débiles.| 16 | pampa noviembre 2007 | nro.3
  14. 14. pampa extendida El hecho de que, luego de un lustro, no se haya producido elcambio esperado en el balance militar de la guerra a favor delgobierno, es otro factor de erosión. La promesa de doblegar alas FARC en 18 meses no se pudo cumplir. Se requirió otro man-dato presidencial; después de transcurrido el primer año delnuevo gobierno de Uribe Vélez, no obstante, no hay nada queindique que se esté en el final de la guerra en Colombia6. (salvoopiniones del Ministerio de Defensa y de intelectuales de dere-cha como Eduardo Pizarro). A lo anterior se suma el creciente papel de las luchas y resis-tencias sociales, que se ha manifestado en importantísimasmovilizaciones de masas y en el desarrollo de nuevos niveles deorganización política, social y popular, con miras a la consoli-dación de un proyecto político alternativo del orden nacional.Igualmente, los cambios en el balance político y de poder deAmérica Latina, especialmente en los países vecinos, que pare-cieran sugerir que se abre un nuevo compás para las fuerzasdemocráticas y revolucionarias. Hasta este punto, se podría afirmar que la experienciacolombiana si bien no difiere significativamente de lo que hasido la trayectoria neoliberal en América Latina, sí registra algu-nas especificidades. Tales especificidades colombianas resultandel hecho de que las transformaciones neoliberales se hanacompañado de una intensificación de la guerra contrainsur-gente, un creciente intervencionismo militar norteamericano yla entronización de rasgos criminales y mafiosos en la forma-ción socioeconómica.Intervencionismo norteamericanoe intensificación de la guerra contrainsurgente Un aspecto esencial para el entendimiento de la cuestióncolombiana consiste en considerar que este país se ha conver-6. Tal hipótesis sólo es sostenida por el Ministerio de Defensa e intelectuales de la derecha como EduardoPizarro. Al respecto véase, PIZARRO-LEONGÓMEZ, EDUARDO. “Las FARC-EP: ¿repliegue estratégico, debilita-miento o punto de inflexión”, en Varios autores, Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del con-flicto en Colombia, Bogotá, Grupo Editorial Norma, Universidad Nacional de Colombia, Instituto de Estu-dios Políticos y Relaciones Internacionales, 2006. pampa | 17 |
  15. 15. tido en componente clave de la estrategia imperialista nortea- mericana para América Latina. Esa es otra de las piezas del rompecabezas colombiano que explica –en buena medida– porqué se ha asistido a una intensificación de la guerra en Colombia durante la última década. El examen a los planes de guerra de este período, el Plan Colombia, el Plan Patriota, el Plan Victoria y el anuncio de un segundo Plan Colombia para el período (2007-2013)7, pone de relieve precisamente que lo que pareciera ser exclusivamente un asunto interno colom- biano, representa –en sentido estricto– uno de los componen- tes esenciales de la estrategia geopolítica y de militarización de Estados Unidos en América latina, con el cual se pretende garantizar la hegemonía y la dominación imperialista sobre la región andino-amazónica. De manera específica, se busca producir una salida militar al conflicto social y armado colombiano, mediante la intensifica- ción de la guerra contrainsurgente, así como debilitar las fuerzas políticas, los movimientos sociales y las organizaciones sindica- les y populares, en suma, las fuerzas opositoras, consideradas como extensiones del “terrorismo”. El imperialismo pretende convertir a Colombia, en tanto apoya y estimula su gobierno autoritario de derecha y lo erige en su reserva “democrática” y de “libre mercado”, en la base de contención de la avanzada del movimiento social y popular en América Latina y, especial- mente, de los proyectos políticos de los gobiernos progresistas de la región. No hay duda de que el gobierno de Uribe Vélez es el principal aliado de Bush en la región, absolutamente subordinado y plegado a los intereses norteamericanos. El intervencionismo norteamericano tiene como propósito asegurar el control territorial sobre una región clave para las nue- vas estrategias de acumulación de las empresas transnacionales en la actual fase capitalista, dada precisamente la riqueza de la región andino-amazónica en recursos energéticos y de biodiver- sidad, fuentes de agua, y otros recursos naturales; así mismo,7. Según el gobierno de Uribe Vélez, con el propósito de “consolidar los logros del Plan Colombia”, a uncosto estimado de 43.836 millones de dólares. Véase, diario El Tiempo, Bogotá, 1 de febrero de 2007, p.1-2. Un análisis amplio del Plan Colombia y sus implicaciones se encuentra en ESTRADA ÁLVAREZ, JAIRO (edi-tor), Plan Colombia. Ensayos críticos y El Plan Colombia y la intensificación de la guerra. Aspectos globa-les y locales, publicados por la Universidad Nacional de Colombia en 2001 y 2002 respectivamente.| 18 | pampa noviembre 2007 | nro.3
  16. 16. pampa extendidadadas las proyecciones de los negocios capitalistas en biocomer-cio, biocombustibles, y megaproyectos infraestructurales, entreotros. En este sentido, los planes de guerra, especialmente elPlan Colombia, se articulan con el Plan Puebla Panamá, un plande megaproyectos infraestructurales para unir corredores logís-ticos y biológicos de México con Centroamérica8, y la Iniciativapara la integración de la infraestructura sudamericana - Iirsa, loscuales tienen su origen en el Plan de Acción de las Américas,suscrito por los presidentes y jefes de Estado del hemisferio ame-ricano, exceptuada Cuba, en 19949. Como pieza del rompeca-bezas del proyecto hegemónico de Estados Unidos para Américalatina, el Plan Colombia es por el momento su principal brazomilitar, que se articula también con los proyectos de tratados delibre comercio bilaterales, luego del fracaso del Área de librecomercio de las Américas - Alca. Como es de amplio conocimiento, El Plan Colombia fue ela-borado secretamente por los gobiernos de Bill Clinton (1993-2001) y de Andrés Pastrana (1998-2002), presentado al Con-greso de Estados Unidos en octubre de 1999 y sancionado, deacuerdo con la ley ese país, el 13 de julio de 2000 por partedel Presidente Clinton en la forma de un “paquete de ayuda”.La denominación oficial del Plan fue: Plan Colombia: Planpara la paz, la prosperidad y el fortalecimiento del Estado; enel discurso del Departamento de Estado, se señaló que se tra-taba de “una estrategia integral para enfrentar los desafíos deColombia: la promoción del proceso de paz, la lucha contrael tráfico de drogas, la reactivación de la economía y el forta-lecimiento de los pilares democráticos de la sociedad colom-biana”, a un costo estimado de 7.558,1 millones de dólares,para un período inicial de seis años10). Las intenciones geopolíticas y económicas del Plan Colombiase escondieron desde un inicio tras la fachada de la “guerra con-8. Al respecto véase, BARREDA MARÍN, ANDRÉS, “Los peligros del Plan Puebla Panamá”, publicado en EstradaÁlvarez, Jairo (compilador), Dominación, crisis y resistencias en el nuevo orden capitalista, Bogotá, Uni-versidad Nacional de Colombia, Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, Departamento deCiencia Política, 2003.9. Véase, DUQUE, MARTHA ALICIA, “La agenda oculta geoestratégica de la integración USA”, en Documen-tos Desde abajo, Bogotá, 200610. El costo de la primera fase del Plan Colombia 2000-2006 ascendió a 13.181 millones dólares. Véase,diario El Tiempo, Bogotá, 1 de febrero de 2007, p. 1-2 pampa | 19 |
  17. 17. tra el narcotráfico”11. Ésta se convertiría rápidamente –y con mayor fuerza después del 11 de septiembre– en la guerra contra el “narcoterrorismo”, y se erigiría realmente en dispositivo de control social, político y militar. El Plan convirtió a Colombia en el principal país receptor de la “ayuda militar” estadounidense en América Latina (más del 80%). Entre 1999 y 2006, el país recibió –según el Centro de Política Internacional de Washing- ton– 5.062,8 millones de dólares. Menos del 20% de esos recur- sos se destinó para programas económicos y sociales; la mayor parte iría para la financiación de la guerra contrainsurgente y beneficiaría a las empresas transnacionales norteamericanas relacionadas con el negocio de la guerra en Colombia. En algu- nas zonas de Colombia, el Plan terminó articulándose de manera perversa con la estrategia narcoparamilitar de control territorial, agravó la situación de violencia y desplazamiento for- zado de población, el cual ha afectado a más de 3.500.000 per- sonas durante los últimos 15 años. Las políticas del Plan han incidido negativamente sobre las relaciones de Colombia con Ecuador y Venezuela, algunas de cuyas zonas de frontera se vie- ron afectadas por las fumigaciones aéreas y el desplazamiento12. Por otra parte, la intensificación de la guerra en Colombia no puede ser leída exclusivamente desde la perspectiva de la estra- tegia imperialista para la región. Si bien tal perspectiva ha adquirido una mayor relevancia en el momento actual, no debe olvidarse que el conflicto social y armado colombiano posee su propia dinámica interna que se remite, cuando menos, a más de cuatro décadas de la lucha insurgente, posee unas fuertes raíces sociales y se encuentra anclado en las persistentes condiciones de desigualdad y pobreza que afectan a la mayoría de la pobla-11. En materia de la llamada guerra contra las drogas, los resultados del Plan Colombia han sido un fra-caso: según informes de la CIA y del gobierno de Estados Unidos, en 2006 se produjo un incremento delárea cultivada de hoja de coca de 144 mil a 156 mil hectáreas, pese a la aspersión aérea de cerca de200.000 hectáreas al año con el herbicida glifosato (El Tiempo, ibid.); no se ha reducido el precio de lacocaína en Estado Unidos, lo que hace suponer que no se ha afectado sensiblemente la producción delalcaloide. Por otra parte, su incidencia sobre el medio ambiente ha sido desastrosa.12. El gobierno de Ecuador dio inicio en abril de 2007 al Plan Ecuador, concebido como un plan de paze inversión social, para oponérselo al guerrerista Plan Colombia. El Plan Colombia ha generado, por otraparte, un movimiento internacional de rechazo y de denuncia, que involucró a sectores importantes de lacomunidad internacional, de los movimientos sociales y populares, de las organizaciones defensoras delos derechos humanos, de científicos e intelectuales críticos. Dicho movimiento se inscribe dentro de lasdiferentes expresiones de organización y lucha en la actual fase del proceso de globalización capitalista.| 20 | pampa noviembre 2007 | nro.3
  18. 18. pampa extendidación colombiana. Las fuerzas insurgentes continúan siendo unfactor político para la transformación de la sociedad colom-biana. Su papel se tornó de mayor trascendencia dados su cre-cimiento durante la década de 1990 y su presencia histórica,precisamente en regiones estratégicas para la nueva espaciali-dad capitalista, pues allí se encuentran nuevas fuentes de valo-rización y acumulación: recursos energéticos, otros recursosnaturales, biodiversidad, fuentes de agua, megaproyectos. Estamisma circunstancia explica el significado de la lucha por elterritorio y su control, así como la emergencia del proyectoparamilitar durante las últimas décadas.Capitalismo criminal y organizaciónmafiosa de la sociedad 13 El rompecabezas colombiano se continúa armando cuandose consideran los rasgos criminales y mafiosos de la formaciónsocioeconómica. Se trata entre tanto de componentes orgáni-cos, estructurales, de la actual fase capitalista; en momentoalguno de fenómenos episódicos14. Dada su maduración, con elgobierno de Uribe Vélez se pretende justamente su instituciona-lización. Se trata de un producto histórico, expresivo de variasdécadas de transformaciones capitalistas, tanto en la tendenciade la acumulación de capital, como en las configuraciones delrégimen político. En el caso colombiano, la articulación de las formas legalescon las formas ilegales de la acumulación capitalista se remontaa la segunda mitad de la década del setenta y se inscribe den-13. Una exposición más amplia de este punto se encuentra en ESTRADA ÁLVAREZ, JAIRO, “Capitalismo cri-minal y organización mafiosa de la sociedad”, Revista Cepa, No. 3, Bogotá, 2007.14. Dos trabajos contribuyen a enriquecer esta perspectiva, y han servido como referente de algunos de losplanteamientos de este punto. Uno, que puede considerarse pionero en el estudio de la experiencia colom-biana, y de suma actualidad, es el artículo de Germán Palacio y Fernando Rojas: publicado en 1989:“Empresarios de la cocaína, parainstitucionalidad y flexibilidad del régimen político colombiano: Narcotrá-fico y contrainsurgencia en Colombia”, publicado en el libro compilado por PALACIO, GERMÁN, La irrupcióndel paraestado. Ensayos sobre la crisis colombiana, Bogotá, ILSA, CEREC, 1989. El otro, el texto de Fran-cesco Forgione, “Organizaciones criminales y capitalismo globalizador. Reflexiones a partir de la experien-cia italiana”, publicado en el libro de memorias del II Seminario internacional Marx vive, Jairo Estrada Álva-rez (compilador), Sujetos políticos y alternativas en el actual capitalismo, Bogotá, Universidad Nacional deColombia, Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, 2003. pampa | 21 |
  19. 19. tro de la transición del régimen de acumulación basado en la industrialización dirigida por el Estado hacia el régimen actual de financiarización del capital. Sin temor a la exageración, se podría aseverar que esa transición no hubiera sido exitosa sin el surgimiento de un nuevo empresariado vinculado a los cir- cuitos transnacionales de la acumulación: el empresariado de la cocaína15. No es actualmente medible –y probablemente nunca lo será–, la potencia desplegada para la acumulación de capital por la articulación de las formas legales con las formas ilegales. Si bien hay cuantificaciones sobre el tráfico de coca- ína, no las hay –con la objetividad requerida– sobre el impacto de sus capitales en el conjunto de la economía. La tecnocracia neoliberal y los voceros oficiales siempre se han empeñado en minimizarla. Pero lo cierto es que la pregonada estabilidad macroeconómica colombiana y la relativa excepcionalidad frente a las profundas crisis económicas latinoamericanas han descansado sobre el colchón de los capitales ilegales; así mismo, la persistente prosperidad de buena parte de los grandes negocios capitalistas privados en el sector financiero y el mer- cado de capitales, la industria, la construcción, la hotelería, el turismo, el comercio (incluido el de importación y de exporta- ción), los servicios, el entretenimiento, la salud, la educación; algunas actividades agrícolas y ganaderas; también, ciertos “milagros económicos” (transitorios) regionales. La articulación entre las formas legales con las formas ilega- les de la acumulación capitalista contribuyó hacia finales de la década de 1980 a la formación de un nuevo consenso a favor de las “reformas estructurales” y de la reestructuración neolibe- ral del Estado, y produjo una reconfiguración en el bloque dominante de poder, la cual se anunciaba ya desde la década de los setenta con el surgimiento de nuevos “grupos económi- cos” y la influencia creciente del capital financiero. Sólo que ahora se agregaba una alianza “no santa” –construida a lo largo15. Aquí compartimos la distinción de Palacio y Rojas entre el negocio asociado al tráfico de cocaína yel narcotráfico propiamente dicho. “Mientras el tráfico de cocaína es un mecanismo de acumulacióncapitalista, ilegal e internacionalizado, el narcotráfico es una especie de dispositivo político utilizadopor los gobiernos y, particularmente, el gobierno de Estados Unidos (aunque no solamente por éste) pararealizar operaciones de represión, disciplinamiento y control social”. GERMÁN PALACIO y FERNANDO ROJAS,Ob. cit., p. 81.| 22 | pampa noviembre 2007 | nro.3
  20. 20. pampa extendidade la década de los ochenta– entre sectores capitalistas lega-les con los empresarios de la cocaína. Se fortalecían así losrasgos criminales de la economía. Las estructuras mafiosashabían permeado igualmente las instituciones del Estado(todos los poderes públicos), incluidas las fuerza armadas, lospartidos políticos tradicionales y los políticos profesionales, ysectores de la iglesia. Se consolidaba así la estructura mafiosade la formación socioeconómica16. No es casual que ya en la segunda mitad de la década de1980 se anunciara la irrupción del paraestado17. Al respectoseñalaban Palacio y Rojas en 1989: “(...) el paraestado no sólotenía una fracción del capital que empezaba a ser predomi-nante, sino que los empresarios de la cocaína, aliados conotras fracciones del capital, empezaron a tener control territo-rial y bases sociales populares en algunas regiones del país”18.Y agregaban: “(...) estamos frente a una especie de “paraes-tado”. Incluye una poderosa fracción capitalista; un aparatorepresivo militar; gastos en bienestar social; control territorialregional y un restringido pero eficaz apoyo popular”19. Empresarios de la cocaína, estructuras mafiosas y paramili-tarismo se constituyeron en las formas criminales, en piezasdel nuevo rompecabezas de la acumulación de capital enColombia, basada ahora en la creciente articulación entre susformas legales y sus formas ilegales. En ese sentido, una expli-cación esencial del paramilitarismo consiste en su entendi-miento como el “otro brazado armado”, junto con las FuerzasMilitares del Estado, de esa nueva fase de acumulación capi-talista; contrario a la idea de sectores de la intelectualidad del16. Se habla de estructura mafiosa cuando se persigue el doble objetivo de “asumir el control total de unterritorio y sustituir la autoridad legal del Estado con la propia autoridad y la propia mediación social. Estoocurre con la penetración en la política y en las instituciones y, sobre todo, con el ejercicio (...) de la vio-lencia” (...). “La mafia, señala Forgione, es siempre una empresa capitalista, con un fuerte factor adicional:la fuerza intimidatoria de la violencia. Pero su esencia es y será la de ser una empresa criminal encaminadaa la acumulación de capital”. Francesco Forgione, ... Ob. cit., p. 98 y 1002.17. La noción de paraestado no se refiere exclusivamente al Estado paramilitar; esa es una simplificacióninconveniente que sólo pone de relieve la dimensión militar de la estrategia de poder de la fracción capita-lista vinculada a los negocios de (y en torno) a la cocaína.18. Estos autores explican el surgimiento y desarrollo del paraestado “en el contexto de las dificultades delEstado y las fuerzas militares para combatir a los grupos guerrilleros y las luchas con potencialidades autó-nomas populares”. Ob. cit., p. 96.19. Ibid., p. 97 pampa | 23 |
  21. 21. establecimiento que desean explicarlo simplemente como una reacción contra la violencia guerrillera. La función de acumulación no se ha limitado a la expan- sión del negocio de la cocaína o a la articulación con nego- cios legales existentes. A mi juicio, el paraestado ha desempe- ñado dos funciones adicionales del mayor significado: a) ha propiciado una profunda transformación de las relaciones de propiedad, y b) ha incidido sobre la redefinición de las rela- ciones entre el capital y el trabajo. En el primer caso no se trata solo de las transformaciones intercapitalistas; se trata igualmente de los nuevos ciclos de acumulación originaria que ha desatado regionalmente, de la expropiación violenta de tierras, del acceso a los dineros públi- cos. El paraestado se ha mostrado igualmente como parte de una estrategia transnacional de resignificación de la tierra como fuente de valorización capitalista (biodiversidad, recursos hídri- cos), de promoción de megaproyectos infraestructurales y ener- géticos; y de un nuevo tipo de agricultura de plantación. En el segundo caso se trata de la flexibilización y desregulación vio- lenta del mundo del trabajo, del exterminio de dirigentes políti- cos y sindicales, del desplazamiento forzado de más de tres millones de colombianos, que engrosan las filas de la informa- lidad y contribuyen a la depresión de los salarios urbanos. La función de acumulación no debe reducirse a un entendi- miento en términos exclusivamente económicos. El paraestado es expresivo igualmente de las configuraciones del régimen político; de su carácter “flexible”. En la combinación de los mecanismos “democrático formales” con los “represivos auto- ritarios”, se encuentra la explicación a la relativa estabilidad del régimen político colombiano20. En ese aspecto, la irrupción del paraestado se comprendería en términos de solución de los problemas de estabilidad del régimen que no pueden ser resuel- tos por la vía democrático formal. La apelación a un brazo armado paramilitar para exterminar fuerzas políticas opositoras, o liquidar las más diversas formas de organización social y popular, se constituye en componente clave de una estrategia20. Según las circunstancias históricas, se han privilegiado desplazamientos en uno o en otro sentido, man-teniendo siempre la fachada democrática.| 24 | pampa noviembre 2007 | nro.3
  22. 22. pampa extendidade control social y político para afianzar la dominación y latendencia de la acumulación capitalista. Una de las transformaciones sustanciales que ha ocurrido enla sociedad colombiana en las últimas décadas ha sido la entro-nización de los rasgos criminales de la formación socioeconó-mica, el despliegue de sus estructuras mafiosas y la extensióndel aparato paramilitar, lo cual ha ocurrido al tiempo que se havivido otra prosperidad: la de los “grupos económicos” y losgrandes capitales, articulados ahora a los negocios de la mundia-lización del capital. Las “zonas grises” de intersección entre“acumulación legal” y “acumulación ilegal” no están claras, nidemostradas empíricamente con suficiencia. La estrategia decontrol territorial, como estrategia de poder, se amplió al ámbitonacional y a la pretensión de control de la estructura del Estadoen su conjunto. Lo que parecía tornarse en un campo de poderen disputa entre fracciones capitalistas, parece erigirse en nuevoescenario de transacción. Los “capitales limpios” ahora comoantes parecen acceder a nuevos acuerdos, a nuevas alianzas. De lo que se trata actualmente es de cerrar el círculo. Elparaestado que se gestó y nació en la década de 1980, que seextendió y profundizó a lo largo de los noventa y principiosde este siglo, en esa alianza entre empresarios de la cocaína ysectores capitalistas legales, debe ser reincorporado a la insti-tucionalidad. Ya no es funcional. Desentona incluso con losactuales lenguajes de la democracia liberal. Por eso, la épocaes de desmovilizaciones y de reinserciones, de institucionali-zación de derechos de propiedad adquiridos ilegalmente, sinmemoria, ni justicia, ni reparación, o con sus caricaturas21. Porello, empresarios de la cocaína, mafiosos y paramilitares dentroy fuera del Estado, en negocios “limpios” o no, aparecen ahoracomo deliberantes políticos. Esa es la verdadera empresa delgobierno de Uribe Vélez: una inmensa operación de limpieza.Para ello cuenta con el irrestricto apoyo del gobierno de Esta-dos Unidos y de las trasnacionales estadounidenses22, que sehan beneficiado durante décadas de esas configuraciones par-21. La ley de tierras, aprobada por el Congreso colombiano en la legislatura del primer semestre de 2007es una indicación de ello.22. Recientemente se ha podido demostrar que transnacionales estadounidenses como Chiquita Brands yla Drummund han estado comprometidas con el apoyo y la financiación de grupos paramilitares. pampa | 25 |
  23. 23. ticulares de la acumulación capitalista y del régimen político, y que han sabido hacer de la lucha contra el “narcoterro- rismo” su mejor bandera de política exterior, para proyectar una estrategia de guerra contrainsurgente y convertir a nuestro país en una base de contención de las avanzadas del movi- miento social y popular en América Latina. La lucha social y popular La complejidad del proceso político y económico en Colom- bia se amplía, cuando se consideran las persistentes formas y expresiones de organización, las diversas modalidades de resis- tencia y lucha social y popular23, así como los proyectos políti- cos emprendidos por las organizaciones de izquierda, dentro y fuera de la organización institucional del Estado. Todo ello, pese al exterminio sistemático a que se ha visto sometido el movi- miento social y popular, así como sus organizaciones sociales, sindicales y políticas. Al tiempo que, por una parte, la tendencia histórica de la acu- mulación capitalista y de las configuraciones del régimen polí- tico han producido un proyecto político y económico neolibe- ral, autoritario, que se organiza de manera “flexible” conjugando las reglas de la “democracia liberal” con estructuras criminales y mafiosas, en un contexto de guerra contrainsurgente, se apre- cia, por la otra, una incesante lucha por la democratización de la sociedad en diversos niveles y a través de diversas formas, con desiguales y heterogéneos resultados. De ello dan cuenta, por ejemplo, las diferentes experiencias de proyectos políticos alter- nativos y, en particular, de los “gobiernos alternativos locales”, así como las proyecciones actuales de la izquierda colombiana en el orden nacional (y local) con el Polo Democrático Alterna- tivo (PDA), de reciente creación (en 2006)24.23. VÉASE, ARCHILA NEIRA, MAURICIO, Idas y venidas. Vueltas y revueltas. Protestas sociales en Colombia1958-2000, Bogotá, ICANH, CINEP, 2005 y Varios autores, 25 años de luchas sociales en Colombia1975-2000, Bogotá, CINEP, 2002.24. Sobre el proceso del PDA véase, GANTIVA SILVA, JORGE, “El proceso de unidad y las perspectivas del PDA.¿Qué izquierda construir?”, en Revista Espacio crítico, no. 6, 2007, en www.espaciocritico.com| 26 | pampa noviembre 2007 | nro.3
  24. 24. pampa extendida Después de décadas de división y fragmentación, el PDAlogró aglutinar en un proyecto de unidad de acción política aun amplio espectro de fuerzas políticas y sociales, con dife-rentes trayectorias históricas y diversos programas políticos,así como con variados entendimientos del significado de laizquierda y de las alternativas al capitalismo en la actualidad.Ese espectro abarca fuerzas que se mueven desde la tradicióncomunista, socialista y anticapitalista, hasta otras que se inscri-ben en las trayectorias de la socialdemocracia y de la “terceravía”. Su trayectoria de desplazamiento va desde la izquierdahacia el centro. Su gran significado consiste en la reserva demo-crática que representa frente al fortalecimiento y la consolida-ción de los rasgos autoritarios del régimen político colombiano. Un balance de la corta existencia del PDA muestra que halogrado constituirse en la principal fuerza opositora civil al pro-yecto de “seguridad democrática” de Uribe Vélez. En el pasadoinmediato, con matices y diversos niveles de compromiso porparte de las organizaciones que lo integran, el PDA ha adelan-tado una importante acción parlamentaria, acompañada de lamovilización de masas, en la lucha contra el Tratado de LibreComercio con Estados Unidos y la reforma al régimen de finan-zas intergubernamentales que castiga severamente recursos atransferir a los gobiernos, destinados a la financiación de rubrosimportantes del gasto social. Así mismo, se ha erigido en factorclave de la aceleración de las tendencias a la crisis del régimenpolítico, mediante la denuncia nacional e internacional de susconfiguraciones mafiosas y criminales (y paramilitares), exacer-badas y legalizadas durante el gobierno del presidente UribeVélez. En lo inmediato, las posibilidades del PDA se encuentranligadas a los resultados de la elección de gobiernos localesque se adelantarán en el mes de octubre de 2007. Como se puede apreciar, pese a las condiciones aparente-mente adversas, en términos de la tendencia de la acumulacióncapitalista (profundización del proyecto neoliberal) y de lasconfiguraciones del régimen político (fortalecimiento del auto-ritarismo), las posibilidades de la lucha por la democratización,en todo sentido, de la sociedad colombiana poseen actual-mente importantes desarrollos. Los evidentes signos de crisis ydescomposición del proyecto de la “seguridad democrática” pampa | 27 |
  25. 25. han abierto la opción para proyectos políticos alternativos en Colombia. El Polo Democrático Alternativo puede constituirse en esa opción. Ello dependerá en gran medida de sus propios desarrollos, de cómo sepa interpretar la dinámica de las luchas sociales y de clase, y de los contenidos que le imprima a la organización y la acción política. La posibilidad de alternati- vas políticas en Colombia no se agota en todo caso en una visión institucionalizada del poder, de “captura” del Estado; se encuentra también en el despliegue de la potencia del poder constituyente, en la producción de poderes contrahegemónicos dentro y fuera de la institucionalidad. | pampa BIBLIOGRAFÍA REFERENCIADA • ARCHILA NEIRA, MAURICIO, Idas y venidas. Vueltas y revueltas. Protestas sociales en Colombia 1958-2000, Bogotá, ICANH, CINEP, 2005 y Varios autores, 25 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000, Bogotá, CINEP, 2002. • BARREDA MARÍN, ANDRÉS, “Los peligros del Plan Puebla Panamá”, publicado en Estrada Álvarez, Jairo (compilador), Dominación, crisis y resistencias en el nuevo orden capitalista, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, Facul- tad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, Depto. de Ciencia Política, 2003. • BORÓN, ATILIO, “El mito del desarrollo capitalista nacional en la nueva coyun- tura política de América Latina”, Argenpress, 2007. • DUQUE, MARTHA ALICIA, “La agenda oculta geoestratégica de la integración USA”, en Documentos Desde abajo, Bogotá, 2006. • ESTRADA ÁLVAREZ, JAIRO (editor), Plan Colombia. Ensayos críticos, Bogotá, Uni- versidad Nacional de Colombia en 2001. • (editor) El Plan Colombia y la intensificación de la guerra. Aspectos globales y locales, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 2002. • FORGIONE, FRANCESCO, “Organizaciones criminales y capitalismo globalizador. Reflexiones a partir de la experiencia italiana”, en Jairo Estrada Álvarez (comp.), Sujetos políticos y alternativas en el actual capitalismo, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, Fac. de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, 2003. • GANTIVA SILVA, JORGE, “El proceso de unidad y las perspectivas del PDA. ¿Qué izquierda construir?”, en Revista Espacio crítico, no. 6, 2007, en www.espa- ciocritico.com • GAVIRIA, JOSÉ OBDULIO, Sofismas del terrorismo en Colombia, Bogotá, Planeta, 2005.| 28 | pampa noviembre 2007 | nro.3
  26. 26. pampa extendida• www.ccydel.unam.mx/PensamientoyCultura/PensaresyHaceres/Movimientos_jaramillo.html• KATZ, CLAUDIO, “Socialismo o neodesarrollismo”, Rebelión, 2006, tomado de www.rebelion.org• KOHAN, NÉSTOR, “La gobernabilidad del capitalismo periférico y los desafíos de la izquierda revolucionaria. Crisis orgánica y revolución pasiva: el enemigo toma la iniciativa”, Argenpress, 2006• MONCAYO, VÍCTOR MANUEL, El leviatán derrotado. Reflexiones sobre teoría del Estado y el caso colombiano, Bogotá, Grupo Editorial Norma, 2004• PALACIO, GERMÁN y ROJAS, FERNANDO, “Empresarios de la cocaína, parainstitu- cionalidad y flexibilidad del régimen político colombiano: Narcotráfico y con- trainsurgencia en Colombia”, en Germán Palacio (compilador), La irrupción del paraestado. Ensayos sobre la crisis colombiana, Bogotá, ILSA, CEREC, 1989.• PIZARRO-LEONGÓMEZ, EDUARDO, “Las FARC-EP: ¿repliegue estratégico, debilita- miento o punto de inflexión”, en Varios autores, Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en Colombia, Bogotá, Grupo Editorial Norma, Universidad Nacional de Colombia, Instituto de Estudios Políticos y Relacio- nes Internacionales, 2006.• SÁNCHEZ ÁNGEL, RICARDO, Bonapartismo presidencial en Colombia. El gobierno de Álvaro Uribe Vélez, Bogotá, Uniediciones, 2005• STOLOWICZ, BEATRIZ, “La izquierda latinoamericana y las encrucijadas del presente”, México, D.F., 2006 (mimeo). pampa | 29 |
  27. 27. Los Olímpicos All the Olympians; a thing never known again. W.B.YEATSA veces me gusta pensarque puedo pararme una vez másfrente a mi vieja casa.Sí. Acá está la inmensa puerta verde.Nunca estaba con llavey se abría empujándola un poco.Tal cual. Se abrió.Ahora camino por el largo pasillomientras me siguen, haciendo equilibrio por el muro,los gatos de nuestros vecinos.La segunda puerta es de metaly detrás de ella se abre el patio,las macetas con sus plantas,y las altas piezasdonde se distribuíanel comedor y los dormitorios.Sentada a la mesa, mi familia intactame espera para comer.Mientras charlan y se sirven los platos,es obvio que decidieron pasar por altoque ya tengo 40 añosy que desentono con estas ropas infantiles.Yo tampoco les digoque sé cómo van a terminaralgunos de ellos.Para qué envenenar el almuerzo.Después,se desperdigan a la marchantahacia las piezas del fondo.
  28. 28. por FABIÁN CASASInquieto como siempre,a grandes zancadas,mi papá atraviesa el patio.¡Tiene una gorra hecha con papel de diario!¡Cómo me pude olvidar de eso!Salgo a la calle,la remera de banlon me pica en el cuelloy los jeans con remiendos en las rodillasse sienten estrechos. Ahí, esperándome,brillosos bajo el sol primaveral, están mis amigos.Cuando me ven, abren el círculo de su corazónpara que me pueda sumar. Sí, son ellos.Bien protegidosen las bajas temperaturas del inconsciente,están exactamente como los dejé:sobre la vereda de los setentarien los olímpicos de Boedo;algo que no se volvió ver.
  29. 29. primavera 07 LOS TEXTOS que siguen debieron ser escritos en prima- vera. Lo fueron, en rigor de verdad, si es que el calen- dario es todo lo que cuenta para establecer coordena- das, para situar pertenencias temporales. Sin embargo y, a pesar de esa euforia fértil y un poco altisonante que campea por estos tiempos, han decidido ser empeñosamente sombríos, han decidido ampararse, para su bien, de ese calorcito tenue pero firme que los primeros albores estivales prometen, a veces con candor, a veces con malicia. No es que no alienten el optimismo, ni que rechacen la buena nueva o el sosiego. Pero resulta que son, al menos, desconfiados, y eso los obliga a correrse un poco, a espiar de costado, a esquivar eso que la mirada diáfana y pletórica de sol celebra y enarbola. Obstinados, insisten en señalar eso que, al menos a ellos, los incomoda y que aspiran a constituir en una falla, una dis- continuidad, una malformación. Claro que sienten esa comezón tibia del calorcito prematuro, pero ellos prefieren el fresco seco de la penumbra, concientes de que, a veces, tanta luz, enceguece.| 32 | pampa noviembre 2007 | nro.3
  30. 30. Para la crítica de la democracia política* por MARIO TRONTI Creo que precisamente ha llegado el momento de pasar a una crítica de la democracia. Estos momentos llegansiempre, llegan cuando las condiciones objetivas del tema seencuentran con las disposiciones subjetivas de quien lo mira,lo analiza. Ha madurado bajo este terreno un camino de pen-samiento, que creo que lleva hoy a aprehender la crisis detodo un aparato práctico-conceptual. Porque cuando decimosdemocracia decimos esto: institución más teoría; constitucióny doctrina. Y aquí, bajo estos términos, se instaura un vínculomuy fuerte, un nudo. Un nudo que no ata solamente estructu-ras político-sociales y tradiciones fuertes de pensamiento –lasde la democracia son siempre tradiciones de pensamiento fuer-tes, incluso si la deriva de la práctica de la democracia mues-tra hoy un terreno débil–, sino que se estrecha también al inte-rior de unas y de otras, de las estructuras prácticas y de las tra-diciones de pensamiento. Porque se estrechan en la democra-cia, en su historia, una práctica de dominio y al mismo tiempoun proyecto de liberación, que se presentan siempre juntos,copresentes. En algunos períodos –períodos de crisis, de estadode excepción– estas dos dimensiones se enfrentan, en otros–como en el actual, un estado fundamentalmente de normali-dad– se integran. Y estas dos dimensiones, práctica de dominioy proyecto de liberación, no son dos caras de la democracia,son una sola cara, bifronte. A veces, precisamente, se ve másuna, otras veces se ve más la otra, según cómo la relación defuerza entre lo alto y lo bajo de la sociedad se instaura, sedimensiona, se constituye. Creo que en este punto la relación * Extraído de Guerra yde fuerza se ha desequilibrado de tal manera hacia un lado –el democracia, Ed.lado adverso a nosotros– que no se ve más que una sola cara. Manifiesto libri, Roma, 2005.Este es el motivo por el cual la democracia no es más lo mejor Traducción dede lo peor, sino que es lo único que existe. Emilio Sadier. pampa | 33 |
  31. 31. Cortar el nudo Si este es el nudo, mientras en el pasado hemos intentado desatarlo, ahora me parece que ha llegado el momento de cor- tarlo. Y sobre esto, entonces, se dimensiona la crítica de la democracia, y asume un carácter muy radical. Esta específica crítica de la democracia que aquí presento tiene un padre, el obrerismo, y una madre, la autonomía de lo político. Y es una hija mujer, porque el pensamiento y la práctica de la diferencia han anticipado esta crítica con la puesta en cuestión del univer- salismo del demos, que es la otra cara del carácter neutro del individuo, y con aquel “no crean que tienen derechos” que no es más dirigido al individuo, sino al pueblo. Existe en la demo- cracia una vocación identitaria hostil a la declinación de cual- quier diferencia, y a cualquier orden de la diferencia. Tanto el demos como el kratos son entidades únicas e unívocas y no duales, no escindidas y no escindibles. La democracia, como es sabido, presupone una identidad entre soberano y pueblo: pue- blo soberano, soberanía popular, como dice la doctrina. A esta identidad entre soberano y pueblo se ha respondido, en el siglo XIX y luego sobre todo en el XX, con una suerte de espíritu de escisión dado por la sociedad dividida en clases, que ponía el dedo en la falsedad ideológica de esta identidad, mejor dicho, ponía en crisis precisamente su estructura conceptual. En esa fase la misma división de los poderes, dentro de un aparato que intentaba el gran pasaje del liberalismo a la democracia y luego a la conjunción de liberalismo y democracia, se ha revelado, precisamente, como una máscara, máscara de unidad del poder en manos de una clase. Es desde aquí que se necesita volver a partir para seguir, genealógicamente, el camino de conclusión [CLAUSURA] de la democracia, en el pasaje del pensamiento a la historia. Hablo de la democracia real, en el mismo sentido en que se ha podido hablar del socialismo real. El socialismo real no indicaba una realización particular del socialismo que dejaba abierta la posibilidad de otro socialismo, aquel ideal, porque el socialismo se ha encarnado de tal forma en aquella realiza- ción que ya no existe una recuperación posible del orden sim- bólico que era evocado por esta palabra; no es posible despe-| 34 | pampa noviembre 2007 | nro.3
  32. 32. primavera 07garla de la realidad que la ha encarnado. Lo mismo me pareceque se puede decir de los sistemas democráticos contemporá-neos, que no deben ser leídos como la “falsa” democraciafrente a la cual sabríamos o deberíamos tener un “verdadera”democracia, sino como la adaptación de la forma ideal, oconceptual, de democracia: también en este caso, es imposi-ble salvar este concepto de su efectiva realización. Y, al con-trario de lo que se piensa, hoy –no en el pasado, no en sus teo-rías, sino en esta realización– la democracia se ha vuelto unaidea débil. Tanto es así que “democracia” es un sustantivo quenecesita siempre adjetivos calificativos; efectivamente, hoy sedice democracia liberal, democracia socialista, democraciaprogresista, incluso democracia totalitaria. La democracia tiene problemas con la libertad. Si es verdadque la democracia real se configura como democracia-liberal,y que ésta ha sido finalmente la solución victoriosa, es preci-samente este binomio que ata juntos libertad y democracia loque debe ser atacado críticamente. Se trata de descomponer ycontraponer los dos términos –libertad versus democracia–porque tanto la democracia es identidad como la libertad esdiferencia. Entonces, el problema de la democracia debe serabordado desde dos lados: una crítica desconstructiva de lademocracia tiene que acompañarse de una teoría construc-tiva, o sea, una teoría fundadora o refundadora de la libertad,del concepto o de la práctica de la libertad.Schmitt y Kelsen Me meto en el siglo XX, pongo los pies en aquel siglo ydesde allí miro hacia atrás y hacia delante y de allí no memuevo y no tengo intención de moverme. Entonces sobre estetema los autores que vuelven a mí son Kelsen y Schmitt, queextrañamente en el mismo período –Kelsen en el ’29 en Lademocracia y Schmitt en el ’28 con La doctrina de la consti-tución– si bien opuestos por completo se unen en el fondo enla crítica de la democracia, o mejor en el develamiento delenigma democrático. Kelsen dice: “La discordancia entre lavoluntad del individuo –punto de partida de la exigencia de pampa | 35 |
  33. 33. libertad– es el orden estatal, que se presenta al individuo como una voluntad extraña e inevitable. La protesta contra el dominio ejercido por uno que es similar a nosotros, lleva en la conciencia política a un desplazamiento del sujeto del dominio que es inevitable incluso en un régimen democrá- tico, vale decir, lleva a la formación de la persona anónima del estado. El imperium parte de esta persona anónima, no del individuo como tal, de esta persona anónima del estado. Las voluntades de las personalidades individuales liberan una misteriosa voluntad colectiva y una persona colectiva hasta mística”. Análogas son las consideraciones de Schmitt: “La democra- cia es una forma de estado que corresponde al principio de identidad; es la identidad de los dominados y de los dominan- tes, de los gobernantes y de los gobernados, de aquellos que mandan y de aquellos que obedecen. Y la palabra identidad es útil en la definición de la democracia porque indica la completa identidad del pueblo homogéneo, este pueblo exis- tente con sí mismo en cuanto unidad política sin más necesi- dad de ninguna representación, porque precisamente se auto- rrepresenta”. Es sobre esta autorrepresentación que la demo- cracia se vuelve un concepto ideal, porque indica, dice Sch- mitt, “todo lo que es ideal, todo lo que es bello, todo lo que es simpático. Identificada con el liberalismo, con el socia- lismo, con la justicia, la humanidad, la paz, la reconciliación de los pueblos, entre los pueblos”. La democracia –decía otra bella frase de Schmitt– “es uno de esos complejos peligrosos de ideas en que no se pueden más distinguir los conceptos”. Aquí está, este es el enigma democrático. El punto es por lo tanto la democracia no como forma de gobierno sino como forma de estado, aquella cosa que se lla- maba estado democrático, que ha tenido una evolución en el siglo XX bajo el maridaje entre revolución obrera y gran crisis, relación decisiva para la historia posterior del capital así como vive hoy a nivel mundial. A través del estado social ha exis- tido una suerte de gradual proceso de extinción del estado, no completado pero en esta fase en un buen punto, acelerado además por los procesos de globalización. El análisis de la red del dominio mundial confirma este pasaje.| 36 | pampa noviembre 2007 | nro.3
  34. 34. primavera 07 Una tesis que deseo sostener es que el capitalismo, a medidaque se desarrolla, se vuelve cada vez más y cada vez menossociedad burguesa. “La sociedad burguesa” parece un términovencido, obsoleto, pero creo que tiene un retorno de extremaactualidad. Precisamente en el sentido en que ha partidocomo bürgerliche Gesellschaft, o sea como sociedad civil ysociedad burguesa al mismo tiempo. Toda la reciente historiadel siglo XX, luego de los años ’70 del movimiento y del femi-nismo, y todo lo acontecido como respuesta a ellos, se puedeleer en la clave de una recuperación de la hegemonía capita-lista a través del retorno de la figura del burgués. Hasta elhecho que caiga la distinción-contraposición entre bourgeoisy citoyen, porque este último es recuperado en aquel. Es elencuentro, esto sí de características memorables, entre homooeconomicus y homo democraticus. Los espíritus capitalistashan hecho propio a este sujeto que es el animal democraticum.Existe esta figura ya dominante, el burgués-masa, que es elverdadero sujeto interno a la relación social. No podrá existiruna real y eficaz crítica de la democracia sin una gran inmer-sión antropológica, antropología social pero también antropo-logía individual, también aquí en el sentido del pensamiento-práctica de la diferencia.Imaginario neocons Y aquí es necesario dar mucha importancia al imaginario ya lo simbólico. Mucho se juega en este terreno, hay que vercómo es jugado en este terreno el mito que retorna –y regresade los EEUU hacia nosotros– de la sociedad de propietarios.Viene precisamente desde la Norteamérica de Bush y de losneocons, desde este interesante episodio de revolución con-servadora que es muy preciso tener bajo observación. Por otraparte, la democracia es siempre “democracia en América”; ylos EEUU han siempre exportado la democracia con la guerra.Nos maravillamos que lo hagan ahora, pero lo han hecho siem-pre, incluso en Europa. Al contrario de cuanto se siente alrededor, sobre todo en laopinión común progresista, niego que la fase actual tenga una pampa | 37 |
  35. 35. centralidad en la guerra. Me parece que este énfasis actual en la dicotomía paz-guerra es totalmente desmesurado. Las gue- rras viven todas en los confines del imperio, en sus fallas crí- ticas, pero el imperio a su interior está viviendo una nueva paz, no sé si será incluso la de los cien años. Y es en esta con- dición de paz interna y guerra externa que la democracia no sólo vence sino que aplasta. Para entender su potencia es necesario definir su base de masas. La democracia de hoy no es el poder de la mayoría sino el poder de todos. Es el kratos del demos, en el sentido de que es el poder de todos sobre cada uno. Porque es precisamente el proceso de homologa- ción, de masificación de los pensamientos, de los sentimien- tos, de los gustos, de los comportamientos, lo que se expresa en esa potencia política que es el sentido común. El sentido común, cuando se vuelve de masas y se encuentra con el buen sentido y construye este orden simbólico democrático, hace verdadero un poco eso que decía Marx cuando sostenía que la teoría se vuelve una fuerza material cuando es apoderada por las masas: también el sentido común se vuelve fuerza material cuando se hace masa. Y esta masa se reúne y se reu- nifica no tanto alrededor de los bienes como de los valores, y es necesario lograr definir y entender cómo podría resquebra- jarse esta forma de masa. Porque el cuerpo del rey al menos era doble, porque había aun sacralización del poder. Hoy, en cambio, con la seculari- zación del poder, el cuerpo del pueblo es único, y unívoco. (...) Veo en resumen esta suerte de biopolítica de masas, en la cual la singularidad es concedida en lo privado pero es negada en lo público. Ese común del que se habla hoy, ese en-común parece ya estar totalmente ocupado por esta suerte de autodic- tadura, por esta especie de tiranía sobre sí mismo que es la forma contemporánea de esa genial idea moderna que ha sido precisamente la servidumbre voluntaria. Luego de la decaden- cia de las gloriosas jornadas de la lucha de clases, no ha ven- cido ni el gran burgués ni el pequeño burgués que hemos siempre odiado. Ha vencido el burgués medio. La democracia es esto: no es la tiranía de la mayoría, es la tiranía del hombre medio. Y este hombre medio hace masa dentro de la catego- ría nietzscheana de los últimos hombres.| 38 | pampa noviembre 2007 | nro.3
  36. 36. primavera 07 La democracia es antirrevolucionaria porque es antipolítica.Existe un proceso de despolitización y neutralización que lainvade, que la empuja, que la estabiliza. Y esta antipolítica dela democracia es el punto que tomo como filiación de todaaquella fase que he llamado “la autonomía de lo político”. Porotra parte, leo empíricamente este dato en la conquista y en lagestión del consenso con el que luego prácticamente se iden-tifican los sistemas políticos contemporáneos. Ya los llamo nosistemas políticos sino sistemas apolíticos. La sociedad occi-dental está dividida no ya en clases, en aquella antinomia delpasado, sino en dos grandes agregaciones de consenso, deigual consistencia cuantitativa: en todos los países occidentaleseste consenso, de los EEUU a nosotros, cuando se hacen lascuentas finalmente resulta 49 a 48, o 51 a 50. El consenso, ensuma, es dividido en dos, ¿por qué? Porque por un lado existenpulsiones burguesas reaccionarias, y por el otro pulsiones bur-guesas progresistas. Pulsiones, esto es reflejos emotivos, imagi-narios simbólicos, todos movidos y gobernados por las grandescomunicaciones de masas. Por un lado el conservadurismocompasivo, por el otro lo políticamente correcto. Estos son losdos grandes bloques, la alternancia de gobierno que ofrecen lossistemas apolíticos democráticos.Crítica elitista En esta condición no hay posibilidad de ser ni de hacermayoría. Es necesario afirmarse en una condición de minoríafuerte e inteligente. Desde hace tiempo vengo sugiriendo, singran escucha, la necesidad de revisar la gran estación teórica delos elitistas. Ellos son los únicos que han formulado una críticade la democracia antes de los totalitarismos. Y si esa crítica dela democracia hubiese sido tenida en cuenta, quizás unacorrección de los sistemas democráticos no habría permitido laera de los totalitarismos. La de los elitistas fue una crítica de lademocracia no desde el punto de vista del absolutismo. Aquí, en este punto, la filiación en cambio es la del obre-rismo, y paso a aclarar esta afirmación que no parece clara.Pensando y repensando, me parece entender que la clase obrera pampa | 39 |
  37. 37. ha sido la última gran forma de aristocracia social. Minoría a mitad del pueblo, sus luchas han cambiado el capitalismo pero no han cambiado el mundo, y la razón de esto está lejos de ser entendida, pero lo que se entiende bien es cómo el partido obrero se ha vuelto luego partido de todo el pueblo y cómo el poder obrero, allí donde ha existido, se ha vuelto gestión popu- lar del socialismo, perdiendo por esta vía la carga destructiva antagonista. Y esto ha sido uno, no el único, de los elementos que han hecho posible la derrota obrera. Concluyo, No sé si la multitud puede entenderse como una aristocracia de masas, si fuese así estos discursos irían en cierta medida a encontrarse y entonces esta obra de reconstrucción podría dar lugar a un nivel superior. Pero sé también que si las condiciones que hemos descrito permanecen, el sujeto se enma- raña dentro de esta red. Si la multitud permanece enmarañada en la red de la actual democracia real, creo que no logrará salir de modo resolutivo de la red del poder neoimperial. Una característica contemporánea del Imperio es efectivamente la de ser un Imperio democrático. Si no se ponen en crisis estas condiciones, el propio sujeto no conseguirá maniobrar políti- camente de manera eficaz, aquí dentro, con una red alterna- tiva, para otra posible ruptura histórica. | pampaMARIO TRONTIMilitante del Partido Comunista Italiano durante los años cincuenta, fue fundador, junto con Raniero Pan-zieri, de la revista Cuadernos Rojos, de la que se separó en 1963 para fundar la revista Clase Obrera, dela que fue director. Este proceso lo llevó a alejarse del PCI y a fomentar la experirncia radical de lo queel denominó “obrerismo”. Tal experiencia, considerada por muchos la matriz de la nueva izquierda ita-liana de los años sesenta, se caracterizaba por poner en discusión las organizaciones tradicionales delmovimiento obrero –partido y sindicato– y conectarse directamente, sin intermediaciones, con la claseen sí y a sus luchas de fábirca. Influido filosóficamente por la obra de Galvano Della Volpe, que lo habíaalejado del pensamiento de Antonio Gramsci, o al menos de su versión oficial difundida por el PCI, Trontise dedicó como estudioso a la formulación de un pensamiento político que, uniendo la teoría con la prác-tica, renovase el marxismo tradicional y constribuyese a reabrir la vía revolucionaria en occidente.| 40 | pampa noviembre 2007 | nro.3
  38. 38. El or den democ rát ic o por EMILIO SADIER La pregunta de este ensayo parece simple: ¿Cuáles son,0. hoy, las condiciones de incorporación de la democracia–como concepto y como práctica– en el horizonte de un pro-yecto de transformación social? La pregunta parece simple –es simple, en realidad, aunquesea necesario explicitar sus elementos, en todos los casos expre-sivos de una posición precisa. El hoy –un tiempo, una época consus modos, tendencias, sentidos comunes; el horizonte –unespacio, o bien el punto que encontrándose con nuestra miradaayuda a definir un territorio de pertenencia y de acción; un pro-yecto de transformación social –es decir, una intencionalidadpolítica, en nuestro caso circunscripta y a la vez abierta a la posi-bilidad de que lo común se exprese y se potencie, individual ycolectivamente. Por último, y a tener en cuenta en tanto elemen-tos vertebradores, la democracia y sus condiciones: ambas inde-terminadas, lábiles, ambiguas –¿qué decimos cuando hablamosde “democracia”? ¿qué dice quién en cada caso en que la pala-bra “democracia” se pone en juego? ¿Cuál es la frontera entre“condición” y “condicionante”, entre posibilidad y límite? El hoy, Argentina 2007. Fin de la primavera, momento1. post-eleccionario. O bien, preludio de un verano. En todocaso, diciembre. Diciembre, en clave política, tiene múltiplesdeclinaciones en la historia reciente de nuestro país: es el mesen que se recupera la democracia, en 1983, con la asunciónde Alfonsín; quedando establecido el 10 de diciembre comola fecha de traspaso de mando del gobierno nacional –cosa queno llega a cumplirse en el ‘89–, hubieron también fines ycomienzos de mandato en 1995 –de Menem I a Menem II–, en1999 –de Menem II a De La Rúa–, y así quedará también en lahistoria este diciembre de 2007, con el cambio de mando de pampa | 41 |
  39. 39. Kirchner (que es Néstor) a Fernández (que es Cristina y también Kirchner, por razones civiles, que también políticas). Es el 9 de Diciembre de 1985 que se dictan las sentencias a los comandantes de la Junta Militar. Pero es también diciembre justo un año después, en la nochebuena del ‘86, que el Con- greso Nacional aprueba la Ley de Punto Final; al igual que las vísperas del fin de año de 1990, que son recordadas por la firma de los indultos que beneficiaron a aquellos mismos comandan- tes de la dictadura. Ambivalencia de Diciembre, entonces. Hay, sin embargo, otros dos diciembre claves desde los que pensamos –o debería- mos pensar– la relación entre democracia y proyecto de transfor- mación social. El primero es obvio, cercano, indiscutiblemente nuestro: decir 19 y 20 es sólo una condensación, posiblemente reduccionista, de lo que significó –y sigue significando, mal que le pese a muchos– ese diciembre del 2001, el conjunto de aquel año y los meses que se abrieron hacia el 2002. El otro Diciembre es quizás menos obvio, seguramente porque es algo más lejano en el tiempo y fundamentalmente porque su constitución es en forma de negativo: porque diciembre de 1976 –más exactamente, el domingo 12– era la fecha elegida para rea- lizar elecciones generales. “El 24 de marzo de 1976”, dice Rodolfo Jorge Walsh en la Carta abierta de un escritor a la Junta Militar, “derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron”. Es significativo, ya que es bien conocida la puntillosidad con que redactó la carta, que Walsh no coloque la palabra “demo- cracia” en ella. En cambio –y en dos ocasiones–, “la posibilidad de un proceso democrático”: la democracia en proceso, frente al “Proceso de Reorganización Nacional”; democracia como posibilidad popular absoluta de remedio de los males sociales, más allá de gobiernos y mandatos transitorios. A no equivocarse: la de Walsh no es una oposición simple entre “democracia” y “dictadura”. Es la construcción de la demo-| 42 | pampa noviembre 2007 | nro.3

×