Abundancia: un año con el Ekeko / Abundance: a year with Ekeko / Ma mara Iqiqumpi wali utjiriniña
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Abundancia: un año con el Ekeko / Abundance: a year with Ekeko / Ma mara Iqiqumpi wali utjiriniña

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A trilingual legend in English, Spanish and Aymara about Ekeko, the Andean god of abundance. Published through the Yerba Mala Cartonera in El Alto, Bolivia, 2010. ...

A trilingual legend in English, Spanish and Aymara about Ekeko, the Andean god of abundance. Published through the Yerba Mala Cartonera in El Alto, Bolivia, 2010.

Una leyenda trilingue en ingles, castellano y aymara sobre el dios andino de la abunduncia, el Ekeko. Publicado por el editorial cartonera Yerba Mala en El Alto, Bolivia, 2010.

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Abundancia: un año con el Ekeko / Abundance: a year with Ekeko / Ma mara Iqiqumpi wali utjiriniña Document Transcript

  • 1. APRIL POJMAN Ma mara Iqiqumpi wali utjiriniña Abundancia: un año con el Ekeko Abundance: a year with Ekeko
  • 2. © April Pojman, 2010 © Editorial Yerba Mala Cartonera de Bolivia, 2010 Proyecto social cultural y comunitario sin fines de lucro. yerbamalacartonera@gmail.com http://yerbamalacartonera.blogspot.com Tel. 737 19741 706 70956 Traducciones: Aymara– Academia Boliviana de Lenguas Nativas, Castellano – April Pojman & Gabriel Llanos, Ingles– April Pojman (original) Ilustraciones: Sofia Chipana Calle Proyectos análogos: Eloísa Cartonera (Argentina), Sarita Cartonera (Perú), Animita Cartonera (Chile), Ediciones la Cartonera (México), Dulcinéia Catadora (Brasil) ______________________________________________________ Derechos exclusivos en Bolivia Hecho el depósito legal: 3-2-1109-08 Impreso en Bolivia ______________________________________________________ 2
  • 3. índice WILLKI: 5 Aymara 6 Castellano 7 English 8 T’AQAYA: 9 Aymara 10 Castellano 11 English 12 PHAWAWI: 13 Aymara 14 Castellano 15 English 16 THALARI: 17 Aymara 18 Castellano 19 English 20 AWTILA: 21 Aymara 22 Castellano 23 English 24 SATAWI : 26 Aymara 27 Castellano 28 English 29 LAPAKA: 30 Aymara 31 Castellano 32 English 33 3
  • 4. KUTILI: 35 Aymara 36 Castellano 37 English 38 CHINU-LA: 40 Aymara 41 Castellano 42 English 43 QHOLLIWI: 45 Aymara 46 Castellano 47 English 48 ACHOQA: 49 Aymara 50 Castellano 50 English 51 QALLUCHI: 52 Aymara 53 Castellano 54 English 55 LLAMAYU: 57 Aymara 58 Castellano 59 English 60 Q’ASI-WI: 62 Aymara 63 Castellano 64 English 65 4
  • 5. 5 12 enuJ :yad tsal dna tsrif 12 oinuj :aíd omitlu y remirp 12 a q a ’ t aram :ipmuru apihq pmuru riyan WILLKI
  • 6. 6
  • 7. El pensamiento en otra cosa Por Wendell Barry 1. Otro lugar! suficiente para hacerme sufrir - el viejo sueño de ir, de convertirme en un hombre mejor sólo por levantarme e ir a un lugar mejor. 2. El misterio. El viejo, inexplicable despliegue. Los árboles de hierro en el parque de pronto recuerdan los bosques. Se hace posible pensar en ir 3. un lugar donde el pensamiento puede tomar su forma tan silencioso en la mente como el agua en una jarra, o un hombre puede estar sin pensar, sin peligro -Ver el día comenzar e inclinarse hacia atrás, una vigilia simple, rellena perfecta: los espacios entre las hojas. 7
  • 8. The Thought of Something Else By Wendell Barry 1. Another place! it’s enough to grieve me— that old dream of going, of becoming a better man just by getting up and going to a better place. 2. The mystery. The old unaccountable unfolding. The iron trees in the park suddenly remember forests. It becomes possible to think of going 3. —a place where thought can take its shape as quietly in the mind as water in a pitcher, or a man can be safely without thought —see the day begin and lean back, a simple wakefulness filling perfectly the spaces among the leaves. 8
  • 9. 9 91 yluJ -22 enuJ :elcyc launna eht gnitrats 91 oiluj -22 oinuj :launa olcic le odneipmor 91 ituk aklliw -22 a q a ’ t aram T’AQAYA
  • 10. 10
  • 11. Se ha perdido de nuevo. El viejito, en la última comunidad, dijo que el desvío al siguiente pueblo se encuentra un poco más allá, junto a la apacheta a mano derecha, justo después de la gran piedra que des- cansa en una hoyada. Eso fue hace cuatro días. Ahora, el bulto en su espalda pesa casi nada, su carga de felicidad y bienestar se agota, masti- ca lo último de su coca, no hay señal de vida excepto el pequeño pájaro, que de vez en cuando oye piar en la distancia, que nunca logra ver. El Ekeko está preocupado. Persevera, camina lentamente, intenta distinguir un sendero en el inhóspito altiplano, trata de no pensar cosas malas del viejito, al mis- mo tiempo, espera, trata que aquella canción de cumbia villera, que ha- bía escuchado hace mucho tiempo, no quede clavada en su cabeza como banda sonora de su muerte, de aquella muerte que se perfila lenta en las montañas. Para evitar eso se concentra en hacer de su respiración un círculo ininterrumpido entre inhalación y exhalación. Después de varios kilómetros, cuando su mente ya no puede mantenerse ocupado con la respiración, empieza a contar sus pasos: uno… uno, dos… uno, dos, tres… así sucesivamente hasta llegar a diez y después al revés hasta volver a comenzar. Horas más tarde, el cielo oscurece, el pueblo todavía está perdi- do. El Ekeko recolecta pasto seco y palos pequeños, debilitado ya, para encender una fogata y calentar agua, y un poco de hierba t’ako, que en- contró. Mientras toma el mate, baja las orejeras de su chullu y se fija que la vía láctea está transparente. Suspira con alivio. Por lo menos, mañana, no lloverá, piensa antes de hundirse en un sueño espeso y ago- tador. Sin esperar para escuchar las estrellas chismear entre si. 11
  • 12. He is lost again. The old man in the last village had said the turn off to the next town was “a little bit further ahead, next to the pile of rocks on the right side, just past the big boulder resting in the dip in the land.” That was four days ago and now the cloth on his back weighs almost nothing, his cargo of happiness and well-being is exhausted, the last of his coca already chewed, and there is no sign of life except for the occasional small bird he hears twittering in the distance but never manages to catch a glimpse of. Ekeko is getting worried. He plods on, picking out a path among the bleakness of the altiplano, trying not to think angry thoughts at the old man and hoping equally hard that a cumbia villera song won’t get stuck in his head as the soundtrack for his slow demise in the mountains. Instead he focuses on making his breath an unbroken circular motion with no pauses between the in- breath and the out-breath. Many miles later when that no longer works to keep his mind occupied, he counts his steps 1 then 1, 2 then 1, 2, 3 and so on up to 10 and back down again. Hours later it’s dark and Ekeko is still no closer to finding a village. He weakly collects dried grass and the occa- sional small branch to start a fire and heat some water and t’ako herb he chanced across. He drinks his tea, pulls the ear- flaps of his hat down as far as they will go and notices the transparent milky way with relief “at least there will be no rain tomorrow” he thinks before dropping into an exhausted sleep, thick with despair, without even waiting to listen to the stars chatter among themselves. 12
  • 13. 13 61 tsuguA -02 yluJ :wollaf dnal eht gnivael 61 otsoga -02 oiluj :ohcebrab ne arreit al odnajed 61 isxahp nakal -02 ituk aklliw PHAWAWI
  • 14. 14
  • 15. Con el ruido de pequeños insectos, que cavan la tierra a su alre- dedor, cae en su mundo de ensueños. Un pájaro rectangular inmenso se eleva arriba de él. El Ekeko emite una cautelosa llamada, ¿quién eres, qué quieres? El ave lo observa con silencio y curiosidad y se acerca. El Ekeko se fija en el cuerpo negro, las rayas blancas en las alas y patas; y los pies de color gris. No sabe si tener miedo o encontrar alivio a su so- ledad. El ave se acerca más y el Ekeko ve que su cabeza sonrosada es calva, que un suave y esponjoso collar de plumas blancas rodea su cue- llo; y que un pico negro con una punta de color crema, adornan su faz. El ave aterriza tan cerca del Ekeko que, éste, se ve reflejado en sus ojos negros. El Ekeko se da cuenta que es más delgado que de cos- tumbre y que tiene un aspecto decididamente descuidado. Tengo mu- chas ganas de un poco de paz y tranquilidad en mi vida, especialmen- te en lo que se refiere a las horas de comer, piensa para sí mismo. Su mente divaga. Ve una pequeña casa de adobe en un valle verde junto a un arroyo; ve chacras y a varias personas limpiándola, preparándola para la siembra; se ve a si mismo guiando a dos bueyes; y finalmente ve como las piedras dispersas en toda la parcela se van con- virtiendo en papas, exhibiendo, de esa manera, su abundancia, abundan- cia que hace gruñir su estómago tan fuerte, que lo saca de ese mundo y lo sitúa frente al pájaro que lo observa con curiosidad. Una chispa de reconocimiento pasa entre ellos. el Ekeko se da cuenta que el ave ha venido a ayudarle a viajar, a soñar, y mucho después, a morir en paz. 15
  • 16. With the sounds of small insects burrowing into the earth all around him, in his dreams an immense rectangular shaped bird soars overhead. Ekeko calls out to her warily, “who are you, what do you want?” The bird regards him with silent curiosity and circles closer. Ekeko notices her black body with white stripes on the wings, and grey legs and feet and doesn’t know whether to be afraid that the bird could eat him or to find relief in not being alone anymore. The bird glides nearer and Ekeko sees that her pink head is bald; she has a fluffy white feathered collar, and a black beak with a cream colored tip. She lands so near that Ekeko sees himself reflected in her black eyes, he notices that he is thinner than usual and has a decidedly unkempt look about him, “I’m looking forward to settling down to some peace and predictability in my life, especially around meal times” he thinks to himself. His mind wanders off to a small adobe house in a green valley next to a stream, in the fields there are several people clearing the fallow land to prepare it for planting after a sea- son of rest. As he looks closer he sees himself guiding a team of two oxen over the fields, and closer still he sees the stones that are scattered throughout the plot turn to potatoes in a display of abundance that makes his stomach growl so loudly that it brings him back to the bird staring at him curiously. A flash of recognition passes between them and Ekeko knows then that the bird has come to help him to travel, to dream and much later, to die peacefully, without attachments or re- grets. 16
  • 17. 17 31 rebmetpeS -71 tsuguA :dniw 31 erbmeitpes -71 otsoga :otneiv 31 isxahp atas -71 isxahp nakal THALARI
  • 18. 18
  • 19. El Ekeko despierta en la oscuridad, lentamente busca el pasto y da forma con él, al pájaro que ha soñado. Toca el piso para encontrar las plantas del tamaño y textura adecuada, cuando las encuentra, excava un pequeño agujero, agrega un poco de agua fría y de t'ako, sobrante de la cena, a la hierba para ablandar sus fibras. Demora para conseguir las proporciones de las alas y el cuerpo. Sus manos se adormecen con el viento frío y empieza a sentir el delirio del hambre, se desespera porque no logra crear la forma del ave que él recuerda Luego sujeta el pájaro de hierba en el viento para endurecer y fortalecer sus alas, lo coloca en una piedra en el este donde los primeros rayos del sol lo tocarán. Recoge un poco más de pasto seco para hacer una pequeña ofrenda a la nevada en la distancia, y después, enciende su última posesión, el aguayo con las plantas secas. A medida que arden en el viento se arrodilla y habla primero a la montaña y después al ave, por favor achachila, estoy perdido, tengo hambre y frío, por favor envíame esta ave para ser mi compañera, voy a honrar, respetar y aprender de ella. Cuando sale el sol sobre el borde del mundo, le dice al pájaro: por favor, venga a mí hermana, Cóndor, te necesito, me has traído una gran esperanza y juntos vamos a tener muchas aventuras. Después de la ce- remonia, los vientos soplan más fuerte y el Ekeko cae en un profundo sueño temblando y enroscado alrededor del pájaro de fibra. Se despierta a una nueva calidez, que es más de lo que el sol le podía dar, y encuentra el enorme pájaro cubriéndolo con un ala mientras duerme. El Ekeko se entera de que su nombre es María, rápidamente sube a bordo y el viento los levanta muy por encima de las nubes y las montañas al oeste. Pronto pasa sobre un paisaje de rocas recortadas y desmoronadas, luego sobre una ciudad extendida en una gran cantidad de idénticos azul y blanco, iglesias puntiagudas. Más tarde, la tempera- tura comienza a ser más cálida y la tierra se aplana. El Ekeko ve paisa- jes que nunca antes imaginó, y cada día cree que ha descubierto un lugar más hermoso que el anterior. Más allá de las montañas se encuentra con las olas de calor de los extensos desiertos poblados por lagartos, zorros, y pequeñas plantas leonadas. 19
  • 20. Ekeko awakes in the darkness and slowly searches for grasses that can be bent and tied to hold the form of the bird he dreamt. He feels around for plants of the right size and tex- ture, and when he finds them he digs a small hole, adds a lit- tle cold water to the grass to soften its fibers, and some t’ako left over from dinner the night before. It takes him some time to get the proportions of the wings and the body just the way he remembers them. His hands go numb in the cold wind and he starts to feel delirious with hunger before he is able to shape the figure just the way he wants it. He holds the grass bird in the wind to harden and strengthen her wings then places her on a rock in the east where the first rays of sun will touch her. He collects some more dried grass and herbs to make a small offering to the snowcapped mountain in the distance, and then lights his last possession; the cloth, with the dried plants. As they smolder in the breeze he sinks to his knees and speaks first to the moun- tain and then to the bird “please grandfather, I am lost, hun- gry, and cold, please send me this bird to be my companion; I will honor, respect and learn from her.” As the sun rises over the edge of the world, he says to the bird “please come to me sister Condor, I need you, you have brought me great hope and together we will have many adventures.” After the ceremony, the winds pick up and shivering, Ekeko falls into a deep sleep curled around the fiber bird. He awakens to a new warmth that is more than the sun could give him and finds the huge bird covering him with one wing while he dozes. Ekeko learns her name is Marie, quickly climbs aboard the bird and the wind lifts them far above the clouds and mountains to the west and down the oth- er side. Soon they pass over a landscape made of jagged crum- bly rocks and then over a sprawling town with lots of identical pointy blue and white churches. Later the temperature starts to get warmer and the ground flattens out. Ekeko sees land- scapes he never imagined before; each day he believes that he has discovered a place more beautiful than the last. Beyond the mountains he finds heat waves rising from expansive de- serts populated by lizards, small foxes, and stunted tawny plants. 20
  • 21. 21 11 rebotcO -41 rebmetpeS :htrae yrd 11 erbutco -41 erbmeitpes :aces arreit 11 isxahp atas akihc -41 isxahp atllaq atas AWTILA
  • 22. 22
  • 23. ≈ Después de varios días, la cosa más sorprendente aparece ante sus ojos. La arena se funde en un azul ondulado sin fin que parece des- vanecerse en el cielo. Como el dios de la abundancia, el Ekeko, había hecho una gran cantidad de prodigios pero nunca había soñado en llegar a un lugar tan impresionante. Vamos sobre el agua hasta el lugar donde se mezcla con el cielo, pide a María. Vuelan durante varios días y no- ches hasta que desaparece la tierra, y sin embargo nunca llegan más que a la orilla del cielo. Por las noches, las puestas de sol parecen intermina- bles y tanto el cielo como el agua están cubiertos en la misma sabana satín rosada. Una tarde las nubes empiezan a reunirse, y las lágrimas que caen de ellas, hacen que el cielo sea indistinguible del mar. El Ekeko y María se ven obligados a volver atrás, a pesar de su deseo de conocer el lugar de reunión entre el agua y el cielo. Él siente que hay muchas pre- guntas que siguen sin respuesta, pero al ver como el cielo y el mar se limpian y renuevan uno al otro, se da cuenta que el no saber hace un poco más fácil la incertidumbre. Regresan a la orilla y quedan ahí varios ciclos de luna, sólo para poder contemplar la inmensidad del paisaje. El Ekeko pasa horas interminables caminando por las playas, sintiendo como el agua fría trepa por sus piernas, recogiendo las conchas que se han refugiado de las olas en la arena, y sintiendo los ritmos del océano convertirse en parte de su ser. Finalmente, el Ekeko echa de menos el altiplano y la casa que un día serán suyos, aunque siente que todavía tiene mucho que aprender del mar. Se siente dividido por varios días y se entristece por la belleza que nunca más volverá a ver. 23
  • 24. Una noche, en sueños, María, el cóndor, le pregunta con ternu- ra: ¿Qué fue lo que te causó tanta tristeza? Aferrándose a ella, el Ekeko se lamenta: No puedo dejar atrás esa parte de mí que se ha con- vertido en océano, y al mismo tiempo no puede aguantar, más tiempo, estar lejos de las montañas. El cóndor le da una visión de un gran lago escondido en las montañas; el Ekeko mira con asombro y a continua- ción se echa a reír ante la sencillez de la idea y la alegría que ésta le provoca. Al día siguiente con la decisión tomada, María recoge un poco de mar plateado, en sus garras, y lo lleva al altiplano. Cuando se acercan a las montañas, el viento se hace más intenso y el agua se vuelve más y más pesada hasta que ya no puede llevarla. El líquido cae a la tierra ári- da y se convierte en un lago inmenso, tan grande que son necesarios cuatro días para cruzarlo. Casi de inmediato gruesas totoras empiezan a crecer en abundancia, lo suficientemente fuertes como para convertirse en perfectas y herméticas balsas. El Ekeko descubre que las cimas de las montañas hacen pequeñas islas cubiertas, de modo que pueda detenerse y contemplar el agua cada vez que él desea. Él decide vivir cerca por un rato hasta que la próxima aventura le llame desde lejos. ≈ After several days, the most amazing thing appears before their eyes. The sand melts into an endless undulating blueness that seems to fade right into the sky above. As the god of abundance Ekeko had caused a great many things to manifest but he had never dreamed that the condor could take him someplace that could fill him with such awe. "Let's go out over the water to the place where the blending with the sky occurs," he urges Marie. They fly for many days and nights until there is no sign of land on any side yet they never get any closer to the edge of the sky. In the evenings the sunsets seem to go on forever and both the sky and water are covered in the same pick satin sheet. 24
  • 25. One afternoon clouds begin to gather and then the tears falling from above make the sky indistinguishable from the sea. Ekeko and Marie are forced to turn back in spite of his longing to go to the meeting place between the water and sky. He feels there are many questions that remain unan- swered, but knowing how the sky and sea cleanse and renew each other makes the not knowing a little easier to bear. They go back to the shore and stay several moon cycles in order to contemplate the vastness of the landscape more fully. Ekeko spends timeless hours walking the beaches, feeling the cold water creep up his legs, picking up the shells that have taken refuge on the sand from the pounding waves, and feeling the rhythms of the ocean become part of his being. Eventually Ekeko begins to feel homesick for the alti- plano and the house that will one day be his, yet he feels he still has much to learn from the sea. He is torn and over sever- al days falls into mourning for the beauty he will never see again. One night in his dreams, Maria the condor asks tender- ly, "What has happened to cause you such sadness?" Clinging to her Ekeko laments "I can’t leave behind that part of me that has become ocean but can't bear to be away from the moun- tains any longer." The condor sends him a vision of a vast lake tucked high in the mountains; Ekeko stares in amazement then bursts out laughing at the simplicity of the idea and the joy it brings him. The decision made, the next day Marie collects up a bit of silver ocean in her talons to carry home. As they approach the mountains the wind becomes fiercer and the water grows heavier and heavier until she can no longer carry it. It falls to the arid ground and becomes a lake so immense it takes four days to cross. Almost immediately reeds begin to grow up in great abundance, thick and strong enough to weave into wa- tertight rafts perfect for navigating the water. Ekeko discovers the nearly covered mountain tops make small islands so that he can stop and contemplate the water whenever he desires. He decides to settle nearby for a little while until the next ad- venture calls him from afar. 25
  • 26. 26 8 rebmevoN -21 rebotcO :gnitnalp 8 erbmeivon -21 erbutco :rarbmes 8 isxahp kapal -21 isxahp atas akihc SATAWI
  • 27. 27
  • 28. El Ekeko mira a la gente, del pueblo que ha crecido cerca del lago, limpiar los canales de riego, ch’allar sus parcelas, preparar la tie- rra, tomar chicha en vasos de madera tallada en forma de toros, y cantar a las semillas. Se da cuenta que una pequeña ave ronda exhausta tras unas flores silvestres cercanas. Él llama al ave para preguntarle si se encuentra bien y el pájaro le responde: Estoy hambriento, déjame termi- nar mi desayuno y vengo a saludarte. Después de acabar con su frugal comida, el ave se acerca y el Ekeko siente una profunda alegría cuando comienzan a hablar. El pájaro pequeño sugiere dar un paseo para inves- tigar algunos movimientos que vio abajo, cerca del cementerio, y mien- tras vuela va bebiendo el néctar de las flores del camino. Encuentran un espectáculo curioso, el gentío rumbo al cemente- rio lleva cajas decoradas con flores y hojas de coca. El Ekeko se acerca más a la procesión, y el colibrí, Violeta logra ver lo que hay dentro de ellas. Cada caja contiene una calavera decorada. Hacen señas a una niña que vende coronas de flores, el Ekeko pide que les explique lo que están viendo. Hoy las calaveras regresan a su verdadero hogar para que cada uno pueda elegir con quién quiere vivir el próximo año. Una vez que se selecciona una familia, la calavera trabaja para proteger la casa de ladrones y en casos especiales pueda curar enfermedades, atraer una pareja a la vida, traer a los niños a un hogar, aumentar la cosecha o ayudar a una persona a ver el futuro, y así evitar desastres. ¿Puedo ser elegido a pesar de que no tengo hogar, todavía? pregunta el Ekeko con la esperanza de convertirse en alguien especial, en alguien importante y cuidado. Si usted está aquí, entonces, debe ser por una razón, le dice la niña y se da la vuelta para volver a sus coronas. El Ekeko y Violeta miran alrededor buscando una cartonera que les pu- dieran vender una caja antes de entrar al cementerio. Encuentran una en perfecto estado y, se unen a la multitud empujando y siendo llevados por la aglomeración hacía la iglesia. Mientras sus pies suenan en la pie- dra, el sacerdote rocía, a los asistentes y sus cajitas, con agua bendita antes de que salgan por la puerta lateral y creen sus santuarios indivi- duales alrededor del cementerio. 28
  • 29. Ekeko is watching the people in the town that has grown up near the lake clean the irrigation canals, bless the earth, prepare the fields, drink chicha from wooden cups carved in the shape of bulls, and sing to the seeds when he no- tices a miniature bird limply investigating the wild flowers nearby. He calls the bird over to ask if it is ok and the bird re- plies, “I’m ravenous, just let me finish my breakfast and I’ll come over and say hello.” In just a moment the bird perks up and zooms over to where Ekeko is sitting; in spite of its discon- certing inability to stay still for even a moment, Ekeko feels a deep joy when they speak together. The tiny bird suggests they go for a walk to investigate some movement he saw down near the cemetery and industriously drinks more nectar flow- ers along the way. They find a curious sight; people streaming towards the cemetery carrying boxes decorated with wreaths of flower petals and coca leaves. While Ekeko edges closer to the proces- sion, the hummingbird, Violet darts in for a closer look; what he reports back in a whisper surprises them both, “Each box contains a skull and is decorated with its name.” Beckoning to a girl selling wreathes, Ekeko begs her to explain what they are seeing. “Today the skulls come back to their real home so that each one can choose who it wants to live with for the next year. Once it selects a family, it works to protect their house from thieves and in special cases can cure sicknesses, attract a life partner, bring babies to a home, increase the harvest, or help a person see into the future to avoid disasters.” “Owwwh, can I be chosen even though I don’t have a home yet?” asks Ekeko with the bright promise of becoming someone special, protected and looked after. “If you are here then if must be for a reason,” the girl tells him before skipping back to her wreathes. Ekeko and Violet look around for a card- board recycler that could sell them a box before entering the cemetery grounds in preparation for being chosen. They find one a box in perfect condition and join the crowds pushing into the church. As their feet echo on the stone floors, the priest sprinkles each person and each skull with holy water before they leave by the side door to set up individual shrines around the cemetery. 29
  • 30. 30 6 rebmeceD -9 rebmevoN :enihsnus y yticracs 6 erbmeicid -9 erbmeivon :los y zesacse 6 isxahp ullaj -9 isxahp kapal LAPAKA
  • 31. 31
  • 32. El Ekeko pasea entre las familias y sus cajas, los que esperan ser elegido dejan coronas de flores, pétalos y coca; las familias que han tenido una mala cosecha el año pasado, y se han ido a dormir con ham- bre muchas noches, son los más prolíficos en regalar. Él mira a los ni- ños que limpian las tumbas y otros que oran por las almas perdidas a cambio de fruta y pan. Sin darse cuenta, parece que un lado del cemen- terio le llama, y poco a poco se da cuenta que el olor de las flores es más fuerte, eso mantendrá a Violeta cerca. Dando la vuelta en la esquina cerca a un conjunto de tumbas, se encuentra con una masa de personas silenciosas, esperando bendecir dos claveras en un nicho subterráneo especial. Curioso, el Ekeko se acerca para ver mejor, las dos calaveras apenas son visibles debajo de todos los pétalos e incluso algunas semi- llas que los devotos han dejado caer sobre ellos. La calavera de la izquierda se ilumina desde adentro como si hubiera una vela en ella, cuando le susurra el Ekeko a colibrí, la mujer por encima de ellos escucha y grita de alegría y consternación, ¡este pequeño ve el brillo resplandeciente! El Ekeko se sorprende de haber atraído la atención y trata de alejarse sin perturbar el solemne ambiente. Uno de los guardias le agarra y el Ekeko rápidamente mete Violeta den- tro de su chamarra antes de que se den cuenta de él. El guardia pone su palma sobre la boca de el Ekeko antes de que pueda pedir perdón, lo lleva rápidamente lejos de la multitud y le pregunta sagazmente sobre lo que vio: ¿De qué color era la luz, parpadeaba o era estable? En cuanto la mirada de sospecha se desvanece de la cara del guardia, el Ekeko se da cuenta de que ha visto algo que sólo los guar- dias realmente conocen en detalle. El hombre con el uniforme le infor- ma tranquilamente que había sido seleccionado por la calavera y le pre- gunta por su caja para recibirla al final del día. Cuando le entrega la ca- ja, el Ekeko siente el cálido resplandor que es derramado sobre si mis- mo y el colibrí. El guardia explica que puede llevarse a Ernesto, la ñati- ta, cuando el cielo comienza a apagarse. Antes de salir, el guardia le recuerda que debe comprar alcohol, cigarrillos y coca: No te olvides de alimentar a Ernesto cada semana sin fallar o más desgracias que bendiciones puede caer sobre tu casa. El Ekeko está de acuerdo, sabiendo que él también disfruta de estas cosas y por lo general tiene un buen suministro a la mano. Violeta ofrece recibir a Ernesto en su casa hasta que el Ekeko tenga un lugar permanente para mantenerlo. El Ekeko se da cuenta de que no está listo para instalarse en una casa todavía, sin embargo, se compromete a proporcionar las provi- siones necesarias para Ernesto. 32
  • 33. Ekeko wanders among the families displaying their boxes, those hoping to be chosen leaving wreathes, flower pet- als and coca in their wake; those families that had had a bad harvest last year, and had gone to bed hungry many nights are the most prolific in giving. He watches the children who work cleaning the graves and others that pray for lost souls in return for fruit and bread. Without realizing it he seems to be drawn to one side of the cemetery and slowly notices that the smell of flowers is stronger here so he knows that Violet won’t be far away. Coming around the corner of a set of tombs, he comes upon a silent mass of people waiting to bless two skulls in a special subterranean niche. Curious, Ekeko gently pushes his way through the legs in front of him to get a closer look; the two skulls are barely visible beneath all of the flower pet- als and even some seeds that the devoted have rained down on them. The skull on the left glows from within as though there were a candle in it, when Ekeko whispers this to humming bird, the woman above them overhears him and shrieks with delight and dismay, “this little guy sees the glowing sparkle!” Ekeko is surprised to have attracted attention and tries to back away without disturbing the reverent atmosphere any further. One of the guards scoops him up by the scruff and Ekeko quickly tucks Violet inside his jacket before he is no- ticed. The guard clamps a hand over his mouth before he can apologize, takes him quickly away from the crowd and ques- tions him efficiently about what he saw, “What color was the glow, did the light flicker or was it steady, how far did it radi- ate?” As the look of suspicion fades from the guard’s face Ekeko realizes that he’s seen something that only the guards really know the details of. The man in the uniform informs him quietly that he had been selected and asks for his box to prepare it to receive the skull at the end of the day. When he hands the box over to the guard, Ekeko feels the warm glow of his own specialness spilling over to coat hummingbird too. The guard explains that he can pick up Ernesto the skull when the light on the mountain in the south starts to dim. 33
  • 34. Before Ekeko leaves, the guard reminds him to buy some alcohol, cigarettes and coca before nightfall, “don’t forget to feed Ernesto each week without fail or more misfortune than good will befall your household.” Ekeko agrees knowing that he too enjoys those items and so he usually has a good supply on hand. Violet offers to host Ernesto at his house until Ekeko has someplace permanent to keep him. Ekeko realizes that he’s not ready to settle down just yet so he agrees to pro- vide the necessary supplies for Ernesto to live with humming- bird for the time being. 34
  • 35. 35 3 yraunaJ -7 rebmeceD :niar eht dna nus eht fo nruter 3 orene -7 erbmeicid :aivull al ed y los led onroter 3 atllaq aram -7 isxahp ullaj KUTILI
  • 36. 36
  • 37. A pesar de ser el dios de la abundancia, el Ekeko nota que le falta algo en su vida. Día a día, se siente vacío e insatisfecho. Inquieto camina sin rumbo por el vasto altiplano con sólo las pequeñas flores, la lluvia nueva, y las chispas de su fogata para acompañarle. Sentado una tarde, llega a comprender que lo que está sintiendo es soledad. Por su- puesto, tiene la compañía de la luna, que escucha las canciones de su quena. Pero últimamente sus canciones se han vuelto más como el vien- to, desesperado y solitario, y la luna mantiene su distancia. Lo que real- mente quiere, es una compañera, una amiga para explorar las montañas con él y para hacerle compañía por el resto de sus días. La noche siguiente sueña con una criatura grande de cuatro patas. Cuidadosamente graba todos los detalles del animal en su memo- ria. En la mañana, después de la sopa de papa de costumbre, apenas puede contener su emoción, se apresura hasta el lugar en las orillas del río que produce la mejor arcilla para la cerámica. El se esmera para for- mar una pequeña figura, se detiene a menudo para recordar los detalles de su sueño y disfrutar la sensación de la tierra suave en sus manos. Él la deja secar en los cálidos brazos del sol, luego la pinta con sedimentos finos de color marrón del fondo del río y le añade ojos profundos como ventanas a su alma. Con la arcilla sobrante crea un pequeño pájaro que también lo seca al sol, pero lo pierde en el río cuando el se voltea para lavar sus manos. Con ternura y cuidado lleva la figura, de cuatro patas, a la casa del yatiri que queda situada en el fondo del valle. Por favor, bendice esta pequeña criatura, le suplica a su amigo cuando él abre la puerta. El yatiri queda curioso, nunca había visto un animal con la espalda tan fuerte, pelo tan largo y ojos tan sabios. Ella va a proporcionar lana, leche, y me va a ayudar a llevar papas y leña, pero sobre todo será una compañera leal y fiable, explica el Ekeko. Sonriendo con asombro a la creación de su amigo, el yatiri reúne los materiales para la ch’alla. Colo- ca la pequeña figura en una hoja fina de corteza y la decora con pedazos de lana teñidas; rocía con mixtura, pétalos, hojas de coca, y un poco de vino. A continuación, registra el nombre del nuevo animal en su gran libro junto con la huella digital del Ekeko. En agradecimiento, el Ekeko deja, al curandero, algunas semillas pequeñas y redondas que crecen, con caras felices, en unas flores de color naranja. Regresa al altiplano y vuelve a su rutina sabiendo que ese animal, que el curandero había bau- tizado como llama, aparecería cuando esté lista. 37
  • 38. In spite of being the god of abundance, Ekeko notices something missing from his life. Day by day, he feels the emp- tiness and dissatisfaction burrow deeper into him, creating a bottomless pit. He restlessly roams the vast altiplano with on- ly small flowers, the new rain, and sparks from his cook fire for company. Sitting one evening, he comes to understand that what he is feeling is loneliness. Of course, he keeps the compa- ny of the moon, who listens to the songs of his quena. But late- ly his tunes have become more like the wind, desperate and lonely, and the moon keeps her distance. What he really wants, he decides, is a companion, a friend to explore the mountains with him and keep him company for the rest of his days. She comes to him the very next night in a dream, a large four-legged creature. He carefully etches every detail of the animal into his memory. In the morning, after the usual potato soup, he can barely contain his excitement as he hur- riedly makes his way to the spot on the riverbank that produc- es clay for the finest pottery. He painstakingly crafts a small figure, stopping often to close his eyes and recall the details of his dream and savor the sensation of the smooth earth in his hands. He lets her bask dry in the warm embrace of the sun then paints her with fine brown silt from the river bottom and adds deep soulful eyes. With the extra clay he creates a small bird that he also dries in the sun, but that gets washed away in the river and lost as he moves about. He tenderly carries the four-legged figure to the yatiri’s house in the lower valley. "Please bless this tiny creature," he pleads when his friend opens the door. 38
  • 39. The yatiri is curious; he has never seen an animal with such a strong back, long fur, and wise eyes. "She will provide wool, milk, and help to carry the potatoes and firewood but most of all she will be a loyal and dependable companion," Ekeko explains. Smiling in wonder at his friend's new crea- tion, the yatiri gathers the materials for the blessing ceremo- ny. He places the small figure on a paper-thin sheet of bark and decorates it with long bits of string dyed bright with plants; sprinkles of confetti, colorful dried petals, coca leaves, and a fragrant splash of wine. He says a few words and gently lays the offering over hot coals and smoldering sandalwood to be slowly consumed by the flames. He then registers the name of the new animal in his great book along with Ekeko’s thumb- print. In gratitude, Ekeko leaves the curandero some small round seeds that later blossom into orange flowers with happy upturned faces. He makes the journey home and returns to his days knowing that the llama, for that's what he had created, will appear when she is ready. 39
  • 40. 40 13 -4 yraunaJ :stna dna noitanillop 13 -4 orene :sagimroh y nóicazinilop 13 -4 atllaq aram CHINU-LA
  • 41. 41
  • 42. ≈ El Ekeko y la llama, Carmen pasan muchos meses felices pa- seando y conociendo lugares más y más distantes del altiplano. Llegan a una montaña que supera toda expectativa: tan grande como el cielo. La textura rugosa del pico se fusiona con las sedosas nubes. Sin entender por qué, la llama siente un profundo deseo de ver el amanecer desde la cima. Ella comienza a subir, mientras mira ansiosamente atrás para ase- gurarse de que el Ekeko la sigue. Pero en su prisa, y la necesidad de llegar a la cima, se va olvidando de su compañero de viaje. Carmen pronto desaparece detrás de la colina mientras el trepa deslizando y tro- pezándose con las piedras sueltas. Después de un rato, el Ekeko se sien- ta a descansar y al examinar las piedras con más cuidado, descubre lo que parecen ser hojas de pedernal cubiertas de cobre, como placas del- gadas de luz iridiscente. Voy llevar una a mi nueva casa para colocarla en el jardín y mantener las flores bien acompañadas durante las largas noches, piensa, mientras desliza una en su bolsillo. Caminando de nue- vo se siente fresco y corre detrás de la llama. Después de subir durante varias horas más, con sorpresa se da cuenta que aún el cansancio no le ha llegado. Cuando se oscurece y Carmen todavía no está a la vista, el Ekeko se prepara para dormir en un lugar protegido, entre dos rocas a una buena distancia de un hormiguero. Cuidadosamente recolecta finas ramas de unos árboles pequeños con corteza de color rojo para su foga- ta y busca hierbas y raíces para preparar un guiso. Después de la cena, mastica algunos frutos secos y reflexiona sobre el afán de la llama para llegar a la cima de la montaña, no sabia que el sol que le había secado en su primer día, le entro tan al fondo. El Ekeko cae profundamente en un sueño sin sueño y con una sonrisa en los labios, sabiendo que Car- men tiene la luna y la montaña para acompañarle. 42
  • 43. Se despierta con el alba y se prepara para subir de nuevo. Cuan- do se levanta, se percata que la pequeña piedra recogida estaba más pe- sada que antes. Confundido, decide dejarla encima de las grandes rocas y llevar a casa una piedra más pequeña. El sigue las pequeñas pero visi- bles huellas de la llama que se dirigen hacía la empinada ladera. Carmen llega a la cumbre y duerme profundamente esperando el primer rayo de sol. Se despierta en la madrugada y se frota la mejilla en el redondo vientre de la luna antes de volver a dormir. Más tarde, un cosquilleo sutil se desliza sobre ella y sabe que el sol pronto se levanta- rá. Ella tiembla añorando el toque dorado, recordando la calidez del día de su creación. Al salir el sol, primero se llenan sus ojos, a continuación se vierte a través de todo su cuerpo, enraizándola de esa manera a la tierra. La luz llena todas las grietas y espacios en su interior con tanta vida y felicidad que su aliento canta con alegría. Ella se arrima al sol y queda paralizada hasta que llega el Ekeko. Para celebrar su reunión, él decora las orejas de Carmen con borlas de lana roja. ≈ Ekeko and the llama, Carmen spend many long and happy months meandering and getting to know more and more distant parts of the altiplano. One day they find them- selves at the bottom of the most immense mountain they have ever seen. The peak is entirely lost in silky clouds and knows nothing of the rough texture of the land below. Without under- standing why, Carmen feels a deep desire to see the sunrise from the top. She begins to climb while glancing anxiously back to make certain that Ekeko is following. But in her haste and need to get to the top she almost doesn't care if he comes along. She soon disappears up the hill while he scrambles be- hind her, occasionally sliding and tripping over the loose rocks. After a bit, Ekeko sits to rest and examining the rocks more closely, discovers that they appear to be sheets of flint covered in copper, like thin slabs of iridescent sunlight. "I'll take one home to place in the garden of my new house and keep the flowers company during the long nights," he thinks, 43
  • 44. slipping one into his pocket. Starting up again he feels re- freshed and hurries after the llama. After climbing for several more hours, he notices with surprise that he is still not very tired. As it gets dark and Carmen is nowhere in sight, Ekeko prepares to make camp in a protected spot between two boul- ders at an auspicious distance from an anthill. For a fire he carefully collects thin branches from the small trees with the papery red bark and searches for edible grasses and roots for a stew. After dinner, he munches on some dried fruit and as he settles in for the night he reflects on the llama's eagerness to reach the top of the mountain. He hadn't realized that the sun that had dried her had penetrated so deeply and would call to her when given the opportunity. Ekeko drops into a deep dreamless sleep with a smile on his lips, knowing that Carmen has the moon and the mountain for company. He wakes at dawn and prepares to climb again. When he picks up the small rock he had collected, he discovers with surprise that it has become extraordinarily heavy. His brow furrows in confusion as he decides to leave it on top of one of the large boulders and take a smaller stone home with him. He sets out following the occasional visible print left by the llama on the steep hillside. Carmen had reached the summit the night before and slept fitfully in anticipation of the first touch of the morning sun on her coat. She wakes in the early dark hours of morn- ing and rubs her cheek on the velvety round underbelly of the moon before half-fading back to sleep. Later, a subtle tingle creeps over her and she knows the sun will soon rise. She shiv- ers in longing for the golden touch, remembering the warmth from her very first day of creation. As the sun rises, he first fills her eyes then pours through her body, rooting her to the ground. The light fills all the crevices and spaces within her with such life and happiness that her breath sings her joy. She snuggles into the embrace of the sun's fiery mane and stands transfixed for an eternity, until Ekeko arrives. In celebration of their reunion, he decorates the Carmen’s ears with red woolen tassels. 44
  • 45. 45 82 -1 yraurbeF :stuorps wen dna htrae eht gninrut 82 -1 orerbef :setorb soveun ,arreit al odnaclover 82 -1 isxahp tana QHOLLIWI
  • 46. 46
  • 47. Cuando están listos para el descenso el Ekeko descubre una vez más que la piedra que transporta se ha vuelto imposiblemente pesada. Deja la piedra apilada en la cima de la montaña para que se rejuvenezca con el contacto del sol y el alimento de la luna. Mientras bajan de la montaña, el Ekeko se da cuenta de que esta listo para empezar a cons- truir su propia casa y establecerse con la llama, por lo que reúnen rocas especiales, ramas y toman nota de los diferentes tipos de tierra que po- drían utilizar para su construcción. Cuando llegan a la planicie, el Ekeko pide a Carmen que lo espere mientras él va con María para buscar un buen lugar para su casa. Volando sobre la tierra, el Ekeko se fija en las distintas parcelas sembra- das por las comunidades, y los patrones le recuerdan a los aguayos que llevan las mujeres para cargar la comida a las chacras y así compartir con sus familias. A medida que pasan por los campos, los cultivos pare- cen querer agradar al viajero, los verdes se vuelven más brillantes y las flores irradian colores profusos. Por último, el Ekeko ve el lugar perfec- to para construir su nuevo hogar: en el torso de una montaña, cerca de la desembocadura de un río pequeño. Aterrizan y el Ekeko hace un bosquejo para su nuevo hogar sobre la base de otras que había visto. Su forma se hizo eco de las coli- nas circundantes, con una hermosa bóveda de paja colocado delicada- mente sobre paredes de adobe para protegerlo del viento y las noches frías. Sin ser consciente de ello, las familias de las comunidades cerca- nas aparecen con sus herramientas para ayudar al Ekeko a conocer la tierra y comenzar la construcción. Cava una sección de tierra y luego se arrodilla y da vueltas mientras que los miembros de la comunidad lo cubren de tierra y de semillas para ayudarle a comenzar su relación con la pachamama y hacerle entender el amor que tiene ella para él. Des- pués ch’allan la tierra con chicha y beben de ella también. 47
  • 48. When they are ready to descend Ekeko once again dis- covers that the rock he transported up the mountain has be- come impossibly heavy. He realizes that it has helped to carry his weariness and he leaves the rock stacked with others on the mountain peak to be rejuvenated by the touch of the sun and the nourishment of the moon. On the way down the mountain Ekeko realizes that he ready to start building his own home and settle down with the llama, so they gather spe- cial rocks, branches and take note of different kinds of kinds of earth that could be used in the construction. When they get to the bottom of the mountain, Ekeko asks Carmen to wait for him while he goes with Marie to search for a good spot to build his home. Soaring above the land, Ekeko notices the parcels that different communities have planted and the square patterns reminded him of the aguayos carried by women to take their lunches to the fields to share with their families. As they pass over the fields, the crops seemed to strain towards him, the greens grow brighter and the flowers radiate brilliant colors. Finally, Ekeko sees it, the perfect place to build his new home, on the torso of the mountain near the mouth of a small river, with fertile land nearby. They land and Ekeko sketches out a design for his new home in the soft earth near the water, based on others he had seen. Its shape echoed the surrounding hills, with a lovely arched roof made of thatch placed delicately on adobe walls to protect him from the wind and cold nights that often shared his bed. Without him being aware of it, families from the sur- rounding communities appear with their tools to help Ekeko get to know the land and start the construction. He hoes a sec- tion of earth than then gets down on his knees and rolls back and forth while the community members toss dirt and seeds on him to help start his relationship with the land and under- stand the love it holds for him. Afterwards they bless the earth with corn liquor and drink some themselves. 48
  • 49. 49 82-1 hcraM :gninepir 82-1 ozram :nóicarudam 82-1 isxahp quhca ACHOQA
  • 50. ≈ La llama ayuda a mezclar la tierra con agua y estiércol como si estuviera elaborando vino. Algunos vecinos ayudan a tejer la paja para el techo, otros forman el adobe en ladrillos rectangulares y las ponen al sol para secarlos, unos encajan las piedras, y el resto se aseguran de que la casa sea propicia mediante la preparación de ceremonias. A la espera de que los ladrillos se sequen, las mujeres hilan lana de oveja y los hombres entierran huevos en las cuatro esquinas de la fundación además de menta, raíces y mantequilla de llama para proteger la casa y dar fuerza a las paredes. Una vez que el último trozo de paja se teje y la última piedra se coloca, los miembros de la comunidad co- mienzan la ch’alla y llenan la casa de muebles diminutos: una mesa, cama, ollas, sartenes y platos. Otros traen suficiente alcohol, cigarrillos y coca para abastecerlos varios meses. Una vez que todo está guardado y el sol se está desvaneciendo, todos encienden velas y caminan alrede- dor para iluminar los rincones del nuevo hogar. 50
  • 51. The llama helps to mix dirt with water and manure with her feet as through she was making wine. Some neigh- bors help to weave the thatch for the roof, some form the ado- be into rectangular bricks and lay them in the sun to rest and gather strength, some fit the rocks together, and others ensure that the house will be auspicious by preparing the ceremonies and orienting the building site towards the sunrise. While waiting for the bricks to dry, the women spin sheep wool into fine yarn and the men bury eggs in the four corners of the foundation and mint, roots and llama butter un- der the house to protect it and to give the walls the strength to stand. Once the last bit of pampas grass is woven and the last stone placed the community members begin the blessing ceremony and then bring diminutive furnishings for Ekeko’s house; a table, bed, pots, pans and dishes. Others bring enough alcohol, cigarettes and coca to last several months. Once everything is put away and the sun is fading, they all light candles and walk around illuminating every corner of the new house. 51
  • 52. 52 52 lirpA - 92 hcraM :gnirpsffo 52 lirba - 92 ozram :saírc 52 isxahp wisaq – 92 isxahp quhca QALLUCHI
  • 53. 53
  • 54. ≈ El Ekeko se encuentra lavando el chuño en el río, escucha un pequeño sonido, casi como una nota de zampoña. Ve un pequeño ani- mal con pelaje áspero color gris flotando hacia él. Lleno de asombro ante la abundancia del río, coge un puñado de hierbas para no caer y saca al animalito y lo coloca a la orilla del río. Resulta ser una cría des- conocida para el Ekeko. Kamisaki, dice el Ekeko a esta nueva criatura, sin saber en qué idioma saludarle y se la lleva a casa para secarla. Desde ese día se con- vierten en amigos y con frecuencia se oye en todo el valle la música que hacen juntos cada noche. Cuando crece, el pequeño quirquincho (ese es el nombre que el Ekeko ha puesto al animalito) le sugiere que busque a su familia. Dado el clima agradable y a que el Ekeko le encanta viajar, decide convertirse en un comerciante para que puedan ir a donde quiera y quizás en el trayecto encontrar a la familia de la criatura. Juntos tallan una figura humana en el hueso de una llama para darles la fuerza para trabajar y completar el viaje sin peligro. La ponen junto con un poco de carne seca y papas en un aguayo y se ponen en camino. Camina con el pequeño quirquincho, José, bajo el brazo, el Ekeko piensa sobre qué tipo de vendedor le gustaría ser. Finalmente se decide, ya que es bueno con las manos, se preparará un carro con herra- mientas para poder reparar artículos del hogar. Él compra una bicicleta y con la ayuda de su pequeño amigo, la modifica de modo que pueda jalar el carro que cargará sus pequeñas herramientas. De esa manera, viajan de pueblo en pueblo perfeccionando la bicicleta, comprando más herramientas, llevando noticias y durmiendo bajo periódicos y hojas de lechuga en los mercados. 54
  • 55. El Ekeko y el quirquincho tocan sus instrumentos para atraer a la gente de las chacras y casas, arrastrando tras de sí mesas y sillas que la faltan de un clavo o dos, cuchillos para afilar, ropa para ser reparada, y cerámica agrietadas por tapar. Él y José recogen estos artículos y los llevan al mercado donde pueden trabajar hasta tarde sin molestar a na- die. En la privacidad de la oscuridad, el Ekeko contrae cada artículo a un tamaño manejable y hace las reparaciones con las pequeñas herra- mientas y repuestos que tiene. Después de las reparaciones, regresa cada artículo a su tamaño original y se lo devuelve a su propietario al día si- guiente. ≈ One day while Ekeko is washing the dried potatoes in the stream for the third time, he hears a small sound almost like the single note of a zampoña. Then he sees a small grey animal with course hairs floating towards him. Full of wonder at the abundance of the stream, he grabs a handful of grasses to support himself and pulls the soggy mass out of the water and onto the bank. When righted the grey lump turns out to be a baby animal unknown to Ekeko. “Kamisaki” says Ekeko to this new creature, unsure what language to address him in. He takes her into his house to dry her off. From that day forward they become fast friends and are often be heard throughout the valley making music together in the evenings. One day the small armadillo sug- gests that they look for his family. Since the weather is so nice and Ekeko loves to travel, he decides to become a traveling salesman so that they can go where ever they want and see the world. Together they carve a human figure in llama bone to give them the strength to work and complete the journey safely. Ekeko puts it, along with some dried meat and pota- toes, in a cloth on his back and they set off. 55
  • 56. While he walks with the small armadillo, whose name is Jose tucked under his arm, Ekeko thinks long and hard about what kind of salesman he’d like to be. Finally he decides since he’s good with his hands he will prepare a cart with tools so that he can repair household items as they travel and learn new languages. He buys a bicycle and with the help of his lit- tle friend, modifies it so that it can pull the cart as well as power his small tools. In this way they travel from village to village perfecting the bike, buying small tools, carrying news and sleeping under newspapers and lettuce leaves in the mar- kets. Ekeko and Jose play their instruments to draw people from their fields and homes, dragging behind them tables and chairs that lack a nail or two, knives to be sharpened, clothing to be mended, and pottery with cracks to be filled. He and the armadillo collect these articles and take them to the market where they can work well into the night without disturbing anyone. In the privacy of the darkness, Ekeko shrinks each item to a manageable size and repairs it with the small tools and parts that he has. When the repairs are done, he returns each item to its original size and returns it to its owner the following day. 56
  • 57. 57 32 yaM -62 lirpA :gnitsevrah 32 oyam -62 lirba :ahcesoc 32 uyamall – 62 isxap iwasaq LLAMAYU
  • 58. 58
  • 59. ≈ El Ekeko y el quirquincho están de viaje y se bañan en un lago azul y deciden pasar la noche cerca. Un anciano aparece en los sueños del Ekeko y José y toma un poco de energía de cada uno de ellos para limpiar el lago. El Ekeko despierta sintiéndose intranquilo y se pregunta sobre las consecuencias de no haber pedido permiso al lago. Desde ese día, él es incapaz de devolver los artículos a su tamaño original una vez que los ha encogido. En su vergüenza, oculta los muebles y ropas minia- turas en el fondo de su bulto, y a cambio deja un poco de buena suerte a los propietarios y desaparece en la noche. En cada pueblo, amparado en la oscuridad, intenta una y otra vez reparar los artículos de la gente del mercado. Él quiere contribuir y ser útil a los demás, pero descubre que no puede regresar los objetos a su tamaño normal. Oculta la evidencia de su fracaso en su aguayo, y deja a la ciudad en el oscuro silencio de la noche. Su bulto se llena y el Ekeko empieza a buscar ayuda. El Ekeko promete a la pachamama rea- lizar un festival en su honor si ella le ayuda averiguar qué hacer. El quirquincho y el Ekeko deciden visitar al yatiri y hacer que les bendiga las cosas para que puedan volver a su estado original. El yatiri, ora a las montañas, quema hierbas medicinales, rocía chicha en el suelo y lee las hojas de coca, pero nada parece suceder. Sin embargo, él le dice al Ekeko que venda los artículos pequeños tal como son, en el siguiente pueblo. El Ekeko, el quirquincho y los habitantes del pueblo vecino son escépticos y preguntan qué harían con esos pe- queños artículos del hogar. Una mujer le cambia pequeñas piedras ex- trañas y botones por una pequeña mesa y un conjunto de sillas, y el Ekeko acepta porque las piedras y los botones son más fáciles para lle- 59
  • 60. var. Pronto comienza a correr la voz de que cualquiera que tenga un artículo en miniatura del hombre pequeño, pronto podrá poseerlo en tamaña normal. Todos buscan el puesto del Ekeko y éste hace trueques o vende las pequeñas cosas que anteriormente le había dado vergüenza. Desde ese momento es bienvenido en cualquier hogar y la gente suele pedir que se quede con ellos durante meses para que pueda traer buena suerte a sus hogares, familias y empresas. El Ekeko a menudo encuentra que tiene que escapar de su hospitalidad en el medio de la noche cuando siente que es hora de irse. ≈ This system works well until one day as Ekeko and the armadillo are traveling, they bathe in a crystal blue lake and decide to spend the night nearby. An old man appears in their dreams and takes a little bit of energy from each of them to cleanse the lake. Ekeko wakes up feeling shaken and wonders what the consequences of not having asked permission from the lake will be. From that day forward, he is unable to return the items to their original size once he has shrunken them. In shame, he hides the miniature pieces of furniture and clothing in the cloth he carries on his back, leaves a little bit of good luck for their owners in exchange and disappears into the night. In each village under the cover of darkness, he tries again and again to repair people’s items in the market. He wants to contribute and be useful to others but he continues to find that he cannot return their possessions to their regular size. Each time he hides the evidence of his failure in the cloth, and leaves the town silently in the black of night. As his bag gets fuller and fuller he sits down one day with his head in his hands and asks Jose to help him come up with a plan. Ekeko promises the mother earth that he will hold a festival in her honor if she helps him to figure out what to do and with that they decide to visit the yatiri and have him bless the items to help them return to their original state. 60
  • 61. The yatiri prays to the mountains, burns medicinal herbs, sprinkles corn beer on the ground and reads coca leaves but nothing seems to happen. However, he tells Ekeko to sell the small items as they are in the next village he comes to. Ekeko, the armadillo and the inhabitants of the next town are all skeptical and wonder aloud what they would do with such small household items. One woman trades him small odd shaped stones and buttons for a tiny table and set of chairs, which Ekeko agrees to since the rocks and buttons are easier to carry. Soon word begins to spread that anyone who gets a miniature item from the small man at the market will soon find a full-sized version appears in their life one way or anoth- er. Everyone flocks to his stall and Ekeko does a brisk trade in all the tiny things that had shamed him previously. From this time on he is always welcomed in any home and people often beg him to stay with them for months at a time so that he can bring good luck to their homes, families and busi- nesses. Ekeko often finds that he has to escape from their hos- pitality in the middle of the night when he feels it is time to move on. 61
  • 62. 62 02 enuJ - 42 yaM :egarots dna gnizeerf 02 oinuj -42 oyam :otneimanecamla y alegnoc a q a ’ t aram – 42 uyamall Q’ASI-WI
  • 63. 63
  • 64. Para agradecer a la pachamama por todo su apoyo, el Ekeko decide celebrar una fiesta de tres días en su honor. Él hace las invitacio- nes de flores prensadas e invita a María, Violeta y todas las aves para el primer día, y Carmen, José y todos los animales que viven sobre la tie- rra para el segundo día, y para el tercer día invita la gente y a los anima- les domésticos. Durante el baile del primer día, el Ekeko y todas las aves se mueven arriba y abajo para recoger pequeñas semillas que pueden en- contrar y guardarlas para la temporada de frío. Ellos las separan cuida- dosamente en dos montones, uno para comer durante los siguientes me- ses y la otra para la siembra del año próximo. En el segundo día todos los animales ayudan al Ekeko a recoger las hierbas secas de los montes para cubrir y proteger los campos de la helada, y para que puedan des- cansar cómodamente durante todo el invierno. En medio de chillidos de alegría, el Ekeko se da cuenta que la familia de quirquincho ha llegado y están juntos de nuevo. Durante el tercer día todo el mundo trae un poco de comida para compartir y todos cocinan juntos. Comen lo que quieren y cada uno lleva las sobras a casa para tener otro banquete y volver a vivir el calor compartido por todos. 64
  • 65. To thank the mother earth for all of her support, Ekeko decides to hold a three day festival in her honor. He makes invitations out of pressed flowers and invites Marie, Violet and all of the birds for the first day, and Carmen, Jose and all of the animals that live on and in the earth for the second day, and for the third day the people and domesticated ani- mals attend. During the long dance on the first day, Ekeko and all the birds move up and down collecting the small seeds they can find to store for the cold season. They store them carefully in two piles, one for eating during the following months and one for planting next year. On the second day all the animals help Ekeko to gather dried grasses from the hills to cover and protect the fields from the frost, so they can rest comfortably all winter. Amidst many squeaks of joy, Ekeko notices that armadillo’s family has arrived and they are once again reunit- ed. On the third day everyone brings some food to share and they all cook together. They eat as much they want and each take leftovers home to feast on again and relive the warmth they shared together. 65
  • 66. Agradecimientos Este libro tomó más de diez años en escribirse y está dedicado a todas aquellas personas que me ayudaron a recordar la esencia del Ekeko du- rante este tiempo. En Bolivia: Tania y Alicia, quienes me dieron la tarea que empezó todo esto, a Tom por los antecedentes, Margaret y Kate por la risa, a Eduardo por enseñarme mis primeras palabras en Aymara, a Damien por ir y pro- bar, a Félix Magno Wilmer Ramiro Edwin Wilfredo Ismael y los otros chicos de FND por ser ellos mismos, y a Johana por presentarme a la cartonera. En California: a Paul y Joan por darme tiempo para escribir, a Joe por creer, a Suzanne por guardar el espacio, y a Judy y Jim por proveer el Ekeko. En Costa Rica: a Víctor por compartir cuentos. En todos lados: a mi mama por acompañarme siempre, y a Howard por darme el apoyo que hizo posible terminar este librito! Acknowledgements This book was over 10 years in the making and is dedicated to all the people that helped me remember the essence of Ekeko during that time. In Bolivia: Tania and Alicia who gave me the homework that started it all, Tom for giving me the background, Margaret and Kate for sharing laughter, Eduardo for teaching me my first words in Aymara, Damien for going and trying it out, Fe- lix Magno Wilmer Ramiro Edwin Wilfredo Ismael and the oth- er chicos from FND for being yourselves, and Johana for intro- ducing me to the cartonera. In California: Paul and Joan for giving me time to write, Joe for believing, Suzanne for holding the space, and Judy and Jim for providing the Ekeko. In Costa Rica: Victor for sharing stories. Everywhere: my mom for always being there no matter what, and Howard for providing the support that made this book fi- nally happen! 66
  • 67. Escritora y Artista Abril Pojman es antropóloga, escritora y especialista en desarrollo in- ternacional con enfoques en el entendimiento entre personas de diferen- tes culturas y la conexión con la pachamama como terapia. www.yapame.com Sofia Chipana Calle es artista plástica e integrante del grupo Apacheta. Su correo es: sofichc@gmail.com Author & Illustrator April Pojman is an anthropologist, writer and international development specialist with interests in cross-cultural under- standing and connection with the natural world for healing. www.yapame.com Sofia Chipana Calle is a painter and member of the artistic group Apacheta. She can be reached at: sofichc@gmail.com 67
  • 68. Otros títulos: Crispín Portugal, Almha, la vengadora Gabriel Pantoja, Plenilunio Vadik Barrón, iPoem Aldo Medinaceli, Seremos Bruno Morales, Bolivia Construcciones Carolina León, Las mujeres invisibles Rodrigo Hasbún, Familia y otros cuentos Jonathan Guillén, Urbana siniestra Christian Jiménez, El mareo Claudia Michel, Juego de ensarte Juan Pablo Piñeiro, El bolero triunfal de Sara Jessica Freudenthal, Poemas ocultos Beto Cáceres, Línea 257 Yaxkin Melchi, Nada en contra Héctor Hernández Montecinos, La escalera Darío Manuel Luna, Khari-khari Santiago Roncagliolo, El arte nazi Fernando Iwasaki, Mi poncho es un kimono flamenco Juan Podestá, Nivela negra Nicolás Recoaro, 27.182.414 Juan Malebrán, Reproducción en curso Marco Montellano, Narciso tiene tos Vicky Aillón, Liberalia Banesa Morales, Memorias de una samaritana Washington Cucurto, Mi ticki cumbiantera Crispín Portugal, !Cago pues! Nelson Van Jaliri, Los poemas de mi hermanito Danitza Fuentelzar, Inhalámbrica Gabriel Llanos, Sobre muertos y muy vivos Gabriel Pantoja, Plenilunio Premio de cuento breve Óscar Cerruto, UMSA 68