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Territorio Guadua e Identidad

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2. felipe angel 2. felipe angel Document Transcript

  • TERRITORIO, GUADUA E IDENTIDAD FELIPE ANGELA Alvaro Lozano, guadólogo
  • Ser flexible sin ceder; ceder sin al final del día moverse;erguirse en comunidad, erguirse acompañada, acompañadoerguirse no solo, no único, no en la ufanía voluble de laindividualidad como totalidad; ser ausencia como la voz dealgunas comunidades, ausencia hoy pero ayer presencia parala juventud de mi padre, nacido en 1926, que orgullosorefería un paisaje ahora de cemento y, sin embargo, hacepoco más de medio siglo urdido de guadua desde PuertoTejada hasta Cali; he ahí unas cuantas características queaparejan intimidad psíquica y cuerpo del entorno, como quienentreteje vallecaucanidad y guadua. Sin embargo, más queanalogías casuísticas entre guadua e identidad, pretendodiseñar un horizonte que permita ubicar qué lugar ocupa laguadua dentro de los lares de nuestra identidad. Para elloacopio las cuitas del denominado territorio no en lasimplicidad metodológica actual sino mediante el modelo delas Zonas de la Nada y navego aguas nuevas en aquello quede la complejidad trata.
  • Recibimos una de las más gratas sorpresas en la historia delsedentarismo: la biosfera, el ecosistema, lo que las abuelitasllaman naturaleza, atrapa y desnuca la racionalidad sobre lacual fuimos hechos, incluidos la ternura sabia del humanismo,el mimético paraíso, los poderosos y múltiples dedos de lametafísica, la contravía de la tecnología, la incomunicaciónentre personas cercanas, el tan temible como risibleantropocentrismo, los años sin que la emoción sobre pase losuperficial, en fin. Tras tal abismo; tras bifurcarnos entre loque éramos y lo que ahora somos; tras desdorar ídolos falsosque amábamos, como Platón, como Píndaro, como Cicerón,como Kant; tras ello trastabillamos y no nos levantamos sinoque dejamos que por nosotros lo hicieran los hechos y eldelicioso vino de Quíos, que no único abreva en la amistad.Así, como pueblos y como individuos conocimos las Zonas dela Nada.Las Zonas de la Nada configuran el ámbito donde actúanaquellos elementos que, en un momento y espacio dados, noestán presentes o no lo están como solían. Un ejemplo: unaespecie extinta o en vías de extinción. Uno más: una cuencaque fue de agua. Sucede así, igualmente, con la guadua;sucede con un derrame de petróleo que se acerca inexorablea un río o a una costa. Sabemos que distintas formas de vidaya no estarán allí tras el arribo del petróleo. Otro ejemplo: la
  • relación de los caleños y caleñas con el agua, que, entre otrasvariables, pasa por el baño en río como actitud heredada deuna tradición indígena que aún hoy conserva vigencia. En1900 ese profundo rito de la identidad de mi natal se llevabaa cabo en el Río Cauca; en 1940 en el Río Cali y hoy en el RíoPance. No bañarse en esos dos primeros ríos es un elementode las Zonas de la Nada. Ya no está. Se perdió no sólo comocostumbre sino como posibilidad.No obstante, la complejidad no es propicia únicamente paraprecisar las consecuencias negativas de la relación entre loshumanos y la biosfera sino que, igualmente, como un guante,se aviene a la mano de quien cava los pilares de laconstrucción histórica de la identidad de una comunidad dadao en la preservación del funcionamiento de la multiplicidadbiosférica. El café es un elemento indiscutible de nuestraidentidad actual colombiana pero no es de aquí; es un extrañoque se nos instaló día, referencia, soberanía, fue traído por lascarabelas y la conciencia europeas desde Oriente, al lado de laracionalidad de la Modernidad y de los esclavos africanos. Elcafé se inscribe en las Zonas de la Nada durante el lapso en elcual no existía por estos lares. De allí, en un momento dadopasa a la esfera nutricia de las presencias. Si sale de las Zonasde la Nada, ¿dónde entra? A lo inexistente en un momento ylugar dados contraponemos lo que está vigente, no importa si
  • envejece o rejuvenece. Lo denominamos Zonas de laComplejidad. Es lo que tradicionalmente las metodologías, laspedagogías, los modelos de investigación, asumen comohorizonte a ser abarcado, en lo cual cabe una a-historicidadmanifiesta, una validación del desconcierto al ver lainmediatez como totalidad y a lo humano como fenómenoque se autogenera.Tenemos, entonces, dos zonas, la de la Nada y la de laComplejidad. Cuando hablo de las Zonas de la Nada no merefiero a las acepciones tradicionales de tal vocablo. O sea, nose trata de la Nada inmensa, contrapuesta al Todo: aquellagran presa de caza de la filosofía metafísica. Tampoco a laNada sartriana, esa enfermedad emocional de época. LaFilosofía de la Naturaleza, por creer en la finitud del Universoy de sus componentes, acuña la noción de la Nada referida alos lapsos de finitud de las presencias en este mundo. Por lotanto, se configura con base en elementos específicostomados del pasado y del futuro en su relación con el ámbitopresente. Hablo de una Nada real. Si ubicamos la plenapresencia de una pierna amputada, si deducimos que elvaivén cojo de ese posterior caminar en algo varía laestabilidad previa, las cicatrices anuncian a lo que deeducativo tiene la problemática ambiental. Quien con estosufra óbice para ser feliz, o al menos para estar alegre,
  • desdeña el poderoso y largo tejido de la evolución.Cuando hablo de las Zonas de la Complejidad refiero unacomplejidad que no se reduce al acto humano de percibir deforma diversa la biosfera. Alegan que esta guadua o aquellaagua son percibidas de forma diferente por un indígena o porun ingeniero, por un africano o por un patagónico. A esollaman complejidad. Reducen la complejidad a la manera en lacual lo humano percibe la biosfera. Quizá sea conveniente quereflexionemos sobre cuán afortunada es esta postura.Suponer que la perspectiva, ya del indígena, ya del ingeniero,proviene únicamente del tejido simbólico es un punto departida bastante endeble. Tecnología, organización social ymundo simbólico se apetecen, se necesitan, se presentansiempre de forma conjunta. No existe cada uno por sí solo. Latecnología y la organización social del ingeniero o delindígena, lo mismo da, está en la base de que se le posibiliteesta o aquella perspectiva. El ingeniero con su tecnología deúltima generación mide los metros cuadrados de madera,hace matemáticas planas y más que pensar suma. Hay unatecnología que le hace posible desvertebrar la selva y unaorganización social que refrenda su lógica.Mediante esa concepción reduccionista de la complejidad
  • remitimos nuestro análisis a una parte de lo humano, sumundo simbólico; es decir, su pensamiento. Lo humano no essólo su capacidad simbólica. Remitir lo humano a esto cae denuevo en la metafísica porque abandona el sentido delespacio, consustancial al pensamiento ambiental. Al procederasí, queda por fuera de la complejidad tanto el aparatotecnológico como la organización social. No es unacomplejidad ni siquiera dentro de lo humano. Esto siconsideramos únicamente lo humano para el análisis de lacomplejidad. El desvarío, incluso, se agrava. Con esaconcepción sacamos, igualmente, la biosfera de los predios dela complejidad. Sin el aparato tecnológico, sin la organizaciónsocial y sin la biosfera, ¿de qué complejidad hablamos? Seríamás adecuado denominarlo perspectivismo y no complejidad.Se trata, en efecto, de la perspectiva sobre un árbol que tieneel indígena o el ingeniero, el patagónico o el africano. Es unaparte, sí, pero no abarca la complejidad, ya que no se admitea sí misma por partes ni sin partes.El reloj biosférico indica que es hora de relacionarnos con ladiversidad de la complejidad. Profundo desvarío el deconsiderar la perspectiva, o sea lo que hoy aquí denominancomplejidad, como un hecho exclusivo ya no sólo de laconciencia humana sino de lo homínido. ¿Cómo podría ser deotra manera, si tenemos en cuenta que la tecnología, la
  • organización social y el tejido simbólico se construyen sobrelas posibilidades que otorga la biosfera? Los indígenascolombianos me enseñaron que el humano no siembra lapapa sino que la papa siembra lo humano. Mediante elprovecho genuino e indispensable de los recursos biosféricospodemos estar a bien con este mundo. La estrategiaadaptativa humana no necesariamente deviene devastadora.Lo humano no es un extraño en esta Tierra ni está de visita enla casa química donde mora el Universo; somos su producto.Si la complejidad no puede reducirse al perspectivismo,entonces, ¿qué es? Fijémonos en esto: la complejidadcomienza en la diversidad de la biosfera; no es unacaracterística exclusiva de lo humano. Es la vía de laevolución, estadios de complejización de la energía cuando sediversifica ya no sólo en su ocupación del espacio o en suaspecto sino en su funcionamiento. Es un hidrógeno unido ados oxígenos. Es decir, agua como complejidad presentemillones de años antes que lo humano. Ya no funciona comohidrógeno o como oxígeno y, sin embargo, es hidrógeno y esoxígeno. ¿Qué es la complejidad? Es ese funcionamientodistinto del hidrógeno y el oxígeno al unirse, ese funcionarcomo agua. Dos elementos ya existentes se vuelven máscomplejos al unirse entre sí. Hay, entonces, cómo no, unacomplejidad del hidrógeno al volverse agua. He allí un primer
  • estadio de la complejidad. Siguen otros, tal como la vidaunicelular, la vida pluricelular, lo humano, que llamo LasEdades del Universo, todas como resultado de esacomplejización del funcionamiento de la energía.Quizá no sea vano profundizar en esta cuestión. Para eseempeño me remito al espacio. Trae D´Alambert, en elDiscurso Preliminar de la Enciclopedia , la intuición general deestas letras. El espacio no debemos de tenerlo como simpleextensión, como lo extenso, como lo que Descartes llamó ResExtensae; tampoco debemos de dejar de tenerlo por tal.Solamente nos abarca la certeza de que el espacio es máscomplejo que su simple extensión. El espacio, sí, es extensiónpero, en igual medida, es, también, Impenetrabilidad, parausar la palabra escogida por D´Alambert. ¿Qué esImpenetrabilidad? Es la complejidad del espacio y la maneraen la cual los saberes atienden esa complejidad. El espacio,concebido exclusivamente como extensión, sólo es el lugar delos cuerpos. Esta concepción del espacio proviene de lahistoria de la física. La palabra cuerpo se utiliza en la físicacomo un vocablo técnico dentro de los metalenguajes de laespecialización de los saberes. Por ende, refieren susignificado al espacio específico que ocupa un cuerpo dentrodel espacio general. Por ejemplo, el espacio que ocupa unamontaña, un tigre o un árbol. Es decir, su perímetro exterior.
  • La impenetrabilidad, por el contrario, comienza ocupándosede lo que está en el interior de los cuerpos. O sea que trata deque los cuerpos sean entendidos como organismos. Unprimer peldaño en la complejidad del espacio. Un árbol de laPatagonia o del Amazonas o del Darién no es sólo un cuerpocomo lo concibe la física. Es un ser vivo. Pensar que es sóloun cuerpo implica rechazar la complejidad del espacio. Lacomplejidad del espacio no sólo es física. Igualmente esbiológica. Pasamos, pues, de la física a la biología, de loinorgánico a lo orgánico. Pero el interior de los cuerpos noestá dictaminado por sí mismo sino que proviene de suadaptación a la complejidad del espacio. Adaptación a losflujos de la energía, a los ciclos biogeoquímicos, a lascondiciones climáticas, a las posibilidades del suelo quepropicie tales o cuales alimentos, a la cantidad de agua, alhecho que otras especies previas en la cadena trófica tambiénestén presentes en ese espacio, en fin. A todo ello lollamamos ecosistema, cuyo saber es la ecología. Pasamos, eneste momento, de la biología a la ecología.La complejidad del espacio es el útero, hasta este punto, de lafísica, de la biología y de la ecología. Lo humano interviene elespacio no solamente con el mundo simbólico, no únicamentecon su perspectiva. Igualmente lo hace con su organización
  • social y con su aparato tecnológico. Ninguno de loscomponentes de lo humano trabaja como una rueda suelta.Funcionan como un todo holístico, que llamamos Cultura,basados en la etimología del gran Tylor cuando 1886reinauguró la antropología. Los humanos nos relacionamoscolectivamente con la biosfera, no individualmente. No es elperspectivismo lo que nos otorga la diversidad de lacomplejidad. Proviene de la relación entre la biosfera y lacultura. Relación que se basa en complejidad de la biosfera yen la complejidad de la Cultura. A la necesaria interrelaciónentre esas dos complejidades, que denomino ComplejidadDiversa, reside su diversidad como complejidad. Laintervención humana en el espacio de la biosfera, sudomesticación, su transformación, es el ejercicio mediante elcual se construye él mismo.En esa intervención lo humano rompe la Impenetrabilidad dela flora, de la fauna, del agua, del suelo, en fin. LaImpenetrabilidad se penetra al romper, al desgarrar loscuerpos biosféricos, al tajar los organismos, tal la tala deárboles o la caza o la pesca. Es decir, se rompe laImpenetrabilidad biológica de los individuos. Pero, también,Impenetrabilidad rota mediante la intervención humana en losflujos de energía biosféricos, de las cadenas tróficas o lascuencuas de agua, tal la agricultura, la ganadería, las
  • hidroeléctricas. Es decir, se rompe la Impenetrabilidad de lasrelaciones que nutren el sistema de la vida.Lo que propongo consiste en un espacio resiliente, no fijo,que, por ejemplo, incluye dentro de las Zonas de la Nadaespecies en vías de extinción. Esas especies permanecen aúnen la Zona de la Complejidad, están presentes, y alguienpodría entrever en ello una contradicción solamente sientiende las Zonas de la Nada como algo rígido y no como loque es, una inclinación, una tendencia, una arcilla maleablepor lo humano y que, al así proceder, al así burilar, esculpe loque cada siglo define para sí. Una tendencia, una inclinación,que si ya cumplida hablamos de una especie extinta; que si yaen proceso decimos que todavía participa de la Zona de laComplejidad pero cada vez menos.Ese es el síntoma: la reducción de la participación de unadeterminada presencia en la Zona de la Complejidad. Siaumentamos la participación, por tomar un caso, de lasabejas en la Zona de la Complejidad de la flora urbana, ellasempiezan a distanciarse de las Zonas de la Nada. Ellas, sin lascuales lo humano no sobreviviría ni habría llegado a ser partede las cuitas del mundo; ellas, digo, y lo que polinizan,además de los comensales herbívoros y la sucesiva biomasa
  • diversificadora por trófica; ellas nos restituirían con creces esegesto. Devolver a las presencias su función, he ahí el objetode las Zonas de la Nada.Las Zonas de la Nada reflejan en las Zonas de Complejidad lasconsecuencias, ya no benéficas, ya mejorables, de la relaciónentre lo humano y lo biosférico. Con este ítem la complejidaddeja de ser un ciclo, onanista en el sentido en que se satisfacea sí mismo, para pasar a cultivar un choque cultural derivadode ver de un solo golpe las consecuencias sobre cómo laformación de la identidad de los pueblos se genera altransformar el territorio. Ya que lo humano no se rige por lasleyes ecosistémicas su adaptación deviene transformación delentorno.Oigo en la BBC que en Nueva York están propiciando lareproducción de abejas para incrementar la flora urbanamediante la polinización. Los antejardines son parte crucialdel proyecto. Vendiendo la miel con algunos subsidiostributarios se pretende convertirlo en una fuente de trabajo.Significa la noción y la práctica de introducir sustentabilidadesecosistémicas en las Zonas de la Nada urbanas. Una de estassustentabilidades, en nuestro caso, ha de ser los relictosurbanos de guadua. No es de menor cuantía intentar
  • potencializar el sistema urbano mediante mecanismos defuncionamiento de la biosfera. Conlleva abandonar elesquema general de los últimos cinco mil años deracionalidad urbana, generada con base en su relación con elentorno; esquema general que consiste en desarticular elfuncionamiento de la biosfera.La abeja es una glotona de la diversidad, ya no sólo deespecies sino de individuos dentro de una misma especie.Busca la flor, persigue el polen, se equivoca al escoger uncamino, reclama su derecho a volver a intentar, lo encuentra,el polen es factible, le parece que se puede estar a bien con elUniverso si se considera que no hay nada mejor, se nutre,lleva minucias de polen a otra flor, deja una parte y vuelve aemprender la odisea diversa de sus vuelos. Así una y otra vez.Pues así, igual, de la misma forma, el carácter sistémico delpensar le impide considerar que un solo saber abarca lascuitas de este mundo. Como a la abeja, no le basta el polende un único saber. Bueno, también podría ir a pie, si llegado asu hálito encuentra que su estatura no alcanza para alzar lamirada y el vuelo, porque no logra convocar la verdadera vidade la intención. Si vuela ha de nutrirse en la complejidadsistémica.
  • Decantado, abrazado por los lapsos, herido por laslimitaciones y sanado por ellas, el devenir polinizador de lasZonas de la Nada quizá apetezca escenarios propios,integralidades participativas, sudores y direccionalidadesespecíficamente suyas. O si no, no. En este evento con elsudor de nuestro empeño fortificamos alrededor de la guaduaesas integralidades participativas y esas direccionalidadesespecíficas.Al contrario de la creencia generalizada, el sentirse comoparte integral de la Madre Tierra no comienza al mirar elentorno, al extasiarse con el prodigio del colibrí o del RíoAmazonas en Belem de Pará, no; empieza cuando uno mirahacia su propio mundo interior y así, desde la intimidadposibilitadora, pues lo humano no es necesariamente nefandoni obligatoriamente abusivo, entra con derecho propio a lafiesta de las presencias. Digo, antes de que se rompamos loslímites biosféricos y la resaca sea el pan de las generacionesfuturas. La Madre Tierra abruma nuestra tarde porque en lasúltimas décadas nos enseñó que las Zonas de la Nada puedenllegar a ser globales y negar las presencias de los sistemasvivos, incluidas la memoria, el Río Pance, algún alguien quemantenga la certeza de que el día de mañana no faltará a sucita, la guadua y, qué cosa, también aquella Tocata y Fuga deBach.