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Visiones sobre la independencia de Chile
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Visiones sobre la independencia de Chile

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Contenido para ser trabajado en educación media (secundaria), presenta diversas visiones sobre el proceso de independencia de Chile para ser trabajado grupalmente en clases

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  • 1. CORRIENTES HISTORIOGRAFICAS CHILENAS Visiones independencia de Chile Liberales clásicos (Segunda mitad S. XIX) Miguel Luis Amunátegui Aldunate, Los precursores de la independencia de Chile, Imprenta de la República, Santiago, 1871 Los mestizos, tan temibles por el número i por una posición muy especial e intermedia entre los conquistadores i los conquistados, habrían podido ser harto funestos para la dominación española en el nuevo mundo. La única defensa de la metrópoli contra los individuos de la raza mezclada, pero defensa mui poderosa, consistía en la ignorancia supina, la cual casi rayaba en el embrutecimiento, en que procuraba cuidado de mantenerlos. Si la raza indígena i la mezclada, las dos más numerosas de los dominios hispano- americanos, i ambas mui maltratadas por los españoles i sus descendientes, se hubieran ligado contra el común opresor, el conflicto habría podido ser mui serio para los conquistadores. Los gobernantes de la metrópoli temieron siempre una conspiración de esta especie, que probablemente habría derribado su dominación en las comarcas del nuevo mundo. Al cabo de mui pocos años, la calidad de nacido en España era un título de especialísima recomendación para todos los puestos honoríficos i lucrativos, i la de nacido en América un motivo de desconsideración. Los hijos nacieron inferiores a sus padres. Los descendientes de los conquistadores, pacificadores i primeros pobladores comenzaron a ser menos estimados, que los aventureros de ínfima ralea traídos por los galeones. Se concibe fácilmente que semejante orden de cosas debía ofender sobre manera a los criollos, que se sentían heridos en lo más vivo del orgullo, i sobre manera perjudicados en sus intereses.
  • 2. La sociedad hispano-americana de la época colonial tenía por principio la aristocracia del color. La raza española o blanca era considerada por la leí i en la práctica como mui superior a la raza indiana, i por supuesto a la negra, i de consiguiente también a la mestiza o mezclada. Era admitido que los blancos habían venido al mundo para mandar, i los indios, los negros i los mestizos para obedecer i servir. Los primeros eran los señores de la tierra; los segundos, los sirvientes de los primeros. La desavenencia que poco a poco se había ido suscitando entre los peninsulares i los criollos fue causa de que en los últimos tiempos de la dominación española no hubiera una completa armonía entre la audiencia de Santiago, que representaba los intereses de la metrópoli, i el cabildo, que representaba los intereses locales. Son numerosos los disgustos que ocurrieron entre aquellas dos altas corporaciones, particularmente desde la segunda mitad del siglo XVIII. La organización de la industria i del comercio en las colonias que la España había establecido en el nuevo mundo, porque indudablemente el legítimo descontento que esa organización produjo en el ánimo de los habitantes de estas regiones contribuyó sobremanera a prepararlos para que procuraran separarse de la metrópoli, cuando se les presentó ocasión propicia para ello. Las escaseces i privaciones producidas por el pésimo régimen económico establecido por el gobierno español en sus posesiones ultramarinas despertaron en gran número de los habitantes de América, i por supuesto en algunos de los de Chile. Sostenían con sinceridad la dominación del rey de España sobre los dominios del nuevo mundo, pero no la explotación de la América por los peninsulares, ni la superioridad que éstos osaban atribuirse sobre los nacidos en las comarcas hispano-americanas. La majestad de Fernando VII, tan invocada en los documentos oficiales, no pasaba de ser en la realidad la más vana de las palabras.
  • 3. Mientras los publicistas inventaban distinciones i sutilezas para conciliar los intereses del monarca i del pueblo, los magistrados establecidos por la revolución ejercían toda la suma del poder. Formaban ejércitos, cobraban las contribuciones, creaban empleos públicos, nombraban las personas que debían desempeñarlos, abrían puertos al comercio extranjero, fundaban escuelas i colegios, dictaban constituciones i leyes, i hacían, en, todo lo que podía hacer el estado más soberano. La independencia no existía en las palabras, pero sí en los hechos. Esta situación, que fue prolongándose, acostumbró naturalmente al pueblo a un nuevo orden de cosas.
  • 4. Revisionismo nacionalista Jaime Eyzaguirre, Ideario y ruta de la emancipación chilena, Editorial Universitaria, Santiago, 1957 Las continuas luchas de España con otros países, la independencia de Portugal (que fue parte de España desde 1580 a 1640 y se independiza gracias a Inglaterra), los intentos separatistas catalanes, la postración económica, la inepcia del último de los Austrias, Carlos II (“el impotente”) y en 1700 la guerra de sucesión con la que termino la herencia Austria, hacen ver al pueblo español la decadencia de su país, frente a todo eso el modelo francés se pone como ejemplo. La nueva postura política propicia el arreglo de las finanzas, el estímulo de la educación, el desarrollo de la industria, el ensanche del comercio y la realización de grandes obras públicas. Se mira a la corona como el brazo ejecutor de estas empresas, por eso se le quiere atribuir mayor autoridad para llevarlas a efecto. Todo esto se aviene con la nueva dinastía Borbona con el reinado de Felipe V. Aunque el proceso de centralización administrativa y la persecución de doctrinas limitadoras del poder real, alentadas por los Borbones, parecían no dejar espacio a la comunidad para hacerse presente en la política, otras circunstancias vinieron a alentar esa participación. La lectura y la Universidad de San Felipe ayudan a la maduración de los criollos en Chile. Igual efecto produjo la Real Cédula de 1703 que dispuso que los campesinos chilenos se agruparan en ciudades para facilitar la administración de justicia y educación. El pasó no solo fue de importancia civilizadora, sino también política. En varias ciudades se instituyeron Cabildos, lo que creo una escuela de adiestramiento cívico para los habitantes. El nuevo Cabildo de Santiago comienza a tener influencia, a él se debe (bajo los Borbones) a la creación en Santiago de la Universidad de San Felipe, la fundación de las Casa de Moneda y la construcción del canal del Maipo.
  • 5. (Como posible causa de la Independencia tenemos)1 El amor a la tierra natal y la toma de conciencia (de su identidad identificada con su tierra natal más que con España)2 de los criollos acentuaron el apego hacia la patria chica. La disputa de empleos entre españoles y criollos se mantuvo firme, a pesar de que los criollos lograron un predominio en la burocracia nacional y un ascenso en la española. De los 9 obispos que tuvo Santiago entre 1708 y 1807, y de los 8 que tuvo Concepción entre 1704 y 1806, solo 2, en cada caso, fueron españoles. Aunque la mayoría de estos obispos no fueron chilenos, 9 chilenos fueron obispos en otros países americanos entre 1701 y 1810, lo que se ha dicho de la iglesia, puede añadirse a los empleos militares y civiles. La revolución de independencia no fue provocada la injusta omisión de los criollos en cargos públicos, pero el concepto de Estado, muy caro a sus espíritus, les hizo querer la exclusividad de los cargos públicos chilenos. Se puede afirmar que el libro llego a América con los primeros conquistadores, que su divulgación fue amplia en los siglos siguientes y que no solo fueron libros religiosos, sino que también fueron de recreación literaria, filosóficos y científicos. La prohibición de obras heréticas (equivalente a las obras católicas para los protestantes) no obstaculizo que llegaran libros de la edad de oro española como El Quijote. El profesor de la Universidad de Michigan, Irving Leonard dice que hubieron más libros en América el siglo XVI que en Norteamérica el siglo XVII. 1 Agregado por el docente 2 Ídem
  • 6. Marxismo (mediados del siglo XX) Hernán Ramírez Necochea: Antecedentes económicos de la independencia de Chile Facultad de Filosofía y Educación. Universidad de Chile. Santiago, 1967 Los principios ideológicos divulgados por los pensadores del siglo de las luces, el despotismo ilustrado español, la revolución francesa y la independencia de los Estados Unidos, junto con los múltiples y complejos procesos que de ellos derivaron, concurrieron de un modo eficaz – directa o indirectamente – a promover la emancipación de las colonias españolas en América. Es preciso dar énfasis a estos antecedentes; algunos historiadores, despojados de toda objetividad de sus juicios, han pretendido de modo casi absoluto, o les han asignado una mínima importancia; de esta manera, virtualmente, aíslan la independencia de las repúblicas hispanoamericanas de los trascendentales cambios que se estaban operando en el mundo. La independencia era una especie de paso necesario, de etapa que necesariamente debía alcanzarse para que estos países (americanos) pudieran continuar su desenvolvimiento; el sistema colonial estaba haciendo crisis, suscitaba contradicciones de tal magnitud, que las colonias estaban amenazadas de estancamiento si no evolucionaban hacia su liberación. A lo largo de la colonia germinó y maduró un organismo económico poseedor de indudable potencialidad y apto para desenvolverse vigorosamente. Sin embargo esta estructura carecía de libertad: 1; por una parte, estaba subordinada a la política económica española, 2; sobre sus actividades se hacía sentir la presencia omnipresente de los intereses predominantes del virreinato del Perú. El país necesitaba romper el enclaustramiento económico, zafarse de las limitaciones que gravitaban en su comercio internacional y abrir las posibilidades de expansión a su enorme potencialidad productora que se encontraba contenida. Esencialmente, todo esto requería independencia.
  • 7. Entre 1789 y 1810, se adquiere plena conciencia sobre estas necesidades; una cantidad de hombres ilustrados, no solo lo expone con inusitada claridad, sino que ejecuta esfuerzos que permitan su realización. Entre ellos destaca Ambrosio O’Higgins. Debe reconocerse que las proposiciones en orden a lograr una ampliación del comercio internacional chileno no estaban fundadas en simples especulaciones teóricas, sino en una situación real que habría demostrado ser provechosa. Tal era el comercio de contrabando que realizaban en nuestras costas naves inglesas y norteamericanas, comercio que se intensifico notablemente en los últimos decenios de la colonia. Las ideas expresadas en Chile (libre comercio), sólo podían materializarse mediante la ruptura completa con el imperio español. Por eso quienes la sustentaban y exponían, aun cuando no tuvieran en sus mentes ni la más tenue o propósito independentista, estaban actuando como eficientes portavoces de las necesidades por independencia que se hacía sentir sobre la estructura económica de Chile. Una de las primeras y más trascendentales cuestiones que se planteó la Primera Junta Nacional de Gobierno, fue la relativa libertad de comercio.
  • 8. Estructuralismo (mediados del siglo XX en adelante) Sergio Villalobos, Tradición y reforma 1810, Editorial Universidad de Chile, Santiago, 1961. Los obstáculos que la naturaleza oponía a las relaciones con América, se unían a los que levantaba la política española con el objeto de preservar su imperio de los embates externos. Sus medidas iban desde el control comercial hasta la vigilancia espiritual, cubriendo todas las gamas de la vida pública y privada. No había asunto en que el Estado no se inmiscuyese a fin de asegurar la integridad de los dominios y la unidad religiosa. Iba esto unido a1 interés de los españoles, que veían en América el “pedazo de tocino que les proporcionaba caldo gordo” En lo que respecta a1 comercio, el monopolio a favor de España fue el sistema que rigió desde que se conquist6 el territorio americano, Solamente el contrabando, ejercido a la luz del día, morigeraba en gran parte el rigor del sistema, hasta que el movimiento general de 1810 proclamó la libertad de comercio. Se ejercía también un riguroso control sobre las personas que pasaban a América antes de darles autorización. Debían tener sangre libre de mezcla mora o judía y sus antecedentes ser aceptables; En esa forma se mantenía alejado a los extranjeros, que podían ser enemigos de la nación o podían sembrar ideas contrarias a1 sistema establecido por la metrópoli y propagar doctrinas heterodoxas. Si alguien tenía en su poder una obra prohibida, debía entregarla a riesgo de ser sorprendido y castigado. La Inquisición estaba alerta y también los gobernantes. ¿Y el pueblo? El pueblo era un individuo que se vestía de jerga y de tocuyo. Llamábase por esto roto, y a la comunidad del pueblo Ilamáronla en consecuencia rotería, y como tal vivía el pueblo colonial la descansada vida de la inercia, harto de los abundosos bienes de la madre tierra. El hombre moral que vivía bajo el poncho, era la nada; el estómago era todo.
  • 9. El pueblo era entonces tan pechoño como es hoy; y si hubiera visto impasible destruirse una nación por un derecho o una conquista, no habría quedado dentro de su vaina un solo cuchillo chileno si fuera para recobrar una perla del rosario de la Virgen de Andacollo, que sana de las reumas y chavalongos. "Tal era el pueblo colonial". La serie de adelantos promovidos durante el siglo, solamente fue posible a la conjugación de dos elementos: los buenos gobernadores y la alta clase de los criollos. Los criollos eran 1os descendientes blancos de los españoles, podían tener algunas gotas de sangre indígena, pero no demasiado acusadas, se habían enriquecido o poseían la tierra, formaban la aristocracia colonial, que por muchas razones bien puede ser llamada la dueña del país. La aristocracia era la dueña de la riqueza, descendía de los antiguos conquistadores, su sangre era limpia, su linaje claro: es decir, tenía forzosamente que considerarse como lo mejor del país, de esta tierra que amaba ingenuamente como algo suyo. El grupo de los criollos sustentaba aspiraciones que provenían, no de las influencias foráneas, sino que de sus experiencias dentro del país. Deseaban reformas de fondo que más adelante constituirían el programa desarrollado por el gobierno cuando paso a manos de chilenos (Cabildo 1810). De esas aspiraciones, que podrían resumirse en el mayor progreso del reino, participaban todos los criollos. Es en la libertad comercial donde se quiere ver el ansia reformista más vigorosa. La postergación que sufrían en los cargos públicos, con desprecio de sus méritos, era motivo de una queja constante y ya muy antigua, cierto es que uno que otro criollo lograba elevarse; pero esos casos eran los menos y no desmentían la reticencia de las autoridades españolas hacia los nacidos en América. Desde que la crisis de España fue conocida en Chile (secuestro del rey), se produjo la polarización de dos bandos, el criollo y el español, que divergieron profundamente en la forma de apreciar 1os hechos Cada grupo, debido a su origen, vinculaciones y sentimientos, optó por soluciones diferentes frente a los sucesos, aun cuando ambos permanecieron fieles a1 rey caído y lucharon por guardarle sus dominios mientras durase su cautiverio.
  • 10. Sin embargo, la incomprensión de los bandos agudizó las discusiones y las rencillas, hasta hacerlas derivar en odios desatados. Cada grupo lucho por sus opiniones y trató de ponerlas en práctica, generándose así una fuerza dinámica que hizo del periodo 1808-1810 uno de los momentos claves de los sucesos que llevarían a la emancipación. La prolongada agonía de España y la situación inestable de América, eran motivos suficientes para poner punto final a un estado de incertidumbre que de otra manera amenazaba prolongarse indefinidamente, en medio de las vicisitudes, los criollos habían fortalecido la confianza en sí mismos y el Cabildo había tenido un resurgimiento que había sido determinante en la solución de las dificultades. Como siempre, los hombres actuaron con una intención y 1os sucesos en su derivación condujeron a otra parte, desde el 18 de septiembre de 1810, la aristocracia criolla pudo llevar a cabo las aspiraciones que los siglos habían generado en su alma, la instalación de la Junta fue la culminación de un lento proceso de maduración, desarrollado a través de los años coloniales, que encontró su perfecta interpretación en las reformas del nuevo gobierno y luego en las del Primer Congreso. Aquel proceso (Cabildos Abiertos), que de no haber mediado la invasión napoleónica no habría conducido a la independencia, Chile y los demás países hispanoamericanos se independizaron por un accidente inmediato y no porque hubiesen alcanzado la madurez necesaria. Las campañas militares que se desarrollaron entre 1813 y 1814, no hicieron más que ensanchar el abismo infranqueable que se iba interponiendo entre españoles y criollos, la lucha de los criollos no era contra el monarca, sino contra el despotismo del virrey, cuyas represiones en otras partes eran de sobra conocidas. Reiniciada más adelante la guerra, vino a concluirse con el triunfo de las fuerzas virreinales en 1814, se inició así el periodo llamado de la Reconquista, en el cual debemos a la masa del pueblo, el mestizaje que abundaba en las ciudades y el campo, también sintió conmoverse su conciencia y a1 contemplar cómo sus amos, a quienes respetaba y seguían sin reservas, eran humillados, (el pueblo) no pensó en más que en vengarlos en cuanto la oportunidad se presentase.
  • 11. Tendencias actuales (1980 en adelante) Julio Pinto Vallejos, El rostro plebeyo de la Independencia chilena 1810-1830, disponible en: http://nuevomundo.revues.org/59660, 20103 . Para la historiografía fundacional del XIX y comienzos del XX, esa temática en general no revistió mayor interés: o bien los grupos plebeyos quedaban subsumidos en un “pueblo” abstracto y unitario que se habría plegado masiva y espontáneamente a la lucha emancipadora, o, con mayor frecuencia, eran derechamente descalificados como sujetos incapaces de iniciativa política o intervención histórica consciente. Durante la primera etapa del proceso propiamente independentista, entre la conformación de la primera Junta de Gobierno y el estallido del enfrentamiento armado con el Virrey del Perú (septiembre 1810-marzo 1813), los indicios de participación autónoma plebeya son extremadamente escasos. Descontando la concurrencia con fines básicamente aclamatorios a algunas ceremonias, estimulada, como se hacía en tiempos coloniales, mediante despliegues escenográficos y la distribución de monedas, el bajo pueblo de la capital estuvo más bien ausente de los principales hechos políticos de lo que en Chile se conoce como la “Patria Vieja” Una lectura cuidadosa de los escritos del propio Carrera, demuestran que su invocación al bajo pueblo—salvo, como se verá más adelante, en el plano militar—nunca adquirió un carácter sistemático o de verdadero reconocimiento social, y que cuando llegó a valerse de tales apoyos fue sólo como un instrumento para desequilibrar las pugnas que se desarrollaban al interior de la élite. El “populismo” carrerino habría sido más una construcción historiográfica que un síntoma de temprana politización plebeya. La Junta (Primera Junta Nacional de Gobierno conformada tras el Cabildo de 1810) que a la sazón gobernaba el país decretó la recluta obligatoria de “todos los ciudadanos del Estado”, comprendiendo dentro de esta categoría no sólo a quienes hasta entonces habían ejercido efectivamente derechos políticos, sino al conjunto de la población masculina. Una derivación interesante de ese llamado fue el cambio de denominación del cuerpo de milicias hasta entonces conocido como “Batallón de Pardos y Mulatos” por la mucho más 3 N. del A: editado con fines pedagógicos
  • 12. edificante de “Infantes de la Patria”, atendiendo a que “la patria no debía permitir que los ciudadanos que acudían a su defensa se distinguiesen con título alguno que suponga diferencia entre ellos y los demás cuerpos del Estado. (Los Sectores populares) Tendieron a favorecer al bando realista, al que además le costó bastante poco reclutar soldados entre las filas populares. Dicha predilección fue reforzada por la acción del clero, el que en su inmensa mayoría puso en juego su innegable ascendiente popular en favor del Rey. Decía al respecto José Miguel Carrera: “los frailes y los curas han influido sobremanera en los ánimos de estos habitantes, persuadiéndolos que nuestras miras tienen por objeto destruir la religión, y que el no reconocimiento y desobedecimiento al Rey son crímenes de igual naturaleza y gravedad”. Así las cosas, no llama la atención que la derrota de las fuerzas insurgentes no haya suscitado demasiadas lamentaciones en el Chile plebeyo, y que la entrada triunfal en Santiago del general realista Mariano Osorio haya sido acompañada por “gritos de aplauso lanzados por el populacho”. El primer asalto de la lucha independentista no había logrado entusiasmar a los más pobres. La restauración del gobierno colonial entre 1814 y 1817 parece haber modificado parcialmente la situación. Las autoridades realistas se condujeron en esta etapa con un despliegue militar y represivo inusual en el Chile anterior a 1810, despertando antipatías que durante la “Patria Vieja” se habían mantenido sólo latentes. Dicha acción se focalizó preferentemente en el liderazgo criollo, que debió sufrir reclusiones, confiscaciones y relegaciones a las islas de Juan Fernández, pero también afectó aspectos de la cotidianeidad popular que no dejaron indiferente a un actor poco aficionado a ver sus espacios invadidos por la vigilancia oficial. Las constantes deserciones y los diversos actos de indisciplina, culminados más de alguna vez en violentos motines, indican que la “gesta patriótica” no gozó de mucha popularidad. Apremiadas por las urgencias militares y por la falta de recursos, las autoridades independentistas apelaron más al reclutamiento forzoso y al castigo físico que a la persuasión nacionalista En suma, y a diferencia de lo ocurrido en otras partes de América Latina, la Independencia no suscitó en Chile un proceso significativo de politización popular autónoma—salvo la
  • 13. que se produjo en defensa de la causa realista. Aunque el reclutamiento militar efectivamente movilizó a un contingente numeroso de campesinos y peones entre 1813 y 1832, ello no redundó en un empoderamiento visible del mundo plebeyo, o en una demanda discernible de reconocimiento nacional.
  • 14. Tendencias actuales (1980 en adelante) Alfredo Jocelyn – Holt Letelier, La Independencia de Chile, Tradición, Modernización y Mito, Editorial Mapfre, Madrid, 1992 La transición chilena de colonia a república independiente fue una de las más suaves del continente, hubo caudillismo, regionalismo e inestabilidad política pero duraron relativamente poco, no hubo rebeliones sociales y la autonomía nacional adquirida durante la independencia no se vio afectada a lo largo del siglo XIX. El siglo XVII vio el surgimiento de un estrato alto comercial – terrateniente que compitió y compartió con los funcionarios reales el gobierno de la colonia (criollos). Durante este siglo (XVII) el rango social se va a adquirir por diversas vías o mecanismos de ascenso, siendo los más importantes las alianzas matrimoniales, los vínculos de parentesco, la relación con los funcionarios reales y fundamentalmente la acumulación de riquezas en actividades mercantiles y agrícolas. Dicho de otro modo, el rango social depende cada vez más de factores sociales y económicos, que escapan la fiscalización y control de la corona. El proceso de modernización comienza bajo el auspicio oficial español (reformas borbónicas), el efecto político más perdurable del reformismo borbónico fue la extensión progresiva del Estado. Se crearon nuevas instituciones imperiales, las otras existentes fueron reforzadas y por último, surgió una elite imperial a cargo del aparato administrativo que vino a controlar y a disputarle a los grupos dirigentes locales la enorme ascendencia que habían ido adquiriendo. El reformismo borbón una nueva concepción política que eventualmente tendría consecuencias revolucionarias, a saber, que el poder – ya sea económico, político, social – deriva del Estado. La ilustración americana fue ante todo una imposición vertical, no fue motivada por transformaciones sociales. De ahí su carácter eminentemente proyectual y
  • 15. “arquitectónico”, carácter que distinguirá a todos los movimientos ideológicos posteriores en Iberoamérica, y que por lo mismo le confieren un sentido precursor prototípico de nuestra modernidad. Introdujo una cosmovisión novedosa, más moderna; no incitó un quiebre con el orden establecido, aun cuando alteró las bases de la legitimidad política tradicional; y si bien no tuvo repercusión revolucionaria, permitió crear las condiciones para el cambio radical en orden político (no social). La crisis institucional de la monarquía (corona sin el rey) le siguió un periodo de autonomía jurídica y política que se manifestaba en la primera junta nacional de Gobierno y en la convocatoria del Primer Congreso Nacional. La caída sorpresiva y accidental de la monarquía empujó a Chile a una crisis de orden político institucional inédito y desconcertante, agravando la crisis sistémica que ya embargaba la relación entre la colonia y el imperio (crisis sistema borbónico). A la autonomía local parcial lograda a fines del siglo XVIII, le seguiría una autonomía total de hecho, fruto de la inesperada orfandad creada por las nuevas circunstancias externas (crisis monarquía española), a las cuales se sumó un agravante interno adicional: la necesidad de terminar con el gobierno corrupto del gobernador (García - Carrasco). La independencia de Chile no introduce al cambio: más bien lo reitera y ratifica. Ya antes de 1810 existía en Chile una predisposición favorable a lo moderno en cuanto criterio político rector, remontable al reformismo borbónico. La independencia es un fenómeno coyuntural dentro de un proceso de más larga duración que lo envuelve, proceso que puede ser visto como emancipatorio toda vez que sus efectos implican dejar atrás la tradición (colonial), y aceptar la modernidad (republica – ilustración).
  • 16. Actividad (un autor por grupo) Clase 01 Primera parte ¿Cuál es la tesis central del autor? ¿Qué antecedentes y argumentos da para afirmar su tesis? ¿Qué tipo de información ofrece? Indica si es política, económica, social o cultural. ¿Me parecen convincentes las afirmaciones de este autor? ¿Por qué? Clase 02 Segunda parte Recopilar nueva información que complemente a la entregada por el autor. ¿Quién este autor?, ¿Cuál es su posicionamiento ideológico y político?, ¿Qué pasaba en Chile en el momento que fue escrita la tesis del autor? Clase 03 Defensa de la investigación Breve presentación de las investigaciones grupales de los estudiantes, que den cuenta de los resultados de la investigación. Elaborar un escrito grupal en la que se presenten resueltos todos los puntos anteriormente preguntados.

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