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Comunicación: La devoción Mariana en la Sierra Norte del Ecuador
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Comunicación: La devoción Mariana en la Sierra Norte del Ecuador

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  • 1. LA DEVOCION MARIANA EN LA SIERRA NORTE DEL ECUADOR. Amílcar Tapia Tamayo. MIEMBRO DE NUMERO DE LA ACADEMIA ECUATORIANA DE HISTORIA ECLESIASTICA Cuando los españoles, al mando de Sebastián de Benalcázar, se asentaron en Quito, ya constaban en la lista de fundadores los padres mercedarios Hernando de Granada y Martín de Victoria. El padre Granda vino con el fundador de Quito y el 3 de abril de 1537 solicitó solares para fundar su convento. Una vez que se estructuró la ciudad de San Francisco de Quito y su comarca, el obispo fray Luis López de Solís organizó en el año de 1596 la estadística de doctrinas y parroquias, para lo cual distribuyó a las órdenes religiosas a lo largo del territorio de la Real Audiencia de Quito para que cumplan con las tareas de evangelización. A los mercedarios les correspondió las doctrinas de Males, Carlosamá y Mallama, ubicadas en el actual territorio del departamento de Nariño en Colombia; Tulcán, Huaca, Tusa y Puntal, con el anejo de El Angel, en lo que hoy es la provincia del Carchi, así como de Lita y Cahuasquí, en el actual suelo imbabureño. Llegados los hijos de San Pedro Nolasco a la tierra que les fuera asignada, no hubiese sido posible su misión si no contaban con la ayuda y especialísima colaboración de los principales de la nación Pasto, particularmente del cacique García Tulcanaza, uno de los más importantes señores de la región, quien fue el primero en alcanzar el nombramiento de gobernador por parte de las autoridades españolas en virtud de su activa participación en la pacificación de los pueblos localizados en la región occidental del actual pueblo de Tulcán; por otro lado, Tulcanaza aprendió a leer y escribir y fue uno de los más activos defensores de los derechos de los indígenas de su comarca. El cacique Tulcanaza acompañó en el año de 1604 al padre fray Gaspar de Torres hacia la tierra de los Gualapiangos, indios indómitos y belicosos que fueron atraídos con prudencia y mansedumbre por el referido religioso, llegando al extremo de aceptar tan sólo al padre Gaspar más no así al resto de expedicionarios, ni siquiera al mismo Tulcanaza, con lo que se pudo lograr que estos pueblos queden pacificados y sujetos a la autoridad real. En tal virtud, los pueblos evangelizados por los mercedarios se amplió en número pudiéndose contar para 1612, con los de Lachas, Ambas, Altas, Otuvíes, Chimies y Gualtupad, entre otros. En la provincia de Tulcán y sus confines llamados Barbacoas, se encontraron reducidos los pueblos de San Felipe de Mayasquer, San Juan de Tazombi, Santos de Huntal, Santiago de Chical, la Natividad de Nuestra Señora de Quinchul, en los que vivían más de seiscientos indios. Su primer doctrinero fue el padre Juan de Figueroa, quien tomó posesión de su misión el 31de enero de 1602. (1) Para el año de 1583, los mercedarios habían establecido conventos en Tulcán, Huaca, Tusa y Puntal, pueblos que pertenecían al corregimiento de Otavalo. Una de las primeras tareas de los religiosos fue infundir el amor por la devoción a la ---------- (1) Monroy, Joel, El convento de la Merced, 1534-1617, Quito, Editorial Labor, 1937, p. 369.
  • 2. Virgen María en sus más diversas advocaciones, razón por la cual el pueblo de Tulcán, estuvo bajo la protección de la Virgen de la Inmaculada Concepción a pesar de que el nombre primigenio fue San Miguel de Tulcán; el de Huaca se llamó siempre Nuestra Señora de la Purificación de Huaca; el de Tusa, (hoy San Gabriel) pueblo de Nuestra Señora de las Nieves de Tusa; Puntal, (hoy Bolívar) Nuestra Señora de la Purificación de Puntal. En estos lugares profundizaron su misión y los mercedarios pusieron a los pies de María su accionar pastoral, tarea que fue progresivamente haciéndose conciencia en el alma de las gentes. Esta primera siembra daría frutos abundantes que los cosechamos hasta nuestros días, ya que para el caso de Huaca, Puntal y luego el pueblo de Mira que pasó a formar parte de la provincia del Carchi en el año de 1880, las devociones a María santísima son extraordinarias, sumándose a ello la devoción a la Virgen de La Paz, cuyo santuario se halla en la famosa gruta de Rumichaca, que es uno de los santuarios naturales más extraordinarios y hermosos del mundo. En nuestros días, la Virgen de La Paz es la patrona de la provincia del Carchi y particularmente de la Diócesis de Tulcán, a cuyo amparo nos acogemos todos los carchenses. Nuestra Señora de la Purificación de Huaca. Sin lugar a dudas, la devoción más antigua en el norte ecuatoriano es de la Virgen de la Purificación que cada año atrae a miles de devotos de la zona norte del Ecuador y del Sur de Colombia, cuya fiesta la celebran cada 2 de febrero, llegando al extremo que las celebraciones comienzan el 1 de enero y concluye el 5 de febrero, luego de que cada barrio, comunidad, recinto o lugar cumplen con su tarea centenaria de rendir culto a la Virgen a quien cariñosamente la conocen con el nombre de “La Purita”. Los orígenes de esta devoción las encontramos en el hecho de que la primera iglesia de Huaca fue construida por los padres Juan de Salas y Jerónimo de Aguilar en el año de 1583, quien informa al comendador del convento de Quito que “…se ha concluido la construcción de la iglesia de Guacán, ques de un solo cuerpo, techumbre de paja, de buen maderamen y vastedad de espacio para los santos Oficios…” (2) La primera noticia que tenemos sobre la devoción a la Virgen de la Purificación o llamada también de la Candelaria la tenemos para 1606, en donde se tiene informe de que inicialmente fue venerada en un sencillo cuadro toda vez que la cacica María Anchundi informal corregidor de Otavalo que “..se han dado seis bellones de lana y dos pesos de plata al maestro Sebastián Quilango para labrar un marco para el cuadro de Ntra. Sma. Madre de la Purificación..” (3) Se puede colegir que fue el fraile mercedario padre Juan de Andrade, oriundo de Andalucía en España, quien doctrinó en Huaca desde 1605 hasta 1617, introdujo la devoción a la Virgen de la Candelaria, ya que antes de morir, en su testamento, declaraba:” Pido a la Divina Providencia piedad para mi pobre alma pecadora la grascia de verme libre de las voraces penas del fuego del Purgatorio por intercesión de la Bien Abenturada Mdre. Sma. de la Candelaria Patrona de mi doctrina y región…” (4) --------- (2) Archivo del Convento Máximo de la Merced de Quito. Libro de Misiones 1598-1623, folio 17. (3) Archivo de la Notaría Primera de Ibarra. Cartas de caciques de los Pastos al Corregimiento de Otavalo, 1600-1606, folio. 34. (4) Ibid. Archivo de La Merced. Libro de Misas de Difuntos, siglo XVII, folio 32,
  • 3. La presencia de la imagen de la Virgen trajo numerosos favores a los habitantes de la zona. Uno de ellos que está registrado en 1623, dice: “…hay por ello que digo de un gran milagro atribuido a la prodigiosa imagen de la Virgen de la Candelaria del pueblo de Guacán de los Pastos, a quien los indios dicen que habiendo llegado una grande época de lluvias con graves pérdidas en los sembríos y ganados, sacaron el cuadro de la bendita Virgen María de la Purificación a la mitad de la plaza del poblado y todos gimiendo pedían en desespero y angustia…salió el sol con gran asombro de los concurrentes y al punto se suspendieron las lluvias y no llovió por ocho días consecutivos, a pesar de las noticias de grandes aguas en los contornos…” (5) Sobre la primera escultura se tiene conocimiento que esta fue mandada a trabajar por fray Juan de Lara en el año de 1650, quien informa a los superiores de Quito sobre el particular, quien señala que “la cacica Dña. María Guachacán, emparentada con los señores de Tusa ha dejado en encargo la compra de cinco arrobas de cera para la fiesta de la prodigiosa imagen de Ntra. Sra. de la Purificación, cuya imagen es hermosa pero muy pequeña y yo he dado autorización para que recorra toda la comarca recogiendo limosnas para reparar la iglesia que amenaza ruina…”(6) Entre 1661 y 1694 los documentos consultados nos hablan de una serie de prodigios que hizo la Virgen entre sus fieles. De entre los más destacados hállase el de un devoto que estaba cortando madera para reparar el templo de Huaca cuando una enorme rama desprendida del árbol que talaba lo aplastó y mató casi de contado. Su esposa que le acompañaba, gritó con voz fuerte implorando a la Virgen le vuelva a su marido, ya que ella se quedaba sola y con muchos hijos. El moribundo sangraba en forma abundante por la boca, nariz y oídos, lo que demostraba la gravedad de sus heridas. De pronto, para admiración de todos, el accidentado se levantó sin tener señal de golpe alguno y bien animado, siguió con su trabajo cual si nada hubiera ocurrido. Esto produjo un gran alboroto entre todos, que agradecían y clamaban a la Virgen de la Purificación por tan especial milagro. Otro hecho que llama la atención es el relato narrado en 1685 por el padre Diego Gordillo, quien afirma que “una pobre india de Gualmatán, que habiendo estado postrada muchos años llegó en peregrinación a Guaca, habiendo demorado en arrastrarse hasta ese lejano pueblo el tiempo de dos meses y que luego de que hubo llegado a los pies de la Madre Sma. la tullida recobró las fuerzas y se incorporó regresando a su casa por sus propios pies, habiendo empleado en hacerlo solamente cuatro días y ello por el cuidado en no flaquear..” (7) Las noticias sobre el deterioro de la antigua imagen eran continuas, causa por la que el padre Alonso Benavides quien doctrina este pueblo entre 1694 y 1697, informa que el 25 de abril de mil seiscientos noventa y seis se llevó a la población la nueva escultura que “está bien lograda, muy hermosa de siete cuartas, con excelente esgrafiado y rostro encarnado y técnicas del corriente. Fue limosnada con gran concurso por D. Francisco Paspuel y por su esposa D. Juana Ancuya…” (8) ---------- (5) Ibid. Archivo de la Merced, Informes de doctrinas 1598-1623, folio 198. (6) Fray Benjamín Rencoret, Crónicas religiosas de la Merced, Quito, s/e, 1928 (7) Ibid. Libro de Provincia, 1683-1690, folio 17 (8) Ibid. Libro de visitas, 1690-1705, folio 65.
  • 4. Los favores de la Virgen no se hicieron esperar y en 1698 Ella prodigó todo su amor a sus hijos y devotos ya que fueron librados de las consecuencias catastróficas del terremoto del Carihuayrazo que destruyó casi toda la región norte, incluyendo Quito y la zona centro andina. Los habitantes de Huaca corrieron a clamar a María por protección y las consecuencias del sismo fueron mínimas. Algo que llamó mucho la atención a mediados del siglo XVIII, concretamente del 16 de septiembre de 1742 y que atrajo a cientos de curiosos, devotos y feligreses, habiendo incluso quedado registrado en un documento en el despacho del obispo de Popayán, se refiere a la curación de la indígena Teresa Piján, natural del sitio llamado Mirador que está próximo a la población de Pupiales. El hecho es que dicha india no podía levantarse de la cama por espacio de dos años debido a una postración en su costado derecho, habiendo sido desahuciada por todo médico, con el agravante de que había terminado toda su fortuna por buscar curación alguna, hallándose en la más grande pobreza, llegando al extremo de ser abandonada por su propio esposo y no se diga por sus hijos. En un momento de angustia y desesperación, luego de vender todas sus míseras pertenencias, logró que la trasladen en chacana hasta Guaca, postrándose ante la sagrada imagen buscando su curación. Lo más triste de todo –dice el documento consultado- su cuerpo exhalaba malos olores y era insoportable su presencia al interior de la iglesia, causa por la que el cura ni siquiera podía dar misa. A los tres días, el sacristán la encontró barriendo la iglesia gozando de una excelente salud y gritando daba gracias a la Virgen por su curación. Este dato lo firma fray José González en la fecha arriba señalada. En nuestros días, la fiesta de la Virgen de la Purificación es extraordinaria. Se realizan caminas extenuantes desde Tulcán y otros lugares de la provincia del Carchi para llegar a su santuario a donde arriban por cientos los peregrinos y devotos. Su antigua talla fue coronada canónicamente el 2 de febrero de 1955 por parte del obispo de Ibarra Mons. César Antonio Mosquera. Nuestra Señora de la gruta de Rumichaca de la Paz. La provincia del Carchi, localizada en la zona septentrional del Ecuador, posee uno de los lugares naturales más extraordinarios con los que la naturaleza ha querido regalar a sus habitantes, pero ese espacio es lugar donde la Madre de Dios tiene su santuario. Dios hizo la gruta de Rumichaca, localizada en la parroquia de La Paz, cantón Montúfar, para que sea morada de la reina celestial, declarada patrona de la diócesis de Tulcán. Los mercedarios luego de que abandonaron su lugar de misión a comienzos del siglo XIX, por pedido de las autoridades eclesiásticas varios de ellos regresaron a su antigua tierra de misión. Uno de ellos fue el padre fray Agustín Valdospinos, quien misionó en la población de Tusa en 1819 y fue él quien por vez primera sugirió aprovechar el inmenso socavón natural llamado por la naturales Rumichaca para instalar una ermita en honor de la Virgen María. En 1914 se inició la primera Guerra Mundial que se prolongó hasta 1918 y en donde murieron más de diez millones de personas, produciendo en el mundo un gran impacto social, económico y emocional, razón por la cual la Iglesia en particular oraba intensamente para que termine este mal.
  • 5. Para el caso que nos ocupa, la gruta de Rumichaca por la cual atraviesan las aguas del río Apaquí, se localiza en las inmediaciones del antiguo pueblo de Pialarquer, el cual tomó el nombre de La Paz el 3 de octubre de 1892. Desde cuando se estableció el pueblo de Pialarquer y luego La Paz, los sacerdotes comenzaron a interesarse por materializar la idea del padre Valdospinos. Es así que el padre José María Soasti, que fue designado como primer párroco de este lugar en virtud de haber sido erigida como parroquia eclesiástica en el año de 1904, realiza varios viajes hacia el socavón con el objeto de concretar esta idea. Para ello hace tallar una imagen de la Virgen con el afamado escultor Daniel Reyes, oriundo de San Antonio de Ibarra y talla una imagen con un ramo de laurel, símbolo de la paz. La figura se talla entre 1916 y 1918 en una roca de licamancha que fue extraída del mismo lecho del río y se le otorga el nombre de Virgen de la Paz, con el fin de que Ella proteja al mundo del azote de la guerra. El lugar se halla en una profunda cañada y en los primeros tiempos no habrá sido anda fácil llegar a ella; sin embargo, los habitantes de La Paz, paulatinamente fueron construyendo un camino sinuoso para llegar hasta la gruta. En nuestros días, si bien el camino es estrecho, permite llegar con facilidad al lugar. El santuario, primero diocesano, se convirtió más tarde en nacional por decisión de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana y fue el cardenal Pablo Muñoz Vega, distinguido carchense, quien lo consagró el 8 de diciembre de 1976, siendo obispo de la Diócesis de Tulcán, Mons. Luis Clemente de la Vega, a su vez primer obispo de esta jurisdicción regional. En nuestros días, la Virgen de La Paz es un referente de esperanza para los pueblos de la zona norte del Ecuador. Nuestra Señora de la Caridad de Mira El origen de esta advocación la encontramos en el periodo colonial y también sus inicios tiene que ver con la devoción a la Virgen de la Presentación, Purificación o Candelaria, cuya fiesta la Iglesia Universal la celebra el 2 de febrero de cada año. La primera noticia que sobre la fiesta a nuestra Madre llamada más tarde de la Caridad de Mira, la encontramos en 1583 gracias a una carta del padre Alvaro Guerrero Zalamea, quien murió en Pasto en 1588 y en su testamento dice:” …he sido doctrinero en el pueblo de Mira y dejo 20 pesos para que se compre cera para la fiesta de Nuestra santísima Madre de la Purificación que es de mi doctrina…” (9) La segunda referencia existente, pero esta vez con el nombre Candelaria, la debemos al padre Nieto de Solís, que informa el 14 de junio de 1632 al obispo de Quito Pedro de Oviedo que es doctrinero del pueblo de Mira, cuyo principal es “Felipe Mira, hijo de Pedro Pantala …” (10) ------------ (9) Archivo del Obispado de Pasto-Colombia. Libro de varios, 1580-1588, folio 18. (10) Archivo de Convento de la Merced de Quito, Doctrineros 1632, folio 104
  • 6. En el año de 1697, por vez primera asoma el nombre de Virgen de la Caridad, teniendo como referencia la carta del cerero Luis Castrillón oriundo de Pasto quien informa que obsequia una arroba de cera a la Virgen de la Caridad, “devoción particularísima del MRP Juan de Valdospinos, doctrinero del pueblo de Mira que le prodigó muchos favores cuando su estancia en este punto…” (11) El 11 de enero de 1698, el cacique Tomás Ilimira Cuasquer, principal de la comarca, solicita autorización al corregidor de Ibarra para “comprar dos arrobas de cera, quemar candelas i tocar pífanos en honor de la Santísima Madre de Dios de la Purificación, llamada también de la Caridad, que será para siempre nuestra sancta Patrona i Madre desta Comarca por la singular caridad que hiso para con mi familia…” (12) Respecto a la hermosa figura de la Virgen de la Caridad se confirma que ella perteneció al padre Valdospinos, quien obsequió la imagen al pueblo de Mira en 1670, toda vez que en el inventario de bienes de la iglesia de este pueblo ya asoma entre los bienes del templo. En citador religioso informa al deán de la catedral de Quito que “posee una bella imagen de Nuestra Señora de la Caridad que fue adquirida en España antes de su venida a las Indias”. No señala año ni fecha alguna. Lo cierto es que a partir de 1700 la fiesta se realiza en forma pomposa y de forma muy popular. El padre Valdospinos introdujo la costumbre del llamado “novillo de bomba” propio de la zona de Tarragona, su pueblo natal y que se practica hasta nuestros días, siendo la única tradición de este tipo que se practica en Ecuador. La Virgen de la Caridad, al tiempo que es muy querida por los mireños, forma parte de la historia misma de la población, ya que según la tradición, Ella protegió al pueblo de Mira de la invasión de los esclavos negros sublevados en el siglo XVIII, quienes pretendían incendiar este pueblo en donde residían los encomenderos y principales de la comarca debido a los abusos de los mismos. Los mireños que llaman a la Virgen “la Chjamisuda” por lo enredado de su cabellera, acudieron presurosos a ella para evitar que la muchedumbre de sublevados cumplieran con su cometido. Los negros tenían mucha devoción a la Virgen de la Caridad del Cobre, devoción muy extendida en las Antillas, cuya imagen es muy parecida a la venerada en Mira, causa por la que los esclavos al mirar a la Virgen en el sitio “La Portada” al ingreso a la población, de retiraron en forma pacífica a sus haciendas, razón que se consideró un especial prodigio, razón por la cual desde ese entonces la Virgen no solamente es considerada como protectora, sino madre, maestra y protectora de su pueblo. En nuestros días, las fiestas de Mira son extraordinariamente concurridas. Los devotos realizan largas caminatas desde Ibarra y otros lugares del Carchi para ir a rendir especial tributo de amor y gratitud a la Señora y Madre del Verbo. ------------ (10) Archivo del Convento Máximo de La Merced de Quito, Doctrinas, Caja 10, 1630-1634, fol. 15 (11) Ibid. folio 45. (12) Archivo de la Notaría Primera de Ibarra. Cuestiones varias, 1690-1700, folio 70
  • 7. EPILOGO La esperanza es un efecto gozoso del alma, que se basa no sólo en la tangible realidad que pudiera de contado legitimarlo, sino en alguna realidad superior, que aunque escape todavía a la percepción sensible, tiene en sí fuerza persuasiva y atracción bastantes para llenar la voluntad de aliento, alegría, firmeza y seguridad. Motivos de fe tenemos los hombres que alzando la mirada al cielo, sabemos que allí está María, la madre que nos mira con ojos de bondad. Esos ojos nos han dicho que hay en la altura un corazón que vela condolido de nuestros quebrantos, un brazo superior a todos los poderes de la tierra y que nos conduce sin prisa pero con pausa hacia la misericordia divina. En el Carchi honramos a María, la amamos con singular ternura pues su nombre resuena en los labios de cada aurora, como un ramo de menta campesina, despertando los cantos de los pájaros y del agua más niña. Nombre que se lo pronuncia en voz baja, solamente para el alma, que la siente sola con sus anhelos, sola con sus cadenas y heridas. Nombre que al golpear dentro del espíritu como agua dormida, va a besar los círculos más lejanos de las eternas orillas. Por ello, creemos que beber de rodillas el agua de sus ojos de Madre, es guardar el agua azul de su mirada que brota dulce y limpia en el cántaro negro de nuestros ojos para la sed del día. Es marcharse por el polvo del camino al sol y la fatiga, entre gentes extrañas, bajo miradas frías, llevando en la garganta y en los labios árido el beso y la canción marchita. Y devolver a la canción y al alma la frescura y la vida. Bebiendo el agua azul de su mirada a sorbos y a escondidas.

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