ÉTICA DEL EXISTENCIALISMO
                                 (Por: RIGOBERTO MOLINA PARRA)




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Ética y Existencialismo

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El presente trabajo realiza un breve recorrido histórico y un análisis acerca del existencialismo y su evolución, no sólo como sistema filosófico, sino especialmente como sistema ético.

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  1. 1. ÉTICA DEL EXISTENCIALISMO (Por: RIGOBERTO MOLINA PARRA) EXISTENCIALISMO El existencialismo como tal no es un sistema, ni tan siquiera una escuela. Se trata si acaso, de una serie de posturas adoptadas por diversos pensadores y escritores que tienen por denominador común la preocupación capital por la existencia humana. El precursor de este movimiento e Kierkegard, pero su ámbito supera lo filosófico y se extiende como una conciencia general de angustia, acrecentada por las guerras mundiales1. El existencialismo o filosofía existencial alcanza un alto nivel filosófico. Aunque hoy ha rebasado su punto culminante, sin embargo sus repercusiones pueden notarse todavía. Desarrollo de modo sistemático en el siglo XX, sus raíces llegan hasta la primera mitad del XIX. En términos precisos: representa una reacción contra el idealismo alemán, contra el pensamiento de Hegel (racionalismo). Kierkegard da el paso decisivo hacia la llamada filosofía existencialista, pretendiendo conducir al individuo a la plenitud de su existir, así deja de ser concebido desde lo universal, sino individual donde ha de dilucidar desde el mismo. Dentro del marco filosófico, cabe generalizar dos tipos de posturas: la que afirma la imposibilidad de trascender la existencia, y el consiguiente fracaso radical inherente a la condición humana; y la que admite una realidad absoluta que garantiza unas posibilidades de realización existencial. La primera de estas posturas la sostienen Heidegger, Jaspers y Sartre, entre sus representantes más destacados; la segunda caracteriza, sobre todo a los llamados existencialistas cristianos, como Unamuno, Berdiaev o Marcel. Los tres primeros autores citados, 1 El existencialismo como doctrina filosófica no plantea explícitamente un sistema ético, sin embargo, su reflexión antropológica y metafísica acerca del ser humano, su vida y su existencia nos brindan elementos para realizar una auténtica reflexión ética sobre el hombre y su existencia. Cf. PLANETA Editorial, Nueva enciclopedia temática. Arte y Filosofía. 1991. Pág 216.
  2. 2. sin embargo, elaboran una obra filosófica de gran envergadura, en la que el problema de la trascendencia ocupa un lugar secundario2. Raíces del Existencialismo El existencialismo, corriente filosófica tan difundida en el presente, no nace precisamente en su totalidad con los contemporáneos. Este auge fue una causa de la semilla existencial que incubó el hombre en su ser, desde las primeras etapas del pensamiento filosófico, cuando los llamados físicos se hallaron frente a su existencia misma, independiente de la naturaleza y a la vez atada profundamente al universo, enraizada en la impotencia de interpretar racionalmente las verdades más profundas. Allí precisamente nace el incipiente existencialismo, con Tales, los Jónicos, los Pitagóricos, y más fuertemente, en Platón, que busca dar respuesta al enigma del ser ubicado en el mundo. Su teoría de las ideas puede ser catalogada como una forma de interpretar la angustia existencial. Posteriormente, fue la pregunta por Dios, una manera de responder la propia pregunta por el hombre y los más grandes pensadores buscaron en la trascendencia cristiana el refugio de la angustia terrena, hasta que el renacimiento se preocupó de nuevo por el hombre en sí, y sería este pasa del Teocentrismo al Antropocentrismo, el resquebrajamiento de del cascarón, que daría a luz el existencialismo como corriente filosófica definida. Encontramos luego a pensadores como Pascal, que sumido e la grandeza y miseria de su ser, se sintió absorbido por el universo, como un punto devorado por el infinito, lo que llevaría a exclamar: “ qué es el hombre en el universo, una nada ante el todo, un todo ante la nada, un intermedio entre la nada y el todo” 3, este desarraigo del propio existir, este pensamiento expresado desde sus entrañas es una preclara muestra de las raíces más profundas del existencialismo. 2 BRUGGER Walter. Diccionario de Filosofía. Editorial Herder. 1983. Barcelona. Décima edición. Pág. 232. 3 PASAL, Blaisse. “Pensamientos”. Editorial Altaya. Barcelona España. 1996. P. 102.
  3. 3. Más tarde el cambio de ideología iría formando un sentimiento de reclamo hacia el llamado oscurantismo; el pueblo que había visto desfilar la jerarquía eclesial en la pomposidad de su riqueza, había observado la sangre de grandes hombres ajusticiados en nombre Dios y soportado el dolor y el hambre para hallar la paz eterna, comenzó a interpretar desde otra perspectiva los dogmas, a hacer de juez y poner en la guillotina de la razón el pensamiento medieval, y como sucedió en alguna corriente del existencialismo a Dios. Fue justo en este momento de la historia, cuando el existencialismo tomó forma de manera orgánica, se estructuro su pensamiento, se dividió en diferentes corrientes, como abierto, cerrado, práctico, teórico... Kierkegard, Nietzsche, Sartre, Camüs, son el punto de referencia para aquellos que encontraron en la vida un absurdo, donde, como sucede en el mito de Sisifo, caminamos sin sentido hacia la cumbre, cargando un peso atormentador y obligados a lanzar a rodar la piedra para de nuevo ir por ella. La raíz del existencialismo, su misma semilla, se halla en el momento que el hombre miró las estrellas y sintió su nada, observó su horizonte y se vio amarrado a un solo trozo de tierra, pero los frutos de estos pensamientos, surgen como juez de la trascendencia, es por esta razón, que la libertad del hombre, apostar por un solo absoluto es la llave que abre la ética existencialista. ALGUNOS PENSADORES EXISTENCIALISTAS Al hablar de pensadores existencialistas tenemos que hacer alusión a ilustres filósofos como Kierkegard, Nietzsche, Schopenhauer, Heidegger, Jaspers, Camüs, Sartre y Marcel entre otros que han pretendido dar una fundamentación racional a la existencia humana liberándola de toda superficialidad y comunicándole un verdadero sentido de realización y trascendencia. Es por ello que a continuación presentamos una breve síntesis biográfica de algunos de ellos. SÖREN KIERKEGARD (DINAMARCA, 1813-1855)
  4. 4. Es, al lado de Nietzsche, el fundador de la filosofía existencialista. Se interesa fundamentalmente por la existencia humana, por su existencia como ser individual, por su singularidad, unidad, unicidad, autonomía, libertad y responsabilidad. El hombre cobra conciencia de sí mismo en su impotencia y en le quebranto, en la culpa y en la angustia. Pero en la fe es liberado por Dios que lo conduce a la plenificación de todo su ser y a al total realización de su existencia. KARL JASPERS (1883-1969) Médico psiquiatra, su primer trabajo dentro de este campo fue “Psicopatología general”. En el plano filosófico su primer obra, por cierto de carácter totalmente existencialista, publicada en 1919, ocho años antes de que Heidegger publicara su famoso Ser y tiempo, se denominó “Psicología de las instituciones del mundo”. Durante mucho tiempo fue docente en Heildelberg y desde 1948 en Basilea, es al lado de Martin Heidegger, el fundador de la filosofía existencial alemana. Jaspers pretende ofrecer en su filosofía una explicación de la existencia. Discurre así. El ser humano posee ante sí la realidad del mundo. Dicha realidad es inicialmente aquella existencia de los objetos de que se ocupan las ciencias particulares (es lo que Heidegger denominó ser presencial, Vorhandensein). El hombre del común, es decir, aquel que no es filósofo aprehende ese ser como algo evidente y aproblemático4. Una reflexión filosófica, rápidamente descubre la carencia de una visión unitaria del mundo; puesto que siempre sucede que se absolutiza un lado, una porción, que es sobrevalorizada y tomada como el todo, mientras todo lo restante es discriminado y lanzado a un segundo plano. El positivismo actúa concediendo gran supremacía a la parte cuantitativa y mecanicista del cosmos y afirmando que es lo único real. El idealismo opera de igual manera con el espíritu. Olvidando ambos que los contenidos de la conciencia (representaciones, conceptos, juicios) no son aquellos que por lo general se cree saber, conceptos mentales de validez universal, con los que de modo adecuado los objetos son por 4 Cf. HIRSCHBERGER Johannes. Historia de la filosofía II. 14ª edición. Barcelona. Editorial Herder. 1994. Pág. 426.
  5. 5. nosotros aprehendidos, realmente el ser humano piensa de forma existencial, «cada concepto con su sello de singularidad incomunicable e insustituible»5. Lo vieron ya así Nietzsche y Kierkegard. ¿Querrá esto significar abandonarse al curso fugaz del vivir y relativizar el pensamiento, haciendo de él meras estaciones de la lucha originada por la voluntad de dominio? Jaspers no desea tal disolución de la ciencia. Él ve en la existencia un juego combinado de vida y espíritu. Quien no desea salvar más que la vida, como «existencia irracional», a merced del sentimiento, de la vivencia, de la impulsividad aproblemática, del instinto y del capricho, caerá en una ciega brutalidad. Quien, por el contrario, sólo pretende salvar su espíritu, la «razón inexistente», resbala hacia un universalismo intelectual, esquemático, sin personalidad, sin historicidad, como un punto en el vacío, sustituible a capricho por otro. Las dos posiciones son extremas y debes ser integradas para que se dé dentro del ser humano una perfecta armonía existencial. Razón y existencia constituyen dos realidades inseparables dentro del universo de lo humano. Si la una muere la otra también. Es lo que él maravillosamente expresa cuando nos dice: «La existencia se ilumina solamente por la razón; la razón se llena de contenido sólo por la existencia»6. MARTÍN HEIDEGGER (ALEMANIA, 1889-1976) Principal exponente de la filosofía existencialista. Estudió teología y filosofía, se doctoró en 1914 con una tesis sobre La doctrina del juicio en el psicologismo. Trabajó al lado de Husserl en calidad de ayudante. Durante muchos años se desempeño como profesor en Marburgo. En 1929 asumió, en reemplazo de Husserl, la cátedra de filosofía en Friburgo. En 1933, luego de adherirse al Partido Nazi, fue nombrado rector de la Universidad de Friburgo en donde pronunció un discurso sobre la autoafirmación de la universidad alemana, en el que manifestó su adhesión a Hittler. GABRIEL MARCEL (1877-1973) 5 Ibid. Pág. 426. 6 JASPERS Karl. En Ibid. Pág: 427.
  6. 6. Filósofo católico francés, perteneciente a la corriente existencialista. Su filosofía es un continuo retorno al Ser en cuanto que Ser, es decir a la metafísica. Su doctrina, profundamente imbuida de la de Kierkegard, sabe que en toda la metafísica del ser no es posible abstraer el sujeto, que se requiere pensar de forma existencial, y que por ende la realidad está cubierta de un profundo misterio. Sin embargo Marcel no resbala hasta el subjetivismo unilateral; él halla en el sujeto una re-ligación fundamental al Ser, re-ligación tan originaria y primitiva como la relación «yo-tú». En el ambiente de esta relación social «yo-tú» se nos manifiesta, algo así como el «sen-en-el-mundo» heideggeriano, un fundamento originario, que es el ser auténtico, i trasciende los aspectos parciales de las posiciones filosóficas antagónicas, idealismo y realismo, sujeto y objeto. JEAN PAUL SARTRE Jean Paul Sartre (1905-1980) francés. Posee una amplia obra filosófica y literaria, así como una larga trayectoria de intelectual de izquierda comprometido con la sociedad. Entre sus obras filosóficas cabe citar El Ser y la Nada (1943), El existencialismo es un humanismo (1946) Crítica de la razón dialéctica (1960), La nausea (1932). Neomarxista en materia de interpretación histórica, matiza el materialismo dialéctico afirmando la libertad de iniciativas del hombre, que se integra en las modalidades propias de la sociedad en que se manifiesta. El hombre se enfrenta con la nada; la nada es inherente a la existencia. A la conciencia, por ser una nada, sólo le queda la posibilidad de ser conciencia de algo; también la muerte se presenta ante él con su característica de angustia. El se divide en dos dimensiones bien distintas entre sí que son: el «ser en sí», y el «ser para sí».
  7. 7. El SER EN SI es el ser de las cosas, es la identidad consigo mismo “el ser es lo que es”, sin movimiento, pero libre, condenado a ser libre, pero no puedo elegir frente a mi cuerpo a mi pasado, soy para la muerte. El SER PARA SÍ: El hombre es libertad y conciencia, es lo que es, pero si puede superarse, trascenderse. El hombre empieza por existir, es decir empieza por ser algo que se lanza hacia un porvenir, y que es un ser consciente de ese proyectarse. El hombre es ante todo un proyecto... si la existencia precede a la esencia, el hombre es responsable de lo que es. Para Sartre o el hombre es libre o existe Dios, ya que dos absolutos no caben en la misma existencia. EXISTENCIA COMO LLAMADA Y TAREA. Una vida que no es examinada, no vale la pena ser vivida. Ser hombre significa, no detenerse, no descansar, tener algo que hacer, estar en busca de un sentido para la vida. Por eso la existencia humana es vivida como una tarea que cumplir, como una llamada que responder. Es un don y una tarea; a la luz de esta llamada es como el ser humano tiene unas posibilidades, y ha escogido un cierto camino para encontrar su realización y la realización de algunos otros que al igual que el libremente han decidido unir sus barcas para responder a esa tarea o llamado que les ha puesto la vida, ya que este no debe ser un impulso ciego, o una fuerza indómita que arrastre a la existencia del hombre a un abismo estéril y esclavizante. Encontramos que para la existencia del hombre existen unos valores que le ayudan a un mejor vivir.
  8. 8. VALORES: Es todo lo que permite dar un significado a la existencia humana todo lo que le permite ser verdaderamente hombre; los valores no existen sin el hombre, con ellos se da el valor a la propia existencia. La libertad es el único fundamento de los valores, se nos da a todos “somos arrojados a la existencia a ser libres, somos condenados a ser libres”. Pero una libertad como el estado de aquel que, tanto si obra bien como si obra mal, se decide tras una reflexión, el hombre que sabe lo que quiere o al menos lo busca, y que conoce y que busca su realización; “ El amor es el espacio que la libertad se crea para realizarse”. EL FRACASO Y EL MAL COMO PROBLEMA HUMANO Todas las ideologías, las filosofías, las antropologías y las religiones -como nos lo indica Joseph Gevaert- tienen necesariamente que enfrentarse al problema del mal y del fracaso como límite de la existencia humana y darle una explicación. Los marxistas lo explican como el resultado de la «alienación», la «explotación» y la «lucha de clases». Los creyentes prefieren hablar de «diablo» y de «pecado». Los existencialistas, como Jean Paul Sartre y Albert Camüs, hablan de «carácter absurdo de la existencia». Un discurso bien cimentado sobre la existencia humana implica necesariamente abordar la dimensión del mal y del fracaso como elementos constitutivos de la existencia del hombre. Por todo ello tratemos de realizar un breve análisis sobre este problema, no sin antes aclarar desde el punto de vista filosófico-antropológico-existencial el significado de algunos términos que pueden facilitar la comprensión del problema.  Fracaso: Consiste en el «intento de asumir un valor que se hunde y finaliza hecho en la nada»7.  Mal: Hablamos de mal siempre que se dan experiencias o situaciones que contrastan con las justas exigencias una vida humana verdaderamente digna o que frustran los ideales que él intenta desarrollar en la historia8. 7 GEVAERT Joseph. El problema del hombre. 3ª edición. Salamanca: Ediciones Sígueme. 1980. Pág: 268. 8 Cabe anotar que toda experiencia sobre el mal presunto o verdadero genera en quien la vive un estado existencial de dolor y sufrimiento. Cf. Ibid. Pág: 268.
  9. 9.  Sufrimiento: Se refiere a la forma específica como cada hombre vive el fracaso y la frustración fruto de todas aquellos esfuerzos que se ven truncados y terminan en la nada, o bien como resultado de todas aquellas situaciones conflictivas en las que se halla inmerso sin poder salir de ellas9. El sufrimiento existencialmente en la forma como es asumido por cada individuo puede presentar distintas connotaciones (Ver tabla No. 1). De forma similar al sufrimiento, el mal puede ser contemplado desde una triple perspectiva (Ver cuadro No. 2). El mal, problema intelectual y existencial El mal como entidad exclusivamente humana se manifiesta particularmente en el sufrimiento que escandaliza o hiere nuestra conciencia, que atrapa o invade nuestra existencia. En efecto, al ver un niño que muere de hambre, o frente a una guerra que de forma demencial asesina a millones de personas inocentes, o ante el débil que es explotado, oprimido y alienado por el rico y el poderoso, o al contemplar la existencia que de modo brusco es talada por la muerte en el instante preciso en que comenzaba cual flor a abrirse a la vida, o al ver que el amor puro es traicionado y vilipendiado... nuestra existencia se subleva y angustiosamente grita: ¡No, esto no puede ser, esto no debe ser! Aparece inmediatamente una reacción espontánea de nuestro ser. Es imposible no asumir una postura ante tales situaciones: reacción rebelión, fatalismo, pesimismo, fuga, evasión, etc. Tipos de sufrimiento Fisiológico: Nos referimos al dolor físico, es decir al que experimenta el ser humano sobre su cuerpo. Psicológico-moral: Hace referencia a la conciencia del individuo a cerca de sus propias carencias y al rechazo que experimenta ante ellas o al hecho de descubrir que algo en 9 Cf. Ibid. 268.  Estas divisiones acerca del dolor son -a nuestro modo de ver- simplemente consideraciones teóricas y nominales puesto que en la vida real el dolor físico influye anímica y psicológicamente sobre el individuo; a su vez, el dolor psicológico tiende, en mayor o menor grado, a somatizarse e incidir sobre el funcionamiento del organismo. Junto a esto, es necesario tener presente que el dolor, bien sea físico o psicológico, incide sobre el modo como cada individuo se relaciona con los otros y con su ambiente, en este sentido el dolor vivido y asumido en un primer momento de forma individual trasciende un segundo momento en el que incide sobre el colectivo social y viceversa, el modo como se desarrollen los procesos sociales incide notoriamente sobre el ser físico y psicológico del hombre.
  10. 10. su vida marcha mal. Sociológico: El sufrimiento y el mal experimentado o generado por un individuo cualquiera influye de un modo u otro, aunque no siempre sea percibido por los otros, dentro de las colectividades y la sociedad a la que pertenezca. Tabla número 1. Perspectivas de interpretación del mal Impersonal: Se trata del mal en sentido genérico, es decir, entendido como toda situación incompatible con la realización integral del ser humano tanto en a nivel personal como comunitario. Personal: Fruto de la opción libre del hombre ante la posibilidad de optar por el sendero del o el del mal (Mal moral). Social: Las problemáticas vividas dentro de un grupo o colectividad. Tabla Número 2. Existencialmente hablando, el mal nos escandaliza y estremece. Es por esto mismo que cuestiona e inquieta a la inteligencia explicativa. La persona que fracasa, que sufre, que encuentra en su vida un obstáculo, que experimenta la violencia o vive la perdida de los seres que ama desea comprender y se interroga: ¿Por qué? ¿Tiene esto sentido? ¿Cuál es el origen del fracaso y el mal? ¿Es definitivo e irreversible este fallo dentro del devenir existencial del hombre? El ser humano busca afanosamente dar solución a estas preguntas con el propósito de sobrellevar existencialmente de modo más fácil el dolor, o pretende racionalizar el sufrimiento y darle una justificación que le permita evadir su responsabilidad o justificar una esperanza de superación bien sea dentro de este mundo o en el más allá. Intelectualizar y racionalizar el mal es querer hacerlo menos ofensivo, hacerlo más soportable y plantar nuevas vías de superación. Situar dentro del campo de acción de la antropología el problema del fracaso y del mal quiere decir colocar al hombre concreto y a su existencia, también concreta, como una tarea, como un proceso tendiente a la realización personal junto a otros hombres concretos con sus existencias –también concretas- en este mundo. Requerimos entonces superar las explicaciones prefilosóficas acerca del mal y su naturaleza y examinar en forma crítica su influencia sobre el devenir histórico-existencial del hombre como individuo físico, espiritual, psicológico, miembro de una sociedad, etc. Debemos afanosamente evitar la solución fácil, no podemos culpar a Dios -Creador que da el impulso inicial y la vida al universo- de nuestros males y fracasos. Primeramente se trata más bien de comprender que tanto el fracaso como el mal constituyen esencialmente dos realidades exclusivamente humanas y, por ende, antropológicas. Solamente
  11. 11. a partir de este reconocimiento, en un segundo momento, cuando se rebelan las connotaciones metafísicas del problema, este puede ser considerado en sentido teológico, o sea en relación con Dios, Creador, que dio al ser humano la vida y le concedió el don de la libertad y la racionalidad para que decidiese optar por el bien o por el mal. Los intentos de solución y racionalización del problema del mal y del fracaso pueden situarse principalmente dentro de las perspectivas siguientes: - Histórico-antropológica: Se contempla al problema como una cuestión plenamente inteligible a nivel humano y radicalmente superable por la acción de la técnica, la ciencia y el progreso humanos en el campo histórico. - Antropológico-metafísica: El fracaso y el mal, particularmente en la muerte, se revela al ser humano en su (la del hombre) dimensión metafísica, espiritual, trascendente y/o escatológica. Ambas perspectivas ofrecen una visión incompleta del problema del mal. Lo mejor, en este caso es tomar lo mejor de ambas corrientes y complementarlas de modo tal que se enriquezca nuestra comprensión al respecto. BIBLIOGRAFÍA - GEVAERT, Joseph. “El problema del hombre”. Ediciones Sígueme. Salamanca, 1980. Tercera Edición. 360 págs. - HIRSCHBERGER, Johannes. “Historia de la filosofía Tomo II”. Barcelona, Editorial Herder. Décimo cuarta edición. 600 Págs. - EMBER, Carol y Melvin. “Antropología Cultural”. Ed. Prentice Hall, Madrid. 1997. Octava Edición. 492 págs. - BAHAMÓN, Berenice. “Filosofía 2”. Medellín, Editorial Susaeta. 1983. 256 págs.

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