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Francisco Umbral, un ser de lejanias
 

Francisco Umbral, un ser de lejanias

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    Francisco Umbral, un ser de lejanias Francisco Umbral, un ser de lejanias Document Transcript

    • Francisco Umbral: “Un ser de lejanías"
    • Francisco Umbral es la metáfora del idioma español. Sus gafas imposiblesescondieron adjetivos, su bufanda blanca protegió su corazón de esnob y susbotines le procuraron sus andares de dandy. Fue un hombre desnudo, vestidosólo por las palabras libres que su máquina de escribir tejía sin parar. “Pequeña metralleta entre mis manos, máquina de matar con adjetivos, máquina de escribir, arma del tiempo.”1 Francisco UmbralCortaba los trajes sin patrones y tentaba a las personas con la manzana de suinteligencia mordaz. Tocó fondo y no le gustó ese terreno fangoso. A partir deese momento, se olvidó del hombre y se elevó veinte centímetros por encimadel resto de los mortales. Con hechuras de gigante de la literatura sufrió lasenvestidas de muchos caballeros andantes que lo confundieron una y otra vez.Su amigo el poeta José Hierro acertó calándolo como pocos, no con un versofácil, sino llamándolo “Don Francisco de Cervantes Umbral”. O sea.“La pasión última de mi literatura es metaforizar (…) ¿Dónde está el placer dela metáfora? En la fruición de un encuentro inesperado, de dos cosas quecopulan sin conocerse”. Escribir con metáforas es reinventar el español, esatreverse con el “ochomil”. Nos interesa Francisco Umbral como escritormágico, pero nos acercaremos a su vida que nos invitará a reconocernos ensu desgracia y nos propondrá el pacto de reconciliarnos con él. El hombre y elescritor copulando, pero esta vez con conocimiento previo.Comenzaremos observando los trazos gruesos de su vida, seguidamentebucearemos en su figura de gigante de la literatura, y concluiremosencontrándonos al hombre.La España republicana de 1935 que estrenaba gobierno, presidido por NicetoAlcalá Zamora, conoció el miércoles 11 de Mayo que doña Ana María PérezMartínez daba a luz a un varón en un hospital benéfico de la capital de España.Ese niño nacido en la soledad y en el secreto, fue inscrito en el registro civil,tres días después de su alumbramiento, con el nombre de Alejandro FranciscoPérez Martínez.1 Francisco Umbral. “Obra poética (1981-2001)”. Edición de Miguel García Posada. Editorial Seix Barral.Barcelona 2009.
    • Nuestro gran Francisco Umbral fue hijo natural de una joven vallisoletana quepor los rigores sociales de la época se trasladó a Madrid para dar a luz. Sólotuvo en aquellos duros momentos el calor de su madre y la distancia eincomprensión de su padre. Madre e hijo abandonaron la Maternidad tres díasdespués del parto, y el niño fue bautizado en la pequeña capilla delestablecimiento benéfico dependiente de la parroquia de San Cayetano.2Este hecho marcaría de forma muy importante a Umbral durante toda su vida.“Yo soy el fruto de una muchacha en flor, solo eso me ha dado verdad,identidad y salud mental. Ahí, en el cuerpo alto, bajo el vestido de un veranotranquilo y vulgar, en el vientre de fuego y dibujo de las playas, viví nuevemeses que fueron mi verdadera vida y me prepararon para lo subsiguiente, unamera continuación en el exterior, vengando siempre su vida y su muerte concada triunfo y cada crimen personales”.La familia de su madre era muy católica y conservadora y no facilitó su regresocon el pequeño al seno familiar. Convinieron en que fuera criado por unanodriza en Laguna de Duero, localidad cercana a Valladolid, junto a otrosniños. Tanto su madre como su abuela lo visitaban con la frecuencia quepodían. En esa situación transcurrieron sus primeros cinco años de vida. Fueescolarizado, según se dice por su mala salud, cuando ya contaba diez años.Fue un alumno indómito y fue expulsado al año de su ingreso en el colegio.Parece ser que ya no volvió a matricularse más. El niño era, sin embargo, unlector compulsivo y autodidacta de todo tipo de literatura. Recordaría añosdespués en su libro “¿Y cómo eran las ligas de Madame Bovary?”, a donGonzalo su profesor, que si bien lo castigaba frecuentemente, también ledescubrió el libro “Corazón” de Edmundo D´Amicis. “Pienso que Corazón mehizo más escritor que ningún otro libro, pues no se me escapaba por arriba,como Hamlet, ni me abrumaba con sus arrobas, como El Quijote”.3Una vez de regreso a Valladolid, y viviendo con su madre, con sólo catorceaños comenzó a trabajar como ordenanza en el Banco Central. Esa etapa ladefine de la siguiente manera: “El secreto estaba en enviar solo una mínimaparte de sí mismo a cumplir con el oficio y ganar el sueldo, reservándose elresto, en cuerpo y alma, para leer y escribir”. Sus compañeros de trabajoreconocieron en el joven Umbral su intensa vocación literaria en plenaadolescencia. Leía a Juan Ramón Jiménez, Valle-Inclán, Ramón Gómez de laSerna, Vicente Aleixandre y Pablo Neruda, entre otros. Gustaba de imaginarhistorias literarias en su cabeza mientras paseaba por la calle Santiago trassalir de la misa dominical de las doce en la catedral. Lo recuerdan en aquellaépoca como un joven muy “finolis”. Mientras la mayoría de adolescentesdisfrutaban jugando al balón, él se paseaba bien vestido y con un libro bajo elbrazo. Su actitud dejaba ver su firme voluntad inicial de distinción, deindividuación, de dandinismo precoz al que él mismo se refirió en muchasocasiones.2 Anna Caballé. “Francisco Umbral. El frío de una vida”. Editorial Espasa. Madrid 2004.3 Francisco Umbral. “¿Y cómo eran las ligas de Madame Bovary?”. Editorial Destino. Barcelona 2003.
    • Francisco Umbral (centro) en ValladolidEn ese Valladolid de posguerra comenzó a escribir en la revista Cisne, delSindicato Estudiantil Universitario (S.E.U.), y era de los habituales de lasdiferentes conferencias y lecturas públicas de poesía que se celebraran en laciudad.Su madre sufrió una tuberculosis que se complicó con una miocarditis, quefinalmente le causó la muerte. Era el año 1953, y con tan sólo cuarenta y sieteaños falleció. En aquellos momentos se sintió realmente solo, huérfano, yaunque parece que mantuvo una actitud en todo momento de entereza ysorprendente madurez, decidió que su vida debía cambiar: “Adiós mamá, adiósa esta casa de muertos, a nuestra triste vida, a tanta soledad, perdóname,mamá, pero no voy a quedarme aquí, nunca más iré a la oficina (…) no quieroesta ciudad, tus conciertos, tu música, ya has muerto y nada me queda aquí”.Por esa época comenzó a salir con su vecina España Suárez Garrido. Sehabían conocido en el paseo Recoletos, junto a los jardines de Campo Grande.Era una chica delgada, rubia, discreta, dulce y con mucho estilo. Era toda unabelleza. Cursó los estudios de Magisterio, pero con el tiempo desarrolló suafición por la fotografía, y se convirtió en profesional de la misma.Umbral decidió cambiar de ciudad y se marchó a León junto a sus primos. Allítrabajó para un periódico y una radio.Tras varios años de noviazgo, la joven pareja decidió casarse y poner así fin ala distancia física que existía entre ambos. El 8 de Septiembre de 1959 en laparroquia de San Marcos de Valladolid contrajeron matrimonio. Franciscocontaba con veintisiete años y España con veintitrés. Desde ese momento nose separarían jamás. Su mujer fue el contrapunto necesario para un auténticogigante de las letras que necesitaba junto a él a la persona serena que loanclara en muchas ocasiones al peso y la verdad de la realidad. “Ésa eres tú,aquella a la que el jardín divide, multiplica. Criatura nada intelectual –ni faltaque hace-, te entiendes bien con las plantas, con el agua, sabes entrar enconversación con lo callado”.44 Francisco Umbral. “Carta a mi mujer”. Editorial Planeta. Barcelona 2008.
    • Francisco Umbral y su mujer María EspañaPor motivos profesionales, y con hambre de mundo y éxito literario, se trasladóFrancisco Umbral a Madrid en 1961. Inicialmente partió a la capital de Españasolo, sin la compañía de su mujer.En Madrid tuvo una actividad profesional frenética. En el año 1965 sufrió unatremenda crisis personal, fruto de un cuadro neurótico, que podía habersegenerado por su dedicación plena y a veces enfermiza a su profesión. Tanto esasí, que hizo un parón en su vida con el fin de recuperarse. De ese periodoescribió: “Debiera haber sido el momento justo de retirarse, de buscar untrabajillo menudo y reposado, de olvidar para siempre la pintoresca necesidadde triunfo, la neurótica afirmación de la personalidad, la segregación insensatade letra impresa, y dedicarse a la contemplación de los amaneceres, la rotaciónde las verbenas y la pasión de los crepúsculos. ¿Por qué no lo hice?”.El año 1968 fue un año muy importante para la familia Umbral. El día 14 deOctubre de ese año nació su primer y único hijo, Francisco Pérez Suárez(Pincho). Francisco contaba con treinta y seis años y su mujer con treinta ydos, cuando nació el niño. Tenían toda la vida por delante. En esa épocacomenzó a despuntar Umbral como periodista y novelista cada vez másreconocido. Todo hacía pensar que el futuro sólo le tenía reservado momentosde felicidad y triunfo, tanto en lo personal como en lo profesional.En el año 1973, su hijo debutó con una leucemia. El doctor Linares de laClínica de la Concepción de Madrid fue el responsable de su atención. En esosaños, todavía la leucemia era una enfermedad incurable. Consultaron condiferentes especialistas del mundo, pero no existía un tratamiento eficaz para ladolencia que padecía Pincho. En los primeros meses del 1974, la enfermedadse agravó y finalmente falleció el día 23 de Julio de ese año, de la mano de suspadres en las primeras horas de la mañana, en la Clínica de la Concepción deMadrid.La muerte de Pincho fue la caída de caballo en su particular camino aDamasco. Su vida dio un cambio de ciento ochenta grados y transpirando supena, nació “Mortal y Rosa”, su obra cumbre, y primer peldaño de su nuevocaminar. En español no existe ninguna obra literaria que exprese mejor el dolory el sufrimiento que se siente ante la pérdida de un hijo. “Sólo encontré unaverdad en la vida, hijo, y eras tú. Sólo encontré una verdad en la vida y la heperdido. Vivo de llorarte en la noche con lágrimas que queman la oscuridad”.55 Francisco Umbral. “Mortal y rosa”. Editorial Planeta. Barcelona 2007.
    • Francisco Umbral junto a una foto de su hijo PinchoSu vida fue creciendo en lo literario y se fue “deconstruyendo” en lo personal.Miles de artículos y decenas de libros intentaron enjugar sus lágrimas en losaños que posteriormente vivió.En el 2003 sufrió una grave neumonía, tras una intervención quirúrgicadigestiva, que hizo temer por su vida.El doctor Juan Abarca cuidó de la maltrecha salud de Francisco Umbral en susúltimos años. En el verano de 2007 el escritor se sintió cada vez más débil yfue ingresado en la Clínica Montepríncipe de Madrid. El día 28 de Agosto de2007 falleció Francisco Umbral de un fallo cardiorrespiratorio en la clínicamadrileña acompañado de su inseparable y fiel esposa. A las dos horas ytreinta minutos su corazón se despidió de las palabras.Al día siguiente fue incinerado a las diez y treinta minutos en el cementerio dela Almudena, y sus cenizas fueron trasladadas al nicho en el que reposaban losrestos de su hijo. De ese modo, ambos descansan juntos y transitan de lamano por la eternidad.La manera de vivir, de ser, de Francisco Umbral, tiene mucho que ver con suforma de escribir. Conociendo a Umbral podemos conocer algo de su literatura,profundizando en sus escritos nos encontramos al hombre sin ningún génerode dudas. Su vida nos enseña al escritor que quiso ser, su literatura al hombreque fue. En este escritor, interesarnos por su literatura es interesarnos por él.Intentaremos explicar a continuación estas observaciones.La escritura poliédrica del autor vallisoletano escapa a una definición sencilla.El analista superficial la podría definir como prosa lírica que aspiró a ser poesíanarrativa. Son conceptos muy limitados en este caso.Nosotros consideramos que es un escritor autorretratista. El francés MichelBeaujour, gran investigador de la literatura autorretratista, define a esamodalidad autobiográfica por poner el énfasis de la misma en la identidad antes
    • que en la historia individual: “Yo no voy a contar lo que he hecho, sino que voya deciros quién soy”. Ese es el resumen final. Careciendo de un compromisoexplícito con la verdad de los hechos, el escritor autorretratista arranca de unacrisis o experiencia inaugural que es la del vacío, la de ausencia de sí, que, noobstante, sabe transformar en una experiencia pletórica de afirmación ante losdemás, pues a su pluma acuden motivos suficientes para llenarla: recuerdos,fantasías, miedos, ideas, convenciones, represiones, fantasmas, etcétera.Rasgo connatural al autorretratista es su incertidumbre acerca del carácter delo que escribe, y por supuesto la indefinición genérica de la literatura de Umbrales ya un argumento a favor de su autorretratismo. El mismo escritor expone:“Es curioso cómo puede un escritor llegar a la madurez literaria sin haberelegido camino definitivo. Todavía no sé, en realidad, si lo mío es el ensayo, elpoema, el artículo o qué.”Umbral consideramos que es el mejor representante español delautorretratismo. De su estilo literario deriva su manera de vivir. No desarrolla suautobiografía, novela, tras novela, ni construye unas memorias permanentes.Un autorretratista como es él, no sabe nunca claramente adónde se dirige, noexiste una progresión en su narrativa. El autorretrato literario va y viene entre lageneralidad y la particularidad, lo íntimo y lo público, el desnudamiento y elcompromiso social.Para compensar la desestructuración formal que arranca de tomarse a símismo y libremente como materia literaria, a la manera de Montaigne, elautorretrato se acoge a una tradición cultural que nutre y formaliza su escritura,permitiéndole ventilar a su autor, y a su modo, todo aquello que lleva dentro yque sirve para dar respuesta a una pregunta decisiva: quién soy yo.Su escritura es estática, no dinámica. Disfruta con la descripción, y susobservaciones le brindan la oportunidad de escribir a través de la metáfora. Noexiste movimiento en sus escritos, ni progresión alguna. Sus novelas no dejande ser una sucesión de escenas con intención de remansarse, para quepodamos fijarnos y volver una y otra vez a la idea de la que partió el libro.La primera tentación ante cualquier novela de Umbral es reconocerlo en ella, através de la ingerencia de hechos biográficos en la misma, como elprotagonista real de la historia. Debemos huir de ese presupuesto, ya que noencontraremos nunca al Umbral biográfico entre los diferentes capítulos, perosí podremos encontrarnos con el Umbral literario y retratado, que es el que nosfascina sin límite. Francisco Umbral
    • Todo escritor tiene un bautizo literario, que le hace abrazar la nueva fe en laspalabras. Su primer padrino fue Miguel Delibes, el gran escritor castellano. “Yoconocí a Umbral por la calle Santiago. Teníamos amigos comunes”, recuerda elautor vallisoletano. La primera colaboración localizada de Umbral en elperiódico “El Norte de Castilla” data del 21 de Marzo de 1957 y fue posiblegracias a la gestión hecha por Carlos Campoy García, redactor jefe delperiódico. Delibes se hizo cargo de la dirección del periódico en 1958, y sepropuso introducir cambios en el mismo, entre los que destacaba, la apertura anuevos autores que mostraran una cara diferente a la rigidez intelectual delrégimen franquista. De esta forma, comienzan a colaborar escritores comoJosé Jiménez Lozano, Manuel Leguineche, César Alonso de los Ríos yFrancisco Umbral entre otros.A Umbral en aquel tiempo no le interesaba la política y sólo escribía deliteratura. En la sección “Las Artes y las Letras” comparte páginas con loshermanos Cossío, Ignacio Aldecoa, Julio Camba, y el propio director, Delibes.Con su marcha a León no abandonó sus colaboraciones con el periódico, ycomenzó a trabajar en la emisora de radio “La Voz de León”. En ella escribíaguiones pero también tenía espacio para leer sus propios artículos. Coincidetrabajando allí con un joven Luis del Olmo. Tras un programa en la noche del29 de Mayo de 1958, dedicado a la muerte en Puerto Rico del genial poetaespañol Juan Ramón Jiménez, Francisco Pérez Martínez, comienza a llamarseFrancisco Umbral. Esa noche fue espectadora de excepción del asalto a lagran literatura que un joven periodista de provincias quería hacer. El cambiode nombre fue una declaración de intenciones: cedía su vida a la causaliteraria. Poco tiempo después alternó su trabajo en la radio con suparticipación en un nuevo periódico “Diario de León”. En él rápidamente sonapreciadas sus columnas y su influencia se extiende. Tuvo un incidente con laSección Femenina, muy poderosa en aquellos años, y Francisco Umbral tuvoque salir del periódico. Este hecho fue el pretexto que necesitaba paraatreverse a conquistar Madrid.Con veintiocho años partió a Madrid, corría el año 1961, y en su maleta habíapoca ropa pero muchos deseos de triunfo profesional. En la capital de Españacomprobó la fuerza y nitidez de su vocación literaria, y desde el primermomento se dio cuenta de que quería vivir de y para la literatura, y por talmotivo estaba dispuesto a pagar el diezmo que se le solicitara. Se instaló enuna pensión cercana a la Gran Vía, comenzó con los bocadillos de calamares,y acabó entre folios.Es muy relevante la actividad que realiza desde su año de llegada a Madrid, el1961, hasta el año 1976, en que entra a engrosar la plantilla del diario nacional“El País” como uno de sus columnistas estrella. En ese momento podemosconsiderar que el escritor castellano había llegado al reconocimientogeneralizado por parte tanto de los lectores como de sus compañeros.Valladolid fue la fuente de su obra inicial y Madrid recogió el testigo en sumadurez profesional. No podemos entender la obra de Umbral sin haberbuceado en su vida en ambas ciudades. A tal punto llegó su necesidad mutua,que tampoco se entiende el Valladolid y el Madrid del siglo XX sin la escriturade Umbral.“Madrid era todavía, hacia el año 60, una ciudad tomada por la literatura,minada de cuevas literarias y vocaciones obstinadas. Yo tenía el problema deconquistar Madrid con una máquina de escribir, que por entonces manejaba y
    • acariciaba como si fuese una ametralladora”. Así recordaba Francisco Umbralsus primeros tiempos en la capital de España. Resume perfectamente a Madridy su primera y última intención.Sus primeros años madrileños no pueden entenderse si no nos detenemos unmomento en el Café Gijón. Una tarde visitó por primera vez el establecimientode la mano del poeta cordobés surrealista, Manuel Álvarez Ortega. En elconocido café del Paseo de Recoletos de Madrid, entre las calles Prim yAlmirante, Umbral se hizo un hueco en la tertulia de los poetas, cuyo mascarónde proa era Gerardo Diego. Allí pudo departir con Manuel Alcántara, JoséGarcía Nieto, Camilo José Cela, Fernando Fernán Gómez, Eusebio GarcíaLuengo, Enrique Azcoaga, Félix Grande o Buero Vallejo entre otros. Allí, entreescritores, percibió claramente que había elegido perfectamente el lugar paracomenzar a amar Madrid, elaborar su mapa personal y lanzarse a la aventurade conquistarlo. Conquistar la capital era para él, el paso previo para comenzara reinar en la literatura y en el periodismo. No quería jugar en terrenosdiscretos de juego, quería comenzar por el “Bernabeu” literario, no rehuir labatalla del partido difícil. Sus goles serían narrados a nivel nacional, pensó conla ingenuidad y ambición del que llega de provincias. Félix Grande escribió:“Cuando Francisco Umbral llegó a Madrid procedente de Valladolid, reciéncasado, apuesto de esqueleto y vestido de altanera elegancia, todos supimosque acababa de irrumpir en la capital un escritor de raza”.En el Café Gijón de aquellos años no sólo se estaba construyendo la nuevaliteratura, que tanto significó en periodos posteriores, sino que se estabapergeñando el “golpe de estado” al periodismo estático y aburrido que reinaba.Con las armas del atrevimiento, de la prosa repentina, con ecos de la noche ycon una retórica faltona, Umbral, Raul del Pozo, Manuel Vicent y Cándido,pretendieron entrar a “saco” en las redacciones de los vetustos periódicos.Umbral nunca escribió en el Café Gijón, necesitaba su ruido, su debate, suhumo, para posteriormente intimar con su máquina de escribir. Su relaciónespecial con esta cafetería la expuso magistralmente en el 1977 con su libro“La noche que llegué al Café Gijón”. No hay escritor que se precie que nonecesite de un Café, con mayúscula y poca cafeína. El Café Gijón fue lacafetería de la facultad a la que nunca acudió Umbral. Francisco Umbral (tercero por la derecha) en el Café GijónNos interesa en estos momentos resaltar la relación que estableció en aquellosmomentos con el Nobel español Camilo José Cela que tanto tuvo que ver conel desarrollo inicial de la obra de Umbral en Madrid. De la relación y admiración
    • mutua de aquellos años, nació la amistad entre estos dos grandes de laliteratura, que tantos frutos posteriormente ofreció. Cabe resaltar el libro queUmbral dedicó a su admirado amigo: “Cela: un cadáver exquisito”. CuandoUmbral conoce a Cela, el segundo es un escritor reconocido que ha escrito ya“La colmena” y que ha ingresado en la Real Academia de la Lengua. De hechosu primer encuentro más cercano, es de la mano de García Nieto, que leencarga al joven Umbral que le haga una entrevista a Cela en Mallorca, ciudaddonde rresidía en aquella época, en Mayo de 1963. De ese encuentro, sequeda fascinado con la originalidad y contundencia de un Cela en plena fasede reconocimiento público a su obra.Muchos han visto en esta amistad una relación de intereses, donde finalmenteUmbral defendió a Cela en sus peores años, y éste fue protagonista principalpara que se le concediera al primero el Premio Cervantes. Una visión muyreducida e interesada de esta amistad a nuestro juicio. Nos quedamos con loque cada uno pensaba del otro. Cela escribe de Umbral: “Tú tienes voz propia,querido Paco, no hay más que leerte cada mañana para verlo, y eso es lo quesalva tus páginas, siempre maestras, pero también arruina tus días, siempreazarosos”. Umbral escribió del autor de “Viaje a la Alcarria”: “Cela era un geniodel vivir y del escribir viviendo y del vivir escribiendo, y en esto es donde quedaportentoso, aunque no lo hayan dicho nunca los críticos, que no suelen decirestas cosas.” Francisco Umbral y Camilo José CelaRetomamos la actividad periodística y literaria de Francisco Umbral en aquellosaños de Madrid antes de consagrarse como articulista estrella en el periódicocon más difusión en la España de la Transición. Su actividad fue frenética,mantuvo sus colaboraciones con “El Norte de Castilla”, pero comenzó tambiéna escribir en la revista “Vida Mundial” de Manuel Cerezales, en la revistamensual “Punta Europa” dirigida por Vicente Marrero y en “Mundo Hispánico”de José García Nieto, del que escribió en su “Diccionario de Literatura”: “Eracriatura de ironía e inteligencia, persona muy por encima de su personaje, conun cinismo de buena voluntad y una generosidad de casi madre”. Colaboró en“Poesía Española” que también dirigía García Nieto y se lanzó en aquelloslaboriosos años a la escritura de diferentes libros, entre los que destacan“Balada de Gamberros” o “Larra. Anatomía de un dandy”.Todos estos años tan fértiles en la obra de Umbral, le supusieron el alcanzar unestatus de escritor entre los grandes, tanto por sus libros, como por susinnumerables artículos. Madrid desde ese momento se convirtió en su auténticaciudad natal y desde allí se cristalizaban sus aspiraciones de universalidad através de su literatura. En su obra “Trilogía sobre Madrid”, queda nítidamente lo
    • que supusieron esos años para Umbral. Umbral quiso ser Madrid, despuésMadrid no llegó a entenderse sin Umbral.La actividad periodística de Umbral fue muy relevante dentro del conjunto de suobra.6 No podemos entender a Umbral si no valoramos su perfil como uno delos mejores columnistas del periodismo de la segunda mitad del siglo XX. Lacolumna era el sitio de su recreo, en ella reinventaba el español y crecía comoescritor a diario. Fue el protagonista de los principales periódicos del país. De1976 a 1988 se dejó ver en “El País”. Posteriormente pasó un año en “Diario16”, y desde 1989 apareció diariamente en el periódico de Pedro J. Ramírez,“El Mundo”, en su columna “Los placeres y los días”. En el primer diario citadosupo describir como nadie el movimiento contracultural conocido como la“movida madrileña”, y en el último asistía diariamente a su reconocimientocomo el mejor articulista en español vivo.Muchos autores han opinado sobre su actividad articulista. Así el crítico JavierVillán escribió: “El brillante escritor Francisco Umbral, es un cronista que tomala realidad como testimonio histórico y como subversión estética. Sin estasubversión de valores, sin esa carga de pensamiento, la revolución lingüísticase quedaría en nada. Ambas, en Umbral, son una única y misma cosa. Lapalabra vale por su capacidad de insumisión: un contrapoder al acecho”.7En el primer aniversario de la muerte de Umbral, el periodista Antonio Lucasescribía: “Pero toda esa cosecha de palabras tenía su avena loca en el artículo,del que hizo mitología y calle, heráldica, solución inédita y veleta de cuatrovientos. La columna fue en él la gran pizarra de la Historia”.Mención a parte merece su compañero periodista Raúl del Pozo. Seconocieron entre intrigas literarias y ligues varios en el Café Gijón en lossesenta. “Le conocí cuando llegó en un autocar gris, maleta de soldado yrobaba papeles galgo”, decía del Pozo .Por casualidades de la vida, haocupado el lugar físico que dejó Umbral en el periódico “El Mundo”. Eso esmucho o es todo, podrían decir otros. Ocupar la columna derecha de la últimapágina del periódico, supone un honor para el escritor castellano y a la vez unreto. De pluma fresca, ágil y profunda, Raúl del Pozo sabe quitar los ropajes asus personajes de una forma muy umbraliana, sin gafas de culo de vaso ymenos metáforas, pero con más canas y mala leche. El día de su fallecimientoescribió: “Ni un día sin línea, ni un día sin periódicos, ni un día sin pan, ni un díasin amor, ni un día sin memoria; él solo es, como dijo el Rey su gallo, unabiblioteca”.Francisco Umbral supo perfectamente la auténtica dimensión que dentro de suobra significaban los artículos. En su obra “Mortal y Rosa” escribió: “Losartículos, primero, fueron mi procedimiento para irme autoestructurando. Eranuna construcción piedra a piedra, paso a paso, el hacerse un nombre, unhombre y una vida día a día, palabra a palabra. Ahora consumado todo, sonuna autodestrucción, y con cada artículo voy quitando un soporte a mi vida, ami obra, voy desarticulando pieza a pieza el armazón trabajoso e inútil de mivida. Los críticos, los lectores, las gentes dicen que el escritor puede quemarsecon tantos artículos, pero el escritor, contrito, aterido, solo, doliente, huérfanode todo, lo que quiere es eso, más que nada, y ha encontrado en el artículouna forma de arder, de desaparecer, una labor inútil y fragmentaria en la que6 Bernardo Gómez Calderón. “ Ladrón de fuego: la obra en prensa de Francisco Umbral”. Asociación parala investigación y el desarrollo de la comunicación. Málaga 2004.7 Javier Villán. “Francisco Umbral. La escritura absoluta”. Editorial Espasa-Calpe. Madrid 1996.
    • deshojarse y morir. El artículo fue mi hacha de guerra, mi estilete, el arma queme dio la vida para entrar a saco y vencer, la espada corta y segura con queconquistar y construir un pequeño imperio personal. Y ahora lo vuelvo contramí, deshago mi obra en artículos, me disperso, me fragmento, porque hacerlibros es construir con voluntad de pervivencia, con fe arquitectónica, y eso meresulta ya siniestro (…) Me arranco artículos como el que se arranca la piel atiras, como el leproso que se arranca la carne en pellas. He descubierto que elartículo es una brillante forma de fracasar”. Francisco UmbralFrancisco Umbral fue un escritor muy laureado, que conoció el reconocimientode sus lectores y la crítica especializada en multitud de ocasiones. Obtuvo elPremio Nacional de Cuentos Gabriel Miró en 1964 con su “Tamouré”, y fuefinalista del premio Guipúzcoa el mismo año por su novela corta “Balada deGamberros”. En 1965, con su cuento “Días sin escuela” consiguió el PremioProvincia de León. A finales de los sesenta fue finalista del premio de cuentosTartessos por “Marilén Otoño-Invierno”. Fue también finalista del PremioElisenda de Moncada en 1969 por su “Si hubiéramos sabido que el amor eraeso”.En 1975 obtuvo el Premio Carlos Arniches de la Sociedad General de Autoresy ese mismo año consiguió el Premio Nadal por su novela “Las ninfas”.El Premio González Ruano de Periodismo lo obtuvo en el 1980 por su artículo“El trieno” publicado en el periódico “El País”. Fue finalista del premio Planetaen 1985 con “Pio XII, la escolta mora y un general sin un ojo”, que ese añoganó el médico humanista Juan Antonio Vallejo Nájera con “Yo, el rey”.En 1990 obtuvo el Mariano de Cavia por su artículo periodístico “MartínDescalzo” en “El Mundo”. Ese mismo año alcanzó el Premio Antonio Machadocon su narración corta “Tatuaje”.El premio Juan Valera de literatura epistolar y el VII Premio Nacional dePeriodismo los obtuvo en el año 1994.A partir de ese momento, cada año recibe un galardón. En 1995 recibió elPremio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos.El año 1996 es muy importante para Umbral ya que en el mismo recibió elPremio Príncipe de Asturias de las Letras. Este galardón supuso un antes y un
    • después en su palmares. Sabedor de que la obtención del Premio Nobel leresultaba muy difícil porque su obra es difícilmente traducible a otros idiomas,sus miras estaban puestas en los premios que resaltaban al español comolengua.En 1997 recibió el Premio Fernando Lara por “La forja de un ladrón”, y esemismo año el Ministerio de Cultura le concedió el Premio Nacional de las LetrasEspañolas. Obtuvo también la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes deMadrid y el Premio León Felipe a la Libertad de Expresión.La Universidad Complutense en el año 1999 lo invistió Doctor Honoris Causapor la Facultad de Ciencias de la Información.En el año 2000 recibió el premio más preciado por él, el Cervantes. De estaforma, conseguía lo que se propuso, alcanzar el mayor reconocimiento entrelos escritores que tienen al español como lengua madre.A ojos de los lectores podíamos decir que había conseguido la gloria humanaque tanto buscó y necesitó. Llama la atención que del año 2000 date uno desus mejores poemas, titulado “La tristeza”: “La tristeza ha venido como un buque vacío, la tristeza ha encallado en mi pecho de piedra. Me trae en sus bodegas toda una vida vieja, quintales de nostalgia y el whisky que he bebido. La tristeza ha venido con faros apagados. No sé de dónde viene ni por qué me visita yo mismo soy un puerto donde para la noche el mar, como noviembre, va ya de retirada. Somos un puerto unánime, puerto de tierra adentro donde llegan los meses como veleros lánguidos. La tristeza ha venido y me golpea despacio como el agua golpea en los acantilados. Soy un acantilado de muertos sucesivos y estoy aquí parado, bajo una lluvia fina, junto al silencio frío del buque de la pena. ¿Cuánto dura noviembre, cuánto dura una vida, cuánto durará un hombre que tiene ya en el pecho ese peso dormido de los buques sin gente, de los mares sin luna, de los mortuorios días?8 (22-XI-2000)Obtuvo su último premio, el de periodismo Mesonero Romanos, en 2003.8 Francisco Umbral. “Obra poética (1981-2001)”. Edición de Miguel García Posada. Editorial Seix Barral.Barcelona 2009.
    • Su auténtica espina clavada fue no ingresar en la Real Academia spañola. Sudeseo fue tan grande por ingresar como su decepción por no hacerlo. En 1986fue un candidato firme para ocupar el sillón F, apadrinado por Camilo JoséCela, Miguel Delibes y José María de Areilza. Finalmente obtuvo esa silla eleconomista y escritor José Luis Sampedro. Desde ese momento la Academiafue para él objetivo de sus más feroces e irónicas críticas. “Recordarme lo de laAcademia es como recordarme lo de la Guerra Civil”, dijo Umbral años despuésde rechazada su candidatura. Prosiguió en esa misma entrevista diciendo: “Dehaber ingresado en ella, lo primero que hubiera hecho habría sido ir y mandar atodos a la mierda, y lo segundo, ya no volver más”. Su no ingreso fue una delas mayores injusticias cometidas en tan alta institución, al mismo nivel de lasque se cometieron con Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado9 o Gómez dela Serna. En cualquier caso, el tema le dio para muchos y fantásticos artículos. Francisco UmbralHemos hecho un recorrido biográfico breve del autor madrileño y nos hemosacercado a su dimensión de gigante de la escritura. Ha llegado el momento deencontrarnos con el Umbral más humano, más profundo, con el sujeto sufrienteque encuentra en su literatura su bálsamo y su propia salvación. El medio paraalcanzar nuestro objetivo es acercarnos a su obra más importante, “Mortal yrosa”, y dejarnos sorprender por la profundidad de sus páginas.El único hijo de Umbral, Pincho, falleció en Julio de 1974. El escritor finalizó“Mortal y rosa” entre Noviembre y Diciembre del mismo año. Se publicó por laeditorial Destino en Mayo de 1975. La acogida del libro sólo fue tibia, enpalabras de su amigo el crítico García Posada. Con la distancia del tiemponadie duda en que es una obra maestra, y sin duda su obra más célebre ycelebrada. ¿Cómo surgió la idea de este libro? ¿Por qué es tan importante enla evolución literaria del autor? El escritor Fernando Sánchez Dragó arrojó lasiguiente hipótesis: “Nunca volvió a ser el mismo después de la muerte porleucemia a los seis años del hijo único que España le había dado. Cuentan quefue entonces cuando se endureció su carácter y decidió convertir la literatura9 Antonio Machado ssí que fue admitido a la Real Academia de la Lengua, pero no leyó su discurso deingreso nunca.
    • en lo que ésta fue ya siempre para él: una celda de monje, un seno de madre,un acogerse a sagrado, un burladero frente a las acometidas del mondo cane,del perro mundo que en Yira cantara el tango”.No existe un acuerdo unánime para definir el estilo de “Mortal y Rosa”. ¿Es undiario? ¿Es una novela? ¿Es un autorretrato? Él mismo nos da la respuesta:“Sucesivas iluminaciones concéntricas, rueda de instantes, un faenar con elpresente hasta agotarlo”. Intenta resolver el tema por elevación. Consideramosque el texto es un diario, fechado elípticamente, que oscila en cuanto acontenido, entre el autorretrato y la confesión.Muchos consideran que fue más allá de la literatura con este libro y Umbralintentó que de alguna forma su escritura fuera terapia para su pena yamargura. El mismo Sánchez Dragó apostilló: “Mortal y rosa” es, enconsecuencia, no sólo una elegía, un aullido de dolor originado por la muerte aredropelo, contra natura, de un niño de seis años, sino también la confesión, enesa especie de diván de psicoanálisis que es, a veces, la literatura, y lasubsiguiente tentativa de autosanación de una triple orfandad de ala amarga yhomicida”.El título del libro procede de unos versos de Pedro Salinas: “…esta corporeidad mortal y rosa donde el amor inventa su infinito” “Mortal y Rosa” de Francisco UmbralRecorriendo sus diferentes capítulos nos encontramos con lo que supuso lapérdida de su hijo, el dolor, el sufrimiento y sus reflexiones finales sobre elhombre y el escritor.En Umbral, es curioso que el dolor y sufrimiento humanos no se refugien en elsilencio, como ocurre en tantos escritores. Todo lo contrario, alcanzan la mayorde las intensidades que su literatura puede procurarles.La relación con su hijo Pincho era tan especial, que le arrancó los versos delpoeta que quiso ser, venciendo toda la resistencia a su formulación que él conotras personas o temas había presentado: Hijo, salto que da el día hacía otro día. Pimpirincoja,
    • zapateta, pingaleta en el aire hacia otro aire. Por ti van las semanas a patacoja, sin pisar raya. El que pisa raya pisa medalla. Cuando no sabe el mundo qué paso dar, y todo está en suspenso, como trabado, saltas tú a pies juntillas, salvas la zanja, y vuelve el día a correr, claro en tu agua.La pérdida del hijo para el matrimonio Umbral fue un golpe durísimo. Losamigos de la familia recuerdan que tanto Umbral como su mujer, España,sobrellevaron la muerte de su hijo como mejor pudieron, refugiándose en laintimidad de su hogar, lejos de todos y de todo. Así expresa la sensación depérdida el genial escritor: “Solo encontré una verdad en la vida, hijo, y eras tú.Sólo encontré una verdad en la vida y la he perdido. Vivo de llorarte en lanoche con lágrimas que queman la oscuridad. Soldadito rubio que mandaba enel mundo, te perdí para siempre. Tus ojos cuajaban el azul del cielo. Tu pelodoraba la calidad del día. Lo que queda después de ti, hijo, es un universofluctuante, sin consistencia, como dicen que es Júpiter, una vaguedadnauseabunda de veranos e inviernos, una promiscuidad de sol y sexo, detiempo y muerte, a través de todo lo cual vago solamente porque desconozcoel gesto que hay que hacer para morirse. Si no, haría ese gesto y nada más.Qué estúpida la plenitud del día. ¿A quién engaña este cielo azul, ese mediodíacon risas? ¿Para quién se ha urdido esta inmensa mentira de meses soleadosy campos verdes? ¿Por qué este vano rodeo de la muerte por las costas de laprimavera? El sol es sórdido y el día resplandece de puro inútil, alumbra depuro vacío, y en el cabeceo del mundo bajo un viento banal sólo veo laobcecación vegetal de la vida, su torpeza de planta ciega. El universo se rigesiempre por la persistencia, nunca por la inteligencia. No tiene otra ley que lapersistencia. Sólo el tedio mueve las nubes en el cielo y las olas en el mar”.Maravillosas palabras que dan fe de la razón por la que vive un hombre.Cuando ésta desaparece, en este caso el hijo, toda la realidad se vuelveininteligible y tediosa.Antes del fallecimiento de Pincho, Umbral tuvo que vivir los sinsabores del díaa día de su cruel enfermedad. Esta experiencia en muchas ocasiones es másdura que la de la propia pérdida del ser querido. Es muy complicado soportar eldolor propio, pero es más difícil en algunos momentos comprender el dolor delos que queremos. Todo es además menos inteligible cuando el que sufre esun niño. Con el dolor de los niños nunca llegaremos a acostumbrarnos, noqueremos presenciar la vulnerabilidad del hombre en los más pequeños, nosrevelamos ante la naturaleza y ante el Creador. No puede existir una
    • Naturaleza equilibrada y evolucionada si en ella tiene cabida el dolor en losniños, ni puede existir una divinidad que permite el sufrimiento en ellos.Umbral transpiraba en aquel momento dolor: “Hay que beber a morro del dolor,como se bebe de las férreas fuentes. Que esta carne de luz empape toda lasombra. Hay que baldear hasta el fin el ciego enlagunamiento de la sangre.Hay que agotar el mal, el sufrimiento, no en pequeños sorbos, no en tragoscobardes, sino seguido y hasta lo hondo, que luego queda un fuego neutro, unanada, y sólo resta, por fin, la loza simple de la vida. Voy hasta el final de midolor, hago todo el recorrido, bebo de mí mismo, sacio una sed de sufrimientoque estaba en mí y yo no conocía. La saciedad del dolor es como la saciedaddel placer. El dintel de una paz vacía, de un cielo plano y soso, de unaneutralidad de clima y carne que es toda la imparcialidad desoladora de lanaturaleza.La alegría es un camino más corto. El dolor es un laberinto con angustia deperderse. La alegría nos lleva en línea recta y eso vale más que la alegríamisma. Pero el dolor duda continuamente, vuelve atrás, como una bestiasombría que no acaba de aprenderse el viejo camino. Voy tras sus oscuraspezuñas y de vez en cuando, sí, bebo en las fuentes amargas y densas, consabor a hierro y a muerte. No huyo mi dolor, no me lo dosifico, como el suicidaprecavido o la dama sin sueño. Bebo y bebo. Me fulminará el veneno o loagotaré. No quiero cucharaditas de plata para sufrir. A morro, directamente,bebo a borbotones sangre de niño, muerte de niño, la hemorragia necia y dulcedel mundo”.Sorprende la finura de la definición del dolor, con la impronta propia del juegometafórico umbraliano. Cualquier hombre dolorido en su ser, entiende esaspalabras. Identificarse con ellas ahuyenta el fantasma de la soledad y laincomprensión que puede sentir alguien cuando cae bajo la dictadura del dolor.El no saberse diferente como ser doliente es un primer paso para que éstepueda ser soportado. Las palabras de Umbral, a modo de confesión, buscan lacompresión y el acogimiento del otro en la misma medida.Umbral no sólo describió el dolor, el sufrimiento le alcanzó y necesitóexplicitarlo: “Sufro como un hombre, a la medida del hombre, con mis recursosy mi mecánica de hombre, pero dentro de mí, dentro de ese sufrimiento, hayalgo más sufriente, una pulpa casi submarina de sollozo, un fondo último yretráctil de dolor al que temo descender, que no me atrevo a tocar. Es ya unsufrimiento como vegetal, el gemido de la flor rota –ya se sabe que las plantasgimen-, un dolor no humano, un miedo anterior al hombre, una medusa deespanto, o sé. Lo más sensible y doliente de lo vivo, el cartílago marino yvegetal, sin otra conciencia que el dolor, donde algo pulsa infinitamente, muypor debajo de mi dolor racional, mediocre, de hombre que sufre”.Nuevamente vuelve a ser espléndida su descripción de lo sutil de la membranaque envuelve nuestro interior más vulnerable y sufriente.Muchos echan de menos una mirada al sentido de estas emociones humanasque tan magistralmente describe, y a la que Umbral renuncia. Casi con todaseguridad, y de modo consciente, Umbral por no querer introducir el conceptode trascendencia en sus reflexiones, se olvida del sentido de las mismas.En su breve y poco conocida obra poética si que hace algún guiño al sentido delos sucesos vitales que ha vivido. Así podemos destacar su poema “La Gloria”que data del año 2001 y que está revestido de un enorme sentido dentro de laperspectiva umbraliana:
    • “Acude la alegría y sus estándares, acuden las mujeres con sombreros, con jarras, con ardillas en el pelo, acuden generales impolutos y adolescentes leves como agua. Pero la gloria está vacía, en el triunfo no hay nadie, en sus esquinas. Todo es representación, la noche es más verídica, la calle es más sincera con sus mendigos azules, con su llama, con su verdad de vuelta. El mundo se cayó de una carroza, la gloria sólo alumbra las ausencias, cuánta gente se ha ido de mi vida, cuánta gente se ha ido de la vida. El éxito es un mixto que se apaga, el triunfo es plano como una alegoría, la fama tiene roncos los clarines, la gloria es una noche mal dormida, un despertar sin nadie, con hachones, para salir desnudo a los jardines donde la luz ya da sus acuarelas”.Finalizamos nuestro recorrido por la vida y obra de Umbral con la reflexión quehace sobre el hombre en su libro, “Mortal y rosa”: “Siempre ha sido así, aunqueahora esté eso más favorecido. La humanidad tiene sed de humanidad. Elhombre, animal adorador. Necesitamos adorar a otro hombre. Los adoradoresde Dios, también le dan figura humana. Si no, no tendría gracia. Laantropofagia intelectual –y no sólo intelectual- es un hecho. Detrás de lapolítica, del arte, de la cultura, se busca a una persona. Imposible abolir el cultoa la personalidad. Los socialismos han tratado de hacerlo, con muy buensentido y poco éxito. El hombre no está para abstracciones. El hombre necesitadel hombre. La humanidad deglute políticos, artistas, héroes, genios, mujereshermosas.Y a eso vienen, a comerme por un pie en la modesta medida en que yo soycomestible. Si eres glorioso das de comer a multitudes. Si eres sólomodestamente popular, como pudiera ser el caso de uno en determinadomomento, das de comer a cuatro periodistas hambrientos y cuatrouniversitarias asténicas. La humanidad se alimenta de sí misma. Ni los paisajesni las geografías ni las historias son nada si no les ponemos un condimentohumano. Todo paisaje ha de ser paisaje con figuras. Y esto porque la gentenecesita creer en sí misma. Estamos todos aquí tan perdidos, tan sin destino,la humanidad está tan desempleada que necesita el ejemplo de los grandes, delos decididos, de los triunfadores, de los gloriosos, de los que parece quetienen destino, aunque tampoco lo tengan.
    • Por eso, cuando vienen a verme o me llevan a que me vean, procuro darsensación de seguridad, de gran seguridad, pues decía William Blake que si elsol dudase un momento, se apagaría. Y lo que la gente quiere es eso: soleshumanos, personajes que no duden, seres seguros de su destino. Así triunfanlos políticos y los conductores de masas. Y el escritor, por ejemplo, sin llegar atanto, tranquiliza y difunde seguridad si él la tiene o la aparenta. Lo que másfascina a esta humanidad indecisa es la decisión, aunque sea fingida. Muevemás una mentira firme que una verdad pensativa. Procuro, con Blake, no dudarun momento, como el sol, aunque realmente viva en la luna”.