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  • 1. Mayo 1999 Número 11 CIUDADANIA Dr. Constantino Urcuyo Fournier La concepción estatal de la nación deber ser sustituída por una concepción social y cultural. La nación ya no se define por la creación del espacio unificado de la ciudadanía por encima de la diversidad social y cultural sino, al contrario, por la búsqueda de la comunicación intercultural y la solidaridad social: una sociedad unida que esclarezca las distancias y elimine barreras, pero también culturalmente orientada hacia el diálogo.1 La discusión en torno a la Constantino Urcuyo Fournier es profesor investigador del Centro de Investigación y Adiestramiento Políticociudadanía ha tomado nueva fuerza Administrativo (CIAPA). Abogado, Universidad de Costa Rica 1973. Doctor en Sociología Política, Universidad dedurante los últimos años, tanto en el Paris 1978. Director, Escuela de Ciencias Políticas, Universidad de Costa Rica. Profesor Fullbright, Tulaneámbito de las ciencias sociales, como University y American University, 1987 y 1988. Consultor Externo, Instituto Interamericano de Derechos Humanos,en el mundo político y de las 1988-1992. Consultor, Center for Democracy. Director,organizaciones internacionales. ¿Cuál Programa de Asesoría para la Integración Regional, Federación de Entidades Privadas de Centroamérica yes el origen de este nuevo interés por Panamá. Miembro, Comisión Sanford para la Reconstrucción de Centroamérica. Diputado a la Asambleauna idea que cumple ya dos siglos de Legislativa (1994-1998). Presidente, Comisión de Control del Gasto y del Ingreso Público.existencia?1Alain Touraine, ¿Podremos Vivir Juntos? (Buenos Aires: Editorial Fondo de Cultura Económica deArgentina S.A., 1997), 234.
  • 2. Ciudadanía 2 La globalización2 no sólo de la economía, sino también de la cultura,así como la creciente multiplicación de los flujos de la información y eldesarrollo tecnológico y de los transportes, han acercado de otra manera alas diferentes culturas. Las identidades nacionales que se desarrollaban conrelativa autonomía, hoy se encuentran en contacto permanente con otrasidentidades, lenguas y culturas. Las naciones, que reivindicaban laparticularidad de su historia y de su textura sociológica, se muestranconfundidas por la inserción continua de elementos extraños a la tradición ya la especificidad de sus trayectorias. Sin embargo, la amenaza a las identidades nacionales no provienesolo del exterior. Salvo algunas sociedades islámicas, obsesionadas por lahomogeneidad de sus culturas y religiones (Talibanes), la mayoría de lassociedades del planeta tienen que conciliar sus tradiciones con losfenómenos de la diversidad cultural interna, con un pluralismo y unadiferenciación social crecientes. Las tendencias hacia la homogeneidad en el plano global y hacia ladiversidad interna, cuestionan el principio de la nación -como unidadsociológica- y del núcleo de derechos cívicos comunes -propio de la idea delEstado-Nación. Las naciones se debilitan frente a la propuesta externa deuna cultura uniforme y ante un pluralismo interno que puede asumir laforma de cuestionamientos étnicos, subnacionales o de grupos específicosque buscan el reconocimiento de sus especificidades culturales o sexuales. Asistimos a la constatación de los límites de una concepción de laciudadanía fundada sobre la noción abstracta de libertad, aunque tambiénpodríamos pensar que no se trata de una desaparición sino de unatransformación de la idea de ciudadanía, como se analizará posteriormente.La idea de ciudadanía se encuentra relacionada con la participaciónciudadana en los asuntos de la comunidad política; históricamente tambiénse vincula con el surgimiento de los Estados Nacionales Europeos.2 Sobre este tema léase: Manuel Castells, La Era de la Información, 2 Vols. (Madrid: Alianza Editorial, 1998). Esnecesario entender por globalización un proceso multidimensional que implica a las principales actividadeseconómicas, la globalización de los medios y la comunicación electrónica y la globalización de la delincuencia. Porglobalización de las actividades económicas a partir de Castells se entiende: “Una economía global es una realidadnueva para la historia, distinta de una economía mundial. Una economía mundial, es decir, una economía en la que laacumulación de capital ocurre en todo el mundo, ha existido en Occidente al menos desde el siglo XVI… Unaeconomía global es algo diferente. Es una economía con la capacidad de funcionar como una unidad en tiemporeal a escala planetaria.” Ibid., Vol. 1, 120. Por globalización de los medios y de la comunicación electrónicaentienden la “…desnacionalización y desestatificación de la información…” Ibid., Vol. 2, 288. La globalización de ladelincuencia es: “… la vinculación global del crimen organizado, su condicionamiento de las relacionesinternacionales, tanto económicas como políticas, debido a la escala y el dinamismo de la economía criminal.” Ibid.
  • 3. 3 La ciudadanía tiene variados componentes, entre ellos lanacionalidad; el ciudadano es titular de una parcela de la soberanía y sólo losnacionales son ciudadanos, pues sólo ellos pueden ejercer los derechospolíticos, de tal manera, el ciudadano se define ante todo por oposición alextranjero en tanto que la ciudadanía aparece como un subsistema de lanacionalidad. En ese sentido la ciudadanía no se enfoca exclusivamentecomo núcleo de derechos (civiles, políticos y sociales), como participaciónen la vida pública o como conjunto de deberes propios del integrante de unacomunidad política, sino que lleva adscrito ese componente social quesignifica compartir una misma historia o una misma cultura. Esaconvivencia de un componente cívico-universal (derechos) con uncomponente socio-histórico (nacionalidad), hizo posible conciliar, en elmarco de los Estados Nacionales, las tendencias centrífugas delindividualismo, con las fuerzas centrípetas de la razón política (idea deEstado-Nación). La crisis del Estado-Nación se expresa en nuestros días por laincapacidad de las unidades políticas de ejercer control absoluto sobre susterritorios, como lo pretendieron los estados nacionales durante el siglo XIX(comunicaciones, televisión, flujos financieros). La noción tradicional desoberanía ha estallado frente al crecimiento tecnológico. El desarrollo del derecho internacional también ha puesto en duda esavisión de la soberanía, pues al internacionalizarse la legislación sobrederechos humanos, se sitúa sobre los principios de la soberanía el respeto ala dignidad del ser humano, como se discutió en Nuremberg, en la antiguaYugoslavia, o como se debate hoy, en el caso del exdictador Pinochet. Sin embargo, la crisis no sobreviene únicamente de la confrontaciónde las viejas nacionalidades con el proceso de globalización, sino tambiénderiva de las dificultades internas de convivencia producto de la crecientemulticulturalidad de las sociedades. Tal fenómeno resulta particularmenteimportante en aquellas sociedades que suman flujos de inmigraciónpositivos. Convivir con los diferentes, en el marco de una comunidadpolítica diseñada para convivir entre franceses, alemanes, anglosajones ocostarricenses, ¿puede alcanzarse observando únicamente los tradicionalesderechos de tipo liberal o, por el contrario, es imprescindible adaptarse anuevas formulaciones de estos derechos? Por otra parte, ¿cómo conciliar las desigualdades sociales, lasdiferencias de clase con la ciudadanía, entendida como afirmación utópica
  • 4. Ciudadanía 4de igualdad entre los seres humanos, a pesar de las diferencias entre losindividuos y los grupos concretos? ¿Cómo enfrentar esas reglas, esos idealesde convivencia con las desigualdades concretas de sociedades que sediferencian ya no sólo en torno a desequilibrios económicos, sino tambiénalrededor de diferencias en estilos de vida? Estos problemas, apenas delineados, ponen en serios aprietos nuestroesquema de convivencia política, pues mientras algunos afirman que lalibertad abstracta no puede ser base para la convivencia, lo cierto es que, sinese principio de libertad, se abren las puertas para la intolerancia, eltotalitarismo y el fundamentalismo, que buscan imponer sus principios deverdad, raza, religión y otros, en detrimento de la autonomía de la persona yde su dignidad. Por otra parte, la sola afirmación de los derechos personales, sinreferencia a algún vínculo especial de pertenencia y lealtad a la comunidad,introduce un principio de desintegración social y política que imposibilita laconvivencia. Hasta el momento, una de las respuestas más sugerentes a talesinquietudes corresponde a la de Habermas, quien al desarrollar el conceptode patriotismo constitucional3 concilia ambas perspectivas, integrando ladefensa de los derechos subjetivos junto al poder comunicativo del modelorepublicano. En efecto, este último debe concebirse como: … la búsqueda de un mayor nivel de acuerdo entre individuos y grupos sociales ... a través del toma y daca de la política. No requiere que los participantes suscriban otros principios que los que están implícitos en el diálogo político mismo -la disposición a argumentar y a escuchar las razones dadas por los demás, abstenerse de violencia y coerción...” 43 Jurgen Habermas, Facticidad y Validez: Sobre el Derecho y el Estado Democrático de Derecho en Términos deTeoría del Discurso (Madrid: Editorial Trotta, 1998), 628. “...los principios universalistas de los estadosdemocráticos de derecho necesitan de algún tipo de anclaje político-cultural. Pues los principiosconstitucionales sólo pueden cobrar forma en prácticas sociales y convertirse en fuerza impulsora delproyecto dinámicamente entendido de establecer una asociación de libres e iguales si quedan situados detal suerte en el contexto de la historia de una nación de ciudadanos, que consigan conectar con los motivos,intenciones y actitudes de estos. Pues bien, los ejemplos de sociedades multiculturales, como son Suiza ylos Estados Unidos, muestran que una cultura política, para que en ella puedan echar raíces los principiosconstitucionales, no necesita en modo alguno apoyarse en una procedencia u origen étnico lingüístico ycultural común a todos los ciudadanos. Una cultura política liberal sólo constituye el denominador común(o el medio cívico-político compartido en que se sostiene) un patriotismo de la Constitución, quesimultáneamente agudiza el sentido para la pluralidad e integridad de las diversas formas de vida queconviven en una sociedad multicultural.”4 David Miller, “Ciudadanía y Pluralismo”, en Liberalismo Comunitarismo, La Política (Barcelona), no.3,(Octubre 1997): 84.
  • 5. 5 La afirmación de los derechos se cumple en el contexto de laparticipación política y no en una afirmación solipsista. El desarrollo de estos temas, aparte de su importancia teórica, traeconsecuencias prácticas de mucha importancia. La pérdida de civismo, lapérdida del interés por la vida pública, la apatía, el mismo deterioro deldebate cívico, se encuentran íntimamente ligados con estos procesos deerosión de la idea y de la práctica de la ciudadanía, fenómenos que implicanprofundas consecuencias en el marco de una vida cotidiana, donde sedestaca la importancia de revitalizar los mecanismos de participación y detolerancia, si nos planteamos la posibilidad de vivir juntos en algún grado dearmonía, evitando los riesgos de la desintegración social que han llevado alas sociedades hasta el enfrentamiento. La gran pregunta de fin de siglo laha formulado, en un libro esencial5 para la comprensión de este debate, elsociólogo francés, Alain Touraine: ¿Podremos vivir juntos? ¿Podremosconciliar la unidad con la diversidad, la universalidad con la diferencia? Si conservamos el núcleo básico de derechos de la persona comonorma de observancia social y, simultáneamente, promovemos unademocracia deliberativa que incluya no sólo el concepto abstracto de laparticipación, sino que incorpore de manera efectiva los espacios de lainformación y del debate público en los procesos de la toma de decisiones,6es probable que logremos esa convivencia. El presente escrito forma parte de un proyecto más amplio. Se ofreceun esbozo teórico de las líneas de investigación que comprenderán un librosobre el tema de la ciudadanía. Sin embargo, con este ensayo empieza esetrayecto, en busca de las interrogantes más destacadas en esa futurainvestigación. Tómese pues este trabajo como una introducción de losproblemas que se tratarán en un desarrollo posterior. Se verán primero lagénesis y las transformaciones de la idea de ciudadanía; luego, se analizarándiversos enfoques teóricos del problema, hasta concluir con algunaspropuestas para el mejoramiento del espíritu cívico.I-Origen y transformaciones de la idea de ciudadanía5 Touraine, 234.6 “Hoy la masa de la población sólo puede ejercer sus derechos de participación política por vía deintegrarse en, y ejercer influencia sobre, la circulación informal de la opinión pública, circulación noorganizable en conjunto, sino sostenida más bien por una cultura política liberal e igualitaria.” Habermas,634.
  • 6. Ciudadanía 6 La ciudadanía no se limita a un concepto; ante todo, se trata de unaexperiencia histórica, aunque es conveniente también emprender un análisisen cuanto al contenido de esta idea.Orígenes Para los romanos, la civitas constituía la asociación política, elconjunto de bienes políticos privilegiados que compartían los hombre libres. 7La civitas se oponía a gens, populus y a Natio. Las naciones eran en laantigüedad clásica “ ... comunidades de origen que vienen integradasgeográficamente por comunidad de asentamiento o por relaciones devecindad, y culturalmente por tener una lengua común y costumbres ytradiciones comunes, pero que todavía no están integradas políticamentemediante una forma estatal de organización.”8 La Edad Media experimenta la aparición del concepto de imperium.Bajo el dominio del rey, la noción de comunidad políticamente organizadacede frente al poder de esa figura. Con el advenimiento de la modernidad, se opera una transformaciónmuy importante en el concepto de nación, pues su significado cambia ysurge como la portadora de la soberanía, hasta el punto de que en el sigloXVIII adquiere ambos significados (comunidad de origen y ente portador dela soberanía), para más tarde constituirse en un predominio de la segunda. En efecto, aparece la nación como comunidad de ciudadanos y no dedescendencia. Esta última visión proviene más que todo de la tradicióngermánica y originará posteriormente el nacionalismo alemán, en tanto laprimera se ha convertido en el origen de la idea moderna de ciudadanía,como lo afirma Alain Touraine: La ciudadanía reduce el individuo al ciudadano, es decir, aquel que acepta las leyes y las necesidades del Estado, que sólo tiene derechos si cumple deberes, si contribuye a la utilidad colectiva, al interés general; pero al mismo tiempo, la ciudadanía afirma que el poder político no tiene otro fundamento legítimo que la soberanía popular.97 Para una perspectiva más amplia, véase: Thiery Leterre, “La Naissance et les Transformations de L’ideede Citoyennete, Citoyenneté et Societé (Paris), no. 281 (mai-juin 1997).8 Habermas, 622.9 Touraine, 210. El subrayado es mío.
  • 7. 7 Tales fundamentos, como lo señala el autor, implican una granambivalencia, pues se debaten entre la idea republicana de la voluntadgeneral y la idea democrática de la ley de la mayoría. La idea de nación da forma a la soberanía popular y al mismo tiempo otorga al Estado que habla en nombre de la voluntad general un poder absoluto, que lleva en sí un riesgo de totalitarismo. Lo que hizo de la idea de pueblo, más aún que de la de nación, el doble del estado, el medio de que éste hiciera triunfar a su unidad sobre la diversidad de toda la sociedad. En nombre de la nación se derrumbaron los feudos y los privilegios, pero también en su nombre, se destruyeron las culturas regionales y vastos dominios de la memoria colectiva, y en nombre de la igualdad entre los ciudadanos, se condenaron o ignoraron las diferencias e identidades sin las cuales no puede construirse la mayor parte de los actores personales.10 Esa unión conflictiva entre el nacionalismo y el republicanismo es unaconexión de tipo psicosocial en la que uno se convierte en el vehículo delnacimiento del otro, pero no se trata de una conexión conceptual estricta,pues, como se acaba de evidenciar, la libertad nacional no coincide,necesaria y automáticamente, con la libertad política de los individuos en elinterior, pues la idea nacional, en tanto es democrática, implica no sólo laintegración al Estado, sino también un recurso; contra éste, una separación yla afirmación de una órbita de autonomía personal, como lo ha sintetizadoJurgen Habermas: El Estado Nacional había fundado, pero sólo transitoriamente, una estrecha conexión entre ethnos y demos. Pero conceptualmente la ciudadanía fue desde siempre independiente de la identidad nacional.11Transformaciones de la idea de ciudadanía La historicidad del concepto de ciudadanía es una de las primerasconstataciones que se establecen al estudiar esta materia. El concepto y lapráctica de los derechos de la ciudadanía presentan una evolución muyparticular. Quien precisó inicialmente ese cambio fue Marshall,12 al señalarla existencia de una larga e irregular, pero persistente tendencia hacia laexpansión de los derechos de la ciudadanía (civiles, políticos y sociales); deacuerdo con él:10 Ibid.11 Habermas, 623.12 Véase:T.H.Marshall, “Citizenship and Social Class”, en T.H Marshall, Class Citizenship and Social Development(Westport, Connecticut: Greenwoodpress, 1973).
  • 8. Ciudadanía 8 ... la reforma política de cada uno de estos dominios puede modificar los aspectos más negativos de la desigualdad económica y puede, por consiguiente, hacer que el sistema capitalista moderno sea más ecuánime y justo, sin recurrir a la acción revolucionaria. La dinámica de las desigualdades de clase, derivadas del sistema de mercado capitalista, se puede moderar en cierta medida: los excesos de las desigualdades económicas se pueden contener, o, en sus palabras, mitigar por medio del desarrollo exitoso de los derechos de la ciudadanía democrática.13 Marshall centró su análisis en Gran Bretaña, precisando que los trestipos de derechos evolucionaron a diferentes ritmos en el transcurso dedoscientos o trescientos años; muestra que los primeros en desarrollarse losderechos civiles (libertad individual, libertad personal, libertad de palabra yde conciencia, derechos de propiedad, derecho de contratación y la igualdadante la ley); los derechos políticos (participación en el ejercicio del poderpolítico como elector o representante de los electores) se desarrollaron acontinuación, en tanto que la lucha por su expansión ocurriófundamentalmente durante el siglo XIX hasta el establecimiento delprincipio de ciudadanía política universal. Las luchas por los derechossociales empiezan a finales del siglo XIX y se desenvolvieron a plenituddurante el siglo XX. La visión de Marshall concluye que estos grupos dederechos forman una especie de peldaño o eslabón en dirección de los otros. La posición de este autor ha recibido muchas críticas, desde diferentesperspectivas. Giddens14, por su parte, cuestiona los elementos teleológicos yevolucionistas de ese análisis, por tratar el desarrollo de la ciudadanía comoalgo que se desplegara a través de fases y de conformidad con una lógicainmanente. También encuentra en la explicación de Marshall unasobresimplificación del papel de la política y del Estado, al considerar losderechos como fruto de la mano benéfica del Estado y no comoconsecuencia de las luchas sociales y políticas. Giddens señala además queel fenómeno de la expansión de los derechos ciudadanos no es un procesounidireccional e irreversible y sostiene que la clasificación tricotómica delos derechos, según Marshall, se torna inadecuada, pues los derechos civilestienen una doble dimensión: los derechos civiles de la libertad individual yla igualdad ante la ley (reivindicados y conquistados por la burguesíaemergente); y los derechos civiles económicos como el derecho de formarsindicatos y el derecho de huelga (reivindicados y conquistados por la clasetrabajadora).13 David Held, “Ciudadanía y Autonomía”, en Liberalismo Comunitarismo, La Política (Barcelona), no. 3, (Octubre1997): 43.14 Anthony Giddens, Profiles and Critiques in Social Theory (Londres: Macmillan, 1982).
  • 9. 9 Otro grupo de críticas se centra en la reducción que propone Marshallen su enfoque a la relación entre clase social y ciudadanía, cuando lo ciertoes que el problema de la ciudadanía abarca el tema de las clases sociales,pero va mucho mas allá, como lo precisa Held: El conflicto de clase puede ser perfectamente un importante medio para el desarrollo de los derechos ciudadanos pero de ninguna manera es el único que reclama atención. Si la ciudadanía implica la lucha por la pertenencia, y la participación en la comunidad, entonces su análisis abarca el examen de los modos en que los diferentes grupos, clases y movimientos pugnaron por conquistar mayores grados de autonomía y control sobre sus vidas vis-à-vis las distintas formas de jerarquía, estratificación y opresión política. El debate posmarshalliano debe ampliar el análisis de la ciudadanía y dar cuenta de los temas planteados, por ejemplo, por el feminismo, el movimiento negro, los ecologistas... y quienes han abogado por los derechos de la infancia.15 La reflexión sobre los derechos de ciudadanía enfrenta hoy una nuevafrontera, pues no es posible limitar esta discusión al espacio de estosderechos en el marco del Estado-Nación. La globalización crea una brechaentre una ciudadanía que confiere derechos en el contexto de la comunidadnacional y el desarrollo de legislación internacional que impone nuevasregulaciones sobre individuos, organizaciones gubernamentales y nogubernamentales. La elaboración de una teoría de la ciudadanía moderna, adecuada a lasrealidades de nuestro tiempo, supone también relegar la visión de losderechos de libertad, el pluralismo y el imperio de la ley como simplesformalismos e ilusiones engañosas. Las bases de esta visión puedenresumirse, siguiendo a Zolo, en cuatro puntos:1- La ciudadanía es fruto de dos grandes procesos de diferenciación que acompañan al Estado moderno: ...la separación del subsistema político del ético y religioso y la autonomización del subsistema económico respecto del político. La atribución de la ciudadanía “formaliza” los agentes individuales, precisamente porque, los abstrae de las determinaciones (económicas, sociales, religiosas, etc.) que caracterizan a esos agentes dentro de los otros subsistemas primarios.1615 Held, 53.16Danilo Zolo, “La Ciudadanía en una Era Poscomunista”, en Liberalismo Comunitarismo, La Política (Barcelona),no.3, (Octubre 1997): 123.
  • 10. Ciudadanía 102- La noción de ciudadanía debe oponerse, más que nada, a la de sujeción, según la cual los individuos no tienen ningún derecho respecto de la autoridad política.3- El concepto de ciudadanía descansa sobre los supuestos individualistas de la teoría liberal clásica. El sujeto legal es el individuo y no la familia, el clan, la nación, la ciudad o la humanidad. La ciudadanía moderna se opone a la idea de una pertenencia orgánica a la ciudad. El organicismo político concibe a los individuos como parte de un sistema estratificado, parte de un todo, basado en fundamentos éticos o naturales; la ciudadanía moderna ve la política como un “constructo” social, como algo artificial (contrato).4- La ciudadanía opera dentro de la esfera soberana del Estado moderno (organización política territorial y burocrática). Sólo los miembros de la comunidad política nacional se consideran ciudadanos, en oposición a los extranjeros. A pesar de que los señalamientos anteriores implican escoger unaserie de opciones teóricas en cuanto al tema de la ciudadanía, resultaconveniente -para efectos inmediatos- exponer las variadas concepcionesque existen en torno al tema, así como desarrollar, aunque se hagasuperficialmente, algunas de las discusiones más importantes sobre lamateria.II-Diversos enfoques de la idea de ciudadanía En este apartado se expondrán las visiones liberal, libertaria,comunitarista y republicana de la ciudadanía. Para algunos,17 esos enfoquespueden reducirse a dos: liberalismo y comunitarismo, punto de vista quesimplifica la explicación, de manera que optaremos por una divisióncuatripartita, con el propósito de proveer un análisis más rico de lasdiscusiones.El enfoque liberal La noción liberal de la ciudadanía parte del concepto de libertadnegativa; libertad del individuo frente al Estado. La libertad máxima es unalibertad presocial, que significa no verse interferido por los otros. En esesentido, la maximización de la libertad exige la minimización del Estado. Elindividuo establece su identidad en oposición a la sociedad y considera a laley y al Estado como los principios de renuncia a su voluntad.17 Adela Cortina, Ciudadanos del Mundo: Hacia UnaTeoría de la Ciudadanía (Madrid: Alianza Editorial, 1998).
  • 11. 11 Sus preferencias son prepolíticas: sus gustos y sus querencias, como las preferencias de un consumidor, ni se discuten ni se justifican.... Se forman privadamente y, después, hay que buscar el mejor modo de satisfacerlas. En la medida en que ello requiera de los otros, la política se encargará de la satisfacción o favorecerá la negociación entre intereses contrapuestos... habrá que fijar reglas para coordinar intereses contrapuestos.... La tarea de las instituciones públicas es agregar y atender las preferencias.18 La necesidad de dar cuenta de las instituciones políticas frente a laafirmación del individuo lleva a explicaciones liberales más complejas, quesobrepasan la concepción del Estado Mínimo. En nuestros días, la teoría más elaborada del liberalismo político seofrece en el planteamiento de John Rawls, para quien la tarea de la filosofíapolítica consiste en elaborar una teoría de la justicia distributiva, que puedaser compartida por todos los miembros de una sociedad con democracialiberal.19 Si una teoría de este tipo toma cuerpo en las instituciones, losciudadanos se adherirán a ella, pues refleja sus convicciones acerca de lojusto. Sin embargo, la elaboración de esta teoría presenta algunasdificultades, en cuanto a la diversidad de concepciones que existen en lassociedades pluralistas sobre la vida justa, lo que Rawls llama distintasdoctrinas comprehensivas del bien, la diversidad de cosmovisiones, propiasdel pluralismo, y la diversidad de las sociedades modernas, así como losdiferentes proyectos para una vida feliz. ¿Cómo organizar la convivenciaentre estos diferentes proyectos? La solución estriba en determinar si hayvalores compartidos en todas las doctrinas, aunque estos no coincidan en elconjunto de su cosmovisión. De aquí surge la hoy célebre distinción en el ámbito ético-político entre lo justo y lo bueno, entre una concepción moral de la justicia, compartida por la mayor parte de los grupos de una sociedad, y los distintos ideales de felicidad que pretenden orientar la vida de una persona en su conjunto. Aquellos valores que todos comparten componen los mínimos de justicia a los que una sociedad pluralista no está dispuesta a renunciar, aunque los diversos grupos tengan distintos ideales de vida feliz, distintos proyectos de máximos de felicidad.2018 Félix Ovejero Lucas, “Tres Ciudadanos y el Bienestar”, en Liberalismo Comunitarismo, La Política (Barcelona),no.3 (Octubre 1997): 94.19 Sobre el pensamiento de Rawls seguimos el excelente resumen de Cortina, 26.20 Ibid., 27-28.
  • 12. Ciudadanía 12 La tarea fundamental de una sociedad pluralista consiste en laarticulación de estos mínimos y máximos para mantener la justicia y lograrla felicidad. El liberalismo político se interesa por el ciudadano, quienespera que la sociedad le haga justicia al suministrarle los bienes necesariospara llevar adelante, por sí mismo, su proyecto de vida feliz. La comunidadpolítica tiene el compromiso de defender una concepción de justicia en tornode la cual ya existe un acuerdo o visión que sirve de referente en la soluciónde los conflictos sociales.La aproximación libertaria El planteamiento libertario surge con el florecimiento político de laNueva Derecha y pretende evidenciar la relación entre el Estado y elindividuo como una cuestión meramente contractual. Para los libertarios, laciudadanía no es valiosa en sí misma, su necesidad radica en las demandaspor bienes de provisión pública. El ciudadano es un consumidor racional21de bienes públicos, lo cual lleva a los libertarios a pensar en el Estado comouna gran empresa, y en los ciudadanos como sus clientes. En la medida enque el Estado responda a la demanda, no interesa -en principio- llegar a unacuerdo sobre los derechos de ciudadanía. La fuerza de la posición libertaria reside en que toma en serio el pluralismo. Supone que las personas tienen posiciones radicalmente diferentes de la buena vida y sostiene que el modo de afrontar este problema es despolitizar la ciudadanía, convertir el ámbito público en una versión sustituta del mercado. Las personas deberían ejercer su elección en cuanto consumidores, ya sea a través de un contrato individual con las oficinas públicas, o bien votando con sus pies .22 Sin embargo, esta posición ha sido criticada, pues se dice que destrozael concepto de ciudadanía, el cual implica derechos comunes y bienesdisfrutados en conjunto; el planteamiento libertario los reduce a su mínimaexpresión, debilitando y erosionando el sentimiento mismo de identidadciudadana. La ciudadanía quedaría limitada entonces a la posibilidad decontratar, dentro de los límites de una comunidad elegida, o a unaexhortación moral, a los buenos ciudadanos que quieran realizar unaactividad voluntaria en favor de los demás. El planteamiento podría ubicarseen el contexto del liberalismo político, aunque en una versión extrema.21 Un planteamiento en esta dirección es el de Robert Nozick en su libro Anarchy, State and Utopia (New York:Basic Books, 1974).22 Miller, 83.
  • 13. 13La óptica comunitarista. La mejor descripción del ciudadano comunitario23 se obtiene alcompararlo con un equipo, donde cada jugador es responsable por su labor ytodos los jugadores, colectivamente, no se oponen, sino que constituyen elequipo. No tienen derechos frente al equipo, sino responsabilidades: no tienen intereses privados que proteger, nada hay fuera del interés colectivo.24 Existe una idea de bien compartida, que permite a todos reconocer elcamino correcto. Esa idea constituye el cemento que permite la unidadsocial. El ciudadano comunitario es un zoon politikon, profundamente social,su integración en la sociedad le proporciona la identidad y los valores entrelos que puede escoger y juzgar. Tal concepción se torna contraria delalibertad negativa; es una libertad con los otros. Hay un predominio de la idea del deber, concebido como elreconocimiento del ciudadano en una idea del bien, de la que se participacon los otros integrantes del equipo. La ciudadanía es ante todo unaconfirmación de valores compartidos, una afirmación de la homogeneidad yde la unidad del cuerpo social. Existe poco espacio para la deliberación y laconfrontación cuando lo que impera es el ideal de la buena vida y cuando lasvoluntades particulares se transforman en voluntad general; es lo queHabermas ha denominado una “comprensión comunitarista ética,” 25 unacomunidad ético cultural que se determina a sí misma, donde los ciudadanosson partes de un todo y la ciudadanía se reduce a la práctica de laautodeterminación colectiva. Este modelo se convierte en una concepción totalizante que destruyeel pluralismo y la autonomía de las personas. Por otra parte, es utópico pensar en la existencia de sociedadeshomogéneas en la actualidad y en el pasado.23 Para una descripción y análisis de esta tesis, consúltese: Daniel Bell, Communitarism and Its Critics (Oxford:Oxford University Press,1993).24 Ovejero, 100.25 Habermas, 626.
  • 14. Ciudadanía 14 Esta fascinación con la unidad y la homogeneidad sociales lleva en síel germen del totalitarismo, pues descarta la posibilidad de una coexistenciaentre diversas ideas posibles del bien social, así como la posibilidad de latransacción y discusión entre aquellas.El modelo republicano El ciudadano republicano es activo y participativo, aunque no sediluye en la idea del bien colectivo. El republicanismo considera alciudadano como un participante activo en la dirección de la sociedadmediante el debate y las decisiones públicas. Toma la concepción liberal delos derechos y le suma la idea de que un ciudadano se identifica con sucomunidad política y se compromete con la promoción del bien común, sinque esto implique adherir a una concepción sustantiva del bien común. La máxima libertad no se consigue sin los otros. Pero, tampoco, la libertad es otorgada por los otros. A cada ciudadano le corresponde defender su propia libertad y esa misma defensa forma parte del reto mismo de construir una vida valiosa.26 Los derechos asegurados colectivamente se convierten en lascondiciones que hacen posible la responsabilidad; la idea de libertad positivatiene un espacio en la concepción republicana de la ciudadanía. Jurgen Habermas resume el sentido de la unión entre los derechosgarantizados y la necesaria participación política, al señalar: …el modelo republicano de la ciudadanía nos recuerda que las instituciones de la libertad, aseguradas en términos de derecho constitucional, tendrán o no valor, conforme a lo que haga de ellas una población acostumbrada a la libertad, acostumbrada a ejercitarse en la perspectiva de primera persona del plural, de la práctica de la autodeterminación. El papel del ciudadano institucionalizado jurídicamente ha de quedar inserto en el contexto de una cultura política habituada al ejercicio de las libertades.27 Queda claro que la mera discusión y el debate no son suficientes. Seevidencia la necesidad de una cultura política que garantice un ejerciciopermanente de los derechos a la participación, y de una Constitución queestablezca claramente los derechos, en particular los límites de las mayorías.26 Ovejero, 105.27 Habermas, 627.
  • 15. 15 Libertad negativa o autonomía privada y libertad positiva o autonomíapública se fusionan, lo que permite defender los derechos básicos frente a lasinjerencias sociales, pero también: …se abre a la pluralidad social al permitir un casi ilimitado acceso a la esfera y decisiones públicas a todos los ciudadanos y grupos sociales. Ambas dimensiones serían complementarias, igual de importantes y asentadas en un origen común. El ciudadano no podría hacer uso de su autonomía pública si no poseyera la independencia necesaria garantizada por la autonomía privada; y a la inversa, no podría asegurarse una regulación consensuada de esta última si no puede hacer uso adecuado de su autonomía pública.28 Se reconoce la diversidad social en el acceso que todos los sectorespueden lograr a los foros de discusión y de toma de decisiones, y en lainexistencia de barreras para las demandas que presentan; derecho departicipar en la deliberación, lo que no resulta válido es pretender el plenoreconocimiento de las exigencias de un sector determinado. La noción de democracia deliberativa se encuentra estrechamenterelacionada con el enfoque de la participación como integración y ejerciciode influencia sobre el proceso de la comunicación política; el podercomunicativo pasa pues a un primer plano de las consideraciones de la teoríapolítica. Consecuentemente, se produce un enfoque diferente de las relacionesentre las instituciones y las prácticas sociales. Se trata de un proceso deinteracción entre la normatividad del status del ciudadano y su prácticaefectiva. Entiendo las constituciones democráticas como otros tantos proyectos en los que a diario trabajan el poder legislativo, la justicia y la administración, y por cuya prosecución se sigue luchando siempre en el espacio público político… Sólo una democracia entendida en términos de la teoría de la comunicación es también posible bajo las condiciones de las sociedades complejas ... son los flujos de comunicación de un espacio público activo que se halle inserto en una cultura política liberal los que soportan la carga de la expectativa normativa.2928 Fernando Vallespin, “Una Disputa de Familia: El Debate Rawls-Habermas”, en Jurgen Habermas y John Rawls,Debate sobre el Liberalismo Político (Barcelona: PAIDOS,1998), 32-33.29 Jurgen Habermas, Mas Allá del Estado Nacional (Madrid, Editorial Trotta, 1998), 146-147. Los subrayados sonmíos.
  • 16. Ciudadanía 16 La ciudadanía republicana permite hablar de una ciudadanía activa yparticipativa, en oposición a la ciudadanía pasiva, caracterizada por unavisión del ciudadano como administrado-elector. La ciudadanía pasiva essufrida (subie), ligada a la observancia de la regla común, a lo instituido, ycaracterizada también por la delegación y la sumisión. Una perspectiva deciudadanía republicana permite pensar las modalidades de una ciudadaníaactiva, en la que la pertenencia a una comunidad pase por la observancia desus reglas de funcionamiento, pero con corresponsabilidad en la elaboracióny gestión de aquellas. El ciudadano activo se asume como tal y es un factorfundante de la comunidad; a través de su actividad deliberativa que crea laciudadanía propia y de sus conciudadanos. En la próxima sección nos ocupamos de algunas vías para desarrollaresta nueva visión de la ciudadanía.III-Hacia una ciudadanía activa. La ciudadanía activa implica el desplazamiento de una cultura políticade espectadores a una de actores. Pareciera sencillo, pero, ¿qué significaese paso en concreto? Ante todo, resulta imprescindible educar en ciertos valores como latolerancia y el respeto, y en la autoestima, en la clara comprensión de losvalores de la dignidad personal, pero fundamentalmente en un esfuerzo porpromover la buena información de los ciudadanos sobre la esfera pública yel debate de las distintas opciones que ahí se presentan. La capacidad de persuadir y de ser persuadido correctamente es, así, un instrumento esencial de la práctica política democrática. En sí misma la persuasión retórica es algo así como una adhesión que acordamos acerca de una opinión surgida en el seno de un discurso público. No es el resultado de una ciencia específica, sino de un arte común, del arte cívico del encuentro deliberativo en el seno del discurso.30 Aunque todos los ciudadanos participan de esa capacidad deliberativa,su ejercicio se encuentra condicionado por la educación recibida, por lacapacidad de formar juicios propios, pero lo cierto es que tales juicios sólopueden formarse mediante la práctica política misma, lo cual implicaconcebir la educación cívica o política como una cuestión práctica, como30Fernando Bárcena, El Oficio de la Cciudadanía: Introducción a la Educación Política (Barcelona: PAIDOS,1997),244.
  • 17. 17una manera de vivir, aunque no se descarta la formación conceptual, latransmisión de contenidos de carácter sustantivo en su forma abstracta. El gran problema de la educación cívica, de aprender a vivir enconjunto, consiste en combinar la identidad con la libertad para participar enla vida social. La vida social no puede reducirse al mercado, y la identidad ala pertenencia a la comunidad. Hay una reinvidicación del sujeto comocapacidad de resistencia y de distancia frente a las lógicas del poder. Comolo ha demostrado Alain Touraine, la sociedad política se define como: …una relación de amistad que respeta la distancia al mismo tiempo que genera la comunicación. No implica la connivencia que supone la pertenencia sino que exige respeto, y consiste en considerar al otro como igual a uno mismo, sin inscribirse en un conjunto englobador de uno y otro.31 La ciudadanía democrática debe asentarse en el reconocimiento de losderechos fundamentales que limitan todo poder social y sobre la solidaridadque permite a cada individuo afirmarse como sujeto social. Según lo afirmael mismo Touraine: En resumen la identidad del Sujeto solo puede construirse por la complementariedad de tres fuerzas…; la lucha personal de salvaguardar la unidad de la personalidad…; la lucha colectiva y personal contra los poderes que transforman la cultura en comunidad y el trabajo en mercancía; el reconocimiento interpersonal; pero también institucional, del otro como Sujeto.32 La ciudadanía democrática sólo puede fundarse en el recurso a un“principio de limitación del poder social e incluso en un fundamento nosocial del orden social”, como son los derechos universales del hombre: esel principio que pone al individuo por encima de la lógica de un sistema y,mediante ella, de los intereses materiales e ideológicos de quienes lodominan y dirigen. Un programa para desarrollar la ciudadanía activa tiene que dirigirse ala investigación de diversos procesos generadores de esta:1- La lógica de la autoafirmación. Deben analizarse aquí los elementos culturales que permitan elaborar una visión del individuo y de la vida social que no se reduzca a la organización instrumental, utilitaria, de la31 Touraine, 89.32 Ibid.
  • 18. Ciudadanía 18 vida colectiva ni tampoco al conformismo con la organización social (derecho de resistencia).2- La lógica de la pertenencia. No se trata de partir de un individualismo libre de vínculos; por el contrario, se debe reconocer que deseos y preferencias individuales están estrechamente condicionados por procesos sociales y que no podemos existir sino con los otros, reconociéndolos y siendo reconocidos por ellos como sujetos. Pertenecer no significa, sin embargo, disolverse en la comunidad, ni en la voluntad general.3- La lógica de la participación. Es el fenómeno de la deliberación, del contraste de los discursos. A partir del reconocimiento de la autonomía individual, nos inscribimos en la ruta de la confrontación de diversas visiones parciales y generales de la vida, de la discusión de los diversos proyectos de vida en común y personal. Implícito se ubica el principio de la tolerancia, de admitir la diversidad y lo distinto como partes consustanciales de la existencia con los otros.4- El principio del pluralismo. Pero la tolerancia se deriva de un principio aún más general: el respeto del pluralismo, el reconocimiento del derecho de los otros de tener su propia visión y luchar socialmente por los objetivos que de esta se desprenden.5- Los deberes de la responsabilidad. La libertad implica responder por su ejercicio; no es posible el funcionamiento de la vida social sin la delimitación de esta órbita de la convivencia, sin asumir el compromiso que implica la amistad cívica, aunque esto, en ningún momento, signifique la disolución de la personalidad en el todo social.6- La ciudadanía local y cosmopolita. No toda la actividad cívica puede quedar reducida al marco del estado nacional. Las formas de participación de la proximidad, junto con los elementos de integración mundial que surgen como consecuencia de visiones nuevas (derechos humanos, movimiento ecologista, participación de las mujeres en la vida pública) deben incorporarse a esta indagación.7- El Principio de Solidaridad La pertenencia a la comunidad política y la protección social de la libertad, no pueden fundarse en la exclusión de importantes sectores de la población de los beneficios del progreso material, de la cultura y la participación en las decisiones. Es necesaria
  • 19. 19 una política de solidaridad que disminuya distancias entre categorías sociales y combata la discriminación y la segregación, abriendo espacios para la igualdad de oportunidades. Tales premisas constituyen un programa tentativo que buscadesembocar en respuestas más concretas al problema de la exclusión, de lapérdida de civismo y de participación en la vida pública. Los desarrollos posteriores permitirán una ampliación detallada tantode las cuestiones teóricas aquí esbozadas, como de las soluciones prácticasque buscamos. Lo que sí resulta cierto es que la pregunta por la ciudadaníatrasciende en gran medida el problema teórico y nos coloca ante losproblemas de buscar nuevas formas de convivencia en un contextoradicalmente diferente, donde nacen las ideas y las prácticas en torno al temade la ciudadanía.