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Viajes en bucle

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Este texto se escribió como punto de partida del seminario teórico organizado en las jornadas Camargo Cibernético de 2008.

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  • 1. VIAJES EN BUCLE: CAMARGO CIBERNÉTICOIntroUna de las principales preocupaciones de los artistas que trabajan estrechamente con latecnología, ha de ser, además de la caducidad de su discurso, la caducidad de lasherramientas empleadas.Pero, a diferencia de lo que se pueda pensar ahora en relación a etiquetas actualmentedesfasadas como "net art", lo cierto es que algunas etiquetas vuelven y causan furor.Pensemos por ejemplo en la segunda juventud del videoarte y la instalación y la tecnología quellevan aparejada.Camargo Cibernético pretende estudiar qué sucede cuando damos otra vuelta de tuerca; cuálpuede ser el auténtico ciclo vital de una obra de arte tecnológica más allá de la novedad o lamoda iniciales.VERSIÓN 2.1.Las dinámicas artísticas desarrolladas con herramientas electrónicas. El arte revisado.Una de las citas más famosas del famoso informático estadounidense Alan Kay, conocido porsu trabajo pionero en la programación orientada a objetos y el diseño de sistemas gráficos deinterfaz de usuario, es“Technology is anything that wasnt around when you were born.”(Fuente: conferencia de prensa en Hong Kong, finales de los ochenta).Es decir, “la tecnología es cualquier cosa que no estaba cuando tú naciste”. Es decir, antes deque tú nacieras. Por lo tanto, algunos disfrutarían diciendo que el término “tecnología” nos sirvepara matar al padre, para aniquilar a la generación anterior a la nuestra simplemente porquetodo lo que nos antecede es pasado.Pero esta concepción no es necesariamente cierta. O, en todo caso, no es necesariamentecierto que esa sea toda la verdad respecto a la tecnología. Si bien nos encontramos en uncontexto que exalta, adora o incluso babea ante toda clase de cachivaches, cacharros ydispositivos varios, que se compra aparatos que no entiende para poder alardear de ellos (unreportaje de hará unos tres meses del diario La Vanguardia alertaba que la mayoría deusuarios de móviles de última generación desconocía la mayoría de sus funcionalidades), queapenas contempla las reparaciones porque normalmente sale más a cuenta comprarse otroaparato (la dichosa “obsolescencia planificada”, como se le llama en economía), lo cierto esque también nos gusta cultivar la añoranza. Y por ese motivo, puedo aventurar que latecnología, y nuestra relación con ella vinculada al arte y la creación, se asemeje más alsistema cíclico de la moda.De modaLas reglas son categóricas: lo que existió hace veinte años vuelve a causar furor. Los que ya lovivieron entonces, lo rechazarán porque ya lo conocen o lo acogerán en sus brazos llevadospor la nostalgia. Los que no lo conocieron porque todavía no estaban allí, lo recibiránencantados si alguien consigue vendérselo como una novedad y bombardearlos lo suficientesobre sus supuestas excelencias. Falsa renovación e insistencia. Dos cualidades que podemostrasladar a cualquier campo.Pensemos en el ejemplo del vídeo. Cuando se empezó a hablar en los medios decomunicación de revoluciones digitales, de digitalización, cuando todo el mundo ya tenía CDsen casa y los artistas empezaron a distribuir su trabajo en DVD, el término vídeo parecía laversión antediluviana de la imagen en movimiento.
  • 2. De la misma manera, el vídeo como registro de performance parecía haberse aburguesado yreducido a un limitado círculo museístico “de élite” luego de haber nacido anticomercial ydesarrollarse como formato “experimental”. Han hecho falta veinte años para que proyectoscomo Desacuerdos facilitaran la transición de unas prácticas revulsivas a la institucionalizaciónde un formato.Una vez pasado el furor inicial de categorías como el net art, el software art y todos esos artreservados para fanáticos del código informático empeñados con romper con la narratividad através del lenguaje del ordenador (y no el de la cámara), el vídeo parece haber vuelto asituarse en primera línea.¿Razones posibles?El término vídeo ha pasado a considerarse sinónimo de cualquier tipo de imagen enmovimiento. Es muy posible que cuando hablemos de vídeo ya no sea estrictamente vídeo(técnicamente, desde luego no), pero ya nos funciona. Incluso las genealogías audiovisualesapuestan por considerarla palabra comodín en situaciones en las que no tendría por quérepresentar ese papel.El otro día sin ir más lejos, en el marco de la feria de videoarte Loop, se organizó una mesapara hablar sobre “Los límites de videoarte” en la que el comisario e investigador José Luis deVicente habló de la “imagen algorítmica”. Planteó cómo el desarrollo de los gráficos porordenador había facilitado el posterior desarrollo de la animación, el denominado “live cinema”o la visualización. Si bien esta genealogía es cierta y necesaria, ¿hasta qué punto conecta conla noción de vídeo o videoarte, tanto tecnológica como estéticamente? ¿Acaso esta imagenalgorítmica, generada, no es un reemplazo de la imagen captada, retenida, del cinematógrafo yla videocámara? El vídeo parece una palabra de moda, de moda en un sentido funcional, comocuando las mujeres llaman “top” a cualquier prenda de arriba ante la mirada escéptica de loshombres, que no entienden ni quieren entender tanta jerga.Los museos y festivales han encontrado un filón en el hecho de que, pese a toda la supuestarevolución interactiva, la gente sigue ensimismándose al encontrarse frente a una pantalla(basta con hacer la prueba en cualquier bar con televisor, aunque no guste en absoluto elfútbol). Como si alguien hubiera inventado la falda pantalón y la gente continuara usando losviejos tejanos. Los fenómenos de “fatiga hiperbólica” (cuando algo se ha anuncia muchísimo yse considera que va a ser la bomba y luego no lo es, como puede decirse del formato CD-Romo incluso podría empezar a decirse de Second Life) ayudan muchísimo al retorno dedeterminadas tendencias.Pese a que la performance en vídeo no ha dejado de ser un género predominante (pensemosen el exitoso Sergio Prego), la performance como género parece haberse diseminadocómodamente hacia el mundo de las artes escénicas (como prolongación de la misma, dondeno se encuentra sometida al yugo de la exposición o muestra artística y puede desparramarsecon mayor tranquilidad en el espacio). Asimismo, no tenemos por qué buscar la performanceen la representación audiovisual. El carácter documental (falso o no), de vigilancia, control yexhibicionismo de los “realities” televisivos y de las cámaras seguridad repartidas por lasciudades permite que la performance continúe más allá de las fronteras del vídeo de museo.¿Cómo Macluhan lo habría querido? Un hombre pegado a un ojo digital que agranda y registrala acción a su paso (en Star Trek los llamaban borgs). Como un piercing que de alguna manerasiempre estuvo enganchado al cuerpo.Habiéndonos librado del enojoso lastre de que el vídeo equivale necesariamente a un registrode performance artística (podrá serlo, pero no tiene por qué serlo), la instalación de vídeo pasaa ocupar la butaca central del salón. Interactiva o no, y aunque no es ninguna novedad,aprovecha los últimos desarrollos tecnológicos para ofrecer calidad de imagen y entornos cadavez más inmersivos. Niños y mayores encantados. Como esa camisa blanca que, además,ahora está diseñada para no transpirar.…Y pasado de moda
  • 3. “¿Net art? ¿Pero de qué hablas? ¡El net art ha muerto!”Me parece que experimentamos un placer sádico al pronunciar frases como éstas. Algunosporque nunca dejaron los medios o formatos anteriores, y pueden reivindicar el terreno queconsideran propio (“Donde esté un buen abrigo negro de corte clásico…”). Los demás, porqueasí demostramos que estamos enterados. No hay nada peor que pulular por una exposición oencuentro de arte dejando entrever que no se sabe lo que es tendencia… y lo que se hadecidido que caiga en el olvido. ¿Qué clase de terrorista social tendría ánimos de reivindicar enla actualidad las botas Doc Martens o Panama Jack? ¡No estamos en los noventa, por el amorde Dios!En los centros de validación de arte y tecnología, que no son las bienales ni las feriascomerciales como ARCO sino festivales tipo Ars Electronica, ¿cuántos no arrugarían la nariz sialguien se autoproclamara “net artista”? Diez años atrás, habría sido la comidilla de las listas decorreo e incluso podría haber iniciado alguna moda real (como Vuk Cosic y sus camisetas deiconos). Ahora, ¿de qué demonios está hablando? ¿Es que se acaba de caer del guindo? Escomo aparecer vestido del Neo de Matrix en una fiesta de disfraces… ¿qué, te habías quedadosin ideas y sólo te vino a la cabeza la dichosa sotana ignífuga? Lo que hay que ver…¿Por qué ocurre esto?Si afirmamos que las modas son aquello que apareció hace veinte años (y que, a su vez,remedaba lo que apareció veinte años antes), entonces tenemos que decir que lo había hacediez años es lo más caduco del mundo. ¿Podemos recordar alguna prenda de hace diez años?¿Algún grupo musical? ¿De verdad hemos tenido tiempo de encariñarnos de alguna película?Me encantaría ver la cara que ponen los jurados de un Transmediale si a alguien se le ocurrepresentar ahora mismo un navegador alternativo o una obra con una sopa de letras del códigofuente en pantalla.Es normal que nos cansemos. La novedad está por todas partes y después es comprensibleque no queramos seguir hablando de ella. Net art hasta en la sopa. Second Life hasta en lasopa. Es normal que se quiera liquidar. Fenómenos como el net art poseen un carácter de“vanguardia”, son la avanzadilla de lo que vendrá después, y por lo tanto deben desaparecer,esfumarse, pasado un cierto tiempo. El net art es como las primeras zapatillas deportivas parala calle: al principio todo eran zapatos y las zapatillas eran unos espantosos neumáticos conhebillas. Alguien pensó que estaría bien que también fueran atractivas y se llevaran en el día adía (por lo que también generó un nicho y una necesidad nuevos). Ahora cuesta encontrar unpar de zapatos que no imite descaradamente una zapatilla deportiva. Los cambios seagradecen, pero los extremos agotan.Pero nada de nostalgias. ¡Ya habrá tiempo para ellas! Basta con que pasen veinte o treintaaños (o menos, si seguimos viviendo de manera tan acelerada que los años parecen notarseexponencialmente) para volver a tener a nuestro querido net art como pieza de museo. Pensadque ya lo hemos hecho con el vídeo, o más aún, con los primeros videojuegos. Necesitamosnuestras momias, y necesitamos que nos ayuden a explicar el presente. Ahora resulta quediversas manifestaciones de arte que habíamos colocado en el limbo de “experimental” nossirven para explicar los orígenes del arte tecnológico actual, como ha sucedido con el artecinético. Es más, está de moda pensar la historia del arte en términos de herramientas ytecnología (“Un pincel también es una herramienta y bla bla bla”). El amigo Macluhan sesentiría orgulloso, y así él también volvería a estar en el candelero, que ya le toca,… ¿o no?La institución arte es un armario con dos barras de perchas. Lo que cuelgue delante o detráscambia en función de nuestro estado de ánimo: a veces vamos de compras y en la barradelantera sólo encontramos prendas con las etiquetas aún colgando y ese fantástico olor alimpio que se va con el primer lavado. Mientras, la barra trasera está llena de abrigos negros,camisas blancas y negras, y todas esas cosas que no sabes en que año te compraste pero quete da pena tirar… “Ay, debería, pero no puedo…”.
  • 4. Pero los papeles se invierten: a veces (en realidad, bastante a menudo), nos dedicamossistemáticamente a ponernos el fondo de armario. Reservamos la novedad para ocasionesespeciales, pero claro, enseguida deja de ser nueva y sólo tienden a sobrevivir aquellasprendas que también pasan a ocupar el fondo. Nuestro papel como artistas o teóricos esaprender a ordenar, a montar y desmontar ese armario, a calcular la resistencia de los tejidosutilizados, la transpiración de las prendas y calidad de sus acabados, para que seamoscapaces de funcionar más allá del último grito.

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