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    Cuesta arriba Cuesta arriba Document Transcript

    • CUESTA ARRIBA … ABRIENDO BRECHA Ayer finalmente subieron al estrado Alma y Jaime; pensé haber ganadola primera batalla. Oh, gran desilusión. En el momento en el que Jaime tomó elmicrófono se oyó el rechiflido en todo el auditorio. Subí precipitadamente yconstaté con coraje y decepción que el borlote lo animaban sus propioscompañeros. Mi presencia bajó los ánimos y una vez controlada la situación,Jaime tomó aliento y pronunció su mensaje... ¡que hable como hombre y si no,que se baje! se oyó un grito que se apagaría con el ruido de los aplausos quelos maestros nerviosamente adelantaron. Fueron semanas de tensión con los maestros y los compañeros delgrupo de Jaime; “no maestra, que él no hable, van a decir que todos somoscomo él”; “hay que pensarlo bien maestra, porque... ¿esto no traerádesprestigio a nuestra escuela?”; “¡¡maestra, maestra al Jaime le gusta elAbel!!”; “¿ya revisó bien la Ley General de Educación maestra?, tal vez ahí, enalgún apartado, diga qué institución se puede encargar de él”. ¡Uf!, puedoentender, y hasta justificar las reacciones de los niños pero, ¿las de losmaestros?; estoy realmente asustada, hemos pasado de las actitudes defranca ignorancia a la persona de Jaime y su condición, hasta las posturasimpulsivas de rechazo acompañadas de un lenguaje de repulsión hacia “elmariconcito”. La primera vez que se tocó el tema, la maestra del grupo lo anotóen los asuntos generales de la orden del día: inciso c, problemas en el salónprovocados por Jaime. Más que la explicación de “los problemas queprovocaba Jaime”, el momento fue de catarsis por parte de la joven profesoraIliana, lo que fue aprovechado por los demás para promover un juicioincendiario en contra del niño. A falta de argumentos, hubo airados reclamos:“¡por qué se le inscribió, acaso no se fijó cómo era!”; “¡tal vez en la otra escuela
    • lo corrieron por lo mismo!”; “¡algunos papás van a temer por sus hijosvarones!”. Luego de explicar, que niños y niñas con características como las deJaime, gozan de todas las garantías que la Constitución confiere, pasé aadmitir delante de mis compañeros maestros que yo también estabadesconcertada, que la escuela Normal no nos prepara para enfrentarsituaciones como ésta, y que Jaime abría la oportunidad de mirar y aceptar alas personas diferentes de la mayoría; les recordé el caso de Rosaura, aquellaniña con retraso mental y paladar hendido que nos ayudó a entender los casosde niños y niñas con necesidades de educación especial; “¡no maestra, no seconfunda, esto no es lo mismo, este caso es... es anormal; es decir es...antinatural!”, en coro y sin pedir la palabra se sucedieron una larga, largacadena de prejuicios. Toda vez pasada la tormenta, accedieron a dialogarteniendo como base información confiable sobre “estos casos”, frase genéricaasignada a la situación de Jaime para evadir lo innombrable, lo inaceptable. A partir de ese día estuve muy cerca del grupo, abordé a Iliana y lecomenté que ella y yo no podíamos esperar hasta la próxima reunión paravolver a platicar del tema. Estuvo de acuerdo y una vez en confianza externósus preocupaciones: “¿que voy a hacer maestra?, él es muy tierno y no quieroque sus compañeros lo lastimen”; “cada día lo agreden más y yo me sientocada vez más confundida”; “el grupo me exige que lo obligue a portarse comohombre; ... ¿maestra, será que de verdad es mariconcito?”. “No Iliana, él no esmariconcito, es homosexual y como tal hay que respetarlo y hacerlo respetar”.La frialdad con la que admití la obviedad del asunto con base en las evidenciasque indicaban la tan temible verdad, y la firmeza con la que expresé el respetoque habría que promover, impulsaron la primera decisión urgente: Jaime nosería agredido ni burlado por nadie.
    • ¡Cuánta crueldad pueden manifestar los niños al sentir vulnerada sumasculinidad!; ¡cuánto temor escondido detrás de las frases agresivas!.¿Cuánta repulsión puede causar un cuerpo menudito contorneándose alcaminar?. Simplemente la agresión que Jaime recibía, era proporcional a latímida sonrisa que se dibujaba en su rostro apenas para susurrar “no te enojes,yo no te estoy haciendo nada”. Era su sola presencia; aunque no hablarasabían que estaba ahí, que no era igual a ellos y “que ni siquiera hacía elintento de cambiar”. Jaime había padecido lo suficiente como para saber queno estaba dispuesto a soportar más. Llegó a la escuela a inscribirse en segundo grado, su mamá me loadvirtió: “en la otra escuela el director me dijo que no era prudente que sequedara, .... porque era rarito”; “su maestro me dijo muchas veces que hablaracon él para que intentara ser hombrecito”; “¡claro que no lo corrieron, yo losaqué de ahí porque hasta los maestros lo repudiaban!”; “quédese con élmaestra, Jaime sólo quiere estudiar”. Quedarme con él, ¿en cuántos otroslugares lo rechazaron?; por supuesto me hubiera quedado con él aunque lamadre no suplicara. ¿Qué garantías puede dar una escuela a niños como Jaime?, nomuchas según lo constaté. Los discursos sobre los valores morales y socialesson las primeras armas a empuñar. Tal vez lo más angustiante, en aras de notrastocar estos principios de civilidad, es la persuasión de los maestros paraque Jaime escondiera su verdadera identidad “el problema de Jaime es queprovoca malestar con sus modales; ya le dije: mira Jaime, mientras menoshables es mejor; dedícate a lo tuyo: tus tareas y tus trabajos son muy buenos,no necesitas participar tan abiertamente”, me confesó Iliana el consejo dado aJaime para evitar el disgusto de sus compañeros. Muchas de las veces
    • nuestras actitudes responden al temor de enfrentarnos a una sociedad querecriminará el no haber cumplido con el cometido: formar hombres y mujereseducados, ciudadanos conocedores de los paradigmas sociales que oponenresistencia natural al conflicto y la contradicción. Sin embargo, en otrasocasiones la ignorancia es la fuente del menosprecio y la discriminación,paradójicamente este último era nuestro caso: nosotros los maestros, losencargados de formar a las nuevas generaciones adolecíamos de la falta deconocimiento sobre la sexualidad en general, el derecho para el ejercicio plenode las libertades, las cuestiones de afirmación identitaria y las competenciasmínimas para vivir en una sociedad diversa y democrática. Aunado a esteambiente poco informado en cuanto al respeto a la diversidad y a lasdiferencias, caí en la cuenta de que nuestra escuela reproducía fielmente losestereotipos y el sexismo característico de la sociedad mexicana. Ese erarealmente el reto, profundizar con los y las maestras la sutil manera en la que,a través del sexismo, ya sea por acción u omisión ejercemos la discriminaciónen nuestras aulas. A Jaime se le excluye por ser diferente, por no cumplir conel rol que la sociedad le atribuye por haber nacido hombre; se le segrega paraevitar que “pervierta, contagie, vicie … confunda a los demás niños”, perotambién se le rechaza, repudia, hostiliza … en una palabra: Jaime es víctimade la homofobia, ese miedo a la existencia de personas con una preferenciasexual distinta a la heterosexual y que se expresa a través del rechazo o lahostilidad. Con la ayuda de Iliana iniciamos una campaña en contra de cualquierexpresión de menosprecio hacia las diferencias, ya fueran sexuales, religiosas,de etnia, etc., y una jornada permanente de información. En esta tarea,involucramos al grupo de Jaime: diariamente repartimos volantes, pegamos
    • carteles, regalamos separadores con consignas; poco a poco la escuela seinforma y se sensibiliza. Hemos ganado espacios para Jaime, el aula ya no es su refugio, sedesplaza con seguridad por toda la escuela sin temor a ser agredido,demuestra paciencia y cordura ante aquellos niños cuyo proceso desensibilización ha sido más lento. Jaime sabe que tenemos que correr losriegos, así es que la rechifla de ayer es una expresión de miedo ante lavalentía de aquel que se reafirma con dignidad ante las mayorías. No hemos ganado, cada día es una cruzada nueva. En el acto de ayerdemostramos que nuestra escuela está en la lucha, que nos estamospreparando para resistir la controversia, que Jaime es uno más de esa minoríaque reclama ser reconocida. La homofobia vulnera a las sociedades democráticas, quebranta losprincipios rectores de una educación que establece como propósito laformación plena e integral de los individuos de una nación. La homofobia,como toda expresión de discriminación, violenta las normas y valoresuniversales para una convivencia armónica. Jaime representa un reto constante; diariamente nos enfrentamos anuevos dilemas. Reconozco que aún entre los maestros nos conflictuamos, quemuchas veces afloran nuestros prejuicios, nuestros miedos; no tenemos unplan trazado y él es consciente de ello. Sin embargo vale la pena, Jaime losabe y por eso juntos, cuesta arriba … abrimos brecha.Primer concurso de Ensayo sobre Homofobia.Premio Octavio Acuña.Convocado por Red Demysex María del Coral Morales Espinosa Primer Lugar. Categoría. Profesores. Noviembre 2007.
    • “Cuesta arriba … abriendo brecha”