Espacios publicos y_construccion_social

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Espacios publicos y_construccion_social

  1. 1. 1
  2. 2. 2Espacios públicos y construcción social: Aproximaciones conceptuales
  3. 3. 3ESPACIOS PÚBLICOS Y CONSTRUCCIÓN SOCIAL
  4. 4. 4Espacios públicos y construcción social: Aproximaciones conceptuales
  5. 5. 5ESPACIOS PÚBLICOS Y CONSTRUCCIÓN SOCIALHacia un ejercicio de ciudadaníaEditado porOlga SegoviaEdiciones SUR
  6. 6. 6Espacios públicos y construcción social: Aproximaciones conceptuales© Ediciones SUR, 2007J. M. Infante 85, Providencia, Santiago de Chilecorporacionsur@sitiosur.cl – www.sitiosur.clInscripción RPI nº 166.778ISBN nº 978-956-208-079-8Edición de textos: Paulina MattaDiseño de colección: Paula RodríguezFotografía de portada: Enrique OviedoFotografías interiores: Equipo SUR y familias de Herminda de la VictoriaCroquis y planos: Diego RodríguezDiseño y diagramación: Diego RodríguezCorrección de pruebas: Edison PérezGestión editorial: Luis A. Solís D.Impresión: LOM Ediciones. Sólo actúa como impresorFono (56-2) 672 2236 – impresos@edicioneslom.clIMPRESO EN CHILE / PRINTED IN CHILE
  7. 7. 7Presentación 9Primera PartePrimera PartePrimera PartePrimera PartePrimera ParteAPROXIMACIONES CONCEPTUALESAPROXIMACIONES CONCEPTUALESAPROXIMACIONES CONCEPTUALESAPROXIMACIONES CONCEPTUALESAPROXIMACIONES CONCEPTUALESEspacios públicos urbanos y construcción social: una relación decorrespondenciaOLGA SEGOVIA 15La naturaleza del espacio público. Una visión desde la filosofíaHERNÁN NEIRA 29Reflexiones acerca de la relación entre los espacios públicos y elcapital socialGUILLERMO DASCAL 41La ciudad, los miedos y la reinstauración de los espacios públicosCLAUDIA LAUB 49¿Qué tienen en común la identidad, el espacio público y la demo-cracia? Algunas reflexiones sobre los conceptosDANIELA VICHERAT 57La lucha por el espacio urbanoRODRIGO SALCEDO 69Espacio público: punto de partida para la alteridadFERNANDO CARRIÓN 79CONTENIDO
  8. 8. 8Espacios públicos y construcción social: Aproximaciones conceptualesSegunda ParteSegunda ParteSegunda ParteSegunda ParteSegunda ParteINTERVENCIONES PINTERVENCIONES PINTERVENCIONES PINTERVENCIONES PINTERVENCIONES PARTICIPARTICIPARTICIPARTICIPARTICIPAAAAATIVTIVTIVTIVTIVASASASASASIntroducción. Gestión participativa de espacios públicos:tres experienciasOLGA SEGOVIA 101Creación, recuperación y animación del espacio público:el caso de CalamaENRIQUE OVIEDO 105Gestión participativa y mejoramiento vecinal en un conjunto devivienda social: Marquesa, valle de ElquiOLGA SEGOVIA Y DIEGO RODRÍGUEZ 129Herminda de la Victoria: recuperación de memoria históricay diseño participativo de espacios públicosOLGA SEGOVIA Y DIEGO RODRÍGUEZ 137
  9. 9. 9Dos preguntas centrales guían la reflexión de la cual da cuenta estelibro: primero, ¿qué lugar ha venido a ocupar el espacio público en uncontexto urbano de múltiples transformaciones económicas, sociales yculturales, que se expresan en nuevas formas de organización real y sim-bólica de la ciudad y que manifiestan una manera diferente de vivirla, depensarla y de relacionarse en ella, de parte de mujeres y hombres? Y lue-go, ¿cómo está siendo afectada la vida cotidiana, la convivencia colectiva,la construcción social en la ciudad, en un escenario cultural donde preva-lece un imaginario que pone énfasis en lo privado, en lo individual, en lopropio y exclusivo?La indagación sintetizada en esas dos preguntas, y que acá recoge-mos, corrió por dos cauces diferentes, pero en diálogo: por un lado, unconjunto de aproximaciones conceptuales al tema, que examinan sus di-ferentes aristas; y por otro, la experiencia de proyectos de intervención enel espacio público, una suerte de reflexión en acción. A través de estas dosvertientes queremos situar al espacio público como una noción presenteen el debate teórico que se vincula a las nociones de ciudadanía, cons-trucción social, democracia, identidad colectiva, entre otras; y mostrariniciativas gestadas con la participación de las comunidades, y que —junto con sus resultados materiales— se propusieron ser ejercicios de ciu-dadanía colectiva. Las hipótesis centrales que guiaron ambas accionesapuntan a que una alta calidad de uso y de apropiación de los espaciospúblicos contribuye al fortalecimiento del sentido de pertenencia y la so-ciabilidad en un barrio, una zona o una ciudad; y que, por tanto, la rela-ción que se establece con el espacio público puede ser un factor importanteen los procesos de integración y convivencia social y de formación deidentidad en el seno de la sociedad urbana.En concordancia con tal enfoque, el libro se ordena en dos partes: unadedicada a aproximaciones conceptuales al tema, y una segunda dondese presentan tres experiencias de intervención de SUR en distintas regio-nes del país.Presentación
  10. 10. 10Espacios públicos y construcción social: Aproximaciones conceptualesLos artículos recopilados en la primera parte forman parte del debaterealizado en el marco de la investigación «Espacios públicos urbanos yconstrucción de capital social: estudios de casos en ciudades chilenas»,1ycontienen una reflexión sobre el significado e impacto de los espaciospúblicos urbanos en la vida urbana, y la relación que ello puede tener conel capital social en una sociedad determinada. Los inicia Olga Segovia,examinando la correspondencia entre los espacios públicos urbanos y losprocesos de construcción social, para lo que toma como referencia el con-texto de profundos y rápidos cambios de diversa índole —económica,social, cultural— que se expresan en nuestro imaginario urbano y en nues-tra cotidianidad. La sigue Hernán Neira, quien indaga desde una pers-pectiva filosófica dos visiones sobre el espacio público: una que lo concibecomo algo que existe autónomamente de los espacios privados; y otrasegún la cual el espacio público aparece como un mal necesario para elmejor desarrollo del espacio privado. En un tercer artículo, GuillermoDascal realiza aportes a la reflexión acerca de la relación entre los espa-cios públicos y el capital social, partiendo de una definición que integraconceptos de Joseph, Habermas y Foucault. Claudia Laub, por su parte,reflexiona en torno a la pérdida de espacios públicos en relación con laviolencia en las ciudades y de las ciudades, frente al no perdido anhelopor lugares de encuentro para la ciudadanía. Luego, Daniela Vicherat sepregunta qué tienen en común la identidad, el espacio público y la demo-cracia, tres conceptos esenciales que reposicionan la pregunta por el paísque estamos construyendo y aquel en que habitamos o querríamos habi-tar. Carrión, por su parte, coloca en la discusión la importancia del espa-cio público en la producción de ciudad, la integración social y laconstrucción del respeto al otro; desarrolla esta perspectiva a través deuna definición del concepto de espacio público, vinculándolo con su de-sarrollo histórico, y proponiendo algunas directrices y estrategias para lainclusión social a partir del espacio público. Cierra esta sección RodrigoSalcedo, quien conceptualiza el espacio como el lugar donde el poder seexpresa y ejercita, afirmando que si bien el espacio siempre ha reflejado elpoder, la forma en que este poder es ejercido y su finalidad social hancambiado históricamente, lo que hace variar, además, el espacio y las for-mas en que es construido.En la segunda parte del libro se exponen tres experiencias de inter-vención llevadas a cabo por SUR entre los años 2000 y 2004, consistentesen la recuperación de espacios públicos para el uso de la comunidad enCalama, región de Antofagasta; en Marquesa, región de Coquimbo; y en1La investigación corresponde al Proyecto Fondecyt 1030155. Estos artículos, en una ver-sión preliminar, fueron presentados en el Taller de Debate «Espacios públicos urbanos yconstrucción de capital social», realizado en SUR en septiembre de 2003. Los comentariosestuvieron a cargo de Rodrigo Salcedo, sociólogo (Ministerio Secretaría General de laPresidencia); María Elena Ducci, arquitecta (Pontificia Universidad Católica de Chile); yFernando Carrión, arquitecto (Director de Flacso-Quito), quien intervino a través de vi-deo-conferencia.Espacios públicos y construcción social: Presentación
  11. 11. 11la población Herminda de la Victoria, en la comuna de Cerro Navia, San-tiago. Lo común a ellas fue la participación activa de las comunidadesinvolucradas en todo el proceso, desde el diagnóstico de los problemas ypriorización de necesidades relativas al espacio público comunitario, hastael diseño, construcción, habilitación, gestión y animación de los lugaresresultantes. En este desarrollo se buscaba, paralelamente a la creación deespacios seguros para el uso de los vecinos y vecinas, el rescate de lamemoria histórica como factor de unidad, la construcción de una identi-dad comunitaria, la creación de lazos interpersonales e intergrupales y eldesarrollo de habilidades organizacionales.* * *Los textos aquí presentados constituyen tan solo un punto de partida.Si en ellos fijamos algunas posiciones sobre estas materias y presentamoselementos del estado contemporáneo de la discusión, estamos conscien-tes de que el avance de la investigación y de la práctica puede llevarnos arevisar nuestros planteamientos y a incorporar nuevas perspectivas.Santiago, agosto de 2007
  12. 12. 12Espacios públicos y construcción social: Aproximaciones conceptuales
  13. 13. 131Aproximacionesconceptuales
  14. 14. 14Espacios públicos y construcción social: Aproximaciones conceptuales
  15. 15. 15Transformaciones sociales y nuevas conductas espacialesEn las últimas décadas hemos presenciando una transformación gra-dual de las ciudades y de los espacios de nuestra cotidianidad como re-sultado de una serie de fenómenos económicos, sociales, culturales ytecnológicos. Si, siguiendo a Habermas (1989), tenemos en cuenta la rela-ción entre la modernidad, la cultura urbana, el surgimiento de la esferapública y el ejercicio de la ciudadanía, es claro que tales transformacionessientan las bases de una nueva forma de organización social y de un nue-vo modelo cultural, llamado por algunos posmodernidad y, por otros,globalización. Según Borja (1998), la globalización económica y la revolu-ción informacional tienen efectos diversos y contradictorios —de índolenegativa y positiva— sobre los espacios urbanos.Remedi (2000), por su parte, sostiene que entre estas transformacio-nes quizás la más notable y emblemática sea la modificación sustancialdel espacio social, que implica y expresa nuevas formas de reorganiza-ción real y simbólica de los espacios de la ciudad, como resultado de unamanera diferente de vivirla, de relacionarse y de pensarla. Este autor des-taca que en este proceso de cambios, la organización espacial de las des-igualdades —que ha dado lugar a ciudades fracturadas en zonas dedistintas clases sociales o culturas— ha levantado muros (reales y menta-les) infranqueables que impiden no solo encontrarse, sino incluso verse,imaginarse y pensarse como pares, vecinos, conciudadanos.En este contexto de transformaciones y tendencias contradictorias,muchas de las ciudades de América Latina viven en una tensión entreformas extremas de tradición y de modernización global, que se expresaen un salto de escala, por una parte, y en el incremento de las desigualda-* Este artículo recoge parte del documento «Espacios públicos urbanos, pobreza y cons-trucción social», de Olga Segovia y Ricardo Jordán, publicado en la Serie Medio Ambien-te y Desarrollo 122 (Santiago: Cepal, 2005), accesible en http://www.eclac.cl/publica-ciones/xml/1/26131/LCL%202466-P.pdf (visitado 11 de junio de 2007).Espacios públicos urbanos y construcción social:una relación de correspondencia*Olga SegoviaSUR Corporación de Estudios Sociales y Educación – Santiago de Chile
  16. 16. 16Espacios públicos y construcción social: Aproximaciones conceptualesdes sociales, por otra. Las ciudades parecen ser hoy más inabarcables,más desconocidas, menos legibles y, por tanto, fuente de temores y dife-rencias irreductibles.Remedi plantea al respecto diversos procesos y componentes comoaspectos fundamentales del nuevo modelo cultural emergente; entre ellos,el agravamiento de la desigualdad, la marginalidad y la polarización es-pacial; el impacto de la marginalidad sobre la ciudad; la tendencia a lafractura urbana; la suburbanización como forma de escape y como otraforma de «modernización disfrazada»; el impacto del automóvil y las «víasde circulación rápida»; la consolidación del «barrio-mundo» y de la «casa-mundo», reforzados, respectivamente, por una concepción clasista e in-dividualista del mundo; el vaciamiento, abandono y deterioro de lainfraestructura y los espacios públicos tradicionales; la emergencia de«pseudo-espacios públicos» (supermercados, templos religiosos, shoppings,etc.), en detrimento de espacios públicos reales; la formación de nuevaszonas especializadas (de residencia, producción, consumo, recreación); latendencia a la concentración de la propiedad y control de los flujos yespacios virtuales principales (televisión, computadora).Siguiendo a este autor, ¿qué puede decirse sobre algunos de estosprocesos?Desigualdad, marginalidad y polarización espacialNo hay señales que permitan sostener que la modernización ha con-tribuido a resolver o a disminuir el problema de la segregación y elencasillamiento espacial de las distintas clases sociales, sino más bien queha contribuido a agravarlo. La distancia entre la urbanización globalizaday la ciudad tradicional no integrada es aún mayor en los países llamadosen desarrollo, con ciudades tensionadas entre formas extremas de tradi-ción, por un lado, y modernización global, por el otro. Esa fractura gene-ra oportunidades de integración internacional, y a la vez de desigualdady exclusión económica y cultural (García Canclini 2000). Borja y Castells(1997) señalan que un alto riesgo de la globalización es que se haga parauna elite: «Se vende una parte de la ciudad, y se abandona el resto». En elcaso de Santiago, existe una fractura espacial que da lugar al surgimientode varios Santiagos «autónomos» y aparentemente desarticulados, quecrecen y se despliegan en direcciones opuestas.11El área urbana de Santiago está claramente diferenciada según los niveles de ingreso delas familias. Los grupos de mayores ingresos se concentran en 6 de las 34 comunas de laciudad. En las áreas urbanas donde subsiste la pobreza se dan bajos niveles educaciona-les, subempleo, escasa autoestima y débiles redes que abran acceso a oportunidades(Rodríguez & Winchester 1999).
  17. 17. 17Abandono del espacio público e incremento de la inseguridadUnido a cierto malestar por la falta de espacios públicos o la baja cali-dad de los mismos, en muchas de las grandes ciudades la gente se sienteamenazada, insegura. El espacio público es percibido como una amena-za. Una reacción «natural» en respuesta a esta amenaza —elevando lacifra del terror y el miedo— es no salir, no exponerse, refugiarse en luga-res privados: el auto bien cerrado, la casa bien enrejada, el barrio cercadoy vigilado, el suburbio bien alejado (Davis 2001). En este contexto de cons-trucción social de la inseguridad, se abandona el espacio público y sepierde la solidaridad, el interés y respeto hacia los «otros». La percepciónde inseguridad y el abandono de los espacios públicos funcionan comoun proceso circular y acumulativo. Si se pierden los espacios de interacciónsocial, los lugares en donde se construye la identidad colectiva, tambiénaumenta la inseguridad. En oposición, parece ser que una de las cosasimportantes para el desarrollo de una comunidad es la existencia de unespacio público de encuentro, de co-presencia. En muchos casos, el con-trol natural en el espacio público se da por la presencia de las personas enlas calles, plazas y pasajes, entre otros.Consolidación del «barrio o casa en mundo privado»En la actualidad, existe una tendencia a suponer que todo lo que puedecontener una casa o el entorno inmediato alcanza para hacer posible unavida satisfactoria. Las personas, en la medida de sus posibilidades, tratande adquirir y poner en el espacio privado la mayor cantidad de artefactosy lugares tendientes a satisfacer necesidades que antes solían resolverseen la ciudad. Por ejemplo, la televisión y el video en lugar del cine, elteatro o el concierto; la computadora y el teléfono en lugar de la visita o lareunión con amigos; el jardín o la terraza en sustitución del parque o laplaza; el paseo en auto en vez de la clásica caminata por los paseos urbanos;la piscina privada en vez de la playa; los aparatos para hacer ejercicios envez del gimnasio. Sin embargo, es evidente que para satisfacer susnecesidades las personas necesitamos muchas cosas que solo una sociedady una ciudad pueden proveer (trabajos, escuelas, hospitales, luz, agua,carreteras, teléfonos), sin entrar en el terreno espiritual, psicológico oemocional. En Chile, Humberto Gianini (1999) señala la necesidad de lopúblico: «El hombre tiene que tener lugares y momentos próximos a lareflexión [...] lugares que constituyan ciudadanía recuperada».Concentración de usos en locales especializadosUn rol protagónico en estas nuevas formas de vida pública en la ciu-dad lo ocupan los malls o shoppings. Son los nuevos lugares «modernos,seguros, limpios y tranquilos», en contraste con el espacio público, «viejo,sucio, feo, contaminado y peligroso». En ellos, los ciudadanos pasan a servisitantes-consumidores. Lo que se presenta en apariencia como un espa-O. Segovia: Espacios públicos urbanos y construcción social
  18. 18. 18Espacios públicos y construcción social: Aproximaciones conceptualescio civil, abierto, no es sino un gran supermercado, privado, cerrado, cuyoprincipio rector es el del beneficio económico, la rentabilidad, por sobretoda consideración estética, ética o de otra índole. Los derechos del ciu-dadano quedan, en el mejor de los casos, recortados al entrar en estosterritorios privados, regidos por sus propietarios, administradores y po-licías propios.Medios masivos de comunicación y espacios sociales virtualesEn las ciudades actuales ha aparecido una nueva estética«desmaterializada», «descorporeizada» y «desterritorializada» que, a jui-cio de Remedi, tiene al menos dos componentes: i) Un cambio en el modoen que utilizamos el cuerpo para relacionarnos con la realidad, con laconsiguiente transformación de la realidad material de la que nos rodea-mos y del propio cuerpo como resultado de esa praxis (Harvey 2000,Graham 1997, Sennett 1994), y degradación o reducción de la experienciasocial-sensual (ir al estadio no es lo mismo que ver un partido en la televi-sión, o ir a un museo y observar una pintura no es lo mismo que ver suimagen digital en una pantalla); y ii) el traslado desde los espacios urba-nos a los circuitos mediáticos. Solo la radio y la televisión ofrecen algoque hacer durante el tiempo libre. Es sobre todo en los medios masivosde comunicación donde se desenvuelve, para la población, el espaciopúblico.Naturalmente, no se trata de olvidar las contribuciones de las nuevastecnologías comunicacionales a la buena salud de la esfera pública, y que,en la medida en que no reemplacen ni destruyan «el espacio social real»(Dewey 1997), pueden complementarlo, y hasta enriquecerlo y potenciarlo.Cambios en la práctica ciudadanaLos bienes y el patrimonio espacial de la ciudad son vitales para eldesarrollo de una práctica ciudadana, Por tanto, ¿qué impacto implica elvaciamiento y deterioro de los espacios públicos? ¿Cómo ha incidido enel tejido social de la ciudad?Es significativo que cuando pensamos en las ciudades, nos refiramosal «tejido urbano». Las ciudades, casi por definición, son el lugar dondela gente desconocida se encuentra. Tampoco es casual que la ciudad hayasido, históricamente, el «escenario» natural del ciudadano en tanto «ac-tor» social. En este sentido, Remedi subraya que la ciudadanía está vin-culada con la experiencia de la ciudad y la participación en una red o«entramado» de espacios sociales, organizaciones y movilizaciones devariada índole y sentido, abiertos y disponibles a los ciudadanos.La ciudad también es el lugar donde se encuentran bienes y serviciossociales y culturales en cantidades y calidades muy superiores a cual-quier otro lugar. La posibilidad de realización de los derechos de la ciu-dadanía depende, por lo tanto, de la riqueza y disponibilidad de dichos
  19. 19. 19recursos; en otras palabras, de la salud, integridad y permeabilidad deltejido urbano, puesto que es allí donde se hallan los espacios y los mediosculturales necesarios para la práctica de la ciudadanía.Acerca del concepto de ‘capital social’Desde la década de 1980 y, en especial, desde 1990 en adelante, elconcepto de ‘capital social’ viene ocupando un lugar cada vez más rele-vante en el debate de las ciencias sociales, aunque es posible rastrear susorígenes en la filosofía y sociología del siglo XIX. ¿A qué se refiere esteconcepto?De manera preliminar, entendemos que el concepto de capital socialconsiste en una «invitación» a reconstruir formas de cooperación basadasen el espíritu cívico, como una forma de disminuir tendencias a la disgre-gación social y aumentar la eficiencia de la acción colectiva. Se trata de unconcepto relativamente impreciso y objeto de polémica, a la cual no esajena la dificultad de establecer criterios para medirlo y formular políti-cas públicas a partir de él. En realidad, su contenido es materia de contro-versia (Kliksberg 2000). Algunos estudios del Banco Mundial adjudican ados formas de capital, como son el capital humano, determinado por losgrados de nutrición, salud y educación de su población, y el capital social,una importante incidencia en el desarrollo económico de las naciones afines del siglo XX. Indican que allí hay claves decisivas del progreso tec-nológico, la competitividad, el crecimiento sostenido, el buen gobierno yla estabilidad democrática.En su libro Making Democracy Work, de 1993, Robert Putnam, precur-sor de los estudios acerca del capital social, lo define como aquellos «ras-gos de la organización social como confianza, normas y redes que puedenmejorar la eficiencia de la sociedad facilitando acciones coordinadas».Indagando acerca de las razones que explicarían por qué el norte de Italiamuestra un desempeño institucional y un desarrollo económico muy su-perior al sur de la península, Putnam resalta la existencia de una «comu-nidad cívica». Esta resulta de un proceso histórico cuyas tradicionesasociativas son preservadas mediante el capital social. Relaciones de con-fianza personal llegan a generar una confianza social o confianza genera-lizada (entre anónimos) cuando prevalecen normas de reciprocidad y redesde compromiso cívico.Desde una visión crítica, Margaret Levi (1996) destaca la importanciade los hallazgos de Putnam, pero acentúa que es necesario dar más énfa-sis a las vías por las que el Estado puede favorecer la creación de capitalsocial. Wall, Ferrazzi y Schryer (1998) entienden que la teoría del capitalsocial necesita de mayores refinamientos antes de que pueda ser conside-rada una generalización aplicable concretamente. Mientras hay consensoen que el capital social es relevante para el desarrollo, no hay acuerdoentre los investigadores y prácticos acerca de los modos particulares enque aporta al desarrollo, sobre cómo puede ser generado y utilizado, ade-más de operacionalizado y estudiado empíricamente.O. Segovia: Espacios públicos urbanos y construcción social
  20. 20. 20Espacios públicos y construcción social: Aproximaciones conceptualesPara Colemann (1990), otro de los precursores del concepto, el capitalsocial se presenta tanto en el plano individual como en el colectivo. En elprimero tiene que ver con el grado de integración social de un individuoy su red de contactos sociales, e implica relaciones, expectativas de reci-procidad y comportamientos confiables. Por ello, para este autor el capi-tal social no solo tiene una repercusión pública, sino que mejora laefectividad privada. Por su parte, Baas (1997) sostiene que el capital so-cial tiene que ver con cohesión social, con identificación con las formas degobierno, con expresiones culturales y comportamientos sociales que ha-cen de la sociedad un cuerpo cohesionado, más que una suma de indivi-duos. Joseph (1998) percibe el capital social como un vasto conjunto deideas, ideales, instituciones y arreglos sociales, a través de los cuales laspersonas encuentran su voz y movilizan sus energías particulares paracausas públicas.Según Kliksberg, el capital social, al margen de las especulaciones ylas búsquedas de precisión metodológica, desde ya válidas y necesarias,está operando en la realidad a diario y tiene gran peso en el proceso dedesarrollo. Este autor sostiene que el capital social representa, por un lado,la contribución de la participación a la gestión tanto privada como públi-ca; y por otro, una oportunidad de acumulación. Desde esta perspectiva,el capital social es un recurso acumulable que crece en la medida en quese hace uso de él. Por tanto, el proceso de formación de capital socialimplicaría círculos virtuosos, donde experiencias exitosas de confianzase renuevan, y círculos viciosos donde la falta de confianza socava la co-operación y termina por incrementar la desconfianza. El capital social,como otras formas de capital, se incrementa con su uso: pequeños éxitospueden dar confianza para ir avanzando hacia acciones mayores.El capital social puede, asimismo, ser reducido o destruido. Moser(1998) advierte sobre la vulnerabilidad de la población pobre en ese as-pecto, frente a las crisis económicas. Resalta que «mientras los hogarescon suficientes recursos mantienen relaciones recíprocas, aquellos queenfrentan la crisis se retiran de tales relaciones ante su imposibilidad decumplir sus obligaciones».En algunos trabajos de la Comisión Económica para América Latina yel Caribe (Cepal), se ha entendido el concepto de capital social como elconjunto de normas, instituciones y organizaciones que promueven laconfianza y la cooperación entre las personas, las comunidades y la socie-dad en su conjunto. Sergio Boisier (1998) ha hecho un aporte en este terre-no al hablar de diferentes formas de capital intangible, pero sobre todo decapital social y capital cultural. El desafío final, según plantea, es integraresos dos recursos. Por el momento, lo que es una conclusión inevitable enla discusión es que ambos están interactuando, sin que uno determine alotro.Por otra parte, el flujo de conocimiento e información que exige lasociedad contemporánea tiene en las redes su principal soporte. SegúnBorja y Castells (1998), tales redes (a escala local, nacional y global) pue-den ser entendidas como un capital social que permite articular diferen-
  21. 21. 21tes recursos, mejorar la eficiencia adaptativa de la estructura económica yconsolidar mecanismos de concertación social.Gabriel Salazar (1998) sostiene que «la sinergia local —llamada tam-bién ‘capital social’—, además de ser el gran descubrimiento político delposfordismo, se ha mostrado como un factor sociocultural de difícil pro-ducción o reproducción en el corto plazo». Plantea que el capital social«no se puede enseñar desde arriba ni construir por decreto», que es capi-tal comunitario, autoproducido por un grupo o una comunidad local; unpotencial acumulado por sus propias acciones y experiencias, provenien-te de la historia interna de los grupos y comunidades, más que de ningu-na transmisión externa.Ahora bien, si consideramos el capital social como un «stock» acumu-lado lentamente al interior de un grupo, quizás a lo largo de siglos, seríaimposible su creación en un plazo útil para un individuo o grupo de indi-viduos a lo largo de una sola generación. Cuando el individuo o el grupoviven en una sociedad escasa de tradiciones cívicas relativas a la partici-pación en la decisión, elaboración o ejecución de proyectos colectivos,puede darse el caso de que prevalezcan relaciones de clientelismo u opor-tunismo; y mientras predominen tales conductas, no se genera capitalsocial. Ahora bien, a diferencia de esta postura, que pone el acento en latradición, se puede sostener —como lo hace Norbert Lechner (1999)—,que el capital social adquiere diversas formas a través del tiempo y que,además, en algunos casos se dan vuelcos rápidos en los que una comuni-dad sin capacidad de acción logra, en pocos meses o años, revertir dichasituación. En sentido contrario al aspecto «arqueológico» del capital so-cial, Lechner constata que las relaciones de confianza y compromiso cívi-co están cambiando; en el caso de Chile, sostiene, posiblemente lamodernización haya roto más ámbitos de confianza social de los que hagenerado, lo que lleva a pensar que ha disminuido la asociatividad comoindicador de capital social.2En un ambiente de debate y de críticas, la noción de capital social esadmitida tanto en círculos académicos como en instituciones que generanpolíticas públicas. Sin embargo, según plantea Lechner, una conceptuali-zación equívoca facilita interpretaciones diferentes; por ejemplo, la lectu-ra neoconservadora aprecia en el concepto las virtudes de la comunidadhistóricamente crecida y ahora amenazada por los sistemas abstractos;por su parte, el enfoque neoliberal festeja las posibilidades de una socie-dad autoorganizada y autorregulada para resolver las fallas del mercadosin necesidad de una intervención estatal; y los partidarios de la «terceravía» visualizan la complementariedad de políticas públicas y asociatividad2El ejemplo más ilustrativo y más señalado es el de la organización popular, tan rica einnovadora en el período de la dictadura, que parece haberse debilitado con el adveni-miento de la democracia. Probablemente estamos ante la tendencia antes señalada: lavida asociativa vinculada a organizaciones formales tradicionales (sindicatos, partidospolíticos, pero también centros de madres y juntas de vecinos) disminuye y, en cambio,aumenta la participación en asociaciones con fines específicos y objetivos inmediatos.O. Segovia: Espacios públicos urbanos y construcción social
  22. 22. 22Espacios públicos y construcción social: Aproximaciones conceptualesciudadana. En síntesis, desde diferentes puntos de vista se ve en el capi-tal social —o se espera de él— la oportunidad de fortalecer las capacida-des de la sociedad civil.En el Informe de Desarrollo Humano (PNUD 2002), se sostiene quehoy en Chile, como nunca antes, sus habitantes disponen de infraestruc-tura para sentirse cerca y unidos en un territorio cuya extensión ya no esun obstáculo. Sin embargo, los chilenos viven con perplejidad este hallar-se cada vez más cerca unos de otros, pero sintiéndose extraños entre sí.Entre sus aspiraciones colectivas, ya detectadas por el Informe del PNUDen año 2000, está la necesidad de robustecer aquello que es común. Laexistencia de aspiraciones colectivas, junto a los niveles de confianza yasociatividad, constituyen ingredientes del capital social determinantesen la calidad de la vida de las personas y comunidades.3En este contexto,una mayor y mejor convivencia social está vinculada estrechamente a lademanda de apropiación ciudadana y colectiva del espacio público.Al comprender la cultura como una manera de vivir juntos, una prác-tica e imaginario común, y si la situamos en el ámbito de la ciudad, esta-mos ante un desafío cultural y urbano que se relaciona con la necesidadde preservar y construir capital social, comunidad, un nosotros.La ciudad y los espacios públicos: ¿cómo está presente el capital social?¿Cómo es posible favorecer la densidad y diversidad de las relacionessociales en la ciudad desde el espacio público? ¿Qué implica que los luga-res públicos sean un factor de patrimonio y de identidad y, por tanto,contribuyan a resguardar un capital social acumulado?Según diversos autores, los usos y costumbres que acontecen en losespacios públicos, sea que tengan el carácter de tradiciones, tendenciasgenerales o eventos esporádicos, son un excelente termómetro para de-terminar los grados de integración social, los alcances de los sentidos depertenencia, las capacidades de apropiación de lo público y los niveles dedemocracia obtenidos en un barrio, una zona o una ciudad. Viviescas(1997) señala, además, que la construcción de todo ello es casi impensablefuera del espacio público. Por consiguiente, es central preguntarse cómoes posible favorecer, desde el espacio público, la densidad y diversidadde las relaciones sociales en la ciudad, y qué implica que los lugares pú-blicos sean un factor de patrimonio y de identidad y, por tanto, contribu-yan a resguardar un capital social acumulado.Si entramos en el terreno de las definiciones, podemos decir que elespacio público moderno proviene de la separación formal (legal) entre lapropiedad privada urbana y la propiedad pública. Tal separación nor-3El capital social se ve fortalecido solo si las personas comparten algo común. Establecenlazos de confianza en la medida en que perciben que forman parte de un nosotros; enconsecuencia, la existencia de un nosotros debe considerarse un elemento central del de-sarrollo humano en Chile (PNUD 2002).
  23. 23. 23malmente supone reservar un suelo como lugar libre de construcciones(excepto equipamientos colectivos y servicios públicos) y para usos so-ciales característicos de la vida urbana (esparcimiento, actos colectivos,transporte, actividades culturales y a veces comerciales, etc.). Pero másallá de tal diferenciación formal, lo que en propiedad define la naturalezadel espacio público es el uso, y no el estatuto jurídico. El espacio públicosupone, pues, dominio público, uso social colectivo y diversidad de acti-vidades. En este sentido, la calidad del espacio público se podrá evaluarsobre todo por la intensidad y la calidad de las relaciones sociales quefacilita, por su capacidad de acoger y mezclar distintos grupos y compor-tamientos, y por su capacidad de estimular la identificación simbólica, laexpresión y la integración cultural (Segovia y Dascal 2000).El espacio público es también el territorio donde a menudo se mani-fiesta con más fuerza la crisis de la vida en la ciudad. Es uno de los ámbi-tos en que convergen y se expresan posturas y contradicciones sociales,culturales y políticas de una sociedad y de una época determinada. Lapreocupación por la seguridad del transitar y el estar en la calle, por lacalidad del intercambio en paseos y parques, por la sociabilidad en ba-rrios y plazas —en definitiva, el espacio público de la ciudad—, está hoymás vigente que nunca en Chile, así como en muchos países del mundo.A lo largo de la historia de las ciudades, los espacios públicos hanaportado condiciones para contener elementos heterogéneos, acogiendoal extranjero, al marginal, y entregando posibilidad de encuentro en elanonimato, marco privilegiado de aprendizaje de la alteridad (Ghorra-Gobin 2001). El espacio del intercambio puede vincular aspiraciones indi-viduales y colectivas. Así, por ejemplo, los estudios sobre la formación debarrios populares en Buenos Aires durante la primera mitad del sigloregistran que las estructuras microsociales de la urbanidad —el club, elcafé, la biblioteca, el comité político— organizaban la identidad de losmigrantes y criollos, enlazando la vida inmediata con las transformacio-nes globales que se buscaban en la sociedad y el Estado (García Canclini2000).Para Borja y Muxí (2003), la historia de la ciudad es la de su espaciopúblico. Sostienen que «el espacio público es a un tiempo el espacio prin-cipal del urbanismo, de la cultural urbana y de la ciudadanía; es un espa-cio físico, simbólico y político»; y agregan que «al espacio público se lepide ni más ni menos que contribuya a proporcionar sentido a nuestravida urbana». La calidad, la multiplicación y la accesibilidad de los espa-cios públicos definirán en buena medida el progreso de la ciudadanía.Inscrito en una corriente de pensamiento de sociólogos urbanos fran-ceses, Joseph (1998) considera al espacio público como un escenario parala acción. Un escenario, en la medida en que es un espacio pensado paraque en su seno ocurran ciertas cosas, y esas cosas son acciones desarrolla-das por los ciudadanos.Manuel Castells (1998) sostiene que, frente a la disolución general delas identidades en el mundo instrumental del espacio de los flujos, el es-pacio de los lugares se constituye como expresión de identidad, de lo queO. Segovia: Espacios públicos urbanos y construcción social
  24. 24. 24Espacios públicos y construcción social: Aproximaciones conceptualesyo soy, de lo que yo vivo, de lo que yo sé y de cómo organizo mi vida entorno a ello.Fernando Carrión (2004) destaca nuevos fenómenos urbanos, que ex-presan cómo en América Latina estamos perdiendo el espacio público.Uno de estos fenómenos es la fragmentación que se vive en las ciudades,en las que se observa «conjuntos de constelaciones discontinuas de frag-mentos espaciales, una especie de mosaico, de calidoscopio donde losdistintos espacios no terminan de encontrarse». En este contexto de frag-mentación, ¿cómo promover propuestas que promuevan la heterogenei-dad y diversidad, atributos asociados al espacio público? Para Carrión,lo que podría romper esta tendencia a la fragmentación urbana es el espa-cio público como aprendizaje de la alteridad.Si en términos propiamente culturales lo local y los lugares se convier-ten cada vez más en trincheras de identidad —en un sentido excluyen-te—, parece necesario promover nuevas iniciativas urbanas quediversifiquen y reactiven el tejido social, un tejido social en el que el noso-tros esté presente. Sin embargo, según Rodrigo Salcedo (2002), «la ideadel nosotros puede entenderse de dos maneras distintas: como un noso-tros comunitario, de respuesta a la particularidad, y como un nosotroscívico que diluye la particularidad». Siguiendo su argumento, «la metademocrática hace referencia a la conformación de un nosotros cívico ba-sado más en un encuentro en que priman el respeto y la confianza mutua,que en un nosotros comunitario», entendido este sentido «comunitario»como la reafirmación de una identidad (colectiva) particular en la que nohay espacio para «el otro». Al respecto, Sennett (1977; 1990) hace un fuer-te llamado a la sociabilidad en desmedro de la comunidad, pues en el mo-mento en que la homogeneidad comunitaria se hace hegemónica, elhombre público declina.En una aproximación preliminar, quisiera distinguir dos expresionesde la presencia de capital social, que a mi juicio se vinculan en forma signi-ficativa con el espacio público. Una de ellas es un sentido de pertenencia eidentidad espacial y social, que trasciende lo individual o «comunitario ylocal» (aunque lo incluya); la otra es un importante grado de confianzacolectiva.Desde esta visión, el grado o nivel de sociabilidad e integración en losespacios públicos de un barrio sería reflejo de la existencia de confianzacomún, lo que contribuiría a una mayor percepción de seguridad. Laautovaloración de la vida personal y social en un hábitat específico —unalocalidad, un barrio— estaría vinculada al grado de identificación espa-cial que se tenga con el espacio público de ese hábitat.¿Qué aspectos vinculados a los espacios públicos se relacionan conestas nociones de identidad y confianza colectiva? Para responder a estainterrogante, un aspecto central es el grado de encuentro de distintos gru-pos o actores sociales, y la diversidad de usos y funciones en los espaciospúblicos. Es en estos que se expresa y se aprende en forma privilegiada laalteridad y la tolerancia a la mixtura social y cultural. A la inversa, a esca-la de un barrio, por ejemplo, la apropiación excluyente de un lugar por
  25. 25. 25parte de un grupo, o por una sola función, convierte a dicho espacio enun lugar socialmente estigmatizado o restringido, al cual quienes no per-tenecen deciden no acudir, o no se sienten invitados.A escala de la ciudad, la condición de gueto de muchos territorios depobreza o riqueza, donde las relaciones en y con los espacios públicos dela ciudad están cortadas, es causa de que las únicas interacciones posiblessean las neutras o las basadas en el conflicto, en la inseguridad. El para-digma de esta desconexión es la fragmentación de la vida urbana, provo-cada en muchos casos por la apropiación del espacio por finalidades ogrupos sociales excluyentes. Según Salcedo (2002), esta situación se ex-presa claramente en dos casos: el mall, lugar dedicado exclusivamente alconsumo, y los barrios enrejados, ambos destinados a un grupo socialhomogéneo, situación que aumenta la percepción de inseguridad en elconjunto de la ciudad.Quisiera subrayar la oposición existente entre la construcción o pre-servación del tejido social en la ciudad —o el fortalecimiento del capitalsocial— y el incremento de la percepción de inseguridad en ella (un temacentral en el debate sobre la ciudad). En este sentido, el espacio público,como ya se ha dicho, es un actor privilegiado en la integración y en ladiversidad urbana. Este no es un argumento nuevo: la búsqueda de unasuperposición de funciones en el territorio tiene una larga presencia en elurbanismo contemporáneo. De hecho, ya en los años sesenta se argumen-taba que la preservación de la seguridad es más probable en espacios enque la diversidad de usos del territorio es mayor. Lo decía Jane Jacobs, lalegendaria experta en ciudades, en 1961.El espacio público favorece la vida en el ámbito privadoEl espacio público favorece la vida en el ámbito privado. Esta fue unade las conclusiones de la investigación «Espacios públicos urbanos y cons-trucción de capital social: estudio de casos en ciudades de Chile». Entodos los casos estudiados en ella se manifiesta que la existencia de losespacios públicos ha contribuido a la sociabilidad de residentes del entor-no y usuarios en general. Desde la perspectiva de la comunidad entrevis-tada, los espacios públicos contribuyen a aumentar las capacidades devínculo entre personas conocidas y desconocidas, plantear demandas ydialogar con las autoridades, desarrollar situaciones de intimidad fami-liar o con conocidos que no se pueden dar en los espacios privados ofamiliares, e incrementar la autoestima.Los lugares analizados son muy concurridos por familias, las cualesatribuyen un gran valor a las oportunidades de recreación y esparcimien-to. Esto es de enorme importancia en el caso de familias cuyas viviendasson extremadamente pequeñas, y muy en especial en el caso de edificiosde departamentos.El espacio público juega a veces el papel de desahogo del espacio coti-diano, permitiendo un aislamiento temporal en relación con el grupo fa-miliar, u otras formas de sociabilidad distintas a la del espacio doméstico.O. Segovia: Espacios públicos urbanos y construcción social
  26. 26. 26Espacios públicos y construcción social: Aproximaciones conceptualesDe esta forma, los espacios públicos benefician la vida pública tanto comola privada. El espacio público facilita el desarrollo de cualidades que, porun lado, vinculan la vida privada con el mundo público; y por otro, desa-rrollan habilidades que pueden ser usadas tanto en un plano como en elotro.Lo anterior no coincide con la imagen que trasmiten algunos mediosde comunicación, que presentan el espacio público como una suerte deenemigo ante el cual hay que resguardarse fortaleciendo las barreras delespacio doméstico. De hecho, el espacio doméstico puede ser igual o in-cluso más peligroso que el público, mientras este desahoga al primero dealgunas de las consecuencias del hacinamiento y la convivencia forzada,lo que parece contradecir algo que se ha erigido en sentido común: que eluso del espacio público es antagónico a la vida familiar (protección ver-sus peligro, convivencia versus dispersión) (Segovia y Neira 2005).Convivencia en la ciudad: con mayor equidad de géneroAbordar el tema de la construcción social y la de la convivencia en losespacios urbanos implica indagar en las restricciones y en las perspecti-vas de construir lugares, territorios y relaciones de más inclusión y demás equidad. Supone crear más confianza en el espacio público y en elespacio privado, en nuestro imaginario urbano y en nuestra cotidianidad.Por tanto, compromete una mirada de género en la reflexión.Habitar la ciudad no es algo independiente de los arraigos, la perte-nencia y los afectos. De la misma forma, la convivencia en ella —parahombres y mujeres— no es ajena a su experiencia en los espacios en queles toca vivir y actuar.El espacio público de la ciudad es particularmente relevante en la vidade las mujeres. La ciudad —ámbito privilegiado de la interacción social ycultural— constituye, para ellas en particular, un factor coadyuvante tan-to al desarrollo de su ciudadanía como a la autonomía personal. Por esto,la apuesta por espacios urbanos de mayor calidad social y material, conuna mejor y mayor convivencia, lleva implícita, como condición funda-mental, la erradicación de la violencia contra las mujeres, suempoderamiento y la promoción de sus derechos como ciudadanas.La violencia contra las mujeres en las ciudades no solo se refiere a losdelitos tradicionales que dificultan la vida cotidiana, tales como hurtos,robos, asaltos, violaciones, acoso; también está aludiendo a fenómenosvinculados a la forma en que se concibe el desarrollo urbano, a la falta departicipación ciudadana, a la dificultad de accesos a servicios —los másprivatizados—, a la desregulación, entre otros. Todos son factores que, deuna u otra manera, inciden en los grados y modalidades de las manifesta-ciones de violencia efectiva o simbólica hacia las mujeres. Para enfrentarestas realidades complejas, es necesario elaborar propuestas másabarcadoras e innovadoras, generar mecanismos de colaboración y re-flexión conceptual, desarrollar y comparar experiencias.
  27. 27. 27Referencias bibliográficasBaas, Stephan. 1997. «Participatory Institutional Development». Ponencia pre-sentada en International Academic Exchange Conference on SustainableAgriculture and Sand Control in Gansu Desert Area, China, 3-8 de noviem-bre.Boisier, Sergio. 1998. El desarrollo territorial a partir de la construcción del capitalsinergético. Santiago: Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planifica-ción Económica y Social (Ilpes), Cepal.Borja, Jordi y Manuel Castells 1997. Local and Global. The management of cities inthe information age. London: Earthscan.Borja, Jordi y Zaida Muxí. 2003. El espacio público: la ciudad y la ciudadanía. Barce-lona: Sociedad Editorial Electa.Carrión, Fernando. 2004. «Espacio público: punto de partida para la alteridad».En Ciudad e inclusión: por el derecho a la ciudad, compilado por FabioVelásquez. Bogotá: Foro Nacional por Colombia.Castells, Manuel. 1998. «Espacios públicos en la sociedad informacional». EnCiutat real, ciutat ideal. Significant i funció a l`espai urbà modern. Debat deBarcelona (III), editado por Pep Subirós. Barcelona: Centre de CulturaContemporània de Barcelona.Coleman, James. 1990. Foundations of Social Theory. Cambridge, Mass.: HarvardUniversity Press.Davis, Mike. 2001. Control urbano: la ecología del miedo. Barcelona: Virus Editorial.Dewey, Fred. 1997 «Cyburbanism as a Way of Life». En Architecture of Fear, edita-do por Nan Ellin. New York, NY: Princeton Architectural Press.García Canclini, Néstor. 2000 La globalización imaginada. Barcelona: Paidós.Ghorra-Gobin, Cynthia. 2001. «Les espaces publics, capital social». Géocarrefour(Lyon) 76(1):5-11.Giannini, Humberto. 1999. En Víctor Basauri, «Notas sobre espacio público yseguridad ciudadana». Santiago, SUR. No publicadas.Graham, Stephen. 1997. «Imagining the Real-Time City: Telecommunications,Urban Paradigms and the Future of Cities». En S. Westwood y J. Williams,eds. Imagining Cities. Scripts, Signs, Memory. London: Routledge.Habermas, Jürgen. 1989. The Structural Transformation of the Public Sphere: AnInquiry into a Category of Bourgeois Society. Cambridge, Mass.: MIT Press.Harvey, David, 2000. Spaces of Hope. Berkeley, Ca.: University of California Press.Jacobs, Jane. 1992 [1961]. The Death and Life of Great American Cities. New York,NY: Vintage Books.Jameson, Fredric. 1991. Postmodernism, or The Cultural Logic of Late Capitalism.Durham, NC: Duke University Press.Joseph, James A. 1998. «Democracy’s Social Capital: Civil Society in a New Era».Discurso en el Rotary Club, Pretoria, 15 de enero. En: http://pretoria.usembassy.gov/wwwhjj14.htmlKliksberg, Bernardo. 2000. Capital social y cultura: claves olvidadas del desarrollo.Buenos Aires: Instituto de Integración Latinoamericana – INTAL/BID. En:http://poverty.worldbank.org/library/view/5469/Lechner, Norbert. 1999. «Desafíos de un desarrollo humano: individualización ycapital social». Contribución en Asamblea General Banco Interamericanode Desarrollo BID, París.Levi, Margaret. 1996. «Social and Unsocial Capital: A Review Essay of RobertPutnam’s ‘Making democracy work’», Politics and Society 24(1):45-55.O. Segovia: Espacios públicos urbanos y construcción social
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  29. 29. 29El espacio público como entidad autónomaEsta noción encuentra su primer desarrollo sistemático, al menos enOccidente, en la filosofía clásica griega, principalmente Platón, en La Re-pública, y Aristóteles, en La Política. Para este último, el espacio públicosolo puede ser constituido por quienes carecen de compromisos directosen el mundo económico, que es el de la subsistencia. Supone, claro, queexisten terceros que están encargados de ello (artesanos, esclavos, etc.).La dependencia del subsistir sería un impedimento para actuar libremen-te y, por tanto, para considerar libremente las necesidades de la ciudad,pues la asociación política que reúne a los seres humanos no tiene porfinalidad el mero vivir, sino el vivir bien. Ese «vivir bien» no es de carác-ter material, sino que se relaciona con el participar de las decisiones co-lectivas.1En otras palabras, para la filosofía clásica, el vivir bien equivalea vivir virtuosamente, y esto último solo se logra en un espacio de socia-lización en el que se participa en la toma decisiones. En palabras de hoy,esa participación podría ser definida como integración social, entendien-do por ella la que se da en la participación social que contribuye, en losindividuos, a la formación de las pautas de comportamiento, de la perso-nalidad y de los valores.2Para volver a la filosofía clásica, no es que Aristóteles olvide los as-pectos materiales; es que considera que las ocupaciones destinadas al so-brevivir no son aquellas en torno a las cuales se constituye el vivir bien ni1«Y así, habiendo comenzado a existir simplemente para proveer la vida, existe actual-mente para atender a una vida buena. De aquí que toda ciudad-estado exista por natura-leza en la misma medida en que existe naturalmente la primera de las comunidades».Aristóteles, Política, 1252, b. Versión utilizada: Obras (Madrid: Ed. Aguilar, 1973).2Sobre los conceptos de integración social y de integración sistémica, véase JürgenHabermas, Problemas de legitimación en el capitalismo tardío (Buenos Aires: AmorrortuEditores, 1989), capítulo 1. No es extraño que relacionemos la filosofía clásica con la deHabermas; muchos críticos también han visto los lazos entre este filósofo contemporáneoy el pensamiento de Aristóteles.La naturaleza del espacio públicoUna visión desde la filosofíaHernán NeiraUniversidad Austral de Chile – Valdivia, Chile
  30. 30. 30Espacios públicos y construcción social: Aproximaciones conceptualestampoco las que constituyen el espacio público. Este existe justamentegracias al espacio de deliberación sobre un destino que no logra «despe-gar» —si se nos acepta dicha metáfora—, mientras los seres humanosestén «pegados» a lo que cada cual requiere para sí. Lo público suponecierto abandono, pero no de sí, sino de ciertos aspectos del sí mismo, paracobijarse en otros aspectos que son los ligados a un destino común que nose identifica con el interés individual. Así, por ejemplo, alguien puedequerer que en un territorio determinado, en su patria, haya libertad decirculación, aun cuando no piense salir de su casa y eso signifique elevarlos impuestos para tener vías públicas y pagar una policía que reprima alos ladrones de caminos. El bien público se crea incluso si quienes lo cons-tituyen no vayan a hacer uso de él. En esta concepción «clásica», el bene-ficio no está necesariamente en el uso directo, sino en la creación de unaforma de vida que, sin el espacio público, la comunidad no puede gozarde hecho ni, sobre todo, de derecho. El vivir bien no es, por tanto, algosolo material, sino también el goce de ver realizados o compartidos pú-blicamente ciertos valores.Veintiún siglos más tarde de las mencionadas reflexiones de Aristóteles,es decir, durante el segundo tercio del siglo XVI, se vuelve a plantear eltema de los bienes públicos, pero no ya de una nación, sino de lahumanidad. En el siglo XVI, quien más desarrolló dicha teoría fueFrancisco de Vitoria, que extendió la noción de bien común a un espaciopúblico compartido por todos los seres humanos, independientementedel reino, Estado, raza o religión. Con motivo de la llegada de los europeosa América, se dio cuenta de que se planteaban nuevos problemas a lahumanidad. Por ejemplo: la superficie del planeta que no está ocupadapor ningún pueblo, ¿tiene algún tipo de protección jurídica? ¿Se puedecircular libremente por el planeta? Eso lo llevó a desarrollar uno de losprimeros esbozos de una teoría del derecho internacional y de lo queconsideró el interés de la humanidad, distinto del interés de cada una delas naciones. Así avanzó hacia la concepción de derechos y espacioscomunes para la humanidad, que abarcaban ámbitos morales y materiales,entre los que se puede destacar: la libertad de prédica (hoy diríamoslibertad de circulación de las ideas); libertad de comercio (para facilitar lasubsistencia material); la protección de la vida (con la condición de queuna intervención no cause daños mayores que los que se quiere evitar, sepuede intervenir militarmente en otra nación cuando un gobernante violael deber de proteger la vida de su pueblo); y libertad de circulación. Estalibertad de circulación supone, no la propiedad común del espacio, perosí que el conjunto de la humanidad disponga de ciertos lugares donderesidir y transitar libremente. Asimismo, Vitoria entiende que el planetaes un espacio común para la humanidad, en el cual ciertos valores y ciertaforma de vida deben ser llevados a cabo, incluso si eso supone protecciónmilitar.33«El derecho de gentes no solo tiene fuerza por razón del pacto y convenio de los hombres,sino que tiene fuerza de ley. Y es que el orbe todo, que en cierta manera forma una repú-
  31. 31. 31Esta idea de un espacio protegido para la humanidad nos permiteavanzar hacia la comprensión de que el espacio público contemporáneono es un espacio vacío ni un espacio virgen, sino un espacio provisto deuna calidad, de una utilidad social (material o moral) y de una naturalezaespecial. En la concepción clásica, tanto de Aristóteles como de Vitoria, elbien público —espacial o moral— pertenece a todos, lo que no quieredecir que todos tengan que hacer usufructo de él durante una parte de suvida. Se trata de un bien, pero no de una propiedad que se pueda com-prar o vender, es decir, de algo querido y decidido por los encargados detomar las decisiones públicas (autoridades legítimas, algunos represen-tantes o toda una comunidad, según los casos). Y, ¿qué es lo que se quie-re? Que exista para mí, o para un tercero al que nunca veré, un bien delque pueda disfrutar; por ejemplo, un parque, un lugar de recreación, underecho a caminar por el territorio nacional, etc. El uso y goce del bientiene el carácter de usufructo, en el sentido de que no se es propietario deél, pero sí se puede disponer de él bajo restricciones definidas por unacuerdo tomado por las autoridades legítimas, y de dicha disposición segeneran otros beneficios indirectos.La libertad de circulación, por ejemplo, contribuye a la libertad decomercio y a la libertad de información. Es evidente que el espacio públi-co de circulación desaparece —es un caso— si los asaltantes de caminos olos piratas impiden hacer uso de los caminos o del mar. Vitoria piensa, yaen el siglo XVI, que los gobiernos tienen el deber de garantizar que cual-quiera pueda circular en el territorio bajo su administración y que se debeintervenir en un territorio extranjero en el caso de que el gobierno respec-tivo no garantice dicha libertad. He mencionado la libertad de circula-ción porque se trata de un bien público que supone otros dos bienes: lalibertad individual para determinarse a circular; y la existencia de un es-pacio físico garantizado, por un poder público, por donde se puede circu-lar. Cierta capacidad de control político-militar o político-policial delespacio de circulación es un requisito de la subsistencia del espacio públi-co. Sin circulación libre, el espacio público, si logra existir, es inutilizable.Esta libertad de circulación, para Vitoria, es un bien de toda la humani-dad, un bien público, de forma que su violación es lo que se llama uncrimen de lesa humanidad, y no solo contra el individuo que en ese mo-mento hace uso de dicho espacio (hoy lo llamamos crimen contra la hu-manidad). Vitoria entiende que los seres humanos forman una solasociedad, mayor que todas las sociedades nacionales, de forma que existeuna suerte de ciudadanía mundial. Esta república universal supone laexistencia de un espacio normado común, el planeta Tierra, donde se ejerceuna ciudadanía también universal, que puede ser protegida militarmenteblica universal, tiene poder de dar leyes justas y convenientes para todos [...] de donde sedesprende que pecan mortalmente los que violan los derechos de gentes, en la paz o en laguerra [...]. Y ninguna nación puede tenerse por no obligada ante el derecho de gentes,porque este ha sido dado por la autoridad de todo el orbe». Francisco de Vitoria, Releccionesteológicas, § 78.H. Neira: La naturaleza del espacio público
  32. 32. 32Espacios públicos y construcción social: Aproximaciones conceptualessi los gobernantes locales no lo hacen. He querido insistir en el tema de laprotección por el hecho de que, al menos en Chile, es tema de cierta ac-tualidad.4Algo similar sucede con las nociones ligadas a la comunicación. Lacomunicación, en sentido moderno, primero es entendida como un vín-culo de carácter físico, es decir, que supone la realización de trayecto es-pacial; y también, más tarde, hacia fines del siglo XIX, se entiende porcomunicación la generación de un espacio mundial, protegido, de librecirculación de mercancías.5No solo las personas se comunican, sino quetambién las cosas. De hecho, la comunicación entre las personas pareceimposible, al menos antes de que existiera la carta, después la imprenta yahora los medios electrónicos, si los cuerpos no están previamente al al-cance de la vista o de la voz. Ese ponerse al alcance de un tercero se pue-de hacer en un espacio privado o público, pero hacerlo en uno u otro noda el mismo resultado. Al reunirse en un espacio público, se está en unespacio resguardado por todos y adonde todos acceden en condicionesfijadas de común acuerdo o por autoridades legítimas. Así, las accionescomunes que son parte del capital social y que a su vez contribuyen aincrementarlo se dan más fácil e igualitariamente si antes hay un espaciopúblico. Este espacio público es físico (es necesario reunirse y no ser mo-lestado en la reunión) y a la vez comunicacional (la discusión debe serconocida por todos y sin amenazas a quienes sostienen alguna posiciónespecial).He querido hacer aquí el vínculo entre comunicación y espacio públi-co porque eso nos permite abordar el pensamiento del filósofo contempo-ráneo Jürgen Habermas. Él distingue entre lo que denomina «accionesestratégicas» y «acciones comunicativas». Una acción estratégica prevé lareacción de un grupo con la intención de obtener algo de ella, pero quienrealiza la acción no necesita que dicho grupo sepa exactamente qué ycómo se pretende obtener algo de él. En otras palabras, una acción estra-tégica prevé la reacción de terceros, pero solo considera lo que estos pue-dan deliberar o decidir para mejor obtener el resultado buscado y no paraque se realice la voluntad de dicho grupo. Una acción estratégica estámotivada por el dinero o por el poder (cuya búsqueda puede ser legíti-ma). En cambio, una acción comunicativa tiene por motivación un acuer-do simbólicamente mediado en el que los participantes generanexpectativas de comportamiento respecto de los demás gracias a un acuer-do racional.6Se genera así un ciudadano que Habermas entiende en el4La misma ficción jurídica sirve de base a la legislación relativa a los derechos humanos.Se puede torturar a alguien y es un crimen, pero torturar a alguien en ciertas condiciones,no solo es un crimen contra la persona que sufre el tormento, sino contra todos los miem-bros de la comunidad política, que han decidido que no desean tales actos en su espaciouniversal.5Armand Mattelart, La invención de la comunicación (México: Siglo XXI Editores, 1995; tra-ducción de Gilles Multigner).6Véase Jürgen Habermas, La ciencia y la técnica como «ideología» (Madrid: Ed. Tecnos, 1984;traducción de Manuel Jiménez Redondo).
  33. 33. 33marco de una teoría de la comunicación, de una teoría comunicativa de laciudadanía, si se quiere, de una teoría del espacio público como espaciode argumentación y/o deliberación.7El espacio público, en sentido geo-gráfico, tiene siempre un componente político, de forma que podríamosdecir que, de por sí, un espacio público constituye parte del capital social.En efecto, si cada cual estuviese encerrado en su espacio físico privado(vivienda, empresa, etc.), ¿cómo podría reunirse con los demás y acordaruna acción común? Y si al reunirse intentara manipular a los otros miem-bros del grupo en lugar de buscar el acuerdo para la acción, ¿podríamosseguir hablando de capital social?El principal cometido del gobernante en ese espacio es la domestica-ción del sistema económico para que no interfiera negativamente en lasdeliberaciones, que han de ser libres y razonadas. La soberanía ciudada-na se genera entonces en un espacio público comunicativo, pero que re-quiere un sustento de espacio geográfico, así como de una fuerza públicaque lo proteja. Se trata del ágora, lugar de reunión donde las personasquedan al alcance de la vista y del oído de sus congéneres. El ágora, comoespacio público de toma de decisiones, es incomprensible sin tomar encuanta las relaciones de poder que lo hacen posible. La primera de ellasapunta a la defensa de sus muros y de sus puertas. Un espacio geográficollega a ser público principalmente porque cierto uso está protegido y ga-rantizado —independientemente de las capacidades privadas de sus usua-rios— por una fuerza superior. Ese cierto uso y la fuerza que lo protege,en el espacio público ideal, han sido definidos previamente en un espaciopúblico comunicacional, donde todos los ciudadanos tienen derecho aopinar racional y libremente y donde, todavía más, se constituyen en ciu-dadanos gracias a que pueden manifestar su voz y su decisión.Los espacios no protegidos (contra asaltantes, contra quienes interfie-ren los diálogos o acuerdos que allí se dan, etc.), no llegan a realizar lavocación pública para la que han sido llamados, generando amplias frus-traciones, desincentivando y deteriorando el capital social. El espaciopúblico moral, que consiste en la libre discusión que permite llegar a unaacción común y que es correlativo al espacio público geográfico, requierela reunión física de las personas que toman parte en la decisión. Esta ne-cesidad de reunión física se vuelve cada día menos indispensable graciasa los medios electrónicos, pero no deja de ser cierto que el espacio públicovirtual sigue requiriendo un espacio protegido donde quienes participanen dicho contacto electrónico estén resguardados contra las intervencio-nes que podrían modificar y quitar privacidad a la discusión. Por eso, losespacios públicos de discusión, cuando son intervenidos, por ejemplo porla publicidad, por el espionaje de las conversaciones o por el cabildeodestinado a modificar las decisiones de algunos representantes políticos,no llegan a ser públicos.7Seguimos en esto a Manuel Jiménez, traductor de Habermas.H. Neira: La naturaleza del espacio público
  34. 34. 34Espacios públicos y construcción social: Aproximaciones conceptualesUn espacio público difícilmente podría ser entendido como tal si en élestuviese8n prohibidas ciertas actividades o cierto tipo de personas, másallá de lo que el sentido común de una cultura o el cuidado del mismoespacio permiten; el carácter público del espacio no concierne, por tanto,solo a su acceso, sino a la forma en que se permanece en él, que es tanlibre como haya sido acordada comunicativamente: lo público del espa-cio es geográfico y moral. Un espacio público, por tanto, se define por sulibre acceso y su libre uso, entendiendo por libre no el que se pueda hacerlo que se quiera, sino aquello que ha sido acordado o al menos no hayasido prohibido gracias a un acuerdo tomado libremente.Cabe la posibilidad de que haya espacios públicos prioritariamentefísicos, es decir, espacios cuya naturaleza consista en una libertad de ac-ceso, uso y circulación garantizados, sin que dentro de ellos se desarrolleuna deliberación. Me refiero, por ejemplo, a los espacios públicos de cir-culación, de juego, de deporte o esparcimiento. Eso no impide que, enalgún momento, haya tenido que deliberarse para asignarles su naturale-za pública. En los países de alto control territorial, como son aquellosdonde el Estado tiene un desarrollo relativamente amplio, los espaciospúblicos existen principalmente gracias a una deliberación, también pú-blica. En ellos es difícil comprender la existencia de espacios públicosfísicos sin la existencia paralela de un espacio público moral que da exis-tencia a los primeros. En efecto, por protegido que pueda estar un espa-cio y aun cuando de él se haga un uso común y abierto a todos, siguesiendo privado mientras el dominio que se ejerce sobre él no sea público.Desde el punto de vista del origen político moral, los espacios públicos,en sentido estricto, se originan en una decisión pública y son consecuen-cia de ella. Lo público del espacio es de naturaleza política. Cuando unespacio llega a ser público por su simple uso, se impone como tema a ladiscusión pública de la comunidad en que se encuentra.Espacio público dependiente de intereses privadosExiste no obstante otra forma de entender el espacio público, de inspi-ración más bien liberal. Conviene también recordar que los teóricos delderecho privado y, en términos generales, quienes toman posiciones libe-rales en materia social, no han desarrollado el concepto de espacio públi-co con la misma amplitud que quienes lo han hecho inspirados en algunasotras tradiciones, como las que hemos visto. Es más, dentro de muchasde las diversas tradiciones liberales, la existencia de espacio público o deesferas donde poderes distintos del de los individuos puedan actuar demanera administrativa o discrecional, es considerada un atentando con-tra los derechos fundamentales del ser humano.8Y también conviene dis-tinguir entre liberalismo y neoliberalismo. John Stuart Mill, quien era liberal8Así lo piensan autores como Friedrich von Hayek o Karl Popper, a pesar de las diferen-cias que existen entre ellos.
  35. 35. 35y no neoliberal, recuerda, con razón, que el liberalismo tiene por origen lalucha de la libertad contra la autoridad, muchas veces opresiva, tanto delpoder político como de la opinión pública. Una actúa mediante leyes yactos políticos, mientras que la otra mediante la opinión, la discrimina-ción y la opresión social. Eso llevó a crear la doctrina de las «immunities»o «political liberties or rights».9La lucha contra las dictaduras tuvo comoapoyo jurídico-teórico justamente esas inmunidades de creación liberal.Esa lucha por la libertad se generó para defender un espacio privado,sobre todo de carácter civil y moral, pero este espacio privado requieredel espacio público, a la vez moral, civil y geográfico.El espacio público liberal es entendido como un lugar donde los indi-viduos pueden realizar actividades que no es posible llevar a cabo en elespacio privado, pero sin crear un ente superior a dichas libertades indi-viduales, y concebido como un espacio de protección de estas más quecomo un espacio físico. Un espacio público «liberal» es un espacio dondese pueden realizar iniciativas individuales y ejercer derechos civiles, pro-tegido contra la intervención de terceros, de la opinión pública o inclusocontra la autoridad política. Es posible, por ejemplo, que las llamadas«tres esferas de la libertad» descritas por John Stuart Mill —es decir, li-bertad de conciencia, de asociación y de realización del plan de la propiavida— no sean realizables en el marco de la vida aislada de cada cual.Entonces es necesario crear un espacio público donde ello sí tenga lugar.Esto es especialmente válido en lo que él denomina la «tercera esfera dela libertad», que consiste en la libertad de asociación para realizar losfines del individuo. Esta esfera puede realizarse de modo óptimo si existeun espacio físico de reunión y, a la vez, un espacio protegido donde llegara acuerdos, es decir, un lugar donde el diálogo y la comunicación no seanintervenidos. Puede tratarse, por ejemplo, de un espacio público dondeser realice acciones de arte, representaciones teatrales o, eventualmente,acciones comerciales, desde la venta de artesanías al uso de un espaciopúblico para realizar, por ejemplo, viajes privados en el espacio públicoaéreo. De acuerdo con la doctrina liberal, conviene que el Estado protejaun espacio público (además del espacio privado) donde los individuospuedan realizar actividades que sin dicho espacio común no podrían rea-lizarse, ya sea en beneficio del mismo individuo, ya sea porque este quie-re agruparse con otros y realizar actividades comunes. Es más, en elpensamiento liberal, tanto el Estado como la sociedad tienen la obliga-ción de proteger al individuo y los medios —en este caso, el espacio pú-blico— para que se dé la libertad de asociación. La sociedad no solo puede,sino que debe hacerlo, también, mediante prácticas que fortalezcan la in-dividualidad: no discriminación de acceso a los espacios públicos, respe-to a la libertad de opiniones y reunión, etc. Por su parte, el Estado debebrindar a los espacios públicos una protección que consiste fundamental-mente en legislación y policía, pudiendo o incluso debiendo quedar la9John Stuart Mill, Utilitarianism; On Liberty; Representative Government; editado por H. B.Acton (London: J. M. Dent & Sons Ltd., 1972), p. 66.H. Neira: La naturaleza del espacio público
  36. 36. 36Espacios públicos y construcción social: Aproximaciones conceptualesadministración de los espacios públicos en manos privadas. En el sentidoliberal, el espacio público es un instrumento, tal vez indispensable, parael fortalecimiento de la capacidad de acción individual, antes que pararealizar una acción común. El capital social ligado al espacio público ur-bano se incrementaría por su contribución a que los individuos actúenvinculados con los demás, pero en beneficio de cada uno de los agentes.De esta manera, en una concepción liberal, la formación de «capital so-cial» es solo un fruto secundario de la existencia de espacios públicos,pues lo fundamental para el liberalismo es que dichos espacios, y las prác-ticas de socialización que allí se den, fortalezcan la capacidad de los indi-viduos para realizar, junto con los demás, una decisión individual. Parael liberalismo, la existencia de un espacio público, en caso de que no seaindispensable para el desarrollo de la libertad individual, podría inclusoser perjudicial, pues competiría con otros espacios privados. En términosgenerales, liberalismo y neoliberalismo (Mill, Popper, Hayek) desconfíande las creaciones colectivas cuando no tienen por finalidad la promociónde intereses individuales y evitan la creación de espacios autónomos res-pecto del individuo y de sus intereses. El espacio público liberal, por tan-to, no puede ni debe ser autónomo, sino que debe subordinarse a labúsqueda del interés privado y debe estar controlado por la ley. Desde elpunto de vista liberal, sería inconcebible desarrollar un «interés público»del espacio público, pues lo público solo tiene interés en la medida en quefavorece el desarrollo individual.El capital social y el espacio públicoYa se entienda el espacio público como entidad autónoma o como de-pendiente de intereses privados, conviene tener en cuenta que en las ciu-dades y países rara vez se encuentra un ejemplo que corresponda entotalidad a los modelos aquí planteados. La utilidad de un modelo escomprender, clasificar y trabajar con él, pero sería erróneo pretender queexiste, pues si existiera sería un ejemplo y no, justamente, un modelo. Porello, para el análisis de casos conviene tener en cuenta la posibilidad deque ambos modelos aquí planteados se mezclen, mezcla que puede darlugar a situaciones complejas y ricas en posibilidades.Para ambos tipos de espacio se aplica, además, lo sostenido por Fer-nando Carrión,10en el sentido de que puede ser de cuatro tipos: simbóli-co, es decir, de representación y pertenencia; simbiótico, si contribuye a lavida en común, como pueden ser las vías de comunicación, plazas, etc.;de intercambio y comercio; y, por último, de civismo o ciudadanía, con-cepto en el que la noción de territorio tiene un sentido parcialmente meta-fórico. En efecto, como hemos visto, la deliberación cívica es pública, enel sentido de que en principio nadie puede ser privado de participar en10Taller de debate «Espacio público y construcción de capital social», realizado en SUR,Santiago, 2 de septiembre de 2003.
  37. 37. 37ella y no debe estar intervenida, ya sea por la publicidad, ya sea por elespionaje o la amenaza contra tal o cual opinión. Ello se consigue en unespacio físico, también público, base de un espacio público comunicacional.Incluso los espacios virtuales de carácter informático, que pueden contri-buir a la formación de capital social, requieren un soporte físico. De he-cho, quienes sienten que tales o cuales temas no pueden ser tratados enuna determinada nación, a veces emigran en búsqueda del espacio físicomás allá de las fronteras, desde donde sí puedan debatir con libertad.Este nuevo espacio puede ser real (libertad de reunión de las personaspara discutir tal o cual tema) o virtual. En este último caso, la discusiónvirtual requiere, también, un soporte geográfico, por pequeño que sea, yla protección pública del espacio virtual de comunicación. Por ello, laexistencia de espacios virtuales informáticos no significa que algunas delas exigencias y características del vínculo entre espacios públicos y capi-tal social se modifiquen de forma sustancial. El espacio virtual informáticono anula nada de lo que hemos planteado antes sobre el espacio público.Conviene tener presente que la noción de espacio público —como se dijoinicialmente— abarca un ámbito que va desde lo físico a lo moral, sin quese pueda establecer prioridad entre uno y otro y dándose ambos mezcla-dos en la mayoría de los casos.El capital social puede representar un doble papel en los espacios pú-blicos. En primer lugar, lo puede desempeñar desde el punto de vista desu origen. El capital social de quienes toman la decisión de atribuirle elcarácter público a un espacio influye en el contenido del uso que se le vaa dar (recreacional, deportivo, comunicacional, etc.). Cuanto mayor seael capital social de los individuos que pertenecen a un grupo urbano, másprobabilidades hay de que quienes plantean exigencias de espacio pue-dan hacerlo enunciando con claridad sus expectativas. Asimismo, el ca-pital social de quienes toman las decisiones influye favorablemente en lacomprensión de las expectativas y en la calidad con que se responde.En la situación ideal de conjunción entre demandas claramenteexplicitadas y respuestas públicas bien tomadas, se llega a una dinámicaurbana en la que se combina, en distintas proporciones, factores cultura-les y factores técnicos. Los primeros tienen relación con los valores exis-tentes en una sociedad. Los segundos, en cambio, tienen que ver con laeficacia de los aspectos sistémicos de la ciudad y del espacio,11es decir,con la capacidad que tiene una ciudad de controlar el espacio y el entor-no, de forma que una inestabilidad en ellos no ponga en peligro la perso-nalidad o los valores que se quiere realizar en dicho territorio. Un espacio11En el ya mencionado libro Problemas de legitimación en el capitalismo tardío, Habermasdefine el aspecto sistémico como distinto del mundo de la vida (estructuras normativas,valores e instituciones), es decir, lo sistémico es, «en una sociedad, los mecanismos delautogobierno y la ampliación del campo de contingencia». En otras palabras, lo sistémicotiene que ver con la capacidad de control del entorno necesario para la vida y deautocontrol individual y social (p. 20). Para un análisis más detallado de la relación entrefunciones sistémicas y valores culturales en la ciudad, véase Hernán Neira, La ciudad y laspalabras, cap. 9, «Dinámica de la ciudad» (Santiago: Editorial Universitaria, 2004).H. Neira: La naturaleza del espacio público
  38. 38. 38Espacios públicos y construcción social: Aproximaciones conceptualespúblico puede tener un gran valor simbólico y, sin embargo, haberse vueltoineficaz para satisfacer necesidades de intercambio y comunicación. Enuna situación semejante, lo más probable es que el espacio termine siendoabandonado. A la inversa, un espacio puede resolver problemas de circu-lación o comercio, pero no contribuir en forma alguna a la generación dela identidad o de la memoria, ya sea individual o colectiva.Queremos plantear la hipótesis de que existe reciprocidad entre la ca-lidad del espacio público y del capital social. Probablemente la calidad delos espacios públicos se incrementa a medida que se incrementa el capitalsocial de las personas que toman las decisiones de creación de dichosespacios. Y, a la inversa, a medida que se incrementa la calidad del espa-cio público, se vuelve más posible que allí se genere la interacción que dalugar al incremento del capital social. Este requiere de un espacio geográ-fico y comunicacional público. Si falla uno u otro, probablemente se dete-riore también el capital social. También podemos suponer que los espaciospúblicos nuevos tienden a ser de más calidad si las demandas y las res-puestas son explicitadas correctamente.12Para ello es necesario no sologenerar el capital social de confianza, asociatividad y capacidad de ac-ción comunes, sino también proveerse de los medios técnicos para hacerexplícitas las demandas por espacios públicos. Por último, podemos su-poner que, en caso de que haya intereses contradictorios entre el gobier-no urbano y la demanda social urbana, dicha contraposición puede serfeliz si lleva al perfeccionamiento de las demandas y de las respuestas.Cabe preguntarse si la existencia de espacios públicos contribuye a laformación del capital social. Más aún, cabe preguntarse si la existencia deespacios públicos contribuye a que sea armoniosa la relación entre, porun lado, las expectativas del público y, por otro, las decisiones públicas.Si lo planteamos dentro de un esquema inspirado en la teoría de siste-mas, el incremento del capital social conduciría a mejores rendimiento ydisciplina de los integrantes de la sociedad. Ahora bien, el problema sevuelve más complejo si, yendo más allá de la teoría de sistemas, se aceptaque en una sociedad hay diversidad de intereses, quizás contradictorios.En ese caso, no basta con aumentar la pertinencia y eficacia de las decisio-nes públicas, pues puede ser que entre los grupos sociales que planteandemandas por espacios públicos haya contradicciones imposibles de re-solver. ¿Qué sucede si, por ejemplo, se da una suerte de lucha de clasespor el espacio público? ¿Qué sucede si en materia de espacio público sedan contradicciones de intereses, como puede haberlas, por ejemplo, en-tre capital y trabajo en el sector productivo? Un estudio más de fondo delas relaciones entre espacio público y capital social debiera analizar elhecho de que en las decisiones sobre el espacio público se reflejan lascontradicciones sociales que están presentes en otros ámbitos. Cuando se12María Elena Ducci sostuvo que «el hecho de que trabajemos con espacios públicos degran calidad genera una sensación de pertenencia en la población», durante el Taller deDebate «Espacio público y construcción de capital social», ya citado.
  39. 39. 39planifica un espacio público, no se puede eludir el que ese espacio favore-ce más a un grupo social que a otro y que esa decisión es, en sí, política.Con todo, nos permitimos plantear la hipótesis de que el espacio pú-blico sí contribuye a la formación del capital social y a que los distintossectores, incluso suponiendo contradicción entre ellos, puedan favorecersus intereses por medio de él. Para esto es necesario realizar opcionesteóricas. Una de ellas es que, aceptando la contradicción de intereses enla sociedad, existen campos de desarrollo de los mismos donde la contra-dicción, sin desaparecer, no es relevante. Eso permite amplios espacios,ya de coordinación, ya de indiferencia, en los que el espacio público y elcapital social se fortalecen. En efecto, cualquiera sea la asignación de usodel espacio público, el capital social y cultural gracias a los cuales se le daorigen tiene un reflejo material y moral en el espacio creado. Una investi-gación empírica podría mostrar los efectos que ejerce en la convivencia laexistencia de aceras suficientemente anchas como para que varias perso-nas puedan conversar, una al lado de la otra, mientras caminan, de formaque se incrementa el desarrollo de la personalidad, de la identidad y deldiálogo. Hay espacios públicos urbanos, de circulación, especialmentepeatonal, que generan efectos similares a los espacios públicos de usoestático. La comunicación y el fortalecimiento de la confianza en los veci-nos se pueden lograr tanto en una plaza como en una acera ancha y pro-tegida, donde sea posible charlar caminando, de forma que no haycontradicción entre espacio público de uso sedentario y al menos ciertosespacios públicos de circulación. No creo que dos personas que dialo-guen en una acera amplia y protegida o en un sendero lo hagan sobre losmismos temas que cuando caminan en un centro comercial, ni que esténsometidas al nivel de tensión de quienes caminan al trabajo por un lugarmás inhóspito. Asimismo, la experiencia infantil o juvenil de haber usadoespacios públicos genera, en la mayoría de los casos, afecto hacia ellos, loque se traduce no solo en un interés por conservarlos, sino también enaprendizaje, vale decir, en un incremento del capital social. Las avenidascreadas por Haussmann supusieron, como paso previo, la destrucción debarrios y calles que favorecían un tipo de convivencia muy útil para laintegración social de algunos sectores sociales y que se prestaban a moti-nes y barricadas que Napoleón tercero quería evitar. Dicha destrucciónno fue, aparentemente, bien recibida por los habitantes de esos barrios,pero a varias generaciones de ello, las modificaciones introducidas enParís se han vuelto clásicas y, al mismo tiempo, queridas y admiradas porlos habitantes de la ciudad. La familiaridad con las perspectivas creadaspor Haussmann contribuye a desarrollar un gusto o quizá el gusto tanfrancés por la perspectiva geométrica y la convivencia que en ella puedegenerarse, lo que tiene un doble carácter: enseña un tipo de uso del espa-cio y, al mismo tiempo, disciplina a los ciudadanos sobre cómo usarlo.Ahora bien, este aprendizaje no se relaciona solo con los aspectos mate-riales. Tal vez uno de los aprendizajes más importantes que se puederealizar gracias a los espacios públicos consista en la familiaridad con losfines que se plantean quienes asignan tal naturaleza a dicho espacio. EnH. Neira: La naturaleza del espacio público
  40. 40. 40Espacios públicos y construcción social: Aproximaciones conceptualesun espacio público de carácter deportivo no solo se adquiere el conoci-miento de practicar un deporte, sino que también se adquiere una culturadeportiva, la que a su vez ofrece una forma de vida y exige comporta-mientos sociales. Ofrece la práctica deportiva, pero quien se haya acos-tumbrado a realizarla en espacios públicos también realizará ciertasdemandas a la ciudad, a los demás ciudadanos y a sí mismo. El uso —o elmal uso— del espacio público genera un aprendizaje de comportamien-tos que se reproduce en las actitudes de quienes, habiéndolo incorpora-do, se trasladan después a otro lugar, generando una sinergia cuyasconsecuencias, aunque difíciles de medir, tienen efectos urbanos y socia-les.Parece, pues, que una de las primeras contribuciones del espacio pú-blico a la formación del capital social apunta en el sentido de que esteincorpore un aprendizaje relativo a ciertas formas de uso de la ciudad y,al mismo tiempo, un aprendizaje relativo a ciertas exigencias que seránplanteadas a los gestores urbanos. Estamos, en este caso, ante una con-cepción del capital social orientada fundamentalmente hacia lo público.El uso de espacios públicos contribuiría, entonces, a la formación de me-jores ciudadanos, de ciudadanos conscientes de cuáles son algunos desus derechos y acostumbrados a gozar de los beneficios provistos por «lopúblico». ¿Se traduce ello en un incremento general de los aspectos polí-ticos del capital social por parte de quienes han hecho uso de espaciospúblicos? Ya lo hemos dicho anteriormente: nuestra hipótesis es positiva.
  41. 41. 41Un ensayo de definiciónPara comenzar, es útil considerar alguna aproximación al espacio pú-blico que facilite el examen de su relación con el capital social. Las defini-ciones son muchas, e incluso contradictorias, además de provenientes dedistintas vertientes del saber (arquitectura, sociología, psicología, otros)o del hacer (normativas de diferentes países, el urbanismo operacional, laopinión pública, etc.). De entre esa variedad, escogemos algunas adecua-das a nuestros propósitos.En primer lugar, nos interesa una de las aproximaciones de Isaac Josephen sus numerosos libros y artículos relacionados con el espacio público,donde enfatiza su carácter de «escenario para la acción». Desde esta pers-pectiva, el autor destaca el valor de la interacción y la co presencia comoelementos sustantivos y distintivos de los espacios públicos, para lo cualel diseñador, en el momento de idear un espacio de esta índole, debehacer las veces de escenógrafo, con la diferencia de que en vez de unpúblico sentado en butacas, existe público en movimiento. Para Joseph,«el espacio público es un dispositivo de dramatización de laintersubjetividad práctica que moviliza toda una serie de artefactos yequipamientos del pensamiento y de la actividad». En otras palabras, setrata de un espacio que activa procesos psíquicos y psicosociales, quegenera intersubjetividad y produce aprendizaje de la alteridad. Estos re-sultados pueden darse durante la presencia o co-presencia de un sujetoen un espacio público, o bien con posterioridad a la visita o intercambiofísico acontecido. Como consecuencia de ello, tienen lugar cambios en loscontenidos simbólicos del espacio público, lo que se traduce en una diná-mica que ocurre en forma permanente.Desde otro ángulo, Habermas reconoce la existencia de la «esfera pú-blica», que presenta como el ámbito logrado por la burguesía del sigloXVIII para negociar con el Estado. Vale decir, incluye todos los espacios oesferas donde la comunidad (o burguesía) puede expresarse y enfrentaral Estado, lo que implica que se refiere tanto a cafés, conciertos, plazas,Reflexiones acerca de la relación entre los espacios públicos yel capital socialGuillermo DascalSUR Corporación de Estudios Sociales y Educación – Santiago de Chile
  42. 42. 42Espacios públicos y construcción social: Aproximaciones conceptualescomo a la prensa o la opinión pública. En este enfoque, la esfera públicaincluye tanto espacios de dominio público como espacios privados, peroque son de acceso público o semipúblico, esto es, restringidos a los quebeben café, pagan una entrada, etc. La idea básica es que el espacio públi-co, en tanto concepto, se asocia a espacios de libertad. Al mismo tiempo,sin embargo, Habermas reconoce, desde una perspectiva histórica, lasrestricciones de este logro. Así, en sus múltiples trabajos se refiere a laesfera pública como la promesa no cumplida de la modernidad, promesadescrita por Rousseau, entre otros autores, durante el siglo XVIII.En otra visión, Foucault entiende los espacios públicos como expre-siones de los grupos de mayor poder: el Acrópolis, el ágora, solo paraciudadanos; el Foro romano, también. Rodrigo Salcedo destaca la defini-ción de «poder disciplinario» elaborada por Foucault, que se expresa enel territorio como un conjunto de espacios públicos que, estratégicamen-te, facilitan el control ejercido por el grupo de poder sobre la población.Ejemplos de ellos los encontramos tanto en el París diseñado porHaussmann como, incluso, en intervenciones de la Italia de Mussolini,más recientemente.Nos encontramos, entonces, con tres versiones distintas: espacio deaprendizaje, espacio de libertad, espacio de control. Considerando lasrelaciones que pueden existir con el capital social, el espacio público setraduce en un escenario donde se aprende, aunque sea en la co-presenciacon el otro; un espacio donde existe la potencialidad de expresarse libre-mente, un espacio ganado y sentido como propio; y paradójicamente, tam-bién el espacio público puede interpretarse como un espacio de control,de control por parte del poder. De las tres acepciones, pensamos que lasfunciones del espacio como lugar de aprendizaje y de expresión de liber-tad son los dos ámbitos más interesantes para abordar la relación que nosocupa.Ahora bien, si consideramos el carácter simbólico y, por tanto, diná-mico que tiene la ciudad para sus habitantes, y centramos el análisis en elespacio público urbano, la polaridad espacio público de libertad y aprendiza-je en oposición a espacio público de control puede ser resuelta a partir de lafunción que puede cumplir cada uno de ellos en cada territorio y en cadauno de los momentos que vive una sociedad determinada, siempre to-mando en cuenta cada espacio público en relación con los otros espaciospúblicos que se encuentran en el medio urbano. De este modo, un espaciopúblico puede significar esos tres aspectos simultáneamente —aprendi-zaje, libertad, control— o bien uno de ellos con mayor o menor preemi-nencia. Por ello, es más pertinente pasar del singular al plural, es decir, deel espacio público a los espacios públicos. Un espacio público pudo habersido diseñado con un propósito (por ejemplo, controlar) y, en la práctica,utilizarse fundamentalmente (o de manera simultánea) para conocer alotro o intercambiar. Así, un parque pudo haber sido un paseo dominicalde elite a principios de siglo y estar hoy transformado en un parque po-pular, utilizado en algunos momentos del año para la expresión política uotro tipo de eventos.
  43. 43. 43Al asumir esta triple visión, tomamos conciencia de que dejamos delado, al menos relativamente, el concepto de accesibilidad para todos. Enciudades como Santiago, donde la segregación socioespacial acompañala polarización socioeconómica de sus habitantes, y la discriminación esuno de los rasgos sociales más presentes, es ilusorio imaginar un espaciopúblico accesible a todos. Si miramos desde una perspectiva histórica, asícomo era peligroso para los jóvenes de izquierda transitar los espaciospúblicos durante la dictadura, hoy los escolares no pueden hacerlo conuniforme. Las minorías sexuales apenas pueden expresarse libremente enalgunas plazas de la capital. Y si nos remontamos a un pasado más lejano,lo mismo ha ocurrido en los orígenes de los principales espacios de San-tiago: de hecho, existía un reglamento restrictivo en materia de atuendospara ingresar al Parque Cousiño, hoy Parque O´Higgins.Con esta perspectiva, creemos importante relativizar la concepción deque solo hay espacio público si es accesible a la totalidad de los ciudada-nos y si en él se valida y ejercita la democracia. Más que considerar si unespacio es accesible a todos, la reflexión debería orientarse a analizar silas restricciones al acceso son legítimas, y decididas públicamente o no.En resumen, el punto de partida que planteamos para analizar la rela-ción que liga los espacios públicos con el capital social, tiene que ver consu capacidad de promover el aprendizaje de la alteridad y ser espacio deexpresión y creatividad, a pesar de constituirse en algunos casos en for-ma predominante (y simultánea) como espacio de control.Relación entre los espacios públicosy las dimensiones en que se expresa el capital socialUna primera revisión de los orígenes del espacio público —en el sen-tido de esfera pública— que plantea Habermas, nos conduce al espaciopúblico como un producto social y urbano. Esto se asocia íntimamentecon el sentido de las ciudades, donde el intercambio, el encuentro con elotro y la co-presencia en anonimato son elementos fundamentales y dealgún modo participan de su esencia. Desde este punto de vista, el senti-do de los espacios públicos tiene que ver con los procesos sociales y urba-nos que los determinan. En cada caso, en cada ciudad, en cada momento,un espacio público se explica por un sistema político determinado en unmomento definido; por una sociedad civil, una voluntad polÀ

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