Crepusculo

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Lobsang Rampa: "Crepusculo"

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  • Reviver Lobsang Rampa é retornar a minha adolescência e viajar novamente pelos maravilhosos caminhos da espiritualidade.
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Crepusculo

  1. 1. NOTA ESPECIAL Hay gente que me ha escrito para decirme: "Debe us-ted hacer otro libro", gente que me ha escrito desde losconfines de la Tierra ( ¡y yo que pensaba que la Tierra eraredonda! ) para . decirme: "No debe usted dejar de escribirahora, pues son más las incógnitas que ha suscitado quelas que ha respondido". Sonreí con complacencia en mi vieja cama de hospital,ésa de latón que hace "clic-clac" cada vez que mi torpecuerpo se mueve. Cualquiera, pensé, podría darse cuentade que un viejo y decrépito inválido no está en condicio-nes de manipular sobre sus rodillas, estando en cama, unamáquina de escribir de cerca de catorce kilos. Mas mi viejo amigo Hy Mendelson (gerente de SimonsCameras), radicado en Montreal, me llamó por teléfono: —Te envío una máquina de escribir nueva —me dijo—,que pesa cuatro kilos. Esa es mi contribución a tu nuevolibro. Aprecio a Hy Mendelson y me gustaría que fuera mih e r m ano . ¿Mi herma no? ¡Sí! A sí podría darle u na zu -rra... Porque si esa bendita máquina me llega, tendré quecomenzar el libro. ¡Vaya! Ya llega la máquina. .. Ahora, a desembalarla.Alguien deberá hacerlo por mí. Crujir de papeles, murmu-llos... y aquí está, sobre mi cama. ¡Ay, oh, caracoles...! 11
  2. 2. LOBSANG RAMPAEs amarilla como un canario trasformado en máquina deescribir, como un narciso excesivamente coloreado. ¡Ama-rilla! ¿Por qué no llamarla, entonces, "Peligro Amarillo"?Tiene unos tipos hermosos, empero, y es liviana y manua-ble. Sólo me resta agradecerte, hermano Mendelson eres unbuen amigo y un gran hombre. ¡Ay! , ¡oh! —o comoquiera que lo diga—, ahora no tengo más remedio queempezar el libro. 12
  3. 3. CAPÍTULO I El antiguo aeroplano gris surcaba apaciblemente el cielo delmediodía. Años atrás había sido uno de esos ases —de unamarca famosa, por cierto— que recorrían las rutas aéreas delmundo entero para tocar todos los puntos del globo adonde elhombre quisiera trasladarse, llevando a la élite de los mediosmercantiles y a las estrellas del teatro y de la cinematografía. Enaquellos días, volar en un aeroplano como éste era símbolo deprestigio. Hoy, empero, viejo y acabado, representa una reliquiade tiempos idos, desalojado por los rugientes jets y por esa locaansiedad de llegar a todas partes cada vez más rápido. . ., ¿paraqué? ¿Qué hace la gente con todo el tiempo que "economiza"? El viejo bimotor zumbaba suavemente, con un sonidobastante agradable, como de abejas gigantes en un día de verano.Ahora iba cumpliendo un plácido vuelo de rutina, desdeVancouver hasta Calgary. Quizá la semana anterior habría voladosobre los territorios del norte, donde la temperatura se halla muy,pero muy por debajo del cero, y donde la nieve enceguecedorapuede imposibilitarlo todo, excepto el vuelo con instrumentos. O,quizá, la próxima vez lleve buscadores de petróleo a alguno de loslejanos yacimientos arenosos en procura del poderío cada vezmayor de una nación ebria de poder para un mundo ebrio depoder. No obstante, el otrora As del Aire era ahora un aparatode 13
  4. 4. LOBSANG RAMPAalquiler, un viejo y mísero coche de plaza que iba a cual-quier parte a capricho del cliente que tuviese unos pocosdólares de sobra. Pronto las primeras estribaciones de las Rocosas estu-vieron a la vista, elevándose, elevándose siempre, hasta quese irguieron los picos más altos de esa inmensa cordilleraque se extiende a lo largo de la región. El aire comenzabaa ponerse turbulento y el aeroplano brincaba y se estreme-cía entre las montañas nevadas, zona ésta donde en lospicos de mayor altura jamás desaparece la nieve. Miss Taddy Rampa lanzó un tremebundo maullido deprotesta y miró como si hubiera llegado su último momen-to. Por su parte, Miss Cleo Rampa tragó con dificultad yadoptó su más digno aire de entereza mientras abría des-mesuradamente los grandes ojos azules y clavaba la vistaen el terreno rocoso que se extendía tan abajo. Mas, ¿por qué volábamos? ¿Por qué nos mudábamosde nuevo? Todo había comenzado unos meses antes, enVancouver. Junio, en Vancouver, suele ser un mes muy agradable;es una época en que la Naturaleza en pleno comienza adespertar y el tiempo es bueno, el mar adquiere destellosrisueños y la gente sale en sus embarcaciones. Los turistasempiezan a llegar y es el momento en que, por lo común,todos los comerciantes aguzan su imaginación para ponersea tono con aquéllos. No obstante, aquel mes de junio, aquel día de junio,no fue por cierto tan bueno. Usted habrá tenido algún díaasí, uno de ésos en que todo, pero todo, anda mal. Sinembargo, usted es afortunado, pues sólo tiene "esos días"de cuando en cuando o, como suele decirse: "cada muertede obispo". Pero suponga que ese día durara semanas, meses, einclusive años; suponga que se convirtiera en norma. ..Porque es probable que la mayo ría de la gente que s ehalla "expuesta al público" padezca las impertinencias de 14
  5. 5. CREPUSCULOlos pocos trastornados que sólo parecen existir para causarmolestias a los demás. Así como hay cacatúas frígidas que,según sé, persiguen siempre a los conductores de ómnibusporque se sienten tratadas con indiferencia y corren a que-jarse para que los echen del empleo, del mismo modo haygente así que se ensaña con los escritores para que nopuedan sentirse bien y a gusto consigo mismo. Y eso fue loque sucedió aquel día. Despuntaba el mes de junio y yo me sentía viejo. Ha-cía días que estaba postrado en cama cuando oí unospasos acompasados que hacían temblar el piso. Luego,unos golpes a la puerta y una voz de bisagra oxidada: —¿El doctor Rampa? —la voz era áspera, de pocosamigos—. De la Sección Defraudaciones de la Real PolicíaMontada Canadiense —y los pasos resonaron al trasponere l um b r a l — . ¿ D ó n de e s t á ? Te n e m o s u n a d e n u n c i a d eMichigan. —No puede recibirlos. Está en cama, enfermo —replic:fsuna voz. —Pues nos recibirá —la respuesta fue tajante—. ¿Quémédico lo atiende? Dicho esto, Flathead —el principal— y Big Jowls —elsubalterno— entraron. —¿Qué pasa? —inquirí. —Defrauda ciones —dijo Flat head —. Una m ujer deMichigan denuncia que tiene usted pensamientos sexualeshacia ella y que trata de que le mande dinero. — ¡Vaya con su maldita pareja! —añadió Big Jowls. Preguntas, preguntas y más preguntas, pero nunca nadaconcreto respecto del verdadero quid de la cuestión. Setrataba, al parecer, de cierta casta dama de edad "difícil",que se había dado a imaginar, a quien yo jamás habíavisto y de quien no tenía noticias desde hacía diez meses.Pero, ¿acaso no imaginamos todos? Sin embargo no lescausamos tales trastornos a los demás, ¿no es cierto? , condenuncias infundadas a la policía. 15
  6. 6. LOBSANG RAMPA ¿Qué yo tenía pensamientos sexuales? Gracioso, ¿no?Yo no me dejo arrastrar por esas fantasías descabelladas;pero, aunque así fuera, estando a casi cinco mil kilómetrosde distancia de ella, como estoy, y no habiéndola vistojamás, bien podía sentirse segura, ¿no es verdad? —¿Robarle dinero con el pensamiento? ¡No, por cier-to! Jamás he defraudado a nadie ni con el pensamiento,ni de hecho, ni de ninguna manera. ¡En ninguna circuns-tancia he defraudado a nadie! ¿Qué pasó después? Al cabo de dos semanas de espe-rar y esperar, escribí a la Montada Innombrable lo siguien-te: 15 de junio de 1973.Oficial en Jefe,Real Policía Montada Canadiense.Señor: Veces hay que me siento tentado de renunciar públicamente a mi ciudadanía canadiense y marcharme cuanto antes de este país. ¿Por qué? Pues por la policía, por los vejámenes. Cada tanto la policía y ciertas solteronas estúpidas y meno-páusicas pasan por algún momento de idiotez. De tiempo en tiempohay alguna mujer con arrebatos de calor y hot pants que se forja laidea de que yo —que soy un escritor muy enfermo y condenado apermanecer postrado en cama— la violo con el pensamiento. Enton-ces va con sus ayes a la policía y ésta cae en la necedad de prestarleoídos. Vienen luego las averiguaciones confidenciales" (por lo quea mí respecta), seguidas de la indeseable visita, o visitas, de dospolicías. Y tales policías jamás dicen, en realidad, qué es lo quequieren: lo que buscan es tenderle celadas a uno. No es ésta lamanera como yo considero que deben actuar los funcionarios poli-ciales. Durante los últimos años he sido visitado seis veces por lapolicía, sin razón alguna. En Montreal, dos policías sumamente agre-sivos se presentaron a medianoche y nos interpelaron a mi esposa y amí de la manera más desconsiderada posible, con gritos y amena-zas. Cuando por fin pude preguntarles qué deseaban, ¡resultó que nolo sabían! Llamaron por teléfono, entonces, al puesto policial, y deesa manera se pudo saber que cierto sujeto de América Central,como no conocía mí dirección, había telefoneado a la policía parapedirla. 16
  7. 7. CREPUSCULO Otra de las visitas fue motivada por una mujer que alegabaque yo era el padre de su hijo. Como ella misma lo reconoció, jamáshabía estado a menos de varios cientos de kilómetros de distanciade mí, pero afirmaba solemnemente que yo "me había aproximado"con el pensamiento. Hubo, inclusive, otra mujer a quien nunca había visto, quemanifestaba que era mi secretaria, lo cual dio lugar a que la policíaconcurriera a verme para preguntarme por qué no le pagaba. Estamujer había salido, o se había escapado, de un asilo de enfermosmentales de los Estados Unidos, de modo que la deportaron para serinternada nuevamente. Y ahora, hace algunos días, vinieron a verme dos empleadosde la Sección Defraudaciones con motivo de las denuncias de otramujer frustrada. Otra vez se me acusa de estar introduciendo en ellapensamientos sexuales, cuando menos. He puesto, pues, este asuntoen manos de un abogado norteamericano. Lo cierto es que estoy harto de que los policías me molestencon esas quejas estúpidas e imaginarias, de manera que me ha pare-cido que debía escribirle a usted antes de ponerme a redactar ar-tículos y algún libro acerca de mis experiencias con esa institución. En la actualidad se detesta a la policía. La gente ya no larespeta. De resultas de mis propias experiencias —y bien sé porqué—, he padecido dos ataques de trombosis coronaria, de maneraque esas visitas demasiado frecuentes e innecesarias de la policíaresultan perjudiciales para mi salud. ¿Qué puede hacerse al respecto? Puede usted tomar nota deesto: yo no violo a nadie. No influyo en la gente con el pensamientoni me es posible hacer mucho mal aunque lo quiera. ¿Podríahacerlo usted si se viese reducido a permanecer en cama o en unsillón de ruedas las veinticuatro horas del día? Pienso que son los policías los que dan lugar a esa falta derespeto y a que no haya comunicación. ¿Podría usted hacer que secontengan, decirles que soy inocente... o mandarlos a Siberia? Asípodría decir que hay un policía de mi agrado: usted. Porque, segúnvan las cosas, considero que se me está vejando. Atentamente, T. Lobsang RampaP.S.: Esta carta quizá le cause gracia porque, ¿hay alguien que escriba de este modo acerca de la policía? A vuelta de correo recibí algo así como una misiva.Una misiva que, como casi todas las que manda la policía,es una cosa estúpida, con la fórmula estereotipada de "a 17
  8. 8. LOBSANG RAMPAraíz de una denuncia recibida en esta oficina, por la cualuna ciudadana norteamericana daba cuenta de una posibledefraudación, despaché a un agente de mi dotación haciasu domicilio..." No es cierto. Envió a dos. Y seguía: "Lamento que a usted le parezca que nues-tra visita no era necesaria (bla, bla, bla). Puedo asegurarleque no ha habido intención alguna de manchar su repu-tación e integridad". Bien, excelente; pero cuando se está enfermo, muyenfermo, las visitas de la policía —con la exigencia de quese les franquee el paso al instante— son angustiosas. Cual-quier tonto podría saberlo. La carta continuaba diciendo "He establecido, además,que no ha habido vejámenes policiales, como usted señala,y que nuestro empleado se condujo de manera normal". ¡Vaya! Si esa es la manera normal, tiemblo al pensarqué ocurriría si se tratara de un delincuente. No obstante,eso fue todo. De manera que de nada vale que se ponganustedes a escribirle a la Montada acerca de nada en absolu-to. Yo estoy harto de.. . Ya lo saben ustedes. Jamás he sentido simpatía por la Real Policía MontadaCanadiense. Hace muchos, muchos arios, cuando era la Po-licía Montada del Noroeste, constituía por cierto un exce-lente cuerpo. Ahora, en cambio, según mi opinión, no sonsino un hato de necios de chaqueta roja que se lo pasanhaciendo música a caballo y pavoneándose, mientras elagente común tiene que realizar todas las tareas y quedar-se mirando cómo ellos se llevan las palmas. Hoy día, em-pero, los de la Montada no gozan de tanta popularidad,pues han tenido una serie de problemas: problemas enVancouver, donde se los ha acusado de brutalidad y pro-blemas en Fort Erie, donde se los ha acusado de desnudara las mujeres y registrarles la piel y "dentro de la piel".En el momento en que escribo esto se está llevando a 18
  9. 9. CREPÚSCULO cabo una investigación sobre el particular. Pero uno sepregunta: quis custodiet ipsos custodes? En cuanto a mí, la policía me ha absuelto. Con lapeor de las voluntades me ha escrito una carta paradecirme que yo no había hecho nada malo, pero quedebía "investigar porque una mujer norteamericana sehabía quejado". ¿Por qué? ¿Acaso son deidades lasnorteamericanas? ¿Acaso pagan impuestos en Canadá ycontribuyen al sostenimiento de la Real PolicíaMontada? No. Lo que me parece es que a ésta leencantan esas mujeres. Todas estas cosas tienen sus repercusiones, se "acla-ren" o no, pues me han hecho perder amigos.. . Aunque,considerando cómo eran, ¿podría llamarlos "amigos"?Como quiera que sea, hubo quienes pensaron que, si seinvestigaba acerca de mí, algo malo tenía que haber: " ¡Oh! Nohay fuego sin humo, ya lo sabe usted; algo debe de haberhecho". La gente y los comerciantes del lugar comenzaron amirarme de soslayo y a murmurar entre sí, de modo quela situación pronto se tomó insoportable. No teníasentido seguir de ese modo, con gente que murmuraba,que espiaba detrás de los visillos, que decía cosas aescondidas. De manera que decidimos mudarnos, irnosa otra parte. El gobierno de la Columbia Británica tampoco hizonada, a pesar de que los del Impuesto a los Réditos mevenían acosando para saber por qué había pedido yo unsubsidio para una silla de ruedas, Pero, ¿acaso haypersona alguna que se quede sentada en un sillón deruedas todo el día por el gusto de hacerlo? Además, esassillas se gastan. Así pues, les endilgué un sermón a esosestúpidos brutos del Impuesto a los Réditos, pero tuveque conseguir tres certificados médicos —dos deMontreal y uno de Vancouver— donde constase quehacía años que usaba silla de ruedas y que no lo hacíapor placer. De manera que, consideradas todas las cosas,llegamos a la conclusión definitiva de que cuanto antesnos fuése- 19
  10. 10. LOBSANG RAMPAmos de Vancouver tanto mejor sería para nuestra salud ypara nuestra tranquilidad de espíritu. Pensamos y pensa-mos, repasamos mapas y, al cabo, por alguna razón perfec-tamente desconocida, nos establecimos en Alberta. Por los datos que pudimos recoger nos enteramos deque Edmonton era demasiado fría, muy ventosa y excesi-vamente insular. Lethbridge, por su parte, en las proximi-dades de la frontera con los Estados Unidos. era una po-blación campesina donde quizá ni se conociese la palabra"insular". De modo, pues, que nos asentamos en Calgary. Como las compañías de aviación del lugar no eranserviciales en absoluto —pues no les interesaba llevar a unapersona impedida, en su sillón de ruedas, y a dos gatassiamesas—, nos pusimos a estudiar la cuestión con muchodetenimiento, sacamos los costos de los pasajes, averigua-mos si se podía conseguir una ambulancia para que metrasladase desde Vancouver hasta Calgary y, por último,con la ayuda de un amigo, pudimos ponernos en contactocon una empresa de transportes aéreos muy buena, con lacual convinimos el viaje por una suma bastante razonable,que, comparada con lo que nos habría costado viajar porcarretera en una ambulancia, era sin duda muy con-veniente. Por fin llegó el gran día; cerramos trato y me hicieronentrar rodando en una cosa llamada Handi-Bus, artefactoque tiene una rampa por donde se hace subir la silla deruedas hasta el interior de un furgón o autobús vacío,donde la silla queda bien asegurada al piso. Después, larampa se pliega en la parte exterior trasera, los amigos oparientes de la víctima toman un taxi y la caravana parte.Así, pues, atravesamos Vancouver rumbo al aeropuerto lo-cal. Pero entonces tropezamos con el primer in-conveniente. Según lo convenido, allí se dispondría de un elevadorde horquilla para que me levantase, junto con la silla deruedas de propulsión eléctrica, y me pusiera dentro del 20
  11. 11. CREPUSCULOviejo aeroplano. Pues bien, el elevador no estaba: ¡en esaparte del aeropuerto no se disponía de ninguno! Yo per-manecía sentado detrás del Handi-Bus mientras iba to-mando cuerpo en mí una idea de modo que, mientras lagente se arremolinaba para discutir qué podían hacer ycómo introducirme con la silla dentro del aeroplano, retro-cedí en mi sillón hasta el pie de la escalerilla de ascenso ala máquina y, una vez allí, me las compuse para metermedentro, valiéndome sólo de mis brazos. De mis piernas nopuedo jactarme, pero con los brazos podría todavía levan-tar a un hombre corpulento por sobre mis hombros... sivaliese la pena padecer, tal vez, un ataque cardíaco. Logré, pues, introducirme en el aparato y, con las mu-letas, me arreglé para llegar a un asiento por un costado.Después, entre varios hombres levantaron la silla y la pu-sieron dentro del aeroplano, en tanto el resto de la partidaascendía a él trasportando el equipaje. Los motores co-menzaron a rugir y, al cabo de un momento, cuando sedio espacio libre en el aeropuerto, la máquina se lanzó porla pista y levantó vuelo. Porque, aunque viejos, todavía loshay clue de veras levantan vuelo. Mientras ascendíamos, dimos una vuelta sobre el aeró-dromo y luego giramos trescientos grados rumbo a las Ro-cosas. Las montañas eran hermosas. Cleo estaba fascinadav i é n d o l as t a n c e r c a, p e r o T a d d y s e s e n t í a p e r m a n e n -temente angustiada por la idea de que, de continuar aque-llas sacudidas, pudiese arruinarse su almuerzo, cosa que, ensu mente, es siempre lo primero. Porque no es tan cómo-do, para una gata entrada en años, encontrarse "con las pa-tas en el aire" cuando el aeroplano brinca y se sacude en elcielo. El tiempo trascurría lentamente (siempre parece undespilfarro estar sentado en un avión sin hacer nada, ex-....epto mirar hacia fuera) y, debajo de nosotros, de con-tinuo aquellas inhóspitas y aserradas rocas con sus altos 21
  12. 12. LOBSANG RAMPApicos ataviados de nieve y, más allá de las escarpas, elvívido azul de las profundísimas aguas. De cuando en cuandoaparecía a la vista alguna pequeña población rural servida porun pequeño campo de aterrizaje, u observábamos eldespegue de los hidroaviones que partían de los lagos demontaña, donde no hay posibilidades de contar con pistas. Al fin se encendió una luz y apareció una leyenda:"Ajustarse los cinturones — No fumar". Eso de no fumarno rezaba con nosotros, pero nos ajustamos los cinturonesde los asientos y, por seguridad, pusimos a las gatas en suscestos. El avión se inclinó, atravesó una capa de nubes y apa-recimos sobre las colinas, del otro lado de las Rocosas.Debajo de nosotros estaba el Foothills Hospital —dondeun ario más tarde ingresaría en calidad de paciente— y, ala izquierda, la gran Universidad de Calgary. El aparato descendía cada vez más; entre tanto, obser-vábamos con interés la ciudad que habría de ser nuestronuevo lugar de residencia. Contemplábamos la Torre deCalgary, los rascacielos de la zona céntrica y las sinuosi-dades del río o, quizá, los ríos —el Bow y el Elbow— quese mezclaban en su intrincado paso a través de la ciudad—desde las montañas hasta Lethbridge—, ríos tan pedrego-sos que no son aptos para la navegación de embarcacionesde recreo a causa de los remolinos, de los bancos de are-na... ¡y porque la policía no quiere que se usen los ríos! Debajo de nosotros apareció el aeropuerto. El pilotohizo un movimiento de cabeza en señal de satisfacción yel aeroplano se inclinó aun más. Luego, un estruendosotraqueteo cuando las ruedas tocaron la pista y comenzaron agirar a gran velocidad, hasta que en seguida se posó lacola y rodamos suavemente rumbo al área correspondiente ala empresa fletadora. Allí las cosas fueron distintas. Todo estaba preparado.Tan pronto como el aeroplano se detuvo frente a las ofi-cinas, un hombre mayor condujo un furgón provisto de un 22
  13. 13. CREPUSCULOelevador de horquilla hasta situarlo a un costado del apara-to y, una vez allí, el piloto y el copiloto me asieron fuer-temente con la silla, como si temieran que escapase, queme cayera o quién sabe qué. No obstante, acostumbradocomo estoy a moverme en un sillón de ruedas, avancéhasta la puerta del aeroplano y enfilé hacia la plataformadel elevador de horquilla, pero hasta en eso me cuidaron:t a n t o u n o c o m o o t r o m e a s i e r o n y s e t o m ar o n d e l o scostados del elevador, mientras descendíamos con suavidad. Y luego lo referente al pago. ¡Ah! Siempre tenemosque pagar por nuestras idas y venidas, ¿no es cierto? Demanera que, primero, pagamos por el viaje, y después vinootro Handi-Bus a detenerse de culata frente a mí. Bajaronla rampa con un rechinar tremendo y ascendí con mi sillahasta el interior del vehículo. Después comenzó a llover.En ese momento, y durante el resto de la jornada, lloviócon más intensidad que nunca en Calgary. Fue, pues, unabienvenida lluviosa. Una vez más amarraron mi silla fuertemente al piso,izaron nuestro equipaje y nos lanzamos a toda marcha porel camino del aeropuerto, por el puente del río y por laciudad misma de Calgary. Comenzaba la hora de mayorprisa en el tránsito y la lluvia era cada vez más copiosa. Alcabo llegamos al lugar de destino donde un grupo de per-sonas salió presuroso, recogió nuestro equipaje y volvió acorrer para ponerse a buen recaudo dentro del edificio. Encuanto a mí, después de que el conductor desamarró mi si-lla con toda parsimonia, me deslicé por la rampa y entrétambién en la casa. Nuestra primera vista de Calgary habíasido "húmeda". Calgary es una ciudad acogedora, una ciudad nueva,una ciudad que todavía no se ha vuelto cínica e indife-rente. Después de un ario de permanecia en ella puedodecir que sí, que es en verdad un hermoso lugar para lagente que puede moverse, aun cuando tiene sus desven-tajas: las aceras son muy altas, por cierto y, en conse- 23
  14. 14. LOBSANG RAMPAcue r icia, inapropiadas para quienes andan en sillas de rue-das, y las calles son muy combadas, de modo que esas sillastienden a deslizarse siempre hacia las cunetas. Si el inten-dente del lugar tuviera un accidente y se viese reducido aestar en una silla de ruedas durante unos pocos meses,pronto veríamos algunos cambios. ¿No sería bueno eso,acaso, para quienes tienen que andar en sillas de ruedas?Motivos tendrían, entonces, para bendecir al intendente ysu problema. Con todo, hasta ahora eso no ha ocurrido. Mas, supongo que a mi editor de Inglaterra no le inte-resa enterarse de mis problemas y encontronazos con lavida, sino que lo que pretende es un libro donde se con-testen las preguntas de la gente. Porque, según me ha di-cho por escrito, mi libro debe concretarse a respondertodas las cuestiones que plantean los lectores. De modoque comenzaremos el próximo capítulo contestando algu-nas consultas. Me temo que la primera ha de ser una queno deseo responder, pero se me viene exigiendo que lohaga. Se trata de la oquedad de la Tierra. Pero primero —antes de que ustedes empiecen a escri-b i r m e a c e r c a d e qu is custodiet ipsos cu stodes—, p e r m í -tanme decir algo respecto de los inservibles policías quearruinan nuestra civilización. ¿De acuerde? Pues ahí va: "¿Quién custodia a los que custodian? " O sea:¿Quién hace las veces de policía de la policía? Se dice,además, que "el poder absoluto corrompe". Pero, acaso,¿no tiene la policía, ahora, un "poder absoluto"? ¿Están,entonces, corrompidos? El Derecho establece que se presume que el individuoes inocente mientras no se pruebe su culpabilidad; la poli-cía, en cambio, considera automáticamente culpable atodo el mundo. El individuo tiene derecho a ser careado con su acusa-dor; no obstante, la policía no le dice siquiera de qué se leacusa hasta que, por medio de ardides, lo fuerza a reconoceralgo. 24
  15. 15. CREPUSCULO Según mi opinión personal, la policía está aislada. Na-die estima a sus integrantes, de modo que éstos viven apar-tados en sus cuarteles o en grupos solitarios, lejos de aqué-llos a quienes deberían conocer. No hay nada que puedasustituir al viejo agente de recorrida. Cierto amigo mío muy estimado, viejo policía irlandés,estuvo de ronda durante años hasta que se jubiló. Conocíaa todo el mundo dentro de su radio y podía prevenir losproblemas antes de que revistieran gravedad. Servía deconsejero familiar gratuito para prestar asesoramiento yformular amistosas advertencias, y sólo "metía adentro" aldelincuente cuando era realmente fundamental. Gozaba—y goza— del respeto y del afecto de todo el barrio. El policía de viejo cuño era bien recibido en las casasdurante su recorrida. Ahora los policías permanecen ence-rrados en sus coches... y pierden contacto con la gente. En la actualidad, la policía divide a la humanidad endos sectores los "buenos" y los "malos", el primero de loscuales está integrado sólo por ellos. Hace apenas unos años la policía era cortés, conside-rada y servicial. En aquellos tiempos, cuando un policíarealizaba alguna investigación, solía decir, por ejemplo: "¡Ah! ¿La señora de García? ¿Podría ver a su esposo?Tenemos noticias de que se ha excedido un tanto en labebida. ¿Así que está durmiendo? Entonces vendré mástarde". Ahora los policías van en parejas, como si tuvieranmiedo de hacerlo solos. Ahora atropellan sin miramientoalguno, cualesquiera que sean las condiciones y circuns-tancias. "Real Policía Montada Canadiense", murmuran altiempo que muestran la placa, y entran sin que medieinvitación. Respecto de que "el hombre es inocente mientras nose pruebe su culpabilidad", la policía trata a todos comosi fueran culpables, ¡por el mero hecho de haber susci-tado su atención! Por supuesto que si se ha visto a un 25
  16. 16. LOBSANG RAMPAhombre matar a otro, es natural que la policía "se meta alos tiros"; pero, por cierto, en los casos de investigacionesde rutina, ¿no deberían tener tacto? ¿Por qué, si un invá-lido se encuentra en el baño o sometiéndose a tratamien-to, tiene la policía que forzar su malhadada entrada? Sinembargo, lo hace. Lo sabemos por experiencia personal. Hoy día se detesta a la policía, que vive aislada y enmedio de un sueño de coloridos uniformes, estiércol decaballo y taconeos. Ya es tiempo de que se la reorganice,de que se le haga not ar que sus miembros no son lo selegidos de Dios, sino servidores del público. Hay que enseñarles cortesía, educación, buenas mane-ras, hacer que persigan (y capturen) a los delincuentes,pero que dejen tranquilo al común de los ciudadanos decen-tes y respetuosos de la ley. Sólo entonces recuperarán el respetoque hoy, por cierto, les falta. Para mí, los peores delincuentes son los de la Monta-da, con su actitud arrogante. Como muchos otros, y pues-to que he sido absurdamente vejado por la policía, puedodecir "¿Colaborar con la policía? ¡No, señor! Yo noharía n ad a por colaborar, ¡se la to man con uno! ¡Y lle-van las de ganar! 26
  17. 17. CAPÍTULO II El señor... No; quizá sea mejor no dar su nombre.Digamos, más bien, que cierto señor me escribió para de-cirme lo siguiente: "En sus novelas he leído algunosanuncios que afirman que está usted dispuesto acontestar, sin cargo, todas las preguntas que se leformulen acerca de cualquier tema. Bien, de acuerdo; laconsidero una idea excelente. Llevo pagados cientos dedólares a individuos que anunciaban que contestaríanpreguntas, pero nunca me han dado ninguna que fuesesatisfactoria. Usted, en cambio, solicita que la gente leescriba, de modo que ¿tengo algo que perder? " Bien, este tipo comete una serie de errores —pensépara mis adentros—, ¿no es cierto? En primer lugar,jamás he escrito una novela en mi vida. La novela esficción y yo digo sólo la verdad y nada más que la verdad.Después dice que yo anuncio que estoy dispuesto acontestar, sin cargo, preguntas sobre cualquier tema.¡Vaya! Eso es nuevo para mí. Yo creía haber hecho todolo posible por evitar que se me escribiesen cartasinútilmente, del mismo modo que nunca en mi vida hedicho que contestaría pregunta alguna acerca de ningúntema, ni gratis ni de ningún otro modo. Soy entendido enlo mío y me jacto de saberlo perfectamente bien, demanera que puedo responder tales preguntas. Pordesgracia —como en el caso de 27
  18. 18. LOBSANG RAMPAeste hombre— la gente me escribe pensando que me encan-ta abonar los gastos de mecanografía, de franqueo, de pa-pelería y de todo lo demás. Pero jamás piensa en reembol-sarle a uno sus gastos. Casi podría decirse que se trata deventajeros. Pues sí; muy cierto es, sin embargo, que hay personas—falsos videntes— que anuncian que, por unos pocos dóla-res, o unos pocos cientos de dólares, contestan preguntas.Lástima que yo no haga algo así: Con ello bajaría la canti-dad de preguntas tontas. No obstante, como este hombreformula cuestiones referentes a un tema que ha de ocuparel primer plano en un futuro cercano, es posible que valga lapena ocuparse del asunto. Veamos, pues, lo que dice, enesencia, por supuesto, porque su carta no es en absolutouna obra literaria, ya que por su manera de escribir da laimpresión de no haber ido nunca a la escuela. Dice, en síntesis: "Hay mucha gente que piensa quep u e d e h a b e r u n m u n do d e n t r o de e s t e m und o , q u e e lmundo puede estar hueco. ¿Podría decir algo al respecto?Afirma usted saber mucho acerca de religión; ¿cómo, en-tonces, no menciona jamás tal cosa? ¿Cómo es posible queningún libro religioso se ocupe de ello? " Bien; por lo visto es t á bastant e equivoca d o encuanto a eso, porque la religión o creencia que más conozco(el budismo) se refiere, por cierto, a un Mundo Interior.Inclusive hay una palabra especial para designarlo:"Agharta", término que aparece con mucha frecuencia enlos Libros Budistas. En realidad, en la ciencia tibetana haymuchas referencias al Shamballa, donde vive el Rey detodo lo creado, el Rey que no se muestra a los millonesque habitan en la superficie. Los tibetanos creen firmemente en el Rey del mundoque vive dentro del mundo, no como una suerte de demo-nio, sino como un Rey en extremo bondadoso, un buengobernante espiritual que mora en dos planos a la vez: el 28
  19. 19. CREPUSCULOplano físico , donde vive por siempre y el espiritual, oastral, donde también vive por siempre. Los tibetanos creen que el Rey del mundo dio las pri-meras instrucciones al primer Dalai Lama y que éste era,en realidad, el representante del Rey del mundo interioren el mundo exterior. En el Tíbet hay túneles, por cierto, que se internan agrandes profundidades, y existen muchas leyendas acercade extraños individuos que llegan por esos túneles y man-tienen tratos con los lamas de elevada jerarquía. Como heescrito en alguno de mis libros, yo estuve en algunos detales túneles, así como en los de la Última Thule. Hayciertos lugares en el mundo por donde al iniciado le esposible bajar hasta el centro de la Tierra y reunirse con losrepresentantes de esa civilización interior, y hay una grancantidad de personas que saben positivamente que los ha-bitantes del mundo interior salen para platicar con los dela superficie. Por supuesto, algunos ovnis provienen real-mente de ese mundo interior. En el Tíbet, pues, hay túneles que conducen al mundointerior, pero también los hay en Brasil. Ambos son pun-tos de vital importancia del mundo exterior, que tienenespecial atractivo para la gente de adentro. Es muy lamentable que, habiendo tantas creencias su-persticiosas, jamás se las haya investigado adecuadamente,porque algunos "sensitivos" saben que existen túneles de-bajo de las grandes pirámides. Por pirámides no entiendosólo las de Egipto, pues hay muchas más. Todas ellas eran,por lo común, balizas para enviar mensajes a los Guardia-nes de la Tierra y a los representantes de éstos que surcanel espacio en sus aeronaves. Así como hay pirámides enEgipto y en ciertos lugares de América del Sur, tambiénexisten algunas muy importantes en el desierto de Gobi,aun cuando no sea mucho lo que se sabe acerca de él enel mundo exterior, toda vez que en la actualidad se hallaen poder de China comunista. Todas esas pirámides están 29
  20. 20. LOBSANG RAMPAconectadas con el mundo interior y, en tiempos de losfaraones, muchos de los ritos mágicos de Egipto los cele-braban individuos que llegaban de allí con ese fin espe-cífico. Mas, volviendo al punto que nos ocupa, según los li-bros religiosos budistas, en la Tierra se produjeron grandesconvulsiones y los climas de las distintas regiones comen-zaron a cambiar y a cambiar. A medida que se producíanesos cambios, las tribus fueron impulsadas de las zonasfrías a las templadas de suerte que, durante uno de esoséxodos —hace alrededor de 25.000 años— apareció unatribu en el lugar que podríamos llamar Polo Norte. Luegode andar y andar notaron que siempre tenían el sol delan-te, jamás detrás, y que éste no salía ni se ponía nunca; yasí, al cabo del tiempo, se dieron cuenta de que estabanen el interior de la Tierra, que ésta era hueca, y allí seasentaron. Se supone, asimismo "—y esto tendría que po-nerlo entre paréntesis—, que los gitanos salieron del inte-rior de la Tierra. He oído a mucha gente discutir acerca del hueco de laTierra y, a quienes se oponen a esa teoría, decir siempre:"Pues bien; si hay un hueco en la Tierra, ¿cómo es que lascompañías aéreas que vuelan sobre el Polo Norte no ven laabertura? En la actualidad algunos aviones comerciales pa-san por el Polo Norte y también, tal vez, por el Polo Surde manera que, si hubiese un gran orificio en la Tierra, esindudable que los pilotos lo verían". Como uste des saben, esto no es cierto. Las líneasaéreas comerciales no vuelan sobre el Polo Norte, así co-mo tampoco vuelan sobre el Polo Sur, sino que pasan auna distancia apreciable de ambos por la sencilla razón deque, si así no fuera, se produciría una interferencia desuma gravedad en sus instrumentos de navegación. De ma-nera, pues, que el derrotero de los vuelos comercialessiempre se marca de modo de pasar, a muchísimos kilóme- 30
  21. 21. CREPUSCULOtros de los polos imaginarios, con lo cual se evita la inter- ferencia de los compases. E s t á n , p o r o t r a p a r t e , l o s que di cen: " ¡Va m os! Sihubiera algún agujero en la Tierra, todos los exploradoresque han estado en el Polo Norte y en el Polo Sur habríandado con él". Una vez más, no. Eso no es verdad. Nadieha estado en el Polo Norte; nadie ha estado en el PoloSur. Lo que sabemos es que hubo gente que llegó cerca detal o cual polo y que recorrió muchas millas; o, dicho conotras palabras, que ha estado más o menos perdida. Tantola Historia antigua como la moderna nos dicen que losnavegantes suelen observar desechos que flotan en los po-l o s ( d ig o " p o l o s " s ó l o p a r a p o d e r e n t e n d er no s y p a r asituar el lugar). También ven flotar pájaros y otros anima-les. No obstante, todo el mundo sabe que, ni en el PoloNorte ni en el Polo Sur, se ven volar pájaros ni insectos,así como t ampoco f lo tan hoja s v erdes. Ento nces, ¿d edónde vienen? Del interior de la Tierra, por supuesto. Yo pienso esto: supóngase un vehículo con el cual sepuede viajar desde aquí (dondequiera que uno se encuen-tre, en un determinado momento, es ese "aquí") hasta elPolo No rte. Usted sigu e y sigue hasta alcanzar lo quesupone que es el polo, y después continúa y al cabo seencuentra con un sol distinto sobre usted. Ese sol seríaalgo atómico que no sólo aparecería, naturalmente, en elc e n t r o d e est a Ti erra , sino también en mu ch os otrosmundos. Los astrónomos han observado que en la Luna,por ejemplo, hay luces extrañas que a veces se ven cercade los polos. Quizás usted diga: "Sí, ¡vaya! Pero el hom-bre ha estado en la Luna". Claro que sí; pero ha estado enun lugar muy reducido, un círculo de ocho kilómetros deradio más o menos. No; no ha explorado la Luna, comotampoco ha explorado la Tierra. Mucho es lo que todavíaresta por explorar en esta Tierra. Si tiene usted interés y va a cualquier biblioteca públi-ca, estoy seguro de que encontrará muchos libros acerca 31
  22. 22. LOBSANG RAMPAdel interior de la Tierra, así como relatos de personas quese han perdido y después han entrado con sus navíos enun mundo extraño hasta encontrarse, precisamente, dentrodel mundo interno. Pero, mejor aún que ir a una biblio-teca, compre usted algunos libros en una buena librería. Algunas personas me han pedido que explique cómo esese mundo, cómo es posible que exista un mundo hueco.La mejor manera que tengo de explicarlo es ésta: Imagínese un coco, cuya parte de afuera sería el exte-rior de la Tierra. Y r ec uerde est o: si sus ma nos estáncalientes, la humedad que deposita en la parte externa delcoco, con sólo tocarlo, será igual a la profundidad de lasmayores simas oceánicas de la Tierra. Conviene tener pre-sente esta idea. Pues bien, ya tiene usted el coco y está observando su 1parte externa. Ese coco representa nuestra Tierra conven-cional. Haga ahora un agujero en la parte que llamamos 1"ojos" y otro en la opuesta; digamos que éstos represen-tan el Polo Norte y el Polo Sur. Haga los agujeros de undiámetro aproximado a una pulgada y saque toda la leche.Ya tiene usted la capa exterior, dura, que es la corteza dela Tierra y, por dentro, tiene la pulpa blanca, que repre-senta la superficie del mundo interno. Exactamente en elcentro del coco debe fijar, de algún modo, una lamparillaeléctrica que represente el sol interior que nunca se pone. Ahora bien, la capa dura que constituye la corteza y laparte interna, más blanda, por donde caminan los habitan-tes del interior, constituyen, también, la fuente de grave-dad que permite que tanto la gente de la superficie exter-na como la de la interna se mantenga de pie. No existeprueba alguna de que la parte interna de la Tierra estéformada de gas, de hierro derretido, de rocas ígneas ni denada en estado de fundición. Todo eso ha sido sólo unasuposición de los "científicos" que, además, han hechomuchas otras conjeturas erróneas, como cuando decíanque si el hombre viajaba a más de cincuenta kilómetros 32
  23. 23. CREPUSCULOpor hora sus pulmones podrían estallar a causa de la pre-sión del aire, o como cuando afirmaban que era imposibleque ninguna cosmonave pudiese aterrizar en la Luna por-que se hundiría en el polvo impalpable que la cubre. Deningún modo; los científicos son meros adivinos con pre-paración universitaria. Y, a menudo, son peores adivinosque los que carecen de esa preparación, pues se les enseñaque si tal o cual persona dice que algo es imposible, nocabe duda, entonces, de que es imposible; y así, en vez deenseñarles a pensar, sólo les inculcan la idea de que elautor fulano de tal es infalible, porque si para él algo esimposible es porque en realidad lo es. Yo pienso que los habitantes del interior de la Tierrason seres sumamente evolucionados, vestigios de Lemuria,Mu, la Atlántida y muchas civilizaciones aún más antiguas.La Tierra ha sido arrasada por cataclismos, tempestades,meteoros y una serie de cosas que, con frecuencia, handiezmado a los habitantes de la superficie, en tanto que,en lo interno, la vida sigue discurriendo serenamente, sinque la perturben las cosas que ocurren afuera, con lo cuallos conocimientos científicos y los que conciernen al es-píritu han podido progresar. Quizá no esté usted enterado de que los chilenos, quetienen gran interés por el Polo Sur, han fotografiado ovnisen el momento de levantar vuelo en esas regiones. Se tratade tomas sumamente interesantes, efectuadas por una co-misión de geofísicos de ese país. Por desgracia, debido a lagran presión que se ejerció, esas fotografías fueron envia-das a las autoridades norteamericanas... y eso fue lo últi-mo que se supo de ellas. Los ovnis son de distintas clases, pero una de ellasproviene del interior de la Tierra y, si en la actualidad seven muchos, es porque los habitantes de adentro se sien-ten muy preocupados por las explosiones atómicas que sellevan a cabo en la superficie. Porque, al fin y al cabo, dehaber alguna explosión bastante grande, quizá la corteza 33
  24. 24. LOBSANG RAMPAterrestre se resquebrajase todavía más de lo que está y elplaneta entero desaparecería. Esa es la razón por la cuallos habitantes de adentro se hallan tan preocupados y tra-tan de controlar las investigaciones atómicas que se reali-zan en el mundo. ¿Ha estudiado usted, realmente, los viajes de los explo-radores que dicen haber estado en el Polo Norte y en elPolo Sur? Ocurre que, sin excepción, manifiestan haberobservado que la temperatura aumentaba a medida queavanzaban hacia el Norte, que hallaron más mares abiertosde los que suponían y que notaron muchas cosas que esta-ban en total desacuerdo con las teorías referentes al PoloNorte y al Polo Sur, que dicen que, cuanto más cerca se estáde éstos, más frío se va poniendo todo. Sucede que lospolos no existen en realidad, salvo como representaciónimaginaria de algo que está en el espacio, o tal vez en elcentro de la abertura que conduce al interior de la Tierra. Bien pudiera ser que la aurora boreal la causaran losreflejos del sol interior cuando las condiciones son apro-piadas, o fueran radiaciones, incluso, de la vida del núcleodel mundo interno. No obstante, es seguro que alguien dirá que todo estoes imposible, que no hay, por supuesto, ningún agujeroque lleve al interior de la Tierra, que la idea es absurda,ridícula. E, inclusive que, de existir un agujero tan enormeen el Polo Norte y otro en el Polo Sur, es evidente que losaviadores los habrían visto, que también los habrían adver-tido los astronautas y que, en realidad, quienquiera quelos hubiese notado habría podido ver la luz del día através de la Tierra como quien mira a través de un huevovacío. Sabido es que esta opinión es totalmente errónea ysólo demuestra que quien la sostiene no está al corrientede las cosas. ¿Cuántos de ustedes han estado en el PoloNorte? ¿Cuántos en el Polo Sur? ¿Cuañtos conocen lascaracterísticas climáticas de esas regiones? ¿Qué saben 34
  25. 25. CREPUSCULOacerca de las capas de nubes, por ejemplo? ¿Qué de lascondiciones de visibilidad? No, mi criticón lector; no meestoy volviendo loco. .. Quien se está enloqueciendo es usted,si piensa que todo esto es imposible; porque sí supone talcosa, no sólo se está trastornando, sino que ya está direc-tamente en camino del hospicio, lo cual es muchísi-mo peor. Piense que, en áreas densamente pobladas, hay grandescavernas que han permanecido ocultas durante cientos omiles de años. Fíjese en la cueva donde se hallaron losrollos d el Mar Muer to , cuyo descubrimient o fue to tal-mente casual. Repare ahora en lo que ocurre en Canadá, donde gran-des zonas de Quebec todavía no han sido exploradas. Su-poniendo que se volase en avión sobre algunas de esasregiones, que suelen estar cubiertas de hielo la mayor partedel año, !as fotografías que se tomarán mostrarían re-flejos como si fuesen causados precisamente por la nieve yel hielo. Pero también podrían mostrar manchas oscuras, co-mo podrían mostrar precisamente manchas oscuras de nievey hielo. La nieve puede ser de distintos colores, se sabe, puesno siempre es blanca y brillante como la que se pone en losárboles de Navidad. En ciertas regiones hay, inclusive, nie-ve roja; lo sé porque la he visto. Lo que importa es quelas fotografías que se tomaran en los puntos aproximadosdonde se encuentran el Polo Norte o el Polo Sur podríanponer de manifiesto extrañas sombras; pero, si la gente notuviera razón alguna para investigar tales manchas, enton-ces no iría allí para indagar, ¿no es verdad? Por lo demás,cuesta mucho dinero organizar una expedición al PoloNorte imaginario o al igualmente imaginario Polo Sur. De-manda mucho dinero, exige que los hombres sean de unacalidad especial y requiere grandes pertrechos de reserva yuna enorme cuenta bancaria para pagar los seguros. Mas, volviendo al Canadá, muchísimas regiones de losterritorios del norte no han sido exploradas. Hay áreas, 35
  26. 26. LOBSANG RAMPAinclusive, que jamás han sido vistas por los seres humanos.¿Podemos saber, entonces, si hay o no agujeros en esosterritorios cuando nadie ha estado allí? Es tonto decirque esas cosas son imposibles cuando no se conocen lascircunstancias, cuando no se es entendido en fotografía,cuando no se sabe de geología. Piénsese en los astronautas, cosmonautas o como quieraque se les llame: pues bien, cuando levantan vuelo ye s t á n má s o m e n o s c e r c a d e l a Ti e r r a , p o r c i e r t o t i e -nen que hacer algo más que buscar el agujero donde po-drían estar el Polo Norte o el Polo Sur, además de que, enlas regiones polares, la visual suele ser espantosamente malapor las nieblas, las tormentas de nieve, los confusosreflejos de ésta, el hielo y el agua. Vale la pena destacartambién que, cuando los astronautas se hallan en órbita,tienen tareas específicas que realizar: echarles un vistazo alos rusos y fisgar con más detenimiento aún a los chinos.¿Háy manchas delatoras que indiquen que se han construi-do silos que pueden ser el punto de partida de misilesbalísticos intercontinentales? Y, en caso afirmativo, ¿enqué dirección están inclinados esos silos? Conociendo ta-les cosas, los norteamericanos pueden determinar si losseñores de la guerra de Pekín tienen cohetes apuntadoshacia Nueva York, Los Angeles o cualquier otro lugar.Con sólo tener en cuenta el grado de inclin ación y larotación de la Tierra, pueden prever, con un margen depocos kilómetros, la zona de blanco de los proyectiles.Los norteamericanos están mucho más interesados en ave-riguar qué hacen los rusos, los polacos, los chinos y loschecos, que en ponerse a buscar nada que se parezca a unagujero en la Tierra. A algunos norteamericanos, por ejem-plo, más les interesaría encontrar un agujero en la cabezaque en la Tierra... De modo que ya ve usted que, como no medien condi-ciones y circunstancias muy especiales, esas particularesaberturas de lá Tierra no habrán de ser fotografiadas; y, en 36
  27. 27. CREPUSCULOcuanto a pensar que se pueda mirar por un extremo y verpor el otro lado como si se tratara de un túnel ferroviariorecto, ¡vaya! , ésa es una idea peregrina. No es posiblehacer semejante cosa. Supóngase un túnel perfectamenterecto. Mira usted desde uno de los extremos y, si prestamucha, muchísima atención, tal vez vea un pequeño pun-tito de luz en el otro, aun cuando ese túnel no tengasiquiera un kilómetro de largo. Ahora bien, mirar a travésde la Tierra por un agujero supondría mirar a través dealgo que tiene alrededor de doce mil kilómetros de largo.Es decir que el túnel a través del cual miraría usted (o sea através de la Tierra) sería tan extenso que no podría ver lamenor luz en el extremo opuesto. Y no solamente esosino que, aun cuando usted tuviese tan buena vista quepudiera ver a todo lo largo del túnel y distinguir un pe-queño agujero, sólo vería oscuridad porque, a menos que elsol estuviese en el punto opuesto al que está usted, nohabría ningún reflejo luminoso. Si lo que pretende es negar la posibilidad de que laTierra sea hueca, comete usted exactamente el mismoerror que los que piensan que es plana. Dicho sea de paso,me asombra la manera como la "Sociedad de la TierraPlana" de Londres, Inglaterra, interpreta en la actualidadlas fotografías de los astronautas. Por lo que sé, en esepaís existe todavía una sociedad que jura y perjura portodas las tiras cómicas del mundo (deben de ser tiras) quela Tierra es plana y que todas esas fotografías han sidofraguadas. Algo he leído acerca de eso y me he reído debuena gana, aun cuando no puedo acordarme dónde apare-ció el artículo. Por eso, si no está usted seguro, ¿por quéno adopta una actitud más receptiva para no estar despre-venido cuando se disponga de pruebas? Pero hay otra cosa, además, que debe usted tener encuenta, y es que todos los gobiernos del mundo —o, mejordicho, los gobiernos de las superpotencias— están matán-dose, casi, por ocultar todo cuanto atañe a los ovnis. 37
  28. 28. LOBSANG RAMPA¿Por qué? Millones de personas los han visto. Ayer mismoleí un artículo en el cual se dice que, según las estadís-ticas, quince millones de norteamericanos han visto ovnis.De modo que, si en un solo país hay quince millones quelos han visto, es porque, sin duda, algo debe de haber alrespecto. La Argentina, Chile y otros países con sentidocomún admiten la existencia de los ovnis. No saben exac-tamente qué son ni por qué están, pero reconocen que loshay, y eso ya es bastante. Los gobiernos callan y mantienen en secreto la verdadacerca de ellos porque, suponiendo que las autoridadesnorteamericanas, por ejemplo, tuvieran fotos de ovnis enel momento de aterrizar o de levantar vuelo, y dispusierande pruebas concluyentes de que la Tierra es hueca y quedentro de ella hay una gran civilización, procurarían ocul-tar que conocen la verdad, pues podría cundir el pánicoentre la gente, producirse saqueos y suicidios y todas lascosas descabelladas en que caen las personas cuando lasarrastra el pánico. No tenemos más que recordar lo queocurrió hace unos arios con motivo de una trasmisión tele-visiva realizada por Orson Wells acerca de una invasión demarcianos, cuando cundió un pánico casi total entre losnorteamericanos, a pesar de que los locutores repetían quesólo se trataba de una representación. En consecuencia, los gobiernos ocultan la verdad por-que temen que haya pánico. No obstante, es probable queen un futuro no muy lejano tengan que admitir la verdad,la verdad de que la Tierra es hueca y que en su interiorhabita una raza inteligente, y que cierto tipo de ovnisprovienen de esa cavidad terrestre. Tenga usted presenteque hay más de una clase de ovnis: una de ellas provienedel "espacio exterior" y la otra del "espacio interior", osea de la parte interna de la Tierra. Con todo, vamos a suponer que usted dijera: "Insistoen que este tipo está loco, pues dentro de la Tierra nopuede haber lugar para una civilización". Pues bien, señor 38
  29. 29. CREPUSCULOo señora, eso implica que usted ha perdido el tiempo en laescuela. Repasemos, pues, algunas cifras. No voy a mencio-nar cifras exactas porque no faltaría, por cierto, quiendijese: " ¡Oh, mírenlo! Ya sabíamos que era un farsante:se ha equivocado en seis pulgadas en el diámetro de laTierra". Porque, estimado lector, ¡vaya si hay gente queme escribe tales cosas y se cree muy inteligente! Veamos,entonces, algunas cifras aproximadas. El diámetro de la Tierra es, más o menos, de doce milsetecientos cincuenta y cinco kilómetros. Supongamos,ahora (dijimos que íbamos a dar cifras, ¿no es cierto? ),que el espesor de la corteza terrestre del lado que estamosnosotros y el espesor del "suelo" de la parte interior de laTierra sumasen mil doscientos ochenta y siete kilómetros.Pues bien, si sumamos mil doscientos ochenta y siete másmil doscientos ochenta y siete, tenemos dos mil quinientossetenta y cuatro kilómetros; y si restamos esta cantidad delos doce mil setecientos cincuenta y cinco kilómetros, nosquedan diez mil ciento ochenta y un kilómetros. Podemosdecir, pues, que éste es, de manera muy aproximada, eldiámetro del mundo que está dentro del nuestro. Esto significa que el mundo interno es (aproximada-mente, también) 2,9 veces mayor que la Luna, de modoque, si la pudiéramos meter en la Tierra, la pobrecita salta-ría de un lado a otro como la bolita de un pito de referee.Porque el diámetro de la Luna, recuerde, es de tres milcuatrocientos setenta y cinco kilómetros, aproxirha-damente, y el de la parte interna de la Tierra, según he-mos convenido, de diez mil ciento ochenta y uno. Ahorahaga usted algunos cálculos, para variar. Tengo razón, ¿noes cierto? Otro punto interesante es éste: sólo la octava parte dela superficie del globo es tierra; los siete octavos restantesestán constituidos por agua —mares, océanos, lagos, etcé-tera—. De manera que bien pudiera ser que hubiese mástierra dentro del globo que afuera; y, en tal caso, podría 39
  30. 30. LOBSANG RAMPAhaber más gente. O, quizá, si acostumbran tomar "lapíldora", se hayan multiplicado en calidad más que encantidad. Eso es lo que yo pienso, como usted sabe; lo vengopensando desde hace años y lo he analizado con sumaminuciosidad. He leído todo lo que pude acerca del tema, ysi usted hace lo mismo podrá arribar, sin duda alguna, a lamisma conclusión que he llegado yo, a saber: que hayotro mundo dentro del nuestro, que es 2,9 veces mayorque la Luna y está poblado por una raza muy inteligente. Y otra cosa interesante: fíjese en todos los explo-radores que han "estado en el polo". Ninguno de ellosha probado jamás haber estado en tal sitio. Piense en elalmirante Peary, en Wilkinson, en Amundsen, Shackleton,Scott, etcétera. Ninguno de estos hombres que teórica-mente llegaron allí por agua o a pie, o que arribaron allugar por aire, ninguno de ellos demostró jamás, de modoinequívoco, haber alcanzado el polo mismo. Yo piensoque no pudieron porque el "polo" es una remota regiónque se halla en algún punto del espacio por encima de lasuperficie y cuya ubicación, según se ha demostrado, varíamucho. Así que ya ve usted. Si todo esto le interesa, no vuelva aescribir sobre el asunto porque ya lo he dicho todoacerca del tema. Por supuesto que sé bastante más; sémuchísimo más de lo que he escrito, mas corra usted auna librería realmente buena y compre algunos libros quehablen de la cavidad de la Tierra. Para los autores serámejor que los adquiera y no que los lea en alguna bibliotecapública, porque esa pobre gente tiene que vivir, cosa queno pueden hacer si los libros se leen sólo cuando esposible hacerlo gratuitamente. Los autores viven de susderechos y, al fin y . al cabo, si algo merece ser leído, valemás pagar por ello. 40
  31. 31. CAPÍTULO III En Calgary hacía frío y la nieve se extendía por todoslados, ocultando los rieles del ferrocarril, cubriendo el ríocongelado. Era un frío tremendo; un frío que parecía pe-netrarlo todo, que parecía magnificar el ruido de las callesheladas. Los automovilistas, empero, andaban como sinada del mundo pareciese importarles. Calgary, según secomenta, tiene reputación por dos motivos: porque hay enella más , automóviles per cápita (¿por qué no decir "porpersona"? ) que en ningún otro lugar del continente norte-americano; y, segundo —siempre que a esto se le puedallamar reputación—, porque sus automovilistas son los máspeligrosos del continente. La gente se lanza por todas par-tes sin el menor cuidado y, así, a veces se despierta en elCielo o en el Otro Lado y se encuentra con q ue se haechado encima una buena porción de karma de las perso-nas que ha matado en el accidente. Como digo, pues, aquel día hacía un frío formidable.De pronto apareció en el cielo una característica franja denubes —o, mejor dicho, de nubes y luz alternadas— e in-mediatamente el aire se tornó más cálido, como si alguien"Allá Arriba se hubiese apiadado de los pobres mortalesde Calgary y hubiera encendido una estupenda calefaccióneléctrica. 41
  32. 32. LOBSANG RAMPA El aire se caldeó de repente, la nieve quebradiza sefundió y el agua comenzó a caer de los techos. Habíanllegado los vientos Chinook —la mayor bendición deCalgary—, que constituyen un fenómeno meteorológicoparticular que de pronto trae desde Vancouver una granmasa de aire caliente (no hace falta más que reparar en elgobierno de esé lugar. ..), aire caliente que hace que undía gélido se convierta en un día agradable. Pronto la nieve se derritió. Los vientos continuarondurante la tarde y la noche, y al día siguiente ya no habíarastro alguno de nieve en Calgary. Las cartas, sin embargo, no se toman la molestia deesperar el tiempo cálido, sino que llegan de continuo co-mo las cédulas y las demandas de los impuestos a losréditos. No esperan a nadie ni a nada. He aquí, por ejem-plo, una carta gruñona, escrita con tinta fluorescente deun rojo subido. Pertenece a cierta dama avinagrada que medice: "Mucho hablar de Mantras, pero todo lo que usteddice está mal, pues sus Mantras no surten ningún efecto.Q u e r í a g a na r l a l o t e r í a y s e l o r e p e t í t r e s v e c e s a m iMantra. Sin embargo, no gané. ¿Qué le parece? " ¡Caramba! ¿Por qué habrá cacatúas como ésta que seponen en semejante estado? ¿No ven que es espantosa-mente malo para su tensión sanguínea? Y, mucho peor,para su evolución espiritual. Como quiera que sea no decíami Mantra, sino que, evidentemente, hacía algo contra locual yo he prevenido en particular. Porque no es correctoquerer ganar dinero en el juego apelando a los Mantras. Eljuego por dinero no es más que eso: juego. De modo quesi usted recurre a los Mantras para ganar, se hace un enor-me daño a sí mismo. Mucha gente, sin embargo, parece haber tenido malasuerte al no poner en buen orden de funcionamiento susMantras. Quizás esto se deba a que no lo inician de maneraadecuada; pero, sin duda, es porque no pueden visualizarqué es lo que quieren hacer llegar al subconsciente. 42
  33. 33. CREPUSCULOYa ve usted: tiene que saber qué dice, tiene que conven-cerse usted misma de lo que dice y, habiéndose conven-cido usted misma, tiene que convencer a su subconsciente.Interprete esto como un precepto comercial. Supongamos que usted desea algo en particular. Esealgo debe desearlo también su subconsciente. Digamos, porejemplo... Pero tengan presente que éste es sólo un ejem-plo intrascendente, de modo que no se pongan a escribir-me montones de cartas para decirme que me contradigo ninada por el estilo, como tantos de ustedes gustan de hacer,pese a que la mayoría de las veces se equivocan. Digamos,entonces, que el señor Pérez, por ejemplo, quiere conse-guir trabajo y que mañana, pasado mañana o al otro díadebe ver al señor Fernández. El señor Pérez genera, pues,un Mantra. Se pone a mascullar y mascullar entre dientes,pensando en acabar con esa fruslería y en irse al cine, abeber una copa, en salir con alguna amiga o en cualquierotra cosa. Procura da r todo por concluid o y , luego dedecirlo tres veces, se persuade de que ha hecho cuanto eranecesario y de que los poderes que existen serán los res-ponsables de todo lo que suceda después. Entonces, elseñor Pérez se lanza a la calle, va al cine, bebe uno o dosvasos de cerveza en algún bar y se consigue una chica, desuerte que, cuando va a ver al señor Fernández, pues...no se luce. ¡Claro que no! Como que no se ha preparadopara ello, no ha hecho sus deberes. Lo sensato sería esto: El señor Pérez busca trabajo, de modo que solicita unempleo luego de cerciorarse de que posee las condicionesy aptitudes necesarias para realizar las tareas propias delcargo en caso de conseguirlo. Se ha enterado de que un talseñor Fernández puede concederle una entrevista el día tala tal hora. Si el señor Pérez obra con cordura tratará deaveriguar algo, dentro de lo posible, acerca del señor Fer-nández: ¿cómo es? , ¿qué aspecto tiene? , ¿qué cargo ocupaen la empresa? , si es afable, etcétera. Esas cosas pueden ave-riguarse, por lo común, preguntándoselas por teléfono a la 43
  34. 34. LOBSANG RAMPAtelefonista de la empresa correspondiente, pues con ello,sin duda, muchas de esas chicas se sienten muy halagadas. Osea que el señor Pérez puede decir que está tratando deconseguir empleo en la firma y que tal día tiene una en-trevista, y pedirle a la muchacha que le diga algo acercadel señor Fernández, porque, después de todo —puede de-cirle—: "Pronto seré su compañero de trabajo, de maneraque seamos amigos y dígame lo que pueda". La ,chicaresponde invariablemente de modo favorable si se la abordaen debida forma, pues se siente halagada de que alguien recurraa ella para solicitarle ayuda, de que se piense que puedatener tan buen criterio como para opinar acerca del carácter, yde que un nuevo aspirante a empleo en la empresa tengala suficiente inteligencia como para ponerse encomunicación con ella. Y, de ese modo, suelta la infor-mación. Podría contarle, por ejemplo, que cuando el señorFernández se hizo cargo de su puesto en la compañía,apareció su foto en la Revista Mensual de Lavadores dePerros, o algo por el estilo. Ya se halla en condiciones,entonces, el señor Pérez, de ir a la biblioteca de la zonapara mirar con detenimiento esa fotografía que, despuésde haber mirado y remirado, graba bien en su mente. Osea que puede ya volverse a su casa teniendo bien presen-tes las facciones del señor Fernández; de modo que, unavez allí, el señor Pérez se sienta y se imagina que ese señorFernández se encuentra frente a él, imposibilitado de decirpalabra alguna, y que todo cuanto el desdichado puedehacer es permanecer sentado y escuchar. En ese momento,pues, el señor Pérez le suelta una retahila acerca de símismo y de sus condiciones. Lo que debe decir lo dice demanera convincente y, si está solo, puede hacerlo en vozbaja. No obstante, si no se halla solo, mejor será que lodiga para sus adentros, porque alguien puede haber en lacasa que, de no hacerlo así, lo agarre y se lo lleve al lugardonde se pone a "la gente así", puesto que no todosentienden de visualización, de Mantras, etcétera. 44
  35. 35. CREPUSCULO S i e l s e ñ o r P é r e z r e a l i z a todo esto de manera ade-cuada, cuando vaya a ver al señor Fernández éste tendrá laclara impresión de haberlo visto antes en circunstanciasmuy favorables, y ¿sabe usted por qué? Se lo diré: por-que si el señor Pérez procede de manera adecuada, "ponesu impronta en el éter" y su subconsciente puede, duranteel lapso del viaje astral, encontrarse y tratar diversos asun-tos con el subconsciente del señor Fernández. ¡Vaya siesto da resultado! Lo he hecho veces y más veces, einclusive conozco cientos, miles de personas que tambiénlo han practicado y les sirvió, aunque, claro está, hay quehacerlo de manera adecuada. Pero si el señor Pérez es un haragán que sólo piensa enpescar muchachas, ir al cine y beber cerveza, pues porcierto que su mente ha de estar en tales cosas —pescarmuchachas, ir al cine y beber cerveza—, de modo que nohabrá de obtener respuesta alguna del subconsciente delseñor Fernández. Les diré qué voy a hacer: les sugeriré algo que va aservirles, al menos a aquéllos de ustedes que encuentrandifícil concentrarse dé manera apropiada. Hay ciertas cosasque se llaman rosarios y que utilizan los católicos, losbudistas y muchas otras personas. Nadie, empero, los usatanto como los hippies, quienes se cuelgan esas cosillaspara parecer diferentes. Tenemos, pues, una sarta de cuen-tas. ¿Qué haremos con ellas? Antes que nada, formar unahilera que nos convenga. Mas, ¿cuántas cuentas debe te-ner? Y, p . or lo demás, ¿tiene alguna importancia el nú-mero de cuentas? ¡Por cierto que la tiene! Yo pienso que los psiquíatras son, en realidad, unabuena sarta de obtusos y que la mayoría de ellos estánmás locos que la gente que atienden. Es como poner a unladrón a que aprehenda a otro ladrón. O sea, que tenemos aun lunático que trata a otro lunático, pues según mimodo de ver, la mayor parte de los psiquíatras son locos amás no poder. Por casualidad, no obstante, a veces apare- 45
  36. 36. LOBSANG RAMPAcen con alguna información que puede servir a alguien,con lo cual una banda de esos reducidores de cabezassalen con l a idea de que hacen falta cuaren ta y cincorepeticiones para que algo quede bien fijado en el subcons-ciente. De manera entonces que, para aquéllos de ustedesque no pueden concentrarse bien en las cosas, recurramos auna sarta de cuentas formada por cincuenta bolillas, quesería la cantidad apropiada. Comience usted, pues, por ir ala mejor tienda de hobbies o de artesanías que encuentre ypóngase a escarbar en el montón de cuentas sueltas hastaque halle ,la clase, el estilo, la forma y la medida que másle atraigan. Las mejores, para mí, son las del tamaño de ungarbanzo, y las que tengo son de madera lustrada. Tome,entonces, un trozo de hilo de nailon por el cual puedandeslizarse bien las cuentas, compre sus cincuenta bolillas —que deben ser de igual medida— y, si le parece, adquieraotras tres, más grandes, para que sirvan de señal. De vueltaa su casa ensarte las cincuenta bolillas en la hebra denailon, cuidando que se deslicen sin esfuerzo. Luegohaga un nudo en cada extremo y, en una de lasporciones de hilo que quedan sueltas, ensarte, si quiere, lastres cuentas de mayor tamaño y vuelva a hacer un nudo.Con esto sólo se persigue que usted perciba cuándo haconcluido una vuelta completa de las cuentas. De maneraque ya puede usted sentarse lo más cómodamente posibleen una silla, acostarse o —si para usted es más cómodo—ponerse de cabeza. Lo que importa no es que esté sentado oacostado , sino que se sienta có modo y no tenga lo smúsculos en tensión. Entonces usted resuelve qué quiere decirle a su sub-consciente. No obstante, es importante lo que diga y có-mo lo diga. Tiene que ser algo decididamente positivo, nonegativo, pues puede arribarse a un mal resultado. Tieneusted que decir "quiero. . .", o sea que tiene que ser algoclaro y conciso, algo que realmente se pueda repetir sinsometer a una excesiva tensión al intelecto. ¡No se ima-gina usted la tensión en que están algunas mentes! 46
  37. 37. CREPUSCULO Así pues, si el señor Pérez desea impresionar bien alseñor Fernández,- se repetirá (pero recuerden que éste essólo un ejemplo, de modo que no me hagan cuestiones):"Quiero impresionar bien al señor Fernández; quiero im-presionar bien al señor Fernández; quiero impresionar bienal señor Fernández". Es decir, que el pobre señor Pérezdebe repetir esto cincuenta veces, y cada vez que llega a lapalabra Fernández, pasar una cuenta y así, sucesivamente,hasta decirlo esas cincuenta veces. Las bolillas sirven, pues,para llevar la cuenta, porque no se puede estar diciendo"Quiero impresionar bien al señor Fernández —una vez—;quiero impresionar bien al señor Fernández —dos veces:quiero impresionar bien al señor Fernández —tres veces—",puesto que se haría un embrollo con las palabras y con lasinstrucciones que debe impartir a su Superyó. Después de insistir cincuenta veces en que usted va aimpresionar bien al señor Fernández, se atiene a eso y lehabla como si realmente estuviese frente a usted, según yahe dicho más arriba. Y eso es todo cuanto hay que hacer. Debe usted manipular las cuentas con mucha frecuen-cia para imbuirlas de su personalidad, para que sean partede usted mismo, para asegurarse de que se deslizan bien,de que las puede correr de un lado a otro sin tener quepensar para nada en hacer que se muevan. Deben conver-tirse en su segunda naturaleza, por lo cual, en caso de queusted viva con otras personas en la misma casa, lo mejores que las cuentas sean pequeñas para que quepan en unbolsillo y pueda moverlas de un lado a otro dentro de él,pues de esa manera nadie sabrá qué está haciendo y sólopensarán que es tan desmañado que siempre anda con lasmanos en los bolsillos. Ahora voy a decirle a usted, una vez más, que sí, queno cabe duda alguna de que puede ganar la lotería por me-dio de los Mantras, pero siempre que sepa, con exactitud,quién va a extraer el premio. Porque, para ejercer una acciónpositiva tiene que saber sobre quién debe influir. Es total- 47
  38. 38. LOBSANG RAMPAmente absurdo, se trate de lo que se tratare, decir que vausted a hacer un Mantra para la persona a cargo de tal ocual cosa, pues eso no es lo correcto. Debe usted conocerrealmente a la persona que echa la suerte, que extrae elbillete de la caja, o lo que sea. De no ser así, no puedeconfiar de ningún modo en el Mantra. Esto significa quedebe dirigir sus señales a algún subconsciente y no dila-pidar sus energían al aire. ¿Entendido? O sea que, si usted sabe, por ejemplo, que la señoraKnickerbaum será quien efectúe el sorteo de la Sociedadde Víboras y que el premio va a ser suculento, entonces podrádirigir sus señales a la entidad subconsciente de talseñora. Si lo hace de a cuerdo con lo i ndicad o en estecapítulo, sus posibilidades de éxito son buenas, a menosque haya otros que también lo hagan y tengan un podermental mayor que el suyo, en cuyo caso usted perderá. Pero tenga en cuenta una advertencia, pues siemprehay advertencias para todo: para que se detenga y dejepasar el tráfico, para que ceda aquí, para que pare allá,etcétera. Pues bien, en esto hay otra, para completar lacosa: el dinero que se obtiene por medio de un Mantracomo éste, raramente da felicidad. Antes bien, trae desdi-chas. De manera que si usted lo desea por razones egoístasexclusivamente, puede tener la más absoluta certeza deque se atraerá infortunios. De modo, pues, que no lo haga. He recibido cartas de personas que me decían: " ¡Oh,doctor Ram pa! Quiero ganar la lo tería y sé q ue uste dpuede ayudarme. Haga que gane cien mil dólares y le daréel veinte por ciento. Vale la pena, ¿no es cierto? Aquí leenvío el número del billete", etcétera. La respuesta es ésta: No, señora; no me interesa. Yono creo en los juegos por dinero, de modo que si partici-para con el veinte po r ciento se rí a tan culp a ble comousted. Y además, señora, si quisiera hacer tal cosa, ¿porqué tendría que hacerlo por ese veinte por ciento nadamás? ¿Por qué no hacerlo por mi propia cuenta y ganaryo todo ese dinero? 48
  39. 39. CREPUSCULO Mucha gente se detiene en los anuncios de sistemasinfalibles para ganar a las carreras, sin que parezca darsecuenta de que, si quien propugna tal sistema infalible tu-viera en realidad una manera de ganar, no vendería la ideaa nadie por un dólar o dos, sino que se dedicaría a acumu-lar millones aplicando ese método infalible. Estamos deacuerdo, ¿no es cierto? Quizá no esté de más añadir aquí algo acerca de esagente que tanto se afana por rogar por uno. He recibidomontones de cartas de personas que decían que todas susrelaciones iban a rogar mucho por mí, etcétera. Yo nodeseo que nadie ruegue, pues no saben de qué padezco, yporque es sumamente perjudicial para todas ellas musitarsus oraciones sin tener la menor idea de qué es lo quehacen. Vamos a referirnos a algo que bien puede ocurrir en larealidad, algo que puede servir de ejemplo. Porque, a me-nudo, rogar es inútil, excepto por lo que se refiere a unsentido negativo, y esto no se puede demostrar. El hipno-tismo, en cambio, sí puede hacerlo. Digamos que hay una muchacha que padece de unadeterminada dolencia y que, con la mejor buena voluntad,sus amigos insisten para que concurra a ver a un hipnotiza-dor. Ella, que es algo débil, cede. Es posible que el indi-viduo esté animado de la mejor intención, que sea uno deesol, seres de oro puro con incrustaciones de pedrería;pero, por muy honrado que sea, si no está capacitado enmedicina, no se hará ninguna idea de la enfermedad quepadece la muchacha y, en consecuencia, aunque pueda sinduda alguna disimular los síntomas que la afectan, nopodrá curarla. De manera que, si disimula los síntomas olos oculta en tal forma que el médico autorizado no puedahallarlos, la muchacha podrá empeorar y morir, con lo cualse agrega un peso al karma del hipnotizador y al de losestúpidos "amigos" que le aconsejaron que fuera a verlo. Como bien sé, si uno llega a un hospital con una an- 49
  40. 40. LOBSANG RAMPA gustia formidable, no hay médico que le dé ningúnremedio para aliviarle el dolor mientras no hayaestudiado todos los síntomas. Sólo cuando se ha puestoya al corriente de todos ellos se puede hacer algo paramitigarlo. Los síntomas, por supuesto, son los elementosque permiten al médico saber de qué está afectado elpaciente. Por eso, cuando hay gente que de su cabezaextrae ruegos, puede suceder un accidente de telepatíaque cauce algún efecto hipnótico y produzca lasupresión de algún síntoma vital. Siempre he considerado alas personas que desean rogar por mí como a mis mayoresenemigos, y siempre me repito: "Cuídeme Dios de misamigos, que de mis enemigos me cuido yo". De manera,pues, que no más ruegos; no más ruegos a menos que eldolorido los pida clara y concretamente. Si la víctimapide que se ruegue, eso libera de todo compromiso; pero,entretanto... rueguen por ustedes mismos, que tal vez lonecesiten como los demás. Una persona me ha escrito para criticarme,diciéndome que no debo de tener amigos en absoluto yque es probable que no le caiga bien a nadie, puesto quesólo hablo de gente que me escribe groserías. Se trata,por cierto, de una partidaria de la liberación femenina —la forma más baja de existencia humana que conozco—;de modo que tal vez sea oportuno hablar ahora acercade algunos amigos míos. Unos me han escrito a mí; aotros, en cambio —como a Hy Mendelson, de quien leshablaré más adelante—, les he escrito yo. Esto de escribir acerca de mis amigos, supongo,tiene sus problemas; porque si me atengo amencionarlos según acuden a mi memoria, esa tontamujer de la Liberación Femenina —que me escribe tan amenudo y siempre llena de odio— ha de decir quenombro a los hombres antes que a las mujeres ocualquier otra cosa. Voy a nombrarlos, entonces,alfabéticamente, pues de esa manera nadie ha desentirse molesto. Advierto que, por el bien de algunas personas, novoy 50
  41. 41. CREPÚSCULOa proporcionar la dirección de ninguna de las que mencio-ne. Hace alrededor de una semana recibí una carta sinfranqueo de un hombre que me decía: "Dé los nombres ydirecciones de las personas que pueden realizar el viajeastral para que pueda creerle a usted". De qué catadurasería este tipo que no sólo omitía colocar el timbre postalen la carta, sino que no la firmaba ni tampoco daba direc-ción alguna. Espero, pues, que lea esto y se entere de quenunca, nunca doy el nombre y la dirección de nadie sincontar antes con su autorización por escrito. Mucho me mo-lesta la gente que se pone en contacto conmigo para hacer-me preguntas respecto de los demás, por lo cual, cuando elloocurre, siempre me irrito y doy la respuesta más bruscaque encuentro. De manera que voy a citar los nombres dealgunos amigos míos, aunque no de todos —puesto que nose trata de hacer una guía telefónica—, sino de los quevayan surgiendo espontáneamente en la memoria. Por nin-gún motivo, entonces, daré sus domicilios. Ayer tuvimos visitas. Vino a vernos alguien a quienesperábamos ("nosotros" somos la señora Rampa, la señoraRouse, Miss Cleopatra Rampa, Miss Tadalinka Rampa y yo).De pronto llegó una enorme camioneta y apareció JohnBigras, amigo de mucho tiempo. Lo conocimos cuandovivíamos en el Habitat de la ciudad de Montreal, dondeBiggs —como lo llamamos— me encontró (¿o será másconecto decir que yo lo encontré a él? ). Sea como fuere,lo cierto es que simpatizamos y desde entonces mantuvi-mos vínculos muy estrechos. Biggs era un extraordinariocorredor de productos medicinales, hasta tal punto que endos o tres oportunidades recibió premios por el volumende las ventas realizadas. No obstante, cuando abandona-mos Montreal, llegó a la conclusión de que en ese lugar nohabía mucho futuro para él, de manera que nos siguió atodo lo largo de Canadá, manejando esa especie de casamóvil y con sus dos gatos: Wayfarer, el macho, enorme yde muy buen corazón y su compañera, criatura bondado-sa de apenas la mitad del tamaño de aquél. 51
  42. 42. LOBSANG RAMPA Se establecieron, pues, muy confortablemente enVancouver, donde Biggs consiguió trabajo, un trabajo desu agrado que le permite una libertad total de movimien-to, viajar de continuo y la oportunidad de conocer gente.Entretanto, sus gatos "cuidan la casa". Ayer, pues, llegaron Biggs y sus dos gatos para pasaralrededor de una semana cerca de nosotros, en Calgary,mientras están de vacaciones. Para él, este lugar es hermo-so aunque muy chico, por supuesto, comparado conVancouver. No importa: los diamantes también son chicos,¿no es cierto? En cambio, el carbón es grande. Bien pode-mos decir, entonces, que es uno de nuestros más íntimosamigos, puesto que lo vemos continuamente y nos pone-mos en contacto telefónico dos o tres veces por semana. Dos damas fueron de las primeras en escribirme cuan-do apareció El tercer ojo. Una de ellas es la señoraCuthbert, a quien puedo decir — ¡válgame Dios! — que co-nozco hace alrededor de diecisiete años. Nos escribimos conmucha frecuencia, pero jamás la he visto. Es decir, enton-ces, que la señora Cuthbert se cuenta entre mis amistades.De la otra dama hablaré más adelante, por orden alfabé-tico, pue s t engo que tener present e a esa m u jer de laLiberación Femenina, que es mi béte noir. Veamos ahora un auténtico diamante en bruto, unhombre al que todos nosotros queremos mucho: FrogsFrenneaux. Lo de Frogs se debe a que es inglés, aunquedesciende de una antigua familia de origen francés. Aquíse lo llama siempre Frogs. En la actualidad vive en NuevaBrunswick, donde lo conocimos cuando también nosotrosvivíamos allí. Es un gran ingeniero, y si bien a veces hablade manera muy ruda, gruñendo como un bull-dog o peortodavía, tiene un corazón de oro. Fíjense ustedes que,ahora que digo "corazón de oro", me pregunto cómo pue-de funcionar un corazón de ese metal dentro de un cuerpohumano... Mas, no importa: metafóricamente hablando,"corazón de oro" equivale a Frogs Frenneaux. Recuerdo 52
  43. 43. CREPUSCULOque cuando yo vivía en un hotel de Saint John, NuevaBrunswick, Frogs me llevaba de un lado a otro, resoplan-do y rugiendo, y me subía de espaldas, con mi silla deruedas, un tramo de escalera. Para él, hacerlo era pocomenos que mortal y, para mí, casi más todavía; pero alcabo, subíamos ese tramo, si bien el pobre Frogs jadeabadespués como un sapo. De modo que permítanme ustedesque aproveche estas líneas para decirle: " ¡Hola, Frogs! " Y, todavía en tierra canadiense, voy a mencionar aotra persona. Se trata de mi gran amigo Bernard Gobeille,hombre extraordinario, por cierto, a quien conocemosmuy bien. Era, por decirlo así, mi casero, pues cuando yovivía en el Habitat él se desempeñaba como encargado yse ocupaba de todas las cosas, muy bien por cierto. Enrealidad, siendo un administrador tan eficiente que de to-do se ocupaba demasiado bien, fue trasladado del Habitat,en calidad de componedor, a otro gran complejo de vivien-das donde existían problemas. Sin Bernard Gobeille, elHabitat ya no fue el mismo; de modo que, como las cosasno me iban bien con e l periodism o —como de costum-bre—, esto colmó la medida y me marché con mi familialejos del lugar. Gobeille y yo, sin embargo, seguimos man-teniéndonos en contacto, como que esta misma mañana herecibido una carta suya. Pero, si bien me gustaría queestuviese aquí, que fuese otra vez mi casero, Calgary está agran distancia de Montreal. Mas, ¿qué les parece si hacemos un viaje? Dejemos,pues, Canadá y vayamos al... Brasil, para cambiar. Viveallí un hombre muy conspicuo y, sin duda alguna, granamigo mío —el señor Adonai Grassi—, que en la actualidadestá aprendiendo inglés con el exclusivo propósito de quenos podamos entender sin la intervención de terceros.Grassi es un hombre de singulares dotes, espontáneo ycompasivo. No es de esas personas insensibles y despóticas,sino un individuo a quien vale la pena conocer, un ser dela mejor estirpe cuyo nombre habrá de alcanzar nombra- 53
  44. 44. LOBSANG RAMPAdía —lo preveo— tanto en Brasil como en otros sitios. Nosé cómo enviarle mis saludos en portugués, pero él sabedemasiado bien en qué concepto lo tengo. Permítanme ahora que pase a otro lugar para saludar aun amigo mexicano, el señor Rosendo García. En la actua-lidad vive en Detroit, U.S.A., pero sigue siendo mexicano,y por cierto que del mejor cuño, persona bondadosa y debuena crianza, "incapaz de matar una mosca". Como hom-bre de mundo que es, ha pasado múltiples penurias y nopor su culpa, realmente; de modo que podríamos decir,con absoluta certeza, que se encuentra en su última vida.La próxima vez, sin d uda, ha d e estar en u n Ciclo deExistencias muchísimo mejor. Pero, volviendo nuevamente al Brasil, me encuentrocon mi amigo Friedrich Kosin, amigo, a la vez, de AdonaiGrassi. Mucho he escrito acerca de él, pero por desdichame ha enviado algunas cartas y un cable de protesta por loque he dicho. Tal vez sea por su excesiva modestia o algoparecido. Francamente, no lo sé; de modo que me atendréa decir, tan sólo, que cultiva una gran amistad con elseñor Grassi. Y, ahora, otra vez un hombre de verdadera experien-cia, mi querido amigo Pat Loftus, a quien conocí hace...¡vaya, los años que hace! El señor Loftus es un caballeropor naturaleza, uno de los hombres más delicados que sepueda encontrar. Retirado en la actualidad, fue policía—guardia— en Irlanda, cargo en el cual conquistó una repu-tación de lo más envidiable corno hombre amable aunque,también, severo. Siento, realmente, una gran admiraciónpor él. Nos hemos mantenido en estrecha comunicación, ysi algún deseo quisiera que me fuese concedido, sería el depoder verlo otra vez, antes de que alguno de nosotros sevaya de este mundo. Ni él ni yo somos ya tan jóvenes, demodo que no nos queda mucho tiempo; por eso temo quetal deseo quede insatisfecho. Loftus es uno de esos valerosos legionarios que echa- 54
  45. 45. CREPUSCULOron las bases de la República de Eire, uno de los héroes deaquellos días primigenios, si bien no fue favorecido por lasuerte como tantos otros. Pues con poco que ésta le hu-biese sonreído, Pat Loftus habríase encontrado a la cabezadel Estado irlandés, en lugar de ser un policía jubilado. Sí; Loftus es uno de mis más viejos amigos, uno de losmás queridos. Y estoy seguro de que, viviendo como vivea orillas del mar de Irlanda, a menudo se queda contem-plando la lejanía —como me dice—, pensando en mí, queme encuentro a cinco mil kilómetros de distancia. Yo tam-bién, Pat; yo también pienso en ti, amigo mío... Mas, al pensar en Loftus e imaginarlo sentado a orillasdel mar con la mirada puesta en lontananza, hacia el Ca-nadá, me retrotraigo a este lugar y a mi memoria acude elrecuerdo de Shelagh McMorran, que es una de las personasque me escriben desde hace tiempo. Mujer de múltiplescondiciones, de muchas cualidades y de las más capaces, esde aquellas que no pueden dejar de agradar a nadie. Yo,que la he conocido, sé que es amiga mía. Prosigamos siempre con nuestro periplo (al parecer misamigos están en sitios diversos, ¿no es cierto? ) y retroce-damos una vez más a Montreal para hablar de un amigomuy especial —Hy Mendelson—, de quien ya he dicho quee s e l ho mb re má s ho nesto de la ciudad. ¡Y vaya si locreo! Hace algún tiempo, estando yo en Nueva Brunswick,necesité una cámara fotográfica de ocasión. Mi esposa re-corría las páginas de un vespertino cuando me dijo: "Bien,aquí tienes; escribe a Simons Camera, Craig Street West,Montreal". Demoré un poco en decidirme, pero al cabo lohice y, a vuelta de correo, recibí una respuesta muy satis-factoria de... Hy Mendelson. Me trataba como se tata aun hombre honrado: nada de dinero adelantado para reali-zar la operación con él, nada de esperar el clearing delcheque, ni nada por el estilo. O sea, que me trataba comoa mí me agrada que se me trate; de suerte que, a partir de 55
  46. 46. LOBSANG RAMPAentonces, no sólo me entendí con él, sino que hemos cul-tivado una amistad muy afectuosa, por lo cual espero queél me aprecie a mí tanto como yo a él. La vida, para él, ha sido sumamente dura, como que seha hecho cargo del negocio de su padre y lo ha llevadoadelante hasta el momento actual en que, tengo la másabsoluta certeza, dispone de un stock mucho más amplioy diverso que el resto de los comercios de artículos foto-gráficos del Canadá. Algunas veces, y sólo por divertirme,le he preguntado si tenía existencia de tal o cual cosa, ysu respuesta fue siempre que sí. De modo que, señor HyMendelson, es para mí un placer saberlo mi amigo y habersido yo quien le escribiese a usted, no usted a mí. Veamos ahora a otra persona cuyo nombre comienzatambién con M. Para ello, sólo tenemos que atravesar lafrontera con U.S.A. y ya podemos saludar al señor CarlMoffet, a quien, a causa de sus aficiones, he "bautiza-do" Moffet el Botero. Y esto porque construye modelos,modelos extraordinariamente perfectos de embarcaciones,claro está. Mas, como yo le he dicho que no valía la penaque hiciese meros galeones antiguos y viejos barcos vele-ros, sino que, antes bien, debía hacer embarcaciones conruedas de paletas, se ha puesto a la tarea. Así, hace algunos meses construyó un hermoso modelode barco con ruedas de paletas y me mandó unas fotogra-fías de él; pero después me envió de regalo la embarcaciónmisma y, como las autoridades aduaneras de Calgary—como es sabido— le asignaron un gravamen tan fantásti-c o , n i y o n i Mo f f et el B otero pudimos solventarlo. Demodo que me vi despojado de uno de los pocos placeresque puedo disfrutar, al privárseme de poseer el obsequioque con tanto cariño había hecho para mí ese estupendoamigo. Hubo, pues, que devolver el modelo, puesto quelos funcionarios de la aduana exigían cientos de dólares enconcepto de derechos por un objeto de artesanía y noquisieron entrar en razones. Eso es, empero, todo cuanto 56
  47. 47. CREPUSCULOes dable esperar de los aduaneros con quienes jamás pudeentenderme. Vamos, ahora, a emprender un vuelo a través del océa-no, o sea que dejaremos el continente americano aunque,por supuesto, debamos volver a él. Iremos, pues, alJapón, a Tokio. Vive allí una gran amiga mía —KathleenMurata—, quien tomó la iniciativa de escribirme y pos-teriormen te efectuó l a travesía d esde el Ja p ón con elpropósito de verme. Pequeña y muy talentosa, no valorasus propias cualidades. No obstante, si se diera cuenta deellas, podría destacarse como ilustradora de libros, etc.;porque, como digo, es de un talento extraordinario. Norteamericana de origen, se ha casado con un caballe-ro japonés, pero pienso que siente gran nostalgia y quebien quisiera volver a su patria, aun cuando aquellas tierrassean casi tan abundantes como las cosechas de Watergate.Me escribió, no obstante, con la esperanza —supongo— decontar con alguien con quien cart earse y ma nteners evinculada con el continente americano, de manera, pues,que hemos entablado una amistad muy sólida. Después,cuando vivíamos en el Habitat de Montreal, vino avisitarnos y se quedó una temporada con nosotros ennuestro departamento. Le tenemos, pues, un gran afecto. Mas, retrocedamos una vez más al Canadá, pero ahoraa una de las islas, donde reside el matrimonio Orlowski—Ed y Pat Orlowski—, personas de talento también. Ed esun hombre sumamente habilidoso para las artesanías, parael modelado, capaz de realizar todo tipo de objetos artísti-c os , a u n cua nd o nunca en su vida tu vo oportu nidadalguna. Procedente del Viejo Mundo, trajo consigo muchas delas antiguas técnicas europeas y se estableció —segúncreo— en Canadá. Supongo, sin embargo, que ésta es suúltima vida en la Tierra y que, en consecuencia, está pade-ciendo por demás. Tiene un trabajo muy modesto, excesi-vamente mal remunerado, aunque en verdad puedo decir- 57
  48. 48. LOBSANG RAMPAles que es un genio. Todo cuanto le hace falta es contarcon una oportunidad, tener un poco de respaldo económicopara poder hacer sus estatuillas, sus efigies. Hace poco ledi algunas láminas para que pudiera hacer péndulos,piedras de toque y aretes de estilo oriental, cosas en lascuales se destaca. Pues bien, verán ustedes. Voy a propor-cionarles su dirección —o sea que voy a quebrantar min o r m a — p a r a q u e , e n c a s o de que deseen encargarlealgunos de los hermosos objetos que hace, puedan escribirle.Aquí están, pues, sus señas: Mr. Ed Orlowski, Covehead, York P.O., Prince Edward Island, Canadá. No muy lejos de aquí vive un norteamericano estupen-do, el Capitán George "Bud" Phillips, uno de mis másadmirados amigos, hombre que se lo pasa recorriendo elcontinente en un jet Lear. Es piloto mayor de una grancompañía, y por cierto que contempla la vida desde loalto, por lo común desde más de diez mil metros... Loconozco al dedillo, y cuanto más lo conozco más admirosus grandes cualidades. Volvamos ahora un poco "hacia la derecha" y hagá-mosle una visita a la señora María Pien. Oriunda de Suiza,esta señora está casada con una persona de nacionalidadchina..., pe ro mejo r se rá que diga que se t rata de u ncaballero chino, porque, de lo contrario, aquella mujer de laLiberación Femenina —de la cual hablábamos— podríaescribirme para decirme que cómo es posible que unamujer se case con otra, aunque yo sé que eso se hace hoydía, pu esto que, en r e alidad, hace poco he leído al gosobre el particular. Mas, volviendo a María Pien, es ésta una mujer de 58
  49. 49. CREPÚSCULOmúltiples habilidades pero, por desdicha, tiene familia yesa familia le resta mucho tiempo. Porque cuando se tieneuna familia que nos insume tiempo, debernos dejar a unlado las inclinaciones, claro está, y entregarnos a cumplircon nuestras responsabilidades. Te saludo, pues, María,desde estas páginas, complacido de contarte entre misamistades. Y, ahora, otra persona, esta vez un hombre —BrianRusch— con quien mantengo correspondencia desde hacemucho, pues nos escribimos... pero no, no quiero decirdesde cuándo, aunque, para ser sincero, tampoco recuerdocuánto hace. Es, eso sí, uno de los que primero me hanescrito. Ruby Simmons es otra de esas personas. Me escri-bió... Veamos; creo que, en realidad, me escribió antesque la señora Cuthhert. Según me parece recordar ahora,fue la primera corresponsal que tuve, por cierto, enU.S.A.; y, como nos carteamos regularmente, es por esoque la incluyo aquí entre mis amistades. En Vancouver reside una dama que me llamó muchísi-mo la atención por su interés en el bonasai, que es, comoustedes saben, el arte japonés de cultivar árboles enanos.La señora Edith Tearo —que de ella se trata— sabe muchode jardinería, de plantas y de todo cuanto se relaciona conesas cosas; de modo que, a causa de nuestro idéntico inte-rés por los árboles enanos, hemos entablado una verdaderaamistad. Como circunstancia digna de destacar, diré que vino averme durante el fin de la semana anterior. Salió —cosaextraordinaria— con su auto el viernes por la noche, reco-rrió los mil kilómetros —poco más o menos— que separana Vancouver de Calgary, se quedó en mi casa un lapsobrevísimo y retomó el camino de regreso a Vancouverpara poder presentarse en su trabajo al comenzar la sema-na. ¿No es esto, para ustedes, lo que se llama una buenaamiga; una amiga que toma su coche y se echa a andar mil 59

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