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Historia de unas prácticas
 

Historia de unas prácticas

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    Historia de unas prácticas Historia de unas prácticas Presentation Transcript

    • Historia de unas prácticas Laura Martínez Rico
    • En estos tres meses me ha pasado de todo: me han mordido,amenazado, desobedecido, vacilado…pero también me hanagradecido, abrazado, besado…al fin y al cabo…”querido”.Los niños son así, y más si se trata de niños especiales.Recuerdo uno de los días más duros de mi vida. Estábamos en lasemana cultural y Yolanda (mi compañera PT de prácticas) y yofuimos a la clase de Infantil A (donde está Fernando).Fernando es nuestro niño TGD o Asperger, según se vea. Es muyparticular y tiene unas necesidades muy especiales.Su tutora es Mª Carmen (una maestra vocacional con un coraje yuna tenacidad increíbles). En su clase hay niños bastanteparticulares. Fernando es uno de ellos. Él la quiere mucho pero nopuede evitar esos ataques de furia y violencia (a los que llamamosrabietas) que le dan.
    • Ese día bajamos a ayudar a Mª Carmen con sus niños.Fernando parecía tener el día tranquilo y hacía la tareacomo cualquier otro alumno.En un momento en que se levantaron unos cuantoscompañeros se armó un revuelo y me dí la vuelta. Vi aFernando dándole una bofetada a uno de sus compañeros.Como cualquier niño debe saber que eso está mal y debepedir perdón. Le cogí del brazo y le dije: “Fernando eso estámal, pídele perdón a tu amigo”. Y él intentó echar a corrergritando “Nooooo, no quiero…¡déjameeeee!” Por suerte lepille a tiempo y le agarré (rodeándole con los brazos) paraque no se escapara. Empezó a pegarme patadas a arañarmelos antebrazos… Mi compañera Yolanda me echó una mano yme ayudo a sujetarle.
    • Le empezamos a decir que tenía que pedir perdón y fuepeor. Su tutora nos aconsejó que parásemos. Le soltamos.Tras darnos unos cuantos puñetazos procedió a ir al pasilloy sentarse sólo (llorando y gritando). De repente empezó atirar al suelo todos los abrigos y las mochilas de suscompañeros y Mª Carmen decidió ir a pararle. Fuimos conella. Sus palabras fueron:Mª Carmen: “Bueno ya esta bien Fernando, que Mª Carmense ha enfadado, hombre, recoge los abrigos”.Fernando: “No quiero, déjameeeeeee (llorando ygritando)”.A continuación nos escupió una por una.
    • Empezó a moverse intranquilo y se tiró en el sueloarrastrándose por él y realizando movimientosestereotipados. Estaba tumbado de lado en el suelo, enposición fetal, agarrándose las rodillas con las manos ygirando al tiempo que lloraba como un descosido. No podíaparar de llorar y de gritar. Le empezamos a preguntar: ¿peroqué quieres Fernando? ¿Qué te pasa? El niño no atendía anada. Sólo lloraba y gritaba sin dejar de moverse.En ese momento me quedé mirándole fijamente, en suagonía. Su llanto no era de pena o de rabia. Se trataba de unllanto y de dolor, de un dolor increíble, semejante al dolorde una tortura. Mi mente hizo que dejara de escuchar gritosy llanto para concentrarme en encontrar una causa asemejante actitud mientras me preguntaba ¿qué pasará porsu mente?
    • No entendía por qué sufría tantísimo yme sentía rabiosamente impotente alsaber que no podía hacer nada paraaliviar su malestar.
    • De repente, cuando creía que no podía serpeor, me asombré aún más. Empezó agolpearse la cabeza contra el suelobruscamente. Mi compañera Yolanda leagarró para pararle. El niño le mordió lamano con toda la fuerza que pudoy…¡SANGRE! ¡Había sangre! ¡Muchasangre!...Me preguntaba de dónde venía cuando vi aFernando con toda la boca ensangrentada.¡Se le había caído un diente!
    • Mi compañera y yo nos miramos temerosas de lareacción que pudiera tener Fernando…nospusimos en guardia mientras el niño corrió alespejo a mirarse. Seguíamos en posiciónestratégica para agarrarle y evitar más incidentescuando su reacción fue gritar y llorar, pero estavez lloraba de forma distinta. Su llanto ya norepresentaba un dolor extremo e indescriptible.Ahora lloraba de miedo (como cualquier niñonormal al ver tantísima sangre salir de su boca).
    • Entonces cogí a Fernando del brazo y le llevé allavabo para enjuagarle desesperadamente laboca. Le limpié los restos de sangre de la cara yle hablaba para intentar calmarle. “Ya no tienessangre cielo”.El niño fue a corroborarlo al espejo, se miró ycomprobó que no tenía sangre. Recogió su dientey fue a su sitio a sentarse tan tranquilo.
    • Se acercaron sus compañeros a preguntarle por eldiente y él contaba la anécdota con todanormalidad “Mira, se me ha caído el dientecuando estaba mordiendo a esa (señalando haciaYolanda)”. Los niños estaban asombrados yfelices. Yolanda y yo seguíamos boquiabiertas porlo sucedido.“¿Ya?” me preguntaba. ¿Cómo es posible que anteuna situación tan dramática, grave, peligrosa ysobre todo, surrealista, el clima general senormalice en 20 segundos? Nadie se acordaba desu rabieta. Los niños trabajaban con toda lanormalidad del mundo y Fernando el primero.
    • Cuando me fui a casa y recapitulé en lo que habíavivido ese día pensé en lo complicada que tiene queser la mente de Fernando.Revivía la escena de verle sufrir en el suelo porcausas que sólo su cerebro conocía y pensaba: estopodría hacer que le odiara pero, al contrario, me dicuenta por primera vez de que le quería.A fin de cuentas no es él quien nos da patadas o nosescupe, es su cerebro. Él sabe que lo que hace estámal, y eso le frustra. Quiere hacer las cosas bien. Poreso intenta pararlo destrozando su cabeza (por que élsabe que “sea lo que sea” lo que le hace actuar así,en contra de su voluntad, está en su cabeza).
    • El hecho es que Fernando, con sus 5 años,mantiene una lucha constante consigomismo o, mejor dicho, con susubconsciente. La pregunta que tiene quehacerse el profesor en este caso es ¿Deboluchar contra él o unirme a su lucha?Así que, tanto hoy como en un futuro,cualquier maestro que trate con este niñodeberá hacerse esa pregunta y si sedecanta por la primera opción es que nomerece dar clase a esta maravillosapersona ni llamarse “maestro”.