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Patas Arriba La Escuela Del Mundo Al

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Patas Arriba

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  • 1. “ Patas arriba la escuela del mundo al revés ” Autor: Eduardo Galeano Nombre y Ap.: Gabriela Sotomayor Ninaja Carrera profesional: FACEM-EPATH
  • 2. Cátedras del Miedo
    • Enseñanza del miedo
    • hay cada vez más gente que aplaude el sacrificio de la justicia en los altares de la seguridad. Las fuerzas armadas latinoamericanas habían cambiado de orientación, a partir del terremoto de la revolución cubana en 1959. De la defensa de las fronteras de cada país, que era su tarea tradicional, habían pasado a ocuparse del enemigo interno, la subversión guerrillera y sus múltiples incubadoras, porque así lo exigía la defensa del mundo libre y del orden democrático. Inspirados por esos propósitos, los militares acabaron con la libertad y con la democracia en muchos países. El pánico colectivo, que identifica a la democracia con el caos y la inseguridad, es una de las explicaciones posibles para la buena fortuna de las campañas políticas de algunos generales latinoamericanos. La industria de la opinión pública echa leña a la hoguera, y mucho contribuye a convertir la seguridad pública en manía pública, pero hay que reconocer que la realidad es la que más ayuda. Y la realidad dice que la violencia crece todavía más de lo que las estadísticas confiesan. En muchos países, la gente no hace las denuncias, porque no cree en la policía, o le teme. Para atrapar a cien delincuentes a lo largo de un año, se requieren catorce policías en Washington, quince en París, dieciocho en Londres y mil doscientos noventa y cinco policías en la ciudad de México.
  • 3.
    • En este fin de siglo, todo se globaliza y todo se parece: la ropa, la comida, la falta de comida, las ideas, la falta de ideas, y también el delito y el miedo al delito. En los países del este de Europa, mientras el consumismo enterraba al comunismo, la violencia cotidiana subía al ritmo en que caían los salarios. En los Estados Unidos, el pánico a los asaltos se tradujo de la más elocuente manera en una ley promulgada en Louisiana, a fines del Esa ley autoriza a cualquier automovilista a matar a quien intente robarlo, aunque el ladrón esté desarmado. En Nueva York, el delito cayó en la misma proporción en que subieron las denuncias por brutalidad policial. Se multiplican los asustados, y los asustados pueden ser más peligrosos que el peligro que los asusta. Según la revista Isto é (20 de Mayo de 98), en el estado de Maranhao, la vida de un juez vale quinientos dólares, y cuatrocientos la de un sacerdote. Trescientos dólares cuesta matar a un abogado. Las organizaciones de asesinos de alquiler ofrecen sus servicios por Internet, con precios especiales para abonados. Pobres contra pobres, como de costumbre: la pobreza es una manta demasiado corta, y cada cual tira para su lado. En el siglo trece, el poder hablaba sin pelos en la lengua; ahora, la tortura se hace pero no se dice. El poder evita las malas palabras. A fines de 1996, cuando el Tribunal Supero de Israel autorizó la tortura contra los prisioneros palestinos, la llamó presión física moderada.
  • 4.
    • Los problemas sociales se han reducido a problemas policiales y hay un clamor creciente por la pena de muerte. Es un castigo justo, se dice, que ahorra gastos en cárceles, ejerce un saludable efecto de intimidación y resuelve el problema de la reincidencia suprimiendo al posible reincidente. Muriendo, se aprende. La ley es como una telaraña, hecha para atrapar moscas y otros insectos chiquitos, y no para cortar el paso de los bichos grandes. Los delincuentes pobres son los villanos de la película; los delincuentes ricos escriben el guión y dirigen a los actores. Patas arriba. Hoy por hoy, la razón de estado es la razón de los mercados financieros que dirigen el mundo y que no producen nada más que especulación. Los numerosos nadies, los fuera de lugar, son “económicamente inviables”, según el lenguaje técnico. La ley del mercado los expulsa, por superabundancia de mano de obra barata. ¿Qué destino tienen los sobrantes humanos? El mundo los invita a desaparecer. La quema de mendigos es un deporte que los jóvenes de la clase alta brasileña practica con cierta frecuencia pero, por lo general, la noticia no aparece en los diarios.

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