Meeting
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  • 1. RELACIONES AMOROSAS DE UNA PAREJA DISPAREJA
  • 2. Capítulo 1: The meeting Empezaré por el principio. Ella estaba sentada en un taburete de la barra del bar, sola, bebiéndose una cerveza. La vi, tan guapa y atractiva que no dudé en acercarme. Iba vestida con una camiseta roja bastante escotada, pantalones vaqueros ajustados y unos zapatos de tacón rojos que la elevarían unos doce centímetros. Me senté a su lado, a su derecha y me presenté. Ella hizo lo propio. Hablamos, durante varias horas en las que yo le hablé de mí y ella me contó su vida, ambos nos divertíamos y empezábamos a conocernos cuando llegó la hora de marcharse porque el bar cerraba. Habíamos hablado de música, de cine, de política, televisión, relaciones de pareja, sociedad y otras cosas que todavía no he olvidado. Una noche mágica, ya que resulta realmente complicado encontrar a alguien con quien se pueda hablar tan fácilmente de temas tan variados, coincidiendo en la mayoría y discutiendo o matizando la opinión del otro en unos pocos. Yo la invité a que viniera a mi casa pero ella se negó, y casi de la mano me llevó hasta su casa. Sentados en el bar no me había percatado de su altura. Al levantarnos me llevaba más de una cabeza. Con mi 1’69 metros, yo era bastante bajito para ser un hombre, a diferencia de ella, que tal y como descubriría más tarde medía 1’83, que sumados a los 12 centímetros de tacón la convertían en una mujer terriblemente alta a mi lado con su 1’95. Parecía ridículo a su lado. Mi cabeza no alcanzaba su hombro, lo que esbozaba sonrisas allá donde fuéramos.
  • 3. Andamos hasta llegar a su casa, aunque la notaba un tanto avergonzada de estar con un hombre tan bajo. En su casa todo cambió. Empezó a reír. El primer juego consistió en quitarse la ropa con la boca. Me costó mucho quitarle la camiseta, ya que no llegaba ni de puntillas y me tuve que subir a una silla mientras ella no paraba de reír. Además no quiso quitarse los zapatos. Sus piernas eran largas y estilizadas, su cabello moreno y largo le llegaba a media espalda, su cuerpo poseia moreno natural precioso. Al quitarle el sujetador con la boca ella se giró, dejándome con los dientes a la altura de sus pezones. Me dedico una corta sonrisa. Sus pechos eran preciosos, de un buen tamaño, muy redonditos y con unos pequeños pezones marrones. Después le quite las braguitas, de color negro que marcaban un culito respingón y muy bonito. Ahora era su turno, no encontró problemas para quitarme la camiseta, ni tampoco los pantalones, pero para entonces yo ya estaba empalmado. Justo cuando le tocaba quitarme los calzoncillos con la boca, se colocó a mi lado, cogió de delante con la mano izquierda y de atrás con la derecha y tiró fuertemente hacia arriba, haciéndome sentir un gran dolor, tanto en el culo como mas aún en mi pene. Aun aguantándome los calzoncillos se agacho para decirme al oído y en voz muy bajita, con gran rabia: -No te lo quites enano. Me sentía muy mal, yo era más fuerte que ella pero aun así ella tenia el control, me dolían los testículos y no podía hacer nada para invertir la situación. De nuevo volvió a hablarme, pero esta vez lo hizo en voz alta, con la misma rabia que antes pero sin gritar: -Ábrete de piernas. –me lo ordenó y yo le hice caso, doblando un poco las rodillas. Aprovechó mi posición para colocarme la parte de atrás del calzoncillo en la raja del culo y estirar nuevamente hacia arriba. Esta vez me dolió todavía más. No lo resistí y caí al suelo.
  • 4. Ella se situó a mi lado, completamente bella y desnuda me piso fuertemente el pecho con el tacón, al tiempo que me decía: -Parecías más fuerte. Supongo que la fuerza va acorde con tu tamaño, no pequeñín? No sabia que responderle, me sentía mal así que intente levantarme, pero ella movió su pie hasta situar el tacón de aguja a la altura de mis testículos. -Te tengo controlado enano de mierda. No creas que te vas a escapar por debajo de la puerta aprovechando tu altura, mediometro. Levanta. Me puse de pie, aun con la parte superior de los calzoncillos en los sobacos. Me los bajo de golpe, arrastrando con ellos la piel de mi pene, que no bajó del todo. -Vaya, ¿todavía no te has empalmado? No me digas que es así de pequeña? No sé porque me extraña, es como si te pregunto si te pasas la vida de rodillas. ¿No te da vergüenza no crecer a tu edad? La verdad, me alegro de ser alta, bueno, aunque las chicas bajitas lo tienen mas fácil que tu, se ponen tacones con plataforma y ya esta, pero tu… debes de estar harto de ir en metro, aunque tu no llegues ni a la mitad y oler el sobaco de todo el mundo, ir a conciertos y que te tape la espalda del de delante, ir al baño de un restaurante y tener que ponerte de puntitas para mear, ponerte un cojín para conducir un coche, que te confundan con un niño, buscar la manera de estar sentado para ligar, aguantar chistes constantes de bajitos como: ¿A ti en la foto de carnet te salen los pies?, o, si pasas por una pastelería y babeas seguro que te ahogas,… También debes de estar cansado de tener que pasar por delante de la policía para sentirte mejor cuando te digan Alto!, de que contesten a todas tus burlas con bromas sobre tu corta estatura. Por ejemplo: Ui! Estabas ahí es que no te había visto, o que tu le digas a una persona torpe: que bien te veo, no te has caído hoy y te responda: si, por lo menos no me paso la vida a la altura del suelo. Que te metas con un chaval que tiene la cabeza grande diciendo: joder es que no le cabe toda la cabeza en el espejo. Y otra persona te diga: Para mirarse en el espejo él no necesita un espejo de cuerpo entero, tu si.
  • 5. -¡Déjame vale! Si soy muy bajito, es horrible todo lo que has dicho y si, lo he vivido,¿ pero te crees que me gusta? Además, si yo llevara esos tacones también seria alto. -Oh vaya, el pitufo se acaba de convertir en el enano gruñón de Blancanieves. Además, mido 1’83 si me quitara los tacones seguirías siendo mas bajito que yo. Se quitó los zapatos, de modo que quedamos en igualdad de condiciones, con una diferencia de altura de 14 centímetros. -¿Y tu que?, acaso a ti no te han dicho nunca que eres demasiado alta. -Por lo menos a mi la gente me ve, sin necesidad de dar saltitos. ¿Cuantas palabras hay para insultar a una chica alta? Venga dime. -Pino, gigante, alta. –me quedo pensando. -Bien pues para llamarte a ti puedo decirte enano, pitufo, gnomo, mediometro, bajito, tapón, minúsculo, microscópico, renacuajo, pigmeo, retaco, diminuto, liliputiense, chaparro, hobbit, bonsai y enano de mierda otra vez. La situación era complicada, yo enfrente de ella, separado por dos centímetros de aire, con el cuello mirando hacia arriba y ella mirando hacia abajo. Me sentía más bajito que nunca. -Te voy a dar una oportunidad enano. Entonces me obligó a penetrarla de pie. Pero yo no llegaba, mi pene era de un tamaño tirando a pequeño y la diferencia de altura me obligaba a ponerme de puntillas sin recibir placer. Este hecho le resultó muy gracioso, respondiendo con varias carcajadas, entonces se agachó y me besó en los labios. Pero solo fue un espejismo, ya que inmediatamente me empujó y me dijo: -Está bien. Solo si reconoces que eres un enano de mierda y que te gustaría ser alto te dejaré que te pongas mis tacones. Lo dijo señalando a los zapatos rojos que se encontraban apartados.
  • 6. -Ya sé que soy muy bajito, no necesito que tu me lo digas. Y claro que me gustaría ser alto o simplemente normal, pero no es culpa mía, ¿vale? Yo nunca he pedido ser bajito. Pero lo soy y no puedo hacer nada para cambiar. Ya tengo bastante con saberlo para que venga una tía alta a insultarme y hacerme sentir desgraciado por culpa de mi altura. -¡Maldito enano! Claro que puedes hacer algo para ser más alto: Crecer. –justo después de decir eso se echo a reír, dándome mucha rabia. Entonces me acerqué a ella y la cogí de los pezones, provocándole un leve gemido. -Suéltame o te piso enano acomplejado. Que pasa que como te sientes mal porque todo el mundo te mira por encima del hombro, y no es una metáfora, tienes que hacer daño físico a la gente. -Acaso tu no me has maltratado? Nos quedamos en silencio hasta que ella hablo de nuevo: -Esta bien enano, te propongo un juego: Tienes que decirme que es lo que más y lo que menos te gusta de mi cuerpo y yo igual del tuyo, aprovechando que los dos estamos desnudos. -Empiezas tú. -Vale. Lo que más me gusta de ti son los brazos y los abdominales, ya que estas bastante fuerte. Y también me gusta tu cara, ya que eres guapo. Te toca. -A mi me gusta tu cara, tus ojos, me encantan tus pechos, y tus piernas largas y tus pies. Lo que menos te gusta. -A ver si lo adivinas. Lo que menos me gusta es tu altura. Eres demasiado bajito para mí. Bueno y para cualquier persona en general pero en fin. ¿Y bien? -Pues realmente estas muy buena. Creo que tienes el ombligo un poco arriba. -Que?!?! Y tú eres un enano de mierda y no te digo nada. No te jode el mediometro este. Entonces se puso los tacones de nuevo, se acerco a mí y me dijo: -Cómeme las tetas enano de mierda. Entonces me cogió de a cabeza y me la acercó a sus pechos, bastante duros y poco caídos. Después me separo de aquel paraíso y nos fuimos a la cama, donde soñamos sin dormir.
  • 7. Al día siguiente desperté acostado en la cama a su lado. Había sido una noche brutal y ahora eran las doce de la mañana y sólo había dormido tres horas. Decidí marcharme. Estaba un tanto asustado porque creía haberme enamorado de esa chica, alta, guapa, inteligente y muy interesante. Intenté levantarme sin hacer ruido, pero por el resultado supongo que no lo logré, ya que me dijo: -¿Dónde vas chico? En ese momento me bloqueé y no supe que hacer. Así respondí: -A ninguna parte. –dije mientras volvía a la cama para besarla en los labios, mientras me recibía con una sonrisa cariñosa. -Creo que es hora de que me marche.–lo dije casi sin pensar. –pero nos podemos dar los teléfonos. -¿Qué prisa tienes no? ¿Qué pasa, que tienes que ir a darle vueltas a la comida del microondas con tu comunidad enana? Le pegué un pequeño golpe con el cojín en la cara y la besé de nuevo. Al fin nos despedimos después de habernos dado los teléfonos, aunque yo no tenía claro si ella me llamaría, yo aún no había salido por la puerta de su casa y ya la estaba echando de menos. Fin