Y ahora qué el musical en la década del 2000

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Y ahora qué el musical en la década del 2000

  1. 1. 1
  2. 2. El musical, uno de los géneros menos valorados, tanto en el cine como en el teatro,debido a la paridad con la que relaciona dos de los siete artes y los hace uno nuevo, hasufrido una turbulenta evolución desde su innovador nacimiento hasta un claro caso depeligro de extinción, pasando por la Gloria de la añorada Edad de Oro y demásaltibajos, llegando a un punto en el que su supervivencia pende, para los más escépticos,de un determinante hilo.Es este tumultuoso recorrido por el que ha pasado el género el que ha condicionado, enparte, su estatus de “caso perdido” del cine. Leves augurios de una dura decadenciacomenzaron a brotar después de que los dos grandes éxitos de los años 60, “West SideStory” (1961) y “My Fair Lady” (1964), se estrenaran con sus correspondientes éxitosen taquilla, crítica y en premiaciones terminando, así, con la élite del gran cine musical.Diversos proyectos de gran relevancia se han sucedido después de esto a lo largo de tresdécadas y media, con títulos tan populares como “Jesucristo Superstar” (1973),“Cabaret” (1979), “Hair” (mismo año) o “Grease” (1978), que han logrado mantener elcine musical vivo mas no en su mejor forma. Así, no dejan de ser excepciones en unocaso de lo que un día fue el género estrella que mantuvieron el interés atrayéndolo a unfuturo resurgir años más adelante.Es esta última década la que se va a analizar, intentando llegar al fondo de su futurainfluencia y entendiendo el momento actual que está experimentando el musicalcinematográfico para, así, poder comprenderlo mejor. Para esto, nos centraremos en elmundo de la crítica especializada con dos grandes revistas, como son Cahiers DuCinema y Dirigido, y haciendo uso de dos sitios webs, LaButaca y Fila7, para aquellostítulos que no disponían de espacio en dichas revistas. De esta manera, se busca sabercuál es el punto de vista profesional, en qué se fija el crítico y en qué no -pregunta másque importante puesto que este género implica diferentes realidades además de lapropiamente cinematográfica- y esclarecer, así, si realmente es un género para enterraro, por el contrario, una promesa del “nuevo hacer” cinematográfico. 2
  3. 3. El comienzo de la nueva era“Moulin Rouge”. Ese es el nombre clave para entender todo el enorme desarrollo que elcine musical experimentó con la llegada del nuevo milenio hasta nuestros días, en quesigue avanzando e innovando.Fue en el año 2001, 5 años más tarde del último éxito del género, “Evita”,protagonizada por Madonna y Antonio Banderas, cuando un título nuevo irrumpió en lacartelera con un ambiente escéptico a su alrededor. Con un cartel de lujo, EwanMcGregor y Nicole Kidman interpretando los papeles de Christian y Satine, “MoulinRouge” tuvo una polémica acogida crítica pero se llevó al público de su lado siendo, adía de hoy, uno de los musicales más queridos por la audiencia general.Aún así, las opiniones sobre este ecléctico filme son muy polarizadas. Analizando elespecial que la revista Dirigido (adjunto al documento) le dedicó al Molino Rojo en sunúmero de septiembre del 2001, podemos ver un claro ejemplo de la crítica negativaque tuvo la película. Así, el autor del análisis, Tomás Fernández Valentí, habla de unacinta de “artificio formalista” centrada en los efectos visuales huecos y en la anacrónicaselección de temas para su adaptación orquestal de la banda sonora original. Así,aunque defiende a “Moulin Rouge” como una película con innumerables virtudestécnicas, resalta las “obvias limitaciones expresivas de un film directamente concebidopara erigirse al instante una pieza de culto”.Aunque hasta cierto punto es cierto que el efecto digital se usa sin ningún tipo de baseantropológica más que la mera exaltación pictórica de unos ambientes parisinos llenosde magia y metáfora, no parece justo que esto establezca puntos negativos al filme. Estaestética tan pictórica, que parece pintada a mano con luz, es muy propia del director BazLuhrmann, gran seguidor de una dirección de fotografía surrealista e idílica. Además,aunque la historia no posea una trama enrevesada, complicada o llena de giros, parecepoco realista decir que queda dejada en una esquina a favor de esta estética digital“hueca y superficial”, según opina Valentí. Así, la historia sencilla se desarrollaperfectamente aliándose al despliegue tecnológico y, sobre todo, a la maravillosa bandasonora que, por otro lado, ha sido tan criticada. El argumento de que es “un productoextraño y heterodoxo” que defiende el autor de Dirigido, lejos de ser algo negativo esalgo muy rico y que otorga a la música (sería más correcto decir “las músicas”, pues detan diferente índoles son) de la película un valor experimental y reconciliador en el quediferentes géneros, grupos, artistas y temáticas de las últimas décadas de la músicaconvergen en una banda sonora homogénea en estilo.Sin embargo, lo interesante de esta crítica es la reflexión que, de hecho, queda resaltadaen la primera página de la crítica en la que dice que la película “surge con la pretensiónde pulverizar, de una vez por todas, las convenciones cinematográficas que hansustentado el género musical”. Esto es importante en relación con la relevancia que elfilme tuvo como despertar del género tras una larguísima etapa hasta cierto punto 3
  4. 4. mediocre, eclipsada por una increíble Edad de Oro que parecía nunca volvería. Así, lahistoria de Satine y Christian supone un bofetón a estas críticas apocalípticas y unabocanada de esperanza hacia una nueva era que acababa de nacer: el musical se estabalevantando de nuevo.Tras el boom que “Mouling Rouge” (2001) supuso en el mercado comercial con suconsiguiente reactivación del género, diversos proyectos salieron adelante en un “increscendo” cualitativo. Así, en el año 2005, con el primer fracaso de taquilla de ladécada de la mano de “Rent”, podría cerrarse el “antes” de la década, formada por otrosdos títulos de gran importancia: “Chicago”, adaptada del musical de Broadway yestrenada en 2002, y “El Fantasma de la Ópera”, de mismo origen escénico que salió alas carteleras en el año 2004.Esta última no tuvo una muy buena recepción crítica y puede observarse esto en eldocumento adjunto, extraída del sitio web Fila7 y escrita por P. Antonio Urbina.Más allá de que Urbina critique la superficialidad de los personajes, de las actuaciones yde los escenarios, es decir, de todo, lo interesante de esta crítica es que nos lleva a unade las preguntas que ya nos hicimos en un principio y que se repite con “MoulingRouge”: al ser el musical una mezcla de cine, música y, en ocasiones, danza… ¿hastaqué punto un crítico cinematográfico está capacitado para hacer crítica? ¿Ha de saber deesos tres artes? En este análisis, el crítico toma este papel omnipotente y no solo se ciñea lo más propiamente ligado a la historia sino que, también, da su opinión sobre laausencia de fuerza de la banda sonora, juzgándola como una obra que “no tiene la alturao vuelo de una ópera”.De esta manera, justifica en parte el fallo del guión a que la banda sonora puede “limitarla creatividad del director, no por ser música sino por ser ‘esa’ música”. Este guión,defiende Urbina, posee poca fuerza (lo achaca a que está escrito por el director,mediocre en su opinión, y por el compositor de la banda sonora, mediocre también) enrelación a la historia original, la tacha de superficial y ñoña.Es cierto que el tratamiento de la historia y el guión no poseen la grandeza ni el misterioque un “musical operístico” con semejante historia debería poseer, sin embargo, suopinión sobre la banda sonora y sobre las interpretaciones me parecen, en cierta medida,excesivas. Con unas arias bastante espectaculares, los protagonistas, en especial GerardButler, totalmente fuera de su papel típico encarnando este carismático fantasma, logransalir notables de un musical complicado y, por tanto, muy exigente. Además, es dedigno reconocimiento, cosa que ni se nombra en la crítica de P. Antonio Uruba a pesarde la enorme importancia que posee, la interpretación de las arias por parte de lospropios actores con su voz original, hecho no tan común en la historia del musical,sobresaliendo Emmy Rossum en su papel de Christine.Así, el cine musical comenzó a despegar. Después de la explosión que supuso “MoulinRouge” y del éxito de taquilla de “El Fantasma de la Ópera”, el género experimentó elprimer batacazo de la década. Basado en el musical de Broadway homónimo, con unabase fan muy amplia, y siendo visto como un musical “de culto”, “Rent” (2006),inspirado en la ópera “La Bohème”, fue adaptado al cine a manos de Chris Columbus,director de las dos primeras películas de “Harry Potter” o “Solo en Casa”, entre otras. 4
  5. 5. Con un gran reparto, en el que se encontraba la famosa actriz de musicales IndinaMenzel (que años más tarde haría de madre de otra actriz de musicales, Lea Michele, enla serie “Glee”), “Rent” cuenta la historia de un barrio bohemio lleno de geste de bajaclase social, enfermos de sida y demás gente “políticamente poco correcta”.Quizás el público general no estaba preparado para un musical así, quizás influyó quesu estreno, en muchos casos, se realizara únicamente en festivales de temáticahomosexual o quizás no fue bien promocionada, pero está claro que este musical fue unbatacazo de taquilla hasta tal punto que ni se han encontrado críticas especializadas enlos medios de nuestros país, mientras que otros como el “New York Times” o el“Chicago Sun Times” hablan de ella como “parte del panteón de los musicalesinmortales”. *** La bisagra del cambioFuera como fuere, ya habían pasado 5 años desde el boom protagonizado por Kidman yMcGregor y todo este auge estaba quedando en una simple ilusión cuando el punto degiro más radical se estrenó en el sitio menos esperado. Cuando Disney Channel decidióretomar un proyecto aparcado en los años 90, cuyos protagonistas iban a ser lospresentadores del “Mickey Mouse Club”, ahora estrellas del Pop, Britney Spears, JustinTimberlake y Christina Aguilera, no esperaba que fuer a revolucionar el mercadomusical convirtiéndolo, desde la base de la familia, es una obligación de entonces enadelante para cualquier proyecto nuevo juvenil. Así, en el año 2006 y con una excelentecampaña de marketing, “High School Musical” se estrenó formando una de las mayorespolémicas del género nunca vistas.Al ser la primera parte de la saga una TV Movie, no ha sido posible encontrar críticasespecializadas; sin embargo, sí ha podido ser encontrado acerca de su tercer episodio,estrenado en la gran pantalla en el año 2008, del mismo patrón que los dos anteriores ycuya crítica nos servirá para analizar el fenómeno desde el punto de vista másprofesional.José Arce, crítico de La Butaca.net, no pudo ser más claro con el titulo en lo referente asu opinión: “Arma de destrucción cerebral masiva”. Así, vayamos a las críticas quevayamos, encontraremos comentarios negativos y destructivos que comentan lasuperficialidad de los personajes, la estupidez de la trama y la poca personalidad de lasbandas sonoras de los tres filmes. Un aspecto que parece un tanto exagerado es lasupuesta incapacidad dramática de los actores haciendo, así, una generalización un tantoinjusta pues actores como Vanesa Hudgens o Zac Efron (ambos protagonistas del filme)hicieron un trabajo bastante decente de sus roles y demostraron su capacidad de 5
  6. 6. actuación en otros filmes, como “Sucker Punch” la primera o “Hairspray”, tambiénmusical que se analizará después, el segundo.Sin embargo, a pesar de ser todo esto cierto, es innegable la influencia que la sagajuvenil ha tenido en el género musical. Los dos años siguientes al estreno de la películaDisney, se produjeron cinco musicales de éxito, sin contar las partes 2 y 3 de la propiafranquicia “HSM”, con buen recibimiento por parte de la crítica y de taquilla. Así,aunque “High School Musical” sea una TV Movie juvenil sin ninguna característicarescatable del buen cine, ha sido un fenómeno que no solo ha beneficiado al mercadoinfantil y juvenil, sino que ha permitido al género coger una carrerilla que le facilitóllegar a los títulos que se sucedieron y que analizaremos en adelante.Así, “High School Musical” pone fin a la fase “antes” de la década y supone un enorme“después” para el cine musical. De esta manera, al año siguiente de que Disney diera “elpelotazo”, Dreamworks apostó por uno de los musicales mejores recibidos por la críticay con un elenco digno de película de Oscar: “Dreamgirls”.Con un telón de fondo retro propio de Bill Condom, director y guionista, “Dreamgirls”habla de los problemas raciales, de las relaciones humanas y, sobre todo, habla de lamúsica. Con la evocación de grupos vocales y solistas reales de los años 60, Condom,adaptando la novela de Tom Eyen, logra contar una historia sencilla, pero bastantemanida, de manera notable y con unas actuaciones brillantes. Aunque el autor de“Dreamgirls, ¿Un cine musical renovado?”, Tomás Fernández Valentí (Dirigido), opinaque la película carece del drama amargo que necesita, reconociendo que no sabe si es acausa del libreto original, sí que alaba, con buen criterio, “lo bien engarzados que estánlos números musicales con el desarrollo del relato y la psicología de los personajes”.Este elemento puede parecer simple, pero en realidad es algo muy importante pues esfácil caer en las facilidades que interpretar un número en un escenario, de manera literale intradiegética, supone. Sin embargo, “Dreamgirls” lucha con eso introduciendo losnúmeros en medio de la trama sin que quede artificioso, aunque también recurre alnúmero de escenario pues la película trata sobre el grupo “The Supremes”, lo que hacedifícil no recurrir a ello.Entre las actuaciones, Dirigido resalta a Eddie Murphy por su buena interpretación deldecadente James Early, algo diferente a lo que dice Ana Sánchez de la Nieta, crítica deFila7, que lo cataloga como “correcto”. Además se habla de Jamie Foxx, Dirigido lotrata de ‘increíble’ mientras que Fila7 de irregular, y de Jennifer Hudson, ex “AmericanIdol”, que logra un buen papel co protagonista aunque su verdadero lucimiento sea en laparte vocal, haciendo parecer a Beyoncé Knowles una aficionada. La estrella del poptambién se defiende muy bien en ambos planos.De esta manera, “Dreamgirls” supone una superación cualitativa del musical, lograndoque la concepción de “género de puro entretenimiento” comience a quedar atrás. Estofue apoyado por el siguiente estreno, ocho meses después, del clásico Broadway“Hairpsray”, estrenado en septiembre del 2007 con la cara de un John Travoltadisfrazado de mujer y un Zac Efron que huye de su imagen infantil de “High SchoolMusical”. 6
  7. 7. Con esos dos ganchos, una puesta en escena luminosa y divertida y una banda sonoraclásica del género, “Hairspray” en seguida conquistó a crítica y público demostrandoque el “happy ending” no es solo cosa de niños.Así, para esta película compararemos las críticas de Jaime Pena, crítico de Cahiers DuCinema, y de Israel Paredes Badía, representante de Dirigido. Ambos defienden el tonofeliz y divertido como algo digno resaltándolo en cada crítica. Aún así, si bien ambosdefienden esto, será Cahiers más duro con el filme, criticando la floja dirección deAdam Shankman, “Lástima que detrás de “Hairspray” no tenga a un director en lugar dea un coreógrafo”, la banda sonora poco original, “repertorio de temas referentesretomados para el consumo de nuevos públicos”, o la interpretación de Travoltadesmereciendo, según opina Pena, el papel interpretado originalmente por Divina, untravesti que, gracias a este papel, “ha terminado por convertirse en un icono aceptadouniversalmente”. Un apunte contradictorio es que, a pesar de criticar la música de lapelícula, Jaime Pena también la alaba, diciendo que “son capaces de sintetizar elconflicto dramático entre música blanca [...] y música negra […], incluso conpropuestas híbridas intermedias”. Este es un buen apunte acerca de la banda sonora, queemplea dos formas de ver la música americana en el momento y su mestizaje: justo delo que trata la película.Paredes Badía será más positivo con el filme aunque enfocará toda su crítica en alabarla sencillez del fin de no pretender transmitir complicadas teorías ni pensamientos sinode querer llegar, mediante las actuaciones de los protagonistas y los números musicales,“a un punto de encuentro y diversión” que, según opina, no es algo negativo ni indigno.De esta manera, la película resalta por sus números musicales y por la temática y elpunto de vista desde el que esta es descrita. Tratar las igualdades sociales y racialesdesde un filtro divertido, optimista y esperanzador no es un cliché y “Hairspray” lologra gracias a una trama interracial de los personajes y a la simpatía del protagonista,añadido a las canciones llenas de color y luz.Las coreografías de los números son brillantes gracias al director del filme, coreógrafoprofesional, que además supo sacarles toda la fuerza posible dirigiendo a los cámaras yla edición para sacar el mayor partido a cada baile individual y a los movimientosgrupales. Cabe resaltar el papel de Zac Efron, muy “resultón” en su papel de Link, y aNikki Blonsky, protagonista. Además de estos, dos actuaciones hacen la película másagradable y entretenida de ver, como son la de Michelle Pfeiffer y Amanda Bynes, muyacertada en un papel muy cómico y logrado que logra sacar la sonrisa en todo momento.En resumen y tratando temas que las dos revistas especializadas mentan, “Hairspray” esun musical divertido pero muy poco arriesgado cuya función principal es entretener conuna puesta en escena de gran calidad, personajes simpáticos y una historia entrañable.Con actuaciones muy notables, el filme trata de la convivencia entre gente diferente yeso se plasma en la banda sonora, que mezcla música rockabilly con soul e incluso lamezcla con el mestizaje de estilos musicales que se dio en los Estados Unidos de losaños 60 que dio lugar a estilos como funky o el rythm ‘n’ blues. Una entretenida apuestaque ofrece el musical en su estado más puro y típico. 7
  8. 8. Tras este 2007 tan explotado, recordemos que se estrenó también “High School Musical2”, el 2008 se avecinaba parecido con grandes estrenos prometedores con cartelesespectaculares. Primero llegó el musical de Tim Burton y después llegó el verano de lamano de Meryl Streep con un clásico de Broadway que, ahora, se ha convertido en unclásico del cine musical también: “Mamma Mía”.Fue en febrero, cuando el demoníaco barbero de la calle Fleet llegó a nuestras grandespantallas dispuesto a sorprendernos con su estética gótica y sus canciones oscuras.Cómo no, llevaba el sello “Tim Burton” en cada segundo de la película tanto en laimagen, en el sonido como en sus actores: el actor fetiche del director, Johnny Deep, ysu mujer, Helena Bonham Carter.Así, este melodrama victoriano, como lo denomina Roberto Cueto, crítico de Cahiersdu Cinema, está envuelto por un Londres demoníaco digital que parece condicionartodas las horribles acciones que van a suceder en esta sangrienta historia. La magistraldirección artística y de fotografía, dos aspectos que poseen mucho peso en el cine deeste director, logran que el espectador se meta de lleno en la película, a pesar de aquelloque el crítico Cueto dice acerca de que los espacios de la ciudad “no aspiran a transmitirilusión de realidad”, que logre oler y sentir las calles húmedas londinenses y que seesfuerce en ver porque lo hace con dificultad debido a la espesa niebla de principio de laera industrial.La banda sonora, formada por una “orquesta inicial de 27 miembros reconvertida en unaformación de 78”, logra transmitir a la perfección ese espíritu del que se hablaba antes,un espíritu cruel y oscuro, pero que deja entrever bocanadas de aire romántico yesperanzador. Además, habla de la sociedad del momento, escudándose en el origenpopular del cuento para otorgarle ciertas licencias que analizan, mediante un transfondosociopolítico, el día a día de los nuevos tiempos. Es este análisis socio antropológico enel que Roberto Cueto se centra. El crítico ve al musical como un “objeto de culto en unavitrina” que “se acerca [...] a los ostentosos musicales que florecieron en la agonía delgénero” y admira la capacidad de transmitir la melancólica decadencia de este principiode siglo.De esta manera, “Sweeney Todd” es un film elegante, sobrio hasta la saciedad, si es queesa paradoja es posible, y oscuro, muy oscuro. Todos estos elementos introducen alespectador en la tensión continua en la que vive el Barbero asesino y le forma unainquietud directamente acorde a la trama principal. Además, las brillantes actuacionesde dos increíbles actores del celuloide hacen de este musical de Tim Burton una deliciano apta para todos los públicos.Este ambiente invernal que Tim Burton nos ofrecía acorde con la fecha de su estrenofue calentándose conforme llegaba y pasaba la primavera. De esta manera, en plenoagosto, se estrenó la veraniega versión cinematográfica del musical de Abba.Así, basado en el espectáculo homónimo de Broadway, “Mamma Mía” es criticada demodo muy duro por Tomás Fernandez Valentí, el crítico de Dirigido que ya haaparecido en otros filmes, argumentando que de la película no se salva nada. Sin hacerreferencia a la magistral actuación de Meryl Streep, como suele ser común en ella, o aldescubrimiento que Amanda Seyfried ha sido en referente a su faceta musical, Valentí 8
  9. 9. critica la nefasta dirección de una directora teatral, de hecho la de “Mamma Mia”:Phyllida Lloyd, que “demuestra no tener ni idea de las diferencias de lenguaje existentesentre el teatro y el cine, o simplemente le tienen sin cuidado.” Con esta dura crítica, elrepresentante de Dirigido resalta las malas decisiones de dirección, con “los reencuadresmás nefastos que se hayan visto en mucho tiempo”, o la sorpresa de que, a pesar de serdirectora teatral de musicales, haya realizado “los números musicales peorcoreografiados, filmados y montados que se hayan visto en años”.Con este amargo sabor de boca nos deja una crítica totalmente negativa, que si bienpuede tener razón en la crítica final sobre cómo termina el film en una “patéticaresolución «políticamente correcta» en la que los jovencitos no se casan porque-no-se-lleva y los mayores sí lo hacen porque-ya-va-siendo-hora, y casi cada oveja con supareja, sea homo u heterosexual” parece llevar todos los elementos más flojos a unextremo en el que parecen insultos a la inteligencia humana, y tampoco sucede así.La premisa de la historia es original y, aunque no guste, es la que viene del librettodirecto de Broadway; este factor se suma, además, a que este guión teatral fue escritopor Catherine Johnson, la misma que lo adaptó al cine, por lo que las licencias tomadasserán mínimas por no decir nulas. Las actuaciones son desbordantes y, al contrario de loque dice Tomás Fernández Valentí, los números tienen mucha fuerza y, sobre todo,mucha naturalidad, Maryl Streep es un factor de bastante peso para que esto sea así, apesar de ser un musical, factor que define bastante bien la totalidad de la obra.Tan bien hecha está esta adaptación que seguramente supere con creces a la obraoriginal teatral, al menos la versión española, con actores con muchísimo más carisma,voces y números mucho más naturales y una trama mejor desarrollada. De tal manera,“Mamma Mia” se erige como una película musical popular debido a todo esto: esfresca, es divertida, es natural… es humana. Una fórmula perfecta para un públicofamiliar de todas las edades que quiere divertirse de modo parecido a cómo se sucediócon “Hairspray”, pero con menos teatralidad plástica y más realismo, demostrando, así,que el género sí lo permite. El musical de hoyUn largo silencio musical se sucedió después de este último estreno del 2008. Así, trasdos años de espera llenos de promoción y de ilusiones puestas en el nuevo proyecto, seestreno “Nine”. Sin embargo, su estreno no estuvo lejos de polémicas: el largometrajeestaba basado en el idolatrado “8½” y había reunido a “más estrellas que en elfirmamento” para poder protagonizarlo. Para muchos, esto fue una herejía, para otros,un alivio narrativo. De la mano de Valentí y del sitio Web Fila7, cuya crítico es, en estecaso, Ana Sánchez de la Nieta, analizaremos este remake musical. 9
  10. 10. El autor de Dirigido muestra una crítica bastante neutra, sobre todo comparada con otrasque se han analizado anteriormente, y establece un resumen general de la película antesde pasar a analizar los números individuales de las estrellas que protagonizan el filmejunto a Daniel Day-Lewis. Así, Valentí comienza con la inevitable referencia al clásicode Fellini 8½, defendiendo que compararlas”sería una crueldad innecesaria”, y defiendeque “Nine” es un resultado poco brillante, mas no despreciable, de adaptación. Atiendea una excesiva cantidad de propósitos para cumplir como razones resienten el filme:habla de hacer una película de masas pero “como las de antes” y culta, con Fellini“como piedra angular” y, también, de tratar de no desmerecer la versión teatral. Es poresto, continúa Valentí, que la película ha tratado de atender tantos puntos que no halogrado bordar ninguno de ellos.Un asunto relevante que apunta el autor de Dirigido es la poca delicadeza con la que sehan tratado en el filme los pasos a las escenas musicales, siendo algunos”bruscos yforzados”, y cómo le da al fin “más que un tono artificial, artificioso”. Esto conecta conla crítica de Fila7, pues defiende que “Nine” diferencia excesivamente las dos partes desu narrativa: la realidad y los sueños están aún menos conectados que en el clásico deFellini y se separan aún más en dos películas independientes: “Qué gran películahubiera hecho Marshall si en vez de rodar dos películas hubiera hecho un verdaderomusical italiano”.Otro aspecto en el que conectan ambas críticas es en los números musicales, alabandoespecialmente el de Marion Cotillard. Mientras Fila7 critica la excesivamente ágiledición “videoclipera”, cosa que Valentí también menciona al hablar de los números deKate Hudson y Penélope Cruz como herramienta para ocultar sus nulas dotes musicalesy danzarinas, Cahiers du Cinema atiende más a las aptitudes de cada actriz comocondicionante de que el número funcione o no.Así, “Nine” se atreve a desmontar a Fellini con un cast de estrellas excesivamenteindependizadas en el filme dando, al contrario que opinan los dos artículos adjuntos aldocumento, una sensación de que la trama está entrecortada para poder dar, así, a cadaactriz su momento de gloria y promoción, el número donde “ella” sea la protagonistadesapareciendo, casi de golpe, inmediatamente después de haber cumplido su cometido.Resaltando a Marion Cotillard y la saturación que puede sentir el espectador al ver aPenélope Cruz hacer de ella misma año tras año, película tras película, “Nine” fue elmusical de la decepción donde se esperaba más de todo. Nicole Kidman defraudó en sumomento estelar, aunque los dos críticos, especialmente Valentí, defiendan lo contrario;Sofía Loren, última reliquia viviente del cine italiano, funcionó de “mujer florero” a laperfección en los momentos que le tocaba mostrarse, pareciendo que su única funciónera que el espectador exclamara entre sonrisas “¡mira, es Sofía Loren!”, y KateHudson, junto a la ayuda de la edición nombrada en Cahiers, salió del paso con unaanimada “Cinema Italiano”. La única sorpresa que se vio fue la de Fergie, voz de losBlack Eyed Peas que, entre kilos y maquillaje de más, defendió un espectacular “BeItalian”, coreografía y voz impecables, que ha quedado en la mente de todos, superandopopularmente, así, a todas esas estrellas en las que se basa el proyecto completo. 10
  11. 11. Y ahora, ¿qué?Comenzando con “Moulin Rouge” y terminando con “Nine”, y obviando otros muchosmusicales que se estrenaron entre medio y después (una lástima no haber podidoanalizar el último musical estrenado, “Burlesque”, de Cher y Christina Aguilera, o“Across The Universe”, de los Beatles, entre otros), se ha tratado de plasmar unaevolución del género musical en nuestra última décadaEsta necesidad de análisis se ve forzada por la g”gran depresión” que sufrió el génerodespués de los años 60, en los que tres décadas de éxitos aislados, y poco logrados enalgún caso, auguraban un final apocalíptico que todos los críticos no tienen problema enrecordar película tras película. Es gracias a películas como “Moulin Rouge” o “HighSchool Musical”, por mucho que sea duro de reconocer para muchos, que el género harevivido y ha vuelto a la primera plana poniendo, incluso, de moda los musicales denuevo y avivando la producción de espectáculos. Es esta esperanzadora situación lo quenos lleva a analizar la última década para ver dónde estamos y qué nos depara, y conesta crítica se ha visto que estamos en un punto de buen cine, y no solo musical, congrandes actuaciones que, quizás, algún día cercan podrán ser el relevo de las de GeneKelly o Donald O’Connor.Así, la década del 2000 nos ha ayudado a romper con clichés acerca del musical viendoque buenas historias poco convencionales y buenas actuaciones, una enormeenumeración se podría hacer con los buenos papeles realizados en estos diez años,hacen que el género vuelva a tener la relevancia que merece.¿Su evolución en el cine? Los números musicales se han mermado, quizás por lasensación de necesitar romper clichés de números grandilocuentes y vistosos perohuecos que parecen querer ocupar metraje en una cinta sin historia base, y las bandassonoras se han hecho más “cultas”, fomentado –quizás- por las duras críticas que bandassonoras pop como “High SchoolM” o hasta “Moulin Rouge” han recibido, aunquetodavía falta una evolución musical más evidente para poder hacer norma. Parece yaalgo impensable, además, el doblaje de las voces originales de los actores como se hacíaantes, sobre todo en la idolatrada Edad de Oro, siendo esto visto, ya, como un engaño alespectador; esto le da más valor al film como resultado global. Además, un aspecto muyrelevante es la profundidad temática que el género ha adquirido con los años,pareciendo indispensable introducir algún tipo de temática social como cimientos de latrama, véase “Hairspray”, “Sweeney Todd” o “Dreamgirls”, convirtiéndolo en bienesimperecederos.Se agradece ver, pues, que, aunque el cine musical ha hecho una evolución continuadesde que nació, es ahora, en esta década, cuando el público parece exigir calidad en elgénero. Porque realmente ese es el resurgir del género: no es solo que la genteahora pida musicales, es también la actitud con la que van a verse. El cine musicalha pasado de ser un puro entretenimiento evasivo a ser otra forma de arte, de contarhistorias profundas con personajes profundos y bandas sonoras de calidad y, en parte,esto es gracias a que el público general y la crítica así lo exigen. 11
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  13. 13. El Fantasma de la Opera según Fila7A priori no parece Joel Schumacher el adecuado para dirigir El fantasma de la ópera. Sirecordamos anteriores trabajos suyos -El cliente, Última llamada, Batman & Robin, 8mm...-, en ninguno de ellos, ni por el tema ni por su tratamiento, ha dado muestra deuna especial sensibilidad artística. Sin embargo aquí le tenemos como director, y co-guionista. Guionista con Andrew Lloyd Webber, autor de la música de este Fantasma dela ópera convertido en musical, sólo en musical. No, no tiene la altura o vuelo de unaópera este Fantasma de la ópera, valga la "contra redundancia".Supongo que Schumacher se habrá visto constreñido o habrá estado limitado por laintervención de Lloyd Webber en el guión. Sometido, lógicamente, al desarrollo de lapartitura y del libreto. Y a su vez esta partitura musical puede limitar la creatividad deldirector, no por ser música, sino por ser "esa" música. La novela de Gaston Leroux esde 1911, y desde entonces no ha cesado de ser recreada y adaptada. Al cine, unas veinteveces. Los nostálgicos cinéfilos nombran siempre al actor Lon Chaney como Erik, en laversión de R. Julian (1925).La música de Lloyd Weber no permite grandes vuelos, ni dramáticos ni de ningún tipo.La obra de Leroux sí que los permite, pues los tiene: Erik el fantasma posee laenvergadura de un príncipe Segismundo de La vida es sueño, que al mismo tiempofuera un don Juan Tenorio de Zorrilla, o un Fausto de Goethe. En esta película éste es elúnico personaje que se acerca a la grandeza, quizá por la categoría personal del actorGerard Butler, y quizá porque la música para este personaje es menos melíflua. Como sesabe, al lado de don Juan está doña Inés, y al lado del Dr. Fausto está Margarita; pero laChristine de la película, que debería ser como ellas, se queda en un cristinita de organdírosa, así como su otro pretendiente, el verditierno Raoul, vizconde de Cagny, y losdemás personajes, y el entorno. No hay fuerza ni profundidad.Es cierto que el final y el desenlace cobran cierta fuerza, pero hay que esperar dos horas(dura dos y media).Tampoco digo que lo "light" sea repugnante, ni lo descafeinado ni lo rebajado de sabor.Digo que pudiendo, y quizá debiendo, ser un plato fuerte, un drama grandioso, no lo es.Con esta calificación de la música quedan calificados los personajes, su poca entidad,que obliga a interpretaciones superficiales o tópicas. Y los decorados omnipresentes -laluz es muy plana o si hay sombras tienen poco misterio- son tan espectaculares comopostizos, y a veces cursis hasta el ahogo.Pedro Antonio Urbina 13
  14. 14. Dreamgirls según Fila7Detroit 1962. Tres jóvenes afroamericanas –The Dreamettes- se presentan a un concursomusical que no ganan. Curtis Taylor, un vendedor de cadillacs con ganas de entrar en elmundo del espectáculo, se ofrece a actuar como manager del trío. Empieza entonces unaexitosa carrera musical que despega totalmente cuando la talentosa y gordita solista seasustituida por la joven y mucho más espectacular Deena Jones, Beyoncé para losamigos.El musical Dreamgirls se estrenó en Broadway en 1981 y en 1982 fue nominado a 13Tonys. Además de ponerse detrás de las cámaras, el realizador americano Bill Condon(Dioses y monstruos), fue el encargado de adaptar el guión. No era un género nuevopara él: suyo es el oscarizado libreto de Chicago.Dreamgirls fue una de las grandes sorpresas en la reciente edición de los Globos de Oro:se alzó con el premio a la mejor película (en la categoría de comedia y musical) y secondecoró también a sus dos secundarios. A los Oscar se presenta con la friolera deocho nominaciones… algo engañosas (tres de las menciones corresponden a otras tantascanciones). De todas formas, en esta ocasión los Oscar pueden dar pistas: además de lassusodichas canciones, Dreamgirls opta a estatuilla en las categorías de mejores actoressecundarios, mejor diseño de producción (John Myhre, ganador de dos OscarporMemorias de una geisha y Chicago), vestuario y sonido. Efectivamente, Dreamgirlses un musical mimado desde el punto de vista de la puesta en escena: la cinta es unalarde de color, de efectos, de luz… un espectáculo, que de eso se trata (otra cosa es queguste más o menos el tono del musical). En la parte musical, Henry Krieger, creador dela partitura original de Dreamgirls, ha sido el encargado de la adaptación al cine. Paraello ha añadido cuatro nuevos temas a la banda sonora. La simpleza de la mayoría de lascanciones se contrarresta con un ritmo pegadizo y buenas interpretaciones.No hay tanto mimo en el guión: una historia ramplona, mil veces vista, poco original yun dibujo de los personajes principales –lástima de Jamie Foxx- desarrollado atrompicones. Menos mal que para salvar la historia están los secundarios: un correctoEddie Murphy y una destacable Jennifer Hudson (candidata al Oscar), que debuta en elcine después de haber quedado finalista en el concurso American Idol.Ana Sánchez de la Nieta 14
  15. 15. High School Musical : Fin de curso 3según LaButaca¿Qué determina que una producción artística ─ teatral, musical, literaria,cinematográfica, es indiferente─ pase de ser un elemento más del vasto catálogocultural universal a convertirse en un fenómeno, en un éxito de masas? Cuestiónpeliaguda, sin duda, en los tiempos que vivimos, en los que los maestros del marketingy la publicidad tienen buena parte de la culpa-el mérito, en ocasiones─ de que unadeterminada propuesta arrase allí donde sea presentada, al margen de sus méritosintrínsecos.Es el caso que nos ocupa uno de los ejemplos más espectaculares de los últimos años.En un mundo muy, muy lejano, una realidad paralela de barrios residenciales de ampliasavenidas y eternas barbacoas, de casas en los árboles de perfecta construcción yestructura, de diversión desenfadada y pura, de adultos vitalmente anulados eincreíblemente estúpidos ─¿alguien conoce a un padre como Jack Bolton (BartJohnson)?─, de besos en la mejilla y cariño ─que no amor─ verdadero. En este cosmostan ficticio como alarmantemente purista, Troy (Zac Efron), Gabriella (VanessaHudgens), Chad (Corbin Bleu), Sharpay (Ashley Tisdale), Ryan (Lucas Grabeel) yTaylor (Monique Coleman) se enfrentan a cuestiones de tremenda relevancia:¿Standford o Yale? ¿Teatro o baloncesto? ¿Maquillarse con paleta o con spray?Bienvenidos al plastificado, artificial y chirriante entorno en el que se desarrolla “HighSchool Musical 3: Fin de curso”, el amorfo vehículo de transmisión de los más ranciosvalores de la sociedad americana que arrasa en todos los países a los que las perfectassonrisas de la cuadrilla protagonista llegan con un mensaje preocupante para lasgeneraciones que han de determinar el futuro de la humanidad. Porque no se trata deuna de las típicas cintas de animación infantil que hablan a los más pequeños de amor,familia y amistad, sino de un arma que apunta directamente a los moldeables cerebrosde aquellos que se encuentran a las puertas de la auténtica vida, una vez abandonado elinstituto. La puesta en escena de Kenny Ortega es limpia, narrativamente dinámica yampulosamente coreografiada, desde luego, pero el texto subyacente ─ y único, aquí noexiste un guión─ es tan vergonzante como turbador. Y es que lo que no se puedepretender es abogar por la igualdad desde la perfección, de suerte que no encontramosni una sola tara física en el elenco central, y las trágicas ambiciones de algunos de ellosse solapan en un permanente festival que pretende celebrar la individualidad, algo deltodo imposible en semejante circo. Así, Ashley Tisdale personifica un rol ambicioso,ávido de poder y gloria, secundada por su lacaya inglesa (Jemma McKenzie-Brown),primero servil y posteriormente maquiavélica, abusiva lectura de la relación entre lasdos principales potencias anglosajonas; encontramos mezcolanza racial, y blancos,negros y latinos conviven en desahogada comparsa con la salvedad hecha de losasiáticos, que no tienen cabida en tan dulzón armatoste; incluso es posible el sobrepeso, 15
  16. 16. siempre que el exceso de grasa no impida bailar al mismo nivel que el de los epicúreoschicos/anuncio que centran las miradas de un palco adolescente que ni siquiera seplantea la ausencia total de deseo carnal en el extenso metraje, quizá la máximahipocresía de una franquicia que ha transformado a Zac Efron, a sus veinte primaveras,en uno de los seres humanos más deseados del globo por millones de mozas con lashormonas lógicamente aceleradas por sus sudorosos contoneos. Puede que todo esto nosea más que una lectura personal, y que los responsables de este rompetaquillas nopretendan, en el fondo ni en la forma, adoctrinar a la chavalería sobre cómo han devivir, conformes a una serie de normas tácitas de conducta y avenencia. Pero,personalmente, me resulta bastante inquietante.Nadie es perfecto. Al menos, quien esto escribe, no lo es.Calificación: 1/10José ArceNine según Fila7La historia –o mito- es conocida. La novena película de Federico Fellini se quedó en 8 ymedia por culpa del bloqueo creativo del emblemático cineasta italiano. Y lo que cuentaesa obra maestra que es 8 y ½ es precisamente la historia –bastante autobiográfica- deun director de cine que se encuentra ante su peor pesadilla: no es capaz de rodar unapelícula que todos –especialmente las mujeres que le rodean- esperan que ruede.La obra maestra dio lugar a un musical, Nine, y éste a la versión que presenta RobMarshall. Marshall tenía los mimbres heredados de una buena historia –metacine enestado puro- y aportó un casting de lujo: empezando por Sofía Loren no falta casi nadie.De un crítico se espera que puntúe. Y no es sencillo calificar a Nine. Habría que darledos notas, porque en Nine –como en Fellini 8 y ½ pero con más radicalidad y menosunidad- hay dos películas; una que cuenta el drama del director y otra que narra susfantasías. En Nine hay un musical y un drama, hay un espectáculo de varietés y hay unacinta de cine italiano clásico. El musical es francés y, siendo generosos, no pasa delaprobado. La referencia de la mayoría de las coreografías es elFolies Bergère –comonos recuerda una estupenda Judi Dench-. Y un Folies Bergère de muy poca clase. Losbailes son básicos; pasos simples, tres o cuatro movimientos provocativos y muchalencería de lentejuelas.Las letras, muy variables, unas aportan a la historia, otras parecen escritas en unconcurso de chirigotas procaces. Sin embargo, la orquesta es magnífica, hay buenoscantantes –la propia Kidman en un tema muy moulin- y el montaje, aunque a ratos seaun poco videoclipero, funciona. Además la iluminación de la película es sensacional. Enresumen, seis y medio. 16
  17. 17. Luego tenemos la película, una película italiana, un drama romántico con hechuras decine clásico. Y unos actores que consiguen lo imposible: que no añoremos ni aMastroianni ni, mucho menos, a Anouk Aimée. Daniel Day Lewis y Marion Cotillardsostienen la historia con dos interpretaciones antológicas. En una película tan excesiva,tan física, tan arrabalera,Lewis y Cotillard actúan con los ojos, con el gesto de unamano, con una elegancia que les hace jugar en otra liga a la que juegan el resto. Si aalguien le queda duda que Cotillard es una de las grandes que la compare con las otras oque observe la transformación de la contención en dolor en el último número, eldesgarrado Take it all. Demasiado para una sola actriz.Claro que el mérito no es solo de los actores. Nine hace una buena reescritura de lapelícula de Fellini. Consciente de que los tiempos son los que son –malos para la lírica yde pensamiento débil- ha aligerado el denso contenido filosófico de su predecesora, hadejado algunas jugosas reflexiones sobre el mundo del cine y el trabajo del director y harespetado el carácter italiano de la cinta. Y ser italiano es ser latino, alegre, vividor,machista, espiritual y carnal, elegante y chusco, caótico y católico. Y de todo esto hayen Nine. Desorden, evasiones, fantasías, infidelidad y remordimientos, anhelos de virtudy tentaciones de la lujuria y belleza –porque Roma es bellísima- y alegría, y esperanza yun final que no estaba en Fellini pero que es bueno que esté y que también es muyitaliano.En definitiva, como de un crítico se espera que compare, y como Fellini era un tiporeligioso, entre el paganismo de Avatar –frio y sin alma-, el protestantismo de Haneke –riguroso y triste- y el catolicismo de Nine (con sus pros y contras) me quedo, sin dudas,con el último. Qué gran película hubiera hecho Marshall si en vez de rodar dos películashubiera hecho un verdadero musical italiano.Ana Sánchez de la Nieta 17

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