La hora-referi

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El día que la realidad entró a la Rosada y vino el desastre.

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La hora-referi

  1. 1. Amílcar Romero¡La hora, referí!La realidad en la Rosada, tarjeta roja a la prensa Ediciones de la Abeja Africana Santa María de los Buenos Aires, Provincias Unidas del Sud, 2010
  2. 2. Queda rigurosamente prohibida, sin expresa autorización escrita de lostitulares del copyright, bajo las sanciones establecidas por la legisla-ción vigente, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquiermedio o procedimiento, comprendidos la fotocopia y los procedimientosinformáticos.R.N.P.I. e ISBN, registrados legalmente.
  3. 3. A Joaquincito Hinostroza Belmont, in memorian.
  4. 4. El árbitro es la viva combustión del fútbol.[…] Sin el árbitro puede regir sin restricciones el principio del placer [y] con el árbitro el fútbol entrega en placer lo que cobra en confirmación de realidad. […] Por su misma textura religiosa y judicial el árbitro es litúrgicamente inaplaudible. VICENTE VERDU Lo primero que aprende un jugador extranjero en cualquier país es a llamar hijo de puta al árbitro en el idioma del país. MANUEL VAZQUEZ MONTALBAN Si yo fuera gobierno, lo primero que haría sería meterme preso. GUSTAVO El Cuchi LEGUIZAMON, circa abril 2 de 1982, al pasar frente a la Casa Rosada iluminada a giorno.
  5. 5. 1 CASI UN Mundial exacto bajo el actual calendario vigente, el miér- coles 2 de agosto del 2006, más o menos a media mañana, para dar cumplimiento a las inflexibles informalidades oficiales, se re- gistró en el país un hecho tan inédito como histórico. Y no debi-damente destacado. Incluso hasta totalmente inadvertido, a pesar desu condensación y ramificaciones: la realidad, sobre todo en sus mani-festaciones del espacio sagrado de la cancha y el tiempo hechicerode la competencia, según clásicos de las ciencias sociales y literariosque se volverán a citar casi hasta el aburrimiento, irrumpía por prime-ra vez en la sede física de la historia nacional como es la Casa Rosa-da, edificio donde para el vulgo tiene domicilio fijo y desde donde se de-bería administrar el Poder. Desde el punto de vista sociocultural no era moco de pavo. Y noiba a tardar de demostrarlo con creces. Calificar que se desató una re-tahíla de catástrofes es caer sin más en los delirios sobreactuados quecaracterizan a los argentinos, pero el kirtchnerismo va a pisar unacáscara de banana y entrar a dar costalazo tras costalazo, rutina quetendrá su primera escala en las elecciones de fines del 2008, cuando unmultimillonario nacido en Colombia, inflado a televisión, lo acostó conropa y todo nada menos que en la provincia de Buenos Aires, un ba-luarte donde el El Pingüino se había atrincherado tras no precisamentelo mejorcito del caudillaje peronista sino también con la insólita presen-cia de la actriz y cantante Nacha Guevara, una ex izquierdosa estriden-te de Café Concert de los ‘70 que estaba haciendo roncha con el rutilan-te éxito de una nueva puesta de la ópera Evita. La continuación fuecuando otra vez descreyendo de lo científico, obnubilados por un vienti-to circunstancial de cola, dando por descontado que de Sudáfrica setraían la tercer copa y con ella la reelección en el 2011, fletaron por iz-quierda unos 300 barrabravas con el fin de irlos iniciando en el difícil 9
  6. 6. oficio del liderazgo social y en el momento de estarse escribiendo estosbytes el cuerpo de un perteneciente al destacamento Lomas de La 12sigue en el refrigerador de una clínica de Ciudad del Cabo, literalmentemacabro sin que nadie cargue con el muerto de las cuentas en efectivopor los servicios de reanimación que se le prestaron y el traslado aéreoen bodega, luego de un quítame de allí estas pajas después del indigesto4 a 0 con que tuvieron a bien obsequiarnos los alemanes y despertarnosde la temulencia delirante que nos lleva no a confundir, sino a mimeti-zar lo imponderable que puede llegar a suceder en una cancha de fútboldurante 90’ con la historia.Luis Forlenza, que llevaba a cuestas 57 encima de ser argentino e hin-cha de Boca, tuvo su heroica segunda muerte en el mutis por el forooficial y mediático. Para colmo, justo que la única que lo quería tanto,cajera en un supermercado por Villa Ballester, tocaba cuanto timbretenía a mano para repatriarlo envasado en la bodega de un avión o, deúltimas, incinerarlo en aquel extremo sur africano que suena a Drake oMoby Dick porque las autoridades le habían puesto plazo para los ser-vicios sociales gratis y el único que tenían era mandarlo al montón pocorecomendable de una tumba NN. El embrión de este trabajo surgió cuando me llegó el pedido deelaborar un panorama lo más amplio posible sobre el arbitraje en gene-ral, muy particularmente el poco saludable destino de cuanta discon-formidad ande suelta por un estadio. De pronto, colectado más o menosel suficiente material, a la hora de darle un orden y pretender darle unacoherencia que no cayera en un fixture de lo zafio, aparece no sólo elepisodio de Horacio Elizondo ingresando a la Casa Rosada sino que seempiezan a alinear, tras él, una serie sugestiva de hechos de toda índoleque porfiaban en pintar otro itinerario para el relato. El tamiz culturalde los hechos, con el significado que tuvo desde siempre la intervencióndel árbitro, comenzó a mostrar los alcances maravillosos del juego y pa-ra colmo el jocoso presidente de la república sacándole tarjeta roja a laprensa no había manera de sacarle un sesgo entre lo burlesco y lo gro-tesco. En esta primera parte por lo menos se va a hacer el intento de verel suceso desde el marco teórico de toda la riqueza infinita que tiene lolúdico, la presencia ineludible de lo legal para que pase al estadio de lacompetencia organizada, de lo deportivo, los inevitables entrecruces yconfusiones con lo real, porque a partir de allí, en la segunda y terceraparte, se va a hilvanar un mixing donde quizá el único elemento comúny aglutinador sea el banderín solferino en algo de que seguimos y segui-remos con el alma en orsai, che, bandoneón, sean eternos los laureles 10
  7. 7. y también un urbi et orbi ya que estamos y es el mismo precio. La ve-nida a pique de lo que por fin parecía la salida definitiva del pozo, asírepasada, no deja de causar cierto repelús, cuando no terror liso y lla-no. La atomización sigue siendo la característica dominante. El gradode agresión en las relaciones interpersonales, un considerable por cier-to aumento en los delitos de todo tipo, pero por sobre todo un francoterrorismo informativo a cargo de los medios masivos de comunica-ción, sobre todo en los adversos a la actual administración, los récordsen el autoexterminio argentino nuestro de cada día en calles, rutas yautopistas, plantea una patología colectiva que lejos de preocuparprovoca hasta cierto solazamiento. Otra originalidad argentina, no sepuede negar. Con el gobierno por momentos a punto de huir o que se lolleve el viento, con las mismas faltas de explicaciones y velocidad, tuvoun repunte que tiene lo suyo: se basa más en el desperdigamiento ydesorientación de los opositores que en los aciertos oficiales. Una buenarecaudación fiscal, aumento en el consumo, rachas de otro viento decola como en el 2003 acompañado por un desmedido gasto público,sobre todo en una asquerosa publicidad masiva oficial, con la macha-cona presencia casi a diario de las alocuciones presidenciales y el estre-no de tics producto de la creatividad de los asesores de imagen, secontrapone al aumento de la mortalidad infantil, sectores debajo de lalínea de la pobreza y en este mismo rubro, a pesar de que se lo festejecon perversidad, en el primer semestre del 2010 el patentamiento de600 mil flamantes 0km. Todo acompañado por unos meteoritos de todotipo, inéditos, arrasadores. Sin contar con el meritorio e inédito touchede que el Jefe de Gabinete que cumple la función de batidore líberode salirle con los tapones de punta a cuanta idea intrusa intente acer-carse a la Primera Dama fue elegido vicepresidente de un club deprimera división, el decano sobreviviente, de manera de encarnar de to-das maneras la fusión Estado/Fútbol con vistas a hacer baza para lo-grar de todas formas afianzarse en las elecciones del 2011, habidacuenta que además se juega la Copa América, una oportunidad a laque pintan calva para recuperarse en algo del trastazo a nivel mundialsufrido en Sudáfrica y donde para nada casualmente como sede centralfue nominado el Estadio Unico de La Plata, distrito de donde es oriun-da la doctora Cristina Elizabet Fernández. Detenerse en los entreme-ses de la afición por el Twitter o la desvergüenza de dibujar los núme-ros de la inflación y su correlato de compatriotas que se hunden en lapobreza y la indigencia excede con comodidad cualquier límite de ladesfachatez y la impudicia. Ahora acaba de pasar otro Mundial, decíamos recién, un pocomás arriba. En el ínterin, el Estado benefactor compró el fútbol, superó 11
  8. 8. varios de sus límites anteriores al fletar todavía con algunos ruboresbarrabravas trasatlánticas y también hacerlas propias, cosa de tenerlasa mano para algún mandado u otras tareas domésticas que puedan di-simularse en el proclamado envase de la inclusión, en un mundo cadavez más excluyente por definición y que los tiene como vergonzantemascarón de proa con variantes maquilladas de asistencialismo neoli-beral. Y, sobre todo, un poco más blanqueadas. Porque no se las puedeblanquear del todo en algo que no está analizado y menos estudiado,quizá develado sea el término más exacto, y que parece depender másde la milenaria naturaleza del fútbol que de estos personajes de com-parsa. Para colmo, en un fenómeno que más allá de lo grotesco y risue-ño se le debería prestar un poco de mayor atención, con tal de salir enla foto de dirigentes sociales que tenía como objetivo la ONG armadadesde arriba, idéntico a 1958, cuando los peronistas ya devenidos a li-berales de entonces, Alberto Jacinto Armando, Antonio Vespucio Li-berti y Valentín Suárez, instrumentaron a las barras bravas originalescomo modelo social a seguir, en un hecho inédito en el mundo, ahoraproponen camuflar un clon de inserción como acomodadores del públi-co y de esa forma mostrar la sociabilidad de sus almas y del rol socialque pueden llegar a cumplir, claro que siempre en los márgenes y cercade la cocina, cosa de tener a mano rebañar las sobras. Cuatro años han transcurrido. La urdimbre de hechos, la acelera-ción de los tiempos y la fragilidad estructural del país, dejan toda lasensación de que han sido cuatro siglos. En realidad, no sería nada raroconstatar que fueron quizá no cuatro siglos, una magnificencia típica deargentinos, pero nunca jamás la bicoca de cuatro años a la vieja usanzade doce meses cada uno. El suceso del puntapié inicial tuvo a bienocurrir cuando el rutilante árbitro internacional Horacio Elizondo, queacababa de consagrarse in eternum en el de Alemania 2006, fue reci-bido en audiencia especial por el entonces presidente monoplazaNéstor Kirchner, algo que ya se anunció va a ser tomado aquí como ar-bitrario punto de arranque, para decirlo de alguna manera. Como esmás que obvio, todo lo pasajero y rutinario de semejante ritual aparen-temente repetido y aburrido hasta el hartazgo resultó eternizado tec-nológicamente por cámaras fotográficas digitales y la infaltable tevé co-mo es debido. Aunque está bien asentada esa “homología estructuralentre la arena política y el terreno de juego deportivo”, al decir deJean Marie Brohm1, con mucha más razón con los tiempos que corren1 Citado por Verdú, Vicente, en El fútbol, mito, rito y símbolos, Alianza Editorial, Madrid, 1980, 206págs. 12
  9. 9. bajo la hiperfutbolización de todo lo real2, hoy más que nunca la glo-ria deportiva ostenta ese halo de eternidad de que careció siempre jus-tamente el Poder y la brecha entre la masa de representados y los quepretenden representarla es cada día mayor, en sinfónico acorde con laindiferencia por lo público, una jibarización de la conciencia social quese rellena con consumo de alta gama sobre cuatro ruedas o paco,según lo que los ingresos pongan más a mano. En aquel entonces ya no fue necesario que transcurriera muchopara que los remezones de semejante temeridad y osadía, camufladatras el envase de un huero acto oficial de segunda más, se entraran ahacer sentir. Ese Horacio Elizondo, oriundo de Quilmes, 43 años enton-ces, poeta en sus ratos libres, con unos 5,5 miles de dólares mensualespromedio de ingreso, a la altura de un ministro de la Corte Suprema dela Nación, más los 40 mil que se acababa de embolsar por su actuaciónen Alemania, ingresó al santuario presuntamente republicano muy lejosde los madrugones infantiles cuando era canillita o la marcando losmovimientos de la gimnasia sueca como profesor de Educación Física.En suma, se lo dejó compartir por un ratitito el más alto peldaño social.Cuatro años atrás, para el realizado en Corea y Japón, lo habían dejadocon la ñata contra el vidrio. Pero a poco de tanto ditirambo reparador ycuando todavía no se había disipado la humareda de los fuegos de arti-ficio, se desataría una retahíla de sucesos dignos por lo menos de con-signarse. El del domingo 12 de noviembre, siempre en el 2006, si sequiere, fue apenitas anecdótico, consumista. Le tocó en suerte dirigir eltraqueteado clásico de Avellaneda e inaugurar el nuevo modelo de lasremeras Kappa, en la espalda estampada la fecha y el partido, unquiosquito más para la angurria marketinera y tratar de hacer creer queel mundo no se ha vuelto tan efímero e intrascendente. Eso sí, no al-canzó a traspirarla los 90 minutos reglamentarios porque a los ’19 STtuvo que suspenderlo, a tanto llegó la rosca que se armó. Y no habíanpasado dos años que los precios internacionales y el rendimiento de lanueva diva para paliarle el hambre a buena parte de la humanidad hizoque al entonces Poder Ejecutivo, ya en plenas funciones su revolucio-nario formato de dos plazas, se le ocurriera, amén del 35% que ya le re-tenía a los productores de todo pelaje de la soja, auparse a las oscila-ciones que parecían haber entrado en alza como un cohete de la NASApara que quedara al descubierto que el endeble andamiaje social argen-tino sigue atado con alambre y flamea hasta con un estornudo de libé-lula. En medio de continuos movimientos de réplica, algunos insistieronen que tuvo que intervenir hasta el presidente brasileño Lula da Silva,2 BROMBERGER, Christian. Significación de la pasión popular por los clubes de fútbol. Libros delRojas, Deporte y Sociedad, Buenos Aires, noviembre 2001, 57 págs. 13
  10. 10. otro futbolero irredento, teléfono directo de por medio, para que el ma-trimonio Kirchner no pegara un portazo y se volviera para sus propie-dades hoteleras de El Calafate a enfriarse un poco y seguir bebiéndoselos vientos, amén de no perder para nada la saludable costumbre demultiplicar los panes casi de manera milagrosa, matizado, al decir deuna señora paqueta que supo alternar la guerrilla montonera, que enun momento voló un trompazo en el más ortodoxo exilo matrimonial dealguien que en ejercicio de la primera magistratura no encuentra obstá-culos en perseguir colaboradores caídos en desgracia a patadas en elculo, alrededor de una mesa. Nada si se lo compara con la audacia des-enfrenada del año siguiente, cuando todavía enredado con las Babasdel Diablo que hay entre las plantas del parque de la residencia de Oli-vos, adelantaron seis meses las elecciones legislativas nacionales porlos reveses sufridos en sendos comicios de Misiones y Catamarca, y lasconvirtieron en un plebiscito de alcance nacional entre dos modelosde vidrio, y hasta el mismo Kirchner tuvo que salir a la cancha comocandidato a diputado y sin ningún escrúpulo, al mejor estilo del Osval-do Zubeldía con el reglamento bajo el brazo, sacar de la galera unospomposamente bautizados candidatos testimoniales, ya sean gober-nadores o intendentes del GBA en ejercicio, con tal que la divinidad dela Diosa de las Encuestas los volviera potables con la más que peligro-sa alternativa de proceder a una estafa política sin precedentes, ya quelos candidatos elegidos en ningún momento se comprometieron a asu-mir si resultaban elegidos y encima se creaba un impasse de casi seismeses hasta el 10 de diciembre, fecha de la asunción oficial y los jura-mentos/promesas formales de los nuevos legisladores. Como ya era ob-vio entonces presumirlo y ahora recordarlo, ninguno cumplió con lo quepúblicamente había prometido y todo siguió como si nada, Dios prove-erá. El de agosto del 2006 del cual parte este trabajo, esto es, Elizondoentrando por Balcarce 50, amén de inédito, fue un hecho que por lomenos lució tan inusitado como rodeado por un extraño halo, sin mos-trar todavía para nada lo que constitución genética se traía bajo el pon-cho. Cuesta creer que algo que luce tan trivial y anodino pueda conte-ner semejante maraña. Para zafar con alguna elegancia de nuestrasclásica desmesuras y tropicalismos, se trató de la primera vez que a unárbitro de fútbol -execrable demiurgo3 que es el único capaz en un es-tadio de tener menos hinchada que la policía- se le franqueaba el accesoa semejantes instancias de la pirámide social en un país donde desde3 Para la Real Academia, en su versión electrónica, el término proviene del griego y significa creador. Ensu acepción filosófica platónica y alejandrina, Dios creador, y para los gnósticos, también en el mismoámbito del pensamiento humano, remite al alma universal, al principio activo del mundo. 14
  11. 11. siempre, aunque muy particularmente a partir de 1930, el fútbol es unacuestión de Estado. Para colmo, justamente en ese momento en quelos estrategas de entrecasa se devanaban los sesos para quedarse ineternum como una monarquía casera pero manteniendo ciertos atuen-dos republicanos. Con la infalible ligereza y liviandad del periodismo ac-tual, aunque pertenecientes al mismo multimedio y confeccionados enel mismo edificio, cuando todavía no habían entrado en desgracia y ser-ían declarados Enemigos Públicos Nº 1, es de esperar que no con lacobertura del mismo cronista, el acontecimiento duró sólo “algunosminutos” para Clarín y “casi una hora” para el deportivo Olé, dandoasí pruebas contundentes de la vigencia total de la libertad de expresiónde que se disfruta y el apego a normativas sólidas y respetadas en cual-quier terreno con respecto a la exactitud de los datos en la informaciónpública. Si no se toman reparos en los disparates y dislates del mismo te-nor vigentes para desinformar en cualquier materia, en todo momento,con total alevosía e impunidad, se podría decir que lo recién expuestono pasa de la categoría de acotación frívola o desdeñosa, porque el mo-tivo aparentemente de fondo fue que las cucardas del insólito e inéditovisitante solamente consistían en haber dirigido no sólo cinco partidosen el Mundial Alemania 2006, entre los que se encontraban nada me-nos que el de apertura y la final, una distinción por cierto nunca dada,sino haberse dado el lujo de ni siquiera haber tenido una vacilación alexpulsar a una gloria en su despedida del césped, con los cortos, siem-pre acariciando sensual y eróticamente a la pelota, como Zinedine Zida-ne, el Gran Zizou, de origen argelino y oriundo nada menos que del ba-rrio Le Castelet de Marsella, al lado del cual Ciudad Oculta o FuerteApache son monasterios trapenses, vistiendo la casaca de una de lasocho potencias que regentean el mundo y cuando restaban solamentediez minutos para sus tres pitazos finales y la eternidad inigualable delos estadios no sólo lo estaría aguardando para acogerlo en su seno pa-ra siempre sino, como bien evitó hacer mención la mezcla rara de sectay pandemia que constituyen los periodistas deportivos, con el tremendoy preciso cabezazo en el medio del plexo a su marcador, el italiano Mar-co Materazzi, planchándolo de espaldas a todo lo largo, Zizou le dio in-greso oficial a la Guerra Santa al fútbol y de ahí ya no la mueve másnadie porque entre otras cosas es una arena y un proscenio que le ca-en como anillo al dedo desde donde se lo mire. Es decir, de movida la cosa no tendría que haber lucido tan sim-plota y formal como había querido ser presentada. Hay que entender deuna vez que las ramificaciones, arboladuras, deltas y alcances del fútbol 15
  12. 12. se hunden en el fondo de la historia. Además, la cultura tiene su autar-quía y entre nos, rebalsando el vaso y siempre dando la nota, las lectu-ras sobre esta performance y la internita que tienen los árbitros loca-les, más los consabidos e interminables enmarañamientos de lo contin-gente nacional y popular aportan su no poco, y Amílcar Sandanella, porese entonces secretario adjunto de la Asociación Argentina de Arbitros(AAA, de aquí en adelante), es un cordobés que carga munición gruesa,ya conoce lo que es quedar colgado de la brocha por hablar en un paísdonde siempre el silencio es salud, no sólo en épocas de López Rega, ytuvo a bien rememorar con el humor que caracteriza a los de La Doctalo sucedido a la hora de ver a quién le tocaba este billete premiado: -Cuando lo designaron a Horacio Elizondo para dirigir la final delMundial, [el presidente de la AFA Julio Humberto] Grondona y [el delColegio de Arbitros Jorge] Romo sacaban la cabeza para que tambiénles colgaran la medalla, cuando ellos siempre combatieron a los árbi-tros, no hicieron otra cosa que joderles la vida y perjudicarlos –rememoró, achairando la de pasar a degüello-. Y después resultó quepusieron la cabecita. El viejo Alejandro Busca todavía estará cagándosede risa en el Cielo porque el verdadero hacedor de Elizondo fue él.4 Sobre otras instancias decisivas en torno a este acontecimientocada cuatro años que hace crujir la croqueta a varios millones de seresen todo el planeta y moviliza varios miles de millones de dólares, sincontar las verdaderas implicancias culturales de fondo, también teníaun recordatorio bien surtido en torno a lo sucedido con motivo de losanteriores: -En una oportunidad, cuando Juan Carlos Biscay estaba por serinternacional, subieron por la escalera al Comité Ejecutivo su nombre apropuesta de la Escuela de Arbitros, pero por el ascensor bajó una notadel mismo Comité para que la designación le fuera otorgada a JuanCarlos Crespi –ilustró Sandanella sobre Francia 98-. Para el siguiente,todo el mundo sabía que iba a ir Horacio Elizondo, pero no fue a Corea-Japón y la designación terminó siendo política. El designado fue Angel Sánchez. El cordobés le puso de este modolos tres pitazos finales a un tema si se quiere de cotillón:4 Salvo expresa indicación en contrario, todas las entrevistas fueron realizadas por Marcelo Massarino convistas a otra edición de este trabajo y acá se van a utilizar sólo las partes que se entienden más acordes. 16
  13. 13. -Y así es con todo –concluyó, matándose de risa y recordando quecuando estaba en actividad “una vez me cagaron por abrir la boca,así que ahora no me importa nada, dale nomás.” Como en estos casos se ha hecho ritual que algo hay que hacer yla eliminación de la representación argentina propiamente futbolera enese magnánimo certamen estuvo envuelta por alguno de los raros tufi-llos de costumbre, ya no conmueve a nadie lo de campeones morales operseguidos por conjuras celestiales que incluyen, en primer término, aárbitros corruptos, como sucedió con la fantochada patriotera de 1966 yha quedado instalada, abulonada, pero necesitaba urgente de un centrode atención, sea el que sea. Y el petit acontecimiento nacional del pres-tigiado hombre de negro en el cenit de la fama y las miras mediáticastambién estuvo comprendido, más que ningún otro motivo, dentro deesa comezón clásica que no deja de acometer a los hombres del Poderprecisamente porque lo son y cada vez quieren más y más, como en elbolero, siempre un poquito más, impulso incontrolable que los lleva asaber como nadie lo efímero que es, lo lejos que queda de la realidadconcreta, y que siempre han exhibido una inocultable envidia por la po-tencial posteridad que parece albergar desde el fondo de la historiahumana la gloria deportiva en cualquier disciplina y en cualquier épo-ca. Por otro lado, la hiperfutbolización de la vida actual en todos susrubros es una urticaria no exclusivamente argentina5, aunque nos due-la y aquí se la ponga en práctica hasta la saturación, llegando a im-pregnar el habla cotidiana con tropos para todos los gustos como lametáfora tanguera que desde 1947 nos fotografió que estamos empeci-nados en vivir con el alma en orsai6, banderín solferino siempre en al-to. Ahora, la cereza de este postre es la institucionalización vigenteque los que pasan a tener renombre, prestigio, ser referentes de algo, fi-guras destacadas de cualquier actividad, no ser unos NN estadísticos,como si se tratara de algo infecto contagioso, tienen que amucharse decualquier modo, en cualquier parte, sobre todo para exhibirse como lacasta de los excepcionales ante los masificados y mantener la relevan-cia a toda costa, preferiblemente ante las lucecitas rojas de las cámarasde tevé, así que vayamos con lo que tenemos, es lo que hay. A falta deotro 10 imparable bien vale un soplapitos insólitamente incuestionado:5 Bromberger, Ch. Obra ya citada.6 Romero, Amílcar. Fútbol SA – Juego, Industria del Espectáculo y Cultura de Masas. Ediciones de laAbeja Africana, Buenos Aires, noviembre 2005, 182 págs. El trabajo sobre el tema en particular, tambiéncon el titulo El Alma en Orsai – Deportivización y lenguaje de la vida cotidiana, apareció en Informesdel Sur N° 52, de las Ediciones BP, Buenos Aires, mayo del 2005, 24 págs. Ir a la bitácora con el trabajocompleto . 17
  14. 14. -Hablamos del mundial, recibí las felicitaciones del caso y comen-tamos la marcha del país –respondió Horacio Elizondo cuando en lapunzante requisitoria posterior le hicieron la zancadilla de práctica, le-vemente corruptita, si no se llevaba por lo menos un sondeo para unpuestito electoral con vistas al 2007, dada la vigorosa transversaliza-ción que a todo trance se pretendía llevar a cabo hasta que el vientocambiara, barajar y dar de nuevo-. Fue una reunión amena y agradable.Una satisfacción para mí ser recibido por el presidente. Por supuesto, dentro de la liturgia imperante en estos casos, noconstituyó novedad que el invitado dejara como ofrendas sagradas suvestimenta negra y las tarjetas amarilla y roja que supuesta y necesa-riamente fueron las mismas que usó en el último partido, estas últimasfirmadas de puño y letra, cosa de darles una autenticidad inmaculada ymás que eso, sacra. Para redondear el fetichismo, Olé dejó testimonia-do que el hincha del Racing Club de Avellaneda –a pesar de haber naci-do en Río Gallegos- que ocupa el sillón de Rivadavia “atesorará desdehoy la tarjeta roja que expulsó al astro francés Zinedine Zidane enla final del Mundial, con el autógrafo de Horacio Elizondo incluido.”Completando las monigotadas de práctica, en una de esas con la inten-ción de darle algo de contenido a estos insulsos y repetidos ritos cere-moniales, el doctor Kirchner, con esa cintura de que hace gala para lassutilezas y las tormentosas relaciones que tiene sobre todo con la pren-sa nacional, no encontró nada mejor que posar para las fotografías quemostrándoles la roja a los cronistas presentes, con las correspondientesy siempre espontáneas sonrisas de acrílico de los funcionarios adictosfull time presentes. Está documentado. Se utilizó como ilustración obligada y obviapara la tapa de este trabajo. Si es que después no se dio cuenta solo ose lo soplaron, todavía se debe estar lamentando. Y lo va a lamentarsiempre. Con lo viejo, venerable e instaurado en la historia no se jo-de. El desatino, desconocimiento y sobre todo el desprecio cultural quecontuvo ese acto aparentemente intrascendente le iban a pasar la factu-ra por triplicado más una indexación al borde de la usura que él manejaal dedillo por ancestros heredados. A todo esto, a nadie se le ocurriópreguntarle si lo de la graciosa tarjetita fue por tratarse del recurso delúltimo hombre. Ahí sí la parodia se podría haber venido estrepitosa-mente al suelo. Por otro lado, el hecho quiso aparecer como que al me-nos por el momento esa presencia podía llegar a constituir el techomáximo del inusitado protagonismo público logrado en los últimostiempos por estos personajes siempre desdeñados, despreciados, despo-tricados, hasta exóticos o extraños, puteables hasta la vergüenza ajena, 18
  15. 15. metidos presos cuando no ajusticiados sumariamente por asuntos delnegocio de las apuestas, como ha sucedido en Colombia. En una pala-bra, que por hache o por be históricamente han despertado cualquiercosa menos las simpatías populares. Ahora, por la vastedad, implicancias, relaciones, equívocos y mu-chas facetas más se trata de un tema casi que orilla lo tabú, al bordemismo de lo mufa si es que ya no tiene una adentro para más de uno,cuyo tratamiento con cierto rigor y seriedad exige por lo menos unaaproximación lenta, lo más metódica y desprejuiciada posible, primeroque nada desbrozando y desmalezando lo superfluo y aparentementeintrascendente con que está camuflado, tratando de que ninguna desus implicancias quede fuera de foco y menos de cuadro: -Un árbitro es la ley, el reglamento en movimiento, los límites –precisó la psicóloga y deportóloga Liliana Grabin, titular de la cátedrarespectiva en la Facultad de Psicología la UBA, al autor de este trabajo,en el primer piso de una confitería de Villa Crespo, en medio de la furiaensordecedora del televisor puesto con el partido en vivo y en directo enalguna parte del planeta a pesar de ser el atardecer de un día laborable-. Es la frustración, el aguafiestas definido por Johan Huizinga. Por esonunca ha podido ni va a poder arrancar manifestaciones de afecto. El ex referí internacional Juan Carlos Biscay no se anduvo conremilgos para explicar la regla de oro que aplicó durante toda su carre-ra: -Que el balde de mierda propio estuviera vacío a la hora de jugary que el que el hincha lleva a la tribuna no me salpicara. Más gráfico y sintético no se podía ser. Para colmo, no faltó el que aportó el sesgo de lo perentorio que adiario nos acosa sin clemencia, amenazando, como cada vez que unapelota se pone en movimiento, que el quilombo7 puede ser inminenteen cualquier instante:7 Para la Real Academia Española, a la cual por suerte, en los últimos años también le llegó su perestroi-ka, se trata de un vocablo de origen africano, un venezolanismo que originalmente nominaba a chozas ycabañas campestres y que en Chile y a ambas orillas del Mar Dulce, ya en el siglo XIX, se lo adjudicarona prostíbulos y lupanares por funcionar en lugares de similar construcción. De allí que prejuiciosamente lehaya quedado el mote de mala palabra y/o vulgaridad de muy mal gusto. Pero en una tercera acepción,que es la más difundida popularmente y con la que se lo usa en las canchas de fútbol, es lío, barullo, gres-ca, desorden. En la edición impresa, la RAE agrega que se lo utiliza normalmente para referirse a aquelloslugares donde se alteran los valores morales. 19
  16. 16. -El árbitro, en alguna medida, en un país donde no hay justicia,representa el poder –sacudió a quemarropa el peronista Ricardo Cala-bria. ¡Eeepa! ¡La impertinencia que faltaba! Sin embargo, no fue el único. Cada uno a su momento, con lamesura y discreción que dan los años de circo y de saber con los bueyescon que se ara, que ese rol social y escenificado puede llegar a estarimbuido de un rol justiciero a ultranza brota instintivamente, casi poracto reflejo, rebalsando incluso las líneas de cal donde ejercen una mo-narquía casi omnímoda: -Llevar la falta de justicia en un país al marco deportivo o queuna sanción técnica signifique un acto de justicia es una ridiculez –saliócon los tapones de punta Angel Sánchez, poniendo la antinomia esen-cial e infaltable en la controversia insalvable que es uno de los atracti-vos medulares del cosmos futbolero-. Algunos lo utilizaron y ese es eltema. Es más, lo llevó a [Javier] Castrilli a ocupar un cargo en la segu-ridad del fútbol producto de su imagen8. Después agregó para redondear la idea: -Yo nunca impartí justicia. Simplemente apliqué las reglas de undeporte que en sí mismas a veces son injustas, porque castiga de lamisma manera a un futbolista que pega una patada que a uno que fes-teja un gol y se levanta la camiseta, cosa que me parece una idiotez.Entonces no se puede hablar de justicia sino de aplicación de reglasmuchas veces discutibles más que por ellas mismas, por la falta de li-bertad de los árbitros. Juan Carlos Biscay, en cambio, otra vez mostró que lo suyo noson las metáforas abstrusas o subterfugios, retornando a sus épocas defutbolista, antes de ser árbitro, y donde le pegaba a todo lo que se mov-ía, incluso a los que se convertirían en ex colegas:8 Justamente al principio de la administración de Néstor Kirchner, a pesar de sus simpatías derechosas ne-oliberales y de venir de colaborar con la gestión bonaerense de Carlos Ruckauft, (a) Rucucu, en su mo-mento ladero de López Rega y el que embajador llevó en Italia 90, acompándolos en pesona y pagandocon fondos públicos, a todos los barras compatriotas que no habían podido entrar y que vieran la finalcon Alemania, la del famoso penal inventado por el mexicano y donde después, festejando el título, elgran Franz Beckenbauer, DT teutón, con toda la euforia del mundo vivó por un IVº Reich… 20
  17. 17. -En un país donde la justicia no es independiente, ¿cómo le va ala Justicia en este país? No le va muy bien. Ricardo Calabria también machacó en caliente sobre el mismoclavo: -Si hay algo que falta en este país es justicia –reafirmó. Roberto Ruscio puso una viñeta de su coleto que es como un frisocon filigranas y arabescos de la Argentina misma: -Una vez fui a dirigir a Entre Ríos y el policía a cargo de la seguri-dad me dijo: “¿Vos hacés quilombo en la cancha y ahora te tenemosque sacar nosotros?” Toda una situación repetida, habitué, manida, que no sale en losdiarios ni figura en siempre la almidonada textura de los comunicadosoficiales. Ruscio completó así su particular visión del Camino al Gólgotade los que tienen como única arma y herramienta un silbato: -Después quedás en manos de la Seguridad, que te digan cuándosalir y que tengan la buena intención de cuidarte y que no te manden almatadero. Textual. A continuación tuvo la gentileza de abrochar todo conuna breve e intensa cátedra de sociología e historia nacional práctica: -En el interior, cuando iba a dirigir el Regional, como la policíacomparte todos los días con la gente que en una de esas tienen que re-primir, ahí tenés menos seguridad. Angel Sánchez, otro día, en otro lugar, coincidía casi milimétrica-mente en meter la pelota junto al mismo palo: -Los arbitrajes en el fútbol del interior fueron muy importantespara mí. Los policías que eran del pueblo no tocaban a nadie porque alotro día se encontraban con los hinchas en el banco, en el supermerca-do o en la calle. De la despersonalización de las megalópolis a la sobrevivencia enaglutinamientos urbanos pequeños que todavía mantienen a rajatablacaracterísticas semifolk, digamos, una vida medio en chancletas, ma-teada en la vereda con la silla petisa, la tarjeta de crédito virtual desde 21
  18. 18. siempre a cargo del almacenero que a su vez es hijo del que surtió a tusviejos durante toda la vida, ¿cómo se le va a ir a pegar o encanar, en-cima por un partido de fútbol de mierda donde el que tiene razón es elvecino porque abajo del uniforme tienen puesta la camiseta localista pormás que juren y rejuren un profesionalismo impoluto a cal y canto, aca-tamiento a la ley hasta que las velas no ardan y la mar en coche? El ex árbitro mantuvo el relato como si se tratara de un trámite: -Un partido que se suspendió y después lo fui a completar, alterminar y salir de la cancha, no había un solo policía, ni uno, y yo conel coche en la comisaría… Si alguno quiere experimentar lo que es la soledad en vivo y en di-recto, no guitarreos existenciales y literarios, puede convencersehaciendo un trabajo práctico como ése. Ruscio no cortó el hilo de su re-lato casi monocorde: -Me tuvo que llevar un dirigente –explicó-. Después me enteré quela policía me lo hizo porque yo había informado sobre algunas anomal-ías cometidas en el operativo del anterior para mantener la seguridad. Sin exagerar, el remate tuvo su cuota de sincera ferocidad y esca-lofriante impacto, más que nada por la sencillez y contundencia: -Lo que sucede es que en la conducción de la Seguridad tenés atipos que piensan así. Aquí es donde surge claro que cuando sucede algo tan impensadoy grave, por la parafernalia con que suele explayarse la violencia nues-tra de cada día, lo de los políticos y gobernantes no son explicaciones,sino gárgaras, pelotazos a la tribuna, cualquier cosa en un país no sólocon una cultura futbolizada al mango, sino con un pueblo que vive defútbol (no del fútbol, que no es lo mismo, tal como sentenciara El 109),y como si fuera poco 180 mil millones de dólares de deuda externa, mi-les de desaparecidos sin explicación valedera a la vista y que para rema-tarla está condenado al éxito10.9 Durante el reportaje concedido al matemático y periodista deportivo Adrián Paenza para Canal 13, porel que estaba contratado con exclusividad por más de 300 mil dólares, luego de comprobarse el uso de uncóctel de efedrina en el partido contra Nigeria, Mundial 94 en EE.UU. Los responsables del suministrofueron exhumados y lo acompañaron como cuerpo técnico en su perfomance como entrenador en el Mun-dial 2010 de Sudáfrica.10 La afirmación fue hecha en marzo del 2002, cuando ya transitoriamente en el sillón de Rivadavia, eldoctor Eduardo Duhalde, hincha de Banfield, la institución oficialmente más sancionada por corrupción 22
  19. 19. ¿No será un poquito mucho? Vivimos en un burgo salvaje donde la realidad es tan tirana comoimplacable y abrasiva, porque ya han pasado páginas y páginas sin sa-lir de un episodio tomado como baladí y todavía ni señales de poder si-quiera intentar abordar lo importante de fondo en un país que, comoapuntara Mafalda, “lo urgente siempre mata a lo importante”. Por-que no se habían apagado los ecos del petit acontecimiento aparente-mente rutinario e intrascendente en Balcarce 50, dejando ingresar a larealidad por primera vez en la historia como si formara parte del per-sonal de maestranza, ni siquiera con rango de granadero raso y tieso,todos creían que no daba para más que para algún comentario choluloe insípido, a lo sumo algún chiste del nunca bien ponderado y repentis-ta ingenio popular, cuando a la tele se le ocurrió meter el hocico y pun-guearle también algo de celebridad y carisma en formato video, la vidapor el raiting, de paso sondearle la llegada en la masa que podía llegara tener un árbitro ya a esa altura requerido desde México, Italia y AlQatar, mosca del color y la cantidad que quisiera, cuando en uno deesos programas contagiados de realitis producidos con unas pocas mo-nedas de costo, tipo propina en semáforo por lavada de parabrisas oexhibición de malabarismo, la publicidad con la promesa cierta deamenazar en los adelantos de una develación nunca vista, conmovedo-ra, un testimonio jamás mostrado por sus protagonistas reales en vivo yen directo, cuando en realidad siempre se trata de una cotidianeidadque hace ratos vive mucho más que en pelotas y al aire libre, pero conlo cual igual tentaron y convencieron al bueno de Horacio Elizondo paralo que podía llegar a ser una presunta obra de bien, nacional y popular,como iba a ser dirigir la final de Fútbol Villero -en realidad PapyFútbol, porque eran 7 contra 7-, entre los representativos Fuerte Apa-che y Ciudad Oculta, en el mundialista de los primeros, una urbani-zación que lleva el pomposo nombre oficial de Ejército de los Andes,cuna de héroes nacionales como Carlitos Tevez, cuidada directamentepor la Gendarmería Nacional con armamento de guerra a la vista sin es-taciones intermedias, aislada como ghetto y tratada peor, para colmode noche, y como tuvieron suerte llovió tal cual se hubieran roto variosen toda la historia del fútbol argentino, salió al cruce de un dictamen de la infausta Corte Suprema am-pliada, de mayoría automática, en torno al dichoso corralito. El momento flameante que vivía el país ylas característica de lo aseverado tuvieron la repercusión suficiente como para que fuera recogido hastapor la edición castellana online del Diario del Pueblo, que no es otro que el Remín Ribao de Pekín,donde el cronista chino acota por su cuenta que se trata de la adaptación de lo expresado por un famosofilósofo brasileño (¡!) al que no identifica y del que nadie tiene idea, salvo los chinos... 23
  20. 20. caños en todo ese sector del cielo. Así que en las plateas bajas le tuvie-ron que dar al aliento y a la birra de parado, una nube densa y fraganteque parecía Chernobyl y era producto de puros porros con yerba de labuena que se disipaba algo por la cortina de agua, por lo que los únicosprivilegiados fueron los que lo vieron desde los monoblocks, a resguardode toda inclemencia, salvo los de los pisos más altos porque por la dis-tancia y la iluminación berreta tuvieron que enterarse a través de lasmúltiples trasmisiones espontáneas vía celular y nada de entrar en de-talle por el origen de un chiche electrónico policlasista que se havuelto tan vital como el calzado o la leche en polvo para los más chiqui-tos y quién paga las cuentas que por encima de todo en una democracialo que hay que respetar es la privacidad, máxime en un aspecto tansensible como es justamente la propiedad privada11. En un lugar así, sin menospreciar ni encarnizarse con algunos enparticular, entre Dios y el célebre árbitro argentino la única diferenciaera que el primero no usaba ropa deportiva ni lo esponsoreaba nadie. Hasta ahora, por lo menos. El evento, con perdón de la expresión, en vivo y en directo, tuvolugar el viernes 1º de setiembre a las 21:30, y se lo retransmitió en di-ferido y pésimamente editado, por momentos pareció que tarasconeado,total era villero, la semana siguiente en el programa Blog que conducíaDaniel Tognetti en el Canal 9, todo bullente en el caldo de cultivo de loque Bromberger en el trabajo ya citado llamó macdonalización de lacultura, y que entre nosotros, para variar, tiene dos corrientes alterna-tivas como son la tinelización y la pergolinización, ambas hijas de unmismo padre, la sofovichización, todos hijos putativos del Proceso yreflotamiento triunfal con el menemismo. Al término del encuentro, con solamente apenas tres amarillas,ninguna irregularidad digna de mención, justo y ajustado triunfo localpor 2 a 1, las cámaras encendidas dieron mayor motivación y riendasuelta para exteriorizarle todo el afecto a semejante figura transnacio-nal, un verdadero orgullo para todo aquel que se sienta argentino has-11 En una población estimada en los 38 millones de ciudadanos, ya próximos a cumplir la primera décadaen el siglo XXI y el segundo centenario de la independencia formal, información dada a conocer -y quehay que tomar con pinzas- estima en 39 millones la cantidad de aparatejos de todos los colores, precios ytamaños que andan circulando en manos, oídos y bocas sin ningún tipo de discriminación, y donde buenaparte de los cuales son reciclados y forma parte de una bastante suculenta rama del Delito Organizado,con las autoridades respectivas siempre mirando prudentemente para otro lado u ocupadas en menesteresmás importantes, sobrecargadas en tareas vitales como acarrear papeles de un lado a otro, sin destino. Enmomentos de corregir este trabajo, en el último año se han vendido 500 mil celulares más. 24
  21. 21. ta la muerte, así que se mandaron en lo que tan discutido durante unpartido como es un tumulto, una figura reglamentaria que no todos losárbitros aceptan, y como la cabra al monte tira, en el remolino y soba-jeo, la clásica media vuelta con el pulgar y el índice en media luna, mo-vimiento perfectamente calibrado y practicado, al internacional e inma-culado Elizondo le hicieron nada menos el cronómetro con que habíadirigido la final en Berlín. En una sociedad como la neoliberal, en que nada tiene desperdi-cio porque ya es un desperdicio en sí, las cámaras al hombro no se loperdieron a un Horacio Elizondo alejándose por un pasillo interno de larenombrada urbanización, un laberinto digno de H. P. Lovercraft, to-talmente chivo, y protestando en un tono como para que lo escucharanhasta del edificio central de la Gendarmería, en Puerto Nuevo: -¡Hijos de puta! Les vengo a hacer un favor y me pagan así. –A pa-so vivo, el bolso colgándole de la mano derecha, sin cambiarse, con laspilchas traspiradas y mojadas por la lluvia con que había dirigido. -¡Váyanse a la mierda! Lo que pasó seguido no salió en cámara: los de la producción quelo corrieron y convencieron que con la Traffic los esperara en la prime-ra YPF afuera de Fuerte Apache, a unas dos cuadras de ahí, que ellosiban a tratar de arreglar el desaguisado de algún modo. Hablando lagente siempre se entiende, sobre todo en la Argentina. Allí cada uno co-noce las especialidades, una cosa así no pasa desapercibida para na-die, había que devolverlo, estaba en juego el verdadero prestigio de unbarrio martirizado por todos lados, las cámaras de tevé encendidas yencima a quién le habían hecho el bobo, a una figura así no se la cho-rea, están vacunadas, justamente por ese motivo perdía todo valor, erauna merca que quemaba los dedos y no se la podían mostrar ni a lanovia, menos que menos pensar meterla en el reduche. Las negociaciones no fueron fáciles. Llevaron su tiempo. Nada deargumentos moralistas y otras pelotudeces. Por supuesto, aparte de quesi no echaban pie atrás no sería raro que intercediera hasta el mismí-simo gobierno dada su angurria de protagonismo al estilo Llanero Soli-tario, seguro que con el periodismo sacrosanto a la cabeza, y había quedar por descontado que se armaría un despelote de padre y señor míopor el afano de un reloj cuyo único valor, por encima del de la mercanc-ía en sí, residía en haber estado en la muñeca izquierda del árbitro quedirigió una final entre un equipo al que le echaron el mejor porque lerecordaron que tiene una hermana acusada por lo menos de estar cerca 25
  22. 22. de todo el mambo islámico y todas las connotaciones que eso tiene, máslo que supimos que todo eso significa en los Años Negros, cualquier sa-lida de la norma estandarizada ya es terrorismo, subversión o por ahícerca, y en la vereda de enfrente, los bambinos de teta que se llevaron eltítulo mundial gracias al dudoso regalito del referí gallego en forma depenal casi sobre la hora en el partido contra Australia, pero cuandoarribaron al Leonardo Da Vinci de vuelta con el preciado trofeo los esta-ban esperando los carabinieri para portarlos en galera al estar variosde ellos metidos hasta la testa en el arreglo de partidos bajo cuerda yhacerse unos millones de euros con el totocalcio, sin contar los diri-gentes y clubes enteros recubiertos de gloria y a partir de ese momentode merda de la más fragante, más algún que otro árbitro, claro, paracompletar el álbum de figuritas. ¿Por qué les iban a decir rochos? ¿Por ser pobres, marginales, deuna casta inferior? ¿Cuándo Carlitos Tevez, cuyo tío había estado pre-sente y todo durante el partido, crédito del barrio, vocalista del conjuntode cumbia villera que dirige un hermano, jamás ha ido a menos ni porun kilo de guita y dejenlón y van a ver que del Zizou ése, un tiempitomás y no se acuerda ni la madre, primero al paulista Corintias del pre-sidente Lula y después a los Manchester ingleses, todo de la mano de laMafia Rusa? Bueno, la cosa fue que al final, con esfuerzo, algún empujón, va-rias puteadas, hasta alguna mano para espantar una mosca a pesar dela lluvia y lo que sea, lo que primó fue la racionalidad aunque a muchasles pueda parecer mentira si no toma en cuenta que el reinado de lo ra-cional era el motivo por el cual estaba lloviendo a lo loco. Así que con lamisma velocidad y cualidad NN con que había desaparecido, reaparecióde la nada a donde se había mudado. Y mucho antes de los tres díasque le llevó a Dios hacerlo con su Hijo. Algunos del canal le alcanzarona la estrella Horacio Elizondo en el lugar convenido un objeto tan pre-ciado no tanto por su valor en sí, que lo tiene, por cierto, como por elotro, indudablemente mayor y que no cotiza en Bolsa, ahora sí todoconvenientemente grabado en video para que quedara constancia queen el país, por más que después rezonguen plañideramente los Blum-berg & Co., hay de lo que se quiera y necesita, pero tienen corazón ysentimientos y obran siempre de buena fe, no con mala leche. -El episodio del reloj podría haber sucedido en cualquier lado –dijo formalmente el hombre súbitamente encumbrado a nivel global,merced al fútbol justamente, en su momento activista sindical entre suspares y hasta presidente de la AAA, ya calmado, a la gente de Olé que 26
  23. 23. había ido a hacer la cobertura y que se publicó recién el martes 5, cua-tro días después, apagados los ecos de la fecha correspondiente del ful-bo de en serio, es decir, del que da guita y maman-. Y también de esosaco una conclusión muy positiva. Porque, reconozco, me dio muchabronca cuando me lo quitaron, pero rescato el hecho de que me lo de-volvieron enseguida. A la gente le dio mucha vergüenza y su reacciónfue de una enorme dignidad y honestidad. Para completar una tele bazofia a tutti faltó el apretón de ma-nos y hasta el abrazo conciliador entre el victimario y la víctima, pero yahubiera sido como mucho. Y en cuanto a Horacio Elizondo, no será unestadista, pero el hombre demostró que su cintura tiene para enviar unbalsámico discurso público y no incendiarse con una potencial clientelacomo es la marginalidad creciente en forma cariocinética e inevitable-mente rumbeando para el fútbol, sobre todo vía cable, porque no haypeor ocupación estresante y alienante que la desocupación plena nielemento más pernicioso y disolvente que el aburrimiento12. La cantidad y calidad de lo metafórico que pueda tener que el doc-tor Néstor Kirchner, al invitar al árbitro internacional Horacio Elizondo,dejó entrar por primera vez a la realidad a la Rosada por lo que arrastray condensa simbólicamente este tipo de personaje social, más el mo-mento que vivía el país, un cumpa que ya colgó el pito encima le sacu-dió de sobrepique que donde no hay justicia los de negro son el poder,bueno, puede correr por el paladar de cada uno semejante evaluación ymejor atenerse y constatar los hechos. Ahora, si es que se puede, tratarde dejar las minucias y abordar de una vez la sustancial para tratar dever la dimensión que tuvo latente lo sucedido el 2 de agosto del 2006 enla Casa Rosada. Pero no: se le había roto el cuerito al grifo y no habíamanera de parar el chorro. Más en un país que vive de fútbol (no delfútbol, sino de fútbol, como le dijo El 10 al matemático Adrián Paenzacuando le “cortaron las piernas” en el Mundial 94 por el cóctel deefedrina que para algunos fue nada más que una conjura en la que in-tervino hasta la CIA), esa realidad simbólica, virtual o como se la quieraapedillar, a poco más de un mes de haber sido introducida, como si fue-ra poco se aprestaba además a ponerle un pelotazo en el poste que le12 Verdú, V. Ob. Cit. Con respecto a la vieja controversia, sobre todo a principios del siglo XX y a cargode todos los matices de la izquierda, en cuanto a que el mayor peligro que representaba el fútbol era entre-tener y desviar a la clase obrera de su función liberadora universal, este autor español apunta certeramenteen la relación poder/deporte que “la temida realidad es que las masas serían más peligrosas no por suactividad, que podría cambiar de rumbo, sino por su capacidad de indiferencia y su oquedad devas-tadora.” 27
  24. 24. quitó el aliento a varios, incluso a los dos granaderos que como esta-tuas estaban de guardia en la entrada principal de Balcarce 50. Fue el domingo 10 de setiembre, en el entretiempo de un partidotelevisado que pudo ver todo el país. El escenario fue el Estadio Unicode La Plata para 40 mil espectadores, que mandó a hacer el mismísimoEduardo Duhalde cuando era gobernador y así tratar de recuperar losespacios verdes donde levantaron en su momento de prestado sus can-chas Estudiantes y Gimnasia y Esgrima, en un país con un Estado entoda época siempre pródigo, benéfico y dadivoso, en primer lugar si setrata de tirar manteca al techo en cuanto potlach13 haya, y ni quéhablar si es futbolero. Los despelotes fueron magnánimos. Se entrarona levantar tribunas de hormigón y de prepo, hubo piquetes de gente pa-queta por la prepotencia oficial de quererlos despojar de la historia (sic)y al final salomónicamente a la argentina acordaron jugar ahí solamen-te los partidos contra los grandes por una obvia razón de borderó.Bien. Como en esa magna fecha los triperos de Gimnasia y Esgrima sela tenían que ver nada menos que con Boca Juniors, iban ganando 1 a0 en el primer tiempo, se podían trenzar en la punta y el sargento deEjército Daniel Giménez, a cargo del arbitraje, dale con sacarle amari-llas a los locales por cada patadón cariñoso a un contrario, llegando elcolmo de echarle al DT por protestar, con lo que eso podía significar pa-ra el padre, atravesando un momento muy serio de salud, por lo queantes que terminaran los primeros 45 minutos, el presidente de los lo-cales, señor Juan José Muñoz, (a) El Tuerto, a pesar de que cuenta conlos dos globos oculares aunque parapetados atrás de gruesos lentes deaumento, acompañado de tres miembros de la comisión, lo esperaronen el vestuario al militar en actividad, que vive en el Chaco y viajaba to-dos los fines de semana en avión para dirigir, cosa de proceder en esos15 minutos reglamentariamente dedicados al descanso a lo que el vul-gar lenguaje callejero denomina apretada y que en la Argentina es tan omás común que los buenos días, sobre todo en el fútbol, donde formaparte de los elementos indispensables y habituales, tipo canilleras, me-dias o las vendas para los tobillos, y le dijo como si se le preguntara sila gaseosa la quería con o sin pajita:13 El término es muy poco usado, reproducido incluso con diferentes grafías, y alude a una costumbre ri-tual de los aborígenes de América del Norte para agasajar a sus huéspedes de manera tan exuberante co-mo fanfarrona y exhibicionista. El primero en tratarlo e incorporarlo a las ciencias sociales fue JohanHuizinga en su clásico Homo ludens y luego de manera impecable por Mario Vargas Llosa en El hooli-gan civilizado, en La Nación, 25/6/98, pág. 19. El significado que ha quedado entre nosotros, los suda-cas, le apunta de manera generalizada a los nuevos ricos y más que nada a los gobernantes que hacenrimbombantes gastos en obras públicas tan caras como inútiles para perpetuarse en el poder mientras lasnecesidades mínimas del pueblo en general, cuyos efectos no se ven, como la salud pública o la educa-ción, quedan a la deriva. En este sentido, todo el fútbol, el argentino en particular, es un potlach desdedonde se lo mire, empezando por los estadios y siguiendo por los contratos de jugadores y DTs. 28
  25. 25. -Cuando salgas a la calle te vamos a matar. Una versión. Y seguramente antojadiza. No sería nada raro. Pero el partido efectivamente fue suspendido y el sargento Gimé-nez, custodiado más o menos como Bush en una visita de cortesía aBagdad, procedió a formalizar la correspondiente denuncia policial. Apartir de allí comenzó el surtidor de pronunciamientos de todo tipo. Ensu mayoría, si era correcto o no proceder a la suspensión, sobre todosin avisarle a la gente, porque los de Boca se fueron sin el anuncio ofi-cial por los parlantes, sólo alertados por las radios portátiles. -Esto depende de cada uno –respondió Ricardo Calabria consul-tado sobre el particular-. Tengo algunas historias en las que intercam-bié golpes antes y después de un partido. Y después lo dirigí como si es-tuviera en el patio de mi casa. Pero no es lo correcto porque tiene quehaber una legislación. Por ejemplo, tomando lo que hizo [el sargentoDaniel] Giménez, yo hace veinte años ni loco suspendo el juego. Aparte,lo hubiera corrido del vestuario al presidente de Gimnasia como lo hicecon más de uno. Pero hoy, en esta situación, no podés decir que estuvomal porque no sé si él está preparado para enfrentar esa situación y se-guir con normalidad. Aunque no del todo porque todavía el asunto tuvo una vuelta másde tuerca: -Igual a [el sargento Daniel] Giménez lo tomo con pinzas, porquecuando tuvo que hacer el minuto de silencio mintió –agregó Calabria, yaen tiempo de descuento, recordando un episodio entonces también re-ciente y no cicatrizado-. Dijo que no sabía nada y lo tenía escrito en elnombramiento14. Como la pelota que es un esfera perfecta y está impregnada dealgún elemento demoníaco15 para que gire ad infinitum sin dejarse de-tener o dominar, la currícula de los protagonistas era por demás sucu-lenta y como sucede siempre en la Argentina, cualquier hecho entra aechar guías como planta de zapallo y a los diez minutos se está a varios14 Es un trámite burocrático que sucede el martes anterior al partido.15 La entrada del demonio a la cancha no es una licencia o un recurso poco feliz. Está registrado históri-camente en la Enciclopedia Británica que era tal la atracción, la fascinación del balón no tan perfectocuando ya la industrialización daba sus primeros vagidos, amén de los golpes, heridas y muertes parahacerse de él y retenerlo, que popularmente y no tan popularmente en las islas se daba como un hechoque estaba poseído por el Demonio. 29
  26. 26. kilómetros luz del hecho y su posible significado, ni hablar de motivosni razones. En suma, el sargento Giménez, a pesar de haber sido anoti-ciado formalmente, fue el único árbitro que el domingo 25 de marzo del1996, por cumplirse el 20º aniversario del hasta ahora último golpe deestado, en el Chateu Carreras de Córdoba no procedió a efectuar elminuto de silencio establecido en homenaje a los compatriotas des-aparecidos, torturados, aniquilados, por la última dictadura militar. Pero a los pocos días se retractó y lo más hombre y los más pan-cho dijo que no se había olvidado nada. Le había dado bronca que elminuto de silencio fuera nada más que por los subversivos y no por losnobles uniformados caídos en el sacrosanto combate de cobrar en boti-nes de guerra, llevarse chicos, tirar prisioneros dopados sobre el mardesde los aviones, torturar, enterrar masivamente en tumbas NN yhabilitar una veintena de campos de concentración. En la vida hay queser equitativos y el que tenía el pito era él, qué joder. Ni lo apercibieron. Menos que menos en el cuartel donde prestaservicio. Del lado de los platenses agresores, dejando de lado que el mismí-simo eternizado presidente de la AFA y su hermano menor tienenrécords en materia de sanciones disciplinarias por cosas por el estilo, elque llevó lo que se puede decir la voz cantante, como no podía ser deotro modo, fue el presidente tripero, Juan José El Tuerto Muñoz, quizáel hecho más explicable públicamente de su existencia aunque y al-guien quiera ver en eso alguna contradicción, desfasaje o anomalía. Lode la tortedad viene a ser como una licencia poética o porque directa-mente a alguien se le ocurrió enchufárselo y después a nadie se le ocu-rrió enmendarlo, algo bastante frecuente en un país condenado al éxi-to. El resto de su currícula, en cambio, sí entra en los rascaderos decabeza varios como sucede siempre con la milagrería peronista, muypor encima de las casualidades recurrentes y otras pavadas por el esti-lo. Para ponerse a tono con la globalización imperante se puede co-menzar diciendo que Jota Jota o El Loco, como también le dicen en loscorrillos platenses, es un self made man, una clara muestra de lasventajas sin igual que tiene la movilidad social en el sistema capitalis-ta, para utilizar lo más socorrido y rancio de la jerga imperante en lasciencias sociales. Claro que todo eso en la Argentina, obviamente nacio-nal y popular. Y más precisamente en La Plata. Cincuentón, algo calvo ygruesos anteojos, sus comienzos fueron de verdulero, de allí pasó a ser 30
  27. 27. un trabajador del lápiz, como se autodenominan los levantadores dequiniela, también capitalista de juego y la llegada de los cumpa, en1986, a la gobernación del primer estado argentino, de la mano del re-novador Antonio Cafiero, (a) Cafierito, como lo llamaba el General, loencontraron tan bien plantado, estaba tan en estado que podía corrervarios Dardo Rocha con la colita parada. Tanto fue así que cuando untrienio después dio comienzo la Segunda Década Infame en el terrenopolítico él empezó a ocupar un puesto no muy fácil de definir, más bienresbaloso, que en fútbol se lo podría llamar batidore líbero por la mul-tifunción, pero el caso es que para no meterse en Honduras y salir porGuatepeor, desde el vamos se trató de un ámbito no muy específico delrubro existente en el laberinto que se forma por entre mutuales, gre-mios y esas cosas, y donde por lo común hay montañas de guita inver-samente proporcionales a las preguntas y explicaciones y dispuestas airse con el primero que las manotee. Resumamos: en el slang imperan-te en la política criolla de pura cepa se les llama cajas, así, a secas. Enel camino queda una asesoría para Aníbal Fernández cuando era jefe degabinete e integración de cúpulas empresariales varias. Resumen: lucey lo presentan como empresario millonario. ¿Queda claro ahora? Las vueltas que tiene la vida y esas cosas lo llevaron a conocer,desde mucho antes, en la capital bonaerense, a una familia Fernández,pero nada que ver con el recién nombrado porque en la guía tambiénforman legión. Agregado al apellido suyo no dice mucho en cuanto aprosapias y linajes rancios, pero hizo buenas migas con Ofelia Wilhelmde Fernández, la dueña de casa, y una de las hijas era una flaquita muylinda, inteligente la piba, más brava que una gata recién parida, es cier-to, y que en los años de plomo andaba merodeando por donde frecuen-taban los montos, la Jotapé, la Tendencia y esas cosas tan típicas delos pibes de entonces, todos medios zurditos que querían hacer la revo-lución y entraron a hacer cagadas, el Viejo los rajó de la Plaza, la roja sí,pero no la bandera sino la tarjeta, la misma que el marido le sacaría ala prensa el aciago día de agosto del 2006, los expulsó per secula secu-lorum, y todos saben la que se vino porque todos supieron todo desdesiempre y miraron para otro lado al mejor estilo selección argentina porprimera vez campeona del mundo. La política la ganó a tal punto quehasta se puso de novia con un muchachito flaco y alto como el mapa deChile, del sur, de donde casi se acaba el mapa, que también estudiabaDerecho y que justamente tenía madre chilena. Al final habían termina-do casándose y yéndose a vivir para allá, en el medio de esos desiertosque lo único que tienen no está a la vista o despeina: petróleo y viento,pero por las diagonales y terrenos aledaños estaba empezando la dego- 31
  28. 28. llatina y el sur prometía como unaCalifornia de entrecasa. Por supuesto, los Fernández, todos triperos de ley, la señora Ofe-lia Wilhelm muchos años con un puesto de chorizos a la genovesa deba-jo de los tablones sobre los que se paraba la brava según algunos, fun-cionaria del Ministerio de Economía bonaerense si se sigue versionesfamiliares o gremialista de un sector de los empleados públicos provin-ciales al tenor de otros, vaya uno a saber ahora, lo único cierto que hayen el país en el fútbol, así que lo que inte-resa es que cuando el club enla mitad de la primera década del siglo XXI se empezó a venir seriamen-te en falsa escuadra, varias veces a doña Ofelia le habían ofrecido me-terse de lleno para que hiciera pesar sus nuevas relaciones pero por susobligaciones no podía, le daba no sé qué, hasta que la cosa se puso tannegra que a las mujeres -no importa si madres, esposas o novias- se laspuede podrá dejar en banda y sin un mango, que se vayan con el sode-ro, si quieren, pero jamás a Gimnasia, eso nunca, El Lobo es un sen-timiento, más grande que la vieja es, así que la fue a ver a la Ofelia ydecidieron encarar una lista interna y tirarse a agarrar la manija delclub. Ella aceptó chocha porque por algo era sindicalista del más ranciocuño peronista y madre de la flaquita que había salido política hastapara pintarse los labios, nada menos que la revista Forbes la registrabaentre las quince mujeres más poderosas del mundo, pero cuando éstase enteró puso el grito en el cielo, cómo no podía entender con los añosque llevaba vividos que el que había sido novio ahora no sólo era el es-poso y el padre de sus nietos si no el presidente de la República, ellaaspiraba a ser la Primera Ciudadana, más que la Primera Dama queya era como lo habían sido tantas que de damas no tuvieron nada, y enuna de esas las obligaciones la llevaban también a calzarse por untiempito la banda y agarrar el bastón, como ya estaban barajando elnaipe y sucedería, quedarse con la banda nada menos que dieciséisaños, haciendo los relevos de las reelecciones como los líberos en elfútbol, algo que le hace cosquillear el alma a cualquiera, y ella, la auto-ra de sus días, a esos años, queriéndose meter en el fútbol y encimacomo segundona del Tuerto, más peligroso que piraña en bidé y peorque buscapié en misa, ni loca, vieja, ni loca, estás mal medicada, mami,seguimos Fernández, claro, por supuesto, pero de otra manera, a ver sinos entendemos, y él está más Muñoz que nunca. La advertencia no llegó a tiempo. El domingo 10 de diciembredel 2007, bien de mañanita, día en que su marido le iba a hacer entre-ga en patriótica ceremonia de los símbolos del poder, como son la ban-da y el bastón, y ya le habían tirado un muerto en la base de la Prefec- 32
  29. 29. tura Naval Argentina en el Delta, un condenado a cadena perpetua dela fuerza bastante sui géneris por las franquicias que gozaba, envene-nado por voluntad propia, inducido o disimulada la pócima en la paranada metafórica Ultima Cena, la cosa es que no iba a llegar a declararnunca, en una de esas se quebraba en uno de los tantos juicios quequedan pendientes por violación de los derechos humanos, tarea be-nemérita en la que él había participado con ahínco en su momento. A todo esto, tripero a muerte, el notorio desaire no lo arredró. Aun ser formado en la Universidad de la Calle, con varios doctorados enalbañales y barriales, no lo asustan sombras ni bultos que se menean.El señor Muñoz no tuvo más remedio que entrar a buscar otro compa-ñero de fórmula para que le hiciera de copiloto o kamikaze, según sequisiera mirar. La gente cambia con el tiempo. Lo único que no cambiaen la vida es el amor por la divisa futbolera. No es un tipo de andarsecon chiquitas. A fines del 2004, cuando asumió la conducción del clubque era hincha nada menos que René Favaloro, lo primero que hizo fueechar a catorce jugadores del plantel, entre los que estaba el melli Gus-tavo Barros Schelotto. Santo remedio. Tres años después lo iban a ir aél, pero la cosa es así, la vida da y quita. Ahora, cuando se le enfrió un poco la pensadora y más o menosalcanzó a vislumbrar que había hecho una cagada más grande que elMuseo de Ciencias Naturales Florencio Ameghino que con su tropillade dinosaurios originales es orgullo de la ciudad y el país, ya como quetambién era un poco tarde. Razón tenía el General cuando decía… ¿Qué había dicho el General? Lo que sea, pero lo habían dejado solo, Felipe Solá y León Arsla-nián habían gastado los celulares llamando a canas y jueces, apoyándo-lo al milico con la cabeza con menos pelo que bola de billar y el imperiode la Ley, hay que erradicar a la violencia de los inadaptados y quevuelvan las familias con los biberones a las canchas cuando nunca hanido ni equivocados, pero a la gente común les encanta los lugares co-munes, viven de ellos, despegándose porque iba a haber elecciones y es-taba todos los días el ingeniero Blumberg con la cantinela de la insegu-ridad que los tiene locos, como si fuera el único padre huérfano de estepaís, aunque sí sea el único ingeniero sin título, hasta en la boleta delcuarto oscuro decía ingeniero Juan Carlos Blumberg en el país farses-co, pero sea como sea lo dejaron solo al Tuerto. Bueno, es una manera de decir. 33
  30. 30. Lo que pasa es que los que no conocen a fondo a la Argentina sedejan llevar por el surtidor de boludeces que siempre se dicen en calien-te. En su reunión del martes 3 de octubre, presidido por el propio JulioHumberto Grondona, el organismo le aplicó al señor Muñoz seis mesesde suspensión durante los cuales no podía integrarlo. Sanata para la gi-lada. Un día antes, después de presentar el descargo, el aparentementecondenado sin remedio a la silla eléctrica, con suerte y viento a favor auna suave perpetua con accesorias, se despachó tranquilo con los pe-riodistas acreditados en el Ministerio de la Pelota: -La sanción no me quita el sueño –alardeó recobrando su real es-tilo, lo más pancho, adelantando que el colorín, colorado ya estabaterminado. Una bicoca por donde se lo enfoque. Y todavía faltaba la reculada,el empate, el único resultado posible en un país condenado al éxito.En diciembre de 1969, cuando todavía le faltaba una década para eter-nizarse en el cargo, Julio Humberto Grondona era apenas presidentedel Arsenal Fútbol Club, al que fundó en 1956 y del que también fue suprimer jefe de las barras fuertes de entonces, ya listas para embrave-cerse, profesionalizarse y comer de la mano, siempre caliente como mo-no con tricota, agredió al árbitro José Filacchione. En ese entonces ledieron un año y medio no conmutable. Ya cambiado de caballo, en lapresidencia de Independiente y con la mira telescópica puesta en Via-monte al 1300 como próxima escala técnica, el 11 de marzo de 1977 elárbitro Aldo Ottone suspendió el partido que Los Diablos Rojos iguala-ban 1 a 1 con All Boys porque un proyectil impactó a uno de sus líneas.Grondona, siempre ígneo y pacifista a ultranza, lo fue a prepotear al so-plapitos al vestuario y le bajaron un año por la nuca. Alcanzado ya el virreynato del Ministerio de la Pelota tampocoiba a ser un inconveniente para dejar bien en claro cuál es la metodo-logía y la escala de valores vigentes a todo trance. La participación ar-gentina en la Copa América 1995 tuvo un inesperado traspié cuandosu par norteamericana la goleó sin piedad en Paysandú y después, apesar del triunfo contra Chile, la nota estuvo puesta cuando barras ar-gentinas de Primera B que tenían cuentas pendientes no encontraronnada mejor que dirimirlas en un lugar donde la policía tenía los brazoslaxos, hacía más de un cuarto de siglo que no había un homicidio y elúltimo, para colmo, había sido pasional, un marido cornudo que habíatenido a bien enterarse de lo que nunca se había querido enterar, asíque el campo fue orégano para apuñalarse a gusto y tener todo el tiem-po del mundo para cruzar el puente, la provincia de Entre Ríos, el Zára- 34
  31. 31. te-Brazo Largo, Panamericana, General Paz y llegar lo más chotos devuelta a casa. Semejante desaguisado hizo que a Argentina, entre otrasrestricciones más bien vergonzosas y poco estimulantes para la dichosaimagen, fuera prácticamente deportada a jugar un partido decisivo, na-da menos que contra Brasil, al norte uruguayo, en Rivera, cerca de lafrontera con ese país, de manera que tuvieran más acceso los macacos(“en el buen sentido de la palabra”, como aclaró enterrándose un mo-vilero de ATC) para meter público de ellos. Fue en la noche del 17 dejunio, en el estadio Atilio Paiva Olivera. El gol del empate en dos de losverdeamarilho, logrado por el delantero Tulio, fue de una asquerosanulidad que vio todo el mundo menos el árbitro peruano Alberto TejadaNoriega, 38 años, un médico urólogo especializado en reproducción yfertilidad, encima con una especialización en Tokio, que terminaba dedespuntar su vocación al respecto por los pitos humanos de esa mane-ra, más la no escasa colaboración del línea boliviano Humberto CiriacoAliaga Acuña. La tevé fue implacable para mostrar que ahí no se tratabade chovinismos ni de nada por el estilo: no sólo la bajó alevosamentecon el brazo, sino que la posición en orsai anterior era casi de unacuadra, todo groseramente obvio y sublevante por el descarado saqueo.Eso fue lo que permitió ir a los penales, los otros patearon con máspuntería y nos, los argies o más modernamente argentos, a armar lasvalijas para volver anticipado a casita, tal cual había pasado con los ba-rras asesinos. Pero si algo debe caracterizar a un dirigente es estarsiempre al frente de sus dirigidos, dar el presente con el ejemplo, quefue lo que hizo don Julio: irlo a buscar al propio vestuario al que sehabía escudado en la muletilla “y a mí qué me importa que me hayaequivocado, si yo soy doctor”, tal cual, para colmo en boca de un du-cho y experimentado pitólogo, tanto en el de plástico con el garbanzocomo en el otro, el natural de fábrica, y punta descapotable. A todo es-to, ya había habido quilombos varios en el rancio palco oficial, dondelos pulcros y triunfalistas brasileños, sobre todo un dirigente que era elyerno del todopoderoso Joao Havelange, encima protector de Grondonay socios en negocios varios que derivan de la cúpula de la FIFA, a gritopelado les recordaba a sus pares argentinos qué tanto quejarse en esemomento, por qué se habían callado cuando el 6 a 0 a Perú en Rosario,Mundial 78, o de la Mano de Dios contra los ingleses en México 86. Lasrespuestas argentinas no se reproducen por lo obvias, en qué parte delcuerpo se ponían las dos manos para menear bien el bulto y todo elsentimiento estrictamente fraternal que dejaron para reafirmar una vezmás que si algo tiene el deporte de bueno es cómo une a los pueblos. Pero no va que don Julio se encuentra con que el doctor soplapi-tos y sus colaboradores estaban bajo siete llaves en los camarines ysegún testimonió El Gráfico, el hombre de Sarandí y zonas de influen- 35
  32. 32. cia estaba “poseído por el demoníaco sentimiento de la ira”, sic.Camino a su objetivo, para colmo, ya se había cruzado con Roberto Goi-cochea, un ex árbitro internacional argentino, integrante en ese mo-mento del Comité Arbitral de la Confederación Sudamericana deFútbol, junto al paraguayo Carlos Alarcón y al brasileño AbilioD’Almeida, un tipo sereno correcto y sereno que hasta intentó ponerpaños fríos porque conocía de sobra a ese torbellino enfurecido queavanzaba con un solo objetivo muy claro. -¡Salí de acá! –escucharon todos los que quisieron escuchar-. Us-tedes manejan el referato como patrones de estancia. ¡Hacen lo que seles canta! ¿Patrones de estancia, dijo? ¿Hacer lo que se les canta? ¿De quiénestaba hablando? Le pasó por arriba y le entró a dar a la puerta conpuntinazos de su brilloso y finísimo calzado a medida: -¡Abrí, hijo de puta!–. La abolló toda como para dejar en claro quéle iba a hacer y cómo lo iba a dejar si lo podía agarrar personalmente dechanfle, con tres dedos, a dos manos, como fuera. -¡Sos un ladrón igualque tu padre, la puta que te parió! La cariñosa alusión era para don Alberto Tejada Burga, por en-tonces ya septuagenario, que también en su momento había sido árbi-tro internacional. El paraguayo Carlos Alarcón, ante el cariz que habíantomado los acontecimientos, como acostumbra a decir la más suculentacrónica policial, puso una prudente distancia del terreno de los hechos,y una vez bien acantonado en el palco oficial de vuelta, ante cámaras ygrabadores engoló la voz de la formalidad y el deber ser: -La actitud de Grondona fue lamentable –dijo de lo más compues-to-. Los gritos que profirió mientras pateaba la puerta, eran increíbles.No actuó como le corresponde a un dirigente. Además, él sabe bien queel que pierde siempre le echa la culpa al árbitro porque es el caminomás corto y fácil. Nosotros a Tejada lo seguimos teniendo en el mejorconcepto, como juez y como hombre. No lo vamos a crucificar por unerror, si es que existió. Tantas precauciones fueron pocas porque el guaraní, al día si-guiente, se encontró con el patrón de estancia argentino en el aeropuer-to y quedó demudado, tanto él como su señora esposa nunca habíanescuchado tanta cantidad de puteadas juntas en tan poco tiempo, másuna mirada furibunda, con los ojos y el rostro inyectados en sangre.Efectivamente comprobó que tenía un insistente comportamiento queen lo formal no se correspondía con un dirigente y que también se pue-de ser un guaraní de ley y mejor quedarse en el mazo para volver alhogar lo más enterito y lo menos machucado posible. Además, tantos 36
  33. 33. fruncimientos iban a ser en vano porque pasado el partido el otro línea,el que marcaba el ataque argentino, le dijo al eficaz urólogo y fertilizadorTejada que él había visto todo y al ser interrogado de por qué no levantóel banderín y avisó, la respuesta fue que no lo consideró convenientepor no ser su campo, ya que por aquel entonces no regía el concepto ac-tual de equipo o terna arbitral como explicó Carlos Coradina en unacharla para este trabajo, conectados por la dichosa cucaracha conaudífonos y micrófonos. El operativo uruguayo para sacar a Tejada, tanto del estadio comode Rivera y del país, no se sabe si fue supervisado por la CIA, pero porlas características que exhibió se lo hubiera tenido merecido. Hasta locambiaron de hotel en Montevideo y en el que durmió lo hizo con nom-bre falso. Las gambetas primeras fueron para conseguir una combina-ción que ni escala técnica hiciera en el aeropuerto Ministro Pistarini deEzeiza porque todos coincidían en que si eso llegaba a suceder habíaque pensar por lo menos en un destino de terapia intensiva y con resul-tado final no tanto dudoso como penoso y letal. Una vez a salvo en el aeropuerto Chavez, en la ciudad de los Vi-rreyes, unos días después el perfeccionado en Tokio por cuestiones uri-narias había amainado y aceptó a tener una entrevista con el corres-ponsal de El Gráfico, recién el viernes 21 de julio, en la que estuvo casicontrito y muy dispuesto a aceptar todo dentro del concepto de la soco-rrida, vapuleada y tan industrializada falibilidad humana, cuando llegóel momento de apestillarlo para que detallara cuándo se había dadocuenta de semejante cagadón: -Al regresar al hotel, vi las imágenes y me quise morir. Tuve ganasde darme la cabeza contra la pared. Pero frente a lo sucedido, lo irreme-diable, opté por dar vuelta la hoja y mantener mi vista al frente. ¡Esos son machos! Sobre todo si por ahí tienen alguna boletitaimpaga y que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra, nojodan tanto: -No le pido a la agente que olvide, porque el gol de Maradona del’86 sigue siendo cosa presente y sé que estoy casi en la misma situación–sacó a relucir la Mano de Dios, pero ni una palabra de la media doce-na en Rosario, en 1978, a un costo de 250 mil dólares y un cargamento 37
  34. 34. de trigo puesto FOB en El Callao-. Sólo pido que me comprendan. Yono tengo dolor alguno porque simplemente no tuve mala fe. Fue unerror por omisión, y nada más. Una simple apostilla. El mencionado corresponsal no era otro queel uruguayo que ya había pasado por Argentina y había sido tambiénenviado especial por la misma publicación en 1964, cuando otro su-puesto error de un árbitro compatriota suyo dio lugar a la que es másque probablemente la mayor masacre en un estadio de fútbol de todo elmundo, y cuyo recuerdo, atracción fatal o alternativas profesionalesmucho mejores, no se sabe, lo llevaron después a radicarse definitiva-mente en la capital de los 500 balcones.16 No pasó nada. La gremial de los dueños de estancias con ganadode dos pies se entienden como tales. No hay por qué andar mezclandola hacienda. A la final en el Centenario de Montevideo llegó Brasil frentea los dueños de casa, Maracanazo siempre mediante, y estaba estipula-do que el referí fuera nada que menos que Javier Alberto Castrilli, unverdadero buscapié en misa que podía entrar a revolear tarjetas rojaspara cualquier lado, y en una de esas todas para los de la verdeama-rilho, por lo que dada su condición de por lo menos patrón de ferreteríaen Sarandí dio la orden directamente de cortarle el pito y evitar todo ti-po de suspicacias y que no siguieran creyendo que, como en el ‘78, conlos peruanos en Rosario, podían quedarse con la ñata contra el vidriopor una vendeta argentina, nada más lejos de nuestro espíritu amplio ygeneroso. La explicación amistosa que se dio, a media voz, porque to-davía andaban bien las relaciones entre ellos, fue que “a Javier hayque cuidarlo para que llegue bien al Mundial de Francia ‘98”, comoefectivamente se dio. La astucia de las grandes jugadas en combinacióncon los grandes negocios, un poco de política menuda y hasta el próxi-mo quilombo que ya veremos cómo sigue. Además, el mismo Tulio, con todo el arco para él, tiró afuera ungol hecho. Ganaron los botijas dueños de casa y todos contentos. Los efectos de la entrada de la realidad a la Casa Rosada, paracolmo encarnada en otro semejante personaje armado de un silbato seentraban a hacer sentir. Y todavía faltaba lo mejor, en escalada. Ya seadvirtió que es un tema embrollado y un anecdotario tan surtido comofrondoso donde la normalidad, si es que la hay en alguna instancia,constituye una excepción. En cualquier descuido se muerde la banqui-na y se va a parar a cualquier lado. Se lo había dejado totalmente solohasta el entonces presidente de los triperos, José Luis Muñoz, (a) El16 Los principales datos sobre los incidentes fueron sacados de El Gráfico, Nº 3955, 25 de julio de 1995.Y el corresponsal mencionado era el que firmaba con el seudónimo de El Veco. 38
  35. 35. Tuerto con dos ojos, y que podrá ser medio loco, como dicen varios enLa Plata, pero no masca lauchas. Por algo, como se verá después, a lospichones de árbitros en la AFA les recomiendan desde chiquititos quehay que mirar la camiseta antes de tocar pito, nene, no te lo olvidesnunca, ¿eh? Si no, como botón de muestra, no habían pasado venticua-tro horas con el sancionado arrastrando su pesada cruz que Olé se hac-ía eco de las sentidas declaraciones del secretario del club, CarlosGiménez, hombre del riñón de Muñoz, a radio La Redonda: -Este es un hecho habitual que pasa en todas las canchas –caracterizó para poner las cosas en su justo orden, omitiendo, como eslógico la de Arsenal, All Boys y Rivera en la ROU-. Pero yo tengo muybuena memoria y me acuerdo de petardos en los vestuarios o del técni-co campeón del fútbol argentino haciéndole una cruz al árbitro. Si sesancionara como se ha pedido por los medios, algunos deberían jugaren la C. Ahora, a la hora de dar explicaciones científicas sobre el meollo dela sanción y la ceguera, sordera y mudez de la Diosa Temis de uso ofi-cial y exclusivo en la AFA, tampoco se anduvo con remilgos: -A Muñoz se lo apunta por su personalidad –puntualizó, sin en-trar en detalles conventilleros como que es carne y uña con la suegradel presidente de la República-. Pero se dio la casualidad que estabanegociando contratos muy importantes de la AFA con la tevé. ¿Y por qué no lo dijeron desde el vamos? ¿Saben la cantidad depavadas que nos hubiéramos ahorrado? Encima el martes 7 de noviem-bre de aquel año el Poder Judicial bonaerense, de frondosa reputaciónen todos los fueros, limpiaba de polvo y paja al Tuerto, más impolutoque bebé de probeta, que pasó enseguida del mote familiar medio des-valorizante al trato de Señor Presidente, asegurando que encima nuncahubo intimidación ni cosa que se le pareciera, justo 48 horas antes detener que jugar el ST pendiente y las cosas tan cambiadas en la tablaque los zeneizes casi podían empezar a dar la vuelta olímpica por anti-cipado. Daniel Pasarella desde la dirección técnica de River ya .habíaanunciado que eso no era un campeonato serio ni nada que se parecie-ra, pero creer o reventar, los pinchas estaban todos con las velas pren-didas para que ganaran los odiados triperos y así también mordisquearalgo ellos por las alturas. Boca tuvo la recuperación por fin tan anunciada al día siguiente,miércoles 8, plin, caja, 4 a 1 y a cobrar. Hubo momentos, en los dostiempos, de 22’ y 23’, en que no se sabían cuántos y cuáles eran losbosteros porque los mejores centros al área tripera los tiraban los pro-pios jugadores mens sana. 39
  36. 36. ¿Qué ¿Entonces fueron a menos en serio? De eso ni se habla. En todo caso, no motivados lo conveniente-mente que exigen las circunstancias, con todo el quilombo que armanlos MCM (Medios de Confusión Masiva) con tal de tenerla más largaque el de al lado, y encima carecieron de la mentalización suficiente.Lo de quedar judicialmente limpio de polvo y paja por la denuncia delpelado Giménez justo el mismo día es una lamentable coincidencia.Como también que al legendario Loco Fierro, dado de baja con dieci-nueve (19) tiros por la espalda, en Rosario, donde el último jefe de polic-ía del Lole Reuteman era integrante de la barra canalla, y al acribilladolo despidiera oficialmente un juez federal “como gimnasista, no comohombre”, en la Capital Nacional del Capitán Capucha, y el comisarioMiguel Etchecolatz, uno de cuyos testigos de cargos, el anciano militan-te Julio López (76) se fuera de paseo y se ha olvidado de volver, unoscuarenta días después de haber dejado entrar a la realidad a la CasaRosada por primera vez en la historia, es todo mera casualidad o, sise quiere, tomémoslo como la forma caprichosa que a veces tiene lo co-tidiano de manifestarse y divertirnos un poco la vida podría ser así. Pero nada más. Las fuentes bien informadas de siempre, a travésde Radio Pasillo, afirmaron en posición de firme que el apriete existióen los términos establecidos hasta que en medio de la discusión salió arelucir que no les convenía hacer eso porque River les había prometido1,5 mil dólares a cada uno de los jugadores por empatar y el doble si leganaban a Boca. Ante tal insospechado giro, las pasiones serán las pa-siones y el fulbo es un sentimiento que no pueden parar, pero hayque ser realista con los tiempos que vivimos, en que no hay principiosni para ir al baño, semejante impensada fuente de ingresos servida enbandeja les hizo ahí nomás contraofertar que retiraban la amenaza acambio de 2 lucas verdes por barba por el resultado en el alargue y elresultado fue que se pudrió todo, porque a los Millonarios de tales yales queda solamente la etiqueta percudida, así que todo otra vez a Fojas0, que ganaran los bosteros y encima que todo el mundo se diera cuen-ta que eso no era juego, ni fútbol ni nada serio que se le parezca. Por otro lado, está la perra casualidad, y el señor Muñoz no tuvoempacho en aceptarle cara a cara a un cronista de Clarín que sí, queuno de los más notorios capitostes de la barra tripera había sido em-pleado suyo en una constructora, “como correo [sic], y ahora recibeingresos [sic el plural] por el alquiler de una pizzería.” Punto seguido. 40
  37. 37. Un respiro, un poquito de agua mineral por la boca reseca y siempre aquemarropa lo que sigue, sin solución de continuidad: -En mi empresa presentó su renuncia hace sesenta días y ahorano sé a qué se dedica. Más claro, el agua mineral. Un segundo antes lo dejaba con másde un ingreso como rentista de un comercio que se dedica a la manu-factura, cocción y entrega de pizzas, en una de esas hasta con deliberyy todo, pero en un santiamén no sabe a qué se dedica, salvo que pre-sentó casualmente la renuncia el día que se armó el resonante qui-lombo de la presunta apretada al zumbo que también es referí. Otra vez vigente y arrasador el Reino de las Casualidades Recu-rrentes en un país condenado al éxito. Lo de barrabravas conchaba-dos como supuestos empleados de los dirigentes, aunque figuren legal-mente en plantilla, les hagan aportes jubilatorios y demás, pero paraque trabajen de barra, de parapoliciales en el club que durante la se-mana es un SA como cualquiera, en el fútbol argentino es más viejo quedoblar esquinas. Porque también a punto seguido de la renuncia justapara pasar una décima de segundo antes que caiga la guillotina, el re-mate consabido: -En Gimnasia no tenemos barras –dijo, contento, El Tuerto condos ojos, después de haber festejado su ocurrencia casi con infantilalegría y agregar tras cartón: -¿Viste qué lindo cirquito me armaron frente a la fiscalía? –enalusión a cuando tuvo que ir a declarar por la denuncia presentada porel Bicho Verde con residencia en el Chaco-. Vi algo que no podía creer:un muchacho con una cámara que se hacía pasar por fotógrafo [y] enmedio del caso me gritaba Muñoz, andate. Había gente rara allí.”17 Menos fútbol, fue un partido en que sucedió de todo y se dijo to-davía más. Como siempre, de nunca acabar. Bien a la Argentina. Por-que ya era el 14 de noviembre y otra vez el secretario Carlos Giménez,haciendo de vocero oficioso, que claro que Los Muchachos habían idola noche anterior, como fueron a apoyarlos después de la goleada que setuvieron que comer a mano de los pinchas, con bombos y qué sé yo,por ahí nunca falta el buey corneta que les pueda haber dicho “Mañanano hay que ganar”, pero nada más, sin ninguna intención retorcida,17 Clarín Deportes, edición del sábado 11 de noviembre del 2006, pág. 71 y ss. 41
  38. 38. extorsión organizada, apriete a gran nivel u otros sobredimensiona-mientos a los que son tan afectos los hombres de prensa para saciar elapetito creciente de su clientela. Nada de eso: había sido dicho al pasar,hasta se podría decir que en tren de joda. -La barra de Gimnasia, al lado de las otras, son carmelitas des-calzas –dijo con absoluta seriedad para Clarín.com. ¿No era que según su presidente el club no tenía de esos “delin-cuentes disfrazados de hinchas”. A veces causa más que extrañezaque en la Argentina nadie perciba toda la inmensa y diáfana sencillezque encubren estos hechos. A esta altura esto ya lucía como un derrame de petróleo en el oc-éano. Pero el bochinche Gobierno/Clarín aún no había estallado y laobediencia debida de los periodistas deportivos los hizo olvidar casi in-mediatamente de los viejos lazos de amistad entre las suegra del presi-dente de la república y madre de una senadora nacional con un perso-naje que calificarlo de peculiar no da una idea acabada, pero ayuda. Sinembargo, no se puede hacer pie del todo y comenzar con un ordena-miento del tema que aspira a vertebrar este trabajo, como es la entradade la realidad en la casa gobierno, con todo lo que eso va a conllevar ala rastra y cuyo croquis se intentó en las primeras líneas. Pero las se-cuelas fueron una atrás de otra, como cachetadas de loco. A comienzosde octubre, siempre en el 2006, unos duritos andaban jodiendo conuna huelga en el Hospital Francés, revolviendo caca con vaya a saber-se qué cosas de sueldos atrasados y aumentos, mejor atención a los so-cios y el nosocomio para la comunidad, al grito de Y ya lo ve, y ya lo ve, es la gloriosa Jotapé,así que el martes 10 de octubre hicieron su triunfal reaparición, sin im-portarles un catzo las cámaras de tevé y otras almóndigas, meta piña ypalo, qué sindicalismo, reivindicaciones populares ni qué carajo, comosi EE.UU. llegó a ser lo que es por los zurditos, si justamente los barrióa todos y los tiró para que flotaran en el Hudson, para adornar la Esta-tua de la Libertad, gracias a The Syndicate, como les decían a los mo-nitos de Capone, Scarface & Co., algún que otro fierro de los pesadosen la cintura, dejándolo ver para que no se les ocurriera hacerse los lo-quitos, nada menos que un funcionario oficial de la talla de SergioMuhamad, (a) La Tuta, de la comisión de Chacarita Juniors y en los ra-tos libres dándole apoyo logístico a los chicos de la barra, otros de la de 42

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