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Los cinco minutos_de_dios_6
 

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Fe

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    Los cinco minutos_de_dios_6 Los cinco minutos_de_dios_6 Presentation Transcript

    • LOS CINCO MINUTOS DE DIOS Alfonso Milagro
    • Todo tiene su razón de ser en el mundo: el frío del invierno y el calor del verano, la fuerza del viento y la calma de la atmósfera, la luz y las sombras... Tú también tienes una razón de ser en la vida; tu vida tiene una misión, que ha de ser cumplida por tí y sólo por tí, porque esa misión es personal e inalienable. Todo tu empeño debe consistir en llegar a conocer cuál es ésa, tu misión, cuál es la razón de ser de tu vida; Dios tiene sobre tí unos planes, que debes realizar tú; si no llegas a conocer esos planes, no los podrás cumplir; pero si los conoces, debes dedicarte plenamente a su realización y entonces verás que tu vida es plena y que has descubierto el verdadero sentido de la misma. Busca, pues, los planes de Dios sobre tí, para que puedas cumplirlos. SEGUIR CON EL MOUSE
    • Alguien busca lo que tú tienes; alguien tiene lo que tú buscas; es la interdependencia que Dios ha querido que haya entre los hombres; no somos independientes unos de otros; todos dependemos de todos, todos estamos para todos, todos servimos a todos. Si no todos servimos para todo, sí todos servimos para algo; y, si no todos podemos ser útiles a todos, sí que todos podemos ser útiles para alguno; de ahí que no nos veamos libres del servicio a la comunidad, por más limitadas que sean nuestras fuerzas y nuestras relaciones humano-sociales. Alguien busca lo que tú tienes y, en consecuencia, lo que puede recibir de ti; y tú estás obligado a dárselo. Alguien tiene lo que tú buscas; y por lo tanto, de él lo puedes recibir; y él estará dispuesto a dártelo, si tú estás dispuesto a pedírselo, dándole lo que tú tienes. Da, si quieres que te den; pero da, no porque esperes que te den, Sino por el simple gesto de dar, porque valoras a aquél a quien das y te das; porque sabes que él necesita de ti. Dios da y no espera nada de su criatura; imítale.
    • La fe no es un producto de la razón; pero si eres creyente, estás obligado a conocer y a saber exponer los fundamentos de tu fe; los motivos razonables que te hacen permanecer en el mundo de la fe. A veces te ha cruzado por la mente esta idea: “acepto a Dios, pero no sus misterios”. ¿Reconoces lo ilógico de esta postura? En la fe, ¿se trata de ver o de aceptar? ¿Y se trata de aceptar, es porque lo ves todo razonable, o porque Dios es quien te inspira confianza en su Palabra reveladora? Si crees, porque a tí te parece verdad y razonable, entonces estás creyendo en tí, en tu razón, en tu entendimiento que te muestra las cosas, como aceptables; crees en tí pero no en Dios; y eso será fe humana, pero nunca fe divina; y con la fe humana puedes llegar a los mayores desastres, puedes perderla con facilidad, pues el fundamento en que se apoya es muy variable; mientras que la fe divina es inconmovible, pues Dios es siempre el mismo y nunca cambia.
    • ¡El hombre por el hombre! Grito del humanismo absoluto, que pretende concebir al hombre prescindente de Dios. Así como no podemos ir a Dios sin pensar en el hombre, tampoco nos es posible ir al hombre sin ver su proyeccíón hacia Dios. Hay entre ambos: Dios y el hombre, el hombre y Dios, una intercomunicación e interrelación que es imposible borrar o siquiera olvidar. Por eso, cuántas heridas nos hacemos los unos a los otros cuando pretendemos herir a Dios; y cuántas heridas hacemos a Dios cuando nos herimos los unos a los otros. Él no nos permitió herirnos; más bien, nos preceptuó amarnos los unos a los otros; en cambio, el hombre está haciendo esfuerzos inauditos por cambiar su precepto por el de “Armaos los unos contra los otros” y por eso las cosas van como van.
    • Muchos ponen toda su esperanza en morir bien; no sé qué sentido le hallas tú a esta frase: “morir bien”... ¿Morir sin dolor? ¿Morir con una enfermedad corta? ¿Morir rodeado de los tuyos? Morir bien es, sobre todo, morir con la conciencia tranquila, sin angustias espirituales, que son mucho más torturantes que los dolores del cuerpo. Morir bien, es morir en paz con Dios y con los demás; es morir de tal forma, que todos sientan tu muerte y nadie tenga motivo para alegrarse de ella. Por eso me atrevo a afirmarte que lo principal no es morir bien, sino vivir bien; porque debe ser cosa muy triste llegar al fin de la vida, arrastrando tras de sí una secuela de odios, de amarguras producidas a los que nos han rodeado, de injusticias con todos, de egoísmos y cosas parecidas; en cambio, llegar a la hora de la muerte, con la conciencia de haber cumplido con nuestro deber durante la vida, con la seguridad de haber vivido bien, es lo que convierte el momento de la muerte en un pasar de la vida con minúscula a la Vida con mayúscula, de los brazos de los hombres a los brazos de Dios; y esto nunca puede ser desagradable, ni doloroso.
    • Presentó E.R.A. PRODUCCIONES