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110205 la sal y la luz de la caridad

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  • 1. LA SAL Y LA LUZ DE LA CARIDAD1.- Cuando partas tu pan con el hambriento, brillará tu luz en las tinieblas. Es importante laaportación que hace hoy el profeta Isaías a las palabras de Cristo en el evangelio. Los siglos queseparan la existencia del profeta Isaías de la existencia de Cristo no impiden ver en este texto del profetauna maravillosa aplicación a lo que Cristo recomienda a sus discípulos. Cristo nos dice que seamos luz yque seamos sal para iluminar y para dar sabor cristiano a la vida de los demás. El profeta nos dice quesólo seremos luz para los demás si encendemos en nuestro corazón el fuego de la caridad. Lo dice conpalabras tan bellas que es mejor repetirlas que interpretarlas. “Cuando partas tu pan con el hambriento,hospedes a los pobres sin techo, vistas al desnudo y no te cierres a tu propia carne, entonces romperá tuluz como la aurora, te abrirá camino la justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor. Entonces clamarás alSeñor y te responderá, gritarás y te dirá ‘aquí estoy’”. Este texto del profeta, como sabemos, es un textoreferido al ayuno. El ayuno que no te abre al prójimo es un ayuno estéril. El ayuno aquí no se refiere sóloa privarse de comida, sino a desterrar la opresión, la maledicencia y la violencia. Lo que nos dice hoy elprofeta Isaías es tan válido para nosotros, los cristianos del siglo XXI, como lo era para los judíos de lossiglos séptimo y octavo, antes de Cristo. El rostro de Dios se manifiesta más en la misericordia que en elcumplimiento de normas, leyes y ritos. Al final de nuestra vida no nos van a juzgar por las bellas palabrasque hayamos dicho, ni por los muchos rosarios que hayamos rezado –es solo un ejemplo-; al final denuestras vidas nos juzgarán por el amor, por nuestro amor a Dios manifestado en nuestro amor alprójimo. Este es el mandamiento de Jesús. Si nuestra vida está dirigida por el amor al prójimodesembocará necesariamente en Dios. Si nuestra luz ha brillado a lo largo de nuestra vida en accionesde caridad y justicia, Dios, al final, nos mirará complacido y nos dirá “aquí estoy”. La semana que viene,en el lanzamiento de la campaña de Manos Unidas, tendremos una ocasión más para “partir el pan conel hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no cerrarnos a nuestra propia carne”.2.- Si la sal se vuelve sosa, no sirve más que para tirarla fuera. La sal física no se puede volvernunca sosa; es químicamente imposible. Pero la sal de la vida, la que debe dar sabor, y saber, ysabiduría, a nuestra vida, sí puede perder fuerza y terminar disolviéndose en la apatía y la vulgaridad.Entonces sólo vale para tirarla fuera. Eso es lo peor que puede pasarle a nuestro cristianismo personal ysocial: que se haga anodino, y convencional, y ropaje puramente externo. Entonces puede ser tiradofuera, porque puede ser sustituido fácilmente por otros credos y costumbres sociales igualmenteconvencionales. Y es que si nuestro cristianismo no tiene fuerza interior, no es una gran luz del alma, sequedará sólo en eso, en gestos externos y en costumbres sociales y convencionales. Más pronto quetarde, terminará en la insignificancia y en la nada. Igualmente, si nuestra luz sólo alumbra debajo delcelemín, los demás, el mundo, no verán, ni se sentirán iluminados por nuestra luz.3.- Mi palabra y mi predicación no fueron sino en la manifestación y el poder del Espíritu. SanPablo les dice a los primeros cristianos de Corinto que no les atrajo él a la fe en Cristo con palabrassabias y cultas, sino que el verdadero artífice de la evangelización fue el poder del Espíritu que residía enél. Por eso, les dice, debe quedaros claro que vuestra fe no debe apoyarse en la sabiduría humana, sinoen la gracia y el poder de Dios que habite en vosotros. Si creemos que vamos a convertir y a evangelizaral mundo con razones científicas estamos muy equivocados. No será la luz de nuestra razón científica laque convertirá al mundo, sino la luz de nuestro amor y de nuestra caridad. Las razones cultas denuestros teólogos influyen menos en la conversión al cristianismo, que el ejemplo de caridad y amor quenos han dado la Madre Teresa de Calcuta y tantos misioneros esparcidos por el mundo.

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