Una fantasía no sexual
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Una fantasía no sexual Una fantasía no sexual Presentation Transcript

  • UNA FANTASÍA NO SEXUAL Un relato erótico Sergio Arenas
  • ~1~ UNA FANTASÍA NO SEXUAL I Te llamé para que vengas a un palacio, un palacio grande, con un salón apoteósico... te llamo a que vengas para que hagas una cosa que te pediré una vez estés allí Aceptas ir, y te diriges al palacio, yo mientras te estoy esperando escondido dentro de él para guiarte en esta loca aventura. Es una tarde fría, gris, como esas antiguas tardes de invierno en que no llueve... Una vez que llegas al palacio, tocas la puerta, la hallas abierta, con temor la abres e ingresas y a la entrada oyes mi voz. “Susana”, te grito. “Sé que estás aquí. Harás todo lo que te diga. Ahora camina hacia los tacos rojos que ves cerca tuyo” Caminas hasta ellos, te detienes frente a ellos. Todo está muy oscuro, gélido, sombrío. Entonces te pido, o más bien te ordeno con voz firme, casi como un grito: “¡DESNUDATE...!”
  • ~2~ ...Haces caso a mi voz, y te vas desprendiendo poco a poco de todo aquello que te cubría. Cada prenda que te quitas es una nube que se va, cada centímetro de piel que queda es el sol que se abre paso. Cuando cae tu ropa interior pareciera que los ángeles cantan cantos de gloria, cuando tus pechos quedan expuestos tu corazón llora de alegría, cuando tus caderas se muestran un río corre más rápido, tu vientre se trasforma en una escalera al cielo, tu espalda se convierte en el regazo tras un día de fatiga... tú, Susana, has quedado desnuda, eres un ángel exultante de belleza e inocencia, eres una ninfa delicada que se entrega dócilmente, tú, Susana, has quedado desnuda, desnuda... oyes esa palabra, la guardas en tu mente, la llevas en tu piel, tu corazón la recoge y la hace expresar en todo tu ser. Susana, has quedado desnuda, entregada, desnuda, desnuda, desnuda, desnuda... no lo sabes, pero te observo y mi alma se estremece con tu imagen... ahora estás entregada a mí. Así, desnuda, quedas de pie frente a los tacos rojos “Ponte los tacos que tienes enfrente”, te digo. Tú te los colocas. “Camina hacia el salón” te digo, tú caminas con soltura y gracia, tu cuerpo desprovisto de todo se luce cuando andas. “Detente” y luego “Ahora ponte en posición firme, con los brazos a los costados y mirando al frente”. Lo
  • ~3~ haces, y pasan largos minutos en que quedas como una estatua mirando hacia lo profundo, no mueves nada, tan sólo tus párpados, el resto está quieto. Tú, desnuda, de pie y estirada, esperas largo rato, mientras yo te miro escondido desde un lugar, miro tus formas, tus piernas, tus caderas, tu cabello negro como la noche, tu cintura espigada, tus pechos turgentes, en suma, tú. Luego te ordeno “arrodíllate y abrázate por debajo de tus pechos”, lo haces y me quedo maravillado. Luego de largo rato te pido que lleves tus manos a tus caderas, y cumples lo que te digo, así te quedas largos minutos. Luego, empiezo a pedirte un montón de poses que tú cumples a cabalidad: “ponte de pie, abre los brazos hacia los lados”, “ahora levántalos hacia arriba”, “lleva tus manos a tu cintura”, “ahora ponlas en tus caderas”, “ahora acaríciate los pechos”, “lleva tus manos a tus ingles, acarícialas”, “de nuevo a las caderas, pero ahora acarícialas”, “lo mismo, pero a tus muslos”... termino diciendo “pon tus manos atrás de tu espalda”, lo haces y pasa un largo rato en que te mantienes firme con tus manos tras la espalda.
  • ~4~ Ahora te pediré algo más complicado. “Arrodíllate como si fueras un caballero, y mantén tus manos en tus caderas”. Tomas la posición que te pedí, y te mantienes así durante un largo rato, más largo que los anteriores. Yo te miro y mi corazón parece que va a salirme del pecho. Tú, con tu piel desnuda, tomando la posición más erótica que he podido imaginar en mi cabeza, manteniendo erguida la mirada, digna como una mujer decidida, pareciera que vas a estallar de tanta belleza que tienes... Mientras mantienes la pose, empiezo a murmurar tu nombre “Susana, Susana, Susana...” Tu performance me embarga, no sé, no quiero llorar, pero lo que has hecho ha sido lo más bello que he visto en mucho tiempo, no había visto cosa tan estremecedora como una mujer que se entrega para esta aventura de sensualidad sin lujuria, es (eres) un monumento a la belleza platónica, sin suciedades, sin liviandades, sólo exponer tu candor sublime como obra cumbre de la feminidad... “Ponte de pie” te ordeno. Lo haces, vuelves a tener esa posición firme con la que empezamos. “Camina hacia el otro salón”. Caminas con la misma sensualidad por los corredores, mientras la noche acaece y la oscuridad se apodera del palacio. Llegas a un
  • ~5~ salón más grande que el primero, donde por una pequeña ventana de lo alto aparece el brillo de la luna flanqueado por nubes que la cruzan y la ocultan a ratos. Ahí hace frío, pero tú te quedas con tus brazos a los lados y una pierna ligeramente doblada, como en actitud de búsqueda. El frío te hace llevar tus manos a tus caderas y acariciarlas. “Al suelo” te digo con prisa, y tú te acuestas en la fría cerámica. “Tu mano hacia la cadera” y la llevas hacia la cadera que se yergue, mientras con la otra te apoyas la cabeza. Así te quedas, mirando hacia lo profundo, por un buen tiempo, mientras acaricias tu cadera con tu mano. “Arrodíllate y abrázate”, “Siéntate y cúbrete con tus piernas”, “Arrodíllate y lleva tus manos a tus muslos”, “Levántate, tu mano izquierda a tu cadera y tu mano derecha acaricia tu cabello”, “Ahora abre tus brazos a los lados”, “Acaríciate el cuello”, “Recuéstate y acaricia tu vientre”... Horas y horas posando en la oscuridad, mientras el brillo de la luna entra y se dibuja en tu piel desnuda.
  • ~6~ ¡Se encienden las luces! De pronto, te pones de pie y te quedas quieta. Te cubres tus pechos y tus partes por si alguien llega y te ve... pero no se oye entrar a nadie. Caminas por el salón con tu paso voluptuoso y erótico. Llegas a las cortinas que ocultan un gran ventanal. Las abres y miras el resplandor de la luna, que te sobrecoge y te hace abrazar tu cuerpo. Mi voz te llama de nuevo. “Susana”. Quedas quieta, una mano en tu cadera y la otra sobre tu pierna. “Camina hacia el otro salón”. Te diriges mientras me solazo con el meneo de tus caderas. Llegas al otro salón. Hay un espejo grande. “Mírate en el espejo”, te digo, y tú te diriges a él. Llegas y te enfrentas a su reflejo que muestra la obra sublime de tu cuerpo. Te observas, recorres con tus dedos tu piel, acaricias con tus manos tus caderas y tu cintura, mientras una sonrisa prístina y pura se refleja en tu rostro. Te sientes bella, te hallas bella, en una frase ¡eres bella! Muy bella. Pasas horas y horas admirándote y solazándote con la imagen que te devuelve el espejo. Entonces oyes mi voz detrás de ti diciéndote “Susana”. Con temor te das vuelta y me ves. Comienza a amanecer... …
  • ~7~ II Es una tarde fría y gris. Voy caminando a una parte, no sé cuál es de las de aquí. Mi amigo me lo pidió en una carta. La carta sólo decía “Ven la tarde del sábado a la casa de A esquina B. Saludos, yo”. Me picó la curiosidad y me dirijo para allá. Llego. Es un edificio grande, un verdadero palacio, aunque abandonado y descuidado. Un pequeño temor me invade. El frío crece, un viento corre. La puerta es grande y vieja. Llego a ella. Veo por si hay algún timbre, no hay. Golpeo la puerta, se escucha retumbar adentro, no contesta nadie. Por casualidad me doy cuenta que está abierta. La abro un poco, me adentro, pregunto si hay alguien. Silencio. Me invade un pequeño susto. ¿Entraré? No hay nadie, eso parece. Con el corazón un tanto acelerado, entro despacio al palacio. Está oscuro adentro. Se siente la humedad en el aire. Y el frío acá es más intenso. De lo poco que se ve puedo inferir que es un palacio del siglo XIX, de salas amplias y bien adornadas. El piso es de cerámica de colores. Mientras tanto, me pregunto para
  • ~8~ qué estoy aquí. No veo a nadie, no me he encontrado con mi amigo, y no parece estar sucediendo nada. El frío me hace tiritar un poco. De pronto, una voz. “Susana”, escucho, me sobresalto. La reconozco, es la de mi amigo. Me ha visto, pero no sé dónde está. Antes de decirle nada, me habla. “Sé que estás aquí. Harás todo lo que te diga”. Tengo miedo de lo que me pueda pedir. “Ahora camina hacia los tacos rojos que ves cerca tuyo”. No me había dado cuenta hasta entonces que frente a mí había un par de zapatos de taco alto color carmesí frente a mí. Hago caso a mi amigo, y me dirijo a ellos. Llego a ellos, los miro un rato. Entonces vuelvo a oir a mi amigo y me hace la petición más excitante y divina que he escuchado en mi vida. Me lo pide incondicionalmente, sin reservas, sin que yo pueda oponerme, como si yo hubiera nacido para ello. Me pide con una voz firme, como una orden... “¡DESNÚDATE...!”. Oigo su petición, su imploración inobjetable, la pienso, me veo frente a mi amigo en traje de Eva, regalándole la visión de mis pechos y caderas descubiertas para él, y no tengo que entender nada, sólo hago caso, y sin darme cuenta me voy sacando toda la ropa. Cuando estoy a punto de descubrir mis senos, una cosquilla me recorre por dentro,
  • ~9~ algo así como un sentimiento de malicia dulce, de niña pícara que quiere hacer una travesura... sin pensar más me los descubro, y siento que hiervo, me sube la pasión a mi pecho, mi corazón late, voy a dar el último paso a la gracia máxima, descubrir mis caderas y mi vientre... como un amanecer, cae mi última prenda al suelo, mi cadera se despeja y mi cuerpo siente una exaltación espectacular. Me cuesta decirlo, la palabra me turba de solo pensarla ¡estoy desnuda! Entregada por entero a mi amigo, a sus caprichos, como siempre ha querido tenerme, aquí estoy, preparada para todo, porque ¡estoy desnuda! Sé lo que quiero: que mi amigo me vea, disfrute con lo que le muestro, que recorra su mirada por toda mi piel y se solace con mis curvas. La tarde es fría, gris, la sala está oscura, toda la gente allá afuera debe estar abrigada... y yo estoy desnuda. Me siento bella, me siento seductora, mi corazón está a punto de estallar, como mujer que está ante el momento más erótico de su vida. Tuve novios, tuve amigos, muchos hombres me atrajeron, pero ninguno me pidió esto. Estoy feliz. “Ponte los tacos que tienes enfrente”, escucho. Hago caso. Me pongo los tacos rojos.
  • ~ 10 ~ Me quedan bien, se me ven bien. Ahora que los tengo puestos, puedo decir que estoy elegantemente desnuda, uniendo la belleza de mi cuerpo descubierto con estos tacos que realzan mi figura. Ahora puedo ir a una fiesta sin tener nada que ponerme, pienso mientras me río por dentro. “Camina hacia el salón”, me ordena mi hombre, le obedezco, siento que es mi primer gesto de seducción. Camino seductoramente, decidida, con un suave movimiento de caderas, con mis brazos a los lados. Se escuchan mis pasos por todo el lugar, es una señal de que estoy cumpliendo mi papel de modelo y de desnuda. Llego a un lugar amplio y lúgubre, frío como todos los demás. “Detente”. Me detengo. “Ahora ponte en posición firme, con los brazos a los costados y mirando al frente”. Me pongo firme como una estatua, las piernas juntas, los brazos apegados a los costados de mi cuerpo, mi cabeza erguida mirando al frente. No hago nada más, solo mirar al fondo, quedarme quieta y preguntarme dónde está mi hombre. Mientras cumplo con mi cometido, mi pensamiento va por varios recuerdos... recuerdo
  • ~ 11 ~ mi primer beso, mi primer amor, mis noviazgos, recuerdo la tibia sensación del enamoramiento... una sensación agradable ronda en mí, siento que estoy soñando, que voy volando sobre las nubes persiguiendo al sol, flotando suavemente olvidándome del espacio y del tiempo, en un estado de bucólica felicidad... De pronto, su voz me despierta. “Arrodíllate y abrázate por debajo de tus pechos”. Cumplo a cabalidad lo que me dice. Mientras hago la pose, empiezo a sentirme compungida ¿me estaré enamorando? Luego me pide llevar mis manos a mis caderas, lo hago. Durante un largo tiempo mi hombre me va ordenando una serie de poses seductoras que juegan con mi cuerpo desnudo y con mi feminidad. Son gestos que me agradan, me excitan, hacen que descubra una parte de mí que no conozco, que poco a poco voy aprendiendo, y cada vez más me apasiono, se prende en mí una llama que arde y lo ilumina todo. Al rato, algo me pide que me deja intrigada: “Arrodíllate como si fueras un caballero,
  • ~ 12 ~ y mantén tus manos en tus caderas”. Me llevo mis manos a mis caderas, y voy bajando, apoyándome con una rodilla en el suelo y la otra pierna doblada, como si hiciera sentadillas. Me mantengo derecha, mirando al frente con la cabeza erguida. Me mantengo quieta y en esa posición por largo tiempo. Como si estuviera posando para un pintor o un escultor, aunque no haya nadie y todo esto sea para simbolizar mi entrega a ese hombre del cual me estoy enamorando desde que mi piel quedó libre de cubiertas. “Ponte de pie” escucho. Lo hago. “Camina hacia el otro salón”. Me dirijo hacia donde me dice, con los mismos devaneos de sensualidad, mientras la noche cae, el brillo de la luna entra y mis pasos se escuchan por todo el lugar. Llego al salón. Es grande y frío, y mi piel se estremece. La luz de la luna se dibuja en mi cuerpo. Pero no más escucho a mi amado decirme “¡al suelo!” para que yo obedezca y me recueste en un piso cerámico gélido como un polo. Siguiendo las instrucciones de él, me acuesto de lado poniendo una mano en mi cadera y la otra
  • ~ 13 ~ sostiene mi cabeza. En ese momento me convenzo de que me he enamorado de mi amigo, de mi hombre, de mi amado. Estoy profundamente enamorada de él y me juramento conquistarlo cuando me lo encuentre. Luego, una serie de poses me hacen prácticamente bailar desnuda y sin música para él. Súbitamente, las luces del lugar se encienden. ¿Habrá alguien entrado? ¿Si me ven? ¿A dónde irme? Afortunadamente nadie aparece. Veo el salón, con sus muros, cornisas, lámparas, adornos... me dirijo a la ventana, llego allá, me acerco, las cortinas de seda acarician suavemente mi cuerpo. Corro las cortinas y la luna aparece brillante y majestuosa. Una sensación nunca antes sentida empiezo a vivir, una cosa dulce, agradable, que recorre mi piel y electriza mi cuerpo. ¿Será el amor que siento? “Susana”, vuelve a hablarme el hombre que yo amo. me doy vuelta al salón. “Camina hacia el otro salón”. De nuevo andar con paso seductor.
  • ~ 14 ~ Llego a donde me dice. hay un gran espejo de cuerpo entero. “Mírate en el espejo”. Me dirijo a él. Una vez frente al espejo, me miro y entiendo por qué mi amado me ha pedido desnudarme. ¡Soy bella, esplendorosamente bella! Las formas de mi cuerpo, mi piel de seda, mis curvas perfectas, mi rostro agraciado, todo conjuga perfectamente para la conquista. Mis pechos redondos y bien formados, mis caderas desesperadamente atractivas... Estoy emocionada, mi sangre hierve de pasión, mi cuerpo está exultante de amor, no hallo la hora de... “Susana”. Escucho detrás mío. ¡estás aquí! Me doy vuelta y, sin ocultarle nada de mí, lo veo. La pasión llega a su límite. Estoy desnuda, entregada para él... …
  • ~ 15 ~ III Te miro. Te admiro. Me miras. Tiemblas. Me gusta tu estado tan frágil y tan radiante a la vez. No puedo apartar mis ojos de tu piel. Mirarte toda, recorrer tu cuerpo con la mirada. Tus formas reveladas íntegramente. Tus intimidades libres de disfraz, la generosa entrega de tu torso, cada centímetro de tu humanidad descubierta para gozo de quien te mira. Algo me guía a tus ojos. Brillan. La emoción parece querer salir de un momento a otro. Tu rostro se sonroja. Tus labios rojos parecieran dar un beso. El resto de tu bello cuerpo se mantiene quieto, erguido, esperando algo. Pasan dos minutos en que te miro y me miras, sin decirnos nada. “Lo hiciste perfecto” digo, de pronto. Son palabras mágicas. De pronto, de tus ojos caen dos lágrimas como
  • ~ 16 ~ perlas que rodan por tus mejillas. Tus ojos se anegan. Tu cuerpo tiembla. Tus manos se van a tus caderas. Levantas tus pechos que quedan enhiestos frente a mí. Un susurro sale de tu boca. “Gracias”, pareces decir. Tus caderas parecieran bailar de forma casi imperceptible. Tus manos se apoyan en tus ingles, como queriendo detener esa danza sensual que quieres dar. Tus ojos se dirigen al suelo por un rato, luego se vuelven al espejo para mirarte entera. “Me enamoraste”, te digo, mientras sigues mirando tu figura desnuda en el espejo. Luego tu mirada se dirige a mí y, como una declaración de amor, me dices “Gracias por esto”. Mi corazón no me cabe en el pecho de tanto orgullo. De cierto modo, fuiste como una obra que hice. No es mía tu belleza, pero guié tus pasos en la oscuridad para que brillara por sí misma. “Me gustas mucho, esto fue la locura más bella que has hecho”. Te limitaste a sonreír tímidamente. Dirigiste tu mirada hacia arriba. Fijo mi mirada en tus pechos que se yerguen en un cuerpo que se tensa. La reina está desnuda. Tú eres
  • ~ 17 ~ esa reina. Esa sirena que no oculta nada. Tus vestiduras son pasado, ahora tu piel al descubierto es tu presente y mi presente. “Estoy enamorada” me dices. Y me emociono. “Cuando entré en esta casa fría y oscura eras sólo un amigo, pero me ordenaste desnudarme, y tu pasión entró en mí cuando mi piel quedó descubierta y mis partes íntimas a la vista tuya. Un amor empezó a entrar en mí con cada pose y cada movimiento que hacía, entraba porque nada me protegía, y empecé a amarte, a enamorarme de ti, a desearte como me deseabas con tu mirada. Entregada a ti, me rendí a este sentimiento que expreso ahora con mi desnudez y la belleza de mi cuerpo”. Una mezcla de sentimientos me invade al escuchar ello. No sé si reir o llorar de emoción. Lo único que atino a decir es “date vuelta”, a lo que me haces caso, dejándome ver tu espalda perfecta y tus caderas contorneadas. Desde tu cuello hasta tus muslos veo toda tu belleza casi divina. Mis ojos no se cansan de alabar figura tan excelsa que hace el sacrificio de exponerse sin tapujos.
  • ~ 18 ~ “Quítate los tacos y vayamos al otro salón”. Cumples lo que te digo, y caminas con paso suave y erguido, yo te sigo mientras voy recorriendo tu figura con mi vista, tus caderas contornéandose a cada paso, tu piel más bella que nunca. Llegamos al salón principal, ése donde te sacaste toda tu ropa. Te quedas quieta en el centro mientras doy vueltas a tu alrededor mirándote con deseo. Esperas que te diga algo, alguna pose a realizar, bailar o cantar, yo no me decido, es que es tanta belleza que no sé por dónde empezar. Quiero seguir mirando tu cuerpo, tus formas, tus partes íntimas que hoy no lo son, gozar con la privación a la que te sometiste, al abandono de tus prendas para sacar afuera esa figura apolínea… De pronto, recuerdo que hasta ahora no te he tocado. Ni cuando nos encontramos, ni después. Ni un roce, ni un ligero contacto con tu piel. No he probado la suavidad de tu cutis ni con la punta de uno de mis dedos. Te miro, y empiezan a nacer ansias por probar el fruto de tu desnudez. Ya no sólo ser espectador del espectáculo de tu humanidad sin ropa, sino ser protagonista de ese evento. Recorrer la piel de nácar que
  • ~ 19 ~ hoy me regalas, tomar tu cintura y tus caderas y hacerlas mías. Poner mi mano en tus pechos prohibidos y sentir su redondez y suavidad. “Cierra los ojos” te digo. Lo haces y te pones enhiesta. Te miro y me voy acercando, con un poco de miedo, pero con ansia viva. Cada paso que doy avanzando hacia ti aumenta esos sentimientos contradictorios. Quiero y no quiero, quiero seguir extasiado por la perfección pero no aguanto las ganas de imbuirme en ella. Miro tus partes íntimas reveladas. Tu rostro perfecto sigue esperando. Tus brazos no se mueven. Mientras avanzo, no puedo dejar de decir con la mente “Te amo, te amo, te amo”. Cuando estoy a punto de llegar a ti, mi corazón se sobresalta, mi espíritu llora de felicidad. No aguanto las ganas de decirlo, y lo digo: “¡Te amo, Susana!” Y en un dos por tres me torno a ti en un abrazo que empieza en tus brazos, continúa en tus caderas, espalda, hombros y pechos, mientras mi boca halla la tuya y se funden en un beso. Tú haces lo mismo, me abrazas y besas, mientras mis dedos recorren tu piel
  • ~ 20 ~ en un ritual fabuloso de voluptuosidad y suavidad. Eres como seda que recorro con avidez desesperada, mientras pruebo de ti la miel de tus labios perfectos. De un momento a otro, desapareces. Te estaba besando y abrazando, y de pronto me hallo solo. …
  • ~ 21 ~ IV Te veo frente a mí. Me miras. Estoy desnuda frente a ti. Desnuda de cuerpo y de alma. Sólo unos tacos rojos adornan mi cuerpo sin vestiduras. Tu mirada inquisitiva produce en mí una mezcla de sensaciones. Placer por un lado, dolor por el otro. Valentía a la vez que miedo. Humillación al mismo tiempo que nobleza. Hoy estoy desnuda, pero me siento más digna que cuando estaba vestida. Me siento una princesa en su castillo, sólo que en vez de esos trajes vaporosos llevo en mí la exhibición de mi piel y el ofrecimiento de mis pechos y mi piel íntima. Mis ojos te miran, y celebran este sentimiento que nace en ti y en mí. Mantengo mi cuerpo firme para que sigas disfrutando esto. Lo disfruto yo también. Este amor que
  • ~ 22 ~ me hiciste nacer cuando me ordenaste desnudarme me incendia por dentro. Como dice la canción, no hay diseño que me quede mejor que mi piel ajustada a mi figura. Estoy ansiosa. No hablas. No hablo. Tú me miras. Yo me expongo. No me muevo de mi posición. Un minuto, dos. Sigo desnuda y firme frente a ti. Por fin hablas. “Lo hiciste perfecto”. Y no aguanto las ganas de llorar. Llorar de emoción. Sentir orgullo por este acto tan desquiciado a la vez que bello. La locura de la desnudez trabajada. Mis ojos se anegan, mi boca tiembla, ruedan mis lágrimas por mi cara, mientras me afirmo en mis caderas y levanto el pecho como queriendo dirigirme a ti. Mi piel se curte en el frío y en la turbación. Placer. Esa sensación tan culpable como tentadora invade mi cuerpo. Mis caderas quieren responder a esa excitación. Siento que tienen ganas de moverse para seducir a mi amante. Me pongo las manos en ella por temor a que se salgan de control. Sigo frente a él. Desnuda.
  • ~ 23 ~ “Gracias”, respondí a tu halago. Mientras sigues mirando mi cuerpo, una serie de pensamientos se arremolinan en mi mente. Estoy sin ropa ¡sin ropa! Primera vez en mi vida que estoy en cueros no para bañarme sino para alentar el erotismo. Primera vez que mis formas íntimas están a la vista de alguien. Siempre tuve alguna prenda, alguna tela, que se interponía entre mi piel y el aire. Hoy no están. Miro el suelo, avergonzada. Sigues mirándome. Luego me miro en el espejo. Miro mis pechos y mis caderas. Sigo sin creerme que sea tan bella. Pienso que todo esto fue para que me diera cuenta lo hermosa que soy. “Me enamoraste”, me dices, y no me cabe la conmoción en mi pecho. Sigo mirando mi desnudez en el espejo. “Gracias por esto” te respondo, mientras sigues recorriéndome con la mirada. Una leve cosquilla siento en mi piel. “Me gustas mucho, esta es la locura más bella que has hecho”. Me siento como una princesa, o mejor, como una reina. La reina que va sin nada, mostrándose y extasiando la voluptuosidad de un bandido que me ha enamorado con mi desnudamiento. La reina que por adornos lleva sus pechos enhiestos, su cintura y sus
  • ~ 24 ~ caderas a flor de piel, exhibiendo aquello que era prohibido. Una reina sin corona, porque está sin nada. Miro al techo. Pienso en lo que he estado haciendo para complacer tu morbo. Sólo queda confesarme, con emoción profunda. “Estoy enamorada. Cuando entré en esta casa fría y oscura eras sólo un amigo, pero me ordenaste desnudarme, y tu pasión entró en mí cuando mi piel quedó descubierta y mis partes íntimas a la vista tuya. Un amor empezó a entrar en mí con cada pose y cada movimiento que hacía, entraba porque nada me protegía, y empecé a amarte, a enamorarme de ti, a desearte como me deseabas con tu mirada. Entregada a ti, me rendí a este sentimiento que expreso ahora con mi desnudez y la belleza de mi cuerpo”. Me declaré. Me desnudé de cuerpo y ahora lo hacía de alma. “Date vuelta”. Me doy vuelta. Y quedo largo rato de espaldas ante ti. Miras mi anatomía por largo rato. Y siento un cosquilleo gracioso. Me manifiesto en toda mi lujuria para ser objeto de tu adoración. Todos mis flancos están rendidos, sólo esperan ser burlados. Espero ese momento en que tu deseo deje de ser idolatría etérea
  • ~ 25 ~ y se convierta en calor y roce reales. Me sigues rindiendo culto con la mirada. No te miro, pero sé que en tus ojos está toda la apetencia, todo el sueño culpable. Estoy desnuda. Desnuda. Nada me cubre. Todo es para ser mirado. “Quítate los tacos y vayamos al otro salón”. Me desprendo de lo único que llevaba puesto. Ahora estoy totalmente desnuda. De la cabeza a los pies soy sólo yo y mi cuerpo regio. Camino a donde me diriges, moviéndome sensualmente y resaltando mis curvas para extasiar aún más tu deseo y mi deseo. Estoy desnuda. Desnuda. Nada me cubre. Todo es para ser mirado. Llego al otro salón. Ahí sigue mi ropa tirada, arrancada de mí al inicio de esta locura. No sé si volveré a ponérmela o estaré desnuda el día entero. No importa, por él estaría desnuda toda la eternidad.
  • ~ 26 ~ Llego al centro del salón. Me quedo quieta mientras das vuelta alrededor mío. Mi cuerpo es adorado por tu mirada. Miras mi frente y mi espalda, mis pechos y mis caderas, mi piel al descubierto. Una estatua de carne y hueso soy. Hasta ahora el deseo se estaba fraguando dentro de mí, poco a poco de la amistad al amor y del amor a la pasión. Una llamarada fulgurante me nace desde adentro. Siento que no basta con haber entregado la imagen de mi figura para el deleite de la visión, que ahora debo dar un paso más adelante. Ya estoy desnuda de mi carne, ahora quiero estarlo de mi alma. Que no sólo me mire mis partes íntimas, sino que las roce con ansia de concupiscencia. Mi piel desea su contacto, sus caricias, sus besos. Sigo de pie y desnuda. Totalmente. Vestida sólo con el aire. Te detienes frente a mí. Parece que te estoy entendiendo y nos estamos entendiendo. También quieres que esta locura vaya más allá de la adoración. Que mi desnudez dé paso a la lujuria, a la caricia, al abrazo íntimo.
  • ~ 27 ~ Sigo desnuda. De pie. Brazos a los lados, pechos erguidos, caderas relucientes. “Cierra los ojos” me dices. Los cierro. Para mis adentros empiezo a soñar. Pronto seré amada por el hombre que me desea. Mis labios por fin probarán la dulzura de un beso de amor. Mis caderas pronto serán conquistadas, mis pechos recorridos por sus manos. En un momento más, mi piel descubierta será vestida con la pasión y la voluptuosidad que mi amado deposite en mí. Sigo quieta. Siento que se acerca, que pronto mi cutis será suyo. Mi cuerpo libre de vestiduras será suyo y lo usará para su placer. Sigo quieta con mis ojos cerrados y mi piel que se eriza. Y escucho la frase más bella, la que completa el ritual: “¡Te amo, Susana!”
  • ~ 28 ~ Y en un segundo, empieza la fiesta. Bastó un leve roce de tus labios sobre los míos. Y empieza la apoteosis de excitación y amor como torrente violento. Tus manos descubren mi desnudez y toman posesión de ella. Pasan y repasan cada rincón de mi humanidad, de mi piel, en una desesperada lucha por creer que esto es verdad, que la mujer desnuda es de verdad, y que está sin ropa, y que ésa es su piel. Ya no es sólo adoración impoluta. Es desenfreno, es ternura mezclada con fuego. Mi figura entregada al goce tuyo y mío. No hay rincón mío que no sea recorrido por tus manos, mientras seguimos unidos en el beso. De pronto, pareciera que despertara. No estás. …
  • ~ 29 ~ V Susana se ha quedado sola en el palacio, completamente desnuda. Su amado desnudante ha desaparecido. Lo primero que hace Susana es ir donde estaba su ropa tirada. Pero ¡ha desaparecido! ¿Se la habrán robado? ¿Qué pasó? Susana, desesperada, busca por todo el salón sin hallar nada. Busca en los otros, va a otras habitaciones, pero no halla lo que buscaba. “¿Me habrán robado?” Piensa, mientras ve si en los salones hay alguna prenda para cubrirse. Pero con espanto observa que el palacio entero no tiene nada. Ni cortinas, ni sábanas, ni roperos donde hubiera alguna prenda. Nada. Nada. “¿Qué pasó? ¿Por qué me desnudé? Ahora no tengo nada para cubrirme y salir”. Se lleva las manos a las partes íntimas, pero algo le impide hacer eso. Pareciera que el cuerpo le ordenara estar desnuda.
  • ~ 30 ~ Desnuda. Susana está desnuda. “Desnuda”, piensa Susana. La palabra la perseguirá mientras esté sin ropa. Camina por el palacio dando vueltas. Va de salón en salón con sus partes íntimas al descubierto. Con toda su piel exhibida. “Estoy desnuda”, ese es el pensamiento que se repite en la mente de Susana. Pareciera que hubiera sido mentira lo que ocurrió. Que el hombre que ordenó su desnudez no hubiera existido nunca. Que todo fue obra de su imaginación. Vuelve al salón donde empezó la historia. Susana se queda quieta. Hace frío. Empieza a repetir los movimientos que hizo cuando la voz de su amado la guiaba. Poses eróticas, resaltando su belleza y sus curvas. Un baile sin música, sin luces, sólo ella y su cuerpo sin vestimentas. Su cuerpo bello, atractivo, contorneado en forma casi perfecta.
  • ~ 31 ~ En un momento, se queda quieta. Firme, cuerpo erguido. Y los pensamientos se concentran en su mente, y los sentimientos en su corazón. “Estoy enamorada, estoy desnuda. Enamorada y desnuda. Amo a alguien que imaginé y por quien me desnudé. Estoy amando lo que no es. Y estoy desnuda. Amo lo que sólo fue un sueño, y ahora mi cuerpo está sin ropa. Mis partes están al descubierto, pero no está quien debiera admirarlas. Mis pechos, mis caderas, mis piernas, mis brazos, mi cintura, mi vientre, mi espalda, mi rostro… No hay nadie, estoy desnuda y sola, sin ropa, sola, desnuda, sola, desnuda, sola ¡desnuda y sola!”. Empieza a llorar. Llora mirando al frente, sin siquiera bajar la mirada. Firme, enhiesta, sin moverse, llora. Llora porque está desnuda y sola. Llora porque la ilusión se acabó. Llora porque tiene miedo de que su desnudez sea eterna. Llanto que ejerce mirando al frente, con congoja pero con coraje. Su cuerpo bello se mantiene erguido mientras sus lágrimas ruedan por sus mejillas, su cuello, sus hombros, sus pechos… Dos horas está así.
  • ~ 32 ~ Luego deja de llorar, y se tiende en el piso. Se acaricia el cuerpo mientras sueña con que alguien erotice con su figura. Sus brazos abrazan su torso, mientras sus piernas se mueven y rozan mutuamente. Luego se echa y pretende dormir. No puede. Se para y camina hasta donde estaba el espejo. Llega al espejo y se mira. Mira su cuerpo. Sus pechos erectos. Su vientre y cintura. Mira sus caderas mientras las mueve. Se da vuelta para mirar su espalda y sus muslos bien torneados. Su piel blanca y sin mancha. Sus curvas dibujadas a la perfección. Se queda así una hora admirándose. Luego se acerca al espejo y mira su rostro de facciones finas y delicadas. Luego se aleja para mirar su cuerpo entero. Desnuda frente al espejo, Susana empieza a preguntarse cosas. “¿Estaré enloqueciendo? He oído la voz de un hombre pidiendo que me desnudara y me moviera, lo vi, sentí que me besaba, pero ahora no está”. Medita mientras sigue mirando fijamente sus miembros gráciles.
  • ~ 33 ~ Se aleja del espejo y vuelve al salón principal. Llega ahí. Pone sus manos en sus caderas y mira a todos lados tratando de buscar una explicación. Mira para un lado, para el otro, golpetea sus ingles con sus dedos buscando una respuesta que no hallará. Dobla una pierna y la cruza por detrás con la otra. Se acaricia el vientre, los pechos, roza con sus dedos la piel descubierta. “¿Dónde estará mi amante desnudador?” Va hacia una ventana, sale a mirar, no le importan sus pechos descubiertos. No ve a nadie, salvo un par de perros que corren por la calle. Hace frío, pese al sol que brilla. “Si todo es imaginación, ¿por qué siento enamoramiento?” “¿Cómo volveré a mi casa si ando sin ropa y sin nada? ¿Cómo explicaré lo que sucedió? ¿Me arriesgo?” piensa mientras apoya sus manos en su espalda y mira lo que sucede a su alrededor.
  • ~ 34 ~ Se aleja de la ventana y vuelve al salón. Mira sus murallas, ventanales y adornos por última vez. Una mano en la cintura y la otra cayendo. Se arregla el pelo con las manos. “Estoy desnuda. Desnuda. Nada me cubre. Todo es para ser mirado”. Se dirige a la puerta de salida. Susana está desnuda. …
  • ~ 35 ~ VI Desnudarte. Todo fue una fantasía. Desnudarte. Soñé que llegabas y te desnudabas a ruego mío. Que hacías poses con tu cuerpo sin ropa. Que bailabas y te quedabas quieta cuando te lo ordenaba. Miraba tus pechos, tus caderas, tus piernas, tu espalda. Todo a la vista y para el disfrute de mis ojos. Que ibas al espejo y descubrías que eras bella. Más bella ahora sin vestidos. Que te sorprendía y te emocionabas con lo hecho. En fin, que al final te acompañaba y te besaba. Todo pareció ser una fantasía. Tan vívida que creí que era real. Tanto fue el deseo que llegué a percibirlo con mis sentidos. Tanto fue el poder de mi mente que sentí como
  • ~ 36 ~ real tu piel, como verdadero el cuerpo que estaba frente a mí, así de vívida fue la ilusión. Sólo la ilusión de tenerte desnuda frente a mí. Hoy, solitario en este frío y abandonado palacio, se mezclan sentimientos de frustración y vacío. Que nada fue realidad y que nunca te tendré a mi lado. La tristeza se apodera de mí, de verme privado de aquello que más ansiaba, que era tenerte y exaltar tu belleza. Susana, tu nombre evoco hoy y desearía no haberme enamorado de ti. Dónde estarás, con quién andarás, serás feliz… Empiezo a dudar que en realidad existas. Habré visto alguna vez alguien como tú, y por evadir mi soledad te inventé un nombre, y me imaginé haber conversado y compartido contigo, y seguramente fue un invento mi llamado a hacer lo que creí que estábamos haciendo. Me iré del palacio. No tiene sentido seguir aquí sin hacer nada y sólo deprimiéndome.
  • ~ 37 ~ Salgo a la calle. Está soleado, pero hace frío. Camino por las veredas mascullando una derrota que no debí haber salido a buscar. En la poca gente que veo trato de buscar algún rasgo de ti. Veo a las muchachas pasar y pretendo verte en ellas. Si alguna es particularmente guapa la imagino haciendo aquello que soñaba que hacías. Mentalmente le quitaba la ropa e imaginaba su cuerpo. Al rato me volvía a la realidad. Ninguna me llenaba como lo hiciste tú. Sigo andando. Sigo pensando en ti. Sigo soñando con cada centímetro de tu figura. Voy al quiosco y en las portadas de los diarios te sigo viendo. Sigo ensoñándome con tu rostro y tus facciones delicadas. Sigo viendo tu piel expuesta totalmente para mí. No puedo sacar de mi mente tu baile sensual sin música, tu descubrimiento ante el espejo de que eras bellísima, el contoneo de tus caderas cuando estabas a mi lado… ¡y todo ello no fue más que un sueño, un vívido pero irreal sueño! Entro a un “café con piernas”. Unas señoritas agraciadas con diminutas prendas me atienden. Las observo, miro sus cuerpos que sí, son reales. Pero nada. La realidad no
  • ~ 38 ~ supera a la ficción que viví. Me tomo rápido mi café, pago y les dejo una propina y me voy. No puedo olvidarte, Susana. Aunque seas sólo una construcción de mi mente, fue todo tan bello que creí que era realidad. Aún deseo volver a vivir lo que hiciste, lo que hicimos, ojalá esta vez sea de verdad. Susana de verdad, desnuda de verdad, piel de verdad, cuerpo de verdad. Si incluso a ratos tengo la ilusión de verte correr por la calle. Corriendo desnuda resaltando tus curvas con el trote. Pestañeo y comprendo que no es más que una ilusión. Acá el mundo parece indiferente a mí. La gente pasa y vive su vida. Yo sigo pensando y mirando. Veo rostros, gentes, ropas. Veo lo cotidiano. Y yo sigo frustrado. Tanto deseo de ti y de tu cuerpo se juntan en mí. Una señorita se acerca a preguntarme algo. Por un segundo me parece ver en ella a ti sin ropa. Me sobresalto, vuelvo a la
  • ~ 39 ~ realidad y le contesto a la señorita. Se aleja. La miro y empiezo a soñar con que ella haga la misma fantasía… “Me estoy enfermando”, me digo. Camino de un lado a otro. Me parece verte correr o caminar, voy a donde estas y no hallo nada. Te creo ver oculta en una esquina, y cuando llego no parece haber nada especial. Me parece ver una figura de color piel correr, como ocultándose. Corro por las calles creyéndote alcanzar. Doblo una esquina. Cuando voy por la calle, me encuentro con un trío de universitarias. Pasan por mi lado. Cuando me doy vuelta ¡están desnudas! ¡me sonríen pícaramente mientras mi vista se dirige a sus caderas! Me refriego los ojos, y veo a las chicas vestidas y conversando entre ellas, sin darme atención. Estoy agobiado. Me dirijo a un banco en un parque. Me tiendo en él. En poco tiempo me quedo dormido. …
  • ~ 40 ~ VII Salgo a la calle, así, sin ropa. Hace un poco de frío, no parece haber nadie. En fin. Me cubro las partes íntimas y camino cuidadosamente mirando hacia todos lados. Me apego a las paredes del palacio, no quiero que nadie se aproveche de mi estado. Miro desde la esquina a la calle. No parece circular nadie. Empiezo a caminar por la vereda cuando de pronto se abre una puerta. Me escondo en un portal para que no me vean. Sale una persona y cruza la calle. Me escondo hasta que el tipo se pierde. Suspirando de alivio salgo y sigo caminando. Camino con sigilo. ¡Un auto! Me siento detrás de un poste. Pasa el auto. Cubro el cuerpo con el poste. Veo el auto alejarse. Me entra el pánico. Siento temblores en todo el cuerpo. Miro para todos lados. A lo lejos se ve gente. En la esquina una persona cruza la calle. Me
  • ~ 41 ~ siento incómoda. No sé si volver al palacio o seguir camino a mi casa. Me voy a gatas hasta otro portal. Me paro y me quedo ahí. Cuando estoy en esa entrada, me entran extraños deseos de posar. Como cuando estaba en el palacio a las órdenes de mi amado. Empiezo a moverme sensualmente. Extiendo mis brazos hasta tocar la parte de arriba de la puerta. Muevo mis caderas. Luego me tomo la cintura con las manos y empiezo a moverme casi como enajenada. Paro asustada. Menos mal que nadie me vio. Me siento más tranquila. Salgo de ahí y camino por la vereda, como si nada. No me doy cuenta que estoy desnuda. Pero de pronto, sin que lo presintiera, aparece un hombre. No alcanzo a taparme. Siento que me mira. Quedo petrificada. “Me miró, vio mi cuerpo sin vestiduras, vio mis partes íntimas, mi piel”, quedo pensando, mientras lo veo acercarse.
  • ~ 42 ~ Pero el tipo no parece reparar en mí. Es como si yo fuera invisible para él. Pasa, no me dirige ni siquiera una ojeada. Es como si estuviera enajenado o no sé qué. Lo veo alejarse. “No se dio cuenta de mi desnudez”, me digo. Quedo sorprendida. Sigo caminando, llego a la esquina, dos hombres. Nada. Siguen su ruta y yo pareciera que no existo. ¿Seré invisible? Corro hacia una tienda que tiene un espejo grande en la vitrina. Me veo en su reflejo. Veo mi bello cuerpo, de curvas delicadas, de piel tersa y limpia, mis caderas, mi vientre, mis pechos. Empiezo a admirarme, a solazarme con lo que veo ¡qué bella soy! Me paso un buen rato viéndome. La gente pasa en buen número. No parecen darse cuenta de que ando desnuda por ahí. Sigo caminando con soltura, con orgullo de tener un cuerpo tan bien contorneado. Como modelo en pasarela, me muevo sin que nadie repare en mí. Pero algo me turba. Los hombres pasan y cómo me gustaría que uno dirigiera su mirada a mí. Veo a un chico guapo acercarse. Súbitamente me pongo enhiesta, esperando que sus ojos se inclinen hacia mis pechos erectos. Pero el chico pasa de mí.
  • ~ 43 ~ Empiezo a correr por todos lados. Veo a un hombre joven y me pongo en posición firme para lucir mi escultural figura. Pero nada. Empiezan a aparecer en mí deseos desenfrenados de que un hombre desate su pasión y me someta a su lujuria. Empiezo a angustiarme… Es mediodía. El sol brilla. Hace un día espléndido. Y yo estoy desnuda. Pero nadie me ve. Me quedo en una esquina, de pie, quieta. Como un poste. Mis pechos se mantienen erguidos, mis caderas también. Toda soy una estatua que se exhibe. Pero la gente pasa y pareciera que soy una estatua de verdad, a la que no prestan atención. Una lágrima rueda por mi cara. Extraño al hombre que me ama, que me ha robado las vestiduras que llevaba y que hizo de mi figura una obra de arte a su disposición. Echo de menos esa voz que me ordenaba las poses seductoras que hacía en ese palacio helado y oscuro. Echo de menos sentirme una princesa que subía escalones y recorría pasillos con traje de Eva. Extraño ese encuentro tan fortuito con él, mi desnudez entregada a su mirada, sus ojos puestos en mi piel. Extraño todo eso, y lo lloro. Lloro porque ahora no tengo nada. Soy yo y mi cuerpo bello pero invisible para
  • ~ 44 ~ los hombres. Nadie se escandaliza por ver a una mujer desnuda luciendo su belleza. Nadie parece disfrutar del espectáculo que doy. Decido correr. Empiezo a correr. Cada parte de mi ser siente un cosquilleo con este andar que resalta mis formas. Mi cabello se mueve al compás de la velocidad. Mis piernas se contornean, mis caderas se marcan con cada trote, mis pechos se mueven de arriba abajo, mi tristeza se convierte en una súbita alegría. Me siento libre, libre. Desnuda y libre. Llego a una calle. No sé por qué, pero me detengo. Quedo quieta mirando lo que ocurre alrededor. Veo las casas, la acera, las veredas, veo las personas pasar, los vehículos, los pájaros. A lo lejos veo un banco. Siento que debo dirigirme a él. Voy. Llego al banco. ¡Oh! Mi amado está durmiendo en él. Estoy desnuda frente a él. Por fin lo encontré.
  • ~ 45 ~ Lo llamo. ¡Despierta! …
  • ~ 46 ~ Epílogo - Despierta – siento una voz que me llama. Es la voz de Susana. - ¡Oh, perdón! Disculpa, me quedé dormido en el banco esperándote… La veo. Está vestida, lleva una chaqueta naranja, un chaleco blanco con una camisa amarilla, pantalones de mezclilla celestes, calcetines blancos y zapatos de charol negros. - Disculpa mi retraso. Es que me demoré en el trabajo, y me costó encontrar locomoción para llegar. Miro el reloj. Son casi las seis de la tarde. Llegué acá como a las cuatro y media.
  • ~ 47 ~ Susana y yo iremos a un restorán a comer algo. Tenemos que conversar sobre temas laborales y más que todo aclarar algunas cosas. De lo que soñé mientras la esperaba no le hablaré nunca. No quiero que piense mal de mí. Somos sólo amigos, y debemos respetarnos. Además, Susana tiene su pareja, no quiera ésta enterarse de las cosas que vi en mi sueño. - Sí, vamos, conozco un buen lugar donde atienden bien, la comida es buena y… FIN
  • ~ 48 ~ Imagen de la tapa: Karl Struss nude.jpg. Fuente: Wikimedia Commons. Autor: Karl Struss (1886-1981). Fecha: c. 1919. (Autorizada su utilización por el Museo de Arte Fotográfico de San Diego: http://www.mopa.org/exhibitions/copyright.htm)