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Urania, una novela de amor y ciencia de Camille Flammarion; en español. Traducción de Eduardo Mendoza - 2009. Urania Scenia & Itipcap. Destaca el Legado de George Spero a la Ciencia.

Urania, una novela de amor y ciencia de Camille Flammarion; en español. Traducción de Eduardo Mendoza - 2009. Urania Scenia & Itipcap. Destaca el Legado de George Spero a la Ciencia.

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  • Hola queria comparitir con todos un maravillosa y magnifica reflexión de la realización que he recibido en un Cd- Rom “La Realización Humana En Un Ser Divino” es impactante, es única, si quieren obtenerla pueden llamar a los Teléfonos 6090132 o 6277685. bogotá Colombia o estar pendiente del lanzamiento de la Página Web http://www.umbraldelosmilagros.org

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    Gracias.
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  • Advertidos de algunos errores léxicos y mecanográficos en la traducción original, hemos procurado las mejoras correspondientes y preparado esta versión pdf para su mejor aprovechamiento por el público interesado. Gracias. U. Scenia.
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Urania Urania Document Transcript

  • URANIA = Una Novela de Camille Flammarion = (Traducción) ☼ PRIMERA PARTE LA MUSA DEL CIELO 1.1. Sueño de Juventud. 1.2. La Musa del Cielo - Viaje entre Sistemas y Mundos - Formas Desconocidas de Humanidad. 1.3. Infinita Variedad de Seres - Diferentes Metamorfosis. 1.4. Infinidad y Eternidad - Tiempo, Espacio y Vida - Horizontes Celestes. 1.5. La Luz del Pasado - Las Revelaciones de la Musa. ☼ SEGUNDA PARTE GEORGE SPERO 2.1. Vida - Investigación - Estudio. 2.2. La Aparición - Viaje a Noruega - El Antihelio - Un Encuentro en los Cielos. 2.3. Ser o no ser - ¿Qué es el Ser Humano? - Naturaleza - El Universo. 2.4. Amor - Iclea - Atracción. 2.5. La Aurora Boreal - El Ascenso del Gobo - En el Medio Cielo - Catástrofe. 2.6. Progreso Eterno - Sesión Magnética.
  • ☼ TERCERA PARTE CIELO Y TIERRA 3.1. Telepatía - Lo Desconocido de Ayer - Ciencia - Apariciones - Las Facultades Psíquicas - El alma y el Cerebro. 3.2. Iter Extaticum Coeleste. 3.3. El Planeta Marte - Aparición de Spero - Comunicación Psíquica - Los Habitantes de Marte. 3.4. El Centro de Gravedad del Universo - Fuerza. 3.5. Un Alma Vestida de Aire. 3.6. Ad Veritatem Per Sientiam - El Legado de Spero a la Ciencia. - La fuente en Inglés es: quot;Uraniequot;, por Camille Flammarion. Traducida del Francés por Mary J. Serrano. Disponible 'on line' en: http://fiction.eserver.org/novels/uranie/default.html - La presente traducción del Inglés al Español ha sido desarrollada por Eduardo Mendoza M.© 2009, para Urania Scenia & Itipcap © 2009. - La obra original, que data de 1890, está en el Dominio Público. Camille Flammarion (1842 - 1925) Camille Flammarion (1842-1925), astrónomo francés conocido por su talento para popularizar la astronomía. En 1862 fue expulsado del Observatorio de París por Urbain Le Verrier después de que publicara su obra La pluralidad de los mundos habitados. Esto no impidió a Flammarion continuar sus observaciones. En 1879 publicó su manual de astronomía popular, que tuvo un inmenso éxito. Entretanto trabajó como calculador en la Oficina de Longitudes; sus capacidades en materia de astronomía fueron muy reconocidas. En 1883 hizo construir un observatorio en el municipio de Juvisy-sur-Orge, donde se instaló y continuó sus investigaciones hasta su muerte. Realizó numerosas observaciones de los planetas del Sistema Solar y en 1887 fundó la Sociedad Astronómica de Francia. Fuente de la presente cita onomástica: quot;Camille Flammarion.quot; Microsoft ® Encarta ® 2007. [CD] Microsoft Corporation, 2006. Derechos Reservados © 2006 - 2009 URANIA SCENIA & ITIPCAP
  • URANIA PRIMERA PARTE LA MUSA DEL CIELO
  • URANIA PRIMERA PARTE LA MUSA DEL CIELO I. SUEÑO DE JUVENTUD *** Yo tenía diecisiete años. Ella se llamaba Urania. ¿Era Urania, entonces, una bella doncella, con ojos azules, inocente, pero ávida de conocimiento? No, ella era simplemente lo que siempre ha sido, una de las nueve musas; ella, quien presidía la astronomía, y cuya celestial mirada animaba y dirigía el coro esferal, era la idea celeste cerniendo por encima de la terrenal estupidez; ella no tenía ni la carne palpitante, ni el corazón cuyas pulsaciones pueden ser transmitidas a través del espacio, ni el suave calor de humanidad; pero existía, sin embargo, en una suerte de mundo ideal, superior a la humanidad, y siempre pura; y todavía era lo suficientemente humana en nombre y forma para producir en el alma de un joven una impresión vívida y profunda, para despertar en esa alma un indefinido e indefinible sentimiento de admiración: casi de amor. *** El joven cuya mano todavía no ha arrancado el divino fruto del árbol del conocimiento, cuyos labios han permanecido puros, cuyo corazón todavía no ha hablado, pero cuyos sentidos empiezan a despertar en medio de un mar de nuevas aspiraciones, tiene una premonición en sus horas de soledad -e incluso en medio de las labores intelectuales con las cuales nuestro moderno sistema de educación abruma su cerebro - tiene una premonición, digo, de la divinidad en cuyo santuario un día rendirá culto, y personifica de antemano, bajo varias formas, el encantador ideal que flota en la atmósfera de sus sueños. Él desea, él anhela abrazar a este ser desconocido, pero todavía no se aventura, puede que nunca se aventure, quizás, en su ingenua admiración por ella, a hacerlo así, a menos que una oportunidad favorable venga a asistirlo. Si Cloe no es lo suficientemente versada, la indiscreta y curiosa Licenion debe encargarse de instruir a Dafnis. *** Cualquier cosa que habla a nuestras almas de la hasta aquí desconocida atracción tiene el poder de encantarnos, de impresionarnos, de seducirnos. La fría representación en un grabado del puro óvalo de una cara perfecta, el cuadro de alguna diosa, puede ser una estatua -sobre todo una estatua- despierta una extraña emoción en el corazón; la sangre se apresura o parece detener su curso; una idea destella como relámpago a través del cerebro, tirando de la frente, para permanecer flotando vagamente en el alma soñadora. Éste es el inicio del amor, el inicio de la vida, el amanecer de un hermoso día de verano, anunciando la elevación del Sol. *** En cuanto a mí, mi primera pasión, la pasión de mi juventud, tenía, no por objeto, ciertamente, sino por causa determinante, ¡un reloj! Esto puede parecer lo suficientemente extraño, pero sin embargo, es verdad. Cálculos carentes de interés llenaban todas mis tardes desde las dos hasta las cuatro: era mi tarea corregir las observaciones de las estrellas y planetas hechas en la noche anterior, aplicándoles las reducciones debidas a la refracción atmosférica, que depende de la altura del barómetro y de la temperatura. Estos cálculos son tan simples cuanto pesados; se
  • hacen mecánicamente con la ayuda de tablas ya preparadas, mientras los pensamientos pueden estar ocupados al mismo tiempo en algo totalmente diferente. *** El ilustre Le Verrier era, en ese tiempo, Director del Observatorio de París. Aunque él en modo alguno era artístico en sus gustos, tenía, en su estudio, un fino reloj de bronce dorado del tiempo del Primer Imperio, la obra de Pradier. El pedestal de este reloj representa en bajo-relieve el nacimiento de la astronomía en las llanuras de Egipto. Una enorme esfera celeste, rodeada por el zodiaco y soportada por esfinges, superaba el dial. Pero la belleza de esta obra artística consistía, sobre todo, en una cautivadora estatuilla de Urania -noble, elegante, podría casi decir, majestuosa. La Musa celeste estaba representada en posición de pie. Con su mano derecha ella medía, con la ayuda de un compás, los grados de la esfera estrellada; su mano izquierda cayendo por su lado, sostenía un pequeño telescopio. Excelentemente cubierta, su actitud era noble y, como había dicho, majestuosa. Nunca había visto un rostro tan hermoso como el suyo. Con la luz cayendo sobre éste, desde el frente, parecía grave y austera; cayendo oblicuamente, parecía pensativa. Pero si la luz venía desde arriba o de al lado, este encantador semblante era iluminado por una misteriosa sonrisa, su aspecto llegaba a ser casi acariciador; su antigua serenidad daba lugar a una agraciada y alegre expresión que era un deleite contemplar. Era como si alguna melodía estuviera siendo cantada del interior. *** Estas cambiantes expresiones parecían infundir vida a la estatua. Diosa y musa, ella era hermosa, ella era encantadora, ella era adorable. Cada vez que tenía la ocasión de visitar al famoso matemático, no era el pensamiento de su fama mundial lo que tenía más presente. Yo olvidé las fórmulas de logaritmos, e incluso su inmortal descubrimiento del planeta Neptuno, para ceder el paso al hechizo de la obra de Pradier. Esa hermosa forma, tan admirablemente modelada bajo sus antiguos ropajes, el agraciado aplomo de su cabeza, el expresivo rostro, atraía mi mirada y encadenaba mis pensamientos. A menudo, cuando, cerca a las cuatro en punto dejábamos la oficina para retornar a París, yo echaría un vistazo a través de la puerta abierta para ver si el Director estaba ausente de su estudio. Los lunes y los miércoles eran los mejores días; los primeros, debido a las sesiones del Instituto, a las cuales nunca faltaba; los últimos, en vista de aquéllas del Buró de Longitudes, que rechazaba con el más profundo desdén, y que le hacían a propósito dejar el Observatorio lo mejor para manifestar su desprecio. Entonces yo tomaría mi puesto al frente de mi amada Urania. Yo la contemplaría a mi confort. Yo estaba extasiado con los hermosos contornos de su figura, y saldría cada vez más satisfecho, pero no más feliz, que la última. Ella me encantaba, pero me dejaba pesares. *** Una noche - la noche en la que descubrí los cambios que su semblante sufría de acuerdo con la dirección desde la cual le caía la luz - había encontrado la puerta del estudio bien abierta; una lámpara, que se levantaba sobre la repisa de la chimenea, hizo que la figura de la musa apareciera en su aspecto más seductor. La luz oblicua tocaba suavemente su frente, sus mejillas, sus labios y su garganta. La expresión era maravillosa. Yo me aproximé y permanecí inmóvil por un tiempo, contemplándola; entonces se me ocurrió cambiar la posición de la lámpara para de este modo hacer que la luz cayera sobre sus hombros, su brazo, su cuello y su
  • cabello. La estatua parecía vivir, pensar, moverse, incluso sonreír. ¡Sensación singular, extraño sentimiento! De verdad estaba enamorado de ella; mi admiración por ella había cambiado a amor. Yo debería haber estado muy sorprendido aquella vez si alguien me hubiera dicho que esto no era una genuina pasión, que este afecto platónico era nada más que un sueño infantil. El Director entró, pero no parecía tan sorprendido por mi presencia en su estudio como yo había temido (la gente a menudo pasaba por la puerta yendo al Observatorio). Pero justo cuando yo volvía a poner la lámpara sobre la repisa de la chimenea, él dijo: quot;Vd. está muy retrasado para Júpiterquot;. Y cuando cruzaba el umbral de la puerta: quot;¿Es Vd. por ventura un poeta?quot; añadió con un aire de profundo desdén, enfatizando con un acento de desprecio la sílaba final. *** Yo le podría haber contestado mencionándole los nombres de Kepler, Galileo, dÁlembert, los dos Herschels, y otros ilustres sabios quienes eran al mismo tiempo poetas y astrónomos. Yo podría incluso haberle recordado al primer Director del Observatorio, Jean Domingue Cassini que cantaba las alabanzas de Urania en verso latino, francés e italiano. Pero los estudiantes del Observatorio no tenían la costumbre de responder los comentarios del Senador-Director. Los senadores en ese tiempo eran personajes importantes y el Director del Observatorio era nombrado de por vida. Y además, nuestro gran geómetra más allá de toda duda habría considerado los más maravillosos poemas de Dante, Ariosto, o Víctor Hugo con el mismo desprecio como un fino perro de Terranova habría considerado un vaso de vino, servido ante él para su delectación. Y luego, yo estaba incontestablemente en falta. *** Esta encantadora faz de Urania, con toda su deleitable variedad de expresión, ¡cómo me obsesionaba! ¡Cuán graciosa era su sonrisa! Y sus ojos de bronce tenían, en ocasiones, una expresión verdaderamente viva. Sólo le faltaba hablar. La noche siguiente, apenas caí dormido, vi ante mí la majestuosa figura de la diosa, y esta vez ella me habló. ¡Ella estaba realmente viva! ¡Y qué preciosa boca! Yo pude haberla besado en cada palabra que profirió. quot;¡Venquot;, me dijo, quot;ven conmigo a los cielos -- arriba, más arriba sobre la Tierra. Tú verás a tus pies este mundo inferior, tú contemplarás la inmensidad del Universo en toda su grandiosidad. ¡Detente!, ¡contempla!quot;
  • II. LA MUSA DEL CIELO - VIAJE ENTRE SISTEMAS Y MUNDOS - FORMAS DESCONOCIDAS DE HUMANIDAD *** Entonces contemplé la Tierra sumergiéndose en el abismo abierto de la inmensidad. Las cúpulas del Observatorio, París iluminado, desaparecieron rápidamente de mi vista, mientras yo parecía estar inmóvil. La sensación que experimenté fue como aquella que siente uno que está ascendiendo en un globo aerostático, y ve la Tierra abajo hundirse fuera de la vista. Por largo tiempo continué el ascenso, transportado en mi mágico vuelo hacia el inaccesible cenit. Urania estaba a mi lado, un poco encima mío, saludándome con una expresión de dulzura en su semblante, cuando ella me señaló los reinos debajo de nosotros. Había amanecido. Yo reconocí Francia, el Rhin, Alemania, Austria, Italia, el Mediterráneo, España, el Océano Atlántico, el Canal Británico e Inglaterra. Pero todas estas divisiones geográficas de la Tierra, ya de tamaño liliputiense, se hacían más pequeñas a cada momento. Pronto el globo terrestre fue reducido a las dimensiones aparentes de la Luna en su último cuarto, luego a la de una diminuta Luna llena. *** quot;¡Contempla!quot; me dijo, quot;este famoso globo terrestre, en el cual tantas pasiones se enfrentan, y que sostiene dentro de sus estrechos confines los pensamientos de tantos millones de seres, cuya visión no se extiende más allá de éste. Mira, cómo su aparente tamaño disminuye en proporción cuando nuestro horizonte se amplía. Ya no podemos distinguir Europa de Asia. ¡Mira Canadá y Norte América! ¡Cuán insignificante parece todo!quot; Pasando cerca de la Luna yo había observado las montañosas regiones de nuestro satélite, sus picos destellando con luz, sus profundos valles cubiertos de sombra, y me hubiera gustado detenerme, con el objeto de examinar más de cerca este planeta vecino, pero Urania, desdeñando echarle una sola mirada, me arrastró con ella en rápido vuelo hacia las regiones estrelladas. *** Continuamos ascendiendo. La Tierra, que se volvía más y más pequeña a nuestra vista, en la medida que nos alejábamos, pronto lucía como una estrella, brillando por la luz reflejada del Sol en el negro vacío de la inmensidad. Nosotros habíamos virado nuestro curso hacia el Sol, que brillaba en las profundidades del espacio sin iluminarlo, y al mismo tiempo que vimos el Sol, vimos las estrellas y planetas que sus rayos no eclipsaban, porque ellos no comunicaban su luz al invisible éter. La diosa celeste me señaló a Mercurio cerca al Sol, Venus brillando al lado opuesto, la Tierra, que se asemejaba a Venus, tanto en apariencia general cuanto en brillo; Marte, cuyos mares interiores y riachuelos reconocí; Júpiter, con sus cuatro enormes lunas; Saturno, Urano. *** quot;Todos estos mundosquot;, me dijo, quot;se sustentan en el espacio por la atracción del Sol, alrededor del cual giran con rapidez. Ellos son un coro armonioso girando alrededor de un centro común. La Tierra no es sino una isla flotante, un Hamlet en este gran país solar, y este imperio solar es él mismo sólo una provincia en las profundidades del infinito espacio estrelladoquot;.
  • *** Todavía ascendimos. El Sol y su sistema rápidamente desaparecieron de la vista; la Tierra era ahora sólo un punto en el espacio; Júpiter mismo, ese colosal mundo, disminuía en tamaño como Marte y Venus, hasta que parecía apenas más grande que la Tierra. *** Vimos a Saturno, rodeado por sus gigantescos anillos, que sólo bastarían para probar la inmensa e inconcebible variedad que reina en el universo - ¡Saturno, un verdadero sistema por sí mismo, con sus anillos formados de átomos arrojados en una rotación de velocidad vertiginosa, y con sus ocho satélites, acompañándole como un cortejo celestial! *** Proporcionalmente en cuanto íbamos ascendiendo, nuestro Sol disminuía de tamaño. Pronto disminuyó a la magnitud de una estrella, entonces perdió toda majestad, toda superioridad sobre el mundo sidéreo, pareciendo ni más grande ni más brillante que una estrella. Yo miraba fijamente estos campos estrellados del espacio en los cuales continuamos ascendiendo, y traté de reconocer las constelaciones. Pero ellas habían empezado a cambiar sus formas perceptiblemente, debido a la diferencia de perspectiva, resultante de mi vuelo a través de estas regiones. Pensé que veía a nuestro Sol, ahora reducido al tamaño de una estrella de la más pequeña magnitud, juntarse a la constelación del Centauro, mientras una luz - pálida, azul y no familiar - venía de las regiones hacia las cuales Urania estaba llevándome. Esta brillantez de ninguna manera se parecía a la luz terrestre; era como nada de lo que yo había visto y admirado en el escenario de la Tierra, ya en los cambiantes tonos de crepúsculo después de una tormenta, o en los vapores informes de la mañana, o la reflexión proyectada por los rayos de la luna en las horas calmas y silentes de la noche en el bruñido espejo del mar. Esto es quizás lo que esa extraña luz parecía más cercanamente, pero por grados ésta llegaba a ser más y más azul, no con el azul reflejado del cielo, o por la fuerza de contraste, como cuando la luz eléctrica es traída a la proximidad con gas; sino azul, como si el Sol que era su fuente fuese azul. ¡Cuál fue mi asombro cuando percibí que estábamos, de hecho, aproximándonos a un sol absolutamente azul, que lucía como un disco brillante extraído de nuestros más hermosos cielos terrestres, y destacándose brillantemente contra un marco completamente negro, rociado con estrellas! *** Este sol zafiro era el centro de un sistema de planetas que recibían su luz de él. Estuvimos prestos a pasar cerca de uno de estos planetas. El sol azul se agrandó perceptiblemente, pero por un nuevo cambio no menos extraño que el anterior, la luz proyectada de éste en el planeta tenía a veces un matiz de verde. ¡Miré el cielo de nuevo, y percibí un segundo sol, esta vez de un hermoso verde esmeralda! No podía creer lo que mis ojos me mostraban. *** quot;Estamos atravesandoquot;, me dijo Urania, quot;el sistema solar Gamma de Andrómeda, del cual tú no puedes hasta ahora percibir sino una parte, porque está compuesto en realidad, no sólo de estos dos soles, sino de tres: un sol azul, un sol verde y un sol amarillo-naranja. El sol azul, que es el más pequeño, gira alrededor del verde, y éste, con su compañero, gira alrededor del gran sol naranja, que estás ahora próximo a contemplarquot;.
  • *** Y de hecho, como ella dijo, vi un tercer sol aparecer en los cielos, resplandeciendo con su color vívido, sus rayos mezclándose con los arrojados por sus dos compañeros, y produciendo, por el contraste, un efecto singular. Yo reconocí, por cierto, este curioso sistema sideral, por cuanto lo había observado más de una vez a través del telescopio; pero no había tenido idea de su real esplendor. ¡Qué intensidad de luz! ¡Qué deslumbrante brillo! ¡Qué viveza de color había en esta maravillosa fuente de luz azulada, en el resplandor verde del segundo sol, y en el brillo de oro atezado del tercero! *** Pero estábamos ahora cerca, como he dicho, a uno de los mundos que pertenece al sistema del sol zafiro. Todo en éste era azul -el paisaje, el agua, las plantas, las rocas ligeramente teñidas de verde en ese lado donde los rayos del segundo sol cayeron, y apenas tocado por los rayos del sol naranja ahora ascendiendo sobre el horizonte lejano. Cuando entramos a la atmósfera de este mundo, acordes de cautivadora dulzura, llenaron el aire como un perfume, como música oída en un sueño. Yo nunca antes había oído algo que se le parezca. *** Esto pareció venir de una distante orquesta de arpas y violines, cuyos tonos eran sostenidos y prolongados por las profundas notas del órgano. Fue una exquisita melodía que encantaba el oído de inmediato, que no necesitaba ser analizada para ser entendida, y mantenía el alma cautiva. Sentí como si la podría haber escuchado para siempre. No me atreví dirigir una palabra a mi guía, por cuanto temí perder una sola nota. Urania percibió esto. Ella estiró su brazo hacia un lago que iba a ser visto sobre el planeta, y me señaló con su dedo, un grupo de criaturas aladas revoloteando sobre sus aguas azules. *** Ellas no tenían la forma humana de nuestra Tierra. Ellas eran seres evidentemente organizados para vivir en el aire. Parecían hechos de luz. Vistas de lejos, yo las había tomado al principio por libélulas; ellas tenían la misma forma esbelta y agraciada que éstas, las mismas alas grandes, la misma vivacidad y luminosidad. Pero observándolas más de cerca, tomé nota de su tamaño, que no era inferior al nuestro, y vi de la expresión de sus ojos que no eran animales. Parecían libélulas en sus cabezas tanto como sus otros miembros, y como esos seres aéreos, no tenían piernas. La música encantadora que había escuchado era sólo el sonido producido por sus alas en vuelo. Había un número muy grande de ellas - varios millares, quizás. *** En las cumbres de las montañas iban a verse plantas, que no eran ni árboles ni flores, cuyos frágiles tallos se elevaban a una altura enorme, desplegándose en lo alto en ramas que se asemejaban a brazos extendidos, que soportaban grandes cálices en forma de tulipanes. Estas plantas estaban dotadas de vida -al menos tanto como, sino más que, nuestras plantas sensibles. Como el Desmodio, con sus hojas móviles, ellas revelaban sus impresiones interiores por sus movimientos. Estos bosquecillos eran verdaderas ciudades de plantas. Los habitantes de este mundo no tenían otras moradas que estos matorrales, y era entre estas plantas fragantes y sensibles que ellos reposaban cuando no flotaban en el aire. *** quot;Este mundo te parece fantásticoquot;, dijo Urania, quot;y te preguntas ¿cuáles pueden ser los pensamientos de estos seres, cuáles pueden ser sus modales, cuál es su historia, qué especies de arte, de literatura, de ciencia, pueden poseer? Tomaría
  • mucho tiempo responder todas estas preguntas que podrías formular. Basta que sepas que sus ojos son de más largo alcance que vuestros más perfectos telescopios; que sus sistemas nerviosos vibran al paso de un cometa, y que de las impresiones transmitidas a ellos a través de corrientes eléctricas ellos descubren hechos que ustedes sobre la Tierra nunca conocerán. Los órganos que ves bajo sus alas toman el lugar de manos más hábiles que las vuestras. En vez de imprimir, los eventos son registrados por impresiones fotográficas directas, y sus palabras son fijadas fonéticamente. Por lo demás, ellos se ocupan sólo en investigaciones científicas - es decir, en el estudio de la naturaleza. Las tres pasiones que llenan la parte más grande de vida sobre la Tierra, el ávido deseo por riqueza, la ambición política y el amor les son desconocidas, porque ellos nada necesitan para sostener la vida, no tienen divisiones políticas, ni ningún otro gobierno que un consejo de administración, y porque ellos son andróginosquot;. *** quot;¡Andróginos!quot; repliqué. Entonces me aventuré a añadir, quot;¿es eso mejor?quot; *** quot;Es diferentequot;, contestó. quot;Esto ahorra a la raza muchos problemas seriosquot;. *** quot;Es necesario separarse uno mismo enteramentequot;, continuó, quot;de las sensaciones y los pensamientos de la Tierra, para ser capaces de comprender la infinita diversidad manifestada por las diferentes formas de creación. Así como en tu planeta las especies han cambiado de edad en edad -desde los extraños seres de los periodos geológicos más tempranos hasta el tiempo de la aparición del hombre- de modo que ahora, incluso las especies animales y vegetales de la Tierra están compuestas de las formas más diversas -desde el hombre al coral, desde el ave al pez, desde el elefante a la mariposa-; así, pero sobre una extensión incomparablemente más vasta, las fuerzas de la naturaleza han dado nacimiento en las innumerables estancias del cielo, a una infinita diversidad de seres y sustancias. Las formas de los seres de cada mundo son el resultado de los elementos peculiares a éste, tales como la sustancia de la cual está compuesto, su calor, luz, electricidad, densidad y gravedad. Las formas, los órganos, el número de los sentidos -de los cuales Vosotros tenéis sino cinco, y ésos no muy perfectos - dependen de las condiciones de vida peculiares a cada esfera. La vida es terrestre en la Tierra, marciana en Marte, saturnina en Saturno, neptuniana en Neptuno - es decir, adaptada a su entorno, o mejor, para ser más correcto, producida y desarrollada por cada mundo, de acuerdo con su estado orgánico y su consonancia con una ley primordial que toda la naturaleza debe obedecer: la ley del Progresoquot;. *** Mientras ella estaba hablando, mi mirada había seguido el vuelo de los seres aéreos hacia la ciudad de las flores, y yo había visto con asombro a las plantas moverse, elevarse o descender para recibir a sus invitados; el sol verde se había hundido bajo el horizonte y el sol naranja ascendido a mayor altura en los cielos; el paisaje estaba iluminado por un esplendor, sobre el cual flotaba una luna de enorme tamaño, mitad naranja y mitad verde. Entonces la melodía que llenaba la atmósfera cesó, y en medio del profundo silencio que siguió, escuché un canto entonado por una voz tan clara y dulce, que ninguna voz humana podría soportar comparación con ella. *** quot;¡Qué maravilloso sistema debe ser éstequot;, exclamé, quot;del cual forma parte un mundo como éste, iluminado por esplendores tan maravillosos! Estas, luego, son las estrellas doble, triple y múltiples vistas cercaquot;.
  • *** quot;¡Estas estrellas son soles resplandecientes!quot; respondió la diosa. quot;Unidas en los elegantes lazos de una atracción mutua, tú en la Tierra las contemplas encunadas de dos en dos, en el seno de los cielos, siempre hermosas, siempre brillantes, siempre claras. Suspendidas en la infinidad del espacio, ellas se sostienen mutuamente sin tocarse la una a la otra, como si su unión, moral antes que material, fuera gobernada por un poder invisible y superior, y siguiendo curvas armoniosas, ellos gravitan en ritmo, una alrededor de la otra; pares celestes llegan a existir en la primavera de la Creación, en los campos estrellados del espacio. *** quot;¿Unos pocos trillones?quot; *** quot;Sí. Si pudiéramos oír a esta distancia los ruidos de tu planeta, sus volcanes, sus cañoneos, sus truenos, las vociferaciones de la muchedumbre en tiempos de revolución, o las pías canciones de las Iglesias cuando se elevan al Cielo, tan distante de esto estamos que, concediendo que estos ruidos podrían atravesar el espacio con la rapidez de la luz, les tomaría no menos de quince millones de años llegar aquí. Podríamos escuchar ahora sólo lo que pasó en la Tierra hace quince millones de años. *** quot;Aún, comparado con la inmensidad del Universo, todavía estamos muy cerca a tu país. Tú puedes todavía reconocer tu Sol, una pequeña estrella allí abajo. Todavía no hemos salido del Universo al cual, con su sistema de planetas, éste pertenece. *** quot;Este Universo está compuesto de miríadas de soles separados el uno del otro por trillones de leguas. *** quot;Su extensión es tan grande que un relámpago con una velocidad de trescientos mil kilómetros por segundo, tomaría quince millones de años para atravesarlo. *** quot;Y en todos lados, dondequiera que dirijamos nuestra mirada, hay soles; por todas partes fuentes de calor y de vida; soles de inagotable variedad; soles de todos los grados de resplandor, de todos los grados de magnitud, de toda edad, sostenidos en el luminoso éter del vacío eterno, por la mutua atracción de todos, y por el movimiento de cada uno; cada estrella individual, un enorme sol, gira alrededor de sí misma como un globo de fuego. Cada una tiene su objetivo. Tu sol se mueve y los carga consigo hacia la constelación de Hércules; el sol cuyo sistema acabamos de atravesar se mueve al sur de las Pléyades. Sirius se apresura hacia Columba, Pollux hacia la Vía Láctea. ¡Todos estos millones, todas estas miríadas de mundos se lanzan a través del espacio con una velocidad dos, tres, y cuatrocientos mil metros por segundo! La acción es, lo que sostiene al Universo en equilibrio, lo que le da su organización, su energía y su vidaquot;.
  • III. INFINITA VARIEDAD DE SERES - DIFERENTES METAMORFOSIS *** Transcurrió largo tiempo desde que dejamos atrás el sistema tricolor en nuestro vuelo. Pasamos cerca de un gran número de mundos muy diferentes de mi hogar terrestre. Algunos de ellos me parecieron estar completamente cubiertos con agua, y poblados por seres acuáticos; otros, poblados solamente por plantas. Pasamos cerca de muchos de ellos. ¡Qué inimaginable variedad! *** En uno entre ellos, todos los habitantes me parecieron especialmente hermosos. Urania me informó que su organización es completamente diferente de la de las criaturas de la Tierra, y que en esos planetas el ser humano percibe las operaciones físico-químicas que tienen lugar para el mantenimiento del cuerpo. En nuestro organismo terrestre, por ejemplo, no vemos cómo se asimila el alimento que se toma; cómo la sangre, los tejidos y los huesos se renuevan; todas estas funciones son automáticamente realizadas sin que los sentidos las perciban. Así es que sufrimos miles de dolencias cuyo origen está oculto, y a menudo indescubrible. Así el ser humano [de tal orbe] siente las operaciones de las fuerzas vitales como nosotros sentimos placer o dolor. De cada molécula del cuerpo, por decirlo así, parte un nervio que transmite al cerebro las varias impresiones que recibe. Si el hombre terrestre estuviera dotado con un sistema nervioso similar, podría ver - volviendo su mirada al interior, por medio de sus nervios- cómo el alimento se transforma en quilo, éste en sangre, y la sangre en carne, músculos, nervios, etc.; él se contemplaría a sí mismo. Pero estamos lejos de esto, al ser obstaculizado el centro vital de nuestras percepciones por los muchos nervios de los lóbulos del cerebro y el tálamo óptico. *** En otra esfera que pasamos durante la noche, es decir, por su hemisferio nocturno, los habitantes están formados de tal manera que son luminosos, que brillan como si alguna emanación fosforescente irradiara de esta extraña fuente de luz. Una reunión nocturna compuesta de un gran número de personas, presenta una apariencia verdaderamente fantástica, porque tanto la luz como el color de los ojos, cambia de acuerdo con las diversas pasiones por las cuales ellas están animadas. Adicionalmente, el poder de estas miradas es tal que ejercen una influencia tanto eléctrica como magnética de intensidad variable y, en ciertos casos, fatal, provocando que la víctima en quien se fijan con suficiente concentración, caiga muerta. *** Un poco más allá mi guía celeste me señaló un mundo cuyos habitantes gozan de una facultad invalorable; el alma tiene el poder de pasar a otro cuerpo sin experimentar la muerte, que es a menudo desagradable y siempre triste. Un sabio que ha pasado toda su vida laborando para la instrucción de la humanidad, y que ve su fin aproximarse sin ser capaz de completar sus nobles tareas, puede cambiar su cuerpo por el de un hombre joven y empezar una vida nueva, todavía más útil que la anterior. Para efectuar esta transmigración todo lo que se necesita es el consentimiento del joven y el tratamiento magnético por un médico competente. Uno también ve, en ocasiones, a dos seres unidos por los lazos de un fuerte y dulce afecto, efectuar un cambio similar de cuerpo después de varios años de unión; el alma del esposo viene a residir en el cuerpo de la esposa y viceversa, por el resto de
  • su existencia. La experiencia íntima de vida se vuelve incomparablemente más completa para cada uno de ellos. También vemos sabios, historiadores por ejemplo, que deseosos de vivir dos centurias en vez de una, se conectan ellos mismos en el sueño ficticio de una hibernación artificial, que suspende la animación en ellos por la mitad de cada año, o incluso más. Algunos tienen éxito en prolongar su vida de esta manera a dos veces la extensión de la vida normal de un centenario. *** Unos pocos segundos más tarde, pasando a través de otro sistema, encontramos otra especie de seres completamente diferente e incontestablemente superior a nosotros. Con los habitantes del planeta que en ese momento tuvimos bajo nuestros ojos, un mundo iluminado por un sol brillante, hidrogenizado, no es necesario que el pensamiento sea vertido en palabras para hacerse inteligible. ¿Cuán a menudo nos ocurre cuando alguna idea brillante o ingeniosa visita nuestra mente, encontrarla disipada, desvanecida, oscurecida, o completamente cambiada antes de que hayamos sido capaces de expresarla por escrito o discursivamente? Los habitantes de este planeta tienen un sexto sentido, que podría ser llamado autotelegráfico, en virtud del cual, si el pensador no se opone, el pensamiento transpira, y puede ser leído por un órgano que muy aproximadamente toma el lugar de nuestra frente. Estas conversaciones silenciosas son a menudo las más profundas y las más preciosas; siempre son las más sinceras. *** Estamos cándidamente dispuestos a creer que la organización humana, como es en la Tierra, no deja nada que desear. Pero, ¿acaso nunca hemos lamentado ser obligados a escuchar contra nuestra voluntad palabras desagradables, un discurso absurdo, un sermón inflado, mala música, difamación, o escándalo? Es en vano para los filósofos pretender que podemos cerrar nuestros oídos a tales sonidos. Infelizmente éste no es el caso. Vd. no puede cerrar sus oídos como puede cerrar sus ojos. Aquí entonces hay un obstáculo. Yo me sorprendí mucho de ver un planeta donde la Naturaleza no se había olvidado de atender a este detalle. Cuando nos detuvimos allí por un instante Urania me señaló que las orejas de estos seres se cerraban como párpados. quot;Aquíquot;, dijo, quot;hay menos querellas enojosas que en tu planeta, pero las disensiones políticas son mucho más amargas, cuando las partes contendientes cierran sus oídos efectivamente a los argumentos del lado opuesto, a pesar de los esfuerzos de los abogados más elocuentes para hacerlos oírquot;. *** En otro mundo, donde el fósforo juega una parte importante, donde la atmósfera está siempre cargada con electricidad cuando la temperatura es muy alta, y cuyos habitantes apenas han encontrado necesario crear ropa, ciertas pasiones se manifiestan por la iluminación de una parte del cuerpo. Aquí tiene lugar, a gran escala, lo que a pequeña pasa en nuestra Tierra, cuando, en una apacible noche de verano vemos a las luciérnagas encendidas silenciosamente con una llama amorosa. Es curioso mirar la apariencia de estas luminosas parejas en las noches en las grandes ciudades. El color de la fosforescencia difiere de acuerdo al sexo, y su intensidad varía de acuerdo con la edad y el temperamento. El sexo más severo arde con una llama roja, más o menos brillante, y el más gentil con una llama azulada, a veces pálida y apacible. Sólo nuestras luciérnagas podrían formar alguna idea, rudimentaria por cierto, de la naturaleza de los sentimientos de estos seres peculiares. No podía creer a mis ojos cuando pasamos por la atmósfera de este planeta; pero yo estuve todavía más sorprendido al llegar al satélite de este
  • singular mundo. Era una luna solitaria en los cielos, en la cual reinaba un perpetuo crepúsculo. Ante nosotros se encontraba un sombrío valle. De los árboles, creciendo en uno u otro lado de este valle, estaban suspendidos seres humanos envueltos en mortajas. Ellos mismos se habían sujetado a las ramas por los cabellos y dormían allí en medio del silencio más profundo. Lo que yo había tomado por mortajas era un tejido formado por la prolongación de su desteñido y atestado cabello. Cuando yo mostré sorpresa por tal situación, Urania me dijo que ésta era su manera de disponer de los muertos y esperar una resurrección. Sí, en este mundo los habitantes disfrutan la facultad poseída por esos insectos que tienen el poder de caer dormidos en el estado de crisálida para emerger de éste cual aladas mariposas. Aquí hay, por decirlo así, una segunda etapa de ser, y aquellos en la primera etapa, la más baja y más material, aspiran sólo a morir a fin de que puedan venir a la vida de nuevo por una gloriosa metamorfosis. Cada año en este mundo es igual a aproximadamente doscientos años terrestres. Sus habitantes pasan dos tercios del año en la más baja condición, el tercio restante - el invierno - en el estado de crisálida, y en la siguiente primavera, aquellos que están colgados a los árboles sienten la vida insensiblemente retornando a su transformada carne. Ellos se mueven, despiertan, dejan sus mechones de cabello colgando del árbol, del cual se desprenden por sí mismos maravillosos seres alados, y vuelan en las regiones aéreas, para vivir otro año Fenicio - es decir, doscientos de nuestros años terrestres. *** Recorrimos así un gran número de sistemas planetarios, y me pareció que toda la eternidad no sería lo suficientemente extensa para permitirme disfrutar completamente el espectáculo de todas estas creaciones desconocidas a la Tierra; pero mi guía apenas me dejó el tiempo para ser consciente de este sentimiento, y proseguimos visitando nuevos soles y nuevos mundos. Habíamos casi establecido contacto en nuestro viaje con muchos cometas transparentes, los cuales pasaban como un respiro de un sistema a otro, y más de una vez sentí el deseo de hacer una pausa en maravillosos planetas, con verdosos paisajes, de los cuales los habitantes habrían sido nuevos sujetos para estudio. La Musa celeste, sin embargo, incansable, me arrastraba siempre más alto, siempre más lejos, hasta que al final llegamos a lo que parecía ser las afueras del Universo. Los soles se volvieron más raros, menos luminosos, más pálidos. Las noches se hicieron más oscuras entre las estrellas, y pronto nos encontramos en el seno de un verdadero desierto las miríadas de estrellas que constituyen el Universo visible desde la Tierra, habiendo retirado de vista, reducidas a una diminuta vía láctea, aislada en el vacío infinito. *** quot;Aquí estamos finalmentequot;, exclamé, quot;en el supremo límite de la Creaciónquot;. *** quot;¡Contempla!quot; respondió ella, señalando al cenit.
  • IV. INFINIDAD Y ETERNIDAD - TIEMPO, ESPACIO Y VIDA - HORIZONTES CELESTES *** ¿Qué?, ¿podía creer a mis ojos? ¡Otro universo estaba descendiendo en dirección nuestra! Millones y millones de soles agrupados, un nuevo archipiélago celestial, se movía en el espacio, abierto a nuestra vista como una vasta nube de estrellas, en la medida que ascendíamos. Yo busqué sondear con mi vista las profundidades de la inmensidad a nuestro alrededor, y por todas partes, en todos los lados, percibí similares resplandores de luz, similares nubes de estrellas. *** El nuevo Universo, en el cual habíamos entrado, estaba compuesto principalmente de soles rojo, rubí y granate; muchos de ellos eran realmente del color de sangre. Nuestra travesía aquí fue como un relámpago. Pasamos rápidamente de sol a sol, pero incesantes destellos eléctricos nos alcanzaban, como las luces de la Aurora Boreal. ¡Qué extraños parajes eran estos mundos iluminados únicamente por soles rojos! Luego, en uno de los distritos de este Universo, contemplamos un grupo secundario, compuesto por un gran número de estrellas rojas y azules. Repentinamente, un enorme cometa, cuya cabeza parecía una boca colosal, se precipitó hacia nosotros y nos cubrió completamente. Yo me aferré con terror al lado de la diosa, quien, por un instante, desapareció de mi vista en una luminosa neblina; pero nos encontramos de nuevo en un desierto sin estrellas, porque este segundo Universo se había retirado de nuestra vista como el anterior. ****** *** quot;La Creaciónquot;, me dijo ella, quot;está compuesta de un número infinito de universos distintos, separados el uno del otro por abismos de nadaquot;. *** quot;¿Un número infinito?quot; *** quot;La objeción de un matemáticoquot;, respondió. quot;Sin duda un número, por más grande que sea, nunca puede ser, realmente infinito, porque siempre es posible al pensamiento aumentarlo, dos, tres, o incluso un ciento de veces. Pero, recuerda que el momento que pasa es sólo una puerta por la cual el futuro se apresura hacia el pasado. La eternidad es sin fin, y el número de universos también será sin fin. ¡Contempla! todavía nuevos soles, siempre y por todas partes, nuevos archipiélagos de islas celestiales, nuevos universosquot;. *** quot;Me parece, ¡oh, Urania! que hemos estado por largo tiempo, y con gran rapidez, ascendiendo un cielo sin límitesquot;. *** quot;Podríamos ascender así por siemprequot;, respondió: quot;Nunca alcanzaríamos un límite definido. Podríamos viajar en él, a la izquierda, a la derecha, hacia adelante, hacia atrás, abajo, en cualquier dirección, sin alcanzar alguna vez frontera alguna. *** quot;Nunca, nunca habremos de alcanzar el fin. ¿Sabes tú dónde estamos? ¿Sabes tú sobre qué camino hemos viajado?
  • *** quot;Estamos - en el vestíbulo del Infinito, como estuvimos sobre la Tierra. ¡No hemos avanzado un solo paso!quot; ****** *** Una abrumadora emoción había tomado posesión de mi mente. *** Las últimas palabras de Urania habían penetrado a la médula de mis huesos, haciendo que un escalofrío pase sobre mí. quot;¡Nunca habremos de alcanzar el fin! ¡Nunca! ¡Nunca!quot;, repetí: y no tuve discurso o pensamiento para nada más. Sin embargo, la magnificencia del espectáculo delante nuestro de nuevo atrajo mi mirada, y mi asombro dio lugar al entusiasmo. *** quot;¡Astronomía!quot;exclamé. quot;¡Eso es todo! ¡Comprender! ¡Comprender estas cosas! ¡Vivir en el infinito! ¡Oh, Urania! ¿Qué son todos los otros pensamientos humanos comparados a la ciencia? ¡Sombras, fantasmas!quot; *** quot;Ah!quot; dijo, quot;tú volverás a despertar en la Tierra, admirarás de nuevo, y con razón, la ciencia enseñada por tus maestros; pero sabed que la astronomía de tus escuelas y de tus observatorios, la hermosa ciencia de Newton, de Laplace, de Le Verrier, todavía no es una ciencia exacta. *** quot;Ése, ¡oh, hijo mío!, no es el objetivo yo he tenido a la vista desde los días de Hiparco y de Ptolomeo. Contempla esos millones de soles, similares al que da vida a la Tierra, y como éste, fuentes de movimiento, actividad y esplendor; bien, ésos son los tópicos de la ciencia del futuro - el estudio de la vida universal y eterna. Hasta que llegue ese día, nadie ha entrado en el templo. Las figuras no son un fin, sino un medio; ellas no describen el edificio de la Naturaleza, sino el andamiaje, los métodos empleados en construirla. Tú vas a ser testigo del amanecer de un nuevo día. La astronomía matemática dará lugar a la astronomía física, al verdadero estudio de la Naturaleza. *** quot;Síquot;, añadió, quot;esos astrónomos que calculan los movimientos aparentes de las estrellas en su pasaje cada día al meridiano; ésos que anuncian la llegada de eclipses, de fenómenos celestes, de cometas periódicos; ésos que observan tan cuidadosamente las posiciones exactas de las estrellas y planetas en los diferentes grados de la esfera celestial; ésos que descubren cometas, planetas, satélites, estrellas que aparecen y desaparecen; ésos que investigan y definen las perturbaciones causadas en los movimientos de la Tierra por la atracción de la Luna y de los planetas; esos que dedican sus vigilias al descubrimiento de los elementos primordiales del sistema del mundo -- todos ésos, ya observadores o calculadores, son los precursores de la nueva astronomía. Los suyos son grandes labores, labores dignos de admiración: obras trascendentes que ponen en juego las más altas facultades de la mente. Pero los matemáticos y geometristas pertenecen a la armada del pasado. De aquí en adelante el corazón del sabio, latirá por victorias todavía más nobles. Todas esas grandes mentes al estudiar los cielos, en realidad no han dejado la Tierra. El fin de la astronomía no es mostrar la posición aparente de puntos de luz, ni calcular la gravedad de las masas de materia moviéndose a través del espacio, ni anunciar la llegada de eclipses, las fases de la luna o las mareas. Todo esto está muy bien, pero no es suficiente.
  • *** quot;Si no existiera vida sobre la Tierra, el planeta estaría completamente deprovisto de interés para cualquier ser pensante; y uno puede aplicar la misma reflexión para todos los mundos que gravitan alrededor de los millones de soles que pueblan las profundidades del espacio. La vida es el fin de toda creación. Si no hubiera vida ni pensamiento, todo lo que existe sería como si no existiera y nunca hubiera existido. Tú estás destinado a ser testigo de una completa transformación de la cienciaquot;. *** quot;¡La vida universal!quot; dije. quot;¿Están habitados todos los planetas de nuestro sistema solar, entonces? ¿Están habitadas las miríadas de mundos que pueblan el espacio infinito? ¿Los seres que viven en ellos se parecen a los de nuestro planeta? ¿Alguna vez nos conoceremos el uno al otro? *** quot;El periodo durante el cual tú vives sobre la Tierra, la entera duración de la humanidad terrestre incluso, no es sino un momento de eternidadquot;. *** Yo no comprendí esta respuesta a mis preguntas. *** quot;No hay razónquot;, añadió Urania, quot;para que todos los mundos tengan que estar habitados ahora. El presente período no es de mayor importancia que ésos que le han precedido y ésos que le van a seguirquot;. *** quot;La duración de la existencia de la Tierra será mucho más extensa, diez veces más extensa, quizás, que la del periodo durante el cual ésta será habitada por el hombre. De una docena de mundos tomados al azar de entre aquellos que pueblan el espacio, debemos, quizás, encontrar sino uno, por ejemplo, para ilustrar el caso, habitado al tiempo presente por una raza de seres inteligentes. Algunos fueron habitados en el pasado, otros lo serán en el futuro. Los últimos están en la etapa preparatoria: los anteriores ya han pasado a través de todas sus fases. Aquí tenemos cunas; allí, tumbas. Y luego una infinita variedad es revelada en la manifestación de las fuerzas de la Naturaleza. La vida terrestre no es ningún sentido el tipo de vida fuera de la Tierra. Los seres pueden vivir y pensar organizados de forma totalmente diferente de los de tu planeta. Los habitantes de otros mundos no tienen ni tu forma ni tus sentidos. Ellos son completamente diferentes. Vendrá el día, y muy pronto, dado que tú estás destinado a contemplarlo, en que este estudio de las condiciones de vida en las varias partes del Universo será el objeto esencial y el atractivo principal de la astronomía. Pronto, en lugar de ocuparse meramente con la distancia, el movimiento, la masa material de sus planetas vecinos, por ejemplo, sus astrónomos estudiarán su condición física, sus aspectos geográficos, su climatología, su meteorología; ellos solucionarán el misterio de las condiciones de vida en ellos, y extenderán sus investigaciones a sus habitantes. Encontrarán que Marte y Venus están actualmente poblados por seres inteligentes, que Júpiter está todavía en la etapa primaria de formación orgánica; que Saturno gira bajo condiciones completamente diferentes de las que reinaron en el principio de la vida sobre la Tierra, y que, nunca pasando a través de un estado análogo al de la Tierra, será habitado por seres de organizaciones completamente diferente de las de la Tierra. Nuevos métodos harán conocida la constitución física y química de las estrellas y la naturaleza de sus atmósferas. Instrumentos más perfectos permitirán los medios de descubrir pruebas directas de la existencia de estos seres planetarios y harán posible pensar en sostener comunicación con ellos. Tales serán los cambios en la ciencia que marcarán el fin del decimonoveno siglo y anunciarán el vigésimoquot;.
  • *** Yo escuché, encantado, las palabras de la Musa celeste que arrojaron una luz completamente nueva sobre el futuro de la astronomía, y me llenaron con un entusiasmo siempre creciente. Vi delante de mí los innumerables mundos que ruedan en el espacio, y comprendí que el verdadero fin de la ciencia era hacernos conocer esos universos distantes, para ponernos en contacto vivo con esos inmensos horizontes. La hermosa diosa continuó: *** quot;Todavía más elevada será la misión de la astronomía, cuando ella haya inculcado en vuestros corazones y mentes el hecho de que la Tierra no es sino una ciudad del país celeste, y el Hombre un ciudadano de los cielos; ella irá todavía más lejos. Revelando el plan de la construcción del universo físico, ella mostrará que el universo moral está basado en el mismo plan, que ambos mundos no forman sino un mundo, y que el espíritu gobierna la materia. Lo que ella ha hecho por el espacio ella hará por el tiempo. Cuando hayas aprendido a apreciar la inmensidad del espacio, y hayas reconocido el hecho de que las mismas leyes reinan por todas partes, y hagas del vasto Universo una unidad, aprenderás que todas las edades del pasado y del futuro son una con el presente, y que los nómadas pensantes vivirán eternamente a través de sucesivas y progresivas transformaciones; aprenderás que hay inteligencias incomparablemente superiores a las más grandes mentes de la humanidad terrestre, y que todo progresa hacia la suprema perfección; aprenderás también que el mundo material tiene sino una existencia aparente, y que la realidad subyacente es una fuerza imponderable, invisible e intangible. *** quot;La astronomía será entonces preeminentemente y sobre todo la guía de la filosofía. De aquellos que razonan sin un conocimiento de los hechos revelados por la astronomía, la verdad permanecerá oculta. Aquellos que son guiados por su luz alcanzarán una solución de los grandes problemas de la Naturaleza. La filosofía astronómica será la religión de las mentes superiores. *** quot;Tú estás destinado a ser testigoquot;, ella añadió, quot;de esta doble transformación de la Ciencia. Cuando te vayas del mundo terrestre, esta Ciencia de la Astronomía, que ahora tan justamente admiras, estará totalmente cambiada tanto en forma como en espíritu. *** quot;Pero esto no es todo. Esta transformación de una antigua ciencia poco fomentaría el progreso general de la humanidad, si este sublime conocimiento que desarrolla el entendimiento e ilumina el alma, liberándola de los mezquinos convencionalismos de la sociedad, fuera a permanecer confinado al estrecho círculo de astrónomos de profesión. Ese tiempo, también, pasará. El bushel que esconde la luz será derribado. La antorcha debe ser portada en la mano, su luz debe ser aumentada, debe ser sacada a los lugares públicos, en las calles abarrotadas, incluso en las encrucijadas. Todo el mundo está destinado a recibir esta luz; todo el mundo está sediento de ella; sobre todo, los humildes de la Tierra, aquéllos desheredados por fortuna, porque ésos piensan más que otros, ésos están hambrientos de conocimiento, mientras los favorecidos de la era no sospechan su estado de ignorancia, o casi se enorgullecen de permanecer en él. Sí, la antorcha de la Astronomía está destinada a iluminar el mundo; se extenderá incluso a las masas, iluminará su conciencia, y elevará sus corazones; y esto será su más alta misión, ésta su más importante bendiciónquot;.
  • V. LA LUZ DEL PASADO - LAS REVELACIONES DE LA MUSA *** Así habló mi guía celestial. Su semblante era hermoso como el día, sus ojos resplandecían con una brillante luz, su voz sonaba como música divina. Yo contemplaba los mundos que giraban alrededor nuestro en el espacio, y sentí que una armonía suprema reinaba en toda la Naturaleza. *** quot;Ahoraquot;, dijo Urania, señalándome con su dedo el lugar en los cielos del cual nuestro Sol había desaparecido, quot;retornemos a la Tierra. Has aprendido que el Espacio es infinito. Ahora vas a aprender que el Tiempo es eternoquot;. *** Viajamos a través de muchas constelaciones, y al fin alcanzamos el sistema solar, porque vi que el Sol reaparecía como una estrella diminuta. *** quot;¡Voy a concederte por un instantequot;, dijo, quot;si no la visión divina, por lo menos la angélica! Tu alma está próxima a sentir las vibraciones etéreas que son la causa de la luz, y a aprender cómo la historia de cada mundo es eterna en Dios. Ver es conocer. ¡Contempla!quot; *** Del mismo modo como el microscopio hace que una hormiga aparezca a nuestros ojos tan grande como un elefante, como, extendiendo su poder al más minúsculo átomo, éste puede volver lo invisible visible, así, al mandato de la Musa, toda mi vista a la vez adquirió un poder inimaginable, y fue capaz de distinguir a través del espacio cerca del Sol que la había eclipsado, la Tierra, antes invisible. *** La reconocí, y mientras la observaba, su disco creció más grande, presentando la apariencia de la Luna unos pocos días previos a la Luna llena. Pronto fui capaz de distinguir, cuando el disco creció, sus aspectos geográficos principales, la mancha nívea en el Polo Norte, los contornos de Europa y Asia, el Mar del Norte, el Océano Atlántico y el Mediterráneo. Cuanto más concentraba mi mirada, tanto mejor podía ver. Los detalles más pequeños se volvían más y más visibles, como si estuviera mirando a través de series de lentes microtelescópicas de poder gradualmente incrementado. Reconocí Francia por su forma tal cual aparece en un mapa, pero mi hermoso país me parecía completamente verde, desde el Rhine al océano, y desde el Canal Británico al Mar Mediterráneo, como si estuviese cubierto por un bosque inmenso. Fui capaz, sin embargo, de distinguir más claramente objetos más pequeños, porque pude reconocer fácilmente por su posición, los Alpes, los Pirineos, el Rhine, el Rhone y el Loira. *** quot;Fija bien tu atenciónquot;, continuó mi compañera. Cuando ella pronunció estas palabras tocó mi frente con las puntas de sus dedos, como si deseara magnetizarme, haciendo que mis facultades perceptivas se vuelvan todavía más agudas de lo que ya eran. *** Entonces miré de más cerca la vista delante mío, y reconocí el Gaul del tiempo de Julio César. Ésta fue la época de la guerra de independencia agitada por el
  • patriotismo de Vercingetorix. Vi todo esto desde la altura en la que estaba, como vemos los paisajes lunares a través del telescopio, o como vemos la Tierra desde un globo; pero pude reconocer Gaul, l'Amerque, Gergovia, la Puy de Dôme, volcanes extintos, y mi mente fácilmente reconstruyó la escena Gálica de la cual esta imagen reducida fue presentada a mi mirada. *** quot;Estamos tan distantes de la Tierraquot;, dijo Urania, quot;que le tomaría a su luz la misma extensión de tiempo alcanzarnos como ha pasado desde los días de Julio César. Nosotros recibimos aquí y ahora sólo los rayos de luz reflejados de la Tierra en ese período. Pero la luz viaja a través del espacio con una velocidad de trescientos mil kilómetros por segundo. Esto es rápido, es verdad, pero no es instantáneo. Los astrónomos de la Tierra, quienes ahora están observando las estrellas en las regiones donde estamos, no las ven como ellas son ahora, sino como fueron en el tiempo cuando los rayos de luz que nos alcanzan fueron reflejados desde la Tierra; es decir, como ellas eran hace dieciocho siglosquot;. *** quot;Ni desde la Tierraquot;, añadió, quot;ni desde algún otro punto del espacio, el observador contempla las estrellas como ellas son ahora, sino como han sido. A mayor distancia que ellas están, menos reciente el conocimiento que él tiene de su historia. quot;Tú observas con el mayor cuidado, a través del telescopio, estrellas que no existen más. Muchas de las estrellas que ahora puedes ver con el ojo desnudo no existen más. Muchas de las nebulosas, cuya sustancia analizas por medio del espectroscopio, se han convertido en soles. Muchas de tus más hermosas estrellas rojas están, en realidad, extintas y muertas. Aproximándote al sitio donde habías supuesto que ellas están, nunca más las verías. La luz que emana de todos estos soles que pueblan la inmensidad, la luz reflejada a través del espacio por todos estos mundos iluminados por estos soles, fotografía a través del infinito cielo los siglos, los días, los momentos que pasan - cuando tú observas una estrella, la ves como fue en el instante en el que la impresión fotográfica que recibiste de ella fue producida, lo mismo que, cuando escuchas un golpe de reloj, el sonido te alcanza sólo después de que éste ha cesado de golpear, y, cuanto más tiempo después, mayor su distancia de ti. *** quot;De esto resulta que las historias de todos los mundos están viajando a través del espacio sin desaparecer totalmente, y que todos los eventos del pasado están presentes y viven para siempre en el seno del Infinito. *** quot;La duración del Universo será interminable. La Tierra tendrá un fin y un día será sólo una tumba. Pero habrá nuevos soles y nuevas tierras, nuevas primaveras y nuevas sonrisas, y la vida siempre florecerá en un universo sin límites y sin fin. *** quot;Deseaba mostrartequot;, dijo, después de una pausa momentánea, quot;que el tiempo es eterno. Tú has visto que el espacio es infinito. Has comprendido la grandeza del Universo. Dirijamos nuestro curso a la Tierra, y retornemos a tu hogar. *** quot;Como para ti mismoquot;, continuó, quot;sabed que el conocimiento es el fundamento más seguro de valor intelectual; no busques ni pobreza ni riquezas; mantente libre de la ambición, como de todas las otras especies de esclavitud. Sé independiente; la
  • independencia es la más importante de las bendiciones y la primera condición de la felicidadquot;. *** Urania había hablado en su voz más dulce; pero la emoción que las extraordinarias escenas de las que había sido testigo produjeron en mí fue tal, que fui embargado con un repentino acceso de temblor. Un escalofrío me recorrió de la cabeza al pie, y esto fue, sin duda, lo que me causo despertar con un repentino sobresalto. ¡Ay! este delicioso viaje celeste había llegado a su fin. *** Busqué a Urania con mi mirada, pero no pude verla. Un rayo de luz de luna que entraba por la ventana de mi recámara, se dirigió sobre el filo de la cortina, y pareció contornear vagamente la forma etérea de mi guía celeste; pero esto fue nada más que un rayo de luz de luna. **** *** Retornando el día siguiente al Observatorio, mi primer impulso fue apresurarme, con algún pretexto, al estudio del Director de modo que pueda de nuevo contemplar a la agraciada Musa que me había favorecido con tal maravilloso sueño. *** El reloj había desaparecido. *** Durante días y semanas lo busqué sin tener éxito alguno en verlo de nuevo, o siquiera en enterarme qué había llegado a ser de él. *** Yo tenía un amigo, un confidente -casi de mi misma edad, aunque parecía un poco más viejo debido a una barba que le estaba empezando a aparecer- un adorador del Ideal también, y todavía más soñador que yo. Él era el único, quizás, en el Observatorio, con quien yo había formado algunos lazos estrechos de amistad. Él era el partícipe de mis alegrías y tristezas. Nuestros gustos, nuestras ideas, incluso nuestras opiniones eran los mismos. Él había sido capaz de comprender mi sentimiento, mi juvenil admiración de una estatua, cómo era que en mi imaginación la había investido con el atributo de vida, y mi tristeza en haber perdido así de repente a mi querida Urania, justo cuando me había vuelto más unido a ella. Él más de una vez había admirado conmigo los efectos producidos sobre ese semblante de bronce, por la luz, y sonreído por mis éxtasis como un indulgente hermano mayor, ridiculizándome a veces un poco severamente, quizás, por mi pasión por un ídolo, e incluso llegando tan lejos como a llamarme quot;Camille Pygmalionquot;. Pero, en su corazón, ví que él también la amaba. *** Este amigo, que ¡ay! iba a ser apartado de mí unos pocos años después, en la flor de su juventud; este George Spero, un hombre de profundo intelecto y noble alma, cuya memoria por siempre me será querida, era entonces el secretario privado del Director, y yo recibí una prueba de la sinceridad de su afecto, en esta ocasión, en una atención tan agraciada cuanto inesperada. *** ¡Un día, volviendo a casa, vi con indecible asombro, de pie justo frente a mí en la repisa de mi chimenea, el famoso reloj!
  • *** ¿Era éste por cierto el reloj? ¿Pero cómo había llegado aquí? ¿Quién lo había traído y de dónde había venido? *** Yo me enteré que el ilustre descubridor de Neptuno lo había enviado a uno de los principales relojeros de París para ser reparado; que éste, que justo había recibido de China un antiguo reloj astronómico altamente interesante, se lo ofreció a cambio al Director, quien hubo aceptado su oferta, y que George Spero, a quien se le había confiado la transacción, había recuperado la obra de Pradier, con el propósito de obsequiármela a mí como un recuerdo de las lecciones de matemática que le había dado. *** ¡Con qué alegría contemplé de nuevo a mi Urania! ¡Con qué alegría dejé que mi vista se entretenga en ella. Esta encantadora representación de la Musa Celestial desde entonces nunca me ha dejado. En mis horas de estudio, la hermosa estatua se yergue delante de mí, como si para recordarme del discurso de la diosa, para anunciarme el futuro de la astronomía, para dirigirme en mis joviales aspiraciones hacia el conocimiento. Desde entonces, emociones más pasionales han removido mis sentidos, seducido mi alma, sostenido cautivo mi corazón; pero nunca olvidaré el sentimiento ideal con el que la Musa de las estrellas me inspiró, ni el viaje celestial en el que me transportó, ni los extraños panoramas que entonces se desplegaron ante mi vista, ni las verdades que me reveló con respecto a la extensión y la constitución del Universo, ni la felicidad que me confirió al asignarme como el objetivo intelectual definido de mi vida, la calma contemplación de la Naturaleza y de la Ciencia.
  • URANIA SEGUNDA PARTE GEORGE SPERO
  • URANIA SEGUNDA PARTE GEORGE SPERO I. VIDA - INVESTIGACIÓN - ESTUDIO *** La brillante luz de la tarde llenaba la atmósfera con un esplendor dorado. Desde las alturas de Passy el ojo del espectador dominaba la vasta ciudad - ahora más que nunca, un mundo antes que una ciudad. La Exposición Internacional de 1867 había reunido en este imperial París todas las atracciones del siglo. La flor de la civilización exhibía aquí sus colores más vívidos, y, consumida en la intoxicación de su propia fragancia, se marchitaba cuando estaba aún en toda la flor de su febril juventud. Un ostentoso toque de trompetas - lo último de la monarquía - en honor de los soberanos reunidos de Europa, acababa de sonar. La ciencia, el arte y la industria diseminaban alrededor sus últimas creaciones con inagotable prodigalidad. Una especie de delirio parecía haberse adueñado de todos y todo. Los regimientos marchaban por las calles, encabezados por bandas de música; equipajes conducidos rápidamente pasaban por todos lados; millones de seres corrían a y de en medio del polvo de las avenidas, los muelles y los boulevards; pero este mismo polvo, dorado por los rayos del Sol que se ocultaba, parecía como una aureola coronando la espléndida ciudad. Los altos edificios, las cúpulas, las torres, los campanarios, fueron iluminados por los brillantes rayos del Sol; los acordes de la orquesta podían escucharse desde lejos, mixturados con los confusos murmullos de voces, y los ruidos de la ciudad; y la luminosa noche al término de un glorioso día de verano, producía en el alma un sentido de contento, satisfacción y felicidad. Fue una suerte de epítome simbólico de las manifestaciones de la vida de un gran pueblo llegado al apogeo de su ser y su prosperidad. *** En las alturas de Passy, donde estamos, en la terraza de un jardín colgante, como en los días de Babilonia, con la perezosa corriente del río en la parte baja, dos personas apoyadas contra una balaustrada de piedra contemplaban la ruidosa escena. Mirando desde arriba la agitada superficie de este mar humano, más felices en su dulce soledad que cualquiera entre la mareada muchedumbre, ellos no pertenecen al mundo vulgar, y moran, alejados de todo este bullicio y confusión, en la límpida atmósfera de su felicidad. Sus mentes piensan, sus corazones aman o, para expresar con más completud el mismo hecho, sus almas viven. *** La doncella, ahora en la fresca belleza de su décimo-octava primavera, permite a su soñadora mirada vagar a la apótesis del sol poniente, feliz de vivir, más feliz todavía de amar. Ella piensa no en los millones de seres humanos que están, a la carrera, a sus pies; ella mira sin verlo al disco resplandeciente del Sol, hundiéndose detrás de las purpuradas nubes en el Occidente; ella inhala el perfume de las guirnaldas de rosas del jardín, y siente, penetrando su ser, la paz de la felicidad secreta que llena su alma con la inefable armonía del amor. Su cabello dorado rodea su frente como una aureola y cae en ricas masas sobre su agraciada y esbelta forma; sus ojos azules, ensombrecidos por largas pestañas negras, parecen una reflexión del azul celeste de los cielos; sus brazos y cuello son de una lechosa blancura; sus orejas y mejillas de una tonalidad rosa. En su aire hay algo que
  • recuerda una de esas petites marquises de los pintores del siglo dieciocho, nacidos a las incertidumbres de un destino que no disfrutaron mucho. Ella estaba de pie. Su compañero cuyo brazo había rodeado su cintura cuando permanecía contemplando con ella el panorama de la ciudad, escuchando los acordes de armonía difundidos en el aire por la banda de la guardia imperial, está ahora sentado a su lado. Sus ojos [de él] han olvidado París, y el Sol naciente, para depositarse sobre su agraciada compañera, y sin ser consciente de esto, la mira con admiración, con una extraña y dulce persistencia en su mirada, como si ahora la viera por primera vez, y fuera incapaz de llevar sus ojos desde este encantador perfil sobre el cual ellos se entretienen como una caricia. *** El joven estudiante permaneció largo tiempo absorto en esta contemplación. ¿Era él, entonces, todavía a los veinticinco años, un estudiante? ¿Pero no es uno siempre un estudiante, y no fue M. Chevreul, nuestro profesor en ese tiempo, sólo unos días antes nombrado, en su centésimo tercer año, el Decano de los estudiantes de Francia? *** George Spero había terminado pronto sus estudios en el Lyceum, estudios que nada enseñaban a menos que sea cómo estudiar, y había seguido investigando con infatigable ardor los grandes problemas de las ciencias naturales. La Astronomía, sobre todo, había despertado su entusiasmo desde el principio, y yo le había conocido por primera vez, en efecto, en el Observatorio de París (como el lector puede recordar haber leído en la anterior narración), al cual él entró a la edad de diecisiete años, y donde se había hecho notar por una excentricidad suficientemente rara -la de no tener ambición ni buscar ser promovido. A los dieciséis como a los veinticinco, él se había creído en la víspera de su muerte, reflexionando, quizás, que la vida es, en cualquier caso, corta, y que nada es digno de esfuerzo sino la Ciencia, ninguna felicidad vale la pena tener sino la de estudiar y adquirir conocimiento. Él era bastante reservado en sus modales, aunque en el fondo tenía una naturaleza feliz, infantil. Su boca, que era pequeña y agraciada, parecía sonreír, si uno dejaba sus ojos descansar en las esquinas de los labios; de otro modo parecía pensativo, más bien, y hecho para el silencio. Sus ojos, cuyo indeciso color, parecía el azul-verdusco del mar donde éste toca el horizonte, y cambiantes de acuerdo a la luz y a cada emoción pasajera, tenían ordinariamente una expresión de gran dulzura, aunque en ocasiones ellos podían destellar como el relámpago o brillar con el frío lustre del acero. Su mirada era penetrante - a veces insondable, extraña incluso, y enigmática. Su oreja era pequeña y agraciadamente curvada, el lóbulo bien definido y ligeramente rizado, que los fisonomistas consideran la marca de un intelecto sutil. Su frente era amplia, aunque su cabeza era en realidad más pequeña que grande, siendo su aparente tamaño incrementado por una profusión de cabello soleado. Su barba era fina; de color castaño, como su cabello, y rizada. De mediana altura, su porte tenía un aire de natural distinción; y su vestido era siempre elegante, sin pretensión o afectación. *** Ni mis amigos ni yo, alguna vez, habíamos tenido cierta intimidad con él. Los días feriados y durante las horas de recreo nunca estaba allí. Siempre metido de lleno en sus estudios, uno podría suponer que él había rendido todas sus facultades al descubrimiento de la Piedra Filosofal, la Cuadratura del Círculo o el Movimiento Perpetuo. Yo nunca le conocí tener un amigo, a menos que fuera yo mismo, y aún en modo alguno estoy seguro de haber sido admitido sin reserva a su
  • confianza; y quizás después de todo, ningún otro evento de importancia había ocurrido alguna vez en su vida, que aquel cuya historia estoy ahora próximo a relatar, y de todos los detalles de los cuales fui conocedor como un testigo ocular, si no como su confidente. *** Su mente estaba constantemente ocupada con el problema de la naturaleza y el destino del alma hasta la exclusión de cualquier otro pensamiento. A veces él se sumergiría en los abismos de lo desconocido en sus investigaciones, con una intensidad de acción cerebral tan grande, que sentiría un hormigueo en su cerebro, como una premonición de insania. Éste fue especialmente el caso, cuando, después de dedicar horas a la solución de la cuestión de la inmortalidad, nuestra vida terrestre efímera se desvaneció de su mirada y vio abierta ante su visión mental, la eternidad sin fin. Cara a cara con esta visión del alma, disfrutando el ser infinito, lo que él deseaba era saber. La vista de su cuerpo, pálido y frío, cubierto por una mortaja, yaciendo estirado sobre un féretro, solo, en la angosta sepultura -la última morada triste del hombre-, el pasto donde el cri-cría el grillo creciendo encima, no aterrorizaban su mente tanto cuanto lo hacía la incertidumbre respecto del estado futuro. quot;¿Qué va a ser de mi destino futuro? ¿Cuál es el destino de la humanidad?quot; era su constante pregunta, como eco, en su cerebro, de una idea fija. quot;Si nosotros morimos completamente, ¿qué vana farsa es la vida, con todas sus luchas y sus esperanzas. Si somos inmortales ¿cuál va a ser nuestra ocupación durante todos los incontables eones de la eternidad? ¿Cien años de aquí dónde estaré? ¿Dónde estarán todos esos que viven ahora sobre la Tierra? y ¿qué será de los habitantes de otros mundos? ¡Morir para siempre! ¡para siempre! Haber existido sólo por un momento - ¡Qué farsa! ¿No sería mil veces mejor nunca haber nacido? Pero si es nuestro destino vivir a través de toda la eternidad, incapaces de influir en algo la fatalidad que nos apura hacia adelante, eternidad sin fin siempre delante de nuestra mirada, ¿cómo soportar el peso de tal destino? ¿Es éste entonces el destino que nos espera? Si debiéramos crecer cansados de la existencia, deberíamos ser incapaces de volar de ésta, sería difícil para nosotros finalizarla - un destino más cruel todavía que ése esta vida efímera debe desaparecer de la vista como un insecto en su vuelo en la frialdad de la noche. ¿Por qué nacimos entonces? ¿Para soportar esta incertidumbre? ¿Para ver nuestras esperanzas de un futuro, cuando las examinamos, desvanecerse una por una hasta que nada queda. Vivir, si no pensamos como idiotas, y si pensamos como tontos? ¡Y ellos nos hablan de un 'buen Dios'! ¡Y hay religiones y sacerdotes, y rabíes y bonzos! Pero todos los hombres son o impostores o embaucadores. La religión y el país, el sacerdote y el soldado, es lo mismo con todos. Los hombres de todas las naciones están armados hasta los dientes, para asesinarse uno al otro como hombres locos. Y esa es la cosa más sabia que ellos pueden hacer: es la mejor forma en la cual pueden mostrar su gratitud a la Naturaleza por el inútil don que ella les ha dotado al darles vidaquot;. *** Yo traté de calmar estas torturas, estas dudas, porque había compuesto para mí mismo un cierto sistema de filosofía con el que estaba comparativamente satisfecho. quot;El temor a la muertequot;, le diría, quot;me parece completamente absurdo. Hay sólo dos lados de la cuestión. Cuando vamos a dormir cada noche siempre hay la posibilidad de que nunca podamos despertar: pero este pensamiento cuando se nos ocurre no nos impide caer dormidos. En uno de los casos entonces - supuesta la muerte el término de todo - nunca despertamos, aquí o en algún otro lugar; y en ese caso la muerte es sino un sueño no finiquitado que va a durar con nosotros para
  • siempre. O, en el otro caso -- es decir debiendo el alma sobrevivir al cuerpo -- despertaremos en algún otro lugar para reanudar nuestra vida activa. En este caso el re-despertar no puede ser muy terrible; Por el contrario, debe ser bastante delicioso, cada forma de vida en la naturaleza teniendo su raison d'etre, y cada criatura, tanto la más baja como la más alta, encuentra su felicidad en el ejercicio de sus facultadesquot;. *** Estos argumentos parecieron aquietarlo. *** Pero las torturas de la duda pronto horadaron su alma una vez más, afiladas como espinas. Por momentos él deambularía solo por los vastos cementerios de París, buscando los callejones más solitarios entre las tumbas, escuchando el sonido del viento entre los árboles y el susurro de las hojas muertas en los caminos. Por momentos él se retiraría a los suburbios de la gran ciudad, se precipitaría en los bosques, y caminaría cerca de cuatro horas de una sola vez, hablándose a sí mismo. Otras veces permanecería en su cuarto en Place du Panthéon - una habitación que le servía a la vez como estudio, dormitorio y sala se recepción - el día entero hasta muy entrada la noche, disecando algún cerebro que había traído a casa de la clínica; examinando la materia gris dividida en diminutas secciones, con la ayuda del microscopio. *** Las incertidumbres de las ciencias que son llamadas exactas, una repentina verificación al progreso de sus pensamientos en la solución de algún problema, lo arrojaría en tales tiempos a un paroxismo de desesperación, y yo lo encontré más de una vez en un estado de total agotamiento, sus ojos fijos y brillantes, sus manos ardientes, su pulso rápido e irregular. En la ocasión de una de estas crisis, cuando Yo había sido obligado a dejarle solo por varias horas, yo incluso temí al retornar cerca de las cinco en punto de la mañana no encontrarle vivo más. Él tenía a su lado un vaso de cianuro de potasio, que trataba de ocultarlo cuando me aproximaba. Pero se recobró inmediatamente, y sonriendo un poco, dijo con suma calma: quot;¿A qué propósito serviría? Si somos inmortales, esto sería de ningún uso. Sólo que yo podría conocer la verdad más prontoquot;. Él me confesó aquel día que se había imaginado levantado violentamente por el cabello al cielo raso, y caer de nuevo con todo su peso sobre el piso. *** La indiferencia general con respecto a este gran problema del destino humano - una cuestión a sus ojos más importante que cualquier otra, dado que es una cuestión de nuestra futura existencia o nuestra aniquilación - tenía el efecto de exasperarlo al más alto grado. Él veía por todas partes gente ocupada sólo con intereses materiales, abrigada en la idea bizarra de quot;acumular dineroquot;; consagrando todos sus años, todos sus días, todas sus horas, todos sus minutos, a estos intereses, disfrazados bajo las más diversas formas. *** Él no encontraba uno libre, independiente, viviendo la vida del espíritu. Le parecía que todos los seres pensantes podían y debían - mientras vivían la vida del cuerpo, dado que no podía ser de otro modo - permanecer libres de la esclavitud de una organización tan grosera, y dedicar sus mejores momentos a la vida intelectual.
  • *** En el tiempo en que empieza esta historia, George Spero ya se había vuelto célebre, famoso incluso, debido a los dos trabajos científicos que había publicado, y de varias obras de literatura culta, las cuales habían sido acogidas con universal aplauso. Aunque él no había completado todavía su vigésimo-quinto año, más de un millón de personas habían leído sus obras, las cuales, aunque sin estar escritas para el público general, habían tenido la buena fortuna de ser apreciadas por la mayoría que buscaba instrucción, tanto cuanto por los poco instruidos. Él había sido proclamado el líder de una nueva escuela, y críticos eminentes, que nunca le habían visto y no conocían cuán joven era, hablaban de sus quot;doctrinasquot;. *** ¿Cómo fue que este excéntrico filósofo, este estudiante austero, se encontró a los pies de una doncella, a la hora del ocaso, solo con ella en esta terraza donde los acabamos de ver? De esto nos enteraremos a continuación.
  • II. LA APARICIÓN - VIAJE A NORUEGA - EL ANTIHELIO - UN ENCUENTRO EN LOS CIELOS *** Su primer encuentro había sido, de verdad, extraño. Admirador apasionado de las bellezas de la naturaleza, siempre en busca de escenas sublimes, el joven físico se había comprometido, el verano anterior, a un viaje a Noruega, con el propósito de visitar esos solitarios fiordos que succionan el mar; esas montañas cuyas nevadas cumbres, puras e inmaculadas, se elevan por encima de las nubes; pero urgido principalmente por un ardiente deseo de hacer un estudio especial de la Aurora Boreal, esa sublime manifestación de la vida de nuestro planeta. Yo era su compañero en este viaje. El Sol, poniéndose más allá de los calmos e insondables fiordos, la elevación de la Estrella del Día sobre las cumbres de las montañas, producían en su alma - el alma de un artista y de un poeta - una emoción indescriptible. Nosotros permanecimos allí más de un mes explorando la pintoresca región que se extendía de Christiania a los Alpes Escandinavos. Y Noruega era la cuna de la hija del Norte que iba a proyectar tan de repente un hechizo sobre su aún no-despierto corazón. Ella estaba allí, a unos pocos pasos de distancia de él, y aún fue sólo el día de nuestra partida que la Fortuna - esa diosa de los antiguos - decidió ponerlos cara a cara. *** La luz de la mañana iluminaba los picos de montaña distantes. La joven noruega había hecho una excursión con su padre a una de esas montañas que, como la Rigi de Suiza, son el punto de reunión de los turistas, para presenciar la elevación del Sol que en este día particular había sido maravilloso. Iclea se había retirado sin compañía a una solitaria colina unas pocas yardas de distancia, con el propósito de observar mejor ciertos detalles del paisaje, cuando, volviéndose, con su cara opuesta al Sol, a fin de abarcar todo el horizonte, ella percibió - no ya en la montaña o en la tierra - sino en el mismo cielo, su imagen, su figura de cuerpo entero, bastante reconocible por su parecido. Una luminosa aureola rodeaba la cabeza y los hombros como una corona de deslumbrante brillo, un gran círculo aéreo, lánguidamente teñido por los colores del arco iris, rodeaba esta misteriosa aparición. *** Asombrada y agitada por la extrañeza del espectáculo, e impresionada, como aún estaba, por el esplendor del ascenso del Sol, ella al principio no observó que otra imagen, la figura de hombre en perfil, estaba junto a la suya - la silueta de un viajero inmóvil, contemplando la escena, y mirando como una de esas estatuas de santos que adornan las columnas de las iglesias. Este semblante masculino y el suyo propio fueron enmarcados por el mismo círculo aéreo cuando ella percibió este extraño perfil humano contorneado contra el cielo. Ella se pensó la víctima de alguna ilusión fantástica, e hizo un gesto de sorpresa, casi de terror. Su imagen aérea repetía el gesto, y vio el espectro del viajero llevar su mano a su sombrero y descubrir su cabeza a modo de saludo, luego empalideció y se desvaneció de la vista al mismo tiempo que la suya. *** La Transfiguración en el Monte Tabor cuando los discípulos repentinamente contemplaron la imagen del Maestro acompañado por las imágenes de Moisés y
  • Elías, no causó un asombro más profundo a aquellos que lo contemplaron como lo hizo la visión del antihelio - cuya explicación es conocida para todos los meteorólogos - a la inocente doncella noruega. *** Esta aparición permaneció fija en sus pensamientos como un sueño maravilloso. Ella había llamado a su padre, quien estaba a poca distancia detrás de la colina, pero cuando él llegó, nada había para ser visto. Ella le pidió una explicación de la aparición, pero nada pudo obtener como respuesta, a menos que ésta fuera una duda, casi una negación de la realidad del fenómeno. Este hombre excelente, un oficial militar retirado, pertenecía a esa categoría de distinguidos escépticos, quienes se contentan con negar cualquier cosa de la que no tienen conocimiento o no entienden. Fue en vano que ella declarara que acababa de ver su imagen en el cielo, y también la de un hombre a quien juzgaba debía ser joven y de buena figura - fue en vano que ella le relatara todos los detalles de la aparición, y añadiera que las figuras le habían parecido sobrenaturales, semejando siluetas colosales; él declaró con un aire de autoridad y con algún énfasis, que esto es lo que se llama una ilusión óptica producida por una imaginación desordenada, a menudo el resultado de un sueño perturbado, especialmente durante el período de la adolescencia. *** Pero cuando nosotros íbamos a bordo del vapor esa noche, yo reparé en una joven con muy hermoso cabello, que a mi amigo miraba con una no disfrazada expresión de sorpresa en su rostro. Ella estaba inclinada en el brazo de su padre en el muelle, y permanecía estática como la esposa de Lot después de haber sido metamorfoseada en un pilar de sal. Yo llamé la atención de George hacia ella cuando íbamos a bordo, pero no pronto él tornó a mirarla que, ruborizándose rápidamente, ella volteó su cabeza a un lado y fijó su mirada en la rueda de la nave, que entonces había empezado a moverse. No sé si Spero había observado esto. De hecho ninguno de nosotros había observado el fenómeno aéreo de la mañana, al menos no durante el tiempo en el cual la joven estaba cerca a nosotros, ocultada de vista por los arbustos. Era la porción oriental de los cielos, la magnificencia del Sol ascendente, lo que nos había atraído de especial modo. George, sin embargo, había saludado a la joven noruega, a quien dejó con pesar, con el mismo gesto con el que había saludado al sol ascendente, y que ella había tomado como si fuera para sí. *** Dos meses más tarde el Conde de R. celebró una féte brillantemente atendida en honor de un triunfo reciente de su compatriota Christine Nilsson. La joven noruega y su padre, quienes habían venido a París a pasar allí una parte del invierno, estuvieron entre los invitados. Ellos y la famosa cantante se habían conocido por largo tiempo como compatriotas, siendo Noruega y Suecia países hermanos. Nosotros, sin embargo, visitábamos la casa esa noche por primera vez, debiéndose nuestra invitación a la aparición del último libro de Spero, que había conseguido ya marcado éxito. Soñadora, pensativa, instruida con la sólida educación del Norte, ávida por el conocimiento, Iclea ya había leído más de una vez y con vívido interés, este trabajo un poco místico en el cual el autor había desnudado las secretas dudas de su alma, insatisfecha con los Pensées de Pascal. Añadamos que ella misma, unos meses previamente, había pasado con éxito el examen para un alto grado, y habiendo abandonado el estudio de medicina, que al
  • principio le había atraído, se había lanzado con ardor al estudio - en ese tiempo entrando en moda - de la psicología fisiológica. *** Cuando M. George Spero fue anunciado, a ella le pareció como si un amigo desconocido, casi el confidente de sus pensamientos, estuviera a punto de entrar en el recinto. Temblaba como si un choque eléctrico hubiera pasado a través de ella. George, poco acostumbrado a la sociedad, tímido y avergonzado cuando estaba con extraños, amante ni del baile, ni del juego, ni de la conversación, había permanecido en una esquina del salón con algunos amigos, indiferente a valses y contradanzas, pero escuchando con interés algunas de las piezas maestras de la música moderna tocada con sentimiento, y la noche había pasado sin que se aproximara a ella, aunque no había fallado en observarla - aunque por cierto entre toda esta brillante compañía él no vio sino a ella. Más de una vez sus miradas se habían encontrado. Al fin, cerca a las dos de la mañana, cuando la moderación de la parte más temprana de la noche había empezado a relajarse, él aventuró aproximársele, pero sin llamarla. Fue ella quien habló primero, pidiéndole que le explique el significado de un pasaje hacia la conclusión de su libro. Halagado, pero todavía más sorprendido que esas páginas metafísicas deban ser leídas por una mujer - y una mujer tan joven - el autor respondió con alguna vergüenza que tales tópicos eran bastante secos para una mujer. Ella respondió que no todas las mujeres - no todas las jóvenes incluso - se dedicaban enteramente a las artes de la coquetería; y que ella sabía de algunas que ocasionalmente estudiaban, trabajaban y pensaban. *** Ella habló con algún ardor en su avidez por ingresar su protesta contra el desdén de ciertos científicos por su sexo y para reivindicar sus derechos intelectuales, y tuvo poca dificultad en ganar una causa en la cual su oponente no era su adversario. *** Este último libro de su autor, cuyo éxito había sido sorprendente e inmediato, no obstante la seria naturaleza de su temática, había coronado el nombre de George Spero con gloria; y el brillante autor era recibido en cada salón con vivas expresiones de interés. Los dos jóvenes difícilmente habían intercambiado una docena de palabras antes de que él se encontrara siendo el centro de atención de los invitados reunidos, contestando varias preguntas, por las cuales su tête-à-tête era continuamente interrumpido. Uno de los más eminentes críticos de entonces, había dedicado poco tiempo antes un extenso artículo a la nueva obra, y ésta ahora se volvió el tema de la conversación general. Iclea se mantuvo aparte. Ella sintió - y las mujeres raramente se engañan - que el héroe de la noche ya la había observado; que sus mentes ya estaban unidas por un invisible hilo, y que, cuando él contestaba las preguntas más o menos habituales dirigidas a su persona, no todos sus pensamientos estaban en la conversación. Este primer triunfo secreto le bastó. Ella no aspiraba a ningún otro, y había, además, reconocido en su perfil, el de la misteriosa aparición aérea, y el joven pasajero del vapor de Christiania. *** En ésta, su primera entrevista, él no fue lerdo en manifestar su entusiasmo por las maravillosas escenas de Noruega, contándole de sus viajes allí. *** Ella estaba ardiendo por oír alguna alusión al fenómeno aéreo que le había producido una impresión tan profunda, y no pudo comprender su silencio y
  • reserva a este respecto. Él, sin embargo, no habiendo observado el antihelio en el momento en el que la imagen de la joven apareciera en éste, no había estado especialmente sorprendido por un fenómeno que había visto ya varias veces y observado bajo mejores condiciones desde el paracaídas de un globo, y no habiendo tomado particular atención de éste, nada tenía que decir al respecto. Ni la circunstancia de su viaje en el bote acudió a su memoria, y aunque la hermosa niña no le parecía completamente extraña, no pudo recordar dónde la había visto antes. Por mi parte, yo la reconocí inmediatamente. Ellos hablaron de lagos, ríos, fiordos, montañas. Él se enteró que la madre de la joven había muerto a una temprana edad, de una afección del corazón; que su padre prefería la vida de París a la de cualquier otra ciudad; y que era probable pero raro que ella vuelva a visitar su propio país. Una extraordinaria similitud de gustos e ideas, congenialidad de disposición y mutua estima a la vez los colocaron en rapport. Educada según la moda inglesa, ella disfrutaba esa independencia de mente y libertad de acción de las que las mujeres francesas son denegadas, hasta después del matrimonio, y ella no se sentía avergonzada por alguno de aquellos convencionalismos sociales, cuyo objeto parece ser entre nosotros, la protección de la inocencia y la virtud. Dos amigas de su propia edad habían venido ya solas a París a finalizar su educación musical, y las tres vivían juntas en perfecta seguridad en medio de esta Babilonia, sin siquiera alguna vez sospechar los peligros de los cuales se dice que París está lleno. La joven recibió las visitas de George Spero como su padre mismo podría haberlas recibido, y en unas pocas semanas la similitud de sus caracteres y sus gustos los habían asociado en los mismos estudios, las mismas investigaciones, y a menudo en los mismos pensamientos. Casi todas las tardes, arrastrado por una secreta atracción, él dirigía sus pasos desde el Cuartel Latino hasta las orillas del Sena, cuyo curso seguía hasta que alcanzaba el Trocadero, y pasaba varias horas con Iclea, ya en la biblioteca, la terraza del jardín, o paseándose en el Bois. La primera impresión recibida de la aparición había permanecido en el alma de Iclea. Ella consideraba al joven sabio, si no un dios o un héroe, por lo menos un hombre superior a sus contemporáneos. La lectura de sus libros fortalecían esta impresión y la aumentaban. El sentimiento que ella tenía por él era más que admiración. Era casi veneración. Cuando ella se volvió más íntimamente familiarizada con él, el gran hombre no descendió de su pedestal. Ella le encontró tan superior a todos los demás en conocimiento, y al mismo tiempo tan inafecto, tan sincero, tan amigable y tan indulgente hacia los otros y -debido a que aprovechaba cada pretexto para oír su nombre pronunciado- ella estaba a veces compelida a escuchar observaciones sobre él hechas por sus rivales, que le parecían tan injustas, que empezó a considerarle con un afecto casi maternal. Este sentimiento de amor protector entonces, ¿ya existe en el corazón de todas las jóvenes? Puede ser así, pero cierto es que Iclea le amaba así desde el principio. Pienso que he dicho antes que la disposición de este sabio estaba naturalmente teñida de melancolía, que Pascal llamó la nostalgia del alma. Su constante ocupación, de hecho, era la solución del eterno problema, el quot;Ser o no serquot; de Hamlet. A veces él parecía deprimido, triste, incluso a morir. Pero una extraña contradicción en su naturaleza, cuando sus pensamientos abatidos se habían, por decirlo así, gastado en sus investigaciones, y su cerebro no podía trabajar más, la paz y la serenidad una vez más tomaba posesión de su mente, la sangre roja de nuevo circulaba por su cuerpo, y el filósofo se volvía un niño - alegre, simple, fácilmente divertido, con
  • gustos casi como los de una mujer, amante de las flores, los perfumes, la música, el embelesamiento, y a veces incluso sorprendentemente indiferente a todo.
  • III. SER O NO SER - ¿QUÉ ES EL SER HUMANO? - NATURALEZA - EL UNIVERSO *** Fue precisamente esta fase de su vida intelectual que había mayormente atraído a Iclea. Feliz de vivir, una flor abriéndose a la luz de la vida, un arpa vibrando a todas las armonías de la naturaleza, la bella hija del Norte todavía pensaba a veces, en los elfos y las hadas de su tierra natal, en los ángeles y los misterios de la cristiandad en medio de los cuales su infancia había sido acunada. Pero su piedad, la fe ciega de sus días jóvenes, no habían oscurecido su razón; sus pensamientos se movían destrabados; ella ávidamente buscaba la verdad, y mientras se lamentaba, quizás, por no poder creer más en el Paraíso de los Predicadores, aún sentía un imperioso y ardiente deseo por la existencia continuada. La muerte le parecía una cruel injusticia. Ella de ningún modo podía recordar la imagen de su madre yaciendo in rigor mortis, en todo el esplendor y belleza de la flor de su vida, siendo transportada en el tiempo de rosas, a un cementerio verde y fragante donde los pájaros cantaban, donde su nombre repentinamente se borraba del libro de la vida, mientras toda la naturaleza continuaba cantando, floreciendo, resplandeciendo. Ella de ningún modo podía recordar, digo, la pálida imagen de su madre sin que un escalofrío pasara a través de su cuerpo. No, su madre no estaba muerta. Ella misma nunca moriría, ni en sus años de juvenil belleza, ni nunca. ¡Y él! ¡morir él! ¡Llegar a extinguirse este sublime intelecto a través de una interrupción del aliento o de la circulación! No, esto era imposible. La humanidad se engaña. Un día sabrán la verdad. *** Iclea también, a veces ponderaba estos problemas, considerándolos por cierto antes bajo su aspecto estético y sentimental que científico, pero ella los ponderaba. Todas sus preguntas, todas sus dudas, el secreto fin de su conversación con - quizás incluso de su repentino cariño por - su amigo, eran causados por el ardiente deseo por el conocimiento que consumía su alma. Ella fijaba sus esperanzas en él porque había encontrado ya en sus escritos la solución de los problemas más pesados. Ellos le habían enseñado a conocer el Universo, y este conocimiento ella encontraba más hermoso, más vital, más exaltado, más poético que sus antiguas ilusiones. Desde el día en el que aprendió de sus labios que él había dedicado su vida a la búsqueda de la verdad - una búsqueda en la cual él estaba destinado un día, ella estaba segura, a tener éxito: su intelecto estaba atraído a él quizás todavía más fuertemente que su corazón. *** Ellos habían así conducido juntos por cerca de tres meses una vida intelectual en común, pasando varias horas casi todos los días leyendo, en el original, obras en diferentes lenguas sobre la ciencia de la filosofía, la teoría atómica, la física molecular, la química orgánica, la termo-dinámica, y las varias ciencias que tienen por objeto el conocimiento del ser; discutiendo las contradicciones aparentes o reales en las hipótesis que ellos, cada uno por su cuenta, presentaban; encontrando a veces, en escritos puramente literarios, sorprendentes intuiciones de verdades científicas, maravillándose en la presciencia de muchos grandes autores. Estas lecturas, estas investigaciones, estas discusiones les fueron especialmente interesantes porque progresaban en conocimiento; ellos eran capaces de apreciar con mayor justicia las obras de grandes escritores de cuyo número, sin embargo,
  • pronto encontraron que nueve de diez, cuyos trabajos son absolutamente sin valor, podían ser eliminados; y del décimo restante, una mitad cuyos escritos tenían sólo un valor aparente. Habiendo así despejado la bazofia del campo de la literatura, ellos se confinaban con cierta satisfacción que no estaba sin una mezcla de orgullo, quizás, al círculo estrecho de intelectos superiores. *** Un día Spero vino más temprano que lo usual. quot;¡Eureka!quot; exclamó. Pero rápidamente conteniéndose, añadió, quot;Quizásquot;. Apoyándose contra la chimenea donde un flameante fuego ardía, mientras su compañera le miraba con ojos llenos de curiosidad, él empezó a hablar con inconsciente solemnidad, como si estuviera sosteniendo plática con su propia alma en alguna desierta soledad. *** quot;Todo lo que tú contemplas es sino aparente. La realidad es algo completamente diferente. *** quot;El Sol parece girar alrededor de la Tierra, elevarse en la mañana y ponerse en la noche, y la Tierra en la cual estamos parece estar quieta. Lo cierto es la inversa de esto. Nosotros habitamos sobre la superficie de un cuerpo proyectado en el espacio, girando con una velocidad setenta y cinco veces más grande que la de una bala de cañón. *** quot;Una armonía de dulces sonidos acaba de encantar tus oídos. El sonido no existe; no es más que la impresión hecha sobre el sentido de la audición por las vibraciones de la atmósfera a través de un cierto espacio y con una cierta velocidad, vibraciones que ellas mismas no emiten sonido. Sin el nervio auditivo y el cerebro, no podría haber sonido. En realidad sólo hay movimiento. *** quot;El arco iris expande su radiante círculo, la rosa y el azulejo, humedecidos por la lluvia, destellan en el sol; el campo verde, el dorado surco diversifican el paisaje por sus vívidos colores. No hay colores, no hay luz, sólo hay ondulaciones en el aire que colocan el nervio óptico en vibración. Ésta es toda una delusión de los sentidos. El sol calienta y fertiliza, el fuego quema - no hay calor, sólo la sensación de calor; el calor como la luz, es sólo una forma de movimiento, movimiento invisible, pero toti-potente, supremo. *** quot;Aquí está una sólida viga de hierro tal como son comúnmente empleadas en construcción. Ésta está fija en el aire a una altura de treinta pies, en dos paredes, sobre las cuales descansan sus extremos. Está fija de verdad. En su centro está colocado un peso de mil, dos mil, tres mil kilogramos, y este enorme peso no la afecta en lo mínimo; difícilmente está allí para ser percibida por el nivel, la más ligera curvatura. Pero esta viga está compuesta de moléculas que no se tocan una con la otra, que están en perpetua vibración, y que se expanden bajo la influencia del calor y contraen bajo la influencia del frío. Dime, si gustas, ¿qué es lo que constituye la solidez de esta barra de hierro? ¿Los átomos que la componen? Por cierto no, dado que ellos no se tocan uno con otro. La causa de esta solidez es la atracción molecular; es decir, una fuerza invisible. *** quot;Para hablar con exactitud, la solidez no existe. Tomemos entre nuestras manos una pesada pelota de hierro; esta pelota está compuesta de moléculas invisibles que no se tocan una con otra, que están compuestas de átomos que tampoco se tocan uno
  • con otro. La continuidad que la superficie de esta pelota parece tener y su aparente solidez son entonces puras ilusiones. Para el científico que analiza su estructura es una nube de mosquitos, como aquellos que están suspendidos en el aire en las noches de verano. De nuevo, calentemos esta pelota, que nos parece sólida; ésta fluirá; calentémosla todavía más, ésta se evaporará, sin, entonces, cambiar su naturaleza. Líquido o gas, siempre continuará siendo hierro. *** quot;Estamos en este momento en una casa. Todas estas paredes, estos pisos, estas alfombras, estos muebles, esta chimenea de mármol, están compuestos de moléculas que no se tocan la una a la otra más que lo hacen aquéllas de la pelota de hierro. Y todas estas moléculas que constituyen la materia rotan la una alrededor de la otra. *** quot;Es la misma cosa con nuestro cuerpo. Éste está compuesto de moléculas rotando perpetuamente. Es una llama incesantemente consumida, e incesantemente renovándose a sí misma. Es un río en cuyas orillas nos sentamos fantaseando que vemos la misma agua fluyendo, pero del cual su corriente renueva cada gota perpetuamente. *** quot;Cada glóbulo de nuestra sangre es un mundo (y nosotros tenemos cinco millones de éstos en un milímetro cúbico). Incesantemente, sin pausa o tregua, en nuestras arterias, en nuestras venas, en nuestra carne, en nuestro cerebro, los átomos giran, se mueven, se precipitan en un vórtice de vida tan rápido, relativamente, como los de los cuerpos celestiales. Molécula por molécula, nuestro cerebro, nuestro cráneo, nuestros ojos, nuestros nervios, nuestra carne se renuevan sin cesar, y tan rápidamente que en unos pocos meses nuestro cuerpo es totalmente reconstruido. Por medio de cálculos basados en la atracción molecular, ha sido estimado que en la gota de agua más minúscula posible sostenida en la punta de un alfiler, una gota invisible al ojo desnudo, que mide una milésima de milímetro cúbico, hay más de doscientos veinticinco millones de moléculas. *** quot;En la cabeza de un alfiler hay no menos de ocho sextillones de átomos, u ocho mil billones de billones, y esos átomos están separados el uno del otro por distancias considerablemente más grandes que sus dimensiones, siendo estas dimensiones, además, invisibles incluso bajo los más poderosos microscopios. Si uno deseara contar el número de átomos contenidos en la cabeza de un alfiler, tomando de éste en pensamiento una mil milésima parte cada segundo, sería necesario continuar la operación por cincuenta y tres mil años para terminar su enumeración. *** quot;En una gota de agua sobre la cabeza de un alfiler hay innumerablemente más átomos que todas las estrellas que los astrónomos, armados con sus más poderosos telescopios, son capaces de descubrir en el cielo. *** quot;¿Qué es, entonces, lo que sostiene a la Tierra, el Sol y las estrellas del Universo en el espacio infinito? ¿Qué sostiene esta larga barra de hierro, que va a soportar el peso de una casa, en dos paredes? ¿Qué le da a cada cuerpo su forma? La atracción de la gravitación. *** quot;El universo, material y espiritual, todo lo que contemplamos, está formado de átomos invisibles e imponderables. El Universo es una manifestación de la fuerza. Dios es el alma del Universo; en Deo vivimus, movemus et summus.
  • *** quot;Como el alma es el poder que mueve el cuerpo, entonces es el Ser Infinito el poder que mueve el Universo. La teoría de la naturaleza puramente material del Universo es indefendible por el científico que lleva sus investigaciones más allá de las apariencias de las cosas. La voluntad humana es débil, es cierto, comparada a las fuerzas cósmicas. Pero, al enviar un tren de París a Marsella, un barco de Marsella a Suez, yo sustituyo por mi voluntad una parte infinitesimal de la masa terrestre, y modifico el curso de la Luna. ¡Niños ciegos del siglo diecinueve, retornemos a las palabras del Cisne de Mantua: Mens agitat molem! *** quot;Si analizo la materia encuentro por todas partes el átomo invisible; la materia desaparece como humo en la atmósfera. Si mis ojos tuvieran el poder para ver la realidad de las cosas ellos mirarían a través de las paredes formadas de moléculas separadas, a través de cuerpos sólidos, vórtices atómicos. Nuestros ojos físicos contemplan sólo lo que está. Es con el ojo del espíritu que nosotros debemos ver. No confiemos en el solo testimonio de nuestros sentidos. Hay tantas estrellas sobre nuestra cabeza durante el día como las hay en la noche. *** quot;En la naturaleza no hay ni astronomía, ni física, ni química, ni mecánica; todos éstos son sólo métodos subjetivos de observación. Todas las cosas son una. Lo infinitamente grande es idéntico con lo infinitamente pequeño. El espacio es infinito sin ser grande. La duración es eterna sin ser larga. Las estrellas y los átomos son uno. *** quot;El Universo es hecho uno por una fuerza invisible, imponderable, inmaterial que pone sus átomos en movimiento. Si un solo átomo debiera dejar de ser movido por esta fuerza, el Universo vendría a detenerse. La Tierra gira alrededor del Sol. El Sol gravita alrededor de un fuego sideral en movimiento como él mismo. Los millones, las miríadas de soles que pueblan el Universo, se mueven con una velocidad más grande que una bala disparada por un cañón. Esas estrellas que nos parecen inmóviles son soles proyectados en el espacio infinito con una velocidad de diez, veinte, treinta millones de kilómetros por día, todos moviéndose hacia un objetivo desconocido - soles, planetas, tierras, satélites, cometas errantes. El punto fijo, el centro de gravedad buscado por el físico, escapa de él cuando lo busca, y existe, en realidad, en ningún lugar. Los átomos constituyentes de los cuerpos se mueven relativamente con tanta velocidad como las estrellas en los cielos. El movimiento reina por todas partes, forma todo. *** quot;El átomo mismo no es materia inerte. Es un centro de fuerza. La parte esencial del hombre, aquella que le da su organización, no es su parte material; no es ni el protoplasma ni la célula, ni esas maravillosas y fecundas uniones de carbono con hidrógeno, de oxígeno y nitrógeno; es Fuerza vital, invisible, inmaterial. Es ésta la que agrupa, dirige y mantiene juntas las innumerables moléculas que componen la admirable armonía del cuerpo viviente. *** quot;Materia y fuerza nunca han sido encontradas separadas la una de la otra. Ellas son, quizás, idénticas. Que el cuerpo deba desintegrarse todo, inmediatamente después de la muerte, como se desintegra lentamente, renovándose perpetuamente durante la vida, importa poco. El alma permanece. El átomo psíquico, el principio de organización, es el centro de esta fuerza. Éste, también, es indestructible. Eso que vemos es una ilusión. El resto es lo invisiblequot;.
  • Él caminaba por el cuarto de un lado al otro con pasos rápidos. La joven le escuchaba como el discípulo escucha a su maestro, un bien-amado maestro, y aunque sus palabras eran sólo para ella, él no parecía tomar nota de su presencia, tan silenciosa e inmóvil que había permanecido. Ella se le acercó y tomó sus manos entre las suyas. quot;¡Ah!quot; exclamó, quot;si no has aprehendido todavía la verdad, ésta no por mucho tiempo escapará de tiquot; *** Entonces, con creciente entusiasmo: quot;Tú creesquot;, añadió ella, aludiendo a una duda a la cual él a menudo había dado expresión, quot;que es imposible para el ser terrestre alcanzar un conocimiento completo de la verdad, porque tiene sólo cinco sentidos, y una multitud de los fenómenos de la naturaleza permanecen desconocidos a su mente, no teniendo medios con los cuales alcanzarla. Del mismo modo como deberíamos ser incapaces de ver, si somos privados del nervio óptico; de escuchar, si somos privados del nervio auditivo; así también la vibración, las manifestaciones de fuerza, que no encontraron cuerda que responda a su vibración en el instrumento de nuestro organismo, permanecen desconocidas para nosotros. *** quot;Concibo, y estoy dispuesta a conceder, que los habitantes de otros mundos pueden ser inmensurablemente más avanzados que nosotros. Pero me parece que, aunque tú perteneces a la Tierra, has encontrado la verdadquot;. *** quot;Amada amigaquot;, respondió, sentándose al lado de ella en el sofá grande de la biblioteca, quot;es muy cierto que nuestra arpa terrestre está necesitada de acordes, y es muy probable que un habitante del sistema de Sirius ridiculizaría nuestras pretensiones al conocimiento. El magneto más pequeño puede, con mayor facilidad que Newton o Leibnitz, descubrir el polo magnético; y la golondrina tiene más conocimiento de las variedades de la latitud que el que tuvieron Cristóbal Colón o Magallanes. ¿Qué dije hace un momento? Que las apariencias son una ilusión y que la mente debe ser capaz de divisar, a través de la materia, la fuerza invisible que la anima. La materia no es lo que parece, y nadie que está consciente del progreso hecho en las ciencias exactas de hoy puede pretender ser un materialistaquot;. *** quot;Entoncesquot;, ella replicó, quot;el átomo psíquico del cerebro, el principio del organismo humano, sería inmortal, como los átomos por todas partes, si nosotros fuéramos a admitir los axiomas fundamentales de la química. Pero diferiría de los otros, en ser superior a ellos, estando el alma adjunta a éste. ¿Pero todavía sería consciente de su existencia? ¿Puede el alma participar de la naturaleza de la electricidad? Una vez vi un relámpago pasar a través de un cuarto, apagando las luces. Cuando ellas fueron encendidas de vuelta se encontró que el mate dorado había desaparecido del reloj y que el candelero de plata engarzado estaba dorado en varias partes. Allí tienes una fuerza sutil. *** quot;No razonemos por analogías; nunca habremos de llegar a la verdad de esa manera. Todos nosotros sabemos que moriremos; pero no lo creemos. ¿Cómo sería posible para nosotros creerlo? ¿Cómo podríamos comprender qué significa la muerte, que no es sino un cambio de estado de lo conocido a lo desconocido, de lo visible a lo invisible? Que el alma existe como fuerza no lo dudamos, que es una con el átomo cerebral, el principio de organización, podemos admitirlo. Que ésta entonces sobrevive a la disolución del cuerpo, nosotros lo concebimosquot;.
  • *** quot;Pero qué llega a ser de ésta? ¿A dónde va?quot; *** quot;El más grande número de almas no es siquiera consciente de su propia existencia. De los mil cuatrocientos millones de seres humanos que pueblan nuestro planeta, noventa y nueve cientos no piensa. ¿Qué uso, en nombre del Cielo, deben hacer ellos de la inmortalidad? Como la molécula de hierro flota sin ser consciente de esto, en la sangre que late debajo de la ceja de un Lamartine o un Víctor Hugo, o permanece por un tiempo anexo a la espada de un César, como una molécula de Hidrógeno brilla en la lámpara de gas del salón de la ópera, o se hunde en la gota de agua tragada por el pez, en los oscuros abismos del mar, así también los átomos vivientes que nunca han pensado, dormitan. *** quot;A las almas que piensan pertenece el don de la vida intelectual. Ellas son los guardianes de la herencia de la humanidad y la incrementan por las edades que están aún por venir. Si no fuera que las almas humanas que están conscientes de su existencia y viven por el espíritu, son inmortales, la historia total de la Tierra terminaría en nada, y la entera creación, la de los más grandes mundos, tanto cuanto de nuestro propio planeta insignificante, sería un absurdo plausible, más vil y sin sentido que el más vulgar gusano rastrero. Éste tiene una raison d'être, y ¡el universo no tendría alguna! ¿Puedes imaginarte miríadas de mundos alcanzando el sumo esplendor de vida y pensamiento, sucediéndose el uno al otro interminablemente en la historia del universo sideral, sin ningún otro fin que dar nacimiento a esperanzas perpetuamente engañadas, a grandiosidades perpetuamente destruidas? En vano es que nos humillemos a nosotros mismos; no podemos admitir la aniquilación como el fin supremo del progreso, probado cual tal por toda la historia de la naturaleza. Las almas son las semillas de las poblaciones planetariasquot;. *** quot;¿Pueden las almas, entonces, transportarse de un planeta a otro?quot; *** quot;Nada es tan difícil de comprender como eso de lo que somos ignorantes; nada es más simple que lo que conocemos. ¿Quién se asombra hoy al ver los hilos telegráficos que transmiten el pensamiento humano instantáneamente a través de continentes y océanos? ¿Quién se asombra al ver la luz transmitida de una estrella a otra con una velocidad de trescientos mil kilómetros por segundo? Además, sólo los filósofos serían capaces de apreciar estas maravillas; nada sorprende al rebaño vulgar. Si, por medio de algún nuevo descubrimiento, nosotros fuéramos capaces mañana de enviar mensajes a los habitantes de Marte, y de recibir respuestas al retorno, tres-cuartos de la humanidad habría cesado de maravillarse de esto al día siguiente. *** quot;Sí, principios vivos de fuerza pueden transportarse de un mundo a otro, no siempre y no por todas partes, de seguro no, no todos ellos. Hay leyes y condiciones para ser observadas. Mi voluntad, por el auxilio de mis músculos, tiene el poder de mover mi brazo para lanzar una piedra; si yo tomo en mi mano una pesa de veinte kilogramos ésta todavía tiene poder para mover mi brazo; pero si yo trato de elevar una pesa de mil kilogramos, ésta no podrá hacerlo más. Ciertos espíritus son incapaces de cualquier especie de actividades; otros han logrado poderes trascendentes. Mozart, a los seis años de edad, hizo sentir a todos los que le escucharon el hechizo de su genio musical, y publicó, a los dieciocho, sus dos primeras obras de sonetos, mientras que el más grande dramaturgo que ha vivido, Shakespeare, había escrito nada valioso de su nombre antes de los treinta. No
  • debemos pensar que el alma pertenece a algún mundo sobrenatural. Nada hay que no esté en la naturaleza. Es escasamente más que cien mil años desde que la humanidad terrestre emergió de su estado crisálido de ser. Durante millones de años, durante los períodos primario, secundario y terciario, no hubo sobre la Tierra una sola mente para apreciar los gloriosos espectáculos que ésta ofrecía, una sola mirada humana para notarlos. El progreso de la evolución gradualmente desarrolló desde plantas y animales, almas de un grado inferior; el hombre es de reciente data sobre el planeta. La naturaleza es un progreso incesante; el Universo es un perpetuo devenir, un ascenso sin finquot;. *** quot;Todos los mundosquot;, añadió él, quot;no están habitados actualmente. Algunos están en el amanecer, otros en el crepúsculo de su existencia. En nuestro sistema solar, por ejemplo, Marte, Venus, Saturno y varios de los satélites, están en la completa actividad de vida. Júpiter parece haber pasado su primer período; la Luna quizás ya no está más habitada. La presente época de nuestra historia no posee una importancia más grande en la historia general del Universo que nuestro hormiguero en la infinidad del espacio. Antes de que la Tierra existiera allí habían estado, desde toda la eternidad, mundos poblados por seres humanos; cuando nuestra Tierra haya rendido su último suspiro, y la última familia humana haya caído dormida en su último sueño, en las riberas del lago más remoto del océano congelado, innumerables soles brillarán todavía en el espacio infinito, todavía habrán mañanas y noches, tiempo primaveral y flores, esperanzas y alegrías. Nuevos soles, nuevas tierras, nuevos seres humanos. El infinito espacio es poblado por tumbas y cunas. Pero la vida, el pensamiento, el eterno progreso son el objetivo final de la creación. *** quot;La Tierra es un satélite de una estrella. Ahora, como en el futuro, nosotros somos habitantes de los cielos. Ya sea que lo sepamos o que seamos ignorantes de esto, nosotros vivimos, en realidad, entre las estrellasquot;. *** Así los dos amigos sostenían conversaciones sobre los poderosos problemas que ocupaban sus pensamientos. Cuando llegaban a una solución, incluso incompleta, de alguno de éstos, ellos experimentaban una felicidad genuina de haber dado un paso adelante en la búsqueda de lo desconocido, y eran capaces de conversar con más tranquilidad después, en las materias ordinarias de la vida. Ellos eran dos intelectos igualmente ávidos por el conocimiento, pensando, con el fervor de la juventud, que podían aislarse del mundo, conquistar los sentimientos humanos y alcanzar, elevándose a alturas celestes, la estrella de la Verdad que brilla sobre sus cabezas, en las altitudes del espacio.
  • IV. AMOR - ICLEA - ATRACCIÓN *** En esta vida de íntima comunión, esta solitude à deux, deliciosa como era, había algo faltante. Estas conversaciones sobe los problemas serios de la vida y la muerte, este intercambio de ideas concernientes a la naturaleza del hombre, estas conversaciones relacionadas con el origen y el fin de todas las cosas, estas contemplaciones de los cielos, y los pensamientos que ellos despertaban, dejaron satisfechas por un tiempo sus mentes, pero no sus corazones. Después de horas consumidas en conversación, sentados uno junto al otro en el árbol del jardín que dominaba la gran ciudad extendida como un mapa ante ellos, o en la soledad de la biblioteca, el filósofo, el científico, no tenía la fuerza de voluntad necesaria para permitir sustraerse de la compañía de su amada pareja. Mano a mano, ellos se sentarían juntos en silencio, sostenidos por un irresistible poder. Al separarse, experimentarían una extraña y dolorosa sensación en el corazón, un indefinible malestar, como si algo allí, necesario a su existencia, se hubiera roto, y ambos del mismo modo no deseaban sino la hora de reunión. Él la amaba por el bien de ella, no por el suyo, con un afecto que era casi impersonal, en el cual había tanto estima cuanto amor, y por incesantes luchas contra los atractivos de los sentidos, él había sido demasiado capaz de resistir su poder. Pero un día, cuando estaban sentados en silencio el uno cerca del otro en el sofá grande de la biblioteca - hecha un caos como de costumbre con libros y manuscritos - George, exhausto quizas por los esfuerzos que había estado haciendo por mucho tiempo para resistir el poder de un hechizo que era irresistible, permitió que su cabeza se hunda imperceptiblemente en el hombro de su compañera, y sus labios se encontraron. *** ¡Ah, alegrías inefables del amor correspondido!, ¡insaciable deseo del alma sedienta de felicidad!, ¡raptos infinitos de la elevada imaginación!, ¡dulce armonía de corazones! - ¿a qué alturas etéreas elevas a aquellos que se abandonan a tus supremos placeres? Perdidos en los raptos de la región de encantamiento a la cual sus almas han tomado vuelo, ellos olvidan el mundo que han dejado debajo y todo lo que contiene. La Tierra, con su ruindad y su miseria, no existe más para ellos. Sutiles como el aire, ellos habitan en llamas, como salamandras o fénices, y consumidos perpetuamente en sus propios fuegos, perpetuamente surgen de sus cenizas, siempre luminosos, siempre ardientes, invulnerables, invencibles. *** Los raptos experimentados por los amantes en esta expansión de sentimiento tanto tiempo reprimido, los sumergieron en un éxtasis que les hizo, por un período, olvidar la metafísica y sus problemas. Este período duró seis meses. El más dulce pero más imperioso de los sentimientos había venido a suplir en su ser la necesidad que los placeres intelectuales no habían sido capaces completamente de satisfacer. Desde el día de ese beso, George Spero no sólo desapareció completamente del mundo, sino que incluso dejó de escribir. Yo mismo le perdí completamente de vista, no obstante el largo y sincero afecto que siempre me había mostrado. Los lógicos podrían quizás haber deducido de esto que, por primera vez en su vida, él estuvo satisfecho, y que había encontrado la solución del gran problema - el objetivo final de la existencia.
  • *** Ellos vivían en ese egotismo de amantes que, apartando el resto del mundo más allá de su centro de visión, disminuían sus defectos y los hacían aparecer más afables y hermosos. *** A menudo caminarían a lo largo de las riberas del Sena a la puesta del Sol, contemplando silenciosamente los maravillosos efectos de luz y sombra que hacen el cielo de París tan hermoso en el crepúsculo, cuando las torres y estancias de la ciudad permanecen oscuramente contorneadas contra el luminoso fondo del cielo occidental. *** Las nubes rosáceas y púrpuras, iluminadas por el reflejo de los últimos rayos del sol sobre el agua, daban ese extraño encanto peculiar a nuestro cielo parisino, menos suntuoso que el de Nápoles, bañado, como es, por la luz refleja del Mediterráneo en el Occidente, pero más hermoso que el de Venecia iluminado por la luz del Este, que es pálida. *** Ya sea que, arrastrados por el hechizo de la vieja ciudad, ellos deambulaban a lo largo de la orilla del río, pasando a su turno Notre Dame y el viejo Châtelet que proyectaban su negra silueta contra el todavía luminoso cielo, o, como era más a menudo el caso, atraídos por los esplendores de la puesta del Sol y de la naturaleza, pasaban a lo largo de los muelles allende las murallas de la vasta ciudad en las soledades de Boulogne y Billancourt, encerrados por los oscuros flancos de Meudon y Saint Cloud; todo esto era lo mismo; ellos olvidaron la ruidosa ciudad que habían dejado detrás, y caminando con paso parejo, los dos formaban un solo ser, recibían al mismo tiempo las mismas impresiones, pensaban los mismos pensamientos, y, en silencio, hablaban el mismo lenguaje. El río fluía a sus pies, los ruídos del día se sumergían en el silencio, Iclea amaba repetir a George los nombres de las estrellas cuando ellas aparecían una por una en el cielo. *** Hay a menudo en París días apacibles en Marzo y Abril, cuando el aire es primaveral. Las estrellas brillantes de Orión, la deslumbrante Sirio, los gemelos Castor y Pollux, destellan en la espaciosa bóveda del cielo; las Pléyades se hunden hacia el horizonte occidental; pero Arcturus, y Boötes, pastor del rebaño celeste, se elevan, y unas pocas horas más tarde la brillante Vega se eleva sobre el horizonte Este, para ser pronto seguidas por la Vía Láctea. Arcturus, con sus rayos de oro, fue siempre la primera estrella en ser reconocida por su penetrante brillo y su posición al final de la cola de la Osa Mayor. A veces la luna creciente resplandecía en el occidente, y la joven espectadora admiraba, como Ruth junto a Boaz, quot;esta áurea guadaña en el campo de estrellasquot;. *** Las estrellas circundan la Tierra por todos lados; la Tierra se mueve en el espacio. Spero y su compañera estaban conscientes de esto, y quizás en ninguno de estos mundos celestes vivieron dos seres en más íntima comunión con el infinito y con los cielos, que ellos. *** Insensible, empero, y quizás inconscientemente, el joven filósofo empezó de nuevo, volublemente y por grados, sus estudios interrumpidos. Prosiguiendo sus investigaciones ahora con un optimismo que no había sentido hasta aquí, no obstante su natural disposición benévola, él rechazó conclusiones crueles, porque le parecían deberse a un conocimiento incompleto de las causas, contemplando como
  • él hizo, panoramas de naturaleza y humanidad bajo una nueva luz. Iclea también reanudó, al menos en parte, los estudios que había comenzado con él, pero un sentimiento nuevo y poderoso llenaba su alma, y su espíritu no disfrutaba más, como antes, de la libertad que es indispensable para la labor intelectual. Absorbida en su afecto por un ser sobre quien tenía completo dominio, ella veía la vida sólo a través de él, ella vivía sólo para él. Durante las tranquilas horas de la noche, cuando se sentaba en el piano para tocar una sonata de Chopin -que estuvo sorprendida de encontrar que no comprendía antes que ella amara- o al acompañarse en el piano cuando cantaba con su voz plena, pura, los cantos noruegos de Grieg y el Toro, o las melodías de nuestro propio Gounod, le parecía, a su pesar, que su amado era, quizás, el único oyente capaz de comprender estas inspiraciones del corazón. ¡Qué deliciosas horas pasaba George en la gran biblioteca de la casa en Passy, estirado en el sofá, mirando los caprichosos anillos del humo de un cigarro oriental, mientras Iclea, abandonándose a los recuerdos de su fantasía, cantaba una dulce Saetergientens Sondag de su tierra nativa, la serenata de Don Juan o los Lagos de Lamartine, o, dejando que sus ágiles dedos corrieran sobre las teclas, escribía rápidamente el melodioso sueño del minueto de Boccherini! *** La primavera había llegado. El mes de Mayo era testigo de las fiestas por inauguración de la Exposición Internacional en París, de la cual hablamos al principio de esta narración, y las alturas del jardín en Passy resguardaban el Edén de dos corazones amorosos. *** El padre de Iclea, que había sido repentinamente llamado a Tunis, ahora había retornado, trayendo consigo una colección de armas árabes para su museo en Christiania. Su intención era retornar pronto a Noruega, y había sido acordado entre la joven noruega y su amante, que su matrimonio iba a tener lugar en la tierra natal de ella, en el aniversario de la misteriosa aparición. Su unión era, por su misma naturaleza, completamente diferente de aquellos vulgares enlaces, basados ora en placeres vulgares ora en intereses mercenarios, más o menos disfrazados, que forman la mayor parte de las uniones entre los sexos. La cultura intelectual los aislaba en las más altas regiones del pensamiento; la delicadeza de sus sentimientos los guardaba en una atmósfera ideal, donde todo lo material era olvidado. La extrema sensibilidad de sus nervios, el exquisito refinamiento de todos sus sentimientos los sumergía en éxtasis de placer sin fin. Si el amor existe en otros mundos este no puede ser ni más profundo ni más exquisito que el suyo. Ellos podrían haber proveído a los fisiólogos la prueba viva del hecho que, contrario a la opinión general, todos nuestros goces proceden del cerebro, la intensidad del sentimiento correspondiente a la sensibilidad psíquica del ser. *** París era para ellos no una ciudad, no un mundo, sino el teatro de la historia humana. Aquí ellos revivieron largas edades pasadas. Los viejos cuarteles de París, no arrasados aún por las innovaciones modernas; la ciudad, con Notre Dame; St. Julian-le-Pauvre, cuyas paredes todavía recordaban a Chilperic y Fredigonda, las antiguas residencias de Alberto el Grande, Dante, Petrarca y Abelardo; la vieja Universidad todavía más antigua que la Sorbona, y - reliquias de las mismas extensas edades del pasado - los claustros de St. Merry, con sus sombríos pasillos; la abadía de de St. Martin, la Torre de Clovis; el Monte St. Genevieve; Saint Germain-des-Près, el monumento de los Merovingios, Saint Germain, l'Auxerrois, cuya campana sonaba el toque de San Bartolomé, la Capilla Angélica del Palacio
  • de Luis IX; todos los monumentos de la historia francesa fueron los objetos de sus peregrinajes. En medio de muchedumbres ellos habitaron apartados en la contemplación del pasado, y vieron por cierto lo poco que puede verse. *** Así la vasta ciudad les hablaba en el lenguaje del pasado, cuando, perdidos entre los monstruos fabulosos, los grifos, los pilares, los capiteles, los arabescos de las torres y las galerías de Notre Dame, ellos veían a sus pies el enjambre humano apresurando pasos con dirección a casa en el crepúsculo de la noche, o cuando, ascendiendo todavía más, ellos buscaban, desde la cumbre del Panteón, reconstruir la antigua ciudad y seguir su desarrollo a través de los sucesivos siglos, desde el tiempo de los emperadores romanos, quienes pasaron sus vidas en la thermæ hasta Felipe Augusto y sus sucesores. *** El Sol de primavera, las lilas en flor, la alegre mañana de Mayo, letificante y melodiosa con la canción de las aves, los proyectaba a veces fuera de la ciudad, dondequiera que la oportunidad podría conducirlos, en los campos o en los bosques. El tiempo pasó como el viento. El día se desvanecía como un sueño, y la noche prolongaba el divino éxtasis de amor. En el vertiginoso globo de Júpiter, donde los días y las noches son de apenas diez horas de duración y pasan más de dos veces tan rápido que con nosotros, los amantes no hallan que las horas pasan más rápido; la medida del tiempo está en nosotros mismos. *** Una noche ambos estuvieron sentados muy juntos en el tejado de una vieja torre del Chateau de Chevreuse, desde donde podían ver sin obstrucción el paisaje circundante. El aire caliente del valle les alcanzó donde estaban, cargado con los perfumes de las flores silvestres de los bosques vecinos; la calandria todavía podía ser escuchada, y el ruiseñor emitía en la oscura sombra de los matorrales su melodioso canto a las estrellas. El Sol acababa de ponerse con esplendores entre oro y escarlata y sólo el occidente estaba iluminado por una luz aún brillante. Toda la naturaleza parecía dormir. Ligeramente pálida, pero iluminada por el brillo del cielo occidental, Iclea parecía brillar con una luz interior, su apariencia tan delicada, tan clara e idealmente pura. Con los ojos nadando en lánguidas profundidades, con su boca pequeña e infantil, ligeramente partida, ella parecía perdida en la contemplación de la puesta del Sol. Descansando contra el pecho de Spero, con sus brazos tendidos alrededor de su cuello, ella se había abandonado al embelesamiento, cuando una estrella fugaz cayó de los cielos, justo en la parte opuesta al tejado de la torre donde ellos estaban. Ella tembló con un miedo supersticioso. Ya las estrellas más brillantes habían empezado a aparecer en las profundidades del cielo; muy alto, casi en el cenit, Arcturus, de un brillante amarillo áureo; al este, una poco más abajo, Vega, de un blanco puro; al norte Capella; al occidente Castor, Pollux y Procyon. Las siete estrellas de la Osa Mayor, el grupo de la Virgen y Regulus, eran también visibles ahora. Una por una las estrellas empezaron a tachonar el firmamento. La estrella polar indicaba el único punto fijo de la Esfera Celestial. La luna surgía, definiendo una sombra angosta creciente en su disco rojizo. Marte resplandecía brillantemente entre Pollux y Regulus al suroeste; Saturno brillaba en el sureste. El crepúsculo lentamente cedía al misterioso reino de la noche. *** quot;¿No te parecequot;, dijo Iclea, quot;que todas esas estrellas son como ojos mirándonos?quot;
  • *** quot;Ojos celestiales como los tuyos. ¿Qué podrían ellos contemplar en la Tierra más hermoso que tú y que nuestro amor?quot; *** quot;A pesar de...quot; ella hizo una pausa. *** quot;Sí, a pesar de todo. El mundo, la familia, la sociedad, las leyes de la moral - Yo comprendo tus pensamientos - nosotros hemos olvidado todos ellos para obedecer a la ley de atracción - como el Sol, como las estrellas, como el ruiseñor que canta, como toda la naturaleza. Pronto pagaremos a esas usanzas sociales el tributo que les debemos, y nosotros podemos entonces abiertamente proclamar nuestro amor. ¿Seremos entonces más felices?, ¿es posible ser más felices de lo que somos en este momento?quot; *** quot;Soy tuyaquot;, respondió ella. quot;Yo existo no para mí misma. Yo estoy absorbida en tu luz, tu amor, tu felicidad, y nada deseo, nada más. No, Yo pensé en esas estrellas, esos ojos que nos miran y me dije a mí misma, '¿Dónde están hoy todos los ojos humanos que las han contemplado por miríadas de años como nosotros lo hacemos ahora. ¿Dónde están todos los corazones que han palpitado como nuestros latidos cardíacos en este momento? ¿Dónde están las almas que se han mezclado en besos infinitos, en las noches de las edades del pasado?' quot; *** quot;Ellas todavía existen. Nada puede ser destruido. Nosotros asociamos el cielo y la tierra juntos en nuestras mentes, y estamos en lo correcto. En toda edad, entre toda raza, en todo credo, la humanidad ha buscado encontrar en ese cielo estrellado el secreto de sus destinos. Esto parece haber sido en alguna suerte una premonición. La Tierra es una de las estrellas del cielo, como Marte y Saturno, que contemplamos ahí, mundos celestiales, oscuros ellos mismos e iluminados por el mismo Sol que nos da luz, y como todas esas estrellas allí que son soles distantes. Tu pensamiento repite el pensamiento de la humanidad desde que ésta ha existido. La humanidad siempre ha buscado en los cielos una respuesta al gran secreto, y desde la edad de la mitología es Urania quien la ha contestado. *** quot;Y es ella, esta divina Urania, quien siempre responderá. Ella sostiene en sus manos los cielos y la tierra. Ella nos hace vivir en el espacio infinito. ¿Y no parecería como si nuestros ancestros, personificando en ella, a través del sentimiento poético, el estudio del Universo, habían buscado perfeccionar la Ciencia dotando en ésta vida, gracia y belleza? Urania es la musa, par excellence. Su belleza parece decirnos que con el propósito de comprender verdaderamente la ciencia de las estrellas y del infinito, es necesario amarquot;. *** La noche estaba cayendo. La Luna hundiéndose despacio en el cielo del este difundía a través de la atmósfera un brillo que imperceptiblemente reemplazó el crepúsculo, y ya en la ciudad bajo unas pocas luces pudo ser vista brillando tenuemente a través de los árboles. Ellos se habían levantado y estaban estrechados uno en los brazos del otro en el tejado de la torre: el rostro de Iclea era hermoso, enmarcado en la aureola de sus mechones que flotaban sobre sus hombros. La fría respiración de primavera, cargada con los mezclados perfumes de violetas, alhelíes, lilas y rosas de mayo, ascendían de los jardines colindantes. La soledad y el silencio los rodeaba por todos lados. Sus labios se encontraron en un prolongado beso.
  • *** Las horas, los días, las semanas pasaron en íntima comunión de pensamiento y sentimiento. El Sol de Junio ya brillaba en el solsticio, y el momento había llegado para la partida de Iclea hacia su tierra natal. Al tiempo fijado ella partía con su padre para Christiania. *** Spero los siguió unos pocos días después. La intención del joven sabio era permanecer en Noruega hasta el otoño, y continuar allí las investigaciones que había comenzado el año anterior, sobre la naturaleza y la causa de la Aurora Boreal, investigaciones que poseían una peculiar fascinación para él, pero en las que todavía había hecho modesto progreso. *** En Noruega, éste, el más dulce de los sueños, continuó ininterrumpido. La bella hija del Norte proyectó una temporada cerca de su amante, bajo cuya influencia él podría haber olvidado para siempre los atractivos de la ciencia, si Iclea misma no hubiera tenido, como hemos visto, una insaciable sed de conocimiento. *** Los experimentos que el infatigable investigador había iniciado sobre electricidad atmosférica, le interesaron a ella tanto como a él. Ella también deseaba comprender la naturaleza de esas misteriosas llamas de la Aurora Boreal, que destellaban por la noche en las regiones superiores de la atmósfera, y como en el progreso de sus investigaciones él experimentaba el deseo de hacer un ascenso en un globo aerostático con el propósito de observar el fenómeno en su origen, ella insistió en acompañarle. Él trató de disuadirla de su propósito, al no estar estos experimentos aeronáuticos exentos de peligro. Pero el pensamiento de compartir un peligro con él fue suficiente para hacerla sorda a las súplicas de su amado. Después de mucha duda, Spero consintió en llevarla consigo, y empezó a hacer sus preparativos en la Universidad de Christiania para un ascenso la primera noche de la Aurora Boreal.
  • V. LA AURORA BOREAL - EL ASCENSO DEL GLOBO - EN EL MEDIO CIELO - CATÁSTROFE *** La perturbación de la aguja magnética había anunciado la llegada de las luces del Norte, incluso antes que el Sol se haya puesto, y el globo estaba siendo llenado con gas hidrógeno, cuando el color verde transparente, que es el predecesor inconfundible de una Aurora Boreal, apareció en el Norte. En unas pocas horas más los preparativos fueron completados. La atmósfera estaba límpida, el cielo sin nubes. Las estrellas centelleaban en un cielo sin luna abrillantado sólo en las regiones magnéticas del Norte, por un círculo de luz suave que disparaba llamas rosáceas y verdosas que parecían como las palpitaciones de corazón de un ser desconocido y misterioso. El padre de Iclea que estaba presente en el inflado del globo, no tenía sospecha de la intención de su hija. En el último momento ella entró al paracaídas como si con el propósito de examinarlo. Spero dio una señal y el globo ascendió despacio y majestuosamente sobre la ciudad de Christiania, que, con sus miles de luces gradualmente disminuyendo de tamaño, pronto desapareció de la vista de los dos viajeros aéreos cuando ellos ascendieron en las regiones oscuras del espacio. El globo, tomando una dirección oblicua, se elevó ligeramente sobre las oscuras regiones, cuyas luces palidecían gradualmente, pronto desaparecieron de vista. Los ruidos de la ciudad fueron, al mismo tiempo, perdidos a la distancia, y un profundo silencio, el silencio de las regiones superiores, cubrió el bote aéreo. Impresionada por la extraña calma, y todavía más, quizás, por lo novedoso de su posición, Iclea se aferró a su intrépido compañero. Ellos estuvieron entonces ascendiendo rápidamente en el aire. La Aurora Boreal pareció descender hacia ellos difundiéndose debajo de las estrellas como un ropaje flotante de oro y morado, tornasolado con luces eléctricas. Spero, con el auxilio de un pequeño globo de vidrio conteniendo luciérnagas, tomaba observaciones de tiempo en tiempo con sus instrumentos, marcando los grados indicados por ellos cuando ascendían. El globo continuó remontando. ¡Qué intensa alegría para el científico! En unos pocos momentos ellos debían alcanzar el plano de las luces. Él estaba cerca de resolver el problema de la altitud de la Aurora Boreal, que tantos famosos científicos, entre ellos, a la cabeza, sus amados maestros -los dos grandes quot;psicólogos y filósofosquot;- Oersted y Amperio, habían intentado resolver en vano. Iclea había recobrado su calma. quot;¿entonces tienes miedo?quot; le preguntó su amigo. quot;El globo es seguro. Nada hay que temer; cada posible accidente ha sido previsto; descenderemos en una hora. No hay asomo de viento soplando desde la tierraquot;. *** quot;Noquot;, dijo ella, mientras una llama iluminaba su figura con un brillo transparente, rosado. quot;No tengo miedo, todo es tan extraño, tan hermoso, tan divino; para mí, en mi insignificancia, parece sublime. Yo temblé por un instante. Me parece que te amo más que nuncaquot;. *** Y arrojando sus brazos alrededor de su cuello ella le estrechó un abrazo largo y apasionado. *** El solitario globo aerostático navegaba a través de las alturas aéreas en silencio, un globo de gas transparente encerrado en una frágil cubierta de seda, de la cual ellos podían divisar, desde el paracaídas, las divisiones verticales que se
  • encontraban en la cima alrededor del anillo de la válvula; la parte inferior del globo permanecía bien abierta para la expansión del gas. La quot;oscura brillantez quot; de la que habla Corneille, arrojada por las estrellas, habría dado suficiente luz sin la luz de la Aurora Boreal, para distinguir la forma de la nave aérea. El paracaídas, suspendido a la red que cubría el globo de seda, fue sujetado por ocho sólidas cuerdas tejidas en la artesanía de mimbre alrededor de éste, y pasando bajo los pies de los aeronautas. El silencio era solemne y profundo; ellos casi podían escuchar el latido de sus corazones. Los últimos sonidos de la tierra se habían hundido en el silencio. Ellos se movían a una distancia de cinco mil yardas sobre la Tierra, soportados con increíble rapidez por las corrientes superiores de la atmósfera, de las cuales, sin embargo, nada sentían, porque un globo aerostático es sumergido en la corriente en movimiento de aire y permanece inmóvil, como si formara una parte de ésta. Habitantes únicos de estas elevadas regiones, nuestros dos viajeros experimentaban en su novedosa situación, la felicidad exquisita sentida por aquellos que respiran esta atmósfera pura y vigorizante. Y elevándose sobre el mundo bajo, olvidan en el silencio del espacio, todas las mezquindades de nuestro sistema terrestre. Y ellos, mejor que alguno de aquellos que los han precedido, fueron capaces de disfrutar los encantos de esta situación única, exaltada diez veces por el sentimiento de su propia felicidad. Ellos conversaban en tonos bajos como si temieran ser escuchados por los ángeles y que la mágica temporada que los sostenía suspendidos cerca del cielo se rompiera. A veces, destellos repentinos, las luces de la Aurora Boreal, pasaban delante de su vista, luego todo retornaba a una oscuridad más profunda y más insondable que antes. *** Ellos continuaron navegando como en un sueño, entre las estrellas, cuando un repentino sonido como un sordo silbido se hizo perceptible a sus oídos. Se inclinaron sobre el borde del paracaídas y escucharon atentamente. El sonido no venía de la tierra. ¿Era el zumbido de las corrientes eléctricas de la Aurora Boreal? ¿Era alguna perturbación magnética en las regiones superiores del aire? Las luces destellaban repentinamente desde las profundidades del espacio, iluminando sus figuras por un momento, luego se desvanecieron. Ellos escucharon sin aliento - el sonido era a su lado próximo - era el gas escapándose del globo. *** Ya fuera que la válvula se había abierto por si misma, o que alguno de ellos había presionado accidentalmente la cuerda que la aseguraba, el hecho era el mismo - ¡el gas se estaba escapando! *** Spero pronto descubrió la causa del sonido que los había alarmado, pero fue con terror que lo hizo, porque fue imposible cerrar la válvula de nuevo. Él examinó el barómetro, que empezó a elevarse lentamente - el globo, entonces, estaba descendiendo. Y el descenso, despacio al principio, pero inevitable, iría en incremento en proporción matemática. Mirando en el espacio bajo ellos, vieron las luces de la Aurora Boreal reflejadas en el espejo lustroso de un vasto lago. *** El globo descendió con velocidad hasta que no estuvo más de tres mil yardas sobre el suelo. Aunque aparentemente calmo, el infortunado aeronauta no se engañaba en cuanto la inminencia del peligro. Él tiró por la borda, en serie, todos los lastres que permanecieron, las alfombras, los instrumentos, el ancla, hasta que el paracaídas estaba vacío; pero este aligeramiento del globo era insuficiente, y sirvió para disminuir su velocidad sólo por un instante. Descendiendo, o mejor
  • precipitándose ahora, con rapidez inconcebible, el globo estaba sólo unas pocas cientas yardas sobre la superficie del lago. Un violento viento empezó a soplar de abajo, y silbaba cerca de sus oídos. *** El globo dio vueltas alrededor, como si cogido en un vórtice. De repente George Spero se sintió enganchado en un abrazo íntimo, sus labios presionados por un largo beso. quot;Maestro mío, Señor mío, mi Todo, Te amo!quot; ella exclamó, y apartando las cuerdas con sus manos, se precipitó del globo. *** El globo, aligerado de su peso, se disparó como una flecha. Spero estaba a salvo. *** La caída del cuerpo de Iclea en las profundas aguas del lago produjo un sonido sordo, extraño y terrible, en el silencio de la noche. Loco de angustia y desesperación, su cabello erizado con horror, mirando al espacio, pero sin ver nada, mientras el globo se disparaba a la altura de mil yardas, él colgaba con todo su peso en la cuerda de la válvula con la esperanza de descender a la escena de la catástrofe; pero la cuerda no funcionó. Él la manipuló en la oscuridad, pero sin resultado. Sintió bajo su mano el pequeño velo de su amada, que había permanecido atrapada entre las cuerdas, el velo ligero, pequeño, perfumado, todavía impregnado con el perfume intoxicante de la respiración de su hermosa compañera. Él examinó las cuerdas atentamente, se imaginó haber descubierto las huellas que las pequeñas, empuñadas manos [de su amada] habían hecho sobre ellas, y colocando sus manos donde unos pocos segundos antes las de Iclea habían descansado, se lanzó del globo. *** Por un instante su pie permaneció atrapado entre las cuerdas, pero el tuvo el coraje de soltarlo, y cayó dando vueltas en el espacio. *** Algunos pescadores, que presenciaron la tragedia, remaron rápidamente al lugar donde la joven había caído en el lago, y tuvieron éxito en rescatarla. Ella estaba todavía con vida, pero todos los cuidados prodigados no pudieron evitarle el desencadenamiento de una fiebre. Por la mañana los pescadores arribaron a una de las pequeñas ciudades en las riberas del lago, y la cargaron a su humilde morada. No bien hubo recobrado una vez sus sentidos, quot;¡George!quot;, gimió, abriendo sus ojos, quot;¡George!quot; y eso fue todo. Al día siguiente ella escuchó el tañido de la campana del pueblo. quot;¡George!quot; repetía, quot;¡George!quot; Ellos habían encontrado su cuerpo, una masa informe, a unos pocos pasos de distancia de las riberas del lago. Su caída, de una altura de más de mil yardas, había comenzado sobre el lago, pero el cuerpo, manteniendo todavía el movimiento comunicado a éste por el movimiento horizontal del globo, no había caído vertical, sino descendido oblicuamente, siguiendo la línea de progreso del globo; y había caído - una masa precipitada desde el cielo- en un campo en las riberas del lago, dejando una profunda impresión en el suelo, y rebotado a una distancia de una yarda del lugar de la caída. Los mismos huesos, incluso, fueron reducidos a polvo, y los sesos habían escapado del cráneo. Apenas su tumba fue sellada, otra fue abierta a su lado para Iclea, quien murió llamando, con sus últimas inflexiones de voz, quot;¡George!quot; ¡George!quot;
  • *** Una piedra cubrió ambas tumbas, y el mismo sauce proyectó su sombra sobre su último sueño. Hasta hoy, los habitantes de las riberas del hermoso Lago Tyrifiorden preservan en sus corazones un triste recuerdo de la catástrofe, ahora casi una tradición, y nunca muestran al viajero la piedra que cubre las tumbas de los amantes, sin que traiga a sus mentes la triste memoria de un sueño desvanecido.
  • VI. PROGRESO ETERNO - SESIÓN MAGNÉTICA *** Los días, las semanas, los meses, las estaciones, los años pasan rápido en este planeta, y sin duda también en los otros. Más de veinte veces ya la Tierra había hecho su revolución anual alrededor del Sol, desde el día en que el Sino tan trágicamente cerró el libro que mis jóvenes amigos habían estado leyendo por casi un año; su felicidad había pasado con rapidez, su día había terminado en aurora. Yo si bien no los había olvidado [*] al menos había cesado de pensar en ellos, cuando, muy recientemente, en una sesión hipnótica en Nancy, donde me había detenido por unos pocos días en mi camino a los Vosges, fui conducido a interrogar a un quot;sujetoquot; por cuya ayuda en sus investigaciones, los sabios de la Academia Stanislas habían obtenido algunos de esos resultados realmente maravillosos con los cuales la prensa científica había estado sorprendiéndonos ya hace algunos años. No recuerdo cómo sucedió que él y yo entramos en una conversación en relación con el planeta Marte. *** Después de describir un país situado en las orillas de un mar conocido a los astrónomos por el nombre de Mar de Sathir, y una isla solitaria que se eleva del fondo de este mar, después de describir el escenario pintoresco y la rojiza vegetación de esas playas, los acantilados contra los cuales las olas rompen incesantemente, la playa arenosa en la cual ellas mueren, el sujeto que era un sensitivo de extraordinario poder, empalideció de repente, y llevó su mano a la frente. Sus ojos se cerraron, él contraía sus cejas, parecía tratar de coger una idea que se le escapaba. quot;¡Mire!quot; exclamó el Doctor B., levantando su mano con un gesto de mando. *** quot;¡Mire! Es mi voluntadquot;. *** quot;Vd. tiene amigos allíquot;, me dijo el sensitivo. *** quot;Eso no me sorprende en demasíaquot;, contesté. quot;Yo he hecho mucho por los habitantes de ese planetaquot;. *** quot;Dos amigosquot;, añadió, quot;que están hablando de Vd. ahoraquot;. *** quot;Oh, ¿personas que me conocen?quot; *** quot;Síquot;. *** quot;¿Cómo puede ser eso?quot; *** quot;Ellos le han conocido a Vd. aquíquot;. *** quot;¿Aquí?quot; *** quot;Aquí en la Tierraquot;. *** quot;¡Ah! ¿Y es de hace tiempo?quot;
  • *** quot;No séquot;. *** quot;¿Son jóvenes?quot; *** quot;Sí, ellos son dos amantes que se adoraron el uno al otroquot;. *** Luego las encantadoras imágenes de mis añorados amigos fueron traídas vívidamente ante mi mente. Pero ni tan pronto había pensado en ellos, el sensitivo exclamó con una voz más firme: *** quot;¡Son ellos!quot; *** quot;¿Cómo lo sabe?quot; *** quot;Lo veo. Son las mismas almas; son del mismo colorquot;. *** quot;¿Cómo, del mismo color?quot; *** quot;Sí, las almas son luzquot;. *** Unos pocos momentos después él añadió. *** quot;Hay una diferencia, emperoquot;. *** Él permaneció en silencio por un momento, su entrecejo se contrajo como si perdido en pensamiento. Pero despejando su rostro repentinamente, añadió: *** quot;Ellos han cambiado posiciones uno con otro. Él ahora se ha vuelto mujer; ella, hombre. Y se aman entre sí más ardientemente que nuncaquot;. *** Como si él mismo no comprendiera lo que acababa de decir, pareció hacer esfuerzos dolorosos para encontrar una explicación de esto en su pensamiento, los músculos de su semblante se contrajeron completamente, y cayó en una suerte de catalepsia de la que el Doctor B. no se retrasó en liberarlo. Pero el instante de lucidez había pasado, y no retornó más. *** Doy este último incidente en conclusión, al lector, como lo presencié, y sin comentario. ¿Había sido el sujeto, de acuerdo con la hipótesis de no pocos hipnotizadores, influenciado por los pensamientos que pasaban por mi mente, cuando el doctor le mandó a responder mi pregunta? O, más independiente, ¿Se había realmente liberado su espíritu, a la sazón, de los lazos de la materia, y aprehendido cosas que pasaban más allá de nuestra esfera? Esto es lo que yo no tomaré sobre mí mismo decidir. Quizás la conclusión de esta narrativa lo dirá. Yo admitiré, empero, sin duda, que la resurrección de mi amigo y su adorada compañera en Marte -un planeta cercano al nuestro, y que se le parece tan cercanamente, aunque más viejo y sin duda más avanzado en progreso- podría parecer al pensador la continuación lógica y natural de su existencia terrestre, interrumpida tan temprano.
  • *** Sin duda Spero estaba acertado al decir que la materia no es lo que parece ser, que las apariencias son engañosas, que lo real es lo invisible, que el espíritu es indestructible, que en el mundo eterno lo infinitamente grande es uno con lo infinitamente pequeño, que las regiones celestiales no están separadas de nosotros, y que las almas son la semilla de las poblaciones planetarias. ¿Quién puede decir que la ciencia de la dinámica no revelará un día a los estudiantes de los cielos la religión del futuro? ¿No puede Urania sostener en su mano la antorcha sin cuya luz ningún problema puede ser resuelto, sin la cual toda la naturaleza permanecería oculta de nuestra vista en impenetrable oscuridad? Los cielos deben interpretar la tierra, el infinito debe explicar el alma y sus facultades espirituales. *** Lo desconocido de hoy es la realidad de mañana. Las siguientes páginas pueden quizás arrojar alguna luz sobre el misterioso nexo que une lo transitorio a lo eterno, lo visible a lo invisible, la tierra a los cielos. ** A veces suceden coincidencias curiosas. El día en el que Spero hizo el ascenso que iba a resultarle fatal, yo sabía que él se había precipitado en el espacio, por la extraordinaria agitación de la brújula, que anunciaba en París, donde yo estaba entonces, la ocurrencia de la Aurora Boreal que él había esperado ansiosamente, para hacer el ascenso. Ha sido probado, por cierto, que la presencia de esas luces puede ser conocida a distancia, por los disturbios magnéticos que producen, pero lo que más me sorprendió, y lo que yo no he sido todavía capaz de explicar, fue el hecho que a la misma hora de la catástrofe, yo experimenté un indefinible sentimiento de malestar , seguido por una suerte de presentimiento de que alguna desgracia le había acontecido. El telegrama que me anunció su muerte, me encontró casi preparado para esto.
  • URANIA TERCERA PARTE CIELO Y TIERRA
  • I. TELEPATÍA - LO DESCONOCIDO DE AYER - CIENCIA - APARICIONES - LAS FACULTADES PSÍQUICAS - EL ALMA Y EL CEREBRO *** La sesión magnética en Nancy había dejado una vívida impresión en mi mente. Yo a menudo pensaba en mi amigo fallecido, en sus investigaciones en los dominios inexplorados de la naturaleza y la vida, y en sus investigaciones serias y originales relacionadas con el misterioso problema de la inmortalidad. Pero ahora no podía pensar más en él sin asociar con él la idea de una posible reencarnación en el planeta Marte. *** Esta idea me parecía audaz, precipitada, quimérica, si Vd. quiere, pero no absurda. La distancia de nuestra Tierra a Marte es como cero donde concierne a la transmisión de la fuerza de atracción; es casi insignificante en el caso de la luz, dado que unos cuantos minutos bastan para que una onda de luz atraviese esos millones de leguas. Pensé en el telégrafo, el teléfono, el fonógrafo, el poder de la voluntad del magnetizador ejercida sobre su sujeto a la distancia de varias millas, y a veces me preguntaba si un día no podría ser posible, a través de algún paso agigantado en el descubrimiento científico, tender un puente celeste desde nuestro mundo a sus esferas hermanas en el espacio. *** Durante mi observación de Marte a través del telescopio, la noche siguiente, fui distraído por mil ideas extrañas. El planeta era, sin embargo, tan interesante, desde un punto de vista científico, como había sido durante toda la primavera y el verano de 1888. Vastas inundaciones habían tenido lugar en uno de sus continentes, la Libye - como ya había sucedido una antes, en 1882, de acuerdo a las observaciones hechas por los astrónomos, bajo diferentes circunstancias. Se halló que su meteorología y su climatología no son las mismas que las nuestras, y que las aguas que cubren cerca de una mitad de la superficie del planeta experimentan desplazamientos y cambios periódicos, de los cuales la geografía terrestre no puede dar idea. Las nieves del polo norte habían disminuido grandemente, un hecho que probaba que el verano en ese hemisferio había sido caluroso, aunque menos que el verano en el hemisferio sur. Por lo demás, ha habido muy pocas nubes sobre Marte durante la serie completa de nuestras observaciones. Pero extraño como pudiera parecer, no eran estos hechos científicos, importantes en sí, y la base de todas nuestras conjeturas, lo que más ocupaba mis pensamientos: era lo que el sensitivo me había dicho con respecto a George e Iclea. Las ideas fantásticas que pasaban por mi cerebro, me impedían hacer alguna observación con valor científico. Yo continuamente me preguntaba si no podía existir comunicación entre dos seres distantes el uno del otro, e incluso entre los vivos y los muertos, y cada vez me respondía que tal pregunta era en sí misma anticientífica e indigna de una mente práctica. *** Pero, después de todo, ¿qué es eso que llamamos quot;cienciaquot;? *** ¿Qué hay en la naturaleza que no es quot;científicoquot;? ¿Dónde están los límites de la ciencia abstracta? ¿Es el cuerpo de un ave realmente de más relevancia científica que su brillante plumaje, o su canto con sus variadas cadencias? ¿Es el esqueleto de una linda mujer menos digno de atención que su estructura de carne y
  • su forma viviente? ¿No es el análisis de las emociones del alma, científica? ¿No es científico procurar conocer si el alma puede realmente ver desde lejos, y cómo? Y entonces ¿cuál es esta extraña vanidad, esta ingenua presunción de nosotros imaginar que la ciencia ha dicho su última palabra; que conocemos todo lo que hay que conocer, que nuestros cinco sentidos son suficientes para comprender la naturaleza del Universo? Decir que podemos reconocer, entre las fuerzas que actúan alrededor nuestro, la atracción, la luz, la electricidad, ¿es decir que no hay otras fuerzas que escapan de nuestro conocimiento, porque no tenemos la facultad de percibirlas? No es esta hipótesis la absurda; es la ingenuidad de los pedagogos y académicos. Nos sonreímos de las ideas de los astrónomos, los filósofos, los médicos, los teólogos de hace tres siglos. En tres siglos más, nuestros sucesores en las ciencias ¿no sonreirán a su vez de las afirmaciones de aquellos que en nuestros días pretenden saberlo todo? *** Todos los médicos a quienes comuniqué, hace quince años, los fenómenos magnéticos observados por mí en ciertos experimentos, negaban absolutamente la realidad de los hechos observados. Yo me encontré a uno de ellos recientemente en el instituto: quot;¡Oh! dijo él, no sin astucia, quot;entonces era magnetismo, ahora es hipnotismo, y somos nosotros quienes lo estudiamos. Eso es una cosa muy diferentequot;' *** Moraleja: Nada neguemos positivamente. Estudiemos, examinemos; la explicación vendrá más tarde. Fue en este estado de ánimo, cuando, paseando de un lado a otro por mi biblioteca, mis ojos cayeron sobre una elegante edición de Cicerón, la cual no había visto por algún tiempo. Tomé uno de los volúmenes, lo abrí al azar, y leí como sigue: *** quot;Dos amigos llegaron a Megara y se alojaron en diferentes hospederías. Uno de ellos apenas había caído dormido cuando vio a su compañero de viaje delante de él, quien le dijo con un aire trágico, que su anfitrión había concebido un plan para asesinarle, rogándole al mismo tiempo que vaya tan rápido como sea posible en su auxilio. El otro despertó, pero convencido que había sido engañado por un sueño, pronto cayó dormido otra vez. Su amigo se le apareció de nuevo y le suplicó apresurarse, porque los asesinos justo habían entrado a su habitación. Muy perturbado, no pudo evitar sentirse sorprendido por la persistencia del sueño, y estuvo inclinado a ir en ayuda de su amigo, pero la razón y la fatiga finalmente se impusieron, y se volvió a dormir. Entonces su amigo apareciósele una tercera vez, pálido, desangrado, desfigurado. quot;Infelizquot;, le dijo, quot;tú no viniste cuando te lo imploré. Es demasiado tarde para ayudarme ahora: ¡todo lo que queda es vengarme! Ve al amanecer a la entrada de la ciudad. Encontrarás allí una carreta cargada de estiércol; detenla y ordena que se descargue; encontrarás mi cuerpo oculto en ella. Concédeme el honor del entierro; busca a mis asesinos y castígalosquot;. Persistencia tan determinada, detalles tan minuciosos, no permitieron más duda. El amigo se levantó, se apresuró a la puerta indicada, y se adelantó y paró al conductor, quien, sorprendido, no hizo ningún intento de resistencia, y el cuerpo del hombre asesinado fue descubierto de inmediato, ocultado en la carretaquot;. *** Este incidente pareció venir expresamente en apoyo de mis opiniones tocantes a estos problemas heterodoxos. Sin duda no faltarán teorías para la explicación del incidente. Puede decirse que la historia no sucedió exactamente como la relata Cicerón, que ha sido amplificada o exagerada, que los dos amigos al llegar a una
  • ciudad extraña, bien podrían temer algún infortunio, que, temiendo por la vida de su amigo, y fatigado por el viaje, podría fácilmente suceder que uno de ellos debiera soñar con que su amigo es víctima de un asesinato. Por lo que respecta al episodio de la carreta, los viajeros podrían haber visto una en el patio de la hospedería, y el principio de la asociación de ideas da cuenta de su conexión con el sueño. Sí, uno puede hacer todas estas hipótesis explicativas, pero ellas son sólo hipótesis. Admitir que hubo realmente comunicación entre el muerto y el vivo también es una hipótesis. *** ¿Son raros los hechos de esta clase? No lo pienso así. Recuerdo, entre otros, un incidente en particular, el cual me lo relató Jean Best, un viejo amigo mío, quien, en compañía del distinguido Edward Charton, otro amigo, fundó, en 1883, la Revista Pittoresque, y quien muriera hace algunos años. Él fue un hombre grave, frío, metódico, un habilidoso tallador, un concienzudo gerente, Todos quienes le conocieron sabían cuán in-excitable era su temperamento, y cuán poco imaginativo. El siguiente acontecimiento tuvo lugar cuando él era un niño alrededor de los cinco o seis años. *** Fue en Toul, su lugar natal. Una hermosa noche él estaba acostado en su pequeña cama, despierto, cuando vio que su madre entró a su cuarto, caminó a través del piso, y fue a la siguiente habitación, cuya puerta estaba abierta, donde su padre estaba jugando cartas con un amigo. En ese momento su madre estaba en Pau muy enferma. Él se levantó inmediatamente de su cama y corrió detrás de la aparición en el cuarto, donde buscó por ella en vano. Su padre, con alguna impaciencia, le regañó, y, diciéndole que había estado soñando, le mandó de vuelta a su cama. El niño, convencido al principio de que esto era así, regresó a la cama y trató de dormirse. Pero algunos momentos más tarde, estando sus ojos bien abiertos, vio claramente a su madre una segunda vez pasar muy cerca de él, y esta vez brincó hacia ella para abrazarla. Pero ella se desvaneció al instante. Él no deseaba regresar a la cama, sino que permaneció en el cuarto con su padre, quien seguía jugando a las cartas. Ese mismo día, y a esa misma hora, su madre había expirado en Pau. *** Yo tuve este reporte detallado del mismo Sr. Best, quien conservaba un imborrable recuerdo de esto. ¿Cómo va a explicarse este acontecimiento? Puede decirse que el niño, conociendo la enfermedad de su madre, pensaba en ella con frecuencia, y que experimentó una alucinación que coincidió, por azar, con la muerte de ésta. Puede ser así. Pero también es posible que hubiera un vínculo simpático entre la madre y el niño, y que en ese momento solemne, el alma de la madre había realmente sostenido comunicación con el alma de su hijo. ¿Cómo? Esto puede preguntarse. Pero lo que no sabemos comparado con lo que sabemos, es como el océano comparado con una gota de agua. *** ¡Alucinaciones! Esto se dice con facilidad. Se han escrito innumerables trabajos médicos sobre la materia. Todo el mundo conoce el trabajo de Brierre de Boismont. Entre las muchas observaciones que contiene, a propósito de esta materia, citaremos las dos siguientes: *** quot;Obs. 84.- En el tiempo de la peste en Londres, habiendo el rey James llegado recién a Inglaterra, y hospedándose con Lord Camden en la casa de campo de Sir
  • Robert Cotton; su hijo mayor, todavía un niño, que vivía en aquel entonces en Londres, apareciósele en un sueño, con un corte desangrante en su frente, como si hubiera sido herido por una espada. Aterrorizado por esta aparición, el rey empezó a orar, y en la mañana él se dirigió al cuarto de Lord Camden, a quien relató el acontecimiento de la noche. Camden procuró tranquilizar al monarca, diciéndole que había sido víctima de un sueño, y que no había necesidad de atormentarse a sí mismo sobre el asunto. El mismo día el rey recibió una carta de su esposa, informándole de la pérdida de su hijo, quien había muerto de la peste. Cuando el niño se le había aparecido a su padre, tenía la figura y las proporciones de un hombre adulto. *** quot;Obs. 87.- Mdlle. R., una señorita dotada de excelente juicio, religiosa sin llegar a la mojigatería, vivía, antes de su matrimonio, en la casa de su tío, el Dr. D., un médico reconocido, y miembro del Instituto. Ella estaba separada de su madre, quien estaba seriamente enferma en el campo. *** quot;Una noche esta señorita soñó que vio a su madre cerca de ella, pálida, enferma, moribunda, y mostrando gran angustia al no estar rodeada por sus niños, de los cuales uno, el Cura de una parroquia en París, había emigrado a España, el otro estaba en Paris. Poco después ella escuchó a su madre llamarla varias veces por su nombre; y vio, en sus sueños, que las personas que rodeaban a su madre, suponiendo que ella preguntaba por su pequeña nieta, del mismo nombre, entraron a la próxima habitación por ella; una señal de la misma mujer enferma les hizo saber que no era a su nieta, sino su hija, entonces en París, a quien ella deseaba ver. Su rostro expresaba el dolor que sentía por la ausencia de su hija; de repente su semblante cambió, una mortal palidez se esparció generalizándose, y cayendo en la cama, expiró. *** quot;Al día siguiente, al aparecer muy triste Mdlle. R., su tío el Dr. D., le rogó que le permita saber la causa de su congoja; ella le contó, con todos sus detalles, el sueño que la había angustiado tan grandemente. El Dr. D., encontrándola en este estado de ánimo, echó sus brazos alrededor de ella, confesando que el sueño era sólo demasiado verídico, y que su madre acababa de morir; él no entró en mayores detalles. Algunos meses más tarde, aprovechando la ausencia de su tío para arreglar sus papeles, que, como muchos otros hombres doctos, a él le disgustaba que se los tocasen, Mdlle. R. encontró entre ellos una carta contando las circunstancias de la muerte de su madre. ¡Cuál fue su sorpresa al leer en ésta los detalles más minuciosos de su sueño!quot;. *** ¡Alucinación! ¡Coincidencia fortuita! ¿Es ésta una explicación satisfactoria? En todos los casos es una explicación que nada explica. Un gran número de gente ignorante y no pensante de todas las edades, y de todas las posiciones en la vida; gente que vive de sus rentas, mercaderes o diputados, escépticos por temperamento o por entrega a la moda, simplemente declaran que no creen esas historias, y que no hay verdad en ellas. Ésta es también una solución del problema indigna de atención seria. Las mentes acostumbradas a estudiar no pueden estar contentas con una negación desnuda y no soportada de los hechos. *** Un hecho es un hecho, y como tal debe ser aceptado, aún cuando, en el estado presente de nuestro conocimiento, sea imposible explicarlo.
  • *** Es cierto que los anales médicos dan testimonio que hay realmente alucinaciones de más de una clase, y que ciertas organizaciones nerviosas son víctimas de ellas. Pero esto no es razón para la conclusión de que todos los fenómenos psico-biológicos inexplicados son alucinaciones. *** El espíritu científico de nuestra era busca, con razón, aclarar todos estos hechos de las neblinas delusivas del supernaturalismo, considerando que realmente nada sobrenatural hay, y que la naturaleza, cuyo dominio es infinito, abarca todo. Hace algunos años una sociedad científica, particularmente digna de notar, fue organizada en Inglaterra con el propósito especial de estudiar estos fenómenos. Ésta es llamada la quot;Sociedad para la Investigación Psíquicaquot;; [*] ésta tiene en su cabeza algunos de los ilustres sabios al otro lado del Canal Inglés; y ya ha hecho importantes publicaciones. Estos fenómenos de vision à distance son clasificados bajo el título general de Telepatía. (τη'λε, far, πα'θος, sensación, sentimiento.) *** Se hacen investigaciones rigurosas examinando la evidencia, de la que hay una considerable variedad. Por un instante pasemos revista a esta colección, y seleccionemos de ella algunos documentos debida y científicamente probados. *** En el siguiente caso, observado recientemente, el testigo estaba tan completamente despierto como lo estamos Vd. o yo en este momento. La persona en cuestión es un cierto Sr. Robert Bee, con residencia en Wigall, Inglaterra. Aquí está esta curiosa revelación, escrita por el observador mismo. *** quot;El 18 de Diciembre de 1873, fui con mi esposa a visitar a su familia en Southport, dejando a mis padres, a toda luz, en perfecto estado de salud. Al día siguiente, en la tarde, tomando una caminata por la orilla del mar, fui embargado por tan profunda melancolía que se hizo imposible para mí interesarme en algo, de modo que no nos retrasamos en retornar a la casa. *** quot;De repente mi esposa, mostrando alguna inquietud, dijo que iría al cuarto de su madre por unos pocos minutos. Un momento después, yo mismo me levanté del sofá y fui a la sala. *** quot;La señora, vestida como si fuera a salir, se me aproximó, viniendo de la habitación vecina. Yo no observé sus facciones, porque su cara no estaba vuelta hacia mí. Yo inmediatamente me dirigí a ella, pero no recuerdo lo que dije. *** quot;En ese mismo instante, y mientras ella estaba frente a mí, mi esposa retornó del cuarto de su madre, y pasó justo por el lugar donde la señora estaba de pie, sin parecer observarla. Yo exclamé sorprendido: '¿Quién es esa señora, con quien te acabas de cruzar sin prestarle atención?' *** quot; 'Yo no me he cruzado con nadie', replicó mi esposa, todavía más sorprendida que yo. - '¿Qué?' respondí, '¿no viste una señora justo ahora, que estaba hace un momento donde estás parada? Ella salió del cuarto de tu madre, y ahora debe estar en el vestíbulo'. *** quot; 'Es imposible', respondió, ''no hay absolutamente nadie en casa sino mi madre y nosotros'.
  • *** quot;En efecto, ningún extraño había estado allí, y la búsqueda, que hicimos al mismo tiempo, no mostró otro resultado. *** quot;Era entonces tres minutos para las ocho de la mañana. La mañana siguiente, un telegrama nos anunció la repentina muerte de mi madre de un ataque al corazón, precisamente a la misma hora. Ella estaba en la calle a esa hora, vestida exactamente como la extraña que pasó delante míoquot;. *** Tal es la narración de un testigo-ocular. Investigaciones, hechas por la Sociedad para la Investigación Psíquica, han demostrado concluyentemente la autenticidad y concurrencia del testimonio. Esto es un hecho verdadero, como cualquier observación meteorológica, astronómica, física o química. ¿Cómo va a ser explicada? quot;Una coincidenciaquot;, Vd. dirá. *** ¿Puede ser satisfecha una crítica científica exacta con esta palabra? Todavía otro caso. *** quot;El Sr. Frederick Wingfield, residente en Belle-Isle en Terre (Côtes-du-Nord), escribió que el 25 de Marzo de 1880, habiendo ido a dormir tarde, después de haber pasado una parte de la noche leyendo, soñó que su hermano, que vivía en el condado de Essex, Inglaterra, estaba sentado a su lado, pero que, en vez de responder a una pregunta que él le dirigía, negó con la cabeza, se levantó de su silla, y se fue. La impresión había sido tan vívida que el narrador se levanto de un brinco, medio dormido, de su cama, y llamó a su hermano. *** quot;Tres días después recibió la noticia de que su hermano había sido muerto por una caída de su caballo el mismo día, el 25 de marzo, a las ocho y media de la noche, unas pocas horas antes que ocurriera el sueño que justo acabamos de relatar. *** quot;Una investigación probó que la fecha de su muerte fue como había sido dada, y que el autor de esta narración había escrito su sueño en un cuaderno de memorandum, cuando esto ocurrió, y no despuésquot;. *** Otro caso: *** quot;El Sr. S. y M.L., ambos empleados en una oficina del gobierno, habían sido amigos íntimos por alrededor de ocho años. El lunes, 19 de marzo de 1833, L., saliendo de su oficina, tuvo un ataque de indigestión; él fue a una farmacia, donde le dieron cierta medicina. El siguiente jueves se sintió peor; el sábado de la misma semana él estaba todavía ausente de la oficina. *** quot;La noche del sábado, el 24 de marzo, S. permanecía en casa, teniendo un dolor de cabeza; le dijo a su esposa que se sentía demasiado caluroso, una cosa que no le sucedía hacía dos meses, y después de hacer esta afirmación se fue a la cama, y un minuto después vio a su amigo L., parado frente a él, en las mismas ropas que usualmente vestía. S. notó particularmente en su sueño que él tenía una banda negra en su sombrero, que su abrigo estaba desabotonado y que tenía un bastón en su mano. L. miró a S. fijamente y pasó. S. entonces recordó el verso en el Libro de Job: quot;Entonces un espíritu pasó delante de mi cara; el vello de mi carne se me erizó'. En ese momento él sintió un escalofrío sobre su cuerpo, y su cabello se erizó. Luego le
  • dijo a su esposa, '¿Qué hora es? Ella respondió, 'doce minutos y son las nueve'. Él le retornó, 'Si te pregunto la hora es porque L. está muerto; Acabo de verlo' Ella trató de persuadirle que esto era una ilusión, pero él le aseguró en la manera más seria que nada podía hacerle cambiar su opiniónquot;. *** Tal es la historia contada por el Sr. S. Él no escuchó de la muerte de su amigo L. hasta el siguiente domingo, a las tres en punto de la tarde. L. había, de hecho, muerto la noche del sábado alrededor de las nueve menos diez minutos. *** Podemos comparar este relato con el acontecimiento histórico narrado por Agrippa d' Aubigne a la hora de la muerte del Cardenal de Lorraine: *** Estando el rey en Avignon, el 23 de diciembre de 1574, Charles, Cardenal de Lorraine, murió allí. La reina, Catherine de Medicis, se retiró a descansar más temprano de lo usual, teniendo en su couchée, entre otras distinguidas personas, al Rey de Navarra, el Arzobispo de Lyons, Madame de Ritz, Madame de Lignerolles y Madame de Sannes. Dos de estas señoras han dado fe de la veracidad de este relato. Cuando la reina estaba ofreciéndoles las buenas noches, se tiró para atrás en su almohada con un estremecimiento, cubrió su rostro con sus manos, y con un violento grito llamó a los presentes para que la asistan, señalándoles al mismo tiempo al Cardenal, que estaba parado al pie de la cama, sosteniendo su [del Cardenal] mano. Ella gritó varias veces: quot;¡Mi señor Cardenal, Yo nada tengo que hacer con Vd!quot; El Rey de Navarra inmediatamente envió a un caballero de su suite a las habitaciones del Cardenal, quien de vuelta dijo que el Cardenal había expirado en ese momento. *** En su libro sobre quot;Humanidad Póstumaquot;, publicado en 1882, Adolphe d'Assier da fe de la autenticidad del siguiente hecho, el cual ha sido reportado por una nativa de St. Gaudens, habiéndole sucedido a ella misma: *** quot;Yo era en ese tiempo una niñaquot;, dice, quot;y solía dormir con mi hermana, que era mayor que yo. Una noche acabábamos de ir a la cama y de apagar la vela. El fuego en la parrilla no estaba completamente extinguido, y todavía arrojaba una débil luz sobre el cuarto. Tornando mis ojos hacia la chimenea, percibí para mi gran sorpresa, a un cura, sentado allí calentándose en el fuego. Él tenía las facciones y la figura de un tío nuestro que era un clérigo, y vivía en el vecindario. Yo llamé la atención de mi hermana sobre esta aparición; ella miró hacia la chimenea, y también lo vio. Ella, tanto como yo, reconoció a nuestro tío, el arcipreste. Entonces, embargadas por un indefinible terror, gritamos, '¡Auxilio! ¡Auxilio!' con toda nuestra fuerza. Mi padre, que dormía en un cuarto contiguo, despertado por nuestros gritos, se levantó en gran prisa, y vino a nosotras inmediatamente, con una vela en su mano. El fantasma había desaparecido; No vimos más a alguien en el cuarto. Al día siguiente recibimos una carta diciéndonos que nuestro tío había muerto esa nochequot;. *** Todavía otro hecho, reportado por un discípulo de Auguste Comte, y registrado por él durante su estancia en Río de Janeiro. *** Fue en 1858. En la Colonia Francesa de esa capital todavía hablaban sobre una singular aparición que había sido vista unos pocos años antes. Una familia alsaciana, que consistía del esposo, la esposa y una pequeña hija, se hicieron a la mar para Río de Janeiro, adonde iban a reunirse con algunos compatriotas, que se habían
  • establecido en esa ciudad. El viaje era largo, la esposa se puso enferma, y sin lugar a dudas por la falta de cuidado y la alimentación apropiada, murió antes que el buque arribara. El día de su muerte, ella cayó en un rapto; ella permaneció en ese estado por largo tiempo, y cuando recobró la conciencia, dijo a su esposo que estaba mirándola al lado: quot;Muero contenta, porque ahora estoy tranquila en lo que concierne al futuro de nuestra niña. Acabo de venir de Río de Janeiro. He encontrado la calle y la casa de nuestro amigo Fritz, el carpintero. Él estaba parado en su puerta. Le presenté a nuestra pequeña. Estoy segura que a tu llegada él la conocerá y cuidará de ellaquot;. El esposo se sorprendió de estas palabras, sin atribuirles, empero, alguna importancia. Ese mismísimo día, y precisamente a la misma hora, Fritz, el carpintero, de quien precisamente he hablado, estaba parado en la puerta de la casa donde vivía, en Río de Janeiro, cuando creyó haber visto a una compatriota suya, que cruzaba la pista, sosteniendo una niña pequeña en sus brazos. Ella le miró con aire suplicante, y pareció presentarle a la niña que sostenía en sus brazos. Su cara, que lucía muy delgada, le recordó, sin embargo, las facciones de Lotta, la esposa de su amigo y compatriota Schmidt. La expresión de su semblante, la peculiaridad de su paso, que le pareció ver más en una visión que en la realidad, todo impresionó a Fritz vívidamente. *** Deseando asegurarse que él no era la víctima de una ilusión, llamó a uno de sus hombres, quien estaba trabajando en la tienda, y que era también un alsaciano, y de la misma localidad. *** quot;Miraquot;, le dijo, quot;¿no ves a una mujer en la calle sosteniendo a un niño en sus brazos? ¿No dirías que es Lotta, la esposa de nuestro compatriota Schmidtquot;. *** quot;No puedo decirte; no la distingo muy claramentequot;, respondió el trabajador. *** Fritz no dijo más; pero todas las circunstancias de esta aparición, real o imaginaria, y específicamente el día y la hora, fueron grabadas profundamente en su mente. Un corto tiempo después de esto él dijo que vio a su compatriota Schmidt llegar con una pequeña niña en sus brazos. La visita de Lotta entonces retornó a su mente, y antes que Schmidt abriera su boca, él le dijo: *** quot;Mi pobre amigo, lo sé todo; tu esposa murió en la travesía; y antes de morir ella me trajo su pequeña niña, para que yo pudiera cuidar de ella. Mira, aquí están el día y la horaquot;. *** Tales eran, de hecho, el día y el momento registrados por Schmidt, a bordo del barco. *** En su trabajo sobre los quot;Fenómenos de la Magiaquot;, publicado en 1864, Gougenot Mousseaux relata el siguiente hecho, cuya autenticidad certifica. *** El Sir Robert Bruce, de la ilustre familia escocesa de ese nombre, fue el segundo oficial a bordo de un buque. Un día, mientras se aproximaba a Terranova, mientras estaba haciendo sus cálculos, se imaginó ver al capitán sentado en su pupitre, pero mirando con atención, encontró que era un extraño, cuya mirada, fija fríamente en él, lo sorprendió en gran medida. El capitán, a quien encontró
  • cuando retornaba a la cubierta, notó su mirada de asombro, y le preguntó qué quería decir: *** quot;Pero, quién está entonces en su pupitre?quot; le dijo Bruce. *** quot;Nadiequot;. *** quot;Sí, hay alguien allí: ¿es un extraño? - ¿y cómo llegó allí?quot; *** quot;Usted está soñando - ¿o bromea?quot; *** quot;No de ninguna manera; ¿baje y verá?quot; *** Ellos bajaron a la cabina, pero nadie estaba sentado en el pupitre. Hicieron la búsqueda por todo el buque; pero ningún extraño iba a ser hallado. *** quot;El hombre que vi, sin embargo, estaba escribiendo en su pizarra; su escritura podría estar allí todavíaquot;, dijo Bruce. *** Ellos miraron a la pizarra; estas palabras estaban escritas en ella, quot;Naveguen al noroestequot;. *** quot;Pero esto está escrito por Usted o por alguien a bordo, ¿no es así?quot; *** quot;Noquot;. *** Se pidió a cada uno a su turno escribir la misma oración; pero la caligrafía de ninguno se parecía a la de la pizarra. *** quot;Bien, sigamos el consejo dado por estos maderos, naveguen el barco al noroeste; el viento es bueno, y nos permitirá probar el experimentoquot;. *** Tres horas más tarde el vigía señaló un iceberg, y ellos vieron cerca a éste un buque descompuesto y abarrotado de gente, con destino a Liverpool desde Quebec. Los pasajeros fueron llevados a bordo del buque de Bruce por los botes-salvavidas. En el momento cuando uno de los hombres estaba subiendo a bordo del buque que los había rescatado, Bruce dio un respingo, grandemente agitado. Había reconocido al extraño que había visto escribiendo las palabras en la pizarra. Él le contó al capitán este nuevo incidente. *** quot;Me haría el favor de escribir 'Navegue al noroeste', en esta pizarraquot;, dijo el capitán al recién-llegado, presentándole el lado que no tenía escritura. *** El extraño escribió las palabras como fue solicitado. *** quot;Bien, reconoce Vd. haber escrito eso?quot; dijo el capitán, impresionado con la identidad de la escritura. ***quot;¿Por qué?, ¡Vds. me han visto escribirlo! ¿Cómo podría ser posible que tengan alguna duda sobre esto?quot;
  • *** Como única respuesta, el capitán volteó el otro lado de la pizarra, y el extraño estuvo confundido al ver su propia caligrafía en ambos lados de ésta. *** quot;¿Hubo Vd. soñado que escribió en esta pizarra?quot; dijo el capitán del buque averiado, al hombre que justo había escrito en la pizarra. *** quot;En absoluto; no tengo recuerdo de estoquot;. *** quot;¿Qué estuvo haciendo este pasajero al medio día?quot; dijo el capitán al capitán del buque deshabilitado, al que había rescatado. *** quot;Como él estaba muy cansado, estuvo durmiendo profundamente. Tan aproximadamente como puedo recordar, esto fue poco antes del medio día. Una hora después, a lo mucho, él despertó y me dijo, quot;Capitán, ¡seremos salvados este mismo día!quot; añadiendo: quot;Soñé que estaba a borde de un barco que había venido a nuestro rescatequot;. Él describió el buque y sus aparejos; y fue una gran sorpresa que reconocimos su buque cuando Vd. vino hacia nosotros, de la exactitud de la descripción. Finalmente, el pasajero dijo a su turno: quot;Lo que me parece extraño es que todo aquí me parece familiar, pero yo nunca estuve aquí antesquot;. *** El Barón Dupolet, en su curso de conferencias sobre Magnetismo Animal, menciona el siguiente hecho, publicado en 1814, por el celebrado Iung Stilling, quien lo escuchó de un testigo ocular, el Barón de Sulza, chambelán del Rey de Suecia. *** Una noche de verano él estaba retornando a su casa, cerca de la medianoche, una hora en la cual, en Suecia, todavía hay suficiente luz para leer la letra más fina. quot;Cuando llegué a mi heredadquot;, relata, quot;mi padre me encontró en la entrada del parque; él estaba vestido como lo hacía usualmente, y sostenía en su mano un bastón que mi hermano había tallado. Yo lo saludé, y hablamos juntos por algún tiempo mientras caminábamos hacia la casa, hasta que alcanzamos la puerta de su dormitorio. Al entrar, vi a mi padre allí desvestido y dormido; en ese instante la aparición a mi lado desapareció. Poco después mi padre despertó y mirándome inquisitivamente: quot;Mi querido Eduardoquot;, me dijo, quot;alabado sea Dios que te veo sano y salvo, porque he estado grandemente angustiado por ti, en un sueño. Me pareció que habías caído al agua y que estabas en peligro de ahogartequot;. *** quot;Ahora, ese díaquot;, añade el Barón, quot;yo había ido malhumorado con un amigo mío, y estuve cerca de ser llevado por la corriente. Yo le dije a mi padre que había visto su aparición en la entrada a la heredad, y que habíamos sostenido una larga conversación juntos. Él respondió que a menudo había tenido experiencias similaresquot;. *** Uno puede percibir en estos diferentes relatos de apariciones que algunos son espontáneos, y otros provocados, por decirlo así, por el deseo, o por la voluntad. ¿Puede la sugestión mental, entonces, ir tan lejos? Los autores de la obra titulada quot;Fantasmas de los Vivosquot;, de la cual ya hemos hecho mención, responden afirmativamente, con siete ejemplos bien confirmados, de los cuales tomaré uno, al cual llamaré la atención de mis lectores. Es éste:
  • *** quot;El Rev. C. Godfrey, con residencia en Eastbourne, en el Condado de Sussex, habiendo leído el relato de una aparición producida por el poder de la voluntad, estuvo tan impresionado por éste, que determinó hacer el experimento él mismo. El 15 de Noviembre, cerca a las once en punto de la noche, él dirigió todo el poder de imaginación y toda la fuerza de voluntad de la que era capaz, a la idea de aparecérsele a una amiga suya (una señora), parándose al pie de su cama. *** quot;El esfuerzo duró alrededor de ocho minutos; al final de este tiempo el Sr. Godfrey, sintiéndose fatigado, cayó dormido. Al día siguiente, la señorita que había sido objeto de su experimiento, vino de motu proprio a relatar al Sr. Godfrey lo que había visto. *** quot;Siendo solicitada registrar esto por escrito, ella lo hizo en los siguientes términos: *** quot; 'Anoche, desperté de mi sueño con la impresión de que alguien había entrado a mi cuarto. Al mismo tiempo escuché un ruido, pero supuse que éste fue hecho por las aves en la hiedra afuera de mi ventana. Esto fue seguido por una sensación de incomodidad y un vago deseo de dejar mi cuarto, y descender a la planta baja. Este sentimiento llegó a ser tan intenso que finalmente me levanté; prendí una vela, y bajé con la intención de tomar algo para aquietar mis nervios. En mi camino de retorno a mi cuarto, vi al Sr. Godfrey, parado por la ventana grande que ilumina las escaleras. Él estaba vestido como es usual, y tenía una expresión que yo a veces había observado en su cara, cuando estaba mirando atentamente algo. Él permanecía de pie inmóvil, mientras yo, sosteniendo la luz en lo alto, le miré en extremo sorprendida. Esto duró tres o cuatro segundos, después de los cuales, cuando yo estaba subiendo las escaleras, él desapareció. Yo no estaba asustada, sino grandemente agitada, y no pude ir a dormir de nuevo'. *** quot;El señor Godfrey consideró, muy acertadamente, que el experimento tendría mucha más importancia si fuera repetido. Un segundo intento falló, pero un tercero tuvo éxito. *** quot;Se entiende por supuesto que la señora en quien él experimentó no estuvo más informada de su intención que lo que había estado en la primera ocasión. *** quot; 'Anoche', escribe, 'el martes, 7 de diciembre, a las diez y media, subí las escaleras para dormir. Pronto caí dormida. De repente escuché una voz diciendo, '¡despierta!' y sentí una mano que yacía al lado izquierdo de mi cabeza. (La intención del Sr. Godfrey esa vez, había sido hacer sentida su presencia por su voz y toque.) Yo estuve en el acto completamente despierta. Había un curioso sonido, como el de una arpa judía, en el cuarto. Sentí al mismo tiempo un aliento frío, como si fuera a envolverme; mi corazón empezó a latir violentamente, y ví claramente una figura inclinándose sobre mí. *** quot; 'La única luz en el cuarto venía de una lámpara exterior, que arrojaba un largo rayo luminoso en la pared sobre el tocador; este rayo fue peculiarmente oscurecido por la figura. me di la vuelta rápido, y la mano pareció caer de mi cabeza a la almohada. La figura estuvo inclinada sobre mí y yo sentí estar apoyada contra el lado de la cama. Pude percibir los contornos de la cara, pero como si oscurecidos por una
  • neblina. Debe haber sido alrededor de las doce y media en punto. La figura había movido ligeramente la cortina a un lado, pero en la mañana ésta estaba colgando como era usual. No hay duda de que la figura era la del Sr. Godfrey. Lo reconocí por la rotación de sus hombros y la forma de su cara. Durante todo el tiempo que él permaneció, hubo una corriente de aire frío en el cuarto, como si ambas ventanas hubieran estado abiertas' quot;. *** ¡Éstos son hechos! *** En el presente estado de nuestro conocimiento, sería precipitado buscar una explicación de estas cosas. Nuestra psicología no está lo suficientemente avanzada. Hay muchas cosas que estamos forzados a admitir sin ser capaces de explicarlo en alguna forma. Negar lo que no podemos explicar sería una locura completa. ¿Podría haber sido explicado el sistema del universo hace mil años? Incluso en nuestros días ¿puede explicarse la atracción? Pero la ciencia avanza, y su progreso será sin fin. ¿Conocemos la capacidad total de las facultades humanas? El pensador no puede dudar por un instante que pueden haber en la naturaleza fuerzas todavía desconocidas para nosotros, como lo fue la electricidad hace menos de un siglo; que pueden haber en el universo otros seres, dotados con otras facultades. Pero ¿es incluso lo terrestre completamente conocido? No parece así. *** Hay hechos, cuya realidad estamos forzados a admitir sin ser capaces de explicarlos de manera alguna. *** La vida de Swedenborg presenta tres hechos de esta clase. Dejando de lado por el momento sus visiones de las estrellas y planetas, que parecen más subjetivas que objetivas, y meramente observando de paso que Swedenborg fue un sabio de primer orden en geología, en mineralogía, en cristalografía, un miembro de las academias de ciencia de Upsal, Estocolmo y San Petersburgo, bastará para llamar la atención los siguientes tres hechos: *** El 19 de Julio de 1759, retornando de Inglaterra, este sabio arribó a Gottenberg, y fue a almorzar a la casa de un cierto William Costel, donde muchos invitados estaban reunidos. A las seis de la tarde Swedenborg, que había salido, retornó al salón , pálido y en gran consternación, diciéndoles que un incendio acababa de desatarse en Estocolmo en el Südermolm, en la calle en la que él vivía, y que las llamas se estaban expandiendo rápidamente hacia su casa. Él salió de nuevo y retornó, lamentando que la casa de uno de sus amigos había quedado reducida a cenizas, y que su propia casa estaba en el más grande peligro. A las ocho en punto, después de haber salido una tercera vez, él exclamó muy contento: quot;Gracias a Dios, el fuego se ha extinguido a la tercera casa [antes de] la míaquot;. *** La noticia se propaló rápidamente por la ciudad, en la cual causó a todos la mayor excitación, tanto más cuanto el mismo gobernador estuvo grandemente preocupado sobre esto, y muchas personas que tenían propiedad o amigos en Estocolmo estaban intranquilos. Dos días más tarde, el Correo Real trajo las noticias de la conflagración desde esa ciudad; no hubo discrepancia entre su relato y el que había sido ofrecido por Swedenborg; el fuego había sido extinguido a las ocho en punto.
  • *** Esta historia está escrita por el ilustre Kant, quien deseó investigar el hecho, y quien añade: quot;¿Que hay que pueda ser alegado contra la autenticidad de este acontecimiento?quot; *** Ahora, Gottenberg está ciento veinticinco millas de Estocolmo. *** Swedenborg tenía en ese tiempo setenta y dos años. *** Aquí está el segundo hecho: *** En 1761, Madame de Marteville, viuda del embajador holandés en la corte de Estocolmo, fue citada por uno de los acreedores de su esposo para pagar una suma de veinticinco mil florines holandeses (casi diez mil dólares) la cual ella sabía que ya había sido pagada por su esposo, y un segundo pago de la misma la colocaría en la situación embarazosa más grande- por cierto, casi la arruinaría. Era imposible para ella encontrar el recibo. *** Ella pagó una visita a Swedenborg, y ocho días más tarde vio en un sueño a su esposo, que le señalaba un mueble donde le dijo que encontraría el recibo perdido, junto con un gancho de cabello, tachonado con veinte diamantes, que ella había pensado que también estaba perdido. Esto fue a las dos de la mañana. Contentísima, ella se levantó y encontró el recibo en el lugar indicado. Retornó a la cama y durmió hasta las nueve de la mañana. Alrededor de las once en punto Swedenborg fue anunciado. Antes de haber oído algo de lo que había pasado, él le dijo que la noche previa había visto al espíritu de su esposo, M. Marteville, quien le había declarado que iba a visitar a su viuda. *** Aquí está el tercer hecho: *** En el mes de febrero de 1772, Swedenborg, estando en ese tiempo en Londres, envió una nota a John Wesley, el fundador de la secta de los Metodistas Wesleyanos, diciendo que él estaría encantado de conocerlo. El ardiente predicador recibió esta nota en el momento en que estaba próximo a salir en una misión, y respondió que él sacaría partido de esta cortés invitación para prestar al sabio una visita a su regreso, que sería en alrededor de seis meses. Swedemborg respondió que en ese caso ellos no se verían el uno al otro en este mundo, porque el 29 de marzo venidero sería el día de su muerte. *** Swedenborg en efecto murió en la fecha indicada por él con más de un mes de anticipación. *** Éstos son tres hechos cuya autenticidad es imposible negar, pero que en el actual estado de nuestro conocimiento nadie ciertamente intentaría explicar. *** Podríamos multiplicar indefinidamente estas historias auténticas. Hechos análogos a aquellos relatados arriba, ya sea que ocurrieran en el momento de la muerte o en la condición normal de vida, sin ser de frecuente ocurrencia, todavía no son tan raros que cada uno de nuestros lectores no pueda haber escuchado, o incluso sido testigo él mismo quizás de uno o más de ellos. Además, los experimentos hechos en el dominio del magnetismo, igualmente prueban que en
  • ciertos casos psicológicos determinados, un mesmerista puede actuar sobre su sujeto a una distancia, no sólo de varias yardas, sino de varias millas, o incluso cientos de millas, de acuerdo a la sensibilidad y lucidez del sujeto, y sin duda también de acuerdo a la voluntad del magnetizador. Además, el espacio no es lo que nosotros creemos. La distancia de París a Londres es grande para un peatón; incluso habría sido imposible hacer el viaje antes de la invención de los botes; [pero] es nada para la electricidad. De hecho, desde el punto de vista del absoluto, el espacio que nos separa de Sirio no es una parcela más grande del infinito que la distancia de París a Versalles, o la de su ojo derecho a su ojo izquierdo. *** Aún más; la separación que parece existir entre la Tierra y la Luna, o entre la Tierra y Marte, o incluso entre la Tierra y Sirio, es sólo una ilusión debido a la insuficiencia de nuestras percepciones. La Luna actúa constantemente sobre la Tierra y la perturba perpetuamente. La atracción de Marte también es sentida en nuestro planeta, y a su vez perturbamos Marte en su curso mientras nosotros mismos sentimos la influencia de la Luna. Nuestro globo incluso actúa sobre el propio Sol, haciendo que éste se mueva tanto como si lo tocara. En virtud de la atracción la Luna hace que la Tierra gire cada mes alrededor de su centro de gravedad común, un punto 1700 kilómetros de la superficie del globo; la Tierra hace que el Sol gire alrededor de su centro de gravedad común, situado 456 kilómetros del centro solar; todos los mundos actúan perpetuamente uno sobre el otro, de modo que no hay aislamiento, no hay real separación entre ellos. Ahora, si la atracción así establece una comunicación, real, constante, activa e indisputable, matemáticamente probada, entre la Tierra y sus hermanas en el espacio, no podemos ver con qué derecho pretendidos positivistas declaran que no puede ser posible comunicación alguna entre dos seres, más o menos apartados el uno del otro, sea en la Tierra, o en dos mundos diferentes. *** Dos cerebros, que vibran al unísono varias millas separados uno del otro, ¿no pueden ser movidos por una y la misma fuerza psíquica? ¿No puede la fuerza emocional del cerebro viajar a través del éter de la misma manera que la atracción, e impactar al cerebro, que vibra a cualquier distancia, justo como un sonido a través de un cuarto hace vibrar los acordes de un piano o violín? No olvidemos que nuestros cerebros están compuestos de moléculas que no se tocan una con otra y que están en vibración perpetua. *** Pero ¿por qué hablar del cerebro? Pensamiento, con fuerza psíquica, o como quiera que se llame, ¿no son las palpitaciones del corazón transmitidas repentinamente al corazón que late al unísono con nosotros? *** ¿Vamos a suponer, en el caso de las apariciones arriba mencionadas, que los espíritus de los muertos han tomado realmente una forma corporal al lado del observador? En el más grande número de casos esta hipótesis no parece necesaria. En nuestros sueños creemos que vemos personas que de ningún modo están delante de nuestros ojos, los cuales, además, están cerrados. Simplemente las vemos, tan bien como a la luz del día, les hablamos, les oímos, sostenemos largas conversaciones con ellos. De seguro no es ni nuestra retina ni nuestro nervio óptico que los ven, como tampoco es nuestro oído que los escucha. Nuestras células cerebrales solas están en juego.
  • *** Ciertas apariciones pueden ser objetivas, exteriores, substanciales; otras pueden ser subjetivas; en el último caso la persona que se manifiesta actuaría a distancia sobre la persona que la ve, y esta influencia sobre su cerebro determinaría la visión interior que parece ser exterior, como en sueños, pero que puede ser puramente subjetiva e interior. *** De la misma manera como un pensamiento, un recuerdo, despierta en nuestra mente una imagen que puede parecer muy real, muy vívida, también una mente actuando sobre otra, puede evocar en ésta una imagen que por un instante puede parecer ser realidad. *** Esos hechos están ahora claramente demostrados por experimentos en hipnotismo y sugestión, ciencias que están todavía en su infancia, pero que dan resultados ciertamente dignos de la más seria atención, tanto desde un punto de vista psicológico como desde uno fisiológico. No es la retina que recibe la impresión de los objetos reales, es el tálamo óptico, que están excitados por una fuerza psíquica. Es el ser mental mismo que recibe la impresión. ¿En qué forma? No podemos decir. *** Tales parecen ser las conclusiones más racionales a ser extraídas de la clase de fenómenos de los cuales hemos estado tratando; fenómenos inexplicados, aunque muy antiguos, para la historia de todas las naciones, de la más remota antigüedad, nos ha transmitido ejemplos que sería difícil negar o ignorar. *** quot;Peroquot;, Vd. exclamará, quot;¿podemos, debemos, en nuestra era de filosofía experimental y de ciencia positiva, admitir que no sólo un moribundo sino incluso una persona muerta puede sostener comunicación con nosotros? *** ¿Qué es una persona muerta? *** Un ser humano muere cada segundo sobre toda la superficie del globo terrestre - es decir, alrededor de 86 400 personas mueren cada día, treinta y un millones cada año, o más de tres mil millones en un siglo. En diez siglos treinta mil millones de cadáveres han sido dados a la tierra y retornados a la circulación atmosférica en forma de agua, gases, vapor, etc. Si tomamos en cuenta la disminución de la población humana cuando retrocedemos a edades remotas, encontramos que en diez mil años doscientos mil millones de cuerpos humanos, en el cálculo más bajo, han sido formados por medio de la respiración y la alimentación de la Tierra y la atmósfera, y han retornado a ellas de nuevo. Las moléculas de oxígeno, de hidrógeno, de gas ácido carbónico, de nitrógeno, que constituyeron esos cuerpos, han enriquecido la tierra, y entrado de nuevo en la circulación atmosférica. *** Sí, la tierra que habitamos, está hoy formada, en parte, de las miríadas de cerebros que han pensado, de las miríadas de organismos que han vivido. Nosotros caminamos sobre nuestros ancestros, como aquellos que vienen después nuestro caminarán sobre nosotros. Las frentes de los pensadores, los ojos que han visto, sonreído, llorado; los labios que han cantado de amor, los níveos pechos, el vientre de la madre, el brazo del trabajador, los músculos del guerrero, la sangre de los vencidos, juventud y vejez, los ricos y los pobres sin distinción, todos quienes han
  • vivido, todos quienes han pensado, se encuentran en la misma Tierra. Sería difícil en este día tomar un solo paso sobre el planeta sin caminar sobre los restos de los muertos; sería difícil comer o beber sin reabsorber lo que ha sido comido y bebido miles de veces ya; sería difícil respirar sin incorporar el aire ya respirado por los muertos. *** ¿Cree Vd., entonces, que esto es todo lo que hay de humanidad? ¿Piensa que esto deja nada más noble, más grandioso, más espiritual detrás? ¿Cada uno de nosotros, dando su último aliento, nada da al universo sino muchas onzas de carne y hueso, que se llegan a desintegrar y son retornados a los elementos? ¿No tiene el alma que anima el cuerpo tan bien un derecho a existir como cada una de sus moléculas de oxígeno, nitrógeno o hierro? Y todas las almas que han vivido, ¿no existen todavía? *** No tenemos razón para afirmar que el hombre está formado solamente de elementos materiales, y que la facultad de pensar es sólo una propiedad de su organización. Tenemos, por el contrario, las razones más fuertes para creer que el alma es una entidad individual, y la fuerza que gobierna las moléculas organizando la forma viviente del cuerpo humano. *** ¿Qué llega a ser de las invisibles e intangibles moléculas que constituyen nuestro cuerpo durante la vida? Ellas se vuelven una parte de nuevos cuerpos. ¿Qué llega a ser de las almas igualmente invisibles e intangibles? Es razonable suponer que ellas también devienen reencarnadas en nuevos organismos, cada una siguiendo su naturaleza, sus facultades, y su destino. *** El alma pertenece al mundo psíquico. Sin duda hay en la Tierra innumerables almas, aburridas, ásperas, apenas siquiera liberadas de la materia, incapaces de comprender las verdades espirituales. Pero hay otras que pasan sus vidas en estudio, en contemplación, en la investigación del mundo psíquico o espiritual. Ésas no pueden permanecer aprisionadas en la Tierra, y su destino es vivir la vida Uraniana. *** El alma Uraniana vive, incluso durante sus encarnaciones terrestres, en el mundo de lo infinito y lo divino. Ésta sabe que aunque habitando la Tierra, mora en realidad en los cielos, y que nuestro planeta es una estrella en los cielos. *** ¿Cuál es la recóndita naturaleza del alma? ¿Cuáles son sus modos de manifestación? ¿Cuándo su memoria se vuelve permanente? ¿Preserva con certeza una conciencia de su propia identidad? ¿Bajo que diversidad de formas y de substancias puede vivir? ¿Qué extensión de espacio puede recorrer? ¿Qué clase de relaciones intelectuales existen entre los diferentes planetas del mismo sistema? ¿Cuál es el principio germinativo en los mundos? ¿Cuándo seremos capaces de colocarnos en comunicación con los mundos vecinos? ¿Cuándo penetraremos los profundos secretos del destino? Hoy todo es misterio e ignorancia. Pero lo desconocido de ayer es la verdad de mañana. *** Es un hecho absolutamente indisputable, demostrado por la historia y la ciencia, que en todas las edades, entre todos los pueblos, y bajo formas religiosas de lo más diversas, la idea de inmortalidad permanece fija imperecederamente en las
  • profundidades de la conciencia humana. La educación ha dado a ésta mil diferentes formas, pero no la ha inventado. Esa idea inerradicable es auto- existente. Cada ser humano al venir al mundo, trae con él, bajo una forma más o menos vaga, este sentimiento interior, este deseo, esta esperanza. * quot;Phantasms of the Living,quot; por E. Gurney y Fr. Myers, Profesores of la Universidad de Cambridge, y Frank Podmore, Londres, 1886. La quot;Sociedad para la Investigación Psíquicaquot; tiene por Presidente al Profesor Balfour Stewart, de la Sociedad Real de Londres.
  • II. ITER EXTATICUM COELESTE *** Las horas consumidas en el estudio de la psicología y la telepatía no me impidieron observar Marte a través del telescopio y tomar bosquejos de su superficie cada vez que nuestra atmósfera, tan a menudo nublada, lo permitía. Y entonces, no sólo es cierto que todos los problemas de la naturaleza y la ciencia están relacionados entre sí, sino también que la astronomía y la psicología están indisolublemente conectadas; viendo que el universo psíquico tiene por habitat el universo material, que la astronomía tiene por objeto el estudio de la región de vida eterna, y que no podríamos formarnos idea de esa región si no tuviéramos conocimientos de astronomía. Ya seamos conscientes de esto o no, es sin embargo un hecho que nosotros estamos residiendo ahora en las regiones celestes. Fue, quizás, con un inconsciente presagio del futuro que los antiguos hicieron a Urania la Musa de las Ciencias. *** Mis pensamientos por un largo tiempo al corriente habían estado ocupados con nuestro vecino Marte, cuando un día, durante una caminata solitaria en las afueras de un bosque, yo me senté, rendido con el calor de un día de Julio, a la sombra de un grupo de robles, y pronto caí profundamente dormido. *** Yo estuve grandemente sorprendido al despertar por encontrarme, después de lo que había parecido una cabezada del momento, en medio de ambientes no familiares. Los árboles que crecían a mi lado próximo, el río que fluía al pie de la colina, el zig-zagueante prado, perdido en la distancia, no estuvieron más a la vista. El aire vibraba con armoniosos sonidos, desconocidos en la Tierra, e insectos, grandes como aves, volaban entre árboles desprovistos de hojas que estaban cubiertos con enormes flores rojas. Me levanté, pero con un brinco, como si movido por un resorte, porque sentí una extraordinaria ligereza. Di unos pocos pasos y encontré que la mitad del peso de mi cuerpo parecía haberse evaporado durante el sueño. Estas sensaciones consiguieron asombrarme más de lo que lo hubo hecho la transformación de la escena delante de mí. Yo apenas podía creer la evidencia de mis sentidos, y, además, mis ojos no fueron más los mismos. Ya no oí más de la misma manera, y pude percibir incluso en estos primeros breves momentos que mi organismo estaba dotado con varios sentidos nuevos que diferían enteramente de aquellos de nuestro organismo terrestre. El más extraordinario de éstos era un sentido magnético por medio del cual dos seres podían colocarse en comunicación sin la necesidad de traducir sus pensamientos por palabras audibles; este poder se parece al de la aguja de la brújula, en el sótano del Observatorio en París, que vibra y tiembla cuando la Aurora Boreal enciende su luz en Siberia, o cuando una explosión eléctrica tiene lugar en el Sol. La Estrella del Día acababa de hundirse en el seno de un lago distante, y la llama rosada del ocaso flotaba en las profundidades de los cielos como una desvanescente visión de luz. *** Dos lunas brillaban en el cielo; una, creciente, suspendida sobre el lago en cuyo seno el Sol acababa de ponerse. La otra, en su primer cuarto, estaba a mayor altura en el Este. Ambas lunas eran diminutas, soportando ligero parecido con la gran antorcha que ilumina nuestras noches terrestres. Parecía como si ellas dieran
  • su luz, brillante pero escasa, con reticencia. Yo miré fijamente a cada una, a su turno, con asombro. *** Quizás la cosa más extraña de todas en este extraño espectáculo era que la luna occidental (que era casi tres veces más grande que su compañera del este, aunque un quinto el tamaño de nuestra luna terrestre) se movía con una velocidad que podía ser percibida por el ojo, corría de la derecha a la izquierda, como si apresurándose por unirse a su hermana celeste en el Este. *** Allí también podía distinguirse en la desvanescente luz del ocaso, una tercera luna, o más bien, una estrella brillante, más pequeña que cualquiera de los dos satélites. No presentaba a la vista un disco perceptible, pero su luz era deslumbrante. Ella brillaba el cielo nocturno como Venus, la quot;Estrella del Pastorquot;, cuando en su esplendor pleno, rige las lánguidas noches de primavera e inspira sus tiernos sueños. Ya las estrellas más brillantes estaban resplandeciendo en los cielos: Arcturus con sus rayos dorados; Vega, pura y Blanca; las Siete Estrellas, y muchas de las constelaciones del zodíaco eran visibles. La Estrella de la Noche, la nueva Hesperus, destellaba en la constelación de Piscis. Tomando en consideración mi posición en el cielo con referencia a las constelaciones, las dos lunas brillando en el cielo, y la liviandad de mi cuerpo, estuve convencido después de unas pocos momentos que yo estaba en el planeta Marte, y que esta hermosa estrella nocturna era - ¡la Tierra! *** Dejé que mi vista se alojara en ella tiernamente mientras un dolor perforaba mi corazón, tal como sentimos cuando los pensamientos vuelan hacia un ser amado de quien la distancia cruel nos separa. Contemplé largo tiempo el planeta en el que nací, donde tantas emociones variadas competían por el dominio durante los cambiantes eventos de la vida, y pensé, que era una pena que ninguna de las multitudes de seres humanos con los cuales ese pequeño globo estaba abarrotado debía saber en qué regiones habitaban. Es hermosa, esta diminuta Tierra, reflejando la luz del Sol, con su Luna, todavía más diminuta, que parece como un punto en el espacio al lado de ésta. Soportada en lo invisible por las divinas leyes de atracción, un átomo flotando en la infinita armonía de los cielos, ella tiene su lugar y flota en lo alto en el espacio como una isla angélica. Pero sus habitantes son desconocedores de este hecho. Extraña humanidad - encontrando la Tierra demasiado vasta, ellos se han asociado en manadas, y pasan su tiempo en matarse entre sí. *** En esa isla celestial hay tantos soldados como habitantes. Ellos están armados, el uno contra el otro, cuando podrían tan fácilmente vivir juntos en armonía, y su gloria consiste en cambiar de tiempo en tiempo los nombres de los países y los colores de sus banderas. Ésta es la ocupación favorita de las naciones y el primer deber en el cual los ciudadanos son educados. Cuando ellos no están ocupados de este modo, gastan su tiempo en la adoración de la materia. Ellos no valoran el valor intelectual; son indiferentes con los maravillosos misterios de la Creación; viven sin un objetivo. ¡Qué lástima que deba ser así! Un nativo de París que no conocía ni su nombre ni el de Francia, no podría ser más extraño en su país que ellos lo son en el suyo.
  • *** ¡Ah! si ellos pudieran contemplar la Tierra desde el lugar donde yo estoy ahora, ¿con qué placer retornarían a ella? ?Y qué transformación se habría efectuado en sus ideas? Entonces, por lo menos, ellos sabrían dónde está situado el país en el cual residen. Eso sería un principio. Ellos descubrirían por grados las sublimes realidades que les rodean, en vez de pasar la vida sin objetivo, cubiertos en una niebla sin horizonte, y pronto aprenderían a vivir la vida verdadera, la vida del espíritu. *** quot;¡Qué honor hace! ¡Uno supondría que él había dejado amigos detrás suyo en esa prisión!quot; *** Yo no había hablado, pero escuchaba estas palabras que parecían ser una respuesta a mis pensamientos, pronunciadas con claridad. Dos habitantes de Marte estaban parados ante mí contemplándome, y ellos habían comprendido qué estaba pasando dentro de mi mente, por medio de ese sexto sentido de percepción magnética mencionado arriba. Yo estuve un poco sorprendido, y, lo confesaré, profundamente herido por este discurso. quot;Después de todoquot;, pensé, quot;Yo amo a la Tierra; es mi Patria, y como tal la amoquot;. *** Mis dos acompañantes rieron por esto. *** quot;Síquot;, replicó uno de ellos, con una amabilidad para la que no estaba preparado, quot;tú amas a tu Patria. Fácilmente se ve que vienes de la Tierraquot;. *** Y el más viejo de los dos añadió: *** quot;Nunca más pienses en tus compatriotas de la Tierra; ellos nunca serán más intelectuales o menos ciegos de lo son ahora. Ellos han vivido allí a la fecha durante ochenta mil años, y tú mismo confiesas que no son todavía capaces de pensar. Es verdaderamente sorprendente que debas apreciar la Tierra con tanta ternura; esto muestra demasiada simplicidad de tu partequot;. *** ¿Alguna vez, querido lector, se ha encontrado con hombres, en su camino por la vida, quienes creen ciegamente, y con una confianza imposible de ser sacudida, en su superioridad frente a los otros hombres? Cuando estos individuos altaneros se encuentran en presencia de uno que es su superior, ellos conciben por él una instantánea antipatía; no pueden soportarle. Bien, durante la diatriba anterior (de la cual sólo les he dado una débil traducción), yo me había sentido superior al resto de la humanidad terrestre, a la que yo compadecía y por quien yo oraba al Cielo que concediera tiempos más felices. Pero cuando esos dos habitantes de Marte parecieron compadecerme, cuando fantaseé haber descubierto en ellos un sentimiento de incuestionable superioridad sobre mí, estuve por un momento como uno de esos hombres estúpidamente orgullosos de quien había hablado; mi sangre dio un salto, y conteniéndome por un último esfuerzo de buenos modales franceses, abrí mi boca para pronunciar estas palabras: *** quot;Después de todo, caballeros, los habitantes de la Tierra no son completamente tan estúpidos como ustedes parecen considerarlos; puede ser que ellos sean incluso superiores a ustedes mismosquot;.
  • *** Desafortunadamente ellos ni siquiera me permitieron empezar la sentencia, porque habían adivinado lo que iba a decir por las vibraciones en la base de mi cerebro. *** quot;Permíteme decirte de una vezquot;, dijo la más joven de las dos, quot;que tu planeta es un absoluto fracaso, como consecuencia de una circunstancia que se remonta a una docena de millones de años. Fue en el tiempo del periodo primario de la existencia terrestre. Las plantas ya crecían en la Tierra, hermosas plantas incluso, y en las profundidades de las aguas, tanto como sobre sus bordes, los animales más primitivos estaban empezando a aparecer - moluscos descabezados, sordos, mudos y asexuados. Tú sabes que los árboles no necesitan de otro alimento que el aire, y que tus más gigantes robles, tus más altos cedros, nunca han comido nada. Ellos viven sólo por la respiración. Una infeliz casualidad quiso que en el cuerpo del primer molusco entrara una gota de agua más substancial que la atmósfera circundante. Quizás él lo creyó bueno. Éste fue el origen del aparato digestivo, que iba a ejercer una influencia tan fatal sobre la humanidad. El primer asesino fue el molusco que comió. *** quot;Aquí no comemos, nunca hemos comido, nunca comeremos. La creación aquí se ha desplegado gradualmente, pacíficamente, noblemente, desde sus inicios. El cuerpo aquí se nutre, en otras palabras, renueva sus moléculas, por el simple acto de respirar, como lo hacen tus árboles terrestres, de los que cada hoja es un diminuto estómago. En tu amado país tú no podrías vivir un solo día, excepto bajo la condición de matar. Entre ustedes, la ley de la vida es la ley de la muerte. Aquí, nunca le ha pasado a uno por la mente el pensamiento de matar siquiera a un ave. ¡Todos ustedes son, más o menos, carniceros! Sus manos están empapadas en sangre. Sus estómagos están atiborrados con alimento. ¿Cómo podrían esperar con organismos tan toscos, concebir alguna vez pensamientos puros, sensatos, elevados o - perdona mi franqueza - incluso limpios? ¿Qué clase de almas podrían habitar en cuerpos como esos? Reflexiona por un instante, y cesa de entregarte a vanas ilusiones, demasiado ideales para tal mundoquot;. *** quot;¡Qué!quot; exclamé interrumpiéndole, quot;¿nos niegas la posibilidad de tener pensamientos limpios? ¿Tomas a los seres humanos por animales? ¿Homero, Platón, Plidias, Séneca, Virgilio, Dante, Colón, Bacon, Galileo, Pascal, Leonardo, Rafael, Mozart, Beethoven, nunca han tenido aspiraciones exaltadas? *** quot;Tú consideras nuestros cuerpos toscos y repulsivos. Si vieras pasar delante tuyo a Helena, Phryne, Safo, Cleopatra, Lucrecia Borgia, Agnes Sorel, Diana de Poitiers, Margarita de Valois, Borghese, Tallien, Recamier, Georges y sus admirables pares, pensarías totalmente diferente. Ah, mi querido marciano. Permíteme, en mi turno, expresar mi queja de que tú conoces la Tierra sólo a la distanciaquot;. *** quot;Eso es donde te engañas. Yo viví en ese planeta por cincuenta años. Eso fue suficiente para mí, y te aseguro que nunca deseo retornar. Todo allí ha probado ser un fracaso, incluso lo que pensabas que era lo más hermoso. ¿Te imaginas que en todos los mundos de los cielos, las flores produzcan frutos de la misma manera? ¿No sería cruel eso? De mi propia parte, mis flores favoritas son las primaveras y las rosas en el capulloquot;.
  • *** quot;Peroquot;, repliqué, quot;a pesar de todo lo que puedan decir en contra, han habido grandes mentes sobre la Tierra y, por cierto, seres dignos de admiración. ¿No podemos albergar la esperanza de que la belleza física y moral irán perfeccionándose incesantemente, como lo han hecho hasta el presente, y que la mente se volverá gradualmente más y más iluminada? Nosotros no gastamos todo nuestro tiempo en comer. Todos los hombres -podemos mantener la esperanza- serán capaces, al fin, no obstante sus labores materiales, de dedicarse unas pocas horas diarias al cultivo de su intelecto. Entonces, sin duda, no continuarán más creando pequeños dioses a su propia semejanza, y quizás también, abolirán las pueriles barreras que los mantienen apartados, y vivirán juntos en paz y fraterna unidadquot;. *** quot;No, amigo mío, porque si ellos así lo desearan podrían hacerlo hoy, pero ellos cuidarán muy bien de no hacerlo así. El hombre terrestre no es sino un animal de tamaño insignificante, que no siente la necesidad de pensar, que no tiene independencia de alma y que ama pelear, y abiertamente basa el derecho en el poder. Tal es su buen placer y tal su naturaleza. Nunca podrás hacer que un arbusto de moras rinda duraznos. Piensa sólo que de las bellezas terrestres, las más encantadoras que tú acabas de mencionar, son vulgares monstruos comparadas a nuestras mujeres etéreas de Marte, quienes viven en los aires de nuestros manantiales y los perfumes de nuestras flores, y quienes ejercitan tal encanto, en la misma agitación de sus alas, en el beso ideal de una boca que nunca ha comido, que, si la Beatriz de Dante hubiera sido dotada con tal naturaleza, el inmortal florentino nunca hubiera sido capaz de escribir un segundo canto de su Divina Comedia; él habría empezado con Paraíso y habría permanecido allí. Imagina que nuestros jóvenes sabían tanta ciencia en su nacimiento como Pitágoras, Arquímides, Euclides, Kepler, Newton, Laplace o Darwin, después de sus laboriosos estudios. Nuestros doce sentidos nos colocan en directa comunicación con el Universo; nosotros sentimos aquí, a trescientos millones de millas de distancia, la atracción de Júpiter cuando pasa. Predecimos la aparición de un cometa, y nuestros cuerpos están impregnados por la electricidad solar que hace vibrar a toda la naturaleza. Nunca ha habido aquí ni fanatismo religioso, o verdugos, o mártires, o disensiones políticas, o guerras; pero desde sus tempranos días, la humanidad, por su naturaleza, pacífica y exenta de todo deseo material, ha vivido en una constante actividad intelectual, sus mentes y cuerpos igualmente libres, progresan sin pausa en el conocimiento de la verdad. Pero ven con nosotros, mejorquot;. *** Caminé un poco con mis interlocutores hasta que llegamos al otro lado de la montaña, cuando percibí una multitud de luces de diversos colores, aleteando en el aire. Estos eran los habitantes del planeta, que se volvían luminosos por la noche cuando lo deseaban. Carrozas aéreas, que parecían hechas de flores fosforescentes, transportaban coros y bandas de música. Una de estas carrozas pasó cerca de nosotros y tomamos nuestros asientos en ella en medio de una nube de incienso. Las sensaciones que experimenté diferían extrañamente de todas aquellas que había sentido en la Tierra, y esta primera noche en Marte pasaba raudamente como un sueño, porque cuando el día amanecía me encontraba todavía en el carro aéreo, discursando con mis dos interlocutores y sus amigos, y extraños compañeros. ¡Qué escena revelaba el ascendente Sol! Frutas, flores, nubes de incienso, palacios de hadas elevándose en medio de la vegetación anaranjada en islas, lagos como espejos, y alegres seres etéreos, dos por dos, descendían revoloteando en estas playas encantadas. Aquí toda la labor material es hecha por
  • maquinaria, dirigida por alguna de las más perfeccionadas razas animales, cuya inteligencia es casi tan grande como la de los seres humanos en la Tierra. Los habitantes viven sólo por el espíritu y para el espíritu; su sistema nervioso ha alcanzado tal desarrollo, que cada uno de estos seres, a la vez extremamente delicados y muy fuertes, parece ser un aparato, y sus sensaciones más materiales, sentidas por sus almas más que por sus cuerpos, superan un ciento cualquiera que nuestros cinco sentidos unidos podrían alguna vez permitirnos. Una suerte de palacio de verano, iluminado por los rayos del ascendente Sol, nos abrió su puerta bajo nuestro carro aéreo. Mi vecina, cuyas alas revoloteaban con impaciencia, colocó su delicado pie en un nudo de flores que crecía entre dos perfumadas fuentes. *** quot;¿Retornarás a la Tierra?quot; preguntó ella, abriéndome sus brazos. *** quot;¡Nunca!quot; exclamé, y me precipité hacia ella. *** Pero de repente me encontré de nuevo solo en el bosque al lado de la colina, a cuyo pie serpenteaba el Sena. *** quot;Nuncaquot;, repetí, tratando de aprehender la dulce visión que se había desvanecido. quot;¿Dónde estoy entonces? ¡Ah! era hermosoquot;. *** El Sol acababa de ocultarse, y ya el planeta Marte, entonces muy brillante, destellaba en el cielo. quot;Ahquot;, exclamé, cuando un recuerdo repentino destelló por mi mente, quot;¡Yo estuve allí! Movido por la misma atracción los dos planetas vecinos se miraron uno al otro a través del espacio transparente. ¿No podríamos en esta hermandad celestial, tener una representación anticipada del eterno viaje? La Tierra no está más sola en el Universo. Los panoramas del infinito empiezan a desplegarse. Ya habitemos aquí o allí, no somos los ciudadanos de un país o de un mundo, sino, de verdad, CIUDADANOS DE LOS CIELOSquot;.
  • III. EL PLANETA MARTE - APARICIÓN DE SPERO - COMUNICACIÓN PSÍQUICA - LOS HABITANTES DE MARTE *** ¿Había sido yo el pasatiempo de un sueño? ¿Había sido mi espíritu realmente transportado al planeta Marte, o fui por el contrario la víctima de una ilusión puramente imaginaria? *** El sentimiento de realidad había sido tan vívido, tan intenso, y las cosas que yo había presenciado estaban tan completamente de acuerdo con las nociones científicas que nosotros ya tenemos de la naturaleza física de Marte, que no podía considerar una duda en este punto, sorprendido como todavía estaba por mi viaje extático, y mientras me formulaba mil preguntas contradictorias. *** La ausencia de Spero en la visión me sorprendió un tanto. Su recuerdo era todavía tan querido, que me pareció que yo debería haber sentido su presencia de haber estado él allí, volado directo a él, vístole, hablado con él, escuchado su voz. ¿Pero no era el sujeto en Nancy antes bien el pasatiempo de su imaginación, o de la mía, o del experimentador? Además, incluso admitiendo que mis dos amigos estaban reencarnados en este planeta vecino, yo me dije como respuesta a esta interrogante, que era muy posible que dos personas atraviesen la misma ciudad sin encontrarse una con otra, y cuánto menos probable aún este encuentro, teniendo como escenario un mundo entero. Pero seguramente no es la doctrina de las probabilidades la que debe invocarse aquí, porque un sentimiento de atracción, tal como nos unió, debe modificar las probabilidades del encuentro y arrojar a la balanza un elemento que predominaría sobre todos los demás. *** Mientras estos pensamientos estaban pasando a través de mi mente, entré en mi Observatorio en Jurisy, donde había preparado algunas baterías eléctricas con el propósito de hacer un experimento en óptica, en conexión con la torre de Montlhéry. Cuando me había asegurado que todo estaba preparado, dejé a mi asistente hacer las señales acordadas, entre las diez y once horas, y yo mismo salí para la vieja torre, en la cual tomé mi puesto una hora más tarde. La noche había caído. Desde la altura de la antigua mazmorra el horizonte forma un círculo perfecto, visible en su total circunferencia, teniendo un radio de veinte a veinticinco kilómetros. Un tercer puesto de observación, situado en París, estaba en comunicación con nosotros. El objeto del experimento era averiguar si los rayos del espectro viajan con una velocidad igual de trescientos mil kilómetros por segundo. El resultado probó que éste era el caso. *** Los experimentos estando finiquitados cerca a las once en punto, y siendo una gloriosa noche estrellada, tan pronto como hube puesto mi aparato a salvo en la torre, retorné a la terraza arriba a contemplar el paisaje, iluminado por los primeros rayos de la luna ascendente. El aire estaba calmo y apacible, casi caliente. Pero justo cuando alcancé la última grada, quedé inmóvil, petrificado con horror. Traté de gritar; pero ningún sonido acudió. Spero, Spero mismo estaba allí delante mío, sentado en el parapeto. Yo elevé mis brazos hacia el cielo, sintiendo como si estuviera yendo a desmayarme, pero él me dijo en la dulce voz que yo conocía bien.
  • *** quot;¿Puede ser que me tienes miedo?quot; *** Yo no tenía la fuerza ni para responder ni para avanzar. Me aventuré, sin embargo, a mirar directamente a mi amigo, quien estaba sonriendo. Su querido rostro, iluminado por la luna, era justo como lo había visto antes de su partida por Christiania, jovial y agradable, su aire pensativo, su mirada entusiasta. Subí una grada, fuertemente impelido a abalanzármele y abrazarle. Pero mi coraje me falló y permanecí donde estaba, contemplándole. *** Yo había recobrado el uso de mis facultades. quot;¡Spero! ¡Eres tú!quot;, exclamé. *** quot;Yo estuve contigo durante tu experimentoquot;, respondió, quot;y fui yo quien te inspiró con la idea de comparar los rayos ultravioleta con los rayos infrarrojosquot;. *** quot;¿Puede ser esto posible? Déjame verte, déjame tocartequot;. *** Pasé mis manos sobre su cara, su cuerpo, su cabello, y recibí de ellos exactamente la misma impresión como si él hubiera sido un ser vivo. Mi razón rechazaba admitir el testimonio de mis sentidos, y sin embargo no podía dudar que era él. Ningún hermano gemelo podría ser tan parecido a él. Y luego mis dudas se habrían escapado a sus primeras palabras, porque él añadió inmediatamente después: *** quot;Mi cuerpo duerme en este momento en Martequot;. *** quot;Entoncesquot;, dije, quot;tú todavía vives, tú continúas existiendo, y al fin has resuelto el gran problema que te atormentaba tanto. ¿E Iclea?quot; *** quot;Hablemosquot;, respondió. quot;Tengo muchas cosas que contartequot;. *** Me senté junto a él en el borde del parapeto de la vieja torre, y esto fue lo que escuché. *** Algún tiempo después del accidente en el lago de Tyrifiorden él se había sentido despertar como si de un largo y profundo sueño. Él estaba solo en la oscuridad de la noche en las orillas de un lago. Sintió estar vivo, pero no pudo ni ver ni sentir. El aire no lo golpeaba. Su cuerpo era no sólo ligero sino imponderable. La única cosa que parecía sobrevivir en él era su facultad de pensar. *** Su primera idea, reuniendo sus pensamientos, fue que él estaba retornando a sí mismo después de su caída cerca del lago noruego. Pero cuando el día amaneció percibió que estaba en otro mundo. Las dos lunas girando rápidamente en los cielos en opuestas direcciones, le hicieron pensar que estaba en nuestro planeta vecino, Marte, y no fue mucho después que otras pruebas vinieron a convencerle que éste era el caso. *** Él permaneció allí por un cierto lapso de tiempo como un espíritu, y encontró que los habitantes eran una raza extremadamente cultivada, entre quienes el sexo femenino rige supremo, poseyendo su indisputable superioridad sobre el masculino. Los organismos son ligeros y delicados, la densidad del cuerpo muy
  • ligera, su peso todavía menor. En este planeta la fuerza juega sólo un rol secundario en la naturaleza; la finura de la sensación es el poder determinante. Hay muchas especies de animales, y varias razas de seres humanos. En todas esas especies y todas esas razas el sexo femenino es el más hermoso y el más fuerte (consistiendo la fuerza en la superior delicadeza de la sensación), y es este sexo el que rige al mundo. *** Su intenso deseo de aprender algo de la vida que estaba ante él, decidió que Spero no permanezca largo tiempo un espectador y un espíritu, sino que renazca bajo una forma corporal humana, y - habiéndose hecho conocedor de la condición orgánica de este planeta - en la forma femenina. *** Ya, entre las almas terrestres flotando sobre la atmósfera de Marte, él había reconocido (porque las almas sienten la presencia de otra), el alma de Iclea, que le había seguido, arrastrada por una incesante atracción. Ella, por su lado, se había sentido inclinada a una encarnación en la forma masculina. *** Así ellos estaban reunidos en una de las tierras más favorecidas de este planeta; estaban cerca el uno del otro; predestinados a encontrarse el uno con el otro de nuevo en la existencia, y compartir las mismas emociones, los mismos pensamientos, las mismas labores. Así, aunque el recuerdo de su existencia terrenal estuviera oscurecido y borrado, como era el caso, por la nueva transformación, un vago sentimiento de parentesco y una repentina simpatía los había atraído desde el momento de su despertar. Su superioridad psíquica, la naturaleza habitual de sus pensamientos, la condición de sus mentes, acostumbradas como estaban a buscar la relación entre causa y efecto, había dotado en ambos una especie de secreta clarividencia que los liberaba de la ignorancia general de sus prójimos. Ellos se habían amado mutuamente con tan repentina pasión; ellos cosecharon tan completamente las influencias magnéticas de su reencuentro, que pronto formaron un ser único, unidos como en el momento de su separación terrestre. Ellos tenían un recuerdo de haberse ya conocido recíprocamente; estaban convencidos de que fue en la Tierra, ese planeta vecino que resplandece en la noche con una luz tan brillante en el cielo de Marte, y a veces, en sus solitarios vuelos sobre las colinas vestidas de vegetación aérea, contemplaban quot;la Estrella de la Nochequot; y buscaban unir el roto hilo de la memoria. *** Un acontecimiento inesperado tuvo lugar, que les explicó sus reminiscencias y les mostró que ellos no estaban engañados. *** Los habitantes de Marte son muy superiores a los de la Tierra en su organización, en el número y finura de sus sentidos, y en sus facultades intelectuales. *** El hecho de que en este mundo la densidad es muy ligera, y que las sustancias materiales que forman el cuerpo son menos pesadas que con nosotros, permite la formación de seres incomparablemente más luminosos, más etéreos, más delicados, más sensibles que lo que somos nosotros. El hecho de que la atmósfera provee nutrición ha liberado a los seres de Marte de la tosquedad de las necesidades terrestres.
  • *** Éste es un estado de ser completamente diferente. La luz allí es menos intensa al estar ese planeta más alejado del Sol que el nuestro, y el nervio óptico es más sensitivo. Al ser allí las influencias magnéticas y eléctricas extremadamente poderosas, los habitantes poseen sentidos desconocidos para los organismos terrestres; sentidos que los colocan en comunicación con esas influencias. Todo en la naturaleza es consistente. Los seres en cualquier lugar están adaptados a su ambiente. Los organismos terrestres no podrían vivir en Marte más que los seres formados para habitar la atmósfera podrían vivir en el fondo del mar. *** Además, el estado superior, que es el resultado de estas condiciones, se ha desarrollado de sí mismo debido a la facilidad con la cual el trabajo intelectual se lleva a cabo. La naturaleza parece obedecer al pensamiento. El arquitecto que desea construir un edificio, el ingeniero que desea cambiar la superficie del suelo, ya sea excavar o elevarlo, rebajar montañas o llenar valles, no tiene que luchar, como sucede con nosotros, contra la densidad y otros obstáculos de la materia. *** Todavía más - la humanidad marciana, que es varios cientos de miles de años más vieja que la humanidad terrestre - ha pasado antes que la última a través de todas las fases de su desarrollo. *** Nuestros triunfos más trascendentales en descubrimiento científico son sólo juego de niños comparados con el conocimiento científico de los habitantes de ese planeta. *** Ellos han inventado, entre otras cosas, una suerte de aparato tele-fotográfico por medio del cual un rollo de material recibe, cuando se despliega, la imagen de nuestro mundo, que permanece fija sobre éste imborrablemente. Un vasto museo, dedicado especialmente a los planetas del sistema solar, contiene, en orden cronológico, todas esas imágenes fotográficas fijadas para siempre. Allí puede ser releída toda la historia de la Tierra; de Francia en el tiempo de Carlomagno; de Grecia, en el tiempo de Alejandro; de Egipto en el tiempo de Ramsés. Por medio del microscopio pueden verse los mínimos detalles históricos, tales como París durante la Revolución Francesa, Roma bajo el Pontificado de Borgia, la flota española de Cristóbal Colón llegando a América, los Francos bajo Clovis conquistando las Galias, la armada de Julio César interrumpida en su conquista de Inglaterra por la marea que arrastrara sus naves, las tropas del Rey David, el fundador de la fuerza militar permanente, tanto como el más grande número de eventos históricos, todos reconocibles por ciertos caracteres especiales. *** Un día, cuando los dos amigos estuvieron visitando este museo, sus recuerdos, vagos hasta ahora, se aclararon, como la noche oscura es iluminada de repente por un relámpago. Al mismo tiempo, ellos reconocieron París como éste aparecía durante la Exposición de 1867. Sus recuerdos tomaron forma definitiva. Cada uno se sintió convencido de haber vivido allí en un tiempo, y, al estimularse sus recuerdos por la vivacidad de esta impresión, estuvieron inmediatamente sobrecogidos por la convicción de que habían vivido allí juntos. La luz gradualmente se abrió camino en sus mentes, no por flashes, sino antes bien como el gradual incremento de luz del amanecer.
  • *** Ambos trajeron a la mente entonces, como por inspiración, estas palabras del Evangelista: quot;En la Casa de mi Padre hay muchas mansionesquot;. *** Y aquellas otras palabras de Jesús a Nicodemo: quot;En verdad os digo, a menos que un hombre nazca de nuevo no verá el Reino de Diosquot;. *** Desde ese día no consideraron la más mínima duda respecto a su anterior existencia terrestre, y estuvieron firmemente convencidos que debían continuar en el planeta Marte su vida anterior. Ellos pertenecían al círculo de las grandes mentes de cada edad que saben que la vida humana no cesa aquí, sino que es continuada en los cielos; y que también saben que cada planeta, sea éste la Tierra, Marte o algún otro, es una estrella en esos cielos. *** La peculiaridad de la transformación de sexo, que se me había antojado tener cierta importancia, parecía no tenerla en realidad. Contrario a la opinión generalmente sostenida entre nosotros, él me informó que las almas están privadas de sexo, y que el destino de todas ellas es el mismo. Aprendí también que en este planeta, menos material que el nuestro, la constitución del cuerpo en nada reproduce la constitución del cuerpo terrestre. La concepción y el nacimiento tienen lugar allí de una manera completamente diferente, que se parece a, pero en una forma espiritual, la fecundación y el florecimiento de una flor. El placer es sin amargura. Ellos nada saben allí de las pesadas cargas que nosotros los de la Tierra soportamos, ni de los dolores de angustia que sufrimos. Todo es más espiritual, más etéreo, más insubstancial. Uno podría llamar a los marcianos flores aladas pensantes y vivas. Pero por cierto nada hay en la Tierra como medio de comparación con el que podríamos formarnos un concepto de su forma y modo de vida. *** Yo había escuchado las palabras del espíritu, apenas me atreví a interrumpirle, no sea que se desvaneciera de mi vista tan repentinamente como había aparecido ante ésta. Recordando mi sueño, sin embargo, que fue llamado a mi mente por la coincidencia de las descripciones del planeta que él acababa de darme con lo que yo mismo había visto, no pude refrenarme de contarle mi visión extraordinaria, y expresarle mi sorpresa al no haberle visto en mis viajes allí. *** quot;Peroquot;, él contestó, quot;Yo te vi perfectamente bien, y tú me viste también y me hablaste. Porque Yo estuve allí--quot; *** Hubo algo en la entonación de su voz, cuando él pronunciaba las últimas palabras, que me hicieron de repente reconocer la melodiosa voz de la hermosa marciana que tanto me había atraído. *** quot;Síquot;, continuó, quot;fui yo. Yo traté de darme a conocer, pero deslumbrado por un espectáculo que cautivaba tu ojo, fuiste incapaz de liberarte de las sensaciones terrestres; tú permaneciste terrenal y esclavo de tus sentidos y no pudiste tener éxito en alcanzar una verdadera percepción de las cosas. Sí, fui yo quien te tendió mis brazos para ayudarte a descender de la carroza aérea en nuestra morada, cuando tú de repente despertastequot;.
  • *** quot;Pero entoncesquot;, prorrumpí, quot;si tú eres por cierto esa habitante de Marte, cómo es que te apareces a mí ahora bajo la forma de Spero, quien no existe másquot;. *** quot;La impresión que recibes de míquot;, respondió, quot;no es producida ni en tu retina ni en tu nervio óptico. Yo estoy en este momento comunicándome contigo. Yo directamente influyo el asiento de sensación en tu cerebro. En realidad, mi ser mental es amorfo como el tuyo, como el de todos los espíritus. Pero cuando me coloco, como en este momento, en directa relación con tus pensamientos, tú sólo puedes verme como me has conocido. Así es en sueños; es decir, durante más de un cuarto de tu vida terrestre, durante veinte años de cada setenta, tú ves, tú escuchas, tú hablas, tú sientes con el mismo sentido de realidad, la misma claridad, la misma exactitud como durante la vida normal, pero tus ojos están cerrados, tu tímpano es insensible al sonido, tus labios están mudos, tus brazos están estirados e inmóviles. Así es, también, en los estados de sonambulismo, hipnotismo y sugestión. Tú me ves, me escuchas, me tocas a través de la influencia ejercida sobre tu cerebro. Pero yo no existo en la forma que tú ves, más que el arco iris existe en el lugar que el espectador lo vequot;. *** quot;Podrías entonces aparecerte a mí también bajo tu forma marciana?quot; *** quot;No; a no ser que tú seas realmente transportado en espíritu a ese planeta. Allí el modo de comunicación sería completamente diferente. Aquí cuando estamos hablando ahora, todo es subjetivo contigo. Los elementos de forma marciana no existen en la atmósfera terrestre y tu cerebro no podría imaginarlos. Tu no podrías contemplarme de nuevo excepto a través del recuerdo de tu sueño de hoy; pero en el momento en el cual tú debes buscar analizar sus detalles, la imagen se desvanecería. Tú no nos has visto como somos, porque tu espíritu puede juzgar sólo por medio de tus ojos terrestres, los cuales no son sensibles a todas las radiaciones de luz, y porque tú no posees tantos sentidos como nosotrosquot;. *** quot;Confiesoquot;, respondí, quot;que no puedo concebir muy bien vuestro estado de existencia en Marte, como seres que poseen seis miembrosquot;. *** quot;Si esas formas que viste no hubieran sido tan agraciadas como son, se te habrían aparecido monstruosas. Cada mundo es habitado por organismos adaptados a la condición de existencia sobre él. Te confesaré, a mi vez, que, para los habitantes de Marte, el Apolo Belvidere y la Venus de Médicis son verdaderas monstruosidades debido a su tosquedad animal. *** quot;Con nosotros todo es de una exquisita liviandad. Aunque nuestro planeta es más pequeño que el tuyo, sus habitantes son mucho más grandes que los de la Tierra, porque la densidad es menos allí que aquí y los seres pueden ser altos sin ser torpes, o poner su equilibrio en peligro. Ellos son más grandes y livianos porque los materiales constituyentes de ese planeta tienen menos densidad que los del tuyo. La misma cosa que ha sucedido allí sucedería en la Tierra si la densidad no fuera tan grande como es. En Marte la evolución del ser se ha efectuado en una serie de especies aladas. La humanidad marciana es, de hecho, una raza de séxtuple origen; pero es, actualmente, bípeda, bímana, y lo que podría llamarse bialada, dado que esos seres tienen dos alas. La vida allí es completamente diferente de la vida terrestre, Primero, porque los habitantes viven tanto en el aire y en plantas aéreas como en el suelo; y, segundo, porque ellos no comen, la atmósfera les proveen nutrición. Las pasiones allí no son
  • las mismas que aquí. El asesinato es desconocido. La humanidad marciana carece de deseos materiales, y nunca ha vivido allí, incluso en las eras primitivas, en el barbarismo de rapiña y guerra. Los pensamientos y sentimientos son todos de un orden intelectual. Sin embargo, puede encontrarse en ese planeta, si no parecidos, al menos analogías, a las condiciones terrestres. Así allí hay, como aquí, una sucesión de días y noches, que no difiere esencialmente de los tuyos. La duración del día y de la noche allí, es veinticuatro horas, treintinueve minutos, treinticinco segundos. Como hay seiscientos y sesentiocho de estos días en el año marciano, tenemos más tiempo que ustedes para nuestras labores, nuestras investigaciones, nuestros estudios y nuestras diversiones. Nuestras estaciones, también, son casi el doble de largas que las tuyas, pero son de otro modo lo mismo. Los climas no son muy diferentes de los de la Tierra. Un país de Marte situado en las fronteras del mar ecuatorial difiere menos en clima de Francia, que Lapland difiere de India. *** quot;Un habitante de la Tierra no se encontraría allí extraño en gran medida. La más grande disimilitud entre los dos mundos consiste por cierto en la gran superioridad de nuestra humanidad a la vuestra. *** quot;Esta superioridad se debe principalmente al progreso hecho en la ciencia astronómica, y a la difusión general entre los habitantes del planeta de esa ciencia sin cuyo conocimiento es imposible pensar claramente o formar alguna concepción justa de la existencia, de la creación o del destino. Nosotros somos tan afortunados tanto por la pureza de nuestro cielo cuanto por la agudeza de nuestros sentidos. Hay mucha menos agua en la superficie de Marte que en la de la Tierra, y la atmósfera es menos nublada. *** quot;El cielo allí es casi siempre hermoso, especialmente en la zona templadaquot;. *** quot;Pero ¿a menudo tienen inundaciones?quot; *** quot;Sí; y muy recientemente sus telescopios les dieron noticia de una muy extensa, que tuvo lugar en las orillas de un mar al cual tus colegas han dado un nombre que siempre me será querido, aunque esté lejos de la Tierra. Nuestras costas son mayormente llanuras uniformes. Tenemos pocas montañas y nuestros mares son poco profundos. Los habitantes disponen de estas inundaciones para la irrigación de vastos campos. Ellos han alterado el curso de ríos - alargado sus lechos y represado sus aguas, y han construido en los continentes redes de canales inmensos. Estos continentes no son como los del globo terrestre, que se erizan con la altura Alpina o Himaláyica, sino inmensas llanuras atravesadas por todos lados por corrientes represadas, y por canales que ponen todos los mares en comunicación recíproca. Anteriormente había casi tanta agua en Marte, relativo al tamaño del planeta, como lo hay en la Tierra. Imperceptiblemente, sin embargo, durante algunas eras pasadas, una parte de las lluvias se ha sumergido en los más profundos estratos de la tierra, y no ha retornado a la superficie. Ésta se ha combinado químicamente con las rocas y aislado de la acción de la atmósfera. Por siglos, también, las lluvias, las nieves, los vientos, las heladas de invierno, las sequías de verano, han estado desintegrando montañas y secando ríos, transportando estos restos al lecho de los mares, los cuales han sido llenados gradualmente. Nosotros ya no tenemos colecciones grandes o profundas de agua en nuestro planeta; tenemos sólo mares interiores; tenemos muchos estrechos, golfos y lagos como el Canal Británico, el Mar Rojo, el Adriático,
  • el Báltico y el Caspio; agradables orillas, tranquilos puertos; lagos, grandes ríos, flotas aéreas antes que acuáticas, y un cielo siempre claro, especialmente en la mañana. No hay mañanas terrestres tan claras como las nuestras. *** quot;Las condiciones meteorológicas difieren sensiblemente de las de la Tierra, porque siendo la atmósfera más rarificada, las aguas, que además son superficiales, se evaporan más fácilmente, y también porque condensándose de nuevo, en vez de formar nubes, ellas pasan casi sin cambio del estado gaseoso al estado líquido. Nosotros tenemos pocas nubes y pocas nieblas. *** quot;El estudio de la astronomía es favorecido, en nuestro planeta, por la claridad del cielo. Tenemos dos satélites, cuyas revoluciones parecerían extrañas a los astrónomos de la Tierra, porque, mientras uno de ellos nos da meses de ciento treintiún horas, o cinco días marcianos y ocho horas, el otro, debido a la combinación de su propio movimiento con la rotación diurna del planeta, asciende en el Occidente y se pone en el Este, atravesando los cielos del Oeste al Este en cinco horas y media, y pasando de un punto al otro en menos de tres horas - éste es un espectáculo completamente único en el sistema solar, y uno que ha contribuido grandemente a dirigir la atención de los habitantes al estudio de los cielos. Además, tenemos eclipses lunares casi todos los días, pero nunca eclipses totales del Sol, porque nuestros satélites son demasiado pequeños. *** quot;La Tierra se nos aparece a nosotros como Venus se aparece a Ustedes. Ella es nuestra estrella de la mañana y también nuestra estrella de la noche. En tiempos antiguos, antes de la invención de instrumentos ópticos, por medio de los cuales hemos aprendido que ella es como su planeta, habitado - pero por seres de un grado inferior - nuestros ancestros la adoraban, considerándola como una deidad tutelar. Todos los planetas tienen en los primeros estadíos de su existencia una mitología, una mitología había para su origen, su fundación y su objeto, los aspectos de los cuerpos celestes. *** quot;A veces la Tierra, acompañada por la Luna, pasa entre nosotros y el Sol, en cuyo disco proyecta su sombra, como una mancha pequeña, negra, acompañada por otra sombra todavía más pequeña. Aquí, todo el mundo mira esos fenómenos celestes con interés. Nuestros periódicos se ocupan mucho más con tópicos científicos que con teatros, fantasías literarias, discusiones políticas o legales. *** quot;El Sol se nos aparece un poco más pequeño que a Ustedes, y recibimos de éste un grado ligeramente menor de luz y calor. Nuestros ojos, más sensibles, pueden ver mejor que los suyos. La temperatura es un poco más altaquot;. *** quot;¿Cómo?quot;, repliqué: quot;¿ustedes están más lejos del Sol, pero su temperatura es más alta que la nuestra?quot; *** quot;Chamonnix está un poco más alejado del Sol meridional que la cima del Monte Blancquot;, respondió. quot;No es sólo la distancia de un planeta del Sol que gobierna la temperatura; también debe tomarse en cuenta la constitución de la atmósfera. Nuestras nieves polares se derriten más rápido que las suyas bajo nuestro sol de veranoquot;.
  • quot;¿Cuáles son los países más populosos de Marte?quot; *** Escasamente alguna parte del planeta con excepción de las regiones polares (donde puedes ver desde tu planeta, la Tierra, el hielo y la nieve que se derriten en la Primavera) está inhabitada. La población de las regiones templadas es muy densa, pero las regiones ecuatoriales están todavía más densamente pobladas - la población allí es casi tan densa como en China - y especialmente en las costas marinas, a pesar de las inundaciones. Muchas ciudades son construidas casi en el agua, parcialmente suspendidas en el aire por encima del alcance de las inundaciones, calculadas y prevenidas de antemano. *** quot;¿Y sus artes y manufacturas, se parecen a los nuestros? ¿Tienen ferrocarriles, ollas a vapor, telegrafía, el teléfono?quot; *** quot;Ellas son completamente diferentes. Nosotros nunca hemos tenido ni ollas a vapor ni ferrocarriles, porque siempre hemos conocido la electricidad, y porque la navegación aérea nos es natural. Nuestras naves son movidas por electricidad, y son aéreas antes que acuáticas. Vivimos principalmente en el aire, y no tenemos moradas ni de piedra, ni de hierro, ni de madera. Nada sabemos de los rigores del invierno, porque nadie está expuesto a ellos; aquellos que no habitan las regiones ecuatoriales emigran cada otoño, como sus aves. Sería extremadamente difícil para ustedes formarse una exacta idea de nuestro modo de vidaquot;. *** quot;¿Hay muchos seres humanos en Marte que ya han habitado la Tierra?quot; *** quot;No; el mayor número de los habitantes de tu planeta son o ignorantes de o indiferentes a, o son materialistas y no están preparados para la vida del espíritu. Ellos están apegados a la Tierra y continúan así por largo tiempo. Muchas almas pasan su vida entera en un sueño. Sólo aquellas almas que realmente viven, que desenvuelven sus facultades, y aspiran a un conocimiento de la verdad, son destinadas a una inmortalidad consciente. Éstas son las únicas almas a quienes el mundo espiritual interesa, y quienes son capaces de comprenderlo. Esas almas, cuando abandonan la Tierra, viven de nuevo en otros mundos. Muchas de ellas vienen a vivir por un tiempo en Marte el primer estadío de su viaje ultraterrestre, más allá del Sol, o en Venus, el primer estadío en este lado. Pero Venus es un mundo similar a la Tierra, y uno todavía menos favorecido, debido a la rapidez con la que sus estaciones cambian, lo que sujeta a sus habitantes a violentas alteraciones de temperatura. Ciertos espíritus toman vuelo de una vez a las regiones estrelladas. Como tú sabes, el espacio no existe. Para resumir, la justicia reina en el sistema del mundo moral, como el equilibrio reina en el sistema del mundo físico, y el destino del alma es siempre el resultado de sus aptitudes, sus aspiraciones, y, como una consecuencia, de sus obras. Vendrá el día en el que no habrá, incluso en tu planeta, cualquier otro credo, o cualquier otra religión, que un conocimiento del universo, y una convicción de la vida inmortal en sus regiones infinitas, sus dominios eternosquot;. *** quot;¡Cuán extraño esquot;, exclamé, quot;que en la Tierra no debamos tener conocimiento de estas sublimes verdades!quot; Nadie piensa en mirar al cielo. Vivimos aquí como si nuestra pequeña isla estuviera sola en el Universoquot;.
  • *** quot;La humanidad terrestre es jovenquot;, replicó Spero. quot;No debes desesperar. Ella está en su niñez, y todavía no ha emergido de su primitiva ignorancia. Se distrae con naderías y obedece a maestros a quienes ha impuesto sobre sí misma. *** quot;Ustedes aman dividirse a sí mismos en naciones, y vestirse en trajes nacionales que puedan exterminarse el uno al otro al son de la música. Después erigen estatuas a aquellos que han sido sus líderes en la carnicería. Se arruinan ustedes mismos y luego cometen suicidio, pero pueden existir de cualquier manera sólo bajo la condición de arrancar del seno de la Tierra su pan de cada día. Verdaderamente, una condición deplorable de cosas, pero una que satisface al gran número de habitantes de su planeta. Si algunos pocos, de más elevadas aspiraciones, han dirigido a veces sus pensamientos a cuestiones de un orden más alto -la naturaleza del alma, la existencia de Dios- el resultado no ha sido mejor, porque ellos han colocado el alma fuera de la naturaleza, ellos han inventado extraños dioses, dioses infames que nunca han existido, guardados en sus pervertidas imaginaciones, y en cuyo nombre han cometido cada atrocidad contra la conciencia humana, buscado justificar cada crimen, y esclavizado las mentes débiles en un cautiverio del cual será difícil liberarlas. El más bajo de los animales de Marte es mejor, más hermoso, más dócil, más inteligente, más amigable, y más grande que el dios de los ejércitos de David, Constantino y Carlomagno, y todos sus coronados asesinos. Deberíamos, no estar pasmados, entonces, en la locura y brutalidad de la humanidad terrestre. Pero la ley del progreso gobierna al mundo. Ustedes están más avanzados que sus ancestros de la Edad de Piedra, cuya malhadada existencia fue pasada en defenderse día y noche contra las bestias salvajes. En algunos miles de años ustedes serán más avanzados que lo que son ahora. Entonces Urania reinará en sus corazones. *** quot;Algún hecho material grueso es necesario con el propósito de enseñar a la humanidad y convencerla. Si, por ejemplo, pudiéramos un día entrar en comunicación con el planeta vecino que habitas - no en comunicación psíquica con un ser aislado, como hago ahora contigo - pero con el planeta mismo, en la presencia de cientos y miles de testigos, eso sería una gigantesca zancada hacia el conocimiento. *** quot;Ustedes podrían hacerlo ahora si lo quisieran, porque hasta donde nos concierne a nosotros en Marte, todos estamos listos para ello, e incluso hemos intentado hacerlo varias veces. Pero ustedes nunca nos han respondido. Los reflectores solares, que trazan figuras geométricas en nuestras vastas llanuras, les prueban que existimos. Ustedes podrían respondernos por figuras similares trazadas en sus llanuras, ya sea durante el día, con el sol, o durante la noche con luz eléctrica. Pero ustedes ni siquiera sueñan con esto, y si alguien entre ustedes fuera a proponer el intento, sus magistrados lo impedirían, porque la mera idea está inmensurablemente alejada más allá de la comprensión de la mayoría de los habitantes de tu planeta. ¿En qué se ocupan tus asambleas científicas? En mantener vivas las tradiciones del pasado. ¿En qué se ocupan tus asambleas políticas? En incrementar las cargas públicas. En el reino de los ciegos, el tuerto es rey. *** quot;Pero nosotros no debemos desesperar del todo. El progreso los lleva a pesar de ustedes mismos. Un día ustedes también sabrán que son habitantes de los cielos. ¡Entonces vivirán en la luz, en conocimiento, en el verdadero mundo del espíritu!quot;
  • *** Mientras el habitante de Marte estaba así haciéndome conocer los principales hechos relacionados a su nueva patria, el globo terrestre se había movido hacia el Este, el horizonte se había hundido y la Luna estaba elevándose en los cielos, que ella iluminaba con su luz. Bajando mis ojos de inmediato al lugar donde Spero estaba sentado; di un salto de sorpresa. La Luna arrojaba su luz sobre su figura tanto cuanto sobre la mía, pero mientras mi cuerpo proyectaba su sombra en el parapeto, ¡la suya no! *** Yo ascendí precipitadamente, lo mejor para convencerme del hecho, extendiendo la mano para tocar su hombro, y mirando al mismo tiempo la sombra proyectada por el movimiento en el parapeto. Pero mi visitante había desaparecido. Yo estuve completamente solo en la torre silenciosa; mi sombra, negra y agudamente definida, cayó en el parapeto. La Luna resplandecía brillantemente. El pueblo dormía a mis pies. El aire estaba caliente e inmóvil. *** Entonces, me imaginé que escuchaba pasos. Escuché atentamente; ellos parecían estar acercándose más. Alguien estaba evidentemente subiendo las escaleras de la torre. *** quot;¿El Monsieur todavía no ha bajado?quot; dijo el guardia, al alcanzar la cumbre. quot;Estaba esperando cerrar las puertas, y pensé que los experimentos sin duda habían terminado por esta vezquot;.
  • IV. EL CENTRO DE GRAVEDAD DEL UNIVERSO – FUERZA *** El recuerdo de Urania y el viaje celeste en el que me había llevado, y de las verdades que me había ayudado a intuir, la historia de Spero y sus investigaciones sobre el sistema del Universo, su aparición y su relato de otro mundo - todas estas cosas ocuparon mis pensamientos, y permanecieron constantemente ante mí esos problemas que hasta ahora sólo hemos logrado parcialmente resolver. Sentí que gradualmente había obtenido una percepción más clara de la verdad, y que el Universo visible no es por cierto sino una apariencia bajo la cual debemos buscar la realidad. *** Todo no es sino una ilusión de los sentidos. La Tierra no es lo que nos parece, la Naturaleza no es lo que pensamos que es. *** En el Universo físico mismo, ¿dónde está el centro de gravedad, el punto en el cual la creación material está en equilibrio? *** La impresión simple y directa que recibimos de la observación de la naturaleza, es que habitamos la superficie de un globo sólido y estable colocado en el centro del Universo. Largos siglos de estudio, y una audacia en especulación científica bordeando la temeridad, fueron necesarios para liberar las mentes de la humanidad de su impresión natural, y capacitarlas para comprender que la Tierra, en la cual vivimos, está suspendida sin soporte en el espacio, y gira a velocidad alrededor de su propio eje y alrededor del Sol. Pero por edades anteriores a la investigación científica, para los pueblos primitivos, y para las tres cuartas partes de la raza humana hoy, nuestros pies descansan en la tierra sólida, fija inamovible debajo de los cielos, sus cimientos descansan en la eternidad. *** Desde la hora, sin embargo, en la que fue establecido más allá de toda duda que es el Sol el que se eleva y pone cada día, y que las estrellas y las constelaciones giran alrededor de la Tierra, los hombres fueron compelidos a aceptar como una verdad incontrovertible el hecho que debajo de la Tierra hay el espacio necesario para que las estrellas se muevan, desde su elevación hasta su puesta. Este primer paso en el conocimiento fue de importancia capital. La admisión de que la Tierra se mueve en el espacio fue el primer gran triunfo de los astrónomos. Éste fue no sólo el primero, sino el paso más difícil. ¡Barrer los cimientos del Universo! Tal pensamiento nunca pudo habérsele ocurrido a alguna mente de no haber sido por los resultados de la investigación astronómica, conducida bajo condiciones favorables. Bajo un cielo perpetuamente nublado la vieja idea habría permanecido fija al suelo terrestre como la ostra a su lecho. *** Una vez comprobado que la Tierra se movía en el espacio, se tomó el primer paso. Antes de esta revolución en el conocimiento astronómico, cuya importancia filosófica es igual a su valor científico, cada forma imaginable había sido dada a nuestra morada sublunar. Al principio la Tierra había sido considerada como una isla emergiendo del seno de un mar sin costa ni playa, y descansando sobre cimientos tendidos en las profundidades del espacio infinito. Luego se creyó que la Tierra, con sus océanos y mares, tenía la forma de un disco plano, circular, en cuyo
  • margen descansaba la bóveda del firmamento. Más tarde se supuso que era un cubo, un cilindro, un poliedro. El progreso hecho en conocimiento náutico, sin embargo, estableció al fin el hecho que la Tierra era una esfera, y cuando fue probado, fuera de toda duda, estar rodeada por todos los lados por el espacio, su forma esférica fue aceptada como un corolario natural del movimiento de la Tierra, y de la revolución de los cuerpos celestes alrededor de un globo que se supuso estar al centro. *** Una vez sabido que el globo terrestre estaba rodeado por todos lados por el espacio, no fue difícil ponerlo en movimiento. Previo a este tiempo, cuando el cielo era considerado como una vasta cúpula, cubriendo un llano de extensión ilimitada, habría parecido tan absurdo suponer que la Tierra se movía, como habría sido imposible probar el hecho de su hacerlo así. Pero desde el momento en el cual la concebimos como un globo, girando entre los cuerpos celestes, la idea de que este globo podría girar sobre sí mismo, y así ahorrar al Universo entero el problema de performar esa diaria operación, naturalmente se les ocurriría a las mentes de los pensadores. Y de hecho encontramos indicios de esta teoría de la rotación diurna de la Tierra entre los escritos de las civilizaciones más antiguas - los griegos, los egipcios, los indios, y otros. Sólo es necesario leer unos capítulos de Ptolomeo, Plutarco o Surya-Siddhanta para convencerse de esto. *** Pero la nueva hipótesis, aunque el camino le había sido preparado por la antigua, no era menos atrevida y opuesta al sentimiento innato de la humanidad de la realidad del mundo aparente. Los pensadores de la humanidad fueron compelidos a esperar hasta el siglo dieciséis de nuestra era, o más bien hasta el siglo diecisiete, para conocer la verdadera posición de nuestro planeta en nuestro Universo, y conocer por prueba incontrovertible que ésta se mueve con un movimiento doble, sobre sí mismo diariamente, y anualmente alrededor del Sol. *** Datando sólo desde esta época, la época de Copérnico, Galileo, Kepler y Newton, la Astronomía ha existido como ciencia. *** Esto, sin embargo, era sólo un principio, porque el gran resucitador del sistema del mundo no tenía conocimiento de los otros movimientos de la Tierra, ni de las distancias de las estrellas. No fue hasta nuestra propia época que las distancias de los planetas fueron computadas, y es sólo en nuestro propio día que los descubrimientos astronómicos nos han permitido los datos necesarios para permitirnos formar alguna concepción de las fuerzas que mantienen la creación en equilibrio. *** La vieja idea que la Tierra descansaba en cimientos extendidos en la inmensidad, no podía, es obvio, ser totalmente satisfactoria para mentes serias que buscaban un conocimiento de la verdad. Es absolutamente imposible para nosotros formarnos un concepto de una columna material del mismo diámetro como el de la Tierra, que debiera alcanzar el espacio infinito, del mismo modo como sería imposible concebir la existencia de un bastón que no deba tener sino un extremo. No importa cuán lejos nuestro pensamiento pueda descender hacia la base de este pilar material, debe llegar un punto donde el cabo de éste va a encontrarse. La astronomía ha buscado obviar la dificultad materializando la esfera celeste, y colocando el mundo dentro de ésta, ocupando su parte inferior. Pero de una parte,
  • el movimiento de las estrellas así llega a ser difícil de probar; y de la otra, el universo material, cerrado completamente en este inmenso globo de cristal, estaba él mismo soportado por nada, dado que el espacio debe extenderse alrededor de éste por todos lados, tanto arriba como abajo. La primera cosa que hicieron los hombres de ciencia fue liberar sus mentes de la vulgar idea de peso. *** Flotando en el espacio, como el globo de un niño flota en el aire -pero todavía más impotentemente, dado que el globo es llevado por corrientes atmosféricas, mientras las esferas se mueven en el vacío- la Tierra es el juego de las fuerzas cósmicas invisibles a las que obedece - una verdadera pompa de jabón soplada a la redonda por cada respiración. Podemos convencernos fácilmente de esto si tomáramos una mirada a sus once movimientos principales. Quizás ellos nos ayudarán a encontrar ese centro de gravedad, que es la ambición de los astrónomos descubrir. *** Moviéndose alrededor del Sol a una distancia de noventicinco millones de millas de éste, y performando, a esta distancia, su revolución anual alrededor de ese cuerpo celeste, ella se mueve consiguientemente a una velocidad de 19 229 000 millas por día, u ochocientos cuatro mil millas por hora, u ochentinueve mil pies por segundo. Esta velocidad es once veces más grande que la de un relámpago fugaz que se mueve a un ratio de sesenta millas por hora. Es una bala de cañón que se mueve con una velocidad setenticinco veces más grande que la de una concha - que se mueve incesantemente sin alcanzar alguna vez su objetivo. En trescientos sesenticinco días, seis horas, nueve minutos y diez segundos, la bala terrestre ha retornado al mismo punto en su órbita, relativamente al Sol, desde la cual inició, para empezar de nuevo su curso. El Sol, por su parte, se mueve en el espacio, siguiendo oblicuamente el movimiento anual de la Tierra, dirigiendo su curso hacia la constelación Hércules. De esto se sigue que, en vez de describir un círculo, la Tierra describe una espiral, y, desde su creación, nunca ha pasado dos veces a través del mismo punto en el espacio. Para su movimiento de revolución anual alrededor del Sol, entonces, se añade una segunda atracción, la del Sol mismo, que la arrastra, junto con todo el sistema solar, en una dirección oblícua hacia la constelación de Hércules. *** Mientras tanto, nuestro pequeño globo gira sobre su eje en veinticuatro horas, produciendo la sucesión de días y noches. Así tenemos un tercer movimiento, su revolución diaria. *** Ella no gira sobre su eje verticalmente, como un trompo zumbador rueda alrededor de una mesa, sino inclinada, como todos saben, en un ángulo de 27º 27'. Y esta inclinación no siempre es la misma; varía de año a año, de siglo a siglo, oscilando lentamente por períodos seculares. Aquí tenemos una cuarta especie de movimiento. *** La órbita en la cual la Tierra se mueve anualmente alrededor del Sol no es circular, sino elíptica. Esta elipse varía de año a año, de siglo a siglo; a veces es casi circular; a veces marcadamente excéntrica. Es como un aro elástico más o menos salido de forma. Ésta es una quinta variedad de los movimientos de la Tierra.
  • *** Pero esta elipse no es un camino fijo en el espacio sino que da la vuelta sobre su propio eje en un período de veintiún mil años. El perihelio, que al principio de nuestra era estaba a 65 grados de longitud, estimado desde el equinoccio de primavera, está ahora a 101 grados. Esta alteración, cada cien años, de la línea de las ábsides, hace una sexta complicación en los movimientos de nuestro planeta. *** Aquí está una séptima. Acabamos de decir que nuestro globo se mueve, no verticalmente, sino con una inclinación en su eje, y todos saben que la prolongación imaginaria de esta línea terminaría en la estrella Norte. Pero este eje mismo no está fijo, hace una revolución en 25 765 años, preservando una inclinación de 22 a 24 grados; para que su prolongación en la esfera celeste describa, alrededor del polo de la eclíptica, un círculo de 44 a 48 grados de diámetro, de acuerdo a los períodos. Es debido a esta alteración del polo que Vega en doce mil años, será la estrella norte, como lo fue hace catorce mil años. Séptima especie de movimiento. *** Un octavo movimiento, debido a la acción de la luna sobre las regiones ecuatoriales de la Tierra, esa de nutación, hace que el polo del ecuador describa una pequeña elipse, en 18 años y 8 meses. *** Un noveno movimiento, debido también a la atracción lunar, incesantemente cambia la posición del centro de gravedad del globo, y la posición de la Tierra en el espacio; cuando la luna está frente de nosotros, ella acelera el movimiento de nuestro globo; cuando ella está atrás, lo retarda, actuando así como una rienda - una complicación mensual en los movimientos de la Tierra, añadida a todos los precedentes. *** Cuando la Tierra pasa entre el Sol y Júpiter, la atracción del último, sin importar su distancia de 465 millones de millas, la hace desviar 2'10quot; más allá de su órbita. La atracción de Venus la hace desviar 1'25quot; por otro lado. Saturno y Marte ejercen su atracción también, pero más débilmente. Aquí están perturbaciones externas que hacen una segunda clase de influencia para añadir a los otros movimientos de nuestro bote celeste. *** Siendo la masa reunida de los planetas alrededor de la septigentésima parte de la masa del Sol, el centro de gravedad alrededor del cual la Tierra gira anualmente nunca está en el centro del Sol mismo, sino distante de éste y a menudo fuera de su circunferencia. Pero, hablando con exactitud, la Tierra no gira alrededor del Sol, sino estos dos cuerpos, el Sol y la Tierra, giran alrededor de su centro de gravedad común. El centro del movimiento anual de nuestro planeta cambia su lugar constantemente entonces, y nosotros podemos añadir esta undécima complicación a las precedentes. *** Podríamos añadir incluso a éstas otras varias; pero esto bastará para dar una idea de la extrema ligereza con la cual nuestra isla flota en la atmósfera, sujeta, como vemos, a todas las fluctuaciones de las influencias celestes. Las investigaciones matemáticas van mucho más profundo que esta breve declaración; ellas han descubierto sólo en la Luna, que parece moverse tan tranquilamente alrededor de la Tierra, más de sesenta causas distintas de diferentes movimientos.
  • *** La expresión, luego, no es exagerada: Nuestro planeta es el juego de las fuerzas cósmicas que lo guían en los campos del espacio, y lo mismo es el caso con todos los mundos y todo lo que existe en el Universo. La materia obedece ciegamente a la ley de la atracción. *** ¿Dónde está entonces el centro de gravedad que es nuestra ambición descubrir? *** De hecho nuestro planeta, que anteriormente se suponía que estaba debajo de los cielos, se sostiene en el espacio a una cierta distancia del Sol, cuya atracción provoca que gire alrededor de él con una velocidad que corresponde a esta distancia. Esta velocidad causada por la masa del Sol sostiene a nuestro planeta en la misma distancia media del Sol - una velocidad menor provocaría que la fuerza de gravedad ejerciera una influencia demasiado poderosa en la Tierra y la haría caer en el Sol. Una velocidad más grande, por otro lado, gradual e incesantemente removería a nuestro planeta de la fuente de calor y luz que le anima. Pero la velocidad que resulta de la cantidad de atracción ejercida es suficiente para mantener nuestro hogar errante en estabilidad permanente. De la misma forma la Luna es mantenida en el espacio por la fuerza de gravedad de la Tierra que hace que gire alrededor de ella con la velocidad requerida para mantenerla constantemente en la misma distancia media. La Tierra y la Luna entonces forman un par de planetas que se mantienen en equilibrio perpetuo bajo la influencia soberana de la atracción solar. Si la Tierra estuviera sola en el Universo, permanecería por siempre inmóvil en ese punto en el espacio infinito donde había sido colocada sin siquiera tener el poder de ascender o ponerse o cambiar su posición en cualquier otra forma, sin que las expresiones de ascender, ponerse, derecha o izquierda tengan significado positivo. Si esta misma Tierra así sola en el Universo hubiera recibido un impulso cualquiera, hubiera sido puesta en movimiento con un grado de velocidad cualquiera, en una dirección cualquiera; ella se movería eternamente en línea recta, en esa dirección, sin tener siquiera el poder de detenerse, o disminuir su movimiento, o cambiar su dirección. Sería todavía lo mismo si la Luna estuviera sola con ella en el Universo. Ambas girarían alrededor de su centro de gravedad común realizando su destino en el mismo lugar en el espacio corriendo juntas en la dirección hacia la cual habían sido proyectados. Sin embargo, habiendo sido creado el Sol, y siendo el centro de su sistema, la Tierra, todos los planetas y todos sus satélites dependen de él y sus destinos están irrevocablemente unidos al suyo. *** El centro de gravedad que estamos buscando, la base sólida que parecemos desear con el propósito de asegurar la estabilidad del Universo, ¿será entonces que lo hallaremos en el colosal globo del Sol? *** Seguramente no, dado que el Sol mismo no está en reposo, sino que nos aproxima con todo su sistema hacia la constelación de Hércules. *** ¿Gravita nuestro Sol alrededor de un inmenso Sol cuya atracción le extiende y rige sus destinos como él rige los de los planetas? Nuestras investigaciones astronómicas ¿nos dan la razón para suponer que en cierto punto situado en ángulos rectos a la Tierra cuando ella se mueve hacia Hércules, puede existir una estrella de tal poder? No; nuestro Sol es influenciado por la atracción de las
  • estrellas, pero ninguna de ellas parece dominar sobre las otras y regir a nuestro Sol con dominio soberano. *** Aunque es bastante posible, o bastante cierto, que el sol que está más cerca a nuestro Sol, la estrella Alfa, del Centauro, y nuestro propio Sol se atraen mutuamente el uno al otro, todavía no podemos considerar a esas dos estrellas formando un par como estrellas binarias; en primer lugar, porque todos los sistemas de estrellas binarias conocidos están compuestos de estrellas mucho más cercanas entre sí que ésos; y en segundo lugar, porque en la vastedad de la órbita descrita de acuerdo a esta hipótesis, no debemos perder de vista la atracción ejercida por las estrellas vecinas; y, finalmente, porque la velocidad real de estos dos soles es mucho más grande de lo que sería el resultado de su mutua atracción. *** La pequeña constelación de Perseo, especialmente, puede ejercer una influencia más poderosa que la de la Pléyades o de cualquier otra agrupación de estrellas, y constituir el centro de gravedad de los movimientos de nuestro Sol, de Alpheus, del Centauro y las estrellas vecinas. Viendo que la constelación de Perseo está situada no sólo en ángulos rectos con la tangente del camino de la Tierra cuando ella se mueve hacia Hércules, sino también en el gran círculo de las estrellas principales, y precisamente en la intersección de ese círculo con la Vía Láctea, con sus dieciocho millones de soles, de los cuales sería audaz por cierto buscar el centro de gravedad. ***Pero, ¿qué es toda la Vía Láctea comparada a las miríadas de estrellas que nuestro pensamiento contempla en el seno de los cielos sidéreos? ¿No se mueve esta Vía Láctea como un archipiélago de islas flotantes? ¿No es cada nébula, cada grupo de estrellas una Vía Láctea moviéndose bajo la influencia de la gravitación de los otros universos que la llaman y le hacen señas a través de la noche infinita? *** Pasando de constelación a constelación, de sistema a sistema, de región a región, nuestro pensamiento es traído cara a cara con la estupenda magnificencia del espectáculo de los cuerpos celestes girando con una velocidad que hemos empezado a apreciar, pero que ya sobrepasa toda concepción. La revolución anual de la estrella Alpha en el Centauro es más de 549 millones de millas. La revolución de la estrella Cygni 61 (el segundo sol en el orden de distancias) es equivalente a 1 110 millones de millas al año; o cerca de tres millones de millas al año. La estrella Alfa del Centauro se nos aproxima en línea recta con una velocidad de 1 500 millones de millas al día. El movimiento sobre su eje de la estrella 1830 en el Catálogo de Groombridge alcanza una velocidad de 7770 millones de millas al año, ¡que es igual a 21 millones de millas por día, 115 000 kilómetros por hora, o 320 000 yardas por segundo! Ésos son los cálculos mínimos, cuando observamos los movimientos estelares medidos oblicuamente, no en línea recta. *** ¿Qué proyectiles? ¡Soles de densidad millones y millones de veces más grande que la Tierra, lanzados en las insondables profundidades de la inmensidad con una velocidad más que vertiginosa, girando en el espacio bajo la acción unida de todas las estrellas del Universo! Y esos millones, esas miríadas de soles, de planetas, de constelaciones, de nebulosas, de mundos que están empezando, de mundos que están llegando a su fin, corren con similar velocidad hacia un objetivo desconocido,
  • con una energía e intensidad de acción que comparados con la pólvora y la dinamita son como el aliento de un infante en la cuna. *** Y así todos ellos corren raudos a través del espacio, quizás por toda la eternidad, sin siquiera aproximarse a sus límites, lo cuales no existen. Por todas partes movimiento, actividad, luz y vida. Felizmente así, sin duda. Si todos estos innumerables soles, planetas, tierras, lunas y cometas estuvieran fijos sin movimiento, reyes petrificados en sus eternas tumbas, ¡cuánto más formidable y aterrador por cierto, pero cuánto más deplorable sería, también, el aspecto de tal Universo! ¡Toda la Creación detenida en su curso, congelada, momificada! ¿No es inconcebible tal pensamiento? ¿No hay algo ominoso - algo insoportable en tal pensamiento? *** ¿Y qué causa estos movimientos? ¿Qué los sostiene, qué los guía? La fuerza de atracción reinante por todas partes, esa fuerza invisible a la cual el Universo visible (ése que llamamos materia) obedece. Un cuerpo atraído desde el espacio infinito por la Tierra, alcanzaría una velocidad de 11 300 yardas por segundo; así un cuerpo proyectado desde la Tierra nunca caería. Un cuerpo atraído desde el espacio infinito por el Sol, alcanzaría una velocidad de 608 000 yardas; un cuerpo proyectado desde el Sol nunca retornaría a su punto de partida. Ciertas constelaciones pueden provocar una velocidad de movimiento todavía más grande, las cuales son, empero, explicadas por la ley de atracción. Es suficiente proyectar los ojos de uno sobre una cartilla de los movimientos de las estrellas sobre sus ejes, para comprender la variedad y grandeza de estos movimientos. *** Así, las estrellas, los soles, los planetas, los cometas, las estrellas fugaces, los uranolitos -en una palabra, todos los cuerpos que constituyen este vasto universo -, descansan, no en cimientos sólidos, como la primitiva y pueril concepción de nuestros ancestros suponía, sino en fuerzas invisibles e inmateriales que gobiernan sus movimientos. Estas miríadas de cuerpos celestes deben su estabilidad en el Universo a sus respectivos movimientos, y mutualmente se sostienen uno al otro en el vacío que los separa. La mente que pudo despojarse de la noción de tiempo y espacio vería la Tierra, los planetas, el Sol, las estrellas, cayendo en un chubasco de un cielo sin fronteras en cada dirección imaginable, como gotas cayendo en el vórtice de un poderoso remolino, y cayendo no por una fuerza, sino por la atracción de cada uno y todos ellos; cada una de esas gotas cósmicas, cada uno de esos mundos, cada uno de esos soles es transportado con una velocidad tan grande, que el vuelo de una bala de cañón es reposo en comparación. Esto no es un ciento, ni quinientos, ni mil yardas: ¡es diez mil, veinte mil, cincuenta mil yardas por segundo! *** ¿Cómo ocurre que las colisiones no tienen lugar en medio de tal movimiento perpetuo? Quizás ellas ocurren. Las estrellas que aparecen y desaparecen, como si fueran perpetuamente renovadas de sus cenizas, parecerían indicarlo. Pero, de hecho, las colisiones no tendrían lugar porque el espacio es infinito relativamente a las dimensiones de los cuerpos celestes, y porque el movimiento de cada cuerpo le evita sufrir pasivamente la atracción de otro cuerpo y caer en éste. Este mantiene su propio movimiento, que no puede ser destruido, y se desliza alrededor del centro de luz y calor que le atrae, como la polilla circula alrededor del fuego que la
  • atrae, pero sin quemarse. Y entonces, hablando con exactitud, esos movimientos no son rápidos. *** En efecto, todos esos cuerpos corren, vuelan, caen, ruedan a través del espacio, pero a tales distancias uno del otro que parecen estar en reposo. Si fuéramos a colocar en un espacio del tamaño de París, las estrellas cuyas distancias han sido medidas, a la fecha, la estrella más cercana estaría ubicada a una distancia de dos kilómetros del Sol, del cual la Tierra distaría un centímetro; Júpiter, cinco centímetros y Neptuno, treinta. La estrella Cygni 61 estaría cuatro kilómetros de distancia; Sirio, diez kilómetros; la estrella Norte, veintisiete kilómetros; y así sucesivamente, y la gran mayoría de las estrellas permanecería más allá del departamento del Sena. Ahora bien, poniendo todos estos cuerpos en circulación con sus respectivos movimientos, la Tierra tomaría un año para pasar a través de su órbita -no más grande que el centímetro de un rayo de luz-, Júpiter, doce años para pasar a través de la suya -de cinco centímetros-, y Neptuno ciento sesenticinco años. El propio movimiento del Sol y las estrellas estaría en la misma proporción; es decir, ellos parecerían estar en reposo incluso a través de la lente de aumento. Urania reina calma y serena en las inmensidades del Universo. *** Pero la constitución del Universo sideral es la misma que la de los cuerpos que llamamos materiales. Todo cuerpo, orgánico o inorgánico - hombre, animal, planta, piedra, hierro, bronce - está compuesto de moléculas en movimiento perpetuo, pero que nunca se tocan una con otra. Cada uno de estos átomos es infinitamente pequeño, e invisible, no sólo al ojo desnudo, no sólo a través de lentes de aumento, sino incluso al pensamiento, dado que es posible que estos átomos no sean más que centros de fuerza. Se ha estimado que en la cabeza de un alfiler no hay menos de ocho sextillones de átomos u ocho mil billones de billones, y que en un centímetro cúbico de aire no hay menos que un sextillón de moléculas. Todos estos átomos, todas estas moléculas están en movimiento, influidos por las fuerzas que los gobiernan, y separados por grandes distancias relativas a sus dimensiones. Podemos incluso pensar que no hay, en principio, sino una especie de átomos, y que es el número de átomos primitivos -simple y homogéneo en esencia-, sus modos de arreglo y sus movimientos, lo que constituye la diversidad de moléculas. Una molécula de oro o de hierro diferiría de una molécula de azufre, de oxígeno, de hidrógeno, sólo en el número, la disposición y el movimiento de los átomos primitivos que lo componen; cada molécula puede ser un sistema, un microcosmo. *** Pero cualquiera que sea la idea que podamos formarnos de los átomos constituyentes de los cuerpos, el hecho aceptado hoy y que nunca va a ser disputado de nuevo, es que el imaginario centro de gravedad buscado no existe en parte alguna. Arquímides puede pedir en vano un punto de soporte para que su palanca eleve el mundo. Los mundos, como los átomos, descansan en lo invisible, en la fuerza inmaterial; todo se mueve, influido por la fuerza de atracción, y como si estuviera en búsqueda de ese centro de gravedad que huye de nosotros cuando lo buscamos, y que no existe, dado que en el espacio el centro está en todas partes y en ninguna. Esos pretendidos positivistas que afirman con tanta seguridad que sólo quot;la materia y sus propiedades existenquot;, y que sonríen con desdén a las investigaciones de los pensadores, deberían decirnos primero que todo qué quieren decir por esta tan mentada quot;materiaquot;. Si ellos llevaran sus investigaciones más allá
  • de la superficie de las cosas, si ellos pudieran imaginar que las apariencias ocultan realidades intangibles, indudablemente serían un poco más modestos. *** Para nosotros que buscamos la verdad sin ideas preconcebidas, y sin tener una teoría que la soporte, nos parece que el principio de la materia permanece tan desconocido como el principio de fuerza, no siendo el Universo visible en absoluto lo que aparece a nuestros sentidos. De hecho este Universo visible está compuesto de átomos invisibles; descansa en el espacio, y las fuerzas que lo gobiernan son ellas mismas inmateriales e invisibles. Sería menos atrevido suponer que la materia no existe, que la fuerza lo es todo, que mantener la existencia de un Universo exclusivamente material. En lo que respecta a las bases físicas del mundo, ellas han desaparecido, por una curiosa contradicción, precisamente con el triunfo de la mecánica que proclama los triunfos de lo invisible. El centro de gravedad desaparece en el equilibrio de fuerzas por todas partes, en la armonía ideal de las vibraciones de éter; cuanto más lo buscamos, menos lo encontramos, y el esfuerzo final de nuestro pensamiento tiene por soporte final, por realidad suprema, el Infinito.
  • V. UN ALMA VESTIDA DE AIRE *** Ella estaba de pie, completamente sola en su baño, con sus brazos levantados, retorciendo las sedosas y abundantes masas de su cabello en un nudo, que estaba sujetando en lo alto de su cabeza. Era una juvenil belleza, que todavía no había alcanzado su completo desarrollo, pero que estaba aproximándosele, radiante en el resplandor de su decimoséptimo año. *** Una hija de Venecia, mostraba debajo de su piel de transparente tintura rosa, las venas azules donde corrían las ardientes corrientes de su vida; sus ojos resplandecían con una misteriosa y cautivante brillantez, y la aterciopelada rojez de sus labios, ligeramente partidos, ya daba promesa del fruto tanto como de la flor. *** Ella lucía maravillosamente hermosa, y si algún moderno París tendría que decidir sobre sus encantos, yo no sé si él habría colocado a sus pies el palmo a la gracia, a la elegancia o a la belleza, por cuanto tan parejamente unía en sí el encanto animado de la gracia moderna y las serenas perfecciones de la belleza clásica. *** Una oportunidad más afortunada e inesperada nos había conducido al pintor Falero y a mí mismo a su presencia. Una brillante tarde la primavera pasada nos ocurrió estar caminando en la playa; habíamos cruzado una de esas plantaciones de olivo, con melancólico follaje, que va a ser vista entre Niza y Mónaco, y sin ser conscientes de esto habíamos entrado en los dominios de una finca abierta en la playa. Un camino pintoresco serpenteaba de bajada la colina; habíamos dejado detrás nuestro un naranjal cuya fruta dorada nos recordaba el Jardín de las Hespérides. El aire era balsámico, el cielo de un profundo azul, y nosotros estábamos discutiendo los méritos comparativos del Arte y la Ciencia, cuando mi compañero se detuvo repentinamente, como si detenido por un hechizo, y haciéndome una señal para guardar silencio, señaló delante de él. Detrás de un grupo de cactus y árboles de higo de Barbaria, unos pocos pasos distantes de nosotros, pudimos ver a través de la ventana abierta de una lujosa casa de baño, cerca a un lavabo de mármol en el cual el agua caía con un sonido melodioso, una doncella parada delante de un prominente espejo, que reflejaba su cabal figura. Sin duda el ruido hecho por el agua que caía le había impedido escuchar nuestra aproximación. Discretamente, o mejor, indiscretamente, permanecimos detrás del cactus, inmóviles, mudos, hechizados. *** Hermosa como era, parecía ser inconsciente de su belleza. Sus pies descansaban en una alfombra de piel de tigre, y sus movimientos eran relajados. Hallando que su larga cabellera estaba todavía húmeda, ella le permitió caer de nuevo sobre sus hombros, y, dándose vuelta, vino hacia nosotros para tomar una rosa de la mesa cerca de la ventana; luego, regresando al espejo, ella tranquilamente completó el arreglo de su cabello, colocó la rosa entre sus trenzas, y volviendo su espalda al Sol, se inclinó, sin duda con el propósito de empezar a vestirse. Pero tan pronto empezó, dio un grito penetrante, y cubriendo su rostro con sus manos, corrió a ocultarse en la esquina más oscura del cuarto.
  • *** Ya sea que algún movimiento desprevenido hubiera traicionado nuestra presencia, o que ella hubiera captado el reflejo de nuestras figuras en el espejo, no podríamos decir. Como quiera que haya sido, sin embargo, juzgamos prudente volver nuestros pasos, y retornar a la playa por el mismo camino por el cual habíamos venido. *** quot;Nunca he visto - ni en alguna de mis modelosquot;, dijo mi compañero, quot;ni siquiera en mi modelo que posó para mi cuadro de las 'Estrellas Gemelas', y de 'Celia', una forma más perfecta. ¿Qué dices? ¿No llega esta aparición justo a tiempo para probarme estar en lo correcto? Es en vano que describas en palabras elocuentes las delicias de la Ciencia. Confiesa que el Arte también tiene sus encantos. ¿No son las estrellas de la Tierra dignas rivales de las estrellas del cielo? ¿No admiras conmigo la elegancia de esa figura? ¡Qué contornos! ¡Qué tonos cautivadores!quot; *** quot;Yo no tendría el mal gusto para no admirar lo que es realmente hermosoquot;, respondí; quot;y admito que la belleza humana (y reconozco sin duda la belleza femenina en particular), es la obra más perfecta de la Naturaleza en nuestro planeta. Pero ¿sabes lo que yo más admiro en esa joven criatura? No es su aspecto artístico o estético, es la prueba científica que ella permite, de un hecho que es simplemente maravilloso. En esa encantadora forma yo contemplo un alma vestida de airequot;. *** quot;Oh, te deleitas en la paradoja, lo sé. ¡Un alma vestida de aire! Porque tan real es una forma de expresión algo idealista. No dudo que la criatura encantadora tiene un alma, pero permíteme, como artista, admirar su forma, su animación, su carne, su color. Yo gustosamente diría con el poeta de los Orientales: Car c'est un astre qui brille Qu'une fille, Qui sort d'ur bain au flot clair Cherche s'il ne vient personne, Et frissonne Toute mouillée, au grand air.quot; [*] *** quot;Yo no quiero impedirte hacer eso. Pero es precisamente esta belleza física lo que me hace admirar en ella el alma, la fuerza invisible que la ha formadoquot;. *** quot;¿Qué quieres decir? No puede haber duda de que nosotros tenemos un cuerpo. La existencia del alma es menos evidentequot;. *** quot;A los sentidos, sí. Al espíritu, no. Pero nuestros sentidos nos engañan con respecto a todo: al movimiento de la Tierra, la naturaleza de los cielos, la aparente solidez de los cuerpos, a seres y a cosas. ¿Me seguirás, por un momento, en mi razonamiento?quot;. *** quot;Cuando inhalo el perfume de una rosa, cuando admiro la belleza de la forma, la delicadeza del color, la gracia de la flor en su primer capullo, lo que más me impresiona es el trabajo de la fuerza oculta, misteriosa, desconocida que gobierna la vida de la planta, que la mantiene en existencia, que selecciona las moléculas de aire, de agua, de tierra, adaptada para su sustento, y, sobre todo, lo que reúne esas moléculas y las agrupa delicadamente, para así formar el agraciado tallo, esas pequeñas y finas hojas verdes, esos pétalos de tan tierno color rosa, esos exquisitos tonos, ese delicioso perfume. La fuerza misteriosa es el principio de vida de la planta.
  • Coloca juntas en la tierra la semilla de un lirio, una bellota, un grano de trigo, y una pepa de durazno, y cada una reconstruirá su propio ser particular. *** quot;Una vez vi un arce que se estaba muriendo entre los escombros de una pared en ruinas, a unas pocas yardas de distancia del rico suelo de un surco, y que, desesperado, echó aventuradamente una raíz, alcanzó el suelo que había deseado, penetró en éste y se arraigó allí tan efectivamente que sin sentirlo el árbol llegó a soltarse de su lugar, y dejando sus viejas raíces marchitarse, abandonó las piedras y vivió, resucitó y se transformó, en las raíces que habían sido el medio de preservar su vida. He conocido árboles de Olmo que florecían en el suelo de un campo fértil, cuyo sustento había sido interrumpido por la apertura de una zanja profunda, despedir intrépidamente esas raíces que no habían sido cortadas, bajo el fondo de la zanja, para buscar nutrientes, y para triunfar en su propósito, para el gran asombro del jardinero. También he visto en cierta oportunidad un heroico jazmín que envió sus raíces ocho veces a través de los agujeros de un tablón que guardaba la luz de él, y que un observador malicioso devolvía de nuevo, cada vez que lo hacía, a la oscuridad, con la esperanza de agotar al fin, la energía de la planta; él no triunfó en hacerlo así. *** quot;Las plantas respiran, beben, comen, seleccionan, rechazan o buscan su alimento, trabajan, viven, actúan conforme a sus instintos; ésa crece admirablemente, aquélla se marchita; esotra está nerviosa y agitada. La sensitiva planta tiembla y se encoge al más ligero toque; en ciertas horas de bienestar el petirrojo despierto es caliente, el clavel es fosforescente, la valisneria desciende al fondo de las aguas, para propagar su especie. En todas estas manifestaciones de una vida desconocida, el filósofo no puede sino reconocer en el mundo vegetal, un acorde de la armonía universal. *** quot;Yo, actualmente, no voy más allá de esto con respecto al alma, aunque sea superior en su naturaleza al alma de la planta; y aunque ésta ha creado un mundo intelectual muy por encima de todas las otras formas de vida terrestre como las estrellas están sobre la Tierra - no es con relación a sus facultades espirituales que yo la considero ahora, sino sólo como la fuerza animadora del ser humano. *** quot;Bien, despierta mi admiración que esta fuerza deba agrupar los átomos que respiramos, o que asimilamos por la nutrición para así hacer de ellos un ser hermoso y encantador. Vuélvete en el tiempo y mira a esta doncella desde el día de su nacimiento, y sigue con tu pensamiento el desarrollo gradual de esa forma esbelta, a través de los años de difícil infancia hasta la gracia en cierne de la juventud y la temprana feminidad. ¿Cómo se mantiene, se desarrolla, se forma a sí mismo el organismo humano? Tú conoces la respuesta: por respiración y nutrición. *** quot;El aire mismo provee las tres cuartas partes de nuestra nutrición. El oxígeno del aire mantiene vivo el fuego de la vida, y el cuerpo puede ser comparado a una llama que es alimentada incesantemente, de acuerdo con las leyes de la combustión. Una falta de oxígeno extingue la llama de la vida como extingue la llama de una lámpara. A través de la respiración, la oscura sangre venosa es transformada en sangre arterial roja, y así, purificada. Los pulmones son un delicado tejido cribado con cuarenta a cincuenta millones de pequeñas células, lo suficientemente pequeñas para dejar que la sangre se filtre a través de ellas, y lo suficientemente grandes para permitir que el aire las penetre. Un intercambio perpetuo cursa entre el aire y la
  • sangre, aquel suministrando a ésta con oxígeno, ésta eliminando el ácido carbónico. Por un lado el oxígeno de la sangre consume el carbono de la sangre; por otro, los pulmones exhalan ácido carbónico, nitrógeno y vapor de agua. Las plantas respiran (durante el día) por un proceso inverso a éste. Absorbiendo carbón y exhalando ácido carbónico, ayudando a mantener de esta manera el equilibrio general de la vida terrestre. *** quot;¿De qué está compuesto el cuerpo humano? El hombre adulto pesa en promedio 154 libras. De éstas, 113 libras son agua que está en la sangre y los tejidos. Analizando la sustancia de nuestros cuerpos encontrarás en éste albúmina, fibrina, caseína y gelatina, es decir, sustancias orgánicas compuestas originalmente de los cuatro gases esenciales: oxígeno, nitrógeno, hidrógeno y ácido carbónico. También hay en éste sustancias exentas de nitrógeno tales como goma, azúcar, fécula, grasa; estas sustancias pasan igualmente a través de nuestro organismo, su carbón e hidrógeno son consumidos por el oxígeno inhalado durante la respiración y después exhalados bajo la forma de ácido carbónico y de agua. *** quot;El agua, como sabes, es una combinación de dos gases, oxígeno e hidrógeno; el aire, una mezcla de dos gases, oxígeno y nitrógeno, a los cuales se añaden, en menores proporciones, el agua bajo la forma de vapor, el ácido carbónico, amoníaco y ozono, siendo este último sólo oxígeno condensado, etc. *** quot;Entonces nuestro cuerpo está compuesto sólo de gases bajo diferentes formasquot;. *** quot;Peroquot;, interrumpió mi compañero, quot;nosotros no vivimos sólo de aire, además de eso necesitamos, en intervalos más o menos distanciados, como el estómago puede indicar, ciertos suplementos, tales como el ala de un faisán, una rebanada de lenguado, un vaso de Chateau-Lafitte o de champagne; o, si tú deseas, algunos espárragos, un racimo de uvas o unos pocos duraznosquot;. *** quot;Sí, todos éstos son asimilados por nuestro organismo, renovando sus tejidos, y esto con rapidez, porque en unos pocos meses (no en siete años como se supuso anteriormente que era el caso) nuestro cuerpo es enteramente renovado. Retornemos a esa encantadora criatura que posó delante de nosotros hace un corto tiempo. Bien, esa carne que admiramos no existía hace tres o cuatro meses; esos hombros, esa cara, esos ojos, esa boca, esos brazos, ese cabello, incluso esas uñas - todas las partes componentes de ese cuerpo eran nada más que una corriente de moléculas, una llama incesantemente renovada, un río corriendo durante el período de existencia, pero con aguas perpetuamente cambiantes. Pero todo esto es todavía sólo gas, asimilado, condensado, modificado; sobre todo es aire. Incluso esos huesos aparentemente tan sólidos, tomaron forma y solidez imperceptible. Ten presente el hecho que nuestro cuerpo entero está formado de moléculas invisibles, que no se tocan una con otra, y que se renuevan incesantemente. *** quot;Si nosotros somos vegetarianos, si nuestra mesa fuera abastecida con hortalizas y frutas, asimilamos sustancias sacadas casi enteramente del aire; ese durazno está formado de agua y aire, esa pera, esa uva, esa almendra, están todas formadas de aire, de agua, de algún elemento líquido o gaseoso traído por la savia, el sol, la lluvia; espárragos y ensaladas, arvejas y alcachofas, lechuga y achicoria, cerezas, fresas y frambuesas, todas ellas viven en el aire y por el aire. Las partes contribuidas por la
  • tierra, aquellas que son tiradas de las raíces, son gases también, y de la misma naturaleza, nitrógeno, oxígeno, hidrógeno, carbono, etc. *** quot;Si nuestro alimento fuera un bistec o un pollo, o alguna otra 'carne', la diferencia no es muy grande. La oveja y el buey viven en el pasto. Sea que comamos una perdiz con repollo, una codorniz asada, un pavo con trufa, o un guisado de liebre, todas estas sustancias tan diversas en apariencia, son sólo vegetales bajo otra forma, que son sólo un grupo de moléculas obtenidos de los gases de los que acabamos de hablar, aire, vapor de agua, moléculas y átomos, en sí mismos casi imponderables, y absolutamente invisibles, además, al ojo desnudo. *** quot;Así, cualquiera sea nuestro alimento, nuestro cuerpo, formado, sostenido, desarrollado por la absorción de moléculas a través de la respiración y la alimentación, es definitivamente sólo una corriente incesantemente renovada en virtud de esta asimilación, dirigida, gobernada y organizada por la fuerza inmaterial que nos anima. A esta fuerza podemos seguramente darle el nombre de alma. Ésta agrupa los átomos que le convienen, eliminando los inservibles, y empezando desde un punto imperceptible, un germen indiscernible, termina por construir un Apolo Belvidere aquí, una Venus Capitolina allí. Fidias no es sino un vulgar imitador comparado con esta fuerza secreta y misteriosa. Pigmalión se volvió el amante de la estatua de la que fue el creador, nos han dicho en mitología. ¡Qué error! Pigmalión, Praxítiles, Miguel Angel, Benvenuto, Casanova, sólo crearon estatuas. El poder que puede construir al hombre y la mujer vivientes es un poder más grande. *** quot;Pero esta fuerza es inmaterial, invisible, intangible, imponderable, como la atracción que hace que las esferas se muevan armónicamente en el espacio, y el cuerpo, aunque pueda parecernos material, es en sí mismo sólo una agrupación armónica de moléculas, producida por la atracción de esta fuerza interior. *** quot;Ves entonces, que estoy estrictamente dentro de los límites de la ciencia exacta, al llamar a esta doncella un alma vestida de aire - como tú y yo, por cierto, ni más ni menos. *** quot;Desde la creación de la humanidad hasta hace unos pocos siglos, se creyó que la sensación era percibida en el punto donde se experimentaba. Un dolor que se sentía en el dedo de la mano se suponía que tenía su asiento en el dedo mismo. *** quot;Los niños, y mucha gente adulta, todavía creen que este es el caso. La fisiología ha demostrado que la sensación es transmitida desde los terminales de los dedos al cerebro, a través del sistema nervioso. Si el nervio es cortado, el dedo puede ser quemado impunemente, la parálisis de sensación es completa. Incluso el tiempo que toma una sensación para transmitirse, de cualquier punto del cuerpo al cerebro, ha sido determinado, y se ha hallado que la velocidad con la que esta transmisión tiene lugar es alrededor de ocho pies por segundo. Desde que se probó esto, se ha localizado la sensación en el cerebro. Pero allí la investigación científica se detuvo. *** quot;El cerebro es materia, como el dedo de la mano, y al igual que ésta, se renueva perpetuamente. Es menos permanente que cualquier otra parte del cuerpo; se renueva más rápido, y en consecuencia nunca es el mismo.
  • *** quot;No existe, no puede existir en la masa cerebral total, un único lóbulo, una única célula, una única molécula que no cambie. Una detención del movimiento, la circulación, la transformación, sería una sentencia de muerte. El cerebro existe y siente, sólo bajo la condición de sufrir, como todo el resto del cuerpo, las incesantes transformaciones de la materia orgánica, que constituyen el circuito vital. *** quot;No es, no puede ser, entonces, que, en una cierta masa cerebral, en un cierto agregado de moléculas, resida nuestra personalidad, nuestra identidad, nuestro ego, que adquiere y preserva un valor personal, intelectual y moral, desarrollado por la cultura; nuestro ego, que es, y se siente ser, responsable por sus actos, efectuados hace un mes, hace un año, hace diez, veinte, cincuenta años - un periodo durante el cual el agrupamiento molecular ha sido totalmente cambiado varias veces. *** quot;Esos fisiólogos que afirman que el alma no existe, se parecen a sus predecesores que afirmaban que un dolor era sentido por el dedo o el pie. Ellos están un poco menos lejos de la verdad que estuvieron ésos, pero al fijar su atención en el cerebro y hacer que la entidad humana resida en las sensaciones del cerebro, colocan un obstáculo en la vía del descubrimiento científico. Esta suposición es la menos excusable, como esos mismos fisiólogos saben perfectamente bien que la sensación personal está siempre acompañada por una modificación de sustancia. En otras palabras, el ego del individuo continúa existiendo sólo mientras que la identidad de su parte física cesa de ser. *** quot;El asiento de la sensación, entonces, no puede ser la sustancia material; ésta es puesta en relación con el universo, a través de la impresión recibida en el cerebro, por las fuerzas químicas liberadas en el cerebro, que resultan de combinaciones materiales. Pero no es ésta. *** quot;La constitución de nuestros cuerpos, también, está perpetuamente transformándose bajo la dirección de un principio psíquico. *** quot;Tal o cual molécula, que actualmente forma parte del cuerpo, es eliminada en el proceso de respiración, de transpiración, etc., para permanecer en la atmósfera un tiempo más largo o más corto, entonces llega a incorporarse en otro organismo, ya sea de un planeta, un animal o un hombre. No todas las moléculas que constituyen tu cuerpo hoy formaban parte de éste ayer, y hace unos pocos meses ninguna de ellas estaba presente en éste. ¿Dónde estaban? En la atmósfera o en algún otro cuerpo. Todas las moléculas que en la actualidad forman los tejidos de tu cuerpo, tus pulmones, tus ojos, tu cerebro, tus miembros, etc., ya han servido para formar los tejidos de otros cuerpos. Todos nosotros somos cuerpos muertos resucitados, formados del polvo de nuestros ancestros. Si todos los seres humanos que han vivido sobre la Tierra hasta el presente fueran a retornar a la vida, habría cinco de ellos por cada pie cuadrado de tierra, y para mantener una posición honrada en la superficie de la Tierra, estarían obligados a montarse en los hombros de otro: pero ellos no podrían resucitar completamente, porque muchas moléculas han formado sucesivamente parte de varios cuerpos. De la misma manera, nuestros órganos, separados en sus moléculas constituyentes, un día formarán parte de los cuerpos de aquellos que vendrán después de nosotros.
  • *** quot;Cada molécula de la atmósfera, entonces, pasa perpetuamente de una forma de vida a otra, escapando de cada una sucesivamente por la muerte; por turnos, viento, agua, tierra, animal o flor, ésta sucesivamente forma parte de innumerables organismos. La fuente inextinguible de la cual cada forma de vida toma su ser - el aire - es al mismo tiempo un inmenso reservorio en el cual cada ser que muere exhala su último aliento; de éste, los vegetales y los animales y las varias formas de existencia reciben vida, para morir a su turno. Ambas, la vida y la muerte son iguales en el aire que respiramos, y triunfan una con la otra perpetuamente en el intercambio de moléculas gaseosas. La molécula de oxigeno que se exhala de un antiguo roble de allí vuela a los pulmones del infante en la cuna; los últimos suspiros del moribundo van a formar parte de la brillante corola de la flor o difundirse, como una sonrisa, sobre el verdoso prado; y así a través de una infinita serie de muertes parciales, la atmósfera nutre incesantemente las varias formas de vida que se exhiben en la superficie del globo. *** quot;Y si objetas a esto, iré todavía más lejos y añadiré que nuestras mismas prendas de vestir, tanto como nuestros cuerpos, están compuestos de sustancias que fueron todas originalmente gaseosas. Toma este hilo, tira de él - ¡cuán fuerte es! ¿Cuántos tejidos - batista, seda, lino, algodón, lana, han sido manufacturados por hilos entretejidos como estos. ¿Pero qué es este hilo de lino, cáñamo o algodón? Glóbulos de aire colocados uno en yuxtaposición al otro, y mantenidos juntos sólo por la fuerza molecular. ¿Qué es el hilo de seda o lana? Otro agregado de moléculas similares. Confiesa entonces, que nuestras prendas están compuestas también de aire, de gas, de sustancias originalmente sacadas de la atmósfera, del oxígeno, del nitrógeno, carbón y vapor de aguaquot;. *** quot;Observo con placerquot;, reanudó el pintor, quot;que el arte no está hasta aquí eliminado de la ciencia como se supone que lo está, en ciertos cuarteles. Si tus teorías son para ti puramente ciencia, para mí ellas son arte, y del más alto orden. Y además, ¿existen en la naturaleza todas esas distinciones? No; No hay en la naturaleza ni arte, ni ciencia, ni escultura, ni pintura, ni decoración, ni música, ni física, ni química, ni meteorología, ni astronomía, ni mecánica. Contemplar ese cielo, ese mar, esos contrafuertes de los Alpes, esas nubes de las puestas de sol color de rosa, esos espacios luminosos, extendiéndose lejos hacia Italia. Todo esto es uno. Y dado que la física molecular nos demuestra que la materia no existe, que incluso en una barra de acero o platino, los átomos no se tocan el uno al otro, permite que nuestras almas al menos nos sean dejadas; nadie será el perdedor por esto. Sí, ésta es una verdad contra la cual ningún prejuicio será capaz de prevalecer; los seres vivos son almas vestidas con aire. Deploro los mundos desprovistos de atmósferaquot;. *** Habíamos retornado de una larga caminata en la playa, a un punto no muy distante de donde partimos, y estuvimos pasando delante de la pared almenada de una villa, yendo hacia Beaulieu, cerca de Cape Ferrat, cuando dos damas elegantemente vestidas nos pasaron. Ellas eran la Duquesa de V. y su hija, a quienes habíamos conocido el jueves anterior en el baile de la Prefectura. Nosotros las saludamos y pasamos bajo la sombra de los olivos. Hija de Eva, la joven niña inconscientemente nos volvió la mirada. Yo fantaseé que un repentino rubor cubrió sus mejillas; sin duda era la reflexión de la luz del sol poniente.
  • *** quot;¿Tú piensas, quizás, que has disminuido mi admiración por la belleza?quot; dijo el artista, echando también una mirada atrás. quot;No; yo la aprecio mejor que antes. Admiro en ésta la armonía y todas esas otras cosas finas de las cuales acabas de hablar; y, ¿te lo confesaré? - el cuerpo humano considerado como la manifestación visible de un alma rectora, me parece investido con nueva nobleza, nueva belleza, nuevo brilloquot;. * Porque es una estrella que alumbra a una niña que sale de un baño con el flujo claro. Busca si no viene nadie. Y tirita totalmente mojada al aire libre.
  • VI. AD VERITATEM PER SCIENTIAM - EL LEGADO DE SPERO A LA CIENCIA *** Estaba ocupado en mi biblioteca escribiendo un tratado sobre las condiciones de vida en otros mundos que giran alrededor de otros soles y reciben de ellos luz y vida; cuando, elevando mis ojos a la repisa de la chimenea, fui impactado por la expresión, podría casi decir, de animación, en el semblante de mi querida Urania. Era la misma expresión agradable y animada que antaño - ¡Ah! ¡Cuán rápidamente gira la Tierra, y cuán raudamente pasa un cuarto de siglo!-, que antaño, -y me parece como si fuera ayer- en aquellos días juveniles que han pasado con tanta presteza, había cautivado mis pensamientos e inflamado mi corazón. No pude evitar dejar que mi mirada se aloje en ella incluso ahora. Ella era, en verdad, tan hermosa como en aquel entonces, y mis sentimientos no habían cambiado. Ella me atrajo como la llama atrae a la polilla. Me levanté de la mesa para aproximármele, y observé de nuevo el singular efecto de la luz sobre su mudable semblante, y, sostenido por el hechizo, permanecí de pie delante de ella, olvidándome de mi trabajo. *** Su mirada parecía penetrar en la distancia, pero era animada, y parecía fija sobre algún objeto. ¿Sobre qué? ¿Sobre quién? Yo tenía una curiosa convicción de que ella podía realmente ver, y, siguiendo la dirección de su ojeada, fija y solemne, aunque no severa, mis ojos cayeron sobre el retrato de Spero, colgando en la pared, entre dos estantes. *** La mirada de Urania estaba fija inmutablemente sobre él. Repentinamente el retrato cayó con un estrépito al suelo, su marco se quebró en pedazos con la caída. *** Me abalancé. El cuadro estaba tumbado delante mío sobre la alfombra, El apacible rostro de Spero miraba hacia mí. Cuando lo levanté vi en el suelo una gran hoja de papel, descolorida por el tiempo, y cubierta en ambos lados con caracteres escritos en la caligrafía de Spero. ¿Cómo fue que nunca había observado este papel antes? Cierto, puede haber permanecido allí inobservado, escondido de la vista por el cartón en la parte posterior del retrato. En efecto, cuando había traído conmigo el cuadro de Christiania, no se me había ocurrido ver cómo estaba enmarcado. ¿Pero quién pudo haber tenido la extraña idea de colocar la hoja de papel allí? Fue con extrema sorpresa que reconocí la caligrafía de mi amigo, y leí esas dos páginas. De acuerdo con toda la apariencia, ellas habían sido escritas el último día de la existencia terrestre del joven científico - el día de su ascenso hacia la región de la Aurora Boreal - y, sin duda, el padre de Iclea había, para mayor seguridad, colocado éstos, los últimos pensamientos supremos de Spero, en el marco con su semejante. Él había olvidado informarme de esto cuando me dio el retrato de mi amigo, en el tiempo de mi peregrinaje a la tumba de los amantes. *** Como quiera que haya sido, yo experimenté una vívida emoción cuando, colocando el cuadro cuidadosamente sobre la mesa, examiné cada rasgo de ese amado semblante. ¡Cuán bien recordaba esos ojos, tan apacibles y todavía tan penetrantes, con sus misteriosas profundidades, esa frente amplia y serena, esa
  • boca delicada pero ligeramente sensual, el color transparente de la cara, cuello y manos! No importa dónde colocara el retrato, su mirada parecía seguirme, pero sin dejar a Urania. ¡Era una singular fantasía del pintor! No pude evitar pensar en los ojos de la diosa, que parecían descansar con una tierna melancolía sobre su joven adorador. Así como las sombras del crepúsculo oscurecen un día sereno, de igual modo una divina pena parecía nublar ese noble semblante. *** Pero recordé al fin la misteriosa hoja de papel. La escritura sobre ésta era limpia y precisa, sin ningún borrón. Lo transcribo aquí como era, sin alterar una sola palabra o siquiera una coma, porque parece formar la natural conclusión a los acontecimientos cuya narración ha sido propósito de este libro. Era, palabra por palabra, como sigue: *** *** Éste es el legado dejado a la ciencia por un alma que incluso aquí en la Tierra buscó sin cesar separarse de los lazos de la materia, y quien aspira a ser liberado de ellos. *** Deseo dejar para quienes me sucedan en la forma de aforismos, los resultados de mis investigaciones. Creo que sólo podemos llegar al conocimiento de la verdad a través del estudio de la Naturaleza, es decir, a través de la ciencia. Aquí están, entonces, lo que me parece ser las deducciones naturales fundadas en este método de observación. I. *** El Universo visible, tangible y ponderable, incesantemente en movimiento, está compuesto de átomos invisibles, intangibles, imponderables e inertes. II. *** Para formar cuerpos y organizar seres ésos átomos deben ser influidos por fuerzas. III. *** La fuerza es el elemento esencial del ser. IV. *** La visibilidad, la tangibilidad, la solidez, la densidad, el peso, son propiedades relativas, no realidades absolutas. V. *** Lo infinitamente pequeño: *** Experimentos hechos en batihojas de oro, muestran que diez mil de esas hojas ocupan un espacio no más grueso que un milímetro. *** Esta cantidad ha sido sub-dividida en mil partes iguales, y se sabe que existen
  • infusorios tan pequeños, que sus cuerpos colocados en una lente portaobjetos entre dos de estos átomos no los tocan; los miembros y órganos de estos seres están compuestos de células, ésas de moléculas, ésas de átomos. Veinte centímetros cúbicos de aceite propagados sobre la superficie de un lago cubrirán un espacio de 4000 yardas cuadradas, para que la capa de aceite así esparcido no mida más que dos centésimos de milímetro de espesor. El análisis espectral revela en una llama la presencia de una millonésima de miligramo de sodio. *** Las ondas de luz están compuestas entre 4 y 8 diezmillonésimas de milímetro de violeta a rojo. 2300 ondas de luz ocupan sólo el espacio de un milímetro. En la duración de un segundo el éter que transmite la luz, performa setecientos mil millones de vibraciones, cada una de las cuales puede ser matemáticamente definida. El sentido del olfato percibe 1 / 604, 000, 000 de un miligramo de mercaptan en el aire que respiramos. La dimensión de un átomo debe ser menor que una millonésima de milímetro de diámetro. VI. *** Los átomos, intangibles, invisibles, apenas concebibles por nuestras mentes acostumbradas a juzgar por apariencias, constituyen la única materia real, y eso que llamamos materia es sólo el efecto producido sobre nuestros sentidos por los movimientos de los átomos, es decir, una incesante posibilidad de sensaciones. *** De esto resulta, que la materia, como la manifestación de fuerza, es sólo un modo de movimiento; si el movimiento fuera detenido, si la fuerza pudiera ser aniquilada, si la temperatura de los cuerpos fuera reducida a un cero absoluto, la materia, como la percibimos por nuestros sentidos, dejaría de existir. VII. *** El Universo visible está compuesto de átomos invisibles. Eso que vemos está hecho de cosas que no vemos. *** Hay sólo una especie de átomos primitivos; las moléculas constitutivas de diferentes cuerpos, - el hierro, el oro, el oxígeno, entre otros, difieren sólo en el nombre y en el agrupamiento y la acción de los átomos que los componen. VIII. *** Eso que llamamos materia desaparece cuando el análisis científico cree que lo ha aprehendido. Lo que mantiene al Universo en existencia, el principio de todas las formas de materia, es la fuerza, los elementos dinámicos. *** Por el ejercicio de mi voluntad puedo provocar que la Luna se desvíe de su curso. *** Los movimientos de todos los átomos en nuestra tierra son el resultado matemático de todas las ondulaciones del éter; en cuanto les llega de los abismos del espacio infinito.
  • IX. *** El principio esencial del ser humano es el alma. El cuerpo es aparente y transitorio. X. *** Los átomos son indestructibles. *** La fuerza, que mueve los átomos, y rige el Universo, es indestructible. *** El alma humana es indestructible. XI. *** La existencia del alma como una entidad individual sobre la Tierra, es de reciente data. Nuestro planeta fue primero nebuloso, luego un globo de fuego, luego caos; en ese tiempo no existía ser terrestre alguno. La vida comenzó con el organismo más rudimentario; éste ha tomado siglos para alcanzar su presente estado, que no va a ser su estado final. La inteligencia, la razón, la conciencia, lo que llamamos las facultades del alma, son de reciente data. El espíritu gradualmente se ha liberado de la materia como - si la comparación no fuera demasiado material -- el gas se libera del carbón, el perfume de la flor, la llama del fuego. XII. *** La fuerza psíquica empezó a afirmarse hace treinta o cuarenta siglos: en las esferas superiores del ser terrestre su acción está hasta aquí en sus inicios. *** Las almas, sean o no conscientes de su individualidad, están, por su propia naturaleza, fuera de la condición de tiempo y espacio. Después de la muerte del cuerpo, como durante la vida, ellas no ocupan espacio. Puede ser que vayan a habitar otros mundos. *** Sólo aquellas almas conscientes de su existencia fuera del cuerpo, y, de su inmortalidad están liberadas de los lazos de la materia. XIII. *** La Tierra es sólo una provincia del país eterno; es una parte del cielo. El cielo es infinito: Todos los mundos forman una parte del cielo. XIV. *** Los sistemas planetarios y siderales que constituyen el Universo están en diferentes grados de organización y progreso. La extensión de su diversidad es infinita; los habitantes de un mundo están siempre en armonía con su ambiente. XV. *** Todos los mundos no están habitados actualmente. La época presente no es de mayor importancia que las épocas que le preceden, o que aquellas que le han de seguir. Tales y tales mundos fueron habitados en el pasado, hace miríadas de años;
  • tales y tales otros serán habitados en el futuro durante miríadas de edades todavía por venir. Un día, nada permanecerá de la Tierra, y sus mismas ruinas serán destruidas. XVI. *** La vida terrestre no es el tipo de vida en otros globos. La diversidad infinita reina por todo el Universo. Hay estancias donde la gravedad es intensa, donde se desconoce la luz, donde los sentidos del tacto, del olfato, del oído, son los únicos sentidos, y donde al no estar formado el nervio óptico, todos los seres son ciegos. Hay otros donde la gravedad es apenas sensible, y donde los seres son tan ligeros y tan tenues que serían invisibles a los ojos terrestres, donde los sentidos de una exquisita delicadeza revelan a espíritus privilegiados, sensaciones desconocidas a la humanidad terrestre. XVII. *** El espacio que existe entre los mundos esparcidos a lo largo del Universo, no los aísla uno del otro. Todos ellos están en comunicación perpetua con cada uno de los otros a través de la fuerza de atracción que es constantemente ejercida a través del espacio. XVIII. *** El Universo es una Unidad. XIX. *** El sistema del mundo físico es la base material, el habitat del sistema del mundo moral o físico. La astronomía, entonces, debe ser la base de todas las religiones o credos filosóficos. Cada ser pensante carga consigo el sentimiento - pero también la duda - de la inmortalidad. Esto es porque nosotros somos partes infinitamente pequeñas de un mecanismo desconocido. XX. *** El hombre hace su propio destino. Se eleva a sí mismo, o se rebaja por sus obras. Aquellos que están atados a intereses materiales, que son ambiciosos, miserables, hipócritas, mentirosos, los hijos de Tartufo, habitan, con los perversos, en las zonas inferiores. Pero una ley primordial y absoluta rige la Creación; la ley del Progreso. En el Infinito todas las cosas tienden hacia arriba; las faltas son caídas. XXI. *** En el progreso ascendente de las almas, las cualidades morales no tienen menos valor que las intelectuales. La bondad, la adhesión a una causa, la abnegación, el sacrificio, purifican el alma y la exaltan, como lo hacen el conocimiento y el estudio.
  • XXII. *** La Creación Universal es una grandiosa sinfonía de la cual la Tierra es sólo un acorde insignificante, soso e ininteligible. XXIII. *** La Naturaleza es un devenir perpetuo. El progreso es la ley. La progresión es eterna. XXIV. *** La eternidad no bastaría a un alma, para explorar el infinito, y aprender todo lo que es para ser conocido. XXV. *** El destino del alma es liberarse más y más del mundo material y pertenecer definitivamente a la vida uraniana más alta, donde ésta domina a la materia y no sufre más. El fin supremo del ser es un perpetuo progreso hacia la perfección absoluta y la felicidad divina. *** *** Tal fue el legado dejado a la ciencia y filosofía por Spero. ¿No parece éste haber sido dictado por Urania misma? *** Las nueve musas de la mitología antigua eran hermanas. Las concepciones científicas modernas tienden también, a su turno, a la unidad. La astronomía, o el conocimiento del mundo material, la psicología, o el conocimiento del ser, se unen hoy para formar la única base en la cual es posible construir la filosofía del futuro. ******* *** P.S.-- Los episodios anteriores, las investigaciones registradas y las reflexiones que las acompañan están aquí reunidas en una suerte de Ensayo, para servir como faros en la investigación del más grande de los problemas que pueden interesar a la mente humana. Es como tal que el presente trabajo se presenta a la consideración de aquellos quienes, como Dante dice, ocasionalmente paran quot;a la mitad del camino de la vidaquot;, para preguntarse qué son ellos, cuáles son sus fines, sus pensamientos, sus sueños. FIN
  • URANIA = Una Novela de Camille Flammarion = (Data de Fuente & Traducción) - La fuente en Inglés es: quot;Uraniequot;, por Camille Flammarion. Traducida del Francés por Mary J. Serrano. Disponible 'on line' en: http://fiction.eserver.org/novels/uranie/default.html - La presente traducción del Inglés al Español ha sido desarrollada por Eduardo Mendoza M.© 2009, para Urania Scenia & Itipcap © 2009. - La obra original, que data de 1890, está en el Dominio Público.