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  1. 1. ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara Maestría en Política y Gestión Pública Curso de Ciencia Política Dra. Azul A. Aguiar Cultura política y democracia ¿Es la cultura política un determinante de la democracia? Sara Nereida Varela Lara e-mail: sara.nereida@gmail.com
  2. 2. 1 Un lugar en la democracia para la cultura política El encabezado del apartado parece hacer una aseveración impropia, porque como ya señalaban Almond y Verba (2007:171) la cultura política no sólo le pertenece a la democracia, también a los regímenes totalitarios, y estos son un determinante importante en la categorización del tipo de cultura política de una sociedad; sin embargo como ya se señaló las que nos interesan son las de corte democrático. Bajo el supuesto de que es en la cultura política de las democracias donde se observa una primacía de la orientación cognoscitiva sobre la afectiva y evaluativa, esto es, los ciudadanos se posicionan y actúan hacía el sistema político y sus partes (leyes, instituciones, procedimientos y funcionarios) basándose sobre todo en la información y conocimientos que sobre éstos posen, y no tanto por los sentimientos que les inspiran o los juicios que de ellos elaboran, aun cuando estos últimos recursos también sean parte de la cultura política. Los autores establecen que la cultura política se refiere a “las orientaciones específicamente políticas, posturas relativas al sistema político y sus diferentes elementos, así como actitudes relacionadas con la función de uno mismo dentro de dicho sistema” (Almond & Verba. 2007:179). De ésta pueden desprenderse al menos tres precisiones sobre la composición del concepto; primero, el hecho de que la cultura política “es el patrón que surge de la distribución social de las visiones y orientaciones sobre la política y que se manifiesta exteriormente en las conductas o comportamientos políticos” (Peschard, 2003:13); a través de esas conductas y comportamientos se percibirá la aprobación o rechazo al sistema; pero de lo establecido en éste dependerá la concepción que el mismo ciudadano hace sobre su posición y forma de participación en los asuntos públicos. Es así como el enunciado responde más al propósito del documento, tratar de ofrecer una respuesta a la interrogante sobre quien sostiene a quien, ¿la cultura política a la democracia o la democracia a la cultura política? Mi hipótesis central para atender la pregunta es, que éstas son complementarias, es decir a través de la democracia con el establecimiento de instituciones y normatividad se deben crear las bases para la conformación de una cultura política de las características que demanda el régimen, la de tipo participativa, caracterizada por ciudadanos con conocimiento sobre el sistema político y su funcionamiento, además sabe puede participar en él e influir en el diseño de sus programas y políticas.
  3. 3. 2 Almond y Verba van más allá y presentan a la cultura política cívica, definida como “una cultura política de participación en la que la cultura y las estructuras políticas son congruentes” (2007:194). En esta caracterización encuentra razón mi aseveración de que democracia (como cualquier otro sistema político) y cultura política son complementarias, es decir son soporte y resultado la una de la otra. Dicho de otra manera, esto significa que aun existiendo el diseño conceptual y normativo del sistema político, si los ciudadanos no interiorizan esos valores, normas e instituciones será imposible lograr la cultura de tipo cívica, pues la cultura política se quedará en otro tiempo, las instituciones y las leyes no cumplirán el propósito para el que fueron creadas, porque ni funcionarios públicos, ni ciudadanos entenderán su labor e importancia y mucho menos participarán en los temas de interés público; el asunto es tan relevante que trastoca la estabilidad del sistema político, al respecto Peschard señala “la supervivencia y la eficacia de un gobierno dependen en buena medida de la legitimidad que posea a los ojos de los ciudadanos, es decir, de la conciencia que haya entre lo que concibe y espera la población de las autoridades y estructuras públicas y el desempeño de estás” (2003:17). Es conveniente preguntarse, ¿de qué manera se construye en una sociedad una cultura receptiva a la información que se genera de sus sistema político y que de la posibilidad de soportar sus instituciones? ¿Qué ha determinado que en algunas de ellas la democracia se haya establecido y se desarrolle con éxito y en otras exista una temprana desilusión y añoranza por los sistemas autoritarios? Los indicadores observables son diversos como la estabilidad económica del país, la predisposición de la sociedad y del individuo a confiar o no en el otro y su tendencia a la participación en actividades públicas o a pertenecer a organizaciones y asociaciones civiles. La ubicación de una sociedad a la línea más cercana al ideal facilita el establecimiento de la democracia y la absorción de los valores e instituciones vinculados a ella. Con lo que no se quiere decir que la democracia será posible sólo en los países con mayor grado de modernización, sino que el trabajo a realizar será distinto según sus características, en las que también habrá que considerar “el nivel de satisfacción personal con el estado de las cosas y el rechazo al cambio radical” (Peschard, 2003). En razón a estos factores se podrá determinar qué tipo de socialización se realizará en la sociedad para lograr la absorción del sistema al que se desea transitar, de sus instituciones, valores y procesos, así como los actores que deberán participar en ella, entre los mecanismos más importantes que se conocen es la educación y en
  4. 4. 3 ella participan las instituciones formales que tienen esa tarea, organizaciones como iglesia, familia, grupos sociales, clubes deportivos, etc. y medios de comunicación. El proceso más allá de una instrucción, debe acompañarse con el desempeño de los integrantes del aparato gubernamental y de la aplicación efectiva de sus normas; así el ciudadano se visualizará como vigilante del sistema y elemento activo y determinante en sus procedimientos. Una socialización no adecuada significará el fracaso del sistema político por la no internalización de éste por parte de los integrantes de la sociedad y una cultura política que vive en el pasado, inestabilidad que se manifestará ya no en el rechazo y desaprobación de los ciudadanos, sino en el desarrollo ineficiente de procedimientos y en pobres resultados de las instituciones y funcionarios, que son una de las máximas expresiones de una cultura política, reflejo de la sociedad de la que son parte, se llega al punto de ya no distinguir de quien es la falla si del sistema político o de la cultura política. En un caso así ninguno de los dos alimenta al otro, y regresamos a nuestra hipótesis, señalando que aunque se haya establecido el marco institucional y normativo del sistema democrático, éste no se realizará en pleno si los ciudadanos no lo incorporan a su cultura política, ejemplo de lo que se señala se encuentra en México. México: ¿sistema político democrático, cultura política todavía de súbdito? Duarte y Jaramillo describen el estado del proceso de democratización en México “en una etapa en la que si bien se ha avanzado en los cambios en el aspecto formal de la estructura política, es decir, en las instituciones públicas y las leyes que sustentan el proceso democrático, persiste aún una resistencia cultural en los ciudadanos, que no han logrado internalizar suficientemente los valores y las normas propias de la democracia para sustituir aquellos valores y normas forjados durante el anterior régimen autoritario” (2009:141). Su cultura política es una claro reflejo del régimen autoritario que se estableció después de la Revolución Mexicana y que permaneció vigente hasta finales del siglo XX, transición que se expresa en la alternancia que se da en las elecciones presidenciales del 2000. Un régimen que se fundó pensando en que el grupo de revolucionarios sobreviviente no perdiera el poder, situación que se aseguraba con el nacimiento del Partido Nacional Revolucionario (PNR) y con prácticas claramente por encima de la Constitución Política, como la concesión de facultades metaconstitucionales al presidente de la república, quien fuera el principal soporte
  5. 5. 4 del sistema. Además, se destaca la creación y posterior pacto con organizaciones políticas, sindicales y agrarias, fundando así el corporativismo; a través de las cuales se ejercía control sobre sus propios miembros ciñéndoles a la realización de actos dictados desde el régimen, y sobre los ciudadanos no organizados que con menos información que los anteriores quedaban en la indefensión. En la consolidación del régimen fungió un papel determinante la educación. La política que se desarrollo fue de tipo paternalista y popular, caracterizada por los acuerdos y contrataciones en los que a veces se concedía y otras se usaba la represión. La cultura política mexicana hasta antes del movimiento estudiantil de 1968 es descrita por Almond y Verba en “The Civic Culture como alienada, fragmentada, pasiva, parroquial, tradicionalista y sentada sobre la norma de la familia patriarcal. La conclusión es: los mexicanos se orientan al sistema político como súbditos, pero esta orientación es ambivalente: se caracteriza por fuertes necesidades de dependencia y tendencias de rebelión y rechazo en todas las relaciones de autoridad: familia, escuela, grupos de trabajo y de sistema político y de gobierno” (Flores, 2011: 45). Después del citado movimiento estudiantil, la participación de la ciudadanía se radicaliza hasta la conformación de un grupo guerrillero; se vive un período de estancamiento en el crecimiento económico y la fuerza de la oposición política empieza a crecer. El Estado entonces comienza a flexibilizar sus controles otorgando concesiones como “el voto a los jóvenes desde los 18 años, acepta el registro de nuevos partidos y una nueva composición del poder legislativo ampliando los espacios a la oposición mediante el sistema de representación proporcional” (Duarte & Jaramillo, 2009:160). Además se reforma el marco legal que regula el proceso electoral, de lo que resulta la anulación de la facultad de la Secretaría de Gobernación para organizar elecciones y la creación del Instituto Federal Electoral. Con la primera derrota del PRI en una elección presidencial en el 2000, algunos se aventuraron a decir que se inauguraba el proceso de consolidación de la democracia, sin embargo años después la evaluación no favorece al nuevo partido en el poder, Acción Nacional, cuyos integrantes mostraron incapacidad para establecer una relación con la oposición y los ciudadanos, no se logró crear el marco legal que necesita una democracia para su desarrollo, incluso no se terminó de garantizar los derechos civiles y políticos para todos los mexicanos. Y en la elección de 2012, se elige nuevamente como presidente a un político del Partido Revolucionario Institucional.
  6. 6. 5 ¿Podría entonces decirse que en México se encuentran ciudadanos con cultura política todavía de súbdito, apáticos hacía la política y desencantados de lo que les dijeron era la democracia? ¿Cómo perciben su sistema político? ¿Participan activamente en él? ¿Cómo lo hacen? Desde el 2001 la Secretaría de Gobernación realiza la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas (Encup), con el objetivo de “conocer las características de la cultura política, y lo concerniente a las prácticas de participación en asuntos de interés público” (Segob, 2012). En la edición 2012 se realizó en una muestra de 3,750 personas de 18 años o más. La entrevista se realizó mediante un cuestionario de 94 preguntas, tiene un nivel de confianza de 95%, con un margen de error de 2.26%. Para presentar en este documento se ha seleccionado información referente al interés en política, democracia, confianza en instituciones y ciudadanos, participación ciudadana y tolerancia a la corrupción; por considerarlos indicadores claves de la cultura política y aceptación sobre el sistema político. Interés por la política De los entrevistados el 68.71% manifestó recurrir a algún tipo de medio de comunicación para informarse sobre política; siendo la televisión el medio al que más se recurre con un 76.10% en preferencia. A pesar de lo anterior, el 83.82% aseguro estar poco o nada interesado en política (64.67% poco, 19.15% nada), y un 48.57% la considera muy complicada. Democracia El 58.11% declara que la democracia es la mejor forma de gobierno que se puede tener; sin embargo, el 54.28% considera que en México el gobierno es más autoritario que democrático, el 33.45% dice que sólo en parte se vive en democracia y el 30.89% dice que no. El 51.07% dice sentirse poco o nada satisfecho con la democracia que hay en México. Finalmente, el 49.43% considera más importante el desarrollo económico que la democracia. Participación ciudadana De los entrevistados el 44.52% considera que es difícil o muy difícil organizarse para trabajar un causa común y el 65.43% declaró no haber intentado organizarse con otras personas para resolver un problema que les afecte.
  7. 7. 6 El 70.65% considera que los ciudadanos poco o nada pueden los ciudadanos influir en las decisiones del gobierno, el 52.94% considera que los ciudadanos poco o nada influyen en la vida política del país. Confianza en las instituciones La siguiente tabla muestra la valoración en cuanto a confianza que realizan los ciudadanos. Fuente: Segob (2012) Presentación quinta Encup 2012. Disponible en http://www.encup.gob.mx/es/Encup/Documentacion_2012 El 72.47% manifiesta que la gente sólo se preocupa de sí misma y 81.43% de los entrevistados considera que si uno no se cuida a sí mismo la gente se aprovechará. Tolerancia a la corrupción Consideran que existe corrupción porque es tolerada por los ciudadanos el 69.34% de los entrevistados, el 54.36% considera que el hecho de que un funcionario realice un buen papel, no es razón para que se permita que éste se aproveche de su puesto.
  8. 8. 7 Conclusiones 1. Pretender disociar a la democracia como sistema político de la cultura política o establecer quién genera a quien, es un esfuerzo infructuoso; sin embargo, lo que es claro es el carácter complementario de ambas. Lo que aquí se ha procurado señalar es, como la formación de una cultura política de tipo cívica, demanda por la propia definición de ésta la congruencia entre sistema político y cultura, para lo que es necesario el establecimiento de un marco legal y ético, generado en el sistema mismo, atendiendo los símbolos, tradiciones y demandas los ciudadanos, e incluya la posibilidad de realizar los valores de la democracia; mismo que se deberá socializar para que éstos lo interioricen e integren a su cultura y con esta asimilación legitime al sistema político, sus instituciones y actores. 2. En México, la cultura política se formó al amparo de un régimen político autoritario y paternalista nacido después de la revolución mexicana, que reunía características de un sistema oligárquico y al que se agregaron elementos paternalistas. En 1959, Almond y Verba clasifican la cultura del mexicano como de súbdito, lo que significa que los ciudadanos consideran que su influencia en el sistema político es nula, no participan en la integración de políticas públicas y son simples consumidores de lo que el sistema general. 3. Observando los datos obtenidos en la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas, se puede decir que muchos de los rasgos de la cultura política en México y que fueron asimilados durante un periodo de autoritarismo y de partido hegemónico aún están presentes en los ciudadanos. Lo que se expresa particularmente en la poca capacidad de organización con otros ciudadanos, la desconfianza hacía estos y las organizaciones pública, el poco interés en política. Sin embargo, se observa que se espera más del sistema político, esto a través del señalamiento de que en México aún no se vive en una democracia real y de su rechazo a que los gobernantes puedan aprovecharse de su puesto aun cuando realicen un buen trabajo. 4. En este momento el sistema político en México tiene entre sus características un desfase entre su marco normativo y la cultura política de sus ciudadanos, aun cuando el primero no es óptimo si va un paso delante de la asimilación que de éste han hecho los ciudadanos.
  9. 9. 8 5. Es necesario que las instituciones gubernamentales, educativas, partidos políticos, organizaciones civiles trabajen en el diseño de estrategias de socialización de la cultura política democrática, pues sólo a través de su conocimiento puede garantizarse que los ciudadanos se integrarán como agentes participativos del sistema, abonando a su consolidación y madurez. Bibliografía Almond, Gabriely A. & Sidney Verba (2007), “La Cultura Política” en Batlle, Albert (Ed.) Diez textos básicos de ciencia política. España. Ariel. Pp. 171-201. Duarte, Moller, Armando & Martha Cecilia Jaramillo Cardona (2009) “Cultura política, participación Ciudadana y consolidación democrática en México” en Espiral, vol. XVI, núm. 46, Septiembre/Diciembre. México. Universidad de Guadalajara. Pp. 137-171. Flores Dávila, Julia I. (2011) “Cincuenta años de cultura política en México” en Flores Dávila, Julia I. (Coord.). A 50 años de la cultura cívica: pensamientos y reflexiones en honor al profesor Sidney Verba. México. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Jurídicas, Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Pp. 35-69. Disponible en http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/7/3018/6.pdf Peschard, Jaqueline (2003) “La cultura política democrática” en Cuadernos de Divulgación de la Cultura democrática, Núm. 2. México. Instituto Federal Electoral. Secretaría de Gobernación, (2012) Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas (Encup).México. Disponible en línea en: http://www.encup.gob.mx/

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