Diplomaticos Y Marinos

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Diplomaticos Y Marinos

  1. 1. Diplomáticos y marinos argentinos durante la crisis española Los asilos de la Guerra Civil
  2. 2. BEATRIZ FIGALLO Diplomáticos y marinos argentinos durante la crisis española Los asilos de la Guerra Civil
  3. 3. DIPLOMÁTICOS Y MARINOS ARGENTINOS DURANTE LA CRISIS ESPAÑOLA Figallo, Beatriz Introducción Diplomáticos y marinos argentinos durante la crisis española : los asilos de la guerra civil. - a ed. - Buenos Aires : Librería Histórica, 2007. 208 p. ; 23x16 cm. (Colección histórica; 23) ISBN 978-987-1206-27-8 1. Historia de España. 2. Guerra Civil Española. I. Título CDD 946.081 Fecha de catalogación: 23/03/2007 La intención de brindar una perspectiva de las relaciones hispano- argentinas en las primeras décadas del siglo XX es sin duda pretencio- sa, pero tratando de superar lo que ello tenga de imprudente y aceptando que el universo a estudiar es de por si difícil de abrazar, este trabajo procura acercarse a un vínculo que abruma por su riqueza y como cuadra a la historia más contemporánea, por su complejidad. Instalados en el presentismo de nuestras vidas, las relaciones entre la Argentina y España aparecen hoy limitadas a constituir un sitio pre- dilecto donde las jóvenes generaciones buscan futuro y trabajo, se sienten casi como en casa y son recibidos con una consideración cier- ta. Pero a poco que nos sacudamos esa impresión, van apareciendo los pasajes de momentos de gran acercamiento político, ideológico, COLECCIÓN HISTÓRICA cultural, diplomático que discurren sobre un basamento histórico co- © De esta edición mún y sobre un mestizaje entre ambos pueblos que fluctúa, pero esta Librería Histórica S.R.L. siempre presente. Somos familia. A mi misma me resulta ya poco me- Azcuénaga 1846 CP 1128 Buenos Aires - República Argentina nos que inaccesible, como argentina, rastrear el derrotero de esta in- Telefax 4801-0257/4803-5591 clinación hacia España y lo español. Sin embargo, he de reconocer E-mail: info@libreriahistorica.com.ar que comienza con mi propia historia a través de los vívidos relatos de Diseño de colección: Juan Pablo Ribeiro inmigración de mi abuela Pepa, María Josefa Fernández Movellán ISBN: 978-987-1206-27-8 nacida en Uruguay, que abarcaban la sociedad española de fines del Hecho el depósito que indica la ley 11.723 siglo XIX, la inserción en la realidad rioplatense de mi bisabuelo san- Impreso en Argentina. Printed in Argentine tanderino, maestro de Primera Enseñanza Elemental en Montevideo y Primera edición de esta colección: marzo de 2007 en Rosario, egresado de la Escuela Normal Superior de Maestros de Todos los derechos reservados. León en 1868. En el sillón de madera y cuero que adornaba su direc- Esta publicación no puede ser reproducida, en todo ni en parte, ni registrada en o trasmitida por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea ción del rosarino Liceo Argentino aún trabajo en ocasiones. Los re- mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia, o por cualquier cuerdos adquirieron anchura cuando desde 1983 España fue el desti- otro, sin el permiso por escrito de esta editorial. 6 7
  4. 4. DIPLOMÁTICOS Y MARINOS ARGENTINOS DURANTE LA CRISIS ESPAÑOLA no elegido de mis propios estudios y de no pocas andanzas vitales, Universidad Complutense. La investigación circuló entre algunos co- legas y fue recogida en sus propios libros, y aunque la Academia Na- que abrieron mis ojos a los exilios políticos y económicos de tantos cional de la Historia le concedió el primer premio para obras inéditas argentinos. 1983-1984, en la Armada Española se publicara un breve artículo – Este libro comenzó a surgir en 1983 en uno de los antiguos despa- reproducido en la Argentina en 1988 en la Revista de Publicaciones chos donde funcionaba la carrera de Historia de la Universidad Cató- Navales– el trabajo quedó sin editar. El temor a que se perdiera el lica Argentina de Rosario. Para cumplir con el requisito indispensable aporte que constituía aquella memoria de investigación, hizo que el para obtener la licenciatura, después de haber terminado los estudios Instituto de Historia donde fui profesora de Historia de España por del profesorado que era de rigor en nuestra ordenación universitaria, largos años, realizara una edición mínima. Su acogida fue, no obstan- con joven entusiasmo fui decidida a estudiar la Guerra Civil Española, te, entusiasta y en poco tiempo los doscientos ejemplares se agotaron. fenómeno del que se han escrito miles de páginas –y se lo sigue ha- Salió espontáneo como lo había escrito la historiadora en ciernes que ciendo. Su director, Miguel Ángel De Marco, mi profesor de Historia era entonces, sin tiempo para revisar por alguna vicisitud personal de España, no me desalentó, pero me sugirió seguir una veta casi que atravesaba, pero como me dijera mi distinguido colega chileno, inexplorada hasta entonces: investigar la actuación de la Marina ar- Joaquín Fermandois, “se nota una obra primeriza, pero con una fres- gentina en el conflicto. Comenzaba así una larga vinculación intelec- cura que no debes perder”. Es que ya había publicado mi Protocolo tual y profesional que no ha cesado de fortalecerse, bien que ha sufri- Perón-Franco, y muchos artículos, y empezaba a escribir en más di- do diversos intervalos. fícil. Balance no sencillo, que solo algunos saben manejar, porque si La tesis de licenciatura salió pronto y bien, con la ayuda de las en ocasiones se hecha en falta cierta hondura teórica –que nos recla- gestiones del profesor De Marco en la Marina, para que se me fran- mara para aquella edición de 1996 una reseña bibliográfica desde los queasen sus archivos y sus oficinas de prensa, que me pusieron en Estados Unidos–1, otras tantas no nos movemos de soporíferas elucu- contacto con antiguos tripulantes de los buques de guerra enviados braciones históricas, que pocos entienden. por la Argentina a proteger a sus ciudadanos, a respaldar a sus diplo- En este libro he procurado ese equilibrio. Por varias razones, el máticos y que en el fragor del enfrentamiento civil, otorgaron con tiempo ha pasado dejando su sedimento, y no sin cierta razón dicen generosidad el asilo naval. En esas pesquisas tuve la suerte de cono- algunos que la madurez intelectual de un historiador llega pasados los cer a Martha Casari de Risso, quien abrió ante mi un riquísimo archi- cuarenta y cinco años de edad. Me enriquecí en saberes en los ya vo familiar, con toda la documentación de su padre, el capitán de lejanos cursos de doctorado en los que el profesor Julio Aróstegui fragata Mario Casari. El recordado Carlos T. de Pereira Rego-Lahitte descubrió ante mí una “nueva” Guerra Civil Española, me despabilé fue decisivo para consultar el archivo del Ministerio de Relaciones con la frecuentación del esclarecido hispanista que es el profesor En- Exteriores, tarea no fácil pues debo recordar que transitábamos los rique Zuleta Álvarez, director en los tramos iniciales de mi carrera de tramos finales de un gobierno militar. Me acompañó, con gracia y investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y espontaneidad, a visitar despachos desde donde pudimos arrancar el Técnicas, y renové mi fervor por España de la mano de María José tan ansiado permiso para consultar fondos limitados de ver en aquel Henríquez, generosa y destacada internacionalista chilena que me in- momento. Desde entonces, el archivo de Zepita –siempre con su di- trodujo en el círculo de compañeros de la Universidad Autónoma de rector ministro Carlos Dellepiane y doña Carmen, su mejor conoce- Madrid, con el profesor Pedro Martínez Lillo a la cabeza. A lo largo dora– fue mi ámbito predilecto en Buenos Aires. Con el ejemplar in- édito de la tesis partí a Madrid, primero a trabajar en su archivo del 1 GOODWIN, Paul B. (review), en Hispanic American Historical Review, 79:3, august Ministerio de Asuntos Exteriores, y luego a realizar el doctorado en la 1999, pp. 581-582. 8 9
  5. 5. DIPLOMÁTICOS Y MARINOS ARGENTINOS DURANTE LA CRISIS ESPAÑOLA de muchos años, por influencia y admiración intelectual hacia los pri- se les acercó para salvar su vida. Subordinados al poder político, cer- meros escribí mucho sobre España, sobre Ramiro de Maeztu, sobre la canos a la gente, eficaces profesionales que dejaron muy en alto el dictadura de Primo de Rivera, sobre la Guerra Civil. España era el nombre de aquella Armada Argentina. La ordalía de sangre que se espejo donde se reflejaba la Argentina. Y hoy los últimos, me acercan despertó en España movió a la Argentina a actuar en el mismo escena- a nuevos temas, Perón en Madrid, los exilios de argentinos en la Espa- rio de los hechos, y lo hizo a favor de los españoles. Fue también leal ña franquista. Mis alumnos también hicieron lo suyo, y discípulos como con la República, pues sólo cuando caravanas de exiliados republica- Claudia Hidalgo me enseñaron mucho sobre la Segunda República nos abandonaban a pie Cataluña, aceptó que su legalidad había sido Española. conculcada. El relato intenta manejar los hilos de las explicaciones Hacer una historia comparada implica conocer ambos términos del que hacen inteligible toda acción humana. análisis, ambas realidades y por otro lado, tratar de comprender lo A lo largo de los años la gratitud a mis maestros en la vida acadé- diferente, lo singular de cada mundo, atendiendo a las razones que mica se profundiza, a mis colegas y compañeros de avatares profesio- invitaron a la Argentina y España a actuar más estrechamente o a nales se renueva, a mis amigos españoles esta siempre vigente, a mi alejarse, y a entender que a lo largo del siglo XX, aunque los desarro- familia se hace cada vez más grande, sobre todo a la memoria de mi llos de cada nación han sido las más de las veces desacompasado, ha madre, que me protegió siempre, aun cuando le dijera: me voy para existido siempre una intensa voluntad de volver a conocerse. España. No creo que podía yo avanzar en cubrir la historia de las relaciones hispano-argentinas en el siglo XX, sino me proponía revisitar mi itine- rario intelectual hispánico, y hacer el esfuerzo de reelaborar, a la luz de las últimas contribuciones sobre los distintos aspectos, ese conoci- miento para ofrecérselo al público lector, obligación cívica que nos impone la profesión de historiador. El libro, pues, recoge en un primer capítulo el planteo de la fre- cuentación que reavivó el vínculo oficial entre la Argentina y España en los albores del siglo XX. En él, tanto hombres de la política como de la cultura, demócratas o monárquicos, de orden o liberales, repu- blicanos o conservadores coinciden en participar del sentimiento de mutua pertenencia. La riqueza humana y espiritual volcada sobre la Argentina mostraban, en la práctica, casi una nación flotante de gen- tes que se vivificaron mutuamente, determinando unas relaciones de gran inmediatez. Desde el segundo capítulo que comienza con el alzamiento militar que desembocó en la Guerra Civil Española, y los sucesivos, se repara en las figuras de los diplomáticos argentinos en decidida interacción con las políticas, los personajes y los dramas de España y su momento trágico, y de los marinos al servicio de su fuerza, cumpliendo una labor de gran humanidad con todo aquel que sintiéndose perseguido, 10 11
  6. 6. DIPLOMÁTICOS Y MARINOS ARGENTINOS DURANTE LA CRISIS ESPAÑOLA Capítulo I Reencuentros y asimetrías del vínculo hispano-argentino 1.1. Desde el desastre de 1898 En la misma época en que Gran Bretaña daba los pasos previos para la organización de la Commonwealth británica de naciones, y como con- secuencia de la derrota que los Estados Unidos de Norteamérica le infligieran tras una breve guerra, España perdía Cuba y Puerto Rico, los restos de sus reinos en América, dejando de ser una potencia colo- nial en el continente.2 Hasta entonces, no había sabido proponer un programa de porvenir colectivo a los países hispanoamericanos, con los cuales tenía un pasado que se compartía, una herencia étnica y una lengua común, y sin embargo no formaba con ellos una nación. Aquel momento crítico, no obstante, despejó los últimos obstácu- los para sellar la reconciliación en el mundo hispánico,3 fuertemente anudada por sucesivas oleadas de migrantes que buscaban en las jóve- nes repúblicas desgajadas del tronco español la expansión de sus ener- gías, el trabajo y el sustento cotidiano. La incertidumbre que provocó el desastre de 1898, así como revi- talizó una corriente de pensamiento que planteaba reivindicar la hege- monía espiritual de España entre la comunidad de todos los pueblos 2 Ver CARLOS RAMA, La crisis española del siglo XX, Madrid, Fondo de Cultura Eco- nómica, 1976, págs. 32-33. También FRANCISCO MORALES PADRÓN, “La imagen de Hispanoamérica en la España de los siglos XIX y XX”, I parte, Estudios Latinoameri- canos, 6, 1980; CESILDA MARTÍN MONTALVO Y OTROS, “El Hispanoamericanismo, 1880-1930”, en Quinto Centenario, T. 8, 1985. 3 MÓNICA QUIJADA, “El ’98 en la construcción nacional argentina”, Desmemoria, n° 16, oct./dic. 1997, afirma: “La tendencia a la revalorización de la colonia y la expansión de las ideas hispanoamericanistas no surgió con el ‘98 ni muchísimo menos. Se venía produciendo desde antes, y el ‘98 sólo vino a confirmar y consolidar esa tendencia”. 12 13
  7. 7. DIPLOMÁTICOS Y MARINOS ARGENTINOS DURANTE LA CRISIS ESPAÑOLA que integraron el imperio español,4 promovió también una tendencia Estados Unidos de Norteamérica y de sus propuestas de pacto pana- mericano.7 nueva en sectores progresistas de la sociedad española: un america- nismo solidario basado en la vigencia y la perennidad de un vínculo Para los hijos de España que debían buscar por el mundo los me- riquísimo y diverso. Implicaba asimismo una opción frente a la ten- dios de subsistencia que no encontraban en su patria, oficialmente, dencia europea a la que se sumaron los gobiernos de Madrid de pro- Madrid no hacía mucho: sus inmigrantes sin recursos no recibían ma- curar la expansión por el norte de África, destino al que se afectarían yor protección, rechazados, ignorados u ocultados por quienes los políticas y milicias. Sin embargo, ninguno de aquellos movimientos veían como exponentes de la debilidad nacional. Mientras la cantidad fue de rápida expansión. Como afirma Enrique Zuleta Álvarez, gran de agentes diplomáticos en Hispanoamérica era muy limitada para las estudioso de los temas hispanoamericanos y de sus ideas, “[...] a Es- necesidades de las numerosas colonias, se carecía de la infraestructu- paña le costó sacudirse de encima la modorra provocada por el espí- ra necesaria para encarar un fluido intercambio comercial. Los escri- ritu escéptico e insustancial, que se había manifestado en el fracaso de tores e intelectuales que iban a América para presentar y difundir sus una política miope y sin ideales”.5 creaciones y obras, los contactos que dejaban establecidos allí y su La idea de América como una exteriorización de la fuerza positiva presencia sostenida en los medios de difusión de la época se consti- de España y de sus valores vitales, que tenía la ventaja de ser pacífica tuían en la práctica en los más eficaces y reales instrumentos de vincu- lación.8 y espiritual, representaba la consolidación del más grande esfuerzo afrontado por los españoles a lo largo de su historia. Aquella imagen En el entramado de conjunto que constituía el mundo hispanoame- fue fructificando en el ámbito del pensamiento a través de la produc- ricano sin duda que había vínculos bilaterales de mayor intensidad, ción de escritores, poetas y periodistas de prestigio cuya aspiración como el caso de la relación entre España y la Argentina, naciones que era suscitar en el campo intelectual “una cultura común” a todos los habían empezado a redescubrirse después de mediados del siglo XIX, hispanos.6 Y tuvo también su correlato en el terreno económico, don- tras el establecimiento de peculiares ordenes liberales que remozaron de se habló repetidas veces de “unión aduanera” y de medidas de ca- ambos estados, la tímida europeización española que fue mostrando rácter fiscal y reglamentario que facilitaran los intercambios comer- crecientes ramalazos de renovación intelectual atrayendo la atención ciales y financieros. América y España unidas por la cultura y los inte- argentina y el caudal emigratorio hispano que comenzó a derramarse reses económicos podrían entonces encarar pautas nuevas de convi- sobre el extremo meridional americano, y que, a partir de la indepen- dencia de Cuba, encontró en la Argentina el destino preferido.9 Los vencia política, que significarían una verdadera revolución internacio- nal, promoviendo el “área española” al primer plano. No pocos inten- países también fueron reencontrándose al compás del arribo de no tarían luego potenciar la actitud neutralista asumida durante la Gran pocos personajes que por distintas razones, temporal o permanente- Guerra por España para liderar un grupo de países hermanados por mente, se expatriaron de España, volcando sus conocimientos y habi- intereses similares. Pero en todos esos campos de interrelación inter- lidades en el campo de la educación, del periodismo, del asociativis- nacional era notoria la dificultad para competir con la ofensiva de los 7 Ver ÁNGEL DUARTE, “La Liga Republicana Española en la Argentina: política y so- 4 Ver RICARDO PÉREZ MONTFORT, Hispanismo y Falange. Los sueños imperiales de ciabilidad (1903-1907), Anuario del IEHS, VIII, 1993, pp. 307-311. 8 la derecha española y México, México, Fondo de Cultura Económica, 1992, p. 15 y ss. Ver ENRIQUE ZULETA ÁLVAREZ, La idea de América en el pensamiento español 5 ENRIQUE ZULETA ÁLVAREZ, España en América. Estudios Sobre la historia de las contemporáneo (1900-1936), Mendoza, Universidad Nacional de Cuyo-Facultad de Cien- ideas en Hispanoamérica, Buenos Aires, Editorial Confluencia, 2000, p. 86. cias Política y Sociales, 1979. 6 9 Ver JOSÉ FRANCISCO FORNIÉS CASALS, “Aspectos culturales y educativos del HÉCTOR G. GUTIÉRREZ ROLDÁN, “El trasvase humano en el último siglo”, en hispanoamericanismo en la prensa española (1898-1931)”, Estudios de historia social y Cuadernos Hispanoamericanos. España y América (1824-1975). Los Complementarios/ económica de América, N° 3-4, 1987. 1, diciembre 1987, p. 86. 14 15
  8. 8. DIPLOMÁTICOS Y MARINOS ARGENTINOS DURANTE LA CRISIS ESPAÑOLA mo y de las actividades sociales de la colectividad así como de su intención de honrar la memoria del erudito santanderino Marcelino atención espiritual y religiosa.10 Un gran estímulo se sentiría también a Menéndez Pelayo, fallecido en 1912. través de la palabra de los escritores de la generación del 98,11 con la Al acercamiento hispano-argentino se sumaba el accionar indivi- difusión de las obras de Azorín, Baroja, Benavente, Valle Inclán, Una- dual de hombres de la cultura que se sentían subyugados por todo lo muno, los Machado, Maeztu, cuyas colaboraciones se convirtie- vinculado con España, como los escritores Manuel Gálvez, Ricardo ron en habituales en los suplementos literarios y en las columnas Rojas y Enrique Larreta, y el catedrático José León Suárez, presiden- de los dos diarios de trascendencia mundial que entonces eran La te del Ateneo Hispano Americano de Buenos Aires y propugnador de Nación y La Prensa, así como en las páginas de varias revistas una unión entre los pueblos de Iberoamérica. como Caras y Caretas. Con el siglo se fueron sumando las visitas A la par que múltiple, el redescubrimiento devolvía una imagen de diversos exponentes del panorama cultural español: Rafael Alta- simétrica del vínculo. La Argentina aparecía enriquecida, con un bien- mira, Adolfo Posada, José Ortega y Gasset, Eugenio d’ Ors, Manuel estar económico del que disfrutaban especialmente las clases altas y la García Morente, Julio Rey Pastor, que nutrieron distintos círculos burguesía mercantil e industrial, aunque las masas trabajadoras no académicos y científicos.12 compartían toda aquella bonanza, luchando por su mejoramiento en- Los ámbitos privados actuaban a favor del fomento y el conoci- tre reclamos, agitaciones y huelgas. Si la situación promisoria no lo- miento de lo español. Vigorosa desde su creación en los albores de la graba ocultar los toques de alarma, predominaba una idea generaliza- Primera Guerra Mundial, proclamando su prescindencia en lo políti- da de optimismo. En la España que iniciaba el siglo XX parecían con- co, la Institución Cultural Española costeó viajes de destacados pro- verger los seculares males no conjurados: retraso económico y social, fesores a la Argentina a cuyas conferencias asistía el mundillo intelec- inestabilidad institucional, inconformismo regional, opacamiento de tual y, no pocas veces, miembros del más alto nivel del gobierno na- su presencia internacional. En algo coincidían la Argentina y España: cional. Con los recursos que aportaban aquellos que ocupaban una ambas anhelaban el cambio y el desarrollo, la una con el idealismo de posición más desahogada en la colectividad española, su importancia un pueblo joven que de lentos y trabajosos intentos de organización se había ido creciendo conforme aumentaba su reputación. Dirigida por había visto arrastrado a un vertiginoso crecimiento al acertar con un el prestigioso miembro de la colectividad Avelino Gutiérrez, médico y programa básico pero eficaz de progreso, y la otra con la reacción profesor universitario, se había constituido como consecuencia de la vital y la esperanza de recuperar su potencial como nación. No obs- tante, el peso de los conflictos nacionales, de demandas que buscaban moldear los perfiles estatales se anteponían en la conformación de 10 Ver HUGO BIAGINI, Intelectuales y políticos españoles a comienzos de la inmi- gración masiva, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1995; LAURA fértiles relaciones hispano-argentinas; en palabras de Rivadulla Ba- MALOSETTI COSTA, “Los ‘gallegos’, el arte y el poder de la risa. El papel de los rrientos, la “primacía del conflicto interno”13 establecía un orden de inmigrantes españoles en la historia de la caricatura política en Buenos Aires (1880- 1910)”, en YAYO AZNAR y DIANA B. WECHSLER (compiladoras), La memoria precedencia. compartida. España y la Argentina en la construcción de un imaginario cultural Aunque España vivió en julio de 1909 días de violencia extrema, (1898-1950), Buenos Aires, Paidós, 2005. que incluyeron quema de templos, saqueos y muertos, desmadre que 11 ENRIQUE ZULETA ÁLVAREZ, El nacionalismo argentino. T. I, Buenos Aires, Edi- ciones La Bastilla, 1975, p. 37. 12 Ver NURIA TABANERA GARCÍA, “El horizonte americano en el imaginario español, 13 1898-1930”, EIAL, Vol 8 – N° 2, 1997; LUIS A. SANTALÓ, “La matemática en el exilio DANIEL RIVADULLA BARRIENTOS, “Identidad del proceso histórico Hispano-Ar- argentino”, Cuadernos Hispanoamericanos, 473-74, noviembre-diciembre 1989; gentino y su coincidencia en la época de la Restauración española (1874-1916). Estudio JOSEFINA CUESTA BUSTILLO, “Exilio de Científicos Españoles en Argentina (1939- preliminar”, Quinto Centenario, núm. 15, 1989, p. 96; DANIEL RIVADULLA 2000), aproximación”, en JULIÁN CHAVES PALACIOS (coord.), Política científica y BARRIENTOS, La “amistad irreconciliable”. España y Argentina, 1900-1914, Madrid, exilio en la España de Franco, Badajoz, Universidad de Extremadura, 2002. Editorial Mapfre, 1992, p. 21 y ss.. 16 17
  9. 9. DIPLOMÁTICOS Y MARINOS ARGENTINOS DURANTE LA CRISIS ESPAÑOLA se produjo ante la resistencia de movilización militar de los reservistas argentina incluía no sólo a España, sino también a Portugal, pudiendo obligados a ser embarcados para ir a luchar en el protectorado espa- los diplomáticos residir indistintamente en cualquiera de los dos paí- ñol de Marruecos y mostró la fuerza voraz de un terrorismo activo, la ses. Además les estaba permitido a los jefes de misión ausentarse de vida económica se iba desenvolviendo en discreta expansión, con la manera temporaria del territorio de su jurisdicción, siempre y cuando búsqueda de nuevos mercados, la inversión extranjera, el crecimiento hicieran delegación de sus atribuciones en otros funcionarios de la de la banca y el ordenamiento de las finanzas públicas, encaminándose embajada. Marco M. Avellaneda, quien se venía desempeñando como a superar las dificultades producidas por la pérdida de las colonias. ministro plenipotenciario de la Argentina en Madrid, fue designado El Reino, como Madre Patria, quiso ocupar un puesto principal en embajador. los festejos del onomástico centenario de la Argentina: es que además los españoles constituían la décima parte de la población de la joven 1.2. El Radicalismo en el poder y Primo de Rivera La Argentina en América al igual que España en Europa, se empeña- República,14 poniendo de manifiesto donde radicaba la mayor fortale- ron en el mantenimiento de una neutralidad estricta durante la Prime- za de las relaciones de gran cercanía entre los dos pueblos. En 1916, ra Guerra Mundial que asemejó políticas y despertó quimeras de cierto al cumplirse los cien años de la declaración de la Independencia, Es- magisterio. El idealismo de Yrigoyen haría más al decretar en 1917 paña elevó la categoría de su representación en la Argentina, adhirien- fiesta nacional el 12 de octubre reconociendo el sentido de pertenen- do así a la magna celebración: se trataba de la primera embajada espa- cia de los pueblos americanos con España. En la decisión habían ejer- ñola en Hispanoamérica. La historiadora Beatriz Solveira nos informa cido su influjo tanto la entidad de emigrantes españoles creada en que en realidad, la decisión estaba originada en los deseos que desde 1896, la Asociación Patriótica Española, como la sociedad america- hacia años venía expresando el rey de España de visitar el país donde nista creada en España, la Unión Ibero-Americana.16 Aunque en el tantos de sus súbditos vivían. En abril de 1914, cuando se planteo en texto del decreto presidencial no se hablaba de Día de la Raza, la las Cortes el tema del viaje de Alfonso XIII, éste “[...] apareció rela- mayor parte de la prensa bautizó así al día del descubrimiento colom- cionado con la propuesta de elevar a embajada la representación de bino.17 Al año siguiente, España instituyó también la fecha como fiesta España en Buenos Aires”. Las remesas de dinero de los emigrantes nacional. también aconsejaban atender preferentemente a la Argentina, fundado Al fin del conflicto mundial, tanto Madrid como Buenos Aires asu- en el hecho de que desde allí “[...] el Banco Español del Río de la Plata mieron una posición algo inconstante en la Sociedad de las Naciones, girara anualmente a la Madre Patria más de 100 millones de pese- la institución creada para mantener la paz internacional. Si la Argenti- tas”.15 En noviembre de 1916 Pedro Soler y Guardiola presentó ante na se retiró inmediatamente del cónclave ginebrino al no lograr su el presidente Hipólito Yrigoyen sus credenciales como embajador ex- pretensión de que todos los estados fueran admitidos en igualdad de traordinario y plenipotenciario de España. condiciones,18 España asumió al principio un activo papel formando En gesto de correspondencia, el Congreso Nacional de la Argenti- na decidió ese mismo año retribuir la actitud hispana, promoviendo al rango de embajada su representación en la península. La Legación 16 ENRIQUE ZULETA ÁLVAREZ, España en América, cit., p. 197. 17 ZACARÍAS DE VIZCARRA, “Origen del nombre, concepto y fiesta de la hispanidad”, El Español, Madrid, 7 de octubre de 1944. Consultado el 1 de mayo de 2005 en el sitio 14 ALEJANDRO E. FERNÁNDEZ, “Patria y cultura. Aspectos de la acción de la elite www.filosfia.org/hem/194/esp/9441007a.htm. 18 española en Buenos Aires (1890-1920)”, Estudios Migratorios Latinoamericanos, 6-7, Ver MARÍA MONSERRAT LLAIRO-RAIMUNDO SIEPE, Argentina en Europa. agosto/diciembre 1987, p. 292. Yrigoyen y la Sociedad de las Naciones (1918-1920), Buenos Aires, Macchi, 1997; ÁN- 15 BEATRIZ R. SOLVEIRA, La Evolución del Servicio Exterior Argentino entre 1852 y GEL LUIS BENVENUTTO, Intransigencia. Argentina en Ginebra (1920), Buenos Ai- 1930, Córdoba, Centro de Estudios Históricos, 1997, p. 226. res, Corregidor, 2004. 18 19
  10. 10. DIPLOMÁTICOS Y MARINOS ARGENTINOS DURANTE LA CRISIS ESPAÑOLA parte de su Consejo, aunque no de manera permanente, amenazando España también renovaba sus gobernantes, aunque el cambio nada en 1926 con alejarse por que no lograba el status fijo ni sus aspiracio- tenía de democrático, repitiendo la experiencia italiana de una ficta nes coloniales en el norte de África. Si España no haría efectiva su monarquía manejada por el poder efectivo de una dictadura, la del advertencia –hasta que en mayo de 1939, el general Francisco Franco general Miguel Primo de Rivera. La debilidad institucional se había tomara la decisión–19 la Argentina se reintegraría a la Sociedad en traducido en numerosos cambios ministeriales, mientras la agitación 1932, con el gobierno del general Justo. cristalizaba en movimientos militares y en disturbios sociales, políti- En 1922, finalizado el sexenio yrigoyenista, la ciudadanía eligió cos y regionales. La agonía del sistema instaurado por Antonio Cano- nuevamente a un radical para la presidencia de la Argentina, el doctor vas del Castillo, la Restauración borbónica que había logrado evitar Marcelo T. de Alvear, que fue electo mientras desempeñaba la repre- que España se convirtiera en una República, era patente. sentación del país en Francia, adonde había llegado en 1917. El nuevo Prácticamente sin oposición que contrarrestar, con una reacción mandatario había discrepado con Yrigoyen en un punto clave de su pública que le fue favorable, Primo de Rivera potenció a su favor el política exterior, como lo era la participación en la Sociedad de las temor de las clases propietarias por el peligro de una revolución co- Naciones, pero seguiría a su predecesor en los lineamientos genera- munista, se atrincheró en la defensa de los intereses morales y colecti- les: un trato cauteloso hacia los Estados Unidos, indiferente a los avan- vos de la Iglesia e impulsó una política económica con una orienta- ces de la diplomacia norteamericana, pero celosa de la identificación ción corporativa y autoritaria que iría obteniendo resultados favora- aparente de Washington y Río de Janeiro, y una vinculación estrecha bles al amparo de la situación mundial.20 El dictador español no se con aquellos países del viejo mundo, que a la par eran sus principales alejaba de la corriente general que se manifestaba en el mundo contra compradores. la democracia parlamentaria y a favor de un Poder Ejecutivo fuerte, Para el manejo de las relaciones exteriores del país, Alvear eli- duradero e independiente.21 gió al doctor en Ciencias Naturales Ángel Gallardo, hombre de su La prensa argentina informó con detalle sobre el giro que se confianza y antiguo radical, cuya vinculación con la diplomacia la producía en España con el golpe de estado. El gobierno lo haría a constituía el desempeño de la representación argentina ante el rei- través de los despachos de su flamante embajador en Madrid, Car- no de Italia. En aquel momento se le dio significación al hecho de los de Estrada, quien dio cuenta de la rebelión militar que había que se hubiera elegido para ocupar la Cancillería al jefe de la Lega- estallado en Cataluña. Después del decreto del 15 de septiembre ción argentina en Roma, por su contacto frecuente con el rey Vitto- de 1923, por el cual el rey Alfonso XIII lo nombró presidente del rio Emanuele III y por su visión directa de los acontecimientos que directorio militar con facultades de ministro único, el general Pri- habían desembocado en la llegada al poder de Benito Mussolini, mo de Rivera hizo sus primeras declaraciones a La Nación afir- entendiéndose que era también un reconocimiento a la enorme mando que las Cortes no serían convocadas hasta que se produjera colectividad italiana afincada en el país. En realidad, el desempeño la depuración de las responsabilidades civiles de los anteriores europeo del flamante presidente, su frecuentación de personalida- gobiernos, que el separatismo sería reprimido con rigor y que en la des de la época, sus largos años de residencia allá, así como su zona española de Marruecos, hostigados y vencidos sus soldados misión en Ginebra, lo habilitaban para el seguimiento personal de por los naturales frente a la inacción de los políticos, en adelante la política exterior del país. Poco antes de su elección, el doctor se haría sólo lo que dispusiera el Estado Mayor Central del Ejérci- Alvear había visitado al rey Alfonso XIII en Santander. 20 CARLOS RAMA, cit., p. 106 y ss.. 19 21 JUAN CARLOS PEREIRA y ÁNGEL CERVANTES, Relaciones diplomáticas entre SHLOMO BEN-AMI, La dictadura de Primo de Rivera. 1923-1930, Madrid, Planeta, España y América, Madrid, Mapfre, 1992, pp. 209-217. 1983, p. 52. 20 21
  11. 11. DIPLOMÁTICOS Y MARINOS ARGENTINOS DURANTE LA CRISIS ESPAÑOLA to, es decir los militares.22 A la par señalaba que le desagradaba su delicado de todos pues “[...] en él está puesto el honor de España, su comparación con Mussolini,23 prefiriendo parecerse mejor al gene- expansión en el Mediterráneo, el saneamiento de la Hacienda pública ral Juan Prim –líder militar de la revolución de 1868 que destronó y, sobre todo, el concepto prestigioso de que debe estar revestido el Ejército”.25 a Isabel II– al que consideraba el gran hombre público y de armas del siglo XIX. El gobierno de Buenos Aires se enteró bien pronto de los propósi- La representación argentina acreditada en Madrid pronto aceptó el tos de Primo de Rivera, que con el respaldo de Alfonso XIII, pensaba nuevo orden de cosas españolas. El embajador Estrada estaba persua- cumplir: “[...] el régimen que ha instaurado no es de la ley sino el de la dido de la grave crisis política vivida y del grado de corrupción que moralidad, a cuyo fin está empeñado en la tarea de hacer una España había llegado a los estrados de la Justicia, considerando que la suble- nueva arrojando de la escena pública a los políticos que la arruinaron y la humillaron”.26 vación del general Primo de Rivera, además de ser un acto de estricta lógica, era el único procedimiento capaz de producir una regenera- Pero desde la Argentina no agradaron muchas de las medidas to- ción.24 Para Estrada solamente el ejército era la institución que tenía madas por el directorio militar, como el decreto ordenando el cese de ideales en la sociedad española y estaba capacitado para realizar la funciones de los presidentes de ambas Cámaras Legislativas, señores transformación del país. Pintaba el panorama de extrema violencia conde de Romanones y Melquíades Álvarez, y la libre disponibilidad que había precedido a la sublevación: legiones de pistoleros asesina- de los edificios del Congreso y del Senado, la clausura del Ateneo de ban a diario en Barcelona, atracos constantes tenían lugar a plena luz Madrid, considerado como un foco de ideas revolucionarias, y en es- del día frente a la inercia del gobierno. El agregado comercial Fernan- pecial, el destierro a Fuenteventura del político Rodrigo Soriano y del rector de la Universidad de Salamanca Miguel de Unamuno,27 cuya do Jardón también hacia llegar a Buenos Aires los informes que des- cribían lo que se había dado en llamar una “revolución desde arriba”, palabra era respetada en Buenos Aires y no escapaba a las clases ilus- sin tiros y sin que los jefes hubieran tenido que sacar de los cuarteles tradas su admiración por Domingo Sarmiento, a quien había califica- a sus tropas, producto del malestar de la oficialidad del Ejército, uni- do como el más grande escritor de lengua castellana de su tiempo, por do al desacierto de los partidos políticos en el ejercicio del poder. el Martín Fierro de José Hernández o por las memorias del general En cumplimiento con las prácticas protocolares, el embajador Es- José María Paz, y su contacto epistolar con figuras de la cultura ar- trada solicitó audiencia del presidente del directorio militar, que con gentina como Ricardo Rojas, Enrique Larreta y Arturo Capdevila. premura le fue concedida para la tarde del 4 de octubre. En el encuen- En Buenos Aires los órganos periodísticos de talante liberal vieron tro, Primo de Rivera le confió que no tenía ambiciones personales y con prevención al nuevo dictador mediterráneo. La Nación ya había que sólo el deseo de sacar a España del caos lo había llevado a dar el señalado el peligro de la imposición del fascismo italiano desde la golpe, pues, después de larga meditación, no había hallado otro modo. calle, pero a tenor de la normalidad que se había recuperado allí, no En la conversación señaló al problema de Marruecos como el más parecía poder parangonarse con la experiencia española: “El teniente general Primo de Rivera tiende ahora a presentarse, por los caracteres que revisten sus actitudes, palabras y decretos como un fascista [...] 22 “Propósitos del marqués de Estella”, La Nación, Buenos Aires, 16 de septiembre de 1923. 23 Ver JAVIER TUSELL e ISMAEL SAZ, “Mussolini y Primo de Rivera: las relaciones 25 políticas y diplomáticas de dos dictaduras mediterráneas”, Boletín de la Real Academia AMREA, cit., 5 de octubre de 1923. 26 de la Historia, septiembre-diciembre 1982. AMREA, cit., 15 de noviembre de 1923. 24 27 ARCHIVO DEL MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES, CULTO Y COMER- Ver LUIS ENRIQUE OTERO CARVAJAL, “Ciencia y Cultura en Madrid, Siglo XX. CIO INTERNACIONAL DE LA REPÚBLICA ARGENTINA (en adelante AMREA), Divi- Edad de Plata, tiempo de silencio y mercado cultural”, en ANTONIO FERNÁNDEZ sión Política, Caja 2195, Madrid, 3 de octubre de 1923, de Carlos de Estrada a ministro. GARCÍA (dir.), Historia de Madrid, Madrid, Universidad Complutense, 1993. 22 23
  12. 12. DIPLOMÁTICOS Y MARINOS ARGENTINOS DURANTE LA CRISIS ESPAÑOLA El fascismo español no es el de Italia, impuesto éste por fuerzas popu- desde España reflejando variados aspectos de la vida política, econó- lares organizadas y combativas, y nacido el otro de una inesperada mica y social de la península. Era posible encontrar esos ejemplares proclama militar. Mussolini no hizo la revolución con el Ejército sino también en los puestos de la Gran Vía, algunos de ellos con censuras con el pueblo”.28 A las opiniones que manifestaban un enfrentamiento al gobierno español. de principios con el gobierno español –cuando en junio de 1924 los A principios de 1926, La Nación de Madrid –diario oficial del régi- reyes de Italia realizaron una visita a España, el cesado conde de men, fundado en 1925–, bajo la dirección de Manuel Delgado Barreto Romanones, que oficiaba de corresponsal del matutino porteño, comenzó a atacar a su homónimo de Buenos Aires. Un incidente gra- prefirió elogiar a Mussolini al que consideraba como habiendo su- ve se produjo en abril cuando se detuvo a Álvarez del Vayo junto con perado ya su etapa demagógica, revistiendo su fascismo, al menos otras personas por manifestar su adhesión al jurista Luis Jiménez de de un barniz legalista–, La Nación sumó también otras líneas de Asúa al ser decretada su deportación en las islas Chafarinas. El emba- pensamiento, como la de Leopoldo Lugones, que si bien ya desde jador Estrada informaba que la medida contra Álvarez del Vayo, abier- 1924 haría su profesión de fe nacionalista, declamando su admira- tamente respaldado en su cargo por el director del periódico porteño, ción por el ejército y su descreimiento en la democracia como for- el influyente Jorge Mitre, provenía de la instigación del mismo Delga- ma de gobierno, lo que lo acercaba a la realidad política hispana, do Barreto31 y de la aquiescencia del ministro de Gobierno general tampoco veía como posible un estrechamiento fructífero de los Martínez Anido, a quien se atribuían todos los actos de intemperancia lazos con España. Afirmaba que nada valedero habían de hacer las que se realizaban. De forma amistosa y confidencial, Estrada interce- repúblicas de habla española sin entenderse con los Estados Uni- dió por el detenido ante Primo de Rivera, en la recepción celebrada en dos, eje del Panamericanismo.29 La afirmación de Lugones en el senti- el Palacio Real con motivo del cumpleaños del rey, logrando una pronta do que “la organización del pensamiento hispanoamericano es una liberación. frase perfectamente vacía” iba mucho más allá de una crítica política La censura contra Primo de Rivera encontraba variadas formas de circunstancial y no faltó quienes le respondieran, como Luis Araquis- expresión: los viajes de estudiosos argentinos y españoles fueron oca- tain desde las columnas del madrileño El Sol: “un español va a Améri- siones reiteradas de crítica, tanto por el tono de las conferencias, como ca o un hispanoamericano viene a España y, salvo diferencias de clima por el accionar del público, dándose vivas a la República, a los inte- espiritual, no mayores que las que encuentra un andaluz en Galicia, se lectuales perseguidos en España o repudios al régimen.32 Visitantes siente en el acto en una atmósfera congenial de conciencia, respirando más combativos, pero igualmente representativos de la situación en la un inconfundible aire de familia”.30 península, también se despachaban contra la dictadura en otros secto- La realidad española era seguida con interés en la Argentina. Julio res, como por ejemplo el dirigente anarquista Buenaventura Durruti Álvarez del Vayo, como jefe de la corresponsalía de La Nación en llegado junto con algunos compañeros en 1925 a la Argentina –donde Madrid, junto con el periodista Ortiz Echagüe y Mariano Martín tampoco se privó de protagonizar un raid de asaltos a bancos a fin de Fernández, amigo de Santiago Alba –ex ministro monárquico de Ins- recaudar dinero para el movimiento ácrata.33 trucción Pública y Bellas Artes–, para La Prensa, enviaban sus notas 31 Asesinado en la Guerra Civil. 28 32 “El gobierno revolucionario español”, La Nación, Buenos Aires, 21 de septiembre de AMREA, división política, en cajas 2383 y 2484, el embajador Estrada informa sobre 1923. los disturbios producidos en Madrid, por ejemplo, en mayo de 1925 con la visita del 29 Ver HORACIO SANGUINETTI, “La hora de la espada”, Todo es Historia, noviembre doctor Mario Sáenz, decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de de 1988; LEOPOLDO LUGONES (h), Mi padre, Buenos Aires, 1949. Buenos Aires y en febrero de 1926 en el regreso a América de Jiménez de Asúa. 30 33 El Sol, Madrid, 19 de abril de 1925. JUAN LLARCH, La muerte de Durruti, Barcelona, Ediciones Aura, 1973, pp. 78-79. 24 25
  13. 13. DIPLOMÁTICOS Y MARINOS ARGENTINOS DURANTE LA CRISIS ESPAÑOLA Fuera de ocasionales acuerdos económicos, el intercambio comer- deza nacional en los campos de batalla de África –tras el desembarco cial hispano-argentino era limitado, circunscrito al intercambio de pro- de Alhucemas y la derrota de los rebeldes de la denominada República del Rif–, se podía dar el salto americano. En 1926 Primo de Rivera ductos naturales, habiéndose incluso esfumado la mejora producida ordenó establecer oficinas especiales en el Ministerio de Estado para durante la Guerra Mundial, cuando España logró reemplazar tempo- fomentar las relaciones con las repúblicas de raíz hispana: la Junta ralmente a las grandes potencias ocupadas en el conflicto. para Ampliación de Estudios y la Junta de Relaciones Culturales. La La importación general había experimentado entre 1923 y 1924 un primera seleccionaba los nombres de los profesores que viajarían a enorme aumento en la Argentina; sin embargo, la de procedencia es- América; mientras que la de Relaciones Culturales establecía vincula- pañola se mantendría estacionaria.34 Por otra parte, el embajador Es- ciones con los organismos que en algunos países hispanoamericanos trada advirtió que no interesaban en España una de las principales cooperaban en esa orientación.37 Incrementó también el régimen los fuentes de exportación argentina: sus carnes. A pesar de que el primer presupuestos destinados a las agencias diplomáticas y consulares, y Congreso Nacional de Comercio Español de Ultramar había estable- crecieron en número y se elevaron de categorías algunos consulados, cido que debería asegurarse a los países hispanoamericanos toda pre- especialmente en la Argentina, Cuba, México y Chile.38 Aquellas pul- ferencia en el abastecimiento de artículos alimenticios, aun en mo- siones incluyeron la posibilidad cierta de organizar una visita del rey mentos de carestía de carnes en España, no se inclinaban por la com- Alfonso XIII a Sudamérica, viaje que se planeaba magnífico y a co- pra en la Argentina, aduciendo que su prolongada conservación en menzar por el puerto de Buenos Aires. Se buscaba así superar la im- frigoríficos las hacía poco digestivas y menos nutritivas que las carnes presión que habían causado las visitas de Humberto de Saboya y del frescas. La falta de buques españoles y argentinos con cámaras de frío príncipe de Gales.39 Pero la inestabilidad política que no lograba fre- conspiraba contra ese negocio. Tampoco habían sido fluidas las nego- nar la dictadura, una gestión operativa y un desenvolvimiento econó- ciaciones por la compra de armas de la Comisión Militar argentina en mico que no alcanzaba a conjurar la pobreza de amplios sectores de la Europa, aunque mediara la amistad del embajador español en Buenos sociedad y el escaso peso internacional español, no dieron oportuni- Aires, duque de Amposta, con el inspector general del Ejército, gene- dad para semejante despliegue. En 1927 el nuevo embajador argenti- ral José Félix Uriburu, inclinándose aquella por la adquisición de ar- no en España, Daniel García Mansilla, envió un informe donde seña- mamento bélico en las casas alemanas y francesas.35 No figuraban en laba que veía difícil el viaje del rey, pues esto lo obligaría a alejarse del las estadísticas comerciales las sumas enormes –en 1924 Estrada las país en tiempos que no dejaban de ser irregulares. calculaba en 400 millones de pesetas anuales–36 representadas por las El proyecto de los aviadores Ramón Franco, Julio Ruiz de Alda y remesas de los españoles residentes en la Argentina, que eran el nexo Durán –acompañados por el mecánico Rada– de cruzar el Atlántico más tangible que unía a los dos pueblos. por el sur en hidroavión uniendo España con la capital argentina se Apaciguada la contienda marroquí, se fue apreciando en toda su constituyó en un acontecimiento de importancia. La proeza de la avia- magnitud el derroche de energías que había desviado nuevamente la ción española fue atendida por la prensa que siguió los preparativos y atención de la América hispana. Para la dictadura, recobrada la gran- luego el desenvolvimiento de la aventura con interés. La ciudad de 34 “Memoria de la Cámara Española de Comercio”, La Nación, Buenos Aires, 5 de mayo 37 de 1926. ENRIQUE ZULETA ALVAREZ, “El tema hispanoamericano en la prensa española de 35 ARCHIVO DEL MINISTERIO DE ASUNTOS EXTERIORES DE ESPAÑA (en ade- la década de 1920”, Revista Nacional de Cultura, 5, 1980, p. 146. 38 lante AMAEE) H. 2317, Buenos Aires, 29 de mayo de 1925, del marqués de Amposta al Ver ÁNGEL MARTÍNEZ DE VELASCO, “Política Exterior del gobierno de Primo de presidente del directorio militar. Rivera con Iberoamérica”, en Revista de Indias, julio-diciembre 1977. 36 39 Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina. RAMÓN DE OLASCOAGA, “El viaje del Rey a América”, El Debate, Madrid, 18 de 1924-1926. Presentada al H. Congreso Nacional, Buenos Aires, 1925, p. 392. diciembre de 1925, en AMREA, caja 2383. 26 27
  14. 14. DIPLOMÁTICOS Y MARINOS ARGENTINOS DURANTE LA CRISIS ESPAÑOLA Buenos Aires participó con entusiasmo del recibimiento al que se sumó Las coincidencias que se iban produciendo entre la Argentina y el presidente Alvear. Haciéndose eco de la trascendencia que había España –el gobierno de Alvear, a través del presidente de la Comisión adquirido el periplo les ofreció a los aviadores el crucero Buenos Ai- Nacional de Bellas Artes arquitecto Martín Noel, se avinó a colaborar res, buque de guerra de la Armada nacional para que emprendieran el con la realización de la Exposición Iberoamericana de Sevilla,42 con- regreso a la península, que se verificó a principios de abril de 1926.40 firmando en junio de 1927 su concurrencia lo que facilitaría el concur- Ramón Franco recibió la orden de Primo de Rivera de regalar el hi- so de los demás países– no lograron evitar el tropiezo que sufriría la droavión Plus Ultra a la Argentina representación española en Buenos Aires. El 6 de diciembre de 1926 En un plano más efectivo, se otorgó la concesión para establecer había quedado reconocido como nuevo embajador, el duque de Amal- un servicio radio-telegráfico de carácter internacional que permitiría fi, Antonio de Zayas y Beamont. Se trataba de una figura de un cierto la comunicación directa entre España y la Argentina, y luego, se deci- prestigio literario, que a su llegada había expresado que su esfuerzo dió la compra, tras el asesoramiento de la Comisión Naval Argentina estaría encaminado a impulsar el intercambio comercial entre ambos en Europa de dos destructores españoles de 2.850 toneladas. A prin- países, pero el diplomático se creerá víctima de una verdadera campa- cipios de junio de 1927, ambos países firmaron un contrato por 3,5 ña en su contra y en la del gobierno de su país. Los roces comenzaron millones de pesos oro para la adquisición de los buques de guerra pronto; primero fue el tema del Himno Nacional Argentino. Zayas Churruca y Alcalá Galiano –que serían rebautizados con los nom- presentó en el mes de enero un escrito en la Cancillería en donde se bres de Cervantes y Garay- cedidos por su Armada. Para España esa quejaba de la inserción en las libretas de enrolamiento para el Ejército venta era una excelente ocasión para demostrar la calidad de sus bar- de la canción patria –con algunas expresiones que podían considerar- cos en comparación con otras ofertas. Por esos mismos días, la Ar- se ofensivas para España– ya que en 1900 el presidente Julio A. Roca gentina mandaba construir otros dos cruceros en astilleros de Italia y había suprimido todas las estrofas a excepción de la primera y la últi- cinco unidades en Gran Bretaña, de acuerdo al plan de renovación del ma en las festividades públicas y oficiales. Gallardo, desechando la material naval. Primo de Rivera buscaba favorecer la relación con la protesta, le contestó que su inscripción no estaba vedada, sí su canto. Argentina: un consorcio de banqueros españoles habían concedido un El 28 de mayo el duque de Amalfi formó parte en Buenos Aires de empréstito para esas compras al que se consideraba uno de los países un tribunal para la colación de grados de profesoras de Literatura que más consolidados de América, demostrando que se querían establecer consistía en la lectura de sendas memorias. El embajador reaccionó no sólo fuertes vínculos sentimentales sino acuerdos concretos que cuando una de las alumnas afirmó que Benito Pérez Galdós era el reflejasen la confianza que se tenía en los destinos recíprocos. Si se primer valor literario del siglo XIX, disponiéndose a combatir lo que podían vender buques tal vez se podría suministrar material ferrovia- a su juicio era la prédica disolvente del teatro galdosiano señalando rio y establecer sucursales bancarias amparados por el gobierno. Pero sus tendencias subversivas que le habían granjeado la adhesión y el a fines de 1928, la crisis del campo obligó a España a contratar un apoyo de los enemigos del orden en España.43 El tono y el carácter de millonario crédito con la Argentina a fin de adquirir suministros agrí- la crítica al autor de Los Episodios Nacionales no fueron compartidos colas indispensables para su pueblo.41 por los otros miembros del tribunal, y el incidente fue recogido por el 40 42 Ver RAFAEL IBÁÑEZ, “Ramón Franco y los balbuceos del Imperio”, Historia Inter- Ver MARÍA ÁNGELES LAYUNO, Espacios de representación de la memoria. La nacional, 12, marzo 1976; SHLOMO BEN-AMI, cit., pp. 137-8; AMREA, España, caja Argentina en España: museos y exposiciones (1892-1971), en YAYO AZNAR y DIANA 2484, Sobre el vuelo del comandante del Ejército Español Ramón Franco Bahamonde, B. WECHSLER (compiladoras), cit.. 43 1926. AMAEE, H. 1358, Buenos Aires, 27 de junio de 1927, del duque de Amalfi al marqués 41 SHLOMO BEN-AMI, cit., p. 139. de Estella. 28 29
  15. 15. DIPLOMÁTICOS Y MARINOS ARGENTINOS DURANTE LA CRISIS ESPAÑOLA diario Critica, y luego con un cariz más agresivo por El Diario Espa- Argentina de Letras como una sucursal de la Real Academia Española ñol, El Despertar Gallego y el Correo de Galicia, de tendencia repu- de la Lengua –que finalmente sería creada en agosto de 1931. Antes blicana y regionalista. Los ataques de la prensa vinculada a la colecti- de salir Zayas para la Argentina el académico Rodríguez Marín le ha- vidad le indignaron, mostrándose disgustado con el gobierno de Al- bían manifestado el propósito de aquella corporación de reconstruir la vear por la libertad con que se permitía censurarlo. entidad ya debidamente organizada en Buenos Aires por el difunto Nuevamente molesto, Zayas presentará formal queja al gobierno marqués de Gerona, cuando el viaje de su Alteza Real la Infanta Isabel argentino por la presencia del vicario general de la Armada monseñor –tía del rey Alfonso XIII– en 1910 y reducida en ese momento a su Dionisio Napal en una fiesta religiosa celebrada por la sociedad vasca más mínima expresión por no decir disuelta, ya que los únicos super- “Lakurak Bat” en la iglesia de Monserrat para conmemorar la fiesta vivientes de la misma eran el diplomático retirado Carlos María Ocan- de San Ignacio de Loyola, aduciendo que se trataba de un centro “de- tos que residía en Madrid con carácter permanente y el antiguo emba- jador argentino en Madrid Avellaneda, aquejado de ceguera.45 claradamente separatista y enemigo, por tanto, de la unidad sacrosan- ta de mi patria”. El 26 de septiembre el embajador Estrada daba cuenta del cese de El duque no era la persona capaz de crear lazos de unión. Escribía Zayas: “ [...] sé, por habérmelo dicho persona que ocupa puesto de confianza en el Palacio que el embajador de España en esa, duque de a sus superiores en Madrid oponiéndose a los proyectos de erigir en Amalfi, ha sido llamado por el gobierno a causa del descontento que España un monumento al libertador José de San Martín: “si el senti- ha producido su actuación en la República. Existe el propósito de miento de perdón y olvido de los pérfidos agravios de aquellos ingra- retirarlo de la carrera diplomática, obligándole a acogerse a los bene- tos insurgentes honra a los gobiernos de la antigua metrópoli y tiene ficios de la jubilación, y en caso de que se negara a ello, será apartado eficacia para atraer a nuestra esfera moral a las que fueron nuestras definitivamente del escalafón”.46 provincias ultramarinas, la idea de perpetuar, en mármoles o en bron- Cuando en noviembre el canciller Gallardo llegó a Madrid, el du- ces, indefendibles actos de traición e indisciplina [...] adolece el defec- que se apuró a visitarlo: “Me contó una larga historia de las intrigas to de ser, no sólo inútil sino contraproducente para conquistar presti- que había hecho contra él la colonia española y en particular El Diario gios en estos países contaminados del fatuo optimismo de la juventud Español al cual le había retirado la subvención”.47 y propensos, por tanto, a considerarse merecedores de halagos que Invitado a dar conferencias sobre su especialidad en Italia, Gallar- exclusivamente se les tributan para lograr que acepten nuestra hege- do visitó después privadamente Madrid. Se entrevistó tanto con Pri- monía”.44 Proseguía diciendo el diplomático: “Parecidos juicios mere- mo de Rivera como con los reyes y en ambos casos se sintió sorpren- ce, en mi humilde concepto, el pensamiento peregrino de convertir en dido por el trato campechano que le dispensaron. Sobre un almuerzo una especie de cívico santuario la casa donde falleció en Cádiz, Ber- ocurrido el 21 de noviembre señaló: “Los Reyes conversaron con ex- nardino Rivadavia quien, si desde el punto de vista argentino, puede traordinaria familiaridad, que rayaba en la indiscreción. Al contestarle pasar por un patriota benemérito, desde el punto de vista español es a la Reina Madre que mi viaje había tenido por objeto principal asistir un traidor de la misma laya que San Martín, y devoto como él del Compás y del Triángulo”. 45 Ver JULIO AVELLANEDA, Se fueron, Buenos Aires, Emecé, 1991, pp. 123-128. Los incidentes en los que se vio envuelto, al parecer, no le permi- 46 AMREA, caja 2594, San Sebastián, 26 de septiembre de 1927, de Estrada a Gallardo. tieron llevar adelante algunos propósitos más estimables como hubie- 47 ÁNGEL GALLARDO, Memorias para mis hijos y nietos, Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia, 1982, p. 457. Sobre la miopía de algunos diplomáticos españoles ra sido culminar las gestiones tendientes a la creación de la Academia en Hispanoamérica, ver ÁNGEL MARTÍNEZ DE VELASCO, “Relaciones hispano-pe- ruanas durante la dictadura de Primo de Rivera: el centenario de Ayacucho”, Quinto 44 AMAEE, cit., 3 de marzo de 1927. Centenario, 2, 1981. 30 31
  16. 16. DIPLOMÁTICOS Y MARINOS ARGENTINOS DURANTE LA CRISIS ESPAÑOLA a la inauguración de la estatua de Belgrano en Génova, me dijo: – sus artículos el desenvolvimiento ¿Qué dice el Rey, después de la porquería que hizo de pelear a favor de Europa, informando sobre he- de los aliados y en contra de sus antiguos aliados alemanes y austria- chos e ideas con una perspectiva cos? [...] El rey estuvo haciendo en alta voz una crónica burlesca del internacional e ilustrando sobre la casamiento de Luisa de Francia, al que acababa de asistir en Nápoles. vida inglesa. En la capital británi- Se rió del rey y del Santo Padre, que había prohibido que un cardenal ca conoció a Ricardo Rojas, quien bendijera el matrimonio debiendo hacerlo el capellán del rey de Italia. era corresponsal de La Nación. Su Criticó al papa de que hubiese prohibido la lectura del diario realista labor para el periódico bonaeren- “Action Francaise”, declaró que él lo seguía leyendo, pues lo encon- se y su amistad con el autor de La traba muy bien escrito. Todo esto me pareció algo fuerte para Su restauración nacionalista lo acer- caron a todo lo argentino.49 La Majestad Católica”; y terminaba reflexionando: “El Rey me dejó una impresión de simpatía y de espanto, por su indiscreción. Parecía im- catástrofe de la Primera Guerra posible que en sus manos estuvieran los destinos de un país de la Mundial, sumado después a la importancia histórica de España”.48 Revolución Rusa, le persuadieron Ramiro de Maeztu, embajador de España en la Argentina, 1928-1930. El Ministerio de Estado había llegado a tomar conocimiento del del fracaso de la civilización del Fuente Archivo General de la Nación acrecentamiento, luego de la Guerra Mundial, de la influencia france- liberalismo, de la crisis de valores sa sobre la intelectualidad argentina, como también de la propaganda de la sociedad europea, para terminar por someter a devastadora crí- cultural británica llevada adelante en los últimos años por su ministro tica al socialismo de estado. De vuelta en su país en 1919, continuó en Buenos Aires sir Malcom A. Robertson, con el propósito de favo- con su incesante labor periodística, colaborando con la revista Espa- recer el intercambio comercial entre los dos países. El gobierno de ña fundada por José Ortega y Gasset, y con el periódico El Sol, aun- Madrid advertía con temor esos movimientos, encaminados a susti- que su evolución hacia posiciones políticas conservadoras lo fueron tuir los productos españoles en el mercado británico por mercadería distanciando de muchos intelectuales. obtenida a menor precio en Sudamérica. El marqués de Estella deci- Producido en España el golpe militar de septiembre de 1923, Maeztu dió entonces utilizar el prestigio literario de la personalidad de Rami- se adhirió con decisión al gobierno del general Primo de Rivera. Ello ro de Maeztu en el exterior, cuya cercanía al régimen había quedado ahondó las discrepancias que lo separaban de sus compañeros de ge- patentizada con su ingreso, a fines de enero de 1927, a la Unión Pa- neración. Maeztu se iría mostrando especialmente interesado en la triótica. El objetivo era también neutralizar la repercusión de las visi- política de grandes obras y servicios públicos del ministro conde de tas de algunos intelectuales que hacían conocer sus críticas al gobier- Guadalhorce, tendiente a estimular la economía de los sectores co- no español en la Argentina y de intensificar con urgencia la propagan- merciales e industriales, y la fiscal del titular de Hacienda, José Calvo da cultural de España en la República del Plata. Sotelo. Terminaría por abandonar la redacción de El Sol, para pasar al Periodista y escritor, Maeztu se estableció a principios de siglo equipo del oficialista La Nación. En febrero del 1927 publicó allí su como corresponsal a Londres de los diarios La Correspondencia de primera colaboración, “La magia del orden”, en inequívoca manifes- España y El Heraldo de Madrid, donde La Prensa de Buenos Aires tación de una actitud más definida, resuelta y combativa, que termina- también contrató sus servicios. Por largos años Maeztu reflejará en ría identificándose con la que le caracterizó hasta el fin de su vida. 48 49 ÁNGEL GALLARDO, cit., pp. 466-467. RICARDO ROJAS, Retablo español, Buenos Aires, Losada, 1948, p. 286. 32 33
  17. 17. DIPLOMÁTICOS Y MARINOS ARGENTINOS DURANTE LA CRISIS ESPAÑOLA Enfrentó con sus artículos a los “intelectuales españoles amigos míos” que se habían hermanado contra Primo de Rivera y dio a luz una serie de trabajos que tuvieron resonancia sobre los atropellos del comunismo. Por entonces, el dictador declaraba al corresponsal de The World en Madrid que España estaba al margen de casi todos los problemas conti- nentales europeos, lo que le permitía dedicarse casi con exclusividad al cultivo de las relaciones con Hispanoamérica.50 Aquel hispanoamerica- nismo no aspiraba a reinstaurar una España imperial, sino que, admi- tiendo el fin del período de expansión material, y en línea con lo sos- tenido por Maeztu,51 debía procurar la hermandad espiritual de los pueblos hispánicos. Los propagandistas del partido único, la Unión Patriótica, estaban también ansiosos por demostrar que España no era el país decadente que había inventado la literatura “anti-española”. La Nación de Buenos Aires publicó en su edición del 5 de diciem- bre la primicia de la designación de Maeztu. Una semana después el marqués de Estella solicitó al gobierno de Marcelo T. de Alvear su Recepción a Ramiro de Maeztu en el Círculo Militar, 1929. Junto a él se encuentran los generales, Uriburu, Mosconi y el español Millán Astray. Fuente Archivo General de la Nación placet, el que fue concedido de inmediato. A bordo del Reina Victoria Eugenia, Maeztu arribó a la capital años veinte en una urbe animada, de las más atrayentes de América, y argentina el 19 de febrero de 1928. Advirtió que no era “ningún se- a un país generoso con los extranjeros: la Corte Suprema de Justicia cuaz o adherido a la política del general Primo de Rivera, por género daba por esos días amparo a los exiliados catalanes Maciá y Gassol.54 alguno de conveniencias partidarias”.52 Afirmaba que su adhesión se La recepción de Maeztu fue dispar en los grupos intelectuales por- basaba en los procedimientos de orden, responsabilidad de la función teños: la gran prensa diaria valoró el talento y la dilatada cultura del pública, cumplimiento estricto de las leyes, trabajo, bienestar y conso- nuevo diplomático. La revista literaria Nosotros, que había reproduci- lidación de la autoridad que propiciaba la dictadura. La multitud que do algunos artículos suyos, manifestaba una señalada atención a los acompañó su arribo –y que fuera costumbre durante años para el reci- temas contemporáneos españoles, pero se hallaba más comprometida bimiento de los diplomáticos de España– lo impresionó, “no he de con las opiniones de los intelectuales opuestos al régimen de Primo de ocultar a v.e. la emoción que me produjo la llegada a Buenos Aires”.53 Rivera, por lo que recibió al nuevo embajador con indisimulada hosti- El escritor era una personalidad reconocida a través de sus colabo- lidad, reprochándole su alineación con el dictador e incluso reputando raciones periodísticas y ensayos, publicaciones que no estuvieron exen- su extensa producción escrita de superficial.55 En cambio se le acogió tas de controversias. Llegaba a una ciudad convertida a finales de los con cordial bienvenida desde las columnas de las revistas Síntesis, 50 dirigida por Noel, y Criterio, que mostraba sin ambages su simpatía La Nación, Buenos Aires, 29 de junio de 1927. 51 Cfr. SHLOMO BEN-AMI, cit., p. 137; JUAN CARLOS PEREIRA CASTAÑARES, por el marqués de Estella. “Primo de Rivera y la diplomacia española en Hispanoamérica: el instrumento de un objetivo”, Quinto Centenario, 10, 1986, p. 143. 52 54 El Diario Español, Buenos Aires, 21 de febrero de 1928. JULIO IRAZUSTA, Genio y figura de Leopoldo Lugones, Buenos Aires, Eudeba, 1968. 53 55 AMAEE, H. 1358, Buenos Aires, 20 de febrero de 1928, de embajador a presidente del EMILIA DE ZULETA, Relaciones literarias entre España y la Argentina, Madrid, Consejo de Ministros. Ediciones Cultura Hispánica del ICI, 1983, pp. 17 y 38. 34 35
  18. 18. DIPLOMÁTICOS Y MARINOS ARGENTINOS DURANTE LA CRISIS ESPAÑOLA Donde la presencia de Maeztu mereció la más cálida recepción fue donde prefiguró las ideas centrales que volcaría en su obra más tras- cendental, Defensa de la hispanidad (1934). Maeztu se puso también en el seno de la redacción de La Nueva República, semanario fundado en contacto con la colonia española, al asistir a un homenaje ofrecido a fines de 1927, que se definía a sí mismo como órgano del nacionalis- por el Círculo Celta en honor del embajador Carlos de Estrada, que mo argentino. Refiere Julio Irazusta56 que Maeztu quedó impresiona- dejaba la representación en Madrid –siendo reemplazado en diciem- do por algunos artículos publicados por Ernesto Palacio en el suple- bre de 1927 por Daniel García Mansilla. Volverá a dirigirse al público mento literario de La Nación y buscó conocerlo, trabando amistad porteño en la Sociedad de Beneficencia abordando el tema de “La con el jefe de redacción de La Nueva República y con su grupo más beneficiencia y el capitalismo” y en el Colegio del Salvador de los próximo. Mucho los acercaba: sus formaciones intelectuales estaban padres jesuitas para contribuir al homenaje tributado a la memoria de elaboradas sobre la base de lecturas políticas y el autodidactismo, sus los religiosos martirizados en los comienzos del siglo XVII por los peregrinajes ideológicos de la juventud, el común interés por la litera- aborígenes del alto Paraná. tura, la consideración del catolicismo como factor esencial de un ideario Maeztu asistió al triunfo yrigoyenista sobre el Frente Único, la coa- restaurador que valorizara el orden, la jerarquía y la autoridad como lición de los conservadores con los radicales antipersonalistas, y de principios rectores de la vida so- algunas incidencias ocurridas en agosto en el escrutinio de las eleccio- cial, sus condiciones de “espíritus nes presidenciales, producto del fallecimiento del vicepresidente elec- militantes con fuerte tendencia a to Francisco Beiró. Recogió, asimismo, la inquietud con que se inicia- comprometerse en la acción”.57 ba el segundo mandato de Yrigoyen, signado por la tensión entre par- El presidente Alvear hizo pú- tidos y grupos políticos, al punto tal que recomendaba que Alvear, blico reconocimiento de la desta- que partiría para España el 15 de diciembre, no fuese objeto allí de cada personalidad que en el cam- homenajes y obsequios “demasiado significativos por parte del go- po de la cultura era Maeztu, y de biermo de S.M.”, a fin de no disgustar al nuevo elenco gubernamental inmediato le brindó su compañía argentino.58 En su prudencia, Maeztu había advertido el peso político en las primeras actividades que el en la tradición institucional del país del fenómeno yrigoyenista, “ja- embajador comenzó a desplegar: más un político argentino, desde los tiempos de Juan Manuel (de) realizó con él una visita al Centro Rosas, había producido una marejada tan profunda como d. Hipólito Gallego, la poderosa entidad re- Yrigoyen en esta segunda elección”.59 Las opiniones de la colectivi- gional con funciones de ayuda so- dad española estaban divididas, señalando Maeztu que los elementos cial, y asistió, junto al gabinete en directivos parecían ser más hostiles a Yrigoyen, acusándolo de dema- pleno, a la conferencia que con el gogo halagador de las pasiones populares; mientras, la masa de los título de “La lección del Quijote”, españoles le era en cambio mucho más favorable. Maeztu ofreció el 18 de abril en el El presidente Yrigoyen eludió encontrarse con el embajador Maeztu Ramiro de Maeztu. Fuente Archivo Jockey Club de Buenos Aires, General de la Nación antes de su asunción pues según se lo hiciera saber por medio del doctor Horacio Oyhanarte, temía menoscabar la investidura de Al- 56 JULIO IRAZUSTA, “La ‘Historia de la Argentina’ de Ernesto A. Palacio. A los veinti- vear al recibir la visita de diplomáticos extranjeros. Esa supuesta con- cinco años de su aparición”, Nueva Historia, Revista de Occidente, año XII, n. 24, Bue- nos Aires, 1979, p. 328. 57 58 JULIO IRAZUSTA, Memorias (Historia de un historiador a la fuerza), Buenos Aires, AMAEE, H. 1358, Buenos Aires, 28 de agosto de 1928, de Maeztu a Primo de Rivera. 59 Ediciones Culturales Argentinas, 1975, p. 181. AMAEE, cit., 8 de agosto de 1928. 36 37

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