Leccion 3 celebremos-la_buena_condicion_sef
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La buena condicion fisica y espiritual

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    Leccion 3 celebremos-la_buena_condicion_sef Leccion 3 celebremos-la_buena_condicion_sef Presentation Transcript

    • Lección 3 para el 17 de abril de 2010
    • Pablo compara la vida de un atleta a la vida del cristiano.
    • Nuestro entrenador es Jesús que ha pasado por lo mismo que nosotros pasamos y alcanzó la meta y está dispuesto a ayudarnos en todo lo que necesitemos para que también nosotros la alcancemos. El atleta necesita un entrenador. “ Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:1-2)
    • Tenemos que cumplir las diversas reglas que rigen la vida del creyente, tal como están expresadas en la Palabra de Dios. El atleta se rige por el reglamento. 2 Timoteo, 2:5, NVI
    • Debemos someternos a una disciplina. Esto significa hacer cosas que no nos gustan, pero que son beneficiosas para nuestro desarrollo cristiano. También debemos abstenernos de hacer cosas que nos gustan, pero que impiden nuestro crecimiento espiritual. “ Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.” (1 Corintios 9:25-27) El atleta sigue una disciplina rigurosa.
    • Aunque la fe es un don, debemos ejercitarla haciendo elecciones, reclamando promesas, corriendo riesgos, sometiéndonos a la voluntad de Dios basados en esa fe. Necesitamos un programa diario para ejercitar y crecer en la fe que englobe el estudio, la oración y la meditación. Esto nos ayudará a que nuestra fe no se “atrofie” por falta de ejercicio. El atleta se ejercita diariamente. Elena G. de White, A fin de conocerle , 18 de febrero)
    • Vivir por fe es seguir con lo que ya conocemos del amor de Dios; confiar en Dios basados en lo que hemos experimentado; tomarle la palabra porque Él nos ha mostrado su bondad y su amor, no importa cuán difíciles hayan sido nuestras circunstancias y no importa cuánto no veamos o comprendamos. “ No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:12-14) El atleta no deja que nada le desanime.
    • En todo momento debemos tener presente nuestra meta: Terminar nuestra vida aquí sin separarnos de Jesús. Obtendremos entonces nuestro premio: Estar con Jesús por toda la eternidad. “ He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4:7-8) El atleta obtiene un premio cuando alcanza la meta.
    • “ ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:19-20) Nuestros cuerpos y nuestras mentes son dones de Dios y están estrechamente vinculados. Mantener nuestros cuerpos sanos nos ayudará a mantener nuestras mentes más receptivas a la voz de Dios.
    • Una de las cosas que necesitamos para mantener nuestros cuerpos sanos es el ejercicio físico, realizado con frecuencia y moderación, adaptándolo a nuestras necesidades personales.
    • Elena G. de White, Consejos sobre la sal ud, p. 41) “ Desequilibramos el sistema nervioso cuando descuidamos el ejercicio físico o recargamos de trabajo la mente o el cuerpo. Los que acortan sus vidas de este modo y no hacen caso de las leyes naturales, son culpables de robarle a Dios. No tenemos derecho de descuidar el cuerpo, la mente, o las fuerzas, ni de abusar de estos dones que deberían utilizarse para ofrecer a Dios un servicio consagrado”