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Isaias 56-66
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Isaias 56-66

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  • 1. El tercer Isaías Tema nº 12
  • 2. Contenidos  1. Situación histórica y social  2. Estructura y estilo del libro  3. Contenido doctrinal: – 1º) La Nueva Jerusalén y el futuro glorioso; – 2º) Interiorización de la doctrina.
  • 3. EL PROFETA ISAÍAS La persona La actitud Situación histórica y social Estructura y estilo de Is 3 EL LIBRO DE ISAÍAS 3 Contenido doctrinal La nueva Jerusalén y el futuro glorioso Interiorización de la doctrina
  • 4. Después de Duhm, que atribuyó esta parte a un discípulo lejano de Isaías (el Tritoisaías), profeta que ha- bría ejercido su actividad a mediados del siglo V, los comentaristas no es- tán de acuerdo en asignar estos capí- tulos a un profeta determinado.
  • 5. El argumento más utilizado, además de algunas diferencias de estilo, es que muchos temas abordados en la última sección del libro de Isaías reflejan una situación poste- xílica: el tratamiento del Templo, de los sacrificios y del sábado suponen que el pue- blo ha vuelto ya del destierro, aunque antes de las reformas de Esdras y Nehemías.- Cfr Duhm, B., Das Buch Jesaja (3 ed.), Göttin- gen 1914, pp. XX y 389-390.
  • 6. Muchos autores insisten en que apare- cen los mismos temas que en la segunda parte de Isaías (L. Glahn, A. Penna, D. Smart, etc.). Por tanto, mantienen que procede del mismo Deuteroisaías que, a la vuelta del Des- tierro, se encontró con los nuevos problemas, especialmente el desaliento de quienes no ve-ían cumplidas las esperanzas que habían ali-mentado en Babilonia.
  • 7. Otros (K. Eliger, W. Kessler, P.E. Bon- nard, etc.), suponen en cambio que tuvo que existir un discípulo del profeta anónimo que escribió la segunda parte; así se explicarían las diferencias de estilo, aun manteniendo los mismos temas doctrinales. La mayoría de los comentaristas actua- les reconocen que en esta parte hay materiales de muy diversas épocas y de diferentes auto- res (O. Eissfeld, A. Testa, etc.).
  • 8. En esta sección más que ninguna otra, el redactor final reunió oráculos sin preocupaciones cronológicas ni de autor; pero ordenándolos con el fin de estimular a los que a la vuelta del destierro necesitaban restaurar tanto las edificaciones materiales como su propia religiosidad. Cfr Penna, A., Isaia, en La Sacra Bibbia, Torino 1957, pp. 397ss. Cfr Bonnard, P.E., Le Second Isaïe. Son disciple et leur éditeurs. Isaïe 40-66, Paris 1972.Cfr Testa, E., Il profetismo e i profeti, en Il messaggio della salvezza, vol. 4, Torino 1977, pp. 790-792. Allí se explica los argumentos de las diversas tendencias con la bibliografía pertinente.
  • 9. División de Isaías 3 I. Perspectivas de salvación universal (56,1-59,21) II. Gloria de Jerusalén y salvación para las naciones (60,1-64,11) III. Realidades últimas (65,1-66,24)
  • 10. I. Perspectivas de salvación universal (56,1-59,21) Apertura universal del culto (56,1-8) Impiedad de los dirigentes (56,9-12) Denuncia del culto idolátrico (57,1-13) Salvación para los piadosos (57,14-21) Denuncia del falso ayuno (58,1-14) Salvación para los que reconocen su pecado (59,1-21)
  • 11. II. Gloria de Jerusalén y salvación para las naciones (60,1-64,11) La gloria de la nueva Jerusalén (60,1-22) El heraldo de la buena nueva (61,1-11) Los nombres de la nueva Jerusalén (62,1-12) Victoria escatológica (63,1-64,11)
  • 12. III. Realidades últimas (65,1-66,24) Retribución de justos e impíos (65,1-7) Recompensa de los elegidos (65,8-16) Los cielos nuevos y la tierra nueva (65,17-25) El nuevo Templo y el nuevo culto (66,1-6) El nuevo pueblo (66,7-14) El castigo de los malvados (66,15-17) Peregrinación de los pueblos a Jerusalén (66,18-24)
  • 13. Los planteamientos sobre la forma- ción y origen de esta sección repercuten en la consideración de la unidad y la es- tructura. La fecha de los oráculos también va- ría desde Duhm, que preconizaba el año 450 a.C. como fecha aproximada hasta quienes han supuesto que algunos orácu- los podrían ser incluso del siglo II a.C.
  • 14. Con todo, se supone que los oráculos más tardíos pertenecen a las primeras décadas de la vuelta del destierro, entre el 538 y el 510 aproximadamente. Esta época histórica, por desgracia, es muy poco conocida: no hay testimonios bíbli- cos ni extrabíblicos. Muy probablemente los emperadores persas permitieron el culto, pero no lo favorecieron y quizá hasta lo rechazaron, aunque sólo fuera de modo indirecto.
  • 15. Ante esta situación, el entusiasmo ini- cial de los repatriados chocó con la realidad cruda. Había aún mucho que hacer, surgirán tensiones entre los que llegaban y los que habían permanecido en Jerusalén, y, sin du- da, brotará el afán de sacudirse el dominio persa.
  • 16. Ahora bien, es difícil demostrar cuán- do y cómo surgieron estos problemas y qué medidas concretas se arbitraron; úni- camente es constatable que en el trasfon- do de la tercera parte de Isaías late toda esta problemática, que es la que da unidad al conjunto.
  • 17. Sobre la estructura de la sección es difícil que haya acuerdo. Se admite que los capítulos 60-62 forman el cuerpo del men- saje, teniendo como elemento central Is 61,1-11. El resto es distribuido de distintas ma- neras: Normalmente Is 56-59 se consideran como introductorios, compuestos por cinco oráculos. Y son los siguientes:
  • 18. 1º) se denuncia la injusticia y se dan los criterios de admisión en la comunidad (Is 56,1-8); 2º) se denuncian los abusos de los dirigentes y la idolatría (Is 56,9-57,21), 3º) se denuncian las prácticas meramente exter- nas (Is 58,1-4); 4º) se reconocen los pecados en tono salmódico (Is 59,1-14) 5º) se anuncia el juicio divino en estilo apocalíp- tico (Is 59,15-21).
  • 19. La parte final (Is 63-66) suele entender- se como conclusión, con cuatro oráculos: poema sobre el castigo divino (Is 63,1-6); reconocimiento de los delitos en forma de salmo (Is 63,7-64,11); el plan divino sobre la salvación, que so- brepasa la historia (Is 65-66).
  • 20. Según esta división hay una cierta simetría entre la parte inicial y la conclusiva: a) La comunidad en la historia: pecados y salvación (Is 56-58; 65-66); b) Lamentación en forma salmódica (Is 59,1-14; 63,7- 64,11); c) Intervención divina, juzgando y retribuyendo (Is 59,15-21; 63,1-6). Esta división, propuesta por Bonnard (op. cit., pp. 318-319) ha sido aceptada por los comentaristas, pues explica bien el trabajo del último redactor y las razones teológicas de su composición definitiva.
  • 21. En los capítulos centrales (Is 60-62) se recoge la doctrina fundamental, estructurada también con estilo simétrico: un canto de exaltación de Jerusalén (Is 60); la misión del "enviado", bajo la acción del Espíritu (Is 61); poema sobre la Nueva Sión-Jerusalén (Is 62). El estilo entre Is 60 e Is 62 es muy simi- lar; se han contado hasta 13 términos iguales. Como se ve, la simetría entre estos tres capítu- los es total.
  • 22. No se puede hablar de una doctrina homogénea, dada la diversidad de orácu- los y de momentos en que fueron redac- tados. Pero, al menos, cabe subrayar las i- deas que subyacen en todos ellos, seña- lando los textos que con más claridad las expresan.
  • 23. La nueva Jerusalén y el futuro glorioso
  • 24. a) La Nueva Jerusalén y el futuro glorioso.- Los destinatarios de los oráculos son palestinenses, un tanto desesperanza- dos. El profeta les anima a descubrir una Jerusalén gloriosa, a donde acudirán de to- das las naciones, porque es "la ciudad del Señor, la Sión del Santo del Señor" (Is 60,14), sus murallas se llamarán "salva- ción" y sus paredes "alabanza" (Is 60,18).
  • 25. Bonnard supone que después del destie- rro se formaron cuatro grupos de israelitas: los que volvieron del destierro, los que per- manecieron siempre en Palestina, los extran- jeros que se habían afincado allí, y los judíos que continuaban en la diáspora. De todos ellos se pretende formar una nueva comunidad, superando las dificultades que ello entrañaba.- Cfr Bonnard, P.E., op. cit., pp. 123-125.
  • 26. El llamado "Santo del Señor", como título divino indica que esta parte, como el resto del libro de Isaías, destaca la trans- cendencia divina: Dios es el Altísimo, el Excelso (Is 57,15; 63,15; 64,3; 66,1). Sin embargo, cuidará especialmente de los 'anawim, o pobres del Señor, para otorgarles la salvación (cfr Is 57,15; 61,1- 3; 66,2; 56,1; 59,1.11.16...).
  • 27. Los epítetos de la ciudad son siempre espirituales (Cfr Is 62,4.12; 65,18). El pue- blo descubre el valor de su humillación pa- sada: Dios se fija en los que sufren todo ti- po de vejaciones y a ellos se dirige el men- saje, anunciándoles una nueva era de ben- dición, como lo muestra Is 61,1-3. Este orá- culo está en la línea de los Cantos del Sier- vo y pone de relieve la importancia de la salvación prometida a los más débiles.
  • 28. La era mesiánica, en este caso, no se caracteriza por el dominio de un rey, ni por la presencia de un ser transcendente, sino por el anuncio de una nueva etapa de liber- tad, de bendición y de gracia. Cuando Jesu- cristo se aplica este texto (Cfr Lc 4,18.19), no se atribuye una potestad que podría ser mal interpretada por sus oyentes, sino la misión más profunda de salvador. Al men-cionar al Espíritu, se indica que el objetivo del "mensajero" es interior y no meramente externo.
  • 29. La nueva Jerusalén es símbolo de un orden nuevo. El profeta termina el libro con la espe- ranza en un futuro esplendoroso: más que una renovación de lo antiguo se trata de la instauración de una nueva creación y de u- na alegría nueva. Los poemas contenidos en Is 65,17-25 e Is 66,7-14 apuntan a una nueva etapa, exenta de llanto y guerras.
  • 30. Interiorización de la doctrina
  • 31. b) Interiorización de la doctrina.- La alegría y esperanza en un futuro más pro- metedor no se cifra en instituciones exter- nas: ni en la Monarquía, ni en las armas, ni en la autoridad humana: el culto y las nor- mas legales (ayuno) se habrá purificado de todo formalismo (Is 58,1-12). En cambio, será la instauración definitiva de la justicia el eje del desarrollo (Is 61,8-11); todo el pueblo alcanzará la salvación sin necesidad de intermediarios (Is 62,2-12).
  • 32. El Templo centra el afán de los repa- triados (Is 60,7-13); pero su edificación ma- terial no es el objetivo último, porque el tro- no de Dios son los cielos (Is 66,1-2); la in- tervención divina no se ha limitado a los prodigios externos narrados en el Exodo, sino que va guiando a su pueblo hasta que reconozcan que "el Señor es su Padre" (Is 63,7-16). Estas ideas abren un horizonte nuevo, la doctrina escatológica que abunda-rá en Ageo y Zacarías.

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