Responsabilidad, Reputación Corporativa y Ética
en las Organizaciones Sanitarias Públicas.
Una propuesta de Código Ético p...
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La ética no es estática; avanza mientras la vida avanza… La verdadera prueba de nuestra
moralidad no está en la rigidez ...
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RESPONSABILIDAD, REPUTACIÓN CORPORATIVA Y ÉTICA EN LAS
ORGANIZACIONES SANITARIAS PÚBLICAS.
UNA PROPUESTA DE CÓDIGO ÉTICO...
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TERCERA PARTE
UNA “NUEVA” IDEA DE LA PROFESIONALIDAD Y LA EXCELENCIA…….. 88
Las virtudes de las profesiones sanitarias……...
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PRIMERA PARTE
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RESPONSABILIDAD, REPUTACIÓN CORPORATIVA Y ÉTICA EN LAS
ORGANIZACIONES1
SANITARIAS PÚBLICAS.
UNA PROPUESTA DE CÓDIGO ÉTIC...
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aspectos: la gestión del tiempo, la flexibilidad, el riesgo, el sentido de
pertenencia, el poder y la responsabilidad.
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aplazadas, etc. han venido provocando la apatía y la desmotivación de muchos
empleados de las administraciones, institu...
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adaptativos11,12,13,14
, cuyos patrones de comportamiento y la estructura de sus
unidades y servicios suelen ser difíci...
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niveles de calidad en la asistencia sanitaria. Las personas quieren ser
atendidas con rapidez, amabilidad y un trato re...
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científico-técnica del servicio recibido, por lo que es muy posible que centre
gran parte de sus expectativas y nivel d...
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En teoría, la propuesta de elaborar, diseñar, implantar y poner en
marcha de un Código Ético para el Servicio de Salud ...
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una ingenuidad pretender que la implantación de un código ético por sí solo es
la panacea de todos los males de las mod...
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En la tercera y última parte, a partir de las diferentes ideas y
aproximaciones de diferentes autores sobre el desempeñ...
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SOBRE LA IDEA (GENERAL) DE RESPONSABILIDAD.
El escepticismo y la responsabilidad son incompatibles, como lo son el esce...
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autónomamente, prefiriendo una entre dos o más posibilidades, está en
condiciones de responder de lo que hace19
. Ser r...
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Verantwortung se refiere tanto a “responsabilidad” como a “consecuencias”,
mostrando el sentido dialéctico de “respuest...
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la realidad objetiva en la que se encuentra la acción. De ahí se siguen una
serie de consecuencias23
:
1. El hombre es ...
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SOBRE RESPONSABILIDAD Y ÉTICA DE (EN) LAS ORGANIZACIONES.
La ética en las organizaciones constituye una ética aplicada ...
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o, por el contrario, puede estar realizando un mejor trabajo por hacerlo con
ánimo de dar respuesta a necesidades human...
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Ser responsable de las consecuencias de los propios actos es ser
responsable ante los demás (la organización para la qu...
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Peter Drucker, uno de los más reputados expertos en "management" o
gestión empresarial se refería a estos aspectos al a...
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no cumple los fines o intereses sociales por los que existe, pierde entonces su
sentido y razón de ser ante la sociedad...
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contrato aceptando, dentro de los pactos del estado social, que el beneficio
alcance a los trabajadores. Por supuesto q...
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PARA DEFINIR LA RESPONSABILIDAD DE LA(S) EMPRESA(S).
Una de las aportaciones básicas que la reflexión moral puede ofrec...
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el tránsito de una modernidad «sólida» -estable, repetitiva- a una «líquida»
-flexible, voluble- en la que las estructu...
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tal remuneración salarial es injusta, que no es moral la forma en que se han
obtenido beneficios, por ejemplo, utilizan...
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así queremos denominarlo, se trata en definitiva de mostrar las bases de
capital confianza que sustenta a la empresa co...
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aquella que es consciente de las múltiples dimensiones de este acuerdo moral
y, actuando en consecuencia, asume en su c...
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acerca o aleja de lo que consideramos un acuerdo justo40
. De ahí que la idea
de la responsabilidad moral constituya un...
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SOBRE CULTURA ORGANIZACIONAL.
En la misma línea que venimos comentando, R.L. Potter define la ética
de las organizacion...
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el concepto de cultura es más amplio y profundo, a la vez que complejo y
abstracto44
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Con frecuencia, cuando se habla ...
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EL ORIGEN DE LA RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL (RSE) O
CORPORATIVA (RSC)45
.
La Responsabilidad Social Empresarial ...
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paradigma la posición de Milton Friedman, formulada por vez primera con toda
rotundidad en 1962, en un conocido y repet...
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depende en buena medida –a veces, de forma absolutamente determinante- su
nivel de ingresos y su calidad de vida. Son, ...
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Desde estas premisas ya no es posible hablar de un interés propio y
específico de la empresa, de cuyo cumplimiento depe...
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moral, como queramos denominarla, se sitúa en un nivel procedimental y sólo
establece las condiciones desde las que es ...
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EL CONCEPTO DE RESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA (RSC).
El enfoque anterior es el que late tras el concepto de RSC, un...
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• La financiera, dominante en el paradigma clásico (que al focalizar su
atención en los accionistas, prioriza desmedida...
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responsable cuanto más equilibradamente reparte el valor que genera. Lo cual
no tiene por qué suponer una merma para lo...
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y múltiples organismos que están produciendo una intensa documentación
sobre ética empresarial.53
Con todo, se trata de...
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• Responsabilidad Legal. La empresa posee una estructura jurídica, por lo
que sus actividades están sometidas a una ser...
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LAS RAZONES DE LA RSC Y EL (BUEN) GOBIERNO CORPORATIVO.
Como ya se ha señalado, no es nueva la consideración de muchos ...
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de la sociedad, que aprecia sus virtualidades y su potencial, pero que percibe
también sus defectos y que la plantea ex...
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Europea, las Líneas Directrices de la OCDE para Empresas Transnacionales o
las Normas Laborales Básicas de la OIT, entr...
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determinan las obligaciones y responsabilidades de las compañías frente a la
sociedad en general y la importancia de ma...
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La Comisión dejaba constancia en su Informe de que la demanda de
reforma no se dirigía tanto a los poderes públicos, po...
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Responsabilidad, Reputación Corporativa y Ética en las Organizaciones Sanitarias Públicas. Una propuesta de Código Ético para el SESCAM

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Trabajo para el Diploma de Bioética SESCAM-ENS. Diciembre de 2007

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Responsabilidad, Reputación Corporativa y Ética en las Organizaciones Sanitarias Públicas. Una propuesta de Código Ético para el SESCAM

  1. 1. Responsabilidad, Reputación Corporativa y Ética en las Organizaciones Sanitarias Públicas. Una propuesta de Código Ético para el SESCAM Diploma Superior en Bioética SESCAM - ENS Rodrigo Gutiérrez Fernández Diciembre 2007
  2. 2. 1
  3. 3. 2 La ética no es estática; avanza mientras la vida avanza… La verdadera prueba de nuestra moralidad no está en la rigidez con la que cumplimos lo correcto, sino en la lealtad hacia la vida que crea y construye lo correcto. Mary Parker Follet
  4. 4. 3
  5. 5. 4 RESPONSABILIDAD, REPUTACIÓN CORPORATIVA Y ÉTICA EN LAS ORGANIZACIONES SANITARIAS PÚBLICAS. UNA PROPUESTA DE CÓDIGO ÉTICO PARA EL SESCAM. ÍNDICE PRIMERA PARTE INTRODUCCIÓN. JUSTIFICACIÓN…………………………………………………... 8 SOBRE LA IDEA (GENERAL) DE RESPONSABILIDAD………………………….. 17 SOBRE RESPONSABILIDAD Y ÉTICA DE (EN) LAS ORGANIZACIONES……. 21 PARA DEFINIR LA RESPONSABILIDAD DE LA(S) EMPRESA(S)……………… 27 SOBRE CULTURA ORGANIZACIONAL…………………………………………….. 33 EL ORIGEN DE LA RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL (RSE) O CORPORATIVA (RSC)…………………………………………………………………. 35 EL CONCEPTO DE RESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA (RSC)…… 40 LAS RAZONES DE LA RSC Y EL (BUEN) GOBIERNO CORPORATIVO………. 45 SOBRE REPUTACIÓN CORPORATIVA…………………………………………….. 53 SEGUNDA PARTE LOS CÓDIGOS ÉTICOS………………………………………………………………… 60 El origen de los Códigos Éticos…………………………...…………….. 60 Tipos de Códigos………………………………………………………….. 63 Contenido de los Códigos……………………………………………….. 64 CÓDIGOS ÉTICOS EN EL SECTOR PÚBLICO……………………………………… 67 Principios de los empleados de la Administración Pública.……….. 69 LOS CÓDIGOS PROFESIONALES……………………………………………………. 80 Importancia y finalidad de los códigos……………………………….... 81 Contenido y estructura……………………………………………………. 81 Historia reciente de los Códigos en algunas profesiones………….. 82 Carácter normativo de los Códigos…………………………………….. 83 Enfoques y mecanismos en la aplicación de los Códigos………… 84
  6. 6. 5 TERCERA PARTE UNA “NUEVA” IDEA DE LA PROFESIONALIDAD Y LA EXCELENCIA…….. 88 Las virtudes de las profesiones sanitarias…………….…………. 90 Cambios sociales y profesionales sanitarios……………………. 91 CONFIANZA PROFESIONAL E INSTITUCIONAL. UNA PROPUESTA DE CÓDIGO ÉTICO PARA EL SESCAM…………………. 97 Ética y Calidad. Algunas consideraciones………………………… 101 Estándares éticos……………………………………………………… 107 Los referentes ético-jurídicos………………………………………. 109 Los contenidos materiales…………………………………………... 110 Normas éticas para una organización sanitaria excelente......... 112 POR UN LIDERAZGO ÉTICO BASADO EN VIRTUDES………………………... 117 Prudencia, justicia, fortaleza y templanza………………………….. 120 Liderazgo afectivo………………………………………………………. 121 EL PROYECTO DE PRINCIPIOS Y RESPONSABILIDADES DE LA PROFESIÓN MÉDICA EN EL NUEVO MILENIO……………………………….... 122 MISIÓN, VISIÓN Y VALORES. CULTURA CORPORATIVA EN EL SESCAM.. 134 La Misión, visión y valores del SESCAM…………………………… 135 Valores corporativos…………………………………………………... 140 _______________________
  7. 7. 6 PRIMERA PARTE
  8. 8. 7
  9. 9. 8 RESPONSABILIDAD, REPUTACIÓN CORPORATIVA Y ÉTICA EN LAS ORGANIZACIONES1 SANITARIAS PÚBLICAS. UNA PROPUESTA DE CÓDIGO ÉTICO PARA EL SESCAM. INTRODUCCIÓN. JUSTIFICACIÓN. Un régimen que no proporciona a los seres humanos ninguna razón profunda para cuidarse entre sí no puede preservar por mucho tiempo su legitimidad. Richard Sennett El influyente sociólogo Richard Sennet, profesor de la prestigiosa London School of Economics, es autor de algunos de los ensayos más provocadores e incisivos de nuestro tiempo sobre el trabajo, la familia y las clases sociales. En dos de sus últimos libros2,3 se hace las siguientes preguntas: ¿Cómo afirmar lo que es de valor duradero en nosotros en una sociedad impaciente y centrada en lo inmediato? ¿Cómo perseguir metas a largo plazo en una economía entregada al corto plazo? ¿Cómo sostener la lealtad y el compromiso recíproco en instituciones que están en continua desintegración o reorganización? Estas son algunas de las cuestiones relativas al «carácter», tanto de empresas y organizaciones como de personas, que plantea el que denomina nuevo capitalismo flexible en el que nos encontramos. Empleando la terminología y los conceptos de Sennett, algunos autores4 señalan que en el contexto actual de las organizaciones impera la «corrosión» del ethos corporativo debido, como mínimo, a patologías en los siguientes 1 Los conceptos de “organización”, “institución”, “compañía”, “firma” y “empresa” se emplean de forma sinónima en este trabajo, entendidos como un grupo de personas que comparte una serie de objetivos laborales y profesionales comunes. Igualmente el concepto de aplica tanto a organizaciones privadas, públicas o del denominado tercer sector (ONG´S, asociaciones voluntarias, etc.). 2 Sennett R.: “La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo”. Anagrama. Barcelona, 2000. 3 Sennett R.: “La cultura del nuevo capitalismo”. Anagrama. Barcelona, 2006. 4 Román Maestre B, Agulló Gimeno S.: “Responsabilidad social de la empresa: previniendo la corrosión del ethos corporativo”. Papeles de Ética, Economía y Dirección nº 8, 2003. Asociación Española de Ética de la Economía y de las Organizaciones. Disponible en: http://www.eticaed.org/actividades4.htm
  10. 10. 9 aspectos: la gestión del tiempo, la flexibilidad, el riesgo, el sentido de pertenencia, el poder y la responsabilidad. Las características del tiempo actual de las organizaciones crea un conflicto entre carácter y experiencia, la experiencia de un tiempo desarticulado que impide a las personas consolidar su carácter de una forma duradera en las instituciones. Vivimos un presente continuo y fragmentado en el que la movilidad, la flexibilidad y el cambio constantes, con su correlato de incertidumbre, pueden conducir a la vulnerabilidad, dificultando la asunción de responsabilidades. En un entorno de complejidad creciente, muchas veces las organizaciones que promueven y destacan la independencia, la autonomía, la flexibilidad y el riesgo, lejos de inspirar confianza generan, por el contrario, vulnerabilidad y desconfianza. Al mismo tiempo, la falta de vínculos sólidos y estables da lugar a una ausencia de compromiso que impide generar sentido de pertenencia en las personas. La falta de tiempo en las empresas y organizaciones no permite conocer el grado de coincidencia entre las expectativas del individuo implicado respecto de la organización y las de ésta respecto de las de aquél. El crecimiento y desarrollo de cualquier entidad o institución, como comunidad de aprendizaje y experiencias, exige la confrontación de intereses y la gestión responsable del conflicto, el contraste de las opiniones y expectativas en la búsqueda de los objetivos de calidad, excelencia, eficiencia y rentabilidad. Por eso, la situación arriba descrita dificulta el cumplimiento de dichos objetivos en las grandes empresas y organizaciones, provocando en la mayoría de las ocasiones una importante desmovilización y desmotivación profesional. Lo dicho hasta aquí es aplicable tanto al ámbito del sector privado como del sector público. Constituye casi un lugar común referirse a la falta de confianza en las instituciones, la deslegitimación y el descrédito en la actuación de las diferentes administraciones públicas5 . La falta de perspectivas de promoción, la pérdida de consideración social, las sucesivas reformas siempre 5 Friedmann R.: “La Gestión Pública en el Siglo XXI. Anticipando los cambios que vienen. Hacia un Sector Público Inteligente y en constante aprendizaje”. Documentos de Facultad. Instituto de Estudios y Gestión Pública de la Facultad de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad Central de Chile. Noviembre, 2003.
  11. 11. 10 aplazadas, etc. han venido provocando la apatía y la desmotivación de muchos empleados de las administraciones, instituciones, y empresas públicas, contribuyendo también al desprestigio y deterioro de la propia organización. El Estado no se justifica ya sólo por el respeto a las leyes, la división de poderes y los procedimientos en la toma de decisiones, sino por las prestaciones que le exigen los ciudadanos. La nueva legitimidad sobre la cual deben recomponerse y reinventarse las administraciones públicas es la prestación de servicios a los ciudadanos. Se trata de un profundo y trascendental cambio de su sentido e identidad, así como de sus objetivos. Ya no se trata tanto de administrar el bien común, como de prestar servicios a los ciudadanos6 . Esa «reinvención»7 implica orientar el sector público hacia el ciudadano- usuario que es considerado «cliente»8 , sin que ello suponga perder sus derechos de ciudadanía, pasando de una «administración de potestades» a una «moderna empresa de servicios». El nuevo paradigma de la “gestión estratégica del valor público”9 (public value management), sobresale frente a otros enfoques anteriores de la gestión pública: la administración pública tradicional o burocrática y la denominada “nueva gestión pública” (new public management)10 . El enfoque actual pone énfasis precisamente en la eficiencia y la eficacia del gobierno. No basta con la «legitimidad de origen», otorgada por el voto popular. La ciudadanía tiende cada vez más a evaluar la gestión pública por los resultados. Hoy, el ciudadano desea ser protagonista, consultado, atendido y satisfecho. En casi todos los países se va afirmando este modelo pragmático de votación de la ciudadanía. En el caso de las modernas organizaciones sanitarias, éstas responden a esquemas propios de los denominados sistemas complejos 6 López J, Gadea A.: “Servir al Ciudadano. Gestión de la Calidad en la Administración Pública”. Ediciones Gestión 2000. Barcelona, 1995. 7 Osborne D, Gaebler T.: “La reinvención del gobierno”. Paidós. Barcelona, 1994. 8 OCDE.: “Administration as a service, citizen as a client”. Paris, 1987. Traducción española: “La Administración al servicio del público”. MAP. Madrid, 1991. 9 Moore, M.: “Gestión estratégica y creación de valor en el sector público”. Paidos, 1998. 10 Kelly, G. y Muers, S.: “Creating public value”. Strategy Unit, Cabinet Office, 2002
  12. 12. 11 adaptativos11,12,13,14 , cuyos patrones de comportamiento y la estructura de sus unidades y servicios suelen ser difícilmente inteligibles desde un punto de vista estrictamente racionalista y cartesiano. Su arquitectura organizativa hace que, con frecuencia, su desarrollo y evolución sean poco predecibles, y la respuesta a las propias intervenciones de gobierno sanitario de los gestores y administradores puede resultar paradójica e incluso contradictoria. En la era de la información, el conocimiento, la innovación, la creatividad, la conectividad, la orientación del trabajo mediante procesos horizontales, la cooperación de áreas temáticas y la cultura de equipo, constituyen la base de las competencias distintivas de las organizaciones modernas. En esta línea, las instituciones sanitarias públicas se encuentran también en un contexto de cambio y transición desde unos esquemas previos de funcionamiento burocrático hacia modelos organizativos más flexibles, descentralizados, interactivos y comprometidos con la mejora continua de los resultados, para adaptarse a las realidades sociales y expectativas cambiantes de los ciudadanos y usuarios de los servicios de salud15 . En los últimos años se han venido produciendo una serie de cambios fundamentales en las relaciones entre los distintos agentes implicados en la toma de decisiones en el sistema sanitario: médicos, profesionales, gestores y pacientes. Estos cambios han venido motivados a su vez por distintos factores: cambios en la tradicional y asimétrica relación médico-paciente, incremento de la capacidad de elección derivada del derecho a la autonomía de los pacientes, presión colectiva y competencia entre diferentes grupos de usuarios, etc. En general los ciudadanos están más y mejor informados, desean un mejor acceso a los servicios, una atención más personalizada y unos mayores 11 Plsek P, Greenhalgh T.: “Complexity science: The challenge of complexity in health care”. BMJ 2001;323;625-628 12 Plsek P, Wilson T.: “Complexity science: Complexity, leadership, and management in healthcare organisations”. BMJ 2001;323;746-749 13 Repullo Labrador JR.: “Reinterpretando la gestión del sistema sanitario desde la teorías de la complejidad y el caos”. Ars Medica. Revista de Humanidades. 2006; 2:180-197 14 Repullo Labrador JR.: “El camino del caos para llegar a la excelencia”. Rev Calidad Asistencial. 2007;22(2):59-60 15 Oteo LA.: “Profesionales y Servicios Sanitarios”. Unidad Didáctica. Módulo 14. En: Diploma Superior en Bioética SESCAM-ENS. 2007.
  13. 13. 12 niveles de calidad en la asistencia sanitaria. Las personas quieren ser atendidas con rapidez, amabilidad y un trato respetuoso y digno, quieren ser escuchadas, (tener una mejor comunicación con los profesionales), participando y compartiendo las decisiones clínicas que les afecten. También entienden y consideran que los valores, la opinión y los puntos de vista de los ciudadanos deben ser tenidos en cuenta por los responsables públicos a la hora de establecer las prioridades sanitarias. Desde la mayoría de los Servicios Públicos de Salud que conforman el Sistema Nacional de Salud (SNS), se vienen desarrollando en este sentido una serie de actuaciones, cuyos elementos básicos serían los siguientes: -El ciudadano es el motor, eje y centro del sistema, lo que significa que sus derechos, la corresponsabilidad y la orientación hacia la calidad percibida, buscando la satisfacción de sus expectativas y preferencias, se convierten en elemento sustantivo de las actuaciones. -Las instituciones sanitarias deben promover una reorientación de la producción de servicios en la búsqueda de alternativas eficientes y coste-efectivas, con el soporte suficiente de sistemas de información. -Los profesionales adquieren su valor intrínseco, por lo que se debe potenciar una dirección más participativa y el establecimiento de áreas propias de responsabilidad. En una doble vertiente, el Sistema Sanitario Público provee servicios asistenciales de carácter técnico que, aunque en líneas generales no son cuestionados por los usuarios, deben garantizar las más altas cuotas posibles de efectividad y eficiencia, la mejor calidad científico-técnica y a un coste asumible. Pero, además de velar por la excelencia científico-técnica, debe procurar también la mejor calidad posible en los aspectos relacionados con los elementos externos que condicionan la provisión de un servicio, como la accesibilidad, el trato personal, el confort, la comodidad, etc., donde el sistema sanitario, como organización compleja, también debe dirigir sus esfuerzos de mejora continua. El usuario puede tener dificultad para opinar sobre la calidad
  14. 14. 13 científico-técnica del servicio recibido, por lo que es muy posible que centre gran parte de sus expectativas y nivel de satisfacción en los aspectos complementarios y/o externos, que condicionan notablemente la calidad percibida. En este contexto es necesario continuar promoviendo y desarrollando iniciativas, proyectos y programas de actuación, aportados por todos los colectivos, de mejora sustancial en la producción de servicios sanitarios, teniendo en cunta los aspectos complementarios que aportan el suficiente valor añadido, sin el cual difícilmente se podrán ofertar unos servicios de calidad que sean así percibidos por los usuarios del SNS. ___________________________ El presente trabajo se enmarca en lo que se viene denominando “Ética de las Organizaciones”, considerada como una ética aplicada a un contexto particular –la organización- con sus aspectos específicos referidos a la calidad humana, a la excelencia de las personas y de sus acciones en el entorno de su trabajo en cada organización concreta. Aunque se revisan distintos conceptos aplicados a diferentes contextos, organizaciones y empresas en general, se refiere a un tipo de organización particular, las empresas sanitarias públicas, en las que se plantean importantes conflictos éticos (morales), en el desarrollo de su labor asistencial. Como en otras organizaciones, nos encontramos ante empresas desmoralizadas en el sentido planteado por Ortega y Gassett16 , es decir, empresas u organizaciones que han perdido su razón de ser y que se han vuelto incapaces para crear, crecer y realizar la prestación debida en las mejores condiciones, y de promover un clima de trabajo tal, que la búsqueda de la excelencia sea un objetivo común y compartido. Las instituciones sanitarias públicas no son ajenas a esta tendencia ya que, debido al distanciamiento que existe entre el empleador (ente abstracto), y el empleado, así como la errónea percepción de que la financiación no es producto del esfuerzo de nadie en particular, el grado de desmoralización puede ser mayor. 16 Medina Castellanos CM.: “Ética en las organizaciones sanitarias”. Sedisa s.XXI 5:2007 44-48
  15. 15. 14 En teoría, la propuesta de elaborar, diseñar, implantar y poner en marcha de un Código Ético para el Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (SESCAM), debería permitir, entre otros objetivos, el de fomentar una cultura del cambio que logre, a su vez, que todos los grupos interesados se sientan como integrantes clave de la organización. Los códigos éticos o de valores pueden proporcionar una valiosa referencia para fomentar una cultura organizacional, demostrando que la organización mantiene, a pesar de los posibles cambios y amenazas, la misma identidad: la cultura siempre está en la base de la identidad. La cultura organizacional o de empresa es fundamental para una buena integración de los valores corporativos, puesto que la cultura es el conjunto de valores, creencias, actitudes, expectativas, racionalidades, aptitudes, etc., comunes a todos o por lo menos a la gran mayoría de los miembros de la organización (desde la alta dirección hasta la base operativa), que influyen sobre sus comportamientos en el contexto de su trabajo. Los códigos y la cultura empresarial pueden pues favorecer una continuidad dentro de los cambios, y con ello contribuir a generar confianza en la organización. El establecimiento de una cultura que fomente el liderazgo repercute positivamente en calmar los miedos derivados del riesgo, ya que los líderes y directivos deben aprender cómo crear un entorno que acoja el cambio no como una amenaza, sino como una oportunidad. Igualmente, la autoevaluación debe permitir a la organización mirarse al espejo con humildad y reconocer abiertamente su voluntad de invertir en la mejora continua. La experiencia, los conceptos claros (misión, visión, responsabilidad de qué y ante quién), buena voluntad y política organizativa sólo tienen sentido si se es consciente del aprendizaje forjado sobre los ensayos y errores ocurridos, algo que sólo la historia permite y propicia. La existencia de la crónica, de la biografía de una organización, deviene esencial para generar identidad, pertenencia y aprendizaje corporativos. Todos los instrumentos, procesos y acciones concretas, sean del ámbito de la gestión ética, de la calidad o de los recursos humanos, comparten la misma base: la búsqueda de la excelencia profesional y empresarial. Aunque van orientados a cambiar la realidad para mejorarla, son por sí mismos únicamente un ingrediente más a tener en cuenta, puesto que también sería
  16. 16. 15 una ingenuidad pretender que la implantación de un código ético por sí solo es la panacea de todos los males de las modernas organizaciones. No obstante, debe señalarse que, para la Dirección de cualquier organización implantar un sistema de gestión ética supone un importante nivel de compromiso, confianza en sí misma y en su entidad respecto a la honradez, lealtad, buena fe, transparencia y cultura organizativa, junto con el deseo de difundir en su entorno social la cultura de la gestión ética, para acercarla paulatinamente a la sociedad en general17 . Consideramos que la responsabilidad social corporativa, la aplicación de códigos éticos y la puesta en marcha de políticas adecuadas en la gestión de los recursos humanos son un motor más de la maquinaria necesaria para que las organizaciones, tanto públicas como privadas, puedan crecer de forma sostenible, generando confianza y ganándose la valoración de todos los stakeholders o grupos interesados. La estructura del trabajo es la siguiente: En la primera parte se expone una idea general del concepto de responsabilidad. A continuación se revisan sintéticamente las ideas de responsabilidad y ética en las empresas y organizaciones, como elementos constituyentes del concepto de responsabilidad social corporativa (RSC), así como unas ideas generales sobre cultura organizacional. Posteriormente se examinan con más detalle las razones de la RSC y del gobierno corporativo, finalizando con unas breves nociones acerca de la denominada “reputación corporativa”, un concepto que viene siendo objeto de atención creciente por parte de las grandes organizaciones y empresas a lo largo de los últimos años. La segunda parte se centra en los códigos éticos como documentos corporativos de la organización, que recogen valores, criterios y normas para una correcta actuación ante dilemas, aspectos o situaciones conflictivas desde el punto de vista ético. Se explica su origen, tipos y contenidos, y se hace un repaso a los códigos en el ámbito del sector público y en las profesiones (códigos deontológicos). 17 Urtiaga de Vivar A, Granda G.: “Sistemas para la implantación de la gestión ética y socialmente responsable. Situación actual”. Papeles de Ética, Economía y Dirección nº 8, 2003. Asociación Española de Ética de la Economía y de las Organizaciones. Disponible en: http://www.eticaed.org/actividades4.htm
  17. 17. 16 En la tercera y última parte, a partir de las diferentes ideas y aproximaciones de diferentes autores sobre el desempeño de las profesiones sanitarias, se revisan algunos de sus planteamientos y los principios y valores éticos que subyacen en su ejercicio. El contexto actual de cambio generalizado en los sistemas y organizaciones sanitarias está provocando también la aparición de nuevas formas de entender el ejercicio profesional (nueva profesionalidad), lo que también supone cambios en los elementos de la práctica asistencial y de las características propias de las profesiones sanitarias. Se señalan las dimensiones éticas que deben contemplarse desde el marco organizativo de la formulación de políticas públicas en este campo (macroética), así como un decálogo para el buen gobierno de las instituciones sanitarias públicas de acuerdo a los debates más recientes en este ámbito (mesoética). Se recogen también algunas de las propuestas más interesantes que se han llevado a cabo desde distintas asociaciones y colectivos acerca de los estándares éticos y valores que debieran inspirar una práctica excelente de los profesionales y directivos en las organizaciones sanitarias modernas (bioética). En este mismo apartado se realizan también algunas consideraciones acerca de la relación entre calidad y ética, incluyendo una propuesta de normas éticas para las organizaciones excelentes, a partir de distintos enfoques aportados desde los modelos de gestión de la calidad. Finalmente, se destaca la importancia de un tipo de liderazgo ético fundamentado en virtudes, estrechamente relacionado con la idea de liderazgo afectivo, como fórmula para incrementar la confianza profesional e institucional y la legitimidad en las organizaciones sanitarias. A partir de la misión, visión y valores vigentes del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (SESCAM), que constituyen la base de su cultura corporativa, se reformulan estos principios, estableciendo los compromisos y valores corporativos que a nuestro juicio debe incorporar, como un medio para mejorar su reputación, recuperar el prestigio de los profesionales, el orgullo y el sentido de pertenencia a la organización y el aprecio y reconocimiento de la opinión pública y de los ciudadanos.
  18. 18. 17 SOBRE LA IDEA (GENERAL) DE RESPONSABILIDAD. El escepticismo y la responsabilidad son incompatibles, como lo son el escepticismo y la ética. Victoria Camps El concepto de responsabilidad señala tanto la obligación de justificar la propia actuación con respecto a determinados criterios o reglas, como la concreta fiscalización de la misma y, en caso de juicio negativo, el deber de soportar la correspondiente sanción. Esta idea es la que se deriva de las diferentes acepciones recogidas en el Diccionario de la Real Academia Española18 : 1. Cualidad de responsable 2. Deuda, obligación de reparar y satisfacer, por sí o por otra persona, a consecuencia de un delito, de una culpa o de otra causa legal. 3. Cargo u obligación moral que resulta para alguien del posible yerro en cosa o asunto determinado. 4. Capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente. De acuerdo con esta idea, tres son las claves que deben tenerse en cuenta: en primer lugar la obligación de justificar las acciones, sobre todo aquellas que afecten a otros, así como la asunción de las consecuencias de dichas acciones; en segundo término, la existencia de criterios o reglas a las que referirse a la hora de valorar y considerar la actuación; y en tercer lugar la posibilidad de fiscalización y, en caso de resultar ésta negativa, la correspondiente sanción. La palabra responsabilidad proviene de los términos latinos responsum (respuesta) y dare (dar), responder de lo hecho, de nuestros propios actos y de las consecuencias de ellos derivadas, ante uno mismo (conciencia), o ante alguien. Por otra parte, el spondere –raíz de respondere– significa “prometer solemnemente”, “dar la palabra”. Responsable es, pues, quien es capaz de justificar sus acciones, de explicar, de dar razón de lo que hizo y por qué lo hizo. La responsabilidad es una consecuencia de la libertad. Sin libertad no es posible hablar de responsabilidad. Sólo el ser libre es responsable: “Libertad significa responsabilidad”, decía George Bernard Shaw. Sólo quien decide 18 Diccionario de la lengua española. 22ª edición. Espasa Calpe. Madrid, 2001.
  19. 19. 18 autónomamente, prefiriendo una entre dos o más posibilidades, está en condiciones de responder de lo que hace19 . Ser responsable es responder a la llamada de los valores, que piden ser realizados; y responder además a las consecuencias de tal respuesta. Ambas formas de respuesta implican sensibilidad para los valores: la capacidad de descubrir y reconocer la fecundidad que tienen para la vida humana, al ofrecernos posibilidades de auténtico desarrollo personal. En el lenguaje corriente, al hablar de responsabilidad podemos hacerlo en diversos sentidos. En primer lugar en un sentido moral. En segundo lugar podemos hablar de responsabilidad en el sentido jurídico, lo que equivale a tener la obligación legal de dar, hacer o no hacer alguna cosa (en los términos contactuales que establece el Código Civil), o de indemnizar a la víctima por algún daño causado (responsabilidad extracontractual). Incluso podemos regferirnos a la responsabilidad penal en la que incurren quienes cometen algún delito tipificado por el Código Penal20 . Por último, cabe hablar de la responsabilidad social que es la que una persona, una organización o una determinada empresa o compañía tienen ante determinadas personas, la sociedad o la comunidad en su conjunto. Desde el punto de vista de la ética, al hablar del concepto de responsabilidad inevitablemente hemos de referirnos a la “ética de la responsabilidad”, la denominada Verantwortungsethik de Max Weber, como disposición a tomar en cuenta las propias decisiones, en contraposición con la Gesinnungsethik, una ética de la intención, de la convicción o de los principios, más atenta a los fines últimos que a los medios empleados para alcanzarlos, legitimada por la buena voluntad, independientemente de los resultados alcanzados. Weber atribuye esta ética al político responsable, que sería aquel que mantiene sus principios y convicciones irrenunciables y, a la vez, tiene en cuenta las consecuencias de sus acciones21 . En este sentido el término 19 Camps V.: “Virtudes públicas”. Espasa Calpe,S.A. Madrid, 1990. 20 El idioma inglés utiliza dos vocablos distintos para el unívoco término español “responsabilidad”: uno para la responsabilidad moral (responsibility), y otro para la responsabilidad legal o jurídica (liability). 21 Weber M.: “El político y el científico”. Alianza Editorial. Madrid, 1967.
  20. 20. 19 Verantwortung se refiere tanto a “responsabilidad” como a “consecuencias”, mostrando el sentido dialéctico de “respuesta responsable”. La responsabilidad tiene que ver tanto con la libertad o autonomía del individuo como con su capacidad para comprometerse consigo mismo y, sobre todo, dado que la relación con los otros es inevitable y necesaria, de comprometerse con otros hasta el punto de tener que responder de sus acciones. Esa relación de compromiso, de expectativas o exigencias, hace que la responsabilidad sea una actitud esencialmente dialógica. El movimiento es doble: asunción de unos compromisos y exigencia de que esos compromisos se cumplan satisfactoriamente. La responsabilidad es la respuesta a una demanda, implícita o explícita, a una expectativa de respuesta, requiere por tanto de la interpelación y el compromiso. También la responsabilidad tiene que ver con la justicia. Puede decirse que si la solidaridad es uno de sus brazos, la responsabilidad es el otro, entendiendo por sujeto responsable aquel totalmente libre para tomar decisiones, ya que la responsabilidad, es respuesta a través de posibilidades, y como se ha expresado anteriormente presupone libertad22 . Asimismo, la responsabilidad está en estrecha relación con la prudencia. Si por prudencia se entiende la actitud por la que se actúa aquí y ahora en fidelidad a la realidad, entonces, prudencia y responsabilidad vienen a ser prácticamente lo mismo. También la responsabilidad es respuesta fiel a la realidad en la que se encuentra el individuo, que vista con referencia a la sociedad tiende a convertirse en justicia. El concepto de responsabilidad es universal y se aplica a campos como el de la política, la economía o el derecho. La responsabilidad resulta siempre de una situación concreta, de unas relaciones éticas determinadas, y no se puede pretender que todo el mundo tenga el mismo grado de responsabilidad. La limitación de la responsabilidad no puede venir por la intencionalidad subjetiva del individuo que actúa, sino por 22 Ferrer J.: “Responsabilidad y códigos de ética, conjunción ineludible en la construcción de organizaciones humanas para la gestión pública: un caso de aplicación”. En: VII Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública, Lisboa, Portugal, 8-11 Oct. 2002. Disponible en: http://www.clad.org.ve/fulltext/0044126.pdf
  21. 21. 20 la realidad objetiva en la que se encuentra la acción. De ahí se siguen una serie de consecuencias23 : 1. El hombre es responsable en mayor medida de aquellas situaciones que le son más cercanas. No puede evadir su responsabilidad asumiendo otras responsabilidades que le son ajenas. 2. La responsabilidad aumenta con el poder o con la influencia que se tenga en la sociedad. 3. Hay ámbitos de la realidad en los que el individuo tiene una responsabilidad negativa, por la que debe privarse de ciertas acciones: a) respecto del futuro, el hombre tiene la responsabilidad de conservar el medio ambiente para las generaciones futuras: las medidas de control de la polución y de conservación de los recursos naturales se enmarcan en este contexto. b) respecto a la dignidad de la persona humana, hay acciones que suponen tomar al individuo como mero instrumento de la acción, haciéndole perder su condición de sujeto capaz de fines propios; la integridad de la persona humana no puede ser sacrificada por un funcionalismo consecuencialista. 4. Nadie debe ser tenido por responsable de las consecuencias que se deriven de la omisión de un acto que no es lícito cumplir. No se puede hacer el mal para que se siga un bien, como pretende el proporcionalismo. 5. Hay que asumir como propios los efectos secundarios, incluso los no pretendidos y quizá no inmediatos, de la propia acción. Aquí hay que tener en cuenta el principio de proporcionalidad, en su sentido clásico, que afirma que si se hace el bien ha de procurarse que el mal que le siga sea proporcionado. 23 Fontrodona J.: “El utilitarismo en la ética empresarial”. Cuadernos Instituto Empresa y Humanismo. Nº 12. Disponible en: http://www.unav.es/empresayhumanismo/publicaciones/cuadernos/index.htm
  22. 22. 21 SOBRE RESPONSABILIDAD Y ÉTICA DE (EN) LAS ORGANIZACIONES. La ética en las organizaciones constituye una ética aplicada al ámbito organizativo24 . Hace unos años, en un conocido y clásico artículo publicado por la Harvard Business Review25 , K. R. Andrews planteaba la necesidad de un «doble código» para calificar un trabajo como profesional. Por una parte, las normas técnicas o código científico-técnico de dicho trabajo, es decir, ciertos principios científicos, o reglas, de acuerdo con las cuales éste debe realizarse. Y un segundo tipo de normas, un código ético del trabajo, que define como aquellas reglas universalmente aceptadas, que orientan la moralidad de su ejercicio. Un buen profesional lo será en la medida en que ejerza su trabajo siguiendo la lógica de ambas dimensiones, la científico-técnica y la ética. La razón para considerar ambas dimensiones viene dada por la propia naturaleza del trabajo y de quien lo realiza. El trabajo es acción humana, y ésta es indivisible; si bien sus dimensiones técnica y ética pueden distinguirse en un plano teórico, resultan indisociables en el plano práctico. Por tanto, cualquier trabajo, en cuanto que acto humano, tiene una dimensión técnica y otra ética. Se puede trabajar bien técnicamente hablando, pero con una intención torcida o mala, éticamente hablando, y viceversa. En su sentido objetivo, el resultado de un trabajo puede ser técnicamente malo habiendo sido realizado bien desde el punto de vista ético. La ética esta referida al resultado del trabajo sobre la persona, a su repercusión subjetiva, sobre el sujeto. La responsabilidad ética “se refiere a la capacidad del ser humano de responder de los actos que realiza y de las consecuencias de esos actos en su contenido ético”26 . El profesional que no evalúa las posibles consecuencias de su trabajo para bien o para mal, puede estar cometiendo atropellos o injusticias 24 En este apartado seguimos básicamente el guión y las ideas desarrolladas por Guillén Parra M. en su libro: “Ética en las organizaciones. Construyendo confianza”. Pearson Educación, S.A. Madrid, 2006. Cap. 2. 25 Andrews, K.R.: “Toward Professionalism in Business Management”, Harvard Business Review, Marzo-Abril, 1969. 26 Melé, D.: “Ética en la Dirección de Empresas”. Ed. Folio. Barcelona. 1997.
  23. 23. 22 o, por el contrario, puede estar realizando un mejor trabajo por hacerlo con ánimo de dar respuesta a necesidades humanas reales sobre las que ha reflexionado previamente. Suele decirse de una persona que es irresponsable cuando actúa de modo irreflexivo o cuando su deliberación es poco consistente. Ser irresponsable equivale a un mal uso del entendimiento de la voluntad a la hora de decidir. Por la misma razón, se habla de una persona irresponsable cuando no esta dispuesta a asumir las consecuencias de sus acciones u omisiones, de las que han sido realizadas de una forma consciente y libre. En función del grado de voluntariedad que hay en cada acción humana se podrá hablar de mayor o menor imputación de responsabilidad. O dicho de otro modo, la acción humana, por ser libre, puede ser buena o mala y, por tanto, meritoria o culpable. En el trabajo profesional no se puede obviar esta realidad. En la medida en que se otorga libertad al que trabaja, éste asume responsabilidad en su tarea. El grado de responsabilidad dependerá de las personas afectadas por la decisión, así como de la decisión mínima y de sus consecuencias previsibles, lo que permite distinguir diversos tipos de responsabilidad: por acción, por omisión, por inducción y por cooperación en actuaciones ajenas. Conviene destacar aquí que, en la medida en que se tiene mayor libertad de acción en el trabajo, cabe mayor oportunidad para el desarrollo personal y el trabajo se hace más humano. Pero, al mismo tiempo, un mayor grado de libertad en el desempeño de la propia tarea implica una mayor responsabilidad: Actuar desde la responsabilidad en el trabajo a pesar de la posible indefinición de tareas, supone abrir un sitio a la creatividad personal puesto que, como dice el John P. Kotter, profesor de la Harvard Business School “cualquiera que sea su trabajo, los empleados ven su papel no sólo para hacer las cosas como están diseñadas en el presente, sino para imaginarse cómo deberían hacerse en el futuro”. Parece claro entonces que el ser humano, en su dimensión ética, esta capacitado para dar respuesta de sus actos pero, por ello, cabe preguntarse ante quién es responsable la persona en su trabajo y a quién debe dar cuenta del mismo.
  24. 24. 23 Ser responsable de las consecuencias de los propios actos es ser responsable ante los demás (la organización para la que se trabaja, la sociedad en general). Es evidente que lo que hace cualquier profesional, trabajador o empleado, repercute sobre terceros, beneficiando o perjudicando a aquellos que se ven afectados. Pero al mismo tiempo, la responsabilidad del trabajo no se reduce a su dimensión externa; es lógico pensar que la reflexión ética recae también sobre uno mismo, que la responsabilidad de la acción comienza en primer lugar en las consecuencias que tiene para quién actúa. Toda persona es pues, “responsable” de su trabajo en la medida en que es libre para realizarlo y ésta es la condición que permite que el trabajo se convierta en un bien desde el punto de vista ético. A la vez, de acuerdo con el citado concepto de trabajo profesional de K.R. Andrews, la “perfección” del trabajo en su sentido técnico, el que esté bien acabado, se convierte en norma de conducta para que éste enriquezca al que lo realiza. Un trabajo contribuye en mayor medida al propio desarrollo cuanto mejor hecho esté. Aunque técnica y ética son cuestiones distintas, ambas están presentes en el trabajo. En el plano normativo, del deber ser, un trabajo éticamente bueno debería ser realizado técnicamente bien. La profesionalidad (ver más adelante) en el trabajo implica que técnica y ética son inseparables, y la razón es que la acción técnica llevada a cabo por la persona, es inseparable de la persona misma. Toda acción humana, si es libre y responsable, implica un efecto externo (la cosa producida) y otro interno (el mejoramiento o empeoramiento personal). Esta inseparabilidad de lo técnico y lo ético explica que comportamientos no éticos, como mentir, nunca pueden formar parte de las exigencias de una profesión. Un empleado que presenta como propias ideas ajenas, o que falsea resultados para quedar bien, no es un buen profesional. Estas acciones pueden ser calificadas, indudablemente, como faltas de profesionalidad. La profesionalidad, en su dimensión técnica y ética, puede ser juzgada en cualquier tipo de actividad y tarea profesional. Que el trabajo requiera mayores dosis de esfuerzo manual o intelectual no lo exime de su dimensión ética. Todo trabajo, por pequeño o desapercibido que pueda parecer, es ocasión para la realización personal y el servicio a otros.
  25. 25. 24 Peter Drucker, uno de los más reputados expertos en "management" o gestión empresarial se refería a estos aspectos al afirmar que las empresas deben hacer bien las cosas (do well), para poder hacer el bien (do good)27 . Esta es la idea del «trabajo bien hecho», que constituye mayor bien para quien lo realiza y para quien lo recibe o contrata, si se ponen en práctica normas o principios tan básicos como los siguientes: hacer las tareas con atención e interés, cuidar y proteger los bienes de la organización, actuar con una mentalidad de ahorro, cuidar los detalles, pensar en quien ha de recibir los resultados de ese trabajo. Son aspectos que al ser puestos en práctica de modo habitual se convierten en virtudes o cualidades éticas. R. Solomon, de la Universidad de Texas ha sido pionero en recuperar estos sencillos conceptos para su aplicación en el ámbito de las organizaciones empresariales28 . En cuanto que utilizamos también nuestro lenguaje moral para referirnos a las empresas, comprobamos que la responsabilidad no es sólo individual. En muchas ocasiones las decisiones son colectivas y fruto de unos complicados mecanismos de especialización y división del trabajo, dentro de reglas y formas de actuación determinadas, ante las que el individuo tiene una pequeña parcela de responsabilidad. De ahí que también se hable de responsabilidad de las empresas como instituciones. Desde el momento en que los resultados no pueden ser atribuidos a un solo individuo, desde el momento en que nos encontramos con un «carácter», una forma de hacer las cosas o un modo empresarial de funcionar, la empresa es la que debe dar razones29 . Es entonces cuando hablamos de responsabilidad empresarial. La empresa, como cualquier otra institución, una universidad o un hospital, por ejemplo, no son organismos “naturales” en el sentido de que puedan subsistir independientemente de los fines o metas por las que han sido creados. Son organizaciones creadas por las personas para satisfacer unos fines determinados, objetivos o fines que siempre son sociales. Si la institución 27 Drucker P.: “The new realities in Government and Politics”. En: Economics and Business in society and World view. Harper & Row. New York, 1989. 28 Solomon R.: “Ethics and Excellence: Cooperation and Integrity in Business”. Oxford University Press. Oxford, 1992. 29 Garcia Marzá D.: “La responsabilidad social de la empresa: una definición desde la ética empresarial”. Revista Valenciana de Economía y Hacienda. 2004;12 - III.
  26. 26. 25 no cumple los fines o intereses sociales por los que existe, pierde entonces su sentido y razón de ser ante la sociedad, destruye progresivamente su credibilidad y, a la larga, tenderá a desaparecer. Requiere de la aprobación y el respaldo de todos aquellos que se encuentran implicados en su actividad. De ahí que la responsabilidad de la empresa pueda ser entendida gráficamente como una especie de contrato moral. De una parte, la empresa como organización en la que confluyen determinados intereses, no necesariamente antagónicos pero sí muchas veces conflictivos, requiere una serie de recursos materiales, técnicos y humanos para su funcionamiento. Por otra parte, la sociedad espera de la empresa una serie de bienes que son los que, en definitiva, justificarán el uso de los recursos y la distribución asimétrica de cargas y beneficios que caracteriza a cualquier tipo de estructura empresarial. Bienes que no se reducen al beneficio económico, sino que también incluyen, por ejemplo, el respeto de los valores derivados de la consideración de sus trabajadores como personas, o la atención y mejora de la calidad del medio ambiente. La actividad empresarial induce una serie de expectativas en los grupos internos y externos implicados y/o afectados por ella, (los denominados stakeholders, ver más adelante). Estas expectativas se refieren a su proyecto corporativo, a la actividad que realiza y a cómo la realiza. Si la sociedad, la opinión pública formada a través de estos diferentes grupos de intereses, percibe que la empresa responde y cumple estas expectativas adecuadamente, aporta entonces la necesaria confianza, otorga el crédito suficiente para alcanzar y garantizar, por ejemplo, un buen clima laboral o una fidelidad a la hora de adquirir un producto. Al hablar de contrato moral nos referimos a este juego recíproco de expectativas. Si la rentabilidad empresarial se entiende como una simple ecuación entre costes y beneficios, entre ingresos y gastos, y éstos se conciben únicamente en términos monetarios, es evidente que sólo alcanzamos a completar una parte de este contrato al seguir pensando en una lógica empresarial que nada debe a su dimensión social, al hecho de ser un grupo de personas que persigue un objetivo común. Es un error pensar, como hace la racionalidad economicista, que este beneficio se limita al beneficio económico de los propietarios o accionistas. Tampoco se completa el contenido de este
  27. 27. 26 contrato aceptando, dentro de los pactos del estado social, que el beneficio alcance a los trabajadores. Por supuesto que también se incluye en él los derechos sociales y económicos, sólo que no terminan aquí las expectativas en juego. Existen también otros intereses, como es el caso de la calidad para los clientes o usuarios de los productos y servicios fabricados por esa empresa, o del desarrollo sostenible para las comunidades donde se encuentra instalada la misma. El prestigio, la imagen y aceptación de la empresa por parte de la sociedad, la confianza y el apoyo necesario para su normal funcionamiento, dependen del cumplimiento de estas otras expectativas e intereses. Desde estas premisas, la responsabilidad social responde a una concepción de la empresa como institución social que tiene como objetivo, satisfacer necesidades humanas y un medio concreto para hacerlo: el beneficio económico. Pero no se debe confundir el fin con el medio. Así pues, la apuesta de esta ética empresarial es por un modelo de empresa como institución social y que es consciente de que sólo teniendo en cuenta en sus decisiones a todos los grupos de implicados en la marcha de la empresa, puede alcanzar la confianza necesaria para buscar el largo plazo. De esta forma, la empresa no puede concebirse sólo como cosa de una parte, los propietarios, ni como un juego de suma cero entre propietarios y trabajadores. Tampoco es cosa sólo de dos interlocutores. La empresa es asunto de todos los afectados e implicados en la gestión. Esta es la perspectiva ética que debe recoger la responsabilidad social de la empresa (ver más adelante).
  28. 28. 27 PARA DEFINIR LA RESPONSABILIDAD DE LA(S) EMPRESA(S). Una de las aportaciones básicas que la reflexión moral puede ofrecer a la empresa es la de proponer y justificar un marco ético de actuación empresarial desde el cual determinar, en cada caso concreto, la responsabilidad social y ecológica de la empresa. Este marco moral para la actuación empresarial se ha buscado desde diferentes enfoques éticos30 . Inicialmente se buscó una definición de la responsabilidad empresarial desde unos códigos morales determinados, capaces de decir lo que se debería hacer en cada momento, desde unas normas fijas y claras. Desde este punto de vista, la respuesta no se ha logró nunca: precisamente porque las prácticas cotidianas nunca representan casos estándares donde deductivamente puedan aplicarse criterios fijados de antemano, puesto que cada situación constituye un escenario diferente. Pero sobre todo porque en contextos no sólo complejos y cambiantes, sino también plurales, no se cuenta ya con un único marco moral compartido. La misma acción empresarial atraviesa varias culturas y diferentes formas de ver el mundo. Estas dificultades plantean la necesidad de encontrar un marco estable que permita establecer los criterios morales básicos para definir la responsabilidad social empresarial. Desde otra perspectiva ética se ha intentado buscar la solución a este problema a través del cálculo de las consecuencias para todos los implicados. Tampoco así se ha conseguido gran cosa porque el cálculo de las consecuencias es, en primer lugar, impredecible en muchos aspectos de esta incierta sociedad llamada precisamente “sociedad del riesgo”31 : una sociedad que, como ha explicado con profusión Zygmunt Bauman32,33,34,35 , ha conocido 30 García-Marzá D.: “Auditoría ética: un instrumento para el diálogo empresarial”. Rev Sistema. 2003;174:3-20. 31 Beck, U.: “La sociedad del riesgo. Hacia una nueva modernidad”. Paidós. Barcelona, 1994 32 Bauman Z.: “Modernidad líquida”. Fondo de cultura económica. Buenos Aires, 1999. 33 Bauman Z.: “Ética Posmoderna. Sociología y Política”. Siglo XXI. Madrid, 2004. 34 Bauman Z.: “Vida Líquida”. Ediciones Paidós Ibérica. Barcelona, 2006. 35 Bauman Z.: “Tiempos líquidos. Vivir en una época de incertidumbre”. Tusquets. Barcelona, 2007
  29. 29. 28 el tránsito de una modernidad «sólida» -estable, repetitiva- a una «líquida» -flexible, voluble- en la que las estructuras sociales ya no perduran el tiempo necesario para solidificarse y no sirven de marcos de referencia para los actos humanos. La incertidumbre en que vivimos se debe a una serie de transformaciones entre las que se contarían la separación del poder y la política, el debilitamiento de los tradicionales sistemas y mallas de seguridad que protegían al individuo, o la renuncia al pensamiento y a la planificación a largo plazo: el olvido aparece como condición del éxito. Este nuevo marco implica la fragmentación de las vidas, exige a los individuos que sean flexibles, que estén dispuestos a cambiar de tácticas, a abandonar compromisos y lealtades. Resulta difícil, si no imposible, encontrar así respuestas definitivas como para poder lanzarse a ese río de Heráclito de Éfeso que, sobre todo hoy, nunca es el mismo. En segundo lugar, todo cálculo de consecuencias supone una previa definición de cuáles se tienen en cuenta y quién cuenta para poder calcular cuál es el resultado del asunto. En todo cálculo utilitarista siempre hay una posición privilegiada que define las reglas del juego, precisamente aquella que tiene el poder de definir no sólo cuando un interés está o puede estar satisfecho, sino incluso qué es un interés y cuál es un interés legítimo. En este punto, una ética empresarial derivada de la ética del discurso, creada en los años 70 por Apel y Habermas36 , propone un cambio radical de perspectiva. Su posición metodológica no parte de la construcción más o menos acertada de los criterios morales, sino de su reconstrucción. Una ética aplicada que tenga su base teórica en la ética discursiva no se encarga de “inventarse” los criterios morales con los que enjuiciamos los diferentes ámbitos de la praxis y sobre los que basamos nuestra confianza. Su objetivo es más bien explicitarlos, puesto que su lugar natural se encuentra en nuestro lenguaje moral cotidiano. En el caso de la empresa, no realizamos juicios evaluativos, ni utilizamos conceptos como bien o mal, correcto o incorrecto, justo o injusto, etc., para referirnos sólo a los beneficios económicos. Solemos decir que tal comportamiento ha sido incorrecto ante el incumplimiento de un contrato, que 36 Apel KO, Cortina A, de Zan J, Michelini D. (eds.).: “Etica comunicativa y democracia”. Crítica. Barcelona, 1991.
  30. 30. 29 tal remuneración salarial es injusta, que no es moral la forma en que se han obtenido beneficios, por ejemplo, utilizando mano de obra infantil, o que el empleo abusivo de materias primas es injusto, por excesivo. Al expresar estos juicios no creemos que estemos afirmando sólo nuestras opiniones individuales y subjetivas, ni siquiera estamos dispuestos a admitir que sólo seguimos con ellas nuestra tradición y herencia cultural. Consideramos más bien que tenemos buenas razones para convencer a cualquiera que quiera oír que lo que decimos es correcto. Lo más importante es que las razones aducidas y apuntadas sobrepasan las fronteras jurídico-estatales para instalarse en un marco universal, un marco que afecta a todas las personas como seres que poseen dignidad y merecen reconocimiento. Por eso, la tarea de una ética empresarial como ética aplicada consiste, en un primer paso, en reconstruir este saber práctico cotidiano aplicado a la empresa. Un enfoque ético de la empresa debe partir del hecho básico de que la ética es constitutiva de la actividad empresarial, como lo muestra su presencia en la confianza y en los factores de credibilidad o legitimidad social. De ahí que la forma de operar de una ética empresarial dialógica como la propuesta37 , una ética que quiera dar respuesta al carácter global que tiene hoy toda actividad empresarial, deba apoyarse necesariamente en este carácter constitutivo. Lo que significa que debe partir siempre de la misma actividad empresarial y explicitar los valores y las expectativas recíprocas que tácitamente operan en cada una de las estructuras y decisiones de la empresa. Este potencial de sentido no actúa sólo en los directivos y propietarios, puesto que la empresa, como actividad cooperativa que es, exige la coordinación de todos los implicados y afectados por ella. No se trata de describir cómo funciona de hecho la empresa, sino de reconstruir aquello que las diferentes partes que la componen piensan que es su actividad y su corporación no se trata de inventarse un “debe ser” desde la teoría y después aplicarlo a la empresa, sino de hacer explícitos los presupuestos normativos que subyacen de hecho en las múltiples relaciones de la empresa y que definen su sentido y razón de ser. Si 37 García-Marzá D.: 2003 (op. cit.).
  31. 31. 30 así queremos denominarlo, se trata en definitiva de mostrar las bases de capital confianza que sustenta a la empresa como organización. Para la ética discursiva lo que convierte en moral, justo o correcto, y, por lo tanto en exigible, una actuación, norma o institución, es precisamente el acuerdo o consenso que pudiera alcanzar entre todos los interlocutores involucrados, en un diálogo exento de presiones internas y externas, esto es, en igualdad de condiciones de participación38 . Para hacer explícito este potencial de entendimiento en el caso de la empresa una ética empresarial puede utilizar la figura metodológica de ese contrato moral, al que antes nos referíamos, entre las diferentes partes implicadas en la actividad empresarial. Siempre y cuando se entienda este contrato de forma normativa, es decir, con la consideración de todos los grupos implicados, y de forma crítica, esto es, en condiciones perfectas de simetría e igualdad de participación. Como venimos diciendo, la empresa constituye una actividad social y conlleva una cada vez más compleja trama de relaciones sociales, de distribución de cargas y beneficios, de repartos asimétricos de poder, de diferentes niveles de decisión, etc. Todo ello con vistas a la obtención de un objetivo común: la satisfacción de los distintos intereses en juego, si los diferentes grupos que componen estas relaciones no aprecian el valor añadido aportado por su cooperación, la empresa deja de ser creíble como institución, pierde su sentido y razón de ser. Con esta perspectiva, el diálogo y posterior acuerdo o consenso entre los diferentes interlocutores involucrados define la validez o justicia de la empresa como organización, así como de sus decisiones y comportamientos. Claro está que estos grupos implicados realizarán un cálculo de consecuencias, pero éste pasa a constituir una razón más dentro de la argumentación práctica y no el (único) criterio de validez. Es este acuerdo posible entre las partes implicadas lo que define la responsabilidad de la empresa. Desde este punto de vista normativo una empresa ética y una empresa responsable son conceptos sinónimos, puesto que reflejan el horizonte de actuación que nos permite dirigir nuestra gestión en una dirección u otra. En definitiva para este enfoque teórico una empresa responsable será 38 Habermas J. Escritos sobre moralidad y eticidad. Paidós, Barcelona, 1991.
  32. 32. 31 aquella que es consciente de las múltiples dimensiones de este acuerdo moral y, actuando en consecuencia, asume en su cultura y en su gestión que debe dar razón ante todos los grupos implicados del grado de cumplimiento de sus respectivos intereses. Desde la ética del discurso el punto de vista moral del reconocimiento recíproco se entiende desde esta idea del acuerdo o consenso que una ética empresarial discursiva interpreta como un contrato moral y que justifica desde el saber práctico que poseemos y que podemos utilizar en la empresa. Con este principio moral se pueden explicar las razones morales que subyacen a la confianza y conducir la gestión de la empresa en esa dirección. Así la ética empresarial se dirige al potencial de entendimiento y acuerdo que existe entre todas las partes, para mostrar cuáles son sus condiciones y poder convertirlo luego en un activo clave no sólo en la resolución consensual, dialógica, de los problemas, sino también para evitar su aparición. En este sentido puede hablarse de la ética como un instrumento de gestión, referida a las directrices y procedimientos que permitan una gestión ética y no instrumental de los recursos morales en la empresa. No obstante, no se debe confundir esta exigencia de diálogo y posterior acuerdo con un consenso fáctico, con los acuerdos que en cada situación concreta podamos alcanzar. Se trata de un principio ético, es decir, de un marco de actuación que funciona como una brújula y que establece las condiciones de igualdad y simetría en las que puede darse el acuerdo, según el criterio moral básico del reconocimiento recíproco de todos los interlocutores39 . La validez de este principio nada tiene que ver con que se cumpla o no, igual que la validez de los derechos humanos no depende de su (desgraciadamente escaso) grado de cumplimiento o la validez de las reglas de tráfico no depende del número de conductores que las cumplen. De hecho, es improbable que pueda haber un diálogo en igualdad de condiciones, o que estén presentes todos los afectados posibles. Sin embargo, este principio sí que sirve para medir la validez de los acuerdos alcanzados, para saber si se 39 Una interpretación de este principio moral kantiano puede encontrarse en: Cortina A.: “Hasta un pueblo de demonios. Ética y sociedad democrática”. Taurus. Madrid, 1998.
  33. 33. 32 acerca o aleja de lo que consideramos un acuerdo justo40 . De ahí que la idea de la responsabilidad moral constituya un criterio de validez para evaluar la moralidad de las actuaciones concretas. Esta es la diferencia clave entre la responsabilidad moral y la responsabilidad social. Cuando hablamos de moral nos referimos al horizonte del diálogo y posterior consenso entre todas las partes, esto es, al cumplimiento de todas las expectativas legítimas depositadas en la empresa. Una empresa ética es la que es capaz de satisfacer todos estos intereses en juego, es decir, es aquella cuya estructura de poder y distribución de cargas y beneficios podría contar con la libre aceptación de todas las partes involucradas. Desde este punto de vista moral, reconstruido desde las premisas mismas de la confianza, cada empresa debe definir su posicionamiento, el grado de responsabilidad que piensa puede realizar y que constituirá su responsabilidad social y ecológica. Con esta diferenciación, puede introducirse un marco moral de actuación desde el que definir valores y normas que puedan pretender alcance universal41 . Hoy es ya evidente que sólo una ética universalista puede dar razón del proceso de mundialización y globalización, es decir, de la moralidad posible de actuaciones económicas y empresariales que exceden el marco de una cultura o de un Estado debido a la creciente integración de las distintas economías nacionales en un único mercado capitalista mundial. 40 García-Marzá D. Deber. En: Diez palabras clave en ética, Adela Cortina (ed.). EVD. Madrid, 1993. 41 González E. “Defining a Post-Conventional Corporate Moral Responsability”, Journal of business Ethics, vol. 39, págs. 101-108.
  34. 34. 33 SOBRE CULTURA ORGANIZACIONAL. En la misma línea que venimos comentando, R.L. Potter define la ética de las organizaciones como “el uso intencionado de los valores para guiar las decisiones de un sistema. El uso intencionado de esos valores implica que los miembros de un grupo cooperativo de personas han reflexionado sobre un conjunto de valores, los han articulado correctamente y los han aceptado como normativa para la cultura de su organización”42 . A este respecto, la cultura organizacional es una variable independiente o metáfora de la organización en su conjunto, que poseen todas las organizaciones y donde expresan valores, creencias, tradiciones e ideales compartidos, formas y modos de ejecutar las tareas que se han ido adoptando y acumulando con el tiempo y que condiciona fuertemente el pensamiento y la conducta de sus miembros43 . La incorporación de dicha cultura en la vida cotidiana va generando ese “ethos” de la organización, esa identidad, referida a la identidad moral que define el horizonte de cualquier organización; es decir, la toma decisiones, el valor de la identidad institucional y su identidad social. El concepto de cultura está íntimamente ligado al de clima organizacional, que hace referencia al conjunto de características relativamente permanentes del ambiente laboral que influyen en el comportamiento de los empleados. Es un concepto que se fija más en lo observable, en cómo es percibido subjetivamente el ambiente laboral, y que se relaciona directamente con la satisfacción en el trabajo, es decir, cómo se sienten los miembros de la organización. Aunque ambas nociones de clima y cultura están íntimamente relacionadas y no existe unanimidad teórica acerca de sus diferencias, sin duda 42 Potter RL. From clinical ethics to organizational ethics: The second stage of the evolution of bioethics. Bioethics Forum 1996: 12:3-12.4 43 Chiavenato I.: “Introducción a la teoría general de la administración”. Ed. McGraw Hill. Colombia, 1999.
  35. 35. 34 el concepto de cultura es más amplio y profundo, a la vez que complejo y abstracto44 . Con frecuencia, cuando se habla de organizaciones, al referirse al grupo de personas que las constituyen, no se tiene en cuenta que tienen personalidad, y que pueden ser flexibles e innovadoras o rígidas y conservadoras. De aquí el origen de la cultura como variable independiente que afecta las actitudes o conductas de los empleados dando como resultado el concepto de institucionalización; cuando esto ocurre, además de la de sus miembros, la organización adquiere vida propia. De esta manera, el concepto de cultura organizacional remite a un sistema de significados compartidos en gran parte de los miembros de una organización y que distingue a una organización de otras. La cultura organizacional facilita así que se genere el compromiso con algo superior en el personal, ya que toda esa gran base de conocimiento sería en beneficio de toda la organización y generaría una gran estabilidad social derivada de conocer más cada día y que permita a los individuos sentirse a gusto con su trabajo por su conocimiento organizacional; constituye un importante elemento de cohesión que mantendría unida a la organización. Por otro lado, indirectamente, la cultura organizacional constituye un medio para conseguir mejorar la calidad ética de la organización. En este sentido, la cultura ética de la organización podría ser definida como aquel tipo de cultura organizacional cuyos elementos integrantes, observables o no, pueden juzgarse como éticamente buenos. Es decir, cuando las normas y comportamientos habituales, así como los valores y creencias compartidos por todos los miembros de la organización pueden ser juzgados positivamente en sentido ético. 44 Vélaz I.: “Clima y cultura empresarial”. Cuadernos Empresa y Humanismo, nº 77. 1999. Disponible en: http://www.unav.es/empresayhumanismo/publicaciones/cuadernos/catalogo07.htm
  36. 36. 35 EL ORIGEN DE LA RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL (RSE) O CORPORATIVA (RSC)45 . La Responsabilidad Social Empresarial o Corporativa (RSE o RSC) es un término al que se alude frecuentemente en los últimos años; responde a un convencimiento cada día más demandado por la sociedad, y que va siendo asumido poco a poco por parte de los directivos que están al frente de las empresas consideradas “excelentes”. Desde sus inicios las teorías del management y de la gestión empresarial no han sido nunca un discurso monocorde. Como en casi cualquier otro campo de las Ciencias Sociales, numerosas perspectivas han confrontado sus posiciones, tras las que latían muchas veces concepciones generales de la empresa sensiblemente distintas y aún enfrentadas, que han conducido, en consecuencia, a enfoques de la gestión y a estrategias marcadamente diferentes. Sin embargo, una de esas perspectivas se ha ido consolidando paulatinamente como paradigma dominante: se trata de la visión etiquetada como “paradigma liberal”, que pone el centro de su atención en los propietarios y accionistas de la empresa (shareholders o stockholders), y que considera como objetivo central de la firma la maximización del valor generado para ellos (algo que suele traducirse en la práctica como maximización de los beneficios, y frecuentemente en un horizonte temporal de corto plazo). Es una perspectiva que ha alcanzado su mayor predicamento en el mundo anglosajón, a través de las enseñanzas impartidas en las escuelas de negocios, pero que se ha convertido en la ortodoxia canónica en la cultura económica occidental a lo largo de los años 80 y 90 del pasado siglo. Constituye un lugar común señalar como ejemplo arquetípico de este 45 Hay una sutil diferencia en el significado de la responsabilidad social corporativa (RSC) y de la responsabilidad social empresarial (RSE), en la medida en que distinguen entre la empresa y la corporación, entendiendo que ésta última incorpora a todas las organizaciones, empresariales o no e independiente de su tamaño. Aunque para muchos ambas expresiones significan lo mismo. La Responsabilidad Social Corporativa (RSC), se ha ampliado para incorporar a las agencias gubernamentales y a otras organizaciones, que tengan un claro interés en mostrar cómo realizan su trabajo. Emplearemos aquí el concepto de RSC. http://es.wikipedia.org/wiki/Responsabilidad_social_corporativa
  37. 37. 36 paradigma la posición de Milton Friedman, formulada por vez primera con toda rotundidad en 1962, en un conocido y repetidamente citado artículo de título inequívoco: “La responsabilidad social de la empresa es incrementar sus beneficios”46 . Sin embargo, los propios problemas a los que este paradigma ha conducido y las transformaciones socio-económicas que se han venido intensificando desde comienzos de la década de los 90’ (globalización, aceleración tecnológica, acrecentamiento de la competencia, crecimiento de los beneficios y del poder de las grandes empresas, aumento de la contestación social a ese poder, etc.), han ido auspiciando la paulatina emergencia de un nuevo modelo, todavía insuficientemente definido y no poco heterogéneo, pero cada día más perceptible. Un modelo caracterizado –frente al liberal- por dos aspectos que se retroalimentan: una mayor atención a los restantes colectivos que –además de los propietarios– resultan esenciales para la buena salud económica de la empresa (stakeholders), y una paralela mayor preocupación por la sostenibilidad económica de la firma a medio y largo plazo. Aunque son muy numerosas las publicaciones que, ya desde los años 80, abogan por esta reconsideración de las preocupaciones centrales de la empresa, se atribuye a R. E. Freeman, en 1984, la primera formulación con una defensa coherente de esta perspectiva47 . El mantenimiento en el tiempo de los buenos resultados económicos depende de la calidad de la relación de la empresa con muchos sectores: sin duda, con los propietarios-accionistas, pero también con los clientes, los proveedores, los empleados, los reguladores y los agentes creadores de opinión (analistas, expertos, medios de comunicación...), así como -y tanto más cuanto mayor es la dimensión y relevancia de la empresa- el entorno social en que se ubica y el conjunto de las sociedades en que opera. Todos estos colectivos tienen además –y más cuanto más directa sea su implicación con la firma– un interés decidido en la buena marcha de la empresa –aunque sean intereses en muchas ocasiones no coincidentes-, porque de ella 46 Friedman, M.: “The Social Responsibility of Business Is to Increase its Profits”. New York Times Magazine, septiembre 1970, (inicialmente publicado en 1962). 47 Freeman, RE.: “Strategic Management: A Stakeholder Approach”. Pitman– allinger, Boston, 1984.
  38. 38. 37 depende en buena medida –a veces, de forma absolutamente determinante- su nivel de ingresos y su calidad de vida. Son, por eso, colectivos que mantienen frente a la empresa fuertes expectativas, en la medida en que han “apostado” – más o menos decididamente- por ella: han depositado en ella buena parte de sus expectativas de vida. Es ése el origen del neologismo inglés con el que desde la obra de Freeman se conoce a estos sectores: stakeholders. Una expresión que surge en clara respuesta a la atención excesivamente polarizada a los accionistas (shareholders) del paradigma liberal y que se ha traducido en castellano de diferentes formas, siendo las más utilizadas “partes interesadas”, “públicos afectados o interesados” o “grupos de interés”48 . Este enfoque emergente parte, así, de la constatación de que la empresa contrae fuertes compromisos no sólo con sus accionistas, sino también con los restantes stakeholders: tanto mayores cuanto mayor y más directa sea la relación con ellos. Compromisos legítimos, pero no siempre totalmente compatibles, puesto que los objetivos que los diferentes grupos de interés tienen con la empresa y entre sí pueden ser muy diferentes. De aquí que la empresa que quiera atenderlos a todos adecuadamente debe tratar de gestionar ese conflicto potencial de expectativas, buscando una respuesta ponderada: encontrar el equilibrio óptimo en su relación con sus grupos de interés. Esta teoría se dirige siempre hacia una cuestión básica: las organizaciones están compuestas por una pluralidad de grupos de intereses de los que depende su credibilidad o legitimidad social. Este objetivo implica siempre reconocer una doble dirección en estas relaciones, como vemos en la clásica definición de Freeman de grupo de interés: “cualquier grupo o persona que pueda afectar o ser afectado por el logro de los objetivos de la empresa”. De la misma forma que un grupo de interés puede ser afectado por las decisiones, acciones y políticas de la organización, también puede éste afectar a la buena marcha de la empresa49 . 48 González Esteban E.: “La responsabilidad moral de la empresa: una revisión de la teoría de los stakeholders”. Tesis doctoral. Noviembre, 2001. Universidad Jaume I. disponible en: http://www.tdr.cesca.es/ 49 Freeman, RE. (op. cit.). 1984.
  39. 39. 38 Desde estas premisas ya no es posible hablar de un interés propio y específico de la empresa, de cuyo cumplimiento depende su legitimidad o credibilidad social. El objetivo de una empresa que merezca el calificativo de responsable no puede ser otro que el acuerdo de todos los actores implicados en su actividad. No existe un interés empresarial identificable en exclusiva con uno de los grupos, por más poder que tenga, ni existe un interés corporativo más allá de los grupos que componen la empresa. Desde el punto de vista ético la empresa no tiene un interés en sí misma más allá de la satisfacción o cumplimiento de todos los intereses legítimos en juego. El bien que aporta la empresa puede localizarse en el beneficio, pero esta afirmación es del todo vacía si no aclaramos inmediatamente para quién es el beneficio y cómo se ha conseguido. El acuerdo sólo será posible si esta producción de bienes o valores alcanza a todos los implicados y/o afectados. Como ya hemos señalado, en esta concepción dialógica de la responsabilidad no hay ningún criterio moral más allá del diálogo y el acuerdo entre todas las partes, más allá de la consideración de la igualdad de todos los afectados. No hay ningún contenido moral, sólo el procedimiento que asegura una participación igual, un diálogo y una deliberación en igualdad de condiciones, merece el calificativo de moral. Da igual el contexto cultural en el que se mueva la empresa, en todos los casos el acuerdo alcanzado sobre los resultados constituye el criterio de validez moral. Esta exigencia de reciprocidad, del trato igual de todos los implicados como interlocutores válidos, se convierte así en un principio ético para la gestión de las instituciones. Este principio define el marco normativo para poder hablar de responsabilidad empresarial y dice lo siguiente: “Una institución es responsable cuando las decisiones, acciones y políticas que adopta, así como las consecuencias y efectos de las mismas respecto a los intereses en juego, pudieran ser aceptadas por todos los implicados y/o afectados presentes y futuros en un diálogo abierto en condiciones simétricas de participación”50 . De esta forma se diferencia claramente entre la responsabilidad moral y la responsabilidad social de la empresa. La perspectiva ética o responsabilidad 50 Habermas J. Conciencia moral y acción comunicativa. Península. Barcelona, 1985
  40. 40. 39 moral, como queramos denominarla, se sitúa en un nivel procedimental y sólo establece las condiciones desde las que es posible hablar de un diálogo justo o moral entre los diferentes implicados. Por su parte, la responsabilidad social se refiere al conjunto de acciones, decisiones y políticas que conforman la respuesta que ofrece cada organización concreta ante las demandas y exigencias de sus correspondientes grupos de intereses. Esto es, determina el grado de aproximación y compromiso con el horizonte ético del diálogo y el acuerdo posible, aspectos que constituyen las bases éticas de la confianza. No debemos confundir los criterios de actuación con las conductas a las que estos pueden dar lugar. Debe insistirse en que no sólo, ni principalmente, son motivaciones éticas las que subyacen a esos compromisos de la empresa con sus stakeholders. Las razones dominantes –como es lógico, inevitable y necesario en la gestión empresarial– son fundamentalmente económicas. La empresa debe atender adecuada y equilibradamente a sus diferentes grupos de interés porque de todos ellos obtiene un recurso básico –tangible o intangible para el óptimo desarrollo de su actividad: capital de los accionistas; ingresos de los clientes; suministros de los proveedores; fuerza de trabajo, talento, motivación e integración de los empleados; licencia para operar de los reguladores; buena valoración de los creadores de opinión; y aceptación y reputación de la sociedad. Recursos todos ellos cuya consecución en las mejores condiciones (en la mayor cantidad, con la mayor facilidad y al menor coste posibles) depende poderosamente de la buena relación que consiga mantener con cada uno. En esta perspectiva radica la importancia de este nuevo enfoque: en el convencimiento de que los antagonismos entre los intereses parciales de los diferentes grupos de interés no constituyen un juego de suma cero, en el que lo que uno gane necesariamente lo ha de perder otro. Al contrario, la adecuada gestión de las diversas expectativas puede conducir a un juego cooperativo, en el que todos pueden resultar beneficiados si la empresa acierta en el equilibrio con que responde y atiende a todos ellos.
  41. 41. 40 EL CONCEPTO DE RESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA (RSC). El enfoque anterior es el que late tras el concepto de RSC, un concepto sobre cuyo carácter existen todavía no pocas discrepancias, pero que ha ido ganando progresivamente carta de naturaleza al calor de la paulatina centralidad de esa atención integral y equilibrada a los diferentes grupos de interés de la empresa. En ella radica su especificidad: en la convicción de que la empresa –por diferentes razones, pero ante todo por su propio interés económico- debe asumir el compromiso de atender de la mejor forma posible a sus diferentes partes interesadas; de responder adecuadamente a las expectativas que cada una mantiene frente a ella: el compromiso, en definitiva, de aspirar a la mayor calidad posible en las relaciones que la empresa mantiene con cada parte. Desde esta perspectiva, caben muchas definiciones para el concepto de RSC. Una relativamente frecuente, comprensiva y útil, es la siguiente: la libre voluntad de la empresa de aportar el mayor valor posible a sus diferentes grupos de interés51 . Una definición aparentemente simple, pero que comporta no pocas implicaciones. La primera es la que se refiere a una voluntad no obligada por imperativo legal. Si bien la RSC bien entendida exige un escrupuloso cumplimiento de la ley, las buenas prácticas a que da lugar deben rebasar las exigencias legales (si no, estaríamos ante la simple responsabilidad legal). En segundo lugar, la de que esa voluntad de aportación de valor (de utilidad en alguna medida), a cada stakeholder está condicionada por la paralela voluntad de tratar con criterio similar a los restantes, con lo que sólo es posible entender adecuadamente la RSC desde una perspectiva global y presidida por el reiterado principio de equilibrio. Se trata de un principio que conduce a una tercera implicación: esa atención medida y ponderada a todos los grupos de interés supone tomar en consideración todas las dimensiones de la actividad de la empresa, entre las que cabe citar: 51 Moreno Izquierdo JA.: “Responsabilidad social corporativa y competitividad: Una visión desde la empresa”. Revista Valenciana de Economía y Hacienda. 2004; 12 - III.
  42. 42. 41 • La financiera, dominante en el paradigma clásico (que al focalizar su atención en los accionistas, prioriza desmedidamente la persecución del máximo beneficio económico). • La productiva, que atiende a las relaciones con los grupos que aportan los recursos básicos (aparte del capital), para el proceso productivo (proveedores y empleados). • La comercial, que centra su atención en las ventas y en la provisión del servicio y, por tanto, en las expectativas de los clientes. • La jurídica, que se enfoca hacia el cumplimiento de los requisitos exigidos por la ley y en la relación con los reguladores y la administración pública. • La humana, que implica el adecuado respeto a las personas implicadas en la actividad empresarial. • La social y ambiental, que toma en consideración los efectos que la actividad de la empresa tiene en las condiciones de vida y en el medio ambiente de las sociedades en que la empresa opera. En esta necesidad de consideración integral de todas las dimensiones de la empresa subyace la aproximación de la muy extendida definición de RSC del llamado Libro Verde de la Comisión de la Unión Europea: “la integración voluntaria, por parte de las empresas, de las preocupaciones sociales y medioambientales en sus operaciones comerciales y sus relaciones con sus interlocutores”52 . Una definición derivada de la centrada en la atención a los diferentes grupos de interés y que, como aquélla, pone su punto de mira en la consideración de los efectos que la actividad de la empresa tiene en todos los ámbitos a los que afecta. Esto conduce a otra implicación básica de la RSC: la empresa que la asume debe atender no sólo a la consecución del mayor nivel posible de beneficio y a su sostenimiento en el tiempo, sino también a la forma en que se consigue y a la forma en que se distribuye –directa o indirectamente- entre todos los grupos de interés. Una empresa es tanto más socialmente 52 Comisión Europea. Libro Verde: Fomentar un marco europeo para la responsabilidad social de las empresas. Bruselas, 2001. Disponible en: http://ec.europa.eu/employment_social/soc-dial/csr/greenpaper_es.pdf
  43. 43. 42 responsable cuanto más equilibradamente reparte el valor que genera. Lo cual no tiene por qué suponer una merma para los accionistas. Bien al contrario, puede ser la mejor forma de optimizar el crecimiento en el tiempo (en un horizonte temporal amplio) del valor que la empresa les aporta. Es ésa la razón de la consideración de inversión que deben tener los costes derivados de la puesta en práctica de políticas de RSC. Esta responsabilidad integral se traduce en la práctica en todo tipo de criterios, actitudes, estrategias, políticas y prácticas que conducen a una mayor calidad en las relaciones con los grupos de interés. Una finalidad no muy diferente a la que preside el concepto de calidad total o excelencia (ver más adelante), y que sólo tiene sentido si se plantea a nivel general de la organización, integrándola en su estrategia básica y en su sistema de gestión global y desplegándola en todas sus actividades y en todas sus áreas. Y sobre todo, en las más importantes, las que constituyen el “núcleo duro” (core business), de la empresa: el gobierno corporativo, el proceso productivo, las áreas de negocio y la gestión de los recursos humanos. En este sentido, las áreas que nunca deberían quedar fuera de la atención de una empresa con vocación de responsabilidad serían las siguientes: • Cultura corporativa. • Sistema de gobierno. • Cumplimiento de la legalidad. • Estándares éticos. • Transparencia informativa. • Aspiración a la mayor calidad posible en las relaciones con accionistas, empleados, clientes y proveedores. • Respeto al medio ambiente. • Compromiso con el desarrollo de las sociedades en que la empresa está presente Para algunos la RSC sigue siendo una materia bastante desconocida, a pesar de que los documentos, las publicaciones y la información sobre la misma no paran de crecer. En pocos años se han multiplicado los Observatorios, Cátedras empresariales, Universidades, Escuelas de Negocios
  44. 44. 43 y múltiples organismos que están produciendo una intensa documentación sobre ética empresarial.53 Con todo, se trata de un debate todavía incipiente y, como ocurre en muchos otros campos, en la sociedad de la información, la inflación informativa impide la adecuada ordenación del conocimiento54 . Existen además una gran confusión conceptual y una excesiva heterogeneidad de iniciativas privadas o públicas en todo el mundo para tratar de conceptuar u homologar la RSC: algunos confunden interesadamente RSC con mecenazgo empresarial, o con la acción social de la empresa, o con iniciativas solidarias de mayor o menor impacto publicitario basadas en estrategias de marketing social para favorecer la imagen de marca. Como hemos visto, el concepto de RSC esta ligado a la noción de un nuevo contrato social en donde las empresas son responsables no sólo ante sus accionistas o “shareholders“, sino también respecto a los colectivos o grupos de personas y entidades con intereses concretos, (partes interesadas o “stakeholders“) en la empresa: empleados, proveedores, clientes y, en suma, la sociedad y las generaciones futuras. Sólo actuando de esta forma las empresas ganarían credibilidad y legitimidad ante la sociedad. Carroll55 propone una definición de RSC en la que expresa cuatro dimensiones principales que caracterizarían la responsabilidad que la empresa debe asumir ante la sociedad: • Responsabilidad Económica. Es la primera responsabilidad de la empresa como institución económica, que se deriva del cumplimiento de su función tradicional, es decir, de la producción de bienes y servicios con el fin de obtener un beneficio económico determinado, maximizar las ventas y minimizar los costes. 53 Argandoña A.: “La ética en la empresa en España”. Doc.Investigación nº 378. Enero, 1999. Cátedra “Economía y Ética”. IESE. Universidad de Navarra. Disponible en: http://www.iese.edu/research/pdfs/DI-0378.pdf 54 Jauregui, R.: “La RSE y la izquierda”. En: Varios autores. “La Responsabilidad Social de las Empresas. Miradas desde la Izquierda”. Madrid, 2007. 55 Carroll, A. B.: “Social Responsibility”. En: Encyclopedic Dictionary of Business Ethics, Werhane and Freeman, Blackwell Publishers, Massachusetts,1998.
  45. 45. 44 • Responsabilidad Legal. La empresa posee una estructura jurídica, por lo que sus actividades están sometidas a una serie de regulaciones que deben ser respetadas. • Responsabilidad Moral o Ética. Se refiere al conjunto de actividades y prácticas de las empresas que son juzgadas como correctas o incorrectas por la sociedad, aún sin estar escritas en la ley. Son exigencias sociales y ecológicas que aún no se han convertido en ley o que nunca poseerán una forma jurídica por no tener un carácter fácilmente objetivable. • Responsabilidad voluntaria o filantrópica. Tiene un carácter discrecional. Se trata de actividades que no son una exigencia de la sociedad pero que son deseables y satisfactorias, como son contribuir con recursos financieros a obras de caridad, apoyar programas educacionales, etc. Lo importante en esta descripción de los contenidos de la responsabilidad radica en que constituyen presupuestos de la confianza en la empresa y que siempre, en mayor o menor medida, se encuentran en tensión en toda realidad organizacional. Aunque no con el mismo nivel de exigibilidad, la RSC estaría compuesta por la suma e integración de estos cuatro niveles de responsabilidades parciales, de forma que: “la empresa socialmente responsable debe esforzarse por conseguir un beneficio, obedeciendo la ley, siendo ética y siendo un buen ciudadano corporativo”56 . 56 Carroll, A. B. (op. cit.) 1998.
  46. 46. 45 LAS RAZONES DE LA RSC Y EL (BUEN) GOBIERNO CORPORATIVO. Como ya se ha señalado, no es nueva la consideración de muchos de los aspectos que se engloban en el concepto de RSC. Pero es indudable que se trata de elementos a los que las empresas y organizaciones vienen prestando una atención creciente a lo largo de los últimos años, integrándolos además de una forma cada vez más coherente y sistemática en su gestión. Aunque ya hemos apuntado algunos aspectos anteriormente, es conveniente preguntarse por las razones de la intensificación de esta preocupación. Según diversos autores57,58,59 , las más significativas pueden agruparse en cuatro grandes bloques: • Presión de la sociedad civil. • Presión de las instituciones públicas. • Presión del mercado. • Cambios en el entorno. Con respecto a las presiones de la sociedad civil, puede señalarse que las empresas –y sobre todo las grandes corporaciones y multinacionales- se han convertido en una de las instituciones más relevantes de nuestro tiempo, desempeñando un papel en la sociedad que trasciende incluso la propia dimensión económica para convertirse en uno de los referentes fundamentales de las sociedades avanzadas. Una realidad que no ha hecho sino acentuarse en los últimos años, en el contexto del complejo fenómeno que se ha dado en llamar globalización. Se trata de una realidad claramente percibida por la opinión pública, haciendo que la institución empresarial esté cada día más en el punto de mira 57 García Perdiguero T.: “La responsabilidad social de las empresas en un mundo global”. Anagrama. Barcelona, 2003. 58 Nieto M, Fernández R.: “Responsabilidad social corporativa: la última innovación en management”. Universia Business Review, nº 1, primer trimestre. Madrid, 2004. 59 de la Cuesta M.: “El porqué de la responsabilidad social corporativa”. Boletín Económico de ICE, n.º 2813, 2 de agosto. Madrid, 2004.
  47. 47. 46 de la sociedad, que aprecia sus virtualidades y su potencial, pero que percibe también sus defectos y que la plantea exigencias en correspondencia a su importancia social. Una actitud en la que han influido considerablemente determinados comportamientos irresponsables de algunas grandes empresas de referencia que, pese a circunscribirse a casos concretos, han afectado a la reputación general. Ante todo ello, ha empezado a tomar cuerpo una creciente presión de la sociedad civil: una presión frecuentemente difusa, pero cada día más perceptible y a veces muy directa, que se canaliza por múltiples vías (activistas, organizaciones especializadas en el escrutinio y control, organizaciones humanitarias, asociaciones de consumidores y usuarios, grupos ecologistas, medios de comunicación, sindicatos, etc.). Una segunda fuente de presiones sobre las empresas –también especialmente sobre las grandes corporaciones- procede de las instituciones y administraciones públicas, tanto en la esfera nacional como en la internacional. Presiones casi siempre orientadoras, más que reglamentarias o compulsivas, aunque empiezan a producirse desarrollos legales en muchos países. Son presiones en gran medida coincidentes con las procedentes de la sociedad civil, que se traducen en solicitudes de las Administraciones Públicas a las grandes empresas para que colaboren en proyectos públicos de interés social y en orientaciones y reglamentaciones públicas a favor de una gestión más responsable: Mejor sistema de gobierno corporativo, mayor transparencia, mejores políticas laborales, mejor cumplimiento de las condiciones de competencia, prácticas más responsables con la sociedad y el medio ambiente, etc., que se materializan en formas muy diferentes, pero convergentes: reglamentaciones legales, estímulos económicos, recomendaciones, estándares informativos, difusión de buenas prácticas y de empresas modélicas, etc. Es una tendencia, por otra parte, cada día más apreciable también en el ámbito internacional, en el que muchas de las principales instituciones de presencia pública están desarrollando numerosas directrices y orientaciones estrechamente relacionadas con el ámbito de la RSC. Baste citar aquí iniciativas como el Pacto Mundial de las Naciones Unidas, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la Global Reporting Initiative (GRI), – también impulsada por la ONU-, el ya citado Libro Verde de la Comisión
  48. 48. 47 Europea, las Líneas Directrices de la OCDE para Empresas Transnacionales o las Normas Laborales Básicas de la OIT, entre otras. El tema del buen gobierno de las organizaciones empresariales se ha convertido en un tema clave sobre el buen funcionamiento del sistema económico. Ni el más conspicuo y ortodoxo pensador ultraliberal desconoce que deben existir unas reglas de comportamiento de los agentes que operan en los mercados, que deben aplicar controles internos y externos en las empresas cotizadas y que alinear los intereses de los gestores y accionistas de las empresas conduce a la mejora de las mismas y al mejor beneficio social60 . Puede definirse el Gobierno Corporativo como el sistema por el cual las sociedades anónimas son dirigidas y controladas. El elemento principal es que tanto las empresas como sus directivos actúan dentro de unos límites establecidos por las empresas como sus directivos actúan dentro de unos limites establecidos por las leyes y demás normas, por sus proveedores de recursos materiales y financieros, sus accionistas, por sus propias escrituras y por la opinión pública. El elemento clave es que estos límites evolucionan constantemente y que los consejos de administración deben estar alerta y anticipar las características y profundidades de dichos cambios. La opinión pública es un elemento de importancia creciente, dado que ha introducido en la agenda de las empresas y organizaciones elementos como el cuidado y el respeto por el medio ambiente o los derechos humanos en la empresa. Este escrutinio sistemático de opinión pública, de los accionistas, de los empleados, hace que las grandes empresas y corporaciones hoy sean organizaciones transparentes. La proliferación de escándalos financieros y el hecho de que muchos ejecutivos y gestores de grandes organizaciones y empresas antepongan sus intereses a los de los propios accionistas y propietarios, ha hecho aumentar la preocupación por el buen gobierno de las empresas en los últimos años. Ello ha dado lugar a la aparición de numerosas Normas, Informes, Códigos o recomendaciones sobre gobierno corporativo que han ido incorporando, en mayor o menor medida, cuestiones relativas a la responsabilidad social, que 60 Álvarez, M.: “El buen Gobierno de las empresas”. En: Varios autores. “La Responsabilidad Social de las Empresas. Miradas desde la Izquierda”. Madrid, 2007.
  49. 49. 48 determinan las obligaciones y responsabilidades de las compañías frente a la sociedad en general y la importancia de mantener relaciones de cooperación con todos los grupos de interés61 . Los orígenes de las corrientes que se desarrollan el gobierno corporativo a través de distintos Informes o Códigos nacen en el Reino Unido, ya que es allí donde se publicó el primer informe sobre el tema, sirviendo de referencia para la redacción de la mayoría de los códigos de buen gobierno de todo el mundo: el Código Cadbury, publicado en 1992, reunió las primeras recomendaciones sobre buen gobierno como resultado de las deliberaciones del comité creado en 1991 por la Bolsa de Londres; el Código Greenbury (1995) se centraba más en aspectos relativos a la retribución del consejo; y el Código Hampel, publicado en 1998, evaluó el grado de cumplimiento de las recomendaciones de los Códigos Cadbury y Greenbury. Siguiendo a Reino Unido, otros países publicaron sus propios textos: Council of Institutional Investor (EEUU, 1999), Código Viénot (Francia, 1995), Código Peters (Holanda, 1997), Informe Cardon (Bélgica, 1998) y Código Draghi (Italia, 1999). En España, el primer documento de este tipo se publicó en 1996, por el Círculo de Empresarios, pero prácticamente no tuvo ninguna repercusión en los consejos de administración. En febrero de 1997, un acuerdo del Consejo de Ministros creó una “Comisión especial para el Estudio de un Código ético de los Consejos de Administración de las Sociedades”. Esta Comisión, presidida por Manuel Olivencia Ruiz, emitió su dictamen, conocido como Informe Olivencia62 , en febrero de 1998, declarando que, de acuerdo con el encargo recibido, su propósito había sido, por una parte, redactar un informe sobre los Consejos de Administración de las sociedades que apelan a los mercados financieros y, por otra parte, elaborar un Código ético de buen gobierno de asunción voluntaria por estas sociedades. 61 Fundación Alternativas.VV.AA.: “Gobierno Corporativo, responsabilidad social y nuevas herramientas de gestión”. En: “Los nuevos desafíos de la RSC. Informe 2007: Responsabilidad Social Corporativa en España”. Madrid, 2007. Disponible en: www.falternativas.org 62 “El Buen gobierno de las sociedades”. Informe de la Comisión especial para el Estudio de un Código ético de los Consejos de Administración de las Sociedades. 1998. Disponible en: http://www.etnor.org/html/pdf/pub_olivencia.pdf
  50. 50. 49 La Comisión dejaba constancia en su Informe de que la demanda de reforma no se dirigía tanto a los poderes públicos, por la vía de las reformas legislativas, como a las propias sociedades, para que, al amparo de la autonomía de la voluntad privada y de las facultades de autorregulación de sus órganos, adoptasen las decisiones conducentes a su mejor gobierno. Con estos presupuestos, la Comisión concluye que las medidas de buen gobierno de las sociedades han de centrarse, como núcleo fundamental, en los Consejos de Administración, en su funcionamiento y en la conducta de sus miembros, exponiendo cual debe ser su misión, estructura, funcionamiento y responsabilidad, así como los deberes de los administradores. La parte final del Informe Olivencia presenta un modelo de Código de Buen Gobierno, con 23 reglas en forma de recomendaciones de voluntario cumplimiento, pidiendo a las empresas que, en caso de no adoptarlas, expliquen las razones por las que no lo hacen. Cuatro años más tarde, en julio de 2002, el Gobierno decidió crear una “Comisión especial para el fomento de la transparencia y seguridad en los mercados y en las sociedades cotizadas”, bajo la presidencia de Enrique de Aldama y Miñón. Dicha Comisión emitió su informe, conocido como Informe Aldama63 , en enero de 2003, declarando que se trata de un paso más a lo largo de la senda de transformación del mercado de capitales español, que continúa la tradición del Informe Olivencia, haciendo suya la filosofía del imperio de la ley, la autorregulación y la transparencia. La Comisión considera que su función no es la de sustituir al legislador, ni la de recortar la capacidad de autorregulación de las sociedades, limitándose así a “proponer unas reflexiones sobre la situación, esclarecer el sentido del proceso de cambio en el que estamos insertos, y realizar determinadas sugerencias, señalando problemas y apuntando posibles soluciones, sin dogmatismo, en el tono y la manera de pautas prudentes en una materia de una complejidad considerable y creciente, y sometida a cambios continuos”. 63 “Informe de da Comisión Especial para el fomento de la transparencia y seguridad en los mercados y en las sociedades cotizadas”. 2003. Disponible en: http://www.nebrija.com/responsabilidad-social/docs/Informe_Aldama.pdf

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