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Emine&Fougner

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  • 1. La traducción de este libro es un proyecto del Foro My Adicción Perfecta. No es, ni pretende ser o sustituir al original y no tiene ninguna relación con la editorial oficial. Ningún colaborador: Traductor, Corrector, Recopilador, Diseñador— ha recibido retribución material por su trabajo. Ningún miembro de este foro es remunerado por estas producciones y se prohíbe estrictamente a todo usuario del foro el uso de dichas producciones con fines lucrativos. My Adicción Perfecta anima a los lectores que quieran disfrutar de esta traducción a adquirir el libro original y confía, basándose en experiencias anteriores, en que no se restarán ventas al autor, sino que aumentará el disfrute de los lectores que hayan comprado el libro. My Adicción Perfecta realiza estas traducciones, porque determinados libros no salen en español y quiere incentivar a los lectores a leer libros que las editoriales no han publicado. Aun así, impulsa a dichos lectores a adquirir los libros una vez que las editoriales los han publicado. En ningún momento se intenta entorpecer el trabajo de la editorial, sino que el trabajo se realiza de fans a fans, pura y exclusivamente por amor a la lectura.
  • 2. Traducido y Corregido por Jesica cabo de despedirme de Claude Bastille, cuando este se vuelve sobre sus talones en la puerta y sonríe —Golf, esta semana Grey— dice él, estrujándome en el rostro el hecho de que puede patearme el trasero en el campo de golf también. Es uno de los mejores instructores de artes marciales mixtas que hay y me entrena muy bien, claro que es de esperar, puesto que le pago bastante bien para que lo haga. A menudo me patea el trasero como es de esperarse, aunque eso signifique que aplace el darle su dinero. En su época, Bastille era un competidor olímpico. He estado entrenando arduamente con él, todos los días en los últimos dos meses, puesto que de alguna manera, tengo que canalizar mi siempre latente exceso de energía. Aunque un tiempo atrás, el solía patearme el trasero solo cinco días a la semana ya que yo tenía mi propia forma de ejercitarme en el fin de semana. Pero en estos días si solo pudiera patearle el trasero al suelo un par de veces a la semana, podría decir que tuve un día interesante. Aunque no me gusta el ritmo de golf, es el juego por excelencia de los hombres de negocios, por lo que me esfuerzo por hacerlo bien, gracias a esto muy a menudo ciertos negocios son logrados en los campos de golf.
  • 3. En aquel momento y con el ceño fruncido miro fuera del piso de mi oficina en el vigésimo piso a través de los ventanales. El cielo es gris como mi estado de ánimo, desagradable. Tengo todo bajo control, pero ha sido una existencia ordinaria para mí últimamente. No he tenido una distracción en los últimos dos meses. No hay retos emocionantes y nada ha capturado mi interés. Todo está ordenado y todas mis cosas bajo control. En aquel momento suena el teléfono. — ¿Sí, Andrea? —Sr. Grey, la Srta. Anastasia Steele de parte de la Srta. Katherine Kavanagh está aquí. —Odio las sorpresas, no debí de haber accedido a darle esa entrevista a la Revista de WSU, pero por supuesto la Srta. Kavanagh fue bastante insistente, y claro ella viene de una familia importante en el mundo de los negocios, de hecho espero hacer unos que otros con su padre, a cambio de este favor. Pero entonces, ¿alguien más se presenta en lugar de ella? En ese momento mi tono se vuelve petulante hacia Andrea. —No estaba esperando a la Srta. Steele, ¡Estaba esperando a la Srta. Kavanagh! —Es la Srta. Steele quien está aquí señor— ella responde. —Muy bien, hazla pasar— digo con un gruñido. Antes de que pasara un minuto, la puerta se abre y una maraña de pelo castaño, brazos pálidos, una bolsa de mensajero, piernas pálidas vestidas con botas marrones, ruedan en el piso de mi oficina de cabeza. Aunque no me gusta la torpeza, la cortesía exige que vaya a ayudarla, así que voy y le extiendo la mano y la ayudo a volver a una posición vertical sosteniendo sus delgados hombros. A medida que se pone de pie, me encuentro con los más brillantes y tímidos ojos azules, capturando mi mirada con una descarga de electricidad que me detiene en seco. Ella me mira, mira a través de mí, como llegando a lo más profundo en mi alma, es desconcertante, como una luz llegando a lo profundo de mi ser y tirando de él hacia la superficie.
  • 4. Ella parpadea, sonrojándose al notar mi cara. Hago una mueca, pero sonrío rápidamente. Siempre es lo mismo. Las mujeres reaccionan ante mi cara de esa manera, lo que yo llamo ‘lengua atada’. Extiendo mi mano, al mismo tiempo que decido divertirme con esta situación. —Srta. Kavanagh, soy Christian Grey. Espero que este bien, ¿le gustaría tomar asiento? Ella se sonroja una vez más, su piel pálida cambia a un color rosado hasta la línea de su cabello, al tiempo que sus ojos se clavan en el piso, su coleta está casi desecha luego de su caída mientras que su voz responde en murmullos y rápidamente, mientras yo recibo su pequeña mano en la mía. En aquel momento siento una nueva descarga de electricidad cruzando entre nuestros dedos al tocarnos. ¡Caray! Ella debe sentirlo también, puesto que su apariencia revela la impresión en su rostro, además de la manera en la que rápidamente retiro su mano con un leve jadeo. —La Srta. Kavanagh se encuentra indispuesta. Así que me envió a mí en su lugar, a decir verdad ella se encuentra bastante mal, mis disculpas por el cambio de último minuto Sr. Grey—. Su voz es musical y melodiosa, sus largas pestañas marcan una leve sombra sobre sus ojos azules que una vez más están clavados en el piso, de esa manera tan tímida. — ¿Y usted es? — pregunto sacando las palabras de ella. —Oh, soy Anastasia Steele. Estudio con Kate… umm… Katherine, um… la Srta. Kavanagh en WSU . Ella tartamudea y se tropieza con sus palabras. Me divierte. Hay algo en ella. Además también es morena. Nuevamente desvía su mirada de mí, y puedo ver que ella está nerviosa y extremadamente tímida en este  WSU: Universidad Estatal de Washington Vancouver (WSUV) es de Vancouver, Washington, rama de la Universidad del Estado de Washington. Aproximadamente 351 acres de WSU Vancouver (1.42 Km 2 ) El campus se encuentra en el lado sureste de la montaña. Vista aproximadamente a ocho millas (13 km) al norte del río Columbia. Se expandió a una universidad de cuatro años completos en 2006.
  • 5. momento. Ni siquiera puede mirarme a los ojos, mira a su alrededor, en cualquier dirección excepto hacia mí. Fijo mi mirada en ella, sintiendo disgusto por su indistinta vestimenta, desde su falta en forma de A, su blusa sin forma, y botas baratas. Y de repente la imagino vestida en seda y satín; no sé de dónde vino ese pensamiento siendo sincero. De hecho no puedo imaginarla como periodista con este comportamiento tímido. Es notable que no tenga ni un solo hueso de decisión en su cuerpo. Además es bastante tímida también, muy dócil, muy asustadiza… muy sumisa. Tomo una inhalación brusca. Mi mente se pregunta, y antes de que le pueda señalarle un asiento noto como mira las pinturas colgadas en mi oficina con admiración. Me siento atraído a explicarle. —Es un artista local— le digo —Trouton—. Ni siquiera sé lo que me hizo explicarle, puesto que, no lo haría normalmente, ni me hubiera importado. —Adorable— dice ella suavemente —llevando lo ordinario a Extraordinario—. Me sorprendió escuchar esas palabras salir de ella con tanta simpleza y elocuencia, ya que fue el mismo pensamiento que yo tuve al comprarlas, de alguna manera, ella también era algo extraordinario salido de lo ordinario. —Si— me encuentro a mí mismo respondiendo mientras mi mirada se fija en ella con intensidad. Ella vuelve a sonrojarse mientras en mi mente me pregunto cómo cambiaría el color su cola ante las embestidas de mis entusiastas manos. Tampoco sé de dónde vino ese pensamiento; suavemente muevo mi cabeza de un lado al otro, y la miro haciendo un intento de colocar su desactualizada grabadora compacta sobre mi lujosa mesa de café exportada, dejándola caer repetidas veces. A pesar de que considero que la torpeza es irritante, pero la de ella me parece entrañable, así que trato de ocultar mi sonrisa tras mi dedo central. ¡Qué carajo! ¿Cómo es posible que no notara esos labios?
  • 6. Y ahora ella está mordiendo su labio inferior, un claro reflejo de la frustración que siente al no conseguir colocar correctamente esa antigüedad de máquina. ¡Qué no le haría a esos labios! No puedo apartar mi mirada de ellos, y mi mente se pregunta mil cosas haciéndome enloquecer. Solo quisiera acercarme y hacerla soltar ese labio para capturarlo con mi propia boca. Cierro mis ojos, y tomo un suave suspiro, cuando finalmente ella logra colocar la grabadora, y me reprimo a mi mismo en mi mente, por pensar como un adolescente mientras ella murmura una disculpa por no estar acostumbrada a la grabadora, lo que me importa un bledo; estoy demasiado absorto viendo su labio inferior. Le digo que se tome su tiempo, dándome tiempo a mi mismo para colectar mis pensamientos errantes. Una vez que la maquina empieza a gravar, la verdad me siento decepcionado con las preguntas que me hace. Son mundanas y ordinarias. ¿Por qué estoy desperdiciando mi tiempo respondiendo estas preguntas? Noto como una vez más ella se pone nerviosa, al darse cuenta de mi disgusto y decepción. Luego de escuchar mi respuesta murmura —suena como un maniaco controlador. ¡Qué carajo! Que tan en lo cierto estas bebé, si tan solo supieras. La mire con intensidad al responderle. —Oh, ejerzo control en todas las cosas Srta. Steele—. Me encantaría controlar esa boca sarcástica e inteligente ahora mismo. Y nuevamente muerde su labio inferior. Su próxima pregunta es sobre poder; por su tono puedo darme cuenta de que me encuentra arrogante. La respuesta que le di, abrió su boca por la impresión. Luego me pregunta sobre mis intereses fuera del lugar de trabajo, para “relajarme”.
  • 7. Le digo una gran parte de mis intereses excepto mis dos pasatiempos favoritos, los cuales la incluyen a ella justo ahora. De hecho en aquel momento ambiciono atarla a mi cama de dosel de mi cuarto de juegos. ¡Qué demonios! ¿De dónde vino aquella imagen? Las siguientes preguntas son simples y de dominio público. Es como si no hubiese hecho su tarea antes de entrevistarme. Simplemente ¡Ridículo! Y entonces sus labios se parten para preguntar lo que ni mi familia jamás se había atrevido a preguntar; lo que está en la mente de todo el mundo, pero nadie se atrevió a pronunciar antes. — ¿Es usted homosexual señor Grey? — ¿Qué diablos? ¿Cómo se atreve? Ahora me gustaría cruzarte sobre mis rodillas y golpearte hasta la mierda si fueras mía por esa pregunta. Cambie ligeramente de color, pero me compuse a mí mismo. Respondí firmemente—: No Anastasia, no lo soy. Al menos tiene la decencia de lucir bastante avergonzada. Una vez más nerviosa. —Lo siento tanto señor Grey. Yo… ehh, la pregunta estaba escrita…— apuntando a sus notas —justo aquí. — ¿No escribiste tus propias preguntas? — ella luce bastante disgustada. —No señor Grey, Kate, emm la Srta. Kavanagh lo hizo— respondió sonrojándose. —Eso explica las preguntas. Dime, ¿Cómo fue, que tu terminaste entrevistándome, si esas son las preguntas de la Srta. Kavanagh? —Bueno, técnicamente fui obligada, ella es mi compañera de piso, y está bastante enferma.
  • 8. De repente me siento mucho mejor. —Bueno en ese caso, déjame hacerte a ti unas preguntas. Es decir es lo justo después de tus preguntas especialmente personales—. El sonrojo aparece junto al nerviosismo mientras ella permanece ahí sentada. La miro directamente, sí, ¡me gusta hacerte retorcer, y someterte bebé! Ahí va otra vez mordiéndose el labio inferior. Sólo quiero acercarme más y tirar de su barbilla para qué deje de hacerlo, o también cogérmela sobre mi mesa de café... cálmate Grey, me digo a mí mismo. Me recuesto suavemente en mi silla, tocando nuevamente mi labio inferior con mi dedo mayor. Ella se ve más nerviosa aun. Ok, definitivamente no es lesbiana, y ciertamente no es inmune a mis encantos. Andrea entra rápidamente luego de tocar la puerta. —Señor Grey, su próxima cita es en dos minutos. —Cancela mi próxima cita Andrea— le digo mientras ella se congela en su lugar evidentemente tomada por sorpresa. — ¿Señor? —Te he dicho que la canceles— dije volviendo la cabeza a ella quien mantenía la boca abierta y su cara empezaba a ponerse roja. Anastasia se arreglaba para marcharse empacando sus cosas. —No quisiera alterar su horario Sr. Grey—. Al menos Andrea finalmente tiene la decencia de entender mi comando y responde —sí señor. —No tiene por qué marcharse de inmediato Srta. Steele, puedo ofrecerle un recorrido por las instalaciones si así lo desea— ella ya está lista para largarse. —Oh, no tiene que hacer eso por mí, Sr. Grey— ella balbucea. —Srta. Steele, ¿Cuáles son sus planes para después de la graduación?
  • 9. —Aún no he pensado en esa parte de mi futuro Sr. Grey, solo estoy tratando de pasar mis finales por ahora. Me encuentro a mí mismo ofreciéndole un trabajo en mi compañía, yo nunca hago eso —puedes aplicar a una pasantía aquí. ¿Qué demonios está mal conmigo? Ella es demasiado joven, y claro yo tengo esa regla de nunca cogerme a mi equipo de trabajo. Pero ella no es parte de mi equipo de trabajo aun. Curiosamente ella rechaza mi oferta, ¿qué tiene de malo mi compañía? — ¿Por qué no? — le pregunto. — ¿Es obvio no? — pregunta ella como si se tratara de sentido común, tomando su bolsa y poniéndose de pie. ¡No para mí! me levanto y camino hacia la puerta sinuosamente, abriéndola para ella. No quiero que se tropiece sobre sus propios pies al salir, indicando mi intención, ella me agradece a regañadientes mientras yo sonrió. Ambas, Andrea y la interna, abren la boca como idiotas mientras yo acompaño a la Srta. Steele hacia afuera. Le pregunto si tenía una chaqueta y la interna se apresura para buscarla. Al tomarla de su mano, ayudo a la Srta. Steele a ponérsela. Mi mano esta sobre su hombro quizás un segundo más de lo que debería y siento una vez más ese choque eléctrico, así es como sé que ella también lo siente. —Adiós Anastasia— me despido. —Adiós Christian— ella responde mientras las puertas se cierran. Girando sobre mis talones, ordeno a Andrea: —Pon a Welch en la línea telefónica— un minuto después estoy en contacto con él. — ¡Welch! Quiero que hagas una revisión de antecedentes para mí.
  • 10. —Sí Señor, ¿nombre? —Anastasia Steele. Lo necesito lo antes posible. —Si Señor—. Y cuelgo. Ahora a esperar. Yo no soy de esos que espera. La verdad es que creo que debería darme a mí mismo unos días, y así ver si aún la deseo entonces. Ella es tan joven, luce demasiado inexperta. Pero sería tan divertido poder enseñarle. Odio esperar. Un par de días después recibo un detallado pero nada descriptivo record de antecedentes. Tiene 21 años, trabaja medio tiempo en una ferretería, posee un índice académico de 4.0. Pero no dice nada sobre sus relaciones en el pasado, o presente. A pesar de que hace ya unos días desde la entrevista, no puedo sacármela de la cabeza. Tengo que descubrir de qué se trata esto. Llamo a mi asistente. —Andrea, resérvame en algún lugar en Portland, para mañana. —Sí señor. De verdad odio esperar, yo no soy del tipo que espera. Estoy enloqueciendo justo ahora, pero tengo que verla. Nunca antes había seguido a una mujer. Es mi primera vez. Ni si quiera sé cuál es su orientación sexual. Al menos su respuesta a mis encantos parecía positiva. ¿Y qué tal si no es soltera? Mierda, el pensamiento acaba de ocurrírseme. Solo hay una manera de averiguarlo. Si no lo está, entonces volveré y me olvidare de esta idiota aventura. Pero justo ahora, estoy volviéndome loco e impaciente por saber de ella. No puedo sacarme ese mordisqueo de su labio inferior de mi mente como si fuera un adolescente sobre excitado. Mañana, la veré nuevamente mañana.
  • 11. Traducido y Corregido por Jesica e encuentro a mí mismo como un idiota adolecente de pie frente a la ferretería Clayton. Ella trabaja el día de hoy. Tomo un respiro profundo y la localizo en aproximadamente treinta segundos. Se encuentra en la registradora mirando a la pantalla de la computadora, evidentemente concentrada en una tarea, mientras come un bagel. A veces remueve los restos de la comisura de sus labios con su lengua, otras con su dedo medio. Repentinamente me siento con el lujurioso deseo de ir y chupar los restos de comida de sus labios. Se ve tan adorable como la recuerdo, de hecho en pantalones de mezclilla y su camiseta se ve mucho, mucho mejor. Al subir la mirada dejando atrás su tarea, su respiración se acelera. Esto me hace sonreír, me alegra ver que puedo afectarla de esa manera. Eso significa que no es lesbiana. Puedo ver la sorpresa en su rostro y sus ojos azules dilatarse. —Srta. Steele, que agradable sorpresa el verla aquí.
  • 12. Ella observa mi vestimenta, mi camiseta, mis botas de escalar, sus ojos se detienen un poco más de lo necesario en mis pantalones de mezclilla. Eso me complace. —Sr. Grey— ella logra respirar diciendo mi nombre casi en tono de pregunta. —Estaba en el área. La verdad necesito reponer algunas cosas— digo en forma de explicación. Y ella una vez más está mordiendo su labio inferior y sonrojándose. —Por su puesto Sr. Grey— tartamudea primero, y luego poniendo su sonrisa de empleada me pregunta — ¿en qué puedo ayudarlo? —Necesito cables— digo sonriente. Mientras mi mirada se oscurece solo puedo pensar ‘lo que podría hacerte con ellos’. Su sonrojo aparece una vez más mientras me dirige hacia los cables. Luego me ayuda a conseguir cinta pegante y soga. Es curioso que me pregunte si estoy redecorando. Mi sonrisa secreta sale a relucir. No bebe yo no redecoro. Tengo personas que hacen eso. Estos son para un distinto tipo de proyectos de HUM , los cuales probablemente nunca has probado. ¡Pero qué divertido será enseñarte! Ella se sonroja bajo mi mirada otra vez. Ella esta tan afectada por mí, como yo lo estoy por ella. Debo preguntarle algo para mantenerla interesada. — ¿Por cuánto tiempo has trabajado aquí? — aunque por su puesto ya se la respuesta a mi pregunta. Cuatro años por medio tiempo. Su respuesta es afirmativa, sus ojos mirando hacia el suelo con aquella timidez que había visto antes. Al momento me muestra dos tipos de cinta pegante y opto por la más ancha. — ¿Se le ofrece algo más Sr. Grey? — me pregunta con voz ronca y entrecortada. Si en definitiva mi presencia le afecta.  HUM: Hágalo Usted Mismo o sus siglas en ingles DIY, que significan Do It Yourself.
  • 13. Y ahí estoy yo respondiéndole con el mismo tono de voz que ella había usado. Al verla cortar la soga con la eficiencia de una niña exploradora, le pregunto si alguna vez lo fue de niña mirándola con intensidad. Su respuesta inicial es sonrojarse otra vez y luego estruja sus manos nerviosamente mirando hacia abajo, y luego responde. —No Sr. Grey, las actividades organizadas en grupos no son lo mío. No me gustan ese tipo de cosas— unos segundos más tarde se atreve a espiarme a través de sus largas pestañas. Es algo frustrante el tratar de descifrarla. Así que pregunto. — ¿Y qué exactamente es lo que te gusta Anastasia? — me dirijo a ella con una voz baja y ella jadea suavemente. A decir verdad creo saber la respuesta, y apuesto a que son los libros. —Libros— murmura ella, pero su mirada dice algo más junto con su sonrojo. ¿Me atreveré a decir: Broten y Jane Austen? — ¿Qué tipo de libros? — Pregunto interesado, pero ya se la respuesta. —Los clásicos británicos, lo usual— vuelve a murmurar. Pienso que ella es de esas chicas, corazones y flores. ¿Es esto para mí? Yo no soy de los que hacen flores y corazones. Froto mi barbilla contemplando su respuesta. Pero si funciona, podríamos tener tanta diversión juntos. Me encantaría tratar. Ella cambia el curso de la conversación volviendo a su fachada de empleada. — ¿Necesita algo más Sr. Grey? Lo que necesito es que ella tenga el deseo de hablarme. Me siento seducido por ella. No puedo quitarle los ojos de encima; todo lo que hace, como se muerde el labio inferior, como retuerce sus dedos al estar nerviosa, haciéndome desear tomarla y atarle ambas manos y capturar su labio en el mío y enseñarle a esa boca sabelotodo algunas lecciones.
  • 14. Entonces escuchamos a un tipo llamarla. — ¡ANA! — Un tipo bien vestido se acerca con confianza, lógicamente la conoce. ¿Sera este su novio?, siento un repentino escalofrío, y por poco siento el deseo de golpear a ese tipo hasta la madre. ¿Quién demonios es él?, ella se excusa para mi beneficio y va donde él. Yo estrecho mis ojos. Quizás fue un error el venir aquí. El la abraza, y posiciona su brazo posesivamente sobre su hombro, pero ella no es recíproca. Yo lo observo glacialmente. Quizás no están involucrados. Ella trae a ese maldito con ella, donde yo la espero de pie. —Sr. Grey este es Paul. Su hermano es el dueño de este lugar. Lo conozco desde hace un tiempo; pero raras veces se le ve por aquí ya que Paul estudia Administración de negocios en Princeton — dice ella con ojos expectantes. Lentamente dejo salir un respiro de alivio. El maldito no es el novio, solo es el hermano de su jefe. Mientras nos medimos el uno al otro silentemente, Anastasia añade —Paul, este es Christian Grey—. Le tomo un segundo darse cuenta de quién soy, y puedo ver que su hostilidad cambia a una actitud de reverencia y admiración. Si maldito, ¡ahora suéltala, y arrástrate de nuevo al hoyo del que saliste!, el me pregunta si necesito algo. —Anastasia ha sido bastante servicial— digo entrecerrando los ojos fríamente, haciéndole entender que prefiero que se marche. Finalmente el entiende el punto y se marcha. No sé porque he sentido este arrebato de celos. No estoy familiarizado con esta emoción, y me parece bastante perturbadora. ¿Por qué sentí celos, como si ella fuese mi propiedad? Ella no me pertenece. Sin embargo… Me gustaría que fuera algo mío. — ¿Existe algo más que pueda ayudarle a encontrar Sr. Grey? — pregunta ella nerviosamente y yo ignoro su pregunta. — ¿Cómo va el articulo Anastasia? — pregunto mientras ella luce sorprendida, haciendo contacto visual conmigo, no quiero irme aun, quiero que ella sienta la necesidad de hablarme sobre sí misma.  Princeton: La Universidad de Princeton, localizada en Princeton, Nueva Jersey, Estados Unidos es una de las ocho universidades de la Ivy League. Reconocida como una de las más prestigiosas universidades del mundo, la universidad fue trasladada a Princeton en 1756, manteniendo el nombre original.
  • 15. —Oh, Kate… es decir, la Srta. Kavanagh, mi compañera de piso está escribiéndolo. La verdad se encuentra devastada de que no pudo entrevistarle ella misma. Tiene el deseo de tener algunas fotos de usted también. Esta información me sorprende y me da cierta esperanza de que quizás pueda encontrar la manera de ver a Anastasia nuevamente. Ella puede ver el brillo en mis ojos. — ¿En serio? — pregunto. —Quizás mañana pueda estar disponible, me estoy quedando en la ciudad—. Pesco mi tarjeta de negocios de mi billetera y se la entrego mientras nuestras manos se tocan brevemente haciéndose presente el mismo choque eléctrico, haciéndome jadear y mis ojos oscurecerse. Tengo el mismo efecto sobre ella. —Debes llamarme antes de las 10 de la mañana. Puedo notarla agradablemente sorprendida y me concede una enorme sonrisa que hace brillar aún más sus ya de por si prominentes ojos azules, llevándolos a otro nivel. Me quita el aliento. La verdad es que ella posee una hermosa sonrisa. —Sí, lo haremos. Kate estará tan feliz— dice extasiada. Pago por mi compra mientras ella mantiene la mirada gacha, y yo aquí muriendo por que vuelva a mirarme. ¿Por qué estoy comportándome como un adolecente? Su simple toque moviéndome todo por dentro. Finalmente vuelve a mirarme al momento en que le paso mi tarjeta de crédito Amex. Nuestras miradas se interceptan. Una vez he terminado, tomo mis compras y giro sobre mis talones antes de salir. —Oh Anastasia, me alegra que fueras tu quien me entrevisto, y no tu compañera.
  • 16. Deseo que sepa que me interesa, y puedo sentir como el aire se escapa de su cuerpo, ella siente lo mismo que yo. Le agrado. Al dejar la tienda tengo un renovado propósito. Esto funcionara. Taylor espera por mí en el estacionamiento. —Vámonos— digo. El me conduce hasta el Hotel Heathman. Me dirijo a mi Suite, coloco mis compras sobre una silla y me ocupo con trabajo, esperanzado de que llamara. Si no, me iré mañana mismo abandonando esta casería. Espero que llame. Voy a ejercitarme para gastar mi exceso de energía. Su sonrisa tímida permanece latente en mi retina. Necesito relajarme, me ejército durante horas. Regreso a mi habitación en el hotel para ducharme. Anastasia y sus labios siguen en mi mente. Si no llama, ¿Qué otra oportunidad para encontrarnos puedo arreglar? Mi mente trabaja sobre planes de repuesto. Nunca pierdo cuando me dispongo una misión. Pero si ella tan solo lo deseara. Ella es tan joven para lo que tengo en mente para ella. Luce tan inexperta. ¿Por qué no me ha llamado aun? ¡Maldición! Decido responder algunos correos electrónicos cuando mi teléfono suena. No reconozco el numero ¿Quién diablos será? Estoy de muy mal humor, así que respondo de manera cortante: —Grey. Una tímida, nerviosa y jadeante voz me responde. —Ummm, ¿Sr. Grey? Le habla Anastasia Steele— mi corazón se detiene por un segundo, y luego palpita cada vez más rápido mientras yo me encuentro respondiendo con una voz ronca pero con un tono suave. —Srta. Steele, que agradable escucharla— por poco llego a pensar que no llamaría. Me siento aliviado. Puedo escuchar su respiración acelerarse. Me siento entusiasmado de tener ese efecto en ella. Estoy sonriendo como un idiota.
  • 17. Le digo que estoy hospedándome en el Heathman en Portland, así que decidimos hacer la toma de fotos a las nueve treinta de la mañana. Cuando ella responde—: De acuerdo, ahí lo veremos— toda agitada y excitada, siento mis ojos oscurecerse, no puedo esperar hasta mañana. —Lo espero con ansias Srta. Steele— digo con tono altamente seductor. Mi subconsciente dice “¡tú eres mía!”. La espera a la mañana siguiente está cubierta de sueños eróticos en los que Anastasia usa medias de seda y se encuentra esposada con sus ojos azules expectantes. —Anastasia— murmuro su nombre como una súplica en mis labios. —Christian—. Ella respira, su voz es suficiente como para deshonrarme como hombre. Despierto todo sudoroso con su nombre en mis labios. Pongo mis brazos sobre mis ojos, y entonces remuevo este sentimiento de intranquilidad mirando hacia el techo. ¿Pudiera cualquier otro nombre tener el mismo efecto en mi?, algo como Janet o Marie o Angie… no lo creo. Anastasia. El nombre es una caricia en mis labios, es mágico y vivo. Me siento atraído, embrujado en su hechizo. Al despertar vuelvo al gimnasio para matar el tiempo. Luego de mi entrenamiento, tomo una larga ducha, me coloco una camiseta de cuello abierto blanca, y mis pantalones de marca en franela de color gris, colgando en la parte baja de mis caderas. Como mi desayuno rápidamente y dejo a mi cabello acomodarse a su propio gusto, dejándolo mojado.
  • 18. Ella me llama, dejándome saber que están ocupando otra suite del hotel para la sección fotográfica. Taylor me espera en la puerta. La busco con la mirada tan pronto y como entro a la Suite. Allí está de pie, con unos pantalones de mezclilla de corte bajo abrazando sus curvas bien apretadas y una camiseta blanca que muestra su figura de manera hermosa. Siento su respiración acelerarse cuando su mirada captura la mía, y noto sus ojos observándome discretamente. —Srta. Steele, nos encontramos otra vez— digo extendiendo la mano para recibir su pequeña y pálida mano. Con su toque siento palpitante el mismo choque de electricidad entre los dos, y sé que ella puede sentirlo también, ya que sus parpadeos se vuelven más y más rápidos. De inmediato se sonroja acompañando a eso su respiración errática. Retira su mano demasiado rápido para mi gusto e introduce a su amiga, quien como era de esperarse, no se inmuta, es segura de sí misma y dominante, como yo. —La tenaz Srta. Kavanagh. ¿Cómo le va? — digo y le agradezco a mi estrella en mi cabeza, de que fuese Anastasia quien viniera y no ella. Es lo suficientemente bella pero no me gusta ni un poco. Entonces Anastasia introduce al fotógrafo diciendo —este es José Rodríguez, nuestro fotógrafo—. Ella le sonríe de manera amorosa y el responde a su sonrisa de igual manera pero añadiendo posesividad en sus ojos. Siento la ira construyéndose dentro de mí. ¿Este maldito es su novio? —Sr. Grey— el maldito asiente. —Sr. Rodríguez— digo glacialmente. Tomo asiento en la butaca para la sección mientras me mantengo mirando a Anastasia. Necesito saber si alguno de estos dos malditos que he conocido en estos últimos dos días es su novio. Ambos fueron posesivos con ella. Luego de 30 minutos hemos terminado. Sucede un pequeño intercambio de formalidades y agradecimientos, sobre todo entre Kavanagh y yo, cuando finalmente me giro a Anastasia preguntando — ¿caminaría conmigo Srta. Steele?
  • 19. —Claro— responde ella ansiosa mientras su amiga nos observa sospechosa y el maldito fotógrafo tiene el ceño fruncido. La palabra Novio, retumba en mi cabeza. Necesito saber, yo no soy de esos que comparte. Ella tiene que ser mía. Abro la puerta para permitirle salir. — ¿Me acompañarías a un café esta mañana? — mantengo lo expectante que estoy lejos de mi mirada, pero puedo sentir su pulso acelerarse y veo su cara colorearse de un delicioso rosa pálido. Si bebé esto es una cita. Ella me dice desilusionada, que debe conducir a los demás a casa. ¡Oh yo te cubro bebé! — ¡TAYLOR! —Por favor, lleva a la Srta. Kavanagh, el fotógrafo y su asistente con todo su equipo a donde necesiten ir— entonces me giro hacia ella y digo —lo vez, todo resuelto. —Oh, Taylor no tiene por qué hacer eso Sr. Grey, yo, puedo cambiar de vehículo con Kate— ella regresa a la suite; sostiene una pequeña discusión con su amiga y regresa. —Ok, vamos por el café— dice sonrojándose rojo escarlata. Ese color en ella me hace sonreír como el Gato Cheshire . Hacemos pequeña charla en nuestro camino al elevador. Presiono el botón para llamarlo y cuando las puertas se abren una pareja que había estado besándose, se separa de un salto mirando a cualquier lado excepto uno al otro. ¿Qué será lo que tienen los ascensores? Anastasia esta sonrojada y avergonzada. Yo mantengo mi mirada en Anastasia, observando el adorable color rojizo que sube por sus mejillas una vez más, a duras penas logro conseguir ocultar mi sonrisa.  Gato Cheshire: es el gato purpura y sonriente del cuento infantil Alicia en el país de las Maravillas.
  • 20. Cuando finalmente el elevador suena indicando que llegamos al primer piso, tomo a Anastasia de la mano, y camino fuera del elevador. Podemos escuchar a la pareja detrás de nosotros reírse como chiquillos al escucharme murmurar… — ¿Qué será lo que tienen los elevadores? Cruzamos la calle a una cafetería tomados de las manos y la corriente eléctrica volviéndose una constante en nuestros dedos. —Te English Breakfast, la bolsa hacia afuera— dice sorprendiéndome. Entonces nada de café… luciendo avergonzada, ella me indica que no es una de esas personas que aman el café. Cuando voy por las bebidas y algo de comer, la sorprendo observándome subrepticiamente con una que otra ocasional mordida de su labio inferior. Cuando regreso a la mesa, me encuentro con su mirada gacha, mientras parece haber encontrado algo sumamente interesante en sus nudillos mientras se sonroja. Me encantaría saber si está sonrojándose por causa mía. — ¿Un centavo por tus pensamientos? — pregunto. Ahora su sonrojo es de un color más intenso que el de la bandera China. ¡Dios! ¡Lo que me gustaría hacerte para que me digas lo que piensas! Coloco la bandeja sobre la mesa que ella eligió, y estiro las piernas al sentarme en el lado opuesto a ella, para observar ese hermoso y tímido rostro. Una vez más la coacciono para que hable: — ¿En qué piensas? Ella permanece un misterio. —Este es mi te favorito me gusta negro y suave— al decir eso, yo decido ir directo al grano y sacarme a mismo de la miseria en la que ella me ha colocado porque la verdad no puedo aguantarlo más. —Ya veo—. Digo — ¿es ese tu novio, el fotógrafo José Rodríguez? —No— ella suelta las palabras rápidamente —es solo un muy buen amigo. Más bien es como parte de la familia en realidad.
  • 21. —Ya veo— digo cortando sus palabras. — ¿Y qué tal el chico de la tienda? — Si este soy yo yendo directo al punto. —No, no lo es, te lo dije ayer— me responde al momento que doy un extraño jadeo de alivio. — ¿Por qué preguntas? — me cuestiona ella. —Te pones nerviosa alrededor de los hombres— hago esa observación y ella vuelve a mirar los nudillos de sus puños mientras se sonroja. —La verdad te considero intimidante— me confiesa, pero me doy cuenta de que fue algo que dijo sin pensarlo puesto que al notar lo que había dicho, su sonrojo se intensifica llegándole hasta la coronilla mientras yo tomo un profundo suspiro. Mi presencia si le afecta, el solo pensarlo me complace y no puedo evitar la sonrisa que se dibuja en mi rostro. —Yo soy intimidante, pero por favor no mires hacia abajo, me gusta ver tu cara— digo, y besar esa boca junto a ese labio que has estado mordiendo. Su mirada vuelve a mí. —Quiero saber que estás pensando, eres misteriosa Anastasia. Ella luce nerviosa. Puedo notar que cada vez que se sonroja está pensando en algo, pero no sé exactamente en qué. Me pregunta si siempre hago ese tipo de observaciones personales. No sabía que lo hacía. Además, ¿no estaba ella haciendo observaciones sobre mí la semana pasada? Y entonces me sorprende diciendo que tengo poco tacto cuando quiero algo. ¡No sabes cuan estas en lo cierto bebé! —Yo siempre obtengo lo que quiero Anastasia— le digo—. En todas las cosas.
  • 22. Quiero saber más de ella, y preguntarle sobre su familia. Ella hace lo mismo y me pregunta sobre la mía. Pero a decir verdad me siento más inclinado a saber sobre ella. Pero no me da tanta información como deseo. Le digo sobre mi hermana Mía, quien vive en Paris. —He escuchado que Paris es adorable— dice con un aire soñador. Le digo que en realidad es hermoso y le pregunto si jamás ha estado allí. Pero ella jamás ha salido del país. Al preguntarle si le gustaría ir, su cara se ilumina diciendo —a Paris, por su puesto. Pero es a Inglaterra donde realmente me gustaría visitar—. Apuesto a que puedo adivinar la razón. Mi dedo medio vuelve a tocar mi labio mientras la miro contemplativo y ella luce como si apenas pudiera contener la aceleración de su respiración. — ¿Por qué? — le pregunto. —Austen, Bronte, Shakespeare, Hardy. Quisiera conocer los lugares que inspiraron a mis autores favoritos— dice sin siquiera pestañar. Corazones y flores, justo como lo sospeche. Ella mira a su reloj, probablemente desea irse a estudiar para sus exámenes finales. Le ofrezco encaminarla hasta el auto de la Srta. Kavanagh. Ella me agradece el té, pero por supuesto el placer ha sido todo mío, así que sonrío. Le ofrezco mi mano y ella automáticamente la toma y en menos de un segundo ahí está, esa corriente eléctrica que es una constante entre nuestras pieles. Ambos caminamos tomados de la mano hacia el hotel, perdidos en nuestros pensamientos. Amo la manera en la que luce su trasero con esos pantalones, y sin pensarlo le pregunto — ¿siempre usas pantalones de jeans? —Mayormente— me responde confundida. Le sienta bien, muy pero muy bien. Cuando nos dirigimos al estacionamiento de la nada me pregunta — ¿tienes novia? — toda sonrojada, la razón creo es que tuvo que reunir el valor para hacerme esa pregunta en voz alta. Le dedico media sonrisa.
  • 23. —No Anastasia, yo no hago eso de tener novias— le respondo suavemente. Ella luce confundida, por su puesto. El destello de un pensamiento pasa por su cara sin palabras. Posee una expresión de decepción en su cara y trata de soltar mi mano, caminando por delante y tropezando para caer de cabeza a la calle. Me encuentro gritando—: ¡Mierda, Ana! — mientras la salvo de un tirón a su mano, de que un descuidado ciclista la arroyara ajustándola a mi cuerpo lo más posible. La siento inhalar mi olor, mientras yo igualmente tomo una bocanada de su olor suave y femenino emanando de su cabello y piel. Cierro los ojos un momento susurrando en su oído. — ¿Estás bien? — Mientras la sujeto por la parte baja de su espalda con una mano, tratando de asegurarme de que está bien y no tiene arañazos en la cara con la otra. Rozo su labio inferior con mi pulgar y siento como un escalofrío recorre mi cuerpo. Su aliento se detiene. Cerramos miradas, y ella me observa con tal intensidad, su cuerpo y mirada solo gritan "bésame". Ella es adorable, y yo me encuentro luchando con mi autocontrol y la urgencia de acercarnos esa última pulgada que nos separa y besarla. Cierro mis ojos brevemente y al abrirlos, estoy determinado. Ella es demasiado joven, inocente, demasiado adorable. Ella no pertenece a mi mundo. —Deberías mantenerte alejada de mi Anastasia, yo no soy el tipo de hombre para ti— susurro. Su cara cambia por una llena de desolación, como si le hubiesen golpeado con fuerza. Es mejor que sienta que la rechazo a que luego la hiera de alguna manera peor. —Anastasia respira, te soltare ahora ¿está bien? Te dejare ponerte de pie y caminar— su cara está llena de decepción y dolor.
  • 24. La veo abrir sus ojos azules tan ampliamente como sus ojos le permiten para no dejar que las lágrimas que se forman haciendo brillar sus ojos no rueden por sus mejillas. —Lo tengo— es su respuesta —Gracias Sr. Grey. — ¿Por qué? —Por salvarme— me responde casi en llanto. Estoy furioso con el imbécil que casi la arroya. —Fue culpa de ese idiota, no tuya ¿Quieres que te acompañe al vestíbulo del hotel y tome asiento contigo? —Estoy bien— dice con voz quebradiza. —Gracias por la sección fotográfica— continua como si se tratara de un último esfuerzo de su parte para no llorar. Tengo un debate interno con ciertas emociones desconocidas. Por poco le concedo una explicación, de que soy un tipo jodido, y lo que obtendría de mi la haría infeliz. Ella es del tipo de chica que espera corazones y flores, y las 50 sombras del jodido Christian Grey que soy, no hacen eso. —Anastasia… yo…— entonces me detengo con esa batalla interna en mí, deseándola, pero no queriendo lastimarla. Estoy dividido. No puedo aguantar el dolor en su rostro. — ¿Qué Christian? — me suelta, mi nombre suena a una súplica en su lengua. No, no puedo hacerle esto a ella. Tomo un pequeño respiro y le digo. —Buena suerte en tus exámenes— confundiéndola. —Gracias— me responde casi en llanto y camina en dirección opuesta, alejándose de mí. La última cosa que la veo hacer es limpiarse la cara del mar de lágrimas que rueda por sus delicadas facciones. Mentalmente me pateo a mí mismo.
  • 25. ¡Mierda, Mierda, Mierda! Me regreso al hotel. Necesito golpear algo, alguien, algo… estoy lleno de estas extrañas emociones que no conozco. No puedo sacarla de mi mente. La mirada, el dolor… ¡Maldición! Todo es mi culpa… Yo no hago eso de tener novias, y ella no es el tipo de chica que quiere lo mismo que yo. Estoy en un maldito acertijo y tengo un deseo desconocido, algo que me tira hacia ella, y yo no quiero hacerle daño. Ella va a salir lastimada. Es muy inocente. ¡No va a funcionar con ella! La batalla en mis cabeza me hace sentir colérico. ¿Cómo voy a saber que no funcionará si no lo intento? A la mierda esto. Me daré a mí mismo un día más. Veré si puedo encontrar una solución a esto en mi cabeza. Maldición, llamare a Claude Bastille, para que traiga su trasero a Portland. Necesito un entrenamiento serio. Mañana, esperare a mañana.
  • 26. Traducido y Corregido por Jesica o puedo sacar su rostro de mi mente. Esa mirada aplastante que tenía, y el corazón roto que podía verse en su semblante como si hubiese perdido un familiar. No me agrada lo que le dije. Pero es por su propio bien. Ella es demasiado inocente. Demasiado dulce. Se merece mucho más de lo que yo puedo ofrecerle. Pero hay algo en su presencia que me atrae hacia ella. Me siento destruido por dentro con este tornado de emociones. Simplemente no puedo introducirla mi mundo oscuro. Ella se merece algo mejor; necesita a alguien que mueva su mundo y le de corazones y flores, lo cual claramente es lo que ella desea. Pero entonces la idea de alguien más tocándola me mata por dentro. Odio este sentimiento tan extraño que me consume por dentro, pegándose a mi alma. Odio estar de esta manera. Soy cortante con todo el mundo, a tal forma que hasta Taylor quien generalmente tiene su cara de Póquer, luce incómodo. Estoy en el borde de perder el juicio. Ha pasado casi una maldita semana. Y yo me mantengo vigilándola en la distancia como un adolecente. Su rutina es ir a la universidad y luego al trabajo, mientras yo consigo a duras penas manejar mi mundo de negocios desde el hotel Heathman en Portland.
  • 27. Puedo dirigir mi compañía desde aquí hasta que complete mi responsabilidad en la ceremonia de graduación en WSU, donde se supone debo participar en la entrega de diplomas de todos los graduandos. Incluyéndola a ella… Anastasia. ¿Por qué no puedo sacarla de mi mente? ¿Qué acaso soy un maldito adolecente? Diversión… necesito algo de diversión. Pero nada llama mi atención, excepto ella. Es como si su cuerpo me llamara, su espíritu, su sangre, su ser. No puedo escapar de este maldito sentimiento. Tengo que hacer algo que le demuestre que estoy interesado en ella. Pero aun así siento la necesidad de advertirle. Según me dijo, le gustan los clásicos Británicos, fue específica al mencionar a Hardy. Decido enviarle: Tess la de los D’Urbervilles, primera edición con una nota. Estoy seguro que ya lo ha leído. Quiero que mantenga su distancia, pero no la quiero lejos. Solo quiero darle una advertencia. Si me rechaza, finalmente creo que quizás podría seguir adelante… quizás… Le escribo una nota a mano: ¿Por qué no me dijiste que había peligro? ¿Por qué no me advertiste? Las mujeres saben de qué cuidarse, porque leen novelas que le hablan de estos trucos. Ordeno la primera edición del libro y la hago enviar a su casa con mi nota de advertencia, esperando que ella entienda, que ante todo le deje saber del peligro que represento, pero una parte de mí, espera fuertemente que no se intimide por la advertencia. Nunca antes había deseado tanto a alguien, nada si quiera cercano a esto, y la verdad puedo decir que he tenido bastantes mujeres. Me digo a mi mismo que pudiera elegir cualquier mujer que desee, casi cualquier mujer, pero no, yo no quiero a cualquier mujer, ¡la quiero a ella!
  • 28. Quizás si puedo aguantar esto hasta su graduación y verla en ese momento, quizás entonces pueda declararle mis deseos. ¡Maldita sea estoy perdiendo mis cabales! Ella me ha hechizado en mente y cuerpo, y no quiero estar lejos de ella. Es viernes por la noche y mi hermano me acompaña para la cena en mi habitación de hotel. Elliot trajo algunas ropas para mí, dadas las circunstancias, en primera instancia no había planificado quedarme por tanto tiempo. Mi teléfono suena. Miro el identificador de llamadas y es ella. ¡Es Anastasia! Contesto el teléfono en el segundo timbre casi sin aliento, sorprendido pero suavemente pregunto—: ¿Anastasia? La verdad ella no suena muy bien que digamos. ¿Estará enferma? Inmediatamente me encuentro alerta y atento a su voz. Su voz se derrumba. —Grey…— suena como apagada… — ¿Por qué tu… (Hipo) me enviaste los libros? Inmediatamente estoy preocupado. Mi ánimo cambia a un modo protector, porque ella no se encuentra bien. Definitivamente algo malo está sucediéndole. — ¿Anastasia estas bien? Suenas apagada, extraña… Sin más se ríe de manera derrumbada otra vez. —Grey, tu eres el extraño, no yo. Definitivamente ¡Esta ebria! —Anastasia ¿Has estado tomando? — le pregunto incrédulo. —Ese no es asunto tuyo, ¿Por qué debería de… de imp… imp…— la siento batallando para completar su oración… —…Importarte? —Solo me causa curiosidad. Dime ¿Dónde estás?
  • 29. Se ríe, en realidad está riéndose. — ¡En un bar! — dice como si fuera lo más obvio del mundo. — ¿En cuál? —Uh umm… es un bar en Portland. — ¿Cómo volverás a casa Anastasia? —No lo sé— escucho un hipo otra vez —encontrare la manera. — ¿En cuál bar estas Anastasia? — ¿Por qué diablos me enviaste los libros de Tess de los D… Durb… D’ Urbervilles Christian? —Anastasia…— digo tan calmado como mi ira que ha subido a punto de ebullición, me lo permite. — ¡Dime donde estas! — Mi calma plagada de enojo. —Eres tan mandón, un hombre, persona controlador… — ¿Dónde demonios estas Ana?, Dios me ayude te encontrare de una manera u otra. —Oh muy lejos de donde… donde… donde tu estas. Si lejos de Seattle. —Ana por favor, ¿Dónde estás? — ¡Buenas noches Christian! — ¡y así sin más me colgó! ¡Me colgó a mí! — ¡TAYLOR! — grito. Mi hermano parece divertirse. Nunca antes me había visto seguir a una mujer, por lo tanto todo esto es un espectáculo para sus ojos. — ¿Si señor? — pregunta al entrar a la habitación.
  • 30. —Necesito que localices la ubicación del teléfono celular de Anastasia Steele, ¡Ahora! —Señor. Taylor tiene para sí mismo un pequeño centro de comandos instalado aquí con capacidad para comunicarse en el espacio, encontrar a la Srta. Steele es tarea fácil. Unos minutos más tarde tengo la localización en mis manos. Elliot abre la boca para decir algo, pero lo detengo con un gesto de mi mano. El sonríe sosteniendo sus manos hacia arriba en señal de derrota. — ¡Taylor! ¡Vámonos! — digo al momento que Elliot también toma su chaqueta, viniendo con nosotros. Lo miro de manera directa y cortante. Y él responde con una sonrisa…. — ¡Oye hermano! ¡Siempre pensé que eras gay! ¡Esto tengo que verlo! — Aprieto mis dientes pero lo dejo venir con nosotros. Nos apresuramos conduciendo durante la noche, desde el hotel hasta el bar. Llamo nuevamente a Anastasia con satisfacción a medida que aceleramos la velocidad. — ¿Hola? — responde ella algo asustada. Así es, debes estar asustada. — ¡Voy por ti! — Es todo lo que digo antes de colgar. El bar no se encuentra muy lejos así que diez minutos después de que le llamara a Anastasia, estamos allí. La encuentro rápidamente frente al bar donde el fotógrafo trata de hacer su movida con ella y ella trata sin muchos resultados de alejarlo. Quiero golpearlo hasta sacarle la mierda a ese maldito. Elliot está conmigo. —Ve por su compañera de habitación, es una linda rubia y responde al nombre de Kate Kavanagh.
  • 31. — ¿Linda y rubia? ¡Será un placer! Sonríe él y sinuosamente entra al bar. — ¡Creo que la señorita dijo que No! — Digo con veneno en mis palabras apretando los dientes, mientras salgo de la oscuridad. Está tomando todo mi autocontrol el no saltar sobre él y golpearlo hasta la muerte. En ese momento el la suelta. —Grey— dice él cómo probándome. Como si fuese algo planeado, en ese mismo momento, Anastasia se inclina y expulsa todos los contenidos de su estómago sobre el concreto del patio, salpicando al maldito quien salta hacia atrás diciendo alguna cosa rara en Español. Ella apenas parece estar en condiciones de ponerse de pie. Me apresuro a sostenerla desde su cabeza, sosteniendo su cabello hacia atrás. La atraigo hacia las flores donde las salpicaduras son menores, además de que la oscuridad oculta un poco más el hecho de que sigue vomitando. —Si vas a vomitar, hazlo aquí— le digo. Ella continua vomitando por un tiempo y aun cuando todo el contenido de su estómago parece haber sido expulsado, se le nota mal. Le alcanzo mi pañuelo. Ella lo toma avergonzada, mientras que su maldito atacante, está parado junto a la puerta como un gato que ha derramado toda su leche. Él le murmura que la vera dentro y se marcha. ¡Se marcha! ¿Qué clase de amigo, primero trata de sobrepasarse con su amiga, y luego la deja al cuidado de un completo extraño? Ana está muy mal, pero encuentra la manera de disculparse. — Discúlpame. — ¿Por qué te disculpas Anastasia? — le pregunto. Mejor será que esto sea bueno. — Oh, ¿quieres la lista? La llamada telefónica, vomitar, pero más que nada la llamada— ella luce como si hubiese recibido una lección mientras tiene la mirada gacha concentrándola en sus manos.
  • 32. —Todos hemos pasado por esto, en un momento u otro, quizás no tan mal como tú— al decirle eso, ella me mira como si la hubiese abofeteado. Pero sigo insistiendo. — ¿Es hábito tuyo el presionar tus límites de esta manera? No me mal entiendas, a mí me encanta presionar límites, solo que no esta clase de límites. Ella está enojada ahora y desafiante. —Nunca antes me había embriagado, y…— sosteniendo su cabeza tratando de mantener el equilibro, añade —y no tengo intenciones de hacerlo una vez más—. Al verla tambalearse, la sostengo hacia mi pecho en peligro de sus vómitos. —Ven te llevare a casa— le digo. — ¿Cómo me encontraste? — pregunta ella petulantemente. —Rastree tu teléfono. En ese momento me mira con una expresión que indica no solo su confusión, pero también cierta diversión al mismo tiempo. —Debo ir por mi bolso y mi chaqueta—. Anuncia ella, además quiere decirle a su compañera que se marchara. Le digo que mi hermano Elliot está adentro bailando con Kate. Esto la sorprende, pero de todas maneras quiere entrar. La apresuro a entrar al bar, pero no quiero que se enferme más de lo que está. Así que la llevo a la barra, pido un trago para mí y un gran vaso de agua helada para ella. La hago tomarla, tomarla toda. Puedo ver cómo me acusa de ser mandón con la mirada y la verdad, siento que eso es erótico. Ella me opone resistencia hasta con la mirada. Una vez que ella ha terminado con su agua, la acerco a mi e inhalo su olor personal, ya sé lo que es una combinación de vainilla, jabón limpio, y algo así como espacios al aire libre. De alguna manera, con su aroma personal esto se vuelve un coctel intoxicante para mis sentidos. Me cuesta trabajo mantener mis manos lejos de ella. La dirijo hacia la pista de baile moviéndonos de un lado a otro hasta alcanzar a mi hermano Elliot y a la compañera de habitación de Anastasia, Kate, quien está como las moscas sobre la miel con mi hermano, bailando, moviendo su trasero energéticamente contra él y divirtiéndose.
  • 33. Ana le dice que la llevare a casa. Ella nos despide agitando su mano y sonriendo. Mientras trato de ayudar a Ana a salir del bar y con el ruido ella empieza a balancearse y antes de que me dé cuenta… — ¡Maldición! Esta de cabeza en el suelo. Esta es la tercera vez. ¿A caso siempre tendré que estarla recogiendo del suelo? De alguna manera, a pesar de que ella es bastante desafiante, odio verla caerse y lastimarse. La levanto y la llevo en mis brazos hasta el Audi. Taylor conduce hasta el hotel. Yo la llevo hasta mi suite en mis brazos como si se tratara del paquete más delicado y precioso, como si fuera una niña. Estoy hechizado con esta inocente chica, tomado completamente. Aquí esta ella en mi cama, y es como si yo no tuviera ninguna opción, en cuanto a ella se refiere, soy nada contra sus encantos. Contra esta bella durmiente. Despido a Taylor diciéndole — ¡Eso es todo Taylor! —Buenas noches Señor— me contesta y se marcha a su habitación. Luego de levantar la manta, recuesto a Anastasia en mi cama. La observo por unos minutos, horas, no lo sé. Simplemente no puedo quitarle los ojos de encima. Mi respiración se agita ante su aspecto pacifico. Me arrodillo junto a la cama y desato sus zapatos Converse. Se los quito junto a sus calcetines. Luego bajo el cierre de sus jeans y al tirar de ellos termino revelando sus largas piernas con piel perfecta. La cubro con la manta nuevamente. Tomo asiento en una silla junto a la cama y la observo dormir en posición fetal respirando lentamente. Esto me concede una enorme paz, una paz que no había sentido en mucho tiempo. Simplemente quiero treparme a la cama junto a ella, y sostenerla toda la noche. Nunca antes había tenido a alguien junto a mí, en mi cama… para dormir al menos. Esta es la primera vez. Me quito mis pantalones y mi camiseta. Me coloco una camiseta de algodón para dormir y apago las luces de las lámparas junto a la cama. Por primera vez en mi vida, duermo pacíficamente, sin pesadillas de la prostituta drogadicta que era mi madre, ni de su proxeneta . Esta vez sueño con Anastasia.  Proxeneta: Persona que induce a otra a ejercer la prostitución y se beneficia de las ganancias económicas que se obtienen de esta actividad.
  • 34. Siendo la persona mañanera que soy, despierto temprano, luego de lo que para mí fue, la noche de mejor descanso en mi vida, junto a la hermosa Anastasia. Pudiera observarla por horas, pero necesito ir a entrenar, para deshacerme de toda esta energía sexual que ella hace fluir de mí. Me pongo mis pantalones de entrenamiento y dejo un vaso de jugo de naranja sobre la mesa de noche para darle algo de vitamina C a su sistema, junto a dos píldoras de Advil . Entreno bastante duro, el sudor sale a chorros de mi cuerpo. Luego de lo que pareciera una eternidad, regreso a mi suite y toco a la puerta de mi habitación antes de entrar, solo para no hacerla sentir incomoda. Ella esta despierta, sus ojos me observan siguiendo cada uno de mis movimientos. Al notar las marcas de sudor en mi ropa, su respiración se acelera, y esa reacción causa un efecto en mí, y siento como empiezo a endurecerme. —Buenos días Anastasia— digo — ¿Cómo te sientes? —Mejor de lo que me merezco— ella susurra tímidamente, entonces me mira con sus ojos azules y brillantes. Mientras me quito la toalla de mi cuello ella me observa con intensión en sus ojos y pregunta. — ¿Cómo llegue aquí? Voy al borde de la cama y tomo asiento. Estoy lo suficientemente cerca como para tocarla, pero no lo hago. No quiero decirle que quería observarla toda la noche, mientras trataba de descifrar si ella es lo que deseo. Así que opto por la explicación más simple. —Dado que regaste todas las flores frente al bar, no quería arriesgarme a que hicieras lo mismo con los asientos de cuero del auto, así que te traje aquí en lugar de a tu casa, aquí era más cerca— digo pasivamente. Ella se muerde el labio inferior consiguiendo que mi respiración se acelere. — ¿Tú me pusiste en la cama? —Si— le contesto con mi cara de póquer.  Advil: Advil (ibuprofeno) es un medicamento antiinflamatorio no esteroideo (AINE).Funciona reduciendo las hormonas que causan inflamación y dolor en el cuerpo.
  • 35. — ¿Y me desvestiste? — dice en un susurro apenas audible mordiendo ese labio otra vez. —Si— le respondo mirando directamente a sus labios. —Y, ¿nosotros… eh? — ella arquea las cejas, sonrojándose aun antes de poder bajar la mirada. —No Anastasia, estabas completamente desmayada. No me gusta la necrofilia . Prefiero a las mujeres completamente receptivas y consientes— le respondo secamente. Su cara se hace más roja al recordar y todo se refleja en su cara. Así es, ¡Soy bastante heterosexual! —Fue una experiencia bastante interesante el tenerte en mi cama. — ¿Dormiste junto a mí? —Es mi cama— digo simplemente. —Es algo que no olvidare en un tiempo— le dije…por un muy largo tiempo… Entonces Anastasia me cuestiona sobre lo que ella llama, mis tendencias de acosador. A pesar de que suena como si quisiera darme una reprimenda también luce complacida. —Deberías de estar feliz de que te acosara, porque en lugar de estar aquí, podrías haber despertado junto al fotógrafo ese, quien estaba presionando su movida contra ti anoche, de hecho de manera bastante brusca— digo recordando no muy complacido, la furia que empezó a crecer en mi pecho contra ese bastardo. —Suenas como un caballero de la corte real— dice ella. Su inocente observación me saca de mi línea de pensamiento y me regresa a mis preocupaciones. No hay nada ligero con respecto a mi bebé. Todo es oscuro y jodido.  Necrofilia: Es una parafilia caracterizada por una atracción sexual hacia los cadáveres. La palabra proviene del griego νεκρός (nekros «cadáver» o «muerto») y φιλία (filia; «amor» o «atracción»).
  • 36. —Anastasia, no existe nada ligero sobre mí— le digo —quizás un caballero de la noche—. Ella me mira sin poderme creer. Le dedico una sonrisa de amargura. Es demasiado pronto para hablarle sobre mi alma oscura, o mejor dicho la falta de alma que tengo. Así que para mí beneficio cambio el tema de conversación. — ¿Comiste algo anoche? — le pregunto. Ella responde agitando su cabeza de manera negativa. Esto no me gusta nada, me siento apaleado. — ¡Anastasia, por eso vomitaste tan violentamente anoche! ¡Siempre debes comer, especialmente si tienes intenciones de tomar alcohol!— la miro exasperado. Ella parece herida pero me responde. — ¿Continuaras regañándome esta mañana? — ¿Estoy reganándote? —Definitivamente sonaste como si así fuera— me responde con aire petulante. Bueno, creo que mis palmas están picándome. —Alégrate de que es todo lo que estoy haciendo, si fueras mía no podrías tomar asiento en ese trasero tuyo por toda una semana, debido a tu comportamiento de anoche. — ¿Yo que hice? — me regaña ella a mí. — ¿Qué te pasa de todas formas?, ¿Quién te pidió que vinieras y te metieras a salvarme? Su respuesta me hace sentir extrañamente herido, una vez más otro sentimiento con el que no me encuentro familiarizado. —Te comportaste muy mal. No comiste, tomaste en exceso, y te enfermaste, podrías haber sido hasta violada por eso que llamas amigo. Te pusiste a ti misma en una posición en la que lastimarte sería muy simple. Una vez más baja su mirada, luce avergonzada. —José es mi amigo, el no se atrevería a hacerme daño. Quizás el solo se salió de línea porque había tomado mucho.
  • 37. — ¡Quizás alguien debería enseñarle algunos modales! — digo apenas conteniéndome a mí mismo. ¡Quizás yo debería enseñarle una lección que nunca olvidara! Entonces alza la mirada y nuestras miradas se capturan. — ¡Eres todo un disciplinario Sr. Grey! — me suelta de repente. ¡Bebé, no tienes idea! Sonrío. — ¡Oh Ana, si tan solo supieras cuanto! — Mi sonrisa se amplía aún más. Algunas veces ella mira directamente a través de mí. Me pongo de pie y camino hacia el baño. —Voy a ducharme ahora, a menos que quieras ir primero…— le pregunto de manera inquisidora. Ella jadea y contiene la respiración. Mi cuerpo responde como lo hacen los metales a los imanes. Camino hacia ella y suavemente tiro de su labio inferior, para que lo libere de entre sus dientes. Con mi pulgar acaricio su labio inferior mientras aquella corriente eléctrica pasa entre nosotros de manera fluida y constante. Quiero tomarla y hacer lo que me plazca con ella, justo aquí, ¡Justo ahora! Pero en vez de eso digo… —respira bebé— y suelto su cara. Siento su mirada pegada a mí mientras me dirijo al baño. Estoy enganchado. Me ducho tan rápido como puedo, para no perderme ni un minuto de su compañía. Tomo la ducha más rápida de la historia de mi vida, y salgo de manera casual con una toalla atada a mi cintura. Ella ya no está en la cama, solo camina de aquí para allá admirando la suite. Su mandíbula se cae al verme, pero una vez más, a mí también me pasa lo mismo al verla casi desnuda. Una inocente mujer, quien te deja sin aliento y no sabe cuál es el alcance de su propia belleza. Ella se queda petrificada en su lugar y aprovecho para decirle que sus pantalones estaban salpicados con vómito, y apunto a las ropas limpias que hice que Taylor le comprase esta mañana. Sus ojos brillan, y ella me observa a ‘escondidas’ mientras susurra. —Tomare… umm esa ducha ahora—. Y camina hacia el baño.
  • 38. Me visto con mis pantalones y mi camiseta blanca. Tomo el diario matutino para leerlo en la mesa mientras espero a que llegue el servicio de habitación con el desayuno. Diez minutos después tocan a la puerta. Servicio de habitación. Dejo que el mesero entre y coloque la comida en la mesa. Luego de despedirlo, voy hasta la puerta del baño y toco con mis nudillos, dejándole saber a Anastasia que la comida está aquí. Ella me responde un nervioso. —Ok— haciéndome sonreír. Estar junto a un hombre la pone nerviosa. Muy inexperta. De alguna manera esto me complace. Cuando finalmente sale de la habitación, el solo mirarla me roba el aliento, tan inocente. Pero mi ceño se frunce al notar su cabello todo mojado. Y siento esta urgencia de que este sana y protegerla hasta de sí misma. — ¡No secaste tu cabello! — le reprocho. —No vi la secadora de cabello— ella murmura y yo ruedo los ojos. Ella no es mía… Ella no es mía… Ella no es mía… Me corrijo a mí mismo. Por ahora… Pero me gustaría que lo fuera. —Te vez genial en ese color— me encuentro a mi mismo diciéndole mientras no puedo apartar mi mirada de ella y eso la hace sonrojarse. —Gracias por la ropa Christian— dice mordiéndose el labio. —Debo pagártelas. Hago una mueca, ¡no quiero que me pague nada! Puedo pagarlas. Siento como si debería cuidar de ella. —Deberías simplemente agradecer los regalos, elegantemente Ana—le digo firmemente. —No puedo, veras, me has dado unos libros bastante caros— dice y luego añade rápidamente —los cuales intentare devolver por su puesto, pero ropa, no lo sé, debería pagarte por ellas. Los libros, sé que no puedo pagártelos— su voz se apaga —pero al menos puedo pagar la ropa.
  • 39. — ¡Puedo hacer esos gastos Anastasia, no tienes por qué pagar nada! — le digo a esta testaruda y hermosa chica frente a mí. —Sé que puedes Christian. Ese no es el punto. Me sentiría mejor pagándote, eso es todo— ella observa sus dedos como si en ellos pudieran tener las respuestas a algunas preguntas. Entonces alza la mirada y me cuestiona. — ¿Por qué me regalaste esos libros Christian? Cierro mis ojos brevemente y respiro profundo. Cuando los abro nuevamente digo —porque sentí que necesitabas una advertencia. Cuando te sostuve, me miraste suplicándome que te besara, y — digo pasando mis dedos por mi cabello en un gesto de nerviosismo. Por primera vez en mucho tiempo siento que no tengo palabras para responderle, pero ordeno mis pensamientos y le respondo —y mira, yo no soy de esos hombres que pueden ofrecer corazones y flores. Yo no hago esas cosas. Mis gustos son un poco singulares. Deberías mantenerte lejos de mí, si sabes lo que te conviene. Aunque Dios sabe, que yo no puedo mantenerme alejado de ti… Cierro los ojos tratando de comprender este condenado sentimiento. No soy bueno con esto de los sentimientos, y si yo supiera lo que es bueno para mí, yo mismo me apartaría de ella. Su proximidad es hechizante, increíble, arrastrándome como una corriente de la cual no puedo escapar. Como una antorcha al fuego. Como si su alma llamara a la mía para ayudarla a encontrar un camino al estar perdida. Aun al cerrar mis ojos puedo sentirla. Ella susurra. —Entonces, no te alejes de mí… De alguna manera siento que debo de protegerla de mis 50 sombras de porquería; no quiero verla herida. Ella es tan inocente. Como nadie que jamás había conocido, y he conocido bastantes mujeres. Cierro los ojos una vez más. — ¡Anastasia no sabes lo que estas pidiendo! — ¡Dímelo entonces! ella me urge.
  • 40. —Supongo que eso significa que no eres célibe— ella murmura. Eso me saca de mis pensamientos y mis ojos se oscurecen con pasión por ella, y mi deseo se intensifica. Le dedico una sonrisa maliciosa. —No Anastasia— digo divertido. — NO soy célibe. —Oh— murmura ella y su respiración se entrecorta con deseo y puedo escuchar su corazón latiendo como el batido de las alas de un colibrí tratando de escapar de su pecho. Eso afecta a mi cuerpo, haciendo hervir mi sangre. Simplemente no puedo dejarla ir ahora. Voy a ir contra viento y marea, ¡Tengo que intentarlo!, he tomado mi decisión. — ¿Cuáles son tus planes para los próximos días Ana? — le pregunto con ojos oscurecidos de deseo. Ella me responde que trabajara hoy después del mediodía. — ¿Qué tal mañana? — le pregunto inclinándome hacia adelante. —Trabajare toda la semana y se supone que Kate y yo empecemos a empacar, porque nos mudaremos a Seattle. — ¿Ya tienen lugar? —Sí, un apartamento en el distrito de Pike Market—. Sonrío complacido, estará bastante cerca de mí. —He aplicado a unas cuantas pasantías y estoy esperando respuestas. — ¿Aplicaste para mi compañía? — pregunto. —No, no lo he hecho— ella murmura. — ¿Qué tiene de malo mi compañía? — pienso en voz alta.
  • 41. Ella sonríe, — ¿Tu compañía, o Tú Compañía?  — Dios, ella me gusta. Tiene una boca sabelotodo, pero como nadie que conociera antes. Ella es un respiro de aire fresco. No tiene miedo a decirme lo que piensa. — ¿Te burlas de mi Anastasia? — le pregunto de manera lasciva. Su respiración se acelera y muerde su labio inferior. Simplemente ya no lo puedo soportar. — ¡Dios como me gustaría morder ese labio! — digo en un gruñido. Su boca se abre, mientras ella jadea producto del deseo. Me gusta su respuesta. Apuesto a que ya está toda mojada de excitación. La idea me hace desearla más, pero no tanto como lo próximo que me dice… — ¿Entonces por qué no lo haces? Estoy decidido. No puedo alejarme de ella, pero aun así ella necesita saber mis términos. —Porque no te tocare hasta tener un documento firmado por ti, que diga que puedo hacerlo Anastasia— le digo sonriendo. — ¿A qué te refieres? —Es bastante literal, necesito tu consentimiento por escrito antes de tocarte. Debo mostrarte. ¿A qué hora sales del trabajo Anastasia? — le pregunto y su respuesta es automática. —A las 8— entonces le digo que podría llevarla a Seattle esta noche para aclararle todo. — ¿Por qué no puedes decirme ahora? — pregunta. —Porque disfruto de tu compañía, y no quiero que salgas huyendo de mi, aun—. Su mirada es la de alguien que trata de resolver un acertijo, y definitivamente se encuentra indecisa. Varias emociones se pasean por su rostro pero al final se ve resuelta. —Ok— dice determinada.  ¿Tu compañía, o Tú Compañía?: en el segundo compañía se refiere a acompañamiento
  • 42. Hago los arreglos para tener un piloto de reserva para el Charlie Tango, ya que tengo la sensación de que puede no estar de acuerdo con lo que tengo en mente para ella, en cuyo caso es posible que quiera volver a casa, y para mi decepción, este sería el final de nuestro breve encuentro. Pero estoy realmente esperando que no lo sea. —Eres muy mandón— ella observa cuando cuelgo el teléfono. Estas tan en lo cierto, y aun así no tienes idea de que tan mandón puedo ser. No tienes idea en lo absoluto. —Por alguna razón, no estoy seguro si por los nervios o por alguna clase de excitación, ella no pudo comer todo su desayuno, y por su puesto yo odio que la gente desperdicie comida y le digo que coma. No puedo evitarlo. ¿A caso no sabe ella que existen personas muriendo de hambre cada día? Cuando terminamos de comer, ella se dirige al baño para lavarse. Cuando regresa yo estoy al teléfono. Luego de unos minutos termino mi llamada y tomo su mano para caminar hacia afuera. Ella tiene algo que me atrae tanto a ella. Cuando ella está cerca de mí, puedo sentir el aire cargándose. Impacientemente presiono el botón del elevador. En un minuto o dos las puertas hacen ding y se abren. Entramos al elevador y el aire entre los dos está aún más cargado y la corriente es más pulsante e intensa entre los dos. Ella también lo siente y muerde su labio inferior. Nuestras miradas se interceptan y una vez más somos como la antorcha y las llamas. Llamaradas de pasión quemándome por dentro, y siento como empieza a crecer mi erección. — ¡Oh al diablo con el papeleo! — digo con un gruñido y la aprisiono, empujándola hacia la pared del elevador, acorralándola y sosteniendo sus manos desde sus muñecas encima de su cabeza con una mano mientras con la otra inclino su cabeza hacia atrás sosteniéndola, mientras mi lengua explora su boca.
  • 43. ¡Qué deliciosamente dulce exploración! Sus gemidos en mi boca, mientras nuestras lenguas danzan un tango a su propio ritmo, bailando, explorando y besando. ¡Ella me desea y yo la deseo a ella! — ¡Eres…Lo.Mas.Dulce.Que.Jamás.He. Conocido! — Me encuentro a mi mismo enunciando. He perdido mi conciencia lo suficiente como para cogérmela en el elevador, cuando de repente las puertas suenan y el aparato se detiene en su descenso en uno de los pisos, tres hombres aparentemente ejecutivos entran. Nos despegamos y al momento coloco mi cara de póquer, sin embargo, ella aun luce desarmada y deseosa. La observo desde mi visión periférica, mientras lentamente respiro profundo, exhalando la energía sexual que puse en uso. Los ejecutivos sonríen mientras salimos del elevador en el primer piso, yo tomo su mano y, murmuro para mí mismo. — ¿Qué tendrán los elevadores? Ella uso mi cepillo de dientes, puesto que su boca sabía a menta fresca, y me sonrió afirmativamente cuando le pregunte. Es única. Salimos del hotel. Estoy a su merced. Si tan solo ella supiera. De repente me siento lleno de júbilo con ella junto a mí. Solo tengo 27 años y por primera vez con Anastasia me siento joven. ¡Somos Jóvenes!
  • 44. Traducido y Corregido por Jesica bro la puerta del pasajero del Audi negro, permitiéndole a Anastasia entrar. Ella se desliza hacia adentro y yo cierro la puerta. Yo camino hacia la puerta del conductor y enciendo el motor. La observo con mi vista periférica. Puedo divisar una gran cantidad de emociones cruzando por su cara. Luce perdida. En dos ocasiones luce como si estuviera a punto de decir algo, pero se detiene a sí misma. Sin lugar a dudas está afectada por nuestro beso. Pero esto no puede volver a suceder sin premeditación. Perder el control no está en mi vocabulario. Doy reversa en el estacionamiento y deslizo el auto suavemente fuera del aparcamiento encendiendo la música. The Flower Duet de Delibes empieza a sonar. Sus ojos se iluminan y se dirige a mí. — ¿Qué estamos escuchando Christian? ¡Es hermoso! —Sí lo es. Es una pieza de Opera de Lakmé—. Le digo. Ella desea escucharla una vez más así que pongo el reproductor de MP3 en modo reproducción. Ella me pregunta si me gusta la música clásica, y así es, pero mis gustos no se limitan solo a eso.
  • 45. —Mi gusto es ecléctico Anastasia. Cambia como mi humor. Clásica, moderna, coro de iglesia, tudor, de todo, cualquier cosa que combine con mi humor en el momento. ¿Qué hay de ti? — ¡Yo también…! — dice entre cortada. La próxima canción “Sex on Fire” empieza a sonar y ella muestra reconocimiento en sus facciones. Mi celular suena y yo rompo con mi buen humor para colocarme en modo de negocios. Presiono el botón del comunicador por Bluetooth en el guía del auto —Grey— digo bruscamente. Es Welch. El comenta que tengo la información que le pedí. Eso seria los detalles del contrato que deseo que Anastasia lea y esperanzadamente espero que firme en acuerdo. —Muy bien envíamelos por correo electrónico. Si no tienes nada que añadir— digo preguntándole. —No señor—. Me responde. Cuelgo el teléfono y la música vuelve. Ella me mira con esa expresión de ‘eres un mandón’ que ahora puedo reconocer cuando el teléfono vuelve a sonar, esta vez es Andrea. —El AND ha sido enviado a su correo electrónico Sr. Grey— ella me informa. —Genial. Eso es todo Andrea—. Y justo luego de colgarle, mi teléfono vuelve a sonar, esta vez es mi hermano Elliot. — ¡Hola Hermano! ¿Tuviste sexo anoche? —Hola para ti también Elliot. Estas en modo altavoz, no estoy solo en el auto— dejo salir con un jadeo exasperado. — ¿Con quién estas? — él me pregunta. Le digo que con Anastasia. Su alegría es notable en el teléfono y saluda a Anastasia como si la conociera de toda la vida. — ¡Hola Ana!  AND: Acuerdo de No Divulgación.
  • 46. — Hola Elliot— ella responde tímidamente. —Kate me ha hablado mucho sobre ti, Ana— él dice y puedo sentirlo sonriéndose en el teléfono. —Espero que sea todo bueno Elliot— dice ella. —Elliot voy a dejar a Anastasia en su casa, ¿necesitas que te lleve? —Sí, claro. —Te veré pronto entonces— le digo, no quiero que coquetee con Anastasia. Siento una repentina oleada de celos. Anastasia me pregunta porque insisto en llamarla por su nombre completo y no en diminutivo, la verdad es que su nombre me gusta muchísimo. Pero supongo que es más sencillo lo que le digo, que ese es su nombre… ella puntualiza que prefiere que llame “Ana.” — ¿Eso prefieres? — bromeo con ella. Con eso la hago sonrojar como si la hubiese tocado. No me detengo a pensar en eso, ya que mi mente está ocupada pensando; debo dejarle saber que tengo reglas. A medida que nos acercamos a su apartamento, me giro hacia ella y le digo. —Lo que paso en el elevador, no se volverá a repetir sin premeditación Anastasia—. Por su puesto quiero hacer mucho más que eso, pero bajo mis propios términos. Mucho, mucho más que eso… Ella luce herida y decepcionada. Llegamos a su apartamento, y yo me estaciono. Su rostro vuelve a sonrojarse y a decir verdad ahora luce muy avergonzada. ¡Que no daría por saber que está sucediendo en su mente! La observo de manera maliciosa mientras le sonrío al caminar hacia la puerta del pasajero para abrir la puerta para ella. Ella sale del auto y murmura. —Me gusto la experiencia del elevador— sorprendiéndome y acelerando mi respiración audiblemente. Me deja parado allí, sorprendido e inmóvil por un minuto y con una mirada tímida, camina en dirección a su apartamento.
  • 47. Trato de recomponer las terminaciones nerviosas que conectan mis pies a mi cerebro y acelero para alcanzarla. Entramos en su apartamento para encontrar a su compañera de habitación y a mi hermano juntos luciendo irreconocibles, sonriéndose uno al otro como idiotas demasiado animados. Su compañera me observa inquiridoramente como una madre. Me agrada su actitud protectora que tiene hacia Anastasia pero al mismo tiempo esto se contrapone con mi posesividad por Ana. — ¡Buenos días Ana querida! — dice ella, y cuando se gira para darme los buenos días, su tono se enfría bastante. Asiento diciéndole. —Srta. Kavanagh— de manera formal. Mi hermano, siempre una mariposa social, me dice que la llame ‘Kate’ entonces se gira hacia Anastasia y le dice de manera brillante. — ¡Hola Ana! — y la abraza poniéndome celoso inmediatamente. Veo a Anastasia regresarle un incómodo abrazo, mientras se muerde el labio inferior. Eso me produce cosas, especialmente cuando está siendo abrazada de manera casi intima por mi hermano, aunque sé que no se trata de eso para él. Aun así me desagrada su actitud en exceso amistosa hacia ella. —Sera mejor que nos marchemos Elliot— le apuro. —Muy bien— dice él y se gira hacia su chica y la inclina hacia atrás como si él fuese Humphrey Bogart en Casablanca, dándole un beso demasiado largo y extrañamente me molesta ver a Anastasia mirándome anhelante con sus ojos tímidos y sus largas pestañas. Cuando él se despide. —Hasta luego bebé— de Kate con una sonrisa en su rostro, esa es mi señal para irnos. Camino lentamente hacia Anastasia y tomo una hebra de cabello suelta y la coloco detrás de su oreja. Ella jadea ante nuestro contacto cargado de electricidad firmemente una vez más.
  • 48. Quiero tomarla entre mis brazos, y está tomando todo mi auto control el no darle un beso que no olvidaría, dejando sus labios hinchados, recordándole que había sido yo, quien había tomado posesión de ella. Aun así, simplemente toco su labio inferior con mi pulgar. La pequeña conexión causa reacciones en mi cuerpo, excitándome con una erección. No la besare, porque si la beso, perderé el control. —Hasta luego bebé— murmuro copiando a Elliot. Ella sonríe. —Pasare por ti a las ocho—. Ella asiente y el idiota de mi hermano le lanza un beso a Kate como un idiota adolecente enamorado. Puedo ver un rastro de celos en el rostro de Anastasia antes de girarse. Si aceptas mis términos esta noche. Recibirás mucho más que un profundo beso satisfactorio, le digo en silencio con mi mente. Espera… solo espera un poco… me digo a mí mismo. En el camino al auto, Elliot sonríe de oreja a oreja. — ¡Estoy enamorado hermano, Kate es fantástica! — dice él. Yo asiento sin ninguna respuesta. Elliot quien se ha acostado con casi todas las mujeres de Seattle ¿Enamorado? Difícil de creer. Sin esperar mi respuesta, me dice — ¿Entoooooncesss? — Me mira con una clara pregunta en su rostro… — ¿Tuviste sexo? — ¡No! — respondo firmemente. —Huh—. Dice él — ¡Anoche me habías convencido de que no eras homosexual! — me dice sin ningún pudor. — ¡No lo soy! Pero ella estaba demasiado borracha, y no me gusta tomar ventaja de una chica semi inconsciente. — Con eso él sonríe… — ¿Así que hay esperanza para ustedes dos? —Quizás, es muy pronto para saber. —Te escuche decirle que la recogerás a las ocho— el me prueba.
  • 49. —Si— digo cortante. —Ella ¿te gusta? Yo nunca, nunca te había visto con una chica. No le sacabas los ojos de encima. Y no creas que no lo note cuando me sermoneabas con la mirada severa esa que pones cuando la abrace—. Dice sonriendo. Aprieto los dientes. —Deja de ser mojigato Hermano, ¡Tiene mi aprobación! —Como si tuvieras opción. — Le sonrío. Entonces cambio el norte de la conversación hacia él. —Entonces… ¿Qué tal la compañera? — ¡Deliciosa! ¡Fantástica! ¡Hermosa! ¡Estoy enamorado! ¡Estoy enamorado! — respira con los ojos brillantes. — ¿Tan pronto? — le pregunto escéptico. —Bueno, hasta el momento sí. Nunca nadie me había cautivado de esa manera antes— dice seriamente. Justamente esos son mis sentimientos por Anastasia, pero no digo nada al respecto. Entonces Elliot añade — volveré a verla— mis pensamientos vuelan hacia Anastasia. No puedo esperar a que llegue la velada de esta noche. Llegamos al hotel en silencio, cada uno perdido en sus pensamientos. Tengo un montón de negocios que conducir, pero no estoy de humor para eso hoy. Tengo que ocuparme en algo, estar activo para poder lograr llegar a la noche sin enloquecer. Le envió un mensaje de texto a mi mano derecha Ros, lo que deseo que ella complete por mí. Telefoneo a mi asistente Andrea y le digo que no podrá localizarme por lo que queda del día y que tome mis mensajes. — ¿Qué planes tienes para el día hermano? — le pregunto a Elliot. — De hecho aún no he hecho planes, ¿qué tienes en mente? — el pregunta.
  • 50. —Yo estaba pensando en ir de excursión al camino de Riverside. —Claro, ¡estoy de ánimos! Dice él. Va a ser una larga espera, y quiero mi mente ocupada en algo más, así como mi cuerpo ejercitado y más rejalado para poder pasar una mejor velada. Regresamos de nuestra excursión a las 6 de la tarde. Tomo una ducha y luego de que Elliot se alista, vamos por algo de comer. Muy pronto iré a recoger a Anastasia. — ¿Vas a regresar a Seattle? — le pregunto a Elliot. Él me sonríe al responderme — ¿te quieres deshacer de mi tan rápido? De hecho si, necesito volver al trabajo. Pero regresare este sábado— asiento. — ¡Estas demasiado tenso hermano! ¡Asegúrate de tener sexo esta noche! eso te relajara un poco— me dice con la sonrisa más grande que su cara puede crear. Si el tan solo supiera, pero no es de su incumbencia. Elliot recoge las pocas cosas que trajo consigo de mi habitación y estrecho su mano diciendo… —Gracias por traer mis ropas, y por ir conmigo de excursión. —Cuando quieras hermano, valió la pena el viaje— el me dedica una sonrisa infantil golpeándome en el hombro y se marcha hacia Seattle. Taylor y yo iremos por Anastasia a su trabajo y de allí iremos al helipuerto. Llegamos temprano a Clayton’s y esperamos a que ella termine de trabajar.
  • 51. Al salir por la puerta unos minutos después, son justo las ocho en punto. Inmediatamente salgo del auto y camino hacia ella sonriéndole cálidamente. Verla me quita el aliento, en sus pantalones negros de jeans, de corte bajo y su camisa de color claro. Tan simple y a la vez tan llamativa. —Buenas noches Srta. Steele— respiro suavemente. —Sr. Grey— ella me responde amablemente asintiendo. Abro la puerta trasera del auto para dejarla entrar. Ella saluda a Taylor amablemente y él le responde de igual forma. Entro al auto por la otra puerta para colocarme junto a ella y tomo su mano con la mía dándole un leve apretón. Siento la temperatura de su cuerpo subir. Le pregunto qué tal estuvo el día en el trabajo. —Muy largo— ella me responde en una voz ronca, necesitada y casi imperceptible por su bajo volumen. —Ha sido un día largo para mí también— le digo seriamente sin poder evitarlo. Ella apenas y puede respirar lo suficiente mucho menos puede preguntarme lo que hice durante el día, así que decido decirle sobre mi excursión con Elliot, mientras acaricio sus nudillos asegurándome de no tocarla en ningún otro lugar, después de todo subir las expectativas es lo mejor que puedo hacer. Siento su pulso acelerarse, los latidos de su corazón fuertes y cortos. Cuando llegamos a la localización del helipuerto, Taylor consigue aparcamiento y yo salgo del auto, voy a su lado y abro la puerta para ella ayudándola a salir del vehículo. Ella toma la mano que le ofrezco sin pensarlo. — ¿Lista? — le pregunto y ella asiente, incapaz de articular palabras, notablemente excitada y nerviosa. Taylor se va con el auto mientras yo tomo su mano y la guio al elevador, para subir al helipuerto. Mientras esperamos por elevador, el recuerdo de esta mañana flota de regreso en el aire, como una corriente eléctrica que se mantiene firmemente constante entre nuestras manos conectadas.
  • 52. Las puertas suenan y se abren, acto seguido entramos. Su respiración se acelera, es seguro que también está recordando, se lo mucho que le gusto. Una pequeña sonrisa empieza a dibujarse en mí boca cuando nuestras miradas se encuentran. La tomaría aquí mismo, ahora. Pero me contengo a mí mismo. —Son solo tres pisos— jadeo roncamente, viendo la esperanza en sus ojos. Rápidamente el elevador se detiene y estamos en el techo del tercer piso. Me dirijo a la oficina y me aseguro de que todas las preparaciones y revisiones antes del vuelo fueran completadas. El viejo Joe está sentado en el escritorio, y me informa que todo ha sido completado. Le agradezco, dándole una sonrisa cálida. Anastasia luce sorprendida con este pequeño intercambio, luce curiosa. —Vámonos— digo dirigiéndome hacia Charlie Tango, con el nombre de mi compañía impreso en azul en uno de los lados: Grey Enterprises Holdings Inc . Abro la puerta para Anastasia y le ordeno —siéntate y no toques nada— regreso a mi asiento en el lugar del piloto. Me giro hacia Anastasia y la ato con el arnés de cuatro puntas. Ajusto los finales sueltos del arnés, y noto con una enorme satisfacción que esta actividad y el verla atada me excita extraordinariamente. Estoy tan cerca a ella que puedo beber el aroma de su piel. Su olor es una mezcla de vainilla, campo y mujer. Me mira sofocada y yo la observo con una sonrisa producto de su reacción apasionada, y mi mirada se vuelve más ardiente. Ella cierra sus ojos demasiado emocionada para escapar a sus deseos y conteniendo la respiración. —Ahora estas asegurada, no puedes huir— le susurró al oído. Su respiración se acelera una vez más luego de observar la manera ardiente en la que mis ojos captaban cada detalle sobre ella. —Respira Anastasia—. Digo suavemente, tocando y acariciando su mejilla. Quiero inclinarme y perderme en ella pero me abstengo a darle un suave y casto beso apenas rosando sus suaves y lascivos labios.  Grey Enterprises Holdings Inc: Grey Compañía por acciones, Incorporada.
  • 53. Apunto hacia las orejeras y le digo que debe usarlas durante el vuelo. Reviso todos los sistemas antes de salir. Verificando todo, e intercambiando información con la torre de control, despego en dirección a Seattle. Veo a Anastasia un poco nerviosa, y me mira con sus ojos azules llenos de preguntas: — ¿Sabes lo que estás haciendo Christian? — ella me pregunta y yo sonrío. —Soy un piloto totalmente calificado desde hace cuatro años. Estas a salvo conmigo Anastasia— le digo, pero inmediatamente añado —al menos mientras volemos— y le guiño un ojo juguetonamente. La sonrisa que me dedica es deslumbrante, me roba el aliento. Me pregunta cuánto nos tomara llegar a Seattle. Le digo que aproximadamente una hora. Ante eso ella luce aliviada. Aparentemente le preocupa que volemos durante la noche. Le digo que estamos volando en un modelo EC135 Eurocopter; uno de los más seguros de su clase, equipado para vuelos nocturnos. —Hay un helipuerto en el edificio donde vivo, hacia allá nos dirigimos— comento. —Por supuesto— murmura ella en voz baja casi decepcionada, triste; su reacción me sorprende. ¿Por qué podría este hecho molestarle? Durante el viaje me lanza miradas furtivas, pareciera como si tratara de memorizar mi rostro, como si no le quedara mucho tiempo para verme, y quisiera recordarme. Existe una esperanza en sus ojos, un deseo. El solo pensarlo y las posibilidades me complacen, me alegran. —Me giro hacia ella ¿Estás bien Anastasia? Su respuesta es corta y precisa —sí—. Señalo a la silueta emergente de Seattle en la noche. — ¿Siempre impresionas a las mujeres de esta forma con tu helicóptero? — pregunta.
  • 54. Oh, eso es lo que le ha estado molestando. Aunque en realidad no sé cómo responder a su pregunta. En realidad nunca había subido a una mujer a mi helicóptero, ella es la primera, también fue la primera en dormir junto a mí, la primera que he tenido en mi propia cama. —No, nunca había traído a una chica en Charlie Tango. Mi helicóptero quiero decir. Estas experimentando otra primera vez conmigo Anastasia— le respondo, mirándola con nuevo sentido de reverencia. — ¿Te sorprende? — me encuentro a mí mismo preguntando. —Christian, estoy sorprendida. De hecho, ¡estoy impresionada! — Ella responde. — ¿Impresionada? — Quiero saber más. Ella tiene mi atención, y sus palabras son como letanía. —Si lo estoy— ella suspira. —Eres tan, increíblemente capaz… tan… muy competente— respira. Estoy enamorado de su respuesta, y sin pensarlo le digo —bueno, gracias Srta. Steel, nuestro objetivo es complacer— y sin poder evitarlo le dedico mi sonrisa de tonto adolecente. Ella luce feliz y luego ella hace notar, como disfruto al volar. —Si— le respondo —inmensamente. Porque toma mucha concentración y control para poder volar, ¿Cómo no podría amarlo? — pero entonces le digo que me gusta aún más planear. Seattle se ve absolutamente impresionante en la luz de la noche, y veo en su mirada que le resulta romántico, aunque recuerdo con una punzada en mi interior que no hago esas cosas de romance. Vuelo a través de edificios de gran altura haciendo mi camino hacia el Escala. Unos minutos más tarde aterrizo en el techo de Escala, mi edificio.
  • 55. —Estamos aquí— le digo en voz baja. En este pequeño espacio cerrado, el aire es más intenso entre nosotros. Ella se ve emocionada, nerviosa, tímida y su respiración errática me hace más deseoso por ella. Me acerco y tomo sus auriculares, quitándoselos. Desabrocho mi cinturón de seguridad, y me acerco aún más para desabrocharla a ella. Mi emoción y deseo por ella son difíciles de contener. Aprieto la mandíbula y entrecierro los ojos en un esfuerzo por contener las emociones que tengo hacia ella. La deseo, pero quiero protegerla también. —No tienes que hacer nada que no quieras hacer. Ya sabes, ¿verdad Anastasia? — le digo con fervor. En cierto modo estoy desesperado porque ella dijera que no y se fuera, porque Dios sabe que yo soy incapaz de hacerlo. Me he enganchado a ella, me hechizó con todo su ser. Si ella supiera lo mucho que la deseo... No puedo mantener el deseo y el anhelo que tengo por ella fuera mi voz o mis ojos. Entonces ella me habla con calma y con convicción: —Yo nunca haría nada que yo no quiero hacer Christian. Asiento con la cabeza y respiro un suspiro de alivio interno y digo —okay— en voz baja y apenas audible. Todavía mis ojos la miran con recelo, dividido entre mantenerla aquí, y no dejarla ir, y llevarla de vuelta a Portland, y dejarla con su inocencia intacta e ignorante de mi mundo oscuro. ¡Pero yo nunca he deseado a nadie tanto como a ella en este mismo momento! Ella me quita el aliento. Ella me mira determinada, y esos ojos azules de esperanza que rompen con el último esfuerzo de mi resistencia destrozándome y derritiéndome. Abro la puerta para salir. Me agacho y camino rápidamente a su lado, y abro la puerta envolviendo mis brazos alrededor de ella tirando de ella hacia abajo desde el helicóptero y acercándola, pegándola fuertemente contra mí. Gracias al viento en el techo, tengo que gritar para ser escuchado.
  • 56. — ¡Ven! — le digo. El viento es fuerte, y tengo que arrastrarla hasta el hueco del ascensor, toco el botón. Se abre la puerta y tiro de ella. Una vez en el ascensor, coloco el código a mi Pent-house. Anastasia por su parte se queda mirando las paredes de espejos del ascensor, mirando a la reflexión infinita, los dos juntos con una expresión de admiración y asombro. Al ascensor le lleva poco tiempo llegar a mi piso y la puerta se abre. Entramos en mi recibidor, todo blanco adornado con una mesa de madera oscura, con flores frescas, haciendo una gran declaración. Mi selección de exquisitas pinturas de la Madonna y del niño que adornan las paredes. Ella mira las piezas como lo hizo con el cuadro en la pared de mi oficina en su primera visita a entrevistarme. Abro las puertas dobles y entro en el salón principal, aunque es más una declaración, que una sala de estar común. Las paredes son de doble altura y todo blanco, con las paredes de cristal exteriores que permite la entrada a un amplio balcón con vistas a la exquisita silueta de la ciudad de Seattle. Tengo un gran sofá en forma de U en el salón principal que da a la cocina abierta. La chimenea también se ilumina dando una sensación de un ambiente sensual y cálido. — ¿Puedo tomar tu chaqueta Anastasia? — Le pregunto en voz baja. Ella niega con la cabeza, ella parece tener frío todavía. Quiero calentarla, pero me distraigo a mi mismo al preguntarle si le gustaría una bebida. Ella se ve tanto confundida como divertida. Alzo las cejas un poco y le digo que me tomare una copa de vino blanco, y le pregunto si le gustaría unirse a mí. —Sí, por favor— ella responde con timidez. Yo le digo mi elección de vino blanco, y le pregunto si ella le iba bien esa opción. —Christian, yo no sé nada de vinos. Lo que decidas estaría bien— dice tímidamente. Ella es inocente y sin experiencia en todos los sentidos, mi conciencia me dice. Asiento con la cabeza, y le sirvo una copa. Ella está muy tranquila.
  • 57. ¿Está teniendo dudas? Una parte de mí desea que ella este dudándolo, y la otra parte la quiere, la desea más que a nada. Pero tengo que preguntar ya que esta tiene que ser su elección. —Tú estás demasiado tranquila, Anastasia, pálida, de hecho. ¿Estás bien? ¿Tienes hambre? — Pregunto a manera de sondeo. Ella niega con su cabeza. —Tienes un buen lugar aquí Christian. Muy grande— comenta ella con aire ausente. — ¿Grande? — estoy divirtiéndome. —Sí, mucho— responde. Cuando se da cuenta del piano me pregunta si toco. —Sí, toco el piano— le respondo mi mirada clavada en ella como un halcón. Estoy lleno de intensidad y deseoso, y enamorado de ella. De esta inocente niña hermosa, que es apenas consciente de su propio poder de seducción. — ¿Hay algo que no puedas hacer? — Ella comenta casi con tristeza, como si yo fuera inalcanzable. —Algunas cosas...— digo. — ¿Te gustaría sentarte Anastasia? — Le pregunto invitándola al sofá. Ella se sienta y con un brillo sonríe. Tengo curiosidad por saber lo que está pasando por su mente en este instante. Ella es tan cerrada para mí. Me esfuerzo mucho para leer su lenguaje corporal. No se parece a nadie que yo haya conocido. — ¿Qué te divierte Ana? — Comento tranquilamente sentado junto a ella lo suficientemente cerca para tocarla. Me siento hacia atrás apoyando el codo detrás de mí.
  • 58. — ¿Por qué me diste los libros de Tess de los D'Urbervilles Christian? — Pregunta con atención. Ella es difícil de leer ya que su pregunta me toma por sorpresa. —Imagine que debía gustarte Hardy y yo te debía una advertencia acerca de mí mismo. Esa era la única manera que se me ocurrió. Ya sea para que pueda que no te hagas un ideal imposible, como Ángel Clare, o una degradación completa como Alec D’Urberville— murmuro lentamente la mirada vacilante con mi deseo interior cargado de sensualidad oscura. —Si sólo me ofreces dos opciones Christian, voy a tomar la degradación— me susurra mordiéndose el labio y sorprendiéndome completamente. Sus palabras y la visión de ella con el labio atrapado entre sus dientes, me quitan el aliento y tengo que tomar un suspiro audible para recoger mis sentidos. Ella me deja en completo asombro. Sacudo la cabeza y hablo con atención —por favor, ¡dejar de morder tu labio Anastasia! Me distrae completamente. No sabes lo que realmente estás pidiendo aquí— digo todavía con la esperanza de que ella diga que no. — ¿Estoy aquí o no? — dice ella determinada —Sí aquí estas— le digo incapaz de resistirme a ella más y le digo que me espere un minuto con el dedo. — ¿Me esperas un minuto, por favor? — Digo excusándome. Ella ha hecho su elección, y yo soy como masilla en sus manos. Voy a mi oficina e imprimo el acuerdo de no divulgación que mi asistente Andrea me envió por correo electrónico. Vuelvo a la sala de estar con el documento, y lo deposito en la mano de ella diciendo—: Ana, se trata de un acuerdo de confidencialidad, un acuerdo de no divulgación. Viendo quien soy, mi abogado insiste en tener uno firmado—. Miro determinado, y le digo —si vas a ir por la segunda opción, es necesario que firmes esto. — ¿Y que si no quiero firmar? —Eso estaría bien— le digo sin poder evitar un dejo de decepción en mi voz, pero me obligo a no perder el equilibrio y agrego —en ese caso, seré como Ángel Clare para ti, altos ideales, y la mayor parte del libro.
  • 59. — ¿Qué es este AND? No sé lo que significa. —Simplemente quiere decir que no puedes hablar de ti y de mí, y lo que sucede entre nosotros, a cualquier persona, nada en lo absoluto...— le digo con claridad. Una gama de emociones cruza su rostro: una mirada de incredulidad, sorpresa, miedo, y finalmente, la curiosidad. —Está bien, voy a firmar— dice y me ofrece su mano para recibir la pluma de mí. Extiendo la pluma y aun no puedo ocultar mi cara de sorpresa de ella. — ¿No vas a leer en primer lugar? — Digo sorprendido. —No— dice ella determina. — ¿Por qué no? — Le pregunto. Siento la necesidad de reprenderla, esto no es una buena práctica esto ir firmando documentos sin leerlos — Anastasia, ¡siempre debes leer lo que firmas! —Bueno— dice exasperada —claramente Christian, este pedazo de papel— sostiene el contrato en la mano como un pedazo de avío no deseado para deshacerse de él. —Significa más para ti y tu abogado, a quien al parecer le has hablado sobre mí, de lo que es para mí. Yo no tenía la intención de revelar nada sobre "nosotros" a cualquiera de todos modos. Así que si firmo en este pedazo de papel, diciendo que no voy a hablar de los dos, es un punto inservible. ¡No voy a hablar! Ni siquiera a mi mejor amiga Kate— ella dice desarmándome por completo. —Buen punto bien hecho Anastasia— le digo completamente sorprendido. Ella firma su nombre en la línea de puntos de una manera exagerada, y me regresa el AND, y toma un gran trago de la copa de vino casi tomándoselo todo. Veo que ella está tratando de reunir el coraje para hablar y finalmente dice lo que piensa:
  • 60. —Ya he firmado el AND, ¿significa que vas hacer el amor conmigo esta noche Christian? — Pregunta e inmediatamente se ve arrepentida y ruborizada. Mi mandíbula cae abierta completamente sorprendido por sus palabras. ¡Ella no deja de sorprenderme! Yo, Christian Grey, ¡que no me impresiono fácilmente, me veo sorprendido por las palabras de esta niña inocente! Pero ordeno mis sentidos y respondo. —No, no Anastasia. Permíteme aclarar algo. Yo no hago el amor. Jamás. Nunca lo he hecho. Cojo... duro. Además, tendrías que firmar más papeleo para llegar a eso, y además, todavía no sabes lo que te espera— le digo mirándola. —Una vez que sepas, me temo que todavía puedes correr lo más lejos posible de mí. Por lo tanto, tengo que ir al grano y mostrarte lo que quiero decir. Ven. Te mostrare mi cuarto de juegos—. Digo finalmente decidido a dejar que las fichas caigan donde caigan. — ¿Cuarto de juegos? ¿Vamos a jugar al Wii o Xbox? — Me pregunta sorprendida, y no puedo evitar soltar una risotada. Eso es lo más alejado a mi idea real. —No Ana. Ninguna de esas cosas. Ven a ver— le digo y suavemente tirándola de la mano y la llevo al pasillo y al piso de arriba donde se encuentra mi cuarto de juegos. Tomo mi llave puesto que mi cuarto de juegos permanece siempre cerrado. Tomo una respiración profunda, y decido darle una última advertencia —todavía te puedes retractarte de esto Anastasia. Si así lo deseas, te puedo enviar a donde quieras ir, mi helicóptero está en espera, o pasar la noche y volver a casa por la mañana. Decidas lo que decidas está bien. Ella me mira exasperada, y bufa. — ¡Oh solo abre la maldita puerta Christian! — desarmándome por completo y dejándome sin aliento. Abro la puerta dejándola pasar adelante.
  • 61. Traducido y Corregido por Jesica lla entra, y su mirada no me dice nada. La siento inhalar el cuero, madera y pulidor de cítricos, como si fuera un brebaje embriagador. Ella mira alrededor de la habitación amplia con profundo color burdeos oscuro, mirando los viejos pisos de madera barnizada. Luego mira a la cruz de madera con forma de X y los puños de retención que cuelgan de él. Sus ojos capturan el techo y las rejillas de suspensión que cuelgan del mismo. Ella camina más allá y toca las cuerdas, cadenas y grilletes. Camina hacia el conjunto de fustas, paletas, y látigos. Mira los cajones donde guardo varios juguetes. Abre uno mira a los contenidos y de inmediato lo cierra. Su rostro aún no da ninguna información. Examina, busca, pero sin decir nada, y no hay emoción en su cara para que yo la lea. Ella camina hacia la cama con dosel de estilo rococó tamaño King cubierta de cuero rojo. Sus ojos observan los puños, y las cadenas que cuelgan de las copas. Su mirada recorre la mesa de madera pulida larga con taburetes debajo de ella. Aún sin revelar nada y la curiosidad de lo que está pensando me está volviendo loco. Ella mira a los mosquetones en el techo.  King: Mayor tamaño estándar de cama.
  • 62. Ella localiza el azote con un mango y cuentas de plástico en el extremo. Sus dedos lo acarician suavemente examinándolo. Luce curiosidad en sus ojos por primera vez. —Se llama Azote— le digo en voz baja y suave. —Hmmm...— dice mirando en estado de shock. Su mirada se desplaza a mí, y luego otra vez a mis juguetes por toda la habitación. Su rostro se ve pasivo, pero parece que hay un trasfondo de miedo, shock, y entumecimiento. —Di algo— le ordeno suavemente, rogando por alguna respuesta verbal de su parte. — ¿Existe alguien que te haga esto, o es que le haces esto a la gente? — Pregunta. Siento alivio y sonrío. —Hago esto a las mujeres que desean que lo haga con ellas— le respondo con la esperanza de que me dará, algún tipo de respuesta. —Ya veo. Parece que tienes voluntarias. No entiendo por qué estoy aquí, ni mi propósito aquí— murmura. —Porque, realmente, realmente, realmente quiero hacer esto contigo— le digo casi suplicante. Ella da un gemido audible. — ¡Oh! — Con una mirada inquisitiva. Para este momento espero que corra fuera de la habitación, pero ella camina acercándose a las paletas, y me da la mirada más triste deprimida al preguntar—: ¿Eres un sádico Christian? — Con la voz quebrada al final. —Soy un dominante Ana— le digo con la mirada intensa. —No tengo ni idea de lo que eso significa Christian, o que ni siquiera sé si es diferente a ser un sádico. Suena mal— ella susurra en un tono visiblemente deprimido y decepcionado.
  • 63. —Sólo significa que tu como una sumisa, voluntariamente te entregas a mí— le digo en voz baja, casi me encuentro suplicando a que me entienda —en todas las cosas. Ella frunce el ceño, y me mira con firmeza diciendo—: Y ¿por qué diablos iba a hacer eso? — Tomándome por sorpresa. Me gusta mucho ella. A veces, cuando me mira, mira a través de mí, dentro de mí. En el alma, que hace mucho tiempo creo que he perdido. Esta oposición no es algo que me he encontrado antes, y se siente tan refrescante, tan admirable, tan desafiante. La quiero más de lo que jamás que querido nada en esta vida. ¡Jamás! —Para complacerme— le susurro con una pequeña sonrisa inclinando la cabeza hacia un lado. Su boca se abre. Parpadeo en reacción a las emociones que pasan por su cara, pero estoy contento de ver que el deseo es aún una de ellas. — ¿Complacerte? — pregunta con interés genuino. — ¿Cómo haría eso? — Respira ella. Cierro mis ojos para oír con deleite que posee una mente abierta y aquel deseo sale de sus hermosos labios. Cuando abro los ojos la miro fijamente. Es posible que aún desee unirse a mi mundo, estoy ansioso por enseñarle. —Tengo un conjunto de reglas por escrito que quiero que sigas y cumplas. — ¿Reglas? ¿Para qué? — Pregunta confusa. —Las reglas son para tu beneficio y mi placer. Cuando sigues mis reglas para mi satisfacción, te recompensaré. Pero cuando las rompas, te castigaré y aprenderás— le susurro en voz baja. Ella todavía está aquí, y no se ha escapado por lo menos. Todavía escucha.
  • 64. Ella mueve su mano alrededor y pregunta: — ¿Estas cosas? ¿Qué haces con ellas? ¿Dónde encajan en tu fantasía? — Susurra. —Estas cosas son tanto recompensa y castigo como parte del paquete de incentivos. — ¿La recompensa y el castigo? — Pregunta escéptica. —Te excitas al tener el control, ¿ejerciendo tu voluntad de dominarme? — Ella está tranquila, pero con un trasfondo de miedo. —En esencia, lo que hago es ir ganando tu confianza y respeto, tú querrás que te domine. A cambio de tu sumisión, yo consigo sentir una gran cantidad de alegría y placer. Es muy simple: cuanto más sumisa seas para mí, siento mayor placer. Ella es todo negocio, lista para explorar la oferta y tal vez contraoferta. —Y de todo tu placer que veo recibirás de mi sumisión— cita — ¿Qué hay para mí? ¿Qué gano yo? — ¡Me gusta! Ella es una negociadora dura. Sé que no es mucho, y la mayoría de las veces me veo como la cáscara de un hombre, un hombre sin alma, así que no es mucho lo que recibirá, aparte de su propia alegría. Pero yo soy lo que ella va a conseguir. La miro con ojos que piden disculpas al decir—: Me ganas a mí— le digo encogiéndome de hombros. Ella me mira, evaluándome. Casi pesando si lo que está dando vale la pena por lo que ha de obtener, pero no me deja ver nada simplemente, luce pasiva. Me pongo nervioso. No quiero que se me deslice entre los dedos. Quiero desesperadamente estar con ella. La necesito. Ahora mismo. —Anastasia por favor. Eres tan difícil de leer. No sé lo que estás pensando, no me das nada. Me estás volviendo loco— me paso la mano por el pelo en un gesto nervioso y le sugiero —tal vez deberíamos ir abajo. Tú, aquí, es tan molesto para mí. No puedo pensar con claridad.
  • 65. Ella me mira como si fuera peligroso, un peligro para su salud. ¡No, no! Un destello de emoción corre detrás de sus ojos, y como si fuese a saltar y salir huyendo. No quiero que me tenga miedo. Me gusta demasiado. Tal vez más de lo que es bueno para mí. Le extiendo mi mano hacia ella, pero ella luce reacia a tomarla, cuestionando, incluso asustada. —No voy a hacerte daño Anastasia, por favor— ruego con suavidad. Ella recibe mi mano e inmediatamente siento esa sacudida familiar de electricidad que pasa a través de nosotros. La guio al próximo cuarto, quiero distraerla. La llevo por el pasillo a un dormitorio. La habitación es toda blanca, junto con los muebles. Abro la puerta y le muestro la habitación —si decides hacer esto, esta será tu habitación. Sé que es todo blanco y liso en este momento, pero se puede decorar con cualquier cosa y de cualquier manera ¡si así lo quieres! — Ella se ve sorprendida. — ¿Qué quieres decir con ‘mi habitación’? ¿Esperas que me mude a vivir aquí? — dice horrorizada. En realidad me encantaría si fuera a aceptar, pero opto por modificar mi solicitud. —Tal vez no tiempo completo, pero por lo menos de viernes a domingo— le pido con cara de intermediación. — ¿Quieres que duerma aquí, en esta habitación? — Ella pregunta. —Por supuesto—. Contesto. —Es decir, no contigo, juntos— dice ella dándose cuenta del significado de esto. —No, no conmigo. Ya te lo dije, nunca duermo con nadie. Excepto claro esa vez en la que estabas totalmente fuera de ti, y completamente borracha— le digo reprochándole. Sus ojos se vuelven líneas, apretadas por una lógica ira, se les podría vendar con hilo dental, y su boca se vuelve una línea delgada. Ella continúa probándome.
  • 66. — ¿Dónde dormirás tú? —Yo duermo en el primer piso, en mi propia habitación. Bajemos, estoy seguro de que tienes hambre. —En realidad no. He perdido el apetito— dice ella con un suspiro. No puedo tenerla hambrienta. —Debes comer Ana— le vuelvo a decir tomando su mano y guiándola escaleras abajo. Cuando entramos a la sala, ella se gira hacia a mí pero sin decir nada. La mirada que me da luce alarmada. No quiero que tenga miedo. —Mira Anastasia, sé que es diferente. Quizás inclusive un camino oscuro para ti. Así que por favor, solo piénsalo. Muy, muy bien. Ya que firmaste el AND, pregúntame lo que quieras. Estoy deseoso de responder cualquier pregunta que tengas— le imploro. La guio al desayunador, y la hago sentar en un banco. —Siéntate— ordeno. Ella rueda sus ojos, dándome su mirada de ‘eres mandón’ pero se sienta. — ¿Qué otro papeleo tienes? — ella dice yendo directo al grano del asunto. —Es un contrato que marca los límites Anastasia. Yo tengo mis límites, y necesito saber cuáles son los tuyos, después de todo este acuerdo es de mutuo consentimiento. Ella luce perdida. — ¿Y que si…— ella empieza a decir, tratando de colectar sus pensamientos y la sobre carga de información. — ¿Y que sí, no estoy dispuesta hacer esto? —Está bien si no quieres— digo sin dejarle ver nada de lo que siento. Y lo que siento no es muy agradable. — ¿Tendríamos algún otro tipo de relación si no acepto esto? — ella pregunta suavemente.
  • 67. —No— respondo. — ¿Por qué? —Porque no estoy interesado en ningún otro tipo de relación. — ¿En serio? ¿Por qué? —Esto es lo único que me interesa. —Ya veo, ¿Cómo es que escogiste este camino? — ¿Existe realmente una razón por la que alguien sea cómo es? Es difícil de responder para mí, porque todo el mundo gusta de cosas diferentes. Algunos le gusta esto, a algunos les gusta lo otro. Esto es lo que me gusta a mí, lo que deseo. ¿Quieres comer? Ella se ve sorprendida. Pero decidida a permanecer en su curso de acción, y no es distraída por ningún desvío. — ¿Qué tipo de reglas quieres que siga? —Después de la cena, vamos a repasar el documento— le digo. —He perdido el apetito— dice en voz baja, perdida. —Tienes que comer— le digo con fuerza. Pero modifico mi rudeza preguntándole suavemente si le gustaría una copa de vino. Ella acepta el vino. Empujo la comida más cerca de ella y ella toma algunas frutas. — ¿Cuánto tiempo has estado en esta...— dice haciendo una pausa buscando la palabra apropiada para sus pensamientos —siguiendo este estilo de vida? — Termina su discurso. Le doy una pequeña sonrisa. —Un buen tiempo.
  • 68. — ¿Hay un montón de mujeres que desean participar en este estilo de vida? — Ella indaga más. —Sorprendentemente un gran número— contesto secamente. Se encoge de hombros, y me desarma de nuevo. —Si hay tantas de ellas, y dado que nunca he hecho, nada relacionado con este estilo de vida, ¿por qué yo Christian? Es evidente que puedes tener una amplia selección de voluntarias—. Le doy un suspiro audible para que ella llegue al punto y corte a través de toda la basura. —Hay algo en ti de lo que no puedo escapar Anastasia. Eres diferente a cualquiera que haya conocido antes. Como una polilla a la llama, no puedo escapar de ti. Te deseo tanto, ¡no puedo evitarlo! Sobre todo ahora cuando te estás mordiendo ese labio tuyo— dije con un suspiro tembloroso, tragando saliva. Esta es la primera vez desde mi revelación, en que he visto la luz y el brillo de sus ojos. —Yo creo, que yo soy la polilla, y tú eres la llama Christian— susurra. — Seré yo la que se queme— dice por lo bajo, tanto que no sé si yo la escuché, o lo he imaginado. — ¡Come! — le ordeno. Ella levanta la mirada determinada. —No señor Grey. No he firmado nada con usted, y me aferrare a mi libre albedrío, por el momento—. Realmente me gusta. Ella va cara a cara conmigo en negociación. —Como quieras Anastasia—. Digo. Ella mira hacia abajo a sus los dedos, dándole vueltas a una pregunta en su cabeza, decidiendo que enfoque sería el mejor curso de acción. Entonces me mira a los ojos y pregunta: — ¿Cuántas mujeres? —Quince— dejo escapar.
  • 69. — ¿A largo plazo, o corto plazo? —Algún tiempo largo algunas, algunas otras cortos. — ¿Heriste a alguna de estas mujeres? — Pregunta. —Sí— digo lentamente. El miedo se arrastra de nuevo a sus ojos. — ¿Qué tanto? —No mucho. — ¿Tienes la intención de hacerme daño? — dice cerrando los ojos. Estoy sorprendido por la pregunta. No quiero hacerle daño. — ¿Qué quieres decir? — ¿Quiero saber si tienes la intención de hacerme daño físicamente? Pregunta simple. —Cuando lo necesite, te voy a castigar físicamente y habrá dolor—. Ella traga saliva, sus ojos como platos. Se toma de un tiro el restante en su copa de vino. Ella me pregunta si alguna vez he sido golpeado, y eso me hace recordar el tiempo con la señora Lincoln, le respondo que sí. Muchas, pero no le digo eso. Ella se ve sorprendida. Le digo que podemos discutir esto en mi estudio, y tomo su mano. Es como la negociación de un acuerdo de negocios. Ella es una negociadora dura. Cuando nos metemos en mi estudio, le entrego el contrato con las normas sobre el mismo. Se trata de varias páginas. Sus ojos se agrandan al entender el alcance del mismo. Hay reglas de obediencia donde quiero se someta al control total de parte de mí, su Dominante de forma rápida y expeditiva. Ella participará en cualquier actividad sexual que estime conveniente yo, su Dominante… así que me dirijo a los límites fuertes sin dudarlo.
  • 70. Se espera que ella duerma al menos siete horas al día. Ella mantendrá su salud comiendo de una lista prescrita de los alimentos sin comer bocadillos en el medio. Ella tendrá que usar la ropa que considere conveniente para ella, y se le asignará un presupuesto para comprar los tipos de ropa que me parezcan deseables. Se debe ejercitar cuatro veces a la semana en sesiones de una hora y el entrenador personal me reportará a mí con su progreso. Para la higiene personal y de belleza, la sumisa deberá mantenerse afeitada y prolija en todo momento en un salón elegido por mí y someterse a cualquier tratamiento que estime conveniente. La sumisa no beberá en exceso, o fumara, o tomara medicamentos, o se pondrá bajo peligro innecesario. Asimismo, no entrará en relación sexual con nadie más. Ella será respetuosa y modesta en todo momento. Si ella deja de cumplir las reglas, habrá un castigo inmediato en una naturaleza determinada por el Dominante. Ella lee el contrato con atención, mis ojos no vacilan fijos en ella. Finalmente, ella levanta su mirada hacia mí preguntando—: ¿Qué quieres decir con límites fuertes? — pregunta. Bueno, ella todavía está explorando la posibilidad. —Esos son los límites en el contrato que especifican lo que puedo hacer y lo que no haré—. Ella asiente con la cabeza. —No creo que quiera aceptar dinero para la ropa. La palabra 'pu' viene a la mente— dice casi inaudible. Yo suspiro. — ¡No, no puedes pensar así Anastasia! Quiero que estés rodeada de lujo, comprarte cosas. Y cuando me acompañes para ciertas funciones necesitarás ropa adecuada y cuestan mucho dinero y aunque consigas un trabajo, no serás capaz de pagar los tipos de ropa que me gustaría que uses. Por favor, deja que compre ropa para ti. Ella reflexiona un poco más, y responde. —Si no tengo que usarlos cuando no estoy contigo, supongo que puedo pensar en ellos como los uniformes. Está bien— asiente.
  • 71. —Yo no voy a hacer ejercicio cuatro veces a la semana— dice ella determinada. —No Anastasia, es necesario. Tienes que ser fuerte para lo que tengo en mente para ti. Créeme cuando te digo que lo necesitaras. —No cuatro veces a la semana. Mi contraoferta es de tres horas— dice todo seria. —Prefiero cuatro— yo digo pasivo y determinado. —No lo creo. Dijiste que esto es una negociación, pero no me dejas negociar—. Ella tiene razón. —Buen punto bien hecho Anastasia. ¿Qué tal una contraoferta? Tres días durante una hora, y un día durante media hora...— digo. —No hay trato. Tres días, tres horas. Tengo entendido que me mantendrás ejercitada lo suficiente—. Ella me desarma de nuevo llenándome de deseo por ella al instante. Sonrío maliciosamente con alivio. —Sí, claro. Ok. Estoy de acuerdo. Creo que realmente deberías trabajar para mí. Eres una dura negociadora— le digo completamente asombrado con esta joven mujer que está negociando fuertemente conmigo, Christian Grey el clavo fuerte. —Gracias, pero no es una buena idea— sigue hacia adelante. —En cuanto a los límites— le digo entregando mis límites estrictos a ella —éstos son los míos. Mis límites son: no se puede jugar con fuego, cero incendios, no orinar o defecar, sin agujas, cuchillos, perforación o algo que deje salir la sangre, sin instrumentos médicos, sin niños o animales, sin marcas permanentes en la piel, no hay acto que implique control de la respiración, nada de corriente eléctrica, fuego.
  • 72. Entonces doy vuelta y le pregunto si le gustaría añadir algo a esa lista. Ella se ve perdida y confundida. —No tengo la menor idea— murmura. — ¿Qué quieres decir? — Le pregunto. —En realidad nunca he hecho nada de eso, así que realmente no lo sé. —Ok— me corrijo — ¿hay algo que no te gusta hacer durante el sexo? Estoy seguro de que tienes tus gustos y disgustos—. Ella se sonroja y se retuerce en su asiento. Tengo que hacer que se abra a mí. Ella es muy tímida. —Anastasia, debes comunicarte conmigo y ser abiertos uno con otro por amor al cielo, si queremos que esto funcione— me declaro con ella. —No es eso— se sonroja tímidamente mirando hacia abajo a sus dedos y retorciéndolos con fuerza. —Por favor, dime— le digo, el suspenso me está matando. ¿Hay algo malo en su pasado? —Nunca he tenido relaciones sexuales, por lo que, no tengo ni idea de lo que me gustaría, y lo que no— ella finalmente murmura total y absolutamente impactante. Cierro los ojos. No, esto no está sucediendo. — ¿Nunca? — Respiro apenas para controlar mi ira. No, ella niega con la cabeza. — ¿Eres virgen? — le susurro. Ella asiente con la cabeza en sentido afirmativo enrojeciendo. Una... dos... tres... cuatro... cinco... seis... siete... ocho... nueve... diez... Respira Grey. Respiración profunda. ¡Mierda! ¡Todavía estoy enojado! — ¿Por qué diablos no me habías dicho antes? — Le grito. Ella se estremece.
  • 73. Traducido y Corregido por Jesica amino por el estudio corriendo mis manos en mi pelo doblemente exasperado. Me detengo y pregunto: — ¿Por qué Anastasia? — Camino de ida y vuelta de nuevo. — ¡Deberías haberme dicho que eras virgen! — Digo antes de ella. — ¡Bueno, lo siento señor Grey!— me regaña. —No tengo la costumbre de mencionar a todos los que conozco el estado de mi virginidad. El tema de alguna manera nunca se acercó. ¿Por qué habría de hacerlo en primer lugar? ¿O cómo debí decirlo? Apenas te conozco. ¿Qué quieres que diga? Hola Sr. Grey. Gusto en conocerlo. Mi nombre es Anastasia Steele, la virgen— dice exasperada, decepcionada y molesta a la vez bajando la mirada. Ella me pregunta en voz baja llena de culpabilidad — ¿Por qué estás enojado conmigo de todos modos? Suspiro. —Porque sabes tanto de mí ahora. Y estoy enojado conmigo mismo, no contigo. Sabía que eras inexperta, pero ¡una virgen! — ¡Oh Dios! Me siento avergonzado. Abro la boca y la cierro. Abro de nuevo y un sentimiento de pérdida de palabras me embarga. Me sucede mucho con ella.
  • 74. —Te acabo de mostrar...— señalando arriba. — ¡Oh Dios mío! ¡Que Dios me perdone! Dime, ¿algún chico te dio alguna vez un beso antes de mí? — ¿Soy tu primer beso también? Ella se ve ofendida — ¡por supuesto que había besado antes! — me regaña. —Pero, ¡eres una joven muy hermosa! ¿Nadie nunca te barrió a sus pies y te reclamo? — Pregunto exasperado. —Nunca había conocido a uno que me gustara lo suficiente... Nunca he tenido mi cuento de hadas—.... murmura mirando sus pequeñas manos. — ¿Por qué sigues gritándome Christian? — Pregunta con sus inocentes ojos azules bien abiertos, herida. —No lo hago— le digo en voz baja —supuse más de lo que debería...— De repente tengo la sensación de aplastamiento. Ella puede deslizarse a través de mis dedos. Yo no quiero aprovecharme de ella. Es más inocente de lo que pensaba. — ¿Quieres irte? — le susurro. Su cabeza se mueve bruscamente hacia arriba —en realidad no. Por supuesto, si quieres que me marche, no quiero abusar de tu hospitalidad...— ella se ve herida. Yo suspiro. No quiero que se vaya. Nunca. —No— subrayo —quiero que te vayas. Me gusta que estés aquí. Y estás mordiéndote el labio— digo al darme cuenta, con voz ronca. —Mis disculpas— murmura con timidez. —No tienes que pedir disculpas Anastasia. Quiero morder ese labio... fuerte... desde la primera vez que me di cuenta—. Digo con nostalgia. Ella corta su respiración audible por el deseo. Soy masilla en sus manos. Le extiendo mi mano y ella distraídamente la toma —ven conmigo— le digo. — Vamos a corregir la situación—. Ella me mira asombrada. — ¿Qué situación?
  • 75. —Tu virginidad. Voy a hacerte el amor ahora Anastasia— le digo a ella con el deseo en los ojos y en la voz. — ¿Soy una situación ahora? — dice conteniendo el aliento. —Hay una situación, pero no quiero empujar mi suerte. Quiero decir, si no quieres, nosotros no tenemos que— la miro con deseo, suplicante. Se detiene en sus pasos con curiosidad, con ambos cuestionamiento y deseo en sus ojos. —Pensé que habías dicho que no hacías el amor. Solo coges, y coges duro — traga. Sus observaciones directas me desarman y aumentar mi deseo por ella. Mi sonrisa es obscena y llena de deseo. —Tengo la intención de hacer una excepción a la regla, o tal vez combinar los dos. Pero en este momento, quiero hacer el amor contigo, mucho. ¡Quiero que esto funcione Ana! — Digo suplicando —no tienes idea de lo mucho que te he deseado y querido desde la primera vez que te vi tumbada en mi oficina—. Pero yo no quiero que ella tenga una idea equivocada de que yo soy un tipo romántico. Ella tiene que tener la información completa, y lo que puede esperar de mí. —No soy todo corazones y flores, y esto no es romance, pero es un buen comienzo para tu formación. Es un medio para un fin. Pero es un acuerdo que quiero que funcione demasiado. ¡Espero que también lo desees así! — le digo con fervor. Ella se sonroja al nacimiento del pelo con intenso color carmesí. —Pero Christian. No he hecho nada de lo que está en tu lista, y no sé nada, o no sé cómo cumplir con los requisitos en todo caso. No sé si estoy...— se sonroja más —equipada con lo que quieres. Lo que necesitas...— ella mira hacia abajo. —Oh, estas más que equipada para lo que quiero. En cuanto a las reglas. ¡Que se jodan! En este momento no me importa una mierda. Joder, te deseo y sé que me deseas o me deseabas. Dado que todavía estás aquí, supongo que todavía lo haces— oigo un suspiro audible deseoso de ella que confirma mi suposición.
  • 76. — ¡Por favor, Anastasia! ¡Permíteme hacer el amor contigo! ¡Quédate conmigo esta noche! — Digo con fervor, extendiendo mi mano a la absoluta esperanza de que ella diga ‘sí’. Ella me mira estupefacta. Conmocionada. Deseosa. Pero, incapaz de moverse. Para convencerla y recordarle lo mucho que la deseo, yo la rodeo con mis brazos fuertemente, y la presiono contra mí en una acción rápida. Estoy sin aliento con su proximidad, es intoxicante, embriagadora. El deseo se derrama sobre mí mientras corro mis dedos por su cabello deslumbrante, pasando a su largo cuello. Ella baja la mirada completamente tímida, escondiendo sus hermosos ojos. Quiero verlos. De repente le halo el pelo suelto con fuerza con la mano moviendo su mirada hacia mí. Encuentro su mirada en mis ojos sin dejar que su mirada se aparte de mí. Yo quiero que ella vea el fondo de mi deseo por ella. Su expresión facial dice que me quiere. Me desea. Estamos encerrados, sin poder escapar uno del otro. Se muerde el labio con aire ausente, y me quejo bajando la cabeza hacia abajo. Con mi mano derecha libero su labio de la cautividad de sus dientes, y lo tomo con mi boca y lo chupo con fuerza pellizcándolo con los dientes. Ella gime con fuerza en mi boca, y esa es mi perdición. Empiezo a besarla con fuerza, mi lengua invadiendo su boca. Su lengua y su boca siguiendo el ritmo que yo mismo marco, y estamos perdidos en nuestro beso por un largo tiempo. Presiono mi erección contra ella de manera exigente. —Por favor, Anastasia— le suplico. —Quiero tenerte. Te necesito. Permíteme hacer el amor contigo. —Sí— susurra. Su sola palabra de aprobación me quita el aliento cerrando los ojos con alivio. Cuando los abro de nuevo, solo hay deseo, necesidad, lascivia, en todo mi ser para ella. Con su aprobación, le tomo la mano sin dejar de mirarla, para llevarla a mi dormitorio. Es bastante grande, con ventanas de piso a techo con vista a la ciudad de Seattle.
  • 77. Mi habitación es muy moderna, con paredes blancas y muebles de color azul pálido. Tengo una cama de cuatro postes de madera gris. Las paredes lucen como un océano. Ella apenas da una mirada alrededor, temblando como una hoja. Su respiración es superficial como un conejo asustado. Yo quiero que se sienta a gusto. Suelto su mano para sacarme mi reloj. El cual coloco en el tocador. Luego tomo mi chaqueta, y lo pongo en la silla con cuidado y lentamente. Ella no deja de mirarme. Voy a hacer una demostración de esto, sabiendo muy bien cómo la afectará a ella. Mira a mi camisa de lino blanco y sus ojos se deleiten en mis pantalones vaqueros. Sus ojos se desplazan a mi torso y finalmente llegan a mi cabello. Dejo que mi camisa suelta sobre mis jeans, mi mirada y la suya se reúnen. Doy un paso hacia abajo y me saco los zapatos. A continuación, retiro lentamente mis calcetines. Una vez que tomo mis calcetines, me levanto y la miro. Acabo de recordar una cosa importante. Yo no quiero embarazarla en su primera experiencia. — ¿Tú no estás tomando ningún tipo de anticonceptivo verdad Anastasia? — Le pregunto dudoso. Ella se sonroja. —No— responde ella. Ya lo creo. Asiento con la cabeza. Le pregunto si ella prefiere las persianas cerradas, ella dice que no le importa. Ella está muy nerviosa, no creo que respondería de manera diferente si le preguntara si deseaba hacer el amor conmigo en el balcón. Luego exclama—: Yo pensaba que no dejabas que nadie durmiera en tu cama. Oh, tengo otras cosas en mente, y ninguna implica dormir. —No creo que vamos a dormir— le digo dándole un guiño perverso. Ella inhala fuertemente diciendo—: Oh. Ahora o nunca. La expectativa y anticipación está en el borde, y estoy a punto de explotar. Me paseo hacia ella, con los ojos en llamas. Puedo ver su expectativa y el deseo ardiente. Ella me mira a mí como me presento ante ella mirándola a los ojos. Ella es increíblemente hermosa en su inocencia.
  • 78. Quiero quitar su ropa de ella partiendo desde la chaqueta. Suavemente indico mi intención, y lentamente deslizo fuera la chaqueta. Poco a poco dejándola a un lado. Mi mirada se encuentra con la suya, presas en el deseo. Estamos encerrados. — ¿Tienes idea de lo mucho que te deseo Anastasia? — Le pregunto, y puedo verla derretirse frente a mí. Soy una bola de fuego deseoso de esta hermosa chica. Ella me engañó, me hipnotizó, y me fascinó. Me quedo mirando sus hermosos ojos azules con fervor, me inclino y la beso firme y lentamente al principio. Mi beso se vuelve expectante y exigente. Cuando la suelto, su deseo ha incrementado furiosamente, y yo soy suyo. Estoy completamente, totalmente, y desesperadamente enganchado a ella. Quiero sentirla, acaricio su mejilla, sus labios y cuello completamente, haciéndome burbujear dentro de mí. Me encuentro susurrando — ¿tienes alguna idea de lo mucho que quiero hacer el amor contigo? Incluso sorprendiéndome a mí mismo. Me inclino hacia abajo y lleno de besos su mandíbula, sus labios, el cuello, mientras ella cierra los ojos en éxtasis. Me dedico entonces a sacarle la camiseta. Y ahí está ella de pie delante de mí en un sujetador de encaje de color azul claro y sus vaqueros negros, como la imagen de Nacimiento de Venus de Botticelli, pero aún más hermosa, inocente y seductora. Quiero beber en ella. Su piel es tan pálida y tan impecable, quiero besar y tocar cada centímetro de ella. Cuando hago mis intenciones claras para ella, me mira tímida abriendo mucho los ojos, la respiración aguda. La tomo por su pelo castaño oscuro, y murmuro—: Me gustan morenas—. Paso los dedos por el pelo, al acariciar sus mejillas con la punta de los dedos, siento la sacudida entre nosotros una vez más. Su atracción es inevitable. No puedo evitarlo y tomo su cabeza firme en mis manos y empiezo a besarla apasionadamente, exigentemente. Con mis labios la obligo a que mantenga los labios separados, invadiendo su boca con mi lengua. Su lengua tímida finalmente conoce y coincide con la mía en su danza. Doy un gemido con pasión. Aprieto con fuerza.
  • 79. Mi mano se desplaza hacia abajo a la parte baja de la espalda empujándola cerca de mi cuerpo dispuesto a fusionarse con el suyo, y explorar su exquisito trasero apretándolo, a lo que ella da un sonido de sorpresa y de gusto. Mi erección es completa, y forcejea su salida de mis jeans. Me inclino para besarla de nuevo, ella gime en mi boca, agarra mis brazos apretándolos. A pesar de que tocar es un límite fuerte para mí, apenas tengo tiempo para pensar. Sus manos se mueven a mi pelo rápidamente y ella tira con fuerza, esto es increíble, ella es sorprendentemente cautivadora, y luego está en mi cara lista para explorar las colinas y los valles de mi rostro. La espera me está matando y yo hago mi decisión de seguir adelante. La empujo hacia la cama. Ella se queda de pie contra la cama, yo miro a su hermoso cuerpo, muevo los dedos sobre su torso, sus costados y simplemente me dejo caer de rodillas agarrando sus caderas sosteniéndola y empiezo por deslizar la lengua y los labios sobre su ombligo y en ese momento, ella da un muy audible gemido. Mis labios se mueven hacia arriba y hacia abajo y hacia los lados viajando de manera experta mordisqueando, haciéndola estremecerse. Sus manos se mueven en mi cabello, halándolo con fuerza, y es inevitablemente erótico sentir sus respuestas hacia mí de esa manera. Mi mirada no la puedo apartar de ella, a pesar de que cierra sus ojos ocasionalmente, mientras se encorva echando su cabeza hacia atrás, producto de la sobrecarga de placer que sentía, elevando mi placer aún más. Su respiración y la mía llevan el mismo ritmo y nuestros ojos, comiéndonos mutuamente. Repito el proceso. Su respiración y la mía llevan un ritmo igual, nuestros ojos ardiendo en llamas. Me inclino y tomo su pierna para desatar su agujeta y sacarle el zapato. Repito el proceso con su otro pie. Entonces remuevo sus calcetines lentamente, aun mirándola directamente a los ojos. Mis manos viajan vagamente por sus piernas deteniéndome estratégicamente en muslos acariciándola suavemente. Alcanzo su cierre, y luego de soltar el botón, deslizo el cierre hacia abajo.
  • 80. Mis manos invaden suavemente el interior de su pantalón, y con mis manos expertas, lentamente deslizo su pantalón hacia abajo. Su respiración se acelera, sus ojos azules se vuelven llamaradas. Remuevo sus pantalones, y muevo sus manos sobre sus ahora desnudas, piernas. Mis manos la sostienen por la cintura y sin darme cuenta me encontraba inhalando su esencia en su entrepierna, mientras su cara lucia bastante sorprendida y excitada al mismo tiempo. No puedo evitar decirle lo delicioso que me resulta su aroma. Su sexo excitado posee un olor intoxicante. La veo casi convulsionar ante el más leve de mis toques. La empujo de regreso al colchón. La tomo del pie, obligándola a observarme mientras corro la uña de mi dedo pulgar en la planta de su pie, sabiendo el efecto que tendría en su cuerpo. Le doy una sonrisa maliciosa sin romper la fuerte e intensa mirada que sostengo a sus ojos, paso mi lengua por la planta de sus pies siguiendo el camino que había marcado antes, tomando finalmente su dedo grande entre mis labios y chupándolo con fuerza. Veo ojos rodar hacia atrás, con un gemido fuerte. Puedo hacerla correrse de esta manera. Su respuesta me hace reír. Ella esta tan lista para mí. Muevo mis manos lentamente por sus gloriosas piernas. Ahora solo lleva puesto su ropa interior. Este sin dudas es un tímido, e inocente espécimen de una hermosísima mujer frente a mí. Las palabras se escapan a mis labios. —Anastasia, eres hermosa. No puedo esperar para estar dentro de ti— suspiro. Ella se encuentra totalmente bajo mi influencia, y yo bajo la suya. Le pido que me muestre como se masturba. Para mi sorpresa, nunca lo ha hecho. Oh las posibilidades. Supongo que debemos de corregir ese problema. Desabrocho mi pantalón y bajo el cierre. La sostengo de los tobillos separando sus piernas rápidamente y subo a la cama entre sus gloriosas piernas, sobre ella. Le sostengo las piernas en su lugar para advertirla que se mantenga quieta y que respire —cálmate, Ana— y la miro con pasión. Empiezo a besar el interior de sus muslos, alcanzando su interior. Ella enloquece debajo de mí.
  • 81. —Oh, bebe tenemos que enseñarte como mantenerte quieta— le digo, mientras voy cubriéndola de besos hasta su abdomen, torso y hasta sus pechos. Ella arde de deseo por mí, mientras agarra con fuerza las sabanas y yo aprovecho el momento para bajar las copas de su sostén de encaje. Sus pechos liberados, con sus pezones erectos antes mis ojos se endurecieron aún más al tomarlos con las palmas de mis manos. Libero su otro pecho al momento, e instantáneamente su otro pezón se asoma como una hermosa montaña de suave y tersa piel. Mis manos masajean sus senos y ambos nos perdemos en éxtasis. Sus pezones se endurecen bajo mis dedos. Me inclino para lamer sus pechos, jugueteando con mi lengua y luego soplándolos suavemente. Sus pezones responden endureciéndose y con los pulgares los acaricio para luego tirar de ellos. Recordar que ella nunca ha tenido un orgasmo me da una idea. Ahora simplemente quiero hacerla correrse de esta manera, bajo mi control, bajo mi mirada, hacerla tener su primer orgasmo bajo mis dedos. —Quiero hacerte correr de esta forma— le susurro. Está sin aliento y sin palabras. Su reacción me deshace. Mis dedos y lengua trabajan de manera experta en sus pezones, chupando, masajeando y rodándolos. Su espalda se arquea de placer, y me suplica. —Por favor, Christian…— dice gimiendo. — ¡Vamos bebe, córrete para mí! — le murmuro justo antes de cerrar mis dientes suavemente alrededor de su pezón, para chuparlo con fuerza, mientras con mi pulgar e índice, sujeto su otro pezón, masajeándolo y rodándolo mientras su orgasmo finalmente estalla a través de todo su cuerpo. Su reacción me excita tanto, que me muevo rápidamente hacia su boca, besando sus labios con intensidad y fuerza, mientras sus gemidos se pierden en mi boca. Mis manos viajan por sus costados y su torso, y por sus pechos. Ella responde tan bien a mi toque, y eso me complace, pero tenemos que trabajar en controlar eso y la verdad es que se que enseñarle me traerá muchos ratos divertidos.
  • 82. Mis manos se deslizan alrededor de su interior de encaje. Mis dedos irrumpen a través del delicado encaje destruyéndolo en un simple y ágil movimiento. Con mis dedos medio e índice encuentro la forma de llegar a ella, tocando su clítoris mientras con la palma de mi mano cubro el resto de su sexo. Esta tan mojada y lista que la verdad no puedo esperar a estar finalmente dentro de ella. Le saco las bragas rasgadas de la cintura, me saco mis pantalones junto a mis bóxers, dejando libre mi erección. Al verla sus ojos se abren ampliamente. Mis dedos se mueven dentro de ella, sintiéndola mojada, haciéndome desear entrar en ella de inmediato. — ¡Estas increíblemente mojada Ana! ¡Oh Dios! ¡Quiero estar dentro de ti, ahora! — sus ojos se notan deseosos pero asustados al mismo tiempo al ver el tamaño de mi erección. La calmo un poco al decirle que ella se expandirá también. Pero deseo que ella me desee también, quiero hacer esto, y estar seguro de ello. Aun quiero su permiso. La deseo, quiero que ella me desee a mí. Es aquí donde ella cruzara la línea. Hacia mi lado. ¡La deseo tanto, que duele! — ¿Estás segura Ana? ¿Quieres hacer esto? —Si Christian. ¡Por favor! No me hagas rogarte…— me dice deshaciendo mi compostura. La tomo de la pierna alzándola para tener mejor acceso a ella. Rasgo el envoltorio del condón y tomándolo de la punta lo desenrollo sobre mi sexo. Mis ojos arden en los de ella —voy a cogerte fuerte ahora bebe…— le digo al momento en que entro de un tiro en ella. Ella grita involuntariamente — ¡Ahhh! — un dolor placentero. Mi erección rompe su virginidad y esta también es una primera vez para mí. Y de repente me siento lleno con una sensación desconocida hasta ahora, me siento completo y con un sentimiento de propiedad sobre ella y no puedo, no la dejare ir jamás. Ella es mía, y de nadie más. La he reclamado, mi esencia, mi hombría esta en ella, reclamándola, amándola, haciendo el amor con ella, cogiéndola.
  • 83. Disminuyo la velocidad, esperando a que ella se ajuste a la sensación extraña que debe estar sintiendo al tener a alguien por primera vez dentro de ella. Muevo mi cadera hacia atrás lentamente, y luego de buscar sus ojos ella asiente, lista para recibirme nuevamente. Entro en ella una vez más, con fuerza. Ella gime expandiéndose lentamente. Nuevamente disminuyo la velocidad, mirándola a los ojos buscando su aprobación una vez más. Ella luce deseosa, y lista, quiere más. Quiero su confirmación verbal. — ¿De nuevo? — le pregunto. — ¡Si por favor! — ella suplica, y vuelvo a alejarme, giro mis caderas y entro en ella una y otra vez, reclamándola para mí, una vez más. De cada forma, en todos los sentidos. Toda. Mía. Creamos nuestro propio ritmo y pronto ella aprende a mover sus caderas para igualar mis embestidas. Me pierdo en ella, acercándome hacia su cara, la tomo por su rostro y mi boca invade la suya, besándola, sin tomar prisioneros. ¡La deseo en todas las formas posibles! Sin descanso. Nuestros cuerpos encajan perfectamente, recibiendo y dando, adorando en deseo y sexo, cubiertos en capas de sudor y calor. El placer y la tensión llegando a nuevas alturas. Estoy al punto de acabarme y ella está rigidizándose con la tensión del placer construyéndose dentro de ella. — ¡Córrete para mi bebe! — le gruño, y con eso ambos nos acabamos sonoramente. — ¡Yo… te… deseo! ¡Oh Ana! — le grito, su nombre una letanía en mis labios, y colapso sobre ella, adorando su cuerpo. A pesar de que las corrientes de placer empiezan a disminuir, tanto mi respiración como la suya siguen siendo toscas y rápidas. La beso una vez más justo en el momento en el que salgo de su interior. Ella arruga la cara e inmediatamente le pregunto si la lastime. Ella se sonroja. Mordiendo su labio inferior. —Respóndeme Ana— la coacciono. Entonces paso mi dedo encima del labio que ahora muerde, recordándole.
  • 84. —Yo nunca… jamás… me había sentido tan bien, tan extasiada, antes— ella murmura tímidamente. — ¿Lo harías una vez más? — le pregunto deseoso. —Definitivamente…— ella responde. — ¿En serio? — estoy complacido. —Qué pequeña chica más demandante eres Ana— bromeo con ella. La hago girar y desabrocho su sostén. Muevo mis dedos sobre su piel perfecta. Ella nota que aun llevo mi camiseta puesta. — ¿Por qué tienes tu camiseta puesta aun? — ella indaga. No quiero que me toquen, pero no quiero sacar ese lado jodido de mí para ella a la luz. Me quito la camiseta dejándola descansar detrás de ella. Entonces le susurró al oído con deseo. —Entonces Srta. Steele, ¿Te gustaría que te coja otra vez? — mis dedos corren por ambos lados de sus senos, mientras mi otra mano cubre su sexo y mis labios hacen una hilera de besos desde su cuello, hasta sus oídos y cuello. No me acerco si quiera terminar por esta noche con ella. La sostengo en su lugar y le susurro que me la cogeré desde atrás ahora. Sostengo su pierna hacia arriba, a medida que me deslizo suavemente dentro de ella y sosteniéndola en su lugar con mi mano, mi cuerpo empieza a moverse, reclamándola una vez más. —Tú. Eres. Mía. — le digo arremetiendo dentro de ella. Con cada embestida reafirmo mi reclamo, la hago mía, y la marco con mi aroma, con mi cuerpo y mi sexo. Muevo mis dedos sobre su clítoris mientras mi sexo trabaja su magia dentro de ella. — ¿Te gusta esto? — le pregunto suavemente. Mi pulgar y mis dedos moviéndose sobre ella y su única respuesta es un gemido de placer. Una vez retiro mis dedos, la hago abrir la boca y probarse a sí misma. Al mirarla chupar sus propios jugos, un deseo se forma dentro de mí, de cogerme su boca. Le hago saber mi deseo entre embestidas. Ella esta desgastada, deseosa y sin paciencia, y yo decido hacer de esto algo lento. Me entierro en ella una y otra vez muy despacio, deliberadamente, abrumándola, volviéndola loca, dejándola deseosa de más.
  • 85. ¡Ella se siente tan bien! Esta lista para correrse, pero no quiero que lo haga aun. Necesito más. Aun no me saciado de ella. —Despacio bebe…— le susurro —Aun no… — ¡Por favor Christian! — ella me suplica. — ¡No bebe!, te quiero hinchada, ¡tan hinchada que recordaras que yo estaba dentro de ti, cada vez que des un paso! — le digo. — ¡Oh Por favor, me estoy deshaciendo a la deriva! — ella ruega. — ¡Que quieres bebe! ¡Dime Ana! — le digo mientras me muevo dentro de ella. — ¡Te deseo a ti! — ella gime. Eso es lo que me deshace. Acelero la velocidad, describiendo círculos con mis caderas y arremeto contra ella con más fuerza, y más y más rapidez hasta que ambos nos corremos sonoramente. — ¡Tu…Eres…Mía! — gruño al momento de llegar al clímax y con mis palabras, ella se estremece de placer y nos mantenemos conectados con las sensaciones que siguen pulsando a través de nosotros luego de corrernos. — ¡Diablos Ana! — digo completamente calmado por el placer. Mi primer vainilla, y fue mucho mejor que cualquier cosa que hubiese imaginado o esperado. Ella me deshace, esta cautivadora e inocente chica quien ahora está quedándose dormida en mis brazos, rendida por mi sexo y mi conquista de su cuerpo y alma. Ella esta rendida. Ella ha cruzado la línea, y ahora me siento posesivo con ella. Observo su pacífico y cansado rostro al dormir. Algunas emociones desconocidas escalan dentro de mí surgiendo.
  • 86. ¡Ella es mía! En todos los sentidos. No puedo dejarla ir ahora. Sus manos me buscan en su sueño. Yo las capturo y las sostengo con las mías. No sé por cuánto tiempo la observo dormir, pero la tristeza finalmente llega mi pecho. Ella es tan inocente. ¿Estará lista para mi mundo? Tengo una rara mezcla de sensaciones todas dirigidas a ella, justo ahora. ¿En verdad quiero mancharla como alma oscura? No sé de donde esta mezcla de emociones viene. Nunca antes me sentí de esta manera al respecto de nadie. Nunca. Lentamente coloco sus manos en la cama y suavemente me deslizo fuera cama. La cubro con la manta y finalmente me pongo mi pantalón de pijama, para luego ir lentamente hacia el gran salón Me siento en el piano, y de manera ausente empiezo a tocar una pieza de Chopin, que refleja mi triste estado de ánimo. Toco la pieza una y otra vez, pero mi ánimo no se escuda en pensamientos felices. La puedo sentir parada en la puerta, aun antes de alzar mi mirada para verla. Cuando me detengo, ella dice. —Lo lamento Christian…. yo— pausa por un momento. —No quise molestarte— agrega. —Yo debería ser quien se disculpe— le digo —te desperté. Deberías estar durmiendo— le digo reprochándola. Ella me pregunta que estaba tocando, y le digo que era una pieza de Bach. Ella desea saber por cuando tiempo he estado tocando, y le digo que empecé cuando tenía 6 años. Giro mi cabeza hacia ella — ¿cómo te sientes? —Estoy bien— ella me responde. —Ven— la tomo de la mano y la llevo de regreso a la habitación. Quito la manta de la cama y veo la sangre, la prueba de su virginidad perdida, como si fuese un gran testimonio en mis sábanas blancas. Ella se sonroja y baja su mirada. Yo sonrío, eso le dará algo en que pensar a mí ama de llaves la Sra. Jones mañana. La meto a la cama y me recuesto junto a ella. Una vez más me encuentro a mí mismo rompiendo las reglas por ella.
  • 87. La abrazo en la cama y con dulzura, susurro en su oído. —Duerme, bebé, duerme— mientras ambos cerramos los ojos y quedamos dormidos profundamente, yo experimento un sueño calmado, por primera vez en mucho, mucho tiempo.
  • 88. Traducido y Corregido por Jesica esperté al momento en que las primeras luces de la mañana cubrían la silueta de los edificios de la ciudad de Seattle, tocaron mis ojos a través de las ventanas de mi habitación. Pero lo que realmente me despertó, fue el darme cuenta que Anastasia estaba ausente de mi cama. Cuando me doy cuenta de que en verdad ella no está, me siento de repente en la cama. ¿Se habrá ido sin decirme? ¿A dónde iría? Miro al rededor y localizo sus ropas, y noto como doy un respiro de alivio. ¿Cómo es posible que me acostumbrase a su presencia en mi cama, cuando solo he dormido junto a ella dos veces? Extrañamente, no he tenido pesadillas sobre la prostituta drogadicta y su proxeneta en ambas ocasiones. ¿Sera coincidencia? Me siento mucho mejor, relajado, y feliz. ¡Maldición! Ella ya se me ha metido bajo la piel. Siento la necesidad de encontrarla y sostenerla. Lentamente me levanto, me pongo el pantalón de mi pijama, aun llevo puesta mi camiseta con la cual dormí. La encuentro en la cocina, haciendo el desayuno, con mi Ipod en el bolsillo de la camisa, los audífonos cubriendo sus oídos y bailando relajadamente mientras cocinaba.
  • 89. ¡Es una imagen tan alegre para contemplar! Estoy completamente cautivado. Lentamente me acerco al desayunador y tomo asiento observándola. Ella no tiene idea de que estoy ahí. Ella está usando una de mis camisas, esta descalza y luce unas coletas que la hacen lucir aun ¡más joven y mucho más inocente! Doy un suspiro por lo bajo… La imagen de ella relajada y sin preocupaciones, bailando mientras bate huevos y cocina tocino me provoca un sentimiento hogareño y extrañamente también un sentimiento de comodidad en mi… de ella perteneciendo a mi cocina, con sus pies descalzos, su cabello de ‘recientemente tuve sexo’ y su juvenil energía. Cuando me ve en el desayunador, se congela en su lugar, ruborizándose. Entonces traga fuertemente retomando la compostura y despacio se saca los auriculares. Su reacción inocente causa algo en mí, quiero sonreír como un chico adolecente. —Buenos días Srta. Steele. Luces muy energética esta mañana— le digo secamente haciendo una alegoría a nuestro tango en la cama de la noche anterior. —Simplemente dormí bien— ella dice alzando los hombros tratando de esconder una sonrisa. Entonces, ¡estoy en lo cierto! —No puedo imaginarme él porqué— le digo haciendo una pausa para recordar lo relajante que fue mi sueño. —Yo también dormí muy bien, luego de que volví a la cama— le digo aun algo confundido al respecto. — ¿Tienes hambre? — dice ella, y esta simple pregunta, hecha por esta hermosa e inocente chica descalza en mi camiseta, trae consigo emociones tan poderosas, que simplemente no sabía que podía sentir. No puedo ni nombrarlas; son completamente nuevas para mí. Ella ha despertado todas estas sensaciones desconocidas en mí, que nunca supe que podía sentir, y que han salido a la superficie con una simple mirada de ella, quizás sean sus preguntas inocentes, o con un simple toque. ¿Qué es lo que tiene ella que me hunde?
  • 90. Todo lo que puedo lograr decirle es, “mucha,” con una mirada intensa, a pesar de que el hambre que siento es por ella. Ella se sonroja. — ¿Huevos con tocino y tortitas? — ella me pregunta tímidamente. —Suena genial— me las arreglo para contestar. De repente ella empieza a mirar alrededor, apenas conteniendo su desesperación y rubor. —Umm no conozco el orden de tu cocina. ¿Dónde guardas los manteles? — ella me pregunta. Le sonrío. —Yo hare eso mientras tu cocinas. ¿Deseas que ponga algo de música para que continúes tú… ehhh… baile? Ella cambia de colores cual camaleón de escarlata a morado mirando a sus nudillos. Entonces para hacerse lucir ocupada empieza a batir los huevos como si fuese su propósito de vida renovado, canalizando toda su energía hacia la tarea. Es tanto entretenido como increíblemente ardiente verla de esa manera. No puedo evitar acercarme y suavemente tirar de sus coletas. —Me encantan estas— suspiro, pero con todo el deseo construyéndose dentro de mí, un par de coletas de colegiala no la protegerán de mi —pero no te protegerán— le digo al oído. Soy peligroso para ella. La escucho gemir mientras que sus movimientos de batir los huevos se detienen momentáneamente. — ¿Cómo te gustarían tus huevos? —Bien batidos y aporreados— le digo, bromeando con una sonrisa. Ella trata de esconder su sonrisa. Encuentro el cajón donde la Sra. Jones, mi ama de llaves, guarda los manteles, y tomo dos de color negro y los coloco sobre el desayunador. La observo con mi vista periférica friendo los huevos y volteando el tocino en la plancha. ¡Dios! ¿Por qué tiene esto que ser tan ardiente? ¡Mi mujer, en mi cocina! Sirvo dos jugos de naranja para ambos y empiezo a hacer café para mí. Pero a ella le gusta el té. — ¿Anastasia te gustaría algo de te? —Si por favor, si tienes— me responde.
  • 91. Cuando busco en el armario para sacar un te Twinings English, ella rueda sus ojos, y estrecha los labios. —Sacaste una conclusión de antemano, ¿no crees? — ella me pregunta. — ¿Tú crees?, yo no estoy seguro de que hayamos concluido nada Srta. Steele— murmuro. Mi contrato aún permanece inexplorado, aún necesita ser firmado, y la verdad es que hemos cambiado un poco los parámetros con nuestro reciente acto. Pero hay tanto que acordar, mi mente divaga. Las negociaciones aún permanecen abiertas. Ella luce momentáneamente confundida ante lo que apunte, pero no dice nada y se gira hacia el refrigerador para sacar el jarabe de maple. Cuando se gira yo estoy en el desayunador esperando por ella. —Anastasia— le apunto a una de las butacas. —Christian— ella asiente, y sube a la butaca no sin antes notarla hacer una mueca de dolor. Esa imagen me excita muchísimo. ¡Si bebe! Es ahí donde he estado yo, donde te reclame como mía. ¡Toda mía! Nunca antes había tenido un sentimiento de propiedad de este tipo. Esta es otra primera vez para mí. — ¿Qué tan hinchada estas? — me encuentro a mí mismo preguntado mientras me siento junto a ella, mis ojos oscuros por el deseo. Ella se sonroja, cambiando de color, finalmente rueda sus ojos. ¡Dios! ¿Por qué su reacción es tan excitante? Pero aun así su respuesta me la da con un poco de irritación, supongo que por lo intima de mi pregunta. Quiero ser su primero, y el último. —Bueno Sr. Grey— ella me suelta —no tengo nada con que comparar el sentimiento, no tengo puntos de referencia— me mira y su comportamiento cambia a uno dulce y agrega — ¿te agradaría dar una disculpa? — Ella es dulce, y ardiente, y juguetona, y toda mía. Trato de evitar sonreír, pero es demasiado difícil con ella tan próxima a mí. —No— le respondo, y agrego con deseo en mi voz y mi mirada —me preguntaba si deberíamos continuar con tu entrenamiento básico.
  • 92. Su tenedor se detiene en el medio del aire, mientras ella me observa sorprendida, su respiración detenida, sus ojos dilatados, y con un apenas audible gemido escapando de sus labios — ¡oh! — ¡Dios! ¿Alguna vez me saciare de sus respuestas inesperadas? Ella esta inmóvil. La coacciono —come, Anastasia—. Ella continúa mirándome con un tipo distinto de hambre en su rostro. Ella me desea. Pero adoro crear expectativa. El resultado final será mucho mejor para ambos. —Esto esta delicioso, por cierto— le digo indicando mucho más que el Omelet que ella hizo, sonriéndole. Ella toma un bocado del suyo, sus ojos en los míos, apenas comiendo, y mordiendo ese delicioso labio de manera ausente. ¡Argh! No puedo soportarlo —por favor, deja de morder tu labio Anastasia. Me distrae demasiado. Y ya que sé que no llevas nada debajo de mi camiseta, estoy mucho más distraído— le gruño. Ella libera su labio de la cautividad de sus dientes, y yo suspiro. Ella toma su bolsa de té, sacándola de la envoltura y la hunde en el agua caliente sacándola momentáneamente. Sin apartar sus ojos de su taza de té, ella me pregunta usando un tono de voz alto y excitado que a penas y puede ocultar —uhm, ¿De qué clase de entrenamiento básico estamos hablando? — puedo sentir como su respiración se acelera, a pesar de que ella trata de hacer su tono casual, y desinteresado, puedo sentir como sube la temperatura entre ambos. Ella junta sus piernas ausentemente, aumentando la presión de una pierna contra la otra para suprimir su creciente pasión y sé que en este momento ella debe sentir un tirón en su sexo. Su cuerpo es como un libro, listo para ser leído por mí, el cual he podido estudiar bastante bien en los últimos dos días. ¡Amo eso de ella! Ella trata de lucir natural y calmada. Agita el té, y sube la taza hasta sus labios para probarlo. Cierra los ojos brevemente aparentemente para recolectar sus pensamientos.
  • 93. Sin bajar su taza de té la mantiene cerca de sus labios y sopla tratando de distraer su mente, y a medida que ella acerca su taza a sus labios otra vez, yo empiezo a hablar—: Bueno— empiezo —puesto que estas adolorida— recordando donde estuve, mi voz se eleva con el deseo —pensé que podríamos concentrarnos en habilidades orales. ¡Ella se ahoga con su te! Cuando logra componerse, se gira y se queda mirándome con sus hermosos ojos muy amplios, su boca abierta. Su reacción me excita más allá de lo que es posible de imaginarse, pero simplemente le palmeo la espalda para ayudarla con su ahogamiento y le acerco su jugo de naranja para que tome. No sé qué significa exactamente esa reacción. ¿Ella desea quedarse? ¿Desea irse? Espero que se quede, pero no quiero obligarla. Debe ser su decisión. Necesito confirmación de eso, así que agrego —eso si deseas quedarte Ana. Ella mira hacia mí tratando de evaluar mi expresión. No quiero mostrar ninguna emoción. La deseo demasiado, y no quiero influenciar su decisión. La deseo, y quiero ser egoísta, pero no cuando se trata de ella. Debe ser su decisión y no mi influencia. Le debo eso. Ella luce exasperada y frustrada al no poder leer mis expresiones. Cierra los ojos por un breve momento, y los abre nuevamente. Finalmente habla —me gustaría quedarme por el día de hoy Christian. Si estás de acuerdo con eso— ella dice, usando el mismo animo de la noche anterior, no queriendo desgastar su bienvenida. Entonces añade —pero debo ir a trabajar mañana. — ¿A qué hora debes ir a trabajar? — le pregunto. —A las 9 de la mañana— dice ella. —Puedo hacerte llegar a tu trabajo a las 9 a.m. — le digo y ella arruga la cara.
  • 94. —Tengo que estar en mi casa esta noche, para poder cambiarme. No tengo ropa limpia aquí— ella continúa. No quiero que se vaya, especialmente por un problema inexistente como ropa. Podemos conseguirle ropa aquí. Puedo enviar a Taylor a comprarle ropas ahora mismo si ella lo desea. —Podemos conseguirte ropas aquí— le digo, porque no quiero que se vaya esta noche. La necesito aquí. La quiero aquí. ¿Qué demonios pasa conmigo? Ella lo está considerando, pero también parece preocupada por algo. Y ahí va ese delicioso labio a la cautividad de sus dientes otra vez. Es una distracción demasiado grande para mí. Estiro la mano y tomándola de su barbilla, para que libere su labio. Sé que ella está preocupándose por algo. Quiero saber qué. — ¿Qué sucede? — le pregunto. No soy de esas personas que lidia bien con la preocupación. Ella cierra los ojos y dice —necesito estar en casa esta noche. No me agrada la idea. No me gusta que me contradigan. Pero ella no ha firmado el contrato que la hará rendirse y dejar toda su voluntad sobre mis manos, así que no digo nada. Mi boca se vuelve una línea tensa en un esfuerzo de ocultar mi enojo y disconformidad. —Muy bien, esta noche entonces— le digo. —Por favor, comete tu desayuno— le ordeno. Pero ella no come. Ella no come suficiente, y eso me molesta. Le recuerdo que no ha comido nada desde la noche anterior. Ella necesita comerse su desayuno. —No tengo hambre— ella suspira. Eso no es suficiente. Ruedo los ojos concentrándome en ella. Tratando de no imponer mi voluntad sobre ella — en realidad deseo mucho que termines tu desayuno— enuncio. Tengo dificultades con la comida desperdiciada, sobre todo cuando hay tantas personas muriendo de hambre en el mundo. Yo fui una de esas personas, ¡No puedo evitarlo!
  • 95. — ¿A ti que te pasa con la comida? — dice ella exasperada. Frunzo el ceño, cambiando mi cara. —Tengo problemas para tolerar ¡desperdicios de comida Anastasia! ¡Come, Ahora! — ordeno. Ella mira su comida, retoma su tenedor y empieza a comer otra vez muy lentamente. Su esfuerzo me hace feliz. Ella es como un niño pequeño a veces. Pero me alegra que ella nunca haya tenido que vivir lo que yo. Me alegra que ella nunca haya sentido hambre. Mi expresión se suaviza, con un alivio repentino. Termino mi comida primero que ella, y la observo comer. Cuando finalmente ella come lo suficiente, tomo su plato y lo retiro. Le digo que, ya que ella cocino, yo limpiaré, a pesar de que no es mi estilo el hacerlo. Me encuentro a mí mismo haciendo cosas que normalmente no haría, cuando estoy con ella. —Cuando termine, tomaremos un baño— le digo. —Oh, ok— dice ella sorprendida. Cuando suena su teléfono, ella responde la llamada. —Hola— ella responde con timidez, caminando hacia el balcón en búsqueda de privacidad. Mis ojos la siguen como un halcón, los celos creciendo dentro de mí. ¿Es el fotógrafo? O ese maldito de la tienda, ¿el hermano del propietario? Mis ojos se entrecierran. ¡Yo no comparto! Pero entonces escucho el nombre —Kate— de sus labios. Es su compañera de piso. Doy un respiro de alivio. Pero quiero asegurarme de que no le diga nada sobre nosotros. Continuo arreglando la cocina. Ella regresa al terminar su conversación. Luce dudosa. ¿Desea marcharse? —Ummm, Christian ¿El AND incluye todo? — ella ¿esta infeliz con algo? Mis ojos se entrecierran al momento de preguntar ¿Por qué? Mientras aun continúo con mi tarea. Cierro la puerta del cajón luego de poner la caja de té dentro y me giro para darle mi completa atención.
  • 96. —Porque— ella respira —tengo unas cuantas preguntas— dice tímidamente bajando la mirada —tu sabes, sobre sexo. Y estaba esperando preguntarle a Kate al respecto. —Ella se retuerce los dedos y vuelve sus manos otra vez como si alguna respuesta secreta estuviera escrita en ellas. Mi mirada se suaviza, poco a poco —me puedes preguntar tus preguntas Ana. — Quiero ser su único maestro. No puedo evitarlo. —Christian, no puedo... Quiero decir, con todo respeto...— ella deriva mirando a otro lado y suspira. —Estas demasiado involucrado. Solo voy a preguntar acerca de la mecánica. Y no voy a mencionar Salón Rojo del Dolor— dice rápidamente. Eso me sorprende. Nunca pensé en mi Sala de juegos como un lugar para el dolor. — ¿Salón Rojo del Dolor? ¿Es eso lo que piensas de él? Es más que nada sobre el placer Ana. Créeme— me encuentro diciendo. Ella tiene ideas falsas, y siento que deben ser corregidas. —Además— le digo sabiendo que mi tono es más duro —tu compañera de cuarto está haciendo la bestia de dos espaldas con mi hermano. Prefiero que no le preguntes. —Yo no quiero que ella valla a correr y decirle a Elliot acerca de nuestro «acuerdo». Quiero mantener mi vida privada en privado, incluso de mi propia familia. No es asunto de ellos. Como si fuera una señal, Anastasia me pregunta—: ¿No sabe tu familia sobre tu... um, proclividad a...? — Ella deriva, por último agrega—: ¿al estilo de vida que has elegido? — ¡No por supuesto que no! No es asunto de ellos—. Me paseo hacia ella, y me paro frente a ella. Si tiene alguna pregunta, quiero ser el único para responderlas. Quiero ser su único maestro, su único instructor, único participante, el único amante que ella tenga. Levanto la mano para acariciarle la cara con los dedos. Ella baja la mirada una vez más, y quiero ver esos hermosos ojos. Quiero saber lo que está pensando. Mis dedos van a su barbilla y levanto su cara hacia arriba con bastante fuerza. Quiero que me mire a los ojos. Quiero que estemos conectados.
  • 97. — ¿Qué quieres saber Anastasia? — Le pregunto atentamente. Quiero ser el que le de las respuestas. Ella se retuerce bajo mi mirada. —Nada en particular, por el momento— ella susurra apenas audible. —En ese caso, permíteme comenzar preguntándote ¿Cómo fue anoche para ti? — Quiero saber. Estoy Muy, muy interesado. Es mi primera virgen. Mi primer vainilla. Por primera vez en mi cama. Es la primera en dormir a mi lado. Primera en mi helicóptero. Es la primera en muchas cosas para mí, y quiero saber lo que ella siente por mí. Profundamente... Estoy ansioso por saber. Mis ojos son ascuas ardientes con la intención llenos de deseo. Ella tiene temor en sus ojos y susurra—: Fue bueno—. Su afirmación de alguna manera me gusta y me hace feliz. Siento una sonrisa acercándose a mis labios, pero me reprimo. —Para mí también— murmuro. —Nunca habita tenido relaciones sexuales vainilla. Es mucho más de lo que esperaba— le digo ausente —pero tal vez es porque fuiste tú. Porque yo estaba contigo para experimentarlo—. Mis dedos se arrastran por su barbilla, su línea de la mandíbula y finalmente los detengo en su labio inferior. Su inhalación es fuerte y dulce. El deseo se acumula en mí. Debo tenerla de nuevo. ¡Ahora! —Ven, vamos a tomar un baño— le digo inclinándome para besarla. Puedo sentir el deseo construyéndose en ella. Nuestro beso se profundiza. Ugh. Tengo que tenerla. La tomo de la mano, diciendo—: Ven conmigo. Por favor... La guio a mi baño principal. Suelto su mano momentáneamente para llenar la gran bañera de piedra blanca. No es sólo un baño, es un diseño en forma de huevo. Lo lleno con agua caliente y vierto un poco de aceite de baño en el agua. Una vez que he terminado la elaboración del baño, me levanto y la miro, mis ojos llenándose de deseo por ella. Ella, una chica tímida, sus ojos clavados de nuevo en el suelo.
  • 98. ¡Cómo me atrae, es tan cautivadora! —Anastasia— le digo para sacarla de su estado de ánimo, y extiendo mi mano hacia ella. Ella está junto a la puerta. Desconfiada. Sus brazos se envolvieron alrededor de ella como para protegerla. Sus grandes ojos azules muy abiertos. Mi mano sigue extendida hacia ella. Poco a poco se abre paso a mí. Su respiración es superficial. Finalmente llega ante mí y toma mi mano. Yo le entro a la bañera todavía en mi camiseta. —Date la vuelta frente a mí— ordeno con suavidad. Lo hace, y yo suspiro con esta belleza inocente delante de mí, que se mordía el labio de nuevo. Me quejo de deseo. —Oh Ana, sé que ese labio es delicioso ya que lo he probado, y con sinceridad, no puedo saciarme de él, pero ¿puedes dejar de morderlo? Me distraes demasiado—. Aprieto mis dientes. Su mirada cambia a uno de confusión. Suspiro —cuando muerdes tu labio, me dan ganas de cogerte, y tú estás adolorida, ¿de acuerdo? Su aliento me llena de deseo, ella suelta su labio y su mandíbula cae abierta en estado de shock, con los ojos muy abiertos. — ¡Sí! — Digo con su expresión — ¡eso es! ¡Comprendes el panorama! Tomo el iPod del bolsillo del pecho de la camiseta. Entonces agarro el dobladillo de la camiseta y se la saco y la tiro al suelo. Miro a su hermoso cuerpo. Este ‘Nacimiento de Venus’ delante de mí, más hermosa que lo que Botticelli hubiese jamás previsto y pintado. Ella se sonroja en tonos más rojos que la bandera china mirando hacia abajo. Quiero que se sienta cómoda con su cuerpo, no tímida, y desde luego no avergonzada. Es un cuerpo para ser glorificado, adorado incluso como la diosa griega Afrodita. La tomo de la barbilla obligándola a mirarme. —Oye— le digo en voz baja. —Uno nunca debe estar avergonzado de su cuerpo. Eres una mujer muy hermosa, un paquete completo. Odio verte colgar tu cabeza con vergüenza. No tienes nada de lo que avergonzarse. Y menos de mí. Por lo tanto, no lo hagas. ¿De acuerdo? — le digo en voz baja.
  • 99. Yo sostengo su mano, y la ayudo a sentarse. Ella hace una mueca mientras su gloriosa parte inferior la cual he reclamado anoche, se funde en el agua haciéndola recordar su experiencia, y haciéndola sentir un poco incómoda. ¡Bien! Ella siente el dolor. Un recordatorio de dónde he estado, y yo soy el que ha reclamado derecho sobre ella. El agua caliente por fin la calma y se relaja. Observo cada uno de sus movimientos, incapaz de hacer otra cosa. Ella finalmente mira hacia arriba y con voz ronca me pregunta—: ¿Es que no me acompañaras Christian? — Sonrío. Oh, sí, lo haré. —Muévete hacia adelante— ordeno—: Me uniré a ti— le digo. Y con mucho gusto. Saco mis pantalones de pijama, y luego estoy pasando mi camisa sobre mi cabeza para subir en la bañera. Me siento detrás de ella, y pongo mis piernas sobre las de ella fijándola en su lugar. Pongo mis rodillas sobre la de ella colocando mis tobillos en la parte interior de sus piernas. Abro mis piernas, que a su vez la obligan a abrir las piernas. Ella corta su respiración haciéndome sonreír. Hundo mi nariz en su pelo bebiendo de su hermoso aroma femenino. —Hueles maravilloso Ana— le digo inhalando profundamente con el deseo construyéndose dentro de mí. Su cuerpo se sacude con temblores con su pasión naciente. Me estiro a un estante cercano que contiene sales de baño, gel de baño, champú y aceite de baño. Tomo el gel de baño y me pongo algunos chorros en la mano. Entonces mojando mi otra mano, froto mis manos creando una espuma suave. Entonces cierro mis manos alrededor de su cuello y hombros para trabajar mi camino hacia abajo. Masajeo, para trabajar mi magia en sus músculos. Ella arquea su cabeza hacia atrás de placer y gime bajo mi tacto, dándole con eso firmeza a mi erección. Sonrío de deseo por ella. — ¿Te gusta eso?— le susurró al oído. —Hmm— es la respuesta que obtengo, completamente cargada de placer.
  • 100. Mi dedo se mueve hábilmente a sus costados, por debajo de sus brazos suavemente, flotando y masajeando. Mis dedos se abren camino hasta sus pechos amasándolos y dando vueltas al principio. Entonces empiezo amasar sus pezones, primero suavemente y luego expertamente alargándolos en mis dedos. Sé que esta adolorida por lo de anoche, y me encantaría estar más así, pero quiero estar en todas partes al mismo tiempo. Deslizo mi dedo en su vientre y por su ombligo. Ella toma una inhalación brusca y su respiración se hace más rápida. Puedo sentir su corazón como el de un colibrí, tratando de escapar de su pecho. Lo puedo sentir en mi propio pecho lo suficientemente fuerte. Me da una sacudida de placer como nuestra conexión proporciona una corriente constante de electricidad. Mi erección esta contra su espalda, una longitud poderosa. Ella se empuja a sí misma en contra de ella. Ella me desea. ¡Mucho! Yo puedo hacer que se venga de esta manera. El pensamiento me da un montón de ideas. ¡Me encanta enseñarle! Tomo un paño y le coloco gel de baño. Ella ya está jadeando, con las manos agarrando mis muslos firmemente recordándome la forma en que arañó las sabanas anoche, y me llena de un deseo lascivo por ella. Poco a poco y con el objetivo de tomar su sexo con el paño voy acercándome hasta cubrirla, y comienzo a frotarla lentamente a través de la toalla. Mis dedos empiezan a estimularla a través de la toalla. Su aliento se detiene un momento y luego gana velocidad, como si no pudiera obtener suficiente aire en sus pulmones. ¡Ella es muy sensible a mi tacto! A medida que la sensación sube se arquea su espalda, con la cabeza rodando en mi pecho, y su boca formando una O jadeando por más. Susurro —siéntelo bebé— en su oído mientras mis dientes atrapan el lóbulo de su oreja. Ella está en lo más alto — ¡por favor... Christian! — Sus piernas rígidas, arqueando la espalda tratando de absorber y controlar la sensación, el orgasmo se acerca y esa es mi señal para parar aquí con una sonrisa, y respirar en su oído—: Yo creo que estas lo suficientemente limpia— ella jadea. — ¿Qué? ¿Por qué? ¿Por qué te detienes? — Ella dice y me hace sonreír.
  • 101. —Porque— beso su cuello —tengo otros planes para ti— susurro en su oído. —Ahora, date la vuelta. Necesito que me limpien también— digo dándole una sonrisa lasciva. Es hora de conocer y saludar. Ella se da vuelta y mira hacia mí. Mi erección está en mis manos, y veo como su boca se abre al ver el tamaño de mi miembro. —Anastasia— le digo —quiero que conozcas mi parte favorita de mi cuerpo, en la base del nombre si se quiere. Estoy muy apegado a esta parte de mi anatomía, y yo quiero que tú también lo estés. Sus pequeños movimientos mueven el agua alrededor de todo mi miembro que asoma sustancialmente su cabeza por encima del agua. Ella traga. Luego sonríe maliciosamente robándome el aliento, tomando el aceite de baño vierte un poco en la palma de su mano. Ella hace una demostración de hacer espuma de jabón en la mano, sus labios se separan, respirando con dificultad. ¡Y se muerde el labio! ¡Maldita sea! Haciéndome deseoso de sus dedos inexpertos. De repente, ella se mueve hacia adelante y coloca sus manos alrededor de mi erección, sus movimientos reflejan mis movimientos anteriores en mi longitud. Cuando sus dedos se cierran alrededor de mí, mi mano se cierran alrededor de la suya, mi aliento dando tirones en mi garganta, mis ojos se cierran. Cuando los abro de nuevo, estoy deseoso de su toque, con hambre y anhelo de ella. Mi mano se mueve junto con la de ella, y cuando ella obtiene el ritmo del movimiento, libero a mi mano de ella. —Eso es, nena— la animo. Sus dedos se mueven hacia arriba y abajo, arriba y abajo agarrando poco a poco mi sexo más fuerte, haciéndome gemir. ¡A la mierda! ¡Ella es una aprendiz rápida, y es genial! Mi cabeza se inclina hacia atrás, cierro los ojos con placer. La siguiente cosa que ella hace me toma por sorpresa por completo. Siento sus labios cerrándose alrededor de la cabeza de mi miembro y luego se mueve bruscamente hacia arriba, la observo con los ojos muy abiertos por la sorpresa.
  • 102. Nunca deja de sorprenderme y me sorprende a cada paso. ¡Tan joven y tan dispuesta a aprender y participar! Estoy asombrado de ella. Mi boca se abre ligeramente con placer. Mi respiración se acelera. Se inclina hacia delante con los ojos cerrados, el pelo cayendo sobre mi virilidad mientras sus labios se cierran y empieza a chupar, su lengua corriendo y cepillando mi punta. ¡Oh Dios! Me agarro de los lados de la bañera con todas mis fuerzas, y grito — ¡Whoa... Cristo, Ana! Ella mueve la cabeza arriba y abajo, tomando mi erección completa en su boca, ¡me sorprende por completo! ¡A la mierda! ¿No tiene ningún reflejo de arcadas? ¡Ella me está cogiendo con su boca! ¡Eso está más allá de lo sexy! Mis ojos se abren, y mi respiración es difícil. Ella me empuja más y más profundo, y se mueve hacia arriba y hacia abajo. Sus muslos quedan al ras contra mis piernas. Mis manos y mis piernas se aprietan por el placer. —Oh... bebé... esto... es... Increíble...— le digo. Ella muestra sus dientes blancos alrededor de mí, haciéndome jadear — ¡Jesucristo, Ana! ¿Qué tan profundo puede ir? — le susurro. Ella vuelve a subir y su lengua experta, expertamente lame describiendo círculos y remolinos alrededor de la punta de mí, como si fuera un cono de helado. Mi deseo carnal se acumula en mí, y no puedo aguantar más. — ¡Anastasia, si no paras ahora, voy a correrme en tu boca bebé! — Gruño entre dientes apretándolos. Mis caderas se flexionan con los movimientos de su boca, y lo necesito. ¡Necesito correrme! ¡Maldita sea! Ella no se detendrá. ¡Mierda! Yo agarro su cabello mientras ella mete mi pene más profundamente en su boca, y yo me le corro con fuerza en la boca. Para mi sorpresa ella se traga todo lo que tengo que darle. Sacudidas de placer todavía cruzan, va a través de todo mi cuerpo... miro esta hermosa mujer con asombro y tengo una extraña emoción, creo que apego a esta mujer.
  • 103. Creo que puede estar enamorado de ella. ¡A la mierda! ¡No! Eso no está bien. Yo no hago el amor. La pasión, el deseo, infatuación, reverencia, incluso. Pero no el amor. — ¡No es amor! — Mi subconsciente me dice. ¡Definitivamente no! ¡Christian Grey no hace el amor! Ella abre los ojos, secándose los labios con la lengua mientras yo no paro de mirarla. ¡Maldita sea! Quiero aún más. Me muevo hacia ella, sacando con mis movimientos el agua de la bañera, y capturo su boca con la mía, besándola y degustando de mí mismo en su boca. ¡La he reclamado y ahora ella me ha reclamado! ¡Estoy jodidamente perdido en ella! ¡Perdido sin ella! Cuando me alejo, estoy impresionado, y le digo—: Cristo, Ana... eso estuvo... genial, inesperado, pero muy bien—. Respiro. — ¡Tú me confundes! ¡Completamente sorprendente! — Digo con admiración en los ojos. Ella sonríe, y siento una punzada de celos. ¡Mierda! ¿Le ha hecho esto antes a algún hijo de puta? Quiero saber. — ¿Has hecho esto antes? — Pregunto especulativamente. —No—. Ella sonríe. —Tú eres mi primera vez—. Suspiro —bueno—. Digo, más que aliviado. Ella es mía en todos los sentidos, y nadie la ha reclamado, solo yo. —Entonces, otra primera vez, señorita Steele— le digo. —Te mereces una A en las habilidades orales. Ven a la cama conmigo, te debo un orgasmo. Salgo del baño envolviéndome rápidamente una toalla alrededor de mi cintura. Tomo su mano, y cuando ella se levanta de la bañera con el agua en cascada lentamente rodando desde sus pechos a su torso y las piernas, ella es como un ángel que se levanta del agua. Totalmente encantador. Tomo otro toalla mullida caliente envolviéndola en ella, y entonces no puedo contenerme y estrecharla entre mis brazos para besarla con fervor.
  • 104. Mi lengua invadiendo su boca, nuestras lenguas se reencuentran y comienzan su danza. Estoy completamente cautivado por esta mujer. La deseo. La necesito. No puedo dejarla ir. No puedo saciarme de ella... Tengo que tenerla en mi vida. La miro casi rogando. —Por favor, di que sí— digo. Ella frunce el ceño sin comprender. — ¿Sí a qué? —Di que sí a nuestro acuerdo. Para ser mía. ¡Por favor, bebé! ¡Por favor, Anastasia! — Digo con fervor, suplicante. La miro a los ojos de nuevo, teniéndola en mis brazos, y empiezo a besarla de nuevo, con pasión, y poco a poco. Saboreando todo de ella. Tomo su mano y la llevó al dormitorio. Ella me sigue. Me quedo mirando la belleza ante mí. Agradezco a los dioses si existen por enviar a esta mujer a mi oficina. — ¿Confías en mí? — le pregunto de repente. Ella asiente con la cabeza, y su mirada es serena, confiada, y algo más que no se nombrar. —Buena chica— respiro, rozando su labio inferior con el pulgar. Voy a mi armario, abro el cajón donde guardo mis lazos. Localizo una corbata de seda de color plata, y tiro de ella. Vuelvo con esta en la mano. Sí, esto va a hacer un buen sistema de retención. —Pon las manos juntas delante de ti— sacando la toalla que envuelve su cuerpo fuera. Ella está delante de mí con su desnudez gloriosa como la diosa Afrodita. Cuando sus manos están ante ella, le ato las muñecas con mi corbata plateada, anudándola firmemente. Estoy excitado, y más allá salvajemente excitado y lo que es más, ella está dispuesta a ¡jugar conmigo! Tiro de la unión, notando que es segura.
  • 105. Su pulso está por las nubes su corazón está tratando de escapar de su pecho. Mis dedos se deslizan por las coletas. Acaricio su pelo por un minuto y murmullo—: Te ves tan joven con estas—. Yo camino guiándola hasta que la parte interna de sus rodillas están apoyándose contra la cama. Mi toalla está fuera, la mirada en ella, mi plena expresión de deseo. — ¡Oh Ana! — Suspiro — ¿Sabes lo mucho que te deseo? — con sus ojos amplios, ella niega con la cabeza ligeramente. Cierro los ojos — ardientemente— le susurro. — ¿Qué voy a hacer contigo bebe? — le susurro bajándola a la cama. Me acuesto junto a ella y levanto sus manos por encima de su cabeza. No me gusta que me toquen, y esto mantendrá sus manos de forma segura lejos de mi torso, y también construye expectativa. Es para mí un control, y eso me excita inmensamente. —Mantén tus las manos en alto aquí, y no te muevas, ¿lo entiendes? — le imploro. Ella está sin aliento, excitada, y sin habla. —Contéstame— le ordeno. —No voy a moverlos— ella respira. —Buena chica— susurro. Mi lengua se desplaza deliberadamente por encima de mí labio superior mientras tengo mis ojos fijos en ella. Ella me observa sin aliento y con intención. Yo me acerco y le doy un pequeño pero expectante beso en sus labios. —Voy a besarte Anastasia...— en voz baja respiro —a besarte completa...— anuncio y empiezo a besar su barbilla. Ella rueda la cabeza hacia atrás y yo me dirijo hacia abajo a su garganta, besando, lamiendo, chupando. Siento su cuerpo llenarse con el placer, expectativa, y el deseo... por todas partes. Su temperatura corporal se eleva como la sangre se apresura a la superficie de su piel. Ella frota sus piernas juntas con la intensidad y el deseo. Ella gime haciéndome más deseoso. Las manos de ella se mueven hacia mi cabello. Sé que ella quiere tocarme, pero no voy a dejar que me toque. La detengo y le doy una mirada de advertencia y niego con la cabeza un firme —no.
  • 106. Con mi mano coloco sus manos por encima de su cabeza otra vez. —Si mueves tus manos, voy a empezar todo... una y... otra vez— advierto tomándola del pelo. Ella quiere tocarme, pero, es mi límite fuerte. Debe mantener las manos por encima de su cabeza. Empiezo besando a partir su barbilla y el cuello otra vez. Mis manos se mueven por encima de sus pechos mientras mis labios se mueven al sur creando una ruta de acceso, besando y lamiendo. Mis labios finalmente llegan a sus pezones. Cierro los labios alrededor de uno y empiezo chupando. Ella está teniendo dificultades para mantener sus manos por encima de su cabeza, pero se las arregla. Ella está retorciéndose y parece lista para tocarme, pero le advierto y ella controla el movimiento. Mis labios finalmente llegan a su ombligo. Mi lengua se hunde en él y ella gime mientras su cuerpo se arquea. Ella está excitándome como nunca antes. —Eres increíblemente dulce Anastasia— le digo mientras mi nariz roza por encima de su abdomen. Mis dedos viajan hacia abajo por su vientre y a continuación, llegan a su vello púbico. Mi labio se desplaza hacia abajo suavemente jugando con ella. A continuación, me incorporo y capto sus piernas, y las extendiendo separándolas. Tomo su pie izquierdo después de doblarlo de la rodilla y empiezo a chupar su dedo gordo del pie observándola mirarme. A continuación, le doy un mordisco a cada dedo del pie, y sobre todo al dedo pequeño del pie, le doy un mordisco más duro y chupo. Ella casi se convulsiona con el placer. Mis labios viajan en su empeine, y mi lengua juguetea con ella. Ella a duras penas se contiene a sí misma, lista para arder en llamas, tratando de absorber toda la sensación de hormigueo a través de su cuerpo. No quiero que ella se corra con esto. Mis labios viajan abajo hasta las rodillas pero no más a fondo. Vuelvo a su pie derecho y repito el mismo proceso seductoramente. Los ojos de ella ruedan nuevamente dentro de sus parpados, su espalda arqueada, y sus gemidos la toman mientras susurra — ¡Por favor, Christian! —Todo a su debido tiempo, bebé— respiro.
  • 107. Cuando mis labios llegan a las rodillas, no me detengo allí esta vez, y mis labios se mueven hacia arriba en el muslo. Empujo sus piernas aparte. Mis labios expertamente viajan arriba. Repito el proceso en su otra rodilla para subir en la otra pierna, chupando, besando, lamiendo, mordiendo suavemente. Cuando llego a su sexo, ruedo mi nariz a través de él, y soplo suavemente. Ella se retuerce de placer. Necesito que se relaje, y eso es algo que tengo que enseñarle. Espero a que se calme. Mi nariz corre por su sexo otra vez y yo inhalo su profundidad. Ella está más que excitada por mi actuación, y en voz baja pregunto — ¿sabes lo embriagadora que es tu fragancia Anastasia? — Y soplo suavemente sobre su sexo otra vez. Mis dedos tiran de su vello púbico. Me agrada, tal vez podamos mantener eso. Ella pide—: Por favor, Christian, estoy lista para ¡Arder! Oh, por favor... Sonrío. Su mendicidad es intoxicante para mí. —Me encanta cuando me ruegas señorita Steele— le digo. Yo soplo en su sexo otra vez. —Normalmente Anastasia, no siempre correspondo, ya que no es mi estilo, pero...— hago una pausa —pero me has complacido muchísimo, así que te daré un pago especial— y estaré muy contento de hacerlo. Mi lengua se empieza a mover en su clítoris de manera experta. Su primera experiencia oral y ella se arquea y convulsiona bajo mi lengua. Hago un remolino con mi lengua dando vueltas y vueltas sin parar. Ella esta rígida debajo de mi lengua y labios. Deslizo mi dedo medio en su interior, y la siento tan increíblemente mojada. ¡Oh mierda! ¡Ella esta tan lista para mí! Gimo cuando mis labios y mi lengua comienzan a moverse de nuevo. Ella está pidiendo y gritando. Por último llega al clímax. Esta es la parte del tango que bailamos juntos.
  • 108. Rasgo el empaque del condón, y apretando la punta lo enrollo en mi longitud, y entro con facilidad en su interior. Sé que es doloroso para ella, pero estoy lleno de deseo por ella como yo sé que ella lo está por mí en este mismo momento. Pero no quiero hacerle daño. Quiero complacerla mientras me complace. — ¿Cómo se siente esto? — Respiro. —Bien, bien— susurra. Me pongo en movimiento lento primero, y luego ganando velocidad, rápido y dando duros empujones una y otra vez y otra vez. Los dos estamos cerca, al borde de nuevo, y yo respiro con severidad —córrete para mi bebé— en su oído, y ambos alcancemos nuestro máximo punto, explotando. — ¡Mierda! — Escapa de mis labios y mis músculos se rigidizan y luego me derrumbo sobre Anastasia. La reclamé una vez más, cubriéndola, inhalando su aroma, tanto física como emocionalmente. No quiero dejar la cercanía que tenemos el uno con el otro, yo abarcándola a ella, cubriéndola, unidos, y ella se ajusta perfectamente a mi cuerpo y conquista las profundidades de mi ser, sin saberlo. No quiero dejar nunca de estar al lado de ella. Nunca. Me quedo encima de ella, y observo esta hermosa mujer joven, mágica, estoy totalmente embaucado, mi mirada intensa, en busca de lo más profundo de ella, implorando que se quede conmigo. Siempre. —Ves lo buenos que somos juntos Ana— le digo con extrañas emociones que cursan a través de mí. Quiero que se presente a sí misma para mí. En todas las cosas. Sea mía, sin cuestionar. —Por favor, Ana. Quiero que te entregues a mí, va a ser mucho mejor. ¿Tú confías en mí Ana? ¡Te puedo llevar a lugares que ni siquiera sabes que existen! — Su expresión es deseosa, curiosa, con ganas. Me froto la cara y la nariz con la de ella. Su expresión es una de éxtasis y todavía se tambalea en la conciencia. Cuando todavía estábamos envueltos entre sí, oímos un alboroto y un ruido exterior.
  • 109. —Si él está todavía en la cama, tiene que estar enfermo. Christian nunca está en la cama a estas horas. Siempre ha sido un madrugador. ¡Nunca duerme durante la mañana! — dice una voz femenina. —Sra. Grey, por favor—. Taylor suplica. —Taylor— dice una voz desdeñosa. — ¡No puedes evitar que vea a mi hijo! —Sra. Grey, por favor. ¡Él no está solo en su habitación! ¡Le imploro! — ¿Qué quiere decir con que no está solo, Taylor? —Él está con alguien. —Oh...— escucho incredulidad en su voz. Por supuesto incredulidad. Ella siempre pensó que yo era un homosexual célibe. ¡Oh, qué genial sería para demostrarle que estaba equivocada! Estoy desconcertado, pero me compongo, esto me hace gracia. ¿Mis primeras veces nunca terminaran con ella? Mi madre apareciéndose aquí está más allá de lo horrible, y eso sólo lo hace divertido. — ¡Mierda! ¡Es mi madre! — le digo, mientras salgo dentro de Anastasia. Bueno, el tiempo para otro conocer y saludar para la señorita Steele. Con mi madre en esta ocasión.
  • 110. Traducido y Corregido por Jesica uego de sentarme, ruedo el condón y lo tiro a la papelera de una clavada. Me dirijo a Anastasia que me está mirando medio sorprendida, medio horrorizada por la llegada de mi madre y puedo ver que ella está pensando en lo que mi madre pensaría de ella aquí en mi cama. Le doy una sonrisa maliciosa y le digo—: Vamos bebé, tenemos que ir a vestirnos - vas a conocer a mi madre—. Salto de la cama, y pongo mis jeans comando. Anastasia en el otro lado todavía en la cama, tratando de moverse pero sus manos están atadas. Ella finalmente se rinde y dice — Christian, no me puedo mover...— me mira desconcertada. Sonrío tan amplio como puedo, y desato sus manos, aunque me hubiera gustado jugar con ella un poco más. Más tarde tal vez... Me gusta la idea de atarla, en mi cama, es atrayente. ¡Es increíblemente caliente! Y como ella luchó para tocarme a menudo, el nudo marcado en sus muñecas de color rosa, la sola imagen es sexy como el infierno y un afrodisiaco total para mí. ¡Maldita sea! La miro por un minuto, pero no quiero tener una erección antes de ir a ver a mi madre y presentar a la mujer que tenía en la cama con ella. La beso suavemente, y sonrío.
  • 111. Miro lejos y cierro los ojos por un minuto. No tengo tiempo para coger con ella otra vez... no cuando mi madre está esperando en la sala de estar. Voy a hacerla conocer a mi madre. Nunca he hecho un intento de presentar a ninguna mujer, a ninguna persona con mi familia y ella ya conoció a mi hermano y ahora esto. Ella es mi primera. Curiosamente, quiero presentar a Anastasia. También hay una noción extraña de orgullo. No es sólo mi conquista de ella. Es también algo más. Por otra parte, la he reclamado en todas las formas posibles, lo que estaría sentando en mí otro derecho sobre ella. Me gusta la idea. —Otra primera vez—: le dejo saber. Señalo los cajones donde guardo mis camisetas y le digo que hay ropa limpia allí que puede usar. Sus ojos se amplían en pánico. Como sé que soy el primer hombre en su vida, ella nunca conoció a la madre de alguien en la posición de una amante. —Tal vez debería quedarme aquí— dice ella completamente roja de vergüenza ya que mi madre casi nos encontró en el acto. —Oh, no, ¡No lo harás!— le amenazo. —Encuentra algo de mis cajones y póntelo—. Me pongo una camiseta blanca, y paso los dedos por el pelo que deja muy claro que acabo de coger, y estoy listo para saludar a mi madre, pero quiero a Anastasia allí. Tengo un deseo irresistible de presumir de ella, como mi carta bajo la manga o algo así. Niego con la cabeza por aquel sentimiento. Anastasia en cambio todavía sigue encaramada en la cama y mirándome como un conejo asustado. Preocupada. —Bebé puedes usar un saco y lucir bien. Sólo ponte algo mío y sal en cinco minutos— le digo suave y dulcemente. —Pero si no estás dentro de ese marco de tiempo, voy a sacarte a su encuentro, incluso si no tienes nada de ropa puesta— mi voz la amenaza. Ella estrecha la mirada. Señalo el cajón donde guardo las camisetas, y le digo que las camisas están en el armario. Señalo cinco minutos con mi mano derecha hacia ella con una mirada de advertencia. Maldita sea, ¡quiero que conozca a mi mamá!
  • 112. Con una última mirada ahora mis ojos se suavizan, y los de ella se estrechan, y quiero ir a ella, con esa mirada es tan caliente, ardiente, en lugar de eso sonrío con ternura. Debido a que la señora Grey está esperando en la sala de estar, cuanto antes me vaya, mejor. Cierro la puerta de mi habitación detrás de mí para que ella se aliste y voy a la sala de estar. Mi madre está de pie con Taylor en la sala de estar. Cuando me ve puedo ver el brillo en sus ojos, cuestionando y muy curiosa. Camino a ella para darle un beso cortes en las mejillas. No nos tocamos. Ella entiende que no me gusta que me toquen, y ella nunca lo hace desde mi infancia. —Hola madre— le digo educadamente. —Hola Christian— dice especulativamente. Ella está inquieta y puedo adivinar por qué. Ella piensa que tengo un hombre aquí en mi cama. Qué poco me conoce cuando se trata de mi vida privada. Ella trata de continuar con indiferencia—: Bueno, no te he visto por dos semanas, y estaba preocupada por ti. Por lo tanto, he venido a ver si ¿te gustaría ir a comer conmigo? — Ella dice lo que suena como una pregunta. —Gracias madre— le digo —me hubiera gustado, pero ah, tengo planes para el día. Tengo compañía—. La curiosidad se eleva en sus ojos, pero ella es amable, y espera a que lo explique. Mi madre es una mujer impecablemente vestida que luce su vestido de jersey de punto fino de color caramelo con zapatos a juego. Ella siempre va bien arreglada y bien cuidada como siempre. Su maquillaje ligero está en su lugar, y su pelo recogido en un moño limpio como si hubiese salido del salón de belleza hace unos minutos. —Tengo a alguien especial aquí conmigo— le digo a mi madre mirándola especulativamente, examinando su expresión. —La conocerás en unos pocos minutos— le digo, cortésmente guiándola al gran sofá para sentarse. La respuesta de mi madre es automática y sorprendida, volviendo la cabeza hacia mí sus ojos llenos de emoción — ¿Ella? — dice.
  • 113. Por supuesto, eso es lo que diría a sabiendas de que ella asumió que era un homosexual célibe. ¡Tengo muchas ganas de refutarla... Con la señorita Anastasia Steele en eso! No puedo esperar a ver la expresión de mi madre cuando vea a Anastasia. Como si fuera una señal, Anastasia sale de mi dormitorio vestida con su propia camisa de la noche anterior, sus jeans y sus zapatos Converse. La chaqueta está cubriendo inteligentemente las marcas de sus muñecas dejadas por mi corbata de seda. ¡Muchacha inteligente! Su pelo atado en una cola de caballo, pero ella todavía no podía disimularlo su aspecto de recién cogida. ¡Me gusta eso! Mucho... de alguna manera, tengo un cierto placer al presentarla a mi madre como si consiguiera otro reclamo sobre ella. Cuando la veo salir de mi habitación, siento un cierto deseo de ella de nuevo, y me pongo de pie para acercarme a ella y decir—: Aquí está ella— a mi madre, mi voz extrañamente teñida de orgullo y que se refleja en mi cálida y apreciativa sonrisa hacia Anastasia. ¡Dios! ¡Ella se ve maravillosa! ¿Nunca tendré suficiente de ella? Tan pronto como me levanto y vuelvo la mirada hacia Anastasia, mi madre vuelve la cabeza en dirección a la puerta de mi dormitorio, y puedo ver el brillo en sus ojos agradecidos. Pero también contienen algo de alivio oculto en ellos. Ella debe haber pensado que me quedaría solo toda mi vida. ¡Si ella supiera! Cuando Anastasia se acerca a mí, yo extiendo mi mano acercándola, y la rodeo con la mano depositándola sobre la parte baja de su espalda tirando de ella hacia mí. Los ojos de mi madre no se pierden nada, y puedo ver que ella está tomando nota de todo, en una emoción apenas contenida de transmitir su presentacion a Anastasia al resto de la familia. Veo que Elliot no la ha visto todavía para hablar de Ana y de mí, este pensamiento se calienta mis ojos, “Ana y yo”, como en "nosotros". Niego con la cabeza interiormente, y mis ojos se vuelven a mi madre para presentarlas formalmente a ambas.
  • 114. —Madre, esta es Anastasia Steele. Anastasia, esta es mi madre Grace Trevelyan-Grey. Cuando mi madre le ofrece su mano a Anastasia, se comporta como una madre cuyo hijo acaba de presentar su primer chica diciendo—: Es un placer conocerte Anastasia— con toda su sinceridad a borbotones. De hecho, ella está radiante de alegría, ¡Como una madre cuyo bebé dijo su primera palabra o dio su primer paso! Bueno, en cierto modo, es mi primer paso. Conocer a una mujer en mi vida, o mejor dicho una que espero tener en mi vida por primera vez. ¡Jamás! Hay mucho que decir al respecto, y su reacción me hace feliz por dentro, pero oculto mi sonrisa. Anastasia llega y acepta la mano de mi madre y le dice—: Dra. Trevelyan- Grey— reconociendo su timidez. Mi madre también se ve sorprendida por esta belleza tímida. No sé lo que estaba esperando, tal vez ¿un novio extravagante? ¡Eso le enseñara! Pero lo que encuentra en Anastasia es una impresionante belleza tímida, modesta y la Dra. Grey está más que complacida de conocerla. Para mi sorpresa, mi profesional madre, no me vengas con tonterías, se acerca a Anastasia y le dice—: Por favor, llámame Grace— yo frunzo el ceño. Ella nunca permite que alguien que acaba de conocer la llame por su nombre de pila. Ella no es fría, pero por lo general es lejana y sobre todo profesional. Luego agrega—: Normalmente soy doctora Trevelyan para mis pacientes, y obviamente mi suegra es la señora Grey. Soy Grace para mis amigos— dice y guiña un ojo ¡A Anastasia! ¿Qué pasa con ella que cautiva a todos los que conoce? Ella se vuelve y dirige a su pregunta a los dos de nosotros con los ojos encendidos de curiosidad incontenible—: Entonces, ¿cómo se conocieron? — ¡Caray madre! Yo le respondí. —Anastasia me entrevistó para el periódico estudiantil WSU. Así es como nos conocimos, estaré en la graduación para conferir grados esta semana.
  • 115. — ¿También te vas a graduar esta semana Anastasia? — Mi madre se vuelve y le pregunta. —Sí— responde ella en voz baja. Su celular suena, y ella se excusa para contestar su teléfono. Mis ojos fijos en ella, los celos apenas contenidos. ¿Quién está llamando? Ella responde diciendo—: ¿Kate? — Mientras ella se aleja del salón familiar en busca de privacidad, pero no antes de que me sorprendo al escucharla diciendo—: Mira José, ahora no es un buen momento. ¡A la mierda! Que, el posible maldito violador está llamando. ¿Por qué no la dejas en paz? Mi madre está diciendo algo, pero no puedo concentrarme. Mi mente se tambalea. Ella se mueve por el balcón, y veo cada uno de sus pasos como un depredador a su presa, con los ojos entrecerrados. — ¿Christian? — dice mi madre. —Madre lo siento. ¿Qué estabas diciendo? — ¡Ella es hermosa! ¡Me gusta mucho! — Ella brota, y momentáneamente me distrae, porque nunca la he visto apenas contenerse antes. Le doy una sonrisa amable que no llega a mis ojos. —Gracias— le digo educadamente, sin dejar de mirar a Anastasia susurrando en el teléfono. Tengo que decirle que yo no comparto, y yo no quiero ver a sus otros chicos. La reclamé, y no quiero que nadie más reclame derechos sobre ella. ¡Es mía! Ella tiene que ser mía. ¡Dios! ¡No puedo contener estos celos en mí! Sólo quiero enviar a mi madre fuera y tenerla de nuevo, así recordarle que ella me pertenece. ¡Es mía! ¿Cuánto tiempo hablara con él? ¡Cuelga ya! ¡Al Carajo! ¿Qué diablos está mal conmigo?
  • 116. Cuando finalmente cuelga el teléfono, lentamente exhalo un suspiro de alivio mis ojos fijos en ella. Ella camina hacia mí mientras mi madre está murmurando algo acerca de Elliot. —... En fin, Elliot llamó y me dijo que estabas en la ciudad... no te había visto por dos semanas querido. ¿Elliot llamo, no? ¿Él dijo algo acerca de Anastasia? ¿Es por eso que está aquí? — ¿Eso hiso? — Murmuro, sin dejar de mirar a Anastasia y sin mostrar emociones a ninguna de ellas. Mi cara pasiva está en su lugar. Mi madre sigue hablándome. —Como he dicho antes, yo quería ver si querías almorzar conmigo desde que estabas en la ciudad, pero veo que tiene otros planes— dice sonriendo. —No quiero interrumpir sus planes— dice recogiendo su abrigo, y se prepara para salir sin dejar de sonreír y me ofrece la mejilla para darle un beso. Beso brevemente a mi madre. —Fue genial verte madre, pero tengo que conducir de vuelta a Portland a Anastasia. —Por supuesto, querido— dice ella, luego gira hacia Anastasia con cierta apenas contenida adoración que brota de ella —Anastasia, ¡ha sido un placer conocerte! ¡Espero llegar a verte de nuevo! — Ella extiende sus manos a Anastasia sinceramente completamente brillando de emoción. Anastasia es tímida como siempre toma la mano de mi madre con una mirada de sorpresa en su rostro, ella finalmente asiente con la cabeza. Taylor viene de su oficina sabiendo que mi madre está a punto de irse, y la despide a la puerta. Lo último que escucho de mi madre es como le agradecía a Taylor cortésmente. Tan pronto como ella está fuera del alcance de mi oído, me dirijo a Anastasia para mirarla con mi ira aumentado. — ¿Así que el fotógrafo ha llamado?
  • 117. Se ve un poco asustada. —Sí— ella dice con su voz es apenas audible. — ¿Qué es lo que quiere de ti? — Digo de manera uniforme, todo negocios. Si el hijo de puta estuviera aquí, yo le enseñaría una lección que no olvidaría mucho tiempo. —Él llamó para pedir disculpas— murmura —ya sabes... por lo que pasó el viernes— dice a la deriva. —Ya veo— le digo, ¿Acaso ella acepto la disculpa? ¿Eso es todo? ¿Él se disculpa, ella le perdona y todo es miel sobre hojuelas para el aspirante a violador? Justo cuando estaba recogiendo mis pensamientos para refutar una vez más, Taylor regresa y me dice que hay un problema con el envío de ayuda a Darfur . Él asiente con la cabeza a Anastasia y profesionalmente la saluda. Ella le sonríe. Mi celo nace en mí otra vez. ¡Yo no quiero que ella este sonriendo a cada hombre que ve! Aunque sea por cortesía. ¿No puede ver que ella me pertenece? ¡A la mierda! Todavía no. Pero ella necesita saberlo. Es por eso que quiero que se firme el contrato. De esa manera ella no tendrá que pensar acerca de estos temas que me están molestando. Ella sólo tiene que seguir mis instrucciones y mi ejemplo. — ¿Vive Taylor aquí? — Pregunta con lo que me saca de mis ensueños, aunque mi mirada nunca dejó de estar sobre ella. —Sí—. Digo en un tono cortante. Ella me mira desconcertada. Ya me encargaré de ella en un minuto. En este momento tengo que asistir a la empresa con la cuestión de Darfur. Tomo mi Blackberry de la encimera de la cocina, y llamo a mi mano derecha Ros. —Ros, ¿cuál es el problema?  Darfur: Es una región situada en el Sudán occidental, que limita con la República Centroafricana, Chad, Sudán del Sur y Libia.
  • 118. Ella me dice que el problema con el envío de alimentos a través de la tierra, es que en esa área se sabe que los jefes militares mayormente buscan secuestrar los envíos de ayuda que a su vez ponen tanto la tripulación estadounidense y a los locales en peligro. Escucho a Ros mientras sigo viendo a Anastasia fijo a los ojos. Tengo que tomarla de nuevo y recordarle exactamente a quién pertenece. Ella se ve confundida, perdida y muy pequeña en mi gran salón. Ella baja la mirada otra vez, retorciéndose las manos nerviosas. La mitad de mi mente está escuchando a Ros, pero en su mayoría está ocupada mirando y pensando en Anastasia. Poco a poco regreso mi mente de nuevo a Ros cuando dice—: ¿Cuál es su orden señor Grey? —No voy a poner bien a ninguna de las tripulaciones en peligro. — ¿Quiere que intenten una ruta diferente? — me consulta. —No, cancela... Tendremos que hacer una entrega desde el aire en el lugar... —Como usted quiera, señor. —Bueno—. Digo y cuelgo mi mirada no dejó Anastasia durante un segundo. Incluso los pocos minutos en el teléfono enfocándome en algo más no ayudó a disminuir mi ira. Si Anastasia hubiese firmado el contrato, sería castigada en este momento por recibir una llamada telefónica de ese hijo de puta. Tal como es, ella aun no lo ha firmado. Por lo tanto, tiene que leer y hacerlo tan pronto como sea posible. La miro una vez más, y luego me dirijo a mi estudio para traer de vuelta el contrato impreso. Se lo entrego secamente. —Este es el contrato— le digo con firmeza—: Quiero que lo leas. Vamos a discutirlo el próximo fin de semana. ¿Puedo sugerir que hagas algo de investigación sobre lo que implica, comprenderlo mejor? — Respiro.
  • 119. —Esto es, si estás de acuerdo: —consiento, pero la ansiedad se eleva en mí con la posibilidad de que ella no acepte, y mis ojos se ablandan y cuando hablo de nuevo, hay una petición escondida en mi voz —realmente espero que estés de acuerdo Anastasia... —Investigación, ¿cómo? — Pregunta. —Puedes encontrar una gran cantidad de la información en Internet—. Digo y, de repente, su cara se cae. ¿Ella no quiere llevar a cabo el acuerdo? ¿Qué tiene de malo? Su expresión facial me preocupa. ¿Y si me encuentra agobiante y decide en contra de lo que estoy pidiendo de ella? — ¿Qué pasa? — Le pregunto. —No tengo un ordenador. Le preguntaré a mi compañera de cuarto Kate si puedo usar su computadora portátil—. Oh... Puedo resolver ese problema fácilmente. Le entrego el sobre grande que contiene el contrato. Conociendo sus reservas contra los regalos que recibe digo: —Supongo que puedo prestarte uno. Consigue tus cosas, te llevare de vuelta a Portland ahora, y comeremos algo en el camino. Voy a vestirme ahora. Disculpa—. Digo. —Voy a hacer una llamada telefónica— murmura. Yo frunzo el ceño. ¿A quién va a llamar? Tengo que saber. — ¿El fotógrafo? — Le pregunto con mi mandíbula apretada con rabia apenas contenida. Ella parpadea y me mira confundida. —Sólo recuerda señorita Steele— digo bruscamente. — ¡Yo. No. Comparto! — Enuncio. Ella se sorprende, y me da una mirada de — ¿Cuál es tu problema? —. Pero no se mueve. —Sólo recuerda eso—. Digo en un tono escalofriante, de repente distante.
  • 120. Vuelvo a mi habitación para vestirme, dejándola en medio de la habitación con la boca abierta con mi breve reprimenda. Pongo algunas prendas en mi equipaje de mano, ya que me quedaré en Portland para la ceremonia de graduación. Entonces me apresuro a vestirme para salir, pero todavía enojado bajo la superficie. Agarro mi bolsa y camino hacia la sala de estar. Mi mente todavía se está recuperando. Ella todavía no ha firmado el contrato. Si ella hubiese firmado, eso me hubiese dado un agarre de la situación. Pero ahora mismo, no tengo ningún control sobre ella. Eso me pone más enojado, pero hago mi mejor esfuerzo para ser amable. Ella sigue en pie, donde la dejé cuando salí por la puerta. Y esta sensación de no tener ningún control sobre sus asuntos, y ella siendo una completa desconocida a mis expectativas, deseos y demandas me hace sentir incómodo. Quiero que ella sepa mis reglas, las aprenda y las siga. Si se sale de la línea como lo hizo hoy hablando con ese hijo de puta, puedo corregir su comportamiento a través del castigo a mi satisfacción, para que aprenda a comportarse dentro de mis límites. Ya estoy a la puerta y la miro. — ¿Lista? — Le pregunto. Ella asiente con la cabeza vacilante, mis ojos entrecerrados. Me pongo mi chaqueta de cuero con unos jeans que cuelgan bajo. Veo sus ojos visiblemente evaluándome. Apruebo eso. Veo que trata de ocultar un pequeño suspiro. Para este momento ya me he calmado y no la dejo descifrar nada de mí. Ella frunce el ceño. —Mañana entonces— le digo a Taylor recordándole que debe venir y reunirse conmigo en Portland. —Sí, señor. ¿Qué vehículo va a estar conduciendo señor? — me pregunta. —El R8—. Respondo. —Buen viaje señor Grey. Señorita Steele— dice.
  • 121. La extraña mirada de Taylor a Anastasia se me hace rara. Tal vez él también le ha tomado cariño en poco tiempo. Es difícil que a alguien no le guste Anastasia. Conociendo mis caminos tortuosos, Taylor puede tener sus opiniones de mi estilo de vida, pero no me importa. Es parte de mi personal. Yo soy su jefe. Taylor ha estado conmigo desde hace cuatro años. Él sabe cuáles son los propósitos de mi Salón de Juegos, y a conocido a casi todas mis sumisas. Pero también sabe que el estilo de vida de dominante y sumiso es un camino elegido. Esto me da una punzada de culpa ya que no será así para Anastasia. Ella nunca ha tenido relaciones sexuales antes y mucho menos ha estado en el tipo de relación en que estoy interesado. Taylor abre la puerta para nosotros sin dar nada más, y su expresión es plana. Llamo el ascensor. Anastasia esta reflexiva. Ella mastica algo en su mente. Ya he llegado a conocer ese lado suyo de lo mejor en el último par de días. Es una sobre pensadora. Pero no puedo dejar que sólo piense demasiado y luego decida dejarme, sin que yo pueda intervenir con mis argumentos. Tenemos que comunicarnos. Quiero que esto funcione demasiado. Necesito esto... ¡De hecho, nunca he querido, o necesitado algo más que esto antes! Siento un montón de sentimientos desconocidos a través de mi cuerpo y mi mente. Lo que sé es que quiero desesperadamente tenerla a ella. No puedo aguantar el suspenso y pregunto—: ¿Qué es Anastasia? — ¿Qué estás pensando? Ella me mira sorprendida, sé que está reflexionando sobre algo. ¡Ugh! Eso labios deliciosos vuelven al cautiverio de sus dientes de nuevo. Me quejo, y extendiendo la mano para tirar de su barbilla y para liberar ese labio. —Deja de morder tu labio Ana. ¡Oh te juro que, te voy a coger en el ascensor y no me importa una mierda quién entre con nosotros! Su mandíbula se abre y se pone roja como remolacha. ¿Por qué su reacción es tan jodidamente caliente para mí?
  • 122. De repente, ella se ve más joven, más inocente y me funde por dentro. No puedo evitar sonreír ante su suavidad. Con una mirada, un rubor que cambia mi estado de ánimo de las profundidades de la desesperación y del infierno al cielo. Esta es una mujer hermosa, tal hechicera llena de magia. ¡Estoy atado a ella! Finalmente, dice. —Christian, tengo un problema— por fin tomando la decisión de hablar de lo que ha estado dándole vueltas. ¿Un problema? Soy todo oído. ¿Qué tipo de problema? — ¿Oh? — Ella tiene toda mi atención, y estoy conteniendo la respiración. Cuando llega el ascensor, la puerta se abre y la dejo entrar, pero a la espera de que me diga cuál es el problema. Presiono el nivel del suelo. Levanto mis cejas para convencerla de hablar de su problema. —Por favor, vamos— digo. —Uhm... Bueno, aquí está la cosa...— dice, y se detiene, mirando sus manos, y retorciéndose las manos otra vez como si tuvieran una pista secreta sobre cómo ayudarla a decir lo que tiene que decir. Luego encuentra resolución, y dice: —Mira. Realmente necesito hablar con Kate. Tengo que hacerle algunas preguntas sobre el sexo, y viendo que estás involucrado, no creo que sea una buena idea que yo te haga mis preguntas a ti. Veras, tú quieres que haga una lista de las cosas, y realice...— dice sonrojándose ya a la deriva, finalmente habiendo recuperando su voluntad, mis ojos son ardientes brasas que miran prestándole atención por completo, tratando de leer lo que dice y lo que omite en su expresión y palabras. —Sólo tengo que hablar con ella. No tengo puntos de referencia, no tengo experiencia, y tú no me dejas hablar con nadie más que contigo, bueno, no ayuda...— dice suplicando. —Realmente necesito su ayuda. Ya sabes, de chica a chica. Bueno, no lo sé. Pero tengo que hablar con ella... ¿Por favor? — Pregunta suplicante.
  • 123. ¡Oh Dios! ¿Cómo puedo decir que no a su súplica y mendicidad? Ruedo los ojos. Si es tan importante para ella, consentiré. —Está bien. Puedes hablar con ella si es necesario— le digo. Ella me exaspera a veces. Pero tengo que recordarle sobre Elliot y su compañera de cuarto. No debe mencionar nada a mi hermano. De repente siento que ella recibe esta advertencia como un puerco espín, levantando sus espinas a la defensa de su compañera de cuarto, su mejor amiga. Ella está completamente detrás de ella. Lo apruebo. ¡Ella es leal! — ¡Kate no haría eso! — la defiende. —Además, si ella me dijera algo sobre Elliot, yo no vendría corriendo para hablar de ello contigo. Niego con la cabeza. —Veras, a mí no me importa la vida sexual de mi hermano, con quien duerme con o cómo lo hace. En esencia, lo que hace no me interesa. Pero, yo soy de interés para él en el otro lado— me quejo. —Mi hermano es un bastardo entrometido, y te puedo decir que él está profundamente interesado en lo que hemos hecho hasta ahora, o lo que vallamos a hacer—. Le doy una advertencia. —Si Kate sabe lo que planeo hacer contigo, tendría mis bolas en un plato— digo en voz baja. Ella es como yo. Decidida, sin rodeos, y una trituradora de cojones. —Bueno, está bien— ella está de acuerdo y sacude la cabeza. Su respuesta me hace sonreír. Entre más pronto se someta a mí, más pronto podre decirle lo que debe hacer, en lugar de tratar de negociar un comportamiento y ¡exasperarme a cambio como ahora! Tengo muchas ganas de que firme su contrato, y pronto. —Cuanto antes tenga tu sumisión mejor, podemos dejar todo esto— digo en voz baja. — ¿Dejar de qué? — pregunta confundida. ¿Cómo podía no saber lo que está haciendo? Va en contra de mi voluntad a pesar de que seguía diciéndole que quiero ser el único para responda a sus preguntas. Quiero ser el maestro, el instructor.
  • 124. Se ha firmado un acuerdo de confidencialidad para no hablar de nada a nadie, sin embargo, ella quiere ir con su compañera de habitación y hablar con ella acerca de las cosas que ella firmó que no haría. Es desesperante. Suspiro, y le digo—: ¡Así dejaras de desafiarme! Ella me mira incrédula y confundida. Me agacho y levanto su barbilla, y le planto un beso en los labios mientras las puertas del ascensor se abren. Tomo su mano y camino para salir del ascensor. Y la guio a mi R8 negro. —Lindo auto— murmura con sequedad cuando lo ve. ¿Ella se está burlando de mí? Me encanta su forma de hacer burlas. Hace alguien de mí que no puedo explicar. Me encuentro a mí mismo sonriendo. —Lo sé— le digo. Es mi otro bebé, además de Anastasia, por supuesto. No importa lo mucho que me hierve la sangre con sus desafíos, sus observaciones y su comportamiento inocente simplemente esta mujer me quita el aliento, y me siento como otro joven con ella. Sólo yo, Christian... sin el alma jodida con toda la mierda de mi pasado. Sólo un joven que lleva a una mujer joven a dar una vuelta en un día precioso, de modo simple y llanamente... Así ordinario. De repente tengo este deseo demoledor de mostrarle todo. Quiero traer el mundo a sus pies. Tomo su mano y la acompaño hasta la puerta del pasajero, abriéndola para ella. Se sube y —Whoa...— dice encontrando la altura del auto sorprendentemente bajo. Sonrío. Es un coche deportivo bebé, bajo centro de gravedad para mayor velocidad. Camino hacia el lado del conductor, abro la puerta del conductor y entro con facilidad al interior del auto. — ¿Qué tipo de auto es este? — dice. —Es un Audi R8 Spyder. En vista de que es un hermoso día, vamos a bajar la capota. Tengo un par de gorras de béisbol en la guantera. ¿Quieres sacarlas así usamos una para cada uno?
  • 125. —Puedes usar las gafas de sol de allí también— agrego. Ella asiente con la cabeza. Cuando nos abrochamos los cinturones de seguridad, nos colocamos las gorras de béisbol y enciendo el auto. El reproductor de MP3 se enciende automáticamente y sale Bruce Springsteen tocando. ¡Qué hermosa canción en un día tan precioso con una mujer tan hermosa! No puedo evitar sonreír con alegría, y decir —Te va a encantar Bruce— y deslizo el auto fuera del aparcamiento y del garaje de estacionamiento del Escala. Es una hermosa mañana de mayo en Seattle. Nos dirigimos a través del tráfico. Estoy perdido en pensamientos de ella. De esta hermosa mujer sentada a mi lado. Tan cerca, pero tan lejos. ¿Qué ira a pensar sobre el contenido del contrato? ¿Podrá estar de acuerdo con mis términos? ¿Estará asustada, y correrá por las colinas? Sacudo mi cabeza ligeramente fuera de mis ensueños, y me concentro en la canción de Bruce. Conduzco el auto por la I-5 en dirección sur hacia Portland. La capota hacia abajo del convertible, el viento sopla a través de nuestras cabezas cubiertas por las gorras y gafas de sol. Cuando Bruce dice—: Puedo llevarte más alto... Oh, estoy en llamas— dirijo mi mirada a Anastasia. Ella no tiene idea de cómo esta canción es la definición de lo que siento por ella. Yo también despierto en medio de la noche con mis sábanas empapadas al experimentar pesadillas, producto de esa sensación residual de mi pasado como él describe—: como un tren de carga de itinerancia por el centro de mi cabeza— ¿y Anastasia no ha enfriando mi deseo? ¿Cómo puedo alejarme de ella? ¿No se da cuenta de lo mucho que la deseo? ¿Cómo podría alguien que apenas conozco significar tanto para mí? ¿Cómo ha logrado hacerse un espacio para ella en mi alma oscura, si es que aún tengo una, como pudo hacer espacio dentro de mí tan rápido? ¿Cómo es posible que alguien tan inocente como ella pudiera hacer eso? ¡Yo estoy ardiendo por ella! ¡Sólo si lo supiera! ¡Maldita sea! Todo lo que puedo hacer es mirarla. Estoy en el fuego, por el deseo y la necesidad de ella, mis labios forman una sonrisa.
  • 126. Me acerco a ella con la mano derecha lentamente para colocarla en su rodilla, apretando suavemente. Su respuesta es automática. Tan pronto como entramos en contacto, en cualquier forma posible, la corriente empieza a fluir, y aparecen las sacudidas entre nosotros. — ¿Tienes hambre? — Le pregunto con voz ronca, con el deseo de mi voz. —No realmente— dice ella. Estoy disgustado porque casi no come nada, aunque me parece que tiene hambre por mí. Pero aun así... es una de mis reglas que ella tiene que comer bien para mantenerse saludable. Le recuerdo que debe comer. —Te llevaré a un buen restaurante cerca de Olympia—. Ella suspira, escondo una pequeña sonrisa, aprieto su rodilla otra vez, con hambre por su reacción. Y muy pronto veo como retiene el aliento. Ella quiere más. Retiro mi mano y la pongo de nuevo en el volante. Expectativa. Eso es parte de la diversión y el sexo sólo se amplifica en distintos pliegues. Es una gran herramienta para el control también. Una que he dominado muy, muy bien. Pongo mi pie en el acelerador y aumento la velocidad a través de la autopista, mientras que Anastasia me mira con un tipo diferente de hambre. Llegamos al restaurante. No es un lugar muy grande, pero un pequeño local con encanto, con sillas no coincidentes y manteles al azar. La comida sin embargo es genial, aunque también es simple. — ¿Qué tipo de alimentos que tienen aquí? — Pregunta suspicazmente. —Oh, lo que sea que puedan capturan o recolectar. Pero sabe bien— hago una cara y ella se echa a reír al ver mi expresión fingida. ¡Un sonido tan hermoso, despreocupado, y joven! ¡Me encanta! La camarera viene a tomar nuestra orden de bebidas. La camarera juega con su flequillo rubio y se ve frustrada cuando trata de llamar mi atención, pero la ignoro mi atención está en Anastasia quien sé que está discretamente tratando de observar su comportamiento y mi reacción.
  • 127. ¡Me agrada! Ella esta celosa, y eso hace algo en mí, provocando una erección. En vista de que Anastasia no tiene mucha experiencia en la elección de vinos, pido dos copas de Pinot Grigio, pero ella frunce los labios con desaprobación. Me frustro. Sé de vinos, y ella no. Me encuentro preguntándole de manera mordaz—: ¿Qué? Ella se estremece, baja la mirada, como herida —quería una Coca Cola dietética— susurra. No. Esa no es una buena opción. En primer lugar, tiene sacarina que causa cáncer. Y mi selección de vino es decente, y va con cualquier cosa que este lugar pueda ofrecer. Le explico. Ella asiente. Me siento sorprendido por su aquiescencia y es que ella normalmente hubiese empezado a refutarme con su propia opinión. —Le gustaste a mi madre— le digo cambiando de tema, y ella queda sorprendida por eso. — ¿En serio? — Dice ella poniéndose roja. Incluso los elogios son difíciles de aceptar para ella a pesar de que es digna de ellos. —Sí— le sonrío —mi madre siempre pensó que yo era gay, y yo creo que estaba esperando que un chico saliera de mi habitación—. Ella frunce el ceño. — ¿Por qué creería tu propia madre que eras gay? — Pregunta confusa. —Porque ella nunca me ha visto con una chica— con esto sube un poco la cabeza hacia arriba, y exclama: — ¿No conoció a ninguna de las quince? Sonrío. Ella lo recuerda. Ósea que me estaba prestando atención.
  • 128. —No, ninguna de las quince. Es la primera vez— le digo. —Tú eres la primera que ha conocido. De hecho, esta semana ha sido una semana de muchas primeras veces para mí— le digo sintiendo la profundidad de lo que el pensamiento podría significar. — ¿En serio? — dice en voz baja y con inocencia. —Sí— le digo al igual en voz baja —tú eres la primera mujer con la que me he acostado. Ya sabes, dormir a mi lado de manera literal— le digo sonriendo —primera mujer con la que he tenido relaciones sexuales en mi propia cama— le digo con el deseo y el fuego en ascenso en mí —primera chica a la que le he permitido viajar en Charlie Tango, y la primera chica que le presente a mi madre. ¿Qué estás haciendo? ¡Me has embrujado por completo! — Digo desarmado, con la mirada intensa. No puedo imaginar estar sin ella, ¿incluso después de sólo este corto tiempo de conocerla? Mi subconsciente me dice que —por desgracia, no. Después de que nuestro vino llega, ella toma un sorbo como para reunir un poco de coraje para decirme algo más. Mi mirada está llena de intensidad sobre ella. —He disfrutado mucho este fin de semana Christian— susurra. Mis ojos están estrechos y siento como se me corta la respiración. ¿Cómo podía hacerme jadear con ocho palabras tan sencillas? ¿Por qué es mi nombre saliendo de sus labios tan condenadamente sexy? Se muerde el labio distraídamente. —Deja de morderte el labio Anastasia— gruño a sabiendas de que esto va a ser mi perdición con mi creciente erección, ella jadea y sus dientes liberan su labio del cautiverio. —He disfrutado inmensamente el fin de semana también— mi voz ronca. —Uhm, Christian, ¿puedo hacerte una pregunta? — Susurra como si no quisiera que otros la oigan. —Por supuesto— le digo con mi mirada en ella con atención.
  • 129. Su voz baja incluso una octava más baja — ¿Qué es el sexo vainilla? — su pregunta me hace sonreír a lo ancho. —Es sólo sexo directo sin juguetes involucrados. No hay extras. Ya sabes...— Sonrío al recordar. Ella no lo sabe claro. Dándome otro placer inesperado. Yo soy el primero. —Bueno, no lo sabes. Pero eso es lo que es. —Oh— dice ella todavía especulando y dándole vueltas a algo en la cabeza. Cuando llega la comida, no hago caso a la camarera. No es que este incluso un poco interesado en ella. Como si ¿pudiera estar interesado en alguien además de Anastasia? Cuando ella sirve nuestra comida y se va, risas suaves salen de Anastasia, y ese es sin dudas el sonido más hermoso que he oído. Así sin preocupaciones, tan melódica, digna de ella. ¡Perfectamente encantadora! — ¿Christian? — Ella pregunta—: ¿Por qué no has tenido relaciones sexuales vainilla antes? ¿Siempre has sido... ya sabes, siempre has tenido tus predilecciones particulares? Poco a poco asiento con la cabeza y suspiró. ¿Cómo puedo explicar que Elena me sedujo a una edad temprana, y nunca he sabido nada más? Me mira esperando una respuesta. Finalmente voy por la verdad y digo—: La amiga de mi madre me sedujo cuando tenía quince años. Su boca se abre, y su cara se cae, triste. —Oh— dice con jadeo que escapó de sus labios. Leo sus labios decir: — ¡Dios mío! — Pero no emite ningún sonido. Su mirada cambia. —Tenía gustos singulares. Yo fui su sumiso durante seis años— me encojo de hombros. Tiempo pasado, trato cerrado. Ella sigue con la boca todavía abierta. Por una vez, su boca sabelotodo esta, sin palabras.
  • 130. —Eso quiere decir, que se lo que ello implica Anastasia—. Ella sigue mirándome incapaz de digerir la noticia, es como si ella hubiese comido algo malo, y se estuviese enfermando. Ruedo la cabeza —mira Anastasia, yo no tuve la introducción normal al sexo. Su boca se encuentra con su voz finalmente. —Deja que te pregunte entonces, ¿nunca has... jamás salido con nadie en la universidad? —No— niego con la cabeza. —Pero ¿por qué no? No creo que ella realmente quiera saber la respuesta a eso. Pero ya pregunto de todos modos. — ¿Realmente quieres la respuesta a eso? — ¡Sí! — dice con firmeza. Hmm, es curiosa acerca de mí. —Yo no quería hacerlo. Ella era todo lo que quería, todo lo que necesitaba. Y además, si lo hubiera hecho, ella me habría golpeado hasta sacar la mierda fuera de mí— le sonreí con cariño en la memoria. Ella me ha golpeado tanto. Sus ojos se oscurecen con la ira, su mandíbula esta tensa, pero habla con calma. —Dijiste que era una amiga de tu madre. ¿Qué edad tenía? — ¿A dónde va con eso?, pero le respondió. —Oh, ella tenía la edad suficiente para saber mejor— le digo con una idea de último momento. Ella finalmente me hace la pregunta que la está quemando ahora. — ¿Tu todavía la vez?
  • 131. —Sí— Ie digo con calma. Ella tiene decepción en sus ojos, y preocupación. — ¿Ustedes todavía... uhm... hacen...? — Arrastra sus palabras, en sus ojos podía ver su intención, y llenos de preocupación, su rostro como si fuese a vomitar. No la he visto así de enferma desde que ella dio de beber a la cama de flores en el patio delantero de ese bar. —No— niego con la cabeza. Y soy en realidad feliz de ver los celos en ascenso en su manera de pensar sobre la competencia. —Ella es sólo una buena amiga— añado. Ella a continuación, me hace la pregunta más tonta. Aún más tonta que — : ¿Es gay Sr. Grey? —Hmm. ¿Lo sabe tu madre? —Por supuesto que no—. ¿Qué está ella pensando? ¡Oh madre, una de tus buenas amigas me sedujo cuando tenía quince años, y tuvimos una relación de seis año! ¡Ahora somos buenos amigos! Mi madre no entendería la complejidad de nuestra relación. Una vez más silencio crece otra vez. Ella está pensando, pensando demasiado. Martillando sobre lo que le he dicho y aparentemente no es de su gusto. Ella toma un sorbo del vino. La comida llega, pero ella la mira como si la camarera hubiese traído un plato de estiércol. — ¿De tiempo completo? — ¿Qué? — ¿Eras su sumiso tiempo completo? Oh... —Sí, pero no la veía todo el tiempo. Era difícil. En primer lugar yo era demasiado joven y estaba en la escuela, y luego por supuesto fui a la universidad—. Ella sólo se queda mirándome, sin habla una vez más. — Anastasia, come por favor— digo.
  • 132. —No tengo hambre Sr. Grey— ella dice distante. — ¡Come! — Ie digo con firmeza, lentamente, amenazando. Ella me fulmina con la mirada. Ella no parece importarle mi tono amenazante de voz. —Necesito un minuto— dice ella, y me sorprende. La verdad es que tiene razón. Ha sido un exceso de información para absorber. —Por supuesto— le concedo Ella está pensando otra vez. Pensando demasiado. No quiero que mi pasado de mierda afecte su decisión. Ella parece preocupada. Espero por ella para que hable. Ella finalmente mira hacia arriba. — ¿Sera nuestra... uhm...— tratando de encontrar una palabra correcta — ...relación como eso? — ¿Tú, simplemente dándome órdenes, y más órdenes? —Sí— le confirmo. Pero es más que eso. —Ya veo— dice rotundamente. —Es más que eso Anastasia... Al iniciar tu sumisión hacia mí, realmente vas a querer hacer eso— digo con una voz ferviente y baja. Ella me mira escéptica. Su cara dice: "¡Sí claro amigo!" Entrecerrando los ojos. Ella baja esos hermosos ojos azules a la mesa otra vez mirando a sus pequeñas manos, esta vez incluso sus manos no pueden moverse, está perdida. —Es un gran paso para mí— dice y toma un bocado de su comida con aire ausente. —Sé que lo es— le digo. Cierro los ojos, no quiero que se deslice entre mis dedos que decida en contra de nuestro acuerdo. Quiero que mantenga una mente abierta. Pero no puedo, no voy a influir en su decisión en un sentido u otro. Ella se merece algo mejor. Esto es todo sobre ella. Ella tiene que ser la que tome la decisión final.
  • 133. —Mira Ana, tienes que hacer tu investigación, leer el contrato, e ir con tu instinto. Si tienes dificultades para entender algo, o algún concepto, estaría más que feliz de explicártelo. Voy a estar en Portland hasta el viernes. Así que si quieres hablar de ello, antes de eso quiero decir, llámame— le digo. Estoy nervioso ante esta hermosa mujer. Es inteligente, es hermosa, tiene talento y lo que es más, es una negociadora dura e inesperada de alguien que se ve sometida, pero a la vez es demasiado independiente. — ¿Me llamaras Anastasia? ¿Tal vez podamos cenar el miércoles? — Le pido. Ella no dice nada, no da nada. Esa mirada en blanco de nuevo. Ella sabe ser impasible mejor que yo en este mismo momento. ¡Mierda! ¿Y si esto no es impasible, y si ella está decidiendo en contra de nuestro acuerdo? No puedo soportarlo. Ella tiene que considerar esto por lo menos. — ¿Anastasia? — Le pregunto. —Realmente, realmente, realmente quiero que esto funcione. De hecho, nunca he querido nada tanto como quiero esto. No, cuando empecé mi compañía, no cuando he conquistado alguna otra mujer, no alguna otra adquisición. ¡Es ella! Esta mujer que he reclamado en todas formas posibles. La quiero. ¡La necesito! ¡Mis ojos están ardiendo de deseo por ella! —Di algo Ana...— mi voz está suplicando. Su pregunta me sorprende—: ¿Qué pasó con las quince? — espeta. —Esto y aquello... Todo se reduce a esto Anastasia. Éramos incompatibles— . Eso es verdad. Yo no era compatible con ninguna de ellas. Hay preocupación en sus ojos. ¿Por qué? Incredulidad. —Si no fuiste compatible con las sumisas entrenadas, y quince de ellas en eso, ¿qué te hace pensar...— dice su voz a punto de descargarse por la preocupación final ahora apenas audible — ¿qué te hace pensar que yo, que no se casi nada, puedo ser compatible contigo?
  • 134. — ¡Tú lo eres! — digo con fervor. — ¡Créeme que lo sé! — Quiero que lo sepa, y me crea, porque es la verdad. — ¿Sigues viendo a alguna de ellas? — Pregunta con otra preocupación y un trasfondo de celos. Todavía le gusto a pesar de todas mis revelaciones. — ¡No Anastasia! No veo a ninguna de ellas. Soy un hombre monógamo en mis relaciones. No tengo múltiples parejas—. Yo quiero que ella sepa que ella será la única una vez tengamos nuestro acuerdo. Ella no da nada. —Ya veo— murmura. ¿Está aliviada? —Sólo tienes que hacer tu investigación, así obtendrás una mejor imagen— le digo. Ella pone su tenedor hacia abajo, terminó de comer. No puedo aguantar ya que no come. Casi no ha comido nada en los últimos dos días. No sé cómo se las arregla para funcionar sin apenas comer cualquier alimento. Esa es otra razón por la que tiene que firmar el contrato, para que pueda asegurarme de que se hace cargo de sí misma. — ¿Eso es todo lo que comerás? — Mi boca se tensa en una delgada línea. Ella no dice nada, sólo asiente con la cabeza. Yo no quiero empujar mi suerte aquí. Tengo que elegir mis batallas con ella. Y la comida en estos momentos no se encuentra en la parte superior de la lista. Yo como y limpio mi plato mientras ella se retuerce en su asiento, incómoda. Está llena de pensamientos, y sé que está analizando mi revelación, al igual que un montón de otras cosas que están pasando por su mente mientras su rostro se ensombrece y cambia. ¡Lo que daría por saber lo que está pensando ahora mismo! Sigue retorciéndose... incómoda. Esto podría atribuirse a mi conquista de ella. —Me encantaría más que nada, averiguar lo que estás pensando en este momento— le susurro.
  • 135. Y con esto ella se ruboriza a la línea del cabello. Ya veo. Eso es lo que está pensando. Donde he estado, cómo le reclamé, y me agrada saber que tengo ese efecto en ella. Le doy una sonrisa lasciva. —Puedo adivinar lo que estás pensando— susurro. — ¿Estás seguro de que no eres un lector de mentes? —No, no lo soy. Pero yo sé leer tu cuerpo. He estado leyendo tu cuerpo el último par de días ¿te acuerdas? Creo que he aprendido bastante bien—le digo sugestivamente. Quiero a esta mujer. Recuerdo nuestra experiencia también. No es sólo ella quien se ve afectada. ¡Yo también! Hago señas a la camarera para que traiga la cuenta. Pago y nos levantamos para salir. Le extiendo mi mano para recibir la suya. Cuando nuestros dedos entran en contacto, la conexión se realiza de nuevo, y la maldita corriente placentera encuentra su camino a través de nosotros. Se siente tan bien. Ella deja salir un jadeo. La llevo de vuelta al auto, abro la puerta del pasajero para ella. Ella sube y continua tranquila evidentemente pensando en todas mis revelaciones a ella esta mañana. ¡Quiero que esto funcione tan condenadamente mal! ¿Y si ella dice que no? ¿Voy a dejar que se vaya? ¿Voy a estar bien si ella está con otro hijo de puta como el fotógrafo, o el tipo de Princeton de la tienda, o alguien como ellos? Tengo que dejar que tome su propia decisión, pero me muero de celos. ¡Dios! Le doy una mirada de soslayo. La proximidad es intoxicante. El aire está cargado de electricidad, y su olor es embriagador. ¡Tan puro, casero, tan femenino, tan Anastasia! Empiezo a conducir saliendo del parqueo hacia la autopista. Hago mi turno en la calle y, finalmente, llegamos a su complejo de apartamentos, escojo un estacionamiento, y apago el motor.
  • 136. Por un momento nos miramos el uno al otro sin palabras. Finalmente se recompone a sí misma y dice con una emoción desconocida, — ¿Quieres pasar Christian? — ¿Qué sentirá? ¿Deseo? —No puedo. Tengo que trabajar. Tengo demasiado trabajo amontonado— digo. Quiero, pero no puedo estar tan cerca de ella. Tengo que darle su espacio, y tengo que darme espacio. Ponerme a prueba a mí mismo. Poner a prueba mi voluntad. Tengo que saber si se trata de un deseo real, o algo más. Ella es demasiado fascinante en esta proximidad. Mi respuesta la entristece, pero ella baja la mirada de nuevo a sus manos no está dispuesta a mostrar sus emociones. ¡Maldita mujer! ¡No puedo soportarlo! Tomo su mano derecha, y tiro de ella a mis labios y beso cada nudillo de su mano haciéndola jadear. Me encuentro a mí mismo haciendo cosas que normalmente no estaría haciendo con ella. Tiene temor y adoración en sus ojos con mi gesto. Estamos encerrados nuevamente en nuestro pequeño planeta, una burbuja de los dos. Mi cerebro finalmente conecta con el resto de mi cuerpo y mis piernas encuentran su función. Salgo del auto y camino hacia el lado del pasajero. Abro la puerta, extiendo mi mano hacia ella. Ella acepta. Estoy lleno de estas emociones extranjeras de nuevo. —Gracias por este fin de semana otra vez Anastasia— respiro con fervor. — ¡Ha sido el mejor! — le digo. Sí, simplemente el mejor. Yo no recuerdo haber tenido uno mejor. ¡Jamás! — ¿Qué tal el miércoles? Te recojo del trabajo, o dondequiera que desees que lo haga...— mi voz desciende suavemente. —Miércoles entonces— dice con sencillez. Le beso la mano de nuevo. Vuelve la cabeza hacia un lado. Ella está en una confusión emocional también. Ella se ve despojada, confundida y triste. Pero ella esconde su rostro de mí, y se vuelve para alejarse sosteniendo el tope de su nariz en el aire. Me recuerda a la forma en que se fue por la calle después de la sesión de fotos. ¿Qué está mal? A medida que se aleja, se vuelve hacia mí con una idea de último momento.
  • 137. —Oh, Christian— me trae de mi maraña de pensamientos—: Estoy usando tu ropa interior— y me muestra en su cintura el borde de mis calzoncillos bóxer. Mi mandíbula se abre. ¡Estoy completamente sorprendido! ¡Ella me sorprende una vez más! ¡Ella, en mi ropa interior, en mis calzoncillos es tan jodidamente caliente! Si no tuviera trabajo que hacer, y si no estuviéramos en un estacionamiento abierto, ¡me la cogería en el capó de mi coche! Ella sonríe alegremente al ver mi rostro, y se vuelve, dejándome con mi mirada, sorprendida por ella. En el momento en que logro componerme a mí mismo con el sur de mi cuerpo teniendo su propia idea, hago que mis piernas me guíen al auto, me coloco el cinturón de seguridad y salgo del estacionamiento. Me dirijo al Hotel Heathman. Taylor debe estar esperándome en el hotel. Llego al hotel y un valet se precipita hacia mí con reverencia. Lanzo las llaves a él. — ¡Sr. Grey!— saluda el portero. Tomo mi Blackberry, pulso la marcación rápida. —Sí, señor— responde Taylor. —Estoy aquí— le digo. —Sí, señor, su suite habitual está lista. Traje todo lo que pidió. —Te veré momentáneamente. Tengo que estar informado. —Sí, señor— dice Taylor. Cuelgo. Otra semana de espera. ¡A la mierda! No me gusta esperar. Y esta vez que he probado a la señorita Steele. Va a ser mucho más difícil esperar hasta el miércoles. Entro en el hotel con los pensamientos sobre Anastasia. Ya la extraño. ¡Maldita sea! ¡Odio esperar con una pasión! No es mi estilo.
  • 138. Miércoles entonces. No puedo 'no' tener una manera de mantenerme en contacto con ella, no saber lo que está haciendo, con quien está hablando, el pensamiento ya me está matando. No creo que pueda rendirme con ella. No importa qué tan justo quiera ser para con ella. Ella me ha reclamado tanto como yo la he reclamado a ella. Por ahora, ¡Componte Grey! Me adentro en el edificio del hotel, a través del vestíbulo, y llego a los ascensores. Presiono el botón de llamada. El recuerdo de ella en el ascensor aún está fresco. He tomado mi decisión. Si yo no la tengo, ¡enloqueceré! ¡Soy como un joven hambriento teniendo un desayuno de todo lo que puedas comer en la casa del panqueque! Respira Grey, respira. Entro en el ascensor, y sus puertas se cierran sobre mí con mis pensamientos de Anastasia.
  • 139. Traducido y Corregido por Jesica uando llego a mi habitación, Taylor está esperando por mí, ya que he hablado con él por teléfono. —Sr. Grey— asiente con la cabeza en forma de saludo. —Taylor— le digo secamente. —Necesito que hagas un par de cosas para mí hoy. —Sí, señor. —Quiero que pidas un MacBook Pro para la señorita Steele. Lo mejor de la línea, incluso si no está disponible para el público. Con la mayor unidad de disco duro, memoria RAM, gráficos de vídeo, ya sabes lo mejor disponible, y quiero que este equipado con el Internet más rápido que exista. Incluso si tiene que viajar a los rincones más remotos de África, tiene que funcionar, debe tener todas las cosas, todo lo mejor. Diles que le configuren una cuenta de correo electrónico. Quiero que todo desde la instalación hasta la entrega se haga inmediatamente. Debe ser entregado a más tardar mañana por la mañana, incluso si tienen que volar con el equipo desde sus principales fábricas. Estoy seguro de que su fábrica en Cupertino, California puede tener lo que tengo en mente. Que trabajen toda la noche si es que deben hacerlo.
  • 140. La configuración debe ser suficiente para rivalizar con la tuya— le digo sabiendo que su equipo no sólo puede controlar una nave espacial, pero también está equipada para hacer seguimiento global. —También necesita tener su cuenta de correo electrónico de configuración nueva. Quiero que su portátil sea entregado a su apartamento, y lo instalen con todo listo para usarse. —Sí, señor. ¿Algo más, señor? —Sí, también quiero que le envíes una Blackberry. El último modelo. —Sí, señor. ¿Algo más, señor? — dice. — ¿Esta Charlie Tango de vuelta en el campo de Boeing? —Lo está señor. — ¿Ha ido Gayle a ver a su hermana durante mi estancia fuera? —Sí, señor. ¿Necesita que vuelva antes? —No por el momento. Yo te haré saber. —Sí, señor. Mi mirada de "yo soy tu jefe" se suaviza solo un poco cuando digo—: Taylor, ¿cómo está tu hija? ¿Están tú y su madre, felices con la escuela a la que asiste? Sus ojos brillan con la mención de su niña. —Está muy bien Sr. Grey. Gracias por preguntar. Estamos muy contentos con su escuela. Es una de las mejores. Gracias por proporcionar su matrícula. Estamos muy agradecidos, señor—. Asiento con la cabeza. No soy bueno con las bromas. Si pago por una escuela privada de la hija de Taylor, es sólo como un beneficio para asegurarme de que él se quede a trabajar para mí.
  • 141. Puedo ser un jefe exigente, un capataz de esclavos, si se quiere, un fanático del control como la Señorita Steele lo pondría, pero puedo hacer que valga la pena. Si el empleado es valioso, le recompenso a él o ella muy bien. Pero a cambio exijo cien por ciento lealtad, y yo estoy en control de ellos en todo momento. En el viejo oeste a eso se llama "caballo de marca". Debe comer, dormir, respirar, trabajar, vivir y morir por el rancho y su marca si se quiere. No espero nada menos. Si no están dispuestos a hacer eso, o no están a la altura, pateare sus culos a la calle. No tengo tiempo para dramas, ni los necesito. Llegar a donde estoy, siendo el mandamás no sucederá si no tengo el control cien por cien, cien por ciento del tiempo. No puedo olvidar ni perdonar los errores. Son costosos para mí, reflejan una mala imagen de la empresa y sin darse cuenta como soy el único dueño, propietario único, y la única persona en control, también reflejan una mala imagen sobre mí. Los errores se tratan con una acción rápida, por lo que, el que lo comete no se le olvida para la próxima vez, no se repetirá. Los buenos chicos no ganan. Taylor es un empleado escogido excepcional entre cientos, si no miles de posibles candidatos. Mide 6'3", estilo militar de pelo muy corto, la mandíbula bien definida, 215 libras de músculo con los ojos verdes y una actitud calmada. Sabe muy bien cómo se mueve, y puede conducir, volar o navegar en casi cualquier cosa, desde M-4 Sherman, un Merkava, un T- 54, o un Challenger, al F-22, F / A 18 Hornet, F-16 y hasta barcos anfibios. Él era un miembro de la Fuerza Delta. La Fuerza Delta es tan secreta, que incluso el Ejército ni siquiera reconoce su existencia como los de generación de armas o aviones próximos. ¡Son súper soldados! Estuvo en una de las unidades de Misiones Especiales que participaron en algunas misiones muy conocidas y otras de esas que nadie se entera, para que los seres humanos duerman tranquilos en sus casas por las noches. Es un tipo duro mi guardaespaldas y jefe de mi seguridad inmediata a los 35 años de edad. Después de haber estado en misiones de asalto, así como en misiones de rescate imposible y con éxito bajo de asalto pesado con más fuegos artificiales que el 04 de julio completadas, está bien curado, y casi nunca se pone nervioso en cualquier situación difícil.
  • 142. He visto a Taylor en la acción, es rápido como una víbora, sigiloso como una sombra silenciosa, y extremadamente eficiente. No soy de esos que se ve impresionado con facilidad y me impresionó en cuanto puse los ojos en él. ¿Puede un hombre hacer todas estas cosas? Taylor puede, sólo contrato a lo excepcional. Es uno de los mejores, un diamante raro entre todas las joyas. La verdad nunca lo habría encontrado hasta que un conocido Alex Pella quien desde su empresa me vendió mi avión privado y me ayudó a escoger especialmente a Charlie Tango lo recomendó. Alex es otro hombre que es similar en su comprensión del negocio y sospecho que también es similar a mí en el resto de sus predilecciones. Uno viene a reconocer a otros "fanáticos del control" como Miss Anastasia Steele diría. Alex Pella tiene la mayor compañía privada de venta de aviones, arrendamiento y sociedades de corretaje fuera de Los Ángeles, pero tiene sus dedos en todo tipo de pasteles cuando se trata de aviones de lujos comerciales para clientes ricos como yo, realiza negocios con grandes empresas y las compañías aéreas teniendo clientes en todo el mundo desde los Estados Unidos de América, hasta América del Sur hasta Asia a Europa y África. Siempre está en su elemento donde quiera que vaya, y algunos de los lugares que visita requieren un ejército privado personal. Contrató a algunos de los antiguos miembros del equipo de Taylor, y lo habría contratado también, pero que con su frecuencia de viaje fuera del país requiriendo amplias ausencias era un problema para Taylor. Alex, es un megalómano más grande que yo, no le gustan los accesorios en sus empleados, como tener familia siendo personal de su equipo de seguridad. A pesar de currículum y habilidades impecables de Taylor, no se habría hecho la contratación de Alex en circunstancias normales sólo por tener una hija, aunque sospecho que él habría hecho una excepción para él debido a sus habilidades excepcionales si aceptaba el cargo. Cuando me encontraba explorando candidatos para llenar la posición, Taylor simplemente cayó en mi regazo hace unos cuatro años. Todo salió bien para nosotros dos. Taylor es un tipo calmado, sopesa bien los riesgos, aunque a veces puede ser sobreprotector. Él también había sido un contratista militar privado, pero quería estar cerca de su familia, aunque su matrimonio no funcionó.
  • 143. Rara vez es posible para un soldado en su posición cumplir con los requisitos que sugieren tener novia, esposa, familia o un hijo, pero al trabajar para mí, esto le permite hacerse cargo de su ex y su hija también, y llega a ver a su hija a menudo. Taylor ama sus armas, y él las entiende muy bien. Pero eso es un punto en que no estamos de acuerdo. Crecer en un hogar donde las armas se aborrecían ya que mi madre siendo médico tenía que arreglar un montón de heridos de bala, me hizo aborrecerlas a mí también, de hecho yo apoyo dos iniciativas de control de armas en el estado de Washington. El control de armas es un punto en que Taylor y yo estamos profusamente en desacuerdo. Por lo general, me gustaría que él no llevara un arma, pero él negoció que la llevaría consigo cuando lo contraté. Fue su límite fuerte y ese tipo de límites yo los entiendo bien. Tenía que tener armas, y yo sabía que él se convertiría en un empleado valioso, por lo que tuve que conformarme. Dicen que la gente encuentra el amor en todo tipo de lugares extraños lo cual sin dudas es cierto para Taylor. Después de que él comenzó a trabajar para mí, él encontró el amor justo en mi cocina en la señora Jones, mi ama de llaves que es viuda. Otra empleada excepcional, unos años mayor que Taylor, pero bueno otra vez algunos hombres prefieren a su mujer mayor. La idea de encontrar el amor en lugares extraños trae mis pensamientos de nuevo a la señorita Steele. ¿Qué es lo que siento por ella? Tengo miedo de darle un nombre. Yo, Christian Grey que casi no tengo miedo de nada, tengo miedo de los sentimientos que puedo sentir por una joven inocente. ¡Lo que yo siento por ella realmente me asusta! Es como Ícaro al sol. Me va a quemar, sin embargo, no puede escapar a su encanto. —Si eso es todo lo que necesita, señor— dice Taylor sacándome de mis ensueños —voy a hacer los arreglos para la computadora de la señorita Steele— asiento con la cabeza. Él se retira.
  • 144. Tengo un montón de negocios para completar hoy, así que empiezo a trabajar en mi portátil. Antes de darme cuenta, ya son las 6:00 pm voy y hago ejercicio por una hora, y luego vuelvo a mi suite a tomar una ducha rápida, y ordeno la cena con mis pensamientos de la señorita Steele. ¿Habrá leído el contrato ya? ¿Se echara a correr por las colinas? ¿Qué haría yo si no lo hace? ¿Puedo hacerlo? Necesito un plan de seguridad para convencerla. ¿Y si ella no quiere aceptar nuestro acuerdo? Yo la deseo mucho. ¡Nunca quise nada más! Después de todas estas mujeres de todos estos años, nada realmente funcionó para mi satisfacción, y sin embargo aquí está ella, un diamante en bruto, pero un diamante, no obstante, lo que algunas personas pasan toda una vida para encontrar, esta tan cerca para mí ¡dentro de mi alcance! No puedo conformarme con algo inferior después de que la he probado a ella, su sabor, me he vuelto su amante, me la he cogido y la he reclamado. "¡Ella es mía!" Gruñe mi subconsciente. Me moriría si la veo en los brazos de otra persona, la atención de otra persona que no la va a valorar como yo. Tengo que tener su cien por ciento, y no puedo hacerlo sin ella estar de acuerdo con mis condiciones. Esa es la única forma que conozco. Pero yo no puedo tenerla desafiándome. ¡No tiene sentido de auto preservación! Me di cuenta cuando se emborracho sin sentido, cuando aceptó las llamadas de ese posible violador, y sabiendo lo que siente por ella, ella todavía está en contacto con él con el pretexto de alguna amistad equivocada, y ¡ella no come! ¿Qué pasa con eso? No, una vez que haya estado de acuerdo con el contrato y tenga su firma, puedo cuidar de ella. En caso de que ella se salga de la línea, voy a disfrutar haciéndola que vuelva a ella. El pensamiento me hace sonreír. Mis manos ya están impacientes con el pensamiento y eso hace algo a mi interior, girando y tirando. Como mi cena en mi suite. Taylor entra y se aclara la garganta. — ¿Sr. Grey? —Si Taylor— le digo.
  • 145. —El Ordenador portátil de la señorita Steele está siendo enviado desde Cupertino, California. Debe ser entregado temprano en la mañana a su apartamento por un técnico para su instalación listo para usarse—. Asiento con la cabeza. — ¿Y su cuenta de correo electrónico? —Ya ha sido establecida. Los detalles de la información de acceso de su cuenta de SEME ha enviado por correo electrónico a usted señor. — ¿Qué hay de la Blackberry? — Le pregunto. —La versión que ha solicitado va a ser entregada esta semana a pesar de que aún no está disponible. —Hazme saber cuándo. Eso es todo Taylor. Puedes retirarte por hoy, si lo deseas. —Buenas noches señor— dice. Asiento con la cabeza. Enciendo mi ordenador portátil y reviso mi cuenta de correo electrónico excitado como un niño en la escuela que envía a una niña su primer e- mail. No sé lo que me pasa. ¡No puedo evitarme a mí mismo el sonreír de oreja a oreja! ¡Tengo esta sensación de paz cuando pienso en ella como si ella es todo lo que quiero, todo lo que necesito, y todo lo que deseo! ¿Será capaz de clamarse este sentir? Busco en el correo la información a su cuenta de correo electrónico y escribo un de correo electrónico para ella: _______________________________________________ De: Christian Grey Asunto: Tu nuevo ordenador Portátil Fecha: 22 de mayo de 2011 23:36 Para: Anastasia Steele
  • 146. Querida señorita Steele Espero que hayas dormido bien. Me gustaría que pongas este portátil para un buen uso, como hemos discutido. Estoy deseando que llegue la cena el miércoles. Si tienes alguna pregunta antes de esa fecha puedes hacérmela llegar a través de correo electrónico, yo estaría encantado de responder a tus inquietudes. Christian Grey CEO de Grey Enterprises Holdings Inc. _______________________________________________ Me voy a la cama y me quedo quieto. Mi mente da vueltas, pensando en Anastasia. No puedo dormir. Me agito y giro. ¿Qué diablos está mal conmigo? Esto debe ser una casualidad. Tomo mi iPad y me desplazo a través de mis libros digitales. Con aire ausente, encuentro Tess D'Urbervilles. Me desplazo por los capítulos. Ella optó por la degradación. Chica valiente... —La influencia que había pasado a Clare como una excitación del cielo no murió. Resoluciones, reticencias, la prudencia, y los miedos, retrocedieron como un batallón derrotado. Se levantó de su asiento y, dejando su cubo el cual podría ser golpeado con el pie por el animal que ordeñaba si así este lo deseaba, fue rápidamente hacia el deseo de los ojos, y, arrodillándose junto a ella, la tomó en sus brazos... — ¡Maldición! Eso es lo que me gustaría hacer en este momento.
  • 147. Cierro los ojos y luego me desplazo a través de las páginas, abro los ojos de nuevo y me detengo cuando veo que la cita que dice: —Por lo tanto, la cosa empezó. ¿Habría percibido lo importante de esta reunión? ¿Se habrá preguntado por qué estaba condenado de ser visto y codiciada ese día por el hombre equivocado, y no por algún otro hombre, el hombre correcto, el que la deseara en todos los aspectos... ¿Soy el hombre equivocado para ella? Me gustaría ser el hombre correcto. La deseo demasiado. ¿Qué pasa si la lastimo? No físicamente, sino también emocionalmente. No está acostumbrada a mis oscuros caminos, o mi alma oscura, pero cuando la veo, veo el sol. Siento que soy joven. ¡Siento su presencia en el cuerpo y el alma! Y de alguna manera me olvido del mundo aun cuando mis cincuenta tonos de porquería siguen muy bien escondidos debajo de la superficie. Me desplazo un poco más por las páginas y veo la cita que me estremece hasta los huesos: — ¡Fuera de la sartén y al fuego! ¡Mierda! Eso no es lo que quiero hacer con ella. Pero, si lee el contrato, y lo entiende bien, ¡esto no sucederá con ella! ¡Ella es una mujer adulta, por Dios! Ella puede tomar sus propias decisiones. ¿Por qué no me reclama el sueño? ¿Prefiero tener las pesadillas cargadas de la puta que era mi madre y su horrendo proxeneta? ¡En qué posición tan dura me encuentro! — ¡Mi vida parece como si se hubiera perdido por falta de posibilidades! Cuando veo lo que sabe, lo que has leído y visto, y piensas, ¡siento lo poca cosa que soy! — ¡Oh mierda! ¡Doble mierda! ¿Qué va a pensar de mí cuando lea el contrato en su totalidad? ¿Le causare disgusto? ¿Me odiara por ello? ¿Entenderá? ¿Querrá darme la oportunidad de probar con ella?
  • 148. Al desplazarme por los capítulos, leo. —Estoy de acuerdo con las condiciones, Ángel, porque tú sabes mejor lo que mi castigo debe ser; - Solo - ¡no lo hagas más de lo que puedo soportar! Mi respiración se corta y estoy extrañamente lleno de esperanza. Ella decidió investigar, y ella puede, sólo puede estar de acuerdo con mis condiciones. Tan sólo pensar en ella está destruyendo mi vida en pedazos y no hay una cosa pueda hacer al respecto. Cierro los ojos y abrazo a mi iPad como si fuera Anastasia, y poco a poco me dejo llevar a la deriva del sueño. — ¡Te quiero a ti! — Susurra Anastasia con fervor, sus ojos azules en fuego. Me corta la respiración. ¿Ella me desea? Ruega mi subconsciente. ¿A mí? ¡A pesar de que estoy completamente jodido! ¡Ella me quiere! Mis manos se extienden a su cara, mi mirada fija en ella, buscando, buscando, investigando y tratando de descifrar esta joven y bella mujer. ¡Ella me quiere! ¡A mí! ¡La cáscara de un hombre que no la merece! — ¿Por qué Anastasia? — Le pregunto con atención. — ¿Por qué me quieres? — ¡Te amo Christian! — Susurra ella bajando la mirada mirando sus manos pequeñas. Mi respiración se corta, y yo soy incapaz de respirar por un minuto como si alguien aspirara todo el aire de la habitación. Cierro los ojos saboreando el momento, disfrutando de ella.
  • 149. — ¿Por qué me quieres? No sabes lo jodido que estoy. ¡Tan mal que me doy asco! ¡Todos los cincuenta tonos de mí! No soy nada...— digo a la deriva. — ¡Tú NO eres nada! — Habla con fervor. —Tú eres el aire y el sol para mí. Y de alguna manera yo estaba dormida hasta que apareciste en mi vida barriéndome con tu presencia. Eres un hombre BUENO Christian— dice con un gesto de su mano —y ahora que estás aquí, en mi vida, por primera vez en mi vida, siento que estoy despierta. Por favor ¡no me envíes de regreso a la nada Christian! — suplica. ¿Cómo podía resistir cuando ella suplica de esa manera? —Anastasia— inhalo su aroma. —Yo sólo soy la cáscara de un hombre— digo con tristeza en los ojos. —No puedo darte lo que quieres. No sé cómo... No sé si soy capaz de más. Estoy muy roto por dentro. ¡Tan jodidamente roto, no hay posibilidad de arreglarme! — ¡No me importa! ¡Tomare de ti lo que me des, de todas las maneras posibles! — dice, y sus palabras son mi perdición. Cierro el último centímetro que se separa de su cara tan rápido, que en un segundo me encuentro invadiendo su boca con mi exigente beso. Yo estaba devorándola, tomándola, saboreándola, y ¡no es suficiente! Mis manos estaban por todos lados. Mi mano derecha perdida en su pelo, con los dedos enredados tirando hacia abajo, forzando a que su cabeza se incline hacia arriba, para acercarse a mí, a mi voluntad, a mi exploración y mi virilidad. ¡Agh! Me quejo. La levanto del piso sin romper el beso, sus piernas al instante están alrededor de mi torso. Eso me gusta. Yo la encamino al pie de la cama mientras que sigo besándola y acariciándola. Ella captura mi labio inferior dentro de la comprensión y el cautiverio de sus dientes. ¡Ella muerde y chupa, duro! Estoy a punto de convulsionar con esto. —Anastasia, si sigues haciendo eso— gruño ronco — ¡te voy a coger aun si quieres que te coja o no! ¿Entiendes? — ¡Me chupa con más fuerza, ignorando completamente mi advertencia! ¡Esta es una mujer, una chica exigente!
  • 150. Muevo mis manos, bajando por su cuerpo y con mis manos la despojo de su camisa, deshago su sujetador, haciendo sus pechos saltar a la vida. Mis ojos ardiendo con deseo, tomo sus pechos en las palmas, bajando la cabeza capturado uno de los pezones con mis dientes mientras ella jadea con placer. La rozo con mi lengua, mis labios soplando suavemente. Arquea la cabeza, con los ojos en blanco de nuevo en sus receptáculos. Mi pulgar y dedo índice rozan el otro pezón mientras torturo placenteramente el otro pezón con mi boca. —Christian— ella grita de placer, mi nombre una palabra apenas comprensible mezclada con sus gemidos. — ¡Tómame ahora! ¡Por favor! — Ella pidió. —Todo a su tiempo bebé...— susurro. Ella mueve sus caderas contra las mías. Luego trata de tocarme en el torso con las manos moviéndose con aire ausente. Las capturo con un movimiento rápido dentro de una de las mías. —Hmm...— sonrío. Vamos a tener que hacer algo al respecto. Ahora la levanto por completo poniendo su torso desnudo sobre mi hombro y la llevo lo que falta a mi cama. Yo estoy a su lado de la cama, me arrodillo y desato sus zapatos, y saco sus calcetines. Entonces casi rasgo sus pantalones vaqueros y bragas. — ¡Arquea la espalda para mí! — Ordeno. Ella se ve confundida. — ¡Anastasia, arquea la espalda para mí! — pido de nuevo. —Está bien— susurra con anticipación. Ella se mueve hacia atrás y estirar el cuerpo sobre el colchón. La idea de que voy a estar en su interior causa que mi erección crezca. Me agacho y rozo sus pezones sólo con la punta de las uñas mientras ella jadea de placer. Mis uñas viajan expertas abajo en su torso haciendo una pausa cuando llego a su ombligo. Mis dedos describen círculos en su ombligo, con la presión suficiente para hacerle saber lo que está por venir, por lo que me desea más, me quiere, me espera y me demanda con una pasión que todo lo consume. Mis dedos se desplazan por encima de su pelvis y se detienen.
  • 151. — ¡Oh, por favor! ¡No te detengas Christian! ¡Te lo suplico! — Gime. Le doy una sonrisa lasciva. —Oh bebé, el tiempo de parar ha pasado. No voy a parar, incluso si me lo pidieras...— susurro. Cubro con mi palma a su sexo y su espalda se arquea aún más. Me inclino fuertemente separando sus piernas forzando mi manera de entrar. Mis pantalones y bóxers ya están fuera, y mi erección tiene su propia idea de capturar y reclamar la señorita Steele de nuevo. Me inclino hacia abajo y aspiro su sexo como un ramo de flores raras. Su perfume particular que pasó a ser mi marca favorita... Mi lengua la saborea a gusto, y ella es deliciosa. Ella corta su respiración, arqueando las caderas a la derecha en mi boca y mi lengua expectante. Mis manos se extienden hacia abajo y las apoyo sobre aquel culo increíblemente redondo de ella. Le doy un apretón. Y mi lengua invade su interior creando sacudidas de placer a través de ella. Describo remolinos en su interior de manera experta. Entonces inserto rápidamente mi dedo índice y medio en su interior, encontrándola húmeda hasta la médula, y expandida. — ¡Christian! ¡Te lo ruego! ¡Por favor! ¡Estoy quemándome! — Ella grita. — ¡Bebé, voy a todo contigo, y no voy a parar! ¿Estás preparada para eso? — ¡Sí! ¡Cállate y cógeme! Sonrío tan ampliamente como me es posible. —Sí, señora. — ¡Abre las piernas más para mi bebé! — ella lo hace, y las abre aún más. Rasgo el condón, me lo coloco cubriendo mi longitud y entro en ella de un tirón. La tomó, tirando de ella, arqueándola, con mi densa necesidad de su sexo. — ¡Voy a hacer que estés adolorida y totalmente feliz bebé! — Digo mientras la penetro de golpe una y otra vez, reclamándola una y otra vez. De repente tiro de ella, y la giro por las piernas levantándole el culo en el aire listo para recibirme de nuevo. ¡No puedo tener suficiente de esta mujer! Inserto mi longitud en ella de nuevo, y reclamándola.
  • 152. — ¡Oh bebé! ¡Esta sensación es tan profunda! ¡Tan cerca! ¡Oh mierda! — la reclamo, fundiéndome con ella como si nada fuera suficiente, me estrelló contra ella duro una y otra vez. Sus gemidos se hacen más fuertes. — ¡Córrete para mi bebé! — Grito y eso es todo lo que necesita, entonces ambos nos corremos fuertemente, quedando completamente gastados. La ruedo hacia un lado sin salir de ella, la abrazo, mientras que mis manos distraídamente viajan por los costados de sus pechos. Hay una capa de sudor entre los dos. Su mano se remonta y roza mi cara. Cierro los ojos ante su contacto, apoyándome en él. Me vuelvo para besar su mano. Siento su sonrisa cansada. —Dulces sueños Anastasia...— le digo sosteniéndola. Salgo de dentro de ella, me saco el condón tirándolo al suelo, luego me giro a tirando de las sabanas para cubrirnos, y sigo abrazándola mientras una descarga constante de electricidad pasa a través de nuestros cuerpos. Froto su cabello y aspiro su aroma profundamente. ¡Toda mujer, jabón, vainilla, y mi Anastasia! Mi mano rueda a un lado mientras me giro. Un ruido fuerte... ¡Clac! El ruido me regresa a mi cuerpo. Mis ojos se abren. ¡Maldita sea! Se me cayó el iPad en el suelo. Mi mano distraídamente comprueba a mi lado para descubrir que Anastasia no está aquí, en la cama. Miro a mi alrededor. ¿Estaba aquí anoche? Gimo al tener la realización de que no está. ¡Incluso invade mis sueños, es muy confuso! ¡Ella me ha embrujado el cuerpo y el alma! ¡Y he tenido el maldito sueño húmedo más caliente de mi vida! Mis ojos van al despertador junto a la cama. Son las 06:12 am. Ella probablemente sigue durmiendo. Me quito las sabanas de encima.
  • 153. Por lo general, no es mi costumbre tomar una ducha antes de hacer ejercicio, pero dada la noche caliente que tuve con la señorita Steele, en mi sueño, una ducha está en orden y es casi un deber. "Junto con el cambio de sabanas" dice mi subconsciente. Después de mi ducha, me voy al gimnasio y corro 10 kilómetros, hago pesas y entreno tan duro como puedo para deshacerme de esta energía reprimida. Cada lugar al que me dirijo, me imagino con ella, y esto sólo amplifica lo que siento por ella, y ¡el maldito deseo sólo se llena como un río sin fin! Después de ejercitarme, me dirijo a mi habitación, y tomo otra ducha. Me pongo mis pantalones de franela gris con una camisa de marca blanca. Me coloco los calcetines y mis Converse. Mi desayuno llega y lo tomo mientras leo el Seattle Times y el Wall Street Journal. Taylor llega esperando ser informado sobre el plan del día. Cuando estoy a punto de empezar a informarle, mi Blackberry zumba con un correo electrónico entrante. Sostengo mi dedo a Taylor para que espere un minuto un poco irritado por la interrupción. Pero mi rostro cambia tan pronto lo que me toma leer quién es el remitente. —Taylor, te puedes ir. Voy a hablar contigo cuando termine con esto— digo pasivo. Él asiente con la cabeza —sí, señor. ¡Anastasia ha enviado un e-mail de su nuevo ordenador portátil para mí! Me siento nervioso al abrir el mensaje. Y empiezo a fruncir el ceño. Ella es incorregible. ¿Por qué no puede aceptar un regalo? ¿Por qué tiene que verle el diente al caballo regalado?
  • 154. _______________________________ De: Anastasia Steele Asunto: Tu nuevo ordenador portátil (en préstamo) Fecha: 23 Mayo 2011 08: 18 Para: Christian Grey Estimado Señor. Por alguna extraña razón dormí muy bien. Yo estaba bajo la impresión de que este ordenador portátil es un préstamo, ergo no es mía. Ana _______________________________ Bueno, su tono me dice que ha leído el contrato, o al menos lo miró por encima. Eso me agrada. Me encuentro casi tropezando con el carrito de comida cuando salgo disparado hacia mi ordenador portátil para escribir una respuesta. No quiero perder mi tiempo con las pequeñas teclas del Blackberry. _______________________________ De: Christian Grey Asunto: Tu nuevo ordenador portátil (en préstamo) Fecha: 23 de mayo de 2011 08:21 Para: Anastasia Steele
  • 155. El portátil está en préstamo por tiempo indefinido Anastasia. Deduzco por tu tono que has leído el contrato que te di. ¿Tienes alguna pregunta hasta el momento? Christian Grey CEO de Grey Enterprises Holdings Inc. _______________________________ Estoy esperando con ansiedad a que me envíe una respuesta. Ella me está contactando. Eso es bueno. Ella no está corriendo a los cerros. Me da esperanzas de que esté considerándolo. Voy a enloquecer con esta espera. Unos minutos más tarde, suena mi correo electrónico de nuevo, y ella me escribe una respuesta. "¡Componte y deja de actuar como un adolescente!", mi subconsciente me regaña. _______________________________ De: Anastasia Steele Asunto: Mentes Inquisidoras Fecha: 23 de mayo de 2011 08:24 Para: Christian Grey Tengo bastantes preguntas señor, pero no deben tratarse en un e-mail, y usted sabe que algunos de nosotros tenemos que trabajar para ganarnos la vida ya sabe. No quiero ni necesito un portátil por tiempo indefinido, buen señor.
  • 156. Hasta luego, buenos días señor Grey. Ana _______________________________ ¡Oh, burlas, chica bromista! ¡Lo que me gustaría hacer para domar esa boca inteligente sabelotodo tuya! Escribo una respuesta inmediata. _______________________________ De: Christian Grey Asunto: Tu nuevo ordenador portátil (en préstamo) Fecha: 23 de mayo de 2011 08:27 Para: Anastasia Steele Luego, bebé. PS: Yo trabajo para ganarme la vida también. Christian Grey CEO de Grey Enterprises Holdings Inc. _______________________________ Ella ira a trabajar pronto.
  • 157. Ya he terminado con el desayuno, y estoy sentado en la mesa grande. —Taylor— llamo. De inmediato este aparece: —Sí, señor. — ¿Cuál es el estatus de la Blackberry para la señorita Steele? —No tenemos tiempo aproximado de arribo todavía señor—. ¡Dios, él lo hace sonar como una misión de rescate! — ¿Qué pasa, no se puede producir un solo teléfono? —Este modelo aún no ha salido, señor, y éste tiene que ser enviado desde la fábrica. —Está bien— le digo secamente sintiéndome petulante. —Avísame cuando llegues a tener un tiempo aproximado de arribo y recuerda que debe tener todo puesto a punto con el e-mail, y mi información de contacto. —Como usted desee señor— dice educadamente. Asiento con la cabeza bruscamente. —Tengo la intención de ir al proyecto de cultivo de WSU hoy. Nos vemos en ½ hora en el vestíbulo— le digo, y esa es su señal para ser despedido. El resto del día es aburrido, todo negocios, manteniendo a la gente a raya en los lugares donde hago grandes donaciones. Mi mente constantemente se vuelve a la señorita Steele. Aunque yo sé que ella está en el trabajo, no sé con quién está hablando, si el hermano del dueño está todavía colgando de ella posesivamente, o el maldito fotógrafo finalmente llegó hasta ella para verla.
  • 158. Estoy a punto de enloquecer. Tengo que tener contacto con ella en todo momento. Finalmente, cuando mi día de trabajo ha terminado, le envío un e-mail. Ella también debe estar pronto en casa, si no ha pasado por ningún otro lugar. Ella tiene una montaña de documentos para leer. Mejor será que ya haya llegado a casa, y empezado su estudio ya. Me apresuro a escribirle un correo electrónico. ¿Qué digo? Me pregunto en mi cabeza. —Querida Anastasia, Te he echado de menos todo el día. No podía esperar a que llegues a casa. ¡No! ¡Tacha eso! ¡Suena como un adolescente! —Hola Ana ¿Cómo estuvo tu día de trabajo? Me quedé pensando en ti todo el día. No podía concentrarme. ¡A la mierda! ¿Qué diablos está mal conmigo? Regla #1. Esas son las cosas que no le dices a una chica de inmediato, incluso si eso es lo que estás sintiendo. Inténtalo de nuevo:
  • 159. _______________________________________________ De: Christian Grey Asunto: Trabajar para ganarse la vida Fecha: 23 de mayo de 2011 17:20 Para: Anastasia Steele Querida señorita Steele Espero que su día de trabajo fuera genial. Christian Grey CEO de Grey Enterprises Holdings Inc. _______________________________________________ Eso está mejor. Simple, interesado, pero no demasiado. Pulso enviar. 10 minutos... No responde todavía. ¿No ha vuelto a casa? ¿Dónde diablos esta ese Blackberry ya? ¿Están rediseñándolo desde cero? 20 minutos... Me encuentro a mí mismo caminando por toda la suite, e incomodando a Taylor. Sabe que estoy nervioso. 25 minutos... Abro la nevera. Saco el vino blanco, y me sirvo una copa, todavía paseando.
  • 160. 27 minutos... Mi Blackberry repica con un mensaje de correo electrónico entrante. Incluso desde el rabillo del ojo, veo a Taylor exhalar un suspiro de alivio. ¡Dios! ¡Esta mujer puede poner a todos los hombres nerviosos! ¡Incluyendo a mí equipo de seguridad que ha estado en una guerra de verdad! Taylor deja en silencio la sala al ver el alivio en mi cara después de que confirmo el remitente del mensaje. Dice lo siguiente: _______________________________________________ De: Anastasia Steele Asunto: Trabajar para ganarse la vida Fecha: 23 de mayo de 2011 17:47 Para: Christian Grey Estimado Señor... Tuve un muy buen día en el trabajo. Gracias por preguntar. Ana _______________________________________________ ¡Me sonrío de oreja a oreja! ¡Luego me quejo en voz alta! ¿Qué estás haciendo de mí? ¿Cómo podrían dos oraciones simples excitarme, y calentarme? ¡Argh! ¡Ana, lee el documento, fírmalo, y sácame fuera de mi miseria ya!
  • 161. _______________________________________________ De: Christian Grey Tema: ¡Hacer tu tarea! Fecha: 23 de mayo de 2011 17:49 Para: Anastasia Steele Querida señorita Steele Estoy muy contento de que hayas tenido un buen día. Pero te ruego que ¿hagas tu investigación? No se puede estar haciendo eso, mientras me envías correos. Christian Grey CEO de Grey Enterprises Holdings Inc. _______________________________________________ Pulso enviar. ¡Menos de cinco minutos después, mi Blackberry vibra otra vez! _______________________________________________ De: Anastasia Steele Asunto: Plaga Local Fecha: 23 de mayo de 2011 17:52 Para: Christian Steele
  • 162. Sr. Grey, hay una plaga local que mantiene un flujo en mi correo electrónico y me mantiene distraída de hacer la tarea en cuestión. Realmente debe ser detenido. Estoy tratando de trabajar para otra A aquí. Ana _______________________________________________ ¿Qué carajo? ¡Ella me va a quemar aquí! Sonrío tan grande que me duele la cara, si ella hubiera estado aquí, la hubiera pelado de su ropa para luego atarla y hacer de las mías con ella. Así están las cosas, ella está decidida a torturarme. Oh las posibilidades de cómo cobrármela… Anastasia bebé, no sabes lo que puedo hacerte... ¿No sabes cómo puedo hacerte rogar por mí, y burlarme con tortura de la misma forma que estás haciendo conmigo ahora? Ella está burlándose... _______________________________________________ De: Christian Grey Asunto: Impaciente Fecha: 23 de mayo de 2011 17:54 Para: Anastasia Steele Querida señorita Steele ¿Podrías por favor dejar el correo electrónico y hacer su tarea? Cuanto antes termines de estudiar, más pronto puedo tener la oportunidad de concederte otra A. Todavía recuerdo constantemente la que te otorgue primero, ya que estaba tan bien merecida. ;)
  • 163. Christian Grey CEO de Grey Enterprises Holdings Inc. _______________________________________________ Pon eso en tu pipa fúmatelo a ver si te gusta Steele. Dos pueden jugar ese juego... Otro correo... ¡Vamos! ¡Me estás matando aquí! _______________________________________________ De: Anastasia Steele Asunto: Tema a Buscar Fecha: 23 de mayo de 2011 17:58 Para: Christian Grey Sr. Grey, Estoy pérdida aquí en cuanto a qué tipo de línea de información debería entrar en el motor de búsqueda. Ana _______________________________________________ ¡Oh! Ella necesita ayuda con su tarea. Eso es genial. Yo puedo ayudar.
  • 164. _______________________________________________ De: Christian Grey Asunto: Impaciente Fecha: 23 de mayo de 2011 18:00 Para: Anastasia Steele Querida señorita Steele Comienza con Wikipedia. Hay mucha información ahí. Y no me envíes más mensajes de correo electrónico a menos que tengas preguntas. ¿Lo tienes? Christian Grey CEO de Grey Enterprises Holdings Inc. _______________________________________________ ¡Otro zumbido! ¡Dios! ¿Acaso alguna vez escucha? ¿Es ella en absoluto sumisa? ¿Incluso una pequeña cantidad minúscula? _______________________________________________ De: Anastasia Steele Asunto: Mandón… Fecha: 23 de mayo de 2011 18:02 Para: Christian Steele
  • 165. ¡Muy bien! ¡Tú eres tan mandón... oh, cierto, señor! Ana _______________________________________________ Ella está jugando con mi corazón. ¿Qué debo hacer con sus juguetonas, burlas? ¡Estoy siendo torturado aquí por una niña inocente de veintiún años! Me gustaría devolverle el favor, si en absoluto termina su trabajo. Envío una respuesta. _______________________________________________ De: Christian Grey Tema: En control Fecha: 23 de mayo de 2011 18:04 Para: Anastasia Steele Nena, no tienes ni idea. Tal vez sólo puedes tener cierta inclinación. Haz tu tarea. Christian Grey CEO de Grey Enterprises Holdings Inc. _______________________________________________
  • 166. Ahora vuelvo a esperar. No me gusta esperar. Trato de ocuparme con mi trabajo acumulado, pasando por la adquisición de empresas y nuevos negocios. Eso debe ocupar la mitad de mi cerebro por el momento. Me paso las siguientes dos horas y media ocupado en trabajo. Entonces me sobresalto con el zumbido de mi Blackberry. Ella tiene una pregunta. Probablemente algo surgió en su investigación. Ansiosamente abro el mensaje y simplemente ¡me quedo con la mandíbula abierta! _______________________________________________ De: Anastasia Steele Asunto: En Shock de WSUV Fecha: 23 de mayo de 2011 20:33 Para: Christian Grey Bien, creo que ya he visto bastante. Fue un placer conocerte. Ana _______________________________________________ ¿Qué? ¡No, No, No! Estoy doblemente exasperado, corro mis dedos por mi cabello. ¡Ella no puede dejarme sin darme una razón! Pues bien, hay una razón. Ella puede no estar lista para lo que estoy pidiendo de ella, pero yo no quiero que me lo diga en un e-mail.
  • 167. ¡Ella está huyendo! ¡No puedo soportarlo! ¡He tenido un día duro por no verla! Mi mente ha estado volviéndome loco y he estado volviendo loco a Taylor con mi nerviosismo. ¡Dios mío, no! ¡Siento una constricción en mi corazón, y no puedo respirar! Quiero que me diga que no a la cara, que me diga a mí que es lo que no quiere. Será mejor que valla y le recuerde que tan jodidamente bueno fue conocerme. Si ella no me quiere después de que haya terminado con ella... No, no puedo pensar en eso. Ella tiene que saber que debemos estar juntos, es bueno para ambos. ¡Bueno para los demás! Llamo usando la marcación rápida — ¡Taylor! —Sí, señor— responde después del primer timbre. —Voy al apartamento de la señorita Steele— digo un poco nervioso. Él se preocupa por el tono de mi voz. — ¿Está todo bien, señor? ¿Está la señorita Steele bien? — ¿Por qué será que todos se muestran interesados por ella? Yo hablo a través de mis dientes apretados. —Sí—. Cuelgo. Llego a su puerta en quince minutos. Hago sonar el timbre de la puerta, y responde su compañera de piso. Ella entrecierra los ojos. —Grey— dice a modo de saludo. —Señorita Kavanagh— le digo secamente. —Estoy aquí para ver a Anastasia— le digo explicando mi presencia. —Ella está en su habitación— dice y abre más la puerta para dejarme entrar tengo las llaves del coche en la mano dándole vueltas como un gesto nervioso. Poco a poco me dirijo hasta la puerta de Anastasia. En silencio la abro para no molestarla. Ella está sentada en su escritorio, con el pelo en coletas eso me detiene el aliento, con sus audífonos en los oídos escuchando su iPod y ¡estudiando el contrato que le di! Mi corazón salta con un suspiro de alivio. Ella todavía podría estar considerándolo. Pero yo todavía tengo que convencerla.
  • 168. Ella siente mi presencia en la puerta, y levanta la vista de su tarea. Poco a poco se saca sus auriculares, completamente sorprendida de verme allí. —Anastasia buenas noches— le digo con frialdad al saludarla. Mi expresión está protegida, y es ilegible. Hay un volcán debajo de mí hirviendo, pero es una expresión que he dominado. Mi respiración es suave. Ella parece caliente, sudorosa de un entrenamiento. Estoy contento. Confundido, pero contento. Ella y yo podemos hacer esto funcionar. Tiene posibilidades. También esta muda. Camino unos pasos en su habitación. —Sentí que el mensaje de correo electrónico necesitaba una respuesta en persona— digo secamente. —Ah— un gemido casi inaudible escapó de su boca. Ella todavía está sin habla, atónita, y eso es bastante excitante. — ¿Puedo sentarme? — Digo señalando la cama. Su "por una vez he perdido mi boca inteligente" su expresión hace cosas dentro de mí. Tengo un brillo malicioso en los ojos. ¡Oh, nena, tengo ideas de lo que quiero hacerte! Fríamente miro alrededor. —Siempre me he preguntado cómo se vería tu habitación Anastasia— le digo. Es una habitación sencilla, funcional y acogedora. Tiene sencillos muebles de mimbre, una cama individual con un acolchado mullido. Limpio, simple y tranquilo. —Es muy sereno y tranquilo aquí— le digo con aire ausente. Ella está mirando a su alrededor buscando una ruta de escape. ¡Bebé, no eres lo suficientemente rápida para mí! ¡Podría alcanzarte dormido! ¡No vas a escapar! No hasta que te de todo lo que tengo, y luego vamos a ver si ¿todavía me quieres dejar? — ¿Cómo? — Respira sin poder terminar la frase.
  • 169. Le sonrío. —Todavía estoy en la ciudad en el Heathman—. ¿Acaba de rodarme los ojos a mí? Ella niega con la cabeza, y pregunta—: ¿Quieres algo de beber? —No, gracias Anastasia— le digo educadamente, sonriendo. Su aliento está detenido. Hago mi cabeza hacia un lado. Vayamos al grano señorita Steele. —Entonces, ¿fue un placer conocerme? — Digo mirándola. No sé lo que lee en mi expresión. ¿Muestro alguna evidencia de que me ha hecho daño? Espero que no. He dominado mi temperamento para cubrir mis emociones hace mucho tiempo. Ella mira hacia abajo y ve en sus pequeñas manos. —Pensé que me enviarías un e-mail como respuesta— dice ella con aire ausente, y comienza a morderse el labio inferior. ¡Maldita sea! ¿Está tratando de torturarme aquí? Si lo está, ¡está haciendo un gran trabajo! Primero un correo electrónico diciéndome que fue bueno conocerme, como si ella no quisiera verme más, y cuando me presento aquí, ella utiliza todas sus armas de mujer inocente por completo y sin esfuerzo con la clara intención de torturarme, y ¡ahora muerde su labio inferior llamándome a que me la coja! ¡Ella sabe lo que eso me hace! ¿Por qué está tomándome el pelo? — ¿Estás mordiendo tu labio inferior a propósito? — le digo con pasión oscureciendo mi voz. Ella corta su respiración y libera el labio. —Oh, lo siento. No sabía lo que estaba haciendo— respira suavemente. En esta pequeña habitación, con su proximidad, el aire está lleno de estática, y pasión. ¡Es peor que el ascensor del Heathman! Apenas puedo contenerme. Está lo suficientemente cerca para tocarla. Me siento delante poniendo los codos sobre las rodillas, empujando mis piernas para que ella vea el afecto que ella está teniendo sobre mí. Su respiración se acelera.
  • 170. ¡Maldita sea! ¡No puedo soportarlo más! Me inclino hacia delante para alcanzar su pelo. Ella tiene coletas, y poco a poco las saco del cautiverio liberando su cabello que cae libre sobre sus hombros. Nuestras respiraciones se vuelven aún más rápidas. Ella parece hipnotizada mientras me embruja al mismo tiempo. Paso los dedos por su pelo. Una vez más, notando sus sudores, respiro, —Así que decidiste hacer algo de ejercicio— le digo con la aprobación y el placer en mi voz. Le coloco el pelo detrás de las orejas. Quiero saber por qué quiere dejarme. ¿Por qué se está decidiendo en contra de nosotros? ¿Soy tan malo para ella? — ¿Por qué Anastasia? — Respiro con un gran esfuerzo para ocultar mi preocupación. Mis dedos se abren camino hasta sus orejas suavemente dando vueltas frotando rítmicamente. Yo sé que ella va a sentir eso en la ingle, y su sexo. Ella inclina la cabeza sobre mis dedos distraídamente. —Sólo necesito tiempo para pensar— ella susurra, sus ojos deseosos. ¿Soy como Ícaro a gusto de encontrarse con el sol? ¿No sabe ella eso? Porque eso es exactamente lo que siento... Que no puedo escapar de su encanto. Como una polilla a la llama. ¡Estoy dispuesto a quemarme por ella! ¿No sabe ella eso? — ¿En qué quieres pensar Anastasia? — Le pregunto en voz baja. —En ti— me susurra suavemente. Le dedico una amarga sonrisa diciendo—: ¿y has decidido que fue bueno conocerme? ¿En el sentido bíblico? — Ella se sonroja recordando las cosas que hemos hecho juntos. Cómo perfectamente encajamos, encajamos en nuestro tango, y llegamos a lugares que ninguno de nosotros puede ir solo o con otra persona. Ella recuerda. ¿Y yo? No podía sacarlo de mi cabeza, ni siquiera en mis sueños. Ella cambia su tono y susurra—: Yo no sabía que estabas familiarizado con la Biblia Christian.
  • 171. —Oh, yo fui a la escuela dominical Anastasia. Las cosas que puedes aprender allí...— me dejo ir. — ¿En serio? — dice secamente. — ¿Qué versión de la Biblia leíste acerca de las pinzas en los pezones y los expansores anales? Supongo que has leído la versión reformada. La mía era del tipo anticuado en comparación con la tuya. La boca inteligente de esta mujer es tan jodidamente refrescante, no puedo tener suficiente de ella. ¡Me encanta! Ella se pone de pie para mí, sin embargo se sonroja hasta el final. No puedo, no lo haré, no puedo dejarla. ¡Ella no me puede dejar! ¡Estamos tan bien juntos! Mi sonrisa es salaz y ancha. Me apoyo en su oído le susurro—: Bueno señorita Steele. Pensé que debía venir en persona y recordarte lo bueno que ha sido conocerme...— y dirijo mi nariz por su cabello y su mejilla y finalmente la coloco sobre su nariz. — ¿Qué dices a eso Anastasia? Mis ojos ardientes en los de ella, mi reto es permanente. Mis labios se separan con el deseo. Estoy tan lleno de deseo por ella, un toque de ella será mi perdición. Soy como una cobra enroscada lista para atacar. Ella me mira con deseo construyéndose en sus ojos. Ella tampoco puede escapar de mí. Estamos hechos el uno para el otro. Ella también me quiere. Oh nena, ¿qué voy a hacerte esta noche? Puedo ver en sus ojos que ella está llena de deseo reprimido en ella y está lista para saltar sobre mí, y eso me agrada muchísimo. Así que quieres atacar. Cuando ella salta en mis brazos, me muevo con rapidez y la coloco en la cama, estoy encima de ella, su cuerpo debajo de mí. Sosteniendo sus manos sobre su cabeza con una mano, y fijando su cara con la otra mientras mi boca llena de deseo invade la suya. Mi lengua es implacable, encontrando su camino en su boca, haciendo un anuncio de posesión, y declarándola mía de nuevo.
  • 172. Ejerzo toda mi voluntad, todo mi deseo, toda mi fuerza en ella. Mi erección ejerce una fuerte presión sobre ella haciendo su voluntad conocida. ¡La deseo demasiado!, tengo que poseerla, me voy a quemar si no lo hago. La necesito. Esta es la única forma que conozco para mostrarle mi deseo por ella. Mi deseo por ella es tan tangible que se puede tocar. Mis ojos están ardiendo, me voy a quemar si no la tengo esta noche. La observo. Quiero que ella confíe en mí. Quiero mostrarle lo bien que podemos estar juntos. Lo que no podemos hacer solos o con otras personas, quiero que ella vea a las alturas que puedo llevarla. Miro hacia abajo con intensidad. — ¿Confías en mí Ana? — Respiro fervientemente. Ella asiente con la cabeza, sus hermosos ojos como platos. Ambos, nuestros corazones están listos para saltar de nuestras cajas torácicas y fusionarse para hacer un tango de los suyos. Tomo mi corbata de seda plateada de mi bolsillo del pantalón, la cual use para atarla la primera vez. Estoy muy apegado a esta corbata ahora. Está cargada con su olor. Me siento a horcajadas sobre ella, y ato sus muñecas de forma rápida a la cabecera de metal para que no pueda moverlas. La unión es segura. Miro fijamente. La visión de ella así, es tan erótica. Ella también está muy excitada, y yo estoy listo para reclamarla como mía de nuevo. Pero primero, ojo por ojo. Ella me hizo sufrir durante todo el día, y ahora es su turno para sufrir un rato. Me deslizo fuera de ella, y me pongo de pie junto a la cama, pero todavía tengo un inmenso deseo de cogérmela aquí y ahora. Pero tengo que ejercer control. Me siento victorioso, y aliviado de que ella aún me quiere. Puede que no sea una causa perdida después de todo. —Esto es muy bueno— murmuro, y sonrío maliciosamente. Poco a poco me agacho y sensualmente deshago sus cordones de los zapatos, y lentamente tiro de ellos. Ella sabe lo que voy a hacer. ¡Oh! ¿Qué puedo hacerte señorita Steele? Ella comienza a patear. Me detengo y sonrío.
  • 173. —Oh nena, sigue adelante y lucha, porque si lo haces, te voy a atar los pies también. Y cariño, si haces un solo ruido, entonces voy a amordazarte. Mantente tranquila. Tu compañera probablemente nos escucha en este momento. Ella está desconcertada y se calma. Una vez que tomo los zapatos y sus calcetines, poco a poco y de manera eficiente la despojo de sus pantalones de ejercicio. Levanto su dulce detrás de la cama y saco el edredón y la sábana y la pongo boca arriba en la cama otra vez. ¡Oh, qué espectáculo! —Ahora bien— le digo lamiendo mis labios lentamente, y ella empieza a morderse el labio inferior de nuevo ausente por el deseo. — ¡Oh bebé! ¡Estás mordiéndote el labio otra vez! ¿Sabes lo que eso me hace...? — le digo, ella jadea y hace un sonido de deseo. Yo no meto mi dedo en los labios a guardar silencio. Entonces me quito los zapatos y los calcetines haciendo una gran demostración para ella mientras que ella está en la cama impotente, queriéndome, deseándome, y lista para saltar a mis huesos, pero no puede. Poco a poco me desabrocho el pantalón, pero me lo dejo puesto. Me quito mi camisa y la pongo a un lado. —Creo que has visto lo suficiente del espectáculo bebé— le digo, y rio, porque ella está expectante, y con ganas y perdiendo el sentido. Tiro de su camiseta hacia arriba colocándola sobre su cabeza, manteniendo la boca y la nariz abierta, pero cubriendo completamente los ojos. ¡Esto es más que caliente! Me encanta la forma en que se ve en este momento... —Esto se pone cada vez mejor. Mmm. Eres simplemente deliciosa... Voy a tomar una copa—. Digo sonriendo escabrosamente, sabiendo que ella se sorprenderá. Hago un espectáculo ruidoso al caminar por la habitación, al abrir la puerta y entrar a la sala de estar, quiero que me escuche. Su compañera de cuarto me ve semidesnudo y se sorprende. La mirada de Kate se estrecha, pero agradecida. Ella sabe que su compañera se está divirtiendo. Mi actitud es simple, sin concederle ninguna información.
  • 174. —Hola Kate— le digo — ¿Tienes algún vino en la casa? Ella se ve sorprendida, pero asiente—: Sí, deberíamos tener un poco de vino blanco en la nevera. — ¿Hielo? —El congelador tiene un fabricador automático de hielo— ella sonríe, pero vuelve a su tarea. Tomo la botella de vino de la nevera, y un poco de hielo en un vaso y tomo un vaso de agua adicional y de manera pausada camino de regreso a la habitación de Anastasia. Ella sabe que estoy de vuelta porque hago un show de crujir las tablas del suelo, en el suelo del dormitorio. Una vez que regreso a la habitación, coloco mis hallazgos en la mesita de noche. Cierro la puerta y me quito los pantalones, haciendo ruido suficiente para hacerle saber lo que estoy haciendo. A continuación, dejo caer mi ropa interior al suelo. Estoy completamente desnudo. Dejo caer algunos pedazos de hielo en el vaso de agua lo suficientemente fuerte como para hacer que se oiga, y luego vierto lentamente un poco de vino bien frío sobre el vaso con hielo. Tomo el vaso en la mano, y paso por encima de la cama, sentado a horcajadas sobre Anastasia haciendo que me sienta. Su deseo está por las nubes, y no ver lo que estoy haciendo sólo está amplificando su miseria y perversidad. — ¿Tienes sed, Anastasia? — Le pregunto con voz burlona. ¡Ojo por ojo bebé! Me vas a rogar que te tome. —Sí— ella respira. Hago remolino con el vaso de vidrio con el vino en él, haciendo así que se enfríe. Ella escucha el tintineo del hielo en los lados del vaso de cristal. Entonces tomo un trago en mi boca, inclinándome, le doy un beso, vertiendo el vino frío en su boca expectante. — ¿Mas? — le susurro en su boca. Ella asiente con la cabeza. Le doy otro trago de boca a boca. Ella se retuerce de placer.
  • 175. —Sé que sólo puedes tomar un poco de licor— le digo —no quiero exagerar bebé—. Y en sus labios hermosos se forma una sonrisa. Me muevo hacia abajo y me acuesto a su lado, y ahora mi erección está presionando su costado, haciendo claras mis intenciones carnales. — ¿Es esto bueno? — respiro en su oído. Ella se tensa con el deseo. Entonces tomo otro trago de vino con pequeños fragmentos de hielo, y la beso depositando el contenido en su boca. Entonces lentamente hago un camino de besos fríos en el centro de su cuerpo, lentamente, dolorosamente, a mi propio ritmo a partir de su garganta. Entonces muevo mis besos fríos hacia abajo entre sus pechos, a su torso y su vientre. Coloco un trozo de hielo en su ombligo y un poco de vino. —Ahora tienes que mantenerte quieta bebé— le susurro. —Porque si no lo haces, derramaras el vino por toda esta bonita cama— le digo lentamente. Sus caderas se flexionan de forma automática. — ¡Oh no bebe! Si derramas el vino, te castigaré. Ella gime y tira de sus restricciones. Ella está lista para rogar. Sonrío interiormente. Arrastro mi dedo índice hasta su copa del sujetador tirando hacia abajo tranquilamente, liberando y empujando el pecho hacia arriba desde los confines de la copa del sujetador. Hago lo mismo con el otro seno. Ahora los dos están expuestos para mí de forma atrayente. Tiro de ellos y los beso a cada uno de sus pezones con mis labios fríos. Ella trata de arquear su cuerpo en respuesta, pero no se supone que se derrame el vino. — ¿Qué tan bueno es esto bebé? — Respiro mientras soplo aire frío a uno de sus pezones. Tomo otro pedazo de hielo, y lo arremolino alrededor en torno a uno de sus pezones mientras empiezo a chupar el otro. Ella gime y lucha contra las restricciones, y llena de pasión y dulce tortura.
  • 176. —Si se derrama el vino, no voy a dejar que te vengas Anastasia— le digo en forma de amenaza. Luego vienen los ruegos. —Oh... Por favor, Christian... Por favor, señor... Te necesito... Por favor— me ruega volviéndose loca. Sonrío. Sí bebé. Eso es lo que me hiciste sentir. Impotente, al borde de la combustión, deseoso e incapaz de conseguir lo que quería. ¡Toda esta espera, todo este querer y no tenerte! ¡Esto es lo que me haces! ¡Me torturas desde que te he conocido, y ni siquiera lo sabes! El hielo en su ombligo comienza a derretirse con el aumento de calor en su cuerpo. Ella está caliente, esta fría, es una mezcla, está deseosa. ¡Ella quiere mi sexo! Mis dedos se arrastran sobre su vientre con pereza. Su piel sensibilizada responde y su cuerpo se dobla de forma automática, y el vino se filtra a los lados de su vientre. Me muevo rápidamente limpiándola con mi lengua, seguido de besos, y chupar y morder y chupar de nuevo. —Oh bebe, te moviste. ¿Qué voy a hacer contigo? — Ella comienza a jadear, y su cuerpo no puede contener la sobrecarga sensorial. Ella se retuerce debajo de mí, y deslizo mis dedos en su lencería, y empujo con dos dedos hacia su interior. Sintiendo su sexo húmedo hasta la médula para mí es algo más excitante de lo que puedo imaginar. —Oh nena, estas tan lista— murmuro. Ella inclina sus caderas para encontrarse con mis dedos. Su deseo por mí prende un fuego dentro de mí, quiero sacudir su mundo. —Eres una chica tan codiciosa— me burlo para regañarla, y mis dedos hacen su magia rodeando su clítoris. Ella gime y levanta las caderas, y su cuerpo salta debajo de mí. — ¡Por favor, Christian! Quiero tocarte— respira. —Lo sé bebé— le digo, sabiendo lo que quiere, deseando su toque, pero no lo puedo recibir, ¡porque estoy tan jodido!
  • 177. Pero no puedo detenerme a pensar en esa mierda ahora mismo. De repente tengo un inmenso deseo de tenerla, cogérmela, reclamarla, hacerla mía, clavar mi bandera en ella, ¡volverme su marca personal de placer! ¡Tanto así la deseo! La sujeto del pelo, levantándole la cabeza de la cama, cerrando la brecha entre nosotros con mi boca, metiéndome dentro de su boca. Mientras mis dedos se mueven hábilmente sobre su clítoris, mi boca refleja las mismas acciones, girando, bailando, saboreándola. Estoy perdido con esta mujer, y ¡no puedo tener suficiente de ella! Asalto de manera implacable su boca y su sexo con los dedos y la lengua. —Este es tu castigo, tan cerca pero tan lejos. ¿Es esto bueno? — respiro en su oído. Ella me atormentaba, y yo le voy a dar un poco de su propia medicina. — ¡Por favor, Christian! — Ella pide, y esa es mi perdición. — ¿Cómo voy a cogerte Anastasia? — Gruño. Todo lo que puede decir es —: ¡Por favor! — suplicando. — ¿Qué quieres Ana? — ¡Te quiero! ... ¡Y te quiero ahora! — Ella grita. Tiro nuevamente de su pelo. — Hay tan muchas maneras de hacerlo. ¿Quieres que te coja de esta manera o de esta otra, o viceversa?... Las opciones son infinitas. Tomo un condón, y lo abro. Me arrodillo entre sus piernas, y dolorosamente lento con mi ritmo, tiro de su lencería. La visión frente a mi es tan dulce, no puedo contenerme por más tiempo, me coloco el condón. Saco la camiseta de su cabeza, para que vea a lo que se enfrentara. Entonces, hago una demostración de lo que está muy cerca, pero aún está demasiado lejos de tener. — ¿Es esto bueno? — Digo acariciándome a mí mismo.
  • 178. — ¡Por favor, Christian! Dije eso como una broma—. Ella aboga, pero sus ojos dicen—: ¡Sólo cógeme ya! ¿Ella me ha estado torturando con una broma? Estuve al punto de enloquecer, ¿y era sólo una broma? — ¿Una broma? — Digo suavemente de forma amenazadora. —Sí, sólo una broma. ¡Por favor, Christian! — Ella pide. — ¿Te estás riendo ahora? — Le pregunto. —No— ella gime. Decenas de emociones están pasando por mi cabeza, y estoy muy reprimido con el deseo sexual, yo era un juguete en sus manos. Bueno, ¡acabas de ganarte tu primera probada de un castigo señorita Steele! De repente empujo sus rodillas de la cama en el aire y le propino una buena bofetada en el culo tan duro como puedo. Y antes de que pueda hacer un solo sonido, me sumerjo en ella. Ella grita con la ferocidad de mi asalto. ¡La penetro una y otra vez repetidamente, mi asalto inesperado la hace correrse muchas veces! ¡Una y otra vez y otra vez! No me detengo. ¡Este es tu castigo! Ella está cansada pero sigue empujando contra mí, absorbiendo todo lo que tengo para darle... se está construyendo otro orgasmo dentro de ella a punto de venirse otra vez... una vez más... — ¡Vamos, Anastasia! ¡Una vez más! — Gruño través de mis dientes apretados, y ella se convulsiona otra vez, y culmina de nuevo con otro orgasmo demoledor, finalmente yo encuentro mi liberación derrumbándome sobre ella, mi respiración agitada. — ¿Qué tan bueno fue eso? — Pregunto con los dientes apretados. Los dos estamos en la cama jadeando y cansados. Estoy en la cima de la montaña del placer, y aunque acabo de darle castigo sexual, no puedo saciarme de ella. No he tenido mi ración de ella. Cierro los ojos, y poco a poco salgo de dentro de ella.
  • 179. Me levanto de la cama de inmediato, y me visto. Subo de nuevo en la cama, y desato sus manos, y saco su camiseta fuera. Ella se reajusta su sostén, y se cubre con el edredón. Me mira completamente desconcertada y aturdida. No puedo dejar de sonreír al ver su expresión. —Eso fue muy bueno— susurra. ¡Maldita mujer! ¡Yo te di todo lo que tengo y sólo dices "muy bueno"! —Ahí está esa palabra otra vez— le digo. — ¿Qué palabra? —Bueno— le digo. — ¿No te gusta esa palabra? —Pues no, no me complace en absoluto—. Digo secamente. —Oh, no lo sé, parece tener un efecto muy beneficioso sobre ti. ¿Me pueden insultar más que eso? — ¿Soy un efecto beneficioso ahora señorita Steele? Estás hiriendo mi ego—. Digo. —Sr. Grey, no hay nada malo con su ego. — ¿Es eso lo que piensas señorita Steele? — le digo, y poco a poco me acuesto a su lado con la ropa puesta. — ¿Por qué no te gusta que te toquen Christian? — Pregunta. —Simplemente no me gusta— le digo con brusquedad, pero suavizo mi respuesta al plantar un beso en su frente. — ¿Así que el correo electrónico era tu idea de una broma? Ella sonríe y se encoge de hombros disculpándose.
  • 180. — ¿Significa eso que todavía estás considerando mi propuesta? — Le pregunto. — ¿Quieres decir tu propuesta indecente señor Grey? — Pregunta sonriente, y su tono cambia a grave—: Sí, lo estoy, pero tengo problemas—. Puedo lidiar con eso. Un contrato puede ser negociado. Simplemente que no quiero que me deje por completo. —Anastasia, yo espero que tengas problemas. Estaría decepcionado si no es así. —Yo iba a escribirte un correo electrónico con estos problemas, pero un tipo me interrumpió— dijo sonriéndome tímidamente. —Coitus interruptus—. Digo, y me da una sonrisa genuina. —Sabía que tenías sentido del humor en alguna parte— dice ella. Pero mis ojos se vuelven graves. Hay cosas que son divertidas. ¡Pero que ella me deje no lo es! ¡No puedo soportarlo! Es como si rasgara mi corazón y me mirara riéndose de los resultados. —Hay cosas que son divertidas. Sin embargo, pensé que estabas diciendo 'No' sin siquiera darle ninguna consideración, sin discusión. Sin darme una oportunidad de defenderme en lo absoluto—. Mi voz baja refleja mi estado de ánimo triste, de repente. —Todavía no he tomado una decisión Christian. No lo sé todavía. ¿Me pondrás un collarín? Alzo las cejas, ella ha estado estudiando —se ve que has estado estudiando. Uhm. No sé. Nunca he puesto un collarín a nadie. — ¿Y a ti, te han puesto un collarín? — me sorprende al preguntarme eso.
  • 181. —Sí— le respondo con sinceridad. Estoy en modo de divulgación completa para ella. — ¿La señora Robinson? — ¿Sra. Robinson? — Me río a carcajadas. A veces simplemente me quita el aliento con sus observaciones inocentes. Ella me sonríe. —Le diré que la llamaste así— digo. Su respuesta es sorprendida y decepcionada. — ¿Todavía hablas con ella? —Sí— ¿A dónde va con eso? Ella se ve celosa, y perturbada. —Ya veo— dice ella con voz tensa. — ¿No es curioso que el Sr. Grey pueda hablar de su estilo de vida alternativo con alguien, y a mí no se me permita hacer lo mismo? ¿Cómo lo hace? Ella acaba de saltar en el núcleo de la cuestión sin rodeos de repente. —Creo que no lo había pensado de esa manera, nunca. Pero, de nuevo, la señora Robinson es parte de este estilo de vida. Ella es una buena amiga ahora. Puedo presentarte con ella si así lo deseas. O si lo deseas, puedes hablar con alguna de mis antiguas sumisas. Podrías hablar con ellas—. Digo. Quiero hacer todo lo que esté en mi mano para ayudarla, para que la introducción a mi mundo sea fácil. Me lanza una mirada de "¿Acabas de perder todas tus canicas, de que mierda me estás hablando?" Demonios, ella no tiene que decir ni una palabra. Ella habla bastante claro a través de sus expresiones. — ¿Es esta tu idea de una broma? — Pregunta. —No, Ana. Estoy tratando de ser una ayuda.
  • 182. — ¡Ahórratelo! — dice casi llorando, y molesta. —Voy a hacer mi propia investigación, gracias por ofrecer tu ayuda— ella grita, tirando del edredón cubre su cuerpo hasta su barbilla, de manera protectora. Miro a mis malditos zapatos. ¿Cómo puedo hacer que ese gran pie me quepa por la boca? Estoy sin palabras. No sé cómo disculparme. —Anastasia, yo...— estoy perdido. ¡Jodido y perdido! Ahogado. ¡Qué idiota soy! —No fue mi intención ofenderte. — ¿Ofenderme? ¡No estoy ofendida! Estoy consternada—. ¿Qué? ¿Por qué? — ¿Consternada? — ¡Quiero dejar este punto muy claro para ti Sr. Grey! No tengo ningún deseo de hablar con una de tus ex-novias, esclavas, sumisas... Elige el pronombre adecuado para ellas si eso quieres. ¡Menos aún con la pedófila! Me importa una mierda ella. ¡Así, que ahórratelo! Estoy sorprendido por la intensidad de sus emociones. Ella tiene sentimientos por mí. Ella está celosa. ¡Y eso lo hace tan jodidamente caliente! —Anastasia Steele, ¿estás celosa? — Le pregunto sin ser capaz de mantener la sonrisa de mi voz. Ella se sonroja como remolacha roja. — ¿Te quedas? — pregunta en su lugar. —No puedo, tengo un desayuno en la mañana en el Heathman. Además, te lo dije, no me acuesto con amigas, esclavas, sumisas, o cualquier persona. Lo que paso el viernes y sábado por la noche eran excepciones. No volverá a suceder—. Digo resueltamente.
  • 183. Ella frunce los labios. —Está bien. Estoy cansada. Te puedes ir. Ahí está la puerta, por si no sabes cómo llegar a ella— y se gira en la cama dándome la espalda. — ¿Me está echando? — Digo divertido. — ¡Wow! ¿Te diste cuenta Sherlock? — dice burlona. Luego añade en voz baja—: Sí, eso es lo que estoy haciendo. —Esta es otra novedad para mí Ana. Nunca he sido echado de ningún lugar antes—. Digo, y añado—: ¿Tienes algo que discutir o hablar sobre el contrato? —Cielos, ¿sí que sabes cómo mostrar un buen tiempo a una chica al mencionarlo? ¡No! — dice. — ¡Dios! ¡Me gustaría darte una buena tunda! ¡Te sentirás mucho mejor y también lo haría yo! ¡Me estás volviendo loco! — digo exasperado. —No puedes decir esas cosas... Yo no he firmado nada todavía. —Un hombre puede soñar Anastasia— le digo inclinándome y agarrándola por la barbilla petulante. — ¿Miércoles? — Murmuro. —Miércoles— dice de acuerdo. —Por favor, pásame mis pantalones— ella pide. Los recojo del suelo, y digo —sí, señora— entregándoselos. Ella entrecierra los ojos lo suficientemente como para vendarle los ojos con un hilo dental, mientras se pone sus pantalones. Sale de la habitación delante de mí, caminando a través de la sala de estar, y abre la puerta para mí. Tengo una sensación de que algo está mal. — ¿Estás bien? — Me inclino acariciando su labio inferior. —Sí— responde ella en voz baja, con tristeza.
  • 184. —Miércoles—. Confirmo para luego besarla suavemente. Sin embargo, siento que algo está mal. Quiero que sepa que la quiero, la deseo, la necesito. Mi beso se hace más urgente, más profundo y más exigente. Mi respiración se acelera, y la suya sigue mi ritmo. Una vez que estoy sin aliento me detengo, y pongo mi frente contra la de ella. Estoy completamente hechizado y confundido con ella, y no sé qué se apodera de mí cuando estoy cerca de ella. — ¿Qué me estás haciendo Anastasia? — Le pregunto desconcertado. —Yo podría preguntarte lo mismo a ti— susurra. La beso en la frente, una vez más, y me voy a mi auto, mirando hacia atrás una vez más. Su sonrisa no llega a sus ojos, su mirada está teñida de tristeza. Estoy inquieto. Pero, me deslizo en mi auto y parto.
  • 185. Traducido y Corregido por Jesica onduzco alejándome del complejo de apartamentos de Anastasia con la incómoda sensación de que algo no está bien en mi interior. Se veía triste. ¿Era infeliz por algo? Es difícil decir con ella, porque no comunica sus sentimientos. ¡Su estado de ánimo cambia tan rápido de caliente a frío no puedo entenderla! Ella necesita comunicarse más conmigo. Es tan voluble, por lo que es tan difícil de entender para mí. ¿O es mi propio estado de ánimo voluble lo que me hace difícil entenderla? He tenido muchas mujeres, pero nunca tuve que hacer frente a cualquiera de sus estados de ánimo, ya que yo poseía el control total sobre ellas. No tenían que pensar o analizar nada, simplemente aceptar las decisiones tomadas por ellas, renunciar a sus estados de ánimo. Una vez que firme el contrato, puedo hacerla comprender más, que le agrade más. Pero me gusta su boca sabelotodo. Me encanta como es. La forma en que me mira, la forma en que me habla con sus expresiones faciales, y su actitud.
  • 186. ¡Y la forma en que ella me echó! ¡NADIE, nadie me había echado antes! ¡Jamás! ¡Es tan jodidamente caliente! Si tuviera menos control sobre mis sentimientos, me daría la vuelta e iría a reclamarla de nuevo, pero tengo una reunión por la mañana, y no puedo perder el control. Pero, ¿por qué me gusta tanto? Cuando no estoy con ella, mi mente está completamente ocupada con ella, como si estuviera en mi presencia. Cuando traté de mantenerme alejado de ella, traté de no tener ningún contacto con ella, y era completamente miserable, como si una parte esencial de mí hubiese desaparecido. ¡Me di cinco días después de que la conocí, sin embargo, en cada esquina, me la imaginaba! Incluso después de que empecé a conquistarla, traté de alejarme de ella una vez más, sabiendo quién soy, sabiendo predilecciones. Sabiendo lo inocente que era, intenté protegerla de mí... Sin embargo, creo que es imposible que me mantenga alejado de su encanto. Cuando no estoy cerca de ella, me siento miserable, mezquino, nervioso y me vuelvo un ogro con cada una de las personas alrededor de mí. ¡Dios sabe que he tratado de permanecer lejos! Traté de olvidarla. Sin embargo, ella seguía tirando de mí como la luna llamaría la marea. Y cuando estoy cerca de ella, es como el sol, tan cautivante con su encanto y su gravedad. Cuando la veo, quiero tocarla. Incluso cuando toco la punta de sus dedos, estoy cautivado y soy nada más que un juguete en sus manos para hacer lo que ella quiera. ¡Si ella supiera! Me tortura la idea de que está ahí afuera para que alguien más la tome, porque tengo este terrible temor de que se escape de entre mis dedos. Pero si firma el contrato, es como si me diera su palabra, su palabra vinculante, aunque no es jurídicamente vinculante. Sería como un acuerdo entre nosotros. La única manera que entiendo, comprendo y se cómo tratar. No conozco otra manera. Yo no sé nada, de nada mas que no sea tener el control. Es lo que sé, lo que me hizo quien soy.
  • 187. Pero aquí está ella impidiéndomelo, con algo tan simple como una de sus miradas... una palabra de su boca es suficiente como para hacerme olvidar todo y limpiar toda la mierda. Ella es a la vez exasperante y refrescante. Tanto veneno como antídoto al mismo tiempo... Tanto el dolor y el placer, algo que yo entiendo bien... ¡Nadie nunca me hizo sentir de esa manera! Tratar de detenerla es como tratar de contener el viento, o sostener algo con las manos engrasadas. Esto me da miedo, porque siento que podría en cualquier momento escapar de entre mis dedos. Me moriría si la pierdo, si no la poseo por completo o ¡si alguien más la reclama! Tengo un sentimiento de propiedad con ella, pero no se trata de ser dueño de ella. Está más allá de cualquier tipo de propiedad. Es la fusión de nuestras almas, siendo una entidad que nunca volverá a separarse de nuevo. Cuando la veo, veo más allá de su cara. Veo las profundidades de su alma. ¡No tengo a nadie con quien compararla, o lo que siento por ella, lo ferviente de mi deseo por ella! No es sólo la lujuria, aunque bien sabe Dios que eso siempre está presente. Está más allá que eso. ¡Me siento vivo! Siento que puedo superar cualquier cosa, enfrentarme a cualquier cosa, lograr cualquier cosa y sin embargo, estoy completamente indefenso ante ella porque esa mujer ¡Es una fuerza de vida propia! ¡Es como una brisa de primavera, pero maldita sea! ¡La siento como un tornado F5 en mi vida causando estragos en mi alma atormentada! Me temo que cualquier cosa podría hacerle daño. ¡Al igual que por ejemplo el aspirante a violador, que ella se permite llamar amigo, o el hermano de su jefe que esta sobre ella como mosca a la miel, listo para seducirla en el pasillo 7, justo entre los cables eléctricos y los accesorios de plomería, o que quizás beba alcohol hasta quedar sin sentido, o que coma un total del equivalente a tres picaduras en el transcurso de dos días!  Tornado F5: La escala Fujita-Pearson los evalúa según el daño causado, un tornado F0 ó EF0, la categoría más débil, causa daño a árboles pero no a estructuras. Un tornado F5 ó EF5, la categoría más fuerte, arranca edificios de sus cimientos y puede producir deformaciones estructurales significativas en rascacielos.
  • 188. ¡La idea de que ella se lastime sin mi protección, me está volviendo loco! ¿Qué fue lo que Catalina Earnshaw dijo sobre Heathcliff en Cumbres Borrascosas? "Si todo lo demás pereciera, y el permaneciera, yo todavía podría seguir siendo, y si todo lo demás se mantuviera y él fuera aniquilado, el universo sería un poderoso extraño: y yo no tomare parte de ese universo." ¡Me moriría! Por no hablar de ser parte de un universo en que ella no existe, no me gustaría estar en él. ¡Yo quiero estar donde quiera que ella esté! ¿Qué es lo que me hace que la deseo tanto? ¿Puede Catalina Earnshaw decirme? — ¡Lo que nuestras almas se hacen, la suya y la mía son lo mismo! ¡Nelly, yo soy Heathcliff! Él está siempre, siempre en mi mente, no como un placer, como tampoco yo soy siempre un placer para mí misma, pero está en mi propio ser. Eso es exactamente lo que siento por Anastasia. Ella soy yo, no porque seamos iguales, sino porque ella es mi pieza perdida. La pieza que me une, una persona completa de todos mis cincuenta tonos de mierda... ¡Ella es lo que me completa! Hasta que ella llego, con sus cinco pies y siete pulgadas de estatura a mi vida, no sabía qué era lo que le faltaba a mi vida. Ahora que la he visto, ahora que la he probado, lo he afirmado, hice el amor con ella, me la cogí, ahora no hay salida, no hay vuelta atrás para mí. Perderla estaría más allá de la tortura que mi alma ya torturada puede soportar. ¡Me gustaría saber lo que quería! Me gustaría que me hable, que me comunique lo que siente en forma más explícita. Que me platique lo que siente, para mí es como tirar sus dientes. Tengo que usar todas mis habilidades, para llegar a ese punto en que empiece a comunicarse conmigo. Siempre tengo que leer su lenguaje corporal, sus expresiones faciales, y combinarlo con sus palabras, y entonces trato de hacer sentido de ella, porque puede ser críptica. Con los pensamientos sobre ella nublando mi mente, me dirijo al Hotel Heathman. El servicio de valet, está esperando listo para aparcar el carro. Lanzo mis llaves a él.
  • 189. Trato de hacer mi camino a los ascensores para llegar a mi suite después de saludar el portero. Camino a la parte posterior y pulso el botón de llamada del ascensor. Cuando las puertas se abren, entro, ¡Y aquí está otra vez en mi mente! Cierro los ojos hasta que el ascensor llega a mi piso, y no los abro hasta que el elevador suena otra vez al abrirse las puertas. Entro en mi habitación, y envío un texto rápido a Taylor para hacerle saber que estoy de vuelta, y que él puede presentarse. Él responde—: Gracias, señor. Me voy a la nevera y cojo el vino blanco, y me sirvo en una copa de cristal tallado. Tomo un sorbo de vino helado fresco, saboreándolo. Me deja un agradable sabor a medida que baja por mi garganta. Me dirijo a mi computadora portátil. Quiero enviarle un mensaje, pero sin ser dominante, simplemente mostrando el interés suficiente, así que le escribo un mensaje a Anastasia: _______________________________________________ De: Christian Grey Asunto: Esta noche Fecha: 23 Mayo 2011 23: 18 Para: Anastasia Steele Querida señorita Steele Espero con interés recibir tus notas y contra ofertas del contrato. Hasta entonces nena, buenas noches. Christian Grey
  • 190. CEO de Grey Enterprises Holding Inc. _______________________________________________ Aspiro profundamente y camino al piano en la suite. Me siento y empiezo a tocar "Asfixia" de Chopin. Una y otra y otra vez... Repetidamente... Hasta que me pierdo en la pieza. Oigo la entrada de un mensaje de correo electrónico mientras estoy perdido en la pieza luego de unos quince minutos después de enviar el mensaje a Anastasia. ¡Sera mejor que no sea ella! Mejor será que ella este durmiendo. ¡Ella tiene trabajo mañana! Ella necesita dormir para mantenerse sana. Me dirijo a la computadora portátil en unos pocos pasos fáciles. ¡Maldita sea! ¡Es ella! _______________________________________________ De: Anastasia Steele Asunto: Problemas Fecha: 23 de mayo 2011 00: 03 Para: Christian Grey Estimado Sr. Grey Los siguientes son mis problemas con el contrato. Tengo muchas ganas de discutir en detalle estos asuntos el miércoles durante la cena. Los números que he indicado son los números de cláusula en el contrato: 2: Esta cláusula establece que el propósito fundamental del contrato es permitir a la sumisa (yo) explore su sensualidad y sus límites. ¡Eh! ¿Cómo es esto para mi beneficio? ¿Estás en el negocio de proporcionar únicamente placer a tus sumisas? ¡Estoy bastante segura de que no es necesario que me dieras un contrato de diez páginas, para lograr ese fin! Estoy segura de que esto es para tu beneficio.
  • 191. 4: ¿Es este contrato una mierda genérica que das a cada sumisa? Como dice esta cláusula; que el dominante y la sumisa deben garantizar que no sufren de ninguna enfermedad sexual seria, infecciosa o potencialmente mortal y ya sabes las enfermedades de transmisión sexual en lista. ¿Sr. Grey, estás tratando de insultarme aquí? Sabes muy bien que has sido mi primera y única pareja sexual. No tomo drogas de forma recreativa o de otra manera, y no he tenido ninguna transfusión de sangre. Soy una pareja muy segura. ¿Qué dices de ti mismo señor Grey? 8: Ok. Me gusta esta, ya que puedo terminar el contrato si siento que no estás cumpliendo con los límites acordados. 9: ¿Qué demonios? ¿La Sumisa deberá servir y obedecer al dominante en todas las cosas? ¿Y, además, quieres que acepte tu disciplina sin ningún escrúpulo en absoluto? ¡Ajá! No me gusta esto. Tenemos que hablar sobre esto. 11: Esta cláusula establece que el contrato tendrá vigencia por un período de tres meses a partir de la fecha de comienzo. Prefiero un periodo de un mes de prueba, no tres. 12: ¿Me estás pidiendo ponerme a disposición del dominante desde el viernes por la noche hasta la tarde del domingo todas las semanas durante el período? No puedo comprometerme a esto cada fin de semana. Tengo una vida, o me gustaría tener una. ¿Podemos hacer tres de cada cuatro? 15.2: El dominante toma a la sumisa como suya, para poseer, controlar, dominar y disciplinar durante el plazo. Él puede usar su cuerpo en cualquier momento, en cualquier forma que considere más oportuna de forma sexual o de otro tipo. Este es mi cuerpo del que estás hablando. ¿Qué significa "o de otra manera", que implicaría?
  • 192. 15.5: Tengo un gran problema con esta cláusula de la disciplina en general. No deseo, ni quiero ser azotada, o castigada corporalmente. Estoy segura de que esto sería una violación de las cláusulas 2 a 5 en el contrato. Y ¿qué quiere decir "Por cualquier otra razón"? ¡Esto es malvado! Me dijiste que no eras un sádico. 15.10: Esta interesante cláusula establece que el dominante no deberá prestar a su sumisa a otro dominante. ¡Oh amigo! ¿Si creías que era ni siquiera una opción, crees que estaría de acuerdo? Sin embargo, me alegro de que esté aquí en blanco y negro. 15.14: El apéndice 1 contiene una lista de "las reglas". Ya hablaremos de eso más tarde. 15.19: Dice que la sumisa no se debe tocar o producir placer para sí misma sexualmente sin el permiso del dominante. ¿No sin tu permiso? ¿Qué hay de malo en hacer eso? Sabes que yo no tengo la costumbre de hacerlo. 15.21: La disciplina - ve 15.5 arriba. 15:22: ¡Raro! La sumisa no debe mirar directamente a los ojos del dominante, ¿salvo cuando me instruya? ¿Por qué no puedo mirarte a los ojos? 15:24: Éste dice que no debo tocarte sin tu permiso expreso. ¿No tocar? ¿Por qué no puedo tocarte?
  • 193. Cuestiones regla: Sueño: Estoy de acuerdo en dormir 6 horas. No más. Alimentos - no puedes hacerme comer alimentos sólo a partir de una lista prescrita. Este tema puede romper el trato para mí. Esta regla se va, o lo haré yo. Ropa - siempre y cuando no se requiera que me ponga esas ropas cuando no estoy contigo, está bien. Voy a asumir que son uniformes. Ejercicio - Creí que habíamos acordado hasta 3 horas. El contrato dice 4 aquí. Límites suaves: Tenemos que revisar estos. No quiero ningún tipo de puño dentro de mí. ¿Qué es una suspensión? No tengo idea de lo que eso conlleva. ¿Estás bromeando cuando dices pinzas genitales? ¡Agh! ¿Podrías por favor informarme acerca de tus arreglos para el miércoles? Yo trabajo hasta las 5 p.m. Buenas noches. Ana _______________________________________________ ¡Oh, Dios mío! ¿Ella se quedó despierta hasta tan tarde para escribir esta larga lista? ¿Por qué tanto tiempo? ¿Por qué tiene problemas con todo esto? Ella tiene que ir a la cama. Tengo las reglas para su beneficio, y nuestro disfrute. Ella no debería estar despierta; debería estar en la cama y dormir ya.
  • 194. Está en conflicto directo con la cláusula del contrato para el sueño. Ella tiene que levantarse temprano en la mañana para ir al trabajo. ¡Ella necesita ser advertida! _______________________________________________ De: Christian Grey Asunto: Esta noche Fecha: 23 de mayo de 2011 00:08 Para: Anastasia Steele Señorita Steele Esta es una lista muy larga. ¿Por qué no te has ido a la cama? Christian Grey CEO de Grey Enterprises Holding Inc. _______________________________________________ ¡No pocos minutos pasaron desde que envié mi mensaje, y ella responde en vez de ir a la cama! ¡Ella realmente debe ser azotada por esta transgresión! ______________________________________________ De: Anastasia Steele Asunto: Quemándose las pestañas
  • 195. Fecha: 23 de mayo de 2011 00:11 Para: Christian Grey Querido señor mío: Usted recordará que cuando estaba estudiando la lista esta tarde, me distraje al acostarme con un fanático del control que vino de paso. Buenas noches. Ana _______________________________________________ Mi cara sonríe de oreja a oreja, mientras mi corazón se ablanda por ella. ¡Lo hizo de nuevo! Sus palabras me cautivan, me confunden y me unen a ella. Le escribo una respuesta inmediata. _______________________________________________ De: Christian Grey Asunto: Parada quemándose las pestañas Fecha: 23 de mayo de 2011 00:13 Para: Anastasia Steele VETE A LA CAMA ANASTASIA. Christian Grey
  • 196. CEO, y Fanático del Control, Grey Enterprises Holding Inc. _______________________________________________ Toma eso y fúmatelo en tu pipa señorita Steele, digo sonriendo de oreja a oreja de nuevo. Debería ir a la cama también. Tengo un desayuno reunión temprano mañana por la mañana. Poco a poco entro en la habitación, sacándome la camisa y los pantalones dejando sólo mis bóxers puestos, voy al baño cepillo mis dientes recordando cuando la señorita Steele uso mi cepillo dental en este mismo lugar sintiéndola a ella en mi boca. Sus labios, sus pezones su cuerpo, su sexo... ¡Maldita sea Anastasia! ¡Ni siquiera puedo olvidarte por un minuto en el baño para hacer una tarea tan simple como cepillarse los dientes! Sacudiendo la cabeza camino a mi cama. Tomo mi iPod, me coloco los auriculares en los oídos comenzando a escuchar a Puccini "O mío babbino caro". Miro al techo como si estuviera sosteniendo los secretos del universo, y mi apego a Anastasia. Poco a poco cierro los ojos pensando en ella. Estoy en el bar del Hotel Heathman tomando un Martini con aceitunas. Siento su mirada en mí antes de que pueda verla. Poco a poco vuelvo la cabeza para fijar los ojos en ella: gris a azul. Mi respiración se corta al encontrar mis ojos con los de ella. Ella esta impresionante. Tiene un vestido sin espalda de encaje negro adelante, el pelo elegantemente levantado y recogido en un moño elegante que muestra su hermoso cuello largo. El vestido apenas llega a las rodillas. Ella tiene grandes Christian Louboutins de tacón, mostrando sus elegantes piernas.
  • 197. Su maquillaje es tan ligero como si su cara naciera en su elegante color. Mi subconsciente me recuerda respirar. Me pongo de pie automáticamente y mis pies comienzan a caminar hacia ella. Sin una palabra le ofrezco mi mano y también sin una palabra ella la toma. Nuestras respiraciones eran superficiales. —No te esperaba el día de hoy— dije finalmente encontrando mi voz. — ¡Sin embargo, esta es la mejor de las sorpresas Anastasia! — Digo mi mirada perforando la suya llena de pasión. Ella asiente con la cabeza y con timidez baja la mirada a nuestras manos conectadas, visiblemente jadeante. — ¿Has comido? ¿Quieres algo de beber? — Me encuentro preguntando. —No quiero comida— dice ella mientras mis ojos miran interrogantes. —Yo quisiera un poco de vino blanco, sin embargo— murmura. Sus manos tiemblan como hojas. — ¿Hay algún problema? — Pregunto con preocupación. —Estás temblando como una hoja Anastasia— mis ojos la toman por completo, tratando de descifrar su expresión. —Vamos— me toma la mano, —vamos a sentarnos—, digo con una seña a un camarero para que nos dieran una mesa privada. —No puedo quedarme mucho tiempo Christian— dice con firmeza. —Pero ya estás aquí, ¿por qué no te quedas? — Le pregunto mi corazón corriendo hasta mi garganta. —Yo...— ella deja andar, mirando sus manos. La guio a la mesa que el camarero nos lleva en un tranquilo rincón del restaurante. Mi mirada está en ella. Curioso, preocupado, ansioso. ¿Está aquí para darme una mala noticia?
  • 198. — ¿Anastasia? — pregunto usando su nombre. —Christian, yo...— se interrumpe, tratando de ordenar sus pensamientos. —No puedo hacerlo... lo siento, pero es que no puedo estar de acuerdo con tus términos. Son demasiado fuertes. Muy al margen de todo lo que he imaginado para mí. No te estoy juzgando. ¡Puede ser adecuado para algunas personas, pero no para mí! ¡Quiero más... Más de mi vida... Más de mi relación... Más...! — dice. —Anastasia, yo...— esta vez me siento sin palabras. —No estoy acostumbrado a esto. No sé de otra manera. Esta es la única forma que conozco—. Estoy nervioso y molesto de que ella está a punto de deslizarse a través de mis dedos. — ¡Pero tú estás aquí! — Digo con fervor. —Usando esto—hago un gran gesto con las manos mostrando su vestido que parece como si alguien simplemente lo derramó sobre ella. Me encantaría poner mis manos en su espalda desnuda, y pasar mis dedos por sus piernas. Pero no lo hago. Mis nudillos simplemente se pasean suavemente por su barbilla, y con eso se le detiene el aliento, cerrando los ojos. —No lo hagas Christian— dice. — ¿Por qué? — le digo con fervor. — ¡Yo puedo hacer que te quedes! —Lo sé— dice —si puedes, pero me tengo que ir. Esto, lo que tenemos aquí, no es para mí. Voy a salir herida— se levanta para irse. — ¡Por favor, Ana! — ¡Es todo lo que puedo decir con voz suplicante! ¡No puedo dejar que se vaya! ¡No quiero! Me preocupo mucho por ella. ¡Yo no creo que pueda estar sin ella! —Déjame por lo menos acompañarte a tu auto— le digo. Ella asiente con la cabeza. Ella le da al valet su boleto, y estamos en silencio mientras mi mirada es intensa en ella. Quiero tocarla, amarla, abrazarla, consumirla, pero no lo hago. Doy un paso hacia ella. Ella retrocede un paso.
  • 199. — ¡Por favor no lo hagas! — dice con voz pausada. — ¿Por qué no? — Exijo. —Yo no tengo permitido tocarte. ¿Por qué habría de ser diferente para ti? — Dice con una voz triste. —Ana... yo... — digo sin una manera de explicar lo que está mal conmigo. — ¡Soy cincuenta tonos de mierda bebé! No quiero que estar en ti—. Digo. —Lo sé. Tal vez esto es lo mejor— dice sin convicción. — ¿Puedo darte un beso por lo menos? — le digo. Cierra los ojos, luchando con sus emociones e impulsos. —No puedo. Porque si lo hacemos, no voy a poder salir de aquí— dice casi llorando. Estoy exasperado, preocupado y molesto. Mis dos manos las paso por mi cabello. — ¡Por favor, Ana! — Declaro en voz baja. — ¡No te vayas! ¡No me hagas esto! ¡Estamos muy bien juntos! — ¡No puedo quedarme! — ¿Por qué? — le digo con fervor, con fuerza. — ¿Por qué Anastasia? ¿Por qué no me quieres? —Debido a que me quemaras. ¡Porque me asustas con tu intensidad, con tu poder y tu riqueza, y yo sé que me dolerá! No físicamente, emocionalmente—. ¡Ella está en las lágrimas y dejándome, me deja! Ella se aleja. ¡Lejos de mí! Mis pies se quedan fijos en el suelo sin poder moverlos ni un milímetro. ¡Está a punto de salir de mi vida y mis pies malditos están congelados en su lugar sin poder moverse!
  • 200. Sólo cuando soy capaz de ordenar mis pensamientos conectándolos en mi cerebro y corro detrás de ella a su carro. El valet conduce su auto lo que me sorprende de nuevo. Es viejo, no digno de ir rodando por ahí, no parece que logre salir del estacionamiento y mucho menos llegar a su casa. Ella entra en el auto y yo sigo ahí parado. — ¡Por favor, Anastasia! ¡No te vayas! — Digo con fervor. — ¡Este auto ni siquiera parece que es apto para circular! ¡Por favor, vamos a hablar! — ¡No, mira, eso mismo! ¿Cómo puedo competir contigo Christian? ¿Contigo que lo tienes todo? Tú criticas mi carro, aunque esto es todo lo que puedo pagar. ¿Cómo puedo estar en tu liga? Eventualmente te cansaras de mí y buscaras a alguien más como uno de tus juguetes nuevos, y seguirás adelante. ¡No puedo permitir que eso pase! — ¡Ana! ¡No! —Se aleja en ese cacharro con lágrimas en los ojos. Yo llamo a Taylor. — ¡Lleva el auto al frente lo antes posible! — Cuelgo. ¡No la estoy perdiendo! ¡No quiero! Yo soy el hijo de una puta drogadicta... ¿Si no hubiera sido por la Dra. Grace Trevelyan-Grey, quién sabe qué hubiera sido de mí? ¡No soy mejor que nadie! ¡Ciertamente no mejor que Anastasia! Ella no puede utilizar mi riqueza en mi contra. ¡Esto es Estados Unidos por el amor de Dios! ¡Cualquier persona que tenga suficiente ambición puede hacer algo grande! ¡Voy a traerla de vuelta! Oigo el chirrido de la SUV Audi en la oscuridad. Taylor salta para abrir la puerta del pasajero. — ¡Vamos! La Señorita Steele acaba de dejar el parqueo en un cacharro. Quiero asegurarme de que llegue a casa a salvo—. Él asiente con la cabeza sin decir palabra. El tráfico es pesado.
  • 201. — ¡Ahí mismo! ¡El VW amarillo! — Señalo a Taylor. Está a unos seis coches por delante de nosotros, tratando de avanzar en el carril rápido. ¿Qué está haciendo? ¡Ese coche no podía incluso hacer 50 mph, y ella está empujando 80! No debería haberla dejado salir tan molesta. — ¡Taylor, entra en el otro carril! ¡Tal vez podamos alcanzarla de esa manera! Se está metiendo en el carril rápido—. Él asiente y avanza tres carriles y se mueve en el carril último en la autopista. Ella está ahora a ocho coches por delante de nosotros. ¿Qué está haciéndola ir tan rápido? ¡Nos esforzamos mucho, pero ella todavía sigue por delante de nosotros! ¿Por qué? — ¡Taylor! Puedes conducir un tanque, ¿pero no puedes ponerte al día con la mierda de VW de una chica? — Su rostro se pone carmesí, con los ojos fijos en la carretera, se teje en el tráfico avanzando. Finalmente volvemos al carril anterior y estamos mano a mano con su auto. Abro la ventana y le hago señas para que ella abra la suya. —Anastasia—. Digo con toda la calma posible. Sus ojos están tan llenos de lágrimas, que no sé cómo puede ver a través de ellos. — ¡Quiero que salgas de la autopista bebé! En este momento...— le digo con todo mi autocontrol y calma. — ¡Vamos, cariño! Podemos hablar... y si...— Me interrumpí. Es muy difícil dejar salir esas palabras de mis labios. —Y si todavía no me quieres, yo te dejaré ir... ¿De acuerdo? Ella no dice nada. Los ojos fijos en la carretera, las mejillas tensas con la avalancha de lágrimas, se las arregla para asentir. Ella desacelera sólo un poco. Señala para salir de la autopista. Doy un suspiro de alivio. Asiente a Taylor, que también señala para salir de la autopista. Anastasia hace su camino al carril derecho para salir por la salida más cercana. A medida que se mueve en el carril, ¡un Chevy Impala viene de la nada chocando contra ella! EL Viejo VW de Ana gira tres veces antes de detenerse en el carril derecho. El tráfico de la autopista se detiene. ¡Todo es surrealista! Mi corazón está en mi boca, me tiemblan las manos y mi cara está llena de ira, contra quien, ¡no sé!
  • 202. ¡Tal vez el mundo entero! ¡Tal vez con el universo por destruir mi vida tantas veces! Taylor acelera delante del coche de Ana. Me apresuro a salir antes de que este se detenga, y corro hacia el coche de Anastasia. Ella se desplomó sobre el volante, la sangre saliendo a borbotones de su sien. Ella está inmóvil. ¡Mi corazón se detiene! La puerta del coche se ha atascado, y no puedo abrirlo. — ¡Taylor! ¡Dame una mano! — Él se acerca y rompe la ventana del pasajero. ¡Usando su chaqueta arranca la puerta de sus goznes! Lo empujo fuera del camino, y saco el cuerpo sin vida de Ana del coche. Temblando, llorando. —Cariño, ¿por qué? ¿Por qué me dejas Ana? — Meciendo a Anastasia en mis brazos. Mi camisa blanca empapada de su sangre, pero no me importa. No quiero estar donde no existes. — ¡Con un demonio! ¡No sabía que iba a saltar delante de mí! — dice una voz medio borracha. Entonces su voz cambia a un tono de familiaridad repugnante: — ¡Oh! ¡Es el pequeño pedazo de mierda! ¿Cuándo vas a dejar de llorar mocoso hijo de puta? ¡Estoy harto de ti! — Levanto mi mirada, para mirar a este hombre, y ¡es él! ¡El proxeneta de la prostituta drogadicta! — ¡Espero por Dios que te deje en la calle en el frío, así que no tendré que lidiar con el llanto de un cobarde como tú pequeño mocoso imbécil! ¡Mi mente está confusa y enojada! ¡Quiero matar a ese hombre que mató a la única mujer que he amado! La cara de Taylor cambia y rápido como una cobra sorprendente levanta su codo, y salta el proxeneta de la drogadicta puta golpeándolo tan duro como era posible, y lo golpea varias veces mientras estoy aquí tirado en la autopista ¡con una Anastasia ensangrentada sollozando incontrolablemente!
  • 203. Mis lágrimas fluyen hacia abajo y diluyéndose en la sangre de Anastasia en su rostro. Los paramédicos vienen y tratan de alejarla de mí. ¡Yo no la voy a dejar! — ¡Señor! ¡Debe dejar que se la lleven! —Taylor declara—: ¡Señor, por favor! — ¡Ella está muerta Taylor! ¡Está muerta y todo es mi culpa! ¡El proxeneta de la puta mató a mi Ana! Sollozo y sollozo... y finalmente, mis gritos me despiertan. Estoy en mi suite en el Hotel Heathman. Cierro los ojos con un suspiro de alivio. Fue una pesadilla. ¡Oh Dios! Estoy sin aliento, lleno de lágrimas, mi nariz chorreando. — ¡Gracias a Dios! ¡Gracias a Dios! ¡Gracias a Dios! ¡Fue una pesadilla! — Son las 4:40 am en el reloj. Y no quiero volver a dormir. Ésta es la peor pesadilla que he tenido. Tengo que llamar a John, así que puedo hablar con él por teléfono por lo menos. ¡Oh, demonios! Le daré esta noche. Voy a tener que hacerlo después de mi reunión. Me siento en la cama, con la cabeza entre las manos y las palabras de Heathcliff vienen a mi mente después de que esta espera toda la noche por noticias sobre el bienestar de Catalina Earnshaw, finalmente, la hallaron muerta. Cuando sostiene su cadáver grita en agonía: — ¡Y pido una oración, lo repito hasta que mi lengua se ponga rígida, Catalina Earnshaw, que tu alma no descanse mientras yo siga viviendo! Dijiste que yo te maté, atorméntame, persígueme entonces, las víctimas asesinadas persiguen a sus asesinos, creo que sé que los fantasmas vagan por la tierra. Pero quédate siempre conmigo... toma cualquier forma, ¡Vuélveme loco si quieres! Sólo no me dejes en este abismo donde no puedo encontrarte. Oh, Dios es inefable ¡No puedo vivir sin mi vida, no puedo vivir sin mi alma! No quiero que ningún daño venga a Anastasia, pero, como Heathcliff, no puedo vivir sin mi alma. Ella me devuelve mi humanidad, me da mi alma. ¡Oh, Anastasia! ¿Qué estás haciéndome?
  • 204. ¿Qué puedo hacer para evitar hacerte daño, para mantenerte a salvo, para mantenerte mía? Me duele el corazón cada vez que pienso en ella. Mi alma anhela tenerla. Mi mente siempre está nublada por pensar en ella como si el tiempo antes de que Anastasia no existiera. Como si yo fuera un planeta perdido que encontró su sol en ella. Como si debiéramos estar juntos. Sí, debemos estar juntos. Siempre.
  • 205. Traducido y Corregido por Jesica a que estoy despierto, y el sueño me ha abandonado, me voy a mi computadora portátil y leo último e-mail de Anastasia otra vez. Mi humor cambia con los detalles de su respuesta. Ella puede comunicarse conmigo por escrito mucho mejor de lo que lo hace cuando está hablándome directamente. Debo tener un mayor efecto en ella de lo que inicialmente pensé. Pero ya que está negociando, pongo mi cara de negocios, y escribo una respuesta: ______________________________ De: Christian Grey Asunto: Tus problemas Fecha: 24 de mayo de 2011 04:58 Para: Anastasia Steele Querida señorita Steele He examinado a fondo tus problemas, y ahora siento la necesidad de traer a tu atención la definición de la palabra "Sumisión".
  • 206. Sumisa [suhb-mis-o/a] - adjetivo 1. inclinado o listos para presentar, sin resistencia o humildemente obediencia: siervos sumisos. 2. marcada por la presentación o indicar: una respuesta sumisa. Origen: 1580-1590; submis +-o/a Sinónimos: 1. manejable, obediente, dócil, susceptible. 2. pasivo, resignado, paciente, dócil, manso, sumiso. Antónimos: 1. rebelde, desobediente. Me gustaría por favor que tomes esto en cuenta para nuestra reunión del miércoles. Christian Grey CEO de Grey Enterprises Holdings Inc. _________________________________________ ¿Qué le dices a eso señorita Steele? Quiero que se someta a mí, porque yo puedo cuidar de ella, porque puedo protegerla mientras ella explora las profundidades y las alturas de su sensualidad, su pasión, puedo llevarla a lugares que ella no sabe que existen, que su experiencia en el placer sea de una forma que ella no pensara posible. Pero eso no puede ser real si ella no se entrega a mí por completo, creando confianza entre nosotros. Esto se basa esencialmente en confiar en la persona que tiene el control. Si tú caes, yo te atrapo. Así es como funciona, tiene que dejar de lado las dudas sobre si la atrapare o no. Esto se trata de confiar en el otro. Yo quiero, no, necesito que confíe en mí para que nuestro arreglo funcione. Tengo que tener control. Es todo lo que sé, es lo que funciona para mí, y es cuando tengo orden del caos que me rodea. Decido hacer ejercicio. Corro varias millas, y levanto pesas, golpeo y pateo el saco de boxeo para salir de mi frustración durante la noche.
  • 207. En las últimas dos noches, los pensamientos de la señorita Steele lograron hacer dos cosas: primero el mayor sueño húmedo que he tenido, y luego la peor pesadilla de mi vida. Es tanto veneno como es antídoto. Me confunde incluso en mis sueños. Su cautiverio, su atracción, su gravedad es ineludible. Ella me tortura con una de sus miradas, una de sus expresiones, uno de sus comentarios ingeniosos. ¿Por qué Anastasia?, ¿por qué y cómo me torturas así? Aunque amo su ingenio, y amo la forma en que me enfrenta, también me gustaría someter a esa boca sabelotodo. ¡Porque me asusta hasta la médula! Me da miedo que ella se marche, me asusta que ella pueda salir lastimada, y no tengo ningún poder para evitarlo, porque ella es como el viento. Taylor llega para entrenar, me encuentra dando golpes a la bolsa de boxeo sacándole hasta la mierda, él sabiamente no dice nada, asiente con la cabeza, y me reconoce —Sr. Grey— y comienza su régimen de entrenamiento. Una vez que termina de hacer ejercicio, le digo a Taylor que voy a volver a mi suite. — ¿Quiere que lo encuentre en su suite? —No, nos vemos abajo a las 7:30. En el restaurante— le digo. —Sí, señor— responde. Hago mi camino de regreso a mi habitación, para ducharme y ponerme unos pantalones y camisa blanca para luego ir al restaurante del hotel. Taylor está allí, poco visible pero siempre presente. Él puede parecer aparentemente desinteresados o lejano, o en busca de algo más, pero siempre esta vigilante de la gente que frecuento por negocios. Mi desayuno de negocios va sin problemas.
  • 208. Una hora más tarde estoy de vuelta en mi habitación, y Taylor está en una esquina haciendo escasos movimientos en mi suite. Llamo a John Flynn. —Hola Christian— responde con confianza después del tercer tono. —John— le digo con firmeza a modo de saludo. —No te he visto esta semana. Supongo que estás ocupado— dice. Es su manera de sondear para ver de qué se trata. —Estoy en Portland— le digo. —Ajá— la interpretación: ¿qué pasa? —Voy a entregar los diplomas en la ceremonia de graduación de la WSU el próximo jueves— le digo. —Pero imagino que no has ido allí casi una semana antes y cancelado nuestra cita solo para ir a la graduación. ¿Es esta la razón por la que me llamas? —Sí— le digo con firmeza. —Christian, de todo este tiempo conociéndote como un amigo, y como paciente, nunca has sido tan cerrado a contar lo que pasa con cualquier asunto. ¿Qué está haciéndote apretar los labios ahora? —He conocido a alguien, y ella es la razón por la que estoy aquí tan temprano— le digo. Me parece oír un sonido ahogado algo parecido a asfixia. — ¿Estás bien? — sondea preocupado. —Sí— su voz suena como un chillido. Luego se aclara la garganta, y su respuesta vuelve a un tono más masculino.
  • 209. —Sí, estoy muy bien Christian. Yo estaba, Ahhh... de todos modos, ¿tú decías? — dice con mucho entusiasmo en su voz, completamente interesado, lo noto puesto que no utiliza su normalmente tono profesional cuando tenemos nuestras sesiones, y dado mi estilo de vida, no veo fases de él cuando se refiere a mí. Él sabe todo acerca de mis sumisas, y que él sabe que yo soy un dominante y estoy interesado sólo en este tipo de relación, ya que es el único tipo de relación que conozco y con que tengo experiencia. —Conocí a una chica, totalmente por accidente. Ella vino a hacerme una entrevista para el periódico de la escuela WSU. ¡Ni siquiera se suponía que me entrevistaría ella! En realidad, su compañera de habitación que se suponía iba a entrevistarme, y se enfermó ya ves, con un resfriado o la gripe o alguna mierda así... ¡Y estoy muy contento de que pasara! ¡No contento de que estaba enferma, pero que ella no pudiera venir! Debido a que ella le pidió que la suplantara a su compañera de cuarto, Anastasia— dije con una reverencia inesperada en el tono de mi voz, y John deja ver que lo ha notado debido a que él hace otro sonido chirriante. Debería hacerlo más a menudo con él, ya que él nunca se ha sorprendido conmigo. —Y Anastasia, fue ella quien en realidad vino a hacerme la entrevista— dije finalmente, tomo una pausa para tomar un respiro. John o mejor dicho el Dr. Flynn como sus pacientes lo conocen, toma mi pausa como su señal para hacer una intrusión. —Me alegro de que estés más verbal conmigo ahora Christian. Y dime ¿has descubierto que esta Anastasia es otra sumisa? ¿Es una mujer que prefiere tu estilo de vida? — pregunta muy interesado. Le hubiese roto la nariz a cualquier otra persona que me haga esta pregunta, pero le pago al buen Dr. John Flynn una pequeña fortuna para preguntarme estas cosas, lo hice firmar un acuerdo de confidencialidad, por lo que no tiene miedo de preguntar, y a mí no me molesta su sondeo, al menos no si quiero que me ayude. —No, no lo es— le digo con naturalidad. Oigo otro sonido de asfixia.
  • 210. —Dr. Flynn... John, ¿estás bien? ¿Debo hacer una cita contigo? Realmente prefiero que no— no me importa de todos modos, y él lo sabe, yo no soy de esos que va por ahí acomodando a los demás. Estoy acostumbrado a salirme con la mía. —Pero prefiero que no, a menos que tengas una emergencia médica, John, ya que no has dejado de asfixiarte desde que te llamé— le digo secamente. Y sigo—: ¡Porque realmente necesito hablar contigo hoy sobre esto! Acabo de tener una mala noche... pesadillas, pero esta vez Anastasia estuvo implicada. El Dr. Flynn está experimentando una sobrecarga sensorial, igual a un orgasmo freudiano con mis declaraciones. ¡Puedo sentir su cerebro aturdido por toda esta información que está recibiendo a 165 kilómetros de distancia! —No tengo ninguna intención de colgar del teléfono contigo Christian. Porque, podrías tener un gran avance. Permíteme primero entender esto muy claro. ¿No fue esta joven quien te persiguió en primer lugar? —No— confirmo. — ¿Por lo tanto, fuiste a Portland...— hace una pausa —desde Seattle para perseguir a esta joven? —Sí—. Yo digo con firmeza. —Y esta joven no comparte tu estilo de vida, tengo entendido. —Todavía no, pero me gustaría que lo haga— le digo. —Ya veo...— dice el Dr. Flynn y hace una pausa. —Sin embargo, ella está poco consciente de este estilo de vida que estás tratando de presentarle— pregunta en detalle. —No tenía ni idea. Ella es...— me corrijo —era virgen— le digo.
  • 211. Otra voz ahogada seguida por una tos fuerte. Esta vez espero. No quiero causar la muerte de mi mejor terapista hasta el momento. — ¿Estás bien John? — pregunto realmente preocupado esta vez. Sonidos de tos siguen lejos del altavoz del teléfono. Oigo su voz al hablar distante en medio de un intercomunicador aun ahogando —Eleanor, ¿me traes un vaso de agua por favor? — Sigue tosiendo. Oigo la voz de su asistente en la distancia urgente. — ¡Ahora mismo doctor Flynn! — Espero. Esto podría tomar un tiempo. Todavía lo oigo toser. Duro. Pocos minutos después, la tos disminuye, y está de vuelta en el teléfono otra vez. —Lo siento Christian. Haz dado toda una revelación hoy, en todos los años de terapia que he estado proporcionándote, no pensé que oiría jamás esas palabras de ti. ¡Tú tras una virgen! — Él tiene dificultades para mantener la incredulidad fuera de su voz. —Tú eres muy particular con el tipo de parejas que elijes, y una inexperta no sumisa, virgen no se ajusta a tus estándares. Estoy muy interesado en saber lo que ha cambiado en tus circunstancias— dice. —Hemos corregido la situación. Ella ya no es virgen— le digo. —Ya veo— dice pensativo. — ¿Y qué pensó ella de tu práctica sexual intensa? —Solo hicimos el amor por ser su primera vez. No juguetes...— le digo, pero corrijo mi elección —bueno, si no tenemos en cuenta la corbata de seda de plata. Sin embargo, fue mi Primer Vainilla— le digo con calma. Empieza la asfixia de nuevo. Cuando se detiene con la explosión de la tos, digo exasperado. — ¿Crees que podamos continuar esta conversación sin que te mueras John? —Por supuesto. Es que tú nunca has revelado algún interés en tener sexo vainilla, o hacer el amor. Tienes un conjunto de reglas que requieren un seguimiento de ambas partes— dice y yo lo corto.
  • 212. — ¡Y esa es la cosa! ¡Ella no encaja en mis estándares de ninguna manera! Excepto tal vez en su cabellera morena. Pero aparte de eso, aunque supuse que estaría dispuesta a ser sumisa, porque ella era todo 'sí señor', 'no señor' cuando nos conocimos y sigue siendo muy tímida, ¡no creo que haya un hueso de sumisa en su cuerpo! Y antes de que te ahogues de nuevo— le doy una advertencia—: Tengo otras revelaciones— le digo. —Estoy escuchando— dice conteniendo la respiración. —Ha dormido en mi cama tres veces conmigo. Sabes... de dormir, dormir. También hicimos el amor en mi cama. También pienso en ella cada minuto de cada día, y eso es casi todo el tiempo cuando estoy despierto. ¡Y por la noche, ella está en mis sueños! — ¡Curioso! — Pronuncia el Dr. Flynn en su acento londinense. — ¿Qué clase de sueños has estado teniendo? —La noche anterior, tuve mi mayor y mejor sueño húmedo. ¡Era tan jodidamente real! Yo ni siquiera sabía, o creía, o comprendía que se trataba de un sueño— le digo. —Muy interesante— observa y suena como si estuviera tomando sus notas habituales en su carpeta de cuero. —Adelante— me engatusa. —Ayer por la noche, fue la peor noche de mi vida en lo que se refiere a las pesadillas— le digo. —Has tenido un sueño sobre el proxeneta— me pregunta. —Sí— le digo, pero no puedo evitar contener la respiración. —Él causó la muerte de Anastasia en mi sueño, y yo estaba devastado. Se sentía como ninguna otra pérdida que jamás sentí. ¡No hay pérdida que se pueda comparar a la de perderla a ella! ¡No creo que sentiría tanto dolor y angustia, si hubiera perdido a alguien de mi familia! — le digo sintiendo culpa, apenas audible. —Te gusta— dice John rotundamente.
  • 213. — ¿Esa es tu opinión profesional? — le digo secamente de manera burlona. —Eso ya me lo imaginaba—. Pero el Dr. Flynn ni se inmuta. — ¿Qué crees que sientes por ella Christian? — me pregunta. — ¡No es amor! — Digo con fervor tratando de hacerme creer en eso. —Es muy interesante que digas eso— dice el interesado. — ¿Por qué llegas a esa conclusión? — ¡Yo no me enamoro, no lo hago John! Creo que es una mezcla de gustarme, reverencia, temor, deseo, lujuria, gustarme...— digo a la deriva. —Ya dijiste eso— exclama. — ¿Qué? —Gustarme...— dice —has indicado que es de tu gusto ya dos veces— dice. ¿A dónde va con eso? —Es que me gusta. Mucho en realidad. De hecho, me encuentro pensando en ella, soñando con ella, queriéndola, deseando tenerla en una interminable constante, no, ¡a una tasa de aumento! A pesar de que ella no tiene un solo hueso obediente, o de sumisa en su cuerpo, cosa que ya estoy descubriendo— digo exasperado. —Y, sin embargo, todavía deseas estar con ella... ¡Curioso! — Dice el Dr. Flynn como si estuviera viendo a su versión favorita de "Lo mejor de Freud". —Háblame de tu pesadilla— dice. Me pregunta. —Pensé que me estaba dejando sin darme una oportunidad, la noche anterior, ella me envió un e-mail diciendo que ‘fue bueno conocerme’— le digo exasperándome en un nivel superior. — ¿Y cómo te hace sentir eso? — me pregunta, y yo ruedo los ojos, es como si fuera el eslogan favorito los psiquiatras.
  • 214. — ¡Asustado! Perdido... No tengo nada para comparar la sensación. ¡Nunca me sentí así antes! — Digo con emoción. —Sin dudas, has tenido otras sumisas con los que no eras compatible, o que deseaban más de lo que puedes ofrecer, y sin embargo te separaste de todas sin escrúpulos o un segundo pensamiento. ¿Estás enamorado de esta joven? — me pregunta, y esto me toma con la guardia baja. Miro a mi teléfono incrédulo, — ¡No! — le digo con fervor. — ¡Yo no hago el amor! No puedo amar. Estoy mal por ella, pero aparentemente ¡soy incapaz de alejarme de ella! ¡Ella está igual conmigo! Es como la polilla a la llama—. Me paso la mano por el pelo antes de tomar una respiración profunda. —Pero, sin embargo, sigues diciendo esto no es amor. Tu miedo a perderla se manifiesta en tus pesadillas donde en general, el proxeneta de tu madre biológica juega un papel primordial. Él es el actor principal en la mayoría de tus pesadillas, un miedo residual de tu infancia, si se quiere, y sin embargo se las arregló para insertarse en tu mayor temor: la pérdida de esta joven mujer de la manera más profunda. Este es tu subconsciente que te dice que tendrás que cambiar tus formas derivadas de los daños que has sufrido en los años anteriores, en caso de que desees seguir estableciendo una relación con ella— dice. —Puede que tengas razón. Pero yo no estoy interesado en cualquier otro tipo de relación, a excepción de un Dominante y una sumisa— le digo con fervor. —Tus palabras pueden indicar eso, pero en verdad ya estás listo para dar cabida a sus necesidades en la relación, como hacer el amor con ella...— dice, pero lo interrumpo rápidamente. —Eso fue sólo un medio para un fin. Para que pudiéramos pasar a la siguiente etapa de su introducción— digo. — ¿Cómo se siente al respecto?
  • 215. —Ella está negociando sus términos conmigo— le digo. Otra vez el sonido de asfixia. —John, ¿estás comiendo? Pareces estar ahogándote mucho. —Hipoglucemia. Comidas pequeñas y con frecuencia—. Él dice después de un corto tiempo, aclara la garganta. —Para ser honesto, haz logrado impactarme varias veces esta mañana Christian— admite con humildad. — ¡No soy yo, es ella! Incluso hace que mi equipo de seguridad se ponga de los nervios, ¡Porque siempre estoy en el borde sin saber cómo va a comportarse! — Digo exasperado de nuevo. —Vamos a llegar al meollo de la cuestión Christian. Si se tratara de cualquier otra sumisa, cualquier otra mujer, no lo habrías tolerado, porque como dices, tienes normas fijadas. Pero, sin embargo, te acomodas a los deseos de Anastasia, sus necesidades, y la dejaste negociar sus términos contigo—dice. —No tengo un nombre para este sentir todavía. Ella es como el sol, y yo soy como un planeta, incapaz de salir de su tirón...— digo sin poder hacer nada. —Sí, el amor te hace eso. L'amour est comme un sablier, quand le cœur sí remplit, le cerveau sí vide— me dice. —John— le digo secamente —El amor es como un reloj de arena, con el que llenar del corazón, te vacía el cerebro... ¿Qué, eres un filósofo ahora? Pero tengo una refutación: On n'aime que ce pu'on possède ne pas tout entire— le respondo. —Dices que "nosotros sólo amamos lo que nosotros no poseemos íntegramente". ¿Deseas poseerla? — me pregunta. —En cierta forma, sí. Pero no sé si puede ser poseída. ¿Cómo puedes contener un tornado? — Le pregunto.
  • 216. —Vamos a suponer que te las arreglas para poseerla, ¿entonces qué? — me pregunta. —En primer lugar me gustaría darle unas buenas nalgadas ¡por ir desafiándome en cada esquina! — Digo exasperado. —Interesante, pero ¿crees que te está desafiando, o expresándose en sus propios términos? —Es lo mismo— le digo rotundamente. —Pero te gusta quien es. Su expresividad, su boca inteligente como antes lo expusiste. ¿Cómo te sentirías si eso desaparece? Sólo tendría una cáscara vacía y mecánica, de una mujer que una vez era Anastasia. ¿Es eso lo que deseas? — me pregunta haciéndome jadear. — ¡No! ¡Sólo estoy tratando de protegerla! ¡De ella misma! Me encanta su tenacidad y su boca inteligente, y me encantan sus habilidades de negociación, pero a veces puede ser imprudente ¡es como si no tuviera habilidades de auto-preservación! Eso es lo que estoy tratando de hacer, protegerla. Tal vez ese miedo se manifiesta en mi sueño— le digo viendo ocurrirme una epifanía. —O— dice el Dr. Flynn en su réplica —tu miedo de que algo le pase a ella es tan grande, que tu sobreprotección es perjudicial para su bienestar, y eso se manifiesta en tu sueño como una advertencia de tu subconsciente. Porque tienes la sospecha de que podrías hacerla huir, y ella puede salir lastimada como resultado— dice. Estoy en silencio. — ¡Odio tus refutaciones! — Digo finalmente sintiéndome petulante. Se ríe. —Pero la pregunta es, ¿Cómo vas a reaccionar? ¿Cómo vas a acomodarte a su personalidad? — dice. —Me gusta su personalidad. No me gusta el desafío. Sabes que me gusta el control. Yo soy un sádico jodido— le digo con amargura.
  • 217. —Tú y yo estamos en desacuerdo en eso Christian. Tú no eres un sádico. Eres un joven que tuvo que soportar cosas horribles en los más formidables años de su vida. Pero no podemos vivir en el pasado, ya que no tenemos ningún control sobre lo que ha sucedido, lo que está pasado, paso. Sólo podemos mirar hacia adelante, y crear un lugar en el que desees encontrarte en el futuro: una meta, un lugar ideal personal y trabajar hacia el logro de ese ideal. El estilo de vida que tienes te fue introducido cuando eras muy joven, y no habías probado nada más, tampoco tenías ganas de hacerlo hasta que conociste a esta joven. Pero, en la última semana has intentado tantas cosas, que están fuera de tu zona de confort personal, fuera de lo que estás acostumbrado, y has descubierto que son cosas que te gustan con una joven inocente en eso. ¡Creo que esta joven te ha proporcionado la terapia que he estado tratando de administrar por los últimos dos años! Estoy sorprendido con ella. ¡Realmente me gustaría conocerla! — Dice con entusiasmo. ¡Genial! Hago una mueca con el ceño fruncido... ¡Otro admirador! ¿Ella nunca deja de sorprenderme, sorprender a otros? Ella ni siquiera tiene que hacer un esfuerzo para impresionar a todos. Siento que este aumento de los celos en mí, aunque mi subconsciente sabe que no tengo nada de qué preocuparme. Dr. John Flynn está felizmente casado y enamorado de su esposa. — ¿Te parece bien que nos encontremos la próxima semana, entonces? —Sí— le digo y cuelgo. Paso el resto del día trabajando atendiendo mis negocios, mi Blackberry no para de sonar, los correos electrónicos siguen fluyendo de Ros y mi asistente Andrea. Mi mente siempre está preguntándose qué hace Anastasia. Preocupado de con quien está hablando. ¿Podrá conocer a alguien más hoy, que moverá el suelo bajo sus pies sin tener todos mis malditos problemas? El pensamiento me hace hervir la sangre, y me paseo por la suite. —Señor, Claude Bastille está aquí— dice Taylor.
  • 218. Lo miro cuestionándolo. —Me pidió que buscara un momento para entrenar con el esta semana, y me las arreglé para conseguirlo el día de hoy—. Lo miro. Él sabe que he estado nervioso y necesito un entrenamiento, y sacar fuera esta energía reprimida que no está haciendo otra cosa que acumularse en mí. Asiento con la cabeza. Claude Bastille camina con sus músculos impecables y dispuesto a trabajar, patearme el culo. Él extiende su mano —Grey— dice sonriendo. —Bastille— digo tomando su mano. —Nos vemos en el gimnasio— le digo sonriendo. Después de los horrores de la noche anterior, hoy podría ser el día en que patee su culo al suelo. Taylor me entiende tan bien, a veces no tengo que decir nada y él sabe lo que debe hacer. Él demuestra que es un empleado valioso a cada paso. Las siguientes dos horas, entreno muy duro. Aunque Bastille me patea el culo al suelo tres veces, patearle el culo dos veces me da una gran satisfacción. Después de mi entrenamiento, me doy una ducha, ordeno la cena, todavía tengo trabajo que terminar. Todavía no he recibido ninguna respuesta a mi e-mail desde la noche anterior. ¿Qué podía estar haciendo? ¿Está con alguien? El pensamiento me da envidia, tanto que quiero golpear algo y conducir a su apartamento y reclamarla. Pero puedo controlar mis impulsos. Probablemente está cenando. No quiero que me escriba antes de comer algo, ella come muy poco ya. Regreso a mi trabajo de nuevo. ¡Mi dirección de correo suena! Me apresuro a abrir el programa de correo electrónico y para mi decepción es de Ros. ¡ Dios! Soy como un adolescente que está a la espera de recibir una simple inclinación de cabeza a la chica de sus afectos. Mientras leo el mensaje de Ros sobre un astillero que estamos pensando en comprar, mi correo electrónico suena de nuevo, y esta vez se trata de Anastasia. Abandono el mensaje que estoy escribiendo a Ros, y voy al mensaje de Anastasia.
  • 219. _________________________________________ De: Anastasia Steele Tema: ¿Mis problemas? ¿Qué hay de los tuyos? Fecha: 24 de 2011 Mayo 18:30 Para: Christian Grey Querido Señor ¿Se escapa a su impecable atención, que la fecha de origen de la definición que envió tan amablemente, fue de 1580-1590? ¿Puedo respetuosamente recordarle que estamos en el 2011? En los últimos 430 años, muchas cosas han cambiado, y hemos recorrido un largo camino. En retrospectiva, me gustaría ofrecer otra definición que usted debe tener en cuenta para nuestra reunión del miércoles: com • pro • miso [com-Pro-miso] sustantivo 1. Un arreglo de diferencias por concesiones mutuas, el acuerdo alcanzado por el ajuste de conflicto o en contra reclamaciones, principios, etc., mediante la modificación recíproca de las demandas. 2. El resultado de dicho acuerdo. 3. Algo intermedio entre cosas diferentes: El nivel de división es un compromiso entre un rancho y una casa de varios pisos. 4. Un peligro, sobre todo de la reputación, la exposición al peligro, la sospecha, etc.: un peligro para la integridad de uno. Ana ___________________
  • 220. ¡Dios! ¿Cómo lo hace? ¡Me encanta esa boca inteligente de ella! Me encanta que esté interesada y negocie conmigo. ¡Nadie ha hecho eso! No es que permitiera que lo hagan, negociar conmigo... ¡Es ella! ¿Ella está haciendo todo esto en mí? ¿Qué está haciéndome? Escribo una respuesta de inmediato. _________________________________________ De: Christian Grey Tema: ¿Qué pasa con mis problemas? Fecha: 24 de mayo de 2011 18:33 Para: Anastasia Steele Buen punto bien hecho, como siempre, señorita Steele. Voy a recogerte en tu apartamento a las 7:00 pm mañana. Christian Grey CEO de Grey Enterprises Holdings Inc. ________________________________________ Su respuesta llega a mi buzón de correo electrónico en unos pocos minutos. ________________________________________ De: Anastasia Steele Asunto: Año 2011 - Las mujeres pueden conducir
  • 221. Fecha: 24 de mayo de 2011 18:41 Para: Christian Grey Querido Señor Tengo un coche y una licencia de conducir, lo que me acredita de manera legal para conducir. Prefiero encontrarte en algún lugar. ¿Dónde sugieres que nos veamos? ¿En tu hotel a las 7:00? Ana __________________________________________ ¿Qué? ¿Por qué? Ella está planeando una ruta de escape. Si yo la recojo, entonces, ella es dependiente de mí para llevarla de vuelta. ¿Por qué está tratando de desafiarme de nuevo? Mi mano se mueve a través de mi pelo otra vez exasperado. Le escribo una respuesta. _________________________________________ De: Christian Grey Tema: Terca mujer exasperante Fecha: 24 de mayo de 2011 18:44 Para: Anastasia Steele
  • 222. Querida señorita Steele ¿Podría referirse a mi e-mail del 24 de mayo 2011 enviado a las 4:58 por favor y leer la definición una vez más? ¿Alguna vez piensas que serias capaz de hacer lo que te dicen? Christian Grey CEO de Grey Enterprises Holdings Inc. _________________________________________ Ella no es una sumisa en absoluto, a pesar de que tiene el porte de una debido a su carácter tímido. Ella me confunde tanto, desafiándome a cada paso, sin embargo, no puedo escapar de su tirón. ¿Por qué me torturas así Anastasia? ¿Por qué nunca escuchas? _________________________________________ De: Anastasia Steele Tema: Hombre intratable Fecha: 24 de mayo de 2011 18:50 Para: Christian Grey Estimado Sr. Grey Realmente me gustaría conducir. Por favor.
  • 223. Ana _________________________________________ ¿Qué tan exasperante puede llegar a ser? Ella realmente debería trabajar para mí. ¡Es una jodidamente dura negociadora! Ella me hace estar de acuerdo, pero no antes de hacerme enojar. ¡Si ella fuera mía, su delicioso trasero se vería rojo y sin dudas estaría dolorida hasta que mis manos llegaran a estar rojas por el daño! ________________________________________ De: Christian Grey Asunto: No tan intratable Hombre Fecha: 24 de mayo de 2011 18:52 Para: Anastasia Steele Bien. Mi Hotel @ 07:00. Nos vemos en el bar de mármol. Christian Grey CEO de Grey Enterprises Holdings Inc. _________________________________________ Incluso mis palabras escritas reflejan mi mal humor. ¡Ella me vuelve loco! Ella nunca escucha. ¡Nunca hace lo que le dicen! Y si fuera alguna otra mujer, cualquier otra sumisa de las que he tenido, la dejaría sin pensarlo.
  • 224. Pero, aun la idea de dejarla, o peor aún que ella me deje, rasga mi corazón ennegrecido. Una respuesta de ella llega un momento después. _________________________________________ De: Anastasia Steele Tema: Hombre intratable Fecha: 24 de mayo de 2011 18:55 Para: Christian Grey Gracias. Ana X _________________________________________ Mi maldito corazón se derrite con su respuesta. Con un simple "gracias" y una maldita "X" para indicar su beso. ¿Qué es esto que siento por ella? ¡Agh! _________________________________________ De: Christian Grey Tema: Mujer exasperante Fecha: 24 de mayo de 2011 19:00 Para: Anastasia Steele De nada. Christian Grey CEO de Grey Enterprises Holdings Inc. _________________________________________ No puedo esperar para verla... mañana.
  • 225. Traducido y Corregido por Jesica l día siguiente, mi corazón está en mi garganta todo el día. Estoy nervioso, excitado, nervioso, feliz, ¿mencioné nervioso? Puedo ver que estoy haciendo a Taylor muy nervioso. Soy brusco y corto. Tengo que encontrar un desvío para llegar a través de este día. Quiero seguir esta noche. Quiero hacer el amor con ella. A la mierda con ella. Besarla. Sostenerla. En vista de que no tengo otra cama, y yo no estoy en Escala, ella puede tener que dormir en mi cama. ¡Sin embargo, otro descanso de mis reglas! ¡Ella es la grieta en mi armadura! Pero no hay otra cama, y no voy a dormir en el sofá cuando está en esta proximidad. Mi subconsciente dice: "¡Sigue mintiéndote a ti mismo, a lo mejor te lo vas a creer!" Lo cayo. ¿Tal vez no vamos a hacer nada de dormir, qué dices a eso? ¡Dios! Ya han pasado tres días desde que la he tenido, y me está matando... ¡siendo sólo seis millas de distancia de ella, y no saborearla, no amarla, no follarla! Exasperado, grito — ¡Taylor! —Sí, señor— aparece en el área de la sala de estar de mi suite. —Necesito un entrenamiento. Vamos a ir a correr.
  • 226. — ¡Sí, señor! ¡Puedo correr a su lugar de aquí, y no voy a estar cansado cuando llego allí, y esta energía reprimida me está volviendo loco, buscando una manera de salir! Pero por supuesto que no lo haré porque ejerceré el control, y tengo que estar disparando en todos mis pistones, cuando ella llegue. ¡Así, sólo corremos y corremos con fuerza durante varios kilómetros! Cuando regresamos, me doy una ducha. Mi energía acumulada no ha disminuido. Voy a tener que ahorrar para esta noche. Me puse la habitual camisa de lino blanca y vaqueros negros, lazo negro y una chaqueta de color negro. Quiero lucir impecable, así que no voy a ser capaz de salir. Paso los dedos por el cabello, dejándolo despeinado, que le da un aire justo jodido. ¡Pon eso en tu pipa y fúmatelo Señorita Steele! Me dirijo a las escaleras para el bar del hotel. Ordeno a mí mismo un vaso de vino blanco. Estoy nervioso como nunca, y yo nunca estoy nervioso. No tengo muchas emociones. ¡Siempre me controlo y el control me da serenidad y Anastasia está creando el caos en mi alma atormentada ya! Compruebo mi reloj: 18:56 ¿Vendrá? Mi pie comienza a golpear ligeramente en un gesto nervioso en el suelo. Lo detengo. Me inclino a la barra, y tomo otro sorbo de mi vino. ¡Ella está aquí! ¡Siento su mirada en mi espalda! ¡No sé cómo! ¡Pero cuando ella está cerca, la siento como si estuviéramos conectados! Echo un vistazo alrededor todavía nervioso, y la veo de pie en la entrada del bar. ¡Ella me admira! Mi corazón se derrite, y aun cuando la veo con esa pinta. ¡Ella se ve increíble en un vestido de color púrpura! ¡Tengo que parpadear varias veces para asegurarme de que realmente está aquí! ¡Es impresionante! Le doy mi sonrisa sólo reservada para ella, esa sonrisa salaz para mostrar mi deseo, mi afecto, mi desenfreno por ella. ¡Ella está en un hermoso vestido y está usando tacones de aguja, y al diablo! ¡Tengo algo por los zapatos de tacón alto que me dan ganas de llevármela de aquí! Tal vez yo pueda. Tengo un comedor privado reservado. Camina hacia mí, y me sale de forma automática caminar hacia ella. Todo lo que puedo murmurar a ella es:
  • 227. — ¡Anastasia, tienes un aspecto impresionante! — Y darle un casto beso en la mejilla. —Estás usando un vestido. Lo apruebo señorita Steele—. Yo ofrezco mi brazo y ella lo toma, y la llevo a un área de cabina privada. Hago señas al camarero, y le pregunto lo que quiere beber. Ella me da una sonrisa socarrona, y dice —voy a tener lo que estés teniendo, por favor—. Yo le pido un Sancerre , y me deslizo en frente a ella. El pensamiento de su ser agradable me da vértigo. No puedo dejar de decir —tienen una excelente bodega de vinos aquí— inclinando la cabeza hacia un lado. Cierro los ojos por un segundo para ver si me puedo escapar de su tirón, pero no, no soy capaz. Me encuentro juntando mis manos y me inclino hacia ella. Mis ojos, mi corazón está lleno de una emoción, que está listo para reventar hacia fuera de mí, derramarse por ella. Cambia nerviosamente bajo mi mirada. Ella siente la carga entre nosotros. — ¿Estás nerviosa? — Le pregunto en voz baja. —Sí— susurra. Me inclino hacia delante más allá. —Te voy a decir un secreto— me encuentro diciendo con complicidad — estoy nervioso también—. Ella parpadea sorprendida. He dominado el elemento del control durante mucho tiempo, pero el nerviosismo es una sensación dada en su presencia. Le sonrió. El camarero llega con su vino, aceitunas, y algunos frutos secos. Ella va directo al grano. —Por lo tanto, Christian, ¿cómo vamos a hacer esto? ¿Repasamos mis puntos uno por uno? — Impaciente se poner a trabajar de inmediato... —Impaciente como siempre, señorita Steele— digo.  Sancerre: Vino de origen francés.
  • 228. Entonces ella dice lo más sencillo, pero lo más impactante porque creo que se está burlando de mí. ¡Y es la cosa más caliente del mundo! —Bueno señor Grey, en ese caso, voy a preguntarte: que es lo que pensabas del clima de hoy— me mira con sus grandes ojos azules con atención haciéndome sonreír. Dos pueden jugar ese juego señorita Steele. Hago un show de extender mi mano para agarrar una aceituna y el pop en la boca sin prisa. Ella está mirando mi boca, y sé exactamente lo que está pensando. Ella se retuerce en su asiento nerviosa. Cuando está deseosa de mí, enrojece y mira a sus manos. Ella debe estar muy caliente, porque se está fijando en mis labios y mi boca, su mirada es inquebrantable, incapaz de mirar lejos. Su pecho se eleva hacia arriba y abajo con el deseo, la respiración superficial, pero rápida. Ella está apretando sus piernas juntas ahora, porque ella tira accidentalmente sobre el mantel. ¡Ella me quiere, y despierta deseos que no sabía que existían en mí! Quiero nombrar eso. —Yo pensé— digo en voz baja —que el tiempo era particularmente excepcional hoy señorita Steele— sonrió con satisfacción. — ¿Estás sonriéndome señor Grey? — Pregunta incrédula. —Claro que lo estoy señorita Steele— sonrío. ¡Toma esa Anastasia! Se inclina hacia delante y susurra con fervor: —Usted sabe que legalmente ese contrato es inaplicable Sr. Grey— dice cambiando mi estado de ánimo. —Soy plenamente consciente de ese hecho señorita Steele— yo refuto. Ella se inclina hacia atrás y se cruza de brazos, cerrándose. — ¿Alguna vez ibas a decirme ese punto? — ¿Ella no confía en mí? ¿Cree que me aprovecho de ella? Yo frunzo el ceño. ¿Acaso piensa tan poco de mí? —Anastasia, ¿crees que yo te podría obligar a algo que no quieres hacer, y luego pretender tener una retención legal sobre ti? — Le pregunto con fervor en mi voz.
  • 229. —Bueno... sí—. Ella responde, y curiosamente su respuesta es hiriente. ¡Yo no hago daño! ¿De dónde viene esa sensación? Dos palabras simples, sin embargo, se pegan como un cuchillo a mi alma oscura. —No piensas muy bien de mí Anastasia— dije tratando de ocultar el dolor de mi voz — ¿por qué? —Mr. Grey, no has respondido a mi pregunta. No se contesta una pregunta con otra pregunta. Suspiro. Ella se merece una respuesta. —Anastasia, la finalidad del contrato no importa si es legal o no. Representa un arreglo que me gustaría hacer contigo. Declara lo que espero de ti y lo que puedes esperar de mí en términos claros. Si no te gusta lo que ves, no lo firmes. Pero si lo hace fírmalo, y si más tarde decides que no te gusta, o que no es para ti, sólo tienes un número de cláusulas que te permiten alejarte. Incluso si hubiera alguna oportunidad de que fuera remotamente posible que fuera legal, ¿crees que te arrastraría a través de los tribunales si decides correr? Ella me mira por un momento para digerir lo que acabo de decirle, y sin apartar la mirada de mí, toma un largo trago de su vino. Quiero que confíe en mí. ¡Siempre! Yo nunca voy a aprovecharme de ella. Si hay algo que tengo es este extraño deseo de cuidarla. Tenemos que confiar el uno en el otro si queremos que este arreglo funcione. —Este tipo de relaciones, de hecho, las relaciones en general se basan en la honestidad y la confianza. Si no confías en mí para saber cómo te afecto, hasta dónde puedo ir contigo, lo lejos que te puedo llevar...— digo. Me inclino más, y miro sus ojos y digo—: si no puedes ser honesta conmigo, entonces realmente no podemos hacer esto— con fervor en mi voz. —Por lo tanto, se reduce a esto Anastasia: ¿Confías en mí o no? — Mis ojos queman en los de ella deseando que sea honesta conmigo.
  • 230. Ella inclina la cabeza hacia mí y totalmente me desarma con su pregunta: — ¿Ha tenido esta discusión con, uhm... las quince? —No— le digo. — ¿Por qué no? — Ella pregunta. —Debido a que eran todas sumisas establecidas, y entendieron lo que esperaba y quería sacar de una relación. Por lo tanto, se trataba de una cuestión de puesta a punto de los límites suaves, y esos detalles. Ella niega con la cabeza. — ¿Hay alguna tienda, vas a conseguir una de estas chicas? ¿Al igual que en: sumisos RUs o Target Sumiso especial? Me río —no, no exactamente—, le respondo desarmado de nuevo. —Entonces, ¿cómo? —Anastasia, ¿es esto lo que quieres discutir o iremos al grano? — Ella traga. Una gran cantidad de emociones cruzan a través de su cara. Baja la vista hacia sus manos. Necesito distraerla de pensar demasiado. Siempre está pensando demasiado. — ¿Tienes hambre? — Le pregunto. Ella mira hacia arriba. —No— responde dócilmente. Apuesto a que no ha comido. Ella casi no come nada. — ¿Has comido hoy? — Le pregunto. —No— dice ella con una voz apenas audible. Mis ojos se estrechan. ¿Por qué está siempre evitando los alimentos? —Tienes que comer Anastasia. Podemos comer en mi suite o aquí. ¿Dónde prefieres? — Le pregunto.
  • 231. —Creo que deberíamos quedarnos en las zonas comunes, para ser más neutral—. Yo le doy una sonrisa cínica apoy&#