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Agnes heller-teoria-de-las-necesidades-en-marx

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  • 1. Teoría de lasnecesidades en Marx Agnes Heller Traducido por J. F. Yvars Ediciones Península, Barcelona, 1978 Segunda edición, 1986 Título original : Bedeutung und Funktion des Begriffs Bedürfnis im Denken von Karl Marx Giangiacomo Feltrinelli Editore, 1974 La paginación se corresponde con la edición impresa. Se han eliminado las páginas en blanco
  • 2. Prólogo Nacida en Budapest en 1929, alumna y asistente deLukács hasta 1958, año en que abandonó la universidad(siguiendo al maestro) y fue expulsada del partido comorepresentante de unas ideas «falsas y revisionistas», re-habilitada posteriormente y aceptada como investigado-ra por la Academia Húngara de Ciencias (Instituto deSociología), Agnes Heller puede ser considerada la figurade mayor relieve teórico del grupo de pensadores conoci-dos en la actualidad como la «escuela de Budapest». Ya en1968, cuando firmaron, en el curso de una convención in-ternacional organizada por la revista filosófica yugoslava«Praxis», un documento contra la intervención soviéticaen Checoslovaquia, estos pensadores fueron blanco delos dirigentes del partido. A comienzos de 1973 se abreuna investigación contra sus escritos: un grupo de estu-diosos de las ciencias sociales de la Academia examinósus posiciones políticas para cribar su alcance teórico yparticularmente su peso político. Sobre la base de los re-sultados de la investigación, publicada después en la re-vista «Szociológia», a mitad de mayo de aquel año elComité Central del partido emitió un comunicado deapenas dos hojas mecanografiadas de extensión en el quese condenaban decisivamente tales posiciones como ex-presión del tradicional revisionismo de derechas y al mis-mo tiempo del nuevo izquierdismo de cuño occidental:como posiciones, en definitiva, filoburguesas y antimarxis-tas. El economista y sociólogo András Hegedüs, de pasadopolítico stalinista (fue el último primer ministro del pe-ríodo de Ràkosi), Maria Márkus, también estudiosa deproblemas económicos y sociales, Mihály Vajda, GyörgyMárkus, János Kis y György Bence, dedicados todos ellosal campo teórico–filosófico, y naturalmente Agnes Heller, 5
  • 3. eran separados de este modo de la Academia de Ciencias(Hegedüs, Kis y Vajda, los únicos que eran miembros deél, fueron expulsados del partido). Los seis pensadorescitados,1 muchos de los cuales remiten directamente aLukács, han sido así reconocidos oficialmente como cons-tituyentes de un grupo unitario de opinión: objetivo ex-plícito de la medida era apartarlos de la vida culturalhúngara, impedir que sus escritos fueran publicados ypudiesen circular, «apartar» por consiguiente las ideasconsideradas peligrosas. A. Heller, al igual que los demás,se halla actualmente marginada en su país y vive de tra-ducciones.* Espera tiempos mejores y entre tanto se ocu-pa en un proyecto filosófico de gran envergadura, unaantropología marxista general de la que esta Teoría delas necesidades en Marx puede considerarse un avance, elesbozo de una parte. Las demás estarán dedicadas a tra-tar los afectos, las pasiones, el problema de la «segundanaturaleza» y, por último, la teoría de la personalidad.Una antropología crítica en oposición a todas las antro-pologías vulgares que consideran la naturaleza humanacomo algo inmutado e inmutable y que en consecuenciapretendería ensayar ese difícil encuentro entre nivel his-tórico y nivel teórico general que al menos un sector delmarxismo contemporáneo ha planteado como su princi-pal objetivo (por ejemplo, Sartre). A. Heller arriba a esta enorme tarea teórica despuésde haber desarrollado un trabajo largo, rico en resulta-dos, y ya ampliamente reconocido a nivel internacional,centrado en los temas de la moral y de la vida cotidianaen relación con el horizonte de la historia. Se trata delámbito de problemas que la autora ha recogido y here- 1. Se trata de los nombres más significados: otros alumnosde Lukács son Miklós Almási, Ferenc Fehér, Géza Fodor, MáriaLudasi, Dénes Zoltai. Entre sus investigaciones, además de aque-llas de carácter filosófico y sociológico, hay que recordar las detemática estética y literaria. * Desde enero de 1978 Agnes Heller pertenece al Departa-mento de Sociología de la Universidad australiana de La Trobe.(N. del T.) 6
  • 4. dado conscientemente de Lukács y que recorre sus librosmás significativos, desde la primera tentativa de cons-truir una moral marxista (De la intención a las conse-cuencias, escrito en 1957 pero no publicado hasta 1969)hasta las obras del período 1958–1963, La Ética de Aris-tóteles y El hombre del Renacimiento (son los años du-rante los cuales, abandonada la universidad, fue docenteen la escuela secundaria, y hasta las más recientes acercade la Sociología de la vida cotidiana y sobre Valor e his-toria.2 En la segunda mitad de los años 60 su reflexiónha alcanzado a diversos países europeos, los EstadosUnidos, Canadá y también Japón y Brasil, a través detraducciones, conferencias y cursillos. El eco internacional ha pesado sin duda en las recien-tes decisiones del partido húngaro en razón a la consi-deración obvia de que una mayor difusión de ideas «erró-neas» comporta una mayor «peligrosidad». Sin embargo,conviene añadir, mientras A. Heller se había limitado aproyectar su «teoría marxista de los valores» y al cultivode sus propios «estudios» de ética, permaneciendo porello, al menos formalmente, dentro de los límites de lapura práctica filosófica, el discurso había sido toleradofácilmente. Pero cuando a través del desarrollo del pro-pio discurso emerge una vinculación cada vez más sensi-ble entre teoría y práctica, es decir, cuando la teoría co-mienza a cargarse de acentos revolucionarios y halla al-guna confrontación con la práctica social específica, lahúngara, y en general, la occidental, salta entonces laseñal de peligro. La clasificación de los valores se revelaun discurso sobre y por el comunismo. También para A. Heller el año decisivo es 1968. Nosólo porque, como los restantes miembros del grupo, debepensar y decir frente a los sucesos de Praga, frente al«socialismo realizado», sino también y fundamentalmen- 2. Se puede añadir el desarrollo del ensayo Hipótesis parauna teoría marxista de los valores, al que A. Heller hace a me-nudo referencia (cfr. trad. cast. ed. Grijalbo, Barcelona, 1974). 7
  • 5. te porque percibe en las revueltas estudiantiles occiden-tales la expresión concreta de una crítica que desde elnivel de la política y de la economía consigue penetraren el interior del modo de vida burgués. La prioridadde la vida cotidiana, de las relaciones sociales asumidasen el plano más directo de la experiencia, del valor sobreel hecho en ese sentido, se hace, para A. Heller, histórica-mente visible. En dos ensayos concretos,3 Agnes Heller expresa la exi-gencia de vincular el tema lukácsiano de la vida cotidiana(tema que, como se recordará, es propio también de Le-febvre y de Kosik) al concepto marxiano de revolución: elnexo es posible precisamente por el radicalismo de la re-vuelta estudiantil. «Debemos considerar una ilusión meta-física», afirma,4 «aquella según la cual deberíamos abolirprimero la alienación económica y política para luego es-tar en condiciones, post festum, de humanizar las relacio-nes cotidianas entre los hombres». Por ello es necesariovolver a asumir la idea marxiana de comunismo y de «mo-vimiento comunista» como proceso global; según A. Helleren esa idea conviven dos instancias de fondo e irrenun-ciables: la de la realización individual y la de la comuni-dad como el lugar de la democracia directa. La vida “in-dividual, en términos del joven Marx, se realiza cuandola vida se convierte en objeto para el hombre, esto es,cuando el hombre puede vivir para–sí–mismo consciente-mente como género; la vida individual, por consiguiente,se contrapone al hombre particular cuyo fin es la auto-conservación y cuya necesidad consiste en la identifica-ción con todas las convenciones y exigencias del sistema.De ahí la exigencia revolucionaria de una reestructura-ción global de la vida cotidiana (que no puede limitarsea ser la humanización del trabajo productivo), la exigen-cia política de un nuevo modo de vida. Es fácil captar las 3. Teoría marxista de la revolución y revolución de la vidacotidiana y (en colaboración con Vajda) Estructura familiar ycomunismo, «Aut–Aut», núm. 127, enero–febrero, 1972. 4. A. HELLER, Teoría marxista de la revolución..., cit., p. 65. 8
  • 6. resonancias marcusianas. Pero hay que percibir tambiénla diferencia y la especificidad: el sentido de esta formade proyectar la revolución en el contexto social y políticode un país «socialista». Por ejemplo, el mero hecho dehacer valer la exigencia de la revolución. O que la inte-gración de la clase obrera, que A. Heller asume comotrasfondo de su discurso, no constituye la integracióneconómica promovida por los altos niveles de desarrollodel capital, sino integración política en el horizonte deuna ideología «socialista», deterioro del potencial de lu-cha y del potencial crítico, poder material de la ideo-logía. Conviene leer también la otra exigencia que la autoraavanza en ensayos que siguen al filo de 1968: una socie-dad verdaderamente socialista debe tener bases comuni-tarias. De ahí la estrecha relación entre el comunismo yla superación de la estructura familiar, sobre la queA. Heller (y Vajda) insisten como expresión más típicade la necesidad comunitaria. Ahora bien, si consultamos los resultados de la inves-tigación llevada a cabo sobre la «escuela de Budapest»,5vemos que con respecto a Agnes Heller (al igual que paracon los demás) el punto flaco es precisamente el hechode que hable de revolución, y además lo haga con unaactitud crítica respecto a las directrices del partido: laautora ataca, critica la ideología oficial. Pero la batallateórica muestra en seguida su trasfondo político. Por en-cima del voluntarismo, el partido combate en su raíz elpluralismo del grupo, la frase de A. Heller que afirma: «es preciso experimentar por otras vías». La acusación de pluralismo es en efecto la censura de la exigenciarevolucionaria. De ella se derivan todas las otras acusa-ciones: el haber sostenido en todo momento teorías si-milares, el hablar de comunidades imprecisas que seplantean análogos objetivos que los enemigos del socia-lismo, la identificación de las necesidades radicales con 5. Una versión italiana de los resultados de la investigaciónha sido publicada en «Aut–Aut», núm. 140, marzo–abril, 1974. 9
  • 7. la actitud hippy y finalmente el antimarxismo. A un ni-vel superficial, la acusación de pluralismo está motivadapor el abandono, siempre por parte de A. Heller, del mo-vimiento obrero revolucionario. En las conclusiones ofi-ciales de la comisión también es evocado Marcuse. Setiene la impresión de que toda la requisitoria pretendeser la liquidación final de las posiciones marcusianas. Sin embargo, una vez más, es necesario observar lasdiferencias más allá de las analogías: ver cuál es el espe-sor concreto y crítico del humanismo de A. Heller, siefectivamente su teoría de las necesidades radicales sig-nifica el abandono del sujeto revolucionario marxiano y,por consiguiente, de la clase obrera. La concreción de la postura ética se hace más sensibleen los últimos escritos, el ensayo Teoría, praxis y necesi-dades humanas.6 y, particularmente, la presente Teoríade las necesidades en Marx. Son estos los escritos que, nopor casualidad, la comisión de investigación toma direc-tamente como objeto de examen, y a los cuales, al mismotiempo, hay que referirse para intentar dar una respuestaa los problemas suscitados anteriormente. Ante todo con-viene observar cómo el discurso de Heller se ha organiza-do en torno al concepto de necesidad, noción que perma-nece estrechamente ligada a la temática del valor y queprecisamente constituye su fundamento materialista, labase real que permite situarse más allá de todo idealismoético y la consiguiente apropiación de un espacio políti-co. El concepto de necesidad proporciona la posibilidadde un análisis teórico e histórico simultáneamente, mien-tras que el de valor —falto de un soporte material— co-rre continuamente el riesgo de deslizarse hacia una posi-ción ontológica, hacia el análisis estático y esencialistade la naturaleza humana, y por consiguiente idealista.Agnes Heller no abandona el tema del valor (que incluso 6. A. HELLER, Teoría, praxis y necesidades humanas. Dada laimportancia del trabajo se ha considerado oportuno publicarlocomo apéndice a este libro. (N. de los E.) 10
  • 8. sigue constituyendo el rasgo distintivo de su marxismo),pero ahora lo sitúa dentro del tema de la necesidad, comocarácter de un tipo de necesidades: el carácter cualitati-vo, históricamente determinado. En este momento el aná-lisis parte, como hemos observado, de una evidencia fac-tual: la aparición histórica de las necesidades radicales.En Teoría, praxis y necesidades humanas (que remitea finales de 1961) A. Heller introduce orgánicamente sunuevo punto de vista, fruto también de las discusiones lle-vadas a término por el grupo. La premisa es política:sólo un tipo de praxis es efectivamente revolucionaria yes aquella que toma cuerpo en la revolución social total,que supera no sólo el reformismo socialdemócrata (la re-forma de toda la sociedad por medio de reformas parcia-les) sino también el rasero de la revolución política. Estaúltima no desarrolla un poder de masas; en sus ejemploshistóricos (la autora remite cautamente al modelo de laRevolución francesa) ha visto someterse hasta desapare-cer totalmente su propia base de masas: sucede así quela masa vuelve a la vida privatizada del bourgeois, mien-tras que «una minoría se fosiliza en la existencia alie-nada del citoyen.».7 En esta distinción entre revoluciónpolítica y revolución social se fundamenta la crítica y la«herejía» de Agnes Heller. Pero también para Marx —pa-rece responder anticipadamente a las palabras de la co-misión de investigación— la revolución política es sóloun momento de la revolución total, así como la emancipa-ción política constituye un momento parcial de la eman-cipación humana. Fundamento de la praxis totalizadoray asimismo tiempo verificación práctica de la teoría sontambién para Marx las necesidades. Pero el ámbito de lasnecesidades puede ser un contorno vago, indeterminado,totalmente empírico: hay que construir su teoría, distin-guir un tipo, un sistema de necesidades de tipo distintoy sistema diverso, las necesidades alienadas de la socie-dad capitalista. En el análisis de A. Heller emerge la con-vicción de que el plano de las necesidades determina y 7. Cfr. Apéndice, p. 168. 11
  • 9. remite a sí toda la teoría marxista: la transición revolu-cionaria es revolución de un sistema de necesidades ba-sado en la necesidad de poseer a otro sistema de necesi-dades, radicalmente distinto, fundado en la riqueza delas necesidades cualitativas. «Bajo esta óptica no existeninguna ambigüedad en la concepción que Marx teníadel comunismo.»8 La relación misma entre teoría y praxis (a propósitode la cual la marxología ha vertido ríos de tinta) puedehallar aquí una interpretación no teoricista: «la eficaciapráctica de una teoría depende de su habilidad para “se-guir la pista” de las necesidades humanas concretas».9 Vea-mos la relación entre la teoría así entendida y los diver-sos niveles de la praxis, del cambio político–social. Si elreformismo hace referencia a necesidades manifiestaspero todavía no directamente expresadas (aquí la rela-ción coincide totalmente con la estructura de la produc-ción de mercancías), tampoco la fase de la revoluciónpolítica consigue superar las necesidades desarrolladaspor el capitalismo y el ascetismo revolucionario de la van-guardia remite en realidad a una de las necesidades cuan-titativas dominantes en la sociedad capitalista, la necesi-dad de poder. Sólo mediante la revolución total la teoríano queda detenida en la contradicción entre necesidadesy existencia: se efectúa entonces un proceso cuyo sujetoson las masas y en el que las propias masas están en con-diciones de transformar conscientemente toda la estruc-tura de las necesidades (y de los valores) a través delproceso de su objetivación. La necesidad radical es esa necesidad no integrable enel capitalismo que se desarrolla contradictoriamente du-rante el desarrollo mismo del capitalismo. Su base es ma-terial, pero su nivel es cualitativo y el modo es el de laconsciencia individual y social. Estamos en las antípodasde todo cientifismo, tanto de aquel del partido que res-ponde por boca de sus expertos a la «escuela de Buda- 8. Ibid., p. 172. 9. Ibid., p. 173. 12
  • 10. pest», como del occidental, por ejemplo de un Althusser.Por otra parte, sólo malintencionadamente podría hablar-se aquí de un marxismo ético objetivamente social demó-crata. El discurso no lo permite. Estoy convencida, afir-ma Agnes Heller, de que las condiciones para un proyectode revolución social están presentes y «pueden ser des-cifradas en el comportamiento de estratos cada vez másamplios de la población»:10 y pone aquí el ejemplo delfenómeno estudiantil y de la juventud y de las necesida-des inteligibles en él. Se trata de un descifrar, de unalectura, no de la identificación de fuerzas sociales y po-líticas: continúa siendo la búsqueda de las condicionesteóricas. Las conclusiones de la investigación del partidoatacan decididamente sobre este punto: «El significadode todo ello es que en los países socialistas no se estárealizando la concepción marxiana de la revolución; queen la clase obrera, en el movimiento obrero no se verifi-can las “necesidades radicales” dirigidas a la transforma-ción de la estructura de las necesidades, mientras quesí, es posible su verificación en las comunas de los hip-pies, que en los países capitalistas con alto nivel de de-sarrollo asumen en las luchas sociales sólo papeles debreve duración —y de valor a menudo dudoso—, que seretiran de la sociedad y pretenden realizar sus ideas in-genuas en islotes al margen de la sociedad. En el lugardel programa revolucionario del movimiento obrero, enel lugar de la revolución de la clase obrera, se sitúa elmovimiento contracultural y la “revolución” de las comu-nas; he aquí el programa “revolucionario”, el programade la “nueva izquierda” de Agnes Heller.» El tono es cortante, pero nada dice de las necesidadesradicales. «El sujeto que presuponen», escribe A. Heller,11«es una clase obrera que haya alcanzado la conscienciade su misión histórica, una clase obrera que haya desa-rrollado una consciencia conforme a esa misión.» Porconsiguiente una clase obrera. Y esta debe constituirse. 10. Ibid., p. 180. 11. Ibid., p. 180. 13
  • 11. Naturalmente, añade la autora, si damos algún crédito ala afirmación de Marx de que la clase obrera sólo puedeliberarse a sí misma si libera al mismo tiempo a toda lahumanidad. La Teoría de las necesidades en Marx no se presentacomo un tratado sistemático. Posee la forma de materialde trabajo todavía no elaborado por completo, ni siquie-ra lingüísticamente. Son grupos de observaciones, de ha-llazgos en Marx, la base presumible sobre la que A. He-ller irá construyendo orgánicamente su antropología. Pero se trata, a la vez, de un material rico en suge-rencias y en auténticos descubrimientos. La preguntasobre el impulso merced al cual A. Heller advierte la ne-cesidad de releer a Marx (qué son y qué papel juegan enMarx las necesidades radicales) la sitúa en el terreno deun marxismo no escolástico, no codificado, en consecuen-cia no cerrado en sus propias definiciones. Estamos porello frente a una lectura distinta, motivada no ya por laexigencia de volver a Marx, sino de ir más allá de Marx.El marxismo no constituye un espacio teórico que hayaque amurallar y defender: la tarea fundamental no es lade rectificar, esto es, conducir de nuevo a Marx a unaconcreción cuyo modelo sea la ciencia y tras ella la razónpolítica. Por el contrario, hay que enriquecer a Marx, ad-vertir sus desigualdades, sus dificultades o incluso susimpedimentos históricos, interrogándolo a partir de lasurgencias prácticas y teóricas del presente. El trabajo deA. Heller termina con estas palabras: «Engels se ha re-ferido orgullosamente al desarrollo del socialismo de lautopía a la ciencia. En la actualidad no se puede negarque esa ciencia contiene no pocos elementos utópicos.» Para Agnes Heller, científico es aquel modo de leer aMarx partiendo de la pregunta sobre las necesidades ra-dicales. Es decir, el criterio de cientificidad estriba en lacapacidad y el rigor de la interrogación sobre el comunis-mo como necesidad, la capacidad para captar ese nivel teó-rico en el interior de la contradicción que caracteriza lafase actual del capitalismo: la necesidad de dar respues- 14
  • 12. tas acerca del individuo, de lo social, sobre el papel y elcarácter del trabajo, sobre el sentido de la riqueza general.De volver a discutir categorías que parecen obvias y sim-ples, como la de igualdad e incluso la misma de necesidad.Luego se podrá estar o no de acuerdo con las respuestas,pero lo más importante para que el marxismo no se con-vierta en una enorme construcción inerte es la reactiva-ción de la posibilidad de obtener respuestas. La polaridad respecto de la línea oficial es neta. Lee-mos una vez más en los resultados de la investigaciónsobre la «escuela de Budapest»: «Esta concepción va di-rigida no sólo contra el marxismo, sino contra la cienciaen general.» La ciencia se convierte por tanto en el crite-rio de verdad: la verdad, sostienen los expertos de lacomisión, «no es una cuestión práctica». ¿Pero en qué medida se encuentra realmente másavanzado el marxismo occidental, una vez traspasadas lassimples formulaciones? ¿Está dispuesto nuestro marxis-mo a plantearse efectivamente la cuestión del comunismo,o sólo a plantearla de hecho dentro de Marx? A. Hellerescribe en cierto momento que la verdadera genialidadde Marx estriba precisamente en sus oscilaciones, en cier-tas ambigüedades incluso de fondo, en el hecho, por con-siguiente, de no haber querido cerrar dogmáticamente lateoría allí donde la práctica y la historia permanecían(y permanecen) abiertas. Para la comisión húngara deinvestigación este es un índice de pluralismo a suprimir¿Y para nuestro marxismo–leninismo, dentro y fuera delpartido? No es difícil concluir que la tentativa de Agnes Hellerde lectura de Marx a través del problema de las necesi-dades, si la observamos dentro de este contexto de he-cho y de método, representa también para nosotros una«novedad» teórica de crecida incisividad. El redescubri-miento en Marx de las necesidades radicales (en todoMarx, afirma la autora, pero con mayor madurez y orga-nización en los Grundisse, que de esta manera se confir-man en efecto como el momento más avanzado de la re-flexión marxiana) como nivel subjetivo, pero factual, de- 15
  • 13. terminado históricamente, de las contradicciones del ca-pitalismo avanzado, concierne en igual medida a la situa-ción de los «países socialistas» y a la occidental: el pro-blema es el mismo y se configura como el problema dela constitución de una consciencia revolucionaria adecua-da. Marx afirma en los Grundrisse que es la propia socie-dad capitalista mediante el desarrollo de sus antinomiasla que produce aquello que denomina «consciencia cla-ra».* Agnes Heller se aleja y se diferencia particularmentede Marcuse cuando afronta y subraya como decisivo eltema marxiano de la contradicción, y en consecuencia,cuando advierte un nexo dialéctico imprescindible entrecondiciones y consciencia, entre necesidades necesarias**y necesidades radicales, entre el elemento material ycuantitativo y el elemento cualitativo. Cuando la autoracontrapone a una actitud economicista (también los eco-nomistas clásicos hablaban de necesidad, pero Marx asu-me un concepto de necesidad irreducible al plano econó-mico) la actitud valorativa, parece escucharse ya el corode los científicos de las diversas capillas contra este nue-vo marxismo ético. Pero en este caso actitud valorativaquiere decir, en última instancia, que sólo otras necesida-des pueden poner límite a las necesidades dadas y que laasunción consciente y la realización práctica de ello cons-tituye la clave del comunismo. Que esta clave, además,está contenida en la contradicción histórica: que es ne-cesario «leer» la contradicción sin convertirla en un con-cepto naturalista totalmente objetivo. En este punto se debe ser capaz de percibir las osci-laciones de Marx, la genialidad de no haberse encerradoen la posición naturalista hacia la cual, según A. Heller,tiende en efecto, y a la que históricamente estaba indu- * Sobre el concepto de «enormes Bewusstsein.», véase capí-tulo IV. (N. del T.) ** El traductor al castellano se ve incapaz de subsanar tanimpertinente tautología sin recurrir a paráfrasis oscurecedorasdel texto. En alemán notwendigen und radikalen Bedürfnissen.(N. del T.) 16
  • 14. cido por el bajo nivel de desarrollo del capitalismo. Y aquísobre todo (cfr. cap. V: «El “sistema de necesidades” y lasociedad de los productores asociados») se recogen losanálisis más fértiles del libro, cuando la autora —a pro-pósito de la sociedad de los productores asociados, esdecir, del comunismo— nos sitúa ante las diferencias ylos desajustes entre los Grundrisse y el Programa de Go-tha por un lado, y El Capital y las Teorías sobre la plus-valía por otro. Dos modelos de comunismo, en ciertosentido interrelacionados: por una parte el trabajo con-vertido en necesidad vital, la riqueza general como nivelcualitativo del que la riqueza material constituye una con-dición; finalmente el dominio del trabajo intelectual sobreel físico; por otra (particularmente en las páginas de ElCapital.), la sociedad que se constituye como único indi-viduo y el trabajo que se iguala como trabajo simple. Sinembargo, se pregunta A. Heller, ¿si estamos en El Capital,cómo es posible el paso a la fase superior del comunis-mo? Sólo mediante un salto del reino de la necesidad alreino de la libertad (la famosa página del libro III), cuyaconstitución material no aparece clara, que se presentautópico en sentido negativo e incluso firmemente deudorde la influencia hegeliana. Como es sabido, Marcuse apo-ya sus argumentos sobre el comunismo precisamente enese salto. Tras esos modelos, no exentos por cierto de incon-gruencias y que suscitan más interrogantes de los que re-suelven, pueden detectarse dos teorías distintas de lacontradicción que utiliza Marx: una de tipo hegelianobasada en el deber como necesidad social, en la cual seconjetura un avance necesario natural al comunismo; yuna segunda, totalmente original, ligada al carácter feti-chista del capitalismo y por consiguiente a la hipótesisdel proceso histórico–subjetivo. En esta segunda teoríade la contradicción, a través del concepto de necesidadesradicales, se puede construir la idea (traducible y tradu-cida en la práctica revolucionaria) de la necesidad nonatural, histórica, a partir del presente. Centrándose en este núcleo son abundantes las suge- 17
  • 15. rencias particulares y las hipótesis de investigación quese suscitan. Un registro específico queda constituido porlas referencias implícitas al «socialismo realizado» par-ticularmente en lo que respecta a la fetichización de lanecesidad social (cfr. el inicio del cap. III: «Las necesi-dades sociales»): ¿quién decide, se pregunta la autora, elreconocimiento de la universalidad de las necesidades?«Los representantes de las “necesidades sociales” se en-cargan de decidir las necesidades de la mayoría y de ellasdeducen las presuntas necesidades todavía no reconoci-das, en lugar de las auténticas.» PIER ALDO ROVATTI 18
  • 16. «Ihr lacht wohl über den Träumer,der Blumen im Winter sah?» (¿¡Ríete si quieres del soñador, quevio abrirse las flores en invierno!?) FRANZ SCHUBERT y WILHELM MÜLLER, Die Winterreise, Frühlingstraum. 19
  • 17. OBSERVACIONES METODOLÓGICAS En este trabajo se analiza la teoría de las necesidadesen Marx sobre la base de sus obras principales.; pero, na-turalmente, sin un examen de contenido de toda la obra.El lector avezado podrá hallar a buen seguro en esa gi-gantesca opera omnia precisiones que contradigan algu-nas afirmaciones o deducciones de mi trabajo. Lo cual es,por otra parte, inevitable puesto que Marx, como vere-mos, incluso en sus obras principales, no se sirve de unaterminología precisa y expone incluso ideas válidas sólomomentáneamente, dando así pie con frecuencia a inter-pretaciones diversas. Estoy convencida de que no es po-sible ninguna interpretación de Marx que no pueda ser«refutada» con citas. Sin embargo, «refutar» no está porcasualidad entre comillas. Lo que me interesa es la ten-dencia principal —a menudo las tendencias principales—de su pensamiento, que he intentado examinar como refe-rencia al problema.* * En las citas de las obras de MARX, las cursivas son deA. Heller; cuando son del propio MARX, aparecerán en cursivaentre comillas simples. (N. del T.) 20
  • 18. I. Observaciones preliminares: el concepto marxiano de necesidad Resumiendo la originalidad de sus descubrimientoseconómicos en relación con la economía política clásica,Marx enumera los siguientes puntos: 1. El trabajador no vende al capitalista su trabajo,sino su fuerza de trabajo. 2. Elaboración de la categoría general de plusvalía ysu demostración (beneficio, salario y renta del suelo sonsólo formas fenoménicas de la plusvalía). 3. Descubrimiento del significado del valor de uso(Marx escribe que las categorías de valor y valor de cam-bio no son nuevas, sino que proceden de la economía po-lítica clásica). Si se analizan los tres descubrimientos que Marx seatribuye, no es difícil demostrar que de algún modo to-dos ellos están construidos sobre el concepto de nece-sidad. Examinemos primeramente el valor de uso. Marx de-fine la mercancía como valor de uso del siguiente modo:«La mercancía es (...) una cosa apta para satisfacer ne-cesidades humanas, de cualquier clase que ellas sean.»1A este respecto es irrelevante el hecho de que se trate denecesidades del estómago o de la fantasía. La satisfacciónde la necesidad constituye la conditio sine qua non paracualquier mercancía. No existe ningún valor (valor decambio) sin valor de uso (satisfacción de necesidades),pero pueden existir valores de uso (bienes.) sin valor (va-lor de cambio), si bien satisfacen necesidades (según sudefinición). Quede claro desde ahora que Marx acostum-bra a definir mediante el concepto de necesidad, pero nodefine nunca el concepto de necesidad, y ni siquiera des-cribe qué debe entenderse con tal término. 1. MARX, El Capital, F.C.E., México, 1971, vol. I, p. 3. 21
  • 19. El valor de uso aparece definido inmediatamente porlas necesidades y esto es también válido, indirectamentepero con igual cantidad de referencias, para la idea a te-nor de la cual el trabajador vende al capitalista su fuer-za de trabajo: el trabajo da valor de uso y como contra-partida recibe valor de cambio. Ahora bien ¿qué defineel valor que recibe, es decir, el valor de la fuerza de tra-bajo? Como es sabido, el valor de los medios de subsis-tencia necesarios para su reproducción. Considerandodada la productividad, la cantidad correspondiente de va-lor es fijada nuevamente por las necesidades del trabaja-dor. La totalidad de las necesidades para la mera super-vivencia (comprendido el sustento de los hijos) represen-ta el límite inferior. Pero Marx insiste más de una vez enla historicidad de estas necesidades, en su dependenciade la tradición, del grado de cultura, etc.; punto este so-bre el que volveremos. Por consiguiente, el trabajador vende al capitalista sufuerza de trabajo, esto es, un valor de uso. Como sabe-mos, por definición el valor de uso satisface necesidades:las necesidades de la producción de plusvalía y por con-siguiente de valorización del capital. (Si la fuerza de tra-bajo no produjese plusvalía y el capitalista no comprasefuerza de trabajo el sistema capitalista dejaría de existir.)«La ley de la acumulación capitalista, que se pretendemistificar convirtiéndola en una ley natural, no expresa,por tanto, más que una cosa: que ‘su naturaleza’ excluyetoda reducción del grado de explotación del trabajo otoda alza del precio de éste que pueda hacer peligrar se-riamente la reproducción constante del régimen capita-lista y la reproducción del capital sobre una escala cadavez más alta. Y forzosamente tiene que ser así, en unrégimen de producción en que el obrero existe para lasnecesidades de valoración de los valores ya creados, envez de existir la riqueza material para las necesidades deldesarrollo del obrero.» 2 Por ahora tengamos presente que la observación se- 2. Ibid., vol. I., p. 524. 22
  • 20. gún la cual la riqueza material debería servir a las nece-sidades del desarrollo del obrero, se fundamenta total-mente en una valoración extraeconómica. Pero volvamosa la categoría de plusvalía. Hemos visto ya que tambiénla producción de plusvalía satisface una necesidad (la«necesidad» de valoración del capital). Pero con las ne-cesidades Marx define también la posibilidad de produc-ción de la plusvalía. A lo largo de toda la obra de Marxreaparece constantemente la idea de que la posibilidadde producir plusvalía se realiza cuando una determinadasociedad es capaz de producir más de lo suficiente parala satisfacción de sus «necesidades vitales». Marx en efec-to no afirma que la producción de plusvalía tenga lugaren cada caso de este tipo, sino solamente que no es po-sible sin este surplus. Cuándo se realiza la producción deplusvalía y cuándo no constituye en cada ocasión unproblema particular, es función de la interacción de innu-merables factores. Considerada en su génesis histórica, la producción deplusvalía plantea y reproduce la propiedad privada y loque, al menos en la génesis, es idéntico a ella: la divisióndel trabajo. El desarrollo de la división del trabajo y dela productividad crea, junto con la riqueza material, tam-bién la riqueza y la multiplicidad de las necesidades; perolas necesidades se reparten siempre en virtud de la di-visión del trabajo: el lugar ocupado en el seno de la di-visión del trabajo determina la estructura de la necesidado al menos sus límites. Esta contradicción alcanza su cul-minación en el capitalismo, donde llega a convertirse (co-mo veremos) en la máxima antinomia del sistema. Por consiguiente, hemos observado que entre los des-cubrimientos económicos que Marx indica como propios,el concepto de necesidad juega uno de los papeles prin-cipales, cuando no representa incluso el papel principal.Basta una ojeada a las categorías rechazadas consciente-mente por él para reconocer que la necesidad no juega enellas función alguna. La economía política clásica no atri-buía ninguna importancia al valor de uso y, a este res-pecto, en consecuencia, no se planteaba ningún problema. 23
  • 21. Si efectivamente el trabajador vendiese al capitalista sutrabajo, echaríamos a faltar ambos momentos de esteacto correspondientes a las necesidades. Y finalmente sise hablase de beneficio, salario y renta del suelo, tampocoaquí aparecería ninguna referencia a la necesidad. Pero esto no significa que el concepto de «necesidad»haya sido ignorado con anterioridad a Marx; también enla economía política clásica es éste un concepto inclusodecisivo, pero en una perspectiva y en un contexto com-pletamente distintos de los de Marx. El análisis y la crí-tica de la necesidad tienen lugar desde el punto de vistadel capitalismo. Tal análisis o crítica es por ello pura-mente económico.: el valor económico constituye el valorúnico, el máximo, que no puede ser trascendido desde nin-gún otro punto de vista. Las necesidades del trabajadoraparecen como límites de la riqueza y son analizadoscomo tales. Pero al mismo, tiempo la necesidad que semanifiesta en forma de demanda solvente es una fuerzamotriz y un medio de desarrollo industrial. En los Ma-nuscritos de economía y filosofía de 1844 Marx rechaza yaenérgicamente la concepción puramente económica de lanecesidad, ya que ésta se desprende de la posición del ca-pitalismo. Respecto a la economía política escribe: «Todolo que excede de la más abstracta necesidad (sea comogoce pasivo o como exteriorización vital) le parece (aleconomista) un lujo.»3 Y más adelante: «‘La sociedad’como se manifiesta a los economistas, es la ‘sociedad civil’en la que cada individuo es un conjunto de necesidadesy sólo existe para el otro, como el otro sólo existe paraél, en la medida en que se convierten en medio el unopara el otro.»4 En opinión de Marx, la reducción del concepto de ne-cesidad a la necesidad económica constituye una expre-sión de la alienación (capitalista) de las necesidades, en 3. MARX, Manuscritos de economía y filosofía, trad. F. RubioLlorente, Alianza, Madrid, 1969, p. 169. 4. Ibid., p. 169. La valoración negativa es inequívoca: se re-fiere al imperativo kantiano según el cual el hombre no debe serpara el hombre simplemente un medio. 24
  • 22. una sociedad en la cual el fin de la producción no es lasatisfacción de las necesidades, sino la valorización del ca-pital, en la que el sistema de necesidades está basado enla división del trabajo y la necesidad sólo aparece en elmercado, bajo la forma de demanda solvente. Volveremosa examinar más adelante la estructura de las necesidadesde la sociedad de los «productores asociados» que Marxnos presenta; aquí sólo queremos poner de relieve algu-nos aspectos. La sociedad de los «productores asociados»no se distinguirá del capitalismo por el incremento cons-tante de la productividad. El aumento de la produc-ción sólo se halla en correlación con la cantidad(y la calidad) del valor de uso: eleva la «riqueza mate-rial» de la sociedad, satisface y al mismo tiempo producenecesidades. Por el contrario no está en relación directacon la producción de valor (valor de cambio), puesto queéste se encuentra en correlación con el tiempo de trabajonecesario.5 Pero a través de la mediación de la ley delvalor el aumento de la productividad puede ser puestotambién en relación con las necesidades; gracias a él seobtiene una disminución del tiempo de trabajo, con laconsiguiente posibilidad para el trabajador de satisfacernecesidades más elevadas. Pero esto, según Marx, no pue-de jamás suceder en el capitalismo, en parte porque lavaloración del capital pone límites a la reducción deltiempo de trabajo, en parte también —y veremos queéste es el motivo determinante— porque ab ovo no puededesarrollarse a la medida de los hombres una estructurade necesidades que haga posible el empleo del tiempolibre para la satisfacción de «necesidades superiores».Esta posibilidad sólo puede ser realizada en la sociedadde los «productores asociados», donde las necesidades nose manifiestan en el mercado. En esta sociedad es de im-portancia primordial la valoración de las necesidades yla consiguiente repartición de la fuerza de trabajo y deltiempo de trabajo.; de este modo se modifica toda la es-tructura de las necesidades (incluso el trabajo se convier- 5. Cfr. MARX, El Capital, cit., vol. I, p. 12. 25
  • 23. te así en una necesidad vital): los hombres participan delos bienes conforme a sus necesidades, y no se conviertenen primarias las necesidades dirigidas a bienes materia-les, sino las dirigidas a las «actividades superiores», par-ticularmente las dirigidas a los otros hombres entendidosno como medio sino como fin. En este caso ya no de-bería parecer «casualidad» que el concepto de necesi-dad juegue ocultamente el papel principal en las cate-gorías económicas marxianas, como tampoco es azarque el concepto de necesidad no quede definido en lascríticas de la economía política (y del capitalismo).Las categorías marxianas de necesidad (veremos que ofre-ce diversas interpretaciones de ellas) no son por lo gene-ral categorías económicas. En sus obras la tendenciaprincipal estriba en considerar los conceptos de necesi-dad como categorías extraeconómicas e histórico–filosó-ficas, es decir, como categorías antropológicas de valor,y por consiguiente no susceptibles de definición dentro delsistema económico. Para poder analizar las categoríaseconómicas del capitalismo como categorías de necesi-dades alienadas (¿no son acaso fenómenos de alienaciónla necesidad de valoración del capital, el sistema de ne-cesidades impuesto por la división del trabajo, la sucesi-va aparición de las necesidades en el mercado, la limita-ción de las necesidades del trabajador a los «medios ne-cesarios para la vida» o la manipulación de las necesida-des?), debe instituirse la categoría positiva de valor del«sistema de necesidades no alienadas», cuya completaexpansión y realización queda situada por nosotros enun futuro en el cual la economía estará también subor-dinada a ese sistema de necesidades «humano». Antes de examinar más de cerca la concepción filosó-fica de la necesidad en Marx, observemos brevementelas diversas interpretaciones de este concepto que utiliza.Marx no nos ha dejado ninguna obra filosófica o econó-mica digna de relieve en la que no haya intentado repe-tidamente, a menudo incluso con diferentes planteamien-tos, clasificar los tipos de necesidad. La clasificación esllevada a cabo ya desde el punto de vista histórico–filosó- 26
  • 24. fico–antropológico, ya a partir de las objetivaciones efec-tuadas por las necesidades y en correlación con ellas, yasegún el aspecto económico (particularmente en el análi-sis de la demanda y de la oferta) o bien incluso mediantela aplicación, conscientemente valorativa, de la categoríade valor de «riqueza humana». Añadamos que en casi to-das las especificaciones citadas está contenido el momen-to del juicio de valor, incluso cuando no es utilizada in-mediatamente una categoría de valor como criterio parala clasificación. Tan diversos puntos de vista conducen, en la clasificanción misma, a una cierta heterogeneidad. Lo cual no com-portaría ninguna dificultad en la descripción de la pos-tura marxiana si las diversas perspectivas fuesen explíci-tamente distinguidas en todo momento. Pero a menudolos «puntos de vista» mismos no son claros e inequívocos.No lo son en particular porque más de una vez la clasi-ficación se fundamenta sobre una actitud valorativa noconsciente. Además, en la clasificación de las necesidadesde raíz económica, prevalecen a veces conceptos filosó-ficos y, last but not least, el statu quo de la sociedadcapitalista influye en más de una ocasión en la clasifica-ción histórico–filosófico–antropológica. Esta última cir-cunstancia —y no un feuerbachismo mal superado—constituye la causa de que Marx no supere un conceptonaturalista de necesidad, aunque intente realizarlo confrecuencia. Queda fuera de discusión la clasificación delas necesidades con relación a las objetivaciones, esto es,respecto de los objetos en general, y en sentido ampliorespecto a las actividades, los sentimientos y las pasiones.(Que el objeto de la necesidad y la necesidad misma sehallan para Marx siempre en correlación lo veremos enel curso del análisis del concepto filosófico de necesidad.).Los tipos de necesidad se configuran según los objetos aque están dirigidos, es decir objetos que comportan ac-tividades. La distribución marxiana más general conside-ra en este sentido bienes «materiales» y «espirituales»,pero se habla también de la necesidad política, de la ne-cesidad de vida social, de la necesidad del trabajo (de 27
  • 25. actividad) En tales divisiones la actitud valorativa nopresenta ninguna posición efectiva. La satisfacción de lanecesidad material no constituye sólo la condición pri-mera de la vida fundamental del hombre, el refinamientode esas necesidades es asimismo un signo del «enrique-cimiento» del hombre; sin embargo, también puede obje-tivarse una «necesidad espiritual». La valoración concier-ne a la totalidad de la estructura de la necesidad, y sobreesto, volveremos más adelante.6 La clasificación histórico–filosófico–antropológica sebasa en las siguientes categorías: «necesidades naturales»y necesidades «socialmente determinadas» (sinónimo delas primeras son a menudo las «necesidades físicas», lasnecesidades «necesarias»;* a las segundas correspondenlas «necesidades sociales», al menos en el sentido ampliode la palabra). Pero ¿cómo interpreta Marx estos con-juntos? En los Manuscritos de economía y filosofía de 1844escribe: «...el hombre produce incluso libre de la nece-sidad física y sólo produce realmente liberado de ella.»7La necesidad física corresponde aquí a la biológica, estoes, a aquellas necesidades dirigidas a la conservación delas meras condiciones vitales. Marx en este contexto (apesar de la apariencia terminológica) se ha alejado, comosucede en numerosas obras de madurez, de la interpreta-ción naturalista. Y eso acaece no tanto allí donde hablade un contenido humano–social radicalmente nuevo de lasnecesidades estrictamente biológicas (contenido que pres-cindiendo de algunas formulaciones es en Marx —inclusomás tarde— muy claro), como donde considera la reduc-ción de las necesidades «humanas» a necesidades de con-tenido social —incluso las de «naturaleza» biopsicológi- 6. En párrafos particulares de Marx se capta naturalmentecierta insistencia en una o en otra dirección, pero ésta es siem-pre funcional al análisis del problema y no permite sacar con-secuencias respecto a la totalidad de su concepción. * Véase nota de la pág. 16. En adelante, en lo que al concep-to se refiere, cfr. dicha nota. (N. del T.) 7. MARX, Manuscritos de economía y filosofía, cit., p. 112. 28
  • 26. ca— como un producto de la sociedad capitalista. Es lasociedad burguesa la que subordina los sentidos humanosa las «burdas necesidades prácticas» y las hace «abstrac-tas», reduciéndolas a meras necesidades de superviven-cia. Precisamente por ello las necesidades dirigidas a lasupervivencia no pueden formar grupos autónomos denecesidades de carácter general desde un punto de vistahistórico–filosófico. Desde una perspectiva económica se hace inmediata-mente necesaria una clasificación que —más o menosmodificada, es decir, con una interpretación diferente—volverá a encontrarse de nuevo en los escritos de madu-rez: la distinción entre necesidades «naturales» y «social-mente determinadas». Como ya hemos mencionado, elpunto de vista económico constituye una explicación dela génesis de plus–trabajo y plusvalía y de la posibilidadde su existencia. Lo cual es motivado también tanto porel statu quo existente en la sociedad capitalista, puntode partida del análisis marxiano, como por el descubri-miento del hecho «explotación.» en calidad de motivoconductor de la crítica del capitalismo. Debemos ocuparnos ahora de los contextos en que apa-recen estas categorías (donde subrayaremos los momen-tos más importantes). En los Grundrisse Marx habla de la«capacidad de consumo» como fuente de las necesidadesde la sociedad capitalista y distingue las necesidades «pro-ducidas por la sociedad» de las necesidades «naturales».8Respecto al capitalismo escribe: «En su aspiración ince-sante por la forma universal de la riqueza, el capital, em-pero, impulsa al trabajo más allá de los límites de su ne-cesidad natural y crea así los elementos materiales parael desarrollo de la rica individualidad, tan multilateral ensu producción como en su consumo, y cuyo trabajo, porende, tampoco se presenta ya como trabajo, sino comodesarrollo pleno de la actividad misma, en la cual ha 8. MARX, Elementos fundamentales para la crítica de la eco-nomía política, trad. Pedro Scarón, ed. Siglo XXI, Madrid, 1972,vol. I, p. 14. 29
  • 27. desaparecido la necesidad natural en su forma directa,porque una necesidad producida históricamente ha sus-tituido a la natural.»9 Y más adelante: «‘El lujo’ es la an-títesis de lo ‘naturalmente necesario’. Necesidades impres-cindibles son las del individuo reducido él mismo a unsujeto natural. El desarrollo de la industria suprime esanecesidad natural, así como aquel lujo (en la sociedadburguesa, por cierto, sólo ‘contradictoriamente’, puestoque ella misma sólo contrapone al lujo determinada me-dida social como la necesaria).»10 En El Capital la cate-goría de «necesidades naturales» aparece a través de ladeterminación del valor de la fuerza de trabajo.: «Las ne-cesidades naturales, el alimento, el vestido, la calefacción,la vivienda, etc., varían con arreglo a las condiciones delclima y a las demás condiciones naturales de cada país.Además, ‘el volumen de las llamadas necesidades natura-les’, así como el modo de satisfacerlas, son de suyo un‘producto histórico’ que depende, por tanto, en gran parte,del nivel de cultura de un país y, sobre todo, entre otrascosas, de las condiciones, los hábitos y las exigencias conque se haya formado la clase de los obreros libres. A di-ferencia de las otras mercancías, la valoración de la fuer-za de trabajo encierra, pues, un elemento histórico mo-ral.»11 Finalmente el valor de la fuerza de trabajo aparecedefinido del siguiente modo: «El valor de la fuerza detrabajo se determina por el valor de los medios de vidaconsuetudinariamente necesarios para el sustento delobrero medio.»12 La clasificación citada emerge aquí nue-vamente. Sobre la diferencia del valor de la fuerza detrabajo según los diferentes países escribe también Marx:«Por eso, cuando se compara los salarios de diversas na-ciones, deben tenerse en cuenta, todos los factores que in-fluyen en los ‘cambios’ de la magnitud de valor de la fuer-za de trabajo, el precio y la extensión de las necesidadeselementales de la vida del obrero, tal como se han desa- 9. Ibid., vol. I, pp. 266–267. 10. Ibid., vol. II, p. 17. 11. MARX, El Capital, cit., vol. I, p. 124. 12. Ibid., vol. I, p. 434. 30
  • 28. rrollado en la naturaleza y a través de la historia».13 Porlo que respecta al análisis de la demanda quisiera refe-rirme a la afirmación marxiana de que la producción ma-terial ha sido siempre el reino de la necesidad y seguirásiéndolo asimismo en la sociedad de «productores aso-ciados».14 Con el desarrollo de las fuerzas productivas«se extiende este reino de la necesidad natural puestoque se desarrollan con él sus necesidades».15 De todo esto se desprende que la categoría de «nece-sidades naturales» —al menos desde los Grundrisse hastael tercer libro de El Capital— no ha cambiado de signi-ficado, pero sí se ha modificado el concepto de «necesi-dades necesarias». Analicemos primeramente el conjuntode las «necesidades naturales». Las «necesidades naturales» se refieren al mero man-tenimiento de la vida humana (autoconservación) y son«naturalmente necesarias» simplemente porque sin su sa-tisfacción el hombre no puede conservarse como ser na-tural. Estas necesidades no son idénticas a las propiasde los animales, puesto que el hombre para su mismaautoconservación necesita también de ciertas condiciones(calefacción, vestidos) que para el animal no representanuna «necesidad». Por consiguiente, las necesidades nece-sarias para el mantenimiento del hombre como ser na-tural son también sociales (es conocida la afirmación delos Grundrisse que sostiene que el hambre que se satis-face mediante cuchillo y tenedor es distinta de la satis-fecha con carne cruda): los modos de satisfacción hacensocial la necesidad misma. Sin embargo, el enunciado delconcepto de «necesidades naturales» como un «conjuntode necesidades» independiente, enfrentado con el concep-to de necesidades «sociales» o «socialmente producidas»es contradictorio: o por lo menos no puede encuadrarsecoherentemente en ese contexto la teoría marxiana de lanecesidad. Examinemos ahora las necesidades como es- 13. Ibid.. vol. I, p. 469. 14. Cfr. ibid., vol. III, p. 759. 15. Ibid., vol. III, p. 759. 31
  • 29. tructura de la necesidad (más adelante veremos que elpropio Marx lo realiza). Si creemos que únicamente pode-mos interpretar toda la estructura de las necesidades enconexión con el conjunto de las relaciones sociales (yuna cita de la Miseria de la filosofía lo demostrará), en-tonces sólo deberán existir necesidades socialmente pro-ducidas y deberán poseer tamben este carácter las «ne-cesidades naturales» (en las cuales la modalidad de lasatisfacción modifica la necesidad misma). Como hemos visto, a criterio de Marx, la producciónindustrial genera la posibilidad de resolver, aunque deun modo contradictorio, la oposición entre necesidades«naturales» y necesidades «producidas socialmente» ya enla sociedad capitalista, aun cuando ello reproduzca tem-poralmente la contradicción. La superación del antagonis-mo entre necesidades «naturales» y «producidas social-mente» es por consiguiente una consecuencia del distan-ciamiento de los límites naturales.; el retroceso de los lí-mites objetivos y de los subjetivos se encuentra en rela-ción.: Marx no distingue entre naturaleza interna y exter-na. Pero si a partir de esta genial reflexión no es necesariofundamentar el conjunto independiente de las «necesidadesnaturales», también entonces la naturaleza externa existesólo para el hombre a través de la acción recíproca conla sociedad, mediante el proceso de la socialización, en elintercambio orgánico entre hombre y naturaleza. Aunque el conjunto de las «necesidades naturales» noes interpretable en el todo de la filosofía marxiana, la ideaque Marx quería expresar mediante la creación de esteconjunto se manifiesta, no obstante, de manera plausible:es a través de la producción industrial, con el desarrolloen sentido capitalista de la productividad, como el mante-nimiento de la mera existencia física puede dejar de serpara el hombre irrevocablemente un problema y un finen sí mismo en función del cual configurar la actividadcotidiana; los hombres no trabajan ya sólo para llenar suestómago y el de sus hijos y para protegerse a sí mismosy a su familia de la muerte por aterimiento. El desarrollo de la producción industrial ofrece no 32
  • 30. sólo la ocasión de satisfacer ampliamente las «necesida-des naturales», sino que, en la medida de lo posible, li-quida el problema de una vez por todas. Según los Ma-nuscritos de economía y filosofía de 1844, es en el fondola sociedad capitalista la que persigue la reducción a «ne-cesidades físicas», en otras palabras, la que constituye elconjunto autónomo de las «necesidades naturales»; porel contrario, en escritos posteriores el mismo paso seperfila como la reproducción capitalista de la oposición.Sin lugar a dudas en este cambio de acento se expresauna relación (juicio) de valor más positiva hacia el modode producción capitalista. En efecto, la institución de un conjunto separado de«necesidades naturales», en nuestra opinión, no se inser-ta de una forma orgánica en la teoría filosófica general delas necesidades de Marx, ni en la actualidad mantendría-mos en una teoría marxista de las necesidades un «con-junto» tal, que sin embargo sería interpretable en todomomento con relación a ella. A nuestro criterio las «ne-cesidades naturales» no constituyen un conjunto de ne-cesidades, sino un concepto límite.: límite diferenciablesegún las sociedades —superado el cual la vida humanaya no es reproducible como tal; dicho en otras palabras,el límite de la simple existencia (la muerte masiva dehambre en la India o en el Pakistán, expresa precisamen-te esa superación). Sería puro aristocratismo —en nues-tro mundo al menos— eliminar ese concepto límite de ladiscusión sobre las necesidades. Por ello no hablaré de,«necesidades naturales» sino de límite existencial para lasatisfacción de las necesidades. Dijimos con anterioridad que el concepto de «necesi-dades necesarias» se va modificando de los Grundrisse aEl Capital. Mientras que en los Grundrisse se correspon-de éste perfectamente con el de necesidades naturales, enEl Capital queda subrayada la diferencia. Las necesida-des «necesarias» son aquellas necesidades surgidas his-tóricamente y no dirigidas a la mera supervivencia, en lascuales el elemento cultural, el moral y la costumbre sondecisivos y cuya satisfacción es parte constitutiva de la 33
  • 31. vida «normal» de los hombres pertenecientes a una de-terminada clase de una determinada sociedad. Denomi-namos «medio necesario para la supervivencia» en undeterminado tiempo o para una determinada clase, a todolo que sirve para la satisfacción de las necesidades (vita-les) y de las «necesidades necesarias». Según esta inter-pretación el concepto de «necesidades necesarias» es ex-traordinariamente importante, aunque se trate de un con-cepto descriptivo. Si indagamos empíricamente qué nece-sidades deben ser satisfechas para que los miembros deuna determinada sociedad o clase tengan la sensación ola convicción de que su vida es «normal» —respecto a undeterminado nivel de la división del trabajo— llegamosal concepto de «necesidades radicales». La dimensión y elcontenido de las necesidades necesarias pueden por con-siguiente ser distintos según las épocas y las clases. Paraun trabajador de los EE.UU. en la actualidad son válidas«necesidades necesarias» distintas de las característicasde un trabajador inglés del tiempo de Marx o de las pro-pias de un trabajador indio contemporáneo. TambiénMarx se pronuncia en este sentido sobre las necesidadesen la Miseria de la filosofía, cuando registra la contradic-ción entre las necesidades y las posibilidades del trabaja-dor. Lo cual significa que las necesidades necesarias delos trabajadores no pueden ser satisfechas, puesto que noestán cubiertas por su demanda solvente. Hemos dicho también que consideramos la categoríade las «necesidades necesarias» como un concepto des-criptivo extraordinariamente importante, y por así decir,sociológicamente relevante. Pero su contenido filosóficose disuelve precisamente debido al carácter descriptivodel concepto. Cuando Marx habla de las «necesidades ne-cesarias» de los obreros ingleses de su tiempo, entiendecon ello no sólo las necesidades materiales, sino tambiénlas de carácter no material, interpretables a través delconcepto de «media» (Durchschnitt.). Figuran también enesta categoría la enseñanza, los libros y la adscripción aun sindicato. Pero dado que la satisfacción de esas nece-sidades (en un determinado tiempo y en determinadas cir- 34
  • 32. cunstancias) depende de los medios materiales y es «adquirible» con dinero (en el caso de la pertenencia a unsindicato Marx requiere que se exija una cuota sindical),hay que entenderlas como «necesarias» y la cuantía delvalor empleada para su satisfacción incluye el valor de lafuerza de trabajo. No obstante, no pertenecen a esa ca-tegoría las necesidades individuales, de las cuales no esposible establecer una «media», y particularmente aque-llas cuya satisfacción no resulta «adquirible». De estemodo necesidades homogéneas forman parte de catego-rías diversas (como veremos más adelante, la carne enlas–necesidades necesarias, las alcachofas en las de lujo),por el contrario, necesidades heterogéneas se alinean enla misma categoría (el consumo de aguardiente y la cuo-ta sindical en las necesidades necesarias). Pero cuando Marx define las características de las «ne-cesidades necesarias» no empíricamente sino filosófica-mente, llega desde el punto de vista del contenido a resul-tados totalmente distintos. El reino de la producción ma-terial es —y lo sigue siendo también en la sociedad de«productores asociados»— el reino de la necesidad. Eneste sentido las «necesidades necesarias» son aquellas ne-cesidades siempre crecientes generadas mediante la pro-ducción material. En la sociedad de los «productores aso-ciados» se deben estimar y distribuir las necesidades ma-teriales (de consumo y de producción) en corresponden-cia tanto a la fuerza como al tiempo de trabajo. En estecontexto y a través de esta interpretación las necesidadesespirituales y morales y las dirigidas a la colectividad apa-recen contrapuestas a las calificadas de necesidades nece-sarias. Estas últimas no quedarán fijadas —al menos enel futuro— por el lugar ocupado en la división del traba-jo, puesto que son individuales no se pueden expresar conninguna medida, dado que su satisfacción no es adquiri-ble (y más todavía porque no proporciona dinero). Éstasserían por consiguiente las necesidades «libres», caracte-rísticas precisamente del «reino de la libertad». Pero volvamos brevemente una vez más al problemade la determinación naturalista de las «necesidades natu- 35
  • 33. rales». En vista de que la necesidad es para Marx unaespecie de correlación sujeto–objeto, es obvio que el pro-blema se presenta también desde el punto de vista delobjeto (el objeto de las necesidades) —es decir, desde elpunto de vista del valor de uso. La interpretación natura-lista de las necesidades presupone la interpretación na-turalista del valor de uso, así como la superación de lasprimeras plantea la superación de éste último. Respecto a este problema únicamente podemos indi-car una tendencia.: sucede que dentro de una misma obraMarx da interpretaciones diferentes. En El Capital el valorde uso viene definido como la «forma natural» de la mer-cancía que expresa la relación entre el particular y la na-turaleza. (Una definición análoga se encuentra ya en losmanuscritos económicos de 1857–1858.) También en lasTeorías de la plusvalía hallamos una concepción natura-lista similar o incluso más radical: «El valor de uso ex-presa la relación natural entre las cosas y los hombres, laexistencia de las cosas para los hombres. El ‘valor de cam-bio’ es (...) la existencia ‘social’ de la cosa.»16 Sin embargo,en el mismo volumen se lee lo siguiente: «‘La forma mate-rial autónoma de la riqueza’ desaparece, y ya no aparecemás que como manifestación del hombre. Todo eso queno representa el resultado de una actividad humana, deun trabajo, es naturaleza y como tal no es riqueza social.El fantasma del mundo de las mercancías se desvanece, yya no aparece más que como objetivación siempre efíme-ra y renaciente del trabajo humano.»17 Si investigamos ahora el modo en que Marx ha reagru-pado las necesidades desde el punto de vista económico(según las categorías de la oferta y la demanda) nos ale-jamos, aunque momentáneamente, de las concepcionesdiscutidas con anterioridad. Los conjuntos de necesida-des respectivamente «necesarias» y «de ostentación» obien «verdaderas» y «de ostentación» o bien «verdaderas»e «imaginarias» no poseen para Marx siempre e incondi- 16. K. MARX, Teorías sobre la plusvalía, en MEW, 26, 3, p. 291. 17. Ibid., p. 421. 36
  • 34. cionalmente un significado económico.18 Pero la divisiónsólo es interpretable unívocamente mediante categoríaseconómicas, aunque la mayoría de las veces contiene ele-mentos histórico–filosóficos y sustenta muy a menudoacentos valorativos. Se plantea así el problema de la po-sibilidad de asociar las necesidades o los objetos a quevan dirigidas, en función de su contenido y calidad, conlas categorías de necesidad o de ostentación, o bien si esúnicamente —o en primer lugar— la demanda solventela que decide si una necesidad y su objeto correspondien-te son «de lujo». En la Miseria de la filosofía las dos soluciones noquedan diferenciadas adecuadamente. En cualquier casoMarx propende a la interpretación puramente económica.En polémica con la concepción de Proudhon, según lacual los objetos más usados son al mismo tiempo los másútiles (¡y en consecuencia se debería, por ejemplo, situarel aguardiente entre los bienes de consumo más útiles!),Marx considera que es la producción la que decide sobreel contenido concreto de las necesidades necesarias: cuan-to mayor sea la fuerza de trabajo empleada en la fabri-cación de un artículo, tanto más se aproximará éste alconjunto de los productos de ostentación. En la mismaobra aparece también una definición no económica quecontradice la interpretación comentada. Escribe Marx:«...los objetos más indispensables como el trigo, la car-ne, etc., aumentan de precio, mientras el algodón, el azú-car, el café, etc., descienden continuamente en proporciónsorprendente. E incluso entre los comestibles propiamen-te dichos, los artículos de lujo, como las alcachofas, losespárragos, etc., son hoy, relativamente más baratos quelos comestibles de primera necesidad. En nuestra época,lo superfluo es más fácil de producir que, lo necesario.»19Pero en esa interpretación «producto de lujo» o «necesi- 18. La pareja «necesidades naturales–necesidades de lujo» apa-rece únicamente en los Grundrisse, donde Marx, como hemos vis-to, todavía no distingue entre las primeras y las «necesidades ne-cesarias». 19. MARX, Miseria de la filosofía, Aguilar, Madrid, 1969, p. 97. 37
  • 35. dad de lujo» ya no constituyen una categoría económica,sino que se manifiestan como pendant del concepto socio-lógico descriptivo de «necesidades necesarias» y en su de-finición juegan un papel determinante los elementos «mo-rales» e «históricos», la costumbre, etc. Por ello es nece-sidad de lujo todo lo que por costumbre no pertenece alsistema de necesidades de la clase obrera. La interpreta-ción económica, por el contrario, considera artículo delujo aquel cuyo objeto (posesión, consumo) queda fuerade la capacidad adquisitiva de la clase obrera. En esteúltimo sentido, por consiguiente, no se puede afirmar quelos productos de lujo sufran una disminución de preciotal como para poder ser considerados baratos, sino úni-camente que el producto menos caro entre otros de simi-lar destino (por ejemplo, los comestibles) ya no es un pro-ducto de lujo. (Puede mostrarse con ejemplos que eso hasucedido de hecho: en la actualidad el azúcar y las alca-chofas ya no constituyen en absoluto bienes de lujo.) Problemas similares se plantean en relación a la mis-ma clasificación en el libro segundo de El Capital, dondelos bienes de consumo aparecen subdivididos del siguien-te modo: a.) «...medios de consumo ‘necesarios’, siendo in-diferente para estos efectos que se trate de productoscomo el tabaco, que pueden no ser artículos de consumonecesarios desde un punto de vista fisiológico; basta conque se consideren habitualmente como tales»; y b.) «me-dios de consumo ‘de lujo’, que sólo se destinan al consu-mo de la clase capitalista y que, por tanto, sólo puedencambiarse por la plusvalía invertida como renta, la cualno corresponde jamás a los obreros.»20 Creo que ésta esla única interpretación de relieve en vista a la determina-ción de los productos y de las necesidades de lujo, apli-cada concretamente en situaciones concretas Ningún producto o necesidad concreta posee la pro-piedad de ser un producto o una necesidad de lujo. Estoviene determinado únicamente por el hecho de que el ob-jeto sea poseído o usado (y por tanto quede satisfecha la 20. MARX, El Capital, vol. II, p. 360. 38
  • 36. correspondiente necesidad) por la mayoría de la pobla-ción o bien únicamente por la minoría que representa unnivel más elevado de poder adquisitivo, y ello en virtud dela división social del trabajo. Como consecuencia de lacreciente productividad, así como a tenor de los cambiosde la estructura social, necesidades originariamente delujo se convierten en necesidades necesarias, sin ningunamodificación de su aspecto cualitativo. (Igualmentepuede suceder lo contrario. Ya Marx ha señalado que alinicio del proceso de reproducción capitalista en Ingla-terra algunas necesidades se convirtieron en necesidadesde ostentación.) Por ello acepto esta concepción marxia-na y creo que sólo se puede interpretar la categoría delas «necesidades de lujo» en sentido económico. A este problema no se hace referencia aquí, sino enanálisis posteriores. Sobre la fase de prosperity del ca-pitalismo Marx escribe lo siguiente: «...la clase obrera(...) participa también momentáneamente en el consumode artículos de lujo normalmente inasequible a ella...».21Sin embargo, apenas la clase obrera presenta una de-manda solvente, ésta no satisface «necesidades de lujo»:de acuerdo con lo supuesto, tales necesidades dejan deser de lujo. Esta ambivalencia del concepto de «productode lujo» y de «necesidad de lujo» no está en contradic-ción con la concepción general de Marx, para quien latotalidad de la población sólo puede disfrutar de tales«necesidades de lujo» en períodos excepcionales y breves.A la prosperidad sigue la crisis: los mismos artículos (yla satisfacción de las necesidades relativas a ellos) se tor-nan nuevamente inalcanzables. Bajo la guía de la expe-riencia del desarrollo capitalista se podría afirmar másbien (cosa que Marx por otra parte siempre ha sosteni-do) que toda sociedad basada en la división social del tra-bajo reproduce esos conjuntos económicos específicos denecesidades (las necesidades necesarias y de ostentación).Únicamente la sociedad de «productores asociados» pue-de superar esa oposición, no sólo porque las «necesida- 21. Ibid., vol. II, p. 366. 39
  • 37. des de lujo» dejan de existir, sino también porque setransforma el sistema de las «necesidades necesarias»,dando vía franca al desarrollo de las «necesidades libres»individuales. Por nuestra parte argüimos únicamente quelas «necesidades de lujo» son definibles según su conteni-do y su calidad, y que las necesidades en general puedenser subdivididas en «necesidades necesarias» y «de lujo»en función de su calidad o cantidad concreta. Determinadas categorías con carácter específicamentevalorativo aparecen también en los conjuntos anterior-mente tratados. A pesar de que Marx haya escrito asi-mismo sobre los valores de uso «reales» e «imaginarios»,22la tendencia principal oscila hacia la eliminación de lascategorías valorativas. Sin embargo base y medida paracualquier reagrupamiento o clasificación es la necesidadcomo categoría de valor. Para Marx, en este caso, al igual que en otras ocasiones,la categoría de valor más importante es la riqueza.; fac-tor que constituye también una crítica al uso que la eco-nomía política clásica hacía de la categoría de «riqueza»,identificándola sin más con la riqueza material. ParaMarx el presupuesto de la riqueza «humana» constituyesólo la base para la libre efusión de todas las capacida-des y sentimientos humanos, es decir, para la manifesta-ción de la libre y múltiple actividad de todo individuo,La necesidad como categoría de valor no es otra cosa quela necesidad de esa riqueza. En los Manuscritos de eco-nomía y filosofía de 1844 escribe: «Se ve cómo en lugarde la ‘riqueza’ y la ‘miseria’ de la Economía Política apa-rece el ‘hombre rico’ y la rica necesidad ‘humana’. Elhombre rico es, al mismo tiempo, el hombre ‘necesitado’de una totalidad de exteriorización vital humana.»23Y más adelante: «la propiedad privada no sabe hacer dela necesidad bruta necesidad ‘humana’.»24 Marx rechazala sociedad de la propiedad, privada y capitalista, par- 22. Cfr. MARX, Teorías sobre la plusvalía, en MEW, 26, 1, p. 130. 23. Manuscritos de economía y filosofía, cit., p. 153. 24. Ibid., p. 157. 40
  • 38. tiendo del valor de la «necesidad humana rica». Aquéllaes incapaz de transformar las «burdas necesidades» en«necesidades humanas ricas», a pesar de la cantidad deriqueza material que produce. La elaboración de la categoría de valor «necesidad» esobra del joven Marx. En la madurez esa categoría es su-ministrada como noción primitiva, hasta el punto de queno considera necesario analizarla de nuevo, aún cuandorecurre a ella con frecuencia de manera específica. Nosreferimos a aquellas citas en que Marx contrapone lasnecesidades de valorización del capital a las «necesidadesde desarrollo» del obrero, o bien, de un modo todavía másdeterminante, al concepto de necesidades radicales quehace las veces asimismo de categoría de valor (más ade-lante volveremos sobre el papel clave que juega este con-cepto en la teoría marxiana). Pero estos «puros» conceptos de valor se encuentrantambién a menudo como conclusión de la crítica del ca-pitalismo. «No es que se produzcan demasiados mediosde subsistencia en proporción a la población existente. Alrevés. Lo que realmente ocurre es que se producen pocospara sostener decorosa y humanamente a la población.»25 Pero resulta superfluo tomar los ejemplos de las ca-tegorías de valor para demostrar que todo juicio con res-pecto a las necesidades es medido sobre la base del valorpositivo de las «necesidades humanas ricas». ¿Qué otracosa servía a Marx como fundamento para rechazar ladivisión en necesidades de ostentación y necesidades «ne-cesarias»? ¿De qué otro modo podía rechazar una socie-dad que por un lado crea riqueza y por otro pobreza? ¿Enrazón de qué otro criterio se podría condenar una estruc-tura económica si no fuese porque su dinámica está mo-tivada por las necesidades de valorización del capital yno por las necesidades de desarrollo del obrero? ¿Desdequé otro punto de vista podría partir Marx para contra-poner al reino de la producción material —como reinode la necesidad— otro reino, el de la libre manifestación 25. MARX, El Capital, vol. III, p. 255. 41
  • 39. de sí, de la libertad? ¿Cómo podría de otro modo teneren tanta consideración, para un modelo positivo de futu-ro, la elevación del trabajo a necesidad vital y el tiempolibre destinado a actividades multiformes, comparándolocon la riqueza real de la sociedad? ¿Cómo de otra formapodría afirmar la positividad de la propiedad individualque se concreta con la desaparición de la propiedad pri-vada, y la distribución de los bienes según las necesida-des individuales.? Con aguda mirada Bernstein se perci-bió de la actitud «valorativa» de Marx e intentó separarladel análisis económico de la sociedad capitalista —cuan-do por el contrario los dos aspectos son inescindibles. Sinpremisas de valor Marx sería un crítico inmanente del ca-pitalismo y sin una investigación inmanente del capita-lismo sería un anticapitalista romántico. 42
  • 40. II. El concepto filosófico general de necesidad. Alienación de las necesidades Marx desarrolla el concepto filosófico general de ne-cesidad en los Manuscritos de economía y filosofía de1844 y en La ideología alemana. Por consiguiente, en laposterior exposición nos referiremos preferentemente aestas obras. Parte de los problemas no vuelven a apa-recer en los escritos posteriores, o al menos no lo hacende forma sistemática; otros, sin embargo, se presentanen las obras de madurez con interpretaciones modifica-das en diversa medida. En nuestro trabajo consideramosaquellas variaciones del pensamiento de Marx de quetenemos evidencias suficientes (que se detectan particu-larmente en los Grundrisse.) confrontándolas con elabora-ciones precedentes. La necesidad del hombre y el objeto de la necesidadestán en correlación.: la necesidad se refiere en todo mo-mento a algún objeto material o a una actividad concre-ta. Los objetos «hacen existir» las necesidades y a la in-versa las necesidades a los objetos. La necesidad y su ob-jeto son «momentos», «lados» de un mismo conjunto. Sien vez de analizar un modelo estático analizamos la diná-mica de un «cuerpo social» (en el supuesto de que ese«cuerpo social» admita una dinámica), entonces la pri-macía corresponde al momento de la producción.: es laproducción la que crea nuevas necesidades. En efecto,también la producción que crea nuevas necesidades seencuentra en correlación con las ya presentes: «La di-versa conformación de la vida material depende en cadacaso, naturalmente, de las necesidades ya desarrolladas,y tanto la creación como la satisfacción de estas necesi-dades es de suyo un proceso histórico.»1 1. MARX, La ideología alemana, ed. Pueblos Unidos, Montevi-deo, 1968, p. 83. 43
  • 41. Naturalmente, por «objeto» de la necesidad no hay queentender tan sólo objetualidad cosal. El mundo en su to-talidad constituye un mundo objetivo, toda relación so-cial, todo producto social es objetivación del hombre. Másadelante Marx distinguirá entre objetivación (Objectiva-tion.) y objetualización (Vergegenständlichung.), pero ellono implica modificaciones relevantes a nivel teórico dela concepción de las necesidades. En el proceso de obje-tualización del hombre se expresan los sentidos huma-nos, y la relación humana objetualizada ya presente es laque desarrolla en cada hombre, en la medida de lo po-sible, sentidos y necesidades humanas: «... la objetuali-zación de la esencia humana, tanto en sentido teóricocomo en sentido práctico, es, pues, necesaria tanto parahacer ‘humano’ el ‘sentido’ del hombre como para crearel ‘sentido humano’ correspondiente a la riqueza plena dela esencia humana y natural».2 El objeto más elevado dela necesidad humana es el otro hombre. En otras pala-bras: la medida en que el hombre como fin se ha conver-tido en el más elevado objeto de necesidad para el otrohombre determina el grado de humanización de las ne-cesidades humanas. También las necesidades animales se manifiestan siem-pre dirigidas a objetos. Sin embargo las necesidades ani-males y sus objetos vienen «dados» por la constituciónbiológica del animal. Pueden asimismo desarrollarse, perosólo respecto al modo. Por el contrario, con el retrocesode los límites naturales, las necesidades humanas se diri-gen cada vez más claramente a la objetualización (en elsentido de actividad y también de objetivación). El hom-bre crea los objetos de su necesidad y al mismo tiempocrea también los medios para satisfacerla (los cualespueden corresponderse, pero no incondicionadamente).La génesis del hombre es en el fondo la génesis de lasnecesidades. La teoría de la «génesis», aquí formulada, se encuen-tra en dos párrafos próximos de La ideología alemana.: 2. MARX, Manuscritos de economía y filosofía, cit., p. 150. 44
  • 42. «El primer hecho histórico es, por consiguiente, la pro-ducción de los medios indispensables para la satisfacciónde estas necesidades [las animales – A. H.].»3 E inmediata-mente después: «...y esta creación de necesidades nue-vas constituye el primer hecho histórico».4 Ambas citasexpresan el mismo pensamiento desde perspectivas dife-rentes. En la producción de los instrumentos aptos parasatisfacer necesidades elementales, la necesidad de losinstrumentos es ya una necesidad nueva que se diferenciade la animal. Mediante la expresión poética «primer he-cho histórico» se describe, por consiguiente, la creaciónde necesidades nuevas, no dadas en la constitución bioló-gica, esto es, las cualidades de la necesidad. La necesidad humana se realiza, así pues, en el pro-ceso de objetualización; los objetos «dirigen» y «regulan»al hombre en el desarrollo de las necesidades respectivas.Las necesidades son «explicitadas» sobre todo en las ob-jetivaciones y en el mundo objetualizado, y las activi-dades que se objetualizan crean nuevas necesidades. Latendencia objetual de las necesidades indica también almismo tiempo su carácter activo. Las necesidades com-portan pasiones (Leidenschaften.) y aptitudes (Fähigkei-ten.) (pasiones y capacidad para apoderarse del objeto) yasí también las aptitudes implican necesidades. La capa-cidad (Fähigkeit) para la actividad concreta es por con-siguiente una de las mayores necesidades del hombre.(Éste es el fundamento filosófico, luego tan determinan-te, de la concepción marxiana de la elevación del traba-jo a «necesidad vital».) En general denominamos necesidad solamente a lapropiamente humana referida a objetivaciones y dirigidahacia ellas; en el animal se trata de necesidad (Bedarf.),instinto, drive, etcétera. No obstante es este un problematerminológico que en nuestra opinión solo es importan-te por resultar decisivo para el análisis de la psique so-cializada (en el caso, por ejemplo, de aquello que —como 3. MARX, La ideología alemana, cit., p. 28. 4. Ibid., p. 29. 45
  • 43. las necesidades— guía los instintos, drives humanos, ymás todavía, deseos, pasiones, nostalgias, dirigidos a ob-jetos particulares de las necesidades). En el animal no esposible distinguir de este, modo entre la «actitud hacialos objetos» y el objeto particular de su drive. La nece-sidad como exigencia, «creada» por las «objetualizacio-nes», dirigida a clases de objetos cualitativamente dis-tintas y el deseo individual orientado por esas necesida-des hacia determinaciones concretas de tales objetos(donde la primera puede ser vista como relación de va-lor, mientras que la segunda puede no serlo), están ca-racterizados por una íntima complejidad estructural. Porconsiguiente, la aplicación específicamente histórico–an-tropológica del concepto de necesidad parece por lo me-nos sensata; lo cual es válido no sólo respecto a necesi-dades o deseos perfectamente «libres» de motivos bioló-gicos. La necesidad sexual dirigida hacia la madre desdehace milenios se contrapone a las normas sociales queregulan la sexualidad (y a la relación de valor inherentea la necesidad); de otro modo no produciría ningún «com-plejo» (en el sentido psicológico de la palabra).5 No hay que entender que nos hemos alejado del aná-lisis del pensamiento marxiano. Marx efectivamente seapresta en diversas ocasiones a distinguir las necesida-des de los deseos dirigidos hacia «objetos» concretos. Al investigar las relaciones psicológicas con las nece-sidades (es decir, su aspecto psicológico) Marx se mues-tra esencialmente «ilustrado» y su pensamiento es afínal de Fourier. En La ideología alemana, en polémica conStirner, escribe: «el que un apetito (Begierde.) llegue aser imperativo o no (...) depende de que las circunstan-cias materiales (...) permitan satisfacer esos apetitos nor-malmente y, de otra parte, desarrollar un conjunto de 5. En este caso los objetos de la necesidad (por consiguientelas necesidades mismas) se explicitan social o individualmente (siestán interiorizados) a través del impulso biológico, que cumplela función de universal (por ejemplo, se trata de drives sexualeso de autoconservación). 46
  • 44. apetitos. Y esto último depende, a su vez, de que vivamosen circunstancias que nos consientan una actividad mul-tilateral y, con ello, un desarrollo de todas nuestras ca-pacidades».6 En un párrafo después suprimido del manus-crito de la misma obra, se examina a fondo este proble-ma. Consideramos correcto referirnos a él en nuestro tra-bajo, pues parece indudable que Marx consideraba comosuyo cuanto en él exponía. La argumentación correspon-de esencialmente a lo que precede y en la última redacciónha sido asimilada en estos términos: «La organizacióncomunista opera de dos maneras sobre los apetitos quelas condiciones actuales producen en el individuo: unaparte de estos apetitos, a saber, aquellos que existen bajocualesquiera condiciones y sólo en cuanto a su forma yorientación son modificados por las diferentes condicio-nes sociales, también se modificará —bajo esta forma desociedad— sólo en cuanto se le den los medios para sudesarrollo normal.; otra parte, por el contrario, justa-mente los apetitos que deben su origen sólo a una deter-minada forma de sociedad (...) serán totalmente despo-jados de sus condiciones de vida.»7 Luego Marx habla de«pasiones» (Begierden.) cuya fijeza no es «superable», aque-llas, por consiguiente, que se basan en motivos biológi-cos, y continúa: los comunistas «aspiran tan sólo a unaorganización de la producción y la circulación tal que lesposibilite la satisfacción normal —vale decir, limitadasólo por las propias necesidades— de todas las necesi-dades.».8 Notemos ante todo que el límite «normal» juega unpapel decisivo en las tres referencias. (La «normalidad»cumple a menudo en Marx la función de criterio valorati-vo; piénsese en laIntroducción a la Contribución a la crí-tica de la Economía Política, donde se habla de la antiguaGrecia como infancia «normal» de la humanidad.) Si elhombre es rico en necesidades, si sólo otras necesidades 6. Ibid., p. 296. 7. Ibid., p. 681. 8. Ibid., p. 682. 47
  • 45. ponen límite a la satisfacción de sus propias necesidades,entonces los deseos van dirigidos en un sentido «normal»,no están fijados exclusivamente a un único objeto y, enconsecuencia, pueden ser satisfechos «normalmente». Marx no vuelve a ocuparse de los aspectos psicológi-cos de las necesidades, pero es indudable que a este res-pecto no ha superado nunca el punto de vista ilustrado–racionalista. No se trata sólo del hecho de que en la so-ciedad de los «productores asociados» cuente con unaestructura psíquica y de consciencia profundamente dis-tinta de la actual, sino también de que ño pone jamásen duda esta posibilidad, ni siquiera este proceso; tampo-co suscita la cuestión del tiempo en que deberá verificar-se el cambio psíquico. Mientras los hombres cambian lasociedad, se transforman también radicalmente a sí mis-mos; se trata de un proceso «natural» (es decir, «nor-mal») cuyo resultado es indudable. Para prevenir malentendidos quisiera clarificar que nopretendo defender frente a Marx la posición de la «na-turaleza humana eterna». En el comunismo se encuentraya la afirmación de la posibilidad de que la psique hu-mana cambie radicalmente en el proceso de superaciónde la alienación. Sin embargo, por una parte, este proce-so es mucho más largo y complicado de lo que Marx pen-saba; por otra, no creo que pueda existir una sociedad (yuna psique humana) en la que sea posible eliminar cual-quier contraste entre deseos y necesidades. El hecho deque sólo otras necesidades ponen límite a la satisfacciónde las necesidades, todavía no afirma nada sobre su rela-ción con las pasiones. Además, la previsión de que sólootras necesidades pondrán límite a las necesidades puedeser verdadera respecto a la relación recíproca entre ne-cesidades, susceptibles de satisfacción (aunque tambiénen este caso sea dudoso qué tipo de necesidades limitana otras.), pero no universalmente válida, puesto que lasnecesidades materiales están limitadas por la producción,mientras que los más variados «objetos» ponen límites aotras necesidades. El problema de la alienación de las necesidades cons- 48
  • 46. tituye el núcleo del análisis filosófico de las necesidadesen Marx. También a este respecto, como hemos visto,sirve de criterio valorativo el hombre «rico en necesida-des». La alienación de las necesidades equivale a la alie-nación de esa riqueza. De esta manera, el «hombre rico en necesidades» cons-tituye una construcción conscientemente filosófica queno se remite a hechos empíricos. No ha existido nuncauna sociedad en la que los miembros de una determina-da clase o capa estuviesen caracterizados por la «riquezade necesidades». El individuo de la sociedad antigua loera sólo en apariencia.: su riqueza era limitada, era la ri-queza de un hombre que todavía no se ha liberado delcordón umbilical de la «comunidad natural». Es ciertoque esa época estaba caracterizada por la actuación desentidos «humanos» y «teóricos»; es también cierto quedentro de esta estructura de necesidades predominaba lacalidad y no la cantidad.9 Pero la estructura de la comu-nidad, que circunscribe la expansión ilimitada de la pro-ducción, no sólo determina la «limitación» de la versati-lidad del individuo, sino que hace efímero y «reversible»el período histórico de la universalidad (de las necesida-des ricas) —que en efecto, decae en el desarrollo históricoposterior. Además, las necesidades están «repartidas» cualitati-vamente dentro de la división del trabajo de las socieda-des basadas en «comunidades naturales». El siervo de lagleba tenía necesidades cualitativamente distintas de laspropias del propietario terrateniente, no porque no pu-diese «adquirir» los objetos de sus necesidades, sino acausa de que éstos eran «naturalmente.» (en el sentidodel carácter natural de la vida de la comunidad) diferen- 9. En El Capital Marx subraya, refiriéndose tanto a Platóncomo a Aristóteles, la superioridad a este respecto de los pensa-dores antiguos en comparación con los ideólogos de la sociedadburguesa. Observa luego irónicamente cómo la expropiación queha originado los poetas trágicos y los filósofos griegos debe serjuzgada de un modo distinto de la que ha producido únicamentemagnates textiles. 49
  • 47. tes desde el punto de vista cualitativo. Ya por este moti-vo las necesidades debían permanecer unilaterales y limi-tadas, no podían individualizarse y quedaban subordina-das todas ellas a la estructura de la comunidad. «Los go-ces de todos los estamentos y clases precedentes, en suma,tenían que ser o infantiles o agotadores y brutales, por-que siempre estaban divorciados de la actividad vitalconjunta, del verdadero contenido de la vida del indi-viduo, y por ello se reducían más o menos, a que se ad-judicara un contenido aparente a una actividad huera ybaladí»10 El individuo «rico en necesidades», como tiposocialmente característico, es, por consiguiente, una cons-trucción filosófica no actual, sino que debe realizarse enel futuro.: «Ni objetiva ni subjetivamente existe la natu-raleza inmediatamente ante el ser ‘humano’ en forma ade-cuada.»11 Sostuvimos que el concepto de hombre «rico en ne-cesidades», según la intención de Marx, constituye unaconstrucción filosófica pura sólo en parte. Marx pretendeen todo momento basarla en hechos empíricos particu-larmente significativos y a tal propósito se sirve del con-cepto de «esencia humana».12 La esencia humana (la ri-queza del hombre), cuyos conceptos constitutivos son uni-versalidad, consciencia, socialidad, objetivación y liber-tad, se configura en sus características dinámicas cuandoel ser humano se eleva a «hombre». Lo que diferencia alhombre como ser social del mundo animal son las posi-bilidades de la especie en sí. En el curso de su procesode desarrollo la humanidad no puede realizar más queaquellas posibilidades conformes al género. En las socie- 10. Ibid., p. 686. 11. MARX, Manuscritos de economía y filosofía, cit., p. 196. 12. La concepción marxiana de «esencia humana» ha sidoprofundamente analizada por György Màrkus en el estudio Mar-xismo y «Antropología» (trad. cast. M. Sacristán, ed. Grijalbo,Barcelona, 1973), y yo misma me he referido a ella a menudo (véa-se Hipótesis para una teoría marxista de los valores, trad. cast.M. Sacristán, ed. Grijalbo, Barcelona, 1974). Aquí sólo doy brevesindicaciones del problema. 50
  • 48. dades divididas en clases ese «ser conforme a la especie»se desarrolla más allá de los antagonismos. Los hombresdesarrollan sus cualidades conforme a la especie (al me-nos hasta un cierto grado) en el plano social, pero los in-dividuos particulares no participan de la riqueza del con-junto social. Mientras que el individuo, debido a la divi-sión del trabajo, permanece pobre (en el sentido más am-plio de la palabra), se produce un enriquecimiento para-lelo del género. Merced al grado actual de ese enriqueci-miento, esto es, con el capitalismo, se alcanza el ápice delempobrecimiento individual. Con la superación de la alie-nación (superación de la propiedad privada y de la sub-sunción bajo la división del trabajo) todo individuo podráparticipar de la riqueza social (tanto respecto del disfru-te de ella como en lo referente a la actividad) que asumede ese modo una forma nueva y superior. Sólo entoncesel hombre se convertirá en un ser conforme al géneropara sí, sólo así la naturaleza «interna» y «externa» re-sultará adecuada a la esencia humana. Una forma de alienación típica de las sociedades cla-sistas es, según Marx, la religión. En ella y en su máximoobjeto, «Dios», las fuerzas esenciales del hombre se ma-nifiestan como fuerzas extrañas que lo dominan. En lanecesidad religiosa se expresa, por consiguiente, la aliena-ción (enajenación del objeto y de la necesidad humana.).La familia terrena nos da la clave para la Sagrada Fa-milia. La alienación y la necesidad religiosas sólo desa-parecerán cuando la humanidad haya superado la aliena-ción en este mundo «terrenal». Al simple ateísmo (tenta-tiva de vencer una forma de enajenación sustituyéndolapor otra) se debe, en consecuencia, contraponer el co-munismo, movimiento que elimina la discrepancia entreel género humano y el particular, entre esencia y ser engeneral y con ello supera la necesidad religiosa como talnecesidad. En la acepción marxiana la alienación no cons-tituye una especie de distorsión radical de la esencia delgénero o de la naturaleza humana; la esencia del hombrese desarrolla en el seno de la alienación misma y ella es-tablece la posibilidad para la realización del hombre «rico 51
  • 49. en necesidades». La exposición de Marx alcanza tonos apa-sionantes cuando describe los momentos de universali-zación y enriquecimiento propios de la sociedad capitalis-ta. Los textos relativos a ello son en general conocidos;citaremos aquí únicamente un breve fragmento: «... eldesarrollo al máximo de las ciencias naturales; igualmen-te el descubrimiento, creación y satisfacción de nuevasnecesidades procedentes de la sociedad misma; el culti-vo de todas las propiedades del hombre social y la pro-ducción del mismo como un individuo cuyas necesida-des se hayan desarrollado lo más posible, por tener nu-merosas cualidades y relaciones; su producción comoproducto social lo más pleno y universal que sea posi-ble (...) constituye así mismo una condición de la pro-ducción fundada en el capital».13 Pero el capitalismo noproduce tan sólo necesidades y capacidades (sociales) nue-vas: extendiendo la relación de las mercancías, consiguehacer del dinero la «encarnación» cuantitativa de la ri-queza social. Las necesidades no son ahora repartidas enrazón de la división «natural» del trabajo de acuerdo consus cualidades; ningún miembro de la sociedad queda ex-cluido por principio de la satisfacción de las necesidades,sean del tipo que fueren (basta con adquirir los objetoscorrespondientes). Pero al mismo tiempo el capitalismo como relaciónsocial limita el enriquecimiento de las necesidades, sumisma creación. Lo cual, de acuerdo con Marx, se efec-túa de dos maneras. Ya sea reproduciendo la pobreza (par-ticularmente para el proletariado incluso strictu sensu,y para la burguesía en el sentido filosófico de la palabra),ya sea porque limita en última instancia el desarrollo delas fuerzas productivas (por una parte de conformidadcon la ley de la caída de la tasa de beneficio, por otra,a causa de las crisis que se repiten necesariamente), biensea a consecuencia del proceso de degradación de la prin-cipal fuerza productiva: el trabajador. 13. MARX, Elementos fundamentales para la crítica de la eco-nomía política, cit., vol. I, p. 361. 52
  • 50. No es casual que Marx enfatice vigorosamente el he-cho de que el capitalismo produce necesidades «múlti-ples y ricas», mientras que provoca el empobrecimientode los hombres y convierte al trabajador en un ser «exen-to de necesidades». Aparece aquí el tema de las «necesi-dades radicales», el cual, como veremos, constituye porasí decir el leitmotiv de la «obra» marxiana. El «hom-bre rico en necesidades» es un concepto de tipo filosóficoy la «esencia humana», aunque basada también empírica-mente, constituye «sólo» (y «sólo» no viene entendidoaquí en sentido peyorativo) una categoría de valor. Sinembargo, si la exigencia de realizar la «esencia del géne-ro», o si la idea de un futuro hombre «rico en necesida-des» hubiese surgido únicamente en el pensamiento del«filósofo privado o crítico privado» Karl Marx, ¿quiéndestruiría el capitalismo y por qué? ¿Quién no sólo lo ha-ría caer, sino además lo trascendería en la dirección queMarx había planteado, aunque el propio Marx haya re-chazado siempre la expresión «ideal a realizar»? La teo-ría que penetra en las masas se convierte en una fuerzamaterial, pero sólo cuando las necesidades son tales comopara sostenerla. La alienación traducida al grado máxi-mo debe producir la necesidad de trascenderla, la nece-sidad de la riqueza y de la realización de la «esencia dela especie». Es la máxima paradoja de la teoría de laalienación de Marx, una paradoja que —esperamos— pue-da expresar posibilidades reales. Tras las huellas de Marx, analizaremos ahora la alie-nación de las necesidades en el capitalismo. Subdividi-nios en cuatro apartados de problemas el complejo tra-tamiento del tema: 1) relación medio–fin; 2) cualidad ycantidad; 3) empobrecimiento (reducción) y finalmente 4)interés. 1. En el desarrollo alienado, esto es, en la «condición»de enajenación de la riqueza, todo fin se convierte enmedio y todo medio en fin. Esta «inversión» entre medioy fin encuentra su expresión en cada momento de laesencia humana. 53
  • 51. Como hemos sostenido ya, en condiciones «normales»,esto es, «humanas», el fin máximo del hombre es el otrohombre. La alienación transforma también en medio eseobjetivo máximo, el hombre se convierte en un simplemedio para el otro hombre; un medio para la satisfac-ción de sus fines privados, de su avidez. En todas las sociedades el trabajo posee un dúplicecarácter de trabajo abstracto y de trabajo concreto. Esteúltimo tiene por fin la satisfacción de necesidades huma-nas y su ejecución misma constituye su medio. En laalienación (y particularmente en el capitalismo) la rela-ción fin–medio inherente al trabajo se transforma en sucontrario. En la sociedad de la producción de mercancíasel valor de uso (el producto del trabajo concreto) no sir-ve para la satisfacción de las necesidades. A la inversa,su esencia consiste en satisfacer las necesidades del no-poseedor. Al trabajador le es completamente indiferenteel tipo de valores de uso por él producido, no teniendocon ellos ninguna relación. Lo que lleva a cabo para lasatisfacción de sus necesidades es, por el contrario, tra-bajo abstracto.: trabaja únicamente para mantenerse, parasatisfacer las meras necesidades «necesarias». El proce-so alcanza su culminación cuando, merced a la máquina,la ejecución del trabajo se convierte en un simple «me-dio». «El trabajo mecánico afecta enormemente al siste-ma nervioso, ahoga el juego variado de los músculos yconfisca toda la libre actividad física y espiritual del obre-ro. Hasta las medidas que tienden a facilitar el trabajose convierten en medio de tortura, pues la máquina nolibra al obrero del trabajo, sino que priva a éste de sucontenido.» El desarrollo de las fuerzas productivas en la sociedad«puramente social» realiza el fin «normal» de aligerar eltrabajo del obrero (liberarlo de las formas de trabajobrutales e inhumanas), reducir el tiempo de trabajo yproducir mayor riqueza para cada uno. Pero también aquíse invierte la relación medio–fin. Dado que en el capitalis- 14. MARX, El Capital, cit., vol. I, pp. 349–350. 54
  • 52. mo la producción de plusvalía constituye el fin del in-cremento de la productividad, también éste se conviertesólo en un medio. De esta manera no se aligera el traba-jo del obrero, sino que bien al contrario, se hace todavíamás inhumano; el tiempo de trabajo no disminuye e in-cluso se prolonga. En cuyo caso con la riqueza se produ-ce y reproduce también la pobreza (tanto en sentido es-tricto como filosófico).15 De acuerdo con Marx, el fin de la producción socialdebería estribar en la satisfacción de las necesidades so-ciales, pero la industria y la agricultura capitalistas noproducen para las necesidades, ni tampoco para su sa-tisfacción. El fin de la producción es entonces la valori-zación del capital, y la satisfacción de las necesidades (enel mercado) consiste únicamente en un medio para ello. Somos testigos de una «inversión» de la relación fin–medio asimismo respecto de las relaciones socio–comu-nitarias. En «condiciones normales» la comunidad cum-ple una función de fin (y hablaremos de ello a continua-ción): el encontrarse juntos y el goce común son respec-tivamente algunas de las formas máximas de necesidad yde satisfacción de la necesidad: «...la actividad ‘comuni-taria’ y el goce ‘comunitario’, es decir, la actividad y elgoce que se exteriorizan y afirman inmediatamente enuna ‘real sociedad’ con otros hombres, se realizarán don-dequiera que aquella expresión ‘inmediata’ de la sociabili-dad se funde en la esencia de su ser y se adecue a su na-turaleza».16 Pero en la cúspide de la alienación (en el capitalismo) 15. Durante cierto período el tiempo de trabajo había dismi-nuido como consecuencia de la creciente productividad: desde lamitad hasta finales del siglo XIX había disminuido alrededor deun tercio (en los países capitalistas desarrollados). Pero convienenotar que desde hace casi cien años la tendencia efectiva a ladisminución del tiempo de trabajo ha quedado estancada: en sumedia no ha descendido por debajo de las ocho horas diarias.En la actualidad somos testigos incluso de un lento crecimiento.¡En los Estados Unidos el tiempo de trabajo efectivo oscila entrelas 8,5 y las 9 horas! 16. MARX, Manuscritos de economía y filosofía, cit., p. 146. 55
  • 53. desaparece la comunidad auténtica dado que la relaciónaercantil se convierte en la única pseudo–«comunidad»:fines y contenidos sociales (incluyendo la vida comuni-taria) se convierten en medios para objetivos privadosde individuos particulares: «Solamente (...) con la “so-ciedad civil”, las diferentes formas de conexión socialaparecen ante el individuo como un simple medio paralograr sus fines privados, como una necesidad exterior.»17A este respecto Marx suscribe la opinión de, que el mo-vimiento comunista en cuanto tal es capaz de reencon-trar la «normalidad» de la relación fin–medio. Origina-riamente el objetivo de las reuniones de los obreros co-munistas fue la propaganda: «Pero al mismo tiempo ad-quieren con ello una nueva necesidad, la necesidad de lasociedad, y lo que parecía ser medio se ha convertido enfin.»18 La necesidad de sociedad (necesidad de comunidad)se convierte de medio en fin y por ello los rostros de es-tos obreros irradian la «nobleza del hombre».19 Last but not least, la propia riqueza de necesidadesde fin se transforma en medio. «Cada individuo especulasobre el modo de crear en el otro una ‘nueva’ necesidad(...) Cada cual trata de crear una fuerza esencial extrañasobre el otro, para encontrar así satisfacción a su propianecesidad egoísta.»20 El capitalismo es el rufián que pro-duciendo objetos y necesidades siempre nuevas instigaa los hombres a prostituirse. El aumento numérico de lasnecesidades no podrá nunca convertirse en verdadera ri-queza, pues constituye el medio de una fuerza esencialextraña a los individuos, v. gr., del incremento de la pro-ducción capitalista: «... el aumento de la producción yde las necesidades se convierte en el esclavo ‘ingenioso’ ysiempre ‘calculador’ de caprichos inhumanos, refinados,antinaturales e ‘imaginarios’...».21 17. MARX, Elementos fundamentales para la crítica de la eco-nomía política, cit., vol. I, p. 4. 18. MARX, Manuscritos de economía y filosofía, cit., p. 165. 19. Ibid, p. 165. 20. Ibid., p. 156. 21. Ibid., p. 157. 56
  • 54. En el presente análisis del problema no tomaremosen consideración el carácter «imaginario» o el «ingenio-so» de los «caprichos». Sin embargo, no existen necesi-dades «imaginarias». Cuáles sean las necesidades «nor-males» y cuáles las «refinadas» (con acento negativo) de-pende completamente de los valores mediante los quedefinimos la «normalidad». Pero incluso si buscásemosun criterio objetivo sólo podríamos concluir que en cadaépoca son «normales» las necesidades que los individuosjuzgan como tales; «refinadas» o «antinaturales», porel contrario, las reconocidas de ese modo por la mayoríade los hombres.22 El concepto de necesidades «refinadas»es ambiguo también en Marx. A veces entiende por estetérmino las «necesidades de ostentación», que, como he-mos dicho, sólo son interpretables económicamente (des-de el punto de vista filosófico constituyen un «conjuntode necesidades» irrelevantes), mientras que en otras oca-siones definen la «acumulación» de un tipo específico denecesidades, caracterizadas éstas por el hecho de que latendencia a su satisfacción no garantiza, sino más bienobstaculiza, la expansión del mundo de las necesidadescualitativamente múltiple y rico. Si en el curso del análisis de su concepción global in-terpretamos en este último sentido las necesidades «re-finadas» o «inducidas», no parece excesivo afirmar queMarx ha descubierto el problema de las «necesidades ma-nipuladas» o bien de la «manipulación de las necesida-des». Una determinada necesidad no se convierte en «ma-nipulada» por sus cualidades concretas, sino a causa delos siguientes factores: a.) nuevos objetos de necesidades,y por consiguiente necesidades nuevas cada vez, apare-cen allí donde la producción de determinadas mercancías(y de las necesidades correspondientes) es más rentabledesde el punto de vista de la valorización del capital;b.) la verdadera meta consiste efectivamente en la satis-facción de las necesidades de una «fuerza esencial extra- 22. Para mayores detalles véase mi libro citado, Hipótesispara una teoría marxista de los valores. 57
  • 55. ña»; la creación y la satisfacción de necesidades indivi-duales, aunque se presentan al individuo como fin, sóloconstituyen en realidad un medio en manos de esa «fuer-za esencial»; c.) el aumento de las necesidades pertene-cientes a un conjunto bien determinado y la orientacióndel particular a satisfacerlas, en detrimento del desarro-llo de necesidades que, aunque no sirven para la valoriza-ción del capital o incluso la obstaculizan, son determi-nantes para la personalidad humana, tienen lugar deacuerdo con el mecanismo de la producción capitalista(así la expansión de los bienes de consumo individualesprovoca la continua introducción de nuevos productos ydesarrolla las necesidades correspondientes de tal modoque se convierte en un freno para la necesidad de tiempolibre e impide su desarrollo); d.) la libertad individual es,por consiguiente, sólo aparente: el particular elige losobjetos de sus necesidades y plasma las necesidades in-dividuales de acuerdo no con su personalidad, sino sobretodo con el lugar ocupado por él en la división del traba-jo; e.) en determinado aspecto, el individuo deviene efec-tivamente más rico (tendrá más necesidades y objetos denecesidades); pero este enriquecimiento es unilateral yno limitado por otras necesidades. Dado que el fin no esel desarrollo múltiple del individuo, el particular se con-vierte en esclavo de ese conjunto restringido de necesi-dades. La situación ha cambiado desde los tiempos deMarx (lo cual es significativo, pero no a efectos de nues-tro problema): las necesidades manipuladas en la actua-lidad no son sólo ya peculiares de las clases dominantes,sino por el contrario de la mayoría de la población, almenos en los países capitalistas desarrollados.23 2. Las necesidades dirigidas a la posesión de bienespueden aumentar infinitamente.: ninguna otra necesidad 23. Somos testigos en la actualidad de un proceso de rebelióncontra la manipulación de las necesidades, especialmente en losEstados Unidos. Es extremadamente importante que tal procesoavance a través de la «inversión» de la alienación fin–medio tam-bién respecto de la comunidad. 58
  • 56. pone límite a su crecimiento. Dado que la posesión esdiferente del uso y del goce inmediato (el papel de lafruición viene desarrollado por la posesión misma), el in-cremento de las necesidades es de carácter cuantitativo.No puedo poseer de tal forma que llegue al punto de nodesear poseer aún más.; quiero «tener» más incluso cuan-do las cualidades concretas de los objetos no satisfaceninmediatamente ningún tipo de necesidad —me convier-to en indiferente hacia esas cualidades concretas. Lo queposeo no «desarrolla» en mí necesidades nuevas, hetero-géneas, sino que las mutila. Quien comercia con diaman-tes, como escribe Marx, no presta ninguna atención a labelleza estética del diamante porque sólo ve en él la en-carnación del valor de cambio. La verdadera riqueza con-siste en el desarrollo de necesidades cualitativamente dis-tintas. El dinero, o la relación monetaria, determina la «in-versión» de la relación «normal» cualidad–cantidad, cons-tituye la encarnación de la cuantificación de las necesida-des y se convierte en su portador. Es el representante pu-ramente cuantitativo de la riqueza social. «La ‘cantidad’de dinero es cada vez en mayor medida su única propie-dad ‘importante’. Así como el dinero reduce todo ser a suabstracción, así se reduce él mismo en su propio movi-miento a ser ‘cuantitativo’. La desmesura y el exceso essu verdadera medida.»24 La «desmesura» que se realiza en la relación de dine-ro viene descrita en el párrafo citado de los Manuscritosde economía y filosofía de 1844 con un acento de valorinequívocamente negativo. Hemos dicho ya que la actitudde Marx hacia el capitalismo se ha transformado de losManuscritos a los Grundrisse. En los Grundrisse apareceen primer plano el descubrimiento del carácter antinómi-co del capitalismo, y por esa razón la cuantificación de lasnecesidades se analiza con diferentes acentos de valor,conforme a dos momentos opuestos constitutivos de laantinomia. Este hecho se expresa en Marx mediante un 24. Ibid., p. 157. 59
  • 57. cambio de término muy significativo. En los Manuscritosdomina la expresión «abstracta» relativa a la descripciónde la función del dinero (recordemos que «el dinero hareducido todo ser a su propia abstracción.»); a partir delos Grundrisse, por el contrario, esta función viene indi-cada la mayoría de las veces a través del término «gene-ral». La «reducción a la abstracción» contiene en todomomento para Marx un acento de valor negativo, mien-tras que el término «general» posee siempre uno positi-vo. Recuérdese que la reducción del trabajo a trabajoabstracto (la indiferencia del obrero hacia la cualidad con-creta de su trabajo tanto respecto de los productos deltrabajo como de la actividad) representa la culminaciónde la alienación del trabajo; mientras que el «trabajo ge-neral», la «producción general», la «industriosidad gene-ral» originan y expresan la riqueza general. Naturalmen-te se trata aquí de un simple cambio de acento y no deuna transformación radical de concepción. La idea de la«generalidad» del dinero aparece también, aunque conpalabras distintas, en los Manuscritos de economía y filo-sofía («es el ‘poder’ enajenado de la ‘humanidad’.»)25 mien-tras que el argumento de que las relaciones de dineroproducen la necesidad «abstracta» de fruición, apareceefectivamente en los Grundrisse, pero una sola vez y comocaso excepcional. («La sed abstracta de placeres efectivi-za al dinero en su determinación de ‘representante mate-rial de la riqueza’.»26) El cambio de acento es, sin embar-go, inequívoco. En los Grundrisse la cuantificación de las necesidades(contrapuesta al sistema de necesidades de las comunida-dades naturales) aparece representada únicamente comodesarrollo alienado, con mayor precisión: como una for-ma alienada pero necesaria del desarrollo. Tanto la alie-nación como el desarrollo son puestos de relieve en losManuscritos de economía y filosofía, donde surgen como 25. Ibid., p. 179. 26. MARX, Elementos fundamentales para la crítica de la eco-nomía política, cit., vol. I, p. 157. 60
  • 58. representantes de la suma pecaminosidad fichteana; eltema principal es la alienación y no el desarrollo. En losGrundrisse la cuantificación de la cualidad constituye lasuperación de la limitación.; surgen todos los temas de losManuscritos de economía y filosofía pero organizados dedistinta manera. La cuantificación de la cualidad constitu-ye una forma de alienación que, en un determinado con-texto histórico, prepara las condiciones para la creaciónde la riqueza general, pero que por otra parte no está encondiciones de superar ese estadio. Aquella especie de«ingeniosidad» al producir los objetos de las necesidadesy los correspondientes a las nuevas y el incremento delas necesidades de un tipo bien determinado es significati-vo como desarrollo y como condición necesaria para eldesarrollo (también en ese caso sólo relativamente enun determinado período histórico). «Porque al ser finali-dad del trabajo no un producto particular que está enuna relación particular con las necesidades particularesdel individuo, sino el dinero, o sea la riqueza en su for-ma universal, la laboriosidad del individuo pasa a no te-ner ningún límite; es ahora indiferente a cualquier parti-cularidad y asume cualquier forma que sirva para estefin; es rica en inventiva para la creación de nuevos obje-tos destinados a la necesidad social, etc. (...) Una indus-triosidad universal es posible solamente allí donde cadatrabajo produce la riqueza universal, no una forma deter-minada de ella...»27 Pero de nuevo aquí Marx entiende el capitalismo comouna sociedad que pone límites cuantitativos a la cualidady ello mediante dos aproximaciones distintas.: «...la ‘trans-formación en dinero’, el valor de cambio en general comolímite a la producción [...equivale a una...] ‘limitación ala producción de valores de uso’ por el valor de cambio;o que la riqueza real tiene que .adoptar una forma deter-minada, diferente de sí misma...».28 Explicitemos los puntos mencionados: a.) Las relacio- 27. Ibid., vol. I, p. 159. 28. Ibid., vol. I, p. 368. 61
  • 59. nés de valor limitan los nuevos objetos de la necesidad, yla creación de necesidades nuevas dentro de un conjuntode necesidades. Nos encontramos así frente a la adapta-ción a la problemática de la necesidad de la concepciónde que en la sociedad capitalista la productividad crece(los nuevos valores de uso aumentan en número y en ca-lidad) sólo mientras se incrementa la plusvalía. Marxsostiene de vez en cuando la hipótesis de un «punto» dela producción capitalista en el que cesa la «producción»de nuevos objetos de necesidades y de necesidades nue-vas (contradicción entre relaciones de producción y fuer-zas productivas). Nos referimos con anterioridad al he-cho de que al menos hasta el presente la previsión deMarx no se ha verificado: la «cuantificación» de las ne-cesidades —en esta perspectiva— no reduce la cualidadde éstas. Pero la cita postrera afirma algo distinto y tam-bién algo más: b.) Los valores de uso que no representanvalor de cambio dejan de ser objeto de producción. Elcapitalismo «cuantifica» todas las objetivaciones y sólolas produce (así como las necesidades dirigidas a ellas)si le es «rentable». En tal sentido Marx habla a menudo,por ejemplo, del hecho de que el capitalismo es hostil alarte. El capitalismo produce sobre todo objetos de arte,portadores de valor de cambio, que proporcionen benefi-cio. Por consiguiente, considerando la media de la socie-dad, las necesidades de un arte elevado quedan desaten-didas en favor de las que postulan un arte decadente enexpansión progresiva. De igual manera, el capitalismocuantifica el mundo, cualitativo en su conjunto, de lasnecesidades humanas; hace de él un pseudovalor de cam-bio y lo torna «adquirible»; viejas necesidades cualitati-vas, que no pueden en ningún modo ser cuantificadas niadquiridas, se inhiben. Por ello, precisamente en el aná-lisis del dinero (de la cantidad pura) de los Grundrisseaparece un motivo del Apocalipsis. La cuantificación delas necesidades cualitativas —sea cual sea el desarrollo yla riqueza «general» representados por ese proceso— rea-liza un mundo apocalíptico.: «Illi unum consilium habentet virtutem et potestatem suam bestiae tradent... et ne 62
  • 60. quis posset emere aut vendere, nisi qui habet characteremaut nomen bestiae, aut numerum nominis eius.»29 Pero el dinero no sólo puede «limitar» la cualidad,cuantificar las necesidades cualitativas y atrofiar lono cuantificable, sino que puede incluso cuantificar lo nocuantificable y transformar las necesidades cualitativasen su contrario. «Lo que mediante el ‘dinero’ es para mí,lo que puedo pagar, es decir, lo que el dinero puede com-prar, eso ‘soy yo’, el poseedor del dinero mismo. Mi fuerzaes tan grande como lo sea la fuerza del dinero. Las cuali-dades del dinero son mis —de su poseedor— cualidadesy fuerzas esenciales. Lo que ‘soy’ y lo que ‘puedo’ no estándeterminados en modo alguno por mi individualidad (...)¿Es que no poseo yo, que mediante el dinero puedo ‘todo’lo que el corazón humano ansía, todos los poderes hu-manos? ¿Acaso no transforma mi dinero todas mis ca-rencias en su contrario?»30 En la sociedad futura, en lasociedad conforme al género para sí, la esencia del gé-nero no podrá enajenarse del hombre y por consiguientetampoco podrá asumir una forma cuantitativa. Las nece-sidades y las capacidades humanas serán de naturalezacualitativa y lo cualitativo sólo puede ser «cambiado» conlo cualitativo —es decir, exclusivamente con cualidadesde la misma especie.31 Las necesidades del hombre se pre-sentan entonces en una relación directa y cualitativa conlos objetos correspondientes. Este es el significado de lasuperación positiva de la propiedad privada y de la rea-lización del mundo de la propiedad individual. (Por pro-piedad individual se entiende la relación inmediata en-tre necesidades cualitativas.) «Si suponemos al ‘hombre’como ‘hombre’ y a su relación con el mundo como una re-lación humana, sólo se puede cambiar amor por amor,confianza por confianza, etc. Si se quiere gozar del artehasta ser un hombre artísticamente educado; si se quie- 29. Ibid., vol. I, p. 173. 30. MARX, Manuscritos de economía y filosofía, cit., pp. 178–179. 31. Esta argumentación es tan sólo peculiar de los Manuscri-tos de economía y filosofía. 63
  • 61. re ejercer influjo sobre otro hombre, hay que ser unhombre que actúe sobre los otros de modo realmente es-timulante e incitante. Cada una de las relaciones con elhombre —y con la naturaleza— ha de ser una exteriori-zación determinada de la vida ‘individual real’ que se co-rresponda con el objeto de la voluntad.»32 Repitamos una vez más: en los Grundrisse aparecen denuevo todos los temas de los Manuscritos de economía yfilosofía de 1844, pero con un acento de valor ligeramen-te distinto. La «cuantificación de lo no cuantificable» noresulta en este contexto menos opresiva, pero respecto alos Manuscritos, se subraya en los Grundrisse el desarro-llo alienado que se expresa mediante la cuantificación delas necesidades cualitativamente limitadas. «Cuando el di-nero es el ‘equivalente general’, la capacidad general de ad-quisición, todo es venal, todo es convertible en dinero.Pero sólo se le puede convertir en dinero cuando se leenajena. (...) Las llamadas posesiones ‘eternas, inaliena-bles’, (...) se desmoronan ante el dinero. (...) Puesto quecomo todo es enajenable por dinero, todo es también ad-quirible por dinero. Todo se ha de tener por “dinero con-tante” (...) De modo que todos pueden apropiarse detodo, y el hecho de que el individuo pueda o no apropiar-se de algo depende de la casualidad, ya que depende deldinero que posea. Con lo cual el individuo está puesto ensí mismo como amo y señor de todo lo que existe. (...)Nada hay que sea supremo, sagrado, etc., puesto que todoes apropiable por dinero.»33 La alienación de la esenciadel género y la cuantificación de todas las cualidades erannecesarias para que se realizase, al menos como posibili-dad, la «pura» necesidad cualitativa —es decir, no la ne-cesidad «asignada por la división natural del trabajo.»,sino la necesidad realmente individual. 3. La forma de expresión más significativa del empo-brecimiento de las necesidades (y de las capacidades) es 32. Ibid., p. 181. 33. MARX, Elementos fundamentales para la crítica de la eco-nomía política, cit., vol. Il, pp. 404–405. 64
  • 62. su reducción y homogeneización. Ambas caracterizan tan-to a las clases dominantes como a la clase obrera, perono de igual modo. La necesidad de tener es a la que se reducen todas lasnecesidades y la que las convierte en homogéneas. Paralas clases dominantes ese tener es posesión efectiva, con-siste en la necesidad dirigida a la posesión de propiedadprivada y de dinero en medida cada vez mayor. La nece-sidad de tener del trabajador, por el contrario, afecta asu mera supervivencia: vive para poder mantenerse. «Enel lugar de ‘todos’ los sentidos físicos y espirituales ha apa-recido así la simple enajenación de ‘todos’ estos sentidos,el sentido del ‘tener’.»34 «Todas las pasiones y toda activi-dad deben, pues, disolverse en la ‘avaricia’. El obrero sólodebe tener lo suficiente para querer vivir y sólo debe que-rer vivir para tener.»35 Marx resume del siguiente modola reducción y la homogeneización de las necesidades enel capitalismo: «Cuanto menos ‘eres’, (...) tanto más ‘tie-nes’.»36 Cuando observa que el trabajador es un «ser sinnecesidades»,37 Marx alude a esa reducción. El trabajadordebe privarse de toda necesidad para poder satisfaceruna sola, mantenerse en vida. «Y no sólo debes privarteen tus sentidos inmediatos, como comer, etc.; tambiénla participación en intereses generales (compasión, con-fianza, etc.).»38 De una sola cosa no puede privarse el tra-bajador: de su fuerza de trabajo. Pero la aplicación defuerza de trabajo (el trabajo) en condiciones capitalistasconstituye también un «proceso de reducción». La mis-ma ejecución del trabajo no representa una necesidad 34. MARX, Manuscritos de economía y filosofía, cit., p. 148. 35. Ibid., p. 160. 36. Ibid., p. 131. Esta reflexión no constituye una novedad.Formulada del mismo modo la encontramos en Rousseau (LaNueva Eloísa.) y en Goethe (Los años de aprendizaje de WilhelmMeister.). Dado que Marx conocía muy bien ambas obras, contoda probabilidad no tomara esta noción de la obra de Hess,aunque remite a él en la aplicación de la categoría. 37. Ibid., p. 158. 38. Ibid., p. 161. 65
  • 63. del trabajador. Como consecuencia de la división del tra-bajo es limitada la «fuerza productiva por excelencia».39Así concluye el proceso de reducción y homogeneizaciónde las necesidades. ¿Pero está verdaderamente concluido? Hemos citadoya una de las paradojas más importantes de la teoría mar-xiana y volveremos a ella: por un lado la sociedad capi-talista reduce a «tener» y hace homogéneo en la «avidezde dinero» el sistema de necesidades tanto de la clasedominante como de la clase obrera (aunque de distintaforma); por otro, la sociedad capitalista genera «necesi-dades radicales» que contraponiéndose al sistema de laspreexistentes la trascienden. Los «portadores» de las «ne-cesidades radicales» están llamados a terminar con el ca-pitalismo. Según la formulación de Marx en los Manus-critos: «El ser humano tenía que ser reducido a esta ab-soluta pobreza para que pudiera alumbrar su riqueza in-terior.»40 4. El «interés» no constituye para Marx una catego-ría filosófico–social de carácter general. El interés comomotivo de la acción individual no es más que expresiónde la reducción de las necesidades a avidez.: en la gene-ralización filosófica del concepto de interés se refleja «elpunto de vista de la sociedad burguesa». Momento orgá-nico y rasgo esencial de la superación de la alienación esprecisamente la desaparición del «interés» como motivo.Ya en los Manuscritos de economía y filosofía de 1844 selee: «Necesidad y goce han perdido con ello su naturale-za ‘egoísta’ y la naturaleza ha perdido su pura ‘utilidad’,al convertirse la utilidad en utilidad ‘humana’.»41 No obstante es necesaria aquí una observación. De unmodo distinto del Marx de los Manuscritos, el Marx de 39. MARX, Elementos –fundamentales para la critica de laeconomía política, cit., vol. Il, p. 29. 40. MARX, Manuscritos de economía y filosofia, cit., p. 148. 41. Ibid., pp. 148–149. 66
  • 64. la madurez distingue rigurosamente entre las categoríasde utilidad y de interés.42 Recordemos también que Marx describe y explica elconcepto de valor de uso mediante el de «utilidad». Desdelos Grundrisse hasta las Glosas a Wagner.43 (1881) pasan-do por El Capital, el concepto de utilidad aparece siem-pre con un acento positivo. En los escritos de madurez,útil y utilidad no son más que propiedades de los «bie-nes» (atendiendo a la concepción naturalista) o bien ca-tegorías de orientación de valor con respecto a los ob-jetos de la actividad y del goce humanos (en la versiónno naturalista). Respecto de nuestro problema sólo con-sideramos significativa la distinción del Marx maduro.Dado que no podemos adentrarnos aquí en el análisis nosreferiremos únicamente al desarrollo del concepto de in-terés a lo largo de la historia de la filosofía.44 El concepto de utilidad jugó entre los antiguos un pa-pel de primera magnitud (así por ejemplo en Aristóteles:es bueno lo que es útil al hombre) que se mantiene asi-mismo en el pensamiento medieval. Ni la filosofía antiguani la medieval conocían la categoría del interés.45 Sólo lafilosofía burguesa ha atribuido a las categorías de interés(interés individual, interés general) una relevancia tantomayor cuanto más «desarrollada» estaba la propia socie-dad burguesa. La «teoría del interés» halla su máximaexpresión en la ilustración francesa y en Hegel. La «teo-ría de la utilidad» de la filosofía burguesa constituye enrealidad una «teoría del interés»: las categorías de utili-dad y de interés se convierten en sinónimos. Los críticos 42. En el Manifiesto del Partido Comunista, no es lo útil sinola reducción a una relación de utilidad lo que equivale a la rela-ción de interés. 43. MARX, Glosas marginales al «Tratado de Economía Polí-tica» de Adolph Wagner, en «Apéndice» al vol. I de El Capital, cit. 44. Para un análisis en profundidad de la pareja de catego-rías útil–nocivo como categorías secundarias de orientación de va-lor, véase mi estudio citado. 45. En mi libro sobre Aristóteles he atribuido erróneamenteeste hecho a la «limitación» de la sociedad antigua. 67
  • 65. del capitalismo no habrían podido desembarazarse senci-llamente de ella confrontando tan sólo la teoría del va-lor del citoyen con la del bourgeois. Marx, por el contra-rio, demuestra su extraordinaria penetración descartan-do al mismo tiempo no sólo la solución sino también laformulación del problema en su totalidad. En respuestaa una carta de Engels que sostenía la existencia de un«núcleo racional» en la teoría del egoísmo de Stirner,Marx expresa de manera inequívoca su rechazo hacia esaposición, rechazo que volvemos a encontrar en la críticaa Stirner y más tarde en los Grundrisse.46 Junto al uso ontológico–general del concepto de inte-rés, Marx refuta tanto el denominado interés «individual»como las categorías de interés general o social en su con-junto, y asimismo todas las categorías usadas en sentidoanálogo. Si en La ideología alemana e incluso en los Grun-drisse la polémica todavía está abierta, Marx expresa conposterioridad su rechazo utilizando sólo raramente esacategoría. En particular conviene notar que Marx aplicatambién muy raramente la categoría de interés de clase.Buscaríamos en vano el concepto de «interés de clase» entrabajos como los Grundrisse, El Capital, Salario, precioy ganancia o las Teorías sobre la plusvalía.: no aparece nisiquiera una vez y tampoco es usado con referencia a lalucha de clases. Y ello no porque no exista para Marx «in-terés de clase», sino debido a que a su parecer se trata deun elemento sólo interpretable en el marco de la realidadfetichista del capitalismo, o mejor, él mismo posee uncarácter fetichista. Por consiguiente el «interés de clase»no puede constituir el motivo de la lucha de clases, quetrasciende la sociedad capitalista: el verdadero motivono fetichizado está representado por las necesidades ra-dicales de la clase obrera. Fue Engels (en el Anti–Dühring.)quien indicó el interés de clase como uno de los factores 46. Notemos entre paréntesis que esa diversidad de concep-ción entre Marx y Engels se expresa también en el «destino» pos-terior de la categoría referida. Engels se contentó con sustituirla categoría de «interés individual» por la general de «interés declase». Marx, como veremos, se encaminó por otras veredas. 68
  • 66. determinantes de la lucha de clases: pero debemos notarpor corrección que ello no tiene lugar en los términos ex-clusivos e inequívocos que —por el contrario— se han he-cho de uso común en análisis marxistas posteriores (des-de tiempos de la Segunda Internacional, sobre todo enKautsky). De hecho, en Marx la dualidad entre interés individualy «general», o también «de clase», no es más que la ex-presión y la motivación de que el hombre de la sociedadburguesa está escindido en bourgeois y citoyen. El inte-rés individual constituye la motivación —abiertamentereconocida— del bourgeois, mientras que el interés gene-ral motiva al citoyen. Ambas son motivaciones alienadas,y en el caso del «interés general» la enajenación es dobledado que en él se aliena también del individuo el «interésindividual». Consideremos a continuación los párrafos más impor-tantes en que aparecen tratadas tales categorías. En La Sagrada Familia y con referencia a la «procla-mación de los derechos del hombre», Marx escribe lo si-guiente: «La esclavitud era la base del Estado anticuo: labase del Estado moderno es la sociedad civil (bürgerlichenGesellschaft.), el hombre de la sociedad civil, es decir, elhombre independiente unido a los otros hombres por elvínculo del interés privado y de la inconsciente necesidadnatural, el esclavo del trabajo utilitario, de sus propiasnecesidades y de las necesidades egoístas de otro. Estabase natural, el Estado moderno la ha reconocido comotal en los derechos universales del hombre.»47 En estacita vuelve a aparecer una noción de los Manuscritos deeconomía y filosofía, pero esta vez con una referencia con-creta. El «interés privado» no es más que la avidez, esdecir, una consecuencia de la «reducción» de las nece-sidades. Expresiones tales como necesidad natural, basenatural, esclavo, no poseen sólo por azar un papel decisi-vo, no constituyen simples residuos de una particular es- 47. MARX, ENGELS, La Sagrada Familia, ed. Claridad, BuenosAires, 2.ª ed., 1971, p. 133. 69
  • 67. pecie de «feuerbachismo»; la cuestión en su conjunto esy sigue siendo central en el pensamiento de Marx. La so-ciedad burguesa, la primera «sociedad pura», actúa en lasrelaciones sociales puras como «pseudonaturaleza», pues-to que en ella reina la necesidad como vínculo económico.El hombre convertido en «esclavo» de sus intereses priva-dos, de su egoísmo y del de los demás, es un ser pseudo-natural, pues su egoísmo es de carácter impulsivo y fun-ciona como pseudoinstinto: el hombre debe seguirlo o seprecipita hacia la ruina. «Por lo tanto, es la necesidad na-tural, son las propiedades esenciales del hombre —poralienadas que puedan parecer— es el interés, los que man-tienen unidos a los miembros de la sociedad civil(bürgerlichen Gesellschaft.), cuyo lazo real está constitui-do, pues, por la vida burguesa, no por la vida política.»48 En La ideología alemana (concretamente en la polémi-ca con Stirner) Marx trata de un modo muy coherente ladoble extrañación del «interés general» (y del «interés declase»). Citaremos casi por entero los pasos de mayor re-lieve. «¿Cómo explicarse que los intereses personales se de-sarrollen siempre, a despecho de las personas, hasta con-vertirse en intereses de clase, en intereses comunes, queadquieren su propia sustantividad frente a las personasindividuales de que se trata y, así sustantivados, cobranla forma de intereses ‘generales’, enfrentándose como talesa los individuos reales y pudiendo, en esta contraposición,determinados ahora como intereses ‘generales’, aparecerante la consciencia como intereses ‘ideales’ e incluso reli-giosos, sagrados? ¿Cómo explicarse que, dentro de estasustantivación de los intereses personales como interesesde clase, el comportamiento personal del individuo tenganecesariamente que objetivarse, que enajenarse y, al mis-mo tiempo, se mantenga como una potencia independien-te de él, creada sin él por el intercambio, se convierta enrelaciones sociales, en una serie de potencias que deter-minan y subordinan al individuo y aparecen, por tanto,idealmente, como potencias «sagradas»? Si Sancho hubie- 48. Ibid., p. 142. 70
  • 68. se comprendido de una vez el hecho de que, dentro deciertos ‘modos de producción’, que, naturalmente, no de-penden de la voluntad, hay siempre potencias prácticasajenas, independientes no sólo de los individuos aislados,sino incluso de la colectividad de éstos y que se imponena los hombres (...) Y no caería en el mal gusto, digno deél [Stirner] de explicar la dualidad entre los intereses per-sonales y generales diciendo que los hombres se represen-tan ‘también’ religiosamente esta dualidad y se ‘imaginan’ser así o del otro modo, lo que no es más que otra mane-ra de expresar lo que “se representan” ellos ser.»49 Las principales enseñanzas que podemos extraer deéste y de otros párrafos50 son: a.) el interés «general» yel «de clase» no existen sólo como representaciones delos hombres cual polo opuesto ideal de sus intereses per-sonales. Constituyen categorías de estructuras sociales go-bernadas por fuerzas sociales independientes de los hom-bres que se afirman contra la voluntad del particular. Enla existencia de «intereses generales» se refleja, por con-siguiente, la fetichización de las relaciones sociales (pro-ceso que culmina en la sociedad puramente «productorade mercancías», esto es, en el capitalismo); b.) el interéspersonal y el general, o de clase, están en correlación; c.)se elija el «interés» que se elija —sea éste teórico o prác-tico— se permanece en todo momento dentro de la so-ciedad productora de mercancías (capitalista), es decir,se acepta su carácter fetichista. «...los comunistas no hacen valer ni el egoísmo encontra del espíritu de sacrificio ni el espíritu de sacrificioen contra del egoísmo (...) Los comunistas teóricos, losúnicos que disponen de tiempo para ocuparse de la histo-ria, se distinguen precisamente por el hecho de ser losúnicos que han ‘descubierto’ en toda la historia la crea-ción del “interés general” por obra de los individuos de-terminados como “hombres privados”. Saben que estacontraposición es puramente ‘aparente’, porque uno de los 49. MARX, La ideología alemana, cit., pp. 285–286. 50. Cfr., ibid., p. 288. 71
  • 69. dos lados, lo que se llama lo “general”, es constantementeengendrado por el otro, por el interés privado y no es,en modo alguno, una potencia independiente frente a él,con su historia propia y aparte; que, por tanto, esta con-traposición se ve, prácticamente, destruida y engendradade continuo.»51 La cita aducida testifica que los comunistas no se re-miten a ningún tipo de «interés general», y ni siquieraal interés de clase. No pueden considerarlo como un moti-vo de la lucha de clases que trasciende al capitalismo, por-que referirse a ello significa, eo ipso, permanecer dentrodel mundo capitalista. La referencia a los intereses de laclase obrera, en consecuencia, sólo es posible en luchasde clase que no trascienden el capitalismo: en cuyo casose trata de una postura realista, dado que remite a unacategoría del ser (la correlación fetichista del interés per-sonal). Por consiguiente, no debe sorprender que en tiem-pos de la Segunda Internacional estuviese tan difundidala referencia al interés de clase, que en nada correspondeal espíritu de Marx. Todo movimiento que se limita aofrecer un programa adecuado a los intereses egoístas deltrabajador particular (sobre todo la lucha por el salarioque abre en cada trabajador la perspectiva de una mayorriqueza material strictu sensu.) remite realistamente, ycon razón, al «interés de clase». Es dudoso que Marx haya cambiado o no de actituden sus últimas obras. Como hemos sostenido, en los tra-bajos científicos raramente recurre a las categorías delinterés «general», esto es, «común», o al concepto de «in-terés de clase». Veamos los párrafos en cuestión y anali-cemos su sentido. En los Grundrisse (concretamente en el análisis delintercambio de mercancías) se afirma:52 «...que es un 51. Ibid., pp. 287–288. 52. El razonamiento muestra cómo las diversas formas dela alienación constituyen sólo momentos distintos de un procesoidéntico, aunque hayan sido tratadas aquí separadamente en arasde una mayor claridad. En este párrafo Marx aborda la alienación 72
  • 70. factor necesario la reciprocidad según la cual cada unoes simultáneamente medio y fin y sólo alcanza su fin alvolverse medio, y sólo se vuelve medio en tanto se ubi-que como fin para sí mismo; cada uno, pues, se ponecomo ser para el otro cuando es ser para sí, y el otro sepone como ser para aquél cuando es ser para sí. Esa re-ciprocidad es el supuesto, la condición natural del inter-cambio, pero en cuanto tal es indiferente a cada uno delos sujetos del intercambio. A cada uno de esos sujetossólo le interesa la reciprocidad en la medida en que satis-face su interés, que excluye al del otro y no tiene relacióncon él. Vale decir que el interés común, lo que aparececomo móvil del acto conjunto, es, ciertamente, reconocidopor ambas partes como fact, pero en sí no es el móvil;se produce, por decirlo así, a espaldas de los interesesparticulares reflejados en sí mismos y contrapuesto el deluno al del otro.»53 Resumiendo el problema, Marx conclu-ye: «El interés general es precisamente la generalidad delos intereses egoístas.»54 La diferencia que pueda existir entre la argumentaciónde La ideología alemana y el párrafo citado de los Grun-drisse no concierne a la esencia del problema discutidoaquí. Consiste ésta en la mayor amplitud con que aparecesuscitado el problema en La ideología alemana, dondeson analizadas diversas formas del «interés general», in-cluso aquellas en las que éste puede cumplir la funciónde motivo, aunque alienado (precisamente motiva porejemplo al citoyen.). Esa obra, por consiguiente, no tratasólo de intereses económicos (como intereses generales)sino también de intereses «generalizados» de todo tipo(intereses políticos, de estado, etc.). Dado que en los pá-de los intereses (la relación de intereses) como una forma delfenómeno de la alienación fin–medio. 53. MARX, Elementos fundamentales para la crítica de la eco-nomía política, cit., vol. I, p. 182. 54. Ibid., p. 183. Lo mismo en el Fragmento del texto primi-tivo —1857–1858— de la «Crítica de la economía política» (Grundris-se, p. 912). 73
  • 71. rrafos de los Grundrisse referidos se analiza el intercam-bio de mercancías, el análisis del «interés general» se debelimitar obviamente al interés económico. Pero puede comprenderse con facilidad que desdenuestra perspectiva tal distinción es totalmente irrele-vante. También en los Grundrisse el «interes general»aparece representado como interés doblemente alienado.El mundo del intercambio de mercancías es el mundo dela universalidad del egoísmo: del interés personal. Lossujetos del intercambio son indiferentes recíprocamente,sólo se muestran en relación el uno con el otro en lo queatañe a la realización de sus intereses personales: en loque afecta a la «necesidad del otro hombre» (que, comosabemos, es considerada por Marx la necesidad más ele-vada y «más humana»), la reducción es total. Los «inte-reses generales» se hacen valer a espaldas de los hombresreducidos ya al egoísmo. En estos términos, pues, el inte-rés general no es otra cosa que la limitación de los inte-reses de un hombre a través de los de otro hombre: unaestructura que ya Hegel en su Fenomenología del espíri-tu define como «el reino animal del espíritu»; en ese sen-tido el «interés general» constituye una potencia alienadaque se realiza como consecuencia de la lucha de interesesprivados, que impide fines y propósitos de los individuosparticulares. Refiriéndose a ella precisamente en La ideo-logía alemana, Marx la describe como la potencia deter-minante de todos los «intereses generales» alienados, cla-ve, por consiguiente, de los que motivan a los hombres. Llegamos ahora al punto crucial, al concepto de «inte-rés de clase». En Trabajo asalariado y capital se encuen-tran dos párrafos subrayados por el propio Marx: «‘Decirque los intereses del capital y los intereses de los obrerosson los mismos, equivale simplemente a decir que el ca-pital y el trabajo asalariado son dos aspectos de una mis-ma relación. El uno se halla condicionado por el otrocomo el usurero por el derrochador, y viceversa’.»55 Y 55. MARX, Trabajo asalariado y capital, en Obras Escogidas,ed. Progreso, Moscú, p. 78. 74
  • 72. también «Vemos, pues, que, aunque nos circunscribimos‘a las relaciones entre el capital y el trabajo asalariado,los intereses del trabajo asalariado y los del capital sondiametralmente opuestos’.»56 El problema aparece suscitado aquí particularmentedesde el punto de vista de la lucha por el salario, unaforma de lucha de clases sólo interpretable en el senode la sociedad capitalista. («Aunque nos circunscribimosa las relaciones entre el capital y el trabajo asalariado»constituye, pues, una limitación superflua, puesto que lalucha por el salario sólo es concebible —según Marx— enla relación entre trabajo asalariado y capital.) Las re-laciones en razón de las cuales procede la lucha entre«trabajo asalariado» y «capital» son relaciones fetichis-tas, dentro de las que la utilización de la categoría de «in-terés» (que, como sabemos, es una categoría objetiva)puede interpretarse de un modo completamente racionalde conformidad con el sentido del concepto de «interésde clase» fijado en La ideología alemana. Añadamos que elconcepto sólo puede interpretarse racionalmente en estesentido. Además, Marx no ha hablado de los «intereses dela clase obrera», sino de los intereses del trabajo asala-riado.: de intereses derivados de la realidad de la explota-ción y más aún de la realidad de una forma concreta deexplotación. En esa relación la clase obrera queda reduci-da a su relación inmediata con el capital, en la cual ca-pital y trabajo asalariado constituyen «dos términos deuna misma relación». Se trata, por consiguiente, de unadeterminación de tipo reflexivo. No se habla aquí de laclase obrera que trasciende el capitalismo (ni puede tra-tarse de ella), ni tampoco se mencionan las necesidadesradicales no susceptibles de reducción a «interés». Una interpretación tan restrictiva del concepto de in-terés tampoco tiene lugar en Salario, precio y ganancia,obra mucho más tardía en la que se abordan problemasanálogos. Y no por casualidad: de hecho, en el centro delanálisis marxiano se sitúa la crítica de la «reducción.» 56. Ibid., p. 83. 75
  • 73. de la lucha sindical a la lucha por el salario. La diferen-cia no es de naturaleza cuantitativa sino cualitativa. Lalucha salarial, que, como hemos visto, permanece en elámbito del capitalismo, del «sistema de intereses», es cua-litativamente, distinta de la lucha por la superación delsistema salarial en su conjunto, misión histórica de laclase obrera, motivada no ya por el interés, sino por lasnecesidades radicales. «Las Trade–Unions trabajan a laperfección como centros de resistencia contra las usurpa-ciones del capital (...) Pero en general son deficientespor limitarse a una guerra de guerrillas contra los efectosdel sistema existente, en vez de esforzarse, al mismo tiem-po, por cambiarlo, en vez de emplear sus fuerzas organi-zadas como palanca para la emancipación definitiva de laclase obrera; es decir, para la abolición definitiva delsistema de trabajo asalariado.»57 57. MARX, Salario, precio y ganancia, en Obras Escogidas, cit.,vol. I, p. 428. 76
  • 74. III. El concepto de «necesidad social» El concepto de «necesidad social» no constituye paraMarx una categoría alienada de por sí, sino que es inter-pretable racionalmente en toda sociedad y en particulartambién a partir de la superación positiva de la aliena-ción. No obstante, es uno de los conceptos que Marx uti-liza «con menos rigor» y con acepciones diferentes. En-tre los diversos hechos sociales descritos por ese concep-to, encontramos a menudo la alienación capitalista de lasnecesidades. Pero si se considera atentamente la tenden-cia principal del pensamiento de Marx, se halla que esainterpretación es únicamente una entre otras, sólo rele-vante además para la sociedad capitalista. La identifica-ción de las categorías de «interés general» y «necesidadsocial» es, así pues, completamente ajena a la concepciónde Marx considerada en su conjunto. Conviene subrayar-lo con fuerza, dado que en la literatura marxista se hahecho corriente el uso de ambas categorías como sinóni-mos. No me refiero aquí solamente a la interpretaciónfetichista del concepto de «necesidad social», sino tam-bién a la asunción de tal interpretación como valor po-sitivo, justificada por el hecho de que la «necesidad so-cial» es una «necesidad de la sociedad», entendida nocomo totalidad, media o tendencia de desarrollo de lasnecesidades individuales del correspondiente particular,ni tampoco como necesidad personal «socializada», sinocomo sistema de necesidades general, por encima de losindividuos y de sus necesidades personales. Esta concep-ción ha llevado a diversas conclusiones (y consecuencias)teóricas y prácticas, de las que deben citarse al menos lasdos de mayor importancia: a.) puesto que la denominada«necesidad social» es más general y al mismo tiempo máselevada que la «personal», en caso de conflicto el particu- 77
  • 75. lar debe subordinar a las «necesidades sociales» su exi-gencia de satisfacción de las necesidades personales; enla práctica esa «necesidad social» se revela como la ne-cesidad de las capas privilegiadas o dominantes de la cla-se obrera (o también de la sociedad), enmascarada porla aureola de la «validez general»; b.) las «necesidades so-ciales» son «verdaderas», auténticas necesidades de loshombres particulares; aquellas personas que de facto notienen necesidades de este tipo, «todavía no han reconoci-do.» sus «verdaderas» necesidades. De esa concepción sedesprende la distinción entre necesidades «reconocidas»y «no reconocidas». Pero (¿quién debe decidir cuáles sonlas «verdaderas» necesidades de los hombres?) De nuevoserán únicamente los representantes de las denominadas«necesidades sociales». En otras palabras: como encar-nación de la «universalidad» y de la «socialidad», las ne-cesidades efectivas de los privilegiados o de los líderesdel movimiento social deciden cuáles de entre las nece-sidades de la clase (es decir, de la inmensa mayoría dela población) son «justas» y cuáles «injustas»: de estaforma las necesidades efectivas de la mayoría son con-sideradas como «no verdaderas». Los «representantes» delas «necesidades sociales» se encargan entonces de decidirlas necesidades de la mayoría y persiguen sus presuntas«necesidades no reconocidas», en lugar de las propiasy efectivas; Excluyendo el examen de las consecuencias prácticasde la fetichización del concepto de «necesidades sociales»,añadamos tan sólo que el concepto de necesidad fetichi-zado ha sido «construido» por analogía con el de interés.Hemos visto ya, en función del análisis marxiano, que lasubordinación de sí al interés «general» en realidad apa-rece en correlación con la prosecución del interés perso-nal. Bourgeois y citoyen son igualmente necesarios parael funcionamiento de la sociedad burguesa. Además, conreferencia a los intereses, podemos distinguirlos sensata-mente en «reconocidos» y «no reconocidos». El interés vie-ne constituido de hecho por la oposición de los intereses(la identidad de los intereses es en verdad la identidad 78
  • 76. de los antagonismos). El interés es reducción y al mismotiempo homogeneización de las necesidades, en el sentidode que hacemos valer el Sí (indiferentemente de si im-plica persona, conjunto o clase), como nuestra propia «de-terminación de tipo reflexivo», contra otros; es, por con-siguiente, realista afirmar que el hombre (la nación, laclase, etc.) que no consigue prevalecer sobre los demás,no actúa en correspondencia con sus intereses. Además,cuando un hombre (un conjunto, una clase) no ve clara-mente las modalidades o los medios óptimos para hacersevaler a sí mismo, «no ha reconocido» sus «propios inte-reses». En cuanto atañe a las relaciones entre las diver-sas objetivaciones, si las modalidades o los medios parahacerse valer de un modo óptimo son diversos o inclusocontrapuestos, en ese caso puede hablarse con razón de«contrastes de interés». Volvamos a la posición de Marx. Como hemos visto,se refiere en diversas ocasiones a necesidades «reales» o«imaginarias», pero nunca y en ningún lugar a necesida-des «inconscientes» o «no reconocidas» (tanto las necesi-dades «reales» como las «imaginarias» son conscientes).El concepto incluso de necesidades radicales le sirve, en-tre otras cosas, para poder eludir precisamente la catego-ría de las necesidades «no reconocidas», por lo cual atri-buye más de una vez a la clase obrera tales necesidades,aún no hallándose presentes de facto. Donde existen ne-cesidades «no reconocidas» hay también «educadores»que «hacen conscientes» a los hombres de sus necesida-des. Como es sabido, Marx ha rechazado el concepto denecesidad «no reconocida» ya en las Tesis sobre Feuer-bach, donde considera la categoría como lo que es: unacategoría de la ilustración. Marx entiende únicamente necesidades de individuos.Se puede calcular o evaluar una media de las necesidadesindividuales (como en el caso de las «necesidades nece-sarias»), pero estas continúan siendo en todo momento in-dividuales. Sólo para la descripción del fetichismo se sir-ve Marx de la categoría de necesidad en el sentido feti-chista (para contraponerla entonces a las necesidades no 79
  • 77. fetichistas, o individuales). Piénsese en el párrafo de ElCapital ya citado, donde define la alienación capitalistacomo aquella en que poseen carácter decisivo no las ne-cesidades de desarrollo del trabajador, sino las «necesi-dades de valorización del capital», expresión utilizadaaquí en sentido claramente fetichista. De hecho, si bienla necesidad de valorización constituye siempre la nece-sidad de un capitalista particular, también el capitalistaes una potencia alienada. En la sociedad capitalista lasrelaciones interhumanas —aún permaneciendo como ta-les— aparecen como relaciones reificadas (lo mismo puedeafirmarse de las necesidades). Dijimos ya que Marx emplea el concepto «necesidadessociales» en varios sentidos. La interpretación de ma-yor relevancia (y frecuencia) es la necesidad «social-mente producida». Las observaciones al respecto fueronya expuestas en el primer capítulo; por tanto, no las re-petiremos. Las necesidades «socialmente producidas» sonnecesidades de hombres particulares. De esta determina-ción forman parte con frecuencia sólo las necesidades «nonaturales», otras veces la totalidad de las necesidades in-discriminadamente. En ese último caso «necesidad social-mente producida» es sinónimo de necesidad humana,donde «humana» no constituye una categoría de valor. En otra acepción que aparece más raramente, perocon una relativa frecuencia, la «necesidad social» consti-tuye una categoría de valor positiva.: es la necesidad delcomunismo, del «hombre socializado». En el tercer librode El Capital, la sociedad capitalista aparece contrapuestade nuevo a la sociedad de los «productores asociados»,precisamente desde el punto de vista de las necesidades.A este propósito recordemos que: «... la extensión o larestricción de la producción es lo que decide, no la pro-porción entre la producción y las necesidades sociales,(...) entre la producción y las necesidades de los hombressocialmente progresivos (...) sino allí donde lo impone laproducción y la realización de la ganancia».1 Aquí las 1. MARX, El Capital, cit., vol. III, p. 255–256. 80
  • 78. «necesidades sociales» indican, por consiguiente, las ne-cesidades de «los hombres socialmente progresivos». Essuperfluo poner en evidencia que también aquí se entien-de por «necesidad social» la necesidad del hombre par-ticular. En un tercer sentido la «necesidad social» designa lamedia de las necesidades dirigidas a bienes materialesen una sociedad o clase. Cuando Marx considera la nece-sidad en este sentido, escribe por lo general «necesidadsocial» entre comillas, lo que no es en absoluto casual.«Necesidad social» entre comillas es expresión de las ne-cesidades en forma de demanda efectiva.; sin comillas in-dica aquellas necesidades que, aún refiriéndose a bienesmateriales, no hallan expresión en la demanda efectiva.Para Marx la distinción sólo es relevante en relación conla clase obrera; por lo que atañe a las clases dominantes,necesidad material y demanda efectiva por lo menos coin-ciden; pero la mayoría de las veces la demanda efectivaincluso excede la necesidad propiamente dicha (la «ne-cesidad necesaria» de las clases dominantes). Para la clase obrera la discrepancia se plantea entre «necesidad so-cial», manifestada en la forma de demanda efectiva, ynecesidad social «verdadera», dado que esta última nosólo supera cuantitativamente a la primera, sino que con-tiene también necesidades concretas de distinto tipo. EnEl Capital Marx dice: «... las “necesidades sociales”, esdecir, lo que regula el principio de la demanda, se hallaesencialmente condicionado por la relación de las distin-tas clases entre sí por su respectiva posición económi-ca...».2 Pocas páginas después, discutiendo más a fondoel problema, afirma: «Parece, pues, que se da, en lo quea la demanda se refiere, una cierta magnitud de determi-nadas necesidades sociales, que requiere para su satis-facción la existencia en el mercado de una determinadacantidad de un artículo. Pero la determinación cuantita-tiva de esta necesidad es algo absolutamente elástico yfluctuante. Su fijeza es pura apariencia. Si los medios de 2. Ibid., p. 185. 81
  • 79. subsistencia fuesen más baratos o los salarios en dineromás elevados, los obreros comprarían más artículos deconsumo y se ampliaría la “necesidad social” (...) Los lí-mites dentro de los cuales la necesidad de mercancías serepresenta en el ‘mercado’ —la demanda— se distinguencuantitativamente de la verdadera necesidad social, va-riando mucho, naturalmente, según las diversas mercan-cías.» 3 La «necesidad social» referida a la demanda es portanto mera apariencia que no expresa las necesidades so-ciales «reales» de la clase obrera, e incluso las «transfigu-ra» en su contrario. ¿Pero cuáles son esas necesidades sociales reales? Elcontenido de esta categoría corresponde esencialmente enMarx al contenido empírico o sociológico de las necesida-des necesarias. Pero que, queremos evidenciarlo, consti-tuye una media, y precisamente la media de las necesi-dades individuales (desarrolladas históricamente, trans-mitidas en los usos y dotadas de componentes morales).Se trata en efecto de una categoría objetiva: un determi-nado hombre, de una determinada clase, de una determi-nada época, nace en un sistema y en una jerarquía denecesidades preconstituidas (aunque en evolución) porlas costumbres, por la moral de las generaciones prece-dentes y sobre todo por los objetos de sus necesidades.El hombre interioriza (según las sociedades) ese sistema,aunque de manera individual. Pero en ningún caso cons-tituye una estructura autónoma que «aletea» por encimade los miembros de una clase o de una sociedad: necesi-dad del particular es aquello que él conoce y siente comonecesidad suya; no tiene otras necesidades. En consecuen-cia en los Manuscritos de economía y filosofía Marx la-menta la «falta de necesidades» de los trabajadores. Noquiere afirmar con ello que los trabajadores sean conscien-tes de las necesidades que aparecen bajo la forma de de-manda y que por el contrario no lo sean de las necesida-des «verdaderas», que no presentan esa forma: «En el 3. Ibid., pp. 191–192. 82
  • 80. último caso las necesidades sociales no serían “flexibles”».Se trata más bien de que las verdaderas necesidades so-ciales representan las necesidades auténticas, totalmenteconscientes, mientras que las «sociales», que emergenen el mercado, señalan las posibilidades de satisfacciónde las primeras en una determinada sociedad. Y no setrata aquí tampoco de una contraposición de conscientee inconsciente, por el contrario, como sostiene Marx enMiseria de la filosofía, se trata de la antítesis entre ser yno ser, entre realizar y no realizar, entre susceptible y nosusceptible de satisfacción. Añadamos que Marx aplica la referida interpretaciónde las necesidades sociales sólo a las necesidades mate-riales y, en el caso de las no materiales, únicamente a lasadquiribles mediante valor de cambio. Por lo que respec-ta a otras necesidades, la categoría de «necesidad social»,entendida en el sentido precedente, es totalmente irrele-vante. Lo cual es válido a pesar de que el citado carácterobjetivo de las necesidades (el sistema de necesidades yarealizado y la jerarquía relativa «guían» las necesidadesde un individuo nacido en una determinada sociedad encuanto que las necesidades sólo pueden desarrollarse ensu interacción con los objetos y las objetivaciones quelas delimitan) se refiere no sólo a las necesidades materia-les —esto es, a las «sociales» interpretadas de modo pre-cedente— sino a las necesidades en general: a la necesi-dad de actividad artística al igual que a la necesidad decomunidad o de afecto. Pero respecto de estas últimasMarx no habla nunca de «necesidades sociales» en el sen-tido determinado aquí. La satisfacción de las «necesidadessociales» a través del valor de cambio aparece a susojos, según hemos visto, como la forma más característi-ca del fenómeno de la alienación: la cuantificación de lono–cuantificable. Citemos, finalmente, la cuarta acepción de «necesida-jdes sociales»: la satisfacción social —o a veces comuni-taria— de las necesidades. Es ésta una interpretación noeconómica que sirve para definir o expresar el hecho deque los hombres poseen necesidades no sólo producidas 83
  • 81. socialmente, sino también necesidades únicamente sus-ceptibles de satisfacción mediante la creación de institu-ciones sociales relativas a ellas. Por ejemplo, en la socie-dad moderna, la satisfacción de la necesidad de apren-der sólo es posible a través de instituciones adecuadaspara la instrucción pública. Lo mismo puede decirse enlo tocante a la necesidad de proteger la salud, y en lo quese refiere a innumerables especies de necesidad culturale incluso a la necesidad de comunidad. (En este últimocaso no es necesaria la creación de instituciones expre-sas. Pues se trata de una necesidad eo ipso de satisfac-ción sólo posible en la vida comunitaria.) Aunque la categoría no es de por sí económica, pode-mos poner de relieve un aspecto económico. En la Críticadel programa de Gotha Marx escribe que se debe descon-tar de la renta «íntegra» del trabajo «... ‘la parte que sedestine a la satisfacción colectiva de las necesidades’, ta-les como escuela, instituciones sanitarias, etc.».4 Es inte-resante observar cómo Marx atribuye a las «necesidadessociales» puramente materiales un carácter de relativa es-tabilidad cuantitativa (su cantidad sólo debería aumentarparalelamente al crecimiento de la población). La partede esos valores sociales que sirve para la «satisfaccióncolectiva de las necesidades» se incrementaría rápidamen-te en el futuro (para ello será necesario un porcentajecada vez mayor del «fruto íntegro del trabajo»). «Estaparte aumentará considerablemente desde el primer mo-mento, en comparación con la sociedad actual, y seguiráaumentando en la medida en que la sociedad se desarro-lle.»5 Es superfluo sostener que Marx no se imagina enabsoluto un desplazamiento parcial que ponga en corre-lación las necesidades «verdaderas», «conscientes» de loshombres con el consumo personal, mientras que las ne-cesidades «no reconocidas» estarían representadas por la«satisfacción colectiva de las necesidades». Marx especu- 4. MARX, Crítica del Programa de Gotha, en MARX, ENGELS,Obras Escogidas, cit., vol. Il, p. 14. 5. Ibid., p. 14. 84
  • 82. la para el futuro con hombres a los cuales esas necesida-des de satisfacción sólo posibles socialmente aparecen abovo como necesidades conscientes y personales y cuyasatisfacción será tan importante que por sí mismos limi-tarán otras necesidades. Sabemos bien que en opinión deMarx sólo en la sociedad de los «productores asociados»es donde otras necesidades ponen límite a las necesida-des humanas. Cuando cesa el dominio de las cosas sobreel hombre, cuando las relaciones interhumanas no apare-cen ya como relaciones entre cosas, entonces toda nece-sidad es gobernada por la «necesidad de desarrollo delindividuo», la necesidad de autorrealización de la perso-nalidad. 85
  • 83. IV. Las «necesidades radicales» Marx atribuye al comunismo valores positivos y losconfronta con los que han existido, con aquellos de la«prehistoria» y particularmente con los referentes al ca-pitalismo, de los que subraya su carácter extrañado. Estaatribución de valor posee para Marx —subjetivamente—la condición de un deber: el comunismo debe ser reali-zado. Pero desde el principio Marx se esfuerza por supe-rar teoréticamente el carácter de subjetividad del deber.Con este propósito descubre dos vías, no siempre bien dis-tinguidas, pero no obstante diferenciables. Analicemos laprimera posibilidad: la colectividad se convierte en su-jeto. El deber mismo es colectivo, puesto que al límite dela alienación capitalista despiertan en las masas —sobretodo en el proletariado— necesidades (las denominadasnecesidades radicales) que encarnan ese deber y que porsu naturaleza tienden a trascender al capitalismo —y pre-cisamente en la dirección del comunismo. La otra vía es-triba en la transformación del deber en necesidad causal.«El comunismo debe ser realizado» constituye en estecaso un sinónimo de la concepción según la cual aquelse realizará necesariamente merced a las leyes propiasde la economía. Podría afirmarse que a este respecto pre-domina en Marx ya una concepción fichteana, ya unahegeliana.1 Tal duplicidad de actitud cobra expresión entre otroscasos cuando Marx oscila entre una concepción de lasleyes de la economía como «leyes naturales» y la con-cepción contraria. En el muy conocido prefacio de 1867al tomo primero de El Capital, escribe: «Quien como yoconcibe el desarrollo de la formación económica de la 1. Puesto que ambas, por cierto, se presentan «invertidas». 87
  • 84. sociedad como un proceso histórico–natural...»2 Añada-mos tan sólo que en el postscriptum a la segunda edición(1873) Marx llama la atención sobre el empleo conscien-te, en el mismo volumen, del método hegeliano. Menosconocidas son las observaciones que contradicen a las re-feridas. En el tercer volumen de las Teorías sobre la plus-valía, hablando del capitalismo, Marx escribe que en cuan-to se lo analiza históricamente «... cesa la ilusión de con-siderar [las leyes económicas de una formación social]como leves naturales de producción...».3 E incluso en elprimer libro de El Capital se habla de una «ley de la acu-mulación capitalista que se pretende mistificar convirtién-dola en ley natural».4 Se podría objetar que «proceso his-tórico–natural» y «ley natural» no son sinónimos. Pero laobjeción no es válida, puesto que ya en el prefacio cita-do se lee también expressis verbis la expresión «ley natu-ral», y precisamente en un contexto particularmente im-portante para nosotros: en referencia a la perspectivahistórica. «Aunque una sociedad haya encontrado el ras-tro de ‘la ley natural con arreglo a la cual se mueve’ (...)jamás podrá saltar ni descartar por decreto las fases na-turales de su desarrollo. Podrá únicamente acortar y mi-tigar los dolores del parto.»5 Llegaremos a una interpreta-ción análoga en el caso de la «negación de la negación». En su carta a la redacción de «Otecestvennve Zapiski»el propio Marx pone de nuevo en duda la interpretaciónnaturalista. Así en el borrador de una respuesta a VeraZasulic escribe sobre la posibilidad de llegar al comunis-mo dando un rodeo, «saltando» el capitalismo. (En con-secuencia, existe también la posibilidad de «saltar» aque-llas «fases de desarrollo».) La acumulación originaria noes, por consiguiente, una «ley general» y la proletariza-ción de los campesinos no constituye una «necesidad».Evidentemente resignado, escribe: «si Rusia continúa por 2. MARX, El Capital, cit., vol. I, p. XV. 3. MARX, Teorías sobre la plusvalía, en MEW. 26, 3, p. 422. 4. MARX, El Capital, cit., vol. I, p. 524. 5. Ibid., vol. I, p. XV. 88
  • 85. el camino que ha seguido desde 1861, perderá la mejoroportunidad que la historia haya ofrecido jamás a unanación, y sufrirá todas las fatales vicisitudes del régimencapitalista».6 Al igual que en otros análisis de problemashistóricos concretos, también aquí Marx sustituye el con-cepto de «necesidad» por el de «alternativa». En la otra concepción que, como hemos dicho, tienepor objeto la superación de la categoría del deber, la«posibilidad (como categoría) ocupa un lugar secundario,así en el caso de la noción hegeliana de «ley económica».Para darnos perfecta cuenta de ello y profundizar en elproblema central de las «necesidades radicales» debemosconsiderar brevemente la concepción marxiana de la «to-talidad social». Toda formación social es un todo unitario (Gebilde.),una globalidad de estructuras ordenadas entre sí de unmodo coherente y que se fundamentan recíprocamente.Entre ellas no existen relaciones de tipo causal (ningunaes causa o consecuencia de la otra), su función sólo puededesarrollarse en virtud de su situación recíproca. En Mi-seria de la filosofía se halla la siguiente formulación: «Lasrelaciones de producción de cualquier sociedad formanun todo. El señor Proudhon considera las relaciones eco-nómicas como otras tantas fases sociales, engendrándoseuna a la otra, resultando una de la otra como la antíte-sis de la tesis y realizando, en su sucesión lógica, la razónimpersonal de la Humanidad (...) ¿cómo puede explicarel cuerpo de la sociedad, dentro del cual coexisten simul-táneamente todas las relaciones soportándose unas a lasotras, la mera fórmula lógica del movimiento, de la suce-sión, del tiempo?».7 En la Introducción de 1857, exponien-do los problemas de la producción, del intercambio y delconsumo, Marx concluye: «El resultado al que llegamosno es que la producción, la distribución, el intercambio y 6. MARX, Carta al director del «Otecestrennye Zapiski», enMARX, ENGELS, Sobre el modo de producción asiático, a cargo deM. Godelier, ed. Martínez Roca, Barcelona, 1969, p. 168. 7. MARX, Miseria de la filosofía, cit., pp. 158–159. 89
  • 86. el consumo sean idénticos, sino que constituyen las arti-culaciones de una totalidad, las diferenciaciones dentrode una unidad.»8 En los Grundrisse escribe: «Las fuerzasproductivas y las relaciones sociales [son] unas y otrasaspectos diversos del desarrollo del individuo social.»9También en el conocido párrafo en el que se ocupa demanera específica de la relación entre base económica yformas ideológicas, Marx trata la posición recíprocade las estructuras. Los procesos de la vida de la socie-dad se reflejan en la sobreestructura, dado que losmomentos de esta última «propagan» los conflictos de labase. ¿Por qué es importante desde nuestro punto de vistala concepción de la «formación» (Gebilde.) de la totali-dad social? Porque esta concepción hace posible funda-mentar en el ser el deber colectivo. Digamos por ahoraque una de las estructuras interdependientes esencialesdel capitalismo como «formación» es la estructura de lasnecesidades. Para poder funcionar en la forma caracterís-tica de la época de Marx, para poder subsistir como «for-mación social», el capitalismo, en el interior de su estruc-tura de necesidades, incluía algunas de imposible satis-facción en su seno. Según Marx las necesidades radicalesson momentos inherentes a la estructura capitalista delas necesidades: sin ellas, como dijimos, el capitalismo nopodría funcionar: éste, en consecuencia, crea cada día ne-cesidades nuevas. Las «necesidades radicales» no puedenser «eliminadas» por el capitalismo porque son necesariaspara su funcionamiento. No constituyen «embriones» deuna formación futura, sino «accesorios» de la organiza-ción capitalista: la trasciende no su ser, sino su satisfac-ción. Aquellos individuos en los cuales surgen las «ne-cesidades radicales» ya en el capitalismo son los porta-dores del «deber colectivo». Pero para una discusión más profunda del problema 8. MARX. Elementos fundamentales para la crítica de la eco-nomía política, cit., vol. I, p. 20. 9. Ibid., vol. II, p. 229. 90
  • 87. es también necesario el análisis de las antinomias delcapitalismo. Evidentemente las dos «transformaciones» del deberque hemos remitido respectivamente a Fichte y a Hegelhallan también su expresión en la teoría de las antino-mias del capitalismo; hemos dicho «evidentemente» por-que el problema de cuáles son los obstáculos a superary el de cómo superarlos están ligados orgánicamente. Empecemos por la concepción «hegeliana» de la an-tinomia que es sin duda la más conocida y también lamás simple. Con este propósito nos remitimos a dospasos inequívocos, uno del Prefacio a la Contribucióna la crítica de la economía política, y otro del primerlibro de El Capital.10 En el Prefacio se lee: «Al llegar a una determinadafase de desarrollo, las fuerzas productivas materialesde la sociedad entran en contradicción con las relacio-nes de producción existentes, o lo que no es más quela expresión jurídica de ello, con las relaciones de pro-piedad dentro de las cuales se han desenvuelto hastaentonces. De formas de desarrollo de las fuerzas produc-tivas, tales relaciones se convierten en trabas suyas.»11Marx expone aquí una ley general válida para toda for-mación social (si bien en otros lugares se opone a laformulación de leyes sociales con validez universal). En toda formación social se realizan en primer lugarrelaciones de producción correspondientes al grado dedesarrollo de las fuerzas productivas; durante un cier-to período de tiempo contribuyen al desarrollo de lasfuerzas productivas, pero surgen en seguida diferenciasque conducen a la siguiente contradicción: las relacio-nes de producción se convierten en obstáculos para lasfuerzas productivas. Aquí el punto álgido es la «inver- 10. Formulaciones análogas se hallan en el Manifiesto delPartido Comunista y en aquellos párrafos del Anti–Dühring en losque Engels expone la concepción de Marx. 11. MARX, Prólogo a la contribución de la crítica de la eco-nomía política en MARX, ENGELS, Obras Escogidas, cit., vol. I,página 343. 91
  • 88. sión» de la concepción hegeliana de la contradicción y,por tanto, su modificación. En lo que se refiere a lasfuerzas productivas y a las relaciones de producción, elproceso de desarrollo de toda formación social se uni-forma según la Serie de correspondencia–oposición–con-tradicción. En el volumen primero de El Capital, en el capítulo«Tendencia histórica de la acumulación capitalista», Marxmuestra cómo el capitalismo ha desarrollado las fuer-zas productivas y cómo paralelamente se desarrollan losantagonismos de esta sociedad, para terminar con la si-guiente conclusión: «‘El monopolio del capital se con-vierte en grillete del régimen de producción’ que ha cre-cido con él y bajo él. La centralización de los mediosde producción y la socialización del trabajo llegan a unpunto en que se hacen incompatibles con su envolturacapitalista. Esta salta hecha añicos. ‘Ha sonado la horafinal de la propiedad privada capitalista. Los expropia-dores son expropiados’. »El sistema de apropiación capitalista que brota delrégimen capitalista de producción, y por tanto la ‘pro-piedad privada capitalista, es la primera negación de lapropiedad privada individual, basada en el propio tra-bajo’. Pero la producción engendra, con la fuerza inexo-rable de un proceso natural, su primera negación. ‘Es lanegación de la negación’. La cual no restaura la propie-dad privada ya destruida, sino una propiedad individualque recoge los progresos de la era capitalista: una pro-piedad individual basada en la ‘cooperación y en la po-sesión colectivo, de la tierra y de los medios de produc-ción producidos por el propio trabajo’.»12 El párrafo describe así las fases del desarrollo delcapitalismo: durante cierto período de tiempo éste de-sarrolla extraordinariamente las fuerzas productivas através de la socialización de la producción; pero despuésfuerzas productivas y relaciones de producción sociali-zadas entran en contradicción. Esta se agudiza, se hace 12. MARX, El Capital, cit., vol. I, pp. 648–649. 92
  • 89. irreconciliable y finalmente alcanza el «punto» en el cualla centralización de los medios de producción rompe la«envoltura» del capitalismo. El modo de producción ca-pitalista hace surgir su propia negación con la necesi-dad misma de un proceso natural. Naturalmente el ca-pitalismo no se hunde por sí mismo: es derribado porel proletariado. Pero esta transformación es necesaria aconsecuencia de las disfunciones de la estructura eco-nómica. Marx negaba —con toda razón— el haber adap-tado simplemente el esquema hegeliano a su pensamien-to y afirmaba que sólo lo utilizaba para expresar suspropias concepciones. Vimos antes que esta afirmaciónes válida. Efectivamente, la teoría de la contradicciónde Marx es susceptible de remitir a la de Hegel, que re-presenta sólo una adecuada modalidad de expresión. ¿Pero qué papel corresponde en esta concepción alas «necesidades radicales»? En el contexto ya citadoMarx, refiriéndose a ello, escribe: «Conforme disminuyeprogresivamente el número de magnates capitalistas (...)crece la masa de la miseria, de la opresión, del esclavi-zamiento, de la degeneración, de la explotación; perocrece también la rebeldía de la clase obrera, cada vezmás numerosa y más disciplinada, más unida y más or-ganizada por el mecanismo del mismo proceso capita-lista de producción.»13. Se lean como se lean, en esos pa-sajes aparece claramente formulada la teoría de la de-pauperación absoluta (la miseria crece con el desarro-llo del capitalismo). Al mismo tiempo emerge tambiénen ellos el motivo de las «necesidades radicales». Noshallamos, por consiguiente, frente a la manifestación mástípica de la paradoja citada. Pero si la negación de la ne-gación fuese una ley natural, no sería necesario ningúntipo de necesidad radical para la caída del capitalismo. Los párrafos de El Capital demuestran claramente queMarx ha «objetivado el deber, al modo hegeliano, en lanecesidad social, o mejor, en la necesidad económica,dejando así al margen precisamente su carácter de «de- 13. Ibid., vol. I, p. 648. 93
  • 90. ber». La generalización de la teoría hegeliana de la con-tradicción como ley social es seguramente sólo una con-secuencia de ello. El hecho de que la oposición entrefuerzas productivas y relaciones de producción (dondeestas últimas son quebradas a través del desarrollo delas primeras) aparezca en toda sociedad constituye lademostración histórica de la necesidad del hundimientodel capitalismo. Añadamos que Marx es aquí extremada-mente consecuente, mucho más que Engels, para quiensubsiste siempre otra posibilidad, v. gr., la ruina de lasfuerzas productivas.14 «Al convertir en creciente canti-dad la mayoría de la población en proletarios, el modocapitalista de producción crea la fuerza obligada a rea-lizar esa transformación, so pena de perecer.»15 El plan-tear una alternativa a este respecto es sin duda un mé-rito de Engels, pero que se desprende de una cierta uni-lateralidad de su concepción. De las dos teorías de lacontradicción de Marx acepta de hecho exclusivamentela hegeliana, hallando sólo en ésta «espacio» para lapraxis. Pero Marx sostenía también otra teoría de lacontradicción distinta por completo que profundizó demodo igualmente consecuente. Esta segunda concepción de la contradicción no pue-de ser generalizada a través de la referencia a la historiapasada.: el propio Marx subraya varias veces la imposi-bilidad de su generalización (por ej. en el volumen pri-mero de El Capital, en el capítulo sobre el fetichismode la mercancía). Las antinomias que se expresan en elcapitalismo constituyen las antinomias de la producciónde mercancías desarrollada. La estructura de la primeraparte del libro primero de El Capital (mercancía–dinero–capital) se basa en el desarrollo de estas antinomias. Lamercancía es valor de uso y valor de cambio. Ambosconstituyen desde el inicio (de la mercantilización delproducto) antagonismos de carácter antinómico; la mer- 14. Dado que el Manifiesto constituye un trabajo común nonos podemos referir a él a este respecto. 15. ENGELS, Anti–Dühring, ed. Crítica, Barcelona, 1977, p. 291. 94
  • 91. cancía no representa la unidad de los antagonismos, sinola forma en que éstos pueden actuar; la forma mercan-cía es el germen de las antinomias del capitalismo, lascontiene ya en embrión. En la producción de mercancías las relaciones hu-manas asumen la forma de relaciones cosales, la sociali-dad es fetichizada en cosalidad. Las relaciones socialesfetichizadas de este modo se sitúan frente a los hombresparticulares como leyes económicas, como cuasi–leyes na-turales. El funcionamiento de los poderes sociales que-da mistificado en ley natural: «...los trabajos privadosque se realizan independientemente los unos de los otros,aunque guarden entre sí y en todos sus aspectos una re-lación de mutua interdependencia, ‘como eslabones ele-mentales que son de la división social del trabajo’, pue-den producirse constantemente a su grado de produc-ción social, porque en las ‘proporciones’ fortuitas y sincesar oscilantes ‘de cambio’ de sus productos se imponesiempre como ‘ley natural’ reguladora el tiempo de traba-jo socialmente necesario para su producción...»16 Peroesta mistificación en ley natural es precisa y exclusiva-mente la consecuencia de la producción de mercancías,constituye incluso su esencia inherente: «La forma devalor que reviste el producto del trabajo es la formamás abstracta y, al mismo tiempo, la más general delrégimen burgués de producción (...) Por tanto, quienvea en ella la forma natural eterna de la producción so-cial, pasará por alto necesariamente lo que hay de espe-cífico en la forma del valor y, por consiguiente, en laforma mercancía, que, al desarrollarse, conduce a la for-ma dinero, a la forma capital, etc.»17 Estas son formasque «... llevan estampado en la frente su estigma de fór-mulas propias de un régimen de sociedad en que es elproceso de producción el que manda sobre el hombre, yno éste sobre el proceso de producción...».18 16. MARX, El Capital, cit., vol. I, p. 40. 17. Ibid., p. 45. 18. Ibid., p. 45. 95
  • 92. Antes de comenzar el análisis de las antinomias dela producción de mercancías quiero proponer que con-siderar la negación, esto es, la realización de la sociedadde los productores asociados, como una ley natural, con-tradice lógicamente tal concepción. El funcionamientode la economía a la manera de una ley natural pertenecea la producción de mercancías y sólo a ella, como expre-sión del fetichismo de la mercancía. La superación po-sitiva de la propiedad privada no puede, por consiguien-te, proceder de ningún modo en forma de «necesidad na-tural»; la esencia de este proceso estriba en la superacióndel fetichismo y en la liquidación revolucionaria del fe-nómeno de la socialidad como cuasi–ley natural. Aún te-niendo aspectos económicos, la transición no puede serun proceso puramente económico, sino que debe consis-tir en una revolución social total y sólo es concebiblede esta forma. Para Marx las antinomias específicas del capitalismoque derivan de la producción de mercancías son: liber-tad–necesidad, necesidad–casualidad, teleología–causalidad.De éstas se desprende más tarde la antinomia especialriqueza social–pobreza social. Éstas son las antinomiasde la sociedad «pura» en la cual el desarrollo económicoadquiere el valor de ley natural y en la que —para remi-tirnos una vez más a El Capital— el hombre es sometidoal proceso de producción y no el proceso de producciónal hombre. Consideremos en primer lugar la antinomia libertad-necesidad. En la producción de mercancías el productores un hombre libre, un hombre que se ha separado del«cordón umbilical de las comunidades naturales»: el pro-pio intercambio de mercancías constituye un acto de li-bertad y de igualdad. Cada productor de mercancías per-sigue libremente su interés privado (nos referimos toda-vía al pasaje de Marx) cuando, a la vez que cambia sumercancía, intercambia «igual» por «igual»; Marx afir-ma también lo mismo respecto del trabajo asalariado.El trabajador asalariado es libre; sin fuerza de trabajolibre no se hubiera podido iniciar la acumulación capi- 96
  • 93. talista (una de las funciones de la acumulación origina-ria era la de llevar al mercado la fuerza de trabajo li-bre). Pero el libre productor de mercancías y el trabaja-dor libre están sometidos por igual a la cuasi–necesidadnatural de la economía que se impone tras los actos «li-bres» del particular, y este antagonismo pertenece a laesencia de la producción de mercancías, esto es, del ca-pitalismo desde el momento de su surgimiento. Veamos ahora brevemente la antinomia necesidad–casualidad. Marx no asocia la ley del valor (a tenor dela cual el valor es definido mediante el tiempo de traba-jo socialmente necesario) exclusivamente al capitalismo,sino a toda sociedad cuya esfera de producción sea ra-cional.; la ley del valor, por consiguiente, asumirá su for-ma más pura en la sociedad de los «productores asocia-dos». En el volumen tercero de El Capital Marx escribe:«Esta reducción (Verminderung.) de la cantidad total detrabajo absorbida por la mercancía constituye, pues, alparecer, la característica esencial de la mayor producti-vidad de trabajo, independientemente de las condicionessociales en que se produzca. En una sociedad en que losproductores ajustan en su producción un plan estable-cido de antemano (...) es indudable que la productivi-dad del trabajo se medirá incondicionalmente por estapauta.»19 La ley económica que caracteriza la producciónracional se manifiesta en el capitalismo como ley naturalen la forma de la casualidad (recuérdese la cita del vo-lumen primero de El Capital, p. 40), puesto que el valorde la mercancía en el intercambio cumple la función devalor de cambio. Beneficio, beneficio medio, precio demercado, como diferentes formas aparentes ocultan y mis-tifican la propia ley del valor. A este respecto, es impor-tante observar que producción y necesidad se encuen-tran en el mercado bajo la forma de oferta y demanda yque tal encuentro tiene lugar de un modo casual. Es po-sible también que no se encuentren, en cuyo caso la ley 19. Ibid., vol. III, p. 258. (Roces traduce, sin duda por error,«Este incremento...», N. del T.) 97
  • 94. del valor se confirma (bajo la forma de crisis) con la fuer-za de una ley natural. Los hombres de la sociedad capitalista son «indivi-duos fortuitos», no determinados por ninguna «divisiónnatural del trabajo»; su destino no resulta predetermi-nado por el nacimiento. Pero dada la estructura de lasociedad capitalista, están sujetos a una división socialdel trabajo que, como hemos dicho, distribuye sus ne-cesidades; necesidades que ya no constituyen funcionesde la personalidad del particular, sino del puesto ocupa-do en la división social misma. Simultáneamente tambiénlas capacidades, los sentidos, etc., quedan «determinados»por la división social del trabajo. Consideremos ahora la antinomia causalidad–teleolo-gía. Cuando Engels siguiendo las huellas de Hegel descri-be la dialéctica de la acción humana y sus consecuencias,es decir, cómo cada uno se propone realizar sus propiosfines pero que de ello surge algo completamente distin-to de lo pretendido originariamente, representa en su fun-damento el carácter antinómico de la sociedad produc-tora de mercancías. El hecho de que Engels no lo reco-nozca así, sino que lo considere el «carácter dialécticogeneral» del proceso histórico, ilumina las raíces hege-lianas de su posición. ¿Qué pretende el capitalista par-ticular, cuál es su objetivo? Quiere valorizar o, con ma-yor precisión, obtener beneficio. ¿Y qué pretende el tra-bajador? Quiere sobrevivir. Tales fines mueven, «a es-paldas» de aquellos hombres que se plantean objetivos,las leyes del capitalismo. Tampoco el incremento de laproducción constituye un fin del hombre particular. Lafórmula «producción por la producción», tan considera-da por Marx, es sumamente científica y constituye unaelección de valor de Ricardo. (En razón de esta fórmulaRicardo justifica el capitalismo, puesto que efectivamen-te desarrolla las fuerzas productivas.) Sin embargo, quienregula el mecanismo del capitalismo no es el principio«producción por la producción», sino el principio «pro-ducción para la valorización». El análisis más hermosodesarrollado por Marx en un contexto concreto acerca 98
  • 95. de la antinomia causalidad–teleología es el que abordala ley de la caída de la tasa media de ganancia. Con elpropósito de realizar su fin (obtener beneficio y sobrevi-vir en la competencia) debe, empero, aumentar cada vezmás el capital constante y, por tanto, ceder constante-mente al proceso que conduce causalmente al continuodescenso de la tasa media de ganancia. En la sociedadcapitalista la teleología individual nunca puede conver-tirse en teleología social. Finalmente, por lo que respecta a la antinomia espe-cial riqueza–pobreza (que caracteriza al capitalismo), de-jemos hablar al propio Marx: «Ricardo considera conrazón, para su tiempo, al modo de producción capitalis-ta como el más ventajoso para la producción en general,para la producción de la riqueza. Quiere la ‘producciónpor la producción’ y [con] razón. Si se quisiese soste-ner (...) que el fin no es la producción en cuanto tal, seolvida que la producción por la producción no quieredecir más que el desarrollo de las fuerzas productivas delhombre, esto es, ‘desarrollo de la riqueza humana comofin en sí’. (...) No se comprende que el desarrollo de lascapacidades de la especie ‘hombre’, aunque se [lleve acabo] primeramente a expensas del mayor número de losindividuos y de ciertas clases, infringe finalmente este an-tagonismo y coincide con el desarrollo del individuo par-ticular, esto es, que el más elevado desarrollo de la in-dividualidad no se adquiere más que a través de un pro-ceso histórico en el que los individuos son sacrificados.»20 Resulta claro que el discurso no versa aquí sobre laalienación en general sino sobre la alienación capita-lista en particular, de la «Sociedad pura», de la univer-salización de las relaciones mercantiles y de la «libera-ción» capitalista de las fuerzas productivas.21 Por el mo-mento nos interesa particularmente la resolución de la 20. MARX, Teorías sobre la plusvalía, cit., MEW. 26, 2, pági-nas 110–111. 21. Cfr., MARX, Elementos fundamentales para la crítica dela economía política, cit. (Grundrisse, pp. 80, 387, 426.) 99
  • 96. antinomia, la «transición» a la sociedad del futuro. ¿Quédice Marx? Será «el desarrollo de las capacidades de la es-pecie humana.» el que rompa el antagonismo señalado.Pero el concepto ¿tiene el mismo significado que las ex-presiones «centralización de los medios de producción»y «socialización del trabajo», que aparecen en el párrafocitado del volumen primero de El Capital.? Sin duda no.El «desarrollo de las capacidades de la especie humana»es un concepto mucho más amplio que los precedentesy seguramente no es sólo una consecuencia de la centra-lización de los medios de producción y de la socializa-ción del trabajo. Además, aquí no se habla (como en nin-gún otro párrafo en el que se discuta la antinomia) deesa «ley natural» que conduce a la sociedad del futuro.La necesidad de la «transición», en efecto, no está ga-rantizada por ley natural alguna sino por las «necesida-des radicales.». Si Marx hubiese afirmado haber «inver-tido» la dialéctica de Hegel en su primera teoría de lacontradicción, con razón hubiéramos podido afirmar que,mediante la segunda, ha «invertido» las antinomias deFichte. Libertad–necesidad, casualidad–necesidad, causa-lidad–teleología, sujeto–objeto no son antinomias del pen-samiento sino del ser. Tampoco hay que entenderlas comoantinomias del ser social, sino de la sociedad producto-ra de mercancías y en particular del capitalismo. Dentrode esta interpretación la dialéctica no es más que la ex-presión de las antinomias de la sociedad capitalista.22 He aquí, por consiguiente, las «antinomias del ser»del capitalismo, cuyo «cuerpo social» encuentra su ex-presión en ellas. En Miseria de la filosofía Marx rechazacon sarcasmo la propuesta de Proudhon de repudiar los«lados malos» del capitalismo y conservar los «buenos».Las estructuras de la «formación» (Gebildes.) se funda-mentan recíprocamente y es imposible rechazar unas yconservar otras: la libertad situada en relación antinómi- 22. Siguiendo las huellas de MARX, también György Lukács,tanto en Historia y Consciencia de Clase como en El joven Hegel,ha interpretado la dialéctica de este modo. 100
  • 97. ca con la necesidad difiere de la libertad que no gozade esa relación. Lo mismo puede afirmarse de la nece-sidad con respecto a la casualidad, y de la teleología res-pecto de la causalidad. Por último, ese sujeto que se de-sarrolla antinómicamente a su objeto no es el mismo quelo «reasume» en sí, realizando la identidad sujeto–objeto.(Sabemos en efecto que apenas el género humano rompela alienación capitalista y el aspecto antagónico del de-sarrollo de sujeto y objeto, el desarrollo del género coin-cide con el del individuo particular.) Desde este punto de vista es interesante considerarla argumentación de Miseria de la filosofía, donde Marxexamina cada momento del escrito de Proudhon mante-niendo su orden expositivo. A la idea de «formación» si-gue la formulación de las necesidades radicales desde elpunto de vista de la necesidad de universalidad, particu-larmente importante para Marx.23 El razonamiento con-cluye así: «Mientras tanto, el antagonismo entre el pro-letariado y la burguesía es una lucha de clase contra cla-se, lucha que, llevada a su más alta expresión, constitu-ye una revolución total.»24 En efecto, donde no existen«lados buenos» a conservar en oposición a los «malos»,donde los antagonismos se implican recíprocamente, larevolución total es la única vía para resolver esta parejade opuestos. Todo ello demuestra lo que venimos sosteniendo has-ta ahora. La concepción según la cual la vía que conducedel capitalismo al comunismo sería una ley de naturale-za objetiva es incompatible con la segunda teoría dela contradicción de Marx. Para tal concepción, sólo lalucha revolucionaria del sujeto colectivo (la clase obre-ra) constituido en virtud de las necesidades radicales yla praxis revolucionaria garantizan el paso a la sociedadfutura y su realización. He dicho «garantizan» porque se trata también aquí 23. Más adelante reproduciremos literalmente esta argumen-tación. 24. MARX, Miseria de la filosofía, cit., p. 240. 101
  • 98. de una «garantía». El comunismo se sigue de la segundateoría de la contradicción de Marx no menos necesaria-mente que de la primera. También en este caso Marxha objetivado el deber, pero no en «ley natural», sinoen deber colectivo. Sólo la lucha del sujeto colectivo escapaz de realizar la nueva sociedad; su revolución es ra-dical y total. Pero a su vez el deber colectivo se realizanecesariamente, puesto que el propio «cuerpo social» ca-pitalista genera inevitablemente las necesidades radica-les y sus portadores.25 Sostuve que en la sociedad de «productores asocia-dos» preconizada por Marx las antinomias citadas dejande existir y que la vía para superarlas es la revolucióntotal. ¿Cómo se configura en la concepción marxiana lasociedad comunista desde la perspectiva de la supera-ción de esas antinomias? Diremos aquí apenas unas pa-labras, dado que más adelante volveremos sobre el aná-lisis del sistema de necesidades de la sociedad de «pro-ductores asociados». Cuando cesa la oposición entre su-jeto y objeto, como dijimos con anterioridad, la riquezadel género y la del individuo «coinciden» (Manuscritosde economía y filosofía de 1844), es decir, la riqueza delgénero viene representada por cada individuo particular.El reino de la producción (el intercambio orgánico dela sociedad con la naturaleza) continúa siendo el reinode la necesidad, pero la necesidad queda subordinada 25. El hecho de que estas necesidades radicales todavía enel tiempo de Marx no se hubiesen realizado (o al menos no ma-sivamente) y que en consecuencia Marx haya tenido por así de-cirlo que «construirlas», no basta para demostrar que la teoríasea falsa. Téngase en cuenta que somos en la actualidad testigosdirectos del surgimiento de tales «necesidades radicales». No dis-minuye la grandeza de Marx el hecho de que su portador no sea(o no lo sea exclusivamente) la clase obrera. Marx sólo podíaconstruir necesidades radicales allí donde veía posibilidades parasu desarrollo. Otro problema lo constituye la evidencia de quela simple «transferencia» del deber a la esfera de la objetividad—es decir, la idea de la inevitabilidad de la acción revoluciona-ria— es hoy inaceptable para nosotros. Añadimos, como mínimo,la limitación de Engels: «so pena de perecer». 102
  • 99. a la libertad. Las relaciones sociales interhumanas sonrelaciones libres, la humanidad socializada en la libertaddomina el reino de la necesidad natural y lo regula, locontrola. La ley del valor no se verifica en el mercado:con ello se elimina de la economía el momento de la ca-sualidad. Los hombres ya no se hallan en una relacióncasual con la sociedad; como individuos socializados re-presentan al género humano devenido para sí. La teleo-logía predomina sobre la causalidad. La «inteligencia aso-ciada» de los productores asociados encarna la teleolo-gía social. Ninguna fuerza pseudonatural se hace valer«a espaldas» de los hombres: de las posiciones de lateleología colectiva «emerge» lo que los hombres pre-tenden verdaderamente. La subordinación a que nos he-mos referido sólo será posible debido a que libertad,necesidad, teleología y riqueza social del futuro no sonla misma libertad, necesidad, teleología, riqueza de lasociedad capitalista. La sociedad futura en cada uno desus aspectos estructurales es radicalmente distinta de lacapitalista y por ello tan sólo puede realizarse a travésde una revolución total. No obstante, es el desarrollocapitalista de las fuerzas productivas el que genera laposibilidad de esta revolución. La afirmación precedente constituye un rasgo comúnde ambas concepciones de la contradicción de Marx. Pa-rece necesaria aquí todavía una observación: en mi opi-nión se ha demostrado suficientemente que en Marx con-viven dos modelos de teoría de la contradicción que porprincipio se excluyen recíprocamente; lo cual no signi-fica que no haya en las obras de Marx algún punto enel que las concepciones citadas aparezcan juntas, don-de en el tratamiento de una de ellas no se empleen tam-bién consideraciones derivadas; de la otra. Por el contra-rio, los puntos similares son abundantes. Nos referimosya a ellos cuando examinando la negación de la negaciónhemos notado cómo resuena el motivo de las «necesi-dades radicales», motivo no indispensable en ese contexto. El hecho de que Marx sostenga dos teorías distintasde la contradicción no constituye un defecto de su pen- 103
  • 100. samiento; bien al contrario, es una clara demostraciónde su genio. Como todo pensador de relieve, tampocoMarx sacrificó en el altar de la coherencia del sistema labúsqueda de la verdad por direcciones y caminos dis-tintos; analizó diversas posibilidades de solución y con-sideró cada una de ellas con el rigor que caracteriza elgenio. Hacer de Marx el pensador de un sistema cohe-rente significa restarle lo que representa la fuente pri-mera de su grandeza: la búsqueda febril y múltiple dela verdad. Característico del gran pensador no es sóloofrecer instigaciones de importancia, sino brindarlas endiversas direcciones. La inmortalidad, la vitalidad delpensamiento marxiano que trasciende las épocas histó-ricas, se fundamenta precisamente en esa genial incohe-rencia. Por ello es siempre posible redescubrirlo, porello distintos movimientos sociales, todos de importan-cia histórica mundial, pueden considerar a Marx su pre-cursor, descubrir en Marx su portaestandarte. Su obraes, por consiguiente, una fuente clara e inagotable. La noción de necesidades radicales aparece por pri-mera vez en forma detallada en la Contribución a la crí-tica de la filosofía del derecho de Hegel.: podemos cap-tar aquí cómo y en qué medida esta concepción repre-senta la objetivación del saber. Marx sostiene que la crí-tica puramente teórica debe realizarse en la acción, esdecir, en tareas «...para cuya solución no existe másque un medio: la ‘práctica’.»26 El párrafo continúa así:«Evidentemente, el arma de la crítica no puede susti-tuir a la crítica de las armas, que la fuerza material tie-ne que derrocarse mediante la fuerza material, pero tam-bién la teoría se convierte en poder material tan prontocomo se apodera de las masas. Y la teoría es capaz deapoderarse de las masas cuando argumenta y demuestraad hominem.; y argumenta y demuestra ad hominem,cuando se hace radical; ser radical es atacar el problema 26. MARX, Contribución a la crítica de la filosofía del derechode Hegel, en Los anales franco–alemanes, ed. Martínez Roca, Bar-celona, p. 109. 104
  • 101. por la raíz. Y la raíz para el hombre es el hombre mis-mo».27 Marx mide el radicalismo de la teoría en base ala atribución de valor (premisa de valor): es radical lateoría para la cual el hombre (la riqueza humana) repre-senta el máximo valor.28 Pero el problema es el siguien-te: ¿cómo puede la teoría radical convertirse en praxis?¿Cómo puede penetrar en las masas? ¿Cómo pueden losvalores de la crítica radical convertirse en valores delas masas, esto es, cómo puede el deber convertirse endeber colectivo? La respuesta es: «En cualquier pueblo,la teoría se realiza sólo en la medida en que supone larealización de sus necesidades (...) Una revolución radi-cal, sólo puede ser una revolución de necesidades radi-cales...»29 Los «portadores» de las necesidades radicalesson, por consiguiente, aquellos que pueden realizar lateoría radical. Marx busca entonces a los portadores deestas necesidades radicales y los halla finalmente en laclase obrera. Fundamenta su conclusión en el hecho deque la clase obrera es «...una clase con ‘cadenas radi-cales’, una clase de la sociedad civil que no es una clasede la sociedad civil; (...) una esfera que posee un carác-ter universal por lo universal de sus sufrimientos, y queno reclama para sí ningún derecho ‘especial’, puesto quecontra ella no se ha cometido ningún desafuero en par-ticular, sino el desafuero ‘en sí, absoluto’. Una clase a laque le resulta imposible apelar a ningún título ‘histórico’,y que se limita a reivindicar su título ‘humano’.»? La cla-se obrera encarna en consecuencia las necesidades radi-cales, puesto que no tiene objetivos particulares, ni pue- 27. Ibid., p. 109. 28. No consideramos que esta premisa de valor sea caracte-rística exclusiva de la concepción del joven Marx, como hemosafirmado en multitud de ocasiones. Añadamos sólo que en el ter-cer volumen de las Teorías sobre la plusvalía Marx cita la expre-sión de Galiani «La verdadera riqueza (...) es el hombre» y alabacon palabras entusiásticas, tan raras en él, el sublime «espiri-tualismo» de la ideología proletaria expresada. 29. Ibid., p. 111. 30. Ibid., p. 115. 105
  • 102. de tenerlos, en cuanto que sus fines sólo pueden ser eoipso generales. Más tarde Marx reforzará este pensa-miento (por ejemplo en el Manifiesto del Partido Comu-nista.) afirmando que la clase obrera no puede liberarsesin liberar a toda la humanidad.31 Analicemos esta concepción exclusivamente desde elpunto de vista de las necesidades radicales, aludiendo asus contradicciones. Si bien es válida —y en nuestra opi-nión lo es— la afirmación de que la clase obrera sólopuede liberarse liberando a toda la humanidad, de elloempero no se desprende que la clase obrera quiera real-mente liberarse y que sus necesidades sean efectivamen-te necesidades radicales. Ni siquiera se desprende quela clase obrera no posea fines particulares (necesidadesparticulares) no realizables (o susceptibles de satisfac-ción) en la sociedad capitalista. Como hemos visto, Marxhablará más adelante de esos intereses particulares enrelación con la lucha por el salario: él mismo confrontala lucha particular por el incremento del salario con lalucha «general» para la superación del sistema salarialy la satisfacción de las necesidades radicales. Recorde-mos también que según Marx la reducción a necesidadese intereses míseros y particulares y la realización simul-tánea de las necesidades radicales caracteriza a la claseobrera. Más tarde Marx ya no buscará el origen de las«necesidades radicales» únicamente en las «cadenas ra-dicales» ni en la ausencia de fines particulares: pero laesencia de su pensamiento permanece así idéntica. Esla sociedad capitalista la que provoca la manifestaciónde las necesidades radicales produciendo de este modosus propios sepultureros; necesidades que son parteconstitutiva orgánica del «cuerpo social» del capitalis-mo, pero de satisfacción imposible dentro de esta socie-dad y que precisamente por ello motivan la praxis quetrasciende la sociedad determinada. 31. El Manifiesto del Partido Comunista es la única obra enla que se cita así el concepto de interés de clase. Siendo obra co-mún de Marx y Engels no la tomo en consideración en el análisis. 106
  • 103. En La ideología alemana las necesidades radicalesaparecen basadas en el trabajo que se ha convertido parael proletariado en algo casual, «...sobre lo que cada pro-letario de por sí no tenía el menor control y sobre loque no podía darles tampoco el control ninguna organi-zación ‘social’, y la contradicción entre la personalidaddel proletario individual y su condición de vida, tal comole viene impuesta, es decir, el trabajo, se revela ante élmismo...».32 Por consiguiente, según opinión de Marx eltrabajador se hace consciente de la contradicción creadaentre la necesidad de desarrollo de su personalidad y elcarácter «casual» de su subordinación a la división deltrabajo. Precisamente por esto «...los proletarios, parahacerse valer personalmente, necesitan (müssen.) acabarcon su propia condición de existencia anterior, que cons-tituye al mismo tiempo la de toda la sociedad hasta elmomento, con el trabajo [asalariado; A. H.]. Se hallantambién, por tanto, en contraposición directa con la for-ma que los individuos han venido considerando, hastaahora, como sinónimo de la sociedad en su conjunto, conel Estado, y necesitan (müssen.) derrocar el Estado, paraimponer su personalidad».33 Es necesario observar queen el párrafo referido aparece dos veces la expresión «ne-cesitan» (müssen.) y siempre con particular énfasis. Lanecesidad, sin embargo, no es la de las «leyes naturales ob-jetivamente económicas», sino aquella de la actuaciónsubjetiva, de la acción colectiva, de la praxis. La convicción de que las necesidades radicales nacende algún modo del trabajo constituye un hilo conductorde la obra de Marx. Tal motivo se expresa en forma deplustrabajo (el que se ejecuta por sí mismo) convertidoen necesidad34 o en forma de tiempo libre, que aumen- 32. MARX, La ideología alemana, cit., p. 90. También en estareferencia resulta evidente que la idea de las necesidades radi-cales se desprende de la segunda teoría de la contradicción deMarx. 33. Ibid., p. 90. 34. Cfr. MARX, Elementos fundamentales para la crítica de laeconomía política, cit., vol. I, p. 283. 107
  • 104. tando hace emerger las necesidades radicales (y con ellasla necesidad de mayor tiempo libre), o bien bajo la formade necesidad de universalidad, que, establecida con laproducción en masa, no es susceptible de satisfacciónen el seno del capitalismo. La necesidad de tiempo libre constituye según Marxuna necesidad elemental porque supera en todo momentolos límites de la alienación. En el volumen primero deEl Capital —y también en otros lugares— la lucha porel incremento del tiempo libre (es decir, por la reduc-ción del tiempo de trabajo) forma parte de la óptica dela lucha de clases proletaria. «Nos encontramos, pues,ante una ‘antinomia’, ante dos derechos encontrados, san-cionados y acuñados ambos por la ley que rige el cam-bio de mercancías. Entre derechos iguales y contrarios,decide la fuerza. Por eso, en la historia de la produc-ción capitalista, ‘la reglamentación de la jornada de tra-bajo’ se nos revela como una ‘lucha’ que se libra ‘en tornoa los límites de la jornada’.; lucha ventilada entre el ca-pitalista universal, o sea, la ‘clase capitalista’, de un lado,y de otro el obrero universal, o sea, la ‘clase obrera’.»35Mientras la lucha de clases aparece dirigida por los inte-reses particulares del proletariado, la lucha por el tiem-po libre los trasciende, conteniendo por principio la «con-formidad con relación al género» (Gattungmässigkeit.).Marx llama arrogantemente la atención sobre el hechode que cuando se pregunta a los trabajadores, en el cur-so de una «encuesta» sociológica, si desean mayor sa-lario o más tiempo libre, la inmensa mayoría optarápor esto último. Evidentemente Marx no niega que tam-bién la lucha por el tiempo libre puede permanecer den-tro del marco del capitalismo, pero son precisamente lasleyes que regulan el cambio de mercancías las que hacenemerger «derechos iguales», entre los cuales decide lafuerza. Al mismo tiempo, como hemos dicho, está con-vencido de que el capitalismo, a partir de un cierto mo-mento, ya no es capaz de acortar el tiempo de trabajo: 35. MARX, El Capital, cit., vol. I, p. 180. 108
  • 105. la necesidad de tiempo libre se convierte entonces porprincipio en una necesidad radical, cuya satisfacción sóloes posible trascendiendo el capitalismo. En relación conla necesidad de libertad, el carácter de las «necesidadesradicales» emerge de un modo particularmente expresi-vo: ésta es producto del propio capitalismo, de su ca-rácter antinómico, pertenece incluso a su mismo funcio-namiento. (La reducción del tiempo de trabajo obliga alos capitalistas al incremento constante de la producti-vidad, al predominio de la plusvalía relativa frente a laabsoluta, lo cual en el fondo representa una propiedadespecífica de la producción capitalista de plusvalía.) Almismo tiempo la propia necesidad moviliza a la claseobrera a trascender el capitalismo. Lo mismo puede decirse de la necesidad de univer-salidad. En La ideología alemana se subraya el carácterimperativo. La necesidad de universalidad debe reali-zarse, puesto que sólo los hombres que se han adueñadode la necesidad (y de la capacidad) de universalidad soncapaces de una revolución total: «...la propiedad priva-da sólo puede abolirse bajo la condición de un desarro-llo omnilateral (allseitigen.) de los individuos, precisa-mente porque el intercambio y las fuerzas productivascon que se encuentren sean omnilaterales y sólo puedanasimilarse por individuos dotados de un desarrollo tam-bién omnilateral, es decir, en el ejercicio libre de suvida».36 Pero en Miseria de la filosofía Marx ya no hablade deber. La necesidad de universalidad se ha realizadoya en el capitalismo, la «necesidad radical» de trascen-der el capitalismo «existe.» ya: «Lo que caracteriza a ladivisión del trabajo en la fábrica mecanizada es que enella el trabajo ha perdido todo su carácter de especiali-dad. Pero desde el momento en que se detiene todo de-sarrollo especial, comienza a hacerse sentir la necesidadde universalidad, la tendencia hacia un desarrollo inte-gral del individuo.»37 36. MARX, La ideología alemana, cit., p. 526. 37. MARX, Miseria de la filosofía, cit., pp. 200–201. 109
  • 106. Marx expone idéntico pensamiento en el volumen pri-mero de El Capital. Las «máquinas» que dominan en lasociedad capitalista hacen indispensable el desarrollo dela universalidad de las capacidades, bien que en esta so-ciedad se imponga como ley natural. Sin embargo, la di-visión capitalista del trabajo «obstaculiza» el desarrollode la universalidad, para cuya realización, ya no comoley natural que se impone a espaldas de los hombres, laclase obrera debe conquistar el poder político y superarla división del trabajo. «Pero si al presente los cambiosdel trabajo únicamente se imponen como una ley natu-ral arrolladura y con la ciega eficacia destructora propiade una ley natural que choca en todas partes con barre-ras, la gran industria, a vuelta de sus catástrofes, erigeen cuestión de vida o muerte la diversidad y el cambioen los trabajos, obligando, por tanto, a reconocer comoley general de la producción social (...) la mayor multi-plicidad de los obreros. Convierten en cuestión de vida omuerte el sustituir esa monstruosidad que supone unamísera población obrera disponible, mantenida en reser-va para las variables necesidades de explotación del ca-pital por la disponibilidad absoluta del hombre para lasvariables exigencias del trabajo; el sustituir al individuoparcial, simple instrumento de una función social de de-talle, por el individuo desarrollado en su totalidad, paraquien las diversas funciones sociales no son más queotras tantas manifestaciones de actividad que se turnany revelan (...) No cabe duda de que la conquista inevita-ble del poder político por la clase obrera conquistarátambién para la enseñanza tecnológica el puesto teóricoy práctico que le corresponde en las escuelas del traba-jo. Tampoco ofrece duda de que la forma ‘capitalista’ dela producción y las condiciones económicas del trabajoque a ella corresponden se hallan en diametral oposi-ción con esos fermentos revolucionarios y con su meta:‘la abolición de la antigua división del trabajo’.»38 Sin duda Marx suscita aquí el problema de las nece- 38. MARX, El Capital, cit., vol. I, pp. 408–409. 110
  • 107. sidades radicales sólo en uno de sus aspectos, entendién-dolo de un modo más restrictivo que en los párrafos ci-tados precedentemente. Pero el Marx maduro no consi-dera tan sólo las necesidades radicales desde este puntode vista. Se ocupa del mismo problema, en relación conla disolución de la familia, apenas una página despuésdel párrafo citado, donde afirma que el capitalismo di-suelve la forma familiar germano cristiana: «...la exis-tencia de un personal obrero combinado, en el que entranindividuos de ambos sexos y de las más diversas edades—aunque hoy, en su forma primitiva y brutal, en que elobrero existe para el proceso de producción y no éstepara el obrero, sea fuente apestosa de corrupción y es-clavitud—, bajo las condiciones que corresponden a esterégimen se trocará necesariamente en fuente de progre-so humano.».39 Pero sería erróneo pensar que el Marx de la madu-rez pone en relación la estructura de las necesidades ra-dicales exclusivamente con la moderna producción in-dustrial. La idea de las necesidades radicales tiene en-los Grundrisse carácter más general.: Marx sostiene quela propia alienación capitalista hace surgir precisamenteen la consciencia de la alienación, las necesidades radica-les. «El material que ella elabora40 es material ‘ajeno’.;también el instrumento es instrumento ‘ajeno’.; su trabajoaparece meramente como un accesorio de ellos en cuantosustancia, y por ende se objetiva en algo que no les per-tenece. Y aun el propio trabajo vivo se presenta como‘ajeno’ frente a la capacidad viva de trabajo (...). La ca-pacidad de trabajo se comporta ante el trabajo comoante algo ajeno, y si el capital quisiera pagarle ‘sin’ ha-cerla trabajar, aceptaría de buena gana tal negocio. Demodo que su propio trabajo le es tan ajeno —y lo estambién por su orientación, etc.— como el material y elinstrumento. En consecuencia, también el producto se le 39. Ibid., vol. I, p. 410. 40. Marx se refiere aquí a la fuerza de trabajo subjetiva, yno a los trabajadores. 111
  • 108. presenta como una combinación de material ajeno, ins-trumento ajeno y trabajo ajeno: como propiedad ajena(...) El reconocimiento de que los productos son propie-dad suya y la condena de ‘esa separación respecto a lascondiciones de su realización —separación a la que tienepor ilícita y compulsiva—, constituyen una conscienciainmensa, producto ella misma del modo de producciónque se funda en el capital. Esa consciencia Knell to itsdoom [dobla (a muerto) anunciando su perdición], asícomo al volverse conscientes los esclavos de que ‘no pue-den ser propiedad de un tercero’, al volverse conscientescomo personas, la esclavitud ya sólo sigue vegetando enuna existencia artificial y ya no puede subsistir comobase de la producción.»41 Los diversos aspectos de la concepción marxiana apa-recen aquí de un modo claro e inequívoco: 1. El capita-lismo comporta una sociedad antinómica, su esencia esla alienación. La riqueza del género y la pobreza del in-dividuo se fundamentan y se reproducen recíprocamen-te. Es la antinomia del devenir universal de la produc-ción de mercancías. (Al inicio del párrafo citado Marxescribe: «el haber–llegado–a–ser capital, del valor y el tra-bajo vivo como valor de uso que meramente se le con-trapone —de tal modo el trabajo vivo se presenta comosimple recurso para valorizar el trabajo objetivado, muer-to (...) como resultado la riqueza producida se presentacomo ajena, y como propio tan sólo el haber producidola indigencia de la capacidad viva del trabajo».42 2. Lasociedad capitalista como totalidad, como «cuerpo social»no produce sólo la alienación, sino también la conscien-cia de la alienación, dicho en otras palabras, las nece-sidades radicales. 3. Esta consciencia (las necesidadesradicales) la genera el capitalismo necesariamente. 4. Asu vez, esta consciencia (el conjunto de las necesidadesradicales) trasciende al capitalismo en su ser y a través 41. MARX, Elementos fundamentales para la critica de la eco-nomía política, cit., vol. I, pp. 423–424. 42. Ibid., vol. I, p. 422. 112
  • 109. de su desarrollo hace imposible que la base de la pro-ducción continúe siendo capitalista. La necesidad de re-solver la antinomia y la acción correspondiente se cons-tituyen, en consecuencia, en el deber colectivo, en la«consciencia clara».* Esta «consciencia clara» es inequívocamente el mismoconcepto de «consciencia» atribuida, categoría central enHistoria y consciencia de clase de György Lukács. Aun-que Marx no lo indica aquí, es indudable que la «cons-ciencia clara» no constituye la «consciencia empírica» dela clase obrera. (La intuición de Lukács resulta clara-mente demostrada si tenemos en cuenta que él todavíano conocía los Grundrisse durante el período de elabo-ración de Historia y consciencia de clase.) La «conscien-cia clara» no es la consciencia de la miseria ni tampocode la pobreza sensu strictu.: las necesidades que de ellase deriven (o que constituyen su base) no están dirigidashacia una «mayor posesión» ni tampoco a un salario máselevado o hacia una «vida mejor». Es la simple conscien-cia de la alienación, el reconocimiento de que las rela-ciones sociales están extrañadas, de lo que se sigue (oconstituye su base) la necesidad de superar la alienación,de transformar de modo revolucionario las relacionessociales y de producción extrañadas y en general la ne-cesidad de crear relaciones no alienadas. Hasta el momento la historia no ha dado respuesta ala pregunta de si la sociedad capitalista produce realmen-te esa «consciencia clara» (que Marx indudablementetuvo que «construir», porque en su tiempo no existía.). * Marx escribe enormes Bewusstsein, utilizando de este modouna forma latinizada no demasiado usual que acentúa si cabe elénfasis de la expresión. Quizás ganara en precisión traducida por«consciencia plena.» (cfr. «Tener plena consciencia de...»; tambiénEngels en Anti–Dühring.). Los traductores ingleses se inclinan porremarcar el matiz restrictivo del término y sugieren «concienciaque rebasa sus propios límites». (N. del T.) 113
  • 110. V. El «sistema de necesidades» y la sociedad de los «productores asociados» El análisis marxiano de la sociedad de los «producto-res asociados» está basado filosóficamente en el concep-to de sistema de necesidades. Desde un punto de vistafilosófico las necesidades concretas no pueden ser ana-lizadas particularmente en cuanto que no existen necesi-dades ni tipos de necesidades aislados: cada sociedad tie-ne un sistema de necesidades propio y característico quede ningún modo puede ser determinante para criticar elque corresponde a otra sociedad. «El sistema de nece-sidades, ¿se funda por entero en la estima o en toda laorganización de la producción? Por lo general, las nece-sidades nacen directamente de la producción o de unestado de cosas basado en ella.»1 Recuerdo aquí breve-mente la descripción marxiana del sistema de necesida-des desarrollado por el capitalismo (del cual ya he ha-blado en el segundo capítulo). La estructura de las ne-cesidades se reduce a la necesidad de poseer, que subor-dina a sí todo el sistema. Todo ello se explicita en losmiembros de la clase dominante como necesidad de in-crementar cuantitativamente las necesidades de un mis-mo tipo y los objetos de su satisfacción, mientras queen la clase obrera se manifiesta como reducción a me-ras necesidades vitales, esto es, a las «necesidades na-turales» y a su satisfacción. Las necesidades cualitativasson cuantificadas, de necesidades–fin se convierten en ne-cesidades–medio y viceversa. Dado que necesidades decualidad heterogénea no pueden desarrollarse, los place-res de los hombres aparecen como «burdos» y «bruta-les» y algunas de sus necesidades se «inmovilizan». Enlas relaciones interhumanas predominan las relacionesde interés. 1. MARX, Miseria de la filosofía, cit., p. 71. 115
  • 111. Producción, relaciones de producción, relaciones so-ciales y sistema de necesidades constituyen, como sabe-mos, momentos distintos pero que se fundamentan recí-procamente de una misma formación social. La estruc-tura de las necesidades es una estructura orgánica inhe-rente a la formación social en su conjunto; la de la so-ciedad capitalista, por consiguiente, pertenece sólo y ex-clusivamente a ella, por lo cual no puede desarrollar unpapel determinante en la crítica de cualquier otra socie-dad en general y menos todavía de la de los «producto-res asociados». Esta sociedad constituye efectivamente loopuesto no sólo de la sociedad capitalista, sino de todasociedad civil (zivilisierten gesellschaft.) que haya existi-do hasta ahora, es la primera sociedad no alienada, cons-tituye el «reino de la libertad». Pero si un sistema de necesidades es específico deuna determinada formación social, ¿cómo pueden surgirlas fuerzas subjetivas destinadas a transformar la so-ciedad existente? Toda sociedad (civilizada) es una so-ciedad de clases, basada en la división del trabajo y enla que también el sistema de necesidades aparece «di-vidido». Las clases explotadas no pretenden en generalmás que una mejor satisfacción de las necesidades queles han asignado. Pero las propias masas explotadas sehacen conscientes (en diversas condiciones históricas)de la oposición existente entre su sistema de necesidadesy el de las clases dominantes. Quieren eliminar entoncestodo lo que obstaculiza la satisfacción de sus necesida-des, y generalizar su sistema de necesidades, es decir,hacer realizables en su provecho, para sí, determinadosmomentos del sistema de las clases dominantes. Se llegaasí o a la transformación del orden social, o a la com-pleta ruina de las fuerzas productivas. En el primer casose constituye una nueva clase dominante (y el surgimien-to del estado burgués es el ejemplo clásico de ello), enel segundo caso la sociedad no puede funcionar. (Comose desprende del párrafo citado de los Grundrisse, Marxinterpreta la caída del imperio romano precisamente eneste segundo sentido.) 116
  • 112. Pero las necesidades que trascienden el presente noson necesidades radicales. De hecho la necesidad no tras-ciende la totalidad, sino sólo la «división» del sistema denecesidades. La necesidad del esclavo de ser un hombrelibre no es nada nuevo, dado que la sociedad que lo es-claviza es una sociedad de hombres libres. Como tampo-co es nueva la necesidad de la burguesía de tomar el po-der político: expresa simplemente la exigencia de satis-facer para sí una necesidad ya existente para otros y escondición decisiva para su satisfacción incontrastada.Las necesidades radicales de la clase obrera creadas porel capitalismo son, sin embargo, per definitionem distin-tas. Son de tal naturaleza que no pueden ser jamás sa-tisfechas en la sociedad existente. (El ser de la burguesíaes tan alienado como el del proletariado.) En consecuencia, las necesidades radicales conducenexclusivamente a la completa reestructuración del siste-ma de necesidades; sobre esto Marx no tiene duda algu-na. El sistema de necesidades capitalista pertenece al capi-talismo; a pesar de ello es precisamente esta sociedad«pura» la que desarrolla las fuerzas productivas hasta elpunto de superar la división del trabajo; asimismo puedecrear, y crea, necesidades pertenecientes a su ser pero noa su sistema de necesidades. Por ello sólo las necesidadesradicales pueden motivar que los hombres para satisfa-cerlas realicen una formación social radicalmente dis-tinta de la precedente, cuyo sistema de necesidades —ra-dicalmente nuevo— se diferenciará de los pasados. Es absurdo, por consiguiente, juzgar sobre la base dela estructura actual de las necesidades el sistema de ne-cesidades presupuesto por Marx para la sociedad de los«productores asociados». Sin el concepto de reestructu-ración, afirmar que el trabajo e incluso la plusvalía seconvierten en necesidad vital es simplemente incompren-sible. Para Marx, la completa reestructuración del siste-ma de necesidades en el comunismo es conditio sine quanon para todas las consideraciones que se refieren a lasociedad futura. Ya en los Manuscritos de economía yfilosofía de 1844 se lee que incluso los «sentidos» del hom- 117
  • 113. bre «socializado» serán distintos de los actuales; en losGrundrisse en relación con el desarrollo de la riquezade la vida humana en el tiempo libre, Marx escribe: «Eltiempo libre —que tanto es tiempo para el ocio comotiempo para actividades superiores— ha transformadoa su poseedor, naturalmente, en otro sujeto...»2 A Marxle parece «natural» la reestructuración radical de las ne-cesidades, de las capacidades y de los sentidos. Pero dadoque también la «sociedad de los productores asociados»representa una totalidad, una «formación social» comotoda otra sociedad, el mecanismo de sus funciones y laestructura radicalmente nueva de las necesidades se fun-damentan recíprocamente. Por consiguiente, el nuevo sis-tema de necesidades sólo es comprensible en relacióncon el funcionamiento del nuevo «cuerpo social», así co-mo el funcionamiento de la totalidad de la nueva «for-mación» social sólo es comprensible con respecto al nue-vo sistema de necesidades. La «sociedad de los productos asociados» constituye,así pues, la sociedad en la que son satisfechas las nece-sidades radicales, para construir en torno a ellas unanueva estructura de necesidades: se trata, por consiguien-te, de una sociedad en la que se realizan y se superanasimismo la filosofía y la teoría radicales.3 El sistema de necesidades del comunismo debe serafrontado desde dos diversas perspectivas, a saber, res-pecto de las necesidades materiales y no–materiales y res-pecto de sus relaciones en el seno de una misma estruc-tura de necesidades. Entiendo por necesidades materia- 2. MARX, Elementos fundamentales para la crítica de la eco-nomía política, cit., vol. II, p. 436. La exigencia de discutir mása fondo este problema se presenta en Marx a propósito de lasnecesidades «naturales» y «de lujo», es decir, de la superaciónde su oposición. «¿Pero cuál es el lugar en el que son tratadoslos problemas concernientes al sistema de necesidades.?...» {ibid.,vol. II, p. 17). 3. Naturalmente, no se entiende la superación de la filosofíatout court, sino de la filosofía radical, que debe penetrar en lasmasas para convertirse en una fuerza material. Esto quedará másclaro a continuación. 118
  • 114. les las necesidades para cuya satisfacción deben ser pro-ducidos y reproducidos continuamente objetos y medios(utilizados en el consumo y en el consumo productivo).Por el contrario, son de naturaleza no–material aquellasnecesidades para cuya satisfacción no son necesarios ob-jetos producidos mediante el intercambio orgánico conla naturaleza, o más en general «productos».4 La distin-ción entre los dos aspectos descritos no es arbitrariadado que se basa en una distinción esencial efectuadapor Marx: la esfera de la producción es, en su criterio,el ámbito que permanecerá como «reino de la necesidad»;sobre él se fundamenta el «reino de la libertad» que su-bordina la producción a sus propios objetivos. Las nece-sidades que sólo es posible satisfacer a través de insti-tuciones (nos referimos una vez más a la satisfacciónsocial y comunitaria de las necesidades) son en parte denaturaleza material, porque absorben medios materia-les, pero en parte no lo son, puesto que son satisfechasmediante la actividad humana (Marx aduce como ejem-plos las escuelas y los hospitales). La necesidad de insti-tuciones públicas es también en parte de naturaleza ma-terial (por ejemplo, la construcción de viviendas) y enparte no (prestación de servicios de naturaleza no ma-terial). Para Marx, al menos en la «segunda fase» del co-munismo, ello es natural porque deja de existir la con-traposición constituida por el capitalismo entre trabajoproductivo e improductivo, puesto que ya no existe niintercambio ni valor de cambio, dado que la fuerza detrabajo no se presenta como mercancía, etc. La catego-ría de «tiempo de trabajo socialmente necesario» única-mente será interpretable con respecto al proceso de pro-ducción material. (El concepto de «tiempo de trabajosocialmente necesario» no es aplicable a ninguna activi- 4. Sé bien que ambos conjuntos no son «puros». Para la sa-tisfacción de la necesidad del arte es también de algún modo ne-cesaria la producción: las casas deben ser construidas, los librosimpresos. Pero la necesidad del arte en cuanto tal no es satis-fecha ni por la casa ni por el libro, sino por la obra de arte que—como objetivación— no pertenece a la esfera de la producción. 119
  • 115. dad «libre», la práctica médica, la enseñanza, la plani-ficación, ni tampoco a actividades científicas o artísti-cas.) En efecto, todo lo dicho no es válido para la «pri-mera fase del comunismo», en cuanto que la división tie-ne lugar habitualmente en razón del trabajo, por lo cualel «tiempo de trabajo socialmente necesario» debe sermedido evidentemente en cada actividad laboral. Sobreeste punto Marx no proporciona ideas detalladas limitán-dose simplemente a observar que en esa fase debe to-davía prevalecer un idéntico derecho para hombres dis-tintos; el sistema del derecho de la sociedad burguesa.Nosotros mismos no podemos imaginarnos semejanteespecie de mecanismo sin relaciones mercantiles y dine-ro. En los célebres diez puntos del Manifiesto del Parti-do Comunista (medidas necesarias para fundar la pri-mera fase del comunismo) no se hace ninguna referenciaa la superación de la producción de mercancías, se hablasolamente de «...medidas que desde el punto de vistaeconómico parecerán insuficientes e insostenibles, peroque en el curso del movimiento se sobrepasarán a sí mis-mas y serán indispensables como medio para transfor-mar radicalmente todo el modo de producción».5 Dadoque a los ojos de Marx y Engels ese paso parece inevi-table, no toman en consideración el problema efectivo.Asimismo tampoco resulta claro si la realización de laprimera fase del comunismo comporta de igual modo lasuperación de la producción de mercancías, o si ésta seráuna característica de la segunda fase; además, tampocoMarx y Engels profundizan en las modalidades de latransición y se limitan a la confrontación de «tipos idea-les». Puesto que nosotros analizamos la teoría de la ne-cesidad en Marx, podemos actuar únicamente con esos«tipos ideales». Estamos obligados por consiguiente a ex-cluir un problema tan relevante para nosotros en la actua-lidad como el de la transición y a desistir del análisis desu modelo —más precisamente, de sus modelos. (Natural- 5. MARX–ENGELS, Manifiesto del Partido Comunista, en ObrasEscogidas, cit., vol. I, p. 38. 120
  • 116. mente la transición puede requerir siglos.) Es necesariatodavía una limitación más: dado que estamos analizandola teoría de la necesidad en Marx, consideraremos el mo-delo de los «productores asociados» tan sólo desde esepunto de vista omitiendo los demás aspectos, por impor-tantes que ellos sean. Para analizar plausiblemente las relaciones de las ne-cesidades con la producción material y sus resultados,debemos considerar también, cuál es el papel de la pro-ducción material en la imagen marxiana de la «sociedadde los productores asociados». Debemos examinar las si-guientes particularidades: a.) ¿Se desarrolla la produc-ción? b.) ¿En qué medida el desarrollo de la producciónrepresenta el crecimiento de la «riqueza social»? c.) ¿Exis-te división del trabajo? d.) ¿Existen o no trabajo nece-sario y plusvalía? e.) ¿Cuáles son las proporciones entreproducción de bienes de consumo inmediato por un ladoy medios de producción de bienes indispensables para la«satisfacción social de las necesidades» por otro? A) Respecto de la primera pregunta la respuesta deMarx es inequívocamente afirmativa. La sociedad del fu-turo es también la sociedad de la riqueza material, quecontinúa creciendo. Esta noción se halla prácticamenteen todas las obras de Marx, y como muestra citemos unsolo ejemplo. En el tercer volumen de las Teorías sobrela plusvalía.6 describe las dos alternativas para incremen-tar el disposable time. Una vía es la de producir mayorriqueza en la mitad del tiempo actual de trabajo medio;la otra posibilidad comporta la reducción a la mitad deltiempo de trabajo de tal manera que esa mitad vaya di-rigida a la satisfacción de las actuales «necesidades ne-cesarias». Marx considera un error teórico y una faltade claridad mental la confusión entre ambas alternativasy se declara explícitamente a favor de la primera. Fundamento del desarrollo de la producción será sóloen el futuro el extraordinario crecimiento proporcional 6. MARX, en MEW, 26, p. 252. 121
  • 117. del capital fijo, efectivamente posible porque el aumentode la producción se mantendrá independiente de la valo-ración. El aumento de la parte de capital fijo a nivelesinalcanzables en el capitalismo es garantía del hecho deque la producción material requiere cada vez menos tra-bajo vivo. Únicamente así será posible reducir ininte-rrumpidamente el tiempo de trabajo manteniendo cons-tante el crecimiento de la producción, lo cual no signifi-ca el predominio del trabajo muerto sobre el trabajo vivo(dado que no existe ninguna relación de capital); porel contrario, el trabajo vivo prevalecerá sobre el muerto. La idea del progreso infinito de la producción ma-terial caracteriza inequívocamente el pensamiento deMarx; sus ideas sobre el ritmo del incremento de la pro-ducción son, sin embargo, más de una vez contradicto-rias. Por una parte, Marx supone que el capitalismo al-cance un punto de estancamiento del desarrollo de lasfuerzas productivas (en particular del aumento del capi-tal fijo), a consecuencia de lo cual el ritmo de producciónmaterial de la sociedad de los «productores asociados»debería ser más rápido —al menos en relación con lasituación del capitalismo tardío. Pero por otra parte, elincremento del ritmo de producción material, del cualvolveremos a ocuparnos, queda determinado por las ne-cesidades de los «productores asociados», dirigidas éstascada vez con menor frecuencia a bienes de consumo ma-teriales— paralelamente a la riqueza creciente. Se plan-tea con esto una nueva estructura de las necesidades deimportancia decisiva. En la nueva estructura de las ne-cesidades Marx opera con una especie de «modelo de sa-turación»: los bienes de consumo materiales (que sirvenpara el consumo inmediato) deberían tener un papelcada vez más restringido en la estructura de las necesi-dades individuales; en todo caso su incidencia se reduci-ría. Otras necesidades, y no la misma producción, debe-rían limitar tales necesidades, puesto eme la producciónno las supera sino que se dirige hacia ellas. En razón delmodelo citado es inconcebible en efecto que el surgi-miento de nuevas necesidades materiales (la «produc- 122
  • 118. ción» de nuevos tipos de necesidades) se derive de lamisma producción. Todo ello debería conducir a una dis-minución del ritmo de incremento de la producción —amás tardar después de lograr cierto grado de riqueza. Marx cree reconocer ya ese «cambio de estructura» enlas «necesidades radicales» del proletariado contempo-ráneo, como se desprende también de sus observacionesacerca de la tesis del ideólogo del proletariado Galiani.Sabemos que la tesis fundamental de Galiani afirma que«la verdadera riqueza (...) es el hombre». Marx, aproba-toriamente, añade: «El mundo objetivo en su totalidad,el “mundo de los bienes” es asumido aquí como un sim-ple momento (...) de la productividad social del hom-bre.»7 B) Llegamos de este modo al segundo problema, asaber, en qué medida el desarrollo de la producción re-presenta el crecimiento de la «riqueza social». De esta pregunta se pueden diferenciar dos problemasdistintos (aunque en la exposición se presenten por logeneral juntos) 1. En qué medida el trabajo puede serconsiderado como fuente de riqueza material. 2. Enqué medida la producción —y la riqueza material queen ella se realiza— puede ser considerada la única fuentede riqueza general. 1. Con respecto a la primera pregunta Marx tienepreparadas diversas respuestas que consideraremos a con-tinuación; por el momento téngase presente que paraMarx las dos preguntas citadas anteriormente son porprincipio completamente superables. Sobre todo porquela fuente de los valores de uso (la riqueza de valores deuso constituye en efecto la riqueza material propiamentedicha.) es trabajo más naturaleza y no únicamente tra-bajo.8 El considerar que la fuente de riqueza material es so- 7. Ibid., p. 263. 8. Un análisis radical de este problema se halla también enla Crítica del Programa de Gotha. 123
  • 119. lamente el trabajo es propio de la sociedad burguesa, enla cual domina la contraposición entre valor de uso y va-lor de cambio encarnada en la producción de mercan-cías. (En las Teorías sobre la plusvalía Marx acusa a cier-tos críticos de Ricardo de permanecer anclados en el sis-tema de categorías de la sociedad burguesa, dado queconsideran el trabajo como única fuente de riqueza in-cluso cuando sacan de ello consecuencias opuestas a lasde Ricardo.) Todavía más importante es el hecho de queMarx sostenga una concepción del trabajo según la cualen la «sociedad de los productores asociados» el trabajollevado a cabo en la producción se reduce al mínimo ydeja incluso de existir. Por consiguiente, parece absurdoreconocer en el trabajo la fuente de la riqueza (material)y medirla en función del tiempo de trabajo. A lo largodel desarrollo de esta posición Marx acepta —aunque conalgunas reservas— el razonamiento del autor del opúscu-lo Source and Remedy, pero ello no significa que no seaésta su propia postura. Sin embargo, quiero subrayar quese trata sólo una de las condiciones de Marx, lo que de-muestra al menos que a sus ojos los Statements «el traba-jo es la fuente de la riqueza material» y «la producciónes la fuente de la riqueza material» son distintos y cla-ramente diferenciables. A este propósito quiero aducir también los Grundris-se.: «El trabajo ya no aparece como recluido en el pro-ceso de producción, sino que más bien el hombre se com-porta como supervisor y regulador con respecto al pro-ceso de producción mismo. (...) El trabajador ya no in-troduce el objeto natural modificado, como eslabón in-termedio, entre la cosa y sí mismo, sino que inserta elproceso natural, al que transforma en industrial, comomedio entre sí mismo y la naturaleza inorgánica, a la quedomina. Se presenta al lado del proceso de producción,en lugar de ser su agente principal. En esta transforma-ción lo que aparece como el pilar fundamental de la pro-ducción y de la riqueza no es ni el trabajo inmediato eje-cutado por el hombre ni el tiempo que éste trabaja, sinola apropiación de su propia fuerza productiva general, su 124
  • 120. comprensión de la naturaleza y su dominio de la mismagracias a su existencia como cuerpo social; en una pala-bra, el desarrollo del individuo social. (...) Tan prontocomo el trabajo en su forma inmediata ha cesado de serla gran fuente de la riqueza, el tiempo de trabajo deja,y tiene que dejar, de ser su medida y por tanto el valorde cambio deja de ser la medida del valor de uso.»9 Prescindamos aquí del hecho de que Marx identifiquevalor y valor de cambio, conceptos que por el contrariodistingue rigurosamente en El Capital, donde actúa conotra concepción del trabajo (de la que forma parte nece-sariamente la medida del tiempo de trabajo). Analicemoseste párrafo tan sólo desde nuestro punto de vista. La«sociedad de los productores asociados» aparece comouna sociedad en la que el trabajo es ejecutado por lasmáquinas, en la cual, por consiguiente, predomina com-pletamente el «capital fijo» y en la que —al menos en elproceso de producción material— la fuerza de trabajosólo es utilizada como «vigilante y regulador». En expre-sión moderna, Marx presupone la completa automatiza-ción. Crece así extraordinariamente la importancia de undeterminado tipo de trabajo, el trabajo científico, o, comoMarx escribe, el «trabajo general». Pero el trabajo cien-tífico no es un trabajo inmediatamente productivo, sinoque constituye la actividad del general intellect, consis-tente sobre todo en planificar, proyectar, construir, etc.A ella no es aplicable el concepto de «tiempo de trabajosocialmente necesario». Resumiendo: la riqueza materialviene proporcionada todavía por la producción, pero nopor el trabajo productivo en el sentido propio del térmi-no. Lo cual determina la hegemonía del trabajo intelec-tual sobre el denominado trabajo «físico». 2. La otra pregunta es si sólo la producción es fuen-te de riqueza de la sociedad. Marx responde siempre einequívocamente que no. La riqueza material —realizadacon la producción— no es y no puede ser más que con-dición para la riqueza general de la sociedad. La verda- 9. MARX, Elementos fundamentales..., cit., vol. II, p. 228. 125
  • 121. dera riqueza de la sociedad se realiza a través de la libremanifestación de los individuos sociales, a través de suactividad y de su sistema de necesidades cualitativamentemultiples. La verdadera riqueza del hombre y de la so-ciedad no se constituye en el tiempo de trabajo sino en eltiempo libre. Precisamente por esto la riqueza de la so-ciedad de los «productores asociados» no es mensurableen tiempo de trabajo, sino en tiempo libre. Quisiera aquíhacer referencia no ya a los conocidos párrafos de losGrundrisse, sino al tercer volumen de las Teorías sobrela plusvalía.: «El tiempo de trabajo [labour.], aun a pesarde que el valor de valor de cambio es suprimido, ‘siguesiendo’ la sustancia creadora de la riqueza y la medidade los ‘costos’ que exige su producción. Pero el tiempolibre, el tiempo de que se dispone es la riqueza misma,tanto para el disfrute de los productos como para la libreactividad que no está determinada, como el trabajo, porla constricción de un objetivo exterior que hay que cum-plir, cuyo cumplimiento constituye una necesidad natu-ral, un deber social, o como se quiera decir.»10 Ambas soluciones, aunque distintas, presuponen uncambio de la estructura de las necesidades, que trata deestimular en los individuos la necesidad de mayor tiempolibre (y en él de «actividad libre») más que de un ulte-rior incremento de la producción de bienes y de riquezamaterial (no existe tal nivel de producción que no puedaser superado —en perjuicio del tiempo libre—). En am-bas concepciones se sitúa la profunda convicción de queen la «sociedad de los productores asociados» existenotras necesidades (cualitativamente distintas) que ponenlímite a las necesidades.11 C) Además, la relación entre la producción materialy la estructura de las necesidades en la sociedad de los 10. MARX, en MEW, 26. p. 253. 11. Más adelante volveremos a ocuparnos del papel del «tra-bajo general» en estos modelos, así como del problema de lanecesidad de tiempo libre. 126
  • 122. «productores asociados» es función también de la exis-tencia o no de la división del trabajo y, si existe, de sunaturaleza. 1. Sin duda dejará de existir la división social deltrabajo y con ella la división de la sociedad en explota-dores y explotados, en una palabra la estructura de cla-ses. Por consiguiente, deja también de existir la «reparti-ción» del sistema de necesidades en relación con el lugarocupado en la división social del trabajo. El individuoya no queda subordinado a ella, Aunque subsistirá ciertadivisión del trabajo (en otro sentido del término) el in-dividuo podrá elegir libremente el lugar que quiere ocu-par y en todo momento podrá renovar su elección. Teóri-camente también debería ser así en el capitalismo, perode facto no lo ha sido nunca: la división social del tra-bajo subordina al hombre que en la práctica no ha po-dido elegir ningún otro trabajo que el que se ha vistoobligado a realizar. El «cambio» continuo de trabajo enel capitalismo no es consecuencia de una libre elección ode las «necesidades de desarrollo» del trabajador, sinoque está subordinado a las necesidades de valorizacióndel capital. Por el contrario, suponiendo que en la socie-dad de los «productores asociados» debe existir cierta di-visión del trabajo, elección y cambio de trabajo sólo de-penderán de las «necesidades del desarrollo» del traba-jador. 2. La división entre trabajo manual e intelectual que-dará superada. Marx tenía diversas opiniones sobre lasmodalidades de este proceso. A una de ellas nos hemosreferido ya: producción y trabajo se separan; el hombre«se sitúa junto al proceso de producción», toda activi-dad laboral (incluso la socialmente necesaria) se convier-te en trabajo de tipo intelectual. La otra hipótesis deMarx es fundamentalmente diferente: en razón de ella(como veremos más adelante) toda especie de trabajo pro-ductivo queda reducida a trabajo simple. Pero tambiénaquí el tiempo de trabajo debe reducirse hasta que lavida humana esté ocupada en su mayor parte por activi-dades intelectuales. Pero actividad intelectual que es tam- 127
  • 123. bién (al menos en parte) trabajo (requiere fatiga y ocupael cerebro, nervios, fuerza, músculos —particularmentelos dos primeros). En ambas especies de trabajo desapa-rece la contraposición entre work y labour que culminaen el capitalismo y es característica de la sociedad cla-sista.12 Mientras que en el trabajo ejecutado durante el «tiem-po de trabajo socialmente necesario» work dirige al la-bour (recordemos la última frase del párrafo citado delas Teorías sobre la plusvalía.: el labour estará sometidoa fines externos, pero —contrariamente a lo que sucedeen el capitalismo— los hombres lo ejecutarán como «de-ber social»), esa división desaparecerá definitivamente enel trabajo como «actividad libre»: work se convierte enlabour (puro). Pero si continúan existiendo trabajo manual y labour(ambos conceptos no son nunca asimilables y el de labourestá presente en las dos concepciones) serán efectuadospor todos los hombres y de este modo cada hombre ten-drá tiempo —en igual cantidad— para la «libre activi-dad». De acuerdo con la primera concepción, la propianaturaleza del labour hará desaparecer la distinción entretrabajo manual e intelectual, mientras que esto no suce-de en la otra. Sin embargo, respecto de los individuosparticulares el pensamiento de Marx es coherente e ine-quívoco: todo hombre tomará parte en la interacción denaturaleza y sociedad (en otras palabras: mientras existase realizará el trabajo físico, luego se «regulará» el fun-cionamiento del capital fijo) y llevará a cabo un trabajoaltamente desarrollado y puramente intelectual. Este ysólo éste es el núcleo de la curiosa afirmación del jovenMarx de que en el comunismo el hombre será pescador,cazador, pastor y crítico y no habrá pintores, sino sim-plemente hombres que entre otras cosas pinten. En con-secuencia, según las previsiones de Marx, no existirán tra- 12. Para la distinción (y contraposición) entre Work y labourvéase el capítulo sobre el trabajo de mi libro Sociología de la vidacotidiana, ed. Península, Barcelona, 1977. 128
  • 124. bajadores especializados en actividades «puramente inte-lectuales» o «puramente manuales». Lo cual no implicaque en el trabajo productivo, esto es, en el «control» dela producción, no exista alguna actividad específicamenteintelectual. Significa «solamente» que la actividad espe-cializada ejercida en la producción no «guía» las mani-festaciones intelectuales del hombre durante su «tiempolibre», no determina las formas elegidas para la realiza-ción de sí, ni tampoco expresa la negación de principiode la posibilidad individual de elegir una forma particu-lar de ocupación del tiempo libre, sino únicamente el de-ber de participar a pesar de ello en el labour, en la eje-cución del trabajo socialmente necesario o en la regula-ción y el control de la producción. Que Marx no diga sien las ocupaciones del tiempo libre se debe producir, sus-cita notables problemas teóricos. La concepción de la «me-dida de las necesidades», que trataremos más adelante,comporta que sólo el consumo material (el consumo in-mediato y productivo), y no la «actividad libre», necesitaproducción material: lo que explica la facilidad con quepara Marx pueden medirse las necesidades materiales ycalcular su «media». 3. Hasta el momento el examen de la superación delas diversas formas de división del trabajo no aclara lasuperación de cada especie de división del trabajo. Marxafirma de modo inequívoco que en la «sociedad de losproductores asociados» habrá cierta división del trabajosólo técnica. Así, en El Capital se lee que toda la produc-ción social funcionará como una sola fábrica, correspon-diendo la división social del trabajo a la técnica de lafábrica. En el tercer volumen de las Teorías sobre la plus-valía Marx suscita en toda su concreción el problema desi la concentración del capital y el continuo crecimientodel capital fijo, factor por el cual es necesaria la divisióntécnica del trabajo, producen también al mismo tiempola necesidad de relaciones de producción capitalistas y dela división social del trabajo. A este respecto Marx pole-miza con los teóricos que ponen en relación la especiali-zación, consecuencia de la centralización, con las relacio- 129
  • 125. nés de producción capitalistas, «...la división del trabajono (...) sería igualmente posible, si los medios de produc-ción perteneciesen a los obreros asociados y su relacióncon los obreros fuese igual a la existente in natura, estoes, si los obreros se enfrentasen a los medios de produc-ción como a sus propios productos, a los elementos ob-jetivados de su propia actividad.»13 Lo que pretenden al-canzar los economistas burgueses con esa identificaciónes: «...justificar también ‘tecnológicamente, la forma so-cial específica’, es decir, la ‘forma capitalista’, en la cual larelación entre el trabajo y las condiciones de trabajo setransforma, de modo que no son los obreros los que apro-vechan las condiciones, sino las condiciones las que uti-lizan a los obreros...».14 Qué significa la presencia de la división técnica deltrabajo para el trabajo del hombre, cómo puede garanti-zar la universalidad del hombre y si es posible en ellauna especialización individual, son interrogantes a losque Marx tan sólo ha respondido de manera coherente enEl Capital (soluciones contradictorias únicamente apare-cen en forma aforística). Al decir que el hombre será almismo tiempo pescador, cazador, pastor y crítico, Marxtiene presente una universalidad de sello goethiano, aun-que no llegue a afirmar que el hombre deba ser un eternodiletante; entiende más bien que el hombre podrá elegirentre actividades múltiples y, en cuanto a su calidad, ra-dicalmente distintas. En El Capital, por el contrario, Marxafirma que todo trabajo se reducirá a trabajo simple, defácil aprendizaje y ejecución. La perspectiva de la univer-salidad no significa aquí, al menos por lo que respecta alproceso de trabajo, que el hombre pueda elegir entre di-versos campos, sino que en cualquier momento puede«cambiar» de trabajo sin una particular cualificación es-pecífica. En los Grundrisse la actividad del hombre que«se sitúa junto al proceso de producción» es verosímil-mente compleja y requiere una cualificación: pero Marx 13. Ibid., p. 269. 14. Ibid., p. 271. 130
  • 126. no profundiza en esta concepción y es significativo queno la haya aplicado al análisis de la relación entre trabajoproductivo y necesidades materiales. En efecto, la es-tructura de las necesidades esbozada en el modelo de losGrundrisse no puede ser la misma de El Capital, perodado que aquí sólo analizo las posiciones explícitas deMarx, con respecto a este problema hay que atenerse a losargumentos de El Capital. D) La validez de las categorías de «trabajo necesa-rio» y «plustrabajo» en la «sociedad de los productoresasociados» e incluso la interpretación de la categoría de«trabajo socialmente necesario» dependen de un modo de-terminante del hecho de que Marx identifique valor yvalor de cambio o por el contrario los diferencie. Hastala Contribución a la crítica de la economía política (in-clusive) tiende generalmente a identificarlos, pero másadelante los conceptos de valor utilizados son dos. El pri-mero conserva el significado precedente: el valor se rea-liza exclusivamente en las relaciones de intercambio.15A la inversa, según la otra interpretación, el valor consti-tuye una categoría social general (al menos en una econo-mía racional); la ley del valor es una ley económica ge-neral que, como hemos visto, puede hallar la confirma-ción adecuada precisamente en la «sociedad de los pro-ductores asociados». (Recuerdo la argumentación del libroprimero de El Capital en el que Marx demuestra que la«forma mística» de la mercancía no puede derivar ni delvalor de uso ni del valor.)16 A este propósito es tambiénimportante el párrafo de la Crítica del Programa de Gotha(1875) en el que Marx habla de cómo y cuándo puede rea-lizarse el reparto conforme a las necesidades: afirma aquíexpressis verbis que el valor sólo existe en la primera fasedel comunismo, cuando los bienes todavía no pueden serrepartidos según las necesidades. Donde existe valor el re-parto tiene lugar en función del trabajo. La primera fase 15. Cfr., MARX, El Capital, cit., vol. I, p. 32. 16. Cfr., ibid., vol. I, p. 37. 131
  • 127. del comunismo está caracterizada todavía por la igualdaddel intercambio: se cambia trabajo igual por igual traba-jo. El trabajo aún debe ser medido en razón del tiempode trabajo (cuantitativa y cualitativamente se truecantiempos de trabajo iguales). Pero: «En el seno de unasociedad colectivista, basada en la propiedad común delos medios de producción, los productores no cambiansus productos; el trabajo invertido en los productos nose presenta aquí, tampoco, ‘como valor’ de esos produc-tos.»17 Se podría ampliar el razonamiento diciendo queel valor únicamente deja de existir en el primer sentidodel concepto, lo cual está en contradicción con el hechode que —según Marx— en la segunda fase del comunismoel trabajo se convierte en una necesidad vital. Nos encon-tramos frente a un evidente retorno a las ideas de losGrundrisse. En la Crítica del Programa de Gotha, al igualque en los Grundrisse, Marx delinea una «sociedad delbienestar» donde el trabajo se convierte en necesidad vi-tal. Nótese la divergencia respecto de las Teorías sobre laplusvalía, donde por el contrarío, de acuerdo con El Ca-pital, el trabajo aparece en el mejor de los casos como«deber social», como algo completamente distinto de una«necesidad vital». En El Capital y en las Teorías sobre laplusvalía la producción en razón de las necesidades noestá en correlación con el trabajo entendido como nece-sidad vital, sino con el trabajo como «deber social»: deello se desprende necesariamente la teoría de la «purapreponderancia» de la ley del valor. Aunque la Crítica del Programa de Gotha no contieneninguna alusión al respecto, es verosímil que Marx escri-biendo sobre el trabajo tuviese in mente un modelo simi-lar al de los Grundrisse. De hecho, si es difícil pensar queel simple trabajo mecánico no cualificado se convierta enuna «necesidad vital», mucho más sencillo es imaginarseel trabajo de control cualificado como necesidad vitalefectiva del hombre «que se sitúa junto al proceso de pro- 17. MARX, Crítica del Programa de Gotha, en Obras Escogi-das, vol. II, p. 14. 132
  • 128. ducción». Y tanto más si pensamos que Marx no cita nun-ca la transformación del trabajo en «necesidad vital»cuando habla de la reducción del trabajo a trabajo sim-ple, sino que subraya que el trabajo continúa siendo elreino de la necesidad y que el reino de la libertad «co-mienza» fuera de él (en el tiempo libre). Volvamos ahora a las categorías de «trabajo necesa-rio», «plustrabajo» y «trabajo socialmente necesario». Co-mencemos por los Grundrisse. El tiempo de trabajo necesario para la producción tie-ne un papel de importancia, sobre todo si consideramosque debe disminuir cada vez más. No puede cumplir lafunción de medida porque cada trabajo será cualitativa-mente distinto (incluso con respecto a los individuos par-ticulares.) y por tanto no cuantificable. (Aquí no aparecela idea de la reducción a «trabajo simple».) «Economíadel tiempo: a esto se reduce finalmente toda economía.La sociedad debe repartir su tiempo de manera planifi-cada para conseguir una producción adecuada a sus ne-cesidades de conjunto (...). Economía del tiempo y re-partición planificada del tiempo del trabajo entre las dis-tintas ramas de la producción resultan siempre la pri-mera ley económica sobre la base de la producción co-lectiva. Incluso vale como ley en mucho más alto grado.Sin embargo, esto es esencialmente distinto de la medidade los valores de cambio (trabajos o productos del tra-bajo) mediante el tiempo de trabajo. Los trabajos de losindividuos en una misma rama y los diferentes tipos detrabajo varían no sólo cuantitativamente sino tambiéncualitativamente. ¿Qué supone la distinción puramente‘cuantitativa’ de los objetos? Su identidad cualitativa. Así,la medida cuantitativa de los trabajos presupone su igual-dad cualitativa, la identidad de su ‘cualidad’.»18 No por casualidad se elude la reducción a «trabajosimple». En efecto, esa función, mientras los trabajos sedividen en simples y complejos, viene asumida por elmercado. Como es sabido, en El Capital no surgen pro- 18. MARX, Elementos fundamentales..., cit., vol. I, p. 101. 133
  • 129. blemas análogos: medir en razón del tiempo de trabajo esposible incluso sin mercado, puesto que cada trabajoconstituye un trabajo simple. Pero si como se desprendede los Grundrisse y también de la Crítica del Programade Gotha, el trabajo previsto para el futuro no es cuali-tativamente distinto sólo para las diversas ramas de laindustria, sino también para los individuos, en ese casoel «tiempo de trabajo socialmente necesario» no puedeservir de medida. Quisiera añadir un ejemplo particular-mente significativo: ¿cómo puede fijarse un tiempo detrabajo socialmente necesario en el campo de la ciencia,cómo se pueden confrontar sobre esa base tipos de ac-tividad científica cualitativamente distintos?19 En el párrafo citado la producción material del futuroaparece para Marx ampliamente racionalizada, pero a suvez no nos ofrece ningún criterio o medida de esta racio-nalización, de la cual sólo es portador el general intellect,o sea, la capacidad de racionalizar de la sociedad de los«productores asociados». (Sería superfluo subrayar nue-vamente que es propio de esta concepción considerar eltrabajo como necesidad vital.) En los Grundrisse existe un único concepto de trabajonecesario: el de trabajo socialmente necesario. La divi-sión del trabajo del particular entre trabajo necesario yplustrabajo deja de existir junto con el capitalismo.; porconsiguiente ya no tiene sentido separar el tiempo que elhombre trabaja para satisfacer sus «necesidades necesa-rias» del restante, dado que también esta última parte esutilizada por el individuo social para sí y no para la va-lorización del capital. (Puesto que todo bien producidosatisface de un modo mediato o inmediato las necesida-des del individuo socializado, asimismo desde el punto devista del particular el trabajo ya no se divide en necesarioy plustrabajo.) «Lo poco que ha comprendido Proudhon 19. También en El Capital se atribuye a la ciencia un papelde primer plano en la sociedad de los «productores asociados.»Pero falta la «reducción a trabajo simple», sin que Marx seaperciba de ello. Bajo este aspecto la argumentación de losGrundrisse resulta más consecuente. 134
  • 130. de la cosa se desprende de su axioma, según el cual cadatrabajo deja un excedente. Lo que niega en el capital, lotrueca en propiedad natural del trabajo. Lo que importaes, antes bien, que el tiempo de trabajo necesario para elsustento de las necesidades absolutas deje tiempo ‘libre’(...) y por tanto se pueda crear surplus cuando sehace ‘plustrabajo’. La finalidad es abolir la relación mis-ma, de suerte que el surplus mismo aparezca como pro-ducto necesario.»30 Pero se tiene la impresión de que Marx ya en los Grun-drisse distingue la primera fase del comunismo de la se-gunda, aunque no tan explícitamente como en la Críticadel Programa de Gotha. De este último trabajo se des-prende de un modo claro e inequívoco que en la primerafase del comunismo se puede realmente distinguir entretrabajo necesario y plustrabajo: de la denominada rentaintegral del trabajo la sociedad deduce el tiempo de tra-bajo necesario para la inversión en medios de produc-ción, así como el tiempo de trabajo para la produccióndestinada a la «satisfacción común de las necesidades» yel que hay que aplicar a tareas sociales. El trabajadorrecibe bajo la forma de «salario» lo que puede usar parala satisfacción de sus necesidades personales, donde que-da también incorporado su trabajo necesario. El hombretrabaja conforme a sus capacidades, pero el trabajo to-davía no se ha convertido para él en una necesidad vitaly aún no existe verdadera riqueza social, por lo cual con-viene distinguir el trabajo necesario (aunque no obstantees cierto que todo trabajo ejecutado es en última instan-cia un trabajo necesario —socialmente necesario—). Así,todas las veces que en los Grundrisse, respecto a la socie-dad futura, aparece con acento positivo (acento éste siem-pre referido sólo a la sociedad futura) el concepto de«salario», se encuentra frente a una perspectiva que Marxconsidera como la inmediata posibilidad. Sin embargo,Marx escribe: «Su [del capital] cometido histórico estácumplido (...) cuando las necesidades están tan desarro- 20. Ibid., vol. Il, pp. 120–121 n. 135
  • 131. lladas que el trabajo es excedente, que va más allá de lonecesario, ha llegado a ser él mismo una necesidad gene-ral, que surge de las necesidades individuales mismas;(...) por consiguiente, ha cesado de existir el trabajo enel cual el hombre hace lo que puede lograr que las cosashagan en su lugar.»21 Marx omite aquí el análisis de laprimera fase del comunismo, pero se trata de una excep-ción. Sin duda Marx presupone la presencia del «salario»y por tanto la distinción entre trabajo necesario y plus-trabajo desde el punto de vista del individuo, así comotambién el funcionamiento de la ley del valor; Marx pien-sa luego que en un futuro más lejano, también desde elpunto de vista del individuo no cabrá distinción entre tra-bajo necesario y plustrabajo y la ley del valor habrá per-dido su función: «Tan pronto como el trabajo en su for-ma inmediata ha cesado de ser la gran fuente de la ri-queza, el tiempo de trabajo deja, y tiene que dejar, deser su medida y por tanto el valor de cambio22 deja deser la medida del valor de uso. (...) Con ello se desplomala producción fundada en el valor de cambio, y al procesode producción material inmediato se le quita la forma dela necesidad apremiante y el antagonismo.23 Desarrollolibre de las individualidades, y por ende no reducción deltiempo de trabajo necesario con miras a crear plustra-bajo, sino en general reducción del trabajo necesario dela sociedad a un mínimo, al cual corresponde entonces laformación artística, científica, etc., de los individuos gra-cias al tiempo que se ha vuelto libre y a los medios crea-dos para todos.»24 Una vez distinguidos valor y valor de cambio, se hacedominante en la exposición marxiana la concepción que(presumiblemente) en los Grundrisse y en la Crítica delPrograma de Gotha caracteriza sólo la primera fase delcomunismo: debe medirse la racionalidad del trabajo me- 21. Ibid., vol. I, p. 266. 22. Como hemos dicho las categorías de valor y valor decambio no están diferenciadas aquí. 23. Otro ejemplo de solución de la antinomia. 24. Ibid., vol. Il, pp. 228–229. 136
  • 132. diante el tiempo de trabajo socialmente necesario. Perotambién se plantea, aunque de un modo no tan radical,la posibilidad de separar racionalmente trabajo necesarioy plustrabajo en la propia sociedad de los «productoresasociados». En las Teorías sobre la plusvalía Marx afir-ma: «Pero supongamos que el capital no exista, y queel trabajador mismo se apropie de su plustrabajo, delexcedente de valores que ha creado sobre el excedente delos valores que ha consumido. Sólo de este trabajo sepodría decir que es verdaderamente productivo, esto es,que crea nuevos valores.»25 En el primer libro de El Ca-pital.26 el problema es discutido detalladamente. Antes decitar el párrafo concreto, quiero subrayar que Marx dejaabiertas también otras alternativas susceptibles de rela-ción con el cambio del modo de producción y de distri-bución debido al comunismo. Pero desde nuestra pers-pectiva es interesante notar que Marx habla sobre todode una posibilidad de distinguir trabajo necesario y plus-trabajo. «Finalmente, imaginémonos (...) una asociaciónde hombres libres que trabajen con medios colectivos deproducción y que desplieguen sus numerosas fuerzas in-dividuales de trabajo, con plena conciencia de lo quehacen, como una gran fuerza de trabajo social. (...) Elproducto colectivo de la asociación a que nos referimoses un producto ‘social’. Una parte de este producto vuel-ve a prestar servicio bajo la forma de medios de produc-ción. Sigue siendo social. Otra parte es consumida porlos individuos asociados, bajo forma de medios de vida.Debe, por tanto, ser ‘distribuida’. El ‘carácter’ de esta dis-tribución variará según el carácter especial del propio or-ganismo social de producción y con arreglo al nivel his-tórico de los productores. Partiremos, sin embargo, aun-que sólo sea a título paralelo con el régimen de produc-ción de mercancías, del supuesto de que la participaciónasignada a cada productor en los medios de vida depen-de de su ‘tiempo de trabajo’. En estas condiciones, el tiem- 25. MARX, en MEW, 26, p. 123. 26. Cfr., MARX, El Capital, cit., vol. I, p. 43. 137
  • 133. po de trabajo representaría, como se ve, una doble fun-ción. Su distribución con arreglo a un plan social servirápara regular la proporción adecuada entre las diversasfunciones del trabajo y las distintas necesidades. Por otraparte y simultáneamente, el tiempo de trabajo serviríapara graduar la parte individual del productor en el tra-bajo colectivo y, por tanto, en la parte del producto tam-bién colectivo destinada al consumo. Como se ve, aquílas relaciones sociales de los hombres con su trabajo ylos productos de su trabajo son perfectamente claras ysencillas, tanto en lo tocante a la producción como en loque se refiere a la distribución.»27 Con toda certeza: esa concepción, al menos por lo queconcierne a la segunda función de la medida del tiempode trabajo, corresponde perfectamente al modelo que enla Crítica del Programa de Gotha aparece definido comoprimera fase del comunismo que todavía lleva en sí las«marcas» de la sociedad capitalista. En el segundo y en mayor medida en el tercer librode El Capital, por lo que atañe al hombre particular, alproductor particular, no existe ninguna diferencia entretrabajo necesario y plustrabajo, diferencia que, por elcontrario, es mantenida por lo que se refiere al productosocial conjunto, es decir, a la sociedad de los «producto-res asociados», considerada como un único individuo gi-gantesco. La característica de la sociedad capitalista noes, en efecto, el plustrabajo, sino su transformación encapital.: «El que esto se realice bajo la forma de la trans-formación de la ganancia en capital sólo quiere decir unacosa, y es que no es el obrero, sino el capitalista quiendispone del trabajo remanente.»28 En la misma obra selee: «Sólo allí donde la producción se halla sujeta al con-trol preestablecido de la sociedad, puede ésta establecerla coordinación necesaria entre el volumen del tiempo detrabajo social invertido en la producción de determina-dos artículos y el volumen de la necesidad social que es- 27. Ibid., vol. I, p. 43. 28. Ibid., vol. III, p. 785. 138
  • 134. tos artículos vienen a satisfacer.»29 Esto es: en primer lu-gar los «productores asociados» miden el tiempo de tra-bajo disponible dependiente de la magnitud de la pobla-ción, o mejor, de la cantidad de horas de trabajo dispo-nibles (tanto mejor si ésta es pequeña: cuanto mayordesarrollo presentan las fuerzas productivas, menos ho-ras de trabajo deben ser fijadas para los objetivos de laproducción). Ese tiempo de trabajo es «subdividido» des-pués entre las diversas ramas de la producción, siguiendolas siguientes modalidades: a.) se mide (y se racionaliza)el tiempo de trabajo socialmente necesario en cada ramade la producción; b.) se fija qué cantidad de tiempo debeser utilizada para la satisfacción inmediata de las necesi-dades materiales de la población (es decir, para sí mis-mos), y ese es el trabajo necesario; lo que queda todavíadisponible para otros objetivos (por ejemplo, para el de-sarrollo de los medios de producción), ese es el plustra-bajo. Insisto en que tal concepción se basa inequívoca-mente en la reducción a trabajo simple, y por consiguien-te en la hipótesis de que los trabajos asignados a cada in-dividuo —se presupone, un mismo nivel de productivi-dad— sean realizables en un tiempo aproximadamenteigual y ejecutados también de conformidad con el deber.En la eventualidad (contemplada en los Grundrisse.) deun trabajo complejo, el tipo de racionalidad sólo sería in-terpretable calculando separadamente el valor de unahora de trabajo en cada individuo, cosa absurda sin lapresencia del mercado. (Recuérdese que precisamente poreso en los Grundrisse se viene al suelo la medida en ra-zón del tiempo de trabajo.) Repito: la medida según eltiempo de trabajo y la distinción entre trabajo necesarioy plustrabajo (sin estructura de mercado) se fundamentanesencialmente en el hecho de que toda la sociedad vieneentendida como un único individuo. Cuáles son los problemas —casi irresolubles— relati-vos a la relación entre producción y necesidades que na-cen aquí, está todavía por ver. 29. Ibid., vol. III, p. 191. 139
  • 135. E) Indudablemente Marx imagina la sociedad de los«productores asociados» como aquella en la cual paramedir la riqueza no es utilizada la proporción entre tra-bajo necesario y plustrabajo, sino, por el contrario, laproporción entre necessary time y disposable time —en-tre tiempo «necesario» y «disponible». No importa aquísi Marx distingue o no entre trabajo necesario y plustra-bajo. Naturalmente el desarrollo de las fuerzas producti-vas constituye una premisa necesaria para el aumento deldisposable time.; pero la verdadera riqueza del hombrese realiza en las actividades libres del disposable time. La idea es clara y coherente. Los problemas surgencuando analizamos las relaciones del disposable time conla producción o el consumo. Disposable time es el tiempo del consumo, no del tra-bajo; es decir, por una parte el tiempo de disfrute quederiva del uso de bienes materiales, por otra el tiempodedicado a las actividades intelectuales libres que, requi-riendo medios ya producidos, pertenecen precisamente ala esfera del consumo (se le podría también denominar«consumo creativo»). No tomamos aquí en consideraciónlas necesidades puramente intelectuales, satisfechas du-rante el disposable time. Se plantea el problema de si aquellas actividades queMarx enmarca en el consumo, aun siendo condiciones ymomentos indispensables de la producción, deben ser de-sarrolladas durante el tiempo necessary o el disposable.:es el caso de la «satisfacción social de las necesidades»(por ejemplo, la enseñanza) o de la dirección de la pro-ducción. Parece natural que sean llevadas a cabo durante el ne-cessary time. La concepción descrita en los Grundrissecoincide con esa interpretación: no existiendo ya el tipode trabajo precedente, el control de la producción com-porta un tipo de actividad cualitativamente diferente ydado que el trabajo necesario ya no viene medido en fun-ción del tiempo de trabajo, toda actividad que posee unpapel en la producción es parte constitutiva del necessa-ry time. Pero si nos remitimos al volumen tercero de El 140
  • 136. Capital, la solución no es tan simple. En efecto, segúnesta última concepción el necessary time consiste en laejecución de trabajo simple. Para Marx la enseñanza o la dirección de la produc-ción no pueden ser considerados trabajos sencillos, ni,por consiguiente, pertenecer al sistema del «cambio» delos trabajos sencillos. Pero puede suponerse que algunosindividuos se dediquen a tales ocupaciones directivas o decontrol fuera de su trabajo necesario, y que su «actividadlibre» se manifieste precisamente en ello. Sin embargo,en tal caso un trabajo socialmente necesario sería parteintegrante del disposable time y no podría ser incluido enel tiempo de trabajo socialmente necesario. Podemos ima-ginar en efecto el cambio de trabajos en el seno del ne-cessary time, pero no se trataría de un intercambio entretrabajos simples, sino entre trabajos simples y comple-jos. ¿Dónde puede el hombre desarrollar la capacidad ne-cesaria para el trabajo de dirección? También en el neces-sary time, y así la teoría del «trabajo simple» se hundedefinitivamente dado que en los «cambios» de trabajo ladirección incumbe temporalmente a todos; cada uno de-bería poseer la capacidad de ejecutar procesos de traba-jo complejos y vería así reducirse notablemente la partede necessary time destinada al trabajo realmente produc-tivo. Por el contrario, en el caso de que los hombres desa-rrollasen esa capacidad durante el disposable time se vol-vería al problema anterior, a la contradicción. En efecto,es totalmente indiferente que los hombres durante sutiempo libre ejecuten trabajos simples o se preparen paratrabajos complejos: en cualquier caso una parte del tiem-po libre es «socialmente necesaria», y no resulta mensura-ble en «tiempo de trabajo socialmente necesario». El problema se hace todavía más grave si considera-mos la función de las ciencias naturales. La ciencia natu-ral constituye según Marx la máxima fuerza productiva;el trabajo científico es «trabajo general». Si la formaciónnecesaria para el trabajo científico y su ejecución perte-necen al necessary time (como sería obvio), se efectúacierta especialización, lo que contradice la concepción de 141
  • 137. El Capital no sólo en el sentido de que hombres diversosse especialicen en diferentes ramas de la ciencia, sinotambién en el sentido de que algunos hombres se espe-cializan en las ciencias (los unos llevan a cabo un trabajocomplejo, los otros uno simple). Una especialización enla que cada uno se apoderase de una determinada parce-la de las ciencias naturales y alternase su ejercicio conel trabajo simple, reduciría también drásticamente eltiempo destinado a la producción inmediata. Por el con-trario, si la formación en un campo de las ciencias na-turales forma parte de la esfera de las actividades libresdel disposable time, entonces es imposible de nuevo lamedida en tiempo de trabajo socialmente necesario. (Per-sonalmente puedo imaginar, en un futuro lejano, el mo-delo «cada uno experto en un campo», pero sólo me-diante el empleo del disposable time y con una forma dedeterminación del valor completamente distinta de la deltercer volumen de El Capital.) Podemos discutir ahora la interacción entre produc-ción y estructura de las necesidades en la sociedad de los«productores asociados». Dejamos dicho ya que por «sociedad de los produc-tores asociados» Marx entiende una estructura de las ne-cesidades radicalmente nueva. El papel primario corres-ponde aquí a la generalización de la necesidad de trabajo(en este punto la totalidad de la teoría o resiste o se hun-de) y, como vimos también, de la necesidad de plustra-bajo. Sabemos que el surgimiento de la necesidad de tra-bajo y su conversión en necesidad vital no poseen en Marxidéntico significado. En el capitalismo el trabajo consti-tuye una carga, porque a.) es ejecutado como consecuen-cia de presiones externas y está alienado, y b.) su natura-leza concreta no ofrece al hombre ninguna posibilidad deautorrealización: «Tiene razón, sin duda, [Adam Smith]en cuanto a que en las formas históricas del trabajo —co-mo trabajo esclavo, servil, asalariado— éste se presentasiempre como algo repulsivo, siempre como ‘trabajo for-zado, impuesto desde el exterior’, frente a lo cual el no 142
  • 138. trabajo aparece como “libertad y dicha”. Esto es doble-mente verdadero: lo es con relación a este trabajo anti-tético y, en conexión con ello, al trabajo al que aún no sele ha creado las condiciones, subjetivas y objetivas (...)para que el trabajo sea travail attractif, autorrealizacióndel individuo, lo que en modo alguno significa que seamera diversión (...) como concebía Fourier.»30 Comoejemplo, Marx se refiere a la composición musical, porconsiguiente, a un trabajo puramente intelectual. En los Grundrisse quedan satisfechas ambas condi-ciones.: la alienación es superada y el trabajo deviene tra-vail attractif. Dado que en la producción de bienes mate-riales deja de existir el trabajo en sentido tradicional,todo trabajo deviene esencialmente intelectual, se con-vierte en campo de autorrealización de la personalidadhumana. Con ello se convierte en una determinante (aun-que no la más determinante.) necesidad vital del hombrey viene a ocupar un papel dominante también en la es-tructura de las necesidades. Dentro de esa concepción ja-más puede surgir la pregunta acerca de «por qué» loshombres trabajan. En El Capital, por el contrario, se satisface una solacondición: deja de existir (bajo cualquier aspecto) la alie-nación del trabajo, pero éste no se convierte en travailattractif. En esa perspectiva el trabajo en la «sociedadde los productores asociados» no constituye una ocupa-ción libre. «En efecto, el reino de la libertad sólo empiezaallí donde termina el trabajo impuesto por la necesidad ypor la coacción de los fines externos; queda, pues, conforme a la naturaleza de la cosa, más allá de la órbita dela verdadera producción material. (...) La libertad, eneste terreno, sólo puede consistir en que el hombre so-cializado, los productores asociados, regulen racional-mente éste su intercambio de materias, con la naturaleza,lo pongan bajo su control común en Vez de dejarse do-minar por él como por un poder ciego, y lo lleven a cabocon el menor gasto posible de fuerzas y en las condicio- 30. MARX, Elementos fundamentales..., cit., vol. II, pp. 119–120. 143
  • 139. nes más adecuadas y más dignas de su naturaleza hu-mana. Pero, con todo ello, siempre seguirá siendo ésteun reino de la necesidad. Al otro lado de sus fronteras co-mienza el despliegue de las fuerzas humanas que se con-sidera como fin en sí, el verdadero reino de la libertad,que sin embargo sólo puede florecer tomando como baseaquel reino de la necesidad. La condición fundamentalpara ello es la reducción de la jornada de trabajo.»31 Son precisas aquí tres observaciones. En primer lugar,dado que según la exposición de El Capital sólo el tiempolibre representa el espacio para la actividad libre, Marxatribuye a la economía del tiempo, a la reducción deltiempo de trabajo necesario y a la racionalización de laproducción, aún mayor importancia que en los Grundris-se. Segundo, no siendo el trabajo travail attractif, nos po-demos preguntar por qué, para qué trabajan los hom-bres. En tercer lugar, quisiera subrayar que desde estepunto de vista el programa aparece tan utópico, aunqueexpuesto con mayor realismo, como el de los Grundrisse.:considero inconcebible tal abismo entre las actividadesdel trabajo y las actividades del tiempo libre. La hermosaimagen de los Grundrisse de un individuo activo en eltiempo libre que participa en la producción como otrohombre, pierde toda relevancia: la producción, en efecto,«no necesita» ser realizada por «otros» hombres másricos. La discusión nos podría llevar lejos de nuestro ver-dadero tema; volvamos por tanto a la segunda pregunta:¿por qué trabajan los hombres? Presuponiendo la es-tructura actual de las necesidades, únicamente podemosresponder recurriendo a la coerción general hacia el tra-bajo. Pero la «coerción al trabajo» caracteriza para Marxsólo un período de transición (la breve fase de la dicta-dura del proletariado), mientras que en la sociedad delos «productores asociados» únicamente la naturalezapuede obligar a los hombres a hacer algo: ningún hom-bre coarta a otro (siervo y señor son según Marx deter- 31. MARX, El Capital, cit., vol. III, p. 759. 144
  • 140. minaciones reflexivas.; no existe dominio sin esclavitud yviceversa). En la primera fase del comunismo (en la cuallos hombres participan de los productos conforme a sutrabajo) aparece naturalmente todavía una forma de coer-ción heredera del capitalismo: los hombres para podervivir deben trabajar. Pero cuando los hombres participande los bienes según sus necesidades y el tiempo de traba-jo del particular no está dividido en trabajo necesario yplustrabajo, también desaparece esa forma de coerción.Sin embargo, ¿por qué trabajan los hombres, pues? In-dudablemente, Marx en El Capital plantea asimismo unaestructura de necesidades radicalmente nueva que trans-forma a los hombres en otros, en hombres para los cua-les el «deber social» es motivación externa pero tambiéninterna.; incluso a este respecto necesidad (müssen.) y de-ber (sollen.) vienen a coincidir.32 Sólo en El Capital encontramos una concepción cohe-rente de la interacción entre necesidades materiales y pro-ducción: «Únicamente allí donde la producción se hallasujeta al control preestablecido de la sociedad, puede éstaestablecer la coordinación necesaria entre el volumen deltiempo de trabajo social invertido en la producción dedeterminados artículos y el volumen de la necesidad so-cial que estos artículos vienen a satisfacer.»33 Además:En segundo lugar, aún cuando desaparezca el régimen ca-pitalista de producción, siempre y cuando quede en pie laproducción social, seguirá predominando la determina-ción del valor, en el sentido de que la regulación deltiempo de trabajo y la distribución del trabajo socialentre los diferentes grupos de producción y, finalmente,la contabilidad acerca de todo esto, serán más esencialesque nunca.;»34 Y más adelante: «Trabajo sobrante, comotrabajo que excede de la medida de las necesidades da-das, existirá siempre, necesariamente. (...) Una determi- 32. Sólo puedo imaginar un modelo similar en una sociedadcompuesta de comunidades. A continuación veremos si Marx haconsiderado tal hipótesis. 33. Ibid., vol. III, p. 191. 34. Ibid., vol. III, p. 787. 145
  • 141. nada cantidad de trabajo sobrante será siempre necesa-ria para asegurarse contra los accidentes fortuitos y parahacer frente a la inevitable extensión progresiva del pro-ceso de reproducción que corresponde al desarrollo de lasnecesidades, y al aumento de la población y mediante unfondo que desde el punto de vista del capitalismo sedenomina acumulación.»35 ¿Cuál es, por consiguiente, según esa perspectiva larelación entre necesidades materiales y producción? La sociedad produce en proporción a las necesidadeseliminando la «casualidad» del mercado: en consecuen-cia, se puede evitar el «despilfarro» de bienes materialesy capacidades productivas que caracteriza al capitalismoen razón del hecho de que producción y necesidades seencuentran sólo en el mercado. ¿Cómo se obtiene la co-rrespondencia entre producción y necesidades? Los «pro-ductores asociados», según he dicho, medirán a.) las ne-cesidades, b.) el tiempo de trabajo disponible y fijarán c.)el tiempo de trabajo socialmente necesario para cada ac-tividad. Luego repartirán (y redistribuirán) las fuerzasproductivas entre las diversas ramas de la producción, te-niendo también en cuenta naturalmente la producción noinmediatamente útil para la satisfacción de necesidades(extensión de la producción, fondos de seguridad y —noson citadas aquí, pero aparecen en otros fragmentos—inversiones públicas, que satisfarán las necesidades úni-camente en un determinado período.). ¿Cuáles son las necesidades que deben ser medidas ypara las cuales se deberá producir? Son aquellas «verda-deras» necesidades «sociales» que se identifican con las«necesidades necesarias». Pero, ¿cómo pueden medirse las «verdaderas» necesi-dades «sociales»? Se acepta que las necesidades de losindividuos inmediatamente dirigidas al consumo son cua-litativa y cuantitativamente casi idénticas, por lo que esmuy sencillo ponerlas de relieve: con la ayuda de random 35. Ibid., vol. III, p. 758. He citado ya numerosos párrafosque abordan este problema; no los repito aquí. 146
  • 142. samples es posible fijar su calidad y cantidad. Hasta aquítodo funciona; pero el hombre de la sociedad comunista,a criterio de Marx, debe estar caracterizado sobre todopor el hecho de que sus necesidades, consideradas indivi-dualmente, serán diferentes —tanto en su aspecto cuali-tativo como cuantitativo— de las necesidades de los otros.Si ello es válido también para las necesidades materia-les, una cuantificación del tipo descrito en El Capital essimplemente absurda. Aunque se inventase un procedi-miento —por complejo que fuese— para su realización,puede afirmarse tranquilamente que tal «producción paralas necesidades» conduciría a un «despilfarro» de bienesmateriales y fuerzas productivas muy superior a aquél aque ha llevado, o puede llevar, la producción de mercan-cías (regulación de mercado). Como consecuencia de éstay otras indicaciones, se debería pensar que Marx no apli-ca la individualización de las necesidades al campo deaquellas dirigidas a bienes materiales; sólo se converti-rían en individuales (y cualitativamente diferentes) lostipos de necesidades no cuantificables, mientras que lasdemás (las verdaderas necesidades materiales) no lo ha-rían. Lo cual conduciría a una imagen del individuo ex-traordinariamente homogénea y casi uniforme —admiti-do que Marx considere que las necesidades materialesjueguen un papel decisivo en la estructura de las necesi-dades de los individuos. En realidad Marx piensa exacta-mente lo contrario; es decir, que para los miembros de lasociedad de los «productores asociados» las necesidadesmateriales ocupan, en la estructura misma de las necesi-dades, un papel subordinado. Sería posible de esta formael desarrollo del sistema de las necesidades individualesa pesar de su «igualdad» cualitativa y cuantitativa. La concepción analizada se fundamenta en necesida-des relativamente estáticas cuyo desarrollo, al menos porlo que afecta a las necesidades materiales, tiene lugarmuy lentamente; no tiene ni siquiera en cuenta el hechode que —como hemos dicho— también las necesidadespuramente cualitativas (eo ipso individuales) requieren 147
  • 143. una producción material con ulteriores dificultades de«determinación». Predomina aquí indudablemente cierta especie de igua-litarismo —por lo menos en el sentido corriente en la ac-tualidad de la palabra. Es importante subrayarlo porqueel igualitarismo no tiene enemigo más encarnizado que elpropio Marx. Considera éste que el concepto de igualdades inherente a la producción de mercancías, que constitu-ye incluso la «igualdad» realizada. Igualdad y desigual-dad son determinaciones de tipo reflexivo.: donde existeigualdad hay desigualdad y viceversa. La «igualdad» comoconsigna y como exigencia permanece en todo momentoen el horizonte de la sociedad burguesa; se abstrae de launicidad del individuo y cuantifica lo cualitativamente di-verso. En la sociedad que promueve la riqueza de la in-dividualidad —en la sociedad comunista— no se realizala «igualdad»: igualdad y desigualdad en su determina-ción reflexiva se convierten en irrelevantes y carentes desentido. Con el propósito de demostrar cómo esa idea seencuentra constantemente presente en el pensamiento deMarx cito dos párrafos: uno de una obra temprana y elotro de un trabajo tardío. En La Sagrada Familia Marxescribe: «Proudhon no ha logrado dar a esta idea el desa-rrollo adecuado. La idea de la posesión ‘igualitaria’ expre-sa, a la manera de la economía política, que el ‘objeto’como ‘ser objetivo del hombre’ es, al mismo tiempo, ‘laexistencia del hombre para el otro hombre, su relaciónhumana con otro hombre, la relación social del hombreotm el hombre’.»36 La idea de la «posesión igualitaria» espor consiguiente la expresión alienada (en el horizontela sociedad burguesa y según su terminología) del finM, es decir, de la superación de las relaciones aliena-das. En la Crítica del Programa de Gotha Marx no atacael concepto de posesión igualitaria sino el de derechoigualitario (el derecho igualitario, como sabemos, subsis-tirá en la primera fase del comunismo que por ello cons-tituirá todavía —a este respecto— una sociedad burgue- 36. MARX, ENGELS, La Sagrada Familia, cit., p. 58. 148
  • 144. sa.): «Ese derecho ‘igualitario (...) en el fondo es, por tan-to, como todo derecho, el derecho de la desigualdad’.»37La igualdad es «abstracción» porque sólo tiene en cuentaal hombre como trabajador. Al mismo tiempo, se abstraetambién de las necesidades efectivas de los individuosparticulares, puesto que les adjudica porciones iguales deriqueza social por igual trabajo (sean cuales fueren susnecesidades). La distribución según las necesidades, con-trariamente a la distribución según el trabajo, superatanto la igualdad como la desigualdad.38 Según la Crítica del Programa de Gotha, en la segun-da fase del comunismo no existe ningún valor ni el tra-bajo queda reducido a trabajo simple.: al propio tiempoMarx supone una extraordinaria riqueza de bienes. Pre-cisamente por ello no hay lugar para lo que hemos deno-minado el aspecto «igualitario» del comunismo. No suce-de así en El Capital donde nos encontramos respecto delos bienes materiales con un «modelo de saturación». Peropara Marx (ese «igualitarismo» no es en absoluto idénticoa la igualdad de la producción de mercancías (de la po-sesión y del derecho): se trata más bien de la igualdadrelativa de necesidades efectivas que remiten a bienes ma-teriales. Las cuales, como sabemos, sólo aparecen limi-tadas por otras necesidades (de rango superior) de los in-dividuos. Nosotros mismos no podemos imaginar una or-denación social en que las necesidades de bienes materia-les sean susceptibles de saturación de un modo relativa-mente simple y homogéneo y donde la individualidad delas necesidades se desarrolle exclusivamente con respectoa las necesidades no materiales. En la actualidad deno-minamos a esa concepción «igualitaria». Con ello no que-remos poner en duda que no lo fuese a los ojos de Marxy que él relacionase este modelo no con la «igualdad»sino con la completa reestructuración del sistema de ne-cesidades. En qué medida Marx contaba con la reestructuración 37. MARX, Crítica del Programa de Gotha, cit., p. 16. 38. Cfr., ibid., p. 16. 149
  • 145. del sistema de necesidades aparece también claramenteen dos observaciones de los Grundrisse (en su madurezMarx consideraba la reestructuración como una conditiosine qua non.; sobre este punto no existe diferencia entreEl Capital y los Grundrisse.). Acerca de los trabajadoresen el capitalismo escribe Marx: «El desmedido agotamien-to de sus energías (...) los induce a hábitos de inmodera-ción y los vuelve desmañados para el pensamiento o lareflexión. No pueden tener diversiones físicas, intelectua-les o morales, exceptuando las de peor especie...»39 Lainmoderación se sigue del hecho de que en el trabajadorno puede desarrollarse ninguna capacidad de diversiónfísica, intelectual o moral. En la «sociedad de los produc-tores asociados», en la cual, por el contrario, apareceexaltada esa capacidad (necesidades cualitativas), cesa asi-mismo la «inmoderación». En otro párrafo expone Marxel problema refiriéndolo al conjunto social; si la sociedadha alcanzado un cierto grado de riqueza (material), en-tonces: «...la sociedad puede esperar.; (...) una gran partede la riqueza ya creada puede desviarla tanto del disfru-te inmediato como de la producción destinada al disfruteinmediato...»40 Repetimos una vez más que con respectoa las necesidades materiales Marx actúa con un modeloque se aproxima al de «saturación» —al menos en el aná-lisis del período sucesivo a la consecución de un deter-minado estadio de riqueza material. En este punto se plantea la siguiente pregunta: ¿quiéndispone el reparto de las capacidades productivas? ¿Quiéndecide cuánto tiempo debe «corresponder» a la produc-ción de los bienes que sirven para el «disfrute» inmedia-to? La respuesta de Marx es cada uno (por ello pre-cisamente habla de «individuos asociados»). Pero ¿cómopuede disponer? A esa pregunta Marx no responde, pues-to que no se le ha planteado. Para nosotros, por el con-trario, en nuestra época, la pregunta ha alcanzado quizásuna importancia decisiva. La elaboración de los modelos 39. MARX, Elementos fundamentales..., cit., vol. II, p. 239. 40. Ibid., vol. II, p. 230. 150
  • 146. relativos es por consiguiente la cuestión central del mar-xismo contemporáneo.41 Tampoco por casualidad Marx no se plantea la pregun-ta sobre «cómo se debe disponer el reparto de las espe-cialidades productivas». Hemos dicho que para él en lasociedad futura la categoría de interés resultará irrele-vante; por tanto no existirán intereses de grupos ni con-traste de intereses. El único interés común de todo miem-bro de la sociedad, además de la satisfacción de las ne-cesidades necesarias (que jugará un papel subordinadoen la estructura de las necesidades, será la reducción deltiempo de trabajo, sólo posible mediante la máxima ra-cionalización convertida en aspiración común de todoslos hombres. En consecuencia, también la forma de dis-poner será completamente indiferente. Tanto si las deci-siones tienen lugar por medio de un referéndum o a tra-vés de representantes que se suceden, cada individuo ex-presa las necesidades de todos los demás individuos y nopuede ser de otra manera. También a este respecto en elhombre «socializado» el género humano y el individuo re-presentan una unidad realizada. Cada individuo represen-ta al género y el género se trasluce en cada individuo. Lasnecesidades de los hombres «socializados» determinan laproducción y ello significa que quien dispone es el génerohumano mismo. Por expresarnos hegelianamente, en la sociedad mar-xiana de los «productores asociados» la esfera del «espí-ritu objetivo» desaparece. No encontramos en ella ni sis-tema de derecho ni instituciones o política. Incluso lo quepermanece de la esfera del «espíritu objetivo» de las so-ciedades clasistas viene transferido a la esfera del «espí-ritu absoluto», dado que en efecto no resultan «confor-mes al género para sí» únicamente aquellas actividades yobjetivaciones que ya existían en las sociedades clasistas(aunque de forma alienada) como el arte o la filosofía.También la moral y las relaciones humanas devienen con-formes al género para sí. Continuando con la analogía he- 41. O al menos debería ser así. 151
  • 147. geliana, el «espíritu del mundo» no sólo se reconoceráen el arte y en la filosofía, sino en cualquier relación hu-mana, y por consiguiente cada individuo será representan-te de la conformidad con respecto al género hecha cons-ciente y realizada, y así, reconociendo en todo hombre elmismo carácter, se situará como tal en relación con aquel.Todo esto está muy bien expresado en La Sagrada Fami-lia, donde Marx habla de la moral del futuro: «Ya Platónhabía comprendido que la ley debe ser exclusiva y ‘abs-traerse’ de toda individualidad. Por el contrario, en con-diciones ‘humanas’ la pena no será en realidad más quela condena del culpable por sí mismo. No se querrá con-vencerle que una ‘violencia’ que se le hace desde el ‘exte-rior’, es una violencia que él mismo se aplica. Más bien,los demás hombres serán a sus ojos salvadores naturalesque le liberan de la pena que habrá pronunciado contrasí mismo. En otros términos, la situación estará completa-mente invertida.»42 En un experimento intelectual Kantimaginó la «sociedad ideal» como aquella en la cual loshombres sellan el pacto de proceder según el imperativocategórico Desde el punto de vista de su filosofía se tra-ta, en efecto, de una contradicción: en el caso de un«pacto» la moral se transforma en legalidad. Por el con-trario, a los ojos de Marx el mismo modelo —al menosdesde la vertiente filosófica— aparece sin ninguna contra-dicción. Si cada individuo representa la conformidad algénero para sí, toda necesidad suya (en este caso la nece-sidad moral) aparece tratada a ese nivel: puede castigar-se cuando su particularidad transgrede aquella confor-midad. El conflicto entre moral y legalidad, mediante ladesaparición de la oposición, del ser opuesto de moral ylegalidad (que para Marx se encuentra tan sólo en la so-ciedad clasista, en la alienación), es así superado. La desaparición de la legalidad y de las demás insti-tuciones no implica la simple desaparición de las objeti-vaciones. Al contrario. Sólo en el comunismo (en la su-peración positiva de la propiedad privada) se plantea la 42. MARX, ENGELS, La Sagrada Familia, cit., p. 205. 152
  • 148. posesión individual en sus justos términos. Recuérdese:las necesidades van dirigidas en todo momento a objetos.Excluida la esfera de la producción que es en sí y para sí,tales objetivaciones son todas ellas para sí. Dado que yano podemos hablar de necesidades materiales, sino sólode necesidades «que están fuera», toda objetivación per-tenece al reino del «espíritu absoluto». Las necesidadesno materiales están por consiguiente dirigidas todas ellasal «espíritu absoluto», a sus objetivaciones, a sus objetosy a su disposición. Precisamente por ello, en la «sociedad de los producto-res asociados» la necesidad de «tiempo libre», de «tiem-po para el ocio», juega un papel tan determinante en elsistema de necesidades.43 Además, entre las actividadesdel tiempo libre, la actividad artística representa un papeldecisivo, como se desprende en particular de los escritosde los períodos más creativos de Marx. La actividad ar-tística, que genera y remite a objetivaciones «para sí» yaen el ámbito de la sociedad clasista, constituye el ejem-plo más sencillo e ilustrativo de lo que interesa a Marx:la necesidad de objetivaciones para sí conformes al géne-ro constituye la verdadera necesidad humana de los miem-bros de la «sociedad de los productores asociados». Las necesidades de objetivaciones (u objetos) para síson necesidades puramente cualitativas, no cuantifica-bles; además son siempre necesidades–fin. Nos referimosa la formulación del volumen tercero de El Capital.: másallá de la producción «...comienza el despliegue de lasfuerzas humanas que se considera como fin en sí, el ver-dadero reino de la libertad.».44 En las actividades dirigidasa objetivaciones para sí se desarrolla la verdadera riquezadel hombre, una universalidad y capacidad que satisface 43. «Tiempo para el ocio» no es sinónimo precisamente de«tiempo libre». Este último se puede interpretar como conceptonegativo (libertad de trabajo). Para Marx, por el contrario, eltiempo libre es «tiempo para el ocio», una categoría inequívoca-mente positiva que indica el tiempo empleado en actividades pro-piamente humanas, más elevadas, en las actividades libres. 44. MARX, El Capital, cit., vol. III, p. 759. 153
  • 149. necesidades cualitativamente diferentes y no cuantifica-bles: «Wealth is disposable time and nothing more.»45 El objeto para sí de las necesidades puede ser, segúndijimos, no sólo una objetivación, sino también el otrohombre. Recuérdense los Manuscritos de economía y filo-sofía.: a través de sus relaciones humanas el hombre socia-lizado realiza cualidades cada vez nuevas que se planteancomo fin; el hombre rico es el hombre rico en relacioneshumanas. Surge aquí otra pregunta: ¿la necesidad delhombre es también al mismo tiempo la necesidad de lacomunidad.? La pregunta es significativa no sólo para el sistemade necesidades sino también para todo el modelo social.Hemos visto que en la visión marxiana de la «sociedad delos productores asociados» no hay lugar para el «espírituobjetivo», para el sistema de las instituciones, ¿pero nosignifica esto quizás que no hay lugar para la integraciónhumana.? Para Marx la comunidad (incluso pequeña) sólo tienevalor y es relevante cuando se manifiesta como forma in-mediata del fenómeno de la conformidad con respecto algénero para sí, cuando constituye una objetivación con-forme al género. No existe ningún interés, ni tampococontraste de intereses: la comunidad, al igual que el in-dividuo, sólo puede ser una expresión inmediata de aque-lla conformidad. En el joven Marx la comunidad y la necesidad de co-munidad aparecen indudablemente como uno de los mo-tivos conductores. Recuérdense sus consideraciones sobrelas reuniones de los obreros comunistas: «Pero al mismotiempo adquieren con ello una nueva necesidad, la nece-sidad de la sociedad, y lo que parecía medio se ha con-vertido en fin.»46 En la misma obra afirma también: «...laactividad ‘comunitaria’ y el goce ‘comunitario’, es decir, laactividad y el goce que se exteriorizan y afirman inmedia- 45. Citado del folleto Source and Remedy, en MARX, MEW, 26,3, ref. 46. MARX, Manuscritos de economía y filosofía, cit., p. 165. 154
  • 150. tamente en ‘real sociedad’ con otros hombres, se realiza-rán donde quiera que aquella expresión ‘inmediata’ de lasociabilidad se funde en la esencia de su ser y se adecúe asu naturaleza».47 O bien: «Igualmente, los sentidos y elgoce de los otros hombres se han convertido en mi ‘propia’apropiación. Además de estos órganos inmediatos se cons-tituyen así órganos ‘sociales’, en la ‘forma’ de la sociedad;así, por ejemplo, la actividad inmediatamente en sociedadcon otros, etc., se convierte en un órgano de mi ‘manifes-tación vital’ y un modo de apropiación de la vida ‘huma-na’.»48 La «consciencia universal», la reflexión, la filosofía,la teoría y el pensamiento deben radicarse en este ser co-munitario, y no «penetrar en las masas» tan sólo en unsegundo momento. «Mi consciencia ‘general’ es sólo laforma ‘teórica’ de aquello cuya forma viva es la comuni-dad ‘real’, el ser social, en tanto que hoy en día la concien-cia ‘general’ es una abstracción de la vida real y como talse le enfrenta.»49 Por ello he podido sostener antes que enopinión de Marx en el comunismo no dejará de existircualquier filosofía, sino sólo aquella que contrapone loparticular a lo que es conforme al género, la esencia al fe-nómeno, esto es, aquella filosofía que se fundamenta envalores realizados. Parece más bien que deja de existir laciencia social. Ya no cabrá, en efecto, ningún fetichismo;en la sociedad esencia y fenómeno serán equivalentes, porlo cual la ciencia social que existe en virtud del contrasteentre esencia y fenómeno (contraste que provoca su mis-mo surgimiento) será para Marx efectivamente superflua.La idea de la comunidad y de la necesidad de la socie-dad, justamente central en las obras juveniles, pasa, porasí decirlo, a segundo plano en las obras posteriores. Po-demos observar diversos motivos de ello. Uno de losmás importantes es la crítica que atañe a las comunida-des de las sociedades naturales y sus «limitaciones». Encualquier caso, donde Marx habla de comunidad —inclu- 47. Ibid., p. 146. 48. Ibid., p. 149. 49. Ibid., p. 146. 155
  • 151. so en las obras juveniles— piensa siempre en algo distin-to de las «comunidades naturales». Concibe las comuni-dades del futuro como comunidades libremente elegidasde individuos que se unen, como relaciones «puramentesociales», como una consecuencia del retroceso de los lí-mites naturales. Pero dedicándose cada vez más intensa-mente al análisis del desarrollo capitalista como desarro-llo alienado, Marx da mayor énfasis al rasgo positivo queha producido el capitalismo disolviendo las comunida-des. Podemos pensar también con razón en otro factor,a saber, que la presencia de comunidades en la sociedadfutura resulta a Marx tan obvia que no advierte la necesi-dad de discutirla por separado. Muy a menudo cita la so-ciedad del futuro como «¡sociedad de socios!». Además,si la presencia de la «comunidad» y la «necesidad de co-munidad» pasan efectivamente a segundo plano, en los es-casos párrafos donde habla de ello se manifiestan comoperspectivas «naturales». Así por ejemplo en el volumentercero de El Capital, analizando cuáles puedan ser en elpresente las raíces del futuro, habla de las fábricas–coo-perativas de Owen: «Las fábricas cooperativas de los pro-pios obreros son, dentro de la vieja forma, el primer signode ruptura de la vieja forma, (...). Hay que considerar lasempresas capitalistas por acciones, al igual que las fábri-cas cooperativas, como formas de transición del modo deproducción capitalista al asociado, con la iónica diferen-cia de que en las primeras el antagonismo ha sido elimi-nado de un modo negativo, y en las segundas de un modopositivo.»50 En 1881, en el borrador de la carta a Vera Za-sulic, Marx se expresa de un modo todavía más general einequívoco. La comunidad rural rusa «...lo encuentra [alcapitalismo] en un estado de crisis que concluirá sola-mente con su eliminación y con el retorno de las socie-dades modernas al tipo “arcaico” de la propiedad común,forma en la que —como dice un autor americano—51 (...)el sistema nuevo”, el que tiene la sociedad moderna, 50. MARX, El Capital, cit., vol. III. 51. Alusión a L. H. Morgan. 156
  • 152. “será un renacimiento (a revival.) en una forma superior(in a superior form.) de un tipo social arcaico”».52 (No hayque dejarse intimidar por el término «arcaico».) Ade-más, discutiendo aquellos puntos en los cuales las comu-nidades del futuro se distinguirán de las efectivamentearcaicas, se refiere en primer lugar al hecho de que lasprimeras no se fundamentan en vínculos de sangre. Sinembargo, esta actitud no se diferencia en nada de la po-sición sostenida por Engels en el artículo de 1845, Des-cripción de las colonias comunistas surgidas en los últi-mos tiempos y que todavía subsisten,53 en el que describeentusiásticamente las comunas religiosas de los EstadosUnidos y pronostica el auge inminente de esa forma so-cial. Marx se angustiaba por la disolución de las comuni-dades existentes en cuanto las reconocía y apreciaba comoembriones de la forma de relación (o integración) des-tinada a devenir universal en el comunismo. A criterio de Marx la vida cotidiana del hombre de lasociedad futura no está construida en torno al trabajoproductivo, que incluso ocupa en ella un lugar subordi-nado. Por el contrario, el núcleo de organización lo re-presentarán aquellas actividades y relaciones humanasque son conformes al género para sí. Las necesidades di-rigidas a ellas (las necesidades–fin cualitativas) serán lasnecesidades primarias del hombre, constituirán su indi-vidualidad única y limitarán también las necesidades debienes materiales. De este modo se constituye la perso-nalidad «profunda» y rica en necesidades. Marx consideraba ese cambio de la estructura de ne-cesidades como «natural» y «obvio», infravalorando deeste modo los conflictos. Por ello quiero insistir en quesi bien el cambio del ser es considerado como determi-nante, se encuentran en él no pocos momentos ilustrados.Sin embargo, aunque en el modelo «puro» de Marx se 52. MARX, Carta a Vera Zasulic en MARX, ENGELS, Sobre elmodo de producción asiático, a cargo de M. Godelier, cit., p. 179. 53. ENGELS, Beschreibung der in neuer Zeit entstandenen undnoch bestehenden kommunistischen Ansiedlungen, en MARX, EN-GELS, Werke, Dietz Verlag, Berlin, 1970, vol. II, pp. 521–522. 157
  • 153. buscarían en vano los conflictos y los problemas actualesde la transición —tan importantes para nosotros—, nopierde su significado decisivo. Engels ha hablado orgullosamente de la evolución delsocialismo de la utopía a la ciencia. Hoy no puede negarseque esa ciencia contiene no pocos elementos utópicos.Pero como ha escrito Ernst Bloch, existen utopías pro-ductivas e improductivas. Aquello que en las ideas deMarx sobre la «sociedad de los productores asociados»y acerca del sistema de necesidades de los individuos aso-ciados es en tantos aspectos utópico si lo referimos anuestro presente y a nuestras posibilidades de acción, nopor ello es menos productivo.: instituye una norma conla que podemos medir la realidad de nuestras ideas y suvalor, mediante la que podemos determinar la limitaciónde nuestras acciones: expresa la más bella aspiración dela humanidad madura, aspiración que pertenece a nues-tro ser. 158
  • 154. APÉNDICE
  • 155. Teoría, praxis y necesidades humanas La teoría y la praxis son inherentes de un modo cons-titutivo a una misma unidad productiva y social (estruc-tura). Esto explica por qué teoría y praxis de sociedadesdistintas no sólo difieren entre sí por su contenido sinotambién por el modo en que actúan recíprocamente y,en consecuencia, por la función que cumple la teoría enlas diferentes sociedades. En numerosas organizacionessociales no se ha producido en absoluto separación algu-na entre teoría y praxis, y ambas desarrollan su cometi-do de reproducción social de manera integral e indife-renciada (incluso las denominadas sociedades «primiti-vas» del siglo XX son utilizables a título de ejemplo). Demodo análogo, desde el punto de vista de nuestro proble-ma, no podemos identificar la alta edad media con la so-ciedad burguesa. En el primer caso, el cristianismo nosólo constituyó una ideología homogénea, sino que pe-netró e influyó en la praxis cotidiana de los hombres de-sarrollando sus objetivos generales en el marco y en ellenguaje de su ideología hegemónica. El problema generalde la relación entre praxis y teoría no ha emergido en es-tadios previos a la aparición de la sociedad burguesa. Silo ha hecho, se ha tratado en todo momento de compren-der por qué personas o grupos de personas no actuabanconforme a sus principios. Ese tipo de confrontación mo-ral no posee, sin embargo, ningún peso para el problemaque nos ocupa o, como máximo, constituye tan sólo unaspecto secundario. El problema general de la relación entre teoría y pra-xis es un problema particular de la sociedad burguesa,un producto de su estructura y una manifestación deella. De este modo, precisamente cuando el problema que-da planteado en su forma más general, debemos tener 161
  • 156. bien claro que estamos afrontando un problema particu-lar, surgido en la historia moderna y ligado previsible-mente a un período histórico definido, por largo e im-portante que este sea. Quisiera aclarar, a título introductorio y restrictivo,que en el curso de mi argumentación no tendré en cuen-ta la relación de teoría y praxis en las ciencias naturales,si bien su historia, a partir de Galileo, constituye un mo-mento orgánico del mencionado proceso. En las páginasque siguen limitaré mi análisis exclusivamente a la rela-ción entre teoría y praxis sociales. El análisis teórico de esa relación constituye en sí mis-mo la consecuencia y la manifestación de la división deltrabajo y de la producción de mercancías en la sociedadburguesa. La formación de la intelligentsia, un estratosocial particular cuya tarea es la de «producir» teorías,ha estado condicionada por la división del trabajo. Lasfuerzas sociales que crean las teorías y aquellos que lasutilizan se han separado. Lo cual es cierto incluso en elcaso en que el teórico social represente directamente losintereses de una clase determinada, dado que en la so-ciedad burguesa la creación y la recepción de las teoríasse identifica casi totalmente con la estructura de la pro-ducción de mercancías. Tanto si manifiestan directamen-te los intereses de una clase determinada como si no, lasteorías pasan en cualquier caso por el mercado. El he-cho de que no todos los productos llegan al mercado paraser cambiados es tan obvio que no es necesario siquieraanalizarlo detalladamente. Su discusión es aún más su-perflua puesto que en el segundo caso, teniendo en cuen-ta la estructura de la sociedad burguesa, el producto teó-rico no posee ni siquiera la posibilidad de verse trans-formado en práctica. En consecuencia, descartamos eseaspecto desde la perspectiva del problema con que nosenfrentamos. La forma principal a través de la cual lateoría llega al mercado es la publicación. Es éste el modoen que la teoría se hace disponible y puede atraer al con-sumidor. Formas secundarias son las campañas de pro-paganda, mediadas bien por el contacto personal o, como 162
  • 157. sucede cada vez más a menudo, por los mass–media, e in-cluso por ambos. En los sistemas de mercado libre lateoría llega libremente al mercado, donde se la puedetomar o dejar: los hombres la utilizan o la ignoran segúnsus necesidades. Por supuesto, bajo las condiciones de unmercado manipulado, también la libre concurrencia delas teorías debe soportar restricciones y modificaciones.La mayor parte de las teorías puestas en circulación enel mercado se adecua inmediatamente a un modelo enfunción de las exigencias de manipulación de la opiniónpública en una vertiente establecida de antemano. Másdetalladamente, la estructura social de la sociedad bur-guesa obliga inevitablemente a las teorías revolucionariasque se oponen al sistema a adaptarse a las modalidadesdel intercambio de mercancías. La conocida afirmaciónde Marx, según la cual la teoría que penetra en las masasse convierte en una fuerza material, presupone —al me-nos desde un punto de partida abstracto— la existenciade masas influenciadas por la ideología de la clase domi-nante, por un lado, y una teoría revolucionaria sin masas,por otro. Así pues, el teórico social (es indiferente que se tratede un economista, un filósofo o un sociólogo) es aquelque ofrece su teoría en el mercado obedeciendo las re-glas de la usual división del trabajo. Desde el momentoen que operamos con un modelo abstracto podemos po-ner entre paréntesis la variedad de los motivos y supo-ner que todos estos «operarios teóricos» aparecen en elmercado con sus productos teóricos porque consideranverdaderos las ideologías y los puntos de vista expresa-dos en sus teorías. Esto es, suponemos que no han sidoimpulsados a vender sus teorías simplemente por el de-seo de ganar dinero o prestigio social, sino más bien queellos intentan influir sobre la sociedad, in toto o parcial-mente, mediante la circulación y la aceptación de susideas, empujar —en otras palabras— la sociedad en unadirección considerada preferible. En efecto, en la mayorparte de los casos eso no es cierto, pero analizando el pro-blema general de la relación entre praxis y teoría, la 163
  • 158. omisión de los motivos personales y egoístas queda jus-tificada. Llegados a este punto el problema consiste endeterminar la identidad de los «compradores» de esa mer-cancía, de qué modo la hacen suya y los motivos que losimpulsan a la adquisición. Es universalmente conocido que la aceptación de de-terminadas ideas, aunque asuma proporciones de masa,no implica en absoluto que la teoría consiga transfor-marse en praxis. La mayoría de quienes se adhieren a unateoría no son otra cosa que consumidores que consumenuna teoría de igual manera que consumen un dentífrico.Tal modo de consumir se resuelve en la denominada «cul-tura general», condición sin la cual no se puede pertene-cer a una determinada capa social, del mismo modo queel uso de una determinada marca de dentífrico. El puroy simple nivel de consumo puede desarrollar —por su-puesto— una función indicativa, esto es, puede indicaraquellas teorías que en un cierto estrato social han em-prendido el camino que conduce a su transformación enpraxis. Sin embargo, cuanto más manipulado se convier-te el sistema de mercado, tanto menos fiables son las in-dicaciones de este tipo. Dado que aquí analizo la teoría desde la perspectivade la praxis, debo omitir todos aquellos «compradores»que son simples consumidores en el sentido definido an-teriormente. Por consiguiente debo limitar mi investiga-ción a quienes adquieren productos teóricos en funciónde un determinado tipo de praxis social, e investigar susmotivaciones y los modos mediante los cuales transfor-man la teoría en praxis. No obstante, esta investigación presupone una defini-ción previa de la praxis y de la eficacia práctica de lateoría. Es posible operar con una definición muy ampliadel concepto de praxis, incluyendo en ella todo tipo deactividad social y, en última instancia, la actividad hu-mana en general. Esta definición lógica no es utilizable,sin embargo, en el análisis de la relación que vincula lapraxis a la teoría. Si partimos de una definición de praxistan amplia, todas las actividades teóricas deben ser con– 164
  • 159. sideradas al mismo tiempo actividades prácticas, perdien-do así su diferencia específica. Este es el motivo por el que debemos buscar una de-finición más restringida del concepto de praxis, aunqueno se niegue de ninguna manera que el concepto ontoló-gico general de praxis sea utilizable en ciertos contextos.Pero llegados a este punto nos encontramos frente a unanueva fuente de dificultades, esto es, al problema de laimposibilidad de formular una única definición universaly comprensiva en cuanto que las modalidades de la pra-xis, en el sentido específico del término, sólo son suscep-tibles de interpretación mediante la relación que las unea sus correspondientes tipos de teoría. En el desarrollo del análisis no tomaré en considera-ción aquellas ideologías que expresan directamente unaapología de la sociedad burguesa ni tampoco la praxiscorrespondiente de «mantenimiento en vida» de la socie-dad existente. Tales ideologías no las considero teoríasaunque aspiran a serlo. En cuanto manifestaciones direc-tas de la falsa consciencia, pueden ser descritas comopseudoteorías, así como la praxis correspondiente de«mantenimiento en vida» constituye sólo un tipo de pseu-dopraxis. Los diversos tipos de praxis —y las diversas especiesde teoría correspondientes— difieren el uno del otro se-gún lleven a cabo sus fines con o sin una acción de masas,o al menos según se orienten o no hacia una acción demasas; y por último a tenor del tipo de acción de masas.Bajo ese aspecto el denominado problema de los «me-dios» —el primero de ellos el uso o no de la violencia—no posee, en mi opinión, una importancia decisiva. Estoyconvencida de que si anteponemos este problema a todoslos demás, el análisis de la diferencia real entre los di-versos tipos de teoría y de praxis se hace imposible. Ensu abstracción, el problema de si el uso de la violenciaestá justificado o es injustificable, admisible o inadmisi-ble, me parece totalmente estéril. El dilema sólo puedeser resuelto concretamente, desde el punto de vista de losfines de una determinada praxis, desde la perspectiva del 165
  • 160. carácter de un determinado movimiento social y de lasituación concreta. Un determinado tipo de teoría y depraxis contiene implícitamente siempre los medios ade-cuados a cada situación concreta. El uso o el rechazo dela violencia sólo puede ser justificado inquiriendo si enel caso concreto, y no en general, su empleo es o no nece-sario para llevar a cabo los objetivos del movimiento queconduce a una determinada praxis, esto es, preguntándo-se si su uso anula los fines del movimiento condicionán-dolo hacia su disolución o empujándolo en una direc-ción contraria a sus intenciones originarias. Repito: des-de el punto de vista de la clasificación de los diversos ti-pos de praxis considero los objetivos y el carácter de losdiversos movimientos sociales como la base real de dis-criminación. De este modo podemos distinguir los si-guientes tipos de praxis. a.) La denominada «reforma parcial», esto es, un tipode actividad que se propone la transformación de secto-res particulares, instituciones o relaciones de la sociedad.En este caso la intención originaria la constituye la refor-ma parcial misma, la cual no trasciende las premisas dela sociedad dada. Teorías y praxis reformistas de estetipo pueden estar dirigidas hacia las esferas más diversas,por ejemplo, hacia el sistema económico, el político, ellegislativo o el educativo. La teoría de las reformas par-ciales es elaborada la mayoría de las veces por los pro-pios expertos del sector interesado, aunque no exclusi-vamente por ellos. Las reformas parciales van precedidaspor lo general de campañas de «sensibilización» de la opi-nión pública que es así dirigida críticamente contra lasinstituciones obsoletas. En estos casos de reformas par-ciales, la base de masas de la praxis puede ser muy sutil,restringida en ocasiones a la actividad de los expertos, sibien la situación es distinta en la mayor parte de los ca-sos. Cuanto más potente se manifiesta la resistencia con-tra una reforma parcial, tanto más intensa es la partici-pación de las masas, ya sea ejerciendo «presión», ya seaparticipando directamente en la realización de la refor- 166
  • 161. ma (repárese en la institución del divorcio en Italia). Sinembargo, en esos casos las acciones de masas son efíme-ras y entran en reflujo rápidamente después de la reali-zación de la reforma. Los movimientos que apuntan a lasreformas parciales pueden convertirse fácilmente en ve-hículos para la manipulación (aunque ello no entraba enlas intenciones de sus promotores) simplemente por elhecho de que canalizando la oposición al sistema socialexistente hacia la reforma de las particulares y parcialesinstituciones concretas, crean la apariencia de transfor-mabilidad de un determinado orden social. b.) La «reforma general». Este segundo tipo de pra-xis se propone la transformación de toda la sociedad pormedio de reformas parciales. Los teóricos de los movi-mientos de reforma general están caracterizados por unaactitud crítica hacia la totalidad del sistema social domi-nante. Éstos no son expertos o no actúan como tales; sonmás bien los líderes del movimiento o se dirigen al me-nos a todo el conjunto del movimiento social. Los mo-vimientos para la reforma general son idealmente movi-mientos organizados con una amplia base de masas y nodejan de existir después de la realización de una reformaparcial, sino que permanecen constantemente en acción.Los ejemplos más típicos de este tipo de praxis son lospartidos socialdemócratas hasta 1914. c.) El tercer tipo de praxis se realiza en los movi-mientos políticos revolucionarios. Su objetivo es la trans-formación radical de toda la sociedad y el momento deci-sivo de su programa lo constituye la conquista del poderpolítico. Este puede ser considerado su objetivo final, sibien para la mayor parte de las ideologías de los movi-mientos políticos revolucionarios la conquista del poderpolítico constituye solamente el punto de partida. La basede masas de los movimientos políticos revolucionariospuede ser de las más diversas dimensiones. Si es restrin-gida desde el principio, las posibilidades de victoria sonescasas, como en el caso de los grupos de conspiradores 167
  • 162. blanquistas. La fuerza que guía al movimiento consisteinvariablemente en una minoría, una élite revolucionariapronta siempre para la acción, preparada para corrercualquier riesgo, y que goza del apoyo activo de las ma-sas. Sin embargo, a partir del momento de la victoria, sedesarrolla un movimiento de «reflujo»: la actividad delas masas decrece hasta que éstas se vuelven totalmentepasivas. Tal es el curso de todas las revoluciones políti-cas maduradas en el ámbito de la sociedad burguesa (ylas revoluciones políticas sólo maduran en el ámbito deesta sociedad.). El ejemplo clásico más puro de revolu-ción política es la Revolución Francesa. Para interpretar esa dinámica debo referirme a la fa-mosa formulación de Marx referente a la escisión delhombre en bourgeois y en citoyen en la sociedad capita-lista. La «existencia natural» del hombre en la sociedadcapitalista es la de bourgeois, la de persona particularprivada que lucha por su interés. Esa es evidentementeuna existencia alienada, desde el momento en que la per-sona particular privada renuncia, entre otros, al derechode participar activamente en la transformación de la so-ciedad. La existencia del citoyen no es menos alienada, encuanto que para él la actividad en la esfera política estáestrictamente separada de la vida cotidiana, sobre todode la de los otros, además de la propia. En la orientaciónhacia la revolución política y en la praxis consiguiente,esa dicotomía entre bourgeois y citoyen no desaparece;el modo de vida tradicional de la mayoría del pueblo per-manece inalterado. Por tanto, no es extraño que despuésde la conquista del poder político la base de masas dis-minuya progresivamente hasta desaparecer del todo. Lamayoría de la población vuelve a la vida del bourgeois(en el sentido del individuo particular privado) y una mi-noría se fosiliza en la existencia alienada del citoyen. Ci-tando a Engels: el reino de la razón se transforma en elreino de la burguesía. d.) El cuarto tipo de praxis es el de la revolución so-cial total. Este tipo de praxis significa al mismo tiempo 168
  • 163. la revolución del modo de vida. Si una revolución de esetipo se realiza, la base de masas del movimiento se amplíapermanentemente. La praxis implica en el movimiento aestratos cada vez más amplios de la población, y la vidacotidiana de las personas sufre una transformación a con-secuencia precisamente de su implicación. Lo cual expli-ca por qué los efectos de una revolución del modo devida son siempre irreversibles en el seno de un períodohistórico previsible. La revolución del modo de vida pue-de ser ejemplificada en la historia europea por el Cristia-nismo o en el caso de ciertos países por el Renacimiento.No obstante, si bien sostengo que las revoluciones socia-les totales son necesariamente revoluciones del modo devida, con ello no afirmo que las revoluciones del modode vida correspondan invariablemente a revoluciones so-ciales totales. Por el contrario, podemos afirmar que has-ta el momento no ha existido en la historia una revolu-ción tal del modo de vida que haya sido simultáneamenteuna revolución consciente y conscientemente realizadade toda la sociedad desde la economía a la política y a lacultura. Sin embargo, Marx (escribiendo a propósito del movi-miento comunista) tenía presente una praxis revoluciona-ria de toda la sociedad de ese tipo. Su concepción natu-ralmente no estaba basada en analogías históricas. Desdeel momento en que el movimiento proletario madura enel ámbito de la sociedad burguesa, contiene éste inevita-blemente el momento de la revolución política, esto es, lanecesidad de conquistar el poder. Pero en realidad paraMarx la revolución política constituye un momento par-ticular, puesto que contrapone la emancipación humanaa la simple emancipación política. No es posible profun-dizar aquí el problema. Podemos sólo establecer que larevolución social total proyectada por Marx presupone,desde las primeras fases del desarrollo del movimientosocial, la transformación radical y la superación de la re-lación estructural que caracteriza la praxis y la teoría enla sociedad burguesa. ¿De qué manera es adquirida, en los tres primeros ca- 169
  • 164. sos, la «mercancía teórica»? ¿Cómo se intenta su reali-zación práctica y cuál es, por el contrario, su verdaderarealización práctica y por qué motivos? La demanda creciente de una cierta «mercancía teó-rica» manifiesta el hecho de que existe necesidad de ella.Dejando al margen de la discusión el puro y simple con-sumo de cultura, esa circunstancia evidencia que la teoríasocial en cuestión ha comprendido una necesidad existen-te (no sólo la ha hipostasiado teóricamente) o bien queha dado una formulación de ella. Para proseguir en ladirección emprendida es inevitable, llegados a este pun-to, someter el concepto de «necesidad social» a un breveanálisis, puesto que si bien es frecuentemente usada, lapalabra «necesidad» constituye un término vago, indeter-minado y totalmente empírico. La necesidad es deseo cons-ciente, aspiración, intención dirigida en todo momentohacia un cierto objeto y que motiva la acción como tal.El objeto en cuestión es un producto social, independien-temente del hecho de que se trate de mercancías, de unmodo de vida o del «hombre otro». La objetivación socialy las necesidades se encuentran siempre en correlación;la primera fija el «ámbito», delimita la extensión de lasnecesidades de los hombres que viven en una determina-da sociedad, que pertenecen a un determinado estrato so-cial. Esto explica por qué las necesidades son personales(sólo las personas desean conscientemente algo, aspirana poseer algo, lo anhelan) y al mismo tiempo sociales(desde el momento en que el objeto de toda necesidad vie-ne «proporcionado» por la objetivación social). No exis-ten «necesidades naturales». El aire no es objeto de unanecesidad, constituye, por el contrario, una condición denuestra existencia, mientras que el hecho de que prefira-mos el aire fresco y limpio al contaminado es ya la ma-nifestación de una necesidad. Debemos distinguir tam-bién, siguiendo las intenciones de Marx, entre las deno-minadas «necesidades existenciales» y las «necesidadespropiamente humanas». Las «necesidades existenciales» son ontológicamenteprimarias, desde el momento en que están basadas en el 170
  • 165. instinto de autoconservación. Tales son, entre otras, lanecesidad de alimentarse, la necesidad sexual, la necesi-dad de contacto social y de cooperación, la necesidad deactividad. Tampoco éstas pueden ser definidas como «na-turales», puesto que sólo son susceptibles de interpreta-ción como necesidades concretas en el seno de un contex-to social determinado. Ni siquiera la necesidad de ali-mentarse puede ser definida con «exactitud biológica». Esconocido, por ejemplo, que en ciertas comunidades afri-canas y asiáticas la dieta calórica ha permanecido a nivelmuy inferior del mínimo necesario indispensable para lasupervivencia en las sociedades europeas modernas y sinembargo no están infraalimentadas desde el punto de vis-ta del mantenimiento de su homesostasis social. La sub-alimentación se ha desarrollado únicamente a consecuen-cia de una perturbación del equilibrio social. Podemosafirmar en general que la satisfacción de las necesidadesexistenciales, a un determinado nivel, está garantizadapor la estructura de las sociedades primitivas. El límitede la satisfacción es la naturaleza: la muerte masiva porhambre es consecuencia de catástrofes naturales. El ca-pitalismo constituye la primera sociedad que mediante lafuerza y su estructura social condena a clases enteras dela población a luchar cotidianamente por la satisfacciónde las necesidades existenciales puras y simples, desde laépoca de la acumulación originaria hasta hoy, sin hablardel Tercer Mundo. En este sentido habla Marx de la cla-se obrera de su tiempo como de una clase «sin necesida-des», esto es, reducida al nivel bestial en la satisfacciónde sus necesidades existenciales. Contrariamente a éstas últimas, las «necesidades pro-piamente humanas» se distinguen por el hecho de que enlos deseos, en las intencionalidades dirigidas hacia susobjetos, el impulso natural no desarrolla ningún papel.Objeto de estas necesidades son, entre otros muchos, eldescanso superior al necesario para la reproducción de lafuerza de trabajo, una actividad cultural, el juego en losadultos, la reflexión, la amistad, el amor, la realizaciónde sí en la objetivación, la actividad moral, etc. Además 171
  • 166. de las referidas existen también las necesidades humanasalienadas, como la necesidad de dinero, de poder y de po-sesión. Con el desarrollo del capitalismo y paralelamentea la constricción de la clase obrera a la lucha por la sa-tisfacción tan sólo de las necesidades existenciales, lasnecesidades alienadas han tomado la delantera sobre lamayoría restante de necesidades propiamente humanas.En los países neocapitalistas (al menos así sucede en Euro-pa y América) se origina progreso cuando el dominio delas necesidades alienadas se extiende a estratos socialesmás amplios. Las necesidades humanas no alienadas poseen un ca-rácter cualitativo. Su desarrollo no se distingue por unaacumulación prácticamente infinita de objetos útiles a lasatisfacción de las necesidades, sino por la evolución desu multilateralidad, a la que Marx denominaba su «ri-queza». Llegados a este punto quisiera subrayar que ladistinción entre necesidades existenciales y necesidadespropiamente humanas no alienadas es relativa. En ciertoscasos estas últimas pueden absorber y coincidir con lasprimeras. Baste recordar la necesidad recíproca que hom-bre y mujer tienen el uno del otro. A la inversa, las necesidades alienadas tienen un ca-rácter cuantitativo. El proceso de su acumulación es prác-ticamente infinito. Si tomamos en consideración las ne-cesidades puramente cuantitativas, difícilmente hallare-mos el punto en que alcanzan el nivel de «saturación».La acumulación infinita inducida por las necesidades cuan-titativas–alienadas sólo puede ser obstaculizada e inte-rrumpida por el proceso de desarrollo de las necesidadescualitativas, por su progresivo dominio. Bajo ese perfil,no hay ambigüedades en la concepción que Marx teníadel comunismo: constituye el proceso social que realiza lasiempre creciente expansión del dominio de las necesida-des humanas cualitativas no alienadas sobre las existen-ciales y sobre las cuantitativas alienadas. Concluida estadisgresión necesaria, podemos volver a las diversas moda-lidades de la relación de la teoría con la praxis. Hemos visto que la eficacia práctica de una teoría de- 172
  • 167. pende de su habilidad para «seguir la pista» de las nece-sidades humanas concretas. Pero ¿por qué es necesariaesa habilidad? Como ya sostuve, las necesidades de unasociedad concretamente existente son satisfechas por lasobjetivaciones concretamente existentes. Estas últimas fi-jan los límites en que se desarrolla la dinámica de lasnecesidades. Lo cual es cierto también para el capitalis-mo, aunque en la sociedad capitalista la interdependen-cia entre las necesidades y las objetivaciones es muchomás compleja que en las sociedades precedentes. Uno delos motivos lo vimos ya: la acumulación de las necesida-des puramente cuantitativas ha asumido un significadodominante, de manera paralela al desarrollo del capita-lismo. A su vez, ello es la consecuencia de un factor queactúa a un nivel más profundo: el capitalismo constituyela primera sociedad esencialmente dinámica, lo que signi-fica que acrecienta no sólo el cúmulo de los bienes deconsumo disponibles, mediante la increíble aceleración delos ritmos de producción, sino que continuamente pro-duce también nuevos tipos de bienes en cantidad cada vezmayor. Naturalmente, este proceso va acompañado porla «producción» de las necesidades correspondientes a losobjetos producidos. Además, el capitalismo es la primera«sociedad abierta» en la cual un determinado tipo de ne-cesidades no queda «reservado» a un estrato social par-ticular. Si el objeto de una necesidad forma parte delcampo de las objetivaciones concretas, éste puede con-vertirse, al menos teóricamente, en una necesidad de cadacual, independientemente del hecho de que todos losmiembros de la sociedad posean realmente los mediospara satisfacer la necesidad en cuestión. Esto es ciertopara todos los tipos de necesidad y no sólo para las cuan-titativas. Por consiguiente no existe ningún sistema es-tructuralmente unificado de necesidades fijadas o «pro-porcionadas» al particular por un sistema relativamentehomogéneo de objetivaciones y de valores, pero, al me-nos por principio, cada uno puede, de un modo racional-mente planificado o totalmente casual, elegir entre lasnecesidades «proporcionadas» por objetivaciones hetero- 173
  • 168. géneas entre sí. De este modo se hace posible la forma-ción de jerarquías de necesidades personales divergentes.Por último, la sociedad capitalista constituye la primeraformación social que no está basada en comunidades or-gánicas; la «comunidad» prevalente en la sociedad capi-talista es la establecida por los nexos de la producción demercancías. En las sociedades precapitalistas la jerarquíade valores que regulaba la satisfacción de las necesidadesse desarrollaba en la comunidad y el individuo aceptabaen mayor o menor medida el sistema de valores–necesi-dades que la sociedad le atribuía. Con la afirmación delcapitalismo eso ya no es posible: también desde este pun-to de vista la inmediatez relativa ha sido sustituida porun sistema de mediaciones. El miembro de las comunidades antiguas no estabaobligado a «seguir las huellas de las necesidades». Erasimplemente consciente de las necesidades de los miem-bros de su comunidad y si poseía cierta capacidad teóri-ca podía ser su portavoz, a diversos niveles de profundi-dad, con más o menos coherencia. Cuando expresaba lasnecesidades de otra comunidad, podía confiar en las ne-cesidades ya articuladas en una comunidad determinada.Y ello ocurre en la misma medida tanto en Platón comoen Tomás de Aquino. En la sociedad capitalista, por elcontrario, donde el teórico social es un intelectual asala-riado sujeto cada vez más estrechamente a la división deltrabajo, una expresión directa de las necesidades basadasen objetivaciones estables ya no es posible. Esto explicapor qué el teórico actúa individualmente cuando intentacomprender la estructura social, motivo por el cual debeelaborar su doctrina partiendo de su punto de vista per-sonal. Por la misma razón se ve obligado a verificar suteoría únicamente post festum, esto es, a verificar en elmercado si ha tenido éxito o no al «seguir las huellas»de las necesidades existentes, si las ha expresado real-mente en su elaboración teórica, sea espontánea o cons-cientemente. Además, dado que las necesidades aparecen«proporcionadas» por objetivaciones heterogéneas, elcampo de la elección teórica se amplía cada vez más, al 174
  • 169. menos por principio. La elección consciente de los valo-res (es decir, la jerarquía personal de valores, o bien lapreferencia de ciertas necesidades a otras, la preferenciade las necesidades de ciertas clases frente a las otras)decidirá si la teoría será adquirida o no, será aplicada ono, y en caso afirmativo qué clases sociales la aplicarán.La comprensión de la estructura social, en particularcuando es profunda y exhaustiva, puede llevar al resul-tado paradójico de que ningún estrato social reconozcaen la teoría en cuestión la manifestación de sus necesida-des, ni siquiera en el caso de que esa teoría exprese susintereses reales. Tal fue el destino del Leviatán de Hob-bes. Esta circunstancia puede conducir también a resul-tados, no menos paradójicos, en los cuales mientras cier-tos aspectos de la teoría se transforman en praxis y pe-netran en las masas, dado que corresponden a sus nece-sidades más urgentes y fundamentales, la totalidad de lateoría resulta incomprendida y es rechazada. Este hasido también el destino del marxismo, a partir de finalesdel siglo XIX. En definitiva no aparece nada que no supié-ramos ya. Con el desarrollo del capitalismo la esfera cuan-titativa de las «necesidades propiamente humanas» y laspuras necesidades existenciales que asumen un aspectocuantitativo se han hecho dominantes. Ello explica porqué se transforman más fácilmente en praxis precisa-mente aquellas teorías que expresan necesidades del pri-mer tipo y por qué se convierten en particularmente in-fluyentes aquellos aspectos de la teoría que remiten alsegundo tipo. Intentaré ahora resumir la relación que vincula loscuatro tipos de praxis analizados a los diversos tipos denecesidad y a las teorías que los expresan. Las teorías y los movimientos sociales que mantienenla reforma parcial están ligados generalmente a necesi-dades ya articuladas, formuladas y expresadas. Tienden asu satisfacción o bien a la eliminación, de las disfuncionessociales concretas señaladas por el descontento de cier-tas clases y estratos sociales. Se dirigen siempre a nece-sidades existenciales o cuantitativas, pero sólo en la me- 175
  • 170. dida en que éstas se han manifestado ya, sea espontánea-mente o de forma inconsciente. Si aparece aislada, esetipo de teoría y de movimiento social se integra orgáni-camente en la apología de la sociedad establecida y enla praxis «conservadora». En cuyo caso la relación entreteoría y praxis es conforme al modelo de producción demercancías. Las teorías de reforma general están ligadas igual-mente a necesidades articuladas y manifiestas pero no ex-presadas directamente. Mediante la formulación de talesnecesidades, los movimientos y las actividades de propa-ganda que corresponden a esas teorías, esto es, sus ob-jetivaciones específicas, «proporcionan» a un gran núme-ro de individuos necesidades que todavía no se habíanpresentado en su vida; a individuos que incluso aún noeran conscientes de los motivos de su descontento y desu insatisfacción. Las propias objetivaciones, precisamen-te porque se proponen la transformación de toda la so-ciedad, pueden mediar nuevas necesidades, aunque toda-vía no constituyen una estructura orgánica. La teoríaejerce su rol movilizador a través de la formulación dela contradicción entre necesidades y existencia, entre ne-cesidades y su no satisfacción en las respectivas clasessociales. En este caso la teoría remite en primer lugara las necesidades existenciales insatisfechas y sólo en unsegundo tiempo a las cuantitativas y a ciertas necesida-des cualitativas insatisfechas. La relación entre teoría ypraxis resulta totalmente conforme a la estructura de laproducción de mercancías. El aumento y la expansión dela demanda tienden en mayor o menor medida hacia laasimilación de la teoría condicionándola a las necesida-des existenciales y cuantitativas. La estructura burguesade la relación entre teoría y praxis no queda trascendidaen ningún caso. Este es el motivo por el cual los movi-mientos del tipo referido muestran afinidad con el pri-mer modelo de relación entre teoría y praxis. La idea ori-ginaria de una reforma general se eclipsa tras los pro-gramas dirigidos a la ejecución de reformas parciales.Como ya he sostenido, análoga línea de desarrollo ha sido 176
  • 171. la típica de los movimientos socialdemócratas durante lasegunda mitad del siglo XIX. Los movimientos y las teorías de la revolución políti-ca, basados en la separación entre bourgeois y citoyen,manifiestan también su intrínseco dualismo en la formu-lación de las necesidades. No se esfuerzan por elevar a lasmasas, en el movimiento social y mediante el movimien-to mismo, más allá del nivel de las necesidades «propor-cionadas» por la sociedad capitalista. La movilización delas masas aparece fundamentada sin solución de conti-nuidad en la estructura de las necesidades desarrolladaspor el capitalismo. Sin embargo, se pone particular én-fasis en la movilización de los sentimientos (Leidenschaf-ten.), desde el momento en que el objetivo apuntado esuna transformación rápida y radical. Pero aquellos senti-mientos movilizados tienen que ser los formados y de-sarrollados en la sociedad burguesa. El recurso a las ne-cesidades y a las pasiones desarrolladas en la sociedadcapitalista constituye uno de los factores decisivos en laprovocación del proceso que vimos más arriba: el reflu-jo del movimiento de masas después de la conquista delpoder político. Por otra parte, la vanguardia del movi-miento político revolucionario, la élite de los citoyen, sólopuede conservar su extraordinario poder renunciandoconscientemente (al menos durante cierto tiempo) a lasatisfacción de una parte de sus necesidades existencialesy cuantitativas. Tal ascetismo revolucionario puede darlugar a gestas heroicas merecedoras de una justificadaadmiración. Las objetivaciones de la praxis político–re-volucionaria implican la transformación de la jerarquíade las necesidades, pero esa transformación es en múl-tiples aspectos bastante problemática. En primer lugar,el sistema dualista concerniente a las necesidades no su-pera, sino que refuerza la separación entre el bourgeoisy el citoyen. Como máximo se tratará de retrasar su sa-tisfacción transfiriéndola del presente al futuro. Final-mente, pero no por esto de menor importancia, en esteúltimo caso se manifiesta por lo general el retorno a unade las necesidades cuantitativas dominantes en la socie- 177
  • 172. dad capitalista: la necesidad de poder. Este es el motivopor el cual el ascetismo de la élite es incapaz de abolirla alienación que preserva incluso a pesar de su heroísmo. Todo lo cual sirve para demostrar que tampoco losmovimientos políticos revolucionarios transforman radi-calmente la relación estructural entre teoría y praxis dela sociedad burguesa. La teoría se basa de nuevo en lasnecesidades existentes y si intenta desarrollar necesida-des nuevas, como las cualitativas, la tentativa es total-mente efímera, en la misma medida que en los movi-mientos sociales para la reforma general. La teoría noestá en condiciones de elaborar una estructura de pre-ferencias integral. Queda condenada a adaptarse a las ne-cesidades ya desarrolladas en la sociedad capitalista, tan-to en el caso de los movimientos de masas como en el dela élite, aunque la adaptación tiene lugar de formas dis-tintas. El destino histórico de la ideología jacobina es unejemplo clásico y extraordinario de este curso de losacontecimientos. Y explica por qué las revoluciones pura-mente políticas no crean modificaciones irreversibles enla vida cotidiana y en el sistema de necesidades de lasmasas. Los movimientos para la revolución social total nopueden configurarse ni conquistar la «victoria» de estemodo. He escrito la palabra victoria entre comillas por-que la victoria de los movimientos para la revolución so-cial total no puede ser fijada en un punto determinadodel tiempo. No constituye un acto o un conjunto de ac-tos, sino que consiste invariablemente en un proceso. Esun proceso cuyo sujeto son las masas, en medida cadavez mayor. En los movimientos revolucionarios para latransformación total de la sociedad los propios hombrestransforman su estructura de necesidades y de valores enel proceso permanente de objetivación. Aquí la teoría nose «adapta» a las necesidades de las masas, ya estableci-das o en proceso de formación; tampoco se remite a lacontradicción entre necesidades y existencia, sino que sedesarrolla y se forma en los propios movimientos demasas, organizados y estructurados. La revolución, en el 178
  • 173. sentido en que Marx la entendía, constituye una revolu-ción social total que presupone y al mismo tiempo im-plica la superación de la relación estructural entre teoríay praxis desarrollada en el capitalismo, y también la su-peración de la estructura burguesa de las necesidades ensu conjunto. Hecho que explica por qué la realización dela teoría marxiana es tan compleja. Significa el inicio deuna revolución social total en una sociedad cuya estruc-tura está basada en la producción de mercancías y en ladivisión del trabajo, en la cual, en consecuencia, la rela-ción entre teoría y praxis ha sido planteada como proble-ma general y realizada generalmente a través de la me-diación del mercado. Significa la reestructuración univer-sal de las necesidades y de los valores de una sociedad enla que la alienación es omnipresente, en la cual las nece-sidades de las masas son preferentemente existencialesy cuantitativas. Para alcanzar tales objetivos la revoluciónpolítica es evidentemente necesaria, pero de por sí noestá en condiciones de realizar esa estructura radicalmen-te nueva. Marx ha intentado repetidamente resolver esedilema, en particular mediante el concepto de «necesida-des radicales». Desde su punto de vista, las necesidadesde la clase obrera son «radicales» porque se trata deaquella clase cuyas necesidades no pueden ser satisfe-chas en el marco de la sociedad capitalista, y ello poruna cuestión de principio: la satisfacción de esas necesi-dades trasciende necesariamente la sociedad capitalistaen toda su estructura, incluida la propia de las necesida-des. La clase obrera sólo puede liberarse a sí misma si li-bera simultáneamente a toda la humanidad, dando lugarcon ello a un movimiento social que conduzca y desembo-que en la liquidación positiva de la propiedad privada yen la superación de la alienación. Sin embargo, este pun-to de vista se hace problemático si tomamos en conside-ración el hecho de que las denominadas «necesidades ra-dicales» no son propiamente necesidades en los diversossentidos que hasta aquí hemos considerado. No son ne-cesidades existentes ni tampoco constituyen «extensio-nes» de las existentes, desde el momento en que el sujeto 179
  • 174. que presuponen es una clase obrera que ha alcanzado laconsciencia de su misión histórica, una clase obrera quehaya desarrollado una consciencia conforme a esa misión,que está en condiciones (ahora ya) de decidir y de actuarsegún el espíritu de una tal consciencia de clase. Así pues,por analogía, podemos denominar «radicales» las nece-sidades que se hacen imprescindibles para realizar esa mi-sión. Sin embargo, la experiencia histórica ha demostra-do que sin la superación del modo burgués de vida nose desarrolla una consciencia adecuada a aquella misióny por consiguiente no se desarrollan tampoco las necesi-dades radicales imprescindibles para la superación. Hasido la comprensión de esta circunstancia y no la «falsi-ficación» de la doctrina de Marx el motivo que ha con-ducido a las diversas tendencias del movimiento de laclase obrera a exigir la satisfacción de las necesidadesexistentes y de las ya formadas o en vías de formaciónen la sociedad capitalista. Y tales necesidades eran preva-lentemente existenciales y cuantitativas. No obstante, si tomamos en serio el programa de Marxreferente a la revolución social total, debemos abrir nue-vas vías, a consecuencia precisamente de las lecciones im-partidas por la historia. La nueva vía debería ser la dela revolución del modo de vida en todos sus aspectos,hasta las más complejas actividades del hombre. Perosólo los hombres que se organizan conscientemente encomunidades pueden iniciar y llevar a término la forma-ción de esa nueva estructura de necesidades. Sin embar-go, si previamente a la realización de tal estado de cosaslas «necesidades radicales» todavía no son propiamentenecesidades ¿existe efectivamente alguna base para la or-ganización de aquellas comunidades? ¿No es pura uto-pía un programa de ese tipo? Estoy convencida de que las condiciones para un pro-grama así se han desarrollado ya. Están presentes y pue-den ser descifradas en el comportamiento de estratoscada vez más amplios de la población. Puede afirmarseefectivamente que masas cada vez mayores de hombresestán insatisfechas, se sienten perdidas en un mundo en 180
  • 175. el que sólo existen necesidades cuantitativas y buscan es-pontáneamente una forma de vida que se sustraiga a sudominio. Cuando numerosos grupos de jóvenes, y los me-jores de ellos, abandonan el sistema de prestigio y de va-lores de sus padres, basado en el frigorífico y en el auto-móvil; cuando masas de estudiantes, de nuevo los mejores,abandonan las universidades por motivos similares; cuan-do nuevas estructuras familiares se multiplican, asumien-do formas comunales, todo ello manifiesta que se ha de-sarrollado la necesidad de transformar la estructura denecesidades existentes. Sea lo que fuere aquello que seoculta tras la oposición de las necesidades cualitativasfrente al predominio de las puramente cuantitativas, vie-ne a significar que un movimiento de comunidades quedesarrolle necesidades radicales ya no constituye, o al me-nos no necesariamente, una utopía. Evidentemente, la revolución social total —cuando serealice— no niega simplemente, sino que preserva comomomentos propios la reforma parcial, también la gene-ral así como la revolución política, si bien no como ob-jetivos finales sino como medios. Corresponde al movi-miento socialista desarrollar comunidades que abarquenmasas cada vez más amplias, en las cuales las necesida-des queden reestructuradas bajo el dominio de las cuali-tativas. Sólo un movimiento de este tipo se halla en con-diciones de eliminar el dualismo entre educador y educan-do, élite y masa, citoyen y bourgeois, teoría y praxis, dua-lismos desarrollados todos ellos en la sociedad capita-lista. ¿Cuál será la relación estructural entre teoría y pra-xis en la revolución social total? Desde el momento enque surgirán en el terreno de comunidades orgánicas—naturalmente no de tipo anárquico, sino basadas en lalibre elección personal y a través del contacto de losmiembros particulares—, la teoría y la praxis ya no ten-drán que obtenerse en el «mercado». Serán las propiascomunidades —sus aspiraciones y sus necesidades— lasque produzcan la teoría, expresando y formulando las as-piraciones y las necesidades más o menos adecuadamen- 181
  • 176. te, más o menos profunda y coherentemente, y las pro-pias comunidades controlarán permanentemente y justi-ficarán la teoría mediante su actividad, de la cual la acti:vidad del teórico constituirá una parte orgánica. La teo-ría surgirá orgánicamente de la praxis cotidiana, lo cualno significa naturalmente que la teoría no deba corregiro controlar la praxis que la produce. Pero no se tratarásimplemente de la teoría que «ejerce su influencia» sobrela praxis, sino de la praxis de una comunidad determina-da y de sus formulaciones teóricas que influirá sobre lapraxis de otras comunidades y la teoría que emerge y ex-presa su praxis. Así, el problema general de la relaciónentre teoría y praxis —que constituye, como hemos visto,el problema particular de la sociedad burguesa— perderásu importancia. 182