CÓDIGO LYOKO 4EVER            (http://codigolyoko4ever.blogspot.com/)                    La Ciudad Sin Nombre             ...
ideado para servir de antídoto contra Cartago. Pero en tan sólo unos pocos               rviraños la organización para la ...
Mientras tanto, X.A.N.A, al que los muchachos creen definitivamentederrotado, recupera poco a poco sus energías, volviendo...
Al pensar en el profesor, el muchacho advierte un sutil sentimiento deculpabilidad: el profesor no quiere que asuma forma ...
y el muro brotan destellos de una luz clara. El muro lo repele. Rodea laciudad, y el muchacho no puede sobrevolarlo ni atr...
EL HOMBRE DE LOS DOS PERROSDetestaba estar allí. Detestaba las mudanzas. El hecho de que su trabajo lo                    ...
tapia que lo rodeaba, y la camioneta empezó a moverse a paso de tortuga,avanzando entre las sombras de la noche como un ja...
aparecía en su sueño, con el pelo rosa, laspuntiagudas orejas de una elfa y dos franjas verticales de maquillajedibujadas ...
-¿Por qué? Desde que hemos vuelto a Kadic no duermes, y cuando lo ¿Porconsigues te despiertas en plena noche, aterrorizada...
-¡Pues para vestirme! No podemos presentarnos delante de los demás así,         raen pijama…Jeremy y Aelita se arreglaron,...
-Ha sido una suerte encontrar ese vídeo. Ahora tenemos indicios, y una Hanueva pista que seguir –                       –c...
-¡Yo sí que estoy encantado! –gritó al segundo Odd, un pelín demasiado ¡Yo                           gritófuerte en medio ...
Grigory había montado el equipo, e incluso había conseguido dormir un parde horas. Ahora de las paredes colgaban manojos d...
El micrófono direccional funcionaba bien,pero su radio de acción era demasiado limitado. En veinticuatro horas lahabitació...
-Sí, señor.-Pero sobre todo quiero tener la confirmación de que ese famoso Perosuperordenador existe de verdad. La traició...
-Pero, ¿qué está haciendo? –comentó Ulrich, que también estaba siguiendo Pero,                        comentóel desarrollo...
En otra época la mesa había estado ocupada en sus tres cuartas partes por elordenador de Jeremy, siempre conectado con el ...
verificar sus datos, o bien llamará a los Della Robbia, que le contarán quela primita Aelita Stones no ha existido jamás.O...
de la otra. La muchacha sacudió la cabez como para sacarse de encima                                      cabeza,un pensam...
puntualmente en su estudio para corregir los últimos deberes de susalumnos.El despacho de la profesora de Ciencias recorda...
-Jeremy –lo interrumpió la Hertz, que estaba                                           loperdiendo la paciencia-, ¿estás t...
-Anda, no seas perro –rezongó Odd Luego te saco afuera.                      rezongó Odd-.Empezó a leer. Stendhal fue el e...
-Ey, perrito bonito, ¿qué andas haciendo tú por aquí? ¿Te has perdido? Ey,En el mismo instante en el que vio a Odd, el per...
Jeremy tragó saliva. A lo mejor, excavando en el parque de linóleo delgimnasio, podía conseguir que se lo tragase la tierr...
En el ínterin, Jim le había explicado al director el asunto de Kiwi.-¿Y dónde habéis dejado el perro? –le había preguntado...
-Y tú, Jim, ven conmigo. Quiero decirte un par de cosas sobre por qué el Yprofesor de gimnasio no tiene que molestar al di...
En ese momento, la bombilla que iluminaba su escritorio estalló con unchasquido seco que lo sobresaltó. El ordenador portá...
El interior de la casa también estabaamueblado al estilo oriental. Aperte de unas sillas y una mesa de alturaestándar, hab...
-Tú te has vuelto majara, ¿verdad? –la voz de Yumi entró en su oído como Tú                                  laun afilado ...
de batalla y su catana, la larga espada de los guerreros japones a un lado                                                ...
Los auriculares le habían explotado en las orejas. El lector de mp3 estabairreparablemente quemado. Casi parecía uno de lo...
-¡¿Olor?! ¡¿Hierbas?! ¡Es mi perfume, tonto del bote! Estoy buscando a ¡¿Olor?!Ulrich. Y tú, ¿a quién buscas?-A Eva –respo...
Odd había deambulado por la escuela sin encontrar rastro de Eva, y habíaestado a punto de correr el peligro de toparse con...
El chiquillo se lanzó en pos del perro, pero en medio de la confusión delmomento, uno de sus hombros chocó con las rodilla...
calle estaba invadida por el silen más                                                              silenciototal, aparte ...
El entrenamiento y la infinita cautela de Grigory lo habían salvado, perosólo en el último momento. No había estado lo bas...
-¡Tú no vas a asomar ni la nariz fuera de esta habitación, Odd! Me parece ¡Túque ya has causado bastantes problemas.-Ah, y...
Odd tenía la cara morada, y había gritado tan fuerte como para hacer queKiwi gañese e Hiroki se sobresaltase.-¡ALGUIEN LE ...
-Los rastros resultan confusos –comentó Jeremy mientras examinaba el Los                             comentósuelo con escr...
Code lyoko tomo 02 - la ciudad sin nombre
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Code lyoko tomo 02 - la ciudad sin nombre

  1. 1. CÓDIGO LYOKO 4EVER (http://codigolyoko4ever.blogspot.com/) La Ciudad Sin Nombre Jeremy Belpois PRÓLOGO Esta noche se cumplen diez años exactos desde la primera vez que la vi, y he decidido que ha llegado el momento de contarlo, de revelar los increíblesacontecimientos de los que fuímos testigos Yumi Ishiyama, Ulrich Stern, Odd Della Robbia y yo, Jeremy Belpois. Y Aelita, naturalmente. No pasa un solo día que no piense en Aelita. Esta historia es para todos ellos, mis amigos. Pero sobre todo es para ti.Quién sabe si aún estás a la escucha... JeremyINTRODUCCIÓN1985. Francia. Un genio científico llamado Waldo Schaeffer y su mujer,Anthea, trabajan en un proyecto internacional de alto secreto conocido ancomo Cartago. Cuando Waldo descubre que el verdadero objetivo deCartago no es el de proteger a los países del mundo, sino crear una nuevaarma mortal, decide abandonar el proyecto. Esa decisión tendrá tendráconsecuencias irreversibles.Unos misteriosos individuos secuestran a Anthea Schaeffer. Waldo, encambio, logra ponerse a salvo junto con su hija de tres años, Aelita. Trasuna larga huída, encuentra trabajo como profesor de ciencias en laacademia Kadic, en Francia, y bajo el nombre falso de Franz Hopper c,continúa a escondidas con sus experimentos.Allí, en los subterráneos de una vieja fábrica, no muy lejos del colegio,construye un superordenador e inventa un mundo virtual llamado Lyoko,
  2. 2. ideado para servir de antídoto contra Cartago. Pero en tan sólo unos pocos rviraños la organización para la que trabajaba consigue localizarlo.En 1994, cuando Aelita tiene doce años, Waldo Schaeffer se refugia en elmundo virtual de Lyoko junto con su hija, que está gravemente herida, y gravementeapaga el superordenador que lo alimenta.Muchos años después, Jeremy Belpois estudia en la academia Kadic. Tienetrece años, pocos amigos y un talento innato para la informática. Despuésde descubrir la existencia de la vieja fábrica, conectada con la escuela conectada mediante unos túneles subterráneos, Jeremyse encuentra el superordenador abandonado, y consigue volver a ponerlo enmarcha.Así descubre a Aelita, que durante todos esos años ha permanecidoprisionera en Lyoko, sin envejecer. Junto con sus amigos Ulrich, Odd yYumi, Jeremy logra rematerializar a Aelita en el mundo real. A partir deese momento, los cinco muchachos se enzarzan en una encarnizada luchacontra X.A.N.A., una despiadada inteligencia artificial que se ha apoderadode Lyoko.Con mucho esfuerzo, y después de una larga serie de increíbles aventuras onvirtuales, finalmente derrotan a X.A.N.A. gracias al sacrificio de FranzHopper, que había sobrevivido durante todos esos años dentro de Lyoko enforma de esfera de energía.Ya no hay ningún peligro. O por lo menos eso parece.El 21 de diciembre, unos cuantos meses después de la derrota de X.A.N.A.y la muerte de Hopper, Aelita pierde la memoria de improviso. A causa deello, sus amigos deciden reunirse nada más terminar las vacaciones deNavidad en el chalé en el que antaño vivía para ayudarla a recuperar susrecuerdos perdidos.Los cinco muchachos empiezan a investigar acerca de los secretos de LaErmita, y llegan a descubrir una habitación oculta. En su interior hallan unmensaje grabado por el profesor que cuenta parte de su historia, aunque badotodavía deja sin desentrañar muchos e intrincados misterios.En su mensaje Hopper le confía a Aelita la tarea de encontrar a su madre, yle pide que custodie un colgante de oro que forma parte de una pareja, unregalo que Anthea y él se habían intercambiado como prenda de amor.
  3. 3. Mientras tanto, X.A.N.A, al que los muchachos creen definitivamentederrotado, recupera poco a poco sus energías, volviendo a la vida yposeyendo a una chiquilla americana llamada Eva Skinner.Poco después, Eva hace su aparición en Kadic.Jeremy, Ulrich, Odd y Yumi deciden ayudad a Aelita a encontrar a sumadre.Confían plenamente en lograrlo. Están convencidos de que son los únicosque conocen la historia de Hopper y Lyoko. Están convencidos de que yano quedan más amenazas.Y de que X.A.N.A ya no existe.Se equivocan. PRÓLOGO UNA CIUDAD MISTERIOSA Las torres de la ciudad se despliegan ante élcomo caparazones azulados de mariquitas, moteados por los agujeros algo mariquitas,más oscuros de los espaciopuertos. Las calles son franjas de colores que seentrecruzan y trenzan libremente entre los rascacielos. Tan sólo unas pocasnaves vuelan entre un edificio y otro: es un momento tranquilo, y no haycasi nadie. En realidad nunca hay mucha gente por la ciudad.El muchacho brota de la nada. El aire se vuelve denso, se congela en unpunto concreto, y ahí está él.Dobla dos dedos y empieza a volar. Coge velocidad. Deja que su vuelo setransforme e una picada. Aterriza sobre una de las autopistas flotantes quellevan hasta el muro, y la carretera se comba dócilmente para amortiguar elimpacto.Empieza a correr: no ve la hora de encontrarse con su amiga y enseñarle losnuevos rincones de la ciudad que ha descubierto. Le encanta volar con ella quepor las solitarias calles, adentrarse en los parques y las pequeñas tiendasvacías donde pueden coger lo que quieran e inventarse infinitos juegos.Su amiga dice que la ciudad es estupenda, pero está desierta. El muchachono entiende lo que quiere decir: está él, están las inteligencias artificiales, yademás está el profesor. ¿A quién más necesitarían?
  4. 4. Al pensar en el profesor, el muchacho advierte un sutil sentimiento deculpabilidad: el profesor no quiere que asuma forma humana, porque dice asumaque es un desperdicio de energía. Pero su amiga tiene esa forma y él quiereparecérsele, por lo menos un poco. Aunque luego, a lo mejor, vuelva atransformarse para ella, puede que en una de esas criaturas pequeñas queella llama <<pajaritos>>, y que le hacen reír. lamaLa calzada se mueve, inclinándose ante el muchacho. La áspera superficiese vuelve lisa y transparente como el cristal. Empieza a patinar. Llega hastael suelo de un salto. Echa a correr de nuevo.La inteligencia artificial del tráfico peatonal aparece de golpe delante de él. rtificialEs un larguirucho metálico con tres ojos verticales y luminosos. Unos rojo.Uno ámbar. Uno verde.Le bloquea el camino con una mano huesuda, y el ojo que está encendidoes el de más arriba, el rojo oscuro. En cuanto lo reconoce, el que seenciende es el ojo amarillo.-Señor, está sobrepasando el límite de velocidad –le recuerda la I.A. ¿Me Señor, le I.A.-.permite pedirle que aminore la marcha?El muchacho agita una mano delante de él: <<Autorización denegada> El denegada>>.ojo del controlador se vuelve verde de inmediato, y la criatura se apartapara dejarle pasar.-Por supuesto, señor. Prosiga, por favor. PorEl muchacho corre hasta que los edificios que lo rodean comienzan afundirse en un único borrón de colores. Pega un salto, pasa por encima de un un gran puente hecho de cables entrelazadosy aterriza de nuevo en la carretera del otro lado. Ve una I.A. de transportede información: parece un gran huevo achatado, y se aleja a toda velocidad.Debe de ser una I.A. importante. Es probable que esté trabajando para el importante.profesor. Puede llevarlo durante un trecho.El muchacho salta sobre ella, y una débil descarga eléctrica recorre susdedos. Apoya las manos sobre su superficie para no caerse. Primer cruce.Segundo cruce. El muchacho la abandona de un salto, y cae sobre una I.A. muchachode gestión de residuos. Es un poco más lenta, pero va en la direcciónadecuada.El muro es tan alto que llega hasta el cielo, y está hecho de ladrillos negros.Cada vez que el muchacho roza su superficie, entre las yemas de sus dedos
  5. 5. y el muro brotan destellos de una luz clara. El muro lo repele. Rodea laciudad, y el muchacho no puede sobrevolarlo ni atravesarlo. No puededejarlo atrás.En el muro hay una única puerta, pero ahora sus grandes hojas estáncerradas. El muchacho apoya en una de ellas la palma de una mano, y en rradas.una pantalla que aparece de la nada brillan durante un segundo cuatroletras. Es el nombre del muchacho, aunque él no lo sepa.La puerta se desmorona, desmenuzándose en una lluvia de polv Hace un polvo.segundo estaba ahí, y ahora ya no queda ni rastro de ella.Al otro lado del umbral, el muchacho contempla el largo puente levadizoque se pierde en el horizonte. Flota sobre el vacío. Más allá de la ciudad nohay nada: ni un foso, ni un valle, ni un camino. Tan sólo el puente, tendido nihacia la oscuridad.A veces el muchacho se ha imaginado cómo será atravesar ese puente, peronunca ha pensado realmente en hacerlo. No está incluido entre susinstrucciones.Observa el puente, y sabe que su amiga llegará por ahí. Dentro de pocoverá su delgada silueta caminando con pasos amplios por ese arco flotante,y él echará a volar. Luego verá su pequeña nube de cabello rosa. Susonrisa.Su amiga está tardando un poco, pero eso no importa. Puede esperar. Laciudad sobrevivirá un rato aunque él no esté. En cualquier caso, otras partes iudaddel muchacho están sobrevolando las pagodas, adentrándose por lasalcantarillas, controlando que todo vaya bien. Sin esfuerzo, sin que él tengaque acordarse siquiera de hacerlo.Ahora su amiga está tardando mucho, y el muchacho empieza a estarpreocupado. ¿Qué ha pasado? Cuando ella viene a verlo siempre espuntual. Así que espera, y sigue esperando, ante esepuente infinito. De vez en cuando le parece estar viéndola, ver cómoaparece su melenita rosa, apenas un puntito, allá a lo lejos. areceSu amiga ya no vendrá nunca más.Pero él todavía no lo sabe. 1
  6. 6. EL HOMBRE DE LOS DOS PERROSDetestaba estar allí. Detestaba las mudanzas. El hecho de que su trabajo lo mudanzas.obligase a mudarse más o menos una vez a la semana no cambiaba ni unápice la cuestión.Grigory Nictapolus hundió el pie en el acelerador, y la camioneta pasó deciento setenta a ciento ochenta por hora. El motor rugía, pero aquel hombre rugía,sabía que podía exprimirlo hasta llegar a los doscientos veinte. Lo habíatrucado con sus propias manos.-Ya falta poco, chiquitines –susurró a media voz al escuchar una gruñido Ya susurróapagado que provenía de detrás de él.Giró en la siguiente salida de la autopista sin ni siquiera aminorar la emarcha. Eran las tres de la madrugada. No había ni un alma por lacarretera. Escogió un peaje automático y pagó en metálico, arrojando unpuñado de euros en un recipiente de la máquina. La ciudad le dio labienvenida poco a poco: primero algunas casas sueltas y un grupo de navesindustriales, y luego, paulatinamente, más casas, edificios, manzanas,barrios.El avión de Grigory había aterrizado aquella tarde tras un vuelo de casionce horas. En el aeropuerto lo esperaba su contacto, un tipo insignificante aeropuertoque sujetaba las correas de sus dos perros. Le había entregado un manojode llaves. <<Para usted>>, le había dicho aquel hombre.Grigory no le había respondido, y se había limitado a llevarse las llaves ylos perros.Había conducido sin descanso, deteniéndose sólo para que los animales sedesentumeciesen las patas, y ahora tenía hambre y sed. Tenía sueño.<<Luego –se dijo-. Primero hay que acabar el trabajo>>. .Llegó ante un chalé de principios de siglo, alto y estrecho, rodeado de una altovalla de madera. El jardín estaba cubierto de nieve, y tenía un aspecto casisalvaje. El cartel que había encima de la verja de la entrada le confirmó quese trataba de La Ermita. Grigory chasqueó los labios, pero siguióconduciendo. Ya volvería más tarde. iendo.Bordeó la carretera y después atravesó el río. Cuando estaba sobre elpuente se giró con curiosidad, observando un islote que parecía a punto dehundirse bajo el peso de una fábrica abandonada. Luego volvió atrás, dirigiéndose hacia un gran parque. Bordeó la e
  7. 7. tapia que lo rodeaba, y la camioneta empezó a moverse a paso de tortuga,avanzando entre las sombras de la noche como un jaguar al acecho.Entre los árboles podía distinguir los negros tejados de los edificios,pegados unos a otros formando una L: las aulas, las oficinas, la residenciade los muchachos.Así que ésa era la academia Kadic. Parecía más bien elegante, pensado parachavalines privilegiados, hijitos de papá. El muro acababa en una granverja de hierro forjado que estaba cerrada y anclada en dos columnas en lasque se veía esculpido el escudo del colegío.Grigory Nictapolus sonrió y bajó de la camioneta con los dos perros. Sealejaron durante unos minutos. Luego volvieron a subirse.A su vuelta, uno de los dos perros estaba tan alterado que aferró con losdientes el asiento del pasajero, arrancándole un buen pedazo del relleno.-Muy bien. Como reconocimiento del terreno nos puede valer –dijo para síel hombre mientras acariciaba el hocico de aquella bestia.La camioneta salió del centro de la ciudad y se detuvo delante de unedificio aislado de la periferia, protegido por una valla de alambre deespino medio oxidada. Era uno de esos sitios que los adultos ni siquieraven, y que los niños evitan de puro miedo.-Desde luego, no es de lujo –comentó Grigory en un murmullo-. El Magopodía haberme encontrado un alojamiento más conocido.Abrió la puerta de la alambrada con las llaves que le había pasado sucontacto en el aeropuerto, aparcó sobre la alta hierba e hizo bajar a losperros.Eran dos enormes rottweilers, fuertes y agresivos. Adiestrados para elataque. Se llamaban Aníbal y Escipión.Grigory Nictapolus se pasó la mano por su afilada cara para sacudirse deencima el cansancio. Luego agarró las maletas de la caja de la camioneta yempezó a descargar el equipo.El cuarto de la residencia estaba helado, pero sintió las sábanas empapadasde sudor. Se había despertado oyendo ladridos de perros… igual que en susueño. A lo mejor se estaba volviendo loca.Aelita se levantó, tiritando a causa de lo frío que estaba el suelo bajo suspies desnudos. Se puso un jersey. Desde la ventana de su cuarto se veía elparque de la escuela, y en el cielo oscuro que anunciaba el amanecer,echándole un poco de imaginación, podía distinguir la silueta de La Ermita.El chalé en el que había vivido ella y su padre, cuando él aún estaba en estemundo.Se peinó frente al espejo la corta melenita pelirroja. Delante de sí veía auna chiquilla de trece años que parecía más pequeña, con orejeras de sueñoy un rostro flaco y sobresaltado. Por un momento volvió a verse tal y como
  8. 8. aparecía en su sueño, con el pelo rosa, laspuntiagudas orejas de una elfa y dos franjas verticales de maquillajedibujadas sobre las mejillas. ¿Cuál era su verdadera identidad? ¿Aelita identidad?Schaeffer, la hija de Waldo y Anthea; Aelita Stones, la falsa prima de Oddmatriculada en la academia Kadic; o Aelita la pequeña elfa, la habitante delmundo virtual de Lyoko?<<Para ya de pensar en eso. Ahora Lyoko ya no existe>>.La muchacha cogió su móvil, que estaba sobre la mesilla de noche, y lo ogióencendió.-Mmm… ¿Diga? –le respondió una voz pastosa al séptimo toque. le-Soy yo.-¿Aelita? ¿Qué…?La muchacha oyó a tientas cómo Jeremy buscaba a tientas sus gafas por lamesilla de noche, se sacaba las sábanas de encima y hacía caer algo alsuelo.-¿Qué hora es?-¿Puedes venir a verme? Por favor. ¿PuedesJeremy no le respondió. Cinco minutos más tarde estaba llamando a lapuerta de su amiga.Chocolate caliente. Con mucho azúcar. Antes de llegar, el muchacho habíapasado por el distribuidor automático que había en la planta baja de laresidencia y había sacado dos. Tan amable y atento como de costumbre.Jeremy probó su bebida con aire distraído. El muchacho tenía el pelo rubioy un par de gafas redondas con la montura negra, y llevaba un jersey de lalana que se había puesto a toda prisa encima del pijama de franela. Parecíacomo si se lo hubiese robado a un hermano mayor. Y aquella expresión…-¿De qué te ríes? –le preguntó. le-De la cara que traes –la mirada de Aelita se fue endulzando a medida que la Aelitahablaba-. Siempre estás tan serio… .-¡Eso no es verdad! –protestó él . Es que este chocolate tiene poco protestó él-.azúcar… ¿Sabes? –continuó Jeremy tras unos instantes de silencio he continuó silencio-,estado pensando en ello, y creo que tendrías que hacer que te trasladen a queuna habitación doble. Así tendrías una compañera, y de noche te sentiríasmenos sola.Aelita tomó sus manos impulsivamente, y sacudió la cabeza.-No.
  9. 9. -¿Por qué? Desde que hemos vuelto a Kadic no duermes, y cuando lo ¿Porconsigues te despiertas en plena noche, aterrorizada.-Ya se me pasará.-¿Y las pesadillas? ¿Sigues con el mismo sueño de siempre? ¿YAelita hizo un esfuerzo para deglutir la mitad del chocolate de único sorbo.-Más o menos –murmuró después . ¿Te acuerdas del vídeo de mi padre? murmuró después-.¿Y de la foto aquella con esas montañas que se ven desde la ventana? Jeremy asintió. Al final de las vacaciones deNavidad, Aelita, sus amigos y él se habían reunido en La Ermita para pasarun día juntos y ayudarla a recuperar la memoria de algunosacontecimientos del pasado.En el sótano del chalé habían descubierto una habitación oculta y unmisterioso vídeo que había dejado allí el profesor Hopper, el padre Aelita.El muchacho lo había visto ya por lo menos una cien veces.-En el sueño –prosiguió Aelita siempre aparece esa casa. Papá está fuera, prosiguió Aelita-trabajando, y mamá, en su habitación. Sólo que luego…-Sólo que luego tu madre desaparece –concluyó por ella Jeremy. Sólo concluyó-Sí. Yo corro a su alcoba y me encuentro el armario abierto de par en par, Sí. elel cristal de la ventana roto, su ropa desperdigada por el suelo ypisoteada… Y siento como si hubiese alguien más conmigo. En casa. Estácerca, y respira fuerte. Tengo miedo de que me coja y me…-Tranquilízate, Aelita. El vídeo de tu padre debe de haberte afectado Tranquilízate,bastante. Eso no son más que imaginaciones tuyas.-Te equivocas –le replicó la muchacha a su amigo mientras lo miraba ledirectamente a los ojos-. De eso nada: son recuerdos, Jeremy. Recuerdos -.que había borrado. Y después, de golpe, en el sueño ha aparecido un perro después,enorme, negro, con el morro manchado de sangre. Ha empezado aperseguirme. Me he despertado poco antes de que me mordiese… y me haparecido oír unos perros que ladraban en el jardín, justo debajo de laventana de mi cuarto.Jeremy le tomó la mano. Estaba fría en comparación de la suya. Aelita sesonrojó.-¿Y ahora qué hacemos? –preguntó. ¿Y-Vámonos a desayunar –le respondió él, riendo-. Pero antes tengo que Vámonos .volver un momento a mi cuarto.-¿Para qué?
  10. 10. -¡Pues para vestirme! No podemos presentarnos delante de los demás así, raen pijama…Jeremy y Aelita se arreglaron, fueron a desayunar y luego se dirigieronjuntos al patio de la escuela. Allí estaban sus más íntimos amigos, conquienes compartía el extraordinario secreto de Lyoko, con quienes secretohablaban por la noche cada vez que no lograban conciliar el sueño. Losamigos junto a los que crecer parecía menos difícil. Odd Della Robbia, conel chándal de hacer gimnasia y su absurdo peinado rubio brotando de sucabeza como una llamarada. Ulrich Stern, delgado y musculoso, apoyado ocontra una columna. Y Yumi Ishiyama, con el cabello corvino y totalmenteliso cayéndole sobre la pálida cara y los ojos rasgados, vestida tan de negrocomo siempre.Yumi, la única del grupo que no vivía en la residencia de estudiantes, sinoen una casa no muy lejos de allí, con su hermano y sus padres, estaba metiendo unas monedas en la máquina decafé mientras Odd y Ulrich, que estaban detrás de ella, soltaban unas risitasdivertidas y confabulad confabuladoras.-¿Y bien? ¿Qué es lo que pasa, que es tan tronchante? –les preguntó Jeremy ¿Y lesal acercarse al trío junto con Aelita.-¡Pff! -respondió Odd en medio de una carcajada contenida . Nada, nada, respondió contenida-.sólo que Sissi… Ulrich… Ey, pero qué caras de cansancio traéis. ¿Os handado las tantas?-Esta noche también he tenido pesadillas –se apresuró a explicar Aelita. Esta seYumi trató de tranquilizarla.-Es por culpa de la habitación secreta de La Ermita. El vídeo de tu padre te Esha alterado.La muchacha sacó su capuchino de la máquina expendedora y revolvió elazúcar con una cucharilla de plástico. Era la más alta del grupo. Le sacabaun palmo largo a Ulrich. Pero era tan delgada y esbelta que ha undesconocido le habría resultado imposible imaginársela como una guerrera.Y sin embargo lo era, y de armas tomar. Fuerte y combativa. Ulrich nopudo por menos que mirarla disimuladamente.Yumi jamás dejaba traslucir sus emociones, y era bastante taciturna. Justoigual que él. Por eso se encontraban tan bien juntos. Por eso, y tal vez poralgo más.Ulrich apartó la mirada.
  11. 11. -Ha sido una suerte encontrar ese vídeo. Ahora tenemos indicios, y una Hanueva pista que seguir – –comentó.-Todos tenemos malos sueños, Aelita –confirmó Odd-. Basta con no darles Todos .demasiada importancia. Y además, ahora tenemos clase de Historia: tenemos¡perfecta para echarse una buena cabezadita!-No digas chorradas, Odd –lo acalló Ulrich-. Será mejor que nos pongamos No .en marcha, o se nos va a hacer tarde.-Yo también tengo que salir pitando: control de mates –lo secundó Yumi, Yo loque era un año mayor que los otros e iba a otro curso. e-¡Hasta luego, entonces! –se despidió de ella Ulrich con una sonrisa. ¡Hasta seUlrich, Odd, Jeremy y Aelita llegaron al aula con cinco minutos de retrasoy se abalanzaron adentro mientras la profesora estaba cerrando la puerta.Pero se detuvieron, petrificados ante la corpulenta figura del directorDelmas, que los observaba con una mirada severa desde detrás de loscristales de sus gafas.-¿Qué horas son éstas de presentarse? ¿QuéJeremy trató de explicar algo, y luego se volvió hacia Odd y se dio cuenta luegode que su amigo parecía paralizado. Pero no estaba mirando en dirección aDelmas. Contemplaba a otra persona que se encontraba junto al director.Una chica. No era muy alta. Llevaba el pelo rubio muy corto, y tenía untono de piel dorado y unos enormes ojos de color azul celeste. No era del colegio: Jeremy se habría acordado sin lugara dudas de ella. Y parecía ser que Odd había quedado tocado y hundidodesde el primer vistazo.-Della Robbia, ¿a qué está esperando p sentarse? –lo despabiló el Della para lodirector con su autorizado tono . Venga, todos a vuestros sitios. tono-.Los muchachos se colocaron en sus pupitres, y la profesora se sentó tras suescritorio, sobre la cátedra. Delmas se aclaró la garganta, como solía hacerantes de un anuncio oficial.-Bueno –arrancó-, lamento que no haya conseguido llegar hace una ,semana, cuando empezaron las clases, pero más vale tarde que nunca, ¿noes cierto? De todas formas, chicos, me alegra presentaros a una nuevacompañera que desde hoy asistirá a nuestra escuela: Eva Skinner. asistirá-Encantada –murmuró la muchacha mientras miraba fijamente a un punto murmuróimaginario en lotananza.
  12. 12. -¡Yo sí que estoy encantado! –gritó al segundo Odd, un pelín demasiado ¡Yo gritófuerte en medio del silencio de la clase.Todos se echaron a reír, y el muchacho se sonrojó de los pies a la cabeza. charonNo pararon hasta que el director hizo un gesto imperativo para que secallasen.-Estoy seguro de que estás realmente encantado, Odd. Gracias por Estoycompartirlo con todos. Pues bien, Eva acaba de llegar con sus padres de losEstados Unidos. ¿De qué ciudad, en concreto?La muchacha miró fijamente al director, sin responderle.-Tal vez aún no entiende bien nuestro idioma –dijo Delmas mientras Tal dijosonreía con indulgencia ¿De dónde vienes, Eva? –le preguntó, recalcando indulgencia-. untó,muy despacio las palabras.-Estados Unidos –respondió Eva sin mirarlo. respondióHablaba en francés con un acento muy extraño. Jeremy observó a Odd, queestaba mirando sin parpadear a Eva, embobado, con la boca entreabierta yuna expresión de besugo estampada en el rotro. Ulrich, que era sucompañero de pupitre, tuvo que darle un codazo en las costillas para traerlode vuelta al mundo real.-Bueno –prosiguió el director , supongo que ya nos hablarás de tu ciudad prosiguió director-,más adelante –luego volvió a dirigirse a la clase-. Mientras tanto, quiero luego .que todos vosotros acojáis a Eva con entusiasmo. No va a dormir en laresidencia, ya que sus padres viven a poca distancia de aquí, pero recordadque hoy ha llegado una nueva amiga dispuesta a emprender un largoviaje…Odd se fijó en que Jeremy lo estaba mirando, y alzó los ojos al cielo,mimando con los labio <<¡Es preciosísima!>>.-… en fin, ayudadla a integrarse y dadle una calurosa bienvenida. Señor …Della Robbia… no demasiado calurosa, señor hágame el favor.Otra carcajada general. Grigory Nictapolus no había limpiado: no lehabía dado tiempo. Pero de todas formas el salón ya había cambiado deaspecto. En el suelo de los obreros habían echado únicamente, muchos añosantes, una capa de cemento crudo en la que ahora se rebozaban sus dos seperros. Aníbal y Escipión se disputaban un enorme pedazo de carne,arrancándole tiras con los colmillos.
  13. 13. Grigory había montado el equipo, e incluso había conseguido dormir un parde horas. Ahora de las paredes colgaban manojos de cables eléctricossujetos con cinta aislante negra. Apoyados sobre el suelo había dos grandesmonitores de cuarenta y dos pulgadas cada uno fabricados en China. A sualrededor tenían otras diez o doce pantallas más pequeñas. Además habíainstalado dos antenas parabólicas sobre el tejado de tal forma que no fuesenvisibles desde la calle, y otras dos antenas más pequeñas dentro de la casa.Y luego una CB, una antena de Banda Ciudadana, típica de losradioaficionados, de baja frecuencia. Y también un escáner de frecuenciaspara interceptar las transmisiones de los coches patrulla de la policía, unordenador conectado a los monitores, otros dos ordenadores desconectadosde la intranet… y la conexión a internet, por supuesto.De todo lo que se había traído en la camioneta sólo quedaban tres cajas aúnprecintadas. Dos de ellas estaban llenas de cámaras de vídeo y micrófonosespía telefónicos y ambientales. La tercera tenía estampillada la marca deun fénix verde, y guardaba en su interior la Máquina, su valioso archivo detarjetas de memoria. Grigory acarició con la mirada la caja de cartón y sesirvió una taza té. Usaría la Máquina sólo a su debido tiempo.El fusil automático, por su parte, estaba tirado sobre una alfombra, , juntoal teclado del ordenador principal. Fusil de asalto XM8, un prototipo delejército estadounidense que nunca entró en producción. Un bicharraco dearma. Grigory no creía que le fuesen a hacer falta armas para llevar a cabola operación, pero lo ayudaban a concentrarse.Se sentó sobre la alfombra y reactivó el ordenador, que estaba en reposo.Los altavoces retumbaron con el sonido de la voz de una muchacha: <<…recuerdos que había borrado. Y después, de golpe, en el sueño a aparecidoun perro enorme, negro, con el morro manchado de sangre. Ha empezado aperseguirme>>.Grigory no necesitaba consultar el expediente para reconocer aquella voz:Aelita Stones, alias Aelita Hopper, alias Aelita Schaeffer.Un perro. Así que la niña había conseguido oír a sus cachorritos. Tenía queacordarse de poner más ciudado.La grabación hizo una pausa. Dos o tres segundos.<<Vámonos a desayunar>>. Otra persona. El programa de reconocimientohizo aparecer una imagen en el monitor: Jeremy Belpois.
  14. 14. El micrófono direccional funcionaba bien,pero su radio de acción era demasiado limitado. En veinticuatro horas lahabitación de la chiquilla estaría cubierta al cien por cien.El hombre ya había terminado de beberse su té cuando en la pantallaprincipal apareció una ventana negra: Llamada confidencial conencriptación activa. Nivel de seguridad 1. ¿Aceptar? a.Grigory aceptó, y en las dos pantallas gemelas apareció el busto de unhombre. Llevaba una chaqueta gris, una camisa blanca con las puntas delcuello largas, al estilo de los años setenta, y una corbata azul oscuro. En lasolapa de la chaqueta llevaba una insignia que representaba un pájaro. Unfénix verde, el símbolo de Green Phoenix. Era su jefe: Hannibal el Mago.El Mago jugueteaba con el ratón de su ordenador, haciendo tintinear contraél los anillos que le cubrían los dedos. Su rostro estaba a oscuras, y un gransombrero de ala ancha escondía sus ojos y la mitad de su cara. Lo únicoque se lograba entrever era una mandíbula cuadrada y una boca ancha,entreabierta en una media sonrisa que dejaba adivinar dos dientes de oro enlugar de los caninos.-Buenos días, Grigory.-Buenos días, señor.La voz del Mago sonaba profunda, distorsionada y falseada por losinstrumentos electrónicos. Por mucho que trabajase con aquel sonido,Grigory sabía que jamás obtendría una señal de audio identificable. audio-¿Ha tenido un buen viaje? ¿Ha-La base ya es operativa, señor –le respondió Grigory-. Cuento con colocar La .todos los aparatos de aquí a mañana, incluidos los del chalé.El Mago chasqueó los labios.-Excelente. Pero tenga en mente que la vigilancia es tan sólo uno de sus Excelente. vigilanciaobjetivos. Ahora que la señal procedente de la academia Kadic vuelve aestar activa, es absolutamente prioritario recopilar nueva información.-Sí, señor.Grigory redujo la imagen de su jefe a una pequeña porción de la pantall y pantallaempezó a rebuscar entre los expedientes digitales.-¿Tiene alguna preferencia, señor? ¿Por quién quiere que empiece? ¿Tiene-Eso no es un asunto de mi incumbencia, Grigory –pese a su distorsión, Eso peseahora la voz del Mago parecía más fría y distante . Únicamente m interesa distante-. meque nuestro proyecto dé pasos adelante. Quiero papeles con la firma delprofesor. Quiero códigos.
  15. 15. -Sí, señor.-Pero sobre todo quiero tener la confirmación de que ese famoso Perosuperordenador existe de verdad. La traición de hace diez años por part partedel agente en el que más confiábamos fue un duro golpe. Y yo tengo laintención de tomarme mi revancha. ¿He sido bastante claro?-Como el agua, señor. En una ventana de la pantalla habíaaparecido un chiquillo con el pelo rubio de punta y un perro ridíc ridículo en elregazo. Detrás de él había dos adultos con un aspecto desagradablementefeliz y satisfecho.Un nombre parpadeó bajo la foto: Odd…-Della Robbia. Empezaré por ellos, señor. DellaEl Mago le respondió con una risa tan rechinante como un graznido. 2 El expediente de Waldo SchaefferOdd se metió la cuchara en la boca. Líquido caliente. Tragó. Ulrich le diouna palmada en el hombro.-Oye, pero ¿eso no es sopa de verdura? Oye,-Mmm –asintió el muchacho con expresión ausente. Otra cucharada. asintió-Pero ¡¿qué haces?! –se entrometió Yumi, sorprendida. seUlrich se encogió de hombros: Odd debía de haberse vuelto loco…¡siempre había odiado la verdura!En realidad la mirada de Odd andaba perdida más allá del plato que teníadelante de él, más allá de la mesa, más allá de sus amigos. Para ser exactos,andaba perdida por el otro extremo del comedor del Kadic, donde EvaSkinner acababa de acercarse al mostrador de autoservicio. Tras unosinstantes de incertidumbre, Eva cogió una bandeja, imitando a los demás imitandomuchachos, pero se saltó por completo los cubiertos y los vasos. Llegó antela cocinera, una mujerona sonriente con un inmenso delantal blanco.-¿Verdura hervida o patatas fritas? ¿VerduraLa muchacha la miró fijamente, sin responder.-¿Va todo bien? –preguntó la cocinera. preguntó
  16. 16. -Pero, ¿qué está haciendo? –comentó Ulrich, que también estaba siguiendo Pero, comentóel desarrollo de la escena . ¿No ha estado en un comedor del colegio en su escena-.vida, o qué?-¿Qué más da? –murmuró Odd con aire soñador . Es preciosísima. murmuró soñador-.-La chica nueva parece estar en apuros –comentó Sissi al tiempo que ica comentóaparecía detrás de ellos.Según algunos, Elizabeth (alias Sissi) Delmas era la chica más guapa de laescuela. Según todos, se trataba sin duda alguna de la más antipática,aunque era intocable, ya que su padre era el director. Como siempre, Sissihabía entrado en el comedor escoltada por sus dos pretendientes, Hervé yNicolas. La muchacha se dirigió inmediatamente hacia la recién llegada.Sissi cogió una bandeja y le puso encima el tenedor y un vaso, vaso,tendiéndoselo a Eva con una sonrisa maliciosa.-¿Ves? –gritó después para que todos la oyesen . No es tan difícil. Ahora gritó oyesen-.puedes pedir lo que quieres, y luego te sientas y comes. Tienes que usar estas cosas. Se llaman cu-bier-tos. Puedo tos.enseñarte cómo funcionan… Pobrecita, a lo mejor no los habías vistonunca en América.Hervé y Nicolas se partieron de risa.-Eres muy amable –dijo Eva, esbozando una sonrisa angelical Eres una… dijo angelical-.ca-ma-re-ra, ¿correcto? ¿Podrías coger mi almuerzo y llevármelo a la ra,mesa? Un poco de esas cosas verdes, y también una rebanada de eso otro.Gracias.Sissi se retorció de rabia.-¿Camarera yo? ¡¿Cómo te atreves?! ¿CamareraOdd, Ulrich y los demás empezaron a reír a carcajada limpia, sin el menortacto. Sissi se alejó dando zancadas, furib furibunda.-¡Pero todavía tenemos que comer! –protestó Nicolas. ¡Pero-A mí se me ha quitado el hambre –le espetó ella, dejándolo helado. A leMientras los tres hacían mutis por el foro del refectorio, Ulrich metió uncurrusco de pan en la boca de Odd, que estaba abierta de par en par.-¡Vaya, vaya! –comentó . Menudo carácter que tiene tu nueva amiga, ¿eh? comentó-.La habitación de Jeremy era una de las pocas individuales que el colegioreservaba para chicos. Totalmente desnuda a excepción de un enormepóster de Einstein que colgaba sobre la cama, estaba ocupada en su mayor colgabaparte por un gran escritorio.
  17. 17. En otra época la mesa había estado ocupada en sus tres cuartas partes por elordenador de Jeremy, siempre conectado con el superordenador de lafábrica abandonada. Pero desde que Lyoko había desaparecido para Lyokosiempre, el muchacho había renunciado prácticamente a la informática, y lohabía guardado todo en una caja al fondo de su armario. Había sido suforma de darle carpetazo de una vez por todas a la desaparición de aquelmundo virtual, y también de manifestar ese luto de forma visible. Ahora ual,sobre su escritorio había una tele, el portátil para navegar porinternet algunos libros y revistas.-Estoy preocupado por Aelita, chicos –suspiró Jeremy. EstoySe habían reunido todos en su cuarto. Yumi y Ulrich, sentados en el suelocon las piernas cruzadas. Odd jugueteaba con Kiwi, su bull terrier, unperrillo cascarrabias y pelón que tenía un hocico desproporcionadamentegrande respecto al resto del cuerpo y saltaba una y otra vez sobre la tripa d desu amo con cara de estar bastante satisfecho.-Bueh, en el fondo no son más que pesadillas –trató de quitarle hierro Odd. Bueh, trató-Son algo más que pesadillas. Aelita también ha tenido sueños particulares Sonen el pasado, ¿os acordáis? Podrían ser una pista para encontrar a su madre.Sabemos que la raptaron, pero no tenemos ni idea de quién lo hizo. Ni dedónde se encuentra ahora. -Ha pasado un montón de tiempo, Jeremy –le Hahizo notar Yumi-. Aelita era muy pequeña por aquel entonces. Ni si quiera .se acuerda de su madre. Después de todos estos años, Anthea podríaestar…-No lo sabremos nunca si no la encontramos –la cortó Jeremy- ¡Y No -.deberíamos descubrir más sobre el profesor Hopper! Cada vez que tenemosalgo de información nueva acerca de él, las cosas parecen volv volverse más ymás complicadas. Por ejemplo, ¿por qué creó Lyoko? ¿Y por qué nosayudó a destruirlo después?-Me parece obvio: X.A.N.A. –objetó Ulrich-. Si no hubiésemos Me .desactivado Lyoko, habría podido conquistar nuestro mundo.-Pero… -Jeremy extendió los bra Jeremy brazos, exasperado- ¡X.A.N.A. también loinventó el profesor Hopper, a fin de cuentas! Y además, pensad un poco:¿hasta cuándo podremos fingir que Aelita es prima de Odd? Durante lasvacaciones la policía estuvo a punto de descubrir la verdad, y en esaocasión nos salvamos por un pelo. Pero antes o después alguien se pondrá a n
  18. 18. verificar sus datos, o bien llamará a los Della Robbia, que le contarán quela primita Aelita Stones no ha existido jamás.Odd dejó a Kiwi en el suelo y levantó el rostro.-Jeremy, corta el rollo. Tú ya tienes algo rondándote por la cabeza del estiloplan infalible o algo así. Se te ve en la cara.-Más o menos –confirmó el muchacho, sonriente. Luego se colocó las gafas confirmósobre la nariz-. Bueno, sabemos que en 1988 Hopper se escondió aquí, en .Kadic, con Aelita, y que durante cierta época fue profesor de Ciencias ennuestra escuela.-Así que tu intención es… -dijo Odd mirándolo con malos ojos. Así dijo-Hablar con quien ocupó su puesto, por ejemplo. Es decir, la profesora HablarHertz. Ella fue quien sustituyó a Hopper, y puede que sepa algo.Ulrich suspiró.-La Hertz es una tía demasiado seria y tranquila. ¡¿Qué podría saber una tía Laasí de secuestros, mundos virtuales y agentes secretos?!-No tenemos otra opción, chicos –contestó Jeremy mientras negaba con la No contestócabeza.La luz de la tarde fue posándose poco a poco sobre el parque que seextendía frente a la academia Kadic, y las sombras de los árboles sealargaron, reptando hacia los edificios de la escuela. Hacía frío, y la nievetodavía se amontonaba cubriendo los pequeños viales y llenando los huecosentre los arriates.Aelita se encontraba sola, sentada en un banco, y deslizaba entre sus dedosel colgante de oro, uno de los pocos objetos que la unía a su padre, WaldoSchaeffer en los documentos oficiales, y Franz Hopper en el colegio. FranzCuántos nombres poblaban sus recuerdos. Nombres que le hablaban demuchas vidas en una sola: la suya. El colgante era un disco plano sujeto por una sencilla cadenita de oro. Sobre lasuperficie estaban grabadas una W y una A mezcladas con el dibujo de un mezcladasnudo marinero.Aelita había investigado un poco, y había descubierto que aquel nudo sellamaba <<de pescador doble>>. Solía utilizarse para atar entre sí doscuerdas distintas, y cuanto más se tiraba de ambas cuerdas para deshacer elnudo, más se apretaba éste. Tenía un significado bien concreto:En realidad aquel colgante no había resultado suficiente para mantenerlosjuntos. Su padre y su madre llevaban ya casi veinte años separados el uno
  19. 19. de la otra. La muchacha sacudió la cabez como para sacarse de encima cabeza,un pensamiento que se le había enganchado al cerebro. No, la verdad eraque su madre y su padre seguirían alejados para siempre. Él había muerto,y mamá…-¿Por qué lloras?Eva Skinner tenía una sonrisa particular, que parecía cohibida y distante al parecíamismo tiempo. Aelita se enjugó las lágrimas con la manga de la chaqueta.Eva acababa de llegar a Kadic, y todo debía de ser nuevo para ella. Aquellatarde llevaba sólo un ligero jerseicito de algodón, y sin embargo no parecíanotar el frío que hacía.-No es nada –respondió tímidamente Aelita mientras se escondía su respondiópreciada cadenita bajo la camiseta.-Si lo prefieres, puedo irme –dijo Eva. Si-No, quédate –le pidió Aelita mientras negaba con la cabeza , no me le cabeza-,molestas. Y además, es inútil perder demasiado tiempo llorando… Hoy te inútilhe visto en el comedor, ¿sabes? –añadió poco después, al ver que su nueva añadiócompañera ya no habla-. Con Sissi. No tienes que preocuparte por ella, -.siempre va de prepotente.-No me importa –dijo Eva Sé que es porque soy <<la nueva>>. dijo Eva-. que-Sí –sonrió Aelita-, te entiendo muy bien. ,En realidad ella no era <<la nueva>> para nada: ya había estudiado enKadic muchos años atrás. Pero luego pasó lo de Lyoko, y ella ya no habíavuelto a crecer. Y una vez regresó al mundo real, todo le había parecido tan real,extraño… <<Extranjero>> era la palabra adecuada.Aelita se sintió cercana a Eva, y se dio cuenta de pronto de que le francésde la muchacha era mucho mejor respecto a aquella mañana. Parecía comosi Eva conociese más palabras, y su curioso acento también era menospronunciado. Debía de ser una chica avispada. Aprendía muy deprisa.Aelita le tendió la mano.-Si te hace falta algo, no te lo pienses dos veces: cuenta conmigo. SiY quería decir <<¿Amigas?>>-Lo haré –sonrió Eva, estrechándole la mano.Y quería decir <<Amigas>>. Para llevar a cabo su plan, Jeremy esperóhasta las seis de la tarde, cuando la profesora Hertz se encerraba
  20. 20. puntualmente en su estudio para corregir los últimos deberes de susalumnos.El despacho de la profesora de Ciencias recordaba un poco el laboratoriode un alquimista: era pequeño, y estaba abarrotado de objetos curiosos queocupaban el escritorio y la librería, pero también el suelo y el alféizar deuna ventana. Había pilas de Volta y alambiques, series ordenadas deprobetas llenas de componentes químicos, sextantes y oscilógrafos.La profesora era una mujer menuda y delgada, con unas enormes gafasredondas y una melena de pelo gris y rizado que le caía en desorden hastala altura de los hombros. Como siempre, llevaba una bata de laboratorioencima de la ropa, y cuando Jeremy se presentó a su puerta estabaconsultando una montaña de apuntes.-¡Jeremy! –exclamó al darse cuenta de su presencia-. ¿Qué haces aquí aestas horas? ¿Algún problema con el estudio acerca de las céculas?El muchacho buscó con la mirada un espacio despejado en el que sentarse.No lo encontró. Al final se sentó sobre los ejemplares de 1998 a 2004 deScientific American, que estaban apilados formando un voluminoso cubojusto delante del escritorio.Carrapeó, sin saber muy bien por dónde empezar.-Vreá, profesora… ejem. En realidad estaba buscando información sobre elprofesor de Ciencias que enseñaba en Kadic antes que usted: Franz Hopper.Herz alzó los ojos de sus papeles, y Jeremy comprendió que ahora teníatoda su atención. Pero inmediatamente se dio cuenta de que la profesora noestaba en absoluto entusiasmada con aquella petición.-¿Por qué te interesa? –le preguntó, fingiendo indiferencia.-Por nada –trató de quitar hierro él-. En la biblioteca de la escuela me hetopado con un libro del profesor Hopper, una introducción a los principioscuánticos…-…aplicados a la informática. Sí, conozco ese texto. Pero me parecedemasiado difícil para un chico de tu edad.En el interior de Jeremy saltó una señal de alarma: si la Hertz conocía aquellibro, ¿estaba tal vez interesada en los ordenadores cuánticos? ¿Sabía queHopper había construido uno en la vieja fábrica, bien cerca de la escuela?El muchacho estaba decidido a no dejar que se le escapase esa ocasión.-La figura del profesor Hopper ha despertado mi curiosidad. Quiero decir,enseñaba aquí, en nuestra escuela. ¿Usted lo conoció?-Sí. No… De vista. Empecé a enseñar en Kadic justo después de que élabandonase su cátedra.-Pero, si no me equivoco, por aquel entonces usted, aunque no enseñaseaún, era de todas formas ayudante de laboratorio. –insistió Jeremy-.Trabajó aquí con el profesor durante al menos tres años, ¿no es así?
  21. 21. -Jeremy –lo interrumpió la Hertz, que estaba loperdiendo la paciencia-, ¿estás tratando de hacerme una especie de -,interrogatorio? Sí, hace unos diez años era la ayudante del laboratorio dequímica, pero el profesor Hopper no estaba muy interesado en esadisciplina. Lo habré visto en un par de ocasiones, nada más. Y eso es todo.Jeremy se limitó a asentir, poco convencido. Aquella historia olía a mentirapodrida.-Pero –volvió a la carga ¿usted sabe por qué se fue, profesora? En 1994 volvió carga-abandonó la escuela, y luego parece como si se hubiese esfumado porcompleto…-Lo lamento, pero no tengo ni la menor idea de todo eso –lo interrumpió mento, loella-. Y en cuanto a ti, en vez de ponerte a pensar tanto en la física cuántica, .harías bien en concentrarte en la biología: espero que para mañana tengaslisto tu estudio sobre las células. Puedes irte.El muchacho se levantó, tropezó con un enorme electroimán y a puntoestuvo de tirar por los suelos las revistas sobre las que había estadosentado. Nunca le había pasado que la profesora lo despachase con cajastan destempladas, ni de una for tan expeditiva y evasiva. formaAl salir entornó la puerta del despacho hasta casi cerrarla. El pasillo estabadesierto. No había profesores en la costa. Después de todo, era casi la horade cenar. Permaneció inmóvil, apoyado contra la pared y con la orejaapuntando hacia la puerta, que aún estaba abierta. untandoOyó cómo la profesora soltaba un largo suspiro, descolgaba el teléfono ymarcaba un número.-¿Señor director? Soy Susan Hertz. Acaba de pasar por aquí Jeremy ¿SeñorBelpois –una pausa-. Quería información sobre Franz Hopper. Sí, gracias. .Ahora mismo voy a su despacho.Jeremy salió corriendo.Aquella mancha en la pared le recordaba algo familiar. Odd trató deconcentrarse, echado panza arriba en su cuarto. Ah, eso era… Un corazón.La boca de Eva Skinner.Buf. Tenía que dejar de pensar en ella y hacer un esfuerzo por estudiar: al íadía siguiente tenía un control de francés, y todavía no había abierto el libro.Agarró el manual de literatura, que estaba tirado boca abajo en el suelo,mientras Kiwi le mordisqueaba la cubierta. El perro ladró, protestando por cubierta.el robo de su piscolabis.
  22. 22. -Anda, no seas perro –rezongó Odd Luego te saco afuera. rezongó Odd-.Empezó a leer. Stendhal fue el escritor más importante del período EvaSkinner. Su obra Eva quiere a Odd fue sin duda alguna la Eva Skiner…Mmm, no. Eso no iba nada bien.Kiwi volvió a ladrar. -¡Aj! ¡¿Quieres estarte callado, por favor?! – ¡Aj!cerró el libro de literatura y lo arrojó contra el perro.Kiwi soltó un gañido y salió disparado por la puerta de la habitación.-¡Ey! –se sobresaltó Odd . ¿Adónde demonios vas, chiquitín? No puedes… tó Odd-.Echó a correr hacia el pasillo, descalzo, y vio cómo Kiwi se lanzabaescaleras abajo para después seguir, al trote cochinero, en dirección aljardín.-¡Quieto parao! –gritó el muchacho dirigiéndose al perro. <<¡Menudo gritó perro.desastre, como lo vea alguien!>>, pensó.En Kadic estaba prohibido tener animales. Él ocultaba a Kiwi desde hacíacasi tres años, pero el peligro se hallaba siempre al acecho.-¿Qué pasa, Odd, has perdido las zapatillas? –le preguntó Sissi, sacando la ¿Qué lecabeza por la puerta de su cuarto.-Sí, creo que se han fugado junto con tu cerebro. Mira, si por casualidad los Sí,encuentras por ahí, no dejes de avisarme –le respondió. Y sin perder un lesegundo más salió escopeteado del edificio. En el parque el sol ya se habíahundido del todo tras los edificios, y empezaba a hacer más bien frío.Odd corrió en dirección al campo de fútbol. Seguro que Kiwi había atajadopor allí. Sólo que el campo de fútbol estaba cerca del gimnasio. Y elgimnasio era el reino de…-¡Jim! ¡Ay, demonios! – –masculló Odd.Jim Morales era mucho más joven que el resto de los profesores. Casi todoslos alumnos lo tuteaban, y lo trataban más como a un compañero mayorque como a un docente. No era antipático. Siempre que uno no lo irritase.Tenía una complexión achaparrada y robusta, y simpre iba en chándal, loque resultaba bastante normal, ya que era el profesor de Educación física.Llevaba el pelo recogido con una cinta elástica, y en uno de sus pómulostenía perennemente una tirita, lo que, en su opinión, le otorgaba cierto que,aspecto de luchador. En opinión de Odd, como mucho hacía que parecieseun lelo que se había cortado al afeitarse. Pero eso jamás se lo habría dicho ala cara.Jim estaba inclinado sobre Kiwi, acariciándole la barriga.
  23. 23. -Ey, perrito bonito, ¿qué andas haciendo tú por aquí? ¿Te has perdido? Ey,En el mismo instante en el que vio a Odd, el perro dio un brinco sobre suspatitas y corrió hacia él. El muchacho lo cogió en brazos.-Pórtate bien, Kiwi –murmuró En menudo lío me acabas de meter… murmuró-. as-¡Él no ha hecho nada de nada! –replicó Morales, abalanzándose sobre el ¡Él replicómuchacho-. De hecho, es un perrito bien simpático. Tú, por el contrario, .sabes muy bien que no está permitido tener animales en el internado.-Pero… -Odd se encogió de hombros- ¡si no es mío! ¡No tengo ni la menor Oddidea de por qué hace como si me conociera!Kiwi le lamió la cara.El profesor sonrió con sarcasmo. -Lo veo, lo veo. Y sin embargo, ¡quién sabe Lopor qué misteriosa razón lo has llamado por su nombre! Ahora nos vamos air juntitos a tu habitación, vamos a dejar allí el perro y te vas a venirconmigo a hacerle una visitilla al director. ¿Qué te parece? Será él quiendecida el castigo que te mereces.En el gimnasio, Yumi y Ulrich se estaban entrenando en sus llaves deKung-fu, y Aelita los observaba desde una esquina mientras escuchaba algo fu,de música.Cuando Jeremy entró, Yumi aprovechó el instante de distracción de Ulrichy lo agarró de la camiseta con un movimiento sorpresa. En un segundoambos acabaron en el suelo, metamorfoseados en un ovillo de brazos y suelo,piernas. Se quedaron mirándose fijamente durante unos instantes, y luegovolvieron a levantarse. Los dos tenían la cara al rojo vivo, y no era sólo porel esfuerzo del entrenamiento.-¿Y bien? –le preguntó Ulrich a Jeremy al tiempo que se masajeaba un lehombro entumecido.Aelita se quitó los auriculares y apagó su lector de mp3. Después observó asus dos amigos con una expresión interrogativa.-Y bien, ¿qué?-Bueno… -Jeremy empezó a sentir un sudor frío recorriéndole la espalda Jeremy recorriéndole espalda-esto… sé que debería habértelo dicho… pero nos pareció que… en fin…-Ha ido hablar con la Hertz –intervino rápidamente Yumi para echarle un Ha intervinocable- para pedirle información sobre tu padre. Nos pareció que podría seruna buena manera de descubr alguna pista… descubrir-¿Y tú, Jeremy –Aelita le lanzó una mirada al muchacho , no me has dicho Aelita muchacho-,nada? Un millón de gracias.
  24. 24. Jeremy tragó saliva. A lo mejor, excavando en el parque de linóleo delgimnasio, podía conseguir que se lo tragase la tierra, desaparecien para desapareciendosiempre en su ardiente núcleo, que seguro que sería menos incómodo que lasituación en la que ahora se encontraba. Podría intentarlo.-Ha sido muy, pero que muy… -de repente cambió de tono- majo por tu Haparte. Gracias –y le estampó un beso en la mej y mejilla.El corazón de Jeremy perdió el ritmo durante un segundo.-Estoy oyendo algo de ruido ahí fuera –masculló Ulrich. Estoy-Sólo es Jim –suspiró Yumi , que anda dando voces, como de costumbre. suspiró Yumi-,-De todas formas, será mejor que echemos un vistazo: me ha parecido oír Detambién la voz de Odd. Vosotros seguid sin mí.El muchacho corrió afuera, pero el profesor ya se había ido.-¡Ejem! ¿Se puede? –preguntó Jim Morales con un tono preguntósorprendentemente sumiso.El director Delmas lo fulminó con una mirada incendiaria desde el otrolado de sus gafas.-Jim, deberías aprender a llamar antes a la puerta –dijo. Jim, -Eeh, claro, le pido disculpas.Odd se asomó desde detrás de la espalda del profesor. En el despacho deldirector se encontraba también la profesora Hertz. E incluso más seria quede costumbre.-Señor Delmas –concluyó la mujer , será mejor que por el momento vuelva concluyó mujer-,a mi trabajo. Muchísimas gracias.-De nada. No deje de mantenerme informado. Hasta luego. DeAmbos parecían bastante cortados. La profesora salió sin ni siquierasdedicarles una sonrisa de cortesía a Jim ni a Odd, y el director cerróapresuradamente el legajo que tenía abierto sobre su escritorio, una carpetaamarillenta.Pero antes de que Delmas tuviese tiempo de meterla en un cajón, Odd logróleer el nombre que tenía en la cubierta: Waldo Schaeffer. ¡Ése era el eníaauténtico nombre de Franz Hopper, el nombre que tenía el profesor antesde refugiarse en Kadic!Odd recordó de repente que Jeremy había prometido que hablaría con laHertz aquella misma tarde. Su cerebro se puso en marcha: Jeremy hablacon la Hertz; la Hertz corre a ver al director; el director tiene un expedientesobre Waldo Schaeffer… Raro, raro, raro.
  25. 25. En el ínterin, Jim le había explicado al director el asunto de Kiwi.-¿Y dónde habéis dejado el perro? –le había preguntado Delmas. ¿Y le-En el cuarto del chico. EnEl director se dirigió a Odd en tono grave.-Tener animales en las habitaciones está terminantemente prohibido. Voy a Tenertener que suspenderte durante unos días. Pero antes vayamos a recoger alperro.Cada paso en dirección al cuarto que compartía con Ulrich volvía a Oddmás pequeño e infeliz. Iban a suspenderlo. Había cosas peores en la vidaque una semana de vacaciones imprevistas, pero ahora había aparecidoEva. ¿Una chica espléndida entraba en su clase, y a él lo suspendían? ¡Esono era nada justo!El director le ordenó que abriese la puerta. La vieja habitación desordenadade siempre. Los pósters de artes marciales de Ulrich en su lado del cuarto,y, encima de la cama de Odd, el póster del mítico Harry Metal destrozandosu guitarra eléctrica contra un amplificador. El libro de literatura francesaen el suelo.-¿Y bien? ¿Dónde se supone que anda ese dichoso perro? –preguntó el ¿Y preguntódirector mientras miraba a su alrededor.Jim se rascó la cabeza, perplejo.Odd sintió cómo la esperanza cecía en su pecho.-Señor –dijo, echándole valor y algo de cara dura , ya le había dicho a Jim dijo, dura-,que ese perro no era mío. -Seguro que anda por aquí… -masculló el mascullóprofesor de gimnasia al tiempo que abría el armario y los cajones. Ll Llegóincluso a levantar las lamparitas de las mesillas de noche.-Ya está bien, Jim, no seas ridículo. Ponte de pie. Ya-Señor director –protestó Odd , ¡no me puede suspender por culpa de un protestó Odd-,perro que ni siquiera existe!-No es que me fíe de tu palabra –replicó Delmas., pero ya que ese perro no No óestá aquí ahora, saldrás de ésta con dos días de confinamiento. Un profesorvendrá a recogerte al principio del día, y luego volverá a acompañarte a tucuarto. Te queda terminantemente prohibido salir de aquí. ¿Está bien claro?El muchacho agachó la cabeza. Por lo menos iba a poder ver a Eva enclase.-Sí –murmuró.
  26. 26. -Y tú, Jim, ven conmigo. Quiero decirte un par de cosas sobre por qué el Yprofesor de gimnasio no tiene que molestar al director por perros que noexisten.La contraseña de los ordenadores de secretaría estaba chupada: sissidelmas.El nombre de la hija del director. Jeremy la había descubierto durante laprimera semana de su primer año en la escuela.El muchacho encendió su viejo portátil y entró en la base de d datos de lasecretaría, empezando por revisar los expedientes del personal docente. Alparecer, la profesora Hertz había sido de verdad ayudante de laboratoriodurante los años en los que Hopper daba clases allí, pero el laboratorio enel que lo había hecho era el de física, y no el de química. De modo que laHertz le había mentido, y era imposible que hubiese visto a Hopper tan sóloun par de veces.Jeremy rebuscó entre los archivos digitales hasta que encontró elexpediente sobre Franz Hopper. Tan sólo tenía unos pocos renglones: la teníafecha en la que se había licenciado y los títulos de algunas de suspublicaciones. Hasta la foto era poco útil: demasiado oscura, prácticamenteirreconocible.Se fijó en la última línea del expediente: 6 de junio de 1994, presen su presentadimisión. Véase la carta adjunta. Pero no había ninguna carta adjunta, yJeremy estaba seguro de que Hopper jamás la había escrito. Aquél habíasido el período en el que el profesor había creado Lyoko, se había llevado aAelita consigo y se había refugiado en el mundo virtual que el mismo había refugiadoinventado. El 6 de junio era la fecha exacta de su desaparición.Jeremy reflexionó. Hopper se había refugiado en Lyoko porque alguien loestaba buscando. Resultaba obvio que no podía haber presentado una cartade dimisión antes de la fuga: habría sido una señal clarísima de su intenciónde escapar. De modo que todo era mentira. Pero ¿porqué? ¿Quién había corrido un tupido velo sobre la huída del profesor, yquién lo había ayudado a esconderse en Kadic en primer lugar? Y sobre primertodo, ¿por qué luego Hopper había buscado refugio en Lyoko, cuando sabíaque su enemigo, X.A.N.A., se encontraba precisamente allí?Demasiadas cosas sin sentido. Demasiadas preguntas sin respuesta.
  27. 27. En ese momento, la bombilla que iluminaba su escritorio estalló con unchasquido seco que lo sobresaltó. El ordenador portátil se apagó y sereinició automáticamente.Jeremy se alejó del teclado con los ojos desorbitados, como si acabase dever un monstruo.Cortes de corriente. Bombillas que estallan. Parecía igualito a uno de losataques eléctricos que X.A.N.A. había lanzado en tantas ocasiones enKadic. Pero eso no era posible: aquella inteligencia artificial había sidodestruída, y Lyoko estaba apagado. Así que no debía de ser más que unacoincidencia.Jeremy volvió a apagar el ordenador y se echó sobre la cama.Jeremy era un científico.Y no creía en las coincidencias. 3 Kiwi, heridoLa casa de Yumi se encontraba en un barrio tranquilo, a menos de diezminutos andando de Kadic. Un chalecito pequeño y elegante con un jardíntan cuidado como minúsculo que, según Ulrich, tenía un aspecto un pelíndemasiado <<japo>>. Pero ahora el muchacho no tenía tiempo para pensaren las plantas.Tocó el timbre de la entrada mientras trataba de esconder a Kiwi dentro desu chaqueta, y deseó con todas sus fuerzas que los padres de Yumi no estuviesen en casa.-Ah, eres tú –lo saludó expeditivamente su amiga.-Menudo entusiasmo… -comentó, irónico, Ulrich-. En fin, yo también mealegro de verte. ¿Se puede? ¿Estás tus viejos?-No, estamos solo Hiroki y yo –respondió ella al tiempo que le hacía entrar.Ulrich se quitó las zapatillas antes de pisar el parqué que cubría el suelo dela casa. Los padres de Yumi llevaban ya muchos años viviendo en Francia,per conservaban las tradiciones de su tierra natal. Hasta los huéspedestenían prohibido llevar zapatos dentro de casa. El muchacho agitó los dedosen los calcetines: tenía la esperanza de que no apestasen después de lacarrera que se había pegado.
  28. 28. El interior de la casa también estabaamueblado al estilo oriental. Aperte de unas sillas y una mesa de alturaestándar, había una mesita más baja con varios cojines a su alrededor sobrelos que arrodillarse. Y en las alcobas no había camas, sino futones, esos rse.delgados colchones japoneses, que se ponían directamente sobre losespartanos tatamis, esteras de paja trenzada.En el salón, Hiroki, el hermanito de diez años de Yumi, estaba sentado enel suelo, sobre una montaña de cojines, absorbido por un videojuego. El bretelevisor se hallaba a un volumen infernal, y al parecer, todo un ejército demonstruos lo estaba pasando bastante mal.-¿Te importaría bajar eso, por favor? –le gritó Yumi para hacerse oír por ¿Te leencima de aquel caos antes de dirigirse a Ulrich . Bueno, y ¿cómo es que te cima Ulrich-.dejas caer por aquí?-A Kiwi, aquél le pareció el mejor momento para declararle al mundo Aentero su presencia. Saltó afuera de la chaqueta del muchacho y fue a parara los brazos de Hiroki, pero no sin antes haber ensuciado con sus patitas iroki,todo el hermoso parqué del salón de los Ishiyama.Ulrich le echó un vistazo a su ropa: la camiseta y el forro de la chaquetaestaban arañados y empapados de barro.-Oh, diablos…-¿Qué está haciendo ése aquí? seUlrich lanzó un suspiro.-Cuando he salido del gimnasio, he visto a Jim arrastrando a Odd de una Cuandooreja mientras llevaba a Kiwi bajo el otro brazo. Ese listillo ha conseguidoque lo pillen. Así que los he seguido. Jim ha dejado al perro en nuestrocuarto y luego se ha llevado a Odd al despacho del dire. He logrado sacar aKiwi de ahí por el canto de un duro, y menos mal, porque si no a Odd lohabrían suspendido.-No me has respondido –dijo Yumi mientras ponía los brazos en jarras No dijo jarras-.¿Qué estás haciendo aquí? do-¡No sabía dónde dejarlo! Tú eres la única de la pandilla que no tiene que ¡Noquedarse en la residencia… Así que, como nosotros no podemosquedárnoslo, por lo menos durante un tiempo… me preguntaba si nopodrías cuidar tú de Kiwi… ¡sólo un par de días, quiero decir! Hasta que días,las aguas vuelvan a su cauce.
  29. 29. -Tú te has vuelto majara, ¿verdad? –la voz de Yumi entró en su oído como Tú laun afilado témpano de hielo . De eso si hablar. ¿Tú sabes la que me hielo-.montarían mi padre y mi madre?Ulrich sintió cómo el enfado le trepaba por la espalda hasta llegarle a la enfadoboca.-Vaya, pues nunca me ha parecido que te importe mucho lo que opinasen Vaya,tus padres, Y además, se trata sólo de echarle un capote a Odd.-¡Mira quién habla de padres! ¡Venga, hombre! Y de todas formas, la ¡Mirarespuesta sigue siendo no. -¡Ey, ey, ey! Tranquis los dos – entrometió –seel pequeño Hiroki-. De Kiwi me ocupo yo. ¡Es mi amigo! .El perro confirmó sus palabras dándole un lametón en la cara.-Ya te he dicho que ni hablar –lo regañó Yumi. YaUlrich la ignoró, inclinándose hacia Hiroki.-Muchísimas gracias, pequeño. Odd te estará eternamente agradecido – Muchísimasluego se dirigió de nuevo a ambos . Vale, entonces ya está la cosa ambos-.arreglada. Ahora lo siento, pero tengo que pirarme.Se dio media vuelta de inmediato y salió pitando, dando saltitos por el pitando,sendero del jardín mientras se iba poniendo las zapatillas.Sus padres. Yumi no debería haber sacado a relucir aquel asunto. Hacía unmontón de tiempo que Ulrich no se llevaba bien con los suyos.Especialmente con su padre, un tipo chapado a la antigua, demasiadosevero. Por supuesto, habría estado muy bien resolver las cosas, volver alos viejos tiempos, cuando la suya aún era una familia unida y no había unatensión constante en casa. Pero a esas alturas aquella posibilidad p parecía unespejismo. Echó a correr hacia Kadic a toda velocidad, tratando de nopensar en eso. No tenía ganas de pensar en nada.Una foto de Ulrich. Sonría y tenía los ojos entrecerrados por culpa delfuerte sol que le daba en la cara. La foto, pegada en la página de un diario,estaba enmarcada con dibujos de florecitas.Yumi suspiró y se colocó mejor sobre la cama. Había cerrado la puerta conllave. No quería que Hiroki supiese que llevaba un diario. Ni que dibujabaflorecillas en sus páginas. Se habría burlado de ella por los siglos de los burladosiglos.Pasó página. Había un esbozo de Ulrich tal y como aparecía en Lyoko, consu ropa de samurái: una cinta blanca sobre la frente, un elegante quimono
  30. 30. de batalla y su catana, la larga espada de los guerreros japones a un lado japoneses,de la cintura. La primera vez que se había materializado en el mundovirtual, Yumi había descubiertos que ambos vestía ropa tradicionaljaponesa. De hecho, ella asumía el aspecto de una geisha, con su maquillajede rigor y su quimono tradicional, sujeto por la espalda con una amplia faja tradicional,obi.Fue hasta el principio del diario, donde había unas pocas notasgarabateadas. La descripción de su primer encuentro. Estaba en elgimnasio, en un entrenamiento de artes marciales, y he peleado contra untal Ulrich. Se mueve bien, y con una agilidad increíble. Podría convertirse alen un experto en pocos años. Al final lo he derrotado. Ha estado bien.Yumi volvió a suspirar. ¿Por qué tenía que ser todo tan difícil? Avanzandoen el diario empezaban los problemas. Y los problemas se llamaban problemas.William Dunbar. William tenía la misma edad que Yumi, y sehabía enamorado de ella a primera vista, aunque ella… Ella, ¿qué?La muchacha sacó de debajo de su almohada el reproductor de mp3 y sepuso los cascos. Eligió una lista de reproducción con canciones lentas y se listaechó con los ojos cerrados y el diario sobre la tripa, dejando que las notasse llevasen con ellas, muy lejos, las preocupaciones. Imágenes de ella, deUlrich, de William en bañador. Ulrich salvándole la vida durante una de durantesus incontables batallas en Lyoko. William con una expresión cruel en elrostro, aquella vez en que X.A.N.A. se había apoderado de su mente y elmucho había tratado de matarla…¡PUMMM!La muchacha se puso en pie de un salto, chillando del sussusto.-Oye, ¿estás bien, Yumi? –se informó poco después la voz de Hiroki desde Oye, seel otro lado de la puerta cerrada.-S-si. No te preocupes, yo… si.Miró al suelo. El lector de mp3 había explotado, fundiéndose en un pegotede plástico oscuro. Apestaba a quemado, y todavía estaba echando humo.-Tú, ¿qué? –insistió su hermanito, golpeando con fuerza contra la madera insistióde la puerta cerrada.-Me he tropezado, Hiroki, nada más. Tranquilo –trató de calmarlo ella. Me trató-¡Pero si he oído una explosión! ¡Era una explosión, esoty seguro! ¡Pero seguro!-Que te digo que no. Todo va estupendamente. ¡Anda, vete! Que
  31. 31. Los auriculares le habían explotado en las orejas. El lector de mp3 estabairreparablemente quemado. Casi parecía uno de los viejos ataqueselectrónicos de…Yumi sacudió la cabeza. Qué va, imposible. Seguro que era una mera imposible.coincidencia.Odd se miró al espejo, ensayando varias poses y expresiones. Después seechó un poco más de gomina en las palmas de las manos y se la extendiópor el pelo, moldeándolo hasta esculpir su peinado de costumbre.Siguió mirándose un rato más, con una expresión crítica en la cara. Sehabía puesto la camiseta de los Desperate, su grupo de rock favorito, y unosvaqueros que le sentaban como un guante.-Rompecorazones –le dijo complacido a su reflejo mientras probaba s le susonrisa más cautivadora. Ahora si que podía salir: tenía un aspectoirresistible.El percance con Kiwi ya se le había ido de la cabeza. Ulrich lo habíasalvado justo a tiempo, y ahora tenía la tarde libre para cortejar a EvaSkinner. Aelita le había dicho que la muchacha iba a cenar con ellos en el dichocomedor Kadic, por lo que ahora estaría seguramente en algún lugar de laescuela. Odd asomó la cabeza fuera del baño y miróhacia ambos lados del pasillo. La residencia estaba desierta. Perfecto.Se deslizó afuera con los oídos bien atentos, listos para captar cualquier uerasonido parecido a los pesados pasos de Jim. Salió por la puerta principal yatravesó el patio a todo correr.En el parque no había profesores haciendo la ronda: hacía demasiado frío, yla nieve estaba toda helada. Muy probablemente, hasta Eva debía de haberpreferido buscarse un sitio calentito. A lo mejor estaba en el comedor.Pobrecita, seguro que tenía ganas de charlar con alguien. ¡Tal vez con él!En resumen, que seguro que lo estaba esperand esperando.-¿A quién andas buscando? ¿AA Odd aquellas palabras lo pillaron desprevenidos. Era Sissi, que tambiéniba demasiado elegante como para estar dando un inocente paseo. Llevabaun top negro sin mangas anudado en la nuca y una minifalda bien ceñida.Tenía la piel azulada a causa del frío.-Qué olor más raro… -comentó Odd, que olfateaba el aire a su alrededor comentó alrededor-.Es como de hierbas…
  32. 32. -¡¿Olor?! ¡¿Hierbas?! ¡Es mi perfume, tonto del bote! Estoy buscando a ¡¿Olor?!Ulrich. Y tú, ¿a quién buscas?-A Eva –respondió Odd sin dars tiempo a reflexionar-. Tengo que respondió darse .pedirle… -añadió después a toda prisa unos apuntes… la clase de… añadió prisa--Sí, sí, claro –sonrió, maliciosa, Sissi . Me parece que alguien quiere sonrió, Sissi-.hacerse amiguito de cierta yanqui guapa…Pasos en el sendero. Una risotada de lo más desquiciada. ¿Jim Morales? más-Instintivamente, Odd agarró a Sissi de un brazo y la arrastró detrás de unos Instintivamente,arbustos.-¡Oye! ¿Qué haces? ¡Suéltame ya mismo! –siseó ella. ¡Oye!-¡Chitón! –la mandó callar el muchacho, poniéndole un dedo sobre los lalabios.Estaban muy cerca, apretujados ahí detrás, rodeados de hojas cubiertas deescarcha. Sissi estaba sólo a un par de centímetros de él, y no pudo evitarponerse colorada.-¿Qué pretendes hacer, Odd? –susurró. ¿QuéLos pasos se alejaron, y el muchacho pegó un brinco hacia atrás.-¿Eeeeeeh? Pero ¿a ti qué se te ha pasado por la cabeza? ¡Yo no quiero ¿Eeeeeeh?nada de nada! ¡De-na-da!da!Se sacudió la nieve de la ropa. Tenía que inventarse una excusa pausible.Estaba claro que se había escapado de la residencia.-Alguien se estaba acercando, y no quería que nos viesen juntos –improvisó Alguien acercando,sobre la marcha.-¿Qué te has creído? –añadió con una sonrisa . ¡Yo tengo una reputación añadió sonrisa-.que mantener! Estaba claro que no podía dejarme ver contigo todaemperifollada en medio de la nieve. ¡Y con ese perfume tremendo, además! perfume Sin embargo, en su excusa perfecta debía dehaber algún fallo, porque Sissi se había puesto todavía más roja… pero derabia.-¡Odd Della Robbia, te juro que me las pagarás! –gritó la muchacha ¡Odd gritómientras se alejaba corriendo.Odd se arrepintió. Sissi era un ratita presumida y tonta, pero a lo mejor esta intió.vez a él se le había ido un poco la mano.Más tarde, el muchacho volvió a su cuarto y se echó sobre la cama, ensilencio. Ulrich estaba al otro lado de la habitación, igualmente echado, conlos ojos abiertos y los pies levantados y apoyados contra la pared.
  33. 33. Odd había deambulado por la escuela sin encontrar rastro de Eva, y habíaestado a punto de correr el peligro de toparse con el director en persona,Definitivamente, era un mal día. Había vuelto a la residencia con el rabo Habíaentre las piernas.-Ah –masculló-, gracias por lo de hoy. Lo de Kiwi, quiero decir. ,-Nada –respondió Ulrich con un gruñido. respondió-Un día duro, ¿eh? –Odd le echó un vistazo de reojo a su amigo. Odd-Mmm.-¡Ya, yo ando igual! ¿Te apetece hablarlo? ¡Ya,-Pues no.Odd se quedó en silencio. Él tampoco tenía ganas de hablar. Aunque ver asu amigo tan alicaído no le gustaba ni un pelo. Ulrich era un cabezota, peroél lo quería. Verlo así de triste le hacía sentirse muy incómodo. De repentecogió del suelo una de sus pantuflas y lanzó contra la cabeza de sucompañero.-¡Ey! Pero, ¿qué haces? ¿Te has vuelto majara? ¡Ey!-¡Uatááá!Haciendo gala de una agilidad felina, Odd saltó desde su cama hasta la desu amigo blandiendo la almohada por encima de su cabeza. Pero Ulrich fuemás rápido, y lo detuvo en pleno vuelo de un almohadazo. Después le tiróun zapato y se echaron a reír.¡Guau, guau, guau!Kiwi estaba completando la duodécima vuelta del Gran Premio de laHabitación de Hiroki, y seguía sacándoles cada vez más ventaja a sus sacándolesperseguidores, es decir, a Hiroki. Se tumbaba en el tatami y brincaba sobreel escritorio, se deslizaba por debajo del armario, pasaba haciendo unarasante junto a la puerta, y vuelta a empezar. Y todo eso sin dejar unsegundo de ladrar, completamente desencadenado.-¡Kiwii! ¡Estate quieto! –le gritó el niño. ¡Kiwii!-¡Hiroki! –chilló de repente Yumi . ¿Quieres dejar de armar tanto jaleo? chilló Yumi-.La muchacha abrió de golpe la puerta de la habitación, y Kiwi decidió quela carrera había terminado y era el momento de subir al podio. Así que se terminado escabulló por entre las piernas de Yumi sinbajar de revoluciones y desapareció de su vista.-¡Oh. No!
  34. 34. El chiquillo se lanzó en pos del perro, pero en medio de la confusión delmomento, uno de sus hombros chocó con las rodillas de Yumi, de modoque ambos acabaron por los suelos.-¡Ay! ¡Hiroki!-¡Kiwi se está escapando! –exclamó él.-Pero ¿adónde quieres que vaya? –bufó su hermana, algo molesta.La respuesta era bien simple: a la ventana de la cocina.Los muchachos habían terminado de comer no hacía mucho. Ellos dossolos, porque sus padres estaban en casa de unos amigos, Yumi habíadejado la ventana abierta para airear un poco. Demostrando unas dotesatléticas insospechables en un cuzco como él, Kiwi saltó sobre el mostradorde la cocina, pasó haciendo un eslalon entre los fogones que Yumi acababade limpiar y despareció al otro lado del alféizar, engullido por la oscuridadde la noche.-¡Oh, no! ¡Tenemos que encontrarlo! –exclamó Hiroki, alarmadísimo.-Ve tú a buscarlo –le espetó la muchacha, irritada, mientras se encogía dehombros-. Fuiste tú el que aceptó encargarse de Kiwi. Yo me quedo aquí.Kiroki la miró durante un par de instantes, con sus ojos rasgados contraídosformando dos delgadas ranuras.-Venga, Yumi, ¡no seas así!-Ni hablar. Y trata de darte prisa. A saber adónde habrá ido a parar Kiwiya.Hiroki salió a la calle escopeteando, y se estremeció cuando el aire heladode la noche lo recibió con una bofetada de frío. Las farolas iluminaban unacalzada desierta flanqueada por casa bajas pegadas unas a otras, jardinesque crecían hombro con hombro con otros jardines y coches aparcados unodetrás de otro junto a las estrechas aceras. Ya era bastante tarde, y las lucesde las casas estaban casi todas apagadas.¡Guau, guau!Kiwi andaba por allí, al fondo de la calle, a mano izquierda, por algún lado.Aquella ciudad era un lugar bastante tranquilo y luminoso. De día. AHiroki le gustaba mucho más que Kioto, la ciudad japonesa en la que élhabía nacido. Pero hasta aquel momento nuca le había pasado eso de irdando vueltas por sus calles de noche, con la oscuridad y el frío, ycompletamente solo. Las calles por las que pasaba todos los días con Yumipara ir al colegio tenían ahora un aspecto distinto, con las sombrasalargándose sobre el asfalto como largos dedos tenebrosos.A fuerza de perseguir a Kiwi, el chiquillo llegó a los alrededores delcolegio. Al fondo, a la derecha, se veía la verja de entrada de La Ermita. La
  35. 35. calle estaba invadida por el silen más silenciototal, aparte del viento y el tintineo de algunas latas vacías que rodabanempujadas por él.<<Lo he perdió –pensó Hiroki, consternado . He perdido a Kiwi>>. pensó consternado-.De pronto, un hombre salió de la calle que bordeaba uno de los lados de LaErmita. Llevaba una cazadora de cuero y estaba de espaldas a él. Bajo lamortecina luz de las farolas, Hiroki logró vislumbrar tan sólo algunosrasgos de su cara. Trató de no hacerse notar: había algo en aquel hombreque lo inquietaba y le daba escalofríos.En aquel mismo instante, Kiwi empezó a ladrar desde el jardín del chalé, y omuy pronto a sus aullidos se les sumaron diversos gruñidos y ladridos.Otros perros. Parecían enfadados y nerviosos.Sin parase a pensarlo, Hiroki escaló la verja de la Ermita y se dejó caer alotro lado. Era pequeño y flaco, pero tan ágil como su hermana. En cuantohubo aterrizado, miró a su alrededor con miedo. Ahora Kiwi ya no ladraba,mientras que los otros perros seguían gruñendo.El chiquillo se precipitó en aquella dirección, tan preocupado que no se dio preocupadocuenta de que en realidad no había ninguna calle que bordease uno de loslados de La Ermita. Y entonces, ¿de dónde había salido aquel hombre? Detodas formas, no era un pensamiento demasiado importante: el tipo ese yase había alejado. Y ahora él tenía otras cosas en las que pensar. oraEl jardín del chalé estaba desierto, e Hiroki avanzó a ciegas en la oscuridaddurante un rato, en busca de Kiwi. Ahora se habían terminado los ladridos,y un silencio inquietante cubría el lugar como un manto. Caminó sobre la Caminócapa de nieve helada, arriesgándose a resbalar, y se fue acercando al garaje,una casucha baja anexionada al chalé. Y por fin lo oyó. Más que unarespiración parecía un puñado de jadeos provenientes de una criatura queno conseguía meter ni una pizca de aire en sus pulmones. Y salían de un unaovillo de carne temblorosa que yacía en el suelo, boca arriba.Era Kiwi. Y estaba herido.Grigory Nictapolus recorrió apresuradamente la distancia que lo separabade su camioneta, subió a bordo y cerró la puerta con tanta fuerza que a puertapunto estuvo de romperla.Había reconocido al niño: Hiroki Ishiyama. Y había faltado poco para queaquel mocoso le viese la cara.
  36. 36. El entrenamiento y la infinita cautela de Grigory lo habían salvado, perosólo en el último momento. No había estado lo bastante alerta. Y sin momento.embargo, ya sabía que aquellos chiquillos eran endemoniadamente listos.Tenía que ir con más cuidado.El Mago le pagaba para prever lo imprevisible. 4 Un espía entre las sombras No había nada interesante en la televisión. Odd dejó caer el mando a distanciasobre las mantas y bostezó.-Como la cosa siga así, me va a costar no dormirme. ¡Y sólo es Comomedianoche!En el otro extremo de la habitación, Ulrich alzó la cabeza del libro de Ulrichliteratura.-También podrías estudiar. Te acuerdas de cómo se hace, ¿no? También-¿Mandeeee? –su amigo lo miró con un gesto asqueado . Una mente tan su asqueado-.avanzada como la mía no necesita estud…La respuesta de Odd se vio interrumpida por los timbrazos del móvil deUlrich.-¡Dime! –respondió el muchacho Ajá. Ajá. Vale. Ya voy. respondió muchacho-.Colgó el teléfono y empezó a calzarse las zapatillas.-¿Adónde vas? –dijo Odd, poniéndose en pie de un salto . N o se te estará dijo salto-.pasando por la mollera dejarme plant plantado aquí, ¿no?-Era Yumi. Está muy preocupada. Me ha pedido que vaya corriendo a su Eracasa.-¿Preocupada? ¿Por qué? ¿Preocupada?Ulrich le dirigió una mirada fugaz antes de responder.-No me lo ha dicho.-Espero que no le haya pasado nada a Kiwi –dijo Odd mientras empeza Espero dijo empezabatambién a calzarse.-Acuérdate de que estás castigado, mente avanzada –lo detuvo Ulrich. Acuérdate loOdd sopesó su respuesta.-Lo estoy, es cierto. Pero sólo si alguien me ve. Esta tarde también he Losalido, y no ha pasado nada.
  37. 37. -¡Tú no vas a asomar ni la nariz fuera de esta habitación, Odd! Me parece ¡Túque ya has causado bastantes problemas.-Ah, ya. Por supuesto, papaíto. Como tú quieras. Ah,Ulrich sonrió con resignación, y los dos amigos salieron corriendo juntospor la puerta.Kiwi estaba descansando en el regazo de Hiroki, envuelto en una manta. Hiroki,Todavía le costaba respirar, y su corazón latía fuerte. Odd se abalanzóinmediatamente hacia su perro herido.-Lo siento, Odd… -dijo con la voz rota Hiroki, mirándolo con los ojos dijohinchados por el llanto Lo siento muchísimo… Yo no… llanto-.Odd alzó con la delicadeza la manta. El cuerpo regordete de Kiwi estabacubierto de arañazos, dos de los cuales eran bien profundos. Tenía unaoreja mordida, y estaba temblando como un flan. El muchacho lo acarició con mucho cuidado, poniendo ate atención parano pasarle la mano por las heridas.-¿Qué ha ocurrido? –preguntó con un hilo de voz. preguntóYumi, que les había abierto la puerta y se había quedado dando saltitosnerviosos de un pio a otro, se lo explicó.-Felicidades, Yumi, en serio –los ojos de Ulrich era dos rayos laser, de ese Felicidades, ichtipo que quema de puro frío . No sólo no has querido cuidar de Kiwi, sino frío-.que incluso has dejado que se escapase. Y por si no bastaba con eso, hasmandado a Hiroki a buscarlo él solo. ¡Tu hermano pequeño! ¡De noche!¡Dando vueltas por la ciudad! ueltas-Yo… -trató de responder ella. tratóPero Ulrich no la dejó hablar. Estaba fuera de quicio.-Si por lo menos hubieseis salido juntos, a lo mejor habríais encontrado a SiKiwi cinco minutos antes de que lo atacase el perro ese, y a lo mejor noestaría herido, y a lo mejor…Yumi no era de la clase de chica que se iba a quedar tranquila tragándoseuna retahíla de reproches, aunque en su fuero interno sintiese que tenía unabase de verdad. Es más, puede que estuviese así de irritada precisamentepor eso.-¡Eso, tú encima júzgame! –le replicó, totalmente crispada-. Es lo que ¡Eso, .mejor se te da, ¿no? Don Perfecto, él…-¡DEJADLO DE UNA VEZ! ¡DEJADLO
  38. 38. Odd tenía la cara morada, y había gritado tan fuerte como para hacer queKiwi gañese e Hiroki se sobresaltase.-¡ALGUIEN LE HA HECHO DAÑO A KIWI, Y YO AÚN NO HE ¡ALGUIENENTENDIDO QUÉ NARICES HA PASADO!Después respiró hondo, tratando de calmarse.-Hiroki –continuó en un tono más dulce , ¿dónde lo has encontrado? continuó dulce-,-En la… en La Hermita. EnDe pronto el chiquillo se acordó del hombre que había entrevisto de hombreespaldas. No había ninguna calle que diese al otro lado del chalé, y si nohabía calle… ¡eso quería decir que el hombre había salido de La Ermita!Balbuceando, cada vez más alterado, Hiroki les contó a los muchachos loque había pasado.-Un desconocido… -comentó Yumi . Tal vez buscase a Aelita. comentó Yumi-.-¡Lo mismo tiene algo que ver con Hopper! –exclamó Ulrich- Tenemos ¡Lo -.que ir allí a echar un vistazo.La muchacha asintió con la cabeza.-Yo llamo a Aelita. Tú avisa a Jeremy. Nos vemos todos en La Ermita. Yo todosDebemos llegar hasta el fondo de este asunto.Diez minutos antes Jeremy estaba durmiendo tan tranquilo en su pequeñahabitación de Kadic, bajo la protección del poster de Einstein que colgaba de la pared. Diez minutos más tarde, con unchaquetón bien abrigado que se había puesto directamente encima delpijama y las gafas redondas torcidas sobre la nariz, se encontraba agachadosobre el césped de La Ermita, con una linterna en la mano, inspeccionandola capa de nieve que cubría el suelo.A su alrededor, como si fuesen luciérnagas, brillaban las linternas de susamigos. Tan sólo Hiroki se había quedado en casa de Yumi, para seguirciudando del pobre Kiwi.-¡Aquí! –exclamó de golpe Jeremy Venid a ver esto. exclamó Jeremy-.La nieve helada no presentaba ningún rastro particular, pero en cierto ningúnpunto, cerca del garaje, el grueso estrato blanco había sido apartado, y elbarro de debajo estaba surcado por una maraña de huellas. Perros.-¡Su madre! ¡Qué grande era! –comentó Odd mientras apoyaba la mano de ¡Su comentóuna de las huellas más nítidas . ¡Mirad, las uñas se han clavado bien hondo! nítidas-.¡Debía de ser una auténtica fiera! ¡Es un milagro que Kiwi aún esté vivo!
  39. 39. -Los rastros resultan confusos –comentó Jeremy mientras examinaba el Los comentósuelo con escrupulosa atención pero en mi opinión había por lo menos dos atención-, iperros, de la misma raza, aunque uno era algo más ligero que el otro: ¿veisesta huella, que está menos hundida?-Chuchos callejeros –sentenció Ulrich. sentencióJeremy negó con la cabeza, no muy convencido.-¿Os habéis fijado en est contra la pared del garaje? –señaló una huella en ¿Os esto, señalóforma de media luna cerca del muro, que estaba desconchado y cubierto demoho-. Eso es de un zapato. Y estoy dispuesto a apostaros lo que queráis a .que el que la haya dejado estaba aquí con los perros. Tal y como nos ha Taldicho Hiroki.-Perros… -susurró Aelita . Como los que oí ladrar la otra noche. ¡Como el susurró Aelita-.de mi sueño! Jeremy, me estoy asustando.Jeremy sintió el impulso de estrecharla bien fuerte entre sus brazos, pero enseguida se contuvo.-No te preocupes, Aelita. Ya verás como entre todos lograremos resolver upes,este asunto. Y además, nos tienes a nosotros para protegerte.Odd avanzó sigilosamente por los pasillos iluminados de la residencia.Hacía ya un rato que Ulrich se había vuelto a Kadic, para evitar tener que evitarseguir hablando con Yumi, mientras que él había insistido en acompañar ala muchacha a casa: quería comprobar qué tal estaba Kiwi.Hiroki lo había desinfectado y vendado como era debido. Ahora queestaban limpias, las heridas no parecían tan tremendas. En cuestión de un tremendas.par de días volvería a ser el alegre perrillo de siempre.-¡Odd! ¡Della! ¡Robbia! ¡Odd!El muchacho pegó un respingo, y un súbito escalofrío reptó a lo largo se suespalda. Cuando se giró ya estaba temblando. -Ji… Jim. Siempre es un placer verte, amigo.Jim Morales tenía sus musculosos brazos cruzados sobre el pecho, y noparecía ni medio contento.-¡Y un cuerno <<amigo>>! Se suponía que estabas castigado. ¡YLa mente de Odd se puso a trabajar a toda velocidad.-He salido sólo, ejem, un momentito. Para ir al baño. He-¿En serio? Es una pena que los baños estén en la otra punta. Tú has salido ¿Ende la escuela, listillo. ¡De noche! ¡Y a pesar de estar castigado! Así que elchivatazo era correcto…

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