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Donde Comienza La Vida

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  • 1. DONDE COMIENZA LA VIDA Existe una diferencia entre lo que la mente conoce y lo que conoce nuestro espíritu: un vasto mundo de diferencias. Nuestro universo de pensamientos y experiencias, del tiempo que transcurre entre nuestras propias generaciones, no representa la totalidad de nosotros mismos. No se nos define por tiempo sino por una eternidad sin límites. La tierra ha sido creada como si estuviéramos trabajando la tierra que tiene un tiempo para nacer, vida y cosecha. La cosecha no es el final del proceso, es solamente un paso hacia la verdad de todo. ¿Qué es nuestro espíritu? Es el “patrimonio real del Padre” que no se halla limitado por nada. El espíritu, nuestro espíritu puede oír cosas que la mente no puede. La mente tiene límites, el espíritu no los tiene. Profundamente dentro de nosotros, se halla una parte de algo puro que busca la verdad, que reflexiona sobre algo mayor de lo que nuestras mentes pueden ser conscientes. Nuestro espíritu es el centro de quienes somos, dentro de un cuerpo que morirá pero no limitado por el cuerpo. Somos hechos. Somos creados. No nos hemos creado a nosotros mismos. La mayoría de nosotros somos conscientes de esto, aun tan solo en parte. Somos hechos temerosa y maravillosamente. ¿Quién nos ha dado la vida? ¿Quién se halla detrás de toda la belleza de la tierra y quién es el Creador de la individualidad? Es un Ser, una Persona, una Persona que puede ser vista a través de nuestro espíritu, oída por nuestro espíritu y quien es fuente del mismo. Una Persona que desea dar vida en abundancia, plena de gozo, belleza y amor. Una Persona quien es Vida en Sí mismo, siempre dando vida. Del mismo modo que hemos dado a luz a nuestros hijos, Él nos ha dado a luz a nosotros. Este bello Ser nos deseaba, y Él deseaba que creciéramos y viéramos la belleza de las estrellas, el gozo de la vida, y, por sobre todas las cosas, que fuéramos amados y que amáramos. Y en
  • 2. este amor, a medida que crecemos hacia la cosecha, Él deseaba que nosotros Le conociéramos. Conocerle es conocer al Amor en sí mismo. Él desea que nosotros tomemos Su mano y caminemos con Él, que hablemos con Él. Él desea que le conozcamos bien, tanto como Él nos conoce a nosotros. Toda la razón y el propósito de la vida radican en conocer la verdad y en conocer a Aquél que nos ha creado, que nos ha dado libertad para escoger. Y nosotros, durante nuestro tiempo en la tierra, podemos optar por conocer solo lo que conocen nuestras mentes, o bien podemos optar por conocer más. Un día, conoceremos todos los misterios del mundo aquí y del mundo que se halla por encima de nosotros, pero podemos optar por conocer ahora lo que el Padre le mostrará a nuestro espíritu. La libertad para escoger viene con el alto precio hacia el amoroso Ser que nos ha creado. Nuestras elecciones estarán definidas por el amor, o bien, por el ego. El ego se coloca por sobre todas las cosas. Y ello puede conducirnos a los lugares más lejanos de la vida y del amor, tan lejos como de este a oeste. Nuestra libertad de elección acarrea consecuencias que vemos alrededor de nosotros. Lo que Él intentó cuando nos creó no fue nada como la miseria que nosotros mismos hemos creado a través de lo que hacemos y escogemos. Nos habíamos perdido, perdido de nuestra fuente. Entonces, Él vino a nosotros para mostrarnos nuestra fuente, para recordarnos de nuestros espíritus de amor mostrando el más elevado y puro amor sin egoísmo, mostrado en una cruz de madera, mostrado por Jesús Mismo. Y a través de todo el tiempo, desde los principios, Dios ha estado luchando para llevarnos a nuestro destino, el cual no es solamente la tierra ni nuestros cuerpos que son mortales. Nuestro verdadero destino está libre de temor, de pena, de enfermedad. El Padre me dijo: “No existen hospitales o cementerios o prisiones en el Cielo.” Nuestra llegada al Cielo no será extraña aun cuando nuestras mentes así lo imaginan. El Cielo se halla en nuestro espíritu, una parte de Él Mismo en nosotros. Las culturas, religiones y diferencias desaparecerán como si nunca hubieren existido, la oscuridad finalizará cuando vamos hacia la Luz. Comprenderemos. Ello está escrito en la cruz. Entonces, cuando tú pienses en el Padre, piensa en un Ser que nos ha creado con esperanza, anticipación y gozo, ansioso por conocernos, ansioso por que Le conozcamos. Ven a Él y toma Su mano. Háblale. Él te hablará. Allí en donde realmente comienza la vida.

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