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ILÍADA
El poema de Ilión (Troya)
Μῆνιν ἄειδε θεὰ Πηληφάδευ Ἀσιλῆορ
οὐλομένην, ἣ μςπί᾽ Ἀσαιοῖρ ἄλγε᾽ ἔθηκε,
πολλὰρ δ᾽ ἰθθίμοςρ τςσὰρ Ἄφδι πποΐατεν
ἡπώυν, αὐ...
Canta, diosa, la ira de Aquiles Pelida; ira
funesta que causó males infinitos a los
aqueos y precipitó al Hades muchas alm...
La Guerra de Troya cuenta su décimo año. Tras una incursión
exitosa, los héroes aqueos se han repartido el botín.
Agamenón se ha reservado como concubina a la hija de Crises,
sacerdote de Apolo. Éste se presenta ante el soberano suplicá...
A aquélla no la
soltaré; antes le
sobrevendrá la
vejez en mi casa, en
Argos, lejos de su
patria, trabajando
en el telar y
...
Pero vete, no me irrites, para que puedas irte sano y salvo.
Crises obedece y marcha
temeroso, mientras dirige
constantes súplicas a Apolo:
“¡Paguen los aqueos mis
lágrimas con tus fl...
Durante nueve días volaron por el ejército las flechas del
dios. En el décimo, Aquiles convocó al pueblo al ágora:
“consul...
Calcante, temeroso de una represalia por parte de Agamenón,
pide la protección de Aquiles, que le promete defenderlo inclu...
No está el dios quejoso con
motivo de algún voto o
hecatombe, sino a causa del
ultraje que Agamenón ha
infligido al sacerd...
-¡Adivino de males! –gritó Agamenón- jamás me has anunciado nada grato.
Siempre te complaces en profetizar desgracias y nu...
De acuerdo con lo que había
prometido, Aquiles sale en defensa
del adivino:
“-¡Atrida gloriosísimo, el más
codicioso de to...
de la de Áyax, o me
llevaré la de Ulises y
cualquiera montará en
cólera. Mas sobre esto
deliberaremos otro día.
Ahora eche...
Si bien el rey no pretendía un enfrentamiento personal con Aquiles,
sus palabras ofenden profundamente al héroe que monta ...
Ahora me iré a Ftía -dice Aquiles- pues lo mejor es regresar a la
patria en las cóncavas naves: no pienso permanecer aquí ...
Y cuando Aquiles está a punto de desenvainar la espada, Atenea lo
retiene y le dice que no debe matar a Agamenón, ya que e...
¡Ebrio , tienes los ojos de can, corazón de venado! Nunca osaste partir a
la guerra con sólo tu gente...Tan grande es tu m...
El anciano Néstor media en la disputa, pero ambos persisten en sus
razones, a pesar de entender que los únicos beneficiado...
Aquiles se retira definitivamente a su campamento, mientras que
Agamenón bota una nave al mando de Ulises, para que devuel...
Mientras que los heraldos enviados por Agamenón van a buscar a
Briseida a la tienda de Aquiles, que, disculpando a los emi...
Aquiles desahoga su desconsuelo a
orillas del mar, invocando a su madre,
que aparece para consolarlo.
Y mientras Aquiles pide A Tetis que interceda por él ante Zeus,
Ulises llega a Crisa para entregar la joven al sacerdote. ...
Al día siguiente Tetis emerge rumbo al Olimpo
Y allí pide a Zeus que conceda a los troyanos una victoria parcial: “Honra a mi
hijo -le dice- el héroe de más breve vida,...
Zeus asiente y, a pesar de las protestas de Hera, está dispuesto a
ayudar a Aquiles.
Y durante la noche, Zeus envía
un sueño engañoso a
Agamenón: “Anda, ve,
pernicioso Sueño, encamínate a
las naves aqueas, i...
Al despertar, Agamenón convoca una asamblea en el ágora, pero
antes se reúne con los reyes más allegados y cuenta a Néstor...
Agamenón se reúne a continuación con sus soldados y les engaña
diciéndoles que Zeus les ordena retirarse del combate, inte...
Los aqueos corren entonces hacia las naves deseosos de regresar a la
patria.
Inmediatamente Atenea, enviada por Hera, ordena a Ulises
intervenir: “¿Dejaréis como trofeo a Príamo y a los troyanos la
a...
Ulises obedece y, cada vez que le salía al encuentro un capitán, le decía:
“Deténte y haz que los demás se detengan tambié...
Así consigue convencerlos a todos, excepto a Tersites, que increpa al soberano
Agamenón. Ulises lo amenaza y tras recordar...
Agamenón se dirige entonces a sus hombres: “Ahora, id a comer, que luego
combatiremos. Cada uno afile su lanza, prepare el...
Iris se apresura a avisar a Héctor del enorme ejército aqueo dispuesto para
el combate. El hijo de Príamo forma a los suyo...
CATÁLOGO
Una vez formados los frentes, Paris se adelanta y desafía a los héroes griegos.
III
Pero, al ver a Menelao,
retrocede, mientras su
hermano Héctor le reprende:
“¡Miserable Paris... Los
melenudos aqueos se rí...
Detén a los demás troyanos -Reacciona Paris- y a los aqueos todos y dejadnos
en medio a Menelao, caro a Ares, y a mí para ...
Avanza Héctor, se abre paso entre los
aqueos, a los que Agamenón ha
ordenado parar, y propone el
enfrentamiento singular e...
Entre tanto la mensajera Iris
va a buscar a Helena para que
presencie el combate. El
corazón de la joven añora su
patria, ...
Helena explica a Príamo cuáles son los héroes griegos que destacan en
el frente; Agamenón, Ulises, Áyax…
Sancionan Agamenó...
Arroja primero Paris, pero
su lanza no logra atravesar
el escudo de Menelao
La lanza de Menelao, en cambio, atraviesa el escudo y la coraza de Paris,
y ya le aventajaba con la espada, cuando Afrodit...
A pesar de que Helena no quería ir a los aposentos de Paris, Afrodita le
obliga: Paris , lejos de estar humillado, arde en...
Después de una discusión olímpica entre Zeus y Hera, Atenea irrumpe
en el campo de batalla para sorpresa de Aqueos y Troya...
Y mientras Agamenón proclama la victoria y exige que se cumplan
los juramentos, la diosa, que no desea el fin de la guerra...
Aunque la herida no reviste
mayor importancia,
rápidamente le asiste su
hermano Agamenón y le
envía un médico.
Se arroja entonces el soberano de hombres al campo de batalla y anima a sus
mejores hombres a combatir con energía. Reacci...
Entre los aqueos se destaca entonces Diomedes, inspirado por Atenea, que , aun
herido de flecha por Pándaro, se da un verd...
Se le oponen Pándaro y Eneas. Al primero lo atraviesa después de evitar
su lanza.
Al hijo de Afrodita lo derriba con una enorme piedra. Consigue salvarse
Eneas finalmente, gracias a la intervención de la ...
Apolo empuja entonces a Ares para que promueva una recuperación de
los troyanos, que reaccionan bajo la dirección de Hécto...
Y el empuje del Tidida es tan grande, que hasta el mismísimo Ares cae
herido a su paso. Y cuando el dios corre a quejarse ...
“-¡Inconstante! -le dice el soberano- No te lamentes, sentado junto a mí,
pues me eres más odioso que ningún otro de los d...
Y los troyanos habrían huido a Ilión, acosados por los aqueos y vencidos por su
cobardía, si Heleno, el mejor de los augur...
Mientras Héctor obedece a su hermano, Diomedes pregunta a Glauco,
que le sale al paso, cuál es su linaje. “En adelante -le...
Héctor, después de rechazar el vino que le ofrece su madre, le pide que
vaya al templo de Atenea con las troyanas a rogarl...
Y tras una breve entrevista con Helena, se encuentra con su esposa
Andrómaca: “Héctor, tú eres ahora mi padre, mi venerabl...
Contrasta el comportamiento de Héctor, héroe inocente que se sacrifica
por Troya, con el de Paris, culpable y egoísta, que...
A continuación Héctor tendió los brazos su hijo, y éste se recostó, gritando, en
el seno de la nodriza de bella cintura, p...
Se despide finalmente Héctor de Andrómaca: “Vuelve a casa, ocúpate
en las labores del telar y la rueca, y ordena a las esc...
Héctor va en busca de Paris para
volver a la batalla
Y por inspiración de Apolo,
detiene el combate y reta al mejor
de los héroes aqueos.
VII
Enmudecen los aqueos. Finalmente se ofrece Menelao, pero Agamenón lo
disuade: “Domínate y no quieras luchar con Héctor, qu...
Interviene el anciano Néstor, bajo cuya
exhortación reaccionan los héroes. Por fin
echan a suertes quién será el rival y Á...
Luchan ambos hasta
el anochecer.
Pero el combate está muy igualado, puesto que Zeus los ama por igual.
De manera que, siguiendo el consejo de Taltibio e Id...
Al día siguiente, llegan embajadores a Agamenón proponiendo la
paz. Agamenón sólo acepta una tregua para enterrar a los mu...
Al amanecer, Zeus, que se ha entrevistado con Poseidón, advierte a los dioses:
“El dios que intente separarse de los demás...
Luego Zeus tomó la balanza de oro, puso en ella dos destinos de la muerte,
cogió por el medio la balanza y la desplegó. Tu...
Héctor revolvía por todas partes los corceles de hermosas crines; y
sus ojos parecían los de Gorgona o los de Ares, peste ...
El avance troyano bajo el empuje de Héctor es imparable
Y cuando Hera y Atenea deciden intervenir,
Zeus envía Iris para que advierta, sobre todo
a Atenea, que dejará cojos sus ca...
De manera que los troyanos consiguen
una victoria importante y Héctor decide
pernoctar en el campo de batalla para
acabar ...
Agamenón está tan desmoralizado que, en contra de la opinión de
Diomedes y otros, desea regresar. El anciano Néstor le hac...
Arrepentido y lamentando su disputa con Aquiles, el soberano envía a
Ulises, Áyax y al viejo Fénix como embajadores ante A...
Sus presentes me son odiosos, y hago tanto caso de él como de un
cabello. Aunque me diera diez o veinte veces más de lo qu...
Los emisarios llevan la respuesta a Agamenón. Diomedes interviene
diciéndole que prepare el ejército para el día siguiente...
Agamenón, tras la derrota infligida por
Héctor, no puede dormir. Tampoco Menelao,
que se encuentra con su hermano junto a ...
Néstor pregunta a los aqueos cuál de ellos está dispuesto a infiltrarse
entre los troyanos para espiar sus movimientos. Di...
Héctor, por su parte,
también ha propuesto lo
mismo a los suyos. Dolón
se ofrece a espiar los
movimientos aqueos.
Ulises y Diomedes lo han visto y se ocultan entre los cadáveres para
observar sus pasos. Cuando camina entre ellos, lo pre...
Dolón les explica atemorizado todo lo
que quieren saber: dónde están
acampados, cómo se distribuyen las
guardias, qué refu...
Prosiguen los héroes hasta el campamento de los dormidos tracios y,
mientras Diomedes mata a cuantos puede, Ulises se hace...
Apolo, indignado, va a avisar al tracio Hipocoonte, que observa
desolado la matanza; en tanto que Ulises y Diomedes regres...
Al amanecer, ambos ejércitos se disponen
para el combate. Agamenón y Héctor
lideran respectivamente a los suyos.
XI
Agamenón es el
primero en
arrojarse y
emplearse a
fondo en el
campo de
batalla.
Pero el soberano cae herido y Héctor contraataca ferozmente. Sólo
Diomedes es capaz de frenarlo, pues le arroja una lanza ...
Si frente a frente midieras conmigo las armas – le dice Diomedes-,
no te valdrían el arco ni las flechas. Ahora te alabas ...
Aun así Ulises ha de cubrirlo, y, al arrancar la flecha del pie, un
dolor inmenso invade su cuerpo y ha de retirarse.
También Ulises es herido, aunque no de gravedad, por Soco, al cual
atraviesa con su lanza .
Pero a continuación es rodeado por una multitud de troyanos y tanto
Menelao como Áyax acuden a sus gritos para socorrerlo.
Mientras Áyax sigue luchando, Héctor dirige la recuperación de los
suyos, que consiguen acorralar al Telamonio.
El mismísimo Zeus infunde temor en el corazón de Áyax, que siente
deseo de retirarse a las naves. Eurípilo corre en su ayu...
Pero las flechas de Paris siguen siendo certeras.
Mientras tanto Aquiles, que contempla desde las naves, envía a Patroclo
a preguntar a Néstor quién es el guerrero herido q...
El anciano aprovecha para hablar con Patroclo: «¿Quién sabe si con la ayuda
de algún dios conmoverías su corazón? Y si se ...
De regreso a las naves con Aquiles, Eurípilo, herido, le informa de
que los principales aqueos están heridos
Patroclo se detiene a extraerle la flecha, lavarle la
herida y curarle con unas hierbas.
Héctor, por su parte, siguiendo el consejo de Polidamante, decide dejar los
carros para pasar las fosas y penetrar los mur...
Sarpedón, hijo de Zeus, y Glauco serán los protagonistas de este asalto,
en tanto que los dos Áyax y Teucro dirigen la def...
Pero ambos son heridos, Glauco en el brazo por Teucro; Sarpedón
cerca del pecho por Teucro y Áyax . Zeus evita la muerte d...
El dios inspira entonces a Héctor, que con una piedra que no podrían
levantar varios héroes de ahora abre una brecha en el...
Nadie, a no ser un dios, hubiera podido salirle al encuentro y detenerlo cuando
traspuso la puerta. Sus ojos brillaban com...
Ilíada I-XII
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  1. 1. ILÍADA El poema de Ilión (Troya)
  2. 2. Μῆνιν ἄειδε θεὰ Πηληφάδευ Ἀσιλῆορ οὐλομένην, ἣ μςπί᾽ Ἀσαιοῖρ ἄλγε᾽ ἔθηκε, πολλὰρ δ᾽ ἰθθίμοςρ τςσὰρ Ἄφδι πποΐατεν ἡπώυν, αὐηοὺρ δὲ ἑλώπια ηεῦσε κύνεζζιν οἰυνοῖζί ηε πᾶζι, Διὸρ δ᾽ ἐηελείεηο βοςλή, ἐξ οὗ δὴ ηὰ ππῶηα διαζηήηην ἐπίζανηε Ἀηπεΐδηρ ηε ἄναξ ἀνδπῶν καὶ δῖορ Ἀσιλλεύρ.
  3. 3. Canta, diosa, la ira de Aquiles Pelida; ira funesta que causó males infinitos a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves -cumplíase la voluntad de Zeus- desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y Aquiles divino.
  4. 4. La Guerra de Troya cuenta su décimo año. Tras una incursión exitosa, los héroes aqueos se han repartido el botín.
  5. 5. Agamenón se ha reservado como concubina a la hija de Crises, sacerdote de Apolo. Éste se presenta ante el soberano suplicándole la libertad de su hija a cambio de un rico rescate, pero el rey lo despide con duras palabras.
  6. 6. A aquélla no la soltaré; antes le sobrevendrá la vejez en mi casa, en Argos, lejos de su patria, trabajando en el telar y aderezando mi lecho.
  7. 7. Pero vete, no me irrites, para que puedas irte sano y salvo.
  8. 8. Crises obedece y marcha temeroso, mientras dirige constantes súplicas a Apolo: “¡Paguen los aqueos mis lágrimas con tus flechas!”
  9. 9. Durante nueve días volaron por el ejército las flechas del dios. En el décimo, Aquiles convocó al pueblo al ágora: “consultemos a un adivino, sacerdote o intérprete de sueños, para que nos diga por qué se irritó tanto Febo Apolo”
  10. 10. Calcante, temeroso de una represalia por parte de Agamenón, pide la protección de Aquiles, que le promete defenderlo incluso del rey. Bajo esta condición, el adivino anuncia nuevos malos presagios para el soberano.
  11. 11. No está el dios quejoso con motivo de algún voto o hecatombe, sino a causa del ultraje que Agamenón ha infligido al sacerdote, al no devolverle la hija ni admitir el rescate. Y el que hiere de lejos no librará a los aqueos de la odiosa peste, hasta que Criseida sea restituida a su padre, sin premio ni rescate, y llevemos a Crisa una sagrada hecatombe.
  12. 12. -¡Adivino de males! –gritó Agamenón- jamás me has anunciado nada grato. Siempre te complaces en profetizar desgracias y nunca dijiste ni ejecutaste nada bueno. Prefiero a Criseida, ciertamente, antes que a Clitemnestra, mi legítima esposa. Pero, aun así y todo, consiento en devolverla, si esto es lo mejor; quiero que el pueblo se salve, no que muera. Pero preparadme pronto otra recompensa, para que no sea yo el único argivo que sin ella se quede.
  13. 13. De acuerdo con lo que había prometido, Aquiles sale en defensa del adivino: “-¡Atrida gloriosísimo, el más codicioso de todos! ¿Cómo pueden darte otra recompensa los magnánimos aqueos? Entrega ahora esa joven al dios y los aqueos te pagaremos el triple o el cuádruple, si Zeus nos permite algún día tomar la ciudad de Troya.”
  14. 14. de la de Áyax, o me llevaré la de Ulises y cualquiera montará en cólera. Mas sobre esto deliberaremos otro día. Ahora echemos una negra nave al mar divino, reunamos los convenientes remeros, embarquemos víctimas para una hecatombe y también a Criseida, la de hermosas mejillas. Sea capitán cualquiera de los jefes”. Agamenón no se resigna a ser el único que quede sin recompensa, reclama otra: “Y si no me la dan, yo mismo me apoderaré de la tuya o
  15. 15. Si bien el rey no pretendía un enfrentamiento personal con Aquiles, sus palabras ofenden profundamente al héroe que monta en cólera. La diosa Hera, que observa su reacción, envía de inmediato a Atenea para que lo detenga y lo calme.
  16. 16. Ahora me iré a Ftía -dice Aquiles- pues lo mejor es regresar a la patria en las cóncavas naves: no pienso permanecer aquí sin honra para procurarte ganancia y riqueza. Huye -responde Agamenón- si tu ánimo a ello te incita; no te ruego que por mí te quedes; otros hay a mi lado que me honrarán, y especialmente el próvido Zeus. Me eres más odioso que ningún otro de los reyes, porque siempre te han gustado las riñas, luchas y peleas.
  17. 17. Y cuando Aquiles está a punto de desenvainar la espada, Atenea lo retiene y le dice que no debe matar a Agamenón, ya que en un futuro éste la habrá de honrar. Puede, sin embargo, insultarlo libremente.
  18. 18. ¡Ebrio , tienes los ojos de can, corazón de venado! Nunca osaste partir a la guerra con sólo tu gente...Tan grande es tu miedo a la muerte. Algún día los aqueos echarán de menos a Aquiles y tú, por mucho que te angusties, no podrás socorrerlos cuando muchos sucumban y mueran a manos de Héctor, matador de hombres.
  19. 19. El anciano Néstor media en la disputa, pero ambos persisten en sus razones, a pesar de entender que los únicos beneficiados con todo esto son los troyanos.
  20. 20. Aquiles se retira definitivamente a su campamento, mientras que Agamenón bota una nave al mando de Ulises, para que devuelva Criseida a su padre.
  21. 21. Mientras que los heraldos enviados por Agamenón van a buscar a Briseida a la tienda de Aquiles, que, disculpando a los emisarios, manda a Patroclo entregarla para que la conduzcan a la tienda del soberano.
  22. 22. Aquiles desahoga su desconsuelo a orillas del mar, invocando a su madre, que aparece para consolarlo.
  23. 23. Y mientras Aquiles pide A Tetis que interceda por él ante Zeus, Ulises llega a Crisa para entregar la joven al sacerdote. Después de celebrar una hecatombe, Crises pide a Apolo que aparte sus flechas de los aqueos.
  24. 24. Al día siguiente Tetis emerge rumbo al Olimpo
  25. 25. Y allí pide a Zeus que conceda a los troyanos una victoria parcial: “Honra a mi hijo -le dice- el héroe de más breve vida, pues el rey de hombres, Agamenón, lo ha ultrajado arrebatándole la recompensa que todavía retiene. Véngalo tú, próvido Zeus Olímpico, concediendo la victoria a los troyanos, hasta que los aqueos den satisfacción a mi hijo y lo colmen de honores.”
  26. 26. Zeus asiente y, a pesar de las protestas de Hera, está dispuesto a ayudar a Aquiles.
  27. 27. Y durante la noche, Zeus envía un sueño engañoso a Agamenón: “Anda, ve, pernicioso Sueño, encamínate a las naves aqueas, introdúcete en la tienda de Agamenón Atrida y dile cuidadosamente lo que voy a encargarte. Ordénale que arme a los melenudos aqueos y saque toda la hueste: ahora podría tomar a Troya, la ciudad de anchas calles, pues los inmortales que poseen olímpicos palacios ya no están discordes, que Hera los ha persuadido con sus ruegos y que una serie de infortunios amenaza a los troyanos.” II
  28. 28. Al despertar, Agamenón convoca una asamblea en el ágora, pero antes se reúne con los reyes más allegados y cuenta a Néstor el sueño. Están convencidos de que el sueño les augura el triunfo.
  29. 29. Agamenón se reúne a continuación con sus soldados y les engaña diciéndoles que Zeus les ordena retirarse del combate, intenta convencerles de que no es posible tomar Troya.“Huyamos en las naves a nuestra patria tierra, pues ya no tomaremos Troya, la de anchas calles.”
  30. 30. Los aqueos corren entonces hacia las naves deseosos de regresar a la patria.
  31. 31. Inmediatamente Atenea, enviada por Hera, ordena a Ulises intervenir: “¿Dejaréis como trofeo a Príamo y a los troyanos la argiva Helena, por la cual tantos aqueos perecieron en Troya, lejos de su patria? Ve en seguida al ejército de los aqueos y no desistas: detén con suaves palabras a cada guerrero y no permitas que echen al mar los corvos bajeles.”
  32. 32. Ulises obedece y, cada vez que le salía al encuentro un capitán, le decía: “Deténte y haz que los demás se detengan también. Aún no conoces claramente la intención del Atrida: ahora nos prueba, y pronto castigará a los aqueos. En el consejo no todos comprendimos lo que dijo. No sea que, irritándose, maltrate a los aqueos; la cólera de los reyes, alumnos de Zeus, es terrible, porque su dignidad procede del próvido Zeus y éste los ama.”
  33. 33. Así consigue convencerlos a todos, excepto a Tersites, que increpa al soberano Agamenón. Ulises lo amenaza y tras recordarles la predicción de Calcante, según la cual los griegos regresarían victoriosos, les insufla nuevo coraje. Lo apoya el anciano Néstor, que recibe los elogios del Atrida.
  34. 34. Agamenón se dirige entonces a sus hombres: “Ahora, id a comer, que luego combatiremos. Cada uno afile su lanza, prepare el escudo, dé el pasto a los corceles de pies ligeros e inspeccione el carro, apercibiéndose para la lucha; pues durante todo el día nos pondrá a prueba el horrendo Ares.”
  35. 35. Iris se apresura a avisar a Héctor del enorme ejército aqueo dispuesto para el combate. El hijo de Príamo forma a los suyos, entre los que destacan el dardanio Eneas, el arquero Pándaro, Sarpedón, Glauco y otros.
  36. 36. CATÁLOGO
  37. 37. Una vez formados los frentes, Paris se adelanta y desafía a los héroes griegos. III
  38. 38. Pero, al ver a Menelao, retrocede, mientras su hermano Héctor le reprende: “¡Miserable Paris... Los melenudos aqueos se ríen de haberte considerado como un bravo campeón por tu gallarda figura, cuando no hay en tu pecho ni fuerza ni valor. Los troyanos son muy tímidos; pues, si no, ya estarías revestido de una túnica de piedras por los males que les has causado.”
  39. 39. Detén a los demás troyanos -Reacciona Paris- y a los aqueos todos y dejadnos en medio a Menelao, caro a Ares, y a mí para que peleemos por Helena y sus riquezas: el que venza, por ser más valiente, lleve a su casa mujer y riquezas.
  40. 40. Avanza Héctor, se abre paso entre los aqueos, a los que Agamenón ha ordenado parar, y propone el enfrentamiento singular entre Paris y Menelao. Acepta Menelao con nobleza y pide la presencia de Príamo, para que sancione los juramentos.
  41. 41. Entre tanto la mensajera Iris va a buscar a Helena para que presencie el combate. El corazón de la joven añora su patria, su gente……y su anterior marido. “No es reprensible –dicen los ancianos de Troya al verla- que troyanos y aqueos, de hermosas grebas, sufran prolijos males por una mujer como ésta, cuyo rostro tanto se parece al de las diosas inmortales.” Príamo responsabiliza a los dioses, no a Helena, de la guerra funesta.
  42. 42. Helena explica a Príamo cuáles son los héroes griegos que destacan en el frente; Agamenón, Ulises, Áyax… Sancionan Agamenón y Príamo sus juramentos con un sacrificio a los dioses, pero el anciano se retira, pues no puede soportar ver a su hijo enfrentarse.
  43. 43. Arroja primero Paris, pero su lanza no logra atravesar el escudo de Menelao
  44. 44. La lanza de Menelao, en cambio, atraviesa el escudo y la coraza de Paris, y ya le aventajaba con la espada, cuando Afrodita envolvió al troyano en una nube y lo llevó al palacio. La diosa ordena a Helena ir con Paris.
  45. 45. A pesar de que Helena no quería ir a los aposentos de Paris, Afrodita le obliga: Paris , lejos de estar humillado, arde en pasión al ver a la joven.
  46. 46. Después de una discusión olímpica entre Zeus y Hera, Atenea irrumpe en el campo de batalla para sorpresa de Aqueos y Troyanos. IV
  47. 47. Y mientras Agamenón proclama la victoria y exige que se cumplan los juramentos, la diosa, que no desea el fin de la guerra, sino la destrucción de Troya, instiga a Pándaro a romper la tregua. Arroja éste una flecha que se clava en la cintura de Menelao.
  48. 48. Aunque la herida no reviste mayor importancia, rápidamente le asiste su hermano Agamenón y le envía un médico.
  49. 49. Se arroja entonces el soberano de hombres al campo de batalla y anima a sus mejores hombres a combatir con energía. Reaccionan también los troyanos, animados por Apolo.
  50. 50. Entre los aqueos se destaca entonces Diomedes, inspirado por Atenea, que , aun herido de flecha por Pándaro, se da un verdadero baño de sangre. V
  51. 51. Se le oponen Pándaro y Eneas. Al primero lo atraviesa después de evitar su lanza.
  52. 52. Al hijo de Afrodita lo derriba con una enorme piedra. Consigue salvarse Eneas finalmente, gracias a la intervención de la diosa, que resulta asimismo herida, y de Apolo, que es en última instancia quien lo salva
  53. 53. Apolo empuja entonces a Ares para que promueva una recuperación de los troyanos, que reaccionan bajo la dirección de Héctor, Sarpedón y Eneas. Pero Atenea renueva el coraje de Diomedes.
  54. 54. Y el empuje del Tidida es tan grande, que hasta el mismísimo Ares cae herido a su paso. Y cuando el dios corre a quejarse a Zeus…
  55. 55. “-¡Inconstante! -le dice el soberano- No te lamentes, sentado junto a mí, pues me eres más odioso que ningún otro de los dioses del Olimpo.
  56. 56. Y los troyanos habrían huido a Ilión, acosados por los aqueos y vencidos por su cobardía, si Heleno, el mejor de los augures, no se hubiese presentado a Eneas y a su hermano Héctor para decirles que debían reanimar a sus hombres y que luego Héctor debía convencer a su madre de que fuera con las troyanas al templo de Atenea para hacer un sacrificio en su honor. VI
  57. 57. Mientras Héctor obedece a su hermano, Diomedes pregunta a Glauco, que le sale al paso, cuál es su linaje. “En adelante -le dice- no nos acometamos con la lanza. Y ahora cambiémonos la armadura, a fin de que sepan todos que de ser huéspedes paternos nos gloriamos.”
  58. 58. Héctor, después de rechazar el vino que le ofrece su madre, le pide que vaya al templo de Atenea con las troyanas a rogarle que aparte a Diomedes
  59. 59. Y tras una breve entrevista con Helena, se encuentra con su esposa Andrómaca: “Héctor, tú eres ahora mi padre, mi venerable madre y mi hermano; tú, mi floreciente esposo. Compadécete y quédate aquí en la fortaleza. ¡No hagas a un niño huérfano y a una mujer viuda!”
  60. 60. Contrasta el comportamiento de Héctor, héroe inocente que se sacrifica por Troya, con el de Paris, culpable y egoísta, que sólo piensa en él. “Mucho me sonrojaría –responde Héctor- ante los troyanos y las troyanas de rozagantes peplos, si como un cobarde huyera del combate…
  61. 61. A continuación Héctor tendió los brazos su hijo, y éste se recostó, gritando, en el seno de la nodriza de bella cintura, por el terror que el aspecto de su padre le causaba: dábanle miedo el bronce y el terrible penacho crines de caballo, que veía ondear en lo alto del yelmo. Sonriéronse el padre amoroso y la veneranda madre. Héctor se apresuró a dejar el refulgente casco en el suelo, besó y meció en sus manos al hijo amado.
  62. 62. Se despide finalmente Héctor de Andrómaca: “Vuelve a casa, ocúpate en las labores del telar y la rueca, y ordena a las esclavas que se apliquen al trabajo; y de la guerra nos cuidaremos cuantos varones nacimos en Ilión, y yo el primero.” Las esclavas ya lo lloran en vida como si estuviese muerto.
  63. 63. Héctor va en busca de Paris para volver a la batalla
  64. 64. Y por inspiración de Apolo, detiene el combate y reta al mejor de los héroes aqueos. VII
  65. 65. Enmudecen los aqueos. Finalmente se ofrece Menelao, pero Agamenón lo disuade: “Domínate y no quieras luchar con Héctor, que a todos amedrenta y cuyo encuentro en la batalla causaba horror al mismo Aquiles, que lo aventaja tanto en bravura.”
  66. 66. Interviene el anciano Néstor, bajo cuya exhortación reaccionan los héroes. Por fin echan a suertes quién será el rival y Áyax es el agraciado.
  67. 67. Luchan ambos hasta el anochecer.
  68. 68. Pero el combate está muy igualado, puesto que Zeus los ama por igual. De manera que, siguiendo el consejo de Taltibio e Ideo, aceptan un empate y se intercambian obsequios.
  69. 69. Al día siguiente, llegan embajadores a Agamenón proponiendo la paz. Agamenón sólo acepta una tregua para enterrar a los muertos. Griegos y troyanos celebran asambleas. El troyano Antenor se muestra partidario de entregar Helena a Menelao y un rico tesoro, a fin de que cese la guerra..
  70. 70. Al amanecer, Zeus, que se ha entrevistado con Poseidón, advierte a los dioses: “El dios que intente separarse de los demás y socorrer a los troyanos o a los aqueos, como yo lo vea, volverá afrentosamente golpeado al Olimpo. O lo cogeré y lo arrojaré al tenebroso Tártaro.” VIII
  71. 71. Luego Zeus tomó la balanza de oro, puso en ella dos destinos de la muerte, cogió por el medio la balanza y la desplegó. Tuvo más peso el día fatal de los aqueos. Tronó fuerte desde el Ida y envió una ardiente centella a los aqueos, quienes, al verla, se pasmaron, sobrecogidos de pálido temor.
  72. 72. Héctor revolvía por todas partes los corceles de hermosas crines; y sus ojos parecían los de Gorgona o los de Ares, peste de los hombres.
  73. 73. El avance troyano bajo el empuje de Héctor es imparable
  74. 74. Y cuando Hera y Atenea deciden intervenir, Zeus envía Iris para que advierta, sobre todo a Atenea, que dejará cojos sus caballos y la precipitará al Tártaro si pone un pie en el campo de batalla.
  75. 75. De manera que los troyanos consiguen una victoria importante y Héctor decide pernoctar en el campo de batalla para acabar lo empezado al día siguiente.
  76. 76. Agamenón está tan desmoralizado que, en contra de la opinión de Diomedes y otros, desea regresar. El anciano Néstor le hace reflexionar y lo convence de que envíe una embajada a Aquiles para reconciliarse. IX
  77. 77. Arrepentido y lamentando su disputa con Aquiles, el soberano envía a Ulises, Áyax y al viejo Fénix como embajadores ante Aquiles. Deben solicitar su ayuda, a cambio de la devolución de Briseida y de abundantes regalos que compensen la afrenta sufrida. Pero Aquiles se mantiene obstinado a inflexible.
  78. 78. Sus presentes me son odiosos, y hago tanto caso de él como de un cabello. Aunque me diera diez o veinte veces más de lo que posee o de lo que llegase a poseer, ni aun así aplacaría Agamenón mi enojo. No me casaré con la hija de Agamenón Atrida, aunque en hermosura rivalice con la dorada Afrodita y en las labores compita con Atenea, la de ojos de lechuza.
  79. 79. Los emisarios llevan la respuesta a Agamenón. Diomedes interviene diciéndole que prepare el ejército para el día siguiente y que se disponga a luchar en primera fila para infundir coraje a sus hombres.
  80. 80. Agamenón, tras la derrota infligida por Héctor, no puede dormir. Tampoco Menelao, que se encuentra con su hermano junto a la nave, pensando en el regreso. Agamenón le ordena ir a buscar a los jefes aqueos, mientras él se reúne con Néstor. X
  81. 81. Néstor pregunta a los aqueos cuál de ellos está dispuesto a infiltrarse entre los troyanos para espiar sus movimientos. Diomedes accede y elige como compañero a Ulises.
  82. 82. Héctor, por su parte, también ha propuesto lo mismo a los suyos. Dolón se ofrece a espiar los movimientos aqueos.
  83. 83. Ulises y Diomedes lo han visto y se ocultan entre los cadáveres para observar sus pasos. Cuando camina entre ellos, lo prenden.
  84. 84. Dolón les explica atemorizado todo lo que quieren saber: dónde están acampados, cómo se distribuyen las guardias, qué refuerzos ha llegado. Pero Diomedes le hunde la espada igualmente.
  85. 85. Prosiguen los héroes hasta el campamento de los dormidos tracios y, mientras Diomedes mata a cuantos puede, Ulises se hace con los caballos del rey Reso, muerto también.
  86. 86. Apolo, indignado, va a avisar al tracio Hipocoonte, que observa desolado la matanza; en tanto que Ulises y Diomedes regresan triunfantes al campamento aqueo.
  87. 87. Al amanecer, ambos ejércitos se disponen para el combate. Agamenón y Héctor lideran respectivamente a los suyos. XI
  88. 88. Agamenón es el primero en arrojarse y emplearse a fondo en el campo de batalla.
  89. 89. Pero el soberano cae herido y Héctor contraataca ferozmente. Sólo Diomedes es capaz de frenarlo, pues le arroja una lanza y le acierta en la cabeza, aunque el casco evita lo peor. Paris, por su parte, frena a Diomedes con una flecha.
  90. 90. Si frente a frente midieras conmigo las armas – le dice Diomedes-, no te valdrían el arco ni las flechas. Ahora te alabas sin motivo, pues sólo me rasguñaste el empeine del pie. Tanto me cuido de la herida como si una mujer o un niño inocente me la hubiese causado, que poco duele la flecha de un hombre vil y cobarde.
  91. 91. Aun así Ulises ha de cubrirlo, y, al arrancar la flecha del pie, un dolor inmenso invade su cuerpo y ha de retirarse.
  92. 92. También Ulises es herido, aunque no de gravedad, por Soco, al cual atraviesa con su lanza .
  93. 93. Pero a continuación es rodeado por una multitud de troyanos y tanto Menelao como Áyax acuden a sus gritos para socorrerlo.
  94. 94. Mientras Áyax sigue luchando, Héctor dirige la recuperación de los suyos, que consiguen acorralar al Telamonio.
  95. 95. El mismísimo Zeus infunde temor en el corazón de Áyax, que siente deseo de retirarse a las naves. Eurípilo corre en su ayuda.
  96. 96. Pero las flechas de Paris siguen siendo certeras.
  97. 97. Mientras tanto Aquiles, que contempla desde las naves, envía a Patroclo a preguntar a Néstor quién es el guerrero herido que se lleva a su tienda.
  98. 98. El anciano aprovecha para hablar con Patroclo: «¿Quién sabe si con la ayuda de algún dios conmoverías su corazón? Y si se abstiene de combatir por algún vaticinio de su madre, que al menos te envíe a ti con los demás mirmidones y te permita llevar en el combate su magnífica armadura , para que los troyanos te confundan con él».
  99. 99. De regreso a las naves con Aquiles, Eurípilo, herido, le informa de que los principales aqueos están heridos
  100. 100. Patroclo se detiene a extraerle la flecha, lavarle la herida y curarle con unas hierbas.
  101. 101. Héctor, por su parte, siguiendo el consejo de Polidamante, decide dejar los carros para pasar las fosas y penetrar los muros del campamento aqueo. Divide a los troyanos en cuatro grupos, comandados por los mejores troyanos. XII
  102. 102. Sarpedón, hijo de Zeus, y Glauco serán los protagonistas de este asalto, en tanto que los dos Áyax y Teucro dirigen la defensa.
  103. 103. Pero ambos son heridos, Glauco en el brazo por Teucro; Sarpedón cerca del pecho por Teucro y Áyax . Zeus evita la muerte de su hijo.
  104. 104. El dios inspira entonces a Héctor, que con una piedra que no podrían levantar varios héroes de ahora abre una brecha en el campamento aqueo.
  105. 105. Nadie, a no ser un dios, hubiera podido salirle al encuentro y detenerlo cuando traspuso la puerta. Sus ojos brillaban como el fuego. Y volviéndose a la turba, alentaba a los troyanos para que pasaran la muralla.
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