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Refleja   Las Adversidades
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Refleja Las Adversidades

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Adversidades, problemas que creemos no tienen explicación. El Amor todo lo puede.

Adversidades, problemas que creemos no tienen explicación. El Amor todo lo puede.

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  • 1. Las Adversidades ¡Refleja!
  • 2. Todos solemos experimentar momentos duros, algunos más que otros, y cada uno respondemos de modo diferente. Es notable que los seres que más traspiés han pasado en sus vidas sean quienes se muestran más enteros ante las adversidades. Probablemente dispongas de algún ejemplo de esta actitud entre tus relaciones más cercanas. Piensa.
  • 3. La aceptación de la realidad es el puntapié inicial para revertir tu postura ante la situación desagradable y dolorosa que estás atravesando… El lamento, en cambio, te paraliza. A partir de hoy, en momentos difíciles, ensaya una actitud transformadora y generadora de oportunidades. Y observa como te sientes. Conviértete en líder de los tuyos a través del ejemplo. Luego ellos serán tu reflejo .
  • 4. "Las cosas son como son y no como deberían” Como decía uno de mis maestros… … aceptémoslo y construyamos a partir de allí.
  • 5. Te invito a que escribas un listado de momentos adversos que pasaste en tu vida Te sugiero que reflexiones acerca del resultado de los mismos. ¿Podrás recordar cuáles fueron tus respuestas o reacciones a cada una de esas situaciones? Anótalas. Y hoy, a la distancia, ¿Qué logros observas que obtuviste a partir de esas crisis?
  • 6. Vivamos cada experiencia como un aprendizaje, aceptémoslas mansamente y entendamos la necesidad de superarlas con dignidad para sentirnos cada día más completos como seres humanos. Si estamos transitando por ello es porque nosotros mismos lo Elegimos para Crecer y Progresar en Espíritu. El Universo no te concederá más dolor del que Sabe estás preparado para tolerar.
  • 7. Tiempo atrás, yo era vecino de un médico, cuyo "hobby" era plantar árboles en el enorme patio de su casa. A veces observaba, desde mi ventana, su esfuerzo por plantar árboles y más árboles, todos los días. Lo que más llamaba mi atención, entretanto, era el hecho de que él jamás regaba los brotes que plantaba. Pasé a notar, después de algún tiempo, que sus árboles estaban demorando mucho en crecer. Cierto día, resolví entonces aproximarme al médico y le pregunté si él no tenía recelo de que las plantas no creciesen, pues percibía que él nunca las regaba. Fue cuando, con un aire orgulloso, él me describió su fantástica teoría. Me dijo que, si regase sus plantas, las raíces se acomodarían en la superficie y quedarían siempre esperando por el agua fácil, que venía de encima. Como él no las regaba, los árboles demorarían más para crecer, pero sus raíces tenderían a migrar para lo más profundo, en busca del agua y de las varias nutrientes encontradas en las capas más inferiores del suelo. Y ahora comparto un cuento que alguno de Uds. alguna vez me regaló a mi…
  • 8. Así, según él, los árboles tendrían raíces profundas y serían más resistentes a las intemperies. Y agregó que él frecuentemente daba unas palmadas en sus árboles, con un diario doblado, y que hacía eso para que se mantuviesen siempre despiertos y atentos. Esa fue la única conversación que tuvimos con mi vecino. Tiempo después fui a vivir a otro país, y nunca más volví a verlo. Varios años después, al retornar del exterior, fui a dar una mirada a mi antigua residencia. Al aproximarme, noté un bosque que no había antes. ¡¡Mi antiguo vecino, había realizado su sueño!! Lo curioso es que aquel era un día de un viento muy fuerte y helado, en que los árboles de la calle estaban arqueados, como si no estuviesen resistiendo al rigor del invierno. Entretanto, al aproximarme al patio del médico, noté cómo estaban sólidos sus árboles: prácticamente no se movían, resistiendo estoicamente aquel fuerte viento. Qué efecto curioso, pensé... Las adversidades por las cuales aquellos árboles habían pasado, llevando palmaditas y habiendo sido privados de agua, parecía que los había beneficiado de un modo que el confort y el tratamiento más fácil jamás lo habrían conseguido.
  • 9. Todas las noches, antes de ir a acostarme, doy siempre una mirada a mis hijos. Observo atentamente sus camas y veo cómo ellos han crecido. Frecuentemente rezo por ellos. En la mayoría de las veces, pido para que sus vidas sean fáciles, para que no sufran las dificultades y agresiones de éste mundo... He pensado, entretanto, que es hora de cambiar mis ruegos. Ese cambio tiene que ver con el hecho de que es inevitable que los vientos helados y fuertes nos alcancen. Sé que ellos encontrarán innumerables dificultades y que, por tanto, mis deseos de que las dificultades no ocurran, han sido muy ingenuos. Siempre habrá una tempestad en algún momento de nuestras vidas, porque, queramos o no, la vida no es muy fácil. (Desconozco al autor de esta historia) Al contrario de lo que siempre he hecho, pasaré a rezar para que mis hijos crezcan con raíces profundas, de tal forma que puedan retirar energía de las mejores fuentes, de las más divinas, que se encuentran siempre en los lugares más difíciles. Pedimos siempre tener facilidades, pero en verdad lo que necesitamos hacer es pedir para desenvolver raíces fuertes y profundas, de tal modo que cuando las tempestades lleguen y los vientos helados soplen, resistamos bravamente, en vez de que seamos subyugados y barridos muy lejos.
  • 10. ¡Refleja! Para recibir nuestros mensajes, podes solicitarlo enviando un email con tus datos a [email_address] Compartir mensajes positivos con los tuyos es una forma de demostrarles tu amor. por Marcela Parolin

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