REALIDAD DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS EN AMÉRICA

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REALIDAD DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS EN AMÉRICA

  1. 1. PUEBLOS ORIGINARIOS EN AMÉRICA GUÍA INTRODUCTORIA DE SU SITUACIÓN Textos: Alberto Cruz Apéndices:Multinacionales españolas en América Latina: impactos sobre los pueblos indígenas Pedro Ramiro y Erika González Mujeres de Abya Yala: Mama Tránsito Amaguaña (1909-2009) Mailer Mattié Mapas: David San Martín 1
  2. 2. Edita: ALDEA ALTERNATIBA DESARROLLO C/ Navarrería, 25 - 31001 PAMPLONA - IRUÑA Tfno: (0034) 948 38 27 17 - E-mail: sede@aldea-alde.org - www.aldea-alde.orgColabora: CEPRID (Centro de Estudios para las Relaciones Internacionales y el Desarrollo) www.nodo50.org/cepridweb: www.pueblosoriginariosenamerica.orgTextos: Alberto Cruz, Pedro Ramiro, Erika González y Mailer Mattié.Mapas: David San MartínDiseño portada y maquetación: ag comunicacionImpresión: Gráficas ArgaDepósito Legal: NA-3462/2010El libro, considerando que puede ser una herramienta útil de trabajo, se puede reproducir total o parcialmente. Queda al criterio moral de quienlo haga citar al autor del texto principal y a quienes han elaborado los apéndices, a la organización que lo ha impulsado y a los financiadores ycolaboradores.Primera edición en castellano: diciembre 2010.Las opiniones, mapas y datos que aparecen en esta obra son responsabilidad exclusiva de los autores del texto principal y apéndices y noreflejan necesariamente el punto de vista de la Agencia Española para la Cooperación Internacional al Desarrollo (AECID). 2
  3. 3. A Nieves y Aída, sin ellas nada sería igual3
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  5. 5. Nuestras víctimas nos conocen por sus heridas y por sus cadenas: eso hace irrefutable su testimonio. Basta quenos muestren lo que hemos hecho de ellas para que reconozcamos lo que hemos hecho de nosotros mismos.....Ustedes, tan liberales, tan humanos, que llevan al preciosismo el amor por la cultura, parecen olvidar que tienen colonias y que allí se asesina en su nombre.... Jean Paul Sartre, prólogo a “Los condenados de la tierra” de Franz Fanon.Últimos sobrevivientes del más grande desastre de la humanidad, los pueblos indios refugiados en las montañas, en los desiertos o escondidos en las profundidades de los bosques, continúan dándonos la imagen de una fidelidad absoluta hacia los principios de libertad, de solidaridad y de sueño de las antiguas civilizaciones prehispánicas. Estos pueblos continúan siendo los guardianes de “Nuestra madre tierra”, los observantes de las leyes de la naturaleza y del ciclo del tiempo. Jean-Marie Gustave le Clezio. “El sueño mexicano”. La palabra sin acción es vacía, la acción sin palabra, es ciega, la palabra y la acción, fuera del espíritu de la comunidad, es la muerte. Pueblo Naso 5
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  7. 7. IndiceGlosario de siglas 9Presentación 10La larga lucha hacia la visibilización 13 - Derechos humanos individuales frente a derechos de los pueblos 15 - El resurgir de la lucha por la emancipación de los pueblos indígenas 19 - La primera victoria: el Convenio 169 de la OIT 22 - El segundo triunfo: la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU 26 - 370 millones de indígenas 28 - Visibilización de los pueblos originarios y el derecho a la tierra 33Sobre el método 37Pueblos originarios en América 39 - Argentina 41 - Belice 49 - Bolivia 53 - Brasil 63 - Canadá 71 - Chile 77 - Colombia 83 - Costa Rica 97 - Ecuador 102 - El Salvador 113 - Estados Unidos 117 - Guatemala 123 - Guyana 131 - Honduras 135 - México 139 - Nicaragua 147 - Panamá 153 - Paraguay 159 - Perú 165 - Surinam 177 - Venezuela 181Apéndices 187 - Multinacionales españolas en América Latina: impactos sobre los pueblos indígenas 189 - Mujeres de Abya Yala: Mama Tránsito Amaguaña 201 (1909-2009)Anexos 205 - Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas 207 - Convenio de la Organización Internacional del Trabajo nº 169 (1989) sobre Pueblos 216 Indígenas y Tribales en países independientes - Declaración de los pueblos indígenas 226 - Declaración de los Pueblos Indígenas del Mundo 228Agradecimientos 231Bibliografía 232Mapas 237 7
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  9. 9. Glosario de siglasAIDESEP Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva PeruanaALBA-TCP Alianza Bolivariana de los Pueblos de las Américas – Tratado de Comercio de los PueblosALCA Área de Libre Comercio para las AméricasAPIB Articulación de los Pueblos Indígenas de BrasilBID Banco Interamericano para el DesarrolloBM Banco MundialCAOI Coordinadora Andina de Organizaciones IndígenasCCP Confederación Campesina del PerúCEDR Comité para la para la Eliminación de la Discriminación RacialCEH Comisión para el Esclarecimiento HistóricoCDH Consejo de Derechos HumanosCDI Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos IndígenasCIA Agencia Central de InteligenciaCIDH Comisión Interamericana de Derechos HumanosCIDOB Confederación de Pueblos Indígenas de BoliviaCNA Confederación Nacional AgrariaCNPI Comisión Nacional de Política IndigenistaCOCOPA Comisión de Concordia y Pacificación del Congreso de la UniónCOIP Caribbean Organization of Indigenous PeoplesCONAI Comisión Nacional de Asuntos IndígenasCONAICE Confederación de las Nacionalidades Indígenas de la Costa EcuatorianaCONAIE Confederación de Nacionalidades Indígenas de EcuadorCONACAMI Confederación Nacional de Comunidades Afectadas por la MineríaCONAP Confederación de Nacionalidades Amazónicas del PerúCONCULTURA Consejo Nacional para la Cultura y el ArteCONDEPE Consejo de Desarrollo de Nacionalidades y Pueblos del EcuadorCONEVAL Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo SocialCONFENIAE Confederación de Nacionalidades Indígenas de la AmazoníaCOPINH Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de HondurasCOPPIP Coordinadora Permanente de Pueblos Indígenas del PerúCRIC Consejo Regional Indígena del CaucaECUARUNARI Ecuador Runakunapak Rikcharimuy de la SierraEEUU Estados Unidos de América 9
  10. 10. EZLN Ejército Zapatista de Liberación NacionalDDHH Derechos HumanosDDPI Declaración de Derechos de los Pueblos IndígenasFARC-EP Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del PuebloFENOCIN Federación Nacional de Organizaciones Campesinas, Indígenas y NegrasFENSUAGRO Federación Nacional Sindical Unitaria AgropecuariaFLACSO Facultad Latinoamericana de Ciencias SocialesFMI Fondo Monetario InternacionalFMLN Frente Farabundo Martí para la Liberación NacionalFPCI Foro Permanente para las Cuestiones IndígenasFSLN Frente Sandinista de Liberación NacionalFUNAI Fundación Nacional del IndioIIRSA Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional SuramericanaINDI-IPI Instituto Paraguayo del IndígenaOEA Organización de Estados AmericanosOFRANEH Organización Fraternal Negra de HondurasOIT Organización Internacional del TrabajoOMC Organización Mundial del ComercioONG Organización No GubernamentalONIC Organización Nacional Indígena de ColombiaONU Organización de las Naciones UnidasODECOFORC Organización para el Desarrollo de las Comunidades Fronterizas del CenepaPAC Patrullas de Autodefensa CivilPND Plan Nacional de DesarrolloPNUD Programa de Naciones Unidas para el DesarrolloPRI Partido Revolucionario InstitucionalRAAN Región Autónoma del Atlántico NorteRAAS Región Autónoma del Atlántico SurTLCAN Tratado de Libre Comercio de América del NorteTLC Tratado de Libre ComercioUNASUR Unión de Naciones SuramericanasUNESCO Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la CulturaYATAMA Yapti Tasba Masraka Nanih Asla TakankaYPFB Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos 10
  11. 11. PresentaciónEl libro que tienes en tus manos, “Pueblos Originarios en América. Guía introductoria de su situación”, ha sidoeditado por la organización de cooperación y solidaridad internacionalista ALDEA con la colaboración del Centro deEstudios para las Relaciones Internacionales y el Desarrollo (CEPRID), y la financiación de la Agencia Española deCooperación Internacional y Desarrollo (AECID) del Gobierno del Reino de España.No es un trabajo cerrado, sino un camino abierto por el que cada cual puede transitar como le plazca: comenzando aconocer una situación de la que se comienza a hablar cada vez con más fuerza a tenor de las luchas que los pueblosoriginarios llevan por el reconocimiento de sus derechos, profundizando en las situaciones que nos puedan ser máscercanas (y el fenómeno zapatista tal vez sea el que más interés haya despertado en los últimos años en el Estadoespañol) o abriendo un camino por el que impulsar nuevos proyectos emancipatorios muy alejados de la vorágine“desarrollista” de nuestras sociedades. En definitiva, es una síntesis de algo muy complejo y en lo que merece la penaprofundizar en otras ocasiones.El trabajo de Alberto Cruz tiene una clara vocación de informar y explicar la situación de los Pueblos Originarios o Na-ciones Indígenas en el continente americano, incluyendo los países de habla no castellana o portuguesa, desde la visióndel conflicto del uso y propiedad colectiva de la tierra, el territorio donde han vivido, viven y quieren seguir viviendo losdiferentes Pueblos y Naciones originarias. Esta es la raíz de toda su lucha, la razón de ser de su existencia. Sin tierra nohay pueblo, sin pueblo no hay cultura, sin cultura no hay lengua. No se puede apoyar sólo el derecho a la educación en supropia lengua de los pueblos originarios, por poner un ejemplo, sin hacer lo mismo con la lucha por la tierra. Esta es unacrítica que hay que hacer a ciertas ONGs que están comenzando a trabajar en estos campos y que lo hacen como la luzpasa por el cristal, sin tocarlo ni mancharlo. Eso también lo hacen todos los gobiernos, con mayor o menor entusiasmo.Pero ese entusiasmo hacia los pueblos indígenas desaparece de inmediato cuando se trata de la tierra.La lucha por la tierra es vital. Y esta tierra está amenazada por los intereses políticos y económicos de gobiernos ytransnacionales que incumplen, cuando no violan, derechos reconocidos a todos los niveles desde que en el año 2007se aprobase la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas por la ONU. Si hay que resaltar algún aspecto deltrabajo del autor, este es uno de ellos: se han reconocido una serie de derechos a los pueblos originarios como conse-cuencia de una lucha de muy larga data, pero no se cumplen y siempre se utilizan artimañas para evitarlos.En ello tiene mucho que ver la voracidad de las transnacionales, en ocasiones mucho más poderosas que los mismosgobiernos. Pedro Ramiro y Erika González, investigadores del Observatorio de las Multinacionales en AméricaLatina (OMAL) de la Asociación Paz con Dignidad, relatan los impactos sobre los Pueblos indígenas de las transna-cionales españolas en una nueva conquista e invasión de “las Américas”. Ahora que se está poniendo de moda esaneolengua de la “responsabilidad social corporativa” de las empresas, es bueno comenzar a transitar, también, estecamino. Como hace más de quinientos años, no hay que dejarse cegar por el brillo de los espejos cuando lo que sebusca con afán es el oro. 11
  12. 12. En un ámbito tan extenso no se podían abordar con un cierto detalle otros aspectos como la aportación de las mujeres enla lucha de los pueblos originarios por su visibilización y derechos. Ella, por sí misma, tiene un valor propio y mereceun trabajo aparte. Su papel en la lucha contra el ALCA, el cuidado de la biodiversidad y en defensa de la cultura está aúnpor desarrollar, aunque ya hay caminos que se han comenzado, también, transitar. Mailer Mattié es una de las pionerasen hacerlo. Su relato sobre Mamá Tránsito es una muestra de la fuerza e inteligencia de una mujer indígena, emblemá-tica, a lo largo de los últimos 100 años de los Pueblos que aman y defienden a la Madre Tierra, a su Pachamama.El panorama no podría estar completo sin una referencia visual de cuáles y dónde se ubican los pueblos originariosen el continente americano. Este ha sido el trabajo de David San Martín. Con una iconografía cuidada y sencilla a lavez nos permite acercarnos geográficamente a estos pueblos y ubicarles en cada uno de los países que forman hoy estecontinente. Pero no hay que olvidar nunca que estos pueblos ya estaban allí cuando llegaron los europeos.El texto principal, los documentos anexos y los mapas permiten, como se ha dicho, comenzar a transitar por elcamino de los pueblos originarios. Y hacerlo con ellos. En ese camino hay avances y retrocesos, pero cada vezla senda se traza con mayor rapidez porque, sin duda, los comienzos de este siglo XXI son los de los pueblosoriginarios. Es una lucha decidida y dinámica a la que se pretende dar seguimiento y actualidad en la página webwww.pueblosoriginariosenamerica.org elaborada junto con este libro. Eso es transitar el camino con los pueblosindígenas. A través de esta página web se podrán conseguir documentos, noticias e informaciones de las realidadesde los Pueblos Originarios en América.Agradecemos que leas este libro, que lo conviertas en un instrumento de trabajo y que utilices la herramienta de lapágina web que lo acompaña haciéndonos llegar cualquier sugerencia o crítica.Saludos Solidarios e Internacionalistas. Pablo Lorente Zapatería PRESIDENTE de ALDEA 12
  13. 13. La larga lucha hacia la visibilización¿Cómo se pobló el continente americano? Alrededor de esta pregunta se ha escrito mucho y, a estas alturas de lahistoria, se sabe con certeza que al menos en lo referente al norte fue gracias a migraciones provenientes de la parteasiática que llegaron al continente americano a través de lo que hoy es el Estrecho de Bering. El primero que tuvo laaudacia de aventurar tal hipótesis, allá por 1590, fue José de Acosta, rector del colegio jesuita de Salamanca que pasóun tiempo en lo que hoy es Perú. La historia le presenta como antropólogo, evolucionista y un adelantado para sutiempo. Sin duda era así. Atreverse a plantear en aquella época que el continente americano se había poblado desde el“Viejo Mundo” y por el Estrecho de Bering –evidentemente esta denominación es muy posterior- indica unas gran-des dotes intelectuales y de observación. Acosta realizó una lectura bastante detallada de la mitología inca y azteca yllegó a la conclusión que en ella había suficientes elementos para constatar como evidencia poco cuestionable que sehabía producido una migración desde Asia dado que ambos pueblos, los asiáticos y los del “Nuevo Mundo” coinci-dían en afirmar que eran descendientes “de un número de hermanos que, en el principio de los tiempos, habían surgi-do de una enorme caverna bajo tierra situada en algún sitio del lejano norte”.1 Eso, para Acosta, sólo podía significarque provenían de lo que los españoles buscaban afanosamente: un nuevo camino a las Indias. Es muy probable que asus oídos llegase parte del contenido del Pop Wuj (también llamado Popol Vuh), el gran libro sagrado de los mayas–pese a que se mantuvo oculto hasta el año 1701- donde se dice que la civilización “vino por donde sale el sol, alládel otro lado del mar”. El sol sale por el Este y lo que está al este de América es Asia. Acosta se dio cuenta de elloy llegó a esa audaz conclusión que sesenta años más tarde fue ratificada por uno de sus discípulos, José SolórzanoPereyra, yendo un poco más allá al afirmar que “es mucha la semejanza entre las dos Indias [hay que recordar que losespañoles denominaron así al continente americano] en cuanto a condición, ritos y costumbres”.2Es evidente que las evidencias, valga la redundancia, las similitudes y las semejanzas no excluyen lagunas, dificul-tades y diferencias. Y entre los indígenas del continente asiático y americano son notables. Pero Acosta, hombrelúcido y estudioso, llegó a la conclusión que eso es así debido a que en todas las migraciones se va perdiendo partedel bagaje cultural de los pueblos que emprenden un nuevo rumbo en sus vidas en otros territorios. Esta línea argu-mental también fue seguida por Solórzano: “después de haber dejado su bien constituida y civilizada república en elviejo mundo, olvidaron, antes de llegar a las lejanas regiones del nuevo, en su mayor parte [su vieja vida], y lo pocoque quedó se desgastó con el tiempo, dejando apenas a sus descendientes un rastro de humanidad, sólo la aparienciade hombres”.3 Un final racista del comentario, sin duda, para reforzar el calificativo de “salvajes” con que los colo-1 José de Acosta, “Historia natural y moral de las Indias”, Salamanca 1590. Esta edición se reeditó, o reimprimió en 1962 en México y deahí se ha sacado la cita. Hubo una reimpresión anterior en Madrid en 1954, pero el autor de esta guía introductoria no ha podido encontrardicha edición. El nombre completo del libro es “Historia natural y moral de las Indias: en que se tratan las cosas notables del cielo,y elementos, metales, plantas y animales dellas y los ritos y ceremonias, leyes y gobierno y guerras de los Indios”. Existen fondosdocumentales del mismo en la Universidad de Barcelona y de Valencia.1 José Solórzano Pereyra, “Política indiana”, Madrid 1648. Citado por Anthony Pagden en su obra “The Fall of Natural Man: TheAmerican Indian and the Origins of Comparative Ethnology”, Cambrigde 1982. No hay edición en castellano de esta obra.1 Anthony Pagden. Op. Cit. 13
  14. 14. nizadores españoles, y quienes llegaron después que ellos, consideraron a estos pueblos. Así que todo el cientifismode esta teoría sobre los orígenes de los primeros pobladores del continente americano, no exenta en ocasiones de uncierto romanticismo, servía para reforzar el discurso dominante colonial: civilización frente a barbarie.Este discurso se ha mantenido inalterable a lo largo de los siglos obviando dos cosas: la primera, que hasta quien seconsidere el más objetivo especialista está prisionero de sus experiencias, de los valores dominantes de su sociedad,de las tradiciones, de los estereotipos de su entorno (como somos europeos tendemos a aportar a todo una visión euro-céntrica, por no decir etnocéntrica) de la historia; la segunda, que cualquier teórico y/o académico que se aproxima acualquier disciplina sea del ámbito que sea, y de forma especial en las humanidades, lo hace desde la perspectiva desu ámbito cultural, nacional o ideológico y establece una elaboración teórica según esos valores. Por lo tanto, nadiees independiente; el teórico y/o académico se puede aproximar más o menos a la objetividad, pero nunca a la inde-pendencia. Esto debería convertirse siempre en una declaración de honestidad intelectual, pero nunca o en muy pocasocasiones se hace. Y mucho menos a la hora de abordar la realidad de los pueblos originarios.La perspectiva eurocéntrica tiene su sustento en la imposición ideológica y de un sistema de dominación que con-sidera la idea de la “civilización occidental” como el único modelo civilizatorio a escala planetaria y que todas lasdemás civilizaciones deben subyugarse a él. La arrogancia occidental, que olvida que su conquista del mundo fueposible por su superioridad a la hora de imponerse por la fuerza y la violencia organizada y no por la superioridad desus valores, sólo sirve para justificar las nuevas formas de neocolonialismo a pesar centenares de declaraciones debuenas intenciones. Un caso lo tenemos en lo referente a los derechos humanos, tema que Occidente ha convertido enla punta de lanza para el ataque contra sistemas políticos, económicos, sociales y culturales que no son de su agrado.Forman parte de una globalización ideológica que quiere imponer una concepción muy estrecha de los mismos yque parte de los enarbolados por la Revolución Francesa de 1789, considerándoles imagen superior e inmodificablede la sociedad sin tener en cuenta que gran parte de la población del planeta sufre discriminación política, social,económica y no satisface sus derechos más elementales de vida en gran parte debido, sin margen alguno a la duda, almodelo económico occidental, también globalizador, que no está haciendo otra cosa que agudizar la concentraciónde extrema riqueza y extrema pobreza en el mundo. Pero no hay que adelantar acontecimientos.Es cierto que hoy en día apenas hay detractores sobre el paso de un continente a otro a través del Estrecho de Bering,una zona que en algunos puntos tiene una profundidad de sólo entre 30 y 50 metros. Hará unos 40.000 años, durantela última glaciación y como consecuencia de una gran concentración de hielo en grandes placas continentales, estazona del mundo sufrió un descenso de las aguas que dejó al descubierto una extensa lengua de tierra que los prehisto-riadores denominan el Puente de Beringia y que unía, en la práctica, Siberia y Alaska. Por aquí pasaron los primerospueblos, siberianos y tal vez mongoles, persiguiendo animales de caza como mamuts o mastodontes. Esta situación semantuvo unos 19.000 años hasta que se produjo un deshielo que volvió a llenar de agua la zona separando de nuevoambos continentes. También es cierto que hoy los especialistas y antropólogos no creen que una migración degenera,como decía Solórzano. Pero, también hay que ser cautos con quien piensa que una vez “solucionada” la cuestión delorigen de los primeros pobladores, al menos en el norte del continente americano, se llega al argumento que “todossomos colonizadores”, con lo que se quita fuerza a la reivindicación indígena dado que, a fin de cuentas, habrían sidotan colonizadores como quien les colonizó con posterioridad.Fueron los algonquino (uno de los pueblos originarios en el actual Canadá) quienes proporcionaron a los europeosque llegaron a aquellas tierras el nombre de “esquimales” para los inuit porque ellos se dirigían a los inuit como“eskimau”. Pues bien, los inuit se encuentran en todo el Ártico, desde Groenlandia hasta Siberia convirtiéndoseasí en la prueba fehaciente de la teoría migratoria de un continente a otro. Los lingüistas han encontrado relacionesfundamentales entre el idioma de los inuit de Canadá con el de los chukchi de Siberia, aunque fuera de esta coinci-dencia no hay otra en todo el continente americano entre el “viejo” y el “nuevo” mundo. Y se da el hecho que en laPatagonia chilena (Arroyo de Chinchihuapi), justo al otro extremo del continente americano, existen yacimientos que 14
  15. 15. demuestran una coincidencia temporal con los que se han encontrado en Canadá y Estados Unidos. O que en Brasil(Sao Raimundo Nonato, Estado de Piauí) las excavaciones han puesto de relieve que había grupos de pobladoreshace 30.000 años4, por lo que no sería improbable que se hubiese producido un desplazamiento desde esta parte delcontinente hacia el norte.Sea como fuese y sin rechazar la teoría de la migración desde Siberia al norte del continente americano a través deAlaska, los pueblos originarios se muestran poco dispuestos a verse a sí mismos como inmigrantes-colonizadoresen sus propias tierras y resaltan su gran variedad de mitos, leyendas y relatos que se han mantenido inalterables yhan perdurado a lo largo de los tiempos, sin desvanecerse, y que ponen de manifiesto que estas teorías arqueológicassobre sus orígenes no tienen por qué ser “sagradas” por el hecho de decirlo la ciencia. Aún hay lagunas que llenar yno faltan los pueblos indígenas que, como el caso de los que forman parte del Consejo Indio de Canadá, achacan a“intenciones políticas” todo el discurso de que ellos también son “colonizadores”.Este razonamiento intenta igualar la brutalidad conquistadora de todos los pueblos a lo largo de la historia y así diluirla responsabilidad de la más reciente, la llevada a cabo por los europeos. La consecuencia fundamental de esta últimacolonización fue la destrucción del orden social precolombino, en el caso de América Latina, y el comienzo de unproceso de aculturación que iba a llevar a los pueblos originarios a perder sus señas de identidad. En nombre de lacivilización se destruyó una estructura de conocimiento, de memoria colectiva, de su propio pasado y sabiduría mile-naria, avanzados modos de producción agrícola (sobre todo en América Central y del Sur) y formas de organizaciónsocial comunitaria que ahora, en los inicios del siglo XXI, parece que recuperan su lugar en la historia. Porque esevidente que estamos ante el resurgimiento de los pueblos originarios en todo el mundo. Desde Asia a América, desdeÁfrica a Oceanía, incluso en Europa –como es el caso de Groenlandia, por cierto el lugar desde el que partieron losprimeros visitantes conocidos de los pueblos originarios de lo que hoy es Canadá (localidad de L’Anxe aus Meadows,Terranova) allá por el 1001 de nuestra era, es decir, casi quinientos años antes de la llegada de Colón al continente-los pueblos originarios están haciendo oír su voz y comenzando a recuperar parte de sus derechos. Han tenido quetranscurrir más de quinientos años desde el llamado “Descubrimiento” y más de doscientos desde la independenciapolítica-administrativa de las metrópolis europeas para que ello sea así. Han tenido que transcurrir más de cincuentaaños desde que se produjo el proceso de descolonización en Asia y África –consecuencia de una lucha, en la mayorparte de los casos violenta, de los pueblos en favor de su dignidad, autodeterminación e independencia- para que estospueblos recuperen su lugar. O lo intenten, puesto que todavía luchan por ese reconocimiento. Hay muchos casos, peroel más llamativo es el de los adivasi (literalmente, indígenas) en India, inmersos en una desesperada batalla contralas transnacionales y el Estado indio para no perder sus territorios, ricos en minerales estratégicos y contra quienesse está cometiendo un real etnocidio en nombre de la lucha contra la guerrilla. Nada nuevo a lo largo de la historiareciente, y más si tenemos en cuenta que este libro hace referencia a los pueblos indígenas en América, que tambiénhan sufrido una durísima represión con esa argumentación no hace mucho tiempo.Derechos humanos individuales frente a derechos de los pueblosLas poblaciones tribales, étnicas, autóctonas, originarias, nativas, indígenas o aborígenes (las diferentes denomina-ciones no peyorativas o descalificadoras) siempre han vivido en sus tierras. La llegada de los colonizadores de otroslugares y con otras culturas fue el comienzo de su segregación y discriminación. Los colonizadores, al convertirseen el grupo dominante mediante la ocupación y colonización de esos territorios, fueron destruyendo y poniendo enpeligro culturas y sustentos. La iglesia, católica -en el caso de la colonización española, portuguesa y francesa-, pro-testante y anglicana -en el de la holandesa y británica-, jugó un papel nada desdeñable en todo el proceso de controlde las masas indígenas y fue una de las principales causas de la aculturación religiosa, lingüística y cultural de losnativos. Y esto ha sido así hasta finales del siglo XX en muchos países como, por poner un caso, Colombia cuandotras un proceso constituyente puesto en marcha al calor de los acuerdos de paz con diferentes organizaciones guerri-4 Gustavo Politis y Benjamín Alberti (eds), “Arqueología en América Latina”, 2000, Routledge. 15
  16. 16. lleras, una de ellas de corte indigenista como el Movimiento “Quintín Lame”, se aprobó en 1991 la Constitución hoyvigente y que marcó el fin de la delegación en la iglesia católica de la “educación y evangelización de los indígenas”.Es evidente que se pueden poner casos de religiosos que se vincularon con los pueblos indígenas y que gracias a sulabor se pueden conocer partes de su historia como el propio Pop Wuj, traducido del k’iché al castellano por uno deellos, o de quienes optaron por vincularse a la Teología de la Liberación en épocas mucho más recientes, pero no sonmás que excepciones que confirman la regla. No obstante, ello no quiere decir que se haya acabado con el peligroque supone para los indígenas la “evangelización”. Ahora son las iglesias fundamentalistas protestantes, de corteevangélico y origen estadounidense, quienes están provocando un verdadero etnocidio y se han convertido en arietesde proyectos de dominación política y cultural. Tal vez el caso más extremo es el de Nuevas Tribus, una iglesia quesuele prohibir las prácticas de la cultura tradicional y que en 2005 fue expulsada de Venezuela acusada de colaborarcon la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos. No era la primera vez que se vinculaba a esta igle-sia con los organismos de seguridad de EEUU, pero son sus métodos de conversión y el maltrato e intolerancia delas tradiciones culturales de los pueblos indígenas los que generan denuncias constantes sobre su labor en todos lospaíses de América Latina donde opera: Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, México, Panamá y Paraguay (véase elapartado referente a este país).5Si bien es cierto que la situación de los pueblos originarios ha evolucionado a lo largo de los años hacia formas menosbrutales de dominación también lo es que no por ello ha desaparecido ni la explotación ni la marginación y que laspoblaciones autóctonas siguen estando, aún, entre los grupos más desfavorecidos del mundo. Es algo que reconocela propia Organización de Naciones Unidas.6Este organismo multinacional –de naciones- también reconoce que desde que en 1920 los primeros nativos, básica-mente residentes en los Estados Unidos, se pusieron en contacto con la entonces Sociedad de Naciones se ha hechomuy poco por ellos. A sus continuos llamamientos se respondía con el silencio y no ha sido hasta fecha muy reciente,1971, cuando la ONU comenzó a abordar con cierta seriedad el tema en el marco de la protección de las minorías através de su Consejo Económico y Social. Ese mismo año se nombró un relator especial de la Comisión de DerechosHumanos sobre la situación de los derechos humanos y las libertades fundamentales de los indígenas.Según estaban las cosas en el mundo, no podía ser de otra manera. Desde que en 1948 la Asamblea General de laONU aprobase la Declaración Universal de los Derechos Humanos los países occidentales, casi sin excepción, sevenían presentando –y aún lo hacen- como los grandes paladines de su defensa. Y sin embargo se negaban esos de-rechos sin el menor sonrojo no sólo a los pueblos originarios, sino a países y pueblos enteros a quienes sometían auna brutal colonización.Cuando se aprobó la Declaración Universal formaban parte de la Organización de Naciones Unidas 58 Estados. Seestaba en plena guerra fría, se mantenía la colonización de Asia y de África y la Declaración Universal se elaboró bajouna estrecha concepción individualista sin tener en cuenta los derechos de los pueblos. Nos encontramos aquí con unacontradicción evidente: los países firmantes de la Declaración Universal (entre ellos casi todos los europeos puestoque España, por ejemplo, no había ingresado aún en la ONU) mantenían la colonización de la práctica totalidad delcontinente africano y de gran parte del continente asiático. Era una situación muy similar a lo que ocurrió en Haití afinales del siglo XVIII, cuando los esclavos tomaron la pie de la letra el lema de la Revolución Francesa “Libertad,Igualdad y Fraternidad” –con buena lógica- y pretendieron que se les aplicara también a ellos. Es de sobra conocidocómo terminó su pretensión: fueron masacrados por quienes recorrían las calles de París coreando esos lemas de“Libertad, Igualdad y Fraternidad”, por quienes habían aprobado unos años antes la Declaración de los Derechos delHombre y del Ciudadano. La revuelta de los esclavos haitianos fue considerada por estos prohombres, por estos in-signes ciudadanos franceses, por estos demócratas, como una “insolente aspiración” que encubría, además, el miedo5 BBC, “Nuevas Tribus ¿misión de Dios?”, 21 de octubre de 2005.6 Naciones Unidas. Centro de Información. http://www.un.org/esa/socdev/unpfii/es/drip.html 16
  17. 17. de los blancos, criollos y metropolitanos, a perder su poder. La revuelta de los esclavos haitianos, consolidada unosaños más tarde, abrió una grieta en la sociedad colonial y, al mismo tiempo, supuso una señal de alarma para todaslas oligarquías del continente americano. No era lo mismo una “revolución desde abajo”, como ocurrió en el casode Haití, que una “revolución desde arriba”, como fue el proceso independentista de las metrópolis europeas que notocaba ni los parámetros económicos ni los sociales respecto a los de la etapa colonial. A lo sumo, se produjo unademocratización relativa en la sociedad latinoamericana que no alteró, en sustancia, la sociedad colonial.Eso mismo volvió a ocurrir siglos más tarde y los colonialistas franceses, británicos, belgas, alemanes, holandeses,portugueses debieron considerar, también, una “insolente aspiración” la lucha de los pueblos africanos y asiáticospor su autodeterminación, por su independencia, por su dignidad como pueblos. Quienes aprobaban en la ONU laDeclaración Universal de los Derechos Humanos se la negaban sin sonrojo a los pueblos que estaban sometidos a sudominio y en sus propios territorios se hacía lo mismo con su población. Pongamos por caso, los EEUU y su políticaracista y discriminatoria contra los negros. No hablemos de los pueblos originarios, simplemente inexistentes paraellos. También tenían estos pueblos, así como los asiáticos y los africanos, una “insolente aspiración”: la de su inde-pendencia nacional, liberación social y recuperación de su cultura, dignidad y autodeterminación.Tal vez al llegar a este punto sea interesante recuperar las actas de la discusión entre países, recientemente puestas adisposición del público e investigadores por la ONU, en las que se pone de manifiesto cómo los intentos de los paísesdel entonces llamado del “socialismo real” de incluir en los derechos humanos los referentes a los pueblos sometidosa colonización y/o “dependientes”, como propuso Yugoslavia, fueron rechazados una y otra vez por las potencias oc-cidentales.7 Esta es la parte de la historia que se oculta siempre a la hora de hablar de los derechos humanos y esa fuela razón por la cual la Unión Soviética, Yugoslavia, Bielorrusia, Ucrania, Checoslovaquia y Polonia se abstuvieron(junto a Sudáfrica y Arabia Saudita, aunque éstos países por razones diferentes) en la votación que adoptó la Declara-ción Universal de Derechos Humanos de 1948. No podían votar en contra de algo a lo que habían contribuido positivay decisivamente, pero tampoco podían votar a favor al dejar irresuelto el tema de las minorías y pueblos en el queellos habían insistido. Las propuestas de estos países incluían el derecho a la libre determinación de los pueblos, elderecho a usar su propia lengua por parte de “nacionalidades y minorías”, a su propia cultura y sistema de educacióny se incluía siempre en ellos a las colonias. No había una referencia en sí a los pueblos indígenas salvo esa genéricaque se adoptó de “todos los seres humanos son iguales”, pero esos principios son los que sustentan las reivindica-ciones de estos pueblos hoy. Queda patente el hecho, y su reflejo aquí sirva de homenaje a quienes lo defendieron enlos años posteriores a la II Guerra Mundial -aunque no se la aplicasen en ocasiones a sus propios pueblos- al mismotiempo que para conocimiento de los pueblos originarios actuales. Sería muy esclarecedor que alguien se parase apensar por qué la Carta de la ONU recoge el derecho a la autodeterminación de los pueblos pero no la DeclaraciónUniversal de los Derechos Humanos de 1948, que es posterior a la carta, y por qué Occidente habla siempre de éstapero nunca de aquella. Pero hay que seguir.Algunos países americanos, acuciados por revoluciones de corte indigenista (México) habían dado pasos para reco-nocer a los indígenas dentro de su sociedad con criterio asimilacionista. Lo mismo ocurría en la esfera internacionalcuando el movimiento obrero, preocupado por la discriminación y explotación de las personas de origen indígenalogró que la Organización Internacional del Trabajo aprobase, en 1957, el Convenio 107 en el que se reconocía laexistencia de “poblaciones indígenas y tribales” aunque, todo sea dicho, en un contexto más de asimilación y noexento de un cierto paternalismo que de reconocimiento específico. El enfoque que se daba al Convenio 107 erael clásico de la izquierda en ese momento, facilitar una mejor integración de los indígenas en el mercado laboral através de la eliminación de la discriminación y de la mejora de la formación profesional. Sin embargo, también apa-recía el enfoque clásico de la izquierda al reconocer que una causa subyacente de la vulnerabilidad de estos pueblosera la generalizada privación de la tierra, de la que habían subsistido en el pasado. Por ello, y esta es la diferencia7 183rd plenary meeting. Continuation of the discussion on the draft universal declaration of human rights : report of the Third Committee(A/777). http://www.un.org/Depts/dhl/landmark/pdf/a-pv183.pdf 17
  18. 18. fundamental que hace del Convenio 107 un pionero, pedía también una mejora en el reconocimiento de los derechosde los indígenas a la tierra. El papel de la OIT en el reconocimiento de los derechos para los pueblos originarios esfundamental, como más tarde se verá.Como consecuencia de su lucha, gran parte de los pueblos africanos y asiáticos consiguieron liberarse del yugocolonial y lograron, al incorporarse a la ONU como nuevos países miembros, que se ampliase el concepto de de-rechos humanos. Así, el 14 de diciembre de 1960, ya formando parte del sistema de Naciones Unidas 98 Estados(cuarenta más que cuando se adoptó la Declaración Universal de los Derechos Humanos), se aprobó la resolución1514 de la Asamblea General denominada “Declaración sobre concesión de independencia a países y puebloscoloniales”8 (con la abstención de Australia, Bélgica, España, Francia, Portugal, República Dominicana, Sudáfri-ca, Reino Unido y Estados Unidos, siendo muy significativa la postura de EEUU y de los países occidentales entodos estos asuntos, como se vio con la Declaración Universal de DDHH y se verá más adelante). Su artículo 1dice textualmente: “la sujeción de pueblos a una subyugación, dominación y explotación extranjera constituye unadenegación de los derechos fundamentales, es contraria a la Carta de las Naciones Unidas y compromete la causade la paz y cooperación mundiales”. El artículo 2 va un poco más allá: “todos los pueblos tienen derecho a la libreautodeterminación, en virtud de este derecho determinan libremente su condición política y persiguen librementesu desarrollo económico, social y cultural”. Dos elementos merecen destacarse de esta Declaración: el artículo1 va mucho más allá de su enunciado al no limitar subyugación, dominación y explotación extranjera al dominiocolonial de viejo cuño; el artículo 2 deja bien claro que la denegación de los derechos fundamentales incluye todosesos derechos y no sólo los civiles y políticos: hace hincapié en los de índole económica, social y cultural. Lospaíses occidentales se dieron perfecta cuenta de qué significaba esta declaración y comenzaron a utilizar el discursoque tanto les gusta cuando no están cómodos con la legislación internacional: no es vinculante. Cierto, pero si no loes, como ninguna declaración de la ONU, tampoco lo es la Declaración de DDHH de 1948 que con tanta insistenciadefienden.Los nuevos países obligan a pisar el acelerador a la ONU y seis años más tarde, en 1966, el sistema de NacionesUnidas finaliza su elaboración de Pactos Internacionales sobre Derechos Humanos. Ese año, el 16 de diciembre, laAsamblea General aprueba la Resolución 2000 y en ella queda definitivamente consagrado en lo formal el plenoderecho a la autodeterminación, el derecho de los pueblos y naciones a la soberanía permanente sobre sus recursos yriquezas naturales y la consideración de que ambos constituyen un prerrequisito capital para la efectiva materializa-ción y disfrute efectivo de todos los derechos humanos.Para conmemorar que se había finalizado todo el andamiaje legal, y coincidiendo con el vigésimo aniversario de laDeclaración Universal de 1948, se celebra una reunión de los organismos de derechos humanos de la ONU en la ca-pital de Irán, en diciembre de 1968, de la que sale lo que en Derecho Internacional se conoce como la Proclamaciónde Teherán.9 En el párrafo 10 se puede leer que “los actos de agresión acarrean la denegación general de los dere-chos humanos” y en el párrafo 13 se ofrece la más completa definición de derechos humanos adoptada por la ONU:“Como los derechos y las libertades fundamentales son indivisibles, la realización de los derechos civiles y políticossin el goce de los económicos, sociales y culturales resulta imposible. La consecución de un progreso duradero enla aplicación de los Derechos Humanos depende de unas buenas y eficaces políticas nacionales e internacionalesde desarrollo económico y social”. El párrafo 10 es algo a tener muy en cuenta a la hora de hablar de Palestina,de Afganistán, de Yugoslavia, de Irak, de Líbano, de Gaza o de cualquier otra guerra impuesta por Occidente bajola premisa inicial de denegar todos los derechos humanos conocidos para imponerlos una vez realizada la invasióny la guerra, véase por ejemplo lo expresado por EEUU y sus aliados al invadir Irak sobre “llevar la democracia aOriente Medio”; y lo mismo hay que decir de cuando las transnacionales entran a sangre y fuego en los territoriosde los pueblos originarios para “llevar el desarrollo”, tal y como está ocurriendo en muchas partes del mundo y, enconcreto, en India. También ahora, en unos momentos en los que los países occidentales están buscando una forma8 http://www.independencia.net/pdf/ONU/res1514XV-1960.pdf9 http://www.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/derhum/cont/34/pr/pr38.pdf 18
  19. 19. menos “agresiva” de intervención neocolonial a través de una reformulación del derecho internacional convirtiendoel argumento del “derecho de injerencia” en la “responsabilidad de proteger”.10El resurgir de la lucha por la emancipación de los pueblos indígenasLas semillas sembradas por la lucha de los pueblos africanos y asiáticos a favor de su autodeterminación e indepen-dencia comienzan a dar frutos y a estimular un despertar anticolonial en otras partes del mundo y, de forma especial,entre los pueblos originarios en América. Hasta ese momento poco había sido lo que el indígena había podido hacerpara defenderse de la desaparición no sólo física, sino cultural y de la depredación de sus territorios por gobiernos,transnacionales y oligarquías locales.En países como México, y al calor de rebeliones campesinas por la reforma agraria y la tierra con gran parte de suscomponentes indígenas –es el caso de la protagonizada por Emiliano Zapata entre 1911 y 1919- surgieron iniciativasen los años 30 (como la creación del Departamento de Asuntos Indígenas) que cuajaron en 1940 con la celebracióndel I Congreso Indigenista Interamericano y en el que coincidieron ámbitos académicos y gubernamentales para tra-tar de forma intensa “el problema del indio” con la finalidad de “visibilizar” a un sector de la población que no podíaser ignorado. De aquí surgió el Convenio de Pátzcuaro y la creación del Instituto Indigenista Interamericano a inicia-tiva de la Unión Panamericana (el antecedente de la actual Organización de Estados Americanos) y del que formaronparte Bolivia, Costa Rica, Cuba, El Salvador, EEUU, Honduras, México y Perú con la pretensión de “asimilar” alos indígenas incidiendo, sobre todo, en el ámbito educativo. Una consecuencia de este convenio fue la aparición deInstitutos Nacionales Indigenistas en los países que formaron parte de este congreso y en Brasil, que no participó enel mismo, con la creación del Servicio Nacional del Indio. Todos ellos partían con la misma característica: promoverla política integracionista de los indígenas -teniendo una mayor consideración hacia ellos- pero sin poner en cuestiónlo más importante, el control de sus territorios y la desposesión de sus recursos. En otras palabras: reconocerles paraincluirles en la sociedad nacional. Un discurso similar al de la OIT, pero con la diferencia que en estas iniciativas nose mencionaba para nada la cuestión de la tierra que había estado en el origen de la rebelión de Emiliano Zapata y sírecogía el organismo internacional.Eran unas propuestas “por y para los indígenas”, pero sin ellos. Una especie de despotismo ilustrado que se da cuentade ello y en 1971, en otra reunión esta vez en Barbados, inicia una tímida autocrítica incluyendo a algunos indígenasen mesas sectoriales sobre etnocidio, descolonización y desarrollo. Pero ya era tarde para reconducir “desde arriba” unproceso en el que “los de abajo” tenían mucho que decir y que ya venían impulsando un cambio con fuerza a medidaque iba creciendo la conciencia autodeterminista de los pueblos al calor de las independencias africana y asiática.El acercamiento entre las diferentes organizaciones indígenas del norte y del sur del continente americano habíacomenzado en 1968, primero cada una por su lado y posteriormente juntas. Así, en 1972 los pueblos originarios enEEUU salen a la luz con la “Marcha de los Tratados Rotos” para denunciar el sistemático incumplimiento por todoslos gobiernos estadounidenses de los acuerdos firmados con ellos y en 1974 son los pueblos originarios del sur delcontinente quienes establecen el Parlamento Indio de América del Sur con participación de pueblos indígenas exis-tentes en Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Venezuela. La confluencia entre los indígenas del norte y del sur setenía que producir más pronto que tarde y así en 1975 se constituye el Consejo Mundial de Pueblos Indígenas (del queforman parte también los pueblos originarios del Pacífico sur, Escandinavia y Asia) que decide adoptar el nombre deAbya Yala para referirse a América. Es una adopción de la terminología utilizada por el pueblo kuna (Panamá) y queviene a significar “tierra de los grandes ríos”, para unos, y “tierra ensangrentada”, para otros.Los indígenas del continente se hacían visibles ellos mismos, sin intermediarios, y el mundo comenzaba contemplarla situación en la que habían vivido durante siglos. Acaecía en un momento, además, en que en América Latina sur-10 Alberto Cruz, “La ONU se reforma en círculo: la responsabilidad de proteger”, http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article625 19
  20. 20. gía con fuerza un movimiento guerrillero que –como en el caso de Guatemala- incorporaba a sus filas importantescontingentes indígenas. Hasta ese momento el interés de la izquierda por los pueblos originarios había sido más bienescaso, incluyéndolos en el apartado de “campesinado” sin profundizar en la cuestión específica indígena y yendopoco más allá de lo que aportó el peruano José Carlos Mariátegui a finales de la década de 1920 al afirmar que “lacausa de la problemática del indio es de carácter económico social” y que “el problema del indio tiene como centroel régimen de propiedad de la tierra a partir de la cual ha de erigirse el nuevo planteamiento de indigenidad” lo cual,no obstante, él identificaba con la revolución socialista dado que “su práctica colectivista y su innata capacidad derevuelta” convertían a los pueblos indígenas en colaboradores de la transformación social “al lado del proletariado”.11Es en Guatemala donde comienza a cambiar el concepto de la izquierda sobre los indígenas y es en este país dondesurge el vocablo “desaparecidos” para hablar de la violación de los derechos humanos cuando el Gobierno inicióuna política secreta de asesinatos, sin que apareciesen los cuerpos, de opositores políticos que eran indígenas (en unporcentaje del 83% de los casos) en su gran mayoría. Tal vez por ello al hablar de “desaparecidos” se piensa, auto-máticamente, en la tragedia de Chile y Argentina durante las dictaduras militares. Los indígenas aquí, también, eranvíctimas de segunda categoría.Es en este ambiente en el que la Comisión de Derecho Humanos decide, como se ha dicho, abordar la situación delos derechos humanos y las libertades fundamentales de los pueblos originarios. Los pueblos indígenas habían des-pertado al calor de las independencias africana y asiática, luchaban por su reconocimiento a nivel nacional e ibanarticulando cada vez con más fuerza sus movimientos en el plano internacional. Varias delegaciones llegaron hasta laONU para presentar sus reclamaciones utilizando el discurso de los derechos humanos y la Declaración de concesiónde independencia a los pueblos coloniales.La definición sobre qué son derechos y libertades fundamentales tomó carta de naturaleza jurídica en 1977, al aprobarla Asamblea General de la ONU la Resolución 32/130, de la que reseñaremos sólo cuatro apartados de su artículo 1: 12a) Todos los derechos humanos y libertades fundamentales son indivisibles e interdependientes; deberá prestarsela misma atención y urgente consideración a la aplicación, promoción y protección tanto de los derechos civiles ypolíticos como a los derechos económicos, sociales y culturales.b) La plena realización de los derechos civiles y políticos sin el goce de los derechos económicos, sociales y cultu-rales resulta imposible; la consecuencia de su progreso duradero en la aplicación de los derechos humanos dependede unas buenas y eficaces políticas nacionales e internacionales de desarrollo económico y social, como se reconoceen la Proclamación de Teherán de 1968.c) Todos los derechos humanos y las libertades fundamentales de la persona humana y de los pueblos son inaliena-bles.d) En consecuencia, las cuestiones de derechos humanos deberán examinarse en forma global, teniendo en cuentael contexto general de las diversas sociedades en que se insertan y la necesidad de promover la dignidad plena de lapersona humana y el desarrollo y bienestar de la sociedad.La resolución fue aprobada por 123 votos, de los 149 Estados que formaban parte entonces de la ONU. No hubo votosen contra, pero sí 15 abstenciones entre las que hay que mencionar las de EEUU, España, Francia, Gran Bretaña yAlemania. De nuevo Occidente veía con resquemor que se reconociesen este tipo de derechos. Once países prefirie-ron ausentarse de la sala antes de votar.La salida a escena de los pueblos originarios ya era imparable. La incorporación de indígenas a las diferentes guerri-llas latinoamericanas existentes en esos momentos y la aparición de organizaciones armadas en EEUU, donde el Mo-vimiento Indio Americano propugnaba el restablecimiento de los antiguos tratados, el reconocimiento de las tribuscomo naciones y el derecho a participar en el desarrollo económico de sus tierras incluso a través de la lucha armada11 Alberto Saladino García, “Indigenismo y Marxismo en América Latina”, 1994, UAEM.12 http://daccess-dds-ny.un.org/doc/RESOLUTION/GEN/NR0/320/13/IMG/NR032013.pdf?OpenElement 20
  21. 21. (con la represión de Wounded Knee en 1973 como expresión de lo que estaba dispuesto a hacer el Estado contrael resurgimiento del nacionalismo indio) ponía de manifiesto algo que ya no se podía ocultar por más tiempo: lospueblos originarios, postergados y marginados a lo largo de los siglos habían dicho basta. Un hecho en nada trivial,por no estar vinculado a ningún tipo de resistencia armada, ayudó a su visualización completa: la reunión en Bruselasdel IV Tribunal Russell (1980) sobre los Derechos de los Indígenas de las Américas. El esperpento creado por Brasilal negar la presencia en el evento de quien había sido elegido su presidente, un indígena xavante de la Amazonía,dejaba bien clara la situación en que vivía la mayoría de estos pueblos: no se le concedió el permiso de salida delpaís en virtud de la legislación vigente, que consideraba al indígena como “menor de edad” por lo que necesitaba unaautorización de su “tutor”, en ese caso la Fundación Nacional del Indio. La elección del indígena xavante como pre-sidente no había sido casual: tenía como finalidad denunciar la política del gobierno brasileño respecto a los pueblosoriginarios en su país dado que los xavante –que habían sido “contactados” por vez primera a finales de la década de1960- habían sido “removidos” (expresión que utilizó el gobierno de Brasil) de su territorio por aviones de la de laFuerza Aérea, con ayuda de misioneros y hacendados, y transportados a reservas ubicadas en otro lugar lejos de sustierras ancestrales. En el proceso murieron de sarampión 86 xavante, contagiados por uno de los soldados encargadosdel proceso de “remoción”.La Comisión de Derechos Humanos no podía obviar la situación y decide ampliar el concepto de derechos humanose incluir el tema de los pueblos originarios dentro de todo el andamiaje jurídico internacional no sin resistencias,de forma especial, de los países occidentales. Así, tras diez años de trabajo intentando definir qué son poblacionesindígenas y cuál era su situación en temas como la salud, la vivienda, la educación, la lengua o idioma, la cultura, lasinstituciones sociales, culturales y jurídicas, el empleo, la tierra, los derechos políticos, los derechos religiosos y supráctica y la igualdad en la administración de justicia se elaboró un informe que fue presentado a la Subcomisión dePrevención de Discriminaciones y Protección de las Minorías en 1981.Dicha instancia dedicó otros tres años más a incorporar algunas de las recomendaciones al entramado legal de laONU, dejando otras pendientes de un estudio posterior. Como consecuencia de ello, en 1982 se creó el Grupo deTrabajo sobre Poblaciones Indígenas como un órgano subsidiario de la Subcomisión para promover los derechos deestas poblaciones. Simultáneamente, la OIT inició una revisión de su Convenio 107 basándose en la nueva perspec-tiva de una mayor autonomía para los pueblos indígenas, el reconocimiento de su control colectivo sobre la tierra ylos recursos naturales, los derechos educativos basados en sus propias necesidades y orientación cultural y una pro-tección laboral y enseñanza profesional más dirigida hacia ellos mismos, es decir, que servirían a su propia sociedady encontrarían empleo en ella antes que en la parte no indígena de la sociedad. La OIT volvía a ir por delante delresto de organismos internacionales. No obstante, para conmemorar el vigésimo aniversario de la elaboración de losPactos Internacionales sobre Derechos Humanos y la aprobación por la Asamblea General de la Resolución 2000 queconsagraba el pleno derecho a la autodeterminación, el derecho de los pueblos y naciones a la soberanía permanentesobre sus recursos y riquezas naturales y la consideración de que ambos constituyen un prerrequisito capital para laefectiva materialización y disfrute efectivo de todos los derechos humanos en 1986 se ratificó todo el contenido dela resolución 32/130 de 1977 con otra nueva, la 42/117, aunque en esta ocasión sí hubo un voto en contra, el de losEEUU, y el número de abstenciones aumentó hasta las 25 manteniéndose las de España, Francia, Gran Bretaña yAlemania entre ellas.Se hablaba de derechos humanos, de su amplio reconocimiento a nivel internacional y de su fomento a través de de-claraciones políticas públicas y documentos oficiales que, sin embargo, no pasaban de ser poco más que derechos so-bre el papel dado que seguían gravemente amenazados por actos reales de poder y por otras prácticas muy extendidasen la práctica totalidad del mundo y, en particular, del continente americano. Los golpes de Estado en Chile (1973) yArgentina (1976) fueron, quizá, los más paradigmáticos ejemplos de esto junto con la implicación estadounidense enla guerra de Vietnam y la aniquilación sistemática de poblaciones enteras y destrucción masiva del medio ambiente(con My Lai, por una parte, y la utilización del “agente naranja”, por otra, como exponentes) o las invasiones depaíses (Granada en 1983 y Panamá en 1989) por esta superpotencia. En el medio, escalofriantes matanzas como las 21
  22. 22. que se venían produciendo en Guatemala (Sansirisay, 1973, y Panzós, 1978, entre otras muchas) y desplazamientoforzado de pueblos enteros de este país como los ixil, uspanteco, sacapulteco, k’iché o kanjobal hacia las guber-namentales “aldeas modelo”, siguiendo el ejemplo implantado por EEUU en Vietnam, con las que se pretendía dejaraislada a la guerrilla de sus apoyos indígenas.Mientras todo esto ocurría, la autoorganización indígena se fortalecía y obligaba a la llamada “comunidad interna-cional” a intentar tapar una brecha que se agrandaba cada día con el reconocimiento de algunos derechos, como laeducación en la lengua materna, bajo ese empuje “desde abajo” de los propios pueblos que iba siendo asumido “desdearriba” porque no le quedaba más remedio a la clase dirigente oligárquica si quería evitar que se llegase a un punto deebullición masiva que le hiciese perder su poder. Era reconocer algo para que todo siguiese igual en la medida de loposible. No obstante, esa asunción por los de “arriba” no iba a llegar en ningún caso a los extremos de México, queinició un proceso de indigenismo de Estado que comenzaba a otorgar una mayor presencia a los indígenas en la vidadel país y que se tradujo en iniciativas como el I Congreso Nacional de Pueblos Indígenas (1976) o el Seminario Na-cional de Educación Bilingüe Bicultural (1979) que abrieron espacios para que la educación bilingüe fuese reconoci-da como un derecho y se comenzase la formación de maestros y profesionales indígenas etnolingüistas (otro debatees su resultado, como se verá en el apartado dedicado a este país). Fuera del ámbito institucional que se iniciaba enMéxico, una de las organizaciones indígenas que desempeñó un papel pionero en la educación bilingüe, al margen delEstado, y en la utilización de la lengua propia como símbolo identitario fue el Consejo Regional Indígena del Cauca(Colombia) en los años 1980-1990. En los ámbitos universitarios y educativos el debate también comenzaba a estarpresente y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) junto a laFacultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) organizaron en Costa Rica (1981) una reunión de exper-tos para tratar este tema y otros como el etnocidio y el etnodesarrollo. Esta fue la base para que países como Ecuador(1988 y 1992, en esta ocasión después de un histórico levantamiento indígena dos años antes, de una magnitud novista hasta entonces ni en el país ni en el resto del continente Abya Yala) y Brasil (1993) iniciasen un cambio en suspolíticas educativas comenzando a incluir las cuestiones de la interculturalidad en los currículos.La primera victoria: el Convenio 169 de la OITEl empuje de las organizaciones indígenas obligó a estos países a dar ese paso, que fue “sancionado” por la Organi-zación Internacional del Trabajo (1989) al adoptar el Convenio 169 en el que se menciona expresamente el derechoal uso del idioma propio junto a otras cuestiones como el derecho a la tierra y sus territorios, a la consulta “de buenafe” cuando un gobierno tome una decisión que les incumba directamente, su propio sistema judicial, empleo, educa-ción, etc. La importancia de este convenio es crucial puesto que utiliza el concepto de pueblos como sujeto colectivo,señala a los pueblos como titulares de derechos colectivos y establece una nueva relación entre los “pueblos indígenasy tribales” –así se denomina el Convenio- y los Estados nacionales al reconocer la diversidad cultural y étnica (veranexo 2).Así es como el tema también llega a Europa. El Tratado de Maastricht (1992) reconoció que “junto a las lenguasmayoritarias (inglés, español, francés, alemán, italiano), los sistemas educativos deben fomentar la enseñanza de laslenguas minoritarias (neerlandés, danés, sueco, portugués, etc.) y de las lenguas regionales”.13 La lucha de los indíge-nas del continente americano arrojaba beneficios, también, para quienes habían sido sus colonizadores.Poco a poco se iba abriendo un periodo democratizador que aceptaba la inclusión de las lenguas y culturas indígenasen los textos constitucionales. Esto era algo fácil y asumible por las oligarquías que continuaban dirigiendo con manoférrea los países de Abya Yala en términos políticos y económicos. Y, como si quisiera resarcirse de la actitud mante-nida unos años antes al considerar a los indígenas como “menores de edad”, fue Brasil el primer país del continenteen incorporar a su Carta Magna (1988) el reconocimiento de los derechos ancestrales de los indígenas, estableciendo13 Pierre-Louis Gauthier, “La educación en Europa en la perspectiva del siglo XXI”, Ed. Universidad de Salamanca. 1995. 22
  23. 23. el plazo de diez años para la demarcación de esas tierras e imponiendo por ley que la explotación de las riquezas quehubiese en el subsuelo de ellas sólo sería posible con la aprobación del Congreso y del Senado. También incluyó eldeber de defensa de los patrimonios lingüísticos y culturales, y el derecho a la educación diferencial. Poco más tardefue Colombia (1991) con la nueva Constitución aprobada tras el proceso constituyente con algunos de los antiguosgrupos guerrilleros –calificada entonces como la más avanzada del continente en cuestiones indígenas- considerandolenguas co-oficiales las indígenas en sus territorios, implantando la enseñanza bilingüe y estableciendo la autonomíapolítica, con presupuesto propio, para las tierras de los pueblos originarios. Luego fue el turno de Paraguay (1992)otorgando el rango de lengua co-oficial al guaraní en todo el país y dando al resto de lenguas indígenas la co-oficiali-dad en sus territorios; de Perú y Ecuador (1993), el primero considerando co-oficiales “el quechua, aymara y demáslenguas aborígenes en las zonas donde predominan” y el segundo yendo mucho más allá calificando al país de “mul-tiétnico y multicultural”. Un año después, en 1994, Bolivia hizo lo mismo que Ecuador y la cúspide de la pirámidela ocupaba a finales del siglo XX Venezuela cuando con la nueva Constitución inspirada por Hugo Chávez al asumirla presidencia (1998) se califica a la República Bolivariana como “país multiétnico y pluricultural, con principio deigualdad de las culturas y co-oficialidad de las lenguas indígenas, además de educación diferencial”.Los pueblos originarios tuvieron que esperar hasta 1993, una vez desaparecida la Unión Soviética y en crisis un modeloideológico que para muchos gobiernos, de forma especial los occidentales, era la antítesis de lo que ellos propugnabanpara que se iniciase una cierta etapa de “tolerancia” frente a las diferencias culturales y razas (con el desmantelamientodel régimen de apartheid en Sudáfrica como paradigma). Hasta ese momento los países capitalistas occidentales habíanconsiderado la Declaración Universal de DDHH de 1948 poco menos que como el fin de la historia y ahí está para co-rroborarlo su actitud con el resto de declaraciones que la Asamblea General iba aprobando. La Declaración Universalde DDHH, guste o no que se diga, tiene un tufo claramente colonial. De repente, el capitalismo neoliberal triunfante seprestaba a ser más receptivo a las reivindicaciones de los pueblos indígenas, una vez que había desaparecido su enemigomayor, el socialismo, y siempre y cuando esas reivindicaciones no afectasen a la economía globalizada. La libertad demercado por encima de todo. La vieja esencia del colonialismo seguía viva, pero no se podía hacer otra cosa ante la nuevasituación internacional, desaparecido el enemigo principal y en auge tanto el movimiento indígena como sus apoyos.En uno de sus múltiples golpes de pecho asumiendo su lentitud, cuando no culpabilidad e incapacidad para hacercumplir sus propias resoluciones, recomendaciones y declaraciones de la ONU, estos países reconocían lo obvio:“Después de un prolongado período en el que los derechos económicos, sociales y culturales parecían haber quedadorelegados al olvido, en los últimos años se han producido algunos avances importantes en ese campo. La Declaracióny Programa de Acción de Viena, aprobados por la Conferencia Mundial de Derechos Humanos en 1993, fue un hitoimportante en este proceso, ya que en ella se instó a que se hiciera un esfuerzo concertado para garantizar el recono-cimiento de los derechos económicos, sociales y culturales a nivel nacional, regional e internacional” .14Es entonces cuando la Comisión de Derechos Humanos de la ONU decide iniciar el examen del texto definitivo deun proyecto de declaración sobre los derechos y libertades de los pueblos indígenas, incluidos el mantenimiento yel desarrollo de características e identidades étnicas y culturales; la protección contra el genocidio y el etnocidio;los derechos relativos a las religiones, los idiomas y las instituciones educacionales; la propiedad, posesión y uso delas tierras y recursos naturales indígenas; la protección de la propiedad cultural e intelectual; el mantenimiento deestructuras económicas y modos de vida tradicionales; la protección del medio ambiente; la participación en la vidapolítica, económica y social de los Estados interesados, especialmente tratándose de cuestiones que pudieran afectara los pueblos indígenas; la libre determinación, el autogobierno o la autonomía de los pueblos indígenas en cuestio-nes relacionadas con sus propios asuntos internos y locales; los contactos y cooperación tradicionales a través de lasfronteras estatales, y la observación de los tratados y otros acuerdos concertados con los pueblos indígenas.Más de veinte años después de que la ONU hubiese iniciado el estudio sobre los pueblos originarios se adoptaba un14 Declaración y Programa de Acción de Viena. 25 de junio de 1993. A/CONF.157/23. 23
  24. 24. documento que, en teoría, vinculaba a todos los integrantes del organismo multinacional. El lento avance del reco-nocimiento de los derechos de los pueblos indígenas a nivel internacional era dificultado, una y otra vez, por variosEstados que se oponían al reconocimiento del derecho a la autodeterminación y al control, por los indígenas, de losrecursos naturales existentes en sus tierras ancestrales. Ya se ha dicho antes: tolerancia sí, pero siempre y cuando noafecte el tema a la cuestión económica, como se verá en el desarrollo de la situación de estos pueblos en la mayoríade los países del continente Abya Yala. Y aquí juegan un papel muy importante, tanto o más que algunos Estados,las compañías transnacionales. Es un hecho que la riqueza y el poder de gran parte de esas empresas son superioresa muchos Estados. Su influencia es tal que en muchas circunstancias no tienen que rendir cuentas de sus actos y losEstados, a veces, no quieren o no pueden tratar de regular sus actividades con medidas obligatorias y enérgicas, y esalgo que se ve en la actualidad en la mayor parte de los conflictos existentes con los pueblos originarios de todo elmundo, bien sea en Argentina (petróleo y gas), en Chile (agua), en Guatemala y Perú (minería) o en cualquier otropaís. Incluso Brasil, una potencia económica e industrial, ve cómo las compañías madereras devastan impunementela Amazonía año tras año en muchas ocasiones en connivencia de intereses gobierno-empresas transnacionales.Se pone de manifiesto en toda su crudeza la presencia de dos valores, dos visiones diferentes: el desarrollo capitalistaneoliberal en forma de macroproyectos y el desarrollo alternativo basado en las identidades locales y en la cosmovisiónindígena. Son conceptos antitéticos y relaciones de poder asimétricas. Sería largo explicar en qué consiste la cosmovi-sión, pero baste señalar que se refiere al conjunto de valores y sistemas de conocimiento que articulan la vida social delos pueblos originarios. Se ha definido como “el conjunto estructurado de los diversos sistemas ideológicos con los queel grupo social, en un momento histórico, pretende aprehender el universo, engloba todos los sistemas, los ordena y losubica”.15 Hay un enriquecedor debate sobre si los pueblos indígenas poseen una cosmovisión común o si cada uno cuentacon una forma particular de concebir la relación entre el hombre, la sociedad y el mundo natural y sobrenatural en AbyaYala, África, Asia, Oceanía… Lo cierto es que pese a esa diversidad, se pueden establecer una serie de rasgos generalesque comparten todos los pueblos originarios en todo el mundo en lo referente a religión, política, economía y medio am-biente. Hay una estructura comunitaria, hay una intensa relación con la tierra que no separa naturaleza y cultura, ordennatural y social, individuo y sociedad. Por poner algunos ejemplos, para los indígenas la muerte no es la desapariciónfísica de alguien sino el olvido de sus lenguas y costumbres, la contaminación ambiental, la pérdida de la diversidad, elsufrimiento de los animales, la expulsión de sus tierras, la imposición de una sola cultura. Para el capitalismo neoliberalesto es sólo el progreso y la civilización globalizada. Para los indígenas el mundo tiene unos principios que lo ordenany lo mantienen en equilibrio; cuando esos principios se rompen, viene la catástrofe. El capitalismo neoliberal discute suresponsabilidad en el cambio climático y se resiste a la imposición de tímidas reformas para paliarlo como las acordadasen el Protocolo de Kyoto o la Declaración de Río. En la cuestión alimentaria, la cosmovisión indígena se opone radical-mente al modelo capitalista neoliberal: estrategia de auto-subsistencia y seguridad alimentaria de la familia y comunidadfrente al concepto individualista de ganancia y beneficios, el producir alimentos para comercializarlos, especular en elmercado y en la bolsa para encarecer estos productos con el único fin del lucro. Esto es algo que también sirve para lasalud, entendida como un aspecto lucrativo y mercantil por la industria farmacéutica mientras que para los indígenas unaplanta que cura es sagrada, está relacionada con la vida social, naturaleza, espíritus y antepasados.Los pueblos indígenas nos ponen ante el espejo a toda la sociedad, incluida esa famosa “comunidad internacional”inexistente salvo cuando para los países capitalistas se trata de defender sus intereses que no son, ni de lejos, ni losde los pueblos en general ni los de los pueblos originarios en particular. No obstante, su lucha había logrado ya algúnéxito notable, como el Convenio 169 de la OIT, y se transitaba ya sobre un camino sin retorno, al menos sobre el pa-pel. Como consecuencia de las discusiones y de la presión externa de los propios pueblos originarios ese mismo añode 1993 la Asamblea General de la ONU proclamó el “Año Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo”y la década de 1995-2004 como el “Decenio Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo” para fortalecerla cooperación internacional en aras a resolver los problemas de las comunidades indígenas. Fue algo premonitorio.15 Alfredo López Austin, “La religión, la magia, la cosmovisión”, en Historia Antigua de México IV, México, INAH-UNAM-M.A.PORRÚA,1995-2001. 24
  25. 25. La resistencia indígena había dado un paso significativo con el momento de esplendor guerrillero de Sendero Lu-minoso en Perú y el surgimiento del fenómeno zapatista en México (1994), diferentes en sus concepciones ambospero coincidentes en el hecho de que los indios planteaban alternativas políticas (trascendiendo lo indígena en Perú,incluso hay quien defiende que ese movimiento armado ni siquiera lo tenía en cuenta) que iban mucho más allá de lainclusión de las cuestiones culturales en la agenda nacional e internacional. Sin olvidar, como se ha dicho, la impor-tante presencia de indígenas en la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca.La singularidad del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) fue doble: por una parte, sunegativa a tomar el poder; por otra, los indígenas chiapanecos daban una respuesta a los cambios económicos puestosen marcha por el Gobierno de México al haber aceptado formar parte del Tratado de Libre Comercio (TLC) con EEUUy Canadá y que suponía una amenaza real para su principal fuente de supervivencia: el acceso a la tierra. Desde que elTLC se firmó, en 1992, hasta que entró en vigor, 1994, “la liberalización económica, la reforma institucional del Estadoy los programas sociales dirigidos por el salinismo [Carlos Salinas de Gortari, presidente de México en esa época] signi-ficaron para un amplio sector de la población indígena de Chiapas una exclusión creciente de los mercados, el abandonodel Estado y la manipulación política de un gasto social limitado”.16 Era el aldabonazo que necesitaba un mundo conmala conciencia y a quien los zapatistas, por el hecho de haber manifestado públicamente que no querían tomar el poder,caían simpáticos. Si no querían tomar el poder, su planteamiento de reforma y democratización podía ser algo asumibley el Estado mexicano se aprestó a firmar los Acuerdos de San Andrés Larraínzar (1996) que recogían muchos de losaspectos del Convenio 169 de la OIT con el parabién de muchos países, europeos incluidos. Parecía se solucionaba, porlas buenas, un conflicto surgido con una rebelión armada y con la que se obligó al Estado mexicano a dar este paso.Aparentemente, un cambio en las relaciones de injusticia en el mundo que se recibía poco menos que con palmadasen la espalda de reconocimiento entre unos y otros. Se estaba casi en una nueva época que permitía informes comoel de Desarrollo Humano del Plan de Naciones Unidas para el Desarrollo reconociendo lo siguiente: “aún vivimos enun mundo donde la quinta parte de la población del mundo en desarrollo está hambrienta al ir a dormir cada noche,donde la cuarta parte carece de acceso a necesidades básicas como el agua de beber no contaminada, y la tercera partevive en estado de abyecta pobreza, tan al margen de la existencia humana que no hay palabras para describirlo”.17Buenas palabras para malas intenciones. En el lapso de tiempo entre la desaparición del enemigo ideológico del capi-talismo y la elaboración de este informe sólo en África habían desaparecido cuatro millones de hectáreas de bosques,considerado el negocio como “actividad productiva generadora de conocimiento, exportaciones y divisas” para ayu-dar a los países africanos a salir de la pobreza. En realidad, no sucedía otra cosa que el pago de la deuda externa, queen el continente africano se paga casi siempre en especie: madera, en este caso. La extrema pobreza, la miseria, lasenfermedades, la inmigración e, incluso, las guerras que el PNUD no encontraba palabras para describir generabangrandes beneficios para los bancos y las transnacionales como Rougier y Bolloré (Francia), Danzer (Alemania) yWyma (Holanda), por citar sólo las de tres países europeos.18Lo mismo sucedía en América Latina. En 1992 se había celebrado en Río de Janeiro la llamada “Cumbre de la Tie-rra” con la participación de 172 países de la que salió una declaración en la que se instaba a los Estados a “cooperarcon espíritu de solidaridad mundial para conservar, proteger y restablecer la salud y la integridad del ecosistema dela Tierra [así, con mayúscula]” y se reconocía que todos los Estados “tienen el derecho soberano de aprovechar suspropios recursos según sus propias políticas ambientales y de desarrollo”. Una política que debía ejercerse en formaque “responda equitativamente a las necesidades de desarrollo y ambientales de las generaciones presentes y futurasmediante el intercambio de conocimientos científicos y tecnológicos, e intensificando el desarrollo, la adaptación,la difusión y la transferencia de tecnologías, entre estas, tecnologías nuevas e innovadoras”.19 Paradójicamente, las16 Neil Harvey, “Rebelión en Chiapas: reformas sociales, radicalismo campesino y límites del salinismo”, en Juan Pedro Viqueira yMario Humberto. Ruz: “Chiapas, los rumbos de otra historia”, México D.F, UNAM, 2002.17 Informe sobre Desarrollo Humano 1994. PNUD. Nueva York.18 Mailer Mattié, “La economía no deja ver el bosque. Artículos 2002-2006”, Libros en Red, 2007.19 http://www.cinu.org.mx/temas/des_sost/conf.htm#tierra 25
  26. 26. selvas tropicales comenzaron a ser objeto de una explotación despiadada. México, Guatemala, Panamá, Venezuela,Colombia, Ecuador, Perú y Brasil vieron cómo desaparecían millones de hectáreas de masa forestal que para cientosde pueblos indígenas y comunidades campesinas no sólo era su medio de vida sino un espacio sagrado y el lugardonde se desarrolla su vida y su cultura.El segundo triunfo: la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONULas buenas palabras llegaban a y desde todas las esferas. La parte final de la década de 1990-2000 había sido muyprolija en declaraciones y avances teóricos. No había ninguna reunión gubernamental o intergubernamental que sepreciase en la que no se expresase categóricamente el compromiso de todos los países por reducir la pobreza y elhambre, disminuir las enfermedades, la inequidad entre los sexos, enfrentar la falta de educación, la falta de accesoal agua y saneamiento, detener la degradación ambiental… Claro que con muchos matices entre unos y otros. Enla apariencia había coincidencia en asumir que la asimilación coercitiva que se había ejercido hasta ese momentoya no era “correcta” y, si se apura, permisible. Pero quedaba una brecha significativa, que no haría sino agrandarseentre quienes apoyan la integración de los indígenas en su capacidad individual (léase, libre mercado) y aquellos queapoyan la demanda de libre determinación colectiva. Por ejemplificarlo, el Banco Mundial había pedido a los paísesque reconociesen a los pueblos indígenas dentro de sus programas y políticas de desarrollo. EEUU y Canadá promo-vieron la aceptación de la diversidad –empezando por el lenguaje, “afroamericano”, “nativo-americano”, “primerospobladores”, “primeras naciones”- y la tolerancia hacia las diferencias como algo que encajaba perfectamente en elmercado, se podía comprar y vender (véase el apartado correspondiente a EEUU y la forma tan peculiar de uso detierra para los indígenas). En América Latina sirvió para acentuar aún más la diferenciación social y la imposiciónde políticas económicas depredadoras con un desprecio casi total por las normas, incluso las “políticamente correc-tas”.El ambiente era propicio para que la Asamblea General de la ONU (septiembre de 2000) aprobase la Declaración delMilenio recogiendo una serie de objetivos, con el año 2015 como “meta mesurable y plazo definido”, para reducir lapobreza, la hambruna, las enfermedades, el analfabetismo, la degradación del ambiente y la discriminación contra lamujer. Pero había algo que se les “pasó por alto” a todos los gobiernos: los pueblos indígenas. Tanto, que ni siquieraun año más tarde eran incluidos por el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, en su “Guía general para laaplicación de la Declaración del Milenio”20 -un documento de 67 páginas en las que sólo hay seis menciones a losindígenas, todas dentro de un contexto general- donde aborda los objetivos y compromisos señalados en la Declara-ción del Milenio, sugiere los pasos a seguir e interrelaciona el Sistema de Naciones Unidas con instituciones comoel Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio, gobiernos, organizacionesintergubernamentales, regionales y la sociedad civil. Es decir, en el debate entre los defensores de la capacidad indi-vidual (léase, libre mercado) y aquellos que apoyan la demanda de libre determinación colectiva el secretario generalde la ONU se decantaba por los primeros, algo muy a tener en cuenta a la hora de analizar sobre qué pilares se sus-tenta el desarrollo y combate contra la pobreza. Alguien debió recordarle a Ban Ki-moon lo que dijo Albert Einstein:“nunca se puede solucionar un problema con la misma racionalidad que originó el problema”. Porque ¿cómo se vaa reducir la pobreza si se continúa dando carta blanca al FMI, por mencionar sólo una de las instituciones claves enel criterio del secretario general de la ONU, para que imponga sus planes de ajuste estructural –que sólo han servidopara garantizar que los países deudores cumplen con los pagos que exigen los acreedores- y sus políticas relacionadascon el pago de la deuda externa que han llevado a muchos países a la situación actual?Fue el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas (FPCI), un organismo asesor del Consejo Económico y Socialde la ONU con el mandato de examinar las cuestiones indígenas, quien se dio cuenta que, de nuevo, habían quedado“olvidados” los pueblos originarios y decidió comenzar a trabajar en el desarrollo de indicadores sobre el bienestarde los pueblos indígenas para que fuesen incluidos dentro de la campaña estrella de la “comunidad internacional”.20 Guía general para la aplicación de la Declaración del Milenio. Informe del Secretario General. A/56/326. 26
  27. 27. Esta era la situación en la década 1995-2004 que la ONU había declarado “Decenio Internacional de las PoblacionesIndígenas del Mundo” para fortalecer la cooperación internacional en aras a resolver los problemas de las comuni-dades originarias. Al constatar que muy poco se había logrado y que millones de indígenas en el mundo continuabansiendo discriminados en todos los aspectos de su vida, se decidió ampliar ese decenio internacional hasta el 2015 parahacerlo coincidir los Objetivos de Desarrollo del Milenio e incluirles así en algo de lo que inicialmente habían sidosi no excluidos, sí al menos no tenidos en cuenta. El balance que hacía el Banco Mundial de ese decenio no podía sermás desolador, aunque midiendo mucho sus palabras: “Los logros en materia de reducción de la pobreza de ingresosdurante la década de los pueblos indígenas (1994-2004) fueron escasos (…) la brecha de pobreza indígena es másprofunda y disminuyó de manera más lenta durante el decenio (…) ser indígena aumenta las probabilidades de unindividuo de ser pobre, relación aproximadamente idéntica a comienzo y a fines del decenio”.21Con estos mimbres, y no sin presión interna (dentro de la ONU) y externa por parte de los nuevos gobiernos que ha-bían comenzado a surgir en países latinoamericanos -como Venezuela, Bolivia y Ecuador que, por cierto, han incor-porado a sus constituciones los derechos de los pueblos indígenas reconociendo el valor de sus formas de organiza-ción social, lenguas, prácticas médicas y cosmovisión- y movimientos socio-políticos que habían venido apareciendoen todos esos años, en septiembre de 2007 fue aprobada por la Asamblea General la “Declaración de las NacionesUnidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas” (DDPI) que se ofrece en el anexo 1. Enfatiza el derecho de lospueblos indígenas de preservar y fortalecer sus propias instituciones, culturas y tradiciones, así como su derecho atrabajar por su desarrollo de acuerdo a sus aspiraciones y necesidades. Con ella se puede afirmar, sin riesgo a equivo-carse, que los pueblos indígenas se han convertido, en teoría, en nuevos sujetos del derecho internacional.Es interesante reflejar que no fue una declaración adoptada por unanimidad: logró 144 votos a favor, recibió 4 encontra y 11 países se abstuvieron (Azerbaiyán, Bangladesh, Bután, Burundi, Colombia, Georgia, Kenia, Nigeria, Ru-sia, Samoa y Ucrania). Obsérvese la postura de Colombia, único país latinoamericano que lo hizo. Y más interesanteaún es conocer quiénes se opusieron a la misma: Canadá, Estados Unidos, Nueva Zelanda y Australia. La justifica-ción del voto en contra de la DDPI que ofrecieron estos países fue muy similar: rechazo a la autodeterminación, noadecuación a las normas legislativas internas en materia de propiedad de tierras y, algo que trasciende la anécdota, elhecho de que con esta declaración se cuestionase la explotación o uso de las tierras indígenas por parte de las FuerzasArmadas de estos países. No obstante, Australia decidió reconsiderar su rechazo a la declaración y en abril de 2009acordó su adhesión a la misma y Nueva Zelanda lo ha hecho en abril de este año 2010, también con motivo de lareunión del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas. Colombia, por su parte, anunció su adhesión en 2009 nosin antes manifestar algunas salvaguardias respecto a esta declaración de derechos en un intento de limitarles en lapráctica interna (ver apartado de este país).El relato en primera persona de una indígena yaqui que participó en todo el proceso sobre cómo fue posible laaprobación de la DDPI, las presiones de los países ante referencias como el derecho a la libre determinación, el con-sentimiento libre, previo e informado y los derechos tradicionales sobre tierras y recursos -intentando suavizar lostérminos y limitar su alcance, cuando no rechazarlos simple y llanamente- y los sentimientos que produjo entre losindígenas su aprobación arroja más luz que cualquiera otra consideración: “El 13 de septiembre de 2007 pude unirme,como coordinadora regional de Norteamérica (…) a los representantes indígenas invitados a sentarnos en la sala de laAsamblea General de la ONU para ver como aparecían en el enorme panel electrónico de votación de la Asamblea los143 votos verdes a favor (más tarde se añadió otro voto positivo, totalizando 144), los 4 votos rojos en contra (todossaben ya quienes fueron) y las escasas 11 abstenciones (yo era una de los muchos que esperábamos más abstencio-nes). ¡Qué momento! Éramos por fin, a los ojos de la ONU, miembros plenos de la familia humana con derechos lega-les esenciales para nuestra supervivencia, dignidad y bienestar plenamente reconocidos (aunque no plenamente respe-21 Gillette Hall Harry Anthony Patrinos, “Pueblos indígenas, pobreza y desarrollo humano en América Latina: 1994-2004”, BancoMundial. http://web.worldbank.org/WBSITE/EXTERNAL/BANCOMUNDIAL/EXTSPPAISES/LACINSPANISHEXT/0,,contentMDK:20505832~menuPK:508626~pagePK:146736~piPK:226340~theSitePK:489669,00.html 27
  28. 28. tados aún). Pero, ¿qué es lo que habíamos conseguido finalmente después de todos esos años de luchas y negociacionessobre el texto? Al final, pudimos unir nuestras fuerzas con muchos estados y pueblos indígenas de todo el mundo paramantener las disposiciones esenciales que habíamos comenzado a defender hacía 30 años, para que las cosas realmentecambiasen para los pueblos indígenas que intentan defender sus derechos en sus propias comunidades”.22370 millones de indígenasEl organismo multinacional –de naciones- establece en unos 370 los millones de personas que forman alrededor de 5.000poblaciones indígenas en 70 países del mundo y que, históricamente, han estado sometidas a la opresión, exclusión de losprocesos de toma de decisiones, marginación, explotación, asimilación forzosa y represión cuando han tratado de lucharpor sus derechos. Incluso hoy día se mantiene en la mayoría de estos países esa situación. Pese a la disparidad de conti-nentes, países, lenguas y culturas sus problemas, quejas e intereses suelen ser muy semejantes, de forma especial en todolo referente a la tierra y a mantener su identidad y patrimonio cultural. A pesar de algunos avances y de las declaracionesbienintencionadas, aún queda mucho camino por recorrer. La ONU sabe que por el simple hecho de haber aprobado unascuantas declaraciones de derechos no se ha solucionado el problema. Y así lo tiene que reconocer muy a su pesar: “Pese alos esfuerzos realizados en los últimos 40 años para mejorar las condiciones y aumentar el reconocimiento de los derechosindígenas por medio del derecho y la política, el recurso a los tribunales, el diálogo nacional y el aumento de las oportu-nidades de dirección, todavía no se ha logrado dar cabida plenamente a los derechos indígenas”.23Los pueblos originarios siguen siendo los más numerosos entre los pobres, los analfabetos y los desempleados. Cons-tituyen aproximadamente el 5% de la población mundial, pero suponen el 15% del total de pobres de solemnidad quehay, según la ONU, en el planeta. También representan la tercera parte de los 900 millones de indigentes de las zonasrurales. Es decir, que ser indígena equivale a ser pobre por definición. Por dar algunos datos, los índices de pobrezaentre los indígenas son mucho más altos que entre el resto de la población de Abya Yala en países como Paraguay(7’9 veces), Panamá (5’9 veces), México (3’3 veces), Guatemala (2’8 veces) o Estados Unidos (2 veces). Es unarealidad que no se puede ocultar con unas cuantas fotografías de niños sonrientes ataviados con los trajes típicos desus pueblos ni con declaraciones de buenas intenciones que luego no se plasman en políticas activas a nivel internoo se distorsionan hasta tal punto que las hacen irreconocibles. En no pocos de los países de Abya Yala se utiliza eldiscurso de multiculturalidad e integración política y social por parte de una clase política no indígena en lo que nocree lo más mínimo y que sólo lo utiliza como una mera cuestión funcional.En el continente americano las cifras oficiales hablan de 29 millones de indígenas identificados (sin contar EEUU yCanadá), aunque hay quien eleva el número hasta los 39 millones (es el caso del Programa México Nación Multicul-tural de la Universidad Autónoma de México, que sí incluye a los que habitan en EEUU y Canadá) e, incluso, a los50 millones (Fondo Indígena para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe). Teniendo encuenta que durante siglos se “invisibilizó” a los indígenas y se hizo todo lo posible por desculturizarlos hasta llegaren no pocas ocasiones a lograr que ellos mismos renegasen de su condición de indígenas –negándose a inculcar asus hijos su propia lengua, perdida en muchos casos, para así tener alguna salida económica y social- la pretensiónde realizar un censo de población indígena en el mundo es bastante problemática puesto que los censos suelen seroficiales y, por ello mismo, se suele obviar la parte de población originaria que ha emigrado a ciudades fuera de sustradicionales territorios. Por lo tanto, hay que tomar con mucha cautela cualquier tipo de cifra oficial puesto que loscensos están viciados en origen. Si bien son como la tarjeta de presentación de los Estados en una época donde primalo “políticamente correcto”, al menos en el plano teórico, sólo hay que tomarles como un mero indicador a la baja ynunca como una verdad absoluta. Hay que reflejar que en los últimos años los resultados de los censos y encuestasmuestran ciertos avances, a veces significativos, en la identificación de la población indígena pero también continúanlos prejuicios excluyentes (tal vez el más significativo sea el de El Salvador), debilidades teóricas de las categorías22 Claire Charters y Rodolfo Stavenhagen (eds.), “El desafío de la Declaración. Historia y futuro de la declaración de la ONU sobrepueblos indígenas”. IWGIA. Copenhague 2009.23 “La situación de los pueblos indígenas en el mundo”, enero de 2010. www.un.org/indigenous 28

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