Textos+por+vl

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Mario Inostroza N.; Roberto Alarcon Caro; rnesto Figueroa.

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Textos+por+vl

  1. 1. 1 DAEM COELEMU Textos Legibilizados para Desarrollar La Velocidad Lectora Septiembre de 2009
  2. 2. 2 INDICE CONTENIDO PÁGINA INDICE 2 PRESENTACIÓN 3 TEXTOS CATEGORÍA 38 A 46 p/m 4-11 TEXTOS CATEGORÍA 64 A 73 p/m 12-23 TEXTOS CATEGORÍA 88 A 99 p/m 24- 40 TEXTOS CATEGORÍA 111 A 124 p/m 41- 53 TEXTOS CATEGORÍA 136 A 149 p/m 54- 62 TEXTOS CATEGORÍA 161 A 177 p/m 63- 75 TEXTOS CATEGORÍA 174 A 193 p/m 76- 89 ANEXOS (matriz criterios legibilidad y catálogo Cra precategorizados) 90- 108
  3. 3. 3 …Y después de evaluar la Velocidad Lectora, ¿qué? Este texto es una respuesta a la interrogante surgida durante este proceso, es el resultado del desaprender, para luego componer nuestro conocimiento. Su sencillez se sostiene en fundamento teórico que da cuenta de la importancia de automatizar el proceso lector y como se logra. Los estudiantes leen a distinta velocidades, independiente del curso y edad que tienen, eso queda claramente demostrado en las evaluaciones diagnósticas realizadas, por lo tanto el desafío de la escuela es trasladar a cada uno de ellos a las categorías que les corresponde. La lectura se automatiza en la medida que los estudiantes sean capaces de trasladar la mayor cantidad de palabras a la “memoria a largo plazo” para leerlas por “vía directa” recuperándolas del “almacén léxico”. Este “almacén léxico” guarda las palabras como imágenes completas (léxico visual) y como sonidos completos (léxico auditivo), así un niño, en la medida que repetidas veces lea una palabra activará la “vía de reconocimiento rápido” facilitando su lectura como imagen, liberando recurso de la “memoria operativa” para orientarlos a los procesos de comprensión. Por tanto los alumnos/as deben leer textos que den cuenta de su velocidad de lectura y no de edades y/o cursos. Para eso se requiere determinar el Índice de legibilidad para Velocidad Lectora estableciendo “criterios de legibilidad” que permiten determinar cuales son las características que deben tener los textos para cada categoría de velocidad. Por las características de la “atención”, de ser única, direccionada y limitada en el tiempo, se recomienda que estas sesiones de lectura no superen los veinte minutos tres veces al día, por periodos de 15 a 20 días, para luego evaluar y recategorizar a los alumnos/as, y determinar el tipo de textos que deben continuar leyendo. Es recomendable acompañar este proceso con un sistema de evaluación bien implementado en el Establecimiento, que considere básicamente recoger información sistematizar, analizar, devolver e incorporar ajustes, para iniciar el ciclo nuevamente. Equipo Comunal
  4. 4. 4 Criterios de selección de textos por Velocidad Lectora TEXTOS: CLAUDIA Y EL TORO, EL ELEFANTE PERDIDO, QUE LE PASO A DANIELITA CATEGORIA: 38 a 46 p/m Formato Fuente Script 20 o superior con Fuente y tamaño de la letra, distribución de Párrafos de hasta 10 líneas controladas1, la línea escrita y tipo de puntuación sin división de palabras por guión al final de la línea y con puntuación que señale preferentemente pausas. Tipología Narraciones Tipo o estilo de textos referido a si estos son referidas a historias de animales y narrativos, informativos, descriptivos, etc. personas reales o fantásticos2 y textos poéticos como juegos infantiles, adivinanzas, trabalenguas, poesías, rimas y juegos verbales. Vocabulario Palabras familiares de significado Adecuación a su edad y si se trata de vocablos de concreto, con significado denotativo3 uso común-familiar o no y si el estilo es coloquial en estilo coloquial. o formal. Iconografía Texto sobre imagen de fondo o ¾ de Cantidad y tipo de anclajes gráficos que asisten al página. proceso de comprensión. Estructura Interna Estructura lineal en inicio, desarrollo y Orden en que están presentados los desenlace diversos acontecimientos de un relato. Nivel de Dificultad Oraciones simples4, Con hasta 3 Estructura sintáctica de las oraciones y de los personajes en un ambiente, con narrador elementos narrativos. testigo. Nivel de complejidad Palabras hasta tres silabas de Estructura y composición de las palabras respecto composición directa de la cantidad y disposición de palabras y silabas Argumento Fantásticos con moralejas y finales La sucesión de acciones, hechos o anécdotas que felices el narrador va contando. Cuentos de hadas, de animales con comportamientos similares a los de un niño Personificación de los elementos de la naturaleza. Extensión Hasta 30 palabras por hoja. Numero de palabras que componen el texto 10 carillas 1 “Oraciones cuyo predicado con los complementos adjuntos permitan constituir un mensaje completo por línea” La legibilidad de los textos, Felipe Alliende 2 “El interés por lo fantástico aumenta hasta los 8 ó 9 años y luego disminuye en forma gradual”, El Poder de leer”, Mabel Condemarín 3 “Es lo que apunta a lo propiamente designado por la palabra o expresión”, La legibilidad de los textos, Felipe Alliende 4 “Oraciones simples, cuando contiene un único verbo, y por lo tanto expresa solamente una acción verbal.”, http://www.escueladigital.com.uy/espaniol/11_oraciones.htm
  5. 5. 5 Claudia y el Toro
  6. 6. 6
  7. 7. 7
  8. 8. 8 El Elefante Perdido Se ha perdido mi elefante. Se ha perdido. Se perdió Lo tenía en el jardín. Se ha ido. O se escondió. He buscado en la cocina, En las piezas, En el balcón.
  9. 9. 9 Pregunté a mucha gente. Si lo ha visto. Nadie vio. Tal vez no vuelva a tocarle Sus orejas. Qué dolor Para no llorar de pena Prenderé el Televisor
  10. 10. 10 Pero saben qué noticia me anunció el locutor Señores un elefante se ha encontrado se encontró Que venga luego su dueño… su dueño ese soy yo
  11. 11. 11 ¿Qué le paso a Danielita? su sonrisa está vacía, se le perdieron sus dientes. O los guardo en la alcancía. O un ratón muy silencioso en la noche se los robó, pues, comiendo tanto queso, a los suyos los gasto. Tal vez fuese la lauchita que sus dientes se llevaron, y en un hongo colorado calladita los guardo.
  12. 12. 12 Criterios de selección de textos por Velocidad Lectora TEXTOS: EL LORO PARLANCHÍN, GREGUERIAS, LA CUNCUNA MATELUNA CATEGORIA: 64 a 73 p/m Formato Fuente Script 12 o superior con Fuente y tamaño de la letra, distribución de Párrafos de hasta 20 líneas controladas, la línea escrita y tipo de puntuación sin división de palabras por guión al final de la línea y con puntuación que señale preferentemente pausas, entonación. Tipología Narraciones Tipo o estilo de textos referido a si estos son referidas a historias de animales y narrativos, informativos, descriptivos, etc. personas reales o fantásticos, y poéticos como juegos infantiles, adivinanzas, trabalenguas, poesías, rimas y juegos verbales. Vocabulario Palabras familiares de significado Adecuación a su edad y si se trata de vocablos de concreto, con significado denotativo en uso común-familiar o no y si el estilo es coloquial estilo coloquial. o formal. Iconografía Texto en línea con imagen de ½ Cantidad y tipo de anclajes gráficos que asisten al página. proceso de comprensión. Estructura Interna Estructura lineal en inicio, desarrollo Orden en que están presentados los y desenlace diversos acontecimientos de un relato. Nivel de Dificultad Oraciones simples, Con más de 3 Estructura sintáctica de las oraciones y de los personajes en un ambiente, con narrador elementos narrativos. testigo Nivel de complejidad Palabras hasta tres silabas de Estructura y composición de las palabras respecto composición directa e indirecta con de la cantidad y disposición de palabras y silabas letras de doble sonido Argumento Fantásticos y aventuras con moralejas y La sucesión de acciones, hechos o anécdotas que finales felices donde la realidad se va el narrador va contando. imponiendo Cuentos tradicionales, clásicos europeos, fantasía e historias de animales domésticos que hablan, cuentos maravillosos Extensión Hasta 50 palabras por hoja. Numero de palabras que componen el texto 20 carillas
  13. 13. 13 GREGUERIAS El cometa es una estrella a la que se le ha deshecho el moño. Los tornillos son clavos peinados con la raya al medio. Las primeras gotas de la tormenta bajan a ver si hay tierra en que aterrizar. Cuando el tren acaba de pasar el puente, mueve alegremente su cosa. El murciélago vuela con su capa puesta. La araña es la zurcidora del aire. El arco iris es la bufanda del cielo. Los patos fueron los primeros que tuvieron bocina propia. Lo más maravilloso de la espiga es lo bien hecha que tiene la trenza.
  14. 14. 14 El Loro Parlanchín
  15. 15. 15
  16. 16. 15
  17. 17. 16
  18. 18. 17
  19. 19. 18 La Cuncuna Mateluna El ruido y ajetreo en el bosque era enorme. Claro, era vísperas de Navidad y la mayoría de los animales habían dejado cosas para último minuto. Por eso el Centro Comercial estaba repleto. Por ahí andaba el conejo disfrazado de Viejo Pascuero, sonriendo con sus tremendos dientes enredados en la barba. Por allá, la lechuza tropezaba con todo el mundo, porque andaba con los ojos cerrados para que no le molestara la luz. Por acá la señora pata vitrineaba con sus doce patitos en fila. Y, entre todos, andaba la cuncuna Mateluna apuradísima. Tenía que hacerle un regalo a su novio, el gusano Luciano, y había juntado veinte pesos en una pequeña alcancía. No sabía si comprarle un auto o un camión, una corbata o un peinetón.
  20. 20. 19 Claro que como Luciano no sabía conducir ni le gustaba vestirse elegante y era pelado, mejor le regalaba otra cosa. -Ay, que le compro a mi luchiluchi –pensaba, muerta de calor y sin decidirse por nada. Para pensar mejor y comer algo rico, entro al Café del Mono. -¿Qué se sirve, señorita? -preguntó el mono. - Un helado, gracias. -respondió ella. Y se le hizo agua la boca por esa palabra con sabor a bate bate chocolate. A los pocos minutos regresó el mono con una copa así de grande. La cuncuna primero tragó saliva. Luego tomó la cuchara. Después la hundió en la copa. Chocolate y frutillas, almendras, manjar, frutas confitadas, todo muy ñam ñam. La cuncuna abrió la boca y… y…. ¿Qué no le gustó? ¿Qué se arrepintió de comer porque estaba gorda? No, abrió la boca y… vio frente a ella a un ratoncito que la miraba con los ojos redondos como copa y boca larga como cuchara. La cuncuna, incomoda, cerró los ojos, abrió la boca, volvió a levantar la cuchara. Ñam… que rico.
  21. 21. 20 Dejó que el helado le enfriara la lengua y cuando estaba a punto de tragarlo, abrió medio ojo y… el ratoncito seguía mirándola. La cuncuna Mateluna respiro hondo, cerro entero el ojo, se dio vueltas, tomo la cuchara, sintió el aroma de chocolate y frutillas, almendras, manjar, frutas confitadas, ñam y… el ratoncito de nuevo estaba frente a ella. Se dio vueltas para el otro lado y tomo la copa de helados con las dos manos. Y para el otro lado estaba el ratoncito mirando, mirando. Entonces se metió debajo de la mesa, se inclinó sobre la copa, metió la cuchara en ese pedacito de chocolate con dos almendras enteritas, levantó la cuchara y… ¿Quién estaba debajo de la mesa mirando, mirando? Si, el ratoncito.
  22. 22. 21 -¿Es que una no puede tomarse un helado tranquila mientras piensa en el regalo que tiene que hacerle a su luchiluchi con los veinte pesos que ahorro? –pregunto Mateluna con el mantel en la cabeza. -Sipi –respondió el ratoncito con ojos de copa y boca de chuchara. -Fuchi, fuchi, fuchi –lo espantó la cuncuna, moviendo las manos. Pero como los ratones no entienden ese idioma, ni se movió. -Nopu –dijo el ratoncito, sonriendo con dos dientes afuera. -Ay, qué vida –suspiró ella. Tomó la cuchara, la hundió en la copa y la sacó con helado, cerezas, manjar y frambuesas, la hizo volar como avión y la puso frente al ratoncito.
  23. 23. 22 -Abre la boca –le dijo. El ratoncito la abrió y ñam. -¿Quieres más? –preguntó la cuncuna, tragando saliva. -Sipi –respondió el ratoncito. Tomo la cuchara, la hundió en la copa y la sacó con helado y chantilly, con dos pasas y maní, la hizo volar como avioneta, y la puso frente a la boca del ratoncito. -Ñam –saboreó el ratoncito. -Slurp –trago saliva la cuncuna. Y entre aviones, avionetas, motos y motonetas, el ratoncito se comió todo todito el helado. -Quiero pagar, por favor –pidió la cuncuna con la boca hecha agua. -Son veinte pesos y Feliz Navidad –dijo el mono, extendiendo la cuenta por debajo de la mesa. EL ratoncito sonríe con sus dientes manchados de maní, vainilla y cuchuflí y Mateluna se comió un pedacito de chocolate que había pegado al mantel. Así, mientras en el Centro Comercial el conejo seguía tocando la campana y asustaba a la lechuza que tropezaba con la pata y los doce patitos, la cuncuna llegó a su casa.
  24. 24. 23 Se preparó una leche con vainilla y se la tomó con los ojos cerrados. ¿Y saben que hizo después? Envolvió el regalo de su gusano Luciano. Era un regalo muy simple: dos besos y una poesía, la sonrisa de un ratoncito y una pequeña alcancía. Ana María Guiraldes Chilena
  25. 25. 24 Criterios de selección de textos por Velocidad Lectora TEXTOS: COCORINA, DICEN…QUE DIJO, EL TOPO QUE QUERÍA… CATEGORIA: 88 a 99 p/m Formato Fuente Script 12 o superior con Fuente y tamaño de la letra, distribución de Párrafos de hasta 20 líneas, con y sin la línea escrita y tipo de puntuación división de palabras por guión al final de la línea y con puntuación que señale pausas, entonación y distribución Tipología Narraciones Tipo o estilo de textos referido a si estos son referidas a historias de animales y narrativos, informativos, descriptivos, etc. personas reales o fantásticos, y juegos infantiles, adivinanzas, trabalenguas, poesías, rimas, juegos verbales; y normativos que ofrecen pautas. para desempeñar distintas funciones Vocabulario Palabras no familiares de significado Adecuación a su edad y si se trata de vocablos de concreto, , con significado denotativo en uso común-familiar o no y si el estilo es coloquial estilo coloquial. o formal. Iconografía Texto en línea con imágenes de ½ y ¼ Cantidad y tipo de anclajes gráficos que asisten al página. proceso de comprensión. Estructura Interna Estructura lineal en inicio, desarrollo y Orden en que están presentados los diversos desenlace acontecimientos de un relato. Nivel de Dificultad Oraciones simples, Con más de 3 Estructura sintáctica de las oraciones y de los personajes en diversos ambientes, con elementos narrativos. narrador testigo y/o omnisciente Nivel de complejidad Palabras de más de cuatro silabas de Estructura y composición de las palabras respecto composición directa, indirecta y mixta de la cantidad y disposición de palabras y silabas con letras de doble sonido Argumento Fantásticos y aventuras con moralejas y La sucesión de acciones, hechos o anécdotas que finales felices donde la realidad se va el narrador va contando. imponiendo Leyendas folclóricas, máquinas personificadas, ambiente familiar (hogar, escuela, amigos, juego...) y humor. Extensión Hasta 60 palabras por hoja. Numero de palabras que componen el texto 30 carillas
  26. 26. 25
  27. 27. 26
  28. 28. 27
  29. 29. 28
  30. 30. 29
  31. 31. 30
  32. 32. 31
  33. 33. 32
  34. 34. 33
  35. 35. 34 Dice que dicen, Que dijo... Dicen que este cuento empezó cuando Teresa le dijo a su hijo en la mesa: “Ve a buscar a Tomás y dile que venga a ayudar a sacar al ratón que está allí atrás”. Juan llegó a la casa de Tomás y, como no lo encontró, dicen que le dijo a su hermana Roxana que su mama había encontrado un ratón comiendo una manzana en un cajón. Sin preguntar nada más, la hermana de Tomás salió a la calle y grito: “¡Hay un ratón escondido en un rincón!”
  36. 36. 35 Y cuando Cristina, la vecina de la esquina, la oyó, la noticia a Patricia le contó: “Hay un ratón en el pueblo que asusta a la gente de buen corazón”. Dicen que sin malicia dijo Patricia a su tía María: “¿Sabes, tía, que paso? Había un ratón en el pueblo y ahora parece que son un montón”. La tía, desesperada, llamó a la policía y dicen que dijo que ratones había a montones y que los traían los ladrones. El sargento al momento dio una orden diciendo: “¡Hay que encontrar al ladrón de esta población!” Obediente, salió el teniente a interrogar a la gente, comenzando por Agustín, que estaba en su jardín. “¿Vio algo raro?” preguntó. Dicen que Agustín dijo al teniente: “¡Veloz y sigilosamente, alguien huye detrás de ese grupo de gente!” Dicen que Anita dijo al teniente: “¿Atrapen al delincuente, que escapa corriendo por aquel puente!” Pero tanto, tanto grito que al agente aturdió, y distante, allá a lo lejos, hasta Julián la escuchó. Detener al ladrón quiso Julián, pero sin fortuna, porque al resbalar, apenas alcanzó a rozar el talón del malhechor, quien dicen que dijo: “Yo me voy de este lugar porque tengo
  37. 37. 36 que llegar”. Y, aprovechando la ocasión, a la casa de Teresa corrió y corrió. Allí, por fin lo interceptó la policía y una multitud enardecida decía: “¡Cárcel y castigo para ese forajido!” El forajido, muy afligido, enfrentó a los pobladores diciendo sin más ni más: “Amigos, soy Tomás y el ratón de la casa de Teresa he venido a sacar”. Con risas y carcajadas, toda la aldea la confusión festejaba. Felices de que no existieran ni ratones ni ladrones, aunque se diga que dicen que dijo el cartero que al ratón le ha llegado una carta de su amor verdadero.
  38. 38. 37 El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza. Todo empezó cuando, un día, el topo asomó la cabeza por su agujero para ver si ya había salido el sol. Aquello era gordo y marrón; peor de todo: le fue a caer justo en la cabeza. ¡Qué ordinariez!, chillo el topo. ¿Se puede saber quien se ha hecho esto en mi cabeza? Pero era tan corto de vista que no pudo descubrir a nadie. ¿Has sido tú la que se ha hecho esto en mi cabeza?, preguntó a la paloma, que volaba por allí en aquel momento. plas, un goterón húmedo y blancuzco se estrello en el suelo, justo al lado del topo, y le salpico en la pata derecha.
  39. 39. 38 ¿Has sido tú el que se ha hecho esto en mi cabeza?, pregunto al caballo que pacía en el prado. ¿Yo? Ni hablar ¡Yo eso lo hago así!, contestó el caballo. Y, pof, pof, cinco boñigas grandes y redondas cayeron pesadamente casi rozando al topo, que se quedó muy impresionado. ¿Has sido tú la que se ha hecho esto en mi cabeza?, pregunto a la liebre. ¿Yo? Ni hablar contestó la liebre. Y, ra ta ta ta ta, quince balines redondos silbaron en los oídos del topo, que tuvo que dar un salto arriesgado para que no le alcanzaran. ¿Has sido tú el que se ha hecho esto en mi cabeza?, preguntó a la cabra, que acababa de despertarse de un sueño agradable. ¿Yo? Ni hablar la cabra. Y tac, toc, tac, un montón de pelotillas de color bombón rodaron por la hierba. Al topo casi le gustaron. ¿Has sido tú el que se ha hecho esto en mi cabeza?, preguntó a la vaca, que estaba remiendo como siempre. ¿Yo? Ni hablar la vaca. Y, chaf, un pastelón marrón verdoso se desparramó en la hierba, muy
  40. 40. 39 cerca del topo. El topo se alegró muchísimo de que no hubiera sido la vaca quien se hubiera hecho aquello en su cabeza. ¿Has sido tú el que se ha hecho esto en mi cabeza?, preguntó a la cerda. ¿Yo? Ni hablar contestó la cerda. Y flof, una masa pequeña oscura y blandita cayó en la hierba. El topo se tapo la nariz. ¿Han sido ustedes los que hicieron esto en mi cabeza?, fue a preguntar de nuevo. Pero, cuando se acerco, vio que se trataba de dos moscas negras y gordas. Estaban comiendo. ¡Por fin alguién que me podría ayudar!, pensó el topo. ¿Saben quien ha hecho esto en mi cabeza?, preguntó de prisa. Espera un poco, zumbaron las moscas. Y al cabo de un rato contestaron: Esta claro. Ha sido un perro. Por fin sabía el topo quien se había hecho aquello en su cabeza: ¡Hermenegildo, el perro del carnicero! Veloz como un rayo se encaramó en la caseta de aterrizo justo en la cabeza del perro.
  41. 41. 40 Y Feliz y contento, el topo volvió a desaparecer dentro de su agujero.
  42. 42. 41 Criterios de selección de textos por Velocidad Lectora TEXTOS: LEONARDO Y EL PRENDIZ DE VOLADOR, LOS HUEVOS CASCARUDOS CATEGORIA: 111 a 124 p/m Formato Fuente Script 12 o superior con Fuente y tamaño de la letra, distribución de Párrafos de hasta 30 líneas, con división la línea escrita y tipo de puntuación de palabras por guión al final de la línea y con puntuación que señale pausas, distribución y enfatice entonación. Tipología Narraciones, textos poéticos y Tipo o estilo de textos referido a si estos son normativos diversos. Dramáticos que narrativos, informativos, descriptivos, etc. incluyan monólogos, libretos, dramatizaciones, Vocabulario Palabras no familiares de significado Adecuación a su edad y si se trata de vocablos de abstracto, con significado connotativo5 uso común-familiar o no y si el estilo es coloquial en estilo coloquial. o formal. Iconografía Texto en línea y en cuadro con la imagen Cantidad y tipo de anclajes gráficos que asisten al de ½ y ¼ página. proceso de comprensión. Estructura Interna Estructura lineal en inicio, desarrollo Orden en que están presentados los y desenlace diversos acontecimientos de un relato. Nivel de Dificultad Oraciones simples y compuestas6, con Estructura sintáctica de las oraciones y de los más de 3 personajes en diversos elementos narrativos. ambientes con narrador testigo y/o omnisciente. Nivel de complejidad Palabras de más de cuatro silabas de Estructura y composición de las palabras respecto composición directa, indirecta y mixta y de la cantidad y disposición de palabras y silabas trabada Argumento Ficciones históricas donde el concepto La sucesión de acciones, hechos o anécdotas que de tiempo cobra significado y el narrador va contando. pueda fácilmente identificarse con los personajes que le proporcionan modelos positivos de conducta y valores que merece la pena copiar Cuentos fantasiosos. Historias de animales humanizados. Inventos fantásticos. Objetos animados. Humor absurdo, disparates y Aventuras del ambiente más cercano: familia, escuela, amigos. Hasta 80 palabras por hoja. Extensión Numero de palabras que componen el texto 40 carillas 5 “Es lo que apunta a una serie de conceptos asociados a la palabra o expresión”, La legibilidad de los textos, Felipe Alliende 6 “Oraciones compuestas, cuando contienen más de un verbo, y por lo tanto expresan más de una acción verbal.”, http://www.escueladigital.com.uy/espaniol/11_oraciones.htm
  43. 43. 42 Los huevos cascarudos Había una vez, en una lejana isla, en medio de algún inmenso océano, una tranquila playa llena de sol y arena, y lo más hermoso, aunque no lo creas era que en ella no había papeles sucios ni botellas vacías… solo había arena y… ¡tortugas! ¡Oh, sí! Había miles de tortugas que llegaban hasta esa playa a descansar después de haber cruzado el océano nadando. Llegaban a descansar y a poner sus huevos, ¡Y cuantos huevos ponían! Cada una ponía decenas y decenas de huevos redondos y blandos en los hoyos que excavaban en la arena. Sin embargo no de todos los huevos nacía una tortuga. ¡Oh, no! Solo de unos pocos. Las aves marinas y los animales que allí vivían se daban deliciosos banquetes con ellos. Como los huevos no tenían cascara, eran un cómodo y sabroso bocado. De los que aun quedaban, muchos se secaban con el calor del sol y otros se helaban con el frio de las noches aunque estuvieran algo enterrados. En verdad, eran muy, muy pocos los que sobrevivían. Hasta que un día… La señora Lentina, una tortuga muy jovencita y recién casada, salió del agua, hizo un hoyo en la arena… y se dispuso a poner sus muchos huevos. Y así como muy pronto, cosa que le extraño bastante, los huevos estuvieron en el nido. Muy orgullosa pues era la primera vez que lo hacía, la señora Lentina se dio una vuelta para contemplarlos…
  44. 44. 43 -¡NO… NO… NO PUEDE SER! –exclamó horrorizada –no puede ser que yo haya puesto esos huevos. Mis huevitos deberían haber sido suaves y blandos… ¡no como estos! ¿Qué era lo que horrorizaba a la señora Lentina? En efecto, los que había en el nido, que eran solamente unos pocos. Estaban recubiertos por una piel muy dura y tiesa. ¡Los huevos de los nidos vecinos, se reían a carcajadas! -¡Que cosillas tan ridículas! –se burlaban... -¡¡CASCARUDOS!! -¡Mírenlos!... ¡tienen cascara!... –y no podían dejar de reír. Incapaz de soportar tanta vergüenza… ¡haber puesto tales huevos!... La señora Lentina los arrojo fuera del nido y se volvió al mar dejándolos abandonados… a merced del frio y del sol o de cualquier animal que pasara por allí. Los huevos se miraron entre sí: -¡Que haremos? –se preguntaron angustiados. No podemos quedarnos aquí, necesitamos el calor del nido para desarrollarnos… y llegar a ser tortugas tan lindas como nuestra mamá –se lamentó otro. Y todos quedaron muy pensativos. Entonces, un huevo, que además de cascarudo era inteligente dijo: En vista que nos han abandonado, debemos lograr que nos lleven a otros nidos. Para eso, tenemos que demostrar que los huevos con cascara, como nosotros, son mejores que los blandos.
  45. 45. 44 Leonardo y el aprendiz volador C uando Zoro era un muchacho no había naves espaciales ni aviones. El cielo pertenecían los pájaros. Pero había un hombre que tenía un sueño increíble. -Un día, -le decía a su discípulo, -la gente navegará a través de las nubes y podrá ver el mundo baja sus pies. El hombre con aquel extraordinario sueño y una barba como de brujo era Leonardo Da Vinci. Todo parecía posible en el abarrotado estudio de Leonardo. Era pintor, escultor, matemático, músico y científico. A veces le enseñaba a Zoro sus preciosos cuadernos de apuntes en los que miles de ideas rebosaban en cada página. ¿Cómo empieza la vida?, ¿Cómo crece una planta?, ¿Cómo se mueven los planetas?
  46. 46. 45 y ¿Cómo puede una persona volar como un pájaro? Pero cuando Zoro intentaba a leer los cuadernos, descubría que estaban escritos de atrás para adelante: “ ojepse nu ne reel nedeup es olós saterces sarbalap saL” Había un lugar que Zoro no había visto nunca: un misterioso taller con la puerta solo cerrada. No podía entrar nadie, aparte del propio Leonardo. Zoro anhelaba saber qué se escondía allí. “Quizás es una escultura fantástica –pensó -, o una gran máquina de guerra.” En el estudio todo el mundo trabajaba de firme. Zoro mezclaba los colores, limpiaba los pinceles y aprendía a dibujar. -Cuando sea mayor tendré mi propio estudio- decía -, ¡ y también un taller secreto! -Pues claro que lo tendrás, Zoro- sonríe Leonardo.
  47. 47. 46 Leonardo era un buen hombre. Si alguna vez encontraba un animal enfermo o hambriento, lo llevaba a casa para que lo cuidasen sus discípulos. Pero un día, Leonardo encontró una cosa muy extraña. Arrastro hasta el estudio una ruidosa y salvaje criatura que pateaba, empujaba y se agarraba al gran artista. - ¿Qué es esto?- pregunto Zoro. Es ¡ un muchacho! .- s onrío Leonardo-. Un muchachomuy salvaje. No ha ido nunca a la e scuela y su madre es demasiado pobre para c uidar de él. Me ha rogado que le de algún t rabajo antes de que acabe en prisión. El muchacho salvaje tomó la mano de Leonardo y le dio un buen mordisco. Leonardo parecía estar enfadado, pero Zoro pudo ver que sonreía. -Te llamaremos Salai –dijo Leonardo-, que quiere decir “diablillo”, y eso es justo lo que es. Así pues, Salai se quedo en el estudio y, aunque era un pillo, todos les tenían afecto.
  48. 48. 47 -¡Pero no puedes andar con estos trapos- dijo Leonardo-. Iré a comprarte un vestido de terciopelo, camisas y zapatos… Vaya, ¿Dónde he dejado mi bolsa? La buscaron por doquier y fue Zoro quien encontró el dinero escondido en grasienta chaqueta de Salai. Zoro no se lo podía creer. ¿Cómo se atrevía alguien a robara Leonardo da Vinci? Día tras día, Leonardo ideaba inventos de todo tipo. Zoro se quedaba boquiabierto cuando veía… el paracaídas, la primera bicicleta de verdad, una mortal máquina de guerra, un artefacto para caminar por encima del agua, un salvavidas, y una escafandra. Una vez ideó una máquina para tallar y pulir cristal y se hizo unas gafas. -Ahora si que puedo ver a Salai- dijo Leonardo, haciéndole un guiño a Zoro. Una mañana temprano Leonardo fue con Zoro a la ciudad a observar rostros para dibujarlos. Cuando veía a alguien especialmente bello o inusualmente feo, Leonardo lo seguía y hacía docenas de esbozos.
  49. 49. 48 En el mercado, una mujer vendía pájaros enjaulados. Leonardo miró atentamente los pájaros, y, después, para sorpresa de Zoro, los compro todos; pero en lugar de llevárselos a casa, Leonardo mando a Zoro que abriera las jaulas. Todos se miraron con caras de no entender nada. -Un pájaro tiene que ser libre- dijo Leonardo-. Mira, Zoro, ¿Puedes ver como sus alas empujan el aire? Esto me da una idea. Leonardo empezó a correr. Cuando llegó a casa, se encerró otra vez en el taller misterioso. Zoro podía escuchar el ruido del martillo y de la cierra tras la puerta cerrada. Hora tras hora, Zoro esperaba, pero Leonardo no paró ni para comer ni para beber. ¿Qué diablos estaba construyendo? “Tiene que ser algo increíble- pensó Zoro-, algo con lo que jamás nadie a soñado.” Al final, Zoro callo dormido al pie de la escalera. Un día, Leonardo empezó a pintar un maravilloso cuadro de una mujer que se llamaba Monna Lisa. Como tenía que posar sentada sin moverse durante cuatro semanas, Leonardo alquiló acróbatas y músicos para que no se aburriera.
  50. 50. 49 Zoro miraba sorprendido las verdes montañas y los ríos serpenteantes. “Seguro que nadie ha pintado algo tan perfecto”, pensó. Monna Lisa en el cuadro sonreía con una misteriosa y dulce sonrisa. “Es como si supiera algún secreto- pensó Zoro-, como si hubiera estado en la habitación cerrada.” De repente, Salai se acercó sigilosamente por detrás. -¡Ve conmigo, Zoro!- susurró-.Te enseñaré una cosa mas interesante que este cuadro. Salai tenía una mirada maliciosa.
  51. 51. 50 Arrastró a Zoro fuera del estudio y en silencio bajaron por las escaleras hasta delante de la puerta del taller secreto. Entonces, Salai saco un gran manojo de llaves. -¡Las has robado! – Exclamó Zoro-. ¡Leonardo te echará de casa! Salai se rió y abrió la puerta. Zoro sabía que no debía entrar. Debía dar vuelta y correr hacia Leonardo, pero… ya estaba adentro mirando la estancia secreta. ¡Zoro no podía creer lo que veía! Una extraordinaria máquina ocupaba toda la estancia, con unas alas como las de una gran águila. -Ayúdame a sacarla fuera- le pidió Salai -. Sí esperamos a que Leonardo esté preparado, no volaremos nunca. Además, tú eres el único suficientemente pequeño para meterte dentro de la máquina. ¡ Es para ti, serás el aprendiz volador! -Leonardo se enfadara mucho – dijo Zoro en voz baja. -¡No si te ve volando por encima del estudió!- grito Salai-. Anda, Zoro. Ayúdame. Así mientras Leonardo trabajaba arriba, Salai y Zoro levantaron y arrastraron la pesada máquina fuera de la casa, por las calles y a través de los campos hasta las afueras. Salai señalo hacia las montañas más altas.
  52. 52. 51 -lo intentaremos desde allí – dijo. Cuando se puso el sol llegaron a la cima. -Ahora- jadeo Salai-, la dejaremos aquí. Cuando pedalees, las alas se moverán. oro estaba inquieto y se sentía mal. - Quizá la máquina no esté terminada – sollozó-. Deberíamos esperar… Pero Salai ya había atado a Zoro con las correas de la máquina y las arrastró hasta el borde de la montaña. Zoro estaba aterrorizado. Empezó a gritar. De repente sopló una ráfaga de viento, Salai empujó y la máquina voladora se despegó del suelo.
  53. 53. 52 Zoro miró hacia abajo, al mundo que había a sus pies; lloriqueaba de miedo, pero durante cuatro o cinco segundos… ¡Voló como un pájaro! -¡Funciona!, ¡Funciona! –Gritó Zoro. ¡Pero algo fallaba! El pájaro pesaba demasiado. Zoro pedaleaba, empujaba con todas sus fuerzas, pero la máquina empezó a caer. En aquel momento, Leonardo llegaba corriendo a través de los campos. Zoro tiraba de las cuerdas y chillaba, mientras la máquina caía como una piedra y se estrellaba contra un árbol. El propio Leonardo sacó el cuerpo desmayado de Zoro de la máquina destrozada y lo llevó con mucho cuidado a su casa. Salai le seguía despacio, cabizbajo y avergonzado. Zoro estaba en cama. Se había roto la pierna y tenía la cabeza vendada. -Oh, Zoro –dijo Leonardo con tristeza-, no me sorprende que Salai me desobedezca, pero tú…puede que estuviera equivocado. Quizá la gente no volará nunca. No somos pájaros. A partir de ahora me dedicaré a pintar. - No- Zoro le tranquilizó-. Recuerda que me dijiste:
  54. 54. 53 “¡Un día la gente VOLARÁ!” La máquina pesaba demasiado, ¡ese es el problema! Leonardo estuvo un rato pensando. Después dio un salto. -¡Sí!- exclamó-, y las alas tienen que ser más largas. Como estas…y abrió su cuaderno de notas y empezó a trabajar, lenta y pacientemente, hasta que apareció un dibujo: una nueva máquina voladora, más sensacional que la anterior. Y mientras trabajaba, Leonardo empezó a sonreír con una misteriosa y dulce sonrisa, como si pudiera ver el futuro, en el que chicos y chicas como Zoro navegarían a través de las nubes
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  56. 56. 55 Criterios de selección de textos por Velocidad Lectora TEXTOS: MI AMIGO EL NEGRO, LA POLILLA CATEGORIA: 136 a 149 p/m Formato Fuente Script 12 o superior con Fuente y tamaño de la letra, distribución de Párrafos de hasta 40 líneas, con división la línea escrita y tipo de puntuación de palabras por guión al final de la línea y con puntuación que señale pausas, distribución y enfatice entonación. Tipología Narraciones, textos poéticos y Tipo o estilo de textos referido a si estos son normativos diversos. Dramáticos que narrativos, informativos, descriptivos, etc. incluyan monólogos, libretos, dramatizaciones, . Vocabulario Palabras no familiares de significado Adecuación a su edad y si se trata de vocablos de abstracto, con significado connotativo en uso común-familiar o no y si el estilo es coloquial estilo formal. o formal. Iconografía Texto en línea y en cuadro con la imagen Cantidad y tipo de anclajes gráficos que asisten al de ½ y ¼ página. proceso de comprensión. Estructura Interna Estructura lineal en inicio, desarrollo y Orden en que están presentados los desenlace, con recursos temporales diversos acontecimientos de un relato. como Flash back y racconto Nivel de Dificultad Oraciones simples y compuestas, con Estructura sintáctica de las oraciones y de los más de 3 personajes en diversos elementos narrativos. ambientes con narrador protagonista Nivel de complejidad Palabras de más de cuatro silabas de Estructura y composición de las palabras respecto composición directa, indirecta, mixta y de la cantidad y disposición de palabras y silabas trabada Argumento Ficciones históricas donde el concepto de La sucesión de acciones, hechos o anécdotas que tiempo cobra significado y pueda el narrador va contando. fácilmente identificarse con los personajes que le proporcionan modelos positivos de conducta y valores que merece la pena copiar Cuentos sobre sus propios problemas. Cuentos modernos. Extensión Hasta 100 palabras por hoja. Numero de palabras que componen el texto 50 carillas
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  60. 60. 58 La Polilla LA CARTA Nacho volvía del correo cuando se cruzó con Sara. En realidad venia tan metido en sus pensamientos que ni siquiera la había visto. -¡Ey! –le grito ella, que casi lo choca con la bici-. ¿No me veías? -¡Ttsch! ¡Como que no! -Toma –le alcanzó una invitación de cumpleaños-. ¿Vas a ir? -Si, como que no. -Chau -Chau. Como que no, como que no. ¿De dónde había sacado eso? Como que no. Había quedado como un idiota. Así nunca se iba a fijar en él. Tendría que comprarle un regalo lindo, relindo, un anillo, un colgante, algo así. Mientras caminaba para su casa, los pensamientos de Nacho giraron un ratito alrededor del regalo para Sara pero enseguida volvieron a la carta de su abuelo. Estaba triste, de verdad. Tina nunca había estado así, lo retaba por cualquier cosa, se la pasaba a los gritos. Si, él sabía que desde que la habían echado de la fábrica no conseguía trabajo en ninguna parte, Tina se lo decía a cada rato. Pero el que culpa tenia. Por qué se la tenía que agarrar con él. ¿O estaría enojada por otra cosa? ¿Y si ya no lo quería más y no se animaba a decírselo? Porque al final, lo del boletín no era para hacer todo ese escándalo. “Un poquito flojo en lectura y en ortografía”, había dicho la señorita Marta, pero nada más. No era para tanto. No era para ponerse así. Se había puesto más mala que una araña, con una mano sacudía el boletín y con la otra le retorcía una oreja mientras le gritaba “¡Te voy a hacer tragar el libro de lectura!”. ¿O seria otra cosa? Por las
  61. 61. 59 dudas iba a tratar de portarse bien y de no ponerla más nerviosa como ella le pedía: “¡No me pongas más nerviosa de lo que estoy, Nacho!”. Así, si estaba pensando en dejar de quererlo, podría hacer que se arrepintiera. EL BOLETÍN En la reunión de padres, la señorita Marta, además de entregar el boletín de calificaciones, había comunicado lo siguiente: -Bueno, como ustedes están al tanto de las nuevas normativas, les comento que desde arriba –dijo la señorita Marta apuntando con el índice había el techo- nos bajan directivas para fomentar la lectura. Es por eso que la escuela ha decidido realizar un concurso de lectura para el primer ciclo. ¿Quién fue la primera madre en inscribir a su hijo en el concurso de lectura? Tina, por supuesto. Se había puesto tan furiosa al ver la nota que Nacho se había sacado en Lengua que ni siquiera la señorita Marta había logrado calmarla cuando le dijo que no era tan grave, que solo estaba un poquito flojo en lectura y en ortografía. Cuando volvieron a su casa, Tina, mientras le daba cuerda a las orejas de Nacho, le gritaba: -¿A ti no te importa nada?, ¿eh? ¿Qué quieres, terminar como yo? ¿O no te dije mil veces que si quieres ser alguien en la vida tienes que estudiar? ¿Y qué hace el señor? No estudia. ¡A, no! ¡Si no estudias por las buenas, vas a estudiar por las malas! ¡Yo te voy a hacer tragar los libros, vas a ver! Tu vas a leer si o si. Vas a participar en ese concurso y como que me llamo Tina, vas a ganar el primer premio. Y tú sabes Nacho, que cuando a mí se me pone algo en la cabeza… Si, sabía. Sabía lo que significaba que a la tina se le metiera algo a la cabeza. Por suerte, ya se le había soltado la oreja.
  62. 62. 60 Tenía los dientes apretados, a si masticaba las lágrimas y se las tragaba, las mandaba para adentro en lugar de llorar para afuera. Por la ventana vio como el cielo se iba poniendo cada vez más negro. Se venía una tormenta. De golpe tuvo ganas de escribirle a su abuelo. Lo extrañaba mucho. Nacho nunca había tenido un padre pero si un abuelo que valía por mil padres. El abuelo Ariel lo acompañaba a futbol, lo ayudaba con las tareas de la escuela, le compraba golosinas aunque le doliera la panza, le había hecho montones de barriletes y hasta le había armado un karting a bolillero. Hacia un año que esa enfermedad lo había empezado a poner cada vez más flaco hasta que termino por matarlo. Antes de morir el abuelo Ariel había hablado con nacho de hombre a hombre. Entre las muchas cosas que se dijeron el abuelo le dijo que él se iba a otro lugar, que se iba porque no podía elegir otra cosa, si no, hubiera elegido quedarse ahí con él, con Nacho, pero no podía. Pero si tenía algo para decirle o pedirle o lo que fuera lo podía escribir. -¿A dónde te escribo? -Pone mi nombre, nada más. El tío Alberto va a saber dónde encontrarme. El tío Alberto era el único hermano del abuelo Ariel y además era el jefe de correos. LA LECTURA Al día siguiente amaneció con lluvia y siguió lloviendo toda la mañana y toda la tarde. Tina no estaba en casa cuando Nacho llego de la escuela. Así que Nacho aprovecho para mirar la tele. Cuando llego, Tina fue directamente a la habitaciónde Nacho. Se iba desenrollando la bufanda mientras caminaba - ¿Leíste?
  63. 63. 61 No dijo “Hola, Nacho”. No preguntó “¿Cómo estás?”, “¿Cómo te fue en la escuela?”. No. Preguntó -¿Leíste? -Si –Mintió Nacho sin titubear. -¿Haber…? –Dijo Tina mientras seguía desenrollando la bufanda. Nacho tenía la garganta seca. -Tengo sed. ¿Puedo tomar un vaso de agua primero? -¡No! Nacho miro el primer reglón del libro de lectura. Trago saliva y empezó a leer en voz alta. Los dinosaurios vivieron sobre la Tierra durante unos 150 millones de años, y no es sorprendente que su mundo cambiase sustancialmente en el tra… en el transcurso de ese tiempo. Tina largo una carcajada interminable y ruidosa. En el tra… en el tra… en el tra… -le hacía burla. -Era una difícil –dijo Nacho. -¿Y fustanfialmente? ¿Qué significa fustanfialmente? -No dije eso –se defendió Nacho. -¡Silencio! –dijo Tina, que ya había terminado de desenrollarse la bufanda del cuello-. ¡Este fin de semana no hay permiso para nada! ¡Vas a estar encerrado en este cuarto hasta que leas como corresponde! EL FIN DE SEMANA El sábado a la tarde, el equipo de futbol del club Verde y Blanco estaba listo y formado para salir a la cancha. Solo faltaba el arquero: Nacho. -¿Quiere que valla hasta la casa entrenador? –preguntó el Clavo Romero, goleador del equipo.
  64. 64. 62 -¡Anda! ¡Y dile que se apure o perderemos los puntos! El Clavo Romero tocó el timbre y espero un ratito. Volvió a tocar y, mientes esperaba otro ratito, se agachó para atarse los cordones de los botines. Cuando levantó la cabeza hacia la puerta abierta casi se desmaya. ¿Un brujo africano? El pelo todo empastado con algo amarillo, la cara cubierta de verde, envuelto en una túnica de colores. El goleador dio un salto hacia atrás y respiró rápido 2 o 3 veces antes de hablarle al hechicero. -¿Esta Nacho? Tina, que se había hecho un baño de barro en el pelo y una máscara de palta en la cara y que estaba con un humor de mil demonios le dijo: -Ignacio está, sí. Pero no va a salir. -¡Si no viene perdemos los puntos! -¡Oh, cabecita hueca! –le dijo Tina-. ¡Tan preocupado por unos puntos sarnosos de un partido sarnoso de un club sarnoso! ¡Ignacio tiene cosas más importantes en que pensar! Y le cerró la puerta en la cara. Nacho tampoco iba a ir al cumpleaños de Sara, y ni soñando al picnic que había organizado el pechuga.
  65. 65. 63 Criterios de selección de textos por Velocidad Lectora TEXTOS: EL PEQUEÑO ESCRIBIENTE FLORENTINO, HEIDY CATEGORIA: 161 a 177 p/m Formato Fuente Script 12 o superior con Fuente y tamaño de la letra, distribución de la Párrafos de hasta 40 líneas, con división de línea escrita y tipo de puntuación palabras por guión al final de la línea, en dos columnas o viñetas tipo comics Puntuación que señale pausas, distribución y enfatice entonación. Tipología Narraciones, textos poéticos y normativos Tipo o estilo de textos referido a si estos son diversos. Dramáticos que narrativos, informativos, descriptivos, etc. incluyan monólogos, libretos, dramatizaciones, Informativos que incluyen, informes sobre distintos temas y contenidos de áreas de estudio Vocabulario Palabras desconocidas de significado Adecuación a su edad y si se trata concreto, con significado connotativo en de vocablos de uso común-familiar o no y estilo formal, que requieren de aspectos si el estilo es coloquial o formal. pragmáticos7 para la comprensión Iconografía Texto en cuadro con la imagen de apoyo de Cantidad y tipo de anclajes gráficos 1/6 página. que asisten al proceso de comprensión. Estructura Interna Estructura lineal y alterada como In Orden en que están presentados los diversos media res, con recursos temporales como acontecimientos de un relato. Flash back y racconto Nivel de Dificultad Oraciones simples y compuestas, con más Estructura sintáctica de las oraciones y de los de 3 personajes en diversos ambientes con elementos narrativos. narrador protagonista y/o personaje secundarios Nivel de complejidad Palabras de más de cuatro silabas de Estructura y composición de las palabras composición directa, indirecta, mixta, respecto de la cantidad y disposición de trabada y compleja palabras y silabas Argumento Narraciones con datos fiables y exactos, La sucesión de acciones, hechos o anécdotas cuyos protagonistas estén sicológicamente que el narrador va contando. bien trazados y que promueven la reflexión crítica. Terror, Ciencia ficción, cuentos tradicionales clásicos y novelas cortas. Extensión Hasta 150 palabras por hoja. Numero de palabras que componen el texto 80 carillas 7 “Conocimiento del mundo necesario para manejar los aspectos semanticos”, La legibilidad de los textos, Felipe Alliende
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  71. 71. 69 El pequeño escribiente florentino Tenía doce años y cursaba la cuarta elemental. Era un simpático niño florentino de cabellos rubios y tez blanca, hijo mayor de cierto empleado de ferrocarriles quien, teniendo una familia numerosa y un escaso sueldo, vivía con suma estrechez. Su padre lo quería mucho, y era bueno e indulgente con él; indulgente en todo menos en lo que se refería a la escuela: en esto era muy exigente y se revestía de bastante severidad, porque el hijo debía estar pronto dispuesto a obtener otro empleo para ayudar a sostener a la familia; y para ello necesitaba trabajar mucho en poco tiempo. Así, aunque el muchacho era aplicado, el padre lo exhortaba siempre a estudiar. Era éste ya de avanzada edad y el exceso de trabajo lo había también envejecido prematuramente. En efecto, para proveer a las necesidades de la familia, además del mucho trabajo que tenía en su empleo, se buscaba a la vez, aquí y allá, trabajos extraordinarios de copista. Pasaba, entonces, sin descansar, ante su mesa, buena parte de la noche. Últimamente, cierta casa editorial que publicaba libros y periódicos le había hecho el encargo de escribir en las fajas el nombre y la dirección de los suscriptores. Ganaba tres florines por cada quinientas de aquellas tirillas de papel, escritas en caracteres grandes y regulares. Pero esta tarea lo cansaba, y se lamentaba de ello a menudo con la familia a la hora de comer. -Estoy perdiendo la vista -decía-; esta ocupación de noche acaba conmigo. El hijo le dijo un día: -Papá, déjame trabajar en tu lugar; tú sabes que escribo regular, tanto como tú. Pero el padre le respondió:
  72. 72. 70 -No, hijo, no; tú debes estudiar; tu escuela es mucho más importante que mis fajas: tendría remordimiento si te privara del estudio una hora; lo agradezco; pero no quiero, y no me hables más de ello. El hijo sabía que con su padre era inútil insistir en aquellas materias, y no insistió. Pero he aquí lo que hizo. Sabía que a las doce en punto dejaba su padre de escribir y salía del despacho para dirigirse a la alcoba. Alguna vez lo había oído: en cuanto el reloj daba las doce, sentía inmediatamente el rumor de la silla que se movía y el lento paso de su padre. Una noche esperó a que estuviese ya en cama; se vistió sin hacer ruido, anduvo a tientas por el cuarto, encendió el quinqué de petróleo, y se sentó en la mesa de despacho, donde había un montón de fajas blancas y la indicación de las direcciones de los suscriptores. Empezó a escribir, imitando todo lo que pudo la letra de su padre. Y escribía contento, con gusto, aunque con miedo; las fajas escritas aumentaban, y de vez en cuando dejaba la pluma para frotarse las manos; después continuaba con más alegría, atento el oído y sonriente. Escribió ciento sesenta: ¡cerca de un florín! Entonces se detuvo: dejó la pluma donde estaba, apagó la luz y se volvió a la cama de puntillas. Aquel día, a las doce, el padre se sentó a la mesa de buen humor. No había advertido nada. Hacía aquel trabajo mecánicamente, contando las horas y pensando en otra cosa. No sacaba la cuenta de las fajas escritas hasta el día siguiente. Sentado a la mesa con buen humor, y poniendo la mano en el hombro del hijo: -¡Eh, Julio -le dijo-, mira qué buen trabajador es tu padre! En dos horas he trabajado anoche un tercio más de lo que acostumbro. La mano aún está ágil, y los ojos cumplen todavía con su deber. Julio, contento, mudo, decía para sí: "¡Pobre padre! Además de la ganancia, le he proporcionado también esta satisfacción: la de creerse rejuvenecido. ¡Ánimo, pues!" Alentado con el éxito, la noche siguiente, en cuanto dieron las doce, se levantó otra vez y se puso a trabajar. Y lo mismo siguió haciendo varias
  73. 73. 71 noches. Su padre seguía también sin advertir nada. Sólo una vez, cenando, observó de pronto: -¡Es raro: cuánto petróleo se gasta en esta casa de algún tiempo a esta parte! Julio se estremeció; pero la conversación no pasó de allí, y el trabajo nocturno siguió adelante. Lo que ocurrió fue que, interrumpiendo así su sueño todas las noches, Julio no descansaba bastante; por la mañana se levantaba rendido aún, y por la noche al estudiar, le costaba trabajo tener los ojos abiertos. Una noche, por primera vez en su vida, se quedó dormido sobre los apuntes. -¡Vamos, vamos! -le gritó su padre dando una palmada-. ¡Al trabajo! Se asustó y volvió a ponerse a estudiar. Pero la noche y los días siguientes continuaba igual, y aún peor: daba cabezadas sobre los libros, se despertaba más tarde de lo acostumbrado; estudiaba las lecciones con desgano, y parecía que le disgustaba el estudio. Su padre empezó a observarlo, después se preocupó de ello y, al fin, tuvo que reprenderlo. Nunca lo había tenido que hacer por esta causa. -Julio -le dijo una mañana-; tú te descuidas mucho; ya no eres el de otras veces. No quiero esto. Todas las esperanzas de la familia se cifraban en ti. Estoy muy descontento. ¿Comprendes? A este único regaño, el verdaderamente severo que había recibido, el muchacho se turbó. -Sí, cierto -murmuró entre dientes-; así no se puede continuar; es menester que el engaño concluya. Pero por la noche de aquel mismo día, durante la comida, su padre exclamó con alegría: -¡Este mes he ganado en las fajas treinta y dos florines más que el mes pasado!
  74. 74. 72 Y diciendo esto, sacó a la mesa un puñado de dulces que había comprado, para celebrar con sus hijos la ganancia extraordinaria que todos acogieron con júbilo. Entonces Julio cobró ánimo y pensó para sí: "¡No, pobre padre; no cesaré de engañarte; haré mayores esfuerzos para estudiar mucho de día; pero continuaré trabajando de noche para ti y para todos los demás!" Y añadió el padre: -¡Treinta y dos florines!... Estoy contento... Pero hay otra cosa - y señaló a Julio- que me disgusta. Y Julio recibió la reconvención en silencio, conteniendo dos lágrimas que querían salir, pero sintiendo al mismo tiempo en el corazón cierta dulzura. Y siguió trabajando con ahínco; pero acumulándose un trabajo a otro, le era cada vez más difícil resistir. La situación se prolongó así por dos meses. El padre continuaba reprendiendo al muchacho y mirándolo cada vez más enojado. Un día fue a preguntar por él al maestro, y éste le dijo: -Sí, cumple, porque tiene buena inteligencia; pero no está tan aplicado como antes. Se duerme, bosteza, está distraído; hace sus apuntes cortos, de prisa, con mala letra. Él podría hacer más, pero mucho más. Aquella noche el padre llamó al hijo aparte y le hizo reconvenciones más severas que las que hasta entonces le había hecho. -Julio, tú ves que yo trabajo, que yo gasto mucho mi vida por la familia. Tú no me secundas, tú no tienes lástima de mí, ni de tus hermanos, ni aún de tu madre. -¡Ah, no, no diga usted eso, padre mío! -gritó el hijo ahogado en llanto, y abrió la boca para confesarlo todo. Pero su padre lo interrumpió diciendo:
  75. 75. 73 -Tú conoces las condiciones de la familia: sabes que hay necesidad de hacer mucho, de sacrificarnos todos. Yo mismo debía doblar mi trabajo. Yo contaba estos meses últimos con una gratificación de cien florines en el ferrocarril, y he sabido esta mañana que ya no la tendré. Ante esta noticia, Julio retuvo en seguida la confesión que estaba por escaparse de sus labios, y se dijo resueltamente: "No, padre mío, no te diré nada; guardaré el secreto para poder trabajar por ti; del dolor que te causo te compenso de este modo: en la escuela estudiaré siempre lo bastante para salir del paso: lo que importa es ayudar para ganar la vida y aligerarte de la ocupación que te mata". Siguió adelante, transcurrieron otros dos meses de tarea nocturna y de pereza de día, de esfuerzos desesperados del hijo y de amargas reflexiones del padre. Pero lo peor era que éste se iba enfriando poco a poco con el niño, y no le hablaba sino raras veces, como si fuera un hijo desnaturalizado, del que nada hubiese que esperar, y casi huía de encontrar su mirada. Julio lo advertía, sufría en silencio, y cuando su padre volvía la espalda, le mandaba un beso furtivamente, volviendo la cara con sentimiento de ternura compasiva y triste; mientras tanto el dolor y la fatiga lo demacraban y le hacían perder el color, obligándolo a descuidarse cada vez más en sus estudios. Comprendía perfectamente que todo concluiría en un momento, la noche que dijera: "Hoy no me levanto"; pero al dar las doce, en el instante en que debía confirmar enérgicamente su propósito, sentía remordimiento; le parecía que, quedándose en la cama, faltaba a su deber, que robaba un florín a su padre y a su familia; y se levantaba pensando que cualquier noche que su padre se despertara y lo sorprendiera, o que por casualidad se enterara contando las fajas dos veces, entonces terminaría naturalmente todo, sin un acto de su voluntad, para lo cual no se sentía con ánimos. Y así continuó la misma situación. Pero una tarde, durante la comida, el padre pronunció una palabra que fue decisiva para él. Su madre lo miró, y pareciéndole que estaba más echado a perder y más pálido que de costumbre, le dijo:
  76. 76. 74 -Julio, tú estás enfermo. -Y después, volviéndose con ansiedad al padre- : Julio está enfermo, ¡mira qué pálido está!... ¡Julio mío! ¿Qué tienes? El padre lo miró de reojo y dijo: -La mala conciencia hace que tenga mala salud. No estaba así cuando era estudiante aplicado e hijo cariñoso. -¡Pero está enfermo! -exclamó la mamá. -¡Ya no me importa! -respondió el padre. Aquella palabra le hizo el efecto de una puñalada en el corazón al pobre muchacho. ¡Ah! Ya no le importaba su salud a su padre, que en otro tiempo temblaba de oírlo toser solamente. Ya no lo quería, pues; había muerto en el corazón de su padre. "¡Ah, no, padre mío! -dijo entre sí con el corazón angustiado-; ahora acabo esto de veras; no puedo vivir sin tu cariño, lo quiero todo; todo te lo diré, no te engañaré más y estudiaré como antes, suceda lo que suceda, para que tú vuelvas a quererme, padre mío. ¡Oh, estoy decidido en mi resolución!" Aquella noche se levantó todavía, más bien por fuerza de la costumbre que por otra causa; y cuando se levantó quiso volver a ver por algunos minutos, en el silencio de la noche, por última vez, aquel cuarto donde había trabajado tanto secretamente, con el corazón lleno de satisfacción y de ternura. Sin embargo, cuando se volvió a encontrar en la mesa, con la luz encendida, y vio aquellas fajas blancas sobre las cuales no iba ya a escribir más, aquellos nombres de ciudades y de personas que se sabía de memoria, le entró una gran tristeza e involuntariamente cogió la pluma para reanudar el trabajo acostumbrado. Pero al extender la mano, tocó un libro y éste se cayó. Se quedó helado. Si su padre se despertaba... Cierto que no lo habría sorprendido cometiendo ninguna mala acción y que él mismo había decidido contárselo todo; sin embargo... el oír acercarse aquellos pasos en la
  77. 77. 75 oscuridad, el ser sorprendido a aquella hora, con aquel silencio; el que su madre se hubiese despertado y asustado; el pensar que por lo pronto su padre hubiera experimentado una humillación en su presencia descubriéndolo todo..., todo esto casi lo aterraba. Aguzó el oído, suspendiendo la respiración... No oyó nada. Escuchó por la cerradura de la puerta que tenía detrás: nada. Toda la casa dormía. Su padre no había oído. Se tranquilizó y volvió a escribir. Las fajas se amontonaban unas sobre otras. Oyó el paso cadencioso de la guardia municipal en la desierta calle; luego ruido de carruajes que cesó al cabo de un rato; después, pasado algún tiempo, el rumor de una fila de carros que pasaron lentamente; más tarde silencio profundo, interrumpido de vez en cuando por el ladrido de algún perro. Y siguió escribiendo. Entretanto su padre estaba detrás de él: se había levantado cuando se cayó el libro, y esperó buen rato; el ruido de los carros había cubierto el rumor de sus pasos y el ligero chirrido de las hojas de la puerta; y estaba allí, con su blanca cabeza sobre la negra cabecita de Julio. Había visto correr la pluma sobre las fajas y, en un momento, lo había recordado y comprendido todo. Un arrepentimiento desesperado, una ternura inmensa invadió su alma. De pronto, en un impulso, le tomó la cara entre las manos y Julio lanzó un grito de espanto. Después, al ver a su padre, se echó a llorar y le pidió perdón. -Hijo querido, tú debes perdonarme -replicó el padre-. Ahora lo comprendo todo. Ven a ver a tu madre. Y lo llevó casi a la fuerza junto al lecho y allí mismo pidió a su mujer que besara al niño. Después lo tomó en sus brazos y lo llevó hasta la cama, quedándose junto a él hasta que se durmió. Después de tantos meses, Julio tuvo un sueño tranquilo. Cuando el sol entró por la ventana y el niño despertó, vio apoyada en el borde de la cama la cabeza gris de su padre, quien había dormido allí toda la noche, junto a su hijo querido.
  78. 78. 76 Criterios de selección de textos por Velocidad Lectora TEXTOS: ACERTIJO EN LAS TINIEBLAS, DON QUIJOTE Y LOS MOLINOS CATEGORIA: 174 a 193 p/m Formato Fuente Script 10 o superior con Fuente y tamaño de la letra, distribución de Párrafos de hasta 40 líneas, con división de la línea escrita y tipo de puntuación palabras por guión al final de la línea en dos o más columnas o viñetas tipo comics Puntuación que señale pausas, distribución y enfatice entonación. Tipología Narraciones estilo directo, textos poéticos y Tipo o estilo de textos referido a si normativos diversos. Dramáticos que estos son narrativos, informativos, incluyan monólogos, libretos, descriptivos, etc. dramatizaciones y obras teatrales. Informativos que incluyen, informes sobre distintos temas y contenidos de áreas de estudio Vocabulario Palabras desconocidas de significado Adecuación a su edad y si se trata de concreto o abstracto, con significado vocablos de uso común-familiar o no y si el connotativo en estilo formal, que requieren estilo es coloquial o formal. de aspectos pragmáticos para la comprensión Iconografía Texto en cuadro con la imagen y esquemas Cantidad y tipo de anclajes gráficos que de apoyo de 1/6 página. asisten al proceso de comprensión. Estructura Interna Estructura lineal y alterada como In Orden en que están presentados los media res y/o In extrema res, con diversos acontecimientos de un relato. recursos temporales como Flash back y racconto simples y compuestas, con más Oraciones Nivel de Dificultad Estructura sintáctica de las oraciones y de 3 personajes en diversos ambientes con de los elementos narrativos. narrador en 2da. persona Nivel de complejidad Palabras de más de cuatro silabas de Estructura y composición de las palabras composición directa, indirecta, mixta, respecto de la cantidad y disposición de trabada y compleja. palabras y silabas Argumento Narraciones con datos fiables y exactos, La sucesión de acciones, hechos o cuyos protagonistas estén sicológicamente anécdotas que el narrador va contando. bien trazados y que promueven la reflexión crítica. Terror, Ciencia ficción, cuentos tradicionales clásicos, mitos y leyendas universales y novelas cortas. Extensión Hasta 200 palabras por hoja. Numero de palabras que componen el texto 100 carillas
  79. 79. 77 Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de feliz recordación En esto, descubrieron treinta o –Mire vuestra merced –respondió cuarenta molinos de viento que hay Sancho– que aquellos que allí se en aquel campo; y, así como don parecen no son gigantes, sino Quijote los vio, dijo a su escudero: molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, –La ventura va guiando nuestras volteadas del viento, hacen andar la cosas mejor de lo que acertáramos piedra del molino. a desear, porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren –Bien parece –respondió don treinta, o pocos más, desaforados Quijote– que no estás cursado en gigantes, con quien pienso hacer esto de las aventuras: ellos son batalla y quitarles a todos las vidas, gigantes; y si tienes miedo, quítate con cuyos despojos comenzaremos de ahí, y ponte en oración en el a enriquecer; que ésta es buena espacio que yo voy a entrar con guerra, y es gran servicio de Dios ellos en fiera y desigual batalla. quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra. Y, diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que, sin duda alguna, eran molinos de viento, y no gigantes, aquellos que iba a acometer. Pero él iba tan puesto en que eran gigantes, que ni oía las voces de su escudero Sancho ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran; antes, iba diciendo en voces altas: –No arranquen, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete. – ¿Qué gigantes? –dijo Sancho Panza. Levantándose en esto un poco de viento y las grandes aspas –Aquellos que allí ves –respondió comenzaron a moverse, lo cual visto su amo– de los brazos largos, que por don Quijote, dijo: los suelen tener algunos de casi dos leguas.
  80. 80. 78 –Pues, aunque mováis más brazos gigantes en molinos por quitarme la que los del gigante Briareo, me lo gloria de su vencimiento: tal es la habéis de pagar. Y, en diciendo enemistad que me tiene; mas, al esto, y encomendándose de todo cabo al cabo, han de poder poco corazón a su señora Dulcinea, sus malas artes contra la bondad de pidiéndole que en tal trance le mi espada. socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en el ristre, –Dios lo haga como puede – arremetió a todo el galope de respondió Sancho Panza. Rocinante y embistió con el primero Y, ayudándole a levantar, tornó a molino que estaba delante; y, subir sobre Rocinante, que medio dándole una lanzada en el aspa, la despaldado estaba. Y, hablando en volvió el viento con tanta furia que la pasada aventura, siguieron el hizo la lanza pedazos, llevándose camino del Puerto Lápice, porque tras sí al caballo y al caballero, que allí decía don Quijote que no era fue rodando muy maltrecho por el posible dejar de hallarse muchas y campo. diversas aventuras, por ser lugar Acudió Sancho Panza a socorrerle, muy pasajero; sino que iba muy a todo el correr de su asno, y pesaroso por haberle faltado la cuando llegó halló que no se podía lanza; y, diciéndoselo a su menear: tal fue el golpe que dio con escudero, le dijo: él Rocinante. –Yo me acuerdo haber leído que un caballero español, llamado Diego Pérez de Vargas, habiéndosele en una batalla roto la espada, desgajó de una encina un pesado ramo o tronco, y con él hizo tales cosas aquel día, y machacó tantos moros, que le quedó por sobrenombre Machuca, y así él como sus descendientes se llamaron, desde aquel día en adelante, Vargas y Machuca. Hete dicho esto, porque de la primera encina o roble que se me depare pienso –¡Válgame Dios! –dijo Sancho–. desgajar otro tronco tal y tan bueno ¿No le dije yo a vuestra merced que como aquél, que me imagino y mirase bien lo que hacía, que no pienso hacer con él tales hazañas, eran sino molinos de viento, y no lo que tú te tengas por bien afortunado podía ignorar sino quien llevase de haber merecido venir a verlas y a otros tales en la cabeza? ser testigo de cosas que apenas podrán ser creídas. –Calla, amigo Sancho –respondió don Quijote–, que las cosas de la –A la mano de Dios –dijo Sancho–; guerra, más que otras, están sujetas yo lo creo todo así como vuestra a continua mudanza; cuanto más, merced lo dice; pero enderécese un que yo pienso, y es así verdad, que poco, que parece que va de medio aquel sabio Frestón que me robó el lado, y debe de ser del molimiento aposento y los libros ha vuelto estos de la caída.
  81. 81. 79 –Así es la verdad –respondió don espacio, y de cuando en cuando Quijote–; y si no me quejo del dolor, empinaba la bota, con tanto gusto, es porque no es dado a los que le pudiera envidiar el más caballeros andantes quejarse de regalado bodegonero de Málaga. Y, herida alguna, aunque se le salgan en tanto que él iba de aquella las tripas por ella. manera menudeando tragos, no se le acordaba de ninguna promesa –Si eso es así, no tengo yo qué que su amo le hubiese hecho, ni replicar –respondió Sancho–, pero tenía por ningún trabajo, sino por sabe Dios si yo me holgara que mucho descanso, andar buscando vuestra merced se quejara cuando las aventuras, por peligrosas que alguna cosa le doliera. De mí sé fuesen. decir que me he de quejar del más pequeño dolor que tenga, si ya no En resolución, aquella noche la se entiende también con los pasaron entre unos árboles, y del escuderos delos caballeros uno de ellos desgajó don Quijote un andantes eso del no quejarse. ramo seco que casi le podía servir de lanza, y puso en él el hierro que quitó de la que se le había quebrado. Toda aquella noche no durmió don Quijote, pensando en su señora Dulcinea, por acomodarse a lo que había leído en sus libros, cuando los caballeros pasaban sin dormir muchas noches en las florestas y despoblados, entretenidos con las memorias de sus señoras. No la pasó así Sancho Panza, que, como tenía el estómago lleno, y no de agua de chicoria, de un sueño se la llevó No se dejó de reír don Quijote de la toda; y no fueran parte para simplicidad de su escudero; y así, le despertarle, si su amo no lo llamara, declaró que podía muy bien los rayos del sol, que le daban en el quejarse, cómo y cuándo quisiese, rostro, ni el canto de las aves, que, sin gana o con ella; que hasta muchas y muy regocijadamente, la entonces no había leído cosa en venida del nuevo día saludaban. Al contrario en la orden de caballería. levantarse dio un tiento a la bota, y Díjole Sancho que mirase que era la halló algo más flaca que la noche hora de comer. Respondióle su amo antes; y se le afligió el corazón, por que por entonces no le hacía parecerle que no llevaban camino menester; que comiese él cuando de remediar tan presto su falta. No se quiso desayunarse don Quijote, le antojase. Con esta licencia, se porque, como está dicho, dio en acomodó Sancho lo mejor que pudo sustentarse de sabrosas memorias. sobre su jumento, y, sacando de las Tornaron a su comenzado camino alforjas lo que en ellas había del Puerto Lápice, y a obra de las puesto, iba caminando y comiendo tres del día le descubrieron. detrás de su amo muy de su
  82. 82. 80 ACERTIJOS EN LAS TINIEBLAS Cuando Bilbo abrió los ojos, se preguntó si en verdad los habría abierto; pues todo estaba tan oscuro como si los tuviese cerrados. No había nadie cerca de él. ¡Imaginaos qué terror! No podía ver nada, ni oír nada, ni sentir nada, excepto la piedra del suelo. Se incorporó muy lentamente y anduvo a tientas hasta tropezar con la pared del túnel; pero ni hacia arriba ni hacia abajo pudo encontrar nada, nada en absoluto, ni rastro de trasgos o enanos. La cabeza le daba vueltas y ni siquiera podía decir en qué dirección habrían ido los otros cuando cayó de bruces. Trató de orientarse de algún modo, y se arrastró largo trecho hasta que de pronto tocó con la mano algo que parecía un anillo pequeño, frío y metálico, en el suelo del túnel. Éste iba a ser un momento decisivo en la carrera de Bilbo, pero él no lo sabía. Casi sin darse cuenta se metió la sortija en el bolsillo. Por cierto, no parecía tener ninguna utilidad por ahora. No avanzó mucho más; se sentó en el suelo helado, abandonándose a un completo abatimiento. Se imaginaba friendo huevos y panceta en la cocina de su propia casa -pues alcanzaba a sentir, dentro de él, que era la hora de alguna comida-, pero esto sólo lo hacía más miserable. No sabía a dónde ir, ni qué había ocurrido, ni por qué lo habían dejado atrás, o por qué, si lo habían dejado atrás, los trasgos no lo habían capturado; no sabía ni siquiera por qué tenía la cabeza tan dolorida. La verdad es que había estado mucho tiempo tendido y quieto, invisible y olvidado en un rincón muy oscuro. Al cabo de un rato se palpó las ropas buscando la pipa. No estaba rota, y eso era algo. Buscó luego la petaca, y había algún tabaco, lo que ya era algo más, y luego buscó las cerillas y no encontró ninguna, y esto lo desanimó por completo. Sólo el cielo sabe qué cosa hubiera podido caer sobre él atraída por el roce de las cerillas y el olor del tabaco. Pero por ahora se sentía muy
  83. 83. 81 abatido. No obstante, rebuscando en los bolsillos y palpándose de arriba abajo en busca de cerillas, topó con la empuñadura de la pequeña espada, la daga que había obtenido de los trolls y que casi mía olvidado; por fortuna, tampoco los trasgos la habían descubierto, pues la llevaba dentro de los calzones. Entonces la desenvainó. La espada brilló pálida y débil ante los ojos de Bilbo. «Así que es una hoja de los elfos, también», pensó, «y los trasgos no están muy cerca, aunque tampoco bastante lejos». Pero de alguna manera se sintió reconfortado. Era baste bueno llevar una hoja forjada en Gondolin para las guerras de los trasgos de las que había cantado tantas canciones; y también había notado que esas armas causaban gran impresión entre los trasgos que tropezaban con ellas de improviso. « ¿Volver?», pensó. «No sirve de nada. ¿Ir por algún camino lateral? ¡Imposible! ¿Ir hacia adelante? ¡No hay alternativa! ¡Adelante pues!» Y se incorporó y trotó llevando la Espada alzada frente a él, una mano en la pared y el corazón palpitando. Era evidente que Bilbo se encontraba en lo que puede llamarse un sitio estrecho. Pero recordad que no era tan estrecho para él como lo habría sido para vosotros o para mí. Los hóbbits no se parecen mucho a la gente ordinaria, y aunque sus agujeros son unas viviendas muy agradables y acogedoras, adecuadamente ventiladas, muy distintas de los túneles de los trasgos, están más acostumbrados que nosotros a andar por galerías, y no pierden fácilmente el sentido de la orientación bajo tierra, no cuando ya se han recobrado de un golpe en el cráneo. También pueden moverse muy en silencio y esconderse con rapidez; se recuperan de un modo maravilloso de caídas y magulladuras, y tienen un fondo de prudencia y unos dichos juiciosos que la mayoría de los hombres no ha oído nunca o ha olvidado hace tiempo. De cualquier modo, no me hubiera sentido a gusto en el sitio donde estaba el señor Bilbo. La galería parecía no tener fin. Todo lo que él sabía era que seguía bajando, siempre en la misma dirección, a pesar de un recodo y una o dos vueltas. Había pasadizos que partían de los lados aquí y allá, como podía saber por el brillo de la espada, o podía sentir con la mano en la pared. No les prestó atención, pero apresuraba el paso por temor a los trasgos o a cosas oscuras imaginadas a medias que asomaban en las bocas de los pasadizos. Adelante y adelante siguió, bajando y bajando; y todavía no se oía nada, excepto el zumbido ocasional de un murciélago que se le acercaba, asustándolo en un principio, pero que luego se repitió tanto que él dejó de preocuparse. No sé cuánto tiempo continuó así, odiando seguir adelante, no atreviéndose a parar, adelante y adelante, hasta que estuvo más cansado que cansado. Parecía que el camino continuaría así al día siguiente y más allá, perdiéndose en los días que vendrían después. De pronto, sin ningún motivo, se encontró trotando en un agua fría como hielo. ¡Uf! Esto lo reanimó, rápida y
  84. 84. 82 bruscamente. No sabía si el agua era sólo un estanque en medio del camino, la orilla de un arroyo que cruzaba el túnel bajo tierra, o el borde del lago subterráneo, oscuro y profundo. La espada apenas brillaba. Se detuvo, y escuchando con atención alcanzó a oír unas gotas que caían desde un techo invisible en el agua de abajo; pero no parecía haber ningún otro tipo de ruido. «De modo que es un lago o un pozo, y no un río subterráneo», pensó. Aún así no se atrevió a meterse en el agua a oscuras. No sabía nadar, y además pensaba en las criaturas barrosas y repugnantes, de ojos saltones y ciegos, que culebreaban sin duda en el agua. Hay extraños seres que viven en pozos y lagos en el corazón de los montes; pero cuyos antepasados llegaron nadando, sólo el cielo sabe hace cuánto tiempo, y nunca volvieron a salir, y los ojos les crecían, crecían y crecían mientras trataban de ver en la oscuridad; y allí hay también criaturas más viscosas que peces. Aún en los túneles y cuevas que los trasgos habían excavado para sí mismos, hay otras cosas vivas que ellos desconocen, cosas que han venido arrastrándose desde fuera para descansar en la oscuridad. Además, los orígenes de algunos de estos túneles se remontan a épocas anteriores a los trasgos, quienes sólo los ampliaron y unieron con pasadizos, y los primeros propietarios están todavía allí, en raros rincones, deslizándose y olfateando todo alrededor. Aquí abajo junto al agua lóbrega vivía el viejo Gollum, una pequeña y viscosa criatura. No sé de dónde había venido, ni quién o qué era. Era Gollum: tan oscuro como la oscuridad, excepto dos grandes ojos redondos y pálidos en la cara flaca. Tenía un pequeño bote y remaba muy en silencio por el lago, pues lago era, ancho, profundo y mortalmente frío. Remaba con los grandes pies colgando sobre la borda, pero nunca agitaba el agua. No él. Los ojos pálidos e inexpresivos buscaban peces ciegos alrededor, y los atrapaba con los dedos largos, rápidos como el pensamiento. Le gustaba también la carne. Los trasgos le parecían buenos, cuando podía echarles mano; pero trataba de que nunca lo encontraran desprevenido. Los estrangulaba por la espalda si alguna vez bajaba uno de ellos hasta la orilla del agua, mientras él rondaba en busca
  85. 85. 83 de una presa. Rara vez lo hacían, pues tenían el presentimiento de que algo desagradable acechaba en las profundidades, debajo de la raíz misma de la montaña. Cuando excavaban los túneles, tiempo atrás, habían llegado hasta el lago y descubrieron que no podían ir más lejos. De modo que para ellos el camino terminaba en esa dirección, y de nada les valla merodear por allí, a menos que el Gran Trasgo los enviase. A veces tenían la ocurrencia de buscar peces en el lago, y a veces ni el trasgo ni el pescado volvían. Gollum vivía en verdad en una isla de roca barrosa en medio del lago. Observaba a Bilbo desde lejos con los ojos pálidos como telescopios. Bilbo no podía verlo, mientras el otro lo miraba, perplejo; parecía evidente que no era un trasgo. Gollum se metió en el bote y se alejó de la isla. Bilbo, sentado a orillas del agua, se sentía desconcertado, como si hubiese perdido el camino y el juicio. De pronto asomó Gollum, que cuchicheó y siseó: -¡Bendícenos y salpícanos, preciosso mío! Me huelo un banquete selecto; por lo menos nos daría para un sabroso bocado, ¡Gollum! -Y cuando dijo Gollum hizo con la garganta un ruido horrible como si engullera. Y así fue como le dieron ese nombre, aunque él siempre se llamaba a sí mismo «preciosso mío». El hóbbit dio un brinco cuando oyó el siseo, y de repente vio los ojos pálidos clavados en él. -¿Quién eres? -preguntó, adelantando la espada. -¿Qué ess él, preciosso mío? - susurró Gollum (que siempre se hablaba a sí mismo, porque no tenía a ningún otro con quien hablar). Eso era lo que quería descubrir, pues en verdad no tenía mucha hambre, sólo curiosidad; de otro modo hubiese estrangulado primero y susurrado después. -Soy el señor Bilbo Bolsón. He perdido a los enanos y al mago y no sé dónde estoy, y tampoco quiero saberlo, si pudiera salir. -¿Qué tiene él en las manoss? -dijo Gollum mirando la espada, que no le gustaba mucho. -

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