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Cuento el circo castellà
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Cuento el circo castellà

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  • 1. Edita
  • 2. HABÍA UNA VEZ... UN CIRCO
  • 3. Había una vez… un circo y muchos personajes mágicos. Un circo, que recorría todas las ciudades del país llenando de alegría a todos los niños y niñas. Cada otoño, el circo llegaba a nuestra ciudad. Ese día era especial, veíamos pasar las caravanas, con tanto colorido, que todos los niños y niñas corríamos tras ellas. El montaje del circo era espectacular, con esa carpa de colores, tan grande y llena de banderines, que era visible desde cualquier lugar. Todos esperábamos el fin de semana con mucha impaciencia, porque por fin podríamos ir a disfrutar de todos los maravillosos personajes del circo.
  • 4. Cargados con palomitas, corríamos a buscar nuestras butacas y gritábamos: ¡Qué empiece ya! ¡Qué empiece ya! El espectáculo no tardaría mucho tiempo en empezar, las luces se apagaban y todos gritábamos de nervios ¿Quién sorprendería pri- mero? ¡Ahí estaban, eran los Payasos! Con sus narices rojas, pantalones anchos y pelos desgreñados, conseguían sacarnos una gran sonrisa.
  • 5. Contaban chistes, inflaban globos, tocaban la guitarra y bromeaban con el público…eran geniales. Algunos niños pequeños se asustaban al principio al verlos, con esas caras tan pintadas, pero pronto sonreían cuando los payasos se acercaban y les regalaban una flor.
  • 6. De pronto, unas luces de muchos colores anunciaban la entrada de los malabaristas. ¡Eran fantásticos! La gente aplaudía con mucho entusiasmo. Los malabaristas hacían volar pelotas de diferentes tamaños y jamás caían al suelo. Cada vez las lanzaban más alto, pero siempre las cogían, era mágico. A veces lanzaban discos, platos y bastones. También nos sorprendía subiéndose so- bre bicicletas de una rueda o en zancos. El público los despedía con un fuerte aplauso.
  • 7. Los tambores resonaban con gran intensidad, todos esperábamos con intriga…. ¿Qué iba a pasar? De pronto, un grupo de acróbatas ocupaba la pista central del circo dando saltos y mostrando sus más complejas volteretas. Llegaban a formar figuras humanas de hasta diez personas, todos subidos unos encima de otros, nos ponían la piel de gallina. Todos los acróbatas estaban muy fuertes y muy ágiles. Lo que más me gustaba era el color con el que decoraban sus caras y sus cuerpos. Utilizaban cintas largas que colgaban desde el techo, balancines, trapecios y aros. La gente se levantaba y gritaba: ¡Bravo, bravo! Era fantástico.
  • 8. Durante el descanso muchos aprovechaban para comprar más palomitas, pipas y algún que otro refresco. Otros, permanecían en sus butacas, cantando canciones junto con la orquesta del circo que nunca dejaba de tocar. Otros, comentaban sus actuaciones favoritas y deseaban que volviera a empezar pronto y seguir disfrutando del espectáculo.
  • 9. El público esperaba impaciente la entrada de los animales. Nuestra ciudad no tenía zoo y era el único momento del año en el que los niños y niñas podíamos disfrutar de ellos y verlos de cerca. ¡Qué ilusión! De pronto anunciaban: ¡Señoras y señores, niños y niñas. Con todos vosotros… los animales del circo! Y todos los niños se levantaban de sus butacas, aplaudiendo y gritando: ¡Bien, bien!
  • 10. Una música muy graciosa acompañaba la entrada de los chimpancés. Todos ellos, muy pequeñitos, entraban cogidos de la mano. Los chimpancés se acercaban al público y los niños y niñas los acariciaban, los cogían al brazo y se hacían fotos con ellos. Eran muy bonitos. Algunos llevaban corbatas, otros pajaritas y los más grandes llevaban sombrero.
  • 11. La entrada de los elefantes era espectacular. Eran gigantes e iban decorados con unas telas muy bonitas. Los domadores hacían gestos y los elefantes levanta- ban sus patas al ritmo de la música. Subían sobre cubos, andaban en fila y hacían sonar bien fuerte sus trompas. Era muy emocionante.
  • 12. Por fin, hacían su entrada los temibles leones. Tenían un pelo precioso, con una gran melena y una larga cola. El público permanecía en silencio y ellos paseaban por la pista acompañados de sus domadores. Dentro de la jaula, los domadores, con el látigo marcaban el paso a los leones que saltaban de cubo en cubo y atravesaban aros de diferentes colores. Los leones no se podían acariciar porque eran peligrosos, así que los veíamos desde lejos con mucha expectación.
  • 13. La función había llegado a su fin y todos los artistas salían a la pista cogidos de la mano. El público se ponía en pie, aplaudía y gritaba: ¡Bravo, bravo, fenomenal! Otro año más, el circo había sido maravilloso. Todos, regresábamos a casa muy felices, con nuestros globos y comentando en familia todas las sensaciones que el circo nos había hecho sentir.
  • 14. El circo cerraba sus puertas y de noche, los artistas descansaban en sus caravanas. Pero… la magia del circo seguía viva y, en la oscuridad de la noche, otros nuevos personajes llenarían de vida la pista del circo.

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