LA PISCINA DE TUS SUEÑOS
¡ Finanzas no aptas para daltónicos !
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Un joven universitario, aficionado a la pintura y a escribir historias, tiene
pesadillas cada ...
Ignacio Pradera
LA PISCINA DE TUS
SUEÑOS
¡ Finanzas no aptas para daltónicos !
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Un refrescante ch...
© 2010, Ignacio Pradera.
Diseño e ilustración de portada: Rafel Montané.
Primera edición: junio 2010.
Reservados todos los...
A mis particulares Prudencio y Angustias,
a mis queridas Fe, Esperanza y Caridad,
a los valiosos Scarlett y Justo,
to Many...
Índice
Introducción ...............................................................................................11
Lune...
El patio exterior....................................................................................... 181
Los gastos az...
Introducción
Las cuentas financieras no son lo más importante que hay en esta vida, pero
sí útiles herramientas que nos ay...
identificar el momento en el que debe consultar un tema complejo al
especialista adecuado. Las Cuentas Financieras son imp...
despacho, desconectado de lo que sucede en el exterior, pensando que el
análisis de números y de informes es suficiente, s...
Lunes 20 de mayo de 2010
Justo Igap
— Buenas tardes. Mi nombre es Justo Igap, y tengo una cita programada con
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— Gracias —les digo, mientras levanto mi brazo derecho, como
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Inmediatamente después, mientras con su brazo articulado derecho me
hace una fotografía con fl...
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Fortunato Green
— Planta 3, la isla del tesoro —me repite el humanoide, tras unos s...
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singular a la que no le faltan algunos elementos extravagantes, los cuales, con
tanta frecuenc...
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— ¡En absoluto, chico! —me replica con contundencia—. Tu visita la
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— Supongo que fue al día siguiente de que me operaran de urgencia,
tras padecer aquella inopor...
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tengo ahora. Me pronosticó que usted me explicaría las cosas de una forma
tan senci...
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Las piezas del puzzle
— Disculpa la interrupción, Justo — me dice, tras echar un fugaz vistazo...
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— Lo que usted dice sobre sus preferencias por el sexo femenino tiene
toda su lógic...
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— ¿Cuándo? —le pregunto, nuevamente desorientado.
— Cuando hablaba de la estrategia de tu padr...
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— De todas formas —continúa él, mientras gesticula ostensiblemente
con las manos y ...
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— Algo parecido me ocurre cuando leo los libros que me recomiendan
en la facultad. Tienen much...
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Finanzas en USA
— ¿Te reconoces en esta foto, Justo? —me pregunta, mientras señala ...
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— Tu madre no es ninguna de las dos, ¡efectivamente! —me confirma
moviendo los ojos y poniendo...
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— ¡Estás aquí para que responda a todas tus dudas, amigo Justo! —me
autoriza sonrie...
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— Te diré, Justo, que una de ellas ¡sí que estaba invitada! —me dice
riendo—. La de la derecha...
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— El informe financiero sí lo era, ¡pero el resto no! Se trataba de la
oveja negra ...
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— ¡O sea, que nos os habéis visto en todo el milenio! —le digo
utilizando el recurso de la bro...
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— Me consta que mi padre es el director financiero de esa filial y que
tu hermana l...
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— ¡Me parece que tienes mucho peligro, Justo! —exclama riendo—.
Piensa que nosotros lo teníamo...
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actualmente—. De todas formas, supongo que, cuando la ecografía confirmó
su embaraz...
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— Me halaga oír eso —le digo satisfecho.
— Tu padre me ayudó mucho en los inicios de esta empr...
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La piscina del tío Gilito
— ¿Conoces este cuadro, Justo? —me pregunta, tras cambiar...
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— Me estaba acordando de un chiste relacionado con eso de que el
dinero no da la felicidad ¡y ...
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— Pues verás, Justo: además del hecho conocido de que mi familia
tenía dinero, yo f...
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— Sí, eso he dicho. Por eso, en este armario de allí, tengo dos equipos
completos de buceo. Lo...
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Las cartulinas resumen
Mientras nos dirigimos a la mesa de reuniones del despacho d...
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— Bueno, hijo, verás —me dice tras sentarse de nuevo en la silla y
servir el agua—. Aunque est...
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Un joven universitario, aficionado a la pintura y a escribir historias, tiene pesadillas cada noche, convencido de que no va a aprobar su examen de Finanzas. También está preocupado por la desconocida enfermedad de su hermana pequeña y por el impacto negativo que el comportamiento de su madre está teniendo en la convivencia familiar. Cuanto más estudia, más conceptos confusos se amontonan desordenados en su cabeza. Su complaciente padre, afecto de daltonismo, le intenta ayudar, pero paradójicamente no lo consigue, aún siendo un reputado director financiero. Ante la situación, éste decide recurrir a un amigo de juventud, a pesar de la animadversión que le tiene su cerebral esposa. Se trata de un personaje excéntrico, mujeriego y vanidoso, pero que parece tener la capacidad de exponer lo aburrido y complejo de una forma entretenida, original y lógica. El joven protagonista, utilizando los trucos y el colorido modelo conceptual del amigo de su padre, no sólo acaba encajando las piezas de su desordenado puzzle mental: también descubre que una metodología análoga a la que se utiliza en el análisis financiero le sirve para sacar conclusiones y para tomar decisiones en otros ámbitos de su vida.

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  1. 1. LA PISCINA DE TUS SUEÑOS ¡ Finanzas no aptas para daltónicos !
  2. 2. www.lapiscinadetussueños.es Un joven universitario, aficionado a la pintura y a escribir historias, tiene pesadillas cada noche, convencido de que no va a aprobar su examen de Finanzas. También está preocupado por la desconocida enfermedad de su hermana pequeña y por el impacto negativo que el comportamiento de su madre está teniendo en la convivencia familiar. Cuanto más estudia, más conceptos confusos se amontonan desordenados en su cabeza. Su complaciente padre, afecto de daltonismo, le intenta ayudar, pero paradójicamente no lo consigue, aún siendo un reputado director financiero. Ante la situación, éste decide recurrir a un amigo de juventud, a pesar de la animadversión que le tiene su cerebral esposa. Se trata de un personaje excéntrico, mujeriego y vanidoso, pero que parece tener la capacidad de exponer lo aburrido y complejo de una forma entretenida, original y lógica. El joven protagonista, utilizando los trucos y el colorido modelo conceptual del amigo de su padre, no sólo acaba encajando las piezas de su desordenado puzzle mental: también descubre que una metodología análoga a la que se utiliza en el análisis financiero le sirve para sacar conclusiones y para tomar decisiones en otros ámbitos de su vida. Se trata de un relato novelado que, a propósito de las Finanzas, habla de números y de letras, de realidades y de sueños, de detectives y de artistas, de razones y de emociones; basándose en la convicción de que los informes económicos hay que saber analizarlos con la cabeza, ¡pero también con el corazón! La cuantificación monetaria de lo que hacemos y de lo que tenemos constituye una parte indivisible de nuestras vidas y, consecuentemente, conseguir tener un mejor control de todo ello nos ayuda a gestionar eficazmente nuestros proyectos y, por tanto, a ser más felices. No es un texto para especialistas, ni para forofos del análisis cuantitativo, sino para estudiantes o para personas de empresa que se han desanimado en sus intentos de descubrir el atractivo, la lógica y/o la aplicabilidad práctica de las cuentas financieras básicas. Conocer la forma en la que el dinero circula por nuestros proyectos empresariales o personales nos ayuda a conseguir que nunca llegue a ser nuestro jefe, sino que siempre se mantenga como ¡nuestro subordinado!
  3. 3. Ignacio Pradera LA PISCINA DE TUS SUEÑOS ¡ Finanzas no aptas para daltónicos ! ————————————————————————— Un refrescante chapuzón en las cuentas financieras, para aquellos que sueñan con encontrarlas lógicas y emocionantes. —————————————————————————
  4. 4. © 2010, Ignacio Pradera. Diseño e ilustración de portada: Rafel Montané. Primera edición: junio 2010. Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida por ningún medio sin permiso del autor. ISBN 13: 978-84-614-0871-9 Depósito Legal: M-28223-2010 Título: LA PISCINA DE TUS SUEÑOS - ¡Finanzas no aptas para daltónicos! Autor: Ignacio PRADERA RIVERO Idioma: Castellano Bubok Publishing Impreso en España por: Publicep, SL http://www.lapiscinadetussueños.es
  5. 5. A mis particulares Prudencio y Angustias, a mis queridas Fe, Esperanza y Caridad, a los valiosos Scarlett y Justo, to Many People! y, por supuesto, a Bárbara, mi mejor socia y con la que comparto mis tres principales activos. Gracias a todos ellos, —fuente de gran parte de mi inspiración, aún sin coincidir con ningún personaje en absoluto—, ¡me siento realmente “fortunato”!
  6. 6. Índice Introducción ...............................................................................................11 Lunes 20 de mayo de 2010 Justo Igap ...................................................................................................15 Fortunato Green .........................................................................................19 Las piezas del puzzle..................................................................................24 Finanzas en USA........................................................................................29 La piscina del tío Gilito..............................................................................39 Las cartulinas resumen...............................................................................43 Los padres de Fortunato.............................................................................48 El mago de las Finanzas.............................................................................52 Martes 21 de mayo de 2010 La isla del tesoro ........................................................................................61 Las gafas 3D...............................................................................................70 La izquierda y la derecha ...........................................................................77 La experiencia de Fortunato.......................................................................81 Miércoles 22 de mayo de 2010 La planta 2..................................................................................................89 La velocidad del equipo verde ...................................................................96 Las tres columnas.....................................................................................104 Jueves 23 de mayo de 2010 La planta 1................................................................................................111 El quirófano..............................................................................................118 El coste de los productos..........................................................................124 Viernes 24 de mayo de 2010 Fe, Esperanza… .......................................................................................133 … y Caridad.............................................................................................142 La planta tripe ..........................................................................................146 Las Instalaciones......................................................................................150 Las Personas.............................................................................................156 Los Servicios Externos.............................................................................160 El valor de la tripe....................................................................................166 Recursos misteriosos................................................................................172 Lunes 27 de mayo de 2010
  7. 7. El patio exterior....................................................................................... 181 Los gastos azules..................................................................................... 185 La piscina desbordante............................................................................ 190 Los gastos y los ingresos......................................................................... 194 Martes 28 de mayo de 2010 El jardín de la esperanza......................................................................... 201 La rampa roja .......................................................................................... 205 El margen bruto....................................................................................... 210 Otros gastos rojos.................................................................................... 216 El resultado.............................................................................................. 221 Tipos de piscinas ..................................................................................... 226 Miércoles 29 de mayo de 2010 Las plantas subterráneas.......................................................................... 235 El depósito propio ................................................................................... 244 El depósito deuda .................................................................................... 253 Jueves 30 de mayo de 2010 El regalo sorpresa.................................................................................... 263 El parking ................................................................................................ 268 Los tres ratios de liquidez........................................................................ 274 El balance ................................................................................................ 279 Viernes 31 de mayo de 2010 La lógica del proceso creativo................................................................. 287 La interpretación del cuadro.................................................................... 292 La piscina y el edificio ............................................................................ 296 La comparación de fotografías................................................................ 299 Orígenes y Destinos................................................................................. 306 Los roedores ............................................................................................ 312 La belleza de las Finanzas....................................................................... 320 Epílogo La fiesta de puertas abiertas .................................................................... 327 Angustias Idar ......................................................................................... 333 Prudencio Igap......................................................................................... 339
  8. 8. Introducción Las cuentas financieras no son lo más importante que hay en esta vida, pero sí útiles herramientas que nos ayudan a gestionarla mejor, a sacarle un mayor partido. Las Finanzas utilizan números para hablar de dinero y de periodos de tiempo. Por eso, suelen ser consideradas aburridas por todas las personas a las que no nos apasiona operar con números ni hablar demasiado de dinero. Cuando me aproximé por primera vez a las finanzas, lo hice con la misma prevención y con los mismos prejuicios que tenemos la mayoría. Estaba convencido de que se trataba de algo complejo y especializado; de cuyo conocimiento se podía prescindir, basándome en la creencia de que era suficiente con que se encargaran de ello los “fríos y calculadores” profesionales del departamento administrativo-financiero. Posteriormente, me demostraron que el área financiera no podía ser considerada como una insensible zona estanca, aislada del resto. No tardé en descubrir que las finanzas se integran —formando un todo único— con el resto de las unidades funcionales de la organización. Asimismo, fui evidenciando que esa misma realidad está presente en la totalidad de los proyectos —tanto empresariales como personales— que emprendemos. Me di cuenta de que la cuantificación monetaria de lo que tenemos y de lo que hacemos es una parte indivisible de nuestras vidas. Consecuentemente, incorporar sencillas rutinas de análisis financiero en nuestros hábitos cotidianos nos puede ayudar a sentirnos más seguros y, consecuentemente, a ser más felices. La oportunidad que me ha dado la vida de ejercer como médico y como directivo me ha permitido descubrir muchas analogías entre la actividad médica y la gestión empresarial. Las organizaciones son como los pacientes crónicos: siempre tienen algún dolor o queja, alguna disfunción o algún área susceptible de mejora. Lo que hacen los médicos generales con este tipo de pacientes es visitarlos con una frecuencia programada. Les solicitan análisis y otras pruebas diagnósticas que les ayudan a ajustar las dosis de los medicamentos que les prescriben. Durante el curso de su seguimiento periódico, si ven que el paciente precisa la actuación de un especialista, le recomiendan que lo visite. El médico generalista gestiona la salud integral de sus pacientes, sin perder la visión global o de conjunto. La toma de decisiones empresarial exige al gestor que sepa interpretar adecuadamente los análisis y las pruebas de diagnóstico que el sistema de información de su organización genera. Este conocimiento no sólo le permite ajustar correctamente la dosis de las medidas que pone en marcha, sino también evaluar y cuantificar el resultado de las mismas. También le permite
  9. 9. identificar el momento en el que debe consultar un tema complejo al especialista adecuado. Las Cuentas Financieras son imprescindibles herramientas de diagnóstico del estado de salud de las organizaciones. Por consiguiente, hay que estar familiarizado con ellas para poder gestionar eficazmente cualquier actividad, incluso aquellas que no tienen ánimo de lucro. No estamos diciendo que sea necesario tener un conocimiento muy especializado —algo que sí debe reservarse para los profesionales del departamento financiero—, sino únicamente de saber interpretar los estados financieros básicos con naturalidad y lógica. La buena noticia es que llegar a sentirse cómodo delante de los informes financieros básicos es más fácil de lo que parece. Yo era el primero que escuchaba este tipo de afirmaciones con escepticismo, pero la experiencia me ha demostrado que son ciertas. Los múltiples términos técnicos que utilizan los contables y financieros —muchos de ellos de significado engañoso—, el miedo a los números o la falta de un modelo conceptual simple suelen ser las causas por las que se acaba teniendo la falsa creencia de que se trata de algo inasequible y aburrido. El único requisito para convertir algo hostil y antipático en algo amigable y útil, es conseguir exponerlas de manera sencilla, divertida y con razonamientos de “sentido común”. No se trata de aprenderse los conceptos y los términos técnicos de memoria, sino de aplicar razonamientos deductivos lógicos que nos permitan ir integrándolos de forma natural. Las cosas aparentemente difíciles se convierten en juegos de niños, si averiguas los pequeños trucos. La dificultad radica en cómo descubrirlos o en encontrar a las personas que te los revelan. Por ello, estoy enormemente agradecido a todos “los magos” que me han ido explicando “los trucos” que utilizan cotidianamente para hacer su trabajo mejor y su vida más sencilla. Cuando llegas a “hacerte amigo” de la cuentas financieras y, de esta forma, recibes útiles consejos de ellas, te das cuenta de que te ayudan mucho a conseguir tus objetivos, tanto empresariales como personales. Cuando adquieres la capacidad de interpretarlas sin esfuerzo, te resulta mucho más sencillo conseguir que los recursos disponibles se traduzcan en creación de valor y en generadores de felicidad. Una buena gestión financiera, por tanto, puede ayudarnos a cumplir con la responsabilidad social que todos tenemos. De todas formas, tampoco las Finanzas son lo único. No cabe duda de que la valoración periódica del Balance y de la Cuenta de Resultados por parte del manager, debe ser complementada por la interpretación de otras pruebas de diagnóstico empresarial —de naturaleza no financiera— que el buen gestor debe saber solicitar y analizar a tiempo. Además, por muy sofisticado y preciso que sea el sistema de información de una organización, jamás podrá sustituir al contacto directo y habitual con la realidad que se quiere analizar y sobre la que se precisa tomar decisiones. Aislarse en un
  10. 10. despacho, desconectado de lo que sucede en el exterior, pensando que el análisis de números y de informes es suficiente, suele conducir a conclusiones erróneas y a medidas equivocadas. Además, no hay que perder nunca de vista que el análisis y la interpretación de los números no son el fin, sino únicamente el medio. Hay que aspirar a añadir algo de poesía a la fría prosa financiera, si queremos conseguir que nuestro trabajo se convierta en algo más satisfactorio y emocionante. El artista no puede pintar cuadros sin haber conseguido el dominio de los aspectos más técnicos previamente, pero, una vez ha adquirido esas habilidades, siempre debe aspirar a añadir algo de emoción a los aspectos más racionales de sus obras. La técnica del análisis de las cuentas financiaras debe complementarse con el arte de aplicar políticas adecuadas para conseguir que dichas cuentas reflejen realidades empresariales y personales cada vez mejores. De hecho, es esa permanente búsqueda del difícil equilibrio entre razón y emoción, entre técnica y arte, entre prosa y poesía, entre eficiencia y equidad la que debe enmarcar —y también diferenciar— cualquier actividad humana. Utilizando un estilo narrativo, se describe un modelo conceptual didáctico, amigable y de “sentido común” —salpicado con pequeños trucos nemotécnicos— que permite no sólo comprender las finanzas básicas de una forma amena y divertida, sino también retener en la memoria los conocimientos adquiridos. La repetición intencionada de los conceptos clave y los resúmenes pretenden la memorización de todo lo que se expone, sin necesidad de relecturas. Le propongo que acompañe a los personajes por un entretenido camino que debe conducirle a conseguir este doble objetivo de comprensión fácil y de retención duradera de los conocimientos básicos. Durante el recorrido, la descripción de los aspectos más técnicos se integra — formando un todo único— con la exposición de lo que les va ocurriendo a los protagonistas de este relato novelado. El proceso de aprendizaje de cómo interpretar las cuentas financieras y otros informes que proporcionan los sistemas de información se mezcla y se relaciona con el resto de acontecimientos de la vida de los personajes, de manera análoga a como nos ocurre en nuestra vida real… ¡o en nuestros sueños! Observará cómo las diferentes piezas de conocimiento las van encajando, paso a paso, en un sencillo y colorido puzzle de una forma lógica, ¡pero también emocionante! Deseo de corazón que el tiempo invertido en la lectura del libro le termine proporcionando una altísima rentabilidad económica, ¡pero también personal! Todas sus opiniones, sugerencias y críticas serán bienvenidas en la dirección de correo electrónico ignacio@pradera.net.
  11. 11. Lunes 20 de mayo de 2010 Justo Igap — Buenas tardes. Mi nombre es Justo Igap, y tengo una cita programada con el señor Green a las cuatro —le digo a una de las dos mujeres que están manteniendo una divertida conversación tras el mostrador, al que llego tras cruzar una amplia y luminosa recepción. — ¡Buenas tardes! —me responde la más joven de las dos, con una amplia y bonita sonrisa—. ¿El apellido es…? —me pregunta, mientras se inclina hacia delante y dirige su mirada hacia la pantalla del ordenador. — Igap —le repito mi primer apellido justo antes de deletrearlo utilizando el alfabeto de los aviadores: India, Golf, Alfa y Papa. — No lo encuentro —me dice, mientras consulta la agenda—. ¡Hay tantas citas en esta pantalla! ¿Qué día es hoy? —me pregunta segundos después, demostrando muy poca profesionalidad—. ¿Estamos en mayo? — ¡Así es! Hoy es lunes 20 de mayo —le respondo sorprendido. — ¡Qué tonta: estoy mirando la agenda de otro día! —exclama, mientras mueve el ratón del ordenador—. ¡Ahora sí! Aquí veo tu nombre, efectivamente —me dice sonriendo, a la vez que hace girar su silla levemente de lado a lado, con coquetería—. Su despacho está en la planta 3. Tengo que hacer un verdadero esfuerzo para no desviar mi mirada de sus ojos y dirigirla a su llamativo escote, el cual exhibe con un cierto descaro. Se trata de una chica muy guapa con unos espectaculares ojos azules y un cuidado cuerpo de modelo. Habla con un ligero acento extranjero, casi imperceptible, que le aporta un atractivo adicional. La verdad es que su cara me suena mucho, pero, por más que lo intento, ¡no consigo saber de qué! Quizás la he visto en algún anuncio o en alguna revista de moda de esas que compran mis hermanas y que, por eso, suelo ver por casa. — Conociendo lo programado y ordenado que es nuestro jefe, el señor Green —continúa ella—, debe estar esperándote. ¿Quieres que te acompañe? Calculo que debe tener la misma edad que mis hermanas mayores, mes arriba o abajo. Ellas cumplirán veinticinco años esta misma semana. No sé muy bien si por esa razón o por las costumbres de su país de origen, me tutea. Dudo si hacer lo mismo, pero, teniendo en mente los siempre acertados consejos de mi padre, me decido por la opción más prudente: — No es necesario que se moleste, gracias. Puedo subir solo, si es tan amable de indicarme el camino —le contesto, sin poder impedir ponerme
  12. 12. La Piscina de tus Sueños 16 rojo como un tomate y lamentando, una vez más, las grandes limitaciones que me genera mi maldita timidez. — ¡Como quieras, tesoro! —exclama muy efusivamente—. Puedes ver el ascensor desde aquí —añade, mientras lo señala con su dedo y clava su mirada en mis ojos—. Está allí: justo en el vértice del fondo. El ascensor te llevará a la última planta, la tercera, donde encontrarás al señor Green esperando tu llegada. Ahora mismo le aviso de que subes. — Muchas gracias —le digo, deseando que acabe de darme instrucciones y que deje de seguir percibiendo lo sonrojado que estoy. — Recuerda, ¡guapísimo! —me dice, disfrutando de la situación—, la tercera planta. Ni la uno, ni la dos: ¡la tres! Si se lo dices a SIBI, él te informará y te guiará hasta donde quieres llegar. Y por cierto, durante el recorrido podrás observar que la planta 1 ¡tiene el mismo color que tu cara! — Lo tengo claro, gracias —le digo asintiendo con la cabeza y fingiendo serenidad, pero sin poder evitar que mis cuerdas vocales me traicionen, emitiendo un sonoro gallo, que provoca la risa de las dos. Decido darme la vuelta para dirigirme al ascensor. En ese mismo momento, escucho como la chica rubia, con la que he estado manteniendo esta incómoda conversación, le cuchichea a la mujer morena: — ¡¿Has visto, Irene, qué guapo y qué alto es este chico?! Me recuerda mucho a Paul Newman de joven, aunque su estatura es mayor. Sonrío ruborizado y perplejo a la vez; permanezco de espaldas a ellas, sintiéndome incapaz de darme la vuelta. ¡Me noto como paralizado! La verdad es que no me cuadra que una persona del nivel y de la reputación del señor Green confíe la recepción de su empresa en unas personas que muestran una actitud tan poco formal. El hecho de que me haya llamado tesoro, sin conocerme de nada, lo encuentro muy inadecuado. Me pregunto acerca del tipo de política de recursos humanos que deben tener en esta empresa. No sé si se tratará de algo anecdótico y excepcional, pero me temo que, como esto siga así, quizás tenga que darle la razón a mi madre. Ella es muy crítica con el estilo de vida y la forma de ser del amigo de mi padre, y con el tipo de mujeres con las que le ha gustado relacionarse desde joven. De todas formas, y como todo el mundo sabe, no es sencillo librarse de los habituales reproches de mi madre. Parece ser que el hombre con el que estoy citado hoy me visitó en la clínica tras mi cirugía de apendicitis, pero la verdad es que no lo recuerdo bien. Quizás sea normal: además de que vino mucha gente a verme, ¡yo tan sólo tenía 10 años! — ¡Hasta luego, Justo! ¡Qué vaya todo bien! —me desean las dos al unísono, interrumpiendo bruscamente mis pensamientos.
  13. 13. ¡Finanzas no aptas para daltónicos! 17 — Gracias —les digo, mientras levanto mi brazo derecho, como ademán de despedida, y empiezo a caminar en dirección al ascensor. Al avanzar, observo unas instalaciones con un original diseño funcional. Veo una enorme planta baja diáfana con una curiosa forma triangular y con una gran iluminación natural. La luz exterior entra a través de un espectacular acristalamiento, que se extiende de suelo a techo y que actúa de cerramiento en todo el perímetro de la planta. Los vidrios tienen una bonita tonalidad azulada, a juego con el color de las columnas. A medida que progreso por la planta, voy observando diferentes puestos de trabajo, ocupados por personas activas y sonrientes. Veo muy pocas puertas o compartimentaciones del espacio. Todo refleja transparencia, orden y un clima de trabajo agradable. No se percibe, al menos hoy, tensión o mal humor, algo tan frecuente en muchas empresas. — ¡Buenas tardes! —me dicen las personas que están formando un pequeño grupo de trabajo en una mesa cercana al pasillo central por el que voy avanzando en dirección al ascensor. — ¡Buenas tardes! —les contesto sonriendo, pero sin detenerme. Cuando llego al vértice del fondo, me encuentro con el ascensor. Un detector de movimiento provoca la apertura de sus puertas correderas de cristal. Me quedo impresionado al ver su tamaño. Se trata de un enorme ascensor rectangular y acristalado por los cuatro lados, muy en línea con el estilo constructivo general. Sus dimensiones interiores me recuerdan a las que tienen los ascensores de los hospitales, preparados para que quepan camillas o equipos médicos grandes en su interior. Busco los botones de los pisos, pero no los encuentro. En el interior, sólo hay un robot blanco de alrededor de un metro de altura y con una gorra de Toshiba puesta. Cuando me pregunto qué hacer, observo que el humanoide empieza a hablarme: — My name is SIBI. My role is to provide you with information. You are on the tripe floor. Can you tell me what your needs are? Inmediatamente después de mi enorme sorpresa, traduce: — Mi nombre es SIBI. Mi papel es aportarle información. Usted está en la planta tripe. ¿Puede decirme cuáles son sus necesidades? — ¡Quiero ir a la planta tres, por favor! —le digo en voz alta, mientras pienso que el señor Green debe ser partidario no sólo de que en sus empresas haya mujeres atractivas, y quizás algo descaradas, sino también de que sus instalaciones dispongan de las últimas tecnologías. Me llama la atención oír al robot decir “planta tripe”, en lugar de “planta baja”, pero bueno… Quizás se trate de una palabra inglesa que no sabe traducir. No sé, la verdad…
  14. 14. La Piscina de tus Sueños 18 Inmediatamente después, mientras con su brazo articulado derecho me hace una fotografía con flash, con el izquierdo me imprime y me entrega un consentimiento relativo a la Ley de protección de datos de carácter personal. — Le doy mi consentimiento —le digo al robot, completamente alucinado, tras leer el texto muy por encima. Instantes después, el ascensor se pone en marcha e inicia el ascenso. La transparencia de sus paredes de cristal me permite ver el interior de las plantas, a medida que voy ascendiendo. Al darme la vuelta, veo un curioso patio exterior con objetos de colores muy llamativos. Hay cámaras de vídeo repartidas por todas las instalaciones. También observo, en cada planta, una gran pantalla plana emitiendo información. Es evidente que, a la hora de diseñar este curioso y original edificio, se buscó que todo estuviera a la vista. Llama la atención las diferencias en las alturas de los pisos. Me encuentro en uno de esos lugares especiales que, tras visitarlos, no se olvidan fácilmente. — Planta 3, la isla del tesoro —me dice el robot, indicándome que había llegado a mi destino. — ¡¿La isla del tesoro?! —me pregunto extrañado nuevamente. La verdad es que todo me está resultando muy impactante. Me viene a la mente la advertencia de mi padre sobre las frecuentes excentricidades de su amigo. Me dijo que el señor Green acostumbra a defenderse de ese tipo de críticas diciendo que sus presuntas extravagancias no son tales, sino trucos nemotécnicos que le ayudan a recordar fácilmente las cosas. Me recomendó que no interpretara las cosas extrañas que viera como caprichos de un loco o de un provocador, sino como técnicas eficaces y prácticas de una persona muy cuerda. Me advirtió que me iba a encontrar con un hombre muy observador y enamorado del razonamiento lógico, pero al cual, además, le encantaba añadir enfoques artísticos a las tareas más técnicas. Me dijo algo así como que disfrutaba intentado equilibrar, combinando en las proporciones adecuadas, la ciencia y el arte, los números y las letras, la razón y la emoción. Mi padre me reconoció, no obstante, que no todo lo que iba a ver en ese hombre serían virtudes: parece ser que su amigo es una persona egocéntrica, megalómana, vanidosa y con marcados rasgos narcisistas, los cuales le inducen a estar obsesionado por llamar la atención. Parece ser que estos rasgos de carácter le hacen meter la pata con frecuencia, diciendo cosas ofensivas o, incluso, revelando secretos o confidencias, la mayoría de las veces de forma involuntaria. Su necesidad insaciable, que parece rayar lo patológico, de sentirse valorado, ingenioso y original le mueve a cometer este tipo de errores. También me dijo que el señor Green padece de impulsividad y de déficit de atención. En fin, ya veremos con lo que me encuentro…
  15. 15. ¡Finanzas no aptas para daltónicos! 19 Fortunato Green — Planta 3, la isla del tesoro —me repite el humanoide, tras unos segundos. La puerta sigue sin abrirse, por lo que interpreto que se trata, asimismo, del acceso al interior de la planta y que, por tanto, se requiere que la orden de apertura sea dada desde el otro lado. Cuando me dispongo a buscar la forma de notificar mi llegada, las dos enormes hojas de vidrio que forman la puerta corredera se desplazan lateralmente, invitándome a salir del interior del ascensor. En ese momento, aparece un hombre que, sin ningún género de dudas, se trata de la persona con la que estoy citado. Su apariencia física es, exactamente, ¡tal como me la habían descrito! — ¡Buenas tardes, Justo! —me dice. Soy Fortunato Green. Llegas a la hora exacta. Celebro esta puntualidad. — Buenas tardes, señor Green —le respondo, manteniéndome a la espera de que me tienda su mano y notando “mariposas en el estómago”, con una sensación a caballo entre el temor y el respeto. Me encuentro frente a un hombre que ronda los cincuenta años y que tiene un aspecto realmente especial. Si tuviera que describir su aspecto físico, con lo primero que pasa por mi cabeza, diría que se trata de una extraña mezcla entre ¡el detective Sherlock Holmes y el artista Salvador Dalí! Noto como sus ojos, increíblemente abiertos y de un color marrón claro —casi miel—, se me clavan con una mirada aguda y penetrante. Percibo que su vista me recorre, como si me estuviera haciendo un rápido escáner corporal y cerebral para emitir, posteriormente, un rápido y preciso informe diagnóstico. Estando frente a él, la vista se me desvía hacia unas llamativas gafas de sol, con una montura multicolor, que lleva colocadas sobre la cabeza a modo de diadema. También veo un auricular inalámbrico, en su oreja derecha, parecido a los pinganillos que utilizan los locutores de televisión. Tiene un pelo castaño oscuro sin una sola cana, pero con marcadas entradas laterales. Un peculiar bigote de extremos arqueados hacia arriba, bajo una fina nariz aguileña, y una sonrisa irónica de pícaro seductor son otras facciones destacadas de su cara. Se trata de un tipo con una altura cercana al metro ochenta y que conserva una complexión fuerte y atlética. Juega con una pipa apagada y lleva puesta una bata blanca que no sé decir si es más propia de un médico o de un pintor. Una llamativa corbata verde, con un gran nudo, hace juego con una camisa de rayas del mismo color, ¡y con su apellido! No cabe duda de que me encuentro, tal como me lo describió mi padre, ante una persona
  16. 16. La Piscina de tus Sueños 20 singular a la que no le faltan algunos elementos extravagantes, los cuales, con tanta frecuencia, van asociados al talento o la genialidad. ¡Estaba advertido! — ¡Caramba, chaval!, parece que estoy viendo a tu padre en nuestra época universitaria —exclama el señor Green con una voz sonora y enérgica, mientras me extiende la mano—: ¡cada vez te pareces más a él! Pasa, por favor. Me avisaron de que estabas llegando y, además, a través de la pantalla de esta planta, he estado observando como explorabas todo, mientras subías. — ¿Ah, sí? —le pregunto con una voz apagada y temerosa. — ¡Sí, así es! —me dice enérgicamente, con un tono de voz que contrasta enormemente con el mío—. ¿Te ha gustado el estilo “open space” y tecnológico de nuestras instalaciones, chico? —me pregunta a continuación. — Pues verá señor Green… — Me gusta saber todo lo que pasa en mi empresa con tan sólo echar un rápido vistazo —continúa hablando a todo a velocidad, sin darme tiempo a responder a su pregunta—. ¿Sabes una cosa, hijo? —añade inmediatamente después—: odio tener que revisar tediosos informes repletos de pequeños números difíciles de leer para saber lo que está pasando en cada momento. — Entiendo —le digo tímidamente. Me noto muy tenso e inseguro, completamente incapaz de controlar mis nervios. Mi padre dice que sólo se tiene una oportunidad para causar una buena primera impresión, pero me temo que voy a desaprovecharla en esta ocasión. Me siento acomplejado ante esta persona que demuestra tanta energía y tanta confianza en sí mismo. ¡Parece una roca sin fisuras! — Todos repetimos con frecuencia —continúa marcando un elevado ritmo de conversación— aquello de que una imagen vale más que mil palabras, pero no solemos ponerlo en práctica luego. Me gusta observar las cosas y aplicar simples razonamientos deductivos, a los que me gusta sazonar con gustosos aliños artísticos. Hay muchos placeres de los que disfrutar en esta vida, y los años pasan con una velocidad endiablada, ¡¿no te parece?! — ¡Si, desde luego! —le contesto, siendo consciente de que tengo que hacer auténticos esfuerzos para seguir el ritmo de conversación que establece. — Mantener la atención en algo durante mucho tiempo —continúa como si nada—, me representa un trabajo enorme que me siento incapaz de realizar. Para que nos de tiempo a hacerlo todo, a cada actividad hay que dedicarle el tiempo justo, ¡ni un segundo más!, ¿no crees? —me vuelve a preguntar mi opinión, mientras se pone a reír con sonoras carcajadas. — Bueno, señor Green, estoy seguro de que usted tiene una agenda muy apretada. Quizás le pillo en un momento muy ocupado —le digo agobiado—. Si es así, puedo volver en otro momento.
  17. 17. ¡Finanzas no aptas para daltónicos! 21 — ¡En absoluto, chico! —me replica con contundencia—. Tu visita la tenía planificada. Las cosas hay que hacerlas en el momento en que están programadas. Las tareas a realizar son como pelotas de tenis que te van lanzando: si las golpeas a medida que te llegan, ¡no se te acumulan nunca! — ¡Eso mismo me recuerda mi padre habitualmente! —ratifico. — Quiero que sepas algo: para compensar mi predisposición natural al despiste y a la pérdida de atención, doy mucha importancia a mantener el orden en mi agenda y en mis cosas; ¡aunque mi aspecto pueda hacerte pensar lo contrario! —me dice con una voz muy elegante, propia de un actor de doblaje—. ¡Estoy muy contento de que hayas venido a verme, hijo! — ¡Mil gracias, señor Green! Es muy amable de su parte dedicarme tanto tiempo, tratándose de una persona tan importante y ocupada. — ¡Es sorprendente! —exclama justo después—. ¡Esto parece el túnel del tiempo! Es como si hubiera regresado a mi época de facultad y estuviera hablando con mi querido amigo Pruden. Desde luego, ¡no puedes negar que eres hijo suyo! Estoy seguro de que te ha contado muchas cosas sobre mí y, también, de que te ha insinuado que estoy un poco majareta. — Sí, señor Green, efectivamente. — ¡Caramba! ¡¿Te ha dicho tu padre, tan abierta y claramente, que estoy chiflado?! Conociendo la mesura de tu padre, no contaba con eso. — ¡No, señor Green, por supuesto que no! —me apresuro a contestar, abochornado por el malentendido—. Quería decir que, efectivamente, mi padre me ha contado muchas cosas sobre usted y que también todo el mundo nos dice que nos parecemos mucho, cosa que me enorgullece. — Pues no me extraña que estés orgulloso de ello. ¡Qué gran tipo es tu padre! Desde que nos conocimos, en el primer año de la carrera de Económicas, hemos tenido una excelente relación y una intensa complicidad. Nos caímos muy bien desde el inicio, a pesar de que nadie lograba entenderlo: no coincidíamos ni en origen social, ni en forma de ser, ni en aspecto físico, ni, por supuesto, ¡en ideología política! Pero lo más grave no era nada de todo lo anterior: ¡uno era del Real Madrid y el otro del Barça! — Sí, lo sé. Algo de todo eso me han explicado en casa —comento escuetamente, evitando dar una opinión prematura sobre temas polémicos. — Lamentablemente, tras acabar ambos nuestra etapa de universitarios —continúa a toda velocidad—, nos vemos con menor frecuencia de la que quisiéramos. Nuestros encuentros tienen, casi exclusivamente, motivos laborales. De hecho, va a hacer diez años que no he tenido la oportunidad de ver a tu madre o a tus hermanas. Recuerdo muy bien que fue en la clínica Teknon de Barcelona y que era ¡el uno de enero del año 2.000!
  18. 18. La Piscina de tus Sueños 22 — Supongo que fue al día siguiente de que me operaran de urgencia, tras padecer aquella inoportuna e imprevista apendicitis —le digo, pero sin ser capaz de visualizar ese momento, tal como les reconocí a mis padres. — ¡Cierto! —me confirma—. ¡Menuda resaca tenía yo esa mañana, por cierto! Era el día siguiente de esa sonada fiesta que organizamos para celebrar nuestro cumpleaños, el fin de año, el fin de siglo ¡y el fin de milenio! — ¡Supongo que estaba justificado! —opino comprensivamente—. Mis padres me han explicado que estaba previsto que, en ese fin de año, celebráramos nuestro cumpleaños conjuntamente. ¡Yo cumplía 10 años! — ¡Y mi hermana gemela y yo cumplíamos 40 en ese mismo día de fin de año! —exclama—. El 31 de diciembre del año actual cumpliremos los tres ¡diez años más! ¡Qué curiosa casualidad!, ¿no te parece? — Supongo que esa circunstancia de que naciéramos el mismo día del año es como ¡para dejar de creer en los horóscopos! —le digo, con la intención de que se lo tome como un cumplido. — ¡La modestia es el refugio de los mediocres, chaval! —exclama. — Ese acontecimiento médico inesperado nos obligó a cambiar de planes —le digo, incapaz de replicar su arrogante comentario. — Hay que saber improvisar —me dice—, pero siempre disponiendo de un guión bien aprendido, ¡como hacen los buenos actores! — Lo que recuerdo es que, mientras el buenazo de mi padre estuvo acompañándome y tomando las uvas de fin de año conmigo en la clínica, mi madre y mis hermanas mayores se fueron a la fiesta que usted organizó en su casa, después de que me vieran soplar las velas en la habitación de la clínica. — ¡No debimos tratarlas muy bien! —exclama riendo—. Desde ese día, tu madre se ha comportado como si no quisiera volver a vernos. Me encojo de hombros y elevo mis cejas. — La verdad es que tenemos familias y estilos de vida muy diferentes —continúa él, consciente de que conozco las opiniones de mi madre—; pero sabemos que, tanto tu padre como yo, aunque nos veamos poco, estamos siempre disponibles y listos para echar una mano en el momento que se precise. Ésta es, precisamente, mi idea de la amistad, ¿no te parece, hijo? — Veo que el aprecio y el reconocimiento es recíproco, señor Green. Mi padre habla maravillas de usted también. Dice que es la persona más ingeniosa, brillante y original que ha visto en toda su vida —le digo, teniendo en mente el consejo de mi padre de que no olvidara elogiarle con frecuencia. — ¡¿Eso dice?! —me pregunta con cara de satisfacción. — De hecho, estoy aquí por su recomendación. Me dijo que estaba seguro de que me resolvería, en muy poco tiempo, el “cacao mental” que
  19. 19. ¡Finanzas no aptas para daltónicos! 23 tengo ahora. Me pronosticó que usted me explicaría las cosas de una forma tan sencilla y creativa, que me quedaría asombrado. Dice que no conoce a nadie con su habilidad para transformar una cosa compleja y aburrida en algo simple y divertido, ¡en algo lógico y emocionante! — ¡Caramba, qué bien suena todo esto que dice tu padre acerca de mí! —exclama, confirmando que le encanta ver satisfecha su vanidad. — Él repite con frecuencia que usted actúa como si fuera un detective con capacidad para resolver casos complejos utilizando la lógica deductiva, pero que, además, lo hace con un arte especial que lo diferencia de los demás. Dice que su capacidad para combinar técnica y arte, buscando un equilibrio adecuado en las proporciones, constituye la clave diferencial de su trabajo. — ¡Qué espectacular es lo de tu padre! —exclama riendo el señor Green, mostrando una perfecta dentadura, cuyo color blanco intenso destaca en una cara con la piel muy bronceada—. Tu padre sí que es una persona verdaderamente equilibrada. Es el mejor especialista en finanzas que conozco; y no sólo por sus conocimientos, sino también por su integridad. — Me agrada mucho oír todo eso, señor Green. — Tu padre suele enviarme a los becarios y a los estudiantes en prácticas que pasan por su empresa, para que pasen unos días conmigo. Les dice que van a aprender todo lo esencial de una forma casi mágica. — ¿Y lo hacen? —le pregunto rápidamente, como un acto reflejo. — Veo que, a pesar de los comentarios tan positivos de tu padre, has venido aquí poco convencido de que te será muy útil. — ¡No, señor, en absoluto! —balbuceo, sintiéndome la persona más torpe del mundo—. ¡No era mi intención hacer esa pregunta tan estúpida! Estoy seguro de que será de las mejores cosas que habré hecho en mi vida. — ¡Tampoco hace falta que te pases, amigo Justo! —exclama riendo. En ese preciso momento, oigo como su teléfono móvil emite un sonido de aviso, el cual recibo con la misma alegría que demuestra un boxeador grogui cuando suena el gong que anuncia la finalización de un asalto, después de haber recibido una avalancha de golpes.
  20. 20. La Piscina de tus Sueños 24 Las piezas del puzzle — Disculpa la interrupción, Justo — me dice, tras echar un fugaz vistazo a la pantalla de su Blackberry—. Tengo programado un sistema de avisos, con mensajes a mi móvil, que me informa de todas las circunstancias relevantes que ocurren en la empresa, justo en el momento en el que se producen. — ¡No tengo nada que disculpar! —le replico—. ¡Estaría bueno! Además, tengo que confesar que me ha venido muy bien un breve descanso. — ¿Por qué me dices eso? —me pregunta, como si no hubiera percibido nada destacable durante esos últimos minutos tan intensos. — Porque me resulta difícil seguir la conversación, al elevado ritmo con la que usted la establece. ¡Estoy impresionado con su capacidad dialéctica e intelectual! No sé si, a este ritmo, seré capaz de aprender algo. — Ja, ja, ja —se carcajea—. Me gusta empezar poniendo a prueba al alumno y determinando su nivel inicial. Verás como no será preciso que yo baje el ritmo, hijo: ¡serás tú el que lo termine subiendo! — No sé —le digo con escepticismo, echando de menos mucha más confianza en mi mismo de la que noto. — Antes de la interrupción, me estabas preguntando si todos mis alumnos que vienen aquí aprenden de una forma rápida y sencilla, ¿verdad? — ¡Me temo que así es! —le respondo avergonzado. — Te puedo decir que lo consiguen unos más que otros; pero que, globalmente hablando, conseguimos los objetivos. ¡Especialmente si son chicas guapas! —añade, volviendo a carcajearse. — Estoy seguro de que conmigo se cumplirán las expectativas también; pero, en el caso de que no fuera así, ¡sería por mi culpa! —le digo, en un intento de hacer un comentario más afortunado que el anterior. — Tengo que confesar —continúa, como si no hubiera escuchado mi última afirmación— que con las chicas pongo especial interés para que salgan de aquí…, como diría… ¡muy satisfechas! — ¡Claro, claro! —le digo con cara de circunstancias, y sintiéndome muy inseguro ante este hombre tan rápido e imprevisible. — Recuerdo que una de las chicas fue realmente especial. Me impactó desde el primer día en que la vi —afirma, cambiando el semblante de su cara—. Creo tener un sexto sentido para identificar a las personas con talento.
  21. 21. ¡Finanzas no aptas para daltónicos! 25 — Lo que usted dice sobre sus preferencias por el sexo femenino tiene toda su lógica —le digo—. Por eso, me temo que yo no voy a ser su tipo — añado, como si me tuviera que disculpar por el hecho de ser varón. — Tú eres hijo de Don Prudencio, joven. ¡Y eso tiene muchísimo valor en esta casa! —me dice, dándome un sonoro manotazo en la espalda. — Lo celebro —le digo tímidamente. — Supongo que esto de generar excesivas expectativas sobre mí, lo inició tu padre como estrategia para intentar quedarse él con la chica más guapa de la clase —continúa, adoptando un tono de broma, que no impide poner de manifiesto algo de falsa modestia. — ¡¿Cómo?! —le pregunto, sintiéndome algo aturdido tras la nueva ráfaga de rápidos comentarios, que vuelvo a encajar como puñetazos. — Yo creo que tu padre, con esa estrategia de hablar tan bien de mí, buscaba que la gente se quedara decepcionada posteriormente. Algo parecido a cuando te hablan demasiado bien de una película de cine, ya sabes... — Sé a qué se refiere, señor Green; pero estoy seguro de que a mí no me defraudará —le digo desconcertado tras su último comentario. Salta a la vista que a este hombre le han gustado siempre mucho las mujeres, quizás incluso más que el dinero. Se le ve muy impulsivo y provocador, pero también ocurrente, irónico, ambicioso e intelectualmente inquieto. Ahora recuerdo que mi padre también me avisó de que le gusta poner a prueba a su interlocutor y mantenerle con un alto grado de atención. Me dijo que utiliza, para ello, repentinos cambios de ritmo o de expresión facial y, asimismo, introduce en su discurso elementos chocantes o aparentemente contradictorios. Pienso que mi padre, aunque todo el mundo coincide en que era muy guapo de joven, lo debía tener “muy crudo”, durante su época universitaria, compitiendo por las chicas con un tipo como éste. A su edad, todavía conserva un gran atractivo personal. Imagino que con veinticinco años menos, ¡su capacidad de seducción debía ser tremenda! — Haré todo lo posible para no defraudarte —me dice, al hilo de mi último comentario e interrumpiendo mis pensamientos—, pero si tú no quieres hacerlo conmigo, debes dejar de tratarme de usted. Tu padre, a tu edad, me llamaba Fortu; y me resulta extraño ver como “su clon” no lo hace. — Muchas gracias —le respondo, poniendo cara de aceptación y de agradecimiento a la vez—. Lo intentaré, Fortu, pero no me resulta fácil tutear a personas que me inspiran un gran respeto, como usted. — ¡¿Cómo?! —exclama con tono de voz muy alto. — ¡Perdón!, quiero decir ¡como tú! —le respondo inmediatamente. — Además —se apresura a advertirme—, antes estaba bromeando.
  22. 22. La Piscina de tus Sueños 26 — ¿Cuándo? —le pregunto, nuevamente desorientado. — Cuando hablaba de la estrategia de tu padre para quedarse con la chica más guapa de la clase —me responde inmediatamente. — ¡Estaba seguro de ello! —le digo, sin saber por dónde me iba a salir. — Tu padre, persona generosa donde las haya, jamás competía conmigo en nada. Todo lo contrario: procuraba ayudarme en todo lo que me interesaba, ya fuera una chica, una materia de estudio o cualquier otra cosa. Era tan generoso y bonachón que, a veces, pecaba de excesivamente ingenuo. — Conociéndolo, no me cabe la menor duda de ello —afirmo. — ¡Es curioso! —me sigue explicando—: recuerdo que todo el mundo decía que él era mucho más alto y más guapo que yo. No sé si lo sabes, pero le llamaban el Paul Newman del curso. Debo reconocer que, como yo era muy competitivo y tenía mucho amor propio, eso me producía cierta envidia. — Sabía lo de su parecido con ese actor, sí —le explico—. De hecho, mi madre lo repite orgullosa con frecuencia, alardeando de ello. — En cambio —continúa él—, tu padre era tan tímido y soso que no ligaba demasiado. En caso contrario, ¡habría sido un competidor durísimo! — Ese rasgo de su personalidad, mi madre lo recuerda con menor frecuencia —le digo con una sonrisa, encantado de haber encontrado una oportunidad para soltar algo de tensión y relajarme un poco. — Lo sé —me dice sonriendo—. Su obsesión por el conocimiento detallado de las cosas hacía que las chicas se aburrieran un poco hablando con él. ¡Una auténtica pena! —exclama con un evidente tono irónico. — Mucho me temo que yo he heredado esos rasgos de su carácter. A mí me gusta mucho leer, escribir y recopilar información. La verdad es que mi padre me cuenta lo justo acerca de su época de joven: ¡es tan reservado! — ¿No te ha contado andanzas de nuestra juventud? —me pregunta—. Recuerdo que siempre le repetía la misma recomendación: “Pruden, ¡abre los ojos!: las chicas salen con nosotros para divertirse, no para que les deslumbremos con nuestros exhaustivos conocimientos”. — Creo que era Winston Churchill el que decía que “a las personas nos gusta aprender, pero no nos agrada que nos den lecciones”. — ¡Excelente cita, hijo! — Bueno, soy aficionado a ellas. Tengo una gran colección de frases atribuidas a personajes célebres. Me son muy útiles algunas veces. De todas formas —añado, poniendo de manifiesto el bajo nivel de auto-confianza del que parto—, si hablamos de finanzas, me temo que yo necesito que me den unas cuantas lecciones.
  23. 23. ¡Finanzas no aptas para daltónicos! 27 — De todas formas —continúa él, mientras gesticula ostensiblemente con las manos y actúa como si no hubiera oído mi último comentario— yo añadiría que nos gusta aprender, pero divirtiéndonos—. ¡Hay que entretener! Sabes que cuando le preguntas a una mujer sobre lo que más le atrae de un hombre, es frecuente que contesten que se trata del sentido del humor. — Me suena haber oído eso, sí —le digo, tirando pelotas fuera. — Si bien hay mucho de verdad en eso que dicen —continúa hablando como una ametralladora—, todos sabemos que si las cosas divertidas se las cuentas en un yate, en buen coche, o en la mesa de un restaurante caro, ¡todavía les hacen más gracia! —exclama en alto, volviendo a carcajearse. — Sí, supongo que el dinero hace a un hombre más atractivo para muchas mujeres —intervengo, tras ser incapaz de encontrar algo mejor que decir—. Mi padre, desde luego, no podía contar con ese recurso de joven. — Bueno, Justo, relacionado con lo que estás diciendo, tu padre siempre me recordaba que yo podía tomarme la vida de manera más relajada que él, sabiendo que me terminaría cayendo una buena herencia. — Supongo que saber que se cuenta con eso debe disminuir enormemente los temores o las incertidumbres sobre el futuro —le digo. — Te respondo con las mismas palabras que utilizaba al hablar de ello con tu padre: puede ser mucho mejor heredar estatura, como es vuestro caso, que dinero. Los centímetros de altura que se heredan no sólo te aportan un mejor aspecto físico, sino que además ¡están exentos de tributación! — ¡Muy ingenioso! —le digo sonriendo y observando que, al estar conversando de pie, le paso unos cuantos centímetros—. Supongo que los genes que heredas determinan mucho el curso que luego sigue tu vida. — Además —añade, poniendo ahora una cara más propia del detective que del pintor surrealista—, los centímetros de altura ¡se pueden traducir fácilmente en dinero, mi querido amigo! — ¡¿Traducir altura en dinero?! —le pregunto perplejo. — ¡Como lo oyes, hijo! En esta empresa, lo hacemos todos los días. — Me temo que me he vuelto a quedar fuera de juego —le reconozco. — Pronto descubrirás cómo lo hacemos, my dear Watson! Pero ahora, quisiera volver a lo de tu padre. Recuerdo que también le solía repetir lo siguiente: “Pruden, recuerda que el secreto infalible para aburrir a la gente consiste en tratar de explicárselo absolutamente todo”. — ¡Sé de qué me estás hablando! Cuando le pido a mi padre que me explique algo, me da tal cantidad de información que me acaba liando un poco. Supongo que sabe demasiado y que le resulta difícil resumir lo básico. — ¡Eso le ha pasado toda su vida! —afirma convencido.
  24. 24. La Piscina de tus Sueños 28 — Algo parecido me ocurre cuando leo los libros que me recomiendan en la facultad. Tienen muchas páginas plagadas de letras y números pequeños. Yo creo que están escritos más para profesionales especialistas que para estudiantes. — Yo he sido siempre muy crítico con algunos planes docentes: son tan ambiciosos, en relación con la cantidad de conocimientos que pretenden que los alumnos adquieran, que acaban consiguiendo que éstos finalicen su formación, tras perder un montón de horas de estudio, sin tener claro ni lo más elemental. Yo achaco a eso, quizás por mi necesidad de encontrar una causa externa, los problemas de aprendizaje de mi infancia y juventud. — Desde luego, es muy frustrante ver como cuantas más horas le dedico al estudio, más conocimientos confusos tengo en mi mente. — Recuerdo que tu madre se aprendía todo de memoria en la facultad, como un papagayo, pero sin asimilar ni comprender bien los conceptos. Por eso, ella no se acuerda de casi nada ahora, ni tan sólo de lo más elemental. Y como ella no tuvo la oportunidad de aprender con la práctica posterior, al no trabajar nunca fuera, se produce la aparente paradoja de que una ejemplar estudiante con excelentes notas se considera incapaz de darle clases a su hijo ahora. De todas formas, no te pongas tan serio. Sonríe, ¡que la vida es bella! — ¡Uno de mis objetivos prioritarios es poder recuperar el buen humor que yo tenía antes de empezar la Universidad! —le digo preocupado. — Lo que te está pasando es algo parecido a como si, en el interior de tu cabeza, hubiera un montón de piezas de puzzle revueltas. Por eso, para evitar perderlas como le ha ocurrido a tu madre, lo que tienes que hacer es ir encajándolas poco a poco. Descubrirás que todo es más sencillo y divertido de lo que crees. Me temo que te has intentado meter tantos conceptos en la cabeza en tan poco tiempo, que has sido incapaz de asimilarlos. Tienes ¡una indigestión conceptual!: todo te suena, pero crees que no sabes nada. — ¡Esa es exactamente la desagradable sensación que tengo! —le reconozco—. Me siento frustrado, porque creo que no he aprovechado bien tantas horas de estudio. Supongo que los árboles no me dejan ver el bosque. — Llevamos mucho tiempo hablando aquí, junto al ascensor. Desde mi grave accidente de coche, que tuve tras celebrar mi treinta cumpleaños, ¡el mismo día que tú naciste, por cierto!, tengo que evitar permanecer mucho rato de pie, para que no me empiecen a protestar las lumbares. Acompáñame, que te mostraré algo que te hará gracia —me dice, mientras me invita a pasar.
  25. 25. ¡Finanzas no aptas para daltónicos! 29 Finanzas en USA — ¿Te reconoces en esta foto, Justo? —me pregunta, mientras señala a una gran pantalla de plasma situada junto a su mesa de despacho. — Bueno, diría que yo no aparezco en ella. Supongo que ese chico de allí —le digo, mientras apunto con mi dedo índice— se trata de mi padre. Sé que no soy yo, ¡porque puedo combinar mucho mejor los colores de mi ropa! — ¡Efectivamente! —me dice complacido—. Aquí me puedes ver, junto a tu padre, en el año que yo cumplía veinticuatro y él veintitrés. Tu padre es un año menor. ¡Fíjate en la preciosa melena que lucía yo entonces! — Ya veo —le digo, poniendo cara de circunstancias. — Nos matriculamos en un curso sobre Finanzas en la Universidad de Harvard. Decidimos aprovechar la última semana del mes de agosto de ese año para mejorar nuestros conocimientos en ese prestigioso centro de Boston. Como ves —me dice, mientras realiza movimientos circulares con su pipa por delante de la pantalla—, aparecemos todos los alumnos matriculados. — ¡No se puede negar que nos parecemos! —le reconozco asombrado. — De esta foto hace ya…., déjame calcular… ¡veintiséis años! ¡Qué barbaridad, cómo pasa el tiempo! La verdad es que es un gran error complicarnos la vida, con lo rápido que pasa. La edad me ha demostrado que no vale la pena perder el tiempo con algo que sea complejo o que no se entienda fácilmente —me dice con un semblante serio y reflexivo. — Mi padre me ha hablado de su viaje de fin de curso a New York, durante el mes de agosto del año que acabó la carrera, pero no recuerdo que mencionara su asistencia a ese curso de finanzas en Boston. — ¿Ah, no? Supongo que prefiere evitar discusiones con tu madre. — Me pregunto cómo se las ingenió para financiarlo —le digo, evitando profundizar sobre su último comentario—. Siempre me recuerda que procedía de una familia de ocho hermanos en la que no sobraba el dinero. — Tu padre, como era un empollón tremendo con disciplina militar, obtuvo una beca —me explica. Yo tuve que recurrir a financiación paterna — añade, encogiéndose de hombros y haciendo una simpática mueca. — Observo que mi madre no es ninguna de las dos chicas que están junto a mi padre, con una actitud realmente cariñosa. ¿Me equivoco? —le pregunto, tras dirigir mi atención hacia la pantalla de nuevo—. Parece un ciclista que acaba de ganar una etapa, ¡con una chica guapa a cada lado!
  26. 26. La Piscina de tus Sueños 30 — Tu madre no es ninguna de las dos, ¡efectivamente! —me confirma moviendo los ojos y poniendo una cara curiosa, ahora más propia del artista—. De hecho —continúa, mientras hace rodar la punta de su bigote con los dedos—, será mejor que no le digas a tu madre que te he enseñado esta foto. Creo que he estado muy desafortunado haciéndolo. Mi intención era, simplemente, demostrarte el parecido con tu padre, pero no he tenido en cuenta ¡los efectos secundarios! Este es un error que cometo con frecuencia. — ¡Estoy algo confundido! —le digo pensativo. — ¿Por qué, Justo? —me pregunta con cierto recelo. — Porque recuerdo que, en las fotos que mis padres me han enseñado de su viaje de fin de curso, aquellas en las que se les ve junto al resto de los compañeros de promoción, ¡no apareces tú! Además, sé que acabaron la carrera en el año que cumplían veintitrés años. Por consiguiente, tanto esta foto, como las de su álbum, deben estar hechas en el mismo mes de agosto. — ¡Creo que es como tu dices, Justo! —me reconoce, poniendo la misma cara que pone un niño pequeño, cuando le descubren una travesura—. Mis padres me pidieron que me matriculara en ese curso de Boston, para que les diera un informe sobre el novio de mi hermana. Para no estar solo, le propuse a tu padre que me acompañara, aprovechando la circunstancia de que estaba en una ciudad no muy distante. Como podía dormir en mi habitación; no tenía que incurrir en un gran gasto adicional. Tan sólo tenía que posponer su vuelo de vuelta una semana y desplazarse unos kilómetros. ¡Eso era todo! Utilizando todo mi arsenal de armas de persuasión, ¡acabé convenciéndolo! — ¿Y por qué no apareces tú en ninguna de las fotos del viaje de fin de curso en New York que he visto por casa, Fortu? —le pregunto directamente. — ¡Porque yo no tenía derecho a estar! —me responde, volviendo a encogerse de hombros—. Creo no haberte ocultado —añade con resignación— el hecho de que yo no era tan buen estudiante como tus padres. — Por lo que veo, Fortunato, tú acabaste la carrera más tarde —recalco la circunstancia, quizás de manera innecesaria e inadecuada. — ¡Creo que así es! —me dice riendo—. A pesar de que yo tenía entonces veinticuatro años, ¡uno más que tus padres! ¡Qué vergüenza! — ¿…? — ¡Las mujeres, el deporte y otros asuntos de mi interés no me permitían mantener la atención en los estudios! —me dice riendo al ver mi cara, como justificándose, como buscando que su amor propio saliera ileso. — ¡Llámame cotilla, Fortu! —le digo con algo de vergüenza—, pero el cuerpo me pide hacerte una pregunta más, relacionada con este asunto.
  27. 27. ¡Finanzas no aptas para daltónicos! 31 — ¡Estás aquí para que responda a todas tus dudas, amigo Justo! —me autoriza sonriente—. Soy consciente de que he metido la pata enseñándote esa fotografía, y no me queda otra que dar la cara y asumir las consecuencias. — Ya sé por qué tú no sales en las fotos del viaje de fin de curso en Nueva York —le digo para introducir mi pregunta posterior—, pero, ¿por qué mi madre no aparece en la fotografía de los asistentes al curso de Boston? — ¡Porque tus abuelos no la dejaron quedarse! —me responde categóricamente—. Ya hubo grandes dificultades para que accedieran a que su protegidísima hija única viajara tan lejos para celebrar su fin de carrera. — Los hijos únicos acaparan toda la atención de sus padres —opino. — Por eso —me informa—, mi propuesta de prolongar una semana la estancia de tu padre en USA le pareció muy mala idea a tu madre. De hecho, el tema supuso la primera discusión seria de pareja que tuvieron. Tu padre pasó la tercera semana de agosto con tu madre en New York, junto con el resto de compañeros de promoción, y la cuarta conmigo en Boston. Tu madre y yo no coincidimos ni en el espacio ni en el tiempo, ¡afortunadamente! — ¿Por qué dices eso, Fortunato? —le pregunto algo predecible. — ¡Porque si me hubiera visto, me habría matado! —exclama divertido. Tu madre afirmaba que yo era una pésima compañía para tu padre. — Supongo que no quería reconocer su carácter celoso. — ¿Eso crees, Justo? —me pregunta--. Lo cierto es que tu madre empezó mostrando mucha atracción por la inteligencia de tu padre — continúa—, pero ¡terminó surgiendo el cariño luego! Cuando se hicieron novios, ¡formaban la pareja perfecta! Tu madre, con sus precisos ojos violetas era clavada a ¡Liz Taylor! Cuando iban juntos, llamaban la atención. Decían que parecían los protagonistas de “La gata sobre el tejado de zinc”. — ¡Ahora entiendo el porqué ninguno de los dos nos ha hablado jamás a los hermanos de ese curso de finanzas americano! —exclamo espontáneamente—. Todos sabemos que nuestros padres se hicieron novios en el segundo año de la carrera, que mantuvieron su relación durante toda ella y que, por esas circunstancias, se casaron tan pronto como la acabaron. — ¡Efectivamente, así fue! —me confirma—. Dos meses después de ver a tu padre estudiar finanzas en manga corta, tuve la oportunidad de verlo en la iglesia, junto a tu madre, ¡impecablemente vestido! — ¡Supongo que las chicas del curso que aparecen besando a mi padre en la foto no formaban parte de los invitados a la boda! —le digo con ironía. — ¡Veo que te vas relajando, amigo! —exclama Fortu riendo—. ¡Quizás no ha sido tan mala idea lo de enseñarte la foto, después de todo! — Lamento, Fortu, mi comportamiento inadecuado.
  28. 28. La Piscina de tus Sueños 32 — Te diré, Justo, que una de ellas ¡sí que estaba invitada! —me dice riendo—. La de la derecha es mi hermana Scarlett. — ¡¿Es esa tu hermana?! —exclamo nuevamente—. ¿Es la misma persona que está ahora de viaje de negocios, formando parte de un grupo de trabajo en el que participa mi padre también? —le pregunto curioso. — ¡Exacto: la misma! Como puedes ver, era una chica muy guapa y elegante que decidió estudiar Business Administration en la Harvard University —me dice con un impecable acento británico. — Es muy atractiva, efectivamente. Tengo muchas ganas de conocerla. Mi padre me ha hablado de su gran competencia profesional. — La conocerás en la fiesta del sábado de la semana que viene, en la que conmemoraremos el decimoquinto aniversario de esta empresa. — Me gusta mucho como le queda el vestido rojo-escarlata que lleva puesto. ¡Muy adecuado para su nombre, por cierto! Además —continúo con mis opiniones sobre ella—, tiene aspecto de ser una persona muy inteligente. — Puedo decirte que Scarlett destaca ahora por su responsabilidad y, también, por su gran capacidad intelectual y de trabajo. No obstante, a la edad que tenía en esa foto, se comportaba de una manera bastante caprichosa e impulsiva. Era muy pasional, y tardó algunos años en madurar. Por su físico y por sus reacciones viscerales, mi padre la llamaba Scarlett O’Hara. — ¡Es verdad que se parece físicamente a Vivien Leigh! —le digo. — Me llama la atención que conozcas a una actriz de esa época, Justo. — Se trata de la favorita de mi padre —le explico—. Tiene la colección de las mejores películas de la historia del cine. En las noches de agosto, nos encanta verlas todos juntos en familia. En nuestro jardín, ponemos la pantalla y el proyector que utiliza para sus presentaciones financieras. — ¡Me podríais invitar algún día a una sesión de cine de verano, Justo! —exclama sonriente—. Pero volviendo al tema —continúa sin pausa—, y tal como te iba diciendo, al comunicarnos mi hermana su intención de asistir a un curso sobre finanzas con su novio, tras finalizar su último año de estudios, mis padres me pidieron que la acompañara y les informara de todo. — Pues tampoco recuerdo haber visto a tu hermana en el álbum de fotos de la boda de mis padres. Sí recuerdo haberte visto a ti, pero no a ella. — Mi hermana estaba invitada, pero no pudo asistir —me explica—. Se encontraba de viaje de novios ¡con el idiota perdido de su marido! — ¡Observo que los informes que generaste para tus padres sobre tu futuro cuñado no fueron muy favorables! —le digo sonriendo.
  29. 29. ¡Finanzas no aptas para daltónicos! 33 — El informe financiero sí lo era, ¡pero el resto no! Se trataba de la oveja negra de una familia rica de Atlanta. Con el dinero de sus padres, se permitía el lujo de vivir con una imagen de mujeriego osado y aventurero. — ¡No todo son finanzas en esta vida, está claro! —afirmo convencido. — El novio de mi hermana era ese tipo que puedes ver posando junto a ella —me dice señalándolo—. Es ése que ves repeinado, con una sonrisa ladeada e irónica y con un ridículo bigotito. Fíjate como miraba celoso la forma con la que ella bromeaba dándole un beso a tu padre. ¡Fingía ser un galán, forzando un parecido absolutamente inexistente con Clark Gable! — Creo recordar que ese actor tenía ojos oscuros, y no azules como los que le observo a ese chico en la fotografía. ¿Era inteligente? —le pregunto. — Tengo que reconocer, esforzándome mucho por ser objetivo, que era gracioso y ocurrente, pero te aseguro que no destacaba por su inteligencia. — Me imagino que las reducidas gracias que describes son las que cautivaron a tu hermana —me atrevo a conjeturar—. Supongo que el enamoramiento te hace ver las virtudes de tu pareja agrandadas y te pone una venda en los ojos que te impide ver sus defectos —añado algo muy conocido. — ¡Así es, Justo! Unas veces te equivocas por escuchar demasiado al corazón para decidir, y otras por usar la cabeza en exceso. Por más que lo intenté —me dice con cara de resignación—, no conseguí persuadirla. — Ya veo —le digo, con la intención de que continúe explicándome. — Recuerdo que, como ese chico era tan estirado y presumido, me gustaba tomarle el pelo diciéndole que parecía que se había derramado el café con leche del desayuno por su cuerpo. Se lo repetía casi todos los días, sabiendo que no soportaba que le mencionaran lo de sus manchas en la piel. — Observo varias en su cuello y en sus brazos, sí. ¿Cómo se llamaba? — Su nombre era Mendi y su apellido People —me responde—. A propósito de eso, recuerdo otra anécdota graciosa: como alardeaba de haber tenido muchísimas novias, yo me burlaba de él llamándole ¡Many People! — ¡Eso tiene gracia! —le digo riendo—. ¡Veo que hiciste todo lo que estaba en tu mano para meter cizaña en la relación! — ¡Pero, a pesar de todo, no conseguí lograr mi objetivo! —me replica. — Es decir, que se trata de la misma persona con la que se acabó casando, y con la que se trasladó a Barcelona unos días antes de mi apendicitis, según sé a partir de informaciones que me han dado mis padres. — ¡El mismo! —me confirma—. Se vinieron con su hija, naturalmente. — ¡También tengo ganas de conocerla! ¡Qué pena que no hayamos tenido oportunidad de hacerlo, pasados ya diez años desde su llegada! — ¡Ya sabes de quien es la culpa! —me replica rápidamente.
  30. 30. La Piscina de tus Sueños 34 — ¡O sea, que nos os habéis visto en todo el milenio! —le digo utilizando el recurso de la broma, para evitarme el dar explicaciones sobre el conocido rechazo de mi madre a mantener cualquier tipo de relación con él. — ¡Así es! —me dice sonriendo—. Pero, volviendo a mi hermana, Justo, te diré que su carácter obstinado y caprichoso de aquella época la hizo cometer un terrible error de juventud. En septiembre de ese mismo año, se casó embarazada de ese individuo al que tuvimos que sufrir hasta hace diez años. Tras acabar la carrera, se trasladaron a Atlanta, lugar donde empezaron a vivir juntos. Mi hermana encontró trabajo en una empresa multinacional, con sede central en California, que desarrollaba tecnología para láseres de uso médico. En poco tiempo, como consecuencia de su gran valía profesional, pasó a ser la máxima responsable de logística y suministros. — Mi padre me explicó que se separaron pocas semanas después de llegar a España y que, entonces, él decidió volverse a su ciudad de origen. Me dijo que ocurrió poco después de esa famosa celebración de fin de año, ¡y de milenio!, a la que yo no pude asistir debido a mi inoportuna operación. No obstante, me suena haber visto fotos en las que aparece ese hombre bailando y divirtiéndose. También recuerdo haber visto a tu hermana y a tu sobrina. — ¡Acabó borracho como una cuba y consiguiendo que todos los invitados huyeran a sus casas! —me informa—. La verdad es que ¡todos descansamos! cuando regresó a su país pocos meses después, tras el divorcio. Siempre digo que fue una consecuencia positiva ¡del efecto 2.000! Mi hermana se dio cuenta, tras unos años de matrimonio llenos de infidelidades, que se equivocó al dejarse llevar por su impulsividad juvenil. De todas formas —añade—, yo soy comprensivo con ella, porque también era muy proclive a cometer ese mismo tipo de errores. Y me temo ¡que lo sigo siendo! — ¿Por qué se trasladaron desde Norteamérica a nuestro país, Fortu? — Cinco años después de que yo fundara esta empresa, le propuse a mi hermana que dejara la multinacional y se viniera a trabajar conmigo. Necesitaba ayuda para gestionar el rápido crecimiento que estábamos teniendo entonces. ¡Recuerdo que tu padre me ayudo a convencerla! — ¿En qué departamento trabaja ella ahora? —le sigo preguntando. — Aprovechando su experiencia previa, siempre se ha encargado de la logística, de las compras y de la relación con todos los proveedores. Por esa misma razón, Scarlett es la representante de esta empresa en el viaje de trabajo que has mencionado antes. La compañía en la que trabaja tu padre se ha convertido en nuestro principal proveedor de láseres de uso quirúrgico. Se trata, como creo que sabes, de la filial en España de la misma multinacional en la que trabajaba mi hermana cuando vivía en Atlanta.
  31. 31. ¡Finanzas no aptas para daltónicos! 35 — Me consta que mi padre es el director financiero de esa filial y que tu hermana le recomendó, para que sus jefes americanos lo ficharan. — ¡Exacto! —exclama, viendo que estoy bien informado. — ¿Y qué me dices de la otra chica, Fortu? —le pregunto, recuperando mi atención en la fotografía—. Me refiero a la que está a la izquierda de mi padre, también bromeando “con lo del beso al ciclista”, ya sabes… — Bueno, Justo, ¡yo diría que esa chica no bromeaba tanto…! — ¡¿Qué quieres decir, Fortu?! —le pregunto más sorprendido que alarmado, conociendo muy bien la forma de ser de mi padre. — ¡No seas tan mal pensado, Justo! —me responde riendo—. Se trataba de la hermana de Many, aunque, ¡afortunadamente!, no se parecían en nada. A pesar de que era dos años menor que él, ¡acabaron la carrera a la vez! — ¡Muy elocuente! —comento brevemente para no interrumpirle. — Recuerdo que era una encantadora chica que se encaprichó con tu padre de una forma tremenda —me explica. Se llamaba Débora y, tal como puedes ver en la imagen, hacía honor a su nombre: ¡se lo comía con los ojos! — ¡Sin comentarios! —exclamo, arqueando mis cejas. — Ya sabes que tu padre era, al igual que tú eres ahora, Justo, un chico alto y guapo de ojos azules. No sabía explotar todo su potencial, pero su físico gustaba mucho a las mujeres. A tu padre, se le notaba poco entrenado para manejarse en estos temas. Yo le veía tan inexperto y vulnerable — añade—, que intentaba asesorarle un poco. Ya sabes a lo que me refiero… — Imagino que te refieres a algunos consejos sobre cómo explorar correctamente la totalidad de la piel de la chica, para averiguar si tenía alguna mancha cutánea oculta similar a las de su hermano —le digo con ironía. — Ja, ja, ja —se carcajea Portu—. ¡Te aseguro que me estás gustando más ahora que al inicio, chico! Te veo mucho menos tenso y más espontáneo. — Aprovechando que mi madre no nos oye, ¿me puedes dar más detalles sobre lo qué ocurrió? —le pregunto, animado por sus palabras, y demostrando que mi curiosidad tiene ahora más fuerza que mi timidez. — Creo que no hay mucho más que explicar, Justo —me responde muy divertido—. ¡Tan sólo fue una experiencia veraniega! Tu padre estaba muy enamorado de tu madre y no estaba dispuesto a cambiarla por nadie, ¡ni siquiera por esa americana guapa y rica que tanto le insistía! Acabó la cuarta semana de agosto, finalizó el curso y nos volvimos, después de haber aprendido y de haber pasado momentos divertidos. ¡Eso fue todo! — De todas formas, aunque tuviera novia con planes de boda, ¡a nadie le amarga un dulce! —opino, dejándome ir un poco.
  32. 32. La Piscina de tus Sueños 36 — ¡Me parece que tienes mucho peligro, Justo! —exclama riendo—. Piensa que nosotros lo teníamos mucho más difícil que vosotros ahora. Las costumbres eran muy diferentes y, además, no teníamos ¡redes sociales! — No me extraña que conserves esa foto con tanto cariño —le digo, rojo como un tomate—. Imagino que alguna de las otras chicas que aparecen en la foto se convirtió también en tu “experiencia veraniega” —añado, con la incómoda sensación de que estaba perseverando en un comportamiento inadecuado e impertinente, pero sin fuerzas para evitarlo. — ¡Imaginas mal, amigo! —me responde, haciéndose el interesante. — ¡¿No?! —exclamo extrañado. — A decir verdad, mi indecisión me llevó a salir con varias chicas del curso —me explica, mientras vuelve a mostrar su risa sonora y contagiosa—. Recuerdo que el profesor americano nos decía que, en Finanzas, es muy importante el periodo de tiempo que defines para el análisis. Mientras tu padre prefirió un periodo de una semana, yo fui más partidario de ¡periodos de análisis diarios! —afirma divertido, y continuando con la broma machista. — ¡Claro, claro, supongo que es mucho mejor explorar una chica diferente cada día! —opino por compromiso, y con una risa un poco forzada. — ¡Pues sí señor! En ese viaje, aprendimos y nos lo pasamos bomba. Tu padre aprovechó sus únicos quince días de vacaciones de que disponía. — Mi padre siempre nos recuerda que —le digo con orgullo—, debido a la situación económica de su familia, tuvo que empezar a trabajar desde el primer año de la carrera para poder financiar sus estudios. Eso reducía mucho sus días de vacaciones y su disponibilidad de tiempo libe. — Pero esa circunstancia —continúa Fortu— les permitió casarse tan pronto como acabaron la carrera. Consideraron que podían vivir con el reducido sueldo de tu padre, hasta que encontrara un trabajo mejor retribuido. — Mi padre acostumbra a ponernos aquella época como ejemplo, cuando quiere decirnos que hay que saber afrontar las situaciones difíciles, siempre asociadas a los inicios de cualquier proyecto, con determinación y coraje. De todas formas —añado—, nunca entenderé por qué tuvieron tantas prisas por casarse y, de esta forma, complicarse la vida más de lo necesario. — La gente decía que tu madre, con su fuerte carácter, sus decisiones cerebrales y su perseverancia para conseguir sus definidos objetivos, fue determinante en la evolución de los acontecimientos —me informa Portu—. Ella decidió, tras casarse con tu padre, no trabajar fuera de casa, sino dedicarse al cuidado de la familia y a la administración financiera del hogar. — No sé si era esforzarse tanto para conseguir la licenciatura en Ciencias Económicas, ¡y luego limitarse a llevar las cuentas de casa! — exclamo, pensando en las grandes dificultades por las que estoy pasando yo
  33. 33. ¡Finanzas no aptas para daltónicos! 37 actualmente—. De todas formas, supongo que, cuando la ecografía confirmó su embarazo gemelar, tuvo que hacer un urgente replanteamiento de vida. — Así es: a los veinticuatro años, ¡tus padres ya estaban casados y con dos hijas! A todos nos parecía todo un poco precipitado, pero quizás el tiempo les ha dado la razón: permanecen juntos desde entonces, sin haberse visto afectados por la enorme tasa de separaciones actual. De todas formas, estoy seguro de que, si tu madre hubiera tenido la oportunidad de ejercer profesionalmente, ella tendría ahora otra visión de las finanzas y de la vida. Parece chocante, pero ella razona y ve el mundo desde el punto de vista de una clásica “ama de casa”. Es como si hubieran desaparecido de su cabeza todos los conceptos y toda la lógica empresarial que estudió en la carrera. — Supongo que a mi madre no le resultaba tan aburrido mi padre, tal como me has dicho que les ocurría al resto de las chicas… — ¡Muy agudo, chico! —exclama Fortu tras mi afirmación—. Supongo que mis comentarios no te han molestado. ¡No era mi intención, desde luego! — No lo has hecho —le tranquilizo—. Mi padre tiene puntos fuertes y débiles. Creo conocerlo bien, y sus virtudes ganan claramente a sus defectos. — ¡Así es! Tu madre, una mujer más racional que la media, vio en él a un excelente marido y a un magnifico padre de sus hijos. Se ajustaba al perfil de hombre que su cabeza le decía que le convenía. Sea como fuere, esa decisión le permitió a tu padre ¡quedarse con la chica más guapa de la clase! — Es un buen análisis, sin duda —le digo. — ¿Sabes un cosa, Justo?: hay tipos que hacen reír mucho a sus novias, pero que luego hacen llorar todavía más a sus mujeres. — Otra acertada reflexión, creo. —le digo, sensibilizado con ese tema. — Lo entretenido debe ser siempre —añade serio— el envoltorio de algo consistente. Si sólo hay un bonito papel de regalo que envuelve un objeto de poco valor, estamos ante algo engañoso, algo de cartón piedra. — Eso es muy gráfico, sin duda. — Yo procuro que mi humor sea el edulcorante de cosas serias, de las cuales trato de hablar con rigor, aunque no siempre lo consiga —me dice con un semblante reflexivo muy peculiar, que me pilla algo desprevenido. — Estoy seguro de que siempre lo consigues —le digo, sorprendido de que este hombre se haya puesto tan trascendente de golpe. — La capacidad, la integridad y la generosidad de tu padre, además de otras de sus muchas virtudes, no sólo enamoraron a tu madre, sino que han sido muy valoradas por todas las empresas que se lo han disputado como director financiero. Es un poco rollo a veces, lo admito, pero te puedo decir que, siempre que estoy ante una decisión difícil, no dudo en recurrir a él.
  34. 34. La Piscina de tus Sueños 38 — Me halaga oír eso —le digo satisfecho. — Tu padre me ayudó mucho en los inicios de esta empresa. Siempre mantiene sus principios éticos y humanos en sus análisis económicos. Eso es muy importante, cuando te pones las gafas de cuantificar dinero; situación que tiene tendencia a hacerte ver las cosas de manera fría y prosaica. — Efectivamente, he tenido mucha suerte con mis padres, a pesar de que se pasan un poco de sufridores y de exigentes a veces. Mi madre está todo el día diciéndome que ordene mi cuarto, que apague las luces y que contribuya al ahorro de los gastos del hogar —le digo resoplando. — ¡Doña Angustias! —exclama Fortu con una sonrisa—. ¡Su nombre le encaja como un guante! Recuerdo que, como se exigía tanto a si misma durante la carrera, estaba siempre agobiada. No encontraba tiempo para salir por las noches, ni para apuntarse a las actividades que organizábamos. — Pienso que mi madre, siendo tan perfeccionista y ambiciosa, me pone demasiada presión para que consiga ser el mejor. La verdad es que es imposible verla complacida, y eso nos genera mucha tensión a todos. Se comporta como si siempre estuviera enfadada o frustrada por algo. No sé… — Yo creo, Justo, que quiere lo mejor para ti —comenta benevolente. — Supongo que se comporta igual a como lo hacían sus padres con ella —opino—. Mi abuelo, de origen humilde, era un administrativo del departamento de contabilidad de una empresa textil. Tenía un carácter muy difícil y se revelaba contra la ceguera a los colores que padecía. Su salario era reducido y soñaba con que su guapa hija única llegara a ser una prestigiosa directora financiera con una elevada retribución. Supongo que mi madre — continúo explicándole—, tras no conseguir esos objetivos paternos, está obsesionada con que yo pueda alcanzarlos, superando incluso a mi padre. — Eso creo que explica parte de su comportamiento, efectivamente. — Supongo que sí, pero lo que está consiguiendo es que me encuentre bloqueado por las expectativas y que tenga pesadillas cada noche. Mi padre, condicionado por la presión que nos pone mi madre, me intenta dar clases, pero todavía me lía más. Estás al corriente de todo esto, ¿verdad, Fortu? — ¡Don Prudencio y Doña Angustias! Han sido así toda la vida, ¡haciendo honor a sus nombres siempre!—exclama, recuperando el tono irónico—. ¿Quieres ver más fotos? —me pregunta. — ¡Naturalmente!
  35. 35. ¡Finanzas no aptas para daltónicos! 39 La piscina del tío Gilito — ¿Conoces este cuadro, Justo? —me pregunta, tras cambiar la imagen de la pantalla utilizando el mando a distancia. — ¡Sí, claro! —le respondo—. Se trata de la famosa pintura surrealista en la que aparecen unos relojes blandos y deformados. Su autor es… — ¡Se trata de mi cuadro favorito! —exclama, sin dejarme acabar de hablar—. Su título es “la persistencia de la memoria”. Simboliza cómo el tiempo va deformando nuestros recuerdos almacenados en ella. — ¡Qué interesante! —le digo, como si fuera la primera vez que lo veo. — Los trucos nemotécnicos que te iré dando te servirán para que tus conocimientos sobre el análisis financiero básico no se te vayan reblandeciendo con el paso del tiempo, ¡como les pasa a estos relojes! — ¡Lo celebro! —le digo, intentando comunicarle agradecimiento. — ¡No olvides esta obra de arte! —me recomienda, mientras vuelve a apretar el mismo botón del mando a distancia. — ¿Quiénes son esas preciosas niñas? —le pregunto instantes después de ver fugazmente la siguiente imagen que aparece en la pantalla. — ¿No reconoces a tus hermanas mayores? —responde preguntando. — Es la primera vez que veo una fotografía de las gemelas de recién nacidas. Pensé que no se las podía sacar de la incubadora. ¡Qué ilusión me hace verlas en esa foto! ¿Me enviarás una copia a mi correo electrónico? — Bueno…, verás… —me dice de manera entrecortada, como si se hubiera vuelto a arrepentir de mostrarme algo—, lo que me interesa ahora no es que te fijes en esa foto, sino en esta otra —añade nervioso, mientras cambia de imagen velozmente—. ¿Reconoces a este personaje de dibujos animados? —me pregunta ahora, señalándolo con el extremo de su pipa. — ¡Es el tío Gilito, el famoso personaje de Walt Disney! —exclamo fascinado—, con su característica chistera negra, sus pequeños lentes apoyados sobre su pico y su bastón. Se trata del pato ¡más rico del mundo! — ¡Así es! Pero me temo que esa circunstancia no le convierte en el pato más feliz del mundo: ¡es un auténtico cascarrabias! — ¡Está claro! — ¿De qué te ríes, Justo? —me pregunta, al observar mi cara.
  36. 36. La Piscina de tus Sueños 40 — Me estaba acordando de un chiste relacionado con eso de que el dinero no da la felicidad ¡y de que el tamaño no importa!, pero, como es un poco ordinario, me da vergüenza explicarlo. — Pues en ese caso, volvamos a nuestro tío Gilito. Como bien sabes, Justo, su afición favorita consiste en zambullirse en su dinero y en lanzar las monedas al aire para que, al caer, le golpeen en la cabeza. — Su tacañería es uno de sus rasgos distintivos —recuerdo. — ¡Así es! Estoy seguro de que ese pato tendría un mejor carácter y estaría de mejor humor, si hiciera otras cosas más productivas y positivas con su dinero, y no se limitara a bañarse en él. — Apuesto a que sí —afirmo, convencido de que tiene razón. — Fíjate bien en la cara del pato y dime si notas algo que te llame la atención. ¿Te recuerda a alguien? —me pregunta con actitud de suficiencia. — La cara se parece mucho a la tuya —le respondo de inmediato. — ¡Correcto, Justo! Estás delante de una caricatura que me hizo tu padre ¡en un alarde insospechado de sentido del humor y de habilidades artísticas! Me la regaló en la fiesta de inauguración de esta empresa, hace 15 años. ¡No sabes la ilusión que me hizo y el cariño con la que la conservo! — ¡Sorprendente! —exclamo, extrañado de que fuera obra de mi padre. — Tu padre me ha recordado, durante toda su vida, el hecho de que, de pequeño, yo era un niño rico y mimado. Lo ha hecho siempre, ya conoces su estilo, con todo su cariño y sin ningún ánimo de ser ofensivo. — A mí también me sorprende mi padre, de vez en cuando, con su humor británico que muestra “a cuentagotas”. — Además, en este caso concreto, el hecho de que se pusiera a hacer un dibujo lleno de colores, ¡tiene un mérito especial! —afirma orgulloso. — Me imagino que lo dices por su daltonismo, ¿verdad? — ¡Claro, claro! Su tipo de trastorno visual le impide distinguir las gamas del verde y del rojo, ¡por eso se viste con colores que no combinan! — Ese problema le impidió cumplir su sueño de convertirse, siguiendo los pasos de su padre, en piloto de las Fuerzas Armadas —recuerdo. — Siempre que le oigo lamentarse por eso —me dice—, le recuerdo que no habría tenido la oportunidad de conocernos, ni a tu madre ni a mí, si no se hubiera decidido por la alternativa de estudiar Ciencias Económicas. Además, estoy convencido de que el hecho de que tu padre tuviera el mismo trastorno visual que tu abuelo le generó a tu madre un sentimiento especial. — ¡Veo que tienes la habilidad de encontrar el aspecto positivo a todo! —le digo. Me pregunto cómo se le ocurrió la idea de la caricatura.
  37. 37. ¡Finanzas no aptas para daltónicos! 41 — Pues verás, Justo: además del hecho conocido de que mi familia tenía dinero, yo formaba parte de un equipo de waterpolo. Por todo ello, me pusieron el mote de Gilito. Tu padre me dibujó así, al acordarse de nuestra época universitaria. Fíjate qué situación más frustrante y difícil de digerir: mientras a tu padre le llamaban Paul Newman, a mi me llamaban ¡tío Gilito! Como ves, era del todo imposible ¡que Elisabeth Taylor se fijara en mí! — Me parece un dibujo muy simpático —afirmo, evitando cualquier otro tipo de comentario sobre la posible disputa de dos amigos por mi madre. — ¡Sí que lo es, sí! Probablemente sin dinero tampoco podría, pero no puedo vivir sin piscinas. Seguramente has visto la que tenemos abajo, cuando observabas desde el ascensor. Apostaría a que te has preguntado acerca de qué demonios hace una piscina en el patio de un edificio industrial. — ¡Estate seguro de que ganarías la apuesta! —le digo—. Veo que te gusta ir revelando las cosas poco a poco y mantener un poco de “suspense”. — ¡Así es! Creo que es mejor para que tu proceso de aprendizaje sea más entretenido. La observación y la lógica deductiva te irán guiando para ayudarte a ir revelando todos los misterios que tienes pendientes por resolver. Encontrarás todo, querido amigo, ¡muy elemental! — ¡Eso espero! —exclamo sonriendo, pero con mucho escepticismo. — Pero además de aplicar tu lógica, utilizar la visión y las habilidades del artista que llevas dentro, ¡te serán de gran utilidad también! — Lo tendré presente —le digo—. Pero, volviendo al tema de las piscinas, ¿mantienes tu afición juvenil por los deportes de agua? — ¡Naturalmente! Me siguen apasionando la natación y la vela. — ¿También te gusta navegar? — La navegación es un excelente profesor de gestión empresarial: te obliga a fijar un objetivo, a elegir el mejor rumbo para conseguirlo y a saber sortear las dificultades que van apareciendo por el camino. También se obtienen de ella grandes lecciones sobre la importancia del equilibrio. — ¿Qué quieres decir exactamente, Fortu? — ¿Qué pasaría, Justo, si estuvieras ejerciendo de patrón de un barco y lo mantuvieras todo a babor, o todo a estribor, de manera mantenida? — No me he montado en un barco de vela en mi vida, pero supongo que realizaría una trayectoria circular y que terminaría en la posición inicial. — ¡Exacto! ¿Ves como, para avanzar hacia nuestro objetivo, es imprescindible mantener el equilibrio? ¡Ni todo a babor, ni todo a estribor! — ¡Asombroso! —exclamo, mientras asiento con la cabeza. — Hace unos años, también me empecé a aficionar al submarinismo. — ¡¿Submarinismo?! —exclamo, nuevamente sorprendido.
  38. 38. La Piscina de tus Sueños 42 — Sí, eso he dicho. Por eso, en este armario de allí, tengo dos equipos completos de buceo. Los utilizo con cierta frecuencia. — ¡Qué curioso! —le digo, absolutamente perplejo de que alguien pudiera tener dos trajes de buzo en el armario de su despacho. — Fíjate en la dedicatoria de la caricatura —me dice Fortu, intentando recuperar mi atención—: “Para Fortu Green, con cariño y admiración”. — ¿Por qué Fortu? —le pregunto intrigado por el origen del nombre. — Sí, sí, Fortu. Se trata de la abreviatura de Fortunato. A mi padre, aunque era británico, siempre le gustó ese nombre italiano. — ¡Curioso! —exclamo, temiendo haber sonado algo impertinente. — Ja, ja, ja —se carcajea—. Te pones rojo igual que lo hacía tu padre. Me encojo de hombros, sin saber qué decir. Fortunato sigue hablando: — No cabe duda de que mis padres deseaban intensamente que mi hermana y yo fuéramos capaces de incrementar el patrimonio familiar. — Bueno, a juzgar por lo que veo y por lo que me ha explicado mi padre, el nombre le encaja de maravilla, señor Green. Usted tiene… — ¡¿Cómo dices?! — ¡Rectifico! —exclamo—. Quería decir que ¡te encaja de maravilla! — ¡Ah, bueno! —me dice con una simpática mueca. — Ya te advertí que no me sería fácil tutearte. — ¿Qué querías decirme, Justo? —me pregunta inmediatamente. — Decía, Fortu, que tienes fama de ser un “crack” como emprendedor y como generador de beneficios y de dinero con tus empresas. — Llevamos mucho tiempo hablando de pie, al principio junto a la salida del ascensor y luego ante la pantalla; y mis vértebras lumbares han empezado a recordarme que se rompieron en el desgraciado accidente de coche que tuve hace veinte años y también ¡que casi me dejan paralítico! Un desagradable dolor crónico me obliga a tomar analgésicos continuamente, como le pasa a ese médico antipático que sale en televisión. — ¡¿Ah, si?! —le pregunto, como reacción instintiva desencadenada por la extrema curiosidad que me ha generado su última intervención. — ¿Qué te parece, Justo, si nos sentamos y te respondo a tu comentario relacionado con mi nombre, mientras nos tomamos algo tranquilamente? — me propone, a la vez que me señala la mesa de reuniones de su despacho.
  39. 39. ¡Finanzas no aptas para daltónicos! 43 Las cartulinas resumen Mientras nos dirigimos a la mesa de reuniones del despacho del señor Green, observo que los vidrios tienen una curiosa tonalidad dorada, y no azulada como los de la planta baja. Los cristales de esta planta me recuerdan a los del hotel de Las Vegas en el que estuvimos el año pasado, con motivo de las bodas de plata de mis padres. Recuerdo que, entonces, mi padre me dijo que ese edificio se podría utilizar para entender las cuentas financieras. Nos lo explicó, pero no le prestamos atención. — ¿Qué te apetece tomar? —me pregunta, una vez que nos hemos sentado alrededor de la mesa—. ¿Un gin tonic, un whisky, una cerveza…? — Preferiría un poco de agua, gracias. — Pues yo también tomaré agua; ¡es mucho más saludable! — me dice, mientras abre la puerta del mueble-bar, situado junto a la mesa. Mientras Fortunato se inclina para sacar las botellas de agua, aprovecho para mirar a través del enorme acristalamiento. Me fijo mejor en el patio exterior y en la piscina de la que me hablaba antes. Veo una piscina desmontable muy grande, de colores muy llamativos, parcialmente llena y sobre la que, curiosamente, se van vertiendo algo parecido a cubos de agua. — Aquí tienes tu botella de agua, Justo. Quizás te apetezca una de estas galletas también —me dice, al poner una bandeja llena de ellas sobre la mesa—. Son inglesas y están buenísimas. Se trata de una de mis adicciones. — ¡¿Una de tus adicciones?! —le pregunto, intrigado por el resto. — Veo que tu padre, con la prudencia y la discreción que le caracterizan, ha hecho más énfasis en mis virtudes que en mis defectos. — Supongo que así es —le digo escuetamente, pero deseando que siga hablando acerca de esos vicios a los que se acaba de referir. Recuerdo que mi madre me habló de algunos hábitos de juventud muy poco saludables que tenía el amigo de mi padre, pero siempre hay que filtrar mucho todos los comentarios negativos que salen de su boca. — Pues, para que tengas una visión más global sobre mí —continúa hablando Fortunato—, te diré que otras adicciones, mucho más peligrosas, me causaron grandes disgustos en mi juventud. Pero, si te parece, volvamos a tu pregunta acerca de mi nombre. — ¡Claro, claro! —le confirmo mi aprobación, con la intención de no demostrar un inadecuado exceso de curiosidad.
  40. 40. La Piscina de tus Sueños 44 — Bueno, hijo, verás —me dice tras sentarse de nuevo en la silla y servir el agua—. Aunque estoy seguro de que mi padre no estaba pensando en lo que te voy a decir, cuando eligió mi nombre, una cosa es ser “Rico” y otra distinta es ser “Fortunato”, es decir, afortunado. El único requisito para ser rico es tener dinero. ¡Ser afortunado es algo diferente! — ¿Algo diferente, dices? —le pregunto, para que me explique. — Como has afirmado antes, yo soy rico porque heredé dinero y porque mis empresas generan beneficios. Pero no soy afortunado sólo por eso: soy “fortunato”, como dicen los italianos, debido a que, además de tener éxito empresarial, tengo amigos como tu padre. También lo soy —añade—, porque veo que las personas que trabajan, o que se relacionan con mis empresas, se muestran razonablemente satisfechas y felices con su vida. — Entiendo —le digo con parquedad para no interrumpirle. — El dinero me gusta, debido a que es muy necesario para utilizarlo como un recurso empresarial más —continúa argumentando—. Es preciso para la inversión, la actividad económica y la generación de riqueza. Precisamente por eso, debes saber cuantificar muy bien lo que ocurre con el dinero que circula por cualquier proyecto empresarial. Y para eso —añade—, las cuentas financieras son unas herramientas imprescindibles. Es admirable la capacidad que tiene este hombre de pasar, en décimas de segundo, de la carcajada más sonora, a decir cosas de gran calado con extrema seriedad, y viceversa. — Siempre que se habla de dinero, me acuerdo de que “todo el que piensa que el dinero puede hacerlo todo, hará cualquier cosa por dinero”. — ¡Eso es muy acertado, Justo! —me reconoce—. Como te ha dicho tu padre, y mi querido amigo Pruden, me gusta el dinero y me apasionan las finanzas, pero sin perder de vista que son un medio y no un fin. El fin es siempre tu felicidad y la de las personas involucradas en tus proyectos. — No puedo estar más de acuerdo con el razonamiento. — Estaba seguro de que opinabas así —me dice. — ¿Por qué? —le pregunto intrigado. — Porque se trata de un valor que me inculcó tu padre, Justo, y, por tanto, tenía la certeza de que lo hizo también con sus hijos. — Mi padre es muy insistente con este mensaje —afirmo orgulloso. — Nos caímos muy bien desde el primer momento en que nos conocimos —me informa—, a pesar de que éramos muy diferentes. Probablemente, fue el contraste lo que nos atrajo, ¡y el que nos une! — Me consta que así es —le confirmo que mi padre opina lo mismo.

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