Butler, judith el genero en disputa[1]

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Sobre la conformación del género

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Butler, judith el genero en disputa[1]

  1. 1. El género en disputo, obra fundadora de la llamada teoríaqueery emblema de losestudios de génerocomo se conocenHoy en ma, es un volumen indispensable para comprenae "r;;;;" -la teoría feminista actual: constituye una lúcida crítica a laidea esencialista de que las identidades de género son Judith 8utlerinmutables y encuentran su arraigo en la naturaleza. en elcuerpo o en una heterosexualidad normativa y obligatoria. EI género en disputaLibro interdisciplinario que se inscribe simultáneamente en El feminismo y la subversiónla filosofia,laantropología, la teoría literaria y el psicoanálisis, de la identidadeste texto es deudor de un prolongado acercamiento de laautora al feminismo teóri , los debates sobre el caráctersocialmente construido del género, al psicoanálisis, a losestudios pioneros sobre el travestismo, y también a su activaparticipación en movimientos defensores dela diversidadsexual. Así, con un pie en laacademiay otro en la militancia,apoyada en su lecturade autores como Jacques Lacan,Sigmund Freud, Simone deBeauvoir, Claude l.éví-Strauss,Luce Irigaray, Julia Kristeva, Monique Wittig y MichelFoucault, Butler ofrece aquíuna teoría original, polémica ydesde luego subversiva, responsable ella misma de más deuna disputa.Judith Butler ocupa la cátedra Maxine Elliot de Retórica.Literaturacomparaday Estudios dela mujeren laUniversidaddeCali fornia, Berkeley. Es autora. entre otros libros, deCuerpos que importan, Deshacer el género y Vida precario,todos ellos publicados por Paidós.www.paidos.com ,
  2. 2. Judith ButlerEl género en disputaEl feminismo y la subversión de la identidad
  3. 3. TiMa original: Gandar TroubJe. Feminism and the Subvemion of Idootffy Publicado en Inglés, en 1999, par RouUedge, Nueva YOflI Traducción de M. Antonia Mufloz SUMARIO Cubierta de Mario Eskenazi Prefacio (1999) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7 Prefacio (1990) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 35 1. Sujetos de sexo/género/deseo. . . . . . . . . . . . . . . . . 45 Las «mujeres» como sujeto del feminismo 45 El orden obligatorio de sexo/género/deseo 54 Género: las ruinas circulares del debate actual . . . . 56 Teorizar lo binario, lo unitario y más allá 65 Identidad, sexo y la metafísica de la sustancia 70 Lenguaje, poder y estrategias de desplazamiento . . 85 cultura Libre 2. Prohibición, psicoanálisis y la producción de la ma- triz heterosexual. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 101 El intercambio crítico del estructuralismo 107Q 1990.1999 by Rautledge Lacan, Riviere y las estrategias de la mascarada 115e 2007 de la traducción, M.OAntonia Mufloz Freud y la melancolía del género . . . . . . . . . . . . . .. 137e 2007 de tadas las ediciones en castellano. Ediciones Paidós Ibérica, SA, La complejidad del género y los límites de la identi- Av. Diagonal. 662-664 - 08034 Barcelona www.paidos.com ficación 151ISBN: 978-84--493-2Q30..-9 Reformular la prohibición como poder 161Depósito legal: B. 23.66712007 3. Actos corporales subversivos . . . . . . . . . . . . . . . . .. 173Impreso en Novagratik, SL La política corporal de Julia Kristeva 173VMlldi, 5 - 08110 Monteada i Reixac (Barcelona¡ Foucault, Herculine y la política de discontinuidadImpreso en Espa/Ja - Prinled in Spaín sexual 196
  4. 4. 6 EL GÉNERO EN DISPUTA Moníque Wittig: desintegración corporal y sexo fic- ticio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 224 Inscripciones corporales, subversiones performati- vas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 253 PREFACIO (1999)Conclusión: De la parodia a la política . . .. 277Notas 289Índice analítico y de nombres 311 Hace diez años terminé el manuscrito de la versión in- glesa de El género en disputa y lo envié a Routledge para su publicación. Nunca imaginé que e] texto iba a tener tantos lectores, ni tampoco que se convertiría en una «interven- cíórr provocadora en la teoría feminista, ni que sería citado como uno de los textos fundadores de la teoría queer. La vida del texto ha superado mis intenciones, y seguramente esto es debido, hasta cierto punto, al entorno cambiante en el que fue acogido. Mientras lo escribía comprendí que yo misma mantenía una relación de combate y antagonista a ciertas formas de feminismo, aunque también comprendí que el texto pertenecía al propio feminismo. Escribía enton- ces en la tradición de la crítica inherente, cuyo objetivo es revisar de forma crítica el vocabulario básico del movimien- to de pensamiento en el que se inscribe. Había y todavía hay una justificación para esta forma de crítica y para diferenciar entre la autocrítica, que promete una vida más democrática e integradora para el movimiento, y la crítica, que tiene como objetivo socavarlo completamente. Es evidente que siempre se puede malinterpretar tanto la primera como la segunda, pero espero que esto no ocurra en el caso de El gé- nero en disputa.
  5. 5. 8 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (l999) 9 En 1989 mi atención se centraba en criticar un supuesto rias deban ser condenadas o celebradas, sino que debemosheterosexual dominante en la teoría literaria feminista. Mi poder analizarlas antes de llegar a alguna conclusión. Lo queintención era rebatir los planteamientos que presuponían los más me inquietaba eran las formas en que el pánico ante ta-límites y la corrección del género, y que limitaban su signifi- les prácticas las hacía impensables. ¿Es la disolución de loscado a las concepciones generalmente aceptadas de mascu- binarios de género, por ejemplo, tan monstruosa o tan temi-linidad y feminidad. Consideraba y sigo considerando que ble que por definición se afirme que es imposible, y heurís-toda teoría feminista que limite el significado del género en ticamente quede descartada de cualquier intento por pensarlas presuposiciones de su propia práctica dicta normas de el género?género excluyentes en el seno del feminismo, que con fre- Algunas de estas suposiciones se basaban en lo que secuencia tienen consecuencias homofóbicas. Me parecía -y denominó el «feminismo francés», y eran muy populares en-me sigue pareciendo- que el feminismo debía intentar no tre los estudiosos de la literatura y algunos teóricos sociales.idealizar ciertas expresiones de género que al mismo tiempo Al tiempo que rechacé el heterosexismo existente en el nú-originan nuevas formas de jerarquía y exclusión; concreta- cleo del fundamentalismo de la diferencia sexual, tambiénmente, rechacé los regímenes de verdad que determinaban tomé ideas del postestrueturalismo francés para elaborar misque algunas expresiones relacionadas con el género eran fal- planteamientos. Así, en El género en disputa mi trabajo aca-sas o carentes de originalidad, mientras que otras eran ver- bó síendcrun estudio de traducción cultural. Las teorías es-daderas y originales. El objetivo no era recomendar una tadounidenses del género y la difícil situación política del fe-nueva forma de vida con género que más tarde sirviese de minismo se vieron a la luz de la teoría postestructuralista.modelo a los lectores del texto, sino más bien abrir las posi- Aunque en algunas de sus presentaciones el postestruetura-bilidades para el género sin precisar qué tipos de posibilida- lismo se presenta como un formalismo, alejado de los pro-des debían realizarse. Uno podría preguntarse de qué sirve blemas del contexto social y el objetivo político, no ha ocu-finalmente «abrir las posibilidades», pero nadie que sepa lo rrido lo mismo con sus apropiaciones estadounidenses másque significa vivir en el mundo social y lo que es «imposi- recientes. De hecho, no se trataba de «aplicar» el postes-ble», ilegible, irrealizable, irreal e ilegítimo planteará esa tructuralismo al feminismo, sino de exponer esas teorías apregunta. una reformulación específicamente feminista. Mientras que La intención de El género en disputa era descubrir las algunos defensores del formalismo postestructuralista mani-formas en las que el hecho mismo de plantearse qué es posi- fiestan su descontento por la confesada orientación «temáti-ble en la vida con género queda relegado por ciertas presu- ca» que recibe en obras corno El género en disputa, las críti-posiciones habituales y violentas. El texto también pretendía cas del postestructuralismo en el ámbito de la izquierdadestruir todos los intentos de elaborar un discurso de ver- cultural se han mostrado escépticas ante la afirmación dedad para deslegitimar las prácticas de género y sexuales mi- que todo lo políticamente progresista pueda proceder de susnoritarias. Esto no significa que todas las prácticas minorita- premisas. No obstante, en ambas concepciones el postes-
  6. 6. 10 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (1999) 11 tructuralismo se considera algo unificado, puro y monolíti- Aunque el libro se ha traducido a varios idiomas y ha tenido co. Pero en los últimos años esa teoría, o conjunto de teo- una gran repercusión en las discusiones sobre género y polí-rías, se ha trasladado a los estudios de género y de la sexua- tica en Alemania, en Francia aparecerá -si finahnente selidad, a los estudios poscoloniales y raciales. Ha perdido el publica- mucho después que en otros países. Mencionoformalismo de antaño y ha adquirido una vida nueva y tras- esto para poner de manifiesto que el supuesto francocentris-plantada en el ámbito de la teoría cultural. Hay discusiones mo del texto está a una distancia considerable de Francia ycontinuas sobre si mi obra o )a de Homi Bhabha, Gayatri de la vida de la teoría francesa. El género en disputa tiende aChakravorty Spivak., o Slavoj Ziáek pertenece a los estudios interpretar juntos, en una vena sincrética, a varios y variasculturales o a la teoría crítica, pero es posible que estas pre- intelectuales franceses (Lévt-Strauss, Foucault, Lacan, Kris-guntas no hagan más que poner de manifiesto que la marca- teva, Wittig) que se aliaron en contadas ocasiones y cuyosda distinción entre las dos empresas se ha diluido. Algunos lectores en Francia en contadas ocasiones, o tal vez nunca,teóricos afirmarán que todo lo anterior pertenece al campo leyeron a los demás. En efecto, la promiscuidad intelectualde los estudios culturales, y otros investigadores de dicho del texto lo caracteriza precisamente como un texto esta-ámbito se considerarán opositores de todas las formas de dounidense y lo aleja del contexto francés. Lo mismo hace teoría (aunque resulta significativo que Stuart Hall, uno de su énfasis en la tradición sociológica y antropológica anglo- los fundadores de los estudios culturales en Gran Bretaña, estadounidense de 19s estudios de «género», que se aleja del no lo haga); pero los defensores de ambos lados a veces ol- discurso de la «diferencia sexual» originado en la investiga- vidan que el perfil de la teoría ha variado precisamente por ción estructuralista. Aunque el texto corre el riesgo de ser sus apropiaciones culturales. Hay un nuevo terreno para la eurocéntrico en Estados Unidos, en Francia se considerateoría, necesariamente impuro, donde ésta emerge en el acto una amenaza de «americanización» de la teoría, según losmismo de la traducción cultural y como tal. No se trata del escasos editores franceses que han pensado en la posibilidaddesplazamiento de la teoría por el historicismo, ni de una de publicarlo.mera historización de la teoría que presente los límites con- Desde luego, la «teoría francesa» no es el único lenguajetingentes de sus demandas más susceptibles de generali- que se utiliza en este texto; éste nace de un prolongado acer-zación; más bien se trata de la aparición de la teoría en el camiento a la teoría feminista, a los debates sobre el carácterpunto donde convergen los horizontes culturales, donde la sociahnente construido del género, al psicoanálisis y el femi-exigencia de traducción es aguda y su promesa de éxito in- nismo, a la excelente obra de Gayle Rubin sobre el género,cierta. la sexualidad y el parentesco, a los estudios pioneros de Es- El género en disputa tiene sus orígenes en la «teoría fran- ther Newton sobre el travestismo, a los magníficos escritoscesa», que es propiamente una construcción estadouniden- teóricos y de ficción de Monique Wittig, y a las perspectivasse extraña. Sólo en Estados Unidos encontramos tantas teo- gay y Iésbica en las humanidades. Mientras que en la décadarías distintas juntas como si formaran cierto tipo de unidad. de 1980 muchas feministas asumían que el lesbianismo se
  7. 7. 12 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (1999) 13 une con el feminismo en el feminismo lésbico, El género en Esto crea una cierta crisis en la ontología experimentada en disputa trataba de refutar la idea de que la práctica Iésbica el nivel de la sexualidad y del lenguaje. Esta cuestión se ha materializa la teoría feminista y establece una relación más agravado a medida que hemos ido reflexionando sobre va- problemática entre los dos términos. En este escrito, el les- rias formas nuevas de pensar un género que han surgido a la bianismo no supone un regreso a lo que es más importante luz del transgénero y la transexualidad, la paternidad y la acerca de ser mujer; tampoco consagra la feminidad ni maternidad lésbicas y gays. y las nuevas identidades lésbicas muestra un mundo ginocéntrico. El lesbianismo no es la rea- masculina y femenina. ¿Cuándo y por qué, por ejemplo, al- lización erótica de una serie de creencias políticas (la sexua- gunas lesbianas masculinas que tienen hijos hacen de «papá» lidad y la creencia están relacionadas de una forma mucho y otras de «mamá»? más compleja y con frecuencia no coinciden). Por el contra- ¿Qué ocurre con la idea, propuesta por Kate Bomstein, rio, el texto plantea cómo las prácticas sexuales no normati- de que una persona transexual no puede ser definida con los vas cuestionan la estabilidad del género como categoría de sustantivos de «mujer» u «hombre», sino que para referirse análisis. ¿Cómo ciertas prácticas sexuales exigen la pregun- a ella deben utilizarse verbos activos que atestigüen la trans- ta: qué es una mujer, qué es un hombre? Si el género ya no formación permanente que «es» la nueva identidad o, en se entiende como algo que se consolida a través de la sexua- efecto, la condición «provisional» que pone en cuestión al lidad normativa, entonces ¿hay una crisis de género que sea ser de la identidad de género? Aunque algunas lesbianas específica de los Contextos queer? afirman que la identidad lésbica masculina no tiene nada La noción de que la práctica sexual tiene el poder de de- que ver con «ser hombre», otras sostienen que dicha identi- sestabilizar el género surgió tras leer «The Traffic in Wo- dad no es o no ha sido más que un camino hacia el deseo de men», de Gayle Rubin, y pretendía determinar que la sexua- ser hombre. Sin duda estas paradojas han proliferado en los lidad normativa consolida el género normativo. En pocas últimos años y proporcionan pruebas de un tipo de disputapalabras, según este esquema conceptual, una es mujer en la sobre el género que el texto mismo no previó."medida en que funciona como mujer en la estructura hete- No obstante, ¿cuál es el vínculo entre género y sexua-rosexual dominante, y poner en tela de juicio la estructura lidad que pretendía recalcar? Es evidente que no estoyposiblemente implique perder algo de nuestro sentido del afirmando que ciertas formas de práctica sexual den comolugar que ocupamos en el género. Considero que ésta es la resultado ciertos géneros, sino que en condiciones de he-primera formulación de «el problema del género» o «la terosexualidad normativa, vigilar el género ocasionalmen-disputa del género» en este texto. Me propuse entender par- te se utiliza como una forma de afirmar la heterosexuali-te del miedo y la ansiedad que algunas personas experimen- dad. Catharine MacKfunon plantea este problema de unatan al «volverse gays», el miedo a perder el lugar que se ocu- manera parecida a la mía pero, al mismo tiempo, con algu-pa en el género o a no saber quién terminará siendo uno si nas diferencias decisivas e importantes. MacKinnon afirma:se acuesta con alguien ostensiblemente del «mismo» género. «Suspendida como si fuera un atributo de una persona, la
  8. 8. 14 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (999) 15desigualdad sexual adopta la forma de género; moviéndose hay otras formas de establecer el género. Así pues, segúncomo una relación entre personas, adopta la forma de se- Franke, es importante distinguir provisionalmente entre dis-xualidad. El género emergecomola forma rígidade la sexua- criminación de género y discriminación sexual. Por ejemplo,lización de la desigualdad entre el hombre y la mujer». los gays pueden recibir un trato discriminatorio en el ámbi- Según este planteamiento, la jerarquía sexual crea y con- to laboral porque su «apariencia» no coincide con las nor-solida el género. Pero lo que crea y consolida el género no es mas de género aceptadas. Y es posible que acosar sexual-la nonnatividad heterosexual, sino que es la jerarquía del gé- mente a los gays no obedezca al propósito de consolidar lanero la que se esconde detrás de las relaciones heterosexua- jerarquía del género, sino al de promover la normatividadles. Si la jerarquía del género crea y consolida el género, y sí del género.ésta presupone una noción operativa de género, entonces el Al mismo tiempo que critica el acoso sexual, MacKin-género es lo que causa el género, y la formulación termina non establece otro tipo de regulación: tener un género signi-en una tautología. Quizá MacKinnon solamente pretenda fica haber establecido ya una relación heterosexual de su-precisar los mecanismos de autorreproducción de la jerar- bordinación. En un nivel analítico, hace una ecuación en laquía del género, pero no es esto lo que afirma. que resuenan algunas formas dominantes del argumento ho- ¿Acaso basta con la «jerarquía del género» para explicar mofóbíco. Una postura de este tipo recomienda y perdonalas condiciones de producción del género? ¿Hasta qué pun- el ordenamiento sexual del género, al afirmar que los hom-to la jerarquía del género sirve a una heterosexualidad más o bres que son hombres serán heterosexuales, y las mujeresmenos obligatoria, y con qué frecuencia la vigilancia de las que son mujeres serán heterosexuales. Hay otra serie denormas de género se hace precisamente para consolidar la puntos de vista, en el que se incluye el de Franke, que criti-hegemonía heterosexual? ca esta forma de regulación del género. Por tanto, existe una Katherine Franke, teórica contemporánea del área jurí- diferencia entre las posturas sexista y feminista sobre la rela-dica, emplea de forma innovadora las perspectivas feminista ción entre género y sexualidad: la postura sexista afirma quey queer para observar que, al presuponer la primacía de la je- una mujer únicamente revela su condición de mujer duran-rarquía del género para la producción del género, MacKin- te el acto del coito heterosexual en el que su subordinaciónnon también está aceptando un modelo presuntamente he- se convierte en su placer (la esencia emana y se confirma enterosexual para pensar sobre la sexualidad. Franke propone la subordinacíón sexualizada de la mujer); la posición femi-un modelo de discriminación de género diferente al de Mac- nista argumenta que el género debería ser derrocado, supri-Kinnon, quien afirma de manera convincente que el acoso mido o convertido en algo ambiguo, precisamente porquesexual es la alegoría paradigmática de la producción del gé- siempre es un signo de subordinación de la mujer. Esta últi-nero. No toda discriminación puede interpretarse como ma postura acepta el poder de la descripción ortodoxa de laacoso; el acto de acoso puede ser aquel en el que una perso- primera y reconoce que la descripción sexista ya funcionana es «convertida» en un determinado género; pero también como una ideología poderosa, pero se opone a ella.
  9. 9. 16 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (1999) 17 Censuro este planteamiento porque algunos teoncos sino también porque muchos otros la han adoptado y la hanqueer han establecido una distinción analítica entre género y formulado a su manera. Originalmente, la pista para enten-sexualidad, y rechazan que exista una relación causal o es- der la performatividad del género me la proporcionó la in-tructural entre ambos. Esto tiene mucho sentido desde cier- terpretación que Jacques Derrida hizo de «.Ante la ley», deta perspectiva: si lo que se pretende con esta distinción es Kafka. En esa historia, quien espera a la ley se sienta frente aafirmar que la normatividad heterosexual no debería orde- la puerta de la ley, y atribuye cierta fuerza a esa ley. La anti-nar el género, y que habría que oponerse a tal ordenamien- cipación de una revelación fidedigna del significado es elto, estoy completamente de acuerdo con esta postura." Pero medio a través del cual esa autoridad se instala: la anticipa-si lo que se quiere decir con eso es que (desde un punto de ción conjura su objeto. Es posible que tengamos una expec-vista descriptivo) no hay una regulación sexual del género, tativa similar en lo concerniente al género, de que actúe unaentonces considero que una dimensión importante, aunque esencia interior que pueda ponerse al descubierto, una ex-no exclusiva, de cómo funciona la homofobie es que pasa pectativa que acaba produciendo el fenómeno mismo quedesapercibida entre aquellos que la combaten con más fuer- anticipa. Por tanto, en el primer caso, la performatividad delza. Con todo, reconozco que practicar la subversión del gé- género gira en torno a esta metalepsis, la forma en que la an-nero no implica necesariamente nada acerca de la sexuali- ticipación de una esencia provista de género origina lo quedad y la práctica sexual. El género puede volverse ambiguo plantea como exterior a sí misma. En el segundo, la perfor-sin cambiar ni reorientar en absoluto la sexualidad normati- matividad no es un acto único, sino una repetición y un ri-va. A veces la ambigüedad de género interviene precisamen- tual que consigue su efecto a través de su naturalización ente para reprimir o desviar la práctica sexual no normativa el contexto de un cuerpo, entendido, hasta cierto punto;para, de esa forma, conserva intacta la sexualidad normati- como una duración temporal sostenida culturalmente."va. En consecuencia, no se puede establecer ninguna corre- Se han formulado varias preguntas importantes a estalación, por ejemplo, entre el travestismo o el transgénero y la doctrina, y una de ellas es especialmente digna de mención. práctica sexual, y la distribución de las inclinaciones hetero- La postura de que el género es performativo intentaba po- sexual, bisexual y homosexual no puede determinarse de ner de manifiesto que lo que consideramos una esencia in- manera previsible a partir de los movimientos de simulación terna del género se construye a través de un conjunto soste- de un género ambiguo o distinto. nido de actos, postulados por medio de la estilización del Gran parte de mi obra de los últimos años ha estado de- cuerpo basada en el género. De esta forma se demuestra que dicada a esclarecer y revisar la teoría de la performatividad lo que hemos tomado como un rasgo «interno» de nosotros que se perfila en El género en disputa" No es tarea fácil defi- mismos es algo que anticipamos y producimos a través de nir la perfonnatividad, no sólo porque mis propias posturas ciertos actos corporales, en un extremo, un efecto alucinato- sobre lo que la «performatividad» significa han variado con rio de gestos naturalizados. ¿Significa esto que todo lo que el tiempo, casi siempre en respuesta a críticas excelentes," se entiende como «interno» sobre la psique es, por consi-
  10. 10. 18 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (1999) 19guiente, expulsado, y que esa intemalidad es una metáfora no deberían ser tratados como simples analogías. Por consi-falsa? Aunque El género en disputa evidentemente se sirvió guiente, la pregunta que hay que plantear no es si la teoríade la metáfora de una psique interna en su primera discu- de la performatividad puede trasladarse a la raza, sino qué lesión sobre la melancolía del género, ese énfasis no se intro- ocurre a dicha teoría cuando trata de lidiar con la raza. Mu-dujo en el pensamiento de la performatividad misma," Tan- chos de estos debates se han ceñido al lugar que ocupa lato Mecanismos psíquicos depoder como varios de mis artículos «construcción», en la cuestión de si la raza se construye derecientes sobre cuestiones relacionadas con el psicoanálisis la misma forma que el género. Considero que ninguna de lashan intentado encontrar la manera de vivir con este proble- explicaciones de la construcción servirá, y que estas catego-ma, lo que muchos han visto como una ruptura problemáti- rías síempre actúan como fondo la una de la otra y se articu-ca entre los primeros y los últimos capítulos de esta obra. lan de forma más enérgica recurriendo la una a la otra. Así,Aunque yo negaría que todo el mundo interno de la psique la sexualización de las normas de género raciales se puedeno es sino un efecto de un conjunto estilizado de actos, sigo interpretar bajo distintas ópticas a la vez, y el análisis permi- pensando que es un error teórico importante presuponer tirá distinguir con total claridad los límites del género en su la «íntemelided» del mundo psíquico. Algunos rasgos del carácter de categoría de análisis exclusiva." mundo, entre los que se incluyen las personas que conoce- Aunque he enumerado algunas de las tradiciones y de mos y perdemos, se convierten en rasgos «internos» del yo, los debates académicos que han alentado este libro, no es mi pero se transforman mediante esa interiorización; y ese intención ofrecer toda una apología en estas breves páginas. mundo interno, como lo denominan los kleínianos, se forma Hay un elemento acerca de las condiciones en que se escri- precisamente como consecuencia de las interiorizaciones bíó el texto que no siempre se entiende: no lo escribí sola- que una psique lleva a cabo. Esto sugiere que bien puede mente desde la academia, sino también desde los movimien- haber una teoría psíquica de la perfonnatividad que requie- tos sociales convergentes de los que he formado parte, y en re un estudio más profundo. el contexto de una comunidad lésbica y gay de la costa este Aunque este texto no da respuesta a la pregunta sobre si de Estados Unidos, donde viví durante catorce años antes de la materialidad del cuerpo es algo totalmente construido, ése escribirlo. A pesar de la dislocación del sujeto que se efectúa ha sido el centro de atención de gran parte de mí obra sub- en el texto, detrás hay una persona: asistí a numerosas reu- síguiente, la cual espero que resulte esclarecedora para mis niones, bares y marchas, y observé muchos tipos de géneros; lectoras y lectores. 10 Algunos especialistas han analizado la comprendí que yo misma estaba en la encrucijada de algu- pregunta de si la teoría de la performatividad puede o no ser nos de ellos, y tropecé con la sexualidad en varíos de sus trasladada a las cuestiones de la raza." En este punto me bordes culturales. Conocí a muchas personas que intenta- gustaría aclarar que tras el discurso sobre el género se es- ban defmir su camino en medio de un importante movi- conden permanentemente las presuposiciones raciales de miento en favor del reconocimiento y la libertad sexuales, y maneras que es necesario explicitar, y que la raza y el género sentí la alegría y la frustración que conlleva formar parte de
  11. 11. 20 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (1999) 21ese movimiento tanto en su lado esperanzador como en su entender el reclamo de «universalidad» como una forma dedisensión interna. Estaba instalada en la academia, y al mis- exclusividad negativa y excluyente. No obstante, me perca-mo tiempo estaba viviendo una vida fuera de esas paredes; y té de que ese término tiene un uso estratégico importantesi bien El género en disputa es un libro académico, para mi precisamente como una categoría no sustancial y abiertaempezó con un momento de transición, sentada en Reho- cuando colaboré con un grupo extraordinario de activistas,borh Beach, reflexionando sobre si podría relacionar los di- primero como integrante de la directiva y luego como di-ferentes ámbitos de mi vida. El hecho de que pueda escribir rectora de la Comisión Internacional de Derechos Huma-de un modo autobiográfico no altera, en mi opinión, el lugar nos de Gays y Lesbianas (1994-1997), organización que re-que ocupo como el sujeto que soy, aunque tal vez dé el lec- presenta a las minorías sexuales en una gran variedad detor cierto consuelo el saber que hay alguien detrás (dejaré temas relacionados con los derechos humanos. Fue ahí don-por el momento el problema de que ese alguien esté dado en de comprendí que la afirmación de la universalidad puedeel lenguaje). ser proléptica y perfonnativa, invoca una realidad que ya no Una de las experiencias más gratificantes ha sido saber existe, y descarta una coincidencia de horizontes culturalesque el texto se sigue leyendo fuera de la academia hasta el que aún no se han encontrado. De esta forma llegué a un se-día de hoy. Al mismo tiempo que Queer Nation hizo suyo gundo punto de vista de la universalidad, según el cual seel libro, y que en algunas de sus reflexiones sobre la teatrali- define como una tarea de traducción cultural orientada aldad de la autopresentación de los queer resonaban las tácti- futuro." Más recientemente he tenido que relacionar micas de Act-Up, el libro fue una de las obras que llevaron a obra con la teoría política y, una vez más, con el conceptolos miembros de la Asociación Psicoanalítica de Estados de universalidad en un libro del que soy coautora y que es-Unidos y de la Asociación Psicológica de Estados Unidos a cribí junto con Ernesto Laclau y Slavoi Zizek sobre la teoríareevaluar parte de su doxa vigente sobre la homosexualidad. de la hegemonía y sus implicacíones para la izquierda teóri-Las nociones del género performativo se incorporaron de camente activista.diversas maneras en las artes visuales, en las exhibiciones Otra dimensión práctica de mi pensamiento se ha pues-de Whitney, y en la Otis School for the Arrs de Los Ángeles, to de manifiesto en relacíón con el psicoanálisis entendidoentre otros. Algunos de sus planteamientos sobre la cuestión en su carácter de labor tanto académica como clínica. Ac-de «la mujer» y la relación entre la sexualidad y el género tualmente colaboro con un grupo de terapeutas psicoanalf-también incorporaron la jurisprudencia feminista y el traba- ticos progresistas en una nueva revista, Studies in Genderjo académico del ámbito jurídico antidiscriminetorio de la and Sexuality, cuyo objetivo es llevar el trabajo clínico y delobra de Vicki Schultz, Katheríne Franke y MaryJo Frug. ámbito académico a un diálogo productivo sobre cuestiones A mi vez, me he visto obligada a revisar algunas de las de sexualidad, género y cultura.posturas que adopto en El género en disputa a consecuencia Tanto los críticos como los amigos de El género en dispu-de mis propios compromisos políticos. En el libro tiendo a ta han llamado la atención sobre lo difícil de su estilo. Sin
  12. 12. 22 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (999) 23duda es extraño, e incluso exasperante para algunos, descu- tativas de vida intelectual que tienen como consumidores?brir que un libro que no se lee fácilmente sea «popular» se- ¿Se obtiene, quizá, un valor de tales experiencias de dificul-gún los estándares académicos. La sorpresa que esto causa tad lingüística? Si el género mismo se naturaliza mediantequizá sea debida a que subestimamos al lector, su capacidad las normas gramaticales, como sostiene MOIÚque Wittig, en-y su deseo de leer textos complicados y que constituyan un tonces la alteración del género en el nivel epistémico másdesafío, cuando la complicación no es gratuita, cuando el fundamental estará dirigida, en parte, por la negación de ladesafío sirve para poner en duda verdades que se dan por gramática en la que se produce el género.sentadas, cuando en realidad dar por hecho esas verdades es La exigencia de lucidez pasa por alto las estratagemasopresivo. que fomentan el punto de vista aparentemente «claro». Avi- Considero que el estilo es un terreno fangoso, y desde tal Ronell recuerda el momento en el que Nixon miró a losluego no es algo que se elija o se controle unilateralmente ojos de la nación y dijo: «Permítanme dejar algo totalmentecon los objetivos que de modo consciente nos proponemos. en claro», y a continuación empezó a mentir. ¿Qué es lo queFredric ]ameson explicó esto en su primera obra sobre Sar- se esconde bajo el signo de «claridad» y cuál sería el preciotre. Aunque es posible practicar estilos, los estilos de los que de no mostrar ciertas reservas críticas cuando se anuncia lanos servimos no son en absoluto una elección consciente. llegada de la lucidez? ¿Quién inventa los protocolos de «cla-Además, ni la gramática ni el estilo son políticamente neu- ridad» y a qué intereses sirven? ¿Qué se excluye al persistirtros. Aprender las reglas que rigen el discurso inteligible es en los estándares provincianos de transparencia como unimbuirse del lenguaje normalizado, y el precio que hay que elemento necesario para toda comunicación? ¿Qué es lo quepagar por no conformarse a él es la pérdida misma de inteli- esconde la «transparencia»?gibilidad. Como me lo recuerda Drucilla Comell, que sigue Crecí entendiendo algo sobre la violencia de las normasla tradición de Adorno: no hay nada radical acerca del sen- del género: un tío encarcelado por tener un cuerpo anató-tido común. Considerar que la gramática aceptada es el me- micamente anómalo, privado de la familia y de los amigos,jor vehículo para exponer puntos de vista radicales sería un que pasó el resto de sus días en un «instituto» en las prade-error, dadas las restricciones que la gramática misma exige al ras de Kansas; primos gays que tuvieron que abandonar elpensamiento; de hecho, a lo pensable. Sin embargo, las for- hogar por su sexualidad, real o imaginada; mi propia y tem-mulaciones que tergiversan la gramática o que de manera pestuosa declaración pública de homosexualidad a los 16implícita cuestionan las exigencias del sentido proposicional años, y el subsiguiente panorama adulto de trabajos, amantesde utilizar sujeto-verbo son claramente irritantes para algu- y hogares perdidos. Todas estas experiencias me sometieronnos. Los lectores tienen que hacer un esfuerzo, y a veces és- a una fuerte condena que me marcó, pero, afortunadamen-tos se ofenden ante lo que tales formulaciones exigen de te, no impidió que siguiera buscando el placer e insistiendoellos. ¿Están los ofendidos reclamando de manera legítima en el reconocimiento legitimizador de mi vida sexual. Iden-un «lenguaje sencillo», o acaso su queja se debe a las expec- tificar esta violencia fue difícil precisamente porque el géne-
  13. 13. 24 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (1999) 25ro era algo que se daba por sentado y que al mismo tiempo «normativo» tiene al menos dos significados en este encuen-se vigilaba terminantemente. Se presuponía que era una ex- tro crítico, pues es una de las palabras que utilizo con fre-presión natural del sexo o una constante cultural que ningu- cuencia, sobre todo para describir la violencia mundana quena acción humana era capaz de modificar. También llegué a ejercen ciertos tipos de ideales de género. Suelo utilizarentender algo de la violencia de la vida de exclusión, aquella «normativo» de una forma que es sinónima de «concernien-que no se considera «Vida», aquella cuya encarcelación con- te a las normas que rigen el género»; sin embargo, el ténni-duce a la suspensión de la vida, o una sentencia de muerte no «normativo» también atañe a la justificación ética, cómosostenida. El empeño obstinado de este texto por «desnatu- se establece, y qué consecuencias concretas se desprendenralizar» el género tiene su origen en el deseo intenso de con- de ella. Una de las preguntas críticas que se han planteadotrarrestar la violencia normativa que conllevan las morfolo- sobre El género en disputa es ésta: ¿cómo actuamos paragías ideales del sexo, así como de eliminar las suposiciones emitir juicios acerca de cómo ha de vivirse el género basán-dominantes acerca de la heterosexualidad natural o presun- donos en las descripciones teóricas que aquí se exponen? ta que se basan en los discursos ordinarios y académicos so- No es posible oponerse a las formas «normativas» del géne- bre la sexualidad. Escribir sobre esta desnaturalización no ro sin suscribir al mismo tiempo cierto punto de vista nor- obedeció meramente a un deseo de jugar con el lenguaje o mativo de cómo debería ser el mundo con género. No obs- de recomendar payasadas teatrales en vez de la política tante, quiero puntualizar que la visión normativa positiva de «real», como algunos críticos han afirmado (como si el tea- este texto no adopta la forma de una prescripción (ni puede tro y la política fueran siempre distintos); obedece a un de- hacerlo) como: «Subvirtamos el género tal como lo digo, y la seo de vivir, de hacer la vida posible, y de replantear lo posi- vida será buena». ble en cuanto tal. ¿Cómo tendría que ser el mundo para que Quienes hacen tales afirmaciones, o quienes están dis- mi tío pudiera vivir con su familia, sus amigos o algún otro puestos a decidir entre expresiones subversivas y no subver- tipo de parentesco? ¿Cómo debemos reformular las limita- sivas del género, basan sus juicios en una descripción. El gé- ciones morfológicas idóneas que recaen sobre los seres hu- nero aparece de tal o cual forma, y a continuación se elabora manos para que quienes se alejan de la norma no estén con- un juicio normativo sobre esas apariencias y sobre la base de denados a una muerte en vida?" lo que parece. Pero ¿qué determina el dominio de las apa- Algunos lectores han preguntado si El género en disputa riencias del género mismo? Podemos sentirnos tentados a es- procura ampliar las opciones del género por algún motivo. tablecer la siguiente distinción: una explicación descriptiva Preguntan con qué objetivo se engendran esas nuevas confi- del género incluye cuestiones sobre lo que hace inteligible el guraciones del género, y cómo deberíamos distinguirlas. género, una exploración sobre sus condiciones de viabilidad, Con frecuencia la pregunta conduce a una premisa anterior, mientras que una explicación normativa intenta dar respues- es decir, que el texto no plantea la dimensión normativa o ta a la pregunta de qué expresiones de género son aceptables prescriptiva del pensamiento feminista. Es evidente que lo y cuáles no, ofreciendo motivos convincentes para distinguir
  14. 14. 26 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (1999) 27de esta forma entre tales expresiones. Sin embargo, la pregun- El debate del travestismo que El género en disputa pro-ta de qué cuenta como «género» es ya de por sí una pregunta pone para exponer la dimensión construida y performativaque asegura una operación de poder predominantemente del género no es ciertamente un ejemplo de subversión.normativa, una operación fugitiva de «qué sucederá» bajo la Considerarlo un paradigma de la acción subversiva o, inclu-rúbrica de «qué sucede». Así, la descripción misma del cam- so, como un modelo de la acción política sería un error, puespo del género no es en ningún caso anterior a la pregunta de se trata de algo bastante diferente. Si pensamos que vemos asu operación normativa, ni se puede separar de ella. un hombre vestido de mujer o a una mujer vestida de hom- No me propongo formular juicios sobre 10 que distingue bre, entonces estamos tomando el primer término de cada10 subversivo de lo no subversivo. No sólo creo que tales jui- una de esas percepciones como la «realidad» del género: elcios no se pueden hacer fuera de contexto, sino que también género que se introduce mediante el símil no tiene «reali-pienso que no se pueden formular de forma que soporten el dad», y es una figura ilusoria. En las percepciones en las quepaso del tiempo (los «contextos» son de por sí unidades una realidad aparente se vincula a una irrealidad, creemospostuladas que experimentan cambios temporales y revelan saber cuál es la realidad, y tomamos la segunda aparienciasu falta de unidad esencial), De la misma forma que las me- del género como un mero artificio, juego, falsedad e ilusión.táforas pierden su carácter metafórico a medida que, con el Sin embargo, ¿cuál es el sentido de «realidad de género»paso del tiempo, se consolidan como conceptos, las prácti- que origina de este modo dicha percepción? Tal vez creemoscas subversivas corren siempre el riesgo de convertirse en saber cuál es la anatomía de la persona (a veces no, y con se-clichés adormecedores a base de repetirlas y, sobre todo, al guridad no hemos reparado en la variación que hay en el ni-repetirlas en una cultura en la que todo se considera mer- vel de la descripción anatómica). O inferimos ese conoci-cancía, y en la que la «subversión» tiene un valor de merca- miento de la vestimenta de dicha persona, o de cómo sedo. Obstinarse en establecer el criterio de lo subversivo usan esas prendas. Éste es un conocimiento naturalizado,siempre fracasará, y debe hacerlo. Entonces ¿qué está en aunque se basa en una serie de inferencias culturales, algu-juego cuando se usa el término? nas de las cuales son bastante incorrectas. De hecho, si sus- Uno de los temas que más me preocupan son los siguien- tituimos el ejemplo del travestismo por el de la transexuali-tes tipos de preguntas: ¿qué constituye una vida inteligible y dad, entonces ya no podremos emitir un juicio acerca de laqué no, y cómo las suposiciones acerca del género y la sexua- anatomía estable basándonos en la ropa que viste y articulalidad normativos deciden por adelantado lo que pasará a for- el cuerpo. Ese cuerpo puede ser preoperatorio, transicionalmar parte del campo de lo «humano» y de lo «vivíble»? Di- o postoperatorio; ni siquiera «ver» el cuerpo puede dar res- cho de otra forma, ¿cómo actúan las suposiciones del género puesta a la pregunta, ya que ¿cuáles son las categorías me- normativo para restringir el campo mismo de la descripción diante las cuales vemos? El instante en que nuestras percep- que tenemos de lo humano? ¿Por qué medio advertimos este ciones culturales habituales y serias fallan, cuando no poder demarcador, y con qué medios lo transfonnamos? conseguimos interpretar con seguridad el cuerpo que esta-
  15. 15. 28 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO {1999) 29mos viendo, es justamente el momento en el que ya no esta- de pureza y tabúes en contra del mestizaje) determinan lomos seguros de que el cuerpo observado sea de un hombre que será inteligiblemente humano y lo que no, lo que se con-o de una mujer. La vacilación misma entre las categorías siderará «real» y lo que no, establecen el campo ontológicoconstituye la experiencia del cuerpo en cuestión. en el que se puede atribuir a los cuerpos expresión legítima. Cuando tales categorías se ponen en tela de juicio, tam- Si hay una labor normativa positiva en El género en disputabién se pone en duda la realidad del género: la frontera que es poner énfasis en la extensión de esta legitimidad a lossepara lo real de lo irreal se desdibuja. Y es en ese momento cuerpos que han sido vistos como falsos, irreales e ininteligi-cuando nos damos cuenta de que lo que consideramos bles. El travestismo es un ejemplo que tiene por objeto esta-«real», lo que invocamos como el conocimiento naturaliza- blecer que la «realidad» no es tan rígida como creemos; condo del género, es, de hecho, una realidad que puede cam- este ejemplo me propongo exponer lo tenue de la «realidad»biar y que es posible replantear, llámese subversiva o lláme- del género para contrarrestar la violencia que ejercen lasse de otra forma. Aunque esta idea no constituye de por sí normas de género.una revolución política, no es posible ninguna revoluciónpolítica sin que se produzca un cambio radical en nuestra Tanto en este texto como en otros he tratado de enten-propia concepción de lo posible y lo real. En ocasiones este der lo que podría ser la acción política, dado que ésta es in-cambio es producto de ciertos tipos de prácticas que ante- disociable de la dinámica de poder de la que es consecuen-ceden a su teorización explícita y que hacen que nos replan- cia. Lo iterable de la performatividad es una teoría de lateemos nuestras categorías básicas: ¿qué es e] género, cómo capacidad de acción (o agencia), una teoría que no puedese produce y reproduce, y cuáles son sus opciones? En este negar el poder como condición de su propia posibilidad.punto, el campo sedimentado y reificado de la «realidad» de Este texto no analiza en profundidad la performatividad engénero se concibe como un ámbito que podría ser de otra función de sus dimensiones social, psíquica, corporal y tem-forma; de hecho, menos violento. poral. En algunos aspectos, seguir trabajando en esa clarifi- Este libro no tiene como objetivo celebrar el travestismo cación, en respuesta a varias críticas excelentes, es lo quecomo la expresión de un género modelo y verdadero (si bien motiva la mayor parte de mis publicaciones posteriores.es importante oponerse a la denigración del travestismo que En los últimos diez años han surgido otras preocupacio-a veces tiene lugar), sino demostrar que el.conocimiento na- nes sobre este texto, y he intentado responderlas en variosturalizado del género actúa como una circunscripción con escritos que he publicado. Sobre el lugar que ocupa la mate-derecho preferente y violenta de la realidad. En la medida rialidad del cuerpo, he reflexionado y revisado mis puntosen que las normas de género (dimorfismo ideal, comple- de vista en Cuerpos que importan. Sobre la necesidad de lamentariedad heterosexual de los cuerpos, ideales y dominio categoría de «mujerx para el análisis feminista, he corregidode la masculinidad y la feminidad adecuadas e inadecuadas, y ampliado mis posturas en «Contingent Foundations», pu-muchos de los cuales están respaldados por códigos raciales blicado en Feminists Tbeorize the Political, volumen que
  16. 16. 30 EL GÉNERO EN DISPLT A PREFACIO (1999) 31 compilé junto con joan W. Scott, y en Feminist Contentions, tarismo eventual de mi idea de performatividad sin que con de autoría colectiva. ello se debilite una teoría más general de la acción. El géne- No considero que el postestrueturalismo conlleve la de- ro en disputa a veces se interpreta como si el género fuerasaparición de la escritura autobiográfica, aunque sí llama la una invención propia o como si el significado psíquico de atención sobre la dificultad del «yo» para expresarse me- una presentación dotada de género pudiera interpretarse diante el lenguaje, pues este «yo» que los lectores leen es, en directamente a partir de su exterior. Ambos postulados hanparte, consecuencia de la gramática que rige la disponibili- tenido que ser perfilados con el paso del tiempo. Además,dad de las personas en el lenguaje. No estoy fuera del len- mi teoría a veces oscila entre entender la performatividadguaje que me estructura, pero tampoco estoy determinada como algo lingüístico y plantearlo como teatral. He llegadopor el lenguaje que hace posible este «yo». Éste es el víncu- a la conclusión de que ambas interpretaciones están rela-lo de autoexpresión, tal como lo entiendo. Lo que significa cionadas obligatoriamente, de una forma quiástica, y queque usted, lectora o lector, no me recibirá nunca separada replantear el acto discursivo como un ejemplo de poderde la gramática que permite mi disponibilidad con usted. Si permanentemente dirige la atención hacia ambas dimensio-trato esa gramática como algo de claridad meridiana, enton- nes: la teatral y la lingüística. En Excitable Speech argumen-ces no podré despenar su interés por esa esfera del lenguaje té que el acto discursivo es a la vez algo ejecutado [per/or-que establece y desestablece la inteligibilidad, yeso equival- medl (y por tanto teatral, que se presenta ante un público,dría precisamente a tergiversar mi propio proyecto tal como y sujeto a interpretación), y lingüístico, que provoca una se-lo he descrito para los lectores aquí. No es mi intención ser rie de efectos mediante su relación implícita con las con-difícil, sino dirigir la atención hacia una dificultad sin la cual venciones lingüísticas. Si queremos saber cómo se relacionaningún «yo» puede aparecer. una teoría lingüística del acto discursivo con los gestos cor- Dicha dificultad adopta una dimensión concreta cuan- porales sólo tenemos que tener en cuenta que el discursodo se enfoca desde una perspectiva psicoanalítica. En mi mismo es un acto corporal con consecuencias lingüísticaspretensión por entender la opacidad del «yo» en el lengua- específicas. Así, el discurso no es exclusivo ni de la presen-je, desde la publicación de El género en disputa me he cen- tación corpórea ni del lenguaje, y su condición de palabra ytrado cada vez más en el psicoanálisis. El intento habitual obra es ciertamente ambigua. Esta ambigüedad tiene con-de polarizar la teoría de la psique desde la teoría del poder secuencias para la declaración pública de la homosexuali-me parece contraproducente, pues una parte de lo que es dad, para el poder insurreccional del acto discursivo, paratan opresivo acerca de las formas sociales del género tiene el lenguaje como condición de la seducción corporal y lasu origen en las dificultades psíquicas que generan. En Me- amenaza de daño.canismos psíquicos del poder intenté revisar las maneras en Si ahora tuviera que volver a escribir este libro, incluiríaque Foucault y el psicoanálisis podrían pensarse juntos. una discusión sobre el transgénero y la intersexualidad, so-También he utilizado el psicoanálisis para refrenar el volun- bre cómo se activa el dimorfismo de género ideal en ambos
  17. 17. PREFACIO (1999) 3332 EL GÉNERO EN DISPUTAtipos de discursos, sobre las diferentes relaciones que estos bate colectivo que ha tenido y seguirá teniendo cierto éxitotemas establecen con la intervención quirúrgica. También en la mejora de las posibilidades de conseguir una vida lle-incluiría una discusión sobre la sexualidad racializada y, con- vadera para quienes viven, o tratan de vivir, en la marginali-cretamente, sobre cómo los tabúes en contra del mestizaje (y dad sexual."la romantización del intercambio sexual interracial} son bá- JUDITH BUTLERsicos para las formas naturalizadas y desnaturalizadas que elgénero adopta. Sigo albergando la esperanza de que las mi- Berkeley, Californianorías sexuales formen una coalición que trascienda las ca- Junio de 1999tegorías simples de la identidad, que rechace el estigma de labisexualidad, que combata y suprima la violencia impuestapor las normas corporales restrictivas. Desearía que dichacoalición se fundara en la complejidad irreducible de la se-xualidad y en sus implicaciones en distintas dinámicas delpoder discursivo e institucional, y que nadie se apresurara arestar poder a la jerarquía y a negar sus dimensiones políti-cas productivas. Si bien pienso que ganarse el reconoci-miento de la propia condición como minoría sexual es unaardua tarea en el marco de los discursos dominantes del de-recho, la política y el lenguaje, sigo considerándolo una ne-cesidad para sobrevivir. La movilización de las categorías deidentidad con vistas a la politización siempre está amenaza-da por la posibilidad de que la identidad se transforme enun instrumento del poder al que nos oponemos. Ésa no es razón para no utilizar la identidad, y para no ser utilizadospor ella. No hay ninguna posición política purificada de po- der, y quizá sea esa impureza 10 que ocasiona la capacidadde acción como interrupción eventual y cambio total de los regímenes reguladores. No obstante, aquellos a quienes seconsidera «irreales» siguen aferrados a lo real, un aferra-miento que tiene lugar de común acuerdo, y esa sorpresa performativa produce una inestabilidad vital. Este libro está escrito entonces como parte de la vida cultural de un com-
  18. 18. PREFACIO (1990) Los debates feministas contemporáneos sobre los signi-ficados del género conducen sin cesar a cierta sensación deproblema o disputa, como si la indeterminación del género,con el tiempo, pudiera desembocar en el fracaso del femi-nismo. Quizá no sea necesario que los problemas tenganuna carga tan negativa. Según el discurso imperante en miinfancia, uno nunca debía crear problemas, porque precisa-mente con ello uno se metía en problemas. La rebelión y sureprensión parecían estar atrapadas en los mismos términos,lo que provocó mi primera reflexión crítica sobre las sutilesestratagemas del poder: la ley subsistente nos amenazabacon problemas, e incluso nos metía en problemas, todo porintentar no tener problemas. Por tanto, llegué a la conclu-sión de que los problemas son inevitables y que el objetivoera descubrir cómo crearlos mejor y cuál era la mejor mane-ra de meterse en ellos. Con el tiempo aparecieron más am-bigüedades en la crítica. Me percaté de que los problemas aveces planteaban como eufemismo alguna cuestión -por logeneral secreta- vinculada al aparente misterio de todas lascosas femeninas. Leí a Beauvoir, quien afirmaba que ser mu-jer en el seno de una cultura masculinista es ser una fuen-te de misterio y desconocimiento para los hombres, y esto
  19. 19. 36 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (1990) 37 pareció corroborarse de algún modo cuando leí a Sartre podía ocultar la idea de que ser mujer es una indisposición para quien todo deseo -aceptado problemáticamente corno natural. Por más seria que sea la visión médica del cuerpo de heterosexual y masculino-e- se describía como un problema. las mujeres, la expresión también es risible: la risa frente a Para ese sujeto masculino del deseo, los problemas se con- las categorías serias es indispensable para el feminismo. In- vertían en un escándalo con la intromisión repentina la ac- dudablemente, el feminismo sigue necesitando sus propias ción imprevista, de un «objeto» femenino que incomprensi, formas de juego serio. Female Trouble [Cosa de hembras] es blemen~e devuelve la mirada, la modifica y desafía el lugar y el título del filme de John Waters que retrata a Divine (tam- la autondad de la posición masculina. La dependencia radi- bién héroe/heroína de Hairsproy), cuya representación de cal del sujeto masculino respecto del «Otro» femenino reve- las mujeres propone de manera implícita que el género es un la de pronto que su autonomía es irreal. No obstante esta tipo de caracterización persistente que pasa como realidad. panicular inversión dialéctica del poder no me interesaba Su actuación desestabiliza las diferenciaciones mismas entre tant.o como o~as. Aparentemente, el poder era algo más que lo natural y lo artificial, la profundidad y la superficie, lo in- un intercambio entre sujetos o una relación de inversión terno y lo externo, a través de las cuales se activa el discurso co~tinua entre un sujeto y un Otro; de hecho, el poder pa- sobre los géneros. ¿Es el travestismo la imitación del género recre centrarse en la producción de ese mismo marco bina- o bien resalta los gestos significativos a través de los cuales rio para reflexionar acerca del género. Me pregunté enton- se determina el género en sí? ¿Ser mujer es un «hecho natu- ces: ¿qué con~?ur~ció~ de poder construye al sujeto y al ral» o una actuación cultural? ¿Esa «naturalidad» se deter- Otro,. ~a re!aclon binaria entre «hombres» y «mujeres», y la mina mediante actos performativos discursivamente restrin- estabilidad Interna de esos términos? ¿Qué restricción está gidos que producen el cuerpo a través de las categorías de operando aquí? ¿Están esos términos libres de problemas sexo y dentro de ellas? A pesar de Divine, las prácticas de sólo en la medida en que se amoldan a una matriz heterose- género en las culturas gay y lésbíca suelen tematizar «lo na- xual para conceptualizar el género y el deseo? ¿Qué ocurre tural» en contextos paródicos que ponen de manifiesto la con el sujeto y con la estabilidad de las categorías de género construcción performativa de un sexo original y verdadero. cuando el régimen epistémico de aparente heterosexualidad ¿Qué otras categorías fundacionales de la identidad --else descubre como lo que produce y reifica estas categorías marco binario del sexo, el género y el cuerpo-e- pueden ver-presuntamente ontológicas? se como producciones que producen el efecto de lo natural, ¿Cómo puede ponerse en duda un régimen epistémi- lo original y lo inevitable?c%ntológico? ¿Cuál es la mejor forma de problematizar las Considerar que las categorías fundacionales del sexo, elcategorías de género que respaldan la jerarquía de los géne- género y el deseo son efectos de una formación específicaros y la heterosexualidad obligatoria? Considérese el destino del poder requíere una forma de cuestionamiento críticodel «problema de la mujer», esa configuración histórica de que Foucault, reformulando a Nietzsche, denomina «genea-una innombrada indisposición femenina que a duras penas logía». La crítica genealógica se niega a buscar los orígenes
  20. 20. 38 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (1990) 39del género, la verdad interna del deseo femenino, una iden- sujetos del feminismo y la diferenciación entre sexo : géne-tidad sexual verdadera que la represión ha mantenido ente- ro. La heterosexualidad obligatoria y el falogocentnsmo serrada; la genealogía indaga sobre los intereses políticos que entienden como regúnenes de poder/discurso que habitual-hay en señalar como origen y causa las categorías de identi- mente contestan de maneras distintas a las grandes pregun-dad que, de hecho, son los efectos de instituciones, prácticas tas del discurso de género: ¿cómo construye el lenguaje lasy razonamientos de origen diverso y difuso. La labor de este categorías del sexo? ¿Se opone «lo femenino» a la repre~en­cuestionamiento es centrar -y descentrar- esas institucio- tación dentro del lenguaje? ¿Se considera que ellenguale esnes definitorias: el falogocentrismo y la heterosexualidad falogocéntrico? (La pregunta es de Luce Irigaray.) ¿Es «elobligatoria. femenino» el único sexo representado dentro de un lengua- Justamente porque «femenino» ya no parece ser una no- je que agrupa lo femenino y lo sexual? (El razonamiento esción estable, su significado es tan problemático y vago como de Monique Wittig.) ¿Dónde y cómo confluyen la heterose-«mujer». Y puesto que ambos términos adquieren sus signifi- xualidad obligatoria y el falogocentrismo? ¿Dónde están loscados problemáticos únicamente como conceptos relativos, puntos de ruptura entre ellos? ¿Cómo cn:a el lenguaje en síesta búsqueda se basa en el género y en el análisis de relaciones la construcción ficticia de «sexo» que sosnene estos diversosque sugiere. Además, que la teoría feminista deba determinar regímenes de poder? Dentro de un lenguaje de ,aparente he-los asuntos de identidad primaria para seguir con la labor de terosexualidad, ¿qué tipos de continuidades existen supues-la política no está tan claro. Por el contrario, deberíamos pre- tamente entre sexo, género y deseo? ¿Están diferenciad?sguntar: ¿qué alternativas políticas son consecuencia de una estos términos? ¿Qué tipos de prácticas culturales crean dis-crítica radical de las categorías de identidad? ¿Qué nueva continuidad subversiva y disonancia entre sexo, género y de-forma de política emerge cuando la identidad como terreno seo y cuestionan sus supuestas relaciones?común ya no limita el discurso sobre las políticas feministas? El capítulo 2, «Prohibición, psicoanálisis y la producción¿y en qué medida la energía empleada en encontrar una de la matriz heterosexual», incluye una lectura selectiva delidentidad común --como la base para una política feminis- estructuralismo, de los análisis psicoanaliticos y feministasta- puede impedir que se ponga en duda la construcción del tabú del incesto como el dispositivo que intenta estable-política y la reglamentación de la identidad en sí? cer las identidades de género diferenciadas e internamente coherentes dentro de un marco heterosexual, En cierto dis- *** curso psicoanalítico, el tema de la homosexualidad está rela- cionado con formas de ininteligibilidad cultural y, en el caso Este libro está dividido en tres capítulos que incluyen del lesbianismo, con la desexualización del cuerpo femeni-una genealogía crítica de las categorías de género en ámbitos no. Por otra parte, el uso de la teoría psicoanalitíca para re-discursivos muy distintos. El capítulo 1, «Sujetos de sexo/gé- visar las «identidades» de género complejas tiene lugar me-nero/deseo», replantea la posición de las «mujeres» como diante un análisis de la identidad, la identificación y la
  21. 21. 40 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (1990) 41 ma~~arada presentes en Joan Riviere y otros textos psicoa- desnaturalizar y otorgar un significado nuevo a las categorías ~alít1cos. Una vez que el tabú del incesto se expone a la crí- corporales, explico y propongo un conjunto de prácticas pa- tl~a d~ Foucault acerca de la hipótesis de la represión en La ródicas fundadas en una teoría performativa de los actos de historia de la sexualidad, se demuestra que esa estructura género que tergiversan las categorías del cuerpo, el sexo, el prohibitiva o jurídica determina la heterosexualidad obliga- género y la sexualidad, y que hacen que éstas adquieran nue- tO~la en ~l marco de ~na economía sexual masculinista y al vos significados y se multipliquen subversivamente más allá mrsmo tiempo permite un desafío crítico a esa economía. del marco binario. ¿Es el psico~álisis una investigación antifundacionista que establece el npo de complejidad sexual que efectivamente Puede parecer que todos los textos tienen más fuentes desreglamenta los códigos sexuales jerárquicos y rígidos, o de las que se pueden reconstruir dentro de sus propios tér- bren propugna una serie de suposiciones no asumidas res- minos. Son fuentes que definen y originan el lenguaje mismo pecto de las bases de la identidad que funcionan en favor de del texto, de tal manera que habría que desenmarañarlo mi- esas mismas jerarquías? nuciosamente para que se entendiera y, desde luego, sin ga- El capítula. 3, «Actos corporales subversivos», empieza rantía de que esto tuviera un final, Aunque he incluido una con una consideración crítica sobre la construcción del re±1exión sobre la infancia en el inicio de este prefacio, la fá- cuerpo materno hecha por Julia Kristeva, con la finalidad de bula es irreductible a los hechos. De hecho, el objetivo es explicar .l~s normas implícitas que, en su obra, gobiernan la determinar cómo las fábulas de género inventan y divulgan inteligibilidad cultural del sexo y la sexualidad. Aunque los mal llamados hechos naturales. Es evidente que es impo- Foucault se ocupa de analizar a Kristeva, un examen minu- sible recuperar los orígenes de estos ensayos, situar los dife- cioso de una parte de la obra del propio Foucault muestra rentes momentos que han hecho posible la escritura de este cierta indiferencia problemática respecto de la diferencia se- libro. Los textos se han agrupado para facilitar una concu- xual. No obstante, su crítica de la categoría de sexo expone rrencia política del feminismo, de los puntos de vista gay y ~a refle~i~n so~re las prácticas reguladoras de algunas fic- lésbico sobre el género y de la teoría postestructuralista. La cienes medicas diseñadas para nombrar el sexo unívoco. La filosofía es el mecanismo disdplinario predominante que ac- ~bra teó~i~a y literaria de Menique Wittig ofrece una «de- tiva a esta autora-sujeto en la actualidad, aunque rara vez, o smtegractón» de los cuerpos constituidos culturalmente lo nunca, aparece separada de otros discursos. La intención de cual sugiere que la morfología es de por sí el resultado deun esta búsqueda es afirmar esas posiciones sobre los límites esquema conceptual hegemónico. Inspirada en las obras de críticos de la existencia disciplinaria. No se trata de quedar-Mary Douglas y Julia Kristeva, la última sección de este ca- se al margen, sino de intervenir en cualesquiera redes o par-pítulo, «Inscripciones corporales, subversiones perfonnati- tes marginales que se creen a partir de otras aproximacionesv~s», plantea que el ~ite y la superficie de los cuerpos es- disciplinarias y que, juntos, conformen un desplazamientotan construidos políticamente. Como una estrategia para múltiple de esas autoridades. La complejidad del género
  22. 22. 42 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (1990) 43 exige varios discursos interdisciplinarios y posdisciplinarios Hopkins University, la Universiry of Notre Dame, la Univer- para escapar de la domesticación de los estudios de género sity of Kansas, el Amherst College y la Es~uela de !:1edic~a o de los estudios de la mujer dentro del ámbito académico de la Vale University Quiero dar las graCIas también a Lin- y para radicalizar la concepción de crítica feminista. da Singer, cuyo radicalismo persistente ha sido ines~able; Este texto fue posible gracias a numerosas muestras de a Sandra Bartky por su trabajo y sus palabras de an~mo; a apoyo institucional e individual. El American Council ofLear- Linda Nicholson por sus consejos editoriales y crítlC~S, y ned Societies me otorgó la beca para los recién graduados a Linda Anderson por sus acertadas intuiciones políuca~. del doctorado durante el otoño de 1987, Yla Escuela de También deseo dar las gracias a las siguientes perso~as: amr- Ciencias Sociales del Instituto de Estudios Avanzados de gos y colegas que dier~n forma y defendieron mis Ideas: Princeton me proporcionó una beca, vivienda y estimulan- Eloise Moore Aggar, lnes Azar, Peter Caws, Nancy F. Cott, tes debates durante el año académico de 1987 -1988. La beca Kathy Natanson, Lois Natanson, Maurice Natanso n, Sta! de investigación académica de la George Washington Uni- Pies, Josh Shapiro, Margaret Saltan, ~obert V. Stone, ~­ versrry también fue de gran ayuda para mi trabajo durante chard Vann y Eszti Votaw. Doy las gracias aSandra S~hmIdt los veranos de 1987 y 198B.}oan W Scott ha sido una críti- por su excelente trabajo para preparar este manuscnto: y a ca ínvalorable e incisiva en las diferentes etapas de este ma- Meg Gilbert por su ayuda. También quiero dar las gracias a nuscrito. Su compromiso con el reforrnulamíento crítico de Maureen MacGrogan por infundir aliento a este y otros pro- las presuposiciones de la política feminista me ha servido yectos con su humor, paciencia y delicada guía editorial. como desafío e inspiración. El «Seminario de género» que se Como antes, le doy las gracias a Wendy Owen por su lleva a cabo en el Instituto de Estudios Avanzados de Prin- imaginación implacable, sus acertadas críticas y por lo suge- ceton bajo la dirección de J oan Scott me permitió poner en rente de su obra. claro y establecer mis puntos de vista gracias a las divisiones significativas y sugerentes en nuestro pensamiento colectivo.Así pues, doy las gracias a Lila Abu-Lughod, Yasmine Ergas,Donna Haraway, Evelyn Fox Keller, Dorinne Kondo, RaynaRapp, Carroll Smith-Rosenberg y Louise Tilly. Mis alumnasdel seminario «Género, identidad y deseo», impartido en laWesleyan Universiry y en Vale en 1985 y 1986, respectiva-mente, fueron indispensables por su capacidad para imagi-nar ~tuldos con géneros distintos. También agradezco la grancantidad de respuestas críticas que recibí durante las pre-sentaciones de panes de este trabajo en el Princeton Wo-mens Studies Colloquium, el Humanities Center de laJohns
  23. 23. CAPíruLO 1 SUJETOS DE SEXO/GÉNEROIDESEO No se nacemujer: liega una a serlo. SIMONE DE Bnzuvom Estrictamentehablando, no puede decirse que existan los «mujeres». JULIA KRISTEVA La mujer no tiene un sexo. LUCE IRlGARAY El despliegue de la sexualidad L. .. 1 estableció esta noción de sexo. MICHEL FOUGULT La categoría del sexo es la categoría política que crea a la sociedad como heterosexual. MONIQUE WITTIGLAS «MUJERES» COMO SUJETO DEL fEMINISMO En su mayoría, la teoría feminista ha asumido que existecierta identidad, entendida mediante la categoría de las mu-
  24. 24. 46 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 47 jeres, que no sólo introduce los intereses y los objetivos fe- Foucault afirma que los sistemas jurídicos de poder pro- ministas dentro del discurso, sino que se convierte en el su- ducen a los sujetos a los que más tarde representan. ~ Las no- jeto para el cual se procura la representación política. Pero ciones jurídicas de poder parecen regular la esfera política política y representación son términos que suscitan opiniones únicamente en términos negativos, es decir, mediante la li- contrapuestas. Por un lado, representación funciona como mitación, la prohibición, la reglamentación, el control y has- término operativo dentro de un procedimiento político que ta la «protección» de las personas vinculadas a esa estructu- pretende ampliar la visibilidad y la legitimidad hacia las mu- ra política a través de la operación contingente y retractable jeres como sujetos políticos; por otro, la representación es la de la elección. No obstante, los sujetos regulados por esas función normativa de un lenguaje que, al parecer, muestra o estructuras, en virtud de que están sujetos a ellas, se consti- distorsiona 10 que se considera verdadero acerca de la cate- tuyen, se definen y se reproducen de acuerdo con las impo- goría de las mujeres. Para la teoría feminista, el desarrollo de siciones de dichas estructuras. Si este análisis es correcto, un lenguaje que represente de manera adecuada y completa entonces la formación jurídica del lenguaje y de la política a las mujeres ha sido necesario para promover su visibilidad que presenta a las mujeres como «el sujeto» del feminismo política. Evidentemente, esto ha sido de gran importancia, es, de por sí, una formación discursiva y el resultado de unateniendo en cuenta la situación cultural subsistente, en la versión especifica de la política de representación. Así, el su- que la vida de las mujeres se representaba inadecuadamente jeto feminista está discursivamente formado por la mismao no se representaba en absoluto. estructura política que, supuestamente, permitirá su eman- Recientemente, esta concepción dominante sobre la re- cipación. Esto se convierte en una cuestión políticamentelación entre teoría feminista y política se ha puesto en tela de problemática si se puede demostrar que ese sistema crea su-juicio desde dentro del discurso feminista. El tema de las jetos con género que se sitúan sobre un eje diferencial de do-mujeres ya no se ve en términos estables o constantes. Hay minación o sujetos que, supuestamente, son masculinos. Ennumerosas obras que cuestionan la viabilidad del «sujeto» tales casos, recurrir sin ambages a ese sistema para la eman-como el candidato principal de la representación o, incluso, cipación de las «mujeres» será abiertamente contraprodu-de la liberación, pero además hay muy poco acuerdo acerca cente.de qué es, o debería ser, la categoría de las mujeres. Los El problema del «sujeto» es fundamental para la políti-campos de «representación» lingüística y política definieron ca, y concretamente para la política feminista, porque los su-con anterioridad el criterio mediante el cual se originan los jetos jurídicos siempre se construyen mediante ciertas prác-sujetos mismos, y la consecuencia es que la representación se ticas excluyentes que, una vez determinada la estructuraextiende únicamente a lo que puede reconocerse como un jurídica de la política, no «se perciben». En definitiva, lasujeto. Dicho de otra forma, deben cumplirse los requisitos construcción política del sujeto se realiza con algunos obje-para ser un sujeto antes de que pueda extenderse la repre- tivos legitimadores y excluyentes, y estas operaciones políti-sentación. cas se esconden y naturalizan mediante un análisis político
  25. 25. 48 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 49en el que se basan las estructuras jurídicas. El poder jurídi- término .emujeres» indica una identidad común. En lugar deco «produce» irremediablemente lo que afirma sólo repre- un significante estable que reclama la aprobación de aque-sentar; así, la política debe preocuparse por esta doble fun- llas a quienes pretende describir y representar, mujeres (in-ción del poder: la jurídica y la productiva. De hecho, la ley cluso en plural) se ha convertido en un término problemáti-produce y posteriormente esconde la noción de «un sujeto co, un lugar de refutación, un motivo de angustia. Comoanterior a la ley»" para apelar a esa formación discursiva sugiere el título de Denise Riley, Am I tbat Name? [¿Soy yocomo una premisa fundacional naturalizada que posterior- ese nombres], es una pregunta motivada por los posiblesmente legitima la hegemonía reguladora de esa misma ley. significados múltiples del nombre. Si una «es» una mujer, esNo basta con investigar de qué forme las mujeres pueden es- evidente que eso no es todo lo que una es; el concepto no estar representadas de manera más precisa en el lenguaje y la exheustivo.jno porque una «persona» con un género prede-política. La crítica feminista también debería comprender terminado sobrepase los atributos específicos de su género,que las mismas estructuras de poder mediante las cuales se sino porque el género no siempre se constituye de forma co-pretende la emancipación crean y limitan la categoría de «las herente o consistente en contextos históricos distintos, ymujeres», sujeto del feminismo. porque se entrecruza con modalidades raciales, de clase, ét- En efecto, la cuestión de las mujeres como sujeto del fe- nicas sexuales y regionales de identidades discursivamenteminismo plantea la posibilidad de que no haya un sujeto que constituidas. Así, es imposible separar el «género» de las in-exista «antes» de la ley, esperando la representación en y por tersecciones políticas y culturales en las que constantementeesta ley. Quizás el sujeto y la invocación de un «antes» tem- se produce y se mantiene.poral sean creados por la ley como un fundamento ficticio La creencia política de que debe haber una base univer-de su propia afirmación de legitimidad. La hipótesis preva- sal para el feminismo, y de que puede fundarse en una iden-leciente de la integridad ontológica del sujeto antes de la ley tidad que aparentemente existe en todas las culturas, a me-debe ser entendida como el vestigio contemporáneo de la nudo va unida a la idea de que la opresión de las mujereshipótesis del estado de naturaleza, esa fábula fundacionista posee alguna forma específica reconocible dentro de la es-que sienta las bases de las estructuras jurídicas delliberalis- tructura universal o hegemónica del patriarcado o de la do-mo clásico. La invocación performativa de un «antes» no minación masculina. La idea de un patriarcado universal hahistórico se convierte en la premisa fundacional que asegura recibido numerosas críticas en años recientes porque no tie-una ontología presocial de individuos que aceptan libre- ne en cuenta el funcionamiento de la opresión de género enmente ser gobernados y, con ello, forman la legitimidad del los contextos culturales concretos en los que se produce.contrato social. Una vez examinados esos contextos diversos en el marco de Sin embargo, aparte de las ficciones fundacionistas que dichas teorías, se han encontrado «ejemplos» o «ilustracio-respaldan la noción del sujeto, está el problema político con nes» de un principio universal que se asume desde el princi-el que se enfrenta el feminismo en la presunción de que el pio. Esa manera de hacer teoría feminista ha sido cuestiona-
  26. 26. 50 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 51 da porque intenta colonizar y apropiarse de las culturas no quier otra forma la «especificidad» de lo femenino, una vez occidentales para respaldar ideas de dominación muy occi- más, se descontextualiza completamente y se aleja analítica y dentales, y también porque tiene tendencia a construir un políticamente de la constitución de clase, raza, etnia y otros «Tercer Mundo» o incluso un «Oriente», donde la opresión ejes de relaciones de poder que conforman la «idenridadsy de género es sutilmente considerada como sintomática de hacen que la noción concreta de identidad sea errónea." una barbarie esencial, no occidental. La urgencia del femi- Mi intención aquí es argüir que las limitaciones del dis- nismo por determinar el carácter universal del patriarcado curso de representación en el que participa el sujeto del fe- --<:00 el objetivo de reforzar la idea de que las propias rei- minismo socavan sus supuestas universalidad y unidad. De vindicaciones del feminismo son representativas- ha pro- hecho, la reiteración prematura en un sujeto estable del fe- vocado, en algunas ocasiones, que se busque un atajo hacia minismo -------entendido como una categoría inconsútil de mu- una universalidad categórica o ficticia de la estructura de jetes-e- provoca inevitablemente un gran rechazo para ad- dominación, que por lo visto origina la experiencia de sub- mitir la categoría. Estos campos de exclusión ponen de yugación habitual de las mujeres. manifiesto las consecuencias coercitivas y reguladoras de esa Si bien la afirmación de un patriarcado universal ha per- construcción, aunque ésta se haya llevado a cabo con objeti- dido credibilidad, la noción de un concepto generalmente vos de emancipación. En realidad, la división en el seno del compartido de las «mujeres», la conclusión de aquel marco, feminismo y la oposición paradójica a él por parte de las ha sido mucho más difícil de derribar. Desde luego, ha habi- «mujeres» a quienes dice representar muestran los límites do numerosos debates al respecto. ¿Comparten las «muje- necesarios de las políticas de identidad. La noción de que el res» algún elemento que sea anterior a su opresión, o bien feminismo puede encontrar una representación más extensa las «mujeres» comparten un vínculo únicamente como re- de un sujeto que el mismo feminismo construye tiene como sultado de su opresión? ¿Existe una especificidad en las cul- consecuencia irónica que los objetivos feministas podrían turas de las mujeres que no dependa de su subordinación frustrarse si no tienen en cuenta los poderes constitutivospor parte de las culturas rnasculinistas hegemónicas? ¿Están de lo que afirman representar. Este problema se agrava si sesiempre contraindicadas la especificidad y la integridad de recurre a la categoría de la mujer sólo con finalidad «estra-las prácticas culturales o lingüísticas de las mujeres y, por tégica», porque las estrategias siempre tienen significadostanto, dentro de los límites de alguna formación cultural que sobrepasan los objetivos para los que fueron creadas.más dominante? ¿Hay una región de lo «específicamente fe- En este caso, la exclusión en sí puede definirse como un sig-menino», que se distinga de lo masculino como tal y se acep- nificado no intencional pero con consecuencias, pues cuan-te en su diferencia por una universalidad de las «mujeres» do se amolda a la exigencia de la política de representaciónno marcada y, por consiguiente, supuesta? La oposición bi- de que el feminismo plantee un sujeto estable, ese feminis-naria masculino/femenino no sólo es el marco exclusivo en mo se arriesga a que se lo acuse de tergiversaciones inexcu-el que puede aceptarse esa especificidad, sino que de cual- sables.
  27. 27. 52 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 53 Por lo tanto, es obvio que la labor política no es rechazar categoría de las mujeres estabilidad y coher~c~ únicam~­la política de representación, lo cual tampoco sería posible. te en el contexto de la matriz heterosexual? SI una nociónLas estructuras jurídicas del lenguaje y de la política crean el estable de género ya no es la premisa principal de la políticacampo actual de poder; no hay ninguna posición fuera de feminista, quizás ahora necesitemos una nueva política fe-este campo, sino sólo una genealogía crítica de sus propias minista para combatir las reificaciones mismas de géneroacciones legitimadoras. Como tal, el punto de partida crítico e identidad, que sostenga que la construcción va.riable de ~aes el presente histórico, como afirmó Marx. Y la tarea con- identidad es un requisito metodológico y normativo, ademassiste en elaborar, dentro de este marco constituido, una crí- de una meta política.tica de las categorías de identidad que generan, naturalizan Examinar los procedimientos políticos que originan y es-e inmovilizan las estructuras jurídicas actuales. conden lo que conforma las condiciones al sujeto jurí?ico Quizás haya una oportunidad en esta coyuntura de la del feminismo es exactamente la labor de una genealogía fe-política cultural (época que algunos denominarían posfe- minista de la categoría de las mujeres. A lo largo de este in-minista) para pensar, desde una perspectiva feminista, so- tento de poner en duda a las «mujeres» como el sujeto d~bre la necesidad de construir un sujeto del feminismo. feminismo, la aplicación no problemática de esa categonaDentro de la práctica política feminista, parece necesario puede tener como consecuencia que se descarte la opción dereplantearse de manera radical las construcciones ontoló- que el feminismo sea considerado una política de ::preset;--gicas de la identidad para plantear una política representa- tación. Qué sentido tiene ampliar la representacron haciativa que pueda renovar el feminismo sobre otras bases. Por sujetos ~ue se construyen a través de la exclusión de qu~enesotra parte, tal vez sea el momento de formular una crítica no cumplen las exigencias normativas tácitas del sujeto?radical que libere a la teoría feminista de la obligación de ( .Qué relaciones de dominación y exclusión .se establecen de , .construir una base única o constante, permanentemente manera involuntaria cuando la representacron se convierterefutada por las posturas de identidad o de antiidentidad a en el único interés de la política? La identidad del sujeto fe-las que invariablemente niega. ¿Acaso las prácticas exclu- minista no debería ser la base de la política feminista si seyentes, que fundan la teoría feminista en una noción de asume que la formación del sujeto se produce dentro ~e un«mujeres» como sujeto, debilitan paradójicamente los ob- campo de poder que desaparece invariablement~.~edlantejetivos feministas de ampliar sus exigencias de «represen- la afirmación de ese fundamento. Tal vez, paradoJlcamente,ración»? se demuestre que la «representación» tendrá sentido para el Quizás el problema sea todavía más grave. La construc- feminismo únicamente cuando el sujeto de las «mujeres» noción de la categoría de las mujeres como sujeto coherente y se dé por sentado en ningún aspecto.estable, ¿es una reglamentación y reificación involuntaria delas relaciones entre los géneros? ¿Y no contradice tal reifi-cación los objetivos feministas? ¿En qué medida consigue la

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