Butler, judith   el genero en disputa[1]
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Sobre la conformación del género

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    Butler, judith   el genero en disputa[1] Butler, judith el genero en disputa[1] Presentation Transcript

    • El género en disputo, obra fundadora de la llamada teoríaqueery emblema de losestudios de génerocomo se conocenHoy en ma, es un volumen indispensable para comprenae "r;;;;" -la teoría feminista actual: constituye una lúcida crítica a laidea esencialista de que las identidades de género son Judith 8utlerinmutables y encuentran su arraigo en la naturaleza. en elcuerpo o en una heterosexualidad normativa y obligatoria. EI género en disputaLibro interdisciplinario que se inscribe simultáneamente en El feminismo y la subversiónla filosofia,laantropología, la teoría literaria y el psicoanálisis, de la identidadeste texto es deudor de un prolongado acercamiento de laautora al feminismo teóri , los debates sobre el caráctersocialmente construido del género, al psicoanálisis, a losestudios pioneros sobre el travestismo, y también a su activaparticipación en movimientos defensores dela diversidadsexual. Así, con un pie en laacademiay otro en la militancia,apoyada en su lecturade autores como Jacques Lacan,Sigmund Freud, Simone deBeauvoir, Claude l.éví-Strauss,Luce Irigaray, Julia Kristeva, Monique Wittig y MichelFoucault, Butler ofrece aquíuna teoría original, polémica ydesde luego subversiva, responsable ella misma de más deuna disputa.Judith Butler ocupa la cátedra Maxine Elliot de Retórica.Literaturacomparaday Estudios dela mujeren laUniversidaddeCali fornia, Berkeley. Es autora. entre otros libros, deCuerpos que importan, Deshacer el género y Vida precario,todos ellos publicados por Paidós.www.paidos.com ,
    • Judith ButlerEl género en disputaEl feminismo y la subversión de la identidad
    • TiMa original: Gandar TroubJe. Feminism and the Subvemion of Idootffy Publicado en Inglés, en 1999, par RouUedge, Nueva YOflI Traducción de M. Antonia Mufloz SUMARIO Cubierta de Mario Eskenazi Prefacio (1999) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7 Prefacio (1990) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 35 1. Sujetos de sexo/género/deseo. . . . . . . . . . . . . . . . . 45 Las «mujeres» como sujeto del feminismo 45 El orden obligatorio de sexo/género/deseo 54 Género: las ruinas circulares del debate actual . . . . 56 Teorizar lo binario, lo unitario y más allá 65 Identidad, sexo y la metafísica de la sustancia 70 Lenguaje, poder y estrategias de desplazamiento . . 85 cultura Libre 2. Prohibición, psicoanálisis y la producción de la ma- triz heterosexual. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 101 El intercambio crítico del estructuralismo 107Q 1990.1999 by Rautledge Lacan, Riviere y las estrategias de la mascarada 115e 2007 de la traducción, M.OAntonia Mufloz Freud y la melancolía del género . . . . . . . . . . . . . .. 137e 2007 de tadas las ediciones en castellano. Ediciones Paidós Ibérica, SA, La complejidad del género y los límites de la identi- Av. Diagonal. 662-664 - 08034 Barcelona www.paidos.com ficación 151ISBN: 978-84--493-2Q30..-9 Reformular la prohibición como poder 161Depósito legal: B. 23.66712007 3. Actos corporales subversivos . . . . . . . . . . . . . . . . .. 173Impreso en Novagratik, SL La política corporal de Julia Kristeva 173VMlldi, 5 - 08110 Monteada i Reixac (Barcelona¡ Foucault, Herculine y la política de discontinuidadImpreso en Espa/Ja - Prinled in Spaín sexual 196
    • 6 EL GÉNERO EN DISPUTA Moníque Wittig: desintegración corporal y sexo fic- ticio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 224 Inscripciones corporales, subversiones performati- vas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 253 PREFACIO (1999)Conclusión: De la parodia a la política . . .. 277Notas 289Índice analítico y de nombres 311 Hace diez años terminé el manuscrito de la versión in- glesa de El género en disputa y lo envié a Routledge para su publicación. Nunca imaginé que e] texto iba a tener tantos lectores, ni tampoco que se convertiría en una «interven- cíórr provocadora en la teoría feminista, ni que sería citado como uno de los textos fundadores de la teoría queer. La vida del texto ha superado mis intenciones, y seguramente esto es debido, hasta cierto punto, al entorno cambiante en el que fue acogido. Mientras lo escribía comprendí que yo misma mantenía una relación de combate y antagonista a ciertas formas de feminismo, aunque también comprendí que el texto pertenecía al propio feminismo. Escribía enton- ces en la tradición de la crítica inherente, cuyo objetivo es revisar de forma crítica el vocabulario básico del movimien- to de pensamiento en el que se inscribe. Había y todavía hay una justificación para esta forma de crítica y para diferenciar entre la autocrítica, que promete una vida más democrática e integradora para el movimiento, y la crítica, que tiene como objetivo socavarlo completamente. Es evidente que siempre se puede malinterpretar tanto la primera como la segunda, pero espero que esto no ocurra en el caso de El gé- nero en disputa.
    • 8 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (l999) 9 En 1989 mi atención se centraba en criticar un supuesto rias deban ser condenadas o celebradas, sino que debemosheterosexual dominante en la teoría literaria feminista. Mi poder analizarlas antes de llegar a alguna conclusión. Lo queintención era rebatir los planteamientos que presuponían los más me inquietaba eran las formas en que el pánico ante ta-límites y la corrección del género, y que limitaban su signifi- les prácticas las hacía impensables. ¿Es la disolución de loscado a las concepciones generalmente aceptadas de mascu- binarios de género, por ejemplo, tan monstruosa o tan temi-linidad y feminidad. Consideraba y sigo considerando que ble que por definición se afirme que es imposible, y heurís-toda teoría feminista que limite el significado del género en ticamente quede descartada de cualquier intento por pensarlas presuposiciones de su propia práctica dicta normas de el género?género excluyentes en el seno del feminismo, que con fre- Algunas de estas suposiciones se basaban en lo que secuencia tienen consecuencias homofóbicas. Me parecía -y denominó el «feminismo francés», y eran muy populares en-me sigue pareciendo- que el feminismo debía intentar no tre los estudiosos de la literatura y algunos teóricos sociales.idealizar ciertas expresiones de género que al mismo tiempo Al tiempo que rechacé el heterosexismo existente en el nú-originan nuevas formas de jerarquía y exclusión; concreta- cleo del fundamentalismo de la diferencia sexual, tambiénmente, rechacé los regímenes de verdad que determinaban tomé ideas del postestrueturalismo francés para elaborar misque algunas expresiones relacionadas con el género eran fal- planteamientos. Así, en El género en disputa mi trabajo aca-sas o carentes de originalidad, mientras que otras eran ver- bó síendcrun estudio de traducción cultural. Las teorías es-daderas y originales. El objetivo no era recomendar una tadounidenses del género y la difícil situación política del fe-nueva forma de vida con género que más tarde sirviese de minismo se vieron a la luz de la teoría postestructuralista.modelo a los lectores del texto, sino más bien abrir las posi- Aunque en algunas de sus presentaciones el postestruetura-bilidades para el género sin precisar qué tipos de posibilida- lismo se presenta como un formalismo, alejado de los pro-des debían realizarse. Uno podría preguntarse de qué sirve blemas del contexto social y el objetivo político, no ha ocu-finalmente «abrir las posibilidades», pero nadie que sepa lo rrido lo mismo con sus apropiaciones estadounidenses másque significa vivir en el mundo social y lo que es «imposi- recientes. De hecho, no se trataba de «aplicar» el postes-ble», ilegible, irrealizable, irreal e ilegítimo planteará esa tructuralismo al feminismo, sino de exponer esas teorías apregunta. una reformulación específicamente feminista. Mientras que La intención de El género en disputa era descubrir las algunos defensores del formalismo postestructuralista mani-formas en las que el hecho mismo de plantearse qué es posi- fiestan su descontento por la confesada orientación «temáti-ble en la vida con género queda relegado por ciertas presu- ca» que recibe en obras corno El género en disputa, las críti-posiciones habituales y violentas. El texto también pretendía cas del postestructuralismo en el ámbito de la izquierdadestruir todos los intentos de elaborar un discurso de ver- cultural se han mostrado escépticas ante la afirmación dedad para deslegitimar las prácticas de género y sexuales mi- que todo lo políticamente progresista pueda proceder de susnoritarias. Esto no significa que todas las prácticas minorita- premisas. No obstante, en ambas concepciones el postes-
    • 10 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (1999) 11 tructuralismo se considera algo unificado, puro y monolíti- Aunque el libro se ha traducido a varios idiomas y ha tenido co. Pero en los últimos años esa teoría, o conjunto de teo- una gran repercusión en las discusiones sobre género y polí-rías, se ha trasladado a los estudios de género y de la sexua- tica en Alemania, en Francia aparecerá -si finahnente selidad, a los estudios poscoloniales y raciales. Ha perdido el publica- mucho después que en otros países. Mencionoformalismo de antaño y ha adquirido una vida nueva y tras- esto para poner de manifiesto que el supuesto francocentris-plantada en el ámbito de la teoría cultural. Hay discusiones mo del texto está a una distancia considerable de Francia ycontinuas sobre si mi obra o )a de Homi Bhabha, Gayatri de la vida de la teoría francesa. El género en disputa tiende aChakravorty Spivak., o Slavoj Ziáek pertenece a los estudios interpretar juntos, en una vena sincrética, a varios y variasculturales o a la teoría crítica, pero es posible que estas pre- intelectuales franceses (Lévt-Strauss, Foucault, Lacan, Kris-guntas no hagan más que poner de manifiesto que la marca- teva, Wittig) que se aliaron en contadas ocasiones y cuyosda distinción entre las dos empresas se ha diluido. Algunos lectores en Francia en contadas ocasiones, o tal vez nunca,teóricos afirmarán que todo lo anterior pertenece al campo leyeron a los demás. En efecto, la promiscuidad intelectualde los estudios culturales, y otros investigadores de dicho del texto lo caracteriza precisamente como un texto esta-ámbito se considerarán opositores de todas las formas de dounidense y lo aleja del contexto francés. Lo mismo hace teoría (aunque resulta significativo que Stuart Hall, uno de su énfasis en la tradición sociológica y antropológica anglo- los fundadores de los estudios culturales en Gran Bretaña, estadounidense de 19s estudios de «género», que se aleja del no lo haga); pero los defensores de ambos lados a veces ol- discurso de la «diferencia sexual» originado en la investiga- vidan que el perfil de la teoría ha variado precisamente por ción estructuralista. Aunque el texto corre el riesgo de ser sus apropiaciones culturales. Hay un nuevo terreno para la eurocéntrico en Estados Unidos, en Francia se considerateoría, necesariamente impuro, donde ésta emerge en el acto una amenaza de «americanización» de la teoría, según losmismo de la traducción cultural y como tal. No se trata del escasos editores franceses que han pensado en la posibilidaddesplazamiento de la teoría por el historicismo, ni de una de publicarlo.mera historización de la teoría que presente los límites con- Desde luego, la «teoría francesa» no es el único lenguajetingentes de sus demandas más susceptibles de generali- que se utiliza en este texto; éste nace de un prolongado acer-zación; más bien se trata de la aparición de la teoría en el camiento a la teoría feminista, a los debates sobre el carácterpunto donde convergen los horizontes culturales, donde la sociahnente construido del género, al psicoanálisis y el femi-exigencia de traducción es aguda y su promesa de éxito in- nismo, a la excelente obra de Gayle Rubin sobre el género,cierta. la sexualidad y el parentesco, a los estudios pioneros de Es- El género en disputa tiene sus orígenes en la «teoría fran- ther Newton sobre el travestismo, a los magníficos escritoscesa», que es propiamente una construcción estadouniden- teóricos y de ficción de Monique Wittig, y a las perspectivasse extraña. Sólo en Estados Unidos encontramos tantas teo- gay y Iésbica en las humanidades. Mientras que en la décadarías distintas juntas como si formaran cierto tipo de unidad. de 1980 muchas feministas asumían que el lesbianismo se
    • 12 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (1999) 13 une con el feminismo en el feminismo lésbico, El género en Esto crea una cierta crisis en la ontología experimentada en disputa trataba de refutar la idea de que la práctica Iésbica el nivel de la sexualidad y del lenguaje. Esta cuestión se ha materializa la teoría feminista y establece una relación más agravado a medida que hemos ido reflexionando sobre va- problemática entre los dos términos. En este escrito, el les- rias formas nuevas de pensar un género que han surgido a la bianismo no supone un regreso a lo que es más importante luz del transgénero y la transexualidad, la paternidad y la acerca de ser mujer; tampoco consagra la feminidad ni maternidad lésbicas y gays. y las nuevas identidades lésbicas muestra un mundo ginocéntrico. El lesbianismo no es la rea- masculina y femenina. ¿Cuándo y por qué, por ejemplo, al- lización erótica de una serie de creencias políticas (la sexua- gunas lesbianas masculinas que tienen hijos hacen de «papá» lidad y la creencia están relacionadas de una forma mucho y otras de «mamá»? más compleja y con frecuencia no coinciden). Por el contra- ¿Qué ocurre con la idea, propuesta por Kate Bomstein, rio, el texto plantea cómo las prácticas sexuales no normati- de que una persona transexual no puede ser definida con los vas cuestionan la estabilidad del género como categoría de sustantivos de «mujer» u «hombre», sino que para referirse análisis. ¿Cómo ciertas prácticas sexuales exigen la pregun- a ella deben utilizarse verbos activos que atestigüen la trans- ta: qué es una mujer, qué es un hombre? Si el género ya no formación permanente que «es» la nueva identidad o, en se entiende como algo que se consolida a través de la sexua- efecto, la condición «provisional» que pone en cuestión al lidad normativa, entonces ¿hay una crisis de género que sea ser de la identidad de género? Aunque algunas lesbianas específica de los Contextos queer? afirman que la identidad lésbica masculina no tiene nada La noción de que la práctica sexual tiene el poder de de- que ver con «ser hombre», otras sostienen que dicha identi- sestabilizar el género surgió tras leer «The Traffic in Wo- dad no es o no ha sido más que un camino hacia el deseo de men», de Gayle Rubin, y pretendía determinar que la sexua- ser hombre. Sin duda estas paradojas han proliferado en los lidad normativa consolida el género normativo. En pocas últimos años y proporcionan pruebas de un tipo de disputapalabras, según este esquema conceptual, una es mujer en la sobre el género que el texto mismo no previó."medida en que funciona como mujer en la estructura hete- No obstante, ¿cuál es el vínculo entre género y sexua-rosexual dominante, y poner en tela de juicio la estructura lidad que pretendía recalcar? Es evidente que no estoyposiblemente implique perder algo de nuestro sentido del afirmando que ciertas formas de práctica sexual den comolugar que ocupamos en el género. Considero que ésta es la resultado ciertos géneros, sino que en condiciones de he-primera formulación de «el problema del género» o «la terosexualidad normativa, vigilar el género ocasionalmen-disputa del género» en este texto. Me propuse entender par- te se utiliza como una forma de afirmar la heterosexuali-te del miedo y la ansiedad que algunas personas experimen- dad. Catharine MacKfunon plantea este problema de unatan al «volverse gays», el miedo a perder el lugar que se ocu- manera parecida a la mía pero, al mismo tiempo, con algu-pa en el género o a no saber quién terminará siendo uno si nas diferencias decisivas e importantes. MacKinnon afirma:se acuesta con alguien ostensiblemente del «mismo» género. «Suspendida como si fuera un atributo de una persona, la
    • 14 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (999) 15desigualdad sexual adopta la forma de género; moviéndose hay otras formas de establecer el género. Así pues, segúncomo una relación entre personas, adopta la forma de se- Franke, es importante distinguir provisionalmente entre dis-xualidad. El género emergecomola forma rígidade la sexua- criminación de género y discriminación sexual. Por ejemplo,lización de la desigualdad entre el hombre y la mujer». los gays pueden recibir un trato discriminatorio en el ámbi- Según este planteamiento, la jerarquía sexual crea y con- to laboral porque su «apariencia» no coincide con las nor-solida el género. Pero lo que crea y consolida el género no es mas de género aceptadas. Y es posible que acosar sexual-la nonnatividad heterosexual, sino que es la jerarquía del gé- mente a los gays no obedezca al propósito de consolidar lanero la que se esconde detrás de las relaciones heterosexua- jerarquía del género, sino al de promover la normatividadles. Si la jerarquía del género crea y consolida el género, y sí del género.ésta presupone una noción operativa de género, entonces el Al mismo tiempo que critica el acoso sexual, MacKin-género es lo que causa el género, y la formulación termina non establece otro tipo de regulación: tener un género signi-en una tautología. Quizá MacKinnon solamente pretenda fica haber establecido ya una relación heterosexual de su-precisar los mecanismos de autorreproducción de la jerar- bordinación. En un nivel analítico, hace una ecuación en laquía del género, pero no es esto lo que afirma. que resuenan algunas formas dominantes del argumento ho- ¿Acaso basta con la «jerarquía del género» para explicar mofóbíco. Una postura de este tipo recomienda y perdonalas condiciones de producción del género? ¿Hasta qué pun- el ordenamiento sexual del género, al afirmar que los hom-to la jerarquía del género sirve a una heterosexualidad más o bres que son hombres serán heterosexuales, y las mujeresmenos obligatoria, y con qué frecuencia la vigilancia de las que son mujeres serán heterosexuales. Hay otra serie denormas de género se hace precisamente para consolidar la puntos de vista, en el que se incluye el de Franke, que criti-hegemonía heterosexual? ca esta forma de regulación del género. Por tanto, existe una Katherine Franke, teórica contemporánea del área jurí- diferencia entre las posturas sexista y feminista sobre la rela-dica, emplea de forma innovadora las perspectivas feminista ción entre género y sexualidad: la postura sexista afirma quey queer para observar que, al presuponer la primacía de la je- una mujer únicamente revela su condición de mujer duran-rarquía del género para la producción del género, MacKin- te el acto del coito heterosexual en el que su subordinaciónnon también está aceptando un modelo presuntamente he- se convierte en su placer (la esencia emana y se confirma enterosexual para pensar sobre la sexualidad. Franke propone la subordinacíón sexualizada de la mujer); la posición femi-un modelo de discriminación de género diferente al de Mac- nista argumenta que el género debería ser derrocado, supri-Kinnon, quien afirma de manera convincente que el acoso mido o convertido en algo ambiguo, precisamente porquesexual es la alegoría paradigmática de la producción del gé- siempre es un signo de subordinación de la mujer. Esta últi-nero. No toda discriminación puede interpretarse como ma postura acepta el poder de la descripción ortodoxa de laacoso; el acto de acoso puede ser aquel en el que una perso- primera y reconoce que la descripción sexista ya funcionana es «convertida» en un determinado género; pero también como una ideología poderosa, pero se opone a ella.
    • 16 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (1999) 17 Censuro este planteamiento porque algunos teoncos sino también porque muchos otros la han adoptado y la hanqueer han establecido una distinción analítica entre género y formulado a su manera. Originalmente, la pista para enten-sexualidad, y rechazan que exista una relación causal o es- der la performatividad del género me la proporcionó la in-tructural entre ambos. Esto tiene mucho sentido desde cier- terpretación que Jacques Derrida hizo de «.Ante la ley», deta perspectiva: si lo que se pretende con esta distinción es Kafka. En esa historia, quien espera a la ley se sienta frente aafirmar que la normatividad heterosexual no debería orde- la puerta de la ley, y atribuye cierta fuerza a esa ley. La anti-nar el género, y que habría que oponerse a tal ordenamien- cipación de una revelación fidedigna del significado es elto, estoy completamente de acuerdo con esta postura." Pero medio a través del cual esa autoridad se instala: la anticipa-si lo que se quiere decir con eso es que (desde un punto de ción conjura su objeto. Es posible que tengamos una expec-vista descriptivo) no hay una regulación sexual del género, tativa similar en lo concerniente al género, de que actúe unaentonces considero que una dimensión importante, aunque esencia interior que pueda ponerse al descubierto, una ex-no exclusiva, de cómo funciona la homofobie es que pasa pectativa que acaba produciendo el fenómeno mismo quedesapercibida entre aquellos que la combaten con más fuer- anticipa. Por tanto, en el primer caso, la performatividad delza. Con todo, reconozco que practicar la subversión del gé- género gira en torno a esta metalepsis, la forma en que la an-nero no implica necesariamente nada acerca de la sexuali- ticipación de una esencia provista de género origina lo quedad y la práctica sexual. El género puede volverse ambiguo plantea como exterior a sí misma. En el segundo, la perfor-sin cambiar ni reorientar en absoluto la sexualidad normati- matividad no es un acto único, sino una repetición y un ri-va. A veces la ambigüedad de género interviene precisamen- tual que consigue su efecto a través de su naturalización ente para reprimir o desviar la práctica sexual no normativa el contexto de un cuerpo, entendido, hasta cierto punto;para, de esa forma, conserva intacta la sexualidad normati- como una duración temporal sostenida culturalmente."va. En consecuencia, no se puede establecer ninguna corre- Se han formulado varias preguntas importantes a estalación, por ejemplo, entre el travestismo o el transgénero y la doctrina, y una de ellas es especialmente digna de mención. práctica sexual, y la distribución de las inclinaciones hetero- La postura de que el género es performativo intentaba po- sexual, bisexual y homosexual no puede determinarse de ner de manifiesto que lo que consideramos una esencia in- manera previsible a partir de los movimientos de simulación terna del género se construye a través de un conjunto soste- de un género ambiguo o distinto. nido de actos, postulados por medio de la estilización del Gran parte de mi obra de los últimos años ha estado de- cuerpo basada en el género. De esta forma se demuestra que dicada a esclarecer y revisar la teoría de la performatividad lo que hemos tomado como un rasgo «interno» de nosotros que se perfila en El género en disputa" No es tarea fácil defi- mismos es algo que anticipamos y producimos a través de nir la perfonnatividad, no sólo porque mis propias posturas ciertos actos corporales, en un extremo, un efecto alucinato- sobre lo que la «performatividad» significa han variado con rio de gestos naturalizados. ¿Significa esto que todo lo que el tiempo, casi siempre en respuesta a críticas excelentes," se entiende como «interno» sobre la psique es, por consi-
    • 18 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (1999) 19guiente, expulsado, y que esa intemalidad es una metáfora no deberían ser tratados como simples analogías. Por consi-falsa? Aunque El género en disputa evidentemente se sirvió guiente, la pregunta que hay que plantear no es si la teoríade la metáfora de una psique interna en su primera discu- de la performatividad puede trasladarse a la raza, sino qué lesión sobre la melancolía del género, ese énfasis no se intro- ocurre a dicha teoría cuando trata de lidiar con la raza. Mu-dujo en el pensamiento de la performatividad misma," Tan- chos de estos debates se han ceñido al lugar que ocupa lato Mecanismos psíquicos depoder como varios de mis artículos «construcción», en la cuestión de si la raza se construye derecientes sobre cuestiones relacionadas con el psicoanálisis la misma forma que el género. Considero que ninguna de lashan intentado encontrar la manera de vivir con este proble- explicaciones de la construcción servirá, y que estas catego-ma, lo que muchos han visto como una ruptura problemáti- rías síempre actúan como fondo la una de la otra y se articu-ca entre los primeros y los últimos capítulos de esta obra. lan de forma más enérgica recurriendo la una a la otra. Así,Aunque yo negaría que todo el mundo interno de la psique la sexualización de las normas de género raciales se puedeno es sino un efecto de un conjunto estilizado de actos, sigo interpretar bajo distintas ópticas a la vez, y el análisis permi- pensando que es un error teórico importante presuponer tirá distinguir con total claridad los límites del género en su la «íntemelided» del mundo psíquico. Algunos rasgos del carácter de categoría de análisis exclusiva." mundo, entre los que se incluyen las personas que conoce- Aunque he enumerado algunas de las tradiciones y de mos y perdemos, se convierten en rasgos «internos» del yo, los debates académicos que han alentado este libro, no es mi pero se transforman mediante esa interiorización; y ese intención ofrecer toda una apología en estas breves páginas. mundo interno, como lo denominan los kleínianos, se forma Hay un elemento acerca de las condiciones en que se escri- precisamente como consecuencia de las interiorizaciones bíó el texto que no siempre se entiende: no lo escribí sola- que una psique lleva a cabo. Esto sugiere que bien puede mente desde la academia, sino también desde los movimien- haber una teoría psíquica de la perfonnatividad que requie- tos sociales convergentes de los que he formado parte, y en re un estudio más profundo. el contexto de una comunidad lésbica y gay de la costa este Aunque este texto no da respuesta a la pregunta sobre si de Estados Unidos, donde viví durante catorce años antes de la materialidad del cuerpo es algo totalmente construido, ése escribirlo. A pesar de la dislocación del sujeto que se efectúa ha sido el centro de atención de gran parte de mí obra sub- en el texto, detrás hay una persona: asistí a numerosas reu- síguiente, la cual espero que resulte esclarecedora para mis niones, bares y marchas, y observé muchos tipos de géneros; lectoras y lectores. 10 Algunos especialistas han analizado la comprendí que yo misma estaba en la encrucijada de algu- pregunta de si la teoría de la performatividad puede o no ser nos de ellos, y tropecé con la sexualidad en varíos de sus trasladada a las cuestiones de la raza." En este punto me bordes culturales. Conocí a muchas personas que intenta- gustaría aclarar que tras el discurso sobre el género se es- ban defmir su camino en medio de un importante movi- conden permanentemente las presuposiciones raciales de miento en favor del reconocimiento y la libertad sexuales, y maneras que es necesario explicitar, y que la raza y el género sentí la alegría y la frustración que conlleva formar parte de
    • 20 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (1999) 21ese movimiento tanto en su lado esperanzador como en su entender el reclamo de «universalidad» como una forma dedisensión interna. Estaba instalada en la academia, y al mis- exclusividad negativa y excluyente. No obstante, me perca-mo tiempo estaba viviendo una vida fuera de esas paredes; y té de que ese término tiene un uso estratégico importantesi bien El género en disputa es un libro académico, para mi precisamente como una categoría no sustancial y abiertaempezó con un momento de transición, sentada en Reho- cuando colaboré con un grupo extraordinario de activistas,borh Beach, reflexionando sobre si podría relacionar los di- primero como integrante de la directiva y luego como di-ferentes ámbitos de mi vida. El hecho de que pueda escribir rectora de la Comisión Internacional de Derechos Huma-de un modo autobiográfico no altera, en mi opinión, el lugar nos de Gays y Lesbianas (1994-1997), organización que re-que ocupo como el sujeto que soy, aunque tal vez dé el lec- presenta a las minorías sexuales en una gran variedad detor cierto consuelo el saber que hay alguien detrás (dejaré temas relacionados con los derechos humanos. Fue ahí don-por el momento el problema de que ese alguien esté dado en de comprendí que la afirmación de la universalidad puedeel lenguaje). ser proléptica y perfonnativa, invoca una realidad que ya no Una de las experiencias más gratificantes ha sido saber existe, y descarta una coincidencia de horizontes culturalesque el texto se sigue leyendo fuera de la academia hasta el que aún no se han encontrado. De esta forma llegué a un se-día de hoy. Al mismo tiempo que Queer Nation hizo suyo gundo punto de vista de la universalidad, según el cual seel libro, y que en algunas de sus reflexiones sobre la teatrali- define como una tarea de traducción cultural orientada aldad de la autopresentación de los queer resonaban las tácti- futuro." Más recientemente he tenido que relacionar micas de Act-Up, el libro fue una de las obras que llevaron a obra con la teoría política y, una vez más, con el conceptolos miembros de la Asociación Psicoanalítica de Estados de universalidad en un libro del que soy coautora y que es-Unidos y de la Asociación Psicológica de Estados Unidos a cribí junto con Ernesto Laclau y Slavoi Zizek sobre la teoríareevaluar parte de su doxa vigente sobre la homosexualidad. de la hegemonía y sus implicacíones para la izquierda teóri-Las nociones del género performativo se incorporaron de camente activista.diversas maneras en las artes visuales, en las exhibiciones Otra dimensión práctica de mi pensamiento se ha pues-de Whitney, y en la Otis School for the Arrs de Los Ángeles, to de manifiesto en relacíón con el psicoanálisis entendidoentre otros. Algunos de sus planteamientos sobre la cuestión en su carácter de labor tanto académica como clínica. Ac-de «la mujer» y la relación entre la sexualidad y el género tualmente colaboro con un grupo de terapeutas psicoanalf-también incorporaron la jurisprudencia feminista y el traba- ticos progresistas en una nueva revista, Studies in Genderjo académico del ámbito jurídico antidiscriminetorio de la and Sexuality, cuyo objetivo es llevar el trabajo clínico y delobra de Vicki Schultz, Katheríne Franke y MaryJo Frug. ámbito académico a un diálogo productivo sobre cuestiones A mi vez, me he visto obligada a revisar algunas de las de sexualidad, género y cultura.posturas que adopto en El género en disputa a consecuencia Tanto los críticos como los amigos de El género en dispu-de mis propios compromisos políticos. En el libro tiendo a ta han llamado la atención sobre lo difícil de su estilo. Sin
    • 22 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (999) 23duda es extraño, e incluso exasperante para algunos, descu- tativas de vida intelectual que tienen como consumidores?brir que un libro que no se lee fácilmente sea «popular» se- ¿Se obtiene, quizá, un valor de tales experiencias de dificul-gún los estándares académicos. La sorpresa que esto causa tad lingüística? Si el género mismo se naturaliza mediantequizá sea debida a que subestimamos al lector, su capacidad las normas gramaticales, como sostiene MOIÚque Wittig, en-y su deseo de leer textos complicados y que constituyan un tonces la alteración del género en el nivel epistémico másdesafío, cuando la complicación no es gratuita, cuando el fundamental estará dirigida, en parte, por la negación de ladesafío sirve para poner en duda verdades que se dan por gramática en la que se produce el género.sentadas, cuando en realidad dar por hecho esas verdades es La exigencia de lucidez pasa por alto las estratagemasopresivo. que fomentan el punto de vista aparentemente «claro». Avi- Considero que el estilo es un terreno fangoso, y desde tal Ronell recuerda el momento en el que Nixon miró a losluego no es algo que se elija o se controle unilateralmente ojos de la nación y dijo: «Permítanme dejar algo totalmentecon los objetivos que de modo consciente nos proponemos. en claro», y a continuación empezó a mentir. ¿Qué es lo queFredric ]ameson explicó esto en su primera obra sobre Sar- se esconde bajo el signo de «claridad» y cuál sería el preciotre. Aunque es posible practicar estilos, los estilos de los que de no mostrar ciertas reservas críticas cuando se anuncia lanos servimos no son en absoluto una elección consciente. llegada de la lucidez? ¿Quién inventa los protocolos de «cla-Además, ni la gramática ni el estilo son políticamente neu- ridad» y a qué intereses sirven? ¿Qué se excluye al persistirtros. Aprender las reglas que rigen el discurso inteligible es en los estándares provincianos de transparencia como unimbuirse del lenguaje normalizado, y el precio que hay que elemento necesario para toda comunicación? ¿Qué es lo quepagar por no conformarse a él es la pérdida misma de inteli- esconde la «transparencia»?gibilidad. Como me lo recuerda Drucilla Comell, que sigue Crecí entendiendo algo sobre la violencia de las normasla tradición de Adorno: no hay nada radical acerca del sen- del género: un tío encarcelado por tener un cuerpo anató-tido común. Considerar que la gramática aceptada es el me- micamente anómalo, privado de la familia y de los amigos,jor vehículo para exponer puntos de vista radicales sería un que pasó el resto de sus días en un «instituto» en las prade-error, dadas las restricciones que la gramática misma exige al ras de Kansas; primos gays que tuvieron que abandonar elpensamiento; de hecho, a lo pensable. Sin embargo, las for- hogar por su sexualidad, real o imaginada; mi propia y tem-mulaciones que tergiversan la gramática o que de manera pestuosa declaración pública de homosexualidad a los 16implícita cuestionan las exigencias del sentido proposicional años, y el subsiguiente panorama adulto de trabajos, amantesde utilizar sujeto-verbo son claramente irritantes para algu- y hogares perdidos. Todas estas experiencias me sometieronnos. Los lectores tienen que hacer un esfuerzo, y a veces és- a una fuerte condena que me marcó, pero, afortunadamen-tos se ofenden ante lo que tales formulaciones exigen de te, no impidió que siguiera buscando el placer e insistiendoellos. ¿Están los ofendidos reclamando de manera legítima en el reconocimiento legitimizador de mi vida sexual. Iden-un «lenguaje sencillo», o acaso su queja se debe a las expec- tificar esta violencia fue difícil precisamente porque el géne-
    • 24 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (1999) 25ro era algo que se daba por sentado y que al mismo tiempo «normativo» tiene al menos dos significados en este encuen-se vigilaba terminantemente. Se presuponía que era una ex- tro crítico, pues es una de las palabras que utilizo con fre-presión natural del sexo o una constante cultural que ningu- cuencia, sobre todo para describir la violencia mundana quena acción humana era capaz de modificar. También llegué a ejercen ciertos tipos de ideales de género. Suelo utilizarentender algo de la violencia de la vida de exclusión, aquella «normativo» de una forma que es sinónima de «concernien-que no se considera «Vida», aquella cuya encarcelación con- te a las normas que rigen el género»; sin embargo, el ténni-duce a la suspensión de la vida, o una sentencia de muerte no «normativo» también atañe a la justificación ética, cómosostenida. El empeño obstinado de este texto por «desnatu- se establece, y qué consecuencias concretas se desprendenralizar» el género tiene su origen en el deseo intenso de con- de ella. Una de las preguntas críticas que se han planteadotrarrestar la violencia normativa que conllevan las morfolo- sobre El género en disputa es ésta: ¿cómo actuamos paragías ideales del sexo, así como de eliminar las suposiciones emitir juicios acerca de cómo ha de vivirse el género basán-dominantes acerca de la heterosexualidad natural o presun- donos en las descripciones teóricas que aquí se exponen? ta que se basan en los discursos ordinarios y académicos so- No es posible oponerse a las formas «normativas» del géne- bre la sexualidad. Escribir sobre esta desnaturalización no ro sin suscribir al mismo tiempo cierto punto de vista nor- obedeció meramente a un deseo de jugar con el lenguaje o mativo de cómo debería ser el mundo con género. No obs- de recomendar payasadas teatrales en vez de la política tante, quiero puntualizar que la visión normativa positiva de «real», como algunos críticos han afirmado (como si el tea- este texto no adopta la forma de una prescripción (ni puede tro y la política fueran siempre distintos); obedece a un de- hacerlo) como: «Subvirtamos el género tal como lo digo, y la seo de vivir, de hacer la vida posible, y de replantear lo posi- vida será buena». ble en cuanto tal. ¿Cómo tendría que ser el mundo para que Quienes hacen tales afirmaciones, o quienes están dis- mi tío pudiera vivir con su familia, sus amigos o algún otro puestos a decidir entre expresiones subversivas y no subver- tipo de parentesco? ¿Cómo debemos reformular las limita- sivas del género, basan sus juicios en una descripción. El gé- ciones morfológicas idóneas que recaen sobre los seres hu- nero aparece de tal o cual forma, y a continuación se elabora manos para que quienes se alejan de la norma no estén con- un juicio normativo sobre esas apariencias y sobre la base de denados a una muerte en vida?" lo que parece. Pero ¿qué determina el dominio de las apa- Algunos lectores han preguntado si El género en disputa riencias del género mismo? Podemos sentirnos tentados a es- procura ampliar las opciones del género por algún motivo. tablecer la siguiente distinción: una explicación descriptiva Preguntan con qué objetivo se engendran esas nuevas confi- del género incluye cuestiones sobre lo que hace inteligible el guraciones del género, y cómo deberíamos distinguirlas. género, una exploración sobre sus condiciones de viabilidad, Con frecuencia la pregunta conduce a una premisa anterior, mientras que una explicación normativa intenta dar respues- es decir, que el texto no plantea la dimensión normativa o ta a la pregunta de qué expresiones de género son aceptables prescriptiva del pensamiento feminista. Es evidente que lo y cuáles no, ofreciendo motivos convincentes para distinguir
    • 26 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (1999) 27de esta forma entre tales expresiones. Sin embargo, la pregun- El debate del travestismo que El género en disputa pro-ta de qué cuenta como «género» es ya de por sí una pregunta pone para exponer la dimensión construida y performativaque asegura una operación de poder predominantemente del género no es ciertamente un ejemplo de subversión.normativa, una operación fugitiva de «qué sucederá» bajo la Considerarlo un paradigma de la acción subversiva o, inclu-rúbrica de «qué sucede». Así, la descripción misma del cam- so, como un modelo de la acción política sería un error, puespo del género no es en ningún caso anterior a la pregunta de se trata de algo bastante diferente. Si pensamos que vemos asu operación normativa, ni se puede separar de ella. un hombre vestido de mujer o a una mujer vestida de hom- No me propongo formular juicios sobre 10 que distingue bre, entonces estamos tomando el primer término de cada10 subversivo de lo no subversivo. No sólo creo que tales jui- una de esas percepciones como la «realidad» del género: elcios no se pueden hacer fuera de contexto, sino que también género que se introduce mediante el símil no tiene «reali-pienso que no se pueden formular de forma que soporten el dad», y es una figura ilusoria. En las percepciones en las quepaso del tiempo (los «contextos» son de por sí unidades una realidad aparente se vincula a una irrealidad, creemospostuladas que experimentan cambios temporales y revelan saber cuál es la realidad, y tomamos la segunda aparienciasu falta de unidad esencial), De la misma forma que las me- del género como un mero artificio, juego, falsedad e ilusión.táforas pierden su carácter metafórico a medida que, con el Sin embargo, ¿cuál es el sentido de «realidad de género»paso del tiempo, se consolidan como conceptos, las prácti- que origina de este modo dicha percepción? Tal vez creemoscas subversivas corren siempre el riesgo de convertirse en saber cuál es la anatomía de la persona (a veces no, y con se-clichés adormecedores a base de repetirlas y, sobre todo, al guridad no hemos reparado en la variación que hay en el ni-repetirlas en una cultura en la que todo se considera mer- vel de la descripción anatómica). O inferimos ese conoci-cancía, y en la que la «subversión» tiene un valor de merca- miento de la vestimenta de dicha persona, o de cómo sedo. Obstinarse en establecer el criterio de lo subversivo usan esas prendas. Éste es un conocimiento naturalizado,siempre fracasará, y debe hacerlo. Entonces ¿qué está en aunque se basa en una serie de inferencias culturales, algu-juego cuando se usa el término? nas de las cuales son bastante incorrectas. De hecho, si sus- Uno de los temas que más me preocupan son los siguien- tituimos el ejemplo del travestismo por el de la transexuali-tes tipos de preguntas: ¿qué constituye una vida inteligible y dad, entonces ya no podremos emitir un juicio acerca de laqué no, y cómo las suposiciones acerca del género y la sexua- anatomía estable basándonos en la ropa que viste y articulalidad normativos deciden por adelantado lo que pasará a for- el cuerpo. Ese cuerpo puede ser preoperatorio, transicionalmar parte del campo de lo «humano» y de lo «vivíble»? Di- o postoperatorio; ni siquiera «ver» el cuerpo puede dar res- cho de otra forma, ¿cómo actúan las suposiciones del género puesta a la pregunta, ya que ¿cuáles son las categorías me- normativo para restringir el campo mismo de la descripción diante las cuales vemos? El instante en que nuestras percep- que tenemos de lo humano? ¿Por qué medio advertimos este ciones culturales habituales y serias fallan, cuando no poder demarcador, y con qué medios lo transfonnamos? conseguimos interpretar con seguridad el cuerpo que esta-
    • 28 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO {1999) 29mos viendo, es justamente el momento en el que ya no esta- de pureza y tabúes en contra del mestizaje) determinan lomos seguros de que el cuerpo observado sea de un hombre que será inteligiblemente humano y lo que no, lo que se con-o de una mujer. La vacilación misma entre las categorías siderará «real» y lo que no, establecen el campo ontológicoconstituye la experiencia del cuerpo en cuestión. en el que se puede atribuir a los cuerpos expresión legítima. Cuando tales categorías se ponen en tela de juicio, tam- Si hay una labor normativa positiva en El género en disputabién se pone en duda la realidad del género: la frontera que es poner énfasis en la extensión de esta legitimidad a lossepara lo real de lo irreal se desdibuja. Y es en ese momento cuerpos que han sido vistos como falsos, irreales e ininteligi-cuando nos damos cuenta de que lo que consideramos bles. El travestismo es un ejemplo que tiene por objeto esta-«real», lo que invocamos como el conocimiento naturaliza- blecer que la «realidad» no es tan rígida como creemos; condo del género, es, de hecho, una realidad que puede cam- este ejemplo me propongo exponer lo tenue de la «realidad»biar y que es posible replantear, llámese subversiva o lláme- del género para contrarrestar la violencia que ejercen lasse de otra forma. Aunque esta idea no constituye de por sí normas de género.una revolución política, no es posible ninguna revoluciónpolítica sin que se produzca un cambio radical en nuestra Tanto en este texto como en otros he tratado de enten-propia concepción de lo posible y lo real. En ocasiones este der lo que podría ser la acción política, dado que ésta es in-cambio es producto de ciertos tipos de prácticas que ante- disociable de la dinámica de poder de la que es consecuen-ceden a su teorización explícita y que hacen que nos replan- cia. Lo iterable de la performatividad es una teoría de lateemos nuestras categorías básicas: ¿qué es e] género, cómo capacidad de acción (o agencia), una teoría que no puedese produce y reproduce, y cuáles son sus opciones? En este negar el poder como condición de su propia posibilidad.punto, el campo sedimentado y reificado de la «realidad» de Este texto no analiza en profundidad la performatividad engénero se concibe como un ámbito que podría ser de otra función de sus dimensiones social, psíquica, corporal y tem-forma; de hecho, menos violento. poral. En algunos aspectos, seguir trabajando en esa clarifi- Este libro no tiene como objetivo celebrar el travestismo cación, en respuesta a varias críticas excelentes, es lo quecomo la expresión de un género modelo y verdadero (si bien motiva la mayor parte de mis publicaciones posteriores.es importante oponerse a la denigración del travestismo que En los últimos diez años han surgido otras preocupacio-a veces tiene lugar), sino demostrar que el.conocimiento na- nes sobre este texto, y he intentado responderlas en variosturalizado del género actúa como una circunscripción con escritos que he publicado. Sobre el lugar que ocupa la mate-derecho preferente y violenta de la realidad. En la medida rialidad del cuerpo, he reflexionado y revisado mis puntosen que las normas de género (dimorfismo ideal, comple- de vista en Cuerpos que importan. Sobre la necesidad de lamentariedad heterosexual de los cuerpos, ideales y dominio categoría de «mujerx para el análisis feminista, he corregidode la masculinidad y la feminidad adecuadas e inadecuadas, y ampliado mis posturas en «Contingent Foundations», pu-muchos de los cuales están respaldados por códigos raciales blicado en Feminists Tbeorize the Political, volumen que
    • 30 EL GÉNERO EN DISPLT A PREFACIO (1999) 31 compilé junto con joan W. Scott, y en Feminist Contentions, tarismo eventual de mi idea de performatividad sin que con de autoría colectiva. ello se debilite una teoría más general de la acción. El géne- No considero que el postestrueturalismo conlleve la de- ro en disputa a veces se interpreta como si el género fuerasaparición de la escritura autobiográfica, aunque sí llama la una invención propia o como si el significado psíquico de atención sobre la dificultad del «yo» para expresarse me- una presentación dotada de género pudiera interpretarse diante el lenguaje, pues este «yo» que los lectores leen es, en directamente a partir de su exterior. Ambos postulados hanparte, consecuencia de la gramática que rige la disponibili- tenido que ser perfilados con el paso del tiempo. Además,dad de las personas en el lenguaje. No estoy fuera del len- mi teoría a veces oscila entre entender la performatividadguaje que me estructura, pero tampoco estoy determinada como algo lingüístico y plantearlo como teatral. He llegadopor el lenguaje que hace posible este «yo». Éste es el víncu- a la conclusión de que ambas interpretaciones están rela-lo de autoexpresión, tal como lo entiendo. Lo que significa cionadas obligatoriamente, de una forma quiástica, y queque usted, lectora o lector, no me recibirá nunca separada replantear el acto discursivo como un ejemplo de poderde la gramática que permite mi disponibilidad con usted. Si permanentemente dirige la atención hacia ambas dimensio-trato esa gramática como algo de claridad meridiana, enton- nes: la teatral y la lingüística. En Excitable Speech argumen-ces no podré despenar su interés por esa esfera del lenguaje té que el acto discursivo es a la vez algo ejecutado [per/or-que establece y desestablece la inteligibilidad, yeso equival- medl (y por tanto teatral, que se presenta ante un público,dría precisamente a tergiversar mi propio proyecto tal como y sujeto a interpretación), y lingüístico, que provoca una se-lo he descrito para los lectores aquí. No es mi intención ser rie de efectos mediante su relación implícita con las con-difícil, sino dirigir la atención hacia una dificultad sin la cual venciones lingüísticas. Si queremos saber cómo se relacionaningún «yo» puede aparecer. una teoría lingüística del acto discursivo con los gestos cor- Dicha dificultad adopta una dimensión concreta cuan- porales sólo tenemos que tener en cuenta que el discursodo se enfoca desde una perspectiva psicoanalítica. En mi mismo es un acto corporal con consecuencias lingüísticaspretensión por entender la opacidad del «yo» en el lengua- específicas. Así, el discurso no es exclusivo ni de la presen-je, desde la publicación de El género en disputa me he cen- tación corpórea ni del lenguaje, y su condición de palabra ytrado cada vez más en el psicoanálisis. El intento habitual obra es ciertamente ambigua. Esta ambigüedad tiene con-de polarizar la teoría de la psique desde la teoría del poder secuencias para la declaración pública de la homosexuali-me parece contraproducente, pues una parte de lo que es dad, para el poder insurreccional del acto discursivo, paratan opresivo acerca de las formas sociales del género tiene el lenguaje como condición de la seducción corporal y lasu origen en las dificultades psíquicas que generan. En Me- amenaza de daño.canismos psíquicos del poder intenté revisar las maneras en Si ahora tuviera que volver a escribir este libro, incluiríaque Foucault y el psicoanálisis podrían pensarse juntos. una discusión sobre el transgénero y la intersexualidad, so-También he utilizado el psicoanálisis para refrenar el volun- bre cómo se activa el dimorfismo de género ideal en ambos
    • PREFACIO (1999) 3332 EL GÉNERO EN DISPUTAtipos de discursos, sobre las diferentes relaciones que estos bate colectivo que ha tenido y seguirá teniendo cierto éxitotemas establecen con la intervención quirúrgica. También en la mejora de las posibilidades de conseguir una vida lle-incluiría una discusión sobre la sexualidad racializada y, con- vadera para quienes viven, o tratan de vivir, en la marginali-cretamente, sobre cómo los tabúes en contra del mestizaje (y dad sexual."la romantización del intercambio sexual interracial} son bá- JUDITH BUTLERsicos para las formas naturalizadas y desnaturalizadas que elgénero adopta. Sigo albergando la esperanza de que las mi- Berkeley, Californianorías sexuales formen una coalición que trascienda las ca- Junio de 1999tegorías simples de la identidad, que rechace el estigma de labisexualidad, que combata y suprima la violencia impuestapor las normas corporales restrictivas. Desearía que dichacoalición se fundara en la complejidad irreducible de la se-xualidad y en sus implicaciones en distintas dinámicas delpoder discursivo e institucional, y que nadie se apresurara arestar poder a la jerarquía y a negar sus dimensiones políti-cas productivas. Si bien pienso que ganarse el reconoci-miento de la propia condición como minoría sexual es unaardua tarea en el marco de los discursos dominantes del de-recho, la política y el lenguaje, sigo considerándolo una ne-cesidad para sobrevivir. La movilización de las categorías deidentidad con vistas a la politización siempre está amenaza-da por la posibilidad de que la identidad se transforme enun instrumento del poder al que nos oponemos. Ésa no es razón para no utilizar la identidad, y para no ser utilizadospor ella. No hay ninguna posición política purificada de po- der, y quizá sea esa impureza 10 que ocasiona la capacidadde acción como interrupción eventual y cambio total de los regímenes reguladores. No obstante, aquellos a quienes seconsidera «irreales» siguen aferrados a lo real, un aferra-miento que tiene lugar de común acuerdo, y esa sorpresa performativa produce una inestabilidad vital. Este libro está escrito entonces como parte de la vida cultural de un com-
    • PREFACIO (1990) Los debates feministas contemporáneos sobre los signi-ficados del género conducen sin cesar a cierta sensación deproblema o disputa, como si la indeterminación del género,con el tiempo, pudiera desembocar en el fracaso del femi-nismo. Quizá no sea necesario que los problemas tenganuna carga tan negativa. Según el discurso imperante en miinfancia, uno nunca debía crear problemas, porque precisa-mente con ello uno se metía en problemas. La rebelión y sureprensión parecían estar atrapadas en los mismos términos,lo que provocó mi primera reflexión crítica sobre las sutilesestratagemas del poder: la ley subsistente nos amenazabacon problemas, e incluso nos metía en problemas, todo porintentar no tener problemas. Por tanto, llegué a la conclu-sión de que los problemas son inevitables y que el objetivoera descubrir cómo crearlos mejor y cuál era la mejor mane-ra de meterse en ellos. Con el tiempo aparecieron más am-bigüedades en la crítica. Me percaté de que los problemas aveces planteaban como eufemismo alguna cuestión -por logeneral secreta- vinculada al aparente misterio de todas lascosas femeninas. Leí a Beauvoir, quien afirmaba que ser mu-jer en el seno de una cultura masculinista es ser una fuen-te de misterio y desconocimiento para los hombres, y esto
    • 36 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (1990) 37 pareció corroborarse de algún modo cuando leí a Sartre podía ocultar la idea de que ser mujer es una indisposición para quien todo deseo -aceptado problemáticamente corno natural. Por más seria que sea la visión médica del cuerpo de heterosexual y masculino-e- se describía como un problema. las mujeres, la expresión también es risible: la risa frente a Para ese sujeto masculino del deseo, los problemas se con- las categorías serias es indispensable para el feminismo. In- vertían en un escándalo con la intromisión repentina la ac- dudablemente, el feminismo sigue necesitando sus propias ción imprevista, de un «objeto» femenino que incomprensi, formas de juego serio. Female Trouble [Cosa de hembras] es blemen~e devuelve la mirada, la modifica y desafía el lugar y el título del filme de John Waters que retrata a Divine (tam- la autondad de la posición masculina. La dependencia radi- bién héroe/heroína de Hairsproy), cuya representación de cal del sujeto masculino respecto del «Otro» femenino reve- las mujeres propone de manera implícita que el género es un la de pronto que su autonomía es irreal. No obstante esta tipo de caracterización persistente que pasa como realidad. panicular inversión dialéctica del poder no me interesaba Su actuación desestabiliza las diferenciaciones mismas entre tant.o como o~as. Aparentemente, el poder era algo más que lo natural y lo artificial, la profundidad y la superficie, lo in- un intercambio entre sujetos o una relación de inversión terno y lo externo, a través de las cuales se activa el discurso co~tinua entre un sujeto y un Otro; de hecho, el poder pa- sobre los géneros. ¿Es el travestismo la imitación del género recre centrarse en la producción de ese mismo marco bina- o bien resalta los gestos significativos a través de los cuales rio para reflexionar acerca del género. Me pregunté enton- se determina el género en sí? ¿Ser mujer es un «hecho natu- ces: ¿qué con~?ur~ció~ de poder construye al sujeto y al ral» o una actuación cultural? ¿Esa «naturalidad» se deter- Otro,. ~a re!aclon binaria entre «hombres» y «mujeres», y la mina mediante actos performativos discursivamente restrin- estabilidad Interna de esos términos? ¿Qué restricción está gidos que producen el cuerpo a través de las categorías de operando aquí? ¿Están esos términos libres de problemas sexo y dentro de ellas? A pesar de Divine, las prácticas de sólo en la medida en que se amoldan a una matriz heterose- género en las culturas gay y lésbíca suelen tematizar «lo na- xual para conceptualizar el género y el deseo? ¿Qué ocurre tural» en contextos paródicos que ponen de manifiesto la con el sujeto y con la estabilidad de las categorías de género construcción performativa de un sexo original y verdadero. cuando el régimen epistémico de aparente heterosexualidad ¿Qué otras categorías fundacionales de la identidad --else descubre como lo que produce y reifica estas categorías marco binario del sexo, el género y el cuerpo-e- pueden ver-presuntamente ontológicas? se como producciones que producen el efecto de lo natural, ¿Cómo puede ponerse en duda un régimen epistémi- lo original y lo inevitable?c%ntológico? ¿Cuál es la mejor forma de problematizar las Considerar que las categorías fundacionales del sexo, elcategorías de género que respaldan la jerarquía de los géne- género y el deseo son efectos de una formación específicaros y la heterosexualidad obligatoria? Considérese el destino del poder requíere una forma de cuestionamiento críticodel «problema de la mujer», esa configuración histórica de que Foucault, reformulando a Nietzsche, denomina «genea-una innombrada indisposición femenina que a duras penas logía». La crítica genealógica se niega a buscar los orígenes
    • 38 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (1990) 39del género, la verdad interna del deseo femenino, una iden- sujetos del feminismo y la diferenciación entre sexo : géne-tidad sexual verdadera que la represión ha mantenido ente- ro. La heterosexualidad obligatoria y el falogocentnsmo serrada; la genealogía indaga sobre los intereses políticos que entienden como regúnenes de poder/discurso que habitual-hay en señalar como origen y causa las categorías de identi- mente contestan de maneras distintas a las grandes pregun-dad que, de hecho, son los efectos de instituciones, prácticas tas del discurso de género: ¿cómo construye el lenguaje lasy razonamientos de origen diverso y difuso. La labor de este categorías del sexo? ¿Se opone «lo femenino» a la repre~en­cuestionamiento es centrar -y descentrar- esas institucio- tación dentro del lenguaje? ¿Se considera que ellenguale esnes definitorias: el falogocentrismo y la heterosexualidad falogocéntrico? (La pregunta es de Luce Irigaray.) ¿Es «elobligatoria. femenino» el único sexo representado dentro de un lengua- Justamente porque «femenino» ya no parece ser una no- je que agrupa lo femenino y lo sexual? (El razonamiento esción estable, su significado es tan problemático y vago como de Monique Wittig.) ¿Dónde y cómo confluyen la heterose-«mujer». Y puesto que ambos términos adquieren sus signifi- xualidad obligatoria y el falogocentrismo? ¿Dónde están loscados problemáticos únicamente como conceptos relativos, puntos de ruptura entre ellos? ¿Cómo cn:a el lenguaje en síesta búsqueda se basa en el género y en el análisis de relaciones la construcción ficticia de «sexo» que sosnene estos diversosque sugiere. Además, que la teoría feminista deba determinar regímenes de poder? Dentro de un lenguaje de ,aparente he-los asuntos de identidad primaria para seguir con la labor de terosexualidad, ¿qué tipos de continuidades existen supues-la política no está tan claro. Por el contrario, deberíamos pre- tamente entre sexo, género y deseo? ¿Están diferenciad?sguntar: ¿qué alternativas políticas son consecuencia de una estos términos? ¿Qué tipos de prácticas culturales crean dis-crítica radical de las categorías de identidad? ¿Qué nueva continuidad subversiva y disonancia entre sexo, género y de-forma de política emerge cuando la identidad como terreno seo y cuestionan sus supuestas relaciones?común ya no limita el discurso sobre las políticas feministas? El capítulo 2, «Prohibición, psicoanálisis y la producción¿y en qué medida la energía empleada en encontrar una de la matriz heterosexual», incluye una lectura selectiva delidentidad común --como la base para una política feminis- estructuralismo, de los análisis psicoanaliticos y feministasta- puede impedir que se ponga en duda la construcción del tabú del incesto como el dispositivo que intenta estable-política y la reglamentación de la identidad en sí? cer las identidades de género diferenciadas e internamente coherentes dentro de un marco heterosexual, En cierto dis- *** curso psicoanalítico, el tema de la homosexualidad está rela- cionado con formas de ininteligibilidad cultural y, en el caso Este libro está dividido en tres capítulos que incluyen del lesbianismo, con la desexualización del cuerpo femeni-una genealogía crítica de las categorías de género en ámbitos no. Por otra parte, el uso de la teoría psicoanalitíca para re-discursivos muy distintos. El capítulo 1, «Sujetos de sexo/gé- visar las «identidades» de género complejas tiene lugar me-nero/deseo», replantea la posición de las «mujeres» como diante un análisis de la identidad, la identificación y la
    • 40 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (1990) 41 ma~~arada presentes en Joan Riviere y otros textos psicoa- desnaturalizar y otorgar un significado nuevo a las categorías ~alít1cos. Una vez que el tabú del incesto se expone a la crí- corporales, explico y propongo un conjunto de prácticas pa- tl~a d~ Foucault acerca de la hipótesis de la represión en La ródicas fundadas en una teoría performativa de los actos de historia de la sexualidad, se demuestra que esa estructura género que tergiversan las categorías del cuerpo, el sexo, el prohibitiva o jurídica determina la heterosexualidad obliga- género y la sexualidad, y que hacen que éstas adquieran nue- tO~la en ~l marco de ~na economía sexual masculinista y al vos significados y se multipliquen subversivamente más allá mrsmo tiempo permite un desafío crítico a esa economía. del marco binario. ¿Es el psico~álisis una investigación antifundacionista que establece el npo de complejidad sexual que efectivamente Puede parecer que todos los textos tienen más fuentes desreglamenta los códigos sexuales jerárquicos y rígidos, o de las que se pueden reconstruir dentro de sus propios tér- bren propugna una serie de suposiciones no asumidas res- minos. Son fuentes que definen y originan el lenguaje mismo pecto de las bases de la identidad que funcionan en favor de del texto, de tal manera que habría que desenmarañarlo mi- esas mismas jerarquías? nuciosamente para que se entendiera y, desde luego, sin ga- El capítula. 3, «Actos corporales subversivos», empieza rantía de que esto tuviera un final, Aunque he incluido una con una consideración crítica sobre la construcción del re±1exión sobre la infancia en el inicio de este prefacio, la fá- cuerpo materno hecha por Julia Kristeva, con la finalidad de bula es irreductible a los hechos. De hecho, el objetivo es explicar .l~s normas implícitas que, en su obra, gobiernan la determinar cómo las fábulas de género inventan y divulgan inteligibilidad cultural del sexo y la sexualidad. Aunque los mal llamados hechos naturales. Es evidente que es impo- Foucault se ocupa de analizar a Kristeva, un examen minu- sible recuperar los orígenes de estos ensayos, situar los dife- cioso de una parte de la obra del propio Foucault muestra rentes momentos que han hecho posible la escritura de este cierta indiferencia problemática respecto de la diferencia se- libro. Los textos se han agrupado para facilitar una concu- xual. No obstante, su crítica de la categoría de sexo expone rrencia política del feminismo, de los puntos de vista gay y ~a refle~i~n so~re las prácticas reguladoras de algunas fic- lésbico sobre el género y de la teoría postestructuralista. La cienes medicas diseñadas para nombrar el sexo unívoco. La filosofía es el mecanismo disdplinario predominante que ac- ~bra teó~i~a y literaria de Menique Wittig ofrece una «de- tiva a esta autora-sujeto en la actualidad, aunque rara vez, o smtegractón» de los cuerpos constituidos culturalmente lo nunca, aparece separada de otros discursos. La intención de cual sugiere que la morfología es de por sí el resultado deun esta búsqueda es afirmar esas posiciones sobre los límites esquema conceptual hegemónico. Inspirada en las obras de críticos de la existencia disciplinaria. No se trata de quedar-Mary Douglas y Julia Kristeva, la última sección de este ca- se al margen, sino de intervenir en cualesquiera redes o par-pítulo, «Inscripciones corporales, subversiones perfonnati- tes marginales que se creen a partir de otras aproximacionesv~s», plantea que el ~ite y la superficie de los cuerpos es- disciplinarias y que, juntos, conformen un desplazamientotan construidos políticamente. Como una estrategia para múltiple de esas autoridades. La complejidad del género
    • 42 EL GÉNERO EN DISPUTA PREFACIO (1990) 43 exige varios discursos interdisciplinarios y posdisciplinarios Hopkins University, la Universiry of Notre Dame, la Univer- para escapar de la domesticación de los estudios de género sity of Kansas, el Amherst College y la Es~uela de !:1edic~a o de los estudios de la mujer dentro del ámbito académico de la Vale University Quiero dar las graCIas también a Lin- y para radicalizar la concepción de crítica feminista. da Singer, cuyo radicalismo persistente ha sido ines~able; Este texto fue posible gracias a numerosas muestras de a Sandra Bartky por su trabajo y sus palabras de an~mo; a apoyo institucional e individual. El American Council ofLear- Linda Nicholson por sus consejos editoriales y crítlC~S, y ned Societies me otorgó la beca para los recién graduados a Linda Anderson por sus acertadas intuiciones políuca~. del doctorado durante el otoño de 1987, Yla Escuela de También deseo dar las gracias a las siguientes perso~as: amr- Ciencias Sociales del Instituto de Estudios Avanzados de gos y colegas que dier~n forma y defendieron mis Ideas: Princeton me proporcionó una beca, vivienda y estimulan- Eloise Moore Aggar, lnes Azar, Peter Caws, Nancy F. Cott, tes debates durante el año académico de 1987 -1988. La beca Kathy Natanson, Lois Natanson, Maurice Natanso n, Sta! de investigación académica de la George Washington Uni- Pies, Josh Shapiro, Margaret Saltan, ~obert V. Stone, ~­ versrry también fue de gran ayuda para mi trabajo durante chard Vann y Eszti Votaw. Doy las gracias aSandra S~hmIdt los veranos de 1987 y 198B.}oan W Scott ha sido una críti- por su excelente trabajo para preparar este manuscnto: y a ca ínvalorable e incisiva en las diferentes etapas de este ma- Meg Gilbert por su ayuda. También quiero dar las gracias a nuscrito. Su compromiso con el reforrnulamíento crítico de Maureen MacGrogan por infundir aliento a este y otros pro- las presuposiciones de la política feminista me ha servido yectos con su humor, paciencia y delicada guía editorial. como desafío e inspiración. El «Seminario de género» que se Como antes, le doy las gracias a Wendy Owen por su lleva a cabo en el Instituto de Estudios Avanzados de Prin- imaginación implacable, sus acertadas críticas y por lo suge- ceton bajo la dirección de J oan Scott me permitió poner en rente de su obra. claro y establecer mis puntos de vista gracias a las divisiones significativas y sugerentes en nuestro pensamiento colectivo.Así pues, doy las gracias a Lila Abu-Lughod, Yasmine Ergas,Donna Haraway, Evelyn Fox Keller, Dorinne Kondo, RaynaRapp, Carroll Smith-Rosenberg y Louise Tilly. Mis alumnasdel seminario «Género, identidad y deseo», impartido en laWesleyan Universiry y en Vale en 1985 y 1986, respectiva-mente, fueron indispensables por su capacidad para imagi-nar ~tuldos con géneros distintos. También agradezco la grancantidad de respuestas críticas que recibí durante las pre-sentaciones de panes de este trabajo en el Princeton Wo-mens Studies Colloquium, el Humanities Center de laJohns
    • CAPíruLO 1 SUJETOS DE SEXO/GÉNEROIDESEO No se nacemujer: liega una a serlo. SIMONE DE Bnzuvom Estrictamentehablando, no puede decirse que existan los «mujeres». JULIA KRISTEVA La mujer no tiene un sexo. LUCE IRlGARAY El despliegue de la sexualidad L. .. 1 estableció esta noción de sexo. MICHEL FOUGULT La categoría del sexo es la categoría política que crea a la sociedad como heterosexual. MONIQUE WITTIGLAS «MUJERES» COMO SUJETO DEL fEMINISMO En su mayoría, la teoría feminista ha asumido que existecierta identidad, entendida mediante la categoría de las mu-
    • 46 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 47 jeres, que no sólo introduce los intereses y los objetivos fe- Foucault afirma que los sistemas jurídicos de poder pro- ministas dentro del discurso, sino que se convierte en el su- ducen a los sujetos a los que más tarde representan. ~ Las no- jeto para el cual se procura la representación política. Pero ciones jurídicas de poder parecen regular la esfera política política y representación son términos que suscitan opiniones únicamente en términos negativos, es decir, mediante la li- contrapuestas. Por un lado, representación funciona como mitación, la prohibición, la reglamentación, el control y has- término operativo dentro de un procedimiento político que ta la «protección» de las personas vinculadas a esa estructu- pretende ampliar la visibilidad y la legitimidad hacia las mu- ra política a través de la operación contingente y retractable jeres como sujetos políticos; por otro, la representación es la de la elección. No obstante, los sujetos regulados por esas función normativa de un lenguaje que, al parecer, muestra o estructuras, en virtud de que están sujetos a ellas, se consti- distorsiona 10 que se considera verdadero acerca de la cate- tuyen, se definen y se reproducen de acuerdo con las impo- goría de las mujeres. Para la teoría feminista, el desarrollo de siciones de dichas estructuras. Si este análisis es correcto, un lenguaje que represente de manera adecuada y completa entonces la formación jurídica del lenguaje y de la política a las mujeres ha sido necesario para promover su visibilidad que presenta a las mujeres como «el sujeto» del feminismo política. Evidentemente, esto ha sido de gran importancia, es, de por sí, una formación discursiva y el resultado de unateniendo en cuenta la situación cultural subsistente, en la versión especifica de la política de representación. Así, el su- que la vida de las mujeres se representaba inadecuadamente jeto feminista está discursivamente formado por la mismao no se representaba en absoluto. estructura política que, supuestamente, permitirá su eman- Recientemente, esta concepción dominante sobre la re- cipación. Esto se convierte en una cuestión políticamentelación entre teoría feminista y política se ha puesto en tela de problemática si se puede demostrar que ese sistema crea su-juicio desde dentro del discurso feminista. El tema de las jetos con género que se sitúan sobre un eje diferencial de do-mujeres ya no se ve en términos estables o constantes. Hay minación o sujetos que, supuestamente, son masculinos. Ennumerosas obras que cuestionan la viabilidad del «sujeto» tales casos, recurrir sin ambages a ese sistema para la eman-como el candidato principal de la representación o, incluso, cipación de las «mujeres» será abiertamente contraprodu-de la liberación, pero además hay muy poco acuerdo acerca cente.de qué es, o debería ser, la categoría de las mujeres. Los El problema del «sujeto» es fundamental para la políti-campos de «representación» lingüística y política definieron ca, y concretamente para la política feminista, porque los su-con anterioridad el criterio mediante el cual se originan los jetos jurídicos siempre se construyen mediante ciertas prác-sujetos mismos, y la consecuencia es que la representación se ticas excluyentes que, una vez determinada la estructuraextiende únicamente a lo que puede reconocerse como un jurídica de la política, no «se perciben». En definitiva, lasujeto. Dicho de otra forma, deben cumplirse los requisitos construcción política del sujeto se realiza con algunos obje-para ser un sujeto antes de que pueda extenderse la repre- tivos legitimadores y excluyentes, y estas operaciones políti-sentación. cas se esconden y naturalizan mediante un análisis político
    • 48 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 49en el que se basan las estructuras jurídicas. El poder jurídi- término .emujeres» indica una identidad común. En lugar deco «produce» irremediablemente lo que afirma sólo repre- un significante estable que reclama la aprobación de aque-sentar; así, la política debe preocuparse por esta doble fun- llas a quienes pretende describir y representar, mujeres (in-ción del poder: la jurídica y la productiva. De hecho, la ley cluso en plural) se ha convertido en un término problemáti-produce y posteriormente esconde la noción de «un sujeto co, un lugar de refutación, un motivo de angustia. Comoanterior a la ley»" para apelar a esa formación discursiva sugiere el título de Denise Riley, Am I tbat Name? [¿Soy yocomo una premisa fundacional naturalizada que posterior- ese nombres], es una pregunta motivada por los posiblesmente legitima la hegemonía reguladora de esa misma ley. significados múltiples del nombre. Si una «es» una mujer, esNo basta con investigar de qué forme las mujeres pueden es- evidente que eso no es todo lo que una es; el concepto no estar representadas de manera más precisa en el lenguaje y la exheustivo.jno porque una «persona» con un género prede-política. La crítica feminista también debería comprender terminado sobrepase los atributos específicos de su género,que las mismas estructuras de poder mediante las cuales se sino porque el género no siempre se constituye de forma co-pretende la emancipación crean y limitan la categoría de «las herente o consistente en contextos históricos distintos, ymujeres», sujeto del feminismo. porque se entrecruza con modalidades raciales, de clase, ét- En efecto, la cuestión de las mujeres como sujeto del fe- nicas sexuales y regionales de identidades discursivamenteminismo plantea la posibilidad de que no haya un sujeto que constituidas. Así, es imposible separar el «género» de las in-exista «antes» de la ley, esperando la representación en y por tersecciones políticas y culturales en las que constantementeesta ley. Quizás el sujeto y la invocación de un «antes» tem- se produce y se mantiene.poral sean creados por la ley como un fundamento ficticio La creencia política de que debe haber una base univer-de su propia afirmación de legitimidad. La hipótesis preva- sal para el feminismo, y de que puede fundarse en una iden-leciente de la integridad ontológica del sujeto antes de la ley tidad que aparentemente existe en todas las culturas, a me-debe ser entendida como el vestigio contemporáneo de la nudo va unida a la idea de que la opresión de las mujereshipótesis del estado de naturaleza, esa fábula fundacionista posee alguna forma específica reconocible dentro de la es-que sienta las bases de las estructuras jurídicas delliberalis- tructura universal o hegemónica del patriarcado o de la do-mo clásico. La invocación performativa de un «antes» no minación masculina. La idea de un patriarcado universal hahistórico se convierte en la premisa fundacional que asegura recibido numerosas críticas en años recientes porque no tie-una ontología presocial de individuos que aceptan libre- ne en cuenta el funcionamiento de la opresión de género enmente ser gobernados y, con ello, forman la legitimidad del los contextos culturales concretos en los que se produce.contrato social. Una vez examinados esos contextos diversos en el marco de Sin embargo, aparte de las ficciones fundacionistas que dichas teorías, se han encontrado «ejemplos» o «ilustracio-respaldan la noción del sujeto, está el problema político con nes» de un principio universal que se asume desde el princi-el que se enfrenta el feminismo en la presunción de que el pio. Esa manera de hacer teoría feminista ha sido cuestiona-
    • 50 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 51 da porque intenta colonizar y apropiarse de las culturas no quier otra forma la «especificidad» de lo femenino, una vez occidentales para respaldar ideas de dominación muy occi- más, se descontextualiza completamente y se aleja analítica y dentales, y también porque tiene tendencia a construir un políticamente de la constitución de clase, raza, etnia y otros «Tercer Mundo» o incluso un «Oriente», donde la opresión ejes de relaciones de poder que conforman la «idenridadsy de género es sutilmente considerada como sintomática de hacen que la noción concreta de identidad sea errónea." una barbarie esencial, no occidental. La urgencia del femi- Mi intención aquí es argüir que las limitaciones del dis- nismo por determinar el carácter universal del patriarcado curso de representación en el que participa el sujeto del fe- --<:00 el objetivo de reforzar la idea de que las propias rei- minismo socavan sus supuestas universalidad y unidad. De vindicaciones del feminismo son representativas- ha pro- hecho, la reiteración prematura en un sujeto estable del fe- vocado, en algunas ocasiones, que se busque un atajo hacia minismo -------entendido como una categoría inconsútil de mu- una universalidad categórica o ficticia de la estructura de jetes-e- provoca inevitablemente un gran rechazo para ad- dominación, que por lo visto origina la experiencia de sub- mitir la categoría. Estos campos de exclusión ponen de yugación habitual de las mujeres. manifiesto las consecuencias coercitivas y reguladoras de esa Si bien la afirmación de un patriarcado universal ha per- construcción, aunque ésta se haya llevado a cabo con objeti- dido credibilidad, la noción de un concepto generalmente vos de emancipación. En realidad, la división en el seno del compartido de las «mujeres», la conclusión de aquel marco, feminismo y la oposición paradójica a él por parte de las ha sido mucho más difícil de derribar. Desde luego, ha habi- «mujeres» a quienes dice representar muestran los límites do numerosos debates al respecto. ¿Comparten las «muje- necesarios de las políticas de identidad. La noción de que el res» algún elemento que sea anterior a su opresión, o bien feminismo puede encontrar una representación más extensa las «mujeres» comparten un vínculo únicamente como re- de un sujeto que el mismo feminismo construye tiene como sultado de su opresión? ¿Existe una especificidad en las cul- consecuencia irónica que los objetivos feministas podrían turas de las mujeres que no dependa de su subordinación frustrarse si no tienen en cuenta los poderes constitutivospor parte de las culturas rnasculinistas hegemónicas? ¿Están de lo que afirman representar. Este problema se agrava si sesiempre contraindicadas la especificidad y la integridad de recurre a la categoría de la mujer sólo con finalidad «estra-las prácticas culturales o lingüísticas de las mujeres y, por tégica», porque las estrategias siempre tienen significadostanto, dentro de los límites de alguna formación cultural que sobrepasan los objetivos para los que fueron creadas.más dominante? ¿Hay una región de lo «específicamente fe- En este caso, la exclusión en sí puede definirse como un sig-menino», que se distinga de lo masculino como tal y se acep- nificado no intencional pero con consecuencias, pues cuan-te en su diferencia por una universalidad de las «mujeres» do se amolda a la exigencia de la política de representaciónno marcada y, por consiguiente, supuesta? La oposición bi- de que el feminismo plantee un sujeto estable, ese feminis-naria masculino/femenino no sólo es el marco exclusivo en mo se arriesga a que se lo acuse de tergiversaciones inexcu-el que puede aceptarse esa especificidad, sino que de cual- sables.
    • 52 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 53 Por lo tanto, es obvio que la labor política no es rechazar categoría de las mujeres estabilidad y coher~c~ únicam~­la política de representación, lo cual tampoco sería posible. te en el contexto de la matriz heterosexual? SI una nociónLas estructuras jurídicas del lenguaje y de la política crean el estable de género ya no es la premisa principal de la políticacampo actual de poder; no hay ninguna posición fuera de feminista, quizás ahora necesitemos una nueva política fe-este campo, sino sólo una genealogía crítica de sus propias minista para combatir las reificaciones mismas de géneroacciones legitimadoras. Como tal, el punto de partida crítico e identidad, que sostenga que la construcción va.riable de ~aes el presente histórico, como afirmó Marx. Y la tarea con- identidad es un requisito metodológico y normativo, ademassiste en elaborar, dentro de este marco constituido, una crí- de una meta política.tica de las categorías de identidad que generan, naturalizan Examinar los procedimientos políticos que originan y es-e inmovilizan las estructuras jurídicas actuales. conden lo que conforma las condiciones al sujeto jurí?ico Quizás haya una oportunidad en esta coyuntura de la del feminismo es exactamente la labor de una genealogía fe-política cultural (época que algunos denominarían posfe- minista de la categoría de las mujeres. A lo largo de este in-minista) para pensar, desde una perspectiva feminista, so- tento de poner en duda a las «mujeres» como el sujeto d~bre la necesidad de construir un sujeto del feminismo. feminismo, la aplicación no problemática de esa categonaDentro de la práctica política feminista, parece necesario puede tener como consecuencia que se descarte la opción dereplantearse de manera radical las construcciones ontoló- que el feminismo sea considerado una política de ::preset;--gicas de la identidad para plantear una política representa- tación. Qué sentido tiene ampliar la representacron haciativa que pueda renovar el feminismo sobre otras bases. Por sujetos ~ue se construyen a través de la exclusión de qu~enesotra parte, tal vez sea el momento de formular una crítica no cumplen las exigencias normativas tácitas del sujeto?radical que libere a la teoría feminista de la obligación de ( .Qué relaciones de dominación y exclusión .se establecen de , .construir una base única o constante, permanentemente manera involuntaria cuando la representacron se convierterefutada por las posturas de identidad o de antiidentidad a en el único interés de la política? La identidad del sujeto fe-las que invariablemente niega. ¿Acaso las prácticas exclu- minista no debería ser la base de la política feminista si seyentes, que fundan la teoría feminista en una noción de asume que la formación del sujeto se produce dentro ~e un«mujeres» como sujeto, debilitan paradójicamente los ob- campo de poder que desaparece invariablement~.~edlantejetivos feministas de ampliar sus exigencias de «represen- la afirmación de ese fundamento. Tal vez, paradoJlcamente,ración»? se demuestre que la «representación» tendrá sentido para el Quizás el problema sea todavía más grave. La construc- feminismo únicamente cuando el sujeto de las «mujeres» noción de la categoría de las mujeres como sujeto coherente y se dé por sentado en ningún aspecto.estable, ¿es una reglamentación y reificación involuntaria delas relaciones entre los géneros? ¿Y no contradice tal reifi-cación los objetivos feministas? ¿En qué medida consigue la
    • 54 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 55 EL ORDEN OBUGATORIO DE SEXO/GÉNERO/DESEO teoriza como algo completamente independiente del sexo, el género mismo pasa a ser un artificio ambiguo, con el resul- Aunque la unidad no problemática de las «mujeres» sue- tado de que hombre y masculino pueden significar tanto un le usarse para construir una solidaridad de identidad la di- cuerpo de mujer como uno de hombre, y mujer y femenino ferenciación entre sexo y género plantea una fragmentación tanto uno de hombre como uno de mujer. en el sujeto feminista. Originalmente con el propósito de dar Esta separación radical del sujeto con género plantea respuesta a la afirmación de que «biología es destino», esa otros problemas. ¿Podemos hacer referencia a un sexo diferenciación sirve al argumento de que, con independen- «dado» o a un género «dado» sin aclarar primero cómo se cia de la inmanejabilidad biológica que tenga aparentemen- dan uno y otro y a través de qué medios? ¿Y al fin y al cabo te el sexo, el género se construye culturalmente: por esa ra- qué es el «sexo»? ¿Es natural, anatómico, cromosómico ti zón, el género no es el resultado causal del sexo ni tampoco hormonal, y cómo puede una crítica feminista apreciar los es tan aparentemente rígido como el sexo. Por tanto, la uni- discursos científicos que intentan establecer tales «he- dad del sujeto ya está potencialmente refutada por la dife- ches»?" ¿Tiene el sexo una historia?" ¿Tiene cada sexo una renciación que posibilita que el género sea una interpreta- historia distinta, o varias historias? ¿Existe una historia de ción múltiple del sexo." cómo se determinó la dualidad del sexo, una genealogía que Si el género es los significados culturales que acepta el presente las opciones binarias como una construcción varia- cuerpo sexuado, entonces no puede afirmarse que un géne- ble? ¿Acaso los hechos aparentemente naturales del sexo ro únicamente sea producto de un sexo. Llevada hasta su tienen lugar discursivarnente mediante diferentes discursos límite lógico, la distinción sexo/género muestra una discon- científicos supeditados a otros intereses políticos y sociales? tinuidad radical entre cuerpos sexuados y géneros cultural- Si se refuta el carácter invariable del sexo, quizás esta cons- mente construidos. Si por el momento presuponemos la es- trucción denominada «sexo» esté tan culturalmente construi- tabilidad del sexo binario, no está claro que la construcción da como el género; de hecho, quizá siempre fue género, con de «hombres» dará como resultado únicamente cuerpos el resultado de que la distinción entre sexo y género no exis-masculinos o que las «mujeres» interpreten sólo cuerpos fe- te como tal."meninos. Además, aunque los sexos parezcan ser claramen- En ese caso no tendría sentido definir el género como late binarios en su morfología y constitución 00 que tendrá interpretación cultural del sexo, si éste es ya de por sí unaque ponerse en duda), no hay ningún motivo para creer que categoría dotada de género. No debe ser visto únicamentetambién los géneros seguirán siendo sólo dos." La hipótesis como la inscripción cultural del significado en un sexo pre-de un sistema binario de géneros sostiene de manera implí- determinado (concepto jurídico), sino que también debe in-cita la idea de una relación mimética entre género y sexo, en dicar el aparato mismo de producción mediante el cual sela cual el género refleja al sexo o, de lo contrario, está limi- determinan los sexos en sí. Como consecuencia, el génerotado por él. Cuando la condición construida del género se no es a la cultura lo que el sexo es a la naturaleza; el géne-
    • 56 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 57ro también es el medio discursivo/cultural a través del cual sexual? ¿Cómo y dónde se construye el género? ¿Qué senti-la «naturaleza sexuada» o «un sexo natural» se forma y esta- do puede tener para nosotros una construcción q~e no seablece como «prediscursivo», anterior a la cultura, una su- capaz de aceptar a un constructor hum:mo ~tenor a esaperficie políticamente neutral sobre la cual actúa la cultura. construcción? En algunos estudios, la afirmación de que ~Trataremos de nuevo esta construcción del «sexo» como lo género está construido sugiere cierto detenn~is.mo de s~­radicalmente no construido al recordar en el capítulo 2 10 ficados de género inscritos en cuerpos anatómicamente ~­que afirman Lévi-Strauss y el estrucruralismo. En esta co- ferenciados, y se cree que esos cuerpos son receptores pasI-yuntura ya queda patente que una de las formas de asegurar vos de una ley cultural inevitable. Cuando la «cultu:~»de manera efectiva la estabilidad interna y el marco binario pertinente que «construye» el género se entiende en funCIO.?del sexo es situar la dualidad del sexo en un campo predis- de dicha ley o conjunto de leyes, entonces parece que el ge-cursivo. Esta producción del sexo como lo prediscursivo nero es tan preciso y fijo como lo era bajo la afirmación ~edebe entenderse como el resultado del aparato de construc- que «biología es destino». En tal caso, la cultura, y no la bIO-ción cultural nombrado por el género. Entonces, ¿cómo logia, se convierte en destino. "debe reformularse el género para incluir las relaciones de Por otra parte, Sirnone de Beauvoir afirma en El segun-poder que provocan el efecto de un sexo prediscursivo yes- do sexo que <<110 se nace mujer: llega una a serlo»." Para Beau-conden de esta manera ese mismo procedimiento de pro- voir, el género se «construye», pero en su pl~teamientoducción discursiva? queda implícito un agente, un cogito, el cual ~n ~l~rtO mo~o adopta o se adueña de ese género y, e": prInCIPIO, p~~na aceptar algún otro. ¿Es el género tan variab~e y VO~t1~OGÉNERO: LAS RUINAS CIRCULAREs DEL DEBATE ACTUAL como plantea el estudio de Beauvoir? ¿Podría cucunscnbu- se entonces la «construcción» a una forma de elección? Beau- ¿Existe «un» género que las personas tienen, o se trata voir sostiene rotundamente que una «llega a ser» mujer,de un atributo esencial que una persona es, como 10 expresa pero siempre bajo la obligación cultural de hacerlo. Y es~­la pregunta; «¿De qué género eres?»? Cuando las teóricas dente que esa obligación no la crea el «sexo», En su est~diofeministas argumentan que el género es la interpretación no hay nada que asegure que la «persona» que s~ con~ertecultural del sexo o que el género se construye culturalmen- en mujer sea obligatoriamente del sexo femenino. SI «~te, ¿cuál es el mecanismo de esa construcción? Si el género cuerpo es una situación»," como afirma, no se ~uede eludirse construye, ¿podría construirse de distinta manera, o aca- a un cuerpo que no haya sido desde siempre Interpreta~oso su construcción conlleva alguna forma de determinismo mediante significados culturales; por tanto, el sexo podríasocial que niegue la posibilidad de que el agente actúe y no cumplir los requisitos de una facticidad anatómica pr~­cambie? ¿Implica la «construcción» que algunas leyes pro- discursiva. De hecho se demostrará que el sexo, por defini-vocan diferencias de género en ejes universales de diferencia ción, siempre ha sido género."
    • 58 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 59 La polémica surgida respecto al significado de construc- cada una de las posibilidades de género estén abiertas, sino ción parece desmoronarse con la polaridad filosófica con- que los límites del análisis revelan los límites de una expe- vencional entre libre albedrío y determinismo. En conse- riencia discursivamente determinada. Esos límites siempre cuencia, es razonable suponer que una limitación lingüística se establecen dentro de los términos de un discurso cultural común sobre el pensamiento crea y restringe los términos hegemónico basado en estructuras binarias que se manifies- del debate. Dentro de esos términos, el «cuerpo» se mani- tan como el lenguaje de la racionalidad universal. De esta fiesta como un medio pasivo sobre el cual se circunscriben forma, se elabora la restricción dentro de lo que ese lengua- los significados culturales o como el instrumento mediante je establece como el campo imaginable del género. el cual una voluntad apropiadora e interpretativa establece un significado cultural para sí misma. En ambos casos el Incluso cuando los científicos sociales hablan del género cuerpo es un mero instrumento o medio con el cual se rela- como de un «factor» o una «dimensión» del análisis, tam- ciona sólo externamente un conjunto de significados cultu- bién se refieren a personas encarnadas como «una marca»rales. Pero el «cuerpo» es en sí una construcción, como lo de diferencia biológica, lingüística o cultural. En estos casos,son los múltiples «cuerpos» que conforman el campo de los e! género puede verse como cierto significado que adquieresujetos con género. No puede afirmarse que los cuerpos po- un cuerpo (ya) sexuaImente diferenciado, pero incluso ensean una existencia significable antes de la marca de su gé- ese caso ese significado existe únicamente en relación connero; ent?nces, ¿en qué medida comienza a existir el cuerpo otro significado opuesto. Algunas teóricas feministas aducenen y mediante [afs} marcats) del género? ¿Cómo reformular que el género es «una relación», o incluso un conjunto deel cuerpo sin verlo como un medio o instrumento pasivo que relaciones, y no un atributo individual. Otras, que coinciden.espera la capacidad vivificadora de una voluntad rotunda- con Beauvoir, afirman que sólo e! género femenino está mar-mente inmaterial?l cado, que la persona universal y III género masculino están El hecho de que el género o el sexo sean fijos o libres unidos y en consecuencia definen a las mujeres en términos está en función de un discurso que, como se verá, intenta li- de su sexo y convierten a los hombres en portadores de lamitar el análisis o defender algunos principios del humanis- calidad universal de persona que trasciende el cuerpo.mo como presuposiciones para cualquier análisis de género. En un movimiento que dificulta todavía más la discu-El lugar de lo intratable, ya sea en el «sexo» o el «género» o sión, Luce lrigaray afirma que las mujeres son una paradoja,en el significado mismo de «construcción», otorga un indi- cuando no una contradicción, dentro del discurso mismo decio de las opciones culturales que pueden o no activarse la identidad. Las mujeres son el «sexo» que no es «uno».mediante un análisis más profundo. Los límites del análisis Dentro de un lenguaje completamente masculinista, falogo-dis~rsiv~ del.género aceptan las posibilidades de contigu- céntrico, las mujeres conforman lo no representable. Es de-raciones imaginables y realizables del género dentro de la cir, las mujeres representan el sexo que no puede pensarse,cultura y las hacen suyas. Esto no quiere decir que todas y una ausencia y una opacidad lingüísticas. Dentro de un len-
    • 60 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 61 guaje que se basa en la significación unívoca, el sexo feme- nero como una «relación» entre sujetos socialmente consti-nino es lo no restringible y lo no designahle. En este sentido, nudos en contextos concretos. Esta perspectiva relacional olas mujeres son el sexo que no es «uno», sino múltiple." Al contextual señala que lo que «es» la persona y, de hecho, lo contrario que Beauvoir, quien piensa que las mujeres están que «es» el género siempre es relativo a las relaciones cons- designadas como lo Otro, Irigaray sostiene que tanto el su- truidas en las que se establece.? Como un fenómeno varia- jeto como el Otro son apoyos masculinos de una economía ble y contextual, el género no designa a un ser sustantivo,significante, falogocéntrica y cerrada, que consigue su obje- sino a un punto de unión relativo entre conjuntos de rela-tivo totalizador a través de la exclusión total de lo femenino. ciones culturales e históricas específicas.Para Beauvoir, las mujeres son lo negativo de los hombres, la Pero Irigaray afirmará que el «sexo» femenino es unacarencia frente a la cual se distingue la identidad masculina; cuestión de ausencia lingüística, la imposibilidad de unapara Irigaray, esa dialéctica específica establece un sistema sustancia gramaticalmente denotada y, por esta razón, laque descarta una economía de significación totalmente dife- perspectiva que muestra que esa sustancia es una ilusiónrente. Las mujeres no sólo están representadas falsamente permanente y fundacional de un discurso masculinista. Estadentro del marco sartreano de sujeto significante y Otro sig- ausencia no está marcada como tal dentro de la economíanificado, sino-que la falsedad de la significación vuelve ina- significante masculina, afirmación que da la vuelta al argu-propiada toda la estructura de representación. En ese caso, mento de Beauvoir (y de Wittig) respecto a que el sexo fe-el sexo que no es uno es el punto de partida para una crítica menino está marcado, mientras que el sexo masculino no lode la representación occidental hegemónica y de la metafísi- está. Irigaray sostiene que el sexo femenino no es una «ca-ca de la sustancia que articula la noción misma del sujeto. rencia» ni un «Orro» que inherente y negativamente define ¿Qué es la metafísica de la sustancia, y cómo influye en al sujeto en su masculinidad. Por el contrario, el sexo feme-la reflexión sobre las categorías del sexo? En primer lugar, nino evita las exigencias mismas de representación, porquelas concepciones humanistas del sujeto tienen tendencia a ella no es ni «Otro» ni «carencia», pues esas categorías si-dar por sentado que hay una persona sustantiva portadora guen siendo relativas al sujeto sartreano, inmanentes a esede diferentes atributos esenciales y no esenciales. Una posi- esquema falogocéntrico. Así pues, para Irigaray lo femeninoción feminista humanista puede sostener que el género es un nunca podría ser la marca de un sujeto, como afirmaría Beau-atributo de un ser humano caracterizado esencialmente como voir, Asimismo, lo femenino no podría teorizarse en térmi-una sustancia o «núcleo» anterior al género, denominada nos de una relación específica entre lo masculino y lo feme-«persona», que designa una capacidad universal para el ra- nino dentro de un discurso dado, ya que aquí el discurso nozonamiento, la deliberación moral o el lenguaje. No obstan- es una noción adecuada. Incluso en su variedad, los discur-te, la concepción universal de la persona na sido sustituida sos crean otras tantas manifestaciones del lenguaje falogo-como punto de partida para una teoría social del género por céntrico. Así pues, el sexo femenino es también el sujeto quelas posturas históricas y antropológicas que consideran el gé- no es uno. La relación entre masculino y femenino no puede
    • 62 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 63representarse en una economía significante en la que lo mas- mente «específico», personificado y condenado a la inma-culino es un círculo cerrado de significante y significado. Pa- nencia. Aunque suele sostenerse que Beauvoir reclan:a elradójicamente, Beauvoir anunció esta imposibilidad en El derecho de las mujeres a convertirse, de hecho, en sujetossegundo sexo al alegar que los hombres no podían llegar a un existenciales y, en consecuencia, su inclusión dentro de losacuerdo respecto al problema de las mujeres porque enton- términos de una universalidad abstracta, su posición tam-ces estarían actuando como juez y parte. rs bién critica la desencarnación misma del sujeto epistemoló- Las diferenciaciones entre las posiciones mencionadas gico abstracto masculino." Ese sujeto es abstracto en la me-no son en absoluto claras; puede pensarse que cada una de dida en que no asume su encarnación socialmente marcadaellas problematiza la localidad y el significado tanto del «su- v, además, dirige esa encamación negada y despreciada a lajeto» como del «género» dentro del contexto de la asime- ~sfera femenina, renombrando efectivamente al cuerpo comotría entre los géneros socialmente instaurada. Las opciones hembra. Esta asociación del cuerpo.con lo femenino se basainterpretativas del género en ningún sentido se acaban en en relaciones mágicas de reciprocidad mediante las cual~slas opciones mencionadas anteriormente. La circularidad el sexo femenino se limita a su cuérpo, y el cuerpo masculi-problemática de un cuestionamiento feminista del género no, completamente negado, paradójic~ente se transformase hace evidente por la presencia de dos posiciones: por un en el instrumento incorpóreo de una libertad aparentemen-lado, las que afirman que el género es una característica se- te radical. El análisis de Beauvoir formula de manera implí-cundaria de las personas, y por otro, las que sostienen que cita la siguiente pregunta: ¿a través de qué acto de negaciónla noción misma de persona situada en el lenguaje como un y desconocimiento lo masculino se presenta como una UOl-«sujeto» es una construcción y una prerrogativa masculinis- versalidad desencarnada y lo femenino se construye comotas que en realidad niegan la posibilidad estructural y se- una corporeidad no aceptada? La dialéctica del amo y,elmántica de un género femenino. El resultado de divergen- esclavo, replanteada aquí por completo dentro de los ter-cias tan agudas sobre el significado del género (es más, minas no recíprocos de la asimetría entre los géneros; p:e-acerca de si género es realmente el término que debe exa- figura lo que Irigaray luego definiré como la econ~mla s~g­minarse, o si la construcción discursiva de sexo es, de he- nificante masculina que abarca tanto al sujeto existencialcho, más fundamental, o tal vez mujeres o mujer y/o hom- como a SU Otro.bres y hombre) hace necesario replantearse las categorías Beauvoir afirma que el cuerpo femenino debe ser la si-de identidad en el ámbito de relaciones de radical asime- tuación y el instrumento de la libertad de las mujeres, notría de género. una esencia definidora y.limitadora." La teoría de la encar- Para Beauvoír, el «sujeto» dentro del análisis existencial nación en que se asienta el análisis de Beauvoir está restrin-de la misoginia siempre es masculino, unido con lo univer- gida por la reproducción sin reservas de la distinción :arte-sal, y se distingue de un «Otro» femenino fuera de las reglas siana entre libertad y cuerpo. Pese a mi empeño por afirmaruniversalizadoras de la calidad de persona, irremediable- lo contrario, parece que Beauvoir mantiene el dualismo men-
    • 64 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 65 te/cuerpo, aun cuando ofrece una síntesis de esos térmi- encore (yen corps) que discurre en el modo de la otredad. nos." La preservación de esa misma distinción puede ser re- Para Irigaray, ese modo falogocéntrico de significar el sexo veladora del mismo falogocentrismo que Beauvoir subesti- femenino siempre genera fantasmas de su propio deseo de ~a. En la tradición filosófica que se inicia con Platón y ampliación. En vez de una postura lingüístico-autolimitante sigue con Descartes, Husserl y Sartre, la diferenciación 00- que proporcione la alteridad o la diferencia a las mujeres, el tol~gica entre. alma (conciencia, mente) y cuerpo siempre falogocentrismo proporciona un nombre para ocultar lo fe- de!le~de relaciones de subordinación y jerarquía política y menino y ocupar su lugar. pstqutca. La mente no sólo somete al cuerpo, sino que even- tualmente juega con la fantasía de escapar totalmente de su corporeidad. Las asociaciones culturales de la mente con la TEORIZAR LO BINARIO, LO UNITARIO Y MÁS ALLÁ masculinidad y del cuerpo con la feminidad están bien do- cumentadas en el campo de la filosofía y el feminismo." En Beauvoir e lrigaray tienen diferentes posturas sobre las consecuencia, toda reproducción sin reservas de la diferen- estructuras fundamentales mediante las cuales se reproduce ciación entre mente!cuerpo debe replantearse en virtud de la asimetría entre los géneros; la primera apela a la recipro- la jerarquía implícita de los géneros que esa diferenciación cidad fallida de una dialéctica asimétrica, y la segunda argu- ha creado, mantenido y racionalizado comúnmente. menta que la dialéctica en sí es la construcción monológica La ~onstrucció~ discursiva del «cuerpo» y su separación de una economía significante masculinista. Si bien Irigaray ?e la «hbe:rad» e~lstente en la obra de Beauvoir no logra fi- extiende claramente el campo de la crítica feminista al ex- jar; en el eje del genero, la propia diferenciación entre men- plicar las estructuras epistemológica, ontológica y lógica de te/cuerpo que presuntamente alumbra la persistencia de la una economía significante masculinista, su análisis pierde asimetría entre los géneros. Oficialmente, para Beauvoir el fuerza justamente a causa de su alcance globalizador. ¿Se cuerpo femenino está marcado dentro del discurso masculi- puede reconocer una economía masculinista monolítica asínista, razón por la cual el cuerpo masculino, en su fusión como monológica que traspase la totalidad de contextos cul-con lo universal, permanece sin marca. Irigaray explica de turales e históricos en los que se produce la diferencia se-forma clara que tanto la marca como lo marcado se insertan xual? ¿El hecho de no aceptar los procedimientos culturalesdentro de un modo masculinista de significación en el que el específicos de la opresión de géneros es en sí una suerte decuerpo femenino está «demarcado», por así decirlo, fuera imperialismo epistemológico, que no se desarrolla con ladel.camp~ de lo significable. En términos poshegelianos, la mera elaboración de diferencias culturales como «ejemplos»~~Jer est~ «anulada», pero no preservada. En la interpreta- del mismo falogocentrismo? El empeño por incluir culturascron de Ingaray, l~ explicación de Beauvoir de que la mujer de «Otros» como amplificaciones variadas de un falogocen-«es sexo» se modifica para significar que ella no es el sexo trismo global es un acto apropiativo que se expone a repetirque estaba destinada a ser, sino, más bien, el sexo masculino el gesto falogocéntrico de autoexaltarse, y domina bajo el
    • 6766 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO signo de lo mismo las diferencias que de otra forme cuestio- Las discusiones feministas actuales sobre el esencialismo narían ese concepto totalizador," exploran el problema de la universalidad de la identidad fe- La crítica feminista debe explicar las afirmaciones totali- menina y la dominación masculinista de distintas manerm:. zadoras de una economía significante masculinista, pero Las afirmaciones universalistas tienen su base en una POSI- también debe ser autocrftica respecto de las acciones totali- ción epístemológica común o compartida (entendida como la zadoras del feminismo. El empeño por describir al enemigo conciencia articulada o las estructuras compartidas de la da- como una forma singular es un discurso invertido que imita inación) o en las estructuras aparentemente transculturalesla estrategia del dominador sin ponerla en duda, en vez de ~e la fembridad, la maternidad, la sexualidad y la écriture!é-proporcionar una serie de términos diferente. El hecho de miníne. El razonamiento con el que inicio este capítulo afir- que la táctica pueda funcionar tanto en entornos feministas maba que este gesto globalizador ha provocado numeros~ como antiferninistas demuestra que la acción colonizadora críticas por parte de mujeres que afirman que la categ~nano es rnasculinista de modo primordial o irreductible. Puede «mujeres» es normativa y excluyente y se utiliza ~t~en­ crear distintas relaciones de subordinación racial, de clase y do intactas las dimensiones no marcadas de los privilegios deheterosexista, entre muchas otras. Y es evidente que detallar clase y raciales. Es decir, insistir en la coherencia y la unida~las distintas formas de dominación, como he empezado a de la categoría de las mujeres ha negado, en efecto, la multi-hacerlo, implica su coexistencia diferenciada y consecutiva tud de intersecciones culturales, sociales y políticas en que seen un eje horizontal que no explica sus coincidencias dentro construye el conjunto concreto de «mujeres». . .,del ámbi~o social. Un modelo vertical tampoco es suficiente; Se ha intentado plantear políticas de coalición que nolas opresiones no pueden agruparse sumariamente, relacio- den por sentado cuál sería el contenido de ~~j~res». Másnarse de manera causal o distribuirse en planos de «origi- bien proponen un conjunto de encuentros dialógicos c:n losnalidad» y «derivatividad»." De hecho, el campo de poder, que mujeres de posturas diversas propongan dístíntas Iden-estructurado en parte por la postura imperializante de apro- tidades dentro del marco de una coalición emergente. Espiación dialéctica, supera e induye el eje de la diferencia se- evidente que no debe subestimarse el valor de la políti~a dexual, y proporciona una gráfica. de diferenciales cruzadas coalición, pero la forma misma de coalición, de un cO~Junt?que no pueden jerarquizarse de un modo sumario, ni dentro emergente e impredecible de posi~iones, no puede unagi-de los límites del falogocentrismo ni en ningún otro candi- narse por adelantado. A pesar delunpulso, cl~r~ente de-dato al puesto de «condición primaria de opresión». Más mocratizador, que incita a construir una coalición, ~gunaque una estrategia propia de economías significantes mascu- teórica de esta posición puede, involuntariamente, reinser-linistas, la apropiación dialéctica y la supresión del Otro es tarse como soberana del procedimiento al tratar de establ~­una estrategia más, supeditada, sobre todo, aunque no úni- cer una forma ideal anticipada para las estructuras de coali-camente, a la expansión y racionalización del dominio mas- ción que realmente asegure la unidad como conclusión. Losculinista. esfuerzos por precisar qué es y qué no es la forma verdadera
    • SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 6968 EL GÉNERO EN DISPUTAde un diálogo, qué constituye una posición de sujeto y, sobre .Es precisa la «unidad» para una acción política eficaz?todo, cuándo se ha conseguido la «unidad», pueden impedir .EsJustamente la insistencia prematura en el objetivo de lala dinámica autofonnativa y autolimitante de la coalición. ~nidad la causante de una división cada vez más am~rga en- Insistir anticipadamente en la «unidad» de coalición tre los grupos? Algunas formas de división reconocída pue-como objetivo implica que la solidaridad, a cualquier precio, den facilitar la acción de una coalición, justamente porquees una condición previa para la acción política. Pero, ¿qué la «unidad» de la categoría de las mujeres ni se presu.pon.etipo de política requiere ese tipo de unidad anticipada? Qui- ni se desea. ¿Establece la «unidad» una norma de solidari-zás una coalición tiene que admitir sus contradicciones an- dad excluyente en el ámbito de la identida~, .que excluye lates de comenzar a actuar conservando intactas dichas con. po sibilidad de diferentes acciones. . que modifican las fronte-tradicciones. O quizá parte de lo que implica la comprensión ras mismas de los conceptos de identidad o que precisa-dialógica sea aceptar la divergencia, la ruptura, la fragmen- mente intentan conseguir ese cambio como un objetivo po-tación y la división como parte del proceso, por lo general lítico explícito? Sin la presuposición ni el ~bjetivo detortuoso, de la democratización. El concepto mismo de «unidad», que en ambos casos se crea en un nivel concep-«diálogo» es cu1turalmente específico e histórico, pues mien- tual, pueden aparecer unidades provisionales en el conte:,totras que un hablante puede afinnar que se está manteniendo de acciones específicas cuyos propósitos no son la organIZa-una conversación, otro puede asegurar que no es así. Prime- ción de la identidad. Sin la expectativa obligatoria ~e qu~ro deben ponerse en tela de juicio las relaciones de poder las acciones feministas deben construirse desde una ,lde~~­que determinan y restringen las posibilidades dialógicas. De dad estable, unificada y acordada, éstas bien podrían uu-lo contrario, el modelo de diálogo puede volver a caer en un ciarse más rápidamente Yparecer más aceptables para algu-modelo liberal, que implica que los agentes hablantes poseen nas «mujeres», para quienes el significado de la categoría eslas mismas posiciones de poder y hablan con las mismas pre- siempre discutible. . . .suposiciones acerca de lo que es «acuerdo» y «unidad» y, de Este acercamiento anufundaclon1sta a la política de coa-hecho, que ésos son los objetivos que se pretenden. Sería lición no implica que la «identidad» sea una pre~is~,ni queerróneo suponer anticipadamente que hay una categoría de la forma y el significado del conjunto en una coalición pue-«mujeres» que simplemente deba poseer distintos compo- dan conocerse antes de que se efectúe. Puesto que la es-nentes de raza, clase, edad, etnicidad y sexualidad para que tructuración de una identidad dentro de límites culturalesesté completa. La hipótesis de su carácter incompleto esen- disponibles establece una definición que desc~rta ~or ade-cial posibilita que esa categoría se utilice como un lugar de lantado la aparición de nuevos conceptos de identidad ensignificados refutados que existe de forma permanente. El acciones políticamente comprometidas ya través de ~as, lacarácter incompleto de la definición de esta categoría puede táctica fundadonista no puede tener como fin normativo laservir, entonces, como un ideal normativo desprovisto de la transformación o la ampliación de los conceptos existentesfuerza coercitiva. de identidad. Asimismo, cuando las identidades acordadas o
    • 70 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 71 las estructuras dialógicas estipuladas, mediante las cuales se de género. Los análisis sociológicos convencionales inten- comunican las identidades ya establecidas, ya no son el tema tan dar cuenta de la idea de persona en función de la capa- o el sujet~ ~e la política, entonces las identidades pueden cidad de actuación que requiere prioridad ontológica res- llegar a exrsnr y descomponerse conforme a las prácticas es- pecto de los distintos papeles y funciones mediante los cuales pecíficas que las hacen posibles. Algunas prácticas políticas adquiere una visibilidad social y un significado. Dentro del establecen identidades sobre una base COntingente para con- propio discurso filosófico, la idea de «[a persona» se ha am- seguir cualquier objetivo. La política de coalición no exige pliado de manera analítica sobre la hipótesis de que el con- ni una categoría ampliada de «mujeres» ni una identidad in- texto social «en» que está una persona de alguna manera ternamente múltiple que describa su complejidad de mane- está externamente relacionado con la estructura de la defi- ra inmediata. nición de «calidad de persona» [personbood], ya sea la con- El género es una complejidad cuya totalidad se posterga ciencia, la capacidad para el lenguaje o la deliberación mo- de manera permanente, nunca aparece completa en una de- ral. Si bien no profundizaremos en esos estudios, una terminada coyuntura en el tiempo. Así, una coalición abier- premisa de esas investigaciones-es su énfasis en la explora- ta creará identidades que alternadamente se instauren y se ción crítica y la inversión. Mientras que la cuestión de qué es abandonen en función de los objetivos del momento; se tra- lo que establece la «identidad personal» dentro de los estu- tará de un conjunto abierto que permita múltiples coinci- dios filosóficos casi siempre se centra en la pregunta de dencias y discrepancias sin obediencia a un reíos normativo qué aspecto interno de la persona determina la continui- de definición cerrada. dad o la propia identidad de la persona a través del tiempo, habría que preguntarse: ¿en qué medida las prácticas regula- doras de la formación y la separación de género determinanIDENTIDAD, SEXO Y LA METAFíSICA DE LA SUSTANCIA la identidad, la coherencia interna del sujeto y, de hecho, la condición de la persona de ser idéntica a sí misma? ¿En qué , ¿Qué significado puede tener entonces la «identidad» y medida la «identidad» es un ideal normativo más que un as- cuál es la base de la presuposición de que las identidades pecto descriptivo de la experiencia? ¿Cómo pueden lasson idénticas a sí mismas, y que se mantienen a través del prácticas reglamentadoras que determinan el género hacer-tiempo como iguales, unificadas e internamente coherentes? lo con las nociones culturalmente inteligibles de la identi-Y, por encima de todo, ¿cómo configuran estas suposiciones dad? En definitiva, la «coherencia» y la «continuidad» delos discursos sobre «identidad de género»? Sería erróneo «la persona» no son rasgos lógicos o analíticos de la calidadpensar que primero debe analizarse la «identidad» y des- de persona sino, más bien, normas de inteligibilidad social-pués la identidad de género por la sencilla razón de que las mente instauradas y mantenidas. En la medida en que la«personas» sólo se vuelven inteligibles cuando poseen un «identidad» se preserva mediante los conceptos estabiliza-género que se ajusta a normas reconocibles de inteligibilidad dores de sexo, género y sexualidad, la noción misma de «la
    • 72 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 73 persona» se pone en duda por la aparición cultural de esos «identidades de género» no se adaptan a esas reglas de inte- seres con género «incoherente» o «discontinuo» que apa- ligibilidad cultural, dichas identidades se.m~e.s~an únic~~ rentemente son personas pero que no se corresponden con mente como defectos en el desarrollo o imposibilidades 10- las normas de género culruralrnenre inteligibles mediante las gicas desde el interior de ese campo. No obstan:e, su cuales se definen las personas. insistencia y proliferación otorgan grandes oportunidades Los géneros «inteligibles» son los que de alguna manera para mostrar los límites y los propósitos reguladores de ese instauran y mantienen relaciones de coherencia y continui- campo de inteligibilidad y, por tanto, para revelar -dentro dad entre sexo, género, práctica sexual y deseo. Es decir, los de los límites mismos de esa matriz de inteligibilidad- otras fantasmas de discontinuidad e incoherencia, concebibles matríces diferentes y subversivas de desorden de género. únicamente en relación con las reglas existentes de continui- Pero antes de analizar esas prácticas desordenadoras, es dad y coherencia, son prohibidos y creados frecuentemente importante entender la «matriz de inteligibilid.ad». ~~s sin- por las mismas leyes que procuran crear conexiones causa- gular? ¿De qué está formada? ¿Cuál es la peculiar uruon.que les o expresivas entre sexo biológico, géneros culturalmente aparentemente hay entre un sistema de heterose~alidad formados y la «expresión» o «efecto» de ambos en la apari- obligatoria y las categorías discursivas que determinan los ción del deseo sexual a través de la práctica sexual. conceptos de identidad del sexo? Si la «identidad» ~s un La noción de que puede haber una «verdad» del sexo, efecto de las prácticas discursivas, ¿hasta qué punto la Iden-i: como la denomina irónicamente Foucault, se crea justamen- tidad de género, vista como una relación entre sexo, género, te a través de las prácticas reguladoras que producen identi- práctica sexual y deseo, es el efecto de una p:áetica r:gula- dades coherentes a través de la matriz de reglas coherentes dora que puede definirse como heterosexualidad oblig~to­ de género. La heterosexua!ización del deseo exige e instau- ría? Nos devolvería esa explicación a otro marco totaliza- ra la producción de oposiciones discretas y asimétricas entre dor ~n el que la heterosexualidad obligatoria simplem~t~ «femenino» y «masculino», entendidos estos conceptos ocupa el lugar del falogocentrísmo como la causa monolíti- como atributos que designan «hombre» y «mujer». La ma- ca de la opresión de género? triz cultural -mediante la cual se ha hecho inteligible la Dentro del ámbito de las teorías feminista y postestruc- identidad de género-- exige que algunos tipos de «identi- turalista francesas, se cree que diferentes regímenes de po- dades» no puedan «existir»: aquellas en las que el género no der crean los conceptos de identidad del sexo. Considérese es consecuencia del sexo y otras en las que las prácticas del la oposición entre esas posturas, como la d.e lrígaray, que deseo no son «consecuencia» ni del sexo ni del género. En sostienen que sólo existe un sexo, el masculino, que evolu- este contexto, «consecuencia» es una relación política de ciona en y mediante la producción del «Otro»; y, por otra vinculación creada por las leyes culturales, las cuales deter- parte, posturas como la de Foucault, que argumenta que la minan y reglamentan la forma y el significado de la sexuali- categoría de sexo, ya sea masculino o femenino, es la.pro- dad. En realidad, precisamente porque algunos tipos de ducción de una economía difusa que regula la sexualidad.
    • 74 EL GENERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 75Considérese también el argumento de Wittig respecto a que perforrnativo del lenguaje y del discurso que esconde el he-la categoria de sexo, en las condiciones de heterosexualidad cho de que «ser» de un sexo o un género es básicamente im-obligatoria, siempre es femenina (mientras que la masculina posible. Según lrigaray, la gramática nunca puede ser un in-no está marcada y, por tanto, es sinónimo de lo «universal»). dicio real de las relaciones entre los géneros porque respaldaAunque parezca paradójico, Wittig está de acuerdo con justamente el modelo sustancial de género corno una rela-Foucault cuando afirma que la categoría misma de sexo se ción binaria entre dos términos positivos y representables."anularía y, de hecho, desaparecería a través de la alteración y Para Irigaray, la gramática sustantiva del género, que impli-el desplazamiento de la hegemonía heterosexuaL ca a hombres y mujeres, así como sus atributos de masculi- Las diferentes explicaciones que se presentan aquí reve- no y femenino, es un ejemplo de una oposición binaria quelan las diversas maneras de entender la categoría de sexo, de hecho disfraza el discurso unívoco y hegemónico de lodependiendo de la forma en la que se organiza el campo de masculino, el falogocentrismo, acallando lo femenino comopoder. ¿Se puede preservar la complejidad de estos campos un lugar de multiplicidad subversiva. Para Foucault, la gra-de poder y al mismo tiempo pensar en sus capacidades pro- mática sustantiva del sexo exige una relación binaria arti-ductivas? Por un lado, la teoría de Irigaray sobre la diferen- ficial entre los sexos, y también una coherencia internacia sexual expresa que no se puede definir nunca a las muje- artificial dentro de cada término de esa relación binaria. Lares según el modelo de un «sujeto» en el seno de los sistemas reglamentación binaria de la sexualidad elimina la multipli-de representación habituales de la cultura occidental, justa- cidad subversiva de una sexualidad que trastoca las hege-mente porque son el fetiche de la representación y, por tan- monías heterosexual, reproductiva y médico-jurídica.to, lo no representable como tal. Las mujeres nunca pueden Para Wittig, la restricción binaria del sexo está supedita-«SeD>, según esta ontología de las sustancias, justamente por- da a los objetivos reproductivos de un sistema de hetero-que son la relación de diferencia, lo excluido, mediante lo sexualidad obligatoria; en ocasiones afirma que el derrum-cual este dominio se distingue. Las mujeres también son una bamiento de ésta dará lugar a un verdadero humanismo de«diferencia» que no puede ser entendida como la mera ne- «la persona» liberada de los grilletes del sexo. En otros con-gación o el «Otro» del sujeto ya siempre masculino. Como textos, plantea que la profusión y la difusión de una econo-he comentado anteriormente, no son ni el sujeto ni su Otro, mía erótica no falocéntrica harán desaparecer las ilusionessino una diferencia respecto de la economía de oposición bi- de sexo, género e identidad. En otros fragmentos de sus tex-naria, que es por sí misma una estratagema para el desarro- tos «la lesbiana» aparentemente aparece como un tercer gé-llo monológico de lo masculino. nero que promete ir más allá de la restricción binaria del No obstante, para todas estas posiciones es vital la idea sexo instaurada por el sistema de heterosexualidad obligato-de que el sexo surge dentro del lenguaje hegemónico corno ria. En su defensa del «sujeto cognoscitivo», aparentementeuna sustancia, como un ser idéntico a sí mismo, en términos Wittig no mantiene ningún pleito metafísico con las formasmetafísicos. Esta apariencia se consigue mediante un giro hegemónicas de significación o representación; de hecho, el
    • 76 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 77 sujeto: .COO. ~u atributo de autodeterminación, parece ser la Wittig corrobora la promesa normativa de ideales humanis- rehabilitación de~ agente de la elección existencial bajo el tas que se asientan en la premisa de la metafísica de la sus- ?ombre de «lesbiana»: «La llegada de sujetos individuales tancia, en vez de refutarla. En este sentido, Wittig se des- unpone destruir primero las categorías de sexo L .. ]; la les- marca de lrigaray no sólo en lo referente a las oposiciones biana es el único concepto que conozco que trasciende las ahora muy conocidas entre esencialismo y materialismo," categorías de sexo»." No censura al «sujeto» por ser siem- sino también en la adhesión a una metafísica de la sustancia pre masculino según las normas de lo Simbólico inevitable- que corrobora el modelo normativo del humanismo como el mente patriarcal, sino que recomienda en su lugar el equiva- marco del feminismo. Cuando Wittig parece defender un lente de ~ sujeto lesbiana como usuario del lenguaje. 27 proyecto radical de emancipación lesbiana y distingue entre rdc:nuficar a las mujeres con el «sexo» es, para Beauvoir «lesbiana» y «mujer», lo hace mediante la defensa de la y Wittlg, una unión de la categoría de mujeres con las carac- «persona» anterior al género, representada como libertad.terís~ica: aparentemente sexualízadas de sus cuerpos y, por Esto no sólo confirma el carácter presocial de la libertad hu-co~slgU1ente, un rechazo a dar libertad y autonomía a las mana, sino que también respalda esa metafísica de la sustan-mujeres como aparentemente las disfrutan los hombres. Así cia que es responsable de la producción y la naturalizaciónpues, destruir la categoría de sexo sería destnúr un atributo de la categoría del sexo en sí.el sexo, que a través de un gesto misógino de sinécdoque ha La metafísica de la sustancia es una frase relacionada cono~upado el lugar de la persona, el cogito autodeterminante. Nietzsche dentro de la crítica actual del discurso filosófico.~lcho de otr~ forma, sólo los hombres son «personas» y En un comentario sobre Nietzsche, Michel Haar afirma quesolo hay un genero: e] femenino: numerosas ontologías filosóficas se han quedado atrapadas en ciertas ilusiones de «SeD> y «Sustancia» animadas por la El género es el índice lingüístico de la oposición política idea de que la formulación gramatical de sujeto y predicado entre los sexos. Género se utiliza aquí en singular porque real- refleja la realidad ontológica previa de sustancia y atributo. mente no hay dos géneros. Únicamente hay uno: el femenino Estos constructos, según Haar, conforman los medios filo- pues el "masculino" no es un género. Porque lo masculino no sóficos artificiales mediante los cuales se crean de manera es lo masculino, sino lo generals.e efectiva la simplicidad, el orden y la identidad. Pero en nin- gún caso muestran ni representan un orden real de las cosas. Así pU(~s, Wittig reclama la destrucción del «sexo» para Para nuestros fines, esta crítica nietzscheana es instructiva sique las mujeres puedan aceptar la posición de un sujeto uni- se atribuye a las categorías psicológicas que rigen muchas re-versal. En e~ camino hacia esa destrucción, las «mujeres» flexiones populares y teóricas sobre la identidad de género.de?en asumir tanto una perspectiva particular como otra Como sostiene Haar, la crítica de la metafísica de la sustan-umve~al.29 En tanto que sujeto capaz de conseguir la uni- cia conlleva una crítica de la noción misma de la personaversalidad concreta a través de la libertad, la lesbiana de psicológica como una cosa sustantiva:
    • 78 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 79 La destrucción de la lógica mediante su genealogía impli- ne a las categorías de la persona, ambos [inglés y francés] son ca además la desaparición de las categorías psicológicas basa- portadores de género en la misma medida. En realidad, am- ~as. ~ esta lógica. Todas las categorías psicológicas (el yo, el bos originan un concepto ontológico primitivo que en el len- Individuo, la persona) proceden de la ilusión de identidad sus- guaje divide a los seres en sexos distintos [...[. Como concep- tancial. Pero esta ilusión regresa básicamente a una supersti- to ontológico que trata de la naturaleza del Ser, junto con una ción que engaña no sólo al sentido común, sino también a los nebulosa distinta de otros conceptos primitivos que pertene- filósofos, es decir, la creencia en el lenguaje y, más concreta- cen a la misma línea de pensamiento, el género parece atañer ~ente, en la verdad de las categorías gramaticales. La grama- principalmente a la filosofía." uca (la estructura de sujeto y predicado) sugirió la certeza de ~escartes de que «yo» es el sujeto de «pienso», cuando más El hecho de que el género «pertenezca a la filosofía» sig- bien son los pensamientos Jos que vienen a «mi»: en el fondo la fe en la gramática solamente comunica la voluntad de ser la nifica, según Wittig, que pertenece a «ese cuerpo de con- «~ausa» de los pensamientos propios. El sujeto, el yo, el indi- ceptos evidentes por sí solos, sin los cuales los filósofos no víduo son tan sólo falsos conceptos, pues convierten las uni- pueden definir una línea de razonamiento y que según ellos dades ficticias en sustancias cuyo origen es exclusivamente se presuponen, ya existen previamente a cualquier pensa- una realidad lingüística." miento u orden social en la naturaleza»." El razonamiento de Wittig se confirma con ese discurso popular sobre la Wittig ofrece una crítica diferente al señalar que las per- identidad de género que, sin ningún tipo de duda, atribuye sonas no pueden adquirir significado dentro del lenguaje sin la inflexión de «ser» a los géneros y a las «sexualidades». Lala marca del género. Analiza desde la perspectiva política la afirmación no problemática de «ser» una mujer y «ser» he-g:amáti~a del género en francés. Para Wittig, el género no terosexual sería representativa de dicha metafísica de la sus-solo designa a personas -las «califica» por así decirlo- tancia del género. Tanto en el caso de «hombres» como en el . ,smo que constituye una episteme conceptual mediante la de «mujeres», esta afirmación tiende a supeditar la noción decual se universaliza el marco binario del género. Aunque el género a la de identidad y a concluir que una persona es defrancés posee un género para todo tipo de sustantivos de un género y lo es en virtud de su sexo, su sentido psíquicoper:oonas, ~ittig sostiene que su análisis también puede del yo y diferentes expresiones de ese yo psíquico, entre lasaplicarse al inglés. Al principio de «The Mark of Gender» cuales está el deseo sexual. En ese contexto prefeminista, el(1984), escribe: género, ingenuamente (y no críticamente) confundido con el sexo, funciona como un principio unificador del yo encar- Para los gramáticos, la marca del género está relacionada nado y conserva esa unidad por encima y en contra de un con los sustantivos. Hacen referencia a éste en términos de «sexo opuesto», cuya estructura presuntamente mantiene función. Si ponen en duda su significado, lo hacen en broma, cierta coherencia interna paralela pero opuesta entre sexo, llamando al género un «sexo ficticio» [... [. En lo que concier- género y deseo. Las frases «Me siento como una mujer» pro-
    • 80 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 81nunciada por una persona del sexo femenino y «Me siento que se manifiesta en un deseo diferenciador por ~ génerocomo un hombre» formulada por alguien del sexo masculi- opuesto, es decir, en una forma de heterosexualidad en lano dan por sentado que en ningún caso esta afirmación es que hay oposición. Ya sea como un paradigma naturalistaredundante de un modo carente de sentido. Aunque puede que determina una continuidad causal entre sexo, género yno parecer problemático ser de una anaromia dada (aunque deseo, ya sea como un paradigma auténtico expresivo en elmás tarde veremos que ese proyecto también se enfrenta a que se afirma que algo del verdadero yo se muestra de ma-muchas dificultades), la experiencia de una disposición psí- nera simultánea o sucesiva en el sexo, el género y el deseo,quica o una identidad cultural de género se considera un lo- aquí «el viejo sueño de simetría», como lo ha denominadogro. Así, la frase «Me siento como una mujer» es cierta si se lrigaray, se presupone, se reifica y se racionaliza.acepta la invocación de Aretha Franklin al Otro definidor: Este esbozo del género nos ayuda a comprender los mo-«Tú me haces sentir como una mujer natural»." Este logro tivos políticos de la visión sustancializadora del g~ero. Ins-exige diferenciarse del género opuesto. Por consiguiente, tituir una heterosexualidad obligatoria y naturalizada re-uno es su propio género en la medida en que uno no es el quiere y reglamenta al género como una relación ~inaria enotro género, afirmación que presupone y fortalece la restric- la que el término masculino se distingue del femeruno, y estación de género dentro de ese par binario. diferenciación se consigue mediante las prácticas del deseo El género puede designar una unidad de experiencia, de heterosexual. El hecho de establecer una distinción entre lossexo, género y deseo, sólo cuando sea posible interpretar dos momentos opuestos de la relación binaria redunda en laque el sexo de alguna forma necesita el género -cuando el consolidación de cada término y la respectiva coherencia in-género es una designación psíquica o cultural del yo- y el terna de sexo, género y deseo.deseo -cuando el deseo es heterosexual y, por lo tanto, se El desplazamiento estratégico de esa relación binaria y ladistingue mediante una relación de oposición respecto del metafísica de la sustancia de la que depende admite que lasotro género al que desea-o Por tanto, la coherencia o uni- categorías de hembra y macho, mujer y hombre, se constitu-dad interna de cualquier género, ya sea hombre o mujer, ne- yen de manera parecida dentro del marco binario. Foucaultcesita una heterosexualidad estable y de oposición. Esa he- está de acuerdo de manera implícita con esta explicación.terosexualidad institucional exige y crea la univocidad de En el último capítulo del primer tomo de La historia de la se-cada uno de los términos de género que determinan ellúni- xualidad y en su breve pero reveladora introducción a Her-te de las posibilidades de los géneros dentro de un sistema culine Barbin, llamada Alexina B.,u Foucault dice que la ca-de géneros binario y opuesto. Esta concepción del género tegoría de sexo, anterior a toda categorización de ~ere~c~ano sólo presupone una relación causal entre sexo, género y sexual se establece mediante una forma de sexualidad histó-deseo: también señala que el deseo refleja o expresa al géne- ricam~nte específica. La producción táctica de la categoriza-ro y que el género refleja o expresa al deseo. Se presupone ción discreta y binaria del sexo esconde la fmalidad estraté-que la unidad metafísica de los tres se conoce realmente y gica de ese mismo sistema de producción al proponer que el
    • 82 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 83 «sexo» es «Una causa» de la experiencia, la conducta y el de- medida en que penetra en las categorías identitarias del seo sexuales. El cuestionamiento genealógico de Foucault sexo. Foucault imagina la experiencia de Herculine como muestra que esta supuesta «causa» es «un efecto», la pro- un mundo de placeres en el que «flotaban, en el aire, sonri- ducción de un régimen dado de sexualidad, que intenta re- sas sin dueño»." Sonrisas, felicidades, placeres y deseos se gular la experiencia sexual al determinar las categorías dis- presentan aquí como cualidades sin una sustancia perma- cretas del sexo como funciones fundacionales y causales en nente a la que presuntamente se adhieran. Como atributos el seno de cualquier análisis discursivo de la sexualidad. vagos, plantean la posibilidad de una experiencia de género Foucault, en su introducción al diario de este hermafro- que no puede percibirse a través de la gramática sustancia- dita, Herculine Barbin, sostiene que la crítica genealógica lizadora y jerarquizadora de los sustantivos (res extensa) y de estas categorías cerneadas del sexo es la consecuencia in- los adjetivos (atributos, tanto esenciales como accidentales). voluntaria de prácticas sexuales que no se pueden incluir A partir de su interpretación sumaria de Herculine, Fou- dentro del discurso médico legal de una heterosexualidad cault propone una ontología de atributos accidentales que naturalizada. Herculine no es una «identidad». sino la im- muestra que la demanda de la identidad es un principio posibilidad sexual de una identidad. Si bien las partes ana- culturalmente limitado de orden y jerarquía, una ficción re- tómicas masculinas y femeninas se distribuyen conjunta- guladora. mente en y sobre su cuerpo, no es ésa la fuente real del Si se puede hablar de un «hombre» con un atributo mas- escándalo. Las convenciones lingüísticas que generan seres culino y entender ese atributo como un rasgo feliz pero ac-. con género inteligible encuentran su límite en Herculine cidental de ese hombre, entonces también se puede hablar justamente porque ella!él origina una convergencia y la de- de un «hombre» con un atributo femenino, cualquiera que sarticulación de las normas que rigen sexo/género/deseo. éste sea, aunque se continúe sosteniendo la integridad del Herculine expone y redistribuye los términos de un sistema género. Pero una vez que se suprime la prioridad de «hom- binario, pero esa misma redistribución altera y multiplica bre» y «mujer» como sustancias constantes, entonces ya no los términos que quedan fuera de la relación binaria misma. se pueden supeditar rasgos de género disonantes como otras Para Foucault, Herculine no puede categorizarse dentro de tantas características secundarias y accidentales de una on- la relación binaria del género tal como es; la sorprendente tología de género que está fundamentalmente intacta. Si la concurrencia de heterosexualidad y homosexualidad en su noción de una sustancia constante es una construcción ficti- persona es originada -pero nunca causada- por su dis- cia creada a través del ordenamiento obligatorio de atribu- continuidad anatómica. La apropiación que Foucault hace tos en secuencias coherentes de género, entonces parece que de Herculine es sospechosa," pero su análisis añade la idea el género como sustancia, la viabilidad de hombre y mujer interesante de que la heterogeneidad sexual (paradójica- como sustantivos, se cuestiona por el juego disonante de mente impedida por una eheteros-sexualidad naturalizada) atributos que no se corresponden con modelos consecutivos contiene una crítica de la metafísica de la sustancia en la o causales de inteligibilidad.
    • 84 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 85 La apariencia de una sustancia constante o de un yo con agente" ha sido ficticiamente añadido al hacer, el hacer es género (10 que el psiquiatra Roben Stoller denomina un todo»." En una aplicación que el mismo Nietzsche no ha- «núcleo de género»)" se establece de esta forma por la re- bría previsto ni perdonado, podemos añadir como corolario: glamentación de atributos que están a lo largo de líneas de no existe una identidad de género detrás de las expresiones coherencia culturalmente establecidas. La consecuencía es de género; esa identidad se construye performativamente que el descubrimiento de esta producción ficticia está con- por las mismas «expresiones» que, al parecer, son resultado dicionada por el juego des reglamentado de atributos que se de ésta. oponen a la asimilación al marco prefabricado de sustanti- vos primarios y adjetivos subordinados. Obviamente, siem- pre se puede afirmar que los adjetivos disonantes funcionan LENGUAJE, PODER Y ESTRATEGIAS DE DESPLAZAMIENTO retroactivamente para redefinir las identidades sustantivas que aparentemente modifican y, por lo tanto, para ampliar No obstante, numerosos estudios feministas han afirma- las categorías sustantivas de género de modo que permitan do que hay un «hacedor» detrás de la acción. Sin un actuan-posibilidades antes negadas. Pero si estas sustancias sólo son te, se afirma, no es posible la acción y, por lo tanto, tampocolas coherencias producidas de modo contingente mediante la la capacidad para transformar las relaciones de dominaciónreglamentación de atributos, parecería que la ontología de dentro de la sociedad. En el continuo de teorías sobre el su-las sustancias en sí no es únicamente un efecto artificial sino jeto, la teoría feminista radical de Wittig es ambigua. Por un •que es esencialmente superflua. lado, Wittig parece refutar la metafísica de la sustancia pero, En este sentido, género no es un sustantivo, ni tampoco por el otro, mantiene al sujeto humano, el individuo, comoes un conjunto de atributos vagos, porque hemos visto que el sitio metafísico donde se sitúa la capacidad de acción. Siel efecto sustantivo del género se produce performativa- bien el humanismo de Wittig presupone de forma clara quemente y es impuesto por las prácticas reguladoras de la co- hay un realizador de la acción, su teoría de todas formas tra-herencia de género. Así, dentro del discurso legado por la za la construcción performativa del género dentro de lasmetafísica de la sustancia, el género resulta ser performativo, prácticas materiales de la cultura, refutando la temporalidades decir, que conforma la identidad que Se supone que es. de las explicaciones que confundieran «causa» con «resulta-En este sentido, el género siempre es un hacer, aunque no do». En una frase que muestra el espacio intertextual queun hacer por parte de un sujeto que se pueda considerar une a Wittig con Foucault (y descubre los rastros de la no-preexistente a la acción. El reto que supone reformular las ción marxista de reificación en ambas teorías), ella escribe:categorías de género fuera de la metafísica de la sustanciadeberá considerar la adecuación de la afirmación que hace Un acercamiento feminista materialista manifiesta que loNietzsche en La genealogía de la moral en cuanto a que «no que consideramos la causa o el origen de la opresión es, enhay ningún "ser" detrás del hacer, del actuar, del devenir; "el realidad, sólo la marca impuesta por el opresor, el «mito de la
    • 86 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 87 mujer», más sus efectos y manifestaciones materiales en la entre los sexos como una estratagema masculinista que rue- conciencia y en los cuerpos de las mujeres que han sido apro- ga completamente lo femenino, Wittig afirma que posturas piados. Así, esta marca no existe antes de la opresión [ ... ]; el como la de Irigaray vuelven a afianzar lo binario entre mas- sexo se considera un «dato inmediato», un «dato sensible», culino y femenino y vuelven a poner en movimiento una no- «rasgos físicos» que pertenecen a un orden natural. Pero lo ción mítica de 10 femenino. Claramente influida por la críti- que consideramos una percepción física y directa es única- ca que Beauvoir hace del mito de lo femenino en El segundo mente una construcción mítica y compleja, una «formación sexo, Wittig dice: «No hay "escritura femenína?»." imaginería»." Wittig es perfectamente consciente del poder que posee el lenguaje para subordinar y excluir a las mujeres. Con Puesto que esta producción por parte de la «naturaleza» todo, como «materialista» que es, cree que el lenguaje esse desarrolla de acuerdo con los dictados de la heterosexua- «otro orden de materialidad»," una institución que puedelidad obligatoria, la aparición del deseo homosexual, según modificarse de manera radical. El lenguaje es una de lasella, va más allá de las categorías del sexo: «Si el deseo pu- prácticas e instituciones concretas y contingentes manteni-diera liberarse, no tendría nada que ver con las marcas pre- das por la elección de los individuos y, por lo tanto, debilita-liminares de los sexos»." das por las acciones colectivas de los individuos que eligen. Wittig hace referencia al «sexo» como una marca que de La ficción lingüística del «sexo», sostiene, es una categoríaalguna forma se refiere a la heterosexualidad institucionali- producida y extendida por el sistema de heterosexualidadzada, una marca que puede ser eliminada u ofuscada me- obligatoria en un intento por ceñir la producción de identi-diante prácticas que necesariamente niegan esa institución. dades sobre el eje del deseo heterosexual. En algunos de susObviamente, su visión se aleja radicalmente de la de lriga- escritos, la homosexualidad -c--tanto masculina como feme-rayo Ésta entiende la «marca» de género como parte de la nina, así como otras posiciones independientes del contratoeconomía significante hegemónica de lo masculino, la cual heterosexual- ofrece la posibilidad tanto para el derroca-funciona mediante los dispositivos de especularización miento como para la proliferación de la categoría de sexo.que funcionan por sí solos y que prácticamente han estable- Sin embargo, en El cuerpo lesbiano y en otros textos, Wittigcido el campo de la ontología en la tradición filosófica occi- se desmarca de la sexualidad genitalmente organizada per sedental. Para Wittig, el lenguaje es un instrumento o herra- y propone una economía de los placeres diferente que refu-mienta que en ningún caso es misógino en sus estructuras, taría la construcción de la subjetividad femenina marcadasino sólo en sus utilízacíones." Para Irigaray, la posibilidad por la función reproductiva presuntamente distintiva de lasde otro lenguaje o economía significante es la única forma de mujeres." Aquí la proliferación de los placeres fuera de laevitar la «marca» del género que, para lo femenino, no es economía reproductiva implica una forma específicamentesino la eliminación falogocéntrica de su sexo. Mientras que femenina de difusión erótica, vista como una contraestrate-Irigaray intenta explicar la relación presuntamente «binaria» gia a la construcción reproductiva de la genitalidad. En cier-
    • 88 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 89 to modo, El cuerpo lesbiana puede interpretarse, según Wit- Wittig concibe la práctica de marcar como algo contingente, tig, como una lectura «invertida» de los Tres ensayos sobre radicalmente variable y hasta prescindible. La categoría de teoríasexual de Freud, donde éste afirma la superioridad de una prohibición fundamental en la teoría lacaniana opera desarrollo de la sexualidad genital por encima y en contra con mayor fuerza y menor contingencia que la idea de una de la sexualidad infantil, la cual es menos limitada y más práctica reguladora en Foucault, o el análisis materialista de prolija. El «invertido» -la definición médica usada por un sistema de dominación heterosexista en Wittig. Freud para designar a ehomosexuab-c-. es el único que no En Lacan, así como en el replanteamiento poslacaniano «cumple» con la norma genital. Al hacer una crítica política de Freud que hace lrigaray, la diferencia sexual no es un contra la genitalidad, Wittig muestra la «inversión» como mero binarismo que preserva la metafísica de la sustancia una práctica de lectura crítica, que valora justamente los as- como su fundamento. El «sujeto» masculino es una cons- pectos de una sexualidad no desarrollada nombrada por trucción ficticia elaborada por la ley que prohíbe el incesto Freud y que de hecho inicia una «política posgenital»." En y dictamina un desplazamiento infinito de un deseo hetero- realidad, la idea de desarrollo puede interpretarse sólo como sexualízador. Lo femenino nunca es una marca del sujeto; lo una normalización dentro de la matriz heterosexual. Pero, femenino no podría ser un «atributo» de un género. Más ¿es ésta la única interpretación posible de Freud? ¿Yen qué bien, lo femenino es la significación de la falta, significada medida está implicada la práctica de «inversión» de Wittig por lo Simbólico; un conjunto de reglas lingüísticas diferen- con el mismo modelo de normalización que ella pretende re- dadoras que generan la diferencia sexual. La postura lin- b~tir? En definitiva, si el modelo de una sexualidad antige- güística masculina soporta la individualización y la heterose- nital y más difusa es la única opción de oposición a la es- xualízación exigidas por las prohibiciones fundadoras de la tructura hegemónica de la sexualidad, ¿en qué medida está ley Simbólica, la ley del Padre. El tabú del incesto, que aleja esa relación binaria obligada a reproducirse de manera in- al hijo de la madre y de este modo determina la relación de terminable? ¿Qué posibilidad existe de alterar la oposición parentesco entre ellos, es una ley que se aplica «en el nom-binaria en sí? bre del Padre». De forma parecida, la ley que repudia el de- La relación de oposición con el psicoanálisis planteada seo de la hija por la madre y por el padre exige que la niñapor :xittig tiene como consecuencia que su teoría supone acepte el emblema de la maternidad y preserve las reglas delprecisamente esa teoría psicoanalítica del desarrollo, ahora parentesco. De esta manera, tanto la posición masculinatotalmente «invertida», que ella intenta vencer. La perversi- como la femenina se establecen por medio de leyes prohibi-dad polimorfa, que supuestamente existe antes que las mar- tivas que crean géneros culturalmente inteligibles, pero úni-cas del sexo, se valora como el telos de la sexualidad huma- camente a través de la creación de una sexualidad incons-na." Una posible respuesta psicoanalftica feminista a Wittig ciente que reaparece en el ámbito de lo imaginario."seria que ésta subteoriza y subestima el significado y la fun- La apropiación feminista de la diferencia sexual, ya seación deI lenguaje en la que tiene lugar «la marca del género». vista como oposición al falogocentrismo de Lacan (Irigaray)
    • 90 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 91 o como una reformulación crítica de Lacan, no teoriza lo fe- «después» de la ley como una sexualidad posgenital. Para- menino como una expresión de la metafísica de la sustancia dójicamente se piensa que el tropo normativo de la perversi- sino como la ausencia no representable elaborada por la ne- dad polimorfa es una característica de ambas perspectivas gación (masculina) en la que se asienta la economía signifi- sobre la sexualidad distinta. Con todo, no hay ningún acuer- cante a través de la exclusión. Lo femenino como lo recha- do sobre la forma de concretar esa «ley» o serie de «leyes». zado/excluido dentro de ese sistema posibilita la crítica y la La crítica psicoanalítica logra explicar la construcción del alteración de ese esquema conceptual hegemónico. Las obras «sujeto» -y posiblemente también la ilusión de sustancia- de Jacque1ine Rose" y de jane Gallop" exponen de distintas dentro de la matriz de relaciones normativas de género. Des- formas la condición construida de la diferencia sexual, la de su postura existencial materialista, Wittig alega que el su- inestabilidad propia de esa construcción y la consecuencia jeto, la persona, posee una integridad presocial y previa al doble de una prohibición que al mismo tiempo establece género. Por otra parte, «la Ley paterna» en Lacan, al igual una identidad sexual y permite enseñar la frágil base de esa que el dominio monológico del falogocentrismo en lrigaray, construcción. Aunque Wittig y otras feministas materialistas está caracterizada por una singularidad monoteísta que qui- dentro cid contexto francés afirmarían que la diferencia se- zá sea menos unitaria y culturalmente universal de lo que xual es una imitación irreflexiva de una sucesión reificada de pretenden las principales suposiciones estructuralistas del polaridades sexuadas, sus críticas pasan por alto la dimen- análisis." sión crítica del inconsciente que, como un lugar de sexuali- No obstante, la confrontación también hace referencia a dad reprimida, reaparece dentro del discurso del sujeto la articulación de un tropo temporal de una sexualidad sub- como la imposibilidad misma de su coherencia. Como afirma versiva que cobra fuerza antes de la imposición de una ley, rotundamente Rose, la construcción de una identidad sexual después de su derrumbamiento o durante su reinado como coherente, sobre la base disyuntiva de lo femenino/masculi_ un reto permanente a su autoridad. Llegados a este punto es no, sólo puede fracasar;¡ las alteraciones de esta coherencia recomendable rememorar las palabras de Poucaulr, quien, al a través de la reaparición involuntaria de lo reprimido mues- afirmar que la sexualidad y el poder son coextensos, impug- tran no sólo que la «identidad» se construye, sino que la na de manera implícita la demanda de una sexualidad sub- prohibición que construye la identidad no es eficaz (la ley versiva o emancipadora que pudiera no tener ley. Podemospaterna no debe verse como una voluntad divina determi- concretar más el argumento al afirmar que «el antes» y «elnista, sino como un desacierto continuo que sienta las bases después» de la ley son formas de temporalidad creadas dis-para las insurrecciones contra el padre). cursiva y perfonnativamente, que se usan dentro de los lími- Las divergencias entre la posición materialista y la laca- tes de un marco normativo según el coalla subversión, la de-niana (y poslacaniana) aparecen en una confrontación nor- sestabilización y el desplazamiento exigen una sexualidadmativa sobre si hay una sexualidad recuperable ya sea «an- que de alguna forma evita las prohibiciones hegemónicastes» o «fuera» de la ley en el modo del inconsciente o bien respecto del sexo. Según Foucault, esas prohibiciones son
    • 92 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 93productivas de manera repetida e involuntaria porque «el la premisa feminista de que la biología no es destino. Pero yasujeto» -quien en principio se crea en esas prohibiciones y sea que la sexualidad femenina se conforme en este caso amediante ellas- no puede acceder a una sexualidad que en través de un discurso biológico por motivos meramente es-cierto sentido está «fuera», «antes» o «después» del poder tratégicos," o que, de hecho, se trate de un retomo fem~istaen sí. El poder, más que la ley, incluye tanto las funciones ju- al esencialismo biológico, la representación de la sexualidadrídicas (prohibitivas y reglamentadoras) como las producti- femenina como rotundamente diferente de una organiza-vas (involuntariamente generativas) de las relaciones dife- ción fálica de la sexualidad todavía es problemática. Las mu-renciales. Por tanto, la sexualidad que emerge en el seno de jeres que no aceptan esa sexualidad como pro~ia o que afir-la matriz de las relaciones de poder no es una mera copia man que su sexualidad está en parte construida dentro ?ede la ley misma, una repetición uniforme de una economía los términos de la economía fálica se quedan fuera de los ter-de identidad masculinista. Las producciones se alejan de sus minas de esa teoría, puesto que están «identificadas con loobjetivos originales e involuntariamente dan lugar a posibi- masculino» o «no iluminadas». En realidad, no está del todolidades de «sujetos» que no sólo sobrepasan las fronteras de claro en el texto de Irigaray si la sexualidad se construye cul-la inteligibilidad cultural, sino que en realidad amplían los turalmente, o si sólo se construye culturalmente con respec-confines de lo que, de hecho, es culturalmente inteligible. to al falo. Es decir, ¿está el placer específicamente femenino La norma feminista de una sexualidad posgenital recibió «fuera» de la cultura como su prehistoria o como su futurouna critica significativa por parte de las teóricas feministas utópico? Y si lo está, ¿de qué manera se puede utilizar esade la sexualidad, algunas de las cuales han llevado a cabo noción para negociar las luchas contemporáneas de la se-una apropiación específicamente feminista o lesbiana de xualidad dentro de los términos de su construcción?Foucault. Esta idea utópica de una sexualidad liberada de El movimiento a favor de la sexualidad dentro de la teo-las construcciones heterosexuales, una sexualidad que va ría y la práctica feministas ha sostenido que .la sexu~idadmás allá del «sexo», no admitía las maneras en que las rela- siempre se construye dentro de lo que derermínan el discur-ciones de poder siguen definiendo la sexualidad para las so y el poder, y este último se entiende parcialmente en fun-mujeres incluso dentro de los términos de una heterosexua- ción de convenciones culturales heterosexuales y fálicas. Lalidad «liberada» o lesbianismo." También se ha criticado la aparición de una sexualidad construida (no determinada) ennoción de un placer sexual específicamente femenino que estos términos, dentro de entornos lésbicos, bisexuales y he-esté tajantemente diferenciado de la sexualidad fálica. El terosexuales, no es, por tanto, el signo de una identificaciónempeño de Irigaray por obtener una sexualidad femenina masculina en un sentido reduccionista. No es el proyectoespecífica de una anatomía femenina específica ha sido el fracasado de criticar el falogocentrismo o la hegemonia he-centro de debates antieseneialistas durante algún tiempo. 54 terosexual, como si una crítica política pudiera desmontar laEl hecho de volver a la biología como la base de un signifi- construcción cultural de la sexualidad de la feminista crítica.cado o una sexualidad femenina específica parece derrocar Si la sexualidad se construye culturalmente dentro de rela-
    • 94 EL G~NERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GtNERO/DESEü 95cienes de poder existentes, entonces la pretensión de una se- Es evidente que, en el seno de la teoría sexual feminista,xualidad normativa que esté «antes», «fuera» o «más allá» la presencia de la dinámica de poder dentro de la sexuali-del poder es una imposibilidad cultural y un deseo política- dad no es en absoluto lo mismo que la mera consolidaciónmente impracticable, que posterga la tarea concreta y con- o el incremento de un régimen de poder heterosexista o fa-temporánea de proponer alternativas subversivas de la se- logocéntrico. La «presencia» de las supuestas convencionesxualidad y la identidad dentro de los términos del poder en heterosexuales dentro de contextos homosexuales, asísí. Es evidente que esta labor crítica implica que operar den- como la abundancia de discursos específicamente gays detro de la matriz del poder no es lo mismo que crear una co- diferencia sexual (como en el caso de hutch y [emme como pia de las relaciones de dominación sin criticarlas; pro- identidades históricas de estilo sexual), no pueden enten- porciona la posibilidad de una repetición de la ley que no derse como representaciones quiméricas de identidades ori- sea su refuerzo, sino su desplazamiento. En vez de una se- ginalmente heterosexuales; tampoco pueden verse como la xualidad «identificada con lo masculino» (en la que «mas- reiteración perjudicial de construcciones heterosexistas culino» se utiliza como la causa y el significado irreductible dentro de la sexualidad y la identidad gayo La repetición de de esa sexualidad), se puede ampliar la noción de sexuali- construcciones heterosexuales dentro de las culturas sexua- dad construida en términos de relaciones fálicas de poder les gay y hetero bien puede ser el punto de partida inevita- que reabren y distribuyen las posibilidades de ese falicismo ble de la desnaturalización y la movilización de las catego- justamente mediante la operación subversiva de las «identi- rías de género; la reproducción de estas construcciones en ficaciones», las cuales son ineludibles en el campo de poder marcos no heterosexuales pone de manifiesto el carácter de la sexualidad. Si las «identificaciones», según Jacqueline completamente construido del supuesto original heterose-Rose, pueden ser vistas como fantasmáticas, entonces se xual. Así pues, gay no es a hetero lo que copia a original puede llevar a cabo una identificación que revele su estruc- sino, más bien, lo que copia es a copia. La repetición paró-tura fantasmática. Si no se rechaza radicalmente una sexua- dica de «lo original» (explicada en los últimos pasajes dellidad culturalmente construida, lo que queda es el tema de capítulo 3 de este libro) muestra que esto no es sino una pa-CÓmo reconocer y «hacer» la construcción en la que uno rodia de la idea de lo natural y lo original." Aunque lassiempre se encuentra. ¿Existen formas de repetición que no construcciones heterosexistas circulan como los sitios dis-sean la simple imitación, reproducción y, por consiguiente, ponibles de poder/discurso a partir de los cuales se estable-consolidación de la ley (la noción anacrónica de «identifica- ce el género, restan las siguientes preguntas: ¿qué posibili-ción con lo masculino» que debería descartarse de un Voca- dades existen para la recirculación?, ¿qué posibilidades debulario feminista)? ¿Qué opciones de configuración de gé- establecer el género repiten y desplazan -c-mediante la hi-nero se plantean entre las diferentes matrices emergentes y pérbole la disonancia, la confusión interna y la prolifera-en ocasiones convergentes de inteligibilidad cultural que de- ción- las construcciones mismas por las cuales se movi-terminan la vida separada en géneros? lizan?
    • 96 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 97 Hay que tener en cuenta que no sólo las ambigüedades e ter concreto de las «prácticas reguladoras» que crean la ca-incoherencias dentro y entre las prácticas heterosexuales, tegoría de sexo y Wittig parece hacer responsable de la cons-homosexuales y bisexuales se eliminan y redefinen dentro trucción a la reproducción sexual y su instrumento -la he-del marco reificado de la relación binaria disyuntiva y asi- terosexualidad ohligatoria-e-, otros discursos coinciden enmétrica de masculino/femenino, sino que estas configura- inventar esta ficción de categorías por motivos no siempreciones culturales de confusión de géneros operan como si- claros ni sólidos. Las relaciones de poder que infunden lastios para la intervención, la revelación y el desplazamiento ciencias biológicas no disminuyen con facilidad, y la alianzade estas reificaciones. Es decir, la «unidad» del género es la médico-legal que aparece en Europa en el siglo XIX ha origi-consecuencia de una práctica reguladora que intenta unifor- nado categorías ficticias que no podían predecirse. La com-mizar la identidad de género mediante una heterosexualidad plejidad misma del mapa discursivo que elabora el géneroobligatoria. El poder de esta práctica reside en limitar, por parece prometer una concurrencia involuntaria y g~eratI~amedio de un mecanismo de producción excluyente, los sig- de estas estructuras discursivas y reglamentadoras. SI las fic-nificados relativos de «heterosexualidad», «homosexuali- ciones reglamentadoras de sexo y género son de por sí sitiosdad» y «bisexualidad», así como los sitios subversivos de su de significado muy refutados, entonces la multiplicidad mis-unión y resignificación. El hecho de que los regímenes de ma de su construcción posibilita que se derribe su plantea-poder del heterosexismo y el falogocentrismo adquieran im- miento unívoco.portancia mediante una repetición constante de su lógica, su Obviamente, el propósito de este proyecto no es presen-metafísica y sus ontologías naturalizadas no significa que tar dentro de los términos filosóficos tradicionales, una on-deba detenerse la repetición en sí --como si esto fuera posi- tología del género, mediante la cual se explique el significa-ble-. Si la repetición debe seguir siendo el mecanismo de la do de ser una mujer o un hombre desde una perspectivareproducción cultural de las identidades, entonces se plan- fenomenológica. La hipótesis aquí es que el «ser» del géne-tea una pregunta fundamental: ¿qué tipo de repetición sub- ro es un electo, el objeto de una investigación genealógicaversiva podría cuestionar la práctica reglamentadora de la que delinea los factores políticos de su construcción al modoidentidad en sí? de la ontología. Afirmar que el género está construido no Si no es posible apelar a una «persona», un «sexo» o una significa que sea ilusorio o artificial, entendiendo estos tér-«sexualidad» que evite la matriz de las relaciones discursivas minos dentro de una relación binaria que opone lo «real» yy de poder que de hecho crean y regulan la inteligibilidad de lo «auténtico». Como una genealogía de la ontología del gé-esos conceptos, ¿qué determina la posibilidad de inversión, nero, esta explicación tiene como objeto entender la pro-subversión o desplazamiento reales dentro de los términos ducción discursiva que hace aceptable esa relación binaria yde una identidad construida? ¿Qué alternativas hay en vir- demostrar que algunas configuraciones culturales del géne-tud del carácter construido del sexo y el género? Mientras ro ocupan el lugar de «10 real» y refuerzan e incrementan suque Foucault mantiene una postura ambigua sobre el carác- hegemonía a través de esa feliz autonaturalización.
    • 98 EL GÉNERO EN DISPUTA SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEO 99 . Si la afirmación de Beauvoir de que no se nace mujer, quejados, y también en relación con su función de reprodu- sino que se llega a serlo es en parte cierta, entonces mujer es cir esos regímenes sin criticarlos. La univocidad del sexo, la de por sí un término en procedimiento, un convertirse, un coherencia interna del género y el marco binario para sexo y construirse del que no se puede afirmar tajantemente que género son ficciones reguladoras que refuerzan y naturalizan tenga un inicio o un final. Como práctica discursiva que está los regímenes de poder convergentes de la opresión mascu- teniendo lugar, está abierta a la intervención y a la resignífi- lina y hetercsexista. En el capítulo 3 se investiga la noción cación. Aunque el género parezca congelarse en las formas misma de «el cuerpo», no como una superficie disponible ~ás reificadas, el «congelamiento» en sí es una práctica per- que espera significación, sino como un conjunto de límites ststente y maliciosa, mantenida y regulada por distintos me- individuales y sociales que permanecen y adquieren signifi- dios sociales. Para Beauvoir, en definitiva es imposible con- cado políticamente. Puesto que el sexo ya no se puede con- vertirse en mujer, como si un telos dominara el proceso de siderar una «verdad» interior de disposiciones e identidad, aculturaeión y construcción. El género es la estilización re- se argumentará que es una significación performativamente petida del cuerpo, una sucesión de acciones repetidas -c-den- realizada (y, por tanto, que no «es») y que, al desembarazar- tro de un marco regulador muy estricto-,-. que se inmoviliza se de su interioridad y superficie naturalizadas, puede pro- con el tiempo para crear la apariencia de sustancia, de una vocar la proliferación paródica y la interacción subversiva de especie natural de ser. Una genealogía política de ontologías significados con género. Así pues, este texto continúa esfor- ~el género, si s.e consigue llevar a cabo, deconstruírá la apa- zándose por reflexionar sobre si es posible alterar y despla- nencra sustantiva del género en sus acciones constitutivas y zar las nociones de género naturalizadas y reificadas que sus- situará esos actos dentro de los marcos obligatorios estable- tentan la hegemonía masculina y el poder heterosexista, para cidos por las diferentes fuerzas que supervisan la apariencia problematizar el género no mediante maniobras que s~eñen social del género. Revelar los actos contingentes que crean la con un más allá utópico, sino movilizando, confundiendo apariencia de una necesidad naturalista -lo cual ha consti- subversivamente y multiplicando aquellas categorías consti-tuido parte de la crítica cultural por lo menos desde Marx- tutivas que intentan preservar el género en el sitio que le co-es un trabajo que ahora asume la carga adicional de enseñar rresponde al presentarse como las ilusiones que crean lac~m~ la noción misma del sujeto, inteligible sólo por su apa- identidad.nencra de género, permite opciones que antes habían que-dado relegadas forzosamente por las diferentes reificacionesdel género que han constituido sus ontologías contingentes. El siguiente capítulo explora algunos elementos delplanteamiento psicoanalítico estructuralista de la diferenciasexual y de la construcción de la sexualidad en relación consu poder para refutar los regímenes reguladores aquí bos-
    • CAPlTUL02 PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN DE LA MATRIZ HETEROSEXUAL La mente recta sigue sosteniendoque el incesto, y no la homosexuali- dad, representa su mayor probibiaó». Así, cuando la mente recta la piensa, la homosexualidadno es sino heterosexualidad. MONIQUE WITTIG, «The Streíght Mínd» En algunos momentos, la teoría feminista se ha intere-sado por la idea de un origen, un tiempo anterior a lo quealgunos denominarían «patriarcado» que otorgaría una pers-pectiva imaginaria a partir de la cual se instituiría la contin-gencia de la historia de la opresión de las mujeres. Se ha de-batido sobre si existieron culturas prepatriarcales, si teníanuna estructura matriarcal o matrilineal, si podría probarseque el patriarcado tuvo un inicio y, por tanto, puede tenerun final. El impulso crítico que se esconde tras estos cues-tionamientos pretendía probar que e] argumento antifemi-nista en favor de la inevitabilidad del patriarcado constituíala reificación y naturalización de un fenómeno histórico ycontingente. Aunque d giro hacia un estado de cultura prepatriarcaltenía como objetivo mostrar la autorreificación del patriarca-do, el esquema prepatriarcal ha demostrado ser un tipo dife-rente de reificación. Últimamente, algunas feministas han cri-
    • 102 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN l...l 103 tieado de manera reflexiva unas construcciones reífícadas sitúa irremediablemente dentro de los límites de una narra- dentro del mismo feminismo. La noción misma de «patriar- ción prehistórica que permite legitimar el estado actual de la cado» corre el peligro de convertirse en un concepto univer- ley, o bien el futuro imaginario más ~á de la ley,.en ese.caso salizado! que suprime o restringe articulaciones claras de asi- este «antes» siempre está ya convencido de las invenciones metría entre géneros en diferentes contextos culturales. Al autojustificadoras de intereses presentes y futuros, ya sean fe- mismo tiempo que el feminismo ha intentado apoyar de un ministas o antifeministas. La pretensión del «antes» dentro modo integral las luchas contra la opresión racial y colonia- de la teoría feminista se vuelve políticamente problemática lista, cada vez cobra más importancia hacer frente a la estra- cuando exige que el futuro concrete una noción idealiza.da tegia epistemológica colonizadora que subordinaría diversas del pasado o cuando sostiene, incluso sin percatarse, la reifi- configuraciones de dominación bajo el epígrafe de una no- cación de un ámbito precultural de lo femenino auténtico. El ción transcultural del patriarcado. La organización de la ley hecho de aludir a una feminidad original o auténtica es un del patriarcado como una estructura represiva y reguladora ideal nostálgico y limitado que se opone a la necesidad actual también exige ser replanteada desde esta perspectiva críti- de analizar el género como una construcción cultural com- ca. El recurso feminista a un pasado imaginario debe evitar pleja. Este ideal tiende no sólo a servir para finalidades ~­ fomentar una reificación políticamente problemática de la turalmente conservadoras, sino también a ser una práctica experiencia de las mujeres al tiempo que intenta restar valor excluyente dentro del feminismo, lo que provoca}ustamente a las afirmaciones autorreificadoras del poder masculinista. el tipo de fragmentación que el ideal pretende evitar, . La autojustificación de una ley represiva o subordinado- En el transcurso de la especulación de Engels, del femi-ra casi siempre se fundamenta en un relato que narra cómo nismo socialista y de las posturas feministas fundadas en laeran las cosas antes de la constitución de la ley, y cómo sur- antropología estructuralista, surgen varios intentos de situargió la ley en su forma actual y necesaria. La invención de momentos o estructuras dentro de la historia o la culturaesos orígenes detalla una situación previa a la ley en un rela- que determinen la jerarquía de los géneros. Es~s estruc~rasto necesario y unilineal cuya culminación es la creación de la o épocas clave se aíslan para rechazar las teonas reacctona-ley, y así la justifica. Así pues, el relato de los orígenes es una rias que naturalizan o universalizan la subordinación de lasestrategia dentro de una narración que, al explicar una úni- mujeres. Dado que se trata de importantes intentos de rele-ca historia autorizada sobre un pasado que ya no se puede gar de manera crítica los ~estos universaliza~ore~ de ~p~e­recuperar, hace surgir la constitución de la ley como una ine- sión, estas teorías se convierten en parte del amblto teoncovirabilided histórica. contemporáneo en que se combate aún más la opresión. Sin . Algunas feministas han descubierto en el pasado prejurf- embargo, debe seguir considerándose la ~osibilida~ de quedico las huellas de un futuro utópico, una fuente potencial de estas fuertes críticas a la jerarquía de los generos se srrvan desublevación o rebelión que se compromete a derrocar la ley y ficciones presupuestas que contengan ideales normativosestablecer un nuevo orden. Pero si d «antes» imaginario se problemáticos.
    • 104 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN L..] 105 Algunas teóricas feministas se han basado en la antropo- ta como masculina, activa y abstracta.! Al igual que en la dia- logía estructuralista de Lévi-5trauss -que presenta la pro- léctica existencial de la misoginia, éste es otro ejemplo en el blemática diferenciación entre naturaleza y cultura- para que razón y mente se relacionan con masculinidad y capaci- tratar de respaldar y explicar la diferenciación entre sexo y dad de acción, mientras que el cuerpo y la naturaleza se aso- género: la idea de que hay una mujer natural o biológica que cian con la facticidad muda de lo femenino que espera la sig- más tarde se convierte en una «mujer» socialmente subordi- nificación proporcionada por un sujeto masculino opuesto. nada, con el resultado de que el «sexo» es a la naturaleza o a Al igual que en esa dialéctica misógina, materialidad y signi- <Jo crudo» lo que el género es a la cultura o a «10 cocido». Si ficado son términos que se excluyen el uno al otro. La polí- el razonamiento de Lévi-Strauss fuera verdadero, se podría tica sexual que crea y sostiene esta diferenciación se esconde seguir el rastro de la transformación del sexo en género al si- de manera eficaz detrás de la producción discursiva de una tuar el mecanismo estable de las culturas, las normas de in- naturaleza, incluso de un sexo natural que se define como la tercambio del parentesco, que se transforman de formas bas- base incuestionable de la cultura. Algunos críticos del es- tante regulares. Según esta perspectiva, el «sexo» es anterior trueturalismo, como por ejemplo Clifford Geertz, sostienen a la ley puesto que no está cultural ni políticamente especifi- que su marco universalizador no toma en consideración la cado, con lo que otorga la «materia prima» de la cultura, por multitud de configuraciones culturales de la «naturaleza». así decirlo, que comienza a adquirir significado sólo si se so- El análisis que presenta a la naturaleza como singular y pre- mete a las normas del parentesco y después de hacerlo. discursiva no puede preguntar: ¿qué puede considerarse No obstante, la consideración misma de sexo-corno-ma- «naturaleza» dentro de un contexto cultural dado, y con qué teria, sexo-como-instrumento-de-significación_cultural, es finalidad? ¿Es necesario para algo el dualismo? ¿Cómo se una formación discursiva que opera como una base natura- establecen los dualismos sexo/género y naturaleza!cultura y lizada para la diferenciación entre naturaleza/cultura y las cómo se normalizan uno a través del otro? ¿A qué jerarquías estrategias de dominación que esa distinción sostiene. La re- de género están supeditados, y qué relaciones de subordina- lación binaria entre cultura y naturaleza fomenta una rela- ción reifican? Si la designación misma del sexo es política, ción jerárquica en la que la primera libremente «exige» un en ese caso el «sexo», la designación supuestamente más significado a la segunda y, por ese motivo, la conviene en un «cruda», resulta estar siempre ya «cocida», y las principales«Otro» que se adecua a sus propios usos ilimitados, prote- diferenciaciones de la antropología estructuralista parecengiendo la idealidad del significante y la estructura de signifi- desmoronarse.cación sobre el modelo de dominación. El empeño por encontrar una naturaleza sexuada ante- Las antropólogas Marilyn Strarhern y Carol MacCor- rior a la ley parece provenir comprensiblemente del proyec-mack han alegado que el discurso sobre naturaleza y cultura to más fundamental de creer que la ley patriarcal no es unasuele representar a la naturaleza como femenina, que debe verdad universal ni lo define todo. En realidad, si lo únicosubordinarse a una cultura que constantemente se represen- que hay es género construido, entonces parece no existir un
    • 106 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN L.,] 107 «fu~ra», m:- :md a epistémica en un «antes» precultural que EL INTERCAMBIO ClÚTICO DEL ESlRUCTURALISMO pudiera utilizarse como otro punto de partida epistémico para elaborar una valoración crítica de las relaciones exis- El discurso estructuralista normalmente hace referencia a tentes entre los géneros. Encontrar el mecanismo mediante la Ley en singular, de acuerdo con el planteamiento de Lévi- el cual el sexo se convierte en género supone precisar no Strauss de que hay una estructura universal para regular el sólo el carácter construido del género, su calidad innatural e intercambio que es propio de todos los sistemas de parentes- innecesaria, sino la universalidad cultural de la opresión en co. Según Las estructuras elementales del parentesco, el obje- términos no biológicos. ¿Cómo se pone en marcha este me- to de intercambio que refuerza y distingue las relaciones de canismo? ¿Puede encontrarse o sólo imaginarse? ¿Es la de- parentesco son las mujeres, que un clan patrilineal ofrece signación de su supuesta universalidad una reificación me- como regalo a otro a través de la institución del matrimonio: nor respecto a la postura que fundamenta la opresión La novia, el regalo, el objeto de intercambio, es «un signo y universal en la biología? un valor» que inicia un canal de intercambio que no sólo per- Únicamente cuando el mecanismo de construcción de mite lograr el objetivo funcional de simplificar el comercio, género implica la contingencia de esa construcción el «ca- sino que posibilita el objetivo simbólico o ritual de reforzar rácter de construido» per se es útil para el proyecto político los vínculos internos y la identidad colectiva de cada clan, de aumentar la gama de configuraciones posibles del géne- que se distingue de otro mediante ese acto. Dicho de otro ro. Pero si lo que aparece como el fin normativo de la teoría modo, la novia es como un término de relación entre grupos feminista es la vida del cuerpo más allá de la ley o la recupe- de hombres; no posee una identidad, ni tampoco intercambia ración del cuerpo antes de la ley, tal norma realmente aleja el una identidad por otra: refleja la identidad masculina preci- centro de atención de la teoría feminista de los términos es- samente al ocupar ellugar de su ausencia. Los integrantes del pecíficos de la batalla cultural contemporánea. En efecto, clan, invariablemente hombres, utilizan la prerrogativa de lalos fragmentos siguientes sobre psicoanálisis, estructuralis- identidad a través del matrimonio, un acto repetido de dife-mo y la extensión y poder de las prohibiciones que fundan renciación simbólica. La exogamia diferencia y relaciona pa-el género se focalizan justamente en esta noción de la ley: tronímicamente a tipos específicos de hombres. La patriline-¿cuál es su posición ontológica: es jurídica, opresiva y re- alidad se afianza mediante la expulsión y, de maneraductiva en su forma de funcionar, o crea involuntariamente recíproca, la importación ritual de las mujeres. Como espo-la posibilidad de su propio desplazamiento cultural? ¿En sas, las mujeres no sólo permiten la reproducción del nombrequé grado la definición de un cuerpo previo a esa definición (el objetivo funcional), sino que llevan a cabo un intercambioentra en contradicción performativamente consigo misma y simbólico entre clanes de hombres. Como lugar del inter-crea otras alternativas en su lugar? cambio patronímico, las mujeres son y no son el signo patro- nímico, desprovisto del significante, el patronímico mismo que portan. En el matrimonio, la mujer no se considera una
    • 108 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, pSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN [ .. .l 109identidad, sino un térmíno de relación que diferencia y a la una relación innombrada, excluida, pero presupuesta, quevez establece vínculos entre los diversos clanes con una iden- inmediatamente queda tapada por la misma lógica? Ahoratidad patrilineal común pero internamente diferenciada. se entiende el empeño de lrigaray por suprimir la economía La sistematicidad estructural de la explicación de las re- falogocéntrica, al igual que el importante impulso poeteslaciones de parentesco que expone Lévi-Strauss alude a una tructuralista dentro del feminismo que pone en tela de juiciológica universal que parece estructurar las relaciones huma- si una crítica efectiva del falogocentrismo exige un desplaza-nas. Aunque Lévi-Strauss explica en Tristes trópicos*que miento de lo Simbólico, como lo denomina Lévi-Strauss.abandonó la filosofía porque la antropología proporcionaba El carácter total y cerrado del lenguaje se presume y tam-una textura cultural más precisa al análisis de la vida huma- bién se refuta dentro del estructuralismo. A pesar de quena, de todas formas asocia esa textura cultural a una estruc- Saussure entiende que la relación entre significante y signifi-tura lógica totalizadora que en efecto devuelve sus análisis a cado es arbitraria, sitúa esta relación arbitraria dentro de unlas estructuras filosóficas descontextualizadas a las que pre- sistema lingüístico obligatoriamente completo. Todos lostendía renunciar. Aunque pueden formularse numerosas términos lingüísticos dan por sentada una totalidad lingüís- preguntas acerca de las suposiciones de universalidad en la tica de estructuras, totalidad que se presupone y se reanuda obra de Lévi-Strauss (como ocurre en Conocimiento local,** de manera implícita para que cualquier término por separa- del antropólogo Clifford Geertz), las preguntas están rela- do tenga un significado. Esta visión. casi l~ib~i~a, e? l.a cionadas aquí con el lugar que ocupan las suposiciones acer- que el lenguaje se considera una totalidad sIstemat,Ica~ ~lirIl1­ ca de la identidad en esta lógica universal y la vinculación de na el momento de diferencia entre significante y significado esa lógica identitaria con la situación subordinada de las mu- al vincular y unificar ese momento de arbitrariedad den,tro jeres dentro de la realidad cultural que esta lógica revela. Si de un campo totalizador. El alejamiento postestructuralis~ala naturaleza simbólica del intercambio es también su carác- de Saussure y de las estructuras identitarias de intercambio ter universalmente humano, y si esa estructura universal por parte de Lévi-Strauss rebate tanto las aspiracione~ ~e to-otorga la «identidad» a los hombres y una «carencia» o «ne- talidad y universalidad como la hipótesis de opOSICIOnesgación» subordinada o de relación a las mujeres, entonces es estructurales binarias que suavizan de manera implícita laposible refutar esta lógica por una posición o un conjunto ambigüedad y la apertura persistentes de la s~ifica~ón lin-de posiciones apartadas de sus propios términos. ¿Cómo se- güística y cultural." Como consecuencia, la diferencia entreria una lógica alternativa de parentesco? ¿En qué medida los significante y significado se transforma en la di/férance ope-sistemas lógicos identitarios necesitan siempre elaborar rativa y sin límites del lenguaje, que conduce a tod~ .re~eren­identidades socialmente imposibles para que mantengan cialidad hacia un desplazamiento potencialmente ilimitado. Lévi-Strauss sostiene que la identidad cultural masculina * Barcelona, Paidós, 1997. se determina mediante una acción abierta de diferenciadón ** Barcelona. Paidós, 1994. entre clanes patrilineales, y la «diferencia» en esta relación
    • 110 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN L .. ] 111 es hegeliana, es decir, que diferencia y vincula al mismo El intercambio -y, por tanto, la regla de exogamia- no tiempo. Pero la «diferencia» que se crea entre los hombres y es meramente el intercambio de bienes. El intercambio -y, las mujeres que efectúan la diferenciación entre los hombres por tanto, la regla de exogamia que lo expresa- tieneen sí un esquiva por completo la dialéctica. En definitiva, el momento valorsocial. Facilitael medio para vincular a los hombres. diferenciado! del intercambio social es al parecer un víncu- lo social entre hombres, una unidad hegeliana entre térmi- El tabú crea la heterosexualidad exogárnica que Léví- nos masculinos que de manera simultánea se concretan y se Strauss considera la consecución artificial de una heterose- individualizan." En un nivel abstracto, ésta es una idenridad- xualidad no incestuosa, obtenida mediante la prohibición de en-la-diferencia, puesto que ambos clanes establecen una una sexualidad más natural y menos oprimida (apreciación identidad semejante: masculina, patriarcal y patrilineal. Con con la que Freud coincide en Tres ensayos sobre teoría sexual). diferentes nombres, se singularizan dentro de esta identidad Con todo, la relación de reciprocidad entre hombres es cultural masculina que lo incluye todo. Pero, ¿qué relación la condición de una relación de no reciprocidad radical en- define a las mujeres como el objeto de intercambio, atavia- tre hombres y mujeres, y otra, por así decirlo, de no relación ~s primero con un patronímico y luego con otro? ¿Qué entre mujeres, La conocida afirmación de Lévi-Strauss de upo de mecanismo diferenciador divide las funciones de gé- que «la aparición del pensamiento simbólico debe haber re- nero de esta manera? ¿Qué clase de di/férance diferenciadora querido que las mujeres, al igual que las palabras, fuesen co- acepta y rechaza la negación explícita de mediación mascu- sas que se intercambian», plantea una necesidad --que in- lina en la economía hegeliana que usa Lévi-Strauss? Como duce el mismo Uvi-Strauss- de las presuntas estructuras afirma Irigaray, esta economía falogocéntrica está subordi- universales de cultura desde la postura retrospectiva de un. nada a una economía de di/férance que nunca es patente, observador transparente. Pero el «debe haber» parece una pero siempre se certifica y se niega. En realidad, las relacio- inferencia aunque hace de performativo; puesto que el mo- nes que se establecen entre clanes patrilineales tienen su mento en que emergió lo simbólíco no pudo ser confirmado bas~ en un deseo homosocial (10 que Irigaray denomina, en por Lévi-Strauss, él presume una historia necesaria: así, el un Juego de palabras, «hommo-sexualídads),« una sexuali- relato se convierte en un mandato. Su análisis impulsó a Iri- dad reprimida y despreciada; una relación entre hombres garay a pensar sobre lo que ocurriría si «los bienes se unie- que, en resumidas cuentas, está relacionada con los vínculos ran» y mostraran como la acción imprevista de una econo-de los hombres, pero que se crea a través del intercambio mía sexual distinta. En su obra Sexes et parentés, 10 planteaheterosexual y la distribución de mujeres." una exégesis crítica de cómo esta elaboración de intercam- En un pasaje que explica el inconsciente homoerótico de bio mutuo entre hombres admite una no reciprocidad entrela economía falogocéntrica, Lévi-Strauss proporciona el los sexos, que no se puede articular dentro de esa economía,nexo entre el tabú del íncesto y la consolidación del vínculo así como la imposibilidad de nombrar a la mujer, lo femeni-homoerótico: no y la sexualidad lesbiana.
    • 112 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN [ ... ] 113 Si existe un campo sexual excluido de lo Simbólico y que En su empeño por confirmar la idea psicoanalítica de lapotencialmente pueda revelar que éste es hegemónico y no fantasía incestuosa inconsciente, Lévi-Strauss alude al «pres-totalizador en su efecto, entonces debe poder situarse este tigio de ese sueño, su poder para modelar los pensamientoscampo excluido ya sea en el interior o en el exterior de esa de los hombres a pesar de ellos L .. [, los actos que evoca ja-economía y ofrecer una estrategia para su intervención en más fueron realizados porque la cultura se opuso a ello,términos de esa ubicación. La posterior relectura de la ley siempre y en todas penes»." Esta sorprendente declaraciónestructuralista y la narración que explica la producción de la explica no sólo los poderes de negación manifiestos de Lévi-diferencia sexual dentro de sus términos se centra en la apa- Strauss (¡ afirma que «nunca se han cometido actos de inces-rente naturaleza permanente y universal de esa ley y, me- toe-l), sino la dificultad de aceptar la eficacia de esa prohibi-diante una crítica genealógica, ilustra los poderes de genera- ción. El hecho de que exista la prohibición no quiere decirtividad -involuntaria y contraproducente- de dicha ley. que funcione. Su existencia más bien parece revelar que se¿«La Ley» crea esas posiciones de forma unilateral o inva- crean deseos, acciones e, incluso, prácticas sociales conti-riable? ¿Es capaz de crear configuraciones de sexualidad nuas de incesto precisamente a consecuencia de la erotiza-que refuten la ley en sí, o son esas refutaciones irremedia- ción de ese tabú. El hecho de que los deseos incestuososblemente fantasmáticas? ¿Es posible determinar la generati- sean fantasmáticos no significa que no se trate también devidad de esa ley como variable o incluso subversiva? «hechos sociales». La pregunta es, más bien, ¿cómo se crean La ley que prohíbe el incesto es el núcleo de esta eco- esos fantasmas y, sobre todo, cómo se instauran como unanomía de parentesco que prohíbe la endogamia. Para Lévi- consecuencia de su prohibición? Además, ¿cómo es posibleStrauss la centralidad del tabú del incesto crea un impor- que el convencimiento social de que la prohibición es efecti-tante punto de unión entre antropología estructural y va -manifestada aquí de forma sintomática a través depsicoanálisis. Si bien Lévi-Strauss confiesa que Tótem y tabú Lévi-Strauss- ignore y, por tanto, permita crear un lugarde Freud ha sido desvalorizado con razonamientos empíri- social en el que las prácticas incestuosas tengan cabida ycos, sostiene que ese rechazo es una demostración paradóji- puedan multiplicarse sin proscripción?ca que respalda la tesis de Freud. Para Lévi-Srrauss, el inces- Según Lévi-Strauss, el tabú contra el incesto hetero-to no es un acto social, sino una fantasía cultural permanente. sexual entre hijo y madre, así como esa fantasía incestuosa,Dando por sentada la masculinidad heterosexual del sujeto se funda como verdad universal de la cultura. ¿Cómo sedel deseo, Léví-Strauss afirma que «el deseo de la madre o crea la heterosexualidad incestuosa como la matriz presun-de la hermana, el asesinato del padre y el arrepentimiento de tamente natural y preartiticial del deseo, y cómo se generalos hijos, sin duda no corresponden a un hecho o un con- el deseo como un privilegio masculino heterosexual? La na-junto de hechos que ocupan en la historia un lugar determi- turalización tanto de la heterosexualidad como de la esen-nado. Pero traducen tal vez, bajo forma simbólica, un sueño cialidad masculina del agente sexual son elaboraciones dis-a la vez perdurable y antiguo»." cursivas que en ningún momento se explican, pero que
    • 114 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANALlSIS y LA PRODUCCIÓN [ ... ] 115siempre se presuponen en este marco estrueturalista funda- LACAN, Rrv1ERE y LAS ESTRATEGIAS DE LA MASCARADAcional. La apropiación Iacaníana de Lévi-Strauss se centra en la Preguntar por el «ser» del género y el sexo desde unprohibición contra el incesto y el inicio de la exogamia en punto de vista lacaniano es impugnar el objetivo mismo dela reproducción de la cultura ---ésta se entiende principal- la teoría del lenguaje de Lacan. Él refuta la superioridad quemente como una serie de estructuras y significaciones lin- se ha otorgado a la ontología dentro de la metafísica occi-güísticas-. Para Lacan, la Ley que prohíbe la unión inces- dental y hace hincapié en la subordinación de la preguntatuosa entre el niño y su madre origina las estructuras de «¿Qué es/tiene ser?» a la pregunta anterior de «¿Cómo separentesco, una sucesión de desplazamientos libtdinales crea y distribuye el "ser" a través de las prácticas significan-muy regulados que se da a través del lenguaje. Si bien las es- tes de la economía patema?». Se considera que la especifi-tructuras del lenguaje ---colectivamente entendidas como lo cación ontológica del ser, la negación y sus relaciones estánSimbólico- poseen cierta integridad ontológica con inde- expresadas por un lenguaje articulado por la ley paterna ypendencia de los diferentes agentes hablantes a través de sus mecanismos de diferenciación. Una cosa adquiere la ca-quienes operan, la Ley se confirma e individualiza dentro de racterización de «ser» y ese gesto ontológico la activa única-los términos de cada ingreso infantil a la cultura. El habla mente dentro de una estructura de significación que, comoaparece únicamente si hay insatisfacción, la cual se instaura lo Simbólico, es en sí preontológica.a través de la prohibición incestuosa; la jouissance [gozo] Por tanto, en la ontología no hay una búsqueda per se,original se diluye a través de la represión primaria que crea no hay acceso al ser, sin una búsqueda anterior del «ser» delal sujeto. En su lugar aparece el signo que está apartado de Falo, el sentido autorizador de la Ley según el cual la dife-manera parecida del significante y que desea recuperar ese rencia sexual reconoce su propia inteligibilidad. «Ser» elplacer irrecuperable en lo que significa. El sujeto, que se Falo y «tener» el Falo anuncian posiciones sexuales diferen-crea mediante esa prohibición, sólo habla para trasladar el tes, o no posiciones (en realidad, posiciones imposibles),deseo hacia los reemplazos metonímicos de ese placer irre- dentro del lenguaje. «Ser» el Falo es ser el «significante» delcuperable. El lenguaje es el remanente y una realización al- deseo del Otro y aparecer como ese significante. Es decir, esternativa del deseo no saciado, la elaboración cultural varia- ser el objeto, el Otro de un deseo masculino (heterosexuali-da de una sublimación que nunca se sacia realmente. El zado) , pero también representar o evidenciar ese deseo. Éstehecho inevitable de que el lenguaje nunca consiga significar es un Otro que no es el límite de la masculinidad en una al-es la consecuencia necesaria de la prohibición que es el fun- teridad femenina, sino el lugar de una autoelaboración mas-damento de la posibilidad del lenguaje y que determina la culina. Para las mujeres, el hecho de «ser» el Falo es eviden-futilidad de sus gestos referenciales. ciar el poder del Falo, significar ese poder, «encamar» el Falo, facilitar el lugar en el que éste se introduce y significar el Falo al «ser» su Otro, su ausencia, su privación, la corro-
    • 116 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN I. .. ] 117boración dialéctica de su identidad. Al sostener que el Otro lo entre los sexos en términos que muestran al «yo» hablan-desprovisto del Falo es el Falo, Lacan señala de manera ro- te como un efecto de represión masculinizado, el cual se re-tunda que el poder se pone en práctica por esta posición vela como un sujeto autónomo y basado en sí mismo, perofemenina de «00 tener», que el sujeto masculino que «tie- cuya coherencia en sí es discutida por las posiciones sexua-ne» el Falo exige a este Otro para que ratifique y, por tan- les que descarta en el proceso de formación de la identidad.to, sea el Falo en su sentido «extenso»." Para Lacan, el sujeto llega a ser --es decir, empieza a reve- Esta caracterización ontológica admite que la apariencia larse como un significante que se basa en sí mismo dentroo efecto del ser siempre se origina mediante las estructuras del lenguaje- únicamente si se reprimen de manera prima-de significación. El orden Simbólico elabora la inteligibili- ria los placeres incestuosos preindividualizados, relaciona-dad cultural por medio de las posiciones recíprocamente ex- dos con el cuerpo materno (ahora reprimido).cluyentes de «tener» el Falo (la posición de los hombres) y El sujeto masculino sólo parece originar significados y, de«ser» el Falo (la posición paradójica de las mujeres). La de- esta forma, significar. Su autonomía supuestamente autofun-pendencia recíproca de estas posiciones remite a la estructu- dada intenta esconder la represión, que es al mismo tiempo sura hegeliana de reciprocidad fallida entre amo y esclavo y, base y la posibilidad permanente de perderla. Pero ese proce-concretamente, a la inopinada dependencia del amo respec- so de formación de significados exige que las mujeres reflejento del esclavo para crear su propia identidad mediante el re- ese poder masculino y que confínnen en todas partes la reali-Ilejc." No obstante, Lacan idea ese drama en un campo fen- dad de la autonomía ilusoria de ese poder. Este trabajo entratasmático. Cualquier intento de crear la identidad dentro de en contradicción cuando la pretensión de que las mujeres re-los límites de esta disyunción binaría de «ser» y «tener» flejen el poder autónomo del sujeto/significante masculino sevuelve al punto de la inevitable «carencia» y a la «pérdida» convierte en un elemento esencial para construir esa autono-en la que se construye su elaboración fantasmática y se deli- mía y, por tanto, en la base de una dependencia radical que demita la inconmensurabilidad de lo Simbólíco y lo reaL hecho debilita la función que cumple. Pero, además, esta de- Si lo Simbólíco se entiende como una estructura de sig- pendencia, aunque rechazada, también es buscada por el suje-nificación culturalmente universal que en ningún caso está to masculino, puesto que la mujer como signo reafirmador escompletamente ejemplificada en lo real, entonces tiene sen- el cuerpo materno desplazado, la promesa infructuosa perotido preguntar: ¿qué o quién significa qué o a quién en esta duradera de la recuperación de lajouissance preindividualíza-cuestión aparentemente transcultural? No obstante, esta da. Así pues, el problema de la masculinidad parece ser justa-pregunta se formula dentro de un marco que reconoce a un mente la reivindicación de un reconocimiento total de auto-sujeto como significante y un objeto como significado, la di- nomía que además, y no obstante, promete un retorno a esoscotomía epistemológica tradicional en el seno de la filosofía placeres totales previos a la represión y la individuación.anterior al desplazamiento estructuralista del sujeto. Lacan Se afirma que las mujeres «son» el Falo, puesto que tie-cuestiona esta estructura de significación; establece el víncu- nen el poder para reflejar o representar la «realidad» de las
    • 118 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICION, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN [ ... ] 119posiciones autofundadas del sujeto masculino, poder que, si que es la privación de ese deseo como el deseo de no ser másse suprime, rompería las ilusiones fundacionales de la posi- que un reflejo, una garantía de la necesidad permanente delción del sujeto masculino. Para «ser» el Falo, reflector y ga- Falo.rantía de una posición del sujeto masculino aparente, las Por otro lado, se afirma que los hombres «tienen» elmujeres deben convertirse -c-deben «ser» (en el sentido de Falo, pero nunca que lo «son», en el sentido de que el pene«posar como si lo fuerans-lc- justamente en lo que los hom- no es equivalente a esa Ley y nunca puede representarlabres no son y, con su misma carencia, detennínar la función completamente. Por tanto, hay una imposibilidad indispen-principal de los hombres. Por tanto, «ser» el Falo siempre es sable o presupuesta de cualquier intento por apropiarse de«ser para» un sujeto masculino que desea volver a corrobo- la posición de «tener» el Falo, con el resultado de que am-rar e incrementar su identidad a través del reconocimiento bas posiciones de «ser» y «tener» deben considerarse, segúnde ese «ser para». Lacan se opone enérgicamente a la afir- Lacan, fracasos de una comedia; con todo, esas posicionesmación de que los hombres significan el significado de las deben estructurar y representar estas imposibilidades repe-mujeres o viceversa. La separación y el intercambio entre el tidas.«ser» y el «tener» el Falo se crea con lo Simbólico, la ley pa- Pero, ¿cómo es posible que una mujer «parezca» ser elterna. Es evidente que una parte de la dimensión de come- Falo, la carencia que personifica y asegura el Falo? Segúndia de este modelo fallido de reciprocidad es que tanto la Lacan, esto se lleva a cabo a través de la mascarada, es decir,posición masculina como la femenina son significados cuyos el efecto de cierta melancolía que es fundamental para la po-significantes conciernen a lo Simbólico, que nunca puede sición femenina como tal. En uno de sus primeros escritos,ser aceptado por ninguna de estas posiciones excepto de «La significación del falo», Lacan describe <das relacionesforma simbólica. entre los sexos»: Ser el Falo es ser significado por la ley paterna, ser su ob-jeto y su instrumento y, en términos estructuralistas, el «sig- Digamos que esas relaciones girarán alrededor de un ser yno» y promesa de su poder. Así pues, al ser el objeto insti- de un tener que, por referirse a a un significante, el falo, tie-tuido o significado de intercambio, mediante el cual la ley nen el efecto contradictorio de dar por una parte realidad alpaterna amplía su poder y la forma en que surge, se afirma sujeto en ese significante, y por otra parte irrealizar las rela-que las mujeres son el Falo, o sea, el emblema de su circula- ciones que han de significarse."ción permanente. Pero este «ser» el Falo es obligatoriamen-te insatisfactorio, pues las mujeres nunca pueden evidenciar En el fragmento inmediatamente posterior a este párra-completamente esa ley; algunas feministas sostienen que fo, Lacan hace referencia a la apariencia de la «realidad» delesto exige renunciar al deseo propio de las mujeres (en rea- sujeto masculino, así como a la «irrealidad» de la heterose-lidad, una doble renuncia, que equivale a la «doble oleada» xualidad. También parece aludir a la posición de las mujeresde represión que, según Freud, establece la feminidad)," (mi comentario está entre corchetes): «Esto resulta de la in-
    • 120 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN [ ... ] 121tervención de un "parecer" que sustituye al "tener" [indu- que presupone alguna feminidad ontológica anterior gene-dablemente se exige un reemplazo porque se afirma que las ralmente no representada por la economía fálica. En estemujeres no "tienen"] para protegerlo por un lado y para en- sentido, lrigaray afirma que «la mascarada L .. ] es lo que ha-mascarar la falta en el otro». Aunque aquí no hay ningún gé- cen las mujeres L .. ] para tomar parte en el deseo del hom-nero gramatical, parece que Lacan está escribiendo sobre la bre, pero a expensas de prescindir del propio».? La prime-posición de las mujeres, para quienes la «falta» es caracterís- ra tarea conllevaría una reflexión crítica sobre la ontologíatica, y por tanto debe encubrirse, y quienes de alguna forma del género como una (delconstrucción paródica, y quizáno concretada necesitan protección. Así, Lacan sostiene que profundizaría en las posibilidades móviles de la espinosa di-esta situación produce «el efecto de proyectar enteramente ferenciación entre «parecer» y «ser», una radicalización deen la comedia las manifestaciones ideales o típicas del com- la dimensión de «comedia» de la ontología sexual que Lacanportamiento de cada uno de los sexos, hasta el límite del sólo analiza de forma parcial. La segunda empezaría a utili-acto de la copulación» [pág. 288]. zar estrategias feministas de desenmascaramiento con el ob- Lacan prosigue esta explicación de la comedia heterose- jetivo de recobrar o liberar el deseo femenino que haya esta-xual afirmando que esta «apariencia de ser» el Falo que las do oprimido por la economía fálica."mujeres deben realizar es ineludiblemente una mascarada. El Es posible que estas diferentes tareas no se excluyantérmino es importante porque expresa sentidos contradicto- mutuamente como parece, pues las apariencias se vuelvenrios. Por un lado, si el «ser» -la especificación ontológica cada vez más sospechosas. El análisis sobre el significado dedel Falo-- es una mascarada, entonces reduciría todo el ser la mascarada en Lacan, así como en «Womanliness as aa una forma de apariencia, el parecer ser, con el resultado de Masquerade», de Joan Riviere, disienten mucho en su ex-que toda la ontología del género se puede reducir al juego plicación de qué es exactamente lo que se enmascara. ¿Es lade apariencias. Por otro, la mascarada implica que hay un mascarada el resultado de un deseo femenino que debe ser«ser» o especificación ontológica de la feminidad anterior a negado y, por tanto, transformado en una carencia que, sinla mascarada, una demanda o un deseo femenino que está embargo, debe manifestarse de alguna forma? ¿Es la mas-enmascarado y que puede ser revelado y que, de hecho, es carada el resultado de una negación de esta carencia con elcapaz de prometer un cambio futuro y el desplazamiento de objetivo de parecer ser el Falo? ¿Elabora la mascarada la fe-la economía significante falogocéntrica. minidad como el reflejo del Falo para encubrir las opciones En la ambigua estructura del razonamiento de Lacan bisexuales que de otra manera alterarían la elaboración uni-pueden distinguirse al menos dos tareas muy diferentes. Por forme de una feminidad heterosexualizada? Como planteauna parte, la mascarada puede concebirse como la produc- Riviere, ¿la mascarada convierte la agresión y el miedo a lación performativa de una ontología sexual, una opinión que represalia en seducción y coqueteo? ¿Se utiliza fundamen-se hace convincente como si fuese un «ser»; por el otro pue- talmente para esconder y refrenar una feminidad predeter-de interpretarse como la negación de un deseo femenino minada, un deseo femenino que crearía una alteridad insu-
    • 122 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN L.,) 123bordinada respecto del sujeto masculino y descubriría el la que debe desaparecer para que se manifieste como la ca-fracaso necesario de la masculinidad? ¿O es la mascarada el rencia que confirma y, por tanto, es el Falo, o es una posibi-instrumento por el cual la feminidad misma se establece pri- lidad fálica que debe ser rechazada para ser esa carencia quemero, la práctica excluyente de creación de identidad en confirma?que lo masculino queda necesariamente apartado y se sitúa Lacan justifica su propia posición cuando afirma que «lafuera de los límites de una posición de género femenino? función de la máscara [, ..] domina las identificaciones en Veamos cómo prosigue la cita de Lacan: que se resuelven los rechazos de la demanda [de amcr]» [pág. 289]. Dicho de otro modo, la máscara forma parte de Por muy paradójica que pueda parecer esta formulación, la estrategia incorporadora de la melancolía, es la aceptación decimos que es para ser el falo, es decir, el significante del de- de atributos del objeto/Otro que se ha perdido, y la pérdida seo del Otro, para lo que la mujer va a rechazar una parte es el resultado de un rechazo de la exigencia de amor." El esencial de su femineidad, concretamente todos sus atributos, hecho de que la máscara «domine» y también «resuelva» es- mediante la mascarada. Por ello no pretende ser deseada al tos rechazos indica que la apropiación es la estrategia por mismo tiempo que amada. Pero el significante de su deseo medio de la cual esos rechazos de por sí son rechazados, do- propio lo encuentra en el cuerpo de aquel a quien se dirige su ble rechazo que acentúa la estructura de la identidad me- demanda de amor. Sin duda no hay que olvidar que, por esta diante la absorción melancólica de quien, en efecto, se pier- función significante, el órgano que queda revestido de ella de dos veces. toma valor de fetiche [pág. 288J. Es revelador que Lacan sitúe la discusión sobre la más- cara junto con un análisis de la homosexualidad femenina, Si este «órgano» innombrado, presuntamente el pene Sostiene que «la orientación de la homosexualidad femeni-(tratado como elJehová hebraico, que no debe nombrarse), na [... ), como lo muestra la observación, es resultado de unaes un fetiche, ¿cómo se explica que lo olvidemos tan fácil- decepción que refuerza la vertiente de la demanda de amor»mente, como afirma el propio Lacan? ¿Y cuál es «la parte [pág. 289]. Aquí se evita decir de manera oportuna quiénfundamental de su feminidad» que debe rechazarse? ¿Cuan- observa y qué está siendo observado, pero Lacan sostienedo es rechazada, se manifiesta la parte innombrada, una vez que su afirmación está clara para cualquiera que se esfuercemás, como una carencia? ¿O es la carencia misma la que en observar. Lo que uno ve a través de la «observación» es ladebe rechazarse para que pueda manifestarse como el Falo decepción de la mujer homosexual, y que esta decepción seen sí? ¿Es la ínnombrabilidad de esta «parte esencial» la parece a los rechazos que se someten!detenninan por mediomisma innombrabilidad que acompaña al «órgano» mascu- de la mascarada. Uno también «observa» de alguna formalino que siempre corremos el riesgo de olvidar? ¿Es justa- que la mujer homosexual está sometida a una idealizaciónmente dicho olvido lo que conforma la represión en el centro fortalecida, una exigencia de amor que se busca a expensasde la mascarada femenina? ¿Es una supuesta masculinidad del deseo.
    • 124 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANAuSIS y LA PRODUCCIÓN L ..] 125 Lacan prosigue este fragmento sobre la «homosexuali- En un desplazamiento típico sobre las ubicaciones pro- dad femenina» con la afirmación que antes citamos par- nominales, Lacan no esclarece quién rechaza a quién. No cialmente: «Estas observaciones merecerían matizarse con obstante, como lectores se presupone que comprenderemos un retorno a la función de la máscara [que es] dominar las que este «rechazo» impreciso está relacionado de manera identificaciones en que se resuelven los rechazos de la de- significativa con la máscara. Si, finalmente, todo rechazo es manda» [pág. 289J, Ysi la homosexualidad de la mujer se una fidelidad a algún otro vínculo en el presente o en el pa- considera la consecuencia de una decepción «como lo sado, el rechazo es también al mismo tiempo protección. De muestra la observación», en ese caso esta decepción debe esta manera, la máscara oculta esa pérdida, pero la protege manifestarse de manera clara para que sea observada. Si (y la niega) a través de su ocultamiento. La máscara tiene Lacan reconoce que la homosexualidad de la mujer proce- dos funciones, que son las dos funciones de la melancolía. de de una heterosexualidad decepcionada --como se afir- La máscara se acepta por medio del proceso de incorpora- ma que lo demuestra la observación-, ¿no sería igual de ción, que es una forma de introducir y posteriormente utili- evidente para el observador que la heterosexualidad pro- zar una identificación melancólica dentro del cuerpo y sobre cede de una homosexualidad decepcionada? ¿Es la másca- él; en realidad, es la significación del cuerpo en el molde del ra de la mujer homosexual la que se «observa» y, en ese Otro que ha sido rechazado. Sometido mediante la apropia- caso, qué expresión claramente legible sugiere esa «decep- ción, todo rechazo está condenado al fracaso, y quien recha- ción» y esa «orientación», así como el desplazamiento del za pasa a ser parte de la identidad misma de lo rechazado, es deseo por la exigencia (idealizada) del amor? Es posible decir, se convierte en el rechazo psíquico de lo rechazado. que Lacan esté afirmando que lo que queda patente en la La pérdida del objeto nunca es total porque se recoloca den- observación es el carácter desexualizado de la lesbiana, la tro de un límite psíquíco/corpóreo que se amplía para al-introducción de un rechazo que se manifiesta como la fal- bergar esa pérdida. Esto sitúa el proceso de incorporaciónta de deseo." Pero esta conclusión puede entenderse como del género dentro de la esfera más extensa de la melancolía.el resultado necesario de un punto de vista de observación El ensayo de Joan Riviere «Womanliness as a Masquera-masculina y heterosexualizada para el cual la sexualidad de»," publicado en 1929, incorpora la noción de feminidadlesbiana es un repudio de la sexualidad per se únicamente como mascarada desde la perspectiva de una teoría de laporque se admite que la sexualidad es heterosexual, y el agresión y la resolución de conflictos. Al principio esta teo-observador, aquí erigido como el hombre heterosexual ex- ría parece alejarse del análisis de la mascarada que planteaperimenta un claro rechazo. En realidad, ¿no es este análi- Lacan en términos de la comedía de las posiciones sexuales.sis la consecuencia de un repudio que desilusiona al obser- Riviere comienza revisando de forma respetuosa la tipologíavador, y cuya desilusión, no aceptada y proyectada, se de Emest Jones del desarrollo de la sexualidad de la mujertransforma en el carácter fundamental de las mujeres que en formas heterosexuales y homosexuales. No obstante, severdaderamente lo rechazan? basa en los «tipos intermedios» que desdibujan los contor-
    • 126 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN l ...] 127 nos entre lo heterosexual y lo homosexual y que refutan de a Ferenczi para establecer una correspondencia con su pro- manera implícita la capacidad descriptiva de la tipología de pia reflexión, Riviere afirma: jones. En una afirmación que parece influida por la referen- cia fácil de Lacan a la «observación», Riviere acude a la ex- Perenczi planteó [... ] que los hombres homosexuales exa- periencia o al conocimiento mundanos para legitimar su vi- geran su heterosexualidad como una "protección" contra su sión de estos «tipos intermedios»: «En la vida cotidiana con homosexualidad. Trataré de demostrar que las mujeres que frecuencia hay tipos de hombres y mujeres que, aunque son anhelan tener masculinidad pueden ocultarse bajo una másca- fundamentalmente heterosexuales en su desarrollo, revelan ra de feminidad para evitar la ansiedad y el castigo que temen claramente rasgos fuertes del otro sexo» [pág. 35]. Aquí lo de los hombres [pég. .35J. más evidente son las clasificaciones que determinan y es- tructuran la visión de esta mezcla de atributos. Obviamente, No se específica cuál es la forma «exagerada» de hete- Rívíere comienza con nociones concretas sobre lo que es rosexualidad que, supuestamente, muestra el hombre ho- mostrar rasgos del propio sexo, y por qué se considera que mosexual, pero lo que aquí se expone sencillamente puede esos simples rasgos manifiestan o reflejan una supuesta ser que los hombres gays no se ven muy distintos de los orientación sexual." Esta observación no sólo indica que hombres heterosexuales. Esta ausenda de un aspecto o un hay una correspondencia entre características, deseos y estilo diferencíador patente puede catalogarse como una «orientaciones»," sino que también establece esa unidad «protección» representativa sólo porque el hombre gay no mediante el acto perceptivo en sí. La unidad que Riviere re- se corresponde con la idea del homosexual que el analista ha clama entre los atributos de género y una «orientación» na- inferido y sostenido basándose en los estereotipos cultura- turalizada se manifiesta como un caso de 10 que Wittig llama les. Un análisis lacaníano puede añadir que la supuesta «exa- la «formación imaginaria» del sexo. geración» de cualquier atributo que se considere como una No obstante, Ríviere cuestiona estas clasificaciones natu- heterosexualidad patente en el hombre homosexual es el es- ralizadas por medio de un llamamiento a que el psicoanáli- fuerzo por «tener» el Falo,la posición de sujeto que implicasis explique y sitúe el significado de atributos de género un deseo activo y heterosexualizado. De manera parecida, lamixtos en la «interacción de conflictos» [pág. 35]. Resulta «máscara» de las «mujeres que anhelan tener masculinidad»revelador que compare este tipo de teoría psicoanalítica con puede entenderse como un intento por renunciar a «tener»otra que convertiría la presencia de atributos aparentemen- el Falo para evitar el castigo de aquellos de quienes debente «masculinos» en una mujer en una simple «inclinación ra- de haberlo conseguido por medio de la castración. Rivieredical o fundamental». Es decir, la consecución de esos atri- describe el miedo al castigo como la consecuencia de la fan-butos y la consumación de la orientación heterosexual u tasía de la mujer de ocupar el lugar de los hombres o, máshomosexual se llevan a cabo mediante la resolucíón de con- concretamente, del padre. En el ejemplo que ella mismaflictos, cuyo propósito es eliminar la ansiedad. Refiriéndose analiza, que algunos consideran autobiográfico, el enfrenta-
    • 128 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN L ..] 129 miento con el padre no es por el deseo de la madre, como identificación masculina, pero no como una orientación o podría creerse, sino por ocupar el lugar del padre en el dis- un deseo sexuales. Apelando una vez más a la tipología de curso público como hablante, conferenciante y escritor; es Jones, como si de un escudo fálico se tratara, Riviere plantea decir, como usuario de signos más que como signo-objeto ti una «protección» que cataloga de asexual a una clase de mu- objeto de intercambio. Este impulso de castrar puede verse jeres homosexuales calificadas como del tipo enmascarado: como el deseo de renunciar a la posición de mujer-corno-sig- «Su primer grupo de mujeres homosexuales que, a pesar de no para entrar como sujeto dentro del lenguaje. no interesarse por otras mujeres, desean que los hombres De hecho, la correspondencia que establece Riviere entre "reconozcan" su masculinidad y afirman ser iguales a ellos el hombre homosexual y la mujer enmascarada no es, en su o, en definitiva, ser ellas mismas hombres» [pág. 37]. Como,. opinión, una correspondencia entre la homosexualidad fe- en Lacan, aquí la lesbiana se manifiesta como una posición menina y la masculina. La feminidad es aceptada por una asexual; en realidad, como una posición que rechaza la se- mujer que «desea tener masculinidad», pero que tiene miedo xualidad. Para que la correspondencia anterior con Perenc- a ser castigada por apropiarse de la apariencia pública de la zi esté completa, parecería que esta descripción realiza la masculinidad. La masculinidad es aceptada por el hombre «defensa» contra la homosexualidad femenina en tanto se- homosexual, quien, presuntamente, intenta ocultar -no a xualidad que, sin embargo, se considera la estructura refle- otros, sino a sí mismo-e- una supuesta feminidad. La mujer xiva del «hombre homosexual». No obstante, no hay una acepta de manera consciente una mascarada para esconder manera clara de entender esta descripción de una homose- su masculinidad al público masculino al que quiere castrar. xualidad femenina que no aluda al deseo sexual por las mu- Pero se afirma que el hombre homosexual exagera su «hete- jeres. El propósito de Riviere es hacernos creer que esta cu- rosexualidad» (¿significa esto una masculinidad que le per- riosa anomalía tipológica no puede ser una simple mite pasar por heterosexuali} como una «protección», sin homosexualidad o heterosexualidad femenina reprimida. percatarse, porque no puede aceptar su propia homosexuali- Lo que está oculto no es la sexualidad, sino la rabia. dad (¿o es que el analista no la aceptaría, si fuera suya?). En Una posible interpretación es que la mujer enmascarada definitiva, el hombre homosexual se castiga de manera in- anhela tener masculinidad para tomar parte en el discurso consciente al desear y temer las consecuencias de la castra- público con y como los hombres, como parte de un inter- ción. El hombre homosexual no «es consciente» de su ho- cambio homoerótico masculino. Y justamente porque ese mosexualidad, aunque aparentemente Ferenczi y Riviere sí. tipo de intercambio supondría la castración, ella teme el Pero ¿es consciente Riviere de la homosexualidad de la mismo castigo que origina la «protección» del hombre ho- mujer enmascarada a la que define? Cuando se trata de la mosexual. En realidad, quizá la feminidad como mascarada compensación de la correspondencia que ella misma esta- pretenda alejarse de la homosexualidad masculina, es decir, blece, la mujer que «desea tener masculinidad» es homose- de la presuposición erótica del discurso hegemónico, la xual únicamente en lo referente a la preservación de una «hommo-sexualídad» de la que habla Irigaray. En cualquier
    • 130 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN [. .. ] 131caso, Riviere nos hace creer que tales mujeres mantienen nino que se niega: curiosa forma de conservar y defender eseidentificaciones masculinas no para apoderarse de una posi- amor dentro de la esfera del narcisismo negativo y melancó-ción en un intercambio sexual sino, más bien, para desatar lico que nace de inculcar psíquicamente la heterosexualidadun enfrentamiento que no tiene objeto sexual 0, al menos, obligatoria.que no tiene uno que ella pueda nombrar. Una posible interpretación sería que Riviere teme su E} escrito de Riviere proporciona otra forma de inter- propio falicisrno," o sea, la identidad fálica que corre el ries-pretar la pregunta «¿Qué enmascara la mascarada?». En un go de revelar a lo largo de su conferencia, su escritura; depasaje clave que se desmarca del limitado análisis que la ti- hecho, la escritura de este falicismo que el ensayo mismo es-pología de Jones establece, afirma que «mascarada» es más conde y también lleva a cabo. No obstante, quizá sea no tan-que la característica de un «tipo intermedio» y que es vital to su propia identidad masculina como el deseo heterose-para «ser mujer»: xual masculino --que es su signo- lo que ella trata de negar y de llevar a cabo al transformarse en el objeto que ella El lector puede preguntar ahora cómo defino ser mujer o se prohibe .amar. Este problema es producto de una matriz dónde está la frontera entre ser mujer auténticamente y la que abarca todo deseo que los individuos de cualquier sexo mascarada. No obstante, creo que no hay tal diferencia; ya o género sienten por las mujeres sosteniendo que tiene su sean fundamentales o superficiales, son lo mismo [pág. 38]. raíz en una posición heterosexual masculina. La libido-como- masculina es el origen de donde presuntamente procede Este rechazo a reclamar una feminidad que sea anterior toda posible sexualidad."a la númica y a la máscara es recuperado por Stephen Heath Aquí la tipología de género y sexualidad origina un aná-en «loan Ríviere and the Masquerade» como ejemplo de lisis discursivo de la producción cultural del género. Si laque «ser mujer verdaderamente es esa mímica, es la masca- persona que Riviere analiza es una homosexual sin homo-rada». Basándose en la explicación de la libido presentada sexualidad, esto puede ser debido a que esa posibilidad ya lecomo masculina, Heath llega a la conclusión de que la femi- ha sido negada; la existencia cultural de esta prohibición senidad es la negación de esa libido, el «fingimiento de una encuentra en el espacio de la conferencia, caracterizándola ymasculinidad fundamentals.> distinguiéndola como oradora de su público fundamental- La feminidad se transforma en una máscara que somete mente masculino. Si bien Riviere teme que su deseo de cas-y determina una identificación masculina, pues dicha identi- trar esté implícito, niega que se compita por un objeto deficación, dentro de la supuesta matriz heterosexual del de- deseo común, sin el cual la identificación masculina que ellaseo, provocaría el deseo por un objeto femenino: el Falo; sí acepta carecería de confirmación y signo esencial. De he-por tanto, aceptar la feminidad como máscara puede descu- cho, su análisis admite la superioridad de la agresión sobrebrir la negación de una homosexualidad femenina y, al mis- la sexualidad, el deseo de castrar y ocupar el lugar del su-mo tiempo, la incorporación hiperbólica de ese Otro feme- jeto masculino, un deseo que admite que tiene su origen en
    • 132 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN [ ... ] 133 un enfrentamiento, pero que, para ella, se termina en el acto de el comienzo, la restricción binaria sobre la sexualidad in- de desplazamiento. Pero puede formularse una pregunta dica de manera evidente que la cultura en ningún modo es útil: ¿a qué fantasía sexual sirve esta agresión, y qué sexua- posterior a la bisexualidad que quiere reprimir: es la matriz lidad permite? Aunque el derecho de ocupar la posición de de inteligibilidad mediante la cual la bisexualidad primaria un usuario del lenguaje es la finalidad aparente de la agre- misma puede llegar a ser concebida. La «bísexualldad», que sión de la analizada, podemos planteamos si no hay un re- se establece como una base psíquica y, al parecer, fue repri- chazo de lo femenino que dispone esta posición dentro del mida posteriormente, es una producción discursiva que dice habla y que, invariablemente, emerge como el Otro-Fálico ser anterior a todo discurso, llevada a cabo a través de las que corroborará fantasmáticamente la autoridad del sujeto costumbres generativas y obligatorias excluyentes de la he- hablante. terosexualidad normativa. Podemos entonces volver a reflexionar sobre las nocio- El discurso lacaniano se concentra en la noción de «Una nes de masculinidad y feminidad construidas aquí como escisión», un cisma primario o básico que divide interna- fundadas en investiduras homosexuales no resueltas. La ne- mente al sujeto y que determina la dualidad de los sexos. gación/dominación melancólica de la homosexualidad aca- Pero, ¿por qué este enfoque exclusivo de la caída en la dua- ba en la incorporación del objeto de deseo del mismo sexo y lidad? En términos lacanianos, parece que la división siem- vuelve a emerger en la construcción de «naturalezas» sexua- pre es el efecto de la ley, y no un requisito preexistente sobre les distintas que exigen y establecen sus opuestos por medio el cual opere la ley. Jacqueline Rose afirma que «para ambos de la exclusión. Considerar la superioridad de la bisexuali- sexos, la sexualidad obligatoriamente tocará la duplicidad dad o la caracterización principal de la libido como mascu- que socava su escisión fundamental»," lo cual indica que la lina sigue sin explicar la elaboración de estas diferentes «su- división sexual, realizada mediante la represión, está debili- perioridades». Algunos ensayos psicoanaiíticos afirmarían tada necesariamente por la estratagema misma de la identi-que la feminidad se funda en la exclusión de lo masculino dad. Pero, ¿no es una duplicidad prediscursiva la que vienedonde lo masculino es una «parte» de una composición psf- a socavar la presentación unívoca de cada posición dentroquica bisexual. Se reconoce la coexistencia de lo binario, y del campo de la diferencia sexual? Rose sostiene de maneraentonces la represión y la exclusión actúan para elaborar convincente que «para Lacan, como hemos comprobado, no«identidades» de género diferenciadas a partír de lo binario, existe una realidad prediscursiva (" ¿Cómo regresar a unacon el resultado de que la identidad siempre es ya propia de realidad prediscursiva si no es mediante un discurso espe-una disposición bisexual que, por medio de la represión, se cial?", SXX, pág. 33), no existe un lugar previo a la ley quefragmenta en sus partes componentes. En cierto modo, la esté disponible y que pueda ser recuperado». Como una crí-restricción binaria sobre la cultura se manifiesta como la bi- tica indirecta a los intentos de Irigaray por crear un lugarsexualidad precultural que divide la familiaridad heterose- para la escritura femenina fuera de la economía fálica, Rosexual a través de su llegada a la «cultura». No obstante, des- añade: «y lo femenino no existe fuera del lenguaje»," Si la
    • 134 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN [. .. ] 135prohibición produce la «escisión fundamental» de la sexua- mas encuadran y expresan la sexualidad y fijan con antela-lidad y si se demuestra que esta «escisión» es doble a causa ción las formas de su resistencia a lo «real». Al fijar el cam-de la artificialidad de su división, entonces tiene que haber po mismo de lo que está sujeto a la represión, la ex.cl~siónuna división que luche contra la fragmentación, una duplici- opera antes que la represión, es decir, en el establecimientodad psíquica o bisexualidad inmanente que socave todo in- de la Ley y sus objetos de subordinación. Aunque se puedetento de ruptura. Creer que esta duplicidad psíquica es el afirmar que para Lacan la represión crea lo reprimido me-efecto de la Leyes el propósito manifiesto de Lacan, pero diante la ley paterna y prohibitiva, ese argumento no explicatambién es el punto de resistencia dentro de su teoría. la nostalgia generalizada por la plenitud perdida de lajouis- Indudablemente Rose está en lo cierto cuando dice que sanee en su obra. En realidad, la pérdida no podría conce-toda identificación, justamente porque tiene un fantasma birse como tal a no ser que la irrecuperabilidad misma decomo su ideal, está condenada al fracaso. Cualquier teoría ese placer no aludiera a un pasado que está excluido del pre-psicoanalítica que recomiende un proceso de desarrollo que sente por medio de la ley prohibitiva. El hecho de que norequiera lograr una identificación concreta entre padre e podamos acceder a ese pasado desde la poeture del sujetohijo o madre e hija une erróneamente lo Simbólico con lo creado no quiere decir que ese pasado no emerja dentro .delreal y olvida el punto crítico de inconmensurabilidad que habla de dicho sujeto como ¡¿ture, discontinuidad, desliza-explica que la «identificación» y el drama de «sen> y «tener» miento metonímico. Así como la realidad nouménica másel Falo son siempre fantasmáticos." No obstante, ¿qué de- verdadera existía para Kant, el pasado prejuridico de latermina el campo de lo fantasmático, las normas que rigen la jouissance no puede concebirse desde dentro del lenguajeinconmensurabilidad de lo Simbólico con lo real? Es evi- hablado; no obstante, esto no significa que este pasado nodente que no es suficiente afirmar que este drama es válido tenga realidad. El mismo carácter inaccesible del pasado, re-para habitantes de hogares occidentales del capitalismo tar- velado por el deslizamiento metonímico en el habla con~em­ dío y que quizás en alguna época aún no determinada algún poránea, corrobora esa plenitud original como la realidadotro régimen Simbólico regirá el lenguaje de la ontología se- fundamental. xual. Al instaurar lo Simbólico como invariablemente fan- Surge otra pregunta: ¿qué grado de verosimilitud pue~etasmático, el «invariablemente» se transforma en un «inevi- tener un análisis de lo Simbólico que exija una concordancia tablemente» que crea una descripción de la sexualidad en con la Ley que no se pueda cumplir y que no permita la fle- términos que originan el estatismo cultural. xibilidad de la Ley misma, para su reformulación cultural en La interpretación de Lacan, que ve en lo prediscursivo formas más plásticas? El mandato de hacerse sexuado en las una imposibilidad, promete una crítica que entiende la Ley maneras determinadas por lo Simbólico siempre conduce al como prohibitiva y generativa al mismo tiempo. El hecho de fracaso y, en algunos casos, a la revelación de la naturaleza que no surja aquí el lenguaje de la fisiología o de la disposi- fantasmética de la identidad sexual en sí. La aspiración de lo ción es bueno, pero las restricciones binarias de todas for- Simbólico de ser la inteligibilidad cultural en su forma hege-
    • 136 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN L..] 137mónica y actual refuerza, en efecto, el poder de esos fantas- La teoría lacaniana debe entenderse como una suertemas, así como los distintos dramas de identificaciones falli- de «moralidad de esclavos». ¿Cómo se replantearía la teo-das. La otra alternativa no es sostener que la identificación ría lacaniana después de la apropiación de la idea formula-deba transformarse en una realización viable, pero sí parece da por Nietzsche en La genealogía de la moral de que Dios,haber una romantización o, de hecho, una idealización reli- lo Simbólico inaccesible, se vuelveinaccesible por un podergiosa del «fracaso», la humildad y la limitación ante la Ley, (la voluntad de poder) que constantemente establece suque convierte la narración lacaniana en ideológicamente du- propia falta de poder?" En esta representación de la ley pa-dosa. La dialéctica entre un imperativo jurídico que no pue- terna como la autoridad inevitable e incognoscíble ante lade realizarse y un fracaso inevitable «ante la ley» remite a la cual el sujeto sexuado está condenado al fracaso debe en-relación atormentada entre el Dios del Antiguo Testamento tenderse la fuerza teológica que la mueve, así como la críti-y los sirvientes humillados que prometen obediencia sin re- ca de la teología que señala más allá de ella. La elaboracióncompensa. El hecho de que la sexualidad personifique aho- de la ley que asegura el fracaso es representativa de unara este impulso religioso en la forma de la exigencia de amor moralidad de esclavos que ignora los mismos poderes ge-(entendida como una demanda «absolura»), que se diferen- nerativos con los que elabora la «Ley» como una imposibi-cia tanto de la necesidad como del deseo (una suerte de tras- lidad permanente. ¿Cuál es el poder que produce esta fic-cendencia extática que oculta completamente la sexuali- ción que refleja la sujeción inevitable? ¿Cuáles son losdad), otorga mayor credibilidad a lo Simbólico en tanto que intereses culturales de preservar el poder dentro de esees aplicable a los sujetos humanos como la deidad inaccesi- círculo autonegador, y cómo puede recobrarse ese poderble pero omnideterminante. de los arreos de una ley prohibitiva que es.ese poder en su Esta estructura de tragedia religiosa en la teoría lacania- disimulo y autosujeción?na socava, en efecto, cualquier estrategia de política culturalde crear un imaginario diferente para el juego de los deseos.Si lo Simbólico asegura el fracaso de las tareas que impone, FREUD y LA MELANCOLíA DEL GÉNEROquizá sus objetivos, al igual que los del Dios del AntiguoTestamento, sean completamente no ideológicos: no la con- A pesar de que Irigaray declara que hay una «referen-secución de algún objetivo, sino la obediencia y el padeci- cía cruzadas" entre la estructura de la feminidad y la me-miento para exigir el sentido de limitación del «sujeto ante lancolía, y de que Kristeva equipara la maternidad con lala ley». Obviamente, hay una faceta cómica en este drama melancolía en «Motherhood According to Bellini» y en So-que se manifiesta al descubrir la imposibilidad perpetua de leil noir: Dépression el mélancolie." ha habido escasos in-la realizacíón de la identidad. Pero incluso esta comedia es la tentos por entender la negación/preservación melancólicaexpresión inversa de una esclavización ante el Dios del que de la homosexualidad en la producción del género dentrose afirma que no se puede vencer. del marco heterosexual. Freud separa el mecanismo de la
    • 138 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN L ..] 139 melancolía como una parte fundamental para la «forma- Explicamos el dolorososufrimiento de la melancolía esta- ción del yo» y el «carácter», pero únicamente hace refe- bleciendo la hipótesis de una reconstrucción en el yo del ob- rencia a la gran importancia de la melancolía para el géne- jetoperdido; esto es,la sustitución de una cargade objeto por ro. En El yo y el ello (1923) se centra en la estructura del una identificación. Pero no llegamos a damos cuenta de toda duelo como la estructura incipiente de la formación del yo, la importancia de este proceso ni de lo frecuentey típico que conclusión cuya huella puede hallarse en el ensayo de 1917 era. Ulteriormente hemos comprendido que tal sustitución «Duelo y melancolía»." En el trance de perder a un ser participa considerablemente en la estructura del yo y contri- amado, afirma Freud, supuestamente el yo alberga a ese buye, sobre todo, a la formación de aquelloque denominamos su carácter [págs. 21-22]. otro en la estructura misma del yo, aceptando atributos del otro y «conservándolo» a través de acciones mágicas de imitación. La pérdida del otro a quien uno desea y ama se No obstante, a lo largo de este capítulo sobre «El yo y el vence ~ediante un acto específico de identificación que in- super-yo (ideal del yo)», no solamente se define el «carác- tenta incorporarlo a la estructura misma del yo: «Así, al ter», sino también la obtención de la identidad de género. Al evadirse dentro del yo, el amor evita la aniquilación» [pág. afirmar que «tal vez esta identificación sea el único requisito 178]. Esta identificación no es meramente transitoria o es- bajo el cual el ello puede renunciar a sus objetos», Freud in- porádica, sino que se transforma en una nueva estructura dica que la estrategia interiorizadora de la melancolía no se de identidad; de hecho, el otro se convierte en parte del yo contrapone al trabajo de duelo, sino que es la única forma en por medio de la interiorización constante de los atributos que el yo consigue superar la pérdida de sus lazos emotivos del otro." En los casos en que se deja una relación ambiva- esenciales con los demás. Freud continúa diciendo que «ellente a causa de una pérdida, esa ambivalencia se incorpo- carácter del yo es un residuo de las cargas de objeto aban- ra como una disposición autocrítica o autodegradante en la donadas y contiene la historia de tales elecciones de objetosque el papel del otro es ocupado y desempeñado por el yo [pág. 22]. Este proceso de incorporación de amores perdi-en sí: «La identificación narcisista con el objeto reemplaza dos es importante para la formación del género cuando nosla investidura erótica, que tiene como resultado que, pese percatamos de que el tabú del incesto, entre otras funciones,al conflicto con la persona amada, no hay que renunciar a da inicio a la pérdida de un objeto amado para el yo y quela relación amorosa» [pág. 170]. Posteriormente Freud éste se restablece de esa pérdida mediante la incorporaciónexplica que el proceso de interiorizar y conservaramores del objeto del deseo que es tabú. En el caso de una relaciónperdidos es vital para la elaboración del yo y su «elección heterosexual prohibida, lo que se niega es el objeto, no lade objeto». modalidad del deseo; de forma que el deseo se aleja de ese En El yo y el ello, Freud alude a este proceso de interio- objeto y se acerca a otros objetos del sexo opuesto. Pero enrización descrito en «Duelo y melancolía» y afirma: el caso de una relación homosexual prohibida, es evidente que tanto el deseo como el objeto exigen una renuncia, y así
    • 140 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANALlSIS y LA PRODUCCIÓN [ ... ] 141 son sujetos de las estrategias interiorizadoras de la melanco- ciona con la homosexualidad masculina. En realidad, lo que lía. Así pues, «del padre Se apodera el niño por identifica- debe sancionarse y ensalzarse no es en primer lugar la luju- ción» [pág. 24). ria heterosexual por la madre, sino la investidura homose- Con respecto a la primera formación de la identificación xual que debe supeditarse a una heterosexualidad cultural- hijo-padre, Freud supone que se lleva a cabo sin la previa in- mente castigada. Sin duda, si la bisexualidad primaria, más vestidura del objeto [pág. 33], lo que implica que la identifi- que el drama edípico de rivalidad, es lo que genera el recha- cación no es la consecuencia de un amor perdido o prohibi- zo de la feminidad por parte del niño y su ambivalencia res- do del hijo por el padre. No obstante, posteriormente Freud pecto del padre, en ese caso la superioridad de la investidura reclama la bisexualidad primaria como un factor de compli- materna se vuelve cada vez más dudosa y, por tanto, tam- cación en el proceso de la formación de género y carácter. bién la heterosexualidad primaria de la investidura de obje- Con la reclamación de un conjunto bisexual de disposicio- to del niño. nes de la libido, no hay motivo para negar un amor sexual Con independencia de cuál sea el motivo del rechazo del original del hijo por el padre, pero Freud lo hace de manera niño por la madre (¿imaginamos al padre castigador como a implícita. Sin embargo, el niño conserva una investidura pri- un competidor o como un objeto de deseo que se prohibe a maria por la madre, y Freudafirma que allí aparece la bise- sí mismo como tali}, el rechazo se convierte en el momento xualidad en el comportamiento masculino y femenino con el fundador de lo que Freud denomina la «consolidación» del que el hijo intenta seducir a la madre. género. Al perder a la madre como objeto de deseo, el niño Si bien Freud incorpora el complejo de Edipo para acla- asimila la pérdida identificándose con ella, o bien despla- rar por qué el niño debe rechazar a la madre y actuar de zando su vínculo heterosexual, en cuyo caso refuerza su manera ambivalente con el padre, posteriormente afirma vínculo con el padre y así «consolida» su masculinidad. que «pudiera suceder también que la ambivalencia, com- Como lo indica la metáfora de la consolidación, pueden ha-probada en la re~ación del sujeto infantil con los padres, de- llarse porciones de masculinidad en el paisaje psíquico, laspendiera exclusivamente de la bisexualidad, no siendo de- propensiones, las inclinaciones sexuales y los objetivos, perosarrollada de la identificación, como antes expusimos, por no son nítidos y están desordenados, no restringidos por lala rivalidad» [pág. 26]. Pero, en ese caso, ¿qué determinaría exclusividad de la elección de un objeto heterosexual. Dela ambivalencia? Freud afirma de forma rotunda que el niño hecho, si el niño renuncia tanto al objetivo como al objeto y,debe escoger no sólo entre las dos opciones de objeto, sino por consiguiente, a la investidura heterosexual por comple-entre las dos opciones sexuales, masculina y femenina. El to, incorpora a la madre y crea un superyó femenino queniño normalmente escoge la heterosexual, lo cual sería la destruye y desordena la masculinidad, y refuerza en su lugarconsecuencia no de que tenga miedo de ser castrado por el disposiciones libidinales femeninas.padre, sino del miedo a la castración, o sea, el miedo a la Para la niña el complejo de Edipo también puede ser«feminización» que en las culturas heterosexuales se rela- «positivo» (identificación con el mismo sexo) o «negativo»
    • 142 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN l. ..] 143 (identificación con el sexo opuesto); la pérdida del padre, la pretensión de la bisexualidad primaria, comenzamos con que se ha iniciado con el tabú del incesto, puede dar lugar una matriz heterosexual del deseo? a una identificación con el objeto perdido (consolidaciónde la masculinidad) o un alejamiento del objetivo respecto La noción de la bisexualidad como disposiciones -fe-del objeto; en este caso, la heterosexualidad gana a la ho- menina y masculina- que poseen objetivos heterosexuales mosexualidad y se halla un objeto sustituto. En las últimas como correlatos intencionales pone de manifiesto que paralíneas de su breve párrafo sobre el complejo de Edipo ne- Freud la bisexualidad es la coincidencia de dosdeseos betero-gativo en la niña, Freud comenta que el factor que detenni- sexuales dentro de una sola psique. En realidad, la disposi-na qué identificación se efectúa es la fuerza o la debilidad ción masculina nunca se orienta hacia el padre como objetode la masculinidad y la feminidad en su disposición. Resul- de amor sexual, ni tampoco la disposición femenina seta revelador que Freud reconozca su confusión acerca de orienta hacia la madre (la niña puede tener esa disposición,qué es exactamente una disposición masculina o femenina pero esto ocurre antes de que haya renunciado a ese ladocuando en mitad de la oración se interrumpe y añade la si- «masculino» de su disposición natural). Al rechazar a la ma-guiente duda: «(cualquiera que sea la naturaleza de éstas)» dre como el objeto de amor sexual, la niña obligatoriamente [pág. 25]. rechaza su masculinidad y paradójicamente «establece» su ¿Cuáles son estas disposiciones primarias de las que el feminidad como consecuencia de ello. Así pues, en la tesismismo Freud parece dudar? ¿Se trata de atributos de una de Freud sobre la bisexualidad primaria no hay homosexua-organización inconsciente de la libido? ¿Y cómo operan lidad y sólo los opuestos se atraen.exactamente las distintas identificaciones determinadas Pero ¿cómo confirma Freud la existencia de estas dispo-como consecuencia del conflicto edípico para fortalecer o siciones? Si no hay forma de diferenciar entre la feminidaddestruir cada una de estas disposiciones? ¿Qué vertiente de adquirida mediante interiorizaciones y la que está estricta-la «feminidad» pertenece a la disposición, y cuál es la conse- mente relacionada con la disposición, entonces ¿qué impidecuencia de la identificación? De hecho, ¿qué nos impide concluir que todas las afinidades concretas de género soncomprender las «disposiciones» de la bisexualidad como los consecuencia de interiorizaciones? ¿Sobre qué base se ads-efectos o producciones de un conjunto de interiorizaciones? criben identidades y sexualidades de disposición a los indi-Además, ¿cómo reconocemos de entrada una disposición viduos, y qué significado podemos otorgar de entrada a «fe-«femenina» o «masculina»? ¿Por qué aspectos se la recono- minidad» y «masculinidad»? Partiendo de la problemáticace, y hasta qué punto aceptamos una disposición «femeni- de la interiorización, observemos el lugar que ocupan lasna» o «masculina» como la condición previa para una elec- identificaciones interiorizadas en la constitución del géneroción heterosexual del objeto? Dicho de otro modo, ¿en qué y, como algo secundario, la relación que existe entre una afi-medida entendemos el deseo por el padre como la demos- nidad de género interiorizada y la melancolía de autocastigotración de una disposición femenina sólo porque, a pesar de de las identificaciones interiorizadas.
    • 144 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN [. .. ] 145 En «Duelo y melancolía» Freud afirma que el comporta- para que el ello abandone sus objetos» [pág. 22]. En defini-miento autocrítico del melancólico es el resultado de la inte- tiva, la identificación con amores perdidos, característica deriorización de un objeto de amor perdido. Precisamente la melancolía, se convierte en la condición previa para elporque se ha perdido ese objeto, aunque la relación todavía trabajo de duelo. Ambos procedimientos, originalmente en-sea ambivalente y no esté solucionada, el objeto se «lleva tendidos como opuestos, ahora se conciben como aspectosdentro» del yo, donde la confrontación mágicamente se rea- totalmente relacionados del proceso de duelo." En un pun-nuda como un diálogo interno entre dos partes de la psique. to de vista posterior, Freud precisa que la interiorización deEn «Duelo y melancolía» el objeto perdido surge dentro del la pérdida es compensatoria: «Cuando el yo toma los rasgosyo como una voz o instancia crítica, y la furia que se siente al del objeto, se ofrece, por decirlo así, como tal al ello e in-principio por el objeto varía, de forma que el objeto interio- tenta compensarle la pérdida experimentada, diciéndole:rizado ahora censura al yo: "Puedes amarme, pues soy parecido al objeto perdido"» [pág. 23]. Estrictamente hablando, renunciar al objeto no Si uno escucha con paciencia las numerosas y distintas es una negación de la investidura, sino su interiorización y, autocríticas del melancólico, al final se tiene la impresión de por lo tanto, su conservación. que a menudo las más violentas difícilmente se pueden atri- ¿Cuál es exactamente la tipología de la psique en la que buir al paciente en sí, pero que con pequeños cambios sí se el yo y sus amores perdidos conviven constantemente? De pueden aplicar a otra persona, alguien a quien el paciente forme clara, Freud entiende el yo en compañía permanente ama, ha amado o debería amar [... J. Los autorreproches son del ideal del yo que actúa como una instancia moral de dis- reproches contra un objeto amado que se han instalado en el tintos tipos. Las pérdidas interiorizadas del yo se recuperan yo del propio paciente [pág. 1691 como parte de esta instancia de examen moral, la interiori- zación de la ira y la culpa que se sentían al principio por el El melancólico niega la pérdida del objeto, y la interio- objeto en su modalidad externa. En el acto de interioriza-rización se transforma en una táctica para restablecer mági- ción, la ira y la culpa, incrementadas ineludiblemente por lacamente el objeto perdido, no sólo porque la pérdida es do- pérdida misma, se vuelven hacia dentro y se mantienen; ellorosa, sino porque la ambivalencia ante el objeto exige que yo invierte su lugar con el objeto interiorizado, confiriendoéste se conserve hasta que se solucionen las diferencias. En así esta exterioridad interiorizada con la instancia moral y eleste ensayo, el joven Freud comprende que el duelo radica poder. De esta forma, el yo pierde su ira y eficacia ante elen apartar del objeto la investidura libidinal para conseguir ideal del yo, que se vuelve contra el mismo yo que lo man-trasladarla a un objeto nuevo. No obstante, en El yo y el ello tiene; es decir, el yo elabora una forma de volverse contra síFreud vuelve a examinar esta distinción entre duelo y me- mismo. En realidad, Freud nos advierte de las probabilida-lancolía, y sostiene que el proceso de identificación relacio- des hipermorales de este ideal del yo que, llevadas al extre-nado con la melancolía puede ser «la condición precisa mo, pueden desembocar en el suicidio."
    • 146 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANALISIS y LA PRODUCCIÓN L.,] 147 Además, la construcción del ideal del yo interior conlleva las identificaciones reemplazan las relaciones de objeto y sonla interiorización de las identidades de género. Para Freud, el consecuencia de una pérdida, la identificación de género esideal del yo es una solución para el complejo de Edipo, y por una suerte de melancolía en la que el sexo del objeto prohi-elloes útil para afianzar la masculinidad y la feminidad: bido se interioriza como una prohibición. Esta prohibición castiga y reglamenta la identidad de género diferenciada y la Pero el super-yo no es simplemente un residuo de las pri- ley del deseo heterosexual. La solución del complejo de Edi- meras elecciones de objeto del ello, sino también una enérgi- po atañe a la identificación de género no sólo mediante el ca formación reactiva contra las mismas. Su relación con el tabú del incesto sino, previamente, mediante el tabú contra yo no se limita a la advertencia: «Así -c-como el padre- de- la homosexualidad. Como consecuencia, uno se identifica bes ser», sino que comprende también la prohibición: «Así con el objeto de amor del mismo sexo, asimilando así el ob- -como el padre- no debes ser: no debes hacer todo lo que jetivo y el objeto de la investidura homosexual. Las identifi- él hace, pues hay algo que le está exclusivamente reservado» caciones consiguientes de la melancolía son formas de con- [págs. 26·271. servar relaciones de objeto no solventadas y, en el caso de la identificación de género con el mismo sexo, las relaciones de De esta forma, el ideal del yo sirve como una instancia objeto no solventadas son siempre homosexuales. En reali-interior de castigo y tabú que, para Freud, refuerza la iden- dad, cuanto más rígida y firme sea la afinidad de género me-tidad de género mediante la recanalización y la exaltación nos solventada estará la pérdida original, de forma que hayapropiadas del deseo. El significado de la interiorización del inevitablemente límites rígidos de género que esconden lapadre o la madre como objeto de amor se invierte necesaria- pérdida de un amor original que, al no ser aceptado, no semente. El padre y la madre no sólo están prohibidos como resuelve.objeto de amor, sino que se interiorizan como un objeto de Pero es evidente que no toda identificación de género seamor que prohíbe o niega. Así pues, la función prohibitiva apoya en el empleo exitoso del tabú contra la homosexuali-del ideal del yo impide o. de hecho, reprime la expresión de dad. Si las disposiciones femenina y masculina son productodeseo por el padre o la madre, pero también crea un «espa- de la interiorización eficaz de ese tabú, y si la respuesta me-cio» interior en el que puede conservarse ese amor. Puesto lancólica a la pérdida del objeto del mismo sexo es agregar y,que la solución al dilema edípico puede ser «positiva» o «ne- de hecho, convertirse en ese objeto mediante la elaboracióngativa.», la prohibición del progenitor del sexo opuesto pue- del ideal del yo, entonces la identidad de género parece serde conducir a una identificación con el sexo del progenitor en primer lugar la interiorización de una prohibición que re-perdido, o bien a una negación de esa identificación y, por sulta ser parte de la formación de la identidad. Además, estatanto, a una desviación del deseo heterosexual. identidad se elabora y se mantiene aplicando de manera per- Como conjunto de castigos y tabúes, el ideal del yo re- manente este tabú, no sólo en la estilización del cuerpo degula y establece la identificación masculina y femenina. Como acuerdo con categorías sexuales separadas, sino en la pro-
    • 148 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN [. .. ] 149ducción y la «disposición»del deseo sexual. El lenguaje de la mular su propia genealogía. En otras palabras, las «disposi-disposición oscila de una formación verbal (estardispuesto) a ciones» son huellas de una historia de prohibiciones sexua-una formación nominal, después de lo cual se asienta (tener les impuestas que no se ha explicado y que dichas prohibi-disposiciones); de esta manera, el lenguaje de las «disposicio- ciones intentan hacer inenarrable. El relato de la obtenciónnes» se presenta como un fundacionismo falso, resultado de de género que se inicia con la demanda de disposiciones deque se constituya o se «asiente» la afectividad mediante los hecho elimina el comienzo narrativo que dejaría al descu-efectos de la prohibición. Como consecuencia, las disposi- bierto que la narración es una estrategia autoamplificadoraciones no son los hechos sexuales primarios de la psique, de la prohibición en sí. En la narración psicoanalítica, lassino efectos provocados por una ley impuesta por la cultura disposiciones están destinadas, establecidas y afianzadasy por las acciones cómplices y revaluadoras del ideal del yo. por una prohibición que más tarde, y en nombre de la cul- En la melancolía, el objeto amado se pierde de distintas tura, suaviza el trastorno originado por una investidura ho-maneras: separación, muerte o la ruptura de un vínculo afec- mosexual no limitada. Vista desde la perspectiva según lativo. No obstante, en la situación edipica la pérdida es efec- cual la ley prohibitiva es el instante fundador de la narra-tuada por una prohibición acompañada de una serie de san- ción, la ley crea la sexualidad en forma de «disposiciones»ciones. La melancolía de la identificación de género que y también en un momento posterior parece convertir disi-«responde» el dilema edípico debe concebirse, entonces, muladamente estas disposiciones presuntamente «natura-como la interiorización de una orden moral que consigue su les» en estructuras culturalmente aceptables de parentescoestructura y energía de un tabú impuesto desde el exterior. exogámico. Para esconder la genealogía de la ley como pro-Aunque Freud no arguye explícitamente a su favor, parece- ductora del fenómeno mismo que después dice sólo encau-ría que el tabú contra la homosexualidad debe ser anterior al zar o reprimir, la ley tiene una tercera función: al instituirsetabú sobre el incesto heterosexual; de hecho, el tabú contra como principio de continuidad lógica en una narración dela homosexualidad genera las «disposiciones» heterosexua- relaciones causales que parte de hechos psíquicos, esta con-les mediante las cuales posibilita el conflicto edípico. El niño figuración de la ley anula la probabilidad de una genealogíay la niña que se internan en el drama edípico con objetivos más radical de los orígenes culturales de la sexualidad y lasincestuosos heterosexuales ya han sido sometidos a prohibi- relaciones de poder.ciones que los «colocan» en direcciones sexuales claras. Así ¿Qué significa exactamente invertir la narración causalpues, las disposiciones que, según Freud, son hechos prima- de Freud y afirmar que las disposiciones primarias son efec-rios o esenciales de la vida sexual son el resultado de una ley tos de la ley? En el primer tomo de Historia de la sexualidadque, una vez asimilada, genera y regula la identidad del gé- Foucault critica la suposición de la represión puesto que im-nero diferenciada y la heterosexualidad. plica un deseo original (no el «deseo» en términos de Lacan, Estas disposiciones, lejos de ser fundacionales, son la sino lajoutSsance) que conserva la integridad ontológica y laconsecuencia de un procedimiento cuyo propósito es dísí- prioridad temporal respecto de la ley represora." Esta ley,
    • PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN [. .. ] 151150 EL GÉNERO EN DISPUTAsegún Foucault, posteriormente aplaca o modifica ese deseo represora engendra la heterosexualidad, y actúa no sóloen una forma o expresión secundaria e inevitablemente in- como un código negativo o excluyente, sino como un casti-satisfactoria (desplazamiento), Foucault afirma que el deseo go y, de forma más apropiada, como una ley del discurso,que se entiende como original y a la vez reprimido es el efec- que diferencia lo decible de lo indecible (estableciendo yto de la propia ley sometedora. Por tanto, la ley crea el con- elaborando el campo de lo indecible), lo legítimo de lo ile-cepto del deseo reprimido para racionalizar sus propias tác- gítimo.ticas autoamplificadoras y, en vez de tener una funciónrepresora, la ley jurídica debería replantearse, aquí y en to-das partes, como una práctica discursiva que es productiva LA COMPLEJIDAD DEL GÉNERO Yo generativa porque crea la ficción lingüística del deseo re- LOS LÍMITES DE LA IDENTIACAa6Nprimido para defender su propia posición como instrumen-to teleológico. El deseo en cuestión acepta el significado de Los análisis de Lacan, Riviere y El yo y el ello de Freud«reprimido» en la medida en que la ley conforma su marco explicados anteriormente proporcionan diferentes versionescontextualizador; en realidad, la ley localiza e incita el «de- sobre cuál es el funcionamiento de las identificaciones deseo reprimido» como tal, hace circular la expresión y, efecti- género o, más bien, de si se puede afirmar que «funcionen».vamente, determina el espacio discursivo para la experiencia ¿Pueden la multiplicación y la unión de distintas identifica-de autocensura y lingüísticamente generada denominada ciones culturalmente disonantes explicar la complejidad y«deseo reprimido». la disonancia del género? ¿O quizá toda identificación se El tabú contra el incesto, y de manera implícita contra elabora por medio de la exclusión de una sexualidad quela homosexualidad, es un precepto represivo que implica cuestiona esas identificaciones? En el primer caso, hay iden-un deseo original situado en la noción de «disposiciones», tificaciones múltiples que pueden generar una configura-el cual padece la represión de una inclinación libidinal ori- ción no jerárquica de identificaciones que varían y se super-ginalmente homosexual y genera el fenómeno desplazado ponen, lo cual pone en duda la superioridad de cualquierdel deseo heterosexual. La estructura de esta metanarra- atribución unívoca de género. En el marco lacaniano se con-ción concreta del desarrollo infantil entiende las disposi- sidera que la identificación está asentada dentro de la dis-ciones sexuales como los impulsos prediscursivos, tempo- yunción binaria de «tener» o «ser» el Falo, con la conse-ralmente primarios y ontológicamente separados que tienen cuencia de que el término excluido de la relación binariaun objetivo y, por consiguiente, un significado previo a su constantemente acosa y altera la ubicación coherente deaparición en el lenguaje y la cultura. Su misma entrada en cualquiera de ellos. El término marginado es una sexualidadel campo cultural aleja ese deseo de su significado original, excluida que refuta las aspiraciones del sujeto de basarse eny como consecuencia el deseo dentro de la cultura es obli- sí mismo, así como sus afirmaciones de conocer la fuente ygatoriamente un conjunto de desplazamientos. Así, la ley el objeto de su deseo.
    • 152 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICüANALlSIS y LA PRODUCCIÓN [. .. ] 153 La mayor parte de las críticas feministas que tratan la que la «universalidad» de la ley paterna puede refutarseproblemática psicoanalítica de identificación se han ceñido dentro de los círculos antropológicos, parece importante te-al problema de una identificación materna y han intentado ner en cuenta que el significado que mantiene la ley en cual-explicar una postura epistemológica feminista a partir de esa quier contexto histórico concreto es menos unívoco y menosidentificación materna o de un discurso materno que se ha eficaz desde una perspectiva determinista de lo que parecedesarrollado desde el punto de vista de esa identificación y sostener el estudio lacaniano. Debería ser posible presentarsus dificultades. Aunque gran parte de ese trabajo es muy un esquema de las formes en que un conjunto de identifica-significativo y ha ejercido una gran influencia sobre otros, ha ciones concuerda o no con las normas cuIturalmente exigi-desarrollado una postura hegemónica dentro del canon emer- das de la integridad del género. Las identificaciones consti-gente de la teoría feminista. Además, tiene tendencía a afian- tutivas de una narración autobiográfica siempre estánzar justamente el marco heterosexista binario que fija los gé- parcialmente inventadas cuando se relatan. Lacan alega queneros como masculino y femenino, e impide una descripción nunca podemos explicar la historia de nuestros orígenes,apropiada de los tipos de afinidades subversivas y paródicas precisamente porque el lenguaje aparta al sujeto hablante deque caracterizan a las culturas gay y lésbica. No obstante, en los orígenes libidinales reprimidos de su habla; no obstante,un intento muy parcial por llegar a una conclusión sobre ese el momento de fundación en que la ley paterna instaura aldiscurso materno, la descripción que hace Julia Kristeva de sujeto parece funcionar como una metahistoria que no sólolo semiótico como una subversión materna de lo Simbólico podemos, sino que debemos explicar, aunque el momentose tratará en el siguiente capítulo. de fundación del sujeto, la instauración de la ley, sea tan an- ¿Qué estrategias críticas y fuentes de subversión son terior al sujeto hablante como el mismo inconsciente.consecuencia de los análisis psicoanaliticos tratados hasta La otra perspectiva de identificación que emerge de laahora? Acudir al inconsciente como fuente de subversión teoría psicoanalítica sostiene que identificaciones múltiplestiene sentido, según parece, sólo si se concibe la ley paterna y coexistentes engendran conflictos, coincidencias y desa-como un determinismo rígido y universal que convierte la cuerdos innovadores dentro de las configuraciones de géne-«identidad» en un asunto fijo y fantasmático. Pero incluso si ro que refutan el carácter fijo de los sitios donde se sitúan loreconocemos el contenido fantasmático de la identidad, no masculino y lo femenino respecto de la ley paterna. De he-hay motivo para creer que la ley que establece los términos cho, la probabilidad de identificaciones múltiples (que, fi- de esa fantasía sea impermeable a la variabilidad y la proba- nalmente, no se pueden circunscribir a identificaciones pri-bilidad históricas. marias o fundadoras que estén asentadas dentro de las Como lo opuesto a la Ley fundadora de lo Simbólico posiciones masculina y femenina) indica que «la» Ley no es que determina la identidad por adelantado, podemos refle- determinista y que tal vez no sea una sola. xionar sobre la historia de las identificaciones constitutivas El debate sobre el significado o las posibilidades subver- sin la presuposición de una Ley estable y fundadora. Aun- sivas de las identificaciones hasta ahora no ha aclarado dón-
    • 154 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN [ ... ] 155de se pueden encontrar estas identificaciones. El espacio Mientras la introyección crea la posibilidad de la significa-psíquico interior, donde se dice que se guardan las identifi- ción metafórica, la incorporación es antimetafórica justa-caciones, sólo tiene sentido si lo concebimos como un lugar mente porque preserva la pérdida como algo totalmentefantaseado que cumple otra función psíquica. Según parece, innombrable; es decir, la incorporación no sólo es una inca-de acuerdo con Nicolas Abraham y Maria Torok, el psicoa- pacidad para nombrar o reconocer la pérdida, sino que tam-nalista Roy Schafer afirma que la «incorporación» es una bién deteriora las condiciones de la significación metafóricafantasía y no un procedimiento; el espacio interior adonde en sí.se lleva un objeto es imaginado, y esto se efectúa dentro de Al igual que en la perspectiva lacaniana, para Abraham yun lenguaje que puede recordar y reificar tales espacios." Sí Torok el rechazo del cuerpo materno es la condición de sig-se «incorporan» las identificaciones mantenidas mediante la nificación dentro de lo Simbólico. También afirman que estamelancolía, entonces surge la pregunta: ¿dónde está este es- represión primaria crea la posibilidad de individuación y depacio incorporado? Si no se encuentra literahnente dentro habla significativa, en la que el habla es obligatoriamentedel cuerpo, tal vez esté sobre el cuerpo como el significado metafórica, en el sentido de que el referente, el objeto delde su superficie, de modo que el cuerpo mismo debe enten- deseo, es un desplazamiento permanente. En realidad, sederse como un espacio incorporado. considera que la pérdida del cuerpo materno como objeto Abraham y Torok han afirmado que la introyección es de amor determina el espacio vacío en el que se crean las pa-un procedimiento que sirve para el trabajo de duelo (donde labras. Pero la negación de esta pérdida -la melancolía-el objeto no sólo se pierde, sino que se reconoce como per- fmaliza en la incapacidad de desplazarla a palabras; en reali- dido)." Por otro lado, la incorporación es propia de la me- dad, el lugar del cuerpo materno se crea en el cuerpo, «en-lancolía, el estado de afiliación no aceptado o suspendido en criptado» (para utilizar el vocablo de los autores), y recibe que el objeto se preserva mágicamente «en el cuerpo» de al- allí una residencia perpetua como una parte muerta y mor- guna forma. Ellos alegan que la introyección de la pérdida tecina del cuerpo o como una parte habitada o poseída por típica del duelo crea un espacio vacío, representado por la distintos tipos de fantasmas. boca vacía que se convierte en la condición del habla y la Cuando afirmamos que la identidad de género es una es- significación. El desplazamiento exitoso de la libido respec- tructura melancólica, tiene sentido escoger la «incorpora- to del objeto perdido se consigue mediante la formación de ción» como la forma en que se consigue esa identificación. palabras que significan y a la vez desplazan a ese objeto; este En realidad, según el esquema citado anteriormente, la iden- desplazamiento respecto del objeto original es una actividad tidad de género se especificaría mediante una negación de la principalmente metafórica en la que las palabras «figuran» pérdida que se encripta en el cuerpo y que designa, en efec- la ausencia y la superan. Se entiende que la introyección es to, al cuerpo vivo en oposición al muerto. Como una activi- el trabajo de duelo, pero la incorporación, que implica una dad antimetafórica, la incorporación literaliza la pérdida resolución mágica de la pérdida, caracteriza a la melancolía. sobre o dentro del cuerpo, y así se manifiesta como la factici-
    • 156 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN [ ... ] 157dad del cuerpo, el procedimiento mediante el cual el cuerpo que inicia a la niña en «una "pérdida" que evita de forma ra-llega a portar el «sexo» como su verdad literal. La ubicación dical cualquier representacióne.t" Por tanto, la melancolía eso la prohibición de placeres y deseos en zonas «erotogéni- una regla psicoanalítica para las mujeres, regla que se basacas» específicas es, precisamente, el tipo de melancolía dife- en su supuesto anhelo de tener un pene, lo cual, convenien-renciadora de géneros, que se expande por la superficie del temente, ya no puede sentirse ni conocerse.cuerpo. La pérdida del objeto de placer se solventa incorpo- La argumentación de Irigaray, plagada de citas burlonas,rando ese mismo placer, gracias a lo cual éste se concreta y es acertada cuando desacredita las afirmaciones desarrollis-también se prohíbe a través de los efectos obligatorios de la tas respecto de la sexualidad y la feminidad que aparecenley diferenciadora de géneros. claramente en el texto de Freud. Además, señala que hay in- Obviamente, el tabú del incesto es más incluyente que el terpretaciones posibles de esa teoría que sobrepasan, modi-de la homosexualidad; pero, en el caso del tabú del incesto fican y relegan los objetivos sostenidos por Freud. Conside-heterosexual a través del cual se determina la identidad he- remos que la negación de la investidura homosexual (elterosexual, la pérdida se experimenta como un duelo. No deseo y el objetivo juntos), negación impuesta por el tabú obstante, en el caso de la prohibición contra el incesto ho- social y al mismo tiempo apropiada por etapas del desarro- mosexual a través del cual se determina la identidad hetero- llo, da origen a una estructura melancólica que efectiva- sexual, la pérdida se sustenta mediante una estructura me- mente recluye ese objetivo y ese objeto dentro del espacio lancólica. La pérdida del objeto heterosexual, afirma Freud, corporal, o «cripta», establecido mediante una negación culmina en el desplazamiento de ese objeto, pero no del ob- constante. Si la negación heterosexual de la homosexualidad jetivo heterosexual; por otra parte, la pérdida del objeto origina la melancolía y si ésta interviene mediante la incor- homosexual exige la pérdida del objetivo y del objeto. En poración, entonces el amor homosexual no reconocido se definitiva, no sólo se pierde el objeto, sino que se niega com- salvaguarda desarrollando una identidad de género definida pletamente el deseo, de modo que «nunca perdí a esa perso- como opuesta. En definitiva, la homosexualidad masculina na y nunca amé a esa persona y, de hecho, nunca sentí para no reconocida termina en una masculirúdad intensificada o nada ese tipo de amor». La conservación melancólica de ese afianzada, la cual mantiene lo femenino como lo impensa- amor se preserva con mucha mayor seguridad mediante la ble e innombrable. No obstante, la aceptación del deseo he- trayectoria totalizadora de la negación. terosexual conduce a un desplazamiento del objeto original El razonamiento de lrígaray, respecto de que en la obra a otro secundario, exactamente la clase de separación y re- de Freud las estructuras de la melancolía y de una feminidad vinculación de la libido que Freud define como el carácter desarrollada son muy parecidas, alude a la negación del ob- normal del dudo. jeto y del objetivo, lo que conforma la «doble oleada» de re- Es evidente que un homosexual para quien sea inimagi- presión característica de una feminidad com pletamente de- nable el deseo heterosexual bien puede conservar esa hete- sarrollada. Para lrígaray, la aceptación de la castración es lo rosexualidad mediante una estructura de incorporación me-
    • 158 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANALI$IS y LA PRODUCCiÓN L..l 159lancólica, una identificación y personificación del amor que cemiente a un género específico. Es decir, algunas partes delni se acepta ni produce tristeza. Pero aquí queda claro que la cuerpo se transforman en puntos concebibles de placer jus-negación heterosexual a aceptar el vínculo homosexual pri- tamente porque responden a un ideal normativo de un cuer-mario es asignada culturalmente por una prohibición de la po con género específico. En cierto sentido, los placeres es-homosexualidad que no es comparable en ningún caso al del tán fijados por la estructura melancólica del género,homosexual melancólico. Dicho de otra forma, la melanco- mediante la cual algunos órganos están dormidos para ellía heterosexual se instaura y preserva culturalmente como el placer y otros se despiertan. Qué placeres se despertarán ycoste de las identidades de género estables asociadas me- cuáles permanecerán dormidos normalmente es una cues-díante deseos contrapuestos. tión a la que recurren las prácticas legitimadoras de la for- Pero, ¿qué lenguaje sobre lo superficial o lo profundo mación de la identidad que se originan dentro de la matrizmanifiesta apropiadamente este efecto de incorporación de de las normas de género."la melancolía? Se puede ofrecer una respuesta preliminar Los transexuales suelen referirse a una discontinuidaddentro del discurso psicoanalítico, pero en el último capítu- radical entre los placeres sexuales y las partes del cuerpo.lo de este libro se proporcionará una explicación más com- Frecuentemente 10 que se desea en términos de placer exigepleta que conducirá a una consideración del género como una intervención imaginaria de partes del cuerpo -ya seanuna actuación que performativamente conforma la aparien- apéndices u orificios- que quizás uno no posea realmente,cia de su propia fijeza interior. No obstante, ahora la opinión o bien el placer también puede exigir imaginar una serie dede que la incorporación es una fantasía implica que la incor- partes exagerada o disminuida. El carácter imaginario delporación de una identificación es una fantasía de literaliza- deseo, evidentemente, no se limita a la identidad transexual;ción o una fantasía Iiteralizadora:" Precisamente a conse- la naturaleza fantasmática del deseo pone de manifiesto quecuencia de su estructura melancólica, esta literalización del el cuerpo no es su base ni su causa, sino su ocasión y su ob-cuerpo esconde su genealogía y se incluye en la categoría de jeto. La táctica del deseo es en parte la transfiguración del«hecho natural». cuerpo deseante en sí. En realidad, para desear puede ser ¿Qué quiere decir tener una fantasía literalizadora? Si la necesario creer en un yo corporal modificado" que, dentrodiferenciación de género es el resultado del tabú del incesto de las normas de género de 10 imaginario, puede amoldarsey del tabú anterior de la homosexualidad, en ese caso «con- a las exigencias de un cuerpo capaz de desear. Esta condi-vertirse» en un género es un procedimiento laborioso de na- ción imaginaria del deseo siempre sobrepasa el cuerpo físicoturalizarse, lo cual exige una distinción de placeres y zonas a través del cual o en el cual funciona.del cuerpo sobre la base de significados de género. Se afirma El cuerpo, que siempre ha sido considerado un signoque los placeres radican en el pene, la vagina y los senos o que cultural, limita los significados imaginarios que origina, pero surgen de ellos, pero tales descripciones pertenecen a un nunca se desprende de una construcción imaginaria. El cuerpo que ya ha sido construido o naturalizado como con- cuerpo fantaseado nunca se puede concebir en relación con
    • PROHIBICIÓN, PSICOANALISIS y LA PRODUCCIÓN [ ... ] 161160 EL GÉNERO EN DISPUTA amor por el padre se guarda en el pene, preservado por unael cuerpo como real; sólo puede concebirse en relación con negación impenetrable, y el deseo que ahora se concentra enotra fantasía culturalmente instaurada, la que confirma ellu- ese pene tiene como estructura y objetivo esa negación per-gar de lo «literal» y lo «real». Los límites de lo «real» se manente. De hecho, la mujer-corno-objeto debe ser el signocrean dentro de la heterosexualización naturalizada de los de que él no sólo nunca experimentó un deseo homosexual,cuerpos en que los datos físicos se utilizan como causas y sino de que nunca experimentó el duelo por su pérdida. Enlos deseos manifiestan los efectos inexorables de esa condi- efecto, la mujer-corno-signo efectivamente debe desplazar yción de ser físicos. esconder esa historia preheterosexual y sustituirla por una La unión del deseo con lo real --es decir, la suposición que ensalce una heterosexualidad inconsútil.de que las partes del cuerpo, el pene «literal», la vagina <di-teral», son las que originan placer y deseo- es exactamentela clase de fantasía literalizadora que caracteriza al síndrome REFoRMULAR LA PROHIBICIÓN COMO PODERde la heterosexualidad melancólica. La homosexualidad noaceptada que está en el origen de la heterosexualidad me- Aunque la crítica genealógica que Foucault hace del fun-lancólica reaparece como la facticidad anatómica manifiesta dacionismo ha encauzado esta lectura de Léví-Srrauss,del sexo, donde «sexo» se refiere a la unidad imprecisa de la Freud y la matriz heterosexual, es preciso comprender me-anatomía, la «identidad natural» y el «deseo natural». La jor cómo la ley jurídica del psicoanálisis, la represión, gene-pérdida se rechaza y se incorpora, y la genealogía de esa ra y multiplica los géneros que desea dominar. Las teóricastransmutación se olvida y se reprime por completo. Así feministas han abordado el análisis psicoanalítico de la dife-pues, la superficie sexuada del cuerpo emerge como el signo rencia sexual en parte porque la dinámica edipica y preedípi-necesario de una identidad y un deseo neturalñzadorles. La ca parecen explicar una forma de averiguar la construcciónpérdida de la homosexualidad se rechaza y el amor se pre- primaria del género. ¿Puede reconcebirse la prohibiciónserva o se encripta en las partes del cuerpo mismo, literali- contra el incesto que prohíbe y castiga las posturas de géne-zados en la supuesta facticidad anatómica del sexo. Aquí ob- ro binarias y jerárquicas como un poder productivo que deservamos la táctica general de literalización como una forma forma involuntaria crea distintas configuraciones culturalesde olvido que, en el caso de una anatomía sexual literaliza- de género? ¿Está expuesto el tabú del incesto a la crítica deda, «olvida» lo imaginario y, con ello, una homosexualidad la hipótesis de la represión que realiza Foucault? ¿Cómo se-imaginable. En el caso del hombre heterosexual melancóli- ria una presentación feminista de esa critica? ¿Activaría esaco, nunca ha querido a otro hombre, es un hombre, y puede crítica el propósito de impugnar las restricciones binarias so-utilizar los datos empíricos que lo prueben. Pero la literali- bre el sexo/género que impone la matriz heterosexual? Unazación de la anatomía no sólo no prueba nada, sino que es de las interpretaciones feministas más significativas de Lévi-una restricción literalizante del placer en el órgano mismo Strauss, Lacan y Freud es el artículo «The Traffic of Wo-que se protege como el signo de la identidad masculina. El
    • 162 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN L..] 163meo: The "Political Econorny" of Sex», de Gayle Rubin, como la ley de su deseo se transforma en un medio a travésaparecido en 1975. 44 Aunque Foucault no está citado en ese del cual se conforma la identidad y, concretamente, la iden-artículo, Rubin de hecho sienta las bases para una crítica a tidad de género.Foucault. El hecho de que posteriormente ella misma se Haciendo hincapié en el tabú del incesto como prohibi- adueñe de Foucault para su estudio sobre teoría sexual radi- ción y sanción, Rubin escribe: ca1 45 propone de forma retrospectiva la pregunta de cómo podría reescribirse ese articulo tan influyente dentro de un El tabú del incesto instaura los objetivos sociales de la marco foucaultiano. exogamia y la unión sobre los sucesos biológicos del sexo y la El análisis de Foucault de las contingencias culturalmen- procreación. El tabú del incesto clasifica el universo de elec- te productivas de la ley prohibitiva clarifica su postura den- ción sexual en categorías de compañeros sexuales permitidos tro de la teoría existente sobre la sublimación expuesta por y prohibidos [pág. 1731. F reud en El malestar en la cultura y reinterpretada por Mar- euse en Eros y civilización. Tanto Freud como Marcuse iden- Puesto que todas las culturas intentan reproducirse, y tifican los efectos productivos de la sublimación diciendo puesto que debe mantenerse la identidad social característi-que las instituciones y los artefactos culturales son un efecto ca del grupo de parentesco, se instaura la exogamia y, comodel Eros sublimado. Aunque Freud planteó que la sublima- su presuposición, también la heterosexualidad exogámica.ción de la sexualidad producía un «malestar» general, Mar- Por consiguiente, el tabú del incesto no sólo proscribe lacuse supedita Eros a Logos de modo platónico y afirma que unión sexual entre miembros de la misma línea de parentes-el acto de sublimación es la expresión más satisfactoria del co, sino que también incluye un tabú contra la homosexua-espíritu humano. No obstante, en una separación radical de lidad. Rubín escribe:estas teorías de la sublimación, Foucault se decanta por unaley productiva sin la demanda de un deseo original; la ejecu- El tabú del incesto admite un tabú anterior y menos es-ción de esta ley se demuestra y afianza mediante la cons- tructurado sobre la homosexualidad. La prohibición contratrucción de una comprobación narrativa de su propia ge- algunas uniones heterosexuales implica un tabú contra unio-nealogía que de hecho encubre su propia inmersión en las nes no heterosexuales. El género no es únicamente la identifi- cación con un sexo; también implica que el deseo sexual serelaciones de poder. De esta forma, el tabú del incesto no re- oriente hacia el otro sexo. El reparto sexual del trabajo estáprimiría ninguna disposición primaria, sino que distinguiría implícito en ambas vertientes del género: los crea masculinosentre «primarias» y «secundarias» para explicar y volver a y femeninos, y los crea heterosexuales [pág. 180].establecer la distinción entre una heterosexualidad legítimay una homosexualidad ilegítima. De hecho, si consideramos Rubin afirma que el psicoanálisis, especialmente en suel tabú del incesto como primariamente productivo en sus encamación lacaniana, perfecciona la descripción de las re-efectos, la prohibición que crea al «sujeto» y se mantiene laciones de parentesco de Léví-Strauss. Sobre todo conside-
    • 164 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANAuS"IS y LA PRODUCCIÓN [. .. l 165 ca que e] «sistema de sexo/género» -s-mecanismo cultural regulado para convenir a hombres y mujeres biológicos en to ordenamiento temporal de los acontecimientos, lo cual gén.ero~ d~erenciados y jerarquizados- ha sido dietado por significa que el narrador está en la posición de «saber» lo las msntucrones culturales (la familia, las formas residuales que está antes y después de la ley. No obstante, la narración ~el (~tercambio de mujeres», la heterosexualidad obligato- se crea dentro de un lenguaje que, estrictamente hablando, na) e unpuesto a través de las leyes que articulan e impelen es posterior a la ley, resultado de la ley, y por tanto proviene ~ desa~rollo ?síquico individual. Así, el complejo de Edipo de un punto de vista tardío y retrospectivo. Si este lenguaje ejemplifica e mstaura el tabú cultural contra el incesto y cul- está estructurado por la ley, y ésta es ejemplificada o, en rea- mina en la identificación de género diferenciada y una dis- lidad, aplicada en el lenguaje, entonces la descripción, la na- posi:ión heterosexual corolaria. Asimismo, en ese ensayo rración, no sólo no puede saber lo que está fuera de sí misma Rubin alega que antes de la transformación de un hombre o -o sea, que es anterior a la ley-, sino que su descripción una mujer biológicos en un hombre o una mujer con géne- de ese «antes» siempre estará subordinada a un «después». ro, «cada niño y niña cuenta con todas las posibilidades se- En definitiva, la narración no sólo puede acceder a un «an- xuales disponibles para la expresión humana» [pág. 189]. tes» del que por definición (a consecuencia de su carácter El esfuerzo por ubicar y explicar una sexualidad «antes lingüístico) está excluida, sino que la descripción del «an- de la ley» como una bisexualidad primaria o como un poli- tes» se efectúa dentro de los términos del «después» y, por morfismo ideal y sin restricciones indica que la ley es ante- tanto, pasa a ser una atenuación de la ley en sí hasta condu- ri~r.a la.sexualidad. Como una restricción de una plenitud cirla al lugar de su ausencia. O?~afla, la ley proscribe ciertas opciones sexuales prepu- Si bien Rubin comenta que hay un universo ilimitado de mtrvas y castiga otras. Pero si tomamos la crítica de Foucault opciones sexuales para el niño preedípico, no está de acuer- de la hipótesis de la represión al tabú del incesto, que es la do con una bisexualidad primaria En realidad, la bisexuelí-ley paradigmática de la represión, entonces parecería que la dad es el resultado de las costumbres de crianza en las queley crea tanto la heterosexualidad castigada como la homo- padres y madres intervienen y se encargan del cuidado de sexualidad transgresora. En realidad, ambas son efectos, hijos e hijas, y en las que el rechazo de la feminidad ya no~em.~oral y ontológicamente posteriores a la ley misma, y la puede usarse como una condición previa para la identidadilusión de una sexualidad anterior a la leyes en sí la creación de género, ni para hombres ni para mujeres [pág. 199].de esa ley. Cuando Rubin propone una «revolución en el parentesco», El ensayo de Rubín permanece comprometido con una imagina la eliminación del intercambio de mujeres, cuyasdistinción entre sexo y género que implica la realidad onto- huellas están presentes no sólo en la institucionalización ac-lógica discreta y previa de un «sexo» que se reconstruye en tual de la heterosexualidad, sino en las normas psíquicas re-nombre de la ley, es decir, que después se convierte en «gé- siduales (la institucionalización de la psique) que castigan ynero». Esta narración de la obtención del género exige cier- elaboran la sexualidad y la identidad de género en términos heterosexuales. Con el aflojamiento del carácter obligatorio
    • PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCIÓN [ ... ] 167166 EL GÉNERO EN DISPUTA rrida a la posibilidad de conocer o aludir a ese «antes»,de la heterosexualidad y el nacimiento simultáneo de opcio- cómo podríamos examinar esta narración de obtención denes culturales bisexuales y homosexuales para el comporta- ~énerO? Si negamos la demanda de una sexualidad ide~miento y la identidad, Rubin imagina la destrucción del gé- previa al tabú del incesto, y si tambi~ rechazamos la pr~­nero mismo [pág. 204]. Puesto que el género es la sa estructuralista de la permanencia cultural de ese tabu,transformación cultural de una polisexualidad biológica en ¿qué relación permanece entre la sexuali~ad y la ley para ~auna heterosexualidad culturahnente impuesta, y puesto que descripción del género? ¿Es preciso acudir a u~ estado m~la heterosexualidad desarrolla identidades de género dife- feliz anterior a la ley para afirmar que las relaciones de ge-renciadas y jerarquizadas para conseguir su objetivo, enton- nero actuales y la producción punitiva de las identidades deces el fracaso del carácter obligatorio de la heterosexualidad género son opresoras? .,. .,significaría, para Rubín, el fracaso corolario del género en sí. La crítica de Foucault a la hipótesis de la represron en LaPrecisar si el género puede o no suprimirse completamente hístoria de la sexualidad, J, afirma que: a) la «ley» estructu-yen qué sentido su «fracaso» es culturalmente imaginable ralista puede verse como una formación de poder, una con-continúan siendo preguntas fascinantes pero no esclarecidas figuración histórica concreta, y b) puede entenderse. que laen su análisis. ley crea o despierta el deseo que presuntamente .reprune. El El razonamiento de Rubin se fundamenta en la posibili- objeto de la represión no es el deseo, al que c?nsldera su ob-dad de que la ley pueda derribarse y que la interpretación jeto aparente, sino las numerosas configuraciones del p~dercultural de cuerpos diferentemente sexuados pueda iniciar- en sí, cuya pluralidad misma trasladaría la supuesta um~e~­se, idealmente, sin referirse a la disparidad de géneros. Es salidad y necesidad de la ley jurídica o represora. En definí-evidente que los sistemas de heterosexualidad obligatoria tiva, el deseo y su represión constituyen una razón para re-pueden variar, y de hecho se han modificado, y que el inter- forzar las estructuras jurídicas; el deseo se construye y secambio de mujeres, aunque sea de forma residual, no siem- prohíbe como un gesto simbólico ritual rnedí:mte el cual elpre supone el intercambio heterosexual; en este sentido, Ru- modelo jurídico desempeña y afianza su propio poder.bin admite las implicaciones misóginas del estructuralismo El tabú del incesto es la ley jurídica que, al parecer, pro-notablemente no diacrónico de Lévi-Strauss. Pero, ¿qué le híbe los deseos incestuosos y provoca ciertas subjetividadeslleva a concluir que el género es únicamente una función de de género mediante la identificación obligatoria. Pero, .¿quéla heterosexualidad obligatoria y que, sin ese carácter obli- asegura la universalidad o necesidad de esta ley? Es eviden-gatorío, el campo de los cuerpos ya no estaría marcado en te que hay discusiones antropológicas que intentan afirmar ytérminos de género? Es evidente que Rubin ya ha inventado refutar la universalidad del tabú del incesto," y existe un de- un mundo sexual diferente, que se ha atribuido a una fase bate secundario sobre lo que puede denotar -si es que de-utópica en el desarrollo infantil, un «antes» de la ley que nota algo--la afirmación de la universalidad del significad?promete reaparecer «después» de la destrucción o disper- de los procedimientos sociales Y Decir que una leyes uní-sión de esa ley. Si reconocemos las críticas de Foucault y De-
    • 168 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y LA PRODUCCiÓN [. .. ] 169versal no significa que funcione de la misma forma en todas Desde luego, la teoría psicoanalítica siempre ha admitidolas culturas ni que defina la vida social de alguna manera la función productiva del tabú del incesto; es ~ que g~era elunilateral En realidad, la atribución de universalidad a una deseo heterosexual y la identidad de género diferenciada. Elley sólo puede significar que opera como un marco domi- psicoanálisis también ha sido rotundo al afirmar que esenante dentro del cual se establecen las relaciones sociales. Es tabú no siempre funciona para crear el género o el.deseo d.emás, asegurar la presencia universal de una ley en la vida so- las formas que se pretendía. El ejemplo del complejo de Edí-cial no garantiza que exista en todas las vertientes de la for- po negativo es sólo uno de los casos en que la prohibiciónma social considerada; por lo menos significa que existe y contra el incesto es nítidamente más fuerte respecto del pro-funciona en algún lugar en todas las formas. sociales. genitor del sexo opuesto que el del mis~o s:xo, y, ~ proge- Mi labor aquí no es explicar que hay culturas en las que nitor prohibido pasa a ser la figura de identificación. Pero,el tabú del incesto no actúa como tal, sino más bien señalar la cómo podría redefinirse este ejemplo dentro de la con~ep­generatividad de ese tabú, donde sí actúa, y no sólo su carác- ción del tabú del incesto como jurídico y a la vez generativo?ter jurídico. Dicho de otra forma, el tabú no sólo prohibe y El deseo por el progenitor que, por ser tabú, se transformadetermina la sexualidad en algunas formas, sino que crea de en la figura de identificación es a la vez generado y r:c~az~­forma involuntaria distintos deseos e identidades sustitutos do por el mismo mecanismo de poder. Pero, .~con q~e ~ali­que en ningún caso están limitados por adelantado, a excep- dad? Si el tabú del incesto regula la producción de identida-ción del hecho de que en cierto modo son «sustitutos». Si des de género diferenciadas, y si esa pro~ucción exige laaplicamos la crítica de Foucault al tabú del incesto, entonces prohibición y el castigo de la heterosexualidad, entonces laparece que se podría elaborar una historia del tabú y el deseo homosexualidad emerge como un deseo que debe generarseoriginal por la madre/el padre de forma que admitan la uni- para continuar reprimido. En resumidas cuentas, para que,laversalidad de la fórmula de Lacan. Puede creerse que el tabú heterosexualidad permanezca intacta como una forma SOCI~genera y preserva el deseo por la madre/el padre, así como el clara, exige una concepción inteligible de l.a, homosexuali-desplazamiento obligatorio de ese deseo. La noción de una dad, así como la prohibición de esa COnCe?C10nF~ hac:rlasexualidad «original» siempre reprimida y prohibida acaba culturalmente ininteligible. Dentro del psicoanálisis.Ja bíse-siendo una producción de la ley que más tarde funciona xualidad y la homosexualidad son disposiciones lihidinales,como su prohibición. Si la madre es el deseo original, yeso y la heterosexualidad es la elaboración laboriosa basada enbien puede ser cierto para una gran parte de los ocupantes su represión gradual. Aunque esta do~rin~ pare~e tener un.ade los hogares del capitalismo tardío, entonces es un deseo contingencia subversiva, la construccron discursiva de la ?l-creado y prohibido dentro de los términos de ese contexto sexualidad y de la homosexualidad dentro .~e los estu~oscultural. En definitiva, la ley que prohibe esa alianza es la psicoanalíticos de hecho impugna la ~Im1aC10n ,de su, c,arac-misma que la provoca, y ya no se puede aislar la función re- ter precultural. El análisis del lenguaje de las diSposIcionespresora de la productiva en el tabú jurídico del incesto, bisexuales es un ejemplo apropiado."
    • 170 EL GÉNERO EN DISPUTA PROHIBICiÓN, PSICOANALlSIS y LA PRODUCCIÓN L ..] 171 La bisexualidad, que supuestamente está «fuera» de lo placer total que el deseo ve como inalcanzable es la ev?ca-Simbólico y que se utiliza como el lugar de subversión, en ción irrecuperable del placer antes de la ley; Lacan afirmarealidad es una construcción dentro de los términos de ese que este placer es sólo una fantasía que se repite en los infi-discurso constitutivo.Ja construcción de un «fuera» que, sin nitos fantasmas del deseo. Pero ¿en qué sentido el fantasma,embargo, se encuentra completamente «dentro»; no una op- proscrito en la adquisición literal de un placer original, es lación más allá de la cultura, sino una opción cultural concre- constitución de una fantasía de «originalidad» que puedeta que se rechaza y se redefine como imposible. Lo que sigue pertenecer o no a un estado literal de la libido? En realidad,siendo «impensable» e «indecible» dentro de los términos ¿en qué medida puede resolverse esta cuestión d~sde elde una forma cultural existente no es obligatoriamente aque- punto de vista de la teoría de Lacan? Un desplazamiento ollo que está excluido de la matriz de inteligibilidad dentro de un reemplazo sólo pueden concebirse como tal en relaciónesa forma; por el contrario, lo marginado, y no lo excluido, con un original, que en este caso nunca puede ser recupera-es la posibilidad cultural que provoca miedo 0, por lo me- do ni conocido. Siempre se opina sobre este origen especu-nos, ocasiona la pérdida de castigos. No ser reconocido so- lativo desde una posición retrospectiva, a partir de la cualcialmente como un heterosexual real es perder una identi- acepta el carácter de un ideal. La santificación de este «másdad social posible y quizá lograr otra que esté mucho menos allá» de placer se instaura al invocar un orden Simbólicocastigada. Así, lo «impensable» está completamente presen- que en esencia no puede cambiar," En realidad, es pre~isote en la cultura, pero completamente excluido de la cultura interpretar el drama de lo Simbólico, del deseo, de la 1OS-dominante. La teoría que describe la bisexualidad o la ho- tauración de la diferencia sexual como una economía signi-mosexualidad como el «antes» de la cultura, y luego sitúa esa ficante independiente que se impone al demarcar lo que«prioridad» como el origen de una subversión prediscursiva, puede y no puede pensarse dentro de los límites de la inteli-proscribe, en efecto, desde dentro de los términos de la cul- gibilidad cultural. Activar la distinción entre lo que es «an-tura la subversión misma que de manera ambivalente prote- tes» y lo que es «durante» la cultura es una manera de ex-ge y de la que se protege. Como expondré en relación con cluir opciones culturales desde el principio. El «orden deKristeva, la subversión se transforma de esta forma en un aparición», la temporalidad que es la base del análisis, asígesto fútil, preservado sólo de un modo estético desrealiza- como refuta la coherencia narrativa al introducir la separa-do que nunca puede expresarse en otras prácticas culturales. ción en el sujeto y la félure en el deseo, también reinstaura En el caso del tabú del incesto, Lacan afirma que el de- cierta coherencia en el nivel de la exposición temporal. Elseo (en oposición a la necesidad) se instaura a través de esa resultado es que esta estrategia narrativa, que trata sobre laley. La existencia «inteligible» dentro de los términos de lo distinción entre un origen irrecuperable y un presente per-Simbólico exige tanto la institucionalización del deseo como manentemente desplazado, provoca que sea inevitablemen-su insatisfacción, resultado de la represión del placer y la ne- te tardío todo intento por recuperar ese origen en nombrecesidad originales relacionados con el cuerpo materno. El de la subversión.
    • CAPíruLo 3 ACTOS CORPORALES SUBVERSNOSLA POI1TICA CORPORAL DE JULIA KR!SlEVA1 La teoría de la dimensión semiótica del lenguaje de Kris-tesa en un primer momento parece basarse en premisas la-canianas únicamente para establecer sus límites y para pro-porcionar un lugar de subversión específicamente femeninode la ley paterna dentro del lenguaje. Para Lacan, la ley pa-terna articula toda la sígnificación lingüística, denominada«10 Simbólico», y se convierte de esta manera en un princi-pio organizador universal de la cultura. Esta ley genera laopción de un lenguaje significativo y, por consiguiente, de laexperiencia significativa, mediante la represión de los im-pulsos primarios de la libido, incluyendo la dependencia ab-soluta del bebé respecto del cuerpo materno. Así, lo Simbó-lico se hace posible al rechazar la relación primaria con elcuerpo materno. El «sujeto» que emerge como resultado deesta represión se transforma en un portador o proponentede esta ley represiva. El caos de la libido, propio de esa pri-mera dependencia, ahora está completamente limitado porun agente unitario cuyo lenguaje está articulado por esa ley.Al mismo tiempo, ese lenguaje articula el mundo al eliminarsignificados múltiples (que siempre recuerdan la multiplici-
    • 174 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 175dad libidinal que determinaba la relación primaria con el pezar, no queda claro si la relación primaria con el cuerpocuerpo materno) y sustituirlos por significados unívocos y materno, que tanto Kristeva como Lacan parecen admitir, esseparados. una construcción viable ni tampoco si es una experiencia Kristeva pone en duda la narración Íacaniana que afirma cognoscible de acuerdo con alguna de sus teorías lingüísti-que el significado cultural exige la represión de esa relación cas. Los múltiples impulsos que determinan lo semióticoprimaria con el cuerpo materno. Alega que lo «semiótico» es conforman una economía libidinal prediscursiva que a vecesuna dimensión del lenguaje originada por ese cuerpo mater- se muestra en el lenguaje, pero que establece una condiciónno primario, lo cual no sólo impugna la premisa primaria de ontológica anterior al lenguaje en sí. Revelada en el lengua-Lacan, sino que sirve como una fuente permanente de sub- je, principalmente en el poético, esta economía libidinal pre-versión dentro de lo Simbólico. Para Kristeva, lo semiótico discursiva se transforma en un sitio de subversión cultural.manifiesta la multiplicidad original de la libido dentro de los Presenta un segundo problema cuando Kristeva alega quetérminos mismos de la cultura, y más concretamente dentro esta fuente libidinal de subversión no puede preservarse endel lenguaje poético en el que perduran los significados múl- lo relativo a la cultura, que su presencia mantenida dentrotiples y el carácter semántico no cerrado. Efectivamente, el de la cultura conduce a la psicosis y al colapso de la vida cul-lenguaje poético es la recuperación del cuerpo materno den- tural en sí. De esta forma, Kristeva altemadamente formulatro de los términos del lenguaje, el que tiene la capacidad y niega lo semiótico como un ideal emancipador. Aunquepara trastornar, destruir y desplazar la ley paterna. afirma que es una dimensión del lenguaje que habitualmen- No obstante, pese a su crítica a Lacan, la táctica de sub- te está reprimida, también reconoce que es un tipo de len-versión de Kristeva es sospechosa. Su teoría obedece a la es- guaje que nunca se puede conservar de manera coherente.tabilidad y la reproducción justamente de la ley paterna que Para valorar su teoría al parecer contradictoria debemosintenta desplazar. Aunque de hecho expone los límites de preguntar cómo se revela esta multiplicidad de la libido enlos intentos de Lacan por universalizar la ley paterna en el el lenguaje y qué determina su vida temporal dentro de él.lenguaje, reconoce, sin embargo, que lo semiótico está siem- Asimismo, Kristeva define el cuerpo materno como porta-pre supeditado a lo Simbólico, que acepta su especificidad dor de un conjunto de significados que son anteriores a ladentro de los términos de una jerarquía inmune al cuestio- cultura misma. Con ello preserva la noción de cultura comonamiento. Si lo semiótico fomenta la probabilidad de la sub- una estructura paterna, y restringe la maternidad como unaversión, el desplazamiento o la alteración de la ley paterna, realidad básicamente precultural. De hecho, sus descripcio-¿qué significados pueden tener esos términos si lo Simbóli- nes naturalistas del cuerpo materno reífican la maternidad eco siempre confirma su hegemonía? impiden un análisis de su construcción y variabilidad cultu- La siguiente crítica que hago a la formulación de Kriste- rales. Al preguntar si es posible una multiplicidad predis-va disiente de algunos pasos en su razonamiento a favor de cursiva de la libido, también valoraremos si lo que Kristevalo semiótico como una fuente de subversión eficaz. Para em- afirrna descubrir en el cuerpo materno prediscursivo es en sí
    • 176 EL GtNERü EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 177la producción de un discurso histórico concreto, un efectode la cultura más que su causa secreta y primaria. je poético. Al contrario que Lacan, Kristeva afirma que el Aunque aceptemos la teoría de Kristeva acerca de los lenguaje poético no se funda en una represión de impulsosimpulsos primarios, no queda claro que los efectos subversi- primarios, sino que es la ocasión lingüística en la que los im-vos de esos impulsos puedan servir, a través de lo semiótico, pulsos aíslan los términos acostumbrados unívocos del len-como algo más que una alteración temporal y fútil de la he- guaje y muestran una heterogeneidad irreprimible de infíni-gemonía de la ley paterna. Intentaré exponer cómo el fraca- tos sonidos y significados. Con ello, Kristeva contradice laso de su estrategia política es consecuencia en parte de su ecuación que efectúa Lacan de lo Simbólico con todo signi-apropiación poco crítica de la teoría de los impulsos. Asi- ficado lingüístico al argumentar que el lenguaje poético tie-mismo, si se examinan minuciosamente sus descripciones de ne su propia modalidad de significados que no se amoldan ala función semiótica dentro del lenguaje, parece que Kriste- las condiciones de la designación unívoca.va restituye la ley paterna en el nivel de lo semiótico en sí. Al En esa misma obra defiende una noción de energía librefinal, parece que Kristeva nos presenta una táctica de sub- o no investida que se revela en el lenguaje a través de la fun-versión que nunca podrá ser una práctica política sostenida. ción poética. Afirma, por ejemplo, que «al entremezclarseEn la última parte de esta sección plantearé una forma de re- los impulsos en el lenguaje L.. ] comprobaremos la econo-conceptualizar la relación entre impulsos, lenguaje y privile- mía del lenguaje poético», y que en esa economía «el sujetogio patriarcal que puede utilizarse como una táctica de sub- unitario ya no puede hallar su lugar». Esta función poéticaversión más útil. es una función lingüística rechazante o divisoria que tiene La descripción de lo semiótico de Kristeva se inicia a tra- tendencia a fragmentar y multiplicar significados; manifies-vés de varios pasos problemáticos. Presupone que los im- ta la heterogeneidad de los impulsos a través de la multipli- pulsos tienen objetivos anteriores a su aparición en el len- cación y la destrucción de la significación unívoca. Así, la guaje, que éste permanentemente contiene o sublima esos exhortación hacia un conjunto de significados muy diferen-impulsos, y que éstos se revelan sólo en las expresiones lin- ciados o plurfvocos se manifiesta como la venganza de losgüísticas que desobedecen, por así decirlo, las exigencias impulsos contra el régimen de lo Simbólico que, al mismo unívocas de significación dentro del campo Simbólico. Asi- tiempo, se basa en su represión. Kristeva describe lo semió- mismo, afirma que la aparición de impulsos múltiples en el tico como la multitud de impulsos que se revela en el len- lenguaje es evidente en lo semiótico, ese campo de significa- guaje. Con su fuerza y heterogeneidad persistentes, estos im- do lingüístico que se diferencia de lo Simbólico, que es el pulsos alteran la función significativa. Así, en esta obra cuerpo materno manifiesto en el habla poética. define lo semiótico como «la función significante L.. ] co- Ya en LA révolution du langage poétique (1974), Kristeva nectada con la modalidad [del] procedimiento primario». aboga por una relación causal necesaria entre la heteroge- En los ensayos que conforman Desire in LAnguage neidad de los impulsos y las opciones plurívocas cid lengua- (1977), Kristeva asienta su definición de lo semiótico en tér- minos psicoanalíticos de manera más detallada. Los impul-
    • 178 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 179sos primarios que lo Simbólico reprime y 10 semiótico seña- gundo está por lo general reprimido por el primero, entonces,la oblicuamente se consideran ahora impulsos maternales, no según Kristeva, el lenguaje se concibe como un sistema en queúnicamente aquellos que son propios de la madre, sino los lo Simbólico continúa siendo hegemónico excepto cuando loque caracterizan la dependencia del cuerpo del bebé (de semiótico altera su procedimiento significante mediante lacualquier sexo) respecto de la madre. En definitiva, «el elipsis, la repetición, el simple sonido y la multiplicación delcuerpo materno» muestra una relación de continuidad más significado a través de imágenes y metáforas indefinidamenteque un sujeto ti objeto del deseo diferenciado; en realidad, significantes. En su modo Simbólico, el lenguaje se basa enmuestra esa jouissance que antecede al deseo y la dicotomía una disociación de la relación de dependencia materna, por losujeto/objeto que el deseo admite. Mientras que lo Simbóli- cual pasa a ser abstracto (abstraído de la materialidad del len-co se apoya en el repudio de la madre, lo semiótico, median- guaje) y unívoco; esto es más significativo en el razonamientote el ritmo, la asonancia, las entonaciones, el juego de soni- cuantitativo o puramente formal. En su modo semiótico, eldos y la repetición, interpreta o recupera el cuerpo materno lenguaje se implica en una recuperación poética del cuerpoen el habla poética. Incluso las «primeras ecolalias de los be- materno, esa materialidad difusa que se opone a toda signifi-bés» y las «glosolalias en el discurso psicótico» son muestras cación discreta y unívoca. Kristeva escribe:de la continuidad de la relación madre-bebé, un campo he-terogéneo de impulsos previo a la separación/individuación En todo lenguaje poético, no sólo, por ejemplo, las restric-del bebé y la madre, también realizada por la imposición del ciones rítmicas llegan a infringir algunas reglas gramaticales detabú del incesto." La separación de la madre y el bebé, reali- una lengua nacional L .. [; en textos recientes estas limitacioneszada por el tabú, se afirma lingüísticamente como la separa- semióticas (ritmo, timbres vocálicos entre los simbolistas, y ción de sonido y sentido. Como afirma Kristeva: «Un fone- también la disposición gráfica en la página) aparecen junto ama, como factor distintivo de significado, pertenece al elipsis sintácticas no recuperables; no se puede restituir la ca-lenguaje como lo Simbólico. Pero ese mismo fonema está in- tegoría sintáctica específica elidida (objeto o verbo), que per- volucrado en repeticiones rítmicas y de entonación; así, tien- mite decidir el significado del enunciado." de hacia la autonomía respecto del significado, de modo que se preserve en una disposición semiótica cerca del cuerpo Según Kristeva, esta imposibilidad de decidir es justa- del impulso instintivo». mente el instante instintivo en el lenguaje, su función altera- Kristeva define lo semiótico como algo que destruye o de- dora. Así, el lenguaje poético denota una disolución del su- teriora lo Simbólico; se afirma que es «anterior» al significado, jeto significante coherente en la continuidad primaria que es como cuando un niño empieza a pronunciar, o «posterior» al el cuerpo materno: significado, como cuando un psicótico ya no utiliza palabras para significar. Si lo Simbólico y lo semiótico se conciben El lenguaje como función Simbólica se forma a costa de como dos modalidades del lenguaje, y si se entiende que el se- reprimir el impulso instintivo y la relación permanente res-
    • ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 181180 EL GÉNERO EN DISPUTA pecto de la madre. Por el contrario, el sujeto impreciso y cues- con la psicosis. Aunque Kristeva admite que el lenguaje tionable del lenguaje poético (para el que la palabra nunca es poético se mantiene culturalmente mediante su interven- únicamente signo) se preserva a costa de reactivar ese compo- ción en lo Simbólico y, por consiguiente, en las reglas de la nente materno instintivo reprimido," comunicabilidad lingüística, no reconoce que la homose- xualidad sea capaz de la misma expresión social no psicóti- Las alusiones de Kristeva al «sujeto» del lenguaje poéti- ca. La clave de la idea que Kristeva tiene de la naturalezaco no son del todo apropiadas, puesto que el lenguaje poéti- psicótica de la homosexualidad debe entenderse, en mi opi-ca deteriora y destruye al sujeto, al que se considera un ser nión, en su aceptación de la hipótesis estructuralista de quehablante que interviene en lo Simbólico. Siguiendo a Lacan, la heterosexualidad es coextensa con la fundación de loafirma que la prohibición de la unión incestuosa con la ma- Simbólico. Así, para Kristeva la investidura del deseo ho-dre es la ley que crea al sujeto, la cual interrumpe o corta la mosexual únicamente puede conseguirse mediante despla-relación continua de dependencia materna. Al construir al zamientos que están castigados dentro de lo Simbólico,sujeto, la ley prohibitiva crea el dominio de lo Simbólico o el como el lenguaje poético o el acto de dar a luz:lenguaje como un sistema de signos unívocamente signifi-cantes. De ahí Kristeva deduce que «el lenguaje poético se- Al dar a luz, la mujer contacta con su madre; se conviertería, para su dudoso sujeto-en-proceso, el equivalente del in- en su propia madre y lo es; son la misma continuidad que secesto»." La ruptura del lenguaje Simbólico contra su propia diferencia. Así muestra la faceta homosexual de la materni-ley fundadora o, lo que es lo mismo, el nacimiento de la rup- dad, a través de la cual una mujer está a la vez más próxima atura en el lenguaje desde dentro de sus propios instintos su memoria instintiva, más abierta a su psicosis y, por tanto, más negadora del vínculo social, simbólico."interiores no es sólo el surgimiento de la heterogeneidad li-bidinal en el lenguaje: también es el estado somático de de-pendencia del cuerpo materno previo a la individuación del Para Kristeva, el acto de dar a luz no consigue recuperaryo. De esta manera, el lenguaje poético siempre implica un la relación continua previa a la individuación porque elretomo al terreno materno, donde lo materno designa tanto bebé obligatoriamente padece la prohibición del incesto yla dependencia libidinal como la heterogeneidad de los im- es alejado como una identidad separada. En el caso de la se-pulsos. paración entre la madre y la niña, la consecuencia es melan- En «Motherhood According to Bellini», Kristeva dice colía para ambas, pues la separación nunca es total.que, como el cuerpo materno implica perder una identidad A diferencia de la tristeza o el duelo ---en que la separa-diferenciada y coherente, el lenguaje poético se aproxima a ción se acepta y la libido relacionada con el objeto originalla psicosis. Y en el caso de las expresiones semióticas de una consigue desplazarse a un objeto sustituto nuevo-, la me-mujer en el lenguaje, el retomo a lo materno implica una ho- lancolía revela la falta de aflicción en la que la pérdida sen-mosexualidad prediscursiva que Kristeva también relaciona cillamente se ínrerioríza y, en ese sentido, se niega. En vez de
    • 182 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 183mantener un vínculo negativo con el cuerpo, el cuerpo ma-terno se asimila como una negación, de forma que la identi- ción cultural rival, sino más bien reforzar aquellas experien-dad de la niña se transforma en una suerte de pérdida, una cias de lo Simbólico que posibilitan una revelación de los lí-privación o carencia característica. mites que lo alejan de lo semiótico, De la misma forma que el Así, la aparente psicosis de la homosexualidad estriba en parto es una investidura de impulsos instintivos con el objeti-su ruptura total con la ley paterna y con el arraigarse del vo de una teleología social, la producción poética se conside-«yo» de la mujer, por más débil que éste sea, en la respuesta ra el lugar en que la ruptura entre el instinto y la representa-melancólica a la separación del cuerpo materno. Por consi- ción se produce en una forma culturalmente comunicable:guiente, para Kristeva, la homosexualidad femenina es el na-cimiento de la psicosis en la cultura: El hablante llega a este límite, a esta exigencia de sociali- dad, sólo a través de una práctica discursivaconcreta denomi- La faceta homosexual-materna es un remolino de pala- nada "arte". Una mujer llega a este límite también (yen nues- bras, una ausencia total de significado y visión; es sensación, tra sociedad, principalmente) mediante la extraña forma de desplazamiento, ritmo, sonido, resplandor y el aferramiento una simbolizacióndividida (el umbral del lenguajey el impul- fantaseado al cuerpo materno como una pantalla contra el so instintivo, de lo "simbólico" y lo "semiótico") en la cual es- triba el acto de dar a luz.u hundimiento [... ] para la mujer, un paraíso perdido pero su- puestamente cercano.10 Así, para Kristeva,la poesía y la maternidad constituyen No obstante, para las mujeres esta homosexualidad se prácticas privilegiadas que tienen lugar dentro de la culturarevela en el lenguaje poético que, en verdad, se transforma paternamente castigada, las cuales posibilitan una experien-en la única forma de lo semiótico, además del parto, el cual cia no psicótica de esa heterogeneidad y dependencia pro-puede quedarse dentro de los límites de lo Simbólico. Por pias del ámbito materno. Estos actos de poesis muestran unatanto, según Kristeva, la homosexualidad declarada no pue- heterogeneidad instintiva que posteriormente revela la basede ser una actividad culturalmente sostenible, pues implica- reprimida de lo Simbólico, se enfrenta al dominio del signi-ría una ruptura sin mediación del tabú del incesto. ¿Y por ficante unívoco y propaga la autonomía del sujeto que mues-qué es así? tra como su base necesaria. La heterogeneidad de los impul- Kristeva admite la hipótesis de que la cultura equivale a lo sos interviene culturalrnente como una táctica subversiva deSimbólico, que éste se encuentra completamente incluido desplazamiento que sustituye la hegemonía de la ley paternabajo la «Ley del Padre», y que las únicas formas de actividad al soltar la multiplicidad reprimida, interna en el lenguaje enno psicótica son las que intervienen hasta cierto punto en lo sí. Precisamente porque esa heterogeneidad instintiva debeSimbólico. Así, su labor estratégica no es reemplazar lo Sim- ser re-presentada en la ley paterna y a través de ella, no pue-bólico por lo semiótico ni designar lo semiótico como una op- de enfrentarse completamente al tabú del incesto, sino que debe quedarse dentro de las regiones más frágiles de lo Sim-
    • ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 185184 EL GÉNERO EN DISPUTA Para Kristeva, la investidura sin mediación del deseo ho-bólico. Obedientes pues a las exigencias sintácticas, las prác- mosexual femenino conduce de forma inequívoca a la psi-ticas poéticas-maternas para desplazar la ley paterna siem- cosis. Por consiguiente, sólo se puede saciar este impulso apre están tenuemente unidas a esa ley. Por consiguiente, es través de una serie de desplazamientos: la incorporación deimposible negar totalmente lo Simbólico y, para Kristeva, un la identidad materna ---es decir, al convertirse una misma endiscurso de «emancipación» es imposible. En el mejor de los madre--- o a través del lenguaje poético, que revela de formacasos, los desplazamientos y subversiones tácticas de la ley sesgada la heterogeneidad de los impulsos propios de la de-desafían la hipótesis de que se funda en sí misma. Pero, una pendencia materna. Puesto que se trata de los únicos. d~­vez más, Kristeva no pone en tela de juicio la hipótesis es- plazamientos socialmente castigados y, por tanto, no psrcon-trueturalista de que la ley paterna prohibitiva es fundacional cos para el deseo homosexual, tanto la maternidad como lapara la cultura misma. Así pues, la subversión de la cultura poesía se convierten en experiencias melancólicas para laspatemamente castigada no puede proceder de otra versión mujeres que están adecuadamente aculturadas en la hetero-de la cultura, sino únicamente desde el interior reprimido de sexualidad. La poeta-madre heterosexual padece permanen-la cultura en sí, de la heterogeneidad de los impulsos que temente por el desplazamiento de la investidura homose-conforma el fundamento oculto de la cultura. xual. Sin embargo, para Kristeva, la consumación de este Esta relación entre impulsos heterogéneos y la ley pater- deseo conduciría al desenredo psicótico de la identidad; lana genera una concepción muy problemática de la psicosis. hipótesis es que, para las mujeres, la heterosexualidad yPor un lado, muestra la homosexualidad femenina como una la concepción coherente del yo están indisolublemente rela-práctica culturalmente ininteligible, inherentemente psicóti- cionadas.ca; por otro, impone la maternidad como una defensa obli- ¿Cómo podemos explicar la constitución de la experien-gatoria contra el caos de la libido. Aunque Kristeva no ad- cia lesbiana como el lugar de una pérdida irrecuperable delmite explícitamente ninguna de las dos, ambas implicaciones yo? Kristeva admite que la heterosexualidad es la exigenciason consecuencia de sus opiniones sobre la ley, el lenguaje y previa para el parentesco y la cultura. Por tanto, reconoce lalos impulsos. Téngase en cuenta que para Kristeva el lengua- experiencia lesbiana como la alternativa psicótica a la acep-je poético rompe el tabú del incesto y, como tal, siempre raya tación de leyes paternamente sancionadas. Pero ¿por qué elen la psicosis. Como un retomo al cuerpo materno y una de- lesbianismo se construye como psicosis? ¿Desde qué pers- sindividuación concomitante del yo, el lenguaje poético se pectiva cultural el lesbianismo se conforma como un lugar convierte en un lenguaje amenazante cuando es enunciado de fusión, pérdida del yo y psicosis? por las mujeres. Lo poético entonces no sólo rechaza el tabú Al proyectar a la lesbiana como «Otra» respecto ~e la del incesto, sino también el de la homosexualidad. Por tan- cultura y determinar el habla lesbiana co~o el «remo~o­ to, para las mujeres, el lenguaje poético es una dependencia de-palabras» psicóticc, Kristeva caractenza la sexualidad materna desplazada y, puesto que esa dependencia es libidi- lesbiana como algo intrínsecamente ininteligible. La supre- nal, también una homosexualidad desplazada.
    • 186 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 187 sión y la reducción tácticas de la experiencia lesbiana lleva- sancionada que no admite su propio miedo a perder esa san- da a cabo en nombre de la ley sitúan a Kristeva dentro de la ción. Su reificación de la ley paterna no sólo rechaza la ho- esfera del privilegio paterno-heterosexual. La ley paterna mosexualidad femenina, sino también los distintos significa- que la resguarda de esta incoherencia radical es exactamen- dos y posibilidades de la maternidad como práctica cultural.te el mecanismo que produce la construcción del lesbienis- Pero la subversión cultural no interesa realmente a Kristeva,roo como un lugar de irracionalidad. Resulta revelador que porque cuando aparece, la subversión lo hace desde debajoesta descripción de la experiencia lesbiana se realice desde de la superficie de la cultura sólo para regresar allí inevita-fuera, y que hable más sobre las fantasías que genera una blemente. Si bien lo semiótico es una posibilidad del len-cultura heterosexual temerosa para protegerse de sus pro- guaje que evita la ley paterna, ineludiblemente se quedapias posibilidades homosexuales que sobre la experiencia dentro o, de hecho, debajo del territorio de esa ley. Por con-lesbiana en sí. siguiente, el lenguaje poético y los placeres de la maternidad Al sostener que el lesbianismo implica una pérdida del son desplazamientos locales de la ley paterna, subversionesyo, Kristeva parece afirmar una verdad psicoanalítica sobre temporales que al final obedecen a 10 mismo contra lo quela represión necesaria para la individuación. El miedo de tal en un principio se habían rebelado. Al desplazar la fuente de«regresión» a la homosexualidad es, entonces, un miedo de la subversión y situarla en un lugar que está fuera de la cul-perder completamente el castigo y el privilegio culturales. Si tura en sí, Kristeva parece excluir la opción de la subversiónbien Kristeva afirma que esta pérdida señala un lugar ante- como una práctica cultural efectiva o realizable. El placerrior a la cultura, no hay ningún motivo para no considerarla más allá de la ley paterna puede imaginarse sólo junto con suuna forma cultural nueva o no aceptada. En otras palabras, imposibilidad inevitable.Kristeva prefiere describir la experiencia lesbiana como un La teoría de Kristeva sobre la subversión obstruida seestado regresivo de la libido anterior a la aculturación en sí, basa en su visión problemática de la relación entre los im-que admitir el reto que propone el lesbianismo a su visión li- pulsos, el lenguaje y la ley. Su demanda de una multiplicidadmitada de las leyes culturales patemamente sancionadas. subversiva de impulsos origina numerosas preguntas episte-¿Es el miedo codificado en la construcción de la lesbiana mológicas y políticas. En primer lugar, si estos impulsos secomo psicótica consecuencia de una represión necesaria revelan sólo en el lenguaje o en formas culturales ya estable-para el desarrollo o, más bien, es el miedo de perder la legi- cidas como Simbólicas, entonces ¿cómo podemos verificartimidad cultural y, por consiguiente, de ser despedida no ha- su situación ontológica anterior a lo Simbólico? Kristevacia afuera o antes de la cultura, sino fuera de la legitimidad afirma que el lenguaje poético nos permite acceder a esoscultural, aún dentro de la cultura pero culturalmente «fuera impulsos en su multiplicidad fundamental, pero esta res-de la ley»? puesta no es del todo apropiada. Teniendo en cuenta que se Kristeva define tanto el cuerpo materno como la expe- afirma que el lenguaje poético depende de la existencia pre-riencia lesbiana desde una posición de heterosexualidad via de estos impulsos múltiples, no podemos probar la exis-
    • 188 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 189tencia atribuida de esos impulsos aludiendo allenguaje poé-tico. Si los impulsos primero deben ser reprimidos para que Compulsión material, espasmo de una memoria que esexista el lenguaje, y si podemos asignar un significado sola- propia de la especie que se une o se divide para perpetuarse, series de marcas con ningún otro significado que el eterno re-mente a lo que puede representarse en el lenguaje, entonces tomo del ciclo biológicovida-muerte. ¿Cómo se puede verba-no se puede asignar un significado a los impulsos antes de lizar esta memoria prelingüística irrepresentable? El flujo deque aparezcan en el lenguaje. De la misma forma, asignar a Heráclito, los átomos de Epicuro, el remolino de polvo de loslos impulsos una causalidad que posibilite su transforma- místicoscabalistas, árabes e indios, y los dibujos punteados deción en lenguaje y mediante la cual se explique el lenguaje los psícodélicos: todos ellos parecen metáforas mejores que laen sí no puede realizarse razonablemente dentro de los lími- teoría del Ser,ellogos y sus leyes."tes del mismo lenguaje. Es decir, concebimos estos impulsoscomo «causas» sólo en sus efectos y a través de ellos y, como Aquí el cuerpo materno reprimido no es únicamente eltales, no hay ningún motivo para que no identifiquemos los sitio de múltiples impulsos, sino también el portador de unaimpulsos con sus efectos. De ahí se explica que: a) los im- teleología biológica que, al parecer, se manifiesta en las pri-pulsos y sus representaciones sean coextensos, o b) las re- meras fases de la filosofía occidental, en las creencias y prác-presentaciones existan antes que los impulsos mismos. ticas religiosas no occidentales, en las representacíones estéti- Considero que es importante tener en cuenta la segunda cas provocadas por estados psicóticos --() casi psicóticos-afirmación, porque ¿cómo sabemos que el objeto instintivo e incluso en prácticas artísticas de vanguardia. Pero ¿pordel discurso de Kristeva no es una construcción del discur- qué debemos presuponer que estas diferentes expresionesso mismo? ¿Qué bases tenemos para plantear este objeto, culturales revelan el mismo principio de heterogeneidad ma-este campo múltiple, como algo anterior a la significación? terna? Kristeva simplemente supedita cada uno de estos mo-Si el lenguaje poético debe intervenir en lo Simbólico para mentos culturales al mismo principio. Por tanto, lo semióti-que sea culturaImente comunicable, y si los propios textos co representa todo intento cultural por desplazar al logosteóricos de Krísteva son representativos de lo Simbólico, en- (que, sorprendentemente, ella contrapone al flujo de Herá-tonces ¿dónde podemos encontrar un «fuera» convincente clito), donde éste representa el significante unívoco, la ley derespecto de este campo? Su demanda de una multiplicidad la identidad. Su oposición entre lo semiótico y lo Simbólicocorpórea prediscursiva se vuelve mucho más problemáticacuando nos damos cuenta de que los impulsos maternales se limita aquí a una querella metafísica entre el principio deforman parte de un «destino biológico» y son de por sí ma- multiplicidad que evita la acusación de no contradicción ynifestacíones de «una causalidad no simbólica, no paterna»." un principio de identidad fundado en la eliminación de esaSegún Kristeva, esta causalidad presimbólica, no paterna, es multiplicidad. Curiosamente, ese mismo principio de multi-una causalidad semiótica materna o, más concretamente, plicidad que Krísteva alega funciona de manera muy seme-una concepción teleológíca de los instintos maternales: jante al principio de identidad. Adviértase la forma en que todo tipo de cosas «primitivas» y «orientales» se supeditan
    • ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 191190 EL GÉNERO EN DISPUTA gua que crea una realidad metafísica que se sucede eterna-de manera sumaria al principio del cuerpo materno. Segura- mente. Aquí ella reifica la maternidad y luego fomenta estamente, su descripción no sólo confirma la acusación de reificación como la capacidad alteradora de lo semiótico.orientalismo, sino que formula la importante pregunta de si, Como consecuencia, la ley paterna, entendida como la baseirónicamente, la multiplicidad se ha transformado en un sig- de la significación unívoca, es sustituida por un significantenificante unívoco. igualmente unívoco: el principio del cuerpo materno que Su adscripción de un objetivo teleológico a los impulsos permanece idéntico a sí mismo en su teleología con inde-maternales antes de constituirse en el lenguaje o la cultura pendencia de sus «múltiples» manifestaciones.suscita numerosas preguntas sobre el programa político de En la medida en que Kristeva considera este instinto ma-Kristeva. Si bien reconoce una capacidad subversiva y per- ternal como una condición ontológica previa a la ley pater-turbadora en las expresiones semióticas que se enfrentan a la na, deja de considerar la forma en que esa misma ley bienhegemonía de la ley paterna, no adara en qué radica exacta- puede ser la causa del mismo deseo que presuntamente re-mente esta subversión. Si la ley se asienta en una base consti- prime. Más que la expresión de una causalidad prepaterna,tuida, debajo de la cual se oculta el terreno materno reprimi- estos deseos pueden confirmar la maternidad como unado, ¿qué posibilidades culturales específicas se manifiestan práctica social necesaria y resumida por los requisitos deldesde el punto de vista de la cultura en virtud de esta revela- parentesco. Kristeva admite el análisis de Lévi-Strauss delción? Presuntamente, la multiplicidad relacionada con la intercambio de mujeres como requisito para reforzar los la-economía libidinal materna posee la fuerza necesaria para zos de parentesco. No obstante, ella piensa que este inter-dispersar la univocidad del significante paterno y, supuesta- cambio es el momento cultural en que el cuerpo materno esmente, para posibilitar otras expresiones culturales ya no es- reprimido, y no un mecanismo para la construcción culturaltrechamente oprimidas por la ley de la no contradicción. obligatoria del cuerpo femenino en tanto c~erpo mat~mo.Pero ¿será este acto perturbador el inicio de un campo de En realidad, podemos comprender que el intercambio ~esignificaciones, o es la expresión de un arcaísmo biológico mujeres obligue a que sus cuerpos se reproduzcan. Segúnque actúa de acuerdo con una causalidad natural y «prepa- la interpretación de Lévi-Strauss que hace Gayle Rubín, eltema»? Si Kristeva aceptara lo primero (que no lo acepta), parentesco efectúa un «esculpir I... ] la sexualidad», de entonces mostraría interés por un desplazamiento de la ley modo que el deseo de dar a luz es producto de prácticas so- paterna en favor de un campo donde se multiplican las op- ciales que exigen y generan esos deseos para llevar a cabo ciones culturales. Contrariamente, ella propone regresar a un sus fines repro ductivos." ucnvos. principio de heterogeneidad materna que acaba siendo un ¿Sobre qué bases puede entonces Kristeva atribui~ ~a concepto cerrado y, en realidad, una heterogeneidad limita- teleología materna al cuerpo femenino, previa a su apancion da por una teleología tanto unilineal como unívoca. en la cultura? Formular la pregunta de esta forma ya es po- Kristeva considera que el deseo de dar a luz es un deseo ner en duda la división entre lo Simbólico y lo semiótico, de la especie, se basa en un impulso libidinal femenino anti-
    • 192 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 193 que es la premisa de su concepción del cuerpo materno. Kristeva considera que el cuerpo materno en su significa- salidad se formula como un principio de pura generatividad. ción original es previo a la significación misma; por consi- En realidad, para Kristeva equivale a la poesís misma, la acti- guiente, dentro de este marco no se puede afirmar que lo vidad de creación que en El banquete de Platón se presenta materno en sí es significación, abierta a la diversidad cultu- como un acto conjunto de concepción poética y alumbra- ral. Sus argumentos aclaran que los instintos maternales miento." Pero ¿es la generatividad femenina realmente una conforman los procedimientos primarios que el lenguaje causa sin causa, y es quizá la que da comienzo a la narración permanentemente contiene o sublima. Pero quizá su argu- que coloca a toda la humanidad bajo la fuerza ~el tabú del mentación podría replantearse dentro de un marco aún más incesto y dentro de1lenguaje? ¿Significa la causalidad. prep~­ amplio: ¿qué configuración cultural del lenguaje, o incluso tema de la que habla Kristeva una economía femenina pn- del discurso, crea el tropo de una multiplicidad prediscursi- maria de placer y significado? ¿Podernos interc~biar ~ ?r- va de la libido, y con qué finalidad? den de esta causalidad y pensar que esta econorrua senuouca Al limitar la ley paterna a una función prohibitiva o re- es la producción de un discurso anterior? presiva, Kristeva no da cuenta de los mecanismos paternos por los que se crea la afectividad misma. La ley que presun- En el último capítulo del primer tomo de La historia de tamente reprime lo semiótico bien puede ser el principio lasexualidad, Foucault nos advierte del peligro de usar la ca- que rige lo semiótico en sí, con la conclusión de que lo que tegoría del sexo como «unidad ficticia L .. y] princ~pi~ cau- se cree que es «instinto materno» bien puede ser un deseo sal» y afirma que la categoría ficticia del sexo permrte inver- culturalmente construido interpretado mediante un vocabu- tir las relaciones causales de modo que se piense que ellario naturalista. Y si ese deseo está elaborado de acuerdo «sexo» genera la estructura y el significado del deseo: con una ley de parentesco que exige la producción y la re-producción heterosexuales del deseo, entonces el vocabula- La noción de «sexo» permitió incluir en una unidad arti-rio de afecto naturalista oculta esa «ley paterna». Lo que ficial partes anatómicas, funciones biológicas, com.port~ien­para Kristeva es una causalidad prepatema se presentaría tos sensaciones y placeres, y permitió el funcionamientoentonces como una causalidad paterna con la apariencia de corno principio causalde esa misma unidad ficticia [... [; perootra natural o nítidamente materna. también como sentido omnipresente [. .. J: así pues, el sexo pudo funcionar como significante único y como significado Resulta revelador que la figuración del cuerpo materno y universal. lbla teleología de sus instintos como un principio metafísicopersistente e idéntico a sí mismo -un arcaísmo de una cons- Según Foucault, el cuerpo no es «sexuado» en algúntitución biológica colectiva con especificidad sexual- se sentido significativo previo a su designación dent~o de unfunde en una concepción unívoca del sexo femenino. Y este discurso a través del cual queda investido con una «Idea» desexo, entendido simultáneamente como origen y como cau- sexo natural o esencial. El cuerpo adquiere significado den-
    • 194 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 195tea del discurso sólo en el contexto de las relaciones de po- nal materna, pues ésta se concibe más bien como una reifi-der. La sexualidad es una organización históricamente con- cación que amplía y encubre la institución de la maternidadcreta de poder, discurso, cuerpos y afectividad. Como tal, como obligatoria para las mujeres. En verdad, cuando los de-Foucault piensa que la sexualidad genera el «sexo» como un seos que preservan la institución de la maternidad sereexa-concepto artificial que de hecho amplía y disimula las rela- minan como impulsos prepaternos y preculturales, la institu-ciones de poder que son responsables de su génesis. ción se legitima perpetuamente en las estructuras invariantes El marco focaultiano ofrece una forma de solventar al- del cuerpo femenino. En realidad, la ley -evidentementegunos de los inconvenientes políticos y epistemológicos que paterna- que castiga el cuerpo femenino y exige que se lopresenta el concepto de Kristeva del cuerpo femenino. Po- caracterice sobre todo por su función reproductiva se cir-demos considerar la afirmación de Kristeva de una «causali- cunscribe en ese cuerpo como la ley de su necesidad natural.dad prepatema» como fundamentalmente invertida. Mien- Al preservar esa ley de una maternidad biológicamente ne-tras que Kristeva presenta un cuerpo materno anterior al cesitada como una intervención subversiva que es anterior a discurso que impone su propia fuerza causal en la estructu- la ley paterna en sí, Kristeva contribuye a la producción sis- ra de los impulsos, Foucault sin duda alegaría que la pro- temática de su invisibilidad y, por tanto, a la ilusión de su ducción discursiva del cuerpo materno como prediscursivo inevitabilidad.es una estrategia de la autoamplificación y el encubrimiento Puesto que Kristeva se ciñe a una concepción exclusiva-de las relaciones de poder concretas por medio de las cuales mente prohibitiva de la ley paterna, no se percata de las for-se crea el tropo del cuerpo materno. En estos términos, el mas en que esta ley crea ciertos deseos bajo la apariencia decuerpo materno ya no sería la base oculta de toda significa- impulsos naturales. El cuerpo femenino que ella intenta ex-ción, la causa tácita de toda cultura, sino un efecto o una plicar es en sí una construcción creada por la misma ley queconsecuencia de un sistema de sexualidad en el que se exige supuestamente debe socavar. Estas críticas a la concepciónque el cuerpo femenino acepte la maternidad como la esen- de la ley paterna de Kristeva no desautorizan en absoluto sucia de su yo y la ley de su deseo. planteamiento general de que la cultura o lo Simbólico se Si admitimos el marco de Foucault, deberemos redefmir fundan en un rechezo de los cuerpos de las mujeres. No obs-la economía libidinal materna como el resultado de una or- tante, considero que cualquier teoría que afirme que la signi-ganización históricamente específica de la sexualidad. Asi- ficación se basa en el rechazo o la represión de un principiomismo, el discurso de la sexualidad, influido por las relacio- femenino debería tener en cuenta si ese carácter femeninones de poder, se transforma en la verdadera base del tropo realmente es externo a las reglas culturales por las cuales esdel cuerpo materno prediscursivo. El planteamiento de reprimido. Es decir, en mi opinión, la represión de lo feme-Kristeva se invierte completamente: lo Simbólico y lo semió- nino no exige que la acción y el objeto de represión sean on-tico ya no son aquellas dimensiones del lenguaje que son tológicamente diferentes. En realidad, puede considerar-producto de la represión o expresión de la economía libidi- se que la represión crea el objeto que va a rechazar. Este
    • 196 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 197 producto también puede ser consecuencia de la acción mis- obstante, cuando analizamos los pasajes en que Foucault cri- ma de la represión. Como sostiene Foucault, la acción cul- tica las categorías de sexo y el régimen de poder de la se- tu~almente contradictoria del mecanismo de represión es, al xualidad, nos percatamos de que su propia teoría propone mismo tiempo, prohibitiva y generativa, y agrava la proble- un ideal emancipador no reconocido que cada vez es más di- mática de la «emancipación». El cuerpo femenino que se fícil de mantener incluso dentro de los límites de su propio desprende de las cadenas de la ley paterna podría ser otra sistema crítico. encamación de esa ley, que se presenta como subversiva La teoría de la sexualidad de Foucault, expuesta en el pero que está supeditada a la autoamplíficación y la repro- primer tomo de Historia de la sexualidad, se contradice en ducción de esa ley. Para escapar de la emancipación del ciertos elementos en la introducción (breve pero reveladora) opresor en nombre del oprimido, es preciso reconocer la a los diarios de Herculine Barbin, un/a hermafrodita fran- complejidad y la sutileza de la ley y desprendemos de la ilu- céslesal del siglo XIX, publicados por el propio Foucault. Alsión de un cuerpo verdadero más allá de la ley. Si la subver- nacer, a Herculine se le asignó el sexo «femenino». A los 20sión es posible, se efectuará desde dentro de los términos de años, tras varias confesiones a doctores y sacerdotes, la obli-la ley, mediante las opciones que aparecen cuando la ley se garon a cambiar legalmente su sexo a «masculino». Los dia-vuelve contra sí misma y produce permutaciones inespera- rios que Foucault afirma haber encontrado aparecen en estadas de sí misma. Entonces, el cuerpo culturalmente cons- recopilación, junto con los documentos médicos y legalestruido se emancipará, no hacia su pasado «natural» ni sus que examinan las razones que determinaron la elección deplaceres originales, sino hacia un futuro abierto de posibili- su sexo «verdadero». También hay un cuento satírico del es-dades culturales. critor alemán Osear Panizza. Foucault escribió una intro- ducción para la versión en inglés, y en ella se pregunta si es necesaria la noción de un sexo verdadero. Al principio, estaFOUCAULT, HERCULINE y LA POLÍTICA pregunta parece tener una continuidad con la genealogíaDE DISCONTINUIDAD SEXUAL crítica de la categoría de «sexo» que incluye al fmal de su primer tomo de Historia de la sexualidad." Pero los diarios y La crítica genealógica de Foucault ha ofrecido una for- su introducción permiten equiparar la interpretación quema de criticar las teorías lacanianas y neolacanianas que ex- Foucault hace de Herculine con la teoría de la sexualidadponen las formas culturalmente marginales de la sexualidad que incluye en el primer tomo de Historia de la sexualidad.como si fueran culturalmente ininteligibles. Al escribir en Si bien en este libro afirma que la sexualidad es coextensatérminos de una desilusión respecto de la noción de un Eros con el poder, no admite las relaciones de poder específicasliberador, Foucault concibe la sexualidad como colmada de que generan y condenan la sexualidad de Herculine. En rea-poder y propone un punto de vista crítico de las teorías que lidad, parece romantizar su mundo de placeres como el «fe-proclaman una sexualidad anterior o posterior a la ley. No liz limbo de una no identidad» [pág. xiii], un mundo que va
    • 198 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 199más allá de las categorías del sexo y de la identidad. La rea- sexo (concebido como una energía fuerte pero obstruidaparición de un discurso sobre la diferencia sexual y las cate- que espera el desahogo o una autoexpresión auténtica). Uti-gorías del sexo dentro de los escritos autobiográficos de lizar este modelo jurídico no sólo implica que la relación en-Herculine conducirán a una lectura que difiere de la con- tre poder y sexualidad es ontológicamente clara, sino que elcepción romantizada y al repudio de este texto por parte de primero funciona siempre y únicamente para subyugar o li-Foucault. bertar a un sexo que principalmente está intacto, es autosu- En el primer tomo de Historia de la sexualidad, Foucault ficiente y es diferente del poder en sí. Cuando el «sexo» secomenta lo siguiente sobre la construcción unívoca de esencializa de esa forma, se vuelve ontológicamente inmune«sexo» (una persona es su sexo y, por lo tanto, no el otro): a las relaciones de poder y a su propia historicidad. Comoa) se genera en interés de la reglamentación y el control so- consecuencia, el análisis de la sexualidad se acaba en el delciales de la sexualidad, y b) esconde y unifica de forma arti- «sexo», y esta causalidad intercambiada y falsificadora noficial varias funciones sexuales diferentes y no relacionadas, permite investigar la producción histórica de la categoría depara posteriormente presentarse dentro del discurso como «sexo» en sí. Para Foucault, el «sexo» no sólo debe recon-una causa, una esencia interior que crea y a la vez hace inte- textualizarse dentro de los términos de la sexualidad, sinoligible todo tipo de sensación, placer y deseo como caracte- que el poder jurídico debe replantearse como una construc-rísticos de cada sexo. En definitiva, los placeres corporales ción efectuada por un poder generativo que, al mismo tiem-no son causahnente reductibles a esta esencia presuntamen- po, esconde el mecanismo de su propia productividad:te característica de cada sexo, sino que se pueden interpre-tar fácilmente como manifestaciones o signos de este La noción de sexo permitió un vuelco fundamental; per-«sexo»." mitió sustituir la representación de las relaciones de poder por la sexualidad, y hacer que ésta se manifieste no en su relación En oposición a esta falsa construcción del «sexo» como esencial y positiva con el poder, sino como sujeta a una instan-unívoco y causal, Foucault inicia un discurso contrario que cia concreta e irreducible que el poder intenta someter comoconcibe el «sexo» como un efecto en vez de un origen. En puede [pág. 187].lugar del «sexo» como la causa continua y original y la signi-ficación de los placeres corporales, presenta la «sexualidad» En Historia de la sexualidad, Foucault expresa claramen-como un sistema histórico abierto y complejo de discurso y te una postura contraria a los modelos de emancipación o li-poder que genera el término equivocado de «sexo» como beración de la sexualidad porque refuerzan un modelo jurí-parte de una táctica para esconder y, por lo tanto, mantener dico que no admite la producción histórica del «sexo» comolas relaciones de poder. El poder se mantiene y se esconde una categoría, o sea, como un «efecto» mistificado de las re-estableciendo, por ejemplo, una relación externa o arbitraria laciones de poder. Su supuesto problema con el feminismoentre poder (concebido como represión o dominación) y también parece manifestarse aquí: cuando el análisis femi-
    • 200 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 201 rusta parte de la categoría de sexo y por tanto, según él, de la mundo sexual donde habita Herculine, los placeres corpo- r~stricción binaria del género, Foucault piensa que su pro- rales no implican inmediatamente el «sexo» como su causa pIO proyecto es una indagación de cómo se crean la catego- primaria y significado último; es un mundo, afirma, en el ría de «sexo» y la diferencia sexual dentro del discurso que «flotaban, en el aire, sonrisas sin dueño» [pág. 17]. En como aspectos necesarios para la identidad corporal. Para realidad, son placeres que van más allá de la reglamentación Foucault, el modelo jurídico de la ley que articula el modelo impuesta sobre ellos, y aquí observamos la indulgencia sen- emancipador feminista reconoce que el sujeto de la emanci- timental de Foucault con el mismo discurso liberador quepación, «el cuerpo sexuado» en cierto modo, no requiere debía sustituir su análisis de Historia de la sexualidad. Deuna deconstrucción crítica. Como comenta Foucault acerca acuerdo con este modelo de política sexual emancipadorade algunos intentos humanistas de reforma carcelaria, el su- foucaultiano, la destrucción del «sexo» termina en el desa-jeto criminal que llega a liberarse puede sentir que las cade- hogo de una multiplicidad sexual primaria; esta noción nonas son todavía más fuertes de lo que el humanista había se aleja mucho de la demanda psicoanalítica del polimorfis-creído en un principio. Estar sexuado significa, para Fou- mo primario o de la idea de Marcuse de un Eros bisexual cault, estar expuesto a un conjunto de reglas sociales y sos- original y creativo, posteriormente reprimido por una cultu- tener que la ley que impone esas reglas es tanto el principio ra instrumentalista. formativo del sexo, el género, los placeres y los deseos, como el principio hermenéutico de la autointerpretación. Así pues, La gran diferencia entre la postura de Foucault en el pri- la categoría de sexo es inevitablemente reglamentadora, y mer tomo de Historia de la sexualidad y su introducción a cualquier análisis que presuponga esa categoría afianza y le- Herculine Barbin se presenta ya como una tensión no solven- gmma todavía más esa táctica reglamentadora como un sis- tada dentro del mismo primer tomo (allí alude a los placeres tema de poder/conocimiento. «bucólicos» e «inocentes» del intercambio sexual intergene- Al publicar los diarios de Herculine Barbin, Foucault racional que es anterior a la imposición de diferentes tácticaspretende explicar cómo un cuerpo hermafrodita o interse- reguladoras). Por un lado, Foucault quiere aclarar que noxuado implícitamente muestra e impugna las tácticas regu- hay «sexo» en sí que no esté provocado por complejas inte-ladoras de la categorización sexual. Al considerar que el racciones de discurso y poder; con todo, al parecer sí que hay«sexo» vincula los significados y las funciones corporales una «multiplicidad de placeres» en sí que no es el resultadoque no mantienen una relación necesaria entre sí anuncia de ningún intercambio concreto de discurso/poder. Es decir,que la desaparición del «sexo» termina dispersando estos di- Foucault recurre a un tropo de multiplicidad libidinal pre-ferentes significados, funciones, órganos, procedimientos discursiva que admite una sexualidad «antes de la ley»; ensomáticos y fisiológicos, así como la multiplicación de place- realidad, una sexualidad que quiere liberarse de las cadenasres fuera del ámbito de inteligibilidad dictado por sexos uní- del «sexo». Por otro lado, Foucault oficialmente reitera quevocos dentro de una relación binaria. Para Foucault , en el la sexualidad y el poder son coextensos y que no hay que
    • 202 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 203 creer que diciendo sí al sexo se dice no al poder En su mo- Herculine relata de forma elíptica sus relaciones con las dalidad antijurídica y antiemancipadora, el Foucault «ofi- compañeras del colegio, las monjas del convento y, finalmen- cial» piensa que la sexualidad siempre está dentro de las ma- te, su relación más apasionada con Sara, que más tarde se trices del poder, que siempre se crea o se construye dentro de convertirá en su amante. Empujada primero por la culpa y prácticas históricas concretas, tanto discursivas como institu- luego por alguna molestia genital no detallada, Herculine le cionales, y que apelar a una sexualidad antes de la ley es una cuenta su secreto a un médico y después a un sacerdote, con- idea engañosa y cómplice de la política sexual liberadora. fesiones que efectivamente la obligan a alejarse de Sara. Las Los diarios de Herculine permiten leer a Foucault contra autoridades consultan entre sí y la convierten legalmente en sí mismo 0, mejor dicho, demostrar la contradicción esencial un hombre. A partir de ese momento tiene la obligación legal de este tipo de reclamo antiemancipador de libertad sexual. de llevar ropa de hombre y hacer uso de los distintos dere- Herculine, denominada Alexina en el texto, cuenta su trági- chos de los hombres en la sociedad. Narrados en un tono ca historia como alguien que ha vivido una existencia llena sentimental y melodramático, los diarios revelan un sentido de exclusión, engaños, nostalgia e insatisfacción inevitable. de crisis permanente que desemboca en el suicidio. Podría Ya desde su infancia, cuenta, era distinta de las demás. Esta afínnarse que, antes de convertirse legalmente en hombre, diferencia refuerza los estados alternados de agitación y va- Alexina podía gozar de los placeres que no están sujetos a las nidad a lo largo de todo el relato, pero está allí como cono- presiones jurídicas y reglamentadoras de la categoría de cimiento tácito antes de que la ley se transforme en actor «sexo». En realidad, Foucault parece creer que los diarios explícito de la historia. Aunque Herculine no habla directa- permiten entender esos placeres no reglamentados anteriores mente de su anatomía en los diarios, si nos basamos en los in- a la imposición de la ley de sexo unívoco. No obstante, su in- formes médicos que Foucault publica junto con el texto de terpretación es totalmente errónea cuando detalla la manera Herculine podría afirmarse que ella/él tiene lo que se descri- en que esos placeres siempre están ya inscritos en la ley om- be como un pene pequeño o un clítoris grande, que donde nipresente pero no estructurada y, realmente, están creados debería haber una vagina hay un cul-de-sac. según afirman los por la misma ley a la que supuestamente retan.médicos, y, además, al parecer no posee lo que podría desig- Es necesario no caer en la tentación de romantizar la se-narse como senos femeninos; además, por lo visto hay una xualidad de Herculine como el juego utópico de los placerescierta capacidad de eyaculación, la cual no se detalla del todo previo a la imposición y las limitaciones del «sexo». Pero to-en los documentos médicos. Herculine nunca alude a la ana- davía se puede formular la otra pregunta foucaultiana: ¿quétomía como tal, pero habla de su difícil experiencia como si prácticas y convenciones sociales crean la sexualidad en estase tratara de un error natural, un abandono metafísico, un es- forma? Si pensamos detenidamente en esta pregunta, creotado de deseo insaciable y una soledad radical que, antes de que podemos entender algo acerca de: a) la capacidad pro-suicidarse, convierte en una furia manifiesta, primero dirigi- ductiva del poder, o sea, la manera en que las tácticas regu-da contra los hombres y luego contra el mundo. ladoras crean a los sujetos a quienes dominan, y b) el meca-
    • 204 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 205nismo concreto mediante el cual el poder crea la sexualidad duplicidad biológica, son, obviamente, la tentación en la ~ueen el contexto de esta narración autobiográfica. El tema de cae constantemente el texto. Si Herculine desea a una runa,la diferencia sexual reaparece bajo una nueva luz cuando en entonces tal vez haya pruebas en sus estructuras hormonalesvez de centrarnos en la reificación metafísica de la sexuali- o cromosómicas, o en la presencia anatómica del pen: nodad múltiple analizamos, en el caso de Herculine, tanto las perforado, para indicar un sexo masculino más diferenciadoestructuras narrativas específicas como las normas políticas que después produce capacidad y deseo heterosexuales.y culturales que generan y regulan los besos tiernos, los pla- ¿Acaso no surgen los placeres, los deseos y los actos, en cer-ceres difusos y las emociones frustradas y transgresoras del to modo, del cuerpo biológico? ¿Y acaso no hay al~a ma-mundo sexual de Herculine. nera de considerar ese surgimiento como una necesidad cau- Entre las diferentes matrices de poder que generan la se- sal de ese cuerpo y una expresión de su especificidad se~ual?xualidad entre Herculine y las demás niñas encontramos, Quizá porque el cuerpo de Herculine es hermafrodita esevidentemente, las prácticas de la homosexualidad femenina especialmente difícil intentar separar conceptualmente lapromovidas y a la vez condenadas por el convento y su ideo- descripción de sus características sexuales ~r~anas y sulogía religiosa. De Herculine sabemos que lee bastante, que identidad de género (el sentido de su propio genero que,gracias a su educación francesa decimonónica ha estudiado por cierto, varía constantemente Y no queda c1a:o) en re~a­a los clásicos y el romanticismo francés, y que su propia na- ción con la dirección y los objetos de su deseo. El/ella mIS-rración se crea dentro de un conjunto establecido de con- mo/a reconoce en diferentes momentos que su cuerpo es lavenciones literarias. En realidad, estas costumbres generan e causa de su confusión de género y sUS placeres transgresores,interpretan esta sexualidad que tanto Foucault como Her- como si fuesen al mismo tiempo la consecuencia y la expre-culine creen que está fuera de toda convención. Los relatos sión de una esencia que de alguna forma está fuera del or-románticos y sentimentales de amores imposibles también den natural y metafísico de las cosas. Pero más que conside-parecen provocar toda clase de deseo y padecimiento en este rar que su cuerpo anómalo es la causa de su deseo, sustexto, al igual que las leyendas cristianas sobre santos des- problemas, sus relaciones y su confesión, podemos enten~ergraciados, los mitos griegos sobre andróginos suicidas y ob- este cuerpo, aquí completamente textualizado, com~ el stg-viamente la misma figura de Cristo. Sean estas posturas «an- no de una ambivalencia irresoluble creada por el discursoteriores» a la ley como una sexualidad múltiple o queden jurídico sobre el sexo unívoco. En vez de la univocidad,.no«fuera» de la ley como una transgresión antinatural, siempre descubrimos la multiplicidad, como desea Foucault, sinoestán «dentro» de un discurso que genera la sexualidad y que más bien nos encontramos frente a una ambivalencia fa-luego la esconde mediante la configuración de una sexuali- tal, creada por la ley prohibitiva, que, pese a sus,efectos dedad valiente y rebelde «fuera» del texto mismo. feliz dispersión, termina en el suicidio de Herc~e., . . Los intentos por explicar las relaciones sexuales de Her- Al leer el relato de Herculine en el que explica su mttrm-culine con niñas, acudiendo al componente masculino de su dad, una suerte de producto confesional del yo, parece que
    • 206 EL G~NERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 207su disposición sexual es ambivalente desde el inicio, que su pos semejantes» [pág. 18]. Aquí Foucault sugiere que el pa-sexualidad resume la estructura ambivalente de su produc- recido de estos cuerpos determina el feliz limbo de su noción, explicada en parte como el precepto institucional de identidad, afirmación difícil de aceptar tanto lógica comobuscar el amor de las «hermanas» y «madres» de la familia históricamente, pero también como una descripción apro-extensa del convento y la prohibición absoluta de llevar de- piada de Herculine. ¿Es la conciencia de su parecido lo quemasiado lejos ese amor. Foucault afirma inadvertidamente determina el juego sexual de las jóvenes en el convento o,que el «feliz limbo de una no identidad» de Herculine fue por el contrario, es la presencia erotizada de la ley que pro-posible gracias a una formación históricamente específica de híbe la homosexualidad lo que genera estos placeres trans-la sexualidad, es decir, «su existencia recluida en compañía gresores en la forma de una confesión? Herculine sostienecasi exclusiva de mujeres». Esta «extraña felicidad», como él su propio discurso de diferencia sexual incluso dentro dela define, era al mismo tiempo «obligatoria y prohibida» este contexto presuntamente homosexual: percibe y disfru-dentro de los limites de las normas conventuales. Aquí afir- ta de su diferencia respecto de las otras jóvenes a quienesma claramente que este ambiente homosexual, articulado desea, pero esta diferencia no es una mera reproducción depor un tabú erotizado, fomenta de forma sutil este «feliz la matriz heterosexual del deseo. Es consciente de que sulimbo de una no identidad». Posteriormente Foucault re- posición en ese intercambio es transgresora, que es unachaza rápidamente la idea de que Herculine interviene en «usurpadora» de un privilegio masculino, como afirma Her-una práctica de convenciones homosexuales femeninas, y re- culine, y que refuta ese privilegio aunque lo repite.pite que más que una diversidad de identidades femeninas El lenguaje de usurpación propone participar en las mis-está en juego la «no identidad». Para que Herculine ocupe mas categorías de las que se siente inevitablemente aleja-el lugar discursivo de <da homosexual femenina», Foucault da/o, lo cual también sugiere las probabilidades desnatura-tendría que incluir la categoría de sexo, pero eso es justa- lizadas y fluidas de tales categorías cuando ya no estánmente lo que quiere que rechacemos a partir del relato de vinculadas causal o expresivamente al supuesto carácter fijoHerculine. del sexo. La anatomía de Herculine no cae fuera de las cate- Pero tal vez Foucault sí quiere conservar las dos opcio- gorías del sexo, pero confunde y reorganiza las partes quenes; en realidad, insinúa que la no identidad es lo que se conforman esas categorías; en verdad, el libre juego de atri-produce en contextos homosexuales, es decir, que la homo- butos tiene el efecto de mostrar el carácter ilusorio del sexosexualidad es útil para destruir la categoría de sexo. Adviér- como un sustrato sustantivo permanente al que en aparien-tase en la siguiente descripción que hace Foucault de los cia se adhieren esos diferentes atributos. Es más, la sexuali-placeres de Herculine cómo la categoría de sexo se invoca y dad de Herculine genera una serie de transgresiones de gé-se niega a la vez: el colegio y el convento sirven «para reve- nero que desafía la diferenciación misma entre intercambiolar los tiernos placeres que descubre y provoca la no identi- erótico heterosexual y lésbico, y resalta los puntos de sudad sexual cuando se extravía en medio de todos esos cuer- convergencia y redistribución ambiguas.
    • 208 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 209 Pero parece que estamos obligados a preguntar si no femenina dentro de una relación binaria simétrica? Si la ho-hay, incluso en el nivel de una ambigüedad sexual discursi- mosexualidad crea la no identidad sexual, entonces la ho-vamente constituida, algunas cuestiones del «sexo» y, de he- mosexualidad misma ya tampoco depende de que las identi-cho, de su relación con el «poder» que limitan el libre juego dades se asemejen; en realidad, la homosexualidad ya node las categorías sexuales. Dicho de otro modo, ¿hasta qué podría definirse como tal. Pero si se afirma que la homose-punto es libre ese juego, ya se considere una multiplicidad li- xualidad designa el lugar de una heterogeneidad libidinal in-bidinal prediscursiva o una multiplicidad discursivamente nombrable, quizá podamos preguntar si se trata, más bien,constituida? La crítica original de Foucault a la categoría de de un amor que no puede o no se atreve a decir su nombre.sexo es que impone el artificio de unidad y univocidad a una En otras palabras, Foucault, quien sólo concedió una entre-serie de componentes y funciones sexuales ontológicamente vista sobre la homosexualidad y siempre ha eludido eldiferentes. En un movimiento casi rousseauniano, Foucault momento confesional en su propia obra, nos presenta, sinelabora una oposición binaria con una ley cultural artificial embargo, la confesión de Herculine de una manera descara-que menoscaba y deforma lo que bien podríamos considerar damente didáctica. ¿Será ésta una confesión desplazada queuna heterogeneidad natural. Herculine también alude a su implica cierta continuidad o un paralelo entre ambas vidas?sexualidad como «esta incesante lucha de la naturaleza con- En la portada de la edición francesa, Foucault afirmatra la razón» [pág. 114]. No obstante, un examen sumario que, según Plutarco, las personas ilustres son vidas parale-de estos «componentes» distintos señala el predominio de las que, en cierto modo, viajan por líneas infinitas que al fi-un punto de vista completamente médico que los define nal se unen en la eternidad. Afirma que hay algunas vidascomo «funciones», «sensaciones» e incluso «impulsos». Por que se alejan del camino del infinito y pueden desaparecerconsiguiente, la heterogeneidad a la que recurre Foucault en una oscuridad que nunca podrá recobrarse; vidas que noestá formada por el mismo discurso médico que él expone siguen el camino «recto» [straigbt], por así decirlo, a una co-como la ley jurídica represiva. Pero, ¿cuál es la heterogenei- munidad eterna de grandeza, sino que se apartan de él y sedad que Foucault parece advertir, y a qué propósitos sirve? arriesgan a ser completamente irrecuperables. «Eso sería 10 Si Foucault alega que se incita a la no identidad sexual opuesto a 10 que afirma Plutarco -escribe-, vidas parale-en contextos homosexuales, parecería entonces que recono- las que nada puede volver a juntar,» Aquí se refiere clara-ce los contextos heterosexuales precisamente como aquellos mente a la separación de Herculine, el nombre masculinoen que se forma la identidad. Ya sabemos que, según Fou- adoptado (aunque con una curiosa terminación final feme-cault, la categoría del sexo y de la identidad generalmente nina), y Alexina, el nombre que designaba a Herculine en elson el efecto y el instrumento de un régimen sexual regula- modo femenino. Pero también hace alusión a la relación en-dor, pero no se especifica si esa reglamentación es reproduc- tre Herculine y Sara, su amante, quienes están bastante se-tiva o heterosexual, o alguna otra cosa. ¿Crea quizás esa re- paradas literalmente y cuyos caminos se van alejando deglamentación de la sexualidad las identidades masculina y forma clara. Pero quizás Herculine también sea en cierto sen-
    • 210 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 211tido un paralelo con Foucault, precisamente en el sentido de Este libro nació de un texto de Borges. De la risa que sa-que puede haber líneas de vida divergentes, que no son cude, al leerlo, todo lo que es familiar al pensamiento [. .. l,«rectas». De hecho, tal vez Herculine y Foucault son parale- desbaratando todas las superficies ordenadas y todos los pla-los, no en un sentido literal, sino en su misma refutación de nos que regulan la proliferación de seres, ocasionando una lar-lo literal como tal, sobre todo empleado en las categorías de ga vacilación e inquietud en nuestra práctica milenaria de 10sexo. Mismo y lo Otro." La observación formulada por Foucault en el prefaciode que hay cuerpos que en algún sentido son «parecidos» El texto de Borges, obviamente, versa sobre la enciclo-entre sí, no tiene en cuenta la distinción hermafrodita del pedia china, que confunde la división aristotélica entre cate-cuerpo de Herculine, ni tampoco su propía presentación de gorías universales y ejemplos particulares. Pero también estásí misma/o como muy diferente de las mujeres a quienes la «risa desbordante» de Pierre Rivíere, cuyo acto de asesi-desea. En realidad, después de cierto tipo de intercambio nar a su familia o quizá, para Foucault, a la familia, parecesexual, Herculine usa el lenguaje de apropiación y de triun- negar bastante literalmente las categorías de parentesco y,fo, alegando que Sara es su propiedad eterna cuando dice: por extensión, de sexo." Y también, por supuesto, está la«Sara me pertenecía de ahora en adelante» [pág. 67]. En- risa ahora famosa de Bataille que, según afirma Derrida entonces, ¿por qué Foucault se opondría al mismo texto que La escritura y la diferencia, revela el exceso que escapa delquiere utilizar para hacer tal afirmación? En la única entre- dominio conceptual de la dialéctica, de Hegel." Así pues,vista que Foucault concedió para hablar de la homosexua- Foucault parece reír precisamente porque la pregunta insti-lidad, James OHiggins, el entrevistador, dice que «en los tuye la misma relación binaria que él intenta desplazar, esacírculos de intelectuales de Estados Unidos, sobre todo en- relación deprimente de lo Mismo y 10 Otro que ha caracte-tre las feministas radicales, se tiende cada vez más a dife- rizado no sólo el legado de la dialéctica, sino también la dia-renciar entre la homosexualidad masculina y la femenina»; léctica del sexo. Y también está, obviamente, la risa de laesta postura -según OHiggins- implica que ocurren co- Medusa que, como afirma Héléne Cixous, destruye la su-sas físicas muy diferentes en los dos tipos de encuentros y perficie plácida formada por la mirada paralizante y muestraque las lesbianas tienden a decantarse por la monogamia que la dialécúca de lo Mismo y lo Otro se origina en el eje demientras que, por 10 general, no ocurre 10 mismo entre los la diferencia sexual." En una actitud en que recuerda tími-hombres gayo Foucault responde con risas -pues entre cor- damente al cuento de la Medusa, Herculine describe <da fríachetes aparece «[Risasjs-c-, y afirma: «Lo único que puedo quietud de mi mirada [que] parece dejar helados» [pág.hacer es reírme»." Hay que recordar que la risa también 116] a quienes se cruzan con ella.surgió tras leer a Borges, como explica en el prefacio a Las Pero realmente es lrigaray quien expone esta dialécticapalabras y las cosas: de lo Mismo y lo Otro como una relación binaría falsa, la ilusión de una diferencia simétrica que afianza la economía
    • 212 EL GtNERü EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 21}metafísica del falogocentrismo, la economía de lo mismo. fatal cuando es excluida y se excluye ella misma del campoPara lrigaray, lo Otro y lo Mismo llevan la marca de lo mas- de todos los seres humanos. Desde este aislamiento presui-culino; lo Otro no es sino la construcción negativa del suje- cida afirma volar por encima de ambos sexos, pero su furiato masculino, con la consecuencia de que el sexo femenino va dirigida más plenamente contra los hombres, de cuyo «tí-no es representable; es decir, es el sexo que, dentro de esta tulo» intentó apoderarse en su intimidad con Sara y a quie-economía significante, no es uno. Pero no es uno también en nes ahora acusa abiertamente de ser quienes, de alguna ma-el sentido de que evita la característica unívoca de significa- nera, le privan de la posibilidad del amor.ción de lo Simbólico y porque no es una identidad sustanti- Al comienzo de la narración incluye dos párrafos «para-va, SIDO siempre y únicamente una relación de diferencia lelos» de una sola oración que evocan una incorporaciónimprecisa respecto de la economía que hace que no esté pre- melancólica del padre perdido, la posposición de la furiasente; no es «uno» porque es múltiple y difuso en sus place- por el abandono por medio de la instauración estructural deres y su modo significante. En realidad, tal vez los placeres esa negatividad en su identidad y deseo. Antes de revelamosaparentemente múltiples de Herculine cumplirían los requi- que él/ella mismo/a fue abandonado!a repentinamente porsitos de la marca de lo femenino en su polivalencia y en su su madre, afirma que por motivos no expresados estuvo du-negación a subordinarse a los intentos reduetivos de la sig- rante algunos años en un orfanato. Habla de los «pobres se-nificación unívoca. res, privados desde la cuna de las caricias de una madre». Pero no olvidemos la relación de Herculine con la risa En la siguiente oración define esta institución como un «asi-que parece manifestarse dos veces, primero en el miedo a lo del sufrimiento y la desgracia», y en la siguiente mencionaque se rían de ella y más tarde como una risa burlona que di- a su padre, a quien «una muerte súbita fulminante vino a rige contra el doctor, a quien deja de respetar después de privar demasiado pronto del dulce afecto de mi madre» [pág.que él no comunique a las autoridades competentes la irre- 23]. Aunque su propio abandono queda desviado dos vecesgularidad natural que le ha sido revelada. Así pues, para debido a la compasión que siente por otros que de repenteHerculine la risa parece implicar o humillación o burla, dos se quedan sin madre, establece una identificación mediante posturas relacionadas sin ninguna ambigüedad a una ley esa desviación, que más tarde resurge como el problemacondenatoria, sujetas a ella ya sea como instrumento o como conjunto de padre e hija privados de la caricia materna. Lasobjeto. Herculine no está fuera de la jurisdicción de esa ley; desviaciones del deseo se confunden semánticamente, porincluso su exilio se entiende a partir del modelo del castigo. así decirlo, cuando Herculine se enamora de una «madre»Desde la primera página afirma que su «lugar no estaba tras otra, y luego de las «hijas», lo cual causa indignación a marcado [pas marquéeJ en este mundo que me excluyó». Y todo tipo de madre. En realidad, duda entre ser el objeto deexpresa el primer sentido de lo abyecto que más tarde se re" la adoración y el entusiasmo de todos o ser el objeto de bur- presenta primero como una hija o amante devota parecida a la y abandono, doble resultado de una estructura melancóli- un «perro» o un «esclavo», y después en una forma plena y ca que debe nutrirse de sí misma sin ninguna interposición.
    • 214 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 215Si la melancolía conlleva una autorrecriminación, como sueño imposible» [pág. 92]. La disposición sexual de Her-afirma Freud, y si ésta es una suerte de narcisismo negativo culine es ambigua desde el principio y, como se comentó an-(que acompaña al yo, aunque sólo sea en la forma de amo- teriormente, su sexualidad resume la estructura ambivalen-nestar a ese yo), entonces Herculine cae constantemente en te de su producción, explicada en parte como la ordenla oposición entre el narcisismo negativo y el positivo, y al institucional de buscar el amor de las «hermanas y madres»mismo tiempo se considera la persona más abandonada y de la familia extendida del convento y la prohibición abso-desatendida de la tierra, pero también como la que hechiza luta de llevar demasiado lejos ese amor. Su sexualidad noy atrae a todos los que se le acercan; en verdad, alguien que está fuera de la ley, sino que es la consecuencia ambivalentees mejor para todas las mujeres que cualquier «hombre» de la ley, en la que la noción misma de prohibición se amplía[pág.l17J. a los ámbitos psicoanalítico e institucional. Sus confesiones, Herculine alude al hospital para niños huérfanos como y también sus deseos, son a la vez sometimiento y desafío.ese primer «asilo del sufrimiento», un lugar que figurada- En definitiva, el amor prohibido por la muerte o el abando-mente vuelve a encontrar al final de la narración como el no --o ambos- es un amor que concibe la prohibición«asilo de la tumba». Así como ese primer asilo ofrece una como su condición y su objetivo.comunión mágica y una identificación con el padre fantas- Después de subordinarse a la ley, Herculine se conviertema, la tumba de la muerte ya está ocupada por el mismo pa- en un sujeto jurídicamente castigado como «hombre», perodre, con quien espera reunirse cuando muera: «La visión de la categoría de género resulta ser menos fluida de lo que in-una tumba me reconciliaba con la vida», escribe. «Experi- dican sus propias referencias a Las metamorfosis de Ovidio.mento no sé qué ternura hacia aquel cuyos huesos yacen Su discurso heteroglósico desafía la viabilidad de la nociónbajo mis pies [la a mes piedsl» [pág. 120]. Pero este amor, de una «persona» que puede considerarse preexistente alplanteado como una suerte de solidaridad contra la madre género o que puede sustituir un género por Otro. Cuando noque los abandonó, no se purifica en ningún aspecto de la ira es activamente juzgado/a por los demás, se juzga a sí mis-por el abandono: el padre «bajo sus pies» se enaltece hasta mola (incluso se denomina a sí mismo/ajuez [pág.l!7]), loconvertirse en todos los hombres sobre quienes él/ella vue- cual muestra que la ley jurídica es en realidad mucho másla, y a quienes dice dominar [pág. 117], y hacia quienes diri- fuerte que la ley empírica que lleva a cabo su conversión dege su risa desdeñosa. Antes dice sobre el doctor que descu- género. De hecho, Herculine nunca puede personificar esabrió su condición anómala: «[Hubiera querido verle a cien ley, precisamente porque no puede propiciar la ocasión enpies bajo tierra!» [pág. 83]. que esa ley se naturalice en las estructuras simbólicas de la Aquí la ambivalencia de Herculine expresa los límites de anatomía. Dicho de otra forma, la ley no es meramente unala teoría foucaultiana del «feliz limbo de una no identidad». imposición cultural sobre una heterogeneidad que, en otrosCasi prefigurando el lugar que Herculine aceptará según sentidos, sería natural; la ley exige estar de acuerdo con suFoucault, él/ella se pregunta si no es «el juguete de algún propia noción de «naturaleza» y adquiere su legitimidad
    • 216 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 217mediante la naturalización binaria y asimétrica de los cuer- voluntariamente corrobora la pertinencia constante de unapos en que el Falo, aunque no sea idéntico al pene, de todas crítica foucaultiana.formas presenta a éste como su instrumento y signo natura- Un lugar para poner en tela de juicio la univocidad dellizados. sexo es la reciente discusión sobre el gen maestro que los in- Los placeres y deseos de Herculine no son en absoluto la vestigadores del Massachusetts Institute of Technologyinocencia bucólica que crece y se multiplica antes de la im- (MIT) afirman haber descubierto a finales de 1987, Yque esposición de una ley jurídica. Tampoco queda Herculine to- el determinante secreto y seguro del sexo. Gracias a la utili-talmente fuera de la economía significante de la masculini- zación de medios tecnológicos sumamente sofisticados, eldad. Está «fuera» de la ley, pero la ley mantiene este «fuera» doctor David Page y sus colegas descubrieron el gen maes-dentro de sí misma. En efecto, él!ella representa la ley no tro, que forma una secuencia específica de ADN en el cro-como un sujeto titular, sino como un testimonio evidente de mosoma Y, y lo denominaron TDF [por sus siglas en inglés:la capacidad misteriosa de la ley para originar únicamente testis determiningfactorl o factor determinante de testículos.las rebeliones que -por fidelidad- seguramente se subyu- Las conclusiones de la investigación se publicaron en Cel!garán a sí mismas y a aquellos sujetos que, completamente [n." 51]; ahí el doctor Page afirma haber descubierto «el in-sometidos, no tengan más alternativa que repetir la ley de su terruptor binario al que están subordinadas todas las carac-génesis. terísticas sexualmente dimórficas»." Analicemos, así pues, lo que afirma este descubrimiento y comprobemos por qué siguen formulándose las preguntas preocupantes sobrePosdata final no científica cómo se determina el sexo. Según el artículo de Page «The Sex-Determining Región En el primer volumen de Historia de la sexualidad, Fou- of the Human Y Chromosome Encodes a Finger Protein»,cault parece situar la búsqueda de la identidad dentro del se tomaron muestras de ADN de un grupo poco común decontexto de las formas jurídicas del poder que se estructu- personas, algunas de las cuales tenían cromosomas XX, peroran con la aparición de las ciencias sexuales, incluido el psi- que habían sido designadas médicamente como masculinas,coanálisis, a finales del siglo XIX. Aunque Foucault corrigió y otras que tenían una constitución cromosómica de XY,la historiografía del sexo al principio de El uso de losplace- pero a quienes se consideró médicamente femeninas. No seres e intentó encontrar las reglas represivas/generativas de la explica exactamente sobre qué base se las había considera-formación del sujeto en los primeros textos griegos y roma- do de manera diferente de lo que mostraban sus cromoso-nos, continuó con su proyecto filosófico de explicar la pro- mas, pero podemos deducir que las características primariasducción reguladora de los efectos de identidad. Un ejemplo y secundarias obvias mostraban que, de hecho, ésas eran lasactual de esta búsqueda de identidad puede encontrarse en designaciones adecuadas. Page y sus colaboradores plantea-el desarrollo reciente de la biología celular, ejemplo que in- ron la siguiente suposición: debe de haber alguna parte del
    • 218 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 219ADN que no se puede observar en las condiciones micros- núa siendo hipotética y, de acuerdo con Anne Feusto-Ster-cópicas habituales que establece el sexo masculino; y esta líng, Page y sus colaboradores no dijeron en ese artículo pu-parte del ADN tal vez se desplazó de algún modo del cro- blicado en Cel! que los sujetos de quienes se tomaron lasmosoma Y, su lugar habitual, a algún otro cromosoma, don- muestras de genes eran bastante ambiguos en sus constitu-de uno no esperaría encontrarla. Sólo si a) admitiéramos ciones anatómicas y reproductivas. Cito del artículo deesta secuencia de ADN que no puede detectarse, y b) de- Fausto-Sterling, titulado «Life in the XY Corral»:mostráramos su transubicabilidad, podríamos comprenderpor qué aun cuando un hombre XX no tenía un cromosoma Los cuatro hombres XX que estudiaron eran estériles (noy detectable era, de hecho, un hombre. De la misma forma producfan esperma), tenían testículos pequeños completamen-podríamos explicar la insólita presencia del cromosoma Y te carentes de células germinales, es decir, células precursorasen mujeres, precisamente porque esa parte del ADN de al- de espermatozoides. También mostraban altos niveles hormo-guna manera estaba fuera de su sitio. nales y bajos niveles de testosterona. Presumiblemente estaban Aunque el grupo de muestra que usaron Page y sus in- catalogados como hombres a causa de sus órganos genitalesvestigadores para llegar a este descubrimiento era limitado, la externos y a la presencia de testículos L .. [. Además L . .J, losespeculación en que fundamentan su investigación se basa, genitales externos de ambas mujeres XY eran normales, [pero]en parte, en que fácilmente un diez por ciento de la pobla- sus ovarios no tenían células germinales [pág. 328].ción mundial posee variaciones cromosómicas que no seadaptan satisfactoriamente a las categorías de mujeres XX y Es evidente que éstos son ejemplos en los que la suma dehombres XY. Por consiguiente, el descubrimiento del «gen las partes componentes del sexo no redunda en la coheren-maestro» se considera una base más segura para entender la cia o unidad reconocible que suele nombrarse mediante ladeterminación sexual y, por tanto, la diferencia sexual, que categoría de sexo. Esta incoherencia también está presentelas proporcionadas por criterios cromosómicos anteriores. en el argumento de Page, pues no queda claro por qué ten- Desafortunadamente para Page, surgió un problema dríamos que estar de acuerdo desde el principio en que és-persistente que amenazaba las afirmaciones efectuadas a fa- tos son hombres XX y mujeres XV, justamente cuando lovor del descubrimiento de la secuencia del ADN. Exacta- que se cuestiona es la designación de hombre y mujer, lomente la misma parte del ADN que, al parecer, determina la cual ya está determinado de manera implícita al apelar a losmasculinidad estaba, de hecho, presente en los cromosomas genitales externos. En realidad, si los genitales externos fue-X de las mujeres. Ante este extraño descubrimiento, Page ran un criterio suficiente para distinguir o asignar el sexo,afirmó que quizá lo determinante no era la presencia de la se- entonces la investigación experimental del gen maestro casi cuencia de genes en los hombres en oposición a su ausencia no sería necesaria.en las mujeres, sino que en los hombres estaba activa y en las Pero hay que señalar otro tipo de problema que hace re-mujeres pasiva (¡Aristóteles está vívol). Pero esta tesis conti- ferencia a la manera en que se ha planteado, demostrado y
    • 220 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 221validado esa suposición concreta. Obsérvese que Page y sus cIeo en la diferenciación celular. Las críticas feministas delcolaboradores vinculan la determinación del sexo con la de campo de la biología celular molecular han proporcionadolo masculino, y con la de los testículos. Las genetistas Eva argumentos en contra de sus suposiciones nucleocéntricas.Eicher y Linda L. Washbum afirman en la Annual Review01 En contraposición con una investigación que intenta probarGenetics que la determinación de los ovarios nunca se tiene que el núcleo de una célula completamente diferenciada esen cuenta en los trabajos sobre el establecimiento del sexo y el dueño o director del desarrollo de un organismo nuevoque el carácter de femenino siempre se conceptualiza par- completo y bien formado, se ha presentado un programa de investigación que tendría como punto de partida una recon-tiendo de la ausencia del factor determinante masculino o cepción del núcleo como algo que adquiere significado ypor la presencia pasiva de ese factor. Ya sea como ausente o control sólo dentro de su contexto celular. Según Fausto-pasiva, la determinación de los ovarios por definición está Sterling, <do que hay que plantearse no es cómo cambia undescalificada como objeto de estudio. No obstante, Eicher y núcleo celular durante la diferenciación, sino más bienWashbum sostienen que está activa y que, en efecto, un pre- cómo cambian las interacciones nucleares citoplasmáticasjuicio cultural, un conjunto de suposiciones a partir del gé- dinámicas durante la diferenciación» [págs. 323-324].nero acerca del sexo y acerca de lo que permite valorar esa La estructura de la investigación de Page se amoldapesquisa, trastoca y restringe la investigación de la determi- completamente a las ideas generales de la biología celularnación sexual. Fausto-Sterling cita a Eicher y Washbum: molecular. El marco indica, desde el principio, su negativa a considerar que estos individuos desafían de manera implíci- Algunos investigadores han preponderado la hipótesis de ta la fuerza descriptiva de las categorías de sexo que existen. que el cromosoma Y está implicado en la determinación del La pregunta que él se formula es cómo se enciende el «inte- testículo al exponer la inducción de tejido testicular como un rruptor binario», y no si la descripción de los cuerpos en tér- acontecimiento activo (dominante, dirigido por los genes), minos del sexo binario es apropiada para la labor emprendi- mientras que exponen la inducción de tejido ovárico como un da. Asimismo, la concentración en el «gen maestro» indica acontecimiento pasivo (automático). Es evidente que la in- ducción de tejido ovárico es un procedimiento de desarrollo que la feminidad debe concebirse como la presencia o tan activo y tan genéticamente dirigido como la inducción de ausencia de la masculinidad o, en el mejor de los casos, la tejido testicular 0, incluso, la inducción de cualquier procedi- presencia de una pasividad que, en los hombres, permanen- miento de diferenciación celular. No se ha escrito práctica- temente sería activa. Obviamente, esto se afirma dentro de mente nada sobre los genes que participan en la inducción de un contexto de investigación en el que nunca se han valora- tejido ovárico desde la gónada indiferenciada [pág. 325]. do suficientemente las contribuciones ováricas activas para la diferenciación sexual. Aquí la conclusión no es que no De forma parecida, todo el campo de la embriología ha puedan hacerse afirmaciones válidas y demostrables acercarecibido duras críticas por ceñirse al papel esencial del nú- de la determinación sexual, sino más bien que las suposicio-
    • 222 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 223nes sexuales respecto de la situación relativa de hombres y que estén sexuados de una manera dada, de repente se venmuieres -y la misma relación binaria de g~er~ encua- significativamente debilitados por los ejemplos que no cum-dran y centran la investigación de la determinación sexual. plen con las categorías que naturalizan y estabilizan ese cam-Es todavía más difícil diferenciar entre el sexo y el género po de cuerpos dentro de los límites de las normas culturales.cuando somos conscientes de que los significados provistos Por consiguiente, lo insólito, lo incoherente, lo que quedade género enmarcan la hipótesis y el razonamie~to de,las in- «fuera», nos ayuda a entender que el mundo de categoriza-vestigaciones biomédicas cuyo objetivo es preCIsar CO~O es ción sexual que presuponemos es construido y que, de he-el «sexo» antes de los significados culturales que adquiere. cho, podría construirse de otra forma. En realidad, la tarea se complica todavía más cuando nos Aunque quizá no estemos de acuerdo inmediatamente percatamos de que el lenguaje de la biol~gía inte.r;iene en con el análisis de Foucault -que la categoría de sexo se otros tipos de lenguaje y reproduce la sedimentación cultu- construye en aras de un sistema de sexualidad reglamenta- ral en los objetos que quiere descubrir y describir con neu- dora y reproductiva-, es interesante señalar que Page nom-tralidad. bra los genitales externos, las partes anatómicas fundamen- o Acaso no aluden Page y otros a una norma puramente tales para simbolizar la sexualidad reproductiva, como loscul~ral cuando afirman que un individuo XX anatómica- determinantes no ambiguos y a priori de la asignación se-mente ambiguo es hombre, norma según la cual los geni- xual. También puede alegarse que la investigación de Pagetales son el «signo» definitivo del sexo? Puede afirmarse está cercada por dos discursos que, en este caso, son incom-que en estos casos las discontinuidades. no pueden solven- patibles: el discurso cultural que considera a los genitales ex-tarse apelando a un único factor determinante y que el se~o ternos como los signos inequívocos del sexo, y que lo hace-c-como categoría que incluye varios componentes, funcío- en aras de intereses reproductivos, y el discurso que intentanes y dimensiones cromosómicas y hormonales-e- ya no fun- definir el principio masculino como activo y monocausal,ciona dentro del marco binario que damos por sentado. cuando no autogenético. Así, el deseo de establecer el sexoAquí la cuestión no es apelar a las excepciones, a lo extraño, de forma definitiva, y de hacerlo más bien como un sexo y sólo para relativizar las afirmaciones hechas en nombre de la no el otro, parece proceder de la organización social de la vida sexual normal. No obstante, como afirma Freud en Tres reproducción sexual a través de la construcción de las pos- ensayos sobre teoría sexual, es la excepción, lo raro, lo que turas e identidades claras e inequívocas de los cuerpos se- nos revela cómo está formado el mundo mundano, que se xuados uno respecto del otro. da por sentado, de los significados sexuales. Sólo desde una Teniendo en cuenta que, dentro del marco de la sexuali- posición conscientemente desnaturalizada se. ~e cómo se dad reproductiva, el cuerpo masculino suele representarse crea la apariencia de naturalidad. Las presuposrcrones so~re como el agente activo, el problema de la investigación de los cuerpos sexuados, si son de uno u otro sexo, de los sig- Page es, en cierto modo, aproximar el discurso de la repro- nificados que se dice les son inmanentes o el resultado de ducción y el de la actividad masculina, dos discursos que
    • 224 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 225suelen funcionar juntos culturalmente pero que, en este momento o el mecanismo de la construcción del género? Y,caso, se han alejado. Es interesante el esfuerzo de Page por tal vez lo más importante, ¿cuándo llega este mecanismo aldeterminar la secuencia activa de ADN como la última pala- escenario cultural para convertir al sujeto humano en un su- jeto con género?bra, priorizando, en efecto, el principio de actividad mascu- ¿Hay personas que no hayan tenido un género ya desdelina sobre el discurso de la reproducción. siempre? La marca de género está para que los cuerpos pue- Sin embargo, esta prioridad sólo constituiría una apa- dan considerarse cuerpos humanos; el momento en que unriencia, según la teoría de Monique Wittig. La categoría de bebé se humaniza es cuando se responde a la pregunta «¿Essexo es propia de un sistema de heterosexualidad obligato- niño o niña?». Las figuras corporales que no caben en nin-ria que, sin duda, funciona a través de un sistema de repro- guno de los géneros están fuera de lo humano y, en realidad,ducción sexual obligatoria. Para Wittig -c-cuya posición ana- conforman el campo de lo deshumanizado y lo abyecto con-lizaremos a continuación-e, «masculino» y «femenino», tra lo cual se conforma lo humano. Si el género siempre está«hombre» y «mujer» existen únicamente dentro de la matriz allí, estableciendo con antelación lo que constituye lo huma-heterosexual; en realidad, son los términos naturalizados no, ¿cómo podemos hablar de un humano que llega a ser deque mantienen escondida esa matriz y, en consecuencia, la su género, como si el género fuera una posdata o algo que seprotegen de una crítica radical. le ocurre más tarde a la cultura? Obviamente, Beauvoir únicamente quería decir que la categoría de las mujeres es un logro cultural variable, unaMONIQUE WIITIG: D~INTEGRACI6NCORPORAL y SEXO sucesión de significados que se adoptan o se usan dentro deFICTICIO un ámbito, y que nadie nace con un género: el género siem- pre es adquirido. Por otra parte, Beauvoir estaba dispuesta E/lenguajearroja manojos de realidad sobre el cuerpo social. a declarar que se nace con un sexo, como un sexo, sexuado, MONIQUE WITTIG y que ser sexuado y ser humano son términos paralelos y si- multáneos; el sexo es un atributo analítico de lo humano; no Simone de Beauvoir afinnó en El segundo sexo que «no hay humano que no sea sexuado; el sexo asigna al humanose nace mujer: llega una a serlo». La frase es extraña, parece un atributo necesario. Pero el sexo no crea el género, y no seincluso no tener sentido, porque ¿cómo puede una llegar a puede afirmar que el género refleje o exprese el sexo; en rea-ser mujer si no lo era desde antes? ¿Y quién es esta «una» lidad, para Beauvoir, el sexo es inmutablemente fáctico,que llega serlo? ¿Hay algún ser humano que llegue a ser de pero el género se adquiere y, aunque el sexo no puede cam-su género en algún momento? ¿Es razonable afirmar que biarse --o eso opinaba ella-, el género es la construccióneste ser humano no era de su género antes de llegar a ser de cultural variable del sexo: las múltiples vías abiertas de sig-su género? ¿Cómo llega uno a ser de un género? ¿Cuál es el nificado cultural originadas por un cuerpo sexuado.
    • 226 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 227 La teoría de Beauvoir tenía consecuencias aparente- «No se nace mujer,» Monique Wittig repite esa frase enmente radicales que ella misma no contempló. Por ejemplo, un artículo que lleva el mismo título, aparecido en Feministsi el sexo y el género son radicalmente diferentes, entonces lssues [vol. 1, n° 1]. Pero ¿qué clase de alusión y representa-no se desprende que ser de un sexo concreto equivalga a ción de Beauvoir propone Monique Wittig? Dos de sus afir-llegar a ser de un género concreto; dicho de otra forma, maciones la acercan a Beauvoir y a la vez la alejan de ella: la«mujer» no necesariamente es la construcción cultural del primera, que la categoría de sexo no es ni invariable ni natu-cuerpo femenino, y «hombre» tampoco representa obliga- ral, más bien es una utilización específicamente política de latoriamente a un cuerpo masculino. Esta afirmación radical categoría de naturaleza que obedece a los propósitos de lade la división entre sexo/género revela que los cuerpos se- sexualidad reproductiva. En defmitiva, no hay ningún moti-xuados pueden ser muchos géneros diferentes y, además, vo para clasificar a los cuerpos humanos en los sexos mas-que el género en sí no se limita necesariamente a los dos gé- culino y femenino a excepción de que dicha clasificación seaneros habituales. Si el sexo no limita al género, entonces útil para las necesidades económicas de la heterosexualidadquizás haya géneros -formas de interpretar culturalmente y le proporcione un brillo naturalista a esta institución. Porel cuerpo sexuado- que no estén en absoluto limitados consiguiente, para Wittig no hay ninguna división entre sexopor la dualidad aparente del sexo. Otra consecuencia es y género; la categoría de «sexo» es en sí una categoría conque si el género es algo en que uno se convierte -pero que género, conferida políticamente, naturalizada pero no natu-uno nunca puede ser-, entonces el género en sí es una es- ral. La segunda afirmación, más o menos antiintuitiva, quepecie de transformación o actividad, y ese género no debe hace Wittig es la siguiente: una lesbiana no es una mujer.entenderse como un sustantivo, una cosa sustancial o una Una mujer, afirma, sólo existe como un término que fija ymarca cultural estática, sino más bien como algún tipo de afianza una relación binaria y de oposición con un hombre; acción constante y repetida. Si el género no está relaciona- para Wittig, esa relación es la heterosexualidad. Una lesbia- do con el sexo, ni causal ni expresivamente, entonces es una na, dice, al repudiar la heterosexualidad ya no se defrne en acción que puede reproducirse más allá de los límites bina- términos de esa relación de oposición. En realidad, una les- rios que impone el aparente binarismo del sexo. En reali- biana va más allá, según ella, de la oposición binaria entre dad, el género sería una suerte de acción cultural!corporal mujer y hombre; no es ni mujer ni hombre; pero, asimismo, que exige un nuevo vocabulario que instaure y multiplique no tiene sexo; trasciende las categorías de sexo. Al rechazar participios presentes de diversos tipos, categorías resignifi- esas categorías, la lesbiana (los pronombres son aquí un pro- cables y expansivas que soporten las limitaciones gramati- blema) revela la constitución cultural contingente de esas ca- cales binarias, así como las limitaciones sustancializadoras tegorías y la hipótesis tácita pero permanente de la matriz sobre el género. Pero ¿cómo podría tal proyecto entender- heterosexual. Así pues, podríamos afirmar que, para Wittig, se culturalmente y no convertirse en una utopía vana e im- no se nace mujer, sino que se llega a serlo; pero además, no posible? se nace de género femenino, se llega a serlo; y todavía va más
    • 228 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERS1VOS 229allá: si una quisiera podría no llegar a ser ni de género feme-nino ni masculino, ni mujer ni hombre. En realidad, la les- destruir todo el discurso sobre el sexo y, de hecho, derribarbiana parece ser un tercer género o, como detallaré más tar- la gramática misma que instaura el «género» --o «sexo ficti-de, una categoría que problematiza radicalmente el sexo y el eio»--- como un atributo fundamental de los seres humanosgénero en tanto categorías políticas estables de descripción. y de los objetos (sobre todo en francés)." A través de su teo- Wittig afirma que la discriminación lingüística de «sexo» ría y su literatura hace un llamamiento para reorganizar ra-afianza el procedimiento político y cultural de la heterose- dicalmente la descripción de cuerpos y sexualidades sin ape-xualidad obligatoria. Esta relación de heterosexualidad, sos- lar al sexo y, por tanto, sin apelar a las diferenciacionestiene Wittig, no es ni recíproca ni binaria en el sentido habi- pronominales que regulan y organizan los derechos del ha-tual; «sexo» es desde siempre femenino, y únicamente hay un bla dentro de la matriz de género.sexo, el femenino. Ser masculino es no estar «sexuado»; estar Para Wittig, las categorías discursivas como «sexo» son«sexuado» siempre es una forma de hacerse particular y rela- abstracciones que el ámbito social impone por la fuerza, ytivo, y los hombres incluidos dentro de este sistema intervie- que generan una «realidad» de segundo orden o reificada. Sinen con la forma de persona universal. Así pues, según Wit- bien parece que los individuos tienen una «percepción di-tig el «sexo femenino» no denota ningún otro sexo, como en recta» del sexo --entendido como un dato objetivo de la ex-«sexo masculino»; el «sexo femenino» sólo se denota a sí periencia-c-, Wittig considera que tal objeto ha sido modela-mismo, imbricado, por así decirlo, en el sexo, encerrado en do violentamente como tal dato y que la historia y ello que Beauvoir denominaba el círculo de inmanencia. Pues- mecanismo de esa modelación violenta ya no aparecen juntoto que el «sexo» es una interpretación política y cultural del con ese objeto." Por consiguiente, «sexo» es el efecto de rea-cuerpo, no hay una diferenciación entre sexo y género en los lidad de un procedimiento violento encubierto por ese mis-sentidos habituales; el género está incluido en el sexo, y el mo efecto. Todo lo que se puede ver es «sexo», y así se ad-sexo ha sido género desde el comienzo. Witrig alega que den- vierte que «sexo» es la totalidad de lo que es, sin causa, perotro de este conjunto de relaciones sociales obligatorias, las sólo porque la causa no se ve. Wittig reconoce que su postu-mujeres quedan impregnadas ontológicamente de sexo; son ra es antiintuitiva, pero el cultivo político de la intuición essu sexo y, a la inversa, el sexo es obligatoriamente femenino. justamente lo que intenta esclarecer, explicar y refutar: Wittig cree que un sistema de significación opresivo paramujeres, gays y lesbianas genera discursivamente el «sexo» y El sexo considera un «dato inmediato», «un dato razona-lo pone en movimiento. No quiere formar parte de este sis- ble», «rasgos físicos» que son propios de un orden natural.tema significante o creer en la posibilidad de aceptar una Pero lo que pensamos que es una percepción física y directapostura reformista o subversiva dentro del sistema; recono- es sólo una construcción mítica y compleja, una «fonnacióncer una de sus partes es hacerlo y corroborarlo en su totali- imaginaria», que reinterpreta los rasgos físicos (en sí tan neu-dad. Como consecuencia, la labor política que plantea es trales como otros pero marcados por un sistema social) a tra- vés del conjunto de relaciones en los que se advierten."
    • ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 231230 EL GÉNERO EN DISPUTA «unidad» del cuerpo, con frecuencia considerados ideales Los «rasgos físicos» parecen en cierto modo estar allí, en positivos, se someten a los objetivos de división, restricciónel extremo lejano del lenguaje, no marcados por un sistema y dominación.social. No obstante, no se especifica si esos rasgos pueden El lenguaje adquiere el poder de producir «lo social-nombrarse de una forma que no reproduzca el procedi- mente real» a través de los actos locutorios de sujetos ha-miento reduccionista de las categorías de sexo. Estos múlti- blantes. Parece que hay dos niveles de realidad, dos órdenesples rasgos adquieren significado social y unificación me- de ontología, en la teoría de Wittig. La ontología socialmen-diante su estructuración dentro de la categoría de sexo. En te constituida tiene su origen en otra más esencial que pare-otras palabras, el «sexo» exige una unidad artificial a una se- ce ser presocial y prediscursiva. Mientras que el «sexo» ata-rie de atributos que de otra forma sería discontinua. Siendo ñe a una realidad discursivamente constituida (de segundodiscursivo a la vez que perceptual, el «sexo» denota un régi- orden), hay una ontología presocial que explica la constitu-men epistémico históricamente contingente, un lenguaje que ción de lo discursivo en sí. Wittig rechaza abiertamente lacrea la percepción al estructurar a la fuerza las interrelacio- hipótesis estrueturalista de una serie de estructuras signifi-nes mediante las cuales se advierten los cuerpos físicos. cantes universales anteriores al sujeto hablante que organi- ¿Hay un cuerpo «físico» anterior al cuerpo perceptual- zan la formación de ese sujeto y de su habla. En su opinión,mente percibido? Ésta es una cuestión imposible de decidir. hay estructuras históricamente contingentes especificadasNo sólo es dudosa la inclusión de atributos bajo la categoría como heterosexuales y obligatorias que organizan los dere-de sexo, sino que también lo es la discriminación de los «ras- chos del habla plena y autorizada a los hombres y se los nie-gos» en sí. El hecho de que el pene, la vagina, los senos y gan a las mujeres. Pero esta asimetría socialmente constitui-otros elementos del cuerpo sean llamados partes sexuales es da encubre e infringe una ontología presocial de personastanto una restricción del cuerpo erógeno a esas partes como unificadas e iguales.una división del cuerpo como totalidad. En realidad, la La labor de las mujeres, afirma Wittig, es aceptar la po-«unidad» que la categoría de sexo exige al cuerpo es una de- sición de sujeto hablante autorizado -que, en ciertosunidad, una división y compartimentación, así como una re- modo, es su «derecho» ontológicamente fundado-e- y de-ducción de la erotogeneidad. Por eso no es sorprendente rribar la categoría de sexo, así como el sistema de hetero-que Wittig «destruya» en el texto la categoría de sexo me- sexualidad obligatoria que es su origen. Para Wittig, el len-diante la destrucción y división del cuerpo sexuado en El guaje es una serie de actos, repetidos a lo largo del tiempo,cuerpo lesbiana. Así como el «sexo» divide el cuerpo, la des- que crean efectos de realidad que a veces se considerantrucción lésbica del «sexo» se centra en las normas sexual- erróneamente como «hechos». Vista colectivamente, lamente diferenciadas de integridad corporal porque son mo- práctica repetida de nombrar la diferencia sexual ha crea-delos de dominación que determinan lo que «unifica» y do esta apariencia de separación natural. El «nombrar» elcohesiona al cuerpo como cuerpo sexuado. En su teoría y sexo es un acto de dominación y obligación, un performa-sus obras literarias, Wittig expone que la «integridad» y la
    • 232 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 233tivo institucionalizado que crea y legisla la realidad social Wittig otorga un gran poder a este «sistema» de lengua-al exigir la construcción discursiva/perceptual de los cuer- je. Conceptos, categorías y abstracciones, dice, pueden de-pos de acuerdo con los principios de diferencia sexual Así, satar una violencia física y material contra los cuerpos queWittig llega a la conclusión de que «en nuestros cuerpos y afirman organizar e interpretar: «No hay nada abstractonuestras mentes estamos obligados a pertenecer, rasgo por acerca del poder que tienen las ciencias y las teorías para ac-rasgo, a la idea de naturaleza que se nos ha ofrecido L.,]; tuar material y verdaderamente sobre nuestros cuerpos y"hombres" y "mujeres" son categorías políticas y no he- mentes , incluso si el discurso que lo crea es abstracto. Es .chos naturales»." una de las formas de dominación, su expresión misma, El «sexo», la categoría, obliga al «sexo», la configura- como afirmó Marx. Yo más bien diría que es uno de susción social de los cuerpos, a través de lo que Witrig denomi- ejercicios. Todos los oprimidos conocen este poder y han te-na un contrato forzoso. Así pues, la categoría de «sexo» es nido que luchar con él»."un nombre que esclaviza. El lenguaje «arroja manojos de El poder del lenguaje para trabajar sobre los cuerpos esrealidad sobre el cuerpo social», pero estos manojos no se al mismo tiempo la causa de la opresión sexual y la vía quedesechan con facilidad; y añade: «al formarlo y configurarlo se abre más allá de esa opresión. El lenguaje no funciona dede forma violenta»." Wittig alega que el «pensamiento rec- forma mágica e inexorable: «Hay una plasticidad de lo realto», presente en los discursos de las ciencias humanas, «nos respecto del lenguaje: el lenguaje tiene una acción plásticasomete a todos, lesbianas, mujeres y hombres homosexua- sobre lo real»." El lenguaje acepta y cambia su poder parales» porque «presuponen que lo que crea la sociedad, cual- actuar sobre lo real mediante actos locutorios que, al repe-quier sociedad, es la heterosexualidad»." El discurso se tirse se transforman en prácticas afianzadas y, con el tiem-vuelve opresivo cuando exige que el sujeto hablante, para po, en instituciones. La estructura asimétrica del lenguajehablar, intervenga en los términos mismos de esa opresión, -que equipara con lo masculino al sujeto que habla por loes decir, que presuponga la imposibilidad o ininteligibilidad universal y como lo universal, y a la hablante femenina comodel mismo sujeto hablante. Esta supuesta heterosexualidad, «particular» e «interesadas-e- no es intrínseca a ningún len-según ella, tiene lugar dentro del discurso para comunicar guaje concreto ni al lenguaje en sí. Estas posiciones asimétri-una amenaza: «Serás heterosexual o no secís»." Las muje- cas no son una consecuencia de la «naturaleza» de hombres res, las lesbianas y los hombres gays, afirma Wittig, no pue- o mujeres porque, como afirmó Beauvoir, esa «naturaleza» den aceptar la posición del sujeto hablante dentro del siste- no existe: «Uno debe entender que los hombres no nacen ma lingüístico de la heterosexualidad obligatoria. Hablar con una facultad para lo universal y que las mujeres no se dentro del sistema es estar privado/a de la posibilidad del circunscriben en el momento de su nacimiento a lo particu- habla; por consiguiente, hablar dentro de ese contexto es lar. Los hombres se han adueñado y se siguen adueñando a una contradicción performativa: la afirmación lingüística de cada instante de lo universal. No es que suceda, sino que tie- un yo que no puede «ser» dentro del lenguaje que lo afirma. ne que hacerse. Es un acto, un acto criminal cometido por
    • 234 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 235una clase contra otra. Es un acto realizado en el nivel de los misma oportunidad para establecer la subjetividad. La laborconceptos, la filosofía y la política»." práctica, a la que tienen que hacer frente las mujeres al in- Aunque lrigaray afirma que «el sujeto siempre es ya mas- tentar establecer la subjetividad a través del habla, dependeculino», Wittig refuta la idea de que «el sujeto» sea exclusi- de su capacidad colectiva para librarse de las reificacionesvamente territorio masculino. Para ella, la plasticidad misma del sexo que se les han impuesto y que las tergiversan paradel lenguaje se opone a establecer la posición del sujeto convertirlas en seres parciales o relativos. Puesto que esta li-como masculina. En realidad, la hipótesis de un sujeto ha- beración es el resultado del ejercicio de invocar plenamenteblante absoluto es, según Wittig, el objetivo político de las el <<yo», las mujeres salen de su género por medio del habla.«mujeres», que, si se consigue, suprimirá completamente la Puede creerse que las reificaciones sociales del sexo ocultancategoría de «mujeres». Una mujer no puede utilizar la pri- o deforman una realidad ontológica anterior, realidad quemera persona «yo» porque, como mujer, la hablante es «par- estriba en la oportunidad igual de todas las personas, prevíaticular» (relativa, interesada, de perspectiva), e invocar el a las marcas de sexo, para usar el lenguaje en la afirmación«yo» implica la capacidad de hablar por y como el ser hu- de la subjetividad. Al hablar, el «yo» acepta la totalidad delmano universal: «Un sujeto relativo es inconcebible, un su- lenguaje y, por consiguiente, puede hablar desde todas lasjeto relativo no hablaría para nada»." Basándose en la hipó- posiciones, o sea, en un modo universal. «El género l. .. ]tesis de que hablar da por sentado e invoca de manera funciona sobre este hecho ontológico para cancelarlo», afir-implícita la totalidad del lenguaje, Wittig define al sujeto ha- ma Wittig, suponiendo el principio primario de igual acce-blante afirmando que, al decir «yo», «se vuelve a adueñar so a lo universal para cumplir las exigencias de ese «hechodel lenguaje como totalidad, procediendo sólo desde uno ontológico»." No obstante, ese principio de igual acceso semismo, con el poder de utilizar todo el lenguaje». Esta fun- basa en sí en una hipótesis ontológica de la unidad de losdamentación absoluta del «yo» hablante adquiere dimensio- seres hablantes en un Ser que es anterior al ser sexuado. Elnes divinizadas dentro del razonamiento de Wittig. El privi- género, afirma, «intenta dividir al Ser», pero «el Ser comolegio de decir «yo» crea un yo soberano, un centro de ser no se divide»." Entonces, la afirmación coherente delplenitud y poder absolutos; hablar establece «el supremo «yo» admite no sólo la totalidad del lenguaje, sino la unidadacto de subjetividad». Esta llegada a la subjetividad es la del ser.destrucción del sexo y, por consiguiente, de lo femenino: Aquí, más rotundamente que en ningún otro lugar, Wit-«Ninguna mujer puede decir yo sin ser para sí misma un su- tig se sitúa dentro del discurso tradicional de la investiga-jeto total, es decir, sin género, universal, entero»." ción filosófica de la presencia, el Ser, la plenitud esencial e Wittig continúa especulando sobre la naturaleza del len- ininterrumpida. Wittig, que no coincide con la posición de-guaje y el «ser», que coloca su propio proyecto político den- rrideana que plantea que toda la significación depende detro del discurso tradicional de la ontoteología. Para ella, la cierta d¡l/érance operativa, alega que hablar exige e invocaontología primaria del lenguaje otorga a cada persona la una identidad inconsútil de todas las cosas. Esta ficción fun-
    • 236 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 237 dacional le proporciona un punto de partida mediante el género es un campo de plenitud permanente. Wittig critica cual puede criticar las instituciones sociales existentes. No el «pensamiento recto» porque éste no puede desprenderse obstante, queda la pregunta más importante: ¿a qué relacio- de la idea de «diferencia». Junto con Deleuze y Guattari, nes sociales contingentes se subordina esa hipótesis del ser Wittig rechaza el psicoanálisis porque es una ciencia funda- la autoridad y el carácter universal del sujeto? ¿Por qué dar- da en una economía de «carencia» y «negación». En «Para- le valor a la usurpación de esa noción autoritaria del sujeto? digma», uno de sus primeros ensayos, Wittig afirma que el ¿Por qué no intentar descentrar al sujeto y sus tácticas epis- derribo del sistema de sexo binario puede dar comienzo a té~icas universalizadoras? Si bien Wittig critica el «pensa- un campo cultural de muchos sexos. En ese ensayo alude a miento recto» porque universaliza su punto de vista, al pa- El Anti-edipo: * «Para nosotros no hay uno ni dos sexos, sino rece~ ella no sólo universaliza el pensamiento recto, sino que muchos [véase GuattarilDeleuze]: hay tantos sexos comono nene en CUenta las consecuencias totalitarias de una teo- individuos»." No obstante, la multiplicación sin límites de ría de actos de habla soberanos como la suya. sexos lógicamente implica la negación del. sexo como tal. Si la Desde una perspectiva política, la división del ser -un cantidad de sexos se refiere a la cantidad de individuos exis-acto de violencia contra el campo de la plenitud ontológica, tentes, el sexo ya no tendría un uso general como término: elsegún ella- en la distinción entre lo universal y lo particu- sexo sería una propiedad radicalmente singular y ya no po-lar crea una relación de sometimiento. La dominación debe dría funcionar como una generalización útil o descriptiva.verse como la negación de una unidad anterior y primaria de Las metáforas de destrucción, derribo y violencia que setodas las personas en un ser prelingtiístico, y se crea a través usan en la teoría y en las novelas de Wittig tienen una posi-de un lenguaje que, en su acción social plástica, genera una ción ontológica difícil. Aun cuando las categorías lingüísti-ontología artificial, de segundo orden, una ilusión de dife- cas dan forma a la realidad de una manera «violenta», gene-rencia, disparidad y, por tanto, jerarquía que se convierte en rando ficciones sociales en nombre de lo real, parece haberla realidad social. una realidad más verdadera, un campo ontológico de uni- Paradójicamente, Wittig no utiliza en ningún momento dad en relación con el cual se comparan estas ficciones so-el mito aristofánico acerca de la unidad original de los géne- ciales. Wittig rechaza la diferenciación entre un conceptoros, porque el género es un principio divisor, un instrumen- «abstracto» y una realidad «material», alegando que los con-to de sometimiento, que se opone a la noción misma de uni- ceptos se crean y se mueven dentro de la materialidad deldad. Resulta revelador que sus novelas usen una estrategia lenguaje y que éste funciona de un modo material para cons-narrativa de desintegración, lo cual indica que la formula- truir el mundo social." Por otro lado, estas «construccio-ción binaria del sexo debe dividirse y multiplicarse hasta nes» se consideran distorsiones y reificaciones que debenque lo binario en sí se muestre como contingente. El libre afirmarse en relación con un campo ontológico anterior dejuego de atributos o «rasgos físicos» nunca es una destruc-ción absoluta, pues el campo ontológico deformado por el * Barcelona, Paidós, 1985.
    • 238 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 239unidad y plenitud radicales. Así pues, los constructos son materiales, también apela al lenguaje literario en general«reales» en la medida en que son fenómenos ficticios que para recuperar la unidad del lenguaje como forma y conte-adquieren poder dentro del discurso. No obstante, estos nido indisolubles: «A través de la literatura [... ] las palabrasconstructos pierden poder mediante actos locutorios que de vuelven a nosotros otra vez enteras»;" «el lenguaje existemanera implícita apelan a la universalidad del lenguaje y la como un paraíso formado por palabras visibles, audibles,unidad del Ser, Wittig sostiene que «es bastante posible que palpables y degustables»." Son principalmente las obras li-una obra literaria funcione como una máquina de guerra» e terarias las que permiten a Wittig experimentar con los pro-incluso «una máquina de guerra perfecta»." La estrategia nombres que dentro de los sistemas de significado oblígate-principal de esta guerra es que mujeres, lesbianas y gays rio unen lo masculino con lo universal y permanentemente-que han sido particularizados por medio de su identifica- particularizan lo femenino. En Les Guérilleres"7 procura su-ción con el «sexos-e- se adueñen de la posición de sujeto ha- primir todas las combinaciones él-ellos (il-ils), todos los «él»blante y de la invocación al punto de vista universal. (ti) y ofrecer elles como la representación de lo general, de lo El tema de cómo un sujeto particular y relativo puede sa- universal. «El objetivo de este planteamiento ---escribe- nolir de la categoría de sexo mediante el habla es el punto cen- es feminizar el mundo, síno hacer que las categorías de sexotral de los diferentes comentarios de Wittig sobre Djuna se queden anticuadas en el lenguaje.e"Bames," Marce! Prousr" y Natalie Sarraute." El texto lite- En una estrategia imperialista y conscientemente provo-rario como máquina de guerra se dirige, en cada caso, con- cadora, Wittig alega que sólo al aceptar el punto de vistatra la fragmentación jerárquica del género, la superación de universal y absoluto, allesbianizar realmente el mundo en-lo universal y lo particular en nombre de la recuperación de tero, se puede derrocar el orden obligatorio de la heterose-una unidad anterior y esencial de esos térrninos. Universali- xualidad. Elj/e de El cuerpo lesbiana pretende establecer azar el punto de vista de las mujeres implica al mismo tiempo la lesbiana no como un sujeto dividido, sino como el sujetodestruir la categoría de mujeres y permitir un nuevo huma- soberano que puede librar lingüísticamente una batalla con-nismo. Así, la destrucción siempre es una restauración, es tra un «mundo» que ha efectuado un ataque semántico y decir, la supresión de un conjunto de categorías que intro- sintáctico contra la lesbiana. Su propósito no es llamar la ducen fragmentaciones artificiales en una ontología que de atención sobre los derechos de las «mujeres» o las «lesbia- otra manera estaría unificada. nas» como individuos, sino oponerse a la episteme heterose- Sin embargo, las obras literarias tienen un acceso privi- xista totalizadora por medio de un discurso invertido con lalegiado a este campo primario de abundancia ontológica. La misma extensión y poder. El objetivo no es aceptar la postu- separación entre forma y contenido se refiere a la división fi- ra del sujeto hablante para ser un individuo aceptado dentro losófica artificial entre pensamiento abstracto universal y de una sucesión de relaciones lingüísticas recíprocas, sino realidad material concreta. De la misma fonna que Wittig que el sujeto hablante se convierta en más que el individuo: recurre a Bajtín para determinar conceptos como realidades en una perspectiva absoluta que impone sus categorías en
    • 240 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 241todo el campo lingüístico, denominado «el mundo». Sólo Al igual que en Lacan, la idealización de la heterosexua-una táctica bélica de las mismas proporciones que las de la lidad se manifiesta incluso dentro de la propia formulaciónheterosexualidad obligatoria, afirma Wittig, podrá enfren- de Wittig para controlar los cuerpos de los heterosexualestarse a la hegemonía epistémica de esta última. activos, lo que, en definitiva, es imposible y.en realidad, está Para Wittig, en su sentido ideal, hablar es un acto poten- condenado a tropezar con su propia imposibilidad. Wittigte , una afirmación de soberanía que al mismo tiempo supo- parece creer que únicamente el hecho de desviarse radical-ne una relación de igualdad con otros sujetos hablantes." mente de los contextos heterosexuales --es decir, volverseEste «contrato» ideal o primario del lenguaje opera en un lesbiana o gay- puede derrocar este régimen heterosexual. nivel implícito. El lenguaje tiene dos características: puede Pero esta consecuencia política sólo tiene1ugar si se tiene en utilizarse para afirmar una universalidad verdadera e inclu- cuenta que toda «intervención» en la heterosexualidad es yente de individuos, o puede instaurar una jerarquía en la una repetición y el afianzamiento de la opresión heterose- que sólo algunos individuos son aptos para hablar y otros, a xual. Las probabilidades de resignificar la heterosexualidad consecuencia de su exclusión del punto de vista universal, misma se niegan precisamente porque la heterosexualidad se no pueden «hablar» sin desprestigiar al mismo tiempo su considera un sistema total que exige un desplazamiento to- discurso. No obstante, antes de esta relación asimétrica con tal. Las opciones políticas resultantes de una visión tan tota- el habla hay un contrato social ideal, según el cual todo acto lizadora del poder heterosexista son: a) una conformidad ra- de habla en primera persona acepta y confirma una recipro- dical, o b) una revolución radical. cidad absoluta entre los sujetos hablantes; ésta es la opinión Dar por sentada la integridad sistémica de la heterose- de Wittig sobre una situación ideal de habla. Pero deformar xualidad es extremadamente problemático para la interpre- y esconder esa reciprocidad ideal es el contrato heterosexual, tación de Wittig respecto de la práctica heterosexual, y para el tema de la obra teórica más reciente de Wittig,~O si bien su concepción de la homosexualidad y el lesbianismo. Ya ,. 51 siempre ha estado presente en sus ensayos teoncos. que está por completo «fueras de la matriz heterosexual, la Tácito pero siempre activo, el contrato heterosexual no homosexualidad se considera fundamentalmente no condi- puede circunscribir a ninguna de sus vertientes empíricas. cionada por las reglas heterosexuales. Esta purificación de la Escribe Wittig: homosexualidad, una suerte de modernismo lesbiano, ac- tualmente es refutada por muchos discursos gays y lésbícos, Contrapongo un objeto que no existe, un fetiche, una for- según los cuales la cultura lesbiana y gay está inscrita en las ma ideológica que no puede afianzarse en la realidad, salvo estructuras más amplias de la heterosexualidad, aun cuando mediante sus efectos, cuya existencia está en la mente de la se sitúen en relaciones subversivas o resignificadoras ante las gente, pero de una forma que atañe a toda su vida, a su forma configuraciones culturales heterosexuales. Al parecer, la vi- de actuar, de moverse, de pensar. De modo que nos enfrenta- sión de Wittig rechaza la alternativa de una heterosexuali- mos a un objeto tanto imaginario como real." dad volitiva u optativa; pero, aunque la heterosexualidad se
    • 242 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 243presente como obligatoria o supuesta, de ahí no se despren- en mi opinión ésta no es la única forme en la que opera. Se-de que todos los actos heterosexuales estén radicalmente de- gún Wittig, las tácticas para oponerse políticamente a la he-cididos. Asimismo, la disyunción fundamental de Wittig en- terosexualidad normativa son bastante directas. Única-tre hetero [straight, recto] y gay es una copia del tipo de mente el conjunto de personas encarnadas que no estánbinarismo disyuntivo que ella misma denomina el gesto filo- involucradas en una relación heterosexual dentro de los lí-sófico divisorio del pensamiento recto. mites de la familia -que piensa que la reproducción es la fi- Mi opinión es que la disyunción radical propuesta por nalidad o el telas de la sexualidad- refuta de forma activaWittig entre heterosexualidad y homosexualidad no es cier- las categorías sexuales o, al menos, no está de acuerdo conta, que hay estructuras de homosexualidad psíquica e~ las las presuposiciones y los objetivos normativos de ese gruporelaciones heterosexuales y estructuras de heterosexualidad de categorías. Según Wittig, ser lesbiana o gay es ya no saberpsíquica en las relaciones y la sexualidad gay y lésbica. Asi- el sexo propio, estar involucrado en una confusión y en lamismo, hay otros centros de poder!discurso que elaboran y multiplicación de categorías que convierten al sexo en unaestructuran tanto la sexualidad gay como la hetero; la hete- categoría de identidad imposible. Por muy liberador que rosexualidad no es la única expresión obligatoria de poder pueda parecer, el planteamiento de Wittig ignora los dis- que inspira a la sexualidad. El ideal de una heterosexualidad cursos dentro de la cultura gay y lésbíca, en los que abun- coherente, que Wittig define como la norma y lo usual del dan identidades sexuales específicamente gay al adueñarse contrato heterosexual, es un ideal imposible, un «fetiche», y replantear las categorías sexuales. Los rérmínos queens como ella misma indica. Una explicación psicoanalítica pue- [reinas}, butches/emmes, girls[chicas}, y hasta la reapropia- de afirmar que esta imposibilidad se manifiesta a conse- ción paródica de dyke [bollera}, queer y lag [maricón}, rea- cuencia de la complejidad y la oposición de una sexualidad provechan y alteran las categorías sexuales y las categorías inconsciente que no desde siempre es heterosexual. En este originalmente despectivas de la identidad homosexual. To- sentido, la heterosexualidad proporciona posiciones sexua- dos y cada uno de estos términos pueden considerarse sin- les normativas que son intrínsecamente imposibles de en- tomáticos del «pensamiento recto», modos de equipararse carnar, y la incapacidad permanente de equipararse plena- con la visión que tiene el dominador de la identidad de los mente y sin incoherencias con estas posiciones demuestra individuos dominados. Por otro lado, lesbiana ha sido, des- que la heterosexualidad misma no sólo es una ley obligato- de luego, un término parcialmente reivindicado en cuanto a ria, sino una comedia inevitable. En realidad, yo definiría sus significados históricos, y las categorías paródicas sirven esta idea de la heterosexualidad como un sistema obligato- para conseguir el propósito de desnaturalizar el sexo en sí. rio y una comedia intrínseca, una parodia permanente de sí Por poner un ejemplo, cuando un restaurante gay cierra por misma, y como una perspectiva gay/lésbica diferente. vacaciones, los dueños ponen un letrero para explicar que Está claro que la norma de heterosexualidad obligatoria «ella ha trabajado mucho y necesita un descanso». Esta funciona con la fuerza y la violencia que detalla Wittig, pero apropiación muy gay del femenino sirve para multiplicar si-
    • 244 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 245tios posibles de utilización del término, para mostrar la rela- la inversión de base y figura, puede crear una producciónción arbitraria entre significante y significado, y para deses- de deseo muy complicada y estructurada. Resulta reveladortabilizar y activar el signo. ¿Es ésta una «apropiación» colo- que el cuerpo sexuado como «base» y la identidad de butchnizadora de lo femenino? Creo que no. Esa acusación implica o [emme como «figura» puedan modificarse, intercambiarseque lo femenino es propio de las mujeres, hipótesis desde y provocar diferentes clases de confusiones eróticas. Nin-luego dudosa. guna puede afirmar su derecho sobre «lo real», aunque am- Dentro de los contextos lésbicos, la «identificación» con b~s pueden co~si:I~arse el objeto de una creencia, depen-la masculinidad que aparece como la identidad hutch no es diendo de la dinámio, del intercambio sexual. La idea deuna mera reintegración dellesbianísmo al ámbito de la hete- q~e butch y [emme en cierto sentido son «réplicas» o «co-rosexualidad. Como una lesbiana femme explicó, le gusta p.I~S» d~. intercambio heterosexual subestima la significa-que sus chicos sean chicas, lo que indica que «ser una chica» cton eronca de estas identidades que son internamente di-contextualiza y otorga un significado nuevo a la «masculini- sonantes y complejas y otorgan nuevos significados a lasdad» en una identidad hutch. La consecuencia es que esa categorías hegemónicas que las crean. Las lesbianas femmemasculinidad, si puede denominarse así, siempre se mani- pueden recordamos el escenario heterosexual, por así decir-fiesta en relación con un «cuerpo femenino» culturalmente ~o, p~ro también, al mismo tiempo, lo desplazan. En lasinteligible. Precisamente esta yuxtaposición disonante y la Identidades butch y [emme se pone en duda la noción mismatensión sexual que produce su transgresión componen el de una identidad original o natural; en realidad, precisa-objeto de deseo. En efecto, el objeto del deseo [y es eviden- mente el cuestionamiento encamado en esas identidades sete que no hay sólo uno] de la lesbiana femme no es cualquier convierte en una fuente de su significación erótica.cuerpo femenino descontextualizado ni una identidad mas- Si bien Wittig no examina el significado de las idenri-culina diferenciada pero añadida, sino la desestabilización d~~es butch y!emme, su n~ción de sexo ficticio sugiere unde ambos términos cuando entran en la interacción erótica. disimulo parecido de la noción natural u original de la cohe-De manera parecida, algunas mujeres heterosexuales o bise- rencia del género que supuestamente existe entre los cuer-xuales bien pueden desear que la relación de «figura» a pos sexuados, las identidades de género y las sexualidades.«base» funcione en la dirección opuesta, es decir, pueden ?el E~ l~ desc~?ció~ se~o como categoría ficticia que hacedesear que sus chicas sean chicos. En ese caso, la percepción WIttIg esta implícita la Idea de que los diferentes compo-de la identidad «femenina» se yuxtapondría al cuerpo «mas- nentes ?~ «sexo» bien podrían fragmentarse. En dicha frag-culino» como base, pero ambos términos, a través de la yux- mentaCl?n de l~ coherencia corporal, la categoría de sexo yataposición, perderían su estabilidad interna y la distinción no podna funcionar descriptivamente en ningún ámbito cul-entre uno y otro. Es evidente que esta forma de pensar sobre tural. concreto. Si la categoría de «sexo» se determina porlos intercambios de deseo respecto del género es mucho más me?io de actos repetidos, entonces, al contrarío, la accióncompleja, pues el juego de masculino y femenino, así como SOCIal de los cuerpos dentro del ámbito cultural puede reti-
    • 246 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 247rae el poder mismo de la realidad que esos cuerpos confirie-ron a la categoría. hay que tener en cuenta los efectos des-potenciadores y des- Para que el poder sea retirado, el poder mismo debería naturalizadores de una exhibición específicamente gay deconcebirse como la operación retractable de la voluntad; en los constructos heterosexuales. La presencia de estas normasrealidad, se consideraría que el contrato heterosexual se pre- no determina únicamente un ámbito de poder que no pue-serva a través de un conjunto de elecciones, así como se con- de negarse, sino que éstas pueden ser y son un sitio de refu-sidera que el contrato social de Locke o Rousseau presupo- tación y demostración paródicas que priva a la heterose-ne la elección racional o la voluntad deliberada por parte de x~al.ida~ obliga~o~ia de sus afirmaciones de naturalidad yaquellos a quienes presuntamente gobierna. No obstante, si originalidad. Wlttlg aboga por una posición más allá delel poder no se limita a la voluntad, y si se niega el modelo sexo que devuelve su teoría a un humanismo problemáticoclásico liberal y existencial de la libertad, entonces puede basado en una problemática metafísica de la presencia. Noconsiderarse, como creo que debe ser, que las relaciones de obstante, sus obras literarias parecen seguir un tipo de es-poder limitan y forman las opciones mismas de la voluntad. trategia política distinto del que expone en sus ensayos teó-Por consiguiente, el poder no puede ser ni retirado ni re- ricos. ~ El cu.erpo lesbiano y en LesGuérilléres, la estrategiachazado, sino sólo replanteado. En realidad, en mi opinión, narrativa mediante la cual se organiza la transformación po-el propósito normativo para las prácticas gay y lésbíca debe- lítica utiliza la reformulación y la transvaloración, una y otraría residir en el replanteamiento subversivo y paródico del vez, para usar los términos originalmente opresores y a lapoder más que en la imposible fantasía de su trascendencia vez despojarlos de sus funciones legítimadoras.total. . Aunque Wittig es «materialista», el término tiene un sig- Mientras que Wittig prevé, de forma obvia, que el les- nificado concreto dentro de su marco teórico. Ella intenta irbianismo es un repudio total de la heterosexualidad, yo afir- más allá de la partición entre materialidad y representaciónmaría que incluso ese repudio es un compromiso y, en defi- que distingue al pensamiento «recto». El materialismo no su-nitiva, una dependencia total de los mismos términos que el pone ni reducir las ideas a la materia ni considerar la teoríalesbianismo pretende trascender. Si la sexualidad y el poder como un reflejo de su base económica, estrictamente conce-son coextensos, y si la sexualidad lésbica no está ni más ni bida. El materialismo de Wittig sugiere que las institucionesmenos construida que otras formas de sexualidad, entonces y prácticas sociales -sobre todo la institución de la hetero-no hay ninguna promesa de placer ilimitado después de des- sexualidad- son la base del análisis crítico. En «The Straightprenderse de las cadenas de la categoría del sexo. La pre- Mind» y «The Social Contraer»," Wittig concibe la institu-sencia articuladora de los constructos heterosexuales dentro ción de la heterosexualidad como la base fundadora de losde la sexualidad gay y lésbica no significa que esos construc- órdenes sociales dominados por hombres. La «naturalezas ytos definan ese tipo de sexualidad ni que ésta se pueda deri- el campo de la materialidad son ideas, constructos ideológi-var de esos constructos o circunscribirse a ellos. De hecho, cos, creados por estas instituciones sociales para afianzar los intereses políticos del contrato heterosexual. En este sentido,
    • 248 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 249Wittig es una idealista clásica para quien la naturaleza es una ser una subversión? En El cuerpo lesbiana, el acto de hacer representación mental. Un lenguaje de significados obligato- el amor literalmente desgarra y aleja los cuerpos de la pare- rios genera esta representación de la naturaleza para apoyar ja. En tanto que sexualidad lésbica, esta serie de actos quela estrategia política de dominación sexual y para racionalizar es~án fuera de la matriz reproductiva transforma el cuerpola institución de la heterosexualidad obligatoria. mismo en un núcleo incoherente de atributos, gestos y de- A diferencia de Beauvoir, Wittig ve en la naturaleza no seos. y en Les Gueriíléres de Wittig emerge el mismo tipo deuna materialidad vigorosa, un medio, superficie ti objeto, efecto desintegrador, incluso la violencia, en el combate en-sino una «ideax creada y preservada con e] objetivo del con- tre las «mujeres» y sus opresores. En ese contexto, Wittig setrol social. La elasticidad misma de la aparente materialidad aleja de quienes sostienen la noción de un placer, una escri-del cuerpo se explica en El cuerpo lesbiano cuando el len- tura o una identidad «específicamente femeninos»; casi seguaje figura y refigura las partes del cuerpo en configuracio- burla de quienes afirman el «círculo» como su emblema. Se-nes sociales radicalmente nuevas respecto de la forma (y la gún Wittig, la cuestión no es elegir la parte femenina de laantiforma). Al igual que los lenguajes mundanos y científi- relación binaria con lo masculino, sino trasladar esa relacióncos que ponen en movimiento la idea de «naturaleza» y así binaria como tal, mediante una destrucción específicamentecrean la concepción naturalizada de cuerpos diferenciada- lesbiana de sus categorías constitutivas.mente sexuados, el propio lenguaje de Wittig efectúa una La destrucción se manifiesta literalmente en el texto fic-desfiguración y una refiguración distintas de los cuerpos. Su ticio, como sucede en el violento combate de Les Guerille-propósito es explicar la idea de un cuerpo natural como una res. Los textos de Wittig han sido criticados por esta utiliza-construcción y proponer una serie de estrategias decons- ción de la violencia y la fuerza, nociones que en aparienciatructivas/reconstructivas para configurar cuerpos que refu- parecen opuestas a los propósitos feministas. Pero hay queten el poder de la heterosexualidad. El contorno y la forma advertir que la estrategia narrativa de Wittig no es establecermisma de los cuerpos, su principio unificador, sus partes lo femenino a través de una estrategia de diferenciación ocompuestas, siempre están figurados por un lenguaje imbui- exclusión de lo masculino, la cual afianza la jerarquía y lasdo de intereses políticos. Para Wittig, el reto político consis- relaciones binarias mediante una transvaloración de valoreste en adueñarse del lenguaje como el medio de represen- en la que las mujeres representan el campo del valor positi-tación y producción, tratarlo como un instrumento que vo. En oposición a una estrategia que afiance la identidad dereiteradamente construye el campo de los cuerpos y que de- las mujeres mediante un procedimiento excluyente de dife-bería utilizarse para deconstruir y reconstruir los cuerpos renciación, Wittig propone otra de reapropiación y refor-fuera de las categorías opresoras del sexo. mulación subversivas de los «valores» que en un principio Si la proliferación de las posibilidades de género muestra parecían corresponder al campo masculino. También se po-y altera las reificaciones binarias del género, ¿cuál es la na- dría afirmar que Wittig ha asimilado valores masculinos oturaleza de esta acción subversiva? ¿Cómo puede esa acción de hecho, que está «identificada con lo masculino», pero la
    • 250 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 251noción misma de «identificación» reaparece en el contexto El texto de Wittig no sólo deconstruye el sexo y proponede esta producción literaria como algo mucho más comple- una forma de derribar la falsa unidad nombrada por el sexo,jo de lo que indicaría el uso sin reservas de ese término. Re- sino que también efectúa una suerte de acción corpórea y di-sulta revelador que en su escrito la violencia y el combate es- fusa, creada a partir de varios centros de poder diferentes.tén reeontextualizados y ya no conserven los mismos En realidad, el origen de la acción personal y política nosignificados que poseen en entornos opresores. No es ni una procede del interior del individuo, sino de los intercambiosmera «inversión de los papeles» en la que las mujeres ahora culturales complejos entre los cuerpos en los que la identi-dirigen su violencia contra los hombres, ni una mera interio- dad en sí varía constantemente y, lo que es más, donde serizacion de las normas masculinas de manera que las mujeres construye, se derriba y vuelve a ponerse en movimiento sóloahora utilicen la violencia contra ellas mismas. La violencia en el contexto de un campo dinámico de relaciones cultura-del texto va dirigida contra la identidad y la coherencia de la les. Así que ser una mujer es, para Wittig -y también paracategoría de sexo, un constructo inanimado que mata el Beauvoir-, llegar a ser una mujer pero, puesto que este pro-cuerpo. Puesto que esa categoría es el constructo naturaliza- cedimiento en ningún sentido es fijo, cabe la probabilidaddo que hace parecer inevitable la institución de la heterose- de que se convierta en un ser a quien ni hombre ni mujer de-xualidad normativa, la violencia textual de Wittig se efectúa finen realmente. No es la figura del andrógino ni de algúncontra esa institución, y no fundamentalmente por su hete- «tercer género» hipotético, ni tampoco de una trascendenciarosexualidad, sino por su obligatoriedad. de lo binario. Se trata más bien de una subversión interna en Además, hay que tener en cuenta que la categoría de la que lo binario se reconoce y se multiplica hasta el puntosexo y la institución naturalizada de la heterosexualidad son de que ya no tiene sentido. La fuerza de las novelas de Wit-constructos, «fetiches» o fantasías socialmente instaurados y tig, su reto lingüístico, estriba en proporcionar una expe- socialmente reglamentados; no categorías naturales, sino po- riencia que trasciende las categorías de identidad, un com- líticas (categorías que demuestran que apelar a lo «natural» bate erótico por producir nuevas categorías a partir de los en esos contextos siempre es político). Por consiguiente, restos de las antiguas categorías, nuevos modos de ser un tanto el cuerpo desgarrado como los combates librados en- cuerpo dentro del campo cultural, y lenguajes descriptivos tre las mujeres crean violencia textual, la deconstrucción de completamente nuevos. constructos que siempre implican ya cierto tipo de violencia Como respuesta a la afirmación de Beauvoir de que «no contra las opciones del cuerpo. se nace mujer, más bien se llega a serlo», Wittig alega que en Pero aquí podemos plantear la pregunta: ¿qué permane- lugar de convertirse en mujer, una (¿cualquiera?) puede lle- ce cuando el cuerpo, que se ha hecho coherente mediante la gar a ser lesbiana. Al negar la categoría de mujeres, el femi- categoría de sexo, se desagrega y se vuelve caótico? ¿Puede nismo lésbico de Wittig parece atajar toda clase de solida- este cuerpo ser re-membrado y reconstruido? ¿Hay acciones ridad con las mujeres heterosexuales y sugiere de manera que no exijan reforzar de forma coherente este constructo? implícita que el lesbianismo es la consecuencia lógica o polí-
    • 252 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 253ricamente necesaria del feminismo. Obviamente, este tipo tamente la relación de dependencia radical que intenta ven-de preceptismo separatista ya no es probable. Pero, aunque cer: el lesbianismo entonces exigiría la heterosexualidad. Elfuese políticamente viable, ¿qué criterios se utilizarían para lesbianismo que se define en la exclusión radical de la hete-determinar la cuestión de la «identidad» sexual? rosexualidad se despoja de la capacidad de otorgar nuevos Si convertirse en lesbiana es un acto, un tomar licencia significados a los mismos construetos heterosexuales me-de la heterosexualidad, una autodenominación que rechaza diante los cuales se conforma parcial e inevitablemente.los significados obligatorios de mujeres y hombres d~ la he- Como consecuencia, esa estrategia lésbica afianzaría la hete-terosexualidad, ¿qué evitará que el nombre de lesbiana se rosexualidad obligatoria en sus formas opresoras.convierta en una categoría igualmente obligatoria? ¿Qué La táctica más insidiosa y eficaz es, al parecer, una apro-quiere decir ser lesbiana? ¿Lo sabe alguien? Si una lesbiana piación y reformulación total de las propias categorías de impugna la separación radical entre las economías ?etero~­ identidad, no sólo para negar el «sexo», sino para organizar xual y homosexual que defiende Wittig, ¿esa lesbiana deja la concurrencia de numerosos discursos sexuales en el lugar de serlo? Y si es un «acto» lo que determina la identidad de la «identidad» con el propósito de conseguir que esa ca- como una consecución performativa de la sexualidad, ¿ha- tegoría, en cualquiera de sus formas, sea permanentemente brá ciertos tipos de actos que cumplan los requisitos mejor problemática. que otros para ser fundacionales? ¿Se pued~ hacer el act? con un «pensamiento recto»? ¿Puede concebirse la sexuali- dad lesbiana no sólo como una refutación de la categoría de INSCRIPCIONES CORPORALES, SUBVERSIONES PERFORMATIVAS «sexo», de «mujeres», de «cuerpos naturales», sino también de «lesbiana»? Garbo se engalanaba como una «travestida» siempreque tenía que re- Es sorprendente que Wittig sugiera una relación ~ec~sa­ presentar a un personaje muy glamoroso, siempreque se fundía dentro ria entre el punto de vista homosexual y el del lenguaje figu- o fuera de los brazos de un hombre, siempreque sencillamentedejaba rativo, como si ser homosexual refutara la sintaxis y la se- que ese cuello divinamente inclinado [. .J sostuviera el pesode su ca- mántica obligatorias que elaboran <Jo real». Al quedar beza echado haciaatrás. L. ..J ¡Qué resplandeciente parece el arte de excluido de lo real, el punto de vista homosexual -si lo actuar. Todo es encamación, seao no verdadero el sexo que se esconde hay- bien podría pensar que lo real está formado por ~a detrás. serie de exclusiones, márgenes que no aparecen, ausencias PARKER 1YLER, «TIte Garbo Irnage», que no figuran. Sería un gran error construir una identi~ad aparecido eri Esther Newton, Mother Camp gay/lésbica con los mismos medios excluyentes, como 51.10 excluido, precisamente por su exclusión, no siempre se die- Las categorías de sexo verdadero, género diferenciado y ra por sentado y, de hecho, se exigiría para construir .esa sexualidad específica han sido el punto de referencia esta- identidad. Resulta paradójico que esa exclusión instaure JUS- ble para una gran cantidad de teoría y política feministas.
    • 254 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 255 , Estos construetos de la identidad son los puntos de partida pasajes en la obra de Sartre y en la de Beauvoir en los que «el-< epistémicos a partír de los cuales emerge la teoría y se ar- cuerpo» se conforma como una facticidad muda, en espera ticula la política. En el caso del feminismo, la política está de un significado que puede atribuirse sólo mediante una presuntamente articulada para manifestar los intereses y las conciencia trascendente, entendida en términos cartesianos perspectivas de las «mujeres». Pero ¿tienen las «mujeres», como radicalmente inmaterial. Pero ¿qué es lo que determi- por así decirlo, una forma política que anteceda y prefigure na este dualismo? ¿Qué aparta al «cuerpo» como algo indi- la evolución política de sus intereses y su punto de vista ferente a la significación, y a esta misma como el acto de una epistémico? ¿Cómo se articula esa identidad, y es la articu- conciencia radicalmente desencarnada o, más bien, el acto lación política la que decide que la morfología y el límite que desencarna radicalmente esa conciencia? ¿En qué medi- mismos del cuerpo sexuado son el terreno, la superficie o el da se admite ese dualismo cartesiano en la fenomenología lugar de la inscripción cultural? ¿Qué circunscribe a ese lu- adaptada al marco estructuralista en que mente/cuerpo se re- gar como «el cuerpo femenino»? ¿Es «el cuerpo» o «el definen como cultura/naturaleza? En relación con el discur- cuerpo sexuado» la base estable sobre la que operan el gé- so de género, ¿en qué medida intervienen todavía estos dua- nero y los sistemas de sexualidad obligatoria? ¿O acaso «el lismos problemáticos dentro de las mismas descripciones que cuerpo» en sí es articulado por fuerzas políticas a las que les deberían apartarnos de ese binarismo y su jerarquía implíci- interesa que esté restringido y constituido por las marcas ta? ¿Cómo se delimitan los contornos del cuerpo en tanto te- del sexo? rreno o superficie incuestionados donde se circunscriben los La división sexo!género y la categoría de sexo en sí pare- significados del género, una simple facticidad que no tiene cen dar por sentada una generalización de «el cuerpo» que valor y que es anterior a la significación? existe antes de la obtención de su significación sexuada. Con Wittig afirma que un a priori epistémico culturalmente frecuencia, este «cuerpo» parece ser un medio pasivo que es específico determina la naturalidad del «sexo». Pero ¿a tra- significado por la inscripción de una fuente cultural percibi- vés de qué medios enigmáticos «el cuerpo» ha sido recono- da como «externa» respecto de él. No obstante, cualquier cido como un dato prima [acie que no acepta ninguna ge- teoría del cuerpo culturalmente construido debería poner en nealogía? También en el ensayo de Foucault sobre la cuestión duda «el cuerpo» por ser un constructo de generalidad du- de la genealogía, el cuerpo se configura como una superficie dosa cuando se entiende como pasivo y anterior al discurso. y el escenario de una inscripción cultural: «El cuerpo es la Hay antecedentes cristianos y cartesianos de estas opiniones superficie grabada de los acontecimienrosa.> La labor de la que, antes de la aparición de las biologías vitalistas en el siglo genealogía, afirma, es «mostrar un cuerpo completamente XIX, creían que «el cuerpo» es una materia inerte que no sig- grabado por la historia». No obstante, su enunciado va más nifica nada o, más concretamente, que significa un vacío pro- lejos al aludir al objetivo de la «historia» -que aquí se in- fano, el estado de la caída: engaño, pecado, las metáforas pre- terpreta apoyándose en el modelo de la «civilización» de monitorias del infierno y el eterno femenino. Hay muchos Freud_ como la «destrucción del cuerpo» [pág. 148]. La
    • 256 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 257historia destruye precisamente las fuerzas y los impulsos con mente transvalorado a un campo de valores sublimado.múltiples direcciones, y a la vez los mantiene mediante el Dentro de las metáforas de esta noción de valores culturalesEntstehung (acontecimiento histórico) de la inscripción. En se encuentra la figura de la historia como una herramientatanto que es «un volumen en constante desintegración» implacable de escritura, y el cuerpo como el medio que debe[pág. 148], el cuerpo siempre está en estado de sitio, sopor- ser destruido y transfígurado para que emerja la «cultura».tando el deterioro de los términos mismos de la historia, y Al decir que hay un cuerpo anterior a su inscripción cul-ésta es la formación de valores y significados mediante una tural, Foucault sugiere una materialidad anterior a la signifi-práctica significante que exige someter el cuerpo. Esta des- cación y a la forma. Puesto que esta distinción es una partetrucción corporal es necesaria para crear al sujeto hablante y esencial para la labor de la genealogía como él la define, lasus significaciones. Este cuerpo, definido con el lenguaje de distinción en sí queda excluida como un objeto de la inves-superficie y fuerza, pierde fuerza por medio de un «drama tigación genealógica. Eventualmente, en su análisis de Her-singular» de dominación, inscripción y creación [pág. 150]. culine, Foucault afirma que hay una abundancia predíscur-Éste no es el modus vivendi de un tipo de historia más que siva de fuerzas corporales que aparecen a través de lade otro, sino que, para Foucault, es la «historia» [pág. 148] superficie del cuerpo para alterar las prácticas que regulan laen su gesto esencial y represor. coherencia cultural impuesta sobre ese cuerpo por un régi- Aunque Foucault afirma: «Nada en el hombre [sic] -ni men de poder, entendido como una vicisitud de la «histo-siquiera su cuerpo-- es lo suficientemente estable para ser- ria». Si se rechaza el supuesto de algún tipo de fuente devir de base al reconocimiento propio o para entender a otros trastorno anterior a las categorías, ¿se puede analizar genea-hombres [sic]» [pág. 153], sin embargo expone que la cons- lógicamente la demarcación del cuerpo en sí como prácticatancia de la inscripción cultural es un «drama singular» que significante? Esta demarcación no es iniciada por una histo- actúa sobre el cuerpo. Si la creación de valores --ese modo ria reifícada o por un sujeto. Las marcas son producto de histórico de significación- exige la destrucción del cuerpo una estructuración difusa y activa del campo social. Esta---<le forma parecida al instrumento de tortura que en «La práctica significante crea un espacio social de y para el cuer- colonia penitenciaria» de Kafka destruye el cuerpo sobre el po dentro de ciertas rejillas reguladoras de la inteligibilidad. que escríbe-c-, entonces debe de haber un cuerpo anterior a En Pureza y peligro. de Mary Douglas, se afirma que los esa inscripción, estable e idéntico a sí mismo, sujeto a esa COntornos mismos de «el cuerpo» se determinan a través de destrucción sacrificante. En cierto modo, para Foucault, marcas que procuran establecer códigos específicos de co- igual que para Nietzsche, los valores culturales aparecen herencia cultural. Todo discurso que establece los límites como consecuencia de una inscripción en el cuerpo, enten- del cuerpo sirve también para instituir y naturalizar algunos dido como un medio, de hecho, como una página en blanco; tabúes respecto de los límites, las posturas y los modos de no obstante, para que esta inscripción pueda significar, ese intercambio adecuados que definen lo que conforma los medio en sí debe ser destruido, es decir, debe ser completa- cuerpos:
    • 258 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 259 Las ideas acerca de alejar, purificar, delimitar y sancionar estar separado. De ahí se desprende que la contaminación es transgresiones tienen como función principal establecer un un tipo de peligro que seguramente no sucederá a excepción sistema sobre una experiencia inherentemente desordenada. del lugar donde están definidas las líneas de la estructura cós- Únicamente al ampliar la diferencia entre dentro y fuera, arri- mica o social. ba y abajo, hombre y mujer, con y contra, se crea una seme- Una persona que contamina siempre está en el error. Ha janza de orden [pág. 4].55 desarrollado alguna condición equivocada o sencillamente ha traspasado alguna línea que no debería haber traspasado, Aunque Douglas defiende abiertamente la distinción es- y este desplazamiento origina algún peligro para alguientructuralista entre una naturaleza inherentemente inquieta y [pág. 113].56un orden impuesto por medios culturales, el «desorden»que menciona puede redefinirse como una región de inquie- En cierto modo, Simon Watney --en su libro Policingtud y caos culturales. Puesto que acepta la estructura inevi- Desire: AlDS, Pornograpby, and the Media-57 ha equipara-tablemente binaria de la distinción naturaleza/cultura, Dou- do la construcción actual de «la persona contaminante»glas no puede proponer una configuración diferente de la como la persona que tiene sida. No sólo se presenta la afec-cultura en la que tales diferenciaciones se hagan maleables o ción como la «enfermedad gay», sino que a través de la res-se multipliquen más allá del marco binario. Sin embargo, su puesta homofóbica e histérica a la enfermedad por parte deargumentación ofrece un punto de partida posible para los medios se advierte una construcción táctica de continui-comprender la relación mediante la cual los tabúes sociales dad entre la condición contaminada del homosexual (a con-instauran y preservan los límites del cuerpo como tal. Su es- secuencia de la infracción de los límites que es la homose-tudio señala que lo que conforma el límite del cuerpo nunca xualidad) y la enfermedad como una modalidad concreta dees puramente material, pero que la superficie, la piel, es sig- la contaminación homosexual. El hecho de que la enferme-nificada dentro del sistema por tabúes y transgresiones pre- dad se transmita mediante el intercambio de fluidos corpo-vistos; en realidad, los límites del cuerpo, en su estudio, se rales indica, dentro de las gráficas sensacionalistas de los sis-transforman en los límites de lo socialper se. Una formula- temas significantes homofóbicos, los peligros que los límitesción postestructuralista de su planteamiento bien podría te- corporales permeables presentan al orden social como tal.ner en cuenta que los límites del cuerpo son los límites de lo Douglas afirma que «el cuerpo es un modelo que puedesocialmente hegemónico. En diferentes culturas -afirma Usarse en cualquier sistema que tenga límites. Sus límitesDouglas- hay pueden representar todos los límites que estén amenazados o sean precarios» [pág. 115].58 Y formula una pregunta que poderes de contaminaciónque son inmanentes a la estructura se ?odría haber leído en Foucault: «¿Por qué se cree que los mismade las ideas y que sancionan tanto la ruptura simbólica margenes corporales están específicamente conferidos de de lo que debería estar unido como la unión de lo que debería poder y peligro?» [pág. 121V9
    • 260 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 261 Douglas alega que todos los sistemas sociales son vulne- mo, los ritos de paso que rigen diversos orificios corporalesrables en sus márgenes y que, por tanto, todos los márgenes dan por sentada una construcción heterosexual del intercam-se consideran peligrosos. Si el cuerpo es una sinécdoque del bio, las posiciones y las opciones eróticas de los géneros. Lasistema social perse o un lugar en el que concurren sistemas desregulación de tales intercambios trastoca también los lími-abiertos, entonces cualquier tipo de permeabilidad no regu- tes mismos que definen lo que es ser un cuerpo. En realidad,lada es un lugar de contaminación y peligro. Dado que el la investigación que estudia las prácticas reguladoras en lassexo anal y oral entre hombres determina claramente ciertos que se basan los límites corporales conforma precisamente latipos de permeabilidad corporal no permitidos por el orden genealogía de «el cuerpo» en su carácter diferenciado, genea-hegemónico, la homosexualidad masculina, dentro de ese logía que podría radicalizar aún más la teoría de Foucaulr."punto de vista hegemónico, sería un lugar peligroso y conta- Kristeva analiza la abyección de fonna significativa enminante previo a la presencia cultural del sida e indepen- Poderes de la perversión al proponer los usos de la idea es-diente de ella. Igualmente, la condición «contaminada» de tructuralista de un tabú que establece límites para crear unlas lesbianas, independientemente de su posición de bajo sujeto diferenciado por medio de la exclusión." Lo «abyec-riesgo respecto del sida, manifiesta los peligros de sus in- to» nombra lo que ha sido expulsado del cuerpo, evacuadotercambios corporales. Resulta revelador que estar «fuera» como excremento, literalmente convertido en «Otro». Estodel orden hegemónico no implica estar «en» un estado de se efectúa como una expulsión de elementos ajenos, pero denaturaleza sucia y desordenada. De forma paradójica, la ho- hecho lo ajeno se establece a través de la expulsión-. La cons-mosexualidad casi siempre se concibe dentro de la econo- trucción del «no yo» como lo abyecto determina los límitesmía significante homofóbica como incivilizada y antinatural. del cuerpo, que también son los primeros contornos del su- La construcción de límites corporales estables se basa en jeto. Kristeva escribe:lugares fijos de permeabilidad e impermeabilidad corpóreas.En contextos homosexuales y heterosexuales, las prácticas se- La náusea me hace rechazar esa nata, me alejade la madrexuales que abren superficies y orificios a una significación y el padre que me la ofrecen. «Yo» no quiero nada de ese ele-erótica y cierran otros circunscriben los límites del cuerpo en mento, signo del deseo de ellos; «yo» no quiero escuchar,nuevas lineas culturales. Un ejemplo de ello es el sexo anal en- «yo» no lo asimilo, «yo» 10 expulso. Pero puesto que la comi-tre hombres, al igual que el re-membramiento radical del da no es un «otro» para «mí», que sólo estoy en el deseo decuerpo en El cuerpo lesbiano de Wittig. Douglas hace referen- ellos, me expulso a mí misma, me escupo a mí misma, mecia a «un tipo de contaminación sexual que afirma el deseo de vuelvoabyecta a mí misma dentro del mismo movimiento conconservar intacto el cuerpo (físico y social)» [pág. 140],60 lo el cual «yo» afirmo que me establezco a mi misma."cual indica que la noción naturalizada de «el» cuerpo es depor sí una consecuencia de tabúes que hacen que ese cuerpo El límite del cuerpo, así como la distinción entre lo in-sea diferente a consecuencia de sus límites estables. Asimis- terno y lo externo, se produce por medio de la expulsión y
    • 262 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 263la revaluación de algo que en un principio era una parte de a un límite mediador que combate por la estabilidad. Y estala identidad en una orreded deshonrosa. Como señala Iris estabilidad, esta coherencia, se establece en gran parte porYoung cuando apela a Kristeva para explicar el sexismo, la órdenes culturales que castigan al sujeto y obligan a distin-homofobia y el racismo, el rechazo de los cuerpos por su guirlo de lo abyecto. Así, «interno» y «externo» forman unasexo, sexualidad o color es una «expulsión» de la que se distinción binaria que estabiliza y refuerza al sujeto cohe-desprende una «repulsión» que establece y refuerza identi- rente. Cuando se cuestiona ese sujeto, el significado y la ne-dades culturalmente hegemónicas sobre ejes de diferencia- cesidad de los términos pueden ser objeto de desplazamien-ción de sexo/raza/sexualidad." La adaptación que Young to. Si el «mundo interno» ya no designa un topos, la fijezahace de Kristeva refleja cómo el procedimiento de repulsión interna del yo y, de hecho, la localización interna de la iden-puede afianzar «identidades» basadas en el hecho de instau- tidad de género se vuelven igualmente dudosos. La pregun-rar al «Otro» o a un conjunto de Otros mediante la exclu- ta esencial no es cómo se irueriorizá esa identidad (como si lasión y la dominación. Mediante la fragmentación de los interiorización fuese un procedimiento o un mecanismo quemundos «internos» y «externos» del sujeto se establece una pudiese reelaborarse mediante una descripción). Más bienfrontera y un límite que se preservan débilmente con finali- debemos preguntar: ¿desde qué posición estratégica en eldades de reglamentación y control sociales. El lfmite entre lo discurso público y por qué razones se ha sostenido el tropointerno y lo externo se confunde por los conductos excre- de la interioridad y la disyuntiva binaria de interno/externo?mentales en que lo interno efectivamente se hace externo, y ¿En qué lenguaje se ha configurado el «espacio interno»?esta función excretoria se convierte, por así decirlo, en el ¿Qué tipo de configuración es, y a través de qué figura delmodelo por el cual se efectúan otras formas de diferencia- cuerpo se significa? ¿Cómo configura un cuerpo en su su-ción de identidades. En efecto, éste es el modo en que los perficie la invisibilidad misma de su profundidad escon-Otros se convierten en mierda. Para que los mundos interno dida?y externo sean completamente diferentes, toda la superficiedel cuerpo tendría que conseguir una impermeabilidad im-posible. Cerrar de esta forma sus superficies sería el límite De la interioridad a losperformativos de géneroinconsútil del sujeto; pero ese encierro no podría dejar deexplotar precisamente por esa mugre excrementicia a la que En Vigilar y castigar, Foucault pone en tela de juicio elteme. lenguaje de la interiorización porque está al servicio del ré- Con independencia de las metáforas concretas de las dis- gimen disciplinario de la subyugación y la subjetivación detinciones espaciales entre lo interno y lo externo, éstos si- criminales.s Aunque en Historia de la sexualidad Foucaultguen siendo términos lingüísticos que posibilitan y organi- puso objeciones a lo que según él era la creencia psicoanali-zan una sucesión de fantasías, temidas y anheladas. Lo tica en la verdad «interior» del sexo, en el contexto de su«interno» y lo «externo» sólo tienen sentido con referencia historia de la criminología critica la doctrina de la interiori-
    • 264 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 265zación por otras razones. En cierto sentido, Vigilar y castigar significado de lo que no se puede revelar. En este aspecto,puede considerarse el intento de Foucault por reescribir la pues, el alma es una significación de la superficie que recha-doctrina de interiorización que Nietzsche explicó en La ge- za y sustituye la distinción internolexterno, es una figura delnealogía de la moralsobre el modelo de la inscripción. Entre espacio psíquico interior grabado en la superficie del cuerpolos presos, afirma Foucault, la táctica no ha sido reprimir sus como una significación social que permanentemente renun-deseos, sino obligar a sus cuerpos a significar la ley prohibi- da a sí misma como tal. En términos de Foucault, el alma notiva como su esencia, su estilo y su necesidad. Esa ley no se es prisionera del cuerpo, como lo indicarían algunas imáge-interioriza literalmente, sino que se incorpora, con el resul- nes cristianas, sino que «el alma es la prisión del cuerpo»."tado de que se crean cuerpos que significan esa ley en el La redescripción de los procedimientos intrapsíquicos,cuerpo y a través de él; allí la ley se muestra como la esencia desde el punto de vista de la política de superficie del cuer-de su yo, el significado de su alma, su conciencia, la ley de su po, sugiere una redescripción corolaria del género como ladeseo. Efectivamente, la ley es al mismo tiempo completa- producción disciplinaria de las figuras de fantasía mediantemente evidente y totalmente latente, puesto que nunca se el juego de presencia y ausencia sobre la superficie del cuer-manifiesta como externa a los cuerpos que domina y subje- po, la construcción del cuerpo con género a través de unativa. Foucault afirma: sucesión de exclusiones y negaciones, ausencias significan- tes. Pero ¿qué expresa el texto evidente y latente de la polí- No se debería decir que el alma es una ilusión, o un efec- tica corporal? ¿Cuál es la ley prohibitiva que produce la es- to ideológico. Pero sí que existe, que tiene una realidad, que tilización corpórea del género, la figuración fantaseada y está creada de manera perpetua en torno, en la superficie y en fantástica del cuerpo? Ya hemos descrito los tabúes del in- el interior del cuerpo por el funcionamiento de un poder que cesto y el tabú anterior contra la homosexualidad como los se impone sobre aquellos a quienes se castiga [la cursiva es momentos generativos de la identidad de género, las prohi- ITÚa].>6 biciones que generan la identidad sobre las rejillas cultural- mente inteligibles de una heterosexualidad idealizada y obli- La figura del alma interna --entendida como «en el in- gatoria. Esa producción disciplinaria del género estabilizaterior» del cuerpo-- se significa por medio de su inscripción falsamente el género para favorecer los intereses de la cons-en la superficie del cuerpo, aunque su modo primario de sig- trucción y la regulación heterosexuales en el ámbito repro-nificación sea a través de su misma ausencia, su potente in- ductivo. La construcción de la coherencia encubre las dis-visibilidad. El efecto de un espacio interno articulador se ge- continuidades de género que están presentes en el contextonera mediante la significación de un cuerpo como un heterosexual, bisexual, gay y Iésbíco, en que el género no esencierro vital y sagrado. El alma es precisamente de lo que obligatoriamente consecuencia directa del sexo, y el deseo,carece el cuerpo; así, el cuerpo se define como una carencia o la sexualidad en general, no parece ser la consecuencia di-significante. Esa carencia que es el cuerpo otorga al alma el recta del género; en realidad, donde ninguna de estas dimen-
    • 266 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 267siones de corporalidad significativa se manifiestan o reflejan preservada mediante el discurso con el propósito de regularuna a otra. Cuando la desarticulación y la desagregación del la sexualidad dentro del marco obligatorio de la heterose-campo de cuerpos alteran la ficción reguladora de la cohe- xualidad reproductiva. Si la «causa» del deseo, el gesto y elrencia heterosexual, parece que el modelo expresivo pierde acto puede situarse dentro del «yo» del actor, entonces lassu fuerza descriptiva. Ese ideal regulador se muestra enton- regulaciones políticas y las prácticas disciplinarias que creances como una regla y una ficción que tiene la apariencia de ese género, presuntamente coherente, en realidad desapare-ley de desarrollo que regula el campo sexual que pretende cen. El desplazamiento de la identidad de género de un ori-describir. gen político y discursivo a un «núcleo» psicológico no per- No obstante, cuando se entiende la identificación como mite analizar la formación política del sujeto con género yuna incorporación o fantasía hecha realidad queda claro que sus invenciones acerca de la interioridad inexplicable de sula coherencia es anhelada, esperada e idealizada, y que esta sexo o de su auténtica identidad.idealización es efecto de una significación corporal. En otras Si la verdad interna del género es una invención, y si unpalabras, actos, gestos y deseo crean el efecto de un núcleo género verdadero es una fantasía instaurada y circunscritainterno o sustancia, pero lo hacen en la superficie del cuerpo, en la superficie de los cuerpos, entonces parece que los gé-mediante el juego de ausencias significantes que evocan, neros no pueden ser ni verdaderos ni falsos, sino que sólo sepero nunca revelan, el principio organizador de la identidad crean como los efectos de verdad de un discurso de identi-como una causa. Dichos actos, gestos y realizaciones -c-por dad primaria y estable. En Mother Comp. Female Imperso-lo general interpretados- son per/ormativos en el sentido nators in América, la antropóloga Esther Newton afirma quede que la esencia o la identidad que pretenden afirmar son la estructura de la personificación muestra uno de los meca-invenciones fabricadas y preservadas mediante signos corpó- nismos clave de la invención, mediante el cual se efectúa lareos y otros medios discursivos. El hecho de que el cuerpo construcción social del género." Yo agregaría que la «tra-con género sea perfonnativo muestra que no tiene una posi- vestida» trastoca completamente la división entre espacioción ontológica distinta de los diversos actos que conforman psíquico interno y externo, y de hecho se burla del modelosu realidad. Esto también indica que si dicha realidad se in- que expresa el género, así como de la idea de una verdaderaventa como una esencia interior, esa misma interioridad es identidad de género. Newton escribe:un efecto y una función de un discurso decididamente pú-blico y social, la regulación pública de la fantasía mediante En su forma más compleja, [la travestida] presenta unala política de superficie del cuerpo, el control fronterizo del doble inversión que afirma: «Las apariencias engañan». Lagénero que distingue lo interno de lo externo, e instaura de travestida afirma [curiosa personificación de Newtonl: «Miesta forma la «integridad» del sujeto. En efecto, los actos y apariencia "exterior" es femenina, pero mi esencia "interior"los gestos, los deseos organizados y realizados, crean la ilu- [del cuerpo] es masculina». Al mismo tiempo se representa lasión de un núcleo de género interior y organizador, ilusión inversión opuesta: «Mi apariencia "exterior" [mi cuerpo, mi
    • 268 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 269 género] es masculina, pero mi esencia "interior" [yo] es feme- ter diferente de los elementos de la experiencia de género nina»." que erróneamente se han naturalizado como una unidad mediante la ficción reguladora de la coherencia heterose- Ambas afirmaciones de la verdad se contradicen y, así, xual. Al imitar el género, la travestida manifiesta de forma desplazan toda la práctica de las significaciones de género implícita la estructura imitativa del género en sí, así como su en el discurso de verdad y falsedad. contingencia. En realidad, parte del placer, la frivolidad de la El concepto de una identidad de género original o pri- actuación, reside en la aceptación de una contingencia radi- maria es objeto de parodia dentro de las prácticas culturales cal en la relación entre sexo y género frente a configuracio- de las travestidas, el travestismo y la estilización sexual de las nes culturales de unidades causales que suelen verse como identidades butch/femme. En la teoría feminista, estas identi- naturales y necesarias. En vez de la ley de coherencia hete- dades paródicas se han considerado o bien humillantes para rosexual vemos el sexo y el género desnaturalizados me- las mujeres, en el caso de las travestidas y el travestismo o diante una actuación que asume su carácter diferente y dra- bien una apropiación poco crítica de los estereotipos de Pe- matiza el mecanismo cultural de su unidad inventada. peles sexuales desde el interior de la práctica de la heterose- La noción de parodia del género que aquí se expone no xualidad, sobre todo en el caso de las identidades lesbianas presupone que haya un original imitado por dichas identi- de butch y femme. Pero, en mi opinión, la relación entre la dades paródicas. En realidad, la parodia es de la noción mis- «imitación» y el «original» es más compleja de lo que suele ma de un original; así como la noción psicoanalítica de iden- admitir la crítica. Además, nos proporciona una pista de la tificación de género se elabora por la fantasía de una fantasía forma en que puede replantearse la relación entre identifi- -la transfiguración de un Otro que siempre es ya una «fi- cación primaria --o Sea, los significados originales acorda- gura» en ese doble senrido-c-, la parodia de género volvía ados al género- y la experiencia de género subsiguiente. La considerar que la identidad original sobre la que se articulaactuación de la travestida altera la distinción entre la anato- el género es una imitación sin un origen. En concreto, es unanúa del actor y el género que se actúa. Pero, de hecho, esta- producción que, en efecto --o sea, en su efecto-e, se pre-mos ante tres dimensiones contingentes de corporalidad sig- senta como una imitación. Este desplazamiento permanentenificativa: el sexo anatómico, la identidad de género y la conforma una fluidez de identidades que propone abrirse aactuación de género. Si la anatomía del actor es en primer la resignificación y la recontextualización; la multiplicaciónlugar diferente del género, y estos dos son diferentes de la paródica impide a la cultura hegemónica y a su crítica con-actuación del género, entonces ésta muestra una disonancia firmar la existencia de identidades de género esencialistas ono sólo entre sexo y actuación, sino entre sexo y género, y naturalizadas. Si bien los significados de género adoptadosentre género y actuación. Del mismo modo que la travestida en estos estilos paródicos obviamente pertenecen a la cultu-produce una imagen unificada de la «mujer» (con la que la ra hegemónica misógina, de todas formas se desnaturalizancrítica no suele estar de acuerdo), también muestra el carác- y movilizan a través de su recontextualización paródica.
    • 270 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 271Como imitaciones que en efecto desplazan el significado del den domesticarse y volver a ponerse en circulación comooriginal, imitan el mito de la originalidad en sí. En vez de instrumentos de hegemonía cultural. Es evidente que nouna identificación original que sirve como causa determi- bastaría con una tipología de acciones, ya que el desplaza-nante, la identidad de género puede replantearse como una miento paródico, de hecho la risa paródica, depende de unhistoria personal!cultural de significados ya asumidos, suje- contexto y una recepción que puedan provocar confusionestos a un conjunto de prácticas imitativas que aluden lateral- subversivas. ¿Qué actuación y dónde puede sustituir la dis-mente a otras imitaciones y que, de forma conjunta, crean la tinción interno/externo y reconsiderar radicalmente lasilusión de un yo primario e interno con género o parodian el presuposiciones psicológicas de la identidad de género y lamecanismo de esa construcción. sexualidad? ¿Qué actuación y dónde conducirá a un re- Según Fredric ]ameson en «Posmodemismo y sociedad planteamiento del lugar y la estabilidad de lo masculino y lode consumo», la imitación que se burla del concepto de un femenino? ¿Y qué tipo de actuación de género efectuará yoriginal es más propia del pastiche que de la parodia: mostrará la naturaleza performativa del género en sí de for- ma que se desestabilicen las categorías naturalizadas de la El pastiche, como la parodia, es la imitación de un estilo identidad y el deseo? particular o único, llevar una máscara estilística, hablar en un lenguaje muerto: pero es una práctica neutral de esa mímica, Si el cuerpo no es un «ser» sino un límite variable, una sin el motivo ulterior de la parodia, sin el impulso satírico, sin superficie cuya permeabilidad está políticamente regulada, risa, sin ese sentimiento todavía oculto de que existe algo nor- una práctica significante dentro de un campo cultural en el mal en comparación con lo cual aquello que se imita es bas- que hay una jerarquía de géneros y heterosexualidad obliga- tante cómico. El pastiche es parodia neutra, parodia que ha toria, entonces ¿qué lenguaje queda para entender esta rea- perdido el sentido del humor," lización corporal, el género, que establece su significado «in- terno» en su superficie? Sartre quizás habría llamado a este No obstante, la pérdida del sentido de «lo normal» pue- acto «un estilo de ser», y Foucault «una estilística de la exis-de ser su propio motivo de risa, sobre todo cuando «10 nor- tencia». Y, en mi interpretación anterior de Beauvoir; afirmomal», «10 original», resulta ser una copia, y una copia inevi- que los cuerpos con género son otros tantos «estilos de latablemente fallida, un ideal que nadie puede personificar. En carne». Estos estilos nunca se producen completamente poreste sentido, la risa brota al percatarse de que todo el tiem- sí solos porque tienen una historia, y esas historias determi-po lo original era algo derivado. nan y restringen las opciones. Hay que tener en considera- La parodia por sí sola no es subversiva, y debe de haber ción que el género, por ejemplo, es un estilo corporal, ununa forma de comprender qué es lo que hace que algunos «acto», por así decirlo, que es al mismo tiempo intencional ytipos de repetición paródica sean verdaderamente trastor- performativo (donde performatioo indica una construcciónnadores, realmente desasosegantes, y qué repeticiones pue- contingente y dramática del significado).
    • 272 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 273 Wittig concibe el género como el funcionamiento del Hay que considerar que una sedimentación de normas«sexo», y el «sexo» es una orden para que el cuerpo se de género genera el fenómeno peculiar de un «sexo natural»transforme en un signo cultural, se materialice obedecien- o una «mujer real» o cualquier cantidad de ficciones socia-do a una contingencia históricamente establecida, y lo haga les constantes e impositivas, y que esta sedimentación a lono una o dos veces, sino como un proyecto corporal per- largo del tiempo ha creado una serie de estilos corporalesmanente y repetido. No obstante, la noción de «proyecto» que, de forma reificada, se manifiestan como la configura-alude a la fuerza creadora de una voluntad radical y, pues- ción natural de los cuerpos en sexos que existen en una re-to que el género es un proyecto cuya finalidad es la super- lación binaria uno con el otro. Si estos estilos se ponen envivencia cultural, el término estrategia sugiere mejor la si- práctica, y si crean sujetos coherentes con género que se pre-tuación de coacción bajo la cual tiene lugar siempre y de sentan como sus creadores, ¿qué tipo de actuación mostra-diferentes maneras la actuación de género. Por consiguien- ría que esta supuesta «causa» es un «efecto»?te, como una táctica de supervivencia dentro de sistemas Entonces, ¿en qué sentido es el género un acto? Al igualobligatorios, el género es una actuación con consecuencias que en otros dramas sociales rituales, la acción de génerodecididamente punitivas. Los géneros diferenciados son exige una actuación reiterada, la cual radica en volver a efec-una parte de lo que «humaniza» a los individuos dentro de tuar y a experimentar una serie de significados ya determi-la cultura actual; en realidad, sancionamos constantemen- nados socialmente, y ésta es la forma mundana y ritualizadate a quienes no representan bien su género. Como no hay de su legitimación." Aunque haya cuerpos individuales queuna «esencia» que el género exprese o exteriorice ni un desempeñan estas significaciones al estilizarse en modos deideal objetivo al que aspire, y puesto que el género no es género, esta «acción» es pública. Esas acciones tienen di-un hecho, los distintos actos de género producen el con- mensiones temporales y colectivas, y su carácter público tie-cepto de género, y sin esos actos no habría ningún género. ne consecuencias; en realidad, la actuación se realiza con elAsí pues, el género es una construcción que reiteradamen- propósito estratégico de preservar el género dentro de su te disimula su génesis; el acuerdo colectivo tácito de actuar, marco binario, aunque no puede considerarse que tal obje- crear y garantizar géneros diferenciados y polares como tivo sea atribuible a un sujeto, sino, más bien, que establece ficciones culturales queda disimulado por la credibilidad y afianza al sujeto. de esas producciones y por las sanciones que acompañan al El género no debe considerarse una identidad estable o hecho de no creer en ellas; la construcción nos «obliga» a un sitio donde se funde la capacidad de acción y de donde creer en su necesidad y naturalidad. Las opciones históri- surjan distintos actos, sino más bien como una identidad cas materializadas a través de distintos estilos corporales débilmente formada en el tiempo, instaurada en un espacio no son sino las ficciones culturales reguladas de forma pu- exterior mediante una reiteración estilizada de actos. El nitiva, que alternadamente se personifican y se desvían efecto del género se crea por medio de la estilización del bajo coacción. cuerpo y, por consiguiente, debe entenderse como la ma-
    • 274 EL GÉNERO EN DISPUTA ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOS 275nera mundana en que los diferentes tipos de gestos, movi- terminan la identidad que se afirma que manifiestan o reve-mientos y estilos corporales crean la ilusión de un yo con lan. La distinción entre expresión y performatividad es cru-género constante. Este planteamiento aleja la concepción cial. Si los atributos y actos de género, las distintas formas ende género de un modelo sustancial de identidad y la sitúa las que un cuerpo revela o crea su significación cultural, sonen un ámbito que exige una concepción del género como performativos, entonces no hay una identidad preexistentetemporalidad social constituida. Resulta revelador que si el con la que pueda medirse un acto o un atributo; no habríagénero se instaura mediante actos que son internamente actos de género verdaderos o falsos, ni reales o distorsiona-discontinuos, entonces la apariencia de sustancia es exacta- dos, y la demanda de una identidad de género verdadera semente eso, una identidad construida, una realización per- revelaría como una ficción reguladora. El hecho de que laformativa en la que el público social mundano, incluidos realidad de género se determine mediante actuaciones so-los mismos actores, llega a creer y a actuar en la modalidad ciales continuas significa que los conceptos de un sexo esen-de la creencia. El género también es una regla que nunca cial y una masculinidad o feminidad verdadera o constantepuede interiorízarse del todo; <do interno» es una significa- también se forman como parte de la estrategia que escondeción de superficie, y las normas de género son, en definiti- el carácter performativo del género y las probabilidades per-va, fantasmáticas, imposibles de personificar. Si la base de formativas de que se multipliquen las configuraciones de gé-la identidad de género es la reiteración estilizada de actos a nero fuera de los marcos restrictivos de dominación mascu-través del tiempo y no una identidad supuestamente in- linista y heterosexualidad obligatoria.consútil, entonces la metáfora espacial de una «base» se Los géneros no pueden ser ni verdaderos ni falsos, nidesplazará y se convertirá en una configuración estilizada, reales ni aparentes, ni originales ni derivados. No obstante,en realidad, una corporalización del tiempo marcada con como portadores creíbles de esos atributos, los géneros tam-el género. El yo con un género constante revelará entonces bién pueden volverse total y radicalmente increíbles.estar organizado por actos reiterados que desean acercarse al ideal de una base sustancial de identidad, pero que, ensu discontinuidad eventual, manifiesta le falta de base tem-poral y contingente de esta «base». Las probabilidades de transformación de género radican precisamente en la rela- ción arbitraria entre tales actos, en la opción de no poder repetir, una de-formidad o una repetición paródica que de- muestra que el efecto fantasmático de la identidad cons- tante es una construcción políticamente insuficiente. N o obstante, si los atributos de género no son expresivos sino performativos, entonces estos atributos realmente de-
    • CONCLUSIÓN: DE LA PARODIA A LA POLITICA Partí de una especulación sobre si la política feministapodría funcionar sin un «sujeto» en la categoría de las muje-res. No está en juego saber si todavía tiene sentido, estraté-gico o de transición, aludir a las mujeres para afirmar que selas está representando. El «nosotros» feminista es siempre yexclusivamente una construcción fantasmática, que tiene susobjetivos, pero que rechaza la complejidad interna y la im-precisión del término, y se crea sólo a través de la exclusiónde alguna parte del grupo al que al mismo tiempo intenta re-presentar. No obstante, la posición endeble o fantasmáticadel «nosotros» no es motivo de desesperación 0, por lo me-nos, no es el único motivo de desesperación. La inestabili-dad radical de la categoría cuestiona las limitaciones funda-cionales sobre las teorías políticas feministas y da lugar aotras configuraciones, no sólo de géneros y cuerpos, sino dela política en sí. El argumento fundacionalista de la política de la identi-dad tiende a dar por sentado que una identidad primerodebe ocupar su lugar para que se definan intereses políticos,ya continuación se inicie la acción política. Mi razonamien-to es que no es preciso que exista un «agente detrás de la ac-ción», sino que el «agente» se construye de manera variable
    • 278 EL GÉNERO EN DISPUTA CONCLUSIÓN: DE LA PARODIA A LA pOLÍncA 279en la acción y a través de ella. Esto no supone regresar a una género es, de todas formas, un lugar donde se ubica la capa-teoría existencial del yo conformado por medio de sus actos, cidad de acción que nunca consigue equipararse totalmenteporque la teoría existencial confirma una estructura predis- con su género. Ese cogito nunca es plenamente del mundocursiva tanto para el yo como para sus actos. Lo que aquí me cultural que negocia, independientemente de lo pequeñaha interesado es justamente la construcción discursivamente que sea la distancia ontológica que aleja a ese sujeto de susvariable de cada uno en el otro y a través de él. predicados culturales. Las teorías feministas de la identidad La cuestión de situar la «capacidad de acción» suele re- que exponen predicados de color, sexualidad, etnicidad, cla-lacionarse con la viabilidad del «sujeto», cuando se conside- se y capacidad física frecuentemente acaban con un tímidora que éste tiene alguna existencia estable anterior al campo «etcétera» al final de la lista. A lo largo de ese camino hori-cultural que negocia. O bien, si el sujeto está culturalmente zontal de adjetivos, estas posiciones pugnan por incorporarconstruido, de todas formas posee una capacidad de acción, un sujeto situado, pero permanentemente quedan incom-en general configurada como la capacidad para la mediación pletas. No obstante, este fracaso es instructivo: ¿qué impul-reflexiva, que queda intacta sea cual sea su grado de inser- so político puede desprenderse del «etcétera» desesperadoción cultural. Apoyándose en ese modelo, «cultura» y «dis- que se manifiesta con tanta frecuencia al final de esas des-curso» atrapan al sujeto, pero no lo conforman. Este movi- cripciones? Esto es un signo de cansancio, así como del pro-miento para adjetivar y atrapar al sujeto preexistente ha sido cedimiento ilimitado de la significación en sí. Es el supple-necesario para crear un punto de donde surja su acción que ment, el exceso que obligatoriamente va asociado a todono esté completamente definido por esa cultura y ese discur- empeño por reclamar la identidad definitivamente. No obs-so. No obstante, esta clase de argumento implica errónea- tante, este «etcétera» ilimitado se presenta como un nuevomente: a) que la capacidad de acción sólo puede determi- punto de partida para las teorías políticas feministas.narse apelando a un «yo» prediscursivo, aunque éste esté en Si la identidad se afirma por medio de un procedimien-medio de una concurrencia discursiva, y b) que estar com- to de significación, si ya está siempre significada y aun así si-puesto por el discurso es estar definido por él, donde la defi- gue significando mientras se mueve dentro de distintos dis-nición hace imposible la acción. cursos entretejidos, entonces la cuestión de la capacidad de Incluso en las teorías que defienden un sujeto detallada- acción no puede contestarse apelando a un «yo» que existamente adjetivado o situado, éste sigue encontrando su ámbi- antes de la significación. En definitiva, las condiciones queto discursivarnente conformado en un marco epistemológi- posibilitan una afirmación del «yo» proceden de la estructu-co de contraposición. El sujeto culturalmente atrapado ra de significación, las normas que reglamentan las invoca-pacta sus construcciones, aun cuando éstas sean los predica- ciones legítima e ilegítima de ese pronombre, las prácticasdos mismos de su propia identidad. En Beauvoir, por ejem- que determinan los términos de inteligibilidad mediante losplo, hay un «yo» que hace su género, que se transforma en cuales ese pronombre puede moverse. El lenguaje no es unsu género, pero ese «yo», habitualmente relacionado con su medio o instrumento exterior en el que pueda introducir un
    • 280 EL GÉNERO EN DISPUTA CONCLUSIÓN: DE LA PARODIA A LA POLíTICA 281yo y del cual pueda extraer un reflejo de ese yo. El modelo binaria es una jugada estratégica dentro de una serie dehegeliano de reconocimiento de uno mismo -que ha sido prácticas significantes, que sitúa al «yo» en esta oposición yutilizado por Marx, Lukacs y en numerosos discursos libe- a través de ella, y reifica esa oposición como una necesidad,radores contemporáneos- admite una adecuación eventual encubriendo el aparato discursivo constituyente de la rela-entre el «yO» que se enfrenta a su mundo, incluido su len- ción binaria en sí. El cambio de un examen epistemológicoguaje, como un objeto, y el «yo» que se encuentra como un de la identidad a otro que sitúa la problemática dentro de lasobjeto en ese mundo. Pero la dicotomía sujeto!objeto, que prácticas de significación permite analizar el modo episte-en este caso corresponde a la tradición de la epistemología mológico en sí como una práctica significante posible y con-occidental, determina la misma problemática de la identidad tingente. Asimismo, la cuestión de la capacidad de acción seque intenta solventar. reformula como la pregunta de cómo operan la significación ¿Qué tradición discursiva sitúa al «yo» y su «Otro» en y la resignificación. En resumidas cuentas, lo que se signifi-un enfrentamiento epistemológico que posteriormente de- ca como una identidad no se sígnífíca en un momento con-termina dónde y cómo se deben expresar las cuestiones de creto después del cual solamente está allí como un frag-cognoscibilidad y capacidad de acción? ¿Qué tipos de capa- mento inerte del lenguaje entítativo. Es evidente que lascidad de acción se rechazan al postular un sujeto epistemo- identidades pueden manifestarse como otros muchos sustan-lógico, ya que las normas y prácticas que rigen la invocación tivos inertes; en realidad, los modelos epistemológicos tien- de ese sujeto y regulan por adelantado su acción están des- den a considerar esta apariencia como su punto de partida cartadas como lugares de análisis e intervención crítica? El teórico. No obstante, el «yo» sustantivo sólo se manifiesta hecho de que el punto de partida epistemológico en ningún como tal mediante una práctica significante que intenta es- sentido sea inevitable se corrobora ingenua y constantemen- conder su propio funcionamiento y naturalizar sus efectos. te mediante las operaciones mundanas del lenguaje común Además, cumplir las exigencias de una identidad sustantiva -c-exrensamente documentado en la antropología-, que es una dura tarea, porque esas apariencias son identidades advierten en la dicotomía sujeto/objeto una imposición fl- creadas mediante normas, y dependen de la invocación Iosófíca extraña y contingente, cuando no violenta. El len- constante y reiterada de reglas que determinan y limitan guaje de apropiación, instrumentalidad y distanciamiento prácticas de identidad culturalmente inteligibles. En reali- bien aceptado en el modo epistemológico también corres- dad, concebir la identidad como una práctica, como una ponde a una táctica de dominación que enfrenta al «yo» práctica que significa, es concebir a los sujetos culturalmen- contra el «Otro» y, una vez que se realiza esa separación, te inteligibles como el resultado de un discurso delimitado produce un conjunto artificial de preguntas acerca de la cog- por normas, el cual se inscribe en los actos significantes noscibilidad y recuperabilidad de ese Otro. mundanos y generalizados de la vida lingüística. Concebido Como parte del legado epistemológico de los discursos de forma abstracta, el lenguaje alude a un sistema de signos políticos contemporáneos sobre la identidad, esta oposición abierto mediante el cual se genera y se rechaza de forma in-
    • 282 EL GÉNERO EN DISPUTA CONCLUSIÓN: DE LA PARODIA A LA POLlTICA 28}sistente la inteligibilidad. Como organizaciones del lenguaje multiplicidad sobrepasan y desafían el precepto mediante elhistóricamente concretas, los discursos se presentan en plu- cual fueron generadas. Asimismo, el precepto mísmo de serral, coexisten dentro de marcos temporales y establecen un género concreto se genera mediante rutas discursivas: sercoincidencias impredecibles e involuntarias a partir de las una buena madre, ser un objeto heterosexualmente deseable,cuales se producen modalidades concretas de posibilidades ser un trabajador capacitado, en definitiva, significar a la vezdiscursivas. una gran cantidad de garantías que satisfacen una variedad Como procedimiento, la significación contiene en su de exígencias distintas. La coexistencia o concurrencia de es-seno lo que el discurso epistemológico llama «capacidad de tos preceptos discursivos permite una reconfiguración y unacción». Las normas que gobiernan la identidad inteligible, o replanteamiento complejos; no se trata de un sujeto trascen-sea, que posibilitan y limitan la afirmación inteligible de un dental que permita la acción en medio de tal concurrencia.«yo», están parcialmente articuladas sobre matrices de jerar- No hay ningún yo que sea anterior a la concurrencia o quequía de género y heterosexualidad obligatoria, y operan a tra- preserve una «integridad» anterior a su entrada en este cam-vés de la repetición. En realidad, cuando se afirma que el su- po cultural conflictivo. Sólo hay el recoger las herramientasjeto está constituido, esto sólo significa que el sujeto es el de donde están, donde un «recoger» mismo es posible por laresultado de algunos discursos gobernados por normas que herramienta que está allí.conforman la mención inteligible de la identidad. El sujeto ¿Qué establece una repetición subversiva dentro de lasno está formado por las reglas mediante las cuales es creado, prácticas significantes de género? Yo he afirmado (eyo» meporque la significación no es un acto fundador, sino más bien sirvo de la gramática que rige el género literario de la con-un procedimiento regulado de repetición que al mismo tiempo clusión filosófica, pero obsérvese que la gramática misma esse esconde y dicta sus reglas precisamente mediante la pro- la que usa y hace posible este «yo», incluso cuando el «yo»ducción de efectos sustancíalizadores. En cierto modo, toda que se reitera aquí repite, reutiliza y -c-como señalarán lossignificación tiene lugar dentro de la órbita de la obligación críticos- contradice la gramática filosófica mediante la cualde repetir; así pues, la «capacidad de acción» es estar dentro es a la vez posible y limitado) que, por ejemplo, dentro de la de la posibilidad de cambiar esa repetición. Si las normas que distinción sexo/género, el sexo se presenta como «10 real» ygobiernan la significación no sólo limitan, sino que también lo «fáctico», la base material o corporal en la que intervie- posibilitan la afirmación de campos diferentes de inteligibili- ne el género como un acto de inscripción cultural. No obs- dad cultural, es decir, nuevas alternativas para el género que tante, el género no está escrito sobre el cuerpo de la misma refutan los códigos rígidos de binarismos jerárquicos, enton- forma en que el instrumento torturador de escritura de «La ces sólo puede ser posible una subversión de la identidad en colonia penitenciaria» de Kafka se circunscribe de forma el seno de la práctica de significación repetitiva. El precepto ininteligible sobre la carne del acusado. La pregunta no es de serde un género concreto obligatoriamente genera fraca- ¿qué significado implica esa inscripción>, sino ¿qué aparato sos: una variedad de configuraciones incoherentes que en su cultural concierta este encuentro entre instrumento y cuer-
    • 284 EL GÉNERO EN DISPUTA CONCLUSION: DE LA PARODIA A LA POLíTICA 285po, y qué intervenciones son posibles en esta repetición ri- del género también presenta la ilusión de la identidad de gé-tualísta? Lo «real» y lo esexualmente fáctico» son construc- nero como una profundidad inmanejable y una sustancia in-ciones fantasmáticas -ilusiones de sustancia- a las que los terior. Como consecuencia de una performatividad sutil ycuerpos están obligados a acercarse, aunque nunca puedan. políticamente impuesta, el género es un «acto», por así de-Entonces ¿qué permite enseñar la hendidura entre lo fantas- cirlo, que está abierto a divisiones, a la parodia y crítica demático y lo real, mediante lo cual lo real se reconoce como uno mismo o una misma y a las exhibiciones hiperbólicasfantasmático? ¿Proporciona esto la opción de una repeti- de «10 natural» que, en su misma exageración, muestran sución que no esté completamente constreñida por la orden de situación fundamentalmente fantasmática.volver a afianzar identidades naturalizadas? Así como las su- He procurado explicar que las categorías de identidadperficies corporales se representan como lo natural, estas --que normalmente se consideran fundacionales para lasuperficies pueden convertirse en el sitio de una actuación política feminista, es decir, que son necesarias para activardisonante y desnaturalizada que descubre el carácter perfor- el feminismo como una política de identidad- funcionanmativo de lo natural en sí. simultáneamente para ceñir y limitar por anticipado las mis- Las prácticas de la parodia pueden servir para volver a mas opciones culturales que, presumiblemente, el feminis-mostrar y afianzar la distinción misma entre una configura- mo debe abrir. Las restricciones tácitas que crean el «sexo»ción de género privilegiada y naturalizada y otra que se ma- culturalmente inteligible deben concebirse como estructu-nifiesta como derivada, fantasmática y mimética: una copia ras políticas generativas más que como fundamentos natu-fallida, por así decirlo. Y seguramente la parodia se ha utili- ralizados. Paradójicamente, la reconceptualizacíón de lazado para fomentar una política de desesperación, que con- identidad como un efecto, es decir, como producida o gene-firma la exclusión supuestamente inevitable de los géneros rada, abre vías de «capacidad de acción» que son astuta-marginales del territorio de lo natural y lo real. No obstante, mente excluidas por las posiciones que afirman que las ca-este fracaso para hacerse «real» y encamar <do natural», en tegorías de identidad son fundacíonales y permanentes.mi opinión, es un fracaso de todas las prácticas de género, Que una identidad sea un efecto significa que ni está fatal-debido a que estos sitios ontológicos son fundamentalmente mente especificada ni es totalmente artificial y arbitraria. Elinhabitables. Por consiguiente, hay una risa subversiva en el hecho de que el carácter constituido de la identidad hayaefecto de pastiche de las prácticas paródicas, en las que lo sido malinterpretado a lo largo de estas dos líneas incom-original, lo auténtico y lo real también están constituidos patibles revela la forma mediante la que el discurso femi-como efectos. La pérdida de las reglas de género multiplica- nista sobre la construcción cultural queda atrapado dentro ría diversas configuraciones de género, desestabilizaría la del binarismo innecesario de libre albedrío y detenninísmo.identidad sustantiva y privaría a las narraciones naturalíza- La construcción no se opone a la capacidad de acción; es eldoras de la heterosexualidad obligatoria de sus protagonis- escenario necesario de esa capacidad, los términos mismos tas esenciales: «hombre» y «mujer». La reiteración paródica en que ésta se estructura y se vuelve culturalmente inteligi-
    • 286 EL GÉNERO EN DISPUTA CONCLUSiÓN; DE LA PARODIA A LA POLíTICA 287 ble. La principal tarea del feminismo no es crear un punto profundidad interior que supuestamente se exterioriza en de vista externo a las identidades construidas; esto equival- diversas formas de «expresión». Se ha demostrado que la dría a la construcción de un modelo epistemológico que construcción implícita de la construcción heterosexual pri- deje de aceptar su propia posición cultural y, por lo tanto, maria del deseo se mantiene aunque se manifieste en el se promueva como un sujeto global, posición que usa pre- modo de bisexualided primaria. También se ha expuesto cisamente las estrategias imperialistas que el feminismo de- que las estrategias de exclusión y jerarquía continúan plan- bería criticar. La principal tarea más bien radica en localizar teando la distinción sexo/género y recurriendo al «sexo»las estrategias de repetición subversiva que posibilitan esas como lo prediscursivo, así como priorizando la sexualidad construcciones, confirmar las opciones locales de interven- respecto de la cultura y, concretamente, la construcción cul- ción mediante la participación en esas prácticas de repeti- tural de la sexualidad como lo prediscursivo. Finalmente, elción que forman la identidad y, por consiguiente, presentan paradigma epistemológico que admite la prioridad del agen-la posibilidad inherente de refutarlas. te sobre la acción crea un sujeto global y globalizador que Esta indagación teórica ha procurado situar lo político en no acepta su propia ubicación ni tampoco las condicioneslas propias prácticas significantes que determinan, regulan y para una intervención local.desregulan la identidad. No obstante, este intento sólo pue- Si se los toma como la base de una teoría o política femi-de efectuarse planteando un conjunto de preguntas que am- nista, estos «efectos» de la jerarquía de género y de la hete-plían la noción misma de lo político. ¿Cómo cambiar los fun- rosexualidad obligatoria no sólo se detallan erróneamentedamentos que contienen distintas configuraciones culturales como fundamentos, sino que las prácticas significantes quede género? ¿Cómo desestabilizar y devolver a su dimensión hacen posible esta descripción metaléptica errónea conti-fantasmática las «premisas» de la política de identidad? núan estando fuera del alcance de una crítica feminista de Esta tarea ha exigido una genealogía crítica de la natura- las relaciones entre los géneros. Introducirse en las prácticaslización del sexo y de los cuerpos en general. También ha re- repetitivas de este terreno de significación no es una elec-querido replantearse la figura del cuerpo como mudo, ante- ción, pues el <<yo» que podría entrar ya está siempre dentro:rior a la cultura, en espera de significación; una figura que no hay posibilidad de que el agente actúe ni tampoco hayposee referencias cruzadas con la de lo femenino, esperando posibilidad de realidad fuera de las prácticas discursivas quela inscripción como incisión del significante masculino para otorgan a esos términos la inteligibilidad que poseen. La ta-introducirse en el lenguaje y la cultura. A partir de un estu- rea no es saber si hay que repetir, sino cómo repetir o, de he-dio político de la heterosexualidad obligatoria ha sido preci- cho, repetir y, mediante una multiplicación radical de géne-so poner en duda la construcción del sexo como binario, ro, desplazar las mismas reglas de género que permiten lacomo una relación binaria jerárquica. Desde el punto de vis- propia repetición. No hay una ontología de género sobre lata del género como práctica se han planteado preguntas que podamos elaborar una política, porque las ontologías deacerca del carácter fijo de la identidad de género como una género siempre funcionan dentro de contextos políticos de-
    • 288 EL GÉNERO EN DISPUTAterminados como preceptos normativos: deciden qué sepuede considerar sexo inteligible, usan y refuerzan las limi-taciones reproductivas sobre la sexualidad, determinan los NOTASrequisitos preceptivos mediante los cuales los cuerpos se-xuados o con género llegan a la inteligibilidad culturaL Porconsiguiente, la ontología no es un fundamento, sino un pre-cepto normativo que funciona insidiosamente al introducir-se en el discurso político como su base necesaria. La deconstrucción de la identidad no es la deconstruc-ción de la política; más bien instaura como política los tér- PREFACIO (1999)minos mismos con los que se estructura la identidad. Estetipo de crítica cuestiona el marco fundacionista en que se ha 1. A la fecha de esta edición [1999] hay editores franceses que contemplan laorganizado el feminismo como una política de identidad. La posibilidad de traducir esta obra, pero únicamente porque Didier Eribon Yotrosparadoja interna de este fundacionismo es que determina y han introducido los argumentos del texto en los debates políticos que tienen lugar en Francia en la actualidad sobre la ratificación de las parejas del mismo sexo.obliga a los mismos «sujetos» que espera representar y libe- 2. He escrito dos ensayos breves sobre esta cuestión: el epílogo pararar. La tarea aquí no es alabar cada una de las nuevas opcio- Butch/Femme: Inside Lesbian Gender, SalIy Munt Icomp.I, Londres, Cassell,nes posibles en tanto que opciones, sino redescribir las op- 1998, y otro epílogo para «Transgender in Latín America: Persons, Practices and Meanings», número especial de la revista Sexualities, vol. 5, n.03, 1998.ciones que ya existen, pero que existen dentro de campos 3. Catharine MacKinnon, Feminism Unmodified: Disrourses on Lile andculturales calificados como culturalmente ininteligibles e Law, Cambridge, Haward University Press, 1987, págs. 6-7.imposibles. Si las identidades ya no se establecieran como 4. Desgraciadamente, El género en disputa se publicó unos meses antes quepremisas de un silogismo político, y si ya no se creyera que la magnífica obra Epistemology 01the Closet, (BerkeleylLos Ángeles, University of California Press, 1991) (trad. cast.: Epistemología del ermerio. Barcelona, Edicio-la política es una serie de prácticas derivadas de los supues- nes de la Tempestad, 1998), de Eve Kosofsky Sedgwick; por tanto, los argumen-tos intereses que incumben a un conjunto de sujetos pre- lOS que aquí planteo no pudieron beneficiarse de la matizada discusión del géne-concebidos, seguramente nacería una nueva configuración ro y la sexualidad que se incluye en el primer capitulo de dicha obra. 5. J onathan Goldberg me convenció de esto.de la política a partir de las ruinas de la anterior. Las confi- 6. Véase una bibliografía más o menos completa de mis publicaciones y deguraciones culturales del sexo y el género podrían entonces las citas de mis estudios en la excelente obra que Eddie Yeghiayan ha realizado enmultiplicarse o, más bien, su multiplicación actual podría es- la biblioteca Irvine de la Universidad de California: <http://sun3.lib.uci.edu/-tructurarse dentro de los discursos que determinan la vida scctrlWelleky/index.hunl> 7. Estoy especialmente agradecida a Bíddy Martin, Eve Sedgwíck, Slavojcultural inteligible, derrocando el propio binarismo del sexo Zizek, Wendy Brown, Saidiya Rartman, Mandy Merck, Lynne Layton, Tlmothyy revelando su antinaturalidad fundamental. ¿Qué otras es- Kaufmann-Osbome, Jessica Benjanún, Seyla Benhabib, Nancy Frasee, Dianatrategias locales que comprometan lo «no natural» podrian Fuss, Jay Presser, Lisa Duggan y Eliz.abeth Grosz, por sus acenadas criticas de la teoría de la performatividad.conducir a la desnaturalización del género como tal?
    • 290 EL GÉNERO EN DISPUTA NOTAS 291 8. Esta concepción de la dimensión ritual de la performatividad está relacio- 15. Agradezco a Wendy Brown.joan W. Scott, Alexandra Chasin, Francésnada con la idea del hábito en la obra de Pierre Bourdieu, algo de lo que sólo me Bartkowski, janet Halles, Michel Feher, Homi Bhabha, Drucilla Comell, Denisepercaté cuando acabé de escribir este texto. Mi intento posterior de explicar la Riley, Elieabeth Weed, Kaja Sílverman, Ann Pellegrini, William ConnolIy, Gay~­repercusión que tuvo dicha idea se incluye en el último capítulo de Excitable Spe- tri Chakravorty Spivak, Ernesto Laclau, Eduardo Cadava, Floreace Dore, DavIdech: A Politics of me Performative (Nueva York, Rourledge, 1997). Kazanjian, David Eng y Dina Al-kassim el apoyo y la amistad que me proporcio- 9. jacqueline Rose me explicó acertadamente la separación existente entre naron cuando escribí este prefacio, durante la primavera de 1999.las primeras y las últimas partes de este texto; las primeras interrogan sobre laconstrucción del género basada en la melancolía, pero las últimas parecen pasarpor alto los inicios psiccanalizicos. Quizás esto esclarece parte de la «manía» delúltimo capítulo, un estado que Freud define como parte de la negación de la pér- CAPÍTIJLO 1, SUJETOS DE SEXO/GÉNERO/DESEOdida que es la melancolía. En sus últimas páginas, El género en disputa parece 01·vidar o rechazar la pérdida que acaba de plantear. 1. Véase Foucault, «Right of Death and Power over LUe», en The History of 10. Véase Bodies that Mal/er (Nueva York, Rourledge, 1993) (trad. cast.: sexuallty, vol. L An Introduction (Nueva York, Vintage, 1980); originalmente publi-Cuerpos que importan, Buenos Aires, Paidós, 2(03), así como «Cerrlng Real: cado como Histoirede la sexualité 1: La volontéde saooír (París, Gallimard, 1978)Iechnoscienufic Pracrices and rhe Materialization ofReality», una critica hábil e (trad. cast.: Historia de In sexualidad; 1. La voluntadde saber, México, Siglo XXI,inteligente en la que Karen Barad vincula algunas de las preguntas que se formu- 1982). En ese último capítulo, Foucault examina la relación entre lo jurídico y la leylan en Cuerpos que importan con los trabajos de la ciencia contemporánea. productiva. Su noción de la productividad de la ley procede de Nietzsche, aunque 11. Saidiya Hartman, Lisa Lowe y Dorinne Kondo son investigadoras cuya no es idéntica a la voluntad de poder de Nietzsche. La utilización de la idea de po-obra ha tenido una gran repercusión en la mía. Una gran parte de los estudios eca- der productivo no es una mera «aplicación» de Foucault a los problemas de géne-démicos acruales sobre el «paso» también ha incluido esta cuestión. El ensayo que ro. Como expongo en el apartado «Foucault, Herculine y la política de disconti-escribí sobre «Passíng» de Nella Larsen, incluido en Cuerpt;J que importan, tenía nuidad sexual» del capítulo 3, la afinnación de la diferencia sexual dentro de loscomo objetivo tratar la pregunta de manera preliminar. Por supuesto, la obra de límites de la propia obra de Foucault muestra grandes contradicciones en su teoría.HomiBhabha sobre la escisión mimética de! sujeto de las antiguas colonias es pare- También expongo una crítica de su visión del cuerpo en e! último capítulo.cida a la mía en varios aspectos: no sólo la atribución de la «VOZ» colonial por parte 2 Las alusiones a 10largo de este estudio a un sujeto anterior a la ley sonde los colonizados, sino también la condición dividida de identificación son crucia- extrapolaciones de la lectura que Derrida hace de la parábola de Kafka «Ante lales para una idea de la performarívidad que ponga énfasis en cómo se forman y al ley», en AJan Udoff (comp.), KIl[k4 and tbe Contemporary CriticalPerformance.mismo tiempo se dividen las identidades minoritarias en situaciones de dominación. (Bloorningron, Indiana University Press, 1987). 12. Gracias a la obra de Kobena Mercer, Kendall Thomas y Hortense Spi- 3. Véase Denise Riley, Am I tha! Name?: Feminirm and tbe Category ofllers he podido reflexionar sobre este asunto después de terminar El género en «Women» in Hirtory (Nueva York, Maemillan, 1988).dúputa. Además, espero publicar próximamente un ensayo sobre Frantz Fanon 4. Véase Sandra Harding, «The Insrability of che Analytical Caregories ofque trata los temas de la mimesis y la hipérbole en su obra Black Sleinr, Wbite Feminisr Theory», en Sex and Scientific Inquiry, Sandra Harding y jean F. OBarrMarks. Expreso mi agradecimiento a Greg Thomas, quien recientemente terminó (Chicago, University of Chicago Press, 1987), págs. 283-302.en Berkeley su tesis de Retórica sobre sexualidades racializadas en Estados Uní- 5. Recuerdo la ambigüedad inherente en el título de Nancy Con Tbedos, por enriquecer mi interpretación de esta importante intersección. GroundingofModern Feminnm (New Haven, Vale University Presa, 1987). Ella 13. He incluido algunas consideraciones sobre la universalidad en trabajos afirma que el movimiento feminista de Estados Unidos de principios del sigloposteriores, sobre todo en el capítulo 2 de Excitable Speech. XX intentó «basarse» [groundi!rel[] en un programa que con el tiempo «detu- 14. Véanse las excelentes publicaciones de la Intersex Sociery of North vo» [groundedl ese movimiento. Su tesis histórica formula de forma implícita la America (entre ellas las de Cheryl Chase). Esta organización, más que ninguna pregunta de si los fundamentos aceptados sin reservas funcionan como el «re-otra, ha dado a conocer al público la rígida y violenta vigilancia del género que se tomo de los reprimidos»; basadas en prácticas excluyentes, las identidades po-lleva a cabo con los bebés y con los niños que han nacido con cuerpos anómalos líticas estables que esrablecen los movimientos políticos pueden invariablementeen cuanto al género. Para obtener más información, se puede contactar con ellos estar amenazadas por la inestabilidad misma que genera el enfoque fundacio- en <httpc//www.isna.org>. nisra.
    • 292 EL GÉNERO EN DISPUTA NOTAS 293 6. Utilizo la expresión matriz heterosexual a lo largo de todo el texto para moderno determinado. Para un análisis más minucioso, véase Thomas Laqueur ydesignar la rejillade inteligibilidad cultural a través de la cual se naturalizan mee- Carherine y Gallagher (comps.), The Making 01 IheModernBody: Sexuallty~",!pos, géneros y deseos. He partido de la idea de «contrato heterosexual» de Mo- Socie!) in the 19" Century (Berkeley, University of California Press, 1.987) ongr-nique Wittig y, en menor grado, de la idea de «heterosexualidad obligatoria» de o nalrnente publicado como un número de Represeruations, n . 14, primavera deAdrienne Rich para describir un modelo discursivo/epistémico hegemónico de in- 1986. . .teligibilidad de género, el cual da por sentado que para que los cuerpos sean 11. Véase mi ensayo «Variarioos on Sex and Gender. EeauvOlr, Wittlg, Fcu-coherentes y tengan sentido debe haber un sexo estable expresado mediante un cault», en Seyla Benhebib y Drucílla Comell [comps.}, Feminism asCritique (Ba-género estable (masculino expresa hombre, femenino expresa mujer) que se defi- sil Blackwell, disto by University of Minnesota press, 1987).ne históricamente y por oposición mediante la práctica obligatoria de la heterose- 12. Simone de Beauvoir, The second sex (Nueva York, Vintage, 1973), pág.xualidad. 301 (trad. cast.: El segundo sexo, Madrid, Cátedra, tomo 1, pág. 15). 7. Para un estudio de la división sexo/género en la antropología estructural 13. lbid., pág. 38 (trad. cast.: pág. 34).y las apropiaciones y críticas feministas de ese planteamiento, véase en el capítu- 14. Véase mi ensayo «Sex and Gender ÍD Beauvoirs Sewnd Sex», en Yalelo 2 el apartado «EJ. intercambio critico del estructuralismo». Frcneh Studies. Simone de Beauvoir: Wittness to a Century, n" 72, invierno de 1986. 8. Para un estudio interesante de los berdadJe y los ordenamientos de géne- 15. Nótese el grado en que las recrías fenomenológicas co:n0 las de Sar::~ros múltiples en las culturas de los indios norteamericanos, véase Walter L. Wi- Merleau-Ponty y Beauvcir tienen tendencia a utilizar el rérmino ene~".aclOn.lliams, TheSpiritandthe Flesh: SexualDioersiry in American IndianCulture (Bas- Puesto que procede de contextos teológicos, el término tiende a definir «el»tan, Beacon Presa, 1988). Véase también Sherry B. Ortner y Harrier Whitehead cuerpo como una forma de encamación y, por ~~i~ente, a mante~e~ la rela-(comps.) SexualMeanings: The CulturalConstruetion 01 Sexuality (Nueva York, ción externa y doble entre una inmaterialidad Significante y la materialidad delCambridge UniversiryPress, 1981). Para un estudio políticamente sensible y de- cuerpo en si.safiante de los berd4ch e, los transexuales y la contingencia de las dicotomías de gé- 16. Véase Luce Irigaray, TheSex WhichIs Not One (lrhace, ComeD Univer-nero, véase I. Kessler y Wendy McKenna, Gender: An Ethnomethodologieal Ap- sitv Press 1985), originalmente publicado como Ce sexe qui nen est pas un (Pa-proach (Chicago, Universiry of Chicago Press, 1978). ris, Edtríon, de Mínuit, 1977) (trad. cast.: Esesexoque no es uno, Madrid, Saltes, 9. Se han efectuado numerosas investigaciones femínistas en los ámbitos de 1982).la biología y la historia de la ciencia que examina los intereses políticos inheren- 17. Véase Joan Scon, «Gender as a Useful Category ro ~stori.cal ~alysis»,tes en las distintas actuaciones discriminatorias que determinan la base científica en Genderand the Polines 01 History (Nueva York, Columbia Universuy Press, e5,del sexo. Véanse Ruth Hubbard y Marian Lowe (comps.), Genesand Gender, ta- 1988), págs. 28-52, reproducido de American Histoncal Reoieio, vol. 95, nmos 1 y 2 (Nueva York, Gordian Press, 1978, 1979), los dos números sobre el fe- 1986.minismo y la ciencia de Hypatia: A ¡oumal of Femmist Philosopby, vol. 2, n". 3, 18. Beauvoir, The Second Sex, pág XXVI (rrad cast pég 24)otoño de 1987, y vol. 3, n". 1, primavera de 1988, y, principalmente, The Biology 19. Véase mi ensayo «Sex and Gender ID Beauvoirs Sewnd Sex»and Gender Study Group, «The Importance of Feminist Critique for Contempo- 20. Respecto del género, Beauvoir recoge el Ideal normativo del cuerpo a larary Cell Biology» en este último número: Sandra Hardíng. The Saence Question vez como una «situación» y un «instrumento», y Frantz Fanon lo adopta respec-in Feminism (Irhaca, Comell University Press, 1986) (trad. casr.: Ciencia ylemi- to de la raza. Fanon concluye su estudio de la colonización apelando al cuerpomsmo, Madrid, Morata, 1986); Evelyn Fax Keller, Re/leetionson Gender and como un instrumente de libertad, la cual, a modo cartesiano, es comparable a unaScicnce (New Hacen, Yale University Press, 1984) (trad. cast.: Reflexiones sobre conciencia capaz de dudar: «¡Oh, cuerpo mío, haz de mí siempre un hombre quegénero y ciencia, Valencia, Institució AIfoos el Magnimím, 1991); Donna Hara- cuestione!» (Frantz Fenon, Black Skin, White MaskI (Nueva York, Grove Press,way, «In the Beginning Was the Word: The Genesis of Biological Theory», en 1967), pág. 323; originalmente publicado como Peau naire, masques biancs (Paris,Signs: ¡oumal o/Women in Culture and Society, vol. 6, n" 3, 1981, Y Primate Vi· Editions de Minuit, 1977).sions (Nueva York, Roudedge, 1989): Sandra Harding y lean F. OBarr; Sex and 21. La distinción ontológica radical presente en Sartre entre la conciencia yScienti/ie Inquiry (Chicago, University of Chicago Press, 1987); y Anne, Myths 01 el cuerpo fonna parte de la herencia cartesiana de su filosofía. Lo que es revela-Gentier.- Biologleal TheonésAbout Women and Men (Nueva York, Norton, 1979). dor es que la disyunción de Descartes es puesta en tela de juicio implí~itament: 10. De manera clara, la Histona de lasexualidod, de Foucault, propone una por Hegel al principio del apartado «Amo-esclavo» en Lalenomenologta. del esp~.fonna de replantear la historia del «sexo» dentro de un contexto eurocéntrico ritu. El estudio que hace Beauvoir del Sujeto masculino y el Otro femeninO se Sl-
    • 294 EL GÉNERO EN DISPUTA NOTAS 295 rúa claramente en la dialécúca de Hegel y en el replanteamiento sartreano de esa tructuralismo psicoanalítico, la producción de la diferencia sexual. Partiendo de dialéctica en el apartado sobre sadismo y masoquismo de El sery la nada. Al cri- la idea de una «ley paterna» idealizada, Irigaray replantea lo Simbólico como un ticar la posibilidad misma de una «síntesis» de la conciencia y el cuerpo, Sartre de discurso dominante y hegemónico del falogocentrismo. Algunas feministas fran- hecho vuelve a la problemática cartesiana que Hegel intentó superar. Beauvoir re- cesas proponen un lenguaje diferente de! que está impuesto por e! Falo o la ley pite que el cuerpo puede ser el instrumento y la situación de libertad y que el sexo paterna, y de esta forma formulan una crítica contra lo Simbólico. Kristeva pro- puede ser la ocasión de un género que no sea una reificación, sino una modalidad pone 10 semiótico como una dimensión específicamente materna del lenguaje, y de libertad. Al principio esto parece ser una síntesis del cuerpo y la conciencia, en tanto Irigaray como Héléne Cíxous se han asociado con la ecnture/éminine. No la que la conciencia se concibe como la condición de la libertad. No obstante, sur. obstante, Witúg siempre se ha opuesto a ese movimiento, afirmando que e! len- ge la pregunta de si esta síntesisexige y preserva la división ontológica entre cuer- guaje en su estructura no es ni misógino ni feminista, sino un instrumento que se po y mente de la que está formada y, por asociación, la jerarquía de la mente so- usa con finalidades políticas desarrolladas. Claramente, su creencia en un «sujeto bre el cuerpo y de lo masculino sobre lo femenino. cognoscitivo» que existe antes que el lenguaje posibilita su interpretación de! len- 22. Véase Elisabeth V. Spelman, «Woman as Body: Ancient and Comempo- guaje como instrumento, más que como un campo de significación que existe an- rary Views», Fcminisr Studies, vol. 8, n" 1, primavera de 1982. tes de la fonnación de! sujeto y lo estructura. 23. Gayatri Spivak define de forma perspicaz este tipo concreto de explica. 28, Wittig, «The Point of View: Universal or Particular?», Feminist Issues, ción binaria como un acto colonizador de marginación, En una critica de la «pre- vol. 3, n" 2, otoño de 1983, pág. 64. También en TheStraightMind and Other Es- sencia de sí del yo cognoscente suprahistórica», que es propia del imperialismo says, págs. 59,67, véase cap. 3, nota 49. epistémico del cogilo filosófico, sitúa la política en la producción de conocimien- 29. «Se debe tomar un punto de vista particular y otra universal, por lo me- to que genera y critica los margenes que conforman, por medio de la exclusión, la nos para formar parte de la literatura» (Menique Wittig, «The Trojan Horse», Fe- inteligibilidad contingente del régimen de conocimiento determinado de ese su- minist lssues, vol. 4, n 2, octubre de 1984, pág. 68. Véase cap. 3, nota 41). jeto: «Denomino "política como tal" a la prohibición de rnarginalidad que está 30. La revista Questions Féministes, cuya versión en inglés aparece como Fe- implícita en la producción de cualquier explicación. Desde esa perspectiva, la minirtissues, generalmente sostenía un punto de vista «materialista» según el cual elección de oposiciones binarias concretas [...1no es únicamente una táctica inte- las prácticas, la institución y el carácter construido del lenguaje son las «bases ma- lectual. En cada caso, es la condición de la posibilidad de la centralización (con teriales» de la opresión de las mujeres. Wittig perteneció al consejo editorial ori- las disculpas adecuadas) y, en consecuencia, de la marginación» (Gayatri Chakva- gínal.Junto con Monique Plaza, Wittig afirmaba que la diferencia sexual era esen- vorty Spivak, «Explanation and Culture: Marginalia», en In other Worlds: Essays cialisra, puesto que derivaba el significado de la función social de las mujeres de in CulturalPolitics (Nueva York, Routledge, 1987), pág. un su facticidad biológica, peto también porque respaldaba el significado esencial de 24. Véase el razonamiento contra las «opresiones jerarquizadoras» en Che. los cuerpos de las mujeres como maternales y, pot consiguiente, reforzaba ideoló- rríeMoraga, «La Güere» en Thir Bridge Ca/led My Rack: Wnfings o/RadiCllI Wo- gicamente la hegemonia de la sexualidad reproductiva.men 01 Color, Gloria Anzaldúa y Cherrie Moraga (comps.] (Nueva York, Kitchen 31. Michel Haar, «Nietzsche and Metaphysical Language», The New Nietzs-Table, Women ofColor Press, 1982). che: Contemporony Stylesoflnterpretation, David AlIison (comp.] (Nueva York, 25. Para un análisis más detallado de la irrepresemabilidad de las mujeres en Delta, 1977), págs. 17-1B.el discurso felogocéntrico. véase lrigaray, «Any Theory of the "Subject" Has Al- 32. Wittig,«The Mark of Gendet», Feminist lssues, vol. 5 n" 2, otoño deways Been Appropriated by the Masculine», en Speculum 01 the Other Woman (Ir- 1985, pág. 4. Véase también cap. 3, nota 25.haca, Cornell l.lniversiry Press, 1985) (trad. cast.: Espéculo de la otra mujer, Ma- 33. lbid., pág. 3.drid, Salrés, 1978). lrigaray parece corregir este argumento en su estudio del 34. La canción de Aretha, originalmente escrita por Carole King, también«género femenino» en Sexes et patentes (véase cap. 2, nota lO). refuta la naturalización del género. «Like a natural woman» [como una mujer na- 26. Wittig, «One is Not Born a Woman», Feminirtlssues, vol. 1, n" 2, in. tural] es una frase que implica que la «naturalidad» sólo se consigue mediante lavíemo de 1981, pág. 53. También en TheStaight Mindond Other Essoys, págs. 9. analogía o la metáfora. En otras palabras;«Tú me haces sentir como una metáfo-20, véase cap. 3, nota 49. ra de lo natural», y sin «ti» se revelaria alguna base desnaturalizada. Para un aná- 27. La idea de lo «Simbólico» se analiza detalladamente en e! capítulo 2 de lisis más detallado de la afirmación de Aretha a la luz del argumento de Símoneeste libro. Debe entenderse como un conjunto ideal y universal de leyes cultura- de Beauvoir de que «no se nace mujer: se llega a serlo», véase mi ensayo «Beau-les que gobiernan el parentesco y la significación y, desde e! punto de vista del es- voirs Philosophical Contribuúon», en Ann Garry y Marilyn Pearsall (comps.],
    • 296 EL GÉNERO EN DISPUTA NOTAS 297Women, Knowledge, and Rea/ity (Bosron, Unwin Hyman, 1989),2" ed. (Nueva 48. En distintas partes del capírulo 2 de esta obra se incluye un análisis másYork, Routledge, 1996). completo de la posición lacaniana. . 35. Foucaulr (comp.], Herculine Barbin, Being the Recently Disrovered Me- 49. Jaqueline Rose, SexUfllity in the Field01 VislOn (Londres, Verso, 1987).moirs ola Nineteent-Century Hermaphrodite, Nueva York, Colophon, 1980. Ori- 50. Jane Gallop, Reading Lacen [Ithaca, ComellYniversity,Press, 19~5) yginalmente publicada como Herculine Barbin, diteAlexina B. presenté parMiche! Tbe Daughters SeductWn. Feminirm and PsychoanalystS (Ithaca, Comell Univer-FOUCQulf, París, Gallimard, 1978 (trad. cast.: Herculine Barbin, liamatÚ Aiexina sity Press, 1982). , . . . . . ., ,8., presentada por MichelFoucault, Madrid, Revolución, 1985). La versión fran- 51. «Lo que diferencia al psicoanáliSIS de los análisis sociológicos del gene-cesa no tiene la introducción que Foucaulr escribió para la traducción al inglés. ro (por tanto, en mi opinión, el obstáculo principal ~ la .ob~a de, Nancy Chod~­ 36. Véase el capitulo 2, seco «Lacan,Riviere y las estrategias de la mascarada». row) es que mientras que para éstos se admite que la mtenonzac~oll de r~as m~ 37. Foucaulr Icomp.), Herculme Barbin, pág. x (trad. cast.: pág. 17). menos funciona la premisa básica y de hecho el punto de partida del psrcoana- o , "f "d 38. Véase Robert Sroller; Presentauons 01Gender (New Haven, Vale UnÍ- lisis es que no funciona. El inconsciente constantemente muestra el racasc eversity Press, 1985), págs. 11-14. la identidad» (Rose, SexUfllity in the Field olVision, pág. 90). 39. Nietzsche, On the Genealogyof MuraIs (Nueva York, Vinrage, 1969), 52. Tal vez no deba sorprendemos que la noción estructuralista singular depág. 45 (trad. cast.: La genealogía de la moral, Madrid, Alianza, 1979, pág. 52). «la Ley» aluda claramente a la ley prohibitiva del Antiguo Testamento. Así, la «le! 40. Wittig, «One is Not Barn a Woman», pág. 48. Wittig da el crédito de las paterna» se somete a una crítica postestructuralist~me~te la ruta c.omprenSl-nociones de «marca» de género y la «formación imaginaria» de grupos naturales ble de una reapropiacién francesa de Nietzsche, quien cunea la «moralidad de es-a Colette Guillaumin, cuyo estudio sobre la marea de la raza ofrece una analogía clavo» judeo-cristiana por concebir la ley en términos tanto singulares. ~~mopara el análisis del género de Wittig en «Hace et nature- systéme des marques, prohibitivos. Por otra pane, la voluntad de poder designa a la v~ ,las posibilida-idée de group naturel et rappon sociaux» Pluriel, vol. 11, 1977. «El mito de la des productivas y múltiples de la ley, y de hecho revela que la nocson de «la Ley»mujer» es un capítulo de El segundo sexo de Beauvoir. en su singularidad es una noción ficticia y represiva. . . 41. Monique Wittig, «Paradigm.. en Homosexualities and French Literatu- 53. Véase Rubin, «Thinking Seo Notes for a Radical Theory of the Polinesre: Cultural ContextslCritica1 Iexts, Elaine Marks y George Stambolian (comps.) of Sexuali ty» en Plearufeami Dangef, Carole S. Vance (comp.] (Boston, Rou-(Ithaca, Comell University Press, 1979), pág. 114. tledge and K~gan Paul, 1984), págs. 267-319 (trad. cast.: Placer y peligro, ~e­ 42. Es evidente que Wittig no cree que la sintaxis sea el desarrollo o la re- xionando sobre el sexo: notas para una teoría radical de la sexualidad..., Madrid,producción linguistica de un sistema de parentesco organizado paternamecte. Su Talasa, 1989). También en el volumen Placer y peligro véanse Vanee, «El placer yrepudio del estructuralismo en este nivel le permite comprender que el lenguaje es el peligro: hacia una política de la sexualidad»; Alice Echols, «El ello domado: laneutral en los géneros. La obra de Irigaray Parier n est jamais neutre (París, Édi. política sexual feminista entre 1%8-83»; Hollibaugh, «El deseo del futuro: la es-tions de Minuit, 1985), critica justamente el tipo de posición humanista -c-aqui peranza radical en la pasión y el placer». Véanse asimis,Il0 Ho~ibau~ y.Mora"propio de Wittig- que afirma la neutralidad del lenguaje en lo político y en rela- ga, «What Were Rollín Around in Bed with: Sexual Silences m FemmlSm~,. yción COD el género. Echols «The New Peminísm ofYin and Vang», en PouersolDeslTe: Tbe Pol,tlCs 4J. Wittig, «1111, Point of View: Universal or Panicular?», pág. 6J. 01 Sex;lity, Ann Snirow, Christine Stansell y Sharon Thompson (Londres, Vira" 44. Wittig, «The Srraight Mind», Ferranist Issues, vol. 1, n" 1, verano de so, 1984) Heresies. n° 12, 1981, el «número sobre sexualidad»; S:un0is (comp.],1980, pág. 108. Coming to Power; (Beridey, Samois, 1981); Eoglish, Dierdre Hollibaugh. y Gayle 45. Véase Wittig, The Lesbian Body (Nueva York, Avon, 1976), original. Rubín, «Talking Sex: A Conversation on Sexualiry and Feminism», SOCIabrt Re-mente publicado como Le corps lesbien (París, Éditions de Minuit, 1973) (trad. »ieio. n 58, julio-agosto de 1981; Barbara T. Kerr y Quinranales, ~ The Comple-rast.: El cuerpo lesbiana, Valencia, Pre-Textos, 1977). xiry of Desire: Conversarions on Sexuallty and DifferenCe», ConditlOns, 8, vol. 3, 46. Agradezco a Wendy Owen esta frase. n" 2,1982, págs. 52-71. 47. Obviamente, el mismo Freud diferenciaba entre «lo sexual» y «lo geni- 54. Quizá la afirmación más polémica de Irigaray ha sido que la estrucruratal», ofreciendo la misma distinción que Wittig utiliza comra él. Véase, por ejem- de la vulva como «dos labios que se tocan» confonna el placer no unitario y au,plo, «The Development uf che Sexual Funtiofi>, en Frend, Outlineola Theory 01 ¡oerótico de las mujeres antes de la «separación» de esta duplicidad a través delPsychoanalysis (Nueva York, Nonon, 1979) (trad. cast.: «Desarrollo de la función acto de la penetración del pene que quita placer. Véase lrigaray, Ce sexequi nensexual», en Esquema delpskoamilisis, Buenos Aires, Paidós, 1979). es!pasun. Junto con Monique Plaza y Christine Delphy, Wittig ha afirmado que
    • 298 EL GÉNERO EN DISPUTA NOTAS 299 la valoración que hace lrigaray de esa especificidad anatómica es de por sí una co- ca previa a la ley. Resulta revelador que tampoco sea posible formular una críticapia incondicional de un discurso reproductivo que marca y recorta el cuerpo fe- de esa ley apelando a una época anterior a la ley.menino en «partes» artificiales como «vagina», «clítoris» y «VUlva». En una con. 2. Véase Carel MacCormack y Marilyn Strathern (comps.), Nature, Cultureferencia en Vassar College. le preguntaron a Wittig si tenía una vagina y contestó and Gender (Nueva York, Routledge, 1990).que no. 3. Para un análisis más completo de este tipo de cuestiones, véase el capítu- 55. Precisamente sobre esta interpretación véase el convincente razona- lo de Haraway, «Cender for a Marxist Dictionary; The Sexual Polines of a miento de Diana J. Fuss en Essentiolly Speaking (Nueva York, Root1edge, 1989). Word», en Simiens, Cyborgs, and Women: The Reinvention o/ Nature (Nueva 56. Si tuviéramos en consideración la distinción que hace Fredric]ameson York, Roudledge, 1990). .entre parodia y pastiche, las identidades gayse considerarían más bien pastiche. Si 4. Gayle Rubín analiza este proceso más detalladamente en «The Traffic mbien la parodia, afirma jameson, conserva cierto grado de compatibilidad con el Women: Notes on me "political Econorny" of Sex», en Toward en Anthropologyoriginal del. que es una copia, el pastiche pone en duda la posibilidad de un «ori- olWomen, Rayna R Rener {Nueva York, Month1y Review Press, 1975~ ,Su ensa-ginal» 0, en el caso del género, muestra que el «original» es un intento fallido por o será un punto central más adelante en este capítulo. Parte de la nocron de no-«copiar» un idealfantasmático que no se puede copiar con éxito. Véase FredricJa- ~a como regalo del ensayo de Mauss Essay on the Gilt para exponer CÓffi,O lasmeson, «Postmodernism and Consumer Society», en TheAnti-Aesthetic: Essayson mujeres como objetos de intercambio efectivamente refuerzan y definen el vmcu-POJtmodern Culture, Ha! Posrer Icomp.} (Porr Townsend, WA, Bey Press, 1983) lo social entre los hombres.(trad. cast.: «Posmodernismo y sociedad de consumo» en Baudrillard, Crimp, Fes- 5. Véase Claude Lévi-Strauss, «The Principies of Kinship», en The Elemen-ter y otros, LJ posmodemidmi, Hal Foster (comp.), Barcelona, Kairós, 1988). taryStruetures olKinship (Boston, Beacon Press, 1%9), pág. 4% (trad. cast.: «Los principios del parentesco», en LJs estructuras elementaler delparentesco, Barcelo- na, Paidós, 1%9). . 6. Véanse Derrida, «Structure, Sign, and Play», en The Structuraúst Con~­CAPfTuLo 2. PROHIBICIÓN, PSICOANÁLISIS Y versy, Richard Macksey y Eugene Donare (comps.l (Baltimore.johns Hopkins UniversiryPrese, 1964); «Linguistica and Grarnmatology», en 01 GrammatologyLA PRODUCCIÓN DE LA MATRIZ HETEROSEXUAL tBalumcre, Johns Hopkins University Press, lm4) (trad. cast.; De la graTlUltolo- gia. México, Siglo XXI, 1998) y «Dífférance», en Margins olPhzIo.sop!rJ. (Chic~o, 1. Dusante el semestre en que escribo este capítulo, estoy impartiendo un University of Chícago Press, 1982) (trad. cast.: Márgenes de laIzlosofú¡, Madrid, curso sobre «La colonia penitenciaria» de Kafka, donde se describe un instru- Cátedra, 1989). mento de tortura que ofrece una analogía interesante con el campo de poder ac- 7. Véase Claude Lévi-Strauss, Las estructuras elementales de~ parentesco,tual y especialmente con el poder mesculínísra. La narración vacila constante- pág. 557: «El intercambio -y, en consecuencia, la regla de e~ogarrua que. lo ex-mente en su esfuerzo por contar la historia que reverenciaría ese instrumento presa- tiene en sí mismo un valor social: proporciona el medio para relacionar a como una parte importante de una tradición. Los orígenes no pueden recuperar. los hombres entre sí».se, y el mapa que podría llevar a los orígenes se ha vuelto ilegible con el tiempo. 8. Irigaray, Speculum 01 the Other Woman [Ithaca, Cornell ~niversity. Press,Aquellos a quienes podría explicarse no hablan el mismo idioma y no pueden 1985), págs. 101-103 (trad. cast.: Speculum. Espéculo de laotra mUJer, Madrid, Sal-apelar a la traducción. En realidad, la máquina en sí no puede imaginarse por tés, 1m8). Ecompleto; sus partes no se conforman en una totalidad concebible, demodo que 9. Podría analizarse el estudio literario de Eve Sedgwick BetweenMen: n·el lecror tiene qJe imaginar su estado de división sin apelar a una noción ideal de glish Literature and HomosodalDesire (Nueva York, Columbia Univen:ity P~,su integridad. Esto parece ser una representación literaria de la idea foucaultlena 1985) a la luz de la descripción de Léví-Sueuss de las estructuras de n:oprocl~dde que el «pode!» se ha vuelto tan difuso que ya no existe como una totalidad sis- dentro del parentesco. Sedgwick afinna que la cortesía aduladora hacia las muje-temática. Derrida pone en duda la autoridad problemática de esa ley en el con. res enla poesía romántica es al mismo tiempo un desvío y un d~arron~ del deseotexto de «Ante la ley», de Kafka (en Derrida, «Befare the Law», en Kafka and the homosocial masculino. Las mujeres son «objetos de ínrercambio» poencos por-Contemporary Critical Performance: Centenary Readings, AJan Udoff (comp.) que inrerceden en la relación de un deseo no asumido entre los hombres como el([Bloomingron, Indiana University Press, 1987]). Señala el carácter radicalmente objete supuesto y explícito del discurso. . . .injustificable de esta represión mediante una recapitulación narrativa deuna épo- 10. Véase Luce Irigarav, Sexes el parentés (París, Édítions de Minuír, 1987).
    • NOTAS 301300 EL GÉNERO EN DISPUTA posiciones sexuales y el género al instaurar ciertas formas de pérdidas no acepo 11. Léví-Smuss pierde la ocasión de examinar el incesto como fantasía y tadas. ,,,_,_ d 1 bí hace Lacan sea con-como práctica social, las cuales de ninguna manera son mutuamente excluyentes. 20. Resulta revelador que el anausis e ut es ~a. ~ue . 12. Léa-Srrauss, Las estruc!urlJJ elementales delf1IJrentesCü, pág. 569. .. <1: d la frísidez como SI qatstera manifestar, por me- uguo en su texto a su lIIlW.ISlS e •.",. . . 13. Serel Falo es «personificar» el Falo como el lugar al que penetra, pero _ _ el lesblenis ....O es la nesación de la sexualidad. Sena necesanc un torulllla, que ............,... -btambién significar la promesa de un relamo a la joUlSJance preindividualizada que análisis más detallado de la operación de «rechazo» en este texto. .caracteriza la relación indiferenciada con la madre. 21 Joan Rivíere ..Womanliness as a Masquerade», en Fomutwnr 01Fan- 14. En mi libro Suhjeets olDeJire: Hegelian Refieaions in Twentietb-Century : B gin tosy. Vretor ur ,..... ¡:... es Donald y cera Kaplan (comps.) (Londres, Memuen, . -rL 1 ti 1France (Nueva York, Columbia University Press; edición de bolsillo, 1999) dedi- - 5-44. El articulo se publicó por primera vez en me nterna ,o~a 19861 ,pags. d los né eros d paginaco un capítulo a la apropiación que hace Lacan de la dialéctica del amo y el es- journa! 01 Psychoana!ysis, vol. 10, 1929. A partir e aqw: os n.um eclavo de Hegel:..Lacan: The Opacity of Desíre». ref rencia a esta edición. Véase también el mteresante ensayo de esta obca hacen e d 15. Freud pensaba que para conseguir la feminidad se necesitaba una doble de Srephen Heath en el mismo libro, ..Joan Riviere and the Masque~ e Noleada de represión: ..La niña» no sólo tiene que modificar el vínculo de la libido -. _, d in! . tan simples vease ewton 22. Para una impugnación actuar e erenClaS. de la madre hacia el padre, sino también desplazar posteriormente el deseo por el WaJton «The Misunderstanding: Toward a More PreCISe Sexual VocabuIaJ:»padre a otro objeto más aceptable. Para un estudio que proporciona una proyec- y P!eas~re ami Dang,er, Carole Vance (comp.I (Bastan, Routledge, 19~~, pags. en ._ M drid .... _1-_. 1989) NewtonyWlIltones-ción casi mítica a la teoría de Lacan, véase Kofman, The Enig,ma olWoman: Wo- 242-250) (trad. cast.: Piacerype g,ro, a , UUllliI, " . •man in Freuds Writing,s. rableeen una distinción entre identidades eró.ticas, pa~es eroncos y a.etos:~~~ 16. jacques Lacan, .. The Meaning of the Phallus», en Feminine Sexuality: <-.-m que pueden existir discontinwdades radicales entre ~ . cos, y aunn ref . -. ueden inferirseJarques LaCIJn and the École Freudienne,Juliet Mitche11 y}acqueline Rose (Nueva seo estilos de género, de forma que las p erenctas ercnces no p .York, Nonon, 1985), págs. 83-85 (trad. cast.: «La significación del falo», en Es- dir:cramente de la presentación de una identidad erótica en.contextos_~es.critos2, Buenos Aires, Siglo XXI, 1987. De abara en adelante aparecerán en el __ 1_:_ ti! ( ali te) me pregunto SI esas categ... ~ son Aunque creo que su aIllUIM:i es u y ven. . . .. -- d la _texto las páginas de la edición castellana entre corchetes. en sí mismas específicas de contextos discursivos y SI ese tipo de wViSlon e s~ 17. Luce lrigaray, Ce sexe qui nen est f1IJs un (París, Éditions de Minuit, xualidad en ..partes» componentes sólo tiene sentido, co~o una contraestrategra19n) pág. 131 (trad. cast.: EseSexo que no es uno, Madrid, Saltes, 1982). . - ificación reduccionista de estoStenrunas. para nnpugnar ia UIlIll.......... So tbEnd 18. Los trabajos feministas sobre la mascarada son muy diversos; aquí tan 23. Hooks, en Feminirt Theory: from Marg,in t~, Gen!er C~osto~,. usólo analizo la mascarada en relación con la problemática de la expresión y la per- P 1984) ha cuestionado de forma hábíl la nocaon de «onenracco» se~ual.fonnatividad. En suma, la cuestión es si la mascarada esconde una feminidad que Afirm , reificación que indica deforma errónea una apertura hacia te- rma que es una . bi de deseo Aunquepodría considerarse verdadera o auténtica, o si la mascarada es el medio por el dos los miembros del sexo que se haya designado como o Jeto. . _ .,cual se crean la feminidad y los debates sobre su «autenticidad». Para un estudio refuta el término porque cuestiona la autonomía del sujeto desa.lto, yo an.~wn:más completo de las apropiaciones feministas de la mascarada, véanse Mary Ann ue las ..orientaciones» en sí rara vez, si no es que nunca, son filas. ~ evr en~ qDoane, The Desire to Desire: The Womans Filmo/the 1940s (Bloomingwn, In- del - están abiertas a replanteanuentas cui- que pueden variar con el paso tiempo ydiana University Press, 1987) «Film and Masquerade·. Theorizing the Female rurales que en ningún caso son unívocos.Spectaror», Scree«, vol. 23, n- 3-4, septiembre-octubre de 1982, págs. 74-87 Y 24. Hearh, ..Joan Riviere and the Masquerade». p~. 45-61. ....Womans Stake: Filming the Female Body», OctobeT, vol. 17, verano de 1981. En 25. Stephen Heath afirma que la situación que tema q~e ~rontar Ri~er~«Displacement and the Discourse of Woman» (en Displtuement: DerritÚ and Al _C b esuír un reconocírruento de la msn- como mujer intelectual que 1ucna a por cons 0 - . _ _,e ., 1 ater, Mark Kmpnick [Bloomington, Indiana Uníversity Presa, 1983]), Gayatri Spí- " . __ alíticapresenta ~ parecido notable, SI no una ldenuncaClon P en , tucion psiCOll.lliU.l ..... fculvak propone una interpretación provocadora dela «mujer como mascarada» que con la persona analizada que ella describe en el artu o, . tiene influencias de Niettsche y Derrida. Véase también Russo, «Female Grores- 26. Rose, en Mitche11 y Rose (compsJ, Fem¡ntne Sexualiry, pago 85.ques: Camival and Theory» (documento de trabajo, Center for 1ventieth-Cen- 27. Ibid., pág. 44.tury Studies, Univers:ity of Wmconsin-Mihvank:ee, 1985). 28. íbid., pág. 55. ~ __ ";n_ _ t rque no en 19. En el siguiente apartado de este capítulo, ..Freud y la melancolía del gé- 29 Rose critica la obra de Moustapha Safouan C>~ ............. ~ po ... _".nero», intento exponer el significado central de la melancolía como la conse- - e o "" l real tiende la inconmensurabilidad d i SlDlDOllCO y o . Véase su libro L2 sexuau-cuencia de una aflicción no aceptada, aplicada al tabú del incesto, que crea las
    • 302 EL GÉNERO EN DISPUTA NOTAS 303 té /éminine dtlnr la doctrinefreudienne (París, Éditions de Seuil, 1976).Agradezco ro edípíco. en «The Ego and the Super-Ego (Ego-Ideal), The Egoandthe Id (Nue- a Elizabeth Weed que examinara conmigo el ímpetu antidesarrollista en Lacan. va York, Norton, 1%0, originalmente publicado e 1923) (trad. cast.:«El yo y el su- 30. Véase Nietzsche, «First Essaye, en The Genealogy 01Murals (Nueva per-yo (ideal del yo]», cap. 3 de El yo y el ello, Madrid, Alianza,1977}. Doy las gra- York, Vintage, 1969) (trad. cast.: «Tratado primero» de Lo genealogia de la mo- cias a Paul Schwaber por haberme sugerido este capitulo. Las citas de «Duelo y ral, Madrid, Alianza, 1995), para su análisis de la moralidad del esclavo. Aquí, melancolía» pertenecen a Sigmund Freud, General Prychological Theory, Phi!ip como en otros escritos, Nietzsche afirma que Dios es obra de la voluntad de po- Rieff (cornp.] (Nueva York, MacMillan, 1976); a partir de ahora aparecerán en el der como un acto autodegradante, y que la recuperación de la voluntad de poder texto las páginas entre paréntesis, de la edición castellana del primero y de la edi- de este constructo de aurosurnisión es posible al pedir los mismos poderes crea- ción inglesa del segundo. tivos que crearon la idea de Dios y, paradójicamente, la de la impotencia huma- 34. Para un estudio interesante de la «identificación», véase Richard Woll- na. Vigilar y castigar de Foucault se asienta claramente en La genealogía de la mo- heim, «Identification and Irnaginaricn: The Inner Structure of a Psychic Mecha- ral, sobre todo en el «Tratado segundo», así como en Aurora, de Nietzsche. Su nism», en R Wollheim (comp.], Freud: A Collection 01Critical Essays (Carden diferenciación entre el poder jurídico y el productivo también se apoya en el es. City,Anchor Press, 1974), págs. 172-195. tudio de la autosumisión de la voluntad de Nietzsche. Desde e! punto de vista de 35. Nicolas Abraham y Maria Torok no admiren esta fusión del duelo y la Foucault, la construcción de la ley jurídica es el efecto de! poder productivo, melancolía. Véase, más adelante, la nota 39. pero es un efecto en e! que e! poder productivo instaura su propio ocultamiento 36. Para una teoría psicoenalitica que defiende una distinción entre el su-y subordinación. La crítica que Foucault hace de Lacan (véase History ofSexua- peryó como mecanismo sancionador y el ideal del yo (como una idealización quelity,volume 1, An Introduetion (Nueva York, Vintage, 1980], pág. 81 [trad. cast.: se subordina a un deseo narcisista), distinción que Freud evidentemente no haceHistoria dela sexualidad, 1. La voluntad de saber, México, Siglo XXI, 1982]) Yla en El yo y el ello, se puede consultar, de janine Chasseguet-Smirgell, The Ego-hipótesis de la represión en general se ciñen al carácter sobredeterminado de la Ideal, A Prycb%gicalEssay 01 the Matad} 01tbe Ideal, (Nueva York, Nortoo,ley jurídica. 1985),originalmente publicado como Lidéal du mol. El texto se basa en un inge- 31. Irigaray, Speculum ofthe Otber Woman, págs. 66·73. nuo modelo desarrollista de la sexualidad que humilla la homosexualidad y cons- 32. Véansc Julia Kristeva, Desire in únguage: A SemioticApproach to Lite- tantemente critica el feminismo y a Lecan.rature andArt y Soleilnoir: Depressian et mélancolie (París, Gallimard, 1987). La 37. Véase Foucault, Tbe History olSexuality, volumen l, pág. 81 (trad. cast.:interpretación que Krisrevahace de la melancolía en este último texto se apoya en pág. 99).parte en los escritos de Melanie Klein. La melancolía es el impulso matricida que 38. Hoy Schafer; A New únguage for Psycho-Analysis (New Haven, Yalese vuelve contra el sujeto femenino y, así, está relacionada con el problema del Universiry Press, 1976), pág. 162. También son interesantes las distinciones ante-masoquismo. Kristeva parece admnir la idea de agresión primaria en este texto y riores que hacia Scheter entre distintos tipos de imeriorizaciones -c-introyección,establecer una distinción entre los sexos de acuerdo con el objeto primario de incorporación identificación- en Schafer, Aspeas of lntemalizauon (Nuevaagresión y la manera en que se niegan a cometer los asesinatos que en el fondo York, Internaticnal Universiry Press, 1968).Para una historia psicoanalítica de losquieren cometer. Así, la posición masculina se concibe como un sadismo dirigido términos interiorizarión e identificación, véase W. W. Meissner, Internalization indesde e! exterior, mientras que la femenina es un masoquismo orientado hacia el PrychOllnalysis (Nueva York, Intemational UniversiriesPress, 1968).interior, Para Kristeva, la melancolía es una «tristeza voluptuosa» que parece es- 39. Este análisis de Abraham y Torok se apoya en «Deuil ou mélancolie, in-tar relacionada con la producción sublimada del arte. La forma más aira de esa su- trojecter-incorporer, réalité métapsychologique et fantasrne», en LÉcorce et le no-blimación parece ceñirse al padecimiento que está en su origen. Como conse- vau (París, Flarnmarion, 1987). Una parte de este análisis se encuentra en ingléscuencia, Kristeva acaba el libro, de manera repentina y algo controvertida, en Nicola¡; Abraham y Maria Torok, «Intrnjertion-Incorporation: Mourning oralabando las grandes obras del modernismo que moldean la estructura trágica de Melancholie», en Prychoanalysis in Franco, Serge Lebovici y Daniel Widlocherla acción humana y criticando el empeño posmodernc por afirmar, más que pa- (Nueva York, International UniversityPress, 1980), págs. 3·16. Véanse también,decer, las divisiones contemporáneas de la psique. Para un análisis del papel que de los mismos autores, «Notes on the Phantom: A Complement to Freuds Me-desempeña la melancolía en «Motherhood According to Bellíní», véase el cap. 3 rapsychology», en The Trialfs] of Psychoanalysis. Francoise Meltzer (comp.)de esta obra, sección; «La política corporal de Julia Krisreve». (ChleagoUniversiryof Chicago Press, 1987), págs. 75·80 y «.A Poetice of Psycho- 33. Véase el estudio de Freud sobre el duelo y la melancolíay su relación con anaIysis: "The Lcst Object-Me"», Substance, vol. 43, 1984, págs. 3-18.la formación del yo y el carácter, así como su análisisde otras soluciones al conñíc. 40. Irigaray, Speculum ollhe Otber Woman, pág. 68.
    • 304 EL GÉNERO EN DISPUTA NOTAS 305 41. Véase Schafer, A New LangUllge /or Psychoanalysis, pág. 177. Aquí y ensu obra anterior, Aspects oIInternali2.ation, Schafer afirma que los tropos de es- 49. En The Logia 01 Disintegration: Post-Structuralist Thought and thepacios interiorizados son construcciones fantasmáticas, pero no procesos. Esto C/aims01CnuClJI Theory (Londres, Verso, 1987). Peter Dews afuma que la utili-coincide claramente y de manera interesante con la tesis expuesta por Nícolas zación que Lacan hace de lo Simbólico de Lévi-Strauss implica reducir conside- rablemente el concepto. «En la adaptación que Lacan hace de Léví-Strauss, queAbraham y Maria Torok de que «la incorporación es sólo una fantasía que tran- conviene los múltiples "sistemas simbólicos" de éste en un único orden simbólí-quiliza al ego» lelnnojecríon-Incorporaríon», pág. 5l. 42. Éste es evidenremenre el fundamento teórico de The Lesbian Body (Nue- co, se omite la posibilidad de que los sistemas de significado promuevan o en- mascaren relaciones de fuerza» [pág. 105].VIlYork, Avon, 1976)(trad. casr.: El cuerpo lesbillno, Valencia, Pre-Textos,1977)deMonique Wittig, que afirma que el cuerpo femenino heterosexualizadose compar-timentalizay se insensibiliza sexualmente. El proceso de desmembrar y remembrarese cuerpo medíante la relación sexuallesbiana efectúala «inversión» que muestraque el cuerpo aparentemente integrado está totalmente desintegrado y deserotiza- CAPíTULo 3. ACTOS CORPORALES SUBVERSIVOSdo, y el cuerpo «literalmente»desintegrado puede sentir placer sexual en todaslassuperficies del cuerpo. Resulta revelador que no haya ningunasuperficieestable en 1. Esta sección, «The Body Politics of Julia Kristeva», apareció original-estos cuerpos, puesto que se cree que el principio político de la heterosexualidad mente en HypatiJJ, en el número especial sobre filosofía feminista francesa, vol. 3,obligatoria decide 10 que cuenta como un cuerpo íntegro, completo y anatómica- n". 3, invierno de 1989, págs. 104·118.mente discreto. La narración de Wittig (que es al mismo tiempo una antinarración] 2. Véase Julia Kristeva, Revolution in PoeticLanguage (Nueva York, Co-cuestiona esas ideas culturalmente construidas de integridad corporal. hunbia University Press, 1984). El testo originales La Révolutiondu !anguagepo- 43. La idea de la superficie del cuerpo como proyectada se trata de forma étique (París, Éditions du Senil, 1974).parcial en el concepto de Freud del «Jo corpóreo». La afirmación de Freud de 3. [bid., pág. 25.que «el yo es, ante todo, un ser corpóreo» (El yo Y el ello, pág. 20) sugiere que hay 4. Knsreva, Destre in LtJnguage. A Semiotu Approach to Literatureand Art,un concepto del cuerpo que establece el desarrollo del yo. Freud continúa el pág. 135. Véase cap. 2, nota 32. Esta obra es un conjunto de ensayos elegidos deenunciado antes citado: «lel cuerpo] no es simplemente una entidad de superfi- dos fuentes distintas: Polylogue (París, Éditions du Seuil, 1969) y Er¡IlflIDUXTl: Re-cie, sino que es en si Ja proyección de una superficie». Para un estudio interesan- cherches tour une sbmlnalyse (París, Éditions du Seuil, 1%9) (trad. cast.: Semióte de estas ideas de Freud, véase Wollheim, «The Bodily Ego». Para un análisis tica, Madrid, Fundamentos)provocador del «yo-piel», que desgraciadamente no tiene en cuenta las implica- 5.u«. pág. 135.ciones de su análisis para el cuerpo sexuado, véase Didier Anzieu, El ya-piel. 6. Ibid., pág. 134. 44. Véase cap. 2, nota 4. A partir de aquí, las referencias a las páginas de este 7. [bid., pág. 136.ensayo aparecerán entre corchetes en el texto. 8. [bid. 45. Véase Gayle Rubin, «Tbinkíng Sex: Notes for a Radical Theory oí me 9. lbid., pág. 239.Pclitics oí Sexuality», en Pleasure and Danger, págs. 267-319. La argumentación 10.tus, págs. 239-240.de Rubín acerca del poder y la sexualidad en el congreso de 1979 sobre El segun- 11. [bid., pág. 240. Para un estudio muy interesante de las metáforas dedo sexo de Simone de Beauvoir generó un cambio importante en mis propias la reproducción como descriptivas del proceso de la creatividad poética, véa-ideas sobre del carácter construido de la sexualidad lesbiana. se Wendy Owen, «A Riddle in Níne Syllables: Female Creativity in the Poe- 46. Véase (o, más bien, evítesel Joseph Shepher Icomp.], Incest: A Biosocial try of Sylvia Plath», tesis doctoral, Yale University, Department of Englísh.View (Londres, Acadaemic Press, 1985) para un análisis determinista del incesto. 1985. 47. Véase Michele Z. Rosaldc, «The Use and Abuse of Anmropology: Re- 12. Kristeva, Desire in LangUfJge, pág. 239.flecríons on Femin.ism and Cross-Culnnal Understanding», Signs: Joumal olWa- 13. [bid., pág. 239.men in Cultureand Soaety, vol. 5, n" 3, 1980. 14. Rubin, «The Traffic in Women: Notes on me "Polnícal Economy" of 48. Sigmund Freud, Tbree Essays on the Theory 01SeX/J4/ity (Nueva York, Sex», pág. 182. Véase cap. 2, nota 4.Baste Books, 1962), pág. 7 (trad. cast.: Tres ensayos sobre teone sexual y otrosen. 15. Véase Platón, El banquete, 209a: Acerca de la «procreación [...] delsayos, Madrid, Alianza, 2(00). alma», afirma que ésta es la capacidad concreta del poeta. Así, las creaciones poé- ticas se consideran un deseo reproductivo sublimado.
    • 306 EL GÉNERO EN DISPUTA NOTAS 307 16. Foucault, The Hútory o/SeXUlJlity, Volu",,, I.- An Introduction (Nueva Linda Washburn, «Generíc Control ofPrimary Sex Derermination in Mice», An-York, Vintage, 1980}, pág. 154 (trad. cast.: Historia de la sexUlllidoJ, 1. La volun- nualReviewo/Genetírs, n" 20, págs. 327-360.tad de Jllber, México, Siglo XXI, 1982, pág. 187). 25. Wittig afirma que «el inglés, en comparación con el francés, tiene fama 17. Foucault Icomp.), Herculine Barbin, Beingtbe Recently Discooered Me-- de casi no tener géneros, mientras que el francés se considera una lengua con mu-moirsola NineteentbCenturyHemzaphrodite, Nueva York, Colopbon. 1980.Ori- chas marcas de género. Es cierto que, estrictamente hablando, el inglés no aplicaginalmente publicado como HercuJine Barbin, diteAlexina B. presenté parMichel la marca de género a objetos inanimados, a cosas o a seres no humanos. Pero enFOUCdU!t, París, Gallimard, 1978 (trad. cast.: Herculine Barbin, li417Ulda A/exia B., lo que se refiere a las categorías de la persona, ambas lenguas son portadoras depresentado porMichelFouC4ult, Madrid, Revolución, 1985). Todas las referencias género en la misma medida» (<<The Mark oí Gender», Fcmimstlssues, voL 5, n" 2,pertenecen a la traducción castellana. otoño de 1985, pág. 3. También en The Straight Mind and Other Essays, pégs. 76- 18. «La noción de "sexo" permitió reunir en una unidad artificial dementas 89. Véase cap. 3, nota 49).anatómicos, funciones biológicas, comportamientos, sensaciones y placeres, y 26. Aunque Wittig no analiza el asunto, su teoría puede explicar la violenciapermitió el funcionamiento como principio causal de esa misma unidad ficticia»; que se efectúa contra los sujetos sexuados -mujeres, lesbianas, gays, entre mu-Foucault, The History o/Sexuality, Volume I, pág. 154 (trad. cast.: pág. 187). Véa- chos otros-- como la imposición violenta de una categoría violentamente cons-se cap. 1, «La política corporal de Julia Krisreva», donde se cita este pasaje. truida. En otras palabras, los crímenes sexuales contra estos cuerpos efectiva- 19...Sexual Choice, Sexual Aet: Foucault and Homosexuality», original- mente los reducen a su «sexo», confirmando e imponiendo así la reducción de lamente publicado en 5.llmagundi, vals. 58-59, otoño de 1981-inviemo de 1983, categoría como tal. Considerando que el discurso no se limita a escribir o hablar,págs. 10·24; reimpreso en Krirzman (comp.). Michel Foucault, Politia, Philo- sino que también es una acción social, incluso una acción social violenta, debemosrophy, Culture: lnteroiewsand Other Writings, 1997·1984 (Nueva York, Routled- encender también la violación, la violencia sexual y los ataques a los homosexua-ge, 1988), pág. 291. les como la categoría de sexo en acción.< 20. Michel Foucault, The arder 01 Things: An Archaelop;y 01 tbe Human 27. Wirtig, «One is Not Boro a Woman», Feminíst lssues, vol. l. n° 2, in-Sciences (Nueva York, Vintage, 1973), pág. XV (trad. casr.: Laspalabras y las ro- vierno de 1981 pág. 48. También en The Straight Mind and Other Essays, págs. 9·sas, Madrid, Siglo XXI, pág. 1). 20, véase cap. 3, nota 49. 21. Michel Foucault (comp.), 1, Pierre Rioiére, Having Slaughtered My 28. lbid., pág. 17.Mother, My Sisrer and My Brother (Lincoln, University oí Nebraska Press, 29. Wittig, «Tbe Mark of Gender», pág. 4.1975), originalmente publicado como MOI~ Pierre Rioiere ayantégoigé nul mere, 30. Menique Wittig, «The Straigbt Mind», Femmist Issues, vol. 1, n° 1, ve-ma soeur el monIrere. (París, Gallimard, 1973) (trad. cast.: Yo, Pierre &viere. rano de 1980, pág. 105. También en The Straight Mind and Other Essays, págs. 9-habiendo degollado a mi madre, a mi hermana y a mi hermano... , Barcelona, Tus- 20. Véase cap. 3, nota 49.quets,2001). 31. lbid., pág. 107. 22. Jarques Derrida, «Prom Resrricred to General Economy: A Hegelianlsm 32. lbid., pág. 106.without Reserve», en Writing and Difference (Chicago, University of Chicago 33. «The Mark of Cender», pág. 4.Press, 1978), originalmente publicado como LEscriture et la différence (París, 34. lbid., pág. 5.Éditions du Seuil, 1967) (trad. cast.: La escritura y la dilerencia, Barcelona, Anth- 35. lbid., pág. 6.ropos,1989). 36. [bid. 23. Véase Héléne Cixous, «The Laugh oí Medusa», en New French Femi- 37. lbid.nisms (trad. cast.: La risa de la Medusa. Ensayos sobre la escritura, Barcelona, 38. lbld.Anthropos,I995l. 39. Wittig, ..ParadJgm», en Homosexualities and French Luerature: Cultural 24. Citado en Anne Fausto-Sterling, «Lite in the XV Corral», Womens Sru- ContextslCritical Texts, Elaine Marks and George Stambolian (lthaca, Cornelldíes International Forum, vol. 12, n° 3, 1989, n" especial sobre feminismo y cien- Universiry Press, 1979), pág. 119. No obstante, hay que tener en cuenta la dite-cia: en memoria de Ruth Bleier, Sue V. Rosser Icomp.], pág. 328. Todas las citas rencia radical entre la aceptación de Wittig del uso del lenguaje que valoriza al su-siguientes de este apartado son de su artículo y de otros dos artículos que ella cita: jeto hablante como autónomo y universal y el intento nietzscheano de DeleuzeDavid C. Page y otros, ..The Sex-Detennining Región of the Human Y Chromo- por desplazar al «yo» hablante como el centro del poder lingüístico. Aunque amosorne Encodes a Finger Protein», en Cea, n" 51, págs. 1.091-1.104 Y Eva Eicher y boa critican el psicoanálisis, la crítica del sujeto, que efectúa Deleuze mediante la
    • 308 EL GÉNERO EN DISPUTA NOTAS 309voluntad de poder, mantiene parecidos más estrechos con el desplazamiento del es una unidad de la voluntad, es decir, una voluntad general en el sentido román-sujeto hablante por lo semiótico/inconsciente dentro del discurso psicoanalítico tico de Rousseau. Para un uso interesante de su teoría, véase De Lauretis, «Sexuallacaniano y poslacaniano. Para Wittig, parece que la sexualidad y el deseo son ar- Indifference and Lesblan Representation», en Tbeatre Jourtldl, vol. 40, n" 2 (mayoticulaciones delsujeto individual autodetenninadas por él, mientras que para De- de 1988) y «The Female Body and Heterosexual Presumption», en SemiótiCll, vol.leuze y para sus opositores psicoanaliticos el deseo obligatoriamente desplaza y 3-4, na 67, 1987, págs. 259-279.descentra al sujeto. «Lejos de presuponer un sujeto -dice Deleuze-.-, el deseo 50. Winig, «The Social Contract».sólo puede conseguirse en el instante en que alguien está privado del poder de de- 51. Véanse Wittig«The Strelghr Mind» y eOne is Not Boro a Woman».cir "yo~» (Guilles Deleuze y Claire Pamet, Dialogues [Nueva York, Columbia 52. Wittig, «The Social Conrract», pág. 10.University Press, 1987], pág. 89). 53. Véanse Wittig, «The Straight Mind» y «The Social Contraer». 40. Da crédito a la obre de Mijail Bajtín en muchas ocasiones por esta idea. 54. Foucault, «Nietzsche, Genealogy, History», en Langtlage, Counter-Me- 41. Wittig, ..The Trojan Horse», FeminiJt [Hues, otoño de 1984, pág. 47. mory, Practice.- 5elected Essays andlmeroieos by MichelFOUCllUlt, Donald F. Bou-También en StraigbtMind and Olher Essavs, págs. 59-67. Véase cap. 3, nota 49. chard (comp.] (Irhaca, Cornell University Press, 1977), pág. 148 (trad. cast.: 42. Véese « The Point oí View: Universal or Particular?», Femmist issues, «Nietzsche, la genealogía, la historia», en La microlúir;a del poder, Madrid, La Pi-vol.3, n" 2, otoño de 1983. También en The5traight Mind and OtherEssays, págs. queta, 1978). Las referencias que aparecen en el texto son de este ensayo.59-67. Véase cap. 3, nota 49. 55. Véase Mary Douglas. Purity end Denger (Londres, Boston, Routledge 43. Véase Wittig, «The Trojan HoISe». and Kegan Paul, 1969), Pureza y peligro, Madrid, Siglo XXI, 2000); los números 44. Véase Monique Wittig, «The Site of Acríon», en Tbree Decades 01 the entre corchetes corresponden a la versión en inglés.FrendJ New Novel, Lois Oppenheimer (Urbana, University of Dlinois Press, 1986). 56. Ibid., pág. 113.También en The5traight MindandOtherEssevs, págs. 90-100. Véase cap. 3, nota 49. 57. Simon Wamey, PoliángDesire.AID5, Pornogfflpby, and the Media (Min- 45. Wittig, «Tbe Trojan Horse», pág. 48. neapolis, University of Minnesota Press 1988). 46. «The Site of Acuon», pág. 135. En este ensayo, Wittig establece una dis- 58. Douglas, Purity and Danger pág. 4 (trad. cast.: Pureza y Peligro).tinción entre un «primer» y un «segundo» contratos dentro de la sociedad. El pri- 59. Ibid.mero es de reciprocidad radical entre sujetos hablantes, quienes intercambian pa- 60. lbid.labras que «garantizan» que el lenguaje estará de manera total y exclusiva al 61. El ensayo de Foucault «A Preface to Transgression» (en Language,alcance de todos [pág. 135]; en el segundo contrato las palabras funcionan para Counter-Memory, Practice) incluye una yuxtaposición interesante respecto de laimponer una fuerza de dominación sobre otros, de hecho, para despojar a otros idea de Douglas sobre los límites corporales creados por los tabúes del incesto.del derecho y la capacidad social de hablar. En esta forma «degradada» de reci- Originalmente escrito en honor de Georges Bataille, este ensayo expone en parteprocidad, dice Wittig, la individualidad misma desaparece al expresarse en un el «polvo» metafórico de los placeres transgresores y la asociación del orificiolenguaje que excluye al oyente como hablante en potencia. Wittig concluye el en- prohibido con la tumba cubierta de polvo. Véanse págs. 46·48.sayo con la siguiente afinnación: «El paraíso del contrato social sólo existe en la 62. Kristeva estudia la obra de Mary Douglas en un breve apartado de Po-literatura, donde los tropismos, por su violencia, pueden hacer frente a toda re- werso/ Horror: An Ersay on Ahjectium (Nueva York, Columbia Universiry Press,ducción del "yo" a un denominador común, rasgar la tela estrechamente tejida de 1982), originalmente publicado como Potlvoirs de lhorrear (París, Éditions delos lugares comunes, y evitar continuamente su organización en un sistema de sig- Seuil, 1980) (trad. cast.: Poderes de la perversión, México, Siglo XXI, 1989). In-nificado obligatorio» [pág. 139l. cluyendo las ideas de Douglas a su propio replanteamiento de Lacan, Kristeva 47. Monique Wittig, Les Guénlleres (Nueva York, Avon, 1973), original- afinna: «La suciedad es 10 que se desecha del sistema simbólico. Es lo que escapamente publicado con el mismo título (París Éditions du Minuit, 1%9). de esa radonalidad social, ese orden lógico sobre el que se funda un agregado so- 48. Wittig, «The Mark of Gender», pág. 9. cial, que posteriormente se distingue de una aglomeración temporal de individuos 49. En «The Social Contraer», ponencia presentada en la Columbia Univer- y, en definitiva, conforma un sistema declasifiClldón o una estrxcttsra» [pág. 65; lassity en 1987 (en The 5traight Mlnd and Other Essays [Boston, Beacon Press, páginas son de la versión inglesa].1922), pégs. 33-45}, Wittig sitúa su propia teoría de un contrato lingüísnco pri- 63. lhid., pág. 3.mario en términos de la teoría del contrato social de Rousseau. Aunque no es ex- 64. Iris Marion Young, «Abjecrion and Oppression: Dynemics ofUncons-plícita al respecto, parece que piensa que el contrato presocial fpreheterosexual] cíons Radsm, Sexísm. and Homophobia», ponencia presentada en los Encuen-
    • 310 EL GÉNERO EN DISPUTAIros de la Sociedad de Filosofía Fenomenológica y Existencial, NorthwesternUniversity,1988. En Cnses in ContinentalPhilosophy, Arleen B. Dallery y Char-les E. Scorr con Holley Robens Icomps.] (Albany, SUNY Press, 1990),págs. 201-214. Reimpreso en una versión más amplia en Justice and the politicJ ofDifferen-ce, Princeton, Princeton University Press, 1990 (trad. caat.: LI justicia y la ÍNDICE ANALÍTICO DE NOMBRESpollitica de la diferencia, Madrid, Cátedra, 2000). 65. Algunos fragmentos del siguiente análisis se publicaron en dos contex-tos diferentes; en mis artículos «Gender Trouble, Feminist Theory, and Psychoa-nalytic Discourse», en Feminism/Portmodernism, Linda J. Nícholson (NuevaYork.Roudedge, 1989) y«PerformativeAcrs and Geeder Consrirunon. An Essayin Phenomenology and Femíníst Theory», Theatre íoumal. vol. 20, n03, inviernode 1988. 66. Michd Foucault, Discipline and Punish: the Birth o/the Prisan (NuevaYork, Víntage, 1979), pág. 29 (trad. cast.: Vigilar y castigar: nacimiento de laprt- Abraham, Nicolas, 154-155 como superficie, 253-263sión, México, Siglo XXI, 1981, pág. 36). construcción del, 58, 64, 250, Abyección, 261 67. lbid., 30, (trad. casr.: pág. 36). 68. Véase el capítulo «Role Models», en Esther Newton, Mother Camp: Fe- Actuación, véase Género 260male Irnpersonarois in America {Universiry of Chlcago Press, 1972}. Aflicción, véase Duelo inscripción en, 253-259, 263- 69. [bid., pág. 103. 267 70. Frederic jameson, «Postmodemism and Consumer Sociery», en Ihe maternal,173-196 Bajtin, Mijail, 238Anri-Aesrhetic Essays on Postmodem Culture, Hal Foster (comp.] (Pon Town-send, WAI BayPress, 1983), pág. 114 (trad. cast.:«Posmodemismo y sociedad de Banquete, El (Platón), 193 permeabilidad de, 260consumo», en Baudrillard, Crimp, Foster y otros, La posmodernidad, Ha! Fcsrer Bames, Djuna, 238 y el sexo binario, 54-56(ccmp.], Barcelona, Kairós, 1988, pág. 170); los números entte corchetes son de Baraille, Georges, 211 Cuerpo lesbiano, El (Wittig),la versión inglesa. Beauvoir, Simone de, 35, 45, 87,239,247 -248,260 71. Véase Victor Tumer, Dramas, Fields andMetl1phorJ (Ithaca, ComelI Uni-versity Press, 1974) y también CliHord Geerrz, «Blurred Genres: The Refigura- 57, 59, 61, 62-63, 75, 76,tion of Ihoughr», en Local Knowledge, Further Esseys in Interpretive Anthropolo- 87,98,224-228,278,293 Deleuze, Gilles y Guattari, Fe-gy (Nueva York, Basíc Books, 1983) (trad. cast.: Conocimiento I.owl: ensayos sobre Biología celular, 216-224 lix,237la interpretación de lasculturas, Barcelona, Paidós, 1994). Bisexualidad, 96, 133-134, 140- Derrida,]acques, 17,211 151,169-171,265 Descartes, René, 64, 78 Borges, Jorge Luis, 210-211 Desire in Language (Krisreva), 177-178 Cixous, Héléne, 211 Différance, 109, 110,235 Conocimiento local (Ceertzl, Disposición sexual, 142-151 108 Douglas, Mary, 257-258, 259- Cromosomas, 216-224 260 Cuerpo: Duelo, 138-152 como límite, variable, 98-99, «Duelo y Melancolía» (Freud), 261-263,271 138-139,144
    • 312 EL GÉNERO EN DISPUTA ÍNDICE ANALíTICO Y DE NOMBRES 313Econonúa significante, mascu- mujeres como «sujeto» del, versus sexo, 54-56, 71-85, Identificación de género, 94, linismo,65 45-53,67-70,277-285 104,224-256 146-161Écriture[eminine, 67 Y diferencia sexual, 86-99 Genética, sexo y, 216-224 Imitación, 94, 268-270Edipo, complejo de, 140-151, y patriarcado, 102 Guérrilleres, Les (Wittig), 239, Incesto, tabú del, 110-114, 146- 161-171 y política, 277-285 249-250 147,149-151,156,184Ego ideal, 144-148 Ferenczi, Sandor; 127-128 «Incorporación» de la identi-Eicher, Eva, 220-224 Foucault, Michel: Haar, Michel, 77 dad, 154-161, 263-268«En la colonia penitenciaria» y la categoría de sexo, 72, 73, Heath, Stephen, 130 Interiorización, 261-268 (Kafkal, 256, 283 82-83,193-195,201-216 Hegel, G. W. F., 211, 280 Irigaray, Luce, 60-65, 74-76,Engels, Friedrich, 103 Y la genealogía, 256 Herculine Barbin, llamada Ale- 85-90,93,110,111,121Epistemología e identidad, y la homosexualidad, 150, xma B. (Foucault), 81-82, 279-281 210 197,201-216 jameson, Fredric, 270Eros y civilización (Marcuse). Yla inscripción, 263-266 Heterosexualidad obligatoria, «loen Riviere and the Masque- 162 y las hipótesis de la repre- 72-76,81,86,231-236 rade» (Heath), 130Escritura y la diferencia, La (De- sión, 150, 167-168 Historia de la sexualidad, La, Jones, Emest, 125-126 rrida),211 Franklin, Aretha, 80 Volumen 1 (Foucaulr), 81- [ouissance. 114, 135Espacio: Freud, Sigmund, 88-89, 112, 82,149,167,193,197-203, interior, 153-161,263 137-151 216 Kafka, Franz, 256, 283 vacío,154 Homosexualidad: Kant, Emmanuel, 135Estilos corporales, 272-275 Gallop,]ane,90 Foucault y, 149,210 Kristeva.julia:Estructuralismo, 107, 114 Garbo, Greta, 253 Freud y, 146-151 como orientalista, 189-190Estructuras elementales del pa- Geertz, Clifford, 105, 108 Kristeva y, 181-190 y abyección, 261-262 rentesco, Las (Lévi- Genealogía de la moral (Nietzs- Lacan y, 123-126 yel cuerpo materno, 173-196 Strauss),107-114 che), 84-85,137,264 Rivierey, 125-131 y Lacan, 173-175, 176-179 Genealogía feminista, 53, 255 tabú contra la, 146-151,156, y lesbianismo, 180-190Falo, el, 115-137 Género: 259-263 y lo Simbólico, 174, 176-185Falogocentrismo, 61, 65, 89, categoría de, 54-56 Wittig y, 74-85 y melancolía, 137 110 como práctica reguladora, Ymelancolía, 137-151 Y represión, 177-178, 190-Fausto-Srerling, Anne, 219-221 71-85,97 Husserl, Edmund, 64 194Félure, 135, 171 como performativo, 253-288Feminismo: construcción del, 56-59, 93- Identidad: La révolution du langage poéti- debates dentro del, 65-70 99,266-272 categoría de, 71-85 que (Kristeva}, 176-177 marco fundacional del, 285- en el lenguaje, 78-81 construcción de la, 265-262 Lacan.jacques: 286 increíble, 275 política de la, 277 -285 Kristeva y, 173-175, 176-179
    • 314 EL GÉNERO EN DISPUTA tNDICE ANAL!TICO y DE NOMBRES 315 y el Falo, 115·120 MacCormack, Carol, 104 Page, David, 217-224 Proust, Marcel, 238 y la diferencia sexual, 88-92 Malestar en la cultura, El (Freud), Palabras y las cosas, Las (Fou- Pureza y peligro (Douglas), 257 y la Ley, 114, 119133·136 162 cault),210-211 Yla máscara, 120-137 Marcuse, Herbert, 162 PanizzaOscar, 197 Relatos psicoanalíricos de dife- y la sexualidad lesbiana, 122- Marimacholidentidades fem, «Paradigma» (Wittig), 237 rencia sexual, 85-93, 101- 125 95,243·247 Parentesco, 89-90, 106-114, 171 Ylo Simbólico, 116, 134·137, «Mark of Gender, The» (Wit- 161·171,190·193 Repetición, 224-225, 281-283 174,177 tig),78·79 Parodia, 95, 268, 281·288 Representación, problema de,Leibniz, Gottfried, 109 Mascarada, 120-138 Pastiche, 270, 284 45·54Lenguaje: Matriz heterosexual, 97-98, Patriarcado, 102 Represión, 148-151, 177-178, eidenticlad,278-282 101·171 Performativo,263-288 190·194 género en el, 77-81 Melancolía, 137-151 Persona, concepción universal Riley, Denise, 49 poético,173-188 «Moralidad de esclavos», 137 de la, 60·61 Riviere, Joan, 121-137 y cultura, 113-114 Motber Camp: Female lmperso- Placeres, proliferación de los, Rose,]acqueline, 90, 94,134 y poder, 85-99 nators in America (New- 87 Rubin, Gayle, 162-167, 191Lesbianismo: ton),267 Platón, 64, 162, 193 identidades en el, 95, 243- «Motherhood according to Be- Poder; Sarraute, Natalie, 238 247 Ilini» (Krisreva), 137 prohibición como, 161-171 Sartre, jean-Paul, 64, 255 versus categoría de las muje- Mujeres: y categoría de sexo, 75, 242- Saussure, Ferdinand de, 109 res, 74-77, 252 categoría de, 47-54, 66-70, 247 Schafer, Roy, 154 yel cuerpo, 87-88, 248, 252- 251·255 Ylenguaje, 85-99 Segundo Sexo, El (de Beau- 263 como «ser» el Falo, 115-121, y voluntad, 246 voir), 61-65, 87, 224, 227 YLacan, 124-125 134 Poderes de la perversión (Kris- Semiótica, 173-196 y subjetividad, 75-77 como «sujeto» del feminis- teva),261 Ser, 77, 98,115·121,234·238Lévi-Strauss, Claude, 107-114, mo, 45·54, 66·70, 27n85 Policing desire: AIDS, Pomo- «Sex-Determiniting Region of 160·163 como objetos de mtercam- grapby and Media (Wat- Human Y ChromosomeLey, la, 114, 119133·136 bio,108-114 ney),259 Encodes a Finger Prorein»Ley, paterna, 153-157, 174, 195 Política: (Page),217«Life in the XY Corral» (Feus- Newton, Esther, 253, 267 de coalición, 67-70 Sexes et parentés (Irígaray), 111 to-Sterling),219-224 Nietzsche, Friedrich. 77, 84- de identidad, 277-282 Sexo:Literalización,156-161 85,137,256,264 feminista, 45-54, 277 -285 binario, 37-41, 54, 65-70,Lo Mismo y lo Otrolbinario, «No se nace mujer» {Wittigl, Y«se!», 236 236·251 211 227 «Posmodernismo y sociedad de categoría de,52-56Locke,John, 246 consumo» (lameson}, 270 como proyecto, 272
    • 316 EL GÉNERO EN DISPUTA e identidad, 72-85 Tristes trópicas (Lévi-Strauss), ficticio», 87-88, 223-253 108 versus género, 54-56, 72-85, Tyler, Parker, 253 104,224-256 Ygenética, 216-224 «Unidad», 67-71Sexualidad, 81-85, 93-99, 161- «Universalidad», 63 167,196-203,242-247 Uso de los placeres, El (Fou-Simbólico, lo, 107-112, 116, cault),216-217 134-137,174,177-185«Social Contraer, The» {Wit- Vigilar y castigar (Foucault),263 tig),247Soled noir : Depresión el melan- Washbum, Linda L., 220-224 cbolie (Kristeval, 137 Watney, Simon, 259Stoller, Roben, 84 Wittig, Monique:«Straight Mind, The» (Wittig), como materialista, 85-90, 237- 101,247 238,247Strathem, Marilyn, 104 Y categoría de sexo, 74-82,Sujeto, el, 45-54, 66-70, 88-95, 85-93,226-233,240-248 105,234-241,261,277-285 Yde Beauvoir; 227Sustancia, metafísica de la, 74- y el contrato heterosexual, 78,86,89-90 85-88,232-236,239-243 YLacan, 88-93Torok, Maria, 154-155 y lenguaje, 223-224, 231-243,Tótem y Tabú (Freud), 112 247-253«Traffíc of Women: TIte "Poli- «Womanliness as a Mesquera- tícal Economy" oí Sex» de» (Rivierel, 121-137 (Rubin),161-167Transexualidad, 159 Yo y el ello, El (Freud), 138-Travestismo,267-275 143,144-148,150-151Tres ensayos sobre teoría sexual Young, Iris Marion, 262 (Freud), 88, 111,222