Cronica los pedroches diciembre 2003 por fede

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Cronica los pedroches diciembre 2003 por fede

  1. 1. 21 / 12 / 2003 SEVILLA – HINOJOSA DEL DUQUE Quedé citado con el Barba a las siete menos cuarto en la puerta decasa e impuntualmente a las siete menos veinte nos encontramos, despuésde quitarle las ruedas y darle algunas vueltas, conseguimos colgar la bici enla percha que el Meji amablemente nos ha prestado, pues él ha preferidoirse a esquiar a Sierra Nevada. Fuimos a recoger a Paco a su casa y también tras quitarle las ruedas,su bici quedó instalada en la percha y emprendimos nuestra Ruta a LosPedroches, largamente acariciada, sobre todo por el Barba. Dada la hora y la festividad del día la carretera estaba bastantesolitaria y aproximadamente a la altura de Ecija comenzó a amanecer un díalleno de luz, aunque la temperatura del termómetro del coche fuese bajandoprogresivamente desde que salimos de Sevilla con nueve grados por allímarcaba los siete. El Barba propuso parar en Ecija para desayunar y comprar pan perofue rechazada la propuesta porque nos parecía muy pronto además de creermás conveniente hacerlo en la Venta donde íbamos a dejar el coche para asíponer en antecedentes al camarero y que le echara un ojito hasta queregresáramos el próximo martes. Casi sin darnos cuenta llegamos a Cordoba y cogimos la carretera aBadajoz comenzando a subir a la sierra donde vimos, a lo lejos, losbarracones de Cerro Muriano, lo que nos trajo nostálgicos recuerdos denuestra época de reclutas al Barba y a mi, Paco es mucho más joven, casi nohabía nacido por aquel entonces. La carretera es nueva y en su mayor partees autovía por lo que sin ningún tipo de inconveniente, salvo la sospechosamaniobra de un coche de la Guardia Civil que creíamos que nos iba a parar,llegamos a la Venta del cruce, enfrente del Balneario de Fuente Agria. La temperatura había bajado a seis grados, aunque lucia un solradiante, desayunamos y como habíamos previsto pusimos en antecedentesal camarero, que no puso ningún tipo de pega. Tras lo cual nos empezamos apreparar para iniciar la Ruta. Sobre las diez comenzamos a subir a Villaharta y hacia la mitaddescubrimos un camino que tras investigarlo podía ser la Cañada RealSoriana que íbamos buscando, pero parecía que llegaba al pueblo y despuésvolvía a salir a la carretera, por lo que decidimos seguir por la carretera. Entonces el Barba sacó la gran novedad de la ruta, una cartera deplástico transparente con unos velcros para colgarla en el manillar y asípoder tener a la vista los mapas sin necesidad de tener que parar cada vezque hay que consultar algo, es muy práctico según se demostró a lo largo de
  2. 2. la ruta, aunque no evita alguna perdida, o sea perfecto. Se lo habían traídosus hijos de Londres. Seguimos subiendo llegando a Villaharta donde nosestaba esperando Paco que se había adelantado, le contamos la novedad yseguimos ya por terreno más llano buscando la entrada de la cañada, al fin laencontramos y aunque estaba señalizada su aspecto era deplorable eintransitable, pero en vez de desanimarnos y seguir por la carretera, que aprimera vista era lo recomendable, nos adentramos, por supuesto andando,pasando por una especie de vertedero donde una gran pala movía materialhumeante que no logré identificar, un poco más adelante unos operariosintentaban tapar con piedras un gran charco que se había formado en elcamino e impedía el paso de cualquier vehículo, menos a nuestras inefablesbicis que con nosotros al lado pasaron por una estrecha franja de hierba conlo cual incluso evitamos el mancharnos de barro, pero una vez sorteadoestos inconvenientes el camino estaba bien aunque con algunos charcos, puesha llovido muchísimo en esta zona. El camino subía y bajaba pero muy cómodo y distraído, porque ademásde la vegetación, bastante abundante, había unos curiosos hormigueros congrandes conos en sus entradas. Con un silencio y una sensación de soledadque quizás sean las notas dominantes de este viaje, no se oían más que lospájaros, no se veía a nadie, hasta que aparecieron unos quads haciendo unruido infernal y ocupando todo el camino menos mal que lo oímos venir y nosparamos, aprovechando para que Paco hinchara un poco la rueda de su bici. Atravesamos varios arroyos pero llegamos al río Guadalbarbo ytuvimos que descalzarnos y pasarlo andando con el natural jolgorio y laprovidencial aparición de la camiseta del Barba que siempre está cuando sela necesita para secarnos los pies. Seguimos por una zona bastante llana que nos llevaría al puerto delCalatraveño, pero preguntamos a unos cazadores pues no estabamos segurosi cogiendo por un camino que salía a la derecha y que en el mapa se cortaba,podríamos llegar hasta arriba del puerto, nos dijeron que no y que era mejorir por la carretera que no estaba lejos, cuando llegamos arriba del puertovimos que si era posible ir por el camino, pero ya no tenía solución. Cuando salimos a la carretera empezamos a subir al puerto con unapendiente muy suave y cuando llegamos arriba paramos a ver una estatuaextraña que parecía como un tronco de encina y como copa un cochino, ahoralo que si estaba claro era lo bien dotado sexualmente que estaba el encino. Comimos unas naranjas mientras mirábamos la escultura, veíamos quehubiera sido posible subir por camino, nos deleitábamos con las vistas delvalle y saludamos a unos montañeros que estaban en lo más alto del puertopor el que íbamos a entrar en Los Pedroches.
  3. 3. Volvimos a la carretera esta vez bajando y siguiendo el mapa giramosa la izquierda cogiendo la antigua carretera de Bélmez, fuera de uso y enmuy mal estado pero bien para las bicis, por el íbamos cuando Paco decidiópedir pan en un cortijo donde estaban de celebración unos cazadores consus familias, pues al final no lo habíamos comprado y no eran plan decomernos sin él la tortilla y el chorizo que llevaban, le dieron una roscadespués de un buen rato de charla. El Barba decidió que no nos parábamos a comer hasta que notuviéramos claro el camino a seguir, de forma que hasta que no encontramosel segundo camino y lo ratificamos atravesando el río Guadamatilla, yabastante cerca de Hinojosa, no nos paramos. Eran sobre las cuatro y a decir verdad se nos había pasado el hambre,de forma que cuando paramos a comer las ganitas eran pocas, nos comimosmedia tortilla y un pedazo de chorizo, el agua era escasa lo que no ayudaba aecharlo para abajo, el Barba casi no comió nada pues estaba nervioso con lacita con la prima y la hora, decía, se nos estaba echando encima. Así que rápidamente nos pusimos de nuevo en marcha y el camino nosllevó por inmensas dehesas con alcornoques muy viejos que se asemejaban ala escultura del Puerto de Calatraveño y en cuyo suelo aparecían grandesbolas de granito propias de estos pagos, era muy bonito al estar cubierto deun manto verde del que sobresalía el granito gris. Llegamos a la ermita de San Sebastián tenía el brocal del pozo y unabrevadero vaciado en granito y una bomba para sacar agua manualmente,pero no funcionaba, el sitio era bastante bonito y sacamos algunas fotos.Enfrente había una especie de Milardo romano pero no indicaba la distanciani era romano. Entramos en Hinojosa por un sitio que al Barba no le sonaba nada porlo que al principio estaba un poco despistado, pero paramos para que secambiara, porque le daba corte presentarse con los culotes. Bajamos hastallegar a la fuente, entonces ya se orientó, paramos a coger agua porsupuesto. La fuente que llaman del Pilar esta construida en granito y laconstituyen dos muros iguales, con dos arcos ciegos y un frontón rematadopor un pináculo y dos balaustres, unidos por un abrevadero. El Barba nos hizo un recorrido turístico parándonos sobre todo en laiglesia de San Juan Bautista conocida en la zona como la Catedral de laSierra, con unas torres mudéjares muy interesantes y con una ventanacuyos lados no forman ángulos rectos sino obtusos como las saeteras de loscastillos, muy curioso, pasamos por la calle principal que le llaman de laCorredera y llegamos a casa de la prima. Nos la presentó y nos invitó a entrar saludando a la madre, una señoramuy anciana, pero que conserva bastante bien la cabeza, nos enseñó la casa,
  4. 4. una casa inmensa, con tres patios muy grandes, en uno de los cuales había unbrocal y un abrevadero vaciado en granito, y muchas habitacionesdistribuidas a lo largo de un anchísimo pasillo, todo muy grande y con lostechos muy altos, claro que las habitaciones que más utilizaban las habíanreformado y acondicionado para hacerlas más cómodas. Nos dio las llaves del chalet que nos dejan para dormir y nosdespedimos quedando en ir a tomar una cerveza una vez que nos hubiéramosaseado un poco. De nuevo sobre las bicis salimos del pueblo, no sin antes enseñarnos elBarba la casa que había sido de ellos, recorrimos unos dos kilómetros y trasalgunos titubeos encontramos el chalet justo cuando la luz empezaba adesaparecer. La cancela tenía una cadena con el candado abierto, pero tuvimos queabrir las dos hojas para poder pasar, la puerta de la casa después dealgunos intentos y cambios de llaves también conseguimos franquearla. El jardín estaba lleno de verdín y muy deslucido pero en primaveradebe ser un sitio muy agradable, la casa también estaba muy húmeda peronos habían dejado la chimenea preparada y un buen montón de leña en elporche por lo que Paco en muy poco tiempo consiguió hacer un fuegoestupendo que caldeó bastante el ambiente. Paco y el Barba decidieron no quitar las alforjas de las bicis sinocoger solo lo que creían que iban a necesitar, nada más lejos de la realidad,la siguiente hora se la pasaron entrando y saliendo porque se les habíaolvidado algo. Comenzamos el turno de duchas, tras ardua pelea para encender elcalentador, pero cuando el Barba se metió y abrió el grifo se apagó, no habíagas, vimos que el frigorífico también funcionaba con gas, pero la bombonatambién estaba vacía, así que no había más remedio que hacerse un lavaditoy mañana será otro día y aunque el agua estaba una jartá de fría, así lohicimos. Otra curiosidad es que tienen la corriente eléctrica por panelesfotovoltáico por lo que utilizan en todas las habitaciones unas lamparasespeciales, como tubos fluorescentes, que supongo tendrán un bajo consumoy que tardan un poco en dar toda la luz de que son capaces, pero una vezcalientes dan una muy buena luz. Una vez arregladitos nos fuimos a comer, tuvimos que ir andando porla carretera hasta el pueblo y como ya era completamente de noche Pacollevaba una linterna que siguiendo las instrucciones del Barba avisaba a losconductores de nuestra presencia, así llegamos al Restaurante la Finojosaen la avenida del Marques de Santillana en el que el Barba aseguraba secomía estupendamente. Entramos y el camarero nos dijo que era muy
  5. 5. temprano y que todavía no funcionaba la cocina, por lo que pensamostomarnos una cerveza para hacer tiempo, pero cuando nos íbamos a sentarnos dijeron que ya podríamos pasar al comedor y hacia allí nos dirigimos. El Barba nos recomendó que pidiéramos sopa de ajo con almendrasque estaba buenísima y Duelos y Quebrantos, que era un revuelto de jamón,patatas, etc. Cuando el camarero vino a tomar nota inocentemente pedí sopa de ajocon almendras y echándose a reír nos dijo que no era con almendras sino conalmejas y ahí empezó el cachondeo que remató cuando trajeron el plato deDuelos y Quebrantos que de revuelto nada, eran dos huevos fritos conjamón, beicon y patatas, menos mal que solo habíamos pedido un plato,también pedimos flamenquines que aquí los ponen enormes de gordos ylargos, nos tomamos también una ensalada y una copita de vino de pitarra,que aquí es bastante dulce y no pincha. Una vez comidos nos entró un flojera tremenda por lo que decidimosllamar a la prima y decirle que no nos esperara que estabamos muy cansadosy que nos íbamos al chalet. Caminando por la carretera bajo un cielo impresionantementeestrellado llegamos de nuevo al chalet y viendo que solo eran las diez,reavivamos la chimenea con la leña del porche y sacamos una botella de Licor43 que encontramos para acompañar unos roscos de chocolates que notuvieron mucho éxito. Y delante de la chimenea hablando del extraño comportamiento dealgunos, nos dieron las once, hora que nos pareció perfecta para meternosen los sacos. José Luis se fue a la última habitación y Paco y yo nosquedamos en una que había al lado del salón, pegando las pestañasrápidamente.
  6. 6. 22 / 12 / 2003 HINOJOSA DEL DUQUE / FUENTE-OBEJUNA Nos levantamos sobre las ocho, gracias a nuestro querido imaginaria,el Barba, y después de unas someras abluciones y dejando en perfectoorden de revista el chalet, bajamos al pueblo a desayunar. Ninguno de mis compañeros habían dormido demasiado bien, el Barbahabía peleado toda la noche con el saco y no había encontrado la postura y aPaco le había sentado mal algo de lo que comimos o la aspirina que se tomóantes de acostarnos y estaba bastante chungo. Fuimos al Bar Pepe que está al lado del mercado pues teníamosintención de comprar naranjas y pan para el camino pero resultó que solohabía mercado los martes y los viernes, así que nos fuimos al Bar mientras elBarba iba a dejar la llave en la ventana de casa de la prima según habíanquedado la tarde anterior. Antes de que nos hubiesen servido estaba de vuelta, con lo quedesayunamos muy tranquilamente mientras veíamos en la televisión laintroducción de las bolas en los bombos y todos los prolegómenos del sorteode la lotería, el Barba y yo tomamos tostadas y café y Paco una infusión,cuando se iniciaba el sorteo salimos, no me pareció que estuviéramos muyinteresados en la suerte, nos interesaba mucho más la ruta que íbamos ainiciar. Como aun no habíamos conseguido comprar las naranjas, el Barba nosguió hasta el supermercado, Mi Super, y compramos las naranjas, el pan, unabotella de agua y otra de Gatorei para Paco, repartimos las naranjas,llenamos los botes y partimos no sin antes ir Paco, pese a su enfermedad, adescambiar una naranja que tenía un golpe. El Barba se acordó que había una panadería muy buena y nos dijo quenos cogía de paso, así que nos dirigimos hacia allí, efectivamente el olorinconfundible de pan recién hecho no admitía duda de hacía donde teníamosque ir, cuando llegamos casi nos recibe en la puerta uno de los dueños queera aficionado y había sido presidente de una peña ciclista y el Barbarápidamente “pegó la hebra” preguntándole si sabía el camino que teníamosque coger, pero como era de bici de carretera, no estaba muy enterado, detodas formas nos dijo que en el cuartel de la Guardia Civil nos podríaninformar de los caminos y sobre todo del estado de los mismos después dela mucho agua caída. Como también nos cogía de paso y el Barba no tenía muy claro pordonde teníamos que tirar paramos en el Cuartel y entró el Barba solo,nosotros lo esperamos en la acera de enfrente al solesito, observando la
  7. 7. cantidad de pájaros que entraban y salían de los silos antiguos que había allado. Según nos contó al salir lo trataron muy amablementedesaconsejándole que tomara por los caminos pues estaban muyembarrados, cosa que lógicamente no nos amedrantó. Así que sobre las diez y bajo un sol espléndido que iba derritiendo laescarcha, dándole a todo un brillo de recién estrenado, nos fuimos alejandodel pueblo camino de la ermita de la Virgen de la Antigua. Todo el campo estaba sin plantar y había un poco de desolación, peroel cielo estaba tan azul que casi no se notaba y el sol calentaba bastante porlo que cuando llegamos al inicio del camino de la ermita paramos paraquitarnos el exceso de ropa y el Barba se creyó que había perdido elenganche del casco y después de haberlo buscado resultó que lo teníaenganchado en el otro lado. Continuamos adentrándonos en un encinar cada vez más bonito, habíaalgunos chalets en las zonas más altas y alguna repoblación de pinos hastallegar a la ermita, pero nosotros antes de llegar giramos a la derecha por unmagnífico camino que nos llevó hasta donde tenía la finca el padre de Felicia,un lugar precioso y separado por un camino de un parque forestal, por estecamino tiramos bajando hasta un riachuelo que tras pensarlo detenidamenteatravesamos con alguna dificultad, nada más atravesarlo nos encontramoscon un tractor donde venían un padre y un hijo a los cuales paramos parapreguntarles si íbamos más o menos bien, nos dijeron que por allí íbamos denuevo a la carretera a un sitio que llamaban Las Escuelas pero que el caminoera muy complicado y estaba perdido pero que siguiendo el camino quetraíamos antes de desviarnos llegaríamos a la carretera de Valsequillo yestaba bastante bien. Volvimos grupa y cruzamos de nuevo el riachuelo y cuando llegamos auna zona llana vimos como un grupo de grullas sobrevolaban las encinas a muybaja altura, paramos y el Barba aprovechó para llamar a la prima yagradecerle su acogida, estuvo hablando y cuando le preguntó si habíarecogido la llave le dijo que no pero que iba a ver si estaba en la ventana, secortó la comunicación, cuando volvió a llamar le dijo que no y se volvió acortar la comunicación, bastante preocupados subimos a la intersección delos caminos, a la entrada del parque forestal para ver si allí tenia mejorcobertura y volvió a llamar, no aparecían las llaves, le dijo que iba a buscarlay el Barba le describió la ventana donde la había dejado, cortaron quedandoen llamar después. Un poco bastante cabreado el Barba aseguraba que la había dejadoen la ventana y que la habrían robado, Paco decía que se había confundido de
  8. 8. ventana, entre veras y bromas continuamos el camino pues tampocopodíamos hacer nada. Un poco más adelante vimos unos puestos de observación ornitológica,pero estaban cerrado y bastante poco cuidado, pero nos llevamos una gransorpresa cuando al bajar vimos a la derecha posados en el suelo por lomenos doscientas grullas, que ante nuestros movimientos, pues estabamosen silencio, comenzaron a levantar el vuelo, pero no todas a la vez sino enperfecto orden y una tras otra como la estudiada coreografía de un ballet,nos quedamos embelesados mirando hasta que desaparecieron para posarseal otro lado de la laguna. Seguimos por una zona claramente deforestada para uso agrícola, muyverde, con las ruinas de una casa antigua con los muros de piedra típico de lacomarca, estaba bastante destruida pero el cuadro era de lo más bucólico. Un poco más adelante Paco divisó un camino que inmediatamente elBarba identificó como Cañada Real de la Mesta, catalogada modernamentecomo GR-39, era lo que íbamos buscando así que contentos por el hallazgonos metimos por él. La Cañada discurría por la parte más baja de pequeños alcores por loque recogía toda el agua de esto y estaba bastante embarrada, pero al noser muy transitada por vehículos no había los charcos típicos llenos decrestas, sí había zonas donde se habían hundido las pequeñas pezuñas de lasovejas que después se habían secado y al pasar producía una sensación detraqueteo por todo el cuerpo. Paramos a comernos unas naranjas en un lugar solitario y llano dondese podían ver muchos kilómetros alrededor, sin nada más que un árbol devez en cuando, lo que daba una sensación de soledad que solo disipaba elhermoso sol que nos alumbraba. Aprovechó el Barba para volver a llamar a la prima y esta vez por finhabía encontrado las llaves, las había dejado en la ventana de la vecina, larisa alteró la paz que nos rodeaba y también respiramos pues era malajosoque le perdiéramos las llaves después de dejarnos la casa. Mucho más tranquilo seguimos disfrutando del paisaje, pero entoncesempezó a desaparecer el camino y los postes con las señales blanca/roja,seguimos un poco por intuición y otras porque no había más remedio quetirar por allí ¿ Para qué llamar caminos a los surcos del azar? que decíaAntonio Machado, seguimos como digo por unos sitios preciosos, rodandosobre la hierba que es una cosa fascinante, porque parece que tu estásabriendo el camino, que tu eres el primero que pasas por allí, cuando se nospresentó un arroyo que no podíamos vadear ni montados ni calzados, así quecon la experiencia acumulada comenzamos a quitarnos los zapatos yremangarnos los culotes, para atravesarlo andando, el agua no estaba tan
  9. 9. fría como la de ayer pero las piedras estaban llenas de verdín y había que ircon cuidado para no resbalarse. Gracias a la maravillosa camiseta del Barba nos pudimos secar los piescuando llegamos a la otra orilla, esperando no habernos equivocado y tenerque repetirlo en sentido contrario. Una vez de nuevo dispuestos, comenzamos a subir una pequeña cuestacon alguna discrepancia pues mientras Paco decía que deberíamos ir por unapequeña vereda que discurría paralela al arroyo, el Barba decía que habíaque seguir por la cuesta arriba que era perpendicular al arroyo igual que elcamino que traíamos, yo me apunté a esta teoría y al coronar la pequeñacuesta vimos lo que estábamos esperando: la vía del tren, gran alegríaporque además había un paso a nivel justo enfrente de donde estábamos,con un camino bien marcado. Entonces oímos el motor de un tractor que seacercaba y decidimos esperarlo, para que nos ratificara que efectivamenteese era el camino, cuando llegó nos dijo que no, que teníamos que seguir porun camino paralelo a la vía y que a unos doscientos metros había otro paso anivel y que allí salía el camino. Efectivamente cuando nos fijamos, entre la maleza, apareció el postecon las franjas blanca y roja, justo en el inicio del camino, felicitándonos porhaber preguntado, seguimos el camino que efectivamente nos llevó a otropaso a nivel, pero entonces nos entró la duda ¿había que seguir el camino oatravesar las vías y entrar en la finca cuya cancela teníamos enfrente? Mientras el Barba iba a investigar por donde seguía el camino, Paco yyo atravesamos la cancela y rodeando un gran fangal bajamos a un caminoque iba paralelo a otro arroyo, no había ningún tipo de señal, cuandovolvíamos vimos al Barba que bajaba y nos dijo que el otro camino no teníapinta de llegar a ninguna parte, fuimos hacía el otro lado del camino queatravesaba, por abajo las vías del tren, estaba totalmente inundado y no sepodía pasar, así que decidimos volver a la vía, cuando íbamos subiendo nosdimos cuenta que una gran cantidad de vacas, a las que habíamos oído mugirpero no habíamos visto, se acercaban a nosotros por lo que cada vez másaprisa conseguimos llegar a la cancela y cerrarla tras nosotros, dejando a nomenos de cien vacas mirándonos con sus grandes ojos mientras nosotros lesmirábamos los cuernos. Un poco desesperados decidimos tirar por la vía, pues ya debíaquedar poco para Valsequillo, empezamos a andar y era bastante incómodo ysi te montabas en la bici aun peor, así que echándole coraje avanzamos nomás de cien metros cuando vimos acercarse un todoterreno procedente deunas casas que antes no habíamos visto, nos paramos y le hicimos señas paraque se parara, aunque estaba un poco lejos, pero ante nuestra sorpresa separó cuando llegó al talud de la vía y un señor bajíto y muy decidido se baja
  10. 10. del coche y empieza a marinear por el talud que muy bien podía tener diezmetros de altura, nos quedamos atónitos ante aquella demostración,esperando una bronca por circular por la vía o por cualquier otra cosa, perono, se trataba de un hombre muy afable que nos dijo que el camino era elque habíamos visto Paco y yo, pero que no estaba señalizado, pensamos quelas señales las había quitado él, porque las señales de paso a nivel de la fincaestaban todas por los suelos, pero bueno, nos dijo que no hacía muchotiempo habían estado por allí gente de la Junta para ver que el camino noestuviera cerrado por ninguna valla ni impedimento, también nos dijo que porla vía no pasaban trenes de pasajeros, solo mercancías entre ellos uno decarbón diario que dijo iba para Madrid. Nos despedimos y comenzamos a bajar por medio del barrizal queantes tan cuidadosamente habíamos evitado, ante las atentas miradas de lasvacas cogiendo el camino hacía la derecha y enfrentándonos a una vaca conternero, muy peligrosa según el Barba, pero que tenía más miedo quenosotros, así que nos franqueó el paso y seguimos por un camino ya muchomás civilizado con rastros evidentes de la presencia humana hasta quesalimos a la carretera. Como la última parte del camino fuimos subiendo cuando llegamos a lacarretera estabamos por encima de todo lo que habíamos recorrido en losúltimos kilómetros por lo que se nos ofreció una vista espectacular. Fuimos por la carretera, estrechita pero con buen firme, disfrutandode la suavidad de la rodada, que se agradece después de un buen trecho porcamino, hasta entrar en un túnel del tiempo, pues en la entrada deValsequillo todavía existen, a ambos lados de la carretera, unos majestuososeucaliptos que nos recordaron a los que existían antiguamente a la entradade todos los pueblos, entramos en el pueblo y fuimos a la plaza principal atomar algo. Encontramos un bar muy aparente en la misma plaza y entramos,estaba bastante vacío dada la hora, pedimos unos bocadillos de lomo, Pacouna tortilla a la francesa y unas cervezas, mientras esperábamos que nos loprepararan nos trajeron unas patas de mariscos rebozadas, cuyos musloseran bastantes gordos, así que yo creo que tenían truco, era una masa conalgo de “palitos de mariscos” a la que le habían puesto las pinzas de unacigala y la habían rebozado, pero teniendo en cuenta que eran las tres de latarde, habiendo desayunado a las nueve, nos supo a gloria bendita. Hablandocon el camarero nos refirió lo muchísimo que había llovido y que el campoestaba muy encharcado por lo que los agricultores tenían muchos problemas,nos contó que tenía familia en Sevilla y que venía con frecuencia,preguntamos que significaba los troncos y maderas de todo tipo que estabanapilando en mitad de la plaza, nos dijo que era la preparación de la Navidad
  11. 11. que la celebraban encendiendo una gran hoguera en mitad de la plaza, quetodavía quedaba mucha leña por arrimar y que alrededor de la hogueracantaban y bailaban durante toda la noche. Con cierta prisa, pues se nos ibala luz pagamos y nos despedimos del camarero. Volvimos a la carretera no sin antes darle una vuelta completa a laleña apilada en la plaza y rápidamente llegamos a La Grajuela, unos cuatrokilómetros, es una aldea pequeña y moderna, le preguntamos a doselementos que iban en una caja de música sobre ruedas, por donde teníamosque tirar para Fuente Obejuna. Los chavales se portaron estupendamente,pues nos preguntaron si queríamos el camino largo o por el corto, le dijimosque por el corto y nos dijeron que lo siguiéramos, salimos del pueblo llegandoa una carretera sin señal ninguna de que condujera a ninguna parte, pero nosaseguraron que por allí se iba, nos lo creímos, se lo agradecimos y seguimos. La carretera, igual que la que traíamos era estrechita con buenfirme y completamente llana y por ella fuimos contemplando los camposcultivados y bastante encharcados, con el sol adquiriendo el color doradooscuro del atardecer, hasta que en un momento determinado Pacodesapareció, había visto la cuadra y la tortilla le había sentadoestupendamente. El Barba y yo seguimos el paseo tranquilamente disfrutando y viendocomo al final de la llanura se iba definiendo en lo alto de un cerro FuenteObejuna, antes de llegar pasamos por un pequeño aeródromo para avionetasde fumigación y un pequeño polígono industrial en una extraña curva quellegaba a la carretera Cordoba-Badajoz, donde, después de atravesarla, nosesperaba Paco. Paramos a decidir que hacíamos pues no teníamos reservadahabitación, el Barba había hablado con alguien que tenía una pensión pero lahabía cerrado y aunque le dijo que nos alojaba no nos fiábamos de lo quepodríamos encontrar, además no estaba en Fuente Obejuna sino en una delas muchas aldeas que la rodean, así que decidimos buscar algo aquí. Subimos una hermosa cuesta entre centenarios eucaliptos y cuandocoronamos vimos un cartel que anunciaba un hotel y un hostal, el Hotel ElComendador y el Hostal Lope de Vega, pero no ponía ni dirección ni señal deningún tipo, así que preguntamos por el hostal y nos mandaron más arriba, entodo el pueblo no hay una sola calle llana, como después tendríamos ocasiónde comprobar, al final llegamos a un caserón con buena pinta y vimos que erael Hotel El Comendador, bueno no era lo que íbamos buscando, pero en laplaca de identificación solo figuraba una estrella, llamamos a los timbres,pues la puerta estaba cerrada, y al rato apareció un muchacho con cara desomnolencia, le habíamos fastidiado la siesta, nos dijo que teníahabitaciones y al Barba desde que entramos le gustó, tenía el aspecto de
  12. 12. casa antigua de pueblo, con su cancela de forja y el recibidor con macetonesde donde partía la escalera de madera para el piso superior ya decorado deforma más moderna, tenía un gran patio lleno de macetas de apidistras ymuchos veladores, ahora amontonados, pero que en verano deben dar ungran juego, satisfechos del descubrimiento fuimos a por las bicis y acontarle a Paco lo que había, le pareció bien y bajamos un poco la calle paraentrar por un portalón que daba al patio, metimos las bicis en una arcadapara resguardarlas un poco del relente que a juzgar por el frío que seestaba levantando, esta noche iba a ser importante, cogimos las alforjas ynos dispusimos a tomar posesión de las habitaciones. El Barba va a dormir solo porque dice que ronca mucho y no quieremolestar, Paco y yo nos vamos a nuestra habitación que está muy bien, no esgrande, tiene dos camas, un buen armario y un cuarto de baño bastanteamplio, la televisión presidía la estancia. El primero en ducharse fue Paco que salió muy contento diciendo quela ducha era buena, después entré yo y lo corroboré pues salía aguaabundante y caliente lo que nos vino estupendamente porque la habíamosechado bastante de menos y es lo mejor que hay después de un díapedaleando. Cuando salí Paco había puesto la tele y estaba tendido encima de lacama con los ojillos arrugados, la temperatura era un poco alta para mi yagradable para él, pues había una consola que daba bastante calor y habíacaldeado la habitación, cuando me vio tuvo la deferencia de bajarla y yotambién me eché en la cama para hacer un poco de tiempo antes de salir adar una vuelta. Al rato fuimos a la habitación del Barba que aún no había terminadoporque le había llamado el cuñado y habían estado hablando de la ruta que éltambién conocía, cuando terminó nos fuimos pero al pasar por el comedor alBarba también le gustó. Salimos abriendo la cancela con el manubrio que había en una pequeñahornacina en la pared, la calle estaba desierta y solo se oían los villancicosque emitían los altavoces desde la torre de la Iglesia y hacia allí nosencaminamos, subimos por una calle estrecha, con escalones de grandeshuellas, muy bonita y llegamos a la plaza. Allí estaba la Iglesia que emitía los villancicos que está bajo laadvocación de Ntra. Sra. Del Castillo, subimos una larga escalinata yentramos, estaban en misa y no curioseamos mucho, tenía tres naves y en elaltar mayor estaba la imagen de la Virgen en un retablo con varias capillaspero bastante sencillo, en la nave de la derecha había una capilla con elSagrario y ésta sí tenía un retablo dorado, con pinturas de marcos muybarroco sobre fondo rojo, lo que más nos llamó la atención fueron los lienzos
  13. 13. de pared con pinturas que parecían antiguas, faltaban algunos trozos, lashabían restauradas y estaban muy bien pero en el centro del arco central dela nave principal aparecía el antiguo escudo de España, lo cual nos despistóporque ya no supimos si las pinturas eran realmente antiguas y habíanpuesto el aguilucho en medio, lo que parece más probable, o las pinturas eranmodernas, salimos y volvimos a oír los villancicos que curiosamente dentro nose oían. Bajamos las escalinatas que a mi no me gustaban, era una obrareciente que facilitaba el acceso a la Iglesia y al Ayuntamiento, los dos en elmismo lado de la plaza, si bien la Iglesia un poco más arriba y los escalonesen la parte común eran larguísimos, de granito gris, lo que le daba unaspecto muy severo, ya digo que para mi gusto lo veía muy alejado de lagracia y el encanto de las plazas andaluzas. Bajamos por la calle comercialdel pueblo, iluminada con las típicas luces navideñas, nos llamó la atenciónuna casa con un balcón corrido en la fachada y su blasón sobre la puerta,muy bonita, casi todas las casas antiguas tienen su blasón. Paco compró unaspastillas para el estómago en una Farmacia también muy antigua y le dieronuna caja enorme pues, según le dijeron, no había envase más pequeño así queva a tener pastillas para unos pocos de dolores de barriga. Seguimos bajando y cuando vimos que el ambiente iba decayendogiramos por una calle a la derecha, también importante pues tenía todas lascasas blasonadas, que nos llevó ante un palacete de estilo modernista que nopegaba con el entorno, estaban restaurándolo pero no sabemos, ni yodespués he encontrado documentación sobre él, por lo que no sabemos niquién, ni porqué se construyó allí, seguimos la calle girando al final a laderecha llegando de nuevo a la plaza con intención ya de encontrar un sitiopara comer, preguntó Paco donde lo podríamos hacer en la primera tiendaque vimos, había poca gente por la calle supongo que por el frío, le dijeronque como era lunes estaban los Mesones cerrados pero que podíamoshacerlo en el Circulo o en el bar que había al lado. Entramos en el bar ainvestigar y pedimos unas cervezas, nos pusieron de tapa chorizo ysalchichón que estaba bastante bueno pero no nos gustó mucho lo poco quetenía en los expositores y además había mucho ruido, así que una veztomadas las cervezas nos fuimos a ver como estaba el Circulo, era un lugarun poco lúgubre, con mucha madera por todos lados, el bar estaba bien,pedimos las consabidas cervezas y esta vez nos pusieron solamenteaceitunas, no se veía ambiente de cocina por ningún lado y entonces fuecuando el Barba dejó caer, lo mejor es el restaurante del Hotel y comotenía razón se la dimos. Nos dirigimos al Hotel, ya el frío te dejaba la nariz y las orejas comopimientos morrones, así que a buen paso volvimos a bajar la calle y girando
  14. 14. por una calle donde estaba señalizado el hotel, giramos, pasando por delantedel palacete, la vez anterior pasamos por detrás, que estaba al lado. El comedor estaba desierto pero entramos y enseguida salió elmuchacho que nos había atendido en la recepción y nos dijo que nossentáramos donde quisiéramos, escogimos una mesa para cuatro que estabaalejada de otra gran mesa que estaba preparada para alguna celebración. Rápidamente vino el camarero para tomarnos nota y pedimos ensaladamixta y lomo de orza como entrante, después sopa de picadillo paraentonarnos, Paco aún convaleciente no tomó segundo plato, el Barbapreocupado por su línea tomó una cazuela de habas y yo me comí un entrecotde mucho cuidado y que estaba exquisito, lo regamos con un buen vino de latierra y de postre tomamos el Barba tarta de queso, Paco y yo piña. Unos chupitos, por gentileza de la casa y unos puritos nos dejaronlistos para la horizontalidad, cuando los celebrantes de la gran mesaempezaban a animarse.
  15. 15. 23 / 12 / 2003 FUENTE-OBEJUNA / SEVILLA Sobre la ocho menos cuarto entró en el cuarto el Barba diciendo quesi todavía no estabamos preparados, pregunta totalmente retórica pues eraevidente que estabamos cuajados, habíamos dormido profundísimamente ynos levantamos muy descansados. Rápidamente nos lavamos y vestimos deforma que cuando fuimos a colocar las alforjas el Barba estaba arreglandoel pedal que se le había caído un tornillo y lo tuvimos que esperar, como eratemprano no había nadie en la recepción por lo que habíamos acordado dejarla llaves en el mostrador e irnos, ya habíamos pagado las habitaciones alentrar, sacamos las bicis por la puerta principal y de nuevo en la callesentimos un poco más que el fresco de la mañana, hacía una rasca de aúpa.Se imponía encontrar un bar, la noche anterior preguntamos y nos indicaronel único que podía estar abierto a estas horas, teníamos que bajar todo elpueblo y llegar a la parte mas llana, al parque. En una plazuela al lado delHotel había una casa con toda la fachada llena de banderas de España y alfinal una francesa y los herrajes con cabezas de caballos por lo que nosabemos si era la delegación de Fuerza Nueva o la sede de alguna sociedadhípica, que aunque sea más o menos lo mismo, no es igual. Cuando llegamos abajo no vimos por ningún sitio el bar pero porintuición cogí a la izquierda, porque era cuesta arriba que es lo nuestro,saliendo al cruce con las carreteras que van a Cazalla de la Sierra y aVillaviciosa de Córdoba que es la que teníamos que coger. Echando a volar laimaginación planeamos una ruta de Cazalla de la Sierra, donde llegaríamos entren desde Sevilla a Fuente Obejuna y desde aquí bajar a Córdoba paracoger el tren a Sevilla. Bueno pero lo importante ahora era desayunar ylocalizamos el bar saliendo del cruce a la izquierda, hacia él nos dirigimos,estaba abierto y muy calentito, pedimos los cafés y tostadas y bajo laprotección de un rayo de sol que entraba por la ventana, dimos buena cuantade ello. Cuando salimos la mañana estaba radiante, aunque bastante fresca, elcielo totalmente azul y la tierra brillante por la escarcha, nos pusimos enmarcha para coger la carretera de Villaviciosa, pero el Barba y Paco separaron, yo seguí hasta el mismo cruce donde daba el sol, mientras losesperaba vi como se le acercaba un todoterreno de la Guardia Civil, despuésme contaron que solo les había preguntado que donde iban con el frío quehacía y es que el Barba tiene últimamente unas magníficas relaciones con laBenemérita.
  16. 16. Por fin salimos de Fuente Obejuna por una carretera estrechita ybastante llana y como ya he dicho con un cielo de los que hacían expresar aJuan Ramón Jiménez “Dios está azul”. En campo abierto el frío era considerable y la hierba que crecía en lacuneta estaba totalmente blanca. Fuimos avanzando lentamente con muchasparadas para deleitarnos con las bonitas vistas que del pueblo había cuandoíbamos alejándonos y más cuando subíamos un pequeño repecho, así que muylentamente fuimos alejándonos hasta que llegamos a una intersección decaminos, mitad rotonda mitad cruce de toda la vida y nos paramos una vezmás a mirar, ya la última, Fuente Obejuna. Seguimos, tras varias fotos, en la misma dirección que traíamos conuna bajada hasta Doña Rama, pequeñisima población que no tenía ni iglesia, almenos no se veía ningún campanario, en la cuneta unos operarios de ObrasPúblicas habían hecho una fogata y estaban asando algo que olíaestupendamente para desayunar, seguimos y empezamos a subir al principiosuavemente y después un poco más fuerte, pero a cambio tuvimos durantebastante tiempo a nuestra izquierda unas vistas muy bonitas de Bélmez, conel castillo en lo más alto de una roca y todo el pueblo extendido por la faldade la colina. En una de las rampas que subimos el Barba se quedó un pocoatrás y Paco aprovechó para tirarse al suelo e intentar hacerle una fotodesde abajo en pleno esfuerzo, pero la máquina no le funcionó y no loconsiguió. A partir de aquí prácticamente todo fue cuesta abajo y los tres ocuatro últimos kilómetros una pendiente de las que le gusta al Tovar, hastallegar a Villanueva del Rey con bastante frío por lo que se imponía tomar unbuen ColaCao calentito Villanueva del Rey es un pueblecito que no parece que sea muyantiguo, más bien de colonización de principios del siglo XX, pero parecebastante próspero, estuvimos brujuleando un poco y tras entrar en unpequeño bar en donde nos dijeron que no tenían nada de lo que nosotrosqueríamos, dimos con la calle principal, en donde hasta pudimos elegir,rechazamos dos bares y nos quedamos con el Bar España. Estaba bienpuesto y era muy amplio, el camarero propietario, un chaval joven, que antela poca clientela se dedicaba a cuidar a su hija pequeña, le pedimos unosbocadillos de lomo Paco y yo, el Barba pidió uno de chorizo frito, él tomó unacerveza, Paco una Coca Cola y yo un Cola Cao, mientras nos preparaba losbocadillo nos puso para picar una cazuelita de chorizo frito, que estabanbuenisimos, íbamos entrando en calor, las paredes la tenían decoradas confotografías de lo que debió de ser y es la vida del pueblo, concurso deesquilar las ovejas, el acarreo de la lana, los notables del pueblo, etc. dimos
  17. 17. buena cuenta de los bocatas y aunque estábamos muy a gusto había quevolver a la carretera. Dimos la vuelta al pueblo y salimos, esta vez nos esperaba una buenasubida, aunque corta, parándonos en lo alto para ver el pueblo y sacar fotos,luego prácticamente todo fue llano y la temperatura también se habíasuavizado bastante, por lo que íbamos tan placenteramente que nossorprendió lo pronto que llegamos al cruce de Espiel. Cogimos la desviación con el sentimiento de que se estaba acabando lobueno y con algunas subidillas y bajadillas llegamos a la vista del embalse dePuente Nuevo y para celebrarlo nos comimos unas naranjas, aunque eran lasdos y media el sol empezaba a amarillear lo que daba un cierto airemelancólico al campo, o era nuestro espíritu. Después de recoger la navaja de Paco, que se la dejaba olvidada,seguimos por una zona muy deteriorada porque había una cantera y llegamosal puente que atraviesa el embalse, nos paramos, por supuesto y disfrutamosde los alrededores donde había gran cantidad de pájaros, también gentepracticando piragüismo, hicimos las consiguientes fotos, seguimos, saliendoa un polígono industrial y subiendo una buena cuesta llegamos a una fuenteque manaba generosamente, desde allí se veía Espiel en el otro lado de lacarretera y en la falda de un monte, un poco más adelante salimos a lacarretera nacional. La carretera nacional con bastante circulación, aunque con un arcénsuficiente era el contrapunto de los dos días que habíamos pasado rodeadosde paz y silencio, pero por ella fuimos sin mayores problemas hasta la Ventade cruce de Fuente Agria, donde seguía aparcado el coche. Durante el tiempo de desarmar las bicis y cambiarnos, el Barbaestuvo charlando con dos crías, hijas de uno de los dueños que lepreguntaron de todo y que de pronto desaparecieron, una vez recogidas lasbicis y cambiados, fuimos a tomarnos un café y una palmera. Cuando salimos el frío de nuevo había hecho acto de presencia, apesar de lo cual fuimos a coger unas ramas de lentisco, o similar,para llevárnoslo a casa que resultan muy decorativas y propias de laNavidad. Sobre las seis partimos de regreso sin nada digno de destacar,paramos a la salida de Ecija a comprar molletes, pero no había, por lo quesolo nos sirvió para estirar un poco las piernas, dejamos a Paco en su casa ymenos mal que le dije al Barba que no entrara en Luis Montoto y me dejaraen el Hotel Occidental pues el embotellamiento que había era fenomenal. Otro viaje de la Peña distinto a cualquier otro, tanto por el numero departicipantes como por el paisaje. Hemos disfrutado de una sensación desoledad que yo nunca había sentido, pero una soledad gozosa, hallada y
  18. 18. aceptada sin problema, estar en medio de ninguna parte, solo en medio de lanaturaleza, fantástico. Por otro lado la gran cantidad de pájaros dediferentes especies que hemos visto, sobre todo las grullas con su elegantealeteo sobre los alcornoques, el vadear los ríos con la bici en una mano y loszapatos en la otra, en fin tantas cosas que aquí solo me atrevo a referiralgunas para que con suerte puedan ser el refresco de nuestra memoria enel futuro.

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