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Cronica jerte hervas candelario julio 2004 por fede
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Cronica jerte hervas candelario julio 2004 por fede

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  • 1. RODANDO ENTRE ROBLES Y CASTAÑOS (Un paseo por la Sierra de Candelario) Quedamos citados a las cuatro de la tarde en la Estación de SantaJusta, tradicional punto de partida para nuestras grandes rutas, PacoTovar, Antonio Mejías, Manu, Marcos, Santiago, José Luis, Paco Avila y yo,toda la Peña a excepción de Antonio Ortega que está de viaje por Italia. Cuando llegué estaban ya allí José Luis y Paco Avila que están de“Rodríguez” y habían estado almorzando los dos por ahí. Hacia las cuatro ymedia aparecieron los de La Motilla y a continuación Marcos con el cocherecién aspirado y lavado. Metimos las tres bicis y Marcos vio que llevábamoslos sacos de dormir cosa que por lo visto nadie le había comunicado, aunqueera solo como medida precautoria para el Camping del Jerte, nos acercamosa su casa a recogerlos, de forma que cuando iniciamos la marcha eran por lomenos las cinco de la tarde. La distribución por coche Paco Avila, Meji y Manu en el coche de PacoTovar, Santiago, el Barba y yo en el coche de Marcos. Aunque hacía calor el aire acondicionado funcionaba bien y no lonotamos demasiado, la carretera en los trozos de autovía estupendo, peroen los que aún no están desdoblado como siempre que se utiliza esta ruta uncoñazo, tiramos por Trujillo para aprovechar la autovía en vez de subir paraCáceres. Paramos un poco antes de la Central de Almaráz en la Venta JuanPorro en San Pedro de Mérida, a tomar un refresco y unos pastelillos, allípreguntó el Barba si podíamos cortar por una carretera que habíamos vistoen el mapa y que atravesaba el Parque de Monfragüe, nos dijeron que no, queestaba en obras y nos recomendaron tirar por otra que iba a Almaráz,Casatejada y Plasencia, por ahí tiramos y pasamos por delante de la CentralNuclear que siempre impresiona un poco, aunque esta debe de tener unsistema de refrigeración distinto y no utiliza las chimeneas en forma dediábolo, pasamos, por gusto, ante un sorprendente paño de azulejos en lafachada de una iglesia de Casatejada, en el que se representaba una Virgende dudoso gusto artístico. Nos pasamos una desviación a Plasencia pero unpoco más adelante salimos a la carretera general, por lo que creo que noperdimos demasiado. La travesía de Plasencia tuvo cierta dificultad porqueestaba señalizado como el Valle y al ver la primera placa no fuimos losuficientemente rápidos para asociar el valle con el Jerte y nos pasamos,pero después de preguntar salimos bastante bien cogiendo por fin lacarretera que nos llevó hasta el camping que encontramos con facilidad yque tiene el mismo acceso que la Garganta del Infierno y está muy bienseñalizado, es un camino que alguna vez estuvo asfaltado y discurre por unazona con mucho arbolado, eucaliptos, y después de atravesar el río Jerte
  • 2. por un puente de madera se bifurca, yendo hacia el frente a la Garganta y ala izquierda al camping, desde aquí hasta la entrada del camping, el caminoestá totalmente cubierto por las ramas de plátanos de india de los quetambién está plantado todo el camping, a la entrada un gran arco nos da labienvenida. Llegamos sobre las diez, la encargada, todo amabilidad, no pusoninguna pega para que pudiéramos dejar los coches enfrente de la Recepciónmañana cuando salgamos e incluso nos dijo que nos podríamos duchar eldomingo cuando regresemos. Los de Paco Tovar habían llegado un poco antesy Paco Avila ejerció de anfitrión cuando llegamos nosotros, de forma quefue enseñándonos las habitaciones y tan bien lo hizo, que consiguió que JoséLuis abriese la puerta de la última habitación en donde se había escondidoPaco Tovar de forma que cuando el Barba estaba buscando la llave de la luzalgo le acarició la mano a la vez que emitía un sonido gutural de forma que elsusto que se pegó fue morrocotudo y la carcajada de todos los demás tanprolongada como indescriptible. Las habitaciones son de tres camas pero losservicios son los comunes del camping y no están demasiado lejos, una vezvaciados los coches, sobre todo las bicis de Marcos y Santiago que ibanfuera, y preguntado a la amabilísima recepcionista donde podríamos comernos dijo que saliendo del camping estaba el restaurante Los Pilones y que allínos darían de comer. Como no estábamos muy finos nos colamos en un hotelque había un poco más allá donde un camarero antipático nos dijo que no nospodía dar de comer por lo que Paco y Marcos fueron a por los coches conintención de irnos a Jerte o a casa de la “Gruesa vs Gorda” en Tornavacas,pero al pasar por delante del restaurante se dieron cuenta que era allídonde nos había dicho la chica del camping, no nos habíamos dado cuenta alpasar antes porque tenía los letreros apagados, por lo que nos llamaron a losque nos habíamos quedado esperando, librándonos de la bronca que nosestaba echando el Barba por tomarnos una cerveza. Fuimos atendido por uncamarero- propietario que pese a su adustez cuasi castellana, nos trató bieny nos ofreció una sopa, ensalada y una parrillada de ternera que estababastante bien, sobre todo la chuleta que nos recordó nuestro anterior viajepor la zona. La sobremesa trató sobre la hora de salida del día siguiente quetras muchas discusiones quedó fijada en lo antes posible, siempre despuésde desayunar en el bar del camping. De vuelta. fuimos, en medio de una oscuridad casi absoluta,observando el cielo que estaba cuajado de estrellas viéndose perfectamentela Vía Láctea, era tanta la oscuridad que los móviles servían de linterna y losutilizamos cuando pasábamos por las partes del camino que estabancubiertas por los arboles. Llegados al camping nos repartimos las habitaciones y cada uno sehizo su cama con las sábanas que estaban dispuestas al efecto, por lo que los
  • 3. sacos de dormir fueron inútiles, tras una visita a los servicios y un conciertode estornudos ofrecido por Marcos, dormimos bastante bien hasta lamañana siguiente.
  • 4. 09/07/2004 CAMPING VALLE DEL JERTE – CANDELARIO Sobre las ocho, aunque algunos dijeron que desde las seis estabandespiertos, empezamos a prepararnos, cosa que nos llevó algún tiempo, lanovedad más destacada fue el artilugio inventado por el Meji para sostenerla máquina de fotos, que mejora notablemente el que llevó a Suiza y lasupercámara de vídeo de Marcos, además prácticamente todos íbamosestrenando algo, desde alforjas hasta bicicletas, pasando por ruedas ysistemas de tracción. Sobre las nueve abrieron el bar y empezamos adesayunar conforme fuimos acabando, Marcos y Paco sacaron los coches y lopusieron a la sombra enfrente de la Recepción, esperando a reagruparnostodos para hacernos la foto de salida, bajo el arco del camping, cosa que nosllevó también tiempo. Por fin sobre las diez iniciamos la marcha saliendo a la carretera ygirando a la izquierda para coger la desviación al Puerto de Honduras queestaba a menos de un kilómetro. Desde el principio comenzamos a subir, la carretera estaba en buenestado y serpenteaba por un bosque de robles, aunque no había demasiadaagua en esta vertiente, cada uno iba a su ritmo y rápidamente fuimosdespojándonos de las sudaderas. Hacia la mitad del puerto nos paramos paraque Santiago sacara unas fotos a los que venían por abajo, pues había unasvistas muy bonitas de la carretera con todas las curvas, después llegóMarcos con su supercámara de vídeo y también estuvo sacando un rato. Una vez de nuevo todos juntos reiniciamos la subida con unas vistasespectaculares sobre el Valle del Jerte y siguiendo entre robles llegamos auna zona no llana pero con mucha menos inclinación por lo que parecía queíbamos cuesta abajo hasta llegar a una caseta con una gran parabólica dondeestaba el puerto, aunque no había ningún cartel que lo dijera. Paramosiniciada la bajada, en un cartel que daba la bienvenida al Valle del Ambroz,estuvimos admirando las preciosas vistas sobre Béjar, La Gargantilla y partedel Valle con el embalse de Gabriel y Galán al fondo y sacaron muchas fotosy películas de vídeo, estabamos reunidos en una plataforma, especie demirador, cuando llegó un ciclista, de los de carretera, que rápidamenteentabló conversación y nos contó que estaban haciendo la altimetría y eltrazado de estas carreteras porque una de las etapas de la Vuelta a Españade este año pasará por aquí, estuvo muy simpático y después cuando llegó elcompañero Iñaki nos estuvo explicando como lo hacían y los instrumentos
  • 5. que utilizaban, publicaban sus trabajos en una revista y también nosofrecieron una pagina web “altimetrias.com” donde se recogían todos lospuertos que ellos habían medido, para que la consultáramos en nuestrasrutas. Nos despedimos y cerrándonos bien las sudaderas que nos habíamospuesto nada más llegar arriba, pues hacía fresquito, iniciamos un descensofantástico en el que los bajadores disfrutaron de lo lindo y que el Mejigrabó con su invento, claro que una de las veces que me adelantaron se lecayeron las gafas al Meji y Paco que iba detrás las pisó de forma que cuandome paré y fui a recogerlas me encontré con media patilla y la parte centralsin cristales, todo lo demás había desaparecido, seguimos disfrutando con labajada y nos dimos cuenta que habíamos cambiado de arboles, ahora elbosque era de castaños, casi al final nos detuvimos en un riachuelo queatravesaba la carretera, el Barba y Santiago fueron a posar, para una foto,en una gran piedra que sobresalía del lecho del río, continuamos entre elfrondosísimo castañar y llegamos a Hervás. Nos paramos para ver siestábamos todos, antes de meternos en el pueblo y faltaban Marcos y PacoAvila, estuvimos esperando y al rato llamaron diciendo que estaban en laestación de autobuses, que fuéramos a recogerlos, allá que fuimos, lo quenos sirvió para recorrer la parte más moderno del pueblo, los encontramosgracias a que Paco había estado allí y lo conocía bien. Los recogimos y nosdirigimos hacia la parte antigua por una calle peatonal con grandes plátanosde indias en las márgenes que ofrecían una buena sombra, allí sentados en unvelador, encontró el Meji a unos compañeros “de toda la vida” con los queestuvo charlando un rato y que le contaron que ese día se celebraba unafiesta en el pueblo la de Los Conversos en la que celebran su pasado judío,también nos dieron el nombre de un restaurante La Vaca Brava, creorecordar, en el que podíamos comer a base de carne a la parrilla, muyagradables incluso se ofrecieron a recogernos en Candelario para quepudiéramos venir a la fiesta, nos despedimos y continuamos por el paseobuscando una taberna donde Paco Tovar había estado con su mujer y quedecía que tenía un bufanda del Betis, la encontramos y nos tomamos unacerveza con unas patatas rebozadas y aliñadas que como estaban fresquitaspues entraron bien, pero de bufanda del Betis nada de nada, del Sevilla sique había, continuamos ya con el tiempo encima, como casi siempre,buscando un sitio para comer, preguntamos, encontramos un sitio pero erademasiado elegante para unos sudorosos ciclistas, bajamos y subimos variasveces cuestas empinadísimas, casi siempre la misma y acabamos comiendo enunos veladores en una calle estrechísima que como habíamos apoyado lasbicis en la pared de enfrente, cuando tenía que pasar alguien había quelevantarse, el bar se llamaba Casa Tito y estuvimos bastante a gusto. Loprimero que pedimos fue un par de jarras de cerveza, una de sangría y una
  • 6. de agua, en vista de que no nos poníamos de acuerdo sobre lo que pedir, elBarba se fue para adentro y cuando regresó nos dijo que había pedido carneen adobo, callos, champiñones y una especie de papas rebozadas, cuatro decada , en principio nos pareció bien pero cuando vimos aparecer los platosera un barbaridad, por mucha hambre que tuviéramos no nos podíamoscomer los dieciséis platos, habló con el camarero y suspendió un plato decada, menos de la carne en adobo, lo cual fue un acierto porque era lo quemejor estaba, los callos estaban raros y no hubo podólogo capaz dediagnosticar que le pasaban, los champiñones estaban saboriotes y las papasregular. De postre nos tomamos unos bombones helados, la comida discurriómuy agradable y en distendida charla aderezada por las ocurrencias de PacoTovar apoyado por Marcos que también estuvo inspirado. El dueño era unforofo del ciclismo y estaba muy orgulloso de que Landelino Cubino, quehabía estado entrenando por aquí y comido en su casa le hubiera invitado asu boda, nos enseñó la invitación. Antes de que el sopor se adueñara de nosotros nos pusimos en marchay de nuevo bajamos la cuesta empinadísima, parándonos a coger agua en unafuente y siguiendo todo seguido hasta la salida del pueblo, después deatravesar un puente vimos a la derecha que estaban dando los últimostoques a un escenario en donde por la noche se representaría una obrateatral que se llama Los Conversos en donde participa mucha gente delpueblo, era curioso porque el escenario estaba en la margen izquierda del ríoAmbroz y los espectadores en la derecha, estuvimos sacando fotos y vídeo ypor fin nos enfrentamos con la carretera. Pasamos por la puerta del museo de motos, muy curioso, según noscomentó Paco, pero no teníamos tiempo de visitarlo, hubo quien no fiándoseen la innata cualidad del Barba para orientarse preguntó a un rústico quelabraba su parcelita, si íbamos bien por allí para Candelario y le dijo que si,con lo que seguimos subiendo, yéndose deteriorando cada vez más el asfaltohasta convertirse en un camino, fuimos subiendo distanciándonos un pocoManu, Santiago y yo por lo que paramos al coronar una subida, mientrasesperábamos, Manu cogió unas cerezas, pero estaban un poco verdes,cuando todos llegaron seguimos hasta llegar a una meseta con variasconstrucciones donde volvimos a esperar para reagruparnos, mientras unperro le cogió cariño a Manu de forma que logró escaparse entre losbarrotes de una cancela pero, curiosamente, una vez fuera no nos echópuñetera cuenta, había una bonita vista de un pedacito del Valle del Ambroz.Continuamos por un terreno más favorable llegando a la desviación de LaGarganta y un poco más adelante vimos un cartel que anunciaba la existenciade un pozo que en la antigüedad había sido utilizado para guardar nieve yutilizarla en el verano, algunos bajaron a verlo pero solo se trataba de un
  • 7. brocal de unos diez metros de profundidad, continuamos hasta desembocaren una carreterita, asfaltada pero estrecha, por ella y tras una curva nosencontramos con una vista preciosa sobre el pantano de Manufacturas deBéjar, sobre el río Cuerpo de Hombre, un embalse pequeño pero muy bonitocon las primeras casas de Candelario al fondo, después de la sesiónfotográfica correspondiente, continuamos bordeándolo prácticamente hastala entrada del pueblo. El pueblo nos causó una gran impresión, pocas son las calles que nosuben o bajan, empedradas y con un canal en uno de los lados por dondediscurre el agua de los arroyos que bajan de la sierra, preguntamos por elHostal Cristi y enseguida dimos con él. Se trataba de un gran caserón principal y varias construccionesañadidas que ocupaban toda una manzana y en el centro un gran patio, nomuy cuidado, pero que daba una sensación de paz y un silencio que se estabaagustísimo. Dejamos las bicis en un aparcamiento que había enfrente yentramos, nos atendió un señor que hacía las veces de recepcionista,camarero, botones y director y tras consultar de lejos unos papeles cogiólas llaves y nos dijo que metiéramos las bicis por allí mismo, atravesamosparte del patio y en una entrada desde la calle que daba acceso a un bar, queestaba fuera de uso, las dejamos y fuimos a otro edificio que estaba alfondo y empezamos a subir escaleras, cuatro plantas subimos y al final delpasillo nos comunicó que ésa eran las habitaciones, entramos y me di cuentaque en la habitación donde yo entré solamente había tres camas en vez delas cuatro previstas, se lo dije y dijo que no nos preocupáramos que en unmomento nos ponía otra, pero la habitación nos parecía muy pequeña parameter otra cama por lo que el Barba dijo que no, tras un tira y afloja nosdio otra en la planta baja que era más grande y aunque no tenía tampoco lascuatro camas, sí tenía algo más de sitio para ponerlas, esta habitación lacompartimos Marcos, Santiago, el Barba y yo. Mientras los otros iban porlas alforjas yo que las había subido y bajado, me duché el primero, lalimpieza no era una cosa escandalosa pero bueno, conseguí que tras poner dedeterminada forma el tubo de la ducha el agua no se escapara y saliese porla flor, el agua estaba caliente pero había que tener cuidado para no darlemucha presión porque no se sujetaba el brazo en el soporte y se caía,solventadas estas dificultades de las cuales di cuenta a mis compañeros,conseguí darme una buena ducha que me vino estupendamente después de ladura ruta que habíamos hecho. El Barba llamó a su cuñada para decirle queestaba por la zona, resultó que ella estaba en Sevilla, pero le recomendó quefuéramos a comer al Bar-Tolo que se comía muy bien y no muy caro, Marcos,Santiago y yo nos fuimos al patio y nos sentamos en un velador, se estabaagustísimo y allí estuvimos charlando hasta que fueron llegando los demás.
  • 8. Cuando estuvimos todos nos fuimos a dar una vuelta por el pueblo, quees una cosa preciosa, aunque eso sí lo que no es cuesta abajo es cuestaarriba, pero fuimos andando hasta la parte más alta, donde está la iglesia yen frente una casa muy bien restaurada en la que nos llamó la atención ungran carguero de madera de una sola pieza, por supuesto, y pocodesbastado. Todas las calles tienen, en uno de sus márgenes, unos canalillospor donde discurre el agua que viene de las montañas, en las puertas,además de las puertas normales, tienen por fuera lo que llaman la Bati-puerta, que consiste en un portalón a media altura que servía, y sirve, paraque los animales que pasan por la calle, actualmente vacas y turistas, nopudieran entrar, pudiendo tener las puertas abiertas, también para evitarque la nieve cayera directamente sobre la puerta, nuestro paseo se fuedirigiendo, separados en dos grupos, porque Manu, Paco y Meji se fueron acomprar algo que necesitaban, al encuentro del Mesón Tolo justo a tiempode coger una mesa en la terraza pues se llenó rápidamente, pedimos unasjarras de cerveza, mientras llegaban los demás y nos la pusieron con patatasfritas lo cual agradecimos muchísimo. Se estaba muy agradable era unaplaza con mucho sabor, las casas que la rodeaban eran de piedra, peroalgunas de sus paredes, sobre todo en la parte superior estaban revestidasde tejas verticales, los balcones eran cerrados de madera, curiosamente notenían chimeneas en los tejados, pues utilizaban el humo para el secado delos embutidos y jamones en la planta superior, justamente enfrenteteníamos el Casino Obrero exactamente igual que los que aparecen en lasviejas películas. Pedimos unos entrantes a base de chacina de la tierra ycroquetitas, luego unas ensaladas, algunos tomaron sopa castellana, desegundo chuletas de cordero, chuletones y huevos fritos con jamón ychorizo al gusto de cada cual y todo regado con una jarrita de vino de lacasa que estaba realmente bueno, el postre también fue variado tarta defruta, natillas, arroz con leche etc... Empezó a refrescar bastante yechamos mano de las sudaderas pero Santiago empezó a sentir más frío delo normal y se fue para el hotel con Marcos. Cuando acabamos de fumarnosnuestros puritos hacía bastante frío por lo que levantamos el campo yfuimos bajando disfrutando del silencio y del murmullo del agua, hasta quepasamos por un bar que nos pareció tranquilo, supongo que aun era tempranopara la “marcha” y entramos a tomarnos una copa, se estaba muy agradable,los veladores eran pequeñas mesas de camilla nos sentamos en una de ellas yestuvimos charlando un buen rato hasta que el sueño ya nos aconsejó irnospara el hotel. Cuando llegamos le pedimos al recepcionista/encargado a ver si eldesayuno nos lo podía adelantar, pues el Barba quería que fuese a las ocho,nos dijo que no podía ser porque no había pan, que a las nueve y media, el
  • 9. Barba aceptó de malas ganas y nos fuimos cada uno a su cuarto, cuandoentramos en el nuestro vimos a Marcos imaginándose las imágenes de latelevisión, no se veían casi nada y nos dijo que Santiago estaba un pocomejor que además del frío era un problema de gases, cada mochuelo se fuea su olivo y hasta mañana.
  • 10. 10/07/2004 LA COVATILLA - EL CALVITERO Sobre las ocho nos empezamos a levantar y como no teníamos grancosa que preparar acabamos pronto, para hacer un poco de tiempo nosfuimos a donde las bicis para darle un repasito, de forma que a las nueve ycuarto estabamos sentados y listos para desayunar, entonces surgió ladiscusión porque el recepcionista/camarero al vernos entrar nos dijo quenos estaba esperando desde la nueve, porque según él es la última hora quehabíamos quedado la noche anterior, el Barba no estaba conforme, aunquealgunos dijeron que era verdad, total desayunamos, café con leche, pan conmantequilla y mermelada y sobaos industriales. Dimos buena cuenta de todoaunque según Paco Tovar la leche estaba quemada y la mantequilla seresistía a extenderse sobre el pan, ya que no había un plato donde apoyarlo,pero bueno desayunamos bastante bien. Nos fuimos a recoger las bicis y antes de ponernos en marcha nospusimos crema protectora, porque el Barba nos echó un discurso sobre lapeligrosidad de las quemaduras en la alta montaña, yo me eché demasiadapor lo que toda la frente y amplios anexos se quedaron blancos con elconsiguiente cachondeo de la Peña sobre la imposibilidad de que mequemara. El recepcionista/camarero, todo amabilidad, nos abrió la puerta encuyo portal teníamos las bicis y salimos directamente a la calle, nosacercamos a una fuente que había un poco más abajo y llenamos los botes.Como la ruta se prevé larga fuimos a buscar una tienda donde pudiéramoscomprar algo para comer, la encontramos cerca de la ermita que hay en elpueblo y compramos dos hornazos, chorizo, queso, salami y pan, todo trasmuchas idas y venidas y unos diciendo que era mucho y otros que era poco,estando en esto apareció un chaval llamado Roberto o Rodrigo, no me enterébien del nombre que al vernos las pintas nos preguntaron donde íbamos,cuando le dijimos que queríamos ir a la Covatilla y al Calvitero nos dijo que éltambién había quedado con unos colegas para hacerla y nos estuvoexplicando un poco las referencias que teníamos que seguir y secomprometió a servirnos de guía. Sin haber llegado a un consenso totalsobre la cantidad de comida, empezamos a subir porque teníamos que salirpor la carretera de Navacarros, que está en la parte alta del pueblo, perollegando al final nos encontramos con un rebaño de vacas que venían por lamisma calle por donde nosotros habíamos empezado a entrar, por lo que seasustaron un poco y una señora se asomó a la ventana y empezó a dar gritos
  • 11. para que nos quitáramos y pudieran pasar las vacas, yo creo que gritaba deforma exagerada para que todo el pueblo la oyera y que a la vez nos estabadiciendo “catetos de ciudad” que no sabíamos comportarnos ante un rebañode vacas, por fin salimos a la carretera en agradable descenso que se acabópronto pues aunque no era una subida en toda regla si que picaba paraarriba, el frescor de la mañana era agradable y la carretera estrechita, sincirculación y entre robles era una delicia por lo que fuimos bastantedespacito y en agradable conversación. Antes de llegar a Navacarro habíauna bajada y pasamos de largo por la casa que la cuñada del Barba va acomprar para convertirla en casa rural, mañana estaremos más atentos.Llegamos a Navacarro, un pueblo muy pequeño y en un bar encontramos aunas colegas que nos dijeron que la ruta que teníamos prevista era muy duray que cuando llegáramos a la Covatilla ya pensaríamos el seguir subiendo, nosabían lo que estaban diciendo. Seguimos, pasamos por una ermita a las afuera del pueblo y un pocomás adelante conectamos con la carretera que iba al Barco de Avila, estacarretera era más ancha, estaba mejor asfaltada, tenía más tráfico ytambién disimuladamente iba para arriba y por ella llegamos a unpequeñísimo pueblo llamado La Hoya y un poco más adelante cogimos lacarretera a la derecha que es la que sube a la estación de esquí de LaCovatilla. La primera mirada no fue demasiado impresionante pero conforme nosfuimos acercando, después de llanear e incluso bajar, si nos dimos cuentaque la cosa tenía tomate, las pendientes eran impresionantes, pero todo eracuestión de echarle valor, fuimos subiendo cada uno a su ritmo y Santiagohaciendo fotografías desde todas las curvas a unos paisajes que se ibanampliando en cada una de ellas. Entonces apareció, seguía sin saber si sellamaba, Rodrigo o Roberto el que iba a ser nuestro guía, iba subiendo condificultad y parándose con frecuencia, el que iba más fuerte era Manu queademás se picó con unos ciclistas de carretera que nos adelantaron pero queel no consintió que se les fueran llegando a la cima antes que ellos. Losdemás fuimos llegando al gran aparcamiento que hay en lo alto donde estánlas instalaciones de la estación de esquí y estuvimos charlando con otrosciclistas que estaban por allí también tomando referencias para la etapa dela Vuelta a España. Hacía bastante frío por lo que tuvimos que echar manode las sudaderas, cuando llegó José Luis le preguntó a una pareja de laGuardia Civil, que donde podíamos coger agua y el Guardia le dio una botellay le dijo que en el riachuelo que pasaba por allí podíamos coger, así lohicimos y de nuevo preparados iniciamos el ascenso. Nuestro guía habíadesaparecido después de decirnos que nos veríamos por las alturas. Elcamino iba zigzagueando al principio pero después se enderezó e iba pegado
  • 12. a los postes del telesilla haciéndose más empinado y dificultoso de subir,nos costaba trabajo el progresar también por la altura, la vista se ibaampliando y ya dominábamos todo los alrededores, por fin llegamos al últimoposte del telesilla pero tuvimos que seguir subiendo ahora pegados a lospostes de un arrastre hasta llegar a una grandes piedras a donde Marcos sehabía encaramado y estaba grabando en vídeo y a la derecha el puntogeodésico del que nos había hablado Roberto, habíamos llegado a la cima,hacía fresquito echamos un vistazo a los alrededores y cuando llegó el Barbadijo que había que seguir para encontrar el camino, que no estaba marcado.Fuimos montados en la bici por la cresta de la sierra de Candelario con máso menos dificultad hasta que nos tuvimos que bajar porque el terreno ya nonos permitía seguir montados y vimos que venían detrás los Pacos y un pocomás atrás Marcos y Santiago, seguimos y al rato paramos porque nos dimoscuenta que no venían, estuvimos un buen rato Manu, Meji, Barba y yoesperando y no aparecían, aprovechamos el tiempo investigando en la sierrade Gredos que la teníamos justo enfrente, por donde estaba el Piornal elPuerto del Pico etc. nos empezamos a preocupar, los teléfonos no teníancobertura y una gran nube negra estaba sobre nosotros, el Barba se volvióa ver si venían, estábamos un poco nervioso y al final aparecieron, habíanestado comiendo porque estaban hambrientos, la tensión se palpaba en elaire porque no sabíamos como iba a salir la ruta, seguimos con las bicis allado siguiendo los montoncitos de piedras que parecía señalaban el camino,hubo un momento en el que Marcos dijo que daba media vuelta y volvía pordonde habíamos subido, no lo hizo pero la cosa estaba cada vez más tensa,seguimos viendo al frente el pico de lo que pensábamos era el Calvitero,prácticamente cuando habíamos llegado nos encontramos con una familia quenos dijeron que efectivamente ese era el Calvitero y que la hornacina con laVirgen estaba en la otra cara de donde estábamos, también nos indicaronpor donde podíamos bajar a Candelario. Mucho más tranquilos nosencaminamos a donde está la pequeña hornacina con la Virgen del Castañar,con muestras evidentes de los cafres que por allí han pasado, para comer. Lavista era espectacular, estábamos a 2.405 mts. el Meji quiso que Marcos lesacara en la película, pues se había subido a unas peñas con la bici y estabaallí haciendo equilibrio, pero Marcos lacónicamente le dijo que él no hacia“montajes” y no hizo película de esta parte de la ruta, menos mal queSantiago si hizo bastantes fotografías y conservaremos el recuerdo de estemomento que no pudimos disfrutar plenamente por la tensión existente. Protegiéndonos del viento detrás de unas rocas, desplegamos lasviandas sobre una de ellas y fuimos dando buena cuenta de el hornazo queestaba un poco seco pero sabroso, el chorizo muy bueno y el quesoestupendo, eran las cuatro y media y el hambre era mucha. La propuesta de
  • 13. Paco Tovar de echarse una siestesita no fue aceptada por lo queinmediatamente nos dirigimos a donde nos habían dicho que se iniciaba elcamino de bajada. La bajada era impresionante, desde luego impensable para irmontados en la bici, pero tenía de bueno que se veía el final, allí abajo seadivinaban los coche aparcados. El camino era un sendero de cabras conmuchas piedras sueltas y discurría por entre unos matorrales que como tedespistara te arañaban las piernas, sin contar con la cantidad ingente deveces que nos dimos con el pedal en los gemelos, horroroso, Manu, Meji y yonos adelantamos un poco y fuimos siguiendo el camino hasta que llegamos auna bifurcación cogiendo para la derecha, pero como no nos gustaba haciadonde se dirigía, tiramos campo a través para conectar con otro camino porel que veíamos que subía gente, las bicis iban muchas veces a cuesta y otrasal lado y el esfuerzo era grande, tanto por tener que cargar con las biciscomo por lo que resbalaban las piedras sueltas, que muchas veces estuvierona punto de llevarse un tobillo para adelante, al final cruzamos por unpequeño camino una zona de altos matorrales, que no pinchaban peroobstaculizaban mucho el paso y desembarcamos por fin en la plataforma “ElTravieso” (1900 mts.), donde estaban aparcados los coches que veíamosdesde arriba. Estabamos cansados pero lo habíamos conseguido, tardamosuna hora y media en bajar, después fueron llegando Paco Avila, que ayudó aManu a desatascar la cadena que se le había metido entre los platos y elcuadro, luego llegaron el Barba y Paco Tovar que realizó físicamente lo quetodos íbamos pensando, se cagó en el Calvitero, y viéndolos bajar, ya con labici a cuesta, ya con la bici al lado, ya con la bici levantada sobre la ruedatrasera, suponíamos el cabreo que traían los Blancos, efectivamente cuandollegaron, Santiago pasó a toda velocidad por donde estábamos y Marcos separó a decir alguna cosa fruto del calentón, luego comenzamos a bajar poruna carretera bien asfaltada que hizo las delicias del Meji que segúndespués nos comentó había alcanzado los 77 Km/h. y por ahí estuvierontambién Santiago y Manu. La carretera bastante curveada, discurría por unbosque de pinos y eucaliptos pasando por una segunda plataforma dondehabía un área recreativa y un poco más abajo una gran nave/secadero dejamones de la marca Navidul, sin dar una sola pedalada llegamos a Candelarioy al Hostal, donde los primero en llegar habían hablado con nuestro amigo elrecepcionista/camarero que apareció con las llaves de la puerta lateral paraque metiéramos las bicis, así a la luz del día me di cuenta de la cantidad demierda que transportaba en el pantalón, impresionante. Marcos y Santiagose fueron a la habitación y los demás nos quedamos tomándonos unosrefrescos que Manu había cambiado por su Reino, charlando de las muchasincidencias de la ruta, pero en el fondo satisfechos por haber superado el
  • 14. reto, luego nos fuimos a las habitaciones y tras ducharnos nos volvimos asentar en el patio donde estuvimos muy distraídos porque llegó unaexcursión del INSERSO y no estando en absoluto preparadas lasinstalaciones, les obligaba a subir unos escalones que les costaba trabajillo.En algún momento hablaron Marcos y el Barba y suavizaron la tensión deforma que cuando salimos para ir a cenar ya el ambiente estaba mucho másdistendido. Al salir del Hostal me di cuanta de los extraños frutos de unárbol que estaba en la fuente donde habíamos cogido agua por la mañana,fuimos a verlo de cerca y nos encontramos con un señor que conocía bientodo el pueblo y nos dijo que se trataba de un castaño de indias y que él loconocía de toda la vida, más de ochenta años, pero que antes tenía muchospájaros y que ahora no tenía ninguno y no sabían que le había pasado,después y acompañándonos por el pueblo nos fue contando del antiguoesplendor del pueblo gracias a las matanzas de cerdos que se realizaban ycuyos productos eran muy estimados, según dijo de ahí venía la existenciade los canalillos de las calles que en principio era para canalizar la sangre delos animales, nos explicó también lo de la batipuerta y como en los últimosaños esta cogiendo un auge turístico gracias a la estación de esquí. Dimosuna vuelta por el pueblo para ver donde comíamos y acabamos yendo a dondemismo ayer, aunque después del frío de ayer queríamos comer dentro, peroestaba lleno, no se como el camarero nos llevó a la parte posterior dondehabía un callejón que daba acceso a las cocinas y había unos veladores nosdijeron que si queríamos comer allí y le dijimos que encantados, porqueaunque era al aire libre al estar encajonado no hacía el frío de fuera. Elambiente estaba muy relajado y surgieron algunos chistes a cargofundamentalmente de Paco Tovar pero donde surgió la chispa fue cuando sele ocurrió, leyendo la carta, decir “no es lo mismo huevos bechamel quebechamel los huevos” la carcajada fue generalizada y a partir de ahí laconversación fluyó en un ambiente muy optimista. La comida muy buena y losque elegimos chuletón fantástica, hubo sopas castellanas, ensaladas, tablasde embutidos y croquetas para terminar con unos postres discretitos,menos Manu, que se pidió una gran copa de helado y se fumó un gran puro.Estuvimos atendidos por una agradable señorita que le trajo a Paco Tovartoda el agua que quiso y a diversas temperaturas. Cuando volvíamos al Hostal hubo una propuesta de ir a tomar una copapero Marcos, Santiago, Barba y yo no fuimos porque estábamos muycansados y ya teníamos suficientes emociones. Cuando llegamos al Hostalpagamos las habitaciones, para no distraernos por la mañana aunque eldesayuno será, según dice nuestro recepcionista/camarero, después dedárselo a la excursión del INSERSO, es decir sobre las nueve y media, elBarba no está conforme, pero era la única solución que teníamos, pues todo
  • 15. lo demás estaba cerrado a esa hora, así que una vez liquidado nos fuimos a lacama.
  • 16. 11/07/2004 CANDELARIO – SEVILLA Sobre las ocho nos levantamos y tras breves abluciones nosdedicamos a recoger todo el equipaje y colocar las alforjas en las bicis, loscascos, que los habíamos dejado colgando del manillar había desaparecido,aunque después aparecieron en el ojo de una gran piedra de molino quehabía, el Barba se impacientaba con el desayuno pero Paco Avila fue a hablary nos dejaron entrar en el comedor, donde teníamos nuestra mesapreparada, aunque el café tardó un poco y la leche seguía estando quemada,luego vimos que efectivamente no hubiéramos podido desayunar en ningúnsitio. Muy amablemente nuestro recepcionista/camarero vinos a abrirnos lapuerta y a despedirse, iba con un pantalón limpio e incluso se había peinado,nos despedimos, fuimos a coger agua a la fuente e incluso bajamos a ver si latienda de ayer estaba abierta para comprar pan y algo de fruta para lo quehabía sobrado de ayer, pero nada, todo estaba cerrado y solitario. Salimospor el mismo camino de ayer pero no nos encontramos a las vacas, se notanlas alforjas al subir por la carretera, y vamos viendo más o menos por dondeestuvimos haciendo la cabra montesa, desde aquí se ve muy bonito.Seguimos subiendo y pasamos, fijándonos, por la casa que quiere comprar lacuñada el Barba, muy interesante y llegamos a Navacarros donde reinaba unsilencio sepulcral solo interrumpido por el silbido de un spray de un señorque estaba desinfectando un balcón de madera, esperamos a reagruparnos ycontinuamos, saliendo a la carretera del Barco, hoy sin ninguna circulación,pasamos por la Hoya y recordamos la subida a la Covatilla después y tras unabuena bajada entramos en la provincia de Avila justo en el pueblo de SanBartolomé de Béjar y poco después llegamos a Beceda que es donde se iniciael puerto de Tremedal que es el que nos toca subir hoy. Es un pequeñopueblo, completamente solitario, en donde estuvimos un rato paradoesperando al cámara, todos juntos iniciamos el ascenso y es una penaporque tiene gran parte del monte quemado por lo que se hace bastanteinhóspita la subida, además de que el calor apretaba de firme, cada unocogió el ritmo que pudo y fuimos subiendo hasta el puerto (1250 mts.) queesta vez si estaba señalizado con su correspondiente placa, sacamos lasviandas y nos hicimos las fotos de rigor. Estuvimos un rato distraídos conlas acrobacias que realizaba un buitre intentando comer y lo que tuvo quecurrar hasta atrapar la pieza. Empezamos el descenso que era una deliciaporque no era demasiado inclinado y podías ir a una velocidad moderada quete permitía contemplar el maravilloso paisaje que se nos iba mostrando, unbosque de robles y empinadas pendientes, así llegamos a un pequeño pueblo
  • 17. Tremedal, que da nombre al puerto, encajonado entre dos laderas quepasamos y que constaba de seis o siete casas pero al salir y volver la vistaatrás era un paisaje precioso por lo que nos paramos y estuvieron sacandofotos y películas un buen rato, seguimos bajando y nos encontramos con unamarcha cicloturista por lo que nos desviaron, atravesamos por un puentecillolo que sería las estribaciones de la Garganta del Endrinal, precioso, con unaabundantísima vegetación de ribera y llegamos a un pequeño pueblo llamadoSolana de Avila donde había una desviación para el Barco y otra a PuertoCastilla, teníamos que coger la de Puerto Castilla, esperamos a reagruparnospero no aparecieron ni Meji ni Manu por lo que sospechamos, y despuésconfirmamos, que se habían ido con los ciclistas a el Barco. Fuente de Solana de Avila (para echar un trago si habéis llegado hasta aquí) Después de llenar los botes en una fuente de agua fresca continuamoshacia Santiago de Aravalle y de allí, después de un trozo de carreterageneral, llegamos a Puerto Castilla donde empezamos a subir al puerto deTornavacas. Ibamos Santiago, Marcos y yo que fuimos los primeros en llegary esperamos a que fueran llegando. Paco Avila y Meji se habían encontradopor la carretera y venían picadillos, dando un sprint Paco para adelantar alMeji en los últimos metros, los demás llegaron a continuación. Hubodiscrepancias sobre donde era mejor hacernos la foto, si debajo del cartelque daba la Bienvenida a la Comunidad de Castilla León, en el que anunciabael puerto o en el mirador, al final fue este último aunque no contamos con lapresencia de Marcos, que se quedó al lado del cartel del puerto y desde allícreo que sacó algunas imágenes, la vista desde el mirador era fantásticasobre el Valle del Jerte. De forma bastante desorganizada, cada uno por su
  • 18. cuenta, comenzamos a bajar el Puerto de Tornavacas, los de siempre lobajaron rapidísimo, otros fuimos por el medio disfrutando un poco delpaisaje hasta que un camión se puso detrás y lo fastidió y otros se quedaronatrás del todo, el paso por Tornavacas nos trajo muy buenos recuerdossobre todo al pasar por delante del restaurante de nuestra recordada“Obesa”, la carretera hasta el camping es muy favorable y fuimos llegando,pero el que no aparecía era Marcos, después de un buen rato apareció conlos bolsillos llenos de cerezas, se había parado a cogerlas y según decía lehabían disparado los guardas, que eran las detonaciones que habíamos oídopor el camino, metimos las cosas en el coche y nos fuimos a duchar, que biense portaron dejándonos ducharnos, fue fundamental porque como hacíabastante calor habíamos sudado y meternos cuatrocientos kilómetros deviaje de vuelta en esas condiciones hubiera sido mortal. Mientras que nosotros nos duchábamos, Paco Tovar, Meji, Manu yPaco Avila se fueron a coger sitio al restaurante del camping para comer, locerraban a las cuatro y teníamos que darnos prisa. Pedimos paella que noestaba demasiado buena, el gazpacho extremeño, que tiene los mismosingredientes que el gazpacho andaluz pero sin triturar, estaba por lo menosfresquito, de segundo pedimos filetes que estaban un poco duro yalbóndigas que no estaban mal, los postres los de siempre y después café.Compramos unas botellas de agua y Paco entró en la recepción a agradecerlede nuevo a la señora la gentileza que había tenido con nosotros. Sin mucho tiempo para descansar emprendimos el camino de regreso,Marcos le pidió al Barba que condujera y el se dedicó a sacar una película dela salida del valle. Esta vez nos fuimos por Cáceres y fue más rápido que a lavenida porque hay un buen trozo de autovía hasta Cáceres y después hastaMérida y aunque había bastante circulación era rapidita, paramos a echargasoil, creo que fue en Villafranca de los Barros y aprovechamos paracomprar unos refrescos, pues no encontramos ningún bar cercano,continuando ya bajo la conducción de Marcos. Cuando llegamos a Santiponce nos encontramos con un buen atasco,pero tiramos por la tan utilizada por nosotros, carretera de La Algaba paradejar al Barba en La Rinconada, desde aquí hasta que entramos en Sevilla elcalor fue progresivamente subiendo de forma que cuando Marcos y Santiagome dejaron en el Hotel Occidental hacía bastante calor y eran las diez ymedia de la noche. Una ruta muy bonita y exigente por la cantidad de puertosatravesados, la gran caminata desde la Covatilla al Calvitero y sobre todo labajada de este, etapa que levantó la polémica pero que seguramente será loque más recordaremos del viaje. Los bosques de robles y castaños, lacantidad de fuentes y arroyuelos, los chuletones que nos hemos comido y la
  • 19. grata compañía de todos los integrantes de la Peña ha sido sin duda lo mejorde la ruta.

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