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¡Cuánto dinero se ha invertido en la Operación Bicentenario! ¡Cuántos congresos, coloquios yjornadas! ¡Cuántas publicacion...
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por lo que están a merced de la especulación financiera, hundiéndose en una espiral de deudaque recuerda los casos América...
La organización autonómica también se pretende desmantelar, con el mismo argumento de laimposible financiación, que encubr...
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Julio Pérez Serrano: DE LA TRANSICIÓN MODÉLICA A LA CRISIS DE LA II RESTAURACIÓN.

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Conferencia impartida por Julio Pérez Serrano en Simat, marzo, 2013.
II Jornadas de Historia del Presente, Córdoba, 2013.

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Julio Pérez Serrano: DE LA TRANSICIÓN MODÉLICA A LA CRISIS DE LA II RESTAURACIÓN.

  1. 1. DE LA TRANSICIÓN MODÉLICA A LA CRISIS DE LA II RESTAURACIÓNJulio Pérez SerranoUniversidad de CádizQuiero comenzar agradeciendo a las instituciones de Simat de la Valldigna que organizanestas jornadas, y muy singularmente a mi colega Eladi Mainar, artífice de este evento, laposibilidad de poder debatir aquí hoy con ustedes, en el plano académico, sobre la situaciónactual de España, y sobre la dimensión histórica que a mi juicio tiene la crisis que estásufriendo el país. En este caso el agradecimiento es especialmente sincero, porque me hapermitido ordenar ideas y revisar algunos trabajos parciales anteriores, que intentarésintetizar ahora en esta exposición.La Operación BicentenarioEspaña está en boca de todos. Donde hay un académico español, se habla de España. Laprensa internacional, que hace poco nos ignoraba, ahora recoge diariamente nuestras noticias.Fotos de indigentes españoles aparecen en el New York Times. La #spanish revolution estrending topic en Internet. ¿Qué está sucediendo?En 2012 España conmemoró el bicentenario de su primera Constitución, elaborada en Cádizdurante la ocupación de las tropas napoleónicas. Es cierto que esta Constitución tuvo unaexistencia azarosa y una vigencia efímera, pero el gobierno de España y las grandes empresasespañolas, con el liderazgo de la Casa Real, habían imaginado una celebración magna de este200 Aniversario constitucional. Durante más de una década trabajaron sistemática ypacientemente para popularizar y dotar de significado a un evento que, de otro modo, hubierapasado desapercibido dentro y fuera de nuestro país, como sucedió en su primer Centenario.Pero los incentivos eran muchos, no todos confesables ni desinteresados:1. Por un lado el gobierno pretendía legitimar el sistema de la monarquía constitucional,relativamente decaído por el paso del tiempo. Aunque todavía a finales de los noventa eldeterioro del sistema no era tan visible y los beneficios de la construcción y el negocio fácilalimentaban la idea de que “España iba bien”, la edad del Rey obligaba a pensar en lasucesión. España era un país monárquico, pero sin monárquicos, o mejor, con defensores de lafigura de Juan Carlos, pero no entusiastas de la monarquía como sistema político. Estaadhesión al Rey se había conseguido gracias a la fuerza legitimadora del truculento (y todavíaoscuro) episodio del golpe militar del 23 de Febrero de 1981, cuando la democracia pendió deun hilo y fue el monarca quién la rescató. Con independencia de lo que pueda esconderse traseste episodio (posiblemente un buen guión hollywoodense), lo cierto es que fue decisivo paraasentar la monarquía. Pero este prestigio no es transferible y el príncipe Felipe no tiene unaTransición que le ayude a proyectar su figura. ¿Qué puede hacer Felipe por España que seaequiparable en su magnitud a la Transición? Posiblemente nada.Por ello, los estrategas de la Casa Real, con el bloque de las grandes empresas españolas y loslíderes de los grandes partidos comprometidos (y beneficiarios) del sistema, el PP y el PSOE,pensaron que lo más eficiente era revitalizar la propia Transición, para que siguiera dandoréditos al heredero de la Corona. En verdad, no fueron muy originales, pero es cierto que lamina de la Transición a la democracia todavía posee vetas que se pueden explotar.Y este es el sentido que tiene la gran conmemoración de la Constitución de 1812, a la que enadelante nos referiremos como Operación Bicentenario. Su fundamento era muy simple.Dado que la apología directa de la Transición había comenzado a dar rendimientosdecrecientes, se trataba de exaltarla de forma indirecta, a través de metáforas o símbolos queevocaran subliminalmente los logros de la Transición.
  2. 2. La proximidad del bicentenario de 1812 señaló el camino a seguir. Había que mixtificar yengrandecer el legado de la Constitución, popularizarla -para lo cual se rescató el apelativo de“La Pepa”- y convertirla en el mito fundacional de la Nación española, con lo que de paso seponía freno también a las demandas de los nacionalistas periféricos.Utilizando verdades, medias verdades, mentiras y omisiones clamorosas había que volver adar vida, en la esfera simbólica, a la Constitución de 1812 para que fuera el alma de uncuerpo, la Constitución de 1978, que comenzaba a envejecer. En otras palabras, el objetivo dela Operación Bicentenario era utilizar el Doce para bombardear a los ciudadanos en unpersistente adoctrinamiento, aparentemente inocuo y festivo, pues se trata de Historia, deconmemoración, con el fin de revitalizar el legado de la Transición y reforzar la legitimidadde la dinastía reinante. Había que presentar así a la Constitución de 1978 como la genuinacontinuadora de la obra liberal de Cádiz, aunque es obvio que ambos textos, salvo su caráctermonárquico y que fue producto del consenso no tienen nada que ver. Baste mencionar elhecho de que fue precisamente un Borbón, Fernando VII, quien abolió la Constitución deCádiz, y quien ejecutó, encarceló y envió al exilio a los liberales doceañistas.Sin embargo, en el campo simbólico, es el Rey Juan Carlos quien patrimonializa el legado delDoce, ya que es él quien lo ha hecho realidad al establecer la democracia en España. Es poreso también el Rey quien descubre las innumerables placas conmemorativas y quien aleccionaal pueblo con la retórica pomposa y vacía que ha generado esta operación.2. En el ámbito internacional también se pensó que podía ser eficaz esta campaña de prestigiode la monarquía borbónica. El contexto parecía favorable a finales de los noventa. Lasgrandes corporaciones surgidas de la privatización de los monopolios públicos de la dictadura(Telefónica, Repsol, Endesa) y los grandes bancos (Santander, BBVA), que se habíanbeneficiado del boom económico de los ochenta y noventa, habían logrado penetrar sinproblemas en el mercado internacional, principalmente en América Latina. Para España elretorno al continente americano, aprovechando los lazos culturales e históricos que se habíanconservado, era también una forma de reforzar su peso en una Europa a la que había accedido,por fin, en 1986, pero donde no ocupaba un lugar preferente.Utilizar a América para ser fuertes en Europa. Vieja idea que había traído a Colón a estastierras, y que ya habían ensayado sin éxito los Austrias, ocasionando a la vez el expolioamericano y la ruina de las arcas españolas. No obstante, como los conocimientos de Historiano son esenciales en el curriculum académico de los gobernantes y grandes directivos, sediseñó una estrategia para “recuperar”, en la medida de lo posible, la influencia sobre lasantiguas colonias americanas, y de paso, también sobre Portugal y Brasil, desempolvando elsueño de Felipe II.Tal es el significado que para España pasaron a tener las Cumbres Iberoamericanas quevenían celebrándose desde comienzos de los noventa. La Operación Bicentenario extendió sustentáculos a la América hispana, simplemente añadiendo una “s”, y hablando de “LosBicentenarios”, como si la Constitución de Cádiz y las independencias de las naciones de laAmérica hispana formaran parte de un mismo proyecto histórico. Aquí la ignorancia o lafalsificación histórica adquieren proporciones inusitadas, pues se ha pretendido convertir a laConstitución española de 1812 en el origen de las Constituciones que se elaboran en Américadurante el proceso de independencia, muchas de las cuales fueron aprobadas con anterioridada la de Cádiz por cabildos y provincias. De igual modo, y sin pudor, se ha englobado en estaentelequia del “legado gaditano” a los diputados americanos españolistas que elaboraron laConstitución de 1812, como Ramón Power o José Mejía, y a los próceres independentistasque la rechazaron. Se ha omitido en fin, con el mayor descaro, la influencia de la Constituciónde Filadelfia de 1787 y la de la obra legislativa de la Revolución Francesa en lasindependencias de las Repúblicas americanas.
  3. 3. ¡Cuánto dinero se ha invertido en la Operación Bicentenario! ¡Cuántos congresos, coloquios yjornadas! ¡Cuántas publicaciones al mejor servicio de la causa! En la última década una parteimportante de la academia española ha contribuido de forma entusiasta a mitificar laConstitución de 1812, magnificándola y presentándola como el texto más influyente en lahistoria constitucional del mundo. La última secuela de este delirio, todavíasorprendentemente vivo, es la propuesta que el gobierno de España presentó en la CumbreIberoamericana celebrada en Cádiz en noviembre pasado, para que esta diminuta ciudad, en laque yo resido, sea designada “capital mundial del constitucionalismo”. Sin duda se desconoceque en Filadelfia, París, y hasta Catamarca, se elaboraron con anterioridad Constituciones –por cierto, bastante más avanzadas que la de Cádiz.Pese a todas estas incongruencias y otras que sería muy prolijo detallar, España consiguióinvolucrar a la mayor pare de los países iberoamericanos en esta estrategia, sin generar recelosen sus socios europeos. La coyuntura era favorable, y nadie puso demasiadas objeciones. Lospaíses iberoamericanos, porque necesitaban reequilibrar sus relaciones con los EstadosUnidos. Y la Unión Europea, porque aspiraba a convertirse en un actor internacional pleno, loque conllevaba tener presencia en América Latina, una de las regiones en desarrollo másimportantes del planeta. Fue así, por esta conjunción azarosa de factores, como Españaconsiguió avanzar sin grandes trabas hacia la “segunda colonización”. Con esta nuevadiplomacia pública, la marca España subió como la espuma en el ranking marca-País,llegando a alcanzar en 2011 (en plena crisis), el puesto 16, casi igualada con Alemania y porencima de Japón, el Reino Unido, Francia o Estados Unidos. Nadie se molestaba, porque losbeneficios de las empresas y bancos españoles fluían hacia los bolsillos de sus auténticospropietarios, los accionistas europeos, principalmente alemanes.En estas condiciones, la Operación Bicentenario dejaba de ser un asunto interno y adquiríadimensión internacional. Haciendo de la necesidad virtud, con una visión estática delmomento histórico y sin contemplar seriamente todos los factores y actores en liza, elgobierno de España imaginó a finales de los noventa un escenario pletórico para 2012. Lamonarquía constitucional cobraría el impulso necesario para superar el bache y garantizar lasucesión. Las grandes empresas harían su gran negocio en América. Finalmente, se programóuna incisiva campaña para elevar el bajo perfil del príncipe Felipe, incluyendo su matrimoniocon una mujer “del pueblo”, “moderna”, divorciada y con arraigo en los medios decomunicación, pretendió completar este flanco débil de la estrategia.Triste BicentenarioPero en los últimos años un cúmulo de factores de etiología muy diversa lo ha trastocadotodo. La milagrosa prosperidad de los noventa se ha mudado hoy en creciente deterioropolítico, social, económico y hasta identitario.El sistema pactado en la Transición ha comenzado a agrietarse por la corrupción y losescándalos económicos, el desprestigio de los grandes partidos, el abstencionismo en laselecciones, el auge de los nacionalismos periféricos en Cataluña y el País Vasco, la falta deexpectativas de las generaciones jóvenes y el deterioro creciente de la imagen de la familiareal (afectada directamente por casos de corrupción). La decadencia física del rey Juan Carloses una metáfora del agotamiento del modelo establecido tras la muerte de Franco. El “milagroespañol”, antaño tan valorado, se ha desvanecido. Como decía hace poco una viñeta satírica:hoy el “milagro” es “tener un empleo y que el banco no te eche de la casa”.También en el ámbito internacional los planes del II Imperio español se deshacen ante lacruda realidad de una crisis que está sacando a la luz todas las contradicciones del sistema, sinque por ello se adopte medida alguna que ayude a paliarla. En la Unión Europea, sobre tododespués de la ampliación a 27, el peso de España ha decaído significativamente, y la crisis noha hecho sino extremar esta debilidad. Como los otros países ahora denominados“periféricos” - ya antes lo éramos, aunque no se hablara en esos términos- España ha entrado
  4. 4. en una espiral depresiva que no parece tener fin. El control del Banco Central Europeo porparte de Alemania y la creciente dependencia financiera y funcional de los países del surrespecto al núcleo de países de la “primera velocidad” (Alemania, Francia, Austria, Holanda yFinlandia) dejan a España muy poco margen para desarrollar las ilusorias estrategias de “granpotencia” con las que habían soñado Felipe González en los ochenta y, sobre todo, José MaríaAznar en el cambio de siglo.El ambiente previo a la Cumbre Iberoamericana no es el que estos agudos estrategas habíanimaginado. La crisis, los desahucios, las protestas callejeras, las proclamas independentistas,el “temido” rescate europeo…, y no el Bicentenario, preocupan a los españoles. No somosnoticia por haber recolonizado América, sino por haber perdido la soberanía económica (quees también política) y por estar al borde de la desintegración como país. Nuestro monarca noes conocido, como estaba previsto, por liderar un nuevo Imperio en América, sino por cazarelefantes en Bostwana, acompañado de su supuesta amante (por cierto, una aristócrataalemana), y por ser el suegro de un presunto delincuente.Cómo hemos llegado hasta aquí.No es extraño que ante esta situación algunos académicos hayamos tomado distancia desdehace tiempo de este discurso ideológico en torno a la Constitución de Cádiz y su Bicentenario.Sin embargo, he querido referirme a él porque permite comprender la naturaleza del sistemapolítico, social, económico y de valores que se instala en España después de 1975. Lavaciedad, la mentira, la manipulación, el desprecio a la ciudadanía, junto a una falta decalidad evidente en el trabajo de las élites, explican que la llegada de la crisis haya adquiridoen España el carácter de una auténtica tragedia nacional.Uno puede tender entonces a buscar culpables. El anterior presidente del Gobierno, José LuisRodríguez Zapatero, y su partido, el socialista, sufrieron ya en sus carnes esta respuestaprimaria de un electorado poco formado que necesitaba encontrar un chivo expiatorio ante loque estaba pasando. Obviamente, Rodríguez Zapatero no tenía más culpa que los anteriorespresidentes, aunque tampoco menos. Y es posible que tampoco Mariano Rajoy seaplenamente responsable del desastre que está provocando su gobierno. Tampoco es unproblema exclusivo de la llamada “clase política”, ya que ésta no actúa autónomamente de lasociedad de la que surge, salvo que se crea en fórmulas no representativas de gobierno. Lomismo cabe decir de los agentes sociales, que responden a la crisis desde sus intereses declase, pero que obviamente no la han generado ni tienen en sus manos las soluciones. Elproblema está en la estructura, en el enorme peso que en ella han adquirido los sectoresparasitarios, y en las decisiones estratégicas adoptadas en los últimos 35 años, entre ellas ymuy especialmente dos: a) la salida reformista a la dictadura, que posibilitó la continuidad delas estructuras y prácticas económicas del periodo desarrollista de los años 60, así como lareproducción de las élites políticas procedentes del franquismo, y b) el ingreso en la CEEaceptando un Tratado de Adhesión que conllevaba el desmantelamiento del tejido productivoy dejar el país a merced de los intereses del gran capital alemán, que ya a mediados de los 80marcaba la agenda europea.Con la entrada en vigor de este Tratado en 1986 España se convirtió, como Portugal, y comoGrecia en 1981, en un socio político, pero también en un elemento potencialmente vulnerabledel sistema europeo. Sólo ha hecho falta que la coyuntura internacional alterara los equilibriosartificiales que regían la UE para que se produzca la fractura.Para entender la trascendencia de esto hay que hacer un nuevo viaje en el tiempo. Esta vez noa 1812, sino a 1975. Tras la muerte de Franco, el conflicto social, que se había intensificadodesde la década de 1960, se saldó con el triunfo del proyecto diseñado por los Estados Unidosy ejecutado por el Rey, en colaboración con los sectores liberales del régimen y con laoligarquía económica. Se impuso así, con el respaldo mayoritario de una ciudadanía todavía
  5. 5. en proceso de gestación, una salida reformista en lo político y continuista en lo social yeconómico. Es lo que se conoce como Transición.La monarquía restaurada y el sistema de partidos que se diseña se inspiraron en los de laprimera Restauración canovista, consagrada en la Constitución de 1876, por lo que laevolución del país ha reproducido casi mecánicamente los vicios de aquella: el pesodesmedido de la oligarquía, el caciquismo, las diferencias entre la España oficial y la real. Laúnica innovación procede del exterior, ya que las grandes directrices políticas vendrán ahoramarcadas por Alemania, en forma de criterios de convergencia, primero para lograr el ingresoen la CEE y luego para entrar en el euro.La convergencia europea se plasmó en España en un deterioro continuo de los salarios y delas rentas del trabajo, en beneficio de las rentas de un capital cada vez en mayor medidaespeculativo. Las empresas extranjeras se asentaron en el país por los bajos salarios y la bajaconflictividad social, lo que, junto a las ayudas europeas –la engañosa “gran conquista” delingreso en Europa-, palió el desempleo provocado por la reconversión económica en laagricultura y en la industria. Sólo quedó, como es habitual en los países periféricos, el sectorturístico, muy rentable, pero dominado por los grandes tour-operadores británicos y alemanes.La construcción y la especulación financiera crearon una burbuja que se retroalimentó con lacorrupción política propiciada por el bipartidismo y por la inexistencia de una verdaderadivisión de poderes.El sistema funcionó casi sin generar ingresos, al margen del turismo y el ladrillo, y apuntaladopor millonarias ayudas europeas que fueron a parar en buena parte a los bolsillos de laoligarquía que las gestionaba, incluidas algunas grandes casas nobiliarias. Las obrasfaraónicas, muchas de ellas innecesarias, realizadas en la década de los noventa y hasta 2010,de las que los medios de comunicación culpan a la clase política, a quienes enriquecieronrealmente fue a las grandes constructoras que se hicieron con todos los contratos, en unaépoca en que la recalificación de un terreno o el soborno de un cargo público resultabanrelativamente baratos.La construcción de viviendas fue el otro gran negocio de estas empresas, en un mercado enexpansión debido al bajo precio del dinero decretado por el Banco Central Europeo, que ahoranos censura por haberlo utilizado. Las facilidades para obtener créditos permitieron a lasempresas construir sin recursos propios, y a los ciudadanos comprar viviendas, hipotecándose,también sin recursos. De ahí la necesidad de la especulación, es decir, comprar para vender,porque en la mayoría de los casos pagar era imposible.Estas constructoras, para maximizar beneficios, emplearon a inmigrantes y a trabajadores conbaja cualificación, pero no dejaron de atraer mano de obra de todos los sectores, dada lahipertrofia del sector. El resultado fue que el empleo se vinculó estructuralmente a laconstrucción, y ésta a las ayudas europeas y al sector bancario, proveedores de los recursos.Justamente los dos pilares que han quebrado en los últimos años: las ayudas europeasdesaparecen y el sector bancario quiebra.Como efecto colateral de este modelo de capitalismo parasitario que tiene su origen en losaños sesenta es obligado citar el deterioro del sistema educativo, en parte por la falta deinversiones, pero sobre todo por la falta de incentivos para los estudiantes. Dado que elempleo cualificado era difícil y en la construcción y los servicios la demanda crecía, muchosjóvenes abandonaron los estudios para incorporarse al trabajo sin una mínima cualificación.Después de dos décadas con estas prácticas, hay una generación que no tiene reciclaje posible,debido a su falta de formación, y ello suponiendo que pudiera crearse empleo en otrossectores, algo que por el momento es harto improbable, debido a las carencias estructurales.Con este panorama no debe extrañar que la crisis adoptara en España unas dimensionesexcepcionales. Pero el análisis de los casos de Portugal y Grecia confirma que no se trata de
  6. 6. un episodio aislado. Revisando los Tratados de Adhesión de estos dos países a la CEE secomprueba que ambos debieron pagar el mismo o similar tributo de desmantelar sus sistemasproductivos: agricultura, ganadería, siderurgia, altos hornos, construcción naval… todo lo quepudiera resultar competitivo para los intereses de los países centrales (Francia y Alemania) selimitó, o directamente se eliminó.Cuando dio la cara la crisis hipotecaria en Estados Unidos, algunos bancos españoles sevieron afectados, pero en general el sistema no lo hizo, e incluso se siguió construyendo, enparte porque no se podía ni se sabía hacer otra cosa. El siguiente momento, la crisisfinanciera, frenó la construcción y la compra-venta de viviendas, por la falta de crédito, perotampoco provocó el colapso inmediato del momento. No obstante, ante la incertidumbre, losbancos comenzaron a no prestarse dinero y a atesorar recursos por si estallaba el pánico ycomenzaba la retirada de los depósitos, algo que hasta el momento no ha sucedido. Laspresiones internacionales, sobre todo de Alemania, para recapitalizar los bancos españolestienen mucho que ver con la composición del capital de estas entidades, en buena parte enmanos de inversores y accionistas alemanes.La persistencia de estas condiciones desde 2008 comenzó a desequilibrar gradualmente elsistema, pues el motor de la economía se había parado, y con él la principal la fuente deingresos fiscales del Estado. El desempleo se disparó exponencialmente, hundiendo elconsumo, y comenzó la espiral de la depresión. El Gobierno intentó paliar la crisis conmedidas poco acertadas, como un modesto Plan E (por empleo) que distribuyó apenas 1.000millones de euros y fue del todo ineficiente, al tiempo que entregaba a los bancos 66.000millones para que volvieran a conceder créditos, un dinero que se usó para cubrir los agujerosde la crisis hipotecaria que comenzaba a generarse en España por la creciente morosidad y elimpago de las deudas de quienes perdían sus empleos.Como en los otros países del sur de Europa, esta fase de la crisis se agravó por la salidamasiva de capitales, casi 250.000 millones de euros en el último año (el 27% del PIB), y ladeslocalización de las empresas hacia el Este de Europa, la India y Asia Oriental. La falta deingresos de los Estados, combinada con el estallido de la burbuja inmobiliaria, hundió lo pocoque quedaba después del ingreso en la CEE de un sector empresarial propio (pequeña ymediana empresa y autónomos).En estas condiciones es cuando empezó la tercera y más grave fase de la crisis, la que afecta ala deuda soberana. El déficit del Estado podía dispararse, así que Alemania impuso a sussocios la “ley de oro” del déficit, es decir, la limitación constitucional del techo delendeudamiento público. Los dos grandes partidos del turno acordaron sin el menor conflictoimponerla y en pocas semanas fue aprobada la reforma constitucional, algo que muchosciudadanos ven como una burla, ya que uno de los dogmas de la Transición, para frenar lasreivindicaciones soberanistas, había sido el carácter intocable de la Constitución.La aplicación de esta norma no ha impedido, sin embargo, que la prima de riesgo española sedispare en los mercados financieros, limitando el acceso efectivo del país al crédito.Aprovechando su vulnerabilidad, España es entregada a la codicia de los especuladoresfinancieros, que le exigen intereses usurarios, al tiempo que Alemania, como efecto sistémico,se financia casi sin coste, e incluso con intereses negativos (cobrando por recibir dinero). Enesta depredación del tesoro público español participan los propios bancos rescatados por elEstado, a los que el Banco Central Europeo presta dinero a bajo interés para que hagannegocio saqueando las arcas públicas.En este contexto no hay otra salida que reducir drásticamente el gasto público, por lo que losGobiernos, ya desde mayo de 2010, comienzan a realizar recortes que afectan a lasinversiones y a los servicios públicos (sanidad y educación), y reformas desreguladoras en elmercado laboral, los salarios y las pensiones. Estas directrices, emanadas del FMI, el BCE yla Comisión Europea, han impedido a los últimos dos Gobiernos adoptar estrategias anticrisis,
  7. 7. por lo que están a merced de la especulación financiera, hundiéndose en una espiral de deudaque recuerda los casos América Latina y otros países del Tercer Mundo en los años delnecolonialismo.He querido detenerme en esta explicación para señalar que se trata de tres crisis sucesivas,encadenadas, pero que definen una tendencia en la que cada una va restando opciones yañadiendo gravedad a la situación. Hoy la única esperanza es confiar en la benevolencia delos mercados (cuya naturaleza, lamentablemente, es incompatible con esta virtud) y rezar paraque la deuda no se dispare más allá de niveles sostenibles, porque en ese caso no habría másremedio que aceptar nuevas restricciones y un agravamiento a corto y medio plazo de lasituación social, que ya comienza a ser crítica.No es sólo economía, es políticaPero si nos distanciamos de la esfera económica podemos entender mejor el sentido de esteproceso. Alemania es el principal actor europeo. Su acción ante la crisis de los países“periféricos” ha consistido hasta ahora en exigir plazos y condiciones imposibles para quelimiten su déficit público, lo que supone desarticular sus administraciones e introducirlos endinámicas centrífugas como la que viene sufriendo en este momento España con Cataluña,que pronto se extenderá al País Vasco. Paralelamente reordena el presupuesto de la UE, conun enfoque restrictivo, para hacerla más competitiva en el terreno de la concurrenciainternacional, reduciendo o eliminando las ayudas estructurales a los países periféricos yforzándolos a adoptar condiciones de trabajo extremadamente precarias, en un contexto dedesempleo masivo, con la esperanza de atraer inversiones extranjeras al acercarse a losniveles de explotación de China y Asia. Si no resultara antiguo, cabría decir que Alemaniaestá creando el “ejército de reserva” de fuerza de trabajo necesario para mantenerse a flote enesta nueva guerra mundial por los mercados.La prensa nacional y la europea sacan a la luz la corrupción política existente, con talprofusión de datos que resulta difícil no pensar que eran conocidos. El modelo de Estadoautonómico se coloca en el punto de mira, como insostenible por las duplicidadespresupuestarias, pero esto lejos de racionalizar el debate lo envenena, polarizando lasopciones entre los defensores de la recentralización españolista y los nacionalistas periféricos,que se escoran al independentismo ante el riesgo de ver restringida o anula la autonomía por“razones técnicas”. Con la represión desmedida de sus acciones, los movimientos sociales sonempujados hacia posiciones radicales, por lo que son criminalizados, al tiempo que losmedios -la gran mayoría de ellos en manos de derecha- pretenden deslegitimar el sistemademocrático y a los partidos y sindicatos de izquierdas, que ciertamente se habían dejadoimplicar en todo el entramado corrupto y han vivido subsidiados como aparatos de Estado.Volviendo al inicio, la monarquía española está en cuestión. Y lo está porque su funcionalidadya casi ha terminado. Fue operativa para garantizar la salida reformista de la dictadura,abortando la opción de la ruptura democrática. Pero puede parecer superfluo, y hastainconveniente, que una provincia (o varias, según quede finalmente la reordenación políticadel territorio), tenga su propio monarca.El sistema político también se cuestiona, con el argumento de la corrupción y el coste elevadode su financiación, por lo que se reduce el número de representantes en las cámaras y se leretira el salario a los que no ostentan cargos de gobierno. Una parte de la sociedad,hegemoniza por un discurso falsamente regeneracionista celebra estas medidas, por elsupuesto ahorro y porque supuestamente golpean a la denostada clase política. Pero enrealidad sirven para todo lo contrario, ya que refuerzan el bipartidismo y restan medios a laizquierda para que pueda realizar la oposición, es decir, nos orienta a un modelo tecnocráticofascistizante, cada vez con menor legitimidad y control ciudadano, y que pueda sea fácilmentedirigido desde el centro de un renovado “IV Reich”.
  8. 8. La organización autonómica también se pretende desmantelar, con el mismo argumento de laimposible financiación, que encubre la finalidad de eliminar las instancias de poder en lasnacionalidades, potenciales focos de resistencia a la recentralización. Por su parte, y comocontribución a esta estrategia, la extrema derecha, en España y en Europa, magnifica elproblema de la financiación del Estado, no sólo para privatizar los servicios públicos, sinoprincipalmente para realizar una reorganización del poder a nivel social y territorial, ydeteriorar el sistema democrático, facilitando la integración en una potencial Europaautoritaria.Salidas imposiblesA medio plazo hay dos opciones para España, que son quizá las mismas que tienen Grecia,Portugal e Italia. La primera, salir del euro. Pero esto potenciaría y aceleraría la secesión deCataluña y el País Vasco, que serían así más fácilmente reconocidos por el centro alemán,como ya hizo con Croacia y Eslovenia en 1990. El resto del país quedaría en manos de laderecha más reaccionaria, hegemónica en estos territorios, posiblemente con una dictaduraesencialista, católico-españolista, análoga a la impuesta por los nacionalistas en Serbia, con elapoyo de la Iglesia ortodoxa, en la última década del XX. La supervivencia en la UE de unaEspaña no sometida a la disciplina del euro sería harto improbable. Los países del bloquecentral no perdonarían la deserción y, en todo caso, sería el fin de las ayudas europeas. Sin eleuro, y con una nueva peseta devaluada hasta el extremo (inicialmente eran 166,386 pesetas,pero el euro puede llegar a las 1.000 pesetas en la situación actual) el pago de las energías ylas materias primas en un mercado internacional dominado por el dólar sería muy complicado,al igual que el acceso a las importaciones de productos industriales, tecnología y bienes deequipo. España volvería a una suerte de autarquía que la haría retroceder posiblemente mediosiglo. Todo ello sin contar que las deudas adquiridas en euros o en dólares, que son muyelevadas (casi el 80 por 100 del PIB en 2012) habría que pagarlas en estas monedas, lo queobligaría a continuas refinanciaciones, en una espiral que podría acabar con la insolvenciaabsoluta del país. Mala solución…La otra opción es aceptar el nuevo papel que impone el centro en el nuevo reparto de poder deEuropa: ser de facto una provincia de la UE, aunque se mantengan –temporalmente- losropajes y las formas de un Estado soberano. Esta opción ya está en curso en el caso de Grecia,y vendría después de que se decretara la insolvencia, pero no antes de que, tras sucesivasrecaídas, se demostrara la “inviabilidad del Estado” en su expresión plenamenteindependiente y hubiera una opinión pública favorable a la “plena integración” en Europa.España, por medio del control tecnocrático de los presupuestos y de las condiciones laborales,pasaría a estar sometida a un rígido sistema de explotación que, salvando las distanciasformales, podría recordarnos al que ya Alemania impuso en las regiones dominadas en 1942,con una soberanía nacional ficticia y sin derechos socio-laborales. Este modelo propiciaríatambién el trasvase de los recursos humanos más cualificados hacia los países del centro,potenciando la vieja categoría de los trabajadores inmigrantes (gastarbeiter), con condicioneslaborales más precarias, segregados socialmente y sin derechos políticos. De hecho, son yamuchos los graduados y posgraduados españoles que trabajan en Alemania con fórmulasprecarizantes, como de la los minijobs, implantados por el gobierno de Angela Merkel, quetambién se aplican a los trabajadores alemanes depauperados por la crisis.Se cumplan o no estas previsiones, es evidente que en España el modelo de la II RestauraciónBorbónica ha entrado en crisis y se encamina a su etapa final. Tres de sus pilares, el sistemabipartidista, las autonomías y los pactos sociales, ya no tienen solidez o directamente se estándescomponiendo. El único que subsiste es el cuarto, la integración en Occidente, porquegarantiza la intervención exterior y asegura que a España acepte su papel de primera línea dechoque en una eventual conflagración en Mediterráneo. Confirma esta idea el hecho de queuna de las primeras exigencias, cuando empezó la crisis, fue precisamente que Españaaceptara –como en efecto hizo el gobierno de Rodríguez Zapatero- el traslado a la base
  9. 9. aeronaval de Rota de Africom, el mando de la OTAN para África, y la instalación del escudoantimisiles en esta base.2012 acabó con pocas celebraciones y muy malos augurios. Queda por saber qué será de laOperación Bicentenario una vez que ha terminado la fiesta. Es probable que quede archivadaen el baúl sin fondo de los proyectos fracasados del Reino de España, donde yacen los restosde la Armada Invencible. Contemplando el ambiente parecería que estemos muy lejos de unacelebración y más cerca de un nuevo Desastre colonial, solo que ahora nosotros seríamos lascolonias. Faltaría conocer si como en 1898 surgirá una conciencia crítica, una nuevageneración de pensadores y activistas que sueñen con reinventar España, una generacióncapaz de comprometerse políticamente para construir una nueva sociedad.En este sentido, y para terminar, expondré algunas tendencias que, a mi juicio, pueden tomarforma en el medio plazo, a partir de la experiencia histórica de aquel primer 98 quecondicionó la evolución del país en el primer tercio del siglo XX.Respecto al sistema político, en la próxima década los grandes partidos dinásticos implicadosen el turno podrían perder apoyo y credibilidad, e incluso fraccionarse. La derecha, queagrupa casi todas sus corrientes en el PP, como hizo el Partido Conservador de Cánovas,tendrá que hacer frente a la decisión de someterse a un poder extranjero, y ante esa disyuntivapodrían emerger alas centristas o nacionalistas (defensoras de la soberanía nacional, gruposregionalistas, social-cristianas), frente a otras claramente fascistas abiertamente partidarias deuna dictadura tecnocrática bajo el paraguas de una nueva UE que está diseñando Alemania.Ya esto sucedió en el primer franquismo, con la división entre falangistas (totalitarios y proalemanes), de un lado, y monárquicos, liberales y regionalistas, de otro. La monarquía tendráque elegir, como le sucedió a Alfonso XIII, cuando aceptó la dictadura de Primo de Rivera, ymás tarde a Juan de Borbón, que intentó lo mismo al estallar la Guerra Civil, aunque acabópor oponerse a la dictadura tras el rechazo de Franco a entregarle la Corona una vez terminadala guerra.El PSOE, la izquierda dinástica, inspirada en el Partido Liberal de la I Restauración, tambiéndebe hacer frente al descrédito de largos periodos de gobierno funcional al sistema, marcadospor la corrupción y el adocenamiento. Su papel como aparato de estado se ha vistodifuminado por discursos ideológicos, como los que hacía el Partido Liberal, centradosprincipalmente en el enfrentamiento verbal (no efectivo) con la jerarquía de la Iglesia Católicaen cuestiones morales, políticas de género y reconocimiento de la diversidad de orientaciónsexual. Todo ello sin cuestionar el orden económico, el sistema político, la estructura de podersocial y la alineación internacional, en todo lo cual comparte posiciones con el PP.Al margen de los partidos dinásticos existe una extrema derecha minoritaria que apoya defacto, pese a la retórica españolista, la estrategia de refundar España en una nueva UE, quepodría converger con los partidarios de este proyecto que también existen en el ala másextremista del PP.En el centro intenta abrirse camino UPyD, equivalente quizá del Partido Radical de Lerroux,con vocación españolista, centralista y regeneracionista, enemigo del caciquismo y delbipartidismo, pero oportunista y posibilista, aunque por ahora sin cuestionar el sistemademocrático. Algo que, más pronto que tarde, alguien acabará haciendo, si como parece estasinstituciones y quienes las monopolizan resultaran incapaces regenerarse y los ciudadanos nopudieran aguantar ya más tanto abuso.A la izquierda, y también fuera del bipartidismo, existe una gran división y mayor confusión.Falta un diagnóstico común del problema, tanto a nivel internacional como en el ámbitoespañol. La fuerza mayoritaria, IU, engloba una amplia variedad de corrientes disidentes delsocialismo, pero sin un proyecto estratégico común. De acuerdo con el modelo de la IRestauración, cuando avanzaran las posiciones autoritarias esta amalgama de la izquierda
  10. 10. debería asumir la tarea de articular una opción republicana y federalista de amplia base. Perosus malas relaciones con el ala más radical de la izquierda (comunistas revolucionarios,nacionalistas radicales) y con el anarquismo, renacido en los nuevos movimientos sociales,podrían reproducir los mismos enfrentamientos que hubo en la II República.Este cuadro identifica los actores del sistema político en la fase actual y sus posibles líneas deevolución. Pero no son los partidos los que tienen la mayor ascendencia sobre los ciudadanosen un país como España, desmovilizado y con una muy baja tasa de afiliación política. Elcontrol social se ejerce por los medios de comunicación, principalmente la televisión, la radioe Internet, y en menor medida por los periódicos en papel. Todos los medios de masas seencuentran en manos de los grandes grupos oligárquicos, incluida la Iglesia Católica, quetiene sus propias cadenas de radio y televisión. En la esfera de los medios, se reproduce noobstante la misma distribución de papeles que en el sistema bipartidista: hay dos grandesconglomerados que se reparte el control de la opinión pública.El discurso de la derecha se difunde en los medios televisivos a través del grupo Antena 3(A3, Nova, Neox), la 13, Intereconomía, Libertad Digital, Veo 7 y las televisionesautonómicas controladas por el PP, que son casi todas, y de las que la más influyente ha sidoTelemadrid. La derecha controla también la mayor parte de los periódicos en papel, con ABC,El Mundo, La Razón, La Gaceta y la mayor parte de la prensa regional y provincial, adscritaal Grupo Vocento o independiente. Las ondas de radio también emiten su discruso: la COPE,ABC.Radio, IntereconomíaRadio, etc.La izquierda dinástica usufructúa todavía una cadena (La Sexta) que ya ha sido absorbida porAntena 3, y se beneficia de una corporación televisiva, Mediaset (propietaria de Telecinco,Cuatro, Siete, FDF y otras), cuyo gran accionista es Silvio Berlusconi. Cuenta también conlos canales autonómicos controlados por el PSOE, el más importante de los cuales es elandaluz Canal Sur, con El País como único periódico en papel, y con Elplural.com y otrosrecursos menores en Internet. En las ondas, el grupo PRISA, editor de El País perodesaparecido de la televisión, conserva la cadena SER.Aunque hay un claro desequilibrio a favor de la derecha, todo este entramado es en últimainstancia dependiente de Reuters y las otras grandes agencias de noticias occidentales, quemarcan los tiempos, señalan las prioridades y dan las consignas en cada momento. Lasgrandes cadenas norteamericanas, británicas y alemanas crean la opinión monolítica queluego difunden con matices irrelevantes las dos ramas en que se dividen los medios españoles.Recordemos con cuanto enojo y falsa dignidad se recibió en España aquella denominación dePIGS (cerdos), que, disfrazada de sigla, la prensa británica aplicó a Portugal, Italia, Grecia yEspaña en los preliminares de que estos países iniciaran su calvario. Hoy nuestros medios ynuestros responsables políticos omiten una palabra tan fea, pero asumen con incomprensibleresignación su contenido, al tiempo que conducen al país al matadero.La influencia de los medios de comunicación se potencia con el deterioro intencionado que hasufrido el sistema educativo en las casi cuatro décadas de la II Restauración, lo que ha dejadoa los ciudadanos a merced de la manipulación ideológica. La desarticulación de la sociedadcivil y sus organizaciones críticas con el modelo de la Transición también ha facilitado elcontrol social de las conciencias, del mismo modo que el uso de las fiestas religiosas, delfútbol, el deporte y los toros, como medios de alienación y fomento de un nacionalismoespañol superficial, acrítico, autocomplaciente y violento.Qué hacer?En las ocasiones en que he tenido la ocasión de debatir global o parcialmente sobre lascuestiones que acabo de plantear ha brotado siempre una pregunta inevitable: ¿Qué hacer? Enla soledad de los hogares o en la multitud de la protesta los españoles no escapan a esteinterrogante… ¿Qué hacer? En 2012 la tasa de suicidios se disparó, aunque los medios se
  11. 11. esfuerzan por silenciar estas noticias. El 34% de ellos están motivados por la crisis. A mimodo de ver estamos cerrando un ciclo. La desesperación individual dará paso a una respuestaorganizada de los ciudadanos. La Transición que iniciamos en 1975 está encaminándose haciasu inevitable desenlace. Hace ya algunos años escribí que la Transición cambiaría susignificado, pasando a definir al conjunto del reinado de Juan Carlos I, y no sólo sus primerostres años. Los historiadores del futuro, opino, verán a la II Restauración no como un sistemaplenamente democrático, sino como una dilatada transición del régimen franquista hacia lademocracia. Este reinado ha durado ya 37 años, sólo un año menos que la interminabledictadura de Franco, por lo que es previsible que iguale su longevidad. La cultura cívica, lacultura democrática, el reconocimiento de los derechos y libertades de los ciudadanos se handesarrollado mucho en este periodo. Eso es incuestionable, y sin duda quedará en el haber deeste monarca y de este sistema, pese a todas sus limitaciones.Pero, por eso mismo, la sociedad española de 2013 no es la temerosa y traumatizadapoblación de 1975, no existe ruido de sables ni riesgo de una nueva Guerra Civil. Hoysabemos que la paz y la unidad de España se defienden mejor con el diálogo y el respeto a ladiversidad que con la imposición forzada de instituciones y valores tradicionales. De laantipolítica y de los movimientos sociales, nacerá una nueva política. Una derecha y unaizquierda no dinásticas deberán emerger, y de los grandes partidos dinásticos surgirántambién sin duda brotes verdes, que regeneren la vida política de España -porque no todossomos Bárcenas. No sabría decir si antes tendremos que hacer frente a los fantasmas delautoritarismo, a un cirujano o cirujana de hierro que venga a complicar aún más las cosas,como le sucedió a la generación de nuestros abuelos con Primo de Rivera. Es posible tambiénque la monarquía parlamentaria tenga todavía un último cartucho, si la sucesión a la Coronallega pronto y si se logra evitar que la compleja situación derivada de la crisis arrastre tambiénal nuevo monarca y a la nueva Corte que ahora se está gestando. En cualquier caso, laRepública, y con ella, el pacto federal, están ya en la agenda histórica de España…, si es queésta no quiere desaparecer, fragmentada en pedazos, en la nueva arquitectura imperial europeaque estamos viendo nacer.En definitiva,… a los españoles de nuestra generación nos ha tocado vivir un cambio de época. A lo largode la historia hay momentos en los que, en muy pocos años, se viven mutaciones de largoalcance, profundas transformaciones económicas, sociales, políticas y de los valoresesenciales que orientan a las sociedades. Hoy vivimos en España, y me temo que en Europa,uno de esos tiempos. En las páginas que he leído he intentado aportar algunas ideas queayuden a entender la dimensión histórica de los acontecimientos que estamos viviendo. Heintentado explicar lo que pasa, pero también señalar las posibles evoluciones de los actoresimplicados en el problema. La Historia tradicional prohíbe expresamente la predicción, perola sociedad nos exige respuestas, ideas para orientarnos en el camino a seguir. He optado porservir a la segunda, porque amén de historiadores somos ciudadanos. Hay que comenzar adecir, tanto en la academia como en los foros sociales, lo que entendemos que está sucediendoy hacia donde nos dirigimos, sin artificios y sin más pretensión que la de aportar ideasdiferentes de personas distintas que debaten civilizadamente sobre el mundo que nos hatocado vivir.

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