• Share
  • Email
  • Embed
  • Like
  • Save
  • Private Content
Carles Rodrigo Alfonso. Una Aproximación Histórica a La Serranía
 

Carles Rodrigo Alfonso. Una Aproximación Histórica a La Serranía

on

  • 1,619 views

1ª JORNADA PATRIMONIO HISTÓRICO-CULTURAL DE LA SERRANÍA ...

1ª JORNADA PATRIMONIO HISTÓRICO-CULTURAL DE LA SERRANÍA
El pasado 2 de octubre tuvo lugar en la sede de la Mancomunidad Alto Turia (Tuéjar) la Iª Jornada sobre Patrimonio Histórico-Cultural de La Serranía, que contó con la presencia de los dos presidentes de las dos mancomunidades existentes en la comarca, los alcaldes de Tuéjar y Sot de Chera, concejales de Alcublas y de Sot de Chera, técnicos de ayuntamientos y diversos representantes de asociaciones culturales y cívicas de la comarca.





La Jornada se articuló en tres ponencias. La primera de ellas, fue presentada por Carles Rodrigo Alfonso (geógrafo) con el título Una aproximación histórica a La Serranía, dentro de la cual y a partir de una reflexión inicial sobre la organización del territorio y la denominación del mismo que de manera consensuada parece que debería ser SERRANÍA DEL TURIA, trató de la articulación de nuestra geografía alrededor del río Turia y de las vías de comunicación históricas y modernas, para pasar a ofrecernos una visión de nuestra comarca a lo largo del tiempo y la división del territorio tras la conquista cristiana y su devenir en el tiempo, pasando por la edad moderna y hasta la edad contemporánea, para finalizar con una visión del siglo XX, una época en que nuestra comarca ha propiciado “la expansión de establecimientos pro-ductores de energía, en la línea de la tradicional vocación serrana como área proveedora de materias primas y combustibles”.

La segunda ponencia corrió a cargo de Xavier Delgado (geógrafo), que con el título La presencia morisca en La Serranía: población y territorio, nos ofreció una panorámica general sobre la presencia de los mudéjares en nuestro territorio, cómo se integraron en la sociedad cristiana hasta su expulsión, el hábitat particular que crearon (tanto en un entorno urbano en barrios separados de los cristianos como en los establecimientos dispersos en los montes), sus labores agrícolas a través de los cultivos tanto de secano como de regadío y también ganaderas (sobre todo de ovejas y cabras, pero también de pavos y gallinas), de sus formas comerciales y de su productos artesanales (del esparto y la alfarería).




La tercera ponencia, titulada La riqueza de nuestro patrimonio inmaterial, fue dirigida por nuestro paisano comarcano José Tomás Varea, maestro de Tuéjar e Investigador Cultural, que nos ofreció una visión amplia y pormenorizada del patrimonio inmaterial serrano, a través de una aproximación a la legislación sobre Patrimonio y una clasificación del patrimonio inmaterial: tradiciones y expresiones orales, donde destacó el libro de 1959 de Vicente Llatas Burgos El habla del Villar del Arzobispo y su comarca, así como la toponimia y la tradición oral serrana, con su hito más relevante en los libros de Vicente Cortés El Tío Paragüero; las artes del espectáculo, donde puso énfasis en el Carnaval de El Villar y los Entramoros de Aras de los Olmos y Tuéjar; los usos sociales, rituales y festivos: con las hogueras de San Antón en casi todos los pueblos serranos (aunque destaca Chelva por su valor añadido del Festival de Narrativa Oral), la bajada de la Virgen de la Consolación de Alpuente, la singularidad de La Mojiganga de Titaguas y las Rodás de la bandera de Aras de los Olmos y Tuéjar; la Enramá de Chulilla, las Cruces de Chulilla, las Aleluyas de Chelva y las Cortesías de Titaguas, para acabar con un apartado especial dedicado a la música y bailes tradicionales (mención especial para el grupo Ajevo de Villar del Arzobispo y su recopilación de temas comarcales), los mayos de Chulilla y de Tuéjar, los toques de campanas y el último apartado, dedicado a los juegos y deportes tradicionales; el conocimiento y uso de la Naturaleza y el Universo, donde destacó el papel de la artesanía (esparto, alfarería…), la gastronomía, las construcciones efímeras, la agricultura tradicional y la etnobotánica. P

Statistics

Views

Total Views
1,619
Views on SlideShare
1,618
Embed Views
1

Actions

Likes
0
Downloads
22
Comments
0

1 Embed 1

http://penyaramiro.blogspot.com 1

Accessibility

Categories

Upload Details

Uploaded via as Microsoft Word

Usage Rights

© All Rights Reserved

Report content

Flagged as inappropriate Flag as inappropriate
Flag as inappropriate

Select your reason for flagging this presentation as inappropriate.

Cancel
  • Full Name Full Name Comment goes here.
    Are you sure you want to
    Your message goes here
    Processing…
Post Comment
Edit your comment

    Carles Rodrigo Alfonso. Una Aproximación Histórica a La Serranía Carles Rodrigo Alfonso. Una Aproximación Histórica a La Serranía Document Transcript

    • Una aproximación histórica a la Serranía Carles Rodrigo Alfonso Breve reflexión inicial El objetivo de esta ponencia es aproximar a los asistentes a la evolución histórica de un territorio y su repercusión en el patrimonio material y el paisaje del mismo como manifestación de las tendencias culturales y procesos desarrollados en el tiempo. Se plantea como un recorrido a lo largo del tiempo a través de sus principales referentes. Una de las principales cuestiones abordadas es la transformación experimentada en la organización del territorio, la evolución de los principales elementos a considerar, mientras se aborda, asimismo, el patrimonio e incluso el paisaje relacionado con la Serranía en cada momento. Como geógrafo la cuestión preliminar básica es la delimitación del territorio que se aborda, que en este caso corresponde a lo que generalmente se considera la comarca de la Serranía. Como resulta habitual en mí caso, a falta de una comarcalización oficial que avale una delimitación territorial, aludo a la Serranía con la inclusión de Alcublas, Gestalgar, Bugarra y Pedralba, cuestionada desde algunos ámbitos, que considero la más oportuna, con la exclusión ya más asentada de Chera y Sinarcas por su creciente vinculación a la comarca de Requena- Utiel. Otra cuestión previa relevante es la denominación del territorio y en ese punto, también ante la inexistencia de un nombre con reconocimiento oficial, mantengo el nombre de la Serranía, apelativo que puede completarse como Serranía del Turia como opción más conveniente de diferenciación en relación a otras serranías españolas. Esta denominación me parece más precisa y correcta que la de “los Serranos”, que aún se utiliza frecuentemente, en mi opinión incorrectamente. Con el fin de sistematizar la exposición se ha optado por el modelo clásico de compartimentar la historia en periodos ajustados a las etapas tradicionalmente definidas, lo que además permite una mejor difusión a un público diverso. Asimismo, con la finalidad de centrar la cuestión en la etapa que ha dejado una impronta más directa en la configuración humana del territorio, en su organización territorial, paisaje, patrimonio, etc., este recorrido histórico se ha centrado histórico en el último milenio, tomando como referencia inicial el año mil, sin por ello negar la evidente huella de anteriores. Como paso previo a ese recorrido por la evolución histórica de la Serranía he incluido un apartado inicial de presentación del territorio que se desarrolla a continuación. 1
    • Unas pinceladas sobre el territorio La Serranía forma parte del área de transición entre el litoral y el interior peninsular. Se extiende por el escalón intermedio que enlaza ambos ámbitos, en este caso con el factor añadido de la repercusión por su ubicación en la periferia del extenso macizo montañoso que es el Sistema Ibérico. El Turia es un elemento clave del territorio, que otorga un carácter unitario al mismo, al coincidir la Serranía con una parte de su cuenca, pese a que históricamente no ha ejercido de eje vertebrador. La comarca se adapta a la cuenca media del río, al que vierten las aguas superficiales de los distintos municipios. El Turia junto con sus afluentes principales el Chelva o Tuéjar y el Reatillo, así como una compleja red de cursos de circulación temporal, barrancos y grandes ramblas como las del extremo oriental, surcan el territorio. A grandes rasgos el relieve muestra al norte una alineación montañosa, parte de la dorsal que desde Javalambre desciende hasta el mar. Al sur se halla otro bloque montañoso que desde las sierras conquenses se extiende hasta la sierra de Chiva para suavemente prolongarse como cerros y finalizar en Els Carasols, en l’Horta. En estos macizos serranos destacan algunos altiplanos como los de Alpuente y Alcublas, al norte, o el de Villar de Tejas y corredores como los de Benagéber-Sot al sur, en este último caso con la pronunciada fosa transversal surcada por el Reatillo. Al centro se abre un espacio abrupto, de compleja orografía, resultante de la denudación erosiva sobre materiales geológicos de variada naturaleza, surcado por el curso del Turia y el valle del Tuéjar o Chelva. Al este, resalta la mayor suavidad del relieve, en la transición al llano, en el Llano del Villar y el valle del Turia aguas abajo de Gestalgar, en la periferia de la llanura litoral de Valencia. Las sierras septentrionales y meridionales actúan como barreras respecto a las vecinas comarcas del Alto Palancia, situada al norte y con grandes similitudes geográficas con la Serranía, y Requena-Utiel, el extenso altiplano situado al sur. Hacia el oeste la compleja orografía limita notablemente el contacto con las vecinas tierras castellanas y aragonesas, con barreras como el Turia o su afluente el Arcos, una configuración muy distinta de la existente a levante, hacia donde se abre la comarca. El resultado de lo descrito es un predominio de la montaña, de ahí la denominación la Serranía. Esta circunstancia junto con un clima mediterráneo aunque con rasgos continentalizantes crecientes hacia poniente, ha limitado los aprovechamientos agrícolas y con ellos el hábitat humano frente a la tradicional relevancia del espacio forestal y de actividades como la ganadería, a diferencia de las tierras situadas al este. La configuración orográfica también ha resultado decisiva en la accesibilidad y en el desarrollo de las vías de comunicación, estas últimas limitadas por la evolución socioeconómica y demográfica del área. Históricamente la Serranía ha sido considerada un territorio de paso secundario entre el litoral y el interior peninsular en relación con las mayores aptitudes del Alto Palancia, al norte, y el altiplano de Requena-Utiel al sur, el primero hacia 2
    • Aragón y el segundo hacia Castilla, mientras ha estado limitada la comunicación de norte a sur. La finalización de las carreteras de Zaragoza por el Alto Palancia y de Madrid por Requena- Utiel en el siglo XIX acentuaron esta situación. Pese a ello cabe considerar la repercusión de dos históricos caminos principales como son el de Valencia a Medinaceli al norte (por Andilla, La Yesa y Alpuente) o el de Valencia a Madrid por Cuenca (por Losa, Domeño, Calles, Chelva y Tuéjar), junto a otros secundarios, además de vías pecuarias como las que enlazan con Aragón por el norte, la que recorre el valle del Tuéjar o Chelva o la que discurre por la dorsal montañosa meridional. En este contexto cabe tener en consideración la importancia que tuvo el Turia como vía de transporte en relación con las maderadas. Los pueblos de la Serranía se han asentado en los mejores enclaves de cultivo, en emplazamientos con presencia de agua y junto al trazado de los principales caminos. Las localidades más relevantes en el pasado se ubicaron en emplazamientos de naturaleza defensiva, algunos de gran entidad como Alpuente, Andilla, Tuéjar, Chelva, Domeño o Chulilla, mientras las de más reciente creación o desarrollo se asentaron en lugares próximos a las tierras de cultivo y más protegidos de riesgos naturales que de los efectos de conflictos humanos como Aras, Titaguas, La Yesa, Higueruelas, Bugarra, Losa, etc. Junto a estos pueblos destaca una amplia red de aldeas y de viviendas en disperso asociadas a los numerosos enclaves agrícolas de un terreno montañoso y de compleja accesibilidad como éste. El siglo XX introduce una variación notable en el modelo histórico de poblamiento debido a la implantación de los embalses y el consiguiente abandono de Benagéber, Domeño, Loriguilla y otros asentamientos menores de las riberas del Turia. Finalmente, cabe tener en consideración una cuestión fundamental como es la gran diversidad del territorio serrano. La compleja configuración orográfica, la variable altitud, los notables matices climáticos, la distinta aptitud agronómica del territorio, la distancia a los centros territoriales como Valencia, etc., da lugar a una gran diversidad de modelos de hábitat, gestión territorial y actividades económicas. En la Serranía existen varias subcomarcas bien diferenciadas, con características propias, lo que se acentúa por una cierta desarticulación territorial acrecentada por la compleja accesibilidad. En ocasiones resulta complejo hablar o escribir sobre una característica concreta de la Serranía. Al fin y al cabo tan serrano es un paisaje de plantaciones de cítricos y hortalizas próximo a la autovía en el Llano del Villar como otro de cereal, viñedo y almendro sobre pequeños bancales en las tierras de riguroso clima de Aras de los Olmos. 3
    • Una visión de la Serranía a lo largo del tiempo El periodo musulmán. Ya durante el periodo musulmán la Serranía integró una entidad territorial autónoma, junto con el Rincón de Ademuz y algunos otros pueblos, a lo largo de varias décadas del siglo XIII, en el reino de taifas de Alpuente. Sea ésta la primera ocasión en que se produjo esta situación o la confirmación* de una situación anterior lo cierto es que representa un antecedente a tener en consideración. Tras la desaparición de los reinos de taifas la Serranía permaneció vinculada al reino musulmán de Valencia y muy directamente a su último rey Abu Zayd. Esto supuso el mantenimiento de la vinculación con la ciudad de Valencia como centro de referencia, tal como había sucedido con anterioridad al breve periodo de los citados reinos. Esta vinculación directa a Valencia se mantuvo con posterioridad y hasta la actualidad, a través de los siglos, en sucesivas divisiones territoriales de nivel inferior al reino como gobernaciones o provincias. La Serranía ha mantenido una estrecha relación con Llíria, ciudad más próxima y en el camino de Valencia, así como una vinculación con la comarca del Camp de Turia, pero la dependencia de Valencia ha sido una constante histórica. Durante al menos la última etapa musulmana el territorio estaba organizado en distritos en torno a un castillo o hisn, al que se vinculaban los asentamientos de población circundantes y las tierras adscritas a éstos. Estos husn (plural de hisn) eran centros defensivos, administrativos y de gestión territorial, incluida la recaudación de tributos. En esa etapa destacaba Alpuente, por entonces una madina o ciudad de cierta consideración en el contexto de una extensa área, pero también Benacacira, la actual Chelva; y otras localidades como Tuéjar, Benagéber, Domeño, Calles, Loriguilla, Chulilla, Andilla, Pedralba, Gestalgar, Sot o Benaduf, algunas de estas últimas junto con diversos despoblados actuales tan solo alquerías, en realidad pequeñas aldeas. De este periodo subsiste la red caminera principal, los caminos de Aragón y Castilla, así como los castillos que jalonaban su trazado o sus proximidades como los de Andilla, Domeño, Chelva, Tuéjar, El Poyo, Alpuente, Chulilla o los de otras vías secundarias como los de Sot, Gestalgar o la Torre del Cortijo de Aras de los Olmos. Buena parte de la red defensiva medieval y viaria comarcal, así como de los principales asentamientos de población tiene su base en esta etapa. Pese a las transformaciones posteriores experimentadas, notables en muchos casos como en Alpuente o en Andilla, la impronta urbana del periodo musulmán es manifiesta en cascos urbanos como Benacacira en Chelva, Calles, Chulilla, Tuéjar, Gestalgar o Sot por citar algunos donde es más perceptible en el urbanismo de su centro histórico. Durante el periodo musulmán la economía comarcal, a semejanza de otras comarcas valencianas, tuvo uno de sus pilares en la agricultura. Se centró especialmente en el cultivo 4
    • intensivo de los enclaves de huerta frente al carácter secundario de los secanos e incluso de la ganadería y la explotación forestal en un momento en el que el monte ocupaba la mayor parte del territorio. La población se concentró especialmente en torno a estos enclaves privilegiados por la disponibilidad de tierra fértil y agua. De este modo se consolidó el modelo de poblamiento y se configuró una compleja red de riego ampliada a lo largo de los siglos posteriores. Su huella es perceptible en sistemas de riego como el del río Chelva o Tuéjar y obras hidráulicas como la Acequia Mayor de Chelva o los restos del azud de Calicanto en Alpuente. La Edad Media tras la conquista cristiana (siglos XIII-XV) La conquista cristiana supuso una ruptura respecto a la situación anterior cuya primera manifestación fue una reorganización territorial. En el proceso de adjudicación de los territorios ocupados a quienes habían participado o colaborado en la conquista la Serranía, impulsado por Jaume I, la comarca experimentó una división de los antiguos distritos administrativos y su asignación a nuevos gestores. A grandes rasgos, el territorio serrano fue asignado a tres bloques de titulares diferenciados para su gestión y explotación. Inicialmente una parte del territorio permaneció bajo la titularidad directa de la corona como realengo mientras el resto se entregó a diversos señores, como señoríos. Poco después uno de los señoríos pasó a manos del obispado de Valencia, de modo que se introdujo lo que se conoce como un señorío eclesiástico. Los habitantes de la Serranía pasaron a depender en lo administrativo, incluida la tributación, y en parte de lo judicial de familias nobles, eclesiásticos o del propio rey a través de sus administradores en el realengo. La consecuencia de esto fue la diferenciación en las relaciones entre señor y vasallo según el caso y su consiguiente incidencia en el desarrollo. En algunos casos esta adscripción inicial se mantuvo inmutable a lo largo del tiempo, sin experimentar variaciones de límites o de titularidad territorial, pero en otros hubo variaciones en ambas cuestiones. La existencia de estos últimos casos dificulta la exposición de la situación, más si cabe al considerar la permanencia de los señoríos hasta su desaparición en el primer tercio del siglo XIX. En cualquier caso y de forma sintética el territorio de la Serranía quedó compartimentado de la siguiente forma: 1. Un territorio de realengo, el área vinculada a la fortaleza de Alpuente, que debió corresponder al antiguo ámbito musulmán de su hisn, integrado por los actuales municipios de Alpuente, Aras de los Olmos, Titaguas y La Yesa. Este extenso Término General de Alpuente se vinculó directamente a la corona en relación con su relevancia anterior, su importancia estratégica, su situación en la frontera y la riqueza agraria del extenso altiplano de la Serranía Alta. Los residentes en esta área tenían una dependencia directa del rey como señor territorial a diferencia de los señoríos laicos y eclesiásticos, lo que le reportaba algunas ventajas. 5
    • 2. Diversos señoríos laicos caracterizados por la evolución temporal de los mismos y en algunos casos la complejidad. Destaca el territorio donado a los Fernández de Azagra, por matrimonio posterior posesión de la familia de D. Jaime de Jérica, desde 1390 Vizcondado de Chelva. Desde el siglo XVII y junto al Condado de Sinarcas perteneció a los Duques de Villahermosa, una de las principales familias nobiliarias valencianas. Comprendía Tuéjar, Chelva, Benagéber, Calles, Domeño, Loriguilla y lo que sería posteriormente el municipio de Higueruelas. La permanencia del poder central de este extenso señorío en Chelva permitió consolidar a esta localidad del centro de la comarca. Por su parte Andilla, el que debió ser el antiguo distrito musulmán del hisn de Andilla, se mantuvo íntegro según ha descrito algún estudioso como un “fósil territorial”, en manos de sucesivas familias, la última de ellas y durante siglos los Garcés de Marcilla. Sot de Chera y Chera formaron parte de un señorío antes de integrar junto con Gestalgar una baronía. Finalmente, la baronía de Pedralba, con Bugarra, perteneció a varios señores hasta pasar por vínculo matrimonial al Ducado de Villahermosa, coincidente en la titularidad del señorío con el Vizcondado de Chelva. 3. Dos señoríos eclesiásticos representados de diferente naturaleza. Destaca como la Baronía de Chulilla, sobre los actuales municipios de Chulilla, Losa del Obispo y Villar del Arzobispo, pasó tras unas vicisitudes previas a la Diócesis de Valencia. Ésta trasladó su centro territorial a la nueva población de Villar de Benaduf, en detrimento de la plaza fuerte de Chulilla por su mejor ubicación económica y de accesibilidad al valorar más estas condiciones que las defensivas. La estrecha relación que los prelados mantuvieron con El Villar contribuyó a consolidar con el tiempo el carácter central de esta localidad. Diferente es el carácter de Alcublas, inicialmente también lugar de señorío laico que a comienzos del siglo XV y junto a la vecina Altura, pasó a depender de la Cartuja de Vall de Cristo. En este caso la titularidad correspondía a una cartuja y además ubicada fuera de la comarca, en el vecino Alto Palancia. A otra escala la reorganización en lo eclesiástico tuvo su repercusión en primer lugar a través de la progresiva creación de parroquias aunque sobretodo en relación con la integración en distintas diócesis, en una etapa histórica en que esto resultaba relevante. Destaca el hecho de que una parte de la comarca pasó a depender de la Diócesis de Valencia, como se ha mantenido hasta la actualidad con las parroquias de Pedralba, Bugarra, Gestalgar, Sot de Chera, Chulilla, Losa del Obispo y Villar del Arzobispo, aunque la mayoría de ellas se adscribieron a la Diócesis de Albarracín-Segorbe. Esta última, supuestamente heredera de la diócesis de la antigua Segóbriga, se integró en una primera etapa en la Archidiócesis de Toledo y posteriormente pasó a la de Zaragoza. Finalmente ya como Diócesis de Segorbe tras la segregación de la de Albarracín en 1581 pasó a la 6
    • Archidiócesis de Valencia. Fue relevante esta relación directa secular con la ciudad de Segorbe, donde se realizaba el nombramiento de los párrocos, personas importantes en la vida de los pueblos, de donde procedían actuaciones o inversiones, como sucedió, por citar un ejemplo, con la puesta en marcha de un plan de escolarización por el obispo Cano a finales del siglo XVIII. Los intereses señoriales y la excusa de las sucesivas revueltas impulsaron la expulsión de la población mudéjar en un proceso prolongado en el tiempo. Sucesivamente los mudéjares fueron expulsados de Chulilla, Andilla, Alpuente o del centro de Chelva, desde donde se desplazaron a su barrio extramuros del Arrabal, siendo sustituidos por población cristiana, procedente de las localidades vecinas o de Aragón. De este modo la población mudéjar al final de este periodo, en el siglo XV, había experimentado un proceso de renovación y se hallaba concentrada en el Vizcondado de Chelva, el valle del Turia aguas abajo de Gestalgar y en Sot de Chera. La reordenación del territorio tras la conquista se manifestó en la fundación o remodelación de algunos de los pueblos, con su evidente urbanismo de nueva planta, como sucedió con Villar de Benaduf, Alcublas y La Yesa. En el caso de Chelva, en proceso de expansión demográfica, se evidenció en el progresivo desarrollo de los barrios de el Tinte, las Ollerías, la Pesquera, la Peirería y las Moreras, ampliación de los musulmanes ya existentes de Benacacira, Azoque y Petrosa, así como la consolidación de la morería en el Arrabal. Como toda época expansiva y de reorganización espacial en estos siglos se multiplicó las roturaciones de tierras, centradas en los valles y áreas más aptas, así como la ampliación o mejora de sistemas de regadío preexistentes y la adecuación de otros nuevos. En buena medida el paisaje de algunas de las principales huertas comarcales se remonta a esta época. Asimismo, la repercusión de las transformaciones del periodo queda de manifiesto a nivel patrimonial en algunas construcciones de la época que han pervivido como los arcos ojivales de la primitiva iglesia, parte del ayuntamiento, la portada y torre de la actual iglesia arciprestal así como el acueducto de Los Arcos en Alpuente; una parte de la estructura original de la iglesia parroquial de Andilla o de las ermitas de la Virgen del Loreto de Chelva. La Edad Moderna (siglos XV-XVIII) A lo largo de estos siglos se produjeron cambios en la titularidad de los señoríos pero éstos han sido parcialmente expuestos anteriormente y sin gran relevancia en lo territorial. En todo caso destaca la vinculación del Vizcondado de Chelva al Ducado de Villahermosa en el siglo XVII, lo que vinculó estas tierras a una poderosa familia nobiliaria de ámbito nacional. Durante el siglo XV y comienzos del XVII la problemática morisca fue una de las cuestiones más relevantes en la Serranía. Tras las Germanías, la confirmación del 7
    • obligatorio bautismo forzoso en 1525 dio lugar la conversión de los mudéjares en cristianos nuevos, popularmente conocidos como moriscos, inicio de un intento de asimilación, como se expone en una ponencia posterior, que culminó con la expulsión de España en 1609. A lo largo del siglo XVII la población morisca se incrementó notablemente por el propio crecimiento natural y la llegada de moriscos expulsados del Reino de Granada, lo que acentuó la focalización de los distintos pueblos y las posibilidades de conflictividad con la comunidad cristiana. Los intentos de evangelización se plasmaron en diversas medidas, una de ellas la creación de parroquias en lugares de moriscos, como las de Calles o Benagéber, o de cristianos viejos como Titaguas, embrión de una futura autonomía municipal. En este contexto destaca el proceso de segregación municipal de La Yesa, antigua aldea de Alpuente que consigue la categoría de villa en 1587. Mientras el siglo XVI y tras el grave conflicto de las Germanías fue un periodo de expansión agraria, de extensión de las tierras de cultivo, de incremento de la producción agropecuaria y artesanal, la expulsión de los moriscos acentuó la crisis del XVII. Los efectos de la expulsión fueron patentes directamente durante décadas, mientras la llegada de inmigrantes, en buena parte residentes en la propia comarca, cubrían el hueco dejado por los moriscos expulsados del Vizcondado de Chelva y las baronías de Sot de Chera- Gestalgar y Pedralba. Con la renovación poblacional los titulares de estos señoríos aprovecharon para endurecer las condiciones a sus vasallos. No fue hasta las décadas finales de la centuria cuando comienza a percibirse una nueva fase positiva de desarrollo. Entre los elementos del patrimonio mueble representativos de esa época se hallan la iglesia parroquial de Aras de los Olmos, la iglesia parroquial de Titaguas, o la ermita de san Juan en Ahillas, Chelva, del XVI; la ermita del Santo Cristo de Aras, las iglesias parroquiales de Calles, Chulilla y Tuéjar, la iglesia arciprestal y las ermitas de la Virgen de Montserrat y de la Virgen de los Desamparados en Chelva, así como diversas casonas y viviendas populares principalmente de Alpuente y sus aldeas, de Aras y de Chelva; lavaderos en Alpuente y La Yesa, el antiguo ayuntamiento de Chelva, etc. La Edad Contemporánea (siglos XVIII-XX) La Guerra de Sucesión tuvo consecuencias directas en la Serranía, tanto económicas como por el fallecimiento de vecinos en los frentes de batalla o en los enfrentamientos que tuvieron lugar a lo largo y ancho de la comarca, la Serranía participó de la acelerada expansión demográfica y económica de los dos últimos tercios del siglo XVIII. Este acelerado crecimiento fue consecuencia de la roturación de nuevas tierras, la más intensa explotación de algunas de las cultivadas, los elevados precios del cereal, etc. Este crecimiento se manifestó en la expansión de los pueblos, la consolidación de muchos de los núcleos que con anterioridad únicamente eran aldeas o caseríos como sucedió en los términos de Alpuente, Benagéber o con el propio Higueruelas. La roturación de tierras marginales dio lugar a la aparición de masías en espacios susceptibles de cultivo de las 8
    • zonas más recónditas de la comarca, como sucedió en el término de Chelva o a lo largo del valle del Turia en Tuéjar, un proceso acrecentado durante el siglo XIX. La expansión agraria y demográfica fue acompañada de la difusión de establecimientos fabriles, principalmente molinos; aguardienterías debido al notable aumento internacional de la demanda de aguardiente; fábricas textiles como la de Puerto en Chelva, pero también caleras, tejerías, aljezares, etc. En el marco de esta etapa expansiva se desarrolló un proceso de progresiva autonomía de localidades y en algunos casos de segregación, previa realización de los pagos correspondientes a la administración, como sucedió con Aras de los Olmos en 1728, Titaguas en 1729, Losa del Obispo en 1795 e Higueruelas en 1825. El crecimiento experimentado en esta centuria por estas antiguas aldeas y las facilidades concedidas por la Corona facilitaron el proceso. De este modo se contribuyó a definir el mapa de los actuales municipios comarcales. Todo este proceso fue acompañado de la construcción o reconstrucción de edificios monumentales como las iglesias parroquiales de Gestalgar, Pedralba, Corcolilla, El Collado o la de Sot de Chera, ésta a caballo del XIX; las ermitas de la Purísima y de santa Bárbara de Alpuente, esta última sobre otra anterior del XIV o la Hospedería de santa Catalina de Aras. La intervención en arquitectura popular se manifestó en una renovación parcial de la vivienda, con numerosas muestras de la época, en algunas localidades abundantes como en Titaguas, y otras construcciones como molinos. El siglo XIX se inició con un periodo de crisis en todos los ámbitos acentuada por la Guerra de Independencia y que se prolonga a lo largo del primer tercio de la centuria. Con posterioridad se reinicia una fase expansiva aunque más ralentizada que en el siglo XVIII. Aumentó la población, los pueblos se expandieron y nuevos habitantes se instalaron dispersos por el territorio, un proceso paralelo a la roturación de nuevas tierras, secanos fundamentalmente y algunos pequeños regadíos. Las desamortizaciones tuvieron una relevancia capital en este proceso, en ocasiones supusieron una auténtica revolución, a través del cambio de titularidad de fincas y la transformación de muchas de éstas de monte en tierras de cultivo. Propietarios comarcales y foráneos sin vinculación con los antiguos señores accedieron a la titularidad de fincas. La configuración del paisaje comarcal de unas décadas atrás quedó definido en buena medida en esa centuria que culminó con la máxima ocupación agraria. La desaparición de los vínculos señoriales dio paso al creciente papel de los municipios a través de los ayuntamientos. En este sentido el XIX fue el siglo de la demarcación de los límites municipales, de la implicación de los ayuntamientos en la gestión de los terrenos públicos, de nuevas regulaciones de usos, de ejecución de obras públicas, etc. Los periodos bélicos como la Guerra de Independencia y sobre todo las Guerras Carlistas repercutieron en el territorio, sometido al tránsito continuado de columnas militares de ambos bandos, a exacciones diversas o al efecto de combates, que tuvo su máximo exponente en la destrucción completa de la villa de Alpuente y de parte de sus aldeas 9
    • durante la primera de dichos conflictos. Las guerras carlistas dejaron su huella en los fuertes fusileros habilitados en los antiguos castillos de Alpuente, El Poyo, Castro, Chulilla o Domeño. La roturación masiva de tierras fue acompañada de procesos como el acceso a la propiedad de los montes del Duque de Villahermosa, origen de muchos de los actuales montes públicos, por parte de los pueblos del Vizcondado de Chelva. En un proceso que se prolongó medio siglo, con fases de intensa oposición entre los pueblos y sus vecinos y los titulares del ducado, el antiguo monte señorial, extenso y proveedor de diversas materias primas, complemento imprescindible para muchas economías familiares, fue adquirido en 1865 por los ayuntamientos de Sinarcas, Tuéjar, Benagéber, Chelva, Calles, Domeño, Loriguilla e Higueruelas mediante el pago de una elevada cantidad de dinero. A lo largo de la centuria la búsqueda de tierras de cultivo y pastos allá donde fuera posible, impulsada por la conocida hambre de tierra de una sociedad agraria, dio lugar a una dispersión de la población en un modelo de hábitat disperso muy difundido. Buena parte de los pequeños bancales existentes en las más empinadas y pedregosas laderas de los montes son el resultado del ingente trabajo de estos años, con su momento álgido a caballo entre los siglos XIX y XX, cuando no se dudaba en trabajar lo necesario con tal de disponer aunque fuera de unos palmos de pobre tierra de cultivo allá donde se pudiera conseguir. En paralelo, los pueblos experimentaron otra fase de expansión urbana en nuevos barrios como sucedió en Chelva, Villar o Pedralba. El aumento de población y de producción cerealista junto con la mayor liberalización de la implantación de ingenios hidráulicos y otros establecimientos transformadores dio lugar al incremento del número de molinos harineros. En el proceso de desarrollo urbano y de polarización territorial de la Serranía resultó decisiva la creación de los partidos judiciales en 1836, cuyas sedes comarcales fueron Villar desde ese año y Chelva desde 1842 al sustituir a Alpuente, la villa designada inicialmente. Estas localidades experimentaron los beneficios directos que esta designación suponía en prestigio, instalación de profesionales, flujos desde otros pueblos, desarrollo del comercio por estos desplazamientos de población, en una espiral que se retroalimentó. La coincidencia de esta elección con dos pueblos que contaban con los dos mercados más populosos contribuyó a acrecentar sus efectos. Para la economía comarcal resultó decisiva la expansión vinícola, extensiva a todo el territorio valenciano, que se experimentó en las décadas de 1870 y 1880, consecuencia directa de la incidencia de la plaga de la filoxera en buena parte de los viñedos franceses y españoles que ocasionó un aumento de demanda y de precios. El viñedo se expandió por la Serranía y dejó su huella, aún parcialmente perceptible, en el paisaje vitivinícola y en las agrupaciones de bodegas de la zona oriental, con su máximo exponente en asentamientos como Vanacloig en Chulilla o Bodegas de Artaj y Pardanchinos en Andilla, y en general en la multiplicación de los cubos por pueblos y aldeas. La difusión de la filoxera por la comarca 1
    • en la segunda década del siglo XX afectó notablemente aunque en buena parte se registró una recuperación posterior. La prolongada construcción de la carretera de Ademuz hasta Chelva, con conexiones decisivas como de acceso a El Villar, tras la mejora de las de Teruel y Madrid, contribuyó a mejorar las comunicaciones comarcales y junto a aquellas a impulsar el retroceso de las rutas históricas para desplazamientos de largo recorrido. Surgieron nuevos establecimientos de atención a los viajeros, con agrupaciones de posadas en los nudos de distribución como Chelva y El Villar. Por el contrario la situación no se hizo extensiva al ferrocarril, el medio de transporte que pese a las gestiones para impulsar una línea de Llíria a Chelva no se llevó a cabo. Por el contrario destaca como la llegada del ferrocarril a Llíria en 1888 promovió el contacto con esta ciudad como nudo de transporte entre el litoral y el interior. Entre el patrimonio resultante de esta época de cambios merece la pena destacar el nuevo ayuntamiento de Chelva, que preside su plaza reordenada en aquella época, las reconstruidas iglesias parroquiales de Alpuente y La Yesa pero sobretodo numerosas muestras de viviendas populares y de construcciones de uso público como lavaderos cubiertos o fabriles como molinos, cuya relación resultaría extensa. El siglo XX A comienzos del siglo XX, La Serranía alcanzó la mayor población de su historia con treinta y siete mil residentes censados en 1910, lo que coincidió con la máxima dispersión de habitantes sobre el territorio. Por entonces las viviendas de los pueblos estaban ocupadas mientras había familias habitando en masías y casetas de los últimos rincones montañosos. La crisis de la sociedad tradicional como consecuencia de las transforma- ciones socioeconómicas inducidas por la expansión del capitalismo y la difusión de la revolución industrial originó la primera gran corriente migratoria entre 1910 y 1930. Ésta fue especialmente intensa en la década de 1920 cuando miles de habitantes emigraron, principalmente hacia Cataluña y otras comarcas valencianas, con Barcelona y en menor grado Valencia como principales destinos, donde a la expansión industrial y comercial se sumó la realización de grandes obras públicas. La corriente migratoria afectó especialmente a pueblos como Alcublas o Chelva en un incesante abandono de residentes. Le sucedió una fase intermedia durante la República, la guerra y la larga y difícil postguerra, en que a semejanza del resto de España ante la falta de oportunidades en otros lugares se estancaron los movimientos migratorios. La apertura de la emigración al extranjero pero sobretodo el acelerado crecimiento económico desde la segunda mitad de los años cincuenta dio lugar a una segunda corriente muy intensa. Durante los años sesenta, setenta e incluso ochenta la población comarcal disminuyó aceleradamente y se deshabitaron algunas aldeas y numerosas masías. La consecuencia de todo ello fue entre otras transformaciones demográficas el incremento del envejecimiento medio de los residentes. Desde los años noventa como consecuencia de un 1
    • ligero incremento de las oportunidades laborales y la mejora de los servicios la población comarcal en su conjunto permanece relativamente estancada en torno a los dieciséis mil habitantes. Este estancamiento conjunto no oculta una creciente polarización en su distribución territorial, patente en la actividad económica, con crecientes desigualdades entre las zonas oriental y occidental de la Serranía. Como es bien conocido, la atracción de las áreas urbanas, industriales o turísticas, con su oferta laboral y de servicios, su mejor dotación de infraestructuras, fue la causa de la salida de muchas serranas y serranos. La infradotación de servicios, el nivel inferior de rentas, la búsqueda de mejores puestos de trabajo, el pesimismo creciente asociado, la descapitalización, etc., en un complejo combinado, impulsaron a la gente a abandonar sus pueblos. Los que se quedaron, en el contexto de la crisis del sector agrario y la sociedad tradicional, fueron testigos del retroceso de la ocupación en la agricultura. La consolidación de la ganadería intensiva en algunas localidades para atender la demanda creciente, la inversión en repoblaciones forestales, el empleo en la construcción o en los servicios incentivada por el retorno de emigrantes o el desarrollo del veraneo, fueron factores determinantes para la permanencia de población en la comarca. En algunos municipios un cierto desarrollo industrial ofreció alternativas durante años o décadas como sucedió con el sector textil en Chelva o la industria del mueble y la carpintería en Higueruelas. Mención específica merece la evolución de la actividad extractiva, la minería, que aunque relevante con anterioridad experimentó un auge en relación con la demanda externa de materia prima desde los años cincuenta, de modo que pueblos como El Villar, Higueruelas o Losa alcanzaron un notorio nivel de especialización. Con el tiempo la ganadería intensiva ralentizó su evolución, desapareció el sector textil, la industria del mueble inició una decadencia de la que no se ha recuperado y tras una fase anterior de crisis minera como la padecida en Sot de Chera en la década de 1950 en los últimos años la minería ha retrocedido notablemente en su conjunto. Frente a ello la construcción y los servicios, impulsados por una creciente actividad turística y sobretodo de segunda residencia o el incremento de la prestación de servicios públicos, han contribuido a una diversificación que incluye algunas pequeñas empresas industriales, pero que no constituyen suficiente alternativa frente a la crisis de otras actividades presentes. El siglo XX ha sido el de la expansión de establecimientos productores de energía, en la línea de la tradicional vocación serrana como área proveedora de materias primas y combustibles. Al papel tradicional de territorio abastecedor de madera, leña o recursos geológicos, se unió la obtención de energía eléctrica a pequeña o mediana escala y posteriormente de agua para el riego y el abastecimiento humano. Ya en el tránsito al siglo XXI se ha registrado otra fase de transformación representada por la masiva implantación de aerogeneradores para la obtención de energía eólica, con su impacto en el territorio y su repercusión en las arcas públicas de algunos municipios. Hubo proyectos fallidos de embalses en Artaj, Arquela o San Vicente, mientras otros de envergadura fueron ejecutados como los de Reatillo, Benagéber y Loriguilla, que tuvieron 1
    • una gran repercusión territorial. La ejecución de algunas de estas obras públicas originó la ocupación de grandes extensiones de terreno, el incremento de las dificultades de accesibilidad en otras y el despoblamiento de pueblos como Benagéber, Domeño o Loriguilla, así como de diversas aldeas y un cierto número de viviendas aisladas. Junto a estas grandes infraestructuras hidráulicas el siglo XX fue la etapa de expansión de otras obras públicas decisivas para el territorio como han sido las carreteras. Los cambios se han sucedido desde la expansión de las carreteras durante el primer tercio del siglo, con repercusión en el urbanismo de la mayoría de los pueblos con las nuevas travesías como sucedió en Aras, Titaguas, Chelva o Alcublas, por citar unos ejemplos, hasta la reciente renovación de muchas vías locales o sobretodo de la CV-35, la espina dorsal de las comunicaciones serranas. También es patente esta transformación en la apertura de cientos de kilómetros de caminos agrícolas o pistas forestales que permiten un acceso más o menos sencillo a los últimos rincones de la comarca. En general, la accesibilidad serrana pese a las deficiencias ha experimentado una auténtica revolución a lo largo de décadas. Las transformaciones demográficas y económicas se han manifestado con intensidad en la ocupación del territorio y el paisaje serrano. Los cambios agrarios y la transformación del paisaje son bien patentes en el retroceso de las áreas cultivadas, el abandono de huertas tradicionales frente al crecimiento de los nuevos regadíos en la zona oriental, la acelerada y continuada expansión del bosque ante la disminución de la actividad agrícola, de la ganadería extensiva y de los aprovechamientos forestales. Las últimas décadas del siglo XX y estos primeros años del XXI han sido la etapa de la integración de la Serranía en un ámbito territorial superior a todos los niveles. Las mejoras en la accesibilidad hacia el litoral, la expansión hacia el interior del crecimiento del Área Metropolitana de Valencia, en paralelo a una cierta descohesión interna de la Serranía, ha favorecido la estrecha vinculación con las tierras situadas al este. Esta circunstancia es bien patente en los flujos de movilidad de vehículos, la masiva y continuada afluencia de veraneantes con repercusión en la vida local a todos los niveles, la relación de las empresas locales con mercados más allá de los límites serranos, la vinculación en la prestación de determinados servicios, etc. Esta integración se ha visto favorecida por la creciente valorización de lo rural, del patrimonio y el paisaje comarcal que incita a los oriundos a mantener vínculos con sus pueblos de origen y a residentes de otras comarcas a veranear o acudir como turistas a la Serranía. Los cambios son patentes también en la renovación de la imagen de los pueblos, la expansión urbana de los mismos o la simultánea rehabilitación o desaparición de elementos patrimoniales. La supresión de los dos partidos judiciales comarcales, pese a que esta división administrativa no tiene la relevancia que tenía en el siglo XIX, ha contribuido a la descohesión territorial comarcal, a disminuir los flujos entre pueblos, y por el contrario a consolidar la dependencia de localidades extracomarcales. En contraste con épocas pasadas destaca como a excepción de Benagéber ha disminuido la vinculación con otras comarcas vecinas como Requena-Utiel, tradicionalmente 1
    • escasa, o el Alto Palancia, en este caso un proceso acelerado tras la nueva delimitación de las diócesis que supuso el paso de todas las parroquias serranas a la de Valencia en 1960. Esta circunstancia supuso la alteración de un vínculo existente desde el siglo XIII. Se ha mantenido en buena medida el contacto con la vecina Camp de Túria por su situación intermedia hacia el litoral pero también matizada durante los últimos años por la difusión del automóvil y la conversión en autovía de la CV-35 hasta Casinos, favoreciendo el desplazamiento directo hasta Valencia. Únicamente la integración de la comarca en el partido judicial de Llíria y otras cuestiones como la prevista inauguración del hospital de esta ciudad permite vislumbrar el mantenimiento del contacto con la misma. 1