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Allendez Sullivan, Patricia

Don Pedro de Angellis, el periodista de Rosas. Buenos Aires:
Consultora de Ciencias de la Inf...
Resumen


El presente escrito tiene como finalidad introducir al lector en la vida de uno de los
comunicadores sociales má...
rosista. Esta afirmación puede conducir a un extremo que no representa la verdad
histórica. Si bien la literatura se reali...
Durante la década de 1920 se gesta el discurso de Don Juan Manuel de Rosas,
debido a una crisis de identidad durante el go...
federalismo; desde entonces su poder creció hasta los límites de la omnipotencia y
a fines de 1829 era consagrado gobernad...
La suma del poder público significa la tiranía. Buenos Aires se vistió de rojo.
Rosas, precursor de dictaduras y tiranías ...
momentos más crítico para este. Así, en definitiva, el 3 de febrero de 1852 Rosas
fue derrocado en Caseros por Urquiza.


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Resultaba sumamente tentador para Rivadavia, quien como estadista pretendía
crear en las Provincias Unidas del Río de la P...
indígenas. Logró así un conocimiento único del pasado rioplatense y un archivo de
incontable valor, casi tan importante co...
En 1836, De Angelis comenzó su obra cumbre: la Colección de Obras y
Documentos relativos a la Historia Antigua y Moderna d...
Durante su vejez, y aún renegado por la mayoría de la intelectualidad nacional,
ocupó un lugar en el Instituto Histórico y...
de las autoridades para el funcionamiento de imprentas y publicación de
periódicos; y exigía seriedad en el tratamiento de...
En 1837 – 1838 circuló el semanario La Moda, coredactado por Rafael J. Corvalán
y Alberdi, y en el que colaboró la gran ma...
hacían menos agresivo.....Muy respetuoso de los instintos de conservación, sólo
insultaba cuando el puñal de Cuitiño le es...
“El Restaurador de las Leyes” era un diario político, literario y mercantil. Se
editaron 87 números entre el 5 de julio y ...
Comenzó a publicarse en la Imprenta de Hallet y Cía. Hacia 1829 Don Esteban
Hallet, abandonó la dirección que pasó a ocupa...
gozaba como editor del Archivo era poco más que nula. Aún dentro de esas
limitaciones realizó su obra. Sabía que el periód...
“Señor General Lavalle:


        La frase de que Ud. Se queja nada tiene de insultante en una República;
        es muy n...
Muestra a Don Pedro como un ladronzuelo. Afirma que se había enriquecido
saqueando archivos y vendiendo colecciones, manus...
Las frases expresadas por Echeverría son hirientes y mordaces.


Sin embargo, el ataque inicial fue de Pedro de Angelis qu...
“La gente bonachona no dejó de recibir con beneplácito esos regalos de su
        pluma; pero no faltó quien se riera a ca...
Lo cierto es que De Angelis creyó sinceramente en Rosas, en su talento, en su
nacionalismo y en sus principios, o esto es ...
El 19 de febrero de 1839 De Angelis le comenta a Wallestein la situación política
reinante, la miseria y anarquía en que s...
Enamorado de la investigación histórica, De Angelis se ocupó de visitar bibliotecas
y archivos, buscando documentación iné...
Delgado Martín, J. (1988). Juan Manuel de Rosas, presidente de los porteños y el
señor de los gauchos. Madrid: Anaya. (Bib...
Weis, Ignacio. (1944). Los antecedentes europeos de Pedro de Angelis:
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El presente escrito tiene como finalidad introducir al lector en la vida de uno de los
comunicadores sociales más interesantes que ha tenido nuestro país, Don Pedro
de Angelis. Inmigrante de la época de Rosas que supo relacionarse con las más
altas esferas políticas de la época y defensor del gobierno de Rivadavia. Cuando
su gobierno desaparece logra acomodarse nuevamente con el entorno rosista. Se
dedicó al periodismo, fue redactor y fundador de diarios. Hombre culto,
apasionado por la historia, termino finalmente sus días vendiendo parte de su
colección personal por falta de fondos.

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Don Pedro de Angelis, el periodista de Rosas

  1. 1. CONSULTORA DE CIENCIAS DE LA INFORMACIÓN BUENOS AIRES ARGENTINA Serie DOCUMENTOS DE TRABAJO Área: Historia Don Pedro de Angelis, el periodista de Rosas Patricia Allendez Sullivan Febrero 2009 N° 001 ISSN 1852 - 6411 Copyright Consultora de Ciencias de la Información Editor: Patricia Allendez Sullivan. Asistente Editorial: Mariana Sabugueiro
  2. 2. Allendez Sullivan, Patricia Don Pedro de Angellis, el periodista de Rosas. Buenos Aires: Consultora de Ciencias de la Información, 2009. ISSN 1852 - 6411 1. Historia. 2. Don Pedro de Angellis. 3. Juan Manuel de Rosas. 4. Periodismo. I. Título 1
  3. 3. Resumen El presente escrito tiene como finalidad introducir al lector en la vida de uno de los comunicadores sociales más interesantes que ha tenido nuestro país, Don Pedro de Angelis. Inmigrante de la época de Rosas que supo relacionarse con las más altas esferas políticas de la época y defensor del gobierno de Rivadavia. Cuando su gobierno desaparece logra acomodarse nuevamente con el entorno rosista. Se dedicó al periodismo, fue redactor y fundador de diarios. Hombre culto, apasionado por la historia, termino finalmente sus días vendiendo parte de su colección personal por falta de fondos. “He pasado los mejores años de mi vida como los judíos, vagando por el mundo con la esperanza de ver llegar al Mesías. Esta esperanza me abandona y lo único que conservo es el recuerdo de mis peripecias que por cierto no es halagüeño” Pedro de Angelis, (1946)1 Introducción El poder ejercido por Rosas y la uniformidad que impuso al pueblo motivaron que a poco de subir al gobierno se iniciara un éxodo gradual de intelectuales, opositores desde un comienzo a su sistema político. A estos emigrados que se exiliaron en los países limítrofes se los conoce con el nombre de proscritos. Las sucesivas expatriaciones de elementos opositores privaron al país durante largos años del aporte cultural de esos hombres ilustrados; por ese motivo, se ha dicho que en Buenos Aires no hubo actividad literaria en el trascurso del período 1 De Angelis, P. (1946). Acusación y defensa de Rosas. Buenos Aires: La Facultad. 2
  4. 4. rosista. Esta afirmación puede conducir a un extremo que no representa la verdad histórica. Si bien la literatura se realizó fuera del país durante la época que nos ocupa, no puede negarse la existencia de una actividad literaria, particularmente en Buenos Aires. El estudioso más destacado que apoyó a Rosas fue el napolitano Pedro de Angelis, cuya fama se debe a su labor historiográfica, aunque también fue periodista, educador, polígrafo y versado en idiomas indígenas. En su importante Colección de obras y documentos recopiló valiosas constancias del período de la dominación española que publicó en seis gruesos tomos, con testimonios históricos y noticias geográficas, en gran parte provenientes de los archivos y jesuíticos. Prologó algunos documentos con discursos preliminares y facilitó el estudio de otros con índices analíticos y notas explicativas. Rosas auspició la colección, que contó con el apoyo de unas quinientas suscripciones, número muy elevado en aquella época. Es interesante destacar que no sólo hubo abonados en Buenos Aires, unos trescientos, sino también en Córdoba y en Montevideo. Sin embargo, muchos aún se preguntan quién fue este personaje que llegó al Río de la Plata y porqué se asentó en Buenos Aires. Acerca del gobierno de Rosas Si quisiéramos encerrar dentro de un esquema el rico y azaroso contenido del año 1820, repetiríamos el optimista augurio de la “Gaceta de Buenos Aires” del 5 de enero de 1820 y la lúgubre aseveración insertada en el número 3 de enero del año siguiente. Decía el primero: “El año vigésimo del siglo 19 va a ser probablemente un teatro de serias y gloriosas escenas para nuestra patria”. En cuanto a la segunda, rezaba así, “Acabó, por fin, el infausto 20”. 3
  5. 5. Durante la década de 1920 se gesta el discurso de Don Juan Manuel de Rosas, debido a una crisis de identidad durante el gobierno de Rivadavia. Durante su gobierno surge la idea de inseguridad y la población decide resignar ciertos derechos a cambio de la ansiada seguridad. Por lo tanto, su gobierno se torna en dictatorial. En la fase preparatoria, Rosas utiliza un discurso atractivo, no autoritario, de alguna manera democrático y sobre todo consensuado desde la campaña. El ciudadano común sentía cierta animadversión hacia la política y los políticos en general. El discurso de Rosas es simple, cerrado, aplicable a cualquier situación. Se centra en cuatro puntos fundamentales: Un “mundo ideal”: Rosas propone el mundo de la campaña con relaciones sociales jerárquicas, estabilidad y avances logrados mediante un proceso electoral. Al “culpable” se lo señala e identifica de manera borrosa, es un sector, de modo, que luego se identifica a cualquier persona con ese sector (clase alta, extranjero, etc) Contribuir a “recuperar la identidad”; habla del sistema americano, como realidad autóctona diferente u opuesta a la realidad europea. “Construcción de la República posible”, que no es la ideal y que conlleva la sanción de la Constitución. Pero, ¿quién era Rosas? Era un fuerte hacendado de la provincia de Buenos Aires cuyo prestigio político crecía inconteniblemente desde 1820. Si como estanciero podía contar con fuertes recursos para imponerse en la campaña, como jefe de un cuerpo militar formado a su costa, los Colaboradores del Monte, pudo influir con decisión en la capital cuando la crisis producida por el golpe de estado de Lavalle y el ulterior fusilamiento de Dorrego. Rosas vio con claridad que ésta era la ocasión para imponer su autoridad y levantó la bandera del 4
  6. 6. federalismo; desde entonces su poder creció hasta los límites de la omnipotencia y a fines de 1829 era consagrado gobernador de la provincia. Su primer gobierno se extendió hasta fines de 1832. En ese plazo cayó prisionero Paz (que pudo ser su rival) y se malogró la Liga del Interior que éste había constituido; ya por entonces se había constituido la Liga del Litoral y al desaparecer de escena Paz, se incorporaron a la Federación otras provincias que, como las primitivas signatarias del pacto, delegaron en Rosas la conducción de las relaciones exteriores y la representación del país. Desde 1832 hasta 1834, el gobierno provincial estuvo en manos de hombres de su confianza vigilados por sus partidarios. Su autoridad se acrecentó gracias a la campaña que realizó contra los indios del desierto. Lo apoyaban las masas populares, los grupos antirrivadovianos más reaccionarios, y sobre todo, los estancieros, cuyos intereses defendía Rosas porque eran también los suyos. Esta coalición de fuerzas lo empujó por segunda vez al poder. Su finalidad era lograr que se le otorgaran facultades extraordinarias contra toda tradición republicana. Las circunstancias lo favorecieron. No quería sino ser gobernador de Buenos Aires con poderes excepcionales, pero contaba con alcanzar de hecho una autoridad nacional para lo cual no concebía otro plan que el de dejar las provincias en manos de caudillos omnipotentes en el orden local, y someterlos luego a su influencia. Este plan de acción no tenía otro inconveniente que la presencia de otros caudillos que ejercían notoria hegemonía sobre vastas regiones: Estanislao López y Juan Facundo Quiroga. Pero Rosas sabía cómo debía maniobrar para dominarlos, y ponía al servicio de sus proyectos una inteligencia clara y una larga paciencia junto con una invencible tenacidad. 5
  7. 7. La suma del poder público significa la tiranía. Buenos Aires se vistió de rojo. Rosas, precursor de dictaduras y tiranías muy modernas, comenzó por uniformar a Buenos Aires; luego al país entero. En torno del marlo, los granos juntos, la mazorca, fue en aquella época y para sus usufructuarios el símbolo de la unión nacional. Los primeros años de su gobierno fueron apacibles para quienes permanecieron en Buenos Aires. El sector terrateniente y ganadero veía sus intereses bien representados por Rosas. Sólo en el momento en que los creyeron comprometidos se acordaron de que el gobierno era tiránico y se pronunciaron en su contra. La gente, en general, estaba harta de luchas y el gobierno, aunque fuerte y duro, significaba un descanso. En 1830 regresa al país Esteban Echeverría e introduce el romanticismo literario. En 1837 funda el Salón Literario y al año siguiente la Asociación de Mayo. Echeverría y Alberdi daban su aval a Rosas, quién si bien los miraba con desconfianza los dejaba actuar y que finalmente clausuró la Asociación de Mayo. En marzo de 1838 el cónsul francés después de una serie de reclamos declara el bloqueo del puerto de Buenos Aires. Sin embargo, el bloqueo contribuyó al desarrollo económico de Buenos Aires, donde se multiplicaron las pequeñas industrias que suplieron en gran parte a las manufacturas importadas. Mientras tanto la política internacional había cambiado y tanto Inglaterra como Francia presionadas por los residentes locales ingleses y franceses cuyos intereses se veían afectados por al situación creada por sus respectivas metrópolis decidieron firmar la paz con Rosas. Cuando Rosas llegaba al pináculo de su poder y aparentemente de su prestigio, asomaba en el país síntomas de su próxima caída. Al pronunciarse Urquiza en Entre Ríos la oligarquía porteña pensó que la situación obligaba a un nuevo planteamiento político. El círculo más próximo a Rosas mostró un desgano en los 6
  8. 8. momentos más crítico para este. Así, en definitiva, el 3 de febrero de 1852 Rosas fue derrocado en Caseros por Urquiza. Don Pedro de Angelis Su primer biógrafo es indudablemente Antonio Zinny (1920) quién comenta: “El sabio De Angelis, epíteto con que le denominaron hombres de letras de ambos mundos, nació en la ciudad de Nápoles el 29 de junio de 1784 y falleció obscurecido en ésta de Buenos Aires, a las 10 y cuarto de la mañana del jueves 10 de febrero de 1859”2 En su infancia y adolescencia, De Angelis vivió buena parte de los acontecimientos importantes del siglo. Por ejemplo, presenció la huida de los Borbones napolitanos y la desaparición del Reino de Nápoles frente al avance arrollador de Napoleón. Y su resurgimiento bajo el reinado del hermano mayor del Emperador, primero, y de su cuñado, el mariscal Joaquín Murat, más tarde. De Angelis se enroló en el ejército napoleónico de Nápoles, el primero serio y profesional que tuvo el Reino, y llegó a ser Capitán de artillería. Sin embargo, no estaba hecho para este tipo de armas: su versación en historia y filosofía, y su asombroso manejo de varios idiomas, lo guiaban por otros caminos. Así, pronto pudo ocupar una cátedra en el Colegio Militar, y fue maestro particular de los dos hijos del rey. Esta relación y su valor intelectual le permitieron ser miembro de la Academia de Nápoles y, poco tiempo después, secretario de la legación de San Petersburgo (hoy Moscú). En esa ciudad, De Angelis contrajo matrimonio con una joven institutriz suiza, Melanie Dayet, y asistió a la caída del Imperio napoleónico, hecho que rápidamente lo dejó sin trabajo. Sin mecenas, ni aliados políticos, viajó a París. Con 40 años, en 1825, De Angelis era un referente por peso propio, residiendo en el centro intelectual de la época. 2 p. 326. 7
  9. 9. Resultaba sumamente tentador para Rivadavia, quien como estadista pretendía crear en las Provincias Unidas del Río de la Plata un foco de cultura y progreso. Así, con un contrato para crear y dirigir dos periódicos en la mano, De Angelis se encontró de pronto rumbo a la Argentina. Recién llegado, en 1827, se hizo cargo de la Imprenta del Estado, asociado a un ilustrado español, don José Joaquín Mora. Al poco tiempo, decidió su radicación definitiva y solicitó la ciudadanía argentina, que obtuvo en abril de ese año. Inició entonces la publicación de los periódicos: uno, la Crónica política y literaria de Buenos Aires, un órgano de marcado tinte oficialista y buena calidad editorial; otro, El Conciliador, que sólo tendría un número en la calle. A fines de 1827, la caída de Rivadavia significó el final de las dos publicaciones y una nueva orfandad de aliados y mecenas para De Angelis: mandaba ahora Dorrego, a quien De Angelis había criticado con vehemencia desde la Crónica, y sus caminos profesionales se hallaban, al menos, clausurados. Se dedicó a dictar clases para sobrevivir y fundó un Ateneo, que tuvo numerosos alumnos. Sin embargo, sus trabajos importantes aún no habían comenzado. Previamente, y aún cuando sus relaciones políticas se deterioraban cada vez más debido al ascenso de Rosas, quien no tenía simpatía alguna por el historiador, De Angelis había hecho otro ensayo periodístico: “El Lucero”, nacido en septiembre de 1829, y que fue el primer diario porteño que incluyó partes meteorológicos, movimientos de naves en el puerto, cambios de moneda y entradas diarias de ganado en la ciudad. Realizaba también críticas literarias (en una ocasión realizó una critica muy elogiosa de la obra de un desconocido poeta: Esteban Echeverría) y crónicas de la campaña de Rosas en el desierto, en especial, a medida que la figura del futuro dictador adquiría mayor peso. De Angelis se ocupó de armar un archivo de manuscritos y otros documentos relativos a los primeros años de la Nación, que se convertiría en el más importante de su época. Este interés se extendió a la geografía, la etnografía y las lenguas 8
  10. 10. indígenas. Logró así un conocimiento único del pasado rioplatense y un archivo de incontable valor, casi tan importante como el que tenía el joven Archivo General de la Nación, que luego dirigiría. Llegado el año de 1830, De Angelis publica varias biografías, inaugurando el género en el país: el Ensayo histórico sobre la vida del Exmo. Dr. D. Juan Manuel de Rosas, que reeditará en 1842, las Noticias biográficas del Exmo. Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia de Santa Fe, Brigadier D. Estanislao López, la Biografía del Sr. General Arenales y la del eminente científico Aimé Bonpland. Las dos primeras obras le valdrían a De Angelis un profundo desprecio, no sólo de muchos de sus contemporáneos (en particular de todos los exiliados en Montevideo durante el rosismo), sino también de muchos de los historiadores posteriores: aún hoy la figura de De Angelis genera un fuerte rechazo y nunca ha tenido el reconocimiento que su labor pionera ha merecido. En su época, fueron Echeverría y Paul Groussac sus más enconados detractores. Por otro lado, Don Pedro sabía como hacerse de enemigos entre la intelectualidad. Uno años más tarde, por ejemplo, diría injustamente de Sarmiento: "Es otro personaje singular que debe a la persecución de Rosas la importancia de la que se jacta y que le ha valido ocupar un lugar eminente en la administración. Lo han hecho director de instrucción pública, y ni sabe lo que no debe ignorar un maestro de primeras letras." Aliado ya con Rosas, éste lo contratará para difundir los proyectos intelectuales de la Restauración, como el Archivo Americano y Espíritu de la Prensa del Mundo, que se editará en tres idiomas y tendrá una vasta circulación en Europa. Esta circunstancia le valió un odio sin límite de varios exiliados, con los que polemizó en duros términos desde las páginas de esa publicación. Las disputas con Echeverría, por ejemplo, le sirvieron a este último para publicitar sus ideas filosóficas más generales, excediendo el marco de la polémica. 9
  11. 11. En 1836, De Angelis comenzó su obra cumbre: la Colección de Obras y Documentos relativos a la Historia Antigua y Moderna de las Provincias del Río de la Plata, una colección de documentos de primera mano y óptima calidad que testimoniaban la epopeya civilizadora española y los primeros tiempos de la nación argentina. La obra, distribuida por suscripción y en fascículos coleccionables, alcanzó los seis tomos completos, realizados todos por la labor artesanal de De Angelis, y se vio frustrada por la ausencia de materiales de edición, debido al bloqueo inglés del Río de la Plata. Con la caída de Rosas, no hubo lugar en el país para el historiador, que marchó a Río de Janeiro donde fue recibido con los mayores honores. El Instituto Histórico y Geográfico de esa ciudad lo nombró miembro correspondiente, lo que también harían la Royal Geographic Society de Londres, la Societé Geographique de París, el Reale Instituto d'Incoraggimiento delle Scienze Naturali de Nápoles, la Massachussetts Historical Society, la Societé Royale des Antiquaires du Nord de Copenhague y la American Philosophical Society de Filadelfia. Sin embargo, De Angelis no pretendía quedarse en Brasil, sino regresar a Buenos Aires, algo que hizo, luego de un breve paso por Montevideo, en 1855. Aunque caído en desgracia, pudo publicar valiosas obras aún, como la Memoria sobre el estado de la Hacienda Pública, de carácter económico, un Proyecto de organización para la instrucción pública de la Provincia de Buenos Aires, la monumental Recopilación de las Leyes y Decretos promulgados en Buenos Aires desde el 25 de mayo de 1810 hasta el fin de diciembre de 1835; un Reglamento para el ejercicio y maniobras de los regimientos de infantería, un Libro de lectura elemental e instructiva para jóvenes estudiantes y una Bibliografía General del Río de la Plata, obra manuscrita que se conserva en el Archivo General de la Nación. Por encargo de Rosas, también había publicado una Memoria sobre los derechos de soberanía de la Confederación Argentina a la parte austral del continente americano, que constituyó uno de los primeros estudios geográficos del país. 10
  12. 12. Durante su vejez, y aún renegado por la mayoría de la intelectualidad nacional, ocupó un lugar en el Instituto Histórico y Geográfico del Río de la Plata, a pedido de su creador, Bartolomé Mitre. Esta fue la última aparición pública de Pedro de Angelis, patriarca de los historiadores argentinos, que falleció el 10 de febrero de 1859. Como recuerdo, vale tener en cuenta las palabras acerca de la colección de Documentos que refirió Sarmiento, a quién De Angelis había denostado: "Es el monumento nacional más glorioso que pueda honrar a un Estado americano, y a De Angelis, que emprendió la publicación, le debe la República lo bastante como para perdonarle sus flaquezas." El periodismo rioplatense rosista Buenos Aires se caracterizó siempre por sus prolíficas imprentas. De ellas salieron a lo largo de los años multitud de periódicos, folletos, hojas sueltas y en menor número libros. Pero esta producción mermó notoriamente durante los tres últimos lustros del gobierno de Rosas. En 1816 se publicaron 11 periódicos; en 1826, 24; en 1836, 4; y en 1846, 4. Sólo en las postrimerías del régimen se animaron algo más las prensas; en 1851 hubo 6 periódicos. La Gaceta Mercantil (1823 – 1852) fue la columna fuerte del diarismo de Rosas y su vocero oficial por antonomasia. Tiró su último número el día mismo de la batalla de Caseros. Entre los directores que tuvo se encontraban Nicolás Mariño, Pedro de Angelis, Rivera Indarte, Manuel de Irigoyen y Cavia. Pero resulta imposible en la mayoría de los casos identificar con precisión a los autores de los artículos o de las editoriales. Según las circunstancias, La Gaceta Mercantil osciló entre su monotonía de anuncios comerciales y transcripciones de documentos de gobierno y la combatividad más exaltada en bravas polémicas con los adversarios de Rosas exiliados en los países vecinos. Desde 1831 estuvo en vigencia, excepto en el breve lapso 1833 – 1834, un decreto del gobierno provincial que establecía la obligatoriedad del permiso previo 11
  13. 13. de las autoridades para el funcionamiento de imprentas y publicación de periódicos; y exigía seriedad en el tratamiento de los temas políticos. La tormenta política de 1833 aventó para siempre una serie de diarios de tendencia liberal. La libertad de prensa había entrado en agonía y ya no hubo espacio para periódicos disidentes. El Diario de la Tarde (1831 – 1852), de Pedro Ponce, sirvió hasta 1837 de tribuna de expresión de las inquietudes literarias de la juventud romántica porteña. Pero luego, rehuyendo compromisos, se convirtió en una simple colección de avisos mercantiles que solía alterarse muy esporádicamente con la inserción ocasional de alguna nota editorial. Entre 1826 y 1858 se publicó semanalmente The British Packet and Argentine News, periódico en lengua inglesa, como manifestación de la importancia que habían adquirido las vinculaciones comerciales entre el Reino Unido y el Río de la Plata. Estaba destinado a los residentes británicos en Buenos Aires, a los nativos del Río de la Plata y de otras regiones de América del Sur, así como a los extranjeros vinculados con los intereses británicos y a los sectores de Gran Bretaña relacionados con el Río de la Plata. Las páginas de esta publicación reflejan no sólo los sucesos políticos sino también la situación económica y social, las costumbres, la actividad cultural y la repercusión de algunos acontecimientos del exterior. En 1835 apareció el Diario de Anuncios y Publicaciones Oficiales de Buenos Aires, redactado por Rivera Indarte, y que resulta ser el primer periódico ilustrado que se editó en la ciudad, pues dio a conocer en sus páginas litografías de C. H. Bacle, quién editó ese mismo año el Museo Americano, que presentaba gran profusión de grabados originales del editor. Al año siguiente cambió su nombre por el de El Recopilador. Ninguno de estos dos periódicos se ocupó de cuestione políticas. 12
  14. 14. En 1837 – 1838 circuló el semanario La Moda, coredactado por Rafael J. Corvalán y Alberdi, y en el que colaboró la gran mayoría de los jóvenes porteños enrolados en el movimiento romántico. La Moda, “gacetín semanal de música, de poesía, de literatura, de costumbres”, difundió las nuevas ideas, pero lejos de combatir a Rosas hizo evidentes esfuerzos por congraciarse con el régimen. El Archivo Americano y Espíritu de la Prensa del Mundo (1843 – 1851), a cargo de Pedro de Angelis, pero con la supervisión directa de Rosas, fue una publicación trilingüe (español, inglés y francés) que insertaba documentos oficiales, comentarios de política nacional e internacional y réplicas a los “salvajes unitarios”, como un intencionado comentario de De Angelis sobre las actividades de los exiliados románticos publicado en 1847. Por lo tanto, se detectan condiciones autoritarias de la construcción del discurso, ejerciendo para ello, un domino sobre los medios. Su labor periodística en la época de Rosas Al llegar Rosas al poder, fueron suprimidos los diarios opositores y durante todo el largo período de su gobierno, sólo pudo vivir la prensa oficialista. Esta última estuvo a cargo de periodistas extranjeros como De Angelis, Nicolás Mariño, Luis Pérez, y argentinos como, Manuel de Irigoyen, José Rivera Indarte y Lucio V. Mansilla. La prensa rosista se caracterizaba por denigrar al enemigo sin consideración alguna, acudiendo al insulto y a la injuria, arma utilizada para desprestigiar a los unitarios. Pedro de Angelis fue calificado por sus detractores como “periodista a sueldo”; sin embargo Ramos Mejía (1963; p. 18) comenta que: “ Don Pedro se separaba de este grupo de los grandes bribones, por las condiciones de su talento. La vasta ilustración de su espíritu y ciertas cualidades de prudencia y circunspección que lo 13
  15. 15. hacían menos agresivo.....Muy respetuoso de los instintos de conservación, sólo insultaba cuando el puñal de Cuitiño le estimulaba.” Por sus manos pasaba casi toda la prensa oficial. Fue el encargado de dar amplia difusión a las teorías federales. A él recurrieron los personajes del grupo rosista para ocuparse de los trabajos relacionados con la propaganda. La tarea periodística de Don Pedro durante el período de Rosas fue ininterrumpida, de intensa producción, fundando, dirigiendo y redactando personalmente una gran cantidad de diarios. Sólo hubo una etapa en que esta labor disminuyó su ritmo, y es la que corresponde a los años que le demandó la preparación y edición de los diversos volúmenes que integran su Colección de Obras y Documentos del Río de la Plata. Por lo tanto, se pueden distinguir con claridad dos períodos en su labor periodística: Antes de la Colección Después de la Colección Durante la primera etapa, fundó “El Lucero”, diario político, literario y mercantil. Se editó sucesivamente en las Imprentas Argentina del Estado y de la Independencia. Su primer número salió el 7 de septiembre de 1829 y el último corresponde al 31 de julio de 1833, con un total de 1121 números. Se conserva su colección casi completa en el Museo Histórico de Rosario. Su publicación fue convenida por De Angelis con el gobierno provisorio del general Viamonte y abundaba en trabajos de crítica literaria y artículos históricos. “Le Flaneur” era un periódico semanal político y literario en francés. Aparecieron 12 números entre el 19 de diciembre de 1831 y el 3 de mayo de 1832 y lo editaba en la Imprenta de la Independencia. 14
  16. 16. “El Restaurador de las Leyes” era un diario político, literario y mercantil. Se editaron 87 números entre el 5 de julio y el 16 de octubre de 1833. Colaboraron con De Angelis los periodistas Mariño, Mansilla y Manuel de Irigoyen. El mismo era impreso en la Imprenta Argentina. Fue un periódico verdaderamente combativo y en el cual mostraba toda su vena ardientemente federal. Cuando comenzó a publicarse, Rosas se estaba realizando su campaña contra los indios. Este periódico fue considerado como un peldaño importante para entronizar a Rosas. Por ejemplo, se llevó ante los tribunales la acusación contra la hoja y en los primeros días de octubre aparecieron pegados carteles en las calles que decían “El 11 acusan al Restaurador de las Leyes”. Esta forma de redacción le daba al pueblo la impresión de que se iba a acusar ante los tribunales a Don Juan Manuel de Rosas. Así De Angelis logró activar la revolución que se conoce con el nombre de Revolución de los Restauradores que llevaría hacia la dictadura rosista. “El Monitor” era un diario político – literario. Apareció el 11 de diciembre de 1833 y dejó de salir el 13 de octubre de 1834, por lo tanto, se publicaron 246 números en la Imprenta del Estado. Tuvo por colaborador a Mariño. Además, en esta primera etapa realizó algunas publicaciones de menor duración y trascendencia como “Los muchachos”, periódico dedicado a los niños y redactado en colaboración con Luis Pérez. Sólo apareció un número el 28 de junio de 1833. Indudablemente, en el campo periodístico, su obra más importante fue “La Gaceta Mercantil”. Este periódico fue fundado en 1823 y como su título lo indica, consistía en una hoja de información comercial. Cuando De Angelis se hace cargo de su dirección, asume una orientación política que conserva hasta su desaparición el 3 de febrero de 1852, dicho número no llegó a distribuirse debido a las consecuencias de la batalla de Caseros. 15
  17. 17. Comenzó a publicarse en la Imprenta de Hallet y Cía. Hacia 1829 Don Esteban Hallet, abandonó la dirección que pasó a ocupar De Angelis. A partir de ese instante “La Gaceta Mercantil” cambió de fisonomía tipográfica y tuvo un mayor interés por su mejor aspecto técnico, por los comentarios políticos, las noticias de Europa y las frecuentes polémicas. Junto a él colaboraban José Rivera Indarte, Manuel de Irigoyen y Nicolás Mariño. En él se refugiaron los integrantes de la prensa que defendió la candidatura de Rosas protegiendo el ideal federal. Este diario es uno de los más importantes del período pre-constitucional. Sus columnas recibieron la colaboración de los más destacados hombres de la época. Después de su famosa Colección siguió fundando periódicos como Espíritu de los mejores diarios que se publican en Europa y América. Allí incluyo un extracto de lo que había publicado en los periódicos europeos y americanos sobre el bloqueo anglo – francés. Alcanzaron a editarse dos números en la Imprenta del Estado. El “Archivo Americano”, espíritu de la prensa del mundo se comenzó a publicar en 1843. Su propósito era difundir en Europa y América la política de Rosas en momentos en que era una amenaza la intervención extranjera. Fue editado en cuatro idiomas (castellano, francés, inglés e italiano). Sus colaboradores fueron Antonio Zinny y el Dr. José Antonio Wilde. Tomás Guido desde Río de Janeiro y Manuel Moreno desde Londres le enviaban a De Angelis una lista de personas a quienes convenía enviar el periódico. El tiraje era de unos 1500 ejemplares, de los cuales 400 iban al extranjero. Este periódico finalizó en diciembre de 1851. En él De Angelis lució su capacidad y agilidad de su pensamiento. Eran frecuentes sus artículos en defensa del Restaurador; se publicaban, además, los documentos oficiales y al pie de cada uno un comentario editorial. Los asuntos de política internacional eran introducidos por el Ministro Felipe Arana y examinados en el Archivo, con criterio periodístico por Pedro de Angelis, quién aportaba siempre criterios originales. Sin embargo, todos los artículos pasaban por las manos de Rosas quién aprobaba o no su publicación. Por lo tanto, la libertad de la que 16
  18. 18. gozaba como editor del Archivo era poco más que nula. Aún dentro de esas limitaciones realizó su obra. Sabía que el periódico se leía en el viejo mundo donde tenía muchos conocidos por lo que se esforzaba en hacer lo mejor posible su papel de defensor. Las críticas lanzadas contra los unitarios y los franceses eran revestidas de formas literarias para hacerlas menos crudas. El éxito universal del Archivo era muy grande y los unitarios refugiados en toda América siempre trataron de restar veracidad a los conceptos que vertía. Con estos diferentes órganos de publicidad, De Angelis cubre todo el ciclo de la época rosista, compartiendo parte de esta responsabilidad con The British Packet, diario redactado en inglés que se editó entre 1826 y 1855. Este órgano fue útil a la política de Rosas. El redactor del British era a la vez un lector atento de La Gaceta y del Archivo, con cuya orientación jamás disentía. De Angelis, el polemista En sus largos años de combate periodístico se vio envuelto en muchas polémicas con varios de los enemigos del régimen o por motivos de discrepancia de conceptos. Existieron, entre otras, serias disputas con Lavalle. De Angelis lo atacó desde La Gaceta Mercantil haciendo algunas apreciaciones molestas sobre su persona. Lavalle le envió un breve mensaje fechado el 25 de agosto de 1829: “Señor Angelis: Quiero acordarme una vez que he sido cadete para decirle que si Ud. Vuelve a escribir una palabra que me incomode, le he de dar una paliza tal, que no le ha de bastar para curarse lo que ha ganado en este país, con sus charlatenerías...Inserte Ud. Mañana este comunicado. Lavalle”. Tres días después de recibir esta nota De Angelis le respondió: 17
  19. 19. “Señor General Lavalle: La frase de que Ud. Se queja nada tiene de insultante en una República; es muy natural que vuelva a sus hogares, el que deja el mando. No he querido decir más. Ud. Se equivoca sobre mi persona como sobre mis palabras. El Redactor actual de la Gaceta es un antiguo oficial de artillería y caballero. Mi educación no me permite agraviar a los que no me ofenden, pero tampoco soporto agravios; y aguardo una simple indicación del Gral. Lavalle para probármelo. Pedro de Angelis”. Ambas cartas fueron exhumadas por Arana y se conservan en el Archivo General de la Nación. Una de las polémicas más ruidosas la protagonizó entre 1832 – 1834 con Nicolás Mariño y José Rivera Indarte. Cabe destacar que desde las columnas de La Gaceta Mercantil, Rivera Indarte había cantado loas a Rosas. Luego había pasado a Montevideo, donde se hízo partidario de Oribe; éste le confió una misión reservada en Buenos Aires y al llegar a esta ciudad se disgustó con Don Juan Manuel. Poco después se convertía en su enemigo y de regreso a Uruguay lo hostigó desde las columnas del el diario El Nacional. Atacó ferozmente a Rosas y se ensañó con igual furia contra Don Pedro. Para ello escribió la biografía de su adversario. La misma fue publicada en “El Nacional” y luego incluida como capítulo en uno de sus libros “Rosas y sus opositores” publicado en 1843. Abarcaba los siguientes títulos: “Pedro de Angelis, Recuerdos de Europa, Escritos en Buenos Aires, Sus transformaciones políticas, Sus trabajos históricos, Angelis literato, Angelis comerciante”. 18
  20. 20. Muestra a Don Pedro como un ladronzuelo. Afirma que se había enriquecido saqueando archivos y vendiendo colecciones, manuscritos y libros raros. De Angelis se defendió de la acusación manifestando a través de La Gaceta Mercantil del 19 de julio de 1843: “Cuando yo acabé de publicar mi Colección Histórica sobre las provincias del Río de la Plata, aún no había recibido mi nombre de Archivero”. Con Esteban Echeverría el odio era antiguo. Cuando en 1832 publicó su poema Elvira o La Novia del Plata los comentarios periodísticos fueron adversos. Indignado, Echeverría escribió la Sátira a los periodistas argentinos en la que ataca sin piedad a De Angelis: (Piccirilli, 1942) “¿Pero ese fuego fatuo antes Lucero de donde vino con su luz mentida a enajenar mi espíritu? que Norte los trajo a las riberas argentinas? No lo sé, no lo sé, díganlo aquellos que lo ven transformado en periodista con sandeces y ajenas producciones una hoja cubrir todos los días, vertidas en estilo y en idioma que llamó un escritor hermafrodita los próceres lo digan que reciben de su pluma versátil y meliflua, (que hace mohatra como vil ramera de su sentido halago y sus caricias) homenajes serviles que a la patria, llenan de indignación y escandalizan, díganlo aquellos entes degradados que Parteriope [Nápoles] para simios cría de cortes y repúblicas con mengua de su antiguo esplendor y bizarría”. 19
  21. 21. Las frases expresadas por Echeverría son hirientes y mordaces. Sin embargo, el ataque inicial fue de Pedro de Angelis quién criticó “El Dogma Socialista” publicado en Montevideo en 1837, obra considerada como un evangelio político para los jóvenes liberales de la época. De Angelis, fastidiado por la desconsideración con que los exiliados lo trataban publicó en el Archivo Americano del 29 de enero de 1847 y una semana después en La Gaceta Mercantil del 3 de febrero de 1847 con el siguiente título: “Examen del folleto publicado en Montevideo, con el título de Dogma Socialista de la Asociación de Mayo, precedido de una ojeada retrospectiva sobre el momento intelectual en el Plata; dado el año 1837, por E. Echeverría. Juicio sobre este libelo”. Echeverría le contestó con dos cartas que publicó luego en un folleto de 60 páginas, editado en Montevideo: “Cartas a Don Pedro de Angelis, editor del Archivo Americano” de marzo de 1847. Echeverría pierde la línea y desciende el nivel de la polémica desciende pues alude a cosas personales. Refiriéndose a su contrincante expresa que: “Ud. Vino a Buenos Aires de Europa con la reputación que hallaron por bien hacerle los que se interesaban en que sirviese a sus miras. Como hombre de extranjis, no era difícil que aquel candoroso pueblo le creyese un pozo de ciencia, máxime cuando lo patrocinaban los hombres entonces influyentes en el país”. Pone en duda cada uno de los méritos que le atribuyen por su actuación y alude con menosprecio a sus antecedentes de escritor: 20
  22. 22. “La gente bonachona no dejó de recibir con beneplácito esos regalos de su pluma; pero no faltó quien se riera a carcajadas de su charlatanismo fatuo y de sus pretensiones literarias”. En la segunda carta le dice: “Francamente a quién no pienso ver convertirse nunca a las doctrinas democráticas, es a Ud., señor editor, porque es demasiado viejo y tiene el seso saturado de infamias”. A pesar de todo De Angelis no se desanimó nunca y estuvo listo para afrontar todos los compromisos. De Angelis frente a Rosas De Angelis le confesó a Lucio V. Mansilla que Rosas le inspiraba un raro sentimiento y que, sin temerle le hacía acatar su voluntad. Muchos documentos muestran la pleitesía que le rendía al dictador porteño. Por su parte, Rosas, lo utilizaba en todas formas y para todas las comisiones que requiriesen un hombre de gran categoría intelectual. Le hacía muchas consultas que le respondía con el mayor de los cuidados. A su vez, De Angelis, consulta con Rosas todos los puntos que considera difíciles y sin el “vuelve aprobado” del dictador no realiza ninguna gestión. Don Pedro se mantuvo fiel al dictador y a su política. Colaboraba en su periódico y dirigía el Archivo Americano con absoluta lealtad y embargado por al fiebre federal. Rosas lo distingue con su amistad porque sabe que lo necesita. Pero, el tratar con él era difícil y complicado pues se caracterizaba por ser sumamente desconfiado y controlaba la labor editorial de Don Pedro en todos sus detalles. Como fuera, Don Pedro permanece en su posición hasta la caída de Rosas, el 3 de febrero de 1852. 21
  23. 23. Lo cierto es que De Angelis creyó sinceramente en Rosas, en su talento, en su nacionalismo y en sus principios, o esto es lo que la mayoría suponían en Buenos Aires. Otros, en cambio, consideran que ese no era su verdadero pensamiento basados en el contenido de su correspondencia. Las cartas dirigidas por él a su hermano y a sus amigos de Europa revelan que no estuvo muy conforme y que se quedó por dos motivos: El deseo de continuar la bibliografía y la publicación de documentos inéditos para afrontar luego la historia de los pueblos rioplatenses. La imposibilidad del retorno a su país, donde imperaba un régimen que no le era favorable. Jorge Cortesano, historiógrafo brasileño exhumo la correspondencia que De Angelis mantuviera con Wallenstein, cónsul general de Rusia en Brasil. Esas cartas se conservan actualmente en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro y fueron redactadas en francés. Las mismas corresponden al período 1837 – 1841. En ellas se muestra a un hombre disconforme con la situación imperante; además, se percibe a su autor como a un ser desarraigado en la ciudad que vive. Tiene animadversión por el sistema de crueldad y espionaje impuesto por Rosas. Se siente vigilado. Buscaba, mediante la información confidencial que le suministraba a Wallestein auxilio económico y protección ante la Corte; sin embargo, su gestión fracasó. En la carta que le envía el 16 de marzo de 1838 le comenta entre otras cosas: “Me urge abandonar este desdichado país, donde he vegetado 11 años”. 22
  24. 24. El 19 de febrero de 1839 De Angelis le comenta a Wallestein la situación política reinante, la miseria y anarquía en que se debatía el país. Por lo tanto, De Angelis se sentía disconforme por la dictadura implantada por Rosas, a la que servía por necesidad más que por convicción. Su sueño era regresar a Europa. Por su parte Rosas se preocupó muy poco de la vida de sus colaboradores. Huyó a Inglaterra acompañado de su hija y de todos los papeles que podían comprometerlo abandonando a sus colaboradores a merced de sus enemigos. Conclusiones Pedro de Angelis es una personalidad vinculada a la historia y a la cultura del Río de la Plata muy discutida. En Europa fue maestro de italiano, profesor de geografía y de historia en la Real Escuela Politécnica de Nápoles. La caída de su protector Murat y la eventualidad de ser objeto de persecuciones políticas, le hizo ver la conveniencia de un exilio voluntario. Se radicó momentáneamente en Ginebra, París y finalmente, contratado por Rivadavia, se trasladó al Río de la Plata acompañado por su esposa a fines de 1826. Aquí ejerció el periodismo, de manera intensiva y defendió por este medio (“La Crónica”) la política de Rivadavia. Cuando su gobierno cae De Angelis cierra su periódico; y al establecerse el régimen rosista debió optar: o se alejaba del país, como hicieron muchos o continuaba aquí. Prefirió quedarse para no someterse nuevamente a los rigores de un nuevo exilio. 23
  25. 25. Enamorado de la investigación histórica, De Angelis se ocupó de visitar bibliotecas y archivos, buscando documentación inédita que le permitiera esclarecer el pasado del Nuevo Mundo. Así formó su ya tan famosa Colección de documentos, los cuales suman a su valor intrínseco, el valor agregado de las acotaciones con que Don Pedro los acompañó poniendo de relieve sus condiciones de hombre erudito inclinado a la crítica y a la revisión histórica. Una vez tomada la decisión de quedarse, ingresó al círculo del periodismo oficial del régimen destacándose rápidamente por su talento e ilustración y se dedicó a fundar una gran cantidad de diarios, la mayoría en castellano y otros en varios idiomas. Desempeñó la función de apuntar y defender al gobierno rosista cada vez que este necesitaba reafirmar su autoridad y destrozar a sus adversarios. En cuanto a su pensamiento y sentimientos con respecto a Rosas para muchos resultan ambiguos. Lo cierto es que lo apoyó y sostuvo mediante su pluma aunque su única finalidad era la de retornar a Europa ya que no lograba aclimatarse al país. Si se realizara un estudio serio basado en su correspondencia con familiares, amigos y dignatarios se podría concluir que no se encontraba a gusto con el régimen rosista, al que si bien apoyó, es posible que en un primer momento creyera en la figura de Rosas como un cambio positivo, como muchos que lo apoyaron y luego terminaron siendo proscriptos por el mismo régimen. Bibliografía consultada Busaniche, J L. (1945). El bloqueo francés de 1838 y la misión Cullen: federalismo y rosismo. (Biblioteca Enciclopédica Argentina). Buenos Aires: Huarpes. De Angelis, P. (1946). Acusación y defensa de Rosas. Buenos Aires: La Facultad. 24
  26. 26. Delgado Martín, J. (1988). Juan Manuel de Rosas, presidente de los porteños y el señor de los gauchos. Madrid: Anaya. (Biblioteca Iberoamericana) Díaz Molano, E. (1968).Vida y obra de Pedro de Angelis. Santa Fe: Colmegna. O´Donnell, P. (2001). Juan Manuel de Rosas. Buenos Aires: Planeta. Piccirilli, R (1942). “Sátira a “Los periodistas argentinos” de Echeverría”. En: Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas, 26, 34-56. Ramos Mejía, J M. (1938). Rosas y su tiempo. Buenos Aires: Jackson. Tomo III. Romero, José Luis; Romero, L. A. (1983). Buenos Aires: historia de cuatro siglos. Buenos Aires: Abril. Tomo I. Romero, J. L. (1991). Las ideas políticas en Argentina. (11a. ed.). Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. Sabor, J. (1995). Pedro de Angelis y los orígenes de la bibliografía argentina. Ensayo bio – bibliográfico. Buenos Aires: Solar. Saldías, A. (1974). Cómo fueron las relaciones entre Rosas y Lavalle. Buenos Aires: Plus Ultra. (Esquemas Históricos). Saldías, A. (1974). Cuando Rosas tuvo la suma del poder político. Buenos Aires: Plus Ultra. (Esquemas Históricos). The British Packet. (1976). De Rivadavia a Rosas: 1826-1832. Buenos Ares: Solar; Hachette. (Dimensión Argentina). 25
  27. 27. Weis, Ignacio. (1944). Los antecedentes europeos de Pedro de Angelis: contribución a su biografía. Buenos Aires: [El Atenso]. Zinny, Antonio. (1920). Historia de los gobernadores de las provincias argentinas. Buenos Aires: Administración General. Tomo II. (La Cultura Argentina). 26

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