Oscar Ramirez - Arquitectura de un día común

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Poemario de Oscar Ramirez, con prólogo de Bethóven Medina y contraportada de Julio Arguedas.

Poemario de Oscar Ramirez, con prólogo de Bethóven Medina y contraportada de Julio Arguedas.

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  • 1. Arquitectura de un día común / 1
  • 2. Actualmente reside en la ciudad de Trujillo. Estudia la carrera profesional de Lengua y Literatura en la Universidad Nacional de la misma ciudad. Edita la revista cultural “Pluma de Carne”. Obtuvo el primer puesto en el VI Concurso Nacional Juvenil de Cuentos en memoria de Germán Patrón Candela, en el año 2006. En noviembre de 2008, resultó entre los siete © Ricardo Calderón Inca ganadores del Concurso Nacional de Poesía Prima Fermata Literaria, organizado por la UNMSM. Obtuvo una mención honrosa en el Concurso de Cuento de la IV Feria del Libro de Trujillo 2009, organizado por ATAL, y participó, representando a la UNT, en el conversatorio El mundo que es mañana: un diálogo entre Mario Vargas Llosa y los jóvenes. En marzo de 2009 quedó como finalista del VIII Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos, de Oscar Ramirez Almería – España. [Lima – Perú, 1984] Algunos de sus poemas han sido publicados en la Revista de Cultura Almiar / Margen Cero, de Madrid – España. Para contactos con el escritor: demencia18@hotmail.com http://elhabitaculodeorem.blogspot.com 2/ Oscar Ramirez
  • 3. ARQUITECTURA DE UN DÍA COMÚN Arquitectura de un día común / 3
  • 4. Hablar de la poesía de Oscar Ramirez (mejor dicho, de su primer poemario, al cual me referiré de ahora en adelante) no es hablar de una voz nueva, porque hasta cierto punto eso suena demasiado encasillado, por lo que prefiero hablar de ciertas diferencias en su poesía. Si bien todo poeta demuestra a grandes rasgos las influencias de autores que admira, lo que se lee en los versos de Arquitectura..., a pesar de que Oscar siente gran interés por algunas características de la poesía europea contemporánea, no es el recurrente esteticismo utópico de matices argumentales o lamentaciones de pasados ignorados y desastrosos, sino un mundo casi tan impenetrable como la sequedad humana. Todo poeta establece sus pautas, sus condiciones poéticas, pero las condiciones que se nos ofrecen en este poemario, aunque se fecunda en muchos temas universales, es totalmente vertical, obligada a variar entre lo común y lo onírico sin perder la fusión entre veracidad y espacio donde se desarrolla la emoción creativa. Dividido en cuatro etapas, este producto poético va formándose en un proceso de construcción y destrucción paulatina, con historias concebidas en espasmos que van desde un inventario formativo hasta envolvernos en un cuadro donde no existe mayor esperanza que la de una niña vagando entre nosotros invitándonos a caer. Ahora bien, no sé dónde ubicar este libro, ya que en muchas de sus páginas la dirección de sus versos nos remite al espectáculo de cinematográficas escenas, como en otras tantas nos oculta el mínimo bosquejo que se le puede brindar con eficacia a la razón. La poesía de Oscar Ramirez es un viaje perfecto, un vagar de versos, y palabras, por desnudas praderas sin llegar al simplismo de lo que se ha venido escribiendo en muchos de los poetas de su generación. Las palabras están en el campo, ahora les toca a los lectores el deber de la cosecha. Julio Arguedas 4/ Oscar Ramirez
  • 5. a rquitectura de un día común oscar ramirez Arquitectura de un día común / 5
  • 6. Primera Edición: Marzo – 2009 © Oscar Ramirez Arquitectura de un día común Trujillo 2009 Imagen de portada e interiores: © del autor Diseño y cuidado de la edición: Julio Arguedas Queda terminantemente prohibida, sin la autorización escrita del editor y/o el autor, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento electrónico. EDITORIAL ALTERNATIVA Contactos para edición y publicación: Móvil : 044 – 94 9974963 E-mail : edicionesorem@hotmail.com Web : http://edicionesorem.blogspot.com Impreso en Perú 6/ Oscar Ramirez
  • 7. PRÓLOGO [UN ARQUITECTO NO COMÚN] Arquitectura de un día común / 7
  • 8. 8/ Oscar Ramirez
  • 9. Pronunciarse ante una obra primigenia constituye un desafío, y por lo tanto, un riesgo. Sin embargo, deja de ser desafío cuando se asume, con categoría de análisis literario, el tener que opinar lo que objetivamente podemos encontrar en un texto; y deja de ser riesgo, cuando se tiene la seguridad de encontrarse ante una nueva voz que conlleva intrínsecamente el peso específico y artístico de su construcción poco común. Esta toma de decisión de explicar la poesía de Oscar Ramirez, nos entusiasma a seguir apostando por el parnaso de la literatura regional y, por ende, peruano. Por lo tanto, la denominación de “novísimos” que se le asigna a su promoción de escribas es sólo teórica y circunstancial. Van más allá y el tiempo me acompañará en este teorema. Hasta hace poco me preocupaba el vacío de la nueva escritura que se desarrolla en nuestro país, especialmente en el norte. Sin embargo, con sincero reconocimiento escribí una nota crítica a Euritmia, primer libro de Denisse Vega Farfán, joven poeta trujillana, quien actualmente radica en Chimbote. Asimismo, con valoración escribí el prólogo del libro Espejo Ramaje de Paul Mendoza Malaver en Cajamarca. Mi interés silencioso e inquietante era estar atento a lo qué ocurría en Trujillo y grato es el encuentro con el arquitecto de las palabras, Oscar Ramirez, en un tiempo nada común. Tengo el privilegio de expresar algunas opiniones en torno al libro Arquitectura de un día común, primer poemario de Oscar, en quien he reconocido al joven poeta que, como Javier Heraud, sabe ya que la poesía es un trabajo difícil que se pierde o se gana con el transcurrir de los años otoñales. Con la publicación de Arquitectura…, su autor nos demuestra que la literatura peruana actual está atravesando por un periodo de innovación y expectativa. Por ello, es un orgullo para nosotros el tener que mencionar que la nueva hornada de creadores empieza no tan sólo con un buen pie, sino con su propia luz. Arquitectura de un día común / 9
  • 10. Este primer poemario, desde el título, nos remite al hecho de rescatar el término “común”, enfocado en el aspecto de comunidad, de pueblo, de popular. Es un relanzamiento de lo “común” lejos del coloquialismo último de la poesía peruana, en donde sí existe mucho “lugar común”, es decir frases repetitivas, frases que caen en exceso y por lo cual pierden la categoría literaria. Por el contrario, en Arquitectura… se denota oficio, trabajo, y desde luego, la voz que se va volviendo propia de Oscar Ramirez. Como bien decía Raquel Jodorovski, en el mundo de la literatura no existen ni buenos ni malos poetas, lo que existe en la tierra son hombres que cantan. Las categorías de bueno o malo nos lo dan los ojos avizores y críticos, que dependen también del cristal con el cual se mire: si nos miran con categoría de análisis social, con categoría de análisis político, o si nos miran desde un punto de vista estético y operacional. Empero, esto ya no es problema de Oscar ni de los poetas, sino de los críticos y de los que tienen el libro en sus manos. En el libro Arquitectura..., al aplicar una lectura estratégica, encontramos que tiene fortalezas en cuanto es un lenguaje que ya demuestra oficio literario. No existe el adjetivo fácil ni el verbo gastado, porque, si bien en algunos casos se demuestra coloquial, se condensa artísticamente con figuras con las cuales logra aún más que describir circunstancias y exponer sentimientos; de manera que el lector no es sólo un lector pasivo sino que se constituye en un lector activo, el cual irá recreando con libertad la poesía que lee. La temática se concentra en asuntos de categoría universal, pero realizada en una forma estructural diferente. Desde la primera parte, la cual da título al libro, asistimos a la creación definida de la poesía, la naturaleza y el enigma de amanecer, en espíritu y sueño. En cambio, el apartado Oficio de aprendiz obtiene sus raíces en el tema del amor, aves y voces. En la tercera parte, subtitulada Pequeñas historias, tiene como lei motiv sus emociones de soledad, contemplaciones y aciertos conceptuales y poéticos. Finaliza el poemario resumiendo en 10 / Oscar Ramirez
  • 11. presente y pasado el Principio y final de las historias, como fin de esperanza o la duración del día. Si bien los temas son universales, como mencioné anteriormente, éstos se muestran frescos en la voz de nuestro joven poeta, quien utiliza un lenguaje próximo a Saint-John Perse del libro Anábasis. Así encontramos el manejo de las figuras como en el poema Inventarios de imágenes: Reposos de niñas bajo contemplaciones de cielos. Orillas cobijando sus pasos. Se pronuncian murmullos. Se dibujan retratos. Un vacío / La realidad Inventarios de días: amaneceres y descansos. El gran tema del mar, que con elegancia y exactitud circunda gran parte del libro, se manifiesta en el texto Bosquejo de la contemplación del mar por las mañanas de la siguiente manera: Amanecer entre fraguas y mansas lamentaciones de horas perdidas. Desnudos, los pies olvidan la tentación o el deambular por calles e historias vacías. Poder hallar y contemplar aquella imagen mientras descubrimos que la orilla del mar es un lugar sereno y amable puede ser una acción generosa. Principiará en el cielo la brillante emoción de la mañana. Como se puede observar, escuchar y analizar, el lenguaje usado por Oscar Ramirez, es coloquial, siempre ligado a la sugerencia, por lo tanto es un lenguaje abierto y dispuesto a la recreación. Conforme vaya escribiendo, sostendrá su arte poético. Leamos un fragmento del poema Creación de las palabras: Arquitectura de un día común / 11
  • 12. Marea, meridiano vocal, algún pretexto verbal para la formación de las voces. Las imágenes confeccionarán la fragilidad de conceptos morales. Un nombre, conducido por el viento, viene a posarse temeroso en tus labios. Convertido en palabra, con la hipérbole creativa del amor, aquello resonará como un vacío, como el eco de un cristal murmurando a destiempo el dolor de las sombras. Muy al margen de los temas que se han mencionado, podemos hacer un análisis lingüístico y semiótico de lo que viene a ser la escritura en este texto. Son poemas como cuerpos de libre disponibilidad en donde lo que mejor se descubre es el manejo interior del poema, y lograrlo significa oficio, categoría literaria. Este es el lenguaje que refleja figuras del pensamiento y la palabra en forma conjunta, lo cual constituye la modernidad de la arquitectura, no solamente de un día común, sino como testimonio permanente de que la poiesis, al final, es belleza. Finalmente, debo opinar que no hay mejor homenaje a un escritor como el de la atenta lectura a sus escritos. Hölderlin decía que los poetas son los mensajeros entre los dioses y los hombres, y creo que Oscar Ramirez, quien pareciera haber leído muy bien las Cartas a un joven poeta de Rainer María Rilke, se orienta por ese derrotero, pues con lo obtenido artísticamente en este primer poemario, nos anuncia gratamente lo que será su sacerdocio poético en las letras del norte del Perú. No hay duda. Estamos ante un joven poeta que apunta lejos. Bethóven Medina Trujillo, 27 de enero de 2009 12 / Oscar Ramirez
  • 13. I [ARQUITECTURA DE UN DÍA COMÚN] Arquitectura de un día común / 13
  • 14. 14 / Oscar Ramirez
  • 15. INVENTARIO DE IMÁGENES Mar o luna. Cristal o acero penetrando la noche. Luz o fiebre de cúpulas rechinando en secretas voces. Murmullos. Herida azul. Alba. Rendija de sol. Nocturnos telares perdieron el brillo mientras se avivan en ellos las cárceles y el tiempo. Sobre el horizonte, la perpetua burbuja de fuego. Reposos de niñas bajo contemplaciones de cielos. Orillas cobijando sus pasos. Se pronuncian murmullos. Se dibujan retratos. Un vacío / La realidad Inventarios de días: amaneceres y descansos. Arquitectura de un día común / 15
  • 16. Los principios se tornan escasos. La contemplación del mundo es algo furtivo. (No saber fingir) (No tentar amar) Tupidas márgenes limitan las creencias. La verdad es camino doloroso. Un secreto. Soñar. Abriles no impiden el ligero tránsito de bendiciones. Contemplar el sol tiene épicos rasgos de palabras. Sólo lo perpetuo: mar o luna, mar o águila. 16 / Oscar Ramirez
  • 17. PRECOZ OBERTURA DEL SOL Crédulas palabras descienden de las gargantas en una divertida procesión de murmullos. Pretextos de sutiles ornatos, donde ecos y voces repitiéndome el silencio condicionan la libertad, olvidarán los portales del sueño. Bajo la pureza de un vientre cubierto de arena, torpes manos, desnudas de oficio, aprenden las oraciones matutinas. En el crisol venidero de las aguas, un pergamino de espuma comprende la evolución de las horas: las almas vuelven del oscuro letargo de los muertos. Cuando el viento sople otra vez sobre la armoniosa virtud de tus mejillas, verás el pálido amor de la luna dibujándote la inmortal silueta del adiós. Arquitectura de un día común / 17
  • 18. BOSQUEJO DE LA CONTEMPLACIÓN DEL MAR POR LAS MAÑANAS Mirar. Contemplar el alba en silencio. Callar. Evitar el incestuoso murmullo de las aves. Ocultar la voz. Olvidar el canto. Con la timidez de un recuerdo, despertar. Amanecer entre fraguas y mansas lamentaciones de horas perdidas. Desnudos, los pies olvidan la tentación o el deambular por calles e historias vacías. Poder hallar y contemplar aquella imagen mientras descubrimos que la orilla del mar es un lugar sereno y amable puede ser una acción generosa. Principiará en el cielo la brillante emoción de la mañana. Rodeados de gaviotas, ángeles aguardan la verdad. Los pausados movimientos del sol nos dirán cuando emprender la partida. 18 / Oscar Ramirez
  • 19. Poseer la entonación exacta sobre las olas es virtud de un solo aliento, pero incitar la luz propagando entre melodías los retazos del sol, tiene secretas almas de nublados infantes: ellos no consiguen andar, el silencio opaca sus huellas con brisa. Una espera de mantos y laureles. El ocaso de las palabras aviva el solitario espectáculo del mar. Trabajos o cultivos de emociones permiten al horizonte describir más allá de su vetada monotonía. Fornidos guardianes irrumpirán en las orillas llevando en sus hombros la necesidad de colmar aquel vientre vacío. Navegar, palpar con picardía la lentitud de las aguas. Volar. La contemplación del mar se torna febril y parca. Antes de dormir llevarás entre brazos aquella imagen mortal y el nublado cordero. Cuando duermas y veas en su mirada la plegaria de un amanecer lejos de la oscuridad y las neblinas, comprenderás lo inmenso de la luz por las mañanas. Arquitectura de un día común / 19
  • 20. CREACIÓN DE LAS PALABRAS Marea, meridiano vocal, algún pretexto verbal para la formación de las voces. Las imágenes confeccionarán la fragilidad de conceptos morales. Un nombre, conducido por el viento, viene a posarse temeroso en tus labios. Convertido en palabra, con la hipérbole creativa del amor, aquello resonará como un vacío, como el eco de un cristal murmurando a destiempo el dolor de las sombras. Aprenderá a sonreír cuando sonrían tus labios, a dormir de improviso cuando dibujes el silencio. Podrá comprender el vibrar de las olas y la efímera humanidad de la espuma. Como un pretexto tendrá la eficacia de la persuasión, y refranes y versos compondrán su arrebato. Sólo abre los labios y retén su agonía. 20 / Oscar Ramirez
  • 21. PERSISTENCIA O EL ESPÍRITU DEL TIEMPO Musa, madera de tiempos remotos. Criatura y profeta, efímeros objetos sucumbiendo en un febril destino de habitáculos sin nombre. Severa luz de lo infinito, lucidez, vasija donde artistas de labios y sudores cadenciosos reposan la contemplación de viejos mundos. Imágenes avivan creaciones nocturnas donde los rezos se tornan crueles y voraces. El silencio es la equilibrada perfección de lo venidero. Para elevar el curso de cristales negros, rezagos de mantos mudos devuelven voluntad y castigo. Arena y roídos huesos de poetas rodean el presbítero cantar de las venas. Infante o senil creador de ideas, vivir es sólo un constante caer hacia el vacío. Los años no permiten la perfección de lo equívoco, pero consienten a su vez toda aquella sensación de agonía. Arquitectura de un día común / 21
  • 22. Es aquí donde lo externo nos celebra, y nuestros frutos conservan con virtud la intensa melancolía de los nombres. A la posteridad quedan nuestros sueños, plasmados sobre muros y maderos de tiempos remotos. Criatura y profeta, ambos renacen con el persistir de las musas. 22 / Oscar Ramirez
  • 23. POEMA ACERCA DE LA CONCEPCIÓN DEL OLVIDO Materiales de oscuros prodigios conllevan la ventura de aceptar la eficacia de los secretos del mar. He aquí la sapiencia de la oscuridad. Las niñas aprenderán que bajo las aguas ninguna historia comprende la desidia del fuego. La sabiduría es un eterno conocer teorías incompletas. Canciones ocuparán el abatido pregonar de las liras mientras solitarias aves de invierno nos devolverán el abrazo que perdimos por intentar la creencia de la soledad. El retrato del sol se perderá en las pupilas del alba. Insectos con rostros amados divulgarán el afán del amor. Arquitectura de un día común / 23
  • 24. Los pensamientos, como cristales, se quebrarán bajo el mandil de las infantas: no todo conservará la madurez. Escondidos, los pequeños caballeros llevarán en sus muñecas heridas tan grandes como el silencio. Ninguna virtud es valedera. Nada podrá contener los quejidos del fuego. Las huellas de una ciudad cautiva dibujarán el presente bajo las sombras. Sólo quedará un roble enfermo apoyado en el cruel estrago de la memoria. 24 / Oscar Ramirez
  • 25. FÁBULA DEL SUEÑO Medianoche. El búho canta la inocencia de su virtud. Aquella sombra bajo la luna puede ocultar sus alas, pero no la vida. Racimos plateados acumulan voces. En ellos, poemas dibujándose como hojas secas incitan la verdad: acabada la noche y culminados los sueños, todos podremos volver a la realidad. La virtud es una inocente gitanilla. A pocos bostezos del alba, el búho aún persiste su canto. Evitemos caer: la tentación de los siglos convierte su fuego en descanso. Arquitectura de un día común / 25
  • 26. 26 / Oscar Ramirez
  • 27. II [OFICIO DE APRENDIZ] Arquitectura de un día común / 27
  • 28. 28 / Oscar Ramirez
  • 29. OFICIO DE APRENDIZ Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca. Rayuela. Cap. 7 Julio Cortázar Voy dibujándome el secreto de tu nombre mientras delineo con lentitud el perfecto margen de tus labios. Voy entre el aroma desolado del incienso y los cristales empañados del amor hacia el principio de tu emblema en las mañanas, donde raíces y espumas dolorosas nacen en el peregrino gravitar de los vientos. Voy provocando la tentativa del silencio, construyendo un abismo entre mis manos y tu cuerpo cuando el bostezo de las calles nos devuelve la realidad. Arquitectura de un día común / 29
  • 30. Despacio, como en una habitación oscura, busco el límite que me entrega la soledad y lo prohibido. El juego de las horas conserva la ingenuidad de lo incierto, cuando por obrar del aliento tibio descubro América en tu vientre infinito. Prosigo la virtud en este oficio de infante, abrazando verdades y perfectas historias de colonias devoradas por la ambición de un gemido. El descubrimiento de orillas pálidas y un horizonte baldío me recuerda el menudo divagar por tu sombra. Voy, deambulando entre tu mar como un naufragio de líneas rotas, remando con fuerza contra la obediencia del tiempo, hundiéndome en tu libertad con el absurdo espíritu de palabras y juramentos. Sigo aquella imagen, el hilo conceptual donde el sendero de tus dientes me prohíbe el retraso. Avanzo, como perdiéndome en mareas vírgenes de sueño, y es aquel sueño el que me cohíbe en un caer de pupilas sin regreso. 30 / Oscar Ramirez
  • 31. LAS AVES Y EL AMOR Intentando comprender la timidez de las aves, descubrí sobre tu cuerpo la perfecta gracia de aquel viento que sumiso se esconde entre los recios ataviares de tu vientre. La templanza de tus manos evocó en mí la naturaleza de vibrantes mares donde barcos emergían del nocturno viajar por el fuego. Afines vocales permitieron la voluntad de las orillas. En un beso, sin descubrir el necesario destino de las olas, nos dejamos envolver por la amada inmortalidad de los cuerpos. Arquitectura de un día común / 31
  • 32. MORENA a maría armas Morena, aliento de canela y fuego en las pupilas. Pasión o multitud de emociones constantes. Morena, ardiente corazón de perpetuas madrugadas, cuerpo y tentación, tormenta y erosión de las palabras. Mujer, manto de actitudes, de soberbia o timidez ante la vida, refugio de soles negros, pequeños vigilantes del sendero. La comunión de la realidad percibe tu aliento, convive en tu regazo, acepta tus verdades como verdades suyas y duerme en tus caricias para olvidar por entero la desdicha. Ínsula de furores y temores, morena de fuego y ceniza. 32 / Oscar Ramirez
  • 33. Cómo silenciar nuestras voces cuando ante tu cuerpo balbuceamos torpemente las heridas o los pretextos del amor escondidos como niños entre roídos libros y cuadros rotos. Tenga a bien nuestras plegarias y aquellas voces imitando su voz desde lo incierto. Abra sus manos como dos grandes crisoles y deje copar este augurio con el felino color de aguas turbias. Alimente nuestra fe con la inocencia de su risa, y sofoque aquella sed que es usted bella morena de fuego en las pupilas. Arquitectura de un día común / 33
  • 34. LO MÁS SECRETO DE LAS VOCES Hemos inventado nuevos nombres para las miradas y sus terribles caminos. Alejandra Pizarnik Mas, cuando lúgubres melodías desentonan los contentos, gitanos de aire y comparsa toman como suyos el final o aquel verso dormido en el abismo. La esperanza es armonía y alba. Ciudades emergen del encantamiento nocturno. Carentes de espacios donde extender las alas, moribundas aves, disfrazadas de libertad, pernoctarán bajo los rieles. Al despertar, fiebre de lunas y plumas distintas acompañan la desierta contemplación de las horas. Lo gris no permite solución o entereza. 34 / Oscar Ramirez
  • 35. Rostros, húmedos testigos de lo presente, habitantes de ciénagas o estaciones donde las historias crean distancias para olvidar los pretextos del sol. Una oscura franja impregna la mirada evitando la orientación de arrecifes sin rumbo. Falsas teorías. Irreales conceptos de felicidad que nos agobian prometen la venganza. No podremos intentar las palabras o el tiempo. La invasión de relatos cohíbe nuestras almas. Incompletos labios y deseos dibujan la existencia de rojizos atardeceres para los ángeles ciegos: un brotar de peregrinas alas y silencios perturban la noche. La certeza y la virtud escriben jaulas donde sermones evocan tentativas luces que olvidan el juego. Junto al amado movimiento de tus brazos, las campanas semejan los teoremas del adiós. El amor es un delgado río de caricias lejanas. Arquitectura de un día común / 35
  • 36. Trajín de amores y poemas. Versos describiendo la ferviente oración. Las melodías y la contemplación agitan el presente. Verbos devoran acciones donde niñas o gaviotas en cristalinas praderas recrean la nostalgia del amor y las primeras destrucciones de los nombres. Trajín de rostros y existencias. Arrinconados, en lo más secreto de las voces, dos niños olvidan la realidad. Tienen en sus labios palabras tan perfectas como el silencio. Lo gris no los alcanza. Ellos dibujan su propia calma. Ellos componen su propio mundo. 36 / Oscar Ramirez
  • 37. III [PEQUEÑAS HISTORIAS] Arquitectura de un día común / 37
  • 38. 38 / Oscar Ramirez
  • 39. BREVE INTENTO DE LA SOLEDAD Martes. Una canción al despertar las palabras nos proporciona lo necesario para comprender los estragos del tiempo. Mientras apresamos la luz entre nuestros débiles ojos, el eco de lo perdido nos invita al descanso. En lo lejano, la melodía del horizonte dibuja el danzar de las gaviotas junto a orillas sin rumbo. Las imágenes se desprenden una a una de la realidad. Dejando el historial de sus huellas, un niño corre desnudo sobre las aguas. Lleva una sonrisa y el alma a oscuras. En su mirada se percibe lo imposible y doloroso: una blanca y ambigua soledad. Alguien lleva puñados de arena y de sueños. Quien lo observa no puede olvidarlo, aunque la actitud del forastero le es bien recibida. Arquitectura de un día común / 39
  • 40. Él sabe de verdades y temores, y concede regalos de infantiles cuentos, pero su oficio tiene lánguidas historias que bifurcan el conocimiento del fuego: cristalinas bóvedas, como cielos, le permiten ser cautivo o profeta de inviernos. Con la sutil educación de los días, radiantes cabelleras dibujándose al viento nos permiten el agrado. La sutileza del color pasea su virtud por estos lares. Se agradece el contento. El soplido del mar resuena en las grietas y del silencio se crean las futuras plegarias de las aves. Ingenuas niñas dibujan su nombre en la arena. Una labor copiosa y amena, tentada por siempre a la facilidad. Pero olvidan lo fugaz: las aguas se divierten ocultando el esfuerzo. En una similitud cautivadora, las gaviotas y las niñas duermen bajo el cielo de marzo. La ignorancia de los caminos nos conduce al violento equilibrio de la razón. 40 / Oscar Ramirez
  • 41. Sólo aprenderemos a ocultar las sonrisas, mientras renunciamos, bajo el eco de una lágrima, a la posibilidad del amor. Con el claro principio de la luna el profeta ha partido, lejana se muestra ahora su sombra. Ha rechazado la furtiva condición de los sueños. El rutinario persistir de la vida le ha impreso su hartazgo. Sólo nos queda el mar que contiene al niño de alma oscura. Su descanso es dulce, un flotar sin dolor sobre las aguas. Una sonrisa, aquella sutil imagen de compasión, se muestra temerosa. Ha preferido la soledad sin palabras. Es mejor así: soñar y sentirme perdido. Arquitectura de un día común / 41
  • 42. CONTEMPLACIÓN DE CASTILLOS En la mirada, en la callada imagen de las voces, ocultos secretos develan su misterio: una rosa que olvida pétalos en su diario, semejante al brillo plateado del mar, confundiéndose en la prematura opresión de la luz. En el silencio, la persistencia de la contemplación nos devuelve ligeros brazos para apresarnos el alma. Bajo el eco y la tentación, vívidas imágenes secuencian toda aquella torpe elaboración de sueños. El tiempo es averso a la tranquilidad del recuadro, pero el cristal evita romper el equilibrio del encuentro. La observación cautiva de los muros nos entrega el deambular de las horas frente a los espejos. Hemos hallado la facilidad de un ojo abierto. Los espacios nos demuestran la humana condición de lo imperfecto: ningún lugar tiene la compleja seguridad del olvido. 42 / Oscar Ramirez
  • 43. Aferrados a la existencia, los sinónimos evitan el tumulto donde sílabas oculten el nocturno merodear de gemidos por el bosque. Imagen o mirada o recuerdo, todo se ejecuta como una eventual secuencia de criterios. Se ocultarán en el amor las armas. De tus nombres, los pétalos de marchitas novias murmurarán la virtud dolorosa y tentativa de comprender la pesada cadencia de las palabras. Tu silueta, como un mapa, tendrá la perfecta ubicación de mis sentidos. Tiempo. Instante horizontal donde latidos y olas de fuego producen aquella voz calcinada por las mareas de junio. Arcos y liras temen la ruptura, porque los días perciben aquella dura complementación de secretos. La entonación de los verbos cohíbe las entrañas. En el silencio o las miradas, las espadas tienen alma de niñas. Sólo tu nombre lejos del invierno. El mar como una llave / tu cuerpo como un castillo. Arquitectura de un día común / 43
  • 44. LA TENTACIÓN DEL AMOR (una pequeña fábula) El eterno descenso hacia las aguas se dibuja en Orfeo como la melodiosa provocación a lo infinito. Artesano musical, orfebre de melancolía. Para componer recuerdos, volveremos los labios hacia el sublime caer de las hojas donde la razón nos prohíba lo perdido. Una litera de sonidos y epopeyas, aquella frágil guarida de animales o bestias morenas, nos permite transitar por estas islas. En los árboles tendrá lugar la creación de las palabras. Tu cuerpo como un grial, como un rincón o el olvido, recrea el espacio inmortal donde soles o notas devuelven ligeros compases devorados por noches donde gargantas furiosas o silencios fortuitos. 44 / Oscar Ramirez
  • 45. La opresión de los velos nos permite el secreto: la esperanza será la única salvación de tu ninfa dormida. Templos. Olivos. Los sátiros vagarán por bosques donde somnolientas serpientes aguardan tu llegada. Bajo el andar se acurruca el silencio. Una multitud de gorriones bordea tu figura. El cantar de los grillos se envuelve en tus brazos. La sinfonía y la luz comparten la misma certeza. Artesano musical, Orfeo contempla sin temor tu melodía. Su mirada es una mezcla de ambición y ternura que va creando en su interior el deseo obligado de las liras. El murmullo de su voz, frágil como el hilo del viento, acaricia tu mejilla de la misma manera en que se agita un lamento. Una oración, tan religiosa como su nombre, perturbará la necesidad de los caminos cuando al volver intentes la osada lentitud de una mirada. Arquitectura de un día común / 45
  • 46. ORACIÓN Volvamos al Hades, oh Señora del Fuego Eterno, permita encontrar la esperanza que por la tentación del amor me es esquiva. 46 / Oscar Ramirez
  • 47. LÚDICO HISTORIAL DE LAS HORAS La mañana, bañada en cristales de luz, dibuja el vigoroso cantar de las aves mientras una turbia imagen de soberbia nos limita la condición de los principios. Podemos recrear la existencia de las horas. Bajo la fragilidad de los cielos, ángeles navegan sus alas a la deriva del sol. A lo lejos, jinetes sucumben a recuerdos conclusos. La historia tiene retazos de presentes, y el futuro se muestra con las mismas imperfecciones del ayer. Nada es personal, sólo el eco o lo despectivo. Rodeada de las breves historias del mar, la sombra del amor construye su secreto: eternidad o brisa de paraíso. Bajo la mañana y el mar llueven labios. Razones como pretextos / pretextos como oraciones. Arquitectura de un día común / 47
  • 48. Voces o cautivas ecuaciones del silencio, en un trepidante caer por las mañanas, originarán la partida. Perdiéndose en las miradas, un niño sin madre tentativa se dibuja la melancolía en el rostro. La infancia, como una serena lentitud de recuerdos, nos obliga a olvidar por siempre aquellos juegos donde intentábamos sin remedio la vida. El relieve del sol posee palabras. La bravura del mar, poemas. En lugares donde observamos las odiseas como míticos episodios de placer y algarabía, fosas o pliegues de olvidos ocultan palomas vestidas con aire del ayer. En el umbral o el habitáculo de viejas heridas habremos de divisar entre pieles y lamentos la oscuridad venidera. Inertes materias recuerdan la eficacia de las horas. Los jinetes conducen el primario ruego de aquellos vagabundos que ocultaron cobijo por temor a olvidar el tiempo. Se les tiene permitido el llanto, pero lágrimas es lo que han perdido. 48 / Oscar Ramirez
  • 49. Cercano a las sombras, el final de los versos se proclama. La oscuridad cobija lanzas. Los secretos, juramentos. Sólo una orilla o la brisa de mayo. Un ligero adiós y varias plumas tintas. Arquitectura de un día común / 49
  • 50. LA PARTIDA DE ELISA (una chica a la orilla del mar) Muñecas y virginales heridas ocupan la parte más sutil del equipaje. La silueta del adiós o la promesa de alguna bienvenida nos reservan senderos rotos. En palabras no colisionan los hechos: las acciones son lo certero y lo incorrecto. En un resonar de furores, el sollozo de las aves comprenderá el temor o la inútil privación de los afectos. La virtud del vivir tiene medida en situaciones y pretextos o en oscuros recintos donde el amor oculta siempre sus bondades. Resignaciones o delirios, un acercamiento presuroso al vértigo imitará la calma. Tránsito de luces. Ideas, vivencias de fantasías rotas. Las palomas consumen el acero de sus jaulas. Los ángeles dibujan en silencio las plegarias. La única libertad es aquella que se atrapa. 50 / Oscar Ramirez
  • 51. Bajo los manzanos o los nombres descubrirás el instante perfecto para la osadía. Intentarás un refugio donde dormir. Sólo te quedará el habitáculo donde lograste empañar la irascible condición de los secretos: el privilegio del dolor, la imperfecta solidaridad de la muerte. Incoherentes melodías o creencias de bienaventuradas extensiones de vida nos advierten el descanso. Carente de razones, una lejana cruz agiliza las mentiras y nos describe la promesa de la consumación. Brevedad al esconder la tentación del alba. Alrededor de tus huellas, imágenes saturan la ocupación del silencio. Un cristal ocultando los nombres o la cruel figura del adiós. Cuando vuelvas entenderás la nulidad de tus actos y aquellas flores cubriendo el descanso de tus manos. Las orillas ocultarán el sol mientras infantiles gaviotas te invitan a levantar la mirada. Arquitectura de un día común / 51
  • 52. El horizonte comprenderá la ironía de tu verdad. Las aguas contemplarán tu caída mientras las gotas del amor se aglomeran bellamente sobre la arena. 52 / Oscar Ramirez
  • 53. ENSAYO ACERCA DE LA LIBERTAD Muro. Canción de gentiles robles. Golpes de olas sobre el cimiento olvidan la precaución de conservar el silencio. De regreso al norte, la fortaleza de un corazón resuelto al rencor. Muy lejos de sí mismos, plegarias imitan el resonar de violentas muestras. Las manos, tibias, colmadas de inocencia, acarician la piel del cordero. El silencio descubre los conflictos de la realidad. Remotas venturas asoman la creencia de un latir muy lejos de los robles. La serena comparsa de Efebo describe los intentos por aprender a dominar las orillas. Inclinada hacia el manto deforme, la multitud demuestra su compromiso: un pétalo o el desliz de impuras almas que desconocen la verdad de los abriles y el incienso. Arquitectura de un día común / 53
  • 54. Hemos descubierto el sutil espectáculo de la soledad. Trémula de amor, un ave desliza su religión por encima de los profetas. Podemos contemplar la indulgencia de su silueta, pero no podemos acompañarla. Ahora, desnuda, la noche cobija la fiebre de las madres. Ningún llanto podrá dibujar el festivo descanso de los sueños. Ningún sueño tendrá el festivo color del descanso. Sólo el infantil sollozo o la caída de solitarias hojas en el invierno. Las estaciones perderán de por sí los estragos. El ave, herida de alas, dirige su firmeza sobre las aguas. Lograr escapar del horizonte con la firme convicción de hundirse en lo lejano: en ti aprendemos el inútil intento de la libertad. Apresados en lo infinito abriremos de par en par la mirada: podemos contemplar el dolor, pero no podemos comprender el llanto. 54 / Oscar Ramirez
  • 55. IV [PRINCIPIO Y FINAL DE LAS HISTORIAS] Arquitectura de un día común / 55
  • 56. 56 / Oscar Ramirez
  • 57. (presente) He aquí principio y final de la historia. Deambulando sobre los rezagos de una ciudad derruida, una muchacha de muñecas de oro, de cintas e infantil figura provocando en un sueño el mediodía, nos descubre las palabras y la matinal ausencia del amor. En ella, la juventud, otrora virtud prometida de la infancia, se dibuja como el portal de un abismo temeroso. Sus manos tienen la completa imagen de la esperanza. Sin la intención de los caminos, la voluntad tomó rumbo perverso. Entre lúdicas concepciones de realidad, entre partituras o melodías de inviernos, su silueta compone los vacíos donde la claridad nos devuelve el arpegio de solitarias habitaciones que se alimentan con el vibrar de oraciones vagabundas. Arquitectura de un día común / 57
  • 58. Sólo conservar el más puro de los secretos puede imitar en ella la certeza de volver a contemplar el amor a oscuras. Artificio de luz. Prevención de momentos en que el fuego escribe tentaciones o ecos. La lozanía de sus huellas serán el sendero donde podremos distinguir abriles o marzos corriendo entre prados y labios verdes. A la orilla del río, sus pies recrean las siluetas de pálidas hojas que simulan el porvenir de los barcos. El consejo de las aves es concreto: no tienten volar, ustedes carecen de viento. 58 / Oscar Ramirez
  • 59. (lo pasado) Romance y canción del fauno. La libertad de las niñas tiene precio merecido. Laberinto de palabras e inverosímiles argumentos nos confían la aparición de bárbaros pilares. Observación o padecimiento: la realidad segmenta la cicatriz del cordero. Sólo la verdad nos convence de lo aprendido. Con buenas acciones, aceptar el fin. El tiempo y la luz han fracasado. La soledad envuelve líricas y tormentos bajo una corona cubierta de pecados que nos devuelve la ingratitud de la historia. La boca del mundo es un instinto donde el vino tornándose agrio nos reclama. Vacíos, vacíos opacan la claridad. Tertulias de acabóses recrean el inicio de las fauces. Arquitectura de un día común / 59
  • 60. Silencios abriendo temores a razón de higos maduros por vida ocupan la voluntad de resecas palmas. Imágenes nos perturban el descanso. En vista ajena se producen llantos. En cuerpos amados se cosen heridas. Una lanza o el final de los verbos dan fe de la esperanza no habida. Es inútil comprender lo infinito. 60 / Oscar Ramirez
  • 61. (el fin de toda esperanza) El rostro de lo que fuera una ciudad nos obliga a esconder la mirada. Para evitar la duda, el golpe de la verdad acecha las orillas del mundo. El corazón del hombre es ahora un terreno muerto donde la arena y el polvo vuelven a poblar la brisa. Aquella ciudad se dibuja entre escombros, aquella otra, es sinónimo y nos demuestra la ausencia de vida. La libertad carece de lugares donde huir porque sus cadenas tienen una magnitud tan extensa como el nombre de las niñas. Evitar abrir los ojos: podemos aprender a conllevar el exilio. A lejanos ecos o pasos de lo dormido, evitando el murmullo de cruces donde antaño condenamos el día, una muchacha deambula escribiendo sus años a la voluntad del viento. Arquitectura de un día común / 61
  • 62. Camina por abrojos y cenizas, por rezagos de mundos hacia la orilla del mar. Sus huellas son testimonio y plegaria de perdidas palabras sofocadas por la agonía del tiempo. Nada puede corromper su vital armonía. Ha logrado comprender el principio y final de la historia: ninguna esperanza es bienvenida. En ella se puede percibir lo preciado: caminar al dolor sin temor a dominar el silencio. 62 / Oscar Ramirez
  • 63. Arquitectura de un día común / 63
  • 64. 64 / Oscar Ramirez
  • 65. ÍNDICE 7 / Prólogo, por Bethóven Medina I Arquitectura de un día común 15 / inventario de imágenes 17 / precoz obertura del sol 18 / bosquejo de la contemplación del mar por las mañanas 20 / creación de las palabras 21 / persistencia o el espíritu del tiempo 23 / poema acerca de la concepción del olvido 25 / fábula del sueño II Oficio de aprendiz 29 / oficio de aprendiz 31 / las aves y el amor 32 / morena 34 / lo más secreto de las voces III Pequeñas historias 39 / breve intento de la soledad 41 / contemplación de castillos 44 / la tentación del amor 47 / lúdico historial de las horas 50 / la partida de elisa 53 / ensayo acerca de la libertad IV Principio y final de las historias 57 / (presente) 59 / (lo pasado) 61 / (el fin de toda esperanza) Arquitectura de un día común / 65
  • 66. 66 / Oscar Ramirez