LOS PADRES DEL ADOLESCENTE
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LOS PADRES DEL ADOLESCENTE

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Una reflexión sobre lo que buscan los adolescentes en un buen padre y una buena madre.

Una reflexión sobre lo que buscan los adolescentes en un buen padre y una buena madre.
Por: Alvaro Jiménez Cadena S.J.

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LOS PADRES DEL ADOLESCENTE LOS PADRES DEL ADOLESCENTE Presentation Transcript

  • LOS PADRES DEL ADOLESCENTE Por: Álvaro Jiménez Cadena S.J.
    • La mayoría de los padres y madres carecen del aprendizaje y de la experiencia para educar a sus hijos adolescentes, por lo cual es necesario estudiar, reflexionar, tratar de aprender. Por el hecho de casarse y de tener un hijo, no se ha aprendido a educarlo y mucho menos en el periodo tan complicado de la adolescencia. La paternidad y la maternidad son un conjunto de relaciones familiares, una serie compleja de relaciones en la constelación familiar y todas ellas influyen en la formación de los hijos.
    • Hablando recientemente con un padre de familia, me preguntaba 
    • "¿Cuál  es  el  mejor  regalo que  le puedo hacer a  mi  hijo?".
    •   Le hice ver a ese padre que el mejor regalo no era el dinero: puede darse mucho dinero, puede complacerse siempre al hijo aun en sus menores caprichos, y sin embargo no ser un buen padre (o una buena madre) y no ser amado y apreciado por el hijo o la hija adolescente. Debemos evitar el rechazo y la indiferencia. No ser padres ni madres demasiado ocupados( as) para cuidar del hijo y para atender sus problemas, no ser de aquellos padres que tienen tiempo para todo, excepto para la educación de sus hijos.
  • ¿Qué es entonces lo que esperan los adolescentes de un buen padre o de una buena madre?
    • En primer lugar amor auténtico, sería la palabra que resumiría todas las demás cuaIidades de un buen padre o madre. "Amor" no significa mimar al hijo; no significa tampoco sobreprotegerlo. Es crear en él el sentimiento de que es un ser aceptado, entendido, amado; de buscar realmente el bien de ese muchacho o de esa niña adolescente.
    • Hay que saber separar el afecto de la disciplina y del control. Nunca puede convertirse el amor verdadero en un elemento de control sobre el adolescente. Ese control estaría expresado en esta frase "te quiero si te portas bien y dejo de quererte cuando te portas mal".
    • El amor tiene que ser algo "incondicional": querer al hijo a pesar de sus defectos. y para quererlo hay que tratar de comprenderlo, de tomarlo tal como es, es algo más que saberlo tolerar; es paciencia. No podemos juzgar al hijo adolescente con la misma balanza con que juzgamos a los adultos, nosotros adultos también fuimos adolescentes, aunque a veces esos recuerdos están muy borrosos en nuestra memoria.
    • En segundo lugar, los adolescentes buscan alguien a quien poderse confiar, un amigo, un confidente; un adulto que los sepa escuchar, que los entienda. No confiaran ellos en el adulto, si este no entiende lo que el joven siente y la manera como piensa.
    • Subrayamos a veces demasiado los desacuerdos entre padres e hijos y no nos fijamos en los muchos puntos de acuerdo que hay entre ellos, en actitudes, en valores; y todo ello nos capacita para comprenderlos mejor.
    • El hijo anhela poder confiar en sus padres. Ese respeto, esa confianza no se improvisa; cuando al muchacho se le presenten sus primeras dificultades en terrenos delicados, como es el aspecto afectivo y sexual en la adolescencia, si no ha tenido antes diálogo y confianza en el padre, en la madre. Será tarde para improvisarlo.
    • En tercer lugar, el joven espera de sus padres una actitud comprensiva y abierta hacia la juventud actual; padres que no anden criticando en todo a los jóvenes, ni recalcando aquello de que "todo tiempo pasado fue mejor", ni hablando con nostalgia de los dorados tiempos idos; de lo buenos adolescentes que entonces existían, de lo buenos adolescentes que ellos mismo fueron.
    • A los padres les conviene recordar cómo transcurrió su propia adolescencia, como lo expresa aquella canción que dice "Yo también tuve 20 años y un corazón vagabundo".
    • En cuarto lugar, el adolescente busca alguien que tenga confianza en ellos, que ponga en ellos esperanzas y que les infunda optimismo y alegría, con una actitud positiva. Alguien que espere de ellos lo mejor, que los estimule a progresar y crecer. Quieren padres que se fíen más de ellos y que se preocupen menos sí mismos.
    • Si la relación entre los padres y los hijos es sincera y afectiva, los hijos tratarán de complacer al padre y a la madre y de llenar esas expectativas que ellos les manifiestan.
    • Esto implica el respeto a su privacidad. Un adolescente exige privacidad en determinados aspectos de su vida como en su habitación, sus pertenencias, su armario con llave, sus vestidos, sus cartas y secretos.
    • Además de esto, los hijos esperan de sus padres un estimulo animador. Desean recibir alabanzas. Una necesidad fundamental de todo ser humano, desde el punto de vista psicológico, es la necesidad de reconocimiento; que a uno le reconozcan lo que es, lo que vale, lo que puede, lo bueno que realiza. Este reconocimiento es un sistema de educación mucho más efectivo que la crítica y el regaño, especialmente cuando se hacen de manera indebida, áspera o en público.
    • El joven necesita y quiere libertad para decidirse; responsabilidad, capacidad para tomar decisiones, para resolver por sí mismo sus problemas, evidentemente con la ayuda prudente, que el padre y la madre pueden darle. Si el padre le impide tomar decisiones, puede resultar el adolescente resentido, agresivo u hostil; o por lo contrario el adolescente aislado, tímido, inseguro de sí mismo.
    • El adolescente debe poder  decir "Yo ya  soy un  hombre  o  una  mujer y tengo la capacidad  de  decidirme  por  mi mismo".
    • El padre o el educador no deben solucionar todos los conflictos del adolescente, ni los problemas que a este se le presentan.
    • Sería esto impedirle su propio crecimiento. Un buen psicólogo, un buen padre, un buen educador, ayudan proporcionando información al adolescente y asesorándole discretamente; sistema por el cual se capacita a la persona para tomar decisiones, pero sin quitarle la responsabilidad.
    • Otra cualidad que desea y espera el adolescente en sus padres es la de ser un guía sin intromisiones indebidas. Esta característica casi equivale a la anterior y la complementa. El joven busca un apoyo discreto; necesita todavía la seguridad que le brinda un adulto a quien acudir en busca de aprobación y de confianza en ese momento tan difícil de inseguridad y oscuridad que es la adolescencia. Si no encuentra ese apoyo discreto, puede entrar en pánico ante las dificultades, llegar a dudar de su propio valer: Si tiene en sus padres ese apoyo, cuando lo necesite, encontrará un guía, un consejero, un verdadero director.
    • El adolescente no quiere andar pegado de las faldas de la mamá: no quiere que lo acompañen a la universidad, no quiere que lo lleven y lo recojan de una fiesta, no quiere que tomen las decisiones por él.
    • Pero en el extremo opuesto estaría el padre a quien no le importa lo que hace su hijo, las buenas o las malas notas que obtiene en el colegio, lo que hace por la noche, las compañías en que anda, en que gasta su dinero.
    • Otra cualidad muy importante que los adolescentes desean en sus padres es la consistencia en cuanto a normas claras y fijas de disciplina y de conducta. A primera vista puede sorprendemos que la ausencia de normas y la inconsistencia desagraden al adolescente, pero ellos mismos manifiestan con frecuencia en conversaciones y en encuestas que echan de menos cierta consistencia en cuanto a normas y costumbres.
    • Hay padres que son impredecibles; rigen su conducta de acuerdo con el humor del momento: sus reacciones, sus premios y sus castigos, dependen de factores absolutamente impredecibles, como es el estado de su humor o de salud. Es realmente imposible que una madre y un padre, conserven su humor absolutamente tranquilo y estable, pero esas alteraciones en el humor no pueden ser las que guíen la conducta, las normas, los premios, los castigos, la disciplina en el hogar. La madre puede haber tenido sus contratiempos en la casa o fuera de ella, el padre puede haber tenido un día sus problemas en la oficina o en sus negocios, pero eso no significa que deba llegar de mal genio a castigar a su hijo o a su hija y a desahogar en ellos su mal carácter.
    • Los disgustos entre los mismos padres pueden ser fuente de inconsistencia para el trato con el hijo. Algunos padres cometen el error de tomar a su hijo como escudo, como arma, como instrumento de combate en sus propias tensiones y problemas, es un profundo error de educación, en que fácilmente caen las parejas poco armónicas o que están en plan de separación o de divorcio.
    • El adolescente aborrece la inseguridad, que le causa angustia; por eso busca normas claras, normas precisas.
    • Sin embargo, la permisividad extrema tanto como la excesiva severidad, parecen ser menos perniciosas para la formación del carácter que la inconsistencia en la disciplina: hoy los padres se muestran demasiado estrictos, mañana demasiado amplios.
    • Los jóvenes necesitan dirección, siempre habrá en su educación restricciones, normas, controles externos, como los hay en cualquier vida civilizada; es importante formar al adolescente y aun al niño, en lo que llamamos los psicólogos 
    • “ el  nivel de  tolerancia ante la frustración".
    • Finalmente los jóvenes necesitan  "un  mo delo de  identificación"  y esperan ese modelo del padre y de la madre. El niño lo espera de manera especial de su padre, la niña lo espera especialmente de su madre. Desde un punto de vista puramente psicológico, de muy poco servirían las palabras, el sermoneo, las exhortaciones, si los valores que queremos inculcar en los hijos, no los viven realmente los padres en su propia vida; el adolescente necesita una pauta de vida que facilite su salud mental, su salud psicológica, lo mismo que el mundo de sus valores y su conducta ética y moral.
    • "Los niños y los adolescentes tienen más necesidad de modelos que de críticos"