I  ?-INDIGEN
BOTANICA INDIGENA DE CHILE
VICARIATO APOSTOLIC0 DE LA ARAUCANIA                    CAULLA 276-V   - 06RONIMO DE ALD6P6TS   939   - PONO 25           ...
ERNEST0 WILHELM DE MOSBACH         BOTANICA         INDIGENA          DE CHILE           PROLOG0 Y EDICION            CARL...
La publicaci6n de esta obra ha sido posible gracias a1auspicio de la Fundaci6n Andes, a traves de su Programa deApoyo a la...
INDICENota de 10s editores. Carlos Aldunate y Carolina Villagriin . . . . . . . . .                    11PAGINAS PRELIMINA...
NOTA DE LOS EDITORESHace ya varios afios, el profesor Ziley Mora, que entonces trabajabaen el Liceo Paulo VI de Puc6n del ...
civile del regno del Chile (Bologna, 1776), del Abate Juan IgnacioMolina; Flora peruviana et chilensis, sive descriptiones...
PAGINAS PRELIMINARES
Revmendo P. E. Wilhelm de Mosbach consultando su herbario.                                          14
EL PADRE WILHELM DE MOSBACH: UNAPOSTOL Y GUERRERO DE NUESTRA SELVA              PERDIDA“A1 llegar a Chile, en 1920, fui de...
acompaiia a 10s ejercitos de su patria como “Capellsn de la Divisi6n197” del Regimiento de Infanteria de Baden. Sus merito...
Tal es el panorama general a la llegada de Fray Ernesto delimbito aborigen de esas provincias de la Frontera. Tras una bre...
edad avanzada y una muy considerable perdida de la visibn, lograuna colecci6n de plantas considerada el herbario taxon6mic...
en nuestro Arauco, el mentis miis absoluto a1 inmovilismo de lainercia, de la comodidad culpable del cristiano o del inves...
la ya mencionada opini6n del Dr. Lenz (supra) agregamos su entu-siasta y autorizada sintesis: “No he visto nunca una descr...
7. Botanica Indz’gena de Chile.   Edici6n a cargo del Museo de Arte Precolombino, Santiago, 1986,130 pp. Coronaci6n de un ...
.....                                                                  .....                                              ...
RECOLECTORES DE LOS BOSQUES  TEMPLADOS DEL C O N 0 SUR AMERICAN0“Cuando yo era chico todavia, ayudaba a mi padre. El traba...
ca, cuando el gobierno de Chile completa el proceso de “pacifica-ci6n de la Araucania”, que recikn concluye en 1891. El la...
meridional de esta regi6n restos arqueol6gicos que evidencian laexistencia de pueblos con actividades agricolas muy elemen...
ocupaban, y colonizando el resto del territorio. La obligada seden-tariedad impuesta, junto con determinar un empobrecimie...
reciben designaciones especificas en lengua mapuche. El lafkenmapu o tierra del mar comprende las planicies costeras ubica...
para alimentacion. Son muy abundantes en esta regi6n la Duruilleaantarctica, que recibe el nombre de kollof, una enorme al...
coguil (Lardizabala biternata), el poe (Fascicularia bicolor) y laquilineja (Luzuriaga radicans). Estos frutos, junto a 10...
“He went on to say that another staple food in his boyhood dayswas wild grain, that it grew in abundance in his country, b...
de recoleccibn, el que adn permanece vigente en 10s lugares miisalejados de 10s asentamientos urbanos. Son 10s descendient...
dellos abundancia de resina blanca mui medicinal para diversasenfermedades...” (Mariiio de Lobera (s. XVI) 1760, 268).   E...
nos y femeninos son tenidos por bisexuados. La fecundaci6n ane-m6fila -a traves del viento- es tambien entendida como unpr...
Por otra parte, a1 comenzar este trabajo, advertiamos las profun-das transformaciones que afectaron a 10s habitantes del c...
recolecci6n marina de peces, moluscos y algas est5 presente hastahoy, no s610 para el autoconsumo, sin0 tambien -en el cas...
relaciones que existen entre estos organismos con 10s distintoselementos del ambiente que 10s rodea.   Otro aspect0 de la ...
BIBLIOGRAFIAALDUNATE, CARLOS. “El indigena y La Frontera”. En Relaciones Fronterizas, Ed.   Universidad Cat6lica de Chile,...
MENGHIN, OSVALDO. “Estudios de prehistoria araucana”. En Acta Prehisto’rica III-  IV. Buenos Aires, Argentina, 1962.MUNOZ,...
BOTANICA INDIGENA DE CHILE
PROLOG0Hace seis o siete aiios, un dia cualquiera, conoci en Limache a unsacerdote cat6lico alemiin, se acerc6 a mi casa s...
ci6n tenga la buena acogida que se merece y a la vez hago llegar asu autor mis felicitaciones m5s sinceras por su verdader...
INTRODUCCIONLos indigenas de Chile siempre han vivido en el miis estrechocontact0 con la naturaleza. Frase trillada, si se...
lQ Los nombres anotados provienen, en su gran mayoria, de laregi6n entre Concepci6n y Chiloe; m5s a1 sur 10s aborigenes ja...
con poner a1 fin del texto un registro alfabktico con indicaci6n dela piigina correspondiente a cada planta tratada.   La ...
NOTAS PRELIMINARES                  1”Breves observaciones foneticas   La e mapuche, vocal sorda, casi muda, indica en muc...
1. ESPOROFITAS          A                                            A                                            ,-      ...
1. ESPOROFITAS         Plantas que se reproducen por unos corp~sculos    llamados esporas. Comprenden las         Taldfita...
con frondas de color verde          roble o iiirre; el Llau-Llau                  De las Poliporaceas   y consistencia gel...
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  1. 1. I ?-INDIGEN
  2. 2. BOTANICA INDIGENA DE CHILE
  3. 3. VICARIATO APOSTOLIC0 DE LA ARAUCANIA CAULLA 276-V - 06RONIMO DE ALD6P6TS 939 - PONO 25 VIuAlPfcA - ama A U T O R I Z A C I O N Autorizase a1 Museo de Arte Precolombino de Santiaeo a editar la obra BOTANICA ‘INDIGENA DE CHILE, obra escrita por el Revdo. Padre Ernest0 Wilhelm de MSsbach. Villarrica,4 de Septiembre de 1986.Autorizada su circulacibn, en cuanto a 10s mapas que contiene esta obra, por resoluci6n NQ 203, de fecha 25 de septiembre de 1991, de la Direcci6n Nacional de Fronteras y Limites del Estado.De conformidad a1 art. 2Q,letra g) del D.F.L. NQ 83, de 1979, del Ministe-rio de Relaciones Exteriores, la edici6n de la presente obra en lo que serelacione con 10s limites y fronteras actuales del pais no compromete en modo alguno a1 Estado. Ninguna parte de esta publicaci6n, incluido el disefio de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningfin medio, ya sea elkctrico, quimico, mechnico, bptico, de grabaci6n o de fotocopia, sin permiso previo del editor. 0 EDITORIAL ANDRES BELLO Avda. Ricardo Lyon 946, Santiago de Chile Inscripci6n NQ79.837 Se termin6 de imprimir esta primera edici6n de 1.000 ejemplares en el mes de abril de 1992 DISENO: Eduardo Bernain D. IMPRESORES: Alfabeta IMPRESO EN CHILE / PRINTED IN CHILE ISBN: 956-13-0970-9
  4. 4. ERNEST0 WILHELM DE MOSBACH BOTANICA INDIGENA DE CHILE PROLOG0 Y EDICION CARLOS ALDUNATE CAROLINA VILLAGRANMUSE0 CHILENO DE ARTE PRECOLOMBINO FUNDACION ANDES Q BELLO EDITORIAL ANDRES 5
  5. 5. La publicaci6n de esta obra ha sido posible gracias a1auspicio de la Fundaci6n Andes, a traves de su Programa deApoyo a la Difusion del Patrimonio Cultural. Este programa tiene un doble prop6sito: contribuir a1conocimiento y valorizaci6n del patrimonio cultural del paisy, a la vez, mejorar las actuales condiciones de su conser-vacibn, restauracibn, documentacih y exhibici6n.
  6. 6. INDICENota de 10s editores. Carlos Aldunate y Carolina Villagriin . . . . . . . . . 11PAGINAS PRELIMINARES. El padre Wilhelm de Mosbach: un apbstol y guerrero de nuestraselva perdida. Ziley Mora Pernoz. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 15. Recolectores de 10s bosques templados del con0 sur americano.Carlos Aldunate. Carolina Villagran. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 23BOTANICA INDIGENA DE CHILEPrblogo. A . Garaventa H. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 41Introducci6n . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43Notas preliminares . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 471. Esporbfitas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 492. Espermbfitas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 57 2.1. Gimnospermas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 59 2.2. Angiospermas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 60 2.2.1. Monocotileddneas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 60 2.2.2. Dicotiledbneas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 71GLOSARIOS.Glosario de nombres indigenas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 121.Glosario de nombres vulgares . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 127.Glosario de nombres cientificos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 131 9
  7. 7. NOTA DE LOS EDITORESHace ya varios afios, el profesor Ziley Mora, que entonces trabajabaen el Liceo Paulo VI de Puc6n del Vicariato Apost6lico de laAraucania, nos inform6 de un manuscrito initdito del padre Wil-helm de Mosbach sobre Botiinica Indigena. Conociendo la im-portancia y trascendencia de la obra de este eminente sacerdote,gran estudioso de la cultura mapuche, nos propusimos la tarea depublicar esta obra, escrita mientras el padre Mosbach estaba enfer-mo en Limache, all5 por 10s afios cincuenta. Obtuvimos el generosopermiso del Vicariato, heredero intelectual de la obra del sacerdote-autor, y solicitamos a1 profesor Ziley Mora que escribiera su resefiabiogriifica. Por nuestra parte, iniciamos la tarea de poner a1 dia laobra con la taxonomia cientifica vigente y preparamos un articulointroductorio que demuestra la importancia que la actividad derecolecci6n tuvo en la cultura mapuche, con el fin de darle uncontext0 hist6rico y antropol6gico a1 manuscrito que forma la basede esta obra. Gracias a la comprensi6n y generosidad de la Fundaci6n Andes,la cooperaci6n de la Editorial Andres Bello y el patrocinio delMuseo Chileno de Arte Precolombino, damos hoy cumplimiento anuestro compromiso. Hemos tratado de reproducir la obra delpadre Mosbach con la misma redacci6n y espiritu con que fueproducida, incluso dejando algunos conceptos te6ricos y metodol6-gicos que la Botiinica ya no utiliza, pues estimamos que correspon-den a1 momento hist6rico del texto. S610 hemos revisado la taxono-mia cientifica de las especies mencionadas, con la finalidad dehacer la obra accesible a botiinicos y naturalistas. En el titulo queencabeza cada enumeraci6n de familias botiinicas, colocamos entreparitntesis el ntimero de generos y especies actualmente conocidos.Para facilitar la consulta del pilblico no especializado, agregamos a1glosario de nombres indigenas que contenia el manuscrito original,uno de nombres cientificos y otro de nombres vulgares, y corregi-mos pequefios errores de redacci6n y de organizaci6n de la obra. Conservamos tambiitn el Pr6logo escrito por don Agustin Gara-venta, un gran naturalista y experto en la flora de la cuenca del rioAconcagua, a1 cual el propio autor le confi6 esa misi6n. Las ilustraciones corresponden a laminas de textos hist6ricos dela Botiinica chilena: Compendio della storia geografica, naturale e 11
  8. 8. civile del regno del Chile (Bologna, 1776), del Abate Juan IgnacioMolina; Flora peruviana et chilensis, sive descriptiones et iconesplantarum peruvianarum et chilensium, secundum systema Linne-anum digestae, cum characteribus plurium reformatis (Madrid,1798-1802), de Hip6lito Ruiz y Jos6 Antonio Pav6n, y Historiaflsicaepolitica de Chile - Bothnica (Paris, 1845-1854), de Claudio Gay.Ellas se complementaron con otras, hechas especialmente para estaocasi6n por Eduardo Bernain, And& Jullian y Eduardo Osorio. Entregamos esta obra, que constituye un trascendental aporte a1patrimonio cultural de Chile y de la humanidad, en la medida querefleja el conocimiento del medio natural de una cultura que desa-rroll6 una singular adaptacih a1 sistema de 10s bosques templadosdel con0 sur americano. Y esta peculiar forma que tiene el hombrede conocer su medio, adaptarse a 61 e integrarlo a su economia,lenguaje y sistemas de ideas y valores es siempre Gnica, irreprodu-cible e irrepetible. No podemos permitir que desaparezca. CARLOS ALDUNATE CAROLINA VILLAGRh Editores 12
  9. 9. PAGINAS PRELIMINARES
  10. 10. Revmendo P. E. Wilhelm de Mosbach consultando su herbario. 14
  11. 11. EL PADRE WILHELM DE MOSBACH: UNAPOSTOL Y GUERRERO DE NUESTRA SELVA PERDIDA“A1 llegar a Chile, en 1920, fui destinado para la cristianizacibn delpueblo araucano. Tuve la suerte de encontrarme con un venerableanciano de la raza que hablaba su idioma natal con extraordinariaperfecci6n. Bajo su guia conoci ‘la lengua’... Asi es que durante milarga estada en el pais ambas lenguas, la de Cervantes y la aut6cto-na de Lautaro, alternaban tanto en el cumplimiento de las obliga-ciones ministeriales del misionero capuchin0 de la Araucania, comoen las actividades literarias...”I CRUCES DE HIERRO Y DE CANELOAlois Wilhelm, su nombre civil, naci6 el 9 de septiembre de 1882en Mosbach, la Selva Negra del sur de Alemania. Hijo de pequeiiosagricultores biivaros, cumpli6 satisfactoriamente sus humanidadesen el “Gymnasium” de Estrasburgo, luego de haber completado susprimeras letras en la pequefia aldea natal. Acogiendo el llamadosacerdotal, decide estudiar filosofia y teologia, estudios superioresque, junto a la formaci6n religiosa propiamente tal, cumplierasucesivamente en Cleve, Krofeld y Munster, de Westfalia. El iniciode esta etapa fue marcada por la toma de hiibitos en la OrdenCapuchina de Baviera, suceso verificado el 17 de septiembre de1904. Luego de seis afios de formaci6n eclesial, donde el seminarista-novicio Wilhelm no ofreci6 n i n g h perfil critic0 en su crecimientoespiritual (entonces, el ingresar a1 noviciado con 22 afios seconsideraba “vocaci6n madura”, o vocaci6n “tardia”), se ordenasacerdote el 10 de agosto de 1910. A partir de ese momento, casicoincidente con la profesi6n de 10s votos perpetuos y conforrne ala costumbre de la Ordefi, afiadi6 a su apellido el nombre de lalocalidad de la cual era oriundo. Al comenzar la Primera Guerra Mundial, el joven sacerdote, quecumplia m5s bien oficios conventuales que pastorales, debe marchara1 frente como asistente espiritual de las tropas. Entre 1914 y 1918 Carta respuesta del Padre W. de Mosbach enviada a la Academia Chilena de la Lengua,con motivo de su designacih como Miembro Correspondiente de esa corporaci6n, fechadael 12 de diciembre de 1960, en Panguipulli. 15
  12. 12. acompaiia a 10s ejercitos de su patria como “Capellsn de la Divisi6n197” del Regimiento de Infanteria de Baden. Sus meritos de campaiia,exhibidos particularmente en 10s frentes de Francia y Rusia, lohacen acreedor a dos importantes distinciones militares. El gobiernoalemiin le otorga la Cruz de Hierro de Segunda y Primera Clase y lacondecoraci6n del Emperador de Austria, Francisco Jose. La valentiay celo en su deber le vali6 la distinci6n “Le6n de Zaehringer”. Una vez abandonado el uniforme del Noveno Regimiento deBaden y reasumidas las funciones propias del religioso, Fray ErnstWilhelm de Mosbach retoma una sentida postulaci6n ante sus Su-periores: el envio a las misiones de las colonias en 10s Mares delSur (Islas Bismarck). El proyecto aborta luego de que 10s capuchinosson expulsados a Kansu, China. A1 considerar este posible nuevoobjetivo misional y fracasar igualmente, a1 padre Ernest0 se lepropone la alternativa de las misiones en la Araucania chilena,cuarta tentativa que por fin prospera. (Antes, la Primera Guerravendria a derrumbar sus anhelos de trabajar en las misiones de lasIslas Marianas y Carolinas en la Polinesia.) La posibilidad del sur deChile constituy6 siempre una creciente alternativa de fondo, pro-gresivamente alimentada y solicitada, por la informaci6n que sepreocupaba de reunir sobre el pais y particularmente por la emo-cionada lectura que hacia de La Araucana, el famoso poema epic0de Ercilla. MISIONARAUCANAEl padre Mosbach lleg6 .a las misiones araucanas de la OrdenCapuchina bsvara en 1920, fecha que encontraba a1 pueblo mapucheen acelerado proceso de transculturaci6n. Hacia cerca de cuarentaaiios que habian dado la filtima guerra por la autonomia de susterritorios. Junto con la perdida de sus bellisimos espacios, lasciudades y el comercio blancos hacian estragos con 10s usostradicionales de la raza. La cultura ancestral mapuche, en granmedida tambien por la eficacia misional que educaba a 10s j6venesy niiios indigenas de acuerdo a1 esquema occidental, sufria unaprofunda e irreversible asimilaci6n. Segfin fuente oficial de la propiaOrden del neomisionero, hasta esa fecha y en un period0 deveinticinco aiios, 10s capuchinos habian bautizado 46.941 niiiosmapuches y 64.093 niiios chilenos en la Araucania: “En 1920 teniamos38 escuelas misionales con 1.891 niiios, y 19 internados (el alumnadoera indigena casi en su totalidad), con 1.214 alumnos: en total 3.005educandosn2.En sintesis, junto a la callada humillaci6n de 10s viejoscaciques y machis que veian 10s deslindes de alambradas winkasen sus propias tierras, pisoteada y hachada la uberrima floresta, sesumaba aquel extravio del espiritu de la raza, la enajenaci6n delalma, la perdida de la identidad. Crbnicas del P. Bucardo Englert de Rottingen. Prefect0 Apost6lico y Superior Regular. 25ados de actividad misionera en la Araucania de Chile (1896-1921), compuesta para el ArchivoProvincial de Altotting, Alemania. 16
  13. 13. Tal es el panorama general a la llegada de Fray Ernesto delimbito aborigen de esas provincias de la Frontera. Tras una breveestancia en Cunco (septiembre de 1920) y San Josi. de Mariquina(febrero de 19221, donde recibe las primeras clases de mapudungundel ya insigne araucanista Fray Felix de Augusta, llega a BajoImperial, el sector costeiio del territorio. Alli, en las inmediacionesdel lago Budi y en el sector hoy denominado Puerto Saavedra,hasta 1934, transcurrib la epoca decisiva donde se gestara el monu-mental aporte etnolinguistico y cientifico de nuestro araucanista.Segfin un bi6grafo de la Orden, una noche del invierno de 1924lleg6 hasta la Misi6n de Budi un anciano mapuche a solicitarletrabajo. Inmediatamente, el sacerdote advierte el talent0 comunica-tivo, la cuidadosa elecci6n de las palabras nativas y su vastisimasapiencia ancestral. Se trataba de Pascual Coiia, cacique jefe de unareduccion local. “Un indigena legitim0 de la antigua raza araucana,per0 bastante instruido y dotado de una vida psiquica muy rica.Con i.1 me dediqui., sobre todo durante 10s meses de invierno de10s aiios 1924 hasta 1927, a1 estudio de la lengua y trataba con 61sobre toda especie de asuntos, ocupaciones, costumbres y usanzas.Apunti. literalmente todas las explicaciones que me dict6”...3 Esteencuentro origin6 en verdad, y en el decir de 10s especialistas delfuste de Lenz, “el documento miis completo que jamiis he visto enuna lengua sudamericana”... “Incalculable para la lingiiistica arauca-na, la etnologia chilena y la psicologia i.tnica en general”.*Porque sihubiera que senalar el hito mis importante de la vida de esteinvestigador y ap6stol de Arauco, sin duda que habria que indicarla obra Vida y costumbres de 10s indfgenas araucanos en la segun-daparte del siglo m,dictada por Pascual Coiia. El texto, verdaderagloria para Chile, representa el tronco fundamental de donde seoriginaron brotes magnificos, como la Botanica Indgena, que ger-minaron posteriormente. Las otras obligaciones ministeriales no literarias biisicamentecomprendieron la “cura de almas” y la administraci6n parroquial.En febrero de 1934, es enviado a misionar a Rahue (Osorno) y enmarzo del aiio siguiente (1935) a Gorbea. Aqui asume la responsa-bilidad de pirroco, construye templos con maderas y palabras; elde Gorbea y Quitrahue, entre 10s primeros; su Voz de Arauco entre10s segundos. En febrero de 1944, llega el padre Ernesto a SanFrancisco de Limache (provincia de Valparaiso), donde se desem-peiiara como Director espiritual y capellin del colegio de 10s Her-manos Maristas de esa ciudad. Alli habia ido a recuperarse, autori-zado por sus superiores, afectado por un fuerte reumatismo quecontrajera en la fria y lluviosa regi6n austral. Pero a pesar de sudolencia, nunca deja de investigar, escribir o estudiar. En esteperiod0 se ubica el grueso de su trabajo botinico, la pacienterecolecci6n y observaci6n de todos 10s vegetales aut6ctonos yendemicos del pais. A pesar de la ya dicha afecci6n reumitica, su Viday costumbres de Cs indgenas araucanos en la segunda parte del siglo XIX. Ernesto oWilhelm de Mosbach, Prefacio, Imprenta Cervantes, Santiago, 1930. * Ibid. En el Pr6Iogo escrito por Rodolfo Lenz. 17
  14. 14. edad avanzada y una muy considerable perdida de la visibn, lograuna colecci6n de plantas considerada el herbario taxon6mico mascompleto de su epoca. En septiembre de 1957 regresa a la Araucania. Es enviado a Pan-guipulli, lugar que asume exactamente a1 modo de la estancia enLimache: investigar el entorno vegetal, toponimico, cultural y hu-mano. Residiendo fundamentalmente en el hospital de las Hermd-nas de la Santa Cruz, comparte su oficio de capellan entre 10senfermos con el de etn6logo y naturalista. Llega a escribir unopdsculo cientifico hasta hoy inedito, llamado “Estudio botanic0 dela flora aut6ctona aledaiia a1 hospital de Panguipulli”. En medio deesta fecunda actividad espiritual, el 21 de noviembre de 1960, el Dr.Rodolfo Oroz, presidente de la Academia Chilena de la Lengua, lecomunica la decisi6n de esta de distinguirlo como Miembro Corres-pondiente de esa corporaci6n. A poco tiempo, el gobierno le lotorga la Orden a1 Merit0 Bernard0 O’Higgins. Su obra p6stuma esel trabajo titulado “Idioma mapuche”, texto que 61 califica de “re-fundici6n” de la Gramdtica Araucana del P. Felix Kathan de Au-gusta. Justo un dia antes de su muerte, el P. Mosbach tiene lasatisfacci6n de ver impreso este dltimo libro suyo. El gran fil61og0,etn6grafo y naturalista araucano habria de morir el 5 de mayo de1963 a la edad de 81 aiios. SIN RAICES N O HAY IDENTIDAD“Dificultan grandemente la elevaci6n de nuestra raza aborigen.. . 10svicios, en su mayoria adquiridos posteriormente de aventurerosextranjeros; la desconfianza, motivada por las injusticias y vejacio-nes de que 10s hicieron victimas miembros de las mismas nacionesque les explican el Evangelio del amor; la propia indiferencia,nutrida por la observaci6n de la dejaci6n religiosa y el relajamientomoral entre sus vecinos cristianos; finalmente, la lengua poco cono-cida y tan extraiia a1 habla melodiosa de sus madres adoradas ...” Globalmente considerado el legado Gltimo de Ernest0 Wilhelmde Mosbach y su inquebrantable voluntad inquisitiva, equivale auna interpelaci6n etica, implicita en ese asumir a fondo la cultura yel espacio ecol6gico del mapuche. Su figura termina por significaren la Araucania chilena la responsabilidad humana que librementese puede hacer cargo de la historia, por miis opaca que estaparezca, tornandola asi “viable para el Reino de Dios” o estado dearmonia global de 10s ecosistemas. Los verdaderos profetas asicomo 10s verdaderos cientificos -ambas dimensiones reunidas enMosbach y Augusta- nunca podrian admitir una evoluci6n me&-nica de la libertad, una concepci6n puramente pasiva de la esperade aquel Reino o del abandon0 a la entropia inconsciente y ca6ticade la energia. Para todos aquellos que piensan en que la soluci6npara el problema mapuche e indigena americano es la asimilaci6nineluctable a la cultura occidental, o que basta rezar por ellos parasu conversi6n hasta el dia final en que un Redentor 10s librara desus culpas y de sus Egrimas, Mosbach representa la m8s inquietantee inc6moda de las posiciones. Simbolizan el y su cohermano Augusta 18
  15. 15. en nuestro Arauco, el mentis miis absoluto a1 inmovilismo de lainercia, de la comodidad culpable del cristiano o del investigadorque imploran uno a la Providencia y el otro a cierta tendenciainvolutiva de 10s cuerpos, para no hacer lo unico que est5 llamadoa hacer. En este caso, restafiar la dignidad del ancestro, reunir yrecomponer las claves perdidas de nuestra raiz, proteger la matrizviolentada porque aun puede contener semillas. Es su sacrificio de40 afios una bofetada a1 pasivismo. Una bofetada a1 pastoralistacristiano que s610 pretendiese un barniz superficial de devociones yliturgias verniiculas fiiciles sin un compromiso de fondo y de cora-z6n por el destino de la raza. Una bofetada a1 dormido habitantede Chile que ya no reconoce la antigua joya que estrope6, queingenua y simplisticamente Cree que el alerce, el pehuen o el ko-piwe mapuche creceriin a pesar de 10s apetitos comerciales queerosionan el alma y despues el suelo. De la Selva Negra a la Selva Valdiviana: fue el exodo fisico einterno de Mosbach. Vino a mostrar la grandeza de la sabidurianatural de 10s indigenas para que estos la reconquisten y se auto-rrediman. Su obra opera como un despertador. Para el mapuche,retomar el camino del guerrero consciente, ensayar la nueva estra-tegia que preserve la levadura ancestral. Y para nosotros, 10s chile-nos, expiar el gran pecado de la ceguera. EL APORTE DOCUMENTAL DE MOSBACH1 . La Religi6n Catdica fii fiidolke Trokin Chile Meleyechi mapuchefii denum meu adtekul. Impreso en Imprenta San Francisco, Padre Las Casas, junio 1933.Tiene 121 piiginas y numerosas ilustraciones. Tema: Exposici6nsucinta de la doctrina cristiana en idioma mapuche, con un sencilloenfoque catequetico-pastoral. En la tapa y portadilla trae un tituloresumido: midolke mupifi denu.2. Vida y costumbres de 10s indgenas araucanos en la segundamitad del siglo X I X . Existen cuatro versiones-ediciones de la obra. La primera, publi-cada por el sistema de entregas a la Revista Chilena de Historia yGeografia, desde julio-septiembre de 1929 hasta enero-abril de 1936.Comprendida entre 10s tomos LXII (NQ 66) y LXXIX NQ 87). Todosestos capitulos o articulos fueron juntados y compilados bajo lavigilancia del eminente fildogo Dr. Rodolfo Lenz, originando unvolumen de 464 piiginas, bajo el titulo indicado (Imprenta Cervan-tes, 1930. Edici6n a cargo de la Universidad de Chile). La terceraedici6n la realiz6 ICIRA, Instituto de Capacitaci6n e Investigaci6nen Reforma Agraria, 464 piigs. en 1973. La ultima (4" edicibn), diri-gi6 Pehuen, Santiago, 1984, 464 piigina~.~ cumbre del autor. A Obra Las ediciones de I C I U y Pehukn Editores se publicaron bajo el titulo Pascual Coria: Me-morias de un cacique mapuche. 19
  16. 16. la ya mencionada opini6n del Dr. Lenz (supra) agregamos su entu-siasta y autorizada sintesis: “No he visto nunca una descripci6n tandetallada de costumbres sudamericanas, dada desde el punto devista del indigena mismo... La obra presentada por el P. Ernesto esde un valor enorme, incalculable para la linguistica araucana, laetnologia chilena y la psicologia etnica en general. El texto originalmapuche, dictado por un indigena legitim0 en su dialect0 patrio, esel documento miis completo que jamiis he visto en una lenguasudamericana. Cofia da descripciones no s610 de toda su larga vida,con su educacibn, sus viajes a Santiago y Buenos Aires, su partici-paci6n en fiestas, ceremonias y malones, sino que describe tambikntodas las costumbres y usanzas de su pueblo, su modo de vivirdesde el nacimiento hasta el entierro” (Lenz, Prblogo, IV).3. Voz de Arauco. Ejcplicacibn de 10s nombres indz’genas de Chile. Impreso en la Imprenta Padre Las Casas, 1944. Reimpreso tresveces: 1”edicibn, 1944, 250 piiginas, 2” edicibn, 1953, 264 piiginas,3 edicibn, 1960, 264 piiginas. Constituye la obra miis conocida y ”leida -a nivel masivo- del Padre Mosbach. Existe una edici6n noautorizada por la Orden ni por el Vicario Apost6lico de la Arauca-nia, bajo el titulo “Diccionario Mapuche” (Editorial Siringa, Neu-qukn, Argentina). Tema: Explicaci6n toponimica y desarrollo con-ceptual de terminos a prop6sito de etimologias mapuches claves,con abundancia de comentarios.4. Los Huilliches a traves de sus apellidos. Estudio etimolbgico de 10spatronimicos abor@genes sureGos. Trabajo compartido y coeditado con Walterio Meyer Rusca, Im-prenta San Francisco, Padre Las Casas, 1953, 227 piiginas.5. Diccionario geografico-etimolbgico indgena de las provinciasValdiuia, Osorno y Llanquihue. Texto en colaboraci6n con Walterio Meyer Rusca, Imprenta SanFrancisco, 1955, 299 piiginas. Este autor recibi6 tambikn valiosacolaboraci6n del P. Ernesto Wilheim de Mosbach en su trabajoVoces indgenas del lenguaje popular sureGo. (550 chilenismos, Im-prenta San Fco., 102 piiginas, 1952.)6. Idioma Mapuche. “Dilucidado y descrito con aprovechamiento de la GramiiticaAraucana del Padre Felix Jose de Augusta”. Imprenta San Francisco,Padre Las Casas, 1963, 265 piiginas. Aunque el autor modestamenteafirma que su libro es s610 una refundici6n de la Gramatica del P.Felix, en algunos aspectos, simplifica y reordena ciertos capitulos yaporta algunas notas de inter& Cabe hacer notar que la 6ptica deMosbach sigue siendo el enfoque latino-escoliistico aplicado a laestructura del rnapudunMn, enfoque que alcanzarii en su maestro10s limites miiximos de desarrollo. En verdad, obras cientificas comouna Gramiitica indigena casi nunca pueden ser totalmente origina-les, pues deben tomar en cuenta 10s trabajos anteriores. 20
  17. 17. 7. Botanica Indz’gena de Chile. Edici6n a cargo del Museo de Arte Precolombino, Santiago, 1986,130 pp. Coronaci6n de un largo y paciente trabajo etnobotiinico,constante recolecci6n, clasificacih y estudio de m5s de seiscientosvegetales aut6ctonos de Chile, el P. Mosbach pasa a la galeria de10s insignes naturalistas de este pais. Esta estirpe de botiinicosextranjeros y eclesiiisticos algunos de ellos, tiene en America aCelestino Mutis como una de sus miis importantes personalidades(1760, Colombia). En Chile, herbolarios predecesores de Mosbachhan sido Diego de Rosales, Alonso de Ovalle, el Abate Molina,Darwin, Gay, R. A. Philippi, Zin, y otros. Su investigaci6n tiene elmerit0 de haber reunido mucho del disperso material aportado por10s anteriores cronistas, cientificos y naturalistas, firme sustentaci6nde 10s datos medicinales y morfol6gicos del vegetal con observa-ciones y consultas serias, y muy interesantes notas etnogriificas enconexi6n con el prestigio tradicional asignado a la planta. La obra fuc escrita en Limache. All1 mismo el P. Ernesto dacuerpo a1 herbario indigena m5s completo de Chile. Esta colecci6n,a la muerte de su duefio, es cedida a la Universidad Cat6lica deChile, en carta que enviara el Superior Regular de 10s CapuchinosP. Inocencio Daumoser a1 entonces Arzobispo-Rector, monsefiorAlfred0 Silva Santiago. El Reverend0 Padre Daumoser no hacia otracosa que poner a1 servicio de todos el patrimonio de esas raiceslargamente investigadas, per0 hasta la fecha desgajadas de un con-texto serio, confiable y academicamente viilido. El Padre Mosbach habia terminado su trabajo el afio 1955, fechaen que ya estaba apt0 para la publicaci6n. Desconocemos 10smotivos por 10s cuales no envia el manuscrito a una imprentainmediatamente. Lo cierto es que despues de tres afios (1958)entrega dicho manuscrito a la Universidad Austral de Chile. Estacasa de estudios se entusiasma y el Rector de entonces consultapara “s610 saber si el Rvdo. Padre tendrii inconvenientes en hacerdonaci6n de 10s derechos de autor, tanto en la edici6n en lenguaespafiola corn0 extranjera”‘. N o consta documento con la respuestadel Padre Ernesto. La universidad realiz6 una copia original meca-nografiada, de la cual se habrian hecho dos o tres copias miis. Unade ellas en algcn momento fue enviada a1 Vicariato Apost6lico consede en Villarrica. (Las otras quedaron en biblioteca.) Y es en estelugar donde un dia, hurgando viejas fotos de las misiones apost6li-cas en el Archivo Documental del Clero, encontre casualmente eltexto escrito a miiquina. Con todo, y a pesar de estos ingratos 31afios de olvido, creemos que pudo ser tiempo impuesto por laNaturaleza para que bajo el polvo indiferente se haya producido lam5s fecunda de las germinaciones. ZILEY MORA PERNOZ Universidad Cat6lica de Temuco Carta fechada en Valdivia, el 28 de junio de 1958. 21
  18. 18. ..... ..... I Roble 4 ulinoDistribucih original de la flora nativa en el centro sur de Chile (segbn Rodolfo Gajardo,Sistema bhsico de clasificaci6n de la vegetacibn nativa chilena, 1983) 22
  19. 19. RECOLECTORES DE LOS BOSQUES TEMPLADOS DEL C O N 0 SUR AMERICAN0“Cuando yo era chico todavia, ayudaba a mi padre. El trabajaba en10s cultivos del campo, sembraba un poco de trigo, otro poco decebada, de arvejas, linaza, maiz, habas, porotos papas; s610 unpoco de cada especie; 10s antiguos tenian poca prhctica en estostrabajos. Llegada la itpoca de la cosecha se recogian todos estosproductos, per0 luego se acababan y seguia otra vez gran escasezde alimentos. N o habiendo ya de quit vivir, la gente buscaba en 10scampos lo necesario para mantener a 10s miembros de sus familias.Fueron a buscar diferentes yerbas, como yuyo, llamado tambiitnnabo, la yerba mora, la yerba buena, que tiene tambiitn el nombrede coleu o menta, 10s cardos, las nalcas y 10s rizomas del helechoampe. En tiempo de invierno nacian las callampas, como piques,chandis loyos, lloncones, 10s cuales crecen en 10s troncos podridosde 10s %,boles. Ademis habia 10s pitros y otros que salen del sue-10 ...” (Pascual Cofia en Mosbach 1930, 29 y 30) ANTECEDENTES HISTORICOSLos Mapuches o Araucanos son una de las etnias aborigenes ameri-canas m%s numerosas que sobreviven en la actualidad. Con unapoblaci6n cercana a1 medio mill6n de individuos, abn conservan sulengua y gran parte de su sistema cultural, dentro del cual cabedestacar 10s vinculos religiosos y familiares que 10s unen e identifi-can como una verdadera naci6n (cfr. Faron 1969). Habitan princi-palmente en Chile, donde ocupan el %reacomprendida entre el rioBiobio y la Isla Grande de Chilok ( 37” y 42’ de latitud sur). En lacordillera del Neuquen, Argentina, tambiitn hay pequeiias agrupa-ciones que se identifican como mapuches. La encarnizada resistencia con que este pueblo enfrent6 la con-quista espaiiola oblig6 a la administraci6n colonial a reconocerlecierta autonomia e independencia. El establecimiento de fortifica-ciones en 10s territorios fronterizos, a cargo de un ejitrcito profesio-nal, fue un cas0 inusitado dentro de la administracibn colonialamericana. Esta situacijn subsisti6 hasta bien avanzada la Repbbli- 23
  20. 20. ca, cuando el gobierno de Chile completa el proceso de “pacifica-ci6n de la Araucania”, que recikn concluye en 1891. El largo perio-do fronterizo, caracterizado por relaciones bklicas, de intercambio,misiones, mestizaje y contactos de diversa indole, ha sido objeto denumerosos estudios y variadas interpretaciones que van desde laexaltaci6n del mapuche como un valiente e ind6mito guerrero aotras opiniones que tienden a destacar 10s aspectos pacificos deeste periodo, denominado “La Frontera” (cfr. Stuchlick 1964, Jara1981 y Villalobos et al. 1981) . Estudios arqueol6gicos han sugerido que hacia mediados delprimer milenio de nuestra era, grupos con economias recolectoras,probablemente vinculados con las poblaciones del arcaico, per0 yaposeedores de una tecnologia ceriimica, se establecieron en el vallelongitudinal y principalmente en la precordillera del centro-sur deChile. Con posterioridad, aparecen en el valle y costa del sector 24
  21. 21. meridional de esta regi6n restos arqueol6gicos que evidencian laexistencia de pueblos con actividades agricolas muy elementales,cuyo patr6n funerario y tecnologia ceriimica sugiere posibles rela-ciones con las sociedades que ocupan Chile central. Estos puebloscoexisten con diversos grupos de cazadores que habitan la Cordi-llera de 10s Andes y las llanuras orientales trasandinas de la actualArgentina. Al momento de la conquista espafiola, las fuertes presio-nes imponen una mayor cohesi6n a estos grupos heterogeneos, 10sque enfrentan unidos todo el period0 de La Frontera, producihdo-se una fusi6n cultural que tambien integra fuertes elementos hispa-nos, como el caballo, dando origen a lo que hoy denominamoscultura mapuche (vid. Aldunate 1989). En esta breve introduccibn, que pretende dar un marco antropol6-gico general a la obra Botanica ind@ena de Chile, del P. Mosbach, in-tentaremos destacar el papel que desempefiaron las actividades derecolecci6n dentro de la subsistencia mapuche, hasta entrado elpresente siglo. La caza tambikn debe haber desempefiado un im-portante papel, per0 de ella ha quedado una evidencia muy pobreen registros arqueol6gicos, etnohist6ricos y etnogriificos. Las primeras descripciones etnogriificas de esta sociedad enfati-zaron el cariicter sedentario y agricola del mapuche, que cultivabamaiz, papas, quinoa, aji y otros productos, a 10s que designaba connombres verniiculos (Cooper 1946, 700). Es probable que las des-cripciones de cronistas hispanos, que se interesaban fundamental-mente en las actividades agricolas de 10s pueblos conquistados,hayan sobreevaluado intencionalmente esta actividad que asegura-ba el establecimiento de 10s asentamientos coloniales, diindole miisimportancia que la que tenia (Marifio de Lobera (s. XVI) 1960, 136,Vivar (1558) 1979, 297-8, Valdivia (1545-1552) 1861, 55). En gene-ral, 10s europeos de la itpoca de contact0 no comprendieron laimportancia de la recolecci6n o la caza como actividades econ6mi-cas por parte de estos pueblos. Asi, cuando se referian a gruposrecolectores, 10s calificaban de “holgazanes” o “perezosos”,epitetoscon que frecuentemente aluden a 10s indigenas’ del centro-sur deChile (vid. Vivar (1558) 1979, 165 y Ascasubi en Gay (1789) 1844,333 y 380). Estudios posteriores han establecido que la base desustentaci6n tradicional mapuche fue una economia horticola yrecolectora (Guevara 1908, Dillehay 1976). Para ello, utilizaron elrecurso de quemar y talar sectores del bosque, estableciendo susasentamientos con huertos familiares; agotado el suelo, cambiabande lugar, siguiendo un circuit0 dentro de un cierto territorio (Quiro-ga (1656) 1979, 22). Conflictos familiares o diferencias politicas determinaban el frac-cionamiento de 10s grupos familiares, que ellos resolvian separando10s asentamientos. Esta movilidad se mantuvo hasta fines del sigloXIX, probablemente acrecentada por 10s conflictos belicos provoca-dos por la resistencia a la conquista espafiola y posteriormente a10s gobiernos colonial y republicano. A comienzos del presentesiglo, el Estado de Chile toma posesi6n de 10s territorios mapuchesy pone brusco fin a este patr6n m6vi1, otorgando titulos gratuitosde domini0 a las familias mapuches en las porciones de tierra que 25
  22. 22. ocupaban, y colonizando el resto del territorio. La obligada seden-tariedad impuesta, junto con determinar un empobrecimiento deesta etnia, ha producido una disminuci6n de la importante activi-dad ganadera de otrora y ha determinado un mayor knfasis en laslabores agricolas, siempre limitadas por la potencialidad de 10ssuelos y la extrema pequeiiez de las posesiones familiares. En elpresente siglo, el aumento demogr%ficoy la sobreexplotaci6n de10s minifundios han producido procesos de emigracibn, transcultu-rizacih, pauperizaci6n y marginalizacih de esta poblaci6n abori-gen. ETNOBIOGEOGRAFIAEl territorio tradicionalmente ocupado por esta etnia coincide en sulimite septentrional con el comienzo del %reade la distribuci6n de10s ecosistemas de bosques templados de Chile. En la transici6nentre las zonas climaticas mediterrgnea, con lluvias en invierno ysequia en verano, y h ~ m e d atodo el afio (a1 sur de 10s 38”S), sedesarrollan bosques deciduos con predominancia de distintas espe-cies del genera Nothofagus (e.g. “roble” o coyam, hualo, raufi,coigiie). A1 sur de 10s 38”S, las especies deciduas son reemplazadaspaulatinamente por especies siempreverdes del bosque lluviosovaldiviano (e.g. ulmo, gevuin o “avellano”, “array%n”o coli ma-mell, lama), hasta transformarse en una selva impenetrable. Aun-que esta descripcih corresponde a la del paisaje original, hoyfuertemente transformado por actividades antrbpicas, las principalescaracteristicas de las formaciones vegetales descritas adn se mantie-nen y son observables en 10s sectores menos perturbados. En un corte transversal desde el Oeste hacia el Este del %reaocupada por 10s mapuches, se distinguen distintas zonas biogeo-griificas que ellos identifican y caracterizan nitidamente, y que 26
  23. 23. reciben designaciones especificas en lengua mapuche. El lafkenmapu o tierra del mar comprende las planicies costeras ubicadasentre la Cordillera de la Costa y el Ocean0 Pacifico; el Valle Centrales denominado lelfun mapu, y el sector cordillerano recibe elnombre de inapire mapu o tierra cercana a las nieves. Estas deno-minaciones corresponden a una comprensi6n vern5cula de la geo-grafia y geomorfologia de estos sectores y sus diversas potenciali-dades econ6micas y poseen una determinada ubicaci6n en la cos-mologia mapuche. Es asi como lafken mapu se encuentra relacio-nado con el Poniente y la tierra de 10s muertos; la gente que habitaeste sector recibe la denominaci6n de lafkenche o gente del mar.Inapire mapu, por el contrario, se vincula con el Este -Puel-,de importantes connotaciones ideokgicas, pues alli moran las dei-dades, cerca de 10s volcanes y nevados andinos. Este sector secaracteriza botanicamente por la presencia de 10s soberbios bos-ques de “araucaria” (Araucaria araucana), una conifera chilena quecrece a 10s novecientos metros sobre el nivel del mar y recibe elnombre vern5culo de pewen; sus semillas, que contienen abun-dante almidbn, fueron y abn son la base de la alimentaci6n de 10sindigenas que ocupan este sector, que se denominan pewencheso gente de 10s pinares. El lelfun mapu goza de un agradable climacontinental y es el de mayores potencialidades agricolas; sus habi-tantes reciben el nombre de lelfunches o gente de 10s llanos. Lafkenmapu: El us0 del recurso marinoLa extraordinaria riqueza de peces, moluscos y algas del litoral dela Araucania y sus recursos forestales costeros, han caracterizado elpoblamiento humano de este sector desde el Arcaico hasta hoy.Son numerosos 10s dep6sitos arqueol6gicos costeros, o conchales,que desafortunadamente han recibido muy poca atenci6n de partede 10s prehistoriadores y en 10s cuales probablemente se encuentrala clave de 10s poblamientos mas antiguos de la regi6n. Los testi-monios de 10s primeros espaiioles que conocieron la regi6n resal-tan la arraigada adaptaci6n maritima de sus habitantes, conocedoresde la recolecci6n y pesca de orilla y en botes, con anzuelos, redesy arpones, todos ellos fabricados con productos del bosque nativo.Est5 documentada la pesca nocturna usando antorchas (Hilger 1957,192) e incluso la pesca submarina por sumergimiento: “Es la ciudad (Valdivia) muy regalada de pescado y no menosde mucho marisco que sacan 10s indios entrando no menos dedoce brazadas debajo del agua. Es tambih grande recreaci6n elver muchos brazos de rios que vienen corriendo de diversas partesy llegan a la ciudad, que aunque son pequeiios todavia andan aplacer las canoas por ellos lo cual es causa de que este la ciudadmuy bien servida y proveida, porque en las canoas traen 10s indiostodo lo necesario como es hierba, leiia y muchos mantenimientos;y no menos deleite es ver entrar tantas canoas por aquellos rioshasta llegar a las casas” (Mariiio de Lobera (s. XVI) 1960, 321). Cabe destacar la arraigada tradici6n de estas poblaciones costerasen la recolecci6n de algas marinas, que usaban fundamentalmente 27
  24. 24. para alimentacion. Son muy abundantes en esta regi6n la Duruilleaantarctica, que recibe el nombre de kollof, una enorme alga pardaque se adhiere a las rocas mediante un vigoroso disco basal yposee un tallo duro y flexible, denominado huilte, que se consumecrudo y cocido en variados guisos. La Poqhyra columbina oluche es un alga roja que crece adherida a las rocas en la linea delas mareas. Esta especie tambikn es aliment0 preferido de 10slafkenches hasta hoy. El consumo de algas y su importancia dentrode la cultura mapuche ha sido recientemente estudiado por Masuda(1986 y 1988), quien ha documentado un intenso triifico de estasalgas, principalmente kollof, ejercido por 10s lafkenches. Ellos lle-gan en carretas con este product0 hasta inapiremapu, intercam-biiindolo por granos y otros productos, en un viaje que dura miisde un mes. El triifico de algas es consecuencia de la predilecci6nde 10s mencionados productos marinos por parte de 10s mapuches,que debe tener antecedentes en la prehistoria de acuerdo a lascr6nicas tempranas (vid. Ovalle (1646) 1969, 60 y Niifiez Pineda yBascufiiin (1676) 1863, 329). Mientras que la pesca es actividad realizada fundamentalmentepor 10s hombres, la recolecci6n de mariscos y algas es actividad enque tambikn intervienen la mujer y nifios, aprovechando las bajasmareas. Los nifios hacen pelotas de kollof para jugar a modo defiitbol y este elemento es tambiitn muy apreciado en la costa parael juego tradicional de la chueca o palin, una especie de hockey, enel que intervienen dos equipos de hombres y es celebrado por todala comunidad. Lelfunmapu : Us0 del recurso forestalActualmente, el Valle Central de esta regi6n de Chile es considera-do como un territorio de importante potencialidad agricola. Deacuerdo a las descripciones de cronistas del siglo XVI, era itsta unazona de gran densidad demogriifica, y 10s asentamientos mapuches,compuestos de familias extensas, con un patr6n disperso, se insta-laban en las riberas de 10s numerosos rios que cruzan estos territo-rios. Los bosques deciduos de Nothofagus, asi como 10s bosquessiempreverdes meridionales, presentan un ambiente poco comiinen cuanto a potencialidad de productos de recolecci6n vegetal, porla producci6n de frutos carnosos y comestibles de las innumerablesplantas que 10s componen, dentro de las cuales hay iirboles yarbustos, como el peumo (Cryptocaya alba), el boldo (Peumusboldus), keule (Gomortega queule), “avellano”o gevuin (Gevuinaavellana), diversas especies de michay (Berberis damuinii, B. se-r a t a , B. dentata), litre (Lithraea caustica), pitra (Myrceugeniaplanzpes) y muchos otros, como la murta (Ugni molinae), mulul(Ribes glandulosum), luma (Amomyrtus luma). N o solamente 10s iirboles proveian de frutos y bebidas a 10smapuches, sin0 que tambiitn el rico y variado sotobosque erafuente de alimentos. Asi por ejemplo, las lianas y las epifitas erantambiitn buscadas por sus agradables frutos. Entre ellos se puedemencionar nuestra flor nacional, el copihue (Lapageria rosea), el 28
  25. 25. coguil (Lardizabala biternata), el poe (Fascicularia bicolor) y laquilineja (Luzuriaga radicans). Estos frutos, junto a 10s de la fruti-lla silvestre o khelgen (Fragaria chiloensis) y muchas otras bayas ydrupas se comian frescas o secas y servian para hacer bebidasfermentadas o mudai. Muy apreciados elan el apio del campo opanul (Apium panul), el panke o nalka (Gunnera tinctoria) y el“chup6n” (Greigea sphacelata). Eran tambien consumidas un sinnGmero de plantas que produ-cian tuberculos o raices carnosas comestibles, tales como el lahueo l a m (Sisyrinchium spp.), en distintas especies, y m%sde treintavariedades de papas silvestres; el famoso ligtu (Alstroemeria ligtu),llamado tambien nil, del que se fabricaba una harina blanca ysustanciosa muy parecida a1 chufiu que se daba a 10s enfermos, elhuanqui (Discorea arenaria), el nao o papita del campo (Conan-thera btjlora) y Heliantus tuberosus. Por su importancia en la gene-tics de la papa cultivada o pofiu (Solanum tuberosum spp.), debe-mos anotar que precisamente en esta regi6n se han encontrado endep6sitos arqueol6gicos del Pleistoceno Tardio (Ugent et al. 19871,restos de malle (Solanum maglia), especie que aGn se consume enestado silvestre. Tambikn se deben mencionar varias especies dehelechos con rizomas comestibles, algunos de ellos de gran tama-fio, cuyo coraz6n y tallo se secaban y molidos proporcionaban unaespecie de harina, con la cual se preparaba una espesa sopa (Hil-ger 1957, 204). El m%s conocido de estos helechos usados en laalimentaci6n mapuche es el gran afipe (Lophosoria quadripinnata).Tambien era recolectada una enorme cantidad de hongos, dentrode 10s cuales cabe destacar m%sde diez especies del genero Cyttaria,asociadas a1 bosque de Nothofagus) especialmente a1 “roble” o pellin(N. obliqua) y a1 coigiie (N. dombeyi), llamados changes y digiie-fies. Menci6n especial merecen las gramineas silvestres, que han reci-bid0 mayor atenci6n de bot5nicos que de antrop6logos y arque6lo-gos (vid. Mufioz 1944 y Matthei 1986). Las m%sconocidas son elmagu o “mango” (Bromus mango), que probablemente fue mane-jado como un cultigeno, el lanco (Bromus catharticus) y la teca otuca (Bromus berterianus). Los granos de esta Gltima se cosecha-ban en noviembre, cuando aGn estaban verdes y se secaban a1 solpara concluir su madurez. Con ellos se hacia harina para cocer pan-kofke- y tostada se bebia con agua (Gay 1865, 90). El madi (Madia sativa) proporcionaba semillas oleaginosas, que se cocian o simplemente se exprimian, originando un aceite de muy buena calidad. Las referencias a estas gramineas y su us0 econ6mico por parte de 10s mapuches son abundantes (Vivar (1558) 1979, 189; Molina 1788, 133 y 1795, 13; Herrera (s. XVII) 1956, 235; Mosbach 1930, 95; Hilger 1957, 179, Augusta 1966, entre otros). AGn no hay certe- za acerca de si heron alguna vez cultivadas; R. Philippi (1864, 701) menciona que Gay encontr6 cultivo de magu en Chiloi., per0 que el no ha hallado nunca esta planta, “i estoi inclinado a creer que est%para perderse de la creaci6n ...” Inez Hilger (1966, 28) rescata el relato de un anciano mapuche que se refiere a estas especies: 29
  26. 26. “He went on to say that another staple food in his boyhood dayswas wild grain, that it grew in abundance in his country, but hasnow been replaced by domesticated grain, mostly wheat. ‘‘ I wouldlike to bring you samples of those wild grains, but I do not knowwhere to find any; arround here cattle have erradicated them withtheir grazing; maybe you will see some in Cofiaripe. Since I have never heard these wild grains called by any Chileannames, I do not think that the Chileans used them as food. As a boy, Ihelped my grandmother pluck the ears off the stalks and thresh themwith our feet... We spread the ears of wild grain on hard ground in thesun, and at night we dance on them to a song that everybody sings.Children so high (his gesture indicated they were probably nine or tenyears old) are allowed to dance; I often did so as a child. Everyonedances in turn until he is tired. We sing ‘Beat, my feet. You and thejilguero, break these ribs’. The jilguero is a bird.” El botanic0 chileno Oscar Matthei ha tratado de identificar lasespecies del gknero Bromus y de ubicar dentro de las especiessilGestres aquellas que guardan mayor afinidad con las descripcio-nes de cronistas y viajeros (1986). Finalmente, cabe destacar la extraordinaria importancia que tuvoel bosque para 10s mapuches como fuente de plantas medicinales,muchas de las cuales, por su extrema relevancia, fueron elevadas acategorias religiosas. En efecto, gran parte del sotobosque era re-querida para curar diferentes dolencias y la taxonomia vernaculamapuche alude muchas veces a1 efecto terapitutico especifico decada planta, a1 que siempre va unido el vocablo colectivo lawen olahuen, que significa medicina. Estas plantas eran generalmentepreparadas e ingeridas como infusiones o aplicadas directamenteen el lugar de la dolencia. Encontramos algunos ejemplos de esta utilizaci6n de la floranativa del sotobosque en distintas especies de helechos, como elllushu lawen (Hymenophyllum dentatum), para curar el ombligode 10s recikn nacidos; llanca lawen (Lycopodiumpaniculatum), parasanar tilceras y tumores y en lafquen lawen (Euphorbiaportulacoi- des) o remedio del agua. Una de las miis afamadas plantas medici-nales de Chile es el cachan lawen o “cachanlagua” (Eythraea chi- lensis), cuya infusi6n sirve para mtiltiples usos terapkuticos. El us0magic0 de las plantas era frecuente: asi, el huentru lawen (Ophio-glossum uulgatum) era usado por las mujeres para engendrar hijosvarones, huilel lawen (Hypolepis rugosula) ayuda a 10s machi ochamanes a pronosticar males causados por huekufu o demonios.Se preparaban filtros de amor o para provocar la separaci6n de 10samantes con plantas como el huedahue (Gleichenia litoralis>. Una delas plantas mas temidas es el latue (Latuapubzjlora), que puedellegar a causar la muerte por envenenamiento, y usado en peque-fias dosis tiene propiedades alucin6genas. Inapiremapu: Manejo del bosque de la “araucaria”A continuaci6q expondremos aspectos de uno de 10s subgruposmapuches que mantuvieron por miis tiempo su sistema tradicional 30
  27. 27. de recoleccibn, el que adn permanece vigente en 10s lugares miisalejados de 10s asentamientos urbanos. Son 10s descendientes degrupos cazadores cordilleranos que fueron absorbidos por 10s ma-puches a partir del siglo XVII, junto con 10s indigenas pampas,ranqueles y otros que habitaban las pampas transcordilleranas de laactual Argentina. Habitan las faldas occidentales de la cordillera de10s Andes entre 10s grados 37 y 40 de latitud sur y a 10s novecien-tos metros sobre el nivel del mar. En esta zona existe una forma-ci6n boscosa, en que predomina la especie conocida en taxonomiabotiinica con el nombre de Araucaria araucana (Mol. Koch). Esta especie es una de las coniferas miis antiguas del continenteamericano. Araucarias f6siles han sido descritas para fines del Cre-tiicico e inicios del Terciario, tanto en el iirea que actualmentehabita, como tambien miis a1 sur y a1 norte. Sus restringidas yaisladas iireas de distribuci6n actual en las Cordilleras de la Costa(Nahuelbuta) y de 10s Andes, dentro del territorio mapuche, repre-sentan 10s iiltimos remanentes relictos de un bosque que tuvo unaamplia distribuci6n en el pasado del con0 sur de America. El iirbol alcanza hasta 10s treinta metros de altura y su fase deenvejecimiento llega hasta miis de 10s 1.500 afios de edad. Suaspect0 joven es cdnico como gran parte de las coniferas, y deadulto, semeja un plumero o paraguas. Son plantas anembfilas,polinizadas por el viento; las pinas o conos femeninos y masculinosse encuentran en iirboles separados. Cada iirbol femenino produceun promedio de veinte a treinta grandes conos que a1 madurarexpulsan alrededor de trescientas semillas o pifiones, denominadosniliu, cada una de ellas de tamafio mayor a una almendra (Montal-do 1974). La importancia de esta especie, conocida en lengua mapuchecomo pewen, en la sustentacidn aborigen desde epocas prehispii-nicas, ha inducido a 10s indigenas que habitan en esta zona acalificarse como pewenches o “gente de la araucaria”; 10s territo-rios en que crece este iirbol son denominados pewenmapu opewenento:tierra o zona del pewen (Bragg 1984). Cr6nicas muy tempranas dan testimonio de la importancia deeste recurso en la subsistencia de 10s antiguos cazadores que habi-taban esta regidn cordillerana, la que se ha mantenido hasta hoy, apesar de 10s profundos cambios culturales sufridos por el pueblopewenche. “El mantenimiento de esta gente casi de ordinario es pifionessacados de unas pinas de diferente hechura y calidad asi ellascomo sus iirboles... y es tan grande el ndmero que hai de estosiirboles en todos aquellos sotos y bosques que bastan a dar Sufi-ciente provisi6n a toda aquella gente, que es innumerable, tantoque de ellos hacen el pan, el vino y 10s guisados. Y por ser laprincipal cosecha a cierto tiempo del afio, tienen grandes siloshechos debajo de tierra, donde guardan 10s pifiones haciendo enci-ma de la tierra en que estan escondidos mui muchas acequias deagua ... porque a no haber agua encima luego brotaran haciendonueva sementera y quedando ellos corrompios... tambien se destila 31
  28. 28. dellos abundancia de resina blanca mui medicinal para diversasenfermedades...” (Mariiio de Lobera (s. XVI) 1760, 268). Estudios etnogrBficos actuales han sacado a la luz una notablesobrevivencia de esta economia recolectora y a la vez han permiti-do comprender la estrecha relaci6n que existe entre esta actividadeconbmica, aspectos ideol6gicos y de organizaci6n social de 10spewenches. A fines del verano y despuits de la cosecha en las huertas, yahan madurado 10s piiiones. En esta epoca, toda la familia extensase traslada de 10s asentamientos bajos, donde habitan permanente-mente, a las pinalerias; alli construyen sus viviendas transitorias uocupan instalaciones preexistentes. De acuerdo a cr6nicas del sigloXVII (Rosales (1673) 1877), habia a l g ~ nconcept0 de territorialidadfamiliar en la explotaci6n de las araucarias, situaci6n que a1 parecerse mantiene vigente en la gran recolecta de otoiio (GonzBlez yValenzuela 1979). Residen durante tres meses en este sector -ye-wenent-, donde toda la familia cosecha 10s piiiones -diu-,pastorea el ganado que ha llevado consigo, recolecta hongos, hier-bas medicinales y leiia para el invierno (Bragg 1984). Los fuertesvientos propios de la estaci6n han hecho caer 10s piiiones. Antigua-mente, se esperaba que wawilma, un pequeiio lor0 de 10s Andesmeridionales (Enicognathus leptorhynchus), que en esta itpoca lle-ga en bandadas a ese sector, derribara 10s frutos, 10s que eranrecogidos desde el suelo. Hoy, se provoca la caida de 10s piiionescon lazos o piedras y en la recolecta intervienen todos 10s miem-bros de la familia. En primavera se vuelve a pewenento a colectar10s frutos caidos durante el invierno. A1 parecer, en esta temporada,la actividad es menos .intensa y se realiza de modo m5s informal(GonzBlez y Valenzuela 1777). En la epoca de las primeras nevazones, las familias bajan a1asentamiento permanente, donde se dedican a1 almacenamiento yconservaci6n de 10s piiiones recolectados. Para estas actividades seemplean diferentes procedimientos, algunos de 10s cuales son iden-ticos a 10s descritos en las primeras cr6nicas. Bgsicamente consistenen deshidratar las semillas por medio del calor; hidratarlas inundan-do 10s dep6sitos subterraneos con agua corriente, o fabricar hiladasde piiiones pelados dispuestas a modo de pelotas, las que se secany ahuman a1 fog6n y luego se cuelgan para asegurarles una buenaventilaci6n. El mittodo de hidrataci6n es particularmente efectivo,pues permite conservar tiernos mBs de cuatrocientos kilos de piiio-nes hasta por cuatro aiios. Los piiiones se consumen crudos, tostados o hervidos y sirvenpara una serie de actividades culinarias, incluyendo la preparaci6nde diversos tipos de harinas, variedades de pan y bebidas (Vid.GonzBlez y Valenzuela, ob. cit.). En el Ambit0 cognitivo, 10s pewenches comprenden las forma-ciones boscosas de araucarias del mismo modo como su propiasociedad. Se distinguen claramente las especies femeninas, que danfrutos, de las masculinas, y se les asignan las correspondientesdenominaciones de domopewen -araucaria mujer- y wentru-pewen o araucaria macho. Aquellos ejemplares con conos masculi- 32
  29. 29. nos y femeninos son tenidos por bisexuados. La fecundaci6n ane-m6fila -a traves del viento- es tambien entendida como unproceso sexual, en que pinos de ambos sexos se ponen en contac-to subterr5neo a traves de sus rakes, o aereo por medio de 10sloros cordilleranos. De esta forma, cada bosque de araucarias esuna agrupaci6n familiar extensa llamada lobpewen, equivalente a1lobche o familia mapuche (ob. cit.). Respecto de las creencias, estos bosques est5n protegidos porseres sobrenaturales masculinos y femeninos: el anciano del pewen,que cuida de 10s 5rboles masculinos, y la anciana del pewen, queprotege a 10s femeninos. A ellos se hacen rogativas familiares antesde la cosecha, o comunitarias terminada esta, en 10s mismos bos-ques, con el fin de asegurar la conservaci6n de 10s grboles, suprotecci6n y fertilidad (Gonz5lez y Valenzuela 1979). Est5 prohibi-do cortar las araucarias; aquellos que lo hacen reciben fuertessanciones sociales y de parte de 10s seres sobrenaturales (Hilger1966, 59). La abundancia o escasez de pinalerias es circunstanciapara calificar bien o mal a diferentes localidades: por ejemplo, elvolc5n Villarrica, a pesar de sus continuas y perjudiciales erupcio-nes, tiene una connotaci6n sumamente positiva, puesto que esgeneroso con este recurso. El volc5n Shoshuenco, en cambio“...has a bad spirit. Shoshuenco has only one araucaria tree whichis on its sunset side, and therefore has wonderfully long and meatynuts. But if anyone should climb the sides of Shoshuenco to getthose nuts, he would turn into a snake. The winds that blow acrossShoshuenco bring bad insects with them. Shoshuenco has a badspirit, I can assure you” (Hilger, ob. cit., 58). LAS TRANSFORMACIONESSobre la base de estudios etnogr5ficos, la mayoria de 10s cuales sehan efectuado dentro del presente siglo, hemos tratado de describirciertos rasgos de 10s pueblos que actualmente habitan el centro-surde Chile y que se identifican a si mismos como mapuches. Losdatos etnohist6ricos nos han permitido remontarnos en el tiempo a1momento del contacto, que en el cas0 de estos pueblos abarc6 unlargo periodo, que recien termina en la dltima decada del siglopasado. Las cr6nicas m5s tempranas, a su vez, dan lugar paraespecular que 10s rasgos descritos tienen una raigambre aun m5shonda en el tiempo que permiten referirnos a las culturas arqueol6-gicas de esa regibn, cuyos magros estudios tambien suponen lapreeminencia de actividades recolectoras sobre las propiamentehorticolas (uid.Aldunate 1989). Debemos, sin embargo, precaver a1lector respecto de la simpleza de estos argumentos. Por una parteexisti6 una comprobada diversidad cultural entre 10s pueblos quehabitaban estas regiones, las que fueron mitigadas en alguna medi-da despues de la conquista espaiiola, per0 que adn subsiste enmuchos aspectos de la vida de estas sociedades. 33
  30. 30. Por otra parte, a1 comenzar este trabajo, advertiamos las profun-das transformaciones que afectaron a 10s habitantes del centro-surde Chile a partir del siglo XVI. El regimen de La Frontera, caracteri-zado por continuas rebeliones y guerrillas, establecimiento de fuertesfronterizos, misiones, mestizaje, triifico e intercambio de productos,no fue propicio para que estos pueblos adoptaran una economiaagricola, como sucedi6 en el centro del pais. Aunque el mapucheadopta con facilidad el cultivo del trigo y algunas legumbres intro-ducidas, lo hace en menguadas proporciones, manteniendo elsistema horticola. Esta actividad se compadece con 10s tradicionalesasentamientos semipermanentes, que a la vez son extremadamentefuncionales para las eventualidades y riesgos propios de esta epo-ca. Es, sin embargo, la ganaderia la que pasa a ocupar el lugar miisimportante en la economia mapuche posterior a1 siglo XVI. Laadopci6n del caballo, el ganado ovino y vacuno y principalmenteel triifico e intercambio de animales procedentes de las pampasargentinas, hace que esta actividad sea la miis prestigiosa, rentabley funcional para este momento de la cultura mapuche (vid. Alduna-te 1982). A partir de fines del siglo pasado, el Gobierno de Chile tomaposesi6n efectiva de las tierras mapuches, procede a repartirlas,otorgando titulos de domini0 a las familias indigenas sobre 10sterritorios que habitaban y a colonizar con agricultores nacionales yextranjeros aquellos terrenos que se consideraban de propiedad delEstado. Desde este momento, se impone a las agrupaciones mapu-ches un forzado asentamiento permanente que trae consecuenciasimportantes en sus actividades econ6micas. Se intensifica la horti-cultura y se adoptan tecnologias y procedimientos agrarios; la limi-taci6n de las cabidas no favorece el crecimiento de las actividadesganaderas y la recolecci6n’se limita a 10s terminos de cada propie-dad indigena. En la actualidad, el aumento demogriifico ha determi-nado una excesiva divisi6n dentro de las comunidades, produciendoun minifundismo a veces extremo, con su secuela de vicios, talescomo la sobreexplotaci6n de 10s suelos, la ocupaci6n y consiguien-te desaparecimiento de 10s bosques que quedaban dentro de lascomunidades y la mayor limitaci6n de las actividades ganaderas. Es sugerente el testimonio que Jose Kollio, de la localidad deCholchol, da a Tomiis Guevara a comienzos de este siglo:“nuestros mayores disponian de tierras sobrantes para criar wekes(un camelido domestico), vacas y ovejas. Despues nos remataronlas tierras y nos dejaron apretados, en tan pocas hectiireas, tantasfamilias. Tuvimos que hacernos sembradores” (Guevara 1913, 142). SOBREVIVENCIASA pesar de las profundas transformaciones sufridas, en algunaspartes del territorio mapuche abn subsisten priicticas de recolecci6nque tienen enorme importancia en la actividad econ6mica traditio-nal, especialmente en el rubro de la alimentaci6n. En lafkenmapu, la 34
  31. 31. recolecci6n marina de peces, moluscos y algas est5 presente hastahoy, no s610 para el autoconsumo, sin0 tambien -en el cas0 delas algas- como un interesante rubro de triifico e intercambio(Masuda ob. cit.). En el archipielago de Chiloe, 10s huilliches, unarama mapuche, practican en la actualidad la recolecci6n de espe-cies marinas y forestales para usos alimentarios, medicinales, artesa-nales y otros. Estudios etnobotiinicos hechos en estas islas revelanque en la actualidad cei-ca del 80 por ciento de la flora nativa esreconocida todavia con nombres vernaculares y utilizada en la vidadiaria para resolver diferentes necesidades de sus pobladores (Villa-griin et a2 1983). Un aniilisis b5sico de las taxonomias botiinicas vernaculares queestiin presentes en el mapudungiin o lengua mapuche, revela elacabado conocimiento que hasta hoy subsiste respecto de la rica yvariada flora local. De un total cercano a las setecientas cincuentaespecies que el Padre Mosbach registra en su obra Botanica Indzge-na de Chile, que constituye la base de esta publicacibn, m5s deseiscientos veinte tienen asignados nombres propios en la lenguaverniicula. De estas, alrededor de setenta son colectadas para suconsumo como alimentos; un ndmero considerable (146) se cono-cen por sus efectos medicinales y otras son utilizadas para usoshorticolas, industriales o rituales. Los nombres verniiculos revelanun acabado conocimiento de la variada flora local, fruto indudablede su cuidadosa y larga observaci6n y experimentacibn. Est0 reve-la, por una parte, la antiguedad de la adaptaci6n humana a estemedio boscoso. Por otra, que la recoleccibn, lejos de ser unaactividad econ6mica de inferior categoria, como suele pensarse enrelaci6n a la agricultura, es product0 del mismo complejo engranajedel conocimiento humano. En este caso, un conocimiento acabadoy muy feliz de la flora nativa, sugerido por la 6ptima manera comose lo utiliza y por la taxonomia verniicula que alude a la forma devida de las plantas, su hiibitat, morfologia, su utilidad y a las 35
  32. 32. relaciones que existen entre estos organismos con 10s distintoselementos del ambiente que 10s rodea. Otro aspect0 de la cosmologia mapuche que sugiere la trascen-dencia que la recolecci6n tuvo en epocas preteritas es la divisi6ndel tiempo anual. Tradicionalmente no se conocian las estacionesde verano, otofio, invierno y primavera, que hoy est5n en uso,siguiendo la nomenclatura de la sociedad dominante. El aiio sedividia en epocas, generalmente relacionadas con calendarios luna-res, las que se conocian con diferentes nombres, la mayoria de 10scuales dice relaci6n con 10s ciclos anuales de la flora silvestreaut6ctona. (Mosbach 1930, 82 y 83 e Hilger 1957, 87). Son frecuen-tes las denominaciones de luna o epoca de 10s frutos grandes, de laabundancia o de la producci6n, para referirse a 10s meses de eneroa abril, existiendo solamente dos vocablos que se refieren a cose-cha de maiz y papas en esta epoca. Mayo y junio son conocidoscomo periodos en que caen las hojas, se anuncia el frio, se recogeel rumu (Oxalis Zobata), epoca de la luna gris, de 10s brotes griseso de la espuma. Los meses de invierno se denominan luna de laslluvias, de 10s temblores, de la luna fria o de las heladas. Septiem-bre y noviembre se califican como un period0 malo, de hambre yescasez, a la vez que de esperanza, de nuevos brotes y crecimiento. Pascual Cofia, un mapuche entrevistado por Mosbach (1930, 83)hace una afirmaci6n elocuente en este sentido: “En tiempo m5s remoto, se distinguia solamente la epoca de 10sfrutos silvestres, llam5ndose verano a esta estaci6n; en cuanto yano se podian coger frutos por haberse acabado todos, era invier-no”. Sin embargo, uno de 10s m5s singulares casos de sobrevivenciade h5bitos de recolecci6n lo encontramos entre 10s pewenches quehabitan en inapiremapu. Ellos contintian hasta el dia de hoy prac-ticando en otoiio y primavera las colectas de semillas del pewen oaraucaria, aliment0 que les proporciona un complemento indispen-sable de su dieta, especialmente en epocas de escasez. Las familiaspewenches viajan a las pinalerias en abril de cada aiio y antes decomenzar a recoger 10s pifiones ruegan a las dos grandes y anti-guas personas, el anciano y la anciana del pewen, con el fin de queellos protejan 10s bosques y provean de abundante fruto a susiirboles. CARLOS ALDUNATE DEL S.’ CAROLINAVILLAGRAN” Santiago de Chile, febrero de 1991 ‘Museo Chileno de Arte Precolombino, Casilla 3687, Santiago, Chile. **Departamento de Biologia, Facultad de Ciencias, Universidad de Chile, Casilla 653,Santiago, Chile. 36
  33. 33. BIBLIOGRAFIAALDUNATE, CARLOS. “El indigena y La Frontera”. En Relaciones Fronterizas, Ed. Universidad Cat6lica de Chile, Santiago de Chile. 1982.ALDUNATE, CARLOS. “Estadio alfarero en el sur de Chile”. En Culturas de Chile: Prehistoria. Ed. Andres Bello, Santiago de Chile, 1989.AUGUSTA, F. JOSE DE. Diccionario Araucano, Tom0 I. Ed. Padre Las Casas, Chi- le, 1966.BRAGG, KATHERINE. “Los conceptos linguisticos de la divisi6n de espacio, tiem- PO y actividades en una comunidad pehuenche”. En Actas Jornada de Lengua y Literatura Mapuche, Temuco, Chile, 1948.CANALS FRAU, SALVADOR. “Expansion of the Araucanians in Argentina”. En Handbook o South American Indians. Vol 2, J.H. Steward, Ed. Smithsonian Ins- f titution, Washington. 1946.COOPER, JOHN. “The Araucanians”. En Handbook of South American Indians. Vol 2 J.H. Steward. Ed. Smithsonian Institution, Washington. 1946.DILLAHAY, TOM. “Observaciones y consideraciones sobre la prehistoria y la tem- prana Cpoca hist6rica de la Regi6n Centro-Sur de Chile”. En Estudios antropold- gicos sobre 10s mapuches de Chile S. Central. Ed. Universidad Cat6lica de Te- muco, Temuco, Chile, 1976.FARON, LOUIS. Los mapuches - su estructura social. Ed. Instituto Indigenista Inte- ramericano, Mexico, 1969.GAY, CLAUDIO. “Agricultura”,Tom0 Segundo. En Historia j&ica y politica de Chi- le, Paris, Francia, 1865.GAY, CLAUDIO. “Documentos”, Tom0 Primero. En Historia fisica y politica de Chile, Paris, Francia, 1844.GONZALEZ, HECTOR Y VALENZUELA, RODRIGO. “Recolecci6n y consumo del piii6n”. En Actas del WZI Congreso de Arqueologia Chilena. Ed. Kultrun, Santia- go de Chile, 1979.GONGORA Y MARMOLEJO, ALONSO DE. Historia de Chile desde su descubrimiento basta el afio de 1575. En Coleccidn de Historiadores de Chile, Tom0 11, Santiago de Chile (15751, 1862.GUEVARA, TOM& L a s ziltimasfamilias y costumbres araucanas, Santiago de Chi- le, 1913.GUEVARA, T O d S . Psicolojia delpueblo araucano, Santiago de Chile, 1908.JARA, ALVARO. Guerra y sociedad en Chile. Ed. Universitaria, Santiago de Chile, 1981.HERRERA, A. DE. Historia general de 10s hechos de 10s castellanos de las Indias Tierra Fimze y del Mar Ockano. Ed. Real Academia de la Historia, Madrid, Espa- iia (s. XVII), 1956.HILGER, INEZ. Araucanian child life and its cultural background, Smithsonian Institution, Washington, 1957.HIGER, INEZ. Huenun fiamku:An araucanian indian of the Andes remembers the past. Ed. Norman, Univ. of Oklahoma Press U.S.A., 1966.LOBERA, PEDRO MAFUNO DE. Crdnica del reino de Chile. En Biblioteca de Auto- res Bpafioles. Tom0 CXXXI. Madrid, Espaiia (s. XW), 1960.MASUDA, SHOZO. “Las algas en la etnografia andina de ayer y hoy”. En EtnograJa e historia del mundo andino. Univ. de Tokio, Tokio, Jap6n, 1986.MASUDA, SHOZO. “Algas y algueros en Chile”. En Recursos naturales andinos Univ. de Tokio, Tokio, Jap6n, 1988.MA’ITHEI, OSCAR. “El gCnero Bromus L. (Poaceae) en Chile”. En Guyana, Bot. 43 (1-4). Univ. de Concepci6n. Concepcih, Chile, 1986. 37
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  35. 35. BOTANICA INDIGENA DE CHILE
  36. 36. PROLOG0Hace seis o siete aiios, un dia cualquiera, conoci en Limache a unsacerdote cat6lico alemiin, se acerc6 a mi casa sabiendo de misinclinaciones por 10s estudios de la flora de Chile. Era 6ste el padreWilhelm de Mosbach, que ya me era conocido por sus trabajos defilologia araucana y ahora se encontraba radicado en este valle deLimache. Ya que no le era posible proseguir con sus estudios sobre10s araucanos, deseaba ocuparse de 10s conocimientos de estacultura sobre botiinica. Me dijo que pensaba preparar una especiede “Botinica Mapuche”, y cuando menos lo pens6 me trajo eloriginal de este trabajo, con el objeto de que me impusiera de 61 yle diera mi opinibn, en el sentido de si valia la pena publicarlo.Despu6s de imponerme de su contenido, no he podido menos quealentarlo para que lo publique cuanto antes. Ha sido para mi una grata sorpresa y una verdadera revelaci6n elpoder comprobar 10s profundos conocimientos de la botiinica chi-lena que tiene el p.adre Wilhelm, y por sobre todo, su ampliosentido de orientaci6n e intuicidn botiinica. Se dice comtinmenteque un naturalista nunca llegarii a ser algo de valia, si no posee esacualidad innata de la intuici6n cientifica, o del “ojo clinico” comopodria tambi6n llamarse. Este es el cas0 del padre Wilhelm; existenen 61 la pasta del investigador, la honradez y la seriedad de undisciplinado cientifico, a1 mismo tiempo que el conocimiento de lalengua aborigen y el de la flora chilena. Por lo tanto, estoy conven-cido de que su “Botiinica Indigena Chilena” no sera simplementeun estudio miis, sino un trabajo Gtil para 10s investigadores que seocupen de nuestras plantas nativas y para aquellos que encaminensus estudios en el campo de la filologia y lingiiistica araucanas. Tal vez el admirador de la mis pura prosa castellana no podridejar de advertir en las lineas de esta obra, la influencia germanade quien las escribi6, per0 ello no sera un inconveniente, ya que loque nos interesa es el fondo del trabajo y no una forma adornada yplacentera, que e n muchos casos nada dice y nada nos trae denuevo. En el presente trabajo sucede todo lo contrario, puededecirse sin la menor exageraci6n que en cada linea de i.1 se apre-cian las observaciones personales del autor, muchas llenas de nove-dad y de colorido de expresibn, lo cual constituye, sin duda alguna,uno de sus mayores m6ritos. Asi, hago votos para que esta publica- 41
  37. 37. ci6n tenga la buena acogida que se merece y a la vez hago llegar asu autor mis felicitaciones m5s sinceras por su verdadero espiritude investigador. Su edad algo avanzada y su vista casi perdida nohan sido razones de peso para no dar t6rmino a este trabajo y ojaliique este ejemplo pudiera ser emulado con m6s frecuencia, enprovecho de nuestra cultura cientifica. A. GARAVENTA H. Limache, diciembre de 1955. 42
  38. 38. INTRODUCCIONLos indigenas de Chile siempre han vivido en el miis estrechocontact0 con la naturaleza. Frase trillada, si se quiere y, sin embar-go, explicaci6n adecuada, a veces Gnica, de muchos aspectos de suvida, de sus costumbres y su idiosincrasia. Vale lo dicho tambikn de 10s sorprendentes conocimientos refe-rentes a1 reino vegetal de su suelo nativo. Disponia la gente aut6ctona de pocos proveedores de carne:alglCln guanaco, huemul u otro venado y tal vez la avestruz; unoque otro pato y peces que conseguian coger en sus trampas yredes primitivas; con las especies mencionadas se acababa esteabastecimiento. El mismo instinto de conservaci6n 10s impulsabapues hacia las sustancias nutritivas que les ofrecian 10s vegetales desus alrededores; en ellos encontraban, ademiis, 10s remedios parasus dolencias, 10s materiales para sus viviendas y para fabricar granparte de sus enseres, utensilios y herramientas de us0 diario. Pusieron nombres a esas plantas Gtiles, de acuerdo con su aspec-to, alguna particularidad o la forma de su crecimiento; muchasveces atendiendo a1 provecho que de ellas sacaban. Preciosos nom-bres por cierto, acertados y expresivos, como el lector podrii apre-ciarlo. Durante casi veinte afios de convivencia entre 10s mapuches,hemos anotado cuanto nombre botiinico les oimos pronunciar.Tambi6n hurgamos en 10s diccionarios de su lengua, antiguos ymodernos, y en la literatura del ramo, 10s vocables fitogriificos. Enel campo mismo, guiados y aleccionados por prestigiosos indigenasancianos de profunda intuici6n natural, y de experimentadas machisy hierbateras, hemos confrontado esas denominaciones con 10svegetales que pretendian designar, indagando sobre la correspon-dencia entre aquellas plantas y sus nombres indigenas, vulgar ycientifico. El fruto de tales apuntes y averiguaciones es la presente“Botiinica Indigena de Chile”, que contiene unas setecientas cin-cuenta plantas del pais, designadas por unos novecientos nombresindigenas. Puesto que crecen en el territorio nacional alrededor de cincomil especies de faner6gamas espontiineas, podria parecer reducidoel mencionado ndmero de denominaciones aut6ctonas; sin embar-go, hay que convenir en lo siguiente: 43
  39. 39. lQ Los nombres anotados provienen, en su gran mayoria, de laregi6n entre Concepci6n y Chiloe; m5s a1 sur 10s aborigenes jamashabian denominado las plantas, m5s a1 norte se han perdido juntocon 10s idiomas que les dieron forma, quedando reemplazados porcontadas voces quechuas. AdemBs, aun en el espacio circunscrito,no pocas designaciones botanicas habian pasado inadvertidas; otras,si bien conocidas, no las hemos podido aprovechar por no saberseya a que vegetal se refieren. 2" La diferenciacibn de 10s vastos generos, sencilla para el mapu-che y fundada en caracteres vegetales de f5cil distincibn, se apartamucho de la minuciosa especificaci6n cientifica, a veces bastantesubjetiva y motivo de continuos cambios y sin6nimos en cadanueva revisi6n. Notaremos pues, a pesar de la abundante taxono-mia indigena, que el ndmero de especies es adn mayor. 3" El inter& del indigena por las plantas es preferentementeutilitario, bromatol6gico las m5s de las veces. Aquellos vegetalesque no le favorecen (0 no lo molestan), no le merecen nombrespropios, y 10s tiene catalogados a todos bajo ~ b r i c a s genericas dere-cachu o re-mamell,pastos, yerbas o arbustos indtiles. Tambiensuele dar un mismo nombre a plantas muy diferentes, per0 quetienen identica aplicaci6n. Tomando en cuenta estas observaciones, las plantas distinguidascon nombres mapuches realmente no son pocas y dificilmente seencontrar5 otro pais de poblaci6n parcialmente indigena que tengauna fitonimia de igual amplitud. En efecto, de las ciento treinta ydos familias chilenas de fanerbgamas, m5s de las cuatro quintaspartes cuentan con nombres mapuches, las restantes crecen en elNorte Grande o s610 tienen importancia sistematica. Bastante se ha escrito sobre la materia: aparecen nombres in&-genas de plantas diseminados en libros botBnicos (Molina, Gay) ymedicinales (Murillo, P. Zin); en investigaciones sociol6gicas (Gue-vara, Latcham); en voluminosos diccionarios etimol6gicos y filo-16gicos (Lenz, Valenzuela, RomBn), en fin, en colecciones de chile-nismos (Medina, V. M. Baeza). Todas estas publicaciones se refie-ren a voces fitogrgficas incorporadas en el lenguaje del pais y 10sautores que de ellas tratan explicitamente las traen dispuestas enlistas alfabeticas. El trabajo que presentamos a continuaci6n quiere reunir todaslas denominaciones indigenas de 10s vegetales chilenos, Sean o novoces vulgares, y enfocarlas desde el punto de vista del indigenamismo; intenta poner de manifiesto el modo de pensar mapuchecon respecto a 10s vegetales y dar respuesta a1 porquk el dieranombre a una planta de un grupo y dejara sin menci6n la otra. Para realizar tal prop6sito habia que dejar las plantas en sumedio natural, estudiar e interpretarlas en su propio conjunto botB-nico. Hemos elegido y seguido el sistema evolutivo de AdolfoEngler, hoy dia aceptado casi universalmente, compendiado en elyllabus der Pflanzenfamilien, me refiero a1 CatBlogo de las FamiliasBotBnicas. El inconveniente de este metodo, la dificultad de darcon el nombre de un vegetal buscado, creemos haberlo salvado 44
  40. 40. con poner a1 fin del texto un registro alfabktico con indicaci6n dela piigina correspondiente a cada planta tratada. La disposicibn del trabajo es la siguiente: encabeza el nombre dela planta junto con su explicaci6n o traduccibn, si fuera palabracompuesta o aplicada en sentido metafbrico; luego se afiade ladeterminaci6n cientifica, el nombre vulgar, una que otra caracteris-tica morfolbgica, notas sobre dispersi6n geogriifica, sobre aplicacio-nes caseras, propiedades medicinales y posibles alcances folcl6ri-cos. Se insiste en numerosos casos en la inclusi6n del nombremapuche como termino tecnico, generic0 o especifico, en la no-menclatura cientifica de la Botiinica Universal. Descripciones deta-lladas de la planta casi no se efectban, aunque miis hemos procura-do no caer en meras enumeraciones de nombres nudos. Respecto ala forma de presentacibn de estos datos, el nombre botiinico ver-niiculo indigena, asi como todos 10s demiis vocablos en idiomasextranjeros, estiin en negritas. El nombre cientifico se presenta encursivas, y todas las denominaciones vulgares de plantas, que noSean indigenas, estiin entre comillas. S610 nos resta expresar, tambikn desde estas lineas, nuestra sin-cera gratitud al sefior Agustin Garaventa H., eximio conocedor decuanto crece dentro de las fronteras chilenas, por su amabilidad deimponerse del contenido de nuestro trabajo, prologarlo y facilitarsu publicaci6n. San Francisco de Limache, noviembre de 1955 P. ERNEST0 WILHELM DE MOSBACH 45
  41. 41. NOTAS PRELIMINARES 1”Breves observaciones foneticas La e mapuche, vocal sorda, casi muda, indica en muchos casosla ausencia de vocal entre dos consonantes, p. ej., reme (r’me): elconquillo. La u, vocal de pronunciacih muy gutural, suena semejante a lau francesa, p. ej., ufiu: la murtilla. La n particular del idioma araucano, escrita como “ng” en estetrabajo, se pronuncia igual como en “banco”; p. ej., ngefii: el ave-llano, rengi (ringi): el colihue. La combinaci6n de tr (th, ch), cuyo precis0 valor fonetico notiene equivalente en el alfabeto castellano, se aproxima a1 sonidode la ch chilena seguida de una suave r; p. ej., trihue: el laurel,notru: el ciruelillo (ch(r)ihue, noch(r)u). 2” Voces dobles La duplicaci6n de una palabra mapuche denota un grado eleva-do (tamafio m5s que regular, multitud, calidad, intensidad) delsignificado en la forma sencilla; p. ej., quelen (kelen): cola, rabo,cuya repetici6n quelen-quelen designa una poligala, subarbustoramificado y con varias inflorescencias alargadas a semejanza decolas. DISTRIBUCION DEL MATERIALLas plantas con nombres indigenas se enumeran, de acuerdo con elsistema de A. Engler y conforme las subdivisiones de C. Reiche,bajo las cinco agrupaciones siguientes: 1. Espordfitas, 2. Espermbfitas: dentro de ellas 2.1. Gimnospermas, 2.2. Angiospermas: 2.2.1. Monocotiled6neas, 2.2.2. Dicotiledheas: 2.2.2.1. Archiclamideas, 2.2.2.2. Metaclamideas. 47
  42. 42. 1. ESPOROFITAS A A ,- r ADihuefi o Dihuefk ( y t r aSpp.) Ctai
  43. 43. 1. ESPOROFITAS Plantas que se reproducen por unos corp~sculos llamados esporas. Comprenden las Taldfitas: algas y hongos, y las Arquegoniadas: musgos y helechos (incluso equisetos y licopodios); las Cnptdgamas de la denominacibn anterior. Nombres basados en efectos vegetales, aunque no comprendidos como tales por 10s mapuches.Pichi-piru: pequedo gusano mada por algas, hongos, li- parte preferida y mis sa- (Spirillum dentium), nom- quenes y musgos pigmeos brosa el tronco o huilte bre que &an 10s araucanos, que cubren troncos y pie- (lenfii) que intermedia en- guiados por Una intuici6n dras hlimedas, o se criar tre el mencionado disco y bastante acertada, a las la ramificacion del vegetal; bacterias causantes de la ya viejo, llamado mengo caries dental. entonces, tonia un colorPoticol: agua turbia (Sacha- caf6 oscuro y se pone duro romycis cereviciae y otras), e inservible para la alimen- hongos monocelulares, 10s taci6n. De sus tallos saca- fermentos o levaduras para a ban 10s mapuches un colo- la Fabricacion del pan. rante pardo, casi negro, para tefiir 10s artefactos de suPelol, Huiilol: ( Trichoph-yton, textura; a 10s alimentos de Achorion) hongos parisitos collofe o cochayuyo se que originan la tina, cara- atribuyen efectos tonicos, chas y costras del cuero ca- digestivos y antiescrufulo- belludo y en la pie1 del sos. hombre, de forma capricho- sa, llamada t a m b i h Chadi- Huildu, Huiru: (Macrocptis sal (pleonasm0 = sal - sal). integrifolia Agarth) inmen- sa alga marina, tal vez elQueme: (Endom-ycisalbicans) vegetal mas largo del glo- hongo que causa en la boca bo, c o n ramificaciones y las vias respiratorias de aplanadas que se mantie- 10s nifios lactantes la enfer- nen a flor del agua me- medad quime o muguet; diante unas vesiculas lle- tambi6n las aftas se tradu- como lo expresa el P. Au- nas de aire; no es comesti- cen por esta voz mapuche. gusta; sobre el excrement0 ble. Los montones de la de 10s animales, deposita- planta arrancados de lasCoduu: ( Ustilago, Tilletia, Puc- do en partes sin sol. cinia, etc.) hongos diminu- rocas por las olas y echa- tos cuyas esporas convier- dos a la playa, se usan ten e n una masa de polvo Algas Mayores como abono e n la agricul- negro o colorado 10s granos turd; el yodo almacenado de 10s cereales u otras plan- Collofe: tintura parda (Durvi- e n la planta sirve de reme- vas atacadas; comprende esta llea antarctica Bory), alga dio contra la esct6fula. palabra indigena tambien el feoficea de color pardo que crece adherida por un an- Localmente se reserva el tiz6n de la papa. tCrmino Huiru, para otra cho disco a las rocas su-Perciin: (Mucor y otros hon- mergidas del mar. Es m5s especie (Macrocystis angus- gos) el moho, fina capa ve- conocida bajo el nombre tifolia Bory), de h5bito pa- getal sobre substancias or- quechua, Cochayuyo:nabo recido a1 alga anterior, pero ginicas, como frutas, pan, del mar, y Cochahuasca: de tamano mucho menor. etc. soga del mar. Cuando es Luche: (Porphyra columbina)Calmin : (mezcla de pequenas nuevo es comestible ("ma- alga cloroficea d e este cript6gamas) la pelusa, for- risco" vegetal), siendo su nombre mapuche y vulgar, 51
  44. 44. con frondas de color verde roble o iiirre; el Llau-Llau De las Poliporaceas y consistencia gelatinosa; o Lleu-Lleu es el “fruto” del vive pegada sobre las rocas coihue. El aparato espori- Pilfin mamelh “oreja de palo”, en plena rompiente de las fer0 de este grupo de hon- Lupe-coiicoii: platillo de olas: se la consume ya cru- gos afecta la forma de un btiho, Calgal (Cargal): da e n ensaladas o cocida. panel de avispas; son de brotes; s610 el tiltimo suele Como remedio popular se aspect0 y sabor agradables comerse, ora hervido, ora lo recomienda contra las in- y muy buscados por la ju- asado. Son excrecencias e n flamaciones internas, la gota ventud, servian antafio para 10s troncos, de formas se- y las escr6fulas. la fabricaci6n de una chi- miesfiricas.Lfia, Lfia-Lfia o Luga-Luga: cha fermentada. (ulva lactuca Engler) algo De las Clavariaceas semejante a su conginere De las Agaricaceas anterior y del mismo uso. Changdi (Change): dedo, un Carai, Peque, Lloncono, hongo codiciado de exqui-Quenehuiii: e n compafiia (de Chede, Lluyu (Loyo), sito sabor; su cuerpo de otras plantas acuaticas) la Quetrahue: todos estos co- fructificaci6n toma la forma “ c a r a ” (Chara clavata mestibles; no asi el Pitro ni de un haz de puntas dere- Remy), alga verde de gran el Reiriialhue: la vara del chas, semejante a una mano diferenciaci6n vegetal que le diablo. Producen sus espo- con 10s dedos juntos y diri- da mucha analogia con ras sobre unos ganchitos, gidos hacia arriba. hierbas dicotiledbneas. Es comdn e n 10s lagos del sur. (Compare el mismo nombre Liquenes entre las Potamogetonk- (Simbiosis de algas y bongos) ceas). Poiipoii-mamell: frisos ( 0 musgos) de arbol, Poiipoii- Hongos, c m frisos de la piedra, u especialmente 10s comestibles llamados tambiin “barbas del monte” y “barbas de laMapu-cufiill: mariscos terres- piedra”, respectivamente; tres; extraiia designaci6n de Calcha-cum pelusa de la 10s hongos en granel, reve- piedra. Las costras, poitica- la que en concept0 mapu- mente denominadas “flor de che existe relaci6n entre es- la piedra”, representan, jun- tas tabfitas y 10s Lafquen- to con otras cript6gamas cufiill: 10s mariscos (vege- diminutas, 10s primeros za- tales) marinos. Conocen padores de la naturaleza tambiin la voz quechua Ca- que preparan el terreno llampa en el sentido de Sin nombre indigena. Musgo de grandes pro- para plantas sucesivamente porciones (Dendroligotrichum dendroides) hongos comestibles q u e (Hedw.) (Broth). miis perfectas. vende el callampero. Por supuesto que bajo estos llamados basidios, 10s que Hepaticas y Muscineas nombres s610 conciben el nacen del horde de laminas (musgos) aparato esporifero del ve- muy delicadas de nombre getal o sombrero; de la himenio, dispuestas debajo Paillahue: quedarse tendido planta propiamente tal: las del ala del “sombrero”. (Marchantia polymorpha), hifas y el micelio, no tienen bri6fita hepatica que podria noci6n. De las Licoporaciceas considerarse como planta Los nombres de 10s hongos intermedia entre 10s hongos conocidos por 10s indigenas Petrem-quilquik lit. tabaco del y 10s musgos verdaderos. pasaron, casi todos, a1 len- chuncho, titulado ademas Tiene forma de una costra guaje chileno. Son 10s si- “cajeta del diablo” y “polvi- pegada a1 suelo por pelos guientes: 110 del diablo”. Su cabeza chupadores, llamados rizoi- madura tiene la forma de des; en la cara superior lle- De las Citariaceas un sac0 que a1 tocar o pi- va, en forma de sombrillas, sarlo, despide cual hum0 de 10s 6rganos de propagaci6n:Dihueii, (Dihueiie), Pena, tabaco una densa nube de anteridios y arquegonios. Pinatra, Curacucha: lla- microsc6picas esporas ne- Es usado como remedio su- mados todos “frutos” del gras. persticioso para ablandar la 52

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