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Quiénes son los mercados y cómo nos gobiernan

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Los autores del libro, invitan a su lectura y debate colectivo en todos los entornos locales. Las presentaciones públicas de esta compilación de respuestas sencillas a problemas complejos, se está …

Los autores del libro, invitan a su lectura y debate colectivo en todos los entornos locales. Las presentaciones públicas de esta compilación de respuestas sencillas a problemas complejos, se está llevando a cabo por todo el territorio peninsular y están teniendo muy buena acogida de parte de la gente, dada la claridad y contundencia con las que este libro se replantea las incertidumbres que más acuciosamente asolan a la población en los tiempos presentes.

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  • 1. QUIÉNES SON LOSMERCADOS Y CÓMO NOS GOBIERNANOnce respuestas para entender la crisis BIBIANA MEDIALDEA GARCÍA (coord.) ANTONIO SANABRIA MARTÍN LUIS BUENDÍA GARCÍA NACHO ÁLVAREZ PERALTA RICARDO MOLERO SIMARRO
  • 2. Este libro ha sido impreso en papel 100% Amigo de los bosques, provenientede bosques sostenibles y con un proceso de producción de TCF (Total ChlorinFree), para colaborar en una gestión de los bosques respetuosa con el medioambiente y económicamente sostenible. Licencia Creative Commons de Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 2.5 España Usted es libre de copiar, distribuir y comunicar públicamente la obra, y hacer obras derivadas bajo las condiciones siguientes: Reconocimiento. El material puede ser distribuido, copiado y exhibido por terceros si se muestra en los créditos. No comercial. No puede utilizar esta obra para fines comerciales. Compartir igual. Si altera o transforma esta obra, o genera una obra derivada, solo puede distribuir la obra generada bajo una licencia idéntica a esta. Esto es un resumen legible del texto legal (la licencia completa) se encuentra disponible en http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/2.5/es/legalcode.esDiseño de la cubierta: Adriana Fàbregas© Bibiana Medialdea García (coord.), Antonio Sanabria Martín, Luis Buendía García, Nacho Álvarez Peralta, Ricardo Molero Simarro© De esta edición Icaria editorial, s. a. Arc de Sant Cristòfol, 11-23 08003 Barcelona www. icariaeditorial. comPrimera edición: septiembre de 2011ISBN: 978-84-9888-383-1Depósito legal: B-33.413-2011Fotocomposición: Text GràficImpreso en Romanyà/Valls, s. a.Verdaguer, 1, Capellades (Barcelona)Printed in Spain. Impreso en España.
  • 3. Elevar a rango constitucional la limitación deldéficit público (…) es un golpe de Estado encu-bierto de los mercados, al que nuestro gobiernose somete de manera voluntaria Comunicado del Grupo de Economía AcampadaSol https://n-1.cc/pg/pages/view/677536
  • 4. ÍndiceLa economía baja a la calle (y a las plazas). . . . 7 I. ¿Quiénes son «los mercados»?, Nacho Álvarez Peralta . . . . . . . . . . . . . . 15 II. ¿Por qué las agencias de calificación tienen tanto poder?, Bibiana Medialdea García . . . . . . . . . . 22 III. ¿Cómo una crisis financiera en EEUU llegó a convertirse en una grave crisis financiera y económica mundial?, Luis Buendía García . . . . . . . . . . . . . . . 29 IV. ¿Cuál es el papel de los bancos en la crisis?, Antonio Sanabria Martín . . . . 36 V. ¿Por qué ahora son los estados los que están en crisis?, Ricardo Molero Simarro 43 VI. ¿Por qué hay amenazas sobre España si su deuda pública no es elevada?, Ricardo Molero Simarro . . . . . . . . . . . . . 49VII. ¿Cómo se concreta «la dictadura de los mercados»?, Luis Buendía García . . . . . . 56
  • 5. VIII. ¿Por qué la suspensión de pagos de un país europeo pone en peligro al euro?, . . . . . Antonio Sanabria Martín. . . . . . . . . . . . 63 IX. ¿La salida del euro sería una solución?, Nacho Álvarez Peralta . . . . . . . . . . . . . . 70 X. ¿Es posible enfrentar la dictadura de los mercados?, Bibiana Medialdea García 77 XI. ¿Cuáles podrían ser los primeros pasos?, Bibiana Medialdea García . . . . . . . . . . 85Bibliografía para profundizar . . . . . . . . . . . . . 91Autores y autora . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 94
  • 6. La economía baja a la calle (y a las plazas)Según datos de Metroscopia, siete de cada diezespañoles creen que se debería prohibir cualquiertipo de asistencia con dinero público a las entidadesfinancieras con problemas y que, de asistirlas, debe-rían ser nacionalizadas. Además, nueve de cada diezexigen a estas entidades la devolución del dineropúblico recibido.1 Podemos afirmar que en nuestropaís ya existe la percepción generalizada de que elgobierno está gestionando la crisis de una formamuy injusta. La gente identifica sin mayores pro-blemas qué grupos sociales se beneficiaron del malllamado auge económico anterior (impulsado porla burbuja inmobiliaria y la expansión financiera) y,sin embargo, sobre qué grupos recae ahora la factu- 1. Publicado en El País (29/08/2011). Disponible en http://www.elpais.com/articulo/reportajes/respeto/mandan/elpepusocdmg/20110828elpdmgrep_4/Tes. 7
  • 7. ra de la crisis: las personas que viven de su trabajo ydependen de los servicios y las pensiones públicaspara llevar una vida —presente y futura— digna.El caso de los colectivos más golpeados, como lapoblación desempleada que no recibe prestacionessuficientes o las familias a las que se desaloja de susviviendas habituales, se percibe, de forma general,como inadmisible. Y sin embargo, esta percepción generalizadade la injusticia convive con la impresión, tambiénmuy extendida, de que «las cosas no pueden ser deotra manera». Nos han robado la capacidad de de-cisión sobre los asuntos fundamentales de nuestrasvidas, pero ¿quién? La economía, los mercados, lasagencias de calificación… unos poderes invisiblesy abstractos frente a los que ni los gobiernos máspoderosos del planeta osan enfrentarse. Lo llamandemocracia, no lo es, y ya ni siquiera tratan de ocul-tarlo de una forma mínimamente convincente. Una sociedad capitalista tiene como motorfundamental de su movimiento la economía y, enparticular, la rentabilidad. En situaciones críticascomo la actual, este «gobierno económico» se per-mite menos concesiones y pasa a ejercerse de formamás severa y explícita. No es casualidad, por esomismo, que el conocimiento de todo lo que tiene 8
  • 8. que ver con la economía se presente como algo os-curo, técnico, casi sobrenatural; en cualquier caso,indiscutible. Nunca los medios de comunicación ylos políticos profesionales nos han hablado tantode economía. Supuestamente nos informan de loque ocurre, pero por más que leemos y escuchamosno nos dan las claves que contestarían las pregun-tas fundamentales: ¿Cómo hemos llegado a esto?¿De qué manera podemos salir de esta situaciónminimizando el coste social del desastre? ¿Qué sepuede hacer para que una crisis de esta gravedadno vuelva a producirse? Obviar estas preguntas,así como las informaciones que nos llevarían aplanteárnoslas, no muestra solo la incompetenciade la clase política y de la mayor parte de los me-dios de comunicación. Es la forma más eficaz degarantizar que, a pesar de la hecatombe social queha generado, los elementos básicos del sistema eco-nómico no se cuestionen. Ahora es más necesarioque nunca asegurarse de que a toda esa gente queestá tan indignada no se le ocurra intentar moverunas piezas que, por supuesto, podrían mover. Transmitir la idea de que, aunque sea injusta,esta es la única forma posible de afrontar la crisises la tarea fundamental de aquellos grupos socialesque se benefician del orden actual, así como de 9
  • 9. los que representan y defienden sus intereses. Y eldiscurso económico, como tantas otras veces a lolargo de la historia, es su mejor aliado. Tres son loselementos en que se basa el discurso económicohegemónico para lograr ese objetivo. En primerlugar, plantea (explícita o implícitamente) axiomasmás que discutibles pero que logran instalarse enel «sentido común» colectivo: «El mercado funcio-na». «Lo público es ineficaz». «Bajar los impuestosgenera bienestar». «La globalización imposibilita elcontrol del capital financiero». «Los bancos priva-dos solo responden a su interés particular, tienencomportamientos parasitarios y ponen en peligroa toda la sociedad, pero los necesitamos». La evi-dencia histórica y los conocimientos disponiblesdesmienten este tipo de ideas que, sin embargo,conforman el sustrato constituyente del discursoeconómico general. En segundo lugar, se otorga alos fenómenos económicos un carácter eminente-mente natural: sobreviene una crisis como si fueseun huracán; los mercados nos golpean como loharía un tsunami; la prima de riesgo sube o bajade forma tan autónoma como lo hacen las ma-reas. No hay, por tanto, regulaciones aprobadaspor partidos políticos concretos que permitieronun boom inmobiliario y una expansión crediticia 10
  • 10. desenfrenada, ni inversores privados también con-cretos apostando contra la deuda pública de unpaís y obteniendo beneficios con la operación. Elúltimo ingrediente es lo que podríamos llamar lasrealidades económicas invisibles, aquellas esencialespara entender el curso de los procesos económicospero de las que nunca tenemos noticias. Cuandoun ataque especulativo «sacude» los mercados es-pañoles, ¿por qué no nos informan, con nombrey apellidos, de los bancos (normalmente pocos, enbuena medida españoles) que lo han protagoniza-do? También es fácil saber el dinero que gana cadauno de ellos con la operación, lo cual no puededejar de considerarse una información de interésgeneral. Los telediarios nos torpedean con datosde deuda y déficit, justificando los sacrificios quedebemos estar dispuestos a asumir para corregir-los. ¿No sería interesante que nos informaran, depaso, sobre el origen de esa deuda? ¿Qué tanto porciento responde a los fondos transferidos —de unau otra forma— a bancos y grandes empresas? ¿Ycuánto se debe a la supresión del Impuesto sobrePatrimonio? ¿Y a la baja del tipo de gravamen delImpuesto de Sociedades? Este texto surge para abrir y participar en esasdiscusiones fundamentales que, precisamente por 11
  • 11. serlo, son hurtadas a la ciudadanía. Con la intenciónde hacerlo de la forma más directa y clara posible,se ha organizado en torno a once preguntas bási-cas. Las respuestas se espera que sean accesibles acualquier persona interesada en comprender cues-tiones económicas centrales del momento actual. Alo largo del texto se han evitado tecnicismos, datos yreferencias que no se han considerado imprescindi-bles para garantizar la comprensión y el rigor de lostemas tratados. No obstante, al final se facilita unalista de referencias para aquellas personas interesa-das en profundizar. Sobre el grupo de los autoresy la autora cabe destacar la coincidencia de doselementos, que explican su trayectoria de trabajoconjunto. Por un lado, su formación: académica,en el Departamento de Economía Aplicada I dela UCM; y política, en el seno del movimientoestudiantil y en torno a la asociación EconomíaAlternativa. En segundo lugar, su constante y muytemprana vocación divulgativa. El afán por «bajarla economía a la calle», pero hacerlo sin renunciara los requisitos básicos exigibles a toda labor inves-tigadora, dio como primer resultado de su trabajoen común —junto a otros autores— la obra Ajustey Salario. Las consecuencias del neoliberalismo enAmérica Latina y EEUU (FCE, 2009). 12
  • 12. Afortunadamente, cada vez son más las grietasy goteras que ponen en evidencia la falta de rigory los intereses implícitos en el discurso económicodominante. La creciente dinámica de movilizaciónsocial que vive nuestro país desde el 15 de mayodota a esos cuestionamientos de la fuerza necesaria.La rapidez con la que en la mayor parte de las plazasse crearon comisiones de economía y la seriedadcon la que estas comisiones trabajan es buena prue-ba de ello. Las masivas manifestaciones que el 19 dejunio se celebraron por todo el país en contra delPacto del Euro, sentando un precedente históricoen un país donde todo lo que viene de Bruselas seconsidera «intocable», es una segunda evidencia.Los reflejos de una ciudadanía que en esta ocasiónno se ha dejado convencer con el argumento de«lo inevitable», y que se ha echado a la calle encontra de una reforma constitucional que institu-cionalizará los recortes sociales y la demolición denuestro precario Estado de bienestar, es el terceroen una lista de ejemplos que, con seguridad, nodejará de crecer. En La Herradura (Granada) finales de agosto de 2011 13
  • 13. I ¿Quiénes son «los mercados»? NACHO ÁLVAREZ PERALTACuando se habla en los medios de comunicaciónde las exigencias de «los mercados», en realidadno se hace referencia a los mercados en general,sino a un tipo muy particular de mercados quepresentan hoy día una enorme importancia: losmercados financieros. Al igual que el resto de mercados, los mercadosfinancieros son espacios (físicos o virtuales) dondese intercambia un determinado tipo de productos:títulos financieros. En teoría, los mercados finan-cieros cumplen un papel esencial en una economíacapitalista: facilitan que se encuentren agentes connecesidades de financiación (administraciones pú-blicas, empresas u hogares), con otros que estándispuestos a utilizar sus ahorros para proporcionara los primeros dicha financiación. De este modo,los títulos intercambiados en los mercados finan-cieros son títulos que conllevan derechos futuros 15
  • 14. de cobro para quienes ponen a disposición de otrosagentes sus ahorros. No obstante, los mercadosfinancieros desregulados no se limitan a cumpliresta función, y presentan también una tendenciaintrínseca a acumular «capital ficticio» y a generarburbujas desconectadas de la economía real que,al estallar, provocan graves crisis financieras (véasela pregunta III). Los tipos de mercados financieros y de títulosintercambiados son muy amplios. Los cuatro másimportantes son deuda, acciones, divisas y deri-vados. Los títulos de deuda son emitidos por go-biernos (deuda pública) y grandes empresas (deudaprivada) con la finalidad de financiar sus activida-des; además, en estos mercados se convierten entítulos negociables los créditos concedidos por losbancos comerciales (como sucedió con los títulosasociados a las hipotecas subprime). En segundolugar, en los mercados bursátiles se intercambianacciones emitidas por empresas que cotizan, cuyapropiedad da derecho a una parte del beneficio dela empresa correspondiente (dividendos). En tercerlugar, en los mercados de divisas se intercambianunas monedas nacionales por otras. A este merca-do acuden las empresas, los inversores, los bancoscentrales o los hogares cuando necesitan comprar 16
  • 15. moneda extranjera para sus actividades. Por último,los mercados de productos «derivados» surgieronimpulsados por aquellos agentes económicos quebuscaban protegerse de posibles variaciones en losprecios, los tipos de interés, los tipos de cambiode las distintas monedas o los índices bursátiles.Así, estos «derivados» se negocian tomando comobase otros activos ya existentes (acciones, títulosde deuda, préstamos, divisas, etc.), sobre los quese establecen determinados contratos en funciónde su evolución futura. Como resultado de la aplicación de las políticasneoliberales durante las décadas de 1980, 1990 y2000 —particularmente la liberalización y desre-glamentación del sector financiero, así como losprocesos de privatización y apertura externa de laseconomías—, los mercados financieros han experi-mentado un trepidante desarrollo y una fuerte inter-nacionalización. Entre 1986 y 2004 el PIB mundialse multiplicó por tres y las exportaciones de bienes yservicios por cinco, mientras que las emisiones inter-nacionales de títulos (deuda y acciones) se multiplica-ron por siete, los préstamos bancarios internacionalespor ocho, el intercambio medio de divisas por nueve,y el mercado de productos derivados por noventa yocho, según datos de Bustelo (2007). 17
  • 16. De este modo, la dimensión de estos mer-cados ha llegado a ser enorme, muy superior enocasiones a la de la propia actividad productiva ala que supuestamente financian. Así, por ejemplo,a mediados de la década de 2000 el volumen dedivisas negociadas en un solo día era sesenta vecessuperior a la cifra de importaciones mundialesdiarias, y ochocientas veces superior al volumende inversiones extranjeras directas que se efectúanen un día (Álvarez y Medialdea, 2010). Durante las últimas tres décadas ha ido cam-biando además la propia lógica del funcionamientofinanciero. Los procesos de desreglamentación hanpermitido que los inversores financieros puedanconcentrar sus operaciones, más allá de los procesosde financiación de la actividad productiva, en ob-tener ganancias con la compra-venta a corto plazode los títulos de deuda, de las acciones, o de lasdivisas. Estos inversores han podido encontrar en elámbito financiero rentabilidades muy superiores alas proporcionadas en el terreno de la economía real(aquejada de dificultades recurrentes desde hacedécadas como consecuencia de las contradiccionesdel capitalismo). Una vez explicado «qué» son los mercadosfinancieros, la pregunta fundamental es: ¿quién 18
  • 17. los dirige? En estos mercados intervienen un grannúmero de actores. Sin embargo, son unos pocoslos inversores que concentran la mayoría de losactivos, de las transacciones y, en definitiva, delpoder. Estos son fundamentalmente los grandesbancos (bancos comerciales y bancos de inversión),los inversores institucionales y las agencias de cali-ficación (véase la pregunta II). Los grandes bancos comerciales, tanto ame-ricanos (Citigroup, JP Morgan Chase, Bank ofAmerica) como europeos (Barclays, UBS, HSBC,Deutsche Bank, BNP Paribas, Santander, BBVA),son quienes otorgan la mayoría de los préstamosutilizados para adquirir títulos financieros, ade-más de realizar ellos mismos multitud de opera-ciones diversas y de emitir títulos propios que senegocian en los mercados. En EEUU destacanademás los grandes bancos de inversión, si bieneste sector —por estar situado precisamente en lossegmentos más activos y especulativos— ha que-dado profundamente reestructurado tras la crisisde 2008: Lehman Brothers quebró, Bear Stearnsy Merrill Lynch tuvieron que ser vendidos (dadossus graves problemas de solvencia) a JP MorganChase y Bank of America respectivamente, mien-tras que Morgan Stanley y Goldman Sachs, ahora 19
  • 18. reconvertidos en bancos comerciales, acumulanaún más poder. Los inversores institucionales (fondos deinversión, fondos de pensiones, compañías deseguro y hedge funds) se sitúan también en elnúcleo duro de los inversores financieros. Estosagentes gestionan activos de titularidad colectiva(propiedad de ahorradores, pensionistas o asegu-rados, respectivamente) a través de gestoras pro-fesionales (vinculadas en muchas ocasiones conla banca). La magnitud de activos que gestionanestos inversores es espectacular, y tienen unaenorme capacidad para determinar la evoluciónde los índices bursátiles, el valor de las divisasinternacionales o el precio de la deuda pública delos distintos países. Según datos de la OCDE, en2010 los fondos de inversión eran propietarios de17 billones de euros, mientras que las compañíasde seguros alcanzaban los 15 billones de euros ylos fondos de pensiones los 13,5 billones. Estasmagnitudes equivalían en ese año al 180% delPIB de todos los países de la OCDE. Además,los inversores institucionales estadounidenses ges-tionan más de la mitad de dichos activos. Valgacomo ejemplo el hecho de que el mayor fondode inversión del mundo, la compañía BlackRock, 20
  • 19. maneja una suma de activos equivalente al 12%del PIB español. Los hedge funds, o fondos de inversión de altoriesgo, a pesar de manejar muchos menos activos(en torno a 1,5 billones de euros), son agentescon un gran impacto en los mercados, y desarro-llan actividades altamente especulativas gracias alelevado endeudamiento al que recurren en susoperaciones. Estos son los agentes que constituyen hoy día—junto con las agencias de calificación, que vemosa continuación— el núcleo duro del capital finan-ciero internacional. En general, estos inversores senutren del ahorro de las familias y, en particular,del patrimonio de las grandes fortunas, quieneshan encontrado en ellos un vehículo privilegiadopara incrementar su capital. 21
  • 20. II ¿Por qué las agencias de calificación tienen tanto poder? BIBIANA MEDIALDEA GARCÍADado que actualmente buena parte del ahorromundial se coloca en los mercados financieros,la cantidad de recursos que depende de lo queocurra en esos mercados es enorme. El problemasurge porque la propia naturaleza de los mercadosfinancieros impide que los agentes que comprany venden títulos cuenten con toda la informaciónque sería necesaria para gestionar todos esos recur-sos de la forma más inteligente posible. Es imposible, por ejemplo, que los agentesmanejen información fiable sobre la situacióneconómica de todas las empresas, estados o enti-dades regionales que emiten títulos. A esto hay queañadir la complejidad de los productos financierosque en las últimas dos décadas han entrado encirculación: ¿cómo saber el verdadero riesgo quese corre al comprar un «producto estructurado», sien ocasiones ni siquiera es fácil conocer cuáles son 22
  • 21. los títulos que lo componen? Hasta el estallido dela crisis financiera en EEUU muchos de los posee-dores de este tipo de productos (compuestos porvarios títulos financieros) desconocían que conte-nían, entre otros, hipotecas subprime convertidasen títulos (véase la pregunta III). Los mercados financieros actuales son tancomplejos, posibilitan la realización de operacionestan complicadas, y manejan productos tan opacos,que es del todo imposible que la gran mayoría departicipantes realice sus compras y ventas de formafundamentada. Por eso, a pesar de su aparienciasofisticada, estos mercados son tan susceptibles deverse afectados por comportamientos miméticossin fundamentación (conocidos como «efectosrebaño»), y son propicios tanto a euforias genera-lizadas como a «contagios» y salidas en estampidatotalmente irracionales. En este contexto es fácil entender por qué lasagencias de calificación juegan un papel tan impor-tante. A priori, es evidente la utilidad que tendríanentidades que se especializaran en obtener datosrigurosos sobre las condiciones de los títulos que senegocian en los mercados e hicieran pública, de for-ma objetiva, esa información. Esas informacionespodrían ser una referencia razonable para que, en 23
  • 22. función del riesgo que cada agente quisiera asumir,compusiera su cartera financiera comprando unostítulos u otros. La utilidad de una entidad quegarantizara que los compradores supieran lo quecompran y, por tanto, el riesgo realmente asociadoa la operación, sería indudable. Las agencias de calificación (o agencias de ra-ting) son esas entidades supuestamente «rigurosas»y «objetivas» de las que se fían los agentes financie-ros para tomar decisiones y realizar sus operaciones.Por eso tienen tanto poder: ante un panorama tancomplicado y variable, donde incluso los agentesespecializados ignoran la verdadera naturaleza yriesgo de los productos que negocian, las califi-caciones que emiten son las únicas señales que seconsideran fiables. Se da tanta importancia a suscalificaciones que incluso los organismos oficialeslas utilizan como referencia: por ejemplo, el BCEobliga a los bancos de la eurozona a que los títulosque mantienen en sus carteras sean triple A (lamáxima calificación). Se entiende así lo importanteque es para una entidad que emite títulos la califi-cación que recibe de las agencias. Por su parte, loque le preocupa al comprador del título es el riesgode no recuperar el dinero que pagó por él, así comola posibilidad de no cobrar los intereses acordados. 24
  • 23. Por eso, con el famoso sistema de letras (de la AAAa la C – o la D, según la agencia), estas entidadesvaloran el riesgo de impago de la empresa o Estadoque emite títulos. De esta forma, la calificaciónotorgada es una especie de «sello de garantía»: loscompradores adquieren títulos (es decir, prestandinero) a agentes cuyas condiciones económicasdesconocen, pero de los que se fían debido a sucalificación. Lo cierto es que en algunos mercadosfinancieros se opera casi completamente a ciegas(sin saber realmente la calidad de lo que se compray se vende), guiados únicamente por las califica-ciones de las agencias. Ahí radica su gran poder:sus indicaciones tienen la capacidad de dirigir elmercado, motivando tanto compras como ventasmasivas de forma inmediata. El problema es que, según ha quedado pa-tente en los últimos años, las calificaciones quepublican estas agencias no resultan fiables: hastapocos días antes de que Enron entrara en quiebralas agencias mantuvieron su calificación en nivelesmuy positivos; los productos financieros donde sehabían integrado las hipotecas subprime estado-unidenses contaban con la máxima calificación;Lehman Brothers era calificado como de máximaseguridad hasta el momento mismo de su colapso; 25
  • 24. posteriormente, las calificaciones de las agenciassobre la solvencia de ciertos países europeos condificultades se han demostrado repetidamente ar-bitrarias, perjudicando seriamente a los países decuya solvencia, con razón o sin ella, las agenciasdudan (o dicen dudar). ¿Por qué las agencias se equivocan tanto? Enrealidad, no es tanto un problema de equivocacio-nes, sino de que las agencias tienen buenas razonespara emitir calificaciones interesadas. Esto se debe aque, en contra de lo que cabría esperar, no trabajanpara los compradores de títulos, que son los inte-resados en que sus calificaciones sean fiables. Susclientes, sin embargo, son las entidades emisorasde los títulos que van a calificar: si un Estado o unaempresa quiere que sus títulos sean calificados, pagaa las agencias para que lo hagan. Es decir, es comosi alguien que va a comprar un coche de segundamano tuviera que fiarse del informe sobre el estadode vehículo que hace un mecánico pagado, ni másni menos, que por la empresa que vende el coche.El conflicto de intereses es claro: las agencias decalificación, como cualquier otra empresa, tratande contentar a sus clientes, que son de quienesdependen. Eso es lo que explica la «miopía» en elcaso Enron y en el de Lehman Brothers. A la in- 26
  • 25. versa, también se dan casos en los que las agenciasutilizan el poder de sus calificaciones frente a uncliente que ha mostrado su intención de prescindirde sus servicios. El caso de la empresa HannoverRük y la calificadora Moody´s es paradigmático:cuando la empresa decidió rescindir su contratocon la agencia, esta comenzó a emitir calificacionesno pedidas en las cuales iba degradando la solven-cia que se le suponía a la empresa. A pesar de quelas demás calificadoras mantuvieron intacta unabuena calificación, la operación supuso pérdidasde 175 millones de dólares en la capitalización dela empresa alemana. ¿Sería posible acabar con esta tiranía? Claroque sí. Para empezar, se trataría de articular unanormativa que garantizara que los mercados finan-cieros estuvieran bien definidos y estrictamente re-gulados. Si existieran definiciones precisas de losactivos financieros que se emiten o se transfieren,y no se permitieran operaciones de ingenieríafinanciera totalmente opacas que imposibilitanun adecuado análisis de riesgo, la informaciónreferente a los mercados financieros no sería unbien tan escaso. En segundo lugar, aún así seríaconveniente la existencia de una entidad objetivay rigurosa que facilitara información financiera fia- 27
  • 26. ble. Esta entidad tendría que contar con recursossuficientes para recabar esa información y carecerde intereses particulares que le llevaran a manipu-larla. Condiciones que solo podrían garantizarsemediante una instancia pública supranacionalverdaderamente independiente, al margen tantode intereses empresariales como de presiones po-líticas nacionales. 28
  • 27. III¿Cómo una crisis financiera en EEUU llegó a convertirse en una grave crisis financiera y económica mundial? LUIS BUENDÍA GARCÍALa comprensión de la crisis actual requiere comen-zar por remontarse a los años setenta. Aunque enlos manuales de economía se sigue considerandoaquella como la «crisis del petróleo», lo cierto esque el negativo impacto del alza de los precios delcrudo en 1973 y 1979 no hizo sino sumarse a otrosfactores que anunciaban el estallido de una crisisprofunda. El modelo de crecimiento de posguerradaba visos de un definitivo agotamiento que inclu-so resquebrajó el sistema monetario internacionalfijado en 1944 en Bretton Woods. La causa últimade estos síntomas la encontramos en la caída dela rentabilidad ya desde finales de los sesenta, loque dio paso a un período caracterizado por uncrecimiento muy débil acompañado de aumentosdel desempleo y la inflación. La confluencia de intereses entre banca, empre-sas y rentas altas propició que la respuesta a esta 29
  • 28. crisis tomara la forma de un programa de ajusteeconómico que tenía por objetivo restaurar el po-der de clase del capital y, con ello, la rentabilidadperdida. Dicho programa, denominado a posteriorineoliberalismo, ha incluido principalmente políti-cas de desregulación, privatización y liberalizaciónde los mercados (incluyendo los de capitales). Suaplicación ha adquirido una dimensión mundial,que ha afectado tanto a economías desarrolladascomo subdesarrolladas, si bien de forma diferencia-da según el contexto de cada país. Este proceso hallegado hasta nuestros días con un éxito incontesta-ble en cuanto al restablecimiento de los niveles debeneficio, eso sí, a costa de erosionar los derechoshistóricos conquistados por la clase trabajadora.Por eso puede caracterizarse este proceso como«ajuste salarial». El resultado más directo del ajuste salarial conel que se respondió a la crisis de rentabilidad de losaños setenta es que en las tres últimas décadas elpeso de los salarios en la renta nacional ha caído confuerza: solamente en la OCDE el descenso es decasi doce puntos porcentuales. Entretanto, se hanintroducido recortes en los estados de bienestar, yha aumentado la presencia del sector privado en laoferta de servicios sociales y reducido las prestacio- 30
  • 29. nes monetarias, como ha ocurrido con las reformasde las pensiones o las del subsidio de desempleo. Ladesregulación aplicada en el mercado de trabajo hafacilitado el despido, incrementado los contratostemporales y descentralizado las negociaciones sa-lariales. Al mismo tiempo, la liberalización de losmercados financieros unida al mencionado descen-so de la rentabilidad en las actividades productivastradicionales ha facilitado la huida del capital hacialo financiero, dando pie a lo que se ha denominadofinanciarización, es decir, el dominio de las finan-zas sobre el conjunto de la economía; dominioexpresado no solo por el aumento espectacular dela actividad y beneficios obtenidos por el propiosector, sino por su decisiva influencia en el com-portamiento de empresas no financieras, hogaresy gobiernos. El capital ha encontrado refugio enlos mercados de activos como acciones bursátileso viviendas, lo que ha dado lugar a un período deformación continua de burbujas en torno a susprecios. El estallido de estas burbujas ha provocadocrisis con una frecuencia que no se daba desde laSegunda Guerra Mundial, justo cuando los flujosfinancieros internacionales fueron regulados. En un contexto de debilidad de la inversiónproductiva, ataque a las rentas de los trabajadores y 31
  • 30. menor intervencionismo público en la economía, elcrecimiento de la demanda solo fue posible graciasal endeudamiento. Así, el enorme endeudamien-to acumulado por la economía norteamericanay, en general, por las principales economías dela OCDE, se sitúa en la base de la actual crisiseconómica: el trepidante crecimiento de la deuda—muy por encima del crecimiento de la economíareal— condujo inevitablemente a la crisis una vezque los inversores financieros constataron que nopodrían ser atendidos todos sus supuestos dere-chos de cobro. En particular, ese endeudamientose basó en el aumento de los precios de los bienesinmuebles, que sirvieron como garantía de lospréstamos. Pero al caer el precio de los activos, enespecial la vivienda, todo se derrumbó como uncastillo de naipes. Fue el inicio de una gigantescacrisis bancaria internacional en cadena. El primer país en encontrarse con problemasfinancieros severos fue EEUU. La burbuja inmo-biliaria estalló en 2007. Según datos de Blackburn(2008), entre 2001 y 2006, hasta una quinta partede las hipotecas firmadas había sido subprime, esdecir, hipotecas con alto riesgo de impago al serconcedidas a personas en condiciones económi-cas muy precarias (derivadas en buena medida del 32
  • 31. ajuste salarial). Cuando los precios de las viviendasempezaron a desinflarse (como ocurre siempre contodas las burbujas), quienes tenían deudas por unvalor superior al de sus casas optaron por saldarlasentregando sus casas a los bancos. Utilizando datosde la Reserva Federal, Kornblihtt (2008) muestraque entre 1998 y 2007 las deudas incobrables pa-saron en EEUU de 211.000 millones de dólaresa 920.000 millones. El número de viviendas enlos balances de los bancos aumentaba y estos nopodían deshacerse de ellas, por lo que, al no contarcon la entrada regular de dinero por esas hipotecascanceladas, surgieron sus primeros problemas. Enun principio se consideraron problemas puntua-les de liquidez, pero pronto se puso en evidenciaque eran complicaciones mucho mayores. Losbancos que habían concedido hipotecas subprimelas habían convertido en productos estructuradospara reducir el riesgo a ellas asociado. Para ello,las unían a otros productos financieros de menorriesgo dando lugar a un nuevo producto llamado«obligaciones de deuda colateralizada» (o CDO porsus siglas en inglés), que luego ponían a la venta enmercados nacionales e internacionales. Los nuevos compradores cobraban parte de lashipotecas y el banco emisor ganaba por el margen 33
  • 32. de diferencia entre los intereses hipotecarios recibi-dos y los intereses que daba a esos nuevos compra-dores (que se quedaban con parte del riesgo). Asíestos productos poco transparentes se diseminabanpor toda la economía sin que nadie estuviera segurodel riesgo que conllevaban. Esto era posible merceda la desregulación financiera puesta en marcha tan-to por gobiernos republicanos como demócratas.Dicha desregulación permitió que las empresasmanipulasen sus balances contables ocultandosus pérdidas y exagerando sus beneficios, lo queles facilitó atraer nuevo capital para invertirlo denuevo en los circuitos especulativos, muy rentablespero sin ninguna base firme. Por eso, cuando sedejaron de pagar esas hipotecas no solo quebraronbancos dedicados al crédito hipotecario, sino tam-bién entidades de todo tipo que habían compradoestos productos financieros. Esos productos estructurados de alto riesgo sepropagaron también por los mercados internacio-nales, de modo que desde 2001 su volumen decomercio se multiplicó por tres. Así, la quiebrabancaria estadounidense no solo dio pie a unaprofunda crisis financiera en ese país sino que, alcortarse los flujos de crédito interbancarios por eseaumento global de la desconfianza, se tradujo en el 34
  • 33. colapso del mercado monetario mundial. El créditodesapareció de forma fulminante, de forma que laactividad económica general, que se alimenta delcrédito para su funcionamiento cotidiano, se vioimpactada de forma severa e inmediata. Por tanto,una crisis que en origen afectó solo al sector finan-ciero de EEUU, pasó a convertirse en una gravecrisis financiera y económica mundial. 35
  • 34. IV ¿Cuál es el papel de los bancos en la crisis? ANTONIO SANABRIA MARTÍNEl proceso de financiarización descrito en la ante-rior pregunta supuso severas transformaciones enel ámbito bancario. Los modelos públicos de su-pervisión fueron rebasados por otros teóricamentemás eficientes, que primaban la autorregulaciónmediante auditorías y ratings privados (véase lapregunta II). La eliminación de «distorsiones»regulatorias, se decía, permitiría que los preciosofrecieran una información perfecta acerca de lasituación de cada entidad. Los operadores entoncessabrían decidir dónde invertir, y se premiaría conello la eficiencia. Como se ha comentado en la anterior pregun-ta, el endeudamiento era la fórmula mágica queposibilitaba el crecimiento de la demanda peseal ajuste salarial. Tal patrón de crecimiento víadeuda otorga al sector financiero, y sobre todo ala gran banca transnacional, una posición privile- 36
  • 35. giada como eje central del modelo. Por su parte,la desregulación ofrece la creación de una variadagama de instrumentos financieros muy sofisticadosy nuevas oportunidades para la especulación. Lacomplejidad de estos nuevos activos financierosobstaculiza su supervisión, que crea un gigantescosistema bancario «en la sombra» al margen de losmercados formales, así como de toda supervisión.Ello ha permitido a los bancos sobreendeudarse sinque ese excesivo apalancamiento (el porcentaje dedeuda sobre el total de activos) quedara recogidoen sus balances contables, mientras se hacían de oroprestando a empresas, hogares y administracionespúblicas. La arrogante afirmación en 2003 del premioNobel en economía, Robert Lucas, ilustra el con-vencimiento triunfal entre la ortodoxia académica:«el problema central de la prevención de depre-siones ha sido, de hecho, resuelto en todos susaspectos para muchas décadas». Apenas cuatro añosmás tarde se iniciaba una gigantesca crisis bancariainternacional en cadena. La portentosa liberaliza-ción de los mercados de capitales desembocabaen la mayor intervención pública de la historia,para rescatar y hasta nacionalizar a unas entidadesprivadas sobreendeudadas. 37
  • 36. Al principio los números rojos en las cuentasde resultados de grandes bancos y corporacionesfinancieras se consideraron problemas de liquidezpuntuales, una «crisis de confianza». En ciertamedida así era, pues la opacidad de los nuevosinstrumentos financieros hacía ahora imposibledeterminar la calidad real de esos títulos. Nadiese atrevía a prestar a nadie. La intervención inicialse basó en respaldar la compra de entidades conproblemas por otras, colaborando para dejarlas aprecio de saldo con el fin de facilitar su venta. Talfue el caso del banco de inversiones Bear Stearns,adquirido en marzo de 2007 por JP Morgan Chase.Al resultar insuficiente se procedió al rescate ban-cario, directo o indirecto, con dinero público. Losbeneficios eran privados pero ahora se socializabanlas pérdidas. La principal vía directa de rescate bancarioconsiste en la inyección de liquidez, que significaconceder préstamos a muy bajos tipos de interésa las entidades en dificultades, para que puedanrecapitalizarse y continuar su actividad. Cuandoresultó insuficiente se nacionalizaron bancos parcialo completamente. Hubo incluso que improvisarreformas legales urgentes, como la Banking Act de2008 en Reino Unido para nacionalizar Northern 38
  • 37. Rock y varios bancos más. La nacionalización pre-tende sanear estas entidades separando los activos«tóxicos», es decir de dudoso cobro, asumidos porel Estado, y así facilitar su apresurada venta. Sirvacomo ejemplo la reprivatización en agosto de 2011del Banco Português de Negócios por 40 millonesde euros, pero que al Estado luso le costó 2.400millones de euros sanear: el 1,4% de su PIB. Losestados han dedicado ingentes cantidades de dine-ro público al rescate de estas entidades privadas.El gobierno de EEUU destinó en apenas uno desus programas 700.000 millones de dólares paraapoyar a su sistema financiero, la mitad del cualse dedicó a recapitalizar entidades y adquirir ac-tivos problemáticos. En Alemania, el fondo paraauxiliar a los bancos (Soffin) ha empleado hastaagosto de 2011, según sus propias cifras, 60.000millones de euros solo en recapitalizar bancos. Elgobierno de Merkel, tan disciplinario con esospaíses «despilfarradores» del sur europeo obviaque, según el Comité Económico y Financiero dela UE, el conjunto de ayudas al sector bancarioalemán sumarían en torno a medio billón de euros;más de 400.000 millones en el caso de Franciay más de dos billones en toda Europa (Torres yGarzón, 2010: 137). Y todo esto sin condiciones 39
  • 38. ni contrapartidas; sin cambiar cuadros directivos,recortar sus astronómicos sueldos, ni controlar eldestino de las ayudas. A los rescates directos hay que sumarle los in-directos. Lo son por ejemplo los cambios legales enla UE y EEUU, que atienden a las reivindicacio-nes del sector financiero para que sus activos seanvalorados a precios de compra y no por su precioactual de mercado. Un cambio importante si tene-mos en cuenta que pudieron pagar millones en sumomento por activos «tóxicos» ahora depreciadoso incluso sin valor. Este «tuneado» de cuentas lespermitía maquillar su deterioro patrimonial parafacilitar su acceso al crédito. En el caso español seha aplicado a los activos inmobiliarios, cuyo precioinflado en las cuentas ralentizó la caída de preciospara así amortiguar la caída de la banca. Y es queaquí la vía de rescate ha ido a través del sector in-mobiliario. Según datos del Servicio de Estudiosdel BBVA, en junio de 2009 España era el Estadode la OCDE que más dinero había destinado asalvar dicho sector: un 2% del PIB. Pero el mayor rescate indirecto es el acceso afinanciación ilimitada (full allotment) al 1% deinterés desde mayo de 2009 por parte del BCE.Ciertamente, con esta medida se evitó el colapso fi- 40
  • 39. nanciero tras la caída de Lehman Brothers en 2008,al abrir el «grifo» del crédito cerrado entonces en losmercados. El problema es que esto no ha logradocanalizar de nuevo el dinero hacia el tejido produc-tivo. Mientras que el artículo 125 de la UE impideel rescate fiscal de un Estado miembro, los bancosacuden al BCE a un coste del 1,5% desde julio de2011 y compran luego deuda pública con rentabili-dades superiores al 4%, y así pueden recapitalizarsey recomponer sus balances contables a cuenta delerario público. Ante el clima recesivo, agravado porlas políticas de ajuste, los bancos optan entoncespor no prestar y tampoco hay una banca públicaque pueda romper ese círculo vicioso. En definitiva, la pretendida «crisis fiscal» actuales en realidad una crisis bancaria. El endeudamien-to público deriva, en buena parte, del rescate a losbancos por los estados, y no al revés. Los mismosque piden cuentas a los endeudados estados euro-peos antes bendecían el modelo de crecimiento,cuando sus bancos obtenían enormes beneficios alfinanciar el crecimiento vía deuda de los periféricos.Después, ante la extensión internacional de la crisis(véase la pregunta III) esos bancos se refugiaronen los títulos de deuda pública de aquellos países,más rentables gracias a la continua elevación de sus 41
  • 40. primas de riesgo. En apenas un año los principalesbancos han perdido casi el 50% de su valor, y algu-nos más aún. Si muchos colosos bancarios no caenes porque es la ciudadanía quien los financia. 42
  • 41. V¿Por qué ahora son los estados los que están en crisis? RICARDO MOLERO SIMARROSegún se analiza en la pregunta anterior, la actual«crisis de la deuda pública» se explica en gran me-dida por la capacidad de los bancos para cargar alos estados con los costes de su crisis. Dado quelas tres décadas de políticas neoliberales han ero-sionado notablemente las cuentas públicas, estetrasvase de la crisis de los bancos a los estados hasido muy rápido. Dichas políticas neoliberales se basaron en laaceptación totalmente acrítica de la doctrina deldenominado «déficit cero», lo que dio lugar a unaausteridad mal entendida. Por un lado, duranteaños se recortó el gasto público, lo que afectó muyespecialmente a las partidas dedicadas a financiar ser-vicios básicos como sanidad, educación o transporte.Por otro lado, esa reducción del gasto público hizoposible bajadas de impuestos que, aunque utilizadaselectoralmente, tuvieron un carácter muy regresivo, 43
  • 42. ya que beneficiaba a las clases sociales más ricas. Noen vano, se basaron en la reducción o eliminaciónde varios impuestos directos (aquellos que gravan larenta, los beneficios, el patrimonio o las sucesiones),a los cuales, si están bien diseñados, contribuye pro-porcionalmente más quien más tiene. Esta disminu-ción de impuestos directos fue paralela a la subidade impuestos indirectos (como el IVA y aquellos quese pagan por el consumo de determinados produc-tos, como la gasolina) a los que cualquier personacontribuye en la misma proporción, independien-temente de sus ingresos o su poder de compra. Sinembargo, estas subidas de algunos impuestos nofueron suficientes para compensar el recorte delos demás ingresos públicos, por lo que cuando losestados se han visto obligados a reaccionar frente ala crisis contaban con unos recursos absolutamenteinsuficientes para ello (véase la pregunta VII). A esto hay que sumar que, desde que comenzóla crisis, la recaudación tributaria ha tendido a caerdebido a la disminución de la actividad económicay, consiguientemente, de los ingresos y el consumo.En esta situación, gastos públicos totalmente justi-ficados en los que se incurrió al inicio de la crisis,como aquellos orientados a asegurar unos mínimosingresos a la población desempleada, o a reactivar 44
  • 43. la actividad productiva, enseguida han sido consi-derados «insostenibles» y, por tanto, recortados odirectamente eliminados. Ni los gobiernos europeosni el estadounidense se han atrevido a obtener re-cursos de donde era posible hacerlo (incrementandola tributación de las rentas más altas o gravandolas operaciones financieras especulativas), lo cualhubiera permitido seguir financiando esos gastosnecesarios. En su lugar, han dedicado una gran can-tidad de recursos a rescatar al sector financiero, comohemos visto en la pregunta anterior. De esta forma,la única manera que han tenido de hacer frente asus necesidades financieras es acudiendo al mismosector bancario al que se han dedicado a salvar. De hecho, en el caso de la UE, los estados nisiquiera han podido recurrir al BCE para financiar-se. En vez de ayudarles a afrontar el incrementotemporal de los gastos necesario para enfrentar lacrisis, lo que ha hecho es financiar al sector banca-rio para que este haga negocio a costa de las finanzaspúblicas. Como los tipos de interés a los que labanca presta a los estados son mayores que a losque presta el BCE, el sobrecoste que soportan losestados por tener que pedir prestado a los bancosprivados en vez de a su banco central incrementasus necesidades financieras. Esto se convierte en 45
  • 44. la excusa perfecta para que las agencias de ratingrebajen la calificación de la deuda. El hecho de que,como vimos en la pregunta II, muchas entidadesfinancieras estén obligadas a mantener títulos dedeuda de la máxima calificación, provoca una ventainmediata de esos títulos en cuanto se produce larebaja. A su vez, esto incrementa su oferta en elmercado, haciendo disminuir su valor y provo-cando que a los estados les resulte más caro aúnfinanciarse; así se termina generando, finalmente,una auténtica espiral de endeudamiento. Como está implícito en todo lo dicho hastaahora, en realidad, esta espiral se podría haber evi-tado. En primer lugar, los estados se podrían habernegado a asumir el coste derivado de los rescatesfinancieros. En segundo lugar, ante la necesidadde mayores recursos para enfrentar la crisis, en vezde endeudarse, los estados podrían haber recurridoa las subidas de impuestos. En tercer lugar, en elcaso de la UE, el BCE podría haberse dedicadoa financiar a los estados en condiciones asequi-bles. El problema es que lejos de haber ensayadoninguna de estas opciones, se ha optado por unasolución que no es tal porque no hace sino agravarel problema. No en vano, la financiación públicaa través de los mercados a cada vez más altos tipos 46
  • 45. de interés genera una carga no solo ilegítima, sinoque puede acabar convirtiéndose en insostenible.De hecho, aquellos estados en los que esta espiralse ha desatado, se vuelven tan dependientes del sec-tor financiero privado que este incluso se permiteexigir políticas de ajuste; es decir, después de habersido rescatado, impone ahora un brutal recorte degastos públicos y derechos laborales básicos comogarantía de que la devolución de sus deudas y elpago de sus intereses serán la prioridad. Los ataques de los mercados para imponer esaspolíticas, que poco a poco se han expandido portoda Europa, han sido más fuertes en los paísesde la UE que a la postre han tenido que ser resca-tados, como Grecia, Irlanda y Portugal. El hechode formar parte de la eurozona les ha impedidoutilizar dos mecanismos que habitualmente usanlos países cuando se enfrentan a una crisis (véase lapregunta IX). En primer lugar, la devaluación de sumoneda para hacer más baratas sus exportacionesy así reducir sus déficit comerciales externos. Al notener capacidad para hacerlo por ser su moneda lamoneda común, no han podido aminorar el im-portante endeudamiento de sus empresas y bancosprivados; y los mercados financieros dan por hechoque, en caso de no poder afrontarlo, será asumido 47
  • 46. por el Estado. En segundo lugar, estos países nohan podido recurrir al banco central emisor desu moneda para financiar su deuda, porque eneste caso es el BCE y no tiene permitido hacerlo.De modo que, a diferencia de los países que aúnmantienen su soberanía monetaria, estos países sehabrían encontrado con un riesgo real de impagode su deuda pública. Es, en realidad, por estas razones, por lo quela UE se vio obligada a poner en marcha el de-nominado Mecanismo Europeo de EstabilidadFinanciera (EFSF, por sus siglas en inglés), unfondo de 440.000 millones de euros financiadopor los propios estados miembros, orientado aasegurar la estabilidad de la eurozona mediante laprovisión de préstamos a países que se encuentranen dificultades para financiar su deuda. De hecho,los rescates a Grecia, Irlanda y Portugal fueron fi-nanciados con este fondo, que es el primer pasopara la creación de un auténtico fondo monetarioeuropeo al estilo del FMI. No en vano, el problemaes que las contrapartidas en forma de políticas deajuste que se les ha obligado a aceptar, similaresa las impuestas por el FMI a lo largo y ancho delmundo, no hacen sino ahondar en la crisis de estospaíses, como veremos en la pregunta VII. 48
  • 47. VI ¿Por qué hay amenazas sobre España si su deuda pública no es elevada? RICARDO MOLERO SIMARROAunque de momento no haya sido rescatada, Es-paña también contempla cómo las amenazas de losmercados se ciernen sobre su economía. La primade riesgo de la deuda pública española (diferenciaentre los tipos de interés que tienen que pagar elEstado español y el alemán para financiarse) noha hecho sino crecer desde que comenzó la cri-sis. Esta subida, que indica que los compradoresestiman una menor capacidad de España parapagar su deuda (por eso piden mayores interesesque cuando compran deuda alemana), se justificahabitualmente argumentando que nuestra deudapública amenaza con alcanzar niveles insosteni-bles. Sin embargo, esta última se mantiene encifras suficientemente bajas como para refutar eserazonamiento. Es cierto que, como explicábamos de mane-ra general en la pregunta V, en España también 49
  • 48. ha crecido el gasto público y se ha reducido larecaudación tributaria como consecuencia de lacrisis. Lo primero se ha derivado del incrementode las prestaciones por desempleo, de la puestaen marcha del Plan E y, en menor medida, de losrecursos dotados a través del Fondo de Reestruc-turación Ordenada Bancaria (FROB) para poderrescatar al sector financiero. Lo segundo ha sidoprovocado por la disminución de la actividad yconsiguientemente de los ingresos y el consumo.En este caso, es especialmente significativa la evo-lución del Impuesto sobre Sociedades cuya mermaen la recaudación ha supuesto casi un 40% de lacaída total de los ingresos, a pesar de que muchasgrandes empresas han mantenido un alto nivel debeneficios durante estos años. Como consecuencia de todo lo anterior, lascuentas del sector público pasaron de presentarun superávit del 1,9% del PIB en 2007, a un dé-ficit del 4,2% en 2008, del 11,1% en 2009 y del9,2% en 2010, provocando que la deuda públicaespañola pasase del 36% del PIB ese primer año al60% este último. A pesar de ello, este porcentajeque representa la deuda sobre la producción totalde la economía (el indicador básico que se utilizapara medir su importancia) sigue siendo uno de 50
  • 49. los más bajos de toda la eurozona. Según los datoscorrespondientes a 2010 de la oficina de estadísticaseuropea, Eurostat, esa ratio no solo es menor quela de Grecia, donde representa un 143%, Irlanda(96%) o Portugal (93%); sino que también seencuentra por debajo de la ratio alemana, que esdel 83%, y de la francesa (81%). Más aún, Espa-ña es uno de los pocos países del área capaces decumplir con el estricto límite de deuda del 60%del PIB impuesto por el Pacto de Estabilidad yCrecimiento de la UE. Por tanto, a pesar de que larecaudación fiscal del Estado se vio mermada porlas políticas fiscales puestas en marcha durante lasúltimas décadas, la capacidad de honrar los com-promisos de la deuda pública española no deberíaser cuestionada. Aunque parezca contradictorio, si los merca-dos financieros dudan al respecto es, en realidad,por el volumen que alcanza la deuda privada. Sibien existen diferentes cifras al respecto, el totalacumulado por el conjunto de hogares, empresasy bancos españoles supera la espectacular cifra del300% del PIB. No solo eso, sino que de la deu-da externa de la economía (es decir, de la que hasido contraída en el exterior, tanto pública, comofundamentalmente privada) el 43% es endeuda- 51
  • 50. miento en el que ha incurrido la banca privada.Esta situación tiene como origen último el modeloproductivo en el que se basó el crecimiento de laeconomía española antes de la crisis, asentado enla formación de una burbuja inmobiliaria. Estase alimentó del abaratamiento del crédito inter-nacional que para los bancos españoles supusola entrada en el euro. Los primeros decidieroncanalizar el importante flujo de crédito externoal que podían acceder hacia el mercado inmobi-liario, tanto hacia la financiación de promotorasy constructoras, como a la concesión de hipotecasa los hogares. Al hinchar la burbuja y hacer muyrentable la especulación inmobiliaria, se provocóuna reorientación de la inversión desde el restode sectores de la economía hacia la construcción.El incremento de las importaciones vinculado, enbuena medida, al desmesurado crecimiento de laactividad en dicho sector, ayudó a la expansión deldéficit comercial de la economía con el exterior y,con ello, de la deuda externa. El corte del flujo de crédito provocado por elestallido de la crisis se convirtió en una amenazainmediata para el sistema financiero español y, enespecial, para las cajas de ahorro, más expuestas ala burbuja inmobiliaria. Los mercados comenzaron 52
  • 51. a descontar que, en caso de quiebras, el Estadosaldría al rescate del sector. De hecho, el gobiernoespañol se apresuró a crear el FROB. Aquello su-puso el inicio del incremento de la prima de riesgode la deuda pública, a pesar de que, como hemosexplicado, esta se encontraba, y se sigue encontran-do, en niveles muy por debajo de los del resto depaíses de la UE. En esta situación, en vez de hacerexplícita la renuncia a asumir la deuda del sectorprivado con el objetivo de disminuir la prima,tanto el gobierno central como los autonómicoshan optado por poner en marcha drásticos recortesdel gasto público que suponen el cuestionamientode conquistas sociales tan importantes como laspensiones, la sanidad o la educación públicas. A pesar de ello, los insaciables mercados hanseguido elevando la prima de riesgo sobre la basede incluir a la economía española dentro del deno-minado grupo de los «PIGS» (acrónimo inglés dePortugal, Irlanda, Grecia y España, que significa«cerdos»). Esta comparación se ha utilizado paraponer en duda la solidez de nuestras cuentas pú-blicas, alimentando operaciones especulativas encontra de la deuda soberana del país, cuyo costese ha visto así también incrementado. El supuestoparalelismo de estos países se basa en la situación 53
  • 52. «periférica» dentro de la UE en la que, en términosproductivos, se encuentran sus economías, especia-lizadas, a diferencia de otras como la alemana, enla exportación de productos de bajo valor añadido;especialización que genera unos déficit comercialespermanentes y, consiguientemente, una cada vezmayor deuda externa. Según veremos con más deta-lle en la pregunta IX, la pertenencia al euro impidea estos países devaluar su moneda para tratar derevertir esa situación ganando competitividad, porlo que solo les quedan dos opciones para lograrlo:tratar de aumentar la productividad o disminuirlos salarios o los beneficios. En el caso de la economía española la menorinversión en ramas industriales y de servicios de-bido a la canalización de aquella hacia la construc-ción, hizo que la productividad (más baja en estesector) apenas se incrementase durante el periodode crecimiento. A pesar de ello, en vez de tratarahora de alterar esta situación mediante la puestaen marcha de medidas para la transformación deese modelo productivo, el gobierno ha optado porluchar contra la pérdida de competitividad (y, porende, contra el incremento de la deuda externa delsector privado que los mercados descuentan queasumirá) a través de una reducción de los salarios 54
  • 53. lograda mediante la degradación de derechoslaborales básicos como la negociación colectiva.Sin embargo, esto no va a hacer sino perpetuarla desequilibrada especialización productiva de laeconomía y, por tanto, sus problemas estructura-les. Es el precio que hay que pagar por aceptar ladictadura de los mercados. 55
  • 54. VII ¿Cómo se concreta «la dictadura de los mercados»? LUIS BUENDÍA GARCÍALos estados realizan actividades fundamentales tantodesde el punto de vista económico como social. Ypara poder financiarlas necesitan dinero: la presta-ción de servicios o la subvención de determinadosbienes, por ejemplo, implican una serie de gastos.Con el fin de sufragarlos, el Estado puede recurrir adistintas vías. En primer lugar, puede cobrar por laventa de los bienes o servicios que producen las em-presas públicas. Sin embargo, siguiendo el programaneoliberal analizado en la pregunta III, los gobiernostanto de signo conservador como socialdemócratashan ido eliminando esta fuente de ingresos acome-tiendo privatizaciones de forma masiva. Solamentedurante los años noventa, los países de la actual UEprivatizaron empresas (total o parcialmente) porun valor de 73.000 millones de dólares, es decir, elequivalente a la suma de dos economías europeaspequeñas como las de Croacia e Islandia. 56
  • 55. Otra forma mucho más importante de obteneringresos es mediante la recaudación de impuestos.Los impuestos suponen en torno a 4/5 partes delos ingresos públicos, por lo que es su principalfuente de financiación. Pero también como partedel recetario neoliberal los impuestos se han re-ducido, al menos aquellos con mayor capacidadpara redistribuir rentas (los que se pagan en mayormedida cuanto más rico se es, como el IRPF, olos que gravan las rentas del capital), cuando nose han abolido directamente (como el Impuestosobre el Patrimonio, eliminado en los últimos 15años, entre otros, en Grecia, Irlanda o España). Deese modo, la capacidad del Estado para recaudarrentas se ha visto mermada, lo cual es mucho máspatente en épocas de crisis, cuando la actividad delas empresas y el nivel de renta general caen. La tercera forma de ingresos públicos es la emi-sión de deuda. La caída de los ingresos públicosen momentos de crisis, agravada por las reformasfiscales últimamente aplicadas, da lugar a la apa-rición de fuertes déficit fiscales (los estados ingre-san menos de lo que gastan). Con cada vez menosposibilidad de recaudar impuestos y de obteneringresos mediante empresas públicas, una partecreciente de esos déficit se tienen que financiar 57
  • 56. mediante la emisión de títulos de deuda (bonos,letras u obligaciones). Dichos títulos pueden seradquiridos por inversores privados o por institu-ciones públicas (como los bancos centrales de lospaíses: la Reserva Federal en EEUU o el BCE enel caso español), teniendo cada opción unas im-plicaciones diferentes. La venta de deuda en los mercados a inverso-res privados requiere que el Estado sea capaz deconvencerles para que la compren. Para ello loscompradores deben considerarla atractiva, en loque intervienen dos factores: la rentabilidad y elriesgo asociados a esos títulos públicos. La ren-tabilidad está marcada por los tipos de interés alos que se fije cada título; por tanto, con el fin deatraer inversores, los gobiernos se ven forzados aaumentar dichos tipos. Esto supone que la canti-dad a devolver por la deuda sea cada vez mayor;así, una parte creciente del dinero público tieneque destinarse a remunerar a esos inversores. Peroademás, los compradores de deuda exigirán queel riesgo de no recuperar su dinero sea mínimo.Por ello, cada gobierno debe demostrar que suprioridad es devolver la deuda y, por tanto, quelas políticas económicas que aplique estén supe-ditadas a dicho fin. 58
  • 57. En ocasiones también es posible que esadeuda sea adquirida por organismos públicoscomo bancos centrales, aunque esta vía presentarestricciones. La compra de deuda por parte de losbancos centrales ha sido vetada desde hace décadaspor considerarla perjudicial. Según los esquemasideológicos dominantes, este mecanismo implicaevitar el «examen del mercado»: como los gobiernosque se endeudan nombran a las autoridades deesos organismos, podrían proceder a emitir deudasin control, pues siempre tendrían un comprador.Esa emisión de deuda se pagaría con la monedaemitida por esos bancos centrales en un procesodenominado «monetización del déficit» y, al au-mentar el dinero en circulación, aumentaría lainflación. Desde que se impuso en la OCDE lareducción de la inflación como objetivo prioritariode las políticas económicas, este mecanismo estádirectamente prohibido sin plantearse la posibili-dad de que existan situaciones en que pudiera tenersentido. Por ejemplo, ante contextos deflacionarios(peligro de una espiral de bajadas generalizadas deprecios). Actualmente, la única forma de que el BCE ad-quiera deuda de los estados miembros es acudiendoa los mercados. Así lo hizo en las primeras semanas 59
  • 58. de agosto de 2011, comprando deuda de Españao Italia. Ahora bien, dicho organismo es un firmepartidario de disciplinar a los gobiernos, por lo queantes de comprar deuda de esos países envió sendascartas a sus gobernantes con «recomendaciones» dequé políticas debían aplicar si querían esa interven-ción. Esto sitúa esta opción en un plano parecido alrecurso a inversores privados pues, de un modo uotro, la compra de deuda está condicionada a queel Estado priorice su devolución frente a cualquierotro uso (planes de ajuste). Los gobiernos emisores de deuda reciben deeste modo presiones de sus compradores para quesaneen sus cuentas, pero sin perjudicar al capital (nia las rentas altas que lo detentan). De esta manera,se les apremia a que aumenten sus ingresos, perosolo a través de impuestos que graven proporcional-mente más a los que menos tienen, como el IVA,que ha sido elevado en todos los países europeosque han aplicado ajustes. Pero sobre todo, se lesconmina a reducir sus gastos, lo que se traduce enrecortes incluso de servicios públicos básicos, comola educación (reduciendo su financiación o subien-do las tasas de matrícula) o la sanidad (cerrandocentros de salud o introduciendo el copago de losusuarios). Otras medidas que ayudan a recibir el 60
  • 59. visto bueno de los mercados y de las autoridadesmonetarias son las reformas del mercado laboral,al considerar que las medidas de protección de lostrabajadores son un obstáculo para los beneficiosempresariales y, así, para el crecimiento económico.Se trata del mismo tipo de medidas que se aplicaronen América Latina durante la denominada «décadaperdida»: con idéntico fin —garantizar el pago dela deuda externa de los países afectados—, durantelos años ochenta y parte de los noventa las medidasimpuestas por el FMI provocaron el estancamientoeconómico de la región y un fulgurante aumentode la desigualdad y la pobreza en lo que se ha ca-racterizado como un «ajuste permanente». En el caso europeo, la ratificación en junio de2011 del Pacto del Euro supuso la institucionali-zación de todas estas medidas. Este Pacto estableceque el pago de su deuda (es decir, los ingresos delos acreedores) debe ser la máxima prioridad de losestados, por encima de cualquier otro objetivo decarácter económico o social. Para garantizar que esaprioridad se antepone a cualquier otra, se insisteen su blindaje mediante textos legales vinculantes.Ese, y no otro, es el objetivo que se persigue conla inclusión de un tope máximo para el déficit enla Constitución española. 61
  • 60. En suma, la dictadura de los mercados finan-cieros deriva de la confluencia de dos procesos.De un lado, de la renuncia durante años por partede los gobiernos a instrumentos que permitierangarantizar la solvencia de las cuentas públicas aunen tiempos de crisis. Y, de otro, del recurso a lafinanciación de deuda en los mercados financierosprivados, con la consiguiente exigencia por parte deinversores e instituciones públicas de aplicar fuertesajustes regresivos a cambio de obtener esos fondos.Medidas como la constitucionalización de un techode déficit dan rango legal a dicha dictadura. 62
  • 61. VIII¿Por qué la suspensión de pagos de un país europeo pone en peligro al euro? ANTONIO SANABRIA MARTÍNComo acabamos de ver, los estados recurren al cré-dito (deuda) para cubrir déficit y obtener liquidezinmediata con la que afrontar sus pagos. Parafinanciarse emiten títulos de deuda en los merca-dos a cambio de su devolución con intereses. Lasuspensión de pagos sucede cuando el Estado noatiende a sus compromisos financieros en el plazofijado. El impago suele identificarse con su vozinglesa, «default», pero en realidad dicho términose refiere a cualquier alteración en las condicionesde partida fijadas entre prestamista y prestatario. Los títulos de deuda constan de dos elemen-tos: precio del título y tipo de interés. Ambos secomportan de manera opuesta entre sí: cuandosube el precio del bono, baja el interés (y vicever-sa). Cuanto más arriesgado se perciba que es eltítulo emitido menor será su precio, pues menosatractivo resultará a sus posibles compradores, por 63
  • 62. lo que habrá de ofrecerles una mayor rentabilidad(tipos de interés más elevados) para estimularles acomprarlo. Por eso Grecia, Irlanda o España pa-gan tantos intereses en comparación con Alemania,cuyo bono se considera el más seguro. El riesgo de contagio en la eurozona, es decir,la posibilidad de que las dificultades financieras deun país afecten a otros pudiendo llegar a cuestionarla viabilidad del euro, se explica principalmentepor su peculiar arquitectura como área monetariaúnica. Pero esta podría haberse diseñado de otraforma. En la actualidad, los 17 estados miembroscomparten política monetaria, delegada en el BCE,pero no cuentan ni siquiera con una mínima coor-dinación en el área fiscal. El único atisbo al respectoes el ya citado Pacto de Estabilidad y Crecimiento(véase la pregunta V), que marca unos límites ar-bitrarios sobre déficit y deuda pública, en lugar devalorar tendencias a lo largo del tiempo para conse-guir una verdadera coordinación de sus respectivaspolíticas económicas. No tener una política fiscalcomún implica que cada Estado emite por separadosu deuda soberana, pero con la particularidad deque no tienen el respaldo último del banco centralcomo prestamista. Asimismo, emiten deuda en unamoneda que no controlan. Ello supone un grave 64
  • 63. problema que no quiso ser considerado en su mo-mento y que explica por qué la eurozona es ahorael lugar más arriesgado del mundo para invertir enbonos. Veámoslo. Cuando los inversores deciden vender la deudapública que poseen de un Estado pueden sucederdos cosas: pasan a comprar deuda privada de esamisma economía o se deshacen de la moneda localrecibida en la venta y se marchan a otro lugar. Enambos casos la liquidez se queda en el país, bienporque ese dinero ha pasado ahora a financiar aagentes locales privados, bien porque otros in-versores compran esa moneda que los anterioresvendieron al irse. En un caso extremo de ventamasiva de deuda, el banco central actuaría comoprestamista en última instancia, la compraría deforma ilimitada. Pero esto no es lo que sucede en laeurozona. Si se venden, por ejemplo, títulos espa-ñoles para comprar bonos alemanes, la liquidez semantiene en euros y se queda en la región moneta-ria (eurozona), pero se marcha hacia el país emisorde los nuevos títulos (Alemania en este caso). Y siel inversor se deshace de los euros, la liquidez se vaal país desde donde se compran esos euros. El BCEtampoco acude aquí como prestamista en últimainstancia. Habría bastado siquiera su anuncio de 65
  • 64. compra de deuda para evitar el desastre. Sin em-bargo, el artículo 123 del Tratado de la UE prohíbeprestar liquidez a los estados, y el artículo 21.1de los Estatutos del BCE impide que este compredeuda pública directamente. Así, no tiene másremedio que adquirirla en el mercado secundario,por lo que su efecto para reducir la prima de riesgoes muy limitado. Tampoco emite eurobonos, loque supondría repartir el riesgo entre todos losestados miembros, a costa de encarecer ligeramentelos bonos más seguros, como los alemanes. Los especuladores son conscientes de todo elloy juegan sobre seguro al persistir en sus ventas detítulos: baja el precio, crecen los tipos de interés yel país en cuestión sufre impotente una hemorragiade liquidez (salidas de recursos), sumado a que sucoste de financiación se encarece sin freno (subidade tipos de interés). El problema de liquidez derivaasí en crisis de solvencia. Esto fue el origen deldrama griego, seguido por el de otros países de laperiferia europea (Portugal, Irlanda o España), eincluso de países de mayor fortaleza económica,como Italia o Francia. Mientras, la mayor inesta-bilidad, jaleada por las valoraciones de las agenciasde calificación (siempre más proclives a ver riesgosen la deuda pública que en la corporativa) espanta 66
  • 65. a los inversores institucionales hacia lugares másseguros. Los que se quedan buscan «refugio» en ladeuda alemana. En ese caso sube su precio, baja portanto el tipo de interés alemán y aumenta la primade riesgo de los países con dificultades, acelerandoel círculo vicioso. Una vía de contagio adicional la constituyenlos seguros de impago o credit default swaps (CDS),cuyo uso se consolidó a partir de 2005. Los CDSfuncionan como seguros: el vendedor de protec-ción asegura al comprador ante el riesgo de impagode una entidad de referencia, a cambio del abonode una cantidad anual. Pero estos seguros puedenvenderse y comprarse como un título más, sin ne-cesidad siquiera de poseer el activo asegurado porel CDS; todo ello, además, al margen de cualquierregulación. Se trata de un oligopolio donde apenascinco bancos controlan el 99% de la compra-ven-ta de CDS y fijan las reglas. Curiosamente, estosbancos comparten algunos importantes accionis-tas con las agencias calificadoras. Al apostar porel impago de un país, los especuladores (algunosde ellos bancos rescatados en su día con dineropúblico) acaparan CDS, que suben así de precio ytransmiten una percepción de mayor probabilidadde default, elevando más aún la prima de riesgo e 67
  • 66. intensificando el círculo vicioso que explicábamosmás arriba. La «receta» propuesta por las institu-ciones de la UE como única solución consiste en laaplicación de drásticos programas de ajuste (véasela pregunta VII). En este sentido, hemos de tener en cuenta trescuestiones. Una, el endeudamiento (incluido elgriego) es mayoritariamente privado, sobre todode empresas y bancos. Dos, según se explica en lapregunta V, el endeudamiento público no vienederivado tanto de un excesivo gasto (salvo pararescatar al sistema financiero), como de una caí-da en los ingresos. Y tres, el riesgo de impago nodepende del tamaño de la deuda, sino de su costede financiación. Si los intereses se mantienen en eltiempo a mayores tasas que el ritmo de crecimientoeconómico del país, a medio plazo el pago se haráinsostenible. Al reprimir gasto e inversiones públicas justocuando son más necesarias, las políticas de ajustegarantizan precisamente la consolidación de lacrisis. Y si son tan contraproducentes, ¿por qué sehacen? Para explicarlo hemos de tener presente quela crisis es bancaria antes que fiscal. En la anteriorpregunta veíamos cómo, aparte de ofrecer una ren-tabilidad en los títulos de deuda, ha de transmitirse 68
  • 67. una seguridad a los inversores de que recuperaránsu dinero con el rendimiento correspondiente. Esdecir, la prioridad son los acreedores. Y estos sonprincipalmente entidades de los países centrales dela eurozona, que son quienes realmente tendrían unserio problema en caso de suspensión de pagos. 69
  • 68. IX ¿La salida del euro sería una solución? NACHO ÁLVAREZ PERALTAConocidos economistas heterodoxos están plan-teando que para afrontar en mejores condicionesla actual crisis económica, y para evitar que esta lapaguen los trabajadores y las clases populares, lamejor opción sería abandonar el euro. Es el caso,por ejemplo, de Costas Lapavitsas, Pedro Mon-tes, Jaques Sapir o Mark Weisbrot. ¿Cuáles son lasrazones para que estos economistas planteen unamedida de semejante calado? A priori, no hay muchas dudas de las ventajasque, al menos en teoría, se derivan de la formaciónde una unión monetaria entre varios países: coor-dinación macroeconómica, cohesión y desarrolloeconómico, impulso de las relaciones comercialesy de inversión, etc. No obstante, la entrada en laUnión Económica y Monetaria (UEM) ha conlle-vado importantes renuncias para los países, que enla actualidad se evidencian con el limitado margen 70
  • 69. de maniobra con el que cuentan las economías deleuro para gestionar la crisis de otra manera. En primer lugar, la UEM ha impuesto, yadesde el Tratado de Maastricht, pasando por elPacto de Estabilidad y Crecimiento hasta llegaral actual Pacto del Euro, un fuerte corsé para lapolítica fiscal. Estos tratados establecen límitesmuy estrictos sobre los niveles de déficit (3% delPIB) y deuda pública (60% del PIB). La exigenciade austeridad presupuestaria —en un contexto decontinuas rebajas fiscales a las rentas del capital—obliga a recortar gastos que hoy día son esencialespara sostener la demanda agregada y la creaciónde empleo, así como para atender las urgentesnecesidades sociales derivadas de la crisis. La política monetaria también ha sido trans-ferida a la UEM, siendo el BCE el organismoencargado de su implementación. El objetivo casiexclusivo del BCE es velar por el control de lainflación, aunque esto conlleve establecer tipos deinterés más elevados de lo que les hubiese conveni-do a las economías con más dificultades, o un eurosobrevalorado que perjudica la recuperación de lasexportaciones europeas. Además, con esta pérdidade soberanía nacional los estados europeos ya nopueden recurrir a préstamos de sus propios bancos 71
  • 70. centrales, teniendo que endeudarse con la bancaprivada a tipos —y condiciones— de mercado(véanse las preguntas IV y VII). Por otro lado, elBCE apenas ha intervenido en los mercados finan-cieros para evitar la especulación, resistiéndose acomprar bonos de deuda pública de los países conproblemas. En definitiva, el BCE ha actuado enesta crisis teniendo más en cuenta los intereses delos acreedores y de los inversores financieros quelos de la ciudadanía. La ausencia de política cambiaria que conllevala pertenencia al euro es el tercer elemento seña-lado por quienes llaman a abandonar la monedacomún. En otras circunstancias, aún con monedasnacionales, países como Grecia, Portugal, Irlanda,Italia o España habrían devaluado sus monedaspara mejorar su competitividad externa y, conello, impulsar sus exportaciones. La inviabilidadde ese mecanismo hace descansar la mejora de lacompetitividad, según imponen las instituciones deBruselas mediante el Pacto del Euro, sobre el ajustesalarial. El ajuste sobre los salarios es lo que permitea los países europeos competir en los mercados in-ternacionales, a pesar de que dicha medida no soloempeora las condiciones de vida de la poblaciónsino que refuerza la recesión. 72
  • 71. Estas tres limitaciones —ausencia de auto-nomía fiscal, monetaria y cambiaria— se hanconvertido en una máquina de fabricar heteroge-neidad y divergencia en la UEM. De hecho, estaslimitaciones no solo son enormes obstáculos queimpiden dar una salida social a la crisis, sino queademás están en el origen de la situación actual.Así, la carrera de la «regresión salarial» ha sidoganada durante la última década por Alemania,lo que ha determinado sus enormes excedentescomerciales y los déficit de las economías peri-féricas, que han sido compensados con un cre-ciente endeudamiento de estas. Ajuste salarial ysobreendeudamiento de los países periféricos hansido por tanto dos caras de la misma moneda enla UEM. Para los autores señalados anteriormente eleuro no es reformable; no cabe hacerse ilusionesal respecto. A pesar de las graves consecuencias quetendría la salida del euro —fuerte devaluación de lamoneda nacional, con el consiguiente incrementode la deuda externa, depreciación de los ahorros delas familias, salidas de capitales del país, probablesataques de los mercados financieros, etc.—, la si-tuación actual es aún peor, dado que se condenaa las economías más débiles a un largo período 73
  • 72. de estancamiento, austeridad, recortes sociales yretrocesos salariales. Este análisis de la UEM —institución cuyaorientación fundamental no es otra que blindar elprograma neoliberal y la aplicación del ajuste sala-rial— es compartido por otros economistas críticosque, sin embargo, no entienden que de ello se derivela prioridad de abandonar unilateralmente el euro.Así, economistas como Daniel Albarracín, ÖzlemOnaran, Michel Husson o Éric Toussaint, conside-ran que un supuesto gobierno de transformaciónsocial cometería un enorme error si su primeramedida fuera salirse del euro. Esta salida unilateralsignificaría apostar por una solución nacional nocooperativa —frente a la opción de avanzar haciauna solución internacionalista y cooperativa— yexpondría al país a inmediatas represalias. La salidadel euro, de por sí, no resolvería los problemas deendeudamiento, déficit público, estancamiento ydesempleo que tienen en este momento las econo-mía de la UEM. La mejor prueba de ello es el casodel Reino Unido, sometido a los mismos planes deajuste que los países del euro. Para avanzar en laresolución de estos problemas, estos economistasconsideran que es preferible una estrategia coope-rativa, que —en el marco del euro— haga avanzar 74
  • 73. medidas de transformación social de forma previa acualquier decisión sobre la salida de la UEM. Así,apoyándose en la movilización social, aceptandoel riesgo político de infringir las reglas de Bruselasy protegiéndose con un control de capitales quepusiera trabas a la salida de dinero de la región, elpaís que impulse esta estrategia debería adoptarunilateralmente medidas como la confrontaciónfrente a los planes de austeridad, el aumento de laimposición sobre las rentas del capital, la regula-ción y tasación de las transacciones financieras ola nacionalización de los bancos rescatados, entreotras (véanse las preguntas X y XI). Albarracín, Onaran, Husson o Toussaint con-sideran que esta estrategia tiene además la ventaja—frente a la orientación de salida unilateral y de-valuación competitiva— de ser internacionalista ycooperativa: cuantos más países la adopten, mejorfuncionará. La salida del euro no se presenta yacomo una cuestión de partida, sino como una me-dida que quizás habría que plantearse en el cursode un proceso de transformación más amplio yprofundo, vinculado a una desobediencia previa delas reglas de funcionamiento de la UEM, y que sepropondría a los países vecinos como paso previopara construir otra Europa. De esta forma, si de lo 75
  • 74. que se trata es de articular una salida social y demo-crática a la crisis a escala europea, la salida o no deleuro no sería ni la primera ni la más importante delas preguntas que hemos de responder. 76
  • 75. X ¿Es posible enfrentar la dictadura de los mercados? BIBIANA MEDIALDEA GARCÍAAunque suela presentarse como imposible, sí existemargen de maniobra para gestionar la salida deesta crisis sin subordinarse a los intereses de lospoderes financieros (los «mercados»). Pero parahacerlo, sería necesario desobedecer algunas delas restricciones impuestas en el seno de la UE (elPacto de Estabilidad y Crecimiento y el Pacto delEuro). Esta desobediencia, según se explica en lapregunta anterior, no implica necesariamente unasalida automática de la moneda común. Pero loque sí es imprescindible, si de lo que se trata es degestionar la salida de la crisis de una forma demo-crática y social, es comenzar por recuperar ciertogrado de la soberanía que ha sido usurpada a laciudadanía europea en las últimas décadas. En primer lugar, es prioritario recuperar la cen-tralidad de la política en cuanto a las decisioneseconómicas se refiere: hay que garantizar que la 77
  • 76. gestión económica de nuestros recursos se lleva acabo mediante procedimientos democráticos. Noes posible poner en pie otra forma de gestionar lacrisis si previamente no se enfrenta la llamada «dic-tadura de los mercados». Para ello necesitamos unasinstituciones estatales y europeas verdaderamentedemocráticas y con firme vocación por gobernaral servicio de la mayoría social, en lugar de a favorde los bancos y demás inversores financieros. Loselementos básicos de la hoja de ruta para salir de lacrisis han de ser apoyados por la población. El casode dotar de rango constitucional un tope máximoal déficit público es un caso extremo. Los partidospolíticos no pueden aprobar medidas que afectanseriamente a las condiciones de vida presentes yfuturas de la población, pero que no formabanparte del programa de gobierno que la ciudadaníatuvo la posibilidad de votar. Ante estos casos, hayque exigir que se organicen consultas vinculantesque aseguren que la población respalda las medi-das en cuestión. Países como Islandia demuestranque reclamar el derecho a decidir sobre cuestioneseconómicas fundamentales es factible. La otra condición necesaria para librarnos dela autoridad ilegítima de los poderes financieroses dotar a los estados de mecanismos de financia- 78
  • 77. ción que no les hagan depender de los inversoresprivados. Según hemos analizado en las preguntasV y VII, el Estado podría movilizar una cantidadingente de recursos; el problema es que en los úl-timos años ha ido renunciando a esa capacidad.Esta renuncia ha tomado la forma de concesionesa los grupos de población más favorecidos —quehan visto cómo se reducían notablemente los im-puestos que pagaban— y a los bancos —que seenriquecen enormemente financiando a los estadosgracias a unos recursos que una institución pública(el BCE) les facilita. Recuperar una política fiscalpotente y progresiva, que grave más a las rentasdel capital (que en nuestro país soportan muchosmenos impuestos que las del trabajo), acompañadade una lucha decidida y eficaz contra el fraude ylos paraísos fiscales, incrementaría sustancialmentelos recursos a disposición del Estado. Con ello, sereduciría su necesidad de endeudamiento y así sudependencia actual de los mercados financieros. Recuperar la capacidad de movilizar recursospúblicos es particularmente urgente en un contextocomo el actual, en el que es imprescindible queel Estado emprenda programas de gasto robustosy bien orientados. Por una parte, esos recursospúblicos debieran destinarse a paliar los enormes 79
  • 78. costes sociales que genera la crisis sobre los sectoresmás desfavorecidos de la población. Y por otra, lainversión pública es imprescindible para reactivar laeconomía y generar empleo, reorientando nuestromodelo productivo con criterios de utilidad socialy sostenibilidad medioambiental. La gestión monetaria también debería jugar afavor de esta recuperación de la soberanía econó-mica. Son precisos bancos centrales que asumansus responsabilidades con la ciudadanía y dejen deactuar como representantes de los acreedores (bancosy otros agentes poseedores de deuda). Cuando losestados lo necesiten, el BCE debería comprar sudeuda pública sin dilación y a unas tasas de interésfavorables (lo cual es contradictorio con sus estatu-tos actuales), en vez de ofrecer esos tipos de interésreducidos a los bancos privados para que sean elloslos que financien a los estados a un coste muchomayor y enriqueciéndose con la operación (véase lapregunta IV). Lo que un banco central responsabledebe garantizar no es la alta rentabilidad de losactivos financieros —que es lo que hace prestandodinero barato a los bancos en vez de a los estados—,sino el establecimiento de condiciones monetariasy financieras que colaboren en la reactivación de laactividad económica y la generación de empleo. 80
  • 79. En el ámbito financiero también tendrían quetomarse medidas importantes, que contribuirían aganar margen de maniobra para una gestión econó-mica democrática y eficaz. En primer lugar, es pre-cisa una regulación bancaria y financiera estricta.Las normas sobre productos financieros y sobre lasoperaciones que pueden realizar los agentes debenser muy precisas (acabando con la llamada «bancaen la sombra», actividades financieras al margende cualquier supervisión), y así evitar que se pro-duzcan prácticas especulativas o, sencillamente,demasiado arriesgadas; se ha comprobado que laspérdidas derivadas de riesgos excesivos terminansiendo socializadas a toda la población. En contradel proceso privatizador en marcha, es vital recu-perar la presencia de una banca pública capaz deoperar con criterios de largo plazo y utilidad social,que facilite crédito asequible a aquellas actividadeseconómicas prioritarias para la transformación delmodelo productivo y la generación de empleo. Esteaspecto, junto con la mayor capacidad financiera delos estados, contribuiría a ganar autonomía frenteal sector financiero privado. Por último, medidasdirigidas a controlar los movimientos de capitales,tanto entre unos tipos de mercados financieros yotros como entre distintos países, son imprescin- 81
  • 80. dibles para garantizar un compromiso mínimo deesos capitales con los proyectos a los que financian,así como para evitar jugadas especulativas. Suele argumentarse que la dictadura de losmercados es infranqueable. Se sostiene que si unpaís optara por instaurar controles de capital queentorpecieran la especulación, o una normativa la-boral favorable a los trabajadores, los inversores loabandonarían prefiriendo destinos más atractivos.Sin embargo, la UE brinda un escenario propiciopara instaurar este tipo de medidas. Pensemos quecasi el 70% del comercio exterior de los países dela Unión tiene como destino un país europeo. Lacompetitividad externa que principalmente afectaa los países de la UE, por tanto, reside en el pro-pio continente. Por eso sería perfectamente viable,además de necesaria, la creación de un espacio eco-nómico europeo basado en la cooperación entresus miembros: en lugar de competiciones a la baja—rebajas fiscales, recortes salariales, alargamientode la edad de jubilación, ausencia de control alcapital financiero, etc.—, un espacio europeo quefuncionara de forma conjunta y coordinada, nobasado en una competición destructiva y cortopla-cista frente al país vecino, podría aplicar medidasde signo completamente opuesto. 82
  • 81. En particular, una verdadera integracióneconómica entre los países de la UE permitiríainstaurar un modelo laboral y de derechos so-ciales convergente al alza. Frente al problema deldesempleo, se podría reducir la jornada de trabajo(sin reducción salarial) y acortar la vida laboral, deforma que el empleo existente (y con él, el ingreso)se repartiera de forma más equitativa. Un repartomás equilibrado del trabajo remunerado permitiría,además, una distribución también más justa de lostrabajos no remunerados (trabajo doméstico y decuidados). El salario mínimo debe ser suficientepara garantizar un nivel de vida digno, por loque se impone su equiparación a escala europea,tomando como referencia los niveles más avanza-dos. Una vez recuperada la capacidad para tomardecisiones económicas, y desactivado el mecanismode competencia salarial actualmente vigente entrelos países de la UE, sería posible revertir el procesode ajuste salarial que lleva más de tres décadas enmarcha y que se ha profundizado con la crisis.De esta forma, los costes asociados a la crisis sedistribuirían de forma equitativa, recayendo sobresus responsables y permitiendo a la población tra-bajadora recuperar su capacidad adquisitiva y losderechos económicos y sociales que le han sido re- 83
  • 82. cortados en los últimos tiempos. Estos serían pasosfundamentales que podrían servir como punto deapoyo a partir del cual avanzar hacia una sociedadverdaderamente democrática desde el punto devista económico. 84
  • 83. XI ¿Cuáles podrían ser los primeros pasos? BIBIANA MEDIALDEA GARCÍAPara poner en marcha un conjunto de medidascomo el que se esboza en la pregunta anterior, con-vendría priorizar aquellas que son más acuciantesdesde el punto de vista social, así como las necesa-rias para, posteriormente, ir desarrollando el restode propuestas. Antes que nada, es imprescindiblefrenar los planes de austeridad fiscal y los recortesen los servicios públicos, así como derogar las re-formas laboral y de pensiones aprobadas durante2010 y 2011. A partir de ahí, habría que priorizarmedidas en cuatro ámbitos: En primer lugar, las necesidades sociales másurgentes son las que sufre la población desemplea-da y la que está siendo desalojada de sus viviendashabituales. Frente al desempleo deberían articularsemedidas de hondo calado, como la puesta en mar-cha de políticas públicas orientadas a la creación deempleo y el recorte de la jornada y la vida laboral 85
  • 84. (véase la pregunta X). Pero a corto plazo se imponeatajar de forma inmediata la grave situación actual.Para ello, deberían prohibirse los despidos en em-presas que registren beneficios, así como alargar elsubsidio que reciben las personas desempleadas hastaque sea posible su inserción laboral. Por otra parte,urge llevar a cabo una auditoría de la deuda privadahipotecaria, para identificar y analizar la deuda defamilias que sufren graves dificultades económicasy corren el riesgo de ser desahuciadas de sus casas.Además de paralizar de forma inmediata esos des-ahucios, debería habilitarse la dación en pago, deforma que se anulara la deuda pendiente una vez quela familia pierde la propiedad de la vivienda. Peroaunque se pierda la propiedad, es fundamental quese garantice que la familia pueda continuar viviendoen esa casa en régimen de alquiler público y social(ajustado a sus condiciones económicas). En segundo lugar, es urgente comenzar a en-frentar el chantaje al que los poderes financierosnos someten con la excusa de las crisis de deudapública (véanse las preguntas V y VII). Para ello, losbancos centrales (en nuestro caso, el BCE) tienenque garantizar que cubrirán adecuadamente lasnecesidades financieras de los estados, mediantela emisión del dinero necesario para comprar su 86
  • 85. deuda pública en el mercado primario a un costeasequible. Esta garantía impediría de facto que losagentes privados se enriquecieran especulando conlos títulos públicos. Además, podría establecerseun período mínimo de permanencia obligatoriopara que los agentes que compren deuda públicano puedan venderla en un plazo excesivamentecorto (base de las operaciones especulativas), pro-hibiendo las operaciones que permiten manipularsu precio de forma interesada. Por otra parte, hayque abrir una auditoría realizada por expertosindependientes y agentes sociales que determinela legitimidad de la deuda pública. Este análisispermitiría concretar qué parte de la deuda no sedebería reconocer: aquella derivada de operacionesespeculativas o tipos de interés abusivos, así comode gastos que no hayan sido acometidos a favordel interés general de la población. Esta sería unaforma eficaz de romper con la dictadura de losmercados: no reconocer la parte del coste de lacrisis que se están cargando sobre las espaldas detoda la población a través de los intereses de ladeuda pública. Además, este observatorio públicosobre la génesis y evolución de la deuda serviríapara detener el proceso de socialización de deudaprivada en curso (véase la pregunta IV) 87
  • 86. En tercer lugar resulta prioritario tomar me-didas que incrementen la capacidad financierade los estados: es de crucial importancia que sepueda movilizar una cantidad importante derecursos públicos, revirtiendo el proceso de losúltimos años (véase la pregunta VII). En realidad,como ha demostrado la ingente dotación de di-nero público dedicada a rescatar (de sí mismo) alsistema financiero, existen los recursos suficientes:solo se trata de canalizarlos de forma adecuada.Una reforma fiscal amplia y muy progresiva es lamedida más eficaz para evitar un endeudamientopúblico excesivo. La tasación de las SICAV, dondelas clases altas acumulan su patrimonio financiero yque actualmente tributan solo al 1%, es un primerpaso imprescindible. La lucha contra el fraude fiscaly la eliminación de los paraísos fiscales tambiénsupondría una forma rápida y eficaz de incremen-tar los recursos públicos. Por último, los grupossociales que cuentan con más patrimonio y rentadeben aumentar de forma considerable e inmediatasu contribución: debe restablecerse el Impuestosobre el Patrimonio, así como elevar el Impuestode Sociedades y los tipos máximos del IRPF. Porotra parte, es necesario comenzar a crear una ban-ca pública a partir de las entidades rescatadas por 88
  • 87. el Estado. Ya que suponen un coste considerable,además de un enorme riesgo sistémico, el Estadodebiera disponer de esas entidades para garanti-zar crédito suficiente a las empresas que podríangenerar empleo en actividades socialmente útilesy ecológicamente sostenibles. Las viviendas quepermanecen vacías y han pasado a ser propiedadde estos bancos intervenidos, deberían empezar aconformar el parque público de alquiler al que nosreferimos más arriba. Por último, una vez ganado cierto margen demaniobra frente a la dictadura de los mercados yhabiendo recuperado capacidad financiera, habríaque empezar a poner en marcha el programa deinversión pública mencionado en la pregunta X.Un programa potente de inversión en serviciospúblicos orientados a la población dependiente(escuelas infantiles, residencias para mayores, pro-gramas de asistencia social), sería un primer pasofundamental: además de generar empleo y suponeruna mejora sustancial en la calidad de vida de lapoblación, colaboraría en el avance hacia un mode-lo del reparto del trabajo remunerado y no remu-nerado entre mujeres y hombres más equilibrado.Una segunda área de inversión pública prioritariaes la relacionada con la reestructuración ecológica 89
  • 88. de nuestro sistema productivo. Una apuesta públicadecidida a impulsar el sector de las energías reno-vables, la movilidad sostenible y la rehabilitaciónenergética de edificios, podría generar 475.000empleos estables de aquí a 2020 (ISTAS, 2010).Este programa de inversiones públicas contribuiríaa la generación de empleo estable y de calidad y,con ello, a la mejora de la capacidad adquisitivay las condiciones de vida de la población. Simul-táneamente, serviría para ir remodelando nuestroesquema de crecimiento económico hacia uno mássostenible desde un punto de vista ecológico, asícomo más favorable a la igualdad económica entrehombres y mujeres. 90
  • 89. Bibliografía para profundizarSobre la crisisALABORT, Endika, Luis BUENDÍA, Gaspar FUSTER, Mario OBISPO, Lluís RODRÍGUEZ (2009), Crisis económica y resistencia obrera: la crisis mundial y sus efectos en España. Madrid, ICEA-La Malatesta.BLACKBURN, Robin (2008), «La crisis de las hipotecas subprime», New- Left Review (Edición española), nº 50, mayo-junio; pp. 53-95.DUMÉNIL, Gérard y Dominique LÉVY (2007), Crisis y salida de la crisis. Orden y desorden neoliberales. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.GEORGE, Susan (2011), Sus crisis, nuestras soluciones Barcelona, Icaria- Intermón Oxfam.HUSSON, Michel (2009), Capitalismo puro. Madrid, Maia.Izquierda Anticapitalista (2009), La crisis económica mundial. Neoli- beralismo, finanzas y ataques contra el trabajo. Madrid, Izquierda Anticapitalista.KORNBLIHTT, Juan (2008), «Onda expansiva. Un análisis sobre el avance de la crisis mundial», El Aromo, enero-febrero.STIGLITZ, Joseph (2010), Caída libre. El libre mercado y el hundimiento de la economía mundial. Madrid, Taurus.TORRES, Juan y Alberto GARZÓN (2010), La crisis de las hipotecas basura. ¿Por qué se cayó todo y no se ha hundido nada? Madrid, Sequitur/ATTAC.VIRARD, Marie-Paule y Patrick ARTUS (2009), Globalización. Lo peor está por llegar. Barcelona, Icaria-Intermón Oxfam.Sobre neoliberalismo, financiarizacióny regresión socialÁ LVAREZ , Nacho, Luis BUENDÍA , Juan Pablo MATEO , Bibiana MEDIALDEA, Ricardo MOLERO, Miguel MONTANYÀ, Anto- nio SANABRIA y María José PAZ (2009), Ajuste y Salario. Las consecuencias del neoliberalismo en América Latina y Estados Unidos. Fondo de Cultura Económica, Madrid.BUSTELO, Pablo (2007), «Progreso y alcance de la globalización fi- nanciera: Un análisis empírico del periodo 1986-2004». Boletín económico de ICE, Información Comercial Española, nº 2.922DÍAZ-SALAZAR, Rafael (2011), Desigualdades internacionales. ¡Justicia ya! Barcelona, Icaria. 91
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  • 92. Autores y autoraAntonio Sanabria Martín (antoniosanabria@gmail.com):Investigador en el Instituto Complutense de EstudiosInternacionales, ICEI, y miembro del Consejo de Di-rección Académica del anuario Claves de la EconomíaMundial, editado por el ICEI y el ICEX. Es coautorde Centroamérica Encendida. Transnacionales españolasy reformas en el sector eléctrico (Icaria, 2005) y miembrodel Consejo Científico de ATTAC España.Bibiana Medialdea García (bibiana@eco.uva.es):Profesora de Economía Aplicada en la Universidad deValladolid. Doctora por el Departamento de EconomíaAplicada I de la Universidad Complutense de Madrid(UCM) y experta en Cooperación, Desigualdad yDesarrollo por el mismo departamento. También esinvestigadora externa del Área de Economía y Génerodel Instituto de Estudios Fiscales y miembro del consejoasesor de la revista VientoSur.Luis Buendía García (luisbuendia@ccee.ucm.es): In-vestigador en el Departamento de Economía AplicadaI de la UCM, donde está a punto de defender su tesissobre las reformas al Estado de bienestar en Suecia. En- 94
  • 93. tre otras publicaciones es coautor de Crisis económica yresistencia obrera. La crisis mundial y sus efectos en España(ICEA-La Malatesta, 2009). Asimismo es miembro dela Junta Directiva del Instituto de Ciencias Económicasy de la Autogestión (iceautogestion.org).Nacho Álvarez Peralta (nacho.alvarez@icei.ucm.es):Investigador del Departamento de Economía Apli-cada I de la UCM, adscrito al grupo de investigaciónEconomía Política de la Mundialización del ICEI. Sutesis doctoral analiza el impacto que tienen los mercadosfinancieros sobre el mercado de trabajo. Colaboradorde la Fundación 1º de Mayo de CCOO y miembro delconsejo asesor de la revista VientoSur.Ricardo Molero Simarro (ricardomolerosimarro@ccee.ucm.es): Investigador del Departamento de EconomíaAplicada I de la UCM y profesor del Instituto de AltosEstudios Universitarios. Licenciado en Economía por laUCM con Premio Extraordinario Fin de Carrera, es co-editor del libro Otra teoría económica es posible. Ensayoscríticos de economía política (Popular, 2010) y miembrodel Consejo de Redacción de la revista Economía crítica ycrítica de la economía (www.economiacritica.net). 95